AGLI Recortes de Prensa   Viernes 21 Julio 2017

La independencia de Cataluña y el bla, bla, bla
José Luis González Quirós www.vozpopuli.com 21 Julio 2017

Josep Plá describió la segunda República como “un régimen hablado, verbal, que no pudo superar, en realidad, la fase meramente sonora de los problemas”, y cabe recordar ese diagnóstico, cuando se trata de caracterizar el peculiarísimo camino hacia la independencia al que se han abonado los secesionistas catalanes. Quizá se pueda comprender un itinerario político tan insustancial si se recuerda que todo parte de un sentimiento, el de no ser ya españoles, y se cae en la cuenta de que los sentimientos se bastan a sí mismos, esto es obvio, pero apenas sirven como tales para hacer nada. Si a los sentimientos siguen acciones, se puede conseguir algo, pero en el caso de Puigdemont y comparsa, lo único que sabemos con claridad es que a su sentimiento sigue con prontitud la palabra (“independencia”, por supuesto) pero no hay manera de que se sepa en que pueda consistir tal cosa como algo más que una mera declaración.

Tal vez los catalanes pretendan prescindir de cualquier lógica, pero para el común de los mortales una cosa es declarar algo y otra cosa es que ese algo sea una realidad: yo puedo afirmar con toda solemnidad ser el hombre más rico del mundo, pero es muy probable que ni siquiera Montoro me lo tuviese en cuenta a sus benéficos efectos.

La realidad del referéndum
El caso del anunciado referéndum del 1 de octubre es digno de estudio. Los secesionistas lo dan por hecho, y apuntan que su resultado les hará proclamar, una vez más, la independencia en 48 horas. Para hacer más creíble tal baladronada, han dispuesto que sea irrelevante el porcentaje de la participación o cualquier otra consideración que se pudiera tener en cuenta ante un referéndum con todas las de la ley. En realidad, casi podrían decir que ya no es necesario hacerlo porque todo el mundo sabe cuál sería el resultado, y si no lo hacen así es porque esperan desesperadamente que suceda algo que les justifique, que le preste al proceso alguno de los ingredientes esenciales de los que carece absolutamente.

El Gobierno, por su parte, se ha cansado de repetir que no habrá referéndum, una profecía que recuerda muy mucho a lo que sostuvo previamente al referéndum de cartón de 2014, que sí llegó a celebrarse. Ahora, creo que se puede percibir un cierto cambio en el tono de las advertencias de Rajoy y sus voceros, un paso del “no habrá referéndum” a diversas formas de desvalorización de la iniciativa, pero sin insistir en su no celebración. Hasta puede suponerse que exista alguna especie de acuerdo sotto voce entre los listillos de Moncloa y algunos de los promotores del asunto, interesados en nadar y guardar la ropa: estos no quedarían mal porque habrían hecho lo prometido, y el Gobierno se atendría a la evidente ineficacia de la consulta, cosa especialmente verosímil si el resultado fuese, como sería de prever, lo suficientemente decepcionante.

Lo que el Gobierno no debiera poder hacer
Los secesionistas del bla, bla, bla pueden pretender pasar a la historia como los inventores de un nuevo método de secesión, sin violencias ni cansadas negociaciones, una especie de secesionismo trilero a medio camino del truco de la cabra y la corneta y la magia barroca. Pero el Gobierno no está aquí simplemente para perdurar, por mucho que ese objetivo sea tan esencial y querido a don Mariano, sino que tiene obligaciones con todos nosotros, también con los catalanes, incluso con los que, ¡qué pena! no se sienten españoles. Y entre esas obligaciones está, muy en primer lugar, aplicar la ley con la máxima equidad, sin permitir que crezca el rumor de que la ley española se sirve siempre a la medida del que la conculca.

Aunque, como es obvio, ese prometido referéndum no pueda tener y no vaya a tener ninguna consecuencia, es un acto que, de ninguna manera, puede llegar a celebrarse y no le podemos consentir a don Mariano y a los que le agasajan haga lo que haga, que se olvide de esta advertencia elemental: el referéndum no puede celebrarse, y, para impedirlo, hay que hacer lo que sea necesario, hay que mojarse, hay que tomar el control de la situación y poner a los secesionistas del bla, bla, bla en su sitio, así sea en la cárcel por una buena temporada.

Puede llegar a ser molesto, no cabe duda, tener que tomar alguna decisión para quien tan acostumbrado está a vivir de las rentas de los errores ajenos, a subirse a lomos de otros empujes con aire de estar en todo. Ante el anunciado referéndum del 1 de octubre no caben más disimulos, más preámbulos, más circunloquios ni más viajes a Cataluña a inaugurar lo que fuere: hay que impedirlo, es decir, no basta con hacer como que se trata de impedirlo para, si finalmente llegase a celebrarse, dedicarse a decir que es nulo de pleno derecho y vaciedades similares. España, en este punto, necesita de su Gobierno algo más que palabras, es de esperar que no se olvide.

La ceremonia de la confusión
Si el Gobierno da cierta sensación de querer dedicarse al disimulo, la recién liderada oposición a cuyo frente está el reluciente Sánchez parece apostar por algo un poco más metafísico. Tras dejar claro, faltaría más, que están con la ley (supongo que no querrán ganarle a Rajoy en los énfasis al respecto), se han dedicado a proponer diversos galimatías que, en su voluntarioso imaginario, podrían impedir el mal paso en el que nos encontramos. Las supuestas soluciones van desde un federalismo bien entendido, que es como el bálsamo de Fierabrás, es decir, ligeramente inexistente, hasta un generoso reparto de millones, 60.000 creo que llegó a calcular uno de los voceros del caso, con los que se supone que Puigdemont y su comparsa volverían inmediatamente a ser buenos chicos y a proclamar su amor excelso a España. Claro es que, para evitar malentendidos, el ingenioso autor de la propuesta desdeñó decir quiénes serían los que debieran renunciar a esa pequeña minucia para reconciliar a los levantiscos con el proyecto común, federal, por supuesto.

Este socialismo tan imaginativo sigue al píe de la letra la descripción que también hizo el propio Pla, “el socialismo es una doctrina que pretende imbuir al hombre la idea de que se puede vivir sin trabajar o al menos que se puede vivir trabajando lo menos posible”: el supuesto arte de contentar a todos sin descontentar a ninguno, pura ilusión con la que se pretende reconquistar los corazones partidos de los catalanes, razonablemente hartos de que en las comunidades en que gobierna el PSOE pasen del 30% los que viven de los impuestos ajenos, por supuesto también el de los muy trabajadores catalanes que, pese a la tabarra, del secesionismo del bla, bla, bla continúan haciendo de Cataluña una región próspera y, en este aspecto, enteramente ejemplar.

El suicidio romano de Blesa y el accidente santiagués del Alvia
Miguel Blesa parece haberse suicidado, se ha aplicado una pena que nadie le habría exigido, tal vez a cambio de no soportar la que le administraba, a hora y a deshora, una significativa porción del pueblo soberano. La Justicia en España parece pensada para poner a prueba la fortaleza de los justiciables porque se toma con una calma irritante las decisiones que se le reclaman. Algunos sobreviven a sus amenazas, bien pertrechados tras inmunidades y privilegios y, para que el respetable tenga de qué ocuparse, se les va dando algunas dosis de carnaza, arrojando a la arena a los que han perdido la protección de la púrpura. Es un sistema que ha de tener alguna ventaja, pero es muy difícil ver en su funcionamiento el menor atisbo de igualdad, eso que tan esencial resulta ante la ley.

Ciudadanos tiene la llave para que el Congreso pueda estudiar mínimamente en serio la tragedia del tren Alvia, un terrible descarrilamiento con más de un centenar de víctimas, sobre cuya investigación han caído todas las triquiñuelas de los poderes para evitar que nadie sufra daños políticos por lo que, con toda evidencia, constituye una chapuza política, un apretón electoral, por más señas, y cuya responsabilidad no debiera recaer en exclusiva en las pobres espaldas del conductor que cometió la última negligencia, pero no la más importante ni la menos disculpable.

El verdadero peligro
Gonzalo Duñaiturria OKdiario 21 Julio 2017

Es arriesgado en una sociedad desviarse de los verdaderos peligros. Se produce cuando se maximiza o se prioriza uno y a su vez éste, tapa u oscurece otro que quizá pudiera ser más importante.

El tema del teatro soberanista catalán supone un peligro, más por el cierto resquebrajamiento social que por lo político o histórico. Pero se trata de un peligro que acabará “implosionando” tras la cascada de ceses, dimisiones, dudas y cobardes enfrentamientos pasándose la “patata” unos a otros por parte de la exigua minoría que pretende, mediante una ilegalidad manifiesta, romper España. Si, exigua minoría, pues suponen solo un cuatro por ciento del total nacional (la soberanía nacional reside en todo el pueblo español). Junto a lo anterior únicamente quedaría que el gobierno de España cumpla con la obligación de aplicar la ley. Solo la ley, pero toda la ley sin concesiones hacia quien desde su voracidad se muestra insaciable, hacia quiénes con inusitada chulería, retan con descaro a todos los españoles.

Pero el verdadero peligro viene de la deriva del nuevo PSOE y en la figura de su Secretario General. Las propuestas de Sánchez son tan delirantes como falsas. “El federalismo que defendemos los socialistas será la garantía de que exista un futuro común”, “la España nación de naciones es la España que vendrá”, “nación de naciones con una única soberanía”, “que se reconozca la identidad nacional de Cataluña dentro del ordenamiento constitucional”. Y hace escasos meses, abochornado, Patxi López le preguntó en el debate de primarias: “Vamos a ver, Pedro, “¿sabes lo que es una nación?”. La Ciencia Política no recogerá en sus anales la contestación dada.

Sánchez desconoce que el concepto moderno de nación tiene escasos doscientos años. Que “nación”, desde la perspectiva jurídica, es la nación política que lleva adherida la soberanía, la independencia nacional, que desemboca como actor de derecho internacional en un Estado. No se puede disociar de “nación” como sentimiento cultural, como tradición, como historia común y ancestral de sus pueblos. Separar ambas concepciones supone una absoluta carencia de sentido político.

Pero en Sánchez también se muestra una supina ignorancia jurídico constitucional. Ignora, miente o ambas, que sus “funambuleras propuestas” necesitan la modificación de la Constitución y que ésta, por la rigidez en sus mecanismos resulta hoy prácticamente imposible. Para proceder a su modificación es necesario que, por dos veces, sean los españoles, catalanes incluidos, quienes lo ratifiquen.

Aclaremos tal circunstancia. En primer lugar y antes de emprender el mecanismo “técnico de reforma”, la gran mayoría de los partidos con representación parlamentaria deben ponerse de acuerdo, pues en el caso de que alguno impusiera su “minoría de bloqueo”, el proceso de reforma empezaría y terminaría ahí. El Partido Popular tiene dicha “minoría de bloqueo” que le permite “paralizar” cualquier intento de reforma, pues disponen de un tercio más uno de escaños en el Congreso y mayoría absoluta en el Senado. Si enloquecieran y no aplicaran la citada “minoría”, se pondría en marcha el procedimiento agravado que describe el artículo 168. Aprobada la reforma se procedería a la disolución de las Cortes y convocatoria de elecciones generales. El nuevo Parlamento debería ratificar la reforma aprobada y finalmente sería de nuevo el conjunto de los españoles, catalanes incluidos como españoles que son, los que debieran aprobarla mediante referéndum.

Nunca he sido un entusiasta de la frase “España necesita un PSOE fuerte” aunque por sentido de Estado y respeto por quienes profesan un socialismo “racional” entiendo debería ser así.

Mi falta de entusiasmo por tan optimista lema queda apuntalado más si cabe ante el peligro de un Secretario General que desde su ignorancia y arrogancia pueda llegar a dirigir los destinos de nuestra Nación.

Como dijo Steve Alten, escritor norteamericano, “¡Ay, cómo florecen las semillas de la altanería cuando se plantan en el suelo de la ignorancia!”.

El frentismo de Pedro Sánchez, Cataluña y los separadores
Ignacio Camacho. ABC. Periodista Digital 21 Julio 2017

EL relato del conflicto catalán que está escribiendo la izquierda está a dos páginas o a cinco minutos de proclamar que el PP es el culpable del referéndum. Ya lo ha sugerido casi literalmente algún portavoz de Podemos, de abierta simpatía con la consulta, y el PSOE de Sánchez avanza hacia el punto de equidistancia «separatistas y separadores»- que pronto le permitirá descolgarse del consenso constitucionalista que aún retiene a su líder sujeto.

El discurso en marcha, diseñado bajo los patrones de un nuevo Tinell, apunta al Gobierno de la derecha como adversario diáfano, rotundo y directo mientras señala a los independentistas como gente amiga y bienintencionada que en su impaciencia se ha equivocado de método. También por culpa de Rajoy, por supuesto.

Ese argumentario está ya en las tertulias, en cierta prensa y empieza a asomar en el Parlamento. Su punto débil no es que sea falaz, porque en la batalla de la comunicación política lo que cuenta es el marco mental y la verdad viene a resultar lo de menos.

El problema es de penetración en la audiencia: la matraca catalana aburre a la gente y los espectadores cambian de canal cuando oyen hablar del «proceso». Además se trata de un debate de circuito interno; no funciona fuera de Cataluña, de una opinión pública que lleva años sometida al mismo bombardeo.

Si Sánchez se está acercando a esa narrativa frentista quizá sea porque piense que en la política catalana le puede producir réditos. Pero en el resto de España se le va a hacer muy difícil abrirse hueco. La mayoría de los ciudadanos ha percibido con nitidez el carácter insolidario del desafío de secesión y está hasta el gorro de tanto ensimismamiento.

Numerosos españoles perciben en los políticos soberanistas un arrogante narcisismo y se sienten mirados con altanería y desprecio. Para muchos votantes socialistas, por más que detesten al PP, la eterna reclamación identitaria sólo esconde una fuente de privilegios.

En ese estado de opinión, los dirigentes del PSOE tienen muy cuesta arriba el cambio de criterio; si las cosas se ponen feas poca gente del Ebro para abajo va a entender que no se alineen, aunque sea con la nariz tapada, al lado del Gobierno.

Los guiños de plurinacionalidad le pueden servir a Sánchez para aferrarse a un guión propio pero ofrecen dificultades de comprensión mayoritaria. Su estrategia de cerco al PP necesita excepciones que no acaba de ver claras.

Podemos tiene las manos más libres porque cualquier planteamiento que impugne la Constitución le otorga ventaja. Sin embargo, para definirse como alternativa de cierta estabilidad el PSOE tiene que identificar ante la cuestión catalana no sólo su modelo de nación sino su concepto de autoridad y de legalidad democrática.

O arriesgarse a que el centro-derecha defienda al Estado en solitario y presente la hoja de servicio en unas eventuales elecciones anticipadas.

EN LESBOS
Los refugiados cristianos huyen de un campamento griego por la persecución islamista
Agustín Benito Gaceta.es 21 Julio 2017

La persecución islamista contra los cristianos se ha extendido al campo de refugiados de Moria en la isla de Lesbos (Grecia), según ha denunciado la Asociación Cristiana Británica-Pakistaní (BPCA).

Los refugiados cristianos, que huyen de la guerra y de la persecución religiosa en sus países de origen, se encuentran la misma situación en Occidente, dónde siguen sufriendo en su propia piel el ataque del islamismo radical, pero esta vez en los centros de acogida en los que conviven con refugiados musulmanes.

Según denuncia esta organización, reciben amenazas de muerte, y se han visto intimidados y agredidos por creer en Jesucristo. “Se les impide realizar servicios religiosos, las mujeres sufren acoso sexual y sus tiendas de campaña dentro y fuera del perímetro del campamento son quemadas. Muchos simplemente prefieren estar sin hogar que quedarse en esos campamentos. Y los pocos que se quedan se enfrentan a un panorama sombrío lleno de violencia y amenazas severas”, señala.

Y todo ante el silencio y la inacción de las autoridades europeas, que han hecho caso omiso a la petición, por ejemplo, de la ONG Puertas Abiertas que exigió al Gobierno alemán ante el acoso de los refugiados alemanes proteger a los solicitantes de asilo cristianos y de otras minorías religiosas en instalaciones especiales.

De la persecución contra los cristianos ya alertó la hermana de la familia religiosa del Verbo Encarnado de Ecuador, María Guadalupe. La misionera en Siria señaló que “hay familias nuestras, de la parroquia de Alepo, en Alemania, que lograron llegar y que están aterradas”. “Después de lo que les costó llegar, están sufriendo el horroroso maltrato de sus vecinos refugiados musulmanes. Les obligan a rezar cinco veces con ellos y a las mujeres les obligan a cubrirse. Están huyendo de la persecución religiosa en Siria y llegan a Europa, tierra cristiana, y sufren dicha persecución en pleno corazón del continente“.

Cabe señalar que cinco agentes de Policía griegos resultaron el pasado martes heridos por refugiados en el mismo campamento durante una protesta contra las malas condiciones de vida y el retraso en resolver las demandas de asilo. La policía griega respondió al lanzamiento de piedras con gases lacrimógenos y realizó 35 detenciones.

La semana pasada también se registraron incidentes similares en este campo. Los refugiados musulmanes están presionando al gobierno griego para que cambie la política migratoria y evite que los cristianos acudan a ese campamento. En los campos de refugiados de Lesbos -con capacidad para 3.500 personas- se concentran en la actualidad cerca de 4.500 personas refugiadas, de los más de 15.000 refugiados que se encuentran en las islas griegas, según datos del ministerio griego de Migración.
‘Ni un sólo cristiano ha sucumbido a ISIS’

Un estudio de Puertas Abiertas revela que el 80% de los cristianos de Siria e Irak han tenido que huir por la persecución islamista en los últimos años. En el año 2003, la comunidad cristiana en Irak la integraban un millón y medio de personas, y en la actualidad son unos 250.000.

Pese a esto, el nuncio apostólico en Irak, Alberto Ortega, ya manifestó que “la persecución y el martirio han unido mucho a los cristianos que todavía siguen en Irak” y que no se conoce “un solo caso de cristiano que haya sucumbido a las amenazas del ISIS para convertirse al islamismo”.

******************* Sección "bilingüe" ***********************
El esperpento catalán

EDITORIAL Libertad Digital 21 Julio 2017

Como bien dijo el molt honorable Josep Tarradellas, "en política se puede hacer todo, menos el ridículo". Por desgracia para Cataluña, tampoco en esto han seguido su estela sus descalificables sucesores en la Generalidad, que han hecho de todo –especialmente Pujol y su banda– sin dejar de hacer el ridículo. Cada vez más.

El espectáculo que ha ofrecido este jueves la Generalidad sólo puede calificarse de esperpéntico, un esperpento que dice mucho y muy malo del panorama político catalán, donde negarse a colaborar con la Justicia en el esclarecimiento de un gravísimo caso de corrupción parece para algunos una ocasión extraordinaria para hacer… ¡electoralismo! Esa es la estima en que tienen a un electorado al que en todo momento tratan de envilecer. Rebajarlo a su nivel.

Un día se compran urnas y al siguiente no. En un momento se ufanan de quebrantar la legalidad y a las primeras de cambio lloriquean lo contrario. Fustigan a la "corrupta España" pero luego se desviven por que la corrupción que devasta Cataluña siga estando signada por la impunidad. Son grotescos, insensatos, una absoluta vergüenza. Verdaderamente es de no creer que estén al mando de unas instituciones españolas tan importantes.

Ahora bien, esta insensatez, esta persistencia en el ridículo y la desvergüenza no los hace de ninguna manera menos peligrosos. Sobran los ejemplos de tremendos payasos que, sin dejar de dar risa, han llevado sus sociedades al colapso. No hace falta siquiera mirar atrás: basta ver lo que está pasando ahora mismo en Venezuela, cuyo bochornoso tirano es, cómo extrañarse, un fan entusiasta del proceso golpista que se está desarrollando en Cataluña.

Así las cosas, sigue echándose en falta un Gobierno que no se limite a dejar en manos de los tribunales la respuesta a los delitos que están cometiendo y que han anunciado van a cometer los separatistas. Un Gobierno que restaure el orden constitucional en Cataluña y proteja de manera efectiva a los catalanes frente a los desmanes de semejantes iluminados.

Qué triste es ver cómo una región que se postuló como ejemplo de modernidad para el resto de España, que tanto ha presumido de seny, se haya convertido en una suerte de republiqueta bananera, por obra y desgracia de unos nacionalistas que proclaman a voz en grito su amor al Principado mientras no hacen más que hundirlo en el oprobio y demostrar que realmente lo desprecian: ni su peor enemigo le haría el daño que le está causando este hatajo de ungidos buenos para nada.

Cataluña no necesita la secesión, pero los corruptos sí
Editorial La Razon 21 Julio 2017

Para los ciudadanos de Cataluña se ha convertido en hábito el sobresalto diario en la vida pública e institucional del territorio y nunca por un motivo de interés general que esté llamado a mejorar las condiciones de vida de la gente.

El desgobierno al que está sometida la comunidad que más recursos recibe del sistema de financiación autonómica es ocultado machaconamente con las maniobras del denominado «procés» y el ejercicio de victimismo permanente de la clase gobernante. Hay una realidad paralela, que es la que intenta imponer el poder secesionista, y luego está la que los catalanes padecen y la que se desarrolla en los tribunales que investigan la balsa corrupta que era el oasis.

El día de ayer resultó de nuevo un esclarecedor ejemplo de esa circunstancia. Agentes de la Guardia Civil accedieron al Parlament de Cataluña, el Palau de la Generalitat y el Departamento de Justicia, además de al Centro de Tecnologías de la Información (CTTI) de la administración catalana para solicitar documentación vinculada con el «caso del 3%» de comisiones ilegales presuntamente cobradas por la desaparecida CDC y que tendría al diputado y ex consejero Germà Gordó como objetivo principal. En el transcurso de la operación bajo mandato judicial, el nuevo consejero de Presidencia, Jordi Turull, pretendió escenificar una suerte de acto de resistencia y desobediencia con una presunta orden que impedía el acceso de los guardias civiles al Palau de la Generalitat, que finalmente no fue a más, y de la que existen dudas de que fuera real y no una pantomima del propio Turull, pues la Delegación del Gobierno y la propia Benemérita confirmaron que los agentes entraron en las dependencias que reseñaba el auto del juez y que pudieron desarrollar su cometido, la solicitud de documentación que no el registro de las instalaciones.

El resto de la operación en los diferentes organismos públicos se realizó con absoluta normalidad. Más allá de la sobreactuación de Turull, de su afán de protagonismo con el que desprenderse del traje gris del «aparatchik», de sus bravatas, lo que queda es el escándalo de corrupción que afecta medularmente al partido independentista en el que fue dirigente destacado y que vincula a los prohombres del nacionalismo excluyente con Artur Mas a la cabeza y Carles Puigdemont detrás.

Por esas cloacas, sobre ese sistema de extorsión que vertebró buena parte de la vida institucional y económica de la Cataluña convergente se ha pasado de puntillas hasta subsumirlo en el cenagal de la secesión como parte de la «guerra del Estado» contra el «procés» que denuncian los independentistas. Bien saben los responsables del actual PEdCAT y de la Generalitat que esa versión es una tergiversación que no resiste el mínimo análisis. Más bien cabe pensar que una de las razones que han sido decisivas para forzar el presente escenario de conflicto, de colisión con el Estado de Derecho, del intento de construir una legalidad alternativa en torno al poder absoluto de los separatistas con el control total de los resortes de un hipotético Estado, sería despejarse el camino de contratiempos en los tribunales y garantizarse la impunidad de los manejos delictivos. Como la independencia, salir indemnes de escándalos como el 3% tampoco les saldrá bien. Las instrucciones avanzan y los testimonios se agolpan para poder asegurar que la Justicia tiene una causa sólida contra la trama corrupta en Cataluña.

Más allá de la soberanía del pueblo
El autor reflexiona sobre cómo el poder político justifica sus acciones en nombre del pueblo y analiza soluciones para coexistir en el marco constitucional de España.
David Thunder. El Espanol 21 Julio 2017

La reivindicación de la independencia de Cataluña, al convertirse en una declaración de derechos "soberanos" y rivales a la soberanía de España, ha provocado una crisis constitucional de primer orden. Solo hay una soberanía explícitamente reconocida en el artículo 1 de la Constitución Española, a saber, "la soberanía nacional", que "reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado".

La soberanía es un invento de la Edad Moderna para justificar el hecho de que un grupo muy selecto de personas ejerza poder político sobre la mayoría de sus conciudadanos en un territorio extendido. Según esto, el pueblo como tal es "soberano" y tiene derecho, supuestamente, a transferir su propia soberanía a un gobierno popular. Así nace el concepto de Estado-nación moderno.

Esta narrativa es sencilla y fácil de comprender, al menos a efectos prácticos. Pero a fin de cuentas es una construcción mítica que choca con la realidad y genera dinámicas perversas en la vida política, incluyendo los conflictos que estamos viviendo desde hace muchos años no solo entre el Estado español y sus comunidades autónomas, sino dentro de las mismas comunidades autónomas de España.

Lo que se denomina como "pueblo" tiene un impacto mínimo en las actividades diarias de un gobierno nacional o regional

El mito del pueblo soberano es negado diariamente no solo por la obvia diversidad de intereses y culturas que caracteriza a una población moderna, sino también por el hecho de que el pueblo en sí tiene un impacto mínimo en las actividades diarias de un gobierno, sea nacional o regional. Sin embargo, esta ficción es parte integral de nuestro discurso político, generando una rivalidad interminable entre los gobiernos y partidos para monopolizar el poder público en nombre del "pueblo soberano", junto con todos los símbolos que puedan legitimar ese monopolio (cultura, lengua, bandera y demás).

En un país como España, marcado por enormes diferencias culturales, morales, económicas y políticas, es muy difícil sostener que un gobierno, sea en el nivel nacional o en el autonómico, hable en todo momento en nombre de su "pueblo" entero. Inevitablemente, surgen minorías dentro del "pueblo” que no se identifican con la narrativa colectiva, o que comienzan a formular una narrativa alternativa.

Diversas narrativas colectivas son irreconciliables dentro de la lógica del poder soberano, que es, por definición, totalizante. O lo posees o no lo posees. No hay término medio. No es un concepto moderado. Como muestra la historia, es una trasferencia de un concepto teológico, la soberanía de Dios, rey del Universo. Los reyes absolutistas emplearon el concepto de soberanía bajo la pretensión de actuar como representantes de Dios en la Tierra, como hombres que participaban de modo tangible en la soberanía divina. Los parlamentos europeos y norteamericanos asumieron esa soberanía pero no la atribuían al rey, sino al pueblo.

¿Quién es soberano y quién no? En teoría podemos atribuir la soberanía al "pueblo", pero, ¿a qué pueblo exactamente?

Si pensamos en el poder político en términos de soberanía, necesariamente pensamos en términos excluyentes y absolutistas. ¿Quién es soberano y quién no? En teoría podemos atribuir la soberanía al "pueblo", pero, ¿a qué pueblo exactamente? Si decimos "el pueblo español", entonces una coalición mayoritaria de ese territorio puede vetar permanentemente las aspiraciones y el desarrollo de grupos minoritarios en su propio seno, dictando el futuro de todos sus miembros unilateralmente. Eso se convierte tarde o temprano en la tiranía de la mayoría.

Si decimos "el pueblo de Cataluña", o "el pueblo de Euskadi", afrontamos exactamente el mismo problema. Como atestiguarán muchos ciudadanos tanto de Cataluña como del País Vasco, la soberanía regional también es una receta para la tiranía de la mayoría.

Necesitamos, pues, otra manera de concebir el poder político, que no sea tan excluyente y absolutista y que no justifique la opresión de ciudadanos no conformes en todos los aspectos con la narrativa oficial de la banda que gobierna. Necesitamos encontrar una manera de concebir el poder político que no implique un monopolio estatal sobre cultura, arte y lengua en nombre del "pueblo".

Ninguna región de España es un bloque homogéneo en el nivel cultural y social ni la autoridad política es soberana

Un buen comienzo podría ser el reconocimiento de dos hechos sociales: primero, que ninguna región de España, sin hablar del país entero, es un bloque homogéneo en el nivel cultural y social; y segundo, que en la práctica, diga lo que diga la Constitución, la autoridad política nunca es estrictamente "soberana", sino parcial, limitada, y compartida con otras instituciones sociales. Una vez reconocidos estos dos hechos, abrimos la puerta a otro estilo de política, pluricultural, plurinacional y participativa.

Esto no es un sueño vano, sino la única salida viable a la crisis actual. Aplicando el principio de subsidiariedad, deberíamos abandonar las pretensiones absolutistas de la soberanía popular a favor de una mayor autonomía local, para que los ciudadanos puedan colaborar entre sí en una escala más humana y humanizadora, para resolver los problemas concretos que les atañen, sin pretender que sus soluciones sean válidas para todos los ciudadanos de Cataluña, de España, o de Andalucía. Por ejemplo, un pueblo del norte de Navarra podría ofrecer educación en euskera sin sentirse obligado a imponer este idioma a todos los navarros; o un empresario catalán podría hacer sus negocios en su lengua materna sin penalizar a inmigrantes que solo hablan castellano.

La reforma de nuestras estructuras y discursos políticos es una estricta necesidad para no desmontar España

Si se flexibilizaran las estructuras gubernamentales, con un federalismo auténticamente subsidiario, las diferencias culturales y políticas no se aplastarían necesariamente dentro de una narrativa excluyente, sea en el nivel nacional o en el autonómico, sino que darían pie a una auténtica diversidad y experimentación en el nivel local.

Claramente ese tipo de descentralización implicaría una tremenda pérdida de poder simbólico y económico por parte del Gobierno español y también por parte de los gobiernos regionales. Por eso, el impulso para un federalismo tan radical tendría que venir principalmente de movimientos grassroots, es decir de ciudadanos ordinarios, no del establishment político.

De todas maneras, la reforma de nuestras estructuras y discursos políticos ya no es un lujo, sino una estricta necesidad. Si no tomamos medidas políticas y constitucionales para permitir la diversificación local y la convivencia pacífica de poderes no soberanos, corremos el riesgo de desmontar el cuadro constitucional de España y de no disponer de una solución viable.

*** David Thunder es Doctor en Ciencias Políticas e investigador Ramón y Cajal.

Cataluña, en fase de derribo Manuel Marín
Manuel Marín. ABC 21 Julio 2017

La presencia la Guardia Civil en el Parlamento catalán se saldó con nula colaboración institucional

Cataluña está en fase de derribo. El caso de corrupción del 3% huele ya a naftalina, pero revela la perpetuación de un sistema perverso de comisiones ilegales a cambio de contrataciones públicas para la financiación de la extinta CiU, que comenzó muchos años antes de que Germà Gordó fuese el escudero de Artur Mas. Hoy Gordó, el último en llegar al «oasis» que nutría un sistema corrupto diseñado por Jordi Pujol hace más de tres décadas, ni siquiera está en el grupo parlamentario al que perteneció, pero mantiene su escaño arrumbado en el grupo de no adscritos del parlamento catalán a la espera de que algún juzgado decrete la apertura de juicio oral. Todo por la salvaguarda de la independencia y no inhabilitarse a sí mismo antes de que lo haga un juez por la vía de los hechos consumados.

La presencia de agentes de la Guardia Civil en el Parlamento catalán, y en la Generalitat, por orden judicial en busca de documentación de Gordó, se saldó con nula colaboración institucional en la sede del Ejecutivo catalán, y con una orden expresa del consejero de Presidencia, Jordi Turull, de no colaborar con la Justicia. Incluso, utilizó a los Mossos como escudo para impedir el acceso de la Guardia Civil a antiguas agendas y los archivos de visitas recibidas por Gordó durante su etapa de consejero de Justicia. Todo ha desaparecido. No hay rastro de la existencia de Gordó en la Generalitat…

Turull no protagonizó ayer una sublevación o un acto de rebeldía para proteger el proceso separatista, o para exhibir una primera reacción contra las fuerzas «represivas» del Estado. No era un ensayo de la «resistencia catalana» a una retirada de urnas por la fuerza. Fue el desprecio que siente la Generalitat por la Justicia y por las instituciones del Estado, y fue un elemental ejercicio de ocultación de pruebas porque bajo su sobreactuado ejercicio de autoridad solo subyace un impedimento para que ningún juez siga levantando alfombras. Turull se limitó a aferrarse a la putrefacción de un partido que lo fue todo en Cataluña y lleva camino de la extinción.

Artur Mas se va a declarar insolvente
Cristina Losada Libertad Digital 21 Julio 2017

Del Tribunal de Cuentas tenemos el común de los ciudadanos, incluidos los periodistas, la idea de que, en realidad, no es un tribunal. Su papel más conocido es el de fiscalizador de la contabilidad de los partidos políticos, asunto en el que siempre sospechamos que actúa con poco diligencia. Sabemos que produce informes y memorias, e imaginamos que esos informes y memorias, en los que aconsejarán hacer esto y lo otro, pueden acabar sus días en un archivador, olímpicamente ignorados por los destinatarios. Bien. Si esto es todo cuanto sabemos del Tribunal de Cuentas es que no conocemos ni medio a fondo una de las instituciones de mayor raigambre histórica en el derecho público español, como expone la útil página web que tiene el Congreso de los Diputados para explicar la Constitución.

El Tribunal de Cuentas ha puesto en marcha un procedimiento para investigar los posibles daños causados a los caudales públicos por los pagos realizados por la Generalitat catalana para celebrar el 9-N. Esto, que parte de la acción pública ejercida por dos asociaciones, Sociedad Civil Catalana y Abogados Catalanes por la Constitución, lo ha situado en primera línea de la actualidad política. Y en primera línea de las bofetadas. Entre otras importantes cosas, resulta que la apertura de la instrucción conlleva que los presuntos responsables de los daños garanticen, antes de nada, que van a pagar. Así, Artur Mas, Francesc Homs, Irene Rigau y Joana Ortega tendrán que depositar una fianza o ver sus bienes embargados de forma preventiva en el caso de que la instrucción se abra. Hablamos de una cantidad de 5,12 millones de euros: salen a 1,28 millones por cabeza.

Todos los citados, huelga decir, están muy en contra. Han acusado al Tribunal de Cuentas de abuso y de querer erigirse en "justicia paralela", y a España de no ser democrática. Como de costumbre. Pero sus propias reacciones indican que se toman muy en serio la actuación del Tribunal. ¡Y tan en serio! El Tribunal de Cuentas no sólo tiene una función fiscalizadora de la gestión económico-financiera del sector público. Tiene también una función de enjuiciamiento contable. Y esa función consiste en "juzgar y hacer ejecutar lo juzgado" en el ámbito de la responsabilidad contable en que incurran "quienes tengan a su cargo el manejo de bienes, caudales o efectos públicos".

Subrayo: puede "juzgar y hacer ejecutar lo juzgado". Es un órgano jurisdiccional: con jurisdicción para dictar resoluciones judiciales. Si ordena embargar cuentas o bienes, esa orden se llevará a cabo. Lo ha hecho ya. La hemeroteca guarda noticia de embargos que afectaron a exalcaldes de diversos lugares de España. Uno de los más notables fue el que impuso a los hijos del exalcalde de Marbella Jesús Gil. Notable y cuantioso: ciento y pico millones de euros, incluidos intereses, por el saqueo de las arcas marbellíes. El Tribunal consideró que los hijos, al aceptar la herencia, asumieron los derechos y obligaciones que pesaban sobre ella.

No hay abuso ni justicia paralela. Por el 9-N se juzgó a los cuatro mártires en el ámbito penal. Aquí estamos en la jurisdicción contable. La posibilidad de tener que responder con el patrimonio personal por los gastos ocasionados por el 9-N al erario ha causado gran inquietud en las filas independentistas, donde se suele dar por sentado que incumplir la ley sale gratis y que el Estado es cosa de broma. El Tribunal de Cuentas ha venido a recordar que no. Razón por la que Artur Mas ya ha dicho que no tiene un duro. A este paso, se va a declarar insolvente. Su otra insolvencia, la política, la había puesto de manifiesto hace tiempo. Tanto él como sus compañeros de viaje a Ítaca. El que prometían gratis.

Sentido común y valentía del letrado mayor del Parlament

EDITORIAL El Mundo 21 Julio 2017

El artículo que ayer publicó en la Revista catalana de dret públic el letrado mayor del Parlament y profesor de Derecho Administrativo, Antoni Bayona, debería hacer reflexionar a los impulsores de la separación de Cataluña, en el caso de que les quedara alguna capacidad para hacerlo. Porque supone una enmienda a la totalidad a todo el denominado procés, elaborado desde el rigor jurídico que deja a la Generalitat presa de sus propias contradicciones. Que ese tremendo varapalo provenga del responsable de velar por la legalidad desde el Parlamento regional le otorga un argumento de autoridad difícilmente rebatible.

Bayona cuestiona las bases jurídicas del proceso independentista desde sus inicios. Constata la contradicción que se da entre el principio democrático y el principio de legalidad, donde «no siempre hay una línea clara de continuidad y coherencia». El letrado afirma que la sentencia del Tribunal Constitucional sobre la Declaración de soberanía y el derecho a decidir del Parlament anuló el apartado uno, que otorgaba «carácter de sujeto político y jurídico soberano» a Cataluña, al entender que esa soberanía es «única e indivisible».

A partir de ahí, todos los actos realizados por la Generalitat en aras de conseguir la independencia están contaminados: «No tiene sentido iniciar un proceso de reforma constitucional especialmente complejo como el previsto por la Constitución si previamente no se ha verificado una voluntad mayoritaria de la población afectada». En este sentido, Bayona considera que el referéndum anunciado para el 1 de octubre es sólo un «movimiento táctico que tiene como último objetivo político reforzar la legitimidad de la vía unilateral». Además, el letrado afirma que «parece evidente que no se podrán cumplir los requisitos y estándares mínimos exigibles a un proceso participativo como este».

El letrado mayor del Parlament escribe expresando una opinión jurídica profesional, de experto que tiene que asegurarse que la normativa que emana de la Cámara catalana se ajusta siempre a Derecho. En este momento del procés, este artículo es especialmente importante. Supone un serio varapalo que debería ser tenido en cuenta por una opinión pública anestasiada por la proliferación de mensajes engañosos desde todas las instancias oficiales de la Generalitat, medios de comunicación públicos incluidos. Por eso Bayona concluye que afirmar que «el Estado español mantiene formas autoritarias (postfranquistas) que lo convertirían en no democrático puede suponer un grave error de apreciación política y sobre todo jurídica».

Pero, desgraciadamente, comprobamos a diario la contradicción entre el análisis jurídico riguroso del proceso de independencia y el despropósito de los políticos secesionistas, que se inventan una legalidad paralela que sólo ellos conciben. En cualquier país democrático un responsable de Interior que anunciara a bombo y platillo que las fuerzas de seguridad no van a cumplir la ley sería relevado inmediatamente. Eso es lo que hizo el miércoles el nuevo conseller Joaquim Form, al prometer que los Mossos d'Esquadra permitirán que los catalanes voten «con libertad y seguridad» en el referéndum del 1-O que ha sido declarado ilegal por el Constitucional. Un auténtico sinsentido que vuelve a colocar a la Generalitat al margen de la ley.

Y es significativo que toda esta deriva secesionista haya ido emparejada a la corrupción política en Cataluña, empezando por Jordi Pujol y su familia imputada. Ayer, la Guardia Civil se personó en el Parlament y en el Palau de la Generalitat por orden del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña buscando las agendas del ex conseller Germà Gordo, investigado por el caso del 3% que ocasionó la demolición de Convergencia i Uniò. Como decimos, corrupción e independentismo van de la mano en Cataluña.

Batea, una metáfora de la realidad suplantada
Antonio Robles Libertad Digital 21 Julio 2017

"Batea, el pueblo catalán que quiere hacerse aragonés". No se queden con la extravagancia, atiendan a las razones que su alcalde, Joaquim Josep Paladella, ha esgrimido para lanzar la amenaza.

Una cura de realidad, mientras el Gobierno de la Generalidad sigue empecinado en el delirio derrochando energías y recursos económicos públicos, el alcalde de Batea amenaza con la segregación si no se atienden las necesidades vitales de sus vecinos, entre otras cosas, la ampliación de 30 plazas públicas en la residencia de ancianos. Es un compromiso adquirido en 2010 por el Tripartito cuando él mismo logró impulsarlo en el Parlamento como responsable de agricultura de la coalición electoral UPYA-PM/PSC. De las 60 plazas inicialmente comprometidas, aún faltan 30, y son esas las que viene exigiendo desde entonces.

Reparen en el contraste: preocupación por resolver cuestiones cotidianas de la gente frente a agravios nacionalistas, realidad frente a ficción. Toda una metáfora de las necesidades sociales abandonadas hoy en Cataluña ante el altar de la nación. Va siendo hora de que la realidad suplantada se rebele. Ahí están las evidencias: 75.000 millones de euros de deuda pública, la mayor de todas las comunidades, como los sueldazos de sus responsables políticos. Por si fuera poco, la prima de riesgo se ha disparado más allá de los 300 puntos; miles de camas de hospital, cerradas; farmacias con problemas para cobrar cada mes; la macroobra de las Glorias, paralizada: de un coste inicial de 42,1 millones de euros pasará a 100, y de acabarse en 2017 se fija como pronto para 2021; cerca de 300 escuelas catalanas con amianto en sus materiales de construcción, y ahí siguen afectando a la salud de alumnos y maestros; las universidades catalanas acaban de pedir 300 millones para evitar su fosilización, eso sí, se declaran partidarias del referéndum unilateral. Sin embargo, sí tienen dinero para subvencionar todo tipo de entidades musulmanas, para incorporar a esta inmigración a la construcción nacional como carne de cañón; presupuestos para engrasar el separatismo camuflados en partidas de consejerías que nada tienen que ver con su actividad, deuda de más de 30 millones de euros a los servicios sociales de discapacitados; olvidos y recortes a nuestros mayores más necesitados; pero todo el dinero del mundo para engrasar a los medios públicos y afines: 225 millones este año para la CCMA, donde TV3 acaba de emitir Les cloacas de Interior, como vulgar emisaria de los encausados por el 3% y el 9-N.

El alcalde de Batea ha puesto el dedo en la llaga. Desde que en 1991 llegó a la Alcaldía encabezando la formación municipal Unión Per la Terra Alta (UPYA-PM) junto al PSC, no ha dejado de ser acosado por el Gobierno de la Generalidad por haber desplazado a CiU. Los herederos del franquismo, las familias que hasta entonces se habían organizado bajo las siglas de CiU, han hecho lo imposible por perjudicar su labor municipal. Sin éxito. Joaquín es un trabajador del campo, honesto y dedicado a su pueblo. Doy fe, tuve la oportunidad de conocerlo en la comisión de agricultura del Parlamento, donde tratamos de impulsar juntos una iniciativa para incluir los viñedos de la Terra Alta en la denominación Cava, de la que está excluida Batea y toda la región de esa zona de Tarragona, a pesar de la calidad de sus uvas y cosechar la mayor producción de toda Cataluña. No parece razonable, que una denominación catalana (aunque no exclusiva) que tanto éxito ha logrado en el mundo entero excluya de su denominación a una región deprimida de Cataluña, cuya mayor fuente de ingreso son sus viñedos. Otra sinrazón de una nación inventada que no atiende a lo esencial de una nación: servir a todos sus ciudadanos.

Cataluña 1990 - 2017
Josep Ramon Bosch www.vozpopuli.com 21 Julio 2017

Putsch, textualmente traducido del alemán como "empujón", tiene un significado muy similar a "golpe de Estado", y usualmente se refiere a los intentos fallidos de subversión de la legalidad, como el “Putsch de Múnich”, que fue protagonizado por Adolf Hitler y sus secuaces.

Carles Puigdemont -pronúnciese en catalán “Pustchdemont”-, presidente que promueve burlar la legalidad vigente e instaurar un régimen nacionalista, es el último mandarín del proyecto secesionista que sufrimos los catalanes y por extensión todos los españoles: un proceso de desconexión gestado desde hace muchos años por la enferma mente de Jordi Pujol, y promocionado entre los sufridos habitantes de la otrora envidiada Cataluña con el uso fraudulento de fondos públicos. Y todo, ante el mutismo, indolencia e indiferencia de los llamados poderes fácticos, teóricos defensores de la nación española, que decidieron desentenderse en su responsabilidad de proteger la igualdad entre los españoles, abdicaron de sus funciones de gobernantes, paralizaron a los actores económicos, regios, jurídicos, militares y contaron con la idiocia manifiesta del poder político en el desamparo de los pocos catalanes que decidimos alzar la voz para defender la unidad de España. El estado desapareció de Cataluña durante los últimos lustros.

Durante los últimos 25 años la burguesía catalana ha colaborado entusiásticamente a la “omertá”, un silencio producido por una enorme y exitosa campaña de publicidad, donde la prensa ha sido sometida por la “casta” política, de la que dependía para sobrevivir, a la que ha servido fielmente, olvidando su deber primordial de informar con veracidad a los ciudadanos. Pujol y sus cómplices tejieron un régimen absolutista legitimado por las urnas, en el que formaban parte egregios personajes de la burguesía catalana, empresarios que financiaban con las ganancias de las obras públicas el tinglado nacionalista, empresas periodísticas genuflexas ante el poder y la subvención, intelectuales de pacotilla con premios artificiales; y sobretodo crearon una inmensa cantidad de ciudadanos cobardes que ha formado el grueso de la sociedad catalana, mirando hacia otro lado por miedo: miedo a la venganza, a la extorsión, a quedarse sin trabajo, miedo a la maquinaria poderosa del poder que tritura toda crítica que sea demasiado molesta. Todo dirigido por el llamado “ámbito catalán de comunicación”, una extensa de red de medios informativos, periódicos, emisoras de radio y televisión donde no existe más idioma que el catalán, lengua que no se contemplaba como vehicular, sino como arma política. Un idioma usado para segregar, no para unir.

El domingo 28 de octubre de 1990, “El Periódico de Cataluña” publicaba un documento titulado “Propuestas para aumentar la conciencia nacional en Cataluña”, promovido por los “Think Tanks” a sueldo de Pujol. El programa explicaba la perversa voluntad de liquidar el llamado “Estado español”, a través de un complejo programa de ingeniera social mediante la formación del espíritu nacional de los catalanes, y modificar en 25 años el “mainstream” mediante la creación artificial de una enorme red clientelar y, un explícito maccarthysmo para promover el miedo entre los discrepantes, la purga de los débiles y el uso de decenas de miles de millones de euros en medios de comunicación, con la malvada intención de comprar y vender voluntades, y así ganar una impostada mayoría a favor de la secesión.

La introducción del texto no dejaba dudas sobre el proyecto orwelliano que se publicó hace casi 30 años, y sintetizado por el mantra convergente de “Fer país” (Hacer país)

"Configuración de la personalidad catalana: Explicación y potenciación de los ejes básicos, definitorios y positivos, de nuestra personalidad colectiva. Elección y divulgación de los conceptos que permiten el máximo fortalecimiento de nuestro pueblo”.

El proyecto de abducción colectiva centraba sus propuestas en tres flancos: la creación de asociaciones a favor de la autodeterminación de Cataluña, (que liderasen las movilizaciones, mediante la inyección de ingentes recursos y a través de frases repetidas hasta la extenuación “Espanya ens roba”, “Dret a decidir”, “Som una nació”), el control de los medios de comunicación (TV3 y los medios privados, con especial énfasis en el “Grupo Godó”) y la dirección de las escuelas

“Es necesario reunir diferentes grupos de personas, instituciones y asociaciones que estén decididos a desarrollar líneas de sensibilización. Hay que incidir de manera eficaz en todos los medios de comunicación. Potenciar el uso de la lengua catalana por parte de profesores, maestros y alumnos. Promover que en las escuelas el profesorado de EGB incorpore el conocimiento de la realidad nacional catalana.”

El documento tenía 20 páginas y dejaba en evidencia la manifiesta obsesión por inculcar el sentimiento nacionalista en la sociedad catalana, propiciando un férreo control en casi todos sus ámbitos, propugnando la infiltración de elementos nacionalistas en puestos clave de los medios de comunicación y de los sistemas financiero y educativo. Este plan de infiltración nacionalista lo puso en marcha la vieja “Convergència i Unió” en la década de los 90 por orden de Jordi Pujol y el dirigismo -no lo olvidemos- de Miquel Roca. Los resultados se verán en este cálido verano del 2017.

Empezaba la soflama
“Cataluña es una ‘nació’ discriminada que no puede desarrollar libremente su potencial cultural y económico” y que “la búsqueda de la soberanía hace imprescindible la sensibilización ciudadana hacia el reforzamiento del alma social. (…) Vigilar la composición de los tribunales de oposición para todo el profesorado. (…) Reorganizar el cuerpo de inspectores de forma que vigilen la correcta cumplimentación de la normativa sobre la catalanización de la enseñanza.”

El adoctrinamiento en otras palabras.
Fijaba los puntos clave de infiltración “Incidir en las asociaciones de padres”, el “Fomento de las fiestas populares, tradiciones, costumbres y trasfondo mítico”. “Introducir gente nacionalista (…) en todos los puestos claves de los medios de comunicación. (…) Incidir en la formación inicial y permanente de los periodistas y de los técnicos de comunicación para garantizar una preparación con conciencia nacional catalana”.

Consideraba imprescindible la “Creación de organizaciones patronales, económicas y sindicales catalanas, y diseño de una estrategia para optar a los cargos directivos de las instituciones financieras”, no se debían escatimar esfuerzos en “Incidir sobre la administración de justicia y orden público con criterios nacionales”, y entendía que se debía promover la “Divulgación de la historia y del hecho nacional catalán: Difusión de los acontecimientos cruciales de nuestra historia y de nuestros personajes históricos, así́ como la aportación del pueblo catalán a la cultura y ciencia europeas. Fomento de las fiestas populares, tradiciones, costumbres y su trasfondo mítico.”

Se entendía el deporte como un elemento básico en la manipulación básica de los sentimientos, convirtiendo a los catalanes en unos “hooligans” de la patria a través de “Catalanizar las actividades deportivas y lúdicas. Fomentar el conocimiento de la realidad nacional catalana dentro de los diferentes les sectores donde opera cada entidad.”, la obsesión separatista de infiltración en el “Barça” ha sido evidente, consiguiendo transmitir la imagen de un ejército en permanente lucha contra el maligno enemigo (Real Madrid, encarnación de los males) y a la par la imagen internacional del proceso separatista.

La catalanización forzosa de toda la actividad empresarial ha sido uno de los puntos destacados del plan

“Garantizar el uso del catalán en todos los letreros, indicadores, tablones de anuncios, impresos, publicidad, documentación comercial… Promover unas organizaciones patronales, económicas y sindicales catalanas”, dar a conocer la realidad nacional catalana a través de “Hacer conocer la existencia de Cataluña y de los Països Catalans en todo el mundo, especialmente en Europa. Cohesionar el espacio catalán dentro del marco noroccidental del Mediterráneo y de Europa del Sur. Estrechar las relaciones entre los Països Catalans y su entorno económico (Aragón, Occitania y norte de Italia) en todos los campos.”

Uno de los principales objetivos ha sido la creación de “Estructuras de Estado”, a la par que se ha denunciado la falta de compromiso del estado con sus obligaciones para con los catalanes, y para ello promulgaban

“Lograr que Cataluña y los restantes Països Catalans tengan un peso importante en el terreno económico. Dotar a Cataluña y al resto de los Països Catalans de una buena red de comunicaciones terrestres, marítimas y aéreas. Interconectar uno y otro lado de los Pirineos con nuevas líneas férreas, carreteras y autopistas. Hacer de Cataluña y del resto de los Països Catalans un núcleo de alto nivel de desarrollo en todos aquellos aspectos donde valga la pena vivir. Propiciar una política de adecuación territorial y urbanística respetuosa con el patrimonio cultural y ambiental. Potenciar el papel de Barcelona como capital económica, comercial y turístico-cultural del Mediterráneo noroccidental y del Gran Ser europeo. Favorecer la autonomía tecnológica de Cataluña.”

Y evidentemente limpiar la administración de elementos no comprometidos con el nacionalismo, las purgas estalinistas que estos últimos días estamos viendo con incredulidad ante la cobardía de unos nacionalistas que temen perder su patrimonio

“La Administración se identifique (en los conceptos: trabajo, creatividad, participación, estilo, formas, actuaciones) con los valores nacionales”, y resaltar la revisión en profundidad de los mecanismos de acceso y promoción interna del funcionariado y el cambio sustancial de orientación de la Escala de la Administracióń Publica.”

Las purgas de Purgamont.
Este documento fue escrito en 1990 y hoy nos lamentamos todos de sus consecuencias porque en Madrid, conociendo la estrategia de disolución de España, siguieron jugando al “tú apóyame en Madrid y haz lo que quieras en Barcelona”.

Hoy la burguesía catalana cómplice del nacionalismo está asustada, y tienen motivos para ello. El “proceso separatista” se radicaliza, la frustración se extiende entre la menestralía catalana, en las zonas rurales se amenaza a los pocos unionistas que resisten, mientras en la ciudad condal la alcaldesa Colau tiene la agitación social por bandera y las purgas a funcionarios, “consellers” o políticos débiles ante las soflamas nacionalistas se multiplican por doquier.

A los burgueses les han vuelto los fantasmas de la Barcelona de las bullangas de 1835 cuando a la salida de las corridas de toros los proletarios catalanes quemaban iglesias; han imaginado las guerras carlistas que arrasaron Cataluña en el XIX; han rememorado el bombardeo de Espartero de 1842 para sofocar la revuelta popular; de repente han visionado la “Ciudad de las Bombas” de 1893 cuando mataban a espectadores del Liceo; se han acogotado al recordar la “Semana trágica” de 1909 cuando Barcelona fue llamada la “Rosa del Fuego”; se han echado las manos a la cabeza con el pistolerismo anarquista de los años 20; de repente han recordado el golpe de estado de Companys de 1934 y los miles de cadáveres en las cunetas de julio y agosto de 1936. Cataluña está en manos de una nueva generación educada en las madrasas separatistas y con su futuro político en manos de unos aventureros que no piensan dar ningún paso atrás.

Durante la Guerra Civil, Azaña residió un tiempo en Barcelona, pasando de ser amigo a enemigo de Cataluña. Ninguneado por la Generalitat, atónito ante los crímenes impunes del verano de 1936, incrédulo por la ineficacia del Govern y las luchas partidistas internas, vejado por la constante vulneración del Estatut por arrogarse competencias que no tenía, y aturdido por las miserables rivalidades personales y los sucesos de mayo de 1937. En su conocida obra testamentaria “La velada de Benicarló”, arremete contra los políticos catalanes, por su demagogia victimista, sus personalismos y la deslealtad para con el resto de la España: “Lo mejor de los políticos catalanes es no tratarlos”.

El “Pustch” de Hitler terminó en fracaso, pero la semilla de la discordia, el odio, las purgas y la muerte se extendió por Alemania con los funestos resultados que todos conocemos. Cataluña está siguiendo la misma ruta. Desde 1990 su plan separatista estaba escrito y han cumplido hasta con la última coma, estábamos avisados desde hace casi 30 años de lo que sucederá en este próximo otoño del 2017.

El 1 de octubre de 2017 será una etapa más en el objetivo de los separatistas, no será la última, pero promete romper la legalidad española mediante un golpe de estado, pretende ser el inicio del fin del trayecto del relato triunfante a favor de la ruptura, la apuesta final, el reto definitivo, la estocada mortal al proyecto común español. El estado español puede enfocar sus esfuerzos en dos direcciones. O bien la indolencia de siempre y esperar que dentro del nacionalismo vuelvan a surgir voces capaces de poner sosiego a tanto dislate y retrotraernos a un falso dialogo. La segunda es emprender el camino de la valentía. Aplicar la ley junto a la promoción de un relato cargado de simbolismo, capaz de atraer a la mayoría de catalanoparlantes cuyos sentimientos han sido secuestrados por el mensaje separatista. Para ello se debe dotar a los catalanes libres de nacionalismo de los medios e instrumentos necesarios para combatir el mensaje, con una auténtica voluntad de regenerar el discurso político, mediático y social que vivimos en la Cataluña, asfixiada por el oasis putrefacto y cuya responsabilidad máxima pertenece a las estructuras del propio estado español.

El relato del fracaso del 1-O
TEODORO LEÓN GROSS El Mundo 21 Julio 2017

El periodismo es, parafraseando a Chesterton, informar del nombramiento de Pere Soler a gente que no sabía que Pere Soler estaba vivo. Hasta ahora, sólo había sido un desconocido con cuenta de Twitter, un agitador mendicante que usaba su tuits para dar rienda suelta a exabruptos - del nivelito de "los españoles me dais pena"- y hacerse un CV a la medida de los asshunters del prusés. Así pues, hay que celebrar la noticia de su nombramiento. Sin duda es una gran noticia. En definitiva delata el estado de debilidad del prusés, cada vez más crítico. Cuando un líder se siente fuerte, al frente de un movimiento sólido, se rodea de lo mejor. Es el momento de la meritocracia, de convocar a las mejores inteligencias. Cuando hay que recurrir a tipos duros, a soldados o a apparatchiks más o menos descerebrados, eso siempre delata la deriva. De hecho es lo que suele suceder en los regímenes totalitarios -como Cuba, por citar el más característico de esta época- que comienzan confiando en los ideólogos y acaban confiando en la policía.

La promoción de Pere Soler es una señal de la debilidad de un proceso que va quemando etapas hacia el fracaso con estropicios aún por ver. Su antecesor hablaba de la legalidad como prioridad; y él está ahí para defender la militarización sectaria del cuerpo. No han buscado a un fino estilista, sino a un patán con pocos escrúpulos. La salida con Albert Batlle de tres consellers -la portavoz Neus Munté, Jordi Jané en Interior y la titular de Educación, además del secretario del Govern, Vidal de Siurana- a cambio de soldados del referéndum es muy reveladora. Ha quedado atrás el marketing seductor y tocan a rebato. Pero a medida que se atrincheran en el sectarismo con los fieles más radicales, van perdiendo la conexión con la sociedad. Identificarse con el prusés resulta cada vez más restrictivo. Lo de Roca es sintomático del hartazgo incluso en el nacionalismo moderado. Más que desconectarse de España, se están desconectando de su sociedad civil.

La diferencia de Cataluña con Canadá o Reino Unido no es sólo una consulta ilegal, sino el espíritu de la consulta: aquí no se convoca a la sociedad sino que se ha movilizado y subvencionado a la mitad de la sociedad para arrinconar a la otra mitad con un discurso entre buenos y malos catalanes, esos sospechosos de filoespañoles que tanta pena dan al nuevo capo de los mossos. Han roto Cataluña, y la recomposición -una vez que agoten la huida hacia delante del referéndum- será complicada. De momento hay indicios de que ya se trabaja en el relato: toda su intelligentsia (sic) va de tertulia en tertulia paseando la teoría de que el referéndum no es el problema sino un síntoma del verdadero problema político de fondo, cuya responsabilidad es del Gobierno central. De vuelta al victimismo, ya se vislumbra la idea fuerza de dar una solución a Cataluña, desde el federalismo asimétrico a las quitas de deuda, con un tema central: la culpa ha sido del PP. Irene Montero de hecho acaba de achacar la dimisión del jefe de los mossos a "la persecución del PP". Está empezando a construirse el relato del fracaso del 1-O. El relato ventajista del 2-O.

Magistral Aurelio Arteta
Vicente Torres Periodista Digital 21 Julio 2017

No se puede negar el talento de Aurelio Arteta, aunque tampoco me extrañaría que alguien lo hiciera. Los hay que son muy burros.
En el buzón de Joseba hay una carta suya decididamente magistral. Por cierto, todo el mundo debería dejar una carta en ese buzón virtual, para que los andoaindarras comprendieran que mientras persistan en su cobarde actitud Andoáin será un pueblo maldito.
La carta, que lleva la fecha del 8 de febrero de 2015, dice así:

«Queridos amigos:
El combate democrático en nuestra Comunidad no ha terminado; simplemente ha cambiado de objetivo. La resistencia contra ETA tiene que transformarse en resistencia contra los herederos de ETA. La denuncia del terrorismo debe dar paso a la denuncia del nacionalismo que lo alimentaba. Hasta que un día todos los vascos seamos por fin ciudadanos vascos.
Aurelio Arteta – Profesor de la UPV»

Una vez dadas a conocer sus palabras en este blog puedo decir yo las mías. O, mejor dicho, repetir, porque lo he manifestado varias veces. Sin la existencia del PNV no habría podido darse la de ETA. Y en el caso de que se hubiera llegado a configurar la maldita banda, aun sin la existencia del PNV, habría durado muy poco tiempo.

Este dato ya es suficiente por sí mismo para deslegitimar al PNV, aunque hay otros muchos motivos para ello. En primer lugar, cabe referirse a su fundador, Sabino Arana. Cualquiera que se haya interesado mínimamente por él sabe que estaba como una cabra, dicho en modo fino. Era un peligro público al que debieron ponerle una camisa de fuerza. Y, sin embargo, los prebostes del PNV lo defienden y pretenden hacer creer, con éxito en muchos casos, que fue un gran hombre.

En segundo lugar, se puede y debe decir, para que se entere todo el mundo, que está por ver que el nacionalismo haga algo bueno en algún lugar, porque de esta ideología, que se nutre del egoísmo y del odio, no pueden surgir más que maldades.

La confrontación por la lengua salta a la calle en Casteldefells
El pleno aprueba una moción de apoyo a la inmersión lingüística, impulsada por el PSC
E. ARMORA / A. CABEZA ABC 21 Julio 2017

Confrontación en Castelldefels por la enseñanza bilingüe. El Pleno del municipio barcelonés votó ayer sin sorpresas la polémica moción impulsada por el equipo de gobierno liderado por el PSC en favor de la inmersión lingüística, y en contra las familias de la escuela Josep Guinovart, que exigieron que sus hijos tuvieran más clases en castellano. Más allá de la votación política, el conflicto lingüístico se vivió en la calle, con manifestaciones enfrentadas que se desarrollaron sin incidentes.

Los Mossos d’Esquadra prepararon un dispositivo para que ambas concentraciones no coincidieran y prevenir así enfrentamientos, lo que no llegó a ocurrir. En la manifestación convocada por la Assemblea Nacional (ANC) para apoyar el bilingüismo hubo carteles a favor de la escuela en catalán. En la concentración de la Asamblea por una Escuela Bilingüe (AEB) se registró mayor afluencia de público y contó únicamente con una gran pancarta a favor de una escuela bilingüe.

Durante el Pleno municipal, la moción del equipo de gobierno (PSC, ERC y Movem), apoyada también por CSQP y CiU, que defendía la inmersión lingüística, quedó aprobada con el apoyo total del gobierno municipal.

El texto reclamaba la necesidad de bilindar la inmersión lingüística educativa «ante los intentos de ruptura» del modelo actual, por parte de los colectivos que piden más castellano en las aulas.

En el texto, los partidos firmantes expusieron su «desacuerdo con las sentencias del Tribunal Supremo y los fallos del Tribunal Superior de Justicia catalán (obligan a impartir el 25% de las clases en castellano en las clases en las que están los alumnos solicitantes), que ponen en riesgo el sistema de inmersión lingüística en los centros educativos catalanes».
«Catalanofobia»

Asimismo, la moción instaba al Parlamento catalán y al Govern a «manifestar su desacuerdo con estas sentencias firmes y a cumplir lo que dice la actual ley educativa catalana (LEC)». En el documento se alude también a que, «desde el año 2004, el PP ha avivado la catalanofobia» y acusa a los populares y a Cs de «querer crear un problema político, muy alejado de la realidad educativa».

En respuesta a esta moción, el grupo municipal del PP y de Cs presentaron una enmienda, con la que defendieron el derecho constitucional de las familias, que piden más horas de castellano. Como también era previsible, la enmienda quedó rechazada con el voto del resto de los partidos.

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