AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 26 Julio 2017

Mucho más gasto público que antes de la crisis
Juan Ramón Rallo El Confidencial 26 Julio 2017

Fue Rahm Emanuel, jefe de Gabinete de Obama, quien dijo aquello de “never let a good crisis to go waste” (nunca desperdicies una buena crisis). Las crisis son coyunturas extraordinarias durante las cuales los gobiernos pueden comportarse de maneras extraordinarias sin que la población se queje extraordinariamente. 'La doctrina del shock', de Naomi Klein, expresa aproximadamente esta misma idea: si se quieren cambios institucionales súbitos, nada mejor que el miedo.

En este sentido, han sido muchos quienes han visto en la actual crisis una especie de conspiración neoliberal para desmantelar el Estado de bienestar: se manufactura un cataclismo económico, se coordina un ataque de los mercados financieros contra la deuda soberana y finalmente se obliga a la población a aceptar fortísimos recortes del gasto público so pena de verse abocada a una bancarrota gubernamental. Gracias a esta estratagema, pues, se habría conseguido someter y capitidisminuir a las socialdemocracias occidentales durante los últimos años.

La narrativa suena convincente, sobre todo para un ciudadano español que haya vivido en sus propias carnes un proceso similar al anterior. Sin embargo, es esencialmente falsa. Durante la última década, los estados occidentales no han retrocedido ante el chantaje irresistible de los mercados financieros, sino que han alcanzado los mayores volúmenes de toda su historia. Tal como constata el reciente informe de la OCDE 'Government at a Glance 2017', una década después de que arrancara la Gran Recesión, prácticamente todos los estados occidentales han incrementado muy sustancialmente su tamaño. De hecho, el gasto público medio en el conjunto de la OCDE ha pasado del 38,8% del PIB al 40,9%. El Estado no retrocede, sino que crece aprovechándose del 'shock' de la Gran Recesión.

Acaso se alegue que estas cifras no ilustran verdaderamente la evolución del tamaño del Estado porque están expresadas en relación al PIB: y si el PIB de muchos de los países de la OCDE ha caído durante la última década, el sector público puede parecer mayor aun cuando no lo sea en términos absolutos. Grecia sería el paradigma de este fenómeno: a pesar de los notables recortes del gasto experimentados desde 2009, su Administración pública pesa bastante más que en 2007 debido al hundimiento de su PIB.

Afortunadamente, la OCDE nos ofrece una métrica para conocer cuánto ha crecido, en términos reales, el gasto público por habitante entre 2007 y 2015: y, como es fácil de observar en el siguiente gráfico, prácticamente todos los Estados de la OCDE han incrementado su gasto público por habitante (salvo Irlanda, Italia y Grecia). Incluso países que han sufrido una reducción del peso del Estado en el PIB (como Hungría, Portugal o Israel) han incrementado los recursos que pasan por las manos del Estado. En el conjunto de la OCDE, de hecho, este crecimiento ha sido del 1% anual. Por consiguiente, aun cuando no expresemos la evolución del gasto en términos relativos sino absolutos, el Estado sigue creciendo.

Por último, también podría alegarse que el muy sustancial aumento del gasto público durante los últimos 10 años se debe fundamentalmente al incremento de los gastos financieros: el ataque de 'los mercados' llevó a los gobiernos a endeudarse a altísimos tipos de interés, y semejante postración económica explica sus mayores desembolsos. Pero no: en la mayoría de países occidentales, el peso de los intereses dentro del gasto público total o no aumentó o incluso se redujo. En el conjunto de la OCDE, su peso cayó un 1%.

Pero, además, que el peso de los intereses sobre el gasto público total aumente no significa necesariamente que el resto de partidas del gasto público se reduzcan. Tomemos el caso de España: los intereses de la deuda pasaron de representar el 4,1% de todo el gasto público en 2007 a equivaler al 7,1% en 2015. A su vez, el gasto público real por habitante de nuestro país aumentó una media del 0,66% por año entre 2007 y 2015. En otras palabras, un gasto por habitante de 100 en 2007 se había expandido hasta 105,39 en 2015 (ya descontada la inflación). Eliminando los intereses, ese mismo gasto por habitante de 100 en 2007 habría sido de 95,9, y en 2015, de 97,9 (un crecimiento acumulado del 2,1%). Es decir, aun excluyendo los intereses de la deuda, el gasto público se incrementó en la práctica totalidad de países OCDE… incluida España.

Visto lo visto, se comprenderá por qué constituye una inmensa patraña el sostener que la crisis económica ha fomentado el desmantelamiento del Estado: al contrario, la crisis ha constituido una magnífica oportunidad para que el Estado continúe creciendo a costa de la ciudadanía hasta alcanzar una hipertrofia histórica. Los 'shocks' no fomentan la reducción del Leviatán, sino su expansión descontrolada. La Gran Recesión nos ofrece una nueva, y dolorosa, prueba de ello.

La 'plurinacionalidad' puede acabar con el PSOE
EDITORIAL Libertad Digital 26 Julio 2017

El engendro jurídico-político que pretende convertir a España en una nación de naciones tiene su origen en el empeño personal de Pedro Sánchez por aproximarse a las tesis de Podemos y ganarse el apoyo del socialismo catalán en su vuelta a Ferraz. El 39º Congreso del PSOE, celebrado el mes pasado, consagró la demencial ocurrencia de Sánchez y la convirtió en un mandato político que todas las federaciones territoriales del partido deben asumir.

Sin embargo, esa reforma constitucional para "perfeccionar el reconocimiento del carácter plurinacional del Estado" fue motivo de agrias discrepancias ya durante el debate congresual, que las últimas intervenciones de Sánchez en relación con el desafío separatista catalán han contribuido a avivar.

Abierta de esta forma la veda de las insensateces, las taifas socialistas se han sumado con entusiasmo a este festival de la plurinacionalidad con todo tipo de propuestas, a cual más peligrosa por disparatada. Así, En Andalucía hablan de "modelo federal corporativo", en Valencia de "federalismo asimétrico" y en Baleares de... federación de islas-Estado. Seguro que algún socialista iluminado termina por proponer la resurrección del cantón de Cartagena.

El embrollo es tan tremebundo que desde Ferraz tratan de poner coto a los delirios regionales para que todos asuman el principio plurinacional. Sánchez y su Ejecutiva no parecen ser conscientes de que tratan de imponer una premisa que es precisamente la base de todas las necedades evacuadas por las distintas taifas.

El resultado de todo esto puede muy fácilmente ser la disolución del PSOE comprometido con la España constitucional y la emergencia de un partido magmático delirante, impredecible y tan inestable como generador de inestabilidad en la Nación.

El PSOE puede acabar desapareciendo como consecuencia de las ominosas contradicciones internas que el nefasto Pedro Sánchez está exacerbando. El problema para España es que el enorme espacio libre que podría dejar podría acabar copado por la izquierda neocomunista de Podemos.

Necesaria nueva etapa democrática
ELISA DE LA NUEZ El Mundo 26 Julio 2017

Hace algunos días se conmemoró con una ceremonia en el Congreso -no exenta de polémica por no ser invitado el Rey emérito- el aniversario de los 40 años de las primeras elecciones democráticas en nuestro país. Es indudable que España ha cambiado mucho desde el año 1977, e indudablemente el cambio ha sido para bien, como ponen de relieve todos los indicadores. Pero también parece indudable que esta etapa (que ha durado más que el franquismo incluso si contamos la Guerra Civil) está tocando a su fin. Entre otras razones por las estrictamente generacionales. En 1977 una buena parte de la población española había nacido antes de la contienda civil. Muchos podían recordarla. Lo mismo cabe decir de la posguerra. Lógicamente, y pese a la prolongación de la vida, son muy pocos los que a día de hoy pueden recordar una y otra. Y son muy mayores.

Por el contrario, la mayoría de la población adulta y joven de hoy eran niños o no habían nacido cuando empezó la Transición. Por edad, les corresponde ser los protagonistas de una nueva etapa. La aparición de los nuevos partidos en el escenario político español tiene mucho que ver con ellos. En todo caso, es poco probable que desaparezcan, como les gustaría a sus competidores, los partidos nacidos en la Transición.

A partir de esta realidad, la sociedad española tiene pendiente una tarea tan elemental como es situar a la Transición (y a la Guerra Civil) en el lugar que le corresponde, que no es otro que el de la Historia. Esta tarea es difícil -por no decir imposible- para los que la protagonizaron, especialmente si (como es el caso de muchos políticos, empresarios y líderes de opinión) siguen todavía en activo, empezando por el presidente del Gobierno. La proximidad emocional y biográfica inevitable con los acontecimientos de la Transición, vivida en su etapa de plenitud física e intelectual, les impide realizar un análisis de este tipo. También está en la raíz de una resistencia frente a cambios que, también inevitablemente, dejarán a muchos protagonistas de hoy fuera del escenario. Se trata sobre todo de hombres nacidos en las décadas de 1930 1940 y 1950 del siglo pasado que -lo que es muy humano- no quieren ceder el testigo a las siguientes generaciones, recelando de que pretendan acabar con lo que ellos consideran su gran legado.

Por eso es conveniente que tanto la labor de dejar atrás la Transición definitivamente como una etapa ya superada se realice por las generaciones que eran demasiado jóvenes para haber intervenido activamente en el proceso de desmantelamiento de la dictadura (básicamente los babyboomers españoles nacidos a partir de los años 60) y, por supuesto, para las que nacieron ya en democracia. Dado que formo parte de la primera y puedo recordar perfectamente lo que ocurrió -incluidos episodios tan traumáticos como el de la matanza de Atocha o el 23-F-, pero no tengo lazos afectivos o biográficos con los acontecimientos de entonces, me atreveré a realizar una valoración de la Transición que pienso que compartirán la mayoría de los españoles de mi edad, aunque probablemente bastante menos los más jóvenes que sólo los conocen por las historias de sus padres o sus abuelos.

A mi juicio, aquella etapa histórica tuvo éxito porque supuso una movilización colectiva de las entonces generaciones centrales de españoles, los adultos y los jóvenes nacidos después de la Guerra Civil. Lo que pretendían era una homologación no sólo política sino también económica y social con los países más avanzados de nuestro entorno, simbolizados por la Comunidad Económica Europea de aquellos años. Se llevó a cabo muy rápidamente lo que probablemente era inevitable dadas las circunstancias y, quizá por esa misma razón, algunos cimientos se pusieron demasiado deprisa y no resultaron muy sólidos. Es el caso de unas instituciones, diseñadas adecuadamente pero tempranamente colonizadas por unos partidos políticos demasiado fuertes y diseñados de arriba-abajo, de una economía que -carente de algunas fortalezas básicas- se apoyaba de manera muy relevante en sectores poco productivos o en un capitalismo que, desarrollado durante la dictadura franquista, tendía casi por defecto al clientelismo y a la connivencia entre lo público y lo privado. Lo mismo cabe decir de unas Administraciones y de un sector público (particularmente en el nivel autonómico y local) desarrollados con bastante improvisación y, en demasiadas ocasiones, sin excesiva consideración por los principios constitucionales de mérito y capacidad.

En fin, muchas debilidades que entonces no lo eran tanto -como ocurre con una casa nueva cuyos defectos de construcción no son visibles hasta que van pasando los años- pero que, en cualquier caso, no empañan el éxito notable de haber pasado de una dictadura a una democracia en un tiempo récord, sin violencia y con el consenso de una inmensa mayoría de los españoles que demostraron estar a la altura de un reto histórico que exigía dar un salto institucional y político casi en el vacío. Pero es una etapa concluida. Simbólicamente, podemos considerar que se cerró con la abdicación del Rey Juan Carlos I, uno de sus principales protagonistas y responsable -como maestro de obras- tanto del éxito de la construcción como de algunas de las goteras.

La nueva etapa política que se ha abierto en el año 2015 tiene que ser muy distinta, por la sencilla razón de que España y los españoles somos muy distintos. No sabemos qué valoración les merecerá a los españoles que hoy son muy jóvenes o todavía no han nacido. Probablemente, la harán con tanta distancia y tanta frialdad como la que hoy nos reprochan las generaciones que hicieron la Transición. En todo caso, lo que nos toca ahora es realizar los cambios institucionales, económicos y políticos que son necesarios para colocar a España entre las naciones más avanzadas del mundo. Si hace 40 años el objetivo era la Comunidad Económica Europea, ahora el objetivo es llegar a ser Dinamarca, por usar una expresión que se ha hecho famosa en la literatura institucionalista sobre el buen gobierno.

Y no parece que vaya a ser fácil. Por eso sorprende tanto la falta de debate público sobre las grandes cuestiones que están transformando radicalmente nuestra economía y nuestra sociedad y, por tanto, nuestra democracia. Cierto es que el que el partido en el Gobierno no haya acometido aún su siempre pospuesta regeneración interna y generacional -más allá de unos cuantos ajustes cosméticos- no ayuda mucho. Tampoco ayuda la debilidad general de nuestras instituciones, ni la gerontocracia todavía imperante en muchas empresas, ni la falta de meritocracia. Pero también deberíamos asumir alguna responsabilidad como ciudadanos por seguir fascinados por discusiones ideologizadas, fútiles y sobre todo cortoplacistas. Quizá porque el enfrentarse con problemas como la pérdida de la importancia del trabajo frente al capital, la precarización laboral, la concentración del poder económico en pocas y grandes multinacionales, las consecuencias de la robotización y la inteligencia artificial, los retos que plantea la prolongación de la vida, la concentración de la población en las ciudades o la creciente brecha generacional entre unos ancianos muy longevos que quieren conservar su forma de vida y unos jóvenes muy conscientes de que se les niega el acceso a las ventajas de que disfrutan sus mayores requiere un esfuerzo colectivo y generacional similar al que exigió la Transición hace 40 años. Pero no deja de ser una tarea apasionante.

Elisa de la Nuez es abogada del Estado y miembro del Consejo Editorial de EL MUNDO.

Comparecencia de Jaime Caruana en Las Cortes
Así avisó el Banco de España en 2003 del riesgo de burbuja inmobiliaria
CARLOS SEGOVIA. Madrid. El Mundo 26 Julio 2017

Caruana revela que la banca presionó en contra de frenar la burbuja antes de la crisis
El Banco de España admite ahora "errores de apreciación" en la gestión de la crisis financiera.

El Banco de España avisó en septiembre de 2003 de que se estaba produciendo una sobrevaloración de hasta el 20% del precio de la vivienda y que cuanto más tiempo transcurriera sin que se ajustase, "más brusco" sería el desenlace. Así figura en un artículo publicado en el Boletín Económico del Banco de España en septiembre de 2003 y que constituye el documento oficial esgrimido por el supervisor como muestra de que cumplió su papel de avisar de peligros, aunque el tono no fue en absoluto alarmante.

Ésta es la publicación que fue utilizado ayer por el ex gobernador del Banco de España, Jaime Caruana, para mostrar que su institución hizo "reiteradas advertencias" a los gobiernos de turno sobre el problema.

Ante el escepticismo de los diputados, Caruana admitió que el Banco de España había realizado tales advertencias "en un tono excesivamente burocrático". Un ejemplo es el mencionado artículo, que, lejos de alarmar, apuesta por "una reconducción" de los precios de la vivienda, "previsiblemente gradual". Al fin y al cabo, según los autores, la subida de los precios era "compatible con la dinámica habitual de ajuste de este mercado".

Ni Rodrigo Rato ni el entonces secretario de Estado de Economía, Luis de Guindos, impulsaron nuevas medidas en aquel otoño de 2003 previo a elecciones, ni tampoco el entrante en 2004, Pedro Solbes. Éste recibió en 2006 la famosa carta de los inspectores del Banco de España, desvelada por este diario, advirtiendo de la crisis que se avecinaba. Caruana relativizó la misiva porque tampoco previó, a su juicio, los problemas clave.

En cuanto a si la Ley del Suelo del último Gobierno de Aznar pudo engendrar la burbuja, Caruana no lo ve así."La opinión del Banco de España en aquel momento era que restringir el suelo, probablemente, hubiera sido peor. La restricción del suelo es verdad que tiene varios efectos y que podía haber evitado, a lo mejor, una desviación de recursos hasta la construcción, que luego tuvo problemas, pero evitar la oferta cuando existe un incremento rápido de la demanda, en principio, no parece que sea la mejor de las opciones. No se evita la burbuja".

El ex gobernador sostiene que cuando él dejó el Banco de España en julio de 2006, a pesar de los "desequilibrios", España "no estaba abocada a la crisis". En su opinión, "la economía española tenía margen de maniobra y más opciones; presentaba desequilibrios, pero también fortalezas y podía haber seguido trayectorias diferentes a las que finalmente siguió. ¿Por qué evolucionó hacia una crisis tan dura y tan costosa? Sinceramente, creo que fue el resultado de la interacción entre los desequilibrios acumulados durante mucho tiempo, con factores desestabilizadores exógenos sobre los que ni las entidades ni las autoridades españolas tenían control".

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Una asociación independentista pagada por la Generalitat adoctrina a niños aragoneses
OKDIARIO 26 Julio 2017

El independentismo catalán extiende su influencia más allá de las fronteras de Cataluña y, muy especialmente, en aquello que los secesionistas llaman ‘Països Catalanes’, un territorio ficticio que enmarca Cataluña, la Comunidad valenciana, las islas Baleares, Andorra, el Alguer italiano o el Rosellón francés. En ese mapa irreal las asociaciones independentistas no dudan en tejer su influencia, y adoctrinar para sus propios fines. Es el caso de Òmnium Cultural –uno de los principales brazos del independentismo y durante años fuertemente subvencionada por la Generalitat- que no duda en aprovechar los viajes de escolares aragoneses para establecer una red de relaciones con esa comunidad.

Así ocurrió recientemente con una visita de estudiantes del Instituto de Educación Secundaria de Matarraña -localidad de Aragón limítrofe con Cataluña- a Alguer (Cerdeña), donde fueron recibidos por una delegación de representantes de esa asociación.

El hecho se revela en la última edición de ‘Temps de Franja’, una polémica revista distribuida en los centros escolares de la zona oriental aragonesa y apoyada por el Gobierno de Aragón y las diputaciones de Huesca y Lérida. En esta publicación abundan las referencias a los mencionados ‘Països Catalans’, se promueve abiertamente la utilización del catalán e incluso se difunden mensajes de corte independentista, dando cabida, entre otros, a Carme Forcadell o al diputado de la CUP, Quim Arrufat.

En concreto, el encuentro de los escolares con la asociación independentista se comenta a toda página en el último número de la publicación, en el que se explica que los alumnos, de tercer y cuarto curso de Secundaria, fueron recibidos en su viaje por una comitiva de Òmnium Cultural.

La agenda incluyó además una visita a la oficina de la Generalitat de Cataluña en esa localidad, un encuentro con el ‘delegado’ del Govern, Joan Elies Adell, que, se comenta, “nos explicó su labor de apoyar el fomento de la lengua y las tradiciones de la cultura catalana en Alguer”, y otra recepción con la asociación independentista. “Hay varias entidades culturales que trabajan por el catalán en Alguer sin perder la esperanza. De hecho, hay un elemento, como fue el vuelo regular Gerona-Alguer de Ryanair durante 12 años, que resultó un revulsivo insospechado por la relación con Cataluña y, consecuentemente, por el catalán. Habrá que confiar, pues, en otra Santa Ryanair, como decía el cantante alguerés Claudio Sanna, para la lengua”, se puede leer en el artículo.

Hace tiempo que la penetración de los mensajes independentistas son objeto de preocupación en Aragón, como denuncian, entre otros, la Plataforma Aragonesa No Hablamos Catalán.

Esa inquietud se ha reforzado en los últimos meses con la promoción del catalán por parte del gobierno de Javier Lambán (PSOE-Chunta). De hecho, como hace unos días informó OKDIARIO, el gobierno autonómico ha recibido más de un millar de alegaciones de ciudadanos contra el Decreto de Estatutos de la Academia Aragonesa de la Lengua, actualmente en trámite de aprobación, y que prevé dar cobertura legal al denominado “catalán de Aragón”.

El decreto contempla la puesta en marcha de una Academia de la Lengua, y dentro de ésta, del Instituto del Catalán, que se financiará directamente con cargo a los presupuestos de la Comunidad autónoma.

Recientemente, Podemos reclamó que el catalán sea lengua cooficial en las Cortes de Aragón, y defendió, por ejemplo, la contratación de traductores de catalán para su utilización en la Cámara autonómica, como enmienda tramitada en las propias Cortes de Aragón al nuevo reglamento de la Cámara.

El Gobierno aragonés prevé además que el Boletín Oficial de Aragón se publique próximamente en versión trilingüe: castellano, catalán y aragonés.
Òmnium, detrás de las ‘Diadas’

Òmnium Cultural es, junto a la Asamblea Nacional Catalana (ANC), la asociación más combativa en la lucha por el independentismo. Su presidente, Jordi Cuixart, no ha dudado en defender públicamente el referéndum ilegal para el que, considera, no hay que pedir “permiso a nadie”.

El pasado junio, la entidad participó en el acto ‘Referéndum es democracia’ en el que, con la ANC, mostraron su apoyo al presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, en su intención de convocar un referéndum sobre la independencia de Cataluña para el próximo 1 de octubre.

Cuixart proclamó en el acto que “en Cataluña nunca más habrá elecciones autonómicas”, dando por hecho que el 1 de octubre habrá referéndum, vencerá el sí a la independencia y el Govern aplicará el resultado.

Aunque actualmente asegura no recibir fondos públicos, no cabe duda la vinculación de Òmnium Cultural con el separatismo. La asociación es uno de los brazos más importantes en los que se apoya el gobierno de Puigdemont para agitar la calle a favor de la ruptura.

Sus ingresos superaron en 2015 -último año conocido- los 5 millones de euros.
 


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