AGLI Recortes de Prensa   Jueves 27 Julio 2017

La verdadera corrupción del PP.
José Javier Esparza Gaceta.es 24 Julio 2017

Lo que hace del PP un partido corrupto no es que fulano o mengano metan la mano en la caja. No, porque con toda seguridad hay en el PP otros muchos miles de fulanos o menganos que jamás se llevarían un euro que no sea suyo. Tampoco el PP es un partido estructuralmente corrupto por haber creado una red de financiación paralela. No, porque eso podría arreglarse depurando responsabilidades y, por otro lado, se supone que precisamente esa cuestión es la que se dirime ahora en los tribunales. Ni el PP, en fin, es un partido especialmente más corrupto que los demás. No, porque los casos que sacuden al PSOE o al separatismo catalán, o incluso a los más recientes como Podemos, son frecuentemente más graves. La corrupción forma parte de la naturaleza humana. Justamente por eso hacen falta leyes. El PP, en este capítulo, no es peor ni mejor que los demás.

No, no. Lo que hace del PP actual un partido esencialmente corrupto no es lo económico, sino lo político: el haber traicionado sin el menor empacho las convicciones, ideas y principios de la inmensa mayoría de sus votantes. ¿Hay que enumerar las traiciones? Imponer una política fiscal confiscatoria, validar la cainita “ley de memoria histórica”, consolidar la ley del aborto de Zapatero, consagrar el llamado “matrimonio homosexual”, desmantelar los medios de comunicación y asociaciones cívicas de la derecha social, suscribir la normalización política de ETA, impulsar la “ideología de género” incluso dictando legislaciones liberticidas, reforzar el tinglado autonómico en beneficio de sus propios caciques locales, elevar la deuda pública hasta lo irreparable, anteponer los intereses de las oligarquías financiero-mediáticas a los intereses nacionales, colaborar en la destrucción del modelo de enseñanza, asumir como propia la ideología social de la izquierda, renunciar definitivamente a cualquier resto de soberanía nacional… ¿No es suficiente?

La corrupción esencial del PP consiste en esto: haberse convertido en una estructura amoral de poder, con palmario desprecio de las ideas que dice representar y, por supuesto, de los ciudadanos que le votan. Y todo eso, que es lo verdaderamente grave, no lo sancionará ningún juez.

Mariano Rajoy en El País de Nunca Jamás
IGNACIO VARELA El Confidencial 27 Julio 2017

El presidente del Gobierno ha habitado durante cuatro décadas en El País de Nunca Jamás y este miércoles nos ha invitado a una excursión de dos horas por ese mundo

Todos recordamos El País de Nunca Jamás, la isla fantástica creada por James Matthew Barrie y llevada al cine por Walt Disney. En ella habitan Peter Pan y todos los personajes que lo acompañan. Se dice que si uno pasa allí una larga temporada, le es difícil volver a su antigua vida y recordar su pasado. Mariano Rajoy ha habitado durante cuatro décadas en El País de Nunca Jamás; y en la mañana de este miércoles, desde el estrado de la Audiencia Nacional, nos ha invitado a una excursión de dos horas por ese mundo fantástico en el que, aparentemente, suceden cosas inauditas.

Este no es un testigo normal, pero no solo por el cargo que ocupa. Habitualmente un testigo es un colaborador, un aliado del tribunal. Puesto que nadie lo acusa de nada, se espera de él que proporcione, si la tiene, información que sirva para esclarecer lo sucedido y ayude al juez a realizar su labor. Los testigos acuden desprotegidos: van sin la compañía de su abogado y se les exige que digan la verdad, porque se supone que nada malo puede derivarse para ellos de su testimonio.

Obviamente, no es el caso de Rajoy. Su presencia en el tribunal era un campo sembrado de minas, y todo el interés de la sesión era si pisaría alguna. Acudiendo formalmente como testigo, en realidad era un acusado virtual. Pasar de esa condición a la de reo efectivo dependía en gran medida de que no diera un paso en falso. El interrogatorio ha sido el que se hace a un procesado. Todas y cada una de las preguntas han hurgado en la posible implicación del testigo en los hechos que se juzgan; y todas las respuestas sin excepción se han orientado a zafarse de esa amenaza.

En teoría, Rajoy tenía dos frentes que atender. Por un lado, el judicial. Se trataba de no aportar ningún dato que complicara aún más la causa para el PP o disparara la lengua de los acusados; y de hacerlo eludiendo a toda costa una inculpación por perjurio. Por otro lado, estaba el frente político: aprovechar la mañana para avanzar en la tarea de convencer al país de su inocencia y la de su partido.

Claramente, ha elegido el primer objetivo y ha postergado el segundo. En ningún momento se ha esforzado por negar los hechos, solo le ha interesado afirmar que él los desconocía. No buscaba que lo creyeran, sino que no lo empapelaran por un renuncio. En la preparación de esta declaración han prevalecido claramente los abogados sobre los asesores de imagen.

Para ello, ha montado un 'catenaccio' sobre una falacia: la supuesta separación radical entre el ámbito de la gestión política y el de la gestión económica en un partido. Cualquiera que conozca mínimamente el funcionamiento de las organizaciones políticas sabe que eso es un cuento chino. La gestión de los recursos económicos de un partido preocupa a sus dirigentes en la misma medida en que la política de ingresos y gastos del Estado importa al presidente de un Gobierno.

¿Qué decir de las campañas electorales? No hay una decisión más política en una campaña que administrar los recursos disponibles, adecuando su uso a su volumen y a los objetivos de la estrategia. Determinar la prioridades, saber de cuánto dinero se dispone y cómo se distribuye. He participado desde dentro en más de 60 campañas electorales, y les aseguro que todos los directores de campaña que he conocido han pasado tanto o más tiempo reunidos con sus administradores que con sus estrategas. Mariano Rajoy sería el primer director de campaña económicamente 'ciego' de la historia electoral universal.

El otro pilar defensivo de su declaración ha sido la reiteración obsesiva del 'nunca jamás'. Así, este miércoles hemos sabido que:

-Durante los 30 años que lleva en la dirección nacional de su partido, Mariano NUNCA JAMÁS se ocupó de las minucias económicas. NUNCA JAMÁS habló con sus tesoreros sobre las finanzas del partido que dirigía. Lo que no le impidió, en una excepción providencial, tener tiempo para enterarse de que un proveedor (Correa) utilizaba el nombre del PP en vano y dar la orden (que no se cumplió) de que dejaran de contratarlo.

-En esos 30 años, el comité ejecutivo del PP NUNCA JAMÁS debatió los presupuestos del partido. Aparecían sobre la mesa de reuniones unos papeles con cifras (ni siquiera acudían a presentarlos el tesorero o el gerente) y se aprobaban sin mirar y sin que nadie pronunciara una palabra. Jamás, por ejemplo, una organización territorial reclamó más dinero en el reparto, jamás una secretaría pidió que se le aumentaran los fondos, como sucede en todos los demás partidos del mundo. Visto y no visto, la nimiedad de los dineros pasó por la dirección política nacional del PP sin romper ni manchar.

-El PP lleva 18 congresos nacionales y en todos ellos ha estado Rajoy, pero él NUNCA JAMÁS supo quién los organizaba. Incluso el famoso congreso de Valencia en 2008, en el que se jugaba la vida y que, sin él saberlo, organizó el tal Correa pese a que tres años antes lo había desterrado. Esto es como lo de las campañas: cualquiera que haya vivido por dentro el congreso de un partido sabe de sobra que controlar al que lo organiza es políticamente decisivo para ganarlo. Puedes desentenderte de las ponencias, pero no de los fontaneros.

Así que toda la declaración ha sido un constante viaje de ida y vuelta entre dos polos: "Lo recuerdo perfectamente" y "Nunca jamás". Cómo se transita sin pestañear de una cosa a la otra es un arte reservado para maestros del ocultismo político como Rajoy.

Lo que hemos aprendido este miércoles es que, en términos políticos, Rajoy da por amortizada la batalla de la corrupción y ya solo aspira a controlar los daños judiciales —empezando por los que pudieran tocarle a él— y esperar que el tiempo y los errores ajenos hagan su trabajo. A tal efecto no le viene nada mal una crisis constitucional como la que se avecina para salir del pantano y adornarse de nuevo con el ropaje del estadista, contando con la infinita torpeza de sus adversarios.

Un personaje de los que habitan El País de Nunca Jamás afirma que cada vez que alguien dice "yo no creo en las hadas", en alguna parte cae muerta un hada. Eso es lo que ha querido prevenir nuestro Mariano, transmutado en Peter Pan, con el cuento de hadas que le ha contado al tribunal.

Rajoy y sus procustos
ARCADI ESPADA El Mundo 27 Julio 2017

¿Qué quiere decir que el presidente Rajoy no conocía la gestión económica de su partido? ¿Qué estupidez es ésa? Por supuesto que la conocía. Conocía las personas que estaban a cargo de ella. Y conocía las normas a que debían someterse. Las normas generales, previstas por la ley, y las normas particulares previstas por su partido, cuyos estatutos se habían aprobado con su conocimiento y su consentimiento. Lo que no conocía Rajoy, o lo que nadie ha logrado demostrar que conociera, es que algunas personas que gestionaban las cuentas de su partido ni habían cumplido la ley ni se habían atenido a las normas internas del partido. Y es perfectamente lógico y explicable que no lo conociera. La naturaleza de ese tipo de delitos incluye la apariencia de normalidad y el engaño. El engaño a la autoridad tributaria, policial y, por supuesto, a la autoridad del partido. Ni la autoridad tributaria ni la policial deben controlar a los ciudadanos como si fueran presuntos delincuentes. Y tampoco debe hacerlo la autoridad de un partido político. Solo hay dos posibilidades para el Rajoy que ayer declaró ante un tribunal, obligado por ley, recordemos, a decir la verdad: o la inocencia o la culpabilidad cómplice. Esta es la perogrullada contra la que atentan los peregrinos divulgadores de la llamada responsabilidad política, que no es más que un lecho de Procusto: la norma arbitraria que se aplica al desgraciado que cae en ella hasta lograr su adaptación convincente. No hay responsabilidad política al margen de lo que decidan las leyes o las normas internas de un partido. Ni debe haberla, a menos de pretender la degradación del Estado de Derecho a manos de procustos.

Resulta, además, particularmente humillante para la inteligencia que esa responsabilidad se le quiera atribuir al presidente a partir de los llamados sms de Luis Bárcenas. Los mensajes son el testimonio de los últimos, y forzados y hasta patéticos, intercambios entre dos personas que mantuvieron una estrecha relación de 30 años. Como el mismo presidente confesó ayer, con explicable pudibundez, esos mensajes son puro bullshit, parte de las maniobras de un hombre que, como cualquier político convencional, prefiere despegarse de los vínculos antes que cortarlos. Deducir de ellos algún tipo de complicidad delictiva, por activa o por pasiva, prueba la adolescencia perpetua de la política y el periodismo español, y por qué Rajoy sigue siendo nuestro primer adulto.

Rajoy en la Audiencia... para nada
EDITORIAL Libertad Digital 27 Julio 2017

La primera conclusión evidente de la comparecencia de Rajoy en la Audiencia Nacional es que las acusaciones no han logrado en ningún momento hacer patentes las razones jurídicas que la justificarían.

No ha habido ninguna pregunta –ni, por supuesto, ninguna respuesta– que haya podido servir para la razón última y única que debe perseguir la Justicia: la búsqueda de la verdad. Por el contrario, sí que ha habido interrogatorios –especialmente, el del letrado de Adade– que más que por abogados parecían estar siendo realizados por políticos a las órdenes de políticos. La actuación de Mariano Benítez de Lugo –militante socialista, para más inri– no ha hecho sino rebajar el no precisamente elevado prestigio de una asociación, la referida Adade, a la que es muy difícil ver como otra cosa que un deplorable apéndice del PSOE en la Judicatura.

Sea como fuere, los principales responsables de que un tribunal tan importante como la Audiencia Nacional se haya convertido en un circo político no son los abogados de la acusación, que se han limitado a perseguir –quizá demasiado descaradamente– sus espurios fines ante un Rajoy que, conviene recordarlo, comparecía como testigo, no como acusado. Los grandes culpables son los jueces que, ellos sabrán por qué motivos, lo han permitido.

Más allá de la opinión que se tenga sobre el caso Gürtel, sobre los numerosos casos de corrupción que afectan al Partido Popular o sobre la gestión de Rajoy de estas cuestiones, este miércoles ha vuelto a quedar tremendamente claro que el de la Justicia es uno de los grandes problemas de España. Principalmente, porque parece que nadie quiere que sea lo que debe ser: un poder independiente que sirva de contrapeso al Legislativo y al Ejecutivo y se dedique a dar a cada uno lo suyo y a castigar a quienes vulneren la legalidad.

Por el contrario, son muchos los que tratan de servirse de ella y, con sus maniobras despreciables, causan un daño inmenso a uno de los poderes esenciales en un Estado democrático. Así las cosas, no es de extrañar que la Justicia sea sistemáticamente una de las instituciones que más desconfianza suscitan entre los ciudadanos.

Además, cuando se utiliza de forma torticera la Justicia para fines que no le son propios, se dificulta también la rendición política de cuentas. De hecho, probablemente Rajoy haya elevado este miércoles un poco más el muro defensivo que le separa de sus propias y evidentes responsabilidades políticas en un asunto en el que, más allá de que parece muy improbable que se pueda llegar a establecer alguna de tipo penal, aquéllas están meridianamente claras.

Tampoco ayuda en nada la reacción, claramente exagerada y evidentemente prefabricada antes de la comparecencia, tanto de Pablo Iglesias como de Pedro Sánchez. Este último ha exhibido un tono aún más dramático y emocional del que acostumbra, lo que le puede servir para ganar la batalla mediática del día a Podemos, pero a largo plazo no le ayudará a convertirse en lo que no ha sido en prácticamente ningún momento de su accidentada carrera política: un candidato creíble a la Presidencia del Gobierno.

Mariano o Maduro en sede judicial
Pablo Planas Libertad Digital 27 Julio 2017

Nuevas pésimas. Iba a testificar el ciudadano Mariano Rajoy en el juicio de la Gürtel de la Audiencia Nacional y dijo lo que le salió del pijo el presidente del Gobierno, suavemente amonestado por el presidente de la sala, Ángel Hurtado, cada vez que Su Excelencia se excedía en la respuesta y se recreaba en la suerte de zarandear a los superados letrados. Mucho pollo es Rajoy para tan poco arroz. Y mucho más con el árbitro a favor. "Vamos, venga, vamos", pastoreaba el magistrado al troyano para abroncar luego sin piedad a los tirios.

El prestigio de don Mariano está intacto. No se enteraba ni se entera de nada. Lo suyo, adujo, es la política. Vamos, que no limpia pescado. Un espíritu puro y alérgico al contacto con el dinero, que es una ordinariez. ¿Para qué están los tesoreros? Es la misma línea de defensa de Artur Mas en el caso Palau y en el 3%.

Por la misma regla de tres que blinda a Rajoy, Mas cuenta que él está limpio como la patena, ya sea en el partido o cuando fue president. Todos los presuntos pelotazos superan la capacidad de control de quien como él ha consagrado su vida al homérico empeño de llegar a Ítaca y proclamar la república catalana. Es que no le queda tiempo para nada más. Lo mismo que le pasaba a Jordi Pujol.

La diferencia entre Arturo y Mariano es que no hay ningún testigo que mantenga la presencia concreta y exacta de Rajoy en el escenario del crimen, mientras que en el caso de Mas son varios los testimonios que coinciden en señalar que era quien daba instrucciones a los empresarios para gestionar el pago de las comisiones con Germà Gordó, exgerente de Convergencia, exsecretario del Ejecutivo catalán, exconsejero de Justicia y ahora diputado autonómico no adscrito investigado por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) en relación a la corrupción convergente. Es un matiz que, lejos de avalar la virginidad del presidente del Gobierno, sustenta la condición de bulto sospechoso del expresidente de la Generalidad. Claro que con un buen abogado, palabra contra palabra. El héroe del 9-N contra Pérez García, del ramo del tocho.

Pero hay más diferencias. Por primera vez un presidente del Gobierno ha tenido que comparecer como testigo en un juicio, personarse en el estrado (si bien con privilegios inimaginables para un simple ciudadano) y contestar las preguntas (o lo que fuera) de unos abogados que por desgracia mostraron menos fuelle que el público de un Tengo una pregunta para usted amañado. No es para tirar cohetes ni un ejemplar y edificante ejercicio de separación de poderes, pero la perfectible democracia española ha superado una nueva prueba de carga. El presidente del Gobierno ha estado a disposición de un grupo de hombres sin piedad. Cosa distinta es que los togados naufragaran a las primeras de cambio.

Para ser una democracia fallida, autoritaria, posfranquista y otomana, según los separatistas catalanes, no está mal que alguien pueda llamar impertinente a Rajoy en sede judicial sin consecuencias relacionadas con su integridad física o civil. No es probable que Maduro o Erdogan aceptaran la situación. En cuanto a la escenografía, el contraste entre el "sistema" español y el ideal republicano catalanista es más agudo si cabe. Rajoy ha entrado en coche tintado y rodeado del dispositivo de seguridad necesario para justificar su recurso sobre el dispendio de desplazarse veinte kilómetros más allá de Moncloa DF, frente a la baratura de testificar por Skype. Mas y sus adláteres se hacen acompañar de hordas de alcaldes y altos cargos, fletan autobuses, rodean el juzgado, mitinean a las puertas y presumen de tener listas de jueces y abogados desafectos al independentismo. Ustedes mismos.

Rajoy y el aburrimiento
Jorge Vilches www.vozpopuli.com 27 Julio 2017

El aburrimiento es una palanca histórica. La clase política la ha utilizado de distintas maneras. En las idealizadas Suecia, Dinamarca, Finlandia y Noruega e Islandia, utopías para izquierdistas, la abulia ha sido una prueba del funcionamiento del Estado del bienestar, igualitario, progresista, multiculti, feminista y ecologista. La política allí es tan triste como la vida social, tal y como cuenta Michael Booth en su recomendable obra “ Gente casi perfecta. El mito de la utopía escandinava ” (2017).

El aburrimiento es allí el síntoma del consenso y de la normalidad, de la ausencia de inquietudes y problemas socioeconómicos, gracias, por supuesto, a un Estado paternalista. También es cierto que son las sociedades que más antidepresivos consumen del mundo, con una fiscalidad que ríase Vd. de Montoro, cruzadas por el alcoholismo, el racismo, la xenofobia, la violencia doméstica y los suicidios, en dimensiones mucho mayores que los poco socialdemócratas países del sur de Europa. Pero el aburrimiento funciona: nadie cuestiona el régimen político. Una vez hubo corruptos en Islandia y los echaron a gorrazos.

Aquí, en España, el uso que hace la clase política de ese instrumento llamado “aburrimiento” tiene una historia bien distinta. El régimen franquista quiso aburrir a España, despolitizarla, que la gente se centrara en su bienestar particular, en la familia, el municipio y el sindicato. Ámbitos pequeños, cerrados, que daban el orden que toda dictadura necesita. El aburrimiento, con la dosis correspondiente de represión, debía completar el plan de Franco.

El asunto no le salió del todo mal, ya que fueron los franquistas los que iniciaron la Transición : Torcuato Fernández-Miranda, Ortí Bordás, Adolfo Suárez, y tantos otros. Para entonces el aburrimiento ya era un valor universal, y todos se pusieron a trabajar para hacer de la política lo menos importante. Así, como en los países escandinavos, el consenso y el Estado paternalista debían procurar que los españoles se centraran en lo que los nórdicos llaman hygge: la felicidad de las pequeñas cosas.

Al tiempo que la gente disfrutaba de su aburrimiento político, imbuida en sus pequeños problemas cotidianos, una parte de la clase política, la oligarquía, se dedicó al latrocinio. Los corruptos fueron personas de todo partido y condición: socialistas, conservadores y nacionalistas, universitarios y bachilleres, piadosos y ateos. El conocimiento de la corrupción sacaba del aburrimiento a los españoles durante un rato, justo durante el informativo y la tertulia. Algunos, incluso, al saberlo cambiaban de voto, o simplemente renunciaban a “la fiesta de la democracia”. No faltaba el que decía aquello de: “Los otros roban más”.

La corrupción en el PP es un hecho innegable. Ha existido a todos los niveles, desde pueblos pequeños hasta el gobierno de la nación. Las pruebas puestas en manos de políticos y medios han llevado a generalizar el estigma a todo el partido, militantes y cargos públicos, lo que es injusto, pero la política es así. El caso es que la adhesión en cualquier de sus formas al PP está estigmatizada . La más mínima referencia sirve para convertir al adherido en cómplice de los corruptos, en corresponsable de “los recortes”, y, cómo no, del independentismo en Cataluña.

El Partido Popular de Rajoy ha estado tan tocado por la avalancha de noticias y de especiales en las cadenas de TV, que se quedaba paralizado, usando un “politiqués” contraproducente. Los denodados populares, normalmente jóvenes impolutos, con ganas de trabajar, se quemaban en los medios mientras la generación responsable de la corrupción desaparecía entre las cortinas del escenario . De poco valía el que recordaran los escándalos socialistas en Andalucía, o a los Pujol y el 3% de los nacionalistas catalanes.

Los podemitas hablaron de la necesidad de ilegalizar al Partido Popular, y los rumores, bulos y opiniones se mezclaron con la información. Rajoy y los suyos eran “el búnker” –una gracia de Iglesias equiparándolos con los franquistas refractarios-, únicos defensores de un régimen, el del 78, que era una farsa al descubierto. Si el corrupto defendía la Constitución sería por alguna razón aviesa, decían. Los puritanos y purificadores querían cambiar las cosas y extirpar al partido corrupto. “No es no”, que dijo el consonante. El PP se había convertido así en el enemigo favorito de una causa general.

Al otro lado, los populares de Rajoy sacaban el paraguas del poder porque habían ganado las elecciones. Una no, dos veces. La corrupción se cobró en las urnas en forma de Ciudadanos. El español había salido de su aburrimiento un rato, pero la oposición –medios incluidos- no quería soltar la presa. Era preciso mantener la tensión, distraer al elector, dar espectáculo, hacer perfomances, portar camisetas, fletar un autobús, presentar mociones de censura, y concentrar gente vociferante y airada.

Mientras, el lema de los populares fue: “Ya escampará”; es decir, ya volverá a reinar el aburrimiento. Y está sucediendo.

El contraste entre el furor inquisitorial de los medios y de las redes sociales con la apatía general es sintomático. La gente considera que todo ese teatro que los partidos, con sus abogados y sus periodistas, montan en los juzgados y platós de televisión forma parte de un mismo y único espectáculo. Esta política se ha convertido para el ciudadano común en un zoótropo, aquel artilugio del XIX consistente en un tambor circular con unas ventanitas a través de las que se veía una escena en movimiento, una y otra vez.

España es única en el uso político del aburrimiento. El exceso de teatralización en la causa general al PP, con su sobreabundancia, reiteración, desmentidos, exageraciones, puritanismo y repeticiones de argumentos ha quedado como un spot publicitario que la gente aprovecha para ir al servicio. Esa mala administración de la indignación por afán de protagonismo, para sacar rédito electoral o ganar audiencia, ha conseguido el efecto contrario: aburrir a la gente. Volveremos a las andadas.

Las recetas de los chamanes del FMI
Juan Laborda www.vozpopuli.com  27 Julio 2017

La historia se repite. Nos encontramos ante uno de esos momentos que podemos tipificar como de clara amenaza para la libertad y la democracia. No les ha bastado con el daño infligido durante la crisis sistémica. Quieren más. La libertad y la verdad están siempre amenazadas por aquellos que no valoran más que su propia obsesión por el poder y el dinero, más allá de toda razón. No debemos olvidar que el “impulso liberal actual” consiste en culpar a problemas de mala información de aquello que forma parte de los abusos de poder y privilegio más indignos de las últimas décadas. La libertad no es un premio que se gane y se mantenga para siempre. Es un compromiso continuo y un estado de ánimo para ver ciertos principios por encima de otros. Y uno de ellos que nunca debe aparecer es la avaricia.

La “superclase” a lo largo de la historia, incluida la reciente, no ha dudado en crear tramas encaminadas a instalar en los puestos de responsabilidad política a aquellos que sean más compatibles con su codicia y amor por el poder. Y de eso no está a salvo nadie. Recuerden el intento de los banqueros de la época de montar un golpe de estado a todo un Frank Delano Roosvelt para colocar en su lugar a un fascista. Muchos de esos banqueros financiaron con posterioridad a Hitler, a pesar de que su país ya estaba en guerra con los nazis y sus aliados.

El brazo económico de la superclase
Desde el lado de la teoría económica la superclase creó su propio instrumento para incrementar su poder. Nos referimos a ese sistema roto de gobernanza económica denominado "neoliberalismo", surgido a mediados de la década de 1970. ¡Qué bien se ajustan a los principios de codicia y avaricia las hipótesis de mercados eficientes y de las expectativas racionales! El problema es que ambas no se ven corroboradas por los datos, son falsas. Y así todo. Las bases de las recetas económicas impuestas en los últimos años fueron creadas por chamanes al servicio de la superclase (Milton Friedman era sin duda el chamán jefe).

Recordemos los pilares básicos del chamanismo actual. Primero,el abandono del pleno empleo como objetivo político deseable y su reemplazo por objetivos de inflación en base a chorradas como la NAIRU. Con paro se consigue “disciplinar” a la fuerza laboral. En segundo lugar, un aumento en la globalización de los flujos de personas, capital, y comercio. Ya sabemos sus consecuencias: deslocalización, paraísos fiscales, desigualdad, trabajos precarios…. En tercer lugar, sin duda una de las mayores estupideces humanas, un enfoque empresarial basado en la maximización del valor para los accionistas en lugar de la reinversión y el crecimiento económico. Como consecuencia, hundimiento de la inversión productiva y triunfo de la financiarización –eufemismo de especulación- Finalmente, la búsqueda de mercados laborales flexibles con la disrupción de sindicatos y trabajadores. Había que destrozar al factor trabajo y mimar a los propietarios de capital, sobre todo a los nuevos terratenientes y rentistas, los poseedores de suelo. El neoliberalismo, en definitiva, es un proyecto llamado desastre que beneficia a unos pocos a expensas de la mayoría.

Las recetas del FMI para España, enésimo ejemplo de chamanismo
Las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) en su último informe para la economía española no dejan de ser una prueba más de dos comportamientos esquizofrénicos que venimos denunciando día sí y día también, desde estas líneas. Por un lado, reflejan una profunda incompetencia estructural. Son recetas prescritas por un médico que aún no ha dado con el diagnóstico correcto del enfermo. Sin embargo, una vez que fracasan, la insistencia, persistencia y perseverancia en las mismas políticas implica algo más. Supone que detrás de las mismas hay un instinto de supervivencia de la clase dominante. De nuevo avaricia y codicia.

Las cuatro principales recetas del FMI para España son las siguientes. Primero, subir el IVA para “captar recursos financieros destinados a atajar la desigualdad”. Pero, ¿qué broma es esto? El IVA es un impuesto profundamente injusto que enquista la desigualdad. No, hablemos claro. Hay que poner un impuesto al suelo, a los nuevos señores feudales que se forran creando humo, a esa clase mimada de altos ingresos que no crean ni generan nada.

Segundo, el organismo multilateral aboga por mantener el sistema de revalorización de las pensiones tal y como está, limitando las subidas anuales al 0,25%, independientemente de la evolución de los precios y de la situación económica del país; retrasar la edad de jubilación; y empezar a mirar planes de pensión privados. ¡Hilarante! El agujero de nuestra Seguridad Social, cada día mayor, es consecuencia directa de la aplicación de las políticas recomendadas por el FMI: descensos salariales, empleo precario y bonificaciones a las cotizaciones. Los problemas asociados al actual sistema de pensiones público de reparto, y que se deberían atacar, son el estancamiento del crecimiento de los salarios, la desigual distribución de la renta, y la caída de la productividad. Remediar el estancamiento de los salarios y la desigualdad salarial, unido a un crecimiento de la productividad son, por lo tanto, partes intrínsecas que permitirían solucionar los problemas de las pensiones públicas bajo el sistema de reparto, sin necesidad de acudir a sistemas financiados y a sus efectos perversos.

Lo que propone el FMI es más de lo mismo
En tercer lugar, proponen mantener la actual reforma laboral y reducir la dualidad laboral mediante el contrato único. Todas estas propuestas desde el lado de la oferta sobre el mercado laboral se encuadran dentro de ese conjunto de recetas económicas tendentes -en nombre de la competitividad- a disminuir los salarios y recortar los beneficios del factor trabajo. La base de estos análisis es que dado un gasto autónomo real, existe una relación negativa entre el nivel del salario real y la demanda de trabajo de las empresas. Sin embargo, la realidad sugiere lo contrario. Existe una relación positiva entre el nivel del salario real y la demanda de trabajo de las empresas.

Cuarto, aumentar la productividad y el tamaño de las empresas. De nuevo ideas vacías. España jamás perdió competitividad en las últimas dos décadas. Junto con Alemania el nuestro es el único país que en los últimos 25 años mantuvo e incrementó su cuota de exportaciones, ya no solo por margen intensivo, sino también por aumentos en el margen extensivo, la exportación de nuevos productos y hacia nuevos destinos. España es muy competitiva, pero tiene una baja productividad porque el modelo de crecimiento propuesto por las élites patrias –políticas, financieras, inmobiliarias, y oligopolistas- era intensivo en mano de obra, pero muy lucrativo para ellas.

En definitiva, lo que propone el FMI es más de lo mismo, y todo ello a pesar ciertos estudios externos que el propio FMI ha publicado y que en líneas generales van en contra de estas propuestas.

ANDALUCÍA SE PLANTA
El lío territorial del PSOE: De la asimetría federal, a Ibiza el ‘miniEstado’
Pepe Gª Saavedra Gaceta.es 27 Julio 2017

Pedro Sánchez ha pasado de defender la soberanía española arropado por una gran rojigualda en Cataluña a ofrecer la condición de nación a quien lo solicite.

En un guiño a la izquierda y, según debe pensar el secretario general, como salida al conflicto catalán, Sánchez acuñó el podemita término de plurinacionalidad con el que busca dar un encaje especial en la Carta Magna a las diferentes naciones que conforman España.

Sin entrar en el fondo del asunto, ni explicar qué ventajas o perjuicios tendrán esas supuestas ‘naciones’ y el resto de regiones de reformarse la Constitución, el secretario general ya trabaja con otras formaciones para buscar apoyos a su causa.

Ya dejó claro su número dos, Adriana Lastra, cuando puso de ejemplo a Bolivia como modelo plurinacional -que tiene más de treinta naciones- que no tenían muy claro lo que proponían. Con este panorama, las distintas regiones ya se han puesto a reivindicar sus reconomientos.

Ibiza como ‘miniEstado’
Este fin de semana, con motivo del congreso regional, la filial socialista en Baleares exigió el reconocimiento de las distintas islas que conforman el archipiélago como ‘miniEstados’ dentro del Estado federado Balear.

En la Ponencia Marco aprobada por el PSIB, la formación en las islas se saca de la manga lo siguiente: ‘’Siguiendo el modelo federal que defiende este partido, la comunidad autónoma ha de funcionar como una federación de islas, dando la mejor respuesta posible a las necesidades de cada una y considerando su especial problemática’’.

Así, Ibiza o Formentera serían una especie de ‘miniEstados’ dentro del Estado federal balear, dentro a su vez de la nación de naciones que sería España.

El federalismo asimétrico de Puig
Ximo Puig respalda las tesis de Ferraz sobre el federalismo asimétrico. Entiende que los diferentes Estados dentro de España no deberían tener el mismo reconocimiento, ni las mismas competencias.

Los socialistas valencianos de Puig apuestan por “reconocer en la Constitución la asimetría estructural del federalismo español en virtud de los hechos diferenciales de algunas comunidades autónomas”. Como telón de fondo para reivindicar su carácter de nación, asoma la demanda de Puig de una mayor autonomía financiera.

El PSOE andaluz, en contra de la asimetría
Y todas estas divisiones y debate sobre el modelo territorial se han generado únicamente en el seno del Partido Socialista. ¿Qué ocurrirá cuando llegue el momento de reformar la Constitución?

Lo único que parecen compartir todas las filiales socialistas es la concepción de España como un Estado federal. Las importantes diferencias radican en la defensa de la nación española como única y la residencia de su soberanía.

Para solventar este lío territorial, el portavoz parlamentario del PSOE andaluz, Mario Jiménez, ha demandado a la dirección federal del partido que abra y coordine un proceso de diálogo “intenso y profundo” con la federaciones territoriales sobre la redefinición del modelo Estado.

En el seno del PSOE no todos están conformes con las pretensiones del secretario general para reformar el artículo 2 de la Constitución e introducir el término plurinacional. Andalucía no es la única región que se ha manifestado en este sentido. Castilla-La Mancha o Aragón también han marcado distancias con los múltiples modelos territoriales expuestos por la nueva dirección.

A tres días de que los socialistas andaluces celebren su congreso regional, del que saldrá reelegida como secretaria general, Susana Díaz, y al que acudirá Pedro Sánchez, el portavoz parlamentario del PSOE-A ha considerado que la definición del modelo Estado que defenderá su partido a nivel federal requiere un “esfuerzo intelectual más importante y mucho más diálogo”.

Se refería así a la polémica sobre la defensa de un Estado plurinacional, tras lo que ha recordado que para la Declaración de Granada hubo unos seis meses de diálogo “muy intenso y de alto nivel” entre la dirección federal y las direcciones territoriales.

“Se trata de una materia que tiene una gran trascendencia desde el punto de vista jurídico constitucional y estatutario, del trayecto histórico y autonomista de los distintos territorios y desde el punto de vista de las competencias y de los hechos diferenciales”, ha esgrimido.

Jiménez ha recordado que se plantea una reforma constitucional, por lo que se trata de una materia “compleja que debe definirse más allá del juego terminológico y concretarse desde la coordinación que le corresponde a la dirección con un diálogo intenso y profundo” con las federaciones territoriales, ha insistido.

En su opinión, las federaciones “tendrán” que participar en esa redefinición desde la trayectoria histórica que cada una tiene y a la que “evidentemente ninguna va renunciar”.

Y Trump tenía razón
Rafael Bardají. Gaceta.es 27 Julio 2017

Normalmente a Donald Trump se le pinta como un patán, carente de ideas y sin valores, un ególatra que sólo busca la fama, el dinero y las mujeres como sea y costa de quien sea.

Yo no soy psicólogo y no voy a caer en los vericuetos mentales de una profesión harto dudosa, así que cada cual opine lo que quiera. Pero a mi me da que mucho del despreció a Trump por parte de nuestras actuales élites políticas, mediáticas y académicas, tiene que ver más con la pregunta implícita en todas las decisiones del presidente americano, que con la estupidez o la patología: ¿Quiénes somos? Porque si, Trump es un presidente identitario y desde su América Primero a la prohibición de servir en las Fuerzas Armadas a los transgénero, lo que busca es dar una respuesta parcial a esa pregunta básica: ¿Quienes y qué es ser americano y cómo preservar sus señas características?

Si Trump es un auténtico problema para Europa no lo es por su agresividad o sus modales, lo es porque deja de relieve que los líderes europeos han decidido por su cuenta y riesgo que Europa deje de ser Europa. De hecho, el choque de trenes de visiones antagónicas estaba servido desde mediados de los 90, lo que ocurre es que tanto Bill Clinton como Obama eran globalistas acérrimos (el primero porque creía que la globalización beneficiaría a América y El Segundo porque pensaba que la globalización acabaría con ella) y George W. Bush, quien comenzó como Trump, con un marcado acento nacionalista, se vio forzado a transformarse en un neocon tras los ataques del 11-S. Pero lo cierto es que Europa desde mediados de los 90, con su política de intervenir en los Balcanes para evitar Estados étnicamente homogéneos, se puso en rumbo de negación de su propia identidad. Tanto como para llegar a renegar de sus raíces cristianas en la mal llamada Constitución Europea.

El hecho es que Europa hoy no sabe ni lo que es, ni lo que quiere ser y mucho menos lo que en verdad puede ser. Se derriban iglesias para construir mezquitas sobre sus cenizas; se acepta que un refugiado sirio sea negro, no hable ni papa de árabe, jamás haya estado en el Oriente Medio y provenga de algún punto del Africa Subsahariana. Por ejemplo. Si Estados Unidos se construyó como “melting pot”, esto es, el crisol de los alquimistas en el que la mezcla de diversos elementos acababan dando una aleación más rica, fuerte y unida, Europa se está queriendo construir a retazos, como un gran “patch work”, en el que las partes no se funden, sino que conviven como pueden y sin mezclarse. Es el universo de la “no go zones”, donde impera una ley, normalmente la sharia, distinta de la ley general, el mundo de la discriminación positiva de todo tipo de minorías, la sociedad en la que unos pocos sostienen los privilegios sociales para todo el mundo. Si Churchill levantara la cabeza, su famosa frase sobre los pilotos de la RAF (“Nunca unos pocos hicieron tanto por todos”) la tendría que aplicar no a los militares, sino a los sufridos contribuyentes de la cada vez más escasa clase media.

El problema de Europa es que sólo sabe edificarse en contra de sus propios elementos, los estados y las identidades nacionales que la han hecho posible. No en balde se habla de Bruselas y de la Europa de las regiones, no de las naciones. Y nuestros dirigentes, incapaces de ver a Europa más que como una diosa mitológica, han asumido voluntariamente que esta Europa no cristiana, multicultural, de asistencia social, de brazos abiertos y sin fronteras, debe vivir a expensas de todo lo nacional. Ya lo dijo Mariano Rajoy ante las cámaras: “Yo no creo en las fronteras”. me gustaría saber si cree en lo español. Y en cómo define ese alma que nos distingue del resto de otros pueblos.

Porque ahí está el meollo de la cuestión. La misma cuestión a la que intenta dar respuesta Trump: ¿Qué es ser español? Yo creo que tenemos bastante idea de lo que se dice ser vasco o Catalán, aunque no compartamos las varas de medirlo. Pero sobre los español, me da que nos han lavado tanto el cerebro, que apenas sabemos ya nada. Quizá dbierámosd ponernos las gafas de turista para poder recuperar la memoria. Todo lo más que se ha dicho en los últimos años ha sido esa invención de “patriotismo constitucionalista” o “constitucionalismno patriótico”, artificio tan extraño que ya no sé cuál es su definición. Los intelectuales de la llamada derecha española han recurrido a tamaña construcción porque han caído presa de la izquierda intelectual, que sólo entiende los lazos nacionales en términos de relaciones políticas, olvidando todo lo demás. Pero es que todo lo demás es muy importante: la Historia, la religión, las relaciones sociales… Es decir, el constitucionalismo, poniendo como deux ex machina de la nación a la Ley fundamental, en realidad niega lo más profundo de ser español. España no depende ni de constituciones, ni de regímenes políticos, democráticos o no. Es mucho más que todo eso.

Y Trump tiene razón cuando quiere empezar a reforzar la identidad a través del orgullo de América Primero. Y cuando dice que quiere un muro con su vecina México. Porque si nosotros mismos no nos ponemos primero, quién lo hará, ¿China?; y si renunciamos a defender nuestras fronteras, ¿cómo distinguir entre un español y quien no lo es? Nuestros dirigentes han sido muy generosos con la nacionalidad española, por ejemplo, concediendo un fast-track para los latinoamericanos, un cheque en blanco para los millonarios (para quienes la nacionalidad es solo una cuestión de inversión), una concesión a la UE y ahora quiere establecer tan sólo cinco años de residencia para cualquiera que quiera vivir en España como requisito para acceder a la nacionalidad. No es de extrañar, por tanto, que ya no sepamos qué es ser español. Todo el mundo mundial puede serlo y sin renunciar a sus nacionalidades de origen.

¿Nos hemos vuelto locos? No. Sólo que nos están ganando la partida los globalistas y anti-españoles y anti-identitarios. Lamentablemente, cuando en un pueblo los españoles dejan de ser mayoría, ese pueblo deja de ser español. Y salvo que digamos basta ante estos planes suicidas, es cuestión de tiempo que España deje de ser España. Barcelona ya se parece bastante más a Peshawar que a París; en breve, Madrid será más Chichiriviche que Londres.

Oriente Medio, la hoguera inextinguible
Alejo Vidal-Quadras. Gaceta.es 27 Julio 2017

Los recientes éxitos de las heterogéneas fuerzas que combaten al Estado Islámico en Siria e Irak, cuyo punto de inflexión ha sido la liberación de Mosul de las garras de la organización terrorista, parecen apuntar a su definitiva derrota en un tiempo breve y a la completa desaparición de su dominio en los territorios que había conquistado. Sin embargo, tal como ha señalado lúcidamente en un reciente artículo el ex-Ministro de Asuntos Exteriores alemán Joschka Fischer, esta previsible victoria sobre las huestes del fundamentalismo criminal sunita no va a traer ni mucho menos la paz a la atormentada región.

La historia de Oriente Medio tras la caída del Imperio Otomano dibuja un siglo de desastres de todo tipo, estratégicos, políticos, económicos, sociales, culturales y religiosos. Si hay una parte del planeta que más ha sufrido las consecuencias de la guerra y la inestabilidad a lo largo de los últimos cien años es la vasta extensión del Asia meridional limitada por la costa oriental del Mediterráneo, el Mar Rojo y la frontera entre Afganistán y Pakistán. El nefasto pacto Sykes-Picot, en virtud del cual la Francia y la Inglaterra vencedoras de la Primera Guerra Mundial trazaron unas fronteras arbitrarias con el único fin de definir sus zonas de influencia, ignoró por completo la complejísima realidad de un área que es una superposición inmanejable de creencias, tradiciones, intereses y filias y fobias ancestrales totalmente impermeables a la modernidad.

Los errores cometidos por las potencias occidentales se han sucedido empeorando cada vez más un escenario ya de por sí explosivo. Desde las intervenciones imperialistas de Estados Unidos y el Reino Unido en Irán hasta la innecesaria invasión norteamericana de Irak pasando por la forma en que se creó el Estado de Israel y por la emergencia debidamente incentivada de una insurgencia jihadista en Afganistán contra la URSS, se han multiplicado las operaciones contraproducentes. El resultado de esta cadena de equivocaciones está a la vista: Irak y Siria devastados y convertidos en un avispero de luchas sectarias, Irán en manos de una teocracia vulneradora sistemática de los derechos humanos y exportadora de terrorismo, Afganistán pasto del fanatismo talibán, una creciente y peligrosa influencia de los ayatolás iraníes más allá de sus fronteras y los kurdos pugnando por la autonomía o incluso la independencia en Irán, Siria, Turquía e Irak.

Después de la liquidación del Estado Islámico, lo que se avecina es una situación sin duda distinta, pero no por ello mejor. El caos sangriento actual puede ser sustituido por un enfrentamiento bélico directo entre la República Islámica de Irán y Arabia Saudita por la hegemonía en la Umma musulmana. Estas hostilidades, que hasta ahora se han venido produciendo mediante agentes interpuestos, van camino de hacerse explícitas e incendiar toda la región. Además, teniendo en cuenta la importancia estratégica vital de la acumulación de las mayores reservas planetarias de combustibles fósiles y que Estados Unidos ya ha tomado partido en favor de Arabia Saudita y Rusia de Irán, los riesgos potenciales de semejante conflicto son enormes.

El cambio de Administración en Washington abrió una oportunidad de un entendimiento entre Donald Trump y Vladimir Putin que recondujese las cosas hacia la sensatez, pero la imprevisibilidad del nuevo inquilino del Despacho Oval y la despiadada política de puro poder del Kremlin han disipado pronto esta esperanza. Obviamente, la neutralización de la amenaza representada por el Estado Islámico es una buena noticia, pero no debemos engañarnos ni alimentar un optimismo prematuro. Por desgracia, la hoguera de Oriente Medio seguirá ardiendo durante mucho tiempo porque estamos asistiendo al final de un episodio, no a la culminación feliz de un proceso.


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Toda la presión para frenar el delirio del 1-O
EDITORIAL El Mundo 27 Julio 2017

Es una perogrullada repetir que, en un Estado de Derecho, ningún ciudadano está por encima de la ley, muy especialmente, los poderes públicos. Ésa es la auténtica garantía para los ciudadanos de que no viven en un régimen de arbitrariedad, como lo son los totalitarios. Por ello provoca desasosiego que el Gobierno catalán y el Parlament actúen como si estuvieran amparado por la impunidad. Así, la mayoría independentista de la Cámara aprobó ayer la reforma del reglamento que busca facilitar la tramitación de la ley del referéndum y la ley de ruptura para desconectar de España y lograr la secesión. Y el Govern, aunque sea en comparación un asunto menor, se sigue negando a acatar la sentencia que le obliga a devolver a Aragón 44 obras del monasterio de Sijena.

Por fortuna, la impunidad no es tal; el Estado de Derecho tiene los mecanismos suficientes para hacer cumplir la ley a quienes se comportan como si pudieran burlarla. En ese marco se circunscriben los interrogatorios de la Guardia Civil ayer al secretario general de Presidencia del Govern, Joaquín Nin, y a varios cargos responsables de la puesta en marcha de webs que informan sobre el referéndum independentista. Nin está imputado por sedición, ya que hay sobrados indicios que lo incriminan en los preparativos de la consulta ilegal.

El desafío independentista es el mayor reto al que se enfrenta en estos momentos el Estado. Y tranquiliza comprobar que la Justicia y los cuerpos de Seguridad actúan ante el mínimo indicio de comisión de delitos relacionados con el referéndum. El Gobierno de la Nación está obligado a mantener el puño de hierro en guante de seda;ha dado sobradas muestras de voluntad de dialogo con la Generalitat dentro de los cauces de la Constitución;pero debe demostrar que no se va a cruzar de brazos ante ningún paso que los desborde.

Cataluña, dos naciones, dos estados
Santiago Navajas www.vozpopuli.com 27 Julio 2017

¿Qué pasa en Cataluña? se llama el ensayo que escribió Manuel Chaves Nogales para tratar de explicar el golpe de Estado de Companys al frente de la Generalidad en octubre de 1934 contra la II República española. Para convencer a su público de que el secesionismo estaba domesticado, Chaves Nogales argumenta que con el avance de la República los catalanistas recularán finalmente desde el independentismo hacia el autonomismo. En segundo lugar, que el fiasco de la proclamación del “Estado catalán” les serviría como recordatorio de que la demagogia que lleva a la rebeldía tiene como consecuencia la cárcel.

Casi cien años después estamos en las mismas, con un golpe de estado previsto para octubre organizado por los herederos de Companys a los que se unen los de la Pasionaria. La visión “buenista” de Chaves Nogales impera en el Ejecutivo de Rajoy, más por pereza que por reflexión. En el PSOE de Sánchez apuestan por unirse al enemigo ya que no pueden con él. Al reconocer que Cataluña es una “nación” han creado un monstruo conceptual: España como “nación de naciones”.

Si Peces Barba, el “padre” socialista de la Constitución y que denunció la deslealtad de los nacionalistas, llegó a desear en una famosa boutade que hubiese sido Portugal la que formase parte de España en lugar de Cataluña, cabe plantear otra boutade, no tanto por epatar sino para salvar los derechos fundamentales de los que quieran vivir bajo el paraguas de la nación política, que no étnica, española. Del mismo modo -salvando todas las distancias- que en la isla de Eire conviven dos naciones y dos estados -por un lado, la República de Irlanda y el Reino Unido de Gran Bretaña mientras que, por otro, Irlanda del Norte- se podría llegar a un acuerdo que admitiese efectivamente que España es plurinacional pero si, ¡y solo si!, se admite que de igual forma el carácter plurinacional de Cataluña. Algo semejante, por cierto, plantea la Ley de Secesión canadiense para el caso que se celebrase un referéndum en Quebec, donde Montreal, por ejemplo, podría seguir dentro de Canadá.

Si los españoles reconociesen el deseo y la voluntad de parte de los catalanes en conseguir la independencia respecto de España, entonces también los “secesionistas” deberían reconocer a los catalanes “unionistas” el deseo y la voluntad de seguir dentro de España. La solución al “problema catalán” pasaría, por tanto, por el establecimiento de dos Estados: una “Cataluña” vinculada mediante autonomía a la monarquía constitucional de España, e integrada en la UE, y una “Catalunya” como república independiente de España y la UE.

Si Pep Guardiola, icono del independentismo, de veras cree que España es un “estado autoritario” podemos considerar que no lo dice a bote pronto sino que la república que defiende el movimiento secesionista es un régimen radicalmente distinto, ¿Venezuela style?, a la democracia liberal española. Con lo que el “choque” de “sensibilidades” no sería solo en cuanto a la cuestión “nacional” sino que también late en lo más hondo un problema de concepción democrática. Demasiadas divergencias para seguir juntos, sospechando los unos de los otros sobre el racional “patriotismo constitucional” y el emocional “amor a los colores”.

Durante la Transición fuimos imaginativos y audaces
La España constitucional y democrática no tiene que seguir permitiendo el acoso a los catalanes que no se someten a los dictados nacionalistas. La estrategia de “apaciguamiento” que han llevado a cabo los gobiernos socialistas y conservadores ha conducido a una situación de estrés político y de vulneración de los derechos fundamentales que hace imposible seguir manteniendo la ingenua aspiración de Manuel Azaña de resolver el “problema catalán” y tampoco la más lúcida táctica de “conllevar” la situación que sostenía Ortega y Gasset.

Durante la Transición fuimos imaginativos y audaces. Del mismo modo que en un futuro, esperemos que no muy lejano, Jerusalén occidental y Jerusalén oriental serán las capitales de los Estados de Israel y Palestina, también una partición política de Barcelona podría ser un ejemplo de cómo catalanes expresándose en español y/o en catalán conviven civilizadamente en armonioso ondear de banderas rojigualdas durante, por ejemplo, una final del Campeonato de Europa. Que una hipotética República de Catalunya tenga que salir de la UE no implica que no puedan participar en otros eventos futbolísticos europeos. O en Eurovisión. Sin que nadie tenga que silbar el himno del contrario. Y que gane el mejor.

ASÍ ESTÁ EL PSOE
Las contradicciones y los bandazos apresan al PSOE
Antonio Martín Beaumont El Semanal Digital 27 Julio 2017

El PSOE de Pedro Sánchez no se centra. Los cambios de postura, las contradicciones entre dirigentes y la falta de un criterio estable marcan la dirección de Pedro Sánchez. A un precio alto.

¿Cómo puede ocurrir que Cristina Narbona avanzase en un tuit un viraje en la posición sobre el tratado de libre comercio entre la UE y Canadá? ¿Cómo llega Pedro Sánchez a verse en la tesitura de telefonear a Marimar Blanco para intentar sacar al PSOE del lío de haber enturbiado los homenajes en memoria de Miguel Ángel Blanco? ¿Cómo es posible que José Luis Ábalos, lejos de ceñirse a la denominada “declaración de Barcelona”, defienda a capa y espada una quita de la deuda pública de Cataluña para dar marcha atrás al siguiente día y atribuirlo a una “opinión personal”?

Por raras que parezcan, estas situaciones se han dado en pocas semanas. La única solución, admiten fuentes socialistas, es intensificar el control y la coordinación. En el caso del secretario de Organización, la opinión es rotunda: “Ábalos no debe improvisar y tiene que ceñir su opinión al catálogo de medidas oficiales del partido”.

Lo cierto es que los “bandazos” están en el PSOE a la orden del día, principalmente por la falta de visión del mismo Sánchez. Una muestra: fue él quien decidió esquivar su compromiso de aguardar a Mariano Rajoy en lo que respecta al pulso secesionista en Cataluña. O precipitar espectacularmente la estrategia política, en su pretendido acercamiento a Pablo Iglesias para armar una agenda parlamentaria contra el PP, chocando abruptamente contra los escollos que enseguida le colocó Podemos en el camino. De hecho, sus respectivas portavoces, Margarita Robles e Irene Montero, andan tirándose los trastos a la cabeza entre bambalinas.

Sobre Cataluña
Con todo, superar los recelos fraguados con Podemos durante la anterior Legislatura por un maridaje, va a ser, claro está, el menor de los problemas del PSOE, con su líder buscando su sitio, su manera de hacer oposición y la forma de volver a conectar con la sociedad.

Ante el reto separatista, solo Sánchez parece capaz de moverse entre los inestimables llamamientos de apoyo a Rajoy para que se cumpla la legalidad en Cataluña, y la dureza contra la supuesta incapacidad del presidente del Gobierno para evitar el estallido del polvorín catalán.

Tal paradoja, me consta, es de difícil digestión incluso para más de un destacado miembro de esa Ejecutiva de fieles sanchistas que piden por favor aprovechar el veraneo para abrir un periodo “valle” en la acción pública del partido que permita asentar la dinámica interna.

En cualquier caso, en Ferraz se asume en voz baja los desajustes estratégicos y la descoordinación interna, aunque los tratan de disculpar escudándose en la necesidad de engrasar todavía algunos mecanismos internos y, por supuesto, echando la culpa a la voracidad informativa del día a día.

Eso sí, se trata de poner remedio a los bandazos y las contradicciones, y probablemente por ello Sánchez, tras dar un respiro a su “portavoz” Óscar Puente, ha delegado en Margarita Robles las riendas para evitar nuevas disfunciones. Y hasta le ha otorgado galones suficientes para amonestar a Ábalos.

Cosa que, dicho sea de paso, ha asumido con resignación el “número tres” del partido. El secretario general del PSOE valora el gusto con el que su jefa de filas en el Congreso se ajusta al guión.

Hasta el mal sabor de una derrota sin paliativos ha probado ya Sánchez en su asalto al poder territorial ante el presidente de la Generalitat valenciana y reelegido líder del PSPV, Ximo Puig. Igualmente, ha visto cómo el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, uno de los líderes territoriales más significados en su contra, se ha atrevido a plantearle un pulso que además no ha perdido, aunque tampoco lo haya ganado, sobre la consulta a la militancia de su pacto de gobierno regional con Podemos.

Ferraz ha podido imponer que los afiliados de García-Page se pronuncien en asambleas locales, pero éste ha logrado que sea “informativo y no vinculante”. El barón ha evitado así el voto de las bases.
“Empate”, señalan filosóficamente los sanchistas.

Los Congresos regionales
Precisamente en el largo proceso de elección de direcciones regionales va a descansar uno de los nudos gordianos del hábito psicológico y político que algunos socialistas aprecian en estas primeras semanas del nuevo mandato de su líder. Sin añadir que las heridas del congreso socialista de junio pasado siguen sin cicatrizar.

La paz en el PSOE es momentánea. Nadie lo oculta. Los que apoyaron a Susana Díaz continúan sin asumir el liderazgo de Sánchez. Y, a buen seguro, ese amplio sector espera tener su momento para marcar las diferencias con la actual dirección federal. Tal vez por todo ello, el PSOE, a pesar de sus repuntes, sigue lejos de ser de nuevo una opción mayoritaria entre la ciudadanía.

Así se desprende de las encuestas, por más que fuentes oficiales se aferren a pintar la situación como “satisfactoria” y lean los sondeos como “un recorte en intención de voto con los populares indicativo para el corto periodo que lleva Pedro a los mandos”.

España penitente
NICOLÁS REDONDO TERREROS El Mundo 27 Julio 2017

Decía Albert Camus: "...se nos arrastra al confesionario laico, el peor de todos". Eso parece que está sucediendo en España cuando reflexionamos, hablamos y discutimos sobre el órdago de los independentistas catalanes. Nos sentimos en la obligación de excusarnos, de compensar nuestra posición. Si estamos en contra del referéndum ilegal tenemos que justificarnos diciendo que es impensable aplicar el artículo 155 de la Constitución o que no somos conservadores ni nostálgicos nacionalistas españoles. Si defendemos que nadie está por encima de la ley, tampoco los independentistas catalanes, nos vemos impelidos a decir a continuación que los gobiernos de España y Cataluña, en un plano de igualdad, deben dialogar o que nosotros, los que respetamos las leyes, estamos obligados a ofrecer hasta el último día soluciones más o menos meditadas.

Todo con tal de disculparnos ante unos políticos aventureros que vieron en los efectos devastadores causados por la crisis económica en la sociedad española y el debilitamiento de la legitimidad de las instituciones constitucionales la oportunidad de conseguir sus objetivos partidarios manipulando las leyes, ignorando la historia y despreciando a una parte muy considerable de su propia sociedad. Mientras ellos aceleran irresponsablemente, los demás parece que estamos obligados a ser responsables también por ellos y hacer lo posible y lo imposible para evitar eso que llaman "choque de trenes".

Aprovechando las inseguridades de la sociedad española, riegan las calles de los pueblos y ciudades de Cataluña de carteles con la imagen del dictador Franco, relacionando su figura con los que defienden la Constitución; mencionan continuamente palabras, ideas y sucesos que llevan inevitablemente a identificar a los que no están con ellos con el franquismo, con la intolerancia y con la dictadura. Como decía Constant: "Cuando ciertas ideas se asocian con ciertas palabras por mucho que se repita y demuestre que esa asociación es abusiva, esas palabras reproducidas evocarán largo tiempo las mismas ideas". En todo su comportamiento no puedo dejar de ver todos los defectos -improvisación, altanería, ignorancia, ensimismamiento, orgullo irreflexivo- que nos han acompañado durante parte de nuestra historia a los españoles. En ese irónico juego de espejos que es la Historia, los independentistas catalanes se muestran con parte de los peores atributos de un pasado que aborrecen y que la mayoría de los españoles creímos dejar atrás hace ahora 40 años.

Pero si ellos se adornan con lo que desdeñan, una parte del resto de los españoles nos comportamos como lo hemos hecho frecuentemente en nuestro pasado, presos de nuestras inseguridades y producto de una historia azarosa, poco canónica y que no siempre ha ido hacia adelante: obligados por mil motivos a pedir perdón por serlo (¡cuántas veces en nuestra Historia nos hemos disculpado por nuestros errores conocidos, por los que no conocíamos y, aún más, por los que han cometido otros!).

Es fácil, después de tanto tiempo de ejercicios penitentes, herir nuestro inmenso sentido de culpabilidad. Siempre ha habido una gran parte de la sociedad española que se ha sentido débil y culpable. Durante años, esta dolencia sicológica de la sociedad española la expresaron quienes creían que el Estado no podía derrotar a ETA y que alguna responsabilidad teníamos nosotros en el "conflicto" que enarbolaban para justificar sus acciones terroristas -"estoy en contra de que asesinen, secuestren o extorsionen pero, ¡negocien con ellos!, que algunas razones tendrán"-. Eran los partidarios de aceptar parte del discurso político de la banda terrorista a cambio de que éstos, magnánimamente y legitimados, se olvidaran de las acciones terroristas. Se iba a caer el mundo y las calles del País Vasco arderían si se ilegalizaba a Batasuna o se cerraba su periódico; era tal nuestro complejo de culpabilidad que durante años y años el brazo político de ETA, subordinado a las directrices de la banda, tuvo representación en ayuntamientos, diputaciones y parlamentos. Mientras unos asesinaban, otros presentaban candidatos a las alcaldías, a las diputaciones o al Gobierno vasco, en ocasiones eran los mismos en la acción terrorista y en las instituciones democráticas. Pasado el tiempo y pensándolo bien, ¡qué muestra de debilidad y engaño moral dimos!, y en este caso no me refiero a la sociedad, sino a los políticos que convivimos con esa inmoralidad mirando para otro lado. Pero se cerró su periódico, se les ilegalizó y algunos terminaron en la cárcel por ser encubridores, copartícipes, aunque fuera a título intelectual, y no pasó nada, ni ardieron las calles, ni las ocuparon sus indignados adláteres.

Hoy ellos han dejado sus actividades terroristas y nosotros no hemos cambiado una ley, ni hemos aceptado ninguna, absolutamente ninguna, de sus reivindicaciones. Desde luego, queda mucho por realizar en Euskadi, pero lo haremos desde los escombros de la banda terrorista.

Salvando las siderales distancias -no creo que el reto de los independentistas catalanes tenga que ver algo con ETA, excepto que es posible justamente por la derrota de la banda-, algo parecido sucede con el conflicto que nos plantean; ilegal sí, pero sin la violencia que caracterizó los últimos cuarenta años la vida pública en el País Vasco. Ahora una vez más se aprestan las huestes dolientes y penitentes a buscar soluciones que en este momento de ofuscación no desean los independentistas. En realidad, estos penitentes, a la cabeza de los cuales se encuentran personajes tan valiosos como Iceta, no pretenden pactar con los independentistas, saben que ahora eso es imposible, sólo buscan justificarse ante los otros y ante sí mismos.

Pasará lo que tiene que pasar, los independentistas perderán el pulso porque el Estado, que a veces parece mortecino y sin fuerzas, sigue siendo mucho más poderoso que el Gobierno de la Generalitat. Y digo que llegados a esta situación, en contra de la voluntad de la mayoría de la sociedad española, es inevitable que pacíficamente unos pierdan y otros ganen en la apuesta de los independentistas. Volverá a demostrarse que quien echa un pulso al Estado democrático, no sólo al Gobierno, tiene todas las papeletas para perder; al fin y al cabo, al Estado le basta con que se le respete, se le necesite y, en ocasiones -como cuando pagamos los impuestos-, se le tema. Probablemente, después de las performances de los días posteriores al 1 de octubre todos, menos los de la CUP, se sentirán aliviados. Cierto que pasados estos sucesos involuntarios y desagradables, con calma pero sin parsimonia, con moderación y diligencia, desaparecidas las presiones, tenemos que reflexionar radicalmente sobre el futuro de nuestro país; y, llegado ese momento, los catalanes serán imprescindibles, también los independentistas.

Hogaño, los españoles que no nos avergonzamos de serlo, que no tenemos inclinación por la penitencia pública ni vocación de Tercios de Flandes, pasaremos por las mismas vicisitudes que pasamos en los últimos años del pasado siglo. También entonces a los que estábamos en contra de cualquier cesión política a ETA, a los que denunciábamos la frialdad del PNV con las víctimas de la banda terrorista -hace poco el lehendakari Urkullu hizo una crítica al comportamiento nacionalista de aquellos años- nos llamaban intransigentes, autoritarios o "fachas". Pero, derrotada la banda terrorista, las diferencias entre lo que piensa el PP, más aún algún sector minoritario de la derecha, y lo que pensamos el centroizquierda sobre el futuro de la sociedad vasca, adquiere sus verdaderas dimensiones. Hoy, ante la apuesta independentista, yo estoy con el Gobierno, que debe garantizar mi condición plena de ciudadano, de la que forma parte fundamentalísima mi derecho para decidir el futuro de mi país.

Mi condición de ciudadano pasa por otorgar o no a los catalanes, según mi criterio personal y mi derecho, la facultad de decidir su relación con el resto de España. No quiero perder, no quiero que me roben lo que tanto nos costó conquistar: la ciudadanía. Y ella depende en gran medida de lo que haga el Gobierno; por eso, sólo por eso, puedo decir sin necesidad de justificarme ante mi conciencia ni ante nadie, que en esta ocasión, en estas circunstancias estoy con el Ejecutivo de Rajoy que no parece inclinarse por una estrategia parecida a la de los Tercios en los Países Bajos. Todo lo demás, también el futuro de Cataluña, lo podemos discutir, sin que les tengamos que dar pena, sin que debamos nada a nadie y menos, desde luego, a unos personajes que resultan ridículamente pequeños comparados con sus pretensiones.

Nicolás Redondo Terreros es miembro del Consejo Editorial de EL MUNDO.

La Justicia tumba el modelo educativo valenciano por discriminar el castellano
El Tribunal Superior de la Comunidad Valenciana ve inconstitucional una norma que supone un "claro agravio" para los alumnos que opten por el español.
María Peral El Espanol 27 Julio 2017

El Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana (TSJCV) ha declarado la nulidad parcial del decreto 9/2017 de la Generalitat valenciana, que estableció el modelo lingüístico educativo valenciano en la enseñanza no universitaria, por estimar que supone un "claro agravio comparativo para el alumnado que opte por una mayor presencia del castellano".

La Sección Cuarta de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior valenciano ha estimado en lo sustacial un recurso interpuesto por el sindicato CSI-F por la vía de la protección de derechos fundamentales, lo que ha permitido resolver el asunto en apenas cinco meses.

El modelo educativo establecido por el Gobierno valenciano (formado por los socialistas valencianos y Compromís) diseña tres niveles lingüísticos entre los cuales el consejo Escolar de cada Centro debe elegir: básico, intermedio y avanzado. Para cada uno de los niveles se fija una diferente proporción en el uso de las lenguas (castellano, valenciano e inglés) en relación con las horas lectivas dedicadas a cada una de ellas.

Para el sindicato recurrente, hay una primera nota discriminatoria en la propia denominación de los niveles ya que los alumnos que cursen estudios con una mayor carga lectiva en castellano se encontrarán cursando un nivel “básico”, mientras que los que tengan un plan de estudios cuya lengua vehicular sea el valenciano estarán cursando un nivel “avanzado”. Para CSIF, si bien esto "carece de importancia práctica, resulta una clara manifestación de intenciones de la grave discriminación que para los castellanohablantes viene a suponer la puesta en práctica" del decreto impugnado.

Los siete privilegios que tuvo Rajoy como testigo Los siete privilegios que tuvo Rajoy como testigo Efe Evitó el 'paseíllo' al acceder por el garaje, se libró de los periodistas y declaró en estrados, a la misma altura que el tribunal.

Para los recurrentes, el modelo educativo valenciano produce discriminación hacia la lengua castellana, hacia los castellanohablantes, hacia los centros docentes y hacia los padres que desean que su lengua vehicular sea el castellano "pues los alumnos en cuyo centro se haya optado por el nivel intermedio o avanzado van a tener respecto de los que estén cursando sus estudios en nivel básico un privilegio en la forma de certificación oficial de idiomas inglés y valenciano".

El decreto, argumentaban, "obliga a escoger entre una buena educación en lengua inglesa o una buena educación en lengua castellana, no dando la opción de elegir ambas a la vez". Así, el nivel intermedio y el avanzado tienen una carga docente en inglés idéntica, pero el alumno que finaliza sus estudios en el nivel avanzado obtiene una certificación en inglés B1, mientras que el alumno que estudió el nivel intermedio se quedaría en un A2.

A juicio de CSIF, el Gobierno valenciano "pretende que se opte de manera masiva por el nivel avanzado dando una serie de prerrogativas en forma de titulaciones oficiales, de manera que se 'obliga'" a los padres y centros a optar por dicho nivel en detrimento del castellano.

Vulnera la igualdad
La Sala, con ponencia del magistrado Antonio López Tomás, ha dado la razón en lo esencial al sindicato recurrente. El Tribunal Superior considera que el modelo establecido por el Gobierno valenciano vulnera el derecho fundamental a la igualdad y el derecho a la educación reconocidos en los artículos 14 y 27 de la Constitución al discriminar a los alumnos que optan por una enseñanza mayoritariamente en castellano frente a los que eligen el valenciano como lengua vehicular, ya que estos últimos reciben más horas de docencia en inglés sin justificación alguna.

El Tribunal afirma que con ese modelo se produce "una evidente diferencia de trato entre el valenciano y el castellano que tiene una clara incidencia” en el certificado que acredita el nivel de inglés del alumnado al concluir los distintos niveles educativos (infantil y primaria, secundaria obligatoria y bachiller).

La Sala recuerda que si la Administración autonómica considera que existe un déficit del valenciano -y lo acredita- puede promover acciones positivas para favorecerlo, pero éstas han de ser proporcionadas y no deben ir en detrimento del castellano.

Ello no se produce en el modelo que ahora se anula. Para el Tribunal, la diferencia entre la acreditación del inglés en los niveles básico, intermedio y avanzado "no se fundamenta en una medida de acción positiva o de promoción del valenciano en comparación con el castellano, sino en una estrategia de atracción hacia mayor dinamización o normalización favorable al valenciano a través del ofrecimiento de mayor número de horas en inglés y la más elevada certificación de dicho idioma extranjero”.

"Sanción indirecta" por el castellano
Como consecuencia de ello, “se inflige una sanción indirecta (menos inglés y menor nivel de certificación de dicho idioma) al alumnado que desee optar por mayor presencia del castellano”, de manera que la disposición ahora anulada “produce un efecto inhibidor, desalentador, desincentivador o disuasorio” en quienes pretendan ejercer la opción preferente por el castellano en lugar del valenciano, “resintiéndose con ello el ejercicio de los derechos fundamentales” reconocidos en los artículos 14 y 27 de la Constitución.

"Resulta injustificada la certificación automática de los niveles de competencia lingüística” en inglés para el alumnado acogido a la mayor dinamización o normalización del valenciano “en claro agravio comparativo para el alumnado que opte por mayor presencia del castellano”, afirman los magistrados.

Los distintos certificados de inglés que recibe el alumnado conforme al decreto “se articulan en función de la mayor incorporación del valenciano como medida discriminatoria”, explican, y esto "implica un desequilibrio para el castellano, sin que supere el canon de razonabilidad necesario” porque “priva de manera irrazonable y carente de justificación del mismo número de horas de inglés al alumnado que curse en un Nivel Básico, y, como consecuencia de ello, de la mayor certificación de inglés”.

"Carece de justificación y, por ello, resulta irrazonable y desproporcionado el modo excluyente de concebir en esa disposición el acceso a la enseñanza y la certificación del nivel de inglés para el alumnado que opte por mayor presencia del castellano”, concluyen.


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