AGLI Recortes de Prensa   Sábado 29 Julio 2017

El mono sabio
Luis Herrero-Tejedor ABC 29 Julio 2017

El socorrido recurso al otoño caliente, tantas veces utilizado para inventariar a bulto los marrones que nos acechan a la vuelta de septiembre, hace tiempo que dejó de servir como broche prevacacional. La temperatura informativa de los otoños ya no es más caliente que la de los veranos que les anteceden. Cuando no se invisten presidentes del Gobierno en julio se previenen incendios de independencia en agosto. No hay tregua. A lo más que llegaremos este año es a tener 15 días de calma chicha.

Entretanto, Rajoy vive. Lo han dicho decenas de titulares durante los últimos días: salió vivo de la deposición gurteliana del miércoles. Y decir que salió vivo supone admitir que podía haber muerto allí mismo, no se sabe muy bien si por la pericia de sus interrogadores o por la torpeza de sus respuestas. Pero no hubo nada de eso. Ni pericia en los unos ni torpeza en él. Al menos, en el corto plazo. Otra cosa es que, pasado el tiempo, los recursos cortoplacistas que utilizó Rajoy para salir del paso vuelvan sobre él como boomerangs envenenados y pongan en evidencia algunas de las mentiras de su testimonio judicial. Decir, por ejemplo, que jamás había oído rumores sobre la financiación irregular en el PP es decir mucho. Es decir una barbaridad. No sólo por excesivo, también por temerario.

¿No había oído rumores de mangancias económicas en las cuentas opacas de su partido? ¿Ni siquiera un bisbiseo, un runrún, un susurro? Para creer que eso pueda ser cierto habría que imaginar a Rajoy en la triple encarnación de los monos sabios: ciego, sordo y mudo ante el mal. Oír rumores no significa estar pringado en nada sucio, sólo desmiente la condición de estúpido de quien vive rodeado de donativos empresariales interesados y sospechosos recursos financieros administrados por otros. El problema es que si hubiera contestado la verdad («¡claro que oí rumores, como todo el mundo!»), le habrían preguntado por qué no hizo nada para investigarlos a fondo. Ese camino argumental le habría conducido a terrenos resbaladizos. Sus asesores prefirieron que pasara por autista antes que por presunto encubridor. Pan para hoy, suponiendo que el autismo referido a un presidente del Gobierno pueda ser considerado una sustancia alimenticia, y hambre para mañana. Porque antes o después, de eso puede estar seguro, saldrá a la luz que sí le llegaron esos rumores y entonces se organizará la parda. No es que fuera autista, convendremos entonces, sólo era un mentiroso más. Mal negocio para un político que reclama la pulcritud como bandera.

Que haya salido airoso del trance judicial no significa que el trámite haya quedado resuelto. Uno de los debates más célebres de la secuencia electoral española, el que enfrentó a Solbes frente a Pizarro en la campaña de 2008, se saldó en el corto plazo con la victoria aparente del vicepresidente socialista, más diestro en la añagaza dialéctica, pero pasó a la historia como el baldón que acabó para siempre con su credibilidad política. Pizarro estaba en lo cierto: la crisis aguardaba a la vuelta de la esquina. Cuando los hechos le dieron la razón, su imagen creció mucho más de lo que menguó la de su adversario. Solbes nunca será recordado como el vencedor de aquel debate, sino como el marrullero cortoplacista que engañó a toda España con tal de ganar unas elecciones.

A Rajoy puede pasarle algo parecido: por salir indemne de su trance como testigo en un juicio por corrupción que ha puesto patas arriba las cuentas de su partido puede acabar convertido en el cínico embustero que antepuso su pírrica supervivencia personal al reconocimiento de la verdad que se buscaba en el juicio. Que disfrute de esa victoria de piernas tan cortas todo lo que le deje la próxima quincena. Pincho de tortilla y caña a que a partir de entonces le servirá de muy poco el éxito aparente de su escaramuza testifical. Si creía que ser valiente ante el juez podía costarle un disgusto que espere a ver lo que puede costarle no serlo ante el desafío catalán. Ir de mono sabio a esa aventura sí que sería el summum de la barbaridad.

Transferir la educación el mayor error del Estado

“A menudo damos a los niños respuestas que recordar en lugar de problemas que resolver” (Roger Lewin)
Miguel Massanet www.diariosigloxxi.com 29 Julio 2017

Las izquierdas saben mucho de cómo desestabilizar una nación., conocen los métodos adecuados para utilizar, en favor de sus objetivos, aquellas demandas de parte de la ciudadanía que saben que no pueden ser satisfechas por el Estado; son expertos en acompañar a quienes tienen cuentas pendientes con el sistema y son los que tienen respuesta para casi todos aquellos que se sienten engañados por quienes los gobiernan. Ahora, en España, saben que existe un medio realmente efectivo para conseguir que la división interna a la que tanto aspiran, la proliferación de los enfrentamientos entre las diferentes autonomías de las que está compuesta España, que tanto pueden beneficiar sus planes y el apoyo de la juventud, especialmente de la universitaria, que tan maleable resulta ser ante los problemas sociales del pueblo, por su innata tendencia a la defensa de los más débiles; y este, sin duda, el medio que, en Cataluña y en el País Vasco han venido utilizando para manipular a las nuevas generaciones de catalanes y vascos, a través de las escuelas, ikastolas y las universidades. Hablamos de la fuerza que otorga, a quienes pueden hacerse con su control, el poder de la enseñanza.

Nunca dejaremos de lamentarnos de la falta de sensatez, de visión de futuro, de análisis de la realidad sociológica de las distintas regiones de nuestra patria y del poder que se ha venido otorgando a quienes vienen reclamando, cada vez, mayores competencias, más libertad de actuación, menores sujeciones al poder central y menos dependencia de las leyes generales del país. Hoy en día es obvio que, quien dispone de la potestad de educar a los ciudadanos, tiene una de las llaves importantes para imponer sus ideas a las nuevas generaciones, que pasan ineludiblemente por el filtro de las escuelas y las universidades. Es obvio que, si a un niño de pocos años se le imbuye de una historia fraudulenta, se le adoctrina en ideas de tipo nacionalista, se le enseña a considerar al resto del Estado como un enemigo que pretende oprimirle, que viene robando al pueblo al que pertenece, que pretende restarle libertades, impedirle hablar en su propio idioma o coartarle el ejercicio de sus costumbres y tradiciones; no hay duda de que, aquella juventud, va creciendo bajo el convencimiento de que el Gobierno central es su enemigo,, contra el que hay que rebelarse, al que hay que atacar para obligarle a que ceda y permita que, aquella parte del territorio nacional, pueda independizarse para gozar de la libertad que, según le han enseñado, se les ha estado robando.

Por desgracia, los sucesivos gobiernos que hubieran podido acabar con este estado de cosas, han sido incapaces, dominados por sus intereses partidistas, sus aspiraciones de poder, su incapacidad para tomar en cuenta la gran responsabilidad que han ido adquiriendo cada vez que han cedido ante las peticiones de los gobiernos autonómicos; han permitido que redactaran unos estatutos de autonomía cada vez más exigentes, más dotados de competencias, menos dependientes del Estado central y, en consecuencia, con más posibilidades de actuar, sin necesidad de quedar sometidos a la vigilancia que debiera haber impedido que se extralimitasen en sus funciones hasta el punto, como ha venido ocurriendo en la comunidad catalana, de que las autoridades locales, se han considerado capacitadas para poder enfrentarse al Estado, dejar de verse sometidos al Estado de Derecho y echarse a la calle, sin temor alguno a enfrentarse a las leyes españolas y a la propia Constitución de 1978, a la que ya se niegan a respetar, en su loca carrera hacia el abismo que les espera, de seguir aferrados a la idea de rebelarse en contra de la nación a la que vienen perteneciendo desde hace 500 años.

Hace años que la ley de Educación ha sido motivo de enfrentamiento entre los distintos partidos que han pasado por el gobierno de la nación. Nunca, el PSOE y el PP, en su calidad de partidos mayoritarios de la nación española, han conseguido la suficiente calma, sensatez, buen disposición y sentido de estado, para ser capaces de llegar a un consenso sobre una Ley de Educación consensuada por ambas partes, con la posibilidad de tener una vigencia superior a la de la duración de la legislatura en la que han gozado del poder para hacerlo. Es evidente que, en las circunstancias actuales, con un Parlamento dividido, sin mayorías suficientes, donde las izquierdas actúan de freno a cualquier actuación que tenga sentido y los partidos, que se pudieran considerar constitucionalistas, están enfrentados entre ellos, más pendientes de buscar ventajas partidistas, de conseguir victorias pírricas en contra de sus oponentes o en velar por sus intereses electorales pensando, no en la legislatura en la que se encuentran, sino en las posibilidades de ganar unas nuevas elecciones en el futuro.

Y, con estos mimbres, son con los que, el actual gobierno del PP, tiene que organizarse para evitar que, Cataluña, consiga su objetivo de independizarse de España, impedir que el ejemplo catalán contagie a los vascos que, si bien parecen actuar con más sensatez, es evidente que, lo que pudieran conseguir los separatistas catalanes, lo iban a pedir inmediatamente para ellos. Los comunistas de Podemos, jugando al doble juego de aliarse con los socialistas de P.Sánchez, un sujeto con evidentes síntomas de estar poseído por una fanatismo con ribetes morbosos, con la idea fija de presentar una moción de censura en contra de Rajoy; mientras, por otra parte, les siguen haciendo el juego a los catalanes, apoyando su desafío al gobierno y a las Cortes españolas, mientras la señora Colau, que parece ir por libre, intenta por todos los medios dar la sensación a los catalanes de que los apoya en sus ansias de ser independientes, pero limitándose a hacer promesas vagas de facilitar las votaciones, sin concretar de que forma lo va a hacer, para intentar evitar entrar en el peligroso juego de cometer actos en los que pudiera ser acusada de colaborar con el independentismo catalán, incumpliendo las órdenes, cada vez más precisas, del TC.

Es evidente que sería necesario, ante la situación en Cataluña, si es que fuera factible ( y actualmente es imposible) cambiar la Constitución, pero no en el sentido que quisieran los separatistas o el propio PSOE de cambiar la Carta Magna para convertir el estado de las autonomías en otro de tipo federal; algo que, no solamente sería una grave equivocación por las consecuencias disgregadoras que se darían, sin duda empeorando os efectos perniciosos de carácter evidentemente nefasto, del actual Estado de las autonomías. Por el contrario, las reformas deberían centrarse en cambiar el Título VIII, para reducir de una forma importante todas aquellas funciones, actualmente traspasadas a las regiones autonómicas, para que volvieran a ser administradas desde el Estado central. Y, la primera de todas ellas, sin la menor vacilación, aquella relativa a la enseñanza que debiera de quedar unificada para todo el territorio nacional; de modo que las materias que se enseñasen en Guadalajara fueran las mismas, que las que se enseñaran en Cataluña o el País Vasco. La historia de España debería enseñarse en cualquier autonomía mediante un texto unificado en el que, los hechos y acontecimientos históricos, se enseñaran tal y como sucedieron y no trufados de intentos de tergiversarlos; de forma que, como ocurre en la actualidad, en cada autonomía enseñan lo que, según sea el gobierno que está al frente y sus ideas políticas, los textos de la Historia de España tienen un contenido favorable a las ideas sostenidas por los gobernantes que, en muchas ocasiones, difieren sustancialmente, de cómo ocurrieron los hechos en la realidad histórica.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, no nos queda más remedio que reconocer que, así como parece que se encuentran, en estos momentos de esta legislaturas, las relaciones de fuerzas entra la derecha y la izquierda, cuesta mucho poder adivinar lo que nos espera en los próximos meses en los que, la espada de Damocles va a pender sobre todo el pueblo español, nos estará amenazando según como se acabe solucionando el grave problema independentista catalán o según las artimañas de las izquierdas españolas, dirigidas por los socialistas de P.Sánchez, IU y los de Podemos, consigan los apoyos precisos para pedir la moción de censura, en la que tanto insiste el señor P.Iglesias, con la intención de instaurar un gobierno frente populista o, ambos problemas, el señor Rajoy y su equipo sean capaces de solucionarlos satisfactoriamente. En todo caso, vamos a estar temblando mientras llega el momento en que se produzca el desenlace.

Caza a la verdad
Las democracias occidentales son prisioneras de la #hegemonía neomarxista
Hermann Tertsch ABC 29 Julio 2017

El semanario alemán Der Spiegel ha decidido retirar de su lista de éxitos de ventas al libro «Finis Germaniae de Rolf Peter Sieferle» porque tiene demasiado éxito para su gusto. Es una medida escandalosa aunque no sorprende desde que los medios decidieron hacer frente común con Angela Merkel cuando la crisis de los refugiados amenazaba con llevársela a la tumba política. Merkel desvió la atención con la amenaza de la extrema derecha. Hace unas semanas en Hamburgo se vio que la amenaza, más allá del yihadismo, está en una extrema izquierda que logró paralizar la segunda ciudad de Alemania y arrebatar durante días el monopolio de la violencia al gobierno de Merkel. En esa extrema izquierda es más peligrosa que los alemanes difamados como nazis por manifestarse por la ley, contra la impunidad y por la nación. Estos que temen que sea destruida por una inmigración incontrolada de enemigos de la sociedad abierta. Tienen a todos los medios en contra. Y la censura avanza. Uno de sus sumos sacerdotes, el ministro de justicia, Heiko Maas, del SPD, ha impuesto una ley mordaza en las redes sociales que han cogido como modelo la Rusia de Putin y la Bielorrusia de Lukashenko. Todo un mérito. La campaña contra Sieferle viene de lejos. Vetado, injuriado y difamado en círculos académicos como mediáticos, el autor se quitó la vida en septiembre pasado. Ahora no quieren que venda libros después de muerto. No se atreven a llevar el libro a los tribunales para ver si es tan ultraderechista y antisemita como pretenden.

«Finis Germaniae» es un alegato histórico en contra de esa corrección política ha impuesto en Alemania y toda Europa por medio de todos los grandes partidos parlamentarios. Sieferle acusa al consenso socialdemócrata y posmoderno, y en especial a Merkel, de atentar contra la propia existencia de la nación alemana, haber convertido a la sociedad en una masa aborregada, liquidar sus referencias y valores e imponer una multiculturalidad que destruirá la nación y la cultura alemana y europea. Era un profesor, historiador y sociólogo en Mannheim y St.Gallen, respetado y celebrado hasta que se enfrentó con el pensamiento único y chocó con toda la cultura oficial y mediática. Der Spiegel no quiere que los alemanes lean este libro ni sepan que se lee. Por miedo -y no solo de Der Spiegel-, de que el libro de Sieferle convenza con su descripción de realidades que los demás intelectuales, políticos y sobre todo periodistas ocultan. Miedo a que los alemanes crean más a «Finis Germaniae» y menos las letanías de los medios sobre la sociedad ideal multicultural y el bondadoso gobierno de Merkel. Malos tiempos en todo Occidente para las verdades que choquen con la ideología posmoderna del «antifascismo» que denunciaba Sieferle.

En EE.UU. no dejan hablar ni a Richard Dawkins en las universidades, tomadas por la corrección política del neomarxismo. En Suecia, Francia o Inglaterra callan los delitos de inmigrantes por miedo a ser tachados de racistas. Han logrado con el sesentayochismo instalar una plena hegemonía marxista en la educación y la cultura. Que la derecha política acata con sumisión y complicidad dentro del consenso socialdemócrata. Quieren inventar presente y pasado a conveniencia. Ahora ya combaten verdades evidentes y realidades clamorosas. Y a quien se rebela lo quieren aplastar. En España algunos somos condenados por publicar lo que antes se había publicado sin enmienda ni condena. Corremos peligro de que, con un poco más de presión de la jauría izquierdista en los medios y de cobarde colaboración de quienes debían impedirlo, pronto se dicten sentencias condenatorias por recordar a víctimas y autores de la matanza de Paracuellos.

¿La extinción de Europa?
IGNACIO GARCÍA DE LEÁNIZ El Mundo 29 Julio 2017

Cuando Tocqueville visita en 1833 Estados Unidos para estudiar su sistema penitenciario, trasciende su misión oficial para acabar analizando todo el régimen democrático americano. De donde nace su clásico La democracia en América, en la que hay una observación de mucha vigencia hoy. Esa en la que Tocqueville comenta que la democracia borra tanto el pasado como el porvenir: "No sólo la democracia -escribe- hace olvidar a cada uno sus propios antepasados, sino que le oculta también sus descendientes". En tanto que asamblea de votantes vivos es lógico que los que ya han sido-los muertos- no puedan votar y queden al margen de las decisiones. Y que los que todavía no son, los por venir, tampoco: su capacidad de voto y por tanto de influencia política es igualmente nula. Por eso, deduce el pensador francés, la democracia es un magnífico sistema para gestionar el presente pero con serias dificultades para hacerlo con el eje pasado-futuro.

La advertencia de Tocqueville sobre el presentismo anejo a nuestras democracias y su tendencia a despreocuparse por el futuro, tiene a su vez directa consecuencia en la estructura y proyección demográfica de un país. Como aflora ahora en el invierno demográfico en que nos hallamos y que me parece que explica en parte el "inexplicable malestar" de Occidente. La frívola boutade de Keynes, tan frecuentemente citada, de que dentro de 100 años todos calvos, se puede explicar también porque el economista inglés no tenía ni hijos ni nietos. Como tampoco los tienen, dato elocuente, varios dirigentes europeos como Macron, May o Merkel, entre otros. Pero si no hay conciencia del futuro, el aseguramiento de la supervivencia del género humano -al menos del hombre occidental- queda en entredicho. No es de extrañar que algunos cálculos realizados en Francia -tan atenta siempre a la cuestión demográfica- nos digan que de seguir así dentro de 250 años el actual homo europaeus -nosotros, en suma- se extinga. Algo que angustiaba a De Gaulle cuando contemplaba al final de su vida el despoblamiento de la campiña francesa. Y algo que sabe muy bien, nos guste o no, el Islam.

Y lo más sorprendente de esta tendencia, en la que, por ejemplo, cada nueva generación de españoles es en torno a un 35%-40% menor que la anterior, reside en que ni siquiera nos llama la atención. Al respecto, comentaba Alejandro Macarrón, gran especialista en nuestra despoblación, que en ninguna encuesta del CIS sobre los problemas de España ha figurado entre las respuestas el problema de nuestra falta de nacimiento de niños. Como tampoco se le ha mencionado en los discursos de Estado. No creo que ese fenómeno sea muy distinto en el resto de los países de Europa. De hecho, he escrito alguna vez que Tony Blair decía entre sus íntimos que esta cuestión sólo se podía mencionar en las grandes cumbres entre susurros a media voz, por no figurar en ninguna agenda y considerarse tabú. Se cumple así en el plano nacional y europeo aquella sentencia de Ortega de que son más importantes las cosas de las que no se habla que de las que se habla.

A este respecto, es mérito del profesor de La Sorbona Rémy Brague rastrear lúcidamente en su reciente libro Moderadamente moderno la conexión que hay entre la vocación democrática por el presente y el "nihilismo europeo" preconizado por Nietzsche y Heidegger con la dramática caída de la natalidad en Francia y Occidente en general. Porque la renuncia europea a engendrar, esto es al porvenir, sólo se puede entender si previamente el concepto de "persona" como algo digno de venir a la existencia ha sido sustituido por el de un Dasein más o menos superfluo para quien el sentido de la vida y del mundo, del futuro en suma, resulta más afín a la nada que al ser. Nietzsche se dio perfecta cuenta del derrotero que iba a escoger Europa -propuesto por él en gran medida- cuando escribe aquel envite inquietante que vemos hoy cumplirse: "Evocar una decisión horrible: poner a Europa ante la decisión de saber si su voluntad quiere la extinción". Y me parece a mí que la cuestión ha alcanzado una gravedad tal, que ya tenemos que dar respuesta individual, social y política a la gran pregunta escamoteada: en la encrucijada en que nos hallamos, ¿queremos proseguir en la extinción de Europa o cabe hacer un vigoroso acto de reafirmación en que somos dignos de futuro?

La hondura de una crisis tal la previno ya con visionaria anticipación uno de nuestros grandes avisadores, T.S. Eliot, en La tierra baldía, sin duda, el poema más representativo de nuestro siglo XX occidental. Y cuya lectura o relectura aconsejo para comprender ese inexplicable malestar que está desolando a Europa. No es casualidad que la infertilidad europea sea el 'leitmotiv' que entrevera los cinco movimientos del poema, el primero de los cuales se titula significativamente El entierro de los muertos. Y resulta muy simbólico que el protagonista invisible del poema no sea otro que el Rey Pescador del ciclo artúrico, cuya esterilidad individual se corresponde con la perdida de fecundidad de su reino -Europa misma- que lo convierte en páramo yermo de naturaleza y nueva vida humana. Lo que el anciano Tiresias ve como verdadero espectador del poema es un continente agotado dominado por el tedio de Baudelaire y el nihilismo que nada aguarda: "Mi gente, humilde gente que no espera nada". Y de esa nada, nada se hace -salvo morir- como reza el adagio clásico.

Pero a la desolación que habita La tierra baldía podemos oponer como contrapunto el espléndido retrato de Ghirlandaio, muy europeo él, anciano con su nieto. Representa un noble florentino de cabellos canos en el atardecer de su vida con su nieto, de acaso cuatro o cinco años, en brazos. Tiene el abuelo, todo benevolencia, la nariz protuberante aquejada de rifima. El rostro del niño, en cambio, cumple en su rubia perfección el ideal de belleza del Renacimiento. Pero al nieto no parece importarle la tacha de su abuelo y le tira sus brazos menudos. De modo que las dos miradas -la de ayer al hoy y la del hoy al mañana- quedan enlazadas en el cuadro como si el memento nasci y el memento mori se llamarán recíprocamente con vocación de sentido. Y el niño mismo fuera lluvia que empapa y hace fértil y habitable la tierra yerma, como se presiente en el final del poema de Eliot. De manera que el cuadro todo, tan profundamente europeo, pareciera susurrarnos que el ser sigue siendo mejor y más digno que la nada, en refutación de este nihilismo de Nietzsche que nos está matando. Hora será de rebelarnos frente a su pobre tanatología. En nuestras manos está.

Choque de trenes
MANUEL ARIAS MALDONADO El Mundo 29 Julio 2017

La metáfora favorita de nacionalistas y equidistantes, cuando de describir la amenaza secesionista catalana se trata, es la del presunto "choque de trenes": entre el poder del Estado y el Gobierno autonómico. Es una imagen astuta, ya que el ciudadano imaginará espontáneamente dos locomotoras que avanzan la una hacia la otra, sin hacerse preguntas sobre su recorrido previo ni reparar en las normas que hayan podido saltarse. Alarmado por la inminente catástrofe, reclamará una solución a toda costa; incluso a costa del principio de legalidad. Sin embargo, este tropo encuentra un mejor uso aplicado a la colisión más definitoria de nuestro tiempo, que es aquella que tiene lugar cuando la poesía se da de bruces contra la realidad. O sea: la vertiginosa poesía electoral contra la despaciosa realidad administrativa. Se trata de un conflicto inherente a la democracia, que el realineamiento político postcrisis ha agudizado de manera pintoresca.

En Estados Unidos, un frente republicano que se había mantenido unido detrás de la miserable promesa de acabar con el Obamacare está perdiendo crédito con cada fallida votación parlamentaria: nadie sabe con qué reemplazarlo. Al otro lado del océano, los ciudadanos británicos se someten a un rápido proceso de aprendizaje sobre las virtudes del sistema de gobernanza cuyo abandono decidieron hace un año. Desde el Euratom al espacio aéreo europeo, pasando por las normas de seguridad alimentaria o los fondos de investigación académica: una densa red de cooperación que Gran Bretaña habrá de reproducir a nivel nacional si quiere mantener relaciones provechosas con el continente una vez consumado el Brexit. ¡Menudo negocio!

En ambos casos, una rutilante promesa electoral había escondido debajo de la alfombra el coste del aventurerismo poético. Si alguien protestó, nadie estaba dispuesto a escuchar: se cataloga al experto como interesado defensor del status quo y asunto resuelto. ¡Abajo los detalles! Pasa también en Cataluña. Y pasó en Grecia, donde Varoufakis tonante prometió una alternativa inexistente que ha hecho a su país perder el tiempo. Sólo esta semana, tres años después, ha podido Grecia salir de nuevo al mercado de capitales: tres años durante los que Syriza aprendió a distinguir el amateurismo rupturista que gana elecciones de la profesionalidad reformista que las pierde.

Es una fricción rabiosamente democrática. Aunque proclamamos el gobierno del pueblo, el pueblo sólo gobierna de manera indirecta: eligiendo a sus representantes e influyendo después sobre ellos por medio de la opinión pública. Las sociedades modernas, por frustrante que sea, no admiten otra fórmula. Se hace así inevitable que en tiempos de malestar aparezcan partidos o movimientos que exploten eso que Margaret Canovan llama la dimensión redentora de la democracia: un sentimiento que lleva a simplificar las cosas a golpe de voto antiestablishment. Por suerte o por desgracia, aún no hemos aprendido a hacer atractiva la tediosa normalidad del orden liberal. Los efectos de esta sacudida pueden ser benéficos si el sistema aguanta el golpe: se produce una catarsis que atenúa el descontento popular. Y aunque sería deseable que las sociedades fueran más inteligentes a la hora de identificar de antemano las falsas soluciones a los problemas colectivos, no podemos pedir tanto: limitémonos a escoger el vagón más cómodo y disfrutemos del paisaje.

Expo 92: socialismo y megacorrupción
Pedro de Tena Libertad Digital 29 Julio 2017

Fue la orgía de dinero y especulación desatada en torno a la Expo 92 lo que hizo que la corrupción se convirtiera en una desgraciada seña de identidad de Andalucía.

En fecha tan temprana como primeros de junio de 1987, apenas tres años después del nombramiento de Manuel Olivencia como comisario general de la Exposición Universal de Sevilla de 1992, Felipe González decidía pasar los trastos de gastar dineros públicos a un ejecutivo de Dragados y Construcciones, Jacinto Pellón. Si en 1622 el diácono Pedro Pabón, lego y converso del monasterio de Santa María de las Cuevas, empuñó un calabozo para terminar con la vida del padre Prior que le había herido en sus más profundos sentimientos religiosos, aquella decisión del Gobierno socialista fue el origen de otro crimen, esta vez contra el Derecho, que iba a cometerse, de nuevo, en medio del Guadalquivir.

Pero la Expo 92 fue en origen otra cosa, una conmemoración del encuentro de dos continentes 500 años antes de la mano de España y Cristóbal Colón que convirtió a Sevilla en puerto y puerta de América durante siglos. Por ello, su celebración fue anunciada antes de la aprobación de la Constitución de 1978. Dos años antes, el rey de España proclamó la buena nueva en la República Dominicana. Se trataba de un acontecimiento de magnitud universal y de una trascendencia histórica extraordinaria para la emergente Europa del comercio, la cultura y la libertad de conciencia. Pero… "pasó de ser una cuestión de Estado a ser cosa de partido", sentenció hace poco el propio Olivencia.

Lo partidista se impuso a lo universal. Finalmente, la Exposición Universal de 1992 en Sevilla fue la ocasión de compensar el olimpiazo catalán de 1986, otro éxito incuestionable del primer Gobierno socialista. Era, tras la transición democrática, el primer experimento de cogestión del nacionalismo pujolista y el socialismo felipista-maragalliano, alta simbiosis política en la que no faltó el viejo falangismo blanqueado que representaba Juan Antonio Samaranch.

El socialismo andaluz, cargado de mala conciencia tras la defenestración del nada proclive a las asimetrías autonómicas Rafael Escuredo, debía aparecer ante España y Europa como el impulsor regeneracionista de una región atrasada. Por entonces, repárese, circular por Cataluña y el País Vasco era un ejercicio que humillaba a cualquier andaluz que sufría lo indecible para ir de Sevilla a Granada o a Almería en coche. De los trenes y otros medios públicos de transporte ni hablamos.
Con la perspectiva que dan los 25 años transcurridos, podemos interpretar con fundamento que fue la orgía de dinero y especulación desatada en torno a la Expo 92 lo que hizo que la corrupción se convirtiera en una desgraciada seña de identidad de Andalucía.

Cierto es que siempre quedará el AVE, el primer tren de alta velocidad que recorrió media España, por una vez y sin servir de precedente, de Sur a Norte. Mérito político de Felipe González y del socialismo suresniano andaluz, con el que quisieron aneblar sus concesiones y absoluciones a los intereses nacionalistas catalanes y vascos desde 1982. Recordemos que Jordi Pujol, el ratero mayor, ya se había beneficiado de la mediación de Felipe González en el sofocamiento vergonzoso del caso Banca Catalana, uno de los más atrevidos pasos de su carrera como ladrón de bandera (catalanista).

Pero si en la gestión de las Olimpiadas cuajó y se consolidó el sistema del "tres por ciento" –Maragall dixit en referencia a Convergencia i Unió–, método habitual de extorsión a las empresas para que pudieran acceder a concesiones, adjudicaciones y demás contrataciones públicas, en Andalucía se produjo un choque de trenes entre dos modos de concebir la intervención del Estado en magnos acontecimientos que iban a emplear muchos miles de millones de pesetas del dinero de todos: el modo respetuoso con la legalidad y los procedimientos con garantía y el modo maquiavélico-pragmático del "gato negro, gato blanco, lo importante es que cace ratones".

Manuel Olivencia, favorito del rey Juan Carlos y aceptado por Felipe González –que había apostado inicialmente por el arquitecto catalán Ricardo Bofill– para poner en marcha y gestionar el proyecto de la Expo 92, fue el defensor del modo limpio de desarrollarlo. Derecho, concursos, requisitos, expertos, competencia leal, actuaciones transparentes, controles adecuados y demás exigencias de la cosa pública chocaron frontalmente con los responsables andaluces de un PSOE nervioso por la lentitud de los trabajos y la hipótesis de que llegase abril de 1992 y la Exposición no pudiera inaugurarse. Podría ser un fracaso terrible y peligroso para la hegemonía del socialismo sobre la nueva Andalucía y, desde luego, sobre la España democrática.

Aunque ya había saltado algún caso de corrupción en la España socialista, singularmente los dineros alemanes del ni Flick ni Flock, el caso de los fondos reservados para los GAL o el registrado en el Madrid de Tierno Galván, en Andalucía apenas se habían conocido temas graves: algún dinero, todavía menor, que había ido a parar al PSOE indebidamente; el caso, maliciosamente articulado por los compañeros de partido, del chalé de Escuredo y, muy sobre todos ellos, el del edificio Presidente, que el titular de la Presidencia de la Junta, Pepote Rodríguez de la Borbolla, contrató para alojar a sus empleados públicos a cambio de alquileres por encima del mercado. Fue lo más gordo y en la faena de denuncia se lució un joven democristiano, Javier Arenas, luego yerno de Olivencia.

Con la perspectiva que dan los 25 años transcurridos, podemos interpretar con fundamento que fue la orgía de dinero y especulación desatada en torno a la Expo 92 lo que hizo que la corrupción se convirtiera en una desgraciada seña de identidad de Andalucía. Las expectativas de negocio y los intereses del partido se fundieron como vasos comunicantes en el horizonte de la Isla de la Cartuja de Santa María de las Cuevas. Se hablaba de un gasto –inversión, insistían– de 80.000 millones de pesetas en el recinto de la Isla y otros 500.000 en Sevilla y Andalucía; dicho hoy, casi 4.000 millones de euros, más o menos la mitad del importe del montante global del dinero público corrompido en los macrocasos de corrupción posteriores, desde los ERE al fraude de la formación, pasando por Invercaria y otras instrucciones judiciales.

Olivencia quería hacer las cosas bien. Pellón, sencillamente, hacerlas como fuera. Lo ha contado, tal vez demasiados años tarde, Francisco Rubiales, quien fue director de Comunicación de la Oficina de Olivencia, apartado por Luis Yáñez y sus amigos. "A pesar del heroico papel de algunos medios, la prensa no fue capaz de frenar el avance de los nuevos estilos intervencionistas, opacos y predadores de los adoradores del Estado y de impedir que la corrupción abriera grietas enormes en las organizaciones de Sevilla y Barcelona 92, grietas que en Cataluña hicieron multimillonarios a Jordi Pujol y a sus amigos nacionalistas y que en Andalucía y España inauguraron una forma de gobernar que condujo al país hasta lo que es hoy, un paraíso para corruptos y una democracia de quinta división." El hundimiento de la reproducción de la nao Victoria en Huelva, con Yáñez de padrino, y Curro, la mascota de la Expo, como náufrago, debió haber sido considerado un augurio de lo que iba a suceder.

Los antecedentes ya habían sido fijados. Por una parte, el propio Jacinto Pellón, que finalmente forzó la destitución de Olivencia en 1991, fue pillado en el entonces famoso caso de Costa Doñana, destapado en 1988. El entuerto consistía en un imponente proyecto turístico que quería urbanizar kilómetros de las playas de Doñana y su entorno. Su estallido se debió a la presencia en el mismo del propio Jacinto Pellón (presidente de la Sociedad Estatal Expo 92), acompañado de Francisco Palomino (cuñado de Felipe González), el abogado Jesús Bores, íntimo de González, y Salvador Echevarría. El escándalo impidió la operación y dañó ya inicialmente la imagen de la Expo 92.

Por otro lado, a primeros de enero de 1990 explotaba el caso Juan Guerra, subdividido en seis procesos judiciales diferentes. El escándalo fue mayúsculo y forzó la dimisión del entonces vicepresidente del Gobierno, Alfonso Guerra, un año después. Uno de aquellos sumarios, el de la empresa Comasa, se refería a la construcción de un hotel en vísperas de la Expo 92, pero aquel fue posteriormente absuelto. En el entretanto salían a la luz el caso Ollero, otro de mordidas por obras públicas y el de amiguismo y enchufismo sin escrúpulos de Canal Sur TV.

A nivel nacional, a mediados de 1991 estallaba el caso Filesa, una de cuyas piezas separadas sería el caso AVE, que afectaba a las obras de la Expo 92. Meses antes de la inauguración de abril saltaba a las páginas de El Mundo el caso Ibercorp.

En las obras de la Expo 92, la sensación de que se pagaban mordidas políticas y concesiones a cambio de comisiones y dádivas era generalizada entre la ciudadanía. Popularmente se hablaba de pellonazos y de la moneda apócrifa de la Expo, el pellón, "la unidad de trinque en lo universal del particular pelotazo del 92", al decir de Antonio Burgos. El ya mencionado Rubiales, mano derecha de Olivencia en comunicación, ha traducido la "Era de los Descubrimientos", lema de la Exposición, como la "Era de los Pelotazos", y retocado la misma y digna "Exposición" para que dé en la menos decorosa "Expoliación" de 1992.

Contribuyó a ello la presencia, demasiado frecuente, del presidente González en los titulares. En 1990 se supo que la Sociedad Estatal para la Exposición Universal de Sevilla favoreció a la Compañía de Seguridad Omega S. A., en la que ostentaba un puesto de responsabilidad Juan María González Márquez, hermano del propio presidente del Gobierno.

Puede recordarse, como un episodio de tantos otros que la resistencia periodística puso negro sobre blanco en los quioscos, el caso de los empresarios portugueses Conde. Los empresarios andaluces Jaime y Carlos de Coca, amigos del consejero delegado de la Expo, Jacinto Pellón, pidieron a sus socios portugueses en Río Cocón S. L. una comisión de 150 millones de pesetas "para el partido en el Gobierno", se contó en El Mundo. Jaime y Carlos de Coca les dijeron a sus socios Manuel y José Conde que la citada comisión suponía el 10% sobre un contrato para la construcción de edificios modulares en el recinto de la Isla de la Cartuja, inicialmente valorado en 1.598 millones, que se adjudicó en 1990. El portugués Manuel Conde y su hermano se negaron a pagar esa comisión y la Expo 92 forzó a su empresa Río Cocón a ceder el contrato a otra sociedad, denominada Coordinación S. A., propiedad de otro amigo de los hermanos De Coca.
De toda aquella parafernalia de la Exposición quedaron el AVE y un suelo público en la Isla de la Cartuja cuyo uso y gestión siguen discutidos. Por lo demás, Andalucía sigue a la cola de las regiones de España y Europa en lo fundamental.

Coordinación S. A. no se había presentado al concurso inicial, pero gracias a las relaciones de los hermanos De Coca con Jacinto Pellón le fue adjudicado a dedo el contrato definitivo para la construcción de los módulos prefabricados. Los accionistas de Río Cocón pidieron ir al Parlamento a explicar su caso, algo que no consiguieron. Es más, se les abrieron diligencias por denuncias falsas en un juzgado de Madrid.

Alguien nada sospechoso de hostilidad hacia el PSOE, el ya desaparecido José Enrique Rosendo, exconcejal socialista de El Pedroso (Sevilla), luego empresario de éxito con los ERE de por medio, contó cómo se fraguaron en la Expo 92 algunas carreras empresariales extraordinarias:

[Luis] Portillo hizo fortuna a la sombra de la Expo 92 y luego con la compra y promoción de suelo residencial en Andalucía. Con los primeros dinerillos se alió con algunas cajas andaluzas, y pronto saltó al estrellato al comprar y luego vender, con largas plusvalías, un paquete importante de Metrovacesa. Con ese dinero calentito, más un paquete de suelo recalificado, se hizo con Inmocaral, la antigua Fosforera Española transitada a inmobiliaria en los tiempos de González, que finalmente adquirió Colonial a La Caixa y el 15% de FCC, entre otras proezas.

Como siempre, hay quien lo niega todo y defiende incluso la figura de Jacinto Pellón. Juan Cruz en El País escribió hace poco que nada de lo contado sobre la Expo 92 y Pellón es cierto:

No era verdad; no exigió comisiones, no las obtuvo, no existieron. Lo dijo la justicia, cuando ya él era un hombre al que le había sobrevenido la melancolía del insultado.

Pero ¿qué justicia? Debe de referirse al sumario abierto tras las denuncias del Tribunal de Cuentas y cerrado luego por el entonces juez muy hostil al PSOE de Felipe González Baltasar Garzón, tras ser apartado por aquél de su aspiración ministerial. La memoria no acompaña precisamente a la ciudadanía española y por tanto es casi imposible que se recuerde que cursó comisiones rogatorias a las autoridades judiciales de Chile y de Francia para que le ayuden a localizar a testigos cuyas declaraciones fueron solicitadas por el fiscal del caso Expo 92. Tampoco se recuerda que fueron imputados nada menos que el propio Olivencia –sin explicación alguna–, Jacinto Pellón, Emilio Cassinello y otros varios.

Tras siete años de investigación, en junio de 2003 Baltasar Garzón, a petición del entonces fiscal anticorrupción Carlos Jiménez Villarejo, decretó el archivo del caso Expo 92. Garzón señaló en su auto que las diligencias practicadas –entre ellas, seis comisiones rogatorias– no habían demostrado la existencia de delito alguno. Por tanto, nadie ha explicado por qué se pagaron 6.500 millones de pesetas a la sociedad suiza Telemundi, ni quién se benefició de esos pagos ni quiénes eran los verdaderos dueños de Telemundi, o si se desvió dinero de esta sociedad a la Filesa suiza. Estas y otras muchas preguntas, subrayó El Mundo, quedaron sin respuesta tras la decisión de Garzón de archivar la causa.

Sin embargo, Telemundi era una empresa suiza sin relevancia para la gestión de grandes eventos en cuyo Consejo de Administración aparecieron personas vinculadas con el PSOE y la UGT, además de otras relacionadas con los poderes fácticos españoles, Monarquía inclusa. Todo ha quedado enterrado por los siglos de los siglos.

Puede debatirse ahora, 25 años después, la calidad de la herencia de la Expo 92. Puede ponerse en duda si fue o no un éxito de imagen para la España de las Olimpiadas de Barcelona. Lo que no puede discutirse es que Andalucía, ya enferma de irregularidades por la gestión de un socialismo tejedor de una particular tela de araña, pasó a ser considerada la región de España con más corruptos por metro cuadrado, imagen que se hubiera mantenido hasta hoy de no haberse revelado con claridad –caso Pujol y otros de por medio– que la corrupción es un cáncer que afecta a la democracia española en su conjunto.

De toda aquella parafernalia de la Exposición quedaron el AVE y un suelo público en la Isla de la Cartuja cuyo uso y gestión siguen discutidos. Por lo demás, Andalucía sigue a la cola de las regiones de España y Europa en lo fundamental.

Ayn Rand, un pensamiento histérico
Pío Moa Gaceta.es 29 Julio 2017

¿Qué habría pasado si los políticos de la transición hubieran conocido la realidad ideológica e histórica del separatismo catalán (y del vasco)? Seguramente la historia posterior habría sido muy distinta. Porque el problema es en gran medida la ignorancia o incultura histórica de la gran mayoría de los políticos y periodistas españoles, excepciones aparte. En Una hora con la historia le hemos dedicado dos sesiones: https://www.youtube.com/watch?v=cdAZ8yrdPLo&t=4s, y
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Los grandes creadores, pensadores, artistas, científicos, inventores, estuvieron solos contra los hombres de su época. Cada nueva idea fue rechazada, cada nuevo invento fue denunciado, pero los hombres con visión de futuro siguieron adelante. Lucharon, sufrieron y pagaron, pero vencieron.

Aunque, en general, estoy bastante de acuerdo con Lead, esta frase que cita no entra, desde luego, en las granhttps://www.youtube.com/watch?v=93OT_QPP4rQ&t=9sdes creaciones del pensamiento. Me parece, en realidad, una estupidez. Ha habido “grandes creadores” enfrentados en distintos grados a su medio, y otros a quienes les ha ido muy bien en él. Como pasa siempre. Si juzgamos por sus efectos históricos, Marx fue un gran creador, y Lenin otro. Y se enfrentaron a la sociedad, sufrieron, etc., y vencieron, al menos pasajeramente (pero todas las victorias humanas son pasajeras). No sabemos de grandes enfrentamientos con la sociedad a causa de sus ideas, por parte de Cervantes, de Newton, de Bach, de Colón, de Einstein, de Pasteur, de Aristóteles, etc., etc. Normalmente, los innovadores han encontrado gente que les apoyaba y gente que les rechazaba, algo que ocurre con todo el mundo, por lo demás.

Oponer así al individuo y la colectividad, lleva al pensamiento histérico tipo Ayn Rand. El individuo no se concibe al margen de la colectividad, y esta no es más que la suma o más bien combinación de sus individuos. Sin embargo la sociedad humana no se parece a una colmena, y existe por tanto una tensión entre cada individuo y la sociedad en conjunto. Si esa tensión se extrema por el lado del individuo, la sociedad se descompone; si se extrema por el lado contrario, el individuo queda aplastado. Las evoluciones sociales pueden describirse –al menos en parte– por esas tensiones. Probablemente el liberalismo, (basado en la idea, de raíz cristiana, de que la persona tiene ciertos derechos por encima del poder político o colectivo), es la solución más exitosa hasta la fecha, pues mantiene suficiente cohesión social con un grado de libertad individual mayor que otros sistemas. Se ha solido acusar al liberalismo de propiciar la disgregación social y, por compensación, los bandazos totalitarios; pero las sociedades que más se han atenido a los principios liberales son, hasta la fecha, las que más han prosperado cultural y económicamente.

Por otra parte es muy lógica la resistencia de la colectividad a las innovaciones. Cierto que todas las ideas, invenciones y obras de arte o pensamiento tienen padre, es decir, las ha creado algún individuo. Pero la mayoría de las ideas de los individuos son malas, mediocres o disparatadas. No solo existe una multitud de idiotas con ideas, sino también de inteligentes con ideas idiotas. Si se aceptara todo lo que se le ocurre a cualquier individuo, la sociedad se desmoronaría. Es precisa una depuración de iniciativas, y aun así, a veces las sociedades adoptan ideas absurdas. Ahora mismo triunfan en España las necedades de Zapo y su banda, que no dejan de ser individuos.

Tampoco es cierta esa oposición imaginada por Ayn Rand entre la sociedad y la iniciativa individual. Por mencionar la Revolución Industrial, ejemplo que emplea Lead de preferencia, las invenciones que la hicieron posible fueron aceptadas rápidamente, con poca oposición y amplia recompensa para sus promotores, y a pesar de su elevado coste: contaminación de ciudades y zonas rurales, o masas de trabajadores empleados en pésimas condiciones (el argumento de que antes, en el campo, estaban peor, solo vale a medias: previamente esos trabajadores habían sido expulsados por la fuerza de las zonas agrícolas donde subsistían, quedándose sin otro recurso que aceptar el trabajo fabril de cualquier modo).

Otro aspecto que parece olvidar Lead es que una idea individual solo puede tener éxito en condiciones creadas previamente por la colectividad, es decir, por la combinación de sus individuos. De otro modo, la iniciativa se pierde, y seguramente se habrán perdido así muchas. Y otro punto clave es el de las élites: dentro de la sociedad se forman espontáneamente una multitud de élites: políticas, económicas, científicas, artísticas, informativas, etc., que casi siempre tienen algo o mucho de oligarquías. Estas sirven de cauce a unas ideas y tendencias, y de freno a otras.

En fin, el colectivismo nunca lo es del todo, ni el individualismo se da sin fuertes límites. El marxismo, ideología colectivista, se fundamenta en una aspiración a dotar a los individuos de una vida más plena, libre, variada y productiva. Claro que cuando se trata de qué entendemos por plenitud, libertad, etc., ya empiezan los problemas.

He leído únicamente dos libros de Ayn Rand: Capitalismo, el ideal desconocido y La virtud del egoísmo, y estoy básicamente de acuerdo con sus ideas. Es más coincido plenamente con su idea fundamental: el hombre tiene que intentar valerse por sí mismo y ser fundamentalmente el autor de sus logros, lo contrario es charlatanería demagógica y parasitismo sociata”. Que el hombre (el individuo) se valga por sí mismo es, no ya un ideal, sino una casi universal realidad . Salvo algunos parásitos privilegiados, la inmensa mayoría de los hombres se ha sustentado siempre sobre su propio esfuerzo (dentro de una colectividad). Dicho esto, la idea de que el individuo sea fundamentalmente el autor de sus logros es una aspiración absurda (lo que P. Diel llamaba “tarea excesiva”, engendradora de males). Viene a ser como la tontería corriente de que no debe creerse más que lo que uno mismo ha investigado. Cualquier logro que un individuo consiga se apoya en millones de logros de millones de individuos a lo largo de la historia, y solo cobra relevancia en el contexto colectivo. Además, el individuo no solo alcanza logros, sino una proporción muy alta de fracasos y frustraciones. Cuando imagina deberse a sí mismo, en exclusiva, sus éxitos, corre más aprisa al fracaso; y la culpa del fracaso, en una reacción muy frecuente, la carga sobre la colectividad que no le “comprende” o le “sabotea”. Por ahí llegamos a la teoría de Max Stirner, muy interesante en su absurdo. La relación, tensión, entre el individuo y la colectividad, es distinta y más compleja de lo que suponía Ayn Rand.

El discurso de su héroe H. Roark me parece un dislate de principio a fin. “El individuo está armado solo con su clarividencia”. “Su cerebro es su única arma”. Nada más lejos de la realidad. El individuo llega al mundo con una multitud de dones (e insuficiencias y taras), unos regalados por la naturaleza (por los dioses) y otros por la sociedad. De estos últimos, cosas tan imprescindibles y de tanto alcance como un sistema de interpretación del mundo, un idioma inteligible a los demás, capacidades técnicas que un individuo solo jamás crearía, posibilidades de trabajar, de casarse o formar una familia si quiere –pero es una tendencia en principio difícil de resistir– etc., etc. Ayudas y regalos sin las cuales no podría hacer NADA. Sin olvidar que las personas que piensan de otro modo que Roark-Rand son tan individuos como él mismo. Y es muy raro, insisto, que un gran creador haya tenido que enfrentarse a la sociedad en pleno o en parte importante.

Lo de Rand es un relato ajeno a la realidad histórica, empezando por su fabulación mítico-histérica de que el inventor del fuego fuera asesinado (¿y el de la rueda?, ¿o de la irrigación artificial?, ¿o del cero?, etc.) Es muy dudoso que los innovadores técnicos y científicos, en general, hayan sido alguna vez crucificados. Galileo fue protegido y apoyado por el clero en sus experimentos, y probablemente no habría recibido ninguna condena si no hubiera mostrado hacia sus protectores tal arrogancia que les indujo a ver consecuencias filosófico-religiosas en algunas de sus tesis. Se podría hablar de Giordano Bruno o de Miguel Servet, pero estos no fueron condenados por ninguna innovación científica o técnica, sino por razones político-religiosas. Generalmente las innovaciones son miradas con algún recelo al principio –y no por todos–, para ir siendo adoptadas cuando se demuestra su utilidad, pues a menudo no la tienen o traen consecuencias perjudiciales. La mayor oposición social no la suscita ese tipo de innovadores, sino los innovadores morales, de los que Jesucristo es el paradigma máximo (Sócrates podría ser otro). Pero incluso ahí los ejemplos no abundan.

También parece falsa la idea de que “no hay tal cosa como el cerebro colectivo”. La cultura de una sociedad (idioma, creencias generales, capacidad técnica, costumbres, arte, etc.) opera como un cerebro colectivo, producto de las ideas de millones de individuos, en el cual se desenvuelven mejor o peor los cerebros individuales, que a su vez van modificando aquel. Ningún cerebro individual podría desarrollarse al margen de un medio colectivo-cerebral.

Ayn Rand apunta a una especie de religión de la técnica, invocando para dramatizarla un conflicto, inexistente tal como ella lo plantea; o existente en términos por lo demás lógicos: no todas las innovaciones, repito, ni siquiera las técnicas, son realmente útiles o sin efectos dañinos. Como pasa con las hipótesis científicas, la mayoría resultan falsas, y es la experiencia, basada en una natural desconfianza de principio, la que decide los casos.

La experiencia soviética tuvo mucho que ver en la “filosofía” de Ayn Rand, pero de una experiencia pueden sacarse conclusiones falsas. Dudo que a Rand se la pueda incluir en la corriente liberal. O que pase a la historia como pensadora de algún fuste.
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No hay historia más tergiversada y falseada que la de España: :pic.twitter.com/OxBMnbqIOO


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Un silencio atronador
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 29 Julio 2017

La voluntad compartida de romper España explica la entusiasta acogida que el bloque secesionista tributó al etarra Arnaldo Otegi en el Parlamento de Cataluña.

El predicador Francesc-Marc Álvaro estampó un sermón contra los políticos y periodistas que, a su juicio, "hacen uso de la libertad de opinión para mentir" ("La postopinión", LV, 13/7). Su filípica es implacable:

El buen comentario –regla elemental– se basa siempre en la buena información (…) La subjetividad imprescindible del opinador no le habilita para desfigurar la realidad.

Impecable. Pero ¿se ciñen Álvaro y sus cofrades de la cruzada secesionista a estos imperativos categóricos?

El predicador se ensaña
Vayamos a los hechos. Lo que movió al predicador a ensañarse con los herejes fue una afirmación rotunda de Jaime Mayor Oreja:

El proyecto de ETA, el proyecto de ruptura con España, está vivo. Está vivo en Cataluña. Porque ETA no es solo una organización terrorista, es un proyecto político de ruptura. Nació para romper España.

Álvaro clama: "Mayor Oreja miente y lo hace deliberadamente, porque no es un ignorante en estas materias". ¿Olvida el gran inquisidor que en ese mismo texto había reclamado buena información y había inhabilitado a quienes desfiguran la realidad? Pues es él quien miente y lo hace deliberadamente. Porque sabe, como todo el mundo, que, en ausencia del presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall, su reemplazante transitorio, el entonces consejero Josep Lluís Carod Rovira, se reunió clandestinamente con el capo de los asesinos etarras, Josu Ternera, y pactó con él una tregua exclusiva para el territorio de Cataluña. ¿Qué tenían en común? La voluntad de romper España.

La voluntad compartida de romper España explica la entusiasta acogida que el bloque secesionista tributó al etarra Arnaldo Otegi en el Parlamento de Cataluña, donde le dio la bienvenida el presidente autonómico, Carles Puigdemont. Y mientras escribo estas líneas se prepara la actuación conjunta del histrión esquerrano Joan Tardà y el citado Arnaldo Otegi el 26 de julio en el Teatro Principal de Lérida.

Los escribas del secesionismo son expertos en mentir y desfigurar la realidad. Pero lo son aun más en ocultar los hechos que ponen en entredicho sus fabulaciones. Cuando los observadores ecuánimes les ponen delante de las narices las pruebas de que sus quimeras no se tienen en pie y son impracticables, carecen de argumentos racionales para defenderse, callan o se van por los cerros de Úbeda. Basta recordar, en este contexto, el papelón que hizo Oriol Junqueras cuando Josep Borrell lo machacó en 8TV desmenuzando, una por una, las falacias que aquel había sacado de la chistera.

Difamaciones barriobajeras
El silencio de los exegetas del secesionismo es atronador cuando sus interlocutores les plantean objeciones prácticas. Son especialistas en la retórica de los agravios históricos, de los hechos diferenciales, de los balances trucados, de las delimitaciones territoriales y de las peculiaridades folclóricas, todo ello sumado a difamaciones barriobajeras contra los compatriotas españoles, pero huyen despavoridos cuando oyen palabras como Catexit u otras con resonancias técnicas. Que son las únicas que guardan relación con el futuro. Sin embargo, el mismo Álvaro deja filtrar una reflexión que pone al descubierto la magnitud del desbarajuste que él y sus jefazos han montado a espaldas de la sociedad catalana con el pretexto de la utópica independencia:

En el referéndum del Brexit, fueron tan determinantes las informaciones falsas que el resultado siempre será sospechoso. (…) Vivimos el asedio de la posverdad, los efectos de la política posfactual y la efervescencia (en medios y en redes) de la postopinión, que es puro carnaval.

Si Álvaro reconoce que en el referéndum del Brexit fueron determinantes las informaciones falsas, ¿qué se puede decir del referéndum del 1-O, jaleado por un coro de émulos locales de Boris Johnson, Nigel Farage y Marine Le Pen? Rebusco en las hemerotecas y no encuentro, en ese coro, a nadie que aborde con un mínimo de seriedad los obstáculos con que tropieza este "puro carnaval".

Telarañas mentales
Después del fiasco estrepitoso de Junqueras en su choque con Borrell, ninguno de los intelectuales orgánicos del procés se atrevió a abordar el problema de fondo: la salida inevitable y automática de la Unión Europea. Lógicamente, los mamporreros anticapitalistas de la CUP la saludan complacidos, porque la llevan en su programa. Pero es suicida el silencio cómplice del agitprop catalibán (Le Monde dixit). Un silencio atronador que escandaliza doblemente porque choca con las voces de quienes expresan los ideales y los intereses de la sociedad civil catalana, y además están angustiados por la amenaza de romper los vínculos materiales con España y Europa. "Catalunya no puede estar ni por un momento, ni por un segundo, fuera de Europa", dictaminó Miquel Valls, presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona, en el canal de noticias 3/24 ("Cataluña hace saltar las alarmas de las empresas", El País, 23/7).

Estas voces, a diferencia de las divagaciones esotéricas de los embaucadores, llegan cargadas de mensajes documentados y veraces. Son irrefutables y por eso los salvapatrias evitan polemizar con ellas. Es imposible contradecir a Francesc Granell cuando escribe, con un poder didáctico suficiente para traspasar las telarañas mentales de los más estólidos secuaces de Gabriel Rufián ("Sitges y la Unión Europea", LV, 3/6):

Desde el Tratado de Lisboa, un Estado miembro que quiera dejar de ser miembro de la UE, puede solicitar salirse ella, como es el caso, ahora, del Reino Unido, pero no existe procedimiento de expulsión. Tenía razón, pues, el vicepresidente Junqueras cuando dijo en Sitges que no existe ningún mecanismo previsto para expulsar a un Estado miembro de la Unión Europea. Esto es así, pero lo que no dijo –pese a que debería saberlo porque fue eurodiputado español del 2009 al 2012– es que Catalunya no podría ser expulsada de la Unión Europea por la sencilla razón de que, como tal, Catalunya nunca ha sido miembro de ella. Catalunya (…) no figura entre los firmantes de los tratados europeos y, como consecuencia de ello, Catalunya solo está en la UE porque forma parte del Reino de España.

Es una lástima que la Generalitat no haya aprovechado la reunión de Sitges para empezar a informar oficialmente a los catalanes de las cosas como son y no como el desiderátum separatista querría que fueran.

Pura jeremiada
Mientras el silencio de los chisgarabís de la desconexión es atronador, la sentencia de Granell tiene el respaldo explícito y elocuente del ágora internacional: Merkel, Juncker, Macron, Antonio Tajani –presidente del Parlamento Europeo–, la Comisión de Venecia, ¡y la ONU! (El País, 26/7), lo ratifican un día sí y otro también: "Un Estado catalán estaría fuera de la UE" (LV, 15/7). Si, como escribió Álvaro, "el buen comentario –regla elemental– se basa siempre en la buena información", esta brilla por su ausencia en sus arengas y las de sus camaradas. Pura jeremiada, pura postopinión.

Y por si esto fuera poco, nos encontramos con que nuestros postopinadores tampoco se dan por enterados de los juicios negativos que emiten, contra las leyes de transitoriedad y desconexión, los órganos jurídicos de la misma Generalitat: el Consell de Garanties Estatutàries y el letrado mayor del Parlament. Su indigencia de argumentos los empuja a poner nuevamente en escena a Oriol Junqueras. Tras ser el hazmerreír frente a Borrell, hace otro papelón (LV, 16/7):

En el furor del momento, el vicepresidente Oriol Junqueras llegó a decir con solemnidad que la autodeterminación es "el primero de los derechos humanos". Y no, claro. El primero, artículo 3 de la Declaración de los Derechos Humanos (el 1 y el 2 son consideraciones sobre la universalidad de estos derechos), dice: "Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre, la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas".

En cambio, los pactos sobre autodeterminación de Nueva York (1966), a los que quiso aludir Junqueras desde su inanidad, contienen un inciso que demuele las pretensiones de los secesionistas:

Todo intento encaminado a quebrantar total o parcialmente la unidad nacional y la integridad territorial de un país es incompatible con los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas.

¿Qué opinan de toda esta buena información los postopinadores del régimen? Silencio atronador.

Señuelos irracionales
Por favor, basta de mitomanías supremacistas, con apelaciones épicas y obsesivas a naciones milenarias y paraísos feudales. Esos fueron los señuelos irracionales con que movilizaron a las masas Hitler, Mussolini, Stalin y Franco. Vayamos a los hechos. Buena información y debates instructivos sobre la realidad presente y futura. Y elecciones parlamentarias con partidos que den garantías de que cumplirán lo que prometen: salvaguardar la unidad de España y el bienestar de los españoles, si son constitucionalistas, o consumar la ruptura con España y Europa, con todos los desastres comprobados del Brexit, trasladables al Catexit, si son secesionistas.

La ciudadanía ilustrada no tolerará astucias, ni triquiñuelas, ni mamarrachos plurinacionales importados de la arcaica Bolivia pluritribal. Clar i català, por el bien de todos.

PD: Mientras un cirujano practica una operación muy delicada, entra en el quirófano un guardia urbano y lo interrumpe para informarle de que su coche está mal aparcado. Esto es lo que sentí al presenciar la declaración del presidente de Gobierno ante la Audiencia Nacional.

Catetada nui
Borja Gutiérrez Gaceta.es 29 Julio 2017

Esta semana hemos vuelto a constatar el fracaso de esa catetada nacionalista que consiste en que en otros países del mundo aparezca un fulano que te dé la razón a todo lo que le dices. Lo de menos es su relevancia institucional o social, cuando de lo que se trata es de que alguien se convierta en un abajo firmante. El Gobierno de Cataluña ha gastado mucho dinero público -el de todos, nacionalistas o no- en eso que ellos han llamado de forma cursi “la internacionalización del procés”, y que ha llevado al loco Carioco de Puigdemont y a su fiel Romeva a pegarse durante un año y medio una gira por algunos países buscando convencer, al primero que pasara por la calle, de las bondades de su proyecto, el de romper España y su máxima Ley: la Constitución.

El resultado ha sido demoledor: ningún país ha apoyado a los secesionistas. Oiga, ni las Islas Feroe o Panamá, que para Jordi Pujol fueron en su día un ejemplo de independentismo, aunque luego descubriéramos que en el fondo la madre superiora y él eran más andorranos de corazón.

Sin duda, tal catarata de apoyos internacionales ha sido un éxito sideral del autodenominado “ministro de Exteriores catalán”, señor Romeva, el mismo que hasta hace unos años lanzaba duros ataques a Convergencia cuando era eurodiputado en Bruselas, donde Puigdemont hizo uno de sus mayores ridículos internacionales, dando una conferencia con público de relleno “de casa” y sin que ninguna autoridad europea fuera a escuchar las sesudas palabras del líder del procés. O en Estados Unidos, donde a costa del bolsillo de los catalanes se reunió con el expresidente Jimmy Carter, aquel productor de cacahuetes que duró una presidencia, y que en una visita a Madrid cenó churros con chocolate, y tras cuya reunión le dijo a Puigdemont que en la cuestión de Cataluña no se iba a involucrar.

Y claro, como no hay mayor catetada nui que el hecho de que alguien del extranjero se convierta en abajo firmante, el loco Carioco y los suyos se han pasado el último año tratando de recoger firmas de ilustres personalidades de la cultura que apoyaran la secesión. Y sólo han encontrado a personajes como Silvio Rodríguez, ese que cuando murió Fidel Castro concertó una entrevista con la televisión cubana, y cuando la periodista, muy educada, le saludó dándole los buenos días, respondió con aquello de “no son buenos los días”, y se largó sin dirigir más la palabra a los periodistas; o la ínclita Yoko Ono, que no contenta con haber contribuido a la ruptura de The Beatles, ahora firma para romper España. Y ese manifiesto, con todos los abajo firmantes extranjeros, se hace público un día después de que aparezca en un periódico un reportaje del escritor Juan Cruz entrevistando a cantantes y escritores catalanes como Serrat, Marsé, Coixet o Mendoza, que se posicionan claramente en contra del referéndum.

Vaya por delante que yo no soy muy partidario de los manifiestos por el simple hecho de que los abajo firmantes sean artistas, o ese término tan pedante de “intelectual”. Porque ciudadanos lo somos todos. Con independencia de la profesión que se tenga. Y por eso a mí me parece igual de respetable la opinión de un albañil que la de un cantante. Pero basándonos en el trasfondo de lo que ha pretendido el nacionalismo catalán, gritando a los cuatro vientos el apoyo de tales artistas extranjeros, uno se pregunta: ¿En qué momento el independentismo se volvió tan demencial que prefiere el apoyo de Yoko Ono y guarda silencio frente a la opinión contraria de Joan Manuel Serrat?

La única respuesta es que desde hace mucho tiempo el independentismo catalán vive en una permanente huida hacia adelante. Sólo así se explican golpes de Estado como la aprobación hace unos días de una medida que permitirá aprobar leyes secesionistas en un sólo día, por la vía de urgencia y en lectura única. Es decir, acortando hasta dejar en la práctica inexistencia el debate parlamentario y vetando la presentación de enmiendas por parte de la oposición. Una cacicada bolivariana sólo comparable a las que protagoniza Maduro en Venezuela, para saltarse el control de cualquier organismo fiscalizador, y que pretende ahora hacer otra Constitución más a su medida aún. Pero claro, cualquier cosa es esperable de un president como Puigdemont que ya ha dicho que si el Tribunal Constitucional le inhabilita, el seguirá gobernando. A ver si así el secesionismo le convierte en un mártir cuando le saquen a rastras de la Plaza de Sant Jaume y consigue que le pongan una estatua al lado de la Virgen de la Moreneta.

La verdad es que nunca los radicales independentistas podían haber aspirado a tanta locura, ni hacer que el Gobierno de Cataluña cayera tan bajo. Pero a la espera de que los ciudadanos catalanes les pongan en su sitio en unas urnas de verdad, y no de cartón, lo que queda es recordarles aquella cita de Goethe que decía que a veces las personas son tan limitadas de mente, que creen siempre tener la razón. Y Puigdemont y los suyos son de esta clase de personas.


Así manipulan los separatistas: dicen en un folleto que “sólo la independencia garantiza las pensiones”

Gonzaga Durán okdiario 29 Julio 2017

La independentista ANC (Asamblea Nacional Catalana) está distribuyendo en los últimos días folletos por varias empresas catalanas en los que se asegura que “sólo con independencia se pueden garantizar las pensiones”. Los impresos llevan la firma de ‘Ferm Futur’, vinculado a la asociación nacionalista.

En el mismo folleto se augura que durante el presente año “el Fondo de Reserva de la Seguridad Social y el Estado ya no podrá pagar las pensiones o deberá endeudarse aún más”, alegando a su vez que “el agujero de la Seguridad Social española se hace cada vez más grande”.

Para tratar de explicar esta predicción, se aportan datos sacados del Instituto Nacional de Estadística. En el impreso se afirma que durante el periodo de 1995 hasta 2010, la Seguridad Social en Cataluña tuvo un balance positivo de 24.773 millones gracias a 12 años de superávit.

Frente a esto, se esgrime que en el resto de España, durante el mismo periodo, se registró un balance negativo de 86.334 millones de euros, con tan sólo 5 años de superávit. “Esto es porque en Cataluña trabaja más gente con cotizaciones más altas”, se recalca en el panfleto.

La principal conclusión de este folleto es que la “República Catalana los pensionistas y subsidiados podrán tener garantizados los ingresos”. También se sostiene que en una supuesta Cataluña independiente, “el Estado español tendría la obligación legal de pagar las pensiones”.

Para terminar, aparece una frase con un error gramatical y otro de conjugación verbal: “Si lo incumpliese, las pagaría la Generalitat porqué las leyes de transitoriedad jurídica y de protección social catalanas así lo regularan”.

Una Cataluña independiente recortaría un 15% sus pensiones
No obstante, un informe elaborado por Convivencia Cívica Catalana y publicado por OKDIARIO, desmiente rotundamente los datos aportados por la ANC. En primer lugar, la Comunidad Autónoma más deficitaria de España para la Seguridad Social en 2015 fue Cataluña, con 3.193 millones de euros de déficit.

Este documento, confeccionado con datos expuestos por la Intervención General de la Seguridad Social, indica que la Seguridad Social es desde hace años significativamente deficitaria en Cataluña principalmente por 3 motivos.

El primero es que el ratio fundamental para la sostenibilidad del sistema, es decir, la relación entre afiliaciones y pensiones, es inferior en Cataluña (1.98) que en el resto de España (2.06). La segunda razón es que la pensión media que paga el Estado a los pensionistas catalanes es más elevada (un 4%) que al resto de pensionistas españoles.

El último motivo es que el número de pensionistas en Cataluña es sustancialmente superior al correspondiente a su población. “En Cataluña reside sólo el 15,9% de la población española, pero, sin embargo, se cobran el 17,9% de todas las pensiones que paga el Estado”, se especifica en el mismo informe.

Pero el principal dato que ofrece Convivencia Cívica y que desmonta por completo los argumentos de la ANC es el siguiente: “una Cataluña independiente sufriría un recorte en sus pensiones del 15%”.

“Una hipotética Cataluña separada del resto de España consideramos que las pensiones sufrirían una disminución del 15% si fueran sólo sufragadas con las cotizaciones de los afiliados catalanes y sin aportaciones de la Seguridad Social estatal. Ello significaría que la pensión media de un pensionista catalán bajaría en 144 euros mensuales“, concluye el dossier.

 


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