AGLI Recortes de Prensa   Martes 1 Agosto 2017

El oscuro secreto del secesionismo
Javier Benegas vozpopuli  1 Agosto 2017

El pasado jueves 27 de julio, en la tercera del diario ABC firmaba Antonio Garrigues Walker la pieza titulada "Una solución digna y civilizada". Con un equívoco tono moderado, el autor apelaba al entendimiento y el diálogo entre los catalanes y el resto de españoles. En realidad, el ruego iba dirigido al gobierno del Estado español y, a lo que parece, en nombre de la Generalitat.

La pieza generó gran indignación, ya que no sólo abundaba en la supremacía catalana, sino que, en base a este argumento, exigía al Estado español una compensación. Así, la pieza nos regalaba párrafos de la siguiente factura

“Cataluña tiene que sentir la profunda admiración del resto de España por todo lo que ha hecho –más sin duda que ninguna otra comunidad– en el proceso de desarrollo, modernización y enriquecimiento de nuestra vida democrática, económica y cultural. Sin Cataluña hubiera sido absolutamente imposible alcanzar el grado de progreso actual. Cataluña tiene que sentir además que respetamos sin reservas –e incluso con cierta envidia– la pasión por su identidad, por su lengua, por su cultura, por su historia y también sus deseos de alcanzar las máximas cotas posibles de autogobierno.”

Podríamos, como muchos articulistas han hecho, indignarnos o recurrir a invertir los términos y afirmar, con mucho más fundamento, que el concepto de España debería ser respetado y valorado por todos. Que Cataluña jamás habría sido la región próspera y pujante que en su día llegó a ser si no hubiera sido por la nación española. Y que los nacionalistas catalanes deberían respetar la pasión que los españoles tienen por su identidad, por su lengua, por su cultura y por su historia. Pero esto sería abundar en un debate trillado. Es hora de ir más allá y desvelar el oscuro secreto del nacionalismo.

España como tabú
Lo primero que conviene aclararle aGarrigues Walker, y a otros muchos que se prestan a ejercer de dragomán, es que, durante la Transición, la idea de España como nación se convirtió en tabú, incluso la mera denominación quedó proscrita. De hecho, para evitar pronunciar la palabra prohibida, empezaron a utilizarse diferentes acepciones, como “este país”, “el Estado español” o “el gobierno de Madrid”. España fue degradada a la categoría de mera Administración que, claro está, se troceó convenientemente, estableciéndose de manera formal una jerarquía administrativa que, sin embargo, podía ser renegociada informalmente una y otra vez. Por eso, cuando Pedro Sánchez afirma que España es una nación de naciones lo que nos dice en realidad es que es España es, a lo sumo, una administración de administraciones.

Esta conversión de la nación en un concepto puramente administrativo y enajenado de la comunidad fue utilizada por la oligarquía catalana para, de manera progresiva, convertir su demarcación territorial en administración independiente. Y aquí es oportuno citar la última frase del párrafo de Garrigues Walker, donde propone como solución “alcanzar las máximas cotas posibles de autogobierno”. Porque ¿qué otra cosa puede significar “las máximas cotas de autogobierno” sino la independencia?

El nacionalismo es contracultura
"Hay que cambiar no ya cuarenta años, sino quinientos años de la Historia de España". Esta frase, pronunciada por Jordi Pujol el 10 de junio de 1979, desvela el oscuro secreto de un nacionalismo que, al contrario que el viejo catalanismo, no tenía como fin preservar los particularismos culturales, sino destruir una identidad española que en esencia era también la catalana.

El nacionalismo es, por tanto, un movimiento intrínsecamente contracultural. Tan contracultural como lo fue la “New Left”. O como hoy lo siguen siendo unas mutaciones de las que el propio Theodor Adorno abjuró en la década de los 60.

En efecto, el nacionalismo catalán ha progresado bajo las reglas de la Corrección Política que dividen a los individuos en víctimas y verdugos, grupos fuertes y grupos débiles, y con las que numerosos grupos de interés someten a la sociedad. El recurrente y falso victimismo de los nacionalistas lo certifica.

¿Es Jordi Pujol un marxista? Sí, pero de Groucho Marx
La corrección política es considerada como una suerte de marxismo cultural. Se vincula su origen a la Escuela de Fráncfort y su Teoría Crítica. Sin embargo, hablar de marxismo cultural es un reduccionismo que no se corresponde con la realidad. Cierto es que cuando el desarrollo tecnológico y la evolución social dejaron inservible la teoría de la confrontación entre proletarios y capitalistas, la izquierda tuvo que idear nuevos grupos de explotadores y explotados, opresores y oprimidos, verdugos y víctimas. Sin embargo, la Corrección Política ha terminado propagándose por todo el espectro político.

Tiene su lógica. Tanta discriminación por resolver, tanta víctima por resarcir justifica la intervención arbitraria de los políticos y, también, abre la puerta a un ejército de expertos, académicos y burócratas que, por sí sólo, impulsa una industria siempre ávida de recursos que, de otra forma, no se podría justificar. Una máquina de ingeniería social que se sirve a sí misma y que crea infinitas oportunidades de negocio a costa de una sociedad cada vez más polarizada, alienada e infantil.

En este nuevo contexto, la opresión, la división entre víctimas y verdugos ha adoptado formas cada vez más nebulosas, difíciles de apreciar de manera inequívoca, incluso de demostrar, que la clásica explotación del trabajador. Esta confusión es lo que ha permitido la entrada de nuevos jugadores. Primero, en efecto, fueron las mutaciones de la vieja izquierda. Pero más tarde otros grupos, como los nacionalistas, que vieron en la dinámica de la Corrección Política la forma de alcanzar sus objetivos. De ahí la proliferación de retorcidas y destructivas teorías sociológicas que la gente acaba asumiendo tras abrumadoras campañas de propaganda. Incluso disparates como la “plurinacionalidad” que demuestran cómo, en esta industria emergente, no existen límites a la imaginación.

Así, el nuevo feminismo no busca como antaño la igualdad, sino la identificación de la mujer como grupo víctima al que hay que proporcionar un orden legal diferenciado y, en consecuencia, una dotación presupuestaria siempre creciente. O la defensa de un multiculturalismo que no pretende la integración del forastero, sino su derecho a la segregación cultural al albur de políticas sociales con una sed insaciable de recursos. Todo esto, además de convertir el feminismo, el multiculturalismo y el nacionalismo en negocios políticos, ha liquidado el principio de la igualdad ante la ley, cualquier marco de entendimiento común y, en consecuencia, la comunidad que da lugar a la nación.

Hoy es más acertado hablar de contracultura que de marxismo cultural, puesto que de la Corrección Política se sirven grupos de interés que no es que carezcan de raíces marxistas, es que son incompatibles entre sí. Su único denominador común es, precisamente, la Corrección Política. El nacionalismo catalán es uno de estos grupos. De hecho, cuando Jordi Pujol pronunció aquella frase en 1979, el movimiento nacionalista catalán era bastante menos que marginal, y la sociedad catalana, aun con sus particularismos, era profundamente española. Lo lógico es que, con el tiempo, el nacionalismo hubiera desaparecido por completo. Hoy, sin embargo, el secesionismo se ha convertido en una amenaza tan disparatada como real.

Pero los viejos nacionalistas en el pecado llevan ya la penitencia. Al fin y al cabo, además de aflorar su corrupción, era cuestión de tiempo que la apuesta de la oligarquía catalana por depurar su identidad española la dejara a merced de una izquierda loca que, además de ser pura y dura contracultura, ha probado las mieles del presupuesto.

Lamentablemente, mientras la integridad territorial de España se ve seriamente amenazada, todos los partidos políticos han considerado prioritario dedicar sus esfuerzos a suscribir un Pacto de Estado contra la Violencia de Género… en uno de los países del mundo donde este tipo de lacra es más residual. Es decir, mientras los turcos asaltan la ciudad, el emperador Constantino discute con los teólogos sobre el sexo de los ángeles.

La ominosa farsa del criminal Maduro y la repugnante extrema izquierda española
EDITORIAL Libertad Digital 1 Agosto 2017

Pedro Sánchez debería volver a tenerlo claro y prohibirse cometer el peor de los errores de su vida política. Tendría consecuencias devastadoras.

La votación ilegítima bochornosamente escenificada este domingo por el régimen del sanguinario Nicolás Maduro es consecuencia de la desesperación de un tirano tan tramposo como estúpido (qué momento, el de su votación) que se sabe arrinconado. Desde que, el 6 de diciembre de 2015, perdiera las elecciones legislativas, todas las acciones del régimen liberticida que padecen los venezolanos han estado destinadas a dinamitar definitivamente las instituciones del país sudamericano.

Ya lo dijo el propio Maduro infame: lo que no lograran por medio de sus vergonzosamente manipulados procesos electorales lo conseguirían por la fuerza de las armas. La salvaje represión incesante, que sigue segando la vida de venezolanos inocentes, es el reflejo de la orden criminal de acabar con cualquier foco de resistencia democrática.

El infausto referéndum del domingo tenía por objetivo cambiar ilegalmente la Constitución, acabar con el Poder Legislativo e instaurar de una vez por todas un régimen totalitario de inspiración castrista. El montaje fue tan burdo que EEUU, la mayoría de los países hispanoamericanos y la Unión Europea anunciaron que no reconocerían la sedicente Asamblea Constituyente antes incluso de que finalizara la consulta. La comunidad internacional, tan absurdamente cautelosa en otras ocasiones ante los desmanes de Maduro y sus sicarios, ha sido en este caso especialmente contundente, y afortunadamente España se cuenta entre los países que no van a sancionar este nuevo desafuero bolivariano.

Muy otra ha sido la reacción de la extrema izquierda española, de una repugnancia infinita. Mientras aquí se presentan como corajudos luchadores por la libertad que deben hacer frente a un régimen sólo formalmente democrático sometido a los dictados de Bruselas, como los grandes valedores de "los de abajo" y como los peores enemigos de la corrupción, en Venezuela apoyan a una cleptocracia militar enfeudada a la dictadura comunista de La Habana que asesina con total impunidad a decenas de estudiantes y machaca implacablemente a los que nada tienen.

Son lo que parecen ser: la hez de la clase política, enemigos jurados de las libertades y alabarderos de asesinos de la peor especie. Son indignos de tener la menor representación en cualquier institución española, para qué hablar de su intención de llegar al poder solos o en compañía de otros. Pedro Sánchez debería volver a tenerlo claro y prohibirse cometer el peor de los errores de su vida política. Tendría consecuencias devastadoras.

El autobús 2.0: HOBus, la avioneta de HazteOir que sobrevolará las playas
La nave, que cuesta más de 15.000 euros, llevará una pancarta con el lema "Ley mordaza LGTBI: van a por tus hijos www.HOBus.es".

M.E. El Espanol 1 Agosto 2017

HazteOir vuelve a las calle, pero esta vez surcando los cielos. El mensaje transfóbico que pasearon por distintas ciudades españolas ha evolucionado en una pancarta aérea que reza "Ley mordaza LGTBI: van a por tus hijos". La avioneta, denominada HOBus, sobrevolará las playas españolas a partir de mediados de agosto.

Ignacio Arsuaga, presidente de HazteOir, defiende que su objetivo es luchar contra "la Ley mordaza LGTBI de Podemos, una ley que establece una ideología de género en las escuelas de toda España, que atenta contra el derecho de los niños a no ser manipulados", pese a estar todavía pendiente de todo el proceso de tramitación en el Congreso. Los mensajes se enmarcan tras la orden de la Audiencia Provincial de Madrid de levantar la medida cautelar de inmovilización del autobús de la asociación ultracatólica que contenía el lema "Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva".

HazteOír intentará informar a través de una web (www.HOBus.es) del contenido de esta Ley “totalitaria y mordaza, mordaza porque una agencia estatal LGTBI va a poder destruir, requisar libros, publicaciones, páginas web que atente contra los ‘dogmas de género'".

La avioneta cuesta entre 15.000 y 22.000 euros pagados "a través de donativos". La organización ultracatólica asegura que son "100% independientes" y no tienen subvenciones del Estado sino que subsisten a base de los donativos ciudadanos.

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CUP: ¿terrorismo o 'Kristallnacht'?
Pablo Planas Libertad Digital 1 Agosto 2017

El separatismo catalán, cuidadosamente labrado durante décadas en la enseñanza, en los medios y en las instituciones y entidades políticas, económicas y sociales, ha cambiado de marcha. Ahora trabaja a martillazos una vez constatada la ausencia de réplica. En el plano legal, se la pela el Tribunal Constitucional. En el práctico, las juventudes de la CUP han empezado el campamento de verano con el ataque a un autobús turístico. Unos encapuchados amenazaron al conductor y a los pasajeros a punta de cuchillo y les conminaron a desalojar el vehículo, al que pincharon las ruedas y decoraron con la pintada "El turisme mata els barris" en la luna frontal. Mediodía de un jueves al lado del estadio del F. C. Barcelona.

Por un defecto de percepción tal vez provocado por alguna derivada del síndrome de Estocolmo, algunos medios han dado en calificar el asunto como un ataque terrorista una vez trascendido y reivindicado por Arran, la facción acné del conglomerado cupero. ¿Terrorismo?, se asombran políticos y propagandistas soberanistas. Estos fachas no tienen ni puta idea, concluyen en el consell executiu y en el govern paralelo de Mas, Madí y el exterrorista de Terra Lliure Vendrell, que debe de saber de lo que se habla cuando se habla de terrorismo, pues no en balde confesó en la Audiencia Nacional haber colocado en sus años mozos un par de artefactos.

Terrorismo sería si la Generalidad y el Ayuntamiento condenaran y denunciaran los hechos, si los partidos separatistas exigieran a la CUP que renunciara a la violencia y ordenase a sus juventudes que se abstuvieran de emular a sus héroes etarras. Sin embargo, la alcaldesa Colau se alivió de comentar el particular hasta que no le quedó más remedio, cuatro días después, cuando los katxorros de la CUP se ufanaron en el Twitter de la hazaña. Igual que el consejero del ramo en la Generalidad, el flexible Santi Vila (Ana Pastor, la presidenta del Congreso, estuvo en su boda), para quien asistimos a un meridiano caso de mero "vandalismo". En el juzgado de guardia aún esperan la denuncia.

Lo sucedido no es terrorismo, sino las prácticas para jóvenes aspirantes a guardianes de la catalanidad. El turismo, esa chusma extranjerizante, es la pista americana para ejercitar las habilidades propias de los exterminadores de plagas, sean de guiris o de "unionistas". Se distingue y se nota porque que no hay ninguna instrucción policial para detener a los autores del ataque, porque el Ayuntamiento pasapalabra y los mojigatovergentes miran para otro lado mientras en ERC hacen la goma y se les hace el culo gaseosa. "Osti tu, quina passada!". Vía libre para romper cristales.

Los nacionalistas han conseguido quebrar la convivencia y dividir a la sociedad catalana en dos facciones difícilmente reconciliables. Puede que haya referéndum o puede que no. Es lo de menos. La fractura es un hecho insoslayable. La cuerda se ha roto. Una mayoría parlamentaria, que no electoral, impone su dictado con un aparato propagandístico de trazo grueso. Germinan las semillas de la inmersión lingüística, el odio a España, la manipulación mediática, el supremacismo catalanista; el pujolismo, en suma. Quienes no comulgan con el independentismo son parte del problema, españolazos irrecuperables, seres con tara, especímenes de difícil encaje en el Estado catalán.

En su infinita magnanimidad, los dirigentes del proceso, referentes morales de la envergadura de Junqueras, compendios de virtudes patrióticas como Mas y los Pujol, encarnaciones del macizo de la raza catalana tal que Puigdemont i Casamajó, abren los brazos a todo el mundo. En una primera fase, el nivel C de catalán no es indispensable. Ni mucho menos la cuestión de los apellidos. Ahí está el amigo Rufián, qué pasa, nen, pedazo de mirlo blanco entre rulls, turulls, tardás y llachs a capazos. En el barco a Ítaca los charnegos son polizones de conveniencia. Necesitan gente que propague la patraña en español. Lo que pase después, en la república en forma de república, ya se verá. A los nacionalistas gourmet todavía les pica cuando se les recuerda que un tal Montilla fue president. Y eso que no pronunció ni una sola palabra en español durante lo que duró de honorable.

La desconexión
Antonio Burgos ABC 1 Agosto 2017

Se celebró en Sevilla el XXV aniversario de la Exposición Universal de 1992 y la gente volvió a quedar encantada recordando lo bien que se lo pasó, de pabellón en pabellón, en aquella inmensa feria sin abril, mientras los padres explicaban a sus hijos los portentos que se obraron en la cartujana Isla del Tesoro; tesoro en el que muchos pusieron la mano, pero de eso no se ha hablado. En cambio, se ha celebrado en Barcelona el XXV aniversario de los Juegos Olímpicos y no sé a ustedes, pero a mí, como El Piyayo de José Carlos de Luna, me ha dado pena, aunque no me haya causado precisamente un respeto imponente, sino una enorme perplejidad. No tenían que haber celebrado los 25 años de la Olimpiada de Barcelona y mucho menos poner vídeos retrospectivos. Han sido para echarse a llorar. ¿A llorar por qué? A llorar por España, sin ir más lejos. ¿Ustedes saben lo que es que pase Don Felipe de Borbón con la bandera de España y que suene la Marcha Real, y que en un estadio de Barcelona no le piten, ni le silben, ni le abucheen, sino que le aplaudan hasta romperse las manos? Pues esa es la lección triste que hemos sacado de la conmemoración olímpica: toda la España que hemos perdido en Cataluña en sólo veinticinco años. El tango dice que «veinte años no es nada», pero a efectos del separatismo, veinticinco son muchísimo: la distancia que media de aceptar los símbolos nacionales como algo propio a convertirlos en obligado objeto de ultraje. Comparar Barcelona 92 con las últimas finales de la Copa del Rey es constatar cómo los separatismos han emponzoñado a España en cinco lustros. A pesar de los miles de millones del maná del centralismo que se invirtieron en 1992 para que estuvieran contentos y no sintieran agravio con la Expo de Sevilla, y a pesar de las paletadas de muchos más millones que de Pujol a esta parte hemos seguido dándoles, ahora para que no se vayan. ¡La de millones que nos ha costado a los españoles cantar a los catalanes «Las sevillanas del adiós» de Manolo Garrido, el «no te vayas por favor,/no te vayas todavía»!

Y si todo lo expuesto no les ha deprimido suficientemente, algo que me suena a desgarro, a las contradicciones morales de aquella película sobre la eutanasia que tanto gustó a la progresía, «Mar adentro». Es estrictamente terrible que a la puesta en marcha del «proceso» separatista le llamen como a la ejecución de la eutanasia: la desconexión. El referéndum a la venezolana que han sacado me recuerda al «divorcio express»: basta que una de las partes quiera para que puedan separarse de España, aunque voten cuatro gatos; no hay que alcanzar la mayoría absoluta, ni la mitad del cuarto de todas aquellas dificultades que, por ejemplo, puso la UCD a Andalucía cuando quiso aprobar algo tan inofensivo como su autonomía en el histórico 28-F. La UCD sacó a Lauren Postigo para decir: «Andaluz, este no es tu referéndum». El del mocho de fregona en la cabeza ha sacado a Yoko Ono: «Catalán, éste sí es tu referéndum...y se va a aprobar por cuyons». Y para que el mismo Día del Caudillo (que eso fue paradójicamente durante decenios el 1-O, el Día del Caudillo) no haya el menor problema para coger Puerta, Camino y Mondeño con la independencia, ponen en marcha «la desconexión». Si no fuera asunto tan serio, me lo tomaba a cachondeo diciendo que «desconexión» eso suena a cuando se descacharra el Internet y no hay wifi; o cuando no pagas el recibo y viene el tío de los alicates a cortarte la luz. Pero es dramático, el «se separan como la uña de la carne» del Poema del Cid, esto de que a la culminación del separatismo en forma de independencia le hayan puesto el mismo nombre que cuando a un enfermo terminal se le practica la eutanasia y le desenchufan los cables y tubos que le mantienen con vida: «la desconexión». Y mientas, todos tan tranquilos, y ¡hala!, a estrenar vacaciones y a la playa...

Contra el totalitarismo de Podemos
Ernesto Ladrón de Guevara latribunadelpaisvasco 1 Agosto 2017

Hace unos días en el Ateneo de Santander, acompañado de Jesús Laínz, entrañable amigo e intelectual, presenté el libro de Iñaki Ezkerra “Totalitarismos blandos”. Quiero reproducir el guion que preparé para ello porque esa reflexión a la que me vi obligado es una buena oportunidad para analizar la problemática política en la que estamos envueltos en España que nos lleva a lugares muy poco transitables y de difícil reversión.

Se ha cumplido el 40 aniversario del advenimiento de la democracia, recientemente celebrado en el Congreso de los Diputados en presencia de su Majestad el Rey.

Los que teníamos en esos años entre 20 y 30 años fuimos los jóvenes que habíamos vivido nuestra niñez en los tiempos del blanco y negro de un régimen autoritario, en una situación de reconstrucción de una España destruida por la Guerra; y no solo en el ámbito de los bienes más imprescindibles para la supervivencia de las personas.

Algunos de aquellos jóvenes de entonces pusimos toda la carne en el asador para traer nuevos tiempos y contribuir a la formación de un Estado de Derecho, al pluralismo democrático y a terminar un largo periodo derivado de una Guerra Civil fraticida. Teníamos la ilusión de meter a España en el concierto de naciones y sumarnos a una democracia a la que la mayoría aspiraba, anhelando vientos de libertad. Esto que acabo de decir ya suena a tópico, pero es verdad que ocurrió así. Tengo 66 años y recuerdo perfectamente las ganas de hacer un borrón y cuenta nueva con el pasado y los anhelos de sumar voluntades para una convivencia en paz que olvidara las rencillas del pasado y la división de los españoles en buenos y malos, en vencedores y vencidos.

Pero quienes vivíamos –en mi caso lo sigo haciendo- en tierras vascas por haber nacido allí o por llegar de otras tierras de España a labrarse un futuro, pronto experimentamos el sopapo de la realidad, de una nueva forma de restricción de libertades, incluso más aguda si me apuran que la que experimentamos con Franco. Con Franco yo me arriesgaba a perder mi plaza de funcionario por sumarme a algunas iniciativas en tiempos en los que ya se apuntaba al cambio. En la época de la prevalencia nacionalista he vivido aires de exclusión y amenaza, e incluso peligrar mi vida y patrimonio; y mi familia ha vivido en un constante desasosiego. Me refiero al eje nacionalismo-terrorismo que nos impidió vivir con normalidad y libertad. Yo he vivido once años de mi vida escoltado, mirando los bajos de mi coche y no atreviéndome a salir simplemente a tomar un café sin protección. Hay que seguir recordándolo porque a algunos les parece que eso sucedió en tiempos remotos, y resulta que fue ayer por la noche. Incluso hoy mismo están en las instituciones aquellos que nos decían “así, así hasta Madrid” sugiriéndonos que nos sumáramos a la diáspora, (200.000 vascos huidos).

En algo no estoy de acuerdo con el título del libro de Iñaki Ezkerra. Habla de totalitarismos blandos, y es verdad que en cierta manera son blandos los que nos anuncian los podemitas y acompañantes por “el cambio”; pero aquel totalitarismo que puede volver, no era blando. Era duro. Durísimo. Y los de Podemos son muy amigos de los que nunca han denunciado el terrorismo o han contemporizado con él cuando no contribuido.

No soy un entusiasta de esta Constitución del 78 que tiene tantos defectos que nos ha llevado a la situación actual de descomposición, pero más vale malo conocido que bueno por conocer, y en todo caso es mi Constitución, pues se votó por la mayoría de los españoles. Y sobre todo se votó en Cataluña. Más que en otras regiones de España. De forma abrumadora. Parece que algunos tienen un problema de memoria.

Pero aquella transición tuvo gran importancia, pues se produjo gracias a la voluntad de que confluyeran todas las sinergias sociales y políticas para lograr la convivencia y la paz, cosa que estos ignorantes imberbes de Podemos quieren soslayar, y contaminar –como lo hacen otros populistas de signo nacionalista- confundiendo a los jóvenes adocenados por el adoctrinamiento en las aulas y la ignorancia de la historia. Hay mucha tergiversación de nuestro pasado reciente, y también del que no lo es tanto. Demasiado adoctrinamiento y mucha desinformación. Yo particularmente estoy harto de la utilización de la escuela para la formación del espíritu nacionalista, vulnerando principios y derechos esenciales recogidos en la Constitución, en las cartas de derechos humanos; y más en concreto en las Declaraciones de derechos del niño, sin que nadie mueva un dedo para impedirlo. El adoctrinamiento, con el telón de fondo de las lenguas impuestas, es una lacra.

No voy a redundar en las bondades de esos años, para superar las dos Españas, la roja y la azul, para hacernos a todos españoles sin adjetivos, y lograr sumar intenciones a la superación del rencor. Ese rencor que resucitó un personaje nefasto para la historia próxima de España que ha sido Zapatero, de cuyas fuentes vienen estas aguas. Pero la contribución del PP, más por omisión que acción, aunque también por estrategias cortoplacistas con los nacionalistas, no es para soslayar.

Lo que sí quiero decir es que ese patrimonio de trabajo por el entendimiento está siendo arruinado por tendencias irresponsables, irreflexivas e ignorantes. No quiero suponer que son malintencionadas pues eso sí que sería grave. Se está inoculando el virus de la disgregación, del enfrentamiento y de una lucha de clases ficticia, demagógica. Para mí, que milité 18 años en el Partido Socialista, es patético observar en el último Congreso a las huestes de Sánchez cantando la Internacional puño en alto. Esta gente sigue en el siglo XIX o se ha sumado a la demagogia populista.

Más que populismo es popularismo, pues de lo que se trata es de pescar en aguas revueltas con eslóganes vacíos, frases huecas e ideas sin una mínima solidez intelectual. La política, amigos, es una tarea muy noble, que consiste en dedicarse a los demás, a la colectividad, para superar problemas, poner condiciones para que todo vaya a mejor y procurar la felicidad de las gentes. La política no es un paquete de eslóganes para excitar ánimos, para guiar a la masa como un rebaño hacia destinos inconfesables, no es un juego de engaños, de banderas que llevan a puertos inexistentes. La política implica ponerse a trabajar codo con codo para que el país prospere y todos vivamos mejor. Y el actual panorama se parece todo menos a eso. Es una lucha fraticida para “asaltar el cielo” en palabras de Pablo Iglesias. ¿Y para qué quiere conquistar el cielo si no plantea una sola propuesta en positivo que haga habitable el cielo? Eso es demagogia, y la demagogia es la puerta al totalitarismo.. Iñaki Ezkerra se refiere a esta cuestión partiendo de una cita de Umberto Eco: ”Apelar al pueblo significa construir un fingimiento, una ficción puesto que el pueblo como tal no existe, el populista es aquel que se crea una imagen virtual de la voluntad popular. Se trata de apropiarse de una abstracción. Y de desarrollarla en los grandes medios, sustituyendo el Parlamento por la televisión”.

La reflexión de Iñaki Ezkerra sobre el papel de los medios de comunicación en la gestación del populismo no se queda en la televisión sino en la propia prensa sensacionalista y a su discurso apocalíptico: “El amarillismo –nos dice- es el embrión del populismo. Es populismo mediático. Y está, de manera infalible, en los orígenes de todos los estrambóticos especímenes que amenizan nuestros periódicos y telediarios: Donald Trump, Boris Johnson, Pablo Iglesias, Beppe Grillo...

Y al papel de los medios Iñaki Ezkerra añade el de las redes sociales como sucedáneos de la vida parlamentaria, la opinión pública y los propios votos: “Si no se desenmascara su naturaleza virtual y no se las ponen su sitio, sino que se les da carta de realidad y se las eleva a la falsa categoría de altavoces de la «vox populi», las redes sociales no son otra cosa que «asambleísmo tecnológico». Por eso gustan tanto a los populistas y más aún al populismo asambleario que padecemos. Son una ficción cibernética de la democracia, como esas asambleas en las que la imagen de doscientos sujetos agolpados en un aula o en un hall municipal pretende representar la de millones de ciudadanos que acuden a las urnas. Este nuevo fenómeno, que podríamos denominar «tecnoasambleísmo», no se resigna a la mera función de vía de expresión del discurso antisistema, sino que es estructuralmente antisistémico porque finge mayorías inexistentes y suplanta, mediante burdos apaños técnicos, la legitimidad de la opinión pública y de las papeletas del voto completando así la labor manipuladora de estas que ya realiza por su cuenta la telebasura política.”

El nacimiento de Podemos y la podemización del PSOE, así como la itinerancia del nacionalismo catalán hacia el absurdo, y del emergente nacionalismo pancatalanista en Valencia, Baleares y Este de Aragón son paradigmáticos y ese síndrome se resume en la frase que vomitó Pablo Iglesias en la Puerta del Sol en las vísperas de la moción de censura a Rajoy. Cito literal: “El pueblo es mejor que su parlamento” . A mí, cuando se cita al pueblo como ente sujeto a razón, me vienen a la memoria frases tan estúpidas como esta: los derechos del euskera, los derechos de la lengua. Hay una tendencia irreprimible a aplicar personalizaciones a las cosas, incluso a las que son abstractas como “pueblo”. ¿Qué es el pueblo? Cuando se habla de pueblo me agarro a la silla fuertemente porque enseguida pienso que algún derecho individual se me va a arrebatar, en aras de eso que se llama los derechos colectivos que siempre se usan para restringir libertades. Pero… ¿de dónde nace la soberanía si no es de la voluntad general? El Parlamento ¿qué es sino eso?; es decir la plasmación de esa voluntad, con todas las imperfecciones derivadas del régimen electoral. Esa expresión de Iglesias refleja la vaciedad de proyecto que hay en su cabeza. Es el paradigma de las frases grandielocuentes vacías de significado. Estúpidas en su trastienda semántica.

El libro de Iñaki Ezkerra da respuestas a este fenómeno. O más que respuestas emite un diagnóstico de gran lucidez, con una gran precisión conceptual, con una literatura fluida, repleta de imágenes y figuras literarias, con una inteligente ironía no exenta de rigor en el análisis.

Solamente quiero decir una cosa: después de una crisis de gran calado como esta de la que apenas hemos salido aún, siempre hay impulsos autodestructivos derivados de una tendencia irrefrenable hacia la melancolía y hacia la subversión de los valores preexistentes.

Iñaki Ezkerra plantea cuestiones sumamente interesantes en su libro, algunos de cuyos párrafos quiero referirme a modo de muestra de lo que es su contenido. Estos brochazos de lo que es el libro abren interrogantes sobre la deriva que tiene este país por la falta de análisis serenos, reflexiones sensatas. Son necesarias muchas dosis de respeto al trabajo realizado, al sufrimiento de quienes vivieron convulsiones del pasado; y tenemos la necesidad, en estos momentos convulsos de un ejercicio de la responsabilidad por parte de sectores de nuestra sociedad aquejados de pulsiones que no nos llevan a ninguna parte, salvo a la conquista del poder para revoluciones que no tienen salida y que pueden devolvernos al pasado.

Voy a hacer un rápido repaso a modo de muestrario de algunas de las ideas reflejadas.
“Qué peculiar rasgo tienen en común, a primera vista el nacionalismo vasco, el catalán y el discurso de los populismos de izquierda que se aglutinan en torno a Podemos, es decir, los tres conglomerados ideológicos que con más virulencia impugnan hoy el sistema constitucional español y son una verosímil amenaza a éste? La característica más genuina y llamativa que los une y les da un innegable aire de familia es que, pese a compartir todos ellos algo más que unas obvias reminiscencias totalitarias, todos se reclaman de una forma particularmente pertinaz y cansina como los puros, los genuinos, los verdaderos demócratas” Y yo añado… sin embargo la realidad es contumaz, sus políticas son intrínsecamente autoritarias, irrespetuosas con los derechos de ciudadanos que no están en su órbita. Lo tenemos en el caso de Navarra, imponiendo símbolos que no son de la comunidad, aplicando políticas de imposición del euskera cuando la mayoría de los padres estaba de acuerdo con el PAI, de aprendizaje del inglés, apoyando a terroristas que acosan a guardias civiles en Alsasua, con políticas sectarias cuyo destino es la absorción de Navarra por la Euskadi de Sabino Arana para formar Euskal herria, etc. Y en esas políticas está Podemos. Igualmente ocurre en Aragón, con la contribución de un PSOE que ha perdido su proyecto de origen o en Valencia con políticas de imposición del catalán en esa comunidad excluyendo a padres que exigen sus derechos, o en Baleares. Y para qué hablar de Cataluña donde esos partidos populistas abogan por incumplir la Constitución y abrir un proceso separatista. Por eso Iñaki añade…”Ese modo de pensar lo justifica todo. No solo no repara en las consecuencias catastróficas de sus demandas secesionistas o populistas, sino que incluso desea esas catastróficas consecuencias, y las da por buenas si sirven para hacer más fácil y verosímil la realización de su siniestro ideal”.

Dice… “El odio como motor de la ideología y la acción política. El odio como primera y gran motivación. El odio como seña de identidad, como atractivo y como señuelo. No es verdad que quien escucha al profeta de Podemos se convence de que en ese tipo y en ese partido están la esperanza de cambio de esta sociedad, la fuerza que puede llevar a transformarla, la salvación. Antes que conectar con la esperanza, la promesa y la ilusión del cambio, con lo que de verdad conecta Pablo Iglesias es con la despensa de odio que el otro puede albergar en su interior, con los resortes que pueden accionarlo y hacerlo aflorar” Y yo digo… no hay más que ver la inquina contra el Partido Popular para vislumbrar un odio intrínseco, muy característico de la extrema izquierda.

Va repasando así, tema tras tema, pero no quiero pasar por alto la cuestión del yihadismo y la actitud que caracteriza a esta izquierda camuflada de transversalidad en torno al islamismo radical. En tal sentido dice… “No debe quedarse, en fin, en la mera persecución de los autores de un magnicidio, sino ir mucho más lejos. Debe enfrentarse con todos sus legítimos recursos a quien prohíbe trabajar a una mujer, la golpea o la veja obligándole a cubrirse el rostro por la calle; a quein defiende esos abusos como parte de un legado cultural que debe ser respetado y que se sustraería a la universalidad de la moral kantiana sobre la que se sostiene todo el edificio de la ilustración. ¿Para qué tenemos en España una ley de violencia de género? ¿Para dar ahora un gigantesco paso atrás y abrir en nuestra legalidad moderna, excepcionales grietas que permitan dar palizas a la parienta, impedirle que acceda a un puesto laboral o embozarle el rostro y quitarle la identidad en nombre de Alá?” “Una segunda desviación, también clásica, consiste en hablar como si el sistema de libertades del que disfrutamos hubiera existido siempre; como si siempre hubiéramos tenido la libertad como uno de nuestros incuestionables valores y como si hubiésemos alcanzado su reinado plenamente; como si la condición democrática y sus avances sociales no fueran algo que se conquista todos los días y que se puede perder en cualquier momento; como si no fuera una meta que nunca se alcanza en plenitud, razón por la cual debemos intentar dar un paso más cada día en el acercamiento a ese norte que deseamos y que no nos ha sido regalado”

Y quizás, como colofón a este somero recorrido por el libro, picoteando por aquí y por allá, valga estas líneas que son como una auscultación médica a un cuerpo débil social: “De acuerdo. Debemos estar dispuestos a asumir que la calidad de la democracia depende en una buena medida de que tolere, admita, respete un cierto nivel de impugnación, de que conviva con ella de un modo natural y de que esta sirva para su perfeccionamiento, para la mejora de aspectos sociales, económicos, de género… que se han descuidado. Pero cuando la sobrecarga de impugnaciones es tan elevada y además todas de raíz totalitaria, la vida democrática también pierde calidad por el otro lado, por el de una perversión del respeto; por el consentimiento y el desistimiento. Es esa y no el Frente Popular ni la República bolivariana ni la Revolución bolchevique la verdadera amenaza que pende sobre España: la falta de calidad de nuestra democracia. Y es que, en efecto, hay un déficit democrático español que crece día a día y que reside en no haber encontrado jamás ese deseable equilibrio”.

La CUP, la "kale borroka" y la revolución de las sonrisas
Conviene recordar que el partido es la clave de bóveda del independentismo. Fueron sus diez diputados los que echaron de la Generalitat a Artur Mas
José Antonio Zarzalejos El Confidencial 1 Agosto 2017

El grave episodio de vandalismo en Barcelona ha pasado casi inadvertido fuera de Cataluña. El pasado domingo La Vanguardia abría su edición con este titular: "Cuatro encapuchados asaltan un bus turístico" y ayer la segunda noticia de su portada era la siguiente: "Las juventudes de la CUP reivindican el asalto vandálico al bus turístico". El primer periódico catalán se ha tomado, como es natural, muy en serio esta expresión de violencia de los cachorros de la CUP que no es la primera. Ya asaltaron la sede del Partido Popular en Barcelona y ayer comandaron la concentración, muy agresiva, contra la Guardia Civil en la Ciudad Condal.

Conviene recordar que la CUP es la clave de bóveda del independentismo. Fueron sus diez diputados los que echaron de la Generalitat a Artur Mas y obligaron a buscar a ese oscuro presidente, no electo por lo tanto, que es Carles Puigdemont. Es la CUP la que ha impuesto la máxima de "tenemos prisa" que ha impulsado hasta el momento la precipitada temeridad del secesionismo y es la CUP la que ha ido imponiendo los pasos y los tiempos en el Parlamento a los ex convergentes y a ERC.

Pues bien, los socios del PDeCat y de ERC son los que tienen la sartén por el mango en Cataluña. Sin sus votos no hay proceso, ni referéndum, ni nada que se le parezca. Y por eso, los demás partidos secesionistas le consienten todo. Y están cometiendo un grave error. Que consiste en dejarles convertirse en la llave para que en Cataluña se consume un "golpe de Estado" que es jurídico como ha denunciado la patronal catalana que en palabras de Rajoy se ha comportado al hacerlo de forma "noble, honorable y valiente". Ayer, el catedrático catalán Francesc de Carreras escribía en El País que, efectivamente, lo que está ocurriendo en Cataluña es un "golpe de Estado" sin armas pero con un desafío inédito a las leyes y a la autoridad legítima de las instituciones del Estado.

La "turismofobia" en Cataluña, llevada a la agresión vandálica por la CUP, es una expresión colateral pero cierta y peligrosa de una radicalización de fondo político que ha adquirido la práctica y la estética de la "kale borroka" de tristísimo recuerdo en el País Vasco. Se está fraguando allí un denso ambiente de tolerancia y tozudez ilegal que llega hasta al director de los Mossos que el domingo dejó claro que el "límite" de la policía catalana no es la Constitución sino la Carta de Derechos Humanos que, naturalmente, él interpreta con la mayor de las arbitrariedades.

Es tanta la radicalización y su banalizacion que un analista político escribía ayer en el ya citado diario La Vanguardia que "la revuelta de Catalunya no se resolverá nunca con el TC, ni con la Fiscalía, ni con la Guardia Civil. Por este camino la revuelta ganará adeptos". Nótese que se habla de "revuelta" y que se niega legitimidad al TC, a la fiscalía y a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado y, por lo tanto, capacidad para remediarla. No parece un discurso "de orden" sino todo lo contrario: sintoniza con la exasperación radicalizada de un secesionismo que se ve impotente para llevar adelante sus propósitos y se presiente abocado al fracaso. Ramalazos vandálicos como los de las juventudes de la CUP contra un bus turístico delatan la naturaleza totalitaria y violenta del grupo que está completando la mayoría independentista en Cataluña que desafía al TC que este lunes ha vuelto suspender otra resolución autoritaria del que ya se ha convertido en un autócrata, es decir, de Carles Puigdemont. No sé si tarde, pero en todo caso con rotundidad, los empresarios catalanes han hablado por fin claro: estamos "ante un golpe de Estado jurídico".

Y no quiero terminar este post sin aludir a la polémica que ha propiciado la CUP, con el silencio cómplice de muchos: oscurecer los logros de Barcelona 1992 con la vieja historia, nunca probada, de que antes y durante los Juegos Olímpicos de aquel año, se reprimió y torturó a independentistas catalanes. Es de leer cómo salió ayer, también en La Vanguardia, el ex juez Baltasar Garzón para puntualizar el asunto.

En Cataluña se está gestando un ambiente que nada tiene que ver con la llamada "revolución de las sonrisas" que, se decía, caracterizaba al proceso soberanista. Ahora allí hay hosquedad, desconfianza y miedo. Ya lo dijo Puigdemont: "Les damos miedo y más que les vamos a dar." No sé si lo consiguen, pero lo están intentando. Se empieza con el asalto a un bus turístico y no se sabe dónde se puede terminar. Cuídense PDeCAT y ERC del aforismo popular, tan sabio, según el cual "dime con quién andas y te diré quién eres".

Puigdemont contra Cataluña
Pablo Sebastián Republica 1 Agosto 2017

Lo más importante de la crisis catalana no está en la batalla jurídica o en la política que impulsa el Gobierno de la Generalitat y que tienen pérdidas de antemano en los tribunales por su flagrante ilegalidad, sino en el serio daño que el presidente Puigdemont y sus aliados del PDeCAT, ERC y la CUP están causando a Cataluña, al conjunto de sus ciudadanos y también a la convivencia y estabilidad económica y social catalana.

Que Puigdemont quiera ir a la cárcel, como presume, para disfrazarse de mártir no es un asunto relevante porque nadie salvo él le obliga a delinquir y a colocarse fuera de la ley y de la Constitución, que son los pilares de la Democracia. La que nadie puede invocar fuera del Estado de Derecho que por otra parte es el que legitima las instituciones catalanas y ahí incluido el Estatut que también viola e incumple Puigdemont.

Lo importante es Cataluña y los catalanes y está claro que Puigdemont lo que busca es la fractura social y el enfrentamiento con la mayoría de los ciudadanos de su Comunidad y también con el Estado. Un daño que tiene como verdadero objetivo las elecciones autonómicas con las que esperan sustituir el fracaso del referéndum y que la sociedad catalana deberá valorar para elegir entonces entre el caos y la recuperación de la estabilidad.

Mientras tanto Puigdemont sigue perdiendo la batalla legal porque ayer mismo el Tribunal Constitucional (TC) ha suspendido cautelarmente la reforma del reglamento del Parlamento catalán con la que se pretendía aprobar la Ley de Referéndum para su convocatoria el día 1 de octubre.

Un proyecto de ley que él Gobierno de Puigdemont ha presentado en la Cámara catalana y que ha sido recurrido al TC por los partidos catalanes PP y C’s. Recurso que sin duda será admitido a trámite por lo que la citada Ley será suspendida dejando así fuera de la legalidad todo el andamiaje político y jurídico del proceso secesionista para la celebración del referéndum y la proclamación de la independencia de Cataluña.

De manera que solo Puigdemont y sus aliados son responsables de lo que a partir de ahora ocurra en Cataluña. Porque el Estado se limitará a cumplir con la legalidad que el propio pueblo catalán aprobó en la Constitución de 1978 y el Estatut. Todo lo demás es buscar el enfrentamiento civil entre los catalanes y el desafío al Estado que no dará un solo paso atrás en defensa de la unidad de España y de la legalidad. En suma, en vez de presentarse como mártir dispuesto a ir a la cárcel lo que debe hacer Puigdemont es dimitir y rectificar.

Quieren llevar la violencia al 1-O
OKDIARIO 1 Agosto 2017

Los golpistas tratan de ganar tiempo haciendo de trileros con las urnas del referéndum ilegal. Sin embargo, ya no consiguen engañar a nadie. Cada nuevo acto de la opereta que tienen montada más allá del Ebro es un insulto a la inteligencia de los ciudadanos españoles, que son también los catalanes. El referéndum ilegal del próximo 1 de octubre es a estas alturas un plan calculado y determinado hasta en su último detalle. La exclusiva de OKDIARIO ha cogido con el pie cambiado a los secesionistas. Después de descubrir este lunes que “las urnas están compradas y escondidas en un Consulado en Barcelona” —tal y como asegura Jordi Manyà—, este diario les ofrece todas las claves secretas de la cartografía independentista para ese día. El dirigente de la Asamblea Nacional Catalana (ANC) desgrana el plan de actuación para una jornada en la que pretenden llevar su ataque al Estado hasta las últimas consecuencias.

De entre las distintas acciones, destaca una aviesa intención: provocar actos violentos y la intervención de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para que así, mediante el victimismo y la manipulación, puedan justificar el golpe a la legalidad vigente y adquirir una legitimidad de la que carecen desde el punto de vista legal, moral y ético. Ante esa trampa, el Gobierno debe utilizar todos los mecanismos a su alcance para desactivar los planes secesionistas. Resulta esencial que dejen en nada las acciones antes de que sean ejecutadas para así no conceder posibilidad alguna a la estrategia de provocación y violencia. En ese sentido, el Tribunal Constitucional (TC) ha tomado una buena decisión al suspender la norma catalana que facilita la ruptura exprés. Una respuesta legal a la ilegalidad. Es ahí precisamente donde se le ganará la partida por goleada a los que pretender dividir España. Además, en los dos meses que quedan hasta el próximo 1 de octubre, la unidad de los partidos constitucionalistas debe ser norma.

Por ejemplo, acciones conjuntas como las de Ciudadanos y el Partido Popular para recurrir el reglamento del Parlament. También la actitud colaboradora del Partido Socialista. El principal partido de la oposición debe actuar con sentido de Estado y apoyar al Ejecutivo “frente al independentismo catalán”. Es ese sentido, las palabras de la vicepresidenta general del PSOE, Adriana Lastra, son un acierto en el que han de perseverar. Los bandazos ideológicos sólo darían alas a los que quieren hacer añicos la unidad nacional. Cataluña es hoy un territorio comanche dominado por la violencia radical como hemos visto en el asalto a un autobús turístico que circulaba por Barcelona. Obra de los cachorros ideológicos de la CUP, quienes se están comportando como la kale borroka más dura del País Vasco. Ante este clima de tensión, desafío y agresividad, el Ejecutivo debe actuar con calma pero sin la más mínima dilación. Este desafío a las normas fundamentales de nuestra Constitución ha de pararse sin dar el más mínimo argumento justificativo a unos pirómanos de la política que sólo buscan dejar el país como un solar arrasado por las llamas del separatismo.

Suprimir homenajes a víctimas de ETA
Cayetano González Libertad Digital 1 Agosto 2017

El 8 de agosto del año 2000, ETA asesinaba al empresario vasco, simpatizante del PNV y presidente de la patronal guipuzcoana Adegi José María Korta. Diecisiete años más tarde, la fundación creada en su memoria, y de la que es secretario uno de sus hijos, ha decidido suprimir el homenaje público que cada año le tributaban en las puertas de la empresa de la que era propietario. La razón aducida no tiene desperdicio: pretende ser "una aportación a un proceso gradual de la consecución de la normalidad en la sociedad en un momento cualitativamente distinto al de la década de los años 2000", según han explicado desde la citada fundación.

Para evitar que alguien pensara que esta decisión pudiera suponer un olvido de la víctima, los responsables de la Fundación José María Korta han aclarado que seguirán dando continuidad a los objetivos recogidos en los estatutos de la misma como mejor manera de recordar al asesinado y especifican que continuarán con el "impulso a la formación teórica y práctica de los jóvenes, proyectos de innovación y educación integral, a la mejora de los recursos humanos, al emprendimiento, al deporte y a la salud de la juventud". Si lo anterior no lo hubieran puesto por escrito, sería como para no creerlo; pero una vez leído todavía es peor. Podían ser, perfectamente, los objetivos de cualquier asociación u ONG nacida en un país del Tercer Mundo, no de una fundación creada a raíz de un crimen cometido por una banda terrorista en un rincón de una nación de Europa como es España.

Tengo para mí que en esta decisión de suprimir el homenaje anual que le tributaban a Korta amigos y conocidos ha pesado y mucho el posicionamiento político e ideológico de su entorno familiar y social, que es muy similar al del PNV, el Gobierno Vasco y el mundo sociológico de lo que se denomina la "izquierda abertzale", es decir, los amigos de ETA. Un posicionamiento que se podría resumir en que en el País Vasco se está ante un nuevo tiempo en el que, como ETA ya no mata, hay que pasar página y mirar al futuro. En ese escenario, cualquier recordatorio de los crímenes de la banda terrorista resulta molesto e innecesario, porque de lo que se trata es de construir un relato donde no haya vencedores ni vencidos, donde las dos partes del "conflicto" –ETA y el Estado– cometieron excesos y causaron dolor y daño a través de la violencia. Si en ese empeño se encuentra a la familia y al entorno de una víctima que está dispuesta a colaborar suprimiendo un homenaje, miel sobre hojuelas.

Que José María Korta era una persona muy próxima al PNV era un dato de sobra conocido. De hecho, cuando ETA le asesina, el entonces diputado general de Guipúzcoa –y amigo del propio Korta–, el peneuvista Román Sudupe, en un arranque tan espontáneo y sincero como mezquino para con otras víctimas dijo aquello de: "ETA ha matado a un abertzale de verdad, a uno de los nuestros".

La Fundación José María Korta, sus familiares y amigos, deberían haber tenido presente que, aun respetando absolutamente su dolor y sufrimiento, las víctimas del terrorismo de ETA son de todos, porque son un símbolo de la resistencia y de la lucha por la libertad que durante tantos años han mantenido el Estado y una parte de la sociedad vasca. Y nadie tiene derecho a privar a esa parte de la sociedad que hizo frente a ETA del recuerdo y del homenaje público a sus víctimas. Por eso, la decisión de esa fundación no es sólo un profundo error, es algo más: es una baza que se da a quienes quieren blanquear el pasado criminal de ETA. Cuanto menos se recuerde a sus víctimas, mucho mejor para aquellos que causaron tanto dolor y muerte, o para quienes miraron para otro lado.

España / Izquierda abertzale
«Tiro al facha» en Etxarri Aranatz contra la Guardia Civil
La Asamblea juvenil del municipio organiza la jornada para el próximo 4 de agosto
C.S. Macías. La Razon 1 Agosto 2017

Vuelven las fiestas de los bastiones abertzales y con ello la burla a las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado y el enaltecimiento a los miembros de la banda terrorista.

En los pueblos de la sakana norte de Navarra, gobernados por Bildu arremeten, como cada año, contra la Guardia Civil. Su campaña de acoso se vuelve más viral. En el municipio navarro de Etxarri Aranatz ya circula vía redes sociales el cartel que anuncian los actos para el próximo 4 de agosto donde, en un ambiente festivo, celebrarán el «Inutiyan egune» o "día del inútil", que tendrá como protagonista de nuevo el acoso y burla al Instituto Armado.

El cartel de la convocatoria luce los colores verdes de la Benemérita. Además, lo han ilustrado con la caricatura de dos agentes del Cuerpo, un tricornio y la clásica flecha amarilla que simboliza la expulsión de la Guardia Civil de Navarra y el País Vasco, lo que viene reclamando «Ospa Eguna», y a quienes consideran miembros del estado opresor.

La actividad que circula por las redes ha sido organizado por una asociación abertzale juvenil del municipio, y en ella, parece que cobrará protagonismo la Guardia Civil. Está previsto que desde las 11:00 haya conciertos, calejiras, estruendo y juicio en la plaza, el pre poteo o la tradicional comida, pregón en la plaza, toro de fuego y el «tiro al facha» que tendrá lugar a las 17:00. Cabe recordar que la izquierda abertzae llama fachas tanto a la Guardia Civil como a los partidos constitucionalistas.

Esta no es la primera vez la izquierda abertzale hace una burla que llama a la exaltación del odio contra el Instituto Armado. Son constantes los actos vandálicos y de hostilidad ejercidos por el entorno abertzale contra los miembros de las Fuerzas y Seguridad del Estado. Desde hace años llevan soportando, en varias localidades gobernadas por Bildu, insultos, amenazas, mofas o pintadas contra la Guardia Civil.

El portavoz de los populares de dicho consistorio, Juan Antonio Extremera manifestó que desde su partido «condenamos rotundamente este cargel y los actos que se quieren llevar a cabo en el pueblo». Por ello, espera que la Justicia «haga lo posible por prohibirlo» y pide al Ayuntamiento que solicite a la asociación juvenil que lo organiza que «lo retire» y se pronuncie contra ello y manifieste su apoyo a las Fuerzas de Seguridad del Estado. «Desde el PP siempre estaremos con las fuerzas de seguridad y con la Guardia Civil».

En cuanto a quién puede ir dirigida la actividad de «tiro al fatxa» que figura en el cartel, Extremera consideró que según el cartel, a la Guarcia Civil, «pero ellos llaman fachas tanto a las fuerzas de seguridad del estado como a miembros de partidos constitucionales», recordó.

Hace ya un año, en el municipio navarro de Alsasua, dos guardias civiles fueron agredidos por radicales mientras estaban con sus parejas en un bar. El gobierno municipal de Etxarri Aranatz, gobernado por nueve miembros de Bildu, mostraron su apoyo a los agresores y sus familias.

Otros agravios
En 2011, la entonces alcaldesa de Alsasua se «cagó» en la Benemérita. «Me cago en vuestra puta calavera». Ésta fue la frase que dirigió a los agentes de la Guardia Civil que habían acudido a la azotea del Teatro Municipal de la localidad para investigar la colocación de una pancarta en la que se pedía la salida de las Fuerzas de Seguridad de la localidad. En el informe que la Benemérita remitió a la Fiscalía de la Audiencia Nacional, se indica que la alcaldesa, Garazi Urrestarazu Zubizarreta, llamó, en un primer momento, «hijos de puta» a los guardias. Posteriormente les aclaró que no le habían entendido, que, simplemente, se había «cagado» en su «puta calavera».

Un año después, en 2012, Alsasua fue de nuevo escenario de una «pantomima» contra las Fuerzas de Seguridad. Los organizadores de este «Ospa Eguna» simbolizaron la toma del cuartel de la Guardia Civil para expulsar a la Benemérita del pueblo. Para ello, construyeron, en una de las plazas, una caseta que trataba de simbolizar el edificio oficial, con la Bandera Nacional incluida, del que echaron a unos supuestos agentes y donde cambiaron la enseña nacional por la ikurriña o cuando mostraron muñecos simulando las torturas de los agentes.

La CUP utiliza la ‘kale borroka’ para hostigar a la Guardia Civil y aterrorizar a los turistas
Gonzaga Durán okdiario 1 Agosto 2017

Grupos radicales independentistas en Cataluña están intensificando su hostigamiento contra la Guardia Civil y de llevar a cabo actos vandálicos en las calles. Imitan las tácticas proetarras en el País Vasco y en Navarra, denominadas comúnmente como ‘kale borroka’.

A través de las redes sociales, estos grupos buscan aumentar la crispación y movilizar a jóvenes radicales para exigir la marcha de la Guardia Civil de Cataluña y así poder hacer una declaración unilateral de independencia. Esta campaña de acoso también se desarrolla en las calles.

Estas asociaciones están vinculadas al partido anticapitalista de la CUP, que sostiene al gobierno de Carles Puigdemont, tal y como se puede comprobar en sus perfiles de las redes sociales. Una de ellas es la plataforma independentista ‘Endavant’, que se define a sí misma como una “organización socialista de liberación nacional” de los supuestos “Països Catalans”.

Las publicaciones de su cuenta de Twitter oficial tienen un objetivo claro: la Guardia Civil. No dudan en pedir públicamente que los agentes de la Benemérita abandonen Cataluña, mediante mensajes amenazadores.

“¡Ayer, hoy y hasta que se marchen, fuera las fuerzas de ocupación de los Países Catalanes!”, exige la agrupación radical, adjuntando imágenes de varios agentes de la Benemérita. “La guerra sucia del estado y la represión de la Guardia Civil contra el independentismo no es ninguna novedad”, añaden.

“La izquierda independentista sabemos por propia experiencia que sólo con la firmeza y la no legitimación de su legalidad se puede hacer frente a la represión y convertirla en apoyo político al proyecto independentista“, afirman la asociación independentista.

Desde su perfil también se comparten imágenes de las pintadas realizadas en las calles. “Que se vayan”, “Fuera” u “Os quedan 89 días”, son algunas de sus proclamas junto a la banderas independentistas catalanas. Con su mensaje de “os quedan 89 días” hacen alusión al referéndum ilegal del próximo 1 de octubre.

El cuartel de la Guardia Civil de la calle Travessera de Gràcia (Barcelona), es la diana de estas pintadas. Esto se debe a que los agentes de esta sede son los que procedieron a registrar hace unas semanas el Parlament y la Generalitat por el caso del 3%. En este cuartel también residen los efectivos que procedieron a interrogar a altos cargos del Govern por los preparativos del 1-O. “Os quedan 89 días. ¡Adiós, tricornios”, rezan las pintadas.

Atacan al turismo
Otro grupo radical es el de ‘Arran’, una organización juvenil de la izquierda independentista en Cataluña también vinculada a la CUP. Sus miembros fueron los autores del asalto al autobús turístico en Barcelona la semana pasada.

Cuatro encapuchados asaltaron el vehículo turístico para escribir una pintada en la parte delantera contra el turismo de la ciudad, al tiempo que pincharon también una rueda. “¡No es turismofobia, es autodefensa contra el ‘barriocidio’!”, manifestado este grupo a través de las redes sociales.

La portavoz de este formación antisistema, Laura Flores, ha advertido de que “no tienen previsto pagar los desperfectos del autobús“. Así lo ha destacado en una entrevista concedida este lunes a Rac1. Tampoco ha descartado que vaya a haber nuevos ataques en las calles, alegando que “es una manera más de protesta, igual de legítima que las manifestaciones”. “Actuaremos como creemos que sea necesario en cada contexto”, ha agregado.

‘Arran’ también ha sido la encargada de difundir el escrache de este lunes, convocado por la CUP, contra la sede de la Guardia Civil en el barrio de Gràcia. Esta movilización acabó con enfrentamientos entre los radicales independentistas y los defensores de la Benemérita, que también se habían concentrado para plantarles cara.

En varias ocasiones han atacado e intentado entrar en la sede del PPC en Barcelona. Dirigentes de la CUP como la diputada Anna Gabriel y el ex parlamentario David Fernández, les acompañaron en estos escraches.

Los vínculos de la CUP con los proetarras
Estas acciones muestran que los radicales de la CUP buscan copiar la estrategia de los abertzales en el País Vasco y en Navarra: protagonizar actos vandálicos en las calles y poner en el blanco de la ira independentistas a la Guardia Civil.

Los vínculos entre los proetarras y los independentistas se han dejado ver en más de una ocasión. El líder aberzale y dirigente de EH Bildu, Arnaldo Otegi, expresó su apoyo al concejal de la CUP en Vic, Joan Coma.

Coma tuvo que declarar el pasado mes de diciembre en la Audiencia Nacional por supuesto delito de incitación a la sedición por llamar a la desobediencia durante un pleno de diciembre de 2015. Meses después se archivó la causa.

Dos concejalas de la CUP colgaron una bandera a favor de los presos etarras durante un pleno en el ayuntamiento de Sant Joan les Fonts (Gerona), cerca de la frontera con Francia. El alcalde la localidad, Joan Espona, del PDeCAT, obligó a retirar la bandera proetarra, en arreglo a la ley.
 


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