AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 2 Agosto 2017

Los amenes de un ciclo político
Amando de Miguel Libertad Digital 2 Agosto 2017

En la historia política de la España contemporánea se registra una curiosa constancia: los regímenes duran 40 años. Ese fue el lapso entre la Constitución de Cánovas de 1876 y el final del turnismo con la crisis de 1917. El alzamiento franquista de 1936 perduró hasta la muerte del Generalísimo, 40 años después. En este año de gracia de 2017 se cierra el mismo ciclo de 40 años desde las primeras elecciones democráticas en 1977, las que abrieron la Transición. Así pues, habrá que ponerse manos a la obra para cimentar un nuevo periodo democrático.

Anima mucho pensar que, puesto que la Historia se repite con tan manifiesta constancia, ahora se impone un renovado espíritu de consenso como el que inauguró la Transición. Por desgracia, en estos tiempos no predomina ese talante en el personal político. Lo que destaca es más bien el odio, aunque no se diga. Se trata de un extraño sentimiento que asoma a veces entre los líderes de un mismo campo ideológico, incluso dentro del mismo partido. No es casualidad ese nombre de partido. Es algo que se incuba todavía más en las elecciones miméticamente llamadas primarias.

Aun con un clima político tan enrarecido, se impone la tarea colectiva de redactar una nueva Constitución. No cabe enmendar la de 1978, pues ese mismo texto lo pone muy difícil. Una cosa sí se repetirá: en la hipotética comisión que se forme para estampar la nueva Carta Magna (pretencioso título) seguirán predominando los licenciados en Derecho. Se dirá "juristas de reconocido prestigio". Es lástima que no se vayan a incluir personas de otros campos profesionales. Ni qué decir tiene que habrá mujeres, pero eso ya no tiene gran mérito.

Todo hace suponer que la experiencia de los últimos 40 años nos va a llevar al recelo de la fórmula que se dijo de "Estado de las Autonomías". Pero la izquierda seguirá en sus trece, ahora con la variante del federalismo. En la práctica significará el peligro de más corrupción y más impuestos. Encima, las regiones con dos lenguas intentarán que se escriba en la ley suprema el derecho de autodeterminación. La paradoja es que de esa forma se supondrá que alguna vez han sido colonias. Las reacciones políticas son así de irracionales.

Mayor acuerdo existirá en el mantenimiento, y aun refuerzo, del Estado de Bienestar. Entiéndase sobre todo bienestar de los que mandan. Es la forma de conceder más poder a los que ya lo tienen.

Lo más difícil de resolver en estos tiempos de tribulación va a ser el actual tirón independista de los que mandan en Cataluña. Si consiguen algún éxito, aunque solo sea fiscal, seguirán en el intento los gobernantes de las otras regiones bilingües. Francamente, no se me ocurre qué salida puede tener este laberinto. Lo más lógico sería que algunos políticos independentistas pasaran por la cárcel, como ha sido el caso en otras muchas situaciones parecidas. Que conste que ese tránsito ha sido un motivo de orgullo en otras situaciones. Pero tal cosa no sucederá; ya es tarde.

En el nuevo régimen se esperan ciertas continuidades, no ya con la Transición sino con el régimen de Franco. Por ejemplo, los sindicatos seguirán siendo subvencionados por el Gobierno; el fútbol continuará con su función de opio del pueblo. Bueno, ahora habría que decir "droga tranquilizante de la ciudadanía". No es la única; la otra es el culto del famoseo, nuestro olimpo de dioses menores.

No todas van a ser continuidades. Me gustaría equivocarme, pero presagio que el orto del nuevo régimen va a coincidir con un estallido de inesperada violencia política. Me resisto a extraer las entrañas de las aves sacrificadas. Prefiero anticipar un suceso gozoso: por fin tendremos un español con el premio Nobel científico. Como arúspice no tengo precio.

Contacte con Amando de Miguel fontenebro@msn.com

Plena disposición: ¡Todo por el proceso!
Vicente A. C. M. Periodista Digital 2 Agosto 2017

Dice el envalentonado de Puigdemont que “está dispuesto a ir a la cárcel”, a lo que yo añado que cualquier delincuente debe estar dispuesto a hacerlo en cuanto la justicia cumpla con su deber de detenerle, juzgarle y condenarle. Todos son muy valientes hasta que se enfrentan a los jueces. Entonces viene lo de echar la culpa a “los voluntarios” e intentar escabullirse de las responsabilidades. El caso es presentarse como víctima para convencer de que su referéndum ilegal e inconstitucional se legitima por la sola voluntad de unos dirigentes dispuestos a violar la ley, la Constitución y lo que sea menester para imponer al resto de España su reivindicación de independencia. Un payaso de circo que exhibe su patética pose de estadista y que a buen seguro terminará por lloriquear delante del juez del Tribunal Supremo cuando se le comunique su pena de prisión por el delito de sedición, malversación de fondos públicos e incitación a la desobediencia.

Y además pide inmunidad para los funcionarios que delincan “siguiendo órdenes”, a sabiendas de que todos están notificados de que no deben colaborar en la realización de ninguna actuación relativa a este referéndum ilegal. Aquí no cuela lo de “la obediencia debida” y cada funcionario público debe ser plenamente consciente de su deber y lealtad. No hay dos legalidades sino solo una y el Tribunal Constitucional se lo ha dejado claro a todos. Nadie va a poder acogerse a la legalidad paralela que intenta colar el Gobierno de la Generalidad y el Parlamento de la comunidad autónoma de Cataluña con mayoría parlamentaria secesionista. Esto es, como alguien ya lo ha calificado, un golpe de Estado jurídico, en el que se intenta además buscar un enfrentamiento violento con el Estado en la respuesta a la provocación. Se ha llegado a insinuar que “si un policía kamikaze se lía a hostias, habremos ganado”.

Tampoco se queda atrás la Presidenta del Parlamento autonómico de Cataluña, Carme Forcadell en cuanto a bravuconadas de todo tipo. Habrá que ver si tras la enésima advertencia del Tribunal Constitucional se atreve a dar curso a la nueva Ley de referéndum registrada este mismo lunes por los abajo firmantes, la totalidad de los parlamentarios de Junts P'el Sí y la CUP excepto los de la Mesa del Parlamento, todos a una como en Fuente Ovejuna. Igual tampoco le importa ir a la cárcel como a Carles Puigdemont y poner en riesgo su patrimonio personal, en una inmolación como supremo sacrificio por el proceso de independencia. Luego con hacer una colecta entre los simpatizantes se arregla todo. Tienen advertida la suspensión de sus funciones por desobediencia, Así que es muy libre de seguir fanfarroneando y llevar sus amenazas hasta el final.

La Justicia es lenta, pero llega y cuando lo hace ya nada puede parar la maquinaria. Hay toda una generación de politicastros que se han querido aprovechar de su estatus y cargos públicos para imponer su plan secesionista a toda una nación, violando la Constitución, haciendo un uso perverso y desleal de las Instituciones del Estado, malversando fondos públicos para la promoción de su plan secesionista y mintiendo en todos los niveles y foros internacionales sobre la realidad de España y su sistema democrático. Simplemente, estos delincuentes han decidido llevar a término su hoja de ruta separatista negando la legitimidad de la Constitución de España, declararse en rebeldía y promulgando su propia legalidad paralela para dar cobertura a su sedición. Y todo bajo la bandera de ser un pueblo reprimido que solo intenta expresar su opinión de forma democrática poniendo urnas y papeletas.

Se busca el consabido “choque de trenes” y se llega a afirmar, como hace Carme Forcadell, que el referéndum seguirá adelante, aunque se aplique la “opción nuclear de la Constitución" (el famoso botón rojo del artículo 155). Es decir, se intentará buscar la violencia de ver cerrar los colegios y requisar las urnas y papeletas y esperar que en esas acciones surjan conflictos violentos para poder mostrarlos al mundo y presentarse como víctimas del anti democrático Estado español. Una estrategia burda pero eficaz en el nuevo estilo “agitpro” que ya no es exclusivo de la ultra izquierda antisistema de la CUP, ni de los de ERC, a los que no hace falta recordar su currículo vitae en este tipo de actuaciones y peores.

Estamos a dos meses de la fecha señalada en rojo por el secesionismo, el 1º de octubre, una fecha que trae a la memoria histórica otra efeméride como fue que tras la posesión del mando supremo de todos los Ejércitos del general Francisco Franco Bahamonde, nombrado “Generalísimo” una semana antes, ese día 1 de octubre fue designado como Jefe del Estado, cargo que ostentó hasta su muerte y la coronación del rey Juan Carlos I a título de sucesor en la Jefatura del Estado del dictador. Un día que se conmemoró durante la dictadura y se le llamó “día del Caudillo”. En este caso no habrá ejércitos, pero sí FFyCCSE que se dedicarán a que se cumpla la Ley evitando un acto ilegal que quieren disfrazar de “normal y democrático” por el hecho de usar urnas y papeletas, obviando que no se va a consultar a todos los españoles y solo a unos pocos a los que se les otorga un derecho que pertenece de modo exclusivo al conjunto del pueblo español. Pero eso ya lo saben de sobra y no les interesa que se conozca en el exterior. No será Carles Puigdemont el nuevo Jefe de Estado de la nueva república de Cataluña (igual le llaman de los países catalanes por aquello de visión de futuro con las futuras anexiones, digo aglutinaciones).

Aquí el Gobierno de España dice que se ha ido con un ojo abierto mirando a Cataluña. Me temo que deberá abrir bien los dos ojos y mantenerse en vela y en cela preparando lo inevitable, esa solución nuclear de la que habla Carme Forcadell. Solo hay que tener el valor de no flaquear, porque somos más y estamos del lado de la razón y de la legalidad. Ellos son los rebeldes y los insumisos que quieren romper España por la vía de los hechos consumados. Es nuestro deber impedirlo.

¡Que pasen un buen día!

Las guerras civiles
Gabriel Albiac ABC 2 Agosto 2017

¿Asesora Podemos el golpe de Estado de Maduro en Venezuela? Tengo mis dudas. Las eminencias populistas andan demasiado ocupadas en reivindicar el honor de sus abuelos contra el relato de Hermann Tertsch: reinventarse la ideologizada matanza vecinal a la cual damos solemne nombre de guerra civil, parece acunar sus dulces sueños épicos. La historia real no les concierne.

Haber tenido un padre militar de carrera y fiel a la República me salvó de ese tipo de infantilismos bobos. Supe la guerra de primera mano, por voz de uno de quienes la perdieron, fueron condenados a muerte y salvaron la vida de insólito milagro. Ni guerra legendaria ni romántica. Desalmada sólo: los militares de verdad, fuera cual fuera el bando en el que combatieron, describen esos tres años como los del salvajismo. No hubo brutalidad que no fuera hecha. En un lado como en el otro. Revestirlo de leyenda dorada, es peor que inmoral. Es ignorante.

Puede que esa leyenda esté llevando a Podemos a ansiar una repetición latinoamericana de la amada carnicería. Si es así, resulta probable que hayan encarrilado bien al no muy neuronal Maduro. Ni siquiera la nulidad universal de Zapatero parece dispuesta a seguir a su asesorado caraqueño en tal enormidad.

¿En qué consiste la operación política del presidente venezolano? En resolver una estancada coyuntura de doble poder. Maduro es presidente electo. Frente a él, el igualmente electo Parlamento se opone a su apuesta de transformar Venezuela en una narco-Cuba. El resultado es un bloqueo del Estado, que Maduro ha buscado quebrar despojando al Legislativo de funciones. El Señor Presidente pasa ahora a la siguiente fase: si los representantes del pueblo no se pliegan a tus dictados, cambia de representantes. O, mejor, cambia de pueblo.

Si aún le quedan asesores que hayan leído dos libros -pero parece que ésos andan muy ocupados en linchar a Tertsch aquí en Madrid-, a Maduro le pueden haber soplado el ejemplo de la Commune (o sea, la Municipalidad) de París entre agosto de 1792 y el golpe de Thermidor, dos años luego. En el Diccionario crítico de la revolución francesa de Furet y Ozouf, Patrice Gueniffey caracteriza bien la fuerza de aquella municipalidad convertida en poder alternativo al de la Convención Nacional. «Llevada al poder por las armas, la Comuna supo explotar ese capital de terror», consumado en las ejecuciones masivas de presos en septiembre. Dos años de doble poder descompusieron todo. Y asentaron las condiciones para el golpe que, en 1794, enterraría el primer ciclo de la revolución. Napoleón velaba armas. Y soñaba Imperio.

Nadie en Venezuela se engaña. Se avecina el homicida juego de los golpes militares. Y el riesgo de una guerra dibuja su maldición ineluctable. En una tierra cuya cúpula militar es falange pretoriana hoy del narcotráfico. Y cuya Guardia Nacional nuclea la inteligencia cubana. Puede que el petróleo haya sido la paradójica maldición de Venezuela. Los nuevos amos cambiaron de mercancía: dudosa ganancia.

¿Estará Pedro con el separatismo de los ricos?
Cristina Losada Libertad Digital 2 Agosto 2017

Todo cuanto va diciendo Pedro Sánchez sobre su alternativa para el problema catalán me sume en la desesperanza. Todo lo que va diciendo muestra su aceptación acrítica de la construcción ideológica del nacionalismo. Para empezar, no es consciente de que el nacionalismo es una ideología. Cree, eso parece, que es el resultado natural de un sentimiento de pertenencia particularmente intenso, y como tal respetable y admirable, aunque pueda lamentar sus excesos. Su definición de nación, en aquel debate que tuvo con Patxi López, como "un sentimiento que tiene muchísima ciudadanía" (citó a Cataluña y el País Vasco, no a otros lugares ni, por supuesto, a España), fue una primera señal de su creencia en la fuerza nacional del sentimiento, y de su querencia por el sentimentalismo. Puede que sea una creencia instrumental y que se rinda al sentimiento, corazón, corazón, por saber que es carta ganadora. Respetar los sentimientos, ¿quién puede oponerse a esa ternura?

Lo que debería saber Pedro Sánchez es que el sentimiento nacionalista no es un grado superior del sentimiento de cariño y apego al lugar donde se ha nacido, a su paisaje, lengua, historia o tradiciones. Es el nacionalismo el que lo presenta así: como un sentimiento más fuerte, y por tanto superior, al que ningún bien nacido puede oponerse. El nacionalismo se comporta como si fuera la expresión natural de un pueblo al que previamente ha construido, en su peligrosa fantasía, como una entidad orgánica, uniforme y homogénea. Por eso se cree con todos los derechos a imponer su sentimiento a los demás. Esa imposición conduce a la exclusión. Para que lo entienda Sánchez: a ojos de los nacionalistas gallegos, yo no soy realmente gallega, porque no soy nacionalista.

En la clausura del congreso regional del PSOE andaluz, expuso Sánchez su "idea de España como nación de naciones" diciendo: "El federalismo que defendemos frente al centralismo es una suma de identidades diversas". Pero ¿qué identidades, exactamente? Mucho me temo que el plural encubre un singular. Que Sánchez, cuando habla de identidades, habla de la identidad nacionalista. Cuando piensa en lo que él llama identidad catalana, vasca, gallega, y posiblemente otras, está pensando en la identidad definida, reducida y enclaustrada por el nacionalismo. No admite el nacionalismo identidades en plural: ni superpuestas, ni paralelas, ni indiferentes. El nacionalismo insiste tanto en la identidad porque sólo admite la identidad nacionalista. Esta es la que ha comprado Pedro Sánchez, o por desconocimiento del nacionalismo o por desconocimiento de España. Igual que ha mercado lo de la "nación cultural", otro producto homogéneo, uniforme y orgánico inexistente.

Estuvo bien Susana Díaz cuando dijo en su congreso: "Soy andaluza y española. No obligo a nadie a que se sienta como yo". Frente a la faramalla nacionalista que ha adquirido Sánchez en estos meses de regateo, alguien del PSOE vindica o, al menos, recuerda la idea de la ciudadanía. Claro que lo que hay que recordarle a Sánchez, sobre todo, es que no puede ser comprensivo y afable con el separatismo de los ricos. Con unos independentistas que lo que quieren es no pagar para que en las regiones menos afortunadas dispongan de una sanidad, una educación y unos servicios públicos adecuados. Pues ese es, por no escarbar más profundamente, el egoísmo mezquino que hay detrás de los sentimientos que Sánchez tanto respeta. Si aún fuera el independentismo de una región empobrecida y abandonada, yo entendería que el PSOE simpatizase. Pero ¿con esto? Darle bola al separatismo de los ricos no es, no puede ser ni ha sido nunca, estimado Pedro, ese " idioma de la socialdemocracia" que dices que hablas.

Ocho falsedades sobre la inmigración e islamización que las élites nos venden como ciertas
Yolanda Couceiro Morín lagaceta.eu 2 Agosto 2017

Estos son algunas falsedades de la ideología dominante en las esferas políticas difundidas por los medios y redes del Sistema. Todas estas falsedades, que nos venden como dogmas, invierten la realidad, ya sea por ceguera ideológica o por simple negación de los hechos (incapacidad intelectual, pereza mental…). Esa ideología es hegemónica, se impone políticamente en los medios de comunicación, aunque no es compartida por la mayoría de la población (como lo demuestran las encuestas al respecto).

Éstas son algunas verdades oficiales del régimen imperante:

1- La integración de los inmigrantes fracasa por regla general (sobre todo con los musulmanes y los africanos, muchas veces también musulmanes) porque nuestra sociedad y sus valores están en quiebra. Falso. En realidad ocurre lo contrario: la inmigración masiva de gentes inintegrables agrede a la sociedad de tal manera que sus propios valores se derrumban ante este brutal y agresivo embate. El estado de nuestros valores no genera esa falta de integración, ciertamente no la facilita, pero no la provoca. No se puede integrar ni asimilar a las normas de un país a poblaciones cada vez mas numerosas y prolíficas, las cuales son mayoritariamente indiferentes y hostiles a los valores y a la identidad del país de acogida. Nuestros valores (sean cuales sean), y el estado en que se encuentran, no están realmente en la base de ese fracaso de la integración porque simplemente nuestros valores no les interesan a esos musulmanes y africanos (y a otros), más bien los rechazan y los combaten.

2- Europa no está amenazada por la inmigración, se enriquece con la nueva “diversidad”. La invasión es en realidad una oportunidad para solucionar los problemas de unas sociedades envejecidas necesitadas de aporte de “sangre joven”. Falso. En realidad, si nada cambia sustancialmente en los próximos años/décadas, Europa desaparecerá como unidad antropológica, política y cultural antes de finales de este siglo. Sólo se salvarán aquellos países (como Hungría, Polonia y algunos más) que, conscientes de los peligros de la inmigración descontrolada de pueblos mayormente de cultura islámica y africana, están cerrando a cal y canto sus fronteras. Europa no es un sistema político concreto, un ente desencarnado, ni siquiera una “idea”, sino una identidad histórica construída sobre la homogeneidad étnica de origen europea y no “cosmopolita”. Por otra parte no vemos cómo esa inmigración, producto de sociedades fracasadas y rotas nos pudieran enseñar a trabajar, a producir y a progresar, a generar libertad y prosperidad. Sus países de origen no son (en su inmensa mayoría, sino todos) ningún modelo en ese sentido, ni están en situación de darnos lecciones acerca de nada como no sea el desorden, la barbarie y la regresión en todos los terrenos.

3- Los inmigrantes son personas desfavorecidas, que viven en condiciones de marginalidad y son víctimas de discriminaciones diversas. Eso es completamente falso. Todos los días nos enteramos del sistemático trato de favor que reciben de las administraciones, de los beneficios que reciben por su condición de inmigrantes, de los privilegios de los que gozan frente a los nacionales de los países de acogida. La lluvia de subvenciones y ayudas de todo tipo que reciben los inmigrantes por regla general contrasta con la mezquindad con que se auxilia a los nacionales en muchas ocasiones. El Estado de bienestar es copado por esas poblaciones extranjeras que absorben más y más recursos económicos y humanos a medida que pasa el tiempo. Los inmigrantes no son parias sociales, por el contrario las administraciones los miman y hasta los ceban, con todo tipo de medidas de discriminación positiva y políticas preferenciales. La “exclusión” de esos grupos se debe al propio rechazo de los interesados de integrarse en las sociedades de acogida, escudándose en el supuesto racismo de los autóctonos para disimular su propio racismo contra los que los acojen. Son los nativos de las capas más modestas de la población local europea las que se ven relegadas y excluidas.

4- El islam laico, tolerante y democrático (y hasta feminista y “gayfriendly”, según los chiflados de Podemos y asimilados) es bienvenido entre nosotros. La “convivencia” es posible, deseable y hasta necesaria, si no imprescindible. Falso. El islam es fundamentalmente una religión/ideología teocrática, antidemocrática e intolerante. El islam y el islamismo es la misma cosa. El Corán no permite ninguna duda al respecto. El islam espiritualista (sufismo), no fanático, es algo minoritario y marginal. Nunca ha sido posible una convivencia pacífica y provechosa con el islam. Ante la duda, echad una ojeada a los libros de Historia y a la actualidad que nos traen las noticias diarias.

5- La islamofobia es un grave problema entre los europeos. Los musulmanes sufren discriminación en nuestros países. Falso. El islam goza de los favores de los poderes públicos. A menudo los musulmanes ni tienen que pedir para que se les dé. Nuestras autoridades se adelantan constantemente a sus reclamaciones y exigencias. El islam goza de favores y privilegios desorbitados en una Europa cristiana que ha sufrido a lo largo de su historia varios embates islámicos que han dejado regueros de sangre en distintos escenarios durante muchas generaciones (Península Ibérica, Balcanes, piratería berberisca en el Mediterráneo durante siglos…). Los actos “islamófobos” son insignificantes estadísticamente. Los actos hostiles y criminales en nombre del islam por el contrario son numerosos. La islamofobia no ha hecho hasta ahora ningún muerto, mientras que el islamismo comete atentados un día si y el otro también contra los europeos, con cientos de muertos y heridos año tras año. Pero el problema es la islamofobia, (consistente básicamente en comentarios en Facebook, tuits subidos de tono o algún artículo de opinión sobre el tema). La islamofilia es en realidad la política oficial de la ideología dominante de las élites, y eso a pesar de la creciente hostilidad y agresividad de las poblaciones musulmanas instaladas en suelo europeo y los actos terroristas que se multiplican.

6 – No hay que mezclar islam e islamismo, que supuestamente no tienen nada que ver el uno con el otro, y no “estigmatizar” el islam que, claro está, no tiene ninguna relación con los atentados terroristas. Falso. La sangrienta barbarie del autodenominado Estado Islámico, de Boko Haram, de Al-Qaeda, etc…, se lleva a cabo en nombre del islam, al igual que la inmensa mayoría de los atentados terroristas y las sanguinarias guerrillas en el mundo. La misma naturaleza del islam es la de mantener un doble discurso. El Corán predica una yihad violenta y sin piedad y preconiza la extensión en todas partes de un modelo sociopolítico totalitario.

7- El islam es integrable en nuestras sociedades europeas, sólo hace falta poner la voluntad y los medios (sobre todo los medios: es decir financiar nuestra propia invasión y colonización) para facilitar la integración sin traumas ni enfrentamientos de poblaciones extranjeras cada día más numerosas. Una completa locura. La realidad desmiente a diario esa quimera. La islamización de Europa se pretende llevar a cabo con la aquiescencia dócil de los europeos que han de pagar por su pérdida de libertades, su creciente sumisión y su esclavización futura. La compatibilidad del islam con Occidente es una de las mas grandes estafas y una de las más ridículas ilusiones y contradiciones de la ideología dominante, ese conglomerado islamoizquierdista que pretende llevar a cabo sus enloquecidas teorías a la práctica de la mano de los islamistas que hoy recitan el Corán y pronto cortarán cabezas en nuestras calles. Los lobbies proinmigracionistas (izquierdistas, feministas, LGTB, etc…) llorarán pronto lágrimas de sangre si la islamización sigue avanzando: la paridad hombre/mujer, la igualdad de los sexos, el matrimonio homosexual, los privilegios de las “nuevas sexualidades”, todo eso será proscrito y barrido, y de paso algunas gargantas serán cortadas de oreja a oreja por los barbudos enturbanados, hoy tan ardorosa como inconscientemente defendidos por la tropa “rosa”.

8- El Estado de bienestar europeo y su modelo social son igualitarios y abiertos a todos. Falso. El Estado de bienestar y su modelo social han sido pervertidos por la sistemática preferencia extranjera, la discriminación positiva hacia los inmigrantes a costa de los nacionales, es decir por una ideología racista anti europea mal disimulada. Cualquier “refugiado” recibe, apenas pisa suelo de cualquier país europeo, unas ayudas desorbitadas que se le niegan a los autóctonos en situación de necesidad. Los “refugiados” y demás ilegales son mejor tratados por nuestras autoridades que muchos nacionales de las capas modestas que han trabajado toda su vida y han aportado a la sociedad riqueza con sus actividades y sus impuestos. Todo lo que se le da a los inmigrantes sin que hayan aportado nada previamente sale del bolsillo de los trabajadores europeos. Bajo el dogma de la “solidaridad” y el “deber de acogida”, el Estado funciona sobre la discriminación y la explotación de los europeos en beneficio de los inmigrantes.

Sigue a Yolanda en Twitter: @yolandacmorin

******************* Sección "bilingüe" ***********************

La violencia de la CUP muestra en manos de quién está el 'procés'
EDITORIAL El Mundo 2 Agosto 2017

Barcelona recibe cada año más de 33 millones de turistas, cuyo impacto económico ronda los 2.000 millones de euros. El turismo genera el 18% de la facturación del comercio y, en la zona centro, este porcentaje alcanza el 61%. Unos 1.2000 negocios de la ciudad se verían obligados a cerrar si no fuera por las compras de los visitantes, de las que también depende la generación anual de 26.000 puestos de trabajo.

Con estos datos encima de la mesa, hay que ser un completo irresponsable o estar fuera de la realidad para boicotear una arteria económica imprescindible para Barcelona. De ahí que la campaña orquestada por la CUP, a través de su organización juvenil Arran, contra lo que este grupo denomina "masificación" turística de Barcelona resulte dañina y estúpida. Tres miembros encapuchados de esta entidad pintaron un autobús turístico y pincharon sus ruedas el pasado jueves. Además, este colectivo difundió un vídeo en el que puede verse a algunos de sus integrantes atacando varias bicis de una empresa dedicada a su alquiler. Se trata de unas muestras de violencia intolerables que revelan no sólo la agresividad de una simple asociación juvenil, sino la radicalidad de la formación política que está condicionando el proceso soberanista y de la que depende el Gobierno de Puigdemont.

Los dirigentes de la CUP justificaron los destrozos provocados por ser una "forma más de protesta, igual de legítima que las manifestaciones". La capital catalana se abrió al mundo con ocasión de los Juegos Olímpicos del '92 hasta el punto de transformar su modelo urbanístico y convertirse en un destino turístico global. Resulta triste y lacerante comprobar, un cuarto de siglo después, que tanto la política autonómica como la local permanecen al albur de un grupo político que ha hecho bandera de su credo antisistema.

Es cierto que la saturación de turistas provoca excesos y desajustes, como la proliferación de alojamientos ilegales o el aumento del precio de la vivienda. Sin embargo, resulta contraproducente intentar solucionar estos problemas apelando a una turismofobia que, en la práctica, no conduce más que al empobrecimiento de Cataluña y de Barcelona y, por extensión, del turismo en España, un sector que genera el 11% del PIB. La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, se equivocó gravemente decretando una moratoria para los alojamientos turísticos y ha vuelto a errar ahora mostrando una tibieza impropia de su cargo ante los actos de vandalismo de los cachorros de la CUP. Colau debe entender que el turismo no sólo es una de las principales fuentes de riqueza de la capital catalana, sino que no se puede vacilar en la respuesta a grupos que recurren a la violencia para defender sus ideas políticas.

Porque esa es la cuestión de fondo: la influencia de la CUP en un escenario político marcado por el radicalismo de la extinta Convergència y ERC, y el populismo de los grupos que confluyen en la formación de Colau. El cultivo de la violencia no es nuevo: en 2011 cerca de dos millares de indignados increparon, abuchearon y amenazaron a los diputados que accedían al Parlament. Aquel clima hizo fermentar electoralmente a la CUP, una formación ultraizquierdista cuyo anacrónico ideario incluye la salida del euro y de la OTAN. Pese ello, Junts pel Sí no dudó desde el principio de la legislatura en someterse al chantaje permanente de una fuerza que primero se cobró la cabeza política de Mas, después exigió una hoja de ruta para el proceso separatista y, finalmente, está acelerando el referéndum y las leyes de desconexión.

No se entiende la huida hacia adelante de Puigdemont y sus socios sin las exigencias de la CUP, de la misma forma que no se concibe ni la desobediencia de las autoridades catalanas ni los ataques al turismo ni la última marcha contra la Guardia Civil. Son las consecuencias de claudicar ante una fuerza política cuya deriva extremista empieza a traducirse en violencia callejera.

Cataluña contra Cataluña
Joan Tapia El Confidencial 2 Agosto 2017

El lunes el Tribunal Constitucional (TC) suspendió la reforma del reglamento del parlamento de Cataluña que Rajoy considera inconstitucional porque permitiría aprobar, en lectura única y violando los derechos de los grupos parlamentarios, la ley de referéndum (ya conocida) con la que el separatismo quiere tener una base legal para la consulta del 1 de octubre, y la futura ley de desconexión, de independencia respecto a España. Todavía desconocida.

Desde el punto de vista jurídico el independentismo está perdiendo la batalla y el referéndum no se podrá celebrar. Otra cosa es lo que vaya a pasar en la realidad pues el radical Jordi Turull, el nuevo portavoz, dijo ayer mismo que el gobierno catalán apoyara al grupo parlamentario de Junts pel Si (la coalición de ERC y la antigua CDC que tiene 61 diputados) si decide desobedecer al Constitucional y tramitar en lectura única la ley de referéndum. Y el nuevo líder parlamentario de JpS, Lluis Corominas, declaró que también se podía tramitar con el reglamento antiguo por la via de urgencia. Es muy dudoso que así la ley pudiera ser aprobada a tiempo para votar el 1-O. Y en todo caso sería inmediatamente recurrida y suspendida. Pero como el nuevo conseller de Interior y el nuevo director de policía han dicho que los “Mossos” garantizarán que el referendum tenga lugar, nos podemos encontrar el 1-0 ante un choque de trenes real: el gobierno catalán y el español dando órdenes contrarias a la policía catalana.

Cuesta creer que el desencuentro entre el independentismo catalán, que manda en la Generalitat desde finales del 2010, y el Gobierno español haya llegado tan lejos desde la sentencia del TC sobre el Estatut del 2006 de junio del 2010. Pero podemos estar ahí y tener consecuencias graves.

Pero sería suicida que el independentismo llevara sus planes hasta el final. Y no sólo por las consecuencias legales -inhabilitaciones y procesos en los tribunales- que tendría que afrontar sino porque es difícil que sacara rentabilidad política en unas elecciones posteriores ya que la radicalización del movimiento no ha sido acompañada ni por la sociedad catalana ni incluso por sectores del catalanismo. Tres hechos muy recientes lo han puesto de relieve.

El primero es el artículo que Antoni Bayona, letrado mayor del parlamento catalán y catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Pompeu Fabra, publicó en la “Revista Catalana de Dret Public” que se conoció a finales de julio. Bayona, cuya proximidad a la antigua CDC es conocida, ponía serios reparos a la legitimidad democrática de la vía unilateral porque Cataluña no es un sujeto jurídico y político soberano y resaltaba que el independentismo había hecho una lectura equivocada de las elecciones-plebiscito del 27-S del 2015 ya que no podía decir que las había ganado con el 47,8% de los votos. Además, JpS sólo había logrado 62 diputados y la mayoría absoluta parlamentaria únicamente se alcanzó gracias a los 10 diputados de las CUP, formación antisistema y anticapitalista que aboga por la separación de España y por la salida de la Unión Europea, lo que no el objetivo ni del nuevo PDeCAT ni de ERC que sostienen que una Cataluña independiente no saldría de la UE.

Por último, Bayona calificaba de grave error considerar al Estado español autoritario y creer -o intentar hacer creer- que no es una democracia homologable.

Los argumentos de Bayona no son nuevos, pero es relevante que sean explicitados por el letrado mayor del Parlamento catalán y no hacen sino corroborar el divorcio entre el independentismo radicalizado y los cuerpos jurídicos del autogobierno catalán, tanto los letrados del parlamento como la Comisión Jurídica Asesora, un mixto de Consejo de Estado y de Tribunal Constitucional catalán que ha dictaminado en contra de algunos aspectos de la reforma del reglamento.

El segundo hecho es el dictamen, radicalmente contario al referéndum unilateral, de la Comisión Jurídica del Foment, la gran patronal catalana. Afirma que el borrador de la ley de referéndum se sitúa al margen del marco constitucional y de los principios del Estado de Derecho, apela a una “inexistente soberanía del pueblo de Catalunya”, no respeta los mínimos exigidos por las organizaciones internacionales, e impide una campaña con las mínimas garantías temporales. Por ello considera que el proyecto en ningún caso debería llegar a aprobarse porque “impone una declaración unilateral de independencia expres con una simple mayoría de votos y en caso de llevarse a cabo supondría de hecho un golpe de estado jurídico…y un ejercicio de irresponsabilidad política de consecuencias jurídicas impredecibles”.

Tanto el presidente del Foment, Joaquim Gay de Montella, como Juan Rosell, antiguo presidente del Foment y actual presidente de la CEOE, han suscrito las duras críticas de la comisión jurídica. Evidentemente el Foment representa a una parte importante de Cataluña pero no es -ni de lejos- toda Cataluña. No obstante, dar un paso tan relevante para el futuro contra el criterio explícito de la patronal -no enmendado por ninguna otra entidad del empresariado- sería una aberración. Un gobierno puede dictar leyes contrarias al criterio del empresariado -incluso enfrentarse a él-, pero no puede ir hacia adelante imponiendo, o pretendiendo imponer, la existencia de un Estado propio.

Y no son sólo los estamentos jurídicos catalanistas o empresariales los que se desentienden de la radicalización soberanista sino que la población -según las encuestas del propio CEO, Centre d´Estudis D´Opinio, el Cis catalán- se aleja de las tesis independentistas. Según la última oleada del CEO, conocida el 21 de julio, el 49,4% de los encuestados, frente al 41,1%, no quiere que Cataluña sea un estado independiente. Una diferencia de ocho puntos que dobla la de la encuesta anterior. El independentismo va perdiendo peso a medida que se radicaliza.

Pero el CEO va más allá y deja constancia que son más los catalanes que no apoyan un referéndum unilateral que los que lo respaldan. Y eso pese a que la tesis del referéndum para decidir el futuro despierta un amplio consenso en Cataluña, posiblemente como consecuencia de que las instituciones españolas no respetaron el referendum del 2006 que aprobó -cierto que con una amplia abstención porque el resultado estaba cantado- el Estatut del 2006. Y cuando se pregunta qué debería ser Cataluña en el futuro, el 34,7% dice que un estado independiente, cuando habían llegado al 50%; el 30,5% que una Comunidad Autónoma de España; el 21,7% que un estado dentro de una España federal. y el 5,3% que una simple región.

Que el gobierno de Cataluña, en base a una mayoría parlamentaria estrecha y heteróclita, quiera imponer a España y a la población catalana un referéndum de autodeterminación unilateral contra el criterio de la propia población, del empresariado y de muchos juristas catalanistas es una auténtica aberración.

¿Cómo se ha podido llegar aquí? En parte por el dogmatismo nacionalista. En parte, porque la tendencia se ha visto alentada por la total dependencia de las CUP, un grupo antisistema sin el que la mayoría parlamentaria independentista no existiría. Pero también por la falta de empatía de muchas fuerzas políticas españolas en el rechazo -y más todavía el modo de rechazo- al Estatut del 2006. El PP tiene mucha responsabilidad en este desencuentro del que ya avisó el presidente Montilla antes de la sentencia.

Cierto que desde la formación del nuevo gobierno Rajoy, a finales del 2016, el tono ha cambiado. Y la falta de diálogo se puede atribuir en buena parte a Puigdemont que no ha querido negociar nada que no impllicara la previa celebración de un referéndum de autodeterminación. Rajoy no ha logrado, o no ha querido, forzar un diálogo sin líneas rojas, pero -contrariamente al periodo anterior- no ha tensionado demasiado sino que -salvo excepciones como la de la ministra de Defensa diciendo que el Ejército defendería por tierra, mar y aire la unidad de España- se ha limitado a subrayar la necesidad de respetar el marco constitucional.

Es un cambio razonable. Pero las fuerzas políticas responsables deben tomar conciencia de que la exageración -y el electoralismo barato anticatalán- son, junto a la crisis económica, una de las causas del dogmatismo separatista y del crecimiento de sus partidarios desde el 2006. En este sentido es de lamentar que en ocasiones C´s recupere los tópicos y falsificaciones que el PP se va dando cuenta que debe abandonar. Así mientras tenemos al exministro Wert -el de españolizar a los niños catalanes- en el dorado destierro de Paris, Miguel Gutierrez, secretario general del grupo popular del Congreso, hizo comparaciones este lunes absolutamente fuera de lugar entre Venezuela y Cataluña diciendo que lo que le pasa a Puigdemont es lo mismo que le pasa a Maduro.

¡Que un bus turístico sea asaltado por cuatro encapuchados de las CUP para protestar contra el turismo “que mata a los barrios”, es un hecho desgraciado y condenable! pero no tiene nada que ver con Venezuela. Ni la personalidad de Puigdemont se parece a la de Maduro.

Con estas mentiras y falsificaciones de la realidad, que a veces se disculpan diciendo que son simples exageraciones, no se contribuye a rebajar la pulsión antiespañola en Cataluña. E incluso Inés Arrimadas debería preocuparse. Si Miquel Gutierrez insiste en comparar a Puigdemont con Maduro, es posible que C´s no pueda repetir los resultados electorales de las autonómicas del 2015.

Mi impresión es que la primera quincena de agosto será de calma relativa. Eso si con mucho ruido y balas de fogueo. Pero a partir del miércoles 16 de agosto, o todo lo más del lunes 21, España se topará con la crisis constitucional más grave desde el golpe del coronel Tejero. Y el independentismo se equivocará gravemente si tras el 11 de setiembre no tiene en cuenta que Cataluña es muy plural y que no toda sale ese día a la calle. Lo que algunos independentistas desprecian como algo similar a la famosa “quinta columna” de la guerra civil, en democracia tiene todos los derechos. Y más si según el CEO suma el 49,4% frente al 41,1%.

Pesoeístas internacionalistas y socialistas plurinacionalistas
Beatriz Talegón okdiario 2 Agosto 2017

Celebrado el 13 Congreso del PSOE andaluz, Susana Díaz, actual secretaria general y presidenta de la Junta de Andalucía, deja patente su insistencia en la provocación al secretario general Pedro Sánchez. En su discurso, la “sultana” lanzó una manzana de la discordia sobre la mesa del banquete: “Nunca me hagas elegir entre las lealtades”. Quiso así dar a entender que hay división, hay ruptura, hay algo entre lo que elegir. Por un lado, el discurso oficial, aprobado en el último Congreso Federal, que apuesta por la defensa de España como “nación de naciones”, ese “plurinacionalismo” que tanta urticaria provoca en algunos barones -y baronesa- “pesoeístas”. Antes de seguir, permítame el lector que deje de referirme a algunos como “socialistas”, para pasar a denominarles “pesoeístas”. A día de hoy es evidente que militar en el PSOE no implica representar los valores del socialismo.

Dice Díaz que para ella no hay más nación que España. Pero dice que ella no es nacionalista. Dice que ella, como socialista, es internacionalista. Pero que nacionalismos, no, gracias. Que viva España, que viva Andalucía, pero a los catalanes, que les den viento fresco. No sé si esta lideresa comprende que para hablar de “internacionalismo” es fundamental hablar de naciones, de autodeterminaciones, de sentimientos y de cultura, de historia y de tradición. Porque pretender la mayor sin reconocer lo fundamental es demagogia. Pero claro: esos discursos sentimentaloides, dando gritos, terminando sus frases cargadas de mala intención con una sonrisa tirante, parece que son el menú del día. Lo que ha venido siendo desde el principio, y que parece no darse cuenta de que le hizo perder las primarias federales. Porque el Partido Socialista es un partido federalista, de ahí que tenga un máximo órgano que se denomine “comité Federal”, que existan Congresos Nacionales como el del Partido Socialista del País Valenciano. Repito: Na-cio-nal. País Valenciano.

Porque Díaz reitera ese batiburrillo del “no me hagas elegir entre ese PSOE que tú vendes y el que yo defiendo….”, que viene a ser algo así como: “No me hables de nacionalidades cuando yo intento defender Andalucía a capa y Espada, mezclando churras con merinas, generando división entre charnegos y catalanes…”. Que soy internacionalista. Y se queda tan ancha. No se sostiene, con un mínimo de conocimiento de socialismo en la sesera. La causa socialista siempre ha sido y fue por la defensa de los pueblos, de su autodeterminación, de la democracia como resolución de conflictos de identidades. El internacionalismo es la defensa de valores que superan los territorios y nacionalismos, que permiten avanzar en lo que, por encima de nuestras diferencias —enriquecedoras diferencias— nos hace ser más fuertes. ¿O me dirá usted que esa defensa de “España, España, España” no es nacionalista?

No lo tiene fácil Sánchez porque tendrá que hacer pedagogía y explicarle a los socialistas qué es eso del internacionalismo. Deberá explicar también lo que entiende el socialismo por nacionalismo, por autodeterminación, por la dignidad de los pueblos y la soberanía de los mismos. Tendrá que hacerlo porque Díaz parece no haber aprendido nada en este último año. Y vaticino, además, que esta batalla, la andaluza, también la tiene perdida —las primarias y sus enjuagues me interesan poco, lo importante es el batacazo que se avecina en Andalucía con ella al frente—. Por mucho que intenten zancadillear a Sánchez, por mucho que se intente generar conflicto con la terminología, lo más tozudo que existe es la realidad. Y que España es una nación de naciones, que la plurinacionalidad no sólo es un hecho sino una característica tan positiva como enriquecedora, es algo que solamente los ignorantes podrían cuestionar. Ser socialista implica conocer de dónde viene nuestra lucha, de dónde vienen nuestros valores y apostar por defenderlos, sin demagogia ni trampa. Y ahí está la diferencia entre llamarse “socialista” o “pesoeísta”.

ETA y la extrema izquierda
EDITORIAL Libertad Digital 2 Agosto 2017

La muerte del etarra Kepa del Hoyo mientras cumplía condena en una cárcel de Badajoz ha vuelto a poner de manifiesto la miseria moral de la extrema izquierda y de sus terminales mediáticos.

El terrorista Kepa del Hoyo, natural de Almendralejo, provincia de Badajoz, estaba en la cárcel por asesinato, atentado y colaboración con banda armada, delitos gravísimos todos ellos que explican y justifican su larga estancia en prisión y que hacen que llamarle "preso político" sea no sólo una repugnante falsedad, sino un insulto a todos los españoles, sobre todo a quienes fueron víctimas directas de sus crímenes.

Arnaldo Otegi, otro terrorista con penas de cárcel a sus espaldas, ha acusado al Estado de haber matado al asesino Del Hoyo. Otegi, que confesó estar solazándose en la playa el día en que sus conmilitones asesinaron a Miguel Ángel Blanco y que ha afirmado que sería "absurdo" que le pidieran "condenar la violencia", siempre ha enmarcado los crímenes de ETA en el contexto del conflicto, es decir, en la guerra sin cuartel de la banda terrorista contra España, sus instituciones y su ciudadanía.

Que el condenado Otegi perpetre esas declaraciones no debe sorprender a nadie: Otegi es lo que nunca ha dejado de ser; lo terrible es que este sujeto, al que tanto José Luis Rodríguez Zapatero como Pablo Iglesias han vendido como hombre de paz, parece haber sido adoptado por buena parte de la extrema izquierda española, volcada en el blanqueo ya no de su trayectoria sino de la de ETA, la banda que ha asesinado a un millar de personas, la inmensa mayoría de ellas en la etapa democrática.

Así, los órganos oficiosos del podemismo y buena parte de sus secuaces en las redes sociales compran el mensaje central de los proetarras, y cuando anda ETA de por medio de ninguna de las maneras hablan de "terroristas", sino de "presos vascos"; los más sinvergüenzas dan el paso completo y hablan, como el condenado Otegi y demás ralea liberticida, de "presos políticos vascos". Así están las cosas en el vigésimo aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco.

Esta es la verdadera cara de la extrema izquierda, que ya tiene una inaudita y ominosa presencia en las instituciones, no pocas de las cuales –y de la mayor importancia– controla por culpa de un PSOE desfondado, insensato y por eso muy peligroso.

Se trata de una extrema izquierda que habla y no para de la violencia institucional de un sistema al que tacha de pseudodemocrático mientras jalea al régimen criminal de Nicolás Maduro en Venezuela y aquí se desvive por blanquear a ETA; de una extrema izquierda hiperviolenta que escrachea, asedia, asalta a sus rivales políticos y pretende imponerse por el miedo. Una extrema izquierda, en definitiva, que es una amenaza de primera magnitud para las libertades y la convivencia. Y a la que, por tanto, hay que combatir sin descanso en los ámbitos político, social y, cuando se tercie, legal y policial.

Cargarse el invento
Joaquim Coll Cronica Global 2 Agosto 2017

La impresionante investigación publicada en El Español la semana pasada bajo el nombre de CatLeaks, según la cual el Govern de Artur Mas amañó más de 500 millones en contratos públicos a favor de empresas afines a CDC, ha sido otro mazazo en materia de corrupción en la mandíbula del desprestigiado expresident. La mecánica tramposa de las adjudicaciones pone en cuestión el argumento tan insistentemente defendido por Mas de que todo siempre se había hecho de forma escrupulosa desde la Administración y que, por tanto, si algunas empresas habían hecho donaciones a su partido eso nada tenía que ver con el famoso 3% que investiga el juez de El Vendrell.

El presidente del PDeCAT es un político acorralado. No solo pesa sobre él una sentencia de inhabilitación por la consulta del 9N, a la espera de lo que diga el Tribunal Supremo, sino que ahora puede perder parte de su patrimonio como consecuencia de la actuación del Tribunal de Cuentas. Pero no acaba ahí la cosa. También teme acabar siendo imputado por la financiación ilegal de CDC, siguiendo los pasos del exconseller Germà Gordó. Su respuesta a esas informaciones ha sido denunciar la “estrategia conjunta” entre el Gobierno español y algunos medios que pretenden “destruir símbolos en el mundo soberanista” para, fíjense en la afirmación, “cargarse el invento entero”. Como es un poco gafe lo dijo el mismo día en que se conocía la primera condena por comisiones a cambio de obra pública en Cataluña, cuyas mordidas alcanzaban hasta el 20% del coste de unas viviendas licitadas por Adigsa.

Mas es un político marcado por el fracaso que, sin embargo, sigue controlando lo que queda de la antigua Convergència y ejerciendo una influencia directa en el hueso de la estrategia separatista. Su papel ha sido determinante para evitar que la reciente crisis en el Govern acabara en lo que parecía más posible: la convocatoria de elecciones autonómicas anticipadas. En un momento concreto, cuando parecía que todo estaba a punto de hundirse por las exigencias de Oriol Junqueras, apuntaló la estrategia de “referéndum o referéndum” de Carles Puigdemont​ apoyando las purgas de los consejeros del PDeCAT y altos cargos que no estuvieran dispuestos a llegar hasta el final.

Mas se mueve en estos momentos por resentimiento y cree que, mezclando desobediencia con astucia, el primer domingo de octubre puede haber algo parecido a una votación que ponga a Mariano Rajoy contra las cuerdas. Apuesta por seguir engordando la tensión, con más querellas, más políticos finalmente inhabilitados y un clima asfixiante que, en algún momento, obligue al Gobierno español a iniciar una negociación partiendo de cero mediante indultos. Además, en su fuero interno, no renuncia a volver a la primera línea política ya que Puigdemont está decidido a inmolarse —a ir a la cárcel, repite con frecuencia— por el referéndum.

Los líderes separatistas han entrado en una fase disparatada, tan ridícula como enloquecida, para la que se han autoimpuesto la consigna “no hay marcha atrás”. Lo fían todo a que la reacción del Gobierno, que califican de “represión” en declaraciones cada vez más incendiarias, impulse la movilización popular en septiembre y el desbordamiento el 1-O. No les importa en absoluto que una parte de la ciudadanía catalana se enfrente a la otra. Temen más una derrota completa si ahora reconocen que habían prometido un imposible. Antes de desearles buenas vacaciones me gustaría despedirme con un mensaje de moderado optimismo. Las huidas hacia delante acaban siempre en fracaso. El clima social en Cataluña no es el que Puigdemont, Junqueras o Mas imaginan y el que sus propagandistas explican para infundir miedo. Hay sobre todo mucho hartazgo en la sociedad. Mi pronóstico es que, a mayor radicalidad separatista, más son las posibilidades de que el temor del expresident se cumpla, y de que finalmente sean ellos mismos los autores en primera instancia de “cargarse el invento”.

Ilegalizar la CUP
José María Albert de Paco Libertad Digital 2 Agosto 2017

Hostigamiento a la Guardia Civil frente al cuartel de Travesera de Gracia, asalto de la sede del Partido Popular en la calle Urgel, boicot del espectáculo de Jorge Cremades en el teatro Borrás, sabotaje continuado de apartamentos turísticos (fechoría cotidiana a la que tantos barceloneses se han acabado acostumbrado como quien se acostumbra a la llovizna), pintadas amenazantes contra el empresariado en general y contra el empresariado turístico en particular, vandalismo contra vehículos de alquiler privados, ataque contra un autobús turístico de la TMB, apología del terrorismo (que da cuenta, por cierto, de la clase de turismo que merece su absolución); altercado en la pasarela de moda 080, destrozos en escaparates a cuenta de la campaña contra la operación bikini, señalamiento y acoso de propietarios de inmuebles que denuncian okupaciones, encadenamiento en la puerta principal de la Bolsa de Barcelona (con los consiguientes desperfectos), quema de fotos del Rey, regodeo por la muerte de Rita Barberá, criminalización de toda suerte de adversarios políticos (conforme a la querencia ultraizquierdista a erigirse en tribunal de orden público); declaración de solidaridad con los ocho acusados por la agresión de dos guardias civiles y sus parejas en Alsasua.

No creo que Ada Colau tenga más responsabilidad que los procesionarios en la crecida en Cataluña de la violencia política. No en vano, si Barcelona en Comú ha hecho de la turismofobia uno de sus principales signos de identidad, el soberanismo, desde la sentimentalidad de Montilla al "sí o sí" de Puigdemont, no ha consistido sino en una llamada permanente a quebrantar la ley. Que en ese légamo germinara la semilla del odio era cuestión de tiempo.

Sea como fuera, para que los paralelismos entre la CUP-Arran y Batasuna no se queden en un recurso estrictamente ornamental, no deberíamos omitir los efectos, ni el precio, de esa misma operación semántica. Urge, en fin, asomarse a la posibilidad de que el Estado aplique al conglomerado filoterrorista catalán el mismo tratamiento que aplicó a Batasuna, esto es, la ilegalización.
 


Recortes de Prensa   Página Inicial