AGLI Recortes de Prensa   Jueves 3 Agosto 2017

El avestruz
Vicente Baquero Gaceta.es 3 Agosto 2017

Cuenta la leyenda, o al menos un decir popular, que dicha ave al verse amenazada esconde su cabeza bajo tierra con la pretensión de que no viendo el peligro consigue conjurarlo. Lo cierto es que no me lo creo…todo animal amenazado huye o ataca.

Tal dicho me recuerda la actitud o postura, al menos aparentemente escandalizada, de aquellos personajes públicos y comentaristas que al escuchar determinadas afirmaciones por parte de algunos miembros de grupos radicales de izquierda, pretenden destacar su falta de sintonía con el conjunto de valores imperantes en una “democracia madura” como la española. Ignoro si de verdad se creen su falta de fe en dichos principios y valores, en un canto de ingenuidad bien intencionada, o conocedores precisamente de su auténtica raíz ideológica, acrisolada por la experiencia demostrada de muchos años de marxismo práctico, se niegan a aceptar que existan personas capaces de defender y mantener, e incluso llevar a la práctica, si les fuera posible, la aniquilación de nuestro modelo de sociedad.

El negar o ignorar conscientemente, que existan dichas personas, como lo haría esa hipotética avestruz, no evita el peligro que dichos grupos entrañan para la convivencia, paz y supervivencia en última instancia del mismísimo sistema político vigente. Por eso no es aceptable el condonar ciertas afirmaciones o establecer alianzas aunque sean circunstanciales con dichos grupos, toda maniobra que refuerce su presencia en nuestra sociedad es un paso en la dirección equivocada a largo plazo.

Cuando aparecen ciertas circunstancias es cuando se pone de manifiesto la verdadera cara de dichas ideologías, como en este preciso momento es la revolución popular venezolana. Si atendemos con atención a las declaraciones que dichos grupos efectúan y las posiciones que asumen ante tal manifestación de ira y desesperación ciudadana, podemos descubrir lo que realmente hay bajo su careta “democrática”. Su postura, o mejor su impostura en un parlamento de tradición liberal, no me parece incoherente, puesto que desde su perspectiva marxista-leninista, todo lo que contribuya a la destrucción la sociedad burguesa tradicional, aunque acarree violencia extrema, es bueno, en la medida que contribuye al triunfo de socialismo, el propio Lenin lo dejó bien claro, no hay que echarle las culpas de todo a Stalin: Si fuera necesario aniquilar a toda la población rusa y solo sobrevivieran unos pocos y fueran socialistas valdría la pena…Es un intento de transformar el mundo y a la naturaleza humana que ya ha sido ensayado en múltiples ocasiones en numerosos lugares y cuyos resultados son bien conocidos. La que no entiendo es la postura de los demás grupos ante ellos.

Otra cuestión es: ¿Por qué visto lo visto sigue habiendo gente que cree que tal experimento es factible, posible e incluso deseable y beneficioso? Simplemente porque es un problema de fe, no de razón, por más que pretendan presumir de un barniz “científico”… Contra las cuestiones de fe y emocionales, hay muy poco que razonar, no niego que un poco, pero en el fondo, ante determinadas ideologías es prácticamente imposible. Los seres humanos, unos más que otros, tienen una tendencia a elucubrar sobre realidades en base a deseos, lo cual no es malo en sí, incluso ha habido ocasiones a lo largo de la historia en que el deseo de alcanzar un fin utópico ha llevado a mejoras sustanciales de la sociedad, solo es letal cuando lleva a una negación total de la realidad humana y pretende imponerse en base a unos deseos o ambiciones que carecen de base realista, a la larga llevan a la destrucción. Es como si una parte de la humanidad buscara un suicidio colectivo en base a que sus ideales se manifiestan como inalcanzables.

Esto en cuanto a los actores de la radicalidad, ellos tienen sus razones y justificación, su lógica y su sentido, ahora bien ¿qué hacen los demás, que son mayoría? Pues si esta mayoría (en un sistema democrático) no reacciona, es bien sabido que una minoría organizada puede mucho más políticamente que cualquier hipotética mayoría. ¿Vamos a hacer lo de la falsa avestruz, vamos a correr o vamos a atacar? Creo que lo primero es identificar y reconocer que hay personas que por fuerte, crudo o brutal que nos parezca, que si en sus manos estuviera, se impondrían con los mismos medios y contundencia que los narco-dictadores venezolanos, o volverían a repetir en este país las matanzas ideológicas del 36 sin pestañear, creyéndose con justa causa representas de la “ira del pueblo”, unos por convicción, los “santos idealistas o “ignorantes ovejas”, otros por conveniencia política, los peores. Que nadie se engañe si no lo hacen es simplemente porque no pueden, porque de momento los mecanismos de control sociales en nuestras sociedades occidentales se lo impiden, en donde han podido lo han hecho… Es casi imposible luchar contra unas minoría ideológicamente imbuidas de tales emociones.

No me toques la dictadura
Cuando se desploma una tiranía comunista siempre pasa a engrosar, de una manera u otra, el olimpo del puño cerrado entre aquellos burgueses que, como los socialistas y los podemitas españoles, viven bien en democracia.
Jorge Vilches www.vozpopuli.com 3 Agosto 2017

La irascibilidad de los cargos públicos de Podemos cuando se les cita la dictadura venezolana, el narcogobierno que la dirige, y sus crímenes, ha ido en ascenso. Al comienzo no hacían caso. Las referencias a una supuesta financiación indirecta y a los asesoramientos iban seguidas por denuncias y alguna amenaza. Luego optaron por ridiculizar al acusador, una conocida técnica estalinista y goebbeliana –que tanto monta- a través de sus periodistas y trolls –que monta tanto-. La idea era achacar la acusación de ser presuntos colaboradores de la criminal dictadura, o del vínculo ideológico entre unos y otros, a que se quería distraer la atención. Después intentaban reírse diciendo: “¿Ha dicho ‘Venezuela’? Un chupito”.

No funcionó porque las declaraciones de sus cargos públicos seguían defendiendo la dictadura del socialismo del siglo XXI, llamaban “golpista” a Leopoldo López, “terroristas” a los opositores, y bramaban, como siempre, contra la UE, el gobierno de España y Trump. Incluso incidieron en su campaña de antifranquismo sobrevenido, apuntando al Valle de los Caídos y el nombre de unas calles, bien acompañada por los publirreportajes de sus cadenas de TV y los medios afines. A esto se unía la cantinela que arrastra la extrema izquierda filoterrorista desde los ochenta: la derecha es heredera de Franco. Poco importa que la izquierda de la Transición estuviera bien trufada por hijos de altos cargos del franquismo.

La irascibilidad de los podemitas ha ido en aumento, decía, pero ahora es paralela a la visibilidad de su nerviosismo. Hace unos días, unos venezolanos que han huido del “paraíso” que algunos de los suyos ayudaron a montar, increparon a Pablo Iglesias e Irene Montero en un restaurante. Denunciaron el hambre y las calamidades que pasan los venezolanos que no pertenecen a la nomenclatura del narcogobierno; es decir, la condición a la que les ha sometido la miserable opresión de una oligarquía, de una auténtica castuza.

La oposición venezolana, incluida la diáspora desplegada por medio mundo, dice que cuando caiga la dictadura saldrán papeles, documentos, nombres y cantidades de los cómplices nacionales y foráneos. Hay quien dice que quizá se forme un tribunal ad hoc para juzgar a los represores.

La dictadura caerá, como han ido cayendo todas en la historia contemporánea. Sin embargo, cuando se desploma una tiranía comunista siempre pasa a engrosar, de una manera u otra, el olimpo del puño cerrado entre aquellos burgueses que, como los socialistas y los podemitas españoles, viven bien en democracia.

Así ha pasado con Marx, un antisemita violento que jamás trabajó, que purgó la AIT, y que escribió contra la participación electoral de la socialdemocracia alemana. Otro tanto con Lenin, el gran teórico de la liquidación social y de los golpes de Estado, con ayuda de Trotski. O Stalin y Mao Zedong, que al genocidio llamaron “revolución”.

Lo mismo ha ocurrido con la revolución cubana, donde los Castro dieron un golpe contra el presidente Urrutia, el primer mandatario tras echar al dictador Batista, y luego liquidaron a Camilo Cienfuegos, a Huber Matos, y a todo aquel que pudiera hacerles sombra. También la izquierda ha idealizado al Che Guevara, un pretendido médico a quién, según él mismo escribió, le gustaba matar. No en vano fue lo único que hizo en Cuba, además de campos de “reeducación” para homosexuales bajo el lema: “El trabajo os hará hombres”.

Cuando caiga la dictadura del socialismo del siglo XXI, ese populismo rancio que pretende renovar el marxismo a brochazos populistas, los izquierdistas mitificarán lo que pasó en Venezuela. Hugo Chávez ya es tratado como un mito, y Maduro y su narcogobierno aparecerán como el error de la revolución. Qué grandes ideales, volverán a decir, traicionados por los que se dejaron seducir por el dinero y la riqueza, por los vicios burgueses.

Chávez y su proyecto, ese caudillismo tan latinoamericano, tan pertinaz, tan tiránico y populachero, quedarán como el enésimo sueño comunista que no pudo ser. Nadie renegará de sus ideas, y pensarán que la próxima generación lo hará mejor. Solo será necesario volver a controlar los medios de comunicación, la enseñanza y la cultura, conquistar las mentes y proyectar odios y deseos. Dirán que la culpa de lo que se hizo mal, de la pobreza, los crímenes, la represión, la falta de libertad y el engaño masivo, fue de otros, no del ideal. Es lo que tienen las ideologías, que son un sustituto barato de la religión.

La irritación y el nerviosismo de la gente de Podemos por el tema de la dictadura en Venezuela son lógicas. Ahora bien, lo terrible es que sigan teniendo millones de votantes –al menos eso dicen las encuestas- que otorguen su confianza a un grupo que se relaciona con las imágenes y testimonios que llegan de aquel país. En la balanza de lo político, incluso de lo humano, no es equiparable a la corrupción ni a la tontería, no se puede comparar con los Gürtel, ERE ni Pujol, ni con el plurinacionalismo confederal del líder consonante. Esa idea de “no me toques mi dictadura porque es de los míos” es tan del siglo XX que asusta.

Neymar y los 'qatarlanes'
Pablo Planas  Libertad Digital 3 Agosto 2017

El futbolista Neymar da Silva Santos Júnior, de nombre artístico Neymar, se va del Barcelona al Paris Saint-Germain. El fichaje más caro de la historia no tendría mucho de particular sin la concurrencia de corrientes geopolíticas de cierto calado. El presidente del club parisino, Naser al Jelaifi, está dispuesto a pagar los 222 millones de euros de la cláusula de rescisión al contado, aparte emolumentos del chico y prima del padre. Tan desorbitada cifra es calderilla para Al Jelaifi, que dispara con pólvora del emir Hamad ben Jalifa al Zani, o sea el fondo soberano de inversión Qatar Investment Authority.

Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Bahréin y Egipto acusan a Qatar de financiar el terrorismo y le exigen que aborte la construcción de una base militar turca en su territorio. Un polvorín. Jeques, emires y califas se odian a matar, pero si los saudíes tienen petróleo, los qataríes disponen de gas y de Al Yazira, la cadena con mayor audiencia global y que difunde una cosmovisión islamista tirando a fanática desde la poco sospechosa perspectiva de los petromonarcas.

Cuenta Qatar además con una posición dominante en materia de retransmisiones deportivas. Son los dueños del fútbol televisado a través de la filial de Al Yazira Bein Sports, cadena que preside Al Jelaifi y cuya versión para España está participada al 50% por Mediapro, de Jaume Roures y con sede en Doha. Qatar ha querido vengarse de la cancelación del contrato de patrocinio de la camiseta azulgrana a la manera del proverbio árabe que prescribe que la venganza es un plato que cuesta una pasta. Por su parte, Roures, que además de Mediapro tiene en el saco a Pep Guardiola, propagandista del Mundial de Qatar, logra desestabilizar a la junta directiva del Barça, presidida por Josep Maria Bartomeu y con la distinguida vicepresidencia del exchófer de Pujol Jordi Vilajoana.

Los trasfondos del fichaje de Neymar aluden a la paulatina conversión del fútbol en el soporte publicitario del wahabismo, corriente integrista que es la letra de la música del Estado Islámico. En ese contexto destaca el poderío catalán expresado a través de Roures y del guardiolismo (Laporta, Ferran Soriano, Beguiristain, el hermano de Guardiola...), que controla equipos como el Manchester City o el recién ascendido Gerona y con intereses en los más variados aspectos del negocio. El lobby catalán ha encontrado en Qatar un gran acomodo y un más que pasable bienestar material.

Resuelta la parte económica, romper España y quedarse con el Barça son los objetivos prioritarios del llamado Clan de los Qatarlanes, cuyas últimas aportaciones a la primera de las causas son el papel de Guardiola como portavoz del proceso separatista y el indigerible documental Las cloacas del Estado, dirigido en persona por Roures con el fallido propósito de acreditar que hay una guerra sucia contra los líderes independentistas.

Neymar, por su parte, ha ejercido el derecho a decidir pagando otro, que es exactamente lo que pretenden hacer Mas, Puigdemont y Junqueras, esa lumbrera.

Catar, Al Yazira y la influencia en el mundo islámico
Ricardo Ruiz de la Serna  Libertad Digital 3 Agosto 2017

Doha quiere poner el foco en la libertad de expresión pero en realidad estamos asistiendo a una lucha de poder entre Estados.

La crisis entre el emirato de Catar y varios países islámicos, entre los que destacan Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Egipto, ha tenido como uno de sus puntos más polémicos el papel de Al Yazira. Desde que la cadena comenzase sus emisiones internacionales desde Doha (1996), ha transformado el mundo islámico y extendido la influencia catarí por todo el planeta.

Este soft power televisivo forma parte de los esfuerzos que Catar viene desarrollando desde hace más de veinte años para convertirse en una potencia regional no por la fuerza de las armas, sino por la persuasión, la economía y las relaciones diplomáticas. El referido canal tiene una audiencia de más de 270 millones de personas, dispone de 80 oficinas en todo el mundo y goza de un prestigio incomparable en el panorama árabe. Ha destacado especialmente por su cobertura sobre Osama ben Laden y las actividades de Al Qaeda. Al Yazira presume de una independencia poco frecuente en los países islámicos.

Catar ha invocado precisamente esa independencia frente a las quejas de otros Estados por la cobertura que hace de los mensajes de los líderes de Al Qaeda o su línea editorial crítica con las autocracias del mundo árabe. Por supuesto, en la crítica no incluye a la casa real catarí. Esto no debería sorprendernos –el accionariado sigue controlado por Doha–, pero sí debe llevarnos a una cautela: Al Yazira forma parte del sistema de influencia internacional de Catar. Por lo tanto, tiene una agenda. Esto no significa que sea un instrumento de propaganda como Al Manar, la TV de Hezbolá. Ciertamente, la cadena ha mostrado capacidad para abrir y alimentar debates críticos y necesarios en las sociedades islámicas y, en especial, en el mundo árabe. Podríamos recordar la entrevista a Shimon Peres del año 2008, poco tiempo después de que el entonces viceprimer ministro israelí visitase Doha (2007). En aquella época las relaciones entre Israel y Qatar parecían encauzarse, después del cierre de la oficina comercial de 2000. Pero todo se desbarató en 2009, cuando el emirato cortó toda relación diplomática con Israel en respuesta a la operación Plomo Fundido de las IDF contra la infraestructura de Hamás en la Franja de Gaza.

La posición de la cadena a propósito de Hamás, los Hermanos Musulmanes y las relaciones deIrán con el mundo suní ha reflejado la del propio Gobierno catarí. En su vocación de potencia regional, Doha ha tratado de tener buenas relaciones con todos sus vecinos, cabalgando las contradicciones que esto supone en una zona tan convulsa como el Golfo y, en general, el Oriente Próximo. Así, a lo largo de los años, ha hecho gestos hacia Israel, pero también hacia Hamás e Irán. Ha dado voz a los opositores en Kuwait y tomado partido por algunos de los rebeldes sirios contra Asad. Sus emisiones en árabe han servido de tribuna a los Hermanos Musulmanes. A través del programa Sharia y vida, Yusuf al Qaradawi –uno de los líderes más influyentes de la Hermandad– ha logrado una influencia formidable en todo el mundo islámico. Este ascendiente ya no depende de los Gobiernos nacionales, sino de Doha.

Los regímenes árabes del Oriente Próximo han tratado de ejercer un control férreo sobre los medios de comunicación durante décadas. Al monopolio de las televisiones y las radios se sumaron durante mucho tiempo el control del papel, las presiones sobre los periodistas a través de favores o castigos, el apoyo a personas afines como directores y editores… La cuestión de la libertad de expresión en los países árabes refleja, en realidad, uno de los grandes problemas de las monarquías del Golfo: el estatuto de la oposición y su legitimidad frente al poder. Cuando Al Yazira da voz a los opositores, siembra la inquietud entre sus vecinos.

En medio de la crisis que atraviesa con ellos, Catar ha auspiciado la semana pasada una conferencia internacional sobre la libertad de expresión en colaboración con la International Federation of Journalists (IFJ) y el International Press Institute (IPI) y el apoyo de la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, la Unión Europea de Radiodifusión y la ONG Human Rights Watch. Hay que reconocer que ha sido una jugada muy hábil. El debate global se centra, así, en el temor a la libertad de expresión más que en su uso en el contexto de una agenda política de Estado.

Todos los Estados tratan de participar directa o indirectamente en la conversación global a través de cadenas de televisión que promuevan sus agendas y puntos de vista. Sería ingenuo pensar otra cosa. También lo sería creer que, en el fondo, esto es otra cosa que una lucha de poder entre Estados.

© Revista El Medio

Secretario General de Manos Limpias
Miguel Bernad: “Soy un preso político de una Justicia que está totalmente politizada”
Una entrevista de Ramiro Grau Morancho latribunadelpaisvasco 3 Agosto 2017

Miguel Bernad Remón, secretario general de Manos Limpias, ha concedido una entrevista, en rigurosa exclusiva nacional, a La Tribuna del País Vasco.

¿Cómo considera su detención e ingreso en prisión?
La considero una detención ilegal, y además el ingreso en prisión una auténtica canallada. Ambos hechos, detención e ingreso en prisión en mi persona, me han convertido en el primer preso político del régimen del 78.

¿Qué motivos objetivos había para detenerle e ingresarle en prisión?
Motivos objetivos, ninguno. Solo motivos políticos. La “Operación Nelson” por la que se me detiene e ingresa en prisión tenía un doble objetivo: evitar que la Infanta se sentara en el banquillo, y exterminar al sindicato que estaba denunciando los casos de corrupción del sistema.

¿Cree que en España hay una policía política?
Por supuesto que sí. “Las cloacas del Estado” tienen nombre y apellidos. En mi caso se han utilizado las Instituciones del Estado, para aniquilarme con argumentos falaces propios de estados dictatoriales.

¿Cuáles son los casos más importantes en los que Manos Limpias ha intervenido?
La amnistía fiscal del año 1997; la Expo de Sevilla del 92; el caso Atutxa; Nunca Mais (Prestige); Baltasar Garzón; Miguel Blesa; Instituto Noos (Infanta); el 9 de noviembre de 2016, referéndum catalán (Artus Más); caso Pujol Ferrusola; Madrid Arena; accidente de Santiago de Compostela; Eres de Andalucía; el latrocinio de los “cursos de formación”; Fabián Picardo; aplicación del artículo 155 de la Constitución a la Generalidad catalana…, etc.

La lista sería interminable: asalto al parlamento catalán; cerco al parlamento español, ultrajes a los símbolos nacionales; decenas de actuaciones contra el separatismo catalán…

¿Cómo considera a la justicia española?
Pienso que tiene 200 varas de medir diferentes.

Creo que está totalmente politizada, tanto los jueces como los fiscales.
Que es excesivamente lenta, y por lo tanto no garantiza la tutela judicial efectiva, salvo para los asuntos “recomendados”, en cuyo caso es de una celeridad pasmosa.
Que por desgracia tenemos un Ministerio Público que actúa sectariamente, según los dictados de sus superiores jerárquicos, y que mira para uno u otro lado, según convenga al partido en el poder.

¿Qué opina de la acción popular?
Que se utiliza espuriamente por los partidos políticos para atacar a sus adversarios ideológicos.

Que Manos Limpias ha sido el referente de una acción popular limpia y transparente, imparcial, objetiva e independiente.
Tal vez la única…

¿Tiene algo más que añadir?
Sí, que reitero que soy un preso político en un sistema que se define de derechos y libertades.

Que las acusaciones que se me imputan quedaran desmentidas a lo largo del proceso penal y que tengo ya preparada la denuncia del Reino de España ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, por haberse conculcado todos mis derechos constitucionales.

Solo me resta agradecer a Raúl González Zorrilla y a La Tribuna del País Vasco su apoyo en estos tiempos en que se me ha desprestigiado tanto, al publicar mis artículos y haberse interesado por conocer mis opiniones sobre estos temas, cuando la mayoría de los medios solo han publicado las filtraciones oficiales, parciales y subjetivas, destinadas a hacerme desmerecer ante la opinión pública.

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Cataluña vuelve a la prehistoria

Alejo Vidal-Quadras Gaceta.es 3 Agosto 2017

Como todos los procesos sociales contrarios a la razón e impermeables a la realidad, la aventura separatista de las distintas fuerzas agrupadas en Junts pel Sí tiene aspectos insólitos y consecuencias inesperadas.

Los ataques violentos de las juventudes de la CUP contra autobuses turísticos, hoteles y bicicletas de alquiler representan uno de estos aspectos singulares en la medida que han devuelto a Cataluña a la prehistoria. El fenómeno no deja de ser contradictorio porque uno de los principales argumentos del absurdo proyecto secesionista se apoya en las supuestas injusticias históricas padecidas por esa Comunidad por parte de España.

Si, gracias a los exaltados vándalos de Arran, la irredenta patria del tres per cent se sitúa en un tiempo anterior a la aparición de la escritura, todos los mitos en torno a 1640, 1714, la Guerra Civil, la opresión de la lengua, el expolio fiscal y demás relatos truculentos, carecerán de sentido porque ya no serán de aplicación en una Cataluña devuelta a épocas muy remotas del Cuaternario.

Hace aproximadamente cinco mil años, la Humanidad empezó a levantar acta de su acontecer para que futuras generaciones conocieran el pasado y aprendieran de él. Los cachorros de la CUP han decidido de repente viajar hacia atrás decenas, centenares o incluso miles de siglos, atravesando sucesivas glaciaciones, hasta convertirse en versiones muy anteriores del homo sapiens o, si siguen por este camino de resurrección del instinto tribal, puede que lleguen al australopithecus afarensis.

En aquellas eras insondablemente pretéritas, los ancestros de nuestra especie vivían en pequeños grupos aislados dedicados a la caza, la recolección y la procreación. No poseían un lenguaje articulado y sus instrumentos eran muy rudimentarios. Llevaban una existencia entregada a la pura supervivencia y para ellos su pequeña colectividad de unas pocas docenas de individuos constituía todo su horizonte de relación. Este reducido ámbito les proporcionaba calor, seguridad y ampliaba su propia identidad hasta fundirla en la de la diminuta horda. Si de forma muy ocasional entraban en contacto con otros homínidos su reacción ante los extraños era automática y se reducía a la huida o al enfrentamiento. Todo primate desconocido era sin más una amenaza y debía ser evitado o eliminado. Cualquier otra forma de interacción no se contemplaba en un contexto hostil en el que fuera del propio clan no cabía ninguna otra presencia animal que no fuese una presa o un enemigo.

Los miembros de la CUP, al cubrir vehículos de pintadas ofensivas, proferir gritos insultantes o pinchar neumáticos, con el fin de impedir que habitantes de otras latitudes, que hablan otros idiomas y pertenecen a culturas distintas, visiten la Ciudad Condal, han ignorado todo lo sucedido desde que un mamífero se inició en el caminar erguido y su cerebro se hizo crecientemente complejo, hasta hoy. Porque en la actualidad, en efecto, el tratar con extranjeros no es una experiencia aterradora o traumática, sino algo habitual y enriquecedor, tanto en el sentido material como en el intelectual. La gente viaja, se sumerge en otras costumbres y creencias, se esfuerza por comprender otras maneras de interpretar el mundo y extrae grandes ventajas de comerciar, intercambiar experiencias y hacer amistad con personas de razas, lenguas, hábitos y tradiciones diferentes a las suyas. Han sido necesarios millones de años de evolución para transformar el alarido de amedrentamiento, el alejamiento a la carrera o la pedrada mortal por los tratados internacionales, los programas Erasmus o las agencias de viajes. Así se explica que en el delirante proyecto de la CUP figure la salida del futuro Estado soberano catalán de la Unión Europea o de la OTAN.

Los chicos antisistema socios preferentes de Puigdemont se proponen arrastrar a Cataluña hacia atrás en el túnel del tiempo hasta los días oscuros en los que no había turistas, sino sólo miembros de otras tribus con los que no cabía otro contacto que no fuese el golpe de quijada o el poner tierra de por medio. Una perspectiva muy progresista y de un indudable atractivo. Para verlo y no creerlo.

Hay que frenar los ataques de la CUP al turismo
EDITORIAL El Mundo 3 Agosto 2017

El grupo Arran, un colectivo que integra la CUP, difundió ayer un vídeo en el que se puede ver a algunos de sus miembros irrumpiendo en el Moll Vell de Palma de Mallorca para asaltar un restaurante y varios barcos atracados en el puerto, con pancartas antiturísticas y bengalas. Esta acción constituye el primer ataque de odio contra el turismo en Baleares, a imagen y semejanza de los actos vandálicos perpetrados por los cachorros de la CUP en Barcelona. Además, grupos afines a Sortu han pedido boicotear la Semana Grande de San Sebastián, lo que significa que la izquierda abertzale se suma así a la campaña de turismofobia del extremismo catalán.

Estas acciones suponen trasladar la deriva radical del proceso independentista en Cataluña a una violencia callejera inédita hasta ahora en la escena catalana y de imprevisibles consecuencias. La CUP ha puesto en su punto de mira también a Mallorca, no sólo por su quimérica visión de los Països Catalans, sino por ser un destino turístico internacional de primera categoría. En todo caso, resulta peligrosa la tendencia borroka de la facción más radical del independentismo, por lo que no cabe tibieza por parte de las autoridades. Tanto la Generalitat de Cataluña como el Gobierno balear están obligados a usar todos los recursos legales a su alcance para poner coto a una violencia que no hace más que perjudicar a los negocios turísticos y que socava la imagen de nuestro país en el exterior.

El vandalismo de la CUP, una formación que está condicionando la hoja de ruta secesionista, aún es incipiente. Por tanto, las administraciones no deben minusvalorar la gravedad de unas acciones que, además de lesionar seriamente los intereses de los promotores turísticos, suponen un peldaño más en la escalada de tensión y de frentismo del separatismo catalán.

La élite violenta del «proceso»
Editorial La Razon 3 Agosto 2017

El pasado día 27 se vivió en las calles de Barcelona uno de los sucesos más grotescos, elitistas y violentos protagonizados por activistas adscritos a la CUP, el socio necesario del gobierno de la Generalitat. Un comando de encapuchados atacó a punta de navaja un autobús turístico, pinchó las ruedas, amenazó al conductor y atemorizó a los pasajeros, todos visitantes de la ciudad procedentes de los más diversos rincones del mundo.

El objetivo de la acción, según explicaron los autores en las diferentes entrevistas de las que dispusieron muy generosamente en medios de comunicación catalanes para explicar su hazaña, era acabar con lo que denominan «turismo de masas». El suceso no se hizo público hasta un día después, se le ocultó a la Guardia Urbana y el gobierno de Ada Colau no denunció el asalto hasta pasados cuatro. Cuando lo hizo, fue con absoluta comprensión con los motivos del ataque, aunque no con el método. Clásica equidistancia e hipocresía política: después de todo, lo sucedido coincide con el programa de Barcelona en Comú, partido que ha sido el máximo propagandista de la llamada «turismofobia», última dolencia de las sociedades más prósperas.

Otro paso más de la intolerante izquierdista y nacionalista. El éxito de Barcelona como punto turístico internacional es indudable: recibe 33 millones de visitas al año, con un impacto económico cercano a los 2.000 millones. La Ciudad Condal tiene todas las condiciones necesarias para haberse convertido en un centro de proyección internacional, con infraestructura hotelera y redes de comunicación de primer orden. Es, además, el primer puerto de cruceros del Mediterráneo, su oferta cultural es amplia y, como el resto de España, mantiene todavía un sentido tolerante de los hábitos de diversión, incluso cuando se sobrepasan las normas básicas de convivencia. Colau puso en el centro de su programa cambiar el modelo turístico con medidas muy polémicas –como la moratoria hotelera o limitar los fondos para la promoción–, aunque supusiera dañar los intereses de la ciudad: cerrar comercios y dañar los 26.000 puestos de trabajo directos anuales.

Sin embargo, el ataque a un bus turístico con un método violento propio del terrorismo etarra o yihadista (algunos de los pasajeros llegaron a creer que se trataba de una acción de islamistas radicales) ha sido el colofón de una campaña de amenazas a los visitantes («tourist go home», «parad de destrozar nuestras vidas» o «¿por qué lo llaman temporada turística, si no podemos dispararles?») y que contó con la complicidad del equipo de gobierno municipal. Por lo menos con el silencio. La prensa internacional se ha hecho eco de este acto execrable, especialmente la británica, lo que no ha impedido que Arran, el grupo operativo de la CUP para estos desmanes, amenace con seguir actuando, como hizo ayer en un restaurante de Palma.

Lo alarmante de estos ataques, que siguen el modelo de escrache que tanto popularizó Colau, es que se realizan con total impunidad y amparo de las autoridades de Cataluña. Después de todo, la CUP es el partido clave para que Puigdemont y Junqueras sigan manteniendo su desafío abierto al Estado de Derecho. Las acciones violentas contra el turismo responden a la situación política que vive Cataluña, con unos dirigentes que infringen permanentemente la legalidad y cuyo ejemplo parece que están siguiendo estos grupos violentos. El gran riesgo del «proceso» independentista en este estadio de choque frontal es el giro violento que puede sufrir, algo que muchos dirigentes de la Generalitat empiezan a contemplar con una irresponsabilidad sin límite cuando incitan a la «revuelta» o la creación de un «Maidán catalán». No cabe duda de que serán estos comando de la CUP los primeros en actuar.

Cataluña sin ley
OKDIARIO 3 Agosto 2017

La CUP y Arran. Arran y la CUP. Dos caras de la misma radicalidad que están convirtiendo Cataluña en un territorio sin ley a riesgo de acabar con la gallina de los huevos de oro: el turismo. La violencia extrema de los independentistas radicales ha llegado incluso a la prensa extranjera. Algunos medios británicos hablan ya de “ataque al turismo por parte de los anarquistas”. Pésimo para nuestra imagen en el extranjero ahora que la economía española es un cohete a propulsión sin horizonte que lo dentenga. No obstante, y mientras alguien no tome cartas en el asunto, estos energúmenos seguirán campando a sus anchas, ya sea asaltando un autobús turístico en Barcelona, destrozando las bicis de alquiler de la ciudad, hostigando a los efectivos de la Guardia Civil o extendiendo su sinrazón a Baleares, donde prosélitos de las mismas siglas y calaña han irrumpido como acémilas en el puerto de Palma de Mallorca, bengalas en mano, para intimidar a visitantes y oriundos. Más que la Cataluña del futuro, parecen proponer un viaje en el tiempo a la Semana Trágica de hace un siglo, cuando los anarquistas llevaron el caos y la muerte a la capital catalana.

Si mala es la independencia por ser una pretensión fuera de la legalidad que ignora el Estado de Derecho, la independencia acompañada de actos violentos puede ser catastrófica. Grupos como estos encienden una peligrosa mecha con violencia de baja intensidad que puede acabar con resultado de muerte coronando una alta intensidad de tintes homicidas. Los representantes públicos deben actuar con celeridad para acabar con esta kale borroka de nuevo cuño que tanto la CUP como sus cachorros de Arran tratan de imponer en Cataluña. Al igual que sucediera en el País Vasco desde la década de los 70 con los abertzales, parece como si estos violentos quisieran imponer en las calles un contexto de absoluto terror. Una provocación al Estado que debe tener una respuesta mesurada pero incesante para cumplir un doble objetivo: acabar con esta intolerable situación al tiempo que evitan dar pábulo al victimismo crónico de los secesionistas.

Desgraciadamente, el PSOE sigue dando una de cal y dos de arena en lo referido al desafío secesionista. Si el pasado lunes la vicesecretaria general del PSOE, Adriana Lastra, aseguraba con responsabilidad que los socialistas estarían junto al Ejecutivo “frente al independentismo catalán”, este miércoles Jaume Collboni ha señalado que los ataques de Arran son “brotes puntuales”. Una postura que roza la connivencia y entronca con el comportamiento del Gobierno balear que, tras los graves altercados acaecidos en Palma, ha sido incapaz de condenarlo de manera expeditiva. El vandalismo de la CUP y Arran tiene que acabar. Para ello la acción del Ejecutivo se antoja imprescindible. Ni los gobiernos regionales de Cataluña y Baleares, ni los consistorios de Barcelona y Palma , están por la labor de poner punto a final a unos violentos que quieren el procés aunque sea por las malas.

¿Por qué no les llaman terroristas?
Cristina Seguí okdiario 3 Agosto 2017

La RAE define “terrorismo” como “actuación criminal de bandas organizadas que, reiteradamente y por lo común de modo indiscriminado, pretende crear terror y alarma social con fines políticos”. Aunque el nivel de erudición del órgano rector de la lengua tras oficializar “descambiar”, “acadabrante” y “norabuena” amerite un serio correctivo, continúa siendo un aval inapelable cada vez que algún rutilante tertuliano rebate algo que lejos de ser opinable, es una simple definición. Así que tiré de ella en el verano de 2015. En un plató cuando pregunté a Javier Trías en Espejo Público “si consideraba que podía ser cargo público tras utilizar aquellos 65.000€ públicos para alquilar el Banc Expropiat a los terroristas de las CUP”. Trías se apresuró a decir que las CUP no eran terroristas y que lo suyo no era un impuesto revolucionario impuesto a los catalanes”. El ex alcalde de Barcelona se desconectó de aquel directo y yo pasé de la regularidad a desaparecer de la mesa política de aquella televisión que, con la mordaza de la corrección política, soslayó la realidad criminal de esa organización a la que, como máximo, se atrevió a tildar de radical.

Entre la kale borroca de las calles de Gracia en aquellos días trotaba, marcado como una res con simbología antifascista, una camiseta del nuevo Gara batasuno con el que antaño daba la prueba de vida Ortega Lara, y O-D-I-O tatuado en los nudillos, el concejal cupero del Ayuntamiento de Barcelona Josep Garganté, conocido por amenazar con cortar el cuello al Rey y por acosar a un médico catalán para cambiar un parte de urgencias en el que un mantero debía pasar de accidentado por una caída a maltratado por un guardia urbano. No le llamen radical. Llámenlo terrorista. Llamen terrorista a José Téllez, concejal cupero que soñaba públicamente con pegarle un tiro en la frente a Xavier García Albiol, presidente del PP de Cataluña con cuya cara el panca-batasuno se fabricó una diana. Fue selectísima práctica terrorista aquella practicada contra el tricornio picoleto por ETA cuando abrieron en canal más de 200 vidas beneméritas, y ésta no comenzaba cuando cuarteles como el de VIC saltaban los por aires, sino cuando estos eran señalados como blanco. Hoy la Guardia Civil ha pedido a los Mossos una “protección y despliegue acorde a las amenazas” por “amedrentamiento y coacciones”.

La verdad inapelable es que las CUP no son radicalidad. Las CUP son una extravagancia concedida a sí misma por la clase política con profundas aptitudes y voluntad para el ejercicio profesional terrorista. No son revolución. Son dependientes inoperativos con la primaria y mamífera habilidad de chupar de su proveedor: la teta del carca democristiano, del currito al que revientan el negocio y el transporte urbano, y de la propia administración pública. No son antisistema porque justamente son el resultado de su fracaso: confirman cómo el ser humano blindado por el subsidio puede convertirse en un vegetal social dispuesto a llegar a la violencia y al terrorismo con tal de no perder el amparo político.

Eso último es justamente lo único que separa a los concejales y diputados de las CUP del suelo del Koxka donde aquellos borrokas apalizaron a los picos de Alsasua. Los 1.235.400 € de subvención anual a su partido. Los 73.144,24€ anuales de Ana Gabriel, diputada. Los 70. 440, 38 € de Mireya Boya, diputada. Los 44.881 € de Gabriela Serra, Mireya Vehí, Benet Salellas y Sergio Saladié. Porque las CUP no son antisitema. Son terroristas con precio demasiado caro. ¿Por qué no empiezan a llamárselo?

La secesión como excusa del fascismo
Gonzalo Bareño La voz 3 Agosto 2017

El 26 de abril de 1990, el entonces líder del PNV, Xabier Arzalluz, mantuvo una reunión clandestina con la cúpula de Herri Batasuna en la que expuso con tanta frialdad como cinismo cuál debería ser el reparto de papeles entre su partido y ETA para alcanzar el objetivo común de la independencia. «No conozco ningún pueblo que haya alcanzado su liberación sin que unos arreen y otros discutan. Unos sacuden el árbol, pero sin romperlo, para que caigan las nueces, y otros las recogen para repartirlas», dijo literalmente Arzalluz, según el acta de aquella cita levantada por los cabecillas de HB.

El histórico dirigente del nacionalismo vasco planteaba así que para alcanzar la independencia que entonces situaba en torno al año 2002, era necesario formar un equipo en el que unos utilizaran la violencia (ETA) y otros (el PNV) negociaran la secesión con el Estado español con la fuerza que daban los muertos encima de la mesa. Cuando Arzalluz pronunció aquella frase, ETA había asesinado ya a 658 personas. Y mató a otras 221 hasta el año 2010, en el que la banda terrorista cometió su último atentado mortal.

Aunque es cierto que el nacionalismo ha recogido desde entonces muchas nueces manchadas de sangre, el País Vasco sigue formando parte de España; ETA ha sido derrotada; Arzalluz es un cadáver político del que no se acuerdan ni en su propio partido y el Partido Nacionalista Vasco lleva muchos años tratando de sacudirse el estigma de haber sido cómplice de los asesinos y pidiendo perdón a las víctimas.

Pero, 30 años después, ni Artur Mas ni Carles Puigdemont, cuya talla política es inferior incluso a la del troglodítico Arzalluz, han aprendido nada. Se creyeron más listos que Jordi Pujol, que combinó durante décadas la política del peix al cove (pájaro en mano) con el saqueo familiar de las arcas públicas catalanas, y pusieron en marcha su propia versión de lo del árbol y las nueces, echándose en brazos de una fuerza radical como ERC y otra antisistema y de ultraizquierda como la CUP, convencidos de que solo la independencia, por lo civil o por lo criminal, taparía la ciénaga de corrupción e incompetencia en la que chapoteaban. La idea era que el secesionismo más radical tomara la calle para que luego ellos, ante la fuerza de los hechos, consiguieran una independencia pactada.

El problema es que cuando uno ceba en exceso a la bestia, la bestia ya no obedece y se vuelve incontrolable. Y así llegamos a los cachorros de la CUP dictando su ley en las calles de Cataluña, ejerciendo la violencia contra el turismo, el transporte y el orden público, y amenazando a la Generalitat y a quien se le ponga por delante. Y a un Puigdemont atemorizado que empieza a comprender que si un gobernante presume de incumplir la ley, todo está permitido y cada cual puede tomarse la justicia por su mano haciendo lo que le plazca.

Esos repugnantes actos de terror callejero evidencian al menos que lo que se esconde detrás de ese inflamado discurso independentista es solo el más puro y duro fascismo de quienes quieren imponer sus ideas por la fuerza en Cataluña.

Otegi, quienes matan son los tuyos
Luis Lorente, David Muñoz Lagarejos y Carlos Navarro.  La Razon  3 Agosto 2017

Murió el etarra Kepa del Hoyo en la prisión de Badajoz, donde cumplía condena por asesinato y pertenencia a ETA. En esas salió a hablar Arnaldo Otegi, cabecilla de EH-Bildu, los proetarras, el brazo político de los terroristas, diciendo que “han matado a un abertzale a 750 km de su casa, y decimos que no es muerte natural porque no entendemos este desenlace fatal sin hablar de decenas de años de encarcelamiento, de dispersión, de malos tratos”, llamando “presos políticos vascos” a los etarras encarcelados a lo largo y ancho del territorio nacional.

El discurso proetarra siempre se ha presentado ante la sociedad como una batalla de opresores (el Estado español) contra oprimidos (ETA). De esa opresión vendría la persecución a la banda terrorista y la dispersión de presos, para mantenerlos lejos de sus familias, como si no hubieran hecho nada y se les persiguiera solo por su condición de independentistas. Nada más lejos de la realidad. La banda terrorista ETA es eso, una banda terrorista, asesina. Merecen y siguen mereciendo la dispersión y las cárceles más nauseabundas que haya. Tener con ellos la misma humanidad que tuvieron con sus víctimas, es decir, ninguna.

Habla Otegi de que no es una muerte natural. Habrá que recordarle que las muertes que no han sido naturales han sido los casi 900 asesinatos que perpetró su banda terrorista durante más de 50 años de actividad armada. Los que matan son tus amigos, Otegi. El “Estado español” solo hace cumplir la ley, como es lógico, ante la amenaza terrorista y responde con cárcel a los atentados y asesinatos de ETA. Aunque bien es cierto que a veces se han producido concesiones aberrantes, como la Doctrina Parot.

Un etarra en la cárcel no es un preso político, es un terrorista encarcelado. Al igual que Otegi tampoco fue un preso político, sino un tentáculo de la banda terrorista ETA encarcelado.

Y aunque ahora ETA no mate físicamente, su brazo político sigue matando en el País Vasco y Navarra, inoculando también sus raíces en Cataluña (véase la CUP). Matar en el sentido de destruir las instituciones para hacerse con el poder. Destruir la economía, con continuas intervenciones y centralizando en manos de unos pocos. Destruir la libertad en general: en las zonas donde los proetarras gobiernan ayuntamientos sigue habiendo miedo por culpa de las amenazas de éstos. Muchos concejales de PP y PSOE siguen llevando escoltas ya que siguen recibiendo amenazas como cartas con balas dibujadas o insultos de todo tipo cuando pasean por sus pueblos. ETA ya no mata físicamente, pero su brazo político sigue matando una convivencia pacífica y en armonía, la cual todavía no ha llegado a Euskadi, y declaraciones como la de Otegi en referencia a Kepa del Hoyo hacen visible un comportamiento de más división y distanciamiento con el resto de España.

Se olvida Otegi que los que matan son los suyos. Quienes tienen las armas todavía y no se han disuelto, son los suyos. Quienes siguen inoculando miedo allá por donde van son los suyos. Quienes tienen que disolverse, entregar todas las armas, pedir perdón a las víctimas y colaborar con la justicia, son los suyos. Así que menos victimismo por la muerte natural de un etarra, menos disfrazar los acontecimientos y más luchar por la libertad y democracia, pero de verdad, no la visión abertzale, que no es más que la continuación del terror y el miedo, pero, de momento, sin pistolas ni bombas. Me parece que pido demasiado.

Los ciudadanos vascos redecoran su pasado más reciente para ocultar su cobardía y su indignidad

Editorial La Tribuna 3 Agosto 2017

La propia banda terrorista ETA, en sus documentos internos, reconoce que fueron las acciones reiteradas de la Guardia Civil y el trabajo del CNI las que llevaron a la organización criminal a un punto en el que no podía seguir con su actividad asesina, pero los ciudadanos vascos, después de vivir y ser cómplices durante 50 años de una realidad social volteada donde los criminales eran tratados como héroes y las víctimas señaladas y humilladas, se han inventado ahora una historia a la medida de su cobardía e indignidad.

Así, al menos, lo pone de manifiesto un informe del Memorial de Víctimas del Terrorismo que revela que la creencia actualmente existente en el País Vasco es la de que fue “el rechazo social a ETA” la razón principal que empujó a la organización terrorista a poner fin a sus acciones criminales. Tanto es así que “la movilización de la sociedad civil”, con un 6,5 sobre 10, es para los ciudadanos vascos la contribución más importante a la hora de valorar a los diferentes protagonistas del final del terrorismo. Dato absolutamente curioso e increíble, sobre todo si se tiene en cuenta que, en la misma investigación, casi siete de cada 10 vascos reconocen que no participaron nunca en las iniciativas sociales convocadas contra ETA especialmente a partir de la segunda mitad de la década de los noventa del pasado siglo.

Según la investigación en cuestión, la irreal historia que se han inventado los vascos dibuja un escenario abracadabrante en el que la Policía apenas participó en la caída de ETA (¡quinta contribución más importante!), en el que fue la “evolución interna” de la organización criminal y de los proetarras la que llevó al desarme y en el que las acciones políticas (Pacto de Ajuria Enea, Ley de Partidos, etc.) tampoco tuvieron prácticamente ningún valor.

Está claro que los ciudadanos vascos quieren sellar su pasado lleno de cobardías, de complicidades con el horror, de silencios comprensivos, de mirar hacia otro lado, de compadreo con los asesinos y, en algunos, no pocos casos, de complicidad activa con los terroristas, corriendo un tupido velo sobre la infamia independentista y socialista que produjo casi un millar de víctimas, que envío a casi 200.000 personas al exilio y que provocó más de un billón de las antiguas pesetas en daños materiales.

Pero la realidad es tozuda, y algunos recuerdos todavía están muy vivos: apenas fueron un puñado de ciudadanos vascos los que dieron la cara contra el terrorismo y por la libertad; se pueden contar con los dedos de las dos manos los intelectuales y artistas que alzaron su voz contra la infamia; se pueden contar con los dedos de una mano el número de asociaciones, fundaciones y oenegés (¡hoy tan valientes!) que se pusieron de frente al tiro en la nuca; y hay que hacer esfuerzos para encontrar hombres y mujeres de Estado que se comprometieron de verdad con las víctimas, con los humillados, con los defenestrados y con los despreciados por el rodillo del nacionalismo y del terrorismo vascos.

El mantra de la lucha heroíca y mayoritaria de la sociedad vasca contra ETA, jaleado por políticos interesados, por intelectuales que siempre callaron ante el rugir de las armas terroristas, por decenas de periodistas silentes ante los coches bombas y por tantos “expertos” sobre la cuestión vasca como han surgido después de que ETA haya dejado de matar, no es más que un mito, una ensoñación falsaria que los cobardes utilizan para acallar su mala conciencia. Es, en el fondo, el mismo mito que en su momento llevó a miles de ciudadanos a creerse firmemente sus siempre inventadas luchas “antifranquistas”. Una burda y soez mentira. Y es que Franco murió en la cama. Y ETA se acabó en el cuartel de la Guardia Civil de Inchaurrondo.

Tertsch, Iglesias y el balance de Rajoy

Pío Moa Gaceta.es 3 Agosto 2017

Algunos recordarán el caso de Zarrías, el socialista relacionado con tramas de corrupción, que votaba a cuatro manos o patas en el Senado. En plena orgía de abuelitos dijo que el suyo había sido fusilado por los franquistas por haber sido un alcalde democrático. Alguien se ocupó de aclarar el asunto, y Arcadi Espada recordó que el abuelito del honrado Zarrías había sido fusilado, no por demócrata (no había demócratas en el Frente Popular, y menos en el PSOE), sino por estar complicado en unos cuantos asesinatos.

El caso del abuelo de Zarrías no es único o excepcional, es precisamente lo normal en los fusilamientos de posguerra. Casi siempre se olvida que los sicarios y chekistas del Frente Popular cometieron innumerables crímenes, torturas y asesinatos, también entre ellos mismos, a menudo con un ensañamiento y un sadismo que superan a los del Estado islámico actual, y desde luego a los excesos en el bando nacional; que fueron abandonados por sus jefes políticos, los cuales se preocuparon de huir con grandes tesoros expoliados a lo largo de la guerra, y que por eso fueron capturados, juzgados y sentenciados. Lo he tratado ampliamente en Los mitos de la guerra civil o en Los mitos del franquismo, para quien quiera más información

Después de bastantes años de propaganda, hoy nos vamos aproximando a las cifras reales de los fusilamientos. Nada de 200.000, 100.000, 80.000 y otros números dados por los especialistas en el embuste, que diría Gregorio Marañón. Hubo unas 22.000 condenas a muerte, la mitad de las cuales fueron conmutadas a cadena perpetua, una “perpetua” que normalmente no llegaba a los seis años. Seguramente hubo injusticias, dada la emocionalidad del momento, pero en conjunto eso fue lo que pasó. Sin embargo, para los golfos de la “memoria histórica” no se trata de criminales juzgados y ejecutados, sino de “luchadores por la libertad víctimas del franquismo”. Con lo cual ya revelan los autores y ejecutores de esa ley totalitaria lo que entienden por libertad.

Y aquí entra el caso del periodista Hermann Tertsch, que lleva tiempo defendiendo verdades evidentes, pero dolorosas para los aficionados a la cultura de la falsificación histórica. Porque izquierda y separatistas, componentes de aquel Frente Popular salido de un brutal fraude electoral, no es que vivan en la mentira, sino que viven DE la mentira. Tertsch ha documentado cómo el abuelo de Pablo Iglesias participó en persecuciones y sacas de personas para ser asesinadas sin ningún delito concreto, cómo fue por ello condenado a muerte y conmutado a cadena perpetua de la que, como era normal, solo cumplió cinco años. La conclusión de Tertsch era lógica: el abuelo fue un criminal de los muchos de la época, y la admiración que le profesa Pablo Iglesias dice todo de este fulano, y nos informa también de lo que podría hacer si llegase al poder, como su patrón y también admirado Maduro, o los ayatolas, con los que “cabalga contradicciones” como dice en su curioso léxico.

Una jueza ideologizada de las muchas y muchos que hoy deprimen la justicia en España (una institución muy desprestigiada en la opinión pública, hecho gravísimo en una democracia y al que apenas se da importancia en esta democracia fallida) ha condenado a Tertsch simplemente por decir una verdad que perjudica políticamente al nieto admirador del miliciano chekista. Porque, repito, autores y ejecutores de la “memoria histórica” no viven en la mentira, sino de ella.

¿Qué es Iglesias y su partido, en definitiva? Es un grupo proetarra, proseparatista, antiespañol, plagado de ignorantes e incultos, abortista (el aborto es la liquidación de vidas humanas indefensas), antifranquista (¡cómo no!), pro LGTBI, esa extraña y siniestra mafia cargada de odio que pretende regular y penalizar no ya la expresión de otras ideas, sino hasta de otros sentimientos que los suyos. Su “cabalgamiento de contradicciones” es también una buena prueba de intrínseca corrupción. Ahora bien, pregúntense ustedes: ¿en qué se diferencia ese partido del PP, del PSOE o de Ciudadanos? Esencialmente, ideológicamente, en nada. Todos coinciden en las señales definitorias dichas, con la diferencia de que el PP, por ejemplo, ha continuado la labor de salvación de la ETA emprendida por ZP y ha financiado generosamente a los separatistas, cosas que Podemos no ha tenido ocasión de hacer todavía. En cierto modo esta fallida democracia se ha convertido en un régimen de partido único con cuatro variantes que pugnan entre sí simplemente por el poder y el dinero, sin otros valores o intereses superiores.

Si acaso cabe pensar que Podemos es menos hipócrita y en algunos aspectos más demencialmente demagógico que los otros. Y uno tiene derecho a preguntarse: ¿cómo unos individuos semejantes han llegado a tener tanta influencia? La respuesta es evidente: por su acceso privilegiado a los medios de masas. ¿Y quién le ha proporcionado ese acceso? También lo sabemos: el PP, que en cambio ha mostrado el mayor celo en acallar a partidos como Vox, que podían hacerle la competencia. Para los maquiavelos de aldea que dirigen el PP, Podemos no es realmente la competencia, sino más bien una tabla de salvación. Hace pocos años, cuando la gente percibía como Rajoy era un discípulo aventajado de Zapatero, la indignación entre sus votantes crecía a diario. Pero llegó Podemos y se impuso el voto del miedo, tal como habían calculado los maquiavelillos. Podemos vive del radical ataque político al PP –pese a coincidir con él ideológicamente en casi todo—Y el PP conserva y recupera votos gracias al miedo que la palabrería de Iglesias y cia suscitan entre los ilusos y los timoratos. De esta manera se crea un círculo vicioso en el que cualquier alternativa queda silenciada y anulada.

El balance de la gestión de Rajoy puede expresarse así: ligera reducción del paro (con peores condiciones laborales y menos derechos de los trabajadores) como elemento positivo. En cambio: un separatismo más masivo y más audaz; reducción del estado español a residual en varias regiones; más ETA en las instituciones y la agitación callejera; burla permanente del estado de derecho; menos soberanía, entregada “por grandes toneladas” a Bruselas y la OTAN; permanencia insultante de Gibraltar y abrumadora colonización cultural por el inglés; más LGTBI y amenazas a las libertades públicas; más “memoria histórica”; más deuda pública… En suma continuación agravada de la política de Zapatero.

Contra todas estas tendencias, presentadas desvergonzadamente como democráticas, es preciso luchar. El caso de la condena a Tertsch, entre esperpéntico y totalitario, exige la solidaridad activa de cuantos amamos la libertad y a España.

EN SU COLUMNA DE ESTE 3 DE AGOSTO DE 2017 EN ABC
Sostres no duda: "La izquierda está sedienta de otro 36: correrá nuestra sangre y serán nuestros cuerpos los amontonados en las cunetas"
"La CUP quemando los autobuses del turismo es la CNT incendiando iglesias"
M.TRUJILLO Periodista Digital 3 Agosto 2017

"Y todavía nos extraña que asalten autobuses o ensucien las plazas cuando lo verdaderamente incomprensible es que todavía no nos estén matando"

Salvador Sostres radiografía con precisión a la izquierda española y emite un preocupante diagnóstico: "Está sedienta de otro 36"--Los facinerosos de la CUP atacan yates y un restaurante en Mallorca en su campaña contra el turismo--.

Se intuye en Pedro Sánchez, se palpa en Podemos y no puede disimularse en Cataluña, entre Convergència y la CUP

La situación actual de Cataluña, con la deriva independentista que acabará desembocando en el 'procés' unilateral del 1-0, y también con los cachorros de la CUP imponiendo su ley contra el turismo hace que el columnista de ABC diga lo siguiente este 3 de agosto de 2017--Al menos siete hoteles de Barcelona han sufrido este año agresiones como la apoyada por la CUP--:

Hace meses que en Barcelona todo fluye hacia el 36. Huele a sangre de revancha como siempre que la derecha catalana cree que la izquierda será más nacionalista que izquierdista. Y la izquierda es radicalmente izquierdista cuando tiene que elegir. Y asesina, valga la redundancia, porque esta historia tiene siempre el mismo final y es que nos matan. Por católicos, por ricos o por envidia pero correrá la sangre y será la nuestra y nuestros los cuerpos amontonados en las cunetas--El valiente piloto de MotoGP que dice las cosas por su nombre a los vándalos de la CUP: "¡A la cárcel tendríais que ir, panda de vagos!"--.

Esclarecimiento de los crímenes de los GAL
El Gobierno y los GAL

José Amedo okdiario 3 Agosto 2017

Siempre ha habido países cuyos líderes se comportan de manera criminal. Y en la mayoría de las 193 naciones del planeta la deshonestidad en el uso de los dineros públicos y la “venta” de decisiones gubernamentales al mejor postor son comunes. La corrupción es la “norma” y nos hemos acostumbrado a que así sea. La suposición de que esto siempre ha sido y seguirá siendo así dificulta captar el ascenso de un nuevo actor en la realidad mundial: los Estados mafiosos. No son solo países donde impera la corrupción o donde el crimen organizado controla importantes actividades económicas y hasta regiones completas. Se trata de países en los que el Estado controla y usa grupos criminales para promover y defender sus intereses nacionales y los intereses particulares de una élite de gobernantes. En España, a principios de los años ochenta se crearon y financiaron los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL) desde el Gobierno de la nación para “ejecutar” terroristas de ETA en el sur de Francia, y al mismo tiempo se confabularon todos los poderes del Estado para encubrir este tipo de actuaciones criminales y evitar que se esclareciesen las responsabilidades políticas de esta clase de acciones delictivas.

La mayoría de los españoles recuerdan de forma más o menos lejana lo que fueron los Grupos Antiterrorista de Liberación (GAL), pero no así el fundamento de su origen ni los crímenes que cometieron y quedaron sin resolver por los propios intereses del Estado. Tras lo dicho, y para poder precisar lo que fueron estos grupos parapoliciales, nada mejor que recordar las palabras de uno de sus creadores, Ricardo García Damborenea, recogidas en diversos medios de comunicación nacionales y extranjeros el día 20 de julio de 1.995, a los que explicó que se activaron mediante “una decisión política de actuar contra el terrorismo de ETA en territorio francés”. Para cubrir esas actuaciones y desviar la atención, se inventan las siglas GAL.

Pero no se crea un cuerpo de lucha, ni un organismo especial. No. Es la misma Administración del Estado, con sus medios, con sus hombres, la que actúa. Esas operaciones son secretas, entre otras razones, por exigencias diplomáticas. Así que los GAL no son más que la cortina que oculta a los auténticos autores. Un montaje de ese calibre, que mueve policías, guardias civiles, armas, vehículos, dinero…, y que necesita coordinar efectivos e informaciones de los Ministerios de Interior y de la Defensa, ha de estar autorizado desde arriba, desde la Presidencia del Gobierno.

En concordancia con lo expuesto por García Damborenea y para dar firmeza a la confabulación de los GAL en la “guerra sucia” contra ETA se tomaron otras medidas de complicidad institucional. Para ello el 24 de octubre de 1.983, Felipe González se entrevista con el jefe de la oposición Manuel Fraga Iribarne, para acordar un pacto de Estado con el fin de tener carta blanca en la lucha contra ETA. En la reunión el presidente le pide su apoyo para tomar medidas excepcionales antiterroristas contra la banda armada vasca, es decir para llevar a cabo la “guerra sucia” contra los terroristas, a lo que Fraga le dice que siempre que se haga bien tiene su apoyo.

Además, para estructurar y consolidar todo aquel ilícito entramado de Estado contra la banda armada vasca, tuvieron que articular medidas institucionales de sibilinas complicidades jurídico-políticas. Por ello son muy significativas las escasas investigaciones judiciales que se han llevado a cabo sobre los GAL, que sin lugar a dudas han puesto de manifiesto que una vez más se hace realidad que jamás conoceremos toda la verdad sobre los crímenes que se perpetran por el poder y sus aparatos, salvo que con acciones contundentes orientadas internacionalmente y desde sectores manifiestamente interesados en conocer la realidad de este entramado clandestino institucional se manifiesten de manera eficaz y perseverante en el conocimiento de la verdad. El Estado se dota de todo un diseño legislativo para conseguir la “impermeabilidad”, así como una legislación sobre fondos reservados y sobre materias secretas. Todo ello imposibilita el control democrático formal de las actuaciones de las estructuras del Estado. “Secreto”, “ocultación”, “opacidad”, son los ámbitos propios de la actuación del Ejecutivo que refuerzan su poder, pues son ámbitos de exclusividad, monopolizados por él. Son las llamadas “cloacas del Estado” que González ha mencionado más de una vez.

Respaldo del Poder Judicial
En todo este encubierto proceso en el que se decidió políticamente la activación de la lucha delictiva contra los miembros de ETA , se llevó a cabo la absolutización del “secreto oficial” y para ello se cuenta incluso con el respaldo del Poder Judicial, tal como se vio con la sentencia del Tribunal de Conflictos de Jurisdicción de 14-12-1.995 , que dejó en manos del Gobierno la entrega o no al juez Garzón de los documentos del CESID relacionados con el terrorismo de Estado. Se trata de una sentencia de vital importancia, pues es un grave obstáculo para la investigación, y que supone una pretensión de imponer “de facto” una ley de punto final en el asunto de los GAL y declara el derecho a la impunidad no sólo de los servicios secretos, sino del Gobierno, lo que es lo mismo que su derecho a delinquir. Se evidencia la impotencia del Estado de Derecho frente a las razones de Estado, con el triunfo de la lógica de la excepcionalidad con la que operan los servicios policiales para este tipo de actuaciones.

Ante el calado de una decisión de Estado de este calibre, la actitud de cualquiera de los Gobiernos de España es obstruccionista porque no colabora con una Justicia “amorfa” en estos asuntos, y es reacia al descubrimiento de actuaciones turbias del Estado, como por ejemplo el esclarecimiento de los crímenes sin resolver de la referida organización. No sólo un Ejecutivo del PSOE, sino cualquier otro podría haber desclasificado los documentos que existen sobre las actividades de los Grupos Antiterroristas de Liberación y aclarar todas sus actividades. El teniente general Emilio Alonso Manglano, y el ex agente Juan Alberto Perote, reconocieron ante el magistrado Baltasar Garzón que estos informes sí que existen. Recuperar la memoria histórica y esclarecer los puntos oscuros de la historia de un país es deber de todo gobierno mínimamente democrático, y su labor debe ir encaminada sin ningún género de cortapisa y de manera eficaz a conseguir esos logros.

Una de las muchas circunstancias de compadreo entre los grandes partidos en la ocultación de los crímenes de Estado quedó clara el día 25 de enero de 1.996, cuando el PP llevó a cabo la fulminante liquidación de la Comisión de Investigación en el Congreso sobre los GAL, que ese mismo partido impulsó y echó para atrás solo 48 horas después de que dos de sus dirigentes, antiguos ex altos cargos en los ministerios del Interior en los Gobiernos de UCD, se reunieran con el teniente general José Antonio Sáenz de Santa María. Para desentrañar la culpabilidad de los responsables políticos que crearon y financiaron los Grupos Antiterroristas de Liberación en relación con los crímenes que cometieron auspiciados por ellos. Habría que distinguir dos periodos de actuaciones de estos grupos parapoliciales teniendo en cuenta que en cierto modo la coordinación de las actividades de los GAL iniciadas en 1983 se realizó desde el entorno de Julián Sancristóbal, quien en aquellos momentos se mostraría como un entusiasta de la “guerra sucia” contra ETA y su principal responsable político en el País Vasco. Con aquella experiencia a sus espaldas, Sancristóbal fue nombrado director de la Seguridad del Estado el 9 de febrero de 1984.

A partir de ese momento se vería aumentar considerablemente el terrorismo alentado desde el propio Estado hasta límites tan insospechados como insostenibles, incluso con víctimas mortales ciertamente inocentes que nada tenían que ver con ETA, pero cuyos responsables gubernamentales consideraban “daños colaterales” dentro del entramado de la guerra sucia contra ETA, que causaban efectos más contundentes que los asesinatos de los terroristas vascos en los sectores políticos y sociales franceses, a efectos de que el Ejecutivo de su país se decantara por colaborar con el Gobierno español en la lucha contra ETA y dar por finalizadas las actividades de los GAL. Cuando digo que hay que distinguir dos etapas en las actuaciones de los GAL y en el esclarecimiento de sus crímenes, me refiero a una primera, anterior a la llegada de Sancristóbal a la dirección de la Seguridad del Estado en la que no se contrataba mercenarios y no se realizaban ocasionalmente acciones indiscriminadas contra ciudadanos vasco franceses, que sin pertenecer a ETA se relacionaban ocasionalmente con sus miembros. Durante este periodo de tiempo que abarca desde el 16 de octubre de 1.983 al 8 de febrero de 1.984, se registran de manera espaciada por parte de los GAL seis asesinatos de miembros de la banda armada vasca, los de José Lasa, Ignacio Zabala, Ramón Oñaederra, Mikel Goikoetxea, Ángel Gurmindo y Vicente Perurena.

A partir del 25 de febrero de 1.984, pocos días después del nombramiento de Julián Sancritóbal como Director de la Seguridad del Estado, resulta asesinado el etarra Eugenio Gutiérrez Salazar y se da comienzo a la segunda etapa de las actividades de los Grupos Antiterroristas de Liberación mucho más intensa, firme y agresiva, en la que incluso se llegó a pensar políticamente en la utilización de coches bomba, se decidieron atentados no selectivos que sensibilizasen y atemorizasen a la opinión pública vasco-francesa de manera que impactasen en sus dirigentes políticos para que se doblegasen ante las autoridades españolas en la lucha antiterrorista contra ETA. Así mismo, se llega a tratar de estructurar el cobro del impuesto revolucionario a empresarios franceses para que así mismo presionasen a las autoridades de Paris haciéndoles ver que la presencia de ETA en el País Vasco francés perjudicaba a la economía de aquella zona turística. Se desistió de este último proyecto por la complejidad que entrañaba llevarlo a la práctica.

La permanente dinámica de actividad en la guerra sucia de los GAL en este segundo periodo de operaciones llevados a cabo por los mercenarios contratados por los responsables del Ministerio del Interior español, incrementaron notablemente el número de atentados contra miembros de ETA y ciudadanos franceses relacionados directa o indirectamente con ellos, que aún no han sido esclarecidos. De tal forma que resultaron asesinados Xabier Pérez de Arenaza, Jean-Pierre Leiba, Rafael Goikoetxea, Tomás Pérez Revilla, Christianne Olaskoaga, Santiago Brouard, Benoit Pacastaing, Xbier Galdeano, Emile Weiss, Claude Doerr, Santos Blanco, Juan Mari Otegui, José Mª Etxaniz, Iñaki Astiazuinzarra, Agustín Irazustabarrena, Xabin Etxaide, Robert Caplane, Cristophe Matxikote, Catherine Brion y Juan Carlos García Goena. En las mismas acciones o bien en otras distintas resultaron gravemente heridos Jesús Zugarramurdi, Román Orbe, Juan Jaureguizuria, Bonifacio García, José Olivar, Claude Olaskoaga, Juan Iradi, Ángel Zabaleta, Jesús Amantes, Michel Martín, Jean-Philippe Ibarboure, Ramón Basáñez, José Luis Calderón, Pedro Pikabea, Jean Marc Mutio, Jean Jacques Hum, Juan Carlos Lecertua, Fernando Biurrum, Frederik Aramboure, Juan Zabaleta, Carmen Otegui, Nagore Otegui y por segunda vez Ramón Basáñez. Total, 27 asesinatos y 23 heridos graves como consecuencia de las actividades de los GAL que han quedado sin resolver por imperativo de la razón de Estado.

Opacidad de Estado
Por consiguiente, para tratar de esclarecer los crímenes de los GAL no resueltos hasta el momento, habría que poner en práctica el desarrollo de actividades ciudadanas y de otro tipo que rompiesen con la opacidad del Estado contando con un dominio mediático consistente, además de tratar de arrastrar a agentes sociales interesados en su resolución y en poner de manera oficial nombre y apellidos a quien creó y financió este complejo entramado de guerra parapolicial contra ETA. Para ello, y con la fuerza suficiente que se generase a través de ese tipo de movimientos y con la colaboración de partidos políticos de toda índole ideológica que no quisiesen seguir participando en el encubrimiento de estos hechos, se tendría que exigir al Gobierno de turno la desclasificación de toda la documentación que haga referencia a las actividades de los GAL. Sólo con esta forma de actuación, o bien otra similar se podría llegar a presionar a las instituciones del Estado para intentar llegar a la resolución de la lucha parapolicial contra ETA. No es que lo diga yo, que además de haber aportado en diversas ocasiones documentación relevante sobre estos hechos a la Audiencia Nacional sigo esperando a que me citen, pero así mismo estoy en una disposición absoluta a pesar de los riesgos que entrañe a contribuir con todos mis conocimientos sobre estos crímenes de Estado a participar en su resolución.

Laura Martín, viuda de Juan Carlos García Goena, ha llevado a cabo una lucha infatigable y personal para esclarecer el asesinato de su marido, llegando incluso a investigar por su cuenta hechos relevantes relacionados con este atentado y aportarlos a la Justicia sin que haya obtenido resultado alguno. Indignada como otras muchas víctimas ha llegado a profundizar en una reflexión llena de amargura: “Cada vez que hablamos con otros familiares de víctimas de los GAL entre nosotras descubrimos que si hubiéramos estado unidas desde el principio, podríamos haber hecho fuerza para que nos hicieran caso y no nos habríamos sentido tan ignoradas”. ¿No reclama un sector importante de la sociedad el esclarecimiento de los asesinatos de ETA no resueltos? Yo soy el primero en que exijo que así sea, pero al mismo tiempo me pregunto: “¿El Estado no debería de dar ejemplo en este sentido contribuyendo a aclarar los atentados de los Grupos Antiterroristas de Liberación creados y financiados desde sus entrañas?”.

 


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