AGLI Recortes de Prensa   Sábado 5 Agosto 2017

Asfixiados a impuestos
Daniel Lacalle El Espanol 5 Agosto 2017

“Cause from those total wages earned down to that net amount that's due I feel the painful sense of loss between the two”, Johnny Cash.

No para usted de escucharlo. “España tiene un problema de ingresos, no de gastos” y “la presión fiscal en España es más baja que en la UE”. Son argumentos incesantemente repetidos. El problema, dicen, es que recaudamos poco. Nadie parece parar, sentarse y pensar por qué. Muchos impuestos, pobre recaudación.

España es uno de los países de la OCDE con una mayor imposición al trabajo. Según el informe Taxing Wages de la OCDE, un trabajador en España tiene una presión fiscal sobre su salario total del 39,5%, comparado con el 36% de media de la OCDE. Casi cuatro de cada 10 euros de salario bruto de un trabajador medio español van a pagar los impuestos al trabajo. ¿Debemos agradecer que no sea tan alta como la de Bélgica o la de Francia? Es una manera de ver el vaso medio lleno o medio vacío.

En España siempre se habla de “la media de la Unión Europea” como si fuera sacrosanta a la hora de gastar o imponer tasas, nunca -eso no- en facilidad para crear empresas, apertura o libertad económica. Y es que esa “media” es fantástica, Francia y Bélgica la disparan, el resto dicen que está por debajo de la media, y sube la media de nuevo. Una media que solo ha conseguido que esas economías estén en estancamiento desde hace dos décadas y con tasas de paro que duplican a las economías líderes del mundo. Es el truco de la media de gasto o imposición creada por el que tiene como incentivo gastar y subir más los impuestos. Entre 2009 y 2013, esa presión fiscal sobre el salario aumentó en España más del doble que en la media de la OCDE.

Además, España es uno de los países con más impuestos a las empresas. Y eso pone barreras al crecimiento y al tamaño de las mismas. Usted leerá constantemente que las empresas pagan muy poco, pero es falso. Si atendemos solo al impuesto de sociedades, las grandes empresas tributan a un 19,8% sobre su base imponible y el resto de las empresas un 24,4%, cuatro y dos puntos más que en 2008, respectivamente. Las bases imponibles se han desplomado con la crisis y el impacto de las pérdidas en expansión internacional, y a pesar de ello, en 2017 el impuesto de sociedades será el segundo de mayor recaudación de la historia.Si miramos cifras de Bloomberg, veremos que las grandes empresas españolas tributan prácticamente lo mismo que las europeas.

Pero el truco de los intervencionistas está en no considerar todos los impuestos que sufre la actividad empresarial. Y ahí se explica mucho más. En un estudio excelente de Javier Santacruz para Civismo se demuestra la enorme carga fiscal que soporta una empresa.

Las conclusiones son reveladoras. Cuando añadimos impuestos a la actividad económica, inmuebles, aranceles, impuestos autonómicos, locales, especiales, indirectos, verdes, etc. resulta que la carga impositiva es brutal:En conjunto, las empresas en España pagan en función de su tamaño los siguientes porcentajes de tipos efectivos sobre el resultado bruto de explotación: Empresa pequeña, 41,67%, empresa mediana, 51%, y gran empresa 61,57%.Esos tipos efectivos son hasta dos puntos superiores en Andalucía, Aragón o Asturias.

Incluso si deducimos los costes laborales, hablamos de una carga fiscal total que se mueve entre el 30% para las empresas pequeñas y el 40% para las grandes.Este análisis incluye todos los impuestos y sirve para analizar el enorme coste impositivo de la actividad empresarial. Pero, incluso armonizado, y con una muestra creciente de países en términos comparables, PwC señala en su informe “Paying Taxes” que España, con un 49%, se sitúa casi 9 puntos porcentuales por encima del tipo efectivo medio europeo (UE y otros países de la región, con un 40,3%).Y aquí llega un grave problema que he comentado en muchas ocasiones, esta fiscalidad no favorece el crecimiento de las empresas ni la mejora de la inversión, ni el empleo, porque busca recaudar el máximo de lo que queda, no favorecer el aumento de las bases imponibles.

El informe de Civismo resalta que el salto de mediana empresa a grande “se traduce en 10 puntos más de presión fiscal sobre el beneficio de explotación, lo que actúa en detrimento del crecimiento de las compañías y, por tanto, de su capacidad de generar más riqueza y empleo. Algo especialmente preocupante en un país donde el 99,8% de las empresas son pequeñas y medianas”. Efectivamente, en mi libro “Acabemos con el Paro” (Deusto, 2015), mostraba que el desincentivo fiscal y burocrático al crecimiento de pyme a gran empresa es enorme. Lo llamo el “tsunami fiscal y burocrático”, que lleva a tantos miles de empresas a no tener ayuda a la hora de crecer. Muchas, queriendo hacerlo, ni pueden. Es como una enorme zancadilla impuesta desde los que siempre piensan que gastan poco y que usted gana mucho.

Ahora, con esos datos, no les extrañará a ustedes que la Presión Fiscal que mide Eurostat, que es una ratio recaudatoria (ingresos fiscales sobre PIB) sea muy baja. Porque la carga fiscal es muy alta y, a más impuestos, menos crecimiento, menos empleo y menos recaudación.

Se recauda menos precisamente porque se imponen escollos al crecimiento y a la mejora del tamaño y calidad de las empresas. Adicionalmente, el trabajador sufre el mismo desincentivo a medida que se imponen mayores cargas. Por supuesto, con ello, se ponen trabas a la contratación, a la inversión y a la reducción del paro. Y la culpa, según algunos, es del “capitalismo feroz”, cuando lo que vivimos es “Recaudacionismo Feroz”.

Nos seguirán machacando a impuestos diciendo que hay margen, que estamos “por debajo de la media”, esa que suben los más intervencionistas, y que recaudamos poco. Cuanto más confisco, menos recaudo, y además, la culpa es nuestra. Y no funcionará. Usted se preguntará que, si estos datos son evidentes, por qué los políticos no llevan a cabo una fiscalidad facilitadora y orientada al crecimiento. Porque el objetivo no es la prosperidad y el empleo, sino el control. Por ello siempre se ponen de acuerdo en aumentar la presión, sabiendo que, además, le echarán la culpa a usted cuando los ingresos no cubren sus gastos.

El alto coste de la turismofobia
EDITORIAL  Libertad Digital 5 Agosto 2017

Lo más grave de los actos vandálicos que vienen protagonizando los cachorros de la CUP en las últimas fechas no es la violencia, ya de por sí muy preocupante, sino el desastroso ideario sobre el que se sustenta.

La turismofobia, o el rechazo sistemático e irracional hacia los turistas, forma parte de un pensamiento mucho más amplio llamado "decrecimiento". Es lo que ecologistas y radicales antisistema defienden bajo el argumento de que el desarrollo y el progreso económico son perniciosos desde el punto de vista social y muy perjudiciales para la naturaleza. Poco importa que la humanidad haya experimentado el mayor avance de su historia en los dos últimos siglos, coincidiendo con el nacimiento y la extensión del capitalismo a nivel mundial o que los países más libres y ricos sean, precisamente, los más respetuosos con el medio ambiente.

El rechazo al turista forma parte de este dantesco esquema de pensamiento. Más allá del evidente trasfondo xenófobo que refleja, contrario a la llegada de visitantes foráneos ya sean nacionales o extranjeros, este terrorismo callejero de nuevo cuño que empieza a germinar en Cataluña, Baleares y otras regiones constituye, en primer lugar, un importante problema de orden público que debe ser atajado de inmediato por las autoridades mediante las sanciones y penas que estipule la ley. En este sentido, la dejadez, cuando no connivencia, que ha demostrado el Ayuntamiento de Ada Colau y otras instituciones con estos grupos de delincuentes resulta, simplemente, pavorosa.

Sin embargo, más allá de las consecuencias jurídicas que se puedan derivar de estos deleznables actos, la extensión de la turismofobia puede acabar pasando una factura muy elevada a la economía española si no se ataja a tiempo. Los ataques a turistas perpetrados por Arran en Barcelona y Palma ya han obtenido el correspondiente eco en la prensa extranjera, trasladando así a nuestros principales clientes que no son bienvenidos a España. En caso de cuajar este mensaje, la economía nacional verá seriamente dañado uno de sus principales motores de crecimiento.

No en vano, el turismo representa el 11% del PIB nacional, emplea a más de 2 millones de personas y mueve cerca de 120.000 millones de euros al año. España no solo es uno de los países más visitados del mundo, con cerca de 80 millones de turistas internacionales, sino el segundo por nivel de ingresos y el más competitivo en esta materia a nivel global. Mientras que nuestros competidores más directos nos miran con envidia, aquí lo que pretenden algunos es matar a la gallina de los huevos de oro blandiendo excusas de todo tipo que poco o nada tienen que ver con la realidad.

El turismo es una industria de primer orden que debe ser protegida y mimada para que siga generando riqueza y empleo, ya que, en caso contrario, se perderá uno de los principales puntales de la recuperación económica. Por lo tanto, hay que perseguir y condenar de forma contundente a los violentos y, al tiempo, facilitar al máximo el negocio turístico y solventar los posibles problemas de convivencia que pueda generar esta actividad mediante reglas razonables, claras y sencillas. El rechazo a los turistas -con o sin violencia- no es la solución, sino el problema.

La lógica aplastante de la turismofobia de la CUP
Carmelo Jordá  Libertad Digital 5 Agosto 2017

Amén del rechazo que cualquier forma de violencia genera en la gente de bien, el asunto de los ataques de la CUP contra el turismo llama la atención de la mayoría porque casi todos lo vemos como una locura y un despropósito evidente: a prácticamente nadie le parece normal matar a la gallina de los huevos de oro.

Pero en realidad es justo al contrario: no hay nada más lógico que el rechazo al turismo de los ultraizquierdistas y ultranacionalistas, aunque hasta ahora no se hubiesen atrevido a cargar contra la principal industria de nuestro país –¡y del suyo!–, la única en la que ocupamos una posición de liderazgo mundial.

Las razones son varias y todas coinciden al cien por cien con el ideario de los cupaires: la primera es el lógico odio a la prosperidad de aquellos que viven de promover la miseria y la necesitan como condición sine qua non para tomar el poder y retenerlo. Porque tendemos a olvidarlo, pero la pobreza no es un resultado imprevisto del socialismo, sino la consecuencia natural de un sistema que fomenta –y pervive gracias a– la dependencia del poder de capas lo mayores posibles de la población.

Por el otro lado, del nacionalismo extremo de la CUP no cabría sino esperar un rechazo visceral del turismo: un agente modernizador como pocos, que llena tus ciudades y tu tierra, tan pura genética y culturalmente, de gente extraña con ideas distintas y, sobre todo, capaz de hacer ver a alguien que el mundo no se acaba en las reducidas fronteras del terruño.

El turismo es una fuerza cosmopolita y desasnadora, mientras que el nacionalismo necesita de una población que cada vez sea más inculta y provinciana.

A largo plazo, y en una sociedad más o menos abierta, el turismo masivo es incompatible tanto con el nacionalismo como con el socialismo, bien lo saben las dictaduras que se esfuerzan tanto en controlar y minimizar el contacto de los turistas con los indígenas.

Y bien lo sabe también la CUP, que tiene claro que, para que su proyecto totalitario triunfe en Cataluña, Barcelona no puede ser una de las ciudades más conocidas y visitadas de Europa.

Al final, la tribu siempre necesita volver a la aldea y echar al extraño.

La remigración o la guerra
Renaud Camus lagaceta.eu 5 Agosto 2017

Una de las alocuciones más interesantes, en las jornadas de las Bases de la Remigración, fue la de Fabrice Robert, el presidente del Bloc Identitaire. Trató de una cuestión fundamental, que abordo frecuentemente yo también acerca de la Gran sustitución, y que es el tema de la remigración.

A menudo nos dicen: "Estas palabras son muy fuertes. ¿No teméis asustar a la gente con términos tan abruptos?" Suelo responder que huir de la realidad es lo que realmente da miedo. Vivir de mentiras, dejarse mecer por las ilusiones: ese es el peligro. No es la expresión Gran Sustitución lo que espanta, es el fenómeno que designa. Podemos desear, sin duda, no enterarnos de lo que ocurre, no escuchar nada, salvo la tranquilizante palabrería de los remplacistas. Pero ese parloteo es cada día más difícil de creer, a medida que la situación se degrada.

Mejor vale, me parece, estar advertido de un peligro inminente, aunque sólo fuera para organizar la defensa, que ignorarlo deliberadamente, al riesgo de ser arrastrado por él sin remedio. Para ser claro: no tengo miedo de asustar ni me siento culpable si eso fuera el caso. Aquél que alerta de un incendio gritando "¡Fuego!" con todas sus fuerzas, ¿quién pensaría en reprocharle sus gritos para despertar al barrio?

La propuesta de Fabrice Robert, la remigración, es sin duda oportuna y meditada. La Gran Sustitución es una calamidad mientras que la remigración es un remedio, una manera de tratar el mal, una solución. Podemos incluso decir que es la única solución propuesta hasta hoy. La apelación de Gran Sustitución es muy negativa (menos para los reemplazantes y sus cómplices reemplacistas), la otra, la remigración, se presenta como un objetivo a alcanzar y como una esperanza, al menos para las víctimas probadas o potenciales de lo que implica la primera. Sin duda, la perspectiva de ciertos tratamientos puede inquietar casi tanto como la enfermedad, sobre todo si se trata de una operación quirúrgica. Pero en este nivel, no es nada seguro que se pueda evitar la operación, y de todas maneras no tenemos elección: es imposible no hacer nada.

En el fondo, pasa con la remigración como con el choque de civilizaciones. Por un malentendido total, se reprochó a Huntington desear ese choque que sólo describía. Todavía se le sigue reprochando eso. Sin embargo, él escribió un libro para contribuir a evitarlo, ese choque de civilizaciones. De la misma manera, muchos no dejarán de incriminar la noción de remigración por ser supuestamente una llamada a la violencia, incluso a la guerra. La remigración no tiene sentido ni mérito más que en la medida en que tiende a prevenir esa guerra, a ahorrarle a Francia y a Europa la llegada más que probable de esa guerra.

La remigración o la guerra: estos son los términos del debate. En realidad hay un tercero en liza, pero es mucho más temible que los dos anteriores: la sumisión, la aceptación de la conquista por los conquistados, del reemplazo por los reemplazados, de la colonización por los colonizados, quién sabe si la conversión. Pero si no se consiente al estatus de dhimmis, la guerra es inevitable. Aunque todavía no tiene lugar en nuestra tierra, ya está aquí bajo la forma prevista por Huntington. En nuestra tierra ya tenemos la violencia, o cuanto menos ese avatar polimórfico del vandalismo diario, de las innumerables agresiones y destrucciones, del comportamiento nocivo y agresivo de los colonizadores, ese omnipresente arte de perjudicar y hacer daño en todo momento y ocasión, que llena las cárceles de Francia.

La remigración es el divorcio amistoso, la separación in extremis, justo antes de la crónica de sucesos. Para evitar la ambulancia, los bomberos, la policía y el juzgado, es mejor que las partes se separen y que cada cual vuelva a su casa.

UNO DE CADA TRES VOTANTES DEL PP
Más partidarios de una España sin Autonomías, según el CIS
La Gaceta  5 Agosto 2017

VOX, el partido que lidera Santiago Abascal, ya llevó en su programa electoral un Estado sin autonomías porque, a su juicio, se han convertido en el “mayor problema de España”.

Los españoles que quieren un Estado organizado con un único gobierno central y sin autonomías aumentan casi tres puntos –del 15,2 al 17,9 por ciento-.

Por partidos, más de uno de cada tres votantes del PP –el 33,5%- y más de uno de cada cuatro de Ciudadanos -el 26,9%- quieren acabar con el actual Estado autonómico.

Sin embargo, según el último barómetro del CIS correspondiente a julio, que se realizó entre los días 1 y 10 de ese mes, la mayoría de los encuestados, un 40,6 por ciento, prefiriere que el Estado continúe como en la actualidad, con una organización territorial por comunidades autónomas.

El barómetro pone también de relieve que aquellos que prefieren que las comunidades autónomas tengan mayor autonomía que en la actualidad representan un 15,1 por ciento de los españoles, frente a los que optarían por reducir la autonomía de las comunidades, que son un 9,2 por ciento. En total, 27,1% de los españoles quiere reducir competencias -totales o parciales- a las regiones.

Por otra parte, sólo un 9,9% quiere que se reconozca a las comunidades autónomas la posibilidad de convertirse en Estados independientes. El porcentaje es irrisorio en los electores del PP y C’s -0,4 y 1,4% respectivamente- y aumenta considerablemente en los electores de Unidos Podemos -16,8%- y sus marcas blancas -En Comú, 23,3%, y Compromís, 26%-.
Sólo VOX pide la supresión de las Autonomías

VOX, el partido que lidera Santiago Abascal, ya llevó en su programa electoral un Estado sin autonomías porque, a su juicio, se han convertido en el “mayor problema de España”.

La formación asegura que “las comunidades autónomas no sólo son lesivas para preservar la unidad de la Nación sino que hacen a España inviable desde el punto de vista económico”. “Todo se ha multiplicado por diecisiete y se han creado redes clientelares que han sido caldo de cultivo de los mayores escándalos políticos de nuestra historia -ERE, Pujol, Púnica y Gürtel-“, señala Abascal, antes de asegurar que la “consecuencia” del “chiringuito autonómico” son los “recortes en servicios públicos esenciales” mientras “la élite política mantiene todos sus privilegios”.

VOX cree que “lejos de acercar el poder al español de la calle, las Autonomías han servido para hacer crecer el número de funcionarios, crear infraestructuras sin sentido y colocar a amiguetes en cargos sin ninguna utilidad”. “Han hecho nuestro país ingobernable para políticos e incomprensible para los ciudadanos”, sentencia.

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Antonio Maestre y el cuento de la turistificación
  Libertad Digital 5 Agosto 2017

Ha pasado lo que tenía que pasar. Los habituales reportajes veraniegos sobre el "indigno" y "salvaje" turismo "de borrachera" en las noches de Magaluf (Mallorca) han sido sustituidos este año por los actos vandálicos que protagonizan los cachorros de la CUP y la izquierda abertzale contra hoteles, restaurantes y visitantes a cuenta de la tan manida "turistificación" (turismo de masas). De las palabras se han pasado a los hechos, ni más ni menos. España lleva ya varios años inmersa en un acalorado debate acerca de los males que genera el turismo y la inaceptable proliferación de alquileres vacacionales, arengado convenientemente desde partidos políticos, sindicatos, medios de comunicación e incluso los propios hoteles -deseosos de acabar con la competencia de los pisos turísticos-. Era, pues, cuestión de tiempo que el maniqueo y falaz discurso de odio y animadversión hacia el turista prendiera con fuerza en la mente imberbe y manipulable de un grupo de radicales violentos dispuestos a actuar contra tal injusticia.

Pero, ¿de qué estamos hablando? Si algo resume a la perfección el discurso sobre el que se sustenta el rechazo al turismo, más conocido como "turismofobia", es el alegato que enarboló esta misma semana el periodista Antonio Maestre en el programa Al Rojo Vivo, de la La Sexta.

La gentrificación o turistificación es el colonialismo de clases pudientes que expulsan a la clase obrera y trabajadora de sus lugares de población […] Esto es lucha de clases brutal en el urbanismo, en la ciudad, utilizando las calles y los recursos urbanísticos para perjudicar a la clase trabajadora.

Sencillo, claro, directo… Simplemente, genial. Da igual que sea cierto o no. Ya hay un culpable (turista pudiente) y una víctima (el pobre trabajador de clase obrera). El resto -es decir, la realidad- sobra. Se trata de un discurso muy efectivo, como todos los que provienen del populismo, donde los argumentos clave pivotan siempre sobre la identificación de un enemigo al que hay que combatir. Sin embargo, no es más que un cuento destinado a convencer a ingenuos e ignorantes, cuyos componentes básicos son el cinismo, el elitismo y la pobreza.

Cinismo porque, curiosamente, los mismos que cargan contra el turismo de masas no se cortan un pelo a la hora de practicarlo, contribuyendo así de forma activa y consciente a ese macabro y cruel "colonialismo de clases" que no duda en "expulsar" a la gente honrada y trabajadora de sus humildes hogares. El propio Maestre es un buen ejemplo, puesto que presume de sus viajes a Oporto, Berlín, Florencia o Cracovia, entre otros interesantes destinos turísticos. No es el único. Seguro que muchos jóvenes de Arran, el brazo juvenil de la CUP, también han viajado al extranjero de vacaciones e incluso han probado las mieles del turismo de borrachera que con tanto ahínco denuncian sus mayores, al igual que sus dirigentes cargan contra la industria turística mientras regentan bonitos -y lucrativos- hoteles rurales en el Valle de Arán, como la diputada cupera Mireia Boya.

Elitismo porque pareciera que sólo ellos pueden viajar libremente a donde les plazca y no el resto de trabajadores. Y es que, el turismo de masas que tanto critican no es más ni menos que el fiel reflejo del "turismo obrero" que, en teoría, deberían alabar. ¿O es que acaso las clases medias y bajas no tienen derecho a irse de vacaciones a una gran capital europea o zonas de costa? Maestre y los que piensan como él parecen olvidar -más bien desconocen- que el turismo era, hasta hace muy poco, un lujo reservado exclusivamente a las clases más pudientes de la sociedad. Contar con tiempo libre y disfrutar del ocio es uno de los muchos frutos que otorga el capitalismo, a diferencia de los regímenes socialistas, donde el trabajo es obligatorio y la salida de país misión imposible.

El turismo, por el contrario, ya no está reservado a la elite económica y social, sino que ha pasado a formar parte de la amplia y variada cesta de bienes y servicios que disfruta la inmensa mayoría de la población, y no sólo en los países ricos, puesto que cada vez es mayor el número de turistas procedentes de economías emergentes, como es el caso de Brasil, México, Rusia, China o países árabes, por citar algunos de los más importantes. A mediados de los 90, hace 20 años, el volumen de turistas internacionales apenas superaba los 600 millones al año, mientra que hoy se sitúan por encima de los 1.200 millones… Y creciendo. Se ha duplicado el número de viajeros a nivel global.

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Y lo mismo sucede en cuanto a los vuelos de avión. A principios de los años 70, el transporte aéreo -nacional e internacional- tan sólo registraba unos 400 millones de pasajeros al año, mientras que ahora sus cifras superan ampliamente los 3.000 millones, multiplicándose por más de siete veces en apenas medio siglo.

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Este fenómeno ha sido consecuencia, en primer lugar, del progresivo enriquecimiento de la población -echen la vista atrás y comparen las condiciones de vida de entonces con la actuales-, así como del colapso de la mayoría de los regímenes comunistas, incluyendo la gradual apertura de China, pero también del constante y progresivo abaratamiento de los vuelos, coincidiendo con la privatización del sector. No hace tanto, la grandes compañías aéreas eran propiedad del Estado, pero la liberalización que tuvo lugar a finales del pasado siglo permitió la entrada de capital privado y una intensa competencia entre arolíneas, abaratando con ello de forma muy sustancial el precio de los billetes. Los vuelos low cost de la mano de empresas como Ryanair, Easyjet o Vueling, entre otras, constituye el penúltimo episodio de dicho abaratamiento. Más riqueza y vuelos mucho más asequibles es lo que ha permitido a millones de personas disfrutar de viajes internacionales.

"Colonialismo de clases pudientes", dice Maestre. Rentas medias y medias-bajas procedentes de Reino Unido, Alemania, Francia, Italia y países nórdicos es lo que dice el Instituto Nacional de Estadística (INE). Trabajadores, en definitiva, que se gastan una media de entre 600 y 1.000 euros para disfrutar de una semana de descanso en las ciudades y playas de España, unos 143 euros al día. Y si no que se le pregunten a los miles de "obreros" españoles que, hoy por hoy, se van al Caribe como si tal cosa -Punta Cana es casi el equivalente actual de la Torrevieja de los años 80-

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Y, por último, pobreza, porque, en caso de prosperar esta nueva sinrazón turismofóbica, el resultado será menos empleo, menos ingresos y, por tanto, un menor nivel de vida para un gran número de españoles. En este sentido, conviene recordar que el turismo representa el 11% del PIB, mueve más de 120.000 millones de euros al año y ocupa a más de 2 millones de personas. Pero es que, además, una de las quejas más habituales que se vierte sobre el sector es la necesidad de "hacer partícipe de sus beneficios a los habitantes de las ciudades", tal y como denuncia Maestre en un artículo sobre la "turistificación" donde carga contra los pisos turísticos por, según él, provocar una "espiral inflacionista" de precios inmobiliarios en las ciudades.

Este argumento es doblemente falaz, ya que el alquiler turístico no sólo no es responsable de esa subida, sino que, para más inri, posibilita el reparto de beneficios turísticos que tanto ansía para la población, al margen del poderoso lobby hotelero. En primer lugar, conviene recordar que la mayoría de los turistas que llega a España se aloja en hoteles (65%), según el INE. Y algo similar sucede si contamos a los nacionales. En Baleares, por ejemplo, el alquiler vacacional apenas representa el 15% del número de personas que visitan el archipiélago, mientras que el turismo hotelero supone el 66,4%. Además, el alquiler de larga duración es más rentable que el vacacional, tal y como muestra un estudio de la Universidad de Baleares, ya que no es lo mismo cobrar una renta todo el año que durante los cinco meses de la temporada alta.

La subida de precios que se observa en ciertas capitales, por tanto, no se debe al alquiler estacional. De hecho, una vez más, los datos demuestran que las mayores subidas interanuales de alquileres se han registrado en los barrios menos turísticos de Madrid y Barcelona, como es el caso de Tetuán (+19,6%) o Sant Andreu (+26%), tal y como revela un informe de Idealista. El auténtico culpable de dicho incremento es la creación de empleo (más demanda de pisos de alquiler) y el grave déficit de viviendas (menos oferta) que empiezan a sufrir algunas grandes urbes debido a las restricciones que imponen sus ayuntamientos. Prueba de ello, es que entre2014 y 2015 tan sólo se terminaron 8.891 nuevos inmuebles en Madrid y apenas 5.271 en Barcelona. Es decir, no hay que mirar a Airbnb, sino a Manuela Carmena y Ada Colau como responsables de dicha escalada.

Por si fuera poco, de los cerca de 190.000 hogares anunciados en Airbnb España, más del 70% se sitúan fuera de las habituales zonas turísticas de las ciudades, contribuyendo así a la generación de riqueza más allá de los centros urbanos (reparto de beneficios). Asimismo, el anfitrión típico tiene 42 años, es de clase media y logra unos ingresos extra de 3.300 euros alquilando su vivienda unas 36 noches al año (más reparto de beneficios para indignación de los hoteleros), según los datos de la compañía. En concreto, los anfitriones de Madrid ganaron una media de 3.640 euros en 2016 y el 46% afirma compartir su hogar para llegar con cierta holgura a final de mes; los de Palma ganaron 5.900 euros, en su mayoría (75%) anunciando un único piso; mientras que los de Barcelona ingresaron unos 5.300 euros por alquilar una media de 66 noches el pasado año.

Parece que a Maestre, al igual que a los políticos -incluidos los del PP- y las grandes cadenas hoteleras, le molesta especialmente que gente normal y corriente que posee un piso pueda ganar algo de dinero extra alojando a visitantes, pese a tratarse de su propiedad, pudiendo participar así del lucrativo negocio del turismo, y, muy especialmente, en un país como España, donde el 84% posee una vivienda y el 16% dos o más, de modo que serían muchos los potenciales beneficiarios de esta nueva forma de alojamiento.

Y todo ello sin contar la famosa "gentrificación", que, pese a sonar fatal y haberse convertido en el nuevo mantra de la lucha proletaria, hace referencia a la necesaria y siempre positiva modernización de los barrios urbanos. La espectacular transformación a mejor que han experimentado Chueca y La Latina en Madrid o ciertas partes de la Ciutat Vella en Barcelona durante los últimos años son tan sólo algunos de los ejemplos de esa terrible lacra que denuncian ahora los turismófobos. Hubiera sido mejor que estas y otras zonas permanecieran como barrios pobres, inseguros y marginales, sin duda…

El demonio a evitar como la peste es lo que Maestre denomina el "síndrome de Venecia", por ser ésta una de las ciudades más visitadas del mundo en donde la llegada masiva de turistas está terminando por desplazar a los residentes autóctonos. Más allá de que el caso veneciano (260.000 habitantes) no es en absoluto comparable al de Madrid (más de 3 millones) o Barcelona (1,6 millones) debido a su reducido tamaño y particulares condiciones, no duda en citar como paradigma de tal desastre la amarga experiencia de un gondolero llamado David Redolfi, que, pese a ganar 105.000 euros al año, no puede siquiera costearse un apartamento en la ciudad y tuvo que mudarse a una isla cercana. ¡Qué desgracia! ¡Maldita gerentrificación! ¡Asco de turistas! Triste historia la del gondolero millonario que tiene que vivir a las afueras de la ciudad. Menos mal que no es uno de los aciagos venecianos que posee un inmueble en el centro de la villa valorado en millones de euros. Porca miseria...

Nadie niega que el turismo, como cualquier otra actividad, genera una serie de externalidades negativas cuyas causas y efectos conviene tratar de la mejor forma posible para minimizar los daños y molestias que puedan ocasionar a terceros, pero de ahí a demonizar el turismo como empieza a ocurrir en España hay todo un abismo. La turismofobia, en última instancia, significa que las clases medias y bajas no viajen y que los propietarios -más del 80% de los españoles- no puedan alquilar libremente su vivienda para ganar un dinero extra de forma honrada, al tiempo que otros muchos comercios y negocios se benefician del ocio extranjero. Es el último ejemplo de la ruinosa moralina progre.

Andalucía y Díaz revientan la coartada plurinacional para Cataluña
En la España plurinacional dibujada por Sánchez, solo Cataluña y País Vasco tienen carácter de nación. No ha hecho lo mismo con Andalucía y la presidenta de la Junta se lo va a poner difícil
José Antonio Zarzalejos El Confidencial 5 Agosto 2017

Susana Díaz ha convocado a los alcaldes de Andalucía –y aunque solo acudan los socialistas serán más de 400– a una gran reunión en octubre en la localidad de Antequera (Málaga). Se trata, al parecer, de consumar un acto de afirmación andalucista y la elección del lugar ya da pistas: Antequera fue en donde se aprobó el proyecto de Constitución del denominado 'Estado Andaluz' (1883) en la República Federal Española, elaborado por los delegados del Partido Democrático Federal y allí también, en 1977 y en 1980, se celebraron grandes concentraciones para que Andalucía accediese a la autonomía por la vía rápida del artículo 151 de la Constitución como las denominadas nacionalidades históricas.

Andalucía ya ha demostrado que el modelo territorial de España debe contar con su criterio. Es la comunidad autónoma española más poblada (8.500.000 habitantes) y la segunda en superficie. Dos datos relevantes, aunque no los únicos. Mucho menos para la izquierda y, concretamente, para el PSOE: los socialistas no han dejado de gobernar aquella comunidad. Una circunstancia inédita en las otras comunidades autónomas españolas. Es, además, la que dispone de la más numerosa militancia socialista y la que aporta más diputados al Congreso para el PSOE. Aunque derrotada en las primarias, la presidenta de la Junta, Susana Díaz, ha ganado su congreso regional de calle y ha laminado a los partidarios de Sánchez. En abierta discrepancia con la plurinacionalidad de España –proyecto del nuevo secretario general– la presidenta de la Junta va a hacer una demostración de fuerza.

Consistirá en volver a acreditar –como en 1980– que Andalucía, si vamos a una España plurinacional, es tan nación como Cataluña o el País Vasco y que no consentirá una diferenciación con otros territorios que pueda ir en detrimento de su protagonismo. Cuando Díaz le espetó a Sánchez aquello de “no me hagas elegir” entre el PSOE y Andalucía, estaba advirtiéndole de que no iba a pasar por permitir que unas comunidades fuesen naciones y otras regiones, entre ellas, Andalucía. Sánchez ya ha proclamado que Cataluña y el País Vasco lo son. No ha hecho lo mismo con Andalucía y Díaz se lo va a poner difícil.

La presidenta de la Junta tiene todas las de ganar en este asunto. La plurinacionalidad es una mera coartada de Sánchez como maniobra de aproximación a la Cataluña en crisis y a una Euskadi que a través del PNV juega a dos bandas: en Vitoria con el PSE y en Madrid con el PP. Técnicamente, la “nación de naciones” no tiene referencia constitucional en ningún país democrático y desarticula potencialmente la soberanía única en el pueblo español. De hecho, España es ya plurinacional si por tal se entiende que las nacionalidades disponen de hechos diferenciales por su idioma y por su peculiar sistema institucional. Incorporar el término “nación de naciones” y asignar la categoría de tales a unos territorios y no a otros, además de ser muy difícil desde el punto de vista técnico-jurídico e histórico, conllevaría una amenaza a la unidad nacional que es el fundamento, uno de ellos, de la Constitución.

En otras palabras: Díaz quiere dejar nítido que planteará el “café para todos” como se hizo en 1980 y que la singularidad nacional que pudiera pretender Cataluña respaldada por el PSOE se diluiría ante la reclamación, igualmente nacional, de Andalucía. Una tierra que dispone de una personalidad histórica de largo aliento. Ángel Ganivet escribió que “España tiene dos naciones: al norte, España, y al sur, Andalucía”. Hay que tomar nota de lo que ha ocurrido desde la Transición para valorar lo que se haga en el futuro y evitar que una solución para Cataluña, que será necesaria, incendie otras comunidades y, concretamente, ponga en pie de reclamación a Andalucía como ocurrió en 1980.

Por otra parte, Sánchez se está confundiendo gravemente. Después de descabalgar a Alfonso Guerra de la presidencia de la Fundación Pablo Iglesias, ha dejado marchar a Eduardo Madina y ha entrado en un discurso doble perfectamente inútil: respecto de Rajoy, aliarse con Podemos en una estrategia de presión que no le conduce ahora a ninguna parte (el presidente tiene bien amarrados por el momento sus apoyos hasta 2019), y respecto de Cataluña, reclamar un equidistante diálogo cuando sabe de sobra que aquí solo una parte ha roto todas las reglas de compromiso: los secesionistas. Si el catalanismo tuvo buenas razones en 2010, dejó de tenerlas al plantear una reivindicación inasumible y desproporcionada.

En este contexto, una parte importante del PSOE (Andalucía) va a plantear a Sánchez un órdago, mientras los socialistas valencianos quieren parecerse al PSC y los aragoneses siguen, con Javier Lambán, agazapados, mientras García-Page y Fernández Vara están tácticamente por la concordia. Y todo eso lo tiene bien tabulado y valorado la presidenta andaluza, que va a reventarle a Sánchez la coartada de la plurinacionalidad que, además, no gusta a la inmensa mayoría de sus pares socialistas.

El turismo son los otros

Daniel Rodríguez Herrera  Libertad Digital 5 Agosto 2017

Entre las muchas formas de detectar a un imbécil, existe una infalible: que te digan "Yo no soy turista, soy viajero". Suele ser pronunciada por los mismos que defienden a ultranza a los inmigrantes ilegales porque "ningún ser humano es ilegal" mientras al mismo tiempo insultan a los turistas y los identifican como un grave problema a resolver. Es la forma de xenofobia políticamente correcta y aceptada por la extrema izquierda, la que les permite defender lo "autóctono" sin considerarse, ni que les consideren, unos racistas de tomo y lomo.

El turismo es nuestro petróleo. Sí, naturalmente, tenemos muchas otras industrias y servicios, como los puede tener Noruega, pero el turismo es nuestra especialidad y nuestra principal industria, como el oro negro es la suya. Es un sector especialmente sensible a las noticias. Estamos en cifras de récord no sólo porque hacemos las cosas bien, que las hacemos, sino porque otros posibles destinos están asociados con imágenes no muy edificantes de señores con turbante matando gente. Pero esa suerte podría acabarse en cualquier momento. Por ejemplo, cuando las noticias de los vándalos de extrema izquierda de Arran empiecen a llegar a ingleses y alemanes que puedan estar pensando en visitar nuestro país.

Las excusas supuestamente intelectuales con las que defienden a los borrokas son de risa. Parece que para nuestras lumbreras autodenominadas progresistas el estado ideal de toda ciudad y pueblo de España es el que tiene ahora, o el que tenía cuando ellos se fueron a vivir allí. Y es que no hay nada más conservador en materia de urbanismo que un tipo de izquierdas. Si a un barrio pobre y en declive empiezan a llegar jóvenes con un poco más de poder adquisitivo, se renuevan las viviendas, llegan nuevos locales, etc., el barrio se gentrifica y es muy malo porque pierde autenticidad y los señores que vivían allí antes ya no pueden permitirse seguir haciéndolo porque suben los alquileres o porque les conviene vender su piso y comprar otro más barato en otro sitio. En Madrid es lo que pasó en Chueca o Malasaña. Si los propietarios de pisos en zonas céntricas empiezan a alquilarlos a turistas, entonces se turistifican y pierden residentes fijos y, con ellos, la vida cotidiana, convirtiéndose en una especie de parque de atracciones para los visitantes. Lo cual es un horror que debe evitarse a toda costa. O a costa de los demás, al menos.

Nadie tiene un derecho inalienable a vivir en una ciudad determinada y en un barrio determinado pagando lo que él considere justo. Estar en el centro de Madrid o Barcelona es considerado un lujo por muchos por diversas razones, de ahí que los pisos sean más caros que en el extrarradio. Las actuales plataformas de internet que facilitan el alquiler de pisos a turistas no han hecho sino acelerar un fenómeno que ya estaba ahí y que, con diferentes formas, lleva teniendo lugar desde que existen las ciudades. Es cierto que nuestras leyes lo amplifican aún más, con las prohibiciones de construir en altura y las regulaciones y desprotección que para el arrendador suponen nuestras normativas de alquiler. Pero naturalmente lo que buscan los vándalos de las CUP y los gobiernos municipales de Madrid y Barcelona no es cambiar esas normas, sino impedir a la gente que pueda hacer con sus pisos lo que quiera.

Resulta enternecedor que quienes jamás se han preocupado ni un poco por los problemas de convivencia que la inmigración ha provocado en algunos barrios, tildando de racistas y xenófobos a quienes los mencionaban, ahora se levanten indignados por que la "lucha de clases" que supone el turismo actual expulse a los menos pudientes a barrios menos céntricos. Sería de risa si no fuera porque esa ideología sirve de base a unos borrokas que ponen en riesgo nuestra gallina de los huevos de oro. Luego se quejarán del paro y la pobreza, y harán caja en parlamentos y televisiones como los grandes defensores de los desposeídos a quienes dejaron sin empleo a fuerza de atacar a los turistas. Y con las ganancias se irán a Londres y Nueva York. A viajar, claro, no a hacer turismo.

Esa Euskadi profunda
Santiago González El Mundo 5 Agosto 2017

El juez de la Audiencia Nacional, Ismael Moreno, permitió la celebración ayer de un "tiro al fatxa", una performance que cuenta ya con una cierta tradición en Etxarri Aranaz y que consiste en arrojar piedras, huevos y todos aquellos objetos que sea capaz de imaginar la magra capacidad intelectual de los lugareños batasunos contra las imágenes de personas e instituciones relacionadas con España: la Guardia Civil, la Monarquía, la Iglesia y cargos políticos, según describe en El Correo Oscar Beltrán de Otálora.

El juez autorizó el acto al considerar que no hay indicios de entidad suficiente para apreciar los delitos alegados en la denuncia de 'Dignidad y Justicia'. En opinión del juez Moreno, el 'tiro al fatxa' es una mera expresión de opiniones arriesgadas que inquietan o chocan a diversos sectores de la población".

Por ejemplo, a la familia Ulayar, cuyo padre, Jesús Ulayar, alcalde de la localidad entre 1969 y 1975, año en el que dimitió, fue asesinado a la puerta de su casa el 27 de enero de 1979, ante su hijo Salvador, que entonces tenía 13 años. Salvador vio al asesino con un pasamontañas cubriéndole la cabeza, cómo apuntaba a su padre con una pistola negra, mate y le disparó cinco tiros en dos series, primero tres y luego dos. El niño Ulayar echó a correr, temiendo que luego iría tras él. Es un recuerdo que no ha dejado de perseguirlo aún.

Los cuatro asesinos de su padre fueron detenidos y condenados a distintas penas. Los cuatro eran del pueblo. Uno de ellos, Eugenio Ulayar, sobrino carnal de la víctima, fue condenado a siete años por encubridor. Alguna vez tengo escrito que el árbol genealógico de los vascos padece una enfermadad que da en unas ramas víctimas y en otras asesinos. Este es un caso.

El autor material del asesinato, Vicente Nazábal, fue condenado a 27 años. Durante el juicio, celebrado en 1980, el Ayuntamiento de Echarri-Aranaz, compuesto por seis concejales del PNV y por cinco de la coalición Batzarraren Aldeko Indarra (BAI), acordó por unanimidad "no reconocer a los tribunales españoles, por ser el pueblo vasco el único que les puede juzgar, así como pedir su libertad y la de todos los presos y refugiados vascos". El acuerdo propuesto por la coalición BAI fue votado por los concejales del PNV "en base al derecho que tiene toda persona a la libertad y a la vida, y porque deseamos tenerles entre nosotros rápidamente".

A su salida de la cárcel en 1996, Vicente Nazábal fue recibido como un héroe popular. Su retrato colgó del balcón del Ayuntamiento que lo nombró hijo adoptivo, fue invitado a tirar el chupinazo en las fiestas del pueblo y la comisión de fiestas hizo una cuestación para sufragar el programa de las fiestas. Fueron a pedir a casa de los Ulayar. El Consistorio organizó un pasacalles en su honor, que naturalmente pasó ante la casa de la víctima. Vicente Nazábal fue contratado por el abogado batasuno Patxi Zabaleta y trabaja con él en su despacho. Su hermano, Juan Nazábal, fue contratado como psicólogo en el colegio público de Zizur Mayor, donde estudiaban tres nietos de Jesús Ulayar.

Esto es lo que hay. Los once concejales de Etxarri-Aranaz se repartían en 1979 entre el PNV (6) y la coalición BAI, citada antes (5). Esta cuadrilla de los once ya era bastante miserable así compuesta, pero todo se puede mejorar. En las últimas elecciones municipales, EH Bildu obtuvo el 71,52% de los votos (9 concejales). Los otros dos son del PP.

El Ayuntamiento de Etxarri Aranaz puso los contenedores basura justo en el lugar en que Jesús Ulayar cayó herido de muerte, frente a su casa.

Y dice un juez de la Audiencia Nacional que, en ese pueblo, el 'tiro al fatxa' es una mera expresión de opiniones. Hay que joderse. No sé si el magistrado Moreno ha reparado en que, para las tres cuartas partes de los habitantes de Etxarri Aranaz, los magistrados de la Audiencia Nacional son 'fatxas' a los que se puede tirar, como un guardia civil, como un ex alcalde.

La Audiencia Nacional se creó como un instrumento para juzgar los actos de terrorismo sustrayéndolos al juez natural, a quienes se consideraba más vulnerables a presiones y amenazas. Uno se pregunta si no sería hora de cerrar la Audiencia Nacional. La organización terrorista ya no comete atentados y, por otra parte, para que la justicia quede en ridículo, tanto da.

Las SS de la CUP
José Muñoz Clares Periodista Digital 5 Agosto 2017

El impulso cateto que vertebra el nacionalismo ha parido finalmente un grupo violento que le ha brotado a la CUP en plan bíblico: de una de sus costillas. La transversalidad anticapitalista ha parido una organización juvenil y violenta al modo en que lo hicieron la Falange, el nazismo y cuantas otras dictaduras, marxistas o no, se han dado, pues lo esencial de la dictadura queda al margen del matiz que autoproclama. ¿Hace falta citar a Maduro y su astracanada macabra, elevada ya sobre más de una centena de muertos? ¿Quién sino las juventudes bolivarianas asaltaron por primera vez el parlamento legalmente constituido?

Sólo en la edad juvenil se puede vivir un inocente petardo en la pata de un anuncio comercial como una batalla ganada a la historia, y ellos lo hicieron. Me refiero a ARRAN – apréndase esas siglas: son las SS del independentismo catalán -, esos gudaris con barretina que echaron abajo un toro de Osborne con unos petardos para dejar inequívocamente expreso su rechazo a cuanto suene a español y, a última hora, a no catalán simplemente. Con más acierto y contundencia unos integristas evangélicos americanos tuvieron ahorcado a un Papá Noel durante las fiestas navideñas para que a nadie le cupiera duda sobre la seriedad de su juicio moral sobre el personaje.

Estos chicos, herederos de la kale borroka de sus primos vascos, no sólo quieren una Cataluña habitada exclusivamente por catalanes y charnegos conversos, pretenden también que sólo catalanes de raíz – ¿Genética, ideológica? – visiten sus tierras y monumentos. Son a la cultura el equivalente al “dejadme zolo” del torero, cabreado con el toro y a punto de acuchillar. Quieren una Cataluña encerrada en sus valles, que manan un 3% aparte de leche y miel, para darse un respiro histórico y dejar que crezca y se fortalezca la semilla catalana auténtica, sea esto lo que sea. Quieren, como quiso Franco, encerrarse con los suyos y exterminar a los otros, incluido incordiar a turistas de todo el mundo que, por razones similares, han dejado de ir a Egipto, a Túnez, a Inglaterra y a todos los sitios que no inspiran sosiego.

Conviene no tomar a broma ninguna amenaza que haya superado el nivel de mera palabrería. Estos ya han afectado a muy concretos negocios y han llenado Barcelona de “tourist go home”, siguiendo el ejemplo del grupo ultranacionalista hebreo de La vida de Brian. No desperdician oportunidad de hacer el ridículo más pastueño por mejor joder la vida de compañeros y compañeras, de catalanes y catalanas, de vascos y vascas y de polacos en general.

Hace falta un Muñoz Seca que ordene hechos y personajes en una astracanada tipo Don Mendo. Una especie de El virgo de Visanteta enriquecido con figurones como la madre superiora y el abad, el hereu de los cochazos, Mas “el inhabilitat”, Forcadell y sus canguelos… Y ese Junqueras, a medio camino entre jabalí y humano, que sólo ha hecho pie ideológico cuando ha visto en peligro su patrimonio. Puro romanticismo.

Obscenamente evidente y ahora, además, violento. Desde las bases que, por escasas que sean, darán mucho que hablar el próximo 1-O, que debería sonar a uno a cero y, sin embargo, no se termina de ver.

Sociedad EDUCACIÓN Y LINGÜÍSTICA
Un instituto aragonés se rebela contra su director por "imponer el catalán"
La comunidad educativa denuncia que esta decisión esconde un "proyecto político" catalanista
Ana Delgado El Espanol 5 Agosto 2017

La vuelta al cole en Valderrobres, un pueblo de Teruel colindante con la frontera de Cataluña, va a ser movida. En junio, antes de acabar el curso escolar, el instituto Matarraña -el único de la comarca- se tornó en batalla campal y sin previo aviso el director del centro anunció que a partir del curso que comienza en septiembre habrá más horas de catalán en detrimento de otras asignaturas. Un cambio que la comunidad educativa evalúa como innecesario porque, a su juicio, "no hay demanda real" de catalán.

A partir del próximo septiembre los alumnos de primero a cuarto de la ESO tendrán que elegir entre dar asignaturas como plástica, tecnología o música o dar catalán, una materia que pasará de tener dos horas semanales -hasta este momento era una asignatura optativa- a tener tres. Una hora de más que modifica todo el plan educativo.

"Un proyecto político"
Padres de alumnos, en conversación con EL ESPAÑOL, afirman que esta decisión obedece a "un proyecto político personal del director del centro", Ignacio Belanche. El maestro es también concejal de Chunta Aragonesista (CHA) en el municipio y consejero del mismo partido en la comarca. En este sentido, miembros del claustro están convencidos de que Belanche "quiere imponer el catalán" en contra de las familias y los profesores.

Según la plataforma aragonesa No Hablamos Catalán, este cambio supone "un atropello" porque, a su juicio, no representa las necesidades de los alumnos. Sin embargo, la implantación del catalán en la comarca es, desde hace décadas, un movimiento táctico que los partidos nacionalistas de Cataluña persiguen. De hecho, el independentismo catalán denomina a esa zona su "Franja de Ponent". De hecho, la Generalitat usa de manera habitual este término y ha exigido que Aragón se acoja a la disciplina lingüística catalana.

El PSOE se dispara cinco puntos tras la vuelta de Sánchez y el PP cae casi tres El PSOE se dispara cinco puntos tras la vuelta de Sánchez y el PP cae casi tres Efe Ciudadanos perdería cuatro décimas y Unidos Podemos ganaría seis, según el último barómetro del CIS publicado este viernes.

En enero de 2016, el presidente aragonés, Javier Lambán (PSOE), que gobierna en coalición con CHA, reconoció el catalán como "lengua propia" de Aragón, una decisión que para No Hablamos Catalán era una "locura". Hace un año, el gobierno autonómico dictó una orden que ampliaba la enseñanza del catalán y que, además, autorizaba esta lengua como “lengua vehicular” en colegios de Aragón. Una medida que siempre estaría sujeta a la demanda del centro. El Partido Aragonés y el PP intentaron eliminarla sin éxito ya que creían que iba contra los intereses de los aragoneses.

Los intentos catalanes de regular las lenguas propias del levante aragonés perjudica directamente a la riqueza lingüística de esta zona de Aragón. Además, va en contra de la propia legislación aragonesa de lenguas cuyo objetivo es precisamente promover las hablas propias de la región, como el chapurreau, el fragatino o el tamaritano, para así conseguir que no se pierdan. Sin embargo, para los partidos nacionalistas catalanes esta ley atropella la “unidad de la lengua catalana”.
Una encuesta falsa para implantar el catalán

Para implantar esta medida, el director del centro pasó a los padres en abril de 2017 una encuesta que tanto los profesores como las familias denuncian porque “no es representativa”. Además, aseguran que no la contestaron un porcentaje suficiente de afectados aunque el instituto la toma como válida y sentencia que un 67% de familias prefieren estudiar en catalán.

El dato es, a juicio de la Plataforma y parte de la comunidad educativa, rotundamente falso. Según sus cálculos, el porcentaje de familias que quieren que sus hijos amplíen sus horas lectivas de catalán sólo asciende al 25% -un 18% de los padres eligió que sus hijos tuvieran formación trilingüe (castellano, catalán e inglés) y un 7% bilingüe (castellano e inglés)-. Además, explican que la inmensa mayoría de las familias prefieren un modelo bilingüe más amplio en inglés pero que el director del centro no lo ha planteado, priorizando así el catalán. La situación pone en apuros a los profesores y de hecho algunos de ellos afirman que se “están planteando sacarse el B2 de catalán para asegurar su continuidad en el centro” por miedo a perder su puesto de trabajo.

En contra del 'chapurreau'
El hecho de que el director del centro apueste por el catalán en lugar de por las hablas de la comarca es preocupante para la comunidad educativa: “El chapurreau [el habla propia de la comarca] peligra por la invasión del catalán en la zona, la mejor arma para implantar el catalán en Aragón es estudiarlo en la escuela y ya lo están consiguiendo. El que va a perder es el chapurreau, imponen una lengua que aquí no se habla y encima con la grafía y la normativa de alli. Los términos se irán perdiendo. No pueden decir que es nuestra lengua materna, porque aquí no se habla el catalán como en Barcelona", explican varios padres a este periódico.

A día de hoy, ni la Comisión Pedagógica del Centro ni el Consejo Escolar ni el Departamento provincial de Educación de Teruel han aprobado la medida. Sin embargo, pese a no estar oficialmente aceptada, los alumnos ya se han tenido que matricular en un documento que refleja las horas de catalán extras impulsadas por el director del centro.


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