AGLI Recortes de Prensa   Domingo 6 Agosto 2017

Entre Caracas y el CIS: nadie aprende nunca nada
Federico Jiménez Losantos  Libertad Digital 6 Agosto 2017

Por esto creamos medios de comunicación liberales: porque la historia de estos últimos cien años de comunismo demuestra que nadie ha aprendido nunca nada.

Una de las razones para crear medios de comunicación, además de ejercer el sagrado derecho a la libertad de expresión, es la comprobadísima costumbre del ser humano de no aprender nunca nada. Y en esta semana se ha podido comprobar hasta qué punto la experiencia, por trágica y cercana que sea, no sirve de nada cuando tropieza con la comodidad del juicio, abonado a la ley del mínimo esfuerzo.

Los datos del CIS que muestran la posibilidad, apuntada aquí mismo, de que el PSOE de Sánchez, o sea, el pluripsoe del plurisánchez se haya convertido en alternativa parlamentaria -y por tanto de gobierno- a Rajoy iban acompañados de una valoración ciudadana bastante más grave que la intención de voto: menos del 3% de los españoles se muestra preocupado por la situación de Cataluña. O sea, que el 97% sigue sin preocuparse por España, que es como el Titanic a punto de zarpar del puerto de Barcelona.

Rajoy triunfa al predicar la vagancia
La alarma en los medios 'rajoyanos' se ha centrado en lo que deberían celebrar, ya que ellos contribuyen cada día a desdramatizar con las más diversas excusas el drama nacional. Siguen el guión de la única estrategia seguida hasta ahora por el Gobierno con respecto al separatismo catalán: no pasa nada que no se arregle con el diálogo, y si no hay diálogo es lo mismo, porque nunca pasará. En realidad, ha pasado, sigue pasando y va a pasar a mayores el 1 de octubre, en realidad el 15 de Septiembre, fecha de arranque de la campaña oficial, pagada con dinero robado a todos los españoles. Sin embargo, el Gobierno ha optado por el cómodo expediente de hacer como que no pasa nada. Y una mayoría aplastante de los españoles se muestra dispuesta a pensar lo mismo, es decir, a dejar de pensar en lo molesto o desagradable. Si algo pasara, parecen decirse, el Gobierno ya habría hecho algo. Y si dice que no pasa nada, será que, en realidad, no pasa gran cosa.

Curiosamente, esa confianza en el Gobierno para negar la gravedad del problema separatista no se da al valorar una situación económica que, por muchos peros que merezca, es infinitamente mejor que la política. La mitad de los españoles piensa que la situación económica es mala o muy mala, cuando el paro ha bajado del 18% y el ritmo de crecimiento general empieza a notarse, como siempre, en la subida del precio de las viviendas. Es cierto que hay grandes lagunas en ese crecimiento, en todo caso, el mayor de la UE, pero me parece evidente que lo que se está produciendo, también en este caso, es el triunfo de un discurso oficial u oficioso sobre los datos de la realidad.

Los medios de comunicación, en manos de Rajoy pero entregados a la extrema izquierda, han instalado en los ciudadanos la idea de que, haga lo que haga, el PP no puede hacerlo bien, ni siquiera en la economía. Pero que, como dicen el PSOE y Podemos, en realidad lo de Cataluña mejoraría sólo con echar del Gobierno a Rajoy. Así que vuelve la intención de voto al PSOE porque, en realidad, en España no pasa nada. Sólo que el PP lleva ya seis años en el Poder y va siendo tiempo de echarlo, a ver si para siempre.

De confiar en Zapatero a la infame palabrería
Lo de Caracas es tan trágico, tan triste, tan grotesco, que, de no mediar la trágica historia de los cien años de comunismo (se cumplen el 7 de noviembre) que es la de una desmemoria, una cobardía, una búsqueda continua de cualquier excusa para no afrontar los hechos desagradables, podría habernos sorprendido. Por desgracia, lo que está pasando es lo que pasó en Cuba hace casi sesenta años cuando la gente decía: "aquí no puede triunfar el comunismo". Y bendecido por el Papa, santificado por Obama y financiado por Rajoy, que perdonó al castrismo cien mil millones de euros, no sólo sigue imperando despóticamente en La Habana sino que acaba de abrir su primera narcosucursual en Caracas.

España fue la abanderada en la Unión Europea de la política de apoyo a la oposición cubana en tiempos de Aznar. Con Zapatero volvimos a los primeros tiempos de Felipe González, cuando colegueaba con el Monstruo de Birán en Tropicana, con mucha mulatona y sóngoro cosongo. Pasada la época nefasta de Morán -como la de Matutes en Aznar- Felipe se convirtió con Fernández Ordóñez en lo más parecido a un socialdemócrata, flanqueado por Semprún y otros excomunistas de tronío. Naturalmente, un personaje tan infame como 'Zetapé' no podía perpetrar más que infamias en Cuba. Pero abrigábamos la esperanza de que, al menos en lo de Cuba, un Gobierno del PP dejaría de abochornarnos como españoles. Ha sucedido al revés. 'Zapatereando' siempre, Rajoy ha hecho 'como que… pero ná de ná'.

Hasta hace un mes, la política oficial del Gobierno con respecto a Venezuela ha sido -según confesión de Dastis- hacer lo que dijera ZP, convertido con su antiguo equipo económico en una especie de mediador comisionista para los empresarios españoles atracados por el chavismo. Esta semana, de pronto, la Moncloa ha dejado de confiar en las virtudes del diálogo que, mediante jugosas comisiones, propicia el infame Zapatero. Pero en la Unión Europea, donde España debería marcar la pauta, la desidia diplomática y el narcotráfico cubano-colombiano-venezolano han logrado evitar hasta las sanciones económicas. El colmo de la indignidad es ver a Dastis, el zapatereado, explicando ahora en sólidos artículos como el de El Mundo la deriva totalitaria del chavismo. ¡Como si fuera novedad!

Lo trágico es temer que, salvo triunfo de Uribe y creación de una guerrilla con base en Colombia, al modo de la Contra nicaragüense en los años 80 del siglo pasado, cuando ser anticomunista era vocación e incluso profesión (y no como ahora, una especie de maldición), lo que va a pasar en Venezuela es lo que Zoe Valdés ha escrito en LD esta misma semana:

"No es por predecir, aunque como cubana la experiencia me asiste, pero siento augurar que Venezuela ya se encuentra en sus últimos estertores. Se avecina el fin de ese gran país, o tal vez ya estemos asistiendo al derrumbe inevitable, lento aunque aplastante. Sí, habrá más muertos, muchos más, al igual que en Cuba, y además no quedará nada, arrasarán con la más mínima fuente de vida y de creación.

Era de esperar. Venezuela cayó en manos del castrismo de manera irreversible en 1998, cuando Hugo Chávez tomó el poder. A partir de ahí, lo que hemos visto ha sido la entrega más humillante, absoluta y totalitaria al poder de los Castro y del castrocomunismo. Y, como sabemos, todo lo que el castrismo toca lo convierte en cenizas.

Nadie hará nada. Sólo paripés. Paripés de la Unión Europea, paripés de la ONU, paripés de las diversas ONG. Paripés del gobierno estadounidense. Es comunismo, señoras y señores, y en contra el comunismo nadie mueve un dedo.

Nadie prohibirá la bandera comunista, ni los himnos comunistas, ni las feas canciones comunistas, ni los saludos comunistas, ni los discursos comunistas, ni las discriminaciones y abusos comunistas, ni los crímenes comunistas. Nadie hará absolutamente nada por condenar el comunismo, y mucho menos el castrismo.

¿Vergüenza? Todo lo contrario. Salvar el comunismo siempre ha dado ventaja y prestigioa los que se dedican a semejante bajeza. Así íbamos y así vamos."

Por esto creamos medios de comunicación liberales, y siempre serán pocos: porque la historia de estos últimos cien años, que son los que en este 2017 cumple el comunismo, demuestra que nadie ha aprendido nunca nada.

En casa del plurinacionalista, jarabe de palo
Roberto L. Blanco Valdés La voz 6 Agosto 2017

Los nacionalismos vasco y catalán y, mucho menos, por su debilidad histórica, el gallego, han marcado, desde la Transición, la agenda política española y, ya en los últimos años (los del plan Ibarretxe y la actual sublevación secesionista), puesto patas arriba los grandes consensos del país y triturado la convivencia en sus comunidades. Pero entre tales éxitos debe anotarse otro reciente, de enorme trascendencia: haber acomplejado a los partidos de la izquierda, contagiados por el credo nacionalista, ciertamente con más oportunismo que fortuna electoral.

De este modo, la descentralización, por virtud de la cual España es desde hace años un Estado de naturaleza federal (lo que solo niegan quienes no saben ni una palabra del asunto), lejos de haber tenido el efecto previsible en partidos nacionales -reforzar su preocupación por mantener un Estado sólido capaz de garantizar la cohesión social y la igualdad de todos los españoles, al margen del territorio en el que vivan-, ha provocado lo contrario: la defensa por una izquierda desnortada de muchas reivindicaciones nacionalistas, asumidas para hacerse perdonar no ser nacionalistas. En el PSOE, IU y Podemos creen que así competirán mejor con los partidos nacionalistas sin caer -¡angelitos!- en la cuenta de que esa es la mejor forma de reforzar a la izquierda territorial gallega, vasca y catalana.

Ahí debe situarse el engendro socialista de la plurinacionalidad -que nadie sabe en el PSOE en qué consiste- y el loco impulso a la autodeterminación a discreción por parte de Podemos. De la escasa sinceridad de tales ocurrencias da buena idea el hecho de que la defensa de una España más descentralizada -cosa imposible sin que el Estado se esfume para convertirse en un fantasma- parta de fuerzas muy centralizadas, cuyos líderes aspiran a que nadie en ellas les rechiste.

Sánchez habla de una España plurinacional pero ha barrido de un plumazo a los barones, aspira a controlar todo el PSOE y a que en los territorios se siga a rajatabla la política de una ejecutiva que no es otra que la suya. Nunca hubo un PSOE tan descentralizador y ¡tan centralizado! Lo de Podemos es igualmente para nota: Iglesias defiende que todas las regiones de España puedan autodeterminarse, pero, obsesionado por dominarlo todo, niega ese poder a las organizaciones territoriales de Podemos, en las que ha metido mano una y otra vez. La última, en Cataluña, donde ahora quiere cepillarse al líder de Podemos, que no comparte las posiciones centrales sobre el referendo secesionista.

Curiosa ley del embudo esta, desde luego: políticos que proclaman que un país tiene que gobernarse sobre todo desde los territorios pero niegan a sus organizaciones territoriales cualquier autonomía. Es lo que podríamos llamar el plurinacionalismo-leninismo. ¡Un auténtico prodigio!

¿Cuál es el activo primigenio de la actual burbuja de deuda?
El 1% más rico, la superclase, va a intentar conservar su poder. Pero para ello necesita consolidar su control sobre el sistema global de la deuda.
Juan Laborda www.vozpopuli.com 6 Agosto 2017

Siento ser un aguafiestas. Ojalá esté equivocado y que lo que bulle en mi cerebro sea simplemente el resultado de un mal sueño de una noche de verano. Pero la autocomplacencia, el engaño, las malas artes de aquellos que nos llevaron a La Gran Depresión (2008-2014) me obligan a compartir una reflexión en voz alta. Detrás del actual rebote de la actividad económica, que se inicia en 2014, solo hay una nueva burbuja, la tercera desde 1998. Es la burbuja de deuda pública, de consecuencias imprevisibles en un país sin soberanía monetaria como el nuestro. La clave está, como me explicó un buen amigo y fiel seguidor de este blog, en identificar el activo primigenio que está siendo financiado por semejante aumento de la deuda pública patria. Hoy solo plantearemos una serie de hipótesis que habrá, obviamente, que contrastar más adelante. Como corolario, si al final todo sale mal, La Gran Recesión será un juego de niños, y su segunda parte nos llevará a una situación “a la griega”.

Es cada día más evidente la conexión entre el actual sistema de gobernanza económica, el "neoliberalismo", y aspectos tan diversos como el populismo, el estancamiento secular y las distintas inflaciones de activos surgidas desde 1998. Bajo el marco de análisis de la ortodoxia dominante, desde el lado de la demanda, Occidente solo puede hacer frente al estancamiento secular con tipos de interés reales negativos. Pero la implementación de dichas políticas monetarias activa distintas burbujas financieras y/o inmobiliarias.Desde la crisis de distintos países emergentes en el período 1997-1998 la economía global no ha hecho otra cosa que moverse de burbuja en burbuja de activos, con el agravante de que a cada inflación de activos, cuando estallaba, le seguía otra todavía más perniciosa, de manera que cuando ésta nueva explotaba el impacto macroeconómico negativo se acrecentaba.

El problema es que las dos primeras burbujas, la tecnológica (1998-2000) y la inmobiliaria (2002-2007), fueron generadas por recursos propios y/o deuda privada alrededor de un colateral nítido y claro, bien sean empresas tecnológicas o activos inmobiliarios. Sin embargo, la actual burbuja, fruto de las conexiones de poder entre las élites políticas y económicas de turno, gira alrededor de la deuda pública. El problema es investigar que está financiando esa deuda pública.

Hipótesis de partida: la deuda pública financia a terceros
La hipótesis de partida, que deberemos contrastar, es que el activo primigenio que está siendo financiado por el brutal incremento de la deuda pública patria en el período 2008-actualidad no es tangible, como lo eran las empresas tecnológicas o los activos inmobiliarios vinculados a las burbujas generadas por deuda privada. Es mucho más sutil. Nuestra hipótesis es que se estaría financiando a terceros, básicamente al sistema bancario y a determinados oligopolios patrios vinculados al poder político, así como a distintos colectivos que permiten que el actual Régimen se mantenga.

En realidad la política económica implementada en la mayoría de las democracias occidentales para hacer frente a La Gran Recesión se empeñó en reconstituir el sistema existente con el objetivo último de favorecer de manera permanente a la clase dominante, los más ricos, los intereses corporativos, mientras que dejaban a los ciudadanos, especialmente a los más pobres, con una sensación de impotencia y desesperación política. Para ello se propuso, utilizó, y continúa usando, dos líneas básicas de política económica en lo que podemos calificar como una cínica perversión de las mismas. Por un lado, una política monetaria expansiva al servicio exclusivo de las élites, especialmente las bancarias, y que solo genera burbujas y no rentas. Paralelamente, se está produciendo una brutal expansión de la deuda pública en la práctica totalidad de las democracias occidentales. Detrás de ello no se pretende sostener el empleo y los ingresos mediante inversiones públicas en nuevos sectores estratégicos, o garantizar una vivienda digna o unos estándares salariales mínimos, ni siquiera potenciar una educación pública como elemento de mejora social. Sólo se está incrementando la deuda pública para financiar a terceros, sanear sus desaguisados, e incluso financiar la percepción de rentas de determinados colectivos, relevantes electoralmente, con emisión de deuda pública.

La inversión en política de las elites
Existe cada día más evidencia académica, sobre todo en países anglosajones, que demuestra que el 1% más rico, además de invertir en jets personales, yates gigantes, obras de arte y/o áticos de lujo, también invierte en política, bien comprando voluntades o bien controlando medios de comunicación. Se ha legislado y se legisla en favor de los distintos oligopolios, monopolios, monopsonios controlados por élites gerenciales que, además de saquear a sus accionistas, no pagan sus impuestos en sus países de origen. Y no les quepa ninguna duda que estas “inversiones políticas” dan sus frutos, y están siendo muy rentables.

Estos grupos de presión gozan de impuestos más bajos, tanto ellos como sus negocios. Si hace falta, sin ningún tipo de rubor, porque ellos se lo merecen, exigen y consiguen subsidios a sus corporaciones y conglomerados; logran que con deuda pública se rescaten sus desaguisados. Se legisla estableciendo reglamentos a su medida, y además no se aplican las leyes antimonopolio a aquellos grupos que impiden la libre competencia.

Ese 1% más rico, la superclase, va a intentar conservar su poder. Pero para ello necesita consolidar su control sobre el sistema global de la deuda. Por eso para la ciudadanía es vital, por un lado, una profunda reconversión de un sistema financiero sobredimensionado, a costa de gerencia y acreedores. Pero por otro, debemos exigir además, como única reforma estructural real, en aras de nuestra libertad, una reestructuración de la deuda, mediante las correspondientes quitas. Si eso ocurriese, automáticamente la superclase se arruinaría y perdería el control del poder. Y es aquí donde deberíamos ser proactivos y presionar hasta que la clase política asuma estas medidas.

¿Por qué la izquierda cede a la derecha la defensa de la Constitución?
Ignacio Varela El Confidencial 6 Agosto 2017

Lo que sucede en Cataluña –y, sobre todo, lo que sucederá próximamente– no es un problema de política territorial, como repite Pedro Sánchez. Eso era hace cinco años. Ahora afrontamos la crisis constitucional más seria desde el 23-F, y no verlo es no querer verlo.

Se dilucidaba si la Constitución española seguirá en vigor en todo el territorio o si Cataluña pasará a ser una zona de exclusión constitucional dentro del Estado: un lugar en el que en la ley pierde su fuerza de obligar y se aplica o se ignora a conveniencia de quienes allí mandan. La alternativa a la inalcanzable independencia sería una derogación constitucional de 'facto' en Cataluña, no consentida pero tolerada. Ese es, a mi juicio, el verdadero objetivo del 'procés'.

Para llegar a ese punto, sus patrocinadores han optado por la vía insurreccional. Primero se declaran en rebeldía las instituciones. Y a partir de la Diada la insurrección pasará a la calle, en una versión catalana de la plaza Maidán de Kiev o de la Taksim en Estambul, retransmitida en directo por todas las televisiones del mundo. Después quizá llamen a unas “Elecciones para una Asamblea Constituyente” (¿les suena?), tan ilegales como el referéndum, buscando una segunda prohibición para atizar el incendio. Ese es el programa de actos y a él hay que atenerse en la respuesta que se proponga, sin hacer más el avestruz.

Es la hora, pues, de defender la Constitución en primer lugar. Después, una vez asegurada su primacía y su plena vigencia, tocará deliberar acerca de las distintas fórmulas de organización territorial del Estado, incluidas posibles reformas del texto constitucional. Pero invertir ahora el orden de los factores significa en la práctica ceder a la insurrección y dejar caer la integridad constitucional de España.

Lo más desconcertante de esta crisis es que los dos partidos de la izquierda, por motivos y caminos distintos, están permitiendo que la derecha ocupe en solitario el espacio de la defensa de la Constitución amenazada.

Lo de Podemos se entiende mejor. Ese partido cumple la Constitución por imperativo legal, pero no la considera suya por convicción ni por historia. Si dependiera de ellos, esta Constitución no sería reformada, sino sustituida por completo. La parte buena es que no lo ocultan.

Por otra parte, Podemos no es libre respecto a Cataluña. Su posición viene dictada por su confluencia catalana. El partido de Colau posee una parte sustancial de los votos y escaños de Unidos Podemos, y Pablo Iglesias no puede separarse un milímetro de la alcaldesa de Barcelona. En lo que se refiere al 'procés', Colau conduce e Iglesias acompaña.

El caso del PSOE es muy diferente. El Partido Socialista no solo tiene lazos afectivos con la Constitución, sino que esta y su desarrollo fueron en gran parte obra suya. Si hay un partido en España con motivos para reconocerse en el texto constitucional y defenderlo como si en ello le fuera la vida, es el PSOE. Porque le va la vida en ello. Lo que sucede es que los actuales dirigentes del PSOE son rehenes de su propio discurso. Recuperaron el poder a lomos de una consigna sagrada, no es no, y ya no pueden bajarse de ella.

La mística del 'noesnoísmo' contiene un mandato imperativo para sus creyentes: antes muertos que con el PP. Lo que nació como una posición táctica –y ahí debió quedarse– pasó a ser un grito de guerra, luego una seña de identidad y finalmente un fetiche colectivo que condiciona todo.

Cualquiera que sea el tema del que se trate, no coincidir con el PP es para el PSOE de Sánchez una exigencia previa, un 'préalable' estratégico. Primero nos diferenciamos de Rajoy y luego pensamos, ese es el hilo que hilvana todas las perlas producidas en Ferraz desde el 21 de mayo.

Si se insinúa que el Gobierno podría usar el artículo 155, Margarita Robles se apresura a oponerse preventivamente, apelando incluso a la comunidad internacional. Si Montoro aprieta a los insurrectos por el lado del dinero, Sánchez e Iceta corren a ofrecerles más inversiones y quitas fiscales para aliviarlos de su desastrosa gestión. Si Rajoy asegura que el 1 de octubre no habrá un referéndum en Cataluña, a Narbona le falta tiempo para responder que sí, que probablemente lo habrá aunque sea ilegal. Lo llaman oposición de Estado.

La súbita conversión de Sánchez a la fe de la plurinacionalidad es una muestra más de la pulsión por buscar desesperadamente un espacio discursivo que lo separe del Gobierno a toda costa. Logrado eso ya no es preciso profundizar en la propuesta, porque el objetivo se ha cumplido.

Si la dirección del PSOE fuera consecuente con su creencia de que todas las soluciones pasan por una reforma de la Constitución, hace tiempo que estaría negociando con el PP el alcance y el contenido de esa posible reforma, que sin contar con él no puede avanzar un milímetro. Pero en lugar de buscar ese acuerdo, ellos mismos lo sabotean: todas sus proclamas sobre la reforma constitucional parecen estar pensadas para excluir de ella al PP, lo que convierte a las propuestas en meras bravatas.

Si todo esto se produjera en una situación de normalidad institucional, el único coste sería un cierto bloqueo parlamentario que frenaría los acuerdos interpartidarios. Pero no estamos en la normalidad. Por eso la obsesión por no coincidir y no parecerse a quien hoy tiene la obligación de encabezar la defensa de la Constitución puede llevar a terrenos muy peligrosos.

Una de las expresiones del complejo de superioridad moral de la izquierda es la displicencia con la que siempre ha tratado a la adhesión de la derecha a los valores constitucionales. Llevamos 35 años recordando que Alianza Popular no votó la Constitución (lo que no es históricamente exacto), que en realidad no creen en ella, que la aceptaron porque no les quedaba otro remedio, y así hasta la náusea. Mira por dónde, cuando ha llegado la hora de la verdad quien arrastra los pies para ponerse en primera línea de defensa de la ley democrática es esta izquierda delicuescente que hoy padecemos.

Hay millones de españoles progresistas que sienten que esta Constitución forma parte de sus vidas y de su patrimonio más querido. Más vale que cuando esto se ponga bronco de verdad –faltan pocas semanas– no se encuentren huérfanos y les dé por preguntar por qué.

La cama redonda separatista
Alejo Vidal-Quadras www.vozpopuli.com 6 Agosto 2017

En una reciente entrevista, realizada y publicada, se supone, más en interés de ampliar los conocimientos del lector sobre teratología política que su nivel de información sobre la realidad catalana presente, Anna Gabriel, la cabeza visible de la CUP, formación comunista asamblearia que actúa como punta de lanza violenta del proceso separatista, expone sus ideas sobre la futura Cataluña soberana. El núcleo central de su proyecto lo expresa con claridad al definirse como “alguien dispuesta a que estemos en una sociedad sin propiedad privada”. Más adelante precisa que su implicación en la erección de un Estado catalán independiente desgajado de España es para la formación que lidera una cuestión puramente instrumental en la medida que considera que de esta forma conseguirá más rápidamente su objetivo, que no es otro que la implantación de una dictadura totalitaria que liquide a la burguesía e instaure un igualitarismo absoluto.

Un pronunciamiento público de esta naturaleza, sin intención de maquillaje u ocultación de un propósito tan aberrante, resulta llamativo por varias razones. La primera es el asombroso desprecio por la experiencia histórica contemporánea, que ha dejado demostrado sin paliativo que todos los intentos, desde la Revolución Francesa hasta hoy, de traer a la tierra el paraíso igualitario han creado infiernos insoportables. La extinta URSS, Camboya, Cuba, la China de Mao, Corea del Norte, ejemplos rotundos de los niveles de miseria, sufrimiento, crueldad y opresión a los que conduce el modelo social y político que Anna Gabriel quiere imponer en su tierra natal.

La segunda es la cooperación parlamentaria y la coincidencia en la voluntad implacable de destrucción de España como Nación con partidos, como es el caso de la antigua Convergencia o incluso de Esquerra, que, con diferentes matices, creen en la economía de mercado y en el papel fundamental de las empresas como motor del crecimiento, la prosperidad y el empleo. No hay que olvidar que la CUP incluye en su programa la salida de la Unión Europea. ¿Cuál es la lógica, cabe preguntarse, de la estrecha colaboración entre organizaciones cuya visión social y económica no es que sea distinta, sino que es incompatible? De hecho, lo que les está diciendo Gabriel a Puigdemont y a Junqueras -algo parecido, por cierto, le anuncia Bildu todos los días al PNV- es que, una vez culminado el proceso de separación de España, sus huestes de desharrapados jaspeados de tatuajes y horadados de piercings se dedicarán sin descanso a confiscarles sus bienes y, si se resisten, serán confinados en gulags construidos al efecto o sometidos a la simple aniquilación física.

La tercera radica en el manifiesto desprecio que cada uno de los participantes en esta heterogénea UTE de demolición siente por los demás, lo que no les impide trabajar juntos en persecución de su delirio compartido. Convergencia espera ser el poder hegemónico de la nueva Cataluña liberada de sus cadenas en detrimento de Esquerra, mientras que el viejo partido republicano abriga similares planes respecto a sus socios del PDCat. Y no digamos qué clase de sentimientos inspira la CUP a sus compañeros de viaje, que la tienen por una pandilla de indocumentados irresponsables a los que hay que aguantar mientras dura el combate con el centralismo, pero que habrá que borrar del mapa inmediatamente después.

El carácter notoriamente absurdo de la aventura separatista, paradigma de las operaciones que únicamente acometen gentes que son simultáneamente malas y cortas de inteligencia, porque en ellas todo el mundo pierde, resulta evidente en la disparidad conceptual, política y estética de sus impulsores. La conjunción de esfuerzos en la búsqueda de una situación en la que, si se materializa, los que la han propiciado están condenados a destrozarse entre sí, es una nota más, y no menor, de la magnitud de un disparate que avanza sin que por el momento nadie parezca decidido a pararlo. Quizá Rajoy, consciente de la fragilidad de una coalición entre partes tan incongruentes, espera que al final los separatistas se neutralicen entre ellos evitándole el penoso esfuerzo de llevar a cabo una acción efectiva en defensa de la legalidad. Es un dicho común que la política hace peculiares compañeros de lecho, pero es obvio que a Cataluña le cabe el honor de haber engendrado la cama redonda más monstruosa e inaudita que el mundo occidental ha conocido en los últimos dos siglos.

Muestra de la ‘corrección política’
Las 13 rosas, otro mito de la izquierda que gusta a la clase política
Juan E. Pflüger Gaceta.es 6 Agosto 2017

Las 13 rosas tuvieron un papel destacado en las sacas cometidas para asesinar a miles de presos sin mediar juicio alguno.

Las 13 rosas, nombre con el que se conoce a 13 jóvenes fusiladas el 5 de agosto de 1939 tras ser condenadas por un tribunal, son una clara muestra de la “corrección política” impuesta desde la izquierda.

La misma placa que colocó el Ayuntamiento de Madrid en 1988 en el lugar en el que fueron fusiladas ya deja clara la fábula montada desde la izquierda radical que ha calado en la sociedad. En dicha placa se puede leer que “dieron su vida por la libertad y la democracia”, una mentira que demostraremos en esta entrada de blog. Pertenecían, en su mayor parte, a las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU) la rama juvenil del comunismo en España que aspiraba a implantar en nuestro país un régimen tan libre y demócrata como lo era el de Stalin en la URSS, país desde el que se financiaban y al que había escapado, tras la Guerra Civil, su máximo dirigente: Santiago Carrillo.

Las JSU, a las que pertenecían la mayoría de las 13 rosas, habían tenido una destacada participación en la represión republicana en Madrid durante la Guerra Civil. No en vano, esta organización política controlaba y dirigía directamente cinco checas donde se torturó y asesinó a cientos de personas. Está perfectamente documentado en los papeles del PCE que bajo control de su organización juvenil se encontraban las checas de Mendizabal 24, la de la calle Rimundo Lulio, la de Santa Isabel 46, la del Convento de las Pastoras de Chamartín y la de la calle Granda 4. Además, participaron en la acción represiva de varias otras cárceles de partidos políticos y tuvieron un papel destacado en las sacas cometidas para asesinar a miles de presos sin mediar juicio alguno. Quienes las presentan como garantes de la democracia suelen olvidar, entre otros, este detalle: a ellas se les juzgó, pero ellas participaron en una organización que asesinó sin juicio a miles de personas y que, en el momento de ser detenidas, se había convertido en un grupo terrorista dirigido por José Pena, Severino Rodríguez y Federico Bascuñana.

Las 13 rosas fueron condenadas a muerte, pero no estaba prevista su ejecución hasta que el 29 de julio de 1939 un comando de las JSU asesinó al comandante Isaac Gabaldón, a su hija Pilar de 16 años –hubiera cumplido 17 unos días después- y al chofer que conducía el vehículo, Luis Díaz Madrigal. La acción terrorista decidió a la autoridad judicial a la ejecución de las sentencias de muerte que se encontraban paralizadas. Entre las casi 70 sentencias se encontraban las de las 13 rosas.

Varias de ellas eran destacadas dirigentes y activistas del grupo terrorista en el que se habían convertido las JSU:
Ana López Gallego era la responsable de la rama femenina de las JSU. Recibía órdenes directamente de Manuel González Gutiérrez y había tenido una destacada participación en la organización del atentado frustrado que pretendían realizar durante el Desfile de la Victoria y que tenía como objetivo el asesinato de “la mayor cantidad de público asistente”, como declaró ante el juzgado la propia terrorista. Su cometido era el trasporte del explosivo, para ello se valía de jóvenes militantes de entre 15 y 17 años que por su edad, no levantaban sospechas.

Joaquina López Laffite fue la secretaria general del Comité Provincial de las JSU. Su casa se usaba para celebrar las reuniones de dicho comité y en ella se planificaron varios de los atentados que prepararon desde la organización juvenil comunista. Había organizado una red, en la que participaban varias de las 13 rosas, que preparaba a jóvenes comunistas para que intimaran con falangistas a los que sacaban información para señalar las víctimas de sus atentados.

Carmen Barrero Aguado era miembro del Comité Nacional de la organización y una de las personas de mayor responsabilidad en la toma de decisiones junto a Pena, Rodríguez y Bascuñana.

Pilar Bueno Ibañez era la mano derecha de López Laffite en el Comité Provincial y el enlace de ésta con Barrero.

Dionisia Manzanero Salas era la responsable de mantener el contacto entre las diversas ramas del grupo terrorista y rendir cuentas ante Bascuñana, dirigente encargado de los comandos terroristas que perpetraban los atentados.

Ante estos datos sorprende que políticos, partidos y personalidades de diversos ámbitos sigan brindando homenajes a quienes se convirtieron en terroristas tras resultar derrotados en una guerra.

No solamente los actuales dirigentes de las Juventudes Comunistas, Podemos y el PSOE no tienen ningún empacho en mostrar su admiración por estas 13 mujeres condenadas a muerte, pero que callan sin ningún rubor ante los miles de asesinatos cometidos por ellas y sus asociados durante la Guerra Civil.

Esta forma de actuar no ha pasado desapercibida entre los usuarios de redes sociales, especialmente Twitter, que han afeado su conducta a quienes muestran esta “memoria histórica” selectiva vendida a la corrección política impuesta desde los sectores de la izquierda más radical española.

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El 'procés' genera apatía por su grado de delirio
EDITORIAL El Mundo 6 Agosto 2017

Uno de los datos más llamativos que ha arrojado el último barómetro del CIS es que sólo un 2,6% de los españoles consideran la eventual independencia de Cataluña como uno de los principales problemas de España. Se trata de un porcentaje revelador teniendo en cuenta la gravedad del desafío secesionista a cuenta del referéndum anunciado para el 1 de octubre.

Este dato puede deberse a dos razones de peso. La primera es la confianza de los españoles en el Estado de Derecho, que ampara el marco constitucional y que resulta clave para frenar la hoja de ruta separatista. La segunda razón estriba en la propia gravedad del reto lanzado por Puigdemont y sus socios. Es tal el delirio que rodea a la quimera independentista de Cataluña en el contexto de un país democrático como España y, sobre todo, de la UE, que no es extraño que los españoles muestren una mayor preocupación por problemas perentorios como el paro, la corrupción o los propios políticos.

El 40,6% de los sondeados por el CIS se muestra partidario de mantener el Estado autonómico. La obligación de nuestros políticos consiste en perfeccionar este sistema, no en agarrarse a planteamientos oportunistas. Y eso vale tanto para quienes agitan el choque institucional desde el independentismo como para el propio Pedro Sánchez, que se ha sacado de la manga el concepto de plurinacionalidad para agitar un debate alrededor del modelo territorial que no está entre las prioridades de los españoles. En este sentido, resulta preocupante que la presidenta del PSOE, Cristina Narbona, se haya referido al 1-O como un «mero recuento». No se puede frivolizar en asunto de esta envergadura. El PSOE debe oponerse frontalmente a la votación orquestada por el separatismo, en aras de no volver a repetir el infame e irresponsable simulacro del 9-N.

Ante el do de pecho del hombre menguante
Pedro J. Ramírez El Espanol 6 Agosto 2017

Recuerdo las pesadillas infantiles que, muy a finales de los 50, me produjo ver en el cine del colegio 'El increíble hombre menguante'. Era la historia de Scott Carey, un ejecutivo californiano, lustroso y bien parecido, tan propenso a tumbarse a la bartola como Rajoy, que una mañana en el barco de su hermano, mientras espera a que su esposa le suba la cerveza y el periódico, se ve envuelto por una nube radioactiva.

Pronto nota que la ropa le queda tan grande como el cargo a muchos políticos y cuando, alarmado por la pérdida de peso, acude al médico, descubre que cada semana mide también un centímetro menos. En vez de crecer, mengua. Toda una metáfora del declive de la popularidad del mal gobernante, oleada tras oleada del CIS.


Su “increíble” historia convierte a Scott Carey en una celebridad -¿cómo es posible que ese hombre sea cada día más pequeño?- pero también en un caso clínico sin solución. Desprovisto de los efectos especiales que la tecnología proporcionaría después al cine, el director, Jack Arnold, recurría a trucos del neorrealismo alemán, como aumentar el tamaño de los objetos cotidianos o colocar a los personajes en planos distintos, para crear, con la ayuda de una inquietante banda sonora, la sensación de angustia ante el destino del grande que pasaba a mediano, se volvía bajito, encogía de enano a pigmeo y ya le quedaba enorme la casita de muñecas –una especie de Moncloa de la señorita Pepis- en la que se refugiaba de las acometidas del gato.

Obligado a salir despavorido ante el ataque del que, desde su perspectiva, resultaba ser un descomunal depredador, una mañana aciaga cae por una rendija hasta el fondo del sótano. Su familia le dará por muerto y Scott Carey descubrirá que se ha vuelto ya tan pequeño, que gritar no le sirve de nada, pues nadie le oye, ni siquiera cuando los demás mortales se yerguen a su lado como moles gigantescas. Ay, si hubiera tomado las medidas necesarias de autoprotección cuando todavía estaba a tiempo de hacerlo.

Ese es el gran reproche que cabe formular a Rajoy a la vista de cómo dejó pudrirse, enquistarse y enrabietarse la cuestión catalana durante los años en los que su mayoría absoluta le permitía todo tipo de intervenciones sobre el fondo del problema. Ahora la disminución de su poder político y de su apoyo social contrasta con el incremento progresivo de la apuesta separatista -a medida que él se achica, el entorno conflictivo se agiganta- hasta llegar al órdago a la grande del 1 de octubre.

Rajoy repite una y otra vez que el referéndum “no se celebrará”, pero, como la tautología lo amortiza todo, su voz se escucha cada vez más débilmente, desde el fondo del pozo de la inacción, mientras prosigue la dinámica de los hechos consumados.

La purga de los tibios en el Gobierno catalán, el nombramiento de peligrosos talibanes en sus puestos o el anuncio por parte del nuevo portavoz Turull de que, a partir de ahora, los delitos los cometerán en secreto, no merecieron respuesta alguna, más allá de la palabrería. Los propios actos normativos del Parlament están siendo flemáticamente recurridos ante el Constitucional, a sabiendas de que sus resoluciones volverán a ser incumplidas, sin otro efecto que el de generar nuevos delitos de desobediencia, cuya depuración trascenderá de largo al 1-0. Cualquiera diría que, contra toda evidencia, Rajoy sigue confiando en que el problema se disolverá en el último momento mediante la mera ósmosis de una dosis de esa galbana existencial a la que él llama “sentido común”.

El examen de los diez caminos de que dispone el Estado para impedir el referéndum, minuciosamente catalogados el mes pasado por María Peral, arroja un balance bastante descorazonador, pues los únicos tres que garantizarían que no hubiera urnas en Cataluña el 1 de Octubre -aplicación del artículo 155 de la Constitución, Estado de Excepción o Ley de Seguridad Nacional- parecen descartados.

Lo más grave de todo es que, de repente, hayamos descubierto que la activación del 155 -invocado durante años como un mecanismo disuasorio fulminante- resultaría ya inviable por una cuestión de plazos. Hoy por hoy está fuera del debate, como si se tratara de un yogur caducado, que yace olvidado en el fondo de la nevera.

¿Cómo es posible que cuando Puigdemont anunció la convocatoria del plebiscito ilegal, Rajoy no le sacara la tarjeta amarilla del apercibimiento, con las suficientes semanas por delante para cubrir los plazos previstos por el reglamento del Senado y llegar a tiempo de mostrarle la roja de su destitución, o de la propia suspensión de la autonomía, si lleva su contumacia hasta el final? ¿Cómo es posible que por falta de previsión y voluntad política esa presunta arma nuclear, diseñada por los constituyentes para un supuesto como el que estamos viviendo, no haya sido desplegada aun a cielo abierto; y se nos diga que debe seguir embalada en los hangares porque ya no habría tiempo de ensamblarla?

Es cierto que ningún partido, ni siquiera Ciudadanos, se ha mostrado partidario de emplearla, pero eso es fruto del contagio de una infundada sensación de confianza por parte del Gobierno. En lugar de movilizar a los demás defensores de la Constitución para el combate, Rajoy les ha transmitido su convencimiento de que bastará hostigar penalmente a los rebeldes, mordisquearles las canillas de su patrimonio y dificultar sus suministros para que terminen por rendirse.

Se trata de una estrategia muy arriesgada, pues implica olvidarse también del Estado de Excepción por sus reminiscencias franquistas y de la Ley de Seguridad Nacional por su falta de adecuación a las características de la amenaza. Eso haría de la facultad del Tribunal Constitucional de suspender a los cargos públicos que desobedezcan sus órdenes la única vía preventiva que evitaría que Puigdemont y Junqueras llegaran al 1-O como presidente y vicepresidente de la Generalitat. Pero una parte de los magistrados no se siente moralmente legitimada para deponer a quienes han salido de las urnas y, además está claro, que, por utilizar los propios términos del PdeCat, un "soldado" sustituiría a otro "soldado" en esos puestos de combate.

Todos los demás caminos pueden tener efectos disuasorios a priori y punitivos a posteriori, pero no bloquearían materialmente el referéndum. Y fiarlo todo a que el empeño colapse a las mismas puertas del 1-O por falta de urnas, papeletas, censo y colegios electorales es un planteamiento inquietantemente temerario. ¿Qué pasa si la capacidad logística, el poder de movilización y la propia astucia de la Generalitat resultan ser superiores a las expectativas del Gobierno?

La tesis de que, como mucho, se repetiría un sucedáneo como el del 9-N de hace tres años, sin credibilidad de ninguna clase, supone apuntarse de nuevo a la “doctrina de los huevos de Fray Ruperto” que evoqué el domingo 9 de julio. O sea jugar a que el referéndum “se celebre y no se celebre” al mismo tiempo. Pero esa ambigüedad calculada le funcionó hace cien años a Dato porque Cambó era al menos tan cerebral como él y le funcionó en 2014 al propio Rajoy porque Mas era al menos tan cobarde como él. Puigdemont, ya lo he dicho, es un kamikaze carlistón al que le bastarían unos bidones de votos para provocar el pavoroso incendio de una declaración unilateral de independencia.

El monstruo del pelo psicodélico se le ha escapado al doctor Frankenstein del soberanismo burgués de la manita de la CUP. La loca pareja avanza ahora mismo fuera de control, amenazando con derribar los propios cimientos del Estado y aplastar en el fango del ridículo a sus sedicientes defensores. No tiene apoyo racional, jurídico o diplomático alguno pero su fanatismo le convierte –sí, lo mantengo- en un terrorista suicida. Para Rajoy es como la araña que se precipita hacia el increíble hombre menguante en la penúltima secuencia de la película.

Scott Carey ha llegado a ser tan pequeño que, a sus ojos, el minúsculo arácnido procedente del jardín parece una especie de gigantesca tarántula prehistórica, impulsada por peludas columnas articuladas. Lo último que desearía es tener que plantarle cara; pero llega un momento en que comprende que no tiene elección. Que se trata de ella o él. Que tendrá que dar el do de pecho o será engullido por aquellas absurdas fauces tenebrosas. Por eso busca desesperadamente un arma con la que defenderse y echa mano del simple alfiler de un costurero que, transformado en aguerrida lanza, termina por ensartar a la arañita. No sabemos cuál será el artilugio legal de Rajoy, pero así terminará Puigdemont.

Culminada su hazaña, el increíble hombre menguante se siente como un héroe mitológico y da gracias a la benevolencia del Creador por haber propiciado su titánica supervivencia. Después se cuela entre las púas del rastrillo de una verja y prosigue su andadura hacia la nada, impotente ante cuanto le rodea, transformado en una raquítica molécula del coloso que un día los demás vieron en él. De sus imperceptibles labios brota la fe de vida más inaudible, jamás proferida: “¡Todavía existo!”.

En la hora del esperpento
Lorenzo Silva El Espanol 6 Agosto 2017

Unos conspiradores que han declarado en reiteradas ocasiones su propósito de delinquir (aunque no terminan de hacerlo, quizá porque cuesta menos y divierte más anunciar que vas a darle una paliza a Batman que intentar de veras dársela) denuncian ante la justicia a los miembros del cuerpo policial que, cumpliendo estrictamente con su deber y en el marco de las diligencias judiciales abiertas al efecto, los interrogan para esclarecer hasta qué punto han desarrollado su plan delictivo. Si lo traducimos al mensaje de los niños, que resulta a veces el más eficaz, es como si Miguelito, que trata de apoderarse de las tizas, se chiva a la seño de que el delegado Pepito cumple escrupulosamente con su función de vigilar que nadie las sustraiga.

Ya habían los gestores del procés apuntado con anterioridad sus maneras dadaístas, pero a medida que nos vamos acercando al rien ne va plus de su aventura, esa odisea emancipadora por las bravas a la que pretenden arrastrar sí o sí a un amplio porcentaje de los catalanes (entre el 30 por ciento del censo que prefirió votar por opciones opuestas a su taumaturgia y el 64 por ciento que rehusó apoyar en las urnas su mensaje redentor), con más desparpajo se deslizan por la pendiente de un surrealismo esperpéntico y pueril que acredita que lo suyo, una de dos: o bien es una tomadura de pelo, o bien un caso extremo de incompatibilidad con las instrucciones de uso de la realidad.

¿De verdad esperaban que nadie reaccionara en defensa de la legalidad, por los cauces que esa defensa contempla, incluido el empleo ordinario de la policía judicial para investigar delitos y hacer posible su persecución? ¿De verdad cuentan con que sea la propia justicia la que los exonere de padecer las molestias que causa la actuación de sus agentes a quienes infringen la ley? ¿De verdad confiaban en que un Estado democrático de derecho, un país desarrollado y de larga historia, se rindiera sin más ante sus pretensiones y les dejase tomar como rehenes a cientos y cientos de miles de personas que llevan su pasaporte?

Son muchos los errores que ha cometido no sólo este gobierno, sino también los anteriores, en la gestión de la cuestión catalana. A veces por falta de imaginación y de flexibilidad para dar acomodo al legítimo sentimiento de muchos catalanes; a veces, tal vez, por lo contrario: por ser demasiado acomodaticios con las demandas y los intereses de unos que se las daban de representantes de Cataluña mientras se entregaban a esas cosas por las que han tenido que acabar disolviendo su partido. Pero el Estado al que el procés ha decidido desafiar existe antes y más allá de esos errores, y en la hora de la verdad se debe a la defensa de los suyos, de los hombres y mujeres que lo sostienen con sus impuestos y con su sentimiento de pertenencia, también desde Cataluña. No puede permitir que le pase por encima una cuadrilla de malos imitadores de Kafka. No va a permitirlo.

Lambán subvenciona una revista independentista que promociona a los ‘Arran aragoneses’
Raquel Tejero okdiario 6 Agosto 2017

El gobierno socialista de Javier Lambán subvenciona la revista independentista Temps de Franja, dirigida a los “catalanoparlantes de Aragón”. En la publicación se promociona a Purna, una “asociación joven y combativa” que reconoce los ‘Países Catalanes’ y está hermanada con los independentistas radicales catalanes de Arran.

El artículo de la revista reproducido sobre estas líneas habla de la organización juvenil Purna y está firmado por uno de sus miembros. La publicación cuenta por lo tanto, en este caso, con un redactor integrante de Purna que escribe y promociona las acciones de su asociación.

La revista Temps de Franja salió a la luz en el año 2000. Está editada por la Iniciativa Cultural de la Franja, que reúne a las asociaciones pancatalanistas de Aragón: Institud d’Estudis del Baix Cinca-IEA, Associació Cultural de Matarranya y Centre d’Estudis Ribagorçans.

En marzo de este año, Temps publicó una entrevista en la que las propias preguntas hacían referencia directa a “los países catalanes”, una empresión utilizada por los pancatalanistas que abarca territorios de las comunidades autónomas de Cataluña, las islas Baleares y la Comunidad Valenciana, varios municipios del norte de Murcia, el microestado pirenaico de Andorra, parte del Pirineo francés y la llamada “Franja de Aragón”.

Retorno a la realidad
Miquel Escudero Cronica Global 6 Agosto 2017

“Si consideramos la totalidad del territorio de Vasconia, esa región no ha sido nunca total y enteramente vascohablante”. ¿Qué pensamos al leer esta frase? Con un extendido prejuicio, tenderemos a creer que su autor es, o fue, un españolista que habla de región para referirse a lo que, desde Sabino Arana, se llama Euskadi. Sin embargo, no fue otro que el máximo conocedor de la lengua vasca quien eso escribió. Lo hizo en su voluminosa obra Sobre la historia de la lengua vasca. Nacido en 1915, Luis Michelena fue condenado a pena de muerte en 1939 y, tras la revisión de su causa y un indulto, quedó libre en 1943. Veinticinco años después, el lingüista Antonio Tovar, falangista, sería decisivo para que Michelena, nacionalista vasco, obtuviera en Salamanca una cátedra de Lingüística Indoeuropea, creada ex profeso para él.

La política lingüística del País Vasco pretende, desde el principio de la autonomía, no solo resucitar el euskera como lengua de uso social sino su implantación donde no se ha hablado nunca. El filólogo navarro Matías Múgica desarrolla este asunto en un capítulo de La secesión de España, libro coordinado por Joseba Arregi. ¿Somos más euskaldunes que hace treinta años? ¿Y que hace cincuenta? ¿Y que hace cien? Entre los 16 y 24 años de edad, más del 60% se dicen euskaldunes. Sin embargo, señala Múgica, el Gobierno vasco escogió sólo un 14% para hacer las pruebas PISA en cuanto euskaldunes; primaba garantizar el éxito. En una encuesta de hace cinco años, el 32% de la población vasca se declaraba bilingüe, frente a un 20% en 1991. Esto no significa que el 32% lo fuese. Como destaca el filólogo navarro, “el sistema utilizado (la autoevaluación, por teléfono) es el más inadecuado posible para temas altísimamente ideologizados como este”.

En Israel, el hebreo moderno alcanzó éxito gracias a que todos los actores obtenían un beneficio comunicativo al emplearlo, pues la gran mayoría tenía que cambiar su lengua habitual para entenderse entre sí. Matías Múgica observa cómo muchos padres, por mal que sepan el vascuence, no se atreven a no hablar, o chapurrear, en euskera a sus hijos, porque dejar de hacerlo los convertiría en apestados “para la legión de comisarios y sanedrines de barrio que pululan por el país”. Así, muchos ciudadanos abren sus compuertas a los nacionalistas más severos e intransigentes y renuncian al derecho a la educación en su lengua natural; ésta se ve sustituida por el “extraño dialecto balbuceado de la lengua vasca que se ha convertido en vehículo mayoritario” de la enseñanza, “con consecuencias académicas y personales todavía por ver”. Hablemos del pidgin, una lengua que no es la materna de ninguna comunidad. Se trata de una lengua mixta, formada a partir de una lengua determinada. Un código con estructuras simples y construidas al azar mediante convenciones que permite una comunicación pobre y lamentable.

Doblegarse al dogma de la construcción nacional cercena la libertad y los derechos de los ciudadanos. Esto es, ni más ni menos, lo que está en juego entre nosotros. Hay que reimplantar el bilingüismo oficial en nuestras comunidades; que lo oficial reconozca lo real como propio y que nuestras vidas sean más auténticas.

¿ Bilingüismo ? no gracias.
Nota del Editor 6 Agosto 2017

No voy a repetir lo ya escrito en múltiples ocasiones para demostrar la enorme catástrofe que supone el bilingüismo que siempre será impuesto. Que cada cual utiliza su propio idioma es una realidad puesto que cada vida humana está interpretando el mundo en el que se encuentra y este es una maraña infinita de ideas, palabras, sonidos, percepciones. El bilingüismo es una frontera que levantan algunos para que los demás crean que son una clase superior, que lo es mientras los demás no se den cuenta de ser  quienes los sustentan en vez de mandarlos donde se merecen estar.

ARRANCA CARTELES DE KEPA DEL HOYO
El día de la ignominia. La campaña de VOX contra los homenajes a etarras
La Gaceta  6 Agosto 2017

VOX ha denunciado que este sábado se consumará el “el día de la ignominia” tras el homenaje al etarra Kepa del Hoyo.

La formación ya desarroló el pasado jueves una campaña para denunciar la permisividad del Gobierno con los homenajes a presos de ETA, y arrancó carteles del homenaje de los batasunos en Galdácano (Vizcaya) al etarra Kepa del Hoyo, fallecido el lunes en la prisión de Badajoz de un infarto mientras practicaba deporte.

Kepa del Hoyo fue detenido en Bilbao en 1998 junto con otros diez etarras por integrar o facilitar información al comando Vizcaya de ETA, responsable entonces del asesinato de tres policías nacionales y un Guardia Civil y la elaboración de informaciones sobre Carlos Iturgaiz, Xabier Arzallus y Leopoldo Barrera.

La Audiencia Nacional le condenó a 25 años de prisión por facilitar a ETA información que sirvió para que varios miembros liberados de la banda terrorista asesinaran en Basauri (Vizcaya) en septiembre de 1997 al policía Daniel Villar Enciso. También participó en el asesinato del policía Modesto Rico ese mismo año.

VOX se ha comprometido en numerosas ocasiones a hacer desaparecer a ETA como banda terrorista y como organización política o social capaz de ejercer la más mínima influencia y a modificar las leyes para que los delitos de terrorismo no prescriban y no puedan quedar impunes.

Además, exige que negociar con ETA sea un delito grave de colaboración terrorista, aunque lo haga el Gobierno, pide que se inhabilite de por vida para ocupar un cargo público a miembros de cualquier organización terrorista y que se localice, extradite y enjuicie a los terroristas con causas pendientes que se encuentren fuera de España.
 


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