AGLI Recortes de Prensa   Martes 8 Agosto 2017

¿A quién beneficia que España se rompa?
El autor analiza las consecuencias del independentismo para España y Europa, además reclama mayor autocrítica a los agentes implicados.
Alberto G. Ibáñez El Espanol 8 Agosto 2017

La España democrática ha sido, desde finales de los años 70 del siglo XX y a pesar de todas sus deficiencias, una historia de éxito. No hay más que mirar las cifras de crecimiento neto, de incremento de la renta per cápita, el Estado de bienestar, nuestras grandes empresas o éxitos deportivos, o el mero proceso de transición pacífica de la dictadura a la democracia para poder estar orgullosos. Existen y han existido claros y oscuros, como en la historia de cualquier otra nación, pero aspirar a que en una trayectoria histórica tan larga como la nuestra no aparezca ninguna sombra es muestra de la más exquisita ingenuidad. ¿Entonces? ¿Por qué romper este proyecto? Hagámonos pues la pregunta clásica para estos casos… Qui prodest? ¿A quién beneficia?

¿A los españoles? No ciertamente, incluidos a los catalanes y a los vascos. Hace cuatro años la Fundación Progreso y Democracia editó un libro colectivo con el título A favor de España: los costes de la ruptura, donde un grupo de expertos (por cierto incluidos un buen número de vascos y catalanes) analizaban los costes de romper España desde variados enfoques y puntos de vista (económico, comercial, social, cultural, político, histórico…) llegando a una conclusión aplastante: resultaba contraproducente para todos. Este debate se encuentra sin embargo ausente (no por casualidad) en el mundo nacionalista donde se venden paraísos artificiales todo-a-cien, sin gran fundamento.

No resultaría aventurado afirmar que la mayoría de los catalanes (y no digamos nada los sobre-financiados vascos) dirían con toda seguridad después de la independencia: “Contra España, vivíamos mejor”. De hecho, este proceso sólo consigue dividir y enfrentar a ciudadanos con ciudadanos, familias con familias, debilitar la sociedad y distraernos del verdadero objetivo: crecer en equilibrio, progresar y desarrollarnos. Pero es que además, el enfrentamiento y la división aparecen siempre (en presencia o en potencia) como la antesala de la violencia, un peligro que haríamos bien en prevenir, pues hemos tenido ya por desgracia demasiados ejemplos.

¿A los europeos? Menos que a nadie, aunque se hayan parado poco a pensarlo. Los europeos (y los españoles lo somos) no parecen querer aprender de sus errores pues la I y la II Guerra Mundial (y civiles europeas), lo mismo que nuestra guerra civil (también europea), se desencadenaron esencialmente por excesos nacionalistas. Cada vez que el nacionalismo prevalece en Europa reverdecen conflictos internos olvidados, con el mismo resultado de siempre: ellos (nuestros competidores) ganan, nosotros perdemos.

Lo cierto es que hoy, como ayer, una España débil no le conviene a Europa, máxime siendo frontera de las dos zonas con más diferencia de renta del mundo. Es más, la destrucción de España sería probablemente la antesala de la destrucción de Europa pues tendría un peligroso efecto contagio sobre otros países que antaño pensaban, esta vez ingenuamente ellos, que estaban libres de tan tremenda y antigua enfermedad: ¿cuántos territorios en Europa (y en Estados Unidos) cumplen parecidas o similares condiciones a las de Cataluña y el País Vasco? ¿Y al resto del mundo? Les sería incluso más pernicioso aunque algunos crean que no va con ellos. En primer lugar, porque una España fuerte es también un requisito esencial para el equilibrio y estabilidad geoestratégica del mundo, por de pronto debido a su posición geográfica de centralidad (extiendan en mapamundi en una mesa y verán qué pasa), pero también por su influencia cultural e idiomática a lo largo del eje Europa-África-Asia-América. Pero es más, en 1945 cuando se crean las Naciones Unidas había cincuenta y un miembros (España, por cierto era uno de ellos); hoy existen casi doscientos. ¿No conviene al interés general que fijemos de una vez un límite a tanta desmembración? Las Naciones Unidas deberían empezar a dar premios y ayudas económicas a las naciones que permanecen unidas, aunque sean internamente complejas desde el punto de vista étnico o cultural pues si la tendencia que prima es la de contar con naciones culturales y étnicamente homogéneas, entonces deberíamos prepararnos para llegar al menos a 3.500 miembros de las NNUU, que es el número aproximado sólo de lenguas en el mundo. Nos jugamos no solo la estabilidad geoestratégica, sino el desarrollo sostenible y la paz duradera.

Pero es que además, si la aventura secesionista saliera mal, ¿quién estaría dispuesto a asumir la responsabilidad de tamaño fracaso frente a la (ingenua) sociedad y ante la historia? Los costes de romper España ya han sido analizados, pero nadie querrá pagarlos y hacerse responsables de ellos; los separatistas menos que nadie. Antes encontrará (de nuevo) un chivo expiatorio al que echarle las culpas de su altanería y errores de cálculos.

En conclusión, aunque el nacionalismo se presenta bajo la fórmula “nosotros (los separatistas) ganamos, ellos (el resto de españoles) pierden”, en realidad produce un juego del tipo: “todos nosotros (los españoles) perdemos, otros (nuestros competidores) ganan”. Cuando hemos estado divididos, otros nos han conquistado o dominado, antes lo hicieron militarmente, hoy lo harán comercial, cultural y financieramente. Una España dividida perdería peso e influencia en el mundo y en Europa. Por contra, el deporte es un claro ejemplo de que existe otro modelo alternativo pues cuando actuamos unidos: “Todos ganamos”.

Desde Caín y Abel se constata que la mayor parte de los conflictos (sobre todo los más graves) suelen surgir en el seno de las mejores familias. Hasta aquí nada extraño, pero en pleno siglo XXI, ni España ni el mundo están para experimentos. Ya lo decía san Ignacio: “En tiempos de turbación, no hacer mudanzas”. Lo que estos tiempos demandan es el proceso inverso, el que recupere el valor de lo que nos une y nos ha unido. ¿Por qué? Porque es lo que más nos interesa y provee mayor seguridad y progreso. Decía a este respecto Salvador de Madariaga en 1979:

“La Segunda Guerra Mundial tiene que abocar a una era de grandes familias de naciones. No es este el momento para dividir una nación ya hecha, sino para integrarla en una nación mayor. No es el momento para multiplicar las republiquitas sino para federar los continentes”.

Setenta años más tarde se ve que aquí seguimos sin enterarnos. Más autocrítica y asunción de la responsabilidad propia y menos manipulación narcisista y búsqueda de chivos expiatorios artificiales.

*** Alberto G. Ibáñez es doctor en Derecho y en Ciencias de las Religiones y autor del libro 'La conjura silenciada contra España'.

Si no va a hacer nada: ¡Váyase Sr. Rajoy!
Vicente A. C. M. Periodista Digital 8 Agosto 2017

Según la tradición impuesta desde que el rey emérito D. Juan Carlos ostentase el cargo de Jefe del Estado, durante las vacaciones estivales del jefe del Estado es protocolario el que al menos se produzcan dos encuentros con el Presidente del Gobierno de turno. Uno al principio de las vacaciones y otros días antes de que finalicen. Hoy, se ha producido, aunque con un cierto retraso horario provocado por un repentino ataque de lumbalgia sufrido por Mariano Rajoy, el primer encuentro protocolario de este verano tan caliente en lo meteorológico y en lo político. Una reunión donde en teoría el Presidente del Gobierno pone al día al jefe del Estado sobre diferentes asuntos de Estado, pero que, sin embargo, son simples escenificaciones de que la actividad institucional no cesa ni siquiera durante el periodo de descanso. Siempre alertas, siempre en vela y en cela para procurar el bien de los españoles.

Lo único claro que ha dejado ver Mariano Rajoy tras la breve rueda de prensa posterior a la reunión, ha sido que no piensa hacer nada hasta ue pase la fatídica fecha del primero de octubre donde el secesionismo catalán piensa realizar un referéndum ilegal e inconstitucional. Y no es que sorprenda el que Mariano Rajoy vuelva a elegir su solución favorita para resolver os asuntos de Estado, en lo de dejar que el tiempo pase y el tema se pudra por sí solo. Una actitud que ha sido seriamente criticada como “pachorra”, “tancredista” al estilo de “don pantuflo” y demás adjetivos descalificadores. Porque si había algo diferente en las declaraciones previas de Mariano Rajoy junto a sus portavoces como Maíllo, ha sido insistir en que “no va a celebrarse ningún tipo de referéndum ni consulta” y de que “no habrá otro 9N”. Entonces, si no piensa hacer nada hasta el día 2 de octubre, ¿cómo piensa evitar que el secesionismo cumpla con su amenaza y celebre su 1-O sino habrá nada ni nadie para impedirlo?

Estas declaraciones provocan, al menos en mí, un profundo malestar y me hacen sospechar que otra vez será la cobardía de un Ejecutivo la que nos lleve a una situación límite irreversible donde España quede como un Estado bananero. Y no me quiero extender más, salvo exigir una aclaración urgente de estas declaraciones y una garantía de que el Estado, es decir el Gobierno de España cumplirá con su misión de imponer la ley en todo el territorio nacional impidiendo la celebración, es decir, la apertura de centros de votación, colocación de urnas y retirada de papeletas y censos usados, tomando filiación de los que allí estén formando parte de las mesas ilegalmente constituidas para esa votación ilegal e inconstitucional. Son acciones del día X , ese marcado en rojo en todas las agendas, el día en que se debe actuar con contundencia para evitar precisamente la foto de un Artur Mas, en este caso un Carles Puigdemont, depositando su papeleta en la urna con una sonrisa triunfante.

Hay fechas previas que también deberían estar marcadas en rojo como son las del 11 de septiembre, el de la diada, día por excelencia de la exaltación del independentismo secesionista catalán, y el 15 de septiembre, día del comienzo de la campaña a favor del Sí, previa al referéndum del 1-O. Y aquí, también es exigible una actuación por parte del Estado y no volver escudarse en las baldas de los jueces del Tribunal Constitucional, que creo innecesario que vuelva a pronunciarse sobre el mismo asunto una y otra vez para decir que se deben impedir y perseguir todas las actuaciones que favorezcan, financien o promuevan este referéndum inconstitucional. Lo que debe hacer Mariano Rajoy y su Gobierno es gobernar de una vez y cumplir con su deber. Tiene los medios, la legitimidad y la ley de su parte, ¿qué más necesita este mediocre funcionario para actuar?

Mariano, si la misión encomendad se le antoja demasiado pesada para usted, tenga la decencia de reconocerlo y dejar de marear la perdiz con evasivas para acometer su deber. Ya no bastan con palabras diciendo aquello que antes no cumplió, como en aquél 9N vergonzante para todos los españoles. Debe usted pasar a los hechos por muy desagradables que le parezcan y le provoquen desasosiego y escalofríos al pensar en las consecuencias. Eso se llama terror escénico y no es admisible en un gobernante que merezca ese adjetivo. No hacer nada es simplemente una actitud cobarde que no debe volver a producirse si no quiere usted, Sr. Rajoy pasar a la historia como aquel pusilánime Presidente que permitió que los traidores secesionistas consiguieran vencer al Estado de derecho en España.

Si no puede o la misión le sobrepasa, ¡DIMITA! Y deje que otros intenten gobernar con una mano más firme que la suya.

No le voy a desear a usted un buen día, Sr. Rajoy, por mucha lumbalgia que padezca. España necesita alguien con fortaleza de cuerpo y espíritu y usted demuestra una ambigüedad e indecisión inadmisibles en estos momentos en que España necesita un Gobierno fuerte que no vacile a la hora de cumplir con su deber.

A todos los demás les deseo ¡Que pasen un buen día! Y que la meteorología les permita ver el eclipse parcial de luna, un espectáculo mejor que el que nos regala a diario esta casta política.

Sánchez, con el pueblo
ARCADI ESPADA El Mundo 8 Agosto 2017

La confianza que una persona normal deba tener en las encuestas es relativa. Pero eso tiene poca importancia cuando se trata de encuestas políticas, porque los políticos tienen tanta confianza en las encuestas que basan en ellas sus decisiones y sus estrategias y al final la política es el resultado de la encuesta y la encuesta, toda su convicción. Parece realmente complicado que una persona española normal haya dado a dos preguntas de la última encuesta del Cis estas respuestas: la primera que no le preocupa la situación política creada en Cataluña y la segunda que va a votar al partido de Pedro Sánchez. Parece complicado, pero así ha sido: nadie debería caer en el error de bulto de llamar anormales a la mayoría de encuestados por el Cis. La encuesta se produjo después de que el socialismo aprobara en solemne congreso y, por supuesto, sin explicar lo que eso significase, que España es un Estado plurinacional. Así que no es extraño que la conjunción de las respuestas y el momento tajantemente plurinacional que vive España hayan dado un gran impulso al socialismo y le hayan animado a diseñar su política inmediata con esos mimbres estadísticos. A las pocas horas de que el pueblo sinecdótico dictaminase, los socialistas presentaban una propuesta para que el Congreso empiece a estudiar la reforma de la Constitución, sin perder un minuto y mientras en Cataluña se intensifican las maniobras para que sus habitantes queden absueltos de cualquier Constitución española.

Mis opiniones sobre el socialismo español actual no suelen ser de una gran benevolencia. Pero, por esta vez, creo que ha actuado de modo coherente. El pueblo sinecdótico ha dicho alto y claro que la secesión no le preocupa -confirmando que no hay mejor encuesta que el share- y que los españoles ya son mayoritariamente plurinacionalísimos, no en vano la suma de socialistas, podémicos e independentistas es algo superior a la de los partidos escuetamente (¡escuetamente y ontológicamente, jijijí!), nacionales. ¿Cómo este hombre Pedro Sánchez, tan básico que lo hace todo por la base, podía ignorar este clamor?

Hay una observación extendida sobre el pueblo español que consiste en decir que ha sido y es víctima perpetua de unas élites corruptas, malcaradas y analfabetas. Y que el pueblo español lo aguanta todo. No, no es exacto. El pueblo español lo merece todo. Y se lo dan.

¡Ay, la ‘envidiable’ tiranía…!
Alfonso Merlos okdiario 8 Agosto 2017

¡Maldita hemeroteca! ¡Y malditos demócratas de pacotilla! La sangrienta y opresiva evolución de los acontecimientos en Venezuela día tras día no hace sino aumentar el bochorno y la indignidad que cualquier españolito de infantería debería sentir al rebobinar la nauseabunda película del chavismo y escuchar frescas aquellas palabras preñadas de ignominia e impunidad de Pablo Iglesias en la tele bolivariana. ¡Se le saltaban las lágrimas de emoción de ver en imágenes al glorioso ‘comandante’! ¡Le abordaba un incontenible sentimiento de envidia al contemplar lo cuajado del Estado de derecho en Caracas y alrededores! ¡Y cómo hemos terminado!

¡Qué vergüenza! Aquellos discursos deberían ser rememorados cada hora, porque son una losa sobre la credibilidad y la estatura ética del líder de la coleta, porque invalidan sus engoladas y palabreras propuestas de regenerar la vida pública, y porque le retratan en su antipatriotismo de libro y visceral. Sí. Porque en aquellas intervenciones babeantes (“no muerdas la mano que te da de comer”) despotricaba contra unos medios de comunicación —los nuestros— dominados por multimillonarios sátrapas que ejercían la censura; porque las instituciones —las nuestras— estaban tomadas por unas elites que mantenían al pueblo llano atenazado y amordazado con camisa de fuerza; porque la crisis social y económica verdadera —la nuestra— era la de neoliberales que promovían la desigualad y la pobreza para mantener privilegios de copa y puro.

¡¿Y ahora qué?! ¿Qué pasa con ese dictador de bigote que agrede a periodistas en la “envidiable Venezuela”? ¿Qué con ése que entra con tanques, botas y uniforme verde oliva en la Fiscalía General de la “envidiable Venezuela”? ¿Qué con ése que castiga a sus humillados, perseguidos y encarcelados compatriotas sin pan, sin leche, sin papel higiénico, sin pasta de dientes? ¿En qué inmundo rincón ha quedado arrumbada la retórica hueca y chillona del supercomisario de Podemos? ¿Ahora no se ejerce en dirección opuesta para denostar y vapulear al gamberro que desde el poder hiere, amenaza, tortura y mata a la disidencia? ¿Provocaba más emoción Chávez que la que hoy provocan Leopoldo López o Antonio Ledezma revolviéndose insólitamente como héroes frente a uno de los modelos más asquerosos de comunismo militar que se ha instaurado en lo que va de siglo XXI?

No, señores. Lejos de retractarse en sus hagiográficos sermones laudatorios de los personajes y los principios más abyectos del movimiento bolivariano, el jeque de los morados antisistema ha enarbolado la teoría del mejunje. No exige que se libere ‘ipso facto’ a los mártires de la tiranía sino que llama a que se alcance alguna componenda o pastiche entre quienes encañonan o aplastan con las orugas y quienes gritan libertad o claman por el respeto a los derechos humanos más fundamentales. Se puede caer más bajo, claro. Se puede izar a más altura la bandera de la infamia, por supuesto. Pero para eso, por desgracia, tendrán que pasar las horas y multiplicarse las víctimas de este matonismo caribeño de nuevo cuño que con tantas y tan cobardes complicidades cuenta todavía en nuestra querida España.


******************* Sección "bilingüe" ***********************

Cataluña, rompeolas de todas las demagogias
EDITORIAL El Mundo 8 Agosto 2017

La desfachatez y el oportunismo de los que hacen gala los independentistas quedaron ayer de nuevo en evidencia en el aeropuerto de El Prat. Mientras miles de pasajeros soportaban largas colas de espera debido a la tercera jornada de huelga de los empleados de seguridad, miembros de la Asamblea Nacional Catalana (ANC) se dedicaron a repartir panfletos en los que se culpa al Estado del caos que se vive en el aeropuerto y se presenta el referéndum ilegal del 1-O como la fórmula mágica que resolvería no sólo éste, sino todos los problemas de los catalanes. Para la ANC, Aena y Eulen (la empresa responsable de la seguridad en el aeropuerto de Barcelona) son los únicos responsables del conflicto laboral que se inició con huelgas de celo el pasado 24 de julio y amenaza con paralizar indefinidamente el aeródromo a partir del próximo día 14. Esta situación, dicen, no se habría producido en una hipotética Cataluña independiente, como si en la arcadia feliz que predican los problemas y los conflictos desapareciesen como por arte de magia.

Los activistas de la organización soberanista olvidan conscientemente que son los miembros del comité de huelga quienes mantienen como rehenes a pasajeros y turistas y, especialmente, que es la Generalitat la que ha dejado que el problema alcance esta dimensión, ya que es su Consejería de Trabajo la que dispone de las competencias en mediación y arbitraje de conflictos laborales. Una situación similar a la que sufrieron durante 12 semanas los ciudadanos de Barcelona por la incompetencia del Ayuntamiento de Colau para poner fin a la huelga de los trabajadores del metro.

Se trata, por tanto, de un nuevo acto de burda propaganda, secundado por la Generalitat y el PDeCAT, encaminado a presentar a Cataluña como víctima de los abusos del Gobierno. De la misma forma que repetían insistentemente España nos roba, cuando era el clan Pujol el que estaba robando, ahora estamos ante la misma estrategia demagógica con la que pretenden seguir actuando de espaldas a la ley e incitando a que los ciudadanos imiten la falta de responsabilidad de la que hace gala el Govern, cuando desoye los mandatos del Constitucional. O cuando se niegan a ejecutar la sentencia que obliga a la Generalitat a devolver las obras de arte que el obispo de Lérida ordenó llevarse del Monasterio de Sijena, en Huesca.

Como recordó ayer Mariano Rajoy tras su despacho con el Rey Felipe VI en la Palacio de Marivent, el desafío soberanista es "una patada a la democracia", ya que un Estado de Derecho no puede permitir que no rija la ley en una parte de su territorio. También advirtió el presidente del Gobierno del peligro que supone que partidos nacionales como el PSOE frivolicen por razones electorales sobre el modelo territorial y pidió a los socialistas que escenifiquen un pacto de unidad junto a PP y Ciudadanos para evitar seguir alimentando el delirio independentista. De no hacerlo, Pedro Sánchez corre el riesgo de verse sumido en una crisis en su partido como le ocurre al líder de Podemos.

La ambigüedad populista con la que Pablo Iglesias ha tratado el desafío de la Generalitat, con la intención de buscar votos en los caladeros independentistas, le ha estallado al líder de la formación morada. Después de haber defendido reiteradamente el derecho a decidir, para matizar luego que si fuese catalán no iría a votar el 1 de octubre, pretende ahora evitar que la marca catalana de Podemos se someta a su criterio y retire el apoyo al referéndum ilegal. Iglesias, acostumbrado a ejercer el poder de manera leninista, está sufriendo las consecuencias de haber alimentado el sentimiento independentista entre las bases del partido y quiere ahora someterlas a su cambiante estrategia política.

La demagogia que utilizan los independentistas se está convirtiendo en un auténtico virus que ha infectado la política española y la mantiene paralizada por la voluntad de un puñado de diputados antisistema y el empeño suicida de Puigdemont de no detener esta locura.

La extrema izquierda declara la guerra al turismo
EDITORIAL LD 8 Agosto 2017

La CUP y sus perros de presa de Arran han declarado la guerra a uno de los motores de las economías nacional y catalana.

Los grupos de extrema izquierda comparten el objetivo de destrozar la estructura productiva, ahuyentar a los inversores y vulnerar los derechos y libertades fundamentales del individuo para empobrecer al máximo a la población. La Historia ha demostrado, una y otra vez, que el socialismo real es el mayor experto en la materia e implanta dantescos regímenes totalitarios que se cobran millones de vidas y devastan las sociedades que subyuga.

La CUP y sus perros de presa de Arran pregonan ese mismo ideario anticapitalista y liberticida, solo que ahora centran su atención en el lucrativo y rentable sector turístico, aprovechándose de la gran polvareda mediática que han levantado sus recientes ataques turismófobos en plazas estratégicas como Barcelona y Palma. La propuesta que acaban de lanzar los batasunos catalanes consiste en expropiar las principales empresas y activos turísticos, suspender por completo la emisión de nuevas licencias hoteleras y empresariales relacionadas con el turismo, disparar los impuestos sobre el sector y prohibir el alquiler vacacional.

Se trata del recetario idóneo para acabar de un plumazo con la primera industria nacional. El turismo mueve más de 120.000 millones de euros al año, su peso equivale al 11% del PIB y emplea a más de dos millones de personas. Además, ha creado 1 de cada 4 empleos en los últimos años, convirtiéndose en uno de los principales motores de la recuperación económica. El modelo cupero de expropiaciones, paralización de actividades, altos impuestos y elevada inseguridad jurídica sería el fin del sector turístico, con todo lo que ello supondría. En un país como España, con un tasa de paro próxima al 17% y cerca de cuatro millones de desempleados, el colapso que provocarían estas medidas acabaría desencadenando una crisis económica de tremenda magnitud, equiparable a la que se produjo con el estallido de la burbuja crediticia.

España se ha convertido en el mercado turístico más competitivo del mundo gracias a la magnífica labor que desde hace décadas llevan a cabo empresarios y trabajadores, en un clima de competencia y ciertas garantías jurídicas para la libre operación. Arran, por el contrario, aspira a asfixiar y confiscar esta exitosa industria, por politizarla por completo e imponerle su ruinoso enfoque ideológico, al margen de la voluntad de empresarios y consumidores. Su modelo no es más que un nuevo ejemplo de demencial planificación socialista.

Las políticas intervencionistas siempre terminan arrojando nocivos resultados, como bien ha demostrado la desastrosa politización de la electricidad con las subvenciones a las energías renovables o la nefasta gestión de las cajas de ahorros; pero el robo sistemático que pregona la cupera Arran va incluso mucho más allá, de modo que el turismo, siendo hoy una de las principales industrias del país, y muy especialmente en Cataluña, se convertiría en un páramo, con el consiguiente empobrecimiento de la población.

La extrema izquierda nunca se cansa de repetir, una y otra vez, los fatídicos errores que cometió en el pasado.

Vuelve la «borroka» impune
Isabel San Sebastián ABC 8 Agosto 2017

¿Consentiría el juez Moreno el «tiro al facha» si dispararan a Mahoma o a su señora madre?

«Los chicos de la gasolina». Así denominaba Arzalluz a los cachorros de ETA especializados en terrorismo urbano, con benevolencia de padre afable dispuesto a perdonar, comprensivo, los excesos de la juventud. Y de un modo parecido, aunque sin necesidad de palabras, considera la alcaldesa Colau a los vándalos de Arran que campan a sus anchas en la ciudad de Barcelona, hoy atacando una sede del PP, mañana boicoteando un mitin de Albert Rivera, pasado pinchando las ruedas de un autobús turístico con el consiguiente susto mortal para los viajeros que iban en él. Colau, Puigdemont y, aparentemente, también Rajoy, puesto que nadie hace nada útil para poner fin inmediato a los desmanes de esa canalla.

España es un «déjà vu» que nos retrotrae a tiempos oscuros. En Cataluña y Baleares los antisistema, aliados ocasionales de los separatistas empeñados en destruir los cimientos que sostienen a esta nación, la emprenden contra el turismo, fuente de riqueza irremplazable. ¿Qué les importan a ellos la imagen internacional de nuestro país o los empleos derivados de una industria esencial para el PIB de esas regiones? Ellos viven del Presupuesto, del cuento o de papá y mamá. Su «trabajo» es hacer pintadas, «okupar», exigir, parasitar. No saben, nunca han sabido, lo que significa dar un palo al agua, arrimar el hombro, esforzarse, ganarse el pan. Son hijos de esta época tan pródiga en derechos como ayuna de deberes y actúan como lo hacen sencillamente porque pueden. Porque nadie se lo impide. Porque son conscientes de ser impunes y apuran hasta las heces esa impunidad escandalosa. Les sale gratis total.

Mientras tanto, en Echarri Aranaz (Navarra), las crías de la serpiente presuntamente derrotada se mofan de aquellos a quienes sus mayores asesinaron por la espalda, de la Guardia Civil que les plantó cara, de la prensa decente y de las más altas instituciones del Estado, con ese bonito «tiro al facha» bendecido por el juez de la Audiencia Nacional, Ismael Moreno, como una expresión de libertad. ¡Curioso concepto de la libertad, vive Dios! ¿Dictaminaría de igual modo Su Señoría si esas piedras y esos huevos fuesen lanzados contra las figuras de un inmigrante, un homosexual, el profeta Mahoma o su señora madre? Me cuesta pensar que sí y tengo para mí que aquí la barra libre funciona únicamente cuando se trata de ciertos colectivos caracterizados por su infinita tolerancia a la ofensa, entre los que destacan de forma notoria Benemérita y víctimas del terrorismo, que en muchos casos, demasiados, vienen a ser y representar lo mismo. ¡Menos mal que oficialmente los demócratas vencimos en la batalla librada contra el terror! No quiero ni pensar lo que sería de nosotros si en lugar de ganar, perdemos...


Vuelve por sus fueros la «borroka», vuelve a imperar la cobardía y vuelve a regir la costumbre de mirar hacia otro lado y fingir que no pasa nada. Desde su torre de marfil monclovita, temporalmente trasladada a Galicia, nuestro presidente Pangloss contempla el mejor de los mundos, esperando que la buena marcha de la economía nos impida ver la amenaza que se cierne sobre la integridad nacional así como las humillaciones, violencia e infamia que la acompañan. Confiando en que desde el chiringuito, con un vino o una caña en la mano, nos olvidemos del desafío rupturista catalán, la corrupción o el «tiro al facha». El CIS le acaba de recordar que tenemos ojos, aunque bien podamos salir del fuego para caer de lleno en las brasas. No sería la primera vez.

La 'fobia' al turismo en Barcelona
IGNACIO VIDAL-FOLCH El Mundo 8 Agosto 2017

Primero recordemos los hechos: los actos de vandalismo de la CUP (Candidatura d'Unitat Popular) contra diversos objetivos turísticos en Barcelona. Grupos de jóvenes exaltados, militantes de movimientos de extrema izquierda nacionalista y antisistema como Arran y Endavant, han asaltado, literalmente, un autobús turístico, haciendo bajar a los pasajeros, amenazándoles con cuchillos, reventando los neumáticos y pintarrajeándolo con sus consignas. La bisoñez o las limitaciones intelectivas de estos guerrilleros urbanos les hubieran podido costar muy caras en el caso (que gracias a Dios no se dio) de que les hubiera sorprendido alguna dotación de la policía, les hubiera tomado por terroristas islámicos y hubiera actuado de la forma expeditiva que se impone en esos casos.

Otros activistas se han dedicado a pinchar las ruedas de las bicicletas que se alquilan a los turistas. Un comando se ha encargado de bloquear con pegamento los cerrojos de unas consignas para maletas. Y otros, en fin, se dedican a hacer pintadas tipo "Turistas go home", "El turismo mata la vida de los barrios", "Vosotros, turistas, sois los terroristas", etcétera.

Es significativo que las autoridades locales y autonómicas hayan silenciado estos hechos durante todo el tiempo que han podido, y que, transcurridos varios días, cuando ha trascendido que además varios hoteles han sufrido también diferentes agresiones de menor consideración, el Gobierno catalán se haya visto afectado de severa afonía. Ni voz le quedaba para llamar a la sensatez y la civilidad. La notoria irresponsabilidad de nuestros gobernantes en este conflicto en concreto se explica fácil: el Govern de Junts pel Si (PdeCat y ERC) depende de la CUP para no caer. Por eso, ya antes de estas acciones contra objetivos turísticos ha callado cuando dirigentes cuperos como David Fernández, Josep Garganté o Anna Gabriel avalaban, si es que no lideraban, actos vandálicos como el escarnio a la sede de PP en Barcelona.

Probablemente están en lo cierto -aunque sea imposible saber a ciencia cierta hasta qué punto- los analistas que han señalado que es precisamente la atmósfera de desafiante insumisión del Gobierno catalán, el desacato a las leyes pregonado reiteradamente desde hace cinco años por quienes se supone que deberían ser sus garantes, y ritualizado como humorada ante las cámaras de su televisión -donde se queman constituciones, se rompen en pedazos las comunicaciones de los jueces, se fusila al Rey, o el mismo presidente de la Generalitat presume de que en caso de que el Tribunal Constitucional le inhabilite él hará oídos sordos y seguirá olisqueando los taronjers del pati- hayan dado la impresión a unos jóvenes, que algunos considerarán idealistas y otros simplemente gilipollas, de que ellos mismos ostentan la autoridad para decidir si un autobús lleno de turistas o si una bicicleta alquilada tiene derecho a transitar por la vía pública. Mientras tanto, el anatema contra el turismo se ha contagiado a Palma de Mallorca -con un ataque a un restaurante y varias performances contra los yates anclados en el puerto deportivo- y a San Sebastián.

Decir que estas gamberradas o episodios de kale borrokahacen peligrar la industria turística, que es la columna vertebral de la economía española, y, en el caso de Barcelona, la que garantizó su viabilidad como ciudad después de que la crisis industrial de los años 70 la obligase a reinventarse como amable y seguro destino turístico -con su oferta de playas, edificios raros de Gaudí, seguridad callejera garantizada (carteristas aparte) y, muy importante para los visitantes de cierta edad, servicios médicos de primera categoría- sería, de momento, incurrir en la exageración. Esa tendencia masiva o manía consustancial a la contemporaneidad que es el gusto de millones de europeos del Norte por pasar las vacaciones de verano en el Sur no la abortan cuatro grafitis exigiendo "tourists go home" ni la ponen en peligro dos aguerridos comandos callejeros de la CUP a cuyos miembros les espera una celda con la ventana enrejada. Hasta que los efectos del cambio climático acaban por hacer insoportablemente tórridas nuestras ciudades, hasta que hierva el mar, España seguirá atrayendo a los visitantes estacionales de siempre, a los que además han venido a sumarse, en los últimos años, todos los veraneantes que por temor al terrorismo de verdad han renunciado a la alternativa de los países de la cuenca sur del Mediterráneo -Túnez, Egipto, Turquía- que tímida, esperanzadamente, habían empezado a organizar sus propias ofertas vacacionales.

Pero desde luego que por encima de las fantasías activistas de la CUP es preciso que se imponga el principio de realidad, que en este caso es el de autoridad.

Ahora bien, si las gamberradas de Arran son inaceptables, responden desde luego a una realidad crítica: la inaccesibilidad del mercado inmobiliario para los jóvenes, que en Barcelona preocupa tanto que fue uno de los motivos fundamentales por los que Ada Colau, activista que se había significado en la lucha contra los desahucios, alcanzó la alcaldía en el año 2015. El mismo éxito de Barcelona como destino turístico -ya es la tercera ciudad europea que más visitantes recibe- la ha hecho atractiva para fondos especulativos que compran edificios, expulsan a sus vecinos y los convierten en pisos turísticos.

La industria turística crece exponencialmente, y ahora cuando en tu barrio ves que se levanta un nuevo hotel, cuando por las noches retumba por toda la manzana la música y las carcajadas beodas de los chicos que han alquilado algún piso a Airbnb, cuando van apareciendo alrededor de tu casa nuevos bares, restaurantes y locales de entretenimiento concebidos para el placer del forastero, sabes positivamente que en la renovación de tu contrato de alquiler tu casero va a ponértelo muuuuy difícil.

Es una paradoja pero la misma dinámica que salvó a la ciudad y le dio nombre en el mundo, las reformas urbanísticas, el frente marítimo despejado de fábricas y convertido en una inmensa playa, la restauración, cofinanciada por los vecinos y el ayuntamiento, de las fachadas modernistas del Ensanche en la campaña Posa't guapa... todo ese proceso de reinvención que culminó con los Juegos Olímpicos ha acabado sustrayendo a los ciudadanos la propiedad de su ciudad. En este sentido fue premonitorio y tenía mucha lógica una campaña publicitaria del ayuntamiento que definía Barcelona como La millor botiga del món (la mejor tienda del mundo). Pero es que en una tienda no se puede vivir.

¿Tenemos un problema real de turismofobia? Antes, cuando veíamos en el barrio a un grupo de jóvenes con sus maletitas de ruedas, esperando ante el portal de una casa a que llegase el encargado con las llaves del piso turístico, sentíamos simpatía y hasta ternura ("pobres chicos", pensábamos, "mira que venir a buscar diversión a Barcelona"); pero ahora sentimos repulsión: largaos, capullos, por culpa vuestra me van a subir el alquiler.

Ignacio Vidal-Folch es escritor y periodista.

El ‘prusés’ lo aprovecha todo
Ramón de EspañaCronica Global 8 Agosto 2017

A diferencia de la mayoría de tertulianos televisivos, uno no tiene una opinión formada sobre todas las cosas que suceden. Lo de la huelga de Eulen, por ejemplo, que está amargándole las vacaciones a un número considerable de personas. Si fuese un tertuliano, optaría por cargar contra Aena o clamaría para que despidieran a la plantilla entera de Eulen, según el pie con el que me hubiese levantado el día de autos. Pero como no lo soy, por un lado, me dan pena los pobres humanos atrapados en el aeropuerto de El Prat y, por otro, también compadezco a los trabajadores de Eulen, cuyos sueldos, por lo que he leído, son asaz escasos (eso sí, que se limiten a pedir un aumento y que no digan que la huelga es para que mejore la atención al viajero, que eso no se lo traga nadie).

Si en vez de ser tertuliano eres procesista, el cristo del aeropuerto te es muy útil para insistir en tu monotema. En este caso, si El Prat dependiera del gobierno de la república catalana, todo iría como la seda. Y si además de procesista eres Jordi Turull, pues ya sabes lo que te toca: escribir a todos los consulados para informarles de que el culpable de que las cosas vayan como van en el aeropuerto de Barcelona es, como de costumbre, el malvado e ineficaz Estado español. Lo bueno de dedicarle todas tus neuronas —mejor que no sean muchas, no vaya a haber problemas— a un único asunto es que enseguida encuentras la respuesta a todas tus desgracias.

Entre procesistas, eso sí, hay que repartirse el trabajo: los de arriba le dan la tabarra al cuerpo consular mientras los de abajo, en este caso unos cuantos desocupados de la ANC, se trasladan al aeropuerto para explicarles a los turistas que todo va de puta pena por culpa de los españoles: es exactamente lo que necesita un padre de familia con cuatro hijos que lleva dos horas haciendo cola y está a punto de descubrir que su avión ha despegado sin esperarle ni a él ni a los suyos.

Los que se tuestan al sol en las playas tampoco se van a librar del prusés, ya que una avioneta fletada por Òmnium las va a sobrevolar cada domingo de agosto para recordarles que la democracia está en juego en Cataluña por culpa de un gallego que, en esos mismos momentos, practica lo que él cree que es marcha atlética por las inmediaciones de Pontevedra. Los procesistas nunca descansan, amigos, y son insuperables a la hora de recoger todo lo que es aprovechable por el convento, ya sea una huelga, el cuerpo consular o lo que haga falta. No te dejan en paz ni en la playa porque, además de mentirosos, son de un cansino que te pudre el alma.

Turismo borroka separatista pero, ¿qué hay de lo mío?
El problema no son los turistas, o que lleguen más, muchos más, sino que cuando llegan ya no se reparte toda esa pasta como antes. ¿Cómo se dice "qué hay de lo mío" en Catalán?
Matthew Bennett www.vozpopuli.com 8 Agosto 2017

"De verdad que pensé que era un ataque terrorista y que ya era la hora de la muerte. Unos hombres con máscaras rodearon el autobús y empezaron a gritar. Nos preparamos por si alguien subía la escalera con un cuchillo o una pistola. Menudo alivio cuando se pusieron a pintar grafiti. Nos dio mucho miedo". Así fueron las declaraciones de un tal Andrew Carey, del pueblo galés de Bridgend, al Telegraph tras la acción de protesta de Arran el jueves pasado en Barcelona. Estaba en el autobús de visita a la ciudad condal con su mujer, Natalie.

Menos mal que los turistas con los que se toparon eran el Sr. Carey y su señora y no, pacíficos y civilizados, y no, yo que sé, 20 paracaídistas británicos de fin de semana, o 10 obreros de las fábricas de Manchester en una despedida de soltero. Si pasara eso en alguna de estas protestas, los jóvenes manifestantes radicales se llevarían un susto y cuatro palos.
Obviamente, tomaron buena nota del grafiti en el artículo: "El Turisme Mata Els Barris", y de paso dejaron constancia de los vídeos que Arran ha subido a su Twitter, pinchando las ruedas de las bicis turísticas, con la traducción de los mensajes: "Ya estamos hartos de la ocupación por parte de empresas turísticas del espacio público del barrio".

Luego llegó el vídeo de la protesta de Arran en el puerto de Palma de Mallorca al Daily Mail , dónde va por 2.500 comentarios. Bengalas, gritos y confeti. También apuntaron los grafitis de los jóvenes separatistas militantes, en inglés: "Tourism kills the city. Tourists go home. You are not welcome". El turismo mata la ciudad; turistas a vuestras casas; que no sois bienvenidos.

Resaltan la cita de la mujer que parece que está haciendo de portavoz de Arran estos días, una tal Laura Flores, hablando con The Times: "El turismo está haciendo que la ciudad sea demasiado cara para vivir porque la gente alquila sus pisos a los turistas y obligan a los residentes a marcharse".

Quédense mientras leen con ese trozo de la cita sobre los pisos, el tema Airbnb.

El comentario más votado en el artículo del Daily Mail, con 3.400 "likes" reza: "Déjalos, y reserva en otro lugar en el futuro. Hay muchos sitios que quieren las libras de los turistas". El segundo comentario más votado, con 3.100 "likes", dice: "Qué tontos. Los turistas son el pan de cada día. Si no les gustan los turistas, hay otros lugares para visitar: Francia, Italia, Grecia. Cuidado con lo que desees, España". El tercer comentario que por qué el Gobierno español no hace algo para impedirlo "antes de que dejemos todos de ir", y el cuarto que por qué no nos llevamos nuestra pasta a otro sitio, "Bye, bye Barcelona".

Para el quinto y el sexto, los lectores del Daily Mail se preguntan quiénes son los de Arran. "Idiotas estudiantes hippies", escribe uno; "Manifestantes profesionales de clase media que no saben lo que es trabajar", sugiere otro: "¿Dónde proponen que trabaje la gente si espantan a todos los turistas—no todo el mundo puede ir corriendo a mamá o papá para más dinero".

Así, con un par de acciones llamativas—al estilo Greenpeace o Femen—, gracias a nuestro mundo digital super-conectado y veloz, con móviles vibrando en bolsillos para interrumpir la siesta con los últimos titulares, y a falta de la habitual serpiente de verano en las aguas de Gibraltar, probablemente Arran ha conseguido más impacto mediático mundial de lo que pensaban que iban a cosechar.

"El turismo emplea al 13% de personas que trabajan en España, 2 millones y medio de españoles. Es más del 11% de nuestro PIB", dijo Mariano Rajoy tras su audiencia veraniega con el Rey: "No se puede tratar a patadas al turista".

"Parece que hay gente que le molesta que la gente venga aquí porque le gusta España", añadió, aunque aquí parece que el Presidente del Gobierno no ha estado tan al día de la actualidad como seria conveniente. Arran no vive en España, mora en los Països Catalans. Así titulan su comunicado (del domingo) sobre los últimos días: "Comunicado sobre las últimas acciones de denuncia del modelo turístico…de los Països Catalans". Raro que Rajoy no resaltara esa referencia, hablando como hablaba desde el Palacio de Marivent, en Palma, en pleno territorio enemigo. Qué cosas.

En la nota, Arran habla de otro concepto inventado: "el actual modelo turístico de 'turismofobia'". Ellos defienden que su lucha es legítima, pero que no va contra todos los turistas: "el problema no es el turismo sino el actual model turístico". Amigo. "Un modelo turístico que responde a un modelo capitalista que está concentrando los beneficios en muy pocas manos". Aaamigoo (recuerden la cita de la portavoz al Times).

Es decir, el problema no son los turistas, o que lleguen más, muchos más, sino que cuando llegan ya no se reparte toda esa pasta como antes. ¿Cómo se dice "qué hay de lo mío" en Catalán? Malditos propietarios barceloneses de pisos privados que eligen alquilarlos a los turistas en Airbnb para quedarse con más beneficios, privando así a sus compatriotas militantes izquierdistas de los Països Catalans de lo que antes caía en sus manos. Qué poco patrióticos, por Dios. Qué injusticia.
 


Recortes de Prensa   Página Inicial