AGLI Recortes de Prensa   Viernes 11 Agosto 2017

Violencia e intolerancia ante el turismo
FRANCISCO MARTÍNEZ VÁZQUEZ El Mundo  11 Agosto 2017

De los pozos más profundos de la intolerancia y la cólera han brotado en los últimos días nuevas muestras de fanatismo, manifestadas en esta ocasión en forma de actos de hostigamiento hacia los turistas que visitan nuestro país y hacia las instalaciones e infraestructuras que los acogen. El pretexto de los ataques son los supuestos efectos adversos que tiene el elevado número de visitantes y la presunta sobreexplotación de los atractivos turísticos de nuestras ciudades y pueblos, en perjuicio de otros valores e intereses que los radicales, evidentemente, no son capaces de explicitar.

Resulta tan evidente que el turismo constituye una fuente de prosperidad y crecimiento en España que no es necesario esmerarse en presentar una catarata de datos que, por lo demás, resultan sobradamente elocuentes para que nadie pueda objetivamente poner en duda esta afirmación. El turismo representa el 13% del empleo y el 11% de nuestro PIB. Año tras año mejoran las cifras del número de visitantes extranjeros y también las del gasto de los turistas; la oferta se diversifica y España fortalece su ventaja competitiva mientras se consolida como primer destino vacacional del mundo.

Tan cierto es lo anterior como que el turismo puede -y debe- ser objeto de serena reflexión por parte de las diferentes Administraciones Públicas responsables de las políticas públicas implicadas en la oferta turística o competentes en la protección de otros bienes públicos que pueden resultar afectados por movimientos masivos de personas, del mismo modo que el propio sector turístico debe contribuir al debate orientado a la búsqueda de mayor calidad y sostenibilidad. Se trata de reflexiones necesarias y que desde hace tiempo se abordan con el mayor rigor por parte de todos aquellos que tienen voz en la materia.

Sin embargo, los actos violentos de los últimos días nada tienen que ver con este planteamiento y nos confundiremos si caemos en la trampa de regalar a los radicales la legitimidad que no tienen, interpretando sus acciones como parte de un debate racional.

Los actos de coacción no son otra cosa que vandalismo huérfano de toda justificación y muy alejado de cualquier motivación razonable. Su única finalidad es la destrucción de un modelo de convivencia que tratan de socavar por todos los medios posibles, aprovechándose de la lamentable impunidad que proporciona llevar mucho tiempo instalados en la defensa de la trasgresión a la ley, sin mayores consecuencias. Cuando se interioriza el discurso de la ilegalidad y la desobediencia a las normas se convierte en divisa, las cosas sólo pueden ir de mal en peor.

La bandera que enarbolan quienes protagonizan estos actos vandálicos no es una lucha romántica que persiga ideales de mayor justicia o libertad, sino una manifestación pestilente de la peor arrogancia, proyectada con métodos mafiosos de extorsión o coacción. Quienes dicen estar contra el "sistema" no se enfrentan a una dictadura liberticida sino a una democracia sólida en la que las decisiones se toman por procedimientos transparentes y participativos, bajo el imperio de la ley.

Los actos vandálicos contra turistas o contra instalaciones turísticas nacen de la intolerancia y de apriorismos ideológicos excluyentes y radicales: quien no piensa como ellos merece ser coaccionado. Las acciones de protesta no son otra cosa que manifestaciones de un complejo de superioridad propio de los peores delirios totalitarios. Nada importa lo que decida la mayoría y ningún peso tienen los procedimientos democráticos de debate pues quien no comulga con el pensamiento único y asume sin fisuras la pureza ideológica está necesariamente equivocado. La soberbia es el nutriente de estos pretendidos movimientos de resistencia que se reclaman falsamente liberadores y su desprecio a la ley es una forma solemne de desprecio al conjunto de los ciudadanos y a las instituciones y procedimientos que de forma mayoritaria hemos elegido para ordenar nuestra convivencia.

Lamentablemente, este fenómeno no es nuevo en España. Durante décadas los terroristas de ETA se sirvieron de este mismo fanatismo violento para llevar a las calles del País Vaco y Navarra su violencia sectaria y su proyecto de depuración social basado en la intimidación, el miedo y las agresiones. Fue necesario un ejemplar esfuerzo de coraje cívico para hacer frente al fanatismo y consensuar, por procedimientos ejemplarmente democráticos, que esas acciones también podían constituir delitos de terrorismo y que como tales debían ser tratados en nuestro ordenamiento jurídico.

Sin embargo, otros actos de intimidación, otras agresiones o intentos de atemorizar a aquellos que piensan diferente han recibido una respuesta mucho más tibia, probablemente porque es fácil caer en la trampa dialéctica de pensar que la protesta legítima puede canalizarse en el envoltorio de la coacción. Con ese pretexto se justifican, en ocasiones, acciones intolerables encaminadas a amedrentar y acosar, mostrando con toda claridad que la mitología cohesiva de los radicales sólo se alimenta de agresividad, soberbia y prejuicios, nunca de moderación y debate.

La factura de estas acciones de protesta es mucho más alta en términos de calidad democrática y madurez cívica de nuestra sociedad que en términos económicos, aunque esta última tampoco es desdeñable. Entre el 1 de enero de 2012 y el 31 de diciembre de 2014 se estima que los daños causados por actos vandálicos en España ascendieron a 46 millones de euros.

En el caso del turismo, aparece un nuevo objeto de codicia para los movimientos radicales, no sólo por las graves consecuencias que puede tener para nuestra economía que se propague la imagen de España como destino inseguro, sino porque el turismo representa todo aquello que el fanatismo aborrece. Con acierto dijo Mark Twain que "viajar es un ejercicio con consecuencias fatales para los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de mente".

Pocas variables hay tan sensibles para el atractivo turístico como la percepción de seguridad. Por definición, el viajero se aleja de la inestabilidad y del desorden y valora un intangible poderoso de la oferta turística como es la seguridad, que difícilmente justifica por si sola la elección de un destino pero que puede servir fácilmente para descartarlo.

Los paises que en los últimos años han sufrido el terrorismo yihadista han experimentado un descenso notable en los ingresos por turismo mientras que aquellos países, como es el caso de España, que han consolidado altos niveles de seguridad ciudadana se han beneficiado de ese ingrediente que se añade a muchos otros en la fórmula del éxito turístico. Según el Foro Económico Mundial, en materia de seguridad España es el segundo país más fiable de las 10 principales potencias turísticas, con una puntuación de 6,2 sobre 7, sólo superada por Suiza, con un 6,4. Entre las razones que los turistas extranjeros apuntan como razones para visitar España aparece, en segundo lugar, la seguridad, sólo superada por las bellezas paisajísticas. Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, las Administraciones Públicas y, naturalmente, el propio sector, son responsables de esa percepción de seguridad que acompaña la excelente imagen de la oferta turística de nuestro país.

Cuando los radicales dirigen sus ataques contra los turistas no se levantan frente a ninguna injusticia. Lo que hacen es tratar de ensuciar la excelente imagen exterior de España como destino vacacional y, de este modo, causar el mayor perjuicio posible a un sector económico próspero y competitivo. No luchan contra ninguna fuerza opresora, sino que de forma deliberada y cruel perjudican a miles de trabajadores del sector, a cientos de familias que han volcado su ilusión y esfuerzo, a veces el de varias generaciones, en la explotación de restaurantes, chiringuitos, hoteles rurales o alquileres de temporada. Los violentos no vienen a librarnos de una forma moderna de explotación. La pregunta es: ¿quién nos librará a nosotros de ellos?

Igualitarismo progre: demagogia más mentira
Gonzalo Duñaiturria okdiario  11 Agosto 2017

La izquierda progre y radical se maneja muy bien en estas lides. Su relativismo e igualitarismo han sido siempre demagogia y mentira.

A modo de ejemplo, no les importa la huelga en el Aeropuerto de El Prat. Les importa vender la imagen de una España ingobernable donde no cabe una Cataluña socialista y feliz. Y al hilo de la actualidad, no les importa la calidad del turismo, la reordenación y racionalización de éste o un diseño nuevo del mismo.

A la izquierda progre y radical sólo le importa destruir un sector clave en el desarrollo y prosperidad de España. Gozosos se encuentran al ver cómo su campaña alcanza eco internacional. Pretenden socavar las estructuras de nuestra nación y evitar la presencia de cerca de 80 millones de turistas este año, cifra que supone haber superado en un 9% la marca del mismo periodo del pasado año. Dichos datos, tras la recuperación del turismo nacional, significan nada más y nada menos que la creación de 100.000 puestos de trabajo. Es decir, se genera el 20% de los empleos que se crean en España y según los últimos registros de la Balanza de Pagos de la economía española, los ingresos derivados del turismo aumentaron en torno al 5% interanual, con un crecimiento del Producto Interior en un 3,2% y una aportación a la economía nacional de más del 11% del PIB.

Su supuesto y pretendido progresismo no es más que un reaccionarismo rancio, añejo y apolillado. Frente a alternativas y propuestas, que posiblemente haya que hacer en este sector, estos reaccionarios progresistas no se han movido de sus cánones decimonónicos imponiendo multas, prohibiciones, denuncias y fomento de la delación. Con su intento de intervenir en la vida del individuo y planificarlo todo, destruyen lo más elemental de las esencias del hombre y de la propiedad privada. Vetan y privan al ciudadano de hacer lo que considere conveniente con sus casas y cercenan al viajero la posibilidad de elegir de forma libre donde viajar, donde alojarse. “Libertad”, santa palabra para deslumbrar incautos y demagogos.

Esta vieja izquierda siempre se ha sentido moralmente superior a través de su vacío discurso relativista y su hueco y falso igualitarismo, llegando a conseguir en muchos casos que dicha “apropiación” cale en una gran parte de la derecha. Se trata de un relativismo que se vende como una malentendida tolerancia que ha relegado y sustraído del debate público determinados conceptos como los de igualdad, propiedad, progreso y democracia. Esta izquierda trasnochada sólo realiza planteamientos basados en hechos o intenciones cargados sólo de radical ideología. Y sobre éstos actúan y gobiernan, pues jamás entran en las cuestiones de fondo, en si determinadas decisiones que afectan a lo público, a todos nosotros, se corresponden con la realidad de las cosas o no, con la necesidad de los ciudadanos o no. Utilizando como medio una repetición obstinada y tenaz de sofismas tan seductores como frívolos, sin réplica coherente por quienes correspondería, acaban barrenando el más mínimo sentido común de la sociedad hasta conseguir el hartazgo y el acomodo de ésta, y lo que es más grave, alterando valores universales e incuestionables hasta llegar a apropiárselos para su utilización con un único e incuestionable interés dogmático e ideológico.

Y a su vez, se trata de un igualitarismo contrario a la razón y al progreso, antagónico a aquél referido a la persona y a su desarrollo vital. Su agresión a la propiedad privada y los límites impuestos a la capacidad del individuo para decidir sobre su vida y bienes supone un igualitarismo forzado que tiene como objetivo introducir la igualdad donde ésta no tiene lugar.

Como dijo el ex ministro e intelectual Gonzalo Fernández de la Mora, “el igualitarismo ni siquiera es una utopía soñada; es una pesadilla imposible”.

Por qué la nueva izquierda odia el turismo
Jorge Vilches www.vozpopuli.com  11 Agosto 2017

El odio al turismo forma parte del combate contra el capitalismo. La gran misión del izquierdista es destruir las bases que conforman la tradición liberal y burguesa, y sobre sus ruinas construir el “paraíso socialista”.

Este verano está sirviendo para que algunos descubran algo que es un clásico de la Nueva Izquierda: el rechazo al turismo. Hay quien lo ve como una chiquillada de los cachorros de tal o cual grupo político, o como una reacción actual a la “degradación” de los barrios. Nada más lejos de la realidad. Es un odio que procede del peso del leninismo en el pensamiento de la Nueva Izquierda, muy evidente en su estrategia política y en su concepción del orden internacional.

La izquierda reaccionaria
La sorpresa de algunos se debe a la persistencia del mito de que el socialismo es el heredero de la Ilustración, de la razón y de la ciencia, en su búsqueda incansable del progreso. Falso. Es justo al revés.

Los socialistas del XIX fundaron sus planteamientos en los sentimientos de raíz cristiana y romántica, y predicaron la justicia social con un discurso básicamente emocional, siempre bajo el ojo incansable de la ingeniería social. Por eso sus referencias a Rousseau eran el deseo de la planificación estatal para corregir el rumbo de la sociedad y volver a un idealizado y perdido estado natural. Del mismo modo, el marxismo era una falsa ciencia histórica y económica sobre la mecánica imparable de las sociedades, que los procesos políticos y sociales han venido a demostrar como errónea.

No acaba aquí. Las asociaciones de obreros siempre se han resistido con todas sus fuerzas a la aplicación de la tecnología al trabajo, desde que James Watt empleó el vapor. Destrozaron máquinas, quemaron industrias, apalearon a empresarios, y mataron a “esquiroles”. El motivo era que la máquina, decían, destruía puestos de trabajo.

El capital, pregonaban, había destruido la idílica vida aldeana y gremial, en el que el contacto con el trabajo y su producto era directo. El objetivo de esos socialistas no era más tecnología, más desarrollo y modernidad, sino volver a la aldea, al gremio. De ahí ese socialismo utópico con sus falansterios y comunas. Quienes predicaban todo esto, por supuesto, no eran trabajadores, ni esforzados obreros del metal o de la mina, sino burgueses que en la mayor parte de los casos jamás dieron un palo al agua.

El socialismo nunca estuvo aliado al progreso científico y técnico, sino todo lo contrario: se resistió todo lo que pudo. La razón era clara: al igual que participar en el régimen liberal y democrático lo entendían como colaborar para el mantenimiento del orden político burgués, consentir la aplicación de tecnología en el proceso productivo era favorecer la explotación de clase.

No es cosa de ayer: este año se ha publicado un libro que incide en el mito (o mentira) de la racionalidad del socialismo. Mauricio-José Schwarz, un periodista mexicano de poso trotkista, ha sacado “La izquierda feng-shui. Cuando la ciencia y la razón dejaron de ser progres”, en el que, con gran desconocimiento de la historia, la política y el pensamiento, se alarma de que los suyos se abracen a creencias como la homeopatía. Sin embargo, es un proceso que se ha acelerado a ojos vista desde la hegemonía de la Nueva Izquierda en la década de 1960.

El colonialismo
El tercermundismo de esa New Left recogió el llamamiento de Lenin contra la injerencia de los países desarrollados en los pobres. Ese internacionalismo consistía, y todavía es así, en luchar contra la influencia social, económica, política y cultural de las potencias. Así, los izquierdistas alimentaron el anticolonialismo y la xenofobia para luchar contra el capitalismo. El extranjero se convertía en su imaginario en un satanás, en un elemento contaminante de las costumbres propias al que había que expulsar.

De ahí ha quedado el multiculturalismo, la convergencia con el islamismo y el indigenismo, algo muy presente, por ejemplo, en el Ayuntamiento de Madrid.

La Nueva Izquierda, burguesa hasta el tuétano, sustituyó el turismo por el viaje de conocimiento y solidaridad. El resto, con sus hoteles, restaurantes y resort, se trataba de “neocolonialismo”, con el que el capital y el extranjero contaminaban la pureza de las costumbres locales, el paisaje como concepto, y la forma de vida autóctona. El turista era así un colono eventual, un invasor capitalista, estandarte de la vida burguesa, ociosa, hedonista, no comprometida con la lucha social.

Un turista, un capitalista
El odio al turismo forma parte del combate contra el capitalismo. La gran misión del izquierdista es destruir las bases que conforman la tradición liberal y burguesa, y sobre sus ruinas construir el “paraíso socialista”. El turismo ha sido entendido desde el XIX como una práctica burguesa. No solo se trataba de que el turista reproducía en su estancia las costumbres de explotación y servidumbre de los trabajadores. El dinero que generaba su estancia corrompía la identidad de clase, inoculaba el deseo de prosperidad individual, de negocio, del individuo autóctono.

La emulación de la vida del turista y el espíritu capitalista rompían el discurso clasista y supremacista de los izquierdistas. No podían tolerar que la idealización del obrero como compendio de todas las virtudes frente al corrompido y corruptor burgués concluyera. La comunidad proletaria era una unidad de ser y conciencia, o no era.

Las organizaciones socialistas denunciaban la vida burguesa, pero los trabajadores querían vivir como sus “enemigos de clase”. Cambiaron el significado de las palabras, dando a “aburguesamiento” un sentido peyorativo, pero ni por esas. El trabajador ahorraba para irse de vacaciones, no para contribuir al sindicato o al partido obrero. El pequeño lujo distraía del compromiso, de la identidad proletaria, de la lucha de clases que daba sentido a la vida de los propagandistas.

Además, la masificación del turismo fue cambiando el paisaje urbano, mejorando los servicios y el transporte, la sanidad y la instrucción de las gentes. La satisfacción de una necesidad y el deseo de sacar beneficio de ello conseguían unos niveles de progreso ajenos a los prometidos por el socialismo. Los oficios cambiaron, y el prototipo proletario, el sueño de la monolítica clase obrera que siempre ha presentado el infantil cosmos comunista, desapareció.

El nacional y el socialismo
La Nueva Izquierda es nacionalista, o patriótica como les gusta decir a los chicos del socialismo del siglo XXI. Pretenden la aplicación de sus microutopías en comunidades más pequeñas, donde la identidad obrerista se suma a la nacional. Para ello deben romper con los condicionantes de instituciones internacionales o estatales, e imponer su modelo socialista en una comuna nacional, ajena a los factores “contaminantes”.

En ese sueño de ingeniero social, xenófobo, supremacista, clasista y totalitario, el turismo es un obstáculo, como quedó dicho. Por eso ponen tasas, multas y prohibiciones, hacen planes para reducir el cupo de turistas, como en las Islas Baleares, o atacan hoteles y restaurantes como si fueran las Tropas de Asalto a los judíos berlineses.

Eso sí: han conseguido introducir en la agenda política el tema de la gentrificación y el control del turismo. Una muestra más de la hegemonía cultural izquierdista, y de la debilidad del resto.

Otro comunicado insólito
Amnistía Internacional avanza en su deriva hacia la extrema izquierda y afirma que la lucha contra el terrorismo en Europa produce una “pérdida de libertades”

www.latribunadelpaisvasco.com  11 Agosto 2017

Molenbek (Bruselas). El barrio europeo que ha generado más terroristas islamistas. Así lo ve Amnistía Internacional

Durante los últimos meses, más de 250 personas han sido asesinadas, y miles más han padecido heridas de diferente consideración, en casi una decena de atentados islamistas llevados a cabo en algunas de las más importantes capitales europeas. Decenas de planes asesinos similares han sido desbaratados en el mismo periodo de tiempo por las fuerzas de seguridad y las agencias de inteligencia. Todo ello, además, en el marco de la amenaza permanente, reiterada y generalizada que el terrorismo islamista, especialmente ligado al autodenominado Estado Islámico, pero también a otras organizaciones similares, ha dirigido a las principales instituciones y capitales occidentales, especialmente en Europa y Estados Unidos.

Pues bien, en este ambiente, Amnistía Internacional ha emitido un comunicado abracadabrante e insólito en el que alerta… “de la pérdida de libertades fundamentales en el marco de la lucha contra el terrorismo” que, en su opinión, ha tenido lugar en los dos últimos años en los 14 principales países de la UE.

"Los Gobiernos de la UE están utilizando medidas contra el terrorismo para consolidar su poder, actuar contra grupos de forma discriminatoria y eliminar derechos humanos bajo la apariencia de que los están defendiendo", ha explicado John Dalhuisen, director para Europa de Amnistía Internacional, organización presuntamente apolítica pero que mantiene una agenda de planteamientos y reivindicaciones marcadamente de extrema izquierda.

El informe de Amnistía Internacional es una broma macabra para las miles de víctimas que el terrorismo islamista ha dejado en Europa a lo largo de los últimos meses, y se presenta bajo un titular escandaloso y sensacionalista: “las orwellianas leyes antiterroristas privan de derechos bajo el pretexto de defenderlos”. Amnistía Internacional también cree que debe advertir a los ciudadanos europeos del “peligro que suponen muchas de esas medidas para las libertades de expresión y reunión y critica que los musulmanes corren peligro de caer ante una sospecha generalizada”.

Amnistía Internacional critica que también en Francia y “en otros países como España, Bulgaria, Dinamarca, Francia, Polonia o Reino Unido” el concreto de "terrorismo" se define de forma demasiado vaga o con un alcance muy amplio, lo que permite a las autoridades vigilar en grandes círculos de personas sin motivo concreto.

En su informe, Amnistia Internacional no pierde la oportunidad de echar una mano a los apologetas de la banda terrorista ETA, al afirmar, textualmente, que, en España, “dos titiriteros fueron detenidos y acusados de ‘enaltecimiento del terrorismo’ tras una actuación satírica en la que una marioneta sostenía una pancarta con un lema que se consideró de apoyo a un grupo armado”.

Lo que no dice Amnistía Internacional es que la pancarta de los “titiriteros” lanzaba un apoyo explícito a la banda terrorista ETA y a Al Qaeda, y que la “actuación satírica” edebía haber sido una actividad cultural navideña para niños.

Principales atentados islamista en Europa (2015 - 2016)

- 7 enero 2015.- 12 personas son asesinadas en el asalto terrorista a la redacción del semanario "Charlie Hebdo", en París.
- 8 enero 2015.- Asesinada una policía municipal, de 35 años, en un tiroteo que se produjo cerca de la Puerta de Châtillon, en París.

- 9 enero 2015.- Otras 7 personas son asesinadas en Francia, 4 de ellas rehenes que permanecían en el supermercado "Hyper Cacher" de París y las otras 3 son los hermanos Kouachi, autores del tiroteo en la revista Charlie Hebdo y el asaltante del establecimiento comercial.

- 14 febrero 2015.- 2 personas asesinadas y 5 resultan heridas en dos ataques cometidos por un presunto yihadista en un centro cultural de Copenhague donde se debatía sobre blasfemia e Islam. Al día siguiente, el presunto terrorista es abatido por la policía danesa.

- 13 noviembre 2015.- Varios atentados casi simultáneos en París dejan 130 muertos (89 en la sala de fiestas Bataclán) y más de 300 heridos.
- 22 marzo 2016.- 32 personas son asesinadas y 300 resultan heridas en dos atentados yihadistas contra el aeropuerto y la línea de metro de Bruselas (Bélgica).

- 13 de junio de 2016.- Una pareja de policías son asesinados en su domicilio de Magnanville, a unos 50 kilómetros al noroeste de París, a manos de un yihadista francés que perpetró el crimen en nombre del Estado Islámico.

- 14 de julio de 2016.- El tunecino Mohamed Lahouaiej Bouhlel arrolla con un camión a ciudadanos que festejan la Fiesta Nacional de Francia en el principal paseo de Niza y deja un balance 84 muertos y más de un centenar de heridos.

La Reconquista, mito o realidad histórica.
Pío Moa Gaceta.es  11 Agosto 2017

En 711 una invasión procedente de África empezó a transformar profundamente el panorama político y cultural de la Península Ibérica. Hasta entonces Hispania o Spania, era un estado de religión cristiana, lengua y derecho latinos, integrado en la civilización eurooccidental como uno de los reinos más consolidados surgidos del derrumbe del Imperio romano de occidente. A partir de entonces se iría imponiendo una nueva cultura: religión islámica, lengua árabe, derecho musulmán o sharia, integración en una civilización asiático-africana… España desapareció para convertirse en Al Ándalus.
No por primera vez en la historia la Península ibérica, por su situación geográfica, estuvo muy cerca de entrar en el ámbito africano-oriental. Lo mismo había ocurrido cosa de diez siglos antes durante las guerras entre Roma y Cartago. La península había quedado incluida en el área de influencia de Cartago, una potencia justamente africana-oriental, y de no ser por la victoria de Roma en la II Guerra Púnica su destino (y el de Europa, como he señalado en el ensayo al respecto) habría sido muy otro que el que conocemos. La disyuntiva quedó resuelta entonces con bastante rapidez, aunque después le costase a Roma largos y penosos esfuerzos imponerse en Iberia. Y esa disyuntiva que, por simplificar, podríamos definir como “o África o Europa”, volvió a plantearse a principios del siglo VIII con la invasión musulmana, de apariencia definitiva.

España, pues, desapareció, pero no del todo. Muy pronto surgieron en las regiones más inaccesibles del norte de la península reductos que reivindicaban, desde el principio o desde muy pronto, la España “perdida”. Y cerca de ocho siglos más tarde, los descendientes de aquellos rebeldes del norte tomaban el reino de Granada, último bastión islámico en Iberia. La lucha había sido muy prolongada, llena de altibajos y alternativas, períodos de paz y de guerra abierta, y finalmente la península volvía a llamarse España, con una cultura cristiana, romana e integrada en la civilización eurooccidental. Dadas las circunstancias de aquella larga pugna, lo más probable habría sido que la derrota del islam se hubiera acompañado de la dispersión de la península en varios estados y naciones poco amigas entre sí, al modo de los Balcanes. Pero terminó unida, con la excepción menor de Portugal, lo que no deja de ser un dato revelador, aunque sorprendente.

A ese largo proceso se le ha llamado Reconquista, y el nombre ha originado un sinfín de discusiones. Muchos han puesto en duda la existencia de tal cosa, tachándola de “mito”. Ortega y Gasset, por ejemplo, dice que un proceso tan largo no puede ser llamado reconquista, aunque no explica por qué su duración lo invalidaría. Otros (Olagüe) niegan incluso la realidad de una invasión islámica suponiendo que una gran masa de españoles se habría convertido pacíficamente al islam. Varios insisten en que lo que realmente hubo fue la formación de varios reinos “cristianos”, en general enemigos entre sí y sin la menor idea de un propósito común de volver a formar España. Los historiadores Barbero y Virgil han sostenido que los reinos cristianos no reconquistaron nada, sino que utilizaban el recuerdo del reino visigodo para inventarse una legitimidad ficticia. De hecho, en numerosos departamentos de historia, y entre políticos y periodistas, el término “Reconquista” es denostado o incluso prohibido a los alumnos. Recientemente Peña, un catedrático de historia, ha sostenido que el término Reconquista es ilegítimo porque no se usó en la época sino a partir de 1800, para legitimar la ideología de una nación española inexistente antes del XIX. Así, critica a Sánchez Albornoz por decir que Pelayo empezó a fundar la nación española, cuando no existía entonces la noción de España como unidad política, y menos como noción de patria. Para colmo de males, Franco habría utilizado el término nefando, lo que acabaría de desacreditarlo. En resumen, la Reconquista habría sido un mito “nacionalista”, incluso “franquista”, “y sin utilidad alguna para analizar el pasado medieval. Es hora de que le confinemos al lugar que le corresponde: al rincón de los fósiles culturales, donde duermen los mitos gastados el sueño de sus mejores -o más inquietantes- recuerdos”.

Dejando aparte a Olagüe, que se basa en interpretaciones un tanto peregrinas y sin sustentación documental, el fondo de todo el debate puede concretarse en este punto: ¿es el término Reconquista adecuado para definir un proceso histórico? Los hechos indiscutibles son que antes de la invasión árabe la península estaba ocupada por un estado europeo, cristiano, latino, etc; que durante un largo tiempo fue sustituido por otro radicalmente distinto, Al Ándalus; y que finalmente Al Ándalus fue derrotado y expulsado de la península por unos reinos que se consideraban españoles y reivindicaban con más o menos claridad el reino hispanogodo anterior. Y que este proceso se dirimió fundamentalmente por las armas. ¿Cabe llamar reconquista a este proceso? Obviamente sí, se haya inventado antes o después (también se llama Edad Media a una larga época que nunca se llamó así en su tiempo, por ejemplo, pero que además es un término perfectamente impropio, a pesar de ser comúnmente usado: todas las edades son medias y antiguos por comparación con otras, y modernas o contemporáneas para sí mismas. Por eso vengo proponiendo, desde Nueva historia de España, un cambio en la nomenclatura). En vez de Reconquista pueden buscarse otros términos, como “Reeuropeización”, “Recristianización”, “Relatinización, “Recuperación”… pero son menos expresivos y no implican el carácter bélico del fenómeno: a la larga, la victoria de los reinos españoles y finalmente de España, implicaba la desaparición de Al Ándalus, y viceversa.

Una historiografía especialmente mediocre ha gastado enormes energías en crear discusiones bizantinas buscando cinco pies al gato. Pero la discusión terminológica encierra otro problema, también en gran medida bizantino: el de la nación, confundiendo nación con nacionalismo. Peña decide por su cuenta, dogmáticamente, que en tiempos de Pelayo no existía la noción de España como unidad política y menos aún como patria. La realidad es que existía desde mucho antes, desde Leovigildo y Recaredo, como está perfectamente documentado. ¿Era una nación el reino hispanogodo? Depende de cómo se quiera definir la palabra “nación”. Si la definimos según las ideas de la Revolución francesa, es decir, como un estado cuya soberanía radica en la nación, en el pueblo (esto es el nacionalismo) y no en el antiguo “soberano” o monarca, entonces está claro que no existieron naciones anteriores en Europa. Sin embargo el concepto, con otra idea política, es mucho más antiguo. Lo que cambia es el depósito teórico de la soberanía. La Revolución francesa no aporta la nación, sino el nacionalismo. Y posiblemente dentro de algún tiempo la idea teórica de la nación cambie nuevamente, con lo que veríamos a muchos aficionados a Bizancio sostener que las naciones anteriores eran ficticias, inexistentes, “mitos”. Estos galimatías han dado lugar a ideas tan estrafalarias como que España no existe hasta la Constitución (nacionalista) de Cádiz, con lo que seguiría sin existir, porque dicha Constitución nunca fue realmente aplicada. Y ello a pesar de que España es abundantísimamente mencionada, dentro y fuera del país, desde muchos siglos antes; y no como definición meramente geográfica, según pretenden algunos, sino claramente cultural y política.

Una definición más clara, más acorde con la historia y menos propensa a disputas verbalistas, explica la nación como una comunidad cultural bastante homogénea y con un estado propio, lo cual existía en la península desde Leovigildo y Recaredo. Hay, por lo tanto, que excluir la idea de que Pelayo y los suyos partían de la nada y sin ningún objetivo político, como si se tratase de las antiguas tribus astures dedicadas a la rapiña de las tierras adyacentes. Otra idea, muy divulgada y poco aceptable, es la de que España se forma en la Reconquista, que en tal caso no debería llamarse así. Los reinos que pugnaban por ir expulsando a los invasores tenían muy claro el precedente hispanogodo. Indudablemente España tomó forma como comunidad cultural con Roma, y como nación, es decir, con un estado propio, desde Leovigildo. No era un estado “moderno”, claro, pero era un estado bastante centralizado, con leyes propias, ejército, aparato fiscal, etc., y reconocido como tal por otras potencias. Aunque los documentos sobre la reivindicación de la España perdida hispanogoda sean algo posteriores a Pelayo, es difícil creer que no la tenía en mente cuando construyó a su vez un embrión de estado para irlo expandiendo a costa de Al Ándalus. Sin el precedente hispanogodo, la Reconquista sería muy difícil de imaginar, y lo más probable habría sido que la península se integrase definitivamente en el Magreb o se balcanizase.

La obstinación de muchos historiadores y políticos en negar la evidencia y buscar complicaciones artificiosas tiene, por lo demás, un origen bastante obvio y que debe señalarse: la intención de negar legitimidad a la existencia histórica de España, incluso de negar su existencia. Impulso que cobró fuerza en el “Desastre” del 98 y dio lugar a la célebre denuncia de Menéndez Pelayo sobre los “gárrulos sofistas” que denigran por sistema la historia de España y hasta su misma existencia. Esto merece análisis aparte.
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La historia de España no se entiende sin la de Europa. Ni la de Europa sin la de España:pic.twitter.com/wSwr3TcQIj

¿Próximo parón de la economía española?
En contra de lo defendido por el Gobierno, el crecimiento de la economía española solo tiene causas monetarias, y están empezando los problemas
El Confidencial  11 Agosto 2017

Las tesis defendidas por el Gobierno del PP, y asumidas acríticamente por buena parte del PSOE y de la izquierda, defienden que el crecimiento de la economía española se está produciendo desde 2014 por causas endógenas, es decir, una reestructuración de la economía española que ha hecho que esta sea más competitiva. Otros, sin embargo, defendemos que se trata solo de una recuperación lógica en una economía con un capital y una fuerza de trabajo infrautilizados y que había estado sometida a un estrangulamiento financiero persistente desde 2008. Al desaparecer en buena medida este estrangulamiento financiero, es lógico que ese 'stock' de capital y trabajo inactivo se ponga en marcha rápidamente. Los estudiosos de los pánicos financieros habituales en el primer siglo del capitalismo saben bien que era la dinámica habitual de funcionamiento de la economía.

En este artículo, defiendo que los datos financieros existentes apuntan a que la expansión producida desde 2014 podría estar agotándose. ¿Y cuáles son estos datos?

En primer lugar, comenzamos con el crecimiento de la masa monetaria. En el gráfico podemos ver la evolución de este parámetro en los últimos años, representando la M1, M2 y M3. Dado que la M1 es solo una pequeña parte (sobre el 10%) de la M3 (y sobre el 15% de la M2), nos fijaremos especialmente en este último dato.

Como vemos, el crecimiento de la M3 fue negativo durante la mayor parte de la crisis, y no se han visto crecimientos firmes y persistentes de este parámetro hasta el año 2014. Sin embargo, a partir de finales de 2016 se ve cómo el crecimiento está siendo cada vez más lento y actualmente está cercano a cero.

Esto se está reflejando en que la recuperación incipiente del crédito está dando signos de debilitamiento, como se ve en el siguiente gráfico de saldo crediticio a familias y empresas

Todo este proceso fue impulsado de forma premeditada por la UE utilizando como instrumento la política monetaria del BCE, con el fin de salvar la moneda única de una desintegración que estuvo a punto de producirse entre 2011 y 2012. Como dijo Draghi hace ahora cinco años: “El BCE hará todo lo necesario para sostener el euro. Y, créanme, eso será suficiente”.

Esto se reflejó en el balance del Eurosistema, como vemos en el siguiente gráfico. Realmente el BCE ya a partir del 2011 estaba haciendo todo lo necesario, y desde las declaraciones de Draghi las fugas de capital de las economías periféricas disminuyeron y el balance del Eurosistema pareció que podría volver a estabilizarse.

En este gráfico, más que ver los balances del TARGET2 lo que de verdad vemos representado es la desconfianza entre los bancos de la eurozona, que a pesar de la mejora de la tendencia entre 2012 y 2014 nunca llegó a normalizarse y finalmente ha vuelto a empeorar otra vez hasta máximos. Pero a partir de abril de este año, la posición de España e Italia ha dejado de empeorar, a pesar de que la de Alemania ha seguido haciéndolo, como se ve en el gráfico y más en detalle en la siguiente tabla.

Pinche para ampliar la tabla.

Desde mi punto de vista, todo esto lo que quiere decir es que no se ha conseguido acabar con el estrés financiero de la eurozona. Y no solo eso, sino que está aumentando de nuevo.

Esto anticipa, a mi modo de ver, y si no cambian las cosas rápidamente, un parón en las economías de Italia y España por una disminución de la disponibilidad de crédito. Los bancos españoles no tienen reservas apreciables en estos momentos. Si la facilidad de depósito en el BCE para el conjunto de los bancos de la eurozona es de casi 600.000 millones de euros, en el caso de los bancos españoles es de unos testimoniales 557 millones.

¿Y por qué no se consigue que vuelva la confianza a España e Italia? La razón última es que los respectivos gobiernos no han hecho los deberes. Simplemente han dejado que la bonanza monetaria, con su reflejo en la demanda y por tanto en la recaudación fiscal, haga mejorar el déficit, han hinchado pecho y se han hartado de salir en los medios de comunicación atribuyéndose esto como mérito propio, a la vez que toda una corte de economistas que anteponen la conveniencia al rigor se dedicaban a adularles. Los economistas más mediáticos de la izquierda, además, no se están enterando de casi nada y no se han dedicado a denunciar la gravedad extrema de lo que está ocurriendo y cómo estamos una vez más desaprovechando una oportunidad de oro para hacer reformas de calado en nuestra economía que permitan que empresas modernas surjan y sean capaces de funcionar e impulsar la economía.

El Gobierno ha dejado que la bonanza monetaria haga mejorar el déficit y se ha hartado de salir en los medios atribuyéndose esto como mérito propio

El BCE, mientras, no va a tomar ninguna medida más de momento. Todo lo que expone este artículo es evidente que Draghi o Dijsselbloem lo conocen perfectamente, pero por la enorme repercusión de cualquier declaración que hagan, no pueden decirlo en público. La actitud que se va a tomar desde Europa es esperar a que no se confirmen estas tendencias, y si es así, decidir si se toman medidas o no cuando los indicadores de estrés financiero grave (aumento de los CDS de la deuda soberana y de la prima de riesgo) hagan una vez más la situación insostenible.

El enfado desde Europa debe ser monumental, ya que son conscientes de que todo lo que se les dé a españoles e italianos solo sirve para alimentar las monumentales redes de corrupción político-económica de ambos países. Pero, desgraciadamente para nosotros, los ciudadanos de a pie, y afortunadamente para los corruptos, Europa es en estos momentos prisionera de sus propias contradicciones, por lo que es más que probable que una vez más salven los muebles cuando llegue el momento.

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¿Contra el turismo o contra España?

Editorial El Espanol  11 Agosto 2017

El ataque contra la sede de la Agencia Vasca de Turismo en Bilbao con pintadas y lanzamiento de pintura sobre su fachada es un paso más en la escalada que contra el turismo han emprendido los partidos y movimientos nacionalistas y de izquierda radical. En este caso, el objetivo de los autores era alentar nuevas movilizaciones en la misma dirección, como las manifestaciones convocadas para el próximo día 17 en ciudades como San Sebastián.

Pero además de en Bilbao, los ataques al turismo también se produjeron este miércoles en Mallorca. Se aviva así la llama que encendieron las juventudes de la CUP la semana pasada al asaltar en Barcelona un autobús turístico. El hecho de que tanto en Cataluña (Arran), como en Baleares (Endavant Mallorca) o el País Vasco (Ernai) sean grupos independentistas los que protagonizan estas actuaciones refuerza la sospecha de que su intención va más allá del mero cuestionamiento de la política turística.
Podemos se desmarca

De la misma forma, es sintomático que la única de las grandes formaciones nacionales que no ha condenado estos sucesos vandálicos y violentos sea Podemos. PP, PSOE y Ciudadanos han cerrado filas en la defensa del sector turístico, y hasta la Generalitat de Cataluña se ha personado como acusación particular en la causa abierta por el ataque al autobús de Barcelona después de que la alcaldesa, Ada Colau, minimizara lo ocurrido.

La diputada de Podemos Sofía Castañón justifica indirectamente hoy en EL RESPAÑOL esas protestas cuando asegura que nuestras ciudades no pueden ser "los parques temáticos de Europa".
Mala publicidad

Hay que exigir a las autoridades un compromiso para evitar este tipo de acometidas contra la que es una de las principales fuentes de riqueza del país. El problema es que algunos políticos las alientan con sus discursos y sus políticas. Baste decir que Baleares acaba de estrenar la ley que, por primera vez, impone un cupo a los alojamientos turísticos en las islas.

Es prematuro hablar del daño que pueden causar estas actuaciones de violencia callejera contra el turismo, pero la prensa extranjera ya ha empezado a hacerse eco de los incidentes y no es una buena publicidad. Dependerá de lo que se alarguen en el tiempo y de su intensidad. Desde luego, la imagen que de España ofrecen al exterior estos ataques es muy negativa. Quizás también eso aliente a sus autores.

¡El CUPinazo con bruja y escoba!
Vicente A. C. M. Periodista Digital  11 Agosto 2017

Ahora resulta que los de la CUP nos han salido barrenderos, han empuñado sus escobas y están dispuestos a barrer todo aquello que les molesta en su camino hacia la independencia de sus ansiados “països catalans”. Acaban de presentar un cartel a favor del SÍ en el anunciado referéndum del próximo 1º de octubre. El cartel es del tipo del TRAMABUS de PODEMOS con una imagen de esos países que reclaman en su onírica visión de la república de Cataluña y de ahí salen barridos personajes de la vida política, económica y social española desde el Rey Felipe VI, su hermana la Infanta Cristina; los expresidentes José María Aznar, Jordi Pujol y Artur Mas; el presidente Mariano Rajoy, el empresario Florentino Pérez, el torero Juan José Padilla, el exministro y empresario Josep Piqué, la banquera Ana Botín y el Cardenal Rouco Varela. Un lema que dice “barrámoslos” y tres consignas:” desobediencia, autodeterminación y países catalanes.

Es significativo el que sea una mujer indefinida la que empuñe con determinación la escoba. Una imagen que no dice mucho a favor de la constante reivindicación feminista que caracteriza a la CUP, con una diputada autonómica, Anna Gabriel, cuya estética personal es tópica y típica de ese movimiento. También es burda la fijación mostrada con señalar a la Monarquía, a la pérfida derechona, en la que incluyen a líderes independentistas de la derecha burguesa catalana, a la Iglesia del nacional catolicismo que ven encarnado en el cardenal Rouco, a todo lo que huela a cultura y costumbres españolas como la lidia del toro, a la empresa libre de esa derechona. En fin, un sectarismo característico de quien se ha declarado anti sistema, rebelde e insumiso ante aquello que sea un obstáculo a su plan de secesión de Cataluña y de anexión de otros territorios en una República socialista. Un plan que coincide en un 100% con los partidos llamados abertzales, brazo político de la no disuelta banda terrorista ETA en la construcción de su Euskal Herría.

No es que me haya extrañado esta nada original puesta en escena de los zarrapastrosos de la CUP. Lo que me resulta incongruente en ese panfleto, es que no hayan incluido a ningún personaje de otros partidos que, como el PSOE, han formado (quizás ahora con Pedro Sánchez no) parte de esa democracia opresora y represora española, en opinión de la CUP, durante años de gobierno, lo que llamaban ahora “la vieja guardia”. Tampoco aparece en escena nadie de CIUDADANOS, azote principal contra el separatismo en el Parlamento de Cataluña. Y la verdad es que al ver la puesta en escena de dos dirigentes tan radicales como Anna Gabriel y Mireia Vehí, expresando que: “hoy el marco jurídico estatal y la estructura de la Unión Europea son obstáculos para cualquier proceso de autodeterminación” y que: “La celebración del referéndum, el impulso de un proceso constituyente y la construcción de una nueva república sólo es posible a través del ejercicio de la desobediencia contra las leyes injustas”. Finalmente amenazan con una movilización popular para “plantar cara” a las fuerzas españolas.

Y aquí vuelvo a mi cansino discurso de cuál debe ser el límite de la libertad de expresión para que se traspase la línea y se incurra en flagrante delito, en este caso de incitación a la desobediencia a la ley y uso de la violencia contra quienes tienen el deber y la responsabilidad e hacer cumplir las leyes. El panfleto en sí mismo no deja de ser una bufonada más de unos payasos que, (vuelvo a citar a Pablo Echenique al referirse a quienes tenían un 9% de representatividad), no representan a nadie. La CUP no deja de ser un partido de la extrema izquierda radical localista de Cataluña, antisistema y casi anárquicos. Una formación con unos 3.500 militantes cuyas decisiones se toman de forma asamblearia y bastante chusca, por cierto, con empates inverosímiles a cuestiones de trascendencia como la de apoyar o rechazar el nombramiento del Presiente de la Comunidad autónoma. Una formación que obtuvo solo el 8,2% de los votos en las últimas elecciones autonómicas con los que accedió a 10 escaños en el Parlamento, siendo el bastón de apoyo del actual Gobierno de coalición de Junts p’el Sí.

Y son estos mindundis, los mismos que quieren echar a los turistas, a los que por cierto no han representado en su panfleto propagandístico, los que quieren hacer una labor higiénica de barrenderos públicos sin que nadie los haya contratado para esa labor. Porque lo que pretenden no es dejar un suelo limpio, sino un auténtico erial donde nada puede florecer ni crecer. Estos son los nuevos hunos de Atila que por donde pasaban sus caballos ya no volvía a crecer la hierba.

Si la ley no contempla este tipo de declaraciones como delictivas, entonces es que la ley debe ser reformada. Nadie puede amenazar al Estado de Derecho sin que exista una respuesta. Esta formación está demostrando modos y maneras anti democráticas y violentas que recuerdan demasiado a las practicadas por partidos políticos que han sido ilegalizados. En mi opinión, la CUP ya ha traspasado los límites permitiendo actuaciones de su organización juvenil de corte vandálico que pudiera ser calificado como terrorismo callejero, similar al producido en El País Vasco con la quema de autobuses, pintadas ya ataques contra sedes de partidos políticos, etc. No parece que tras las declaraciones de Anna Gabriel y Mireia Vehí, esto vaya a cambiar y sí a incrementarse. Va siendo hora de dar una respuesta contundente y barrer a estos indeseables de la democracia.

¡Que pasen un buen día!

La tensión independentista dispara el precio de la deuda pública de la Generalitat

Esta dinámica del título catalán podría contagiar al bono español y aumentar la prima de riesgo del Reino de España, según apuntan analistas financieros y buscan los soberanistas
Marcos Lamelas. Barcelona El Confidencial  11 Agosto 2017

La tensión política en Cataluña con motivo del anuncio de una convocatoria de referéndum unilateral de independencia para el próximo 1 de octubre está disparando el precio de la deuda pública de la Generalitat, que todavía no está en manos del Fondo de Liquidez Autonómica (FLA). La previsión es que lo siga haciendo y que el diferencial entre la deuda pública catalana y la española crezca en los próximos meses, según los analistas consultados.

Así, ayer los bonos de la Generalitat a 10 años ofrecían una rentabilidad del 1,72%, cuando a finales de junio era del 0,9%. Es decir, la rentabilidad que están exigiendo los inversores para adquirir esta deuda se ha incrementado un 90% en algo más de un mes.

Matthew Crew, un analistas de Rabobank citado por el 'Financial Times', advierte de que esta dinámica del bono catalán podría contagiarse al bono español y aumentar así la prima de riesgo del Reino de España. No es la única opinión en este sentido: Anne Karina Asbjorn, de Nomura, también auguraba a finales de julio un deterioro de la prima de riesgo española a causa del conflicto soberanista catalán.

Sin embargo, esto no es lo que está pasando en este momento. La prima de riesgo española cerró ayer en 100 puntos básicos. Ha bajado siete puntos desde finales de junio, es decir, la tendencia contraria a la de la deuda de la Generalitat. La prima española está bajando.

Pero, curiosamente, la esperanza blanca que manejan tanto en el Palau de la Generalitat como en la Conselleria de Economía es la contraria, según fuentes de la Administración catalana. Si bien la mayor parte de los consultados da por hecho que el referéndum no podrá llevarse a cabo o no obtendrá reconocimiento alguno, sí que se confía en que la crisis política acabe contaminando la prima de riesgo española y entonces la UE obligue al Gobierno de Mariano Rajoy a negociar. Eso permitiría una salida airosa al presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, y al resto de políticos independentistas.

En el siguiente vídeo, el economista de la universidad de Columbia Xavier Sala i Martin, uno de los adalides del independentismo, explica en TV3 cómo podría la crisis de Cataluña contaminar el mercado de deuda español.

'Default' lleva a 'default'
Lo que no cuenta Sala i Martin en el vídeo es que un hipotético impago de la deuda española no solo supondría la quiebra del Gobierno español, sino también la de Cataluña. Cuando habla de la crisis de los bancos españoles que eso provocaría, por ejemplo, obvia también que la totalidad de los bancos que operan en Cataluña son bancos españoles con clientes catalanes que también se verían afectados. El millón de personas que la ANC moviliza para la independencia no espera ni avala un impago de deuda que los arruine.

Fuentes financieras apuntan que nadie sabe si este contagio se produciría o es solo teórico. Una vez más, como siempre que se habla de una hipotética independencia de Cataluña, el futuro es incierto. Incluso muy a corto plazo. Para empezar, porque el peso de la deuda catalana fuera del FLA es muy escaso: son 6.000 millones de euros repartidos entre 28 emisiones. Y cada vez será menor, porque el FLA sigue asumiendo de forma automática la deuda catalana que vence.
Justo al borde del precipicio

En la campaña electoral de 2015, Artur Mas ya amenazó con forzar el impago de la deuda. “¿El Gobierno español quiere que haya problemas financieros en Cataluña? Sería inimaginable. ¿Cómo España haría frente a su deuda pública sin un acuerdo con Cataluña? El precio de no ponerse de acuerdo es impagable, de entrada para España. La economía española no podría soportar un no acuerdo", aseguró el entonces candidato a la presidencia de la Generalitat. La situación que creó Mas fue tal que el 'conseller' de Eeconomía de entonces, Andreu Mas-Colell, tuvo que salir a corregirle.

No hay que confundirse. No se trata de que los políticos catalanes quieran llevar al 'default' a la economía española. La estrategia política es llegar justo hasta el borde del precipicio, pero sin caer en él. Solo hasta que Bruselas intervenga y fuerce un acuerdo con el Gobierno español, incluso aunque este no fuese de estricta separación.

Sin embargo, tampoco en los técnicos está claro que esto pueda ocurrir. El referéndum tendrá lugar el próximo 1 de octubre, con un presidente del BC, Mario Draghi, que sigue manteniendo los tipos bajos hasta 2018. Por lo tanto, la convocatoria del referéndum llegaría demasiado pronto para algo así. Por otro lado, tampoco es seguro que un mercado tan estrecho como el de la deuda catalana pueda contaminar a uno tan grande como el español, que sumaba 867.149,2 millones al cierre de 2016, según recoge la memoria del Banco de España.

Una prueba más de que la cuestión catalana es muy incierta es que los economistas se han equivocado siempre en sus previsiones. La mayoría de los expertos auguraron que la incertidumbre deterioraría la economía catalana. Pero eso no pasó. La economía catalana creció un 3,5% en 2016, más que la española. Y lo sigue haciendo durante el año en curso.



 


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