AGLI Recortes de Prensa   Jueves 17 Agosto 2017

Recuperando la coherencia autonómica
Roger Senserrichwww.vozpopuli.com 17 Agosto 2017

Uno de los mitos más arraigados sobre el funcionamiento de las democracias avanzadas (o de cualquier sistema político que digamos envidiar) es que las leyes y constituciones son el fruto de un diseño racional, consciente y premeditado basado en la lógica y sentido común. Los creyentes dicen que en Suecia, China, Francia, Dinamarca, Singapur, Alemania o un país de estos donde todo funciona bien las decisiones se toman siguiendo la evidencia empírica y los expertos, y las políticas públicas son sistemas coherentes, bien pensados, claros y estables.

Las mismas voces que hablan de leyes bonitas y elegantes acostumbran a ser grandes partidarios también de mi animal mitológico preferido, el comité de expertos, un grupo de gente de fuera de la política que puede redactar propuestas maravillosas con la que todos estaremos de acuerdo.

La realidad, sin embargo, es siempre bastante más decepcionante. Cualquier ley, constitución, programa de gasto público o sistema fiscal es el fruto de una mezcla entre negociaciones, favores a terceros, aplazar decisiones, chapuzas cortoplacistas, pequeñas rendiciones, concesiones para limitar el alcance del problema y apaños para lidiar con instituciones heredadas. Esto sucede en países grandes y pequeños, dictaduras y democracias, gobiernos en minoría y autocracias absolutas; la elaboración de políticas públicas siempre depende de la combinación de altos ideales y grandes proyectos con la necesidad de responder a necesidades prácticas.

Pongamos, por ejemplo, la constitución española y esa obra maestra de la ingeniería constitucional que es el título VIII sobre la organización territorial del estado. En teoría, los ponentes podrían haber escrito prácticamente cualquier cosa en este apartado, ya que estaban escribiendo la ley fundamental desde cero. A la práctica, el primer escollo con el que se toparon fue la organización provincial del país y la dificultad para cambiarla sin cabrear a nadie. Eso hizo que los cimientos del sistema autonómico se construyeran sobre unas divisiones territoriales dibujadas en 1833, que no siempre seguían siendo lógicas.

La mayor dificultad en la redacción del título VIII, sin embargo, es que nadie tenía demasiado claro qué clase de país quería construir. Había un consenso amplio sobre la necesidad de descentralizar, pero nadie sabía cuántas autonomías habría, qué competencias iban a pedir o cómo se iban a financiar. Los partidos no estaban seguros de su correlación de fuerzas, y nadie tenía demasiada idea sobre cómo iban a tomarse los votantes una España con parlamentos regionales y partidos nacionalistas. Con este panorama, los ponentes decidieron que lo mejor para todos era dejar el título VIII con un lenguaje tan abierto, flexible y ambiguo como fuera posible, y dejar que políticos venideros desarrollaran el sistema siguiendo los dictados de la opinión pública.

Esto es lo que hemos estado haciendo durante las últimas cuatro décadas, esencialmente: escribir el título VIII de la constitución, y el sistema autonómico, así sobre la marcha. Es el equivalente institucional a reconvertir un portaviones en un transatlántico mientras navegamos por el Mediterráneo, tomando decisiones mediante comité asambleario; una mezcla de improvisación, audaces proezas de la ingeniería y alguna que otra chapuza hecha a todo correr para contentar a algún pesado. El sistema autonómico español, como casi cualquier ley en casi cualquier país del mundo, es el fruto de años y años de discusiones, transacciones, parches, cesiones y arreglos variados.

Esto quiere decir que el sistema autonómico tiene su lógica, pero dista mucho de ser coherente. Entre la pila de leyes, estatutos, acuerdos, comités, consejos asesores y prácticas formales e informales que definen el sistema de descentralización política español hay textos que no han sido retocados desde 1833, otros surgidos de acuerdos con fecha de caducidad, otros nacidos de equilibrios internos dentro de partidos políticos estatales, otros el resultado de acuerdos entre nacionalistas y gobierno central, algunos escritos a la tremenda para contentar a algún periodista reaccionario y muchos salidos de la jurisprudencia constitucional. Los ordenamientos jurídicos en los estados modernos siempre acaban por tener este aspecto de monstruo de Frankestein tarde o temprano.

Durante las últimas cuatro décadas, el título VIII de la constitución y su implementación ha experimentado cambios extraordinarios. En sus primeros tiempos, las comunidades autónomas apenas tenían presupuesto propio, siendo poco más que entes reguladores con competencias limitadas. Ahora, la mitad del gasto público en España está gestionado por las autonomías directa o indirectamente (gracias a sus competencias en régimen local), con una miríada de impuestos transferida automáticamente. El grueso del estado del bienestar (educación, dependencia, sanidad, servicios sociales) está en manos autonómicas, así como multitud de instrumentos de política económica.

El estado de las autonomías otorga por un lado enormes poderes de gestión, decisión y gasto público a los gobiernos regionales, pero se olvida de darles la oportunidad (o la exigencia) de que recauden el dinero necesario para pagarlo. El título VIII permite que sean los estatutos de autonomía los que definan el techo competencial de cada comunidad, creando un galimatías de textos contradictorios. La distribución competencial es en teoría asimétrica, pero la falta de autonomía fiscal real hace que en realidad las autonomías tengan poderes mucho más limitados. Que España haya pasado de ser uno de los estados más centralizados de Europa a ser uno de los más descentralizados es meritorio, ciertamente, pero cuatro décadas de chapuzas legislativas y rediseños más o menos competentes han creado un sistema que seguramente necesita una buena limpieza.

Un primer paso para arreglar muchos de los conflictos territoriales en España sería, precisamente, hacer esta limpieza en el ordenamiento jurídico sistema autonómico. Cuatro décadas de negociaciones han creado un sistema que otorga amplios poderes a las comunidades, pero lo hace de forma confusa, contradictoria e incoherente, dando sólo algunas herramientas, pero no todas, para hacer que el sistema funcione. Redibujar este armazón constitucional para hacerlo transparente, eliminar arbitrariedades y establecer límites claros al poder del gobierno central es un primer paso crucial para alcanzar cualquier solución a largo plazo.

Por supuesto, por mucho que queramos hacer limpieza, esta reforma constitucional será otra vez un acuerdo lleno de imperfecciones, defectos, concesiones y cosas que se dejan a medias, y estará lejos de perfecta coherencia y diseño sin fisuras del ideal democrático. La España federal perfecta no existe, ni existirá nunca, pero poco a poco nos iremos acercando.

Los sistemas políticos, mal que nos pese, siempre avanzan así, quedándose a medias.

Bienvenidos al pluridisparate

Fernando Hidalgo La voz 17 Agosto 2017

Cuando abrimos una puerta corremos el riesgo de que alguien la cruce. Pasa lo mismo con la estupidez: si abrimos la veda es posible que más pronto que tarde nos encontremos desbordados por tonterías inimaginables. Por ejemplo, si decimos que España es un estado plurinacional, una nación de naciones y no detallamos, explicamos y acotamos el terreno, puede suceder que incluso Madrid pretenda ser una de esas naciones, que para ello tiene su propia historia, que la diferencia del resto de comunidades de España.

José Manuel Franco, gallego de Pobra do Brollón, hombre de Pedro Sánchez y candidato a liderar el PSOE madrileño, se ha manifestado sobre la posibilidad de que en el nebuloso modelo de Estado que quiere alumbrar el partido de Sánchez para España, Madrid pueda ser una nación: «Si tiene que ser nación, nación. Si el Estado es plurinacional, como nosotros defendemos, que sea una nación dentro del Estado español. No debe asustarnos el nombre». Franco Pardo viene a reconocer que el hecho de que en el nuevo modelo a las comunidades se las llame nación o nacionalidad, le da igual. «Los nominalismos están más fuera de lugar que nunca».

Que a un serio aspirante a liderar el partido socialista en Madrid le parezca que es irrelevante el cómo llamemos a las cosas cuando de lo que se trata es de articular un Estado sólido y duradero, nos da una idea de las consecuencias de estar en política a golpe de ocurrencia. Porque eso es lo que ha tenido Pedro Sánchez, una ocurrencia. Bajo la palabra plurinacional pretende aparentar un modelo que, como el propio José Manuel Franco pone de manifiesto, está yermo de desarrollo intelectual.

Pedro Sánchez ha demostrado resistencia, fe en sus posibilidades y olfato para capitalizar el descontento de las bases socialistas con el aparato de Pedraz. Y se ha dado una gran oportunidad de reconstruir el partido. Pero su falta de solidez y de un proyecto claro constituyen una rémora difícil de paliar. Y esa fragilidad puede provocar mucho más daño que beneficio a ese futuro Estado federal que pretende armar con el pilar de la plurinacionalidad como base.

España tiene ahora mismo un problema de extrema gravedad, que es el desafío del independentismo catalán. Para solucionarlo se necesita un Gobierno que combine la mano izquierda con la firmeza y que sea inteligente adelantándose a los movimientos de los secesionistas. Ciertamente, el Ejecutivo de Mariano Rajoy no siempre nos transmite seguridad ni la sensación de que tiene todo bajo control, pero es a quien le corresponde liderar el gabinete de crisis. Y para ello necesitará una oposición leal, que le apoye sin fisuras y que no pretenda hacerse un hueco en el debate público con ocurrencias que pueden acabar extendiendo un problema que hoy por hoy está focalizado en una sola comunidad autónoma.

Lo dicho, hay puertas que solo se deben abrir cuando tengamos la seguridad de que nuestra casa no será invadida por el disparate.

Los “cachondos” de Bruselas (II)
Juan Laborda www.vozpopuli.com 17 Agosto 2017

En el blog anterior empezamos a desmontar el hilarante panfleto de la Comisión Europea sobre la Gran Recesión y su impacto en Europa. Estos pícaros y bufones postmodernos daban por terminada, tras 10 años de dura crisis, la Gran Recesión en Europa y en España. Dicen que “tomaron importantes decisiones para contener la crisis, preservar la integridad del euro y evitar peores posibles resultados” y que después de 10 años han logrado sus objetivos: “los bancos son más fuertes, la inversión está aumentando y las finanzas públicas están en mejor forma”. Tremendo cuando estamos en la antesala de la segunda ola de la Gran Recesión.

Ya detallamos los errores de los análisis y estudios que las autoridades políticas, económicas y monetarias europeas del momento hicieron de la Gran Recesión. Obviamente no tenían ni idea de la hipótesis de inestabilidad financiera de Hyman Minsky, ni habían oído hablar de la Recesión de Balances de Richard Koo. En lo relativo a nuestro país, estos estudios presentaban dos clarísimas deficiencias. En primer lugar, hicieron un diagnóstico erróneo sobre las razones que provocaron la crisis sistémica. En segundo lugar, y derivado de lo anterior, las recetas ofrecidas no hicieron sino ahondar aún más el empobrecimiento de nuestro país. Sin embargo, en el trasfondo de todo, está el diseño del Euro como problema.

Desde el inicio de la crisis de la eurozona había soluciones más eficientes y más justas. Estas eran ampliamente entendidas por los economistas y no eran especialmente difíciles de implementar -al menos técnicamente (otra cosa es la política)-. Había un camino alternativo, cancelación de deudas y mucha menos austeridad. Pero este camino no fue tomado. La deuda (sobre todo privada) fue utilizada como una excusa para apretar el orden económico neoliberal dentro de un marco federalista conservador. La alternativa habría ayudado a preservar el modelo social europeo y habría cambiado la agenda neoliberal. Y solo cuando algunos gobiernos sumisos con las élites dominantes vieron peligrar su posición en favor de fuerzas políticas emergentes se relajó la austeridad y se usó el BCE para financiar la expansión de deuda soberana.

La Unión Monetaria Europea (UME) es en realidad un sistema defectuoso desde sus orígenes. Se hizo caso omiso de los informes precedentes (Werner, 1970; MacDougall, 1977) donde se avisaba de la necesidad de una instancia fiscal federal y de los peligros de dejar todo en manos de una Banco Central, como una parte no constituyente del gobierno, y de establecer, en este contexto, unos tipos de cambio fijos entre los estados miembros.

El problema de fondo tiene su origen en Alemania y los distintos diseños realizados, tras la ruptura de Breton Woods, a medida del país teutón para evitar una apreciación continuada del marco alemán. Pero al final al dar primacía a la posición monetarista sobre la inflación, Alemania se convirtió en la autoridad monetaria de facto en Europa. La decisión de los Estados miembros del Sistema Monetario Europeo de subyugar su propia independencia política significó que el Bundesbank se convirtió en el banco central de la Comunidad Económica Europea. Lo importante era que a medida que Europa avanzaba hacia la creación de la zona euro, la inestabilidad monetaria era abundante y Alemania estaba renunciando a sus acuerdos de comportarse simétricamente para estabilizar el sistema.

Alemania no quiso generar déficits por cuenta corriente, tan necesarios para la estabilidad del resto de países. En ese momento las otras naciones europeas deberían haber detenido la creación de la Eurozona. Era obvio que estas naciones no estaban aptas para compartir una moneda, ya que no podían mantener ninguna estabilidad monetaria, excepto si se recurría a los controles de capital.

El hecho de que Alemania continúe violando el Procedimiento de Desequilibrio Macroeconómico, incorporado en los cambios del Pacto de Estabilidad y Crecimiento -que restringía los superávits en cuenta corriente al 6 por ciento del PIB-, es porque su tipo de cambio efectivo real sigue siendo demasiado bajo. Si la zona euro se desintegrara, la nueva moneda teutona se apreciaría entre un 15%-30% para reflejar su fortaleza comercial y permitir así posiciones más competitivas para sus socios europeos. Pero aquí ni se enteran de que va la fiesta, ni apenas presionan a favor de sus ciudadanos, adoptando una postura de genuflexión y sumisión inaceptable.

Posibles soluciones
A partir de este análisis se plantean tres alternativas para buscar una solución óptima para el conjunto de los países de la Eurozona. En primer lugar, el establecimiento de una verdadera federación política y económica, pero a fecha de hoy las grandes diferencias entre las naciones europeas lo hacen altamente improbable. En una segunda alternativa, el BCE podría utilizar su capacidad de emisión de moneda para financiar los déficits fiscales de los Estados miembros para que pudieran fomentar el crecimiento y el empleo en sus economías nacionales sin encontrarse con las restricciones que los mercados de bonos privados ejercen en sus gastos. Sin embargo, se opone con contundencia Alemania y la propia Comisión Europea. Pero sería una alternativa muy interesante.

Bajo este escenario, si nada cambia, deberíamos plantearnos una alternativa, en principio considerada tabú por la mayoría de la ciudadanía, la opción de la salida del euro. Puede ser o bien mediante un desmantelamiento ordenado de la moneda y una restauración de la soberanía monetaria individual para cada nación, con el restablecimiento de su propio banco central, o bien una salida unilateral de cada nación. La mejor opción para países como Italia, España, Grecia o Portugal, si nada cambia, es la salida unilateral de la unión monetaria mediante el restablecimiento de su propia soberanía económica y política.

Este análisis es especialmente certero si analizamos el crecimiento económico de España desde la segunda mitad de 2014, frágil y auto-programado por las élites. Se permitió al ejecutivo del PP una expansión fiscal que invalidaba la austeridad, y que produjo una recuperación del consumo público, y por ende de la economía. Y además el BCE empezó, primero, a regar generosamente a un sistema bancario español con problemas de fondo, facilitando una modesta recuperación del flujo del crédito; y, posteriormente, a comprar deuda soberana patria en mercado secundario hasta convertir al Banco de España en el principal acreedor del Tesoro. Si alguien cuestionará el orden actual establecido, automáticamente el Banco Central cerraría el grifo, se paralizaría el crédito, no se podría refinanciar la deuda soberana, aumentaría la aversión al riesgo y emergería con toda su fuerza la fragilidad de los balances bancarios y la inestabilidad de nuestra economía. Por eso quizás hay que tener siempre preparado un Plan B.

El PIB sube el 3%, ¿por qué también la deuda?
Primo González REP 17 Agosto 2017

No resulta fácil de explicar cómo puede aumentar la Deuda Pública, como lo ha hecho en los últimos meses hasta alcanzar máximos históricos, con una economía creciendo a ritmo del 3% o superior. Si esto sucede en estas condiciones, una desaceleración económica puede llevarnos al desastre, partiendo de la base de que la actual deuda roza los límites de lo imposible de devolver, si no los supera.

A finales de junio, tal y como acaban de constatar las estadísticas oficiales del Banco de España, la Deuda Pública española alcanzó en valores absolutos el máximo histórico, 1.138.899 millones de euros, lo que equivale a un 100,03% del PIB. Este porcentaje no es el mayor, ya que ha estado hace meses algo por encima en términos relativos. Pero en cifras absolutas, en dinero contante y sonante, la cifra es la más alta registrada nunca en España por el sector público.

Esta deuda superó en casi 32.000 millones de euros la existente a finales de junio del año 2016, lo que significa que en un año ha crecido en un 2,9%. Mirando un poco más atrás, hay que recordar que en el año 207 la Deuda Publica se encontraba algo por encima de los 400.000 millones de euros y que en los cuatro años siguientes aumentó a un ritmo de casi 100.000 millones de euros anuales, hasta duplicarse en el año 2012. La subida ha sido, por lo tanto, espectacular y refleja el enorme desatino de quienes manejaron la economía en aquellos años en los que faltó capacidad de contención y se recurrió al fácil y engañoso expediente de gastar muy por encima de lo que el país estaba recaudando.

El objetivo que se ha marcado el Gobierno para cerrar el año en curso es del 98,8% del PIB, lo que significa que en cifras absolutas cabe esperar una clara bajada de la deuda en los próximos meses. Pero se trata de objetivos y de expectativas. De momento la realidad es muy diferente y desde luego bastante decepcionante.

La subida de la deuda en sí es un mal asunto ya que no sólo implica que seguimos gastando más de lo que ingresamos, sino que ello sucede en una fase de expansión de la economía en la que debería estar produciéndose una aminoración del nivel de déficit público y del nivel de endeudamiento. Y no es así sino todo lo contrario.

La cuestión en sí misma ya es preocupante pero lo resulta mucho más si se tiene en cuenta que el coste de financiar el endeudamiento es en la actualidad sumamente bajo, con tipos de interés incluso negativos (como sucede con las Letras del Tesoro, que se están colocando entre los inversores a tipos negativos, en plazos inferiores a un año), por lo que en una situación de cierta normalidad monetaria, como se espera para el año 2018 y siguientes, el coste de mantener esta enorme deuda será difícilmente asumible por la economía española.

Con la economía lanzada a ritmos de crecimiento del 3% o superiores, el país tendría que estar equilibrando sus cuentas públicas y reduciendo deuda acumulada del pasado, en vez de acumular más aún. Si no es así, la hipoteca que está almacenándose en nuestras cuentas públicas será difícil de afrontar en el futuro y ello tendrá secuelas inevitables sobre el potencial de crecimiento de la economía.

Una década perdida, por ahora
Juan Francisco Martín Seco. REP 17 Agosto 2017

Este mes de agosto, desde los más diversos ámbitos, tanto nacionales como internacionales, se han apresurado a recordarnos que hace diez años en otro agosto, el de 2007, se iniciaba la mayor crisis económica acaecida desde la Segunda Guerra Mundial, al tiempo que se la da por superada y finalizada. La misma Comisión de la Unión Europea se ha sumado a esta corriente con un comunicado de prensa encabezado con una frase inolvidable: “Diez años después del comienzo de la crisis vuelve la recuperación gracias a la intervención decisiva de la UE”. Afirmación que puede quedar para la historia.

Al margen de que resulte difícil fechar de manera exacta el inicio de la crisis, todos los comentaristas suelen situar su causa en las ya famosas hipotecas subprime. Los bancos, principalmente los de EE.UU., cegados por el objetivo de una ganancia fácil, se habrían dedicado de una manera irresponsable a conceder créditos a diestro y siniestro, en primer lugar para la compra de vivienda; pero también para todo tipo de consumo, generando un monto importante de hipotecas basura, que convenientemente empaquetadas y titulizadas fueron vendidos al sistema bancario internacional, contaminando así a una buena parte de la economía mundial, especialmente la europea. Cuando cundió la desconfianza, llegó el sálvese quien pueda, y la crisis. Hasta aquí la versión oficial que se repite con aplomo y complacencia. Todo lo más se le añade la coletilla de la responsabilidad que en la génesis de este fenómeno le cabe a la excesiva liberalización que se venía produciendo en el sistema financiero.

No es que esta versión sea del todo errónea, pero sí resulta parcial e incompleta. En todo caso, todos estos hechos son la consecuencia -si se quiere, el detonante- de un fenómeno más profundo, unos enormes desajustes en la economía mundial, causados por el neoliberalismo económico. La libre circulación de capitales, unida a la asunción de la teoría del libre cambio, originó enormes desequilibrios en los saldos de las balanzas de pagos de los países, importantes déficits en unos y superávits en otros. Tales desajustes solo eran posibles porque la libertad en los flujos de capitales permitía financiarlos, pero a condición de crear situaciones de extrema inestabilidad que tenían que originar antes o después una crisis económica.

Si en 1980 los distintos países presentaban con pequeñas diferencias balanzas de pagos más o menos equilibradas, los saldos positivos y negativos fueron incrementándose hasta 2007 y abriendo ampliamente el abanico entre países deudores y acreedores. Se generó así una situación inestable y explosiva. China, Hong Kong, Japón, Indonesia, Malasia, Singapur, Tailandia y Taiwán, financiaban a los países occidentales: EE.UU., Australia, Canadá. El hecho de que la Unión Europea presentase frente al exterior un saldo próximo a cero no significaba que los países miembros no tuviesen también entre sí profundos desequilibrios, buen ejemplo de ello eran el déficit de España y el superávit de Alemania.

El incremento de la desigualdad en las sociedades debería haber generado una ralentización del consumo. En ciertos países así ocurrió, pero en otros muchos como EE.UU. y España el consumo continuó creciendo gracias a otro fenómeno: el endeudamiento. El crecimiento estaba sustentado en el crédito, lo que le proporcionaba un carácter de inestabilidad que por fuerza tenía que llegar a su término.

La libre circulación de capitales y el libre cambio permiten que las empresas aspiren a fabricar en unos países (a menudo, allí donde las exigencias fiscales y los costes laborales son bajos) y vender la producción en otros (normalmente en países que tienen un nivel de vida mucho mayor). En este caso la oferta no casará con la demanda en el ámbito nacional y unos países acaban presentando un gran endeudamiento exterior y otros importantes superávits, desequilibrios que difícilmente podrían sostenerse a largo plazo.

El consumo en la sociedad americana se mantenía a base de importar productos a precios muy reducidos, y el crecimiento de China en los años anteriores a la crisis se basaba fundamentalmente en las exportaciones. El resultado es de sobra conocido, un cuantioso déficit en EE.UU. que se correspondía con el consiguiente superávit en la república comunista. Aunque como ya se ha dicho los desequilibrios en el comercio exterior no eran privativos ni exclusivos de EE.UU. y de China, lo cierto es que conforman un binomio útil para explicar la causa última de la crisis. China ahorraba para prestar a EE.UU, que así compraba sus productos. Las familias americanas no podían seguir endeudándose ni los bancos americanos prestando indefinidamente los recursos que provenían de China. Ambos países se movían en una brutal trampa.

Los superávits de China y de otros países del sudeste asiático eran deliberados y obedecían a una política de mantener infravalorado el tipo de cambio. Hay quien imputa también una parte de la responsabilidad a los bancos centrales, especialmente a la Reserva Federal y a su presidente Greenspan, por haber realizado una política monetaria laxa de bajos tipos de interés. Es evidente que a Greenspan le cabe ciertamente gran responsabilidad en la deficiente supervisión de las entidades financieras y en la defensa de la innovación financiera y de los productos derivados, y todo ello en aras de la autorregulación de los mercados. Sin embargo, lo que no está claro es que otra política monetaria más restrictiva hubiera sido mejor y hubiera evitado la crisis. Una subida de los tipos de interés podría haber traído aun más capitales y haber incrementado la liquidez. China y algunos otros países estaban dispuestos a comprar todos los dólares que fueran necesarios para mantener la cotización de su moneda respecto al dólar. Bajo estos supuestos, es muy difícil mantener una política monetaria restrictiva.

A este análisis hay que añadir otro de suma importancia. Si bien es cierto que la crisis se generó en EE.UU., no es menos cierto que donde ha adquirido mayor gravedad y donde se resiste a desaparecer es en Europa. La razón no es difícil de encontrar. Que las cuentas de la Eurozona con el resto del mundo estuviesen más o menos en equilibrio no indica que todos los países miembros se encontrasen en la misma condición, más bien se entremezclaban países como Alemania, de muy bajo consumo y por lo tanto con un importante superávit comercial, con otros, como España, en los que el cuantioso endeudamiento de las familias o del sector empresarial llevaron a un elevadísimo déficit exterior (en 2008 del 9,6%).

El problema, por supuesto, no era exclusivo de España. Al progresivo incremento del superávit de Alemania (6,6% del PIB en 2008) y de otras naciones del Norte, correspondía un déficit cada vez mayor en esos países que despectivamente han denominado PIGS (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España). Solo por el hecho de mantener la misma moneda es por lo que se pudo llegar a unos desajustes en la balanza de pagos tan elevados. Estos desequilibrios creaban empleo y riqueza en los países excedentarios, mientras destruían puestos de trabajo y riqueza en los Estados del Sur, que hasta la crisis habían podido vivir una situación ficticia y mantener el crecimiento y el empleo de manera artificial a base de endeudamiento, endeudamiento que sin posibilidad de devaluar se convertiría a medio plazo en una soga al cuello, empeorando aun más su situación económica.

Los desequilibrios en el comercio exterior de China y de EE.UU. podían terminar corrigiéndose mediante ajustes en el tipo de cambio, pero ¿cómo solucionar esos mismos desequilibrios entre Alemania y España si ambos tienen la misma moneda? El desenlace es de sobra conocido. Se sometió a los países deudores a enormes ajustes fiscales y a duras políticas deflacionistas. El euro estuvo contra las cuerdas, salvado provisionalmente e in extremis por la política monetaria del BCE, que se decidió a actuar tan solo cuando la Eurozona se asomaba al borde del precipicio y, además, sometido a múltiples contradicciones, porque ¿cómo practicar la misma política para Alemania y para Grecia cuando sus necesidades e intereses son radicalmente distintos?

No, no es verdad que, tal como afirma la Comisión, la crisis se haya superado gracias a la intervención de la Unión Europea. Ha sido todo lo contrario. Debido a la Unión Europea, mejor diríamos a la Unión Monetaria, muchos países europeos se adentraron en la pendiente de la recesión. Sin el euro, el endeudamiento de los países del Sur nunca habría alcanzado las cotas a las que llegó; y en el caso de haber habido crisis, sin el euro su dimensión hubiera sido para la mayoría de los países mucho más reducida, y la salida se habría encontrado bstante antes, y sobre todo hubiera sido real, y no como en la actual supuesta superación en que las incertidumbres y riesgos se mantienen plenamente y las secuelas y efectos negativos perdurarán mientras no se dé marcha atrás.

La política aplicada desde Europa ha sido nefasta y motivada exclusivamente por las conveniencias de los países del norte, pero no se la puede hacer la única responsable de los daños infligidos, tal como pretenden algunos para exculpar al sistema. El error no es coyuntural sino estructural. El problema principal estriba en el propio diseño de la Unión Monetaria, lleno de contradicciones y de incoherencias, y que hace imposible su misma persistencia. ¿Por qué Alemania y sus países satélites iban a consentir otra política si la actual es la que les conviene y los Tratados no les obligan a ello? No solo estamos ante una década perdida, sino que en gran medida hemos malogrado la embarcación y no sabemos durante cuánto tiempo vamos a poder seguir navegando. De todo ello seguramente hablaremos en algún artículo posterior y analizaremos si es verdad, como dicen, que ha finalizado la crisis.

www.martinseco.es

ORGANIZADOR DE CAMPOS DE CONCENTRACIÓN PARA GAYS
El mito izquierdista del ‘Che’, la ‘maquina de matar’
La Gaceta  17 Agosto 2017

El criminal ‘Che’ Guevara se ha convertido en las últimas décadas en referencia de todos los movimientos vinculados a la extrema izquierda, incluidos el antitaurino y el lobby gay.

Ernesto “Che” Guevara, conocido como ‘El carnicerito de La Cabaña’, uno de los ideólogos de la Revolución cubana, orgulloso ejecutor diario de presos políticos y autor de la frase “celebro al hombre convertido en eficaz y fría máquina de matar”, se ha convertido en las últimas décadas en referencia de todos los movimientos vinculados a la extrema izquierda.

Tiene seguidores contemporáneos que no dudan en comprar su imagen -adorno de tazas, mecheros, llaveros, carteras, gorras, pantalones vaqueros, sobres de infusiones y, por supuesto, en las camisetas- y proclamarle como “adalid de la libertad”, venderle como “animalista”, pese a que acudió a una corrida de toros en la plaza de Las Ventas durante su visita a Madrid en 1959 o “defensor de los derechos de los homosexuales”. Nada más lejos de la realidad.

Che, que durante su adolescencia era ya una persona violenta que firmaba las cartas como “Stalin II”, ejecutó a decenas de personas, entre ellas Eutinio Guerra, al que descerrajó un tiro en la nuca, tras lo cual “sus pertenencias” -escribió- pasaron a su poder.

Además, fue el organizador de la construcción del primer campo de trabajos forzados en la península de Guanahacabibes. Esta fue una más de las decenas de prisiones de la revolución cubana. A la entrada del campo, copiando el lema que presidía el campo de concentración Aushcwitz, podía leerse “El trabajo os hará hombres”. El centro estaba destinado a albergar homosexuales.

Su meta era lograr el “hombre nuevo socialista”. Esto suponía acabar con la mentalidad, creencias, valores y costumbres burguesas, entre ellas la homosexualidad, que Guevara consideraba un vicio burgués. Para él, era necesario “reeducar” a esas personas en prisiones. La “reeducación” estaba basada, claro, en asesinatos, violaciones, mutilaciones y trabajos forzados.

Este campo de concentración sirvió de modelo para que en la provincia de Camagüey se generalizase la detención, la tortura y asesinato de homosexuales, católicos, sacerdotes, y todo tipo de personas que no habían cometido crímenes, pero cuya moral se situaba era contraria a los principios que establecían como revolucionarios. Los considerados “contrarrevolucionarios”, los que se salían del dogma, eran aplastados en estos centros.

Asimismo, Che, héroe de los que ahora se proclaman “pacifistas”, fue ante todo un criminal. Como ejemplo queda su Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental. “El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar”, dijo.

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El enemigo a las puertas y la mentira cómoda

Jorge Vilches www.vozpopuli.com 17 Agosto 2017

Los creadores de enemigos vencen en la política, y finalmente en lo político. La demonización del adversario como categoría principal ha vuelto a primera línea.

El primer paso de las izquierdas desde el siglo XIX es señalar a los enemigos. Sin un adversario al que liquidar, el llamamiento a la lucha, el compromiso, el sacrificio, la autocrítica, el centralismo democrático, la violencia, las acciones colectivas y su organización siempre defensiva no tendrían sentido. Por eso, su definición de “progreso” está condicionada a la eliminación de clases sociales, instituciones, costumbres, iglesias y tantas cosas como obstaculicen la imposición de su “paraíso”.
El enemigo creado

Carl Schmitt lo vio al señalar que sin la presencia de un grupo que considere “enemigo” al resto, no existe lo político; es decir, que la lucha por el poder, por la hegemonía política, por el control de los fundamentos de la convivencia, depende de señalar la marginación o eliminación del otro. Esa idea sacada de la Europa de entreguerras es perfecta para el día de hoy, cuyos problemas son similares –no iguales- a los que cruzaron las tres primeras décadas del siglo XX.

Las izquierdas llevan mucha ventaja en esto. Incluso crearon una forma más sólida, consistente en fusionar socialismo y nacionalismo, dos identidades hasta entonces enfrentadas unidas en un solo partido, movimiento, gobierno y Estado. Eso fueron el fascismo italiano, el falangismo español, el nacionalsocialismo alemán, el comunismo estalinista, o el castrismo y el chavismo.

El choque entre fascismo y comunismo en el siglo XX no fue una lucha entre ideologías, sino un combate incruento por el Poder entre hermanos políticos en una misma sociedad. De hecho, cuando el enfrentamiento no era directo, la simpatía era mutua. Lenin envió a Mussolini un telegrama de felicitación tras el éxito de la Marcha sobre Roma. Hitler confesó que seguía las enseñanzas de Lenin, y Stalin pactó con el líder nacionasocialista. Por cierto, esto último convirtió a personajes endiosados como La Pasionaria o Alberti en defensores de Hitler entre 1939 y 1941 como buenos agentes estalinistas que eran.

Los creadores de enemigos vencen en la política, y finalmente en lo político. La demonización del adversario como categoría principal ha vuelto a primera línea. El ataque furibundo que la prensa norteamericana e internacional está llevando contra Trump constantemente y por cualquier razón no se acompaña de una alternativa; solo es ruido para crear al enemigo. Algo parecido ocurre aquí con la obsesión en los medios de comunicación izquierdistas por el dictador Franco, muerto hace 42 años, y que roza ya el esperpento.
La mentira cómoda

Chaves Nogales marchó a París con su fotógrafo, un tal George, “republicano de bien”, en el otoño de 1931. Su misión era entrevistar a los rusos exiliados. La tiranía bolchevique llevaba trece años sangrando el país; de hecho, decía el periodista, el “terror rojo” de las checas se llevaba al día la vida de centenares de personas. Entrevistó a los grandes hombres de la Rusia expatriada, como Kerenski y Miliukov, y a aristócratas, oficiales y gente corriente, quedando un cuadro preciso que encuadernó con el título de “Lo que ha quedado del imperio de los zares”.

Lo impresionante de ese libro es la descripción de la mentalidad de aquellos hombres. Eran personas que habían conseguido escapar de la construcción del “paraíso” y que sobrevivían a duras penas. Los que tenían profesiones liberales habían sabido colocarse, pero los aristócratas, “que nada sabían hacer”, se dedicaban a trabajos manuales simples.

Políticamente estaban divididos en cuatro grupos, pero todos coincidían en creer en una mentira cómoda: la represión comunista se haría tan insoportable que la gente se levantaría contra la tiranía. Sí, decían, algo pasará. Mientras tanto, aquellos rusos que arrastraban la tristeza del destierro y la derrota alegaban que no debía presentarse batalla, ni tenían que intervenir las potencias occidentales, o revivir al Ejército Blanco. Había que esperar. No pasó nada, como es sabido, salvo que el régimen del terror que instauró Lenin aumentó con el tiempo hasta convertir en verdad la distopía orwelliana.
La multitud indiferente

Esa es la clave de lo que vivimos hoy. Junto a los grupos políticos, con enlace mediático, que diseñan enemigos que justifican un discurso vacío para llegar al poder, que se retroalimentan en un combate entre oligarquías, existe una gran masa indiferente. George Rudé hablaba del papel que en la Historia habían tenido las multitudes, como si fueran sujetos colectivos dormidos que despiertan ante una injusticia. Esto no vale hoy: el partido que ambiciona el poder crea el discurso, define “lo malo” y “lo bueno”, y señala al enemigo contra el que la tropa civil debe levantarse.

Bajo el ruido que necesitan esas oligarquías para justificar y legitimar su posición y organización, está la gente, indiferente o cansada, que a veces es consciente del peligro que corre su vida privada o la convivencia pacífica, pero prefiere acogerse a una mentira cómoda. “Algo pasará que lo solucionará”.

Esa actitud es la que permite la arbitrariedad de los gobiernos, las amenazas del golpe de Estado, la actitud violenta de grupúsculos que toman las calles, atacan hoteles o restaurantes de turistas, homenajean a etarras, o linchan simbólicamente al presidente del gobierno. El ruido se convierte en una constante, mostrando que el enemigo está a las puertas, asediando la libertad, pero tristemente volverá a triunfar la mentira cómoda.

La democracia no puede tolerar los homenajes a los terroristas

Editorial La Razon 17 Agosto 2017

Rafael Díez Usabiaga, ex secretario general del sindicato proetarra LAB, sale hoy de prisión. Fue condenado en 2011 por un delito de pertenencia a organización terrorista en grado de dirigente. Es el último de los cinco cabecillas de la izquierda abertzale sentenciados en el «caso Bateragune», el intento de reconstruir la ilegalizada Batasuna por orden de ETA, que todavía permanece en la cárcel. La Audiencia Nacional falló penas de entre ocho y diez años de cárcel, que posteriormente fueron rebajadas por el Tribunal Supremo. Díez Usabiaga, como Arnaldo Otegi –también procesado en esta causa– no era un personaje más en el complejo universo etarra, sino una pieza clave en los peores años de la actividad sanguinaria de la banda. Jaleó cada asesinato, cada secuestro, cada acción brutal, y nunca se le escuchó nada que saliera de la ortodoxia terrorista.

Hoy, recupera su libertad, y el mundo de ETA le tiene preparados encendidos homenajes como hace con todos los reclusos de la banda. Las víctimas, siempre las víctimas, han intentado impedirlo y poner a este individuo en su sitio, que no puede ser de honor ni de prestigio, sino de vergüenza e ignominia. Se le preparan recibimientos a las puertas de la cárcel de El Dueso (Cantabria) y en Lasarte (Guipúzcoa), su localidad natal, si bien la Delegación del Gobierno en Cantabria prohibió ayer la concentración fuera de la prisión por incumplir el plazo que exige la ley para comunicar este tipo de actos. Sin embargo, el juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu no encontró ayer razones para evitar el tributo de los proetarras a Díez Usabiaga. En su auto, estima que no existe «constancia alguna» de que en los encuentros convocados se vaya a producir delito alguno. Agrega que la «jurisdicción penal» persigue «hechos ilícitos penales» ya producidos, pero no actúa de forma «preventiva».

El juez es muy libre de quitarse de en medio, de ponerse de perfil y de creer que el hecho de que un grupo de personas se reúna para vitorear a un terrorista y agradecerle los servicios prestados no constituye un delito de enaltecimiento del terrorismo y de humillación de las víctimas o de sus familiares. Pero nosotros lo somos también para pensar que la publicidad conferida a los actos y todo lo que rodea a los homenajes comportan un flagrante atentado contra la dignidad de las víctimas del terrorismo al vulnerar las leyes de protección del colectivo, por no hablar de su contenido claramente apologético consustancial a la aclamación pública de un criminal.

Tras el fugaz desistimiento o abatimiento del magistrado, harán bien las delegaciones del Gobierno y la Fiscalía en promover las acciones pertinentes que hagan justicia a las víctimas y eviten la deprimente sensación de impunidad de estos actos propagandísticos sonrojantes para el Estado de Derecho. Este país ha luchado mucho y bien contra ETA. Ha pagado un precio altísimo hasta lograr su derrota policial. Conviene no olvidarlo en tiempos en los que algunos servidores públicos lo relativizan todo como si el ciudadano no tuviera memoria y no recordara quiénes fueron los verdugos y sus cómplices y quiénes las víctimas. Si no consiguieron sus objetivos con la violencia, no lo deben lograr ahora desde la tribunas políticas con la ayuda de oportunistas y desalmados. Cada homenaje público a un terrorista es un baldón para la democracia, que no debe tolerar que los enemigos de la libertad manipulen el relato etarra hasta que las generaciones venideras olviden lo que ocurrió en realidad.

Los abertzales intensifican la presión sobre las Fuerzas de Seguridad
J.M.Zuloaga. La Razon 17 Agosto 2017

«Se están viniendo arriba». Fuentes antiterroristas consultadas por LA RAZÓN subrayan que la campaña «Alde hemendik» («Idos de aquí») contra las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, que hasta ahora se circunscribía a determinadas poblaciones como Alsasua u Oñate está creciendo de una forma «preocupante» a lo largo de este verano y se espera que se intensifique en las próximas semanas. Cada vez son más numerosas las pintadas y las pancartas en las que se pide, en distintos lugares tanto del País Vasco como de Navarra, la expulsión de la Guardia Civil y del Cuerpo Nacional de Policía de lo que consideran sus territorios.

Asimismo, se ha detectado la planificación de «escraches» ante determinadas instalaciones policiales, que aunque todavía no se han concretado, pueden producirse durante la celebración de fiestas locales. Todo esto, agregan las mencionadas fuentes, supone un salto cualitativo respecto a lo que ocurría en los últimos años.

Los expertos atribuyen lo que ocurre a dos razones fundamentalmente. La primera de ellas es que la izquierda abertzale busca crear un clima de tensión con vistas al próximo otoño, cuando el PNV tendrá que volver a negociar con el Gobierno del Partido Popular los Presupuestos Generales del Estado.

Además del asunto de los presos, a los que desde medios nacionalistas se les ha hecho llegar un mensaje de tranquilidad porque se logrará su traslado a la cárcel alavesa de Zaballa, está el de minar en la medida de lo posible al Ejecutivo de Urkullu que cada día consolida más su posición. Aunque pueda parecer un contrasentido, no lo es ya que se trata de la tradición de ETA y las organizaciones de su entramado y que consiste en morder la mano del que se presta a ayudarles.

El otro motivo que estaría detrás del aumento de la presión contra las Fuerzas de Seguridada en el País Vasco y Navarra hay que buscarlo en un cierto fenómeno de imitación de lo que ocurre en Cataluña. Según la particular interpretación de los proetarras y su entorno, la desobediencia contra el Estado, con la consiguiente desestabilización, campa a sus anchas con el fin de emprender un camino hacia la independencia poco menos que irreversible.

Los últimos actos de terrorismo callejero, protagonizados por Arran, las juventudes de la CUP, contra el turismo, han sido observados con abierta simpatía por sus homónimos de Ernai en el País Vasco y Navarra. Este mismo fin de semana unas 3.000 personas del entorno abertzale, con Arnaldo Otegi a la cabeza, salieron a las calles de Bilbao para apoyar la independencia de Cataluña.

Aunque pueda parecer una anécdota más, el último «Toro de Osborne» que hay en el País Vasco, en la localidad alavesa de Rivabellosa, ha aparecido estos días lleno de pintadas. En una de ellas, sobre el lema de ETA, el «bietan jarrari», («fuerte con las dos»), el hacha y la serpiente, se pueden leer vivas a la banda terrorista. En otra de las patas del «toro» han escrito «España, país de paletos».

En un informe realizado por la Guardia Civil con ocasión de los sucesos de Alsasua, cuando fueron objeto de ataques de índole terrorista (según la Audiencia Nacional) dos agentes del Cuerpo y sus parejas, se decía sobre las campañas contra las Fuerzas de Seguridad del Estado que persiguen dos fines. El primero de ellos sería «influir ostensiblemente y de manera negativa en la calidad de vida de los miembros de la Guardia Civil así como en la de sus vinculaciones y familiares, sintiéndose en todo momento objetivo de grupúsculos violentos con el gran condicionante que ello supone para su vida diaria, llegando a tener miedo o dificultades para realizar actividades tan cotidianas como realizar compras en comercios, poder disfrutar del tiempo libre en compañía de la pareja sentimental o apuntar a sus hijos a actividades». El segundo de los objetivos que persiguen es «crear un clima de miedo entre los ciudadanos, instándoles de manera indirecta a no entablar ningún vínculo afectivo o simplemente de amistad o cortesía con miembros de la Guardia Civil, en un intento de aislarles socialmente. El incumplimiento de estos preceptos por parte de algún ciudadano le convierte automáticamente en afín al Cuerpo y por tanto en cualquier momento tanto su persona como sus bienes o incluso sus vinculaciones directas pueden pasar a convertirse en objetivo de dichos grupúsculos violentos».

A este respecto, las citadas fuentes señalan que las pintadas o los «escraches» que planean tienen en definitiva la misma finalidad y lo que preocupa es que hayan crecido de una forma llamativa en los últimos meses. El ejemplo de Cataluña y la aparente impunidad con la que se mueven los grupos secesionistas y antisistema, que tantas afinidades tienen con los proetarras del País Vasco y Navarra, es un espejo en el que se miran estas organizaciones.

Y no sólo eso, ya que, según subrayan los expertos, el hecho de que desde las instituciones catalanas se trate de emprender procesos, cortados de raíz por la autoridad judicial, contra las Fuerzas de Seguridad, en este caso la Guardia Civil, les hace concebir algo así como que el «Estado está en almoneda» mediante la articulación de un entramado legal que se sabe nulo desde el mismo momento en que se concibió.

OCU: "Cuando por alguna de las partes se impone la atención en un idioma, lo mejor es acudir a otro establecimiento que atienda en el idioma deseado"
Clientes de El Corte Inglés de Barcelona denuncian ante la OCU que los dependientes no atienden en español
Borja Jiménez okdiario 17 Agosto 2017

El Corte Inglés sigue sumando hechos que invitan a pensar que los grandes almacenes dirigidos por Dimas Gimeno están sucumbiendo ante la presión nacionalista en Cataluña. Según ha podido saber OKDIARIO, las asociaciones de consumidores acumulan unas cuantas denuncias por el catalanismo radical del que hacen gala algunos empleados de la firma e incluso letreros y rótulos que obvian el español.

Este periódico ha tenido acceso a algunas de estas quejas privadas, pero también a aquellas que los usuarios hacen en plataformas de defensa del consumidor, como la OCU, que, entre otras, ha recibido denuncias como la que podemos contemplar a continuación:

En esta denuncia, el cliente en cuestión acusa a los empleados de la cafetería de El Corte Inglés de Barcelona de no querer atenderle en castellano. Según el relato del denunciante, los camareros de la cafetería instalada en El Corte Inglés sólo atendían a los clientes que pedían en catalán, y no a aquellos que no fueran catalanes.

Ileana Izverniceanu de la Iglesia, Directora de Comunicación y Relaciones Institucionales de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), explica sobre el derecho de los consumidores a ser atendidos en las lenguas oficiales en Cataluña, que “ya se ha pronunciado el Tribunal Constitucional al analizar el Art. 128.1 del Estatuto del consumidor de Cataluña que establece en abstracto el derecho del consumidor a ser atendido en la cualquiera de la lenguas oficiales en Cataluña, (castellano y catalán)”.

“El TC, en esta sentencia, establece que dicho artículo es Constitucional siempre que no suponga una obligación individual de atención, puesto que esta obligación solo puede ser extensiva a las administraciones públicas y no a los actos de consumo que tienen una naturaleza privada, y no cabe por tanto imposición, en ningún sentido, ni de catalán ni de Castellano”, continúa Ileana.

En ese sentido, “las reclamaciones como esta son poco habituales, y se refieren a casos anecdóticos, prima más el sentido común, y es que cuando por alguna de las partes se impone la atención en un idioma, lo mejor es acudir a otro establecimiento que atienda en el idioma deseado”, concluye la portavoz de la OCU.

Rótulos
Pero lo cierto es que El Corte Inglés ya ha doblado rodilla ante los catalanistas, toda vez que apenas se puede ver el castellano dentro de los establecimientos que la firma tiene en Cataluña.

No podemos olvidar que toda esta polémica no ha hecho más que avivarse tras las denuncias a las plataformas de consumidores, toda vez que no es la primera vez que El Corte Inglés hace un guiño al movimiento nacionalista que hoy comanda Carles Puigdemont. Hace apenas unos meses, el Corte Inglés quiso contentar a los independentistas al colgar la ‘senyera’ en su fachada de Barcelona en la festividad catalana.

Lo peor en este caso fue que mientras que sí colgaron la estelada el día de Sant Jordi, no hacen lo mismo en otras Comunidades cuando tienen su festividad, ni tampoco cuelga la bandera de España el 12 de octubre de cada año, por ser el día de la Hispanidad.

Páginas Web y usuarios de Twitter que luchan por la defensa del castellano y que luchan contra el independentismo se han levantado en contra de El Corte Inglés por este tipo de actos. De hecho, según ha podido saber OKDIARIO, Convivencia Cívica Catalana, entre otras asociaciones, ha intentado preguntar a Dimas Gimeno por qué hace gala de su ‘catalanismo’ y no cuelga también la bandera española o la de otras Comunidades cuando son sus festividades.

“Quizás su Departamento de Atención al Cliente no consideró oportuno hacerle llegar nuestras líneas, quizás le llegaron y no supo qué decirnos o quizás pensó que su organización sigue en el siglo XX y que ignorar la reclamación de un consumidor sale gratis y no tiene consecuencias. Usted sabrá”, explican desde Dolça Catalunya.

“¿Qué raro, no, señor Gimeno? ¿Es usted nacionalista? ¿Lo es su empresa? ¿Por qué el 11 de septiembre sí y el 12 de octubre no? Y esta discriminación de sus clientes según la identidad que a usted le guste, ¿la lleva a cabo sólo en Cataluña o también en otras regiones de España?”, se preguntan.

Los mismos que se quejan, a través de redes sociales y blogs, hablan incluso de intentar boicotear a El Corte Inglés. “Compremos en Carrefour la alimentación, en Decathlon el material deportivo y en Zara la ropa. O, ¿por qué no? nos pasamos a Amazon estas Navidades, que dicen que es muy cómodo, tiene de todo y, si no queda satisfecho, le devuelven el dinero”.

Quizás en El Corte Inglés no sean conscientes de que existe un gran número de ciudadanos catalanes no independentistas que se preguntan por qué El Corte Inglés celebra con la senyera las festividades catalanas y no hace lo mismo con la Fiesta Nacional española; o porque discrimina a los castellanoparlantes.

Llama especialmente la atención que una empresa como El Corte Inglés, que tanto ha defendido todo lo español, ya sea en Madrid, en Sevilla, Bilbao o en Barcelona, cometa ahora este tipo de ‘errores’ que tan mal están sentando en gran parte de la ciudadanía catalana.

OCU: "Cuando por alguna de las partes se impone la atención en un idioma, lo mejor es acudir a otro establecimiento que atienda en el idioma deseado"
Clientes de El Corte Inglés de Barcelona denuncian ante la OCU que los dependientes no atienden en español
Borja Jiménez okdiario 17 Agosto 2017

El Corte Inglés sigue sumando hechos que invitan a pensar que los grandes almacenes dirigidos por Dimas Gimeno están sucumbiendo ante la presión nacionalista en Cataluña. Según ha podido saber OKDIARIO, las asociaciones de consumidores acumulan unas cuantas denuncias por el catalanismo radical del que hacen gala algunos empleados de la firma e incluso letreros y rótulos que obvian el español.

Este periódico ha tenido acceso a algunas de estas quejas privadas, pero también a aquellas que los usuarios hacen en plataformas de defensa del consumidor, como la OCU, que, entre otras, ha recibido denuncias como la que podemos contemplar a continuación:

En esta denuncia, el cliente en cuestión acusa a los empleados de la cafetería de El Corte Inglés de Barcelona de no querer atenderle en castellano. Según el relato del denunciante, los camareros de la cafetería instalada en El Corte Inglés sólo atendían a los clientes que pedían en catalán, y no a aquellos que no fueran catalanes.

Ileana Izverniceanu de la Iglesia, Directora de Comunicación y Relaciones Institucionales de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), explica sobre el derecho de los consumidores a ser atendidos en las lenguas oficiales en Cataluña, que “ya se ha pronunciado el Tribunal Constitucional al analizar el Art. 128.1 del Estatuto del consumidor de Cataluña que establece en abstracto el derecho del consumidor a ser atendido en la cualquiera de la lenguas oficiales en Cataluña, (castellano y catalán)”.

“El TC, en esta sentencia, establece que dicho artículo es Constitucional siempre que no suponga una obligación individual de atención, puesto que esta obligación solo puede ser extensiva a las administraciones públicas y no a los actos de consumo que tienen una naturaleza privada, y no cabe por tanto imposición, en ningún sentido, ni de catalán ni de Castellano”, continúa Ileana.

En ese sentido, “las reclamaciones como esta son poco habituales, y se refieren a casos anecdóticos, prima más el sentido común, y es que cuando por alguna de las partes se impone la atención en un idioma, lo mejor es acudir a otro establecimiento que atienda en el idioma deseado”, concluye la portavoz de la OCU.

Rótulos
Pero lo cierto es que El Corte Inglés ya ha doblado rodilla ante los catalanistas, toda vez que apenas se puede ver el castellano dentro de los establecimientos que la firma tiene en Cataluña.

No podemos olvidar que toda esta polémica no ha hecho más que avivarse tras las denuncias a las plataformas de consumidores, toda vez que no es la primera vez que El Corte Inglés hace un guiño al movimiento nacionalista que hoy comanda Carles Puigdemont. Hace apenas unos meses, el Corte Inglés quiso contentar a los independentistas al colgar la ‘senyera’ en su fachada de Barcelona en la festividad catalana.

Lo peor en este caso fue que mientras que sí colgaron la estelada el día de Sant Jordi, no hacen lo mismo en otras Comunidades cuando tienen su festividad, ni tampoco cuelga la bandera de España el 12 de octubre de cada año, por ser el día de la Hispanidad.

Páginas Web y usuarios de Twitter que luchan por la defensa del castellano y que luchan contra el independentismo se han levantado en contra de El Corte Inglés por este tipo de actos. De hecho, según ha podido saber OKDIARIO, Convivencia Cívica Catalana, entre otras asociaciones, ha intentado preguntar a Dimas Gimeno por qué hace gala de su ‘catalanismo’ y no cuelga también la bandera española o la de otras Comunidades cuando son sus festividades.

“Quizás su Departamento de Atención al Cliente no consideró oportuno hacerle llegar nuestras líneas, quizás le llegaron y no supo qué decirnos o quizás pensó que su organización sigue en el siglo XX y que ignorar la reclamación de un consumidor sale gratis y no tiene consecuencias. Usted sabrá”, explican desde Dolça Catalunya.

“¿Qué raro, no, señor Gimeno? ¿Es usted nacionalista? ¿Lo es su empresa? ¿Por qué el 11 de septiembre sí y el 12 de octubre no? Y esta discriminación de sus clientes según la identidad que a usted le guste, ¿la lleva a cabo sólo en Cataluña o también en otras regiones de España?”, se preguntan.

Los mismos que se quejan, a través de redes sociales y blogs, hablan incluso de intentar boicotear a El Corte Inglés. “Compremos en Carrefour la alimentación, en Decathlon el material deportivo y en Zara la ropa. O, ¿por qué no? nos pasamos a Amazon estas Navidades, que dicen que es muy cómodo, tiene de todo y, si no queda satisfecho, le devuelven el dinero”.

Quizás en El Corte Inglés no sean conscientes de que existe un gran número de ciudadanos catalanes no independentistas que se preguntan por qué El Corte Inglés celebra con la senyera las festividades catalanas y no hace lo mismo con la Fiesta Nacional española; o porque discrimina a los castellanoparlantes.

Llama especialmente la atención que una empresa como El Corte Inglés, que tanto ha defendido todo lo español, ya sea en Madrid, en Sevilla, Bilbao o en Barcelona, cometa ahora este tipo de ‘errores’ que tan mal están sentando en gran parte de la ciudadanía catalana.

Lambán convoca un concurso literario para aragoneses que sólo ganan catalanes y catalanistas
Raquel Tejero okdiario 17 Agosto 2017

Javier Lambán, presidente de Aragón, ha convocado una nueva edición del premio literario Guillem Nicolau en “catalán de Aragón”. Sin embargo, dicho certamen, hasta la fecha, solo lo han ganado escritores catalanes o catalanistas, pero nunca un autor aragonés que escriba en esa modalidad aragonesa.

El premio fue creado con la finalidad de “potenciar la literatura en las modalidades lingüísticas del Aragón oriental”. El gobierno socialista de Aragón solo ha otorgado el distintivo a escritos en lengua catalana. Gran cantidad de los premiados son catalanistas o pancatalanistas. La mayoría de ellos forman parte de asociaciones independentistas que defienden el proceso soberanista catalán.

Entre los premiados se encuentra, por ejemplo, Mario Sasot Escuer, ex director de la revista independentista pancatalanista Temps de Franja, subvencionada por el gobierno de Aragón. Otro de los galardonados es Artur Quintana i Font, un filólogo catalán que calificó de “genocida” al Partido Popular y comparó a sus militantes con los nazis. La Generalitat de Cataluña acordó concederle la Cruz de Sant Jordi 2016 como reconocimiento porque “se ha destacado por los servicios prestados a Cataluña en la defensa de su identidad o, más generalmente, en el plano cívico y cultural “.

Se ha premiado incluso a representantes de partidos pancatalanistas e independentistas que propugnan la anexión del Aragón oriental y a personas que han llegado a insultar públicamente a los aragoneses.

El premio acentúa el uso del catalán en Aragón. Durante los años 2012, 2013 y 2014 el certamen fracasó al no presentarse ninguna candidatura. El Partido Popular anuló la dotación económica del galardón y no hubo inscritos.

Esta distinción, convocada por el Gobierno aragonés de PSOE y Chunta Aragonesista, está avalada también por PODEMOS, IU y Ciudadanos. Entre los premiados desde 1986 se encuentran 4 escritores catalanes, autores firmantes de manifiestos independentistas y defensores de la denominación sociolingüística catalanista de “franja” para parte del territorio aragonés. Así pues, nunca ha habido representación de las modalidades lingüísticas aragonesas ni presencia de un solo escritor aragonés de la zona oriental que escriba en su modalidad.


 


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