AGLI Recortes de Prensa   Lunes 21 Agosto 2017

El empate infinito
Ignacio Camacho ABC 21 Agosto 2017

TE diré la verdad: no hay mucho que hacer. O quizá sí lo haya pero da igual porque de todos modos no vamos –o no van– a hacerlo. Estos días de dolor y de rabia se ve por ahí mucho arbitrista de barra de bar o de whatsapp aficionado a dar recetas expeditivas, el clásico arranque tan español, y tan populista, de «esto lo arreglaba yo en dos patadas». Que si el Ejército a la calle, que si a los musulmanes esto y lo otro. Y también mucho idiota biempensante con complejo de culpa y mucho resentido ideológico, esa clase de bobo antisistema que tiende a empatizar con todo lo que signifique un ajuste de cuentas violento. Pero esa misma explosividad ambiental, esa eclosión de espontaneísmos radicales, demuestra que nos falta conciencia cívica y acuerdo social para traducir nuestra impotencia en nada mínimamente serio.

Así que te lo voy a decir con sinceridad pesimista: acostúmbrate. Si eres de los que ponen velitas, ve a comprar una buena provisión, y si eres de los que tienden a llorar, haz acopio de pañuelos. Porque habrá más víctimas y más llanto. Porque la seguridad evitará muchos atentados, y más que podría impedir si tuviese mayor presupuesto, pero haberlos –mira Francia, mira Gran Bretaña– los seguirá habiendo. Nuestra sociedad, la occidental, la europea, ha decidido no asumir el coste de defenderse como sería menester porque no merece la pena el esfuerzo. Proclamamos la falsa supremacía de la normalidad, marchando otra de gambas que quedan pocas vacaciones, para no pensar en las dificultades de un cambio de modelo. Es muy engorroso el debate sobre la multiculturalidad y todo eso, y se corre el riesgo de caer en el pensamiento políticamente incorrecto. A fin de cuentas, a todos no nos van a matar aunque quisieran, y nosotros somos gente pacífica y hedonista que tampoco –ay, Siria, ay Irak– va a matarlos a ellos. El empate infinito es estadísticamente asumible y además las sacudidas emocionales del luto nos cohesionan en torno a los buenos sentimientos. Y qué bien queda eso de que no tenemos miedo.

Sí, esto es cinismo, ya lo sé; pero dime algo que se pueda hacer con un cierto acuerdo. Porque en democracia no existe otra manera de cambiar las cosas, máxime si se trata de algo tan antipático como redefinir derechos. Te diré un ejemplo: quince muertos después, el Gobierno sigue sin atreverse a decretar el máximo grado de alerta. Si no hay liderazgos con coraje para marcar caminos, ni compromisos sociales capaces de articular mayorías, lo que queda es esto: una cierta unidad precaria en el dolor y algunas medidas preventivas que ni siquiera dejan a todos contentos. Y podía haber sido peor, dadas las circunstancias; precedentes tenemos en los que nos hemos tirado a la cara los muertos.

Será una postura nihilista, pero date con un canto en los dientes si en el próximo ataque, que lo habrá, la compostura aguanta siquiera a los entierros.

Nunca tendréis Al Ándalus
Javier Caraballo El Confidencial 21 Agosto 2017

De nada valen todas esas proclamas, ni las amenazas, ni la sangre derramada, porque nunca tendréis Al Ándalus, malditos asesinos que vais sembrando el terror por todo el mundo en el nombre de un diosque os escupirá en la eternidad por haber manchado su nombre. Ningún dios puede llamarse dios si se reconforta con la muerte de un niño, por eso Jesús dijo que el Reino de los Cielos es como el mundo de los niños, “dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis porque el Reino de los Cielos es de quienes son como ellos”; por eso el profeta Mahoma advirtió a los creyentes de que “la verdadera riqueza de un hombre está en la bondad que hace en el mundo”.

Inocencia, bondad y vida, ese ha sido el símbolo asesinado en las Ramblas de Barcelona cuando aquella furgoneta irrumpió por el paseo y, al final de un reguero inmenso de gritos y de dolor, quedó tendido en el suelo, sin vida, un niño de tres años que paseaba de la mano de su familia. Su cadáver pequeño estaba en el suelo y era el mismo dios el que yacía, asesinado por vosotros, malditos, en ese paseo que antes olía a flores y a bullicio de verano.

Nunca tendréis Al Ándalus, por mucho que siga aumentando la presión propagandística contra España, por mucho que proliferen los vídeos en español con el señuelo repetido de aquel Califato. “Al Ándalus es la tierra de nuestros abuelos. Al Ándalus, no eres española ni portuguesa, tú eres la Al Ándalus musulmana”.

Uno de los mayores expertos en terrorismo yihadista, Manuel R. Torres, profesor de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla y miembro del Grupo de Estudios en Seguridad Internacional, tiene publicado un libro con el acertado nombre de ‘Al Ándalus 2.0. La ciber-yihad contra España’. Ese es el objetivo, bien lo sabemos. El nacimiento del Estado Islámico en 2014 se sustenta sobre esa alucinación ideológica, la promesa a los musulmanes de conquistar el mundo con la reconstrucción de Al Ándalus, el regreso al Califato.

La denominación del profesor Torres es acertada, porque esa alucinación de reconquistar Al Ándalus encierra una perversión terrible: utilizar los mayores avances del progreso y de la libertad para someter al hombre y devolverlo a las cadenas de la Edad Media. Sin las redes sociales, que hacen posible la información al instante de todo lo que está ocurriendo en el mundo; sin las nuevas tecnologías, que han eliminado el concepto de distancia entre dos personas para comunicarse por muy lejos que estén; sin internet, que ha propagado la divulgación del conocimiento por todo el mundo; sin esos avances de la Humanidad, el Estado Islámico no tendría el poder terrorífico que posee.

‘Al Ándalus 2.0’ es la mejor definición que puede encontrarse para definir esa paradoja del destino, esa burla cruel, que los terroristas obtengan su poder gracias a los avances de un progreso que quieren exterminar. El terrorismo del Estado Islámico es global porque convierte en simultáneo para millones de personas en todo el mundo el miedo atroz de unos cuantos, corriendo despavoridos por las Ramblas de Barcelona, mientras alguien, desde un balcón, graba las imágenes con su móvil y las cuelga en la red. Pero tras la angustia, siempre llega la reafirmación, la determinación: “No tenemos miedo”, 'no tenim por'.

Pero de nada os servirá la invención de este terror globalizado porque nunca tendréis Al Ándalus. Lo que nunca se dice en esos vídeos que se propagan por las redes sociales, malditos bastardos, es que sois vosotros los que representáis lo peor de Al Ándalus. De aquella mítica tierra, vosotros sois los herederos exclusivos del odio y del rencor, de la barbarie, de la represión. Los que persiguieron y desterraron a Averroes, uno de los intelectuales más influyentes de toda la Edad Media, filósofo, matemático, médico, astrónomo, nacido en Córdoba, la capital del Califato.

El fanatismo religioso que hoy representa el Estado Islámico lo condenó al exilio hasta su muerte y quemó sus libros. Como a Maimónides, príncipe de médicos, teólogo de referencia que aún persiste, nacido en la comunidad sefardí de Córdoba, perseguido y humillado hasta el exilio por la misma intransigencia que quiere extender el Estado Islámico por toda la tierra. El odio que cegó sus vidas condenó también a Ibn Gabirol, filósofo y uno de los mayores poetas de Al Ándalus, y lo persiguió hasta una tumba lejana, igual que le ocurriría después a Al Mutamid, el rey poeta del reino de Sevilla. De la larga historia de Al Ándalus, el Estado Islámico es heredero solo de la muerte, de la destrucción, de la incultura, del odio, de la tiranía. A ese Al Ándalus, y no al de crisol de culturas y religiones, es al que quieren volver y someter a toda la humanidad.

Solo hay una posibilidad de que el terror acabe triunfando, y eso también tenemos que saberlo: que el espíritu acomodaticio y displicente que tantas veces se adivina en Occidente acabe destruyéndonos a nosotros mismos, abriendo las puertas de la barbarie. Por eso nunca debemos olvidar lo que nos dejó dicho un historiador y filósofo americano, Will Durant, porque no existe otra verdad en toda la historia: “Una gran civilización no es conquistada desde fuera hasta que no se ha destruido a sí misma desde dentro”.

Conservemos la enorme fortaleza de nuestros valores, nuestros principios, no confundamos jamás la tolerancia con la dejadez, que nadie nos haga creer que la democracia no tiene vallas ni límites, que nadie nos convenza de que el respeto consiste a veces en mirar para otro lado, que la igualdad también existe en la sumisión. Cuidemos la muralla inexpugnable de nuestra libertad, de nuestros derechos, porque solo así se combate la amenaza, solo así estaremos seguros de vencer y de poder gritarles siempre que de nada valen las proclamas, ni las amenazas, ni la sangre derramada, porque nunca, malditos asesinos, nunca, tendréis Al Ándalus.

[Y mientras tanto, sobre el minarete más esplendoroso de Al Ándalus, la Giralda de Sevilla, vestida de luto, las campanas tañían, graves y tristes, su lenta melodía de duelo por las vidas segadas una tarde de verano en las Ramblas de Barcelona.]

El Islam, Cataluña y la destrucción de Occidente
Ignacio Blanco Gaceta.es 21 Agosto 2017

Los catalanes son gente extraordinaria. Cataluña sigue siendo, de momento, una potencia socioeconómica de primer nivel, pese a estar sometida a un descomunal ejercicio de destrucción del sistema de vida occidental, único garante de las libertades individuales.

Instituciones copadas por personas que quieren acabar con nuestra forma de vida, una prensa manipuladora, una izquierda funcional a los terroristas, una clase política muy mejorable y unos asesinos malcriados en occidente al calor del estado del bienestar.

La destrucción de occidente pasa por Cataluña
Es evidente que en Cataluña se está fraguando un gran experimento para acabar con el tipo de vida occidental que tanto bienestar nos ha dado a todos. En Cataluña, tras la deriva de CIU hacia el nacionalismo radical, el poder político y las instituciones están en manos de independentistas, comunistas, ecologistas, feminazis, islamistas, amigos de terroristas y odiadores de turistas. Todos ellos enemigos del modo de vida occidental. De ahí, el milagro catalán solo puede ser explicado por el quehacer diario de millones de catalanes que tratan de salir adelante a pesar de sus políticos y de sus instituciones.

El turismo no es terrorismo, como gritan los frívolos niñatos pincha ruedas de Arran. Las empresas y empresarios no son terroristas, como señala el subvencionado Podemos o el inefable Antonio Maestre. El terrorismo es terrorismo, como muchos funcionales al totalitarismo de izquierdas descubrieron el pasado 17 de agosto, sobre los cuerpos de hombres, mujeres y niños, algunos de ellos turistas perseguidos por la turba de recolectores de bayas y copas menstruales de la CUP y Arran. Unos miserables que culparon del atentado al “capitalismo”, pues su objetivo no es acabar con el terror, sino usarlo para acabar con nuestro modelo de sociedad que tanto odian.

Cataluña es la comunidad autónoma más islamizada de España. No ha sido una decisión voluntariamente aceptada por los catalanes, sino una estrategia de sus políticos que veían con mejores ojos la inmigración árabe a la hispana. Era mejor que los nuevos vecinos no tuvieran lazos afectivos con España, como idioma o religión. Esto es ingeniería social, pues no es la propia población y los naturales movimientos migratorios los que determinan el mix social, sino el dirigismo político. El resultado es que Cataluña duplica en población musulmana la del resto del país y es la comunidad autónoma donde las fuerzas de seguridad han desarrollado un mayor número de intervenciones yihadistas.

El atentado podría haberse producido en cualquier ciudad de España, pero el objetivo de los terroristas es hacer el mayor daño posible y han elegido Barcelona. Unos terroristas que conocen de la división de la sociedad catalana instigada por sus políticos, preocupados por frivolidades, adormecidos por la ingente cantidad de recursos públicos que manejan y en constante incumplimiento de la legalidad. Unos políticos que desoyen las indicaciones de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado para proteger las zonas más visitadas. Una ciudad en la que los radicales de izquierdas banalizan el terrorismo cuando lo asimilan al turismo. En fin, un objetivo perfecto para estos locos asesinos.

El Islam y el Terrorismo
En los últimos meses, los europeos hemos sufrido atentados cometidos por musulmanes en Niza (84 muertos), Londres (13 muertos), Hamburgo (1 muerto), Estocolmo (5 muertos), Linz (2 muertos), Manchester (22 muertos), Berlín (12 muertos), Bruselas (32 muertos), dos atentados en París (142 muertos), el de Sant Petesburgo (15 muertos) y el más reciente, que no será el último, Barcelona (14 muertos).

En el mundo, sólo en 2017 se han producido 5.224 muertes por ataques terroristas, que en su práctica totalidad son perpetrados por personas que se dicen musulmanas. La progresía internacional apunta que las causas de todo ello es la pobreza, el malvado capitalismo o el cambio climático, si bien no son capaces a explicar porque muchos de estos atentados son cometidos por segundas generaciones educadas y atendidas con subsidios europeos, ejecutados por personas que no pertenecen a los estratos sociales más desfavorecidos o porqué se da siempre el nexo común con el Islam, habiendo zonas del mundo tanto o más desfavorecidas económicamente como aquéllas de mayoría musulmana de cuyos pobladores no se conoce atentado terrorista alguno. También se nos argumenta que el mayor número de muertos se produce entre musulmanes y en países de mayoría musulmana, como si eso justificara una sola muerte en Europa. Pero en todo caso, resulta evidente que la solución no pasa porque Europa sea mayoritariamente musulmana, pues por esa regla de tres tendríamos aun más atentados de musulmanes en nuestros países.

Un parámetro que se repite en todos estos atentados es que los asesinos, en la mayoría de las ocasiones, son chicos criados en occidente, sostenidos con ayudas públicas, que han disfrutado de educación y asistencia sanitaria gratuita, ayudas al alquiler y todo lo que ofrecen nuestros generosos políticos con nuestro dinero. ¿Qué más ayudas hay que darles?. Estos chicos son segundas generaciones, no son devotos religiosos aunque así lo puedan creer ellos, son personas con muy pocas luces, que en muchos casos ya habrían delinquido con anterioridad en delitos vinculados con las drogas, la prostitución, el maltrato o el robo, entre otros. Son fracasados sociales en occidente por sus propios actos, muy simulares a los infieles, hábilmente captados por los ideólogos del terror para darles la última oportunidad de ser alguien. Estos asesinos de niños, no son más que carne de cañón para los ideólogos del terror. Son material de desecho impuro, que tras haber sido criados en occidente, son utilizados y abandonados aprovechando su debilidad mental.

Cuando alguien mata o muere matando en nombre del Islam, es conveniente hacerle caso de lo que dice. No matan refiriendo su pobreza, no matan refiriendo al malvado capitalismo, no matan reclamando una mejora de la capa de ozono, matan a infieles por mandato de su libro sagrado. Alguien que pierde la vida voluntariamente para matar a un niño inocente, en nombre del Islam, no requiere de interpretaciones. Estas interpretaciones sólo sirven para blanquear el asesinato y defender un multiculturalismo que pone en peligro a todo occidente por parte de unos temerarios políticos que nunca sufren las consecuencias del radicalismo que alimentan. ¿Cuántos dirigentes políticos han sido víctimas de alguno de los atentados en suelo Europeo?.

Estos políticos cobardes, tienen más miedo a los independentistas que a los terroristas. Tienen más miedo a desplegar el ejército en Cataluña y el País Vasco para protegernos a todos, que a las consecuencias de otro ataque terrorista. Esos políticos cobardes saben que no los atropellará un musulmán malcriado en occidente, pero saben de las reacciones de los políticos nacionalistas ante el despliegue militar y prefieren su bienestar al de sus ciudadanos.

Una prensa manipuladora y la censura
La polémica inmediata a los atentados ha sido tratar de evitar las imágenes de las consecuencias de tan atroz acto criminal, como si obviarlas redujera la tragedia. Si al niño Aylan había que mostrarlo ahogado tumbado boca abajo en la orilla de la playa a la que quiso llegar con su familia, para remover conciencias occidentales sobre el drama de la inmigración, a pesar que nadie deseó la muerte de esa criatura, la progresía nacional no quiere que se muestren imágenes de niños occidentales muertos en el centro de Barcelona, no vaya a ser que se remuevan demasiado las conciencias frente a la barbarie islamista. Sólo las imágenes que puedan dañar a occidente son útiles.

Las imágenes son necesarias para mostrar la crueldad de quienes nos quieren muertos a nosotros y a nuestras familias. Las imágenes fueron fundamentales para condenar el holocausto. La imagen y la verdad son los peores enemigos de los totalitarios.

El periodista de esta casa, Rafael Nuñez, evidenció la nauseabunda manipulación de Televisión Española, en un vídeo emitido por la televisión pública que pretendía mostrar una manifestación contra el terrorismo de musulmanes con abrigos y bufandas en pleno mes de agosto en Barcelona. Una manifestación que nunca tuvo lugar y que es probablemente el ejercicio periodístico más repugnante que recuerdo.

La solución al terrorismo islámico
No todos los musulmanes son yihadistas, pero todos los yihadistas son musulmanes.

La solución al terror musulmán, sólo puede venir desde dentro, como dice Ayaan Hirsi Ali. Una valiente mujer, amenazada de muerte, que pasó de militar en los Hermanos Musulmanes a ser la más famosa crítica del Islam. Una mujer que dice que “La violencia forma parte del islam y ningún musulmán puede rechazarlo”.

Existen reformadores y musulmanes moderados que abogan por la interpretación de un libro escrito hace 1.400 años, que refiere literalmente la muerte del infiel y la recompensa divina por ejecutarlo. Algún musulmán se defiende diciendo que el Corán prohíbe la muerte del inocente, pero el infiel, entendido como aquel que no profesa esta fe religiosa, no es inocente y por lo tanto debe ser ejecutado.

Estos reformadores deben ser apoyados por occidente, pero no se les apoya cuando se dice que el Islam es paz. Estas afirmaciones son falsas y sólo hacen más fuertes a los salvajes. El comunismo no se derrotó en Europa calificándola como ideología de paz.

La mayoría de los musulmanes son pacíficas personas que quieren lo mejor para sus familias, pero como sabemos todos, las mayorías pacíficas y silentes, son irrelevantes, cuando no cómplices.

La religión islámica somete a una enorme disyuntiva a sus creyentes, pues el modo de vida occidental es incompatible con la literalidad del Corán. El mismo Corán que leen los terroristas, las mismas frases que usan para justificar sus asesinatos, son las mismas que leen el resto de musulmanes, que no queriendo ser violentos, no pueden renegar abiertamente de los violentos pues efectivamente su libro sagrado dice lo que dice y, a diferencia de la Biblia, el Corán no puede ser objeto de interpretación a pesar de haber sido escrito hace 14 siglos.

El mundo musulmán está lastrado por una religión que le ha impedido mantener el avance cultural, económico y tecnológico de occidente, un avance basado en la libertad individual incompatible con el Islam, tal y como es concebido hoy en día.

Debemos se intolerantes con la intolerancia. Debemos rechazar aquél que no respeta nuestra forma de vida, quién siendo acogido y ayudado pretende hacernos daño. Debemos poner fin a los predicadores del odio.

Lamentablemente tendremos que volver a encender velas, dejar ositos y cantar imagine, muchas veces, pues la política del apaciguamiento de los Acuerdos de Múnich no funcionó con Hitler y no funcionará con los musulmanes radicales. Nuestros Chamberlain y Daladier, esperan que el cocodrilo se coma a otro, pero el cocodrilo solo entiende la razón del rifle y si tu solución son velas, música y buenas palabras te devorará.

Terrorismo yihadista: la conjura de los bolardos
La guerra contra el terrorismo es una guerra ideológica. Y de ahí que el núcleo de la respuesta esté en la necesidad de controlar y perseguir a los agentes radicalizadores
Carlos Sánchez El Confidencial 21 Agosto 2017

Cuenta Borges en su impagable 'Historia universal de la infamia' cómo, en 1517, el padre Bartolomé de las Casas tuvo “lástima” de los indios que morían extenuados en los laboriosos infiernos de las minas de oro antillanas. Para evitar tanto sufrimiento, propuso al emperador Carlos V la importación de negros que sustituyeran a los indios en su fatigoso trabajo. Y, gracias a ello, sostenía Borges, el mundo conoce los blues de Handy, el tamaño mitológico de Abraham Lincoln, los 500.000 muertos de la guerra de secesión, la admisión del verbo linchar en la decimotercera edición del diccionario de la Real Academia Española o la “deplorable” rumba 'El manisero', además del candombe.

El terrorismo salafista-yihadista –una especia de tercera guerra mundial de baja intensidad– tiene algo del cuento de Borges. Presuntamente, está construido ideológicamente a partir de un buen número de errores históricos –el Acuerdo Sykes-Picot, la financiación ilegal de los talibanes para derrotar a la Unión Soviética en Afganistán, la lucha por la hegemonía política en Oriente Medio entre distintas facciones del islam, las guerras por controlar el subsuelo petrolífero o la invasión de Irak–, pero, muy al contrario de lo que describía el cuento del escritor argentino, se produce en un contexto muy diferente. Las democracias más avanzadas, con los estándares de mayor calidad de vida del planeta, son golpeadas por procesos de radicalización de terroristas que no solo ignoran y desprecian la historia, sino que pretenden recuperan valores anacrónicos. Una especie de regreso a la Edad Media.

De hecho, el terrorismo yihadista que sufre Europa a manos de jóvenes nacidos en su propio territorio no responde a la existencia de unas condiciones socioeconómicas objetivas capaces de espolear un proceso de cambio político radical, en última instancia la causa principal de las transformaciones sociales. Ni siquiera existe un patrón de comportamiento cultural que permita explicar su aberrante conducta. La clave, como han puesto de manifiesto multitud de estudios, reside en la existencia de agentes de radicalización yihadista –el cordón umbilical que les une con el terror– que influyen de forma despiadada sobre jóvenes que viven en la marginación o en guetos, aunque no en todos los casos. Y que encuentran en el terrorismo su razón de ser. Un agarradero existencial sostenido bajo el mito de Al Ándalus.

Eso explica que solo una minoría de los musulmanes –preferentemente de segunda o tercera generación– se adhieran a una versión violenta del salafismo, mientras que la inmensa mayoría se integra en sociedades desarrolladas que, además, son extremadamente permisivas con sus particularidades, ya sea a través de un modelo multicultural (Reino Unido) o de integración (Francia), ahora en profunda en revisión.
Singularidad geográfica

Es decir, en contra de lo que suele creerse, el terrorismo de origen yihadista no es uniforme ni es proporcional a la población musulmana residente, salvo en el caso de Ceuta y Melilla por su singularidad geográfica. El 76,7% de los yihadistas detenidos en España procede de las áreas metropolitanas de Barcelona y Madrid, más las dos ciudades norteafricanas, pero en esas zonas solo reside la tercera parte de la población musulmana llegada a nuestro país.

El único perfil común es que se trata de terroristas con escaso nivel de estudios y, como consecuencia de ello, con empleos de nula o escasa cualificación. Y en este sentido, el hecho de que los atentados de Barcelona y Cambrils hayan sido generados por inmigrantes de segunda generación –todos tienen menos de 25 años– no es más que una preocupación adicional. No hay que olvidar que las primeras oleadas de inmigrantes llegaron en primer lugar a Cataluña en los años 90. Por lo que, como ha dicho el general Ballesteros, director del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), solo cabe esperar en los próximos años un aumento del terrorismo de segunda generación. No es caer en la frustración, es describir la realidad.

La geografía del terrorismo, incluso, es hoy un rompecabezas incompleto difícil de interpretar en el que aparecen bolsas sociales con mayor o menor probabilidades de cometer atentados, pero que, en ningún caso, explican un patrón general de conducta. Y en este sentido, es probable que la prensa haya magnificado el ‘efecto Molenbeek’, la relación entre condiciones de vida y terrorismo, cuando lo determinante, a medida que se conoce mejor la naturaleza del terrorismo yihadista, es la expansión de determinadas ideologías que encuentran su caldo de cultivo en esos barrios degradados y con altas tasas de desempleo. Pero que no son la causa del terrorismo, sino la consecuencia del fanatismo ideológico. De hecho, la mayor de las pobrezas en cualquiera de esos barrios degradados de Europa es al menos similar a una confortable vida en muchos lugares del planeta.


Es decir, que es la ideología lo que corrompe, y de ahí que, por primera vez desde que se configuró el derecho penal moderno, las legislaciones nacionales estén comenzando –España ya lo ha hecho– a condenar penalmente a los que usan la palabra para aterrorizar o para reclutar adeptos creando fronteras interiores. Una especie de criminalización de determinadas ideologías que fomentan la xenofobia o la violencia. Incluso, con carácter previo a la materialización de la conducta. Algo que hasta hace muy poco se consideraba una anatema y que iba contra una determinada concepción del derecho penal desde el siglo XVIII. Pero lo cierto es que también con la palabra se puede delinquir.

Malestar identitario
Los procesos de ‘autoradicalización’, de hecho, son marginales, como han reflejado muchos estudios, lo que sitúa la carga de la prueba entre aquellos reclutadores que suministran munición ideológica, fundamentalmente el entorno familiar, las comunidades religiosas o las redes sociales, que contribuyen a construir una retórica política que florece en la indigencia intelectual. Una retórica que lleva a construir un ‘malestar identitario’ carente de cualquier racionalidad, levantado sobre símbolos capaces de sustituir a los estados fallidos.

Los investigadores Reinares, García Calvo y Vicente han estimado que una gran mayoría de los detenidos en España entre 2013 y 2016 por actividades relacionadas con el terrorismo yihadista se radicalizó en compañía de otros individuos. Así fue, para casi nueve de cada diez de ellos, lo que supone el 86,9% de los casos. Las mezquitas y los imanes, en este sentido, juegan un papel fundamental y de ahí que en la concentración de la plaza de Cataluña del pasado viernes se echara en falta una mayor presencia visual de las comunidades islámicas. Ahí está el núcleo de la acción preventiva del Estado.

Ahora bien, la brutalidad de los atentados terroristas no es incompatible con la existencia de una ideología sutil destinada a lavar cerebros. Como han puesto de relieve algunos estudios, menos del 5% de la propaganda del Daesh tiene un carácter violento, lo que significa que el 95% restante se centra en el victimismo, la misericordia y la construcción del califato como instrumento para aplastar al ‘opresor’. Algo que refleja la existencia de una cierta supremacía de valores que engancha a jóvenes que se sienten apátridas en su propio territorio.

Como ha señalado el coordinador antiterrorista de la UE, Giles de Kerchove, el peligro para la seguridad ya no son los combatientes terroristas retornados de Siria o Irak a medida que son expulsados de esos territorios –de hecho, ninguno de los terroristas abatidos en Cataluña había viajado jamás a los territorios controlados por el Estado islámico–, sino los individuos que se radicalizan sin que consten antecedentes criminales o indicios previos de radicalización.

Algunos estudios sostienen que incluso en el caso de los individuos autoradicalizados, ha existido previamente una dirección exógena o algún tipo de incitación por parte de mentores externos. Ahí es donde hay que seguir actuando, y no tanto en los bolardos. Es el tiempo de los imanes y de las mezquitas y de un mayor compromiso por parte de los entornos familiares. Incluso, con responsabilidades penales. La seguridad del Estado debe hacer el resto.

Vuelve la islamofobia
Alejandro Inurrieta www.vozpopuli.com 21 Agosto 2017

Es difícil ponerse a escribir con tanto dolor en el alma. Lo sucedido en Barcelona, sin embargo, no deja de ser un pequeño grano de lo que diariamente sucede en multitud de países musulmanes, pero a lo que apenas prestamos atención. Todos los días vuelan por el aire miles de musulmanes asesinados por los yihadistas, financiados eso sí por nuestros aliados en Arabia Saudí, quienes veneramos y agasajamos cada vez que los Reyes u otras autoridades necesitan jugosos contratos para nuestras empresas.

Los terribles atentados en Barcelona no son más que una mínima expresión de lo que ocurre todos los días en el mundo árabe
Esta circunstancia refleja perfectamente la hipocresía de Occidente, esa sociedad opulenta que usa su supuesta posición dominante para ejercer de policía y vigía de las esencias de nuestra cultura y modo de vida. Bajo este falso paradigma se han vuelto a reabrir el tarro de los mejores valedores de la cultura occidental, frente al islamismo opresor que pretende arrebatarnos nuestro sagrado elixir de sociedad blanca, pura y sin mestizajes. Este alarde de ignorancia, racismo y xenofobia ha tenido momentos estelares en las redes sociales, con actores de reparto tan reprobables como el pseudo cantante José Manuel Soto o periodistas como Alfonso Rojo o Isabel San Sebastián que incluso han llamado a la guerra santa contra los árabes que viven en España.

El 80% de los muertos por terrorismo yihadista son musulmanes
Esta falta de conocimiento de la historia, mezclado con odio visceral es un coctel mortal para una sociedad que se dice democrática y que trata de preservar la sangre fría ante el horror indiscriminado. Las falsas acusaciones de que estos terroristas tratan de aniquilar a Occidente cuando el 80% de las muertes en atentados yihadistas se producen entre población musulmana debería hacer reflexionar a quienes la bilis y la falta de cerebro les nubla la vista a la hora de soltar soflamas sobre el inicio de la guerra santa.

La falsa idea de que tratan de aniquilar el modelo occidental solo busca crear un sentimiento islamófobo
Este fenómeno es complejo y tiene muchas aristas, por lo que no cabe reducirlo al simplismo de quienes utilizan las redes y los micrófonos públicos para encender las vísceras ciudadanas al calor de los muertos heridos por tamaña barbarie. Por un lado, hay cierto consenso que gran parte del terror que vivimos hoy se origina en los errores de las invasiones de Irak y Afganistán. Aquí los responsables son conocidos, y las consecuencias de tener un Estado fallido en dichos países explicaría una parte de lo que hoy es el mal llamado Estado Islámico. El sueño de un califato que aglutine a todo el islam, incluido Al-Ándalus ha podido encumbrar a jóvenes a lanzarse a la guerra contra el invasor, y aquí estamos casi todos, pero no parece suficiente explicación para subvertir todo el frágil equilibrio que existía en la zona.

El fenómeno es muy complejo y puede tener su origen en la política internacional de invasión de Irak y Afganistán
Es precisamente la parte económica la que menos se analiza, ya que los actores involucrados son poderosos y seguramente ayudan a Occidente a mantener la opulencia. Una de las pruebas de todo ello es que Arabia Saudí no es atacada nunca, porque probablemente es la que, junto a otros estados de la zona, financia a Daesh, mientras que el resto de países Occidentales, entre los que nos encontramos, engordamos los arsenales, haciendo bueno el dicho de Felipe González: gato blanco o negro, lo importante es que cace ratones.

El apoyo económico de Arabia Saudí es clave para entender su extensión y sostén
En este silencio participan todos los países occidentales, pero también los grandes medios de comunicación, incluidos los públicos, que prefieren tener en nómina a personas que exaltan la islamofobia, que denunciar e investigar quién financia a los terroristas que acaban matando a occidentales, en una pequeña minoría, pero sobre todo a musulmanes en casi toda la tierra.

Hoy nos llenamos de dolor, de rabia y de solidaridad, pero mañana volveremos a la rutina de la venda, y seguiremos asistiendo al circo de mentiras y medias verdades que hay detrás del terrorismo internacional. Volveremos a vender armas a los supuestos buenos, que acabarán en manos de los malos, las empresas más grandes, con apoyo de Gobiernos y Casas Reales, seguirán haciendo pingues negocios con la monarquía saudí, incluyendo comisiones sospechosas, hasta que llegue el próximo zarpazo. Entonces se activará, de nuevo, el protocolo que nos tienen escrito y que nosotros compramos. Lloraremos a nuestros seres queridos, sentiremos pena por nuestros semejantes unos días, se alzarán voces contra el islam, y el circuito económico no parará.

La hipocresía occidental es manifiesta, llorando a los muertos y apoyando su financiación mediante alianzas con los saudíes
Lo más triste, junto a la muerte de inocentes por supuesto, es la sensación de que no hemos aprendido nada sobre nuestra historia, no sobre nuestro origen, que seguimos mirando al diferente con odio, tal vez por miedo a ser engullido por la globalización. Es cierto que es una minoría la que alza la voz y recuerda la supremacía aria, pero muchas de estas voces tienen altavoces muy potentes, lo que podría desencadenar en una epidemia entre tanta gente que apenas lee el Marca o se informa en redes sociales.

En suma, hay que llorar a los muertos, hay que solidarizarnos con tantos inocentes, aquí y en Bagdad o Yemen, pero también hay que alzar la voz ciudadana contra los que se están lucrando haciendo negocios con la dictadura saudí y que son protegidos por el velo de lo políticamente correcto que invade nuestra sociedad. Tengamos memoria y fuerza para cambiar el relato que se nos impone desde las alturas, y despreciemos a quienes nos lo falsean diariamente. El terrorismo lo cometen las personas, no las religiones, pero éstas siempre tienen un apoyo económico y logístico, y este apoyo está muy cerca de nosotros y tiene nombre y apellido. Solo hay que tener el valor de denunciarlo y boicotear su consumo.

Autonomías y algo de historia
Juan Chicharro Republica 21 Agosto 2017

Asisto con curiosidad a una conversación habida en un bar entre algunos obreros de la construcción a propósito de lo que en esos momentos transmite la TV sobre la abultada deuda pública que cierne sobre nuestras cabezas. Se les nota preocupación y no me resisto a intervenir explicando que en mi opinión hay una solución a todo esto y no es otra que la modificación del Estado Autonómico. Para mi sorpresa noto que asisten con interés cuando les digo que el coste real de una Administración tan descentralizada y con enormes duplicidades, redundancias y excesos cuesta anualmente entre el 0,7 y el 2,3% del PIB nacional, que el mapa autonómico español, dividido en 17 comunidades y en dos ciudades autónomas, ha degenerado en una administración tremendamente costosa para el ciudadano incurriendo en numerosas duplicidades que no solo incrementan su coste, sino que tampoco demuestran realmente su eficiencia para nada.

Y es que, los desmanes, despilfarros y gastos superfluos son a veces muy llamativos, fruto de una tendencia cada vez mayor a crear organismos que ya pre-existían a nivel estatal : Defensores del pueblo, Cámaras o sindicaturas de Cuentas, defensores del menor, consejos consultivos, institutos de estadística, consejos de consumo, agencias de protección de datos como las que ya existen en Cataluña, Madrid o País Vasco, embajadas autonómicas en el exterior, institutos de Meteorología, un sinfín de observatorios de muy variado pelaje…

Un coste que está creando un sistema “parasitario” que está generando “gravísimos” daños económicos a nuestra nación. Y es que para pagar todas estas alegrías es necesario el endeudamiento creciente y un sistema fiscal sangrante. Lo malo de todo esto es que lamentablemente en nuestro sistema político imperante aquellos que tendrían que dar solución a este desaguisado no lo van a hacer por la sencilla razón de que sería para esta clase política hacerse simplemente el “harakiri”.

Mis contertulios de la construcción asienten a mi razonamiento y se muestran perplejos de cuanto les expongo lamentándose de que no encuentren movimiento político que proponga algo al respecto. Les respondo que los hay, si bien minoritarios y sin voz ya que ésta está apagada por un sistema partitocrático que sólo responde a sus intereses y no al del interés general de los españoles.

En fin, ya de vuelta a casa, no puedo por menos que adentrarme en la historia y recordar los detallados trabajos que sobre la España Califal realizaron los historiadores Juan Ortega Rubio y Ramón Menéndez Pidal a propósito de los reinos de Taifas. Lectura que me lleva irremediablemente a ver, pese al tiempo transcurrido, grandes similitudes con la España actual.

Recordemos:
Hace 1000 años, allá por el siglo X, tres cuartas partes de la península ibérica constituían el Califato de Córdoba, sin duda la época de máximo esplendor político, comercial y cultural de Al- Ándalus.

El apogeo del Califato se debió a una considerable capacidad económica que se basó en un floreciente comercio expansivo y en una industria artesana muy importante, así como la creación y establecimiento de unas técnicas agrícolas mucho más desarrolladas que en cualquier otra parte de Europa . Esta economía se basó también en una moneda cuya acuñación tuvo un papel muy importante en el aspecto financiero. Sin duda el Califato constituía la primera economía comercial y financiera de la Europa de la época.

Su capital, Córdoba, que rondaba casi el millón de habitantes fue en esa época una de las ciudades más importantes del mundo y referencia comercial, artística y financiera. Otras ciudades importantes también lo eran Toledo, Zaragoza, Valencia o Almería. La capital, Córdoba, contaba con unas 1600 mezquitas, alcantarillado, trescientas mil viviendas, innumerables baños públicos y ochenta mil comercios. Tenía universidad, una prestigiosa escuela de medicina y contaba con más de 60 bibliotecas.

En boca del eminente geógrafo Ibn Hawkal recogemos que “la abundancia y el desahogo de la vida, el disfrute de los bienes y medios para adquirir los bienes eran comunes a grandes y pequeños, pues estos beneficios llegaban a todos los estratos sociales, incluso a obreros y artesanos, gracias a a las imposiciones ligeras y a la excelencia del país”.

El apogeo del Califato cordobés fue posible, fundamentalmente, por su capacidad de centralización fiscal que gestionaba las contribuciones y rentas del país: impuestos territoriales, peajes, diezmos, tasas aduaneras….etc, posibilitando una acción de gobierno eficaz y eficiente.

Sin embargo, la naturaleza humana es la que es y luchas políticas internas por el poder, debidas a intereses particularistas, propiciadas por jefes ambiciosos sin consideración alguna por los intereses generales del pueblo propiciaron una desintegración paulatina del Califato y que dio origen a lo que conocemos históricamente como los reinos de taifas .

Las razones u origen de la fragmentación del Califato son achacables a factores tales como la debilidad de la institución califal, las intrigas de los grupos políticos y étnicos ligados a la administración, el afán de liberarse de los tributos debidos a Córdoba, la no existencia de una unidad lo bastante fuerte para contener la disgregación político-social, la ausencia de interés en mantener la eficiencia de un gobierno central y finalmente al esfuerzo de la aristocracia árabe por recuperar su influencia pérdida en la época de Almanzor.

En el año 1009 un golpe de estado derrocó y asesinó a Abderramán Sanchuelo, hijo de Almanzor, propiciando una guerra civil que culminó en 1031 con la conversión del Califato en una república y la desintegración de éste. En medio del desorden total se independizaron las provincias que conformaban el Califato y se constituyeron las taifas de Almería, Murcia, Alpuente, Arcos, Badajoz, Carmona, Denia, Granada, Huelva, Morón, Silva, Tortosa, Zaragoza, Valencia y Toledo. Cada una de ellas con sus gobiernos locales respectivos.

La caída del Califato supuso la pérdida de hegemonía de Al-Andalus en el mundo de entonces y la ruina absoluta de la Nación.

El descalabro del Califato se manifestó en la sociedad andalusí en un clima de división social y político en el que cada una de las taifas velaba por sus intereses económicos particulares rivalizando entre ellas y que ocasionó en el campesinado y artesanado un empobrecimiento paulatino, toda vez que las ansias de los particulares reyezuelos impusieron unos impuestos extraordinarios y crecientes que acabaron esquilmando al pueblo.

Esta situación llevó a la ruina al otrora todopoderoso Califato.

Hasta aquí historia pura, y detallada, si bien sintetizada como es obvio.

Y supongo que si Vd. ha leído estas líneas no habrá podido extraerse, como me ha pasado a mí, a comparar aquella situación con la actual por la que atraviesa nuestra Patria. Tal parece que la historia se repite inexorablemente. O, ¿no?

Estudio de Convivencia Cívica
Cataluña es la comunidad que más dinero recibe para la financiación de su autonomía
www.latribunadelpaisvasco.com 21 Agosto 2017

Cataluña es la comunidad autónoma que recibe más recursos del modelo de financiación autonómica, con 20.134 millones de euros. Le siguen Andalucía con 19.680 millones, la Comunidad de Madrid con 15.000 millones y la Comunidad Valenciana con 11.248 millones. Así se desprende de los resultados definitivos del sistema de financiación autonómica correspondiente a 2015, dados a conocer por el Ministerio de Hacienda y Función Pública y analizados por Convivencia Cívica Catalana.

En términos per cápita, ocho comunidades autónomas reciben recursos del sistema por habitante superiores a la media (Cantabria, La Rioja, Aragón, Extremadura, Galicia, Castilla y León, Asturias y Cataluña) mientras que otras siete (Castilla La Mancha, Baleares, Andalucía, Madrid, Canarias, Comunidad Valenciana y Murcia) se sitúan por debajo de ella.

Sólo dos autonomías son contribuyentes netas al sistema: la Comunidad de Madrid y Baleares. El resto de comunidades reciben del sistema una contribución positiva. Los resultados del vigente modelo de financiación autonómica, cuya negociación tuvo lugar en 2009 por el gobierno de Zapatero con el entonces tripartito catalán, muestran un cierto sesgo positivo hacia Cataluña en detrimento de otras autonomías como Madrid o Murcia.

El análisis realizado por Convivencia Cívica pone especial énfasis en un aspecto poco conocido: el modelo actual de financiación autonómica establece un plus de financiación para las autonomías con una lengua cooficial. Se trata de un aspecto ciertamente llamativo y que algunos analistas consideran hasta cierto punto discriminatorio. En concreto, debido a las negociaciones con ERC se incluyó en el sistema de financiación autonómica una partida de más de 230 millones de euros de financiación extra para las autonomías bilingües. El supuesto objetivo era coadyuvar a la ‘normalización lingüística’. El gobierno de Cataluña ingresa la mayor parte de esta financiación extra anual, con el 41% del dinero repartido, seguido por el valenciano con un 26% del total.

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Terrorismo y separatismo
EDITORIAL  Libertad Digital 21 Agosto 2017

Hasta la vida y la seguridad ciudadana son monedas de cambio en el tablero político español.

La gestión política e informativa de los atentados islamistas de Barcelona y Cambrils demuestra las consecuencias del absentismo del Estado durante años en Cataluña y que los separatistas están dispuestos a llegar hasta el final. Cuando uno o varios terroristas permanecen huidos y ni siquiera se sabe el número exacto de víctimas mortales, una cosa sí está meridianamente clara para los ciudadanos de Cataluña: la Generalidad no altera sus planes de ruptura. De hecho, la matanza de las Ramblas, el atentado de Cambrils y el desbarajuste general son el escaparate en el que la Generalidad exhibe la supuesta eficacia de una administración a la catalana que evidencia la superioridad funcional de la inminente república frente al obsoleto y protocolario Reino de España.

Que Cataluña esté en el foco mundial por unos ataques terroristas lejos de suponer un problema para el bloque separatista se ha interpretado como una oportunidad propagandista para difundir que Cataluña ya es un Estado de facto con una policía, los Mossos, y unos líderes, Puigdemont y el consejero de Interior Forn, que les dan sopas con hondas al Rey, a Rajoy y al ministro de Interior. Hasta la muerte en Cataluña es mejor. Igual que las chapuzas.

El presunto conductor de la furgoneta de las Ramblas supuestamente sigue huido, el laboratorio de drogas de Alcanar es ahora el polvorín del Estado Islámico en Cataluña, las mezquitas salafistas que no eran peligrosas ahora están en el punto de mira porque el inductor de los crímenes debió ser el imán de Ripoll, según los familiares de los terroristas, los bolardos no eran necesarios y el Ayuntamiento y la Generalidad preparan una manifestación a la que no va a ir la CUP, socios parlamentarios de Puigdemont y Junqueras, porque acusan al Rey y al capitalismo mundial de haber financiado los ataques. La barbaridad consiste en que ni el PDeCAT ni ERC, cuyos prebostes conversaban en pose distendida con Rajoy, Sáenz de Santamaría y el mismo Felipe VI en la Sagrada Familia, no han objetado nada.

No es la Generalidad ni sus altos cargos quienes van a chocar con el Estado, sino la ciudadanía, irremediablemente dividida, conmocionada y abandonada a su suerte porque tras los ataques el Gobierno se pliega a la exigencia de la Generalidad de que ni un solo soldado salga a la calle, estampa habitual en Londres, París y Berlín. Hasta la vida y la seguridad ciudadana son monedas de cambio en el tablero político español. Rajoy descarta sacar al Ejército y la Generalidad responde desmintiendo al ministro de Interior por medio de un comisario regional que insiste en que la Guardia Civil y la Policía Nacional no pintan nada en Cataluña.

De la casa de los horrores (y errores) de Alcanar
EDITORIAL El Mundo 21 Agosto 2017

Conforme avanza la investigación, se van conociendo algunos detalles que generan, cuanto menos, incertidumbre e inseguridad entre la ciudadanía. Es cierto que los únicos responsables de la matanza son los asesinos que la perpetraron, y que nuestras fuerzas de seguridad acumulan, por suerte para todos, una cadena de éxitos policiales que la han convertido en una de las más eficaces de Europa. También somos conscientes de que la seguridad absoluta no existe, menos aún cuando enfrente tenemos a un enemigo radicalizado que ha dictado sentencia de muerte no sólo contra todos los que no comparten su visión radical del islam, sino contra los valores sobre los que se sustentan nuestras sociedades libres, abiertas y democráticas. Pero estremece pensar que, si se hubiese superado la falta de coordinación o se hubiese estado más alerta a la hora de interpretar algunos hechos, la matanza del jueves en Barcelona podría haberse evitado.

Ahora sabemos que el chalet de Alcanar que sirvió de base de operaciones a la célula organizada por el Estado Islámico (IS) era propiedad del Banco Popular, llevaba tiempo abandonado y desde al menos seis meses había sido ocupado por los terroristas. Los vecinos habían alertado a la inmobiliaria que lo gestionaba, pero en ningún momento fue denunciado. En la casa, los yihadistas habían acumulado 106 bombonas de gas, la mayoría de butano, aunque algunas contenían TATP, un explosivo usado por el IS denominado la madre de Satán, debido a su capacidad destructiva. Con todo este material, la célula yihadista pensaba provocar una auténtica masacre en Barcelona, que se frustró parcialmente por la explosión accidental que se produjo la noche del miércoles.

Ya supone una anomalía que ni la policía de proximidad (agentes locales y los Mossos d'Escuadra) advirtieran lo que estaba ocurriendo en el chalet. Pero más alarmante es aún que tras producirse la deflagración que dejó prácticamente en ruinas el edificio no se iniciara una minuciosa investigación y se diera por descontado que se trataba sólo de un escape de gas. A pesar, incluso, de que seis vecinos tuvieron que ser atendidos por heridas de diversa consideración. Es evidente que no se siguieron los mínimos protocolos de seguridad propios en una situación de alerta cuatro sobre cinco en amenaza terrorista. Tampoco se contó con la colaboración de la Guardia Civil o de la Policía Nacional, que atesoran una mayor experiencia en la lucha antiterrorista. Pero hay una sospecha aún más desalentadora que nos lleva a pensar que los mandos políticos de los Mossos, más preocupados en la forma en la que facilitarán el referéndum ilegal del 1-O, han descuidado sus obligaciones.

En el chalet de Alcanar, donde pudieron convivir hasta 12 miembros de la célula, se han encontrado restos de tres terroristas muertos. Algunos de ellos podrían pertenecer al imam de Ripoll, responsable de la radicalización de los jóvenes yihadistas. Abdelbaki es Satty había estado encarcelado por un asunto de tráfico de drogas. En la prisión de Castellón, de donde salió en enero de 2012, entabló una estrecha relación con un cómplice de los atentados de Atocha. Y sin embargo, el clérigo, que había sido repudiado por la comunidad musulmana, actuaba en España con total impunidad y sin ningún seguimiento por parte de los servicios de inteligencia. Gracias a la relajación en la seguridad, el imam organizó durante seis meses, la célula yihadista. Todo este cúmulo de errores deberían hacer reflexionar a los responsables de la lucha antiterroristas obligando a mantener un mayor nivel de alerta e intensificar la colaboración entre los diferentes cuerpos, autonómicos y nacionales.

Al evidente desquiciamiento de los separatistas
EDITORIAL El Mundo 21 Agosto 2017

El uso indecoroso que los independentistas están haciendo del atentado en Barcelona con la ciudadanía aún consternada y algunas víctimas aún sin identificar prueba hasta dónde llega el delirio de quienes han situado a Cataluña en el abismo político a costa de desatender los problemas reales de los catalanes. Convertir un atentado en un instrumento para hacer propaganda de la causa secesionista es sólo una muestra más de la forma burda de hacer política que se ha instalado en Cataluña.

El oportunismo del Govern ha quedado retratado en las palabras de su consejero de Interior, Joaquim Forn, distinguiendo entre víctimas catalanas y españolas o en la actitud de su consejero de Exteriores, Raül Romeva, presentándose en las televisiones extranjeras como ministro de Asuntos Exteriores de Cataluña.Una pretensión que, recordemos, ya fue tumbada por el Constitucional cuando prohibió llamar a su consejería Departamento de Asuntos Exteriores.

Acaparando así el protagonismo ha tratado de salir al paso el Govern del bochorno que ha supuesto para el president guardar las formas en los actos de Estado para condenar la masacre y homenajear a las víctimas. Una actitud que contrasta con la del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y el Rey, que han estado a la altura de las circunstancias y respaldados por la ciudadanía que recibió a Felipe VI al grito de "Visca el Rey".

Los socios de Puigdemont también se han desenmascarado. La CUP se plantea no ir a la manifestación de condena del próximo sábado si acuden Rajoy o el Rey. Su único afán es debilitar hasta destruir el Estado y la ley, aunque en este momento la ciudadanía reclame unidad frente al terrorismo.

Y el peso del yihadismo marroquí
EDITORIAL El Mundo 21 Agosto 2017

Los atentados de Barcelona y Cambrils han confirmado la amenaza que el yihadismo marroquí representa para España. De los cuatro detenidos en relación a la masacre, tres son marroquíes y uno español. Al igual que en Francia y Bélgica, el peso de radicales procedentes de Marruecos es muy superior al de otras nacionalidades musulmanas. Muchos son marroquíes que han pasado por Siria e Irak para combatir en la guerra que libra allí el Estado Islámico (IS) y ahora campan por Europa. Otros son hijos de emigrantes del país vecino que viven en España, las llamadas segundas generaciones. Los yihadistas son cada vez más jóvenes. De hecho, los detenidos tienen entre 21 y 34 años.

Según datos del Real Instituto Elcano, cuatro de cada 10 yihadistas tienen nacionalidad marroquí y otros cuatro son nacidos en España. Dentro de nuestro país, Cataluña -y en concreto la provincia de Barcelona- es la zona en la que más se han arraigado los radicales.

Esto pone de manifiesto la necesidad de que las autoridades deMarruecos colaboren de manera estrecha con Europa y en especial, con España, por su cercanía, para luchar juntos contra la barbarie terrorista. Esta amenaza común es un peligro para la propia estabilidad de Marruecos.

En este contexto, es una pésima noticia la decisión del rey Mohamed VI de indultar este sábado a 15 salafistas -la corriente del islam más radical- condenados por terrorismo. Con la sangre aún caliente de las víctimas de Barcelona, Rabat no ha elegido el momento más adecuado, aunque asegure que los indultados han participado en un programa educativo y han rechazado la yihad.

Atentado en Barcelona
¡Yo sí "tinc por", yo sí tengo miedo!

Jesús Cacho www.vozpopuli.com 21 Agosto 2017

Yo sí tengo miedo, y porque lo tengo pasé la tarde del jueves pegado al móvil hasta que logré contactar con mis hijas, vecinas de Barcelona, para asegurarme de que ellas y sus hijos, mis nietos, estaban a salvo de la barbarie terrorista que esa tarde asoló Las Ramblas. Miedo a la mentira de una información oficial que horas después de ocurrido el rally de la furgoneta asesina seguía insistiendo en la cantinela de “un muerto y decenas de heridos”, cuando los vídeos que ya circulaban por la Red daban muestra sobrada de la dimensión de la catástrofe. Miedo y estupor escuchando a los líderes políticos locales –Junqueras y Puigdemont, con el Ada madrina en medio- contando en catalán y sólo en catalán la película de lo ocurrido a los españoles en Radio Televisión Española. Ni una mención a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad de Estado, ni a España, ni al Gobierno de la nación. Sectarismo a palo seco, y caritas de miedo en Ada y sus muñecos, acojono, pánico al verse sobrepasados en su pequeñez por lo ocurrido “in Spain” desde el minuto uno para la comunidad internacional. Miedo e indignación al enterarnos de que la posibilidad de instalar bolardos en la Rambla y otros puntos emblemáticos de Barcelona para evitar un ataque terrorista como los ocurridos en Niza o Berlín fue descartada a finales de 2016 por la Generalidad, a pesar de la instrucción expresa en contrario enviada por el Ministerio del Interior en carta firmada el 20 de diciembre por el comisario general de la Policía.

La consellería de Interior consideró que lo oportuno era “incrementar la presencia policial durante toda la jornada”. Pero el terrorista no solo no encontró barrera alguna que le impidiera acceder a la Rambla desde la Plaza de Cataluña, sino que ningún Mosso estaba allí para impedirlo disparando a matar contra el conductor. ¿Dónde estaba esa “presencia policial” a las 5 de la tarde de un jueves de agosto, con la Rambla bullendo de turistas ociosos? ¿Alguien va a dar cuenta de este desafuero? ¿Alguien va a asumir su responsabilidad ante las 13 víctimas mortales? Miedo y rabia por la irresponsable, tal vez cabría decir criminal, política que en materia de inmigración ha seguido un nacionalismo catalán que, poco satisfecho en el fondo con sus “rufianes”, ha querido cerrar el paso a la llegada de inmigrantes de habla española para sustituirlos por musulmanes con la idea puesta en que estos, tierra fértil para la semilla del odio a todo lo español, terminarían mostrándose más proclives al discurso secesionista. El resultado es demoledor. Cerca del 40% de la población musulmana que vive en España está radicada en Cataluña (con especial preponderancia en Gerona), comunidad que acoge a la mitad de las mezquitas salafistas radicales existentes en el país.

Los 12 terroristas que integraban la célula de Ripoll responsable de los ataques en Barcelona y Cambrils no estaban en la lista de sospechosos, y no pocos de ellos han nacido en Cataluña. Todos gozan de las ventajas del Estado español, todos viven plácidamente, todos chupan de la teta de nuestro Estado Providencia, todos reciben seguro de paro y subvenciones, y educación y sanidad gratuita. Todos gozan de ayudas preferentes de una administración catalana que les trata con mimo, mientras las niega a catalanes que las precisan. Y todos quieren destruirnos. Miedo y monumental cabreo. Oigamos el saludo alborozado de la Ada madrina barcelonesa: “Frente a quienes construyen muros, alzan vallas e instalan concertinas, nosotros tenemos un mensaje: refugiados, refugiadas, sed bienvenidas”. O la admonición del estadista Pablo Iglesias: “Europa se ha gastado más dinero en elevar muros que en ayudar a los refugiados”. O la infantil algazara, entreverada de jolgorio, de Manuela Carmena, alcaldesa madrileña: “Yo aplaudía por aquellos que han saltado la valla desde Marruecos, porque sí, nosotros queremos que vengan con nosotros, y lo queremos de verdad, queridos amigos, porque son los mejores, los más valientes”. Welcome refugees.

La valiente muchachada de Ripoll trabajaba febrilmente en la preparación de un gran atentado con explosivos capaz de producir cientos de muertos, un nuevo 11-M con capacidad para superar ampliamente aquella carnicería. Miedo y alivio. Dentro de la tragedia, hemos tenido suerte, la suerte de que a los mal nacidos yihadistas asesinos se les cayera encima la casa de Alcanar (Tarragona) donde preparaban la matanza. Lo cual plantea algunas cuestiones elementales. ¿Por qué los fanáticos del islam radical eligen España para protagonizar sus mayores salvajadas? Porque lo tienen más fácil que en ningún otro país de la UE, más fácil incluso que en Bélgica. Es el camino abonado por el cambio de destino colectivo que expresamente buscó, y logró, la tragedia del 11-M, unido a la debilidad institucional, el efecto disolvente de la corrupción, la ausencia de liderazgos, la inanidad ideológica de una derecha perruna que se avergüenza de su condición, y la tragedia de una izquierda que desde Pablo Iglesias (PSOE) a esta parte se abraza a la bandera rojigualda unos días, mientras otros se limpia el trasero con ella.

Una sociedad infantilizada y propensa al miedo
Es el país que Javier Benegas y Juan Manuel Blanco describían en este diario hace ya un par de años (“La imparable infantilización de Occidente”). “El creciente infantilismo fomenta la difusión de miedos, esos temores inventados o exagerados que generan los reflejos distorsionados de la calle en la oscuridad de la habitación. Surge una 'sociedad del miedo', tremendamente conservadora, que en el cambio ve peligros, no oportunidades. Una colectividad asustadiza, víctima fácil del terrorismo internacional. Nunca fue el mundo tan seguro como en el presente; pero nunca el ciudadano medio vivió tan aterrado. Ni el intelectual tan temeroso de escribir lo que realmente ocurre. Una sociedad cobarde, insegura, que se asusta de su sombra, de lo que come o respira, que siente pánico ante noticias que, por definición, no son más que excepciones. Lo prueba la creciente atracción por el milenarismo: igual que en la Edad Media, los predicadores del Apocalipsis ejercen una singular fascinación, aunque sólo pretendan llenarse los bolsillos”. Una perita en dulce para el matonismo yihadista.

Basta ya de lamentos y mentiras piadosas. Basta de llantos. Hay que pasar al ataque. La sociedad europea está obligada a defenderse con la utilización de los medios legales que la democracia pone en manos del Estado (“el Estado como fuente exclusiva de legitimidad en el uso de la violencia”, según Weber), pero si Europa decidiera suicidarse a cámara lenta, los españoles de bien, que son mayoría, estarían obligados a exigir al Gobierno de la nación que declare la guerra al yihadismo con todas sus consecuencias, desde luego tomando las medidas pertinentes para expulsar del país a quienes nieguen el respeto debido a nuestra cultura y estilo de vida. Esta es una guerra en toda regla. “El terror es el orden del día”, que dijo el jacobino Danton en el cénit de su influencia. Lo acabamos de ver en Finlandia, y también en la Rusia de Putin. No caben paños calientes. Se trata de una guerra distinta, más complicada de ganar, más llena de peligros en tanto en cuanto los bárbaros no están a las puertas, rodeando las murallas de la ciudad, que ya están dentro y tienen sus cómplices, partidos que se sientan en el Parlamento de la nación, y toda esa ideología de izquierda rancia que reclama la otra mejilla cuando ocurre un atentado y apela a la unidad, y recuerda que el islam no es violento, y apunta con el dedo e insulta a quien osa decir lo contrario, a quien sostiene que ya está bien de discursos buenistas, ya está bien de engañarnos con la corrección política, con el consenso, con la impostada unidad. Ya está bien de intentar narcotizar al pueblo llano con el valor de esa mansedumbre con vistas al mar del suicidio colectivo de quien no sabe o renuncia a defenderse. Los únicos responsables del discurso del odio son los asesinos y no las víctimas cuyos cuerpos yacían el jueves al inicio de Las Ramblas. Ya basta. Es hora de pasar a la acción.

Defender con determinación y liderazgo, con coraje democrático, la vida de las personas frente a la barbarie que propone el islamismo radical. Los desafíos siguen siendo los mismos a través del tiempo. Viene a cuento el famoso discurso (“The Iron Curtain Speech”) pronunciado por Winston Churchill el 5 de marzo de 1946 en el que, apelando a la necesaria “constancy of mind, persistence of purpose, and the grand simplicity of decision shall rule and guide our conduct” apunta al corazón del desafío que la extinta URSS proponía al mundo libre: “Por lo que he visto de nuestros amigos y aliados rusos durante la guerra, estoy convencido de que no hay nada que admiren más que la fuerza, y nada que les produzca menos respeto que la debilidad, especialmente la militar”. No hay nada que envalentone más al yihadismo radical que la debilidad de nuestras narcotizadas sociedades occidentales. Se trata de proteger la vida y la libertad del hombre corriente que quiere vivir sin miedo. Protegerlas hacia afuera, pero también hacia adentro. Protegerlas de los enemigos exteriores, pero también de los interiores. Protegernos de quienes desde dentro intentan dinamitar la unidad de España y convertir este país de siglos en una serie de minúsculos reinos de Taifas para medro de las oligarquías locales.

Doble defensa: contra el yihadismo y contra el secesionismo
Es la doble vertiente de esta guerra lo que explica que el Gobierno Rajoy no va a contar con ninguna ayuda del nacionalismo catalán a la hora de plantar cara, si es que se atreve, que esa es otra, a la amenaza yihadista. ¿Cómo defender el Estado, cabría mejor decir cómo defender España, con quien pretende acabar con el Estado y con España? ¿Cómo pedir unidad con esta tropa? No habían pasado ni 48 horas de la mascare de las Ramblas cuando Puigdemont se apresuró a ratificar que lo ocurrido “no variará un ápice la hoja de ruta independentista”. No esperábamos más ni menos de su xenófoba arrogancia. La ridícula pretensión de ningunear, de silenciar el trabajo, antes y ahora, del Cuerpo Nacional de Policía y de la Guardia Civil, gente que lleva años deteniendo yihadistas en Cataluña y evitando baños de sangre similares al de este jueves, era ya todo un indicio de la miseria moral que caracteriza a quienes hoy controlan la Generalidad de Cataluña. Ayer mismo, el miserable Joaquin Forn (horno), nuevo conseller de Interior tras la reciente purga de los tibios, llegó al punto de separar a las víctimas mortales del atentado entre catalanas y españolas: “Hay 13 muertos (…) dos personas catalanas y dos personas de nacionalidad española”. Un vómito, por lo demás, esperable.

Leído ayer en Le Figaro: “Barcelona y Cataluña iban a ser la Suiza del Mediterráneo. Neutrales y amables, al abrigo de las sacudidas geopolíticas del mundo. El terrorismo yihadista ha echado por tierra esa ilusión”. Ellos, sin embargo, a lo suyo. De alguna manera los atentados de Barcelona son el entremés sangriento al desafío que para este otoño nos ha planteado el secesionismo catalán. Los muertos de la Ramblas quedarán en la sombra dentro de unos días. El recorrido vital de Alexandro Gulotta, 7 años, ya no será el mismo cuando sepa que su padre perdió la vida en la Rambla de Barcelona por salvar la suya. Los supervivientes jamás volverán a vivir la vida que vivieron hasta que la barbarie de unos asesinos y la incuria de unos servidores públicos hicieron posible la tragedia. El resto lo olvidaremos pronto. Lo sepultaremos bajo una montaña de enfermizo buenismo, de palabrería hueca, de unidad impostada, de Adas Colaus prestas al llanto para intentar demostrar que son mejores que los demás, de mierda por arrobas, de bla, bla, bla… No podremos, sin embargo, dar la espalda a nuestro particular desafío, al envite que pretende terminar con un país rico que hace apenas unas décadas se comía los mocos de su proverbial pobreza, un país que apenas ha vivido 40 años en democracia tras siglos de capricho absolutista. Paz y prosperidad están en juego. También la libertad. Miedo y valor. Coraje. Ahí te quiero ver, España.

Tengo miedo
CAYETANA ÁLVAREZ DE TOLEDO El Mundo 21 Agosto 2017

Sobre la matanza de Las Ramblas, cuatro apuntes, cuatro días después:

1. La unidad
Es el objeto de deseo español. Anhelada, nunca alcanzada. Y es natural que sea así: la unidad frente al terrorismo sólo puede levantarse sobre un acuerdo moral básico, del que España carece. Es nuestro hecho diferencial. Y que me perdonen Carr y Elliott. Ocurrió en la lucha contra ETA: la vicepresidenta De la Vega tachó el Pacto Antiterrorista de «papelito» antes de fumárselo. Ocurrió también con el 11-M, convertido en sucio argumento electoral. Y ocurre ahora. El Gobierno de la Generalidad ha hecho un obsceno uso propagandístico de la matanza de Barcelona. Primero en catalán: «Nuestra forma de ser, forjada a lo largo de los siglos». Luego para el Times: «Nuestra identidad colectiva, que tiene más de mil años». Y, por fin, sólo para los suyos: el jefe de prensa de Puigdemont se pasó de astut y el sábado cerró su cuenta de Twitter. El nacionalismo siempre acaba en murallas.

La utilización de la masacre en beneficio del 1-O subraya una obviedad: la unidad con los que trabajan por la segregación es un imposible metafísico. Hay un conflicto de objetivos y también de valores. Se jactó Puigdemont: «Cataluña es ejemplo de solidaridad, convivencia y libertad». Lo será a pesar del nacionalismo y de todos los que oponen la paz a la ley. Hoy se reúne la mesa del Pacto Antiyihadista. El islamófilo y antioccidental Podemos ejercerá de observador. Sólo falta la CUP.

2. No tinc por!
Hay que tenerlo. Miedo a los que, con dinero saudí o subvenciones europeas, planean llenar nuestras ciudades de sangre y burkas. Y miedo también a los que no se toman en serio su amenaza. Ni siquiera es buenismo; puro narcisismo. Lo ha explicado aquí Ignacio Vidal-Folch. La imagen de Barcelona como ciudad inmune a la barbarie, prodigio de integración, posmo, cosmo y progre hasta la médula, es decir hasta Las Ramblas, ha estallado en lágrimas. Pero la frivolidad y la presunción de invulnerabilidad son obstinadas porque están al servicio de una estética y de una ideología. El realismo impone bolardos y el postureo izquierdista los pospone. La alcaldesa Colau se niega a instalarlos porque «coartan la libertad». No será la de los muertos.

3. 'The Catalan Police'
La campaña de exaltación de los Mossos d'Esquadra -palco del Camp Nou incluido- está siendo impúdica, imprudente. El separatismo está a 25 caracteres de proclamarla «la Policía del Referéndum». «El mundo ha visto que Cataluña ya es un Estado con instituciones y policía de primera», ha dicho el redivivo Carod Rovira, suponemos que rumbo a alguna cueva afgana donde pactar la exclusión de Cataluña del perímetro de objetivos terroristas.

El yihadismo es devastación barata: un seso fanatizado y una furgoneta de alquiler. No es fácil combatirlo. Y aunque lo fuera hay que recordar la pregunta con la que un ministro calló al joven Raymond Aron: «¿Usted qué habría hecho?». Pero una cosa es el reconocimiento, sobrio y justo, y otra la glorificación con fines políticos. Y quien los confunde se expone al escrutinio. Que conteste el consejero Forn:

- Una célula de al menos doce terroristas, algunos adolescentes, sin preparación ni pericia, preparó durante meses una carnicería en el centro de Barcelona. Nadie los detectó. Ni siquiera estaban fichados.

-La CIA advirtió sobre un atentado en Las Ramblas de Barcelona, exactamente. Fue ignorada.

-Una vivienda ocupada en Alcanar quedó arrasada por una explosión. En su interior había al menos un cadáver, un herido, más de cien bombonas de butano y material explosivo. Nadie siguió la pista. Confundieron el cuartel general islamista con un laboratorio de drogas.

- Una furgoneta asesina irrumpió a media tarde en la calle más querida de Barcelona. ¿Bolardos? Ninguno. Pero tampoco la presencia policial exigible en un lugar con el mismo valor simbólico y aún más afluencia que el Puente de Londres o la Torre Eiffel.

- En plena alarma post-atentado, un individuo mató a un conductor, robó su coche, atropelló a una policía en la Diagonal, siguió conduciendo hasta Sant Just, abandonó el coche y huyó. Seguimos sin saber quién era y dónde está.

- La operación Jaula fracasó. El principal sospechoso, mejor dicho, el último -vamos a uno por día-, huyó. Un asesino anda suelto. Quizá dos.

- Y la última novedad: el presunto cerebro de la célula era el imán de Ripoll. No un desconocido, un sujeto que había pasado por la cárcel, un radical de libro.

¿Nada que objetar? Bueno, poco de lo que presumir. Con una excepción: la hazaña del agente que mató a cuatro terroristas en Cambrils. Por cierto, también dirigida al consejero Forn: nuestro héroe, ¿es un catalán o un ciudadano español?

4. El Estado
Una matanza yihadista en el corazón de la segunda ciudad española podría haber reforzado al Estado. De momento ha hecho lo contrario. Y la responsabilidad es compartida. De un lado, el separatismo hiperventilado. Del otro, un Gobierno a la defensiva.

El sábado, El País publicó uno de esos párrafos con lucecitas. La voz de una persona de confianza del presidente del Gobierno ronronea en el relato del periodista: «Rajoy ha extremado hasta ahora la prudencia para que nadie pueda acusarle de que quiere sacar provecho político a la tragedia, como hizo Aznar con el 11-M: ha acudido a Barcelona a reunirse con Puigdemont y ha aceptado la preeminencia del Gabinete de crisis montado por la Generalitat. Ni siquiera ha convocado el Consejo de Seguridad Nacional, aunque se trate del peor ataque terrorista sufrido por España desde 2004». El lector se deja acunar por la pedagogía, pero ay: la palabra «prudencia» aviva su memoria y, con ella, su instinto. Prudentes fuimos el 9-N. Prudentes somos cada vez que buscamos justificar la ausencia de reflejos o iniciativa.

El presidente del Gobierno tardó en anunciar su viaje a Barcelona y nunca sabremos lo que tardó en decidirlo. ¿Tanto como si la masacre hubiese sido en Sevilla? En todo caso, no compareció antes de montarse en el avión. Y suponemos que no fue por motivos de higiene o aliño indumentario: tiene por costumbre veraniega irrumpir en el telediario con el rastro del paseo en la frente. Cuando por fin compareció, pasada la medianoche, es decir al día siguiente, leyó una declaración formalmente impecable y estratégicamente inútil. Sin vocación de liderazgo, sin información y por supuesto sin anuncios con fines disuasorios. Por ejemplo: «Elevaremos la alarma al nivel 5, porque España no es distinta de Bélgica o de Francia».

Queda demostrado que sí lo es: aquí el Ejército es demonizado por un Gobierno autonómico con aspiraciones golpistas. Y el Gobierno central lo asume y baja la cabeza. El nacionalismo sí les da miedo.

Y con la inhibición política, la policial. Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado han tenido estos días un papel perfectamente residual. La recentralización, esa mentira. En su chapucera revisión del Estatuto de 2006, el Constitucional salvó el artículo que otorga a los Mossos competencias en materia antiterrorista, en solapamiento con la Policía Nacional y la Guardia Civil. Una vez más, la racionalidad subordinada a la política. Hoy, purgados el consejero Jané y el director Batlle, la policía autonómica exhibe su plena autonomía. Del ministerio del Interior y, según su nuevo responsable, pronto también de la ley.

La matanza de Las Ramblas deja la imagen de un Estado replegado. El viernes, la presidenta Cifuentes colgó, inocente, una foto en su cuenta de Twitter: «Con @ja_nietob [secretario de Estado de Seguridad] y Germán López, Dtor. Gral. @policia, destacando el extraordinario trabajo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado». Los tres en Madrid. A la misma hora, en la Plaza de Cataluña, Rajoy y su vicepresidenta guardaban el silencio seco de los convidados de piedra. A su lado, la figura solitaria del Rey.

Algo ha fallado
OKDIARIO 21 Agosto 2017

Los atentados de Barcelona y Cambrils dejan varias lecturas tan evidentes como inquietantes. La primera, su forma de concebirlos. Nada que ver con los patrones habituales de los ataques yihadistas más recientes en Europa. Casi todas las acciones terroristas en el continente en los últimos años han sido protagonizadas por ‘lobos solitarios’, prácticamente imposibles de controlar por las fuerzas policiales por su forma de actuar: escasa preparación previa del ataque, lo que dificulta la detección al no existir movimientos sospechosos. Pero no ha sido el caso de Las Ramblas ni de Cambrils. Aquí había un grupo organizado, que sólo optó por una forma de actuar tan sencilla como mortal después de que se frustrasen sus planes iniciales por una explosión fortuita en el chalé de Alcanar (Tarragona) donde guardaban un arsenal de explosivos.

España es líder europeo en la lucha antiterrorista en baremos de eficacia. La labor de los cuerpos policiales está avalada por las más de 700 detenciones registradas desde la matanza del 11-M. Una labor que a buen seguro ha evitado otros ataques. Un trabajo ímprobo que se ha traducido en 13 años largos sin que el terrorismo yihadista haya golpeado en nuestro país. CNI, Policía Nacional y Guardia Civil han actuado con una eficacia fuera de toda duda. Igual que los Mossos en Cataluña. Hasta ahora. Pero, ¿dónde estaban, sobre todo el CNI y los Mossos, que son los que tienen las competencias en Cataluña, mientras una célula compuesta por al menos 12 personas preparaba minuciosamente un atentado descomunal en Barcelona? La conclusión es obvia: algo ha fallado.

La respuesta de los Mossos tras el ataque es elogiable, pero se podría cuestionar su labor de prevención. Fueron alertados por los servicios de Inteligencia españoles del riesgo de un atentado este verano, y la realidad demuestra que los protocolos para detectarlo e impedirlo han sido inútiles. Quizá haya que preguntarse también si es adecuado el modelo policial actual, que impide a Policía y Guardia Civil, cuerpos muy curtidos en la lucha antiterrorista, plasmar su experiencia y conocimientos en Cataluña y el País Vasco.

Es evidente que acumular más de 100 bombonas en una vivienda requiere diversos movimientos, tanto físicos como de gestión. Lo mismo que adquirir materiales para fabricar explosivos. Y había un grupo numeroso implicado en la preparación. Todo ello en un reducido núcleo de población donde cualquier acción es más perceptible. Pues nada. Los yihadistas se movieron a sus anchas, sin sentir la presión policial, y fueron almacenando material para protagonizar un ataque gigantesco que sólo evitó la providencia en forma de accidente, lo que les obligó a optar por el atropello masivo de viandantes. Algo ha fallado.

El cascabel al gato.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 21 Agosto 2017

Mucho se especula sobre el motivo real por el que la Mesa del Parlamento de Cataluña presidida por Carme Forcadell, anda en ese juego del ratón y el gato de a ver quién le pone el cascabel de la desobediencia al Tribunal Constitucional. El registro para la tramitación de la llamada ley del referéndum tuvo lugar en los últimos días de julio y se esperaba que en la primera sesión tras las vacaciones la Mesa tomara una decisión. Y si, la reunión inaugural tuvo lugar el pasado jueves y la decisión que tomó fue no incluir el asunto en el orden del día y posponer su debate hasta la próxima reunión de mañana 22 de agosto. Y en esas estamos. Hay quien ya apunta a un tema de cuestión personal ya que todos, los componentes de la Mesa y los del Gobierno del Generalidad, han sido avisados por el tribunal Constitucional de sus responsabilidades si desobedecen la sentencia. El fantasma de la inhabilitación provoca un escalofrío por la espina dorsal de los apercibidos.

El caso es que vuelve a relanzarse la idea original de que la convocatoria la realice el mismo Gobierno de la Generalidad mediante un Decreto Ley que no necesita debate previo ni aprobación parlamentaria. Eso sí, de producirse, los firmantes incurrirán en esa desobediencia que lleva directamente a la inhabilitación. Y eso es algo que el astuto líder de ERC, Oriol Junqueras, aspirante a Presidente de la Generalidad en unas nuevas elecciones autonómicas, no parece dispuesto a aceptar si se le requiere que estampe su firma como Vicepresidente junto al del Presidente Carles Puigdemont. No lo hizo cuando la anterior convocatoria firmada en exclusiva por Artur Mas y que fue la que le llevó a la inhabilitación, y no lo hará en esta ocasión.

Así que estamos en ese cuento corto de Samaniego de los ratones (algunos dirían ratas) discutiendo sobre lo de ponerle el cascabel al gato. Y es que este gato, el Tribunal Constitucional, siempre tan denostado, se ha transformado merced a la ley que el Gobierno de Rajoy le modificó para darle poderes ejecutivos, en un gato con unas uñas temibles. Siempre claro está, que no se rebele contra esa descarada y cobarde renuncia de responsabilidad que el Ejecutivo de Mariano Rajoy quiso legalizar con esas modificaciones que han sido cuestionadas por los jueces del TC que no se ven con más atribuciones que la de sentenciar. Y eso vale igualmente para ese camino de recursos interminables a cada paso que dan los secesionistas del Gobierno y del Parlamento de Cataluña. Hasta ahora ha habido unanimidad en las sentencias respecto a lo que resulta para todos evidente. Pero lo cierto es que nadie puede garantizar que se mantenga en otros aspectos de mucha mayor enjundia como la del famoso artículo 92.4 de la Ley orgánica del Tribunal Constitucional (LOTC) en cuanto a suspensiones e inhabilitaciones masivas por desobediencia.

Hasta ahora, el TC ha cumplido escrupulosamente con sus nuevas atribuciones y responsabilidades, comunicando a todos y cada uno de los responsables autonómicos las consecuencias de la comisión de una desobediencia a las sentencias de este Tribunal. Eso, por supuesto, incluye a todos los miembros de la Mesa del Parlamento y del Gobierno de la Generalidad, que no podrán, como ya hicieron otra vez, alegar desconocimiento por falta de comunicación expresa. Están apercibidos del mismo modo que hace un árbitro de fútbol con un jugador en un lance previo a mostrarle la tarjeta en el siguiente reiterativo. Aquí la suspensión e inhabilitación temporal tiene de modo similar un color amarillo, pero las consecuencias políticas van mucho más allá al cercenar en muchos casos las aspiraciones políticas de los sancionados. Y esto es lo que estos ratoncitos secesionistas temen como al gato de la fábula.

Ya veremos si mañana la Mesa vuelve a dar una “espantá” al más puro estilo de Curro Romero, y sigue posponiendo la tramitación y parando el proceso, a la espera de que sea el Gobierno de la Generalidad, Puigdemont y Junqueras, los que se ofrezcan como chivos expiatorios y mártires de la causa. Y todo ello bajo la regocijada y censora mirada de los perroflautas de la CUP que siguen usando sus escasos escaños de apoyo, para mandar en el proceso de secesión, marcar los tiempos y exigir acciones claras de desobediencia. Lo normal es que el miedo escénico y la ambición personal terminen por imponerse y se dé un vuelco a la situación transformando un fallido referéndum, en unas lecciones “plebiscitarias” (sin valor legal alguno como tales ya que solo pueden ser autonómicas), y esperar que los resultados les sean más favorables de modo que no requieran el envenenado apoyo de los antisistema de la CUP.

Y es que el tiempo pasa, los plazos legales se van cumpliendo y nadie se atreve a rebelarse de forma mucho más rotunda proclamando de modo unilateral la independencia legitimada en esa “legalidad” paralela que pretendían imponer en el Parlamento y vía Decreto Ley. Estos ratoncitos están demasiado asustados para salir y desafiar al gato, a pesar de que se han querido apropiar del lema ese lanzado tras los atentados terroristas en Barcelona, eso del “no tinc por” (no tengo miedo).

¡Que pasen un buen día!

Lo que no se cuenta del atentado islamista de Barcelona
Colectivo Democrático de Policías y Guardias Civiles (CDPyGC) latribunadelpaisvasco 21 Agosto 2017

En relación con los atentados del pasado día 18 en Barcelona y Cambrils, esta organización de miembros de Guardia Civil y Policía Nacional manifiesta lo siguiente:

La secuencia de hechos de los atentados se inician el día 17, casi en la medianoche, cuando se produce una explosión en la vivienda ilegalmente ocupada de Alcanar, que no estaba controlada por ningún cuerpo de seguridad competente para ello (Mossos, Polida Nacional, Guardia Civil y CNI).

Dicha explosión, por las características de los escombros (derrumbados sobre sí mismos y sin cascotes a mucha distancia) no podía considerarse por ningún experto TEDAX como una explosión de gas. La identidad del herido rescatado, que estuvo sin seguridad en un hospital, y la aparición de hojas del Corán desperdigadas entre los escombros, debió alertar en la primera inspección ocular, que se retrasó sin ninguna razón conocida hasta la mañana del día 18.

La cooperación policial para reducir o impedir las acciones de los terroristas brilló por su ausencia. No es cierto que haya habido colaboración entre ninguno de los cuatro cuerpos con responsabilidad en la evitación de atentados yihadistas. Dada la competencia exclusiva de los Mossos en seguridad ciudadana y su actuación, (no realizando la inspección ocular, ni interrogando al herido, ni alertando de las hojas del Corán aparecidas, no compartiendo información e impidiendo el acceso de TEDAX de Guardia Civil a la casa de Alcanar -que de inmediato habrían alertado de que no era una explosión de gas-), ellos son, sus mandos y responsables políticos, los principales responsables de los errores cometidos en (la investigación de) estos atentados.

Que se pudiera acceder con coche a las Ramblas vulnera las condiciones de seguridad imprescindibles en un nivel de alerta 4, dejando en evidencia la negligencia de responsables políticos, hecho que no ocurre solo en Barcelona; hasta ese mismo día, tampoco estaba cerrado al tráfico la Plaza Mayor o Puerta del Sol en Madrid, o el puente de la Encarnación y Puente y Pellón en Sevilla... y así en otras muchas ciudades. Los responsables políticos deben tomarse en serio la amenaza terrorista para no tener que promover encendidos de velas, concentraciones, cartas o minutos de silencio por las víctimas, que se producen además de por el ataque de los asesinos por no cumplirse directrices básicas en materia de seguridad.

Las autoridades de la Generalitat actuaron como si prefirieran más víctimas actuando solos los Mossos que menos víctimas si colaboraban la Policía y la Guardia Civil. Ambos Cuerpos perrnanecieron a la espera y ofreciendo sus servicios de TEDAX, personal operativo para controles etc. sin que fueran demandados por las autoridades políticas y mandos responsables de la Generalitat y los Mossos. Nunca se sabrá si de haberse reclamado dicha colaboración los huidos podrían estar detenidos.

No es aceptable que un terrorista penetre en una zona peatonal, ocasione muertos durante casi 400 metros y desaparezca a pie. No es aceptable que se pueda superar un control policial de los Mossos y desaparecer uno o varios terroristas, ni que se supere un segundo control en Cambrils con la fortuna de que el vehículo de los terroristas volcó en una rotonda. Los Mossos tienen la misma cualificación profesional que policías y guardias civiles pero muy posiblemente estuviesen desbordados en esas horas (además, en agosto, un tercio de la plantilla estará de vacaciones), y los controles no estaban bien organizados ni con el personal suficiente, extremo que podría haberse evitado con la colaboración de Policía y Guardia Civil.

Es inexplicable que el director general de la Policía (con la reforma de la estructura se eliminó la figura del DAD) no dispusiera, dentro de sus competencias legales, establecer controles en la frontera con Francia, controles que siguen ausentes hoy, teniendo que ser instalados por la Policía francesa casi 24 horas después del atentado.

Es inexplicable que el imán de Ripoll haya permanecido sin control tras cuatro años de cárcel por delitos contra la ley de extranjería y tráfico de drogas, cuando además hace 11 años apareció vinculado con terroristas detenidos en Vilanova y la Geltrú y con implicados en el 11M.

Desgradadamente, a la habitual descoordinación que algunos de los miembros de este Colectivo Democrático llevan años denunciando entre policías y guardias civiles, entre sus mandos, se une un nuevo Cuerpo que aplica las mismas prácticas de primar el interés corporativo sobre la seguridad de la ciudadanía.

Se ha cerrado un problema terrorista en España con casi el 40% de los crímenes sin esclarecer. Esto es un fracaso desde cualquier punto de vista en cualquier policía o en la gestión pública de cualquier área de actividad. No obstante, el dato irrefutable, el discurso propagandístico de políticos y corporativista promovido por medios de comunicación y en ambos Cuerpos ha asentado en la opinión pública una percepción errónea de la realidad. No puede ocurrir lo mismo con el terrorisrno islamista. Hay que hacer valoraciones críticas de cada tentado para detectar errores y corregirlos, no ocultarlos, para así elevar la eficacia y garantizar mejor la seguridad de la ciudadanía.

Desde esta organización no participamos de los discursos prefabricados por responsables políticos y mandos de todos los cuerpos policiales, que mienten y manipulan a la ciudadanía, y denunciaremos públicamente siempre que tengamos constancia de los hechos y errores que consideremos deben ser corregidos.

El negro futuro de Navarra: se hunde la creación de empresas y se dispara el número de funcionarios

La creación de empresas registra su peor evolución de la última década, mientras que el personal público crece un 30% desde el estallido de la crisis.
Libre Mercado  Libertad Digital

Navarra lleva muchos años situándose como una de las regiones más ricas de España gracias a su estructura productiva, su baja fiscalidad y la existencia de una Administración Pública algo más eficiente que el resto de autonomías. Sin embargo, estos buenos resultados podrían truncarse a medio y largo plazo en caso de mantenerse la preocupante tendencia que se observa en cuanto a creación de empresas y aumento de funcionarios, especialmente bajo el Gobierno foral de Uxúe Barkos (Geroa Bai)

Los datos ofrecidos por el Instituto Nacional de Estadística (INE) sobre constitución y disolución de sociedades mercantiles en España y por CCAA es un buen termómetro de la actividad empresarial y, por desgracia, un mes más, los resultados de Navarra no fueron positivos. El pasado junio, se constituyeron en la Comunidad Foral 67 empresas y se disolvieron 5, lo que arrojó un saldo neto de 62. Este resultado fue el peor de los últimos diez años, tal y como advierte el think tank Institución Futuro.

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Teniendo en cuenta que los datos de los últimos meses han sido negativos, no es de extrañar que el acumulado del primer semestre del año también lo sea: con un saldo neto de sociedades mercantiles de 412 de enero a junio de 2017, este dato supone el segundo peor de la última década. Y ello, a pesar de la recuperación que experimenta la economía española

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"No tenemos certeza sobre cómo transcurrirá el segundo semestre del año. Nuestro deseo es que esta tendencia se revierta y se creen más empresas, hasta alcanzar los niveles precrisis. Sin embargo, la evolución histórica de la constitución de sociedades comparando el primer y el segundo semestre del año nos hace ser pesimistas: el saldo neto de enero a junio siempre es superior que el de julio a diciembre. Si en este 2017 se sigue cumpliendo esta tendencia, vemos muy complicado que Navarra remonte a este respecto", aclara la entidad.

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El mayor aumento de funcionarios

Por otro lado, el último Boletín estadístico sobre el funcionariado elaborado por el Ministerio de Hacienda permite comparar el aumento o disminución de funcionarios autonómicos en la última década. Los datos muestran cómo en enero de 2017 las plantillas de funcionarios autonómicos eran más elevadas, un 3,7% más de media, que en 2007.

Pese a ello, existen diferencias regionales. Solo cuatro CCAA (Andalucía, Valencia, Castilla y León y Castilla-La Mancha) han disminuido su plantilla. Sin embargo, Navarra lidera el aumento porcentual de personal público, con casi un 30% más en 10 años.

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Realizando el cálculo de cuántos funcionarios públicos hay en cada región por cada 100.000 habitantes, se comprueba que Navarra es la segunda autonomía con una proporción más alta: más de 4.000 funcionarios por cada 100.000 habitantes, tan sólo superada por Extremadura, frente a la media nacional de 2.800.

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Tensión por las respuestas en catalán en la rueda de prensa: un periodista extranjero se va
El informador protestó y, ofuscado, anunció que se marchaba. "Pues adiós", le dijo Josep Lluís Trapero.
Libertad Digital 21 Agosto 2017

Algunos periodistas han mostrado su queja en la rueda de prensa sobre los atentados en Cataluña que ofrecieron este lunes los consejeros de Interior y Justicia, Joaquim Forn y Carles Mundó, y el jefe de los Mossos, Josep Lluís Trapero, por hacer su comparecencia en catalán y responder luego también en catalán a preguntas hechas en esta lengua.

En el inicio del turno de preguntas, algunos informadores pidieron a los ponentes que repitieran lo que ya contaron en castellano. En estas, un periodista extranjero se levantó para quejarse por este motivo, recordando que el castellano es la lengua oficial, mientras que, según ElNacional.cat, otro compañero ironizaba diciendo que, a partir del 2 de octubre, ya será oficial el catalán.

Forn replicaba señalando que el catalán es oficial en la región y que las ruedas de prensa se hacen primero en catalán y después en castellano. El periodista extranjero seguía protestando y, en un momento dado, ofuscado, anunció que se marchaba. "Pues adiós", sentenciaba Josep Lluís Trapero.
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