AGLI Recortes de Prensa   Martes 22 Agosto 2017

Ni quieren ni deben formar parte del Pacto Antiterrorista
EDITORIAL  Libertad Digital 22 Agosto 2017

La extrema izquierda y sus aliados separatistas quieren dinamitar el Estado de Derecho, por lo que no deberían formar parte de un pacto que tiene por gran objetivo garantizar su pervivencia.

A estas alturas debería ser evidente que el totalitarismo antisistema de partidos de extrema izquierda como Podemos y la aversión que las formaciones separatistas profesan a España como Estado de Derecho constituyen no sólo un lastra insoportable para la regeneración de la democracia, la recuperación económica o la preservación de nuestra unidad nacional, también para combatir a ese tremendo enemigo que es el terrorismo islámico.

De la misma forma que no hubiera tenido sentido alguno que, en su día y en aras de la cacareada "unidad de los demócratas", se hubiera difuminado el Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo para lograr el apoyo de los nacionalistas, tampoco lo tiene ahora empeñarse en lograr que formaciones en abierta rebeldía contra la legalidad, como Podemos, ERC, PdeCat o Compromís, suscriban un acuerdo en el que, según confesión propia, no creen, al punto de que algunas se han negado a condenar la matanza de las Ramblas, pues no quieren "erigirse como jueces".

La extrema izquierda comparte demasiadas fobias con los terroristas islámicos –a la democracia liberal, al capitalismo y, en general, a la civilización occidental de raíz judeocristiana– como para tejer con ella una estrategia antiterrorista. Tampoco se pueden sumar a un acuerdo que refuerce en todos los órdenes –empezando por el legislativo y el penal– la lucha contra esta lacra las formaciones separatistas, incluido el fantasmal PdeCat, habida cuenta de su abierta rebelión contra el Estado de Derecho. Pero el caso es que podemosos y separatistas acuden a las reuniones del Pacto Antiyihadista que se niegan a suscribir en la abracadabrante y ominosa condición de observadores; como si el Estado Español y los partidos constitucionalistas españoles no fuesen de fiar y debiesen estar bajo sospecha; como si el Reino de España fuese una república bananera a la que hay que inspeccionar y mantener bajo supervisión.

En lugar de quitar importancia o insistir en que estas formaciones se sumen a un pacto antiterrorista ya de por sí bastante genérico y descafeinado, en el que sólo ejercerían como caballos de Troya, los partidos constitucionalistas deberían estar reprochando a aquéllas su rechazo a semejante acuerdo de mínimos y exigiendo responsabilidades políticas a quienes por ceguera o fanatismo ideológicos han despreciado la labor de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, rechazado la adopción de medidas elementales de protección ciudadana o ignorado el peligro de las mezquitas desde las que se predica el criminal totalitarismo islamista. Eso, por no hablar del caos operativo e informativo provocado por el afán de protagonismo de la Generalidad o la repugnante utilización por parte de los separatistas del No tenim por de cara al desafío golpista a la legalidad previsto para el próximo 1 de octubre.

Con todo, lo peor es engañarse viendo unidad donde no la hay y calificando de demócratas a quienes no lo son

EL FUTURO DE OCCIDENTE
Después de Barcelona
José Javier Esparza Gaceta.es 22 Agosto 2017

Mirad la foto: el rey, Rajoy, Puigdemont, la Colau, Soraya, todos con gesto triste pero decidido, aplaudiendo y, en el fondo, aplaudiéndose a sí mismos, llorando la muerte sembrada en Barcelona –llorando sinceramente, yo no digo que no-, pero al mismo tiempo resueltos a seguir predicando el discurso de la resignación, el “tenemos que vivir con esto”. Sí, ellos se han resignado a vivir con esto. Porque si no se resignaran, tendrían que hacer políticas exactamente contrarias a las que están haciendo. Y la clase política europea, y en particular la clase política española –tan doméstica, tan aldeana, tan enredada en sus propias querellas de pueblo-, es incapaz de hacer otra política. Vedlos ahí: tienen delante la muerte de masas parida por un desafío de civilización, pero sólo son capaces de ver sus propios problemas.

Miradlos bien. Y escuchad sus discursos, su retórica de “firmeza ante el dolor” y de “dignidad democrática” (¿a qué nos recuerda?). Es la retórica de la impotencia. No, ellos no acabarán con el terrorismo. Podrán desarticular hoy una célula, mañana otra, tal vez, pero el poder no será capaz de vencer al terrorismo islamista. No podrá vencerlo porque el poder hoy vigente en Europa –y en España- se niega a aceptar la verdadera naturaleza del yihadismo. Y jamás podrá derrotarse a un enemigo si se renuncia a pronunciar su auténtico nombre.

El sistema dominante, por razones políticas, económicas e ideológicas, no puede aceptar que la violencia de carácter religioso-político es una constante estructural de las sociedades musulmanas desde su mismo origen. No puede aceptarlo porque eso significaría desmontar el mito universalista, cosmopolita, de la sociedad global. Significaría reconocer que no todas las culturas son solubles en la nuestra. Más concretamente: que el islam no es soluble en la sociedad europea. Y entonces, si se reconociera eso, se haría inviable el proyecto de reemplazar el vacío demográfico europeo con población alógena, se acabaría el propósito de multiplicar nuestra productividad con un aluvión de mano de obra menos exigente, se acabaría la fantasía de una sociedad global tan elástica que todos puedan caber en ella. Se acabarían, en definitiva, todos los objetivos, proyectos, principios y discursos que mueven a la oligarquía europea –política, mediática, económica- desde hace años, lo mismo a derechas que a izquierdas. Se hundiría el sistema. Por eso los que mandan se resignan. Por eso nos previenen contra la “islamofobia”. Por eso nos mandan callar.

Por qué hay “yihadismo”
Y sin embargo, precisamente ese es el problema: eso que hoy llamamos “terrorismo yihadista” no es un fenómeno reciente, ni es producto de causas concretas vinculadas a la política mundial presente, ni viene de la mano de grupos específicos que persiguen una finalidad política actual. Por el contrario, la violencia yihadista forma parte del despliegue histórico del islam desde su origen. Hoy viste unas ropas como ayer vistió otras. El asunto es tan obvio y sabido que resulta ya enojoso tener que repetirlo, pero, puesto que el poder sigue mintiendo, habrá que recordarlo.

El islam arrastra desde su origen en el siglo VII una suerte de insuficiencia estructural que descansa sobre tres elementos. Primero, la confusión plena de las esferas política y religiosa, que hace extraordinariamente difícil para el musulmán vivir bajo un sistema político ajeno a la ley religiosa islámica. Segundo, la inexistencia de un clero regular autorizado para hacer evolucionar la doctrina al ritmo de los tiempos, porque Mahoma murió en el año 632 sin dejar un cuerpo específico de clérigos y todo cuanto el fundador dijo fue palabra de Dios, de manera que nadie tiene autoridad para imponer a los fieles una interpretación actualizada de la letra original. Tercero, la justificación religiosa de la violencia –la forma bélica del “yihad”- para imponer un orden político acorde con la letra de la doctrina islámica; justificación que nadie puede atemperar, matizar o adaptar a los tiempos porque nadie hay con autoridad suficiente para obligar al conjunto de los musulmanes.

Cada uno de esos tres elementos nutre a los otros dos, y así nos encontramos con un paisaje mental donde apenas nada ha cambiado desde el siglo VII. De aquí han nacido tres guerras simultáneas en el seno del mundo musulmán. Una es la guerra que el musulmán declara al infiel, que es una de las formas cabales del yihad. Otra es la que aparece en torno a 656, cuando se produce la ruptura de la comunidad islámica en dos, y es la que el fiel suní declara al fiel chií. La tercera guerra es la que el musulmán ortodoxo declara al musulmán tibio, relajado o apóstata, y de ésta hay antecedentes históricos tan relevantes como la invasión almorávide de Al-Andalus en 1086 o el llamamiento de Ibn Taymiyya contra los musulmanes mongoles en 1303. Las tres guerras continúan hoy. El tiempo pasa. El problema permanece.

Por supuesto, la larga y rica historia del pensamiento islámico también ha alumbrado centenares de corrientes y doctrinas perfectamente capaces de acompasar la letra del Corán a los tiempos, de integrar al fiel en órdenes políticos ajenos al islam y de relativizar la justificación religiosa de la violencia. Claro que hay un islam pacífico. El Islam no es sólo uno, como no lo es el cristianismo. Pero lo relevante es que ninguna de esas corrientes y doctrinas tiene autoridad para imponerse sobre las versiones radicales, integristas, fundamentalistas, tradicionales, literalistas o como se las quiera llamar. Al revés.

En efecto, en el islam, donde la palabra de Dios fue revelada de una vez y para siempre a un solo hombre, la reivindicación de antigüedad es un aval frente a cualquier reformismo. Toda la historia del islam está llena igualmente de movimientos de retorno a la pureza originaria, a la fe de los ancestros (“salaf”, y de ahí el término “salafismo”). Por eso el salafismo, en sus diferentes formas, es una tendencia permanente en el islam: si las cosas van mal –dice el salafista-, es porque nos hemos apartado de la pureza original. Ahora bien, la “pureza original” es un texto del siglo VII. Y vuelta a empezar. El papa Benedicto XVI lo expuso de una forma extremadamente diplomática en su célebre discurso de Ratisbona, aquel que tantas críticas le costó por parte del rebaño progresista y globalista. Pero Ratzinger tenía razón, en esto como en tantas otras cosas. No puede extrañar, después de todo, que terminaran confinándole en un monasterio dentro de los muros del Vaticano: sencillamente, estaba diciendo una verdad que nadie quería oír.

La ceguera de Europa
Nadie conoce esto mejor que los propios musulmanes. De hecho, la historia de las sociedades musulmanas es, en buena medida, la historia de su lucha permanente contra sus propias contradicciones estructurales. Lucha que en ocasiones ha salido bien y en otras ha salido mal. El yihadismo, la violencia de justificación religiosa, es una constante en esa civilización. Sus principales víctimas son, evidentemente, los propios musulmanes, pero esto no es ninguna novedad, al revés. La novedad es que hoy nosotros, europeos, hemos importado sobre nuestro suelo ingentes masas de población musulmana y, con ellas, hemos importado también sus querellas y desgarros, pensando, con típica petulancia moderna, que todo eso quedaría neutralizado, suturado, por la “superioridad natural” de nuestra civilización, tan cosmopolita y acogedora. Pero no.

Las culturas y las personas no son intercambiables. Las identidades no son solubles unas en otras. Al menos, no siempre. Europa, la Europa actual, la que arranca del Tratado de Maastricht, del frustrado proyecto de Constitución de 2004 y del posterior Tratado de Lisboa, se ha querido construir como una suerte de espacio nuevo sobre la eliminación paulatina de las soberanías nacionales y las identidades culturales (religión cristiana incluida). Todo lo que estamos viviendo en los últimos años en todos los países europeos, desde la desconstrucción de la institución familiar hasta la desregulación laboral y el desmantelamiento del carácter nacional en los programas de enseñanza, pasando por la supresión de instancias nacionales de decisión política, todo apunta deliberadamente a lo mismo: a edificar una especie de Tierra Nueva sin raíces, sin identidad, sin dios propio, sin ancestros, sin fronteras. Europa como laboratorio del mundo nuevo de la globalización. El maridaje entre el capitalismo financiero y el progresismo ideológico, cada vez más obvio, se explica precisamente por la coincidencia en el proyecto globalista. El mercado sin fronteras y la sociedad sin identidad responden a un mismo impulso.

En ese contexto, la afluencia de población extranjera ha sido un claro elemento de consenso. Al nuevo capitalismo transnacional le interesa un mundo económico sin fronteras. A las oligarquías europeas les interesa compensar rápidamente un imparable declive demográfico. A la gran industria le interesa contar con mano de obra barata y sin las exigencias del obrero europeo. A las instituciones de Bruselas les interesa desmontar el entramado nacional europeo (¿qué otra cosa es la Europa histórica sino, precisamente, un entramado de naciones?). A los fanáticos de la “fraternidad universal” les interesa una Europa sin religión ni raza. Y bien, he ahí a todos de acuerdo. Max Weber llamaba a eso “constelación de intereses”. Resultado: la ininterrumpida afluencia de inmigrantes desde los años 70 y el colofón de la brutal crisis migratoria que ha vivido Europa en los dos últimos años, adecuadamente vendida por la mayoría mediática como “deber de acogida al refugiado”. Hoy estamos donde estamos.

Pero resulta que no: que las personas no son intercambiables, que las comunidades tienen su propia lógica, que las identidades culturales existen y que esa idea de la “sociedad sin identidad” es, a su vez, una idea muy específicamente occidental, es decir, una idea que a otras identidades les resulta inaceptable. Y

mientras tanto, en las masas de inmigrantes musulmanes acumuladas en Europa durante cuarenta años se han reproducido los mismos patrones culturales (y las mismas patologías) que han caracterizado a las sociedades islámicas desde siempre. No se han hecho “occidentales” porque no quieren serlo y porque, a la postre, ser “occidental” no es realmente ser nada (no si prescindimos de nuestra verdadera identidad histórica), pero ellos sí quieren ser algo. Así nosotros, europeos sin alma, hemos importado a nuestro suelo una realidad ajena. Una realidad que hoy explota aquí como lleva mil cuatrocientos años explotando en su suelo originario.

Sólo dos opciones
Esto es lo que hay. Propiamente hablando, un desafío de civilización. Y por eso resulta tan penoso el espectáculo de nuestra oligarquía (política, mediática, financiera) tratando de travestir la realidad para venderla como lo que no es.

En España, donde hace años que toda inteligencia parece haber desertado del espacio público, nuestros políticos y opinadores han reducido al absurdo el discurso cobarde y suicida de la resignación. Ha sido bochornoso ver a nuestro Gobierno balbucear explicaciones retóricas sobre el “mal global” que amenaza globalmente a la “democracia global”. Bochornoso porque, implícitamente, nos están diciendo que no pueden protegernos, pues nada puede hacerse contra un mal “global”. Ha sido ya no bochornoso, sino simplemente indignante, ver a la izquierda habitual deshacerse en alardes morales sobre el deber de acogida y la prevención contra la islamofobia. Ha sido indignante escuchar de labios de los poderosos la tópica apelación a “no tener miedo”. Eso es fácil decirlo cuando uno vive rodeado de medidas de seguridad que pagan los contribuyentes. Esos mismos contribuyentes que son precisamente las victimas del yihadismo, porque ningún grupo islamista ha atentado aún contra un rey, un jefe de estado, un ministro, un carnaval LGTB o un banquero. Ellos no tienen miedo. El miedo lo tenemos los demás, los de a pie, los que pagamos para proteger a otros. Ha sido, en fin, devastador leer a las alcaldesas de Barcelona y París, Ada Colau y Anne Hidalgo, escribir al unísono –con sorprendente sintonía- sentidas protestas de sensibilidad herida lamentándose de que la violencia manche de semejante modo “ciudades de amor y tolerancia”, comentarios que recuerdan demasiado a los que podría hacer la patrona de un burdel después de una pelea en la barra. Volved a mirar la foto de los jerarcas enlutados: ¿Esta gente ha de salvar nuestra civilización? ¿De verdad?

En realidad no hay mas que dos opciones. La primera es seguir apostando por una Europa cosmopolita y líquida, sin identidad histórica, donde todos quepan, asumiendo el terror como un mal inevitable pero pasajero, en el camino de la construcción de una sociedad global pacificada. Sobre esta primera opción se alinean hoy todas las estructuras del poder, sin distinción de ideologías. La segunda opción es, al contrario, constatar que no todos los grupos humanos son solubles en otros, que no todas las culturas son solubles e otras, y en consecuencia apostar por reafirmar la identidad propia y excluir a quien la amenace. Esta segunda opción es absolutamente intolerable para el poder; sin embargo, gana progresivamente espacio entre el pueblo, seguramente por puro instinto de supervivencia. Sólo dos opciones. Hay que elegir.

Nunca una guerra contra el fanatismo se ha ganado con palabrería hueca
Lecciones de una masacre islamista
Isabel San Sebastián ABC 22 Agosto 2017

Subrayo el apellido «islamista» del acto de barbarie perpetrado en Barcelona y Cambrils porque algunos medios ponen tanto empeño en silenciar la filiación de los terroristas que, con tal de no parecer «islamófobos», acaban llamando «asesina» a la furgoneta. No. Las furgonetas no atropellan a peatones inermes por voluntad propia. Los matarifes que el jueves segaron quince vidas inocentes al grito de «¡Alá es grande!» integraban las filas del islamismo combatiente que nos ha declarado la guerra. No una guerra convencional al uso, sino una conflagración sucia, rastrera, traicionera, cobarde, que pone en el punto de mira a civiles indefensos y vuelve contra nosotros los valores de libertad, tolerancia y pluralismo que tardamos siglos en construir. Eran (alguno todavía es) sicarios de ese gran conglomerado fanático empecinado en imponernos su credo, convertido en ley brutal, por la «razón» de la fuerza. Eran (alguno todavía es, puesto que no parece tener intención alguna de inmolarse) terroristas islamistas o islámicos. No musulmanes de bien, como los que sufren en distintas partes del mundo el embate de esas bestias, sino islamistas. Conviene entender la diferencia y tenerla bien presente a la hora de plantarles cara, si es que tal pretensión existe, cosa hoy por hoy dudosa. Dicho lo cual, paso a exponer dos lecciones que extraigo yo de esta masacre:

Primera, que la sociedad civil, así como los hombres y mujeres que nutren la base de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad, valen bastante más que nuestros representantes electos. La rápida y eficaz actuación policial en las horas dramáticas del atentado, impecable en términos operativos, evitó que el derramamiento de sangre fuese aún mayor. (Cosa distinta es la prevención mediante, por ejemplo, bolardos, dependiente de otras instancias incluidas en el apartado de «electos»). El comportamiento de la ciudadanía puede calificarse sin exageración de ejemplar, con muestras de coraje y solidaridad conmovedoras. Y mientras tanto ¿qué hacían los señores políticos a quienes pagamos el sueldo? El presidente Puigdemont y sus adláteres, acaparar protagonismo y arrimar el ascua de esa matanza atroz a su obsesión soberanista, con gestos tan abyectos como el de diferenciar entre víctimas catalanas y víctimas españolas. El presidente Rajoy y sus ministros, nada. Nada más que callar durante horas (siete, en el caso del jefe del Gobierno) a fin de no incomodar a los separatistas, colocarse a la sombra de la administración autonómica, cosa inaudita en la Unión Europea, y dejar pasar los días sin otra respuesta a Daesh, firmante del ataque, que los consabidos lamentos y llamamientos a la unidad. ¿Unidad para qué? ¿Para llorar juntos? ¡Qué envidia he sentido de los vecinos franceses, de las reacciones de sus líderes y de su capacidad para tomar represalias militares contra ese califato del terror que nos tiene en su punto de mira en lugar de limitarse a tragar!

La segunda lección es que, salvo milagro, tenemos la guerra perdida. La tenemos perdida porque nos faltan convicción, determinación, valentía y firmeza para ganarla. Porque nunca una guerra contra el fanatismo de cualquier naturaleza se ha ganado con palabrería hueca, comprensión para el enemigo o medidas de apaciguamiento. Porque ni siquiera nos atrevemos a llamar a las cosas por su nombre e identificar sin ambajes el monstruo al que nos enfrentamos. Porque pesan más los complejos, el buenismo, el miedo al qué dirán ciertas televisiones o simplemente la pereza que la necesidad de tomar decisiones desagradables indispensables para ganar. Por ejemplo, cerrar de inmediato todas las mezquitas en las que se predica el radicalismo. Casi un centenar solo en Cataluña. Nadie lo hará.

Lo que somos
David Gistau ABC 22 Agosto 2017

EN la terapia de grupo posterior a un atentado, hay que ser indulgente con la exaltación sentimental de lo propio. Si se trata de un recurso para «tirar p’alante», qué médico no la dispensaría en dosis prudentes, que no creen dependencia. Los Valores. La Civilización. Lo Que Somos, y en esto último mejor no ahondar mientras permanezcan las necesidades terapéuticas de las voluntades destrozadas por la matanza. Hubo, durante las horas de tráfico sentimental, quien escribió incluso que era el atentado lo que consagraba Barcelona como ciudad hermosa, libre y especial, porque esas virtudes eran las que alentaban el afán destructivo del terrorismo. Suspéndanse, entonces, los protocolos preventivos en las ciudades feas y poco carismáticas de la montonera española. Quién va a molestarse en atacarlas con la poca literatura que rezuman.

Lo Que Somos, insisto, es la parte molesta. Lo que somos más allá de esos impulsos espontáneos de empatía que desde hace algún tiempo se están convirtiendo en la sórdida materia de la vertebración europea: no parece haber otra posible, sólo aquella donde la Torre Eiffel adquiere por turno la tonalidad de la nación agredida, como un faro que siempre se prende cuando el naufragio ya ocurrió y hay restos en los acantilados. Lo que querríamos ser es una sociedad cohesionada y ejemplar que responde a los atentados como a un fenómeno meteorológico –como a un golpe de ira de la naturaleza con la que no tiene sentido enojarse– que ha de superarse cuanto antes, tapando el hecho y sus imágenes crudas con biombos como en la película «Brasil» para que nada remueva tanto la cólera como para no ser capaces de seguir viviendo como si nada hubiera sucedido, como si nada hubiera que hacer para que no vuelva a suceder.

Una visión más próxima a lo que somos y a cuáles son nuestros valores la aporta el hecho de que el atentado no ha reparado, sino aumentado, la disfunción social española, los antagonismos internos –los dos centros de reacción al asesinato que se obligan a fotografiarse juntos para mitigar el papelón–. Ignoro si existe una falta de comunicación entre policías, recelosas las unas de las otras, que haya podido perjudicar el descubrimiento de la célula: no despacharé sin conocimientos crítica alguna a ningún cuerpo policial, y menos después de batirse éste en la calle para salvar vidas. Pero, en lo político, sí veo el morboso anhelo de patrimonializar un horror para convertirlo en uno de los hechos fundacionales de una nueva república cuyos próceres tratan de desviar las consignas y los espíritus colectivos hacia su cálculo, aunque sea a costa de distinguir entre muertos iguales para fabricar una falaz noción de extranjería que aplica, incluso en el escenario del crimen y del llanto, los resortes exclusivos del nacionalismo. Lo que somos. Joder, lo que somos. Somos los que hasta en el 11-M se pelearon entre sí mientras los terroristas exigían las credenciales de la culpa, que alguien se fijara en ellos.

Por qué triunfan los terroristas
Edurne Uriarte ABC 22 Agosto 2017

EL titular no es políticamente correcto pero corresponde bastante mejor a la realidad que muchas de las declaraciones institucionales y periodísticas de los últimos días. Los terroristas a veces triunfan totalmente, como las FARC colombianas que, tras cientos de miles de asesinatos, torturas y secuestros, no van a ir a prisión y hasta van a tener cinco escaños por ley en Congreso y Senado, por si nos los sacan por ellos mismos en las próximas elecciones. Otras, triunfan parcialmente, como ETA, parte de cuyos asesinos están en la cárcel, pero cuyas ideas y pasado criminal siguen siendo defendidos por su brazo político y por muchos otros parientes ideológicos de la extrema izquierda. Y, otras, triunfan temporalmente, como por ahora el terrorismo yihadista, asesinando por todo el planeta, sin que nadie pueda ponerles freno.

Y triunfan por seis motivos, el primero de ellos justamente el contrario al lema elegido para responder a los asesinatos de Cataluña. Lamentablemente, sí tenemos miedo, la mayoría lo tiene. El miedo que impidió la respuesta social a ETA durante décadas, el miedo que ha permitido la claudicación ante las FARC, el miedo que paraliza a las sociedades occidentales y musulmanas a la hora de atajar la difusión de las ideas fundamentalistas. La historia de la respuesta social a ETA es, ante todo, una historia de miedo, por mucho que ahora todos se entusiasmen leyendo y reivindicando a la «Patria» de Fernando Aramburu. ¿Y alguien espera que ahora la valentía sea mayoritaria frente a un terrorismo muchísimo más peligroso, fuerte y sanguinario?

Segundo motivo, el fanatismo de los terroristas. De hecho, es su principal fortaleza, la disposición a cualquier acción y sacrifico, incluido el suicidio, por la fe en sus ideas y objetivos. Para lo bueno, y para lo malo, como en el caso del terrorismo, las creencias fuertes pueden derrotar a adversarios muchos mejor equipados y más numerosos.

Tercer motivo que complementa al anterior, la actitud justamente contraria en la mayoría de los ciudadanos de las sociedades atacadas. La cultura de la comodidad, la no disposición a la lucha y al sacrificio, la cultura de la responsabilidad de los Estados pero no de los individuos. ¿Que eso impide el fanatismo? Sí, pero también la resistencia y la lucha, por ejemplo, con posicionamientos mayoritarios en contra de las propias acciones militares de los Ejércitos. Porque ningún soldado debería correr un riesgo, dice esa cultura mayoritaria. No hay más que recordar lo que ocurrió tras el 11-M, aquello no era sólo una protesta por el apoyo a la guerra de Irak, era una defensa de la huida de España de cualquier acción militar internacional.

Cuarto motivo, el ideológico, no sólo el apoyo directo, sobre todo en sociedades musulmanas, sino el indirecto de todos aquellos de las «causas» o del «malvado imperialismo occidental». Lo que en parte explica también el quinto motivo, la incapacidad para una decisión internacional frente a un terrorismo de dimensiones, estrategia y objetivos internacionales. Sobre todo desde Europa que sabe que no se puede derrotar a este terrorismo sin una respuesta militar sobre el terreno de los terroristas, pero que es incapaz de asumirlo y llevarlo a cabo.

El corolario de todo lo anterior es la existencia de líderes políticos y sociales cobardes, ¿o hábiles? que optan por negociar con los terroristas en lugar de combatirlos. Sin sociedades dispuestas a la resistencia, muchos líderes prefieren negociar y claudicar. Eso les permitirá ganar las elecciones y los terroristas lo saben. Conocen nuestras debilidades.

Yihad y vileza independentista
Alfonso Merlos okdiario 22 Agosto 2017

Nunca faltan los voluntarios dispuestos a superar la plusmarca de la villanía y la ruindad, comprometidos en testar hasta dónde puede descender la miseria humana, entregados a calibrar el más visceral sentido de lo que significa la iniquidad o la bazofia ética. Por desgracia, en las últimas horas ha comparecido en primera línea una legión de éstos. No ha hecho falta buscarlos, porque han dado un paso al frente indisimuladamente, en su desvergüenza, al desnudo en su vileza, náufragos de la misericordia o la compasión. Llevando una bandera independentista que, por grande que han intentado que sea, era imposible que tapara tanta infamia: la que ha cuasi monopolizado la demencial alineación de la CUP, del primero de sus prebostes al último de sus correveidiles. Pero no sólo estos epígonos y amiguetes de la desalmada Batasuna. También los desesperados personajes de cartón-piedra que apuntalan en balde al inane Puigdemont.

Hemos tenido que sufrir, como españoles, que amenacen a Felipe VI denunciándole por financiador del terrorismo islamista —¡a nuestro Rey!—. También, que comparezcan en canales de televisión internacionales vendiendo la autonomía de Cataluña como Estado por encima del dolor de los heridos, mutilados, despellejados y asesinados por las ruedas y los cuchillos del Islam militante. También, que separen como víctimas por nacionalidades a quienes son hermanos de una misma patria. También, que proscriban la rojigualda y reclamen echar mano si es menester de la estelada para recordar a los inocentes que han sido estrangulados por los bárbaros que estaban aquí, en Ripoll o en Cambrils, escondidos a la vista de todos. Aún más. En su delirio antisistema y marxista, en su difusión de veneno y su complacencia con el Mal, no hemos olvidado a quienes declararon con luz y taquígrafos que los yihadistas son “gentes trabajadoras” y que, por el contrario, la Policía y la Guardia Civil se transforman —cuando les persiguen— en bestias de la islamofobia. ¡Qué fuerte!

Llamemos a las cosas por su nombre. Alto y claro. El proceso separatista del 1-O está en el desguace, moribundo. Es pura chatarra y ni siquiera puede ser mantenido con respiración artificial. Habrá ingenuos que, compartiendo este diagnóstico, piensen que era inimaginable que los promotores de este golpe molesto pero fallido a la Constitución tendrían algunos límites en sus obsesiones delirantes y sus planes ilegales. Otros siempre hemos pensado que no. Cuando se está dispuesto a escupir sobre el marco de convivencia que nos une a personas civilizadas y buenas, incluso los malvados sediciosos son capaces de explotar y exprimir la barbarie mahometana y el dolor de los cementerios para impulsar, patética y estérilmente, su bastarda hoja de ruta. Los escrúpulos se arrojan pronto al WC y se tira de la cadena. Punto.

Es una lástima, pero es lo que hay, y lo que no hemos hecho por evitar que hubiera. Si por desgracia para algo ha servido el mazazo importado de sitios tan dispares como Siria, Bélgica o Marruecos para clavarse en una hermosísima región española, es para colegir que no hay barreras en lo abyecto y lo inmundo en el caso de los separatistas. Nada bueno podremos esperar nunca de mentecatos, en apariencia de carne y hueso, a los que les sobrándoles por quintales la necedad les falta el alma.

LA REALIDAD SAUDÍ
Hechos.
Julio Ariza. La Gaceta  22 Agosto 2017

Arabia Saudita es una tiranía que promueve el wahabismo y el salafismo,apoyando el terrorismo en todo el mundo. Los paises occidentales lo saben y hacen la vista gorda para proteger intereses económicos.

Arabia Saudita lapida a homosexuales,adúlteras o Ladrones sin importar edad ni garantizar un juicio justo. Los príncipes saudíes acumulan el 80 por ciento de la riqueza en su país dejando el otro 20% para el 80% de la población que vive en condiciones de esclavitud,solo en Corea del Norte o Cuba o Qatar se dan circunstancias semejantes. La mujer carece de los derechos humanos más elementales

¿Imaginan que Nicolás Maduro actuará así?

La Unión Europea está aplicando severas sanciones a Polonia o Hungría por no reconocer el aborto libre o limitar y controlar la inmigración.¿Han oído una sola palabra de condena respecto a los regímenes de Arabia Saudita, Qatar o la represión de Erdogan en Turquía?

Empezamos a rechazar el gobierno venezolano porque la oposición clama por la libertad y la democracia en las calles cuando guardamos un escrupuloso silencio sabiendo que si alguien se movilizara pidiendo libertad en los paises del Golfo y de los golfos sería decapitado en cadalso público.

¿Si quien financia el IISIS es tratado como amigo cordial cómo podemos seriamente condenar los actos terroristas en nuestra casa?

¿Si los intereses económicos lo justifican todo no es un acto de profundo cinismo lo que hacemos?

Hace ya muchos años un empresario catalán me decía que el problema de eta se solucionaba con dinero, entonces yo pensé que se trataba de una actitud enormemente cruel. Ahora sé aquel hombre tenía razón,casi todos los problemas desgraciadamente se solucionan con dinero. Pero también sé ahora que se solucionan sí pero sólo por un rato…Mientras le dura ese dinero al receptor

El ensueño romántico y europeo de los terroristas catalanes
Ignacio Vidal-FolchCronica Global 22 Agosto 2017

Parece que se nos olvida saber que los terroristas de la célula que sembró la muerte en Las Ramblas de Barcelona eran catalanes. Alguno incluso nacido en Cataluña, otros instalados aquí desde hace muchos años. Chicos escolarizados en la inmersión lingüística, integrados en la sociedad, catalanoparlantes.

Moussa Oukabir nació en Ripoll (Girona). Younes Abouyaaqoub, el que arrolló niños y viejas con su camioneta en Las Ramblas, trabajaba como soldador en una empresa de transformación de planchas. Su "coordinador" en la empresa comenta: "Le hablabas de política catalana y te contestaba argumentándotelo todo. Siempre miraba por Cataluña. Decía que era su país, y que estaba muy agradecido a esta tierra, por cómo le habían acogido, a él ya su familia". O sea, todo un catalán, según la famosa definición de Jordi Pujol que tanta aceptación tuvo: "Es catalán quien vive y trabaja en Cataluña". Incluido el agregado posterior "y quiere serlo". Bien, ellos cumplían todas estas exigencias.

De otros miembros del comando asesino recuerdan sus vecinos y sus condiscípulos que eran excelentes muchachos; uno fue delegado de curso en su colegio, otros eran miembros del equipo de fútbol sala, etcétera. Todos hablaban catalán perfectamente. También castellano, a juzgar por el rap que compuso Moussa Oukabir: "Soy un pirata / no quiero ni tu oro ni tu plata / lo que quiero es lo que tienes / entre pata y pata".

¿Cómo se le va a negar la catalanidad a unos chicos que nacieron o crecieron no ya en la tibia, cosmopolita Barcelona, sino en el corazón del Heimat, precisamente donde más obsesivamente se habla de "raíces", de "sentimiento de pertenencia" (que es el sentimiento de que el país te pertenece), de "sentimiento de comunidad", de "patria" y de "integración"? ¿Allí donde flamean las oriflamas en todos los campanarios?

Eran --son, los que han sobrevivido-- terroristas más catalanes que muchas de sus víctimas, turistas a los que asesinaron en Las Ramblas.

Verdugos aborrecibles, pero consecuentes con un ensueño muy occidental: ese ensueño del romanticismo europeo que sostiene que los preferidos de los dioses mueren jóvenes. Ese romanticismo se metaboliza en el nihilismo y se prolonga, fuertemente estetizado, hasta el punk anglosajón, que postula "No future" y recomienda "vive rápido, muere joven y procura que tu cadáver tenga buen aspecto". Bien, estos chicos de Ripoll, crecidos al pie de los Pirineos en un entorno de "identidad fuerte" pero supuestamente tan civilizado, tan educativo, tan acogedor, tan respetuoso con la diferencia, tan integrador en su sentimiento nacional, han sido inmunes a estas insistentes solicitaciones y han llevado lo que predicaban los románticos y los nihilistas europeos más allá de la palabrería y el postureo de los punks: a la más cruda realidad.

Ha sido, para ello, necesario el agente precipitador: el imán del Estado Islámico que supo detectar en esos chicos de Ripoll la secreta insatisfacción con ese mundo tan armonioso e integrador que no hay diferencia que se le resista y adoctrinarles para conducirles a un objetivo claro y neto, lleno de sentido, rápidamente: la transformación del pequeño delincuente avergonzado, del adolescente insatisfecho, del chico confuso, del que con mayor o menor motivo se siente diferente, ofendido y humillado, en fanático terrorista, es siempre rapidísima, cuestión de meses. También es rasgo común el entrenamiento físico, deportivo (en este caso, la práctica del boxeo) y la ingesta de estimulantes a la hora de acometer "el hecho".

A poco corazón que tenga uno, le han de dar mucha pena las víctimas cuyo gran crimen era pasear por Las Ramblas. A mí esos chicos infelices también me dan pena. Algunos han muerto antes de vivir. Los supervivientes tienen ante sí la expectativa de seguir en sus trece y llevar una vida de perros, o ser desprogramados y entonces comprender el gran timo del que fueron objeto, la magnitud y el absurdo de lo que han hecho.

PATROCINADORES DEL ISLAMISMO
El terrorismo yihadista, y la relación entre la Casa Real y las monarquías pérsicas
La Gaceta  22 Agosto 2017

Arabia Saudí, aliado de occidente, es el principal proveedor de terroristas del Estado Islámico.

Tras los atentados islamistas de Barcelona y Cambrils que se han saldado con más de 14 muertos y 120 heridos son muchos los que se preguntan si el papel de Casa Real, que mantiene relaciones económicas con los países del golfo pérsico como Qatar o Arabia Saudí, países que han financiado según distintos documentos las actividades de los grupos terroristas, como el Estado Islámico, y que buscan la islamización de Europa, ayuda a la lucha contra el terrorismo islamista.

El Rey Felipe VI acudió el pasado mes de febrero a Arabia Saudí, un viaje que fue suspendido en dos ocasiones: en febrero de 2016 por el bloqueo político de una España sin Gobierno y en noviembre tras el fallecimiento del príncipe Turki bin Abdulaziz al Saud, hermano del rey Salman.

El Gobierno, que reconoció que la situación en Arabia Saudí no era satisfactoria en materia de derechos humanos, defendió asimismo la visita. “Queremos trabajar con Arabia Saudí para mejorar. Es un viaje crucial para los intereses de empresas españolas”, dijo el ministro de Asuntos Exteriores Alfonso Dastis.

Arabia Saudí, aliado de occidente, es el principal proveedor de terroristas del Estado Islámico. Tal y como señaló el pasado mes de marzo la cadena Fox News en un reportaje, citando a fuentes militares iraquíes, la mayoría de islamistas del grupo proceden de Arabia Saudí. La información reveló que los terroristas saudíes suponen el 30% de todo el contingente del ISIS en Irak.

Además, la Casa Real también mantiene buenos contactos diplomáticos con Qatar, una pequeña península con una población de 2,7 millones de habitantes, que nada en hidrocarburos -tiene la tercera mayor reserva mundial de gas- y mantiene una situación geoestratégica decisiva.

Qatar, por ejemplo, gobernado por una familia de la misma órbita wahabista que los saudíes, se ha convertido también en uno de los principales patrocinadores del Islam en nuestro continente. Los petrodólares han financiado la construcción de miles de mezquitas en todo el continente, al frente de las cuales han situado a imanes radicales para difundir su visión del Islam.

Además da soporte al Estado Islámico. El secretario de Terrorismo e Inteligencia financiera de Estados Unidos, David Cohen, ya denunció en marzo de 2015 el soporte de Qatar a miembros del Estado Islámico en Siria y denunció una legislación “demasiado permisiva” con determinadas donaciones de particulares a personas e instituciones relacionadas con el terrorismo.

Décimo aniversario y camino del vigésimo
Gabriel Moris  Libertad Digital 22 Agosto 2017

Hemos recordado el vigésimo aniversario de dos hechos con desenlaces bien distintos: la liberación de José Antonio Ortega Lara de su largo e inhumano cautiverio y el secuestro y cruel asesinato de Miguel Ángel Blanco.

Como casi siempre que se trata del recuerdo de hechos relacionados con el terrorismo, sus víctimas y la sociedad han puesto de manifiesto sus debilidades: la desunión, el individualismo, el afán de protagonismo y la falta de objetivos y estrategias para luchar contra sus verdugos. Esto último no supondría una usurpación de las responsabilidades del Estado, más bien se trataría de actuar sinérgicamente. Para que haya sinergia tiene que haber coincidencia en los fines perseguidos y en los objetivos. No es evidente esta coincidencia entre las víctimas y las instituciones. Desgraciadamente, el terrorismo nos aventaja en esa materia. Me viene a la memoria una cita evangélica: "Los hijos de las tinieblas son más astutos que los hijos de la Luz".

No puede extrañarnos que, después de tantos años de terrorismo, haya unos trescientos atentados de ETA sin judicializar.

Sin olvidar ni minimizar ningún atentado terrorista, creo que hay uno, el de los trenes de Cercanías, que, por múltiples circunstancias, merece una atención especial. Las cifras –193 fallecidos y 1.856 personas con lesiones reconocidas–, la fecha elegida –un día 11, como el atentado de las Torres Gemelas, y tres días antes de unas elecciones legislativas–, la explosión simultánea de cuatro trenes, la detención o entrega previa de una furgoneta conducida por un supuesto comando de ETA con un cargamento de Titadyn y con pistas del destino (falsas o no)... Todos estos hechos, verificados y constatados, hacen de este crimen múltiple un hecho singularen la historia de la España del siglo XXI. El Sr. Aznar hizo algún comentario en este sentido, creo que dijo algo así como: "El 11-M será un hecho para la Historia".

No acaba aquí lasingularidad de este crimen de lesa humanidad. Las detenciones de 115 personas, casi todas árabes, se suspendieron cuando tomó posesión el nuevo Gobierno, salido de las urnas en unas votaciones con un electorado traumatizado por los atentados. No menos extraño resulta que varios de los detenidos, dos de ellos condenados a varias décadas de miles de años, estuvieran relacionados con la confidencia policial. Ni antes de los hechos ni después de la sentencia se han encontrado relaciones de los tres condenados con Ben Laden o con células yihadistas, y ya se han producido más de doscientas detenciones de presuntos islamistas radicales.

Mientras escribo estas reflexiones se han producido los atentados en Cataluña. No encuentro palabras para calificarlos. Mi cariño, apoyo y empatía para todas las víctimas y sus familiares y amigos. Revivimos la pérdida de mi hijo, hace trece años, cinco meses y nueve días.

En el décimo aniversario de los atentados de los trenes de Cercanías se celebró un funeral de Estado en la catedral de la Almudena de Madrid. La asistencia fue plural y masiva. El cardenal Rouco Varela pronunció una homilía de la que transcribo lo siguiente:

De un sencillo análisis de lo ocurrido se desprende una primera respuesta: murieron, sufrieron y sufrimos porque hubo personas que, con una premeditación escalofriante, estaban dispuestas a matar inocentes a fin de conseguir oscuros objetivos de poder, porque hay individuos y grupos sin escrúpulo alguno que desprecian el valor de la vida humana y su carácter inviolable, subordinándolo a la obtención de sus intereses económicos, sociales y políticos.

Pasados más de trece años de los atentados, nadie –con la razón o con su obrar– ha podido rebatir dicha afirmación. Lo ocurrido el otro día lo corrobora.

El tiempo pasa con una celeridad escalofriante y, con frecuencia, los humanos cambiamos el orden de prelación de las cosas. ¿Hay algo más urgente que preservar la vida de las personas? Según creo, los delitos penales, en nuestro ordenamiento jurídico, prescriben pasados veinte años. Los recuerdos, homenajes, discursos, ramos de flores y peluches quedan bien en determinados momentos; pero si no se traducen en hechos concretos que eviten el mal y mejoren nuestras reglas de convivencia, todo eso se convierte en un falso alivio de nuestra conciencia.

Cuando pasen seis años, alguien podrá recordar en los actos del 11-M las palabras de monseñor Rouco con la misma actualidad del décimo aniversario; pero si nadie actúa para evitar la repetición de los atentados terroristas, modificando las leyes, el terrorismo seguirá brindándonos sus macabros espectáculos. Los autores seguirán recibiendo los infames homenajes de sus correligionarios.

Nuestro Estado de Derecho sólo nos ofrece silencio y olvido. Sólo el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo y la Corte Penal Internacional de La Haya quedan como posibles medios para hacer una pizca de justicia.


******************* Sección "bilingüe" ***********************

Servicios mínimos
Ignacio Camacho ABC 22 Agosto 2017

ESTÁ tan descosida la política española que la unidad sólo puede construirse en ella a través del silencio. Y ya es de celebrar que tras el atentado de Barcelona nadie haya echado a nadie la culpa de los muertos. Por callar, han callado hasta los de Podemos, siempre tan locuaces y esta vez felizmente discretos, quizá porque no había modo de recriminar al Gobierno. Pero llegó la reunión del pacto antiyihadista y había que retratarse firmando o no el documento: para la pequeña historia de la infamia doméstica quedan las excusas de populistas y nacionalistas que ni aun en estas circunstancias lo suscribieron. La democracia tonta les otorga sin embargo el abstruso visado de «observadores» para que, sin comprometerse a nada, puedan seguir asistiendo.

Pero ni en el más dramático o desolado de los momentos puede permitirse este país la ausencia completa de los majaderos de guardia. Sin ellos España no sería España; es menester establecer servicios mínimos de estulticia incluso en las contingencias más dramáticas. Siempre hay gente dispuesta a cumplirlos saliendo a escena con generosidad espontánea. Y si no tienen papel asignado se buscan en las redes sociales sus cinco minutillos de debate y fama.

Obligados Puigdemont y Colau a una compostura oficial en razón de su visibilidad y liderazgo, los soberanistas han encontrado mentecatos de centinela en los escalafones secundarios. Así, ese consejero de Interior que distinguió con mucha precisión xenófoba entre víctimas catalanas y españolas, cubriendo con banderas rupturistas sus cuerpos atropellados. O el olvidado Carod-Rovira, que ha aprovechado la ocasión para salir de las catacumbas a resaltar la tarea de las instituciones autonómicas en funciones de Estado. Para Carod, como para Romeva, Tremosa y otros secesionistas de segundo rango, el rol de los Mossos en la persecución de los terroristas certifica que Cataluña ha aprobado con nota el examen de la independencia de facto. Es el mensaje que el nacionalismo, siempre atento a su propia agenda diferencialista, está haciendo correr en las horas de incertidumbre y angustia: están preparados. La famosa unidad queda para los otros; no ha salido de ninguna autoridad catalana una palabra de gratitud a la empatía solidaria de los españoles ni al dolor compartido por quienes se empeñan en considerarse sus conciudadanos. Hasta sus muertos son sólo suyos como si les correspondiese el derecho exclusivo de llorarlos.

En ese retén de estúpidos de imaginaria, reclutados entre lo mejorcito de cada casa, no podía faltar la alegre muchachada de las CUP, cuya contribución al buen rollito ha consistido en acusar al Rey de financiar indirectamente al terrorismo islámico. Su tremendismo radical, garantía perpetua de espectáculo, ha servido para comprobar que entre tanto despliegue de diligencia queda aún una institución de vacaciones: la Fiscalía General del Estado.

Complejo antiterrorista
OKDIARIO 22 Agosto 2017

Los complejos y el buenismo fútil hacen débiles a las naciones, especialmente cuando condicionan un ámbito tan importante como la lucha antiterrorista. España, tan paradigmática en la mayoría de acciones contra esta lacra, tuvo la oportunidad de expulsar en 2014 al que a la postre ha sido el cerebro de los atentados de Barcelona. Sin embargo, y a pesar de la orden emitida por la Policía Nacional, un juez de Castellón impidió que el imán de Ripoll, Abdelbaki Es Satty, saliera de nuestro país tras cumplir una condena de cuatro años de cárcel por tráfico de hachís. El clérigo salafista —una de las corrientes más extremas y violentas del islam— fue expulsado de Bélgica al inicio de 2016 tras intentar convertirse en el imán de la ciudad de Vilvoorde. Las autoridades del país centroeuropeo, tan criticadas a veces por su pasividad, tuvieron la determinación que faltó en España para deshacerse de un hombre profundamente radicalizado y con antecedentes penales.

Es Satty murió en la explosión del inmueble de Alcanar, pero no hay que olvidar jamás que su voluntad y la de sus ignominiosos secuaces era volar por los aires el centro de Barcelona con más de 100 bombonas de butano. Un plan que, de consumarse, hubiera dejado en nada la inmensa tragedia que el pasado jueves tiñó de luto el asfalto de la capital catalana. Nuestro país no se puede permitir esas negligencias. Una de las claves para atajar a estos asesinos es la prevención. Si el problema —complejo e inabarcable en su totalidad— no se corta de raíz cuando existe la oportunidad, rebrota con el tiempo hasta arrebatarle la vida a decenas de personas. Un reguero de muerte y destrucción que puede evitarse con un trabajo conjunto y coordinado entre las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, la Justicia y los partidos políticos. Sólo así podremos neutralizar a unos asesinos carentes de cualquier consideración ética o moral. La unidad, por tanto, es imprescindible. Se trata de remediar al máximo para lamentar lo mínimo posible.

Algo que no se conseguirá mientras no haya un gran acuerdo de actuación. En ese sentido, la postura de Podemos ante el pacto antiyihadista resulta incomprensible, irresponsable… intolerable. Ni siquiera tras lo acaecido en Barcelona se adhieren a un acuerdo esencial para hacer frente al yihadismo, ese demonio que recorre el mundo con el objetivo de acabar con nuestro modo de vida. La Generalitat también debe extremar las medidas, especialmente en los pequeños locales donde se levantan centros clandestinos de adoctrinamiento. Si los Mossos poseían toda la información sobre los antecedentes de Abdelbaki Es Satty, tendrían que haber intensificado la vigilancia sobre él. Cumplir y hacer cumplir la ley, no hay otro camino. Todo lo demás es regalar margaritas a los que disparan con bazucas. Complejos y fatuidades que, como hemos comprobado, salen muy caros.

Ante el terror yihadista no es suficiente ser sólo «observador»
Editorial La Razon 22 Agosto 2017

Nuestra experiencia en la lucha antiterrorista ha dejado claro que para derrotar al fundamentalismo violento –en la versión religiosa o política– es necesario mantener la unidad de todas las fuerzas democráticas. El terrorismo busca como objetivo principal romper las sociedades libres, dividirlas y buscar apoyos en sectores que «comprendan» que sus bárbaros atentados son la consecuencia de una injusticia previa. En un momento en el que España ha sido atacada en la ciudad de Barcelona, donde los yihadistas han demostrado su terrible capacidad de destrucción, no cabe más opción que la unidad. Ayer se reunió el Pacto Antiyihadista para reafirmar el acuerdo que se selló por primera vez en noviembre de 2015, cuando se puso en marcha a raíz de atentado contra la revista satírica francesa «Charlie Hebdo». Si entonces era necesario el acuerdo de todas las fuerzas parlamentarias, ahora, tras la masacre de Barcelona, la necesidad de sumar a todas las fuerzas es clave.

Sin embargo, PNV, PDeCAT, ERC y Unidos Podemos optaron por no firmar el pacto. Primero, acudieron en calidad de «observadores», una fórmula que sólo define la equidistancia máxima y la falta de compromiso con la política antiterrorista. Ha sido una ocasión perdida que sólo sirve para transmitir a la ciudadanía que ni en situaciones tan extremas como las que estamos viviendo los partidos políticos son capaces de alcanzar acuerdos mínimos sobre algo básico: defender la democracia y las libertades públicas. Ha primado más una política de pocos vuelos. Por un lado, están los nacionalistas catalanes, PDeCAT y ERC, obcecados en un proceso de ruptura con la legalidad –y compitiendo ambos por la Generalitat– que les impide tener un gesto de Estado.

Menos comprensible es que el PNV no quiera apoyar una iniciativa de cuya efectividad ha sido testigo en los años de plomo del terrorismo etarra. Una confusa posición que nos tememos sigue siendo heredera de aquellos años amargos. Unidos Podemos se mantiene como «observador», algo que nunca ha explicado de manera convincente. Todavía resuenan las palabras de Pablo Iglesias sobre que el pacto antiyihadista «supone renunciar a derechos civiles y no es eficaz». Es alarmante la falta de madurez política. Llegar a un acuerdo de mínimos por muy loable que sea el motivo –la condena de los ataques, el reconocimiento a las fuerzas de seguridad y del comportamiento cívico de los barceloneses– es algo que se da por hecho. Por contra, el Partido Popular, PSOE y Ciudadanos firmaron el acuerdo, al que se sumaron las minorías de Foro Asturias, UPN, PAR, Coalición Canaria, además de UPyD.

La necesidad del pacto entre todas fuerzas se basa en el hecho de que es clave que se transmita a la sociedad que no hay fisuras en la unidad y que ésta es clave para derrotar al terrorismo. Sobre el terreno, la eficacia y coordinación de las fuerzas de seguridad ha funcionado. Salvando fallos de información que deberán subsanarse, el operativo tras el atentado ha cumplido los objetivos de neutralizar a los yihadistas huidos. La unidad es necesaria porque hay que legislar en el sentido de asegurar nuestras libertades e impedir que los terroristas se beneficien de esta libertad. El coordinador antiterrorista de la Unión Europea, Gilles de Kerchove resaltó ayer los logros de las legislación española y comunitaria para dificultar a los terroristas el uso de armas de fuego y puso como reto invertir «en establecer condiciones adecuadas para un islamismo pacífico».

El oasis de Ripoll
Pablo Planas  Libertad Digital 22 Agosto 2017

Esto ya no es un golpe de Estado sino un Estado de golpe.

No hay ingenio informático con memoria suficiente para compilar las excelencias de la república catalana surgida de los atentados islamistas de Barcelona y Cambrils. La propaganda es la gran estructura de Estado del nacionalismo, el arte de convertir una tragedia en publicidad y las chapuzas en hazañas. Escribe Carod-Rovira que la víctima ha sido Cataluña y el culpable, el totalitarismo fascista. Las condenas institucionales evitan con gran escrúpulo los términos islamismo y yihadismo para no incurrir en la islamofobia porque Cataluña es el colmo de la integración en paz y la convivencia en armonía, el auténtico oasis tan sólo alterado por la incómoda presencia residual de una España que se bate en retirada de tanto abatimiento.

El insensato e inseguro infantilismo de la Generalidad encuentra acomodo en el relato informativo, churro del que resbalan cada vez más interrogantes sobre el Chernobil de Alcanar, los bolardos en Barcelona, la muerte de Pau Pérez en la Diagonal, el control de las mezquitas salafistas, el imán de Ripoll, la puntería de los Mossos, la coordinación policial en general y el papel del Gobierno y el Govern en particular.

Entre tanto y en Ripoll, cuna de la civilización occidental catalana, familiares, amigos y conocidos de los terroristas no se explican qué ha podido pasar y malician que todo ha sido culpa del imán, a quien por otra parte jamás se le escuchó, aseguran en el pueblo, ninguna prédica fuera de tono. Contra toda evidencia, Ripoll es para el nacionalismo catalán un ejemplo de manual de cohesión social, un éxito del pujolismo y el sistema educativo propio. Lo más parecido a la zona alta de la Suiza del Mediterráneo, como ha denunciado en Le Figaro el hispanista Benoît Pellistrandi.

La Generalidad, con el general Trapero al frente, deviene Estado. Controla todo el territorio, las comunicaciones, las infraestructuras críticas, lidera la cacería al terrorista y el Gobierno retiene a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y confina el Ejército en sus cuarteles para no ofender la sensibilidad de las autoridades catalanas a costa de la seguridad ciudadana. Esto ya no es un golpe de Estado sino un Estado de golpe.

El atentado islamista de Barcelona y la intoxicación del separatismo catalano-kosovar
VerdadesOfenden latribunadelpaisvasco 22 Agosto 2017

Aunque el nacionalismo catalán nos quiera hacer creer que han gestionado el atentado de Barcelona de modo ejemplar, poco a poco vamos comprobando que los mandos de los Mossos de Escuadra y las autoridades de Interior del gobierno catalán han actuado con una incompetencia tan pasmosa como preocupante.

Ahí van unas cuantas observaciones:

1.- El miércoles 16 de Aagosto se produce una explosión enorme en un chalet de Alcanar que se escuchó a varios kilómetros a la redonda. Los Mossos declararon esa explosión como “accidentental” por “acumulación de gas”. La Guardia Civil de San Carlos de la Rapita acudió inmediatamente, pero los Mossos no les dejaron ni entrar.

2.- En la casa de Alcanar aparecieron más de cien bombonas de butano y varias de acetileno. Los testimonios del vecindario daban cuenta de que la casa estaba “okupada” por un gran número de árabes. Los Mossos no consideraron otra hipótesis que la del accidente y no comunicaron ni a la Guardia Civil ni a la Policia Nacional este incidente ni les dejaron investigar. Uno de los ocupantes de la casa resultó herido y fue trasladado al hospital. Nadie le interrogó ni mucho menos le detuvo en ese momento. Ya después del atentado de Barcelona descubrieron en la casa restos de triperóxido de triacetona (TATP), el explosivo usado por las células yihadistas y cuya fórmula de fabricación difunden en sus páginas web. Ese dato hubiera puesto inmediatamente a los ocupantes de la casa en relación con un atentado.

3.- Una furgoneta irrumpe en Las Ramblas a gran velocidad. Ello es posible porque no existían barreras en la zona peatonal pese a que la Policia Nacional recomendó instalarlas antes de Navidad. Los Mossos y la alcaldesa de Barcelona se negaron a la instalación de bolardos, maceteros u otros obstáculos.

4.- En la “operación jaula” una agente de los Mossos resulta arrollada por un coche. El compañero abre fuego contra el vehículo que aparece abandonado en la localidad de Sant Just. Se informa de que el conductor ha sido abatido por los disparos del agente y ha muerto por impacto de bala. Luego se descubre que el difunto estaba sentado en el asiento del copiloto y que murió por apuñalamiento de arma blanca. El vehículo no tenía ni un solo impacto de los diez tiros disparados. Pasadas diez horas se dan cuenta de que el difunto no tenía nada que ver con el atentado y que el conductor está huido.

5.- El portavoz de los Mossos informa que descartan más atentados, y que todos los esfuerzos van dirigidos a localizar a los sospechosos del atentado de Las Ramblas.

6.- En Cambrils, una furgoneta con cinco marroquíes pretende repetir el atentado de Las Ramblas, posiblemente en el paseo marítimo de Salou, lleno de gente a esas horas de la noche. La furgoneta recibe el alto de una pareja de los Mossos, pero no se detiene y vuelca en la rotonda inmediata al control. Cuatro de los ocupantes salen del vehículo y atacan al Mosso que les controlaba. Resulta que este había sido militar en la Legion y los mata a tiros a los cuatro en un instante. El quinto sale corriendo y es interceptado por una pareja de Mossos que se desplazaban en un coche camuflado. A este le da tiempo a degollar a una señora que pasaba por allí y es disparado por los Mossos que, a cinco metros, consiguen alcanzarle con tres de los once tiros que dispararon.

7.- Se descubre que todo empezó en una mezquita de Ripoll, en la que actuaba como imam un marroquí ex presidiario de la cárcel de Tarragona, Abdelbaqui Es Satti, del que se sabía que había teñido relación con los terroristas del 11-S. Ripoll es un pueblo de 10.000 habitantes en el que, por lo visto, las autoridades de Interior de Cataluña no sabían qué clase de tipo andaba dirigiendo una mezquita.

8.- Desde el momento del atentado se venía buscando a un niño australiano de siete años, cuya desaparición había denunciado su familia tras el atentado. Dos días más tarde los Mossos informan que está en un hospital y que no hay ninguna víctima no localizada. Un día más tarde los Mossos informan de que el niño en realidad está muerto y que falleció en el atentado.

9.- Todo el afán de las autoridades catalanas, Mossos incluidos, ha sido excluir a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado de la investigación de este atentado; tratar de presentarse ante el mundo como un estado independiente; y fingir una eficacia muy lejos de la realmente demostrada. En definitiva han querido hacer política con 14 muertos y 100 heridos.

10.- Cada vez más obvio que nuestros katalanistas – kosovares (les vuelve locos que les llamén así) querían aprovechar para vendernos un estado que funcionaba de modo autonomo, sin ayuda alguna de España y con la gestión del atentado así se demostraba.

Los propios catalanes se han empezado a plantear sus serias duda por la gestión, primero con los bolardos, un tema menor, pero ahora con su irresponsable actividad de inteligencia:

A-¿Qué se hizo para evitarlo?
B-¿Cómo se gestionó de verdad?

Este tema puede hacer muchísimo daño al irresponsable separatismo CAT que vivimos y cuyo dislate económico supera ya la astronómica cifra de 20.000 millones de euros, aunque lo mas sangrante es el balance de 14 vidas de inocentes, una irresponsabilidad que va al corazón del argumento fundamental:

Si con una población de medio millón de musulmanes que se han desvivido durante años en importar y sustituir a la población de origen hispano (fundación Nous Catalans), con datos de un 6,9% más que cualquier país europeo occidental, a excepción de Francia, ¿cómo van a manejar un hipotético país independiente si hoy tienen sus finanzas quebradas en el bono basura?

¿Como evitaran caer en el caos del yihadismo que ya cabalga entre ellos y que puede ponerlos de rodillas tan pronto sean mayoría y exijan adaptar usos, costumbres y leyes, como reconocer la sharia, incluyendo el dato cierto de que ya ejercen la violencia?

Esa es la narrativa que de verdad temen.

No van a caber en la calle cuando celebren su desfile
Alfonso Rojo: "El Día del Gilipollas"
El consejero 'catalán 100%' que discrimina víctimas españolas y catalanas es 50% ecuatoriano
ALFONSO ROJO Periodista Digital 22 Agosto 2017

Aviso, para que a Carmena, los de Podemos y periodistas afines no les pille de improviso y se monte la de San Quintín en la capital de España: Cuando se celebre el ‘Día del Gilipollas' no van a caber en la calle.

Lo digo sin sorna, acuciado por la responsabilidad, porque no son sólo los Rufián, Otegi, ‘Gili' Toledo, el alcalde cupista de Sabadell y los frikies de plantilla quienes acudirán en tropel.

Al festejo, en carroza o a pie, disfrazados o con su atuendo habitual, afluirán en manada los del PSOE.

Sera una multitud pasmosa, si es verdad ese 25% de votantes que le atribuyen los del CIS, esos ‘expertos' que certifican reiteradamente que el sectario Alberto Garzón, también muy esperado en el desfile, es el político más apreciado por la ciudanía española.

Garzón, que calificó la masacre de la frugoneta en La Rambla de 'atropello', como si fuera un accidente de tráfico, tendrá en esa procesión un lugar de privilegio, escoltado sin duda por los zarrapastrosos de la CUP, que describen la bestialidad de los terroristas islamicos en Barcelona como una forma de "terrorismo fascista fruto de las lógicas internacionales del capitalismo".

Y sujentando el pendón de la gilipollez, el etarra Arnaldo Otegi, quien ha aprovechado este atentado para declararse "preocupado" y mostrar solidaridad con el conjunto de "los Països Catalans", como si se nos hubieran olvidado los 21 inocentes que muy cerca asesinaron en Hipercor él y los suyos en 1987.

He subrayado muchas veces que no me distanciaba de los socialistas ni su apoyo a la Sanidad pública, ni la idea de una Educación general y gratuita. Ni siquiera sus tesis sobre Justicia social o Economía. Que lo que levantaba un muro que hace imposible que les vote, es su indefinición sobre España y su ocasional claudicación frente a independentistas, terroristas y zarrapastroso periféricos.

Ha habido una etapa reciente, en que añorando el partido de Felipe González, proclamé a los cuatro vientos que el PSOE no se merecía a un tipo como el plurinacional Pedro Sánchez.

Hoy, a mitad de agosto de 2017, afirmo sin pestañear que España no se merece este PSOE.

¿Cómo no va a estar reservando plaza para el ‘Día del Gilipollas' ese dirigente sanchista, apellidado Franco para mayor rechifla, que acaba de proclamar el derecho a denominar nación a Madrid?

Doy por supuesto que Abalos, el secretario de Organización, abrirá la procesión y con todo mérito tras calificar de "esquiroles" a los guardias civiles que han puesto orden en el Aeropuerto de El Prat.

Al lado, por mérito propio, irá sin duda Joaquim Forn, el consejero de Interior de la Generalitat que se cubrió de mierda este viernes 18 de agosto de 2017, cuando en TV3, en un alarde de xenofobia, sectarismo y estulticia, distingió entre víctimas españolas y catalanas del atentado de Las Ramblas.

Lo hizo con retintín, como si las segundas fueran de otra categoría, superiores a las primeras. Y resulta que este zopenco de Forn es 50% ecuatoriano.

Y no me digan que la alcaldesa, el concejal Sánchez Mato, Rita la ‘cantaora' y los podemitas no están obligados a hacerle un hueco de privilegio en la comitiva a Óscar Puente, portavoz de la Ejecutiva y alcalde de Valladolid.

Hay que ser memo y mala persona para declarar que los medios de comunicación ‘exageran' la cobertura del drama venezolano, con 126 jóvenes asesinados, cientos de presos políticos y la ONU acusando a Maduro de torturas infames y de violar derechos humanos.

Como atenuante a su gilipollez, quizá Puente pueda alegar que estaba justo a punto de irse de vacaciones a Puente Romano, en Marbella, y que los 15.000 euros que cuesta el jolgorio le tenían un poco desorientado.

Contra el terrorismo y contra la CUP
Gonzalo Bareño La Voz 22 Agosto 2017

Ocurre cada vez que el terrorismo islamista perpetra una matanza en Europa. Apenas se ha limpiado la sangre y se han retirado los cuerpos mutilados de las aceras, cuando en medios y redes el acento se pone ya en la islamofobia y se advierte de que nadie debe cuestionar al islam porque esos crímenes no tienen nada que ver con esa religión. Esa presión lleva a que muchos se autocensuren y opinen sobre estos atentados retorciendo sus reflexiones hasta el punto de obviar el hecho inobjetable de que se perpetran invocando a Alá. Lo cual, evidentemente, no significa que los millones de musulmanes que hay en el mundo sean responsables. Pero negar la realidad u ocultar que se mata en nombre del islam no resolverá el problema.

Los atentados de Barcelona no son una excepción. La diferencia es que a esa presión preventiva se suma ahora la de quienes pretenden censurar cualquier crítica al nacionalismo catalán con el argumento de que se utilizan los asesinatos para atacar al independentismo. Y entonces, algunos tienen que hacer ya el ejercicio de funambulismo que supone opinar sobre unos atentados islamistas cometidos en Cataluña sin mencionar al islam ni analizar la actuación del Gobierno nacionalista catalán.

Como no estoy dispuesto a someterme a ese número circense, repetiré que el islam no respeta muchos de los derechos establecidos en Occidente, entre otros los de las mujeres, y que por tanto es tan criticable hoy como antes de los atentados, como lo es cualquier otra creencia. Convertirlo en una religión intocable porque se cometan atentados en su nombre, o no controlar a quienes hacen proselitismo de su versión más intolerante, sería un error catastrófico.

Pero diré también, aún a riesgo de ser lapidado, que el independentismo catalán no solo está ofreciendo un espectáculo lamentable en su respuesta a estos crueles asesinatos, sino que está comprometiendo la imagen internacional de España. Hechos como que el consejero de Interior de la Generalitat diga que entre las víctimas se ha identificado a «dos personas catalanas y dos personas de nacionalidad española»; que la Assemblea Nacional Catalana pida a todos los ciudadanos extranjeros que no usen la bandera española para solidarizarse con las víctimas en las redes y recomiende en cambio que se utilice la estelada, o que los independentistas se nieguen a firmar el pacto antiyihadista y asistan como «observadores», indican hasta qué punto llega la mezquindad de algunos. Pero que la CUP, partido que sostiene al Gobierno catalán, rechace participar en una manifestación contra los atentados diciendo que el rey Felipe VI es «culpable» de los asesinatos, o que la Generalitat se doblegue ante tales tarados e impida que autoridades y líderes políticos encabecen esa marcha para mostrar la unidad de todos contra el terrorismo, como se hace en todos los países del mundo, es algo que sobrepasa todos los límites. Que la respuesta que España vaya a dar en la calle a los atentados pueda estar condicionada por semejantes fanáticos es algo inquietante.

«Muy lamentable». El drama de Cataluña es que la CUP se haya instalado en las instituciones
Salvador Sostres ABC 22 Agosto 2017

Al fin el presidente de la Generalitat se ha dado cuenta de que efectivamente lo de la CUP es «muy lamentable», tanto como que un partido como Convergència haya llegado a creer que con semejantes compañeros de viaje puede construir algo tan serio como un Estado.

Decir que no acudirás a una manifestación en contra del terrorismo si va el Rey constituye un inigualable momento de estupidez pero lo realmente grave es que el que hasta hace poco fue el partido alfa del catalanismo y de Cataluña haya caído en la bajeza de homologar a semejante atajo de bárbaros entregándoles las riendas del gobierno. Si no reconocen la propiedad privada, son cómplices de Otegui y de las dictaduras de Castro y Cuba; si se rasgan las vestiduras con la islamofobia y proponen expropiar la Catedral de Barcelona y la quema masiva de iglesias o atribuyen los atentados islamistas al capitalismo, nadie sensato ni con la menor idea de Estado -aunque sea del Estado catalán- querría tener nada que ver con ellos y es una insólita demostración de provincianismo, y de tam-tam tribal, que lo que una vez fue el centro derecha razonable -corrupto pero razonable- haya cometido la inmensa torpeza de saltar al vacío de la mano de estos profetas de cualquier catástrofe.

Su anuncio de que no participarán en la manifestación del sábado es folclore antisistema que les retrata pero lo deleznable es la violencia que les hemos permitido en las distintas batallas campales que han protagonizado, la más reciente contra el turismo. Puigdemont no puede hacerse el ofendido con lo que él mismo ha patrocinado para lograr sus objetivos «nacionales». El descalabro político y moral de Cataluña no podría entenderse sin una Convergència -o lo que queda de ella- que una vez más se ha equivocado en sus demenciales cálculos: primero naufragó tratando de parecerse a Esquerra, que va arrebatarle la presidencia de la Generalitat en las próximas elecciones automómicas, y hoy hace el ridículo flirteando con la CUP como si no hubiera aprendido que la derecha catalanista suele despertar de este sueño asesinada en las cunetas.

Pero más allá de las siglas concretas y de la indigencia intelectual de sus representantes, existe un «espíritu CUP» perfectamente establecido en Cataluña -permisivo con la ocupación, indulgente con el islamismo, violento contra la policía- y que no es ajeno a la idiosincrasia del atentado de las Ramblas, que tuvo su origen en una casa ocupada y en una explosión que no se investigó adecuadamente por ese buenismo de creer que eran sólo unos pobrecitos árabes; ni es ajeno, tampoco, a las facilidades que hoy mismo les continuamos dando para que puedan volver a golpearnos. Lo que la CUP es y representa forma parte del sustrato moral de Cataluña con mucha más fuerza que sus diez diputados y eso es lo esencialmente «muy lamentable».

Sólo así se explica que Ada Colau sea alcaldesa de Barcelona y que incluso después de los atropellos haya dicho que no piensa instalar bolardos en las calles más transitadas porque quiere que «sigamos siendo una ciudad libre», como si continuar vivos no fuera la primera condición de la libertad. Y sólo así, también, se entiende que una parte importante de los catalanes tengan interiorizado que la Ley es opcional y que sale gratis desafiar a un Estado.

El drama de Cataluña no es que la CUP no acuda a una manifestación sino que se haya instalado en nuestras instituciones y en la debilitad mental que oscurece nuestro funcionamiento diario.

LA UTILIZACIÓN DEL ATENTADO COMO PROPAGANDA SEPARATISTA
La indignante lista de chapuzas que la Generalitat nos oculta sobre el atentado terrorista de Barcelona
¿En manos de quién está nuestra seguridad, estimados Puigdemont, Forn, Soler y Trapero?
ANTÓN PÉREZ. Periodista Digital 22 Agosto 2017

Todo el afán de las autoridades nacionalistas, incluidos los mandos de los Mossos, ha sido excluir a la Guardia Civil y a la Policía Nacional de la investigación del atentado; tratar de presentarse ante el mundo como un estat independent, y fingir una eficacia muy lejos de la realmente demostrada.

Los amigos de Dolça Catalunya han elaborado un lista que resume cómo que los mandos de los Mossos de Esquadra y las autoridades de Interior del gobierno catalán han actuado con una incompetencia preocupante.

1.- El miércoles 16 de agosto se produce una explosión enorme en un chalet de Alcanar que se escuchó a varios kilómetros a la redonda. Los Mossos declararon esa explosión como "accidentental" por "acumulación de gas". La Guardia Civil de San Carlos de la Rápita acudió inmediatamente, pero los Mossos no les dejaron ni entrar.

2.- En la casa de Alcanar aparecieron más de cien bombonas de butano y varias de acetileno. Los testimonios del vecindario daban cuenta de que la casa estaba "okupada" por un gran número de árabes. Los Mossos no consideraron otra hipótesis que la del accidente y no comunicaron ni a la Guardia Civil ni a la Policia Nacional este incidente ni les dejaron investigar.--¿Quién la 'cagó' en Alcanar? "Los Mossos no dejaron investigar la explosión a la Guardia Civil"--

3.- Uno de los ocupantes de la casa resultó herido y fue trasladado al hospital. Nadie le interrogó ni mucho menos le detuvo en ese momento.

4.- Ya después del atentado de Barcelona descubrieron en la casa restos de triperóxido de triacetona (TATP), el explosivo usado por las células yihadistas y cuya fórmula de fabricación difunden en sus páginas web. Ese dato hubiera puesto inmediatamente a los ocupantes de la casa en relación con un atentado.

5.- Y hubiera evitado también el imprudente desescombro de la casa de Alcanar, durante el cual se produjo otra explosión que causó 9 heridos entre bomberos y Mossos.

6.- La tarde del 17, una furgoneta irrumpe en Las Ramblas a gran velocidad. Ello es posible porque no existían barreras en la zona peatonal pese a que la Policia Nacional recomendó instalarlas antes de Navidad. Los Mossos y la alcaldesa de Barcelona se negaron a la instalación de bolardos, maceteros u otros obstáculos. --Estaban demasiado ocupados en proteger a 'okupas' y perseguir españolistas para acordarse de poner bolardos--

7.- El conductor del vehículo recorre 530 metros de la avenida más turística de Barcelona. Cuando sale del vehículo ningún Mosso le intercepta y puede llegar a la plaza Universidad, donde al parecer secuestró un choche y asesinó a su ocupante.

8.- En la "Operación Jaula" una agente de los Mossos resulta arrollada por un coche. El compañero abre fuego contra el vehículo, que sorprendentemente escapa y aparece abandonado en la localidad de Sant Just. Se informa de que el conductor ha sido abatido por los disparos del agente y ha muerto por impacto de bala. Luego se descubre que el difunto estaba sentado en el asiento del copiloto y que murió por apuñalamiento de arma blanca. El vehículo no tenía ni un solo impacto de los diez tiros disparados. Pasadas diez horas se dan cuenta de que el difunto no tenía nada que ver con el atentado y que el conductor está huido.

9.- El portavoz de los Mossos informa que descartan más atentados, y que todos los esfuerzos van dirigidos a localizar a los sospechosos del atentado de Las Ramblas.

10.- En Cambrils un coche con cinco marroquíes pretende repetir el atentado de Las Ramblas, posiblemente en el paseo marítimo de Salou, lleno de gente a esas horas de la noche, y presumiblemente por el método del acuchillamiento indiscriminado como en Londres. El Audi A3 recibe el alto de una pareja de los Mossos, pero no se detiene y vuelca en la rotonda inmediata al control. Cuatro de los ocupantes salen del vehículo y atacan al Mosso que les controlaba. Resulta que este había sido militar en la Legión y mata a tiros a los 4 yihadistas en un instante.--Un sólo policía mató a cuatro de los terroristas islámicos de Cambrils--

11.- El quinto terrorista sale corriendo y es interceptado por una pareja de Mossos que se desplazaban en un coche camuflado. A este le da tiempo a degollar a una señora que pasaba por allí y es disparado por los Mossos que, a 5 metros, consiguen alcanzarle con 3 de los 11 tiros que dispararon. No se les ocurre dispararle a las piernas para capturarlo con vida y conseguir información clave.

12.- Se descubre que todo empezó en una mezquita de Ripoll, en la que actuaba como imán un marroquí ex presidiario de la cárcel de Tarragona, Abdelbaqui Es Satti, del que se sabía que había tenido relación con los terroristas del 11-M. El imán y otros terroristas habían viajado a Bélgica, Francia y Suiza, pero no estaba controlado por los Mossos. Ripoll es un pueblo de 10.000 habitantes en el que, por lo visto, las autoridades de Interior de Cataluña no sabían qué clase de tipo andaba dirigiendo una mezquita.

13.- Desde el momento del atentado se venía buscando a un niño australiano de 7 años, cuya desaparición había denunciado su familia tras el atentado. 2 días más tarde los Mossos informan que está en un hospital y que no hay ninguna víctima no localizada. Medio día más tarde los Mossos informan de que el niño en realidad está muerto y que falleció en el atentado. --La policía cose a balazos al terrorista islámico que huyó tras perpetrar la masacre con su furgoneta en La Rambla--

Y con nuestra seguridad no se juega, Puigdemont.

¿En manos de quién está nuestra seguridad, estimados Puigdemont, Forn, Soler y Trapero?

Más de 500.000 musulmanes censados
Cataluña, epicentro del salafismo en Europa

Agustín Benito Gaceta.es 22 Agosto 2017

El 80% de las mezquitas en las que predica el salafismo y se llama a la aniquilación de todos los considerados “infieles” en España están en Cataluña.

Cataluña se ha convertido en el epicentro del salafismo en Europa, así lo corroboran los datos recogidos por las fuerzas y cuerpos de seguridad. La alta inmigración hace de esta región un imán para reclutar terroristas.

En España, hay 98 mezquitas en las que predica el salafismo, defensor de la aplicación rigurosa del Corán, y se llama a la aniquilación de todos los considerados “infieles”. De estas 98, el 80% están en Cataluña, que, sin duda, es el territorio más islamizado de nuestro país -y dónde se llevan a cabo la mayor parte de las intervenciones policiales antiyihadismo-. La región se ha convertido en un centro muy activo del fenómeno salafista -los eventos más importantes de Europa se celebran aquí-.

En esta comunidad hay más de 500.000 musulmanes censados y más de 250 mezquitas -muchas adscritas a entidades como Justicia y Caridad, cuyos ideales chocan de frente con los valores de la civilización occidental-. Los templos no son los tradicionales y las fuerzas de seguridad se encuentran en dificultades para controlarlos porque en ocasiones se esconden en viviendas o naves comerciales.

En estas mezquitas se persigue la “purificación” del musulmán y la aplicación de la Sharia, y predican peligrosos imanes, como el de Ripoll (Gerona), Abdelbaki Es Satty, investigado por su presunta vinculación con los atentados terroristas de Barcelona y Cambrils (Tarragona) del pasado jueves y que se saldó con al menos 14 muertos y 120 heridos.

Es Satty, que salió de la cárcel de Castellón el 5 de enero de 2012 tras ser encarcelado por una infracción de la ley de Extranjería y que había tenido relación con un implicado en investigaciones sobre los atentados de Madrid el 11 de marzo de 2004, es según la hipótesis que manejan los Mossos la persona que radicalizó a los demás miembros de la célula terrorista. Este grupo preparaba de forma “inminente” uno o varios atentados” en la capital catalana con explosivos para hacer “bastante más daño”, según fuentes de la investigación.

Pero no es el único imán radicalizado que predica con impunidad.

En mayo de 2016, el Centro Cultural Islámico de Cornellà permitió que un imán procedente de Arabia Saudí pronunciase un sermón. Fue Saleh Al Moghamsy, de 53 años, y cuyo nombre se vio envuelto en la polémica después de que en 2012 defendiese al líder de Al Qaeda Osama Bin Laden. “Toma como ejemplo la muerte de Osama Bin Laden, que Alá tenga piedad de él. El hecho de la muerte de un musulmán le da a él la santidad y el honor reservado a los musulmanes”, defendió tras la muerte del terrorista.
Respaldo saudí y qatarí

Cabe señalar que Arabia Saudí y Qatar, que rigen muchos aspectos sociales por la Sharia, la ley islámica que llama a someter a la mujer, castiga la blasfemia o la homosexualidad con pena de muerte y el adulterio con la muerte por lapidación, destinan miles de millones al año a difundir el Islam por todo el mundo.


Los saudíes destinan 8.000 millones al año para la construcción de mezquitas o la formación de clérigos. En nuestro país, financió con 12 millones de euros la mezquita de la M-30. Qatar, que financia al F.C.Barcelona y tiene el mismo modelo ideológico, ya anunció su deseo de edificar una gran mezquita precisamente en la Ciudad Condal.
 


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