AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 23 Agosto 2017

La triple alianza
La eliminación física del último y principal asesino es un consuelo menor como final de la caza de los autores y responsables directos
Hermann Tertsch ABC  23 Agosto 2017

Com la muerte a tiros del conductor de la furgoneta del atentado en las Ramblas parece concluida la operación contra el comando islamista que causó tanto horror. La eliminación física del último y principal asesino es un consuelo menor como final de la caza de los autores y responsables directos. Pero los acontecimientos habidos desde la salvajada del pasado jueves han abierto para España un abismo de interrogantes y zozobras. Más allá del dolor genuino, de las ceremonias voluntaristas, de tanto gesto tan solemne como inútil, de la hipocresía de tantos y las cataratas de palabrería huera de casi todos los políticos y los medios, este atentado en el corazón de Barcelona ha revelado hasta qué punto España está herida y humillada. Hasta qué punto el terrible legado de la dictadura que es la tolerancia de lo intolerable ha marcado las formas de pensar y actuar de los políticos y la sociedad entera. Hasta qué punto hemos rebajado con la subcultura de la transgresión nuestra voluntad de autodefensa y hasta nuestro instinto de supervivencia. Hasta qué punto el separatismo ha articulado ya una lógica de la ignominia muy similar a la del islam con sus enemigos, en el sentido de que, en nombre de la causa, todo vale para hacerles daño. La integridad moral ha sido abolida para esta fase decisiva de su guerra contra la unidad de España.

La matanza de Las Ramblas ha sido desgarradora. Pero cuando las escenas de sangre se retiren aparecerá el lodazal de amargura por errores, culpas, reproches, debilidades, deslealtades y bajezas que han marcado la realidad española de estos cinco días. Y odio. No habrá decisiones útiles ni consecuencias efectivas en lo que a la amenaza del lento estrangulamiento de las libertades en las ciudades europeas. Por parte de unas comunidades musulmanes que en muchas urbes ya imponen su voluntad en la cotidianidad en los espacios públicos. Se ignorará que una parte, quizás no mayoritaria pero considerable, ni condene ni lamente estas gestas bélicas que para muchos son hitos de ese avance del islam por Europa. El avance lo celebran todos. Lógico. Desde el peor al mejor musulmán, todos consideran que su fe y el sometimiento a Ala, la sumisión, hace mejores a los seres humanos. Nos quieren imponer lo mejor. Con cierta presión para quienes, confundidos, se resistan.

La sociedad española no tiene idea, creencia ni pensamiento capaz de movilizarla para resistir y frenar la expansión de dichas leyes de Alá. Por mucho que las considere brutales e inhumanas. Y si surgieran, los sofocarían los mecanismos políticos del consenso dominadas por un rechazo radical y veto cultural a liberarse de dogmas de la exaltación ilustrada. Como la arrogancia que presupone que el musulmán quiere integrarse. Preocupante es la incapacidad de los políticos de articular un discurso ante la evolución real del asalto demográfico del Islam a Europa. Y alarmante es la complicidad de la izquierda con los sectores radicales de ese islamismo. En varias ciudades se ha negado a condenar el atentado. Separatistas, islamistas y comunistas unidos en la cuchillada a la España constitucional. La triple alianza. La «cooperación antiimperialista» de comunistas e islam es algo de lo que han reflexionado desde el terrorista Carlos Ilich Ramírez a su admirador y gurú de Podemos, Jorge Verstrynge. El propio Pablo Iglesias lo simboliza bien como receptor de fondos tanto de los ayatollahs como del comunismo chavista. Y lo representan bien periodistas de izquierdas que en las televisiones basura en España señalan a periodistas críticos como enemigos del islam. Como animando a sus fanáticos socios al trabajo sucio. Cierta izquierda española parece ya compartir con los islamistas más que su odio a España, la libertad y a Occidente.

Por qué triunfan los terroristas
Edurne Uriarte ABC   23 Agosto 2017

El titular no es políticamente correcto pero corresponde bastante mejor a la realidad que muchas de las declaraciones institucionales y periodísticas de los últimos días. Los terroristas a veces triunfan totalmente, como las FARC colombianas que, tras cientos de miles de asesinatos, torturas y secuestros, no van a ir a prisión y hasta van a tener cinco escaños por ley en Congreso y Senado, por si nos los sacan por ellos mismos en las próximas elecciones. Otras, triunfan parcialmente, como ETA, parte de cuyos asesinos están en la cárcel, pero cuyas ideas y pasado criminal siguen siendo defendidos por su brazo político y por muchos otros parientes ideológicos de la extrema izquierda. Y, otras, triunfan temporalmente, como por ahora el terrorismo yihadista, asesinando por todo el planeta, sin que nadie pueda ponerles freno.

Y triunfan por seis motivos, el primero de ellos justamente el contrario al lema elegido para responder a los asesinatos de Cataluña. Lamentablemente, sí tenemos miedo, la mayoría lo tiene. El miedo que impidió la respuesta social a ETA durante décadas, el miedo que ha permitido la claudicación ante las FARC, el miedo que paraliza a las sociedades occidentales y musulmanas a la hora de atajar la difusión de las ideas fundamentalistas. La historia de la respuesta social a ETA es, ante todo, una historia de miedo, por mucho que ahora todos se entusiasmen leyendo y reivindicando a la «Patria» de Fernando Aramburu. ¿Y alguien espera que ahora la valentía sea mayoritaria frente a un terrorismo muchísimo más peligroso, fuerte y sanguinario?

Segundo motivo, el fanatismo de los terroristas. De hecho, es su principal fortaleza, la disposición a cualquier acción y sacrifico, incluido el suicidio, por la fe en sus ideas y objetivos. Para lo bueno, y para lo malo, como en el caso del terrorismo, las creencias fuertes pueden derrotar a adversarios muchos mejor equipados y más numerosos.

Tercer motivo que complementa al anterior, la actitud justamente contraria en la mayoría de los ciudadanos de las sociedades atacadas. La cultura de la comodidad, la no disposición a la lucha y al sacrificio, la cultura de la responsabilidad de los Estados pero no de los individuos. ¿Que eso impide el fanatismo? Sí, pero también la resistencia y la lucha, por ejemplo, con posicionamientos mayoritarios en contra de las propias acciones militares de los Ejércitos. Porque ningún soldado debería correr un riesgo, dice esa cultura mayoritaria. No hay más que recordar lo que ocurrió tras el 11-M, aquello no era sólo una protesta por el apoyo a la guerra de Irak, era una defensa de la huida de España de cualquier acción militar internacional.

Cuarto motivo, el ideológico, no sólo el apoyo directo, sobre todo en sociedades musulmanas, sino el indirecto de todos aquellos de las «causas» o del «malvado imperialismo occidental». Lo que en parte explica también el quinto motivo, la incapacidad para una decisión internacional frente a un terrorismo de dimensiones, estrategia y objetivos internacionales. Sobre todo desde Europa que sabe que no se puede derrotar a este terrorismo sin una respuesta militar sobre el terreno de los terroristas, pero que es incapaz de asumirlo y llevarlo a cabo.

El corolario de todo lo anterior es la existencia de líderes políticos y sociales cobardes, ¿o hábiles? que optan por negociar con los terroristas en lugar de combatirlos. Sin sociedades dispuestas a la resistencia, muchos líderes prefieren negociar y claudicar. Eso les permitirá ganar las elecciones y los terroristas lo saben. Conocen nuestras debilidades.

Alfonso Ussía alimenta la polémica con su artículo más duro sobre los musulmanes
ESdiario   23 Agosto 2017

El periodista ha sobrepasado la línea de lo políticamente correcto para escribir lo que muchos no se atreven ni siquiera a pensar en voz alta. De "nena cagona" para arriba.

Días después de un artículo publicado por Alfonso Ussía en La Razón sigue generando polémica y un agrio debate sobre los musulmanes que residen en España, un numeroso grupo de los cuales llenó de sangre y terror Las Ramblas de Barcelona y el Paseo Marítimo de Cambrils.

El periodista no se ha mordido la lengua a la hora ironizar y ofrecer datos alejados de lo políticamente correcto después de la masacre al hablar de los "más de 1.500.000 de musulmanes en España. Y miles de mezquitas, escuelas del odio". Con doloroso sarcasmo ironiza con las "miles de manifestaciones por las calles de las ciudades y pueblos de España. Intensas oraciones en las mezquitas por los inocentes asesinados. Alá tiene que estar tarumba de gozo con tanto amor y cariño. En la gran mezquita de Madrid, es tal el recogimiento de los orantes cara a La Meca, que se han olvidado de las víctimas de Barcelona".

Sin medias tintas, Ussía escribe que "ese millón y medio largo de musulmanes en España, de tanto rezar a Alá no se ha apercibido aún de que han sido acogidos en una nación que no es la suya, con unos principios y valores que no son los suyos, con una ingenuidad que ellos no tienen, y con unas costumbres que los musulmanes no consideran respetables. Mientras las autoridades les dispensan toda suerte de documentos y ventajas en perjuicio de muchos españoles, ellos rezan a Alá. En Madrid, la relación de beneficiarios de viviendas protegidas es digna de ser repasada. Por cada español que accede a una vivienda pagada por los impuestos de los españoles, diecinueve musulmanes que no han pagado nada se quedan con ellas. Y rezan, pero no agradecen. Y rezan, pero no aceptan nuestras costumbres. Y rezan a Alá, y Alá les ordena que maten a los infieles. Y algunos pocos le obedecen, mientras el resto del millón y medio de musulmanes que han recibido cobijo en España, calla. Gracias por tanto cariño, gracias".

A su juicio, "aquí –en Europa–, seguimos alimentando, mimando y cobijando a quien desea nuestra muerte. A quien, en su interpretación violenta del Corán, obedece las sugerencias de Mahoma, el profeta de Alá, y busca el paraíso a cambio de asesinar a unos cuantos infieles. En Europa, sus dirigentes no se han enterado todavía de qué va la cosa".

En opinión de Ussía, "de todas las regiones de España, Cataluña es la que más amor y confianza ha ofrecido a los musulmanes, que allí superan el número de quinientos mil. Pujol abrió la mano a la inmigración árabe en perjuicio de la sudamericana. Ésta hablaba español. Y la musulmana también habla español, pero en ese detalle de futuro no reparó Pujol. Resulta ridícula la falsa bondad de muchos españoles interpretando el Corán. «Es un libro de paz». Nadie interpreta la Biblia y el Nuevo Testamento desde la violencia y el crimen. Pero el Corán no parece tan diáfano como nuestros libros sagrados".

Para finalizar, concluye desafiante con que "estamos, en toda Europa, en la frontera de la rendición. Nuestro continente, tan avanzado en los derechos humanos y la libertad plena, es una nena cagona respecto a la invasión yihadista. Y no hay tiempo por delante para reaccionar. O se reacciona o se muestra la bandera blanca de la capitulación. Eso sí, sin olvidar la emoción que hemos sentido los españoles por las sinceras y numerosas palabras de repulsa y consuelo de la comunidad musulmana cobijada y prohijada en España. ¡Qué floración de sentimientos!".

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Otro guión perfecto.

Vicente A. C. M. Periodista Digital  23 Agosto 2017

Hoy en Periodista Digital se publica un intrigante artículo que se titula: “Un atentado evitable:13 de los 30 fallos que oculta la Generalitat de Cataluña”. Y todo se centra en la reiterada negativa del Consejero de Interior, Joaquim Forn a permitir el acceso al chalé de Alcanar a la Guardia Civil al plantearse fundadas sospechas de que podría haber algo más que un “accidente casero”. Supongo que no tardarán los amantes de la verdad oficial en tachar tanto ese artículo como el que voy a escribir, de fabulaciones conspiranoicas. Y es que me van a permitir que resalte aspectos que recuerdan muy mucho a las chapuzas de la investigación y actuaciones policiales sorprendentes en una clara intencionalidad de establecer una base argumental que explicase los atentados acaecidos el 11m en los trenes de cercanías y estación de Atocha en Madrid.

Lo primero que resulta sorprendente es la espontánea y brillante relación del tipo “y si resulta que..”, que los Mossos realizan a los pocos minutos del serpenteante y mortal recorrido de la furgoneta blanca conducida por el terrorista, con el calificado como “accidente casero” en la deflagración ocurrida el día anterior en un chalé que se sospechaba “okupado” de la localidad de Alcanar en Tarragona. Un episodio que se parece bastante al descubrimiento del chalé de Chinchón en la investigación de los atentados del 11m y los famosos “moritos suicidas” de Leganés. Y es que toda la investigación y éxito policial en la rápida detención de la célula yihadista parte de este curioso chalé de Alcanar donde además se ha corroborado por el análisis del ADN, que uno de los fallecidos en la deflagración fue nada menos que el imán responsable de la radicalización y formación de esa célula. Un elemento con conexiones con elementos terroristas ligados al 11m y su intento de integrarse en uno de los principales focos yihadistas de Bélgica.

No hay nada como un argumento perfecto donde todo engarza como en el mecanismo de un reloj suizo y con el colofón de un final de película con la detención y neutralización de toda la célula terrorista, con el autor intelectual muerto de forma accidental. Una teoría que quiere explicarnos cómo uno de los terroristas decide por su cuenta iniciar su yihad personal y lanzarse con su furgoneta a toda velocidad por unas desprotegidas Ramblas, donde la casualidad decide que los típicos manteros de religión musulmana, esa tarde no estuviesen desplegando sus mercancías y que el paseo solo estuviese ocupado por turistas y paseantes. Es un detalle sin importancia el que ni la alcaldesa Ada Colau, ni los Mossos, hubieran hecho caso a la adopción de medidas físicas de protección instalando los famosos bolardos y que toda la seguridad se fiase al sistema intensivo de vigilancia policial. Algo que no se cumplió, como si ocurrió en la matanza del paseo marítimo de Niza, ya que ningún policía municipal ni los Mossos presentes a lo largo de los más de 500 metros, pudieron llegar a hacer ningún disparo de sus armas contra el conductor, parando su mortal recorrido solamente por la actuación de seguridad de un airbag de la furgoneta.

Sorprende así mismo la facilidad para salir del vehículo y emprender una larga huida, burlando el cerco policial (la famosa jaula) desplegado para controlar el perímetro, hasta conseguir otro vehículo, previo asesinato del conductor, sortear un control policial arrollando a una agente y evadirse sin problemas, hasta que fue localizado tras una llamada de colaboración ciudadana y abatido en una viña de San Sadurní da noia. Quedan por supuesto preguntas sin responder, como la de si estaba buscando en la zona o ya lo había obtenido un apoyo para su huida, pues ya debía saber a través de los medios de comunicación que se le buscaba y que estaba plenamente identificado. Y hasta aquí la historia oficial, con la anécdota de que el resto de la célula terrorista, al parecer otros cinco, tras conocer lo realizado por su camarada en las Ramblas, se pertrechan de cuchillos y de hachas y se lanzan a degollar infieles en el paseo marítimo de Cambrils, momento en el cual fueron interceptados y abatidos con especial celeridad y eficacia. Y aquí hay un dato curioso, al parecer los terroristas portaban falsos cinturones bomba, mientras que en el chalé de Alcanar parece haberse localizado un cinturón bomba totalmente operativo que supuestamente iba a usar el imán para suicidarse.

Y qué quieren que les diga, solo hay una realidad trágica y es que han muerto a manos de estos terroristas 16 víctimas inocentes, 14 en las Ramblas, 1 en su propio coche y otra degollada en plena vía pública y casi un centenar de heridos, algunos de ellos de extrema gravedad. Y todo por una grave negligencia de seguridad a consecuencia de una lucha de egos y de bastardos objetivos. Algo a lo que personalmente no puedo, como hace el articulista de Periodista Digital citado al principio, calificarlos de meros “errores”. Si se quiere, se puede y esta vez muchos no han querido, porque saber, sabían.

Por supuesto que solo hay unos culpables: los terroristas, esos jóvenes radicalizados por doctores del islam fanatizados que predican la yihad. Pero también hay quienes no quieren ver la realidad y anteponen un discurso de farisaico buenismo y se convierten en perfectos aliados de esos fanáticos y se niegan a formar un frente común con el resto de fuerzas políticas y sociales que buscan su neutralización. Pero, además, también existen esos otros que intentan sacar réditos políticos sin ningún tipo de escrúpulos.

¡Que pasen un buen día!

Sin seguridad no hay Estado
AGUSTÍN LINARES, SUBDIRECTOR OPERATIVO DEL CUERPO NACIONAL DE POLICÍA ABC  23 Agosto 2017

Cuando aún no nos hemos repuesto de la conmoción general que han dejado en todos los españoles las imágenes del día 17, el brutal atentado de los yihadistas en las Ramblas de Barcelona exige una primera reflexión para intentar evitar que algo así vuelva a suceder. El atentado nos deja una serie de interrogantes: ¿cómo es posible que la Generalitat haya cerrado todas las puertas a los Cuerpos de Seguridad del Estado? ¿Cómo es posible que los delitos contra la seguridad del Estado estén en manos de unos cuerpos nacidos de la nada hace muy pocos años y sin experiencia en antiterrorismo? Fuera de nuestras fronteras nadie entiende que Policía Nacional y Guardia Civil hayan estado ausentes por decisión de los Mossos y que el propio Gobierno de la Nación esté siendo un mero espectador. Hay que recordar un concepto muy elemental pero que parece que algunos se resisten a admitir: que si el Gobierno no tiene en sus manos la seguridad del Estado, el Estado desaparece. En Barcelona los dos gobiernos después de apelar a la colaboración entre instituciones dieron por terminada la rueda de prensa. Lamentablemente esa colaboración no existe: ni poca ni mucha, ni antes ni ahora; sencillamente no existe. Mientras que con las policías de otros países el intercambio de información en materia de terrorismo es fluido y sin reticencias, en España no se da. Puede que esto suene muy fuerte pero es así. Puede incluso resultar kafkiano pero un gobierno que se declara hostil al Estado español tiene en sus manos la seguridad de ese Estado en Cataluña y veta al propio Estado.

¿Pero qué pasa fuera de nuestras fronteras? En países tan descentralizados como Reino Unido, Alemania o Estados Unidos, los delitos contra la seguridad corresponde investigarlos en exclusiva a la policía del Estado. Si en Gales se comete un atentado como el del pasado 17 en Barcelona, no lo investiga la Policía de Gales, sino Scotland Yard; si se comete en Baviera no le corresponde a la Policía del Land sino a un nuevo cuerpo (Dirección 11) creado recientemente dentro de la policía federal con competencia exclusiva en materia de terrorismo, o al FBI si el atentado se comete en Michigan. Eso es lo obvio: la seguridad del Estado solo puede estar en manos del Gobierno de la Nación.

El oficio de policía, como todos los oficios, se aprende de la mano de los maestros o, por lo menos, de los que ya tienen experiencia. En Cataluña y el País Vasco, siguiendo una tradición tan hispana como es la de teorizar sobre todo y relegar a segundo plano la práctica, se crearon unas academias de policía en las que los maestros podían enseñar mucha teoría pero no cómo ha de actuar un policía porque carecían de esa experiencia. Cuando salieron a la calle no había nadie que les enseñara cómo se realiza, por ejemplo, una inspección ocular detallada porque nadie la había hecho antes; pero eso no importaba, ya irían aprendiendo.

Naturalmente tampoco nadie tenía experiencia en investigación de grupos terroristas, pero tampoco importaba, ya aprenderían. Y así hasta llegar al día 17 de agosto donde se han cometido una serie de errores de libro y de bulto muy graves que son producto de esa inexperiencia. Pero no es este el sitio, ni el momento, ni soy yo quien ha de poner de manifiesto esos fallos. La pregunta de si pudo haberse evitado el atentado quedará siempre sin respuesta, pero no creo que se haya presentado nunca una ocasión mejor, y estoy seguro que, de haber intervenido Policía Nacional o Guardia Civil, habrían actuado de forma muy distinta.

Es muy grave todo lo que ha sucedido como para intentar pasar página sin más. En mi opinión urge una rectificación en profundidad de la legislación sobre policías autonómicas. Para entender ahora esta situación conviene no olvidar que la existencia de la policía autonómica fue ideada, engendrada, creada y preparada por los mismos nacionalistas que ahora desafían al Estado; una policía al servicio de un objetivo: la independencia; una policía que se declara fuera del Estado, una policía de la que se duda si cumplirá con las leyes del Estado o apoyará los planes de los independentistas. Aunque ese no es el problema; es algo mucho más grave. No es tanto saber cómo actuará la policía autonómica, sino la propia duda. Eso es lo grave.

Cuando se duda de si un cuerpo de policía cumplirá o no con la ley, si lo que está en juego es el derecho básico de su nacionalidad, es que estamos ante una crisis de Estado. Una policía, por demás, cuya existencia, estoy convencido, no es acorde con la Constitución. Porque una de dos: o los Mossos son cuerpos de seguridad y entonces no pueden depender del Gobierno catalán, o si dependen de la Generalitat no son cuerpos de seguridad en el sentido que da la Constitución. El argumento no tiene la contundencia de un silogismo en bárbara pero se le parece mucho. Pero esta paradoja se viene arrastrando desde otros tiempos, tiempos de mirar para otro lado, tiempos en los que Jordi Pujol cambiaba de sombrero según le convenía: ahora soy españolista, ahora catalanista. Es verdad que esto no era nada nuevo en nuestra historia. Alcalá Zamora, con la fina ironía de su tierra natal (Priego de Córdoba), en un discurso en el Congreso de los Diputados, se dirigía así a Francesc Cambó: "No se sabe si usted quiere ser el Simón Bolívar de Cataluña o el Bismarck de España, pero ambas cosas al mismo tiempo no puede ser".

Ahora la crisis está sobre la mesa; ya no es tiempo de especulaciones ni de interpretaciones. Puede que se esté esperando al día 1 de octubre, pero ese día todo el mundo sabe que no habrá referéndum; el catalán no se va a dejar llevar al suicidio colectivo tras ningún flautista de Hamelin. Pero aunque no haya referéndum, lamentablemente hemos visto estos días que el Estado ya no está en Cataluña. Si por definición el Estado es seguridad, ese instrumento en Cataluña lo controla la Generalitat, no el Gobierno de la Nación.

Decía Balzac que "los gobiernos pasan, las sociedades mueren, la policía es eterna". Aplicado a nuestro país se podría reformular de otro modo: si se suprime la policía desaparecerá el Estado. En eso parece que están algunos.


Fallos del sistema de los que se aprovecha el yihadismo
EDITORIAL EM  23 Agosto 2017

Provoca escalofríos saber que los terroristas que tanto daño causaron la semana pasada en Barcelona y Cambrils planeaban atentados de una magnitud diabólica. Así, como confesó ayer ante el juez de la Audiencia Nacional uno de los yihadistas, el objetivo era atacar la Sagrada Familia. Por suerte, la impericia evitó que los terroristas pudieran llevar a cabo esos planes, aunque nada impidió que sus acciones a la desesperada se hayan cobrado la vida de 15 personas. Interior investiga si los jóvenes radicales se desplazaron a París días antes, tal como se supo ayer, para despedirse de un guía espiritual del Estado Islámico.

El dolor por lo ocurrido es enorme. Pero todo lo que vamos conociendo nos lleva también a lamentarnos por los agujeros al descubierto del Estado de Derecho y por los fallos cometidos, por más que quepa felicitarse de la rápida actuación policial para desarticular la célula yihadista, gracias, claro, a la explosión fortuita en Alcanar y a la ayuda de la vecina que detectó en Subirats al huido.

Y entre esos fallos, resulta alarmante todo lo que rodea al imam de Ripoll. Como avanzamos ayer, nunca se ejecutó la orden de expulsión que el Gobierno decretó contra él a su salida de la cárcel en abril de 2014, porque un juez de lo contencioso-administrativo le otorgó amparo. Hoy publicamos que lo justificó en que no lo consideraba "una amenaza" para el orden público. Un argumento hueco, sin consistencia alguna, máxime analizado a la luz de lo que acaba de ocurrir. El juez también paralizó la expulsión atendiendo a unos supuestos "esfuerzos de integración", creyéndose la versión de Abdelbaki es Satty, quien dijo que tenía que cuidar en España de su madre viuda y de su mujer. Nadie comprobó nada. Y la realidad era que su familia estaba en Marruecos.

Desde entonces, alguien que había sido condenado a cuatro años de cárcel por tráfico de drogas y que seguía en una situación cuando menos irregular en nuestro país, ha podido viajar libremente por Europa y establecerse después como imam de Ripoll. Las autoridades belgas confirmaron ayer que estuvo varios meses del año pasado en la localidad de Vilvoorde, tristemente conocida por acoger a un alto número de voluntarios reclutados por el IS para combatir en Siria e Irak. Y, de nuevo en nuestro país, pudo situarse al frente de una mezquita sin ningún tipo de vigilancia cuando se ha sabido que tuvo estrechos contactos con alguno de los detenidos en la operación de la Policía Nacional contra el terrorismo yihadista Chacal I.

En el duro comunicado que ayer emitieron la Asociación Unificada de Guardias Civiles y el Sindicato Unificado de la Policía para denunciar «el aislamiento a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en la gestión del atentado de Barcelona», se señala justamente la gravedad de que las autoridades catalanas desconocieran que el imam fuera "discípulo" de uno de los terroristas que cayeron en aquella redada. Se trata, sin duda, de una muestra de la falta de colaboración de los Mossos con la Policía y la Guardia Civil, tal como se denuncia en el texto, algo extraordinariamente grave y que contradice las declaraciones buenistas que días atrás han hecho tanto desde el Gobierno español como desde el Govern. La Guardia Civil y la Policía subrayan que se están vulnerando los acuerdos de cooperación por parte de la Generalitat y que es deficiente la comunicación entre las distintas policías. Y todo porque, como se dice en el comunicado, la marginación de los cuerpos del Estado persigue un objetivo político, el de dar la imagen de "Estado catalán autosuficiente", en plena deriva independentista.

Es una situación inadmisible. Porque la falta de lealtad institucional pone en riesgo la seguridad, y eso es inadmisible. No se entiende que, tras hechos como los vividos, se relegue en Cataluña a las fuerzas policiales que más experiencia tienen en lucha antiterrorista. El afán de marginación llega a extremos tan preocupantes como que no se comparta la información con la fluidez necesaria y ocurran cosas tan habituales como que los Tedax de la Guardia Civil, pese a su extraordinaria preparación, no pudieran acceder a la casa de Alcanar tras la explosión.

La opinión pública demanda explicaciones. Pero también urgen medidas inmediatas para corregir tantas grietas en el sistema de las que, como hemos visto, el yihadismo se aprovecha.

No tiene nada que ver una cosa con otra
Luis de Velasco Republica  23 Agosto 2017

Así respondió el propio Puigdemont a la pregunta de un periodista de si mantenía la hoja de ruta independentista. Está claro que sí se mantiene. Así que ya sabemos a qué atenernos. Nada altera el desvariado rumbo de la Generalitat y sus jaleadores, aliados y propagandistas. Está claro, luego lo desarrollamos, que sí tiene que ver una cosa con otra.

Lo ocurrido nos ha permitido ver, una vez más pero esta vez sin disfraces ni apariencias como corresponde a una coyuntura trágica, el rostro, la categoría moral de los independentistas con sus primeros representantes en cabeza. Nada inesperado, al contrario esa conducta desleal era lo esperado. Desde calificaciones de “miserables” a quienes desde el Estado (sic) pretendían instrumentalizar la tragedia (eran ellos quienes lo estaban haciendo )hasta mentiras afirmando que el flamante consejero Romeva había recibido en su despacho a dos ministros de la UE y la historieta de las banderas que entran y salen en ruedas de prensa con o sin Rajoy. Y como fin de fiesta las declaraciones de un consejero distinguiendo entre víctimas españolas y catalanas. Estas cosas son las conocidas pero sin duda que, entre bastidores, hay muchas más (ver artículo de Pablo Sebastián “Graves errores y desprecio a España” en esta misma Sección de Opinión) resultado del objetivo de demostrar al mundo mundial que ahí hay un Estado que es el catalán y que el español es un incómodo visitante al que hay que echar cuanto antes. Porque además nosotros lo hacemos mejor y si hubiéramos estado al mando estas cosas no pasarían. Y lo malo es que muchos catalanes de buena fe, se lo creen. Los dirigentes de la Generalitat han dominado abrumadoramente la puesta en escena, tema clave pues es lo que llega a la gente mientras los graves fallos cometidos, entre ellos la inteligencia previa o el fundamental de la explosión en Alcanar, esos son mucho menos conocidos por eso que se llama “la opinión pública”.

Frente a lo que dijo Puigdemont sí tienen mucho que ver “el procès” y el atentado y lo estamos viendo desde el primer momento. Al final todo es política especialmente en la actual coyuntura en la que la política lo envuelve todo abrumadoramente. El resumen de toda esta lamentable ceremonia es que para los “indepes” todo vale, todo es bueno para el convento. Y si hay que mentir, se miente. No hay duda de que, pasado los días y una vez la polvareda haya desaparecido, volveremos a estar donde estábamos antes de esta tragedia que Puigdemont “dixit” nada tiene que ver con “la otra tragedia” (esto es mío, no de él), esa que también afecta a nuestra convivencia democrática y cívica.

Es de esperar que todo esto haya servido para que el gobierno con su absentista presidente Rajoy a la cabeza haya sacado conclusiones correctas. Y que el PSOE se deje de fantasiosos “plurirrelatos” y certifique que aquí y ahora no hay posibilidad de diálogo con unos fundamentalistas. De Podemos y sus innúmeras y crecientes confluencias hay que esperar la ceremonia de la confusión propia de una jaula de grillos. Queda entonces eso que se llama “la sociedad civil” con el poder importante, el económico (en el que subsume el mediático, salvo algunos “on line”), a la cabeza. También la ciudadanía, especialmente en Cataluña, que debe entender la trampa independentista y oponerse a la misma. Difícil tras años de lavado de cerebros vía la mayoría de medios, el control de la enseñanza (el principal error de los gobiernos de la nación), la compra de voluntades y, “last but not least”, la natural pereza de muchos y el temor a enfrentarse al poder. Ya se sabe eso de “Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada”(Edmund Burke).Advertidos quedamos.

LA RESACA DE BARCELONA
Los ¿involuntarios? aliados del yihadismo: la CUP
OKDIARIO  23 Agosto 2017

La Candidatura de Unidad Popular (CUP) se ha convertido en un problema para Cataluña y, por extensión, para toda España. Los postulados antisistema de sus dirigentes no sólo son gasolina en el fuego secesionista, además dificultan hasta el extremo la labor de los Mossos en la lucha antiterrorista. Hasta ahora, Anna Gabriel y sus compañeros se habían erigido con sus acciones en los pirómanos políticos del referéndum ilegal —hasta el punto de poner contra las cuerdas al mismísimo Puigdemont y de situar la viabilidad de la región en el filo del precipicio económico y político—. Ahora, además, juegan con fuego al frivolizar con la lacra del terrorismo yihadista. Tres semanas antes de que el atropello masivo en La Rambla de Barcelona dejara 15 muertos y un centenar de heridos, la CUP había pedido la derogación del Protocolo de Radicalización Islámica en los centros educativos de la comunidad.

Una irresponsabilidad supina si tenemos en cuenta que Cataluña es uno de los principales focos del yihadismo radical en Europa y que, como hemos podido comprobar en los últimos atentados, la captación de potenciales terroristas cada día se centra con más intensidad en personas de menor edad, casi adolescentes perfectamente integrados —en teoría— en el modo de vida occidental. Por si fuera poco, los líderes de la CUP también habían acordado con la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, eliminar la Unidad de Soporte Policial (USP). Gracias a estos agentes, la tragedia no ha golpeado con más fuerza tanto en Barcelona como en Cambrils.

Colau tampoco lo está poniendo fácil, en algunos momentos sus actos la sitúan tan cerca del movimiento antisistema como cualquier militante de la CUP. De hecho, la primera edil de la capital catalana dio lugar por sus constantes negligencias a que los Mossos le tuvieran que pedir que frenara la actividad de los pisos okupados —que tantos problemas generan en los barrios— debido al “peligro que entrañan para la seguridad”. Colau olvida con preocupante asiduidad que su puesto ha de velar por los intereses de todos los ciudadanos y no sólo de aquéllos que la han votado. Por ahora, su connivencia con los radicales supone un auténtico peligro. Está apoyando a los mismos que acusan a Felipe VI de “financiar el terrorismo islamista”. Una barbaridad que define, sin necesidad de más palabras, la catadura de unos representantes que condicionan el futuro de Cataluña.

¿Quién manda en Cataluña?
Pablo Sebastián Republica  23 Agosto 2017

Pues parece que la CUP que es la que lleva el bastón de mando bajo el brazo, la que dice que el Rey de España y el Presidente Rajoy son los que han financiado a los terroristas que atacaron Barcelona y Cambrils, son los que están organizando la manifestación del día 26 contra el terrorismo, los que le dicen a Puigdemont que debe convocar el referéndum del 1-O por decreto y los que exigen a la Generalitat que inicie el proceso de rebelión y desobediencia al Estado, la legalidad, el Estatut y la Constitución.

Esta pandilla basura de la política catalana es la que manda en Cataluña mientras Puigdemont está dedicado a tapar el grave error de los Mossos en Alcanar del pasado miércoles cuanto estalló la casa de los horrores de los terroristas. El taller del gran atentado contra la Sagrada Familia que luego se recondujo a la embestida criminal de la Rambla de Barcelona aprovechando que Colau se negó a poner unos bolardos que le habían ofrecido tres meses atrás y a pesar de las advertencias de la CIA y de Interior.

Ahora Colau va a poner los bolardos ante la indignación general pero ni Puigdemont ni su consejero Forn -que distingue entre muertos catalanes y españoles del atentado- ni el jefe de los Mossos explican lo ocurrido en Alcanar y porque no se dejó entrar allí el miércoles a la Guardia Civil que, en un abrir y cerrar de ojos, había descubierto la guarida de ‘la madre de Satán’ y probablemente se habría capturado el comando o dado la alerta en toda Cataluña del riesgo de atentados.

Pero no, dijeron que en Alcanar solo había estallado una bombona de gas. Y luego los Mossos acribillaron a balazos a los terroristas que iban armados con cuchillos, y especialmente al Younes al que tenían acorralado, que fue el autor de la matanza de las Ramblas y que debió ser capturado vivo o herido para contar todo lo ocurrido y los contactos que tenían en España, Bélgica y Francia.

Además Forn y los Mossos no colaboraron con las Fuerzas de Seguridad del Estado para presumir de autonomía, y ahora piden acceso a Interpol lo que debe ser rechazado frontalmente por el Gobierno de Rajoy donde Soraya ha metido la pata echando la culpa a Interpol que luego la ha desmentido. Solo había que decir que con Interpol solo habla el Gobierno de España y que no se les puede dar un acceso directo a las 17 autonomías del país porque eso sería caótico y llevaría a una enorme confusión.

Pero si Puigdemont no manda en Cataluña, los Mossos cometen errores de bulto y tiran a matar, Colau no pone los bolardos y Soraya se equivoca o miente, entonces ¿quién es el que manda en España?

Pues en teoría Rajoy que debió decretar la ‘Alerta 5’ cuando el segundo atentado de Cambrils tomando el mando de la situación. Pero Rajoy sabido es que no suele estar ni se le espera. Está descansando y tomando fuerza para asistir a la manifestación del día 26 en el lugar que diga la CUP. Y luego ya se verá que pasa con el referéndum del 1-O porque al parecer las meigas de Pontevedra le han dicho que no se celebrará.

Los atentados de Barcelona y Cambrils han sido un horror del que solo son culpables los terroristas autores. Pero falló la investigación y la prevención. Y las desavenencias posteriores entre Barcelona y Madrid son lamentables como lo es la falta de liderazgo allí y en toda España y las ausencias notorias de Junqueras, Sánchez e Iglesias que nadie sabe que hacen ni dónde están. O sea, una pena, mucha tristeza y desánimo general.

Podemos es lo que parece
Fran Carrillo okdiario  23 Agosto 2017

Lo del ser y parecer, desde que Aristóteles hablara de la substancia, la esencia y existencia, ha sido siempre un axioma deconstruido por quienes hacen del juego realidad-percepción una forma de vida. Esa gente que expide carnets sobre lo que eres o debes ser y que determina la categoría de tus ideas o tu condición de persona. Cansinos analógicos y digitales sin más. La política perceptiva ha degenerado en amagos de acciones que se quedan en enunciados teóricos sin fundamento. El penúltimo ejemplo, el Pacto Antiterrorista. Lo que debía ser el cónclave de la unidad de todos los partidos, donde construir el dique frente al odio y la violencia contra quienes conculcan nuestras formas de vida, se convierte en espectáculo mediático por obra y gracia de los de siempre: Podemos y nacionalistas, extrema izquierda y secesionistas, tanto monta en un país que hace tiempo dejó de reconocerse a sí mismo.

La percepción que hay sobre Podemos como un partido comprometido con los derechos humanos, asentada en foros y tribunas académicas y mediáticas, no se corresponde con la realidad en cuanto ésta reluce. Esa idea de “somos demócratas, nos importa la gente, estamos con el respeto a la libertad y los derechos fundamentales” es un mantra que han implantado en buena parte del imaginario común a base de repeticiones en discursos sobrevenidos, canutazos preparados y entrevistas con caricias. La propaganda sólo es efectiva cuando el mensaje repetido es interiorizado incluso para rebatirse.

La realidad es que Podemos blanquea el terrorismo, como hacen ciertos “periodistas” que se cuelgan el carnet de creadores de la deontología y hablan de frustración de “la mayoría” —nótese la falacia— de los musulmanes y de los imames por tener que disculparse cada día por no condenar los atentados terroristas. El quintacolumnismo islámico, insertado en ciertos partidos políticos y medios de comunicación, con “comunicadores estrella” suavizando el radicalismo, es, quizá, lo más obsceno de cuanto hemos vivido en las últimas horas.

Decimos que Podemos blanquea porque no tiene reparo alguno en reunirse con batasunos que homenajean a etarras, o porque defienden con fruición a filobatasunos como las CUP, Tardá y Rufián. Ahí no se hacen los observadores, sino que participan gustosos de la normalidad institucional y democrática. Pero cuando se trata de ponerse las katiuskas parlamentarias y bajar al barro político real, no al figurado, ahí se hacen los señoritos. La política observada es el eufemismo diplomático con el que los necios encuentran su excusa para no actuar. La equidistancia es en sí misma una posición. Ser observador de un pacto antiterrorista es ser el voyeur de una orgía sexual: una situación cobarde en la que te invitan a participar pero en la que ni quieres entrar ni dejas de estar. La política se hace con palabras pero se transforma con acciones e intenciones. De ahí que Podemos no se suba a ningún tren que condene atrocidades a los derechos humanos ni articule una estrategia contra el radicalismo islámico. No al menos mientras arrastre dos fantasmas que pueden aparecerse en cualquier momento para evidenciarle sus miserias ideológicas y su hipocresía política. Desengáñense. Podemos no se suma por cinismo, lo hace por coherencia. El árbol y las nueces de la política.

La ETA como precedente del terrorismo islámico
Pío Moa. Gaceta.es  23 Agosto 2017

España es el país europeo en que más incidencia política ha tenido el terrorismo desde principios del siglo XX. Más que en Rusia o en cualquier otro. El pistolerismo anarquista fue probablemente el factor más importante en el derrumbe de la liberal Restauración (hubo también un terrorismo socialista y atisbos de separatista). Luego, durante la república, los atentados anarquistas y socialistas fueron factores también muy importantes en la caída de la república. En el primer franquismo, el maquis comunista practicó esencialmente un terrorismo a gran escala, y también hubo atentados anarquistas y socialistas; pero en este caso fracasaron. Hacia el final del franquismo surgió el terrorismo separatista-socialista de la ETA, que ya desde la transición cobró fuerza espectacular, junto con el GRAPO y otros, condicionando seriamente las políticas de los partidos, como he explicado en La Transición de cristal.

La causa mayor de esta incidencia del terrorismo, que ha hecho fracasar varias experiencias democráticas y ha llevado la actual a la situación de fallida, no han sido los atentados mismos, sino, en todos los casos, las colaboraciones/complicidades de unos partidos, combinadas con la simple ineptitud de otros y de los gobiernos. Las complicidades venían de cierta idea de “hermandad” contra una enemigo común (contra la Restauración o el franquismo) o de afinidades ideológicas profundas, como en el caso del PSOE y el PNV con respecto a la ETA. La ineptitud de los gobiernos tuvo su excepción en el franquismo, que derrotó al maquis y habría eliminado a la ETA, muy cerca estuvo de ello, de no haber contado los asesinos con fuertes colaboraciones internas (clericales, sobre todo) y externas (Francia principalmente)

Importa ver cómo se desarrolló el problema de la ETA desde la transición. Para los partidos que intentaron la ruptura y fracasaron en el referéndum del 76, la ETA era un grupo “hermano”, y también para la derecha que se decía antifranquista. En consecuencia se pensó que la solución debía ser ante todo política, pasando por las negociaciones, las concesiones e incluso reformas en la Constitución. La ETA, por ello, era consciente de la debilidad política e ideológica de aquellos gobiernos, y de que eran sus atentados lo que los hacía débiles, así que persistió en ellos. Esto solo cambió cuando Aznar, por influjo de Mayor Oreja, decidió salvar y aplicar el estado de derecho mediante la solución simplemente policial. También se firmó un Pacto por las libertades y contra el terrorismo, para aislar a la ETA y combatirla eficazmente. Ese Pacto contra el Terrorismo fue traicionado desde el primer momento por el PSOE y boicoteado por el PNV y los separatistas catalanes. A pesar de ello, la política de Aznar, primera realmente democrática y respetuosa con el Estado de derecho, llevó a la ETA al borde de la ruina: por primera vez llegó a fracasar en todos sus atentados y su popularidad en Vascongadas bajó rápidamente. Un par de años más, y la ETA habría quedado reducida a la nada o a la situación del GRAPO.

Pero no hubo esos dos años. Tras las elecciones de 2004, signadas por la matanza de Atocha, lo que pasó fue la inversión abierta de la política anterior. En lugar de un pacto por las libertades y contra el terrorismo, se fue al Pacto con los Terroristas y contra las Libertades y el Estado de derecho. Maniobra en la que estuvieron juntos el gobierno socialista del PSOE, los separatistas de todos los colores, y finalmente el propio PP de Rajoy, como denuncié en su momento (2008 en LD: http://blogs.libertaddigital.com/presente-y-pasado/mas-eternidad-3403/ , y http://blogs.libertaddigital.com/presente-y-pasado/no-es-rajoy-pro-etarra-3407/). Mucho se ha especulado con la continuación de la política de Zapatero por Rajoy, como si fuera algo repentino: estaba claramente en marcha ya desde la oposición. Es fácil de explicar la política del PSOE: él y la ETA son partidos “hermanos” por cuanto comparten un 80% de ideología, son socialistas, antifranquistas viscerales, hispanófobos en diversas proporciones, adeptos a todas las modas progres, como LGTBI, etc. Les separan más bien cuestiones de oportunidad. Pero ¿y el PP de Rajoy? En este se trata simplemente del oportunismo extremo del poder y el dinero (“la economía lo es todo”), con vaciamiento ideológico total. Puede, por tanto, hacer “cosas que os helarán la sangre”, parafraseando un dicho célebre.

La ETA necesitaba un largo tiempo para reponerse después de los golpes recibidos de Aznar, de modo que el “diálogo” le vino muy bien. Y las concesiones políticas, mejor. Ha podido convertirse en una potencia en Vascongadas y Navarra mientras mantiene al gobierno bajo la espada de Damocles de la posibilidad de nuevos atentados si intenta dar marcha atrás. Y en estas, llega de relevo el terrorismo islámico. La primera medida de los políticos es un nuevo pacto antiterrorista o antiyijadista, que en manos de una mafias políticas como las que dominan esta democracia fallida será poco más que papel higiénico.

Quizá pronto empiecen a ofrecer “diálogo” a los terroristas. De hecho ya lo hacen, engañando a la gente con consignas ficticias como que los terroristas son pocos y no tienen que ver con el islam, consignas que son un modo práctico y eficaz de apoyar a los yijadistas. Como se decía que la ETA no tenía que ver con los vascos: tenía que ver con sus propios seguidores y con los del PNV , que eran muchos, e indirectamente con los socialistas, que les han hecho el juego, como también el gobierno de Aznar con el PNV. La yijad es una de las exigencias del islam, que divide a los humanos entre la casa de la guerra, los infieles, y la casa de la paz, el propio islam, que sin embargo nunca vivió en paz consigo mismo. Fomentar la inmigración islámica como se viene haciendo es otro modo muy eficaz de fomentar el terrorismo islámico, que actualmente se presenta como yijad, guerra santa. Y no debe olvidarse que para ellos España es Al Ándalus, mientras el PP, no solo el PSOE, han elevado a los altares al orate proislámico y antiespañol Blas Infante, a quien rinden honores cada año, adoptando para Andalucía su bandera islámica. No son nimiedades. Todos esos canallas merecerían estar en prisión, pero resulta que están en el poder, corrompiéndolo todo. En una democracia fallida, insisto.

Un problema añadido es la actitud de la UE, por medio de la OTAN, creando caos y guerra civil en los países musulmanes so pretexto de “democratizarlos”, con lo que dan un fuerte argumento al terrorismo. No olvidemos el 11-m, de transcendencia histórica en el país donde más influencia política ha tenido el terrorismo: entonces el atentado fue justificado por el PSOE, los separatistas y demás como una venganza por la intervención (que no fue bélica) de España en Irak, y de ahí el inmediato Pacto con los Terroristas contra las Libertades. Que no fue solo con la ETA, también con el terror islámico so capa de “alianza de civilizaciones” (¿alianza contra quién?)

8. Partamos de esta evidencia: en España se utiliza de modo espurio la democracia contra la democracia y contra la propia unidad nacional. Y en ello participan los cuatro partidos “nacionales”, no digamos ya los separatistas. Entre todos nos conducen como borregos a la catástrofe, mientras convierten la política en una farsa de puro ilusionismo, en que la palabrería miserable de los políticos y periodistas impide ver a la mayoría los problemas reales. Salir de ahí va a ser difícil con una población embrutecida por cuatro décadas de falsificación del pasado e hispanofobia y con gente que ve las cosas pero está sumida en la apatía y el derrotismo y con análisis simplistas, por no decir simplones, de la realidad.

El independentismo se olvida de la Guardia Civil y la Policía
Antonio Martín Beaumont El Semanal Digital  23 Agosto 2017

El desprecio a la Policía y a la Guardia Civil exhibe la cara más mezquina del secesionismo, capaz de utilizar una masacre como palanca para manifestar sus objetivos políticos.

Carles Puigdemont ha tenido la oportunidad de aglutinar a la sociedad catalana en su conjunto contra el terrorismo, asumiendo un liderazgo que hasta ahora no ha podido o no ha sabido ejercer.

Que el secesionismo manipula el debate público hace tiempo que dejó de ser una novedad. Pero que, además, lo haga hasta la obscenidad de utilizar, en el peor sentido del término, a Fuerzas de Seguridad para sus intereses partidistas resulta de una mezquindad sin parangón en medio de la conmoción por la barbarie terrorista.

No es la división, de ningún modo, lo que deben poner sobre el tapete los dirigentes políticos cuando llega el zarpazo del terrorismo. Lo razonable es la unidad y buscar zonas de cooperación, porque además es lo que desean ver los ciudadanos en las horas más amargas, cuando miran con atención y desasosiego buscando el ejemplo de quienes tienen el deber de liderar.

Sólo desde esta perspectiva puede interpretarse la decisión de la Mesa del Parlament de Cataluña de conceder la medalla de honor de este año a los Mossos d´Esquadra, a la Guardia Urbana de la ciudad condal, a la policía local de Cambrils, además de los servicios de emergencia, circunscribiendo la labor de la Policía Nacional y de la Guardia Civil a un fugaz agradecimiento en un último apartado junto a “los voluntarios que han participado con generosidad y espíritu cívico en la respuesta a los atentados”.

La miserable negativa
Durante el debate de la cuestión en el órgano de gobierno de la cámara, C´s, PSC y PPC mostraron su discrepancia con la exclusión porque todos se han jugado la vida durante los últimos días.

Tres horas de tira y afloja, además de un largo receso, cayeron en saco roto. No hubo manera. El secesionismo busca siempre obtener rédito para su causa, y tal como se ha podido comprobar, no se detiene siquiera ante barreras que a cualquier persona con cierto sentido ético le parecen infranqueables.

Para el nacionalismo, la causa es la causa, y cuanto menos se distinga a quienes no consideran suyos, mejor. Así funciona la mente de los propagandistas del procés, incluso cuando llegan los momentos más dolorosos.

El descarte de la Policía Nacional y la Guardia Civil, colaboradores de los Mossos y otros cuerpos en la atención a las víctimas y el operativo posterior a la masacre, es consecuencia de la ausencia de escrúpulos del independentismo a la hora de politizar cualquier estamento en la comunidad autónoma.

Es verdaderamente lamentable la utilización de una masacre como palanca de anhelos rupturistas. “La responsabilidad nos gusta tanto que queremos asumirla con plenitud”, remachó Oriol Junqueras este martes a su paso por el programa “Al Rojo Vivo” de La Sexta.

Apenas 24 horas antes, en el seno del pacto contra el yihadismo, el representante de Esquerra Republicana, Joan Tardá, hacía participe a puerta cerrada al titular del Interior, Juan Ignacio Zoido, del impacto sufrido por su compañera de grupo, Teresa Jordá, ex alcaldesa de Ripoll: reveló sobre todo su condición de profesora, en otros tiempos, de algunos de los jóvenes autores de los atentados.

La actitud de Tardá
Así me lo han trasladado fuentes presentes en la cita gubernamental. Compungido, Tardá desplegó toda suerte de parabienes por la unidad y confianza desplegadas en la coordinación de las diferentes estructuras del Estado.

Además de mostrar gratitud, Tardá debería hacer autocrítica y, sobre todo, un firme propósito de enmienda. El hecho de que los nacionalistas hayan asumido el recurso del Gobierno a los policías locales para aumentar la seguridad frente a posibles ataques va en la buena dirección.

La defensa de las libertades nunca puede ser una opción partidista. Es un elemental deber de cualquier gobernante democrático y, en particular, del gobierno que preside Puigdemont, a quien los yihadistas han desafiado de la manera más brutal.

Lo suyo recuerda a la estrategia del avestruz de esconder la cabeza ante la realidad. Porque lo cierto es que Cataluña tiene un grave problema de islamismo. La prioridad ahora es la lucha contra el terrorismo, pero lo vivido hasta ahora sólo será un parche sin la unidad de todas las fuerzas políticas y si continúa el secesionismo en su obcecada carrer

Política abertzale: ruina segura
OKDIARIO  23 Agosto 2017

La política abertzale de Uxue Barcos y sus coqueteos con los proetarras de Bildu conseguirán el más difícil todavía: hundir la economía de una comunidad tan próspera como Navarra. Uno de los principales problemas de las ideologías radicales es que suelen ir acompañadas de números rojos en las cuentas públicas y privadas. Los empresarios buscan estabilidad política y social para generar riqueza y puestos de trabajo. Ambas condiciones brillan por su ausencia en el actual Gobierno autonómico. Desde que Barcos tomara posesión de su cargo en julio de 2015, la deuda pública navarra ha pasado del 18,3% del Producto Interior Bruto (PIB) a más del 19%. Este contexto ha provocado que la Comunidad Foral haya tenido que recurrir a los préstamos y emitir deuda. Es más, según la CEOE, es el único territorio de España donde el pesimismo empresarial es más alto que el optimismo. De hecho, cada vez se crean menos empresas mientras que, amparados por la gestión anquilosante de Geroa Bai, el número de funcionarios públicos crece de manera incesante.

Las perspectivas no son halagüeñas. La confianza de empresarios e inversores se ha desplomado en Navarra a causa de las constantes veleidades del Ejecutivo presidido por Barcos. Algunos de los hechos acaecidos en los últimos meses son losas casi imposibles de levantar. El pasado invierno, Geroa Bai sucumbió a los deseos de EH Bildu, Podemos e Izquierda-Ezkerra y enarboló la ikurriña en los edificios públicos —respetable bandera autonómica pero perteneciente al País Vasco— en detrimento de la propia. Fue sólo la punta del iceberg. Uxue Barcos y sus compañeros fueron incapaces de condenar con contundencia la brutal paliza que un grupo de abertzales propinó a dos guardias civiles en Alsasua. De hecho, tanto la consejera de Interior, María José Beaumont, como la propia presidenta de Navarra dijeron que las detenciones de los violentos eran “innecesarias”. No es de extrañar que los empresarios salgan despavoridos. Lamentablemente para los navarros, el clima resulta irrespirable.

Bildu ante el espejo del yihadismo
La autora analiza por qué el partido 'abertzale' no estuvo presente en la reunión del Pacto Antiyihadista.
Consuelo Ordóñez El Espanol  23 Agosto 2017

El pasado jueves 17 de agosto era un día señalado para la izquierda abertzale. Salía de cárcel Rafael Díez Usabiaga, a quienes Arnaldo Otegi y sus secuaces pretenden entronizar como nuevo mártir y renacido líder. Durante días anunciaron su excarcelación haciendo las habituales omisiones de su currículo: su militancia en el brazo político de ETA con las siglas de la ilegalizada Herri Batasuna, su condena por colaboración con organización terrorista por tratar de reconstruir la formación política a las órdenes de ETA y su falta de condena del terrorismo y de los más de 800 asesinatos perpetrados por la banda.

La tarde del jueves iba a ser, como decía, la de su subida a los altares: le esperaba un homenaje multitudinario en Lasarte con banderas, aplausos y vítores previsto para las siete y media. Poco antes saltó la noticia del atentado en La Rambla. El terrorismo había vuelto a actuar en nuestro país y todos nos conmocionamos. Bueno, casi todos. A la misma hora que se confirmaban las primeras víctimas del ataque yihadista, una multitud recibió con honores a Díez Usabiaga, o lo que es lo mismo, a un condenado por terrorismo.

Bildu fue el único partido con representación parlamentaria que no estuvo en el Pacto Antiyihadista
Desde entonces, el perfil de EH Bildu ha sido más que discreto. Su hombre paz, Arnaldo Otegi, apenas escribió en su otrora activa cuenta de Twitter lo "preocupante" de las "noticias" que le llegaban de Barcelona, sin que haya vuelto a hacer más referencia a los atentados. Su formación ha mostrado su "apoyo y solidaridad" con las víctimas e imagino que estará agradeciendo la escasa atención que los medios han mostrado a su ausencia en la reunión del lunes del Pacto Antiyihadista. Sí, ausencia, porque no es que asistieran como observadores, sino que se convirtieron en la única formación política con representación en el Congreso de los Diputados que no secundó la reunión de urgencia.

Imaginen por un momento que existe en España un partido político legal y con representación parlamentaria que se niega a condenar los atentados de Cataluña y mucho menos a emplear la palabra terrorismo. Imaginen que ese partido considera que los yihadistas de Ripoll son, en realidad, gudaris, combatientes que usan la violencia para lograr sus objetivos. Imaginen que ese mismo partido critica que los Mossos hayan detenido a cuatro yihadistas porque ese no es "el camino hacia la paz" y acusa al Estado de "intransigente". Imaginen que cuando los yihadistas sean puestos en libertad, son recibidos con honores por el único mérito de ser terroristas. E imaginen que los terroristas abatidos son enterrados envueltos en banderas del Daesh y los Mossos, acusados de asesinato.

Qué sentido manifestarse contra el terrorismo si se comparte asiento con un partido que justifica el uso de la violencia
Todo ello ha ocurrido y ocurre en nuestro país. La amenaza de la radicalización violenta no sólo tiene el signo yihadista, sino también el del entorno político y social de ETA. Sus líderes, además, se sirven del escaparate institucional que le concede la democracia que quisieron subvertir a base de bombas. El País Vasco y Navarra son ollas a presión en las que se honra a los terroristas en las calles día sí, día también, sin que nadie pueda asegurar que la válvula no vaya a estallar en algún momento.

La aparente firmeza de la clase política ante el terrorismo no debería ser selectiva. Qué sentido tiene encabezar una manifestación contra el terrorismo si esos mismos líderes políticos aceptan compartir asiento, cuando no gobierno, con un partido que justifica el uso de la violencia para lograr sus fines. Dónde está la lógica de perseguir el enaltecimiento del terrorismo en el Código Penal y endurecer sus penas cuando la Audiencia Nacional permite los homenajes a etarras condenados con la excusa de la libertad de expresión.

Como víctimas del terrorismo, además de firmeza, exigimos coherencia y sobre todo, dignidad, esa que nuestra sociedad pierde a cuentagotas cada vez que cedemos un milímetro ante los cómplices del terrorismo, sea del signo que sea.

*** Consuelo Ordóñez es presidenta del Colectivo de Víctimas del Terrorismo (COVITE).

Un corresponsal holandés, el periodista que se fue de la rueda de prensa de Trapero por el catalán
El corresponsal Marcel Haenen es el periodista que abandonó la sala cuando pidió, sin éxito, que las respuestas se dieran en español.
Libertad Digital  23 Agosto 2017

La última rueda de prensa del mayor de los mossos, el consejero de Interior y el consejero de Justicia sobre los atentados de Barcelona trajo polémica: algunos periodistas, entre ellos varios extranjeros, protestaron por el uso del catalán y uno de ellos abandonó la sala. La reacción de Josep Lluís Trapero fue contestar con un "Bueno, pues molt bé, pues adiós" que enseguida se viralizó en las redes sociales por parte del separatismo, aplaudiendo la respuesta del jefe de los mossos.

Con la frase de Trapero convertida en trending topic, el otro protagonista de la polémica, el periodista que se fue de la rueda de prensa, dio su versión: se trata de un corresponsal holandés, Marcel Haenen, que habló en Twitter para aclarar que pidió a las autoridades que hablaran en español para que lo pudiera "seguir la prensa extranjera".

Su explicación no ha calmado a los críticos en las redes sociales, sino más bien al contrario. El periodista, que trabaja en el diario holandés NRC cubriendo temas de Interior, sólo ha hablado del tema una vez más, alabando, en español, las opiniones del periodista de Libertad Digital y esRadio Luis del Pino, que contaba que los periodistas extranjeros querían que se les facilitara información "lo más rápido posible", más allá de las políticas lingüísticas de la Generalidad.

"Así es", contestó Haenen. La política de la Generalidad durante los atentados ha sido dar las explicaciones en catalán, luego en español y contestar a las preguntas de los periodistas en la lengua en que son preguntados.

 


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