AGLI Recortes de Prensa   Jueves 24 Agosto 2017

La crisis que viene
Juan Laborda www.vozpopuli.com 24 Agosto 2017

No sólo no es cierto que hayamos recuperado los niveles de renta previos a la crisis sistémica, sino que además estamos en los albores de la segunda fase de La Gran Recesión. Se acabó lo que se daba. Ninguno de los problemas de fondo se ha solucionado. Simplemente se trató de ganar tiempo pensando que por ciencia infusa todo se solucionaría, a la vez que se protegía a los acreedores extranjeros tenedores de la deuda de nuestro sistema bancario y a su gerencia. Pero la evidencia se amontona y será prácticamente imposible frenar la siguiente fase de la Gran Recesión, aquí y allá.

La política monetaria no da más de sí. La expansión fiscal prometida por la nueva administración estadounidense, ni está ni se le espera. Los distintos activos financieros de riesgo globales están claramente sobrevalorados. En un nuevo ciclo de aversión al riesgo en los mercados financieros, y sin soberanía monetaria, las crisis de deuda soberana y bancaria se activarán de nuevo arrastrándonos a una nueva recesión. Este es nuestro escenario base, ni siquiera es un escenario de riesgo. ¡Cuidado con los modelos VaR de control de riesgo!

España no ha recuperado niveles de renta previos a la crisis
Guindos hace unos días afirmó que España había recuperado el nivel de renta que tenía antes del inicio de la crisis, es decir, de 2008. Esas declaraciones se producían un poco antes de la publicación de algunos datos económicos clave para entender dónde estamos. Por un lado, la deuda pública patria se situó ya por encima del 100% del PIB según el criterio de déficit excesivo, demasiado laxo. Por otro, el Banco Central Europeo, en su programa de compras de bonos soberanos, está comprando más deuda de Italia y España de lo establecido.

Es rotundamente falso que hayamos recuperado niveles de renta de 2008. Desde el pasado año, un grupo de profesores y economistas independientes, hemos venido dialogando con ustedes y las autoridades europeas sobre la sobreestimación inexplicable del Producto Interior Bruto de nuestro país. Para ello presentamos en su momento tres estudios correspondientes a las aproximaciones tradicionales del cálculo del PIB. Aún no hemos recibido respuesta alguna.

Por un lado, un cálculo desde el lado de la oferta; en segundo lugar otro desde el lado de las rentas; y, finalmente, desde el lado de la demanda. En los tres se obtenían conclusiones muy similares, una sobreestimación del PIB de entre el 17% y 18%. Ahora pretenden corregir esta desviación haciendo lo contrario: el PIB de 2016 y 2017 ha sido más alto que el publicado. Sin embargo era tal la sobreestimación del período 2008-2013 que va a ser imposible “ajustar las cifras” antes de entrar en la segunda fase de la Gran Recesión.

Deuda pública bate récords históricos
A la vez que Guindos hacía estas declaraciones, Banco de España publicaba las cifras que mostraban que la deuda pública superaba un nuevo récord absoluto en julio, al alcanzar los 1,138 billones de euros, por encima del 100% del PIB. Pero esta cifra supone en realidad un infraestimación la deuda real de las administraciones públicas patrias ya que consolida la deuda pública en poder de otras administraciones públicas, al suponer que hay doble contabilidad, y cuya cifra se aproximó en julio a los 210.000 millones.

Básicamente son las ayudas del Estado Central a otras administraciones públicas, comunidades autónomas y algún que otro ayuntamiento, que no pueden financiarse por sí solos en los mercados financieros, pero que si éstas fallan respondemos todos los ciudadanos españoles, es decir, inmediatamente sería deuda soberana del Estado Central. Si además se incluyen otros ajustes derivados de la aplicación del criterio de déficit excesivo, la cifra total de deuda pública se aproximaría a los 1,5 billones, más del 130% del PIB.

Por esas mismas fechas el BCE publicó los datos de programa de compra de activos. En el Balance Consolidado del Eurosistema el programa de compra de activos se aproximó en julio a los 2,1 billones de euros. A cierre de ese mes el volumen de compras de deuda, la inmensa mayoría soberana, en Balance de Banco de España era de 270.695 millones de euros. Nuestro regulador ya es el principal acreedor del Tesoro español.

Los banqueros de nuestro país, y de la mayoría de países occidentales, no quisieron someterse a un proceso intenso de reconversión como cualquier sector que ha cometido excesos. Para ello contaron con la colaboración, además de la élite política, del Banco Central Europeo, controlado en realidad por estas élites financieras europeas.

El BCE, además de proteger a los acreedores foráneos -bancos extranjeros-, se dedicó a inyectar liquidez masiva a los bancos con problemas de solvencia para que siguieran manteniendo el statu quo. Para cerrar este esquema de poder o intereses de clase, los bancos comerciales españoles financiaban al Tesoro. Éste era el acuerdo tácito. Sin embargo, en el momento en el que los bancos de los países del sur ya no podían acumular más deuda soberana en sus balances, se inició el programa de compra de activos, expansión cuantitativa, por parte del BCE, pero sin mutualizar, ya que al final están en el Balance de Banco de España. Es en este contexto donde hemos de entender las últimas cifras. Desde 2008 la deuda privada se ha reducido en casi 782.000 millones de euros, normal en un proceso de desapalancamiento de familias, empresas y entidades financieras. Por el contrario, se ha producido un fuerte incremento de la deuda pública, en casi 1 billón de euros. Ello se debe a dos razones.

Por un lado, la intensa recesión de balances acelerada por las políticas económicas implementadas desde mayo de 2010, y que activaron los estabilizadores automáticos. Por otro, a un incremento del stock de deuda pública correspondiente a fondos que se destinan no a sufragar gastos operativos corrientes o de capital, sino a ser nuevamente prestados a terceros.

Nuestra hipótesis de partida es que una gran parte del stock de deuda soberana estaría financiando a terceros, básicamente al sistema bancario y a determinados oligopolios patrios vinculados al poder político, así como a distintos colectivos que permiten que el actual Régimen se mantenga.

Conclusión
La situación ha alcanzado unos volúmenes que en el caso de que aumentara la aversión al riesgo, se desataría la tormenta perfecta, crisis de deuda soberana y crisis bancaria. Obviamente ello limita cualquier política económica y de rentas que se salga de la ortodoxia. Pero además, la superclase va a intenta conservar de nuevo en esta segunda fase de la Gran Recesión su poder.

Para ello necesita consolidar su control sobre el sistema global de la deuda. Por eso para la ciudadanía es vital, por un lado, una profunda reconversión de un sistema financiero sobredimensionado, a costa de gerencia y acreedores. Pero por otro, debemos exigir además, como única reforma estructural real, en aras de nuestra libertad, una reestructuración de la deuda, mediante las correspondientes quitas.

Si eso ocurriese, automáticamente la superclase se arruinaría y perdería el control del poder. Y es aquí donde deberíamos ser proactivos y presionar hasta que la clase política asuma estas medidas. Pero de todo esto mejor no hablar, ¿verdad? ¡Y sigamos engañando a la ciudadanía!

Nuestra división, su fortaleza
OKDIARIO 24 Agosto 2017

La división política tras los atentados de Barcelona y Cambrils fortalece a los terroristas de ISIS que habitan y se esconden en nuestro país. Mientras británicos y estadounidenses incrementan sus efectivos para combatir a los líderes de la yihad en Irak y Afganistán, algunos de nuestros representantes públicos son incapaces de remar en la misma dirección. Lejos de llegar a un acuerdo para poner en funcionamiento todos los medios ante la mayor amenaza del mundo libre, hacen política con la tragedia y provocan un contexto idóneo para que la muerte colonice de nuevo nuestras calles y plazas. El Pacto Antiyihadista debería ser el símbolo que aunara una voluntad férrea contra los asesinos. Sin embargo, los populistas de Podemos —tercera fuerza en el Congreso, no lo olvidemos— y los antisistema de la CUP están haciendo todo lo posible para desestabilizar la seguridad nacional. Incluso, a costa de ningunear al jefe de Estado.

Representantes de la CUP han llegado a acusar a Felipe VI de financiar el terrorismo islámico. Semejante dislate ha tenido continuidad gracias a Podemos Barcelona. Revestida de una autoridad que oscila entre la fatuidad y el ridículo, la formación de Pablo Iglesias exige que el Rey no esté en la manifestación del próximo sábado en la ciudad condal. De seguir así, los yihadistas nos golpearán cada vez con más asiduidad, ya que convierten nuestra debilidad en su fortaleza. A pesar del ímprobo trabajo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, la división institucional y la laxitud ejecutiva de dirigentes como Ada Colau —bolardos no, borlados sí— entorpecen las labores de prevención.

Esta falta de voluntad, a pesar de tener una Policía con menos nivel que la nuestra, resulta inimaginable en Francia, Alemania o el propio Reino Unido. Países que han sufrido el drama en sus propias calles pero que, sin embargo, han encarado el problema con una unión ejemplar. Nuestra imagen en el exterior resulta lamentable por culpa de estos advenedizos de la política. Nuestra consistencia como país, una duda. Si no somos capaces de estar unidos en momentos así, ¿cómo vamos a derrotar a un enemigo que ha propuesto una guerra de facto sobre el tapete global? El último mensaje de ISIS es en español —por primera vez— y nos sitúa en el centro de la diana: “Al Andalus será parte del califato”. Es momento de políticos responsables, a la altura de las circunstancias. Todo lo demás es una invitación indirecta al terror. No se puede ofrecer margaritas a los que sólo entienden de muerte y destrucción. No se puede hacer de la desunión el combustible del terrorismo.

UN ANÁLISIS POLÍTICAMENTE INCORRECTO
¿Islamofobia o sentido común?
Luis Marí-Beffa El Semanal Digital 24 Agosto 2017

"El occidental que no exhiba superioridad moral sobre el islamista tiene un problema de identidad". Con Martin Amis como punto de partida, el autor entra sin ambages en un debate necesario.

El dios griego de la guerra Ares tuvo dos hijos: Deimos y Phobos. Terror y Miedo. Esta prole estuvo muy relacionada con el tiranicidio, como respuesta del pueblo griego a tiranos como Hipias el terrorista, al que Harmodio -asesinado y elevado a mártir- derrocó utilizando esta táctica civil. Ya en su día, Maquiavelo escribió en El Príncipe que resultaba más sólido "ser temido que amado". Y el liberalismo clásico promovió el tiranicidio desde las clases burguesas contra los reyes de la época.

El terrorismo, tal y como lo entendemos en la actualidad, fue promovido por Robespierre y su gobierno jacobino contra sus opositores, a los que les negó cualquier proceso judicial antes de darles boleto. El gobierno de este jefe despótico de la facción más radical del Comité de la Salvación Pública -los dictadores y sus alegres nombres de aparatos de poder- instauró la paranoia en Francia, ejecutando a pena de muerte -de la que él mismo unos años antes criticaba con dureza- a todo aquel que el comité -es decir, él- considerara como un conspirador o un traidor. Reino del Terror, se le ha llamado a aquel período desde 1793-1794. Tenía un objetivo y no duró demasiado.

Una guerra
Bien, el problema, a mi entender, es que nada de esto tiene que ver con estos psicóticos prehomínidos empapados en la Sharia. Los yihadistas del Estado Islámico son capaces de entrar en una escuela de primaria africana y matar a centenares de niños de tiros en la nuca, envenenar el agua de institutos irakíes, bombardear colegios y, luego, cortar las cabezas de los alumnos y colgarlas del tendido eléctrico en Siria, mutilar genitalmente a cientos de miles de mujeres o matar a gente indefensa atropellándola con un vehículo. En nombre de un dios o de la promesa de tener un harén de vírgenes en el paraíso. -Qué obsesión con la vírgenes-. Quizá pudiera resultar terrorismo. Pero a mí me parece más una guerra. A secas. Sin ninguna santidad de por medio.

Porque el terrorismo, históricamente, se suele utilizar durante un período de tiempo concreto -como nos enseñó Robespierre-, no muy largo y con un objetivo claro. Y estos tipos sin la más mínima onza de decencia humana llevan ya con esta mierda repugnante sin sentido más de lo que debiéramos permitir como sociedad.

Conozco a una persona, muy preciada para mí, a la que le gustaba viajar por oriente. Afirma que es muy probable que por sus venas corra sangre de aquel lugar. De hecho, es muy probable que corra sangre de aquel lugar por todos nosotros. Estuvo en Palmira, aquel Estado que se separó del imperio romano y que se asentó en oriente próximo, en lo que hoy es Siria. O, bueno, lo que queda de ella.

Palmira, el resumen de todo
Hace ya tiempo me contó, con lágrimas en los ojos, que lo que esa turba de ignorantes ultra religiosos hicieron con Palmira no tiene nombre. Que ni siquiera es un acto de guerra o de terror. Es algo muchísimo peor. Porque en el teatro de Palmira esta pandilla de matones filmaron cientos de torturas y asesinatos, entre ellos los de Khaled Asaad, por aquel entonces director del yacimiento. Y, después, pusieron explosivos en los cimientos de la ciudad y, en un santiamén, la redujeron a escombros.

Me alegro de no haberla visitado nunca, para no sentir la lástima de esta persona que conozco tan íntimamente bien. Tarde o temprano se tendrá que hacer un estado de excepción con esta mierda de gente, sin importar donde resida o su lugar de nacimiento. ¿Será una lástima? Sí. Pero también será inevitable. Y no me pienso parar, a estas alturas, a explicar la diferencia entre árabe, islamista, musulmán e islámico. Búsquense la vida, que ya somos todos adultos.

O, al menos, eso se espera de nosotros a la hora de instigar linchamientos gratuitos en contra de comunidades que nada tienen que ver con estos repugnantes bastardos que han descendido al nivel de los babuinos. Y, con todo el respeto por los primates, precisamente digo babuinos y no bonobos o chimpancés. Porque los babuinos son una especie simiesca en la que las violaciones, las agresiones y los robos de crías son tan habituales como diarias.

Estoy con el escritor británico Martin Amis. El occidental que no sea capaz de mostrar superioridad moral sobre un islamita radical tiene un problema, y muy serio, de identidad. Pero, al menos, podría guardar silencio y no hacer que los demás carguemos con sus mojigaterías sociales y sus complejos.

Boko Haram ya emitió en su día un comunicado en el que anunció que se adhería al Estado Islámico. El año pasado esta pandilla de fundamentalistas totalitarios islámicos asesinó a más de tres mil personas. Aunque van perdiendo poder, aún están activos en varios países de África, como Mali y Nigeria, sobre todo.

Hace como un año mataron a 85 personas, muchos de ellos niños, a los que quemaron vivos. Hace dos años secuestraron a doscientas niñas en Chibok. De ellas, de las niñas, dicen y les hacen cosas que me da vergüenza incluso pensar. Las mayores masacres se están perpetrando en el norte de Irak y África. Lo de Europa es un juego de niños, comparado con aquello. Esa es la verdad.

El 'vómito' necesario
Aunque existe otra verdad: cada vez que se trata el tema de la radicalización galopante del islamismo, automáticamente sobrevuela la xenofobia de occidente. Y no es xenofobia. En absoluto. De hecho, si estos tipos fueran nórdicos, el problema sería más sencillo de abordar. Por cierto, Boko Haram significa "La educación no islámica es pecado"; o también "la educación occidental es pecado". No salen en los telediarios. Pero todos los días hacen barbaridades más macabras que las de Barcelona en otros lugares del mundo. Y, si pudieran, también las harían en Europa. Qué duda cabe a estas alturas.

Como ya nos anunció Karl Popper en La sociedad abierta y sus enemigos: una sociedad absolutamente tolerante deviene, con el inexorable paso del tiempo, en la intolerancia. Es lo que el acuñó como la paradoja de la tolerancia. De modo que cuenten conmigo entre los intolerantes. Y me importa un comino lo que puedan pensar de mí. Estos sádicos me producen arcadas. Y tarde o temprano occidente vomitará.

Solo espero que sea temprano.

La prevención es la mejor estrategia
Alejo Vidal-Quadras Gaceta.es 24 Agosto 2017

Cada vez que se produce un atentado a cargo de islamistas radicales en Europa se repiten las mismas perplejidades doloridas. Familiares, profesores y vecinos se asombran de que muchachos a los que tenían como sociables, amables, perfectamente integrados y “normales” hayan podido cometer actos tan execrables; jueces que han dictado sentencias benévolas sobre delitos comunes anteriores a la comisión del ataque terrorista o que han anulado órdenes de expulsión dictadas por la autoridad gubernativa se apresuran a declarar que se limitaron a aplicar la ley y que, por tanto, no se les puede exigir ninguna responsabilidad por los horrores perpetrados posteriormente por aquellos a los que beneficiaron en su día con su suave aplicación del Código Penal o de la normativa sobre extranjería; cuerpos de seguridad que ignoraron signos evidentes de que determinados individuos eran potencialmente muy peligrosos se escudan en la imposibilidad de vigilar a un número tan grande de posibles sospechosos, en la insuficiencia de medios de los que disponen o en la falta de cooperación por parte de otras fuerzas policiales autonómicas, nacionales o internacionales; alcaldes que recibieron circulares recomendando la instalación de elementos de protección frente a posibles atropellos múltiples y que no los instalaron por desidia o por cuestiones de imagen buscan absurdos pretextos para su imprevisión, y así se va acumulando un rosario de lamentaciones, excusas y justificaciones tras la tragedia de turno.

Existe ya suficiente experiencia consolidada para establecer algunas conclusiones y actuar en consecuencia. La primera es que, como suele suceder en muchos órdenes de la vida, las apariencias engañan y que una mayor atención a las compañías, reuniones, contactos en la red y manifestaciones y opiniones expresadas en círculos íntimos de esos jóvenes tan “normales” probablemente hubieran encendido luces de alarma en educadores, padres, hermanos o amigos, que habrían podido tomar medidas a tiempo. La segunda es que las fuerzas de seguridad y los servicios de inteligencia han de extremar las precauciones, no minimizar ningún indicio, caer, si es preciso, en la suspicacia, y compartir cualquier dato, por nimio que parezca, con el resto de instancias implicadas en la lucha contra el terrorismo islamista. La tercera es que el poder judicial, dentro del absoluto respeto a la legalidad vigente, a la hora de interpretar su aplicación a casos concretos, opte por las resoluciones más severas en toda situación en la que estén involucrados musulmanes con conexiones directas, indirectas o barruntadas con el fundamentalismo. La cuarta es que aquellas medidas de protección física en espacios públicos, monumentos o edificios de especial concurrencia o significación se materialicen de inmediato considerando la correspondiente inversión una prioridad absoluta.

En este contexto de movilización social, policial, judicial y política contra el yihadismo asesino, las comunidades musulmanes han de tener un papel crucial. Las expresiones de condolencia y la participación en actos de repulsa son sin duda obligadas, pero los dirigentes de organizaciones islámicas y la población musulmana en su conjunto ha de considerarse en estado de alerta permanente en el ámbito familiar, vecinal y de culto, y tener ojos y oídos bien abiertos para intervenir personalmente y acudir a las autoridades escolares, policiales o religiosas a la menor señal de radicalización de un hijo, un hermano, un condiscípulo o un compañero de rezos en la mezquita. Francamente, cuesta creer que los integrantes del comando que ha sembrado la muerte en Barcelona y en Cambrils hayan podido preparar una barbaridad de esta envergadura sin que a nadie entre sus allegados, sus profesores y sus amigos se le hubiese puesto la mosca detrás de la oreja en algún momento.

Camino entre tinieblas
Agapito Maestre  Libertad Digital 24 Agosto 2017

No es necesario valorar la negativa de la alcaldesa de Barcelona a la recomendación de la Policía Nacional de poner barreras protectoras en las Ramblas. Los ciudadanos en las próximas elecciones se lo recordarán. También tendrán presente la reacción demencial de los secesionistas, desde el presidente de la Generalidad hasta la gente de la CUP, pasando por la distinción bárbara del consejero del Interior entre muertos españoles y catalanes. Los yihadistas conocían bien el terreno donde atentaban. Han puesto en evidencia que España es, junto a Bélgica, el Estado más débil de Europa. Bélgica sería el segundo, pero está sostenido por ser lugar de asiento de la mayoría de las instituciones europeas. ¿Y a Cataluña quién la sostiene? No creo que tenga muchas instituciones autonómicas fiables. ¿O alguien cree que la Generalidad y la policía autonómica basten para proteger a los ciudadanos? ¿Puede alguien normal en Cataluña fiarse de las cosas que dicen el señor Puigdemont y la señora Colau? ¿Alguien con un poco sentido común puede votar a quien ningunea a todas las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado para destacar que podíamos estar tranquilos con la única protección de los Mozos de Escuadra? Se ha vuelto a demostrar que Cataluña no es y, sobre todo, no será nada sin España.

Los crímenes de los yihadistas quizá no consigan que cambien de actitud los dirigentes secesionistas, pero a los votantes nacionalistas ya se les está removiendo la conciencia. Pocos habrán dejado de considerar que el enemigo es demasiado fuerte para encararlo con eslóganes ridículos y píos deseos de paz. Los votantes secesionistas pueden seguir odiando a España, pero los yihadistas les han puesto en evidencia que esto va en serio: sus vidas están en juego. ¿Estarán fácilmente protegidas por la policía autonómica y la policía municipal? Nadie con un poco de seso puede dejar de estar asustado ante este atentado. La reflexión más elemental sobre lo sucedido en Cataluña conduce a una sencilla conclusión: "La unión hace la fuerza". Eso fue escenificado en el minuto de silencio, presidido por el Jefe del Estado de España en la Plaza de Cataluña, en honor a las víctimas. Todos en Europa pensamos así. Salvo algún descerebrado o criminal, nadie puede dejar de reconocer que solo unidos venceremos a un enemigo tan cruel y perverso: el yihadismo.

Terrible es la guerra, o como quieran llamarle, que Occidente tiene que librar contra la yihad. Ellos matan por convicciones. Y nosotros, ¿qué tenemos nosotros para enfrentar a los criminales? Quizá la apelación a la famosa humanidad, o el "prefiero que me maten a matar" de uno que fue ministro de Defensa, o nuestro sistema de valores que respeta todos los valores menos el nuestro, o la cultura, o la ciencia… No nos engañemos. La civilización occidental está exhausta, porque se ha rendido a lo políticamente correcto, o sea, nos hemos habituado a no resolver los problemas; en este punto, como es sabido, las clases dirigentes marcan el rumbo y el ritmo hacia el abismo. ¿Que qué nos queda? Aguantar todos unidos. Es la única ilusión sobre qué hacer mañana. Ya sé, amigos, que no es mucho, pero es lo que hay. Y eso es exactamente lo que está defendiendo la UE: juntos somos algo, pero por separado nada podemos hacer ante el crimen yihadista. Estas elementales consideraciones ya ha llegado a los barceloneses y a los catalanes que votan a los secesionistas. Solo unas fuerzas de seguridad españolas unidas –Guardia Civil, Policía Nacional, Mozos de Escuadra, policía municipal, etcétera– pueden proteger nuestras vidas.

Europa solo puede salvarse con Estados fuertes. Por su bien, la UE apoyará a España como ésta lo hará con Cataluña. Lo yihadistas han matado con la crueldad que les caracteriza a inocentes ciudadanos y turistas. El atentado ha sido durísimo para el mundo occidental. No han elegido por casualidad Barcelona. Han atentado en el lugar más deprimido cultural, política e ideológicamente de Europa. La capital de una autonomía al borde del abismo. Sí, sabían que atentaban contra el Estado más débil de Europa, pero quizá esto se vuelva contra ellos, porque los españoles y el resto de los europeos han reforzado su más profunda convicción: "Solo unidos podemos acabar con el yihadismo". Y eso, al menos así lo presiento, ya ha llegado a la conciencia de millones de españoles en Cataluña que, seguramente, en las próximas elecciones cambiarán su voto. ¿O alguien con cabeza y corazón se atreverá a seguir votando a quien se niega a poner barreras de protección ciudadana o cree que basta solo con los Mozos de Escuadra para combatir a los criminales yihadistas?

España es como un queso gruyer
xosé Luís Barreiro Rivas La voz 24 Agosto 2017

Dado que todo lo que sucede hoy ya se vio antes, y que es posible aprender en cabeza ajena, deberíamos abordar el problema de la coordinación policial diciendo que la idea de establecer en España dos policías autonómicas sustitutivas de la policía estatal es, ab initio, costosa, ineficiente, confusa y llena de derivas indeseables. España -país pequeño y congruente- ya tenía un sistema complejo de policías locales, y dos fuerzas de seguridad -la Policía Nacional (CNP) y la Guardia Civil (GC)-, que, nacidos para ámbitos diferentes -rural para la GC y urbano para el CNP-, empezaban a presentar problemas de solapamiento derivados del crecimiento y la tecnificación de ambos cuerpos, que acabaron generando graves duplicidades e ineficiencias. Por eso debemos considerar un absurdo que, cuando muchos expertos aconsejaban la fusión de la GC y el CNP, acabásemos perpetrando la multiplicación de los espacios y los cuerpos policiales.

Las causas por las que se actuó así fueron, digámoslo sin ambages, el capricho de los independentistas -que querían erradicar de sus tierras los símbolos del Estado- y la rendición irresponsable de algunos políticos que, gestionando el problema territorial con absoluta candidez e ignorancia, acabaron creyendo que aquellas ariscas exigencias eran, en vez de una estrategia de lucha desleal e incierta contra la unidad del Estado, la culminación de un proceso delimitado de reivindicaciones históricas. Y ahí estamos hoy, como un queso gruyer, con un grave problema de ineficiencia policial, una descoordinación irresoluble y creciente, y una deriva política que solo busca -como contexto para su revolución- el caos jurídico y social del Estado.

Por eso carece de sentido analizar los lodos de este despropósito, mientras se pierde la perspectiva de los polvos que los originaron. Y sin aprender siquiera la lección de que, bajo la cobertura de un buenismo dialogante y poco inteligente, se agrava el problema de un Estado acomplejado, que no tiene los arrestos necesarios para plantarse frente a este indecente secesionismo que ignora la realidad para poner en su lugar sus oníricas historias.

De esto saben mucho en los Estados Unidos, donde el laberinto de policías generado por sus orígenes federales y por la enormidad del país llegó a acumular tanta ineficiencia e impunidad que tuvieron que crear, en 1908, el FBI -Federal Bureau of Investigation-, la policía que tiene competencia exclusiva sobre los asuntos de Estado, y plena capacidad para tomar el mando de las operaciones que generan fisuras genéricas en la seguridad. Por eso es hora de que en España nos enteremos de que el mundo se inventó hace tiempo, que el buenismo no es política, que si el Estado no es la cima del poder no es nada, y que, como diría El Gallo, «lo que no puede ser no puede ser, y además es imposible».

El mito de Al Andalus
FERNANDO PALMERO El Mundo 24 Agosto 2017

Ha dedicado Serafín Fanjul varias obras a desmontar la interpretación idílica de la Hispania musulmana, esa que por ignorancia de lo sucedido en la Península entre los siglos VIII y XV quiere ver en Al Andalus una arcadia donde convivían de manera pacífica tres religiones y en la que el arte, la ciencia y la cultura alcanzaron las mayores cotas de desarrollo jamás conocidas. Pero ni hubo tolerancia ni nadie la pretendía. Durante el tiempo que tardó en islamizarse por completo el territorio, alrededor de dos siglos, las comunidades cristiana y judía pudieron seguir practicando sus cultos y viviendo como lo habían hecho hasta entonces, pagando, eso sí, desorbitados impuestos a los conquistadores musulmanes. Pero cuando el poder omeya se consolidó, y luego el almorávide y el almohade, llegaron las matanzas, las expulsiones y la obligatoriedad de seguir en todo los preceptos del islam, que no es precisamente una religión de paz. Quizá ninguna lo sea y mucho menos en la Edad Media, porque cuando las tornas cambiaron, moriscos y judíos hubieron de someterse, también violentamente, al imperio de la cristiandad.

No fue Al Andalus ningún paraíso, todo lo contrario. En sus diferentes etapas las minorías fueron reprimidas con mayor o menor severidad según se desarrollaba la guerra con los reinos cristianos, pero nunca dejó de operar la rigurosa legislación coránica, que afectaba fundamentalmente a las mujeres, y convertía en enemigos a quienes no se sometían a sus preceptos. Quizá por eso, añorando aquella irrespirable teocracia, su pérdida representa simbólicamente para muchos musulmanes piadosos una afrenta que requiere de venganza. Tanto Al Qaeda como el Estado Islámico hablan en sus escritos de propaganda de "reconquistar Al Andalus". No hay que olvidar que, en un ejercicio de proyección retrospectiva propio de los iluminados que pretenden encontrar en el pasado una línea de continuidad en el presente, estos dos grupos terroristas celebran, tras cada atentado, la muerte de "cruzados y judíos".

Pero el sentimiento de que la Península ibérica debe volver a formar parte de la umma, esto es, la comunidad de creyentes, no es exclusivo de los yihadistas. En La quimera de Al Andalus, Fanjul reproduce el contenido de algunos libros de texto oficiales en la Siria de Asad. En ellos se presenta la invasión del 711 no como un acto de conquista, sino como la recuperación de un territorio, la Iberia prerromana, de influencia semita, y se lamenta de la derrota de las tropas árabes en Poitiers, porque de haber vencido, "hubieran dominado la Galia y la Europa occidental y hubiera cambiado la faz de la historia, siendo el Corán y la lengua árabe lo que se enseñaría ahora en la Universidad de Oxford". Si hubiera habido Universidad de Oxford, claro, apostilla Fanjul.

Es obvio que a la mayor parte de los musulmanes, al menos a los que viven en España, los delirios de reconquista y de restitución de agravios históricos les suenan a propaganda de grupos de descerebrados. No a todos, sin embargo. Hoy, como entonces, las dos comunidades religiosas se miran con recelo, pero por fortuna nuestro Estado tiene herramientas suficientes para evitar que estalle el conflicto latente que existe en muchos lugares del país. En las fronterizas Ceuta y Melilla, por supuesto, pero también en Barcelona o en muchos pueblos de Huelva o Almería, donde la convivencia no siempre es fácil, aunque no se haya llegado a la situación que se vive en Francia, especialmente en París. Evitar la guetización y fomentar la integración social son dos batallas que las autoridades no deben dejar de dar, exigiendo que todos los ciudadanos, independientemente de su religión, se sometan por igual a la ley.

El fantasma de la islamofobia
Jorge Vilches www.vozpopuli.com 24 Agosto 2017

La construcción de falsos enemigos es un arte de la política que se ha ido perfeccionando con el tiempo gracias al avance tecnológico. Su éxito no tiene misterios, sino eficaces técnicas propagandísticas aplicadas a una sociedad infantil y sentimental, que se cree la mejor preparada de la Historia.

El fantasma
Tras el atentado del 17 de agosto en Barcelona faltó tiempo para que los políticos izquierdistas y sus terminales mediáticas salieran avisando del supuesto rebrote de la islamofobia. Las noticias sobre los muertos y desaparecidos, las investigaciones mal llevadas y sus avances, el debate sobre los bolardos, y las inquietantes sonrisas de Ada Colau en el duelo, se cruzaban con las alertas sobre los islamofóbicos, el racismo y el fascismo.

El ardid es evidente: airear el fantasma de la islamofobia permite salvar de la crítica al fracasado multiculturalismo y, al tiempo, ahondar en el sentimiento de culpa de Occidente y continuar con la demolición de las tradiciones para crear la Sociedad Nueva.

Sin embargo, el islamismo es un fenómeno muy complejo y variado que no se puede despreciar ni apreciar con una sola frase. Su funcionamiento responde a una mentalidad diferente a la occidental. No se articula sobre las ideas de izquierda o de derecha, ni siquiera con las nacionalistas. Tampoco tiene una visión territorial equiparable a la del mundo cristiano, que evolucionó con los Estados nacionales, racionales y burocratizados, sino de clanes y comunidades religiosas.

Tampoco es cierto el “choque de civilizaciones”: quienes más combaten a los musulmanes son los mismos musulmanes. La mayor parte del terrorismo yihadista es contra el kafir, el impío, el que no profesa el verdadero islamismo; es más, la muerte entre unos y otros ha sido una constante desde el año 622. Pondré algunos ejemplos recientes.

El islam contra sí mismo
Palestina vivió una guerra civil desde 2007 a 2009 entre Fatah y Hamás que se saldó con miles de muertos, que aquí los medios obviaron. La Autoridad Nacional Palestina no es reconocida por Fatah, que gobierna la mitad del territorio del país, al tiempo que Mahmud Abás, líder de Hamás, se niega a celebrar elecciones desde 2005.

Los Hermanos Musulmanes, vinculados con Hamas y Qatar, ganaron las elecciones en Egipto tras la Primavera Árabe; sí, ese movimiento que algunos podemitas saludaron como “la revolución de los pueblos para una democracia social”. En fin. Dicha organización egipcia es el origen en buena medida de la yihad contra Occidente y en especial contra EEUU, no por su capitalismo y democracia, sino por ser el “Gran Satán”; es decir, por la difusión de costumbres “liberales” que “contaminan” a la Umma, a la comunidad islámica.

Pero, y he aquí lo que no se señala habitualmente, los Hermanos Musulmanes son salafistas, y consideran que primero hay que “limpiar” el islam en Oriente Medio. Cuidado, porque lo mismo pensaba el Frente Islámico de Salvación, en Argelia, que ya en la década de 1980 aseguraba que su objetivo final era instaurar el califato, el gobierno teocrático, en todo el planeta.

Por último, por no alargarme: El Estado Islámico (EI), o Daesh, ha declarado tener ese mismo propósito, para lo cual debe depurar la comunidad de infieles de todas las religiones, incluido el islam. Ese califato no es solo territorio, sino comunidad, y necesita la guerra. La mayor parte de las muertes generadas por el EI son musulmanes que no profesan la “verdadera fe”.

Occidente es para ellos un enemigo más, y en su concepto de guerra –tan distinto del que barajamos nosotros, anclado en el siglo XX-, el terrorismo es otra vía. En Oriente Medio el terror sirve al EI para la liquidación social, aquí para manejar a la opinión pública y que se culpe a nuestros gobiernos, que, dependientes de las elecciones, cambian la política exterior. El mejor ejemplo es lo sucedido tras los atentados del 11-M en España.

Los yihadistas conocen las debilidades de nuestras sociedades, y usan el combate político que aquí se produce. Saben que después de un atentado habrá quien alerte sobre la islamofobia, convirtiéndose el alarmista en una pieza más, a veces títere, de la guerra psicológica que se está librando.

La doble moral
La doble moral de los que alertan sobre el fantasma de la islamofobia es fácilmente comprobable verificando sus incoherencias cuando hablan de derechos humanos. Repasemos.

Algunas de las asociaciones, políticos y periodistas que denuncian la incitación al odio y la apología de la violencia, callan cuando se producen ataques similares al cristianismo y al judaísmo. Es más; son furibundos críticos del Estado de Israel, sobre el que vierten insultos y denuncias, lo equiparan al nacionalsocialismo, le acusan de Holocausto, y piden su disolución, al tiempo que apoyan a grupos palestinos.

Son los mismos que aplaudieron o justificaron, por ejemplo, el asalto a la capilla de la Complutense, donde se gritó “¡Arderéis como en el 36!”, diciendo que es libertad de expresión. ¿Qué dirían esos mismos críticos si un grupo hubiera asaltado una mezquita con gritos amenazantes, y luego hubieran sido elegidos como cargos públicos? ¿Y si un partido, como la CUP, en lugar de proponer convertir la Sagrada Familia en un centro cívico lo hubiera dicho de una gran mezquita?

Muchos de los que alertan sobre la islamofobia en nombre de los derechos humanos amparan la simbología comunista, que ha sido la ideología más criminal del siglo XX. Así, al tiempo que denuncian la incitación al odio y la apología de la violencia cuando se refiere, a su juicio laxo, al islam, callan cuando la víctima es el cristianismo, el judaísmo, o la democracia liberal. Por ejemplo: no dicen nada cuando la dictadura del narcogobierno de Venezuela asesina o pisotea los derechos más esenciales, o aplauden entusiasmado el régimen castrista.

Falta autoridad moral. Sin embargo, les resulta útil. Las ideologías totalitarias, sobre todo cuando están trufadas de estilo populista, necesitan pergeñar un enemigo. Cuanto más grande, poderoso y omnipresente se muestre, mejor, porque más justificada estará la movilización y la radicalización de la acción y del discurso.

La islamofobia existe, claro, como las fobias a toda religión, pensamiento político, orientación sexual, nacionalidad o profesión, aquí y en el resto del mundo, ahora y siempre, así como el conflicto y el crimen dentro del propio islamismo. Aun así, el propagandista magnificará al enemigo porque lo necesita. “Nos conviene que haya tensión y dramatizar un poco”, que diría Zapatero.

Cómo solucionar la ineficiencia de las Administraciones Públicas en España
España posee uno de los sectores públicos menos eficientes de toda la zona euro.

  Libertad Digital 24 Agosto 2017

El Instituto para la Gestión de la Universidad de Lausana tiene claro que nuestras Administraciones Públicas tienen un problema de eficiencia. Así se desprende de su ranking global, en el que analizan distintas categorías: calidad de la regulación, facilidades para la inversión extranjera, apertura de los concursos para los contratos públicos, ausencia de ayudas y subvenciones que distorsionen la competencia, efectividad para garantizar el cumplimiento de las leyes, ausencia de duplicidades y redundancias administrativas…

Algo similar apuntan los técnicos del Banco Mundial. Según sus indicadores de medición de la calidad institucional, el de España es uno de los sectores públicos menos eficientes de todos los países fundadores de la Eurozona. Solo Italia, Grecia y Portugal obtienen una peor nota

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En las mediciones de eficiencia fiscal tampoco salimos bien parados. Cuando se analiza el coste de recaudar y gastar, nos encontramos con que las Administraciones Públicas españolas necesitan recaudar 1,45 euros para poder desembolsar 1 euro de gasto efectivo.

Comparando el sector público de numerosos países desarrollados, el Instituto Fraser de Canadá ha elaborado una comparación entre el coste de las Administraciones Públicas y los resultados obtenidos en decenas de indicadores socioeconómicos: inflación, desempleo, PIB per cápita, crecimiento, esperanza de vida, mortalidad infantil, educación, desigualdad, seguridad, calidad de vida, satisfacción, libertad política, calidad del medio ambiente…

España se coloca en la zona media-baja de la tabla, con una puntuación de 5,7 sobre 10 que contrasta con el gran resultado que cosechan los sectores públicos de Corea del Sur, Luxemburgo, Suiza, Australia, Noruega, Chile, México, Canadá, Estados Unidos o Japón, que se mueven en notas superiores a 7,8 puntos

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Según dicho informe, el sector público español está un 47,6% por debajo de los niveles óptimos de eficiencia que se alcanzan en Corea del Sur. No sería realista pensar que podemos cerrar esa brecha a corto plazo, ya que exige un replanteamiento integral de nuestras estructuras públicas, pero sí que merece la pena analizar qué podemos hacer para ir llevando a nuestras Administraciones hacia posiciones de mayor eficiencia.

La productividad de los empleados públicos es un factor clave en este debate. El Círculo de Empresarios ha señalado que en 1980 no había grandes diferencias entre la productividad de los trabajadores del Estado y la del sector privado. Casi cinco lustros después, la divergencia era notable y la productividad de los trabajadores públicos era un 35% menor. Esto tiene un coste notable: el Círculo estima que nuestro PIB sería un 6% más alto si la productividad de nuestros empleados públicos evolucionase al mismo nivel que en el resto de los países europeos.

¿Qué se puede hacer para mejorar la eficiencia del sector público por la vía de la productividad? En Alemania, las reformas introducidas en 2005 acordaron horarios flexibles y nuevos sistemas retributivos que valoran mejor el rendimiento de cada trabajador. En 2007 se avanzó en el modelo de remuneración por objetivos, que puede llegar a aumentar un 10% el salario de los empleados públicos siempre que logren resultados sobresalientes en las metas fijadas.

También en Finlandia se ha abordado esta cuestión, con la presentación en 2004 de un plan que contiene 200 iniciativas orientadas a mejorar la productividad del sector público. Reordenando procesos, las Administraciones redujeron sus plantillas en 9.645 personas entre 2004 y 2011, a lo que se sumó el cambio de posición de unos 6.000 funcionarios.

Por otro lado, los Países Bajos también se han adoptado medidas enfocadas en aumentar la productividad de los empleados públicos. Esta decisión fue de la mano con una reordenación de plantillas aprobada en 2008 que redujo la burocracia en más de 12.000 personas. En paralelo, se favoreció la flexibilidad de los empleados públicos para diseñar sus horarios y organizar sus programas, manteniendo no obstante un criterio claro de valoración por objetivos.

En España, no pocos expertos subrayan la importancia de revisar los esquemas de contratación. Según el Círculo de Empresarios, el 10% de los empleados públicos europeos tiene empleos vitalicios, frente a los porcentajes de más del 70% que se observan en nuestro país. En el resto de Europa, el trabajo "de por vida" se reserva a jueces, inspectores, fuerzas del orden… mientras que en España se otorga el mismo rango a todo tipo de empleados públicos.

La Comunidad de Madrid puso en práctica algunas medidas orientadas a mejorar el rendimiento de los empleados públicos. Por ejemplo, cuando en 2012 se suprimió el complemento salarial por enfermedad, 2.450 empleados de la Administración regional se reincorporaron a sus puestos de trabajo. Además, el gobierno de Esperanza Aguirre redujo de 3.500 a 700 el número de liberados sindicales, medida que supuso un ahorro de 72 millones de euros para las arcas de Madrid.

Soluciones desde dentro y desde fuera

Los empleados públicos podrían relanzar la eficiencia de las Administraciones si se ponen a la cabeza de las reformas necesarias para aumentar la productividad y reducir los gastos. Tendría sentido abrir concursos de innovación para que los empleados públicos presenten propuestas encaminadas a agilizar el funcionamiento de las instituciones y ahorrar en gastos superfluos. Una pequeña parte de los ahorros logrados podría entregarse como paga "extra" a aquellos empleados públicos que diseñen estas medidas. De esta forma se crearían incentivos adecuados para promover una cultura de emprendimiento ahorrador entre los propios trabajadores públicos, poniendo su conocimiento y creatividad al servicio del contribuyente.

Pero la reforma también tiene que venir desde fuera, por eso hay que plantear la creación de foros de innovación abierta que permitan canalizar iniciativas del sector privado y la sociedad civil orientadas a lograr ahorros en el gasto público y mejoras en los procesos de funcionamiento. Se trata de conseguir una Administración más ligera en costes y en procedimientos. Una modesta parte de los ahorros logrados se podría reservar también para reconocer a quienes contribuyan a aumentar la eficiencia de nuestras instituciones.

Tanto el emprendimiento de los propios trabajadores públicos como la innovación abierta orientada a mejorar las instituciones debería coordinarse con la creación de una nueva figura que se encargaría de tutelar de manera transversal todas las políticas de ahorro, eficiencia y productividad de los distintos niveles de las Administraciones. Estos Comisionados para la Reforma de las Administraciones Públicas podrían ser ejecutivos reclutados del sector privado que cobrarían por objetivos y tendrían que diseñar las reducciones de gasto y las mejoras de funcionamiento de acuerdo con sus superiores políticos.

¿Cuál es el margen de ahorros que se puede conseguir por esta vía? Según los trabajos del Banco Central Europeo sobre la eficiencia de las Administraciones Públicas en el Viejo Continente, España puede conseguir ahorros estructurales que rondarían los 40.000 millones de euros si logramos equiparar la calidad de nuestras Administraciones Públicas a la media europea.

El grueso de esos ahorros saldría del gasto de las comunidades autónomas, donde el margen de ahorro ronda los 30.000 millones de euros. El gasto público medio de las regiones ronda el 16% del PIB de cada territorio, pero hay grandes diferencias entre el 27% de Extremadura y el 11% de Madrid. De hecho, replicar la eficiencia presupuestaria madrileña ahorraría inmediatamente 15.000 millones de gasto público.

En términos per cápita, la Comunidad de Madrid gasta 2.600 euros por habitante frente a los 4.000 euros por cabeza de Cataluña. Si analizamos solamente el gasto corriente, resulta que los desembolsos en Madrid rondan los 1.100 euros por persona, un 60% menos que la media nacional.

El modelo liberal que impulsó Esperanza Aguirre al frente de la Comunidad de Madrid muestra, de hecho, que gastar menos no significa obtener peores resultados. Lo vemos, por ejemplo, en el Informe PISA: pese a las protestas sindicales por las medidas del gobierno autonómico, Madrid alcanzó en el Informe PISA 2012 la mejor nota del país en lectura, la segunda mejor en ciencias y la cuarta mejor en matemáticas. Y todo con un gasto educativo más bajo que la mayoría de comunidades autónomas.

Las reformas liberales aprobadas en la Comunidad de Madrid se desarrollaron en tiempos de bonanza económica y siguieron apuntalándose en tiempos de crisis. Otras regiones no han tenido la misma suerte pero sí han demostrado que es posible ajustar las cuentas, reducir gasto improductivo y ganar en eficiencia.

Un buen ejemplo es Castilla-La Mancha, que en 2011 registró el déficit público más alto de todas las comunidades autónomas, con un descuadre del 7,7% del PIB. En 2012, las medidas de racionalización del gasto que introdujo el gobierno de María Dolores de Cospedal redujeron el déficit en más de seis puntos, en línea con un ahorro diario medio de 10 millones de euros. Este espectacular vuelco fue posible tras la aprobación de casi veinte reformas estructurales en la Administración Pública, que en el planteamiento de partida incluían la supresión del 90% de las empresas públicas, el recorte de los liberados sindicales, la reducción de los presupuestos de inversiones…

El debate sobre la eficiencia no solamente debe plantearse en clave de reducir gastos superfluos, sino que también va en relación con el diseño y la efectividad de los distintos programas presupuestarios en vigor. Lorenzo Bernaldo de Quirós apela a datos de Eurostat para explicar que el "gasto social" apenas reduce el número de hogares en riesgo de pobreza del 22% al 19%. Los informes de la OCDE destacan que la falta de progresividad en el diseño de los programas de "gasto social" eleva el coste total de los programas y redunda al mismo tiempo en su menor eficiencia. Concentrar las ayudas en las rentas bajas permite bajar los impuestos y ayuda a diseñar y evaluar mejor los distintos programas de las Administraciones Públicas.

Por último, un punto que conviene abordar es el del fraude en el cobro de prestaciones y ayudas públicas. Entre 2012 y 2016, el Ministerio de Trabajo detectó un millón de bajas laborales fraudulentas. Los inspectores denuncian que cuatro de cada diez bajas revisadas eran irregulares.A esto se suma el cobro indebido de prestaciones por parte de trabajadores sin empleo, que ha supuesto casi 800 millones de euros al erario público. Una mejora de la integración tecnológica de estas prestaciones facilitaría la detección del fraude, tal y como ya ocurre en los países del Norte de Europa, que han reforzado enormemente estos controles.

Este artículo es un fragmento del libro Por qué soy liberal, de Diego Sánchez de la Cruz (Ediciones Deusto, 2017).

******************* Sección "bilingüe" ***********************
Los políticos deben blindar la seguridad y no a sí mismos
EDITORIAL El Mundo 24 Agosto 2017

No se caracteriza la clase política por asumir responsabilidades en el marco de sus decisiones. Y así lo estamos viendo con todo lo relacionado con el atentado yihadista en La Rambla. Los duros momentos del luto deben servir para reflexionar y detectar errores cometidos, con el fin de mejorar la lucha antiterrorista. Y, en esa línea, desde un primer momento se señaló a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, por haber hecho caso omiso a las recomendaciones del Ministerio del Interior pidiendo que se instalaran bolardos u otros objetos en espacios especialmente concurridos.

"No se puede llenar la ciudad de barreras", repitió sin cesar Colau desde el mismo día de la masacre. Pues bien, Ayuntamiento y Generalitat aprobaron ayer colocar bolardos móviles en La Rambla y blindar la Sagrada Familia, todo un ejercicio de autoenmienda. Bienvenida sea la rectificación si con ello se mejora la seguridad. Pero, por lo que a Colau respecta, sigue echándose en falta la autocrítica y la asunción de responsabilidades que tanto le gusta exigir a los demás.

Del mismo modo, Ministerio del Interior y Generalitat no pueden seguir de perfil ante las graves revelaciones de las asociaciones de Policía Nacional y Guardia Civil que no sólo lamentan el "aislamiento y marginación" al que están sometidos, sino que denuncian descoordinación y falta de intercambio de información entre las distintas policías en Cataluña, algo muy grave, pero que se confirma con la información que hoy revelamos.

En febrero de 2016, la policía local del pueblo de Bélgica donde vivió el imam Albelbaki es Satty se puso en contacto con los Mossos para saber si estaba fichado o tenía vínculos yihadistas, porque sospechaban de su comportamiento. La consulta se hizo de un modo oficioso, obviando los protocolos establecidos para la gestión y análisis de toda la información estratégica relativa al terrorismo. Los Mossos sólo pudieron acreditar que el apellido coincidía con el de un detenido en la operación antiterrorista Chacal I. Pero no compartieron las sospechas belgas con la Policía Nacional ni con Inteligencia, de modo que no se pudo valorar el hecho de que Satty ya apareciera en sus registros entre otras cosas por haber convivido en un entorno de radicalismo islamista. Es una demostración más de que la coordinación entre las policías en España y el intercambio de información tan sensible tiene demasiadas grietas. La "cooperación total y absoluta" que intentan transmitir estos días el Gobierno central y el catalán está más que en entredicho, algo que exige explicaciones y actuaciones de rectificación urgentes.

Por lo demás, lo que hoy sabemos es que Satty intentó ser imam en Bélgica y no le dejaron por considerar que su actitud era sospechosa. Y, en cambio, no tuvo problema ninguno, meses después, para dirigir una mezquita en Ripoll, lo que nos lleva a preguntarnos por la falta de controles en los centros religiosos en nuestro país, y en concreto en Cataluña, donde se concentra una población musulmana tan importante porque la Generalitat favorece la llegada de inmigrantes de esta comunidad frente a los de países hispanohablantes, para aumentar así la brecha con España.

La patrimonialización tan exagerada que los Mossos están haciendo de la investigación del atentado es responsabilidad de unos cargos políticos obsesionados con el proceso independentista. Y resulta ruin la decisión de la Mesa del Parlament, que, aplicando el rodillo de la mayoría soberanista, ha otorgado la Medalla de Oro a Mossos, policías locales y servicios de emergencias, excluyendo a la Policía Nacional y la Guardia Civil. Un ejemplo de mezquindad política dentro del clima en el que el nacionalismo se muestra incapaz de anteponer las prioridades ciudadanas a sus objetivos. Así lo demostró ayer el portavoz del Govern, Jordi Turull, urgiendo a volver cuanto antes a la "normalidad" para dar un impulso al procés. Lo que los ciudadanos reclaman es que no se produzcan fallos tan flagrantes. Yen eso debieran centrarse.

La secesión ensayada
Un ensayo de la independencia. Así interpretan los soberanistas el respeto del Estado por las funciones estatutarias
Ignacio Camacho ABC 24 Agosto 2017

Desde que el malnacido Abouyaaqoub, o como se llamase, jugó a los bolos con su furgoneta contra los viandantes de las Ramblas, todos los movimientos del Estado y de la dirigencia española han sido calculados desde la escrupulosa voluntad de evitar cualquier apariencia de intromisión en la autonomía catalana. Las autoridades percibieron al instante el riesgo de que al shock emocional del atentado pudiera sumarse la onda expansiva del conflicto latente en una comunidad políticamente muy crispada. La consigna fue clara: era imprescindible que el protagonismo en la gestión de la crisis correspondiese a las instituciones locales y autonómicas para espantar todo atisbo de suspicacia. El orden competencial ha sido respetado en su integridad, desde las comunicaciones oficiales -transmitidas en catalán y ante una sola bandera cuatribarrada- hasta la intervención exclusiva de los Mossos d’Esquadra. Incluso el Gobierno descartó el nivel máximo de alerta para que un eventual despliegue del Ejército no sufriese interpretaciones sesgadas. Hasta tal punto ha funcionado el principio constitucional de subsidiariedad que parte de la opinión pública nacional ha sentido motivos para intuir en ese acatamiento del autogobierno un cierto complejo retraído de los poderes estatales, atenazados por una pusilanimidad apocada.

Como cabía temer, sin embargo, los soberanistas han inferido conclusiones equivocadas. Carentes de la más mínima lealtad, han tratado como siempre de aprovecharse de las circunstancias para obtener de ellas una desaprensiva ventaja. Sin el menor pudor están presentando su obligatorio ejercicio de responsabilidad como un ensayo de la secesión, apropiándose de una liturgia de Estado y acusando al verdadero Estado de incomparecencia deliberada. Lejos de corresponder con nobleza al respeto gubernamental por las legítimas funciones estatutarias, han obstruido la colaboración institucional para atribuirse con oportunista desahogo el mérito de su presunta eficacia. Rentabilizan la tragedia para declararse en condiciones de gestionar una nación independiente y soberana.

El cortés silencio oficial de estos días, autoimpuesto para mantener la ficción unitaria, esconde clamorosas tensiones soterradas. Una contención acaso excesiva del Gobierno ha pasado por alto la incompetente perplejidad del Gabinete de Puigdemont frente a un atentado que interrumpía con inesperada crueldad su agenda de ruptura y propaganda. Hay responsables de seguridad que podrían hacer escarnio de la temeraria ausencia de bolardos o de la desorientación de los celebrados Mossos ante la explosión de Alcanar, y por elemental prudencia callan. Calla el Estado entero una lista de agravios, manipulaciones y recelos que quedará en la intrahistoria oculta de unas jornadas dramáticas. Pero hay una lección que aprender: con la gente desleal no sirven ni la lealtad ni la confianza.

Trapero, el sucio
Pablo Planas  Libertad Digital 24 Agosto 2017

El major de los Mossos, Josep Lluís Trapero, se ha convertido en el policía más famoso del momento. En Cataluña se le dispensa tratamiento de superhéroe. Proponen imprimir camisetas con su retrato en blanco y negro y la frase "Bueno, pues molt bé, pues adiós", que es como replicó a un periodista holandés que se largó de una rueda de prensa mosqueado porque la información urgente se ofrecía primero en catalán, luego en catalán y después en español, inglés y francés.

El colega no está al caso de las particularidades lingüísticas de Cataluña, que relegan el castellano (usar el término español para referirse al idioma se considera un caso de libro de discurso del odio fascista) a la parte final de las ruedas de prensa, cuando ya se ha acabado el turno de preguntas. A partir de ese momento, el portavoz de turno, sea de la Generalidad, municipal, partidista o sindical y de los vigilantes del aeropuerto en huelga, resume el contenido de su intervención en español y accede a repetir alguna respuesta en la misma lengua si se le pide expresamente, todo ello a fin de salir sin subtítulos en las televisiones españolas.

De manera excepcional, ante la significativa presencia de enviados especiales del resto de España y medio mundo, con los atentados de Barcelona y Cambrils se ha relajado la norma y en los turnos de preguntas se permiten intervenciones en español, inglés y francés que se responden en los idiomas en cuestión, bien por los propios interpelados o con la asistencia de intérpretes. Trapero, por ejemplo, habla igual de bien el catalán y el español, y la prueba está en la frase "Bueno, pues molt bé, pues adiós", que causa furor en las fosas sociales del ámbito comunicativo catalán porque resulta ideal para estampar samarretes contra las resoluciones del Tribunal Constitucional y a favor del "Adéu Espanya, hasta luegu vampiru".

Trapero es trending topic, la admiración de todos los expertos catalanistas en comunicación corporativa. Qué estilo, qué gracia y qué arte. Naturalidad absoluta y predisposición total. El hombre ojeroso de voz cascada (hace dos años que no fuma, apuntan sus biógrafos) y con evidentes signos de fatiga desconfía de los periodistas y mide al milímetro sus respuestas. No se admira en el espejo, no se gusta, no se recrea ni carga la suerte. Simplemente, game over Abouyaaqoub, Younes a las tres abatido, alégrame el día, morito. Alá es grande, pero en el plomo está la respuesta.

En la comparecencia en el Palacio de la Generalidad en la que el presidente de la misma, el consejero de Interior y Trapero informaron del abatimiento del que sospechan conductor asesino de las Ramblas, el major lucía la pistola reglamentaria del cuerpo en el cinto, una Walther P99. Dada la magnífica excelencia en la gestión comunicativa, es de suponer que no se trató de un descuido debido al ingente esfuerzo operativo sino de una señal en frecuencia modulada. ¿Descuido? ¿Premura? ¿Urgencia informativa en la misión de tranquilizar a la población? Raro en esa sublimación de instintos, reflejos e intuiciones que encarna el jefe de los Mozos según el retrato periodístico predominante.

Tranquilidad. Nadie ha dicho que Trapero sea el Che Guevara ni que los Mossos no sean la quintaesencia del Mosad. Los agentes que dispararon contra Abouyaaqoub merecen el reconocimiento y agradecimiento de la sociedad. Como dice el propio Trapero, es muy fácil hablar a toro pasado, pero cualquiera que intente ponerse en la piel de los agentes que tirotearon a Younes se dará cuenta de que en el escenario no había analistas de inteligencia al otro lado de la línea, ni helicópteros de apoyo a la vista, ni fuerzas de élite en lontananza con francotiradores capaces de liquidar cualquier insecto a dos kilómetros de distancia, sino un par de policías, un grupo de vecinos aterrados y el evidente riesgo de muerte de personas humanas si el sospechoso se saltaba el alto.

No se cuestiona la actuación de los agentes que miraron a los ojos a los asesinos, sino el aprovechamiento propagandístico de la muerte, la impúdica publicidad, la indecente utilización del major Trapero para hinchar el músculo del Estado catalán ante el asombroso absentismo del Estado español, incapaz de emitir más señal de existencia que una reunión de la vicepresidenta y una ministra pubilla del terroir en el que murió Abouyaaqoub con alcaldes de la zona no del todo hostiles al Gobierno de España.

Para quitarse el sombrero el operativo policial de los Mozos. Mal menor la política de gatillo fácil ante los explosivossoldados del califato, que han topado con un Estado emergente tan virginal que no necesita preguntarse si el muerto Abouyaaqoub es un mártir o un imbécil que no hizo caso a los asistentes sociales.

Los Mozos de la Generalidad se han hecho acreedores del reconocimiento ciudadano y controlan el terroritorio. Es de buen tono glosar el origen vallisoletano de Trapero, su abnegación, dedicación, entrega y esfuerzo. Él no tiene la culpa de que en el Camp Nou le sentaran entre su jefe Forn y un investigado del tres por ciento, el vicepresidente del Barça Vilarrubí, gran empresario exchófer de Pujol. Que se sepa, los mandos políticos de la policía catalana dicen luchar a brazo partido contra el islamismo y la corrupción. Tal vez por eso al major se le viera tocando el ukelele en una fiesta de Rahola y Puigdemont el año pasado en Cadaqués. Ya se sabe, el descanso del guerrero.

Maldito jueves negro de agosto
José María Gay de Liébana okdiario 24 Agosto 2017

Barcelona, mi Barcelona, nuestra Barcelona, la ciudad cosmopolita y bulliciosa, abierta y alegre, entregada al Mediterráneo de cuyo olor se impregna uno de los más bellos paseos del mundo, repleto de colorido y que vive a ritmo vital, se ha visto golpeada y su corazón neurálgico de las Ramblas ensangrentado y roto. Los barceloneses, como todos los españoles, hemos sido víctimas de un atentado terrorista, de otro más de esos que sacuden el mundo occidental so pretexto de no sé qué causas fundamentalistas, porque religiosas nunca lo pueden ser, cuya única finalidad es propagar el mal, segar vidas, matar a niños inocentes y truncar de golpe y porrazo la existencia de personas normales y corrientes, unas de aquí y otras, turistas, procedentes de varios rincones del mundo. Y los barceloneses decimos que no tenemos miedo, como todos los españoles, y rehacemos nuestra vida al día siguiente, minutos de silencio incluidos, exclamando que no tenemos miedo, como si nada hubiera pasado y mirando hacia delante, pensando con ilusión en el nuevo día, creyendo que siempre hay un futuro mejor y con la firme esperanza de que esas sacudidas remitirán hasta desaparecer. La procesión, no obstante, va por dentro. El dolor está en nuestros corazones. Los sollozos, la indignación, la rabia contenida y las lágrimas se desparraman en la intimidad.

Si hay un sector clave, que suma y mucho, en la recuperación económica española, ése es sin duda el turismo. En 2016 batimos todos los récords habidos y por haber. En 2017 parece que de nuevo los registros serán más que históricos. España se reafirma como una de las grandes potencias turísticas del mundo, consolidándose como destino por excelencia, compitiendo con Estados Unidos y Francia. Aunque seamos críticos con la calidad del turismo actual y la gran mayoría tengamos claro que hemos de dar un salto adelante, el tsunami turístico ha actuado como un bálsamo impagable para reactivar nuestra economía y conseguir que en los tres últimos años estemos creciendo por encima del 3% en nuestro PIB. No somos, ni mucho menos, como algunos afirman llenándose la boca, la economía europea que más crece, pero sí que estamos ante una velocidad económica bastante inaudita.

Al bonancible impacto turístico se ha sumado también el ímpetu de nuestro sector exterior. Exportamos más, tanto en bienes como en servicios, gracias, de un lado, a que la atonía de la demanda interna hizo reaccionar a un gran número de empresas que se lanzaron a aventuras externas o intensificaron su presencia internacional y, de otro lado, a la competitividad de nuestros productos aun cuando se dé un punto crítico como la devaluación salarial sufrida. Sumemos a lo precedente que la demanda retenida, es decir, ese no gastar por si las moscas y hasta que las cosas vayan mejor y se disipen los nubarrones de crisis, se ha ido soltando y el consumo privado, gracias a la creación de empleo, con sus pros y sus contras como el subempleo y la precariedad laboral, y a la más o menos acentuada destrucción de paro, se revitaliza.

Admitamos que la tonificación de la economía española está teniendo un aliado de lujo en los llamados vientos de cola, que la empujan favorablemente. Y uno de esos vientos de cola que está jugando un papel preponderante en la recuperación económica y que potencia con fuerza el fenómeno turístico es la seguridad que España ofrece frente a otros destinos, más o menos cercanos, castigados por la plaga terrorista o la proximidad a focos geográficos realmente peligrosos. Nuestro país, tras la tragedia de Atocha en 2004, se convirtió en un auténtico baluarte. Nuestras fuerzas de seguridad son paradigmáticas, con una eficacia policial ejemplar. Los malditos sucesos de marzo de 2004 en Madrid sirvieron desgraciadamente para redoblar nuestras defensas.

Turismo: rey Midas
La seguridad, pues, se ha convertido en uno de los grandes activos para atraer hacia España a tantas y tantas masas de turistas, más de 75 millones en 2016 con unos ingresos directos del orden de 77.000 millones de euros, y con una previsión para 2017 que supera los 84 millones de visitantes procedentes de allende nuestras fronteras que dejarán en España unos cuantos miles de millones de euros.

Los más optimistas, en un mensaje que se agradece en estos momentos, afirman que el 17-A, el negro jueves de agosto en Barcelona, no afectará lo más mínimo a nuestro turismo. ¡Ojalá sea así! Malhadadamente, en Estados Unidos el 11-S supuso un golpe al turismo; en París los atentados acaecidos hace un par de años minaron el flujo turístico hacia la ciudad de la luz; a Londres los repetidos y tristes sucesos que la han golpeado le han pasado factura; Bruselas se resiente de los duros momentos por los que ha atravesado; la Costa Azul aún sufre las secuelas del horrible atropello del año pasado.

¿Cómo afectará el 17-A, ese maldito jueves negro de agosto, a Barcelona, a Cataluña y a España, desde el punto de vista económico? La primera reacción de las bolsas, cual acto reflejo, fue penalizar, con mayor o menor ligera caída, los valores de aquellas empresas cotizadas que están vinculadas con el turismo. Compañías aéreas y cadenas hoteleras —más acusadamente cuando su modelo es el urbanita—, incluso los grandes conglomerados que gestionan infraestructuras, cedieron posiciones. Sin embargo, no creo que el impacto económico sobre el turismo en España sea muy doloroso una vez que la calma vuelva a ser la nota predominante y nuestras fuerzas de seguridad se hagan con el control de la situación. Se aumentarán dispositivos de seguridad en lugares públicos, se reforzará la vigilancia en lugares clave de nuestra geografía, en aeropuertos, estaciones de ferrocarril y puertos, y la ciudadanía estará más pendiente de raros movimientos sospechosos para avisar a nuestra Policía, Guardia Civil, Mossos.

Contexto difícil
Me preocupan, mucho más que el amargo suceso del 17-A en Barcelona, las dichosas huelgas de celo y los paros que puedan convocar los empleados de AENA y las de los controladores de la seguridad aeroportuaria de Barcelona, cuyas ondas se desplazan hacia otros aeropuertos, los conflictos laborales susceptibles de darse en compañías aéreas, las huelgas de las tripulaciones de nuestros trenes e incluso las equivocadas huelgas que nuestros queridos taxistas llevan a cabo ante lo que es un imparable cambio de modelo en el sector de los servicios. Estamos de acuerdo en que todas esas iniciativas siempre son en defensa de los derechos de los afectados, si bien uno se pregunta si el ciudadano de a pie, o sea, los que sufrimos las embestidas de tanta conflictividad, tenemos que pagar siempre los platos rotos y hasta dónde alcanzan nuestros derechos. Y uno se sigue interrogando si las autoridades competentes y los gestores de las infraestructuras aeroportuarias demuestran su competencia o, por el contrario, su incuestionable incompetencia cuando simplemente pasan de todos esos conflictos, agravándose los problemas y padeciendo las inocentes víctimas que somos los auténticos sufridores, todas las indignantes secuelas de tanto estropicio.

Estar no sé cuántas horas para pasar un puñetero, aunque necesario, control de seguridad en el aeropuerto de Barcelona, cargando la tensión y el estrés que todo viajero lleva encima; retrasos injustificados de los vuelos a consecuencia de causas operativas y congestión del tráfico aéreo; la imposibilidad de tomar un taxi para ir o volver del aeropuerto…, eso sí que es un lastre para dinamizar nuestro turismo que, recordémoslo, es la primera industria del país. Los españoles, a veces, somos tan nuestros que nos empeñamos en querer matar a la gallina de los huevos de oro. Porque la contribución de la economía turística no solo se ciñe al sector de los viajes y al de los hoteles sino que abarca el comercio minorista, la industria de alimentación, la actividad de innumerables servicios, el sector de ocio y lúdico… Quien más quien menos en España se beneficia del turismo.

Sin reacción posible
Occidente maniatado
Rafael Núñez Huesca 24 Agosto 2017

“De todas las civilizaciones de la historia del mundo, la occidental es la única que ha generado dos ciclos culturales distintos, y el segundo de ellos presenta rasgos novedosos en ocasiones profundamente opuestos a los del primero. El viejo Occidente era tradicionalista, monárquico y católico, no dominado principalmente por valores materiales. Por su parte, el Occidente moderno se fue haciendo cada vez más antitradicionalista, igualitarista, subjetivista y materialista”*.

Así explica Stanley G. Payne el cambio de valores que viene operando en Occidente desde que empezaran a rodar regias cabezas en la Francia revolucionaria.
El proceso avanzó lento durante el siglo XIX, sufrió un aceleración con el marxismo a principios del XX y se hizo hegemónico en los años 60/70 gracias a la universalización del marxismo cultural, vía universidad primero, vía cultura de masas después. Fueron los años de Mayo del 68, Woodstock, el altermundismo o el movimiento hippie.

Hace algunos años Sarkozy se refería a los acontecimientos del 68 como los causantes del relativismo moral, la crisis de valores y el descrédito del concepto de autoridad.

 Conceptos que hasta mediados del siglo pasado gozaron de prestigio y reputación, tales como el honor, la obediencia, la citada autoridad o el sacrificio, se volvieron definitivamente obsoletos.

Hoy han sido sustituidos por un sistema de valores que, partiendo de la lucha de clases marxista, ha derivado en multitud de corrientes. No era el obrero el único oprimido, existía un enorme abanico de minorías en las que Carlos Marx no había reparado. El nuevo ecosistema ideológico en torno al cual orbitan el ecologismo, la ideología de género, el animalismo, el veganismo o el feminismo, reserva un papel muy destacado al llamado multiculturalismo. Una teoría sociológica que cabalga a lomos del mundialismo y que el nazismo, las teorías raciales de principios del siglo XX y el colonialismo europeo allanaron el camino. Hoy el multiculturalismo es por completo hegemónico. No existe, al menos en España, resistencia intelectual, mediática y aún menos política. Aquí, incluso las publicaciones que juegan a la provocación y a la rebeldía intelectual como “El Jueves”, claudican, a diferencia de, por ejemplo, ‘Charlie Hebdo’, ante el relato dominante.

Los atentados yihadistas en Cataluña han servido para evaluar el grado de penetración del actual régimen ideológico. El resultado es estremecedor.

En un gesto ampliamente comentado en las redes sociales, la Fundación Internacional de Derechos Humanos corregía a los Mossos d’Esquadra cuando el cuerpo policial hacía la descripción del sospechoso. La ONG, que se describe como “laica, plural, diversa, no-violenta y feminista” y formada por “personas de diversas culturas y orígenes”, advertía por medio de un tweet de que “no hay que utilizar jamás la expresión ‘piel oscura’ ni otras sinónimas”.
Poco después, la fundación ampliaba el número de cualidades vetadas por la corrección política: “Consideramos innecesario y contraproducente que se hagan públicos: el color de piel, la orientación sexual o la religión de los sospechosos”.

Una suerte de nueva inquisición ha rastreado estos días las redes en busca de opiniones no ajustadas al patrón. El periódico Ctxt, asociado a Público, halló en manifestaciones de la periodista Isabel San Sebastián y del partido político Vox contenido subversivo, les acusó de “odio racial” y emprendió contra ellos una persecución con el objetivo de que Twitter cerrara sus cuentas.

Ctxt había publicado unas horas antes un texto titulado “¿Y si ponemos el terrorismo en perspectiva?” en el que el profesor universitario Ignacio Sánchez-Cuenca denunciaba la “sobre-reacción de los países occidentales” con respecto al terrorismo yihadista, del que dice representa un “riesgo pequeño” para Occidente. Tanto que “es más probable morir cayéndose en la bañera o chocando con un ciervo que en un atentado terrorista”.

El mismo periódico presentaba también un reportaje, de título “Nos faltan ocho niños en el pueblo”, en el que los vecinos de Ripoll coinciden en destacar que “los jóvenes terroristas estaban perfectamente integrados en la comunidad y no eran religiosos”. No eran religiosos, se insiste al objeto de sacar al Islam de la ecuación. Así se hizo, por ejemplo, el pasado 27 de julio en el Parlament. La cámara autonómica aprobó, con la única oposición del PP, una moción en la que se instaba al Govern a eliminar el binomio “terrorismo islamista” y a que los Mossos “no utilizaran perfiles étnicos o religiosos en las tareas de patrullaje y seguridad ciudadana”.

En el objetivo no reconocido de eximir al Islam de toda responsabilidad, Luis María Ansón ha ido más allá. Desde su columna de El Mundo se refiere al Corán como “un monumento a la espiritualidad, una doctrina profunda de humanismo, de paz y de solidaridad”. Y se vale de textos de Claudio Sánchez-Albornoz y Emilio García Gómez para reivindicar “la aportación islámica a nuestra nación desde la arquitectura de la mezquita de Córdoba hasta los zéjeles de Ben Quzmán; desde la filosofía de Maimónides hasta el pensamiento de Averroes, desde la vertebración árabe del idioma español hasta los avances en la agricultura o la astronomía”.

Y si el Islam no es responsable de los 15 muertos, tampoco los son los autores materiales. La inmensa mayoría de los medios de comunicación han abundado en una actitud editorial que podría describirse de “blanqueamiento” de los criminales. El País describía a Younes Abouyaaqoub como “Tímido, buen estudiante y fanático de los coches y el fútbol”. Todos los testimonios publicados son elogiosos con los asesinos: “Un tío de puta madre. De verdad, un tío de puta madre”.
 Una disposición periodística impensable con cualquier otro tipo de criminales.

En una carta ampliamente difundida, la educadora social de Ripoll que trabajó con algunos de los miembros de la célula terrorista se refería a los atentados como “los actos” que cometieron. Actos que, eso sí, admitía: “no son lícitos”. Así concluía la educadora:

“Ya no podré volver a decir qué guapos estáis, o ¿ya tienes novia? O, madre mía cómo has crecido. No podré ver a sus hijos, como lo hago con los demás. No os podré abrazar … Me duele tanto. No me lo puedo terminar de creer”.

El ayuntamiento de Ripoll ya ha anunciado que financiará cualquier ayuda psicológica que precisen los familiares de los terroristas. La familia de la zaragozana fallecida, sin embargo, se quejaba de la falta total de asistencia, tampoco psicológica. “Nos hemos sentido bastante solos”, confesaban al Heraldo de Aragón. Una dicotomía que ya se había producido con la foto del niño atropellado en Barcelona, para la que se llamó a la censura, y la foto de Aylan, el niño sirio ahogado, cuya imagen se replicó millones de veces “porque ayuda a concienciar sobre el drama”.

El telediario de Televisión Española llegó a incluir un corte de una manifestación de musulmanes en contra de la violencia donde los testimonios lucían abrigos y bufandas. Era, en realidad, un vídeo de hace dos años. Mientras, La Sexta insistía en que el terrorista Mohammed Houli intentó convencer a la célula para atentar de noche y “causar menos víctimas”.
De las víctimas, las de verdad, apenas se sabe nada. Se las ha ignorado tanto como humanizado a sus verdugos. Una conducta que entronca con la lógica perversa de ver en los terroristas a personas alienadas y víctimas del sistema. El cofundador de Podemos y eurodiputado Miguel Urbán, resumía en una sola frase el sistema moral e ideológico que hoy rige mayoritariamente en Occidente: “Hemos fallado y el terrorista no ve otra salida que inmolarse”.

Así las cosas, el problema no es el terrorismo yihadista, Occidente cuenta con recursos técnicos y materiales suficientes para defenderse de las agresiones. El problema es el actual sistema de valores, que impide cualquier reacción y mantiene al agredido maniatado.

* “España. Una historia única”. Página 141. Temas de hoy. Barcelona 2008.

Los médicos, hartos de Cataluña y País Vasco: “Vale más saber el idioma cooficial que tener un doctorado”

Borja Jiménez okdiario 24 Agosto 2017

Los médicos en su conjunto claman al cielo por la deriva nacionalista que está tomando un sector tan importante como es el suyo, en el que en comunidades como Cataluña o País Vasco prima más hablar el idioma regional (catalán y euskera, respectivamente).

Para que se hagan una idea, en el País Vasco acreditar un nivel alto de euskera tiene más puntuación que haber realizado 600 horas de formación continuada o que publicar un libro como primer autor. De este modo, el hecho de conocer bien la lengua cooficial supone una gran ventaja respecto a tener experiencia en la materia.

De los cuatro niveles que existen a la hora de calificar el conocimiento de un idioma, acreditar un nivel 2 de euskera supone 18 puntos (tal y como se desprende de la OPE de 2015 de Osakidetza para médicos).

En el País Vasco es mejor saber euskera que haber realizado 600 horas de formación
Esta puntuación, según el portal especializado Consalud.es, es superior incluso a la que aporta el hecho de haber realizado el MIR (15 puntos), haber realizado 600 o más horas de cursos de formación (6 puntos) o haber publicado un libro, siendo el autor principal (cuatro puntos).

El caso catalán es todavía más sangrante para los sanitarios que pretendan trabajar en la región. De hecho, saber catalán es directamente obligatorio para poder optar a una plaza fija. Según el citado medio especializado, en la OPE del Instituto Catalán de la Salud (ICS) de 2015 para médicos y enfermeros, el conocimiento del nivel D de catalán se valoraba con cinco puntos, lo que supone más que la puntuación de estar un año como docente de un grado universitario (a lo que se otorga 3 puntos).

En Cataluña vale más saber catalán que un año como docente
En Baleares, además, desde el pasado 1 de junio de 2017 también exigen un nivel mínimo de B2 de catalán para todo aquel que quiera trabajar en el servicio público de salud.
También Valencia y Galicia

Pero esta problemática no es única de Cataluña y País Vasco, toda vez que, aunque con menor exclusión, también hay atisbos de discriminación lingüística en Valencia y Galicia. En Valencia, de hecho, Compromís pretendía solicitar por ley la acreditación del conocimiento de un nivel medio de valenciano a los profesionales sanitarios, algo que, por suerte para el sector, se tumbó.

En Valencia saber valenciano equivale a tener un doctorado
Según Consalud.es, en la OPE de 2016 para médicos el conocimiento del valenciano suponía hasta cinco puntos, siempre y cuando se certificara tener un nivel superior. De este modo, daban la misma puntuación a aquel que supiera valenciano que aquel que tiene un doctorado.

Galicia tampoco se queda atrás en cuanto a discriminación lingüística, ya que, según la OPE de 2016, era necesario hacer un ejercicio que acreditara el conocimiento de la lengua gallega, el cual “tendrá carácter obligatorio no eliminatorio para todos los aspirantes, con la excepción de los que hayan acreditado poseer el Celga 4, curso de perfeccionamiento o equivalente debidamente homologado”.

El podemita Jaume Asens sacó de la cárcel al jefe yihadista del imán de Ripoll alegando torturas
M.A. Ruiz Coll okdiario 24 Agosto 2017

El teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona Jaume Asens logró que el Supremo absolviera al jefe de la célula yihadista de Vilanova i la Geltrú detenido en 2006, Mohamed Mrabet Fahsi, alegando que había sido torturado por la Guardia Civil.

Gracias a esta artimaña, Mrabet pudo abandonar la prisión y comenzó a ejercer como imán de la mezquita Al Furkan, a pesar de que la Audiencia le había considerado el máximo responsable de una red que reclutaba a jóvenes musulmanes (en la misma mezquita) para enviarlos como terroristas suicidas a Siria, Afganistán e Irak.

En la actualidad, Jaume Asens es responsable de Derechos Humanos de Podemos, columnista del diario podemita Público y uno de los hombres de confianza de la alcaldesa Ada Colau en el Ayuntamiento de Barcelona.

Cuando fue detenido en la operación Chacal, Mrabet compartía piso en la calle Lepanto de Vilanova i la Geltrú con el imán de Ripoll Abdelbaki Es Satty, considerado el cerebro de los atentados de Barcelona y Cambrils. Junto a ambos, había residido en la misma vivienda el argelino Belgacem Bellil, quien viajó a Irak para perpetrar un atentado suicida en el que murieron 19 italianos y nueve iraquíes.

Denuncia ante Amnistía Internacional
Ya durante la instrucción de la causa, el concejal Jaume Asens alegó que su cliente había sido torturado por la Guardia Civil y que las escuchas telefónicas que habían permitido iniciar la investigación carecían de autorización judicial.

En cuanto a las supuestas torturas, Asens remitió una denuncia a Amnistía Internacional en la que explicaba que los agentes de la Guardia Civil irrumpieron de madrugada en la vivienda de Mohamed Mrabet Fahsi, tras echar la puerta abajo, le amenazaron con un arma y le insultaron.

Luego le condujeron en coche, con los ojos vendados, hasta la jefatura de la Guardia Civil en Madrid, donde “lo trataron de manera amenazadora, agresiva e insultante”. Según la misma denuncia, le obligaron a desnudarse y le dirigieron frases como: “Te hemos fastidiado la fiesta del cordero, ¿no, maricón?“.

También denunció que, durante un interrogatorio, su cliente “se desmayó y no recuerda qué le preguntaron. Oyó el sonido de un aerosol, y cree que lo drogaron“. Por último, aseguró que durante el tiempo que estuvo incomunicado los agentes de la Guardia Civil “daban golpes y patadas en loas puertas de los calabozos, e insultaban y amenazaban continuamente a los detenidos”.

Los frutos del árbol envenenado
Unas escuchas telefónicas ordenadas en la investigación sobre los atentados de Casablanca —ejecutados por el mismo grupo salafista— habían permitido detectar la actividad de la célula yihadista dirigida por Mohamed Mrabet Fahsi en Vilanova i la Geltrú.

Sin embargo, durante la instrucción de la causa, Jaume Asens y los abogados de otros detenidos alegaron que la primera intervención telefónica carecía de autorización judicial. En el sumario sólo aparecía una prórroga de los pinchazos telefónicos, por lo que la Audiencia Nacional se vio obligada a anular todas las conversaciones grabadas, y todas las pruebas que se habían obtenido a raíz de ellas.

Pese a esta limitación, la Audiencia Nacional condenó a Mrabet y a otros tres detenidos a una pena de entre cinco y siete años de cárcel, por un delito de integración en organización terrorista. Sin embargo, Jaume Asens y el resto de abogados de la defensa recurrieron la sentencia ante el Supremo alegando los mismos motivos: los pinchazos telefónicos habían sido ilegales y los condenados habían sufrido malos tratos.

En cuanto al primer motivo, el Supremo se vio obligado a aplicar la llamada doctrina de los frutos del a´rbol envenenado: no sólo anuló la transcripción de las conversaciones telefónicas, sino la totalidad de las pruebas obtenidas gracias a ellas.

De este modo, las únicas pruebas que sustentaban la acusación eran las confesiones de dos de los detenidos. También fueron anuladas, ante la duda de que habían sido obtenidas bajo presión: la investigación policial se vino abajo y todos los acusados quedaron absueltos. Incluyendo el jefe de la célula yihadista que había compartido piso con el imán de Ripoll, fallecido el miércoles 16 de agosto cuando fabricaba explosivos en el chalé de Alcanar (Tarragona).

El periodista holandés que plantó al jefe de los Mossos: "¿Por qué no hablar un idioma que todos entiendan?"
Marcel Haenen, que habla seis idiomas, se explica: "No tenía sentido quedarme si no comprendía lo que decían".
Marta Espartero El Espanol 24 Agosto 2017

Marcel Haenen fue enviado a Barcelona para cubrir los atentados de Cataluña simplemente por dominar el español. El veterano periodista, que trabaja para el diario holandés NRC, se trasladó el viernes de madrugada a la Ciudad Condal para apoyar al corresponsal de su periódico, Koen Greven, dada la magnitud de lo sucedido.

Tres días después, el lunes, Haenen fue noticia al abandonar la rueda de prensa en la que el mayor de los Mossos d'Esquadra, Josep Lluís Trapero, y los consellers de Interior y Justicia, Joaquim Forn y Carles Mundó, informaban de los últimos avances de la investigación. Su salida dio lugar a la ya mítica y viral respuesta del jefe de la Policía catalana: "Bueno, pues molt bé, pues adiós".

"Nadie entendió lo que hice", asegura Haenen en una conversación con EL ESPAÑOL. "[Las autoridades] comenzaron a contar uno por uno la historia en catalán, abrieron el turno de preguntas e invitaron a los periodistas catalanes a preguntar primero. Entonces me levanté, porque era muy fastidioso, y pregunté muy educadamente -o al menos, así lo intenté- si no era más práctico, más conveniente y lógico hacer la rueda de prensa en español para que todo el mundo la entendiera. Estábamos 200 o 300 periodistas de todo el mundo en la sala".

Inmediatamente, Forn replicó recordando que el catalán es oficial en Cataluña y que la mecánica de las ruedas de prensa siempre ha sido la misma: catalán primero. Trapero también trató de explicarse: "Si me hacen la pregunta en catalán, respondo en catalán. Si me la hacen en castellano, en castellano".

Marcel Haenen se fue. "No tenía sentido quedarme si no entendía lo que decían", indica a este periódico. La rapidez de la información y el no querer perder tiempo fue lo que motivó su reacción. "Estábamos todos los periodistas extranjeros allí, agobiados y ocupados. Estar sentados durante una hora escuchando un idioma que no comprendemos no tenía ningún sentido".

Para él, la solución pasaba por hacer dos ruedas de prensa distintas: una en catalán y otra para los castellanohablantes. "Sería mucho más práctico, porque ni siquiera entendí lo que me dijo cuando soltó el hashtag".

El día anterior, sin ir más lejos, los corresponsales y enviados especiales tuvieron una reunión con el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, y con el president de la Generalitat, Carles Puigdemont, en la que se habló íntegramente en español y "algo en inglés". "Quizás eso fue lo que molestó a los periodistas catalanes", explica.

Domina seis idiomas
En sectores independentistas se llegó a afirmar que era un periodista español el que se había levantado de la rueda de prensa, y el gesto se puso como ejemplo del rechazo hacia el catalán. El reportero, originario de Heerlen -al sur de Países Bajos-, asegura que no se trata de que "guste o disguste" el catalán. Él domina hasta seis idiomas: neerlandés, alemán, francés, español, inglés y portugués, pero no catalán. "Lo siento, pero no hay mucha gente en Europa que no sea española que domine este idioma. Y no pasa nada". Por ello, cree que, mientras la situación siga así, es más útil informar en castellano.

De toda la situación, lo que más le ha sorprendido es que los periodistas catalanes "continuaran haciendo sus preguntas en catalán porque imagino que también eran capaces de hablar español. Un poco de cortesía, ¿no?". La gran cantidad de medios convocados "están trabajando, haciendo esfuerzos por entender lo que pasó. ¿Por qué no hablar en un idioma que todo el mundo entienda?", se pregunta el reportero, que normalmente cubre información de tribunales pero que trabajó de corresponsal en América Latina durante cinco años. "Es una declaración política", insiste, "así que continuar hablando en catalán en ese momento, durante una tragedia importante, me sorprendió".

No era la primera vez que Marcel visitaba Cataluña. "De pequeño fui a Sitges y alguna vez he ido a ver partidos del Barça, pero sí es la primera vez que trabajaba allí. No estaba acostumbrado a esta cultura interesante", cuenta a este periódico.

Los atentados, una tragedia "internacional"
Haenen ha recibido en las últimas veinticuatro horas insultos y acusaciones por doquier. Su Twitter recibe menciones a mil por hora.Y no acierta muy bien a comprender por qué. "Vengo del sur de Holanda, que es la 'Cataluña' de los Países Bajos. Yo puedo hablar un dialecto que nadie que no sea de esta zona holandesa suele hablar", indica.

Pero los atentados de Las Ramblas y Cambrils son "una tragedia nacional, pero también internacional. La mayoría de las víctimas eran extranjeros, así que ¿por qué no hablar en un idioma que todo el mundo puede comprender?". "Nadie entendería que se informara en un lenguaje que no todo el mundo habla. Se trata de ser educado y abierto".

Quizás las críticas que más le han abrumado han sido la de periodistas y políticos, como Enric Borràs, del diario ARA, Gabriel Rufián (ERC) o Ramon Tremosa (PDeCAT). "Ellos deben valorar el hecho de hablar en un lenguaje -en un sentido abierto- común y claro. Si esto fuera un asunto local, no uno que concierne al planeta entero, no pasaría nada".

Tras la avalancha de mensajes, Marcel Haenen ha vuelto a su vida normal. A escribir de sucesos, crímenes y terrorismo. Intentando capear las consecuencias de la viralidad con dosis de humor. "Un petó", se despide de este periódico.


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