AGLI Recortes de Prensa   Viernes 25 Agosto 2017

España mañana será musulmana
Ernesto Ladrón de Guevara latribunadelpaisvasco 25 Agosto 2017

Sánchez Albornoz, presidente de la II República en el exilio y ministro, pero, sobre todo, historiador y maestro de historiadores, profundizó, como nadie, en el medievo español y conocía más que cualquier otro la importancia que tuvo la Reconquista tras ocho siglos de sufrimientos para devolver las tierras de España a sus primitivos poseedores.

Tuvo una intensa polémica con Américo Castro sobre el origen de España, reflejada, sobre todo, en su principal obra “España, un enigma histórico”.

Américo Castro afirmaba que España surgió como resultado de la hibridación de musulmanes, judíos y cristianos, tras ocho siglos de ocupación islámica, y D. Claudio replicaba diciendo que España preexistía y era el fruto de la romanización, de la influencia visigótica y de la Reconquista, tras el largo paréntesis musulmán. La diferencia entre Américo Castro y Sánchez Albornoz es que mientras el primero formulaba un esquema ideológico, más especulativo que científico, el segundo demostraba desde las fuentes históricas con planteamientos afianzados en una rigurosa cantera de elementos históricos comprobables desde el plano de la ciencia histórica, que España preexistía con anterioridad a la invasión musulmana y era el fruto de la convergencia del legado grecorromano y de la visión antropocéntrica judeocristiana. En definitiva, que nuestra civilización occidental, acuñada por el poso del Imperio Romano, de la llegada goda a la Península y de la cristianización, fue perfeccionada por el periodo renacentista y por el de las Luces de la Ilustración francesa, junto a la impresionante influencia de la Era de la Razón cartesiana y kantiana, de la cultura democrática, y de los nuevos aires que preservan los derechos de los indivíduos, garantizados en las cartas de derechos humanos. A este planteamiento de Sánchez Albornoz hay que añadir la importancia constitutiva de eso que llamamos civilización occidental que tiene valores esenciales que sobreponen esos derechos sobre las ideas totalizantes que supeditan los derechos de las personas al colectivo. La expresión más representativa de esta cosmovisión ha sido el siglo XX con sus totalitarismos de izquierda o de derecha y sus sucedáneos actuales, incluidos los secesionismos excluyentes de signo nacionalista y el control y dominio del conjunto social por grupos de poder que imponen su ley, y abominan el Estado de Derecho.

Cuando Zapatero inauguró y abonó el nuevo periodo que le ha sucedido, sustituyendo la ideología socialdemócrata con un abanico de nuevas fórmulas revestidas de recetas pseudoideológicas, como su totem nuclear del Pacto de Civilizaciones, desconocía que una cuestión es el concepto de civilización y otro el de culturas, y que civilización solamente hay una que es la occidental. Si observamos la semántica del término que significa un estadio evolutivo de la sociedad que se diferencia de grupos humanos retardados en ese proceso de maduración antropocéntrica, que no son civilización sino culturas teocráticas, constatamos la empanada mental del que fue presidente por accidente.

Cuando Zapatero hablaba del diálogo de civilizaciones, en su matriz conceptual, quería referirse probablemente –ni él lo sabía con toda seguridad- al interculturalismo, es decir a la hibridación de diferentes etnoculturas, a la intercomunicación e interrelación de esas culturas, objetivo deseable y conveniente, pero nada realista; pues, como todo el mundo sabe, las sociedades teocráticas en nada pueden converger con las democráticas, por su propia naturaleza. Las colectividades musulmanas en toda Europa viven de forma endogámica, de espaldas a las sociedades que les han acogido, parasitándolas, aprovechándose de su generosidad en ayudas sociales, servicios y sistemas de protección social, sin ningún interés en tener una correspondencia agradecida; aportando su esfuerzo al desarrollo de esas sociedades; sino, por el contrario, provocan problemas diversos, como el tráfico de estupefacientes, el malestar de las sociedades de acogida, etc, por no hablar del terrorismo islámico, tan de actualidad. Esto no implica que haya grupos humanos en esas sociedades islámicas que repudien ciertos comportamientos que atacan de forma directa nuestra forma de sentir, de vivir y de pensar como sociedades libres de naturaleza laica, pero en su mayor parte suponen un lastre irremediable para el progreso y desarrollo de nuestra sociedad occidental, y lo que es más grave, un riesgo para su propia pervivencia. No hay más que ver la pasividad a la hora de denunciar de forma unificada y organizada esos actos terroristas por parte del mundo islámico, y la financiación de países exportadores de petróleo de ese terrorismo internacional. Eso ya lo advertía en los años setenta Don Claudio Sánchez Albornoz, nada sospechoso de ser franquista y mucho menos “facha” tal como lo entienden los populistas a día de hoy.

Por tanto, hemos de considerar al islamismo como problema, tanto desde el ángulo histórico para nuestras sociedades occidentales como para España como antiguo Al Andalus pretendido por el islamismo llamado radical. Hay que considerar que actos terroristas como el de Barcelona, tanto por su potencial destructivo como por el resultado final de su acción criminal, con decenas de heridos y asesinados, son acciones genocidas en potencia y en acto.

No obstante, lo irritante no es solamente el asesinato múltiple y su planteamiento intencional sino la actitud del nacionalismo imperante en Cataluña, que prima su idea secesionista a su obligación preventiva y de colaboración con otras policías. Es paradógico que mientras que en la esfera internacional hay una coordinación de todas las fuerzas policiales para combatir al terrorismo, en el propio seno de nuestro país no solo haya ausencia de toda colaboración, como ha quedado demostrado y patente, sino obstrucción a la labor de cuerpos y fuerzas policiales, como la Guardia Civil y la Policía Nacional -tal como representantes de esas policías han denunciado-. Si desde los primeros indicios hubiera habido una colaboración y gestión unificada de todos esos cuerpos policiales probablemente se hubiera prevenido el atentado. Si la alcaldesa de Barcelona hubiera atendido las recomendaciones del Ministerio de Interior, posiblemente hoy no hablaríamos del atentado de las Ramblas. No se puede saber, pero es evidente que ha habido una negligencia y mala fe insoportable e inadmisible, en un contexto en el que ya se anunciaba la posibilidad de que grupos salafistas atentaran en la capital condal, cuando se anunciaba la pretensión de estos de derribar el edificio de la Sagrada Familia. No hay más que comprobar el cúmulo de bombonas de gas -más de un centenar- y la explosión accidentalmente producida en el chalet donde se urdían los preparativos, con la presunta implicación de un imán. Lo más curioso de este tenebroso asunto es que una juez advirtió a la policía catalana de que había serios indicios de preparación de atentado terrorista, sin que estos lo tomaran en consideración, lo cual es de la suficiente gravedad como para exigir responsabilidades, incluso penales.

El problema de fondo ha sido la trayectoria de los nacionalistas, sobre todo en Cataluña, pero también en otra comunidad que no quiero nombrar, para la atracción de la inmigración musulmana. Y la pregunta es por qué tanto interés en ello. La respuesta solamente se puede dar a partir de una suposición lógica: tanto la izquierda como los nacionalistas tienen una línea decreciente en el apoyo e del electorado autóctono, y han necesitado crear bolsas de potenciales electores cautivos y subvencionados con nutridas ayudas, haciendo ejército de estómagos agradecidos al servicio de quienes les dan de comer. Eso solamente puede llevarnos a pensar que lo que se ha pretendido es la modificación de ese espacio electoral para conservar una hegemonía en progresivo descenso. Esos colectivos, que no tienen ni arraigo ni sentimientos patrios, no solamente devuelven el favor a quienes les dan el dinero de los contribuyentes de forma incondicional sino que en su fuero interno quisieran a España despedazada para conquistarla de la forma más rápida y sin respuesta eficaz. Ocurrió en el año 711, con pasmosa similitud. La historia se repite con pavoroso paralelismo.

Por todo ello se necesitan:
- Un mando único policial en el contexto del conjunto de la nación española que evite la dispersión de actuaciones en la lucha contra el terrorismo, tal como ha sucedido en Cataluña. El Gobierno de España es culpable por pasividad e indiferencia. Su inutilidad raya con la negligencia culpable.

- La centralización de las políticas de seguridad nacional.

- Un gobierno que gobierne, y que no deje pudrir los problemas. Rajoy es parte del problema, pues de los terroristas cabe esperar cualquier cosa. Todos sabemos lo que pretenden los nacionalistas y lo poco que les importan las personas; pero el Gobierno ha jurado cumplir y hacer cumplir la Constitución, y el no hacerlo es sedición. Es otro nivel de culpabilidad que el de los nacionalistas; por razón de omisión en el cumplimiento de obligaciones.

Llega el momento de plantearse el problema nacional que tenemos con esta clase política ineficiente, insolvente y veleidosa; frívola hasta la desesperación.

Los tontos útiles del independentismo
Gonzalo Bareño La Voz 25 Agosto 2017

En un espléndido artículo publicado el pasado 13 de agosto, y que a la postre ha resultado premonitorio, el filósofo Fernando Savater hablaba de lo que él denomina «los abstemios», que son aquellos que, horrorizados ante la posibilidad de que se les tome por personas de derechas, son incapaces de plantear jamás una crítica a los nacionalistas, por más disparates que estos cometan, sin añadir inmediatamente y a renglón seguido una invectiva contra el Gobierno por su «inmovilismo» ante el desafío secesionista lanzado por el independentismo catalán.

Esta tropa abstemia no está compuesta por los descerebrados capaces de culpar al rey de los atentados de Barcelona o de decir que «ser catalán en España es como ser gay en Marruecos», que son absolutamente irrecuperables, sino por personas inteligentes que, sabiendo perfectamente que detrás de la verborrea nacionalista solo hay un páramo intelectual y grandes dosis de demagogia, prefieren no meterse en líos y vivir amparados en una cómoda equidistancia. Para no tener que renegar públicamente del delirio independentista, optan por renegar de todas las banderas, las patrias y las naciones. El mal no es para ellos el nacionalismo, sino la misma idea de nación, como aquellos abstemios que condenan a todo el que bebe alcohol, y no solo a los que se emborrachan. Equiparando el desprecio del independentismo catalán a la ley con la defensa del Estado de derecho por parte de un Gobierno legítimo, sirven en bandeja a los secesionistas el deseo de tratar de igual a igual al Estado español.

Esos abstemios de los que habla Savater llevan muchos años siendo los tontos útiles de un nacionalismo que exprime en beneficio propio su cobardía y su falta de principios. El problema surge cuando esa actitud pusilánime y ventajista se extiende a asuntos de mucha más envergadura y gravedad que la majadería de tratar de celebrar un referendo separatista prohibido por la ley. Cuando el independentismo y el populismo -y perdón por la redundancia- aprovechan en beneficio propio unos atentados que han causado la muerte de 15 personas inocentes, adoptar la postura abstemia es ser cómplice de esa indignidad.

A estas alturas, está bastante claro que, a pesar de la brillante actuación de los agentes que acabaron con cinco terroristas, tanto la actuación previa a estos atentados por parte del Ayuntamiento de Barcelona como las primeras investigaciones y la labor de vigilancia sobre los islamistas por parte de una policía autonómica catalana que no prioriza la colaboración con otras fuerzas de seguridad fueron un completo desastre. Y, sin embargo, el independentismo insiste en convencernos de todo lo contrario y en colgarse medallas, con la inestimable colaboración de los abstemios, siempre mudos y equidistantes. Si algo ha demostrado la matanza de Barcelona es la necesidad urgente de establecer un mando único centralizado con autoridad sobre todas las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado que garantice su perfecta coordinación. Pero para defender eso hay que tener algo de coraje.

Cómo la yijad está cambiando a Europa
Pío Moa Gaceta.es 25 Agosto 2017

La yijad o guerra santa es un componente esencial del islam, tanto en el sentido de lucha interior por purificarse al modo musulmán como de lucha exterior para expandir e imponer su religión. El islam siempre fue una religión de conquista. Por eso son tan escasas y ralas las manifestaciones de musulmanes contra el terrorismo yijadista y tantas las que pregonan la conquista de Europa. Y por eso resultan tan patéticas las afirmaciones — bienintencionadas en unos casos y sospechosamente “ingenuas” en otros– de que los terroristas son muy pocos, que perjudican más a los musulmanes, o que islam equivale a paz.

El islam divide el mundo entre la “Casa” (territorio) de la paz, donde rige la ley de Mahoma, y la “Casa” de la guerra, el territorio infiel; también la Casa de la tregua, de pactos con infieles, con sumisión o inferioridad de estos. Algunos sostienen que esa división es histórica y no actual, al haber aceptado los países musulmanes a la ONU y sus presupuestos nominalmente pacíficos. Esto es ridículo. Hay que decir que los países islámicos, entre los cuales y en el seno de los cuales debería reinar la paz, han sufrido y sufren numerosas y violentas divisiones y guerras desde hace siglos, no interrumpidas por la creación de la ONU. Y que la hostilidad hacia los cristianos, tradicionales enemigos, se mantiene y crece en la actualidad.

Durante decenios se ha creído que los musulmanes se occidentalizarían progresivamente, pero eso ocurría, con más apariencia que realidad, hasta los años 70. Desde entonces el proceso se ha dado por fracasado y se ha invertido. La civilización europea solo atrae a los islámicos por sus ventajas materiales, pero la desprecian como decadente y enferma. Por lo demás, al etiquetarla como cristiana y “cruzada” caen involuntariamente en el humor negro. Las políticas de la UE son intensamente cristianófobas e islamófilas, aspiran a convertir las ideas LGTBI o el abortismo y la inmigración en los valores propiamente europeos, y utilizan la creciente presencia musulmana, so pretexto de “multiculturalismo”, como ariete contra el cristianismo, en especial la Iglesia católica. Siempre se olvida que las ideas hoy predominantes entre los políticos europeos consideran a la Iglesia como una barrera contra el progreso y la libertad, una barrera a derribar, por tanto.

El problema se ha acentuado porque la UE, por medio de la OTAN, no ha cesado de provocar convulsiones en países islámicos, so pretexto de democratizarlos. Esas agresiones han motivado riadas de refugiados o simples inmigrantes que no albergan ningún buen deseo hacia Europa, como se encargan de demostrar a menudo. Muchos europeos se alarman pensando en el momento en que los musulmanes lleguen a ser mayoría en varios países; y no solo por la inmigración y la procreación, porque en países como Inglaterra crecen las conversiones, con llamativa mayoría de mujeres.

En realidad no les hace falta ser mayoría para estar cambiando ya en profundidad el paisaje cultural y político del continente. Algunos son cambios de aspecto menor: mayor vigilancia a todos los niveles, presencia del ejército en las calles, bolardos y obstáculos en las arterias urbanas, etc. Pero son hechos que van transformando nuestra manera de vivir, casi inadvertidamente. Un dato aún más siniestro, por invisible, es el efecto moral de las espeluznantes imágenes de los asesinatos del Estado islámico y otros grupos: esas imágenes van siendo absorbidas casi como naturales por la población, parte de la cual tiende a verlas con actitud sumisa, incluso positivamente. Obsérvese además la indiferencia con que la gran mayoría de la opinión europea presencia las persecuciones y asesinatos de cristianos o de yazidíes , con rápida disminución de la presencia cristiana en Oriente Próximo mientras crece imparablemente la musulmana en Europa.

Y más allá de lo anterior, la yijad está acentuando y radicalizando en Europa una división política y social que venía de antes. Por una parte están, con enorme poder político y mediático, quienes tratan de crear una nueva Europa cuyas señas de identidad serían las ideologías LGTBI con sus consecuencias de abortismo, homosexismo, corrosión de la familia y de los derechos de los niños, fracaso matrimonial y familiar, “lucha de sexos”, vistos como “costes del progreso” y “expresiones de libertad”, etc. Con ellos va el multiculturalismo y la islamofilia, mientras intentan paralizar toda reacción acusándola de “islamófoba”, típica palabra policía. Y por otra parte está el número creciente de personas que se sienten cada vez más amenazadas porque siguen considerándose cristianas o al menos no cristianófobas, porque aprecian y aman sus culturas nacionales y la moral tradicional, así como los rasgos culturales europeos forjados a lo largo de dos milenios. Estos perciben cómo están siendo desplazadas sus creencias, ideas y cultura, objeto de burlas y ataques constantes en todo tipo de medios. Desplazadas incluso, en algunas zonas, las poblaciones autóctonas, sustituidas por las inmigrantes.

Se trata de una crisis de civilización, realmente, so pretexto de una supuesta democracia, palabra mágica de la que se han apoderado los multiculturalistas y que les ha servido también para llevar la guerra civil y el caos a Afganistán, Irak, Libia o Siria, o el golpe militar a Egipto. Como señalé en La guerra civil y los problemas de la democracia en España, de pocos conceptos se ha venido abusando más que el de democracia, que requiere una redefinición antes de que con su utilización demagógica nos lleven al desastre algunos fanáticos iluminados. Porque otro rasgo de este proceso es la creciente infantilización de la sociedad mediante una manipulación mediática que oculta lo que quiere y presenta la realidady la historia al revés: lo vemos todos los días en relación con la yijad con un buenismo falsario.

Y un dato a tener en cuenta, aunque poco advertido: por primera vez en las últimas elecciones de Usa los medios de masas han estado en bloque contra Trump, exactamente como en los regímenes totalitarios. Y en España los cuatro partidos más los separatistas son ideológicamente casi idénticos, en realidad un solo partido con variantes mínimas. Es un proceso de degradación de la democracia que requiere reflexión y acción.

Ayuntamientos manirrotos
Primo González Republica 25 Agosto 2017

Los Ayuntamientos españoles, en especial los de algunas corporaciones de tamaño grande, están empezando a tirar la casa por la ventana sin que ello se haya traducido en mejoras sustanciales y visibles para los ciudadanos. Es una mala noticia para la correcta gestión de los dineros públicos, ya que las corporaciones locales se habían caracterizado hasta ahora por una gestión más escrupulosa del dinero público que otras administraciones, como por ejemplo las autonómicas. Las finanzas de los ayuntamientos son especialmente sensibles para la percepción de los ciudadanos ya que su buen uso se puede percibir a diario y afecta de modo inmediato a nuestra vida cotidiana.

Por desgracia, este súbito empeoramiento de las finanzas municipales no se ha visto reflejado en una mejora de los servicios que percibimos los ciudadanos. Por las cifras conocidas en los últimos meses, algunos Ayuntamientos han dedicado importantes cantidades de dinero público a incrementar sus plantillas, en algunos casos como consecuencia de una reversión de anteriores políticas de privatización de servicios públicos, que ahora vuelven a la generosa hospitalidad de las arcas municipales, lo que no siempre es garantía de mejora de la eficacia por lo que tiene de pérdida de flexibilidad. No por contar con una nómina de funcionarios más copiosa las cosas van a funcionar mejor, sobre todo si, como es de temer, en algunos casos esta subida de efectivos esconde un marcado clientelismo.

Uno de los malos síntomas que hemos visto en las conductas financieras de algunos municipios es la paralización de inversiones y la multiplicación de gastos corrientes, justo lo contrario de lo que aconseja una política de estímulos al funcionamiento y el crecimiento de la economía y de mejora de la eficacia medible en la prestación de servicios.

Este deterioro de las finanzas municipales ha corrido en paralelo a un aumento de las tasas y de algunos impuestos propios de la órbita municipal, que ya de por sí resultan bastante elevados y que en la mayoría de los casos vienen a gravar a sectores de la población de rentas medias y bajas, que en muchos casos han hecho de la propiedad de la vivienda un objetivo muy saludable de ahorro y de seguridad en el futuro. Muchas familias de rentas medias y bajas se ven agobiadas por los tributos municipales que gravan la propiedad así como por la multiplicación de tasas específicas que han ido adquiriendo cada vez un mayor relieve con el argumento de que reflejan prestaciones de servicios más amplias, cuando antes estaban en su totalidad cubiertas por un solo gravamen.

Mejor sería que los Ayuntamientos con finanzas saneadas afrontaran inversiones de mayor utilidad recurrente para la calidad de vida de los ciudadanos y en paralelo se analizara la posibilidad de afrontar algún retoque a la baja en la cuantía de los impuestos ya existentes o implantados recientemente. Por lo general, en esto de los impuestos no suele haber marcha atrás y es habitual la consolidación de los mismos, lo que antes o después acaba convirtiéndose en un aumento del gasto y vuelta a empezar ya que la voracidad de los sucesivos gobiernos municipales suele guardar proporción directa con la frecuencia de los cambios políticos que se producen al frente de estos organismos. La experiencia reciente así parece corroborarlo.

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Mossos, mentiras y referéndum
EDITORIAL  Libertad Digital 25 Agosto 2017

Conforme pasan los días, afloran detalles que desmienten el idílico cuento de la Generalidad.

Una semana después de los atentados de Barcelona y Cambrils, la Generalidad persiste en su campaña propagandista para proyectar internacionalmente la imagen de un Estado emergente que se impone a la caduca y silente España. La utilización política de los ataques terroristas por parte de los dirigentes separatistas revela a las claras hasta dónde son capaces de llegar para imponer su proyecto totalitario. Que desde el mismo día de la matanza de las Ramblas el presidente regional Puigdemont y los miembros de su equipo decidieran jugar a ser Estado en un acelerado carrusel de ruedas de prensa muestra que el único propósito de los secesionistas es la constitución de una república que les exima de la corrupción y les otorgue de manera oficial los títulos de los que ya han presumido durante estos días de luto y abatimiento. Y no se van a detener a menos que se les oponga resistencia.

Como es costumbre, los políticos separatistas y sus cargos de confianza han montado la campaña sobre la tesis de que el Estado español es un lastre para los catalanes, cuyas instituciones de autogobierno han dado una lección al mundo sobre cómo actuar en casos de terrorismo. Semejante relato es el dominante en Cataluña, cuya opinión pública está sometida a un martilleo constante sobre las grandes virtudes de la Generalidad, que, inevitablemente, reflejan los gruesos defectos no sólo del Estado o el Gobierno sino de los españoles.

La pieza clave de esta campaña han sido los Mossos d'Esquadra, una policía que debería ser la de todos los ciudadanos de Cataluña pero de la que se han apropiado los separatistas y a la que no dudan en utilizar con obscenos fines propagandísticos. Las glosas nacionalistas sobre la eficacia policial no tratan de ensalzar las virtudes de los Mossos, sino que abundan en el carácter prescindible de la Guardia Civil y la Policía Nacional, que, según la versión de los golpistas, tratan de impedir que los agentes autonómicos hagan su trabajo por mezquinas cuestiones de envidias y resentimiento.

Cuando aún no se había logrado localizar al fugitivo Younes Abouyaaqoub, Puigdemont y el consejero Forn se ocupaban de resaltar en cada comparecencia mediática que los Mossos no tenían acceso a las bases de datos de Europol por culpa de la visión centralista y anticatalana del Gobierno. Es una acusación explícita sobre las responsabilidades remotas de los atentados. Nada nuevo en la infecta línea de la Generalidad de que todo lo malo que pasa en Cataluña es culpa de España.

Conforme pasan los días, afloran detalles que desmienten el idílico cuento de la Generalidad, novedades sobre omisiones y errores que cobran más relieve por contraste con la manipulación separatista y su intensivo aprovechamiento de los atentados. La reacción de la juez que se personó en la arrasada casa de Alcanar y su aviso de que aquel desastre podría ser de índole terrorista destroza el relato de la eficacia sin límites de la Administración regional. Que un policía belga se pusiera en contacto con un jefe de los Mossos para recabar información sobre el imán de Ripoll tendrá la importancia operativa que los expertos en seguridad determinen, pero lo que está irremediablemente claro es que la Generalidad ha tardado más de un día en admitir que el contacto se produjo. En ese lapso, la lupa estaba, como siempre en Cataluña, sobre la Policía Nacional y la Guardia Civil, que se habrían desentendido de una alerta fundamental, según el agitprop separatista, mientras Puigdemont y Forn seguían con la exhibición impúdica del superpolicía Trapero, transformado en icono mediático de la república catalana y al que llegaron a sentar en el palco del Camp Nou al lado de un investigado por el tres por ciento. Nada fuera de lugar tampoco. Un año antes por estas fechas, Trapero era el cocinero y cantante en la grotesca paellada que un grupo de amigos de Puigdemont celebró en Cadaqués.

El silencio del Gobierno durante estos días no obedece a ninguna sutil estrategia para que los separatistas muestren su brutal incompetencia e inconsistencia. Es así en Cataluña desde hace tiempo y los atentados no han hecho más que subrayar el matiz de un Gobierno abatido. El burdo aprovechamiento del escenario por parte de la Generalidad es lo que ahora, con más información y contrastada, se vuelve contra la propia Generalidad y destroza su presunta autosuficiencia.

No obstante, si el Gobierno no para los pies a la Administración regional de una vez por todas en su insensata y peligrosa deriva, el referéndum del 1 de octubre se llevará a cabo con impredecibles consecuencias sociales, políticas y económicas. Y son los propios portavoces separatistas, los Rull, Turull y demás, quienes avisan de que los Mossos, cuya capacidad es apreciable, obedecerán las leyes del Parlament en caso de "conflicto de legitimidades".

Visto lo visto en los últimos días, tanto en el plano político como en el policial, no actuar ante tales amenazas separatistas es una irresponsabilidad intolerable.

Las responsabilidades de quienes no son una nación
Gonzalo Duñaiturria okdiario 25 Agosto 2017

Los constantes llamamientos a la “unidad” que desde diversos sectores políticos se realizan no deben ser obstáculo para reclamar responsabilidades hacia aquellos que por intereses únicamente de carácter político son responsables de haber cometido errores extremadamente graves que si no hubieran impedido los atentados de Barcelona y Cambrils del pasado viernes a buen seguro hubieran aminorado sus efectos. Los intereses de los “hacedores” de la ilegalidad secesionista catalana han tenido como único objetivo ofrecer al mundo que ya son mayores y pueden gestionar una Cataluña independiente y autosuficiente fuera del único Estado español. ¿Quien asume la responsabilidad de los constantes fallos políticos y técnicos? Fallos políticos, amorales en demasía como que el conseller de Interior de la Generalitat, Joaquim Forn, distinguiera entre víctimas españolas y catalanas del atentado de Las Ramblas o como de manera insultante el conseller de Asuntos Exteriores, Relaciones Institucionales y Transparencia de la Generalitat, Raúl Romeva, aprovechara la masacre para hacerse pasar por ministro de Exteriores de Cataluña ante el mundo.

¿Quién asume la responsabilidad de unos fallos técnicos de una extrema gravedad? Como la explosión del chalet de Alcanar que se escuchó a varios kilómetros a la redonda, declarada por los Mossos como accidental por acumulación de gas sin que se dejara entrar e investigar a los Tedax de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Nadie se responsabiliza de que en dicha explosión uno de los ocupantes de la casa, herido, fuera trasladado al hospital sin que nadie, como mínimo, le interrogara. ¿Quién se responsabiliza de no haber identificado qué produjo la explosión? Por las características de los escombros era imposible una explosión de gas. Cualquier experto hubiera identificado que se trataba de triperóxido de triacetona (TATP), el explosivo usado por las células yihadistas y cuya fórmula de fabricación difunden en sus páginas webs. Y solo con esto se hubiera relacionado a los ocupantes de la casa en relación con un atentado.

Que alguien nos explique, y asuma la responsabilidad, de haber ignorado el informe de la CIA que advertía a los Mossos d’Esquadra de que la ciudad de Barcelona estaba en el punto de mira del yihadismo, señalando a Las Ramblas como un serio y más que posible objetivo. Señores del procés. Es nuestra vida, pero es su responsabilidad. No se investigó la mezquita de Ripoll, en la que actuaba como imán un marroquí ex presidiario de la cárcel de Tarragona y relacionado con los terroristas del 11-M. Es como mínimo vergonzoso que los responsables de los Mossos d’Esquadra reconozcan que el grupo de terroristas llevaba meses reuniéndose y preparando los atentados. ¿Quién asume tamaña negligencia? No se escondan. La policía de Vilvoorde (Bélgica) comunicó hace 17 meses al número dos de los servicios de información de los Mossos d’Esquadra sus sospechas sobre el imán de Ripoll, siendo la primera alerta que tuvieron las fuerzas de seguridad sobre Es Satty y donde la Policía catalana no informo a la española de este hecho.

¿Responsabilidades? ¿Qué hace el Gobierno de España? Nada. Cuando lo que debió de hacer nada más conocerse el segundo ataque es decretar el nivel de Alerta 5 y tomar todo el control de la operación. Qué peligroso es el miedo, sobre todo ente los cobardes. Ese miedo y la debilidad de las instituciones han supuesto que la experiencia de nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad hayan sido marginadas. No son “una nación”. Unidad sí. Pero responsabilidad ante todo. Qué fracaso han tenido al intentar transmitir una imagen al exterior de Estado catalán autosuficiente. Se trata de seguridad, de una guerra sin cuartel donde están en juego nuestras vidas. Como dijo el político indio Pandit Nehru: “La libertad y el poder conllevan responsabilidad”. Reflexionemos.

El terrorismo de los idiotas
José Luis González Quirós. vozpopuli 25 Agosto 2017

La brutalidad salvaje y casi inhumana del terrorismo tiende a hacernos olvidar que sus actores persiguen objetivos, que tras su aparente irracionalidad hay un análisis de las debilidades de sus enemigos, y, sobre todo, hay hipótesis, planificación, cálculos.

Toda esta urdimbre, específicamente bélica, es lo que queremos negar cuando nos refugiamos en interpretaciones lenitivas, en absurdas proclamas de valor cívico, en toda una serie de actitudes escapistas que, allá en el fondo, se apoyan en un egoísmo feroz, en la gozosa certeza de que el impacto del terror nos ha afectado de manera sumamente relativa, lejana, como si se tratase de un cuento de miedo, de una pesadilla funesta de la que podemos desembarazarnos con toda facilidad al despertar de nuevo a la normalidad.

Salvo que creamos en la absoluta imbecilidad de los líderes fanáticos, creencia sin base alguna, no debiéramos olvidar que calculan sus acciones en función de las reacciones que consideran previsibles, y que, si en verdad estamos dispuestos a enfrentarnos a sus objetivos, tendríamos que evitar cualquier reacción que les fortalezca, una conducta idiota que, desgraciadamente, no escasea.

El negacionismo
Uno de los resortes más importantes de la mente humana es el que nos induce a negar la realidad de las amenazas, y, en último término, la evidencia, por misteriosa que resulte, de la necedad y del mal. El yihadismo nos puede golpear inmisericordemente porque calcula que nunca va a encontrar una respuesta similar, porque, afortunadamente, todavía distinguimos entre quienes nos matan y quienes, simplemente, se les parecen, pero en esta virtuosa distinción se oculta una trampa dolosamente negacionista: es verdad que no nos atacan 1300 millones de musulmanes, pero sí nos atacarían si pudiesen, y nos masacran en cuanto ven un descuido, un pequeño porcentaje de esa enorme población, un contingente que puede estimarse superior al de muchas de las grandes naciones, porque hay más yihadistas que alemanes, que franceses, que ingleses o que españoles, incluso si los contamos en conjunto. Además, esa minoría es la que lleva una parte importante del control político y religioso sobre esa inmensa multitud pacífica. Empeñarse en no ver un gravísimo problema en este asunto, es tan idiota como sería negarse a comprobar la seguridad y resistencia de un puente alegando que apenas quiebra uno entre miles. En fin, no porque exista la palabra islamofobia, dejaremos de ser víctimas potenciales de algunos cientos de millones de musulmanes radicales absolutamente insensibles a nuestros distingos, y, por supuesto, como se ha visto, a cualquier Cataluña is not Spain.

Los causalistas
Hay una especie de imbéciles que no descansan hasta que creen haber llegado a la causa de la causa que, como decían los escolásticos, es la causa de lo causado. Para esta clase de merluzos, los meros hechos suelen ser irrelevantes, y hay que preguntarse siempre por lo que hay detrás, es decir que prefieren siempre la conjetura a la evidencia, tal vez porque han comprendido que las verdades que defienden son definitivamente incompatibles con el mundo común.

Es la misma especie de personajes capaces de identificar a un pacífico turista con un agresor implacable del orden natural, al tiempo que reconocen a cualquier imam como un espléndido representante de otra forma de ver el mundo tan legítima, por supuesto, como la nuestra. Son relativistas de todo, menos de sus gilipolleces, faltaría más. Esta especie ha identificado, sin merma alguna de duda, a nuestro buen Rey como el responsable de las masacres de Barcelona, tal es la clase de teoría política que les cumple. Cuando se piensa en lo enorme que es la muchedumbre de los tontos, se comprende que estos sujetos obtengan decenas de miles de votos, al fin y al cabo, se tienen por los más listos de la clase y así se ven también quienes secundan sus bravatas.

No tinc por
Es muy probable que en los cuarteles generales del ISIS se estén replanteando su estrategia del terror ante las muchedumbres envalentonadas de la Plaza de Cataluña, ante esas decenas de miles de bravos ciudadanos que han gritado no tener miedo, me parece que, entre otros, con Rajoy al frente, lo que le añade su punto de picante al lema. Si se toma como una primera ocurrencia frente al brutal asesinato, todavía cabría un adarme de disculpa, pero que haya quienes crean que no hay que tener miedo a la amenaza yihadista es una muestra realmente solemne de los abismos que puede alcanzar la estupidez común. Pero no sólo de estupidez, sino de hipocresía moral porque esa actitud solo puede sostenerse cuando del terror se tenga una mera imagen, no una experiencia vivida.

El miedo, ese fantasma que, como se decía del diablo, se oculta haciéndonos creer que no existe, es, por otra parte, un elemento demasiado evidente de la realidad, aunque no lo sea de las bravatas. Sin miedo no habría política alguna, pero tampoco cabe formular ninguna estrategia de defensa. Claro es que los valientes de ocasión no esperan, en realidad, que jueces y policías actúen con su fingida desenvoltura, se trata, simplemente, de ponerse estupendos, de prepararse para ir a colocar cartelitos y velitas como las de Diana de Gales, otro infalible remedio contra la barbarie.

Libertad frente a los bolardos
Es normal que frente a esa manifestación de arrojo ciudadano la alcaldesa de Barcelona se haya lucido con una estupenda consigna: no hay que instalar obstáculos en las ramblas porque Barcelona es una ciudad libre. No tardará en retractarse, porque no es del todo mema, solo sabe hacerse la tonta cuando le conviene, y no iba a desaprovechar la oportunidad de decir una solemnidad pretenciosa en momentos de tanta energía moral inundando las avenidas.

Como una buena parte de los ciudadanos se ha dejado llevar, de momento, por ese ataque de idealismo idiota, es posible que se tarde en pedir responsabilidades por no haber puesto en práctica una precaución tan obvia, pero el ataque de euforia que ha afectado a las autoridades catalanas ante sus supuestos éxitos antiterroristas pasará, aunque la propaganda se empeñe en retrasarlo, los ciudadanos dejarán de pensar bobadas y se harán preguntas cuya respuesta ya debiera ser obvia.

Cataluña, ese baluarte
Los secesionistas intentan sacar pecho ante la eficacia de sus mozos, de su policía exclusiva y, al parecer, un poquito excluyente. Es demencial que se pretenda presumir de eficacia insolidaria ante una amenaza que está zarandeando a Estados mucho más fuertes y precavidos que ninguna autonomía, por soberana que se pretenda. Que algunos catalanistas desorejados intenten argumentar la eficacia de sus polis frente a un fenómeno tan global como insidioso es una prueba más de su mentalidad de campanario, también de una mezquindad cultivada con primor y denuedo.

El responsable de la VII flota de la US Navy ha sido destituido casi de oficio porque dos de sus destructores han chocado con barcos de tamaño nada escaso en apenas unos meses, pero aquí, el curioso Parlamento de Cataluña condecora con presura a unos Mozos, y solo a ellos, que no han sabido ver en la explosión de Alcanar sospechas de islamismo, que no tenían ni a un guardia en las inmediaciones de una avenida con millares de turistas, que han sido incapaces de pegar un solo tiro a la furgoneta asesina, y que han acabado acribillando al último protagonista y testigo para que pueda ilustrar sobre el caso con su silencio mortuorio.

Para que nadie nos reclame estas u otras carencias, lo mejor es honrar con denuedo a los nuestros, reconocer a los mozos de Forn y Trapero como unos genios, incluso aunque el homenaje apresurado sirva para tapar obvias carencias de un Gobierno que, con Rajoy y Zoido al frente, ha parecido conformarse, en todo momento, con que el atentado no sirva para armar más jaleo, por decirlo a la manera de Moncloa, que estos sí que son realmente severos, unos auténticos fenómenos.

Ni el Cid ni Chamberlain
RAÚL CONDE El Mundo 25 Agosto 2017

Desconsuela que Occidente siga comportándose ante las amenazas a las que se enfrenta con ese punto naíf de aquel París burgués y hedonista que Chaves Nogales relató en La agonía de Francia. Tanto como las fútiles apelaciones a detener la Guerra al Infiel con bravuconadas y generalizaciones de 140 caracteres.

No hay soluciones simples para problemas complejos. Pero la sensación de vulnerabilidad ante la ofensiva del Estado Islámico (IS) en suelo europeo tal vez explica algunos de los disparates que hemos escuchado después de los atentados de Barcelona y Cambrils. Pretender aplastar al IS agitando la islamofobia resulta tan inicuo como soslayar la responsabilidad de Arabia Saudí en el cultivo del salafismo. Los regímenes del Golfo Pérsico promueven el sentimiento antioccidental en el mundo árabe y patrocinan la corriente supremacista y mesiánica del islam, algo que nunca fue un impedimento para que la comunidad internacional, en aras de la política real, los validara como interlocutores centrales en el tablero geopolítico. No conviene disparar la demagogia, pero tampoco nuestros principios.

Oriana Fallaci pronosticó con acierto que el fin del terrorismo yihadista no llegaría con la derrota de los taliban. Sin embargo, lanzó una furibunda invectiva contra los musulmanes, fermento de la repulsa europea a raíz de las matanzas perpetradas después del 11-S. Los discípulos de la reportera italiana piden más contundencia en Oriente Próximo -en pleno debilitamiento de la Autoridad Palestina y con Netanyahu, reforzado por Trump, manteniendo el asedio en la Franja de Gaza- y acusan a las potencias occidentales de buenistas. En cambio, no parece que el intervencionismo militar haya dado resultados: invasión de Irak, muyahidines, derrocamiento de sátrapas como Sadam o Gadafi, guerra de Siria. Una sangría inútil. O peor aún: contraproducente.

Los especialistas han dejado claro que se puede combatir la Yihad sin necesidad de atizar el uso político de una masacre ni deslizarse por estériles debates semánticos sobre si estamos o no ante una guerra. Para empezar, habría que preguntarse por el reto de la integración. Por qué hay musulmanes europeos que entran en un colmado a comprar tabaco y después se entregan al terror en plena adolescencia: no basta, como escribe Cercas, con decir que los terroristas son aberrantes. Y, más que azuzar absurdas polémicas sobre los bolardos o el catalán, sería útil potenciar los mecanismos de Inteligencia en la UE -los Estados siguen sin compartir toda la información-; y mejorar la cooperación: el aviso de Bélgica sobre el imam de Ripoll y la descoordinación entre cuerpos revelan serias deficiencias en la lucha antiterrorista. A ello se suma el trabajo pendiente en materia policial. El éxito de la gestión informativa del atentado no tapa los fallos de los Mossos a la hora de detectar la existencia de una célula en la casa de Alcanar. Máxime teniendo en cuenta que un tercio de las mezquitas de Cataluña (cerca de 80) están controladas por salafistas mientras "Barcelona aglutina la mayor bolsa de radicalización yihadista de España" (Fernando Reinares).

La filósofa Agnes Heller, superviviente del Holocausto y disidente de la Hungría comunista, sostiene en El País Semanal que el islamismo radical "es peor que una dictadura, es un totalitarismo, su versión más extrema". Ante un enemigo así no cabe el apaciguamiento de Chamberlain ante Hitler, pero tampoco la espada del Cid. No se trata de tener miedo para tomar conciencia, sino de movilizar todos los recursos que amparan la democracia evitando al mismo tiempo la indolencia y el odio entre religiones.

La hora de la limpieza
Eduardo Goligorsky  Libertad Digital 25 Agosto 2017

Confío en que el Gobierno de España sepa graduar los niveles de alerta correctos para sofocar las agresiones que se traman contra nuestra sociedad.

Después de las lluvias torrenciales, sabandijas repulsivas salen de debajo de las piedras e invaden los campos. Algo parecido sucede en las comarcas cuando entra en crisis el Estado de Derecho, y cuando los gobernantes locales abdican de su función como guardianes de la ley, se pierde el respeto a la iniciativa de los individuos, se viola la propiedad privada, se pervierte la actividad docente y cultural y se atrofia el entramado de convivencia social. Quienes salen entonces de sus guaridas son los elementos marginales de la tropa lumpen, cargados de odio, resentimiento y pulsiones destructivas. Ignorantes por antonomasia, pueden dinamitar los monumentos de Palmira o borrar a Calderón y Antonio Machado del callejero. Ahora, los muy brutos, prometen, literalmente, empobrecer Cataluña.

Ejército de pobres
Lo proclamó, sin tapujos, refregándolo por las narices de los acojonados burgueses, la pitonisa de la tribu CUP, Anna Gabriel, al ensañarse con el consejero de Empresa de la Generalitat, Santi Vila (LV, 14/8):
No necesitamos un conseller como él, que es muy bueno para un país de ricos, pero no lo es para un país de gente pobre.

Gabriel especificó que tolerarán al infiltrado hasta el 1-O, o sea mientras Cataluña siga teniendo un PIB de 223.639 millones de euros, dentro de España, pero no cuando los antisistema la reduzcan a un nivel kosovar de pobreza y delincuencia. El pecado que le achaca a Vila la banda anarco-trotskista es que se travistió de justiciero –sin desvincularse del contubernio secesionista que lo premió con su cargo– y tomó la iniciativa de denunciar el asalto y sabotaje a un bus turístico perpetrado por secuaces de dicha banda. El objetivo continúa siendo crear en Cataluña un ejército de pobres como el que existe en la Venezuela de Maduro, para sentar el 2-O las bases de la república comunista.

Humillados serviles
Alto en el camino. Escribí estas líneas antes de que los asesinos yihadistas se ensañaran con España, tomando Cataluña como centro de operaciones. Pero no solo conservan su vigencia sino que aportan un argumento más para sentenciar que ha llegado la hora de la limpieza. Ahora el empobrecimiento está garantizado: las furgonetas zigzagueantes y las bombonas de butano son más eficaces que las capuchas, los cuchillos y los botes de spray para ahuyentar turistas e inversores. Queda en pie otro problema que tiene como protagonistas superpuestos al Estado Islámico y a la banda anarco-trotskista de la CUP: el de la integridad y la seguridad de España.

La campaña que desarrolla la CUP con el fin de fragmentar España, aprovechando su posición como viga maestra del Gobierno de Cataluña, la convierte en una suerte de quinta columna del Leviatán yihadista. A la cúpula de Junts pel Sí no le faltaron, desde el vamos, argumentos para arrojar a ese aliado venenoso al vertedero de los detritos tóxicos. Su primer desafío consistió en decapitar al presidente de la Generalitat, Artur Mas, y sustituirlo por un don nadie pescado en las aguas estancadas del carlismo gironés. El ultrajado, el advenedizo y el resto de la camarilla aceptaron la puñalada trapera sin chistar y esto dio ánimos a los energúmenos para seguir purgando desafectos. El servilismo de los humillados llegó a un nivel patológico.

El habitualmente moderado Lluís Foix subrayó la anomalía ("Síntomas de incompetencia", LV, 16/8):
El lenguaje cupero marca muchas pautas políticas ante el silencio de Carles Puigdemont y Oriol Junqueras, que no saben cómo ofrecer una alternativa independentista sin el sabor revolucionario que impregna el discurso de varias facciones de la CUP.

Riña tabernaria
Por supuesto, los rehenes cornudos y apaleados dejaron oír algunas voces de protesta por las vejaciones recibidas, falsas bravatas que no se tradujeron en actos de ruptura porque esto habría implicado perder la mayoría espuria en el Parlament. Pilar Rahola vomitó sobre los cuperos que homenajeaban al matarife Stalin ("El vómito", LV, 1/7), y el coordinador organizativo del PDeCAT, David Bonheví, los tildó de "miserables" por barrer a Mas del globo terráqueo en el cartel de inspiración leninista (LV, 11/8 y 14/8).

Hoy, tras el acto de guerra del Estado Islámico contra el Reino de España, lo que urge resolver es algo mucho más trascendente que la riña tabernaria entre los componentes burgués y carroñero del frente antiespañol. Ha llegado el momento de que quienes accedieron a sus escaños como representantes de la clase media emprendedora elijan entre defender la supervivencia física y económica de quienes los votaron, amenazados simultáneamente por yihadistas y subversivos, o traicionar a esos votantes para cumplir pactos contra natura. Afloran reminiscencias del estigma que cayó sobre Petain en Francia, Quisling en Noruega y Degrelle en Bélgica, vasallos del ocupante nazi.

Célebre amenaza
Ha llegado la hora de la limpieza. El Estado Islámico no deja ningún margen de duda acerca de la naturaleza de la guerra que estamos librando. Ni Barcelona ni Cataluña figuran en su mapa. Juran reconquistar Al Ándalus y Al Ándalus es toda España. ¡Vaya aberración decir que en el atentado murieron dos españoles y dos catalanes! En las tablas de sangre del enemigo aparecen cuatro ocupantes infieles de Al Ándalus muertos, cuatro españoles. La misma nacionalidad que figura, imborrable, en los documentos de identidad de los sembradores de discordia más recalcitrantes y en los de sus socios nihilistas. Incluido el DNI del funcionario que formuló la deleznable discriminación.

No menos aberrante fue que en la retaguardia de nuestro bando, cuando los enemigos exteriores e interiores continúan al acecho, el presidente de la Generalitat rompiera la solemne unanimidad del luto con un exabrupto cainita: "El plan independentista sigue intacto" (LV, 19/8). Ante semejante despropósito, es difícil corear el multitudinario "No tinc por!" ("¡No tengo miedo!"). Más bien, el ciudadano atónito se convence de que Carles Puigdemont se sumó al órdago de la intimidación cuando pronunció su ya célebre amenaza: "Damos miedo, y más que daremos" (toda la prensa, 1/7). Conjurado con la CUP para mantener intacto el plan independentista en la retaguardia de la guerra, hace realidad otra consigna de los vándalos anarco-trotskistas: "¡Tiemblen!".

Pantalla de miserias
Es significativo que el nombre del objetivo del ataque terrorista –España– no aparezca en el comunicado disuasorio del miedo que difundió la Generalitat. Tampoco hay una referencia explícita a las Fuerzas de Seguridad del Estado. La ANC, Òmnium y los ayuntamientos independentistas pusieron sordina a sus altavoces porque esta no es su guerra. Y la CUP no perdió la oportunidad de explicar que su guerra no es la que se libra en defensa de España y de nuestra civilización, sino otra que le sirve como pantalla de sus miserias. El comunicado del grupo de concejales de la CUP-Capgirem en el Ayuntamiento de Barcelona solo lo encontré en El Mundo (18/8):

Rechazo frontal de todas las formas de terrorismo fascista fruto de las lógicas internacionales del capitalismo. (…) Rechazamos también frontalmente todas las interpretaciones y actuaciones racistas y clasistas que estos hechos desencadenarán con el objetivo de profundizar los procesos de represión y militarización de la sociedad.

¿Junts pel Si seguirá rebajándose hasta el extremo de continuar sirviendo a estos crápulas para no perder el control del Parlament y del referéndum ilegal?

Cataluña cautiva y desarmada
La pesadilla de una Cataluña cautiva y desarmada en la retaguardia de una España mártir conmueve todas las sensibilidades ciudadanas. Tranquiliza, por eso, recordar que, como dijo la ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal (LV, 4/7):

Por tierra, mar y aire, las Fuerzas Armadas y la Guardia Civil se encuentran donde haya que defender los valores de la democracia y la Constitución, pero también la integridad y soberanía de España.

Confío en que el Gobierno de España sepa graduar los niveles de alerta correctos para sofocar las agresiones que se traman contra nuestra sociedad y me tranquiliza pensar que el máximo, el 5, supondría (LV, 19/8) que

el Ejército "asumiría la seguridad de las infraestructuras críticas, como puertos, aeropuertos, medios de transporte, centros comerciales, lugares turísticos o de gran concurrencia de personas, suministro de agua y energía, entre otros", además de una presencia visible en las calles, en apoyo de las fuerzas de seguridad del Estado.

Así sí, los ciudadanos podremos decir que no tenemos miedo porque nos sentimos protegidos de los bárbaros yihadistas y de los matones que se jactan de dárnoslo.

PS: El cardenal Juan José Omella, arzobispo de Barcelona, predicó sabiamente, en catalán y castellano (LV, 21/8): "La unión nos hace fuertes, la división nos corroe y nos destruye". Ha llegado la hora de limpiar también las esteladas sectarias colgadas en los campanarios de las iglesias por algunos párrocos que comparten con los imanes salafistas el odio a España. Una España que incluye indisolublemente a Cataluña, en razón de lo cual estos cismáticos descerebrados se odian a ellos mismos.

No puede haber 'taifas' en materia de seguridad
EDITORIAL El Mundo 25 Agosto 2017

Resulta inquietante el cúmulo de informaciones relacionadas con el atentado de Barcelona que reflejan la descoordinación y el más que deficiente intercambio de información sensible que existe entre las distintas policías en Cataluña, lo que constituye un agujero para la seguridad. La Generalitat está instalada en una actitud de victimismo que pasa por decir que los errores que van saliendo a la luz sólo pretenden ensuciar la labor de los Mossos. Nada más lejos de la realidad. Por desgracia, lo cierto es que han tenido que suceder la masacre en La Rambla y el ataque frustrado en Cambrils para que nos demos cuenta de que hay muchas cosas que mejorar en la lucha antiterrorista en España -y en nuestro entorno-, por más que se haya avanzado mucho desde el 11-M y quepa reconocer la labor de todas las fuerzas que han desactivado tantas células yihadistas.

Como hoy publicamos, hasta en dos ocasiones los Mossos rechazaron la petición de los Tedax de la Guardia Civil para inspeccionar la casa de Alcanar. Tras la información difundida sobre las dudas que la juez expresó de que hubiera sido una simple explosión por manipulación de elementos para fabricar drogas, como concluyó la policía autonómica, resulta sangrante la negativa a que los expertos de la Benemérita dieran su opinión.

Por otra parte, en el caso concreto del imam de Ripoll, la cadena de fallos ha sido garrafal. Ya es una desgracia que no se ejecutara la orden de expulsión, máxime porque el juez atendió a argumentos huecos como unos supuestos esfuerzos de integración de Abdelbaki es Satty, al cuidado de su familia, que eran falsos. El abogado defensor se lamentaba ayer subrayando que "no parecía un integrista" porque "iba en vaqueros", otro cliché que nunca debió tener el más mínimo peso.

Y de especial gravedad es todo lo referido a la alerta de la policía belga en febrero del año pasado a los Mossos por considerarlo sospechoso. El conseller catalán de Interior, Joaquim Forn, trató ayer de echar balones fuera justificándose en que la reclamación "fue absolutamente informal". Pero es que justamente eso es lo inadmisible. No se cumplieron los protocolos establecidos en todo el espacio comunitario para la gestión y análisis de la información estratégica relativa al terrorismo.

La policía local de Vilvoorde, el municipio donde el imam residió varios meses -tristemente conocido por su alta concentración de salafistas-, se saltó las normas y ni compartió sus sospechas con la policía federal belga ni hizo sus pesquisas a través del Ministerio del Interior español, como es obligado. De haber actuado correctamente, hubiesen saltado las alarmas porque en los ficheros de la Policía Nacional sí constaban los vínculos de Satty con un entorno radical. Los Mossos también hicieron caso omiso a los protocolos. No es aventurado concluir que, en un clima de confianza y lealtad institucional adecuado, la Policía autonómica hubiera compartido las sospechas con la Policía nacional. Máxime porque en el correo electrónico belga se pide a sus colegas catalanes que recaben "cuanta más información sobre este individuo, mejor". Como sabemos, los Mossos se limitaron a mirar su archivo, en el que sólo constaba que una persona con el mismo apellido había sido investigado en 2006 en una operación contra el yihadismo en Vilanova i la Geltrú.

Lo ocurrido es especialmente lamentable porque toda Europa estaba entonces concienciada de la gravedad del desafío yihadista. Se acababa de producir la masacre en París y en la propia Bélgica habían desarticulado varias células terroristas. De nada sirve que en las cumbres intergubernamentales se repita la necesidad de profundizar en la coordinación de las policías y de los servicios de Inteligencia de los Veintiocho cuando, en la práctica, se cometen estas negligencias. No podemos obviar que estos años han salido a la luz muchas deficiencias en la lucha antiyihadista de Bélgica. Y una de las más serias es la falta de coordinación y de intercambio de información entre las policías que conforman su alambicado sistema político federal. Urgen explicaciones oficiales y acciones políticas decididas para acabar con tanto descontrol.

Nacionalismo también en seguridad
Antonio Robles  Libertad Digital 25 Agosto 2017

No lo duden un instante, el nacionalismo convertirá la manifestación en un escaparate internacional para vender el 'procés' en todo el mundo.

El próximo sábado recorrerán las calles de Barcelona miles de ciudadanos contra el terrorismo yihadista. No lo duden un instante, el nacionalismo convertirá la manifestación en un escaparate internacional para vender el procés en todo el mundo. No lo duden, aprovecharán el impacto internacional del atentado para inundar las portadas de todos los medios con miles de esteladas y mensajes sibilinos que unan el coraje ante el terrorismo con el órdago al Estado por el referéndum del 1-O. Ya lo hicieron en la concentración de la Plaza de Cataluña con el grito inducido de "No tenim por". No fue casual, es el mismo grito diseñado por la ANC para azuzar a sus masas en la campaña de agitprop diseñada para darnos la murga antes, durante y después del 1-O con el aquelarre del 11-S como lanzadera. El mismo eslogan que ya utilizaron hace un año (13-11-16) en la concentración de soporte a los procesados por saltarse la ley el 9-N. Así lo recogía Ara, uno de los periódicos más subvencionados del Régimen:

"No tinc por" és el crit de guerra de les 80.000 persones que s’han concentrat per donar suport a Mas, Ortega, Rigau.

Quienes hasta ahora hayan tomado la apuesta nacionalista a chirigota, que se vayan preparando. ¿O es que hay algo más miserable que vender a costa del dolor de las víctimas el maldito atentado que están preparando contra el Estado de Derecho?

La prensa de hoy da detalles irrefutables de que el nacionalismo está por encima de todo, también de la propia seguridad. La policía de Vilvoorde (Bélgica) trasladó hace 17 meses al número 2 de los Mozos de Escuadra, Daniel Casals, las sospechas sobre Abdelbaki Es Satty, el imán de Ripoll, cerebro de los yihadistas que atentaron en Barcelona y Cambrils. Ni la información belga sobre el imán ni la contestación fueron trasladadas por el mando de los Mozos al resto de fuerzas de seguridad del Estado.

Ya el 22 de agosto, una dura nota de prensa del Sindicato Unificado de Policía (SUP) y de la Asociación Unificada de Guardia Civiles (AUGC) denunciaba "la exclusión y aislamiento sufrido por ambos cuerpos durante la investigación y gestión del atentado" de las Ramblas. Lo más grave, impedir el acceso de los Tedax de la Guardia Civil a la casa de Alcanar tras la primera explosión. Aunque parezca absurdo impedir que trabajen los mayores especialistas de España en neutralizar, desactivar e intervenir en escenarios amenazados por artefactos explosivos, no lo es a la luz de los objetivos secesionistas. El maldito procés está por delante de cualquier otra cosa, incluso de la seguridad y la vida de los ciudadanos.

Al sectarismo se une la ineficacia. Hoy mismo hemos sabido que la juez encargada de instruir la explosión de la casa de Alcanar advirtió a los Mozos de que las bombonas de butano "podían estar preparadas para un atentado". Pero la respuesta de los Mozos fue lamentable: "Señoría, no exagere". Más allá de la torpeza, la actuación de la dirección de los Mozos impidiendo el acceso a los Tedax a pesar de una segunda y tercera explosión que hirieron a 6 mozos y 2 bomberos deja patente el error del responsable del Gobierno del Estado al no tomar el mando de los Mozos en cuanto Puigdemont purgó sus mandos con el objetivo de asegurar su fidelidad en el referéndum del 1-O. Seguramente lo hemos pagado caro ya ahora; pero, de no rectificar, lo pagaremos aún más caro después.

Para más inri, y ante la evidencia de los hechos, un reconocido Imán del catalanismo, el profesor de la UPF Ferran Requejo, acusa al Estado de estar tras el atentado para perjudicar el procés: "Si alguna cosa parece haber hecho el Estado español con la información que tenía a mano es ‘no hacer nada’, como ‘si se esperara un atentado’ en Cataluña con la vaga expectativa que el trabajo de los Mossos d’Esquadra –a causa de la falta de información– fracasara y, a partir de aquí , el proceso catalán quedara empantanado". El mundo al revés.

PS. En la manifestación del sábado, la rama de olivo de la paloma blanca de Picasso y el silencio más absoluto deberían bastar para mostrar el luto y la determinación de la civilización frente a la barbarie. Sobra todo lo demás.

Los 10 graves errores de los Mossos
Pablo Sebastián Republica 25 Agosto 2017

Cada día que pasa se refuerza la idea de que los Mossos de Escuadra han cometido graves errores en la prevención, investigación y desarrollo del ataque terrorista del comando yihadista de Ripoll a Barcelona y Cambrils. Lo que demuestra que está policía autonómica no está preparada para luchar contra el terrorismo y necesita la estrecha colaboración de las Fuerzas de Seguridad del Estado.

Y lo que deja en el aire la pregunta de qué hubiera pasado si esas Fuerzas del Estado hubieran participado desde la explosión de Alcanar en toda la investigación, detectando el miércoles 16 una trama terrorista (18 horas antes de la matanza de la Rambla), y si a la vez y una vez dada la voz de alarma se hubieran tomado medidas preventivas en Cataluña.

La última información procedente de Bélgica es de la mayor gravedad una vez que en 2016 la policía de ese país tomó contacto con los Mossos para pedirles información sobre el imán Abdelbaki es Satty, que resultó ser el jefe del comando y el inductor de la célula terrorista que preparaba en la casa de Alcanar varios atentados además del atropello criminal de la Rambla, y entre ellos la colocación de una bomba en la catedral de la Sagrada Familia de Barcelona.

Pues bien el agente de los Mossos que recibió la llamada de la policía de Bélgica y un correo electrónico con datos del imán y donde se decía ‘cuanta más información puedas compartir mejor’ y que se hiciera una investigación respondió diciendo que no tenían ningún dato especial de Abdelbaki, quien ya tenía antecedentes penales y había estado en la cárcel de Castellón por tráfico de drogas que era el sistema de financiación de los terroristas.

Si en vez de archivar el caso del imán los Mossos se hubieran molestado en investigarlo en Ripoll con la colaboración de las Fuerzas del Estado y tras el aviso de la policía de Bélgica es probable que hubieran cazado al comando entero mucho antes de unos atentados que no habrían tenido lugar.

Al error del caso belga se suman otros muy importantes de los Mossos a lo largo de la investigación, la caza del comando y las medidas preventivas. He aquí algunos de ellos:

1. Los Mossos desprecian y no investigan en 2016 la información que la policía de Bélgica le piden sobre el imán Abdelbaki de Ripoll -jefe y cerebro del comando de Ripoll que entre otras cosas tenía antecedentes penales y había merodeado por los barrios de Bruselas donde habitan los yihadistas radicales.

2. Meses antes de la explosión de la casa y guarida terrorista de Alcanar, los vecinos de la zona denunciaron la presencia de los extraños ocupas a los Mossos que no hicieron nada al respecto.

3. Cuando el 16 de agosto estalla la casa de Alcanar, la guarida y fábrica del comando terrorista los Mossos, a pesar de los indicios -100 bombonas de butano y otros artefactos sospechosos- reducen la explosión de la vivienda a ‘una explosión de gas’.

4. Todo ello a pesar de que la jueza que se persona en la casa de Alcanar ante la aparición de un cadáver (luego aparecerían otros dos más) advierte a los Mossos de la extraña acumulación de bombonas de butano.

5. Además los Mossos impiden la entrada en la casa de Alcanar a la Guardia Civil con la excusa de que se trata de una explosión de gas. Y en ningún caso descubren la presencia del explosivo llamado ‘la madre de Satán’ lo que probablemente sí habría descubierto la Guardia Civil nada más entrar en la vivienda arrasada y a la vista de las 100 bombonas de butano.

6. En la explosión resulta herido y detenido un habitante de la casa guarida de Alcanar (y miembro del comando) al que los Mossos no interrogan de manera inmediata, tardan en tomarle declaración ¡tres días!

7. Así mismo la CIA advirtió a los Mossos meses atrás de un posible ataque terrorista en las Ramblas de Barcelona.

8. El ministerio de Interior en una circular reservada informa a la Generalitat y al Ayuntamiento de Barcelona de los riesgos de atentados y les invita a que se pusieran bolardos y maceteros en zonas más turísticas para prevenir así ataques como los de Niza y Berlín y posteriormente el de Londres.

9. Durante el ataque terrorista de Cambrils los Mossos abatieron a cinco terroristas, los que no portaban armas de fuego y no intentaron detener a uno o varios de ellos con disparos no mortales, para conseguir más datos sobre el comando y otros posibles atentados o conexiones internacionales.

10. Más grave fue la caza y muerte del terrorista Younes, el conductor de la furgoneta de la matanza de la Rambla de Barcelona y sin duda pieza clave del comando, que estaba rodeado por los Mossos en un viñedo de los Altos de Subirats donde fue visto por una mujer de la zona que avisó con urgencia a los Mossos. Younes no tenía armas de fuego sino un falso cinturón de explosivos como el de los terroristas abatidos en Cambrils y pudo ser herido y capturado.

Insistimos en que los únicos responsables de los atentados son el comando terrorista y sus colaboradores. Pero está claro que los Mossos han cometido graves errores y no están preparados para combatir el terrorismo porque esa es la función, en España y cualquier nación europea, de las Fuerzas de la Seguridad del Estado en plena colaboración con servicios de información y policía internacional. Y eso no se arregla otorgando a los Mossos el acceso directo a Interpol como bien ha demostrado el caso del aviso belga que los Mossos despreciaron y no quisieron investigar.

Por supuesto la colaboración y coordinación policial estatal y regional es imprescindible pero, como se ha demostrado, ello es harto difícil con un gobierno como el de Puigdemont desleal que pretende romper la legalidad.

Sandra Golpe hace polvo la imagen de los Mossos con una columna demoledora
ESdiario 25 Agosto 2017

En plena polémica tras los atentados, la periodista ha alimentado el debate más polémico poniendo negro sobre blanco esa ristra de preguntas incorrectas que nadie quiere escribir.

Pasados los primeros momentos de conmoción cada vez son más los periodistas que se atreven a escribir eso que muchos piensan pero pocos ponen negro sobre blanco. La última en alimentar una polémica que no cesa ha sido la periodista Sandra Golpe.

En una dura columna para La Razón titulada Spain is different, la también presentadora de Antena 3 reconoce que "cuantos más datos trascienden más preguntas políticamente incorrectas me nacen. No puedo dejar de preguntarme por la inexistente comunicación entre los Mossos y la Guardia Civil. Probado queda que el Instituto Armado fue deliberadamente apartado de las investigaciones desde la primera explosión del chalet de Alcanar. Respecto a la numerosa célula terrorista asesina ¿cómo es posible que nadie la detectara?".

A Golpe no le cabe en la cabeza: "Los terroristas se han reunido, han conseguido armas y explosivos, incluso han viajado. Hablamos de grupos organizados, no de lobos solitarios".

Por eso se atreve a escribir esa ristra de preguntas que muchos ciudadanos españoles se están haciendo en estos momentos: "¿Por qué al Gobierno no le consta la denuncia de Bélgica sobre el peligro que suponía el imán de Ripoll, el ideólogo de los ataques? ¿Por qué un juez estimó en 2015 que el susodicho imán no constituía una "amenaza real" y evitó que le expulsaran a Marruecos? ¿Por qué el Ayuntamiento de Barcelona no instaló en Navidad los famosos bolardos que le aconsejó el Ministerio de Interior para proteger su calle más transitada? ¿Por qué a la familia de la víctima mortal zaragozana no se le ofreció alojamiento ni asistencia psicológica al minuto uno en Barcelona? ¿Por qué denuncian haberse sentido abandonados? ¿Qué significa continuar en el nivel 4 de "alerta reforzado"? ¿Por qué no lo han elevado al máximo? ¿Será que, a las puertas de la consulta ilegal catalana, no queremos el Ejército en la calle? ¿Tienen que comparecer los Mossos a diario ante la prensa? ¿Responde esa sobreexposición a motivos políticos, a que el Govern quiere mostrarse al mundo como un Estado capaz de gestionar una gran crisis? ¿En serio nadie se dio cue se nta del resentimiento de estos jóvenes asesinos? ¿Ha fracasado el modelo educativo y social para insertarles?".

En su opinión, "demasiado tenemos que replantearnos en esta España politizada, con 17 cartillas de vacunaciones, 17 modelos para mantener ascensores o 17 autonomías con sus agentes nacionales, regionales y locales. Las órdenes y las informaciones se desvirtúan, se difuminan en el camino. El problema de fondo se llama descentralización. Que te voy a contar que no sepas, Spain is different".
 


 


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