AGLI Recortes de Prensa   Sábado 26 Agosto 2017

No es Barcelona, no es España, es el mundo libre
OKDIARIO 26 Agosto 2017

Cuando aún no nos hemos recuperado de los atentados yihadistas de Barcelona y Cambrils, un terrorista somalí ha atacado con un machete a dos soldados en Bruselas al grito de “Alá es grande”. Pocos minutos después, otra persona ha intentado acuchillar a dos agentes cerca de Buckingham Palace, en Londres. Las principales potencias deben acabar con esta lacra sobre el terreno y seguir los pasos de Estados Unidos, Rusia y Reino Unido, que han incrementado sus efectivos para tratar de derrotar al enemigo global. Adaptando el famoso poema del sacerdote antinazi Martin Niemöller, hay que actuar antes de que no haya nadie que pueda parar esta espiral. No se trata de nosotros o de nuestros vecinos, ni siquiera de nuestros compatriotas, la amenaza del integrismo islámico recorre el mundo libre y trata de convertir el modus vivendi occidental en una constante pesadilla.

Desde Bélgica a Alemania, pasando por Reino Unido y Francia, este contexto de alarma constante en toda Europa no se padecía con tanta intensidad desde los albores de la Segunda Guerra Mundial. Un ambiente bélico que sólo se solucionará con acciones concretas. La retórica es un recurso inane con estos salvajes. No se puede negociar con acémilas que sólo entienden de muerte y destrucción, imposición y violencia terminal. Lamentablemente, la solución, al igual que el origen, es compleja. El problema se ha atajado tarde. Desde que los integrantes del Estado Islámico se dieran a conocer mundialmente tras emitir la decapitación del periodista americano James Foley en 2014, el monstruo no ha parado de crecer hasta ocupar más de 69.000 kilómetros cuadrados en Irak, Siria y algunos países de África, donde cuentan con prosélitos tan sanguinarios como los terroristas de Boko Haram.

Por otra parte, además del enfrentamiento físico, cuerpo a cuerpo, palmo a palmo, la actividad cibernética es un punto crucial en el desarrollo y la pervivencia del Estado Islámico. A pesar de que día a día pierden terreno en los territorios donde se ubican sus principales bastiones, las labores de propaganda y captación recorren Internet a la velocidad de la luz. El ejemplo está en el perfil de muchos terroristas europeos, jóvenes integrados en nuestra sociedad que, sin embargo, han sido abducidos a través de la Red. De ahí que, aunque cayera el llamado “Califato”, seguirían teniendo a miles de sicarios radicalizados y listos para atentar. Por ello, resulta muy interesante y conveniente que grandes plataformas como Google o Youtube se unan para dificultar al máximo las actividades del yihadismo cibernético. Hay que ser expeditivos en todos los frentes. Por desgracia, ganar esta guerra costará sangre, sudor y, seguramente, muchas más lágrimas. A este punto hemos llegado. Debemos actuar antes de que sea demasiado tarde.

El nombre del enemigo
Fernando Sánchez Dragó El Mundo 26 Agosto 2017

Los amigos de la revista El Manifiesto, Boletín No Oficial de la Incorrección Política, me piden que divulgue lo que a renglón casi seguido transcribiré. No lo haría si no suscribiera ce por be su contenido.
¿Obras son amores? En este caso son dolores.
Se trata, precisamente, de un manifiesto: el que, a mi juicio, y al de todos los que no hayan sufrido la lobotomía originada por el lavado de cerebro de la corrección política, debería ser leído en el transcurso de la manifestación islámofila de Barcelona.
Aquí va...

"El tirador de Fort Hood era un musulmán.
Los atacantes del U.S.S. Cole eran musulmanes.
Los atacantes del Nightclub de Bali eran musulmanes.
Los atacantes del metro de Londres eran musulmanes.
Los atacantes del Teatro de Moscú eran musulmanes.
Los atacantes de la maratón de Boston eran musulmanes.
Los atacantes del vuelo de Pan-Am eran musulmanes.
Los secuestradores del Air France - Entebbe eran musulmanes.
La toma de la embajada de EE. UU. en Irán fue obra de musulmanes.
Los atacantes de la Embajada de EE.UU. en Beirut eran musulmanes.
El ataque a la Embajada de EE. UU. en Jamahiriya fue hecho por los musulmanes.
Los atacantes suicidas en Buenos Aires eran musulmanes.
Los atacantes en las olimpíadas de Munich eran musulmanes.
Los atacantes a la Embajada de EE. UU. en Kenia eran musulmanes.
Los atacantes de las Khobar Towers saudíes eran musulmanes.
Los atacantes de las barracas de los Marines en Beirut eran musulmanes.
Los atacantes de los escolares rusos en Besian eran musulmanes.
Los atacantes del World Trade Center fueron musulmanes.
Los atacantes de Mumbai en India eran musulmanes.
Los atacantes a los trenes de cercanías de Madrid eran musulmanes.
Los secuestradores del barco Achille Lauro eran musulmanes.
Los secuestradores del avión, el 11 de septiembre de 2001, eran musulmanes.
Los asesinos del mercado kasher de París eran musulmanes.
Los asesinos en la revista Charlie Hebdo de París eran musulmanes.
El atacante del Stade de France en París era musulmán.
Los asesinos del teatro Bataclan en París eran musulmanes.
El asesino de la discoteca de Orlando era musulmán.
El asesino del camión de Niza era musulmán.
Los asesinos del aeropuerto de Bruselas eran musulmanes.
Todo ello sin contar los múltiples ataques realizados en Israel.

Parémonos a pensar
Budistas que viven con hindúes = No Problem.
Hindúes que viven con cristianos = No Problem.
Hindúes que viven con judíos = No Problem.
Cristianos que viven con sintoístas = No Problem.
Sintoístas que viven con confucianos = No Problem.
Confucianos que viven con bahá'ís = No Problem.
Bahá'ís que viven con judíos = No Problem.
Judíos que viven con ateos = No Problem.
Ateos que viven con los budistas = No Problem.
Budistas que viven con sijs = No Problem.
Sijs que viven con hindúes = No Problem.
Hindúes que viven con bahá'ís = No Problem.
Bahá'ís que viven con cristianos = No Problem.
Cristianos que viven con judíos = No Problem.
Judíos que viven con los budistas = No Problem.
Budistas que viven con sintoístas = No Problem.
Sintoístas que viven con ateos = No Problem.
Ateos que viven con confucianos = No Problem.
Confucianos que viven con hindúes = No Problem.

Sigamos pensando
Musulmanes que viven con hindúes = Problema.
Musulmanes que viven con budistas = Problema.
Musulmanes que viven con cristianos = Problema.
Musulmanes que viven con judíos = Problema.
Musulmanes que viven con sijs = Problema.
Musulmanes que viven con bahá'ís = Problema.
Musulmanes que viven con sintoístas = Problema.
Musulmanes que viven con ateos = Problema.

MUSULMANES QUE VIVEN CON MUSULMANES = GRAN PROBLEMA.

Primera deducción: EL PROBLEMA ES EL ISLAM

Los musulmanes:
No están contentos en Gaza.
No están contentos en Palestina.
No están contentos en Egipto.
No están contentos en Libia.
No están contentos en Marruecos.
No están contentos en Irán.
No están contentos en Irak.
No están contentos en Yemen.
No están contentos en Afganistán.
No están contentos en Pakistán.
No están contentos en Siria.
No están contentos en Líbano.
No están contentos en Nigeria.
No están contentos en Sudán.
No están contentos en Kenia.
Entonces, ¿dónde son felices?
Son felices en Australia.
Son felices en Inglaterra.
Son felices en Bélgica.
Son felices en Francia.
Son felices en Italia.
Son felices en España.
Son felices en Alemania.
Son felices en Suecia.
Son felices en los EE.UU.
Son felices en Canadá.
Son felices en Noruega.
Son felices en la India.
¡Son felices en casi todos los países que no son islámicos!


¿Y a quién culpan?
No al islam.
No a sus lideres.
No a sí mismos.
¡Culpan a los países en los que son felices!
Y quieren cambiarlos para que sean como los países de los que emigraron porque no estaban contentos.

¿Cuáles son sus principales organizaciones?
Yihad Islámica: UNA ORGANIZACIÓN de terrorismo islámico.
ISIS: UNA ORGANIZACIÓN de terrorismo islámico.
Al-Qaeda: UNA ORGANIZACIÓN de terrorismo islámico.
Talibán: UNA ORGANIZACIÓN de terrorismo islámico.
Hamas: UNA ORGANIZACIÓN de terrorismo islámico.
Hezbollah: UNA ORGANIZACIÓN de terrorismo islámico.
Boko Haram: UNA ORGANIZACIÓN terrorismo islámico.
Al-Nusra: UNA ORGANIZACIÓN de terrorismo islámico.
Abu Sayyaf: UNA ORGANIZACIÓN de terrorismo islámico.
Al-Badr: UNA ORGANIZACIÓN de terrorismo islámico.
Hermanos Musulmanes: UNA ORGANIZACIÓN de terrorismo islámico.
Lashkar-e-Taiba: UNA ORGANIZACIÓN de terrorismo islámico.
Frente de Liberación de Palestina: UNA ORGANIZACIÓN de terrorismo islámico.
Ansaru: UNA ORGANIZACIÓN de terrorismo islámico.
Jemaah Islamiyah: UNA ORGANIZACIÓN de terrorismo islámico.
Abdullah Azzam Brigadas: UNA ORGANIZACION de terrorismo islámico.
Nassr Al Din Al Khazzam Brigadas: UNA ORGANIZACIÓN de terrorismo islámico.
¡Pues eso! ¡A pensar!... ¿Como resolvemos este problema?... ¿Con educación? ¡La rechazan!...

Conclusión: tenemos un gran problema... y mañana cualquiera de nosotros puede ser una víctima, y cuando haya mucho porcentaje de musulmanes habrá persecuciones asesinas contra otras religiones, y tarde o temprano reventaremos como pasa en todo país invadido por los musulmanes. Y no ocurre porque sí, sino porque lo ordena el Corán".

Conflictos de memoria
FERNANDO PALMERO El Mundo 26 Agosto 2017

De las promesas incumplidas por Rajoy, una de las más graves, aunque pueda parecer menor, es la de derogar la Ley de Memoria Histórica. Todo gobernante que se quiera prudente (una de esas virtudes necesarias de las que hablaba Maquiavelo) ha de procurar que no se produzcan conflictos internos que debiliten la cohesión social y política del Estado. Dejar abierto un potencial foco de enfrentamiento, que no responde a intereses concretos y materiales sino a una sentimentalización proyectada hacia el pasado, además de innecesario es suicida. Por qué el Gobierno del PP, que dispuso de mayoría absoluta para enterrar la norma guerracivilista de Zapatero, decidió mantenerla es otra de las incógnitas del comportamiento de un presidente que se muestra hermético e inflexible en su decisiones.

Lo ocurrido recientemente en Charlottesville demuestra que para muchos, cualquier excusa es buena para dar rienda suelta, en nombre de la Historia, a la pulsión de muerte que anida en cada uno de nosotros y que se potencia de manera irrefrenable cuando el individuo queda subsumido en la multitud. A los supremacistas blancos les bastó la posible retirada de un estatua dedicada al general Robert E. Lee, comandante general de los ejércitos confederados durante la Guerra de Secesión, para buscar un enfrentamiento público. La guerra civil estadounidense tuvo lugar entre 1861 y 1865, es decir, hace más de 150 años. Y sin embargo, aún hay quienes están dispuestos a matar y morir por ella. De forma tan irracional como podría ocurrir aquí. Entre nosotros pervive la mitología de nacionales y republicanos. O de rojos y azules. Y la convicción de muchos de haber heredado una misión ideológica que les compromete con los protagonistas de nuestra Guerra Civil.

Le ocurre también a los nacionalistas. Creen, y lo peor es que ni siquiera lo dudan, que forman parte de la Historia, así, con mayúsculas, y que, subidos en el tren del progreso, están llamados a culminar un proyecto nacional como hubo quienes quisieron (y aún hoy quieren) implantar un reino celestial en la tierra. O materializar lo que otros llaman la voluntad del pueblo.

Es cierto que al hombre se le hace difícil vivir sin épica y que en la religión o la política hay identidades fáciles con las que consolarnos. Evitar convertirlas en asesinas es tarea nuestra, sí, pero también del Estado.

Cataluña, paraíso okupa
EDITORIAL LD 26 Agosto 2017

No se puede permitir que los okupas sigan campando a sus anchas para desgracia de los indefensos propietarios y júbilo de los desalmados islamistas

La okupación de viviendas se ha disparado en los últimos años, pero no como consecuencia de la crisis económica, sino de la aberrante connivencia de los políticos, siempre dispuestos a alimentar la demagogia en lugar de proteger un derecho básico como es la propiedad privada, sobre cuyas bases se asienta la civilización y la libertad del hombre. Este fenómeno se ha generalizado, con mayor o menor intensidad, por todo el territorio nacional, pero si hay una región donde la okupación campa a sus anchas es Cataluña y, más concretamente, Barcelona.

La actual alcaldesa de la Ciudad Condal, Ada Colau, fue en su día la máxima representante de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), que, entre otra cosas, defendía -y aún defiende- abiertamente la okupación de inmuebles ajenos. No es de extrañar, por tanto, que Barcelona y sus aledaños se hayan convertido en un auténtico paraíso para los okupas, con todos los problemas económicos, jurídicos y sociales que ello provoca.

La usurpación es un delito contemplado en el Código Penal, pero el complejo y tortuoso procedimiento judicial que impera en España para echar a okupas y morosos con el fin de que el propietario recupere lo que es suyo puede alargar el proceso de desahucio durante varios años, generando así un grave quebranto a los legítimos dueños. Si a ello se suma, además, la tolerancia e incluso la vergonzosa protección explícita que han ofrecido ciertos gobiernos regionales y locales a estos delincuentes, la recuperación del inmueble acaba convirtiéndose en una auténtica pesadilla. La escandalosa impunidad que impera en esta materia se está traduciendo en un aumento vertiginoso de este tipo de delitos, cuyos protagonistas no son familias necesitadas, ni mucho menos, sino una combinación de caraduras, sinvergüenzas y criminales que, por desgracia, acaban degradando la seguridad y la convivencia del barrio para desgracia del resto de vecinos. Y todo ello con la bochornosa complicidad de las autoridades públicas que, en teoría, cobran impuestos para evitar estos y otros atropellos que sufre la gente decente.

Sin embargo, más allá de los habituales daños que sufren los propietarios, la extensión del fenómeno okupa constituye ya un importante problema de seguridad, tal y como demuestran los trágicos atentados de Barcelona y Cambrils. La casa de Alcanar que servía de base a los yihadistas de Ripoll llevaba okupada desde hace meses para preparar las bombas que, afortunadamente, acabaron explotando el día antes de los ataques. A pesar de que algunos vecinos se quejaron de esta situación, el hecho de que la vivienda perteneciera a un banco provocó que las autoridades hicieran la vista gorda, con lo que los terroristas pudieron desarrollar sin ningún tipo de molestia ni impedimento sus macabros planes asesinos. Además, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado sospechan que los yihadistas están utilizando otros muchos inmuebles okupados para ocultar su identidad y actividades en Cataluña, con el evidente riesgo que ello supone.

La impunidad de los okupas debe acabar de inmediato. Y puesto que la solución no va a partir en ningún caso de los gobiernos de extrema izquierda, siendo estos grandes defensores de la okupación, es el Gobierno del PP el que, en última instancia, debe impulsar una reforma legislativa para acelerar los procedimientos de desahucio y, de este modo, desalojar ipso facto a todos aquellos que se atrevan a entrar en una propiedad ajena, tal y como sucede en otros muchos países civilizados. En este sentido, debería bastar con que el propietario denuncie la usurpación a la Policía para que, previa comprobación del correspondiente título de propiedad (vía documento notarial o registral), proceda al desalojo automático, si bien el caso podría ser recurrido posteriormente ante los tribunales. Lo que no se puede permitir de ninguna manera es que los okupas sigan campando a sus anchas para desgracia de los indefensos propietarios y júbilo de los desalmados islamistas.

Un drama humanitario, una bomba de relojería
El rugido del león El Espanol 26 Agosto 2017

Por término medio, dos menores marroquíes llegan a España cada día cruzando el Estrecho de forma irregular. Y es un fenómeno que va a más. No por casualidad, 2017 se cerrará con un nuevo récord, tal y como hoy avanzamos en EL ESPAÑOL.

Esa inmigración es particularmente dolorosa. En primer lugar, por el drama social que supone. Hablamos de personas particularmente vulnerables. Sin embargo, los expertos subrayan que España no ha hecho los deberes para afrontar el reto que esta situación plantea.
Normativa anticuada y falta de centros

No hay centros preparados para atender a los menores que llegan del Magreb y la normativa con la que se aborda su situación tiene más de 30 años, una época en la que no existía el fenómeno migratorio. Además, como las competencias están transferidas a las comunidades autónomas, no existe coordinación ni seguimiento de los chavales. Al contrario, lo habitual es que cada Administración autonómica trate de trasladarle el problema a la vecina, dando lugar a situaciones vergonzosas.

Pero no sólo estamos ante un drama humanitario, sino ante una bomba de relojería que puede estallarle al continente en las manos. De hecho, puede haber comenzado a hacerlo ya. La mayoría de estos jóvenes procede de zonas deprimidas de Marruecos, su edad y falta de formación les convierte en presa fácil de las mafias, y también de la radicalización.
Alarma tras los últimos atentados

La juventud de algunos de los terroristas que han actuado en Barcelona y Cambrils ha hecho saltar las alarmas y obliga a actuar con mayor rigor a la hora de atajar el problema. Hay quien propone la creación de una Agencia Europea de Protección a la Infancia, de la misma forma que se acomete de manera conjunta la vigilancia marítima.

Lo que está claro es que queda mucho por hacer y que el Estado tiene que ponerse manos a la obra y cuanto antes mejor. No hay excusas. Si no lo hace por solidaridad, tendrá que hacerlo por puro egoísmo.


******************* Sección "bilingüe" ***********************
Fin de la payasada
Hermann Tertsch ABC 26 Agosto 2017

MARCEL Haenen es un periodista holandés bregado en mil frentes que trabaja para el reputado periódico «NRC Handesblad». Como buen políglota sabe lo prácticas que son las lenguas para crear puentes. Lo que no sabía Marcel Haenen y lo tuvo que aprender aquí en España, ya casi sesentón, cuando llegó el otro día a cubrir la información del atentado de Barcelona, es que las lenguas también sirven para no entenderse. Para agredirse. Atrincherarse. Y para hacer el payaso.

Llegamos a tener a dos políticos andaluces hablando en el Senado con traducción simultánea. Porque uno hablaba la lengua común a ambos y otro una lengua que ambos desconocían y él chapurreaba lastimosamente. Veo a gente que hace vida en un vascuence de 250 vocablos en el que viven encerrados de forma primaria y lamentable, como decía un jesuita vasco euskaldunzaharra, vascoparlante nativo y culto. Algún día se condenará esta mutilación a niños a los que se arrebata una patria colosal y se adoctrina en la mezquindad del resentimiento de lo menor. Estas payasadas regresivas las pagamos caras. En dinero y en una corrupción social y moral que produce sin cesar órganos y administraciones dedicadas a fabricar mentiras y mitos, a desarrollarlas, gestionarlas y vigilarlas. Lingüísticas, políticas e históricas. Con un denominador común: la hostilidad absoluta a España y a una verdad histórica que desmontaría todos sus negocios. España es la enemiga porque es la única idea de libertad real y legalidad que queda tras 35 años de degradación y disgregación tribal en la mentira y la arbitrariedad.

Y todo el absurdo lo pagamos sin rechistar. Eso a un europeo normal hay que explicárselo. Y disculparle si no lo entiende. Haenen fue enviado a España porque habla español, una lengua que cada vez hablan más cientos de millones. Imaginen lo que harían los holandeses con una lengua así. O los alemanes. Volcarían todo su orgullo y su proyección exterior hacia los países que compartieran la lengua y a su vocación de liderazgo histórico de la gran comunidad que comparte un tesoro así. Aquí, como dice el filósofo argentino Alberto Buela, renunciamos al liderazgo del gran milagro de la Hispanidad y somos tan cobardes que dejamos se persiga esta lengua en su tierra de origen. A Haenen le ofendió tanto ese desprecio al español que se negó a compartir la humillación a la que se someten los españoles a diario en su patria. En aras de una ideología que impone de forma implacable y totalitaria la supremacía artificial de lenguas menores. Haenen preguntó: ¿Por qué no hablar el idioma que todos entiendan? Pues mire, porque se desmontaría una inmensa mentira en la que se han instalado millones desde hace 35 años.

Las máquinas de mentir y coaccionar: partidos y sindicatos, empresarios y sociedades, parlamentos regionales, universidades de titulaciones inútil. España, un país roto gobernado por débiles cuya supervivencia depende de respetar las mentiras de todos. Pero se adivina el fin del ciclo delirante. La disgregación ya pone en peligro nuestras vidas y las de nuestros hijos. Ya no es lo que perjudica al desarrollo, al bienestar, a la calidad y la racionalidad. Afecta directamente a nuestra seguridad física. A nuestra supervivencia. El atentado de Barcelona lo ha demostrado. El separatismo ha sido determinante para que hubiera muertes. Y los separatistas han demostrado que ponen en peligro las vidas de los españoles por negar la mínima lealtad al Estado y la Nación. Eso cuando comienza una guerra contra el islamismo radical que sacudirá Europa las próximas décadas. Hemos llegado al final del camino con las payasadas. Ya es cuestión de vida o muerte.

El holandés errante
Ignacio Camacho ABC 26 Agosto 2017

Decía el llorado Miguel Ángel Bastenier, maestro del periodismo de precisión, que nunca nadie ha convocado una rueda de prensa con la intención de dar una noticia, aunque eventualmente pueda escaparse alguna. Ese tipo de convocatorias, que a menudo ni siquiera admiten preguntas o se limitan a la lectura de un comunicado por plasma, sirven para emitir consignas y declaraciones y utilizar a los medios como herramienta -gratuita- de propaganda, mientras que las historias periodísticamente más útiles son aquellas que sus protagonistas no desean ver publicadas. En los últimos tiempos, ante la uniformidad ramplona de los dirigentes políticos, las únicas comparecencias públicas con algo de interés ocurren cuando algún periodista se sale del carril ovejuno y plantea, normalmente sin respuesta, cuestiones incómodas, comprometidas o inesperadas.

Al reportero holandés Marcel Haenen, políglota en seis idiomas, lo envió su periódico a Barcelona porque sus jefes pensaban, con ingenua lógica luterana, que su conocimiento del castellano lo convertía en la persona adecuada. Vamos a mandar, dijeron, a un tío que hable español a España. El bueno de Marcel se ha hecho famoso por levantarse de una rueda de prensa en la que dos consejeros de la Generalitat y el director de los Mossos d`Esquadra no utilizaban otra lengua que la catalana. Estaba aquello lleno de prensa internacional y tanto informadores locales como autoridades preguntaban y respondían en el idioma que menos asistentes dominaban. Haenen es neerlandés pero no marciano; sabiendo que los catalanohablantes se pueden expresar en perfecto castellano, consideró una descortesía y una pérdida de tiempo que no lo hicieran por una mera motivación identitaria.

No ha sido el único incidente lingüístico de estos días aciagos; la noche del atentado la CNN interrumpió una conexión con Barcelona, donde hablaban Puigdemont y Colau, porque no disponía de traducción simultánea. En su afán de sacar músculo ante la opinión pública mundial, los soberanistas han olvidado la necesidad de hacerse entender en una lengua franca. El inglés lo manejan con dificultad; el español, la koiné de uso común en el territorio, es para ellos materia nefanda y el latín, además de estar en desuso, sólo lo chamulla Junqueras por mor de su educación vaticana. El mensaje a trasladar era el de «Catalonia it not Spain», pero resultaba brusco formularlo explícitamente en tan dramáticas circunstancias. De modo que se aferraron al catalán, cuya legítima cooficialidad resalta el hecho diferencial pero ofrece a efectos globales evidentes desventajas prácticas.

Claro que a los nacionalistas les da igual porque lo que les importa no es que se entiendan sus explicaciones sino que se perciba su identidad singularizada. Aunque lo que haya concluido la mayoría de los extranjeros, como Haenen, sea que España es una nación decididamente muy rara.

Y Mariano no se fue a la guerra
Rafael Bardají Gaceta.es 26 Agosto 2017

Cuando los Estados Unidos fueron atacados el 11S, su presidente dijo que estaban en guerra contra el terrorismo; cuando Francia sufrió el ataque de la sala Bataclan, en noviembre de 2015, el presidente Hollande calificó la tragedia de “acto de guerra” y al Estado Islámico de “ejército terrorista”, para concluir que Francia también estaba en guerra. España, tal y como inteligentmente ya nos decía el Gral. Francisco Franco, “is different” y a pesar de haber sufrido dos atentados sangrientos y dramáticos a manos de islamistas, a nuestro presidente de Gobierno, D. Mariano Rajoy, sólo se le ocurre decir en una fría y anodina declaración institucional, que “el terrorismo es hoy la principal amenaza en Europa”. Pero está claro que Mariano Rajoy no cree en lo que dice: lejos de poner en prácticas las medidas necesarias para capturar a los terroristas huídos y protegernos más eficazmente de otros futuros atentados, se retiró grácil y calladamente a su retiro vacacional. ¿Recuerdan aquello, con motivo de su asistencia al desfile de la fiesta nacional, de “vaya coñazo”? Pues más que amenaza, la actitud del presidente español es que el jihadismo, para él, es otro coñazo más.

Desidia también por parte del señor ministro de interior quien, ufano, resolvió dar por concluido el operativo antiterrorista a pesar de que el asesino de la furgoneta vagaba libre por Barcelona. Posiblemente creyó a quien le susurró que deberían andar ya por suelo galo y eso, ya, era problema francés. Porque para lo que le viene bien el gobierno sí cree en las fronteras. De hecho, por lo que ya se sabía sobre los fallos de la actuación de los Mossos, hubiera sido mucho más responsable que los cuerpos de seguridad del Estado se hubiesen puesto a la cabeza de la investigación. Pero no, el gobierno de la nación eligió regresar a sus vacaciones. De hecho, ni se dignó en elevar el nivel de alerta. Total para qué, si el atentado ya se había cometido e iba a ser un lío político de los que huye nuestro impasible presidente.

Tras años de obsesión con las armas y explosivos, descuidamos al terrorista. Por mucho que nos digan, resignados, nuestros dirigentes políticos que el terrorismo es algo consustancial con nuestras vidas, algo así como rayos y terremotos, la verdad es bien distinta: el terrorismo sí puede ser combatido de manera eficaz. Eso sí, hay que adoptar las medidas adecuadas para ello. Por ejemplo, aunque no todos los musulmanes están llamados a convertirse en jihadistas, sin comunidades musulmanas que den apoyo, aliento, soporte, a los terroristas, éstos no podrían prosperar. Es urgente e imprescindible, por tanto, una reforma radical de nuestra política de inmigración. Hay que conocer bien quién viene para que su presencia entre nosotros sea positiva y enriquecedora. En segundo lugar, hay que revisar de arriba abajo nuestras políticas de acogidas a emigrantes y refugiados. Cada vez son más los terroristas islámicos que se han alimentado de las ayudas sociales y quien han gozado de privilegios que no están al alcance del español medio. No sólo es insultante y terriblemente injusto, sino que es una llamada a que vengan más y más islamistas a aprovecharse de nosotros antes de matarnos. Tercero, las políticas de des-radicalización que otros países han llevado adelante, se han mostrado todas y por igual un absoluto fracaso. No hay que obsesionarse en reconvertirles, hay que obsesionarse con disuadirles y eliminarles. Cuarto, hay que ser serios en materia de expulsiones.No es de recibo que el imam de Ripoll permaneciera en nuestro suelo porque un juez paralizó la orden de expulsión. Yo exigiría responsabilidades al menos civiles a dicho juez. Y de hecho, si fuera él, estaría muy preocupado. Las familias de las víctimas norteamericanas están bien asesoradas en este tipo de casos judiciales y no sería de extrañar que las acciones contra él empezaran pronto en los Estados Unidos.

Yo me revuelvo al escuchar de responsables y dirigentes que poco se puede hacer contra este tipo de terrorismo. Porque no es verdad. Hay un vínculo claro entre emigración musulmana y el fenómeno jihadista y en este terreno no se está haciendo nada, más que consentir las existencia de ghettos cada vez más numerosos donde la ley que impera es la sharía y en donde la policía apenas pone el pie. Y a eso se llama dejación de responsabilidades.

Igualmente, el control de los imanes en España está, en la práctica, externalizado a Marruecos. Y no funciona. La monitorización de las mezquitas, de lo que se predica y tambièn de sus fieles es una necesidad. Los llamados buenos musulmanes deberían ser los más interesados en que se segase la mala hierba en su comunidad. Sorprendentemente es algo que ellos tampoco logran hacer, más que probablemente porque no quieren. En ausencia de ese autocontrol, son los cuerpos del estado quienes tendrían que hacerlo. Y no se trata de racismo, sino de incrementar la atención sobre una cultura religiosa que justifica y alaba la guerra santa y la muerte de los infieles. De hecho, el rechazo a la violencia entre musulmanes en España es muy bajo y más del 20% de ellos aplaude los ataques jihadistas. Cegarse a esta realidad equivale a una rendición anticipada.

Porque hay que entender bien que hay una jihad llevada a cabo por terroristas islámicos, la que todo el mundo puede reconocer, pero también hay otra jihad, más silenciosa, cultural y social, cuyo objetivo es doble: ir ocupando espacios a modo de conquista social y, en segundo lugar, ir acallando a cualquiera que les critique. Cerrar espacios de libertad con su presencia e intimidación. Eso es el islam moderado en Europa.

Pero claro, reconocer que se han equivocado y que el Islam no es una religión de paz sino de sumisión, que los refugiados en su mayoría no son unos necesitados, sino unos aprovechados, que la política de puertas abiertas a culturas muy distintas a la nuestra es suicida, exigiría un valor que ya ni se les supone a nuestros dirigentes post-heroicos. Me asombra que un buen coronel que va por las televisiones como el experto en jihadismo afirme que no se pueden sacar a los militares a la calles, como en Reino Unido y Francia, porque eso supondría un gran desgaste para las Fuerzas Armadas. ¿Para qué las queremos entonces? Le sugeriría que releyera la gran frase del almirante español Blas de Lezo y Olavarrieta: “Una nación no se pierde porque unos las ataquen, sino porque quienes la aman no la defienden”.

Soberanismo policial frente a terrorismo global

Con el terrorismo actuando de forma transfonteriza y transnacional, lo que menos necesitamos son experimentos políticos de desconexión o de autosuficiencia
Ignacio Varela El Confidencial 26 Agosto 2017

“No exagere, señoría”. Esta fue la displicente respuesta de un agente de los Mossos a la jueza de instrucción de Amposta que instó a profundizar en la investigación de la explosión de Alcanar, ante los indicios de que allí se había estado preparando un atentado apocalíptico.

Me pregunto si el policía respondería con la misma majeza a un señor magistrado del Tribunal Superior de Cataluña, por ejemplo. O si un oficial de la Guardia Civil con décadas de servicio prestaría más atención al requerimiento de la jueza, aunque solo sea porque esos funcionarios veteranos desarrollan un instinto de autoprotección burocrática que los induce a cubrirse las espaldas, un saludable 'just in case' aprendido en muchas horas de vuelo.

Hasta aquí el episodio, pero vamos a la categoría. La categoría es que el soberanismo policial es a la lucha antiterrorista como el colesterol a las arterias: puro veneno. Cualquiera que sea la estructura del Estado, la dispersión de la actuación policial no es buena medicina frente al terrorismo yihadista. Compartimentar esa lucha es una forma segura de empezar a perderla.

Digámoslo de una vez: tras un atentado de estas características, no existe un Estado en el mundo que entregue el mando de las operaciones a una policía regional.

Toda la comunidad internacional, política, judicial y policial coincide unánimemente en dos ideas: primera, que la guerra contra el terrorismo yihadista solo puede ganarse desde los servicios de información, internacionalmente conectados. Las ancestrales reservas de los Estados a compartir sus recursos de inteligencia nos están debilitando fatalmente ante el enemigo. Segundo, que la cooperación de los servicios de información debe ir acompañada de mandos operativos crecientemente integrados. Ayer mismo, el presidente del Parlamento Europeo declaraba en Onda Cero que Europa estará en desventaja mientras no sea capaz de crear una réplica del FBI, con todas sus consecuencias (incluidas las cesiones drásticas de soberanía policial).

En EEUU, las policías de los Estados federados tienen competencias amplísimas en la lucha contra el crimen. Pero basta que aparezca la palabra “terrorismo” para que el debate sobre quién dirige ni siquiera se plantee. Nadie imagina a la policía de Nueva York reclamando para sí el mando operativo tras el 11-S.

En España, la lucha contra ETA avanzó decisivamente cuando se eliminaron los espacios estancos entre Policía Nacional, Guardia Civil y CNI, que por celos competenciales se cortociuitaban constantemente y se ocultaban información; y también cuando Francia autorizó la participación de policías españoles junto a sus gendarmes en las operaciones anti-ETA en territorio francés.

Si el terrorismo de nuestros días es transfronterizo y transnacional, la respuesta tiene que serlo también. Lo que menos se necesita en este campo son experimentos políticos de desconexión o de autosuficiencia; eso es caminar en la dirección contraria a la que exige la naturaleza global del desafío al que nos enfrentamos.

Bienvenidos sean los Mossos d’Esquadra a la lucha antiterrorista. Su contribución es imprescindible, como lo fue en su día la de la Ertzaintza en el País Vasco. No solo por su superior conocimiento del terreno, sino porque son la única fuerza policial desplegada físicamente en todo el territorio, llegando hasta el último rincón de Cataluña.

Pero no puede ignorarse que los Mossos son un cuerpo reciente como policía integral y, en este terreno, inexperto. Este ha sido su debut, ya que el último atentado masivo en Cataluña, el de Hipercor, sucedió hace 30 años. Su caudal de información sobre las redes del terrorismo internacional es precario y, además, está sometido desde la política al peor estrés que puede sufrir un cuerpo jerarquizado, que es definir sus lealtades ante la inminente ruptura institucional en su propio país. Se admita o no, eso resta mucha atención, muchas energías y mucha cohesión.

Aun en el supuesto de que el 'procés' lograra avanzar hacia alguna forma de independencia, la policía catalana tardará mucho en alcanzar el bagaje y la 'expertise' antiterrorista de la Guardia Civil española, Scotland Yard o la Gendarmerie francesa. Por no hablar de nuestro CNI o de los legendarios MI5 y MI6. Así pues, aunque llegaran a ser políticamente independientes, seguirían siendo operativamente dependientes para proteger eficazmente a sus ciudadanos. Lo demás pertenece al mundo de la fantasía.

Comprendo la complejidad y las aristas de la situación que se vivió el 17 de agosto y en los días siguientes. La Generalitat quería poner a prueba ante el mundo sus “estructuras de Estado”, la más importante de las cuales es la Policía. Y Rajoy quiso evitar el espectáculo de un choque entre gobiernos y cuerpos policiales con los cadáveres aún en la calle y la incertidumbre dramática de si vendrían más ataques. Pero el escenario resultante, en mi opinión, fue una grave y disfuncional anomalía que no debe repetirse en el futuro. El principal responsable de ello es el Gobierno de España.

Por otra parte, cuesta entender que, tras la difusión mundial de un video del Daesh llamando a todos los yihadistas del mundo a atentar contra España, no se haya dado el paso de elevar al máximo el nivel de alerta antiterrorista. Supongo que tendrán sus razones; quizá una de ellas sea que la entrada en el nivel 5 supone sacar al ejército a la calle, y a nadie se le escapa lo que eso significaría en Cataluña en vísperas de su bacanal secesionista.

(Por decirlo todo, tampoco sé qué pintan los sindicatos de la Policía Nacional y la Guardia Civil, organizaciones gremiales ocupadas de los derechos laborales de sus miembros, encizañando sobre los evidentes desajustes policiales de estos días. Francamente, no creo que sea su papel ni el momento).

La buena noticia es que la Audiencia Nacional ha convocado a los responsables de los servicios de información de todos los cuerpos policiales implicados –Policía Nacional, Guardia Civil y Mossos d’Esquadra– y han acordado que, a partir de ahora, quien centralizará toda la investigación sobre los atentados de Cataluña será el Centro de Inteligencia Contra el Terrorismo y el Crimen Organizado, que depende del Ministerio de Interior y que se creó precisamente para eso.

Por ahí se debía haber empezado, de hecho, debería ser algo automático. De haberlo hecho, quizá un policía poco reflexivo no habría respondido a las muy juiciosas dudas de la jueza de Amposta eso de “No exagere, señoría”, que es otra forma de expresar el castizo “señora, no incordie”.

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