AGLI Recortes de Prensa   Domingo 27 Agosto 2017

Entre Barcelona y París, algo más que los Pirineos
Luis I. Gómez Fernández latribunadelpaisvasco 27 Agosto 2017

Dos fotografías, dos formas de entender y enfrentar el mismo problema.

No me cabe la menor duda: ayer miles de personas acudieron a la manifestación de Barcelona para mostrar su respeto con las víctimas de los atentados de las Ramblas y Cambrils. Miles de personas acudieron con la intención de mostrar su rechazo al terrorismo, venga éste de donde venga. Miles de personas acudieron apenas armadas con sus corazones y su voluntad sincera de paz y seguridad. Pero ellos no han sido los protagonistas.

Las víctimas tampoco
En París, tras los atentados a la sede de Charlie Hebdo y el Hyper Cacher en enero de 2015 se rindió homenaje explícito a las víctimas y se lanzó un mensaje inequívoco y contundente: “tal vez no os derrotemos mañana, pero estamos juntos para conseguirlo”. A los líderes políticos de TODA Francia se unieron decenas de líderes de otros países con el deseo de mostrar su apoyo en la lucha antiterrorista, unidad ante la amenaza real que supone el islamismo radical. No había banderas, porque las víctimas tienen nombres y apellidos, no colores. En las pocas pancartas se podían leer frases como “Soy Charlie”, “Soy judío” o “Soy policía”.

En Barcelona todo ha sido diferente. Los reproches a la llamada islamofobia por delante del reconocimiento y homenaje a las víctimas. Los representantes políticos nacionales y locales SOLOS al frente de la manifestación, abandonados a la jauría de oportunistas -verdaderos parásitos del horror- que se apresuraron a copar los primeros puestos de la marcha con el fin de mostrar sus banderas y su sectarismo. Muchas banderas, y casi ninguna que representase a las víctimas.

No, la manifestación de esos miserables no era de homenaje a las víctimas, era de autohomenaje a su propia distopía. Decía Hayek aquello de:
“El principio de que el fin justifica los medios se considera en la ética individualista como la negación de toda moral social. En la ética colectivista se convierte necesariamente en la norma suprema; no hay, literalmente, nada que el colectivista consecuente no tenga que estar dispuesto a hacer si sirve «al bien del conjunto», porque el «bien del conjunto» es el único criterio, para él, de lo que debe hacerse”.

Efectivamente: ellos están dispuestos incluso a negarle protagonismo a los verdaderos protagonistas de la manifestación de ayer: las victimas y una sociedad dispuesta a enfrentar la amenaza terrorista.

Me temo que para muchos de esos indeseables, precisamente porque los muertos no importan, su fin les obliga a justificar a los verdugos. No porque realmente entiendan los motivos de los asesinos, sino porque es “útil” inventárselos para arrojarlos en el rostro del “enemigo”. El enemigo de mi enemigo es mi amigo. Esta mezquina forma de desvirtuar la realidad ocupó ayer un inmerecido espacio en la manifestación de Barcelona.

No, afirmar que los terroristas matan en nombre de Alá y su comprensión medieval de la vida NO es islamofobia.

Ayer, los nacionalistas catalanes perdieron una gran oportunidad de mostrarse solidarios con los que sufren, de mostrarse capaces de dirigir un gobierno (no digo ya una nación) de todos y para todos. Ayer se mostraron como lo que realmente son: colectivistas incapaces de usar las neuronas, cegados por sus filias y sus fobias, dispuestos a CUALQUIER mezquindad únicamente con el fin de lograr sus objetivos.

Era tán fácil estar con las victimas!:

Los hijos de las Tomasas
Marta González Isidoro latribunadelpaisvasco 27 Agosto 2017

A las 16:30 horas del 17 de agosto, una furgoneta alquilada arrollaba a gran velocidad a numerosas personas que en ese momento disfrutaban del paseo, las compras y el ocio en Las Ramblas, una de las Avenidas más emblemáticas de la ciudad condal de Barcelona y arteria que la conecta con la mayoría de los monumentos frecuentados por turistas de todo el mundo. No había que ser un especialista en Seguridad para darse cuenta que el atropello, que en aquella primera etapa causaba ya la muerte a 13 personas y heridas a más de un centenar procedentes de 34 nacionalidades, no era fruto de la casualidad, de un accidente fortuito o de la enajenación mental transitoria de un conductor sumido en un profundo desasosiego personal. Muy pronto se confirmaba lo evidente: España, como otras capitales europeas, estaba siendo blanco de un atentado terrorista de carácter islamista cuyas consecuencias, a tenor de las investigaciones que aún una semana después del suceso todavía continúan, habría tenido unas dimensiones inimaginables de no haberse frustrado los planes originales de los terroristas, al explosionarles por fortuna la noche anterior los materiales con los que trataban de fabricar lo que se conoce como madre de Satán para ensamblarlo en 15 bombas, junto con 150 bombonas de butano y metralla para aumentar el daño.

A nadie le ha cogido por sorpresa el nuevo atentado simultáneo de Barcelona y Cambrils. Hace tiempo que las sociedades europeas somos vulnerables. Las zonas de ocio representan la libertad y el modo de vida que detestan los que sueñan con redimirnos de nuestros pecados y sacarnos de la oscuridad en la que creen estamos sumidos por medio de su particular Paraíso de luz. Pero es que, además, los yihadistas y los seguidores del delirio tafkirí saben cómo trabaja la policía y sus tiempos de respuesta, y la rapidez con la que nos volcamos en enviar mensajes de paz y amor, en erigir altares de flores, peluches y velitas, en distorsionar la realidad de un islam del que no queremos reconocer que tiene un grave problema intrínseco de convivencia con el resto de los mortales, y en abrazar terroristas. Hacer el amor y no la guerra podía resultarle muy divertido, incluso transgresor, a la juventud hippy de los setenta, cuya única aspiración era vivir su particular concepto de libertad y felicidad bajo los acordes de una guitarra a la luz de una hoguera en la playa y fumando marihuana. El problema es que los costes de tanto amor y humo enrarecido son altísimos, y sus retoños nacieron viciados de una desmemoria que condiciona nuestro presente y amenaza nuestro futuro, con un odio incomprensible y flotando en una identidad perdida entre el complejo y el vacío moral. Los padres de la Tomasa, esa conversa yihadista madre del lunático Abdullah Ahara Pérez, alias El Qurtubi, que en nombre del Daesh se ha atrevido a amenazar a los españoles cristianos y a recuperar la tierra de Al Andalus, deben estar haciéndose de cruces pensando en qué momento su hija, como tantos miles de jóvenes de pensamiento dogmático y a los que jamás les ha faltado de nada, muchos de ellos conversos al islam, perdió definitivamente el norte.

El atentado en Barcelona, utilizado vilmente por el gobierno autonómico y municipal catalán para hacer apología del independentismo, pone de manifiesto el siniestro vínculo entre el oportunismo, la izquierda radical, el terrorismo y el islam, pero sobre todo, el terrible foso moral en el que hemos caído como sociedad. A la tristeza que produce ver cómo nuestro país se descompone a velocidad de vértigo sin poder hacer nada para evitarlo, se une comprobar cómo uno de los Estados más antiguos de Europa, si no del mundo, con una larga trayectoria de influencia política, militar, comercial y cultural durante siglos, se desintegra territorial y moralmente ante la desidia de una casta de políticos, sindicalistas, educadores, formadores de opinión y vividores de diferente pelaje y condición que llevan casi cuarenta años pensando en las siguientes elecciones más que en las siguientes generaciones.

Nuestra historia, forjada en el orgullo, la templanza, el coraje, la afabilidad y también el respeto, se falsea hasta extremos delirantes por inventadas nacionalidades con pretensiones soberanas, y se reduce a una guerra de banderas inventadas y batallas nunca ganadas. El desconcierto y el estupor es mayor al ver que la generación que heredó de nuestros mayores el legado de la reconciliación es la que, paradójicamente, más odio y ganas de destrucción acumula. Y lo hace en alianza con el islam, una ideología política disfrazada de ritos y códigos religiosos que no esconde su deseo de reconquista por la espada de territorios y almas. Incluso de aquellas que hoy le sirven como plañideras para derrumbar los cimientos de lo que aún queda de nuestra civilización judeo-cristiana occidental.

Destruir el marco legal vigente parece ser el objetivo de esta nueva casta de progre sociológico disfrazado de rebelde sin memoria, dogmático y maniqueo. Mitos republicanos, anticlericales y guerracivilistas vivos gracias al complejo y al vacío moral de una mayoría silenciosa que abraza por defecto el pensamiento de lo políticamente correcto. Falacias de una visión del mundo idílica, romántica y simplista que divide al individuo en buenos y malos y extermina, por defecto, al que piensa diferente. Exterminio racial y exterminio social. Dos caras de un mismo totalitarismo que ha causado estragos allí donde se implanta. Nazis y comunistas establecieron procesos de selección en base a criterios raciales, religiosos o de ideología política. La hemeroteca está saturada de imágenes, relatos y testimonios que prueban el nivel de maldad al que puede llegar un ser humano y una sociedad entera.

Achacar episodios de histeria, paranoia u otros trastornos psíquicos a los iluminados laicos o religiosos que hoy se erigen como salvadores de nuestra patria o de nuestro mundo es no conocer las raíces de su pensamiento totalitario. Hace falta mucho esfuerzo para empezar a pensar diferente, y mucha valentía para enfrentar el consenso de la mayoría, que no siempre camina por el lado correcto. Que uno de cada cuatro electores esté dispuesto a apostar por una opción antidemocrática, liberticida, rupturista y violenta, tranquiliza muy poco. Que el imparable aumento del islam esté cambiando nuestras costumbres y nuestra fisonomía tranquiliza menos. Decía Pompeyo Trogo que los hispanos, si no teníamos un enemigo exterior, lo buscábamos en casa. España tiene un serio problema de seguridad y de legitimidad institucional y es hora de mandar a todos esos hijos de las Tomasas a su casa.

MÁS DE MEDIO CENTENAR
Decenas de mezquitas llaman a la yihad en Bélgica
La Gaceta  27 Agosto 2017

Bélgica ha visto como barrios enteros están islamizados completamente y como en el último año han aumentado los delitos relacionados con el terrorismo yihadista.

Las autoridades belgas llevaron a cabo en 2016 controles en 60 mezquitas como parte de la lucha contra el islamismo radical.

Algunas visitas provocaron la apertura de investigaciones por vínculos con grupos terroristas. Las investigaciones abiertas se centraron principalmente en la gestión de la mezquita, y alrededor de los imanes y los que acudían a rezar.

La información procede de una respuesta a una pregunta parlamentaria del ministro belga de Justicia, Koen Geens, del que se ha hecho eco el diario neerlandés.

“Bélgica tiene un problema gigantesco con Molenbeek”. Es la afirmación del primer ministro del país, el liberal Charles Michel, tras el atentado islamista que costó la vida de 32 personas en marzo del pasado año.

El país, que ha visto como barrios enteros están islamizados completamente y como en el último año han aumentado los delitos relacionados con el terrorismo yihadista, ha abogado por medidas -que algunos critican por su escasa contundencia- como la posibilidad de prohibir la visita de páginas de internet con contenido yihadista para evitar la radicalización. “Sin restringir la libertad de expresión, debería prohibirse la posesión o, al menos, la búsqueda consciente de propaganda yihadista”, dijo el fiscal federal belga, Frédéric Van Leeuw.

‘Hay que elaborar un registro de imanes’
Saíd Bouharrou, miembro del Consejo de Mezquitas marroquíes en Holanda ha manifestado que las instituciones islámicas en toda Europa deben elaborar “un registro de imanes radicales” para hacer “un seguimiento de los extremistas” y ayudar en la lucha contra el terrorismo tras conocer que el iman de Ripoll, Abdelbaki es Satty, fue el cerebro de la célula que atentó la pasada semana en Barcelona y Cambrils.

“Hemos visto que un imán radical no se queda en un solo país. Se mueve por Europa repartiendo sus ideales extremistas. Hoy está en Bélgica, mañana en Holanda o España. Por eso hay que tenerlos fichados y debemos hacerlo las propias mezquitas”, ha señalado.

La propuesta de Bouharrou pasa por que “los Consejos de mezquitas tengan una lista de todos los imanes que predican en el país y luego se establezca un registro de los radicales para compartirlo con sus homólogos en otros países, y así tenerlos vigilados”.

La idea, ha añadido, es que “si un imán belga viene a Holanda” la institución en cuestión sepa que ese clérigo “ya fue rechazado en Bélgica y las razones” por las que eso pasó. “En los tiempos que corren, un registro de imanes radicales es más necesario que nunca. La comunidad islámica debe trabajar junta y ayudar al Gobierno a luchar contra esta lacra que amenaza a nuestros jóvenes”, ha alertado.

Asimismo ha pedido que las instituciones musulmanas establezcan “un criterio y una línea roja” para ir “todos en la misma dirección” y para que “cuando un imán diga algo peligroso, quede constancia de ello”, y evitar así que predique en otras mezquitas y en otros países.

Ha añadido que en “España, por ejemplo, cualquiera puede ser imán y poner en marcha su propia mezquita, sin ninguna ley ni control” de las autoridades. “España debe empezar de cero. Necesita organizaciones regionales y nacionales de mezquitas fuertes, con las que poder hablar en representación de los musulmanes. Abrir una mezquita en un garaje, como pasa allí, es un gran riesgo”.

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Ni fui ni iré
ARCADI ESPADA El Mundo 27 Agosto 2017

Mi liberada:
Imagino que de vuelta de la gran manifestación irías rápidamente a ducharte. Ha vuelto el calor a Barcelona con todas sus virtudes locales. Esta humedad, como una cuarta dimensión. Esta densidad, que tan severas consecuencias tiene para el hombre solidario. Pero a ducharte habrás ido, sobre todo, por la promiscuidad y las malas compañías. Habrás tenido que vértelas junto al Rey de España y el presidente del Gobierno, y coreando lemas al unísono (y el lema más profundo, que es el del silencio) con los herederos de Franco. Te compadezco. Deberías haber seguido mi ejemplo, que he pasado la tarde tumbado al sol (fija la vitamina K), dándome agua con un aspersor de bote mientras iban y venían unos aires de Macanita, condiós tristeza.

El sentido de una manifestación como la de ayer, de pocos efectos prácticos, es el calor feligrés, el reconocimiento y el acuerdo recíproco. A diferencia del funeral, que recuerda a las víctimas, la manifestación es una celebración más o menos vigorosa de los supervivientes. Una celebración de nosotros. Nosotros, sin embargo, es un pronombre delicado. No se puede observar desde demasiada altura, porque incluiría también a los asesinos. Si nosotros es la especie humana es evidente y doloroso que los asesinos forman parte de ella. Nunca entendí que la cata se hiciera a esa altura en los tiempos de Eta, cuando se exigía a determinadas organizaciones que secundaran las manifestaciones posteriores a un asesinato y su condena. ¿Cómo iban a manifestarse contra el asesinato los asesinos, con independencia de que también ellos tuvieran cabeza, tronco y extremidades y conciencia de tenerlas?

Observado desde algo más cerca, nosotros puede ser los que estamos en contra del terrorismo. Un nosotros tan nutrido que hasta da vergüenza invocarlo. ¿Quién es ferviente partidario de que un coche se suba a la acera y destroce a los hombres, mujeres y niños que se cruzan, y porque se cruzaron por toda explicación? A los propios terroristas islámicos, como a aquellos vascos nacionalistas, les bastarían unos minutos de meditación y rezo para ir a la manifestación. Aunque es verdad que no los tendrán fácilmente porque o están muertos o van a estarlo.

La coincidencia frente al terrorismo puede servir para firmar manifiestos al pie, cada firma blindada en sí misma, nombre y apellido. Pero una manifestación es algo más. Tiene algo de fusión sentimental. Codo con codo. De pacto cordial. No solo expresa lo que nos une, sino lo que nos acerca. Un nosotros que no solo se exhibe sino que con su exhibición quiere hacerse más efusivo y potente. Mi probada ambición no aspira a decir que no exista el nosotros al que ayer convocó el gobierno de Cataluña. Algunas decenas de miles se creerían capaces de desmentirlo y no voy a darles la oportunidad. Solo digo que me habría dado una vergüenza irredimible formar parte ayer de ese nosotros. Nada de lo que pueda convocar ese gobierno incivil tiene la mínima posibilidad de vincularme. Es seguro que no dejarán de gustarme los valsitos venezolanos porque le gusten a Maduro; pero otra cosa es que tenga que bailarlos con él.

Desde hace cinco años el gobierno de la Generalitat ha urdido un plan contra la democracia que ha obtenido el asentimiento de una parte de la población. El asentimiento se ha obtenido a través de una campaña de propaganda, pagada directa o indirectamente con fondos públicos, que ha supuesto una de las operaciones de posverdad más eficaces y abyectas de que se tenga noticia. La tradicional especialización catalana en el diseño y envoltorio de todas las cosas ha producido una brillante y continua cadena de mensajes a la que los demócratas, empezando por el propio gobierno del Estado, han dado una respuesta pobre. La campaña ha destruido cualquier suelo y ha comprometido en un grado u otro el conjunto de la trama civil catalana. Ejemplo ultimísimo de todo eso es la filmina viral titulada Passa'l (Pásalo) que en un trepidante minuto y medio de mentiras, al modo de las tóxicas mentiras del 11-M, insinúa que el Estado ha organizado la matanza de Barcelona. El vídeo es de Òmnium, una entidad que nacida hace medio siglo, financiada por aquel carcamal llamado J.B. Cendrós, ha exhibido siempre la versión más tosca y flatulenta del nacionalismo; y que ahora, como su última producción confirma, está ya patrioticamente instalada en la delincuencia moral.

Sin que el asentimiento a sus planes haya conseguido reunir siquiera a la mitad de la población, el nacionalismo ha liquidado la unidad civil de Cataluña, una de sus precauciones políticas más invocadas. Nadie, ni el más acérrimo de los independentistas, pudo decir en las cuatro décadas autonomistas que se sentía extranjero en Cataluña. Las identidades, (así las llamáis con vuestra pasmosa seguridad ontológica) convivían en Cataluña en un razonable equilibrio de cuya rotura solo el nacionalismo es el culpable, como el escorpión es culpable. Pero ahora el país se ha convertido en una fábrica de extranjería que trabaja sin descanso. Los extranjeros pueden y deben desfilar juntos contra el terrorismo. El unánime desfile es, precisamente, un modo de apaciguar la artificial condición. Pero no pueden ni deben ir juntos cuando la extranjería no es fruto del azar sino de la xenofobia. Y cuando el sentimiento infame no es solo el delirio estratégico de un grupo de políticos infames, sino que ha sido infamantemente refrendado por un considerable número de exciudadanos.

La manifestación de ayer solo ha hecho que aumentar las quejas por la instrumentalización nacionalista de la matanza. Son quejas bienintencionadas, pero ingenuas. El Proceso no sería el que es sino fuera capaz, insensiblemente, de no respetar nada más que a sí mismo. Por siniestro que parezca, cuando el consejero de Interior, Joaquim Forn, distinguió entre catalanes y españoles sin preguntarle a los muertos, apropiándoselos, no hizo nada distinto de lo que se espera. El Proceso ensucia todo lo que toca: ética, política, afectos. Debo insistir: si respetara a los muertos, dejaría de ser lo que es. Comprendo y lamento que el Rey, y de ahí abajo el resto de demócratas, haya accedido a pasar la indigna prueba. Como después del 11 de marzo en Madrid, no hubo en Barcelona ni un grito ni un cartel contra los asesinos mientras, por el contrario, las autoridades democráticas sufrían un violento desprecio. ¡Y no tenemos miedo, aún iba diciéndose con gran valor la chulería buenista! Pero respecto a aquellos días de marzo se da ahora el agravante de un gobierno implicado en lo peor. Los humillados demócratas invocarán y harán invocar altas y juiciosas razones para haber hecho lo que han hecho. Ellos sabrán. Pero a mí la chusma procesal no me ensucia. Más.

Y tú sigue ciega tu camino. A.

Guardias civiles vs. 'mossos': lo que la verdad esconde
Los terroristas no entienden de derecho administrativo ni de competencias. Las ineficiencias y los fallos tienen que ver con que no se ha avanzado en cerrar la España autonómica
Carlos Sánchez El Confidencial 27 Agosto 2017

André Maurois, el francés que mejor entendió a los anglosajones, sostenía que era más difícil crear ideas que palabras. Eso muestra, decía con cierto pesar el héroe de la resistencia intelectual contra la Francia del Gobierno de Vichy, el éxito de los filósofos, capaces de arrastrar a las masas con su habla, pero poco dados a lanzar ideas propias útiles para transformar la realidad.

La política española tiene mucho de ello. Como el resto de democracias, se ha construido sobre la palabra, pero la capacidad de transformar el discurso en acción es algo más que limitada. Eso explica que viejas cuestiones que debían estar en vías de solución –al menos para dos o tres generaciones, como sugería Ortega para la cuestión catalana– sigan hoy dominando la vida pública. En particular, la política territorial. O, más en concreto, las competencias entre los distintos poderes públicos, todos ellos legitimados democráticamente por las urnas.

Los brutales atentados de la última semana en Barcelona y Cambrils, en este sentido, han aflorado un viejo sentimiento jacobino en amplias zonas de la población, que, casi 40 años después de la vigencia de la Constitución, continúan pensando que el diseño del mapa territorial fue un inmenso error. Y la prueba que se ofrece es la gestión de la crisis por parte de los Mossos, cuyo perímetro de actuación, según el Estatut, abarca la seguridad ciudadana y el orden público en todos los ámbitos, incluidos el crimen organizado y el terrorismo.

Es obvio que es absolutamente legítimo pensar que una España centralizada hubiese sido más eficaz desde el punto de vista político y económico, pero lo cierto, y en este caso hay un consenso casi generalizado, es que este país ha alcanzado en las últimas cuatro décadas sus mayores niveles de prosperidad, coincidiendo, precisamente, con el desarrollo de la España autonómica, sin que este factor, evidentemente, haya sido el más determinante. Y, desde luego, no el único.

Se puede pensar que la otra vía –una España centralizada– hubiese sido mejor, pero no deja de ser una ucronía. Una verdad indemostrable. Lo cierto es que el mapa territorial –con todos sus defectos– ha funcionado. Desde luego, en términos de PIB per cápita y de prestación de servicios públicos esenciales. Es paradójico que, habitualmente, se valore muy positivamente la calidad del sistema sanitario público español respecto de sus recursos, pero se olvide que desde hace tres lustros todas y cada una de las comunidades autónomas (algunas regiones lo asumieron hace tres décadas) son quienes lo administran, lo que da a entender que el modelo descentralizado no ha sido tan negativo como muchos quieren ver. También en otros órdenes de la vida.

Una vieja tradición española
El hecho de que haya desajustes o, incluso, graves ineficiencias en la España autonómica, que los hay, no se soluciona con una vieja tradición política española, que es verter el agua sucia del barreño con el niño dentro. O lo que es lo mismo, comenzar desde cero cada vez que surgen los problemas, como si la solución fuera hacer justo lo contrario sin atender la experiencia de gobierno. Lo razonable, como sucede en las democracias más avanzadas, es identificar los errores y hacer los cambios que se necesitan, pero no tirar por la calle de en medio, que es la solución de quienes tienen una visión milagrera –y hasta apocalíptica– de la política.

Es por eso por lo que sorprende que se diga que los errores cometidos por los Mossos –que los ha habido– o los problemas de coordinación –que también han existido– no se hubieran producido en caso de que las competencias sobre terrorismo no fueran una competencia autonómica. Como si la eficacia en la lucha contra el terrorismo dependiera de la estructura administrativa de un país. El terrorismo golpea por igual a países federales (EEUU o Alemania), centralistas (Francia o Reino Unido) o cuasi confederales (Bélgica), lo que da a entender que el Estado Islámico –como otros terrorismos– no entiende de derecho administrativo, sino de machetes y bombonas de butano.

Hay que resaltar, en este sentido, la atinada intervención de Rajoy el pasado viernes, cuando en lugar de arrojarse contra la gestión de la crisis por parte de los Mossos –como han hecho muchos 'hooligans' de su partido y ciertos medios de comunicación que se han lanzado contra la yugular de la política autonómica poniéndose estupendos– ha tratado el fenómeno del terrorismo como un asunto que transciende a todos, independientemente del nivel administrativo.

En realidad, lo que ha fallado es mucho más simple. Estamos ante problemas y desajustes derivados de la existencia de un Estado autonómico que 40 años después de la Constitución siguen sin cerrarse (ni siquiera el nombre de las CCAA aparece en la Carta Magna), lo que provoca frecuentes enfrentamientos entre territorios, y que emergen con especial virulencia cuando se trata de un asunto tan relevante como el terrorismo. Unas veces se pelea por las balanzas fiscales; otras por la invasión de competencias entre la Administración central y las CCAA, y otras por la construcción de un falso ideario nacionalista que llega dos siglos tarde, y que en realidad es una fuga hacia adelante.

Lealtad constitucional
El resultado es un permanente cuestionamiento del Estado autonómico, que sigue sin ser asumido por amplias capas de la población de uno y otro signo, y que en lugar de buscar soluciones pretende dilapidar el edificio institucional construido en las últimas cuatro décadas, y que tan notable cosecha ha dado. Los primeros, los propios nacionalistas-independentistas, que, en lugar de consolidar su autogobierno, pretenden derribar la lealtad constitucional, un concepto inseparable del Estado federal. Ayer se vio con toda nitidez. Convertir una manifestación contra el terror en un acto reivindicativo contra las autoridades del Estado es de una bajeza moral incalificable.

Pero también contribuyen a esta operación de derribo de la Constitución de 1978 quienes culpan de todos los males a la España autonómica, sin duda espoleados por la ausencia de reformas en la arquitectura territorial de Estado. Unos y otros viven de la inoperancia de los poderes públicos para poner al día instituciones que necesariamente sufren un desgaste con el paso de los años.

Es lamentable que, desde el último gran paquete de traspaso de competencias, en 2001, el edificio no se haya rehabilitado. Ni siquiera limpiado o adecentado. Cuando por medio ha habido una gravísima crisis económica y una enorme pérdida de prestigio de la política.

En este tiempo, sin embargo, países como Reino Unido, Francia, Italia y, por supuesto, Alemania han actualizado sus estructuras territoriales para hacerlas más eficientes en un contexto de globalización. En España, por el contrario, no se ha hecho nada, salvo pactar con vascos, canarios, navarros o asturianos por la puerta de atrás para asegurar una mayoría parlamentaria y aprobar los Presupuestos, pero sin una visión global del Estado capaz de dar coherencia al sistema autonómico. Y es ahora –con ocasión de los atentados– cuando saltan todas las alarmas sobre el funcionamiento de las distintas administraciones.

¿No hubiera sido más razonable crear un marco de entendimiento más eficaz entre los Mossos y el resto de cuerpos y seguridad del Estado? ¿Cómo se pretende luchar contra el terrorismo sin tener en cuenta sus conexiones con la delincuencia común y el trapicheo, que en última instancia es una competencia de las policías autonómicas? ¿Cómo es posible que el Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO), un organismo llamado a jugar un papel central en la lucha contra el terrorismo, haya estado prácticamente ausente de los sucesos de la semana pasada?

¿Alguien conoce a su responsable más allá de los circuitos especializados? ¿Tenía alguna información el CITCO de la existencia de Abdelbaki Es Satty, el cerebro de los atentados, conocido por la policía desde al menos 2005? ¿Dónde está ese zar contra el terrorismo que todo país necesita para influir con autoridad intelectual sobre todos los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado? ¿Es de recibo que haya sido el instructor, Fernando Andreu, un magistrado de la Audiencia Nacional, quien haya tenido que poner orden en tanto dislate porque los políticos no se ponen de acuerdo sobre competencias territoriales? El sabio Maurois tenía razón: en política, la palabra, sin hechos, es una inutilidad.

¡No tinc por ni vergonya!
Vicente A. C. M. Periodista Digital 27 Agosto 2017

El vicepresidente de la Generalidad, Oriol Junqueras, no ve nada malo en que se acuda a la manifestación de repulsa por los atentados terroristas en Barcelona de esta tarde con esteladas. La alcaldesa de Barcelona parece querer desmarcarse diciendo que la manifestación no puede convertirse en una guerra de banderas. Por su parte, la ANC apoya el uso de esteladas con crespones negros y los de la CUP han organizado una contra manifestación bajo el lema de “vuestras políticas, nuestros muertos”. Por otro lado algunos llegan a plantear el no poder controlar los entornos, como queriendo excusarse en una posible respuesta del “pueblo catalán” que se manifieste de forma espontánea en un nuevo escrache dirigido a la cabecera “non grata” y la que han llegado a culpar de los atentados. Pues eso, el “no tengo miedo”(no tinc por) se ha transformado en un “no tengo miedo ni vergüenza” (no tinc por ni vergonya).

Solo faltaba que el “cocomocho” rebelde, Carles Puigdemont, se explayase ayer en una entrevista al periódico Finantial Times en las que aseguraba disponer ya de más de 6.000 urnas para el referéndum y desafía al Estado de Derecho afirmando que “no veo de qué modo el Estado puede frenarlo”. Y luego en un cinismo inadmisible acusa de los atentados a la falta de medios policiales diciendo que “El Gobierno central ha jugado a la política con la seguridad de los catalanes” al no haber permitido la contratación de 500 nuevas plazas de Mossos, un cuerpo que a finales del 2016 contaba con casi 17.000 efectivos, ni haber actuado para incluir a este cuerpo policial autonómico en la EUROPOL. Y es que Carles Puigdemont no tiene ninguna vergüenza ni reserva ética en mentir y en politizar de forma mezquina con su plan de secesión independentista, como lleva haciendo desde el inicio de sus comparecencias mediáticas tras los atentados. ¿Hace falta algo más para que la Fiscalía actúe de oficio contra este miserable sujeto?

Queda casi una hora para el inicio de la manifestación con la histórica presencia del Jefe del Estado y una amplia representación de la política española, Gobierno de España e Instituciones, en un acto que se suponía unitario pero que los secesionistas están intentando desde el principio inclinar hacia sus posiciones bastardas sin importarles ni los muertos, ni los heridos, ni si las consecuencias de sus graves errores de apreciación en cuanto a la seguridad, han sido la causa de haber contribuido a que la masacre fuese mucho mayor. No, la culpa no la tienen quienes tuvieron la oportunidad de adoptar esas medidas de seguridad, sino quienes se negaron a aumentar una plantilla y penalizar la coordinación con las policías del Estado, Policía nacional y Guardia Civil, reclamando un trato de relevancia y preeminencia con la integración en la EUROPOL. Claro, es que Cataluña es un Estado europeo y necesita el reconocimiento en todos los foros de este hecho.

Eso, además de falso y mezquino, es vergonzoso y populista. En primer lugar, debería haber excusado el ninguneo que los Mossos hicieron a la Guardia Civil manteniéndole en todo momento apartada de la línea principal de investigación y no dejándole aportar su experiencia en la explosión y destrucción del chalé de Alcanar. Y es que “no tienen vergüenza”.

Me gustaría equivocarme y no pensar que esta manifestación se va a convertir en una nueva final de la Copa del Rey, con abucheos y pitadas a los símbolos nacionales, en este caso al Rey como Jefe del Estado, con unas calles del recorrido y Plaza de Cataluña convertidas en un Camp Nou lleno de esteladas con crespones. En unos minutos saldré de dudas y me asombraría equivocarme y creer que estos impresentables y miserables secesionistas van a dejar pasar esta oportunidad única con tanta cobertura mediática nacional e internacional para dar su golpe de efecto, antes de que pronto pretendan consumar su otro golpe, el de Estado, desobedeciendo la legalidad vigente y actuando en franca rebeldía y deslealtad institucional.

Ellos no tienen vergüenza, pero el resto debemos tener la serenidad y determinación necesaria para impedir que consigan sus objetivos. Basta con no dejarse arrastrar por ese miedo escénico y aplicar la Ley en el momento oportuno. ¿Lo harás Mariano?

¡Que pasen un buen día! Y que esta manifestación no la transformen en un anticipo de la Diada.

La Diada del Terror: no a la islamofobia, sí a la hispanofobia
Mucho miedo, poca vergüenza y ninguna dignidad: ese podría ser el balance de la I Diada del Terror.
Federico Jiménez Losantos  Libertad Digital 27 Agosto 2017

Mucho miedo, poca vergüenza y ninguna dignidad: ese podría ser el balance de la I Diada del Terror o la Diada del Terrorismo del Año I de la Independencia Catalana, que, por otra parte, ha dejado nítidamente claro que ni Barcelona ni ciudad alguna golpeada por el islamismo terrorista necesita manifestaciones, porque la del Islam contra Occidente es una guerra y las guerras ni se hacen con flores ni se ganan con pancartas.

Otra cosa es que, como ayer, se quisiera negar la guerra que existe y se escenifique algo que no puede existir, que se actúe como si el terrorismo fuera materia opinable y la calle dictaminara si continúan matando o no por votación popular con los pies o concentración de manos blancas. Lo que ayer quedó claro en Barcelona es lo que en España deberíamos saber desde el asesinato de Miguel Ángel Blanco: las grandes manifestaciones sólo sirven para demostrar el estado de conmoción de la masa, que se agrupa y amontona para demostrar lo que niega: que está muerta de miedo. Y que sus dirigentes, tan asustados como ella, unen democráticamente su pavor al ajeno para diluir en un estado de confusión emocional sus responsabilidades.

Mariano, como si nada
No, no hacía falta ninguna manifestación contra el terrorismo. Y si la hubo fue para darles un alegrón a los terroristas, que pudieron comprobar la debilidad de España, y para que los golpistas del 1 de octubre entrenasen viendo lo mismo que mostraron a los islamistas: que España es el eslabón más débil de Occidente, de Daar al-Islam, de la tierra un día invadida por ellos y que están en camino de tomar otra vez. La operación no ha podido salirles mejor a los terroristas de hace una semana y a los golpistas de dentro de un mes. Enhorabuena a todos y a su road-manager Rajoy.

Porque este Gobierno dimisionario se ha arrastrado desde el día del atentado hasta ayer mismo, ha seguido diciendo que no pasa nada cuando pasa de todo y además ha arrastrado al Rey a una humillación que no es personal, porque personalmente ni el Rey ni el Presidente existen. Son sólo –y no es poco- representantes de todos los españoles, y como tales fueron afrentados por una banda organizada de golpistas que están envalentonados por la cobardía del Gobierno más estúpido del que exista memoria. Fue aún peor que la de hace tres años en el Nou Camp, cuando se pitó e injurió al himno que representa a todos los españoles y nadie se fue del palco.
Miedo, no: pánico al Islam
El miedo exhibido por la sociedad catalana, quizás la más cobarde de Europa junto con la vasca, que sostiene y soporta la dictadura nacionalista, logró convertir lo que, de ser algo, debería haber sido un acto contra el islamismo, que es lo que está detrás del terrorismo contra Occidente desde el 11S, en un acto contra lo que el pensamiento único progre llama islamofobia y también en un alarde de hispanofobia, porque alguien tiene que tener la culpa y hace muchos años que de todo lo que pasa en Cataluña tiene la culpa España. De los muertos de las Ramblas, también.

En vez de reprochar a los 600.000 musulmanes que viven y cobran en Cataluña y que, como en toda Europa, no hacen nada para integrarse salvo aprender lo que el bastión islamófilo El País ha llamado "perfecto catalán de payés" (el de ciudad no será racialmente tan perfecto), la Diada del Terror se convirtió en un acto de cariño a las mamás de los terroristas, agasajadas gráficamente en los medios islamófilos, y a "esos cinco niños que ya no están con nosotros", como dijo su cuidadora social en el artículo "¿Qué estamos haciendo mal?" Para empezar, ella, cobrar.

En el escenario, para ejemplificar el miedo, el pánico absoluto al Islam en esta miedocracia políticamente correcta, no hubo una sola imagen de los asesinados por los islamistas pero sí una musulmana que, en nombre de la religión de la paz y del amor, dirigió amablemente la palabra a los infieles. Lo que no sé es por qué la eviterna Sardá citó a Lorca. ¿Para achacar al franquismo las muertes de las Ramblas? ¿A la Guardia Mora, quizás?

Estamos maduros para el golpe del 1 de Octubre
A lo único que no tienen ningún miedo los separatistas es a España, o por lo menos a sus instituciones. Rajoy ha demostrado con su reptiliana actuación en la desastrosa actuación de los Mozos de Escuadra que está tan dispuesto como Zapatero a aceptar cualquier cosa que venga de Barcelona el 1 de octubre y que su única, heroica, hercúlea reacción será la de negarle validez legal. La masacre de Las Ramblas ha servido para comprobar que ya hay un ejercitillo separatista, al mando del Mayor Drapaire (trapero, en catalán) dispuesto a poner las urnas del Golpe y que también hay un dizque gobierno de España dispuesto a no quitarlas. Más fácil, imposible.

Por último, y respetando su buena voluntad y aunque la gran mayoría de la opinión pública lo haya respaldado, creo que el Rey se ha equivocado dos veces en esta última semana. Primero, con su comunicado diciendo que los islamistas son "sólo asesinos". Si lo fueran, si sólo fueran eso, el terrorismo islamista no existiría o no sería el problema militar, político y cultural que es. En segundo lugar, yendo de nuevo a Barcelona.

El Rey debe perder el miedo al qué dirán
Es cierto que la gente, ahora, aplaude su valor por ir a una encerrona, de la que es responsable el Gobierno del diálogo con el separatismo. Pero el Rey no puede estar en un concurso de popularidad permanente porque no se presenta a unas elecciones. No debería aparecer en actos políticos. En la mayoría de los que tienen lugar en España, porque son contra España y por tanto contra la Corona, así que no debería respaldarlos. Y en los que son, por así decirlo, de emotivo consenso popular, porque los reyes ya habían hecho lo que tenían que hacer: consolar a los huérfanos y animar a los heridos. Si el Rey está para salir a la calle, estamos poniendo a la calle al nivel del Rey.

Felipe y Letizia, como todas las fuerzas constitucionales, deberían perder ya el miedo al qué dirán. Hagan lo que hagan, los podemitas y los separatistas dirán pestes; y los rajoyanos musitarán algo y no harán nada. Ya digo que entiendo su buena intención, pero bastante tiene con dedicarse a reinar, sobre todo con este Gobierno de mansos que se niega a gobernar.

Bajo la tutela de una monaquía dimisionaria y de un Gobierno rendido ante el vacío socialdemócrata
España evidencia ante el mundo las razones por las que Occidente perderá su batalla contra el totalitarismo islamista
Raúl González Zorrilla. Director de La Tribuna del País Vasco 27 Agosto 2017

Dentro de algunos años, alguien comenzará a escribir la historia de cómo Occidente, bien entrado el siglo XXI, se rindió ante el totalitarismo musulmán y frente al terrorismo islamista, y en ese relato, la manifestación que ha tenido lugar hoy en Barcelona tendrá un lugar preferente como uno de los momentos álgidos de la infamia.

La concentración, encabezada por el Rey, convocada por un Gobierno autonómico golpista y agazapada bajo un lema vacuo (“No tinc por”) escrito en un idioma hablado por una parte ínfima de los españoles, ha mostrado al mundo ejemplos palpables de todos los elementos éticos, políticos y culturales sobre los que se está labrando la caída de la civilización occidental frente a la barbarie nacida del Islam.

La vergonzosa marcha del “No tengo miedo” y del “Todos somos Barcelona”, por su incapacidad para señalar a los culpables, por su pavor para nombrar la palabra terrorismo, por su patética exhibición del multiculturalismo demoledor que ha puesto a las principales capitales europeas en estado de preguerra, por su aberrante mezclar de víctimas y verdugos, por su corrosiva exhibición de un “buenismo” empalagoso e inane en el que nadie es responsable de los crímenes cometidos y por su inutilidad para gritar al mundo que los valores sobre los que se levanta nuestra civilización son superiores a cualesquiera otros que nos quieran imponer, se ha convertido en una gigantesca y cínica grosería moral que ha subyugado, como no podía ser de otro modo, a sus organizadores y principales impulsores: la chusma independentista y de extrema-izquierda que se ha adueñado de los destinos de Cataluña.

Lo más grave e increíble de toda esta situación es que detrás de esta indecorosa exhibición pública de sentimientos, emociones e imágenes teatralizadas que solamente tratan de apagar, de acallar y de censurar cualquier intento de petición de explicaciones, de responsabilidades, de medidas, de respuestas y de iniciativas frente al terror, se encuentra el Estado español en su conjunto, que bajo la tutela de una monarquía dimisionaria y de un Gobierno del PP rendido al totalitarismo socialdemócrata que asuela Europa, no ha dudado, acompañado de los cantos ceremoniosos de una oposición delirante y de los principales medios de comunicación, en arrastrar a todo el país a un establo lleno de corderos que esperan, entre ositos de peluche, flores, cantos hippies y símbolos pacifistas, ser sacrificados. Por el rito halal, por supuesto.

Carta al presidente del Gobierno
Santiago González El Mundo 27 Agosto 2017

Pie de foto.-El Rey de España en una inédita imagen multicultural. "El Rey en el centro, acompañado entre otros, por Mariano Rajoy y Carles Puigdemont" dice el pie de El País que lleva esta gran foto a su portada. Y digo yo: "¿Por qué lleva hiyab el presidente del Gobierno? A la derecha puede verse a la alcaldesa Ada Bolarda con su blusón camuflacirios.

Mi admirado presidente del Gobierno: Después de haber visto por la tele los 50 minutos que duró la manifestación de ayer, incluidos los espiches de Rosa Mª Sardá y la activista musulmana, debo confesarle que siento esa vergüenza ajena que el DRAE define como 'alipori'. Sigo preguntándome si el Rey tenía que asistir a una cencerrada como la de ayer para ser insultado por aquella gentuza. 'Traficante de armas', decían con fotos de su saludo con el Rey de Arabia Saudí. Y lo sostenían tipos que habían pitado al Rey muentras el Barça saltaba al campo con el patrocinio de Qatar en el pecho. Pablo Iglesias, ese ignorante transversal que confunde wasabi con wahabismo, la gravedad con la relatividad, la ética con la crítica y la gimnasia con la magnesia, se fotografiaba ayer en la manifestación con el embajador de Qatar. ¿La furgoneta era saudí, los cuatro cuchillos que compraron en la estación de servicio de la A-7?

El Rey no debió asistir. No me cabía la menor duda de que Felipe VI iba a mantener la compostura, pese a los reiterados intentos de humillarlo por parte de los semovientes que encabeza el honorable Puigdemont, ejemplo canónico de oxímoron que la Real debería incorporar para el futuro. Pero no se trata de eso; también me he manifestado reiteradamente contra la presencia del Rey en las finales de la Copa que lleva su nombre cuando participa el Barça husma le pita y abuchea. Lo tengo dicho: al primer silbido, el Jefe del Estado debería irse con la copa y anunciar que se la enviará por SEUR al ganador.

Tengo desde hace años, señor Rajoy, la impresión de que todo nacionalismo está compuesto por dosis armónicas de narcisismo y fetichismo. Y por supuesto, de victimismo. El nacionalismo es un oficio de difuntos, c'est la guerre, que dijo Mitterrand; por eso se ven más como el muerto en el entierro que como la novia en la boda. De ahí que una de las pancartas que abundaban en la manifestación decía: "vuestras guerras, nuestros muertos", con impresionante desfachatez y falta de respeto a la verdad. Las víctimas mortales eran: españolas, italianas, belgas, portuguesas, argentinas, canadienses, estadounidenses y alemanas, además de un niño australiano. Si incluimos a los heridos, las víctimas provenían de 34 países distintos. Eran los mismos que desde hace ya muchos meses insultaban a los turistas en las terrazas de las Ramblas al grito de "Vosotros, turistas, sois los terroristas".

El narcisismo lo hemos podido comprobar con motivo del ataque terrorista de las Ramblas. Seguirlo por televisión a lo largo de la tarde del jueves, 17 de agosto fue un ejercicio estupefaciente. Media hora después de haber oído en Antena-3 TV la cifra de 13 víctimas, oí en TVE la cifra de un fallecido, citando como fuente a la Generalidad.

En el caso del nacionalismo catalán puede comprobarse que el narcisismo es un vicio que arraiga en una extraordinaria subjetividad. Imaginen a Puigdemont, Oriol Junqueras, Anna Gabriel, Jordi Turull, Ada Colau y ese portentoso consejero de Interior, Segundo Chiariello en el trance de asomarse a la fuente en la que se ahogó Narciso. Si tuvieran un mínimo de objetividad, se habrían lanzado a la fuente. Pero no por embeleso, sino por pura desesperación.

Dirán ustedes que el consejero de Interior se llama Joaquim Forn y tendrán razón, pero mi antigua empatía me lleva a preguntarme cómo llevará la xenofobia de este sujeto el apellido de mamá, que era ecuatoriana. En Euskadi, hace años, hubo un nacionalista con renombre, Sabin Zubiri, de profesión corsetero y de nombre completo Sabin Zubiri Sánchez. En 1986 fue de los primeros en alinearse con Carlos Garaikoetxea en la escisión del viejo PNV que dio lugar a EA. Los sabinianos de su pueblo, Ochandiano (Otxandio) que eran de ingenio algo cabrón, lo bautizaron como 'Segundo Sánchez'.

Segundo Chiariello, aka Joaquim Forn, es un alma dividida entre los orígenes de papá, a todas luces catalanes, y los de mamá, seguramente italianos por la traza. Por eso contabilizó entre las víctimas de las Ramblas "Dos personas catalanas y dos personas de nacionalidad española".

El presidente de la ANC, Jordi Sànchez, tocó la gloria la tarde del atentado: "Por unas horas hemos sido un Estado". Esta expresión explica por sí sola que para los nacionalistas lo único que importaba, aun con los cadáveres tibios, era su causa. La seguridad no es tan importante como la policía autonómica, nuestra policía, ejemplo canónico de fetichismo. Desde los atentados, el mayor de los Mossos dio un recital.

"Bueno, pues molt bé, pues adiós", le dijo a un periodista holandés, a quien su medio había enviado peque hablaba español, en la multitudinaria rueda de prensa cuando este preguntó por qué no usaba una lengua franca que entendieran todos. La lengua no la queremos para comunicarnos, sino para reivindicar nuestra identidad. El narcisismo de sus superiores lo ha alabado sin tasa en estos días. Veamos los hechos en relación con la profesionalidad:

"No prevemos que pueda haber otro ataque de forma inminente", dijo después del atentado en las Ramblas, exactamente hora y media antes del atentado de Cambrils.

El mismo Trapero dijo en una entrevista en 8TV (24 de abril de 2017) que no se coloicarían bolardos en las cal.les "solamente por si acaso o por postureso". El Mayor de los Mossos d'Esquadra parece ignorar cosas elementales de la seguridad. Por ejemplo, que las medidas de precaución se adoptan 'por si acaso'. Verá, don José Luis (Josep Lluís aquí y en China), he adoptado para consumo personal un eslogan con el que mi querida Carmen Iglesias tituló uno de sus libros: 'No siempre lo peor es cierto', pero todo aquel que tenga responsabilidades, deberá afrontarlas con el principio de precaución, como si fuera a serlo. Yo no creo que Trapero haya leído a Scruton, tampoco es obligatorio para su oficio, basta el sentido común. Esta no es una descalificación de los recursos culturales de nuestros policías autonómicos. Yo he conocido a dos ertzainas que me impresionaron: El primero de ellos al declararse 'orteguiano' en la cena en que lo conocí. El segundo, que era escolta del difunto Mario Oanindia, cuando me lo encontré en una librería y me regaló 'Paradero desconocido', esa joya de Katharine Kressmann Taylor.

Voy a poner un ejemplo sencillito: cuando compré mi primer coche, un 127, compré también en la ferretería de mi barrio un artefacto antirrobo, que se enganchaba al pedal del acelerador y al volante. No había entonces sistema de bloqueo del volante ni otras medidas de seguridad. Pregunté al ferretero si eso no era un gesto inútil, que a cualquier caco no le costaría mucho forzar el candado. Y él me respondió: "Un ladrón que vea un volante con candado preferirá un coche que no lo tenga". Mi amigo Fernando Navarro me recordó el chiste de los exploradores que ven venir hacia ellos un león. El primero se quita las botas y empieza a calzarse unas zapatillas deportivas para asombro del segundo: "¿Es que crees que vas a correr más que el león?" Y respondió: "No, me conformo con correr más que tú".

No hubo pancartas de condena al terrorismo, al wahabismo, ni siquiera del wasabi. "No a la islamofobia", decía una muy repetida, porque al parecer fue la islamofobia la que conducía la furgoneta. También hubo una pancarta de regular tamaño que se centraba más: "España contra el terrorismo. Muchas gracias, majestad", pero hubo algo de lío y los mossos la retiraron. Estuvo impresionante Sardá al decir: "No tenemos miedo y no conseguirán dividirnos", después de todo lo que se vio. Junto a ella cerró el acto una activista musulmana. En Ripoll, la encargada de leer el amifiesto al final fue le hermana de de dos de los terroristas, Hafida Oukabir, que reapartió el sufrimiento a partes iguales entre las familias de las víctimas y la suya propia.

No sé si me explico, presidente, esto es lo que hay. No hubo manifestaciones contra el terrorismo, sino un ensayo general con todo para la Diada y 20 días después para el referéndum. Yo ha creído siempre que no se iba a celebrar. Ahora, señor Rajoy, no estoy tan seguro. Algo debería hacer para convencernos a los ciudadanos de que les tiene bien cogida la medida a los sujetos más majaderos, ruines y miserables de España. Aunque solo sea por vergüenza torera.

Barcelona: el silencio de los corderos
Jose Alejandro Vara. vozpopuli  27 Agosto 2017

La consigna oficial del Gobierno tras los atentados ha sido no entrar al trapo de las provocaciones. No responder. No decir ni ‘mu’. Evitar la polémica con los independentistas.

La jibarización del Estado tras el zarpazo terrorista de Barcelona arrancó la noche misma del 17-A. Mariano Rajoy tuvo que aguardar hasta las 12,30 a que Puigdemont, su consejero de Interior y la alcaldesa de Barcelona concluyeran su rueda de prensa en la que intentaron esparcir las primeras informaciones sobre el atentado.

En una sala estrecha, lóbrega, mal iluminada y con el rostro sudoroso y fatigado, el presidente del Gobierno, pudo al fin leer unas breves y escuetas líneas de condena. Rajoy, abrumadoramente sólo en la madrugada. El Estado, en un chiscón. El Gobierno regional, en el Palacio. Después, el silencio.

La consigna oficial de estos días ha sido de manual. No entrar al trapo de las provocaciones. No responder. No decir ni ‘mu’. Evitar la polémica con los independentistas. No con 15 muertos sobre la acera, casi cien heridos en el hospital y la maldita sombra del 11-M deambulando por la memoria. El Gobierno enmudeció. Escuchaba impávido el griterío sórdido de la Generalitat (la actitud de los jefes de prensa de algunas consejerías es merecedor del rechazo unívoco de la profesión). La escalada del victimismo y la infamia evolucionó según lo previsto.

Hasta aquí hemos llegado
Defender, primero, lo indefendible. La torpeza de los Mossos ante un trance diabólico que, inevitablemente, les venía grande. El imán descontrolado, la explosión de Alcanar, el terrorista herido, en el hospital, 17 horas sin ser interrogado, los controles con agujeros, los extraños ‘abatimientos’… un rosario de lagunas, torpezas, patinazos, que los agresivos voceros de Puigdemont atribuían, primero, a cuestiones emotivo-sentimentales: ‘la envidia’, el ‘juego sucio’, las actitudes ‘miserables’. De ahí se pasó a las excusas técnico-políticas: la falta de colaboración del Estado, el reparto de sillas en Europol, el bloqueo en el flujo de la información.

Los sindicatos de la Guardia Civil y de la Policía Nacional, bregados en cientos de operaciones contra el yihadismo, reventaron. No podían más. Ante el abrumador silencio del Estado, emitieron un papel esclarecedor. Los policías catalanes hacen lo que pueden, decían, pero sus mandos políticos les obligan al autismo. Combatir los tentáculos sin fin de la red del terror con un puñado de policías voluntariosos y en espardeñas es un imposible. Una apuesta por la derrota.

“No dejamos entrar a la Guardia Civil porque no hacían falta”, explicó el consejero Forn, disparatada pieza de todo este engranaje, al referirse al episodio de Alcanar. O sea, “somos autosuficientes, ¿a qué vienen éstos a molestar?”. También echaron a esa juez a la que tanto butano y tanta explosión le olía a chamusquina . “Señoría, usted exagera”. Chicos listos los del ‘major’ Trapero.

La Guardia Urbana de Barcelona, los primeros en llegar a Las Ramblas, estuvieron a punto de redondear la tragedia. “Hay francotiradores en las azoteas con turbantes negros”, se avisaban por radio. Iban a por ellos. Resultó que eran unos Mossos que, sin avisar a nadie, gateaban por los tejados. Los urbanos de Barcelona también son relegados. Sus mandos no son de la estirpe del ‘procés’. Hasta se entienden entre ellos castellano.

Rajoy reapareció el viernes, tras el Consejo de Ministros. En vísperas de la magna manifestación contra el terror. Emitió un mensaje de una untuosa y delicada pulcritud. Unidad por encima de todo. Los Mossos son irreprochables. La coordinación política es estupenda. Todo va sobre ruedas. El Rey viene en representación del Estado para sumarse al dolor de los catalanes. Buena voluntad servida en bandeja de algodones. De poco sirvió.

Unas horas después, la bofetada. El presidente de la Generalitat, empavonecido con la impecable gestión de sus cuerpos policiales, lanzó un puñetazo a la quijada de la falsa ‘unidad’. “El Gobierno ha jugado con la seguridad de los catalanes”, espetó. “Le dijimos que no lo hiciera, pero tiene otras prioridades”. Rajoy juega a los dados con las vidas de los catalanes vino a decir el president. Del “Madrid nos roba” al “Madrid nos mata”, más o menos.

Pidieron fondos para contratar 500 mossos más y se les respondió que revisaran los presupuestos. Hay pasta para el referéndum, las tropecientas teles, las embajadas, los infructuosos viajes del inútil de Romeva, para recortar en Sanidad, para no pagar a las farmacias, pero Puigdemont no es capaz de proveer una pequeña partida para sus policías.

La culpa es de Madrid. La seguridad de los catalanes está en juego por culpa de Rajoy. Todo eso dicho en pleno luto por las quince vidas segadas por el terror. En vísperas de la gran demostración de duelo. Con sus esteladas y sus cánticos de independencia. Item más. Dijo también el ‘president’ que ya tiene 6.000 urnas para su happening, que es lo que le importa. El ‘procés’ por encima de las víctimas.

No esperó Puigdemont a que se apagaran los llantos, a que se diluyera el dolor, a que amainara el miedo, a que la sangre se secara. “Hemos demostrado que estamos preparados para actuar como un Estado independiente”, añadió, desde su paranoia delirante. No se lo ha preguntado a las familias de los muertos. Le señalarían, quizás, dónde puede meterse sus urnas.

¿Por qué se trata de ocultar la implicación marroquí en los atentados de Barcelona?
Carlos Ruiz Miguel Periodista Digital 27 Agosto 2017

Ya sabemos que los ejecutores del atentado de Barcelona y del frustrado atentado en Cambrils son todos marroquíes. He explicado aquí que esto no es una casualidad, sino el resultado de una alianza con la monarquía de Marruecos alentada por los separatistas catalanistas. Algunos puntos precisan aún esclarecimiento, como las verdaderas circunstancias en las que se produjo la muerte de los terroristas de Cambrils de los que se dijo que tenían unos "cinturones de explosivos" que, como era fácil de prever, eran falsos. Pero lo más importante de la situación "post-atentado" es la estrategia de prensa y "analistas" en difuminar y ocultar la implicación marroquí. ¿Por qué este ocultamiento?@Desdelatlantico.

I. PRIMERA FASE: SILENCIAMIENTO Y DIFUMINACIÓN DE LA RESPONSABILIDAD MARROQUÍ
En un primer momento nos encontramos con estrategias de silenciamiento y de difuminación de la responsabilidad marroquí en el atentado de Barcelona.

Entre los ejemplos de silenciamiento, nos podemos encontrar este artículo firmado por Jesús Cacho en "Voz Populi". Aquí tenemos un ejemplo de un periodista experimentado al que se le ha olvidado una de las "cinco W", la del "Who" (quien). Sí, claro, su artículo es de opinión, y no de "información", pero llama poderosamente la atención en un largo artículo sobre el atentado en NINGÚN MOMENTO se diga algo tan importante como que TODOS los terroristas implicados son marroquíes.

Entre los ejemplos de difuminación encontramos varios ejemplos. Un ejemplo lo tenemos en este artículo de Irene Gómez en "El Confidencial". La periodista dice:

Hasta el momento se ha detenido a tres personas presuntamente relacionadas con el doble atentado, una de ellas Driss Oukabir, un magrebí de unos 28 años

Un caso aún más escandaloso es el de la cadena televisiva progresista "La Sexta" que llegó a hablar de la "nacionalidad magrebí" de los implicados, lo que provocó reacciones escandalizadas en la red social Twitter.

II. SEGUNDA FASE: TRANSFERENCIA DE LA RESPONSABILIDAD A QATAR Y ARABIA SAUDÍ
Pero quedaba lo mejor. El discurso de la "nacionalidad magrebí" suscitó tales reacciones que los propios inspiradores de la manipulación se dieron cuenta del error. En cuanto al silenciamiento de los autores... qué vamos a decir, sino que deja toda la presunta solemnidad del discurso en algo ridículo. Hacía falta identificar un responsable... y había que impedir que se hablara de Marruecos... a ser posible para, encima, imputar la culpa "a España", siempre "a España".

Fue así como se pasó a la segunda fase. Con el descaro más absoluto y aprovechando la muy oportuna reivindicación del atentado por el ISIS... se culpa del mismo a Qatar (eso sí, cuando ha dejado de ser patrocinador del Barcelona FC) y a los Emiratos (que para eso siguen siendo patrocinadores del Real Madrid). Y si encima el argumento se utiliza para atacar la presencia del Rey de España, Felipe VI, en una protesta contra los atentados... ¡qué mejor!

Naturalmente para llevar a cabo este insulto a la inteligencia se precisa altas dosis de fanatismo, o de ignorancia o de imaginación. Y aquí vemos, como curiosamente coinciden desde el adalid de la ideología de la "amenaza yihadista" Zuloaga hasta los de la CUP.

El primero llega a decir que ¡¡"El atentado se organizó desde Siria"!!.
Quien mejor para ello que la CUP. Esto fue lo que dijo Mireia Boya, diputada de la CUP en el parlamento regional catalán:

"Todo el mundo sabe cuáles son las relaciones de amistad y económicas de la monarquía española, sus relaciones con las monarquías pérsicas, como Catar (sic) y Emiratos, que financian al Daesh [nombre común entre los árabes para referirse al califato] y que son culpables de lo que sucedió el jueves en Barcelona. Es una hipocresía enorme que el Rey venga a pasearse".

¿Qué importa que reivindicación del ISIS se contradiga en sus versiones árabe (habla de varios "soldados" y española (habla de "un soldado)?
¿Qué importa que la reivindicación del ISIS carezca de credibilidad puesto que hable de un ataque a un bar turco que no tuvo lugar?
¿Qué importa que todos los terroristas fuesen marroquíes y ninguno qatarí o emirato?

III. Y ENTRE TANTO MOHAMED VI MUESTRA SU "COMPROMISO" CONTRA EL TERRORISMO INDULTANDO A 13 TERRORISTAS ISLÁMICOS
Y mientras medios, "analistas" y políticos separatistas catalanista tratan de ocultar la implicación marroquí en el atentado de terrorismo islámico.. Mohamed VI el 19 de agosto decidió indultar a 13 personas condenadas por asuntos de terrorismo (islámico).
El "mensaje" no por "inoportuno" podía ser más claro.

IV. NERVIOSISMO Y NECESIDAD DE OCULTAMIENTO DE LOS NEXOS DE MARRUECOS CON EL SEPARATISMO CATALANISTA
Los escandalosos ocultamientos y manipulación sobre la implicación de Marruecos en la autoría material y en la autoría intelectual (por lo que ya se sabe) son muy reveladores.
Como he indicado aquí, el separatismo catalanista, siguiendo la estrategia marcada por su padrino, Jordi Pujol i Soley, trabó una alianza con Marruecos para llevar a cabo el "prusés". Quizá los separatistas, que presumen de astutos, pensaban que saldrían ganando y que esta alianza "non sancta" les resultaba beneficiosa. El hecho es que esa alianza tenía un coste.
Era el momento de evaluar esa alianza. Si es que se tenía la libertad de hacerlo, claro.
Todo parece indicar que los separatistas o no tienen libertad (valor) o no tienen inteligencia para hacerlo. Tras el atentado, el presidente regional separatista, Carles Puigdemont, ha hecho unas declaraciones asombrosas sobre Marruecos:

En Cataluña hay unos 200.000 marroquíes que viven y contribuyen a la normalidad de este país.

"Normalidad"... ¿qué más se puede decir?

Policía y CNI estallan contra los Mossos con un duro informe: atentado evitable
David Lozano esdiario  27 Agosto 2017

No hay tregua entre los responsables de la Seguridad del Estado y la policía catalana. Un revelador informe culpa a los catalanes de estar meses sin informar a los Servicios de Inteligencia.

Tanto Policía como Guardia Civil y responsables del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) comparten las conclusiones de un informe, realizado por varios expertos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, que es absolutamente determinante y revelador sobre los atentados que la pasada semana afectaron a Barcelona y Cambrils y que se saldaron con 15 víctimas mortales (aún hoy existen 7 heridos en estado crítico): "la deriva independentista ha afectado a los trabajos de inteligencia".

Y es que desde que responsables de la Generalitat catalana decidieran crear una suerte de Inteligencia al margen del CNI, han sido varios los portazos que se han encontrado por parte de los responsables de Inteligencia de otros países occidentales, fundamentalmente las más importantes del mundo. Esto es un "no" del BND alemán, la DGSE francesa, el Mossad israelí y el MI6 británico. Esto, según diversas fuentes, provocaba el tremendo enfado de Interior y Mossos d' Esquadra que culpaban de esta negativa a "movimientos" del CNI español. Consecuencia de todo ello: se cumplen ya 6 meses sin que este Cuerpo haya remitido información alguna ni al CNI, ni a Policía y Guardia Civil y ni tan siquiera al Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO).

Un hecho éste de extrema gravedad que ahora ha quedado más en evidencia tras los atentados. Los analistas del CNI insisten: las restricciones ordenadas por los políticos a la hora de compartir información han podido entorpecer investigaciones que hubieran evitado la comisión de esos ataques. Tan claro como tajante.

Al hilo de todo esto, especialmente preocupante es lo que cuentan en ECD, que detallan que si en el CNI están indignados por la falta de colaboración de los Mossos d’Esquadra, el enfado de los servicios de información de la Policía y la Guardia Civil no es menor.

Fuentes de ambos cuerpos confirman que la policía autonómica catalana llevaba semanas, antes de los atentados de Barcelona y Cambrils, sin aportar ningún tipo de información al Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO), del que forman parte.

Una información que cuenta además que "no hubo ningún tipo de notificación" sobre la explosión producida en Alcanar la noche previa a los ataques. Un "silencio informativo" que contrasta con las normas del Centro: "Ante cualquier incidente grave, como puede ser una explosión, hay que avisar al CITCO para determinar si detrás puede haber actividad terrorista o relacionada con el crimen organizado".

En ese sentido, la única "información oficial" que recibieron Guardia Civil y Policía Nacional sobre lo sucedido en Alcanar llegó en la noche del jueves, cuando el comisario mayor de los Mossos, Josep Lluis Trapero, confirmó que existía relación entre el atentado en Las Ramblas y la explosión producida en el municipio de Tarragona. Unos errores de los que les hemos ido dando puntual cuenta en ESdiario y que ha forzado que el juez Fernando Andreu aparte a los Mossos y nombre a la Guardia Civil como policía judicial del caso.

Después del atentado, reconocen desde Policía y Guardia Civil, la interlocución con los Mossos d´Esquadra "ha mejorado", pero cuenta ECD algo preocupante: no es "todo lo eficaz" que podría ser. Algunos investigadores son tajantes: en los últimos días, los Mossos "están pasando más información a La Vanguardia que a nosotros".

‘IMPENSABLE EN OTRO PAÍS’
Covite denuncia la ‘pasividad total de las instituciones’ ante los homenajes a etarras
La Gaceta  27 Agosto 2017

Covite se pregunta si estas situaciones se permitirían “si el homenajeado fuera un yihadista”.

Covite ha criticado la “pasividad” de la Audiencia Nacional ante los actos de recibimiento a etarras que salen de prisión registrados en diversas localidades vascas y navarras al tiempo que ha preguntado si estas situaciones se permitirían “si el homenajeado fuera un yihadista”.


El Colectivo de Víctimas del Terrorismo (Covite) ha difundido en las redes sociales un vídeo que recoge el recibimiento en Hernani (Guipúzcoa) a la etarra Itxaso Zaldua, encarcelada desde marzo de 2005 cuando fue detenida en el sur de Francia, y que salió el pasado miércoles de la prisión de Roanne, en el país galo.

El vídeo muestra a Zaldua, condenada en 2010 a 18 años de cárcel como responsable de la logística del aparato militar de ETA, dirigiéndose a la “herriko taberna” de Hernani y recibida por decenas de personas con aplausos y un “aurresku”.

Fuentes de Covite han señalado que este colectivo lleva “todo el verano” recabando información sobre este tipo de actos a presos de ETA que vuelven a sus pueblos tras salir de la cárcel, y “que no han hecho ningún tipo de condena o arrepentimiento, pero son homenajeados en la calle entre vítores y aplausos con el único mérito de haber sido condenados por un delito de terrorismo”.

Con la difusión de estas imágenes, intenta “concienciar a la sociedad contando que esto está pasando en un país europeo”, algo que resultaría “impensable en cualquier otro lugar del entorno”.

Si el homenajeado fuera un yihadista “¿las instituciones permitirían que esto ocurriera en plena calle y de forma continua”, han cuestionado.

Subrayan que estos días en los que los gobiernos inciden en la prevención de la radicalización violenta, “en el País Vasco y en Navarra todos los días hay actos que reflejan un nivel de radicalización”, algo que sucede, a juicio de Covite, “ante la pasividad total de las instituciones públicas que no hacen nada por impedirlo, incluida la Audiencia Nacional”.

Covite remarca que “se permite el culto al terrorista en las calles” del País Vasco.
El colectivo de víctimas del terrorismo no tiene previsto presentar una denuncia sobre lo ocurrido en Hernani el pasado miércoles y sobre otros actos similares porque “resulta frustrante” ya que, afirma, “la Audiencia Nacional considera que no entraña delito y es libertad de expresión”.

Por ello, ha adoptado la vía de “documentar e informar a través de las redes sociales de estos homenajes” con el objeto de “presionar y concienciar para que no sucedan”.


 


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