AGLI Recortes de Prensa   Lunes 28 Agosto 2017

‘LA DESUNIÓN FUE LA ENSENCIA’
La nota del editor sobre la manifestación de Barcelona.
Julio Ariza. La Gaceta  28 Agosto 2017

¿Por qué no dejan ya de hacer teatro y se ponen a gobernar en serio y a proteger los derechos y los intereses de los españoles?

No he ido a la manifestación de Barcelona. No creo en este tipo de manifestaciones. El eslogan era una nadería para borreguitos. El único objetivo posible de una manifestación como esa es buscar la unidad del pueblo en torno a una determinada materia y ayer la desunión fue la esencia de esa manifestación.

Tampoco creo que fuera apropiada la presencia del Rey de España en ese acto. Me explico: Los que acusan a la Casa Real y al Gobierno español de propiciar la venta de armas a Arabia Saudí y a Qatar, que son los principales financiadores del terrorismo en todo el mund, tienen razón.

Los organizadores se opusieron a que el mismo Rey de España presidiera la manifestación a la que asistía y planificaron los abucheos y los pitidos sabiendo que iban a proyectarse a todo el mundo. Un Rey y un presidente del Gobierno no pueden aceptar un eslogan como el planteado ni tampoco que fuera exclusivamente en la lengua catalana.

Las declaraciones de Puigdemont el día anterior eran motivo más que suficiente para suspender la asistencia a semejantes actos de manipulación. La ausencia de familiares de las víctimas del atentado fue vergonzosa y clamorosa. Tan vergonzosa y clamorosa como la presencia de dos personas de religión musulmana justo al lado del Rey durante toda la marcha. ¿Por qué no dejan ya de hacer teatro y se ponen a gobernar en serio y a proteger los derechos y los intereses de los españoles? ¿Por qué no explican de una vez que la mejor manera que tiene una sociedad de progresar es incidir más en el cumplimiento de los deberes que en la exigencia constante de los propios derechos?

Cataluña, tras la manifestación de la infamia
EDITORIAL  Libertad Digital 28 Agosto 2017

Los peores augurios se cumplieron y la manifestación del pasado sábado en Barcelona fue uno de los momentos más infames desde la instauración de la democracia. Allí no campeó la resistencia al terrorismo, sino la estupidez y la ignominia. La estupidez de quienes esgrimieron cartelitos de un buenismo tan insentato e ignaro como repugnante, por su escandalosa desconexión deliberada de la realidad y su gratuidad –pura pose, pseudocompromiso heroico de la peor estofa precisamente porque se es consciente de que nadie va a exigir un precio, una prueba al supuesto héroe comprometido–; y la ignominia de los canallas que prostituyeron el objeto de la convocatoria, que profanaron la memoria de las víctimas de la matanza islamista de las Ramblas, para perpretrar una vomitiva performance sectaria.

La imagen que ofreció el sábado al mundo una ciudad que hasta el ominoso 17 de agosto acaparaba titulares internacionales por la huelga que desarboló su aeropuerto internacional y por una muy agresiva e infecta campaña de turismofobia fue sórdida; una vergüenza. No han sido pocos los extranjeros que han alucinado ante una manifestación contra el terrorismo en la que no se hacía la menor alusión al islamismo criminal causante de la matanza objeto de la misma, y en la que pancarta más grande y llamativa, jaleada por los que han hozado sin descanso en la turismofobia, decía "Vuestras políticas, nuestros muertos" y reproducía la célebre Foto de las Azores, cuyo uso en todos estos años haría las delicias al nazi Goebbels, tan emulado por sus supuestos enemigos.

Cataluña está en manos de una casta política descalificable, impresentable, tóxica hasta la náusea. Es, sin lugar a dudas, el peor enemigo de Cataluña, a la que demuestra odiar con furia con sus dichos y hechos marinados en un fanatismo despreciable, criminógeno, que está devastando el Principado.

Son numerosas las voces que han pedido que se distinga a quienes convirtieron la manifestación del sábado en una afrenta a las ignoradas víctimas del terrorismo de la inmensa mayoría de los manifestantes, que no se echaron a la calle con banderas que dinamitan la convivencia ni miserables carteles que pretendían disimular el odio y el sectarismo que los animaba con proclamas buenistas. Sea. Pero lo cierto es que esa Cataluña que no es la peor Cataluña tiene que hacer más, mucho más. Tiene, de hecho, que demostrar que es mayoritaria y conquistar el espacio público; practicar la activa exclusión social de los liberticidas, de los blanqueadores de terroristas, de los que excitan el odio contra el resto de España, y expulsar de las instituciones a quienes están convirtiendo el Principado en una suerte de pseudo Estado fallido y canalla.

Yo sí tengo miedo, estúpidos
Amando de Miguel  Libertad Digital 28 Agosto 2017

Es costumbre que en las manifestaciones de protesta o de solidaridad se coreen eslóganes, pareados o estribillos de dudoso gusto. Por lo visto, se trata de un ardid de los organizadores para dar moral a la multitud. En el caso de los recientes atentados terroristas en Cataluña, los manifestantes de apoyo al Gobierno catalán canturrean la salmodia "yo no tengo miedo". Pues yo sí lo tengo ante una reacción colectiva tan pueril como irresponsable. El miedo es tal que se manifiesta por distintos motivos. Son otras tantas formas de defensa de ulteriores amenazas.

Siento pavor de las consecuencias que va a suponer el hecho de que no hayan sidodestituidos los altos mandos de los Mozos de Escuadra (supongo que ahora habrá que decir "Mozos y Mozas"). Esa policía ha demostrado ser perfectamente incompetente para la lucha antiterrorista en Cataluña. Lejos de tal escarmiento, ahora le dan no sé qué medallas y los políticos proclaman que se trata de "la policía antiterrorista más eficaz del mundo". Un sarcasmo es lo que parece, en vista que los Mozos y Mozas del partido en el Gobierno catalán ni siquiera tenían fichados a los terroristas de Ripoll.

Espanto me da el dato más general de la permisividad de las autoridades españolas respecto a la campaña de los llamados imanes para embaucar a los parroquianos de sus alfombradas mezquitas.

Me entra una sensación de desasosiego al ver que el Gobierno español ha decidido que los militares no patrullen las ciudades más populosas, como sucede en otros países europeos. ¿No quedamos en que las operaciones antiterroristas son realmente una guerra?

Me causa indignación la repetición de la historia de los atentados terroristas como excusa para sacar un rendimiento político. Así sucedió en el de Madrid de 2004 y de forma parecida en el de Cataluña de 2017. Es claro que la Generalidad ha aprovechado la matanza de agosto para hacer ver que es lo que pretende ser: un verdadero Estado.

Siento repugnancia por la reacción inmediata de una alta autoridad del Gobierno catalán al dar cuenta de las víctimas del atentado barcelonés: "Había varias personas catalanas y otras españolas". Seguramente fue una trampa del subconsciente. Peor me lo pone.

Me produce una gran desazón el hecho de que, ante un tímido y protocolario Pacto Antiterrorista, algunos partidos nacionalistas o de izquierdas se nieguen a firmarlo. ¿A esto se le llama "unidad"? Seguimos con la retórica para ocultar la falta de decisión política.

Pánico me da la circunstancia de que los Mozos y Mozas de Escuadra se apresuraran a abatir a los terroristas que tenían delante. Lo más juicioso habría sido herirlos con profesionalidad para cogerlos vivos. De esa forma habrían servido como una valiosísima fuente de información. Es sabido que la lucha contra el terrorismo (por no decir "cruzada") se desenvuelve principalmente en el plano del conocimiento de las actividades aparentemente religiosas del enemigo. Es fácil comprobar que no todos los musulmanes son terroristas, pero no es menos cierto que los terroristas invocan a Alá y hasta se inmolan por Él.

Me asusta que el dueño del chalé de la costa de Tarragona, donde los terroristas de Ripoll preparaban sus mejunjes, no denunciara el delito previo de la okupación del edificio. Al parecer, el dueño es un banco. Más miedo todavía. Ese es el verdadero caldo de cultivo del terrorismo.

FALTAS GRAMATICALES MUY COMUNES
Los errores más comunes del castellano hablado
La complejidad del español, uno de los idiomas más difíciles de dominar, hace que sean muchos los que caigan en la comisión de los errores más frecuentes de nuestra lengua
Marta de la Fuente estrelladigital 28 Agosto 2017

Las más de 93.100 palabras que la Real Academia Española (RAE) recoge en su diccionario y la, a veces, enrevesada gramática de nuestra lengua dificultan que los ciudadanos de a pie puedan dominar el castellano a la perfección.

De hecho, hay una serie de errores tan comunes, que no solo no son identificados como tales por gran parte de la población, sino que algunos de ellos han sido aceptados por la academia que vela por nuestra lengua.

Estos son algunos de los fallos que más se comenten en el castellano hablado;

- Queísmo y dequeísmo: Opino de que no, me he acordado que es tu cumple...
Ambos ejemplos son errores igual de garrafales, aunque es cierto que la mayoría de las personas identifican mejor el dequeísmo. Hay verbos que no rigen la preposición 'de', como decir, opinar, juzgar, querer... Sin embargo, hay otros que si lo hacen, como : acordarse, cansarse, asustarse, avergonzarse, fiarse, informar...Ejemplos de erroresj: Me dijo de que se iba mañana, se cansó que le llamase tanto, en la radio han informado que mañana es festivo...

- Utilización de infinitivos en lugar de imperativos: Niños, recoger las cosas.
El impertaivo plural siempre termina en 'd', excepto el impertativo plural del vero 'ir', que es 'idos', aunque ya se acepta 'iros'. Más ejemplos: Hacer la comida vosotros, Evitar salir tarde con los niños...

- Advervios + adjetivos posesivos. Detrás mía, delante tuya..
Es un fallo muy común, quizá uno de los que más se comenten hoy en día. Los adverbios de lugar, como: encima, debajo, cerca, al lado, arriba, dentro, detrás...No pueden ir seguidos de un adjetivo posesivo, como: tuyo, mío, suyos, nuestros... Ej: 'Susana está al lado mío', en lugar de: 'Susana está a mi lado' es un error.

- Invención de los numerales ordinales: El onceAVO
Los numerales ordinales plantean dificultades para algunos ciudadanos. Primero, segundo, tercero,....No suponen muchas dudas. Sin embargo, a partir del 10º, los cardinales se forman por yuxtaposición o por fusión de formas simples y no añadiendo AVO, AVA, ni sus plurales. Ej: Llegó el doceavo a la meta, en lugar de: Llegó el duodécimo o el décimosegundo.

- La triple L: laísmo, leísmo y loísmo
Se trata de una serie de normas que parecen muy difíciles de recordar para muchos y que confunden a gran cantidad de castellanohablantes. Algunos más que otros dependiendo de la zona geográfica en la que vivan o hayan crecido. Es importante tener en cuenta que como complemento directo se debe utilizar 'la' y 'lo' y sus plurales y como complemento indirecto, 'le' o 'les', y por otro lado, que el complemento directo es el objeto o persona sobre el que recae la acción, mientras que el indirecto recibe el beneficio o daño de la acción.

El laísmo es la utilización del pronombre 'la' o 'las' en lugar de 'le' o 'les' cuando hacen referencia a un complemento indirecto. Es un error muy común en Madrid y en el centro peninsular. Ej: A maría la gusta el helado.

El leísmo, sin embargo, es la utilización de 'le' o 'les' en función de complemento indirecto, en lugar de 'lo', 'la' y sus formas plurales. Es el fallo más común de los tres, tanto que la RAE lo acepta, en el caso de masculino singula. Ej: Fui a verle al hospital.

Loísmo. Dentro de estos tres errores, el loísmo es el menos común y se basa en la utilización del pronombre 'lo' y 'los', en lugar de 'le' y 'les', cuando se refefiere a complemento indirecto. Ej: Los prendieron fuego (a los papeles)

- Añadir una 'S' al pretérito perfecto simple: Dijistes que sí
Es una regla muy simple que no se respeta en demasiadas ocasiones. La segunda persona del singular del pretérito perfecto simple no termina en 'S'. Ejemplo del error: Comistes, cogistes, bebistes, contestastes...

-Redundancia
Es un vicio muy común en nuestro lenguaje añadir palabras a otros sustantivos que no los necesitan. Ej: Sube arriba o vuelve a empezar de nuevo.

Además, especialmente en los medios de comunicación, se cae en la redundancia cuando se quiere dar énfasis a un sustantivo y se añade un adjetivo que no es necesario, ni correcto. Ej: Querella criminal, testigo presencial...

-'Hay a veces'
La utilización de 'hay a veces' en lugar de 'a veces' o 'hay veces', es otro error bastante habitual en castellano. Ej: Hay a veces que me mareo, en lugar de: A veces me mareo o Hay veces en las que me mareo.


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De la tragedia yijadista a la farsa “unitaria”

Pío Moa Gaceta.es 27 Agosto 2017

Los atentados islámicos en Barcelona pueden tener consecuencias negativas para los separatistas y su “prusés”, ya que evidencian la peligrosidad de llenar la región de musulmanes, y la inseguridad derivada. Para evitarlo han disparado toda su artillería en una explosión de islamofilia sentimental, y ensalzando la capacidad de los mozos para resolver el problema como las mejores policías de Europa, sin ayuda de la Guardia Civil o de la Policía Nacional. Legalmente, constitucionalmente, son estos, y el gobierno español, quienes tienen competencias antiterroristas, cumpliendo los mozos solo un papel auxiliar. Pero el indecente gobierno de Rajoy las ha cedido a los mozos y a la Generalidad, pisoteando la ley, que parece ser su deporte favorito. De paso, los separatistas han desviado la condena de la yijad hacia España. Algo parecido ocurrió con el 11-m, cuando la chusma izquierdista –porque en España la izquierda nunca dejó de ser chusma, por desgracia– desvió la culpa de los terroristas hacia el PP. Es posible, por tanto, que los separatistas consigan su objetivo culpando de la inseguridad a “España”.

Rajoy, cuya necedad supera todos los límites, no solo ha reconocido una vez más, en los hechos, a la Generalidad como gobierno de un país independiente, sino que se ha sumado servilmente a una manifestación cuyo carácter estaba claro desde el principio. Pocas cosas más grotescas que ver a estos deleznables políticos, que han sacado a la ETA de la ruina para convertirla en potencia política, en cabeza de una manifestación proislamista, progolpista, antiespañola y antidemocrática, si es que la Constitución significa algo, que ya no. Para colmo, el hombre no se la ha ocurrido nada mejor que usar al rey de un monigote poniéndolo al frente de la pantomima. Cierto que desde que Juan Carlos firmó la ley de memoria histórica, que le deslegitima, la monarquía está en la cuerda floja.

Hace años que venimos denunciando algunos la putrefacción de una democracia en la que sus enemigos usan abierta y masivamente las facilidades democráticas para destruirla, con apoyo y financiación de unos gobiernos que ni hacen cumplir la ley ni la cumplen. Gobiernos delincuentes, por tanto. Entre todos han destruido el estado de derecho haciendo del régimen una democracia fallida, que amenaza de manera cada vez más inminente con quebrar su propio suelo, que no es ni puede ser otro que la unidad de la nación española. Un amigo que volvía de Cataluña me comentaba: “No os hacéis idea del odio que han conseguido sembrar allí a España y a los españoles”. Una España que jamás ha sido defendida por el PP de Rajoy.

El legado del estadista del Marca, en sus seis años de desgobierno puede apreciarse fácilmente. Es el mismo de Zapatero, agravado: más separatismo, más terrorismo, más etarras en las instituciones, más LGTBI — el mayor corrosivo de la familia–, más abortismo, menos soberanía, más Gibraltar, un ejército cipayo de intereses ajenos, bajo mando ajeno y en lengua ajena, más colonización cultural… Todo ello en un clima de odios crecientes. La república sufrió un proceso similar, hasta ser desgarrada y destruida en una orgía de odios. Como decía entonces el periódico El sol, “vamos camino de que nada nos sea común a los españoles”. Este es el panorama que deja el PP, con la contrapartida insignificante de una ligera mejora en la economía, que ni siquiera sabemos si será duradera.

La democracia ya empezó bastante mal en la Transición, pero el legado del régimen anterior era tan espléndido (olvido de los odios republicanos, prosperidad, clase media, moderación política muy mayoritaria, amplia libertad personal y crecientes libertades políticas…) que su inercia ha continuado incluso con partidos y políticos tan demagógicos, ignorantes de la historia y en general incultos como los que hemos sufrido. Pero todo termina agotándose. Los errores de la transición no se enmendaron, sino que se han profundizado, y hoy estamos en una situación de farsa política generalizada, desprestigio del estado y amenazas cada vez más inminentes

El retrato del secesionismo

El Semanal Digital 28 Agosto 2017

Los atentados en Cataluña han acabado con el último gramo de cordura en el secesionismo, dispuesto incluso a aprovechar el dolor para redoblar sin pudor su carrera hacia la nada.

Toda la impúdica trayectoria del secesionismo ha quedado retratada, con estrépito, en el único momento de redención que, por razones bien tristes, va a tener a su disposición para liberar al otrora nacionalismo moderado de la presión de los independentistas más radicales.

Pero los atentados en Cataluña, lejos de servir para recuperar una cierta cordura en las instituciones, han evidenciado toda la impostura y desfachatez de un movimiento indigno de Europa y carente de los escrúpulos más elementales.

Desde el Gobierno de la Generalitat, más ocupado desde el primer momento en patrimonializar la gestión de la barbarie para simular ser un Estado hasta las CUP, más agresivas con España y sus instituciones que con los terroristas; todo el secesionismo catalán se ha manifestado en estos días tan duros en Cataluña como lo que es, sin tapujos.

Una mera perversión de las leyes, un desafío a la convivencia, un ataque a la democracia y una tóxica y deshumanizada cosmovisión aldeana de la vida en la que todos los que no comulgan con ella son directamente tratados de enemigos.

La dignidad del Rey, del Gobierno y de las instituciones españolas, generosas hasta el punto de admitir un estudiado desprecio público con tal de no añadir tensión polçitica al dolor de las víctimas y de la sociedad catalana; resume también a la perfección la actitud de España desde 1978, tan alejada de la caricatura injusta de un nacionalismo que ha respondido con deslealtad siempre a cada esfuerzo integrador del Estado de Derecho.

¿Sin retorno?
Desde Puigdemont hasta su sostén en el Gobierno, ese partido tercermundista que inclina la balanza a favor de la vieja Convergencia, han dado un espectáculo vergonzoso no sólo en la gestión de un drama formidable, por muchas medallas que se concedan a sí mismos a través de los Mossos; sino también en la digestión posterior, que sitúa el supuesto desafío en un camino con difícil retorno: si ni con un contexto tan terrible se frena, es casi imposible que lo haga en cualquier otro.

Se busca Estado (español) en Cataluña
Isabel San Sebastián ABC 28 Agosto 2017

Primero se cedió un terreno crucial en el campo de la Educación, después vino la marginación consentida de los castellanoparlantes, la carta blanca al despilfarro de dinero público en políticas secesionistas y, como colofón, la renuncia a controlar la lucha contra el terrorismo, con las consecuencias constatadas en Barcelona y Cambrils. Si les quedara algo de responsabilidad a los partidos que dicen creer en el sistema democrático, esto es, PP, PSOE y Ciudadanos, estarían buscando desesperadamente la forma de parar esta locura y dar marcha atrás. Porque las manifestaciones de repulsa, en el mejor de los casos, solo sirven de terapia colectiva frente al miedo, y en el peor, como vimos el sábado, se convierten en una humillación tolerada a las más altas instituciones del Estado y a las víctimas, amén de una vergüenza internacional rubricada con la ausencia absoluta de líderes extranjeros ante el temor, más que justificado, a verse involucrados en la encerrona. Los gobernantes autonómicos catalanes no se cansan de demostrar que tienen una única obsesión llamada independencia, inmune a la razón y la lógica. Las manifestaciones, por tanto, no sirven. La batalla por la seguridad compatible con la libertad solo puede ganarse con información, con muchos más medios de los empleados hasta ahora, con plena unidad operativa dirigida desde Madrid y desterrando los complejos que nos atenazan. Considerando que ni siquiera ha podido incrementarse el nivel de alerta hasta el grado cinco, ya que esa decisión habría requerido el despliegue del Ejército en las calles y provocado el estallido del pacto antiterrorista (existían amenazas explícitas al respecto) debemos ponernos en lo peor.

Es imposible saber si la Guardia Civil, la Policía Nacional y el CNI, coordinando información y esfuerzos con los Mossos d’Esquadra, habrían podido evitar la masacre, aunque parece obvio que su experiencia y preparación habrían multiplicado las posibilidades. ¿Se les habrían escapado los indicios de que se estaba preparando un atentado con explosivos en la casa que saltó por los aires en Alcanar, donde hasta la juez alertó de esa evidencia a los agentes de la Policía autonómica, que desecharon tal posibilidad pese a la acumulación de pruebas apabullantes? ¿Habrían dejado marchar al herido sin interrogarle siquiera? ¿Se habría archivado la advertencia de la Policía belga sobre el imán yihadista sin una mínima comprobación, que habría sacado a la luz la investigación llevada a cabo en 2005 por el CNP al detectarse la vinculación de Satty con Al Qaida? Lo dudo. Como dudo que hubiera habido millares de personas caminando por una rambla vulnerable a atropellos terroristas como los acaecidos en Niza o Berlín si la decisión de protegerla con bolardos hubiese correspondido a una autoridad estatal guiada únicamente por criterios de eficacia operativa y no por el sectarismo. Basten estos graves errores cometidos para demostrar hasta qué punto es imprescindible que el Estado, si es que Estado queda después del 1 de octubre, recupere a la mayor brevedad el control total de la respuesta ante la amenaza terrorista. No hacerlo implica abandonar a su suerte a millones de españoles que merecen ser protegidos.

Los brutales atentados perpetrados por sicarios de Daesh el 17-A en Cataluña nos demostraron hasta qué punto nos debilita la fragmentación de policías y servicios de información. La manifestación del sábado les demostró a los terroristas que muchos catalanes, empezando por sus líderes, ponen sus mezquinos intereses rupturistas por delante de las víctimas y de la seguridad. ¡Pobres de nosotros!

Autorretrato borroso

Ignacio Camacho ABC 28 Agosto 2017

Resulta doloroso de asimilar y antipático de decir pero Barcelona no ha estado a la altura de su prestigio. Quizá sus habitantes más sensatos debieran reflexionar sobre el sesgo antipático que el nacionalismo ha estampado en la ciudad al apoderarse fraudulentamente de su carácter colectivo. Por supuesto que fue una minoría, aunque muy visible y ruidosa, la que malversó la manifestación y boicoteó el recuerdo de las víctimas, pero la mayoría no quiso o no logró imponerse a la manipulación soberanista. Y las autoridades que alientan y protegen ese clima de intimidación y ruptura han sido elegidas con el voto de los barceloneses. La democracia tendrá muchos defectos pero al final cada pueblo acaba teniendo el gobierno y los gobernantes que se merece.

Los ciudadanos de una urbe que presume, casi siempre con motivo, de apertura mental y sentido de la convivencia no deberían sentirse satisfechos de la fotografía que se sacaron el sábado. La buena voluntad de tantos asistentes quedó eclipsada por la expresión hostil de un delirio egoísta y ensimismado. El homenaje de respeto a los muertos en el atentado se diluyó postergado en un clima de desafío sectario. Y la solidaridad moral y emotiva de los españoles, simbolizada en la presencia del Jefe del Estado, recibió el áspero desdén de un ultraje xenófobo, de un ingrato rechazo.

Todo eso configura la imagen de un pueblo incapaz de situarse a la altura de las circunstancias, abducido por un liderazgo político incompetente obsesionado por una idea desquiciada. Uno de los aspectos más llamativos del procès es el modo en que la fantasmagoría de la secesión, trufada de posverdades, mitos o simples trolas intragables y desvergonzadas, ha calado en una sociedad instruida, moderna y de apariencia intelectualmente compacta. Ahora sabemos que, además, la sugestión independentista está destruyendo esa civilidad histórica, imbuida de sedicente tolerancia, para transformarla en una malquerencia tirante, inamistosa y, lo que quizá sea más triste, maleducada. Que el mesurado y hospitalario seny catalán se desvanece víctima de la enajenación identitaria.

No, ni Cataluña ni su capital salieron favorecidas en el autorretrato. Ciertamente la adulteración espuria y banderiza de la convocatoria fue cosa de un sector radical estadísticamente minoritario, pero su estratégico protagonismo, consentido y hasta auspiciado, relegó a las víctimas y convirtió la marcha en un acto de agitación y propaganda, en una Diada de ensayo. Hubo más gritos contra el Gobierno que contra los terroristas; el duelo fue preterido y el espíritu de unidad, disipado. La impresión predominante de ventajismo político dejó un sabor de boca amargo. Y muchos españoles convencidos de que Barcelona es la ciudad más abierta, cosmopolita y acogedora del Mediterráneo acabaron con la penosa, desesperanzadora sensación de estar equivocados.

El desfile
Salvador Sostres ABC 28 Agosto 2017

La manifestación del sábado en Barcelona fue una de las demostraciones más bochornosas de provincianismo autosatisfecho que se han registrado en Europa desde los años inmediatamente previos a la Segunda Guerra. Fue una impresentable exhibición de bajeza danzando sobre el horror y la memoria de dieciséis cadáveres. Ningún signo de dolor entre tanto tam-tam hutu de odio egocéntrico y desalmado. El independentismo salió a la calle para homenajearse a sí mismo, utilizando a las víctimas del islamismo –no sólo las de Barcelona, sino las de todo el mundo– para un acto de narcisismo entre cursi y atroz, exclusivamente pendiente de sus banderas y sin ningún espacio –ninguno– para la señeras de los que cayeron. También la afluencia, muy inferior a la de cualquier Diada, fue un desprecio a los asesinados, junto con el escaso respeto que se les mostró agitando banderas y vociferando insultos que nada tuvieron que ver con ellos. Fue lo contrario de la rigurosa gravedad que mostraron París o Londres en sus concentraciones de repulsa al yihadismo lo que sucedió en el paseo de Gracia de una Barcelona que tan internacional se pretende y tan poco le acaban importando los cadáveres que no son suyos. No es que no tengamos miedo: es que hemos continuado tan pendientes del espejo, tratando de sacar brillo a cualquier argumento que nos autoafirmara, que no hemos llegado ni a sentirnos tristes.

La insensibilidad de una parte de Cataluña hacia cualquier asunto ajeno al secesionismo y la facilidad con que convierte las propias limitaciones en las supuestas culpas de enemigos imaginarios augura lo peor y constituyó el nervio central del desfile del sábado: porque fue un desfile y no una manifestación lo que los independentistas plantearon, y al paso que les marcó la CUP, como si todavía no hubieran aprendido la lección fundamental de dónde acaba el catalanismo –y los catalanistas, claro– cuando se dejan guiar por las fuerzas de acción revolucionarias. Hace años que el independentismo pide amparo a la comunidad internacional. Tal vez tendría que plantearse –en lógica correspondencia– ofrecerle algo más que los guturales sonidos de la tribu.

¿Pero somos conscientes?
Ángel Exposito ABC 28 Agosto 2017

La manifestación de Barcelona fue un éxito. Era de prever. El «No tenemos miedo» se ha convertido en más que un lema. Supongo que es lo que hay que decir... pero... ¿Somos conscientes, sin miedo o con él, de la que tenemos encima?

A las pocas horas de la matanza de las Ramblas, en la misma esquina con la calle Hospital donde el monstruo de la furgoneta dejó de matar, me pregunté si, por fin, se iban a dar cuenta de qué es lo importante.

Me pregunté si se iban a percatar de quién es el enemigo. Y de que el «proces» es un precipicio. Si cambiarían las prioridades tras la masacre. Y me pregunté todo, sinceramente, a sabiendas de que iba a ser... que no.

Porque me da a mí que siguen ensimismados en sus complejos sin atisbar entre lo fundamental y los caprichitos. Que siguen sin darse cuenta de que el enemigo verdadero está dentro y a la vez a miles de kilómetros. Y siguen con la matraca. Y gastando millones y millones de tu dinero y el mío en la ruptura y no en el nuevo modelo de guerra.

No podemos tener miedo -o sí- pero me temo que tampoco somos conscientes de la que tenemos encima. Porque volverán a matar. A matarnos. Porque están enfermos de odio. Y porque saben que tras la pancarta «No tinc por» se esconde mucho cobarde y mucho falsario. Lo saben y se aprovechan.

Supongo que cabe decir que la manifestación de Barcelona ha sido un éxito y tal y tal. Pero... ¿Qué quieres que te diga?... no me gusta nada el panorama después de la batalla ni después de la manifestación, precisamente, porque nos falta la conciencia necesaria para enfrentarnos al gran problema de este siglo XXI.

PD: También Puigdemont estaba seguro de que la manifestación iba a ser un éxito. Por eso se encargó de dinamitar la unidad frente al terrorismo con unas declaraciones patéticas en el Financial Times.

Pocas veces un político ha demostrado tamaña bajeza. Un nivel tan ínfimo. Una caradura tan vergonzosa. Y ahí le tienes. El peor presidente que haya tenido Cataluña... y mira que era difícil superar a los dos más recientes de su mismo partido.

El cinismo de los 'hombres de paz' de la marcha de Barcelona
EDITORIAL El Mundo 28 Agosto 2017

Estaba cargado de razón Mariano Rajoy al subrayar ayer que el Rey, el Gobierno y tantos altos cargos del Estado estuvieron "donde tenían que estar" el sábado, en la manifestación contra el terrorismo de Barcelona. Pero, en cambio, tras subrayar que las provocaciones de Puigdemont no van a variar su estrategia, resulta naíf que dijera que "las afrentas de algunos no las hemos escuchado". Por desgracia, el nulo respeto por las víctimas que demostró el independentismo fue atronador. Y ante episodios de este calibre no sirve templar gaitas. Hace falta desenmascarar a quienes creen que todo vale y que son capaces de algo tan inmoral como hacer propaganda en un acto de homenaje a los asesinados por el terrorismo.

Y, así, hay que empezar por señalar a la Asamblea Nacional Catalana -palanca del procés-, que había orquestado perfectamente la encerrona. Era más que previsible que se iban a dedicar a reventar la marcha, repartiendo banderas esteladas y octavillas políticas. Lo que sorprendió es que fueran tan lejos en su paranoia y que ignoraran por completo al yihadismo y se dedicaran a responsabilizar al Rey y al Gobierno de los atentados.

Claro que la ANC, la CUP o ERC contaron con la colaboración inestimable de la alcaldesa de Barcelona para organizar con tanto éxito el aquelarre. Porque la decisión de Colau de colocar a los políticos en una segunda fila -para apaciguar a los antisistema- propició que cientos de voluntarios independentistas se pudieran colocar justo detrás del Rey, con sus esteladas y pancartas injuriosas. De ese modo, aunque en muchos puntos de la manifestación decenas de miles de ciudadanos guardaron un respeto escrupuloso, el independentismo se garantizó que a través de la señal televisiva de TV3 pareciera que asistíamos a una manifestación de la Diada y que sólo se oyeran los silbidos.

Pero la mezquindad de algunos de los dirigentes independentistas que el sábado se pretendieron disfrazar de hombres de paz sólo es comparable con su cinismo. Así, no se puede pasar por alto que un político de ERC, David Minoves, cuya misión fue sostener una pancarta detrás del Rey en la que se podía leer "Felipe, quien quiere la paz no trafica con armas", es bien conocido porque en 2016 fue uno de los organizadores del caluroso recibimiento que los independentistas brindaron en Barcelona a Otegi. Recordemos que el dirigente de Bildu acababa de salir de prisión, donde había cumplido condena por la nadería de pertenecer a ETA, esa banda que sólo ha causado más de 800 víctimas mortales y perpetrado atentados tan brutales en la Ciudad Condal como el de Hipercor.

Otro tanto cabe criticar a los líderes de Podemos, instalados de forma perpetua en el doble rasero. Iglesias defendió los abucheos al Rey como "libertad de expresión" y no dudó en mezclar la venta de armas a los países del Golfo con los atentados. Pero no tuvo empacho en fotografiarse junto al embajador de Qatar, uno de los estados que exportan al mundo la versión más rigorista del islam. Casualmente, Doha, en guerra diplomática con las monarquías de Oriente Próximo, acaba de reanudar relaciones con Irán. Teherán no es un ejemplo de democracia, pero Iglesias se cuida mucho de criticarla, ya que financia la plataforma televisiva y otros instrumentos de la formación morada. Puro cinismo.

Por desgracia, lo ocurrido daña nuestra imagen en el exterior. Era tan previsible que grupos organizados iban a reventar la marcha que quizá ello explique la ausencia de dirigentes internacionales, en contraste con los más de 50 líderes mundiales que, por ejemplo, acudieron a París tras la masacre de Charlie Hebdo. También en la manifestación de Madrid, tras el 11-M, pese a que se convocó en apenas 24 horas, estuvieron los primeros ministros de Italia, Portugal o Francia. En este caso, al tratarse de un atentado en el que hay heridos de 35 nacionalidades y muertos de nueve, parecía razonable que se hubieran unido gobernantes de otros países. Pero, lamentablemente, hoy en Cataluña todo es tristemente excepcional.

Ira y luz
CAYETANA ÁLVAREZ DE TOLEDO El Mundo 28 Agosto 2017

Bueno, al menos la manifestación ha tenido la ventaja de silenciar durante un rato a las viejas terceristas. Había que leer ayer El País. El separatismo ha pulverizado sus propias marcas de indecencia y lo ha hecho ante las cámaras de medio mundo. Ni la marcha por el asesinato de Ernest Lluch, con su histérico colofón: «¡Dialoguen, por favor!» Ni la noche oscura del 12-M: «Asesinos, asesinos», a los miembros del Gobierno. Ni las sucesivas Diadas, festivos escaparates de la frivolidad xenófoba. El 26 de agosto de 2017, el consorcio de nacionalistas y populistas que desgobierna Cataluña convirtió una manifestación contra el terrorismo en una manifestación contra España con el objetivo de liquidarla. Han tocado fondo. Y con ellos, nosotros.

La manifestación de Barcelona fue el reverso de la emocionante España en marcha de Gabriel Celaya: No fuimos quienes somos. Seguimos con la historia y con los cuentos. No enterramos como dios manda a nuestros muertos. Vivimos del pasado. Damos cuerda al recuerdo. No fuimos, turbia y fresca, un agua que atropella sus comienzos. Fuimos el ser que mengua. Un río torcido. A muerte contra lo ibero. ¿Dónde están los españoles con futuro, los españoles que, por serlo, aunque encarnan lo pasado no pueden darlo por bueno? ¿Y dónde los que aspiran a ser factores de un comienzo?

Los líderes del Partido Popular, acosados, humillados, extranjeros, pedían perdón con la mirada. Los socialistas seguían como siempre, de perfil, haciendo cálculos con los dedos: una nación, dos naciones, tres. Y Albert Rivera minimizaba la responsabilidad ajena para disimular la propia: «Unos pocos maleducados no pueden manchar el nombre de Barcelona». Qué clase política. Y sí, también, qué pueblo.

"No fuimos quienes somos, seguimos con la historia y con los cuentos"
A partir de esta constatación, de frente ante el espejo, tenemos dos opciones. Podemos reclamar la dimisión del presidente del Gobierno por haber expuesto al Rey, a sí mismo y a los españoles decentes a una previsible y radical humillación. Esa parálisis anti-política que lo vincula a las clases pasivas. O podemos ocuparnos de la verdadera regeneración. Optemos hoy por lo segundo. La única pregunta relevante, la que nos emplaza a todos, es cómo sacar de la circulación a los separatistas, esa gente tan ufana y tan perversa. Cómo abortar el abyecto plan al que lo han subordinado todo. Desde la imagen de Barcelona, ahora sucia de odio y vulgaridad, hasta la paz civil catalana y el respeto a los muertos.

Ira y luz, padre de España, vuelvo a arrancarte del sueño. Hagamos el recorrido de aquí al 1 de octubre. Nuestro mes decisivo.

Próximo 6 de septiembre: empieza la desconexión. La Ley del Referéndum inicia su tramitación con el impulso de Forcadell o de Puigdemont y Junqueras. El Gobierno recurre la ley ante el Tribunal Constitucional, que inmediatamente la declara nula.

Los golpistas sonríen. Lo han dicho mil veces. No se sienten (el nacionalismo no está, se siente) vinculados por la ley o los tribunales españoles. Impertérritos, crecidos, siguen con su plan.

"La única pregunta relevante es cómo sacar a toda esta gente de la circulación"

El Tribunal Constitucional decide actuar. No como el pasado verano, cuando derivó a la Fiscalía la iniciativa contra Forcadell. Utiliza sus nuevos poderes sancionadores: suspende en sus funciones a los desobedientes y les impone una primera multa de 30.000 euros a cada uno.

Pero los inhabilitados no se dan por aludidos. Repiten a coro las consignas de Puigdemont: «Sólo reconocemos una ley, el Estatuto, y una fuente de legitimidad, el pueblo (sic) catalán». Y que pague la ANC.

Interviene la Fiscalía. Hay delitos: usurpación de funciones, desacato, desobediencia, como mínimo. Vuela una querella contra los insumisos y entra en escena el juez. «En ti confiamos, querido», le dice el Gobierno. «Asume tú la responsabilidad que no queremos asumir los políticos».

El juez imputa a los golpistas y los llama a declarar. Son aforados y el caso se traslada al TSJ de Cataluña, donde tanto disfrutó Artur Mas. Los magistrados meditan: «¿Dictamos prisión provisional? Riesgo de fuga no hay. Más bien lo contrario: éstos lo que buscan es quedarse y que huyamos los demás». El Tribunal titubea pero al final se viene arriba: «Hay que detener a los golpistas. ¡Llamen a la Policía Judicial!».

El icónico Trapero se mira al espejo: «¿Y ahora qué hago yo? ¿A quién obedezco? ¿A la Justicia o a eso que mis jefes directos y colegas de paella llaman enfáticamente De-mo-cra-cia?». El mayor de los Mossos recuerda con angustia lo ocurrido en Berga. Cómo los mismos que ahora tanto lo adulan entonces cargaron contra sus mozos por detener a la insumisa alcaldesa de la CUP. Los llamaron de todo. Españoles. Botiflers.

Mientras tanto, el pulso continúa. Comme la justice est lente/est comme le nationalisme est violent. La vía penal es lenta y trabajosa, y no puede aplicarse razonablemente a más de diez personas. Y detrás de las primeras diez, hay otras diez, y tantas como fanáticos voluntarios de la ANC. Ay, se lamentan en La Moncloa. Habrá que recurrir a la vía extraordinaria. «¡Convoquen a los constitucionalistas!» Del sector aguerrido, por favor.

Presidente, tiene usted tres opciones: Artículo 116 de la Constitución sobre los estados de alarma, excepción y sitio. «No, no, no, que perjudica a la población». Entonces el Artículo 155. Y no insista en que es demasiado tarde. Es lo que hacen los derrotistas disfrazados de leguleyos. España no será una democracia militante, pero tampoco es una democracia suicida. El reglamento del Senado ni entorpece ni retrasa. Basta enviar un requerimiento al desleal, convocar a los senadores en comisión, acudir al Pleno con las ideas claras y pedir el aval de la mayoría. Cuatro días, a lo sumo. ¿Que toda la oposición, incluido el PSOE, acusaría al PP de atacar a Cataluña? ¿Y cuál es la novedad? Ah, que a usted le faltó pedagogía. Que los ciudadanos no conocen el valor jurídico, político y moral del 155. Ya. Entonces asuma la máxima responsabilidad. Conviértase en aquello que nunca quiso ser. Aplique la Ley de Seguridad Nacional.

Por cierto, ¿la han leído ustedes? Háganlo ya. Se sorprenderán. Fue aprobada hace dos años. Tiene el aval del Tribunal Constitucional frente a los separatistas. Y permite al presidente del Gobierno «garantizar la defensa de España y de sus principios y valores constitucionales» mediante un simple Real Decreto. El presidente puede crear una estructura de seguridad a la que «todas las autoridades competentes deberán aportar los medios materiales y humanos bajo su dependencia». Trapero: incauta las urnas; manda Rajoy, aunque no te lo creas. Y si decides rebelarte asume las consecuencias, que como mínimo serían dos. La división de los Mossos y la intervención de la Guardia Civil. Sí, la misma cuya ayuda rechazasteis en Alcanar.

No es tan difícil imaginar una España en marcha. Basta leer a Celaya. Escuchar a Paco Ibáñez. Pasearnos a cuerpo. Luchar como importa. Cumplir y hacer cumplir la ley. Asumir que nuestra primera obligación es hoy también nuestra última esperanza.

Apoteosis del independentismo
Vicente Torres Periodista Digital 28 Agosto 2017

Los independentistas pudieron demostrar ayer lo que tanto ansiaban, que no les importan las víctimas del terrorismo, ni la razón, la justicia o la dignidad, sino que lo que deseaban era exteriorizar su odio, manifestar su repulsa a las personas decentes y vociferar consignas infames, todo ello en eso que el Padre Batllori llamaba dialecto infame e infecto.

No es que no les importe no tener razón, es que odian a la razón. El odio es irracional y ya se vio que había muchos irracionales en esa manifestación.

Más irracionales: Hay un vídeo en el que aparecen dos señoras, que de señoras no tienen nada, rompiendo pancartas porque estaban escritas en español. Tenían muchas apiladas. ¿Cómo las habrían conseguido?

Odian a la razón, por tanto, están muy satisfechos de no tenerla. Lo que pretenden es tener la fuerza que necesitan, que esperan conseguir juntándose muchos, todos iguales, todos llenos de odio, para poder imponer su ley. Para que el número de los irracionales aumente, se sirven de todas las artimañas y violencias morales y, si pueden hacerlo impunemente, físicas, de modo que quienes quieran vivir, no en paz, sino con relativa tranquilidad entre ellos no tienen más que renunciar a su parte racional, a su parte decente.

Cómplices, aparentemente, suyos, pero deseando robarles la cartera están esos otros que igual derrochan un orinoco de lágrimas por Chávez, que llaman terroristas a los presos políticos de Venezuela o contemplan cómodamente las ejecuciones de homosexuales en Irán, pero que de cualquier cosa que ocurra en el mundo le echan la culpa al Rey. Insultan al Rey y alaban a Otegui. Llaman terrorista a Leopoldo López y presos políticos a los etarras.

Esto es lo que hay en España hoy. Nos podemos consolar recordando lo que hubo en 1934, en 1814 y otras fechas nefastas. Hubo un periodo de ilusión que comenzó en 1976, pero duró poco.

El peligroso juego de la ficción de Estado
Para jugar a ser Estado, hay que hacerlo conforme a las reglas del derecho internacional, que el territorio sea reconocido y con una organización política
Ana Salinas de Frías El Confidencial 28 Agosto 2017

Hace ya días de los atentados perpetrados en Cataluña, que devolvieron a todos los españoles al estado de 'shock' que todo ataque terrorista genera en un pueblo pacífico castigado durante años por el terrorismo independentista y por el yihadista. Tiempo suficiente para ver, oír y leer todo tipo de informaciones, posicionamientos, críticas, mensajes, etc. Tiempo suficiente también para matizar algunas cosas importantes respecto de los hechos y manifestaciones que hasta ahora se han producido, sobre todo cuando algunos cargos públicos parecen jugar a 'los estados'. Y es que, a pesar de la importancia crucial de la amenaza y del drama humano que su ejecución produce, de nuevo ciertos comportamientos parecen anteponer intereses políticos espurios, o cuando menos aprovechar la ocasión para sacar algún rédito político. Así, hoy volvemos al ataque independentista como si la manifestación del pasado sábado pusiese punto final a un obligado duelo.

A estas alturas, debería ser innecesario recordar que el terrorismo que los estados europeos están sufriendo en sus respectivos territorios —sin desdeñar, por supuesto, a las víctimas causadas por el mismo tipo de fanatismo en otros territorios, cuyo valor es el mismo y cuyas cifras se triplican, cuando menos— solo puede ser combatido con una respuesta conjunta. Es por eso que las agencias que se encargan de combatir el terrorismo actúan bajo el principio de la cooperación intergubernamental, y son por tanto los gobiernos de sus estados miembros los que envían los representantes competentes en la materia, delegación que en el caso español en ocasiones ha incluido a representantes de hasta tres ministerios diferentes —Exteriores, Justicia e Interior—, dada la complejidad de esta lucha.

La misión de Europol, la agencia europea de cooperación policial tan traída y llevada estos días al hilo de los errores o lagunas existentes en las actuaciones previas, coetáneas y posteriores a los atentados en Cataluña, es apoyar y reforzar la colaboración y la actuación de las autoridades competentes de los estados miembros en la prevención y la lucha contra la delincuencia organizada, el terrorismo y otros delitos graves transnacionales. Europol está compuesta, de acuerdo con el Reglamento del Parlamento Europeo y del Consejo de la UE que la regula, por el o los representantes que el Estado miembro en cuestión acuerde de cada unidad nacional (UNE), de entre todas las fuerzas de policía y servicios con las mismas funciones que sean competentes, en este caso, en la lucha contra el terrorismo conforme al derecho nacional. Y en el caso del derecho interno español, la política antiterrorista corresponde al Estado, esto es, al Gobierno central, sin perjuicio de que en su ejecución se cuente indiscutiblemente con la colaboración de las policías autonómicas que tienen transferidas competencias de ejecución en la materia, como por otra parte este debe ser igualmente un deber de aquellas, conforme al principio más básico de cooperación leal que rige las relaciones entre instituciones nacionales o internacionales. Por cierto, el mismo criterio en la representación en Europol se sigue en estados como Bélgica o Alemania, cuya configuración interna podría, 'a priori', ser problemática y, sin embargo, no lo es.

Ya sabemos los juristas que el derecho penal y todo lo que lo rodea tiene fuertes connotaciones territoriales, de ahí las reticencias de los estados a la cooperación internacional en este ámbito; lo que no se comprende es que tales resistencias se produzcan dentro del propio territorio del Estado, y Cataluña, por el momento, se inserta en el territorio del Estado español a todos los efectos. De la misma forma que el Govern ha insistido en el ejercicio de las competencias investigadoras de su propia policía autonómica —y así lo ha aceptado la instrucción de la Audiencia Nacional— y la ha mostrado hasta la saciedad, procediendo incluso a distribuir condecoraciones a sus miembros antes de que la investigación concluya y a pesar de algunos errores de bulto por parte de estos por todos conocidos en relación a los atentados, ha declinado toda responsabilidad en acciones preventivas, que también debiera haber reclamado, retorciendo, por el contrario, algunos argumentos.

No insistiremos de nuevo en el famoso 'email informal' sobre Es Satty. Se trata, pues, de un camino de doble vía que, en aras del interés público, autoridades centrales y autonómicas están obligadas a transitar, por lo que no vale 'a posteriori' culpar a unas por la falta de información de otras, en particular cuando se ofreció colaboración en la investigación de la explosión previa de la casa de Alcanar y fue rechazada. Amén de que la conferencia que en dos semanas celebrará la IPCAN (Independent Police Complaints Authorities’ Network) en Estrasburgo podrá pronunciarse sobre las distintas formas de actuar de las policías catalana y finlandesa ante un atentado terrorista a la hora de abordar y controlar a los sospechosos en el momento de los ataques, así como sobre sus repercusiones en las investigaciones en curso en cada caso. De momento, afortunadamente, a nadie se le ha ocurrido discutir la composición de la otra agencia europea que necesariamente tendrá que ayudar a descifrar las conexiones en otros estados miembros de la UE, Eurojust, y que sigue la misma lógica que Europol en lo que hace a su composición.

Para jugar a ser Estado, hay que hacerlo, como en todo juego, conforme a las reglas que el derecho internacional establece. Ya es bastante duro que los sistemas jurídicos nacionales hayan tenido que afrontar realidades que hasta hace muy poco no constituían en la mayoría de países de nuestro entorno conceptos jurídicos, según revelan las legislaciones antiterroristas de los 47 estados que componen el Consejo de Europa, como es el caso, entre otros, de la radicalización yihadista. La sinrazón en la ficción de la estatalidad podría haber conducido incluso a poner en duda la jurisdicción de la Audiencia Nacional sobre los atentados. Y si el conductor de la furgoneta protagonista de los atropellos, Abouyaaqoub, hubiese huido y salido de territorio catalán para pisar suelo 'español', ¿habría tenido entonces que invocar el Govern el principio de jurisdicción universal o la extradición? Se puede llevar el juego hasta el límite ridículo del absurdo absoluto, sobre todo respecto del único elemento tal vez más definido en esta ficción de estatalidad: el territorio.

La ciudadanía catalana, otro concepto no jurídico forzadamente llevado al ámbito de lo ''parajurídico', ha sido otro de los estandartes mostrados con insistencia desde las instituciones catalanas. Hubiese sido muy positivo que los primeros que pidieron públicamente la no utilización política de los atentados hubiesen predicado con el ejemplo en lugar de diferenciar entre víctimas españolas y catalanas. Y es que la población de un territorio se erige en el segundo elemento constitutivo de un Estado, y también esa escenificación tenía su importancia. A día de hoy, la legalidad internacional solo reconoce al nacional, el extranjero, el refugiado, el solicitante de asilo, el apátrida y el ciudadano europeo, conforme a los tratados de la UE. Es cierto que en el Reino Unido se inventó una 'citizenship' para los inmigrantes de las antiguas colonias, luego estados asociados de la Commonwealth, que por cierto reconocía derechos limitados a favor de dichos nacionales en suelo británico. Y también es cierto que existe un estatuto de ciudadanía concreta y vergonzante en Israel a fin de privar a los palestinos residentes en Jerusalén de un número no desdeñable de derechos. De momento, la Constitución española, de acuerdo con el derecho internacional, parece descansar sobre una única y misma población que integra el conjunto del Estado, a la que afortunadamente reconoce los mismos derechos y obligaciones.

Respecto del tercer elemento para jugar a ser Estado, la organización política, no me extenderé: el Tribunal Constitucional —que lo ha declarado ilegal— y la Comisión de Venecia —que lo ha desaconsejado en los términos en los que está previsto— lo han dejado suficientemente claro, y el derecho internacional también: no existe derecho de secesión si no es una independencia pactada con el Estado predecesor cuando hablamos de una comunidad que tiene reconocida suficiente representación en las instituciones nacionales, capacidad de autogobierno y autogestión y no es objeto de discriminación alguna por parte de dichas autoridades centrales. Pero sí recordaré aquí los muchos esfuerzos que se hacen en el seno de todas estas agencias y organizaciones europeas por convencer a los estados y proveerles de mecanismos útiles de cooperación en la lucha contra una lacra persistente, camaleónica, itinerante, contumaz y extremadamente peligrosa que tiene por objetivo destruir nuestro común sistema de valores, nuestras raíces, nuestras culturas y nuestra historia. La política antiterrorista es y debe seguir siendo una política de Estado, y a ser posible de consenso.

El pasado sábado, la ciudadanía de todo el Estado español, esto es, de dentro y fuera del territorio de Cataluña, recordó, homenajeó y lloró a las víctimas de estos ataques, como ha hecho siempre. Un reconocido internacionalista enviaba hace unos días un vídeo de un concierto en un pequeño pueblo italiano en el que, en solidaridad con los atentados, se tocaba al inicio el himno español; nadie chilló, pitó o abucheó, tal y como ocurrió con el jefe del Estado en la manifestación de Barcelona.

La política antiterrorista es y debe seguir siendo una política de Estado, y a ser posible de consenso

La autosuficiencia puede convertirse en un grave pecado de soberbia que ponga en peligro a todos: catalanes independentistas, catalanes no independentistas y resto de habitantes del Estado español y aún de otros países vecinos. Desgraciadamente, no es una exageración. Por errores y falta de coordinación similares a los habidos en el caso de los atentados de Barcelona y Cambrils, algunas voces europeas llegaron incomprensible e injustamente a tildar a Bélgica incluso de Estado fallido. Isak Dinesen, de una forma hermosa, reflexionaba en voz alta: “Conozco una canción que habla de África… ¿Acaso conoce África una canción que hable de mí?”. Tal vez aquellos que se empeñan en jugar 'a los estados' debieran hacerse una reflexión parecida. Seguramente, las víctimas internacionales, españolas y catalanas lo merecen.

Manifestación y montaje nacionalista
JUAN CARLOS GIRAUTA El Mundo 28 Agosto 2017

Centenares de miles acudimos el sábado al Paseo de Gracia de Barcelona convocados a un acto unitario, en recuerdo a las víctimas de los atentados yihadistas, y de condena al terrorismo. Algunos ven con escepticismo la eficacia de estas manifestaciones. Yo les encuentro un sentido: la catarsis. La purificación ritual. O, en su acepción biológica, que viene como anillo al dedo, la expulsión de sustancias nocivas al organismo. Creo que el organismo social se purificó en las manifestaciones homólogas de París y de Londres, y que un boicot minuciosamente organizado por los separatistas lo impidió en Barcelona, robando a la mayoría de asistentes el acto simbólico al que tenían derecho. Peor aún: introduciendo en el organismo social mayor toxicidad.

Vive Dios que, si perpetraron tal canallada, no fue porque los separatistas organizados fueran mayoría. Fue porque nos impusieron a traición un montaje propio de la sociedad de la imagen. ¿Cómo lo hicieron? En primer lugar, el Ayuntamiento de Barcelona, al que por alguna razón se reservó la competencia de organizar el servicio de orden sin que el resto de administraciones previera la posibilidad de alguna deslealtad, asignó oficialmente dicha tarea a los voluntarios de la Assemblea Nacional Catalana, la ANC. Sé que parece mentira, pero así sucedió: el servicio de orden quedó en manos de la organización separatista más potente de Cataluña. En segundo lugar, de la retransmisión oficial, que daba la señal al resto de cadenas, se encargó TV3, una televisión pública convertida en instrumento de propaganda secesionista a tiempo completo.

A partir de ahí, la manipulación estaba cantada. Por mucho que el grueso de manifestantes creyera acudir a un acto unitario de duelo y de repulsa del terrorismo, el Rey, el Gobierno, los diputados y senadores, los líderes de los partidos políticos, los representantes del Poder Judicial, los parlamentarios catalanes, los concejales de Barcelona, los presidentes autonómicos, los embajadores extranjeros y el resto de quienes fuimos encuadrados en el «bloque de autoridades» nos encontramos, sin comerlo ni beberlo, y tan pronto como llegamos allí, en un plató donde iba a grabarse una obra de ficción que pretenden pasar por realidad: una manifestación contra España.

Cuando los autocares fletados por la Delegación del Gobierno se detuvieron en la calle Caspe y descendimos, los llamados a ocupar el «bloque de autoridades» tuvimos que desfilar entre gritos, insultos y banderas separatistas. Esas aceras, las de la calle Caspe y las del tramo de Paseo de Gracia entre Caspe y Gran Vía, debían estar vacías por detrás del cordón policial. Era un cometido del servicio de orden. Pero lo que este hizo fue llenarlas con su gente de la ANC, CUP y otros. El set para la realización televisiva, y para cualquier fotografía que no fuera aérea, estaba listo: lo que iba a ver el mundo era una manifestación independentista. Pero no una de esas festivas y pacíficas propias de lo que en mi tierra han llamado «la revolución de las sonrisas». Puesto que el foco de atención de los periodistas era esa zona concreta, lo que se percibió fue una encendida demostración de repulsa a España.

El «bloque de autoridades» quedó rodeado por los cuatro costados, toda vez que la primera cabecera, la de las policías, bomberos, sanitarios, comerciantes y demás, tenía una última fila cuyos componentes exhibieron también sus carteles acusatorios. Sí, hablo de la fila más cercana al jefe del Estado. Al Rey acusaban. Y creyeron que habían logrado el montaje perfecto. Pero, ¿estaban en lo cierto? No lo creo. En cuestión de horas, la gente vio las reveladoras fotografías aéreas; los manifestantes de buena fe -que eran, insisto, la gran mayoría- explicaron lo que habían vivido; no escapó a los periodistas el hecho de que la policía tuviera que proteger a quienes portaban banderas españolas, vejados, hostigados y expulsados por los de la revolució dels somriures. Los espontáneos que llevaban la bandera catalana de verdad, la oficial, la que representa a todos los catalanes, eran con toda seguridad constitucionalistas. También hemos sabido por el Gobierno de su error al desentenderse de cuanto concernía al servicio de orden. Finalmente, en una veintena de puntos, situados en las esquinas por donde transcurría la manifestación, se proveía a quien lo deseara de seis modelos de rótulos para el montaje y de camisetas gratuitas.

Esta trampa acabará siendo su peor error, pues ofrece el crudo autorretrato del nacionalismo catalán, convertido en bloque al separatismo. Tan volcado en su golpe contra la Constitución que ha cruzado la línea moral por la que perderá. Ahora ya todos saben de su absoluta falta de respeto por las víctimas. Consta que no les importan un comino, que carecen de escrúpulos cuando creen que pueden avanzar un paso más en su objetivo, así continúe el eco del horror y del dolor sobre la ciudad. Mientras la catarsis trataba de advenir a través del grito ritual de no tenim por, ellos lo lanzaban contra nosotros, adulterando lo digno hasta hacerlo repugnante.

La línea moral. El presidente de la Generalitat caldeó el ambiente del montaje poco antes a través de la prensa extranjera. Un ex conseller de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) aportó su cuota de odio presentando a España como responsable de los atentados con el sutil mensaje de «Estado asesino». Él lo puso en mayúsculas, pero no voy a manchar este artículo. Un alto dirigente de su partido aparece en las fotografías cerca del Rey esgrimiendo un cartel infamante. Su calaña ya consta, por si algún despistado no se había dado cuenta. Lo que concibieron como un empujón definitivo a su causa, a pocos días del 11 de septiembre y a pocas semanas de su referéndum, es justamente lo que les va a perder. Para ello solo hace falta explicar y mostrar su montaje.

¿Islamofobia? Para los inadvertidos, será chocante saber que aquí la fobia es otra: la que apunta a España, especialmente a los catalanes que no comulgamos con ruedas de molino. Y que somos mayoría.

Juan Carlos Girauta es portavoz del Grupo Parlamentario de Ciudadanos (C's) en el Congreso de los Diputados.

Los separatistas intentan tapar el bochorno de la manifestación con la "ley fundacional de la república"
JxSí se adapta al ritmo de la CUP y presenta la norma "fundacional de la república", una "constitución provisional" que se aprobará antes del 1-O.
Pablo Planas (Barcelona)  Libertad Digital 28 Agosto 2017

El bloque nacionalista no se desvía del camino trazado ni levanta el pie del acelerador. Se desconoce cómo pretenden aprobar la ley del referéndum, aún no ha sido abordada por la Mesa del Parlamento catalán, pero Junts pel Sí y la CUP ya consideran oportuno exhibir otra ley, la del día después, de "transitoriedad jurídica", una "constitución provisional" por si gana el "sí". Se trata de una maniobra, según los líderes de Ciudadanos y PP, Inés Arrimadas y Xavier García Albiol, para tapar el escándalo de la manipulación separatista de la manifestación del pasado sábado en Barcelona, una manera de pasar página cuanto antes de un error de gran calado y que ha sido advertido en Europa.

El diputado de Junts pel Sí, el convergente Lluís Corominas, y el diputado de la CUP Benet Salellas han sido los encargados de una rueda de prensa tráiler en la que han dado las pinceladas generales. Tras esa primera comparecencia, los periodistas han sido trasladados a otra sala de la cámara autonómica para que Junts pel Sí y la CUP se explayen en los detalles de la que han denominado como "ley de transitoriedad jurídica y fundacional de la república", una norma que estará en vigor entre el 2 de octubre y la celebración de unas elecciones constituyentes, "si es que gana el sí", matizó Corominas. La norma es larga, 89 artículos y tres disposiciones finales, la última para revocar la ley en caso de victoria del "no".

Según Corominas, quienes son contrarios a la independencia saben que el marco jurídico si gana su opción no cambia. El 2 de octubre el presidente de la Generalidad convocaría unas elecciones autonómicas. Así es que los partidarios de la república también tienen derecho a saber qué ocurrirá el día después si vence el "sí". "Queremos aportar transparencia", dijo el diputado convergente, que añadió: "El ciudadano conocerá cuáles son las consecuencias de su voto tanto si es "sí" como si es "no"".

Aviso a los contrarios al referéndum
Junts pel Sí ha aceptado finalmente aprobar esta ley antes del 1 de octubre, una condición impuesta por la CUP, que hizo suyas las apreciaciones de Corominas. Benet Salellas insistió en animar a los contrarios a la independencia a ir a votar el 1 de octubre. El diputado antisistema afirmó: "Después del 1 de octubre no habrá el enésimo debate procesista, sino que si gana el "sí" se pondrá en marcha la república catalana. Los que no quieran la república también están interpelados. Esta ley pone fin al proceso. Si la mayoría opta por la república catalana sabemos cómo y sabemos qué haremos el día después".

Las aguas bajan revueltas en el frente nacionalista. El PDeCAT recela de ERC por la reunión de Oriol Junqueras con Pablo Iglesias en casa del empresario Jaume Roures. La coordinadora del PDeCAT, Marta Pascal, afirma que parece que ERC trabaja ya para después del 1-O. Corominas no se refirió directamente al asunto en el "preestreno" de la ley "fundacional", pero advirtió de que quienes quieren excitar las discrepancias entre "soberanistas", no lo conseguirán.

Corominas se negó a entrar en explicaciones sobre los procedimientos parlamentarios que se seguirán para aprobar esta ley y la del referéndum. El frente separatista guarda sus planes bajo absoluto secreto para perjudicar la respuesta del Gobierno y los plazos del Constitucional.

La nacionalidad catalana
Como "constitución provisional", la ley "fundacional" regula aspectos capitales como la nacionalidad. Según la norma, los españoles empadronados en Cataluña antes del próximo el 31 de diciembre serán nacionales de Cataluña de manera inmediata. Los extranjeros con cinco años de residencia en Cataluña también tendrán pasaporte catalán y para quienes quieran conservar la nacionalidad española u optar a la doble nacionalidad, el Estado catalán establecerá convenios con el español.

El castellano, además de aranés, serán cooficiales, Puigdemont será el Jefe del Estado de manera provisional y los consejeros de la Generalidad gozarán de inmunidad.
El poder judicial y Mas, "amnistiado"

En cuanto al poder judicial, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña se convertirá en el Tribunal Supremo catalán. El borrador contempla dos brazos judiciales, el dicho Supremo con un fiscal general elegido por el Parlamento catalán y una "comisión mixta" formada por jueces de ese Supremo y miembros de la consejería de Justicia.

Como primera providencia, las inhabilitaciones de Artur Mas, Francesc Homs, Irene Rigau y Joana Ortega quedarían anuladas. Esta ley estaría en vigor durante los seis meses en los que se llevaría a cabo una elaboración de una Constitución abierta a la ciudadanía y la preparación de unas elecciones constituyentes en las que ERC y el PDeCAT concurrían por separado.

El Ejército, fuera
El Ejército sería inmediatamente expulsado de Cataluña y en posteriores leyes se concretaría la toma de control por parte de las fuerzas de seguridad catalanas de las infraestructuras básicas. Del debate social sobre la nueva Constitución, que será sometido a referéndum al tiempo que se celebran elecciones, surgirá el modelo de defensa de la república, que asume todos los tratados europeos, pero no aclara si se mantendrá en la OTAN o subrogará su defensa.

El nuevo Estado "heredaría" las estructuras del actual Estado en Cataluña, pero la norma no concreta el reparto de la deuda ni entra en detalles sobre los operativos de suplantación de contratos y adjudicaciones.

EDUCACIÓN
La maraña del plurilingüismo
NOA DE LA TORRE El Mundo 28 Agosto 2017

Educación se enfrenta al inicio de curso más incierto y sin aclarar aún el futuro del decreto

Oltra insiste en que el curso escolar arrancará "con toda la normalidad" y respetando la elección de los padres

Golpe judicial al plurilingüismo
El conseller de Educación, Vicent Marzà, se enfrenta en unos días a uno de sus inicios de curso más difíciles. El primero que afrontó como titular de la cartera de Educación, en 2015, no estuvo exento de dificultades. Su idea de abrir aulas de 2-3 años en colegios públicos chocó frontalmente con los intereses de un sector -el de las escuelas infantiles privadas -, cuyo rechazo fructificó simbólicamente en el primer Salvem que le nació al Consell del Botànic.

En octubre de 2015. Ese año fue también el del caos de Xarxa Llibres, que arrancó de manera precipitada y generó en los centros innumerables problemas de gestión y organización. El equipo que lleva los mandos en Campanar contaba en realidad con ello: poner en marcha una medida de esta envergadura cuanto antes permitiría solventar y corregir los problemas mucho antes del fin de la legislatura. Y ahora, pasado ya su ecuador, Marzà se encuentra con su proyecto estrella para dar un vuelco al modelo plurilingüe encallado en los tribunales. Asoma el inicio de curso... ¿y ahora qué?

En la sede de la Conselleria en Campanar hay quien destaca la templanza y la calma con la que Marzà ha afrontado esta maraña judicial, en contraste con la tensión y los nervios vividos en Campanar en las últimas semanas antes del cierre por vacaciones, coincidiendo con cada pronunciamiento del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana sobre el decreto de plurilingüismo.

Lo cierto es que en las cuentas que se hacía el conseller ya figuraba la oposición que despertaría su decreto, especialmente en el Partido Popular. La propia presidenta de los populares valencianos, Isabel Bonig, lo resumió en una frase:«La libertad educativa será la punta de lanza del PP contra el Consell», dijo a principios de agosto en una entrevista a Efe. Y la antítesis más clara de dicha libertad es, a juicio del PP, la «imposición» que supone el decreto plurilingüe de Marzà, suspendido cautelarmente a día de hoy precisamente por un recurso de la Diputación de Alicante, gobernada por el popular César Sánchez.

Lo que ha desbaratado todos los cálculos de los estrategas de la Conselleria son los tiempos. El primer aviso de suspensión cautelar del decreto por parte del TSJ llegó en pleno proceso de admisión escolar, es decir, cuando las familias estaban inmersas en el proceso de elegir colegio para sus hijos de 3 años. Elección que está claramente determinada -entre otras cuestiones, obviamente- por el proyecto lingüístico del centro, lo que motivó que asociaciones de padres demandasen a la Conselleria la paralización y posterior repetición del proceso de admisión.

Los responsables de Educación se negaron a contemplar siquiera esta posibilidad desde un principio, descartando incluso la vuelta al decreto del PP de 2012, tal y como ha sostenido el TSJ. La primera en hacerlo fue nada más y nada menos que la vicepresidenta y portavoz del Consell, Mónica Oltra, en rueda de prensa. Ayer, en una entrevista con Europa Press, insistió en que el curso escolar arrancará «con toda la normalidad» y respetando la elección de los padres. Por su agenda pública, Oltra ha sido la cara más visible del Consell a la hora de dar explicaciones, hasta el punto de que alguna de sus comparecencias no fue del todo afortunada precisamente por enfrentarse en solitario a la prensa y sin el escudo del conseller. Por ejemplo, llegó a decir que los proyectos lingüísticos no dependían del decreto suspendido, lo que sembró más confusión al no poder aclarar esta afirmación.

¿Ahora qué? La pregunta no tiene todavía respuesta, pues está previsto que el conseller comparezca en las Cortes antes del inicio de curso para dar cuenta del horizonte que se avecina en los colegios, que no han recibido formalmente ninguna instrucción por parte de la Administración. Sobre el papel, entonces, los centros deberán abrir sus puertas con los programas lingüísticos que autorizó la Conselleria antes de darse de bruces con el TSJ, algo que desde el PP se ha interpretado como un incumplimiento de los autos judiciales.

Marzà ha llamado públicamente a la calma -el próximo curso el decreto sólo debía aplicarse en Infantil de 3 años- y ha afirmado que su departamento actuará una vez el TSJ aclare su posición. La Conselleria entiende que hay una contradicción en los distintos pronunciamientos del Alto Tribunal, donde hay presentados 11 recursos de entidades diferentes: si primero suspendió cautelarmente el decreto con un auto que no entraba a debatir el fondo del asunto, luego emitió dos sentencias que avalaban la legalidad de la norma a excepción de la disposición adicional quinta (la de la certificación de lenguas al alumnado).

En la Conselleria se van arrancando así las hojas del calendario, recordando la cuenta atrás para el inicio de curso con más incertidumbre que se recuerda.
 


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