AGLI Recortes de Prensa   Martes 29 Agosto 2017

La determinación secesionista frente a la desidia constitucionalista
EDITORIAL  Libertad Digital 29 Agosto 2017

Mientras los representantes del PP, de Ciudadanos y, en menor medida, del PSC todavía insisten en que el ilegal referéndum secesionista del 1 de octubre no se celebrará, las formaciones golpistas que rigen la Administración regional catalana no sólo mantienen la fecha para su celebración, sino que han decidido adelantar la aprobación de una de las no menos ilegales leyes de desconexión, la llamada Ley de Transitoriedad Jurídica y Fundacional de la República, con la que pretenden reemplazar total y formalmente el ordenamiento jurídico español desde el propio 1 de octubre hasta la aprobación de la mal llamada Constitución catalana.

Aunque esta nueva vulneración del Estado de Derecho en forma de norma suprema tiene sus antecedentes en la inconstitucional resolución 1/XI de 9 de noviembre del 2015 del Parlamento regional de Cataluña, en la que textualmente se decía: "Esta cámara y el proceso de desconexión democrática del Estado español no se supeditarán a las decisiones de las instituciones del Estado español, en particular del Tribunal Constitucional", la ley de transitoriedad jurídica pretende ir mucho más allá al contemplar y concretar aspectos tales como la creación de una Administración única, un Tribunal Supremo catalán, la doble nacionalidad catalana y española, el no reconocimiento de la deuda contraída con el Reino de España, la proclamación del presidente de la Generalidad como jefe del Estado catalán y, en general, la creación de todos los organismos e instituciones propios de un Estado soberano e independiente.

Aunque el PDeCAT pretendía inicialmente que el contenido de esta surrealista norma que pretende erigir las bases del "nuevo Estado en forma de república" no se conociesen ni se aprobasen antes de la consulta cesionista del 1-O, lo cierto es que los antiguos convergentes han cedido nuevamente a la presión de sus socios de ERC y la CUP. Está visto que, lejos de lamentar y considerar un error su repugnante manipulación de la manifestación celebrada el pasado sábado en Barcelona, los sediciosos pretenden sacar tajada de ella para dar nuevos bríos a su delictivo proceso secesionista.

Con todo, aún resulta más escalofriante la desidia y la pusilanimidad con que las formaciones constitucionalistas, que –se supone– deben combatir el cada vez más persistente desafío separatista a la Nación y el Estado de Derecho, han recibido la noticia. En una muestra insuperable de ceguera voluntaria y wishful thinking, "fuentes del Gobierno" han asegurado que la ley de transitoriedad "nunca entrará en vigor", mientras que la representante de Cs, Inés Arrimadas, convencida de algo tan obvio como que esa norma será declarada inconstitucional, ha querido ver en ella una forma de "pasar página" a la bochornosa manifestación del sábado y una forma de admitir, por parte de los separatistas, que deben celebrar unas nuevas elecciones. No menos patético ha resultado ver a Miquel Iceta y a Pedro Sánchez, miembros de un partido tan contrario a la suspensión de la Administración en rebeldía como partidario de una reforma constitucional que proclame nación a Cataluña, alabar la "proporcionalidad" de Rajoy.

Evidentemente, en muchos aspectos, la ley de transitoriedad jurídica no dejará de ser un brindis al sol mientras no sea el Reino de España el que reconozca la independencia de Cataluña en forma de república soberana. Pero el que no tenga validez jurídica alguna no significa que su mera elaboración no sea un gravísimo delito que no se debería tolerar a nadie, especialmente si pretende seguir ostentado un cargo de gobierno. Y lo cierto es que buena parte del ordenamiento jurídico español que esa ley golpista pretende sustituir de iure ya ha sido hace tiempo erradicada de facto en Cataluña. ¿O acaso no ha imperado en Cataluña, por mucho que la anulase el Tribunal Constitucional, la ya mentada resolución de 2015 que conminaba a la Generalidad hacer caso omiso al ordenamiento jurídico español? ¿O acaso no ha imperado allí la liberticida inmersión lingüística, pese a las numerosísimas sentencias en su contra? ¿O acaso no existe en Cataluña el cargo de consejero de Asuntos Exteriores, por mucho que el Constitucional lo declarase inconstitucional? ¿O acaso no siguen en pie en Cataluña todas y cada una de las llamadas "estructuras de Estado" que se supone tumbó hace tiempo el TC? ¿O acaso no se perpetró el 9-N, pese a varias sentencias que taxativamente prohibían su celebración?

La cuestión es que de nada sirven las Constituciones, los tribunales y sus sentencias si luego no hay un Poder Ejecutivo que las haga cumplir. Los separatistas, como han demostrado, siempre pueden aspirar a más, pero lo cierto es que buena parte de la independencia de iure que pretenden erigir en Cataluña hace tiempo que ya la lograron de facto. La cuestión, por tanto, hace tiempo que dejó de ser cómo evitar la quiebra del ordenamiento constitucional en Cataluña, porque de lo que se trata es de ver cómo restablecerlo.

Ya podrá decir el presidente del PP en Cataluña, Xabier García Albiol, que él aplaudiría la aplicación del articulo 155 de la Constitución, que lo cierto es que, por lo menos hasta el día de hoy, no hay formación con representación parlamentaria con la sensatez y el sentido de la responsabilidad y de la proporcionalidad suficientes como para abogar por suspender la Administración regional catalana, inmersa desde hace años en abierta y gravísima rebeldía.

DEL ATENTADO A LA MANIFESTACIÓN
España, Estado basura
José Javier Esparza Gaceta.es 29 Agosto 2017

La existencia del Estado se justifica por dos cosas muy estrechamente relacionadas. La primera es su capacidad para imponer una autoridad comúnmente reconocida como legítima; si no es capaz de imponer esa autoridad, entonces ese Estado se quiebra. La segunda es su capacidad para proteger a los ciudadanos, que es la sustancia material de la legitimidad; si el Estado no es capaz de dar protección, entonces su legitimidad se desvanece en una mera nube retórica. Hoy, en España, el Estado se ha desmoronado en los dos aspectos. Los sucesos de Barcelona, desde el atentado del 17 de agosto hasta la manifestación del día 26, han puesto de manifiesto que el Estado no es capaz de proteger ni de imponer su autoridad.

Empecemos por el principio: los atentados, sus causas y sus consecuencias. El discurso institucional se ha aplicado a propalar que un ataque así es inevitable, que la seguridad en España es excelente y que las diversas policías del Estado han dado un supremo ejemplo de colaboración. Pues bien, todo eso es simplemente falso. La retórica oficial insiste machaconamente en el eslogan de la “unidad contra el terrorismo” y trata de eludir cualquier crítica a la actuación de las fuerzas de seguridad, como si el examen de la acción policial fuera una censura personal a los agentes. De esta manera se veta el análisis objetivo y se impone un tono emocional donde toda racionalidad queda proscrita. Pero en realidad semejante argucia retórica no tiene por objeto proteger a los agentes ni, aún menos, a la sociedad, sino eximir de responsabilidad a los políticos que dirigen la seguridad nacional. Ellos saben bien que su legitimidad queda reducida al mínimo si se pone en cuestión su capacidad para proteger a los ciudadanos.

Terrorismo: el poder también es responsable
Es necesario insistir en este punto, crucial, para calibrar adecuadamente la crisis de nuestro Estado. El poder, por definición, se justifica por su capacidad para dar protección. Un poder que se manifiesta incapaz de proteger a sus ciudadanos pierde necesariamente toda legitimidad (Schmitt). Los ciudadanos entregamos al Estado el monopolio legal de la violencia (Weber) para que nos proteja; si no es capaz de hacerlo, entonces no tiene derecho a poseer tal monopolio. Los servidores públicos merecen todo nuestro respeto y apoyo, pero no carecen de responsabilidad, en el sentido literal del término: han de responder de lo que hacen con ese poder que les hemos entregado. Conviene recordar todas estas cosas, que son el abecé de la política, para poner un poco de racionalidad en el coro de fervorines emocionales tras el que el poder oculta sus insuficiencias.

Si un poder local decide estimular la inmigración musulmana por motivos étnicos para “desespañolizar”, como ha hecho desde hace años el gobierno autónomo catalán, sin prevenir las posibles consecuencias negativas de esa política, entonces ese poder local es responsable.

Si un juez decide revocar una orden de expulsión contra un delincuente, como hizo el magistrado De la Rubia con el imán Abdelbaki es Satty, y después ese delincuente vuelve a delinquir, entonces ese juez es responsable.

Si un municipio recibe la instrucción de colocar obstáculos en la vía pública para dificultar atentados con vehículos-ariete, pero el tal municipio se llama a andanas, como ha hecho la alcaldesa Colau en Barcelona, entonces ese Ayuntamiento es responsable.

Si unos terroristas ocupan ilegalmente una casa ajena y nadie les molesta lo más mínimo por el allanamiento, como ha ocurrido con el chalé de Alcanar que servía de base a los terroristas, entonces las autoridades que han de proteger la propiedad son responsables.

Si un cuerpo de policía recibe el aviso de que cierto imán es peligroso y resuelve hacer oídos sordos, como hicieron los Mossos con el aviso belga acerca de Abdelbaki es Satty, entonces ese cuerpo de policía es responsable.

Si una jueza sospecha que una explosión puede esconder actividades terroristas pero un cuerpo de policía la disuade de investigar, como hicieron los Mossos con la sugerencia de la juez Sonia Nuez tras la explosión de Alcanar (“señoría, no exagere”), entonces ese cuerpo de policía es responsable.

Si hay cargos públicos que se ganan la vida como abogados de yihadistas, cual ocurre con relevantes miembros de la CUP y de Podemos en Cataluña, entonces esos cargos públicos son responsables.

Añadamos algo más, porque aquí nadie se libra de la quema: si un Gobierno que posee las competencias exclusivas en materia de seguridad pública, y más en un asunto como el terrorismo (tal es el caso del Gobierno de España), decide delegar esas funciones en otra instancia que se manifiesta ineficaz, entonces ese Gobierno también es responsable.

Los atentados de Cataluña habrían sido imposibles sin la descabellada política de inmigración de la Generalidad, sin la llamativa indulgencia de un juez concreto, sin el activismo pro islamista de relevantes cargos públicos de la izquierda catalana, sin la negligencia del Ayuntamiento de Barcelona en materia de seguridad, sin la ensoberbecida actitud de la policía autonómica catalana en materia terrorista, sin la renuncia del Gobierno de España a mantener bajo su control la seguridad pública en Cataluña. En términos racionales, lo lógico sería esperar dimisiones, rectificaciones, explicaciones públicas. Pero no, al revés: lo que hemos visto es un sorprendente cierre de filas de la clase política y los medios del sistema en torno a quienes tienen la responsabilidad directa de la gestión. Dicho de otro modo: la democracia española consiste en que el poder falla y el pueblo debe aplaudir. Porque, si no aplaudes, no eres “demócrata”.

La vergüenza nacional
El aplauso por antonomasia era el que el poder debía tributarse a sí mismo en Barcelona el sábado 26 de agosto, en la manifestación “por la unidad” contra el terrorismo. Operación clásica de legitimación de la autoridad por aclamación. Y bien, aquí es donde el Estado que nos aflige ha llegado al extremo de la humillación última, de la suprema vergüenza. Va a quedar para la Historia esa imagen del jefe del Estado y del jefe del Gobierno componiendo gesto de circunstancias bajo una marea de banderas separatistas, de gargantas aullando improperios contra el Estado y contra el Gobierno, de una muchedumbre a sueldo (público) hostigando a los representantes del poder nacional (público) bajo la bendición de otro poder regional (no menos público). Un poder regional en abierto proceso de rebelión se permite el lujo de utilizar una masacre para reivindicarse frente a un poder nacional en plena quiebra. ¿Pero de verdad no os dais cuenta de lo que está pasando? ¿Cómo va a ser Estado alguno capaz de proteger a sus ciudadanos frente al terror cuando es incapaz de imponer su autoridad en el interior de sus propias estructuras?

“Las afrentas de algunos no las hemos escuchado”, dijo muy digno el presidente Rajoy. Oh, sí: flagelemos al enemigo con el látigo de nuestra indiferencia. Si una potencia extranjera invade mañana el territorio nacional, hagamos lo mismo: ignorémosla desdeñosos, para que el invasor sufra. Hay pocas cosas más patéticas que la cobardía disfrazada de altanería. Pero sobre todo: un jefe de Gobierno no tiene derecho a moverse por el mundo con ese aire de doncella ofendida. No tiene derecho porque ese hombre no es Mariano Rajoy Brey, registrador de la propiedad en excedencia, sino un presidente de Gobierno que representa a millones de ciudadanos, todos y cada uno de los cuales exigen y esperan que ese señor defienda su dignidad colectiva, porque para eso le pagan. Si un presidente del Gobierno no es capaz de entender eso, si no tiene el aliento suficiente para imponer la autoridad del Estado, entonces debe dimitir. Vale lo mismo, por cierto, para el rey Felipe, cuya única función en la vida consiste en encarnar materialmente la unidad nacional y cuya existencia pública no tiene otra justificación que asegurar la continuidad histórica de España a través de una determinada forma de Estado. Ese señor tan alto y distinguido no es Felipe de Borbón y Grecia, esposo de la señora Ortiz Rocasolano y rico por su casa, sino una Corona que representa a millones de españoles de ayer, hoy y mañana. Si el rey tampoco es capaz de hacer valer su calidad pública, entonces más le valdría abdicar. El peso de la púrpura consiste precisamente en eso. Si vuestras espaldas flaquean, dejad la púrpura a otros.

Volvamos a la racionalidad política. Ha habido dieciséis muertos y varias decenas de heridos. Podía haber sido mucho peor, y si la catástrofe no se ha multiplicado no ha sido por mérito de las fuerzas de seguridad, sino por errores de los criminales. Todo eso ha sucedido en una región formalmente declarada en rebeldía que ha cometido gravísimos errores en la gestión de la seguridad pública, ante la pasividad de un Estado que tampoco ha cumplido adecuadamente sus funciones y que después se ha dejado escupir por los separatistas. Los cantos a la unidad están muy bien, pero a los muertos nadie va a devolverles la vida y a la nación tampoco. ¿De verdad preferimos creer que basta con cerrar los ojos para que el problema desaparezca?

España no es una nación basura: tenemos una historia prodigiosa, somos –como dice Luis Suárez- una de las cinco naciones que han construido la Historia Universal y hemos dejado una huella indeleble. Pero una nación no sobrevive sólo por su Historia. España tampoco es una sociedad basura: padecemos el mismo proceso de degeneración y domesticación que el resto de Europa occidental, pero el país está lleno de gente inteligente, creativa y dinámica, capaz de hacer cosas extraordinarias en la técnica, las artes o las ciencias. Pero una nación no sobrevive sólo por la calidad individual de sus gentes. Por el contrario, esa nación de historia extraordinaria y sociedad dinámica se ha dotado de un Estado ineficiente, oneroso y, al cabo, impotente, incapaz de asegurar sus funciones esenciales de imponer su autoridad y proteger a sus ciudadanos. En definitiva, un Estado basura. Y si alguien lo duda aún, que vuelva mirar la foto de la manifestación trampa de Barcelona.

Ortega cerraba su famoso artículo sobre El error Berenguer con una frase que hoy vuelve a sonar familiar: “¡Españoles, vuestro Estado no existe! ¡Reconstruidlo!”. El eterno retorno de lo idéntico.

El Eje del Odio
Alfonso Merlos okdiario  29 Agosto 2017

Con el edificio de la confusión y el esperpento hemos topado. Pero también con el de la división y la provocación, con el del insulto y la calumnia, con el de la villanía y la mezquindad: es la construcción del odio levantada por separatistas y antisistema. Aquí nos hallamos. Nada sorprendente, por otra parte. Pero lo escandaloso es que la obra del odio la hayan rematado estos descerebrados sobre los cimientos de 16 muertos y más de 100 heridos. ¡Qué infamia!

Los españoles volvemos a mirarnos en el espejo desfigurado, avergonzados, estupefactos y atónitos ante el empuje feroz, sinvergüenza y cainita de quienes se han marcado como objetivo primordial destruir la indisoluble unidad de una nación por las buenas o por las malas. Lo hacen aquellos que dan lecciones de paz perpetua y de sensibilidad con las víctimas del terrorismo, mientras se hacen execrables fotos con Otegi. Lo hacen aquellos enfermos de veneno que rompen pancartas por estar escritas en castellano, vacíos de testosterona por otro lado para señalar a los asesinos y sus cómplices. Lo hacen aquellos que acusan al Gobierno de todos de allanar el camino a los encapuchados por racanear el gasto en seguridad, cuando ellos mismos se han fundido miles de millones en regar un jardín del separatismo hoy repleto de plantas carnívoras. Lo hacen aquellos que difunden panfletos acusando al Rey de ‘traficante de armas’ y ‘financiador de la yihad’, mientras reciben dinero incesantemente del régimen que más grupos criminales y más atentados ha promovido desde 1979: el Irán de los ayatolás. Son el Eje del Odio: antisistema arremolinados (pero no sólo) en torno a Podemos y la CUP, en comandita con independentistas más o menos aburguesados.

Ésas son sus tristes e inmorales prioridades. No poner toda la carne en el asador, sin tregua y sin desmayo, sin reservas y sin complejos, para aniquilar a quienes han comparecido en Cataluña como falsos soldados de Alá. Muy por el contrario, socavar la convivencia cívica, resquebrajar la comunión entre ciudadanos, mandar un país entero —no a sus enemigos salafistas— al desguace de la Historia. Se encuentran cómodos protagonizando un festival de indecencia, rindiendo tributo a la sinrazón, quemando todas cuantas banderas no sean las suyas: las que impulsan el rencor y siembran la cizaña.

Ciertamente los millones que creemos en la unidad de España encontramos cada día poderosas razones para defenderla. Y aún así, la que tenemos desde la bochornosa y humillante manifestación de Barcelona es demoledora. Hay una alianza del resentimiento, morada y negra, que no va a dejar de disparar con ataques por tierra, mar y aire, de forma pública y notoria, impune, deplorable, queriendo evidenciar la debilidad de nuestro Estado. Ante tanta falsedad y tanto veneno, la unidad de la inmensa mayoría de compatriotas debe transformarse en el rayo que parta en dos y súbitamente las aspiraciones inmundas y ruines de quienes desconocen, en su pequeñez, el poder que puede desencadenar algo tan elemental y tan intangible pero verdadero… como el patriotismo.

La peligrosa indecencia separatista
Matthew Bennett. vozpopuli  29 Agosto 2017

No me lo puedo creer, la verdad. No me cabe en la cabeza realmente que los separatistas catalanes que aparecieron en ese lugar estratégico detrás de Rajoy y el Rey el sábado por la tarde no pudieron callarse y guardar las banderas durante una hora. Ni para los muertos. Ni contra el terrorismo. Ni con el mundo mirando y con todos los turistas que habían muerto o quienes los asesinos habían dejado heridos. ¿Dónde estaba la decencia? ¿Dónde el recuerdo respetuoso de nuestra frágil y común existencia terrenal, amenazada por los viles yihadistas? ¿Por qué decidieron estropearlo para las decenas de miles de personas—la mayoría, supongo, catalanes—quienes sí habían acudido a la marcha sin banderas?

De las seis a las siete de la tarde el sábado no se iba a arreglar nada; ni Madrid invadiría La Diagonal con tanques, ni Puigdemont iba a declarar la independencia unilateral en toda la cara del Rey. Sesenta minutos era todo. Silencio, aplausos, velas, fotos para las portadas, caras tristes, un cierto sentido de compromiso común, de humanidad compartida, y a casa, o al chiringuito. No hacía falta más. Y a partir de las ocho, podemos seguir peleándonos todo lo que tú quieras. Como antes. Si no gustaba "español", pues "europeo" o "demócrata" o "ser humano".

Pero ni eso. Tenía que ser esteladas, y pancartas conspiranoicas, y silbidos y gritos y abucheos y rabia. Menudo espectáculo. Porque venía el Rey y había que aleccionarle. Y eso era más importante que las víctimas y sus seres queridos. Valoraron la protesta odiosa hacia lo español por encima de cualquier valor o sentimiento compartido. Actuaron, y reaccionaron, en ese sentido, hacia sus verdaderas creencias y valores. Hacia lo que ellos quieren. De manera egoísta.

Constatada la indecencia independentista y esa falta de valores compartidos, incluso para los muertos tras un atentado terrorista, opino que España y el Gobierno de Rajoy tienen un problemón más evidente que el que tenían hace 10 días. El país, parece, ha cambiado mucho desde los atentados del 11-M cuando hubo, si no recuerdo mal, concentraciones dolidas en todas las principales ciudades, Barcelona incluida. Sin banderas.

Hasta el momento, mi principal queja sobre el tema del independentismo catalán había sido algo eminentemente práctico: una falta de huevos, hablando claro. Años y años y años de retórica y debate y neolengua, y de manipulación mediática, y de enmarcar conceptos y de tergiversar la ley, y de políticos "astutos", pero no avanzaban más allá del Parlament, de TV3 y de la romería anual. Que si luego planes utópicos para hacerse con la Delta del Ebro o la red eléctrica o las bases militares porque sí, o entrevistas potentes con declaraciones sugerentes en medios internacionales. Pero todo era hablar por hablar, aproximadamente. Llegado el momento, sabían que el Estado español existía y que era muy real. No morderían ese anzuelo.

Pues bien, a nivel de pruebas vitales, a nivel de acontecimientos externos que obligan a una reacción, de los que no dejan tiempo para más formación o contemplación, el Estado Islámico ha llegado antes que el Estado español. 16 muertos, 100 heridos, terror y violencia en las calles de la capital catalana y un bonito pueblo costero. ¿Y cómo se ha reaccionado según los separatistas? De puta madre, parece. Leyendo y oyendo sus declaraciones, ya están preparados, ya se ven capaces, ya han actuado como esa república catalana independiente que tienen en sus cabezas. Puigdemont ya ha admitido al Financial Times y a El Nacional que tiene las 6.000 urnas compradas en algún sitio, pero que obviamente no va a dar detalles. ¿Por qué? Porque Maza ya advirtió en julio que si eso, malversación de fondos.

El domingo, el día después de la supuesta marcha "unitaria" por las víctimas, el editorial de VilaWeb se titulaba "No tenim por de res". Ya han tergiversado la frase de los atentados: el "no tengo miedo" a los terroristas (aunque mentira) ya se ha convertido en el "no tenemos miedo de nada", ni del Estado Islámico ni del Estado español. Fíjense en el matiz, en el giro sutil entre un concepto y otro. Y todo en 10 días.

Si antes todo era retórica, ahora ha habido un algo, un acontecimiento en el mundo real, y han barrido para casa. Por encima de los muertos. Han aprovechado un atentado terrorista para reforzar la posición separatista antes del nuevo referéndum porque demuestra, según ellos mismos, que ya están preparados y que no tienen miedo de nada. ¿Cómo va a reaccionar el Gobierno de Rajoy? ¿Cómo piensa defender a los españoles catalanes que no son secesionistas? ¿Qué solución tiene este problemón?

El reto para la seguridad en Europa
ADOLFO CALATRAVA GARCÍA El Mundo 29 Agosto 2017

Las primeras preguntas que probablemente todos nos hicimos tras los atentados de Barcelona y Cambrils, después de repasar si algún conocido podría estar allí, son del tipo ¿cómo?, ¿quiénes?, ¿cuántos?... Son las investigaciones policiales las que van ofreciendo las respuestas y, poco a poco, va surgiendo con fuerza la cuestión del ¿por qué?: ¿Por qué unos jóvenes, algunos incluso menores de edad, son capaces de cometer estos actos? ¿Por qué estos jóvenes en concreto, integrados según las declaraciones de la gente que les conocía?

Una respuesta inmediata sería que estos jóvenes han sufrido un proceso de radicalización, entendido éste como un proceso de socialización política donde se imponen unos valores radicales, destacando el maniqueísmo o el uso de violencia y el terrorismo como herramientas políticas. Aunque este proceso es personal, se pueden estudiar las nuevas actitudes adquiridas, englobándolas en una ideología determinada, el salafismo yihadista, término acuñado por Gilles Kepel en 2002 y que ha derivado en el término más corto de yihadismo.

Para entender bien esta radicalización, y también para aclarar la vinculación de estos individuos con otros grupos dentro de la religión musulmana, conviene estudiar este término y sus dos componentes.

El salafismo es un conjunto de corrientes dentro del islam que, en esencia, buscan la vuelta a una religión rigorista, la que -según argumentan- se practicaba en tiempos de Mahoma y de los primeros califas. Promulga valores de total sumisión a Dios, alejando la práctica religiosa de cualquier tipo de retórica o especulación. Estas doctrinas han surgido periódicamente dentro del mundo musulmán para enfrentar los cambios sociales, políticos o culturales. De esta forma, es una reacción frente a influencias externas, considerando que la decadencia de la comunidad musulmana se debe a que se ha apartado del verdadero islam, el suyo únicamente. Por ello el salafismo moderno se desarrolla con el colonialismo. Esto también vale para el wahabismo, la corriente salafista de Arabia Saudita, vinculada a la familia Saud desde el siglo XVIII y que, con la creación del país en 1932, se convierte en religión oficial del Estado.

Por su parte, la yihad es un elemento central no sólo para el salafismo, sino para toda la religión musulmana; aunque se establece una discusión sobre qué significa el concepto y a qué hace referencia. Tiene diferentes significados e históricamente los propios pensadores islámicos han debatido sobre ellos. Incluye formas pacíficas y violentas, abarcando desde el esfuerzo personal para ser un buen creyente a la difusión del mensaje del islam; desde el apoyo a los musulmanes oprimidos a la lucha contra los enemigos y el derrocamiento de los gobiernos corruptos; pero también la promoción de una revolución islámica mundial o la creación del Califato.

Los yihadistas dan importancia a todos ellos, resaltando los últimos como objetivos políticos. Para ellos es la actividad que permite acabar con la "ignorancia de la patria islámica", como indicaba Sayyib Qutb, uno de sus padres intelectuales. El mundo debe entenderse en blanco y negro, los buenos musulmanes y el resto. En este sentido, los malos musulmanes son apóstatas a los que se puede eliminar. De la misma forma adquiere mucha importancia el martirio, al que no se otorga ningún papel pasivo: el mártir (o shahîd) se presenta como un guerrero que lucha y practica la yihad (un muyahidín), siendo a la vez un modelo de dignidad y ejemplo.

El terrorismo, en cambio, se presenta como una herramienta, una táctica llevada a cabo para generar el máximo terror y propaganda con medios limitados. Esto se evidencia en uno de los libros de cabecera del yihadismo, 'La gestión de la barbarie', de 2004, publicado en internet. El fin claramente justifica los medios.

Según estudios de la Rand Corporation, en 2014 se podían contabilizar alrededor de 50 grupos organizados que practican esta ideología. Siendo significativo que el número de grupos no ha parado de crecer desde finales de los años 80. En ese momento, los muyahidines que habían luchado en Afganistán contra los soviéticos, y que habían sido patrocinados por Arabia Saudita, Pakistán y EEUU -entre ellos Bin Laden-, se organizan para exportar una revolución islámica mundial actuando en escenarios como Bosnia o Chechenia. Su fracaso fue patente hasta que consiguieron atentar con éxito el 11 de septiembre en EEUU. La reacción de Washington, con la invasión de Afganistán en 2001 y la de Irak en 2003, y sobre todo el fracaso de crear estados fuertes en estos países, han creado las condiciones para la multiplicación de estos grupos. Todavía más tras el derrocamiento de Gadafi en Libia o la guerra civil en Siria en 2011, en el marco de la conocida como Primavera Árabe.

Pero no sólo la fragilidad institucional ha hecho que estos grupos aumenten;también es esencial el desarrollo de las tecnologías de la información. La globalización de la información dio impulso a Al Qaeda a principios de este siglo, y desde finales de la década pasada las redes sociales son un factor explicativo importante del desarrollo de la ideología del yihadismo a través del Estado Islámico. Entendidas estas redes no sólo como un vehículo de comunicación de ideas y propaganda radical, sino como indican Bennet y Segerberg como vehículo de creación de estructuras organizacionales. No hay más que echar un vistazo a la actividad comunicativa del IS para convencerse de ello.

Aunque los países europeos ya habían sido objeto de atentados islamistas, es a partir del 11-M en 2004 cuando Europa deja de ser un territorio de retaguardia y se convierte en escenario de estas acciones. A partir de entonces se han sucedido multitud de atentados: Londres, Estocolmo, París, Niza, Berlín..., sin contabilizar las impedidas por los cuerpos policiales. Estos atentados estuvieron esponsorizados primero por Al Qaeda y, a partir de 2014, por el IS, momento en el se intensifican.

¿Por qué en Europa? ¿Cuáles son los objetivos estratégicos? Principalmente serían demostrar la fuerza de estos movimientos, golpeando a países occidentales, y, además, alentar a la radicalización de las minorías musulmanas en Europa. Todo ello para movilizar a nuevos militantes. Hay que resaltar que, a pesar de los atentados, apenas 5.000 combatientes europeos han sido movilizados por el Estado Islámico en Europa (unos 200 en España). Tampoco Europa es hoy el escenario de una confrontación entre comunidades, a pesar que se hayan puesto en duda los modelos de integración.

Sin embargo, como afirman Reinares y García-Calvo, este proceso de radicalización sí se produce principalmente aquí; señalando la importancia de los agentes de radicalización, un imam, un antiguo combatiente o incluso un igual, un compañero, encargado de ir socializando en los valores y actitudes ya comentadas.

Por tanto, aunque el salafismo no es equivalente al yihadismo, se puede considerar un caldo de cultivo por dos razones: impide una adecuada integración de sus practicantes, ya sea en sociedades occidentales o musulmanas; y porque, aunque no comparte el uso de la violencia, sí algunos esquemas del mundo, pautas estructurales de comprensión de la realidad que pueden suponer un punto de partida de radicalización. Por ello, la promoción de mezquitas salafistas con dinero saudí y de otras monarquías del Golfo es un elemento que se tiene que considerar dentro de la radicalización de los yihadistas. No es de extrañar que siendo en Cataluña donde los niveles de radicalización son mayores, atendiendo al número de mezquitas consideradas salafistas, es donde ha habido más operaciones policiales y detenidos por terrorismo yihadista desde 2012.

En conclusión, los procesos de radicalización están muy vinculados al desarrollo de una ideología que, aunque muy minoritaria en el mundo musulmán, debe ser combatida tanto en los países occidentales como en los musulmanes. Estos procesos generan células independientes, que suponen en la actualidad la mayor amenaza para nuestros países. Sin olvidar, por supuesto, que la inmensa mayoría de las víctimas de los ataques de los yihadistas son musulmanes. Es previsible que, en el corto plazo, a medida que se vaya arrinconando a las milicias del IS en Irak y Siria, se intenten abrir nuevos frentes en Asia, como ya están haciendo en Filipinas, o se busquen nuevos atentados en Europa.

ARTÍCULO DEL PASADO DOMINGO
Reverte: ‘España es el país que se avergüenza de su historia y se complace de su miseria’
La Gaceta  29 Agosto 2017

El escritor ha expuesto los males que padece la sociedad española y ha denunciado la “falta de respeto a nosotros mismos”.

Arturo Pérez-Reverte ha publicado este domingo un artículo en el que denuncia los males que padece la sociedad española. El escritor ha reaccionado de esta forma a la manifestación contra el terrorismo del pasado sábado en Barcelona, donde los nacionalistas aprovecharon la presencia de medios de comunicación de todo el mundo para atacar a Mariano Rajoy, Felipe VI y exponer los motivos por los que el procés “debe seguir adelante”.

Pérez-Reverte, que ya ha expuesto en muchos de sus artículos la “actitud blanda” de Europa con el islamismo, se ha centrado en la historia de España para explicar la situación actual. “Nadie que conozca bien nuestro pasado puede hacerse ilusiones”, ha asegurado el escritor, que cree que los españoles estamos infectados de una “enfermedad histórica y mortal”.

“Siglos de guerra, violencia y opresión bajo reyes incapaces, ministros corruptos y obispos fanáticos, la guerra civil contra el moro, la Inquisición, la envidia como indiscutible pecado nacional o la atroz falta de cultura nos ha puesto siempre en manos de predicadores y charlatanes de todo signo”, ha continuado Reverte, que ha mantenido que España es uno de los pocos países de Occidente donde “se avergüenzan de su gloria y se complacen en su miseria”.

Pérez-Reverte ha mantenido que en España “se insultan las gestas históricas, se maltratan y olvidan los grandes hombres y mujeres o se borra de la memoria lo digno”. “Al final, sólo se conserva, como arma arrojadiza contra el vecino, la memoria del agravio y ese cainismo suicida que salta a la cara como un escupitajo”.

“Estremece tanta falta de respeto a nosotros mismos”, ha sentenciado el escritor, que en su cuenta de Twitter ha mantenido que estas palabras valen “para hoy y para siempre, creo”.


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Independencia express para fundar un Estado totalitario
EDITORIAL El Mundo 29 Agosto 2017

El PDeCAT (la antigua Convergència de Jordi Pujol y Artur Mas) ha cedido finalmente a las presiones de los 10 diputados radicales de la CUP para aprobar, antes de la fecha fijada para el referéndum ilegal, el próximo 1 de octubre, la ley que debería desconectar automáticamente a Cataluña del resto del Estado. Miembros de Junts pel Sí presentaron ayer en el Parlament, junto a sus socios antisistema, una proposición de ley de transitoriedad jurídica y fundacional de la república, que se aplicará sólo si gana el sí en el referéndum. Sin embargo, conscientes de la determinación del Gobierno para impedir que se celebre la consulta, en la ley no han fijado ni un mínimo de participación ni un porcentaje de votos a favor para dar validez al resultado, ya que su intención es que la ley se convierta en el instrumento legal que le permita dar un golpe de Estado, independientemente del referéndum. Una vez activada la ley, dejarán de operar en Cataluña, no sólo la Constitución española, sino también el Estatuto de Autonomía.

La ley debe aún ser tramitada por la Mesa del Parlament, pero la intención es aprobarla de tal forma que al TC no le dé tiempo a declararla inconstitucional, ya que supone una usurpación de la soberanía nacional, que recae en todo el pueblo español, así como la derogación unilateral por un organismo sin competencias para ello de la legislación en una parte del territorio. Se trata, en definitiva, de una ley golpista al margen del ordenamiento jurídico y de la legalidad internacional.

De la misma forma que la Generalitat cedió a los radicales de la CUP y de la ANC el control y el protagonismo de la manifestación del pasado sábado, que convirtió un homenaje a las víctimas del atentado yihadista en un acto de propaganda independentista y de rechazo a las instituciones del Estado, ahora es también el grupo antisistema el que continúa marcando el guión, a tan sólo 34 días del 1-O. Cuando llegue esa fecha, todos los ciudadanos de Cataluña pasarían a ostentar de manera obligatoria la nacionalidad catalana y la Generalitat será el único poder existente en Cataluña y la única administración, ya que aglutinará la administración estatal (absorbiendo a sus funcionarios), la autonómica y la local, convirtiéndose en un Estado totalitario que se encargará también de controlar el nombramiento de los miembros del poder judicial. Incluyendo un nuevo fiscal general de la república, que teóricamente será designado por el Parlament, pero que en la práctica lo será por el Govern, ya que dispone de mayoría absoluta. La primera decisión de ese nuevo poder judicial será la de amnistiar a los procesados por el procés, una medida que afectaría a Mas, a los ex consellers Francesc Homs, Irene Rigau y Joana Ortega, y a Forcadell, presidenta del Parlament.

En el aspecto económico, esa supuesta república catalana confiscaría, a la manera bolivariana, todos los bienes del Estado en Cataluña y se encargaría de la recaudación de impuestos y de la gestión de la seguridad social. En cuanto a la deuda, la CUP ya ha anticipado que el nuevo Estado independiente no asumirá la deuda de Cataluña con la administración estatal y sólo aceptará una negociación sobre al misma. Finalmente, el Govern se haría cargo del control de pasaportes y del control fronterizo, por lo que el Ejército sería expulsado de Cataluña y los Mossos asumirían sus competencias. En un gesto de optimismo político, la Generalitat da por hecho que Cataluña seguiría formando parte de la UE.

Todo esto no dejaría de ser un ridículo delirio, si no tuviésemos ya suficientes pruebas de que los independentistas no parecen dispuestos a dar marcha atrás. El Gobierno deberá dar una respuesta adecuada a este desafío que pretende acabar con la convivencia de los españoles y nuestro régimen democrático. De momento, es positivo que Rajoy y Pedro Sánchez hayan abierto un canal permanente de conversación para dar una respuesta conjunta al órdago separatista. Ahora más que nunca, los constitucionalistas deben mantenerse unidos y actuar sin dilación.

Policía única, mando único
OKDIARIO 29 Agosto 2017

Los últimos atentados yihadistas en Barcelona y Cambrils reabren un debate necesario para el óptimo funcionamiento de la seguridad nacional: una Policía unificada y mando único. Una reivindicación constante por parte de algunos sindicatos de policías y agrupaciones de guardias civiles que ahora cobra más sentido si cabe tras lo acontecido en Cataluña. Sería la mejor manera de optimizar tanto las condiciones laborales como la coordinación y los medios de los agentes. Una medida que debería incluir a los efectivos de las policías autonómicas con el objetivo de ganar en eficacia ante la mayor amenaza que padece el mundo libre desde la Segunda Guerra Mundial. España es una referencia internacional en la lucha antiterrorista, ahí están las más de 700 detenciones efectuadas desde los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid. No obstante, los ataques en Cataluña han dejado de manifiesto la falta de coordinación entre Policía Nacional, Guardia Civil y Mossos d’Esquadra. Una prueba más de que ciertas competencias autonómicas como seguridad o educación funcionan de manera deficitaria.

Más de una semana después, persisten y se intensifican las acusaciones cruzadas de ninguneo y ocultación de datos entre los distintos cuerpos. Nuestro país no puede permitirse esa imagen de constante división, casi como si cada uno hiciera la guerra por su lado. Una realidad que, dado el contexto político, es especialmente notoria en Cataluña, donde los Mossos están bajo el yugo de la sinrazón política que propugnan aquéllos que quieren romper España. De hecho, la Policía sospecha que el ‘CNI catalán’ habría recibido alertas antiterroristas que no compartió con la Guardia Civil y la propia Policía Nacional. España no puede basar su seguridad en la desconfianza porque así los yihadistas encontrarán una autopista sin obstáculos para atentar contra nosotros siempre que quieran.

Por todo ello, y dado el estado de alerta 4 reforzado —el siguiente paso sería sacar el Ejército a la calle—, los representantes políticos deben llegar a un acuerdo para unificar al máximo la actividad de los más de 250.000 efectivos policiales que hay en España. Esa unificación evitaría conflictos de competencias así como duplicidades. De tal manera que habría una Policía unificada para los asuntos de Interior y otra, en este caso el Centro Nacional de Inteligencia, para los de Exterior. Francia y Bélgica funcionan de un modo similar. Sin embargo, si tenemos que fijarnos en un cuerpo policial ese sería el FBI. Asuntos como el acaecido en Cataluña habría sido solucionado en exclusividad por ellos. Países con las parcelas bien delimitadas para evitar conflictos y, sobre todo, con el fin de cimentar una seguridad nacional efectiva. Al fin y al cabo, se trata de servir lo mejor posible al ciudadano.

Oiga, escuche
ARCADI ESPADA El Mundo 29 Agosto 2017

En la época del terror vasco era costumbre que los etarras y asimilados respondieran que no reconocían la autoridad del tribunal que habría de juzgarles. Era un lugar común aceptado por todas las partes. Los etarras vivían ariscamente fuera de la ley y los jueces vivían caldeadamente dentro. El equilibrio entre legalidades duraba hasta que el juez dictaba sentencia y entraba en escena el poder, que no es más que la capacidad de aplicar la ley. Y los etarras se preparaban para seguir viviendo fuera de la ley pero dentro de la cárcel. Hace tiempo que los impulsores del Proceso secesionista catalán imitan a etarras y asimilados, probablemente por la evidencia de un suelo común. La presentación, ayer, de una llamada ley [sic] de transitoriedad [sic] jurídica [sic] y fundacional [sic] de la República [sic] -la deydelá para abreviar con las únicas palabras verdaderas del enunciado- es la manera de la semana, como de costumbre algo tortuosa, con que el gobierno desleal se niega a reconocer la autoridad democrática. Como de costumbre, también, el Gobierno se ha aprestado a responder que la deydelá será recurrida y no entrará en vigor. El Gobierno cumple su obligación. Pero su reacción, reducida a eso, vacía de discurso, acaba contaminándose de la ficción nacionalista.

Examinadas las acciones probadas de los etarras, el tribunal desgranaba los artículos del Código Penal que se habían vulnerado. Era lógico que lo hicieran aunque los etarras no reconocieran el Código. Una vez hecho eso y fijada la pena correspondiente llegaba un gran momento: los etarras seguían sin reconocer la ley, pero la ley sí los reconocía a ellos. Y entraban al furgón. Nadie duda de que el gobierno nacionalista quiebra la ley. ¡Ni el propio gobierno nacionalista! La inquietud española no está en el dictamen, sino en cómo el Estado va a hacer cumplir la ley. Y la inquietud crece con gestos como el de la impostada indiferencia con que el presidente Rajoy se refirió ("No hemos escuchado nada") al indigno abucheo de Barcelona. Porque su problema, y el nuestro, no son cuatro maleducados (cifra el sumamente agudo Rivera) sino que el productor, guionista y coreógrafo de los abucheos desfilara a su lado en la manifestación. Este otoño, en Cataluña, se producirá una situación traumática, inédita desde el golpe del 23 de febrero. Una intervención como la que el Estado se verá obligado a practicar requiere una densa espuma de palabras, a modo de la que extienden los bomberos en la inminencia de un aterrizaje forzoso. Pero hasta ahora, ciertamente, no hemos escuchado nada.

Se equivocaron de enemigo
TERESA JIMÉNEZ-BECERRIL El Mundo 29 Agosto 2017

En esta España de mi corazón, la que ya le dolía a Ortega y nos sigue doliendo a muchos españoles cuando vemos cómo es zarandeada por quienes la desprecian desde su ignorancia, rencor y bajeza moral, un atentado terrorista puede multiplicar su objetivo de dividir a la sociedad.

El terrorismo persigue la destrucción del orden establecido, coaccionando a los gobiernos y creando alarma social, por ello es tan importante que tras un atentado quienes tienen el deber de permanecer con la cabeza fría para dar confianza y seguridad a los ciudadanos puedan hacerlo sin tener que estar pendientes de mantener la calma política en una parte de España, donde diariamente se sobrepasan todas las líneas rojas de la legalidad y la solidaridad necesarias para que un país se mantenga unido. Y es en este contexto político territorial donde se permite que en una manifestación, supuestamente contra el terrorismo, miles de personas lleven pancartas en las que se culpa a Felipe VI y a Rajoy de cómplices de atentado terrorista y aquí no pasa nada.

Yo no sé si nos hemos vuelto locos o si la vileza de esos impresentables no tiene límites, pero yo no permito que nadie deshonre a mi rey o a mi presidente , y si quieren desahogarse en estos momentos trágicos donde todos tenemos mucha rabia dentro, que dirijan su ira hacia quienes han destrozado a los turistas que paseaban alegremente por la maravillosa ciudad de Barcelona. El odio para los terroristas, para los enemigos, no sólo de España, sino de Europa. Son a ellos a los que tenemos que combatir y hacerlo en el nombre, no sólo de los ciudadanos españoles, sino en el de los dieciséis muertos y decenas de heridos que llegaron a una Barcelona acogedora y plural y no a una ciudad provinciana, secuestrada por independentistas y radicales que han mostrado su peor cara con sus gritos de "fora, fora" al paso del Rey, del Gobierno y de quienes estábamos allí para condenar el terrorismo.

Desgraciadamente, he acudido a muchas manifestaciones contra el terrorismo y jamás había visto algo semejante. La pena y la vergüenza se alternaban con las lágrimas que brotaban ante el recuerdo todas las víctimas del terrorismo, mientras escuchaban esos gritos de odio hacia nosotros y ninguno hacia quienes habían provocado la masacre de Las Ramblas. Al menos en estos momentos, cuando en los hospitales aún hay personas que se debaten entre la vida y la muerte, cuando la sangre derramada aún está en nuestras calles y en nuestra memoria, al menos hoy podrían haber respetado a las víctimas. Cuando una buena parte de los que se manifestaron en Barcelona, en nombre de cualquier cosa menos del terrorismo, volviesen a sus casas podrían estar orgullosos del deber cumplido; habían desvirtuado la manifestación, las banderas independentistas y los insultos al rey son la noticia. No les importa que para ello tuvieran que pisotear el dolor de las víctimas y de todas las personas de bien que estábamos allí para apoyarlas.

Y, así, equivocándose de enemigo, entre independentismo e irresponsabilidad, les hicieron el juego a los terroristas, quienes no sólo pretenden aterrorizarnos, sino destruirnos moralmente. ¿O no es inmoral lo que hemos visto? Cuando hoy más que nunca los ciudadanos lo que necesitan es estar unidos de verdad, creyendo en una España segura dentro de una Europa capaz de defenderlos de esta atroz amenaza, que va encarada con toda la decisión, inteligencia, unidad, responsabilidad y realismo posible. El duelo es necesario y parte de él incluye el no sucumbir y seguir viviendo como siempre lo hemos hecho, con la libertad que es la esencia de la vida. Rechazar el miedo, proclamarlo y hacerlo juntos es una manera sana de enfrentarse a los terroristas que quieren acabar con nuestro modo de vida, pero quedarse ahí es demasiado infantil y no ayuda a protegernos de futuros ataques. Flores sí, mensajes de dolor también, pero mientras los ciudadanos ponen velas, quienes tenemos la responsabilidad de legislar, como es mi caso, tenemos que hacerlo y sin pausa para que el marco jurídico ayude a aquellos que tienen que frenar a los que quieren que sigamos llorando eternamente.

A los que repiten que no podemos frenarlos porque inventan nuevas vías, les diré que también nosotros las tendremos que encontrar y a la misma velocidad que ellos, aunque sea muy difícil, ya que el mal viaja sin equipaje y el bien va mucho más cargado. Yo he apoyado con mis enmiendas, casi todas para mejorar la ayuda a las víctimas en caso de ataques terroristas, la directiva europea para combatir el terrorismo y he comprobado la dificultad de incluir nuevos delitos relativos a los viajes y al entrenamiento de quienes quieren cometer atentados en Europa. Inexplicablemente los de siempre se oponen. Yo siempre les digo que cómo vamos a proteger a los ciudadanos, si no somos capaces de prevenir los atentados. A veces, la ideología es más fuerte que la lógica. Yo sí quiero tener miedo, el justo, para no bajar la guardia. El necesario para seguir trabajando con firmeza para acabar con el terrorismo, venga de donde venga sin complejos, sin buenísimo inútil y con las ideas claras para combatir la radicalización en las cárceles, en las escuelas, en las mezquitas. Para mejorar el flujo de información a nivel europeo y nacional sin protagonismos inaceptables cuando está en juego la vida las personas.

Sin unidad y voluntad política no se puede vencer a ningún terrorismo, porque ellos saben cómo meterse en las fisuras que nosotros les dejamos y las consecuencias ya sabemos las que son; dolor y más dolor. A quienes caigan en la tentación de olvidar, quiénes son los que sufren y quienes provocaron ese sufrimiento, como pasó ayer en Barcelona, aunque se intente maquillar la vergüenza, les recomendaría que hablaran con quienes han sufrido de cerca el terrorismo, esos que cuando caiga el telón seguirán siendo actores de la trágica obra de terror que para ellos no tendrá fin. ¡Quién sabe si entonces entre esas miles de pancartas idénticas preparadas y apiladas en las esquinas de la manifestación, al menos habríamos encontrado alguna que recordara a las víctimas! Yo la habría cogido y la habría levantado con orgullo. Pero para eso tendré que acudir a una verdadera manifestación de condena del terrorismo y apoyo a las víctimas, que muy a mi pesar no fue la de este sábado en el Paseo de Gracia. Y eso que ingenuamente confiaba, como tantos españoles que partimos desde toda España, que quizás en esta ocasión, la manipulación se olvidaría por respeto a las víctimas.

Nada más llegar, con el corazón encogido, ante ese ambiente enrarecido, reconocí que me había equivocado, que condenar de veras el terrorismo era un asunto secundario para muchos de los presentes,que estaban más preocupados de marcar diferencias con España que de maldecir a los terroristas. Pero a pesar de la pena que sentí volvería a ir, con la cabeza alta y el corazón abierto. Y lo haría por ellos, siempre por ellos, por las víctimas.

Teresa Jiménez-Becerril es eurodiputada por el PP y presidenta de la Fundación Jiménez-Becerril.

La calle es de ellos
Isabel San Sebastián ABC 29 Septiembre 2017

Guardo buena memoria de lo sucedido en los días posteriores al 23-F y no recuerdo a nadie proponiendo que se negociara con los asaltantes del Congreso, se limitaran las garantías democráticas, se ilegalizara de nuevo al PC, se embridara a las autonomías o se restableciera la pena de muerte para los terroristas. Esas exigencias golpistas eran compartidas por un porcentaje considerable de los españoles de entonces, pese a lo cual la sociedad cerró filas en torno a su democracia y los partidos políticos, sin excepción, unieron fuerzas en defensa del Estado de Derecho. Nadie pensó que Tejero tuviera parte de la razón o que fuese preciso ceder a parte de esas demandas en aras de evitar males mayores. ¿Qué ha cambiado en estas décadas para que el golpista Puigdemont reciba honores de estadista y la opinión biempensante, capitaneada por el líder del PSOE, se sitúe a medio camino entre el presidente del Gobierno y él? ¿Qué ha sucedido para que centenares de sacerdotes catalanes y vascos animen públicamente a secundar el golpe, mientras la Conferencia Episcopal pide dialogo generoso? ¿Cuándo perdimos el norte, presos del relativismo, la equidistancia y el apaciguamiento cobarde?

Puigdemont, Forcadell y demás protagonistas de la asonada catalana no han entrado en el hemiciclo pistola en mano, pero desde el poder que detentan (el verbo está bien escogido) están asaltando la Constitución, la soberanía nacional y hasta las calles de Cataluña, amenazadas de algaradas violentas por su obstinación en perpetrar una consulta ilegal de consecuencias dramáticas. Están utilizando el dinero de todos los españoles, las instituciones sujetas a su tutela y los medios de comunicación públicos para destruir la convivencia entre ciudadanos y romper la nación a la cual deben sus cargos. ¿Cabe mayor felonía?

Son golpistas de libro. Traidores a la democracia. Irresponsables dispuestos a sembrar el caos en su empeño de consumar un delirio sedicioso para el que ni siquiera cuentan con una mayoría cualificada de los catalanes a quienes dicen querer rescatar de la opresión española. ¿Y qué hacemos los demás? Huelga decir que el PNV secunda el desafío, sabiendo que, en caso de éxito, ellos son los siguientes. También ETA, con Otegi al frente. A Podemos todo lo que sea desorden e inestabilidad le beneficia, pues ése es el ambiente en el que medra. De ahí su respaldo entusiasta, unido al de sus televisiones amigas. A ellos les importa un pito el «procés». Lo que buscan es dividirnos para mejor imponer su proyecto totalitario. Y en lo que respecta al PSOE, lo han conseguido. Emulando a Chamberlain o Daladier ante Hitler, Pedro Sánchez se arruga y propone claudicar a fin de evitar el conflicto. Darles parte de lo que quieren. No dice exactamente qué ni quién dejaría de recibir lo que fuera de más para ellos (¿Andalucía? ¿Extremadura?), pero rehúsa plantarles cara. Su prioridad es evitar la foto junto a Rajoy y Rivera, no vaya a ser que este último vaya a quitarle algún voto. El PP, a su vez, da una de cal y otra de arena. Insta a la Fiscalía a perseguir a los delincuentes, pero les dice, por boca del ministro de Economía, que si vuelven a portarse bien serán convenientemente premiados. Envía a millares de guardias civiles y policías a impedir el golpe, pero les ata las manos con órdenes operativas que en la práctica dificultan gravemente su actuación, amén de prohibirles participar en cualquier manifestación espontánea de respaldo a su labor. ¡Nada de banderas de España! Y por supuesto se abstiene de convocarnos a defender lo que pretenden robarnos. La calle es de ellos. La ganaron hace tiempo por incomparecencia del adversario.

Cataluña: de la tragedia a la desconexión
Ignacio del Río Republica 29 Agosto 2017

Los atentados yihadistas del 17 de agosto en Barcelona y Cambrils eran una causa suficiente para incorporar sentido común a la deriva política secesionista de Cataluña. Una aventura que cada día se desliza con mayor rotundidad para convertirse desde el disparate en un golpe de Estado. Lamentablemente no ha habido en los independentistas ni el sentido común de dar una tregua que permitiera recomponer el desgarro emocional de las víctimas y el duelo ciudadano, ni el sentido político suficiente para leer la realidad del día después.

En Cataluña los independentistas han roto las columnas básicas de convivencia que rigen en cualquier Estado democrático avanzado que no puede tolerar la suplantación de los poderes institucionales que representan la soberanía popular. Si se transgrede esa frontera, la democracia queda desvirtuada y anulada.

Algunos hechos avalan la tesis de que el proceso han entrado en una dinámica que es mas propia de una opera bufa que de la mínima racionalidad exigible a cualquier representante público. Al modo de “Aquellos locos conductores en sus viejos cacharros”, los restos de los convergentes con Puigdemont a la cabeza, la CUP, la amalgama de Junts pel si y los chicos de Esquerra, con Oriol Junqueras de perfil, están percibiendo que el asalto al Estado programado para el 1 de octubre pierde apoyos sociales y de la opinión pública.

En este escenario, hay un movimiento de Oriol Junqueras dirigido a encarrilar el tren político de Cataluña y recuperar una cierta estabilidad post 1 de octubre, sin perder un solo grado de independentismo, pero gestionado desde una cierta racionalidad.

Aquí se enmarca la reunión con cena incluida de Oriol Junqueras, Pablo Iglesias y Xavier Domenech en casa de Roures, el empresario de los derechos del fútbol, enemigo declarado del Grupo Prisa que se mueve entre las sombras del poder político y económico.

En la reunión, que tuvo al transcender un cierto tufo de inoportunidad por el momento -se celebró tras la manifestación- y de liturgia conspirativa entre los concurrentes, se exploró la estrategia para la futura formación de una mayoría de gobierno en Cataluña entre ERC y Podem en comú que contemplase un proceso versus referéndum ordenado y paccionado con una mayoría suficiente a componer que lo avalase ademas en la Carrera de San Jerónimo de Madrid.

Puigdemont y los del PDdeCat van a pagar sin duda la factura política del fiasco del 1 de octubre en el que han embarcado a la burguesía económica y financiera catalana, con una creciente preocupación por la posible desmovilización ciudadana tras la semana trágica de agosto en Cataluña y el agotamiento de la conducción del Gobierno de la Generalidad.

La cena de Roures no tiene otra explicación que la recomposición de un modelo político en el que se cambia la desdibujada figura del conductor Puigdemont por Oriol Junqueras, experto en las tácticas políticas vaticanistas que practican los mas ilustrados cardenales. Una cena que podría ser relatada por Umberto Eco como un episodio más de ‘El nombre de la Rosa’, en el que los personajes que asistieron, el anfitrión, Pablo Iglesias, Oriol Junqueras y Xavier Domenech no necesitaban atrezo ni maquillaje y acordaban en qué pagina de la ley de desconexión fijaban el veneno para Puigdemont.

Todos representaron su papel y se necesitan recíprocamente. Podemos y ERC quieren consolidar su poder político real en Cataluña y su influencia en Madrid para “sacar a Rajoy y al PP del Gobierno”, devaluando al mismo tiempo la posición de los socialistas en un proceso de resintonía de la izquierda que da a Pedro Sánchez un papel de simple acompañante.

La partida no ha hecho más que empezar. Y Rajoy en el papel de Guillermo de Baskerville que interpretó Sean Connery, va a disfrutar del momento.

Boquetes en la retaguardia
Eduardo Goligorsky  Libertad Digital 29 Agosto 2017

Hasta ayer nomás parecía que solo éramos los ciudadanos comprometidos con la cultura humanista, emancipada de dogmatismos nacionalistas etnocéntricos, quienes exigíamos la normalización del sistema educativo imperante en Cataluña, con el fin de que se enseñaran la historia, la geografía y la lengua de España, acompañadas por sus equivalentes regionales… o como se las quiera llamar. Ahora, quienes argumentaban que este currículo perjudicaría la cohesión social de las comunidades implicadas y se conjuraban para acosar desde el llano y el poder a los disconformes descubren que su política sectaria ha engendrado un monstruo movido por atávicos instintos asesinos. Hostiles sin remedio a sus compatriotas, cometieron el error suicida de disfrazarse de tolerantes para caer simpáticos a quienes –¡oh, sorpresa!– venían nada menos que a reconquistar Al Ándalus.

Prohibido delatar yihadistas
Una información ("Los institutos recelan del protocolo de los Mossos", LV, 19/11/2015) deja al descubierto la estulticia de estos maestros Ciruela (que no saben leer y ponen escuela). Guiados por el catecismo progre, se desentienden del choque de civilizaciones y se niegan a proteger a sus alumnos de las insidias de los reclutadores salafistas. Se resisten a impartir enseñanzas en castellano pero asisten impasibles al adoctrinamiento guerrero coránico. El resultado:

Los institutos no se ven en el papel de delatores y muestran su perplejidad ante la noticia de que los Mossos d´Esquadra están elaborando un protocolo de actuación para detectar posibles casos de radicalización islamista en las aulas. Algunos centros consultados temen criminalizar a los estudiantes, es decir, convertirse en denunciantes de alumnos en base a unas sospechas basadas solo en unas premisas externas realizadas por la policía. (…) El protocolo (…) pretende que los maestros informen sobre perfiles determinados: cambios bruscos de comportamiento, así como ciertos síntomas que puede presentar un joven en riesgo de ser captado para la yihad.

Perros rabiosos
Imaginemos un aula atestada de hijos de catalanes, murcianos, marroquíes, chinos y colombianos, donde un maestro salvapatria explica –en catalán, por supuesto– su versión de la historia: una nación milenaria oprimida por los vecinos españoles desde 1714, despojada de su lengua y su cultura, donde aún vibran las estrofas del himno que exhorta a recuperar la soberanía con un "bon cop de falç".

Uno o dos chavales marroquíes, o pakistaníes, o senegaleses, rescatan, de la jerigonza extraña, algunas afinidades con el texto sagrado que les inculcó el imán de su mezquita: odio al invasor, aunque sea un vecino de su misma estirpe, y el compromiso de recuperar la soberanía de Al Ándalus blandiendo el puñal, ya que no la hoz, contra el infiel. Completados el curso escolar y el adoctrinamiento religioso, ya tenemos uno o dos cachorros de perros rabiosos (me niego a mitificarlos como lobos solitarios) embrutecidos por una tremenda y prematura confusión de valores. ¿Cómo va a reconocer en ellos los síntomas de yihadismo el maestro que les estuvo lavando el cerebro con sus propias falacias cainitas?

Solo después de la tragedia un editorialista atinó a asombrarse ("Integración y colaboración ciudadana", LV, 26/8):
De hecho, hasta sus últimos meses, los responsables del atentado de la Rambla llevaron una vida integrada. Se escolarizaron con los nativos, se alinearon con ellos en los mismos equipos de fútbol, fueron beneficiarios de servicios sociales, tenían empleo.

Y la alcaldesa de Barcelona, la misma que veta en el Salón de la Enseñanza los centros de instrucción de las Fuerzas Armadas que nos protegen, plantea, tiernamente conmovida (Suplemento "Vivir", LV, 26/8):
Y creo importante que nos preguntemos qué ha pasado con estos chicos jóvenes que no eran gente de la banlieue, eran chicos integrados que en muy poco tiempo se han radicalizado.

Instinto de supervivencia
El instinto de supervivencia obligará a acabar con las barrabasadas de quienes se niegan a colaborar con las fuerzas de seguridad. En Gran Bretaña, "el Gobierno ha investigado a 21 escuelas primarias y secundarias de Birmingham acusadas de atizar el integrismo islámico" (LV, 18/6/2014). En Francia, "las agencias de seguridad mantienen contactos regulares con los cuadros educativos para incentivar la detección de elementos radicales en las escuelas" (LV, 4/12/2015).

El titular más escandaloso informa de que "Una escuela de Flandes registra casos de ‘radicalización’ en párvulos. Un informe interno recoge cómo niños pequeños imitan actitudes islamistas" (LV, 24/8). Los angelitos tienen entre tres y seis años. Ese mismo día, el diario dedicó un editorial al tema: "Educación, la mejor arma contra el terror". Comenzaba así:

Recitado de versículos coránicos durante el recreo escolar, ausencias los viernes aduciendo motivos religiosos, insultos, degollamientos simulados (con un pulgar simulando la trayectoria del cuchillo sobre el cuello). Estas son algunas de las acciones recogidas en un informe sobre lo que ocurre en una escuela belga de enseñanza primaria.

Las conclusiones del editorial se refieren a la infiltración yihadista, pero el lector atento sabrá aplicarlas a la campaña de sectarización y radicalización que practican los cruzados secesionistas, desvirtuando y pervirtiendo el sistema educativo. Veamos:

Ahora bien, es algo más difícil diseñar un programa educativo que, además de alertar ante los excesos y atajarlos, consiga convertir los centros escolares en ámbitos en los que el radicalismo no disponga del menor espacio para expresarse. Y sin embargo, pese a tal dificultad, esa es una línea de acción decisiva para prevenir, en primera instancia, la captación de los jóvenes estudiantes por parte de los radicales.

Seamos realistas
Excelentes consejos. Ahora seamos realistas. En esta España invertebrada (José Ortega y Gasset dixit) existe una corriente ideológica que se traviste de multiculturalista y pacifista, que se niega a delatar a posibles conversos al yihadismo y que, con el pretexto de no caer en la islamofobia, abre una brecha en la retaguardia catalana que forma parte de las defensas contra la marabunta islamista. Casualmente, o no tan casualmente, esta misma corriente y otras afines practican la beligerancia y el monoculturalismo y el monolingüismo para desconectarse de sus compatriotas españoles, llevan su radicalismo a las aulas y no se recatan de caer en la hispanofobia.

El sindicato de profesores Acció per a la Millora de l’Ensenyament Secundari pidió (LV, 19/5) que se investiguen "los libros de texto que se utilizan en las escuelas catalanas por si faltan al rigor en materia de historia y geografía, utilizando una redacción manipulada con el supuesto objeto de ‘adoctrinar’ a los niños en una ideología soberanista". Este mismo sindicato publicó un estudio en el que denuncia "planteamientos ideológicos partidistas y tendenciosos" en las escuelas de Catalunya, a través de los libros de sociales de 5º y 6º de primaria de siete editoriales que supuestamente no cumplen el currículum de la Lomce.

Degollar infieles
Demasiados adoctrinamientos para radicalizar a los jóvenes. Y todos contra España. Por un lado, en mezquitas y cenáculos islamistas que reivindican Al Ándalus. Por otro, en el sistema de enseñanza de Cataluña y en centros cívicos y sociales subvencionados para sembrar la hispanofobia. El segundo foco no tiene la misma motivación confesional que el primero, pero a ambos los une el odio visceral al Reino de España. En verdad, si triunfaran los yihadistas una de sus primeras atrocidades consistiría en degollar infieles, sin distinguir entre los que les opusieron resistencia y los que les allanaron el camino saboteando la unidad y cohesión del Reino de España. Como lo hizo miserablemente la minoría –sí, minoría– de energúmenos que copó la manifestación del 26-A, desfigurando su contenido de solidaridad con las víctimas y de repudio al terrorismo islamista.

Estoy convencido de que los espías del EI que seguramente vigilaban la manifestación contaron, complacidos, cada estelada y cada abucheo al Rey, a Rajoy y a la Guardia Civil, como un boquete abierto en la retaguardia por donde los enemigos del Reino de España podrán colarse fácilmente. Falta ver si en la república mostrenca catalana hay tantos tránsfugas dispuestos a congraciarse con cualquier enemigo exterior como los hubo en la República Francesa listos para colaborar con el ocupante nazi. Esto ocurre, en parte, porque no se supo españolizar a tiempo a todos los niños de toda España, y no solo de Cataluña como propuso, entre insultos y burlas, el exministro José Ignacio Wert.

La República Francesa tuvo un De Gaulle. ¿Y el Reino de España?

Así se gestó el secuestro 'indepe' de la manifestación contra el terror
ANC y Òmnium colaron a su gente y material en el bloque de las oenegés y movimientos sociales de la marcha de Barcelona
Carles BallfugóCronica Global 27 Agosto 2017

Fue el secuestro independentista de la manifestación en recuerdo de las 16 víctimas mortales y más de cien heridos de los atentados del 17 y 18 de agosto en Barcelona y Cambrils. La Assemblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural colaron su músculo, gente y materiales en el bloque pacifista de las oenegé y movimientos sociales.

Según han informado fuentes conocedoras, participantes de las dos entidades pseudociviles estuvieron en las reuniones preparatorias de la marcha. La primera se celebró el lunes 21 en La Fede, la plataforma paraguas que agrupa a 112 organizaciones pro derechos humanos, de cooperación y por la paz en Cataluña.

"Acudió una amplia representación del espectro social. De la Marea Blanca a SOS Racismo, pasando por CCOO, la Federación de Madres y Padres de Alumnos (Fapac) o entidades musulmanas", indican las mismas voces. También había gente de la ANC y Òmnium.

En aquel encuentro se empezó a perfilar un manifiesto crítico con la movilización, anunciada el día 19 por el Ayuntamiento de Barcelona y la Generalitat de Cataluña.

Reunión en el Ayuntamiento
Los organizadores, La Fede, han explicado que lo siguiente fue acudir a un encuentro de carácter logístico en la sede municipal el martes 22 de agosto. Allí se recabaron más apoyos, como el de UGT, USOC, amén de otros grupos de la comunidad musulmana.

"Detectamos que, además de nuestros 112 asociados, había un espectro de entidades civiles interesadas en marchar bajo un lema crítico contra las guerras. Estas organizaciones llamaron a otras", relata Pepa Martínez, presidenta de la agrupación.

El equipo de gobierno, de forma consciente o no, avisó al bloque social de que el espacio libre para manifestarse tras las autoridades empezaría en la confluencia del Paseo de Gracia y la calle Diputació. Un lugar perfecto para el tiro de cámara.

¿Fue buscado para captar la atención de la televisión? "Creemos que no. En las reuniones sí que había voluntad de desmarcarse de políticos y representantes institucionales, pero no de politización. Cogimos el primer sitio disponible", defiende Martínez.

Grupos de trabajo
El miércoles 23 de agosto, hubo una segunda reunión en el Casinet d'Hostafrancs. Se celebró allí porque en la primera, en la sede de La Fede en la calle Tàpies del Raval, no cupieron las 80 personas que representaban a 50 entidades.

"Nos dividimos en grupos de trabajo. Uno trabajó el manifiesto; otro, los lemas y las pancartas; otro la comunicación --se celebraría una rueda de prensa el viernes 25-- y un cuarto como espacio crítico", explica Martínez.

De miércoles a viernes, cuando se presentó el acto en sociedad, pasaron varias cosas. Una, se consensuaron eslóganes neutros, por la paz y contra la islamofobia; y otro más cargado políticamente: el ya famoso de Vuestras políticas, nuestras muertes.

Este último llevaba incorporadas las fotografías del rey Felipe VI y el monarca saudí, Abdullah bin Adbul Aziz Al Saud. También se perfiló el color azul para diferenciarse del esperado oscuro de los trajes de las autoridades.

En paralelo, el grupo crítico, que según otras fuentes consultadas lo impulsaron el independentismo y Stop Mare Mortum, la organización pro refugiados más radical, diseñó su acto previo a la manifestación. Se celebraría a las 16:00 horas en la Rambla de Catalunya.

El independentismo se prepara...
La Fede defiende que no se politizó su bloque. Gastó 3.500 euros en dos pancartas, una por la paz y la otra, mucho más dura, con la efigie del rey Felipe VI, su homólogo saudí y el llamado trío de las Azores: José María Aznar, Toni Blair y George Bush jr.

"Se trataba de señalar las políticas que causan las muertes. Pero no pasar de allí, pues no había consenso para discursos políticos", ha defendido la activista.

Otras fuentes consultadas han agregado que La Fede imprimió 50.000 carteles con lemas sin referencias a políticos o autoridades. Se pagarán entre los participantes, alícuotamente según su tamaño.

A todo esto, ¿qué hacía el independentismo? Velar armas. En la rueda de prensa del viernes ya dio la cara el presidente de Òmnium Cultural, Jordi Cuixart, amén de cargos de la ANC. También preparó material ajeno al del bloque social.

Todo ello se desplegó el sábado 26 por la tarde. A las 16:00 horas, centenares de personas, principalmente del espectro del independentismo, Stop Mare Mortum y Casa Nostra, Casa Vostra celebraron su acto crítico en la Rambla de Catalunya antes de la marcha.

Pese a que desde La Fede insisten que el acto paralelo "no era el de la CUP", acudieron seis de los diez diputados en el Parlamento catalán de esta formación: Albert Botran, Mireia Boya, Eulàlia Reguant, Carles Riera, Gabriela Serra y Benet Salellas.

Las oenegés empezaron el reparto de carteles y montaron su bloque. Pero no contaron con la encerrona de la gente de Òmnium y ANC, que, según admite una fuente "movilizaron a sus bases". Los segundos se encargaron de repartir las rosas con los colores de Barcelona. Los primeros, de los carteles.

Asimismo, rodearon al bloque social de gente de sus bases que portaba esteladas. Y apareció otra gran pancarta con el rostro de Felipe VI que el bloque de las oenegé no había programado ni pagado. También surgieron los carteles que acusaban al Gobierno y al Rey de "vender armas" a Arabia Saudí, no consensuadas por La Fede. ¿Quién lo pagó?

"Habrá autocrítica"
El resultado ya se conoce. Tras la cabecera de autoridades, un mar de banderas independentistas copó y desdibujó el objetivo de la manifestación. La imagen era parcial, pues sólo un bloque, el social, las llevaba compactas. En el resto de la marcha, tal y como admiten sus organizadores, "había banderas y gente de todo tipo".

Ni los abucheos a Felipe VI ni las banderas habían sido consensuados por las oenegé. Ello, más las banderas, carteles y pancarta gigante no pactada, giró el sentido de una movilización que se esperaba de homenaje a las víctimas mortales de los atentados del 17 y 18 de agosto.

Se volvió un combate político.
¿Habrá autocrítica? "Esperaremos a una reunión de la junta la próxima semana. La venta de armas a Arabia Saudí, y su uso en países como Yemen es un hecho. Pero el resto habrá que evaluarlo", admite Martínez.

Otras fuentes ya han reconocido que el secuestro que hizo el independentismo del bloque social de la marcha --el más vistoso por su color azul y mejor colocado para el tiro de cámara-- no ha gustado entre los movimientos sociales.

"Se desbordó. La manifestación no era por la República ni contra la Monarquía: era por la paz. No se entendió desde el inicio. No supimos explicarlo. Ya ha habido críticas desde las organizaciones sociales. Cabe recordar que 170 de ellas, de espectro muy diverso, habían firmado el manifiesto", remacha otra fuente consultada.
 


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