AGLI Recortes de Prensa   Lunes 4  Septiembre 2017

"¿Estamos preparados?"
EDITORIAL  Libertad Digital 4 Septiembre 2017

En esta hora tan grave, Mariano Rajoy no tiene derecho a pedir confianza; lo que ha de hacer es ganársela de la única manera posible: cumpliendo con su trascendental deber de cumplir y hacer cumplir la ley.

El golpe de Estado de los separatistas catalanes sigue adelante y sus perpetradores, lejos de arredrarse ante la cercanía del 1 de octubre, muestran una resolución y una arrogancia por desgracia nada sorprendentes, dada la ominosa impunidad con que avanzan en su demolición del régimen constitucional y del Estado de Derecho. Así, mientras el portavoz Jordi Turull proclama: "Firmar la ley del referéndum (sic) no es un problema, sino un auténtico honor", el jefe nominal de la banda, Carles Puigdemont, advierte sin vergüenza: "No aceptaré una suspensión de mis atribuciones".

El presidente del Gobierno, por su parte, pretende transmitir tranquilidad diciendo que "en la Constitución están todos los instrumentos que necesitamos para evitar la fractura de España" y asegurando: "Estamos preparados".

¿Verdaderamente estamos preparados, como Nación, como sociedad y como Estado, para responder al formidable desafío que está planteando el separatismo catalán? ¿Se ha preparado a la sociedad y a las instituciones para una amenaza harto real e inminente? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde?

No queda siquiera un mes para que los golpistas perpetren su consulta liberticida y los que transmiten una mayor determinación para seguir adelante con sus planes son ellos, que no dejan de desafiar a las instituciones del Estado que no tienen secuestradas y de prostituir como proxenetas a las que, alucinantemente, siguen en sus manos.

El tiempo se acaba, el próximo 1 de octubre puede ser una de las fechas más negras de la democracia española y ¿verdaderamente estamos preparados para impedir que unos golpistas perpetren su tan impunemente anunciado golpe de Estado? En esta hora tan grave, Mariano Rajoy no tiene derecho a pedir confianza; lo que ha de hacer es ganársela de la única manera posible: cumpliendo con su trascendental deber de cumplir y hacer cumplir la ley.

¿Ignorancia o irresponsabilidad?
El economista oculta en su artículo 'Secesión' las graves consecuencias económicas que tendría la independencia de Cataluña en la comunidad
Roberto Centeno El Confidencial 4 Septiembre 2017

Es con asombro y estupor que he leído la colección de anacolutos, absurdos y falsedades que en un momento especialmente crítico para la unidad de España ha desarrollado Juan Ramón Rallo en un artículo titulado 'Secesión' y publicado el sábado 2 de septiembre en este medio. No hay un solo párrafo que una vez analizado quede en pie. Es obvio que los sediciosos catalanes que desde hace años ignoran la Constitución y la ley, y no respetan los derechos de los catalanes no nacionalistas con total impunidad, ya que Rajoy y su Gobierno han renunciado a hacer cumplir la legalidad y además han ofrecido la financiación necesaria para la realización de sus fines, estarán entusiasmados con esta aberración disfrazada con el manto del liberalismo.

Rallo afirma que muchos catalanes desean separarse del Estado español, pero este no se lo permite porque les exige lealtad a la soberanía nacional española. Para empezar, Rallo oculta deliberadamente que son más lo catalanes que desean seguir siendo españoles, a los que no otorga derecho alguno. Oculta que los sediciosos han mentido masivamente a los seis millones de catalanes sobre las consecuencias económicas de su locura, que, mas allá de toda duda razonable, supondrían perder un tercio de su PIB por su enorme déficit exterior comercial (14.000 millones o el 6,7% de su PIB), que crecería más aún por la salida de la UE (un 2,6% del PIB el brexit), y la reducción de las ventas al resto de España (29% de su PIB), su principal mercado. En los procesos de separación en Europa, el comercio entre las partes separadas ha caído en un 70% cuando el proceso ha sido 'amistoso' (Chequia-Eslovaquia) y en un 90% cuando ha sido por las malas (Balcanes, URSS).

Oculta también que tendría que asumir la parte de deuda pública proporcional a su participación en el PIB, como ha ocurrido en todos los procesos de separación en Europa. Oculta que su moneda perdería el 30% de su valor frente al euro, lo que sería la quiebra del nuevo Estado y la ruina de familias y empresas catalanas endeudadas en euros. Y oculta que los 1,68 millones de jubilados catalanes verían reducidas sus pensiones en más de un 20%, al no poder cubrir el déficit de las mismas recurriendo a endeudamiento con el BCE. Si los catalanes conocieran la verdad, que increíblemente ni Gobierno ni Banco de España han explicado, como ocurre en Reino Unido con el Brexit, cambiarían de opinión la inmensa mayoría.

Aparte de lo que oculta, el articulo de Rallo está construido con una total inconsecuencia, porque procede de una monografía del gran economista y Premio Nobel Albert Hirschman, que o bien no la ha leído o no la ha comprendido. Este célebre economista, que tuvo tanta influencia en los gobiernos de Hispanoamérica durante la década de los setenta, concibió un sencillo análisis de las tres opciones que se le ofrecen a todo individuo incorporado a un grupo: la salida del grupo si no está conforme con la orientación del mismo; la elevación de la voz dentro del grupo para cambiar su orientación, y la lealtad al grupo tal como está dirigido. Para Rallo, la salida “es el fundamento político del liberalismo”, un despropósito absoluto por dos razones: una, el liberalismo está dentro mientras que lo que está fuera es el anarquismo. Dos, la salida de Hirschman no se refiere al abandono de una comunidad sino de una asociación voluntaria. ¿Qué tiene que ver el liberalismo con eso? ¿Cuántos gobiernos liberales han permitido la sedición?

Y es que la ignorancia (o el sectarismo) del señor Rallo sobre este tema es tan grande que aplica estas tres opciones no a las asociaciones voluntarias, sino a las comunidades, llamando incluso a esas tres opciones “distintos sistemas políticos”. Pero el error más garrafal es haber confundido lo que es propio de la vida interior de cualquier asociación voluntaria con los conflictos internos surgidos en comunidades. Es inconcebible que alguien que se dedica a escribir ignore la diferencia entre comunidad y sociedad, entre comunidades orgánicas y asociaciones voluntarias. Una distinción que ha pasado a ser un clásico en la sociología a partir de Ferdinand Tönnies a finales del siglo XIX.

Rallo afirma que la nación es “una extensión de la tribu superadora de sus restrictivos lazos de parentesco”. ¿Cómo se atreve a hablar de estas cosas sin conocer las primeras tesis de filosofía de la historia y retorno de las naciones (S. Agustín, Vico, Hegel)? ¿Qué significa el disparate de “creación de comunidades políticas unipersonales”? Esto lo rechaza porque sería demasiado costoso, no porque sea un absurdo ontológico. Claro que como Rallo ignora este concepto filosófico, lo utiliza para distinguir los intereses individuales o personales frente a los “intereses ontológicos del grupo”, ¿qué significa esta memez?

Antes de la Guerra de Secesión americana, todos los grandes pensadores políticos habían llegado a la conclusión de que la secesión es inaceptable porque cuando se acepta una constitución y la unión que de ella deriva es 'in toto and for ever', es decir, ni siquiera en un Estado federal se puede aceptar una unión parcial o limitada en el tiempo a las leyes y a la unión. Rallo no tiene ni idea del tema porque además carece de formación jurídica.

Habla del derecho individual de separación política y añade que “es hora de habilitar legalmente la salida". ¿Cómo que es hora?, hace siglos que eso está regulado con el cambio individual de nacionalidad. Claro que lo que él quiere es una salida jurisdiccional. Es decir, de jurisdicción, lo contrario de la salida de la que habla Hirschman, que siempre es voluntaria, sin necesidad de permisos del grupo donde antes estaba.

Dice que la lealtad es fundamento de las autocracias y oligarquías (monarquías absolutas o fascismos). ¿Cuando Alemania en 1949 inventa la expresión 'patriotismo constitucional' y aquí en España lo introduce Peces Barba, no se refieren a la Constitución? ¿Acaso son fascistas los regímenes de EEUU, Francia, Suecia, Austria, Suiza, Grecia, etc, que jamás de los jamases tolerarían la secesión de una parte de su territorio? ¡Pero qué disparate! ¿Qué tiene eso que ver con el fascismo? Por lo visto, para Rallo respetar la Constitución es puro fascismo.

El señor Rallo considera que no tiene “legitimidad” moral mantener a Cataluña anexionada a España. ¿Qué es esto de legitimidad moral? ¿Tiene relación alguna con el derecho político, o con la ley positiva? Si, como dice, la ley positiva no puede imponerse como un rodillo, ¿dónde está la ley natural que la suplante?, ¿en Cataluña? En esto es lo único en que tiene razón, si una parte de los catalanes quiere separarse de España que acuda a la ley natural, es decir, a la guerra.

Quiera o no quiera el señor Rallo. Lo sepa o no lo sepa, España es una comunidad y no una sociedad. Una de las unidades nacionales más antiguas del mundo. No proviene de un acuerdo entre los españoles sino del acontecer histórico, que lleva siglos de existencia y reconocimiento internacional. El separatismo catalán fracasará porque Cataluña jamás en la historia ha sido independiente y menos una nación. Y hoy no tienen ni la legalidad ni la fuerza para conseguirlo. Si la situación de hoy es peligrosa no es por ellos, que son algo menos que nada, sino por la cobardía de Rajoy, que ha renunciado desde el principio a defender la Constitución, la ley y los derechos humanos de los catalanes no separatistas.

Rajoy, que no lee más que el 'Marca' y es el presidente más abúlico de Occidente, ignora lo que la historia enseña. La regla de oro política definida por los romanos: “La fortaleza de los pueblos no depende de la fuerza ni de la riqueza, sino de las leyes y de la firmeza en su cumplimiento".

La identidad nacional de España frente a la de Europa
Faustino Merchán Gabaldón. Ingeniero y escritor latribunadelpaisvasco 4 Septiembre 2017

Actualmente, según el Eurobarómetro, los españoles forman una de las naciones más europeístas de la UE.

España es ya una sociedad con una menor identidad colectiva. Los españoles se sienten ahora menos identificados con los demás españoles, ya sean los del conjunto del país, los de su ciudad o los de su región, mientras que aumenta ligeramente su cercanía al conjunto de los europeos. El descenso, medido entre 2002 y 2015, afecta a todos los elementos que comparten los miembros de una nación, lengua, territorio, regulación legal, economía, seguridad social, símbolos, etc. Es decir, los españoles se sienten cada vez menos parte de un grupo y son más individualistas o cosmopolitas. Este proceso de erosión de las identidades colectivas es uno más de los frutos de la globalización.

Dos estudios realizados por el CIS, Centro de Investigaciones Sociológicas, para el Ministerio de Defensa, en 2011 y 2013, muestran también el descenso en el “orgullo de sentirse español” y en la identificación con los símbolos nacionales.

Uno de los aspectos que más han contribuido a dañar y a perder la identidad nacional española fue la actual configuración del Estado Autonómico, con el fin de descentralizar el Estado, y que ha dejado con escasas competencias de cohesión al mismo. En el mismo orden, la pérdida de identidad europea se produce recientemente con la llegada masiva de refugiados e inmigrantes, a su vez favorecidos por unas condiciones ventajosas, lo que provoca el conocido “efecto llamada”, mientras los jóvenes españoles tienen que emigrar en busca de mejores oportunidades.

La identificación española surge durante el Antiguo Régimen, con la condición de cristiano viejo, y a finales del siglo XVIII se fue aceptando el factor de identificación lingüístico, en torno al español con la RAE.

Históricamente, según el profesor Álvarez Junco, el nacionalismo español surge a partir del siglo XIX, con las guerras napoleónicas y el liberalismo, y el Regeneracionismo surge tras el desastre de 1898.

Los Reyes Católicos realmente no remataron la unidad territorial de España, y Carlos V puso al servicio del proyecto imperial los recursos españoles, lo que provocó la guerra de los Comuneros.

España ha forjado una verdadera y fuerte identidad, como una de las grandes y viejas naciones, como Francia e Inglaterra, pero a su vez dispone de un Estado frágil debido a diversos accidentes históricos en la vertebración de la España actual.

En otros países como Francia, la eclosión de los nacionalismos aldeanos a finales del siglo XIX se quedó sólo en aspectos folclóricos y culturales, a diferencia de España, donde tuvieron carácter ideológico y político.

El nacionalismo catalán surge realmente a consecuencia de la pérdida del mercado americano en el 98, que según expresó un historiador, recordaba a las ratas que son las primeras en abandonar un barco cuando se hunde, en contra de los que opinan que tiene lugar en la llamada guerra de Sucesión, entre partidarios de los Austrias y de los Borbones.

La evolución colectiva de la identidad nacional de España no fue más convulsa o violenta, más bien al contrario, que, por ejemplo, la de Francia e Inglaterra, que fueron con España pioneros en el proceso de formación nacional a comienzos de la Edad Moderna

Se forja la identidad de España en el escudo nacional, con cuatro cuarteles y una granada, enmarcados por un plus ultra, forjados en el crisol de las invasiones que nada dejaron y de las colonizaciones que dejaron legado. "Desmoralización" menciona Aranguren. Olegario de Cardenal menciona en su "España por pensar": España fue ayer una dictadura, hoy es una democracia, pero sigue sin ser ética. ¿Quiénes son los responsables? ¿Quién nos adoctrinó con moralina y arrinconó la razón? ¿Qué fuerza centrípeta contrarrestó nuestro plus ultra, e hizo que cada cual acreditara privadamente su brío, guardara su solidaridad y cultivara su individualismo? Américo Castro y su oponente Claudio Sánchez de Albornoz, hicieron abundantes estudios sobre la cuestión.

En el año 2002, en el marco de un proyecto de investigación europeo, se realizó una encuesta a ciudadanos de 18 países de la UE, entre ellos España, para saber hasta qué punto las identidades nacionales eran compatibles con la formación de una nueva identidad común europea. Esta formación de una identidad común europea es un requisito imprescindible para la creación de un pueblo que sostenga la legitimidad democrática de las instituciones de la UE: Sin el sentimiento de compartir intereses y un futuro común con las demás naciones no puede avanzarse hacia el fortalecimiento de Europa. En aquellos años, en una etapa general de crecimiento económico, y antes del gran aumento de la diversidad política interna en la UE que produjo la ampliación hacia el Este en 2004, los elementos que ocupaban el debate político sobre Europa eran muy diferentes a los actuales y, vistos desde la realidad de hoy, implicaban un cierto optimismo y una confianza clara en el futuro de la UE, sobre cuyo mantenimiento no se percibían riesgos. Se trataba entonces de mejorar sus instituciones salvando el llamado “déficit democrático”, un aspecto que ahora, ante riesgos como el Brexit, la crisis de Schengen y el impago de la deuda griega, ha pasado a un puesto secundario.

La encuesta se realizó a través del Eurobarómetro, y vino a confirmar algo que ya se había mostrado en Eurobarómetros anteriores, que los españoles formaban una de las naciones más europeístas de la UE. Junto a este aspecto, la encuesta medía otros elementos, como los componentes de la identidad nacional y europea ¿Qué es lo que hace sentirse europeo o español a un español?, el peso del localismo y el grado de identificación o distancia con otros grupos nacionales o culturales, en comparación con los cuales se construye la identidad propia, ya sea como europeos o como españoles.

Ahora, 15 años después y todavía sufriendo los efectos de los recortes presupuestarios de los que se ha culpado en parte a “Europa” y en particular a Alemania, y tras un cambio demográfico espectacular que ha convertido a España en país de inmigración, el Barómetro del Real Instituto Elcano (BRIE) del 2015 reproduce las encuestas realizadas en el Eurobarómetro de 2002 para medir la evolución en las respuestas. El tamaño de ambas muestras es semejante: 995 personas entrevistadas en 2002 y 1.006 en 2015.

El declive de la identidad nacional española
En términos comparados con los demás países europeos, la identidad nacional española es relativamente débil, como muestra el Eurobarómetro. Los últimos datos de esta encuesta, de otoño de 2015, indican que España está por debajo de la media de la UE en el porcentaje de los que se sienten “apegados” a su país con cuatro puntos por debajo, mientras que supera claramente la media de los que se sienten “apegados” a la UE con siete puntos por encima. Otro indicador aproximado a este mismo fenómeno es el prestigio interno de cada país, medido también a través de encuestas, en el que España destaca en los últimos años por su muy baja autoestima, muy por debajo de la opinión que sobre ella se tiene fuera. En el extremo contrario encontramos a los países más orgullosos de sí mismos, como los rusos y los chinos, cuya autoestima está muy por encima de su prestigio externo.

Las causas de esa débil identidad nacional española han sido muy debatidas por historiadores, sociólogos y politólogos, la Dictadura y, en especial, su período autárquico, produjeron un complejo de inferioridad en los españoles en su comparación con las demás naciones europeas o con EEUU, un complejo que ya se había alimentado tras la crisis de 1898 y la pérdida de las últimas posesiones americanas. Por otra parte, el abuso de los símbolos y la retórica nacionalista por parte de las autoridades de la Dictadura creó el efecto contrario tras la transición, el rechazo al nacionalismo español y a sus símbolos, la bandera y el himno, por su identificación con ese período, en que se produjo un gran vacío, como ocurrió en la Alemania posterior al nazismo. A la vez, los movimientos nacionalistas periféricos y el entusiasmo con que la izquierda española los apoyó como liberadores durante la transición y en años posteriores, contribuyeron aún más a debilitar “lo español”, hasta el punto de que la presencia y exhibición de una bandera española pasó a ser indicador de una ideología conservadora cuando no de nostalgia por la dictadura. La misma palabra “España” resultó sospechosa y fue sustituida a menudo por “el Estado español”, una expresión malévola, de escasa resonancia emotiva. España siempre ha tenido al enemigo dentro de casa.

La comparación de los datos de las encuestas realizadas en 2002 y 2015 señala una pequeña caída del grado de identificación con el país, quizá por efecto de la globalización. Más claro que este indicador es el que recoge los motivos de identificación con la nación española. Prácticamente todos los posibles motivos de identificación con el resto de los españoles sufren un serio declive. Disminuye la identificación con la cultura española, con la lengua española, con su historia, con sus símbolos y, especialmente, con dos tipos de elementos: por una parte, los aspectos centrales que definen un Estado, su independencia y sus fronteras; y, por otro, su vida política y económica. Es claro que la crisis económica sostenida durante toda una década, 2007-2017, y la escandalosa corrupción política y económica en los últimos años explican la caída del prestigio del sistema político y legal y de la vida económica, pero la disminución de los aspectos relacionados con la soberanía parece responder a un cambio más profundo y de largo alcance.

Esta caída en la identificación con la nación se repite en el caso de lo local y lo regional, disminuye el porcentaje de españoles que se sienten cercanos a los vecinos de su ciudad o pueblo y los que se sienten cercanos a los habitantes de su región o Comunidad Autónoma, quizá como efecto de la globalización.

La identidad europea de los españoles
Por contra, el grado de identificación de los españoles con el resto de los habitantes de Europa se mantiene e incluso aumenta ligeramente. El 60% de los españoles se siente bastante o muy cercano al resto de los europeos, dos puntos más que en 2002. El europeísmo de los españoles ha sido confirmado recientemente a través de otro indicador, por el Pew Research Center que indaga, entre otros aspectos, en la posición de los españoles respecto al reparto de competencias entre los Estados nacionales y las instituciones comunitarias; los españoles son, junto con los franceses, los más favorables a otorgar más poder a la UE, en detrimento del Estado nacional.

Sin embargo, son más los favorables a devolver poder a los Estados, aunque también en este indicador España está a la cola, muy lejos de Grecia o del Reino Unido.

En el lado negativo, este mantenimiento de la “europeidad” de los españoles convive con un descrédito general de todos sus elementos constitutivos, incluso del espacio Schengen, que ha superado al Euro como principal motivo para sentirse europeo. Especialmente notoria es la caída de la valoración de la vida política en la UE y de su gestión de la economía, pero el descenso se aprecia también en todos los aspectos más emocionales, como los símbolos, la identificación con una cultura común o el orgullo de ser europeo. Esta caída en la valoración de la UE se produce en todos los Estados miembros, que cubre el período 2007-2014, utilizando los Eurobarómetros, que achaca este descenso a la crisis económica. También el más reciente estudio del Pew Research Center, que compara 2007 y 2016 a partir de sus propias encuestas, detecta esa caída, que, según sus datos, ha aumentado en los últimos meses.

El hecho de que el único elemento que experimente un cambio positivo sea la confianza en compartir un futuro común parece indicar una consolidación de la opinión entre los españoles de que la UE y la pertenencia de España a ella es un hecho irreversible.

ASÍ CLAUDICÓ LA UNIÓN EUROPEA
Cuando Bruselas se rindió al islamismo: ‘Lo de Barcelona volverá a pasar’
Arturo García. Europa. Gaceta.es 4 Septiembre 2017

Las palabras del coordinador antiterrorista de la UE, en las que admite que es “imposible” controlar a los radicales, resumen a la perfección las políticas fallidas de Bruselas ante el islamismo.

“Lo de Barcelona volverá a ocurrir, hay 50.000 radicales en Europa”. La entrevista de El Mundo a Gilles de Kerchove, coordinador europeo de la lucha contra el terrorismo, evidencia la incapacidad de Bruselas para controlar la amenaza que se cierne sobre el Viejo Continente. Aunque el titular resulta llamativo, el discurso es muy antiguo y conjuga con las palabras pronunciadas por el alcalde de Londres, Sadiq Khan, en las que pedía a los ciudadanos que “se acostumbraran al terrorismo”.

Aunque la Unión Europea no cuenta con cifras concretas de radicales -básicamente porque no dispone de los medios necesarios para realizar esta labor-, De Kerchove cree que no es complicado hacer un cálculo aproximado: “Reino Unido -no es un secreto, se ha publicado- tiene 20.000. Francia, 17.000. España muchos menos, pero más de 5.000, supongo. En Bélgica casi 500 se han ido a Siria y hay unos 2.000 radicales o más. No me aventuraría a dar una cifra concreta, pero decenas de miles, más de 50.000”.

“Vamos a sufrir más ataques. La mayoría, salvo Bruselas y París, no fueron dirigidos desde Raqqa, sino inspirados, por decirlo así. La propaganda de la organización ya no pide tanto a la gente que vaya al califato, sino que ataque en sus lugares de origen o de residencia, incluso a pequeña escala”, señala De Kerchove, que sorprendentemente considera que esto supone “una pequeña victoria en una historia triste”.

Con respecto al adoctrinamiento que se lleva a cabo en las mezquitas, De Kerchove asegura que ser radical “no es ningún delito”. “Ser ortodoxo, agresivo hacia Occidente en la retórica, no es un crimen”, afirma sin reparos.

‘Hay que comenzar con las deportaciones’
Las palabras del coordinador contra el terrorismo de la UE chocan con las pronunciadas por Richard Kemp, jefe del Equipo Cobra de Reino Unido. El líder británico contra el terrorismo apostó por comenzar con las “deportaciones administrativas” ante la incapacidad de controlar las células terroristas.

“Lo primero que deben hacer los gobiernos occidentales es reconocer la naturaleza y el alcance de las amenazas. La Unión Europea y su propia estructura han puesto en marcha una política de negación que impide reconocer al enemigo. Nosotros somos cómplices de que estos problemas cobren hoy vigencia, porque hemos permitido un flujo constante de inmigración de países donde el yihadismo se encuentra muy arraigado”, explicó.

Kemp mantuvo que los estados deben tomar decisiones en tres campos de acción determinados: “Hay que evitar que el problema siga creciendo y para ello hace falta cerrar la puerta de entrada a aquellas personas relacionadas con grupos yihadistas, especialmente a las que proceden de zonas de conflicto en Oriente Medio. Además, la política de deportaciones debe cambiar y agilizarse para que los gobiernos puedan llevar a cabo expulsiones administrativas. Por último, las detenciones administrativas deben ser legisladas para los casos de personas que, siendo ciudadanas del país, ponen en riesgo la seguridad de los habitantes del mismo”, aseveró.

Semilleros islamistas
Generaciones completas de europeos han vivido bajo el paraguas de la UE. La creación del espacio comunitario ha sido siempre uno de los grandes logros esgrimidos desde Bruselas, hasta que sus numerosas fallas se convirtieron en evidentes a ojos de la opinión pública. El espacio Schengen, que elimina los controles en los pasos fronterizos, retiró una competencia clave del Estado y permitió la entrada de centenares de terroristas procedentes de Siria e Irak y listos para atentar.

La llegada de islamistas acrecentó un fenómeno que se lleva gestando durante años gracias a la connivencia de las autoridades: la creación de barrios donde los imanes radicales han tomado el poder, la sharia se ha ido implantando y las Fuerzas de Seguridad tienen restringida la entrada. París, Londres o Bruselas son algunos de los ejemplos más evidentes.

Los ciudadanos, que sí se posicionaron en contra de estas zonas y denunciaron lo que allí ocurría, ahora guardan silencio. Sin ir más lejos, los terroristas de París y Bruselas habían residido y habían sido radicalizados en Molenbeek, el barrio islámico más famoso de Europa y en el que son los propios vecinos los que aseguran que están dispuestos a vivir bajo la sharia.

Los últimos ataques en Reino Unido han sido perpetrados por terroristas procedentes de zonas deprimidas del país y barrios musulmanes en los que imanes radicales se han hecho con el control. Hace unos meses, el Servicio de Seguridad (MI5) ya se declaró “incapaz” de controlar a las decenas de células terroristas activas en el país, pero la amenaza ha ido en aumento. Según una información del periódico The Times, 23.000 islamistas han sido identificados por los Servicios de Inteligencia como posibles terroristas, pero sólo 3.000 son vigilados a diario.

Cabe recordar que los autores de las masacres en Londres y Manchester estaban en el primer fichero, pero los responsables del MI5 consideraron que no representaban suficiente amenaza. En el caso de Salman Abedi el despropósito fue aún mayor, pues las autoridades británicas conocían sus viajes a Siria para entrar en contacto con miembros del Estado Islámico.

La reacción de la opinión pública fue tibia y los grandes medios, que tan raudos acuden a denunciar otro tipo de situaciones, han guardado un conveniente silencio ante la imposibilidad de los países europeos de controlar la situación. El temor a ser tachado de islamófobo hace que -una vez más- muchos callen en un momento crucial para el futuro de Europa.

Ya ocurrió en Suecia durante la oleada de abusos y agresiones. El testimonio de una joven sueca, que aceptó hablar para el Daily Mail, muestra lo que las autoridades del país han tratado de ocultar. “Vivo muy cerca de la ‘no-go zone’ y cada vez que vuelvo del trabajo tengo que evitar a grupos de delincuentes que tratan de robarme”, explicó Lucy, que siempre porta un aerosol de seguridad por “miedo a sufrir” abusos sexuales.

En el mes de febrero, coincidiendo con los disturbios, un grupo de delincuentes asaltaron su vivienda y robaron todas sus pertenencias, incluido su vehículo. Cuando llamó a la Policía, la respuesta fue sincera: “Estamos desbordados, no tenemos efectivos para atender tu petición”.

“No quiero que los medios saquen mi fotografía, no quiero que me conozcan. Después podrían acusarme de racista y eso me produce pánico”, explicó Lucy, que cree que las autoridades han hecho “todo” por silenciar los delitos de los recién llegados.

Repulsa repelente del terrorismo
Amando de Miguel  Libertad Digital 4 Septiembre 2017

Solo un renacimiento del cristianismo podría oponerse con éxito al avance del islamismo.

Es claro que en la guerra contra el terrorismo la iniciativa la llevan los llamados yihadistas. Ellos plantean las batallas con apoyos internacionales y consiguen su objetivo inicial: amedrentar a la población. Si algunos terroristas perecen en la refriega, sea inmolados o abatidos, su éxito moral se refuerza. Su sacrificio será considerado por los nuevos luchadores como un estímulo para seguir matando infieles. La victoria se ampliará si la población civil se manifiesta masivamente con eslóganes tan pueriles como "Yo no tengo miedo" o con declaraciones tan inanes como "la repulsa del terrorismo". El triunfo será rotundo si se airea el hecho verdadero de que las distintas fuerzas de policía no se entienden entre ellas. Nótese que en toda Europa hay docenas de cuerpos policiales, mientras que los soldados de la guerra santa forman una unidad de combate gracias a su fanatismo religioso. Por eso suelen atacar al grito de "Alá es grande".

Poco hay que saber de estrategia militar para averiguar quién va a ganar esta ominosa guerra del terrorismo, si no se alteran las circunstancias. No es broma. La Historia la estudiará como un episodio de la III Guerra Mundial. Mientras un bando entrena y alecciona con ahínco a sus combatientes, el otro se entretiene con vanas retóricas de "condolencias, minutos de silencio y declaraciones de repulsa".

Los Estados europeos han cometido algunos errores de manual por lo que respecta a su estrategia antiterrorista. Aparte de hacer cada uno de ellos la guerra por su cuenta, parten de la premisa de que el terrorismo es simplemente un problema de orden público. Por eso se lo encargan a la Policía, encima en ocasiones a la Policía regional o local. No cabe mayor insensatez. Bueno, sí cabe. Después de un espectacular atentado, los jefes de las Policías reciben plácemes y medallas en lugar de ser apartados del cargo.

Solo si en toda Europa funcionara un buen servicio unificado de inteligencia militar se podría empezar a derrotar al Estado Islámico o equivalente con todas sus ramificaciones. Su acción primera tendría que ser impedir la captación y adoctrinamiento de jóvenes fanáticos a través de las mezquitas y las redes sociales. De momento, una propuesta así se juzgaría en las sociedades europeas como ingenua y utópica, cuando no como islamofóbica. En lugar de plantearla y poner los medios consiguientes, vamos tirando con lo que tenemos. Así nos va. Por si fuera poco, en varios países europeos, entre ellos España, campa la irresponsabilidad de las tribus sedicentemente antisistema o similares. Son capaces de acaparar las redes sociales con el fantástico argumento de que "el Rey es el auténtico terrorista". Y no pasa nada.

En España se sabe perfectamente en qué barrios de las grandes ciudades viven y actúan los imanes (clérigos islámicos) con su formidable poder de atracción sobre los jóvenes musulmanes. No se sabe que las fuerzas y cuerpos de seguridad españolas entren regularmente en esos barrios, controlen la documentación de sus vecinos y atiendan los servicios religiosos para enterarse de lo que pasa. Si tales cosas hicieran, se alzarían mil voces defensoras de los falsos derechos humanos. Son las mismas que protegen tácitamente a los okupas, otra tribu salvaje. Por cierto, no estaría mal que la okupación de las viviendas se tramitara como un acto terrorista. No caerá esa breva.

El terrorismo islamista no deja de ser una forma extremosa y fanática de un credo religioso: el que une a la comunidad islámica. Es evidente su ventaja cuando alimenta la violencia contra una sociedad, la occidental, que se ha secularizado grandemente. Solo un renacimiento del cristianismo podría oponerse con éxito al avance del islamismo.

Contacte con Amando de Miguel fontenebro@msn.com

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¡No exageren, señorías!
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 4 Septiembre 2017

Ver desde el extranjero este agosto lo que pasaba en España era un pasaporte para la depresión. Yo no conozco un caso de humillación a todo un país más repugnante y abyecto que el perpetrado en Barcelona contra las víctimas de la masacre islamista y contra todos los españoles, catalanes decentes incluidos. Hemos comprobado ad nauseam la vileza con que ha escupido a la solidaridad entre españoles, representada por el Rey, ese separatismo catalán oficial y oficioso, desde la alcaldesa de los bolardos sin poner al Trapero de las infinitas negligencias policiales, pasando por el Forn que divide a los muertos en catalanes y españoles y al Cocomocho, que llamó "miserable" a quien mezclara el prusés con el terrorismo para, de inmediato, sentar plaza de miserable.

Yo no he visto nunca a nadie, político ni policía, presumiendo de su capacidad para ser Estado independiente con 16 muertos delante, cuya muerte podía haberse evitado o no, nunca lo sabremos, pero sí sabemos que lo hicieron muy mal y lo ocultaron hasta después del alarde anti-español y pro-islamista de su manifestación. Allí, la horda que idolatra al Barça de Qatar insultaba al Rey por vender armas a Riad, cuando las armas de la masacre fueron una furgoneta, seis cuchillos, bombonas de butano, acetona y, tal vez, la política pro-musulmana del catalanismo. Pero durante la semana del odio a España y amor al islam se ha ocultado que los rambots de Trapero habían tenido un aviso belga sobre la peligrosidad del imam, un aviso americano sobre la inminencia de un atentado en las Ramblas y, sobre todo, una enorme explosión en un chalé okupado de Alcanar donde había cien bombonas de butano y cuando la juez dijo que podía ser indicio de terrorismo, los rambots contestaron: "No exagere, señoría".

Al día siguiente morían 16 personas. Y los separatistas se felicitaban por matar rápido a los terroristas, incluido el último, desarmado e importante para investigar la célula. Presumían de imprevisión, gatillo fácil, nervios de papel e incapacidad de previsión en Ripoll, donde, según el diario islamófilo El País, los terroristas estaban tan integrados que hablaban "perfecto catalán de payés". Y se reúnen las Cortes en agosto, tras la humillante manifestación y a un mes del referéndum y celebran un pleno sobre...

Un ejército propio
Ernesto Ladrón de Guevara latribunadelpaisvasco 4 Septiembre 2017

Lo ha dicho Puigdemont: “Cataluña tendrá su propio ejército”

Como el presidente de la Generalitat tiene más conocimiento que yo de lo que él mismo dice, pero no expresa ningún detalle, a mi, que tengo la manía de darle vueltas a las cosas, se me ocurren varias posibilidades para llevar a cabo tal proyecto de defensa de la excelsa futura República catalana, desligada, claro está, de las fuerzas armadas españolas, consideradas ocupantes y colonialistas:

Opción primera: como Cataluña está endeudada hasta las cejas y no hay visos de que vaya a salir de los números rojos -y no puede emitir bonos, pues nadie se los va a comprar- tengo que entender que va a reinstaurar el servicio militar obligatorio. Por tanto, los jóvenes de la CUP y de ERC pueden irse preparando para el reclutamiento. Lo que no sé cómo van a comprar aviones, misiles o cañones, a no ser que los pidan prestados o usen los de segunda mano. Podría ser que lleve a cabo un plan quinquenal de expropiaciones forzosas sin indemnización y un plan fiscal para el embargo de los salarios y pensiones, al más puro estilo bolivariano. Sus asesores y colaboradores fieles de la CUP y Podemos seguro que saben como hacerlo.

Opción segunda: es la militarización de los Mossos D´escuadra, con lo que estarían dedicados las veinticuatro horas del día a perseguir a los delincuentes, regular el tráfico y, en los ratos libres, prepararse para la guerra por si los españoles deciden ocupar por la fuerza su país. Igual tienen mercenarios voluntarios entre los salafistas que pueblan en gran número ese territorio con lo que el coste se reduciría a la adquisición de indumentaria militar.

Opción tercera: sería la expropiación de los cuarteles del ejército español sitos en la República catalana , con el personal incluido y su armamento. Bastaría con que fuera un retén de los Mossos y cuando les pidiera el centinela el santo y seña, estos dijeran: -no seáis tontos y rendiros. Estáis en un país extranjero. Ya no sois españoles sino catalanes. El que no quiera que se vaya. Eso sí, dejáis todo lo que pueda disparar y os retiráis tranquilamente hasta la frontera. Os vais a pie, naturalmente. Y que no se le ocurra a la OTAN aparecer porque les disparamos.

Y no se me ocurren más posibilidades, pero seguro que Puigdemont tiene la solución adecuada y pronto veremos por las calles de Barcelona los tanques, los misiles de marca coreana del norte, los legionarios con barretina en lugar del chapiri, y los aviones Harrier de última generación, desfilando en el día de la Díada, fiesta nacional de la República de Cataluña. Debemos tener fe en la capacidad asombrosa del presidente de la Generalitat para poner en marcha un país independiente, eso sí, en cordial alianza y pertenencia a la UE, quiera ésta o no. Faltaría más.

¿Quién soy yo para ponerlo en cuestión? Ni tan siquiera se decir “Adeu” con el acento adecuado. Tampoco en la intimidad como Aznar. Debemos tener fe y esperanza en los designios que nos prepara el gran guía, el nuevo Duce, el más grande, cuyos conocimientos e inteligencia superan con creces al más común de los mortales.

Pero… ¿Y si resultara que todo es un camelo? ¿Si lo que se pretende es una ilusión, una fantasía para alimento de almas poco perspicaces? ¿Y si todo esto fuera para provocar una reacción intempestiva del Gobierno español? Y luego decir… - Veis, veis, ya os lo decía yo. Estos fachas españoles usan la fuerza sobre nosotros, no la razón, no la democracia. No nos dejan decidir nuestro futuro.

Yo, por si acaso, prefiero no opinar, que seguro que me equivoco.

Mientras tanto releeré el “Demens catalonia” de Javier Toledano, miembro de la Asociación por la Tolerancia de Cataluña, que es un compendio, a modo de Valdemecum, para entender las erupciones de catalanismo secesionista, sus expresiones febriles más agudas, y los procesos demenciales asociados a una etiología que nadie ha diagnosticado suficientemente y menos tratado con recetas eficaces. Pero… ¿será verdad o es que tenemos alucinaciones?

El grave peligro de utilizar las mezquitas para hacer política
EDITORIAL El Mundo 4 Septiembre 2017

DESDE HACE años, el movimiento independentista viene trabajando para atraerse el favor de las comunidades musulmanas instaladas en Cataluña. Amparada por las administraciones autonómicas y municipales, que ofrecen ayudas económicas a los inmigrantes musulmanes y llevan a cabo una política de permisividad hacia la instalación de mezquitas y centros islámicos, la Asociación Nacional de Cataluña (ANC) organiza con cierta asiduidad actos políticos de promoción del independentismo en las mezquitas. Ésta es la razón por la que la Comisión Islámica, tal y como publicamos hoy, ha prohibido cualquier acto separatista en las mezquitas de Cataluña.

Recientemente, ha sido suspendido uno que la ANC tenía previsto celebrar en Vilanova i la Geltrú bajo el lema Todos seremos fundadores de un Estado nuevo. Una decisión correcta por cuanto es una temeridad organizar actos de carácter político que promueven la desobediencia y la ruptura con la legalidad vigente en lugares reservados al culto religioso. La Historia demuestra que cuando la política y la religión trabajan juntas estamos en la antesala de un desastre social.

Acierta también la Comisión Islámica, que representa a todas las comunidades musulmanas ante la Administración española, al pedir que no se ponga ninguna mezquita al servicio del referéndum ilegal que la Generalitat pretende organizar el próximo 1 de octubre. La Comisión tiene constancia de que durante la consulta celebrada el 9 de noviembre de 2014, que había sido declarada ilegal por el Tribunal Constitucional, algunos responsables de centros islámicos pusieron sus locales a disposición de los organizadores.

Se trata sin duda de una relación peligrosa, ya que esta instrumentalización de los inmigrantes musulmanes por parte de las organizaciones independentistas se puede volver en su contra. A nadie se le escapa la naturaleza artificial de esta relación, ya que las visiones más radicales del islam, como la salafista, de fuerte implantación en Cataluña, no entienden la separación de la esfera política de la religiosa sino que, ajenos a cualquier influencia exterior, pretenden reproducir el esquema tribal de organización social que se refleja en el Corán, libro sagrado que recoge la palabra divina, según su creencia. Para estas comunidades radicalizadas, el independentismo sólo ofrece la ventaja de las ayudas económicas que generosamente les otorga, pero nunca se comprometerían a integrarse en una sociedad que no contemplase como única ley la sharia. Fuese ésta española o hipotéticamente solo catalana. Es, por tanto, un acto de irresponsabilidad por parte de los dirigentes independentistas permitir el crecimiento del radicalismo islámico, que vive voluntariamente en barrios separados reproduciendo esquemas medievales y que defiende la yihad como forma de combatir a los que no participen de su visión religiosa.

No hay que olvidar que según los datos que maneja la Policía, de las más de 1.200 mezquitas que hay en nuestro país, alrededor de un centenar están vinculadas al salafismo y defienden la interpretación más radical del islam, como ocurre en países del Golfo como Emiratos, Arabia Saudí o Qatar, potencias acusadas frecuentemente de financiar al margen de los cauces institucionales a estas comunidades. De todas las mezquitas salafistas que hay en España, más de la mitad están en Cataluña, donde una de cada tres defienden como única verdadera esta visión sunita del islam.

A esta situación, que ha convertido a Cataluña en uno de los lugares, junto con Ceuta y Melilla, donde más yihadistas han sido detenidos, ha contribuido de alguna manera el independentismo. Los diferentes gobiernos de Jordi Pujol favorecieron a través de ayudas económicas la instalación en Cataluña de inmigrantes musulmanes, en detrimento de una inmigración hispanohablante procedente de Latinoamérica. El partido del ex presidente, CDC, intentó también atraerse hacia el separatismo a la comunidad musulmana a través de la fundación Nous Catalans, dirigida entonces por el independentista Àngel Colom y que durante la campaña de las autonómicas de 2012 intentaba convencer a los inmigrantes musulmanes de las ventajas de una supuesta Cataluña independiente. Años antes, en 2003, Colom se puso al frente de la embajada de Cataluña en Marruecos con el objetivo de establecer una relación bilateral con Marruecos, país del que procede la mayor parte de los inmigrantes musulmanes que hay en Cataluña. Las consecuencias de esas políticas independentistas las estamos pagando ahora todos los españoles.

¿REACCIONARÁN LOS CATALANES?
Luchar contra dragones en Cataluña
Samuel Vázquez. El Club de los Viernes. esdiario 4 Septiembre 2017

Una minoría dirigida por una mezcla de populismo y nacionalismo pretende imponerse a la inmensa mayoría de España y de la propia Cataluña. La reacción es una cuestión de libertad esencial.

En los espectáculos de masas es donde más se delata el control absoluto que los gobernantes pueden ejercer sobre un pueblo.

Los grandes monstruos del S.XX —comunismo, fascismo y nacionalismo— nos dejaron impactantes espectáculos de ingentes aglomeraciones de gente perfectamente uniformada, no solo en sus trajes, sino también en sus cerebros.

Hoy en Cataluña se han juntado nada menos que dos de aquellos tres proyectos de ingeniería social totalitaria que buscaba anular las voluntades de la gente hasta convertirles en rebaño de fácil manejo. ¿Qué podía salir mal?

Populismo y nacionalismo
Los anticapitalistas de la CUP, los republicanos de Esquerra y los neocomunistas de Podemos, se han unido con los nacionalistas conservadores de Convergencia. Aquí la corrupción no importa, las ideas tampoco… Hitler también pactó con Stalin, lo que importa es el poder.

Los segundos pretenden huir sin responsabilidad de décadas de latrocinio y los primeros instaurar el enésimo proyecto populista de confrontación social que la historia nos demuestra termina siempre en tragedia.

Está claro que son otros tiempos, aquí no existen los niveles de violencia que se desplegaron en aquellos totalitarismos del S.XX; pero sí se utilizan la coacción, el insulto, las multas, la segregación y el aislamiento como forma de imponer su credo.

En el Camp Nou, decenas de miles de personas cantan en el minuto 17:14 in, inde, independència, mientras enarbolan banderas independentistas.

El miedo
Cuesta creer que en una población dividida al 50% en esta tema, a nadie se le ocurra llevar alguna bandera española (al menos debería haber las mismas).

Hay miedo, es una evidencia, el control social hará que te señalen en cuanto pongas un pie en el estadio.

Así que chinos y paquistaníes ondean una bandera que ellos creen que es la catalana y sonríen para la foto. La parafernalia del poder.

La manifestación en Barcelona tras el atentado terrorista, fue otra representación más de fuerza del independentismo, para nada una jornada de duelo. No respetan ni a los muertos, todo les sirve para hacer política.

También fue la fotografía de lo que sería una Cataluña fuera de España.

La grosera manipulación
Carteles contra una islamofobia inexistente para que la gente confunda el verdadero enemigo, banderas independentistas, las autoridades fuera de la primera fila para que España con su rey al frente no fueran protagonistas, sustituidos por funcionarios de todos los cuerpos catalanes para dar sensación de país y de pueblo; un señor con un cartel que habla de paz convenientemente colocado frente a un fotógrafo justo al paso de Felipe VI, que es el mismo señor que semanas atrás agasajó al ex miembro de la banda terrorista ETA en su visita a Cataluña, Arnaldo Otegi. La inmensa mayoría de la gente, la verdadera sociedad catalana, atrás al fondo, tapada por las banderas sin salir en ninguna foto, ellos no llevaban cartelería política, sólo lágrimas en sus ojos.

Todo ello vigilado por la guardia pretoriana de los voluntarios de la Asamblea Nacional Catalana que deciden qué mensajes y qué banderas son la voz del pueblo, y cuáles deben ser retirados con la protección de los Mossos debido al odio que los propios creadores de esa asamblea generaron. Cada vez más lejos de una Europa que no les reconoce, cada vez más cerca de Venezuela.

El control
Cataluña está hoy en el 1984 de Orwell, en la Tercera Ola de Ron Jones. Todo es mentira en Cataluña.

Triunfa el proyecto populista de fácil digestión para las masas, dirigido desde un poder central, al que se le ha dado demasiado poder.

Son cuatro décadas de adoctrinamiento —a través de la educación, los medios de propaganda y el control absoluto de la calle—, para que una minoría domine a una mayoría resignada, que acaba auto convenciéndose de que esa mentira que escuchan repetida mil veces es en realidad verdad. Goebbels revivido.

La verdadera historia
Si el soldado romano Jorge de la bellísima región de Capadocia—que fue martirizado por negarse a perseguir cristianos, y más tarde santificado y nombrado Miles Christi (soldado de Cristo) como protector de los cruzados en Jerusalén—, levantase la cabeza y se viese a sí mismo como un Sant Jordi con barretina y un cartel en la mano contra la islamofobia tendría que enjuagar sus ojos.

Convirtieron una serie de condados —que Carlomagno conquistó adentrándose en Hispania para que hicieran de fuerte defensivo francés que frenara la expansión musulmana en los pirineos—, en origen de una historia inventada, y ni siquiera se pararon a pensar en el nombre que se le dio a ese conglomerado de pueblos sin lengua común ni administraciones conjuntas: Marca Hispánica.

Tan es así, que se nombran por separado y no como ente unitario en el Tratado de Corbeil que los hace feudatarios del Reino de Aragón.

La campaña del Club
Más tarde elevaron a la categoría de héroe al Conseller en Cap de Barcelona en 1714 Rafael Casanova, fabulando sobre una supuesta guerra de independencia que fue en realidad una guerra de sucesión, y disfrazándola de contienda de los catalanes contra el estado español representado por unos borbones que traían el modelo centralizado francés, pero no para Cataluña sino para todos los territorios de su corona.

Una guerra que no sólo no tuvo carácter local de independencia, sino que fue un conflicto internacional en el que participaron las grandes potencias hegemónicas del momento, tan internacional que en el tratado que puso fin a esa guerra, perdimos Gibraltar ante los ingleses.

El Club de los Viernes, grupo de activistas liberales al que tengo el orgullo de pertenecer, ha lanzado una campaña bajo el nombre de: Som 47 Milions/ Somos 47 millones para advertir de que cuando un gobierno abandona la legalidad, ya nada le impide cabalgar libre hacia el totalitarismo.

Por un Ermua catalán
Las visiones segregacionistas identitarias son experimentos que ya han causado mucho dolor en Europa, no los repitamos. El lugar de nacimiento no otorga derechos específicos ni diferenciales.

Son las gentes de Cataluña las que están a punto de caer en la trampa, un solo error y ya no habrá vuelta atrás. Y son las gentes de Cataluña, el pueblo catalán, el que debe despertar y perder el miedo, reaccionar.

Cataluña necesita un Espíritu de Ermua, necesita vencer a sus demonios, luchar contra el dragón como lo hizo San Jorge. Necesita salir a la calle a gritar libertad, a decirle a sus políticos: quitad vuestras sucias manos de nuestras vidas. Gritar libertad.

¡Santiago y cierra, España! La patria peligra
“Cuando la hipocresía comienza a ser de muy mala calidad es hora de comenzar a decir la verdad” Bertold Brecht
Miguel Massanet diariosigloxxi 4 Septiembre 2017

Hay momentos en los que, las circunstancias que le rodean a uno, empiezan a tomar los tonos oscuros del peligro, adoptan la imagen de algo que nos recuerda experiencias de otros tiempos o, incluso, desagradables vivencias que se nos aparecen en nuestra mente como un “deja vu” que nos hace presentir la posibilidad de que se vuelvan a reproducir, quizá en un entorno distinto, pero con las mismas características tenebrosas, angustiosas y agobiantes como las recordamos. Sin duda, a medida que nos acercamos a la fecha en la que una parte de los catalanes, aquellos que han adoptado por desafiar al Estado de Derecho y anuncian que, pese a lo que pese, van a seguir en su intento de desestabilizar la nación, de jugar con la paz de todos los españoles y de introducir, en la convivencia de todos los ciudadanos, la semilla de la discordia, la cicuta del odio y el germen de la ruptura sin ni siquiera tomar en cuenta los peligros que les acechan en su carrera alocada hacia el precipicio del aislamiento, el derrumbe la convivencia de siglos y el error garrafal de apreciación que les hace estimar que, separados, les van a ir mejor las cosas que formando parte de la nación española.

Sin embargo, en estos últimos días parece que ha entrado en juego un nuevo factor que, hasta ahora, se percibía como mera sospecha pero que, desde hace unos días, se ha confirmado por la persona más autorizada para corroborarlo, el señor Pablo Iglesias, de Podemos. La declaración de que los comunistas bolivarianos han decidido apostar, ahora ya sin remilgos, por defender la soberanía de los catalanes y el hecho de que, la señora Carmena, alcaldesa de Madrid, haya cedido un local para que, grupos de afines al proceso separatista catalán, pudieran celebrar sus reuniones propagandísticas; nos hace prever que, Podemos, ha decidido tomar parte activa en la campaña a favor de referendo catalán “por el derecho a decidir” o, lo que es lo mismo, han adoptado por adherirse a la celebración de un acto que ha sido declarado ilícito y anticonstitucional por el TC, que ha apercibido a aquellos que intenten seguir promoviendo la consulta o poniendo los medios para que ésta se pueda celebrar, de que están situándose en el terreno de la ilegalidad y deberán atenerse a sus consecuencias.

En todo caso, si la actitud de los separatistas catalanes, encabezados por la CUP y por los líderes de ERC, señor Oriol Junqueras y del PDEcat, señor Puigdemont ya era clara y definida; ahora ya sabemos que, al desafío en contra del Estado de Derecho, se les ha unido el grupo de los comunistas bolivarianos, amigos del dictador Maduro, sumándose a la actitud que parece que ha acabado de adoptar la franquicia de Podemos, En Comú, dirigida por la alcaldesa de Barcelona, señora Ada Colau, que ha decidido que, sin comprometerse demasiado, pero dando facilidades para que se celebre la consulta, ha conseguido situarse dentro del grupo de los que desafían la autoridad del Estado español, con la evidente intención de sacar tajada de cara a las posibles elecciones que estarán obligados a convocar los nacionalista si, como todos esperamos, el Gobierno de la nación pone los medios suficientes para que esta intentona del 1ª de octubre fracase.

Pero, sin duda, este cambio de escenario respeto al desafío catalán, este apoyo explícito de los comunistas españoles a la postura separatista catalana, comporta una nueva perspectiva a tener en cuenta, ya que a la temida rebelión de los catalanes se le adhiere el apoyo de los comunistas españoles, un grupo que, en las últimas elecciones legislativas, obtuvo cerca de 5 millones de votos y una importante participación de escaños en el Congreso de Diputados. Creo que es el momento en que, los ciudadanos de a pie, nos replanteemos la situación y dirijamos nuestra atención al resto de partidos, presuntamente constitucionalistas, para asegurarnos de que, en un momento determinado, ante la amenaza de que separatistas y comunistas formen causa común en su enfrentamiento al Estado, tendremos el apoyo sin fisuras de todos ellos para enfrentarse, con los medios necesarios, no proporcionados, como el señor Rajoy se empeña en repetir cada vez que se le pregunta ante la reacción del Estado a las amenazas separatistas, sino los precisos para dar el golpe definitivo a esta amenaza.

La respuesta proporcionada hubiera sido posible en el caso de que, los nacionalistas catalanes, hubieran presentado alternativas a su órdago soberanista, que hubieran aportado algo de sentido común a este enfrentamiento y hubieran permitido que el Gobierno hubiera podido transigir en temas que no hubieran afectado a la soberanía nacional y no hubieran significado concesiones en detrimento del resto de autonomías del Estado español. Ahora ya no caben paños calientes porque, si se intenta solucionar el contencioso existente entre España y Cataluña, con absurdas negociaciones, con cesiones que les permitan salvar la cara a los dirigentes de la revuelta; lo que sucederá que, simplemente, se tratará de pan para hoy y hambre para mañana; porque lo único que se conseguiría sería aplazar el problema hasta que los separatistas se volvieran a considerar lo suficientemente fuertes para volver a intentarlo.

El problema es que, con la colaboración de los comunistas en este enfrentamiento a la Constitución española, el tema no tiene otro recorrido que el que está siguiendo el señor Maduro en Venezuela, que se ha cargado la Constitución para sustituirla por un remedo hecho en beneficio de lo que a él le interesa y en contra de cualquier procedimiento democrático, tratándose de un totalitarismo al estilo del soviético. Sea como sea como queramos mirarlo, nos estamos enfrentando a una situación que requiere tomarse en serio, de una vez, lo que se está tramando en nuestro país; algo que, por otra parte, no tiene ningún misterio. Un golpe de Estado que sólo está a la espera de que el PSOE del señor P. Sánchez decida entrar en este triunvirato para, como ya ha dejado claro Puigdemont, al referirse a las consecuencias de la consulta que el propone, cuando ha advertido que: con consulta o sin ella su gente parece dispuesta a no conformarse y entonces el problema se trasladará a las calles. Lo dicho, es necesario que el Estado se tome en serio la responsabilidad que le compete en la solución de este asunto y ya sabemos que victorias pírricas, tímidos arreglos o tolerancias excesivas no conducen, en el caso que nos ocupa, a otra cosa que ha retrasar la solución del problema que, como es evidente conociendo a los separatistas catalanes, no van a cejar en su empeño si no se toman las medidas adecuadas y contundentes para asegurarse de que esto no vaya a volver a ocurrir.

El peligro ahora está en que, ya no se trate simplemente de Cataluña y esta epidemia se extienda a otras autonomías que, siguiendo su ejemplo y con la ayuda de los comunistas expertos en explotar cualquier motivo de queja del pueblo contra el Estado, vayan a empezar a crear problemas en toda la nación, lo que ya son palabras mayores y, en este caso, no estamos seguros de que la simple actuación de este gobierno que tenemos, se pudiera hacer frente a una situación como la que acabamos de describir. No es que seamos alarmistas, sino que empleamos el sentido común para sacar consecuencias de lo que, los hechos que vamos contemplando, parecen indicar. Y España, señores, es demasiado importante y los españoles nos jugamos tanto, que resulta una temeridad dejar de advertir lo que, a algunos, nos parece bastante evidente, aunque no seamos más que simples ciudadanos de a pie que llevamos meses sufriendo viendo el evidente deterioro de nuestro país.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, sentimos que lo que apenas hace unos años se trataba de las reivindicaciones de no más de un 15% o un 20% de la población catalana, ahora ronda el 50% y, por añadidura, parece que cada día que pasa, sin que el Gobierno tome medidas para evitarlo, son más los que empiezan a sentir que, un apoyo a los secesionistas, puede resultarles beneficioso para sus planes de convertir España en uno de los paraísos comunistas, al estilo de los del Cono Sur americano. No es conveniente que se olvide tomar las precauciones posibles.

¿Hacia una sociedad monolingüe?
El bochornoso nivel de castellano de algunos políticos ‘indepes’
Rafael Núñez Huesca. Gaceta.es 4 Septiembre 2017

“Tengo poca práctica con esto del español”, reconocía hace unos días la consellera de Educación después de quedarse en blanco en una presentación pública. Unos meses antes el president de la Generalitat también tenía graves problemas para expresarse castellano…

El conseller de Interior de la Generalitat, el recientemente nombrado Joaquim Forn, ha mostrado algunas carencias a la hora de expresarse en castellano. Durante los últimos días se ha visto obligado a comparecer en numerosas ocasiones ante los medios de comunicación y en algunas ruedas de prensa tuvo que responder a preguntas en español. No estuvo ágil ni cómodo. Mas no es el único.

Pocos días después, la también nueva consellera de Educación y antigua dirigente de la Assemblea Nacional Catalana, Clara Ponsatí, protagonizaba un nuevo incidente lingüístico. Durante la presentación del nuevo curso escolar, Ponsatí tuvo que abandonar el discurso en español por ser incapaz de comunicarse con la mínima fluidez. Entre enormes dificultades trató de construir, sin éxito, un relato coherente: “…trabajar este tema en las aulas y para… dar soporte a su… a las iniciativas que ellos… ciertamente van a tener”. Tuvo que volver al catalán para disculparse y reconocer que tiene “poca práctica con esto del español”.

Puigdemont: “No hemos estado capaces” (sic)
La polémica por el deficiente nivel de castellano de muchos políticos independentistas ha alcanzado incluso al propio president de la Generalitat, Carles Puigdemont, que en una entrevista en La Sexta cometió innumerables errores hasta el punto de llamar la atención de la periodista Ana Pastor. Puigdemont habló de “un proyecto de grueso” en vez de un gran proyecto, dijo “no hemos estado capaces” en lugar de no hemos sido capaces, “puentes que no conducen en ningún sitio” en lugar de puentes que no conducen a ningún sitio, “haiga” por haya, “conduciera” por condujera, “defensemos” por defendamos.

En abril de 2016 el president recibía a Pablo Iglesias en el Palau de la Generalitat. Al comienzo del encuentro el anfitrión entregó al líder morado un cómic dedicado de la biografía de Andreu Nin, sindicalista catalán asesinado durante la Guerra Civil. El texto decía así: “Para Pablo, como agradecimiento para que conozca mejor la biografía de alguien que expresó muy “bién” (sic) el compromiso del obrerismo catalán en la lucha por los derechos nacionales como indisociables del proyecto social”.
No fue la única falta de ortografía. Pocos meses después, en una carta oficial dirigida al presidente del Gobierno, Carles Puigdemont, periodista de profesión, demostró nuevamente las escasas dotes para la redacción en lengua española.

Un niño con un “dramático” nivel de castellano.
Cabe recordar que ni Joaquim Forn, ni Clara Ponsatí ni Carles Puigdemont fueron sometidos a la inmersión lingüística, de modo que en las generaciones posteriores la situación es aún más grave. Es el caso, por ejemplo, de Francesc Colomer, el niño premiado en 2011 con el Goya al Mejor Actor Revelación por su papel en ‘Pa Negre’. El joven tuvo que subir a recoger el premio y ofrecer una breve plática. El resultado fue desastroso. Tanto que, pocos días después de la gala, el historiador vasco Fernando García de Cortázar mostraba su asombro en una entrevista en un medio de comunicación: “Al hilo de los Goya sí me parece dramático (y si no fuera así, poco respetuoso con un premio nacional) que el niño que recogió el galardón no pudiera expresarse con corrección en español. Nos adentra en ese gran problema que es la agresión al idioma común y que va en perjuicio de los propios hablantes catalanes”, sentenciaba.

Y es que los niños catalanes tienen un nivel inferior de castellano que el resto de España. Es al menos lo que asegura un informe difundido por la plataforma Convivencia Cívica Catalana (CCC) y que bebe de fuentes oficiales tales como el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEE) dependiente del Ministerio de Educación y el Consejo Superior de Evaluación del Sistema Educativo (CSDA), organismo de la Consejería de Educación del gobierno autonómico catalán.?Una conclusión lógica a tenor de las dos horas semanales en castellano que cursan los niños catalanes, por 25 horas de los niños del resto de España.

PP y Cs acusan al Govern de priorizar el catalán sobre la cobertura del servicio del IbSalut
Agencias. Diario SigloXXI 4 Septiembre 2017

PALMA DE MALLORCA, 4 (EUROPA PRESS)
PP y Cs han acusado este lunes al Govern de priorizar el catalán sobre la cobertura del Servicio de Salud de Baleares (IbSalut) en referencia a los requisitos de nivel de catalán de los profesionales sanitarios.

En declaraciones a los medios tras el pleno de este lunes, la portavoz del Grupo Parlamentario Popular, Margalida Prohens, ha lamentado que desde MÉS per Mallorca "todavía no están satisfechos" y ha criticado que el Govern "se comunica a través del BOIB" o "discute las cosas a golpe de tuit".

Además, Prohens ha denunciado que "el tema del catalán es lo único que interesa y no el cese de Juli Fuster en cumplimiento del mandato parlamentario". La portavoz también ha alertado de la falta de médicos y profesionales y considera que garantizar que la ciudadanía tenga el servicio de salud cubierto sin tener que desplazarse "debería ser el debate".

Por su parte, la diputada de Cs, Olga Ballester, ha pedido "trabajar el sentido común" porque a su juicio en esta clase de puestos "lo que se requiere es ser el mejor en lo que se va a hacer en ese puesto".

En esta línea, Ballester considera que los conocimientos de catalán deberían ser un mérito en Baleares pero "lo que no se puede hacer es legislar en contra de una realidad". "Tenemos una falta de médicos exagerada", ha alertado la diputada, que ha lamentado que se prioricen "cuestiones ideológicas sobre solucionar un problema a los ciudadanos".

Asimismo, la diputada de Cs ha aprovechado para recordar a los estudiantes que el día 6 empiezan la selectividad que la UIB se comprometió a que los enunciados de las pruebas de selectividad también estén disponibles en castellano.

 


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