AGLI Recortes de Prensa   Jueves 7  Septiembre 2017

Cómo terminan las democracias
Jorge Vilches. www.vozpopuli.com 7 Septiembre 2017

Era cuestión de tiempo que ese Estado fallido, el de las Autonomías, llegara a este punto final: al golpe para conseguir la independencia de un Estado en el que no quisieron estar nunca.

Los enemigos de la democracia se presentan siempre como sus perfeccionadores. Postulan un amplio Estado social, la “devolución” del poder al “pueblo”, o que gobierne la nación o la raza superior. En el caso de Cataluña, son los supremacistas del nacionalismo los que, en aras de un supuesto paso en el camino de la democracia, quieren acabar con ella.

La debilidad de la democracia es su misma preciosa virtud: la canalización del disenso, la posibilidad cierta de cambiar cosas, incluido lo político, las bases de la convivencia, siempre y cuando se haga dentro de la legalidad. En democracia es la Ley la única que otorga legitimidad. Las otras legitimidades, aquellas que invocan los enemigos, son solo recursos retóricos para enmascarar actos de fuerza, violaciones de la democracia o golpes de Estado.

La paradoja de las democracias occidentales es justamente esa: que quienes quieren derribarla y sustituirla por alguna forma autoritaria se arropan en un lenguaje que hace creer que sus reivindicaciones son legítimas. Mientras, las instituciones del régimen democrático parecen inmovilistas, reaccionarias, deseosas de iniciar la represión. Porque el enemigo de la democracia siempre ha sido victimista, tanto el fascismo como el comunismo –valga la redundancia- y, por supuesto, cualquiera de los nacionalismos tardíos, entre los cuales se encuentra el catalán.

Esos nacionalismos, como el que pretende imponer un régimen autoritario en Cataluña, no es hijo de la Ilustración ni de la Revolución Francesa. No pasaron por el catalanismo las revoluciones liberales y nacionalistas de 1830 y 1848. Se construyó a finales del XIX, cuando los ideales nacionales se forjaban sobre el darwinismo, el biologismo político y el tradicionalismo más rancio . A un nacionalista de 1848 no le importaba la cadena de apellidos de un político o un vecino; a los que vinieron luego, a los que sufrimos hoy, sí. Llegaron tarde. Ya no eran nacionalistas que querían un Estado liberal y democrático, sino supremacistas que creían en la superioridad natural de su raza.

Cuando esos nacionalistas tardíos, como los catalanistas, han llegado al poder, la democracia ha ido poco a poco menguando. Primero, debían expulsar todo aquello que fuera “inferior”; es decir, que no fuera “propio”. Eso incluía instituciones, costumbres y personas. En esa circunstancia, la presión social desde el sistema, con la complicidad de los adeptos, se hace insoportable. La Gestapo fue muy eficaz con 3.000 hombres gracias a que la sociedad nacionalsocialista era su colaboradora. Así muere la diversidad que contamina el “ser colectivo superior” o que impide su unidad de destino en lo universal.

Por eso la democracia se fue perdiendo en Cataluña. La igualdad de condiciones para hacer vida social en el territorio no ha existido, y menos para hacer política. El Estado de las Autonomías se creó para dar satisfacción a nacionalistas tardíos, supremacistas, que usaron las instituciones para forjar una comunidad homogénea. La educación y los medios debían ser coreografía norcoreana puesta al servicio de “la causa”. El gobierno nacionalista, a modo goebbeliano, se convirtió en algo omnipresente y omnipotente, paternalista y tiránico, constructor de una red clientelar y otra de castigo.

Era cuestión de tiempo que ese Estado fallido, el de las Autonomías, llegara a este punto final: al golpe para conseguir la independencia de un Estado en el que no quisieron estar nunca. Pero la culpa no es solo de los supremacistas.

El fracaso institucional y de los partidos ha sido de libro. Al PSOE de Pedro Sánchez solo se ocurre el plurinacionalismo y la federación , pero no sabe qué es una cosa ni otra, y mucho menos articularlo. El PP parece el partido de la resistencia, dando la mala impresión de ser el único guardián de una Constitución a la que el populismo socialista y el nacionalismo han despreciado, socavado e intentado deslegitimar. Por otro lado, Podemos es la nefanda resurrección del leninismo, enarbolando el principio de autodeterminación de los pueblos como instrumento para desestabilizar sociedades capitalistas y demoler sus Estados.

A esto se añade que Ciudadanos ya no es el partido que presentaba cara en Cataluña. La muestra es que la famosa entrada de Facebook que deseaba la violación colectiva de Inés Arrimadas la han presentado como una muestra de “machismo”, no como la prueba de la cosificación y persecución violenta constante sufrida por los disidentes a manos del nacionalismo supremacista.

No podemos olvidar en este trance el papel de todos, el de la sociedad entera. Aquí se creyó que la democracia, o el tranquilo Estado de Partidos que permitía una batería muy digna de libertades, era eterno y definitivo. La respuesta al vodevil del 23-F lo demostraba. Pero las costumbres públicas democráticas no arraigaron lo suficiente, y siguieron existiendo bolsas de población que consideraban bueno el sacrificar su libertad a cambio de un Poder protector.

Chaves Nogales fue testigo de cómo los franceses peleaban en el París del 14 de junio de 1940. Sí; peleaban para coger sitio en los bulevares y no perderse el desfile de las tropas nacionalsocialistas. Los españoles hemos contemplado durante décadas cómo el supremacismo se instalaba en las instituciones catalanes, se armaba, desmenuzaba la democracia, desterraba a los disidentes, convertía en héroes a los resistentes al nacionalismo obligatorio. Ahora, tan débiles como sorprendidos, nos damos codazos para no perdernos el paso de la oca, aún sin digerir el espectáculo de ver cómo se termina una democracia.

Golpe de Estado en marcha (2)
Vicente A. C. M. Periodista Digital 7 Septiembre 2017

Los partidos secesionistas ERC, PDeCat y la CUP, han consumado su traición al Estado de Derecho aprobando la Ley del Referéndum y la convocatoria del mismo para el 1 de octubre. Una votación que se produjo tras el abandono masivo del resto de partidos de la oposición, excepto el bolivariano PODEMOS con su marca catalana de En Comú Podem, del que una de sus diputadas procedió a retirar las banderas de España dejadas por algunos diputados al retirarse de la Cámara. Un acto de aquelarre secesionista que culminó con el canto del himno de “els segaors”, algo muy apropiado tras haber pasado la guadaña a la democracia y a la legalidad vigente. La convocatoria del referéndum ha sido igualmente firmada por el Gobierno de la Generalidad en bloque, es decir por el Presidente Carles Puigdemont y el resto de Consejeros, algo así como para escenificar lo de Fuenteovejuna en una pose unitaria que les compromete a todos por igual en los delitos de sedición, prevaricación, desobediencia, deslealtad institucional y cuantos pueden sumarse a este execrable acto anti democrático.

No quiero ahora decir aquello de “era lo previsible y ya lo dije”, aunque sea cierto. Era absolutamente evidente que el secesionismo iba a provechar el momento de debilidad y de desunión de las fuerzas políticas llamadas constitucionalistas para lanzar el órdago y llegar hasta el final de su famosa hoja de ruta. En el camino, los secesionistas han ido adaptando el mensaje de su pretendido referéndum democrático y lo de seguir la voluntad del pueblo de Cataluña, para finalmente fijarlo en cualquier tipo de participación y en más votos a favor que en contra, aunque solo fuese por un voto. Una farsa democrática bastante similar a la que se produjo cuando se aprobó el famoso Estatuto de Autonomía, con una participación raquítica inferior al 40% del censo reconocido, aunque con una abrumadora mayoría a favor.

Hasta ahora, el Gobierno de España se ha limitado a denunciar a la Presidenta de la Mesa del Parlamento, Carme Forcadell, por una nueva desobediencia a las sentencias del Tribunal Constitucional. Supongo que con carácter urgente hoy se reunirá el Consejo de ministros para presentar la denuncia sobre lo aprobado ayer y esta madrugada en el Parlamento de Cataluña, así como el decreto de convocatoria del referéndum y normas afines a su desarrollo firmado por todo el Gobierno de la Generalidad. Creo sinceramente que las respuestas no están siendo hasta ahora lo ágiles y contundentes que se requiere. Son disposiciones que no pueden seguir ni un minuto más en vigor. No se puede mantener una actitud rutinaria sin alterar los planes del Tribunal Constitucional en unos momentos en que se necesita una enérgica, ágil y contundente respuesta jurídica contra unas Instituciones en clara rebeldía y lanzadas hacia una sedición en lo que no es sino un golpe de Estado.

Creo evidente que si esa respuesta se dilata, hay que optar necesariamente por aquella que la Constitución ya prevé, y eso pasa por aplicar ya el artículo 155 y acelerar los pasos, como han hecho los secesionistas, para suspender la autonomía y retomar el control, mientras en paralelo se procede judicialmente contra los sediciosos impidiéndoles seguir en sus cargos y cometer más delitos. El Estado de Derecho no puede seguir consintiendo este golpe de Estado sin tomar ya acciones contra los insurgentes. Solo espero que esta vez el Gobierno de España de Mariano Rajoy demuestre su compromiso con su juramento de cumplir y hacer cumplir la Constitución.

Lo que ha quedado claro es que PODEMOS ha abandonado su cínica ambigüedad y al quedarse y participar en la votación de lo que ya saben que es ilegal, ha dejado muy claro de parte de quién está, y no es precisamente de la democracia ni del Estado de Derecho, eso sin mencionar su odio hacia los símbolos nacionales. Un líder que califica al himno de España de "pachanga fachosa", mientras muestra su respeto por el de los secesionistas a los que califica de "movilización democrática". Su concepto de democracia se parece bastante al de una dictadura comunista bananera.

Seguiré escribiendo sobre el golpe de Estado según vayan desarrollándose los acontecimientos.

Los golpistas siguen cumpliendo su palabra
EDITORIAL  Libertad Digital 7 Septiembre 2017

Los medios y partidos constitucionalistas recordarán –o deberían recordar– que, un día después de que el TSJC condenara a Artur Mas a la ridícula pena de dos años de inhabilitación por la gravísima vulneración de la legalidad que constituyó la consulta secesionista del 9-N, las formaciones separatistas volvían a desafiar la Constitución y el propio estatuto de autonomía catalán con la aprobación de una ponencia para alterar el reglamento de la Cámara regional y permitir la sanción, sin debate y por el procedimiento de urgencia, de las llamadas "leyes de desconexión con el Estado". Pues bien, el bochornoso espectáculo vivido este miércoles en esa sede legislativa no deja de ser, en buena medida, la consumación de ese delito tan largamente anunciado. Y lo es tanto por los procedimientos empleados, radicalmente contrarios al Derecho y al propio reglamento de la Cámara, como por el hecho de que los mismos están puestos al servicio de la aprobación de unas leyes radicalmente inconstitucionales, como son las referidas a la convocatoria de la nueva consulta secesionista o la llamada Ley de Transitoriedad jurídica.

Ahora bien, nada de lo anterior debería resultar sorprendente, dada la pasividad de una clase política constitucionalista que alterna el no hacer nada con el ofrecimiento de "diálogo" y "negociación" a los golpistas. Y es que no mejor consideración merece el limitarse a recurrir al Tribunal Constitucionalpara que solucione el entuerto, habida cuenta de que uno de los responsables del desafuero de este miércoles –la presidenta del Parlamento regional, Carme Forcadell– sigue impunemente ejerciendo su cargo, a pesar de que la Fiscalía ya presentó contra ella allá por el mes de febrero una querella por su "contumaz y obstinada voluntad de incumplir" los mandatos constitucionales.

Siendo los pronunciamientos de los Altos Tribunales imprescindibles, creer que la solución al golpismo separatista reside en un nuevo pronunciamiento del TC es tanto como negar la raíz misma del problema: la rotunda y largamente acreditada determinación de los separatistas de hacer caso omiso a cuanto diga el Constitucional en contra del proceso secesionista. Y lo cierto es que, desde que Artur Mas, allá por 2012, asegurara: "No nos pararán tribunales ni constituciones" –compromiso verbal reiterado por escrito en la inútilmente suspendida resolución 1/XI de 9 de noviembre de 2015–, lo cierto es que los golpistas no han cumplido una sola resolución del TC contraria a su proceso de ruptura.

La tan cómoda como insensata apuesta del Gobierno de Rajoy –y del resto de la clase política constitucionalista– de confiarlo todo a los pronunciamientos del TC supone también ignorar las propias palabras de despedida del que fuera su presidente, Francisco Pérez de los Cobos, en las que advertía de que "problemas como el llamado proceso soberanista catalán no pueden ser resueltos por este órgano".

De nada sirven constituciones, tribunales y sentencias si luego no hay un Ejecutivo regional que las cumpla o un Ejecutivo nacional que las haga cumplir. Así las cosas, y mientras la clase política constitucionalista no se atreva a suspender la Administración catalana, no tendrá derecho a escandalizarse ni siquiera cuando vea a los golpistas secuestrar el Parlamento regional.

Duelo de cobardes
Emilio Campmany  Libertad Digital  7 Septiembre 2017

Tan cobardes son los separatistas, que serían incapaces de llegar hasta donde lo han hecho de no ser porque tienen enfrente a unos tan cobardes como ellos.

España tiene la fortuna de que los dirigentes separatistas de hoy son mucho más cobardes que los de ayer, que ya lo eran bastante. Y tiene la desgracia de que quienes tienen que defenderla de ellos no lo son menos. Llevan los separatistas cinco años esperando a reunir el coraje para hacer lo que se supone que es su máximo anhelo. ¿Qué sentido tiene buscar y rebuscar la forma legal de cometer una grosera ilegalidad? Tarde o temprano habrá que violar una ley, desobedecer a un tribunal. ¿Por qué han tardado tanto en hacerlo? Por cobardía. Si al final se atreven a hacer algo será a base de animarse los unos a los otros, como hacen los matones que, aislados de los demás, agachan la cabeza avergonzados, pero que, en grupo, jaleados los unos por los otros y escondidos tras la responsabilidad grupal, son capaces de las mayores atrocidades.

Tan cobardes son que serían incapaces de llegar hasta donde lo han hecho de no ser porque tienen enfrente a unos tan cobardes como ellos. Han ido probando, dando pequeños pellizcos al Gobierno de España, y al ver que éste no respondía se han atrevido poco a poco a hacer más. Han venido los arañazos y luego, los mordiscos. Y el Gobierno, atenazado por el pánico que le da ejercer de tal, apenas es capaz de responder con fallos, resoluciones y sentencias, como si estuviéramos en un proceso civil y no ante un golpe dirigido al mismo corazón de la nación. Lo único que lo hace parecer inofensivo es la cobardía de los que lo está perpetrando. Y lo único que lo hace ser un peligro es la de los que nos tienen que defender de él.

Dicen todos, el Gobierno y la oposición, que hay que actuar con proporcionalidad para no generar más descontento en Cataluña, que aplicar el artículo 155 de la Constitución es lo que los separatistas quieren para reunir tras de sí más partidarios de los que ahora tienen. No discuto que sea lo que ellos quieren, pero, aunque fuera así, no merece la pena que un territorio siga siendo España si allí no se aplican las leyes españolas. ¿Qué más da que Cataluña siga siendo formalmente España si mi derecho a hablar español no se reconoce y mis hijos, en caso de vivir allí, serían obligados a escolarizarse en una lengua que no es la suya? ¿Qué más da si allí, cuando un nacionalista malversa fondos públicos, no se le aplica el Código Penal que rige para los demás? Lo primero que hay que hacer en Cataluña es imponer el imperio de la ley, ausente desde hace decenios. Si es verdad que hay catalanes a los que, aun sin ser independentistas, les incomoda la aplicación de la ley hasta el punto de convertirles al separatismo, será un problema de ellos, no del resto. No podemos aceptar, como llevamos lustros haciendo, que para que Cataluña siga siendo España allí sólo rijan las leyes que los nacionalistas quieren que rijan. Si para ser un Estado de Derecho tenemos que quedarnos cuatro gatos, que así sea. Pero no sin pelearlo. Basta tener un poco más de coraje que ellos. Y para eso bastaría el de un ratón que saliera medio bravío.

Los despertares de la España constitucional
Guillermo Dupuy  Libertad Digital 7 Septiembre 2017

No se puede preservar el orden constitucional en Cataluña sin previamente restablecerlo

En los últimos meses, se ha acentuado el clima caótico con declaraciones en Cataluña en las que se afirma que allí no se cumplirán determinadas leyes y determinadas sentencias. Acaso se olvide que la Constitución facilita la intervención del Gobierno central en el caso de incumplimiento de las normas constitucionales (art. 155 CE). Una de ellas es precisamente el cumplimiento de las sentencias (art. 118 CE), además del debido respeto a la ley (art. 10 CE). Al reto de los representantes de la Comunidad catalana no se está respondiendo, como debería hacerse, por las autoridades centrales del Estado. Primero, replicar con argumentos (que los hay) y luego recordar que en la Constitución figura el artículo 155. Nos encontramos ante una impasibilidad nefasta. El confusionismo aumenta.

Quien le diría al ya desaparecido presidente del Tribunal Constitucional Manuel Jiménez de Parga que, consumados hace tiempo todos los delitos de desobediencia a los que apuntaba su escrito, publicado en octubre de 2013, y a la espera de que se perpetren otros nuevos, no sólo no se ha intervenido la Administración autonómica en rebeldía, sino que el presidente del Gobierno ni siquiera se atreve todavía a mentar el artículo 155 de nuestra Constitución como forma de restablecer en Cataluña un orden constitucional que no ha querido o no se ha atrevido a preservar.

La solemnidad y la firmeza transmitidas este jueves por el presidente del Gobierno ante la enésima vulneración de nuestro ordenamiento jurídico por parte de los separatistas hubiera sido un compromiso a favor del orden constitucional digno de aplauso si hubiera sido pronunciado en 2012, el día en el que el presidente de la Generalidad amenazó públicamente al presidente del Gobierno con poner en marcha un ilegal proceso de ruptura si no obtenía un inasumible, privilegiado y mal llamado "pacto fiscal". Sin embargo, que Rajoy haga este compromiso en aras del principio de legalidad, tras no habernos evitado cinco años de ininterrumpidos delitos de desobediencia, de prevaricación y de malversación de fondos públicos al servicio de ilegales estructuras de Estado y no menos ilegales consultas secesionistas, parece un chiste de mal gusto.

Aunque creo posible –y nada me gustaría más– que sea el presidente del Gobierno el que, esta vez, cumpla su palabra de impedir una nueva consulta secesionista, lo que quiero decir es que no se puede preservar el orden constitucional en Cataluña sin previamente restablecerlo. Y que la quiebra de nuestro ordenamiento jurídico que allí se sufre desde hace años no es responsabilidad de un inexistente Estado soberano catalán en forma de República, sino de la inobservancia y abandono de las fronteras más preciosas que debe preservar nuestra nación, y que son las que la configuran como Estado de Derecho.

La persistente quiebra de nuestro ordenamiento jurídico, como el mismo proceso secesionista catalán, van mucho más allá que la ilegal consulta perpetrada el 9 de noviembre de 2014 o la que los golpistas pudieran volver a perpetrar el próximo 1 de octubre. Estas consultas, por su imposible ocultación, tienen la virtud de hacernos ver por unos días una realidad, como es la quiebra del orden constitucional en Cataluña, que quienes no cumplen su obligación de hacer cumplir la ley tratan de ocultar el resto del tiempo. Son, sin duda, delictivas, pero en ellas ni empieza ni acaba la quiebra de nuestra nación entendida como Estado de Derecho.

Mucho me temo, por todo ello, que la España constitucional, que parece despertar estos días pero que sigue permitiendo que los golpistas sigan ostentando la máxima representación del Estado en Cataluña, vuelva a dormirse tras el 1 de octubre, con absoluta independencia de que haya –o no– evitado la nueva ilegalidad que constituye la consulta.

La serpiente salió del huevo
Antonio Robles  Libertad Digital 7 Septiembre 2017

Lo peor que ocurrió en el Parlamento de Cataluña es a la vez lo mejor. Por fin, la revolución de las sonrisas ha mostrado su verdadero rostro a toda España.

Miren, la primera condición para solucionar un problema es tener conciencia de él. Y durante demasiados años, demasiados españoles ni han tenido conciencia del problema territorial ni han querido tenerlo. Desde ayer eso ya no es posible: o se está con esta navajada a la Constitución, al Estado de Derecho y a la unidad de España o se está en contra; lo que no será posible ya es mirar para otro lado. Por fin, todo lo que ocurrió y cómo ocurrió, fue como había parecido siempre que era y demasiados se negaron a ver; o sea un engaño, un simulacro democrático repetido en el tiempo con el objetivo de imponer de forma camuflada una identidad excluyente, mutilar a millones de catalanes de su condición de españoles y romper España. ¡Y ojo con la amenaza anexionista de los países catalanes cuando las condiciones lo permitan! Debemos empezar por corregir la percepción del problema: el problema no es Cataluña, es la destrucción de España como nación. Y lo que ocurrió ayer en el Parlamento catalán fue el primer hilo de la madeja.

No insistiré en el procedimiento tramposo y antidemocrático de personajes más propios de una secta que de un Estado de Derecho. Los medios han retransmitido en tiempo real la felonía. Pero sí me detendré en cuál será el siguiente problema y cómo combatirlo.

Tanto los que son partidarios de pasos prudentes como quienes prefieren medidas drásticas contra los sediciosos han de tener en cuenta la naturaleza de la infección. Ni unas medidas ni otras la solucionarán por sí solas. Es necesario actuar para inhabilitar y neutralizar el golpe. Es condición imprescindible, pero no suficiente. El mal llamado problema catalán no se desactiva solo con inhabilitar, multar o encarcelar a los responsables. La infección nacionalista nace del relato catalanista y su leyenda negra contra España, la peor de todas. Ese es el verdadero problema, de ahí manan su convencimiento supremacista y su hegemonía moral. Pues bien, si no se ponen los medios, la paciencia y la persistencia en el tiempo para desenmascarar su naturaleza supremacista; si no se desacreditan sus mentiras históricas, se restaura una educación ilustrada, se desactiva su victimismo con datos y cifras; si no se crean las condiciones pedagógicas para restaurar los lazos afectivos con el resto de españoles, nunca se solucionará el problema. Porque el problema se ha enquistado en el cerebro sentimental de varias generaciones.

En Cataluña, el debate político ya no es racional, es tribal. Es el lenguaje del fútbol. Si no eres de mi equipo eres el enemigo. En ese enfrentamiento ha muerto la pasión por la verdad. Sólo importan los míos y lo mío. La objetividad, la neutralidad, la ciencia y los hechos sólo sirven si nos sirven. El conocimiento objetivo ha muerto en manos del dogmatismo. La filosofía es más necesaria que nunca en un tiempo que parecía superada.

Buena parte de la sociedad catalana está inmersa en un encantamiento, ensimismada, viviendo en una realidad paralela, sugestionada a diario por todo el aparato propagandístico del poder político, escolar y mediático. Hay que romper el encantamiento, hay que restaurar las reglas democráticas si no queremos ir cada día más deprisa hacia una sociedad sectaria. El analfabetismo de conciencias libres y críticas crece imparable en esa mentalidad de mafiosos.

PS: Ayer la oposición perdió una oportunidad de oro para enfrentarlos a su propio espejo. Bastaba con que uno de los portavoces, por ejemplo Inés Arrimadas, se negara a bajar del estrado en su turno de palabra, desoyendo la voz de la presidenta tantas veces como le recordara que su tiempo había terminado. Impávida, Inés hubiera seguido hilvanando un discurso interminable. Algo tendría que hacer la presidenta, además de mostrar su ira y autoritarismo. Por ejemplo, ordenar al servicio de orden que la desalojara por la fuerza. Quizás alguno hubiera comprendido que romper las reglas solo conduce al enfrentamiento y al caos. Y la foto del día hubiera sido la de su intransigencia.

El órdago independentista catalán constata el gran fracaso que ha supuesto el Estado de las Autonomías.
Lucio A. Muñoz Periodista Digital 7 Septiembre 2017

El PSOE tiene previsto registrar en el Congreso, tras la aprobación ilegal de la Ley del Referéndum del 1-O en el Parlamento catalán, una iniciativa para crear una comisión en la que pueda debatirse la “reforma del modelo territorial” de España.

Todo ello, supuestamente, al objeto de solucionar el problema relativo al órdago secesionista planteado por los independentistas catalanes.

No olvidemos que Pedro Sánchez, el antilíder podemita del PSOE y creador de la innovadora teoría denominada “todas las naciones son España”, tenía previsto que su partido registrara en el Congreso la presentación de otra comisión, en este caso, para reformar la Constitución Española.

Sin duda, los socialistas saben muy bien que no hay mejor fórmula para no llegar a ninguna conclusión, desviar la atención, retrasar cualquier tipo de decisión, tergiversar la información, etc., que crear una comisión. O varias comisiones…

El modelo autonómico ha provocado el golpe de Estado en Cataluña
Al respecto, Sánchez ha declarado que el Estado de las Autonomías es el mejor modelo político territorial que puede tener España. En este sentido, es factible deducir que la citada comisión sobre el modelo territorial autonómico únicamente pretende “modernizar” el mismo.

Sin embargo, el modelo autonómico es el que ha provocado que España se encuentre en la actualidad ante el mayor desafío en 40 años de pseudodemocracia, que no es otro que la posibilidad de que nuestro país se fracture, vía golpe de Estado en Cataluña.

De hecho, aunque el independentismo catalán es anterior al Estado de las Autonomías, el modelo autonómico ha potenciado de manera extraordinaria el movimiento independentista en Cataluña.

En función de diversos factores, tales como: la desaparición del Estado de Derecho en Cataluña (que ha sido una contraprestación otorgada por los diferentes gobiernos nacionales, en virtud del tradicional apoyo electoral de los partidos independentistas), la cesión de competencias, por ejemplo, de educación, el manejo de los adoctrinadores medios de comunicación por parte de los independentistas, la desprotección de los catalanes españolistas por parte de Estado español, etc.

Países catalanes confederales
Recordemos, además, que el proyecto independentista catalán no solo engloba la constitución de una República Independiente de Cataluña, regida por una constitución catalana (Ley de Transitoriedad de Cataluña).

Sino que, también contempla anexionar a Cataluña las regiones de Aragón, Valencia y Baleares. Creando así los denominados “Países catalanes confederales”.

Por tanto, la independencia de Cataluña no solo implicaría la secesión de la región catalana, también provocaría la total demolición del Estado autonómico.

¿Una comisión sobre la abolición de las autonomías?
Teniendo en cuenta lo anterior, la comisión que el PSOE pretende desarrollar representa una auténtica contradicción. Puesto que, lo que realmente debería debatirse en ella es la abolición del Estado autonómico. Sobre todo, antes de que las autonomías destruyan España.

Aunque, la corrupta partitocracia española considera el debate sobre la conveniencia de mantener el Estado de las Autonomías como un “tema tabú”.

Tanto en cuanto, el estatus y los privilegios de la mayor parte de nuestra casta política depende de la perpetuación del modelo autonómico.
Debido a que el sistema político clientelar y parasitario implantado en todas y cada una de nuestras autonomías es la fuente de la que emana el omnipotente poder de los partidos políticos en España.

El problema es que se trata del mismo sistema que está destruyendo a la economía productiva y, por ende, a la clase media, a las pymes y a los autónomos, que tienen que soportar una confiscatoria presión fiscal para mantener económicamente el entramado político administrativo de las autonomías.

En definitiva, el debate de la comisión propuesta por el PSOE tendría que estar enfocado, al menos, en buscar una manera de eliminar las 17 administraciones paralelas autonómicas, integradas por más de 1.000 organismos públicos: sociedades mercantiles, entidades de derecho público, entes autónomos, fundaciones, consorcios, etc.

Todos ellos subvencionados y dotados de plantillas repletas de personal enchufado por los partidos políticos. No olvidemos que el coste relativo al mantenimiento de la Administración paralela en las autonomías está cifrado en varias decenas de miles de millones de euros al año.

Por si fuera poco, la deuda pública (y el déficit) que genera esta gigantesca Administración paralela supone una condena para las generaciones venideras. Y puede representar la quiebra de España, en el momento que el BCE abandone la actual política expansiva.

Cataluña tiene la mayor Administración paralela
Y como no podía ser de otra manera, Cataluña posee, con permiso de Andalucía, la mayor administración paralela de todas. Tanto es así, que los presupuestos del presente año destinan casi 12.000 millones de euros a las entidades autonómicas y empresas públicas catalanas. Casi todas en quiebra.

Eliminando la Administración paralela catalana, vinculando el FLA únicamente a gastos necesarios en Cataluña y, en consecuencia, no relacionados con el independentismo, aplicando el Estado de Derecho, etc., se solucionaría el problema independentista en tiempo récord…

El Estado de las Autonomías, junto con los independentistas catalanes y vascos, el yihadismo islámico y Podemos, se han convertido en los actuales enemigos de España.
Pero el PP, el PSOE y Ciudadanos no hacen nada para defender a los españoles.

Clarín, un idealista contra el soberanismo
Carlos Mármol repasa la figura de Leopoldo Alas y sus planteamientos sobre el nacionalismo catalán
Carlos Mármol Cronica Global 7 Septiembre 2017

La historia es la madre de todas las analogías. Y el catálogo más fiable de las pesadillas humanas. La situación política catalana, marcada por un delirio partidario que está quebrando el principal patrimonio de cualquier país, que es la convivencia civil, reproduce muchos rasgos de los graves episodios de tensión regionalista acontecidos a finales del siglo XIX, cuando una España agraria, atrasada y caciquil se quedó sin sus últimas colonias de ultramar. Obviamente, los actores en liza son distintos. El lenguaje tampoco es exacto. Y muchas circunstancias son divergentes. Pero la disyuntiva básica de aquel entonces --cómo reinventar una nación en franca decadencia-- se reproduce más de un siglo después con una sorprendente obstinación, lo que demuestra que el problema de España es un bucle sin solución.

Sobre este periodo histórico escribió mucho y bien Leopoldo Alas, Clarín, que ha pasado a la historia como novelista --La Regenta y Su único hijo son dos obras maestras-- pero cuya importancia como periodista y polemista suele quedar en un segundo plano a pesar de ser equiparable a la de Larra. Leer con los ojos actuales los artículos políticos del escritor asturiano, espléndidamente estudiados por Yvan Lissorgues, hispanista de la Universidad de Toulouse, es un ejercicio fecundo: permite conocer nuestro pasado reciente y alumbra con una luz distinta los sucesos presentes. Es la magia de los clásicos. Como es sabido, Clarín era un idealista civilizado. Rara avis en un país como el nuestro y más extraño aún en su época, marcada por los usos, las costumbres y la omnipresencia de la mentalidad de origen tribal.

Un autonomista
En su formación intelectual influyó el krausismo --un lujo que hemos olvidado casi por completo-- y las aspiraciones de progreso de cualquier ser humano con dos dedos de frente. Como no hay trascendencia sin sentido del equilibrio, parece lógico que el escritor asturiano tuviera una idea de España alejada tanto de los patriotas de casino como de los nacionalistas que confunden la patria con su bolsillo. Clarín compartía la misma idea de nación que Renan: una comunidad donde el elemento nuclear es la solidaridad entre sus miembros. Vista desde la España de nuestros días parece una idea ingenua. Pero sólo se debe a que nuestros políticos han olvidado, o quizás nunca han sabido, que lo que mantiene juntos a los ciudadanos no son las banderas, ni los himnos, ni la corona. Es la sensación fraternal de haber sufrido juntos y la voluntad de asumir de igual manera los sacrificios venideros. Exactamente lo contrario de lo que pregona el soberanismo, como hemos visto tras el reciente atentado de Las Ramblas. La mentalidad de campanario, igual que ahora, fue la causa de las tensiones centro-periferia de la España finisecular. La diferencia es que el Estado ha evolucionado desde entonces mientras los nacionalistas, no. El desafío soberanista no sólo persigue la independencia, sino que pretende romper lo que los intelectuales del 98 llamaban “el equilibro de la nación”. Razón suficiente para no tomarse a broma sus intenciones.

Clarín fue autonomista un siglo antes de las autonomías. En el prólogo que escribió en 1881 para La lucha por el derecho, una obra de Rudolf von Ihering, defiende como solución a las tensiones territoriales un punto de equilibrio entre las autonomías y el poder central, algo que vista la trayectoria política española parece una quimera. No será por falta de razones. “Si predomina la autonomía regional o municipal” --escribe--, “la nación se disuelve y el individuo no padece menos, sino que es tiranizado por un tirano local. Si la autonomía nacional es la que se procura con menoscabo de los círculos interiores, hay centralismo”. El término medio, que es donde según los clásicos reside la virtud, como posible solución al eterno problema territorial español. Parecía una asignatura superada tras la Constitución del 78. Pero el tiempo ha demostrado justamente lo contrario.

El peligro del nacionalismo
La clarividencia de Clarín resulta asombrosa. Sobre el nacionalismo catalán escribe: “Hay que tener mucho cuidado con cierta clase de regionalistas [léase nacionalistas] que en Cataluña, como en Galicia o Asturias, trabajan pro domo sua; aspiran al provincialismo para ser cabeza de ratón, notabilidades de treinta leguas a la redonda”. La frase no ha perdido actualidad más de un siglo después. Tampoco su advertencia sobre las consecuencias que implica la relativización del asunto territorial, que es aplicable a Rajoy: “El quietismo, por liberal que parezca, no es bueno”. Lejos de la imagen de la España cerril, Clarín entiende las reivindicaciones regionales de su tiempo siempre que éstas no vayan en contra del interés general. Pero ve claramente el peligro que representa para todos el “egoísmo de los señores del quiero y no pueda [sic], de los ratés de pueblo, de los fanáticos y los exclusivistas”, cuya senda patriótica --sostiene-- conduce “a la vida troglodítica” y al “feudalismo”.

Dicho por un intelectual de su talla, admirador de la literatura catalana, que consideraba “saludablemente influenciada por las modernas humanidades francesas”, no puede decirse que se trate de una opinión apresurada. Probablemente Josep Abad, el inquisidor del nomenclátor de Sabadell, lo hubiera condenado a la hoguera por no compartir la idea de Prat de la Riba, contenida en las Bases de Manresa, para instaurar el catalán como la lengua obligatoria de los españoles de Cataluña. Pero es coherente: un asturiano tiene el mismo derecho a no renunciar a su idioma que un catalán. En esto, todos los españoles somos iguales. Clarín entendía la distancia del catalanismo frente la España reaccionaria. Lo que quizás nunca sospechó, siendo un idealista convencido, es que las tornas cambiasen tanto y, con el pretexto de la identidad cultural, se impulsase en sede parlamentaria un demencial proyecto de ruptura liderado por unos soberanistas --a los que siempre consideró “tenderos de ultramarinos”-- cuyo verdadero interés no es la nación, ni la lengua, ni la libertad, sino el dinero y el poder, hasta ahora privativo de las iglesias, de perdonarse los pecados a sí mismos.

La nueva era atómica
Rafael Bardají Gaceta.es 7 Septiembre 2017

Cuando estudiaba me enseñaron que en el mundo de los estudios estratégicos, dejando al margen las modas efímeras, hay cuatro temas que tienden a repetirse cíclicamente.

Uno de ellos parece ser el de las armas nucleares. Durante las décadas de Guerra Fría, el orden bipolar fue, esencialmente, un orden nuclear. La capacidad de destruirse mutuamente, obligó a moderar las ambiciones de las superpotencias, particularmente de la expansiva URSS. Las armas atómicas ni se volvieron a emplear tras Hiroshima y Nagasaki y su existencia pasó a ser “existencial”, esto es, que se tenían para disuadir, no para ser empleadas. Disuadir al otro de no hacer algo. Los sistemas atómicos, por su propia destructividad, pasaban a ser el garante de la estabilidad. Aunque dicha estabilidad a veces fuera frágil y fuera rehén de contratiempos tecnológicos. La Asociación de Científicos Atómicos –antinucleares a pesar de su nombre- diseñó un reloj del día del juicio final y mantuvo durante años a la humanidad a pocos minutos del apocalipsis.

Exagerado o no, lo cierto es que con la desaparición de la URSS en 1991, el mundo creyó superado el enfrentamiento Este-Oeste y con él, la centralidad de las armas nucleares. Psicológicamente pasamos de una era nuclear, a un mundo post-nuclear. Nadie volvió a preocuparse por disponer de un refugio atómico ni a temer un ataque nuclear. Como si las armas atómicas se hubieran desvanecido de la faz de la tierra.

Desgraciadamente, no de toda la tierra, como bien sabemos ahora. Mientras los occidentales celebrábamos los llamados “dividendos de la paz” con el cierre de bases militares, reducción de fuerzas armadas y descalabro de los presupuestos de defensa de manera generalizada, India y Pakistán agudizaron sus respectivos apetitos estratégicos con sendas rondas de ensayos nucleares en 1998 a la vez que Corea del Norte e Irán realizaban pruebas de misiles de medio alcance cuyo único sentido sólo podía ser albergar una cabeza de destrucción masiva. No lo vimos en ese momento, pero más tarde sabríamos que Libia estaba inmersa en un avanzado programa de enriquecimiento de uranio con fines militares.

¿Pero por qué una nación se esforzaría en desarrollar un arsenal nuclear, con lo costoso que es y con el riesgo de enfrentarse a la comunidad internacional? Pues bien, cuatro han sido las motivaciones que han estado detrás de cada programa nuclear: la primera, una cuestión de prestigio político, ser parte del club de los pocos, privilegiados y poderosos. Contar con armas atómicas le otorgó a Francia, y al Reino Unido por ejemplo, un status internacional muy por encima de sus posibilidades reales; en segundo lugar, como herramienta diplomática para extraer concesiones de otros países o la comunidad internacional.

La existencia de un programa nuclear le ha servido a Irán para recuperar miles de millones de dólares congelados en bancos extranjeros y librarse de un embargo tecnológico, entre otra serie de cosas, a cambio de paralizarlo temporalmente; en tercer lugar, un arsenal atómico se cree que “santuariza” al régimen que lo posee, es decir, que nadie en su sano juicio va a poner en peligro su continuidad si sabe que va a recibir un castigo nuclear devastador por ello. También se cree, como en el caso de Gadafi, que quien se deshace de las armas nucleares, queda expuesto a ser despojado del poder violentamente; y, en cuarto lugar, las armas atómicas se quieren para compensar deficiencias en las capacidades de defensa convencionales o situación es estratégicas muy desventajosas. Si se trata de armas poco sofisticadas, como represalia final tras encajar un ataque mortal o, si son modernas y tácticas, para cambiar el equilibrio en el campo de batalla.

Aunque los españoles somos campeones en reírnos de las situaciones más dramáticas y los memes relativos a Kim Jong-un es lo que domina en las redes sociales, la realidad es que Corea del Norte plantea un grave problema estratégico. Clinton supuso durante años que los líderes de Pionyang sólo buscaban extraer concesiones económicas y comerciales, amenazando con un programa nuclear que nunca acabaría en bomba. Cuando las evidencias destrozaron su visión del problema y se supo que Corea del Norte sí estaba desarrollando un arma nuclear, no se atrevió a hacer nada. El Presidente Bush se encontró ya con un país que estaba instalado en la senda nuclear, produciendo material fisible para cabezas nucleares e intentó montar un frente internacional, incluyendo a China, para presionar a los norcoreanos y que abandonaran sus ambiciones atómicas., en Vano. En 2013 Corea del Norte realizó su gran tercer ensayo nuclear bajo los ojos de un Obama desinteresado por el futuro de la península. Las sanciones no habían dados sus frutos y seguir confiando en ellas fue un ejercicio de puro escapismo. Que el que venga tras de mi, apechugue, fue su filosofía.

Habrá muchos que vean cualquier intento no diplomático de eliminar el programa atómico norcoreano como una locura arriesgada que puede llevarnos a una guerra atómica si sale mal. Y en las cuestiones militares, como bien sabemos, todo tiende a salir si no catastróficamente mal, sí como nunca se habían planificado. Con todo, el verdadero problema vendrá de la mano de una Corea del Norte nuclearizada y con capacidad de proyectar su poder atómico a larga distancia. Por una sencilla razón: porque no sabemos cómo entiende Corea del Norte la utilidad y el potencial uso de sus armas atómicas. No parece que responda su ambición al deseo de prestigio ni tampoco a la negociación diplomática para extraer concesiones. Con lo cual, cabe imaginar que la preservación de su régimen despótico sí está presente. Que entienda las armas atómicas como utilizables en el campo de batalla es una posibilidad que no se puede descartar.

El presidente Trump ha afirmado que todas las opciones están sobre la mesa y que cualquier amenaza directa por parte de Corea del Norte se encontraría con una respuesta devastadora como nunca antes se ha visto. Yo no se si ejecutará en algún momento sus palabras pues depende de lo que a su vez haga Kim Jong-un. Pero sí se que hay algo muy claro para los planificadores militares americanos: de tener que recurrir al uso de la fuerza, mejor antes de que Corea del Norte pueda llegar con sus armas a suelo americano.

La crisis actual es mala; la crisis del mañana será pésima.

RECETAS PARA LA ECONOMÍA ESPAÑOLA (VI)
Lacalle-Escohotado: la libertad ha generado una riqueza enorme
Sexto vídeo con las reflexiones económicas surgidas entre el economista liberal y el filósofo.
E.E. El Espanol 7 Septiembre 2017

Sexta entrega y final de la serie de vídeos que hemos estamos publicando durante el verano en EL ESPAÑOL con lo más destacado de una larga conversación en la que el economista liberal Daniel Lacalle y el filósofo y autor de la trilogía dialogan sobre el capitalismo y la libertad del mercado Antonio Escohotado, en la que aportan sus reflexiones y recetas para el futuro de la economía española.

En este último capítulo, Lacalle y Escohotado reivindican la importancia histórica del capitalismo ante las críticas que atribuyen como errores de este sistema a decisiones intervencionistas. Los interlocutores recuerdan que el capitalismo ha existido siempre y que, cuando ha comenzado a desplegar las alas de la libertad, ha generado una riqueza enorme.

Lacalle indica que no se puede culpar al capitalismo de los errores de los gobiernos intervencionistas. “Se llama como errores del capitalismo a una decisión consciente de forzar una demanda artificial, vía bajada brutales de tipos de interés o aumentos enormes de la liquidez. Y luego dicen que la culpa es del mercado”, apunta.

Por su parte, Escohotado recuerda que el capitalismo ha estado siempre presente en la historia de la humanidad. “Yo no le llamaría capitalismo, le llamaría realidad fundada en que la iniciativa y que, por tanto, al ceder el despotismo generalizado que ha estado reinando en la humanidad, ha empezado a mover sus alas. Y esas alas que son las espíritu y el amor han generado una riqueza enorme”.

Planificación estatal y gasto público
En el primer vídeo que publicamos, Daniel Lacalle y Antonio Escohotado hablaron sobre el peligro de que el gasto público se transforme en gasto político o “ideológico”. Los dos interlocutores también charlaron sobre la burocracia y los problemas que ésta genera en las economías cuando se convierte en un actor principal del Estado.

En el segundo episodio de estas conversaciones intercambiaron ideas sobre planificación estatal, el valor de la iniciativa individual y la globalización. Para el economista liberal y el filósofo, la planificación estatal y supranacional es un freno al desarrollo individual como fuente de riqueza.

Control monetario y fracasos históricos
La tercera parte de estas conversaciones se refirieron a la “tentación colectivista”, es decir, a la necesidad que tienen determinados sectores de la sociedad de aplaudir o de querer vivir bajo el control de un régimen centralizado. Para ellos, un buen ejemplo actual es el apoyo al régimen de Nicolás Maduro en Venezuela, de parte de partidos políticos españoles como Podemos.

En el cuarto vídeo publicado analizaron las políticas de control monetario llevadas a cabo por los gobiernos colectivistas. Para Lacalle y Escohotado este tipo de medidas, consistentes en fijar precios por decreto, son totalmente contrarias a cualquier lógica económica ya que en definitiva solo consiguen “la expropiación vía monetaria de la economía completa”, es decir, empobrecer a todo el mundo y a la economía en general.

En la quinta entrega se refirieron a la serie de fracasos históricos de las de las las experiencias socialistas e intervencionistas de la economía y en el interés de los que apoyan estos modelos de gobierno en “decretar la amnesia”, para que el resto del mundo se olvide de estas fallidos proyectos.

MOVILIZACIÓN PARA APLICAR EL 155
Abascal exige a Rajoy que ‘tome el mando’ en Cataluña y suspenda la autonomía
La Gaceta  7 Septiembre 2017

El presidente de VOX, Santiago Abascal, ha participado este miércoles en una concentración frente a la Delegación del Gobierno en Barcelona para dejar claro que “la única solución contra el golpe separatista es aplicar el artículo 155”.

La movilización, convocada por los partidos VOX y Unidos Sí y las entidades Associació Cultural pel Progrés, Convivencia Cívica Catalana y Somatemps, ha exigido al Gobierno actuar contra el referéndum ilegal que Carles Puigdemont y sus socios separatistas quieren celebrar el próximo 1 de octubre.

Durante el acto se ha leído un manifiesto en defensa de la unidad de España y de la necesidad de que se apliquen las leyes contra los secesionistas, empezando por la aplicación de la Constitución, concretamente el artículo 155.
Vox se querella contra la Mesa del Parlamento catalán y contra miembros del Gobierno regional

VOX ha presentado una querella en el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña contra los miembros de la Mesa del Parlamento de Cataluña y del Gobierno de la Generalidad una vez se ha conocido que este miércoles se ha acordado por la citada Mesa del Parlamento -a excepción de su secretario general, que se ha negado a firmar dicho acto ilegal- la admisión a trámite por la vía de urgencia de la ley de referéndum, con la que se pretende dar una apariencia de legalidad al Golpe de Estado en Cataluña previsto para el próximo 1 de octubre.

Los delitos que denuncia VOX en su querella son los de prevaricación, tipificado y penado en el Art. 404 del Código Penal; usurpación de atribuciones y funciones, tipificado y penado en los Art. 402 y Art. 506 del Código Penal; desobediencia a la autoridad judicial, tipificado y penado en el Art. 410 del Código Penal; conspiración para cometer rebelión, tipificado y penado en el Art. 472 en relación con el Art. 473, ambos del Código Penal; sedición en grado de tentativa, tipificado y penado en el Art. 544 en relación con el Art. 545.1 y Art. 548, todos ellos del Código Penal; y de malversación de caudales públicos, tipificado y penado en el art. 432 del Código Penal.

La querella que ha sido presentada por los servicios jurídicos de VOX relata hechos que podrían ser constitutivos de delitos sancionados con penas de hasta veinticinco años de prisión, e inhabilitación absoluta para cargo o empleo público por el mismo período, así como multas pecuniarias.

Santiago Abascal, presidente de VOX, ha declarado que: “El Gobierno se ha convertido en una inmóvil estatua de sal frente a la ventanilla del Tribunal Constitucional”.

“VOX pretende con esta querella parar el golpe de Estado en Cataluña con la Ley en la mano, algo que Mariano Rajoy no se atreve a hacer, como es su obligación, aplicando el artículo 155 de la Constitución. Es urgente devolver a Cataluña la normalidad democrática, por eso desde VOX actuamos con las herramientas que tenemos a nuestro alcance y exigimos al Gobierno que haga lo mismo con las suyas, aplicando la Constitución y hacienco cumplir el Código Penal”, ha afirmado.

Santiago Abascal ha añadido que si el presidente del Gobierno no actúa de manera inmediata perderá toda legitimad: “Por su culpa, el Estado ha caído en la pasividad jurídica, política y democrática para reaccionar contra el golpe de Estado a plazos que estamos viviendo en Cataluña”.

El presidente de VOX ha denunciado que “la impunidad con la que se trata a los separatistas es, además de un ataque a la unidad de España, una clara discriminación a los ciudadanos que pagan sus multas y a los que se les aplica la ley sin contemplaciones”.

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Firmeza ante el golpe totalitario del separatismo
EDITORIAL El Mundo 7 Septiembre 2017

El independentismo perpetró ayer en el Parlament un gravísimo golpe al Estado de Derecho al aprobar, vulnerando las garantías democráticas, la ley del referéndum ilegal con el que quiere sustentar la quimera de su república. La imagen de los diputados separatistas con el puño en alto cantando Els Segadors resultó espeluznante. Y la escenificación del Govern firmando en pleno el decreto de convocatoria, un desafío inaceptable. Al situarse deliberadamente al margen de la ley, Junts pel Sí y la CUP, con la complicidad de Podemos, han dado «una patada a la democracia», en atinadas palabras de la vicepresidenta del Gobierno. Una agresión totalitaria que exige una respuesta contundente y coordinada de todos los poderes públicos. Ante la ciega obcecación de los secesionistas, el Estado debe actuar con ley, serenidad y firmeza. Ley contra la usurpación de la soberanía al pueblo español. Serenidad frente a la provocación de los golpistas. Firmeza ante un órdago, ya explícito, a nuestro Estado de Derecho.

El Parlament se convirtió ayer en el escenario de una rebelión de los separatistas comandada por la presidenta de la Cámara, Carme Forcadell. Sin contar con una mayoría de votos en las urnas, los secesionistas se escudaron en su mayoría de escaños para consumar su golpe. Intentando disfrazar el Pleno con la solemnidad propia de un acto en el que se iba a aprobar el texto fundacional de su república orwelliana, el Parlament aprobó sus leyes para la desconexión saltándose todos los procedimientos de garantías democráticas.Por la vía urgente, ocultando quién ordenó publicar los textos en su Boletín Oficial del Parlamento y obstaculizando la presentación de enmiendas de los grupos parlamentarios que no comparten su doctrina. Así se consumó el alzamiento totalitario de quien quiere sacar a Cataluña de la ley para someter el poder judicial, con el fin de amnistiar a sus fieles encausados en procesos judiciales, y controlar los medios de comunicación para imponer su pensamiento único.

La respuesta por parte del aparato del Estado a este atropello a los derechos parlamentarios que denunció la oposición constitucionalista no se hizo esperar. La Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña anunció una querella contra los cinco miembros de la Mesa del Parlamento autonómico, encabezados por Forcadell. También, desde el Gobierno central, la vicepresidenta compareció en Madrid para anunciar que el presidente, Mariano Rajoy, ha puesto en marcha la maquinaria jurídica para frenar los textos que el Parlament aprobaría horas después.

El Estado debe extremar su alerta y actuar con frialdad ante la premeditada provocación a nuestra democracia del independentismo. Para ello, el Gobierno debe contar con el respaldo de toda la oposición constitucionalista. Ante el desafío al que nos enfrentamos, debe pesar más lo que une a quienes acatamos la Constitución que lo que nos separa. En este punto, es obligado resaltar la simbólica intervención del portavoz de Catalunya Sí Que es Pot, Joan Coscubiela, en la sesión de ayer, en la que denunció la «actuación antidemocrática sin precedentes» de los secesionistas y no se acomplejó por los aplausos que recibió desde las filas del PP, PSC y Ciudadanos.

Junto a las fuerzas políticas, el Ejecutivo debe coordinar su respuesta con una rotunda actuación de los órganos judiciales, el Tribunal Constitucional y la Fiscalía. Los pasos ya dados, como el control del Presupuesto desde el Ministerio de Hacienda, para evitar que su causa separatista se financie con recursos públicos, o la millonaria fianza de cinco millones de euros que ha impuesto el Tribunal de Cuentas a Artur Mas y sus colaboradores en el 9-N van en la buena dirección. Hasta ahora se ha actuado con mesura. Pero la línea roja que cruzó ayer el Parlament va a exigir nuevas respuestas, entre las que aún estamos a tiempo de contemplar el recurso al artículo 155.

Superar la fractura social en Cataluña no será fácil. Lo prioritario es parar el golpe tiránico de los secesionistas. Después se abrirá el tiempo en el que la política tendrá que actuar con altura de miras para ayudar a la sociedad catalana a coser sus fisuras. El tono bronco y extremadamente tenso en el que se desarrolló el Pleno de ayer no es más que el fiel reflejo de la división que se vive en la calle y que quedó en evidencia en la manifestación contra los terribles atentados de Barcelona y Cambrils este agosto, cuando el ruido separatista intentó acallar el clamor de los barceloneses por la paz.

No nos engañemos. Curar las heridas provocadas por las lanzas separatistas no será fácil.La vicepresidenta no exageró ayer cuando afirmó que enCataluña «ha muerto la democracia». Es vital que PP, PSOE y C's trabajen unidos para que la ley y la cordura regresen al Parlament.

Camino (acelerado) de un nuevo 6 de octubre de 1934
Jesús Cacho www.vozpopuli.com 7 Septiembre 2017

Tras cinco años de agotador bombardeo por parte del independentismo catalán, martilleo que ha dejado exhausta a gran parte de la población, no solo en Cataluña sino en el resto de España, no deja de producir un cierto alivio lo ocurrido ayer en el Parlament. Por fin parió la burra, que dicen en mi pueblo. Por fin se pasa de las palabras a los hechos. Por fin los independentistas hacen valer su rodillo y se lanzan a aprobar las leyes ilegales. Leyes redactadas en secreto, que no se pueden debatir ni recurrir y que derogan a las bravas toda la legislación anterior. Esto ha pasado. Ya están fuera del Estado de Derecho, y lo están clara, explícita y conscientemente. Ahora llega la hora del Estado, el momento de aplicar la Ley con toda su contundencia y todas sus consecuencias.

Tremendo el espectáculo que ayer nos ofreció el Parlamento de Cataluña, con la mayoría indepe pisoteando los derechos de la oposición y, por extensión, los de millones de catalanes que siguen negándose a “combregar amb rodes de molí”. Ayer la mayoría independentista se ciscó una vez más en todo tipo de leyes, normas y reglamentos, empezando por el Estatuto de Cataluña, siguiendo por el propio reglamento de la Cámara autonómica y terminando por esa Constitución del 78 que votó una abrumadora mayoría de catalanes. Por ciscarse se ciscaron en el aviso de los letrados de la Cámara, con el Letrado Mayor y el Secretario General del Parlament respetando la ley y dando una lección a la señora Forcadell, el ariete talibán de este “golpe a la democracia” como acertadamente lo definió Albert Rivera, este golpe de Estado largamente anunciado que coloca a España ante una de esas piedras miliares que jalonan siglos de atribulada historia.

Lo de ayer en el parlament de Cataluña fue de vergüenza ajena, sí, pero fue mucho más que eso. Porque los golpes de Estado no son batallas florales, ni concursos de castells, ni campeonatos de bertsolaris. Por golpe de Estado entendemos el intento, por parte de militares rebeldes y/o civiles sediciosos, de toma del poder político de forma violenta, vulnerando la legitimidad institucional establecida en un Estado. Un punch protagonizado por una minoría conculcando derechos y libertades de la mayoría. Lo de ayer en el parlament nos coloca, por eso, a las puertas de un conflicto que inevitablemente será violento y muy probablemente comportará el derramamiento de sangre. Ninguna revolución se ha saldado con claveles en el cañón de los fusiles, salvo aquella peculiar portuguesa propiciada por el desplome de un régimen que se caía a pedazos como fue el de Salazar. Hablar en términos pacificadores sería engañar, jugar al “aquí no pasa nada” al que ha estado apostando el Gobierno Rajoy durante los últimos seis años, los cuatro primeros con mayoría absoluta. Aquí están pasando muchas cosas. Y todas muy graves.

Caminamos aceleradamente hacia un nuevo 6 de octubre de 1934. Lo ocurrido aquel día trágico es de sobra conocido. Al caer la tarde, el presidente Companys, escoltado por sus consellers, salió al balcón del palacio de la Generalitat para pronunciar el discurso de proclamación del Estat Català. Lo que hizo a continuación fue llamar al general Domingo Batet, máxima autoridad militar en Cataluña, para ordenarle que se pusiera a sus órdenes. Tras escuchar la alocución de Companys, el director del diario La Vanguardia, Agustí Calvet, el famoso Gaziel, se mostró consternado. Vale la pena reproducir su comentario: “Es algo formidable. Mientras escucho me parece que estuviera soñando. Eso es, ni más ni menos, una declaración de guerra. ¡Y una declaración de guerra —que equivale a jugárselo todo, audazmente, temerariamente— en el preciso instante en que Cataluña, tras siglos de sumisión, había logrado sin riesgo alguno, gracias a la República y a la Autonomía, una posición incomparable dentro de España, hasta erigirse en su verdadero árbitro, hasta el punto de poder jugar con sus Gobiernos como le daba la gana! En estas circunstancias, la Generalidad declara la guerra, esto es, fuerza a la violencia al Gobierno de Madrid, cuando jamás el Gobierno de Madrid se habría atrevido a hacer lo mismo con ella”.
Está en juego España, no solo Cataluña

A Batet le bastaron menos de 24 horas para reducir a los sediciosos. He aquí parte de lo que dijo en su discurso radiado a la mañana siguiente: “Catalanes y españoles, breve ha sido la jornada de esta noche. (…) Después de mucho rato de tiroteo entre las fuerzas de la República y los elementos adictos a la Generalidad, que pudo emplear otros procedimientos en defensa de ideales que no deben apoyarse en la fuerza, el Gobierno de la Generalidad telefoneó al Estado Mayor de la División, diciendo que comprendía era inútil continuar la resistencia y ofreciendo rendirse. Como los rebeldes me habían aislado se empleó algún tiempo en dar a la fuerza de mi mando las órdenes oportunas, y por eso la lucha ha continuado más tiempo del necesario. Es lastimoso lo ocurrido. Yo lo siento como catalán, primero, y como español, después. En un régimen de democracia, que tiene abiertos todos los caminos para todas las aspiraciones que se encuadran en el Derecho, ¿qué necesidad tenían de acudir a la violencia, de traer tan graves trastornos a la región que ellos dicen amar, y que yo amo más que ellos?”

“Mis labios, que no se han manchado nunca con la mentira, os dirán ahora la verdad”, prosiguió Batet. “Ahora somos dueños absolutos de la situación”. Cinco años de inmisericorde bombardeo de mentiras ante la inacción del Gobierno han terminado por llenar de dinamita un barril que cualquier cerilla intencionada puede hacer estallar por los aires causando innumerables destrozos. Con que una mínima parte de tropa cupera antisistema que desde hace muchos años se ha hecho fuerte en Barcelona se lo proponga, esto no saldrá bien. En la fracasada rebelión de octubre de 1934 murieron 46 personas y más de 3.000 fueron encarceladas. Nada me gustaría más que por una vez se hiciese realidad la conocida frase de Marx según la cual “La historia se repite dos veces: la primera vez como tragedia y la segunda como farsa”. No lo creo. Insisto, el golpe de Estado que ayer puso en marcha el Govern no saldrá gratis. Las heridas serán múltiples y duraderas. Al pusilánime Gobierno Rajoy no le queda más remedio que reaccionar, con toda la fuerza legítima que el Estado pone a su disposición, en defensa de la legalidad constitucional. No es Cataluña: es España lo que está en juego. Es la paz, primero, y las libertades, después, lo que ahora se dilucida, con su correlato de riqueza, ese aditamento de prosperidad que ha hecho de este país, a pesar de los pesares, el mejor lugar del mundo en el que vivir y soñar. Esto es lo que está en juego.

Toca abortar la república bananera de Cataluña
Editorial El rugido del león El Espanol 7 Septiembre 2017

El esperpento vivido en el Parlament de Cataluña con la tramitación de la ley de convocatoria del referéndum separatista se recordará en el futuro con la misma mezcla de desprecio y pitorreo con que se evoca el chapucero intento de golpe de Estado de Tejero. Carme Forcadell no viste uniforme, pero su despotismo marcial nada tiene que envidiar al de un sargento chusquero. En un pleno insólito y tras cerca de diez horas de un espectáculo sin precedentes, también se admitió a trámite esta madrugada la ley de transitoriedad jurídica y fundacional de la república, la principal ley de desconexión con le Estado impulsada por JxSí y la CUP.

El Gobierno español tiene fácil desmontar todas las campañas internacionales organizadas por la Generalitat para reclamar el derecho a decidir, la última -tal y como hoy informamos en EL ESPAÑOL- invocando el genocidio de Kosovo en favor de la consulta independentista. Para zanjar la cuestión, al Ejecutivo le bastaría con enviar a todas las cancillerías un vídeo con el resumen de lo acontecido este miércoles en el Parlament.

Un rodillo antidemocrático
Fue ridículo ver cómo la presidenta de la Cámara se esforzaba por tratar de colar como plenamente democráticos el pisoteo de los derechos de los diputados, el desprecio del informe preceptivo del Consejo de Garantías Estatutarias, la suplantación de los funcionarios de la Cámara, el salto a la torera de los plazos establecidos, el hurto de tiempo para el debate, el intento espurio por transformar las enmiendas a la totalidad en enmiendas de supresión, la ocultación de información al Pleno...

Carme Forcadell y la Mesa del Parlament actuaron como un rodillo. No se molestaron siquiera en guardar las formas y la apariencia de legalidad. Después de haberse hartado de dar lecciones de democracia, después de haberse jactado de lo bien que funcionará la República catalana en contraste con lo que consideran baja calidad democrática del Estado, actuaron exactamente como lo haría el legislativo de una república bananera.

Firmeza frente al desafío
Pero lo trascendente ahora es que las autoridades catalanas han pasado ya de las palabras a los hechos, y al hacerlo han cruzado las líneas rojas que de forma inexcusable obligan a intervenir al Estado de derecho. Todas las vías están abiertas y no hay que descartar ninguna: desde incautar las urnas llegado el momento, a suspender en sus funciones a quienes vulneran la ley o a actuar penalmente contra ellos. Lo inteligente es hacerlo con sentido de la medida y desde el consenso, pero con la firmeza que requiere este desafío.

Puigdemont, Junqueras y Forcadell han preferido dejar de ser las primeras autoridades de Cataluña para convertirse en jefes de una banda de delincuentes. Como tales hay que tratarles.

Golpe de Estado en Cataluña
Enrique Arias Vega latribunadelpaisvasco 7 Septiembre 2017

Una simple mayoría parlamentaria (que no social) aprobó ayer la Ley del Referéndum, con la que pretende la ruptura de España en poco más de tres semanas. Tan segura está de su éxito, que otra Ley, la de Transitoriedad Jurídica, regula cómo será esa Cataluña independiente e idílica el día después.

Salvando el tiempo, la geografía y la convulsión de la época, lo de ayer me recuerda, qué quieren que les diga, a la Alemania de 1933, un país culto y refinado que cayó en manos de Adolf Hitler, seguramente porque el presidente Von Hindenburg, que lo despreciaba, creyó como gran parte de sus paisanos, que él les traería prosperidad, paz y justicia. Lo primero que hizo el nuevo canciller es declarar a la bandera de su partido representativa del conjunto de Alemania, como sería hoy si la estelada llegase a representar a todos los catalanes.

La bandera de la estrella acuartelada, por cierto, es un invento tan reciente como de 1908 por el autor de la revista La Tralla, Vicenç Albert i Bellester, con plaza dedicada en Barcelona y que solía firmar con el acrónimo Vicime (Visca la Independència de Catalunya i Mori Espanya). Consiste, ya lo saben, en añadir una cruz azul, según su versión, a la senyera cuatribarrada del antiguo Reino de Aragón, bandera oficial de la autonomía de Cataluña desde la primera Generalitat, en 1932.
Pero todo eso es historia, lo mismo que el que la mayoría de alemanes llegasen a apoyar entusiásticamente a un nazismo que al principio les trajo bienestar a costa de judíos, oponentes políticos y otros grupos sociales hasta que acabó con el país y dejó un saldo de 60 millones de muertos en todo el mundo.

El problema hoy todavía no es ése; la cuestión, simplemente, es que se veía venir al menos desde hace una decena de años. Servidor ya publicó un libro recopilatorio de artículos en 2009, que mereció la critica de bastantes y que llevaba el enfático y paradójico título de España y otras impertinencias, y cuyas tesis siguieron luego en un texto de 2014 (Cataluña o la hora de Europa), en el que se leía “Hace 35 años, apenas si había un dos por ciento de separatistas en Cataluña; hoy rondan el 60%. ¿Qué ha pasado?: que se les ha dado barra libre para monopolizar la escuela, los medios de comunicación, el mundo editorial… y recrear así un pasado mítico independentista y la promesa de una Arcadia feliz, libre de la opresión española. ¿A quién no le agrada tan bucólico panorama? Era en aquel tiempo pasado cuando podía haberse puesto coto fácilmente a tanta falsedad y a tanto engaño”.

En otro artículo de 2013 (La balcanización de España), ya se había dicho que “uno da por descontada la inevitable e irreversible —también indeseable— secesión de Cataluña del resto de España. Dicho suceso, por supuesto, inicialmente será perjudicial para todos sus protagonistas, para unos más que para otros, y llevará a una probable disgregación del conjunto del país, al modo de la Rusia post-soviética, al haber perdido el eje vertebrador que supone hoy día Cataluña. Si esta hipótesis llega a suceder, el no haberla previsto antes, el haberla alentado incluso por ignorancia, incompetencia o cobardía, quedará para siempre como estigma de la clase política actual, una de las más egoístas, torpes y banales de la reciente —y a veces atormentada— historia de España”.

Ya ven si el asunto era previsible. Ahora, me temo, ya es demasiado tarde como para evitar una indeseable confrontación y el estallido de una violencia larvada pero evidente.

La vergüenza
ARCADI ESPADA El Mundo 7 Septiembre 2017

Aún hay quien se pregunta por qué los nacionalistas no detienen su carrera -y la nuestra- hacia el abismo. La respuesta la dio ayer la sesión del parlamento catalán que acabó con 36 años de autogobierno. Solo es la vergüenza. La sesión fue el concentrado obsceno de cinco años devastadores. No es que ayer el nacionalismo perdiera el respeto a los ciudadanos, algo que lleva haciendo desde el principio de las hostilidades. Es que perdió el poco respeto que aún podía tenerse a sí mismo. En lo económico, el nacionalismo ha acabado como Pujol: como un corrupto. En lo político, ha acabado como el parlamento de Cataluña: cerrado por derribo. Sobre la intolerancia, sobre el despotismo, incluso sobre la crueldad, puede construirse un nuevo orden. Pero nada puede levantarse sobre la vergüenza, ese lodo movedizo. En los días que van entre la manifestación de agosto y esta sesión parlamentaria, Cataluña ha demostrado al mundo que es un país políticamente ridículo e incapaz. Un país de cobardes y suicidas. Si yo fuera catalán, que ya me quité, iría estos días por las calles pidiendo perdón, aunque fuera a mí mismo, tal es el inexorable compromiso de corresponsabilidad que exige la democracia.

La vergüenza es la única razón por la que los nacionalistas no pueden pactar. Necesitan vencer. La victoria limpiaría su vergüenza. Al fin y al cabo, dirían ya limpios y redimidos en el alba de su República, todos los partos son escandalosos y sucios, y un punto vergonzosos mirados desde cerca. Pero no solo la victoria. También la derrota puede redimirles. Es más, dadas las condiciones objetivas, es decir, dado el poder, la derrota es lo único que puede redimirles. La condición, como en el caso de la victoria, es que se trate de una gran derrota. No la derrota blanda y negociada que quería el melifluo tercerismo. Esa posibilidad no disolvería la vergüenza, sino que la haría más sólida. Se hace imprescindible la organización de uno de esos grandes momentos icónicos, tan ennoblecedores, en que el vencedor arranca las medallas del pecho del vencido.

Así pues, el gobierno democrático tiene una gran responsabilidad. Debe darle a los golpistas la exigente derrota que merecen. Debe dar, en efecto, una salida a Catalunya y debe hacerlo pronto y con contundencia. Catalunya no puede, no debe morir. Y su única posibilidad de supervivencia es que una implacable Derrota funde las bases de un nuevo relato victimista capaz de durar otros 300 años. Solo así Catalunya no morirá y podrá seguir en su fértil estado natural, agonizando.

Ahora no podemos
Cristina Losada  Libertad Digital 7 Septiembre 2017

Hay una discusión sobre la equidistancia. Si es buena o mala. Si es la mejor posición que uno puede adoptar cuando aumenta la presión para elegir entre el Sí y el No. Algún famoso de la tele ha dicho que la equidistancia es la duda. Pues tampoco. En realidad, dan ganas de declararse equidistante en esa discusión. Pero la equidistancia no es buena ni mala en sí. Como tantas veces decimos los gallegos, y tanto se nos reprocha, depende.

A lo que iba. Mientras en el Parlamento de Cataluña se hacía caso omiso de la Constitución, de la ley y de su propio reglamento para sacar adelante una supuesta ley para celebrar un "referéndum de autodeterminación"; mientras se ignoraban las advertencias de secretario y letrados de la Cámara; mientras se bloqueaba a la oposición, se le concedían un par de horitas para presentar enmiendas –ojo, ninguna a la totalidad– y se impedía que solicitara el dictamen del Consejo de Garantías Estatutarias; mientras tenía lugar esa cadena de atropellos a la ley y a la democracia, sólo había, entre los partidos no separatistas, uno que prefería mirar para otro lado y hablar del tiempo.

Y del tiempo pasado. Porque Iglesias Turrión se acordó justo durante esas horas de la boda de la hija de Aznar, de hace tres lustros o así. Gran gag sobre la Gürtel, siempre de actualidad. No falla. A la vez, su partido, especialista en pronunciarse en las redes sociales, estaba tan ocupado en denunciar males como la precariedad laboral, el racismo o la violencia machista, que no tenía un hueco para referirse al abuso que estaban perpetrando Juntos por el Sí y la CUP en el Parlamento catalán. Bueno, Xavier Domènech sí se pronunció. Lo hizo para negar que el PP tuviera legitimidad para hablar de democracia, porque "es parte esencial en el origen de lo que estamos viviendo". Y el hombre es profesor de Historia.

Ese era el tema podemita de hoy. ¿Que los separatistas vulneran la ley, se saltan las normas democráticas y las propias reglas del Parlamento autonómico? Vale. Nosotros hablamos del PP. Así, la alcaldesa Colau: "Las multas [del] 9N y lo que pasa hoy en el Parlamento demuestran el fracaso del gobierno de Rajoy". ¿Algo más? De Colau, no. De Albano Dante Fachín, jefe de Podem, la sucursal catalana del partido de Iglesias, sí. Añadió de su cosecha, a la consigna general, que el Parlamento estaba perdiendo el tiempo en un "debate reglamentario" cuando lo que se tenía que decidir era si los catalanes podían votar o no. Leyes y reglamentos, qué pesadez. Qué pesadez y qué estorbo, la democracia con sus normas. La democracia son normas. A Fachín le molestan. A los de las CUP, más que molestarles, les aburren.

La única excepción a ese silbar y hablar del tiempo y del PP fue el portavoz de Catalunya Sí que es Pot, Joan Coscubiela. Aun desde posiciones favorables a un referéndum, peleó contra los abusos. "Se pueden inventar los procesos que quieran, pero hoy se han inventado el proceso bucanero", dijo en el Pleno. Ya había advertido de que lo que querían hacer los independentistas dinamitaba la legalidad catalana. Pero el diputado de su grupo en la Mesa había dado previamente su aprobación al trámite bucanero en cuestión. Coscubiela, de Iniciativa y del viejo PSUC, viene de otra escuela y de otra época. Le tiene que resultar difícil convivir políticamente con podemitas y comunes. Parafraseando a Sartori, con el marxismo se puede debatir, pero con la nada o la hipocresía es imposible.

La nada y la hipocresía. En ambas está Podemos. También ante el desafío separatista. Su vocación de acabar con lo que llaman "el régimen del 78", esto es, con la democracia española, les llevaría a secundar la ruptura pretendida por los separatistas, si no fuera porque eso los convertiría en meros subalternos del separatismo catalán. Y si no fuera porque tienen votantes que no comulgan con el nacionalismo. Así, han tenido que inventarse que apoyan lo del 1-O como "movilización". No, no es equidistancia. No es un punto medio, fruto de un intento por llegar a una posición aceptable para todas las partes. Esa posición, en una democracia, no podrá implicar en ningún caso la vulneración de las normas democráticas. Normas y reglas, uf. España, bah. Está claro. Cuando hay que defender la democracia, cuando hay que defender España, cierran el chiringo y cuelgan el cartel de "Ahora no podemos".

Cataluña y los "cornudos y apaleados"
Antonio García Fuentes Periodista Digital 7 Septiembre 2017

Pienso que la mayoría de españoles estamos ya hasta los cojones de los separatistas y en especial de los catalanes; puesto que pese a la constitución, siguen dando “porculo” día sí y día también; y el llamado a cortar por lo sano, o sea el gobierno de España, da largas y largas y sobre todo, dinero y dinero, que pagamos “los cornudos y apaleados”, que somos el resto de españoles. ¿Habrá que emplear lo que hace ochenta años empleó la tan cacareada república española y que era de “izquierdas”? Pues aun así, terminó instalando cañones y cañoneando el propio palacio de la generalidad catalana, deteniendo a “la camarilla rebelde y sus fuerzas armadas” y restituyendo la soberanía nacional, como constitucionalmente ha de ser, si no hay solución pacífica antes. ¿Por qué traga tanto el actual gobierno y los anteriores? Inexplicable salvo que empleemos la palabra cobardía.

Como el español en general “sabe mucho más de deportes y de toros o de mil chuminadas más que de su propia historia”; no toma conciencia de lo que al final nos afectará y afecta ya a todos; por ello no se manifiesta y espera idiotamente que todos sus problemas se los solucione el político de turno, el que como siempre ocurre aquí, los únicos problemas que soluciona son los que a él le afecten, el resto se los pasa por “los guevoncios” y deja correr el tiempo que dice que él lo soluciona todo y en ello el actual (Rajoy) es maestro inconmovible y así nos va.

Como aún hay españoles que de verdad lo son, que son estudiosos e inteligentes y además tienen la dignidad necesaria, escriben dando la cara y nos dicen lo que sigue…
“La causa más relevante de que España se encuentre cada día más desvertebrada y empobrecida es que tenemos la clase política más ignorante, antipatriota y corrupta de nuestra historia. En palabras de Antonio García Trevijano, el más grande pensador político español de todo el siglo XX, “el régimen del 78 supuso el triunfo de la cobardía y la deshonestidad. La cobardía no camina en solitario, siempre se apoya en el bastón de la ignorancia, y esta produce necesariamente irresponsabilidad. Y no solo del Gobierno y de la clase política en su conjunto, sino de la casi mayoría de los gobernados”. No en vano, el prestigioso semanario alemán 'Der Spiegel' afirma que “España tiene la peor clase política de Europa”.

En su conocido libro 'Guerra y vicisitudes de los españoles', el socialista vasco Julián Zugazagoitia, ministro de la República durante la Guerra Civil, hizo una crónica “por si tiene alguna utilidad para quienes deseen conocer, serena y fríamente, la historia de la guerra”. Aparte de describir con detalle la traición a la República del PNV, lo que permitiría a Franco tomar Bilbao y luego Santander con muy escaso esfuerzo, recoge la opinión de Juan Negrín, presidente del Gobierno de mayo del 37 a marzo del 39, maestro de Severo Ochoa y el hombre más inteligente y honesto de la República, sobre los separatistas catalanes; algo que el guerracivilista, anticristiano y antisemita de Iglesias ignora cómo ignora casi todo, o igual que Sánchez, otro iletrado para quien España, la unidad nacional más antigua de Europa, resulta que es una nación de naciones.

Negrín y Azaña, contra el separatismo
“A la victoria del primer día [en el cruce del Ebro por el ejército republicano] se mezcla la traición de los separatistas de la Generalitat”, clama un Negrín decidido a aniquilarlos, “no estoy haciendo la guerra contra Franco para que nos retoñe en Barcelona un separatismo estúpido y pueblerino. De ninguna manera. Estoy haciendo la guerra por España y para España. Por su grandeza y para su grandeza. Se equivocan gravemente los que otra cosa supongan. No hay más que una nación: ¡España! No se puede consentir esta sorda y persistente campaña separatista, y tiene que ser cortada de raíz. Nadie se interesa tanto como yo por las peculiaridades de su tierra; amo entrañablemente todas las que se refieren a Canarias y no desprecio sino que exalto las que poseen otras regiones, pero por encima de todas esas peculiaridades, España”.

La declaración de guerra al separatismo catalán por parte de Negrín terminaría con estas frases más contundentes aún si cabe: “El que se oponga a la política de unidad nacional debe ser cesado de su puesto fulminantemente. Antes de consentir campañas nacionalistas que nos lleven a desmembraciones, que de ningún modo admito, cedería el paso a Franco sin otra condición de la que se desprendiese de alemanes e italianos. En punto a la integridad de España soy irreductible y la defenderé de los de afuera y de los de adentro. Mi posición es absoluta y no consiente disminución”.
¿Por qué 1714 y no 1640? El 'olvido' histórico del discurso separatista catalán

ALBERTO G. IBAÑEZ
Durante la rebelión de 1640-1652, la independencia de Cataluña fue más ficticia que real, pues pasó de depender de la Corona española a hacerlo de la francesa, que se reveló mucho más terrible
Zugazagoitia subraya a continuación, “el propio Azaña no se hubiera expresado con más vehemencia”. Azaña, que no tenía ni de lejos la categoría humana e intelectual de Negrín —“No cree en nada, carece de fe, todo lo ve perdido. Se interesa, en cambio, en las cosas más mezquinas y menudas. Está en los menores detalles de su comodidad o de su pasión, lo demás no cuenta para él”, decía Zugazagoitia de su jefe y correligionario en 1937—. En este tema, los dos presidentes eran irreductibles y así lo expresaba Azaña: "Yo nunca he sido patriotero. Pero ante estas cosas me indigno. Y si esas gentes van a descuartizar a España, prefiero a Franco. Con Franco ya nos entenderíamos nosotros, o nuestros hijos o quien fuere. Pero esos hombres son inaguantables. Acabarían por dar la razón a Franco. Y mientras, venga poderes, dinero y más dinero".

El responsable de Orden Público, Paulino Gómez, quería encarcelar a la Generalitat al completo. Si el Frente Popular hubiera ganado la guerra, a los separatistas vascos y catalanes a quienes consideraban una banda de traidores y cobardes, después de lo ocurrido en Bilbao, Santoña y Laredo en 1937 y durante la batalla del Ebro en 1938, les habrían pasado a cuchillo. Todo lo contrario que los izquierdistas actuales, solo preocupados en resucitar rencores y resentimientos, unos enanos al lado de aquellos gigantes”. El resto que es de sumo interés entre aquí y léalo.
http://blogs.elconfidencial.com/economia/el-disparate-economico/2017-07-10/negrin-y-azana-acabar-de-raiz-con-los-separatistas_1412170/
Por mi parte y como he dicho en artículo reciente, la idiotez española o de la “masa española” es empecinarse en la ignorancia y no interesarse por la verdad, cosa que es fácil de saber puesto que hoy a medios de sobras para ello, y espera idiotamente que los que “lo manejan” se la muestren, es por lo que termina siendo siempre “el cornudo y apaleado del tiempo en que vive”, cosa que dicho sea de paso lo tiene merecido por su ancestral borreguismo en el que confía más en “el pelotilleo que en su lucha cotidiana por ser individuo independiente y enterado de lo que es y de dónde procede, para caminar a un verdadero Estado de progreso y no esta “mierdecilla” que nos han colocado estos inútiles”.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y
http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes

El diabólico sanctasanctórum catalán
David R. latribunadelpaisvasco 7 Septiembre 2017

Que en Cataluña un grupo de personas pretenda un golpe de Estado, haya conseguido engañar a millones de ciudadanos, no pare de cometer delitos, robe dinero y libertades a espuertas, y todavía no esté en la cárcel es algo muy grave; pero no es lo más grave de todo lo que está ocurriendo. Lo más grave es que el propósito de ese grupo de personas es constituir formalmente, y bajo un pseudo-aparato legal, una dictadura en el seno de la Unión Europe.

El otro día presentaron la "Proposición de Ley de transitoriedad jurídica y fundacional de la República", que según ellos es el elemento previo a la escritura, o no, de una Constitución, que en cualquier caso desarrollaría una todopoderosa Asamblea Constituyente y sería ratificada en referéndum (Art.86).

En sus VII Títulos (el IV "Sistema Institucional" con 6 Capítulos), y 3 Disposiciones finales, nos dan una idea clara de qué modelo de país pretenden, y a lo largo de sus 45 páginas y sus 89 artículos podemos ver cómo el objetivo es la creación de un sistema autoritario; lo que en politología consideramos simple y llanamente una dictadura. En la medida de lo posible recomiendo su detenida lectura en lengua vernácula catalana, y si no es posible, que se lo lea alguien que la sepa y tenga un poco de paciencia, porque el texto es irritante para cualquier demócrata.

Su insistencia en la vigencia de toda la normativa europea y en la continuidad de los tratados internacionales tras la independencia es sorprendente (Art.14 y 15), pero todavía lo es más que den por hecho que "el estado catalán se subrogará en la posición del estado español" (Art.19), por ejemplo a efectos de contratos, convenios, acuerdos firmados, y respecto a "todo tipo de propiedad" (Art.20): cuidado empresarios y particulares; puerta abierta a la nacionalización arbitraria, previa expropiación, de todo aquello que se considere apetecible u oportuno.

Resulta especialmente grave la liquidación de la separación de poderes, concediendo un poder increíble a la Sindicatura Electoral de Cataluña (Art.45, y a la Oficina del Censo Electoral (Art.55), y la prevalencia del "Gobern de la Generalitat" sobre el "Parlament" y sobre un Poder Judicial cuyo máximo órgano, será un Tribunal Supremo que actuará en una Comisión Mixta formada paritariamente por la Sala de Gobierno del TS y del "Gobern de la Generalitat" (Art.70).

Sabido es que sin separación de poderes la democracia no existe. Pues ocurre que estas personas proponen un sistema en el que el Poder Ejecutivo (La Generalitat) está por encima del Poder Legislativo (el Parlament), y con un Poder Judicial (un Tribunal Supremo) sometido al ejecutivo, desde el momento del nombramiento o revocación de sus miembros, y desde su posterior funcionamiento orgánico.

Todo lo relativo a los aspectos financieros (Título VI) se sobrevuela, no solo no se detalla nada sino que parecen considerar que la situación financiera de la nonata República, sería económicamente positiva. Hace 15 días en mi artículo "Cataluña está en quiebra técnica" hice una aproximación al problema de la deuda pública catalana.

Esta proposición de ley se substanciará en un referéndum ilegal, con un censo ficticio, sin determinar niveles lógicos de participación ni porcentaje de votos a validar. Es la destrucción total de la democracia representativa.

Por supuesto, su primera decisión sería decretar una amnistía que abarque a todos aquellos personajes que han delinquido en relación al "procés" y que están imputados en procesos judiciales o inhabilitados.

Esto lo están haciendo un grupo de personas que yo califico de sanctasanctórum diabólico. Y siguen unas pautas organizadas y estructuradas, que persiguen alcanzar unos objetivos definidos midiendo y cuidando los tiempos, no juegan ya con el calendario si no con el cronómetro, siempre analizando con precisión las reacciones del gobierno del Sr. Mariano Rajoy; en pocas ocasiones parecen actuar desde la improvisación.

Algunos dicen que estaría compuesto, desde hace mucho tiempo, por personas como Artur Mas, Francesc Homs, Joan Puigcercós, incluso el mismísimo Lluis Llach, pero les aseguro que al frente está la Asamblea Nacional Catalana (ANC) y el contubernio pseudo-cultural Ómnium (cuya crítica tantos problemas me ha deparado), con Jordi Sánchez y Jordi Cuixart a la cabeza visible (sus respectivos presidentes).

Los miembros de ése sanctasanctórum tienen cuatro denominadores comunes:

1) - Son millonarios.
2) - Odian a España y a todo lo español.

3) - Viven en una realidad paralela que han construido, una espacio-tiempo ficticio.
4) - Son muy ambiciosos y se consideran una especie de "deimos".

Han diseñado un algoritmo defectuoso, cuyas consecuencias escapan incluso al control de sus propios creadores.

Todas las alarmas deberían saltar ante la lectura de esta proposición de Ley, no solo a nivel nacional sino también a nivel internacional y concretamente europeo, y sinceramente creo que muchos catalanes deben "hacérselo mirar", porque partiendo de la base que saben leer un texto en catalán tengo que deducir que o no se lo han leído, o han sido abducidos por los del sanctasanctórum.

La democracia no debe permitir la existencia en su seno de sujetos que están maquinando para destruirla, y que lo hacen desde dentro del sistema y con los instrumentos de los que esa misma democracia les dota. Y debe actuar con absoluta contundencia cuando utilizando esos instrumentos se pretende construir un régimen autoritario.

¡Selva equivocada!
La autora lamenta la falta de liderazgo político y de altura de miras para enfrentarse a los dos grandes desafíos de España: el terrorismo y el golpismo separatista.
Rosa Díez El Espanol 7 Septiembre 2017

Escribe Stephen Covey en su libro sobre los hábitos de las personas altamente efectivas que la diferencia más notable ente liderazgo y administración es que los administradores se preocupan por hacer las cosas y los líderes se ocupan de hacer las cosas que hay que hacer. Y pone un ejemplo clarificador: Un grupo de productores se abren camino por la selva a machetazos seguidos por los administradores que se encargan de que rindan al máximo afilando sus machetes, suministrándoles agua... Pero ese esfuerzo no servirá de nada si no hay un líder capaz de alejarse de la zona de confort, trepar al árbol más alto, otear el horizonte y gritar: "¡Selva equivocada!".

Les invito a que oteen conmigo el horizonte. Entre la maleza de esta intrincada selva que es España encontraremos muchos obstáculos que nos impiden caminar a buen ritmo: la desigualdad entre españoles que crece sin cesar y frena nuestro avance; la corrupción política que parece no tener fin y obstaculiza nuestro progreso; las deficiencias en educación, sanidad y servicios sociales que dificultan seriamente la tarea de despejar el camino... Pero si miramos con atención, desde el árbol más alto, descubriremos que todo esfuerzo será vano si no extirpamos las dos inmensas plantas carnívoras que han invadido todo: el terrorismo yihadista, firmemente enraizado en una importante parte del territorio, y el frenético empuje de unos malos administradores decididos a robarnos la democracia.

Les invito a repasar cómo se han comportado nuestros políticos tras los atentados yihadistas del 17-A ; y luego ya decidirán en qué categoría hemos de colocarles.

Ciertamente hay un nexo entre los atentados terroristas de París, Londres, Berlín, Nantes o Bélgica y los que tuvieron lugar el 17 de agosto en Barcelona y Cambrils: el origen de los autores (todos eran musulmanes yihadistas) y la inocencia y el insoportable dolor de las víctimas. Y hay similitudes en el desarrollo del trabajo de los profesionales de los servicios de asistencia sanitaria, volcados en ayudar a las víctimas y a sus familiares, y en el de los miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad a todos los niveles: central, autonómico y local. También hubo una reacción humana en toda España idéntica a la que llevó a Europa entera a expresar y sentir que todos y cada uno de nosotros éramos París, Berlín o Londres.

Pero ahí se acaban las comparaciones posibles. Mientras que los políticos del resto de Europa reaccionaron ante los atentados consternados por el drama y unidos ante el enemigo común, en España algunos pusieron inmediatamente de manifiesto que las víctimas eran secundarias y decidieron utilizar el atentado para enfrentarnos entre españoles y, sobre todo, para afianzar las posiciones de aquellos que llevan años dedicados casi en exclusiva a alimentar a la planta carnívora con la que pretenden devorar la propia democracia.

Por poner solo un ejemplo, recuerden la cabecera de la manifestación de París, en la que los Jefes de Estado y de Gobierno de las principales democracias del mundo caminaban unidos para honrar a las víctimas y hacer frente al que sabían el enemigo común; y compárenla con la de Barcelona. Recuerden el paisaje de las ciudades tras los atentados: en todos ellos se desplegaron por las calles los hombres y mujeres armados que tiene el mandato constitucional de defender la seguridad de todos los ciudadanos del país; y compárenlo con Barcelona, Cambrils, los controles con un solo coche, las contradicciones, los desmentidos...

Recuerden las palabras de los dirigentes europeos tras los atentados, su claridad al señalar a los culpables, su determinación y su compromiso de ir a por ellos hasta ponerles a todos y cada uno a disposición de la Justicia. Y compárenlas con los discursos del presidente de la Generalitat, de su consejero de Interior, de los dirigentes del secesionismo... empeñados en enfatizar su “excelente” relación con los musulmanes que viven en Cataluña.

Lo que sorprende es que los yihadistas no nos hayan golpeado antes, pues ellos saben (lo vieron el 11-M) que los españoles somos el único país que cuando los terroristas de turbante nos matan, reaccionamos matándonos entre nosotros; aunque, todo sea dicho, eso mismo ya lo ensayamos con los terroristas de txapela: “Algo habrá hecho...”. Lo que es seguro es que a la vista de las las patéticas proclamas de la manifestación de Barcelona: “Vuestras políticas, nuestras muertes”; “No a las guerras”; “El terrorismo no tiene religión. Islam quiere decir paz”; “No a la islamofobia”... no se habrán sentido defraudados.

Las posibles negligencias o errores previos, la descoordinación entre fuerzas y cuerpos de seguridad derivada -o no- de instrucciones políticas de no cooperar, las consecuencias de no tomar decisiones que afectan a la seguridad “solo por si acaso”... son cuestiones sobre las que aún no tenemos respuesta. Pero todo lo ocurrido tras los atentados -salvada la entrega de todas las personas y colectivos que antes cité- es un completo despropósito, impropio de una sociedad que se respete a si misma. ¿Dónde se ha visto a unos dirigentes políticos poner medallas a nadie con las víctimas aún sin enterrar y decenas de heridos hospitalizados? ¿Cómo es posible que los máximos dirigentes de la Generalitat y de los Mossos mintieran sobre las alarmas recibidas? ¿En qué otro país los gobernantes se dedican a culparse entre ellos tras una masacre de estas dimensiones?

Y qué decir del debate político general. Mientras seguían llegando noticias de nuevos fallecidos se reunía la Diputación Permanente del Congreso de los Diputados para exigir la comparecencia del presidente del Gobierno en un Pleno extraordinario. Sus señorías guardaron un minuto de silencio en esa reunión; pero no dedicaron ni un solo minuto a reflexionar sobre lo que habría que hacer para no tener que guardar más minutos de silencio en el futuro. Y dedicaron el Pleno extraordinario a repasar una parte de los actos de corrupción deplorables que lastran nuestra democracia desde hace muchos y que, afortunadamente, ya están en los tribunales de Justicia. Pero sus señorías tampoco sacaron un minuto de su tiempo para ponerse de acuerdo y constituir una Comisión que investigue y determine si hubo fallos en la gestión de la seguridad en Cataluña.

En este clima de mediocridad política en la que los administradores ocupan los asientos reservados a los líderes, no es de extrañar que sus señorías tampoco dedicaran un minuto de su tiempo para juramentarse contra el otro enemigo de la democracia, ese movimiento político sedicioso que ha hecho algo tan estrambótico como aprobar una ley para dar un golpe de Estado. Si el que arrebaten las vidas a víctimas inocentes no les obliga a aparcar sus rencillas partidarias y dedicarse a lo importante, ¿como van a despeinarse sus señorías para actuar contra unos tipos que solo nos quieren arrebatar los derechos de ciudadanía?

Sus señorías están a sus cosas: unos esperan que Rajoy se equivoque actuando; otros desean que se equivoque como suele, no haciendo nada; unos esperan su oportunidad intentando adelantar la jubilación para ver si heredan; otros se preparan para recoger la herencia de lo que quede tras el 1-O... Sus señorías me recuerdan mucho a los patricios y senadores de Roma que seguían tocando la lira mientras los bárbaros llegaban a las puertas de la ciudad.

Se nos acaba el tiempo. Y no se vislumbra un líder capaz de trepar al árbol más alto, otear el horizonte y gritar: “¡Selva equivocada!” . Y lo peor de todo es que nos estamos quedando, literalmente, sin árboles.

*** Rosa Díez es cofundadora de UPyD.

Carta a los gilipollas españoles
Ferrer Molina El Espanol 7 Septiembre 2017

Un día, unos padres que se habían jugado el tipo para que sus hijos pudieran estudiar algunas horas en español, además de en catalán, decidieron abandonar Sabadell. Ganaron ese derecho en los tribunales después de años de litigio y un gran desgaste personal. El Constitucional también les dio la razón. Las sentencias no se cumplieron nunca. Las autoridades españolas consintieron.

Un día, una madre denunció que los manuales de Ciencias Sociales del colegio de su hija en Reus tergiversaban la historia, adoctrinando a los niños en el nacionalismo e incubándoles aversión hacia el resto de España. No se sabe qué ocurrió -siquiera si los hubo- con los informes de los inspectores del Ministerio de Educación. Las autoridades españolas consintieron.

Un día, TV3, la televisión pública catalana, contraviniendo la ley de canales autonómicos, comenzó a emitir fuera de su territorio con el propósito evidente de extender en Baleares y la Comunidad Valenciana la idea de los "países catalanes". Las autoridades españolas consintieron.

Un día, la Justicia determinó que Cataluña debía devolver a su legítimo propietario, el monasterio oscense de Sijena, las decenas de obras de arte que la Generalitat retiene en el Museo de Lérida. Pasan los años y la sentencia no se cumple. El conflicto guarda cierta similitud con el suscitado en torno al Archivo de Salamanca, que sí se desmembró para satisfacer las exigencias catalanas. Las autoridades españolas consintieron.

Un día, empezaron a acumularse graves indicios de corrupción sobre algunos de los principales dirigentes de Cataluña. Los distintos gobiernos de turno decidieron que no se investigara porque necesitaban sus votos para formar mayorías en el Congreso. Las autoridades españolas consintieron.

Un día, la Generalitat catalana comenzó a abrir embajadas en el extranjero dentro de su ambicioso plan para dotarse de estructuras de Estado, aun a costa de detraer recursos de servicios públicos fundamentales para los ciudadanos. Hoy esas embajadas hacen de altavoz del independentismo por todo el mundo. Las autoridades españolas consintieron.

Un día, ayuntamientos catalanes decidieron retirar los retratos del Jefe del Estado y las banderas constitucionales, y pasaron a colgar la enseña independentista. Había llovido desde que los presidentes del Gobierno hablaban catalán en la intimidad y consideraban que el concepto de nación era discutido y discutible. Las autoridades españolas consintieron.

Un día, comenzaron a exhibirse en el Camp Nou pancartas gigantes con la leyenda "Freedom for Catalonia". Hubo partidos que se convirtieron en verdaderas manifestaciones políticas, al punto de que la Comisión de Ética y Disciplina de la UEFA sancionó al Fútbol Club Barcelona. Las autoridades españolas consintieron.

Un día, la Generalitat empezó a hacer ingeniería social favorecieno la inmigración musulmana en detrimento de la latinoamericana, convencida de que sería mucho más fácil integrarla en catalán y atraerla a su causa, como así fue. Las autoridades españolas consintieron.

Un día, antes de que empezara a multarse a los tenderos por rotular sus comercios en español, la señalización de las carreteras en Cataluña comenzó a hacerse sólo en catalán. Las autoridades españolas consintieron.

Un día, cuando ya era habitual que se impidiera por la fuerza que políticos españoles hablaran en las universidades catalanas, algunas instituciones de referencia cambiaron de nombre para que el término "nacional" se lo apropiaran en exclusiva las comunidades nacionalistas. El Instituto Nacional de Meteorología amaneció un día en el BOE convertido en Agencia Estatal de Meteorología. Las autoridades españolas consintieron.

Un día, los líderes independentistas catalanes empezaron a hacer movimientos evidentes hacia la ruptura. Acuñaron el "España nos roba". Los gobernantes prefirieron mirar a otro lado, autoconvenciéndose de que al final todo podría solventarse con dinero. Con más dinero. Y sí, las autoridades españolas consintieron.

Desde que Artur Mas anunció públicamente una consulta ilegal hasta que este miércoles el Parlament ha aprobado la ley para celebrar un referéndum de independencia han pasado tres años. En ese tiempo se podría haber actuado dentro de los márgenes que la Constitución establece para neutralizar el golpe de los sediciosos. Las autoridades españolas han preferido seguir consintiendo.

Ahora, las autoridades españolas empiezan a distinguir entre nacionalistas moderados y radicales, y ya están pensando cómo congraciarse con los primeros cuando pase el 1 de octubre. ¿Cómo les llamarías tú?

Podemos exhibe su alma antisistema
EDITORIAL El Mundo 7 Septiembre 2017

El partido de Pablo Iglesias perdió la oportunidad de presentarse como un partido serio, de aspiración nacional, con escrúpulos democráticos y sentido institucional. Su voto afirmativo en la Mesa del Parlament a favor de la admisión a trámite de la ley del referéndum no sorprende a nadie, pues llevaban varios días -y alguna reunión clandestina- preparando el terreno para desempeñar el papel de costalero del secesionismo. Iglesias espera rentabilizar ese apoyo no en Cataluña, sino en el Congreso, donde necesita ganarse la voluntad del independentismo para embarcarlo en una hipotética moción de censura fraguada con el PSOE. Pero el precio que paga Podemos a cambio de esa venenosa confluencia es muy alto: su identificación con un proyecto dictatorial e hispanófobo no pasará desapercibida a aquellos de sus votantes que veían en Podemos un instrumento de lucha contra la desigualdad, no un compañero de viaje del golpismo insolidario. No menos significativo fue que una de sus diputadas fuese la encargada de retirar con desprecio las banderas españolas que la oposición había dejado en su bancada.

La formación morada, que constituye la tercera fuerza política del Estado, reveló de nuevo su incorregible alma antisistema, incompatible con la responsabilidad que los ciudadanos le han confiado. Puesto en la tesitura de elegir entre su activismo original y su obligación representativa, siempre acaba optando irremediablemente por el primero. El diputado Albano Dante Fachin protagonizó una intervención bochornosa y pueril, abroncando a la oposición constitucionalista por fijar la atención en la vulneración flagrante del reglamento, que "no importa a la gente". A la gente le importa lo que sus intérpretes mesiánicos decidan que le importa, se conoce. Y de nada sirve que Fachin esté enfrentado a la dirección, pues el propio Iglesias también ha tratado de blanquear el 1-O afirmando que se trata de una "movilización legítima". La dialéctica entre legitimidad y legalidad, y la pretendida superioridad de la primera sobre la segunda, no es un argumento novedoso, ni imaginativo: pertenece a la rancia tradición roussoniana de la voluntad general en la que se han inspirado las revoluciones caudillistas de la historia moderna. La democracia representativa se inventó para dar cauce legal a la soberanía popular, que fue secuestrada en el Parlament. Que los tres diputados de Podem abandonaran el Pleno mientras Coscubiela denunciaba aquel atropello legal reafirma su alineamiento con el separatismo.

Que del alma antisitema de Podemos no cabe esperar lealtad constitucional alguna se sabía. Ahora sabemos también que ni siquiera se molestan en guardar las apariencias.

Antonio Burgos destroza a Sánchez y echa por tierra su arma propagandística
ESdiario 7 Septiembre 2017

El periodista de ABC echa mano de ironía para ridiculizar al líder del PSOE y tumbar su imagen de "gran estadista político" en un artículo demoledor que le deja a los pies de los caballos.

La postura del PSOE de Pedro Sánchez en torno al desafío independentista tiene a una gran cantidad de españoles descolocados. Su discurso equidistante no lo entienden la mayoría y los hay que optan por la ironía para poder interpretarlo.

Este es el caso de Antonio Burgos, que este miércoles le dedica una dura columna en ABC en la que hace añicos su imagen política al hilo de la frase que viene anunciando el PSOE como "arma de propaganda barata: "Somos la izquierda". La izquierda, no, hijo, sois la leche".

A Burgos "lo de "Somos la izquierda" me deja completamente perplejo. Si los del PSOE son la izquierda ¿que son los de Podemos? ¿La izquierda de la izquierda? ¿Pero no habíamos quedado que el PSOE era la socialdemocracia, tan necesaria por otra parte en España y en cualquier nación que quiera tener un consolidado y justo sistema de poderes y contrapoderes? Si son la izquierda, es que han dejado es que han dejado de ser la socialdemocracia moderada que le dio la presidencia del Gobierno del Reino de España a González. Debe de ser cosa de lo que ellos mismos llaman "nuevo PSOE". El que le dio el revolcón a Susana Díaz en las Primarias".

El periodista se pregunta en voz alta "si los del PSOE son la izquierda ¿qué son entonces esos separatas asilvestrados que se han tirado al monte de la independencia de Cataluña, que están rompiendo toda baraja y llevando al nacionalismo moderado al borde del abismo de una segunda edición de la proclamación del Estat Catalá, esta vez sin el general Batet y Companys entre rejas?".

En su opinión, "lo de "Somos la izquierda" me inquieta porque con esta proclamación promueven una carrera en pelo de los que se creen más a la izquierda aún que ellos y que nadie. Arreón sin parada que nos está llevando con mucho cuidadito a la destrucción. Pretenden una República Catalana que a su vez también quieren que tenga su Constitución de la Señorita Pepis, digo de la señora Colau, muy en el espíritu de algo que también repite Sánchez y que me inquieta tanto como su lema propagandístico: "Somos la izquierda": la plurinacionalidad de España".

Con mucho sarcasmo señala "todos queremos más. Las regiones quieren ser nacionalidades y las nacionalidades, estados. Sánchez ha cortado por lo sano: "Todas las naciones son España". Yo, de momento, me quiero declarar nación que algo caerá. Me imagino que admitirán naciones unipersonales ¿no? La cuestión es enredar. Y enredar de paso a Rajoy con la promesa de la revisión del modelo territorial. Para lo que quieren todos: echar a Rajoy cuanto antes. Así que insisto en mi idea ante el lema del atril de Sánchez: "Somos la izquierda porque somos la leche".

Que toneladas de Ley caigan sobre ellos
OKDIARIO 7 Septiembre 2017

Este miércoles se ha consumado una “patada a la democracia” en el Parlamento de Cataluña, como bien ha definido la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría. La presidenta de la Cámara catalana —quien ocupó ese magno sillón al día siguiente de abandonar el despacho subvencionado de la ANC— se ha saltado no sólo las órdenes del Tribunal Constitucional, que ella misma no reconoce aunque sí pide la recusación de sus magistrados, sino también el Estatuto de Autonomía de la Comunidad Autónoma.

Lo hizo cuando obvió el artículo 25.4 de la Ley 2/2009 de 12 de febrero del Consejo de Garantías Estatutarias. El texto que regula el funcionamiento de la llamada ‘corte constitucional’ catalana dice expresamente que una vez solicitado un dictamen al Consejo por parte de un grupo parlamentario “el procedimiento legislativo correspondiente queda suspendido y se retoma cuando el Consejo de Garantías Estatutarias emita el dictamen o si transcurre el término de un mes y el Consejo no ha transmitido el dictamen a la Mesa del Parlamento”.

Precisamente eso es lo que había solicitado el Grupo de Ciudadanos después de que los independentistas impusieran el cambio en el orden del día del pleno de la Cámara catalana. Para detener la tramitación de una norma ilegal. Pero Forcadell, con sonrisa displicente, ya había denegado la reconsideración de la inclusión de la ley en el Pleno y en ese momento se limitaba a responder al portavoz naranja Carlos Carrizosa que “se ha aprobado la votación”.

La vicepresidenta del Gobierno ha comparecido de inmediato desde el Palacio de la Moncloa y —tras recordar que el presidente del Gobierno ha solicitado al Constitucional la ejecución de sus sentencias— ha anunciado la orden a la Abogacía del Estado para que estudie la persecución de un delito penal contra la presidenta del Parlament y los miembros de la Mesa. Esto se suma a la querella por desobediencia y prevaricación que presentará la Fiscalía Superior de la Comunidad Autónoma.

“La señora Forcadell no sabe lo que es una democracia y lo que no”, ha dicho Sáenz de Santamaría, “bajo su mandato ha muerto la democracia en Cataluña”. Y es así. Ahora resta asistir no sólo a los esperpentos políticos que sin duda seguirán liderando Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y sus socios antisistema de la CUP, sino a las respuestas de las instituciones legítimas, “desde la ley pero con toda la ley” —como ya dijo el presidente Rajoy remedando a Torcuato Fernández-Miranda—, para defender la soberanía nacional de todos los españoles.

En España rige el Estado de Derecho “y la ley se cumple”, advirtió este lunes Mariano Rajoy. El artículo 544 del Código Penal define el delito de sedición como impedir “por la fuerza o fuera de las vías legales la aplicación de las Leyes o a cualquier autoridad, corporación oficial o funcionario público, el legítimo ejercicio de sus funciones o el cumplimiento de sus acuerdos, o de las resoluciones administrativas o judiciales”.

Si la pena por sedición a una autoridad del Estado oscila entre los 10 y 15 años de cárcel, nada encaja más en ese texto que lo ocurrido este miércoles en el Parlamento de Cataluña.

EL ‘INVENTOR DE NACIONES’
‘Mi nación es España’: La carta de un gallego a Pedro Sánchez que arrasa en redes
La Gaceta  7 Septiembre 2017

Hoy Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, ha explicado por fin cuántas naciones cree que hay en España. Y ha hablado de tres: Cataluña, País Vasco y mi tierra natal, Galicia.

Así comienza la última entrada del blog ‘Contando estrelas’, del conocido tuitero Elentir. A continuación reproducimos la carta que enviado a Pedro Sánchez, el ‘inventor de naciones’:

”Don Pedro Sánchez:
Tras leer sus declaraciones calificando a Galicia de “nación”, he echado mano de mi cartera y he sacado mi DNI, por si durante años y por algún casual me hubiese engañado la vista. Y no, sigue figurando lo que ha puesto siempre: “España”. En este Documento Nacional de Identidad (lo de “Nacional” es por España, claro) figura mi ciudad de nacimiento y de residencia, Vigo, y la provincia de la misma: Pontevedra. Por ningún lado se indica que yo tenga una doble nacionalidad, o que haya nacido en una nación dentro de otra (lo cual, dicho de paso, es un absurdo).

Es cierto que el DNI viene en español y en gallego, como todos los que se expiden en Galicia. A fin de cuentas, en esta comunidad autónoma -que no nación- tenemos dos lenguas cooficiales, las citadas. Por supuesto, tener dos lenguas no nos convierte en una nación distinta de España. La República de Irlanda tiene dos lenguas -el inglés y el gaélico irlandés- y es una sola Nación. Finlandia tiene dos idiomas -finés y sueco- y es una sola Nación. Suiza tiene cuatro idiomas -alemán, francés, italiano y romanche-, y algunos de sus cantones son bilingües, pero todos los suizos se consideran hijos de la misma Nación. Podría seguir poniendo ejemplos, pero creo que los citados bastan para manifestar lo obvio. De hecho, resulta difícil de cuadrar con la realidad ese concepto decimonónico de asociar la idea de Nación con la existencia de una lengua. Si fuese como usted dice, todos los países de habla hispana serían una misma Nación. Y todos los países que tienen el alemán por lengua, o el inglés. Busque un mapamundi y se llevará una sorpresa.

A lo mejor usted alega que Galicia es una nación por su historia. El caso es que el nombre de mi tierra procede de la Gallaecia romana, que era parte de Hispania. A la caída del Imperio romano fuimos invadidos por los suevos -que se mantuvieron como una casta germánica prácticamente ajena a la población hispanorromana-, volviendo a formar parte de la Hispania (esta vez bajo dominio visigodo) a finales del siglo VI. Tras la invasión musulmana, Galicia se sumó a la Reconquista como parte del Reino de Asturias, luego León y más tarde bajo la Corona de Castilla. Durante esos siglos y debido a cuestiones de meros repartos dinásticos, Galicia sólo fue un reino con una muy relativa e inestable independencia durante 13 años no consecutivos: 13 años de un total de 781. Cuando España se unifica bajo el reinado de Isabel y Fernando (1479), el Reino de Galicia ya llevaba 370 años incorporado a la Corona de Castilla. Desde esa unificación de los reinos de España han pasado 538 años. Para que nos hagamos una idea, Estados Unidos lleva 241 años de independencia. Llamar a Galicia “nación” es mucho más absurdo que llamárselo a los estados de Pensilvania o de Nueva Jersey, por citar a dos de las trece colonias originales de EEUU.

Es muy posible que usted diga que con independencia de la lengua y de la historia, Galicia es una nación porque así lo han dicho los gallegos. Pues tampoco. El Estatuto de Galicia no menciona a mi tierra como “nación” en ninguna parte. Cita el término “nacionalidad histórica”, una expresión ambigua que figura en el Artículo 2º de la Constitución Española, el mismo artículo que afirma: “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”. Diga lo que diga usted, la inmensa mayoría de los gallegos nos sentimos españoles. De hecho, en esta tierra los partidos separatistas no han ganado nunca unas elecciones autonómicas en todos los años que llevamos de democracia. Es más: en Galicia los partidos separatistas llevan ya años en declive. Y a pesar de los insistentes intentos de ciertos políticos por desplazar a la lengua común, el uso del español está aumentando en Galicia, y esto en una región en la que la mayoría de sus habitantes dominamos las dos lenguas oficiales.

Precisamente, su partido, el PSOE, ha ido cayendo en Galicia por actuar como un portamaletas de los separatistas. En las Elecciones Gallegas de 2016 obtuvo un exiguo 17,87% de los votos, siendo tercera fuerza (recordemos que en 2005 llegó al poder tras lograr el 33,64% de los votos y quedar de segundo, gracias a su alianza postelectoral con el BNG). Aliarse con unos ultras hispanófobos tuvo un coste electoral enorme para los socialistas gallegos. Pagaron en las urnas su apoyo a los planes de sus socios separatistas para imponer el gallego por encima de nuestras libertades. En vez de caer de la burra, hoy usted sigue intentando sembrar la división y la discordia entre españoles. Su modelo territorial se parece cada vez más al cantonalismo que tuvo tan desastrosos resultados en la Primera República. Vivimos en un momento en el que cada vez más españoles nos sentimos hartos de las consecuencias de un desaforado Estado Autonómico, que ha multiplicado por 17 las trabas administrativas, sembrando la desigualdad y -en el caso de Cataluña- incluso amenazando con romper la convivencia. Lo que usted propone es apagar un incendio echando gasolina a las llamas, y para ello pretende buscar la complicidad de una parte de la población, engatusándonos con patrañas nacionalistas. Pues mire usted: conmigo no cuela. Yo soy gallego y por tanto español. He nacido en Galicia, y en consecuencia mi Nación es España. Y no me cansaré de repetírselo a políticos como usted, que quieren trepar al poder a costa de llenar España de fronteras interiores, como si un murciano, un andaluz, un catalán, un castellano, un vasco y un gallego no tuviésemos nada en común más allá de un ejército de funcionarios llamado Estado. Pues no, oiga: todos somos españoles. Deje de una vez de inventarse naciones con el único fin de complacer a quienes odian a España y actúan con deslealtad y desprecio hacia el resto de los españoles.

Un saludo desde Vigo (España).”

Cataluña, capital Caracas
Pablo Planas  Libertad Digital 7 Septiembre 2017

Como en Reservoir Dogs de Tarantino, hay golpes que no salen exactamente como se habían planeado. En algún momento alguien pierde los nervios y todo se precipita y se llena de orejas cortadas, dedos amputados y salpicaduras de sangre en el techo. En teoría, nada podía fallar. En la práctica, la inmensa mayoría de los atracos perfectos acaban mal o peor.

Remitir a la cinematográfica banda de los señores de colores para ilustrar lo que ha pasado este miércoles en el Parlament es una manera muy suavizada de describir la carnicería en la Cámara dirigida por Carme Forcadell y ordenada por Carles Puigdemont y Oriol Junqueras. Le podrían haber prendido fuego al edificio y no agravarían el desprecio a la democracia, la vulneración de las leyes, la burla al parlamentarismo y la suspensión de los derechos políticos de los representantes de la mayoría de los ciudadanos de Cataluña, porque el bloque separatista suma más escaños, pero menos votos que quienes en diversos grados y por variadas razones no están por romper (nunca o ahora y de esta manera) la unidad de España.

El episodio de la tramitación de la ley del referéndum ya es histórico, aunque por razones muy diferentes de las previstas por los separatistas. Las trampas y astucias para colar la norma en el pleno han encontrado una fuerte resistencia formal por parte de los diputados de la oposición, cuyo empeño en que el golpe se ajuste a los cauces y protocolos parlamentarios ha descuadrado el cronograma secesionista. No estaban previstas bolsas de emboscados tan pertinaces.

Elogio aparte y más destacado merecen el secretario general del parlamento, Xavier Muro, y el letrado mayor de la cámara, Antoni Bayona, cuya resistencia a las tropelías de Junts pel Sí y la CUP no cuenta con más respaldo que su sentido de la legalidad, del cumplimiento del deber y del respeto a las más elementales nociones de la democracia. Han sido arrollados, pero su diligente y ejemplar profesionalidad refuta el discurso separatista de que los funcionarios de Cataluña están a favor del referéndum y dispuestos a colaborar de grado en su celebración.

No es en absoluto previsible que los nacionalistas adquieran conciencia del lamentable espectáculo ofrecido y recapaciten. No lo han hecho nunca, ni siquiera después de convertir una manifestación contra el terrorismo en un acto separatista contra España en el más absoluto desprecio por las víctimas de los atentados de Barcelona y Cambrils.

En su descabellado camino se les ha caído otra careta, la de exquisitos demócratas. Ese Parlamento en el que durante años no se habló español, ese hemiciclo en el que mandó como un cacique Jordi Pujol, esa cámara profanada de todas las maneras posibles durante más de tres décadas y en especial durante el llamado proceso asistió este miércoles a su jornada más aciaga, un golpe a la democracia al más puro estilo bolivariano. En cualquier taberna de dudosa reputación las normas están más claras y merecen más respeto. Cataluña, capital Caracas.

Los separatistas aniquilan la democracia y dictan la ley del referéndum
JxSí y la CUP aprueban la norma tras vulnerar con alevosía la Constitución y el Estatuto. El referéndum, convocado en una noche con más decisiones.
Pablo Planas (Barcelona)  Libertad Digital 7 Septiembre 2017

Feroz resistencia de los diputados de la oposición en el Parlament de Cataluña. Las objeciones de Ciudadanos, PSC y PP han servido para amplificar los métodos golpistas de los grupos parlamentarios de Junts pel Sí y la CUP en la imposición de la ley del referéndum de autodeterminación. La mayoría parlamentaria, que no en votos, de los partidos separatistas forzó hasta extremos inéditos el reglamento de la propia cámara para sacar adelante sus planes secesionistas.

La interpretación del citado reglamento fue el campo de batalla en el que la oposición, con la notable contribución de la confluencia de izquierda Catalunya Sí que es Pot por boca del portavoz Joan Coscubiela, logró desmontar toda la retórica pretendidamente democrática de los nacionalistas.

Esperaban un paseo militar y se encontraron con bolsas de diputados emboscados que lograron forzar hasta cuatro reuniones de la Mesa de la cámara y de la junta de portavoces. El secretario general del Parlament, Xavier Muro, y el jefe de los servicios jurídicos, el letrado major Antoni Bayona, dieron un ejemplo de superlativa profesionalidad al advertir reiteradamente y por escrito al órgano rector del Parlament de que estaban desobedeciendo varias sentencias y resoluciones del Tribunal Constitucional, que tramitar las leyes era una ilegalidad y que su interpretación del reglamento parlamentario era un insulto a los procedimientos democráticos. Hasta el Consejo de Garantías Estatuarias emitió un documento en el que recuerda que una norma de esa naturaleza requiere del preceptivo informe de la entidad, aunque no sea vinculante.

Altos cargos con la ley
Los altos cargos y los funcionarios han sido los primeros en reaccionar y en rechazar la chapucera maniobra secesionista, la tramitación de una ley que anula el Estatuto y la Constitución mediante el arrasamiento de las más leves reglas parlamentarias. La ley se cursó sin ninguna de las garantías democráticas previstas en la legislación autonómica.

Con no pocas dificultades logró el bloque separatista llegar al debate sobre la ley del referéndum poco antes de la ocho de la noche, once horas después del comienzo de la jornada con la reunión de la Mesa que admitió a trámite la ley del referéndum. El objetivo de los independentistas era aprobar la ley en la primera jornada del pleno ordinario para dar pie al Govern a firmar de manera colegiada el decreto de convocatoria del referéndum, sea momentos, minutos u horas antes del recurso del Gobierno y la consecuente suspensión cautelar de los acuerdos secesionistas por parte del Tribunal Constitucional. Lo consiguieron por los pelos, sobre la campana.

Intervenciones finales
La portavoz de la CUP, Anna Gabriel, fue la primera en gastar el turno sobre la ley del referéndum y acusó a los diputados de la oposición de "pretender deslegitimar a la presidente del Parlament y a la cámara. Suerte que nosotros somos los antisistema", declaró la diputada. Lluís Coromines, portavoz de la cuota convergente de Junts pel Sí, reiteró los argumentos sobre la democracia directa de la conjunción separatista. El presidente del PP catalán, Xavier García Albiol, volvió a prometer que el Gobierno evitará la consulta del 1-O. Lluís Rabell, de Catalunya Sí Que Es Pot, resumió que el primero de octubre no será la fecha de ningún referéndum con unas mínimas garantías. Luego cargó contra el PP y el Gobierno para dibujar un escenario de pacto en el que los ciudadanos catalanes puedan decidir "democráticamente" su futuro. Rabell agotó el turno de la izquierda común y podemita, a despecho del interés por expresar su opinión de los representantes de Podemos.

Datos de los ciudadanos
El presidente del PSC, Miquel Iceta, alertó de la fractura social y abogó por el desarrollo del Estatuto y la "recuperación de las competencias laminadas". Todo ello como fruto de una reforma constitucional que reconozca una España federal. Aprovechó el turno para anunciar su ausencia en la votación.

La jefa de la oposición, Inés Arrimadas, principió con ese anuncio. Ciudadanos no participará en la votación de la ley del referéndum. Agradeció a los letrados del Parlament su defensa de la legalidad, destacó la "clandestina" publicación de la ley en el boletín parlamentario y denunció la brutalidad procedimental del golpe. También reprochó a los separatistas el secretismo sobre el censo. Incidió en el uso de datos privados de los ciudadanos y en la designación de presidentes y vocales de las mesas por sorteo.

La cupera Anna Gabriel volvió a intervenir para ceder la palabra a los "compañeros" de Catalunya Sí que Es Pot, iniciativa que fue avalada por Junts pel Sí. El diputado del PP Santi Rodríguez abrió el turno de matices, siguió el "ciudadano" Carrizosa y luego le tocó al podemita Albano Dante Fachin, que abogó por votar el 1-O.

Forcadell intentó dar por acabado el debate a cinco minutos de las nueve y media de la noche. Los diputados de Ciudadanos, el PSC y el PP se levantaron de los escaños y abandonaron la sala de plenos. La republicana Marta Rovira pidió la palabra. Una cuestión de orden que irritó a Carme Forcadell, que mantiene unas notorias tensas relaciones con la susodicha. Forcadell volvió a confundir a Coscubiela con Carrizosa, séptima vez. Pedía el portavoz de Catalunya Sí que Es Pot una doble votación sobre el capítulo siete de la ley del referéndum, una formalidad. La diputada podemita Àngels Martínez retiró las banderas de España que habían dejado sobre sus escaños los diputados del PP. Forcadell la llamó al orden y dio comienzo a la votación de la enmienda de Germà Gordó, el extrañado del PDeCAT, que pedía votar sobre un estado "dentro de la unión europea" y no republicano.

A las 21:32 minutos del miércoles, la ley del referéndum era aprobada por 72 votos a favor, cero en contra y once abstenciones. Los diputados que permanecían en el hemiciclo comenzaron a cantar Els Segadors. Concluía una sesión parlamentaria "histórica". Al terminar, los diputados de Junts pel Sí y la CUP aplaudían, se daban la mano, abrazaban y besaban.

Firma de la convocatoria y pleno de madrugada
Conclusa la primera parte del apaño parlamentario, el gobierno catalán se recluyó en una sala para firmar el decreto de convocatoria del referéndum. Puede que por unas horas la ley que avala la consulta figure en el ordenamiento jurídico español. El Gobierno ha iniciado el trámite para suspender los acuerdos del parlamento regional, pero los dirigentes del proceso han ignorado leyes, reglamentos y requerimientos. Media hora antes de las medianoche, el Govern en pleno firmaba el decreto. No llegaron a tiempo de ningún telediario, pero lograron aprobar el aparataje "legal" de la consulta del 1-O.

Ya de madrugada, forzaron la inclusión en el orden del día de la elección de la Sindicatura Electoral (la Junta Electoral del referéndum) y la Ley de Transitoriedad, del día después de la consulta. De nuevo, la oposición expresó sus quejas ante una nueva violación del reglamento.

Finalmente, el debate y la votación de la Ley de Transitoriedad –la que se supone que será la norma superior Catalana tras la independencia y hasta la promulgación de una nueva constitución– ha quedado pospuesto cuando Forcadell ha suspendido el pleno cerca de las dos de la madrugada.

 


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