AGLI Recortes de Prensa   Viernes 8  Septiembre 2017

Por lo menos pedid perdón, estúpidos
José Javier Esparza Gaceta.es 8 Septiembre 2017

Hace veinte, treinta años, algunos dijimos y escribimos que esto iba a pasar: que el Estado de las Autonomías iba a terminar estallando. No por el diseño autonómico en sí mismo (que es una forma de descentralización como cualquier otra), sino porque no había ninguna fuerza centrípeta nacional que compensara la fuerza centrífuga de las regiones. Elevar a los partidos separatistas catalán y vasco a la condición de protagonistas hegemónicos de sus respectivos territorios era abrir el campo a la construcción de nuevas naciones. Convertir los demás gobiernos autonómicos en predio de los partidos para desplegar su poder clientelar era una forma de feudalizar el Estado. Abstenerse de intervenir en los abusos y desviaciones de los poderes locales, ya fuera en la financiación o en la educación, era una vía segura para romper la unidad nacional. Y bien, ya hemos llegado.

Hace veinte, treinta años, sí, algunos decíamos y escribíamos eso, y entonces el coro de la opinión biempensante nos colgó los sambenitos y corozas de la nueva inquisición y nos cubrió de oprobio. “¡España no se va a romper!”, nos decían entre carcajadas displicentes. “¡Lo único que quieren es más dinero!”, reían otros poniendo cara de ser muy, pero que muy listos. “¿Y qué quieres? ¿Mandar a los tanques?”, preguntaban los vigilantes de la pureza democrática con estupidez no siempre fingida. “¡Tú es que eres un fascista!”, acusaban otros mientras, tal vez, cobraban de algún gobierno autonómico. Pero no: España se podía romper, en efecto, porque esa gente no quería sólo más dinero, sino más poder, y no era preciso “mandar a los tanques” para evitarlo, sino que bastaba con que el Estado, la nación de todos, interviniera. Pero nunca intervino.

Por interés, por malicia o por estupidez, el conjunto del establishment en España –político, mediático, económico, también judicial- ha dejado que esto pase. Y ahora descubre, horrorizado, que el país se le deshace entre las manos. Quiero escuchar actos de contrición. Quiero que todos los que me espetaron aquello de “España no se va a romper” salgan ahora y digan “me equivoqué”. Quiero que todos los que me llamaban “fascista” por defender la unidad nacional presenten sus excusas. Quiero que todos esos que decían “sólo quieren más dinero” asomen hoy la cabecita y escriban en su frente una frase del tipo “sí, fui tonto”. Por lo menos pedid perdón, estúpidos.

En Cataluña no se necesita más diálogo
EDITORIAL  Libertad Digital 8 Septiembre 2017

Ha llegado la hora de que la democracia española demuestre su fortaleza y los responsables del mayor ataque a nuestras libertades desde el 23-F reciban el castigo que merecen.

La situación en Cataluña ha llegado a un punto en el que no cabe esperar esa marcha atrás del nacionalismo en la que tantos confiaron de una forma tan –por decirlo suave– insensata o inocente. Otros llevábamos tiempo alertando de que la enfermedad nacionalista estaba tan arraigada en una parte importante de la sociedad catalana –y, sobre todo, en una parte importantísima de sus dirigentes– que no cabía esperar sino una huida hacia delante cuyos ominosos frutos están a la vista de todos. Pero muchos, y singularmente el Gobierno y la mayor parte de la clase política, no quisieron verlo.

Esa ceguera, en buena parte voluntaria, es una de las razones por las que se ha llegado a esta situación, en la que la inacción es impensable y el mero recurso a las instancias judiciales será, con toda probabilidad, insuficiente. El Gobierno va a tener que tomar decisiones difíciles que tendrán consecuencias, algunas desagradables, en las calles y no sólo en los despachos de las audiencias. Unas medidas difíciles sin las que no se logrará el objetivo primordial de sofocar el golpe de Estado separatista.

A nadie se le puede escapar que están en juego el futuro de Cataluña y el del resto de España, y que el 1 de octubre ya es un parteaguas. Lamentablemente, la mayoría de las fórmulas que se proponen parten de un error radical de enfoque; porque ya no es, ya no puede ser, el tiempo del diálogo y los acuerdos. Es, por el contrario, el momento de que la democracia española demuestre su fortaleza y los responsables del mayor ataque a nuestras libertades desde el 23-F reciban el castigo que merecen.

En esta situación, y cuando unos liberticidas empotrados en las instituciones del Estado creen que pueden doblar el brazo a la democracia, Cataluña no necesita conversaciones y negociaciones: necesita Ley y Justicia para frenar a los criminales; para castigarlos y para que, en el futuro, los que vuelvan a sentir la tentación de imponer un proyecto totalitario sepan que lo pagarán muy caro.

El secesionismo golpista se quita la careta
Roberto L. Blanco Valdés La voz 8 Septiembre 2017

Hasta el miércoles, cuando se celebró en el Parlamento catalán el pleno más ignominioso que una institución parlamentaria haya vivido en España desde la recuperación de la democracia, todo el mundo sabía ya que la Constitución y la ley le importaban un pito a los rebeldes. De hecho, tanto Puigdemont como sus consejeros o la presidenta de la Cámara autonómica no solo no disimulaban su voluntad de burlarse del imperio de la ley, que es la base de toda paz civil, sino que presumían una y otra vez de que su plan separatista se llevaría a cabo pisoteando los principios más elementales de cualquier Estado de derecho.

El secesionismo golpista se vanagloriaba, eso sí, de que su sedición contra la Constitución -de la que deriva su poder- y contra el Estado español -cuyas leyes prometieron cumplir y hacer cumplir- se hacía en nombre de una supuesta democracia que les legitimaba para actuar al margen de la ley, es decir, y para expresarlo con toda precisión, como unos forajidos.

Pues bien, tras el escandaloso pleno en el que se aprobó ese bodrio jurídico impresentable que se denomina Ley del Referendo de Autodeterminación ya nadie puede llamarse a engaño sobre la verdadera naturaleza política de estos, que no solo se ciscan en la ley, sino que desprecian todo lo que la democracia significa. El miércoles asistimos a un trágala propio de una república bananera, pues vimos alucinados a un Parlamento títere sometido a la bota del poder ejecutivo, en el que se atropellaron todos los derechos, se vulneraron todas las normas y se violó lo más sagrado: el respeto a la pluralidad política que está en la base misma de la democracia.

El secesionismo golpista hizo del Parlamento mangas y capirotes (burlándose de las normas reglamentarias, de los letrados, del secretario general de la Cámara y del Consejo de Garantías Estatutarias) con la única finalidad de imponer a todo trance y como fuera su ley para su referendo, su independencia y su república. Un delirio, sí. Pero un delirio que deja claro lo que le espera a más de la mitad de los catalanes que no son independentistas si los sediciosos se salen con la suya: ser objeto del mismo trato infame que se les dio a los parlamentarios no nacionalistas.

Por eso, parar en seco y sin demora esta locura, lo que constituye una responsabilidad tan ineludible como urgente del Gobierno, de los partidos constitucionalistas que deben apoyarlo sin reservas y de los jueces y fiscales, no es solo una forma de defender la Constitución que sostiene nuestra convivencia democrática. Es también -y visto lo visto, sobre todo- una forma de proteger a millones de catalanes de una tropa de fanáticos que siente por ellos el mismo olímpico desprecio que por quienes los representan en el Parlamento catalán. Eso es lo que se juegan España y Cataluña en este envite demencial: su unidad y su libertad.

Ussía explota contra los "payasos separatistas" por "chorizos y traidores"
ESdiario 8 Septiembre 2017

Al margen de lo políticamente correcto en una situación tan delicada como la que se vive en Cataluña, el periodista no se ha mordido la lengua a la hora de decir lo que muchos callan.

Aluvión de columnas de opinión y análisis políticos sobre lo que está sucediendo en Cataluña en las últimas horas. Oleada de indignación generalizada y editoriales críticos con el órdago independentista.

Y entre todas las columnas, la de Alfonso Ussía en La Razón, que se aleja una vez más de lo políticamente correcto para explotar el hartazgo que sufre gran parte de la sociedad española: "A los payasos separatistas hay que meterlos en la cárcel. Ya lo hizo la Segunda República. Multas contra su patrimonio y cárcel preventiva en espera de juicio. Por chorizos y traidores".

A su juicio, "en España se vivió con vergüenza lo que en España sucedía. Los chorizos robándonos la libertad, la democracia y el orden constitucional. En Madrid, reuniones y mucho silencio".

Para él, "los que siempre aprovechan cualquier circunstancia para descargar toda la responsabilidad sobre la Corona, demandaron la palabra del Rey. Comparaban la situación con el Golpe del 23 de febrero de 1981. El Rey Juan Carlos I detuvo el Golpe y tranquilizó a los españoles con su mensaje emitido por TVE. Lo hizo porque tenía al presidente del Gobierno, a los ministros, y a los parlamentarios secuestrados. El miércoles el que tenía que hablar no habló, y no era el Rey".

Y es que en su opinión, "hace cuatro años, los separatistas catalanes ya habían cometido los suficientes delitos de desobediencia a la ley, de corrupción dineraria y de traición continuada a España para ser detenidos. Pero no. Con unos meses de cárcel de Mas, Pujol, Forcadell, Puigdemont, Homs, Gabriel, Fernández y Pisarello el ímpetu separatista habría experimentado un proceso de debilidad". Ahora, "la chulería y antipatía hacia el resto de España ha prevalecido".

Dice Ussía que "el golpe de Estado se ha producido y nadie grita ¡a los ladrones! Para detener a los ladrones que han delinquido en el Parlamento a la vista de todos y nos roban la libertad y la armonía se necesita una sentencia del Tribunal Constitucional, un acuerdo del Consejo de Ministros, una orden al ministro de Interior, y una comunicación a la Guardia Civil para que proceda adecuadamente y sin violencia".

Sin embargo, "cuando llegue la comunicación, Cataluña, en contra de muchos más de la mitad de los manos y pacíficos catalanes será independiente. También ellos son responsables por su silencio interesado durante cuatro decenios".

Y para colmo "los de Podemos se han alineado sin tapujos con los que odian a España y la quieren dividida. Los separatistas necesitan un muerto. No 170 como en Venezuela, uno basta y sobra".

Golpe de Estado en marcha (3)
Vicente A. C. M. Periodista Digital 8 Septiembre 2017

No parece haber hecho mella en la determinación de los golpistas las contramedidas adoptadas por el Gobierno de Mariano Rajoy, que se están evidenciando como insuficientes. Ni la querella masiva de la Fiscalía ante el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña contra los componentes de la Mesa del Parlamento y el Gobierno de la Generalidad, ni la del Tribunal Constitucional con la admisión exprés y sentencia de suspensión cautelar del trámite , y aprobación de la ley del referéndum y de los síndicos, ni el posterior decreto Ley de convocatoria firmado por el Gobierno de la Generalidad en pleno. Nada de esto ha logrado paralizar el segundo acto de la farsa de debate con la aprobación de la llamada ley de Transitoriedad Jurídica ya publicada esta madrugada en el boletín oficial del Parlamento de Cataluña.

Y es que de nada sirve una querella si para cuando el TSJC la admita, solicite el suplicatorio de los querellados al Parlamento de Cataluña donde son ellos los que deben concederlo, ya que todos son aforados y ocupan mayoritariamente la Mesa y las comisiones, les cite a declarar para obtener testimonio, juzgue la supuesta comisión de los delitos enumerados de desobediencia, prevaricación y posible malversación de fondos, y sentencie la inhabilitación para ejercer cargo público, habrá pasado una eternidad. Es decir, la querella se trata solo de un acto puramente de impacto mediático, pero sin ningún efecto real a corto plazo, por lo que los golpistas seguirán ejerciendo sus cargos de representación y podrán culminar su proceso de sedición sin mayores problemas.

En cuanto a las sucesivas sentencias de suspensión cautelar de las resoluciones denunciadas, ya se ha comprobado que ni la Mesa del Parlamento, ni el Gobierno de la Generalidad les conceden valor alguno, ya que no reconocen la legitimidad del Tribunal Constitucional para inmiscuirse en actos de un Parlamento que, según ellos, solo debe su lealtad con el pueblo soberano de Cataluña. Y, de hecho, la ley de Transitoriedad jurídica aprobada esta madrugada está redactada como sustituta durante este proceso golpista como la única Constitución válida y vigente hasta que se conozcan los resultados del referéndum del 1 de octubre. Es decir, de nada sirve que l Tribunal Constitucional se esfuerce en ir suspendiendo resoluciones y leyes, si sus sentencias no se respetan y los golpistas mantiene en marcha el tren de la secesión.

En cuanto al famoso artículo 155, de compleja aplicación, se está ya en el límite de los plazos mínimos requeridos para su tramitación según lo previsto en el articulado. Estamos a una semana para el inicio de la campaña formal del referéndum en el que presumiblemente solo participarán de forma activa los partidos golpistas, que desplegarán todo su poder de convocatoria y de movilización popular en un intento de intimidación de aquella parte de la sociedad catalana contraria a esta forma de proceder. El resto de partidos se limitarán a denunciar el golpe de Estado en clara inferioridad y expuestos a la violencia de grupos perfectamente coordinados de formaciones como la CUP, en forma de escraches, asaltos a sedes y demás actos de coacción que ya han protagonizado durante este último año.

Parece evidente que los golpistas mantienen la desobediencia, siguen impunemente prevaricando y malversando fondos públicos, (véase la web institucional a favor del referéndum y el banderín de enganche de voluntarios), sin que ni el Tribunal Constitucional ni la Fiscalía, ni el Gobierno de España, parezcan tener más ases en la manga a la hora de neutralizarles y evitar que sigan delinquiendo. Decía Mariano Rajoy que “Soy muy consciente de mis obligaciones y de la gravedad del momento" y "haré todo lo necesario sin renunciar a nada” y aseguró estar dispuesto “a ir más allá” en caso de que el Gobierno de la Generalidad (y yo añadiría a la Mesa del Parlamento) desacate el mandato de la Justicia. Pues bien, ya se ha producido ese desacato. ¿Se atreverá a ir más allá de refugiarse en una Justicia ineficaz a la hora de hacer que se respeten sus sentencias?

Entre las alternativas que se especulaba estaba la de aplicar una desconocida para mí ley de Seguridad Nacional, de la que ignoro su contenido y las medidas previstas, si es que las contempla, para casos de sedición como este. Pues bien, ante la evidente rebelión institucional y el claro desacato a la Justicia, no parece haber otra salida que no sea la de apelar a este ataque a la democracia y a la unidad de España y aplicar esas medidas de forma que se garantice la vuelta a la normalidad democrática y asegurar el Estado de Derecho. Efectivamente se trata de un asunto de Seguridad Nacional.

Seguiré escribiendo de forma monotemática según se vayan desarrollando los acontecimientos.
¡Que pasen un buen día!

El incidente catalán
Kiko-mendez: Gaceta.es 8 Septiembre 2017

Y dice el presidente que nadie podía imaginar el espectáculo bochornoso del Parlament. Porque no lee La Gaceta, lo dice, y porque no tiene imaginación, también. O quizá está más en el papel del capitán Renault, (es un escándalo, me he enterado de que aquí se juega), mientras le deslizan sus ganancias envueltas en una caja de puros, porque en realidad sólo a los anacoretas podía sorprender la cutre película del miércoles, que llevamos tres décadas de spoilers, coño.

En eso de fingir perplejidad ante lo de sobra conocido se disputan don Mariano y doña Soraya palabras gruesas y acciones tímidas, en plan sujetadme, sujetadme o hago una locura, y hala, reúnen entonces a los subsecretarios para ir todos juntos a llamar a la ventanilla del tecé, como el empollón se rodea de sus nerds y acude al despacho del director a llorar porque le siguen robando el bocadillo. “La democracia ha muerto”, dice la doña, sin que nadie le advierta (para eso pone y quita periodistas) que en determinadas situaciones -y sobre todo en determinadas personas- las poses solemnes sólo acrecientan el ridículo. “La democracia responderá con firmeza, aplomo, serenidad y dignidad”, dice el don, y nadie le pregunta si no era que estaba muerta, aunque lo cierto es que entre el don y la doña han construido la imagen perfecta, porque la democracia de estos reacciona con el aplomo y la dignidad de un zombie, tan convertidas en gusaneras sus instituciones. La “no muerta” tiene que resolver ahora un “incidente de ejecución” pulcramente presentado en los tribunales, que viene a ser como si la gendarmería francesa multara a las divisiones panzer de Guderian por exceso de velocidad. Pero más allá del laberinto leguleyo y burocrático en el que habitan los que son ajenos a las grandes liturgias, lo cierto es que resulta coherente tratar el golpe de estado como un “incidente”, ya que al ataque sangriento de los moriscos en Barcelona le llaman atropello. Para ellos, supongo, Dunkerque fue un día malo de playa.

También ha dicho el presidente que la consulta no se va a celebrar, pero eso ya lo dijo con la de antes, y vaya si se celebró, tanto que Artur Mas anda preocupado porque por aquello le quieren quitar sus ahorros, conseguidos todos con algún esfuerzo y mucha corrupción. En fin, parole, parole parole, mientras la realidad es que una institución del Estado (que eso es todavía el Parlament) acumula alegremente dinamita en los cimientos de una nación tan cansada de sí misma, y sobre todo de sus representantes, que a veces parece que ansía que alguien prenda de una vez la mecha y se vaya todo a hacer puñetas. No tendrán esa suerte, ni los pusilánimes que querrían cobrar en el ministerio sin tener que defenderla, ni sus hijos malcriados, los separatistas, niñatos que en la adolescencia se dedican a atizar a la madre exigiendo dinero para el botellón.

No, a la nación no la van a enterrar los fracasados diálogos de la doña, ni la indolencia del don, ni mucho menos los arrebatos histéricos de la Martínez. Ni siquiera podrá con ella el puto hijo de la Tomasa, que allá en su desierto reviente. No, “España se salvará porque tiene que salvarse” como protestaba Unamuno, con esos argumentos suyos, siempre tan contundentes. Pero el hecho de que se salve -casi mas como una maldición que como un milagro- no resta una micra del dolor y los padecimientos que unos y otros nos van a proporcionar durante largo tiempo.

¿Cataluña? No, no: “Facebook”.
Eduardo Arroyo Gaceta.es 8 Septiembre 2017

Pensaba hablar sobre Cataluña pero, total, independientes o no, el “problema” se va a arreglar cuando el millón largo de extranjeros que viven en Cataluña –los “nuevos catalanes”, como dicen los progresistas- acabe siendo mayoría y, en virtud de su diferente credo, la “población” deje de atenerse a las tonterías esas de la “diversidad” y el “pluralismo”, para pedir, por ejemplo, el cierre y desmantelamiento de la Sagrada Familia o la imposición de leyes de tipo religioso que están en la mente de todos.

¿Difícil de creer? Pues, al tiempo. La historia está plagada de casos similares.

Por eso hoy vamos a hablar de Facebook. Si, si: de Facebook. Eso que sirve a millones de personas para perder el tiempo en chismes y cotilleos y que, sin embargo, es una empresa multinacional de miles de millones de dólares.

Porque resulta que su CEO, Mark Zuckerberg, a través de su “lobby” personal, FWD.us, está haciendo una increíble labor de zapa entre multimillonarios de toda condición a favor del DACA y en contra de las nuevas leyes de los EEUU, que intentan la preferencia laboral de los estadounidenses y, encima (¡Dios mío!), la mejora salarial. El pasado 31 de agosto, FWD.us hizo pública una declaración –una carta abierta- en la que la lucha contra aquellas leyes nuevas que prohíben el empleo de mano de obra barata inmigrante, se vende como una lucha “contra los nuevos desarrollos de la política de inmigración que amenazan el futuro de jóvenes inmigrantes sin papeles que llegaron a América como niños”.

La lista de millonarios que se suman a FWD.us incluye a muchos de los más ricos del mundo, además del propio Zukerberg: gente como Jeff Bezos, propietario de Amazon y de “The Washington Post”, Warren Buffet y la viuda del fundador de Apple, Steve Jobs. Las malas lenguas dicen que la riqueza combinada de solo estos cuatro firmantes se eleva a 250.000 millones de dólares.

El texto hace especial hincapié en los inmigrantes como “contribuyentes, consumidores y trabajadores baratos (cheap workers)” y dice que: “nuestra economía perdería 463.000 millones de dólares de PIB y 24.600 millones de dólares en contribuciones a la Seguridad Social y al seguro médico. Los ‘dreamers’ son vitales para el futuro de nuestras compañías y de nuestra economía. Con ellos crecemos y creamos empleos. Ellos son parte de por qué continuamos teniendo una ventaja competitiva global”. Por supuesto, el documento no cita ni por asomo a los cuatro millones de estadounidenses que este año cumplirán 18 años y que también tienen sus sueños. Son “dreamers” locales, vamos.

A estas alturas, como ya hemos dicho en multitud de ocasiones, debería de estar claro que todo esto de la inmigración y la “diversidad” no es otra cosa que una necesidad lógica del imperialismo mundial del dinero. Por eso el esquema se repite en todos los países, incluyendo, como no, a España. Aquí o allí, para garantizar sus fines y narcotizar a la población, esos hiper-ricos utilizan desde sus tropas de choque de la extrema izquierda hasta el discurso melifluo y sensiblero de ciertos líderes religiosos. Ni siquiera es necesario que estos “agentes sociales”, de carácter instrumental, sean conscientes de a quién sirven.

Sin ir más lejos, hace unos pocos días, se ha anunciado que el arzobispo de Madrid, cardenal Carlos Osoro, promoverá que la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española, que se celebrará los próximos días 26 y 27 de septiembre, exija al gobierno del Partido Popular mediante una declaración, que España abra las puertas a la inmigración y ponga en marcha los denominados “corredores humanitarios”. La declaración debería contemplar la cuestión del cierre de los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIEs).

Dada la experiencia reciente, es difícil imaginar una medida más insensata y estúpida. Podrían haber pedido al gobierno español –y así servirían más a la verdad- que en el futuro no contribuyera más a amparar guerras de diseño, como ocurre en Siria o en Ucrania. Pero es mejor sumarse al sol que más calienta y acabar abanderando posiciones casi calcadas de “Podemos” o del Ayuntamiento de Madrid. Quién sabe: quizás algún día haya una cumbre conjunta de monseñor Osoro, Pablo Iglesias y Jeff Bezos. Todo sea por la “diversidad” y el amor al prójimo.

El independentismo ha muerto para siempre
Vicente Torres Periodista Digital 8 Septiembre 2017

Decía Ortega y Gasset que el problema catalán era irresoluble, lo cual demuestra que hasta los más listos se equivocan, porque es muy difícil tener en cuenta todos los aspectos de la cuestión.

El problema catalán está herido de muerte desde el principio, porque su génesis es artificial, como todo lo que tiene que ver con el nacionalismo. Todo lo que es injusto y, por tanto, malo, tiene el germen de la autodestrucción.

¿Quién iba a pensar al establecer el sistema de las Autonomías -precisamente para dar solución al problema catalán-, y hacerlo de un modo tan disparatado, que por esto mismo se iba a producir la solución definitiva. El daño hecho a los españoles y de entre éstos especialmente a los catalanes demócratas es muy grande, pero al final habrá valido la pena.

Ha sido una suerte, además, que al frente del gobierno esté Rajoy, con su parsimonia, porque cualquier otro podría, con su precipitación, haber interrumpido el proceso autodestructivo.
El incompetente gobierno catalán ha demostrado al mundo entero su imbecilidad. Lo único que sabe hacer medianamente bien es enardecer al personal, pero para esto ha contado con la labor previa de adoctrinamiento sistemático, muy eficaz con la gente inmadura. Pero ese odio que han estado inoculando en vena se volverá contra ellos cuando la ficción sea imposible de mantener.

Da pena, por ejemplo, Forcadell, cuando, moviendo los brazos de arriba abajo, de forma enérgica, afirma una y otra vez que no acatará al Estado. Ningún delincuente acata al Estado, porque si lo acatara no delinquiría. No lo acata, pero llega un momento en que no le queda más remedio que escuchar al cuando pronuncia la sentencia, y además explica los fundamentos de la misma. Forcadell debe de haber cometido varios delitos por lo que tendrá que escuchar una tras otra varias sentencias. Y luego tendrá tiempo para pensar. Podrá valorar entonces si ha merecido la pena mostrar su lado cafre, su insolidaridad, su desprecio al prójimo.

Tras la sedición en Cataluña
José Luis González Quirós www.vozpopuli.com 8 Septiembre 2017

Tras las esperpénticas sesiones del Parlamento catalán, el discurso de Rajoy dando cuenta de que es consciente de la gravedad de la situación que han creado los sediciosos supuso una especie de respiro, un cierto alivio. Sin embargo, si nos tomamos en serio a Rajoy, que dice ser muy consciente de la gravedad de lo que pasa, tendremos que reconocer que las medidas que ayer adoptó el Consejo de Ministros son necesarias, pero serán patentemente insuficientes. No hay la menor razón para suponer que los que dirigen el cotarro sedicioso vayan a cesar hasta que no se les impida, físicamente, y no solo jurídicamente, hacerlo, y eso debe llevarnos a pensar en algo más que instrucciones a la abogacía del Estado y procedimientos judiciales. Rajoy debe saberlo, pero tiene esa incontenible tendencia a minimizar lo que pasa (“los hilillos” del Prestige) que le ha hecho justamente famoso, de manera que los ciudadanos vamos a vivir en un estado de agónica expectativa al menos hasta que comprobemos como no se celebra el referéndum del 1 de octubre. Convendría darse cuenta de que lo que luego venga será probablemente peor, entre otras cosas porque ninguna de las posibles salidas del caso es inequívocamente buena.

Crisis de un modelo
La Constitución de 1978, que contó con un enorme apoyo de los ciudadanos catalanes, y con un activo papel de los parlamentarios catalanistas, se ha convertido en un objetivo político a abatir por los nacionalistas catalanes mutados en secesionistas y convertidos en sediciosos revolucionarios desde hace un par de jornadas. No es un hecho menor, sino algo que, nos guste o no, nos obliga a repensar el sistema pues, si algo parece claro a la vista de lo que está sucediendo, es que nada volverá a ser lo mismo en las instituciones catalanas.

Salvo que consideremos la política desde su ángulo más angosto, como una pelea agónica entre enemigos irreductibles, habremos de reconocer que la sedición catalana, que es intolerable y deberá ser impedida con toda la ley y con todos los medios de fuerza disponibles, es la consecuencia de un fracaso político, que tiene una doble razón de ser, por una parte, el haber consentido a los nacionalistas catalanes hacer de su capa un sayo en una serie de cuestiones en las que debiera haberse sido mucho más exigente, pero también por no haberse tomado en serio los factores estructurales del descontento catalán, por no haberlos analizado a fondo para ponerles remedio, y para poder combatir políticamente la interpretación que han venido haciendo los sediciosos ante la pasividad común.

No premiar la deslealtad, sino repensar el sistema
Lo peor que podría pasarnos ahora, dando por hecho que la sedición será abortada, es que nos entrase una especie de síndrome de Estocolmo y que, bajo la meliflua melodía de la negociación, acabásemos por premiar a los sediciosos, recompensando generosamente su deslealtad, incluso aunque no se les vuelva a declarar españoles del año. Lo que hay que hacer, por el contrario, es distinguir entre la deslealtad de una clase política condenada a la derrota, y los motivos de fondo, cuando estén bien fundados, que han permitido que prenda en una gran parte de la ciudadanía catalana la desafección radical a cualquier proyecto común, y, por ello, solidario con el resto de España.

No será una tarea fácil ni para la derecha que apenas sabe hacer otra cosa que refugiarse en el oportunismo, y que no tiene ni media idea de lo que se podría hacer, ni para la izquierda que ha sido la principal causante histórica de la crisis, y no me refiero solo a la estúpida frivolidad del zapaterismo, sino al hecho de que la izquierda haya consentido expresamente que comunidades como Extremadura o Andalucía, puedan presumir de un españolismo exacerbado mientras mantiene cerca de un 40 por ciento de su población viviendo de rentas públicas que no son capaces generar. Mientras la izquierda no se atreva a proclamar que la solidaridad hay que ganársela con esfuerzo, mientras no renuncie a vivir con excesos de la sopa boba que se extrae de regiones más productivas, se fomentará la insolidaridad de los catalanes, y no solo la de ellos.

Respetar la ley
Los españoles tenemos que aprender a respetar la ley, pero sería deseable que la clase política, la derecha y la izquierda, nos diesen mejores ejemplos de esa conducta. El error de los sediciosos de Cataluña está, sin duda, en creer que, puesto que se han podido saltar las leyes en muchas ocasiones, podrían pasar de la excepción consentida, en una especie de do ut des parlamentario regido por la exagerada importancia que han tenido los votos nacionalistas en el Congreso (lo que no ha sido sino una consecuencia de la miopía egoísta delos dos grandes partidos), para realizar el milagro de saltarse entero el marco constitucional y legal, apenas sin despeinarse.

Espero que empiece a quedarles claro que se habrán de despeinar y que no se lo saltarán, pero esa toma de conciencia probablemente no vaya a servir para que sus compañeros de viaje radicales no ensayen en la calle una revolución de más envergadura que sea capaz de dotar al proces de la épica de que carece. Veremos hasta dónde llega la pasión independentista, pero hay que dar por descontado que no se va a descubrir ninguna tercera vía, que las secesiones se hacen o por pacto o por la fuerza, y que, puesto que no se ha querido pactar nada, no habrá otro remedio que el imposible de hacer magia o pagar el precio en el que nadie quiere pensar, que, además, sería un tributo estéril.

Lo que queda por delante
Superado, seguramente no sin crudezas, el episodio sedicioso, los españoles nos toparemos a un problema con el que seguramente preferiríamos no enfrentarnos, repensar, con la experiencia de lo ocurrido en este casi medio siglo, nuestro modelo de convivencia, y es inane pensar que no hará falta hacerlo, que podremos seguir bajo la dirección de unas cabezas huecas, oportunistas, frívolas, mentirosas y corruptas, con fuerzas políticas que abusen de nuestra paciencia con palabras vacías, con tópicos tan estúpidos como gastados. Estamos ante una gravísima crisis, y es una necedad pensar que vamos a superarla sin hacer nada extraordinario: no se trata solo de poner en su sitio a los sediciosos, que es, indudablemente, el primer paso, es que tenemos que encontrar las energías necesarias para poner en píe nuevas décadas de progreso y bienestar sobre bases distintas porque es obvio que las vigentes han fallado de manera estrepitosa. Una vez más, España estará en nuestras manos y hay que esperar que seamos capaces de atesorar el valor y el patriotismo suficiente para salvarla de los errores interesados que hemos consentido.

Secesión: Estado nación o libertad
El nacionalismo se basa en construir una fe en un poder exterior a uno mismo, y la creación de un estado nación es personificar ese poder nacional en un estado.
Adrià Pérez Martì www.vozpopuli.com 8 Septiembre 2017

Es lamentable. E indignante. Aunque el ser humano haya experimentado más de una o un centenar de veces el mismo error, seguirá cometiéndolo. No importa que el poder trate de reescribir la historia, como narró Orwell. No hace falta. Somos capaces de volver a experimentar con el nacionalismo. Supongo que para muchos de los que tratamos de ganarnos la vida cooperando pacíficamente en el mercado, buscando realizar nuestros sueños con esfuerzo y no pocas dificultades, estaremos más que asqueados ante la situación que se ha venido creando desde hace años en España, en Cataluña, que se recrudecerá en los próximos meses.

¿Merece la pena ver cómo el Gobierno de la Generalidad ordena a los alcaldes a que "colaboren" en la organización del referéndum? ¿Vale la pena ver desfilar a los antidisturbios para proteger (!) los edificios del Estado? ¿Por qué tienen que obligarnos a coquetear con los negros senderos que recorrieron muchos europeos el siglo pasado?

Por esto:
El Estado Nación

El Estado español ha ido creado otro estado nación en Cataluña, desde la Generalidad, tras varias décadas, especialmente estas últimas. Ha creado y apuntalando, a partir de la realidad, toda la mitología, ritos y ceremonias propias de todos los nacionalismos. Basándose en la emoción, ha construido una lealtad emocional a una idea o un hecho llamado Estado nacional. Consiguiendo crear en muchos un sentimiento, una emoción tan intensa que es capaz de subordinar otro tipo de lealtades (a la familia, a las personas, a otras ideas, a otros lugares, al análisis sosegado, a una conducta pacífica) en pos de la lealtad a la idea suprema de la nacionalidad y el estado nacional.

El nacionalismo se basa en construir una fe en un poder exterior a uno mismo, y la creación de un estado nación es personificar ese poder nacional en un estado. Y como tal fe, se hace necesaria acompañar de sentimientos de reverencia, de actos y manifestaciones externas y ceremoniales. Por ejemplo, la ofrenda del 11 de septiembre, el amor a la bandera, la glorificación de los padres de la patria, y demás rituales son propios del nacionalismo como una religión, símil y tesis de Carlton J. H. Hayes en su trabajo de ya hace casi un siglo "Nacionalismo como religión". Nada nuevo.

Y con todo lo anterior, se consigue esa fe colectiva en una misión, en un destino, ¡una fe que puede mover montañas! "Nadie podrá parar al pueblo de... ". Y esa fe colectiva, todos a una, con un objetivo común, ¿cómo puede ser inmoral, o falsa, o incluso fea? Qué pregunta. Lo importante es que sea percibida por las masas y transformada en mitología popular reverentemente aplaudida.

El devenir de los acontecimientos (queda aparte ser o no catastrofistas) nos mostrará cuántos sacrificios se exige a las personas para con la idea nacional. ¿Qué grandes sacrificios podrían exigirse si el Estado sólo ofreciera seguridad jurídica y un mínimo de intervención en nuestras vidas? Y es que hasta llegar a esas audacias ilegales exigidas por la nueva patria, primero hay que sustituir un análisis racional por el de la lealtad y la fe a la nación:"Mi nación, acertada o equivocada, es mi nación", como diría Hayes. No hay nada inmoral. Es mi tribu.

Miedo a la evolución del Estado
¿Cuántos de sus ciudadanos creerían, en la gloria de Roma, que el Imperio caería y desaparecería? ¿Cuántos creen que los estados nación durarán para siempre?

Lo actuales Estados nación evolucionaron con los frutos de la industrialización y la lealtad nacional hacia un mayor control centralizado. Y hoy mismo no es diferente: las leyes relacionadas con la información personal, la privacidad o la propiedad, son cada vez más restrictivas e invasivas.

Sin embargo, existe al menos un factor que está contrarrestando toda esa peligrosa deriva: las nuevas actividades y relaciones humanas creadas a partir de las nuevas tecnologías, que irrumpen disruptivamente en muchos de los sectores en los que monopólicamente el Estado ostenta el poder. Por ejemplo las monedas virtuales o el blockchain, que tratan de operan fuera del poder monetario monopólico de los bancos centrales. O los modelos de negocio que tratan de operar fuera del poder fiscal y legal estatal o de los estados más lesivos.

Pero no sólo mecanismos o instrumentos, la mayor integración gracias a la globalización e internet está creando nuevos lazos vitales y una conciencia de ciudadano global que navega en sentido contrario a la tribu nacionalista de la Nación. Pero también al sentido estatal, porque internet tiene unos fuertes principios liberales: descentralización, sin censura, sin fronteras y además, ubicuo. Es decir, permite una, otrora imposible e impensable, secesión individual.

En cualquier caso, los Estados actuales no deberían ser sacrosantos, y mucho menos si esa santidad proviene de la ideología nacionalista, sino un instrumento que no cercene las libertades de todos nosotros. Si la secesión sirve a tal fin, bienvenida sea. Responder a Puigdemont o la CUP con los tres mil años de existencia de España de Domínguez Ortiz es una respuesta histórica que nos atrapa en la misma tela de araña.

Conclusión
Pero ¿por qué va a ser preferible una secesión con la CUP que seguir bajo el Estado español? ¿Por qué cambiar a Montoro por Montbou ? ¿Sólo por reducir el tamaño territorial del Estado? ¿Sin importar las consecuencias económicas ni los compañeros de viaje?

No es una cuestión sólo de secesiones, sino si con tal secesión se logra más libertad o no. Si es un asunto económico o de autonomía, ¿vale la pena jugar con las profundas e imprevisibles relaciones humanas dentro de una sociedad compleja? ¿Vale la pena tentar irresponsablemente a la violencia de la masa o los cuerpos de seguridad? ¿La autonomía sólo se consigue creando otro Estado nación indivisible? ¿Aun a riesgo de sufrir unas consecuencias económicas desastrosas de una secesión no consensuada? ¿Por el orgullo de parte de una cultura local? ¿Por la vanagloria colectivista de unas costumbres menospreciando otras? ¿Sólo se consigue más libertad de este modo?

Nuevos tiempos, nuevas ideas
Faustino Merchán Gabaldón www.latribunadelpaisvasco.com 8 Septiembre 2017

“Es tiempo de construir, no de destruir”. “El perdón aleja el temor”
(Nelson Mandela)

Fue una lección la que dio al mundo el inolvidable Mandela, un ejemplo para su país y el mundo, que España y los españoles podríamos tomar como referencia, otra cosa bien distinta fue su vida personal, que no corrió en paralelo con su grandeza política. Después de ser un despiadado terrorista condenado por todos los organismos internacionales, y pasar veintiséis años encarcelado, ganó las elecciones presidenciales de Sudáfrica y logró construir una gran nación, reconciliando sus dos poblaciones de negros y blancos, por encima de odios, rencillas, resentimientos y egoísmos, para ello aglutinó todas las voluntades en torno a la generosidad, tendiendo la mano a todos. En España, si tuviéramos los españoles el marchamo y grado de madurez conveniente, y necesario para tales efectos, pondríamos a trabajar juntas a las dos Españas, sin resentimientos, sumando en lugar de restar, y a veces de dividir, tendiendo la mano generosamente. Es decir tiempos nuevos, exigen ideas nuevas.

Constituye un error muy frecuente, considerar a España, la que han conformado sus políticos de todo signo. La España real, al menos la que conozco y entiendo, está conformada por mucha gente que merece la pena, se levantan cada día para sacar a sus familias y a su país adelante, una España real, que necesita una democracia de verdad, no la actual “a la española”, de espaldas al ciudadano. Pero es usurpada, secuestrada y robada por esa otra España mediocre, que se ha apoderado del país, con nuestro permiso. Y por si fuera poco, aún sigue instalada “en el machito”, y en su torre de marfil, cargada de privilegios, con más nuestro permiso.

Pero el daño que hizo el ínclito y memo farsante de la ceja, Zapatero, la mediocridad al poder, y su partido, fue extraordinario, caminando en sentido contrario a la razón, con cortas miras, que es el principio histórico de ese partido, que siempre traicionó a España y a los españoles, pues no dudó en utilizar ese recurso electoral, cuando el fantasma de las dos Españas, estaba dormido, no veía otra forma de conseguir el triunfo electoral, aún destruyendo España, lanzándonos muchos años atrás, y arruinando el trabajo de la llamada Transición política española, entretejido con tesón y esfuerzo de unos pocos españoles, plenos de ilusión y generosidad, a pesar de algunos errores que estamos padeciendo y somos incapaces de superar, debido a los egoísmos, propios de la llamada partitocracia, aún así es un modelo positivo estudiado en muchas universidades de todo el mundo.

Es tiempo de terminar con el fantasma de las dos Españas, tendiendo puentes, y todas las manos, con generosidad; se necesitan todas las manos para romper con los miedos y odios, resentimientos y amenazas, y construir una única España. Para ello no necesitamos políticos bobos, mentecatos, mediocres vasallos de su amo, memos con o sin talante y sin talento, de corto alcance, con intereses bastardos y egoístas, y traidores a España, que carezcan de ideas y tengan que "echar mano" a la agitación canalla de la bandera de las dos Españas cainitas, que hoy debería estar superado y fuera de lugar, como algo trasnochado.

El recurso de las dos Españas no es más que la demostración del triunfo dominante de lo in-político. Desaparecida la política del escenario, los farsantes se acogen a la Historia como cliché. Todo pasa por la exhibición de trucos en el escenario mediático. Es lo que hay, teatralización banal y efímera, o mejor número circense, hasta que tengan la oportunidad de que la casualidad de la realidad coincida con su delirio. Basta con ver a los líderes políticos actuales, destilando carencia de humildad, y plenos de odio y misantropía.

Necesitamos buenos gestores públicos que sepan romper ese estado lamentable de cortas miras, poniendo coto a tales desmanes, y sumar voluntades, con grandeza de espíritu, superando nuestras expectativas con afán y entrega para nuestro país, y patria; palabra que a algunos les escuece, pero que sin duda lo merece.

Las autonomías imponen hasta 25 versiones de un mismo libro de texto
Los editores califican de «disparate» el intervencionismo político y denuncian que se legisla «en exceso» sin criterios «pedagógicos»
Los editores denuncian las presiones que reciben para redactar los libros de texto
Paloma Cervilla Madrid  ABC 8 Septiembre 2017

Las exigencias políticas de las Comunidades autónomas en el ámbito educativo, que se reflejan en el intento de influir en el contenido de los libros de texto, han sido puestas en evidencia por los principales perjudicados por esta presión: el colectivo de editores de libros.

El dato que pusieron ayer sobre la mesa es revelador: una editorial tuvo que realizar en el curso 2015-2016 hasta 25,5 ediciones de un mismo libro de Ciencias Sociales en cuarto curso de Educación Primaria. Y ello es así porque los responsables políticos les obligan a redactarlo en las distintas lenguas e incorporando diferentes contenidos. Un problema que, a juicio del sector, debería ser solucionado en el futuro Pacto por la Educación.

La primera llamada de atención sobre un intervencionismo que consideran «disparatado» la realizaron en el seno de la Subcomisión del Congreso de los Diputados que negocia el Pacto por la Educación. En este foro, el presidente de la Asociación Nacional de Editores de Libros y Material de Enseñanza, José Moyano, denunció las presiones «de todo tipo» que reciben de los Gobiernos autonómicos en relación al enfoque que deben dar sobre determinadas cuestiones en los libros, como así lo desveló ABC en su edición del 15 de mayo.

«Marasmo normativo»
La segunda alerta llegó ayer, con motivo de la presentación del informe «El Libro Educativo en España. Curso 2017-2018», por parte de Moyano y del director ejecutivo de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), Antonio María Ávila. En este documento se alude expresamente al «marasmo normativo», consecuencia de la «fragmentación del sistema educativo». En este sentido, señalan que «las interpretaciones muy diversas de los textos constitucionales han repercutido en las negociaciones sobre las transferencias a las diversas Comunidades autónomas que, a su vez, son sumamente laxas a la hora de reconocer las competencias exclusivas del Estado y muy celosas del ejercicio de las suyas propias».

Ese celo en la defensa de sus propias competencias ha derivado en una falta de coherencia en el sistema educativo, con notables desigualdades normativas. Un ejemplo claro de esta incoherencia es que, según los editores, como consecuencia de la aplicación de la Lomce, las autonomías han «sorteado la norma del Estado» y han elaborado unos currículos «que nunca, hasta ahora, se habían apartado tan claramente de la norma estatal».

Esta diversidad de libros puede conllevar libros «más caros» y el sector señala en su informe que «el currículo básico debe de ser eso, básico, que permita la adaptación a las necesidades concretas de los alumnos».

«Normas mal hechas»
Los responsables de los editores no han ocultado su malestar por esta situación. «Hay más fragmentación y diversidad curricular que nunca», subraya José Moyano, recordando que «nunca la había habido tanto en materias de aparante neutralidad, como Matemáticas. En este país no sirve un mismo libro de Matemáticas para todos, y esto es una barbaridad».

El presidente de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), Antonio María Ávila, va más allá: «Uno de los problemas que tiene el sector educativo es la hiperadministrativización. Hay una intervención desatinada y disparatada de los poderes públicos, todos. Legislan en exceso, y la abundancia también mata».

Este sector señala que no están en contra de la estructura autonómica, pero advierten de que «hay muchos poderes legislando, a veces innecesaria e insuficientemente, sin meditar. Hay un exceso de normas, y mal hechas, desde el punto de vista de la técnica jurídica, y lo más triste, nunca con criterios pedagógicos, sino políticos o economicistas».

Este «marasmo normativo» es incluso desconocido por los propios responsables políticos cuando acceden al cargo. Moyano recuerda que «yo he estado en una Comunidad con los responsables de Educación y ni ellos mismos sabían los cambios que se habían realizado. Esto se está complicando tanto que un país que quiere ser operativo y tener empresas fuertes no puede estar al albur de estar continuamente intervenido por una normativa que son inasumibles».
Crisis económica

Junto a las críticas a la intervención política en los contenidos, los editores también se quejan de los cambios que los responsables autonómicos han introducido en la renovación de los libros de texto. Así, insisten en que, aunque la vigencia debe mantenerse durante cuatro años, según un Real Decreto de 1988, «las autoridades autonómicas han alterado ese período de tiempo razonable». La razón sería la «crisis económica».

Estos cambios se han llevado a cabo «sin previo aviso», lo que ha provocado desórdenes en los calendarios de renovación, así como graves obsolescencias e incertidumbres a la hora de planificar inversiones y ediciones de estos textos.

La única vía para poder frenar esta situación sería el Pacto por la Educación. Un consenso sobre el que hay, a día de hoy, unas previsiones muy pesimistas, después de que el PSOE anunciara un «otoño calentito en materia educativa». Las fuentes consultadas por ABC apuntan a que cuando se reinicen los trabajos de la Subcomisión del Congreso se podría constatar este distanciamiento del PSOE. De hecho, no se confía en que este acuerdo pueda alcanzarse en el plazo establecido.

Estabilidad
Los editores señalan que el acuerde debe ir encaminado a un diseño curricular más sencillo, pero apuntan a que, en el mejor de los casos, en un «cálculo extraordinariamente optimista, estamos hablando de una ley para el curso 2019-2020. Si por medio se mete un proceso electoral, puede que la Lomce dure diez o doce años», subraya Ávila. Por ello, pide «generosidad» en el acuerdo porque «no todos pueden querer su propia concepción».

En el informe piden que la educación «no sea un arma política» y recuerdan que «no es el ámbito adecuado para medir el éxito o fracaso político. Cuando la educación se convierte en campo de lucha política, pierde la educación, pierden los niños y jóvenes y pierde toda la sociedad». Por ello, reclaman estabilidad para el sistema que pueda surgir del pacto

Los editores arremeten también contra los políticos, que consideran que «nunca» han estado a la altura necesaria. «La educación ha sido pisoteada en atención a intereses políticos inmediatos».

Diecinueve maneras de estudiar Matemáticas
Los editores critican que un mismo libro no sirva para toda España.
R. Ruiz. La Razon 8 Septiembre 2017

Los editores de libros de texto culparon ayer a la ley de educación vigente, la Lomce, de la diversidad de manuales que existen entre los estudiantes de toda España para estudiar una misma materia. Así, nos encontramos que en 4º de Primaria, sólo para cursar una asignatura que aparentemente es neutra, como las Matemáticas, hay hasta 19 versiones diferentes de media en las comunidades autónomas. Por no hablar de otras materias como las Ciencias Sociales, donde podemos encontrar hasta 25, en Ciencias Sociales 17 y en Lengua 18. El presidente de la Asociación Nacional de Editores de Libros de Texto (ANELE), José Moyano, llegó a referir ayer, durante la presentación del informe «El libro educativo en España», que le habían llegado a pedir libros diferentes para una isla con solo dos colegios.

¿La causa? «La Lomce ha cerrado unos currículos con una estructura compleja e incomprensible. Los ha hecho exhaustivos para dejar poco espacio a la concreción de las autonomía pero, sin embargo, el resultado ha sido todo los contrario», expone el informe presentado ayer. Así, las comunidades autónomas han optado por aplicar una normativa «creativa que, de hecho sortea la Lomce, elaborando unos contenidos que nunca hasta ahora se habían apartado tanto de la norma estatal».

Así expone que esta diversidad de contenidos de libros de texto que exigen las autonomías «es uno de los problemas más duros que tienen que afrontar los editores. Diversidad de libros quiere decir más ediciones y ediciones más cortas, más equipos editoriales, libros más caros», añade el informe. De ahí que Moyano acabara lamentándose ayer de que «en este país no sirve un mismo libro de Matemáticas para todos y esto es una barbaridad». Para hacernos una idea de la diversidad curricular que hay en España, comparó la situación española con la gala. Así, mientras en España se editan 50.000 libros distintos, en Francia sólo 2.000. Esta circunstancia repercute en los precios, aunque la previsión de incremento para el curso se estima en un uno por ciento por debajo del IPC registrado.

Otra cuestión que los editores pusieron ayer sobre la mesa fue la renovación de los libros de texto. Un decreto de 1998 establece que su vigencia debe mantenerse durante cuatro años, un margen de tiempo «razonable que garantiza la continuidad en el uso, evita la obsolescencia excesiva de los libros y permite cubrir las inversiones». Sin embargo, ayer denunciaron que esta norma se ha visto alterada por las autoridades educativas autonómicas a consecuencia de la crisis. Así, ocurre que en algunos lugares han tardado en renovarse los libros más de nueve años, según denunciaron ayer, lo que crea «graves obsolescencias y genera incertidumbre a la hora de planificar las inversiones y las ediciones».

En lo que concierne a la subcomisión creada en el Congreso de los Diputados para lograr el pacto de Estado, los editores defendieron su creación y afirman que «lejos de la falsa creencia de que al sector editorial le interesan los cambios legislativos continuos, lo que realmente le interesa es la estabilidad y coherencia».

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La solución política

FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 8 Septiembre 2017

Dice el Gobierno y no desmiente la Oposición que en Cataluña se ha producido un golpe de Estado; "a cámara lenta", dijo Guerra y han repetido muchos ministros desde entonces. "En Cataluña la democracia ha muerto", dijo anteayer Soraya Sáenz de Santamaría, creadora del duopolio televisivo al servicio de Podemos que es el principal apoyo del golpismo en Cataluña y fuera de ella. "Jamás en nuestra historia reciente hemos sufrido un ataque de esta naturaleza", dijo ayer Rajoy, para a continuación refugiarse, como siempre, en las faldas de los jueces, junto al PSOE y Ciudadanos. De modo que lo que ha pasado es distinto y más grave de lo que nos ha pasado nunca, pero la respuesta seguirá siendo la de siempre: "proporcionada", o sea, acomplejada, "fría", o sea, judicial, e "inteligente" o sea, inexistente.

El martes, tras la Diada, vendrá la segunda parte: cuando los golpistas demuestren que siguen siendo muchos y tan decididos y desalmados como en el mes de Agosto, cuando culparon a España de la masacre de La Rambla, llegarán las mericheles y los mericholos de Pluri-Sánchez diciendo, como la ETA, que hay que buscar una "solución política" para el "encaje de Cataluña en España". Es decir, volver al error de 1978 y creer que los caníbales cupaires, esquerranos y pedecatos sólo esperan la oportunidad de hacerse vegetarianos. Plurisánchez y Pluriceta quieren vendernos otra vez el difunto Estatuto Catalán de ZP: federalismo asimétrico y cantones federonacionales, o sea, suicidarse y suicidarnos,

La solución política al golpe nacionalista no es neutralizar el golpe, que es el efecto, sino combatir el separatismo, que es la causa. En el caso, dudoso, de que Rajoy y sus colegas de tembleque institucional frenaran el 1-O, el problema seguiría siendo el mismo, pero cada vez peor. Hay que combatir al separatismo liberticida, sin límite de tiempo, en todos los lugares de España en que día a día perpetra su golpe de Estado. Y lo primero es combatir la discriminación lingüística, mediática, legal, laboral e ideológica que los españoles padecen en un tercio de su territorio. El 155 debe ser activado en toda España. Y todos los funcionarios y cargos electos que no respeten las leyes del Estado Español deben ser despedidos de inmediato, como cualquier empleado desleal a su empresa. O eso, o nada.

El golpe de Estado tolerado y financiado

Melchor Miralles Republica 8 Septiembre 2017

El Gobierno ha puesto toda la maquinaria a trabajar a destajo. El Poder Judicial se ha puesto las pilas. Pero la solución es mala, porque este golpe de Estado se viene dando desde hace años, y ha sido tolerado, financiado y fomentado por la pasividad interesada de los gobiernos presididos por Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy. Pero todo se está haciendo tarde, y como los independentistas y los catalanistas cómplices están crecidos y acostumbrados a la impunidad, la cosa está dura. Hay tensión, mal rollo, fractura social, y los que están por la desconexión de Cataluña de España quieren más lío, y si encuentran por el camino algún héroe o alguna víctima, mejor que mejor para lo suyo. Ojo porque la historia acredita que por las banderas y los nacionalismos exacerbados ha corrido mucha sangre.

El activismo y la propaganda del independentismo, financiada con el dinero de todos, la torpeza y la estulticia de quienes han gobernado España y han manejado las instituciones y la cobardía acomodaticia de la clase media y la burguesía catalanas han engendrado este monstruo que va a devorarse a alguien. Ya veremos a quién.

Los gobiernos de España hace tiempo que renunciaron a elaborar un Plan de Educación, han parido reformas educativas indecentes y al dejar en manos de los golpistas la formación de dos generaciones, las consecuencias están a la vista. La noticia de hoy de que los editores critican tener que hacer hasta 25 versiones de los libros de texto es una muestra de lo que hay. Se ha tolerado que en algunas Comunidades Autónomas, en especial en Cataluña y País Vasco, se reescriba la historia al gusto de los nacionalistas e independentistas, se ha puesto la formación de los niños y los adolescentes en manos de políticos sin escrúpulos que han difundido propaganda barata en vez de historia, y con la excusa de proteger una lengua han diseñado planes de estudio cargados no de conocimiento sino de ideología partidista, tendenciosos y dirigidos no a formar sino a crear militantes. Y las consecuencias las tenemos delante. La Generalitat de Cataluña, quienes la manejan, quieren crear una República autoritaria, populista, en la que la división de poderes no existe y el Ejecutivo lo copa todo, y en la que solo los ciudadanos que superan los filtros catalán-nacionalistas son considerados y respetados, mientras que los discrepantes son perseguidos, sancionados y excluidos con discriminación social, política, lingüística, laboral, legal y mediática. Quieren imponer su República con una mayoría simple tras un voto ilegal en un Referéndum controlado por ellos sin las más elementales garantías. Un dislate.

La maquinaria propagandística, millonaria, subvencionada con dinero público, es insaciable y ha conseguido buena parte de sus propósitos. Las mentiras cien veces repetidas se convierten en verdad para muchos. Y quienes se sienten catalanes y españoles o simplemente españoles han sido abandonados hace tiempo a su suerte, y a ver ahora como lo arreglan. Cataluña y los catalanes van a salir mal parados, seguro, suceda lo que suceda. Pero España también.

De aquí al lunes, la Diada, van a tratar de que no suceda nada más, y no es poco lo sucedido. Pero a partir del martes, ¿qué? Nuestro Código penal es débil, sanciona con más dureza los excesos de velocidad o conducir un vehículo sin carnet que la sucesión de comportamientos golpistas que venimos observando en Cataluña. Si estuviera vigente el Código Penal de la Segunda República, el de 1932, el comportamiento del Parlamento catalán estas semanas haría sido encajado claramente en el tipo penal de la rebelión. Hoy no. Las cosas han cambiado, y algunas a peor. La capacidad de respuesta jurídica a los secesionistas ya hemos visto los resultados que ha tenido. A ver ahora, ya en el precipicio, si entre el Gobierno, la Fiscalía, el Constitucional y el Supremo son capaces de poner orden sin recurrir a la Ley de Seguridad Nacional y al 155 de la Constitución. Hasta la fecha desde Madrid se hablaba siempre de respuestas proporcionadas a inteligentes, que se han traducido en lo que viene siendo respuestas inexistentes, que han posibilitado llegar a este punto insoportable. Porque van a frenar el 1-O, no va a haber referéndum, aunque habrá jaleo, pero el problema de fondo seguirá ahí presente, candente, sin resolver, porque es un problema político y social severo, el separatismo, el secesionismo. Y para resolverlo hacen falta políticos con una talla que no adivinamos en el panorama actual de España. Al menos por ahora.

El juego de la democracia
FELIPE FERNÁNDEZ ARMESTO El Mundo 8 Septiembre 2017

Por ser rutinario, el abuso de la palabra "democracia" no me preocupa. Nadie lo toma al pie de la letra. En la mayoría de los Estados que históricamente se calificaban de "repúblicas democráticas", democracia equivalía a decir «dictadura». En la actualidad el abuso más notorio es el de la República Democrática de Corea -o sea, Corea del Norte- y Laos (regido por una junta de militares izquierdistas), Etiopía (donde la oposición no tiene diputados en la legislatura) y Argelia (donde un círculo de potentes no elegidos domina los procesos gubernamentales) se denominan de la misma forma sin cumplir las normas más elementales. Nepal se califica de República Democrática Federal pero al cabo de una guerra civil recentísimo es difícil por ahora predecir el rumbo que va a seguir su democracia inexperta. Timor del Este y Sri Lanka son tal vez las únicas repúblicas democráticas que merecen el apodo.

Mucho más inquietante que esa retórica, a la cual ya ni hacemos caso por saber que se trata de una pura superchería, es la perversión de la realidad democrática en países serios e incluso (en los casos de EEUU, el Reino Unido y España) modélicos. En EEUU una minoría del electorado ha impuesto un presidente que se burla del país. En Gran Bretaña la situación es, en cierto sentido, más grave que en el país de Trump, ya que el Gobierno de Theresa May está deformando la legalidad sin el consentimiento de los ciudadanos. El Ejecutivo de Londres remite, de una forma racionalmente incomprensible, a un referéndum constitucionalmente no vinculante, aprobado por una escasa mayoría de los votantes, para marginar las tradiciones constitucionales, sacar el país de la Unión Europea, poner de un lado tratados que garanticen el rol del Tribunal Europeo de Justicia, y cancelar algunos derechos de sus ciudadanos, entre ellos, los de trabajar, viajar y comerciar libremente en el resto de la Unión. Por tanto, el Reino Unido parece destinado a un Brexit duro que nadie quiere, sino unos pocos xenófobos y nacionalistas a ultranza. Los casos de Venezuela y Turquía son menos chocantes, porque sus raíces democráticas son menos profundas, pero se parecen de forma inquietante. En ambos, por maniobras electorales aprobadas por mayorías insuficientes para justificar cambios constitucionales, se está logrando suprimir las oposiciones y socavar el Estado de Derecho. En España, mientras tanto, por una maniobra semejante, un Gobierno autonómico en Cataluña, elegido por una minoría de sus votantes, se propone eliminar la Constitución sin tener el apoyo de la mayoría de los conciudadanos de la misma región, sino contando únicamente con el servilismo de una escasa minoría de sus propios seguidores que estarán dispuestos a participar en un referéndum ilegal.

En todos estos casos, la democracia ha quedado impotente frente a los abusos. Por respeto al Estado de Derecho, los demócratas auténticos toleran las anomalías constitucionales que permiten, en España y en el Reino Unido, que coaliciones de perdedores se agarren del poder, o en EEUU que Estados pequeños ejerzan una preponderancia electoral desproporcionada, privando a los votantes de grandes Estados, tales como Nueva York y California, del peso justo de sus votos. En Turquía, el golpe fracasado quitó legitimidad a la oposición en el momento clave del estratagema de Erdogan. En Venezuela y en España los recuerdos de la violencia política desarman los defensores de la democracia y animan el terrorismo psicológico de los revolucionarios. Maduro y Puigdemont se burlan de la benevolencia de sus opositores.

Parece mentira que en la historia de las ideas quepa corromper tan fácilmente el concepto de la democracia. La tradición abusiva es larga. Supongo que los 'chavistas' ni los 'erdoganistas' ni los 'trumpistas' ni los 'brexiteros' ni los señoritos del secesionismo catalán habrán leído los textos de Rousseau ni de Kant sobre esa "voluntad general" que supera a las voluntades de los individuos, por numerosos que sean, ni que hayan estudiado la tradición idealista alemán decimonónico que autorizaba a líderes --sedicentes carismáticos o superdotados de heroísmo o representativos o encarnados del espíritu del pueblo- para interpretar esa supuesta voluntad según sus caprichos o intereses particulares. Para algunos -de la CUP y de Esquerra- la tradición intelectual vigente es la de un marxismo degenerado que les permite considerarse como representantes de una clase supuestamente oprimida cuya opresión les otorga el derecho de oprimir a los demás.

Sé dónde echar la culpa, pero no sé dónde buscar el remedio. El independentismo catalán es un problema intrincadísimo, al cabo de tantos años de gestión poco inteligente por parte de sucesivos gobiernos españoles. El lector que me haya seguido -si existe alguno- sabrá que desde el momento del fracaso del Estatut en 2010 yo apostaba por una consulta a nivel nacional sobre la Constitución española para evitar la quiebra del país. Y mientras el movimiento secesionista en Catalunya ha ido acumulando fuerza, he insistido en la necesidad de organizar, por parte del Gobierno español, una consulta sobre la independencia de todos los habitantes de Cataluña y todos los del resto de España que se consideran catalanes. De esta manera, el Gobierno hubiera llevado la iniciativa. Sabríamos a ciencia cierta que la mayoría de los catalanes no quieren abandonar el resto de España. O, en caso contrario, ¿quién iba a pensar en mantener la Constitución actual si una gran mayoría de los españoles quisieran cambiarla y apostaran, por ejemplo, por un sistema federal? O si una gran mayoría de catalanes prefiriesen un futuro desacoplado de sus vínculos históricos con el resto de España, ¿quién piensa que los demás españoles no les concederían la independencia con afecto y tristeza, pidiéndoles que vayan con Dios? Parte de la esencia de la democracia, dentro de las normas del Derecho, es confiar en el pueblo, y deferir a su autoridad. Unos pocos catalanes no pueden cambiar la Constitución de España, pero si en algún futuro por ahora imprevisible el pueblo catalán realmente deseara independizarse, la magnanimidad de España no dudaría en lograr los cambios constitucionales necesarias para que se realizara.

Pero ya se ha perdido la ocasión de mostrar al país y al mundo la verdadera actitud de la mayoría de los catalanes. La iniciativa queda en manos de los resentidos del Palau de la Generalitat. Su referéndum secesionista, que en efecto sólo permite votar a los partidarios de la ilegalidad, me recuerda la decisión democrática de los Estados del Sur de independizarse de los Estados Unidos en 1860 sin tener en cuenta la opinión de los negros. El intento carece de cualquier pretensión verosímil de legitimidad. Pero el Gobierno nacional dispone de pocas posibilidades de frustrarlo. Si se suprime, los nacionalistas obtendrán una victoria propagandística, denunciando ante el mundo entero una tiranía que no permite a los votantes expresar su voluntad, o insistiendo en que las autoridades centrales actuaban por miedo. Hay que responder con un contundente, No tinc por. Hay que permitir el ejercicio, ridiculizándolo y denunciando su irresponsabilidad, su coste injustificable, su falta de justicia, su apoyo minoritario y su ineficacia legal. Sobre todo, hace falta una campaña de información, animando a los votantes a abstenerse de las urnas. Un referéndum fracasado valdrá más al mundo que un referéndum suprimido. Ni los señoritos del Palau osarían proclamar una independencia que pocos catalanes quieren, que el país entero rechaza, y que pocos Estados -excepto Venezuela o Corea del Norte- reconocerían. Si lo hiciesen, o si la CUP intentara un golpe, el rechazo popular en Cataluña sería enorme y veríamos a millones de manifestantes por las calles.

Pero la actitud negativa, aunque precisa, no es suficiente. La democracia no es el despotismo de la mayoría sino un sistema consensuado que involucra, consulta y respeta las opiniones de minorías significativas. No cabe duda de que en la actualidad hay una minoría significativa en Cataluña a favor de la independencia. Puede conseguir hasta un par de millones de votos. Merece tomarse seriamente en cuenta, asegurándole la disposición benévola del resto del país, la apertura al diálogo, y la promesa de buscar soluciones satisfactorias a sus inquietudes dentro del reino de derecho, de justicia, de paz y de amor que es España.

Felipe Fernández-Armesto es historiador y titular de la cátedra William P. Reynolds de Artes y Letras de la Universidad de Notre Dame (Indiana, EEUU).

La independencia y el fracaso de la paciencia
Manuel Peña Díaz Cronica Global 8 Septiembre 2017

Un conocido historiador de origen gallego, activista de Òmnium y comisario nacionalista durante años en los tribunales de oposición a secundaria, hizo una profecía en 1993 que se ha cumplido casi al dedillo. Estábamos enzarzados en una discusión sobre si debían o no prevalecer criterios nacionalistas y lingüísticos en la valoración de los ejercicios de los opositores, cuando zanjó la polémica con este comentario: "Cuando tus padres ya no voten y tus hijos sean mayores de edad, alcanzaremos la independencia, y no habrá más que discutir".

Patientia vincit omnia, entendida la paciencia como aquella facultad de saber esperar cuando algo se desea mucho. Se trataba de actuar continua e intensamente en las aulas y en el asociacionismo con la esperanza de que el cinturón rojo de Barcelona se fuese convirtiendo en rosa, para terminar siendo cuatribarrado. El movimiento nacional catalán sabe desde hace tiempo que la balanza se inclinaría a su favor el día que esos pueblos, con abrumadora mayoría de castellanohablantes, dejasen de votar en clave española. En las autonómicas el plan abstencionista funcionó a la perfección en tiempos de Pujol. Se alteró ligeramente con la irrupción de C's, pero apenas cambió puesto que desde 1979 el municipalismo de izquierdas, primero psuquero y después socialista, siempre estuvo entregado a las consignas del dogma normalizador, tanto lingüístico como ideológico. El mejor premio a esta complicidad se simbolizó con el nombramiento del que fuera alcalde de Cornellà, el cordobés José(p) Montilla como presidente de la Generalitat, y las condecoraciones a la onubense Manuela de Madre, alcaldesa de Santa Coloma durante la década de los noventa y catalana del año en 2002. Son sólo un par de ejemplos entre centenares.

El oasis de los ochenta y los noventa fueron años de confluencia idílica para la clase dirigente. A la burguesía catalanista, franquista o no, se le sumaron los líderes obreristas, antifranquistas reconvertidos en sumisos neocatalanistas. Todo empezó a cambiar, como aventuró aquel catedrático de secundaria, a comienzos del siglo XXI cuando desembarcaron mis hijos en el escenario político, primero como votantes después como agentes. Ya nada pudo ser lo mismo cuando esos jóvenes normalizados en la cosmovisión nacionalcatalana, hijos o nietos de inmigrantes, y aleccionados por un sistema educativo hispanófobo comenzaron a cuatribarrar el cinturón rosa con tonos cada vez más estelados. Y mientras, los gobiernos socialistas y populares en Madrid seguían contando nubes o veían llover. Después de todo lo que habían consentido al régimen pujolista desde 1980, sólo a un españolista desubicado se le pudo ocurrir llevar el nuevo Estatut aprobado en referéndum al Constitucional. Era cuestión de paciencia, el objetivo final de alcanzar una mayoría aplastante parlamentaria (2/3 de los diputados) estaba cada vez cercano.

La Cataluña endins ya estaba ganada desde el carlismo. Iba a ser en las poblaciones del antiguo cinturón rojo donde se iba a dirimir el final del procés. No se trataba de sumar para la causa a conversos o charnegos, sino de promover la interiorización desde la más tierna infancia de la cosmovisión identitaria como Verdad única y revelada. Nadie está obligado a condicionar su presente por las vivencias o ideologías de sus antepasados más inmediatos. Aunque a todos, a los nietos de inmigrantes catellanohablantes y a los hijos o nietos con un apellido catalán de viejo abolengo, les une la invención de un mismo imaginario antifranquista, unos por ser herederos de descamisados otros por serlo de colonizados. Y tan hiperventilados estaban que se creyeron que ya habían llegado a Ítaca. Como el viento les había sido muy favorable en los últimos años intentaron desembarcar, y esas prisas han hecho fracasar la paciencia de tantos años de construcción nacional. Los fanáticos cachorros del catalanismo creían que ya estaban en la orilla y el miércoles se hundieron en el cieno de sus propias heces.

Visto lo visto, ya solo les queda la esperanza de que el último empujón para vencer en el cinturón barcelonés lo den los líderes comuneros de Podemos, aunque voten no, su participación legitima el golpe. A final de la vergonzante sesión totalitaria del 6 de septiembre, se lo insinuó Anna Gabriel a Albano Dante: le cedo mi tiempo de réplica, compañero. Y Fachín picó: Nos vemos el 1-O. La molletense podemita Martínez Castells remató la faena con la retirada de banderas españolas para entregárselas a un amigo cupaire. Su gesto recordó el entreguismo del PSUC y del PCC al nacionalcatalanismo y rememoró la traición que esos pijos obreristas hicieron a todos los que habían luchado en el tardofranquismo por la democracia y contra la explotación de centenares miles de inmigrantes castellanohablantes, tratados como ciudadanos de segunda desde los tiempos de la rojigualda del águila hasta los actuales de la senyera estelada. Y después de todo lo sufrido, vueltas que da la vida, el fracaso o el éxito de la independencia están en manos de sus nietos. Ellos verán.

Carta abierta a la diputada Ángeles Martínez
Gonzalo Duñaiturria okdiario 8 Septiembre 2017

No deseo engañarla, por lo que comenzar la presente con un “estimada” sería un perfecto fraude, término este que define de manera impecable tanto a usted como a los suyos. Que triste haber sido portada de los medios por su ruin actitud del pasado miércoles en el Parlamento de Cataluña, España, cuando retiró las banderas españolas para dejar solo las catalanas que los diputados del PP habían colocado en sus asientos al abandonar el pleno y ausentarse de la votación. Lo que usted pretendía era ofender, una vez más, a los que nos sentimos orgullosos de ser españoles. Regurgitó un especial rencor envestido de chulería amparándose en la amoralidad que tiene quien se siente impune por sus actos. Desprendió sobre la bandera nacional el mismo odio que hubiera desprendido contra cualquiera de nosotros. Que peligro acecha a una sociedad cuando determinados seres se consideran exentos de cumplir con el más mínimo orden moral. Ante tamaña indecencia no es de extrañar que a su vez se consideren exentos de cumplir con el más mínimo orden legal. Tampoco se ha disculpado.

Señora Martínez, usted y su compañero de formación, un tal Albano Dante Fachín, han afirmado que la actuación no refleja un sentimiento antiespañol, sino que su bandera es la republicana, por lo que si esta última hubiera estado en los escaños populares, no la habría retirado. No le falta de nada. Además es usted una ignorante. El 6 de octubre de 1934, en plena II República Española, Luís Companys, presidente de la Generalitat, se asomó al balcón de la plaza de San Jaime y enfervorecido gritó: “En esta hora solemne, en nombre del pueblo y del parlamento, el Gobierno que presido asume todas las facultades del poder en Cataluña. Proclamo el Estado catalán en la República federal española”. Que mimetismo y sincronía histórica. Pues bien, señora Martínez, el Gobierno español declaró el Estado de Guerra y encargó al general Batet acabar con los secesionistas. Le aseguro que no pretendo dar pistas a quienes tienen el deber y la obligación de velar por nuestro orden legal, si bien a veces ganas no me faltan. Escasamente 11 horas después del último roznido de Companys, la República conseguía abolir el Estado catalán y semejante ópera bufa terminó con todo el Gobierno de la Generalitat arrestado. Sigo sin querer dar pistas a nadie, pero otra vez, ganas no me faltan.

Semejante reacción fue la de “su República” y por semejante reacción, quizá la mía y la de muchos españoles. Usted demostró su bajeza moral, excretó su inmenso odio engarzado en cobardía. La bandera nacional, por mucho que la abomine, es el símbolo de la unidad de los españoles, de aquellos valores comunes que compartimos y que nos identifican como miembros de una comunidad política, histórica y cultural labrada con esfuerzo y sacrificio, con alegrías y tristezas, con aciertos y errores desde hace más de 600 años. Representa el recuerdo y agradecimiento hacia nuestros antepasados, hacia aquellos que forjaron lo que hoy somos. Personifica el deseo de lucha y trabajo por un futuro mejor, por un mañana que siga haciendo sentirse orgullosos de ser españoles a nuestros hijos, del mismo modo que lo somos la mayoría por la labor de nuestros padres.

Pero sobre todo nos expuso, junto con odio, todo el resentimiento que lleva dentro señora Martínez. Permítame aconsejarle algo: entiendo que si realiza una cierta introspección personal es difícil, pero cuide de usted, mímese para curar las heridas morales que lleva dentro. Las cicatrices del alma tardan infinitamente más en curar que las de la piel, pero inténtelo. Entiendo que el dolor que supone el odio marca mucho, pero aspire a construir un entorno mejor, aportando esperanza a los demás y no rabia hacia quienes no piensan como usted. Como dijo el genial Miguel Mihura: “El rencor es la caja de caudales de la maldad”.

Golpe de Estado del separatismo catalán
Jesús Salamanca diariosigloxxi 8 Septiembre 2017

Muchos estamos convencidos de que la Cup-eta y la dictadura fraudulenta narcotraficante de Nicolás Maduro está detrás de estos separatistas que violan la Constitución de todos los españoles. Tanto como apelamos a la Carta Magna de 1978, ahí viene perfectamente clarificado el artículo 155 que -- desde mi punto de vista-- habría que aplicar ya, sin más dilación, para evitar.

Representantes de las instituciones catalanas se han cargado vulgarmente la democracia. Han demostrado que no saben lo que es la convivencia con el resto de comunidades autónomas del Estado español; un Estado al que pretenden imitar y del que se han mofado desde hace años: ahí tienen la cantidad de veces que ha habido que recurrir al Tribunal Constitucional por desobediencia institucional o incumplimientos absurdos. El pasado miércoles, el parlamento catalán se convirtió en el hazmerreír de toda Europa y del mundo democrático; a ello hay que añadir el ridículo permanente que viene haciendo Cataluña con la creación de embajadas catalanas que nadie reconoce ni hace caso.

Resulta difícil entender que se salgan de la Constitución española apelando a la "libertad de expresión", "libertad de los pueblos", "los derechos humanos", “aspiración de libertad”, “falso consenso del pueblo catalán”,... Pero lo cierto es que es un claro golpe de Estado que hay que atajar cuanto antes. Y hay que hacerlo con toda la contundencia de la ley, como se hizo con los insurgentes del 23F. Se echan de menos manifestaciones multitudinarias y opiniones contundentes del ámbito judicial, precisamente en este golpe de Estado dañino para España, la Unión Europea y el mundo democrático. Confío en que no falten las sanciones penales ante la excesiva gravedad de lo acaecido en el parlamento catalán y el odio difundido desde algunas instituciones, entre las que no se excluye el consistorio de Barcelona.

Mayoritaria es la población de Cataluña que no quiere independizarse de España. Son los partidos de corte independentista y antisistema quienes reaccionan contra derecho e interpretan de forma burda el deseo secesionista. Desde mi punto de vista han llegado muy lejos, excesivamente lejos, al secuestrar la democracia con un claro objetivo: fracturar España. Y actitudes así no hay por qué consentirlas. Las decisiones no se toman "por narices" cabe el diálogo cuando hay resquicio para ello, pero en este caso la Constitución es clara y cuanto alude a la indivisibilidad del Estado, también.

¿Hay culpables? Claro que los hay y en distintos frentes. Primero los distintos gobiernos nacionales que han permitido el juego sucio y navajero de los sucesivos gobiernos autónomos catalanes. En segundo lugar, los grupos antisistema e independentistas que, en una amalgama vulgar y nada respetable, han retorcido la irretorcible normativa. Y, por último, las presiones venezolanas hacia el mundo del "perroflautismo" integral; algo así como el "yihadismo" corrompido y desnortado. Insisto en que el golpe totalitario del separatismo no puede quedar impune; ese totalitarismo carece de valores y virtudes, por lo que se asienta en el delito, la vulneración de garantías democráticas y la ceguera secesionista.

Nadie debe sorprenderse de la dureza mostrada por la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría. Tiene tan claras las ideas y la legislación al uso y al respecto que se ha encargado de fijar la postura del Gobierno y esa postura ha sido dura, aunque no más dura de cuanto marca la ley en este caso. Ahora tenemos que ver esa dureza contra Forcadell, principal responsable del desaguisado parlamentario para mostrar al mundo el golpe de Estado dado en Cataluña. El código penal debe defender el atentado que ha cometido contra la institución parlamentaria, contra el Estado de Derecho y contra la propia Cataluña.

Están lejos los tiempos en que los Mossos fueron puestos a buen recaudo por admitir la proclamación de la república catalana. Por entonces, el Gobierno supo pararlos los pies. En este momento es la vicepresidenta la encargada de fijar la postura del Ejecutivo. Fue muy dura en términos políticos, en especial contra Forcadell, la presidenta de la Cámara autonómica catalana.

"Se acercan a los regímenes dictatoriales, es bochornoso y vergonzante", llegó a declarar la vicepresidenta en Moncloa. Y fue más lejos: "Bajo el mandato de Forcadell ha muerto la democracia". Carmen Forcadell debe ser inhabilitada ‘ipso facto’ y volcar sobre ella la medida más dura que permita el código penal. Recordemos que es la tercera desobediencia de la presidenta de la Cámara.

Esos tipos que jugaban a ser Allende y se quedaron en Kim Jong-un
Agustín Valladolidwww.vozpopuli.com 8 Septiembre 2017

Desprecio a la ley, menosprecio de las minorías, incompetencia, nocturnidad, soberbia infundada, linchamiento del discrepante, matonismo… Por fin tenemos ante nuestros ojos aturdidos el cuadro completo del secesionismo. Nada que ver con esa Cataluña abierta, feliz y próspera que nos vendieron; esa Cataluña que, liberada de la bota represora de España, sin plomo en las alas, se elevaría imparable hasta convertirse en la Suiza del sur.

Pura ensoñación. Y más después de constatar los efectos de este dislocado proceso. El recuento de daños pone los pelos de punta: una ciudadanía enfrentada, una economía quebrada, empresas en fuga, los grandes bancos a un paso de hacer las maletas, un sistema de poder en manos de la peor versión de los herederos del anarcosindicalismo, una imagen internacional, otrora excelente, construida a partir del esfuerzo colectivo que culminó en 1992, por los suelos.

¿En qué manos van a dejar los catalanes su futuro, en las de quienes respetan la prensa independiente o esas otras que alientan el linchamiento del discrepante?

¿Y todo por qué y para qué? Por dignidad; para ser libres, han dicho. ¿Dónde estará mejor el futuro de Cataluña?, se preguntaba hace poco Oriol Junqueras. El líder de ERC se contestaba a sí mismo con otra pregunta: “¿En nuestras manos o en las manos de los que tantas veces nos han demostrado que no nos quieren?” Yo le sugiero que se haga estas otras: ¿En las manos de jueces distantes e imparciales o cercanos y elegidos a dedo? ¿En manos de quienes respetan la prensa independiente o de quienes alientan el linchamiento de periodistas y persiguen a los medios no afectos? ¿En manos de unos dirigentes políticos prudentes o de aquellos que no dudan en utilizar el terrorismo para alcanzar sus fines?

Se acabó. Fin del cuento. El autoritarismo desacomplejado exhibido por el independentismo el pasado miércoles en el Parlament le ha quitado de un manotazo la careta sentimental a Junqueras. Esa que ha paseado por todas partes y que alimentaba la tesis de que esto no iba de dinero, ni de privilegios, ni de buscar atajos para blindar al clan Pujol y al resto de corruptos, sino de afectos, de sentimientos. Junqueras es el gran cínico de la función. El que habla de la falta de cariño de los españoles mientras desprecia los sentimientos de los catalanes que no comparten sus ideas. El que ha exigido diálogo mientras ponía palos en la rueda, porque, como ha escrito César Antonio Molina , “nada entorpece más el diálogo que el tener la convicción de que sus razones son notablemente superiores, en mucho, a las del otro”. El bueno de la película que deja hacer a los suyos cuando se trata de acorralar a la prensa y nada tiene que decir si los cachorros de la CUP proponen “señalar” (Assenyalem-los) a los contrarios a la independencia. Fascismo puro.

El pasado miércoles, con su patada a todos los principios de la democracia y el Estado de Derecho en el Parlament, el independentismo firmó la defunción del procés y su divorcio definitivo de los estándares institucionales europeos. Porque, en línea con su actual nivel de incompetencia, en una infausta jornada, al ejecutar el golpe final de forma tan desairada y arbitraria, tan descaradamente antidemocrática, voló definitivamente todos los puentes que podrían haber conducido algún día a una supuesta comprensión internacional, diluyendo de paso cualquier duda que pudiera haber sobre la contundencia legal de la respuesta.

En sus ensoñaciones, estos tipos que rigen (por poco tiempo) los destinos de Cataluña, en algún momento han llegado a verse entre dos tricornios, conducidos a una oscura mazmorra castellana mientras Barcelona entera, en protesta por tamaña injusticia, se levantaba en armas. Por fantasear, incluso han fantaseado con Salvador Allende, con Mandela. Pero cuando despierten, con lo que se van a encontrar es con la respuesta del Estado de Derecho, la repulsa de la comunidad internacional y, por supuesto, con la citación de un tribunal entregada por un mossod’esquadra.

Algunos, en su delirio, han jugado a ser Allende, hasta que el 6 de septiembre de 2017 todos pudimos constatar que con quien en realidad compartían metodología era más bien con Kim Jong-un.

La rebelión catalana requiere algo más que tribunales
“La realidad que llamamos Estado no es la espontánea convivencia de hombres que la consanguinidad ha unido. El Estado empieza cuando obliga a convivir grupos nativamente separados” Ortega y Gasset.
Miguel Massanet diariosigloxxi 8 Septiembre 2017

Ayer, en el Parlament catalán, tuvo lugar una de las escenificaciones más burdas, menos solemnes, antidemocráticas, revolucionarias y deplorables que se puedan dar en un Estado del Siglo XXI, en plena UE y, podríamos afirmar que, ante la unánime perplejidad de todas las naciones que forman con nosotros esta gran unión que, con tantos esfuerzos, entre todos, estamos intentando llevar adelante; incluso contra la opinión de aquellos que sólo piensan en si mismos, como es el caso de la GB con su “brexit”, una aventura que no presagia nada bueno para la rubia Albion, acostumbrada a ir por libre, quizá pensando que todavía sigue siendo aquella nación colonialista todopoderosa del Siglo XIX.

El acto que el Parlamento catalán, presidido por una señora, Forcadell, que primero fue presidente de la ANC, una de las organizaciones que, con el Omnium Cultural, más se distinguieron en su lucha por la independencia de Cataluña y que, fue repescada para que presidiera la institución parlamentaria catalana, pese a ser manifiestamente incompetente para presidir un órgano de la importancia del que le ha tocado dirigir. Ayer quedó patente que, la señora Forcadell, no es más que un títere más del soberanismo catalán, olvidándose de que su misión era atender a los derechos de todos los parlamentarios sin distinción de partidos o ideas políticas, impidió que todos los partidos representados en la cámara, pudieran presentar sus alegaciones, ante el intento, y posterior consumación, de la aprobación exprés de una ley, expresamente calificada de anticonstitucional por el TC, aquella que convoca a los catalanes a un referéndum que, expresamente, fue considerado por el órgano máximo encargado de velar por la constitucionalidad de cualquier norma que se dicte en nuestra nación, como inconstitucional.

En una nefasta y embarullada jornada, en la que quedaron de manifiesto los vicios graves de una institución que pretende hurtar a una parte de sus miembros, a las minorías no separatistas, sus derechos y sus atribuciones en la preparación de aquellas normas que van a ser obligatorias para todos los catalanes; los miembros de los partidos anti constitucionalistas demostraron su desprecio por los principios democráticos, su radicalidad, cerrilidad y su obsesión enfermiza de atribuir a España aquello que, solamente en su cerrazón y fanatismo, se puede entender como una conducta inapropiada o especialmente contraria a los intereses del pueblo catalán. Claro que la labor concienzuda, comenzando por el adoctrinamiento escolar de las nuevas generaciones, la intoxicación mental de TV y tertulianos en todas las cadenas catalanas, amén de la insistente y machacante labor doctrinaria de la prensa, la mayoría de ella afín al separatismo; han sido factores determinantes de que lo que hace unos años apenas importaba a un 25% de los catalanes, en la actualidad esté cercana al 50%, algo que, desgraciadamente, deberemos atribuir a la falta de previsión, intereses partidistas y miedo a enfrentarse a ello con coraje y firmeza, de todos los gobiernos que se han ido sucediendo desde que el país entró en democracia.

Ante unos hechos consumados, un desafío abierto a la unidad de la nación, una tomadura de pelo a todo el resto de españoles, que vemos que, ante nuestras propias narices y sin que ocurra aparentemente nada, unos cuantos insurrectos que no representan más que una parte de la ciudadanía catalana ( y aún con importantes matices) son capaces de poner en jaque a toda una nación de la envergadura de la española, sin que lo único que se les ocurre a nuestros gobernantes, achacados del mal de la cobardía, de la sinrazón del miedo a que los insurrectos se enfaden porque se tomen medidas enérgicas en su contra o de que, una parte de los catalanes se lancen a la calle para destrozar todo lo que se les ponga delante, es interponer una serie de recursos ante el TC para que, con suerte, se reitera la anticonstitucionalidad de las leyes aprobadas en el Parlament catalán y empapelen a los firmantes por prevaricación para que, al cabo de un tiempo los tribunales los pudieran “incapacitar para ocupar cargos públicos” una medida que parece insuficiente ante la evidencia de la rebelión que se encubre en los actos sancionados.

Si se tiene en cuenta que el señor Puigdemont y sus colegas separatistas ya ha advertido que no piensan hacer caso de lo que digan los tribunales españoles y, específicamente, lo que pudiera salir del TC, es evidente que no van a tomar en consideración cualquier advertencia o conminación que viniese de la judicatura, lo que sitúa al Gobierno y al Estado español ante el dilema de permitir que las calles de Barcelona se conviertan en un infierno en manos de los terroristas de la CUP o utilizar a la fuerza pública para restablecer el orden. No obstante, es muy posible que las reacciones que nos tienen preparadas estos descerebrados, partidarios de los altercados callejeros y de los destrozos de escaparates y mobiliario urbano, sean de una magnitud mayor a las que se acostumbran a producir cuando se producen reclamaciones sobre temas que afectan a menos personas, cuando se tratan de meras reivindicaciones laborales o cuando sólo se centran en vencer la resistencia de una sola institución, por ejemplo, el Gobierno. Ahora nos encontramos ante un desafío mucho mayor en el que, por primera vez desde la muerte del general Franco, se pone en cuestión la unidad de la nación y el enfrentamiento entre dos bloques perfectamente definidos: el Gobierno de España y sus instituciones, apoyados por los dos partidos mayoritarios del arco parlamentario, enfrentados a quienes intentan, desoyendo la voz de la prudencia y desafiando la Constitución, la independencia de la nación española, para constituir lo que han dado por denominar la “República catalana”.

Ya no hablamos de si se suspende la autonomía según prevé el artículo 155 de la Constitución o de si se debe acudir a la Ley Penal o a otras leyes sobre seguridad nacional porque, señores, lo que es posible que suceda es que, como ya han anunciado, una numerosa banda de gamberros organizados se apoderen de las calles, organicen un caos circulatorio, irrumpan en los edificios públicos o se dediquen a asaltar bancos valiéndose del terror y pánico que multitudes de trúhanes amenazantes son capaces de crear entre los pacíficos ciudadanos. Quisiéramos creer que, cuando el señor Rajoy habla de reacción proporcionada, no está hablando de la que se pudiera llevar a cabo contra los culpables directos de la declaración de independencia, porque el problema no se va a limitar, si se producen las alteraciones de orden que se supone que se puedan llevar a cabo, a sancionar a los promotores sino que lo tendremos en lo que pueda suceder en las calles, en los locales públicos, en los organismos oficiales o en los bancos y demás lugares en los que, una invasión de vándalos semejante, puede llegar a impedir el normal desarrollo de toda actividad dentro de las principales ciudades de Cataluña.

Y aquí, señores, va aparecer la palabra mágica que ha venido siendo tabú durante todo este largo proceso en el que, los independentistas, han venido haciendo de su capa un sayo sin que nadie en absoluto, ni los tribunales ni las fuerzas del orden han sido capaces de impedir que siguieran avanzando en sus objetivos, unas veces con mayor rapidez y otras más despacio, pero siempre consiguiendo afianzarse en sus posiciones sin que, el Estado, haya tenido las agallas para pronuncia la palabra “basta”. Las dos ocasiones en las que hubo intentos de instaurar la república en Cataluña los gobernantes que les hicieron frente no se entretuvieron en discutir sobre las razones que avalaban aquellas peticiones de Maciá (1931) y Companys (1934), sino que ordenaron que, rápidamente, fueran reducidos los culpables para evitar que la insurrección adquiriera virulencia y pudiera contagiarse a otras partes de España. No olvidemos que existen otros lugares de España donde el germen independentista está latente y gobiernos autonómicos que esperan la menor ocasión que se les presente o debilidad del Gobierno para dar el paso adelante para conseguir también su independencia.

Estamos hablando de si, entre las medidas que estará manejando el Ejecutivo y que ha consultado con los dos partidos que le han prestado su apoyo, se encuentra la de, aparte de que la utilización de las fuerzas de seguridad, como la policía nacional, la Guardia Civil o, en el caso de Cataluña, los mossos ( suponiendo que permanezcan fieles a la Constitución), no fueran suficientes para acabar con los disturbios callejeros que se pudieran producir como consecuencia de la votación del 1 de Octubre o de la promulgación de las leyes de desconexión; se tuviera que declarar el estado de excepción y fuera necesaria la presencia del Ejército en las calles de Barcelona o cualquiera de las otras ciudades importantes de la comunidad catalana, ¿se acudiría al Ejército para pacificar las calles o se seguiría respetando esta especie de pacto no escrito por el que las FF.AA parece que, en Cataluña, no se encuentren en territorio patrio? Recordemos que el artículo 8º de la Constitución hace referencia a ellas cuando la patria se encuentre en situaciones como las que se pueden producir en Cataluña si, como es posible que suceda, el separatismo reacciona de forma violenta ante las decisiones del TC o del Gobierno.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, aunque sabemos que se trata de un tema complicado y muy delicado, no nos queda más remedio que dejar constancia de la preocupación que se siente, en tierras catalanas, por todos aquellos que viven en ellas, pero que no participan de esta fiebre separatista que parece que ha venido afectando a una gran parte de la población de la autonomía. Y es que no estamos muy seguros de la solidez de este apoyo que, por parte de los socialistas y miembros del partido de Ciudadanos, se le ha ofrecido al Gobierno de la nación; en el caso de que el problema adquiera tintes revolucionarios, se pudieran producir, en los enfrentamientos callejeros, algunas víctimas entre las partes enfrentadas y la sangre comenzase a correr por las calles. No estamos muy convencidos de que, el señor Sánchez o el mismo señor Ribera, en una situación semejante, mantuvieran su apoyo o bien aprovechasen la ocasión para hacer campaña contra el Ejecutivo, si vieran que, con ello, iban a conseguir votos que los favorecieran. Por desgracia, en política, las alianzas nunca son de fiar.
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