AGLI Recortes de Prensa   Domingo 17  Septiembre 2017

Rajoy, camino de los corrales
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 17 Septiembre 2017

"Nos van a obligar a lo que no queremos llegar", ha dicho Rajoy ante sus empleados del PP de Cataluña. Y en vez de ver la confesión de su cobardía, los medios 'asorayados' y también los melancólicamente leales a esta pobre Nación que nadie defiende y a esta Constitución que todos vulneran, lo imaginamos como el indicio de fortaleza de un Gobierno que es sólo la emanación perpleja de la resbalosa condición de su presidente.

En realidad, lo que estaba confesando Mariano es que hasta ahora no ha querido llegar a lo que sólo la tozudez de 'Cocomocho' puede obligarle a hacer, que es defender la legalidad en Cataluña. Porque nadie duda de que la reacción del gobierno este viernes tras la humillación pública del jueves en el arranque de campaña de los separatistas, que fue una burla a todas las instituciones, se ajustará a la más estricta legalidad. Pero tampoco ignora nadie que este "golpe de Estado a cámara lenta" lleva cinco años en cartel, y que hace casi dos tuvo lugar otro referéndum tan ilegal e ilegítimo como el de ahora y ante el que el Gobierno de Rajoy, este mismo Gobierno y este mismo Rajoy, no hicieron absolutamente nada: ni prevenirlo, ni castigarlo.

La cosecha de Rajoy: ni miedo ni vergüenza
Si en el parlamento de Cataluña se ciscan en todas las leyes, sean de ámbito europeo, nacional, regional o de la propia cámara, es precisamente por el precedente de estos cinco años de impunidad con Rajoy. Es verdad que la tienen desde Suárez, pero ni siquiera en tiempos del infame Zapatero se habían producido actos tan zafiamente despóticos, tan obscenamente antiespañoles, tan acostumbradamente impunes como los que hemos visto.

Sin la doctrina de que "lo único importante es la economía" sin el dogma de que "lo que hace falta en Cataluña es diálogo", sin el principio de financiar a los medios podemitas, aliados con los separatistas en el mayor desafío a España en varios siglos, ni los bandarras de la CUP ni los zuavos de Godó, ni la Gabriel ni el Juliana se hubieran atrevido a tanto. Y, de atreverse, habrían sido reprimidos por los mismos motivos que Rajoy, a quince días del referéndum, confiesa que no quiere emplear y que son los que la Ley pone a disposición de cualquier Gobierno y le impone aplicar.

La paradoja aparente es que los golpistas catalanes están siendo tan zafios que pueden empujar a la acción a su cómplice habitual por inacción. Sin embargo, no nos alegremos: lo que Rajoy confiesa es que no quiere de ninguna manera aplicar la Ley, que se niega a defender los derechos de todos los españoles, catalanes incluidos, salvo que le obliguen mucho, y aun así, poquito. En realidad, les está pidiendo, por favor, una coartada para no hacer nada, les implora que no le obliguen a moverse, les suplica que no le empujen a ejercer de presidente del Gobierno. Él ha venido a este mundo para presidirlo absolutamente todo, pero para gobernar absolutamente nada.

El pañuelo verde de la moción de censura
En los toros, cuando un toro es manso de solemnidad, burriciego, reparado de la vista, descordado, derrengado o inválido para la lidia, el presidente saca un pañuelo verde para que lo devuelvan al corral, tarea que los bueyes de la plaza realizan con lento esfuerzo, salvo los de Florito en las Ventas, que han alcanzado tal virtuosismo que apenas han salido al ruedo y ya se están yendo de él como abrazando al toraco, obediente como un ciudadano ante un inspector de Hacienda o un político ante La Sexta. Si los antitaurinos supieran algo de lo que odian, irían a las Ventas en otoño para contemplar el soñado espectáculo de un toro cinqueño, típico de la limpieza de corrales al fin de temporada, que al poco de salir al ruedo, sin recibir una vara, es devuelto a la penumbra del corral para acabar como cualquier ternera en el matadero, de un tiro en la testuz, degollamiento u otra forma de pasaportar el ganado vacuno para la alimentación humana.

Me parece que Mariano no llega a la Feria de Otoño de este año, pero Simón Casas, muy atento a estos detalles, puede remitirle un DVD con cualquier devolución de un toro a los corrales para que sueñe despierto. ¡Qué mayor ventura para un manso que imaginarse en manos de Florito y su punta de bueyes, de vuelta a la rumia del corral y al pienso garbancero! El papel del presidente le toca al Rey, tan desairado y agredido por Rajoy en estos dos años de regobierno, pero siempre atendiendo a la opinión del veterinario y a la del público venteño, que recita el Reglamento en arameo.

Y en este caso, el reglamento de las Cortes, belén en que ven la luz los presidentes de gobierno españoles, es cristalino: si se presenta una moción de censura con cincuenta escaños detrás y un candidato alternativo a la Presidencia, se paraliza la acción de Gobierno hasta que las Cortes voten si echan o dejan seguir al presidente censurado. Vimos hace poco una versión demediada del trámite, la charlotada de Irene y Pablo cuando eran -creo que siguen siendo- Pablo e Irene, sin otro éxito posible que el de salir mucho en las televisiones amigas, que, Soraya mediante, son todas. Esta vez, la cosa es distinta. A partir del 2 de octubre, el PSOE se verá empujado por Podemos y ERC a aceptar la presidencia del Gobierno para pactar los términos de la liquidación de España mediante una reforma de la Constitución limitada a un punto: apuntillar la soberanía nacional y acabar con la igualdad de los ciudadanos ante la Ley. Eso sí, mediante el diálogo. Mucho diálogo, venga diálogo, será por diálogo, diálogo por la izquierda con guiños al centro, diálogo a lo círculo ecuestre y a lo cumbayá, diálogo para reescribir en el papel de la Ley con el agua que acabará con el papel.

Ya es muy difícil, por no decir imposible, que Rajoy pueda vadear en estas dos semanas el Río Rojo, o sea, el Llobregat según la CUP, que se ha llevado aguas abajo, en su tempestuosa crecida, a todo el rebaño nacional. El ganadero Mariano nos aseguró que tenía todo preparado para cuando los golpistas atacaran. Y la opinión pública, más pastueña que los cornilargos, lo creyó. ¿Cómo no creer a un Gobierno que dispone de todos los resortes para impedir un delito cuando dice que está preparado para hacerlo? Pero, a la hora de la verdad, cuando ha empezado la campaña electoral golpista, no tenía preparado absolutamente nada.

El alarde de la Fiscalía llamando a declarar a cientos de alcaldes enardecidos o atemorizados ante el referéndum golpista del 1 de octubre, mientras deja libres a los que los enardecen o atemorizan, de 'Cocomocho' a Godó y Roures, de la trama institucional a la mediática, más importante la segunda que la primera y ambas más importantes que la municipal, nos ha demostrado en su precipitación lo que deberíamos haber supuesto. Los que no han hecho nada durante seis años, los que han dejado que se pudra la situación hasta extremos de humillación inimaginables, los que financian desde hace cinco años el proceso golpista que decían combatir, ¿cómo iban a frenarlo en veinte días? No tenían nada previsto porque, sencillamente, se negaban a pensar en un asunto tan desagradable, tan violento, tan contrario a la mansedumbre proverbial de la ganadería de 'Don Prudencio Galbana'.

El Pacto de Can Roures
Y la moción de censura que 'Pablotov' y 'Junquertropp' urdieron en la dacha de Roures para hacer presidente a Pedro Sánchez a cambio de que Podemos apoye el referéndum separatista -y ahí está Colau apoyándolo- y ERC le permita permitírselo a un Gobierno del PSOE que acabe con la soberanía del pueblo español y la trocee a gusto de los nuevos señores feudales nacionalistas es el pañuelo verde que le permite al ejemplar de la dehesa 'El Charrán', antes 'La Gaviota', volver al corral por imperativo legal.

Tengo la impresión, casi certeza, de que aunque los tres mil agentes del CNI le dijeran que faltan dos días para que se presente una moción de censura PSOE-Podemos-ERC-Etc y debe disolver las Cortes y convocar elecciones antes de que lo manden a su casa, Rajoy se hará el sordo y se irá a su casa, tras protagonizar, eso sí, lo que imagina un gran final de su larga carrera política: culpar a los que lo echan del Gobierno que lo hacen para destruir la nación y la Constitución, ¡como si él las hubiera defendido!

Cuando un político ayuno de moral, cobarde como sólo puede serlo un político, es incapaz de hacer frente al conflicto que él mismo ha creado, lo que hace normalmente es huir. Si en vez de irse por su propio pie a Cartagena, como Alonso XIII, o de dimitir como Casares Quiroga y Portela Valladares en 1936, la Oposición le brinda la oportunidad de irse sin tener que hacer otra cosa que someterse a una sesión de despedida, Rajoy se irá.

Creo que incluso aunque protagonizara esta semana el arreón del manso, que embiste y cornea cuando nadie lo espera, la situación está tan deteriorada que dentro de quince días los medios de Soraya pedirán que se una al PSOE o que lo deje gestionar la crisis catalana. Y Mariano dirá que, antes de unirse al PSOE, se va a su casa, porque él no tiene apego al cargo, puede presumir de limpia trayectoria y prometió defender la unidad de España y la Constitución y así lo ha hecho, pero no quiere ser un obstáculo para la paz civil. Que él cree que la Izquierda se equivoca, pero que ni él ni el PP van a impedir que otros intenten lo que a él no le han dejado intentar.

Entonces llegará, casi por consenso, la moción censora, y Rajoy será censurado, o sea despedido. Se sacudirá la arena de las zapatillas al dejar el ruedo parlamentario... Y se irá. El que venga detrás, que arree.

Independentismo=paletismo
EDUARDO INDA okdiario 17 Septiembre 2017

Nací en Pamplona. He vivido allí, en Gijón, en Bilbao, en Madrid, en Londres, en Ibiza y en Mallorca y me hubiera gustado hacerlo en cien lugares más que me atraen tanto o más que los siete anteriores. Mis dos abuelos eran navarros hasta las cachas y con ocho apellidos impecablemente locales, sus compañeras de vida, catalanas y con ocho apellidos incontestablemente autóctonos, tantos como los de la película protagonizada por la genial Rosa María Sardá. Conozco sesenta y tantos países, tan dispares como Kazajistán, Vietnam, Corea del Sur, Indonesia, Irán o Sudáfrica. Tengo amigos de todas partes. De todas las razas. De todas las ideologías. Mejor dicho, y precisando que es gerundio, de casi todas, porque filoterroristas, fascistas y comunistas están vetados en este estratégico epígrafe de la aventura de la vida. Hombres y mujeres. Heterosexuales, homosexuales y todas las letras que faltan para conformar ese acrónimo de difícil pronunciación (LGTBI). Mi madre era nacionalista vasca y mi padre íntimo amigo de muchos de los que hicieron la Transición y, por tanto, adscrito al más intenso proyecto reformista de nuestra historia reciente: esa Unión de Centro Democrático que nos devolvió la libertad. Fui a un colegio de la tan laiquísima como krausista Institución Libre de Enseñanza y estudié la carrera en una universidad católica. Prejuicios, por tanto, pocos… por no decir ninguno.

Podría continuar así hasta mañana y me saldrían mil y una razones para ilustrarles el por qué de mi ser complejo, heterodoxo, afortunadamente cosmopolita y desde luego cero ombliguista. Entre otras cosas, porque desde muy pequeño entendí que la gran diferencia entre unos países y otros no es su cultura, su religión, su comida o su folclore sino su grado de libertad. Son buenos los lugares libres y malos aquéllos en los que vives tutelado. De mi mente no se han borrado las escenas que padecí en carne ajena en Cuba hace dos décadas: todo hijo de vecino ponía a parir al tirano asesino no sin antes haber confirmado a norte, sur, este y oeste que no había moros castristas en la costa. Todos los países son maravillosos si puedes hablar libremente, elegir a tus representantes políticos y si gozas de esa seguridad jurídica que garantiza la sacrostanta igualdad entre los ciudadanos. Cosa que, por cierto, ya no sucede en la tan querida como secularmente admirada Cataluña.

Nunca creí que lo mío o lo de los míos era mejor que lo de los demás. Aprendí y aprehendí desde niño, gracias a un padre que conoce 130 países, que no hay que meterse con las creencias religiosas o con el ateísmo de los demás. Y desde que tengo uso de razón soy consciente de lo peligrosos, lo violentos y lo injustos que son los discursos identitarios. Navarra es para nuestra desgracia un buen laboratorio en la materia. Falsedades como las que los nacionalfascistas vascos nos quieren encalomar sí o sí en contra de nuestra voluntad, nuestra historia, nuestra cultura y, si me apuran, de ese sentido común que en contra de lo que pueda parecer es afortunadamente el más común de los sentidos (que lo usemos es otro cantar). Y como algún que otro libro de historia he leído, sé perfectamente que estas armas las carga el diablo. Ejemplos hay para dar y tomar: desde la Alemania de los años 30 hasta la Sudáfrica del apartheid, pasando por la Yugoslavia o la Ruanda de los 90 o esa gran Rusia de la última década. La exclusión es la semillita del odio y la imposición la antesala del totalitarismo, la satrapía, la represión, la corrupción y los peores males que uno pueda imaginar.

Conviene no olvidar que una sustancial parte de los grandes partidos de ultraderecha en Europa son nacionalistas. Ahí van tres grandes ejemplos de que fascismo y nacionalismo son vasos comunicantes: el Vlaams Belang belga, la Liga Norte italiana del tándem Bossi-Maroni, el Jobbik húngaro y el HSP croata. La Liga Norte, sin ir más lejos, aboga en primera instancia por que no vaya un solo euro de sus impuestos a las regiones pobres del sur (¿les suena?), por promover las culturas locales hasta el paroxismo y por imponer en las escuelas los dialectos de esa tierra prometida que para ellos es la Padania. Eso en una primera fase. En la segunda apuestan por pegarle un corte de mangas al resto de Italia tras espetarles un educadamente cínico “¡arrivederci!”. Y qué decir de lo de Chequia y Eslovaquia: es de aurora boreal. Los unos y los otros, los otros y los unos, se tiran de los pelos por haberse dividido en 1993 en lo que, parafraseando la revolución liderada por el gigantesco Václav Havel, se bautizó como “Divorcio de Terciopelo”. Al punto que cada día cobra más fuerza una corriente en ambos países que aboga por volver a dormir bajo el mismo techo. Checos (10 millones) y eslovacos (5) son conscientes de que divididos no pintan nada en una Unión Europea a 28 y con 500 millones de habitantes, en el seno de un gigante planetario con naciones como Alemania que cuentan con 80 millones de almas, Francia con 66, Italia con 60 o España con 45. Gullivers al lado de lo que sería esa liliputiense Cataluña independiente.

La unión hace la fuerza y la división es inevitablemente sinónimo de debilidad. No sólo no existen razones históricas que avalen la independencia de Cataluña, que ni siquiera ostentó alguna vez la condición de reino y siempre formó parte de España. Es que tampoco las hay económicas, geoestratégicas y poblacionales. Su PIB depende al 80% del resto de la nación más antigua de Europa. Si España ya tiene problemas para sacar la cabeza en un mundo globalizado, partido en cuatro grandes bloques (Estados Unidos, Unión Europea, Rusia y China), qué sería de Liliput caminando sola en la batalla planetaria. La nada más absoluta. El cero elevado al cero. La ruina. Quedarte fuera de la UE y del euro es tanto como asumir la condición de paria en el concierto internacional y situarte a dos pasos de eso que los politólogos llaman estado fallido.

Más que españoles, que también, las nuevas generaciones se sienten europeas, se autocalifican como ciudadanos del mundo. Consecuentemente, intentar jibarizarles identitariamente es poner puertas al campo. La paletización de nuestros jóvenes en Cataluña, en el País Vasco, en Galicia y en otras partes de España terminará como terminó la imposición franquista: impactando en sus autores cual bumerán. Cuando tienes la posibilidad de dominar un lenguaje que es el tercero más hablado del mundo, por qué perseguirlo. La dictadura lingüística ha provocado que en Cataluña y en las Islas Baleares los niños hablen razonablemente el español (de momento, no se ha prohibido en las calles) pero lo escriban tan pésimamente como un analfabeto funcional. Todo ello por no hablar de la Geografía: en Baleares, por ejemplo, se estudian los riachuelos locales, cuando todo el mundo sabe que están más secos que un bocadillo de polvorones. El Ebro, el Duero, el Tajo, el Guadiana y el Guadalquivir ni están ni se les espera en los libros de texto. Vamos, que se les presta la misma atención que al Mississippi: ninguna. Con las montañas sucede tres cuartos de lo mismo cuando las Baleares no son precisamente los Alpes. En Formentera, que tiene 17 kilómetros de punta a punta, se emplea en las aulas un manual de enseñanza que nada tiene que ver con el del resto de las Islas y no digamos con el de otras comunidades autónomas. La historia se repite en los colegios de Cataluña: cualquiera diría que el universo comienza en La Junquera y termina en el último pueblo antes de la Comunidad Valenciana, el involuntariamente célebre Alcanar.

Ser catalán es maravilloso. Lo mismo que andaluz, navarro, vasco, gallego o extremeño. O madrileño, que por cierto es ser de todas partes. Pero mucho mejor añadir a ese título el de español, la nación por cierto que descubrió América, el de europeo, la cuna de todo empezando por las libertades, y el de ciudadano del mundo. Nadie es mejor por haber nacido acá, allá o acullá. La diferencia en la vida la marcan los méritos individuales, que son los que al final acaban conformando los colectivos. Por eso se me hace tan cuesta arriba esto del independentismo. Es una manera, tan respetable como otra cualquiera, de ser peor, más pequeño mentalmente, más pobre económica y culturalmente, y consecuentemente más paleto. Decía mi medio paisano Pío Baroja que “el carlismo se cura leyendo y el nacionalismo viajando”. Conclusión: los golpistas catalanes leen menos que Belén Esteban y han viajado menos que el Paco Martínez Soria anterior a la llegada a la gran ciudad. Y yo siempre me quedaré con la Cataluña soñadora, moderna y abierta al mundo de Gaudí, de Pla, de Eduardo Mendoza, de Juan Marsé, de Dalí, de Miró, de Tàpies, de Anglada Camarasa, de mi pariente Albéniz, de Bohigas, de Bofill, de Adrià, de Ricardo Urgell, de Gasol, de Carmen Balcells (que es la de Vargas Llosa y la de García Márquez), de José Manuel Lara Hernández, de Barraquer, de Valentí Fuster, de Montserrat Caballé, de Cruyff y de ese personaje inmortal que es mi añorado Juan Antonio Samaranch. Más Samaranchs y menos Puigdemonts, eso es lo que necesita Cataluña.

Golpe de Estado en marcha (12)
Vicente A. C. M. Periodista Digital 17 Septiembre 2017

QUE NO SUBESTIMEN EL PODER DE LA DEMOCRACIA Y QUE NO SUBESTIMEN LA FUERZA DEL PUEBLO DE CATALUÑA. EL IMPERIO DE LA LEY Y EL LADO OSCURO TENEBROSO.

Carles Puigdemont vuelve a apropiarse la representación de toda la sociedad de Cataluña, a pesar de que las fuerzas secesionistas no alcanzaron en su conjunto ni la mitad de los votos del escrutinio en las últimas elecciones autonómicas. Y es que, en su delirio ultra nacionalista, solo considera pueblo de Cataluña a aquellos que están a favor del proceso de independencia. El resto no merecen ser llamados catalanes y son tratados con desprecio y señalados al más puro estilo fascista. Al igual que los 700 alcaldes que fueron homenajeados ayer en la Generalidad por haberse posicionado a favor de la celebración del referéndum ilegal y estar dispuestos a facilitar locales municipales de sus respectivos ayuntamientos, porque desprecian igualmente a aquellos ciudadanos de sus municipios que no comparten ese proceder. Y allí estaban todos en un aquelarre secesionista desafiante, empuñando sus bastones de mando. Ya veremos si mantienen esa euforia y compostura cuando se enfrenten a la Fiscalía y los cargos por los delitos de desobediencia, prevaricación y malversación de fondos públicos por los que pueden ser inhabilitados de su función pública.

Quedan dos semanas para la fecha marcada en rojo por el separatismo para la celebración de un referéndum declarado ilegal por el Tribunal Constitucional. No hay día en esta campaña monocolor donde la oposición ha sido silenciada cerrando el Parlamento autonómico y donde se multiplican los actos a favor del Sí. Unos días en que se produce una escalada de tensión y crispación en los mensajes que se lanzan desde el secesionismo y desde el Gobierno de España como máximo responsable de defender la legalidad vigente y actuar contra los que desafían y violan esa legalidad. Se habla de fuerza y determinación de un pueblo que ha elegido ejercer su derecho a decidir y de movilizaciones democráticas del pueblo catalán por un lado, y por el otro se ejerce la fuerza del Estado de Derecho de forma contenida para dar tiempo a que los insurgentes reconsideren su desafío y retornen a la racionalidad y la legalidad. Pero en ambos casos ya nadie habla de diálogo de forma creíble porque sería un diálogo de besugos.

Lo malo de haber llegado a este extremo es que la racionalidad ha dado paso a los sentimientos, o como dice José Luis Ábalos, Secretario de Organización del PSOE, a los fundamentalismos. Una curiosa forma de equiparar a los golpistas con la reacción, hasta ahora bastante comedida, del Gobierno de España. Esta estupenda equidistancia de quien solo aporta como solución reconocer la identidad de unos supuestos pueblos, confundiendo singularidades culturales y lengua, con los requisitos jurídicos exigibles para su reconocimiento como tales pueblos. De hecho, en la ONU quedaron hace tiempo muy claros estos requisitos para que pudieran ejercer ese derecho a decidir su futuro. Y desde luego que en esos no están incluidas ciertas autonomías administrativas de España. Y no queda aquí el discurso de este singular socialista defensor del concepto de su líder Pedro Sánchez de que España es una nación de naciones y que todas las naciones son España, se atreve a asegurar que los 122 alcaldes del PSOE en Cataluña -supongo que quería decir los de su federación asociada del PSC-, son el dique institucional de respeto a la ley en Cataluña. Claro, y la oposición de Ciudadanos y del PPC en el Parlamento solo son comparsas del secesionismo ¿no?

No creo que sea la hora de ponerse plumas ajenas, por mucho valor que haya que darle al hecho de que unos Alcaldes cumplan con la Ley. Y yo que creía que eso simplemente es lo exigible a un cargo público y que lo contrario es delito. Ya sabemos que el entorno no es amistoso, al igual que pasa en otras autonomías como El País Vasco y Navarra donde el ambiente es totalmente hostil para los que defienden la legalidad vigente, la Constitución y los derechos de aquellos que no desean la independencia. No es el momento de lanzar debates sobre reformas o diferentes visiones del Estado, sino el de formar un frente común contra quienes quieren destruir nuestra convivencia y nuestra nación violando la ley. Para debatir hay que partir de una situación de normalidad que no existe ahora.

Podemos buscar salidas imaginativas, pero cuando se recupere el control y se devuelva la normalidad a un territorio secuestrado por unas fuerzas secesionistas radicalizadas e instaladas en el fundamentalismo, como dice Ábalos. Lo que no podemos es mostrar desunión ni debilidad a la hora de enfrentarnos a los golpistas y no debemos poner barreras ni coartar los medios de disuasión obligando a enfrentarse con una mano atada a la espalda y sin defensas. Eso simplemente sería mezquino, irresponsable y llevaría al fracaso. Como exige la ley, la fuerza siempre se aplicará de forma proporcionada pero suficiente para reducir al agresor.

Siempre que se habla de fuerza y se alardea de ella, se termina por caer en la tentación de hacer una demostración, cuya consecuencia lógica es el inicio de hostilidades que se saben cómo empiezan pero no cómo acaban.

¡Que pasen un buen día!

Más allá del primero de octubre
Alejo Vidal-Quadras vozpopuli.es 17 Septiembre 2017

En el período turbulento de la vida pública española que se inició con la aprobación del Estatuto de Cataluña de 2006, ha habido no pocas voces que han señalado “la desafección” de los catalanes hacia España como la causa profunda del separatismo y han instado reiteradamente a afrontarla mediante acciones de la parte insensible que recuperen el afecto de la agraviada. La última advertencia en este sentido ha sido la del todavía presidente de la CEOE, Juan Rosell, catalán que a tenor de sus últimas declaraciones es uno de los “desafectos”. La tesis de estos componedores ayunos de imparcialidad, que bebe claramente de fuentes maragallianas, es que Cataluña no ha recibido del resto de España el trato que su excelsa singularidad merece y que esta ofensa, prolongada a lo largo de cuatro siglos, desde Olivares hasta el régimen de 1978, con momentos álgidos como la Nueve Planta, el Memorial de Greuges, el fracaso de la Solidaritat, el fiasco del 6 de Octubre de 1934, la dictadura franquista y la sentencia del Tribunal Constitucional que limó las aristas del Estatuto actualmente vigente, ha de ser reparada de una vez por todas con suficientes concesiones que apaguen para siempre el fuego secesionista.

Esta perspectiva inspiró la Constitución de 1978, que configuró una estructura territorial del Estado que diese satisfacción a los nacionalistas. Se pensó, ingenuamente, que si disfrutaban de un Parlamento con notables facultades legislativas, un Gobierno con amplísimas competencias ejecutivas, presupuesto propio, bandera, himno, lengua cooficial, Diada y coches oficiales a granel, sus ansias centrífugas quedarían apaciguadas y podríamos ocuparnos con espíritu constructivo de los asuntos comunes en beneficio del conjunto. Además de este altísimo grado de autonomía política y de reconocimiento simbólico, se les facilitaron dos operaciones que han llevado a cabo a fondo: la expulsión del español del espacio público y de la enseñanza y el saqueo a mansalva del erario para su partido y para sus bolsillos particulares. El hecho de que los generosos otorgadores de tales gabelas se dedicasen a su vez al robo sistemático no le quita mérito a la tolerancia de las instancias centrales respecto a la Administración periférica más corrupta de nuestro país. Desde esta perspectiva, lo que está sucediendo en Cataluña estos días más que un levantamiento contra la injusticia es una explosión de ingratitud inaceptable.

Bien es verdad que la autonomía se extendió a otras dieciséis regiones, generalización que algunos han esgrimido como un motivo adicional para que los nacionalistas se solivianten. Sin embargo, la consideración de la soberbia como una base legítima de reivindicación no parece demasiado razonable en términos políticos. En realidad, la multiplicación de territorios dotados de autogobierno, absolutamente innecesaria, carísima y absurda, se emprendió para proteger a Cataluña y al País Vasco de las iras del resto de España, que muy probablemente hubiera protestado enérgicamente al sentirse discriminada.

La situación tan tensa que atravesamos y que seguramente desembocará en violencia, esperemos que no excesiva, el primero de Octubre, abre sin duda un angustioso interrogante sobre el futuro. Sofocado el golpe por la fuerza legítima del Estado democrático, ¿qué sucederá a partir de aquí? La repetición de los mismos errores que han provocado esta crisis no parece una opción aconsejable, pero incomprensiblemente es la que recomiendan figuras destacadas de nuestra sociedad civil como Juan Rosell que, en un momento seguramente de obnubilación, ha utilizado el término “sumisión” para describir el modo de relación de la Comunidad Autónoma catalana con el Estado. ¿En serio cree el presidente de los empresarios españoles que entregar a los separatistas aún más instrumentos para su destructivo propósito va a hacerles desistir del mismo? Que se sepa, un pase de entrada libre al casino no es la mejor receta contra la ludopatía.

Por el contrario, lo que es obvio que hay que emprender después del mal trago que nos espera dentro de dos semanas es el camino inverso al que se eligió en la Transición. De manera gradual, hábil y acompañada de una intensa campaña de concienciación de la opinión, hay que devolver al Estado su funcionalidad, su eficiencia y su sostenibilidad financiera, lo que implica transformar la presente fragmentación legislativa, administrativa y lingüística, en una unidad armónica, respetuosa con los derechos individuales y, en consecuencia, con los hechos diferenciales de carácter cultural, pero sin poner en peligro los valores de libertad, igualdad ante la ley, solidaridad y justicia que definen los sistemas políticos del mundo occidental democrático. Y si alguien se considera “sometido” en un contexto semejante, es evidente que necesita terapia, psicoanalítica o farmacológica, que le cure lo antes posible de una obsesión tan peregrina.

La mierda de ser español
Pedro de Hoyos Periodista Digital 17 Septiembre 2017

Netflix, la conocida plataforma de televisión de pago, promociona una de sus películas con carteles en los que humilla y ofende a España. En Euzkadi lo hace al lado demdonde cayeron varias víctimas de ETA. Nadie, ni instituciones oficiales ni privadas ni ninguna persona de manera individual, ha protestado, reclamado o denunciado. Parece que a los españoles nos da igual, no nos sentimos aludidos o nuestro nivel de indignidad es tan alto que nos aguantamos, bajamos la cabeza y seguimos adelante. ¿Alguien es capaz de imaginar una escena igual en Francia?

Carlos Arguiñano, el cocinero de los chistes ramplones, además de haber aceptado el chantaje de ETA apoya el referéndum dictatorial de los secesionistas de Cataluña. Sin embargo tiene decenas de miles de seguidores allá donde vaya con sus cámaras y sus platos. A los españoles no parece afectarles, son devotos suyos y se congregan ante sus apariciones como si nada pasara, sin ningún síntoma de rechazo. ¿Se imaginan a los telespectadores franceses en un caso semejante? ¿Callarían? ¿Serían sus seguidores con indiferencia de las ofensas que dirigiera a la patria? ¿Qué televisión emitiría sus programas en Grecia?

Los independentistas catalanes ofenden a diario no solo a la democracia, a la libertad y a la ley, sino que de sus palabras surgen siempre insultos y menosprecios a España. Sin embargo son elegidos por muchos votantes españoles. Colau, la alcaldesa de Barcelona, en un giro propio de personajes de ciencia ficción, apoya a los alcaldes antiespañoles que se saltan las leyes democráticas en vez de apoyar a los alcaldes españoles que son perseguidos y estigmatizados por fanáticos “demócratas” de la CUP.

El F. C. Barcelona que apoya el secesionismo, que ofende a los españoles cada vez que se le presenta una ocasión oportuna, que insulta a la bandera de España, que suprime su idioma en las reuniones de sus peñas, tiene a pesa de ello miles y miles de seguidores por toda España a los que no importa la labor ofensiva y grotesca de su club.

Son solo unos ejemplos de los últimos tiempos. A los españoles no nos duele que nos insulten. O no nos importa. O nos creemos merecedores de tanta y tan seguida ofensa. O somos estúpidamente estoicos. ¿No convendría, también en esto, que fuésemos un poco más europeos? ¿Nadie se rebela, lo aceptamos con resignación? Cualquiera de las situaciones que acabo de relatar son inconcebibles más allá de los Pirineos.

Decididamente parece que cualquiera puede insultarnos sin que nadie entre los 45 millones de españoles levante una ceja o haga un gesto de protesta. ¿El último caso? El el extranjero invitado de TV3 que dijo comprender a los separatistas catalanes porque los andaluces son unos vagos…

Pero esa es solo una faceta del caso. Lejos de sentir un mínimo orgullo nacional (oiga, que digo “mínimo”) no faltará quien, incluso entre mis amigos, conocidos o allegados, me llame facha españolista por haber escrito estas líneas. ¿Se imaginan algo así en Alemania, en China, en Corea del Norte?

Decididamente ser español es una mierda. (Y encima he empleado la palabra "patria", palabra que inventó Franco. Vendrá alguno a abrirme la cabeza a insultos y amenazas. Un demócrata)

El Ejército de los Sonámbulos sigue avanzando
Pedro J. Ramírez elespanol 17 Septiembre 2017

No ha sido casualidad que en las declaraciones que vino a grabarme TV3, para emitirlas este sábado, yo dijera que "me duele que una parte importante de la sociedad catalana esté siguiendo a Puigdemont y sus golpistas como un ejército de sonámbulos, camino del precipicio". Aludía así al título de la novela de moda en Europa, El Ejército de los Sonámbulos, que acababa de regalarme un querido amigo, tan amante de los libros, la Historia y el periodismo como yo.

Todo en esa novela es inquietante. Desde la autoría, que es coral y corresponde a un colectivo de escritores italianos que publica bajo el seudónimo de Wu Ming, hasta su tesis pseudocientífica. Viene a desarrollar las teorías y experiencias del médico alemán Franz Anton Mesmer, padre del mesmerismo, que, alegando que existía un fluido magnético animal, capaz de curar las enfermedades, vino a descubrir, casi por casualidad, el hipnotismo.

Mi amigo me la regaló, entre otras razones, porque la acción de El Ejército de los Sonámbulos comienza el mismo día -21 de enero de 1793- que mi obra histórica sobre el periodo clave de la Revolución, publicada en España con el título de El Primer Naufragio y en Francia -atención- con el de Le Coup d'Etat. En esa fecha fue guillotinado Luis XVI, en la hoy plaza de la Concordia, ante la estatua ecuestre de su abuelo.

Fue un auto sacramental inverso. Culminaba la diástole transgresora que anegaba la Revolución en sangre y engendraba a la vez la sístole reaccionaria de la contrarrevolución. Con el mismo telón de fondo de mi libro, entre los garitos del Palais Royal, las guerras civiles de las secciones parisinas y los vanos intentos de las Mujeres Revolucionarias por ser admitidas en un mundo en el que la egalité terminaba donde empezaba el machismo, Wu Ming inventa una conspiración involucionista, basada en coger al pueblo en su papel de protagonista colectivo de los grandes desbordamientos y darle la vuelta como un calcetín.

El arquitecto del más singular golpe de Estado imaginable es un ficticio caballero de Yvres, inspirado sin duda en el legendario barón de Batz, a quien se atribuían todas las conjuras monárquicas de la época. Mesmerista declarado, Yvres sostiene que "la voluntad funciona como la electricidad". Para transmitirla a los demás hacen falta dos requisitos: "acumularla" en torno a una única idea, como si se tratara de una gigantesca pila, "pues los seres humanos tendemos a malgastarla en mil cosas" y "acercarnos a la mente ajena hasta hacer saltar la chispa".

Lo primero -la "acumulación"- es lo que han aportado desde hace cuarenta años los dirigentes nacionalistas con el planteamiento monolítico y unidimensional de afrontar cualquier conflicto -político, económico, social o deportivo- desde el prisma de la confrontación entre una Cataluña oprimida y una España opresora. Se trataba de que ningún buen catalán "malgastara" su existencia en esas otras "mil cosas" con las que nos distraemos los demás mortales.

Lo segundo -el adoctrinamiento "hasta hacer saltar la chispa"- lo han conseguido las desleales autoridades catalanas mediante los dos grandes instrumentos de hipnosis colectiva que el Estado más estúpido de Europa ha puesto sin control alguno en sus manos: los colegios y los medios de comunicación, tanto públicos como concertados. Sólo era cuestión de tiempo porque, como lúcidamente nos decía el domingo pasado Josep Piqué, "cuando los separatistas sean el 70% no habrá Constitución que los pare".

La equiparación de la cuenta atrás hacia el 1-O con la trama del libro de Wu Ming es doblemente pertinente, puesto que el nacionalismo moderno no es en su origen -Hanna Arendt dixit- sino la respuesta romántica que la tradición opone a la modernidad; y puesto que, además, el gran acierto de la novela es mostrarnos cómo la revolución y la contrarrevolución son sino el haz y el envés de una misma manipulación de los sentimientos de las masas, para sustituir al poder establecido por otro acorde con los intereses de los manipuladores. Sólo cuando hayan destruido la España constitucional, estallará la guerra civil independentista entre los sans culottes de la CUP y los convergentes girondinos.

De hecho la novela sitúa la acción en ese momento cenital, cuando los unos ya han guillotinado a los otros y viceversa. El Ejército de los Sonámbulos, organizado para tomar el poder después de Thermidor, está formado tanto por campesinos incultos como por relamidos muscadines, miembros de la "juventud dorada", con sus elegantes chaquetas y libreas, con sus bastones de empuñadura de ébano o marfil y tan solo sémola o serrín en el cerebro.

Leyendo algunos pasajes del libro -"Eran autómatas, eran seres mecánicos a los que les habían dado cuerda", "el victimismo los convertía en carne de cañón providencial"- he pensado en la descripción que Cristián Campos hacía el martes en EL ESPAÑOL de esos "burgueses bien peinados y mejor vestidos" que, con más "ingenuidad e infantilismo" que "visceralidad u odio", asistieron a la Diada, entreverados con payeses de la Cataluña profunda.

Su aire de superioridad, el convencimiento de que nada se interpondrá entre ellos y las urnas de la independencia, se corresponde con la actitud de las cohortes de activistas, programados uniformemente por el caballero de Yvres. Con la misma naturalidad con que los sonámbulos tienen como himno El despertar del pueblo, los sedicentes pacifistas entonan una y otra vez las estrofas sangrientas de Els segadors.

"El pueblo (de Cataluña o de París). Abstracción absurda, pero fuerza real, primigenia", escribe Wu Ming. "Durmientes que cantaban canciones sobre despertares y despabilamientos delante de otros que habían hecho del pueblo un dios, un ídolo". Por eso Pablo Iglesias se frota las manos y acusa de generar un "Estado de Excepción" al gobierno que trata de parar el golpe, utilizando la mosca de la corrupción que hay en la sopa, como coartada para jalear a quien lleva camino de romper el plato. Se jacta de ser un "patriota" español, pero no le importa hacer de conde don Julián al servicio de una horda reaccionaria, con tal de que la quiebra del orden social se produzca y la partida se juegue en la calle y no en un parlamento en el que sus trucos y mociones de censura no dan más de sí.

A juzgar por lo sucedido en la última semana y media, desde que Rajoy se rindió a la evidencia de que no tenía más alternativa que exilarse o plantar cara a los golpistas, cualquiera diría que el presidente y sus colaboradores siguen sin entender la naturaleza del enemigo al que se enfrentan. Pretender que Puigdemont se detenga ante una orden del Tribunal Constitucional o una querella del fiscal es como esperar que Kim Jong-un suspenda su programa de ensayos nucleares por las resoluciones de la ONU. Y apostar por su estrangulamiento económico equivale a esperar a que hagan efecto las sanciones de la comunidad internacional contra Pyongyang. La estrategia de Montoro hubiera tenido sentido cuando se anunció el referéndum, no ahora.

Lo que caracteriza a los soldados de el Ejército de los Sonámbulos es su capacidad de encajar, impertérritos, cualquier golpe que no los derribe. Ningún alfilerazo duele cuando se deambula hipnotizado. "La fe es el fundamento de la terapia magnética", alega uno de los dicípulos de Mesmer. A los miembros de la Mesa del Parlament, a los consellers, a los síndicos electorales o a los 700 alcaldes que cederán sus locales el 1-0 les basta saber que sus delitos serán amnistiados por la nueva República Catalana.

Y no sólo no les duelen los requerimientos y querellas, sino que la sensación de estar jugando al escondite de forma impune con el Estado aguza su inteligencia. "La mesmerización -añade Wu Ming- no solo confería insensibilidad, sino también la habilidad automática de adivinar los golpes y acciones del adversario".

Faltan dos semanas para el 1-O y el Ejército de los Sonámbulos sigue avanzando. Rajoy sigue instalado en el fortín de las palabras pero permite, impávido, que un rosario de mítines ilegales vaya congregando multitudes de devotos. Cada día que pasa bajo la égida de esa ilegalidad, el triunfo de su golpe de Estado se vuelve más verosímil. Gana "momentum", por utilizar el argot electoral americano. Hasta el presidente de la Comisión Europea Claude Juncker verbaliza ya la hipótesis de que se celebre el referéndum y gane el sí; y los sublevados se permiten ofrecer "diálogo" como los sitiadores que dictan las condiciones de la rendición a los sitiados.

Rajoy no puede seguir cometiendo errores de libro de manualidades, como el permitir que se celebrara el acto de Tarragona entre el recochineo del Estado Mayor golpista. Antes de que la campaña, a la vez prohibida y tolerada, alcance su apogeo, será imprescindible suspender en sus funciones a Puigdemont, Junqueras y compañía, establecer una autoridad provisional en Cataluña -sea aplicando la Ley de Seguridad Nacional, el artículo 155 o combinando ambas medidas- y desplegar a las fuerzas de seguridad para evitar el referéndum e impedir desórdenes.

Hemos llegado al punto de no retorno y eso significa que -como también he dicho en TV3- se cumplirá inexorablemente la profecía de ese gran catalán universal que fue Xavier Corberó, cuando meses antes de morir advirtió en EL ESPAÑOL que "a nada que vaya bien, esto terminará muy mal". Lo único que queda por dirimir es si la peor parte nos la llevaremos todos los españoles o el Ejército de los Sonámbulos.

ENTREVISTA EXCLUSIVA
César Vidal: “Si Occidente no detiene la inmigración masiva, Europa desaparecerá en una generación”
Josele Sánchez. Director de La Tribuna de Cartagena 17 Septiembre 2017

“Me fui de España porque miembros de una banda terrorista, dicen que derrotada, intentaron asesinarme”

Este viejo reportero, que ha pasado los últimos treinta años de su vida librando toda clase de batallas y entrevistando a todo tipo de personajes, aún le tiemblan los dedos de las manos cuando inicia el aporreado del teclado de su vieja Hispano-Olivetti, en la que, todavía, preparara los grandes reportajes y las grandes entrevistas. La ocasión lo merece y, para estas cosas, uno es extremadamente ceremonioso. El cenicero a mi izquierda, el cigarro recién encendido (por qué ese empeño del Gobierno en cuidar de mi salud, ¡déjenme, pardiez, que me suicide como quiera!) y la música de Sergi Rajmáninov, su magistral sinfonía número 2, sonando en mi viejo equipo de música (en esto de las nuevas tecnologías llegué hasta el CD y dije, ¡aquí me planto!).

Una entrevista al maestro César Vidal son palabras mayores. Ayer, sin ir más lejos, enviaba a freir espárragos al financiero del periódico (que pese a ser el que lleva las cuentas es un buen amigo, amistad todavía más meritoria teniendo en cuenta la antipatía de su negociado) cuando me intentaba trasladar sugerencias de moderación a mi estilo periodístico que él creía avaladas por proceder de un célebre médico, un prestigioso abogado y un ingeniero. Con esa mala leche que me caracteriza (en parte genética y en parte adquirida, año tras año, de periodismo de combate) le contesté: "¡Me importa un bledo lo que piensen; yo sé más periodismo que todos los buenos médicos, que todos los prestigiosos abogados y que todos los ingenieros del mundo; es más –añadí- sé mucho más periodismo que todos los periodistas de esta ciudad y que la mayoría de periodistas de España!”.

Sin embargo (debo admitirlo), hoy me emocionaba la llamada telefónica para trasladarme su ánimo ante mis investigaciones sobre la todopoderosa Hidrogea que me hacía Iñaki Ezquerra. Y es que hay compañeros de profesión, pocos, muy pocos, a los que no sólo respeto sino que admiro y hasta, en algún caso -como lo es el caso que hoy nos ocupa-, profeso esa veneración que los alumnos de antes (con la LOGSE murió la educación y el respeto) teníamos hacia el magisterio de ciertos profesores que perdían esta condición para adquirir la de maestros.

Todo esto me pasa con César Vidal, con el que –dicho sea de paso- suelo discrepar en muchas ocasiones. Pero es tal su caudal de sabiduría periodística, su erudición de casi todo, su experiencia y su buena hombría, que parezco un recién salido de la facultad intentando hacer su primera entrevista.

¿Cómo ve España, desde la distancia?
Con dolor y con nostalgia. Con mucho, mucho dolor porque la veo convertida en el cortijo de castas privilegiadas cuya única meta es mantenerse a costa del trabajo y del endeudamiento de los españoles, aceptando bajezas como el empobrecimiento nacional y el desmembramiento de la patria. Con nostalgia porque, a pesar de todo, sigo añorando varias veces a lo largo del día sus acentos, sus aromas, sus colores, sus monumentos, sus sabores, sus calles y tantas cosas más.

¿Piensa que, después del 1 de octubre, llegará a curarse la fractura social de Cataluña?
No. No lo creo. Rajoy y otros que han decidido convertir España en la almoneda de sus conveniencias querrán pactar con el nacionalismo catalán una reforma de la Constitución que permita un mayor saqueo de la mayoría por minorías desalmadas.

¿Cómo valora la actitud del Jefe del Estado y la del presidente del Gobierno a lo largo de todo el proceso secesionista que nos lleva hasta el referéndum ilegal del 1 de octubre?
Deplorable. En el caso del rey, supongo que se alegará que es un monarca constitucional, pero también lo era su padre el 23-F y apareció en televisión con uniforme. Al parecer, la corona merecía un esfuerzo que no se merece la integridad territorial de la patria. Por eso, no espero esa respuesta de Felipe VI. Rajoy no tiene excusa alguna. Está permitiendo que los enemigos de España perpetren un golpe contra ella y, por lo visto, ha decidido persuadirlos vaciando más los bolsillos de los españoles y entregando el fruto del saqueo a los traidores.

¿Cree que, dentro de la actual Constitución, existe la posibilidad de vertebrar una España para los próximos cien años, que sirva, como modelo de organización territorial y como identificación de todos los españoles ante un sugestivo proyecto común?
Sí, pero sólo tras alguna reforma. Para mí lo ideal sería acabar de una vez con el nefasto Título VIII, pero se podrían recuperar competencias como la enseñanza, la justicia o la sanidad y liquidar los conciertos económicos vasco y navarro. Ya con eso, el avance resultaría espectacular.

¿Hasta qué punto la pérdida de valores permanentes nos ha afectado como sociedad?
De la misma manera que el SIDA afecta a un organismo. Los anticuerpos han desaparecido.

El terrorismo islamista quizás sea la mayor amenaza global a la que se enfrenta el mundo occidental ¿Cómo considera que debería hacérsele frente?
A decir verdad, yo creo que más peligro encierra la agenda globalista que pretende acabar con las identidades culturales y nacionales, con la familia y con el cristianismo. Ahí la invasión islámica cobra sentido, pero como instrumento de un plan de mucha mayor altura. De hecho, se está permitiendo que entre descontroladamente en Occidente una cultura que crece a una tasa demográfica del 8,1 por ciento mientras que, por ejemplo, los españoles lo hacen sólo al 1,1 por ciento. Si Occidente no detiene esa situación, desaparecerá Europa en menos de una generación.

¿En qué medida el relativismo y el buenismo, vendidos desde los grandes medios de comunicación, son los culpables del desapego que el español manifiesta ante casi todo?
Son muy culpables, pero no se trata de plantas aparecidas por generación espontánea. Los financian y protegen los partidos, los sindicatos, ciertos sectores eclesiales, los medios de comunicación, el sistema financiero e instancias internacionales, entre otros. Las responsabilidades hay que buscarlas no sólo en la piedra sino en la mano que se esconde.

¿Se ha olvidado Dios de nosotros?
No, en absoluto, pero qué duda cabe de que la sociedad sí se ha olvidado en gran parte de él y no debería luego ir lloriqueando su ausencia cuando, primero, le ha vuelto la espalda. Sería bueno releer la parábola del hijo pródigo que aparece en el capítulo 15 del Evangelio de Lucas y reflexionar sobre el hecho de que Dios sigue esperando cada tarde que aparezcamos cerca de su casa – que quiere que sea la nuestra – para abrazarnos como a hijos.

Hispanoamérica sigue siendo, después de siglos, la gran asignatura pendiente de España ¿Cómo cree que debiera integrarse España en su hábitat natural al otro lado del Atlántico?
Estoy de acuerdo con esa unión entrañable con Hispanoamérica. Requiere grandes dosis de realismo, veracidad histórica y humildad. Personalmente, creo que no podemos seguir intentando vender la leyenda rosada de la Conquista – que tuvo consecuencias magníficas, pero también otras hondamente trágicas – ni tampoco insistir en que somos la Madre patria. En mi opinión, España y las repúblicas de Hispanoamérica somos hermanas e hijas de la España de la Contrarreforma. Debemos entender lo bueno y lo malo que nos transmitió mamá, conservando lo primero, desprendiéndonos de lo segundo y procurando caminar más juntas en el porvenir.

Y ahora, una pregunta obligada. ¿Qué piensa del actual presidente de los Estados Unidos y cómo puede afectarnos a nosotros su política internacional?
Es un fruto directo del cansancio de millones de norteamericanos con las políticas del establishment. Precisamente por ello, pude anunciar ya en septiembre que ganaría las elecciones. Buena parte de su programa seguramente no lo podrá llevar a cabo ,ya que se enfrenta con instancias extraordinariamente poderosas. Si lograra realizar su deseo de una distensión con Rusia y una retirada de las guerras de este siglo el beneficio sería enorme incluso para nosotros.

Maestro, sé que no le gusta hablar de esto, pero debo preguntárselo. ¿Por qué se exilió de España?
Si me llama maestro, aun me gusta menos. Suelo ser discreto con el tema, pero no voy a eludir la respuesta.
Por un lado, vi que concluía una etapa en España cuando un sueño de radio libre se desvaneció totalmente ante mis ojos. Propuse corregir ese rumbo, no se me contestó siquiera y me marché. A esas alturas, ignoraba si me tomaría unos meses sabáticos o si me quedaría en Estados Unidos. Esa duda se disipó en horas cuando, al llegar a Estados Unidos al día siguiente de mi despedida, el sábado, se me alertó de que planeaban acabar con mi vida arrojando una bomba en mi piso de Madrid. El lunes siguiente, solicité la residencia en Estados Unidos, algo que me concedieron por "capacidades extraordinarias" en un par de meses. Un año y pico después me dieron más detalles del atentado frustrado y desde entonces no he dejado de preguntarme cómo lo sabía tanta gente y, sin embargo, las fuerzas del orden nunca me alertaron del peligro. Actualmente, me siento feliz en Estados Unidos y no menos feliz viajando con frecuencia continua por Hispanoamérica.

¿Conoce usted quién o quiénes querían acabar con su vida?
Por razones de seguridad, no puedo entrar en detalles, pero sí puedo decir que quién realizó la labor de logística lo supe desde el primer momento. Digamos que fueron efectivos de una banda terrorista supuestamente derrotada que se alquilan como mercenarios, al igual que ha sucedido y sucede con otros miembros de este tipo de colectivos. Para quién trabajaban tardé en saberlo un año, aunque lo conocí después con bastantes detalles. No me sorprendió porque colaboran desde hace tiempo y se trata de gente que aspira a conquistar el poder total en España colaborando con los que sueñan en destruirla. De nuevo, mi pregunta es cómo esto lo podía saber tanta gente y no las fuerzas de seguridad del Estado y, caso de saberlo, por qué no me advirtieron.

Y, sentimentalmente quiero decir, ¿cómo se vive día a día ese exilio?
Unos días, mejor y otros, peor. Hay personas que me visitan todas las semanas – literalmente – y, en ocasiones, me traen jamón o me hacen una tortilla de patata. Con esas delicias gastronómicas me acercan España. Cervantes, Torrente Ballester, Lope, los hermanos Machado, Valle Inclán o Juan de Valdés también me aproximan, pero – lo confieso – a veces el sentimiento es demasiado fuerte para poder soportarlo.

¿Cree que España ha sido injusta con usted?
Seguramente, ha habido españoles que han sido injustos e incluso ingratos, que es casi peor. Es difícil olvidar una reunión de editores que habían ganado millones y millones de euros con mis libros decidiendo que mis obras iban a desaparecer de circulación. Por cierto, una de las editoras más importantes de España, incluso pronunció una frase bien contundente: "César Vidal no va a volver a publicar un libro en España mientras no aprenda la lección". Imagino que la lección era escribir de rodillas y al dictado. Pero junto a episodios como éste también hay buena gente que me escucha a diario y me escribe y me cuenta sus peripecias. Esa gente – que es la sal de España – sigue recordando mis editoriales o buscando los libros que algunos decidieron descatalogar hace años. Pero, además, no se trata de lo que haya sido España conmigo sino de lo que yo sigo siendo con ella.

Más allá de los grandes grupos de comunicación ¿hay vida?
Donde no hay vida es en los grandes grupos de comunicación porque están sometidos a sus intereses y pagan con raciones poderosas de integridad. Si de pronto alguien señala que su medio acaba de pactar una alianza con alguno de esos grupos o medios... amigo, no es mejor. Simplemente, ha capitulado, si es que no se ha vendido.

¿Cómo debe ser un periodismo independiente e insumiso con el poder?
Debe contar lo que verdaderamente interesa a los ciudadanos sin renunciar a la verdad ni hacer concesiones. El periodismo que no es así se limita a repetir lo que quieren leer, ver y escuchar los que lo pagan y los que mandan.

¿Y cree usted que tiene "nicho de mercado" ese periodismo hoy en día?
Es el único periodismo que merece tal nombre y el único que buscan millones de personas no sólo en España sino en el resto del mundo. Justo las personas que quieren saber la verdad y que saben que es importante conocerla no sólo por ellos sino también por sus hijos.

Maestro, no quiero molestarle más. En España hay miles de personas esperando que sea mañana para entrar en La Tribuna de Cartagena y escuchar, de nuevo, esos editoriales míticos en La voz de César Vidal. Le agradecemos su presencia constante (pese a la lejanía física) y, sobre todo, su aliento que, para nosotros, es un revulsivo de fortaleza y de perseverancia imprescindible.

Josele, querido y admirado amigo, no es molestia alguna. Es un privilegio.

Che Guevara, la mayor estafa (criminal) del siglo XX
Píldoras de libertad. www.juandemariana.org 17 Septiembre 2017

07 Agosto 2017)

Tengo que confesarte, papá, que en ese momento descubrí que realmente me gusta matar (Ernesto Che Guevara)

El pasado siglo será recordado, entre otras cosas, por haber alumbrado a los peores criminales que ha conocido la historia. Muchos, la mayoría, fueron comunistas. Y entre ellos se encuentra Ernesto Guevara de la Serna, el Che.

Pero este estudiante de medicina argentino añade un factor que le diferencia de sus colegas: sigue siendo, aún a día de hoy, un ídolo para muchísimas personas. Aunque no se puede decir, por citar solo unos ejemplos, que Lenin, Stalin, Mao o Fidel Castro hayan sido juzgados socialmente con la severidad que merecerían, es raro contemplar, salvo en los residuos que todavía abrazan la fe marxista, una reivindicación de sus figuras.

Con el Che, en cambio, se acepta con toda naturalidad que no escasos sectores de la sociedad exhiban su efigie, como si se tratara de Gandhi o de John Lennon.

En ese sentido, son de alabar iniciativas como la de nuestros amigos de la Fundación Bases en Rosario (Argentina), ciudad natal del tristemente célebre Guevara. Este think tank liberal ha emprendido una campaña para que las autoridades políticas de esa localidad retiren una estatua en honor al Che porque “es un asesino que no merece homenajes”. Nos unimos, sin duda, a tan encomiable cometido.

Y es que, ciertamente, Guevara, más allá de haber pasado a la posteridad como un icono para millones de jóvenes despistados, fue eso, un asesino.

No dudó, por ejemplo, en apretar el gatillo con sus propias manos en Sierra Maestra para acabar con la vida de aquellos compañeros que generaban alguna duda en su celo revolucionario. Y, posteriormente, tras el triunfo de los barbudos, ordenó ejecutar, sin ningún atisbo de garantías, como reconocía sin rubor alguno, a casi dos centenares de personas en la fortaleza de La Cabaña. La mayoría de los detenidos eran inocentes y ninguno se había hecho acreedor del fatal desenlace.

Además de un asesino múltiple confeso, el Che, en su posterior paso por la política cubana, destrozó el país, tanto desde el Banco Nacional como en los diversos ministerios que dirigió. También colaboró desde un primer momento en la creación tanto del Estado policial castrista como de los campos de concentración, lugar al que iban a parar los enemigos de la revolución comunista, entre ellos los homosexuales. Y todo ello jalonado por escritos profundamente racistas. Un sujeto al que nada bueno se le puede atribuir.

Guevara fue un fanático de unas ideas, las comunistas, que inexorablemente conducían a la muerte y la destrucción. No fue un libertador ni un luchador por la justicia social, signifique eso lo que signifique. Tan solo buscó implantar sanguinarias dictaduras, ya fuese en Cuba, en el Congo o en Bolivia, donde finalmente hace casi 50 años la CIA lo capturó y el ejército del país andino puso fin su atroz trayectoria.

Filoterroristas en Galicia
Nota del Editor 17 Septiembre 2017

En un pueblo cercano a La Coruña, impone su reinado un alcalde filoterrorista, íntimo de los Castro, y otro de sus disparates fue elevar un momumento al Che.
Algunos bienintencionados trataron de boicotearlo, pero el empleo de los medios públicos, esos medios que salen de nuestros bolsillos, los disuadió.

La pregunta es ¿ porqué la fiscalía no lo denuncia por apología del terrorismo ?


******************* Sección "bilingüe" ***********************

Una burda tergiversación de la realidad en Cataluña
EDITORIAL El Mundo 17 Septiembre 2017

Produce indignación comprobar hasta dónde ha llegado la desfachatez del independentismo y sus palmeros para intentar convencer al mundo de sus ilusorias aspiraciones ilegales para convocar un referéndum y, en caso de ganarlo, imponer unilateralmente la República de Cataluña. Lo volvimos a comprobar ayer, en el acto propagandístico organizado por la Asociación Catalana de Municipios (ACM) y la Asociación de Municipios por la Independencia (AMI), al que acudieron los 700 alcaldes catalanes y que estuvo presidido por Carles Puigdemont y Ada Colau, la voluble socia de Podemos.

Se trata de una burda tergiversación de la realidad porque tanto el presidente de la Generalitat como la alcaldesa de Barcelona presentaron a los munícipes investigados por la Fiscalía por dar cobertura a este atentado contra la ley que es el referéndum como «perseguidos en intimidados» por la Justicia, cuando la realidad muestra todo lo contrario: quienes están perseguidos e intimidados son los alcaldes -y cualquier cargo público- que se ha puesto en el lado del cumplimiento de la ley y la defensa de la Constitución.

El testimonio con el que se inicia el reportaje titulado Los 74 alcaldes que sí acatan la ley es estremecedor y nos retrotrae a épocas pasadas en otra comunidad autónoma: «Hablo con usted, sí. Pero una foto... La gente nos está señalando, animados por Puigdemont». Que un alcalde libremente elegido por sus ciudadanos tenga miedo a dar la cara simplemente porque ha expresado una opción política dice todo de hasta dónde ha llegado la represión ideológica en Cataluña.

Con razón afirmaba ayer Idoia Mendia, secretaria general del PSE, que las coacciones que viven los alcaldes socialistas en Cataluña estos días «están creando un ambiente que recuerda al vivido por los vascos hace no tanto». «Charnega de mierda», «rata», han sido, entre otros los insultos que ha escuchado Núria Parlón, la alcaldesa socialista de Santa Coloma de Gramanet, tras conocerse que no cederá locales municipales para la celebración del referéndum ilegal. Se pongan como se pongan los separatistas, en ningún régimen democrático una autoridad elegida por el pueblo tiene miedo a expresar sus opiniones en público.

En esta tragicomedia merece una mención especial la indeterminada y cobarde Ada Colau, que se ha quitado de enmedio al ceder la gestión de la educación a la Generalitat para no incurrir en responsabilidades penales de cara a la consulta de 1-O, y que está mirando más su interés electoral que el cumplimiento de la ley. Fiel a sus inicios de activista antisistema en la plataforma antidesahucios, se alía con los presuntos delincuentes para dinamitar el Estado de derecho en Cataluña. Su mirada ahora se dirige desde el Ayuntamiento hacia la Generalitat, pero una Generalitat española.

Análisis geoestratégico del problema catalán
Juan Laborda vozpopuli.es 17 Septiembre 2017

Sorprende la absoluta candidez de los análisis de los voceros mediáticos patrios sobre el referéndum ilegal del 1 de octubre. Pero sorprende aún más la actitud de un gobierno que con todo el aparato del estado, incluidos los servicios secretos, haya sido incapaz de anticiparse a nada. La inacción del actual ejecutivo ha sido guiada por una visión profundamente conservadora de España, muy presente en su núcleo duro electoral. Piensan que se puede actuar como en el pasado, mano dura contra los sediciosos, lo cual, por otro lado, legalmente sería lo correcto. El problema es que vivimos en un mundo globalizado en el que hay un conflicto de bloques soterrado, donde cada uno de esos bloques va moviendo las distintas piezas en el tablero de ajedrez en que se ha convertido el mundo post-crisis. Y Cataluña es una de esas piezas puesta encima del tablero. El objetivo, debilitar Europa. Por ello la propia Europa no permitirá que la situación se desmadré en ninguna de las dos direcciones.

Les propongo tomar prestado por unos momentos la máquina del tiempo DeLorean de la saga cinematográfica Regreso al Futuro. Regresemos con ella al pasado reciente. Supongamos que nos encontramos en el despacho del actual ínclito monclovita, a principios de 2012. Está reunido con sus asesores, entre ellos los servicios secretos, y en plena discusión sincera y sin tapujos le muestran su particular preocupación por la deriva de los independentistas catalanes. Fruto de ese debate asumen su mea-culpa, y de una vez por todas reconocen la enorme torpeza de recurrir al estatuto de Cataluña aprobado por las Cortes españolas y refrendado por los ciudadanos catalanes en junio de 2006. Y entonces se preguntan ¿qué podemos hacer?, ¿cómo revertir el “procés”?

Un político inteligente, bien asesorado, hubiese buscado una solución que de una vez por todas desactivara y cerrara el melón de los continuos desplantes y deslealtades por parte de los nacionalistas catalanes. Lo inteligente hubiese sido preparar un paraguas legal, por ejemplo asumir que España es una nación de naciones, bajo el cual establecer unas reglas claras para un referéndum de autodeterminación. Y uno de esos asesores se lo propone a Rajoy. “¿Por qué no fijamos unas condiciones para un hipotético referéndum que puedan ser aceptadas por todos?” El asesor se explaya un poco: “si me lo permite Presidente, para que el referéndum sea válido, fijemos una participación mínima del 75% del electorado, de manera que esa parte de España sometida al referéndum solo se podrá independizar si esta opción es votada por mayoría cualificada del 65%, con un mínimo del 50% en cada una de las cuatro provincias catalanas”.

Imaginemos que se hubiese optado por ello, y que el ínclito monclovita hubiese hecho caso al osado asesor, tras demostrarle éste que no hubiese tenido coste electoral alguno en su fiel electorado, ése que todo lo traga. Y entonces volvemos de nuevo con la máquina DeLorean al momento presente. ¡Nada, no pasa nada, todo está en calma! Los ciudadanos catalanes ya han votado y Cataluña a fecha de hoy sería una parte comprometida con España. Pero ese no fue el caso. Y por eso estamos donde estamos. Por completa inacción política. Este es el análisis que se está realizando en la inmensa mayoría de los más prestigioso medios de comunicación occidentales, y se preguntan qué narices está haciendo Rajoy para desactivar de manera definitiva a esa mosca cojonera en que se han convertido los nacionalistas catalanes. Con razón estos medios empiezan a mosquearse con la actitud de dejadez de Rajoy.

Cataluña otra pieza de ajedrez en el tablero geoestratégico
Hay un libro que les recomiendo encarecidamente. “Crisis mundial. Encaminados hacia al mundo de mañana”. Su autor es el otrora politólogo francés Frank Biancheri, tristemente fallecido en 2012, una mente preclara, y uno de los promotores de las archiconocidas becas Erasmus. Desde su análisis, la Gran Recesión era una crisis sistémica global que nos expulsaba del mundo configurado durante tres siglos de dominación europea y occidental. Biancheri planteaba dos escenarios diametralmente opuestos para el período 2010-2020, uno de cooperación y otro de conflicto. El de cooperación pasaba por construir una nueva gobernanza global; la alternativa por zozobrar progresivamente en un conflicto entre los grandes bloques regionales. Obviamente estamos en el de conflicto. En ese escenario Biancheri anticipó, por ejemplo, el conflicto ucraniano, la guerra en Siria, la autodestrucción de Libia.

¿Y si Cataluña es otra pieza más de ese tablero geoestratégico en esa lucha soterrada entre bloques? El objetivo sería debilitar Europa. Y Europa, por eso, va a actuar con mesura, e impondrá al final las condiciones necesarias para desactivar definitivamente la pesadilla con la que los independentistas catalanes nos ahogan día sí y día también. Por eso Rajoy no podrá hacer lo que le demanda las huestes, Europa no se lo permitirá, en un abrir y cerrar los ojos nos llevan la prima de riesgo a 300 puntos básicos y España, sin soberanía monetaria, sería insolvente. Entraría en un círculo vicioso, crisis de deuda soberana-crisis bancaria.

Al final, como explicamos en el blog anterior, desde otra perspectiva, la solución pasa necesariamente por una refundación del Estado, donde aquellos que aspiren a dirigir la España democrática, incluida Cataluña, tendrán la obligación de someter a la consideración del pueblo español sus proyectos para refundar el Estado. No queda otra.

La rebelión secesionista hace inevitable la aplicación del 155
Jesús Cacho vozpopuli.es 17 Septiembre 2017

Es la dura realidad. La lenta maquinaria del Estado, mayormente en su vertiente judicial, se ha puesto en marcha esta semana con una panoplia de actuaciones que hubiera bastado para llamar al orden a cualquier enloquecido dirigente autonómico ansioso de pasar a los libros de historia como un nuevo capitán Trueno. El rey Felipe VI, el Gobierno, la Fiscalía, la UE, la CEOE, el Banco Sabadell… el sordo rumor del Estado en movimiento, con la arboladura de un mastodonte capaz de infundir temor al menos juicioso. No a Puigdemont y a esa colla de aventureros fanatizados que se han apresurado elevar la apuesta, a aumentar el desafío, a añadir leña a un incendio de cuyo tamaño seguramente dependan sus posibilidades de éxito final. Nada parece amedrentarles. Prepotentes, desafiantes, provocadores, no hay día en que estos matones tan simpáticos no nos recuerden con reiteración que se ciscan en el Estado y en sus leyes, y que lo suyo es un pulso, un acto de fuerza que los tribunales no van a poder reducir, de modo que no va más collons que usar la fuerza para frenar el golpe.

La última de esas provocaciones llegó ayer mismo: “Que no subestimen la fuerza del pueblo de Cataluña”. Mayor relevancia tuvo el anuncio realizado el jueves por el vicepresidente y ministrón de Economía de la Generalitat, Oriol Junqueras, el amigo masajista de la vicepresidenta Soraya, según el cual el Govern dejará de enviar a Madrid los informes semanales de gasto con los que Hacienda viene tratando de evitar la utilización del dinero público procedente del FLA para la organización del referéndum ilegal del 1 de octubre. Fue Cristóbal Montoro el que a finales de agosto dijo muy ufano, muy seguro de sí, que “vamos a hablar claro: con toda seguridad no va a haber referéndum porque no hay presupuesto”, y se quedó tan ancho ante el pasmo del personal. La cara del titular de Hacienda el viernes, informando de la decisión del Ejecutivo de asumir los pagos de servicios esenciales –educación, sanidad y servicios sociales- y las nóminas de los empleados de la Generalidad desde el momento de la publicación de la orden en el BOE, parecía la de un boxeador al día siguiente de haber perdido un combate por KO.

Intervención económica, pues, de la Generalitat, medida que venía reclamando -empezando por los sueldos de los propios miembros del Govern- mucha gente desde hace tiempo, algo que muchos han llegado a considerar una aplicación encubierta del artículo 155 de la Constitución, aunque solo sea por aquello de que el amo del dinero es siempre el auténtico titular del poder. El envite, más bien la provocación, de Junqueras, que hay que imaginar pactada con su teórico jefe, parece un error de tal magnitud que algunos han querido ver gato encerrado en el episodio. Porque la respuesta del Gobierno de la nación era más que previsible. ¿Le ha regalado Junqueras, cual conde don Julián, a su amiga Soraya la intervención de la Generalidad a cambio de salvar de la quema su futuro político como eventual próximo presidente de aquella Comunidad?

Quienes consideran el control de la cuentas de la Generalidad como un golpe definitivo al prusés pecan seguramente de optimismo. Quienes han sido capaces de situar a España ante la crisis más grave de su reciente historia no se van a apear del burro ante ninguna medida que no sea la aplicación del 155, es decir, la pura y dura intervención de la Generalidad, y cuanto más tarde se tome la decisión, peor para todos, más elevados serán los costes para unos y otros. “Junqueras ha decidido dejar de remitir esa información porque no puede hacerlo, porque si enseñara de verdad las cuentas de la Generalidad se vería que están disponiendo del dinero del FLA para mantener el prusés”, asegura uno de los líderes de Ciudadanos, “sin olvidar que están ya en un punto tal de su viaje a ninguna parte que eso ha pasado a ser una cuestión casi accesoria. Si a partir del 1 de octubre en Cataluña va a regir otra legalidad, comprenderás que dejar de enviar información financiera a Madrid es casi normal. Estamos ante un golpe de Estado en toda regla; esa y no otra es la cuestión”.

¿Quién está pagando la cuenta del 'prusés'?
¿Quién está sufragando el desafío secesionista? ¿Quién está corriendo con la cuenta? Estos días se viene hablando de dinero ruso e israelí entrando en la sala de máquinas del prusés. El interés de la Rusia de Putin en desestabilizar la UE, sobre todo después de la posición adoptada por Bruselas en el conflicto ucraniano, es más que evidente. La tragedia de la historia regresa como farsa: el 24 de octubre de 1925, Francesc Macià llegaba a Moscú en busca de apoyo financiero de la URSS para sufragar el movimiento revolucionario y separatista que el Estat Català preparaba contra el régimen de Primo de Rivera. Macià confiaba en el apoyo de los bolcheviques –resueltos, a través de la Internacional Comunista, a apoyar todos los movimientos nacionalistas capaces de desestabilizar países y abrir la puerta a la revolución- a cambio de que su partido se aliara con el incipiente PCE que entonces lideraba un tal Bullejos, que también se encontraba en Moscú. Hasta entonces, el líder independentista apenas había logrado el respaldo de un pequeño banco parisino interesado en desestabilizar la peseta para forrarse. Su equivalente sería ahora ese George Soros, filántropo especulador bursátil, que estaría con sus millones detrás de los apoyos exteriores con que cuenta Puigdemont. Putin pondría la pasta y Soros el apoyo mediático a través de la tupida red de medios -NYT, Guardian- que maneja su Open Society Foundation, cuyos terminales llegan a tipos tan curiosos como el patético Julian Assange.

Tras entrevistarse con Zinóviev y Bujarin, a Macià no le hicieron el menor caso en Moscú, seguramente porque, con Lenin ya enfermo, el trío Zinóviev, Kámenev y Stalin no estaba para sardanas sino para luchar a muerte por el poder en el gigante rojo. “No busques conspiraciones internacionales”, asegura un empresario barcelonés, “el dinero para mantener vivo el prusés sale principalmente de la Asociación de Municipios por la Independencia (AMI), que es la que fleta y paga los cientos de autobuses que traen a la gente de las comarcas para manifestarse en la Diada. Han sido muchos los años que ha tenido la AMI para recoger dinero público procedente de cientos de ayuntamientos gobernados por Convergencia, al margen, claro está, de los propios presupuestos de la Generalidad, de los que han salido en los últimos años millones de euros en subvenciones a todo tipo de organizaciones separatistas, caso de ANC y Òmnium, por no hablar de la inmensa mayoría de los medios de comunicación catalanes”.

Dinero para romper España, y para dividir Cataluña en dos mitades irreconciliables, familias partidas en dos, amigos que han dejado de hablarse, vecinos que recelan de vecinos, una herida que tardará años en soldar. “Soy solo una de tantas madres que llevamos muchos años viendo cómo en Cataluña el independentismo campaba a sus anchas. ¿Sabe usted que en sexto curso nuestros hijos debían aprender a tocar con flauta Els Segadors? ¿Usted lo ve normal? ¿No le recuerda lo del Cara al Sol que los niños tenían que cantar en tiempos de Franco? Todo culpa de los Gobiernos centrales, que han dejado a esta gente campar a sus anchas a cambio de ocupar el poder del Estado. Eso es lo que tenemos ahora. ¿Por qué no le doy mi nombre? Por miedo: miedo a un coche rayado, a un buzón quemado, a un escrache, a un insulto, todo lo que durante años se ha consentido y no se ha parado. Mi nombre es miedo, porque hace mucho tiempo que nadie defiende los derechos de los ciudadanos no independentistas, y eso no se soluciona ahora confiscando urnas. Miedo, porque después del 1 de octubre llegará el 2 y el 3 y vamos a tener que seguir viviendo aquí mal que nos pese, vamos a tener que seguir aguantando a estos cafres a los que todo se les ha consentido durante tantos años. Créame, esto es muy difícil de arreglar a estas alturas”.

La profecía cumplida de Jordi Pujol
Lo dijo bien claro Jordi Pujol, el padre padrone: “La independencia es cuestión de futuro, de la generación de nuestros hijos. Por eso, los de la actual generación tenemos que preparar el camino con tres asuntos básicos: el idioma, la bandera y la enseñanza” (de las memorias de José Bono, citadas por Jesús Laínz en su último libro, “El Privilegio Catalán”). Al Gobierno Rajoy no le va a quedar más remedio que usar la fuerza. “Es que lo del nacionalismo moderado solo estaba en la imaginación de Soraya y de Mariano, y no se han caído del burro hasta ayer mismo. Esto ya no tiene vuelta de hoja, entre otras cosas porque en el hipotético caso de que dieran marcha atrás, cosa imposible, ahora les mataría su propia gente. El clima de violencia empieza a ser irrespirable. Vamos a ver cosas muy feas y no sé si el Gobierno es plenamente consciente de lo que se le viene encima, porque va a haber violencia, eso seguro”. La situación es tal que los Mossos han empezado a realizar labores de contravigilancia en torno a la mayoría de los políticos constitucionalistas catalanes. De modo que al Gobierno no le va a quedar más remedio que “hacer eso que no queremos hacer” (Mariano dixit el viernes en Barcelona): usar la fuerza para imponer la ley y parar el golpe. La violencia como partera de la Historia, que dijo Marx.

En el Ejecutivo conviven ahora mismo dos posturas enfrentadas. Aplicar cuanto antes el 155 o dejarlo para más adelante. La experiencia de estos años ha demostrado hasta la saciedad que procrastinar la toma de decisiones con el nacionalismo catalán no ha servido más que para envalentonar a los sediciosos y agravar el problema. Muchas de las cosas que por desgracia vamos a ver estos días nos las podríamos haber ahorrado si el Gobierno hubiera cortado por lo sano hace tiempo. ¿Qué es lo que está pasando ahora? Que el Estado -Guardia Civil, jueces- hace acto de presencia en Cataluña y los golpistas lo toman como una invasión. Despierta, Mariano: no vas a lograr nada con paños calientes. Tu compromiso con la historia y con los españoles es preservar la unidad de España y defender los derechos y libertades de más de la mitad de los catalanes pisoteados por los separatistas. ¡Mariano, no te rajes! Va a ser una partida muy difícil, porque el golpismo está decidido a llevarnos hasta al límite. Va a ser doloroso. Y va a tocar sufrir.

Lo que nos dirán
Manuel Cruz elconfidencial 17 Septiembre 2017

Las palabras han saltado por los aires. Los argumentos hace tiempo que ya lo habían hecho. A los ciudadanos de Cataluña, el independentismo les han reconstruido un pasado a la medida de su conveniencia (vgr., "España contra Cataluña"), les ha descrito el presente utilizando un entramado de groseros sofismas (vgr., si Cataluña contribuye fiscalmente más, ello equivale a que España nos roba) y les ha hecho un conjunto de promesas incumplibles (vgr., si Cataluña se independiza, no solo será recibida en Europa con todos los honores sino que la propia España, participando del entusiasmo europeo, aceptará que todos los ciudadanos del nuevo Estado mantengan la nacionalidad española). Todo ese espeso engrudo, aderezado con una notable cantidad de mentiras (véase como muestra el libro de Josep Borrell), no solo no resiste el menor embate de la argumentación racional, sino que ni tan siquiera soporta la más ligera confrontación con los hechos.

Lo sabemos de sobra a estas alturas. Pero ya estamos más allá de todo eso. De ahí que no tenga caso ni sentido volver sobre lo sabido. Como diría el guiñol de Michael Robinson en el Plus, "pescao vendío". Finalmente, aquello que durante tanto tiempo se nos anunció, lo que estaba por venir, esto es, el llamado choque de trenes, ha llegado. Lo que solo era una posibilidad ha terminado por materializarse y por cierto que con puntualidad, a la hora y en los días anunciados. Ya no cabe mirar hacia otro lado porque no hay otro lado a dónde mirar. Estamos ahí dentro, cada cual en el correspondiente vagón, cruzando los dedos para que la violencia simbólica, la presión de la muchedumbre convertida en criterio indiscutible de bondad y de verdad o la estigmatización del disidente, no den lugar a otra forma de violencia más concreta, a algún episodio desgraciado que provoque un definitivo e irreversible desbordamiento de las aguas de la convivencia.

Las ideas ya están resecas, y se diría que incluso quienes hasta ahora las defendían las han abandonado, marchitas, en el borde del camino. Marchitaron muy rápido porque eran flor de invernadero, consignas ad hoc diseñadas en gabinetes de comunicación y destinadas al consumo rápido, inmediato, de la agitación, de tal manera que, una vez utilizadas para dicho fin, ni siquiera quienes las sostenían con pasión en emisoras de radio afines y platós de televisión se dignan volver sobre ellas, y hacen como si nunca hubieran sido pensadas. Ahora ya basta con un grito airado, con una afirmación de apariencia autoevidente, el '¡volem votar!' lanzado en las últimas semanas para movilizar a los propios y, si puede ser, engatusar a algún reacio a la independencia despistado que pudiera legitimarles votando no. Voluntarismo químicamente puro, afirmación escasamente racional del propio deseo como fundamento para un nuevo orden político. A estas alturas de la historia contemporánea, no hace falta que les diga a qué suena todo esto.

¿Y qué decir de las palabras? Tal vez sea deformación profesional, pero en estos días no he podido por menos que acordarme de la 'Carta de Lord Chandos', de Hugo von Hofmannsthal, y, en concreto, del célebre pasaje en que el autor escribía: "Encontraba imposible dar un juicio en mi interior acerca de los asuntos de la corte, los sucesos del parlamento o lo que queráis, porque las palabras abstractas que usa la lengua de modo natural para sacar a la luz cualquier tipo de juicio se me deshacían en la boca como hongos podridos". Difícil encontrar expresiones más ajustadas a lo que está pasando entre nosotros.

Por lo que a mí respecta, me siento incapaz de anticipar lo que va a suceder, excepto en una cosa que diré al final. Pero, en cierto sentido, tanto da mi incapacidad, compartida por muchos. Un analista político, antaño prestigioso y reconvertido ahora en zigzagueante y acomodaticio apologeta del 'procés', empezaba a diseñar el otro día la coartada que probablemente se nos presentará a los ciudadanos de Cataluña si, finalmente, no puede tener lugar ni siquiera un simulacro de referéndum. Se nos dirá algo parecido a esto: los independentistas, en realidad, nunca confiaron en alcanzar en este momento sus objetivos.

Su auténtico objetivo no era llegar ya a la tierra prometida de la república catalana sino que el topetazo frontal con el Estado les dejara en mejores condiciones políticas ante su electorado, frente al que saldrían reforzados al poder decirles que, por vez primera, habían plantado cara a España para separarse, inequívocamente, de ella. Solo la fuerza (la "violencia judicial", según el neologismo que han puesto en circulación últimamente) lo habría impedido. Pero ellos, y solo ellos, habrían conseguido hacer visible ante el mundo el anhelo de independencia del pueblo catalán.

Ese presunto triunfo, además, podría tener onda expansiva y generar sinergias en otros grupos y sectores políticos, tanto en Cataluña como en el resto de España, puesto que el independentismo podría alardear ante ellos de haber sido quien de veras había abierto una brecha en el régimen del 78. En definitiva, les dirán a los catalanes, hemos ganado esta batalla. En consecuencia, rematarán el argumento, el combate continúa.

Me van a permitir, ahora que nadie nos lee, que concluya este papel con una confidencia. A mí también el cine norteamericano me ha predispuesto hacia los finales felices, lo que, aplicado a libros, artículos y otras exposiciones públicas de las propias ideas se traduciría en la tendencia a finalizar tales intervenciones con un mensaje que contenga por lo menos unas gotas de optimismo. Pero, qué quieren que les diga, si lo hiciera ahora tendría la desasosegante y culpable sensación de estarles mintiendo. Porque la única cosa que les anuncié que me creo en condiciones de anticipar es una convicción bien simple: esto no se va a acabar nunca.

El ‘procés’ y la violencia
Ricardo Ruiz de la Serna gaceta.es 17 Septiembre 2017

Los nacionalistas catalanes sostienen que el referéndum del 1 de octubre y, en general, el proceso rupturista de España es democrático y pacífico. Las dos cosas son falsas. Se ha escrito mucho sobre las gravísimas carencias democráticas de la consulta. Tal vez se haya hablado menos -y deberíamos hacerlo- sobre la falacia de pretender que un procedimiento democrático-e insistamos en que éste no lo es- pueda decidir y resolver cualquier cosa.

Junto a la pretensión democrática, se sitúa la mentira de la paz nacionalista. Desde Terra Lliure, e incluso antes si nos remontamos a la II República, los nacionalistas catalanes nunca fueron pacíficos. Durante años, a lo sumo, han tratado de presentarse como pacifistas -es decir, revestidos de ideología, pero no de hechos- y las acciones de sus juventudes los han desmentido en todo caso. En efecto, el constitucionalismo en Cataluña ha resistido gracias al coraje de la sociedad civil que ha hecho frente a las amenazas, la violencia y el miedo. No ha sido, insisto, gracias al Estado. Al contrario, la firmeza que ahora se pretende exhibir para detener el referéndum solo subraya lo tarde que llega y lo que se podría haber hecho de haberse actuado antes.

Pero volvamos a la mentira de la pretendida paz que los nacionalistas invocan para legitimarse y del pacifismo instrumental de sus líderes. La Diada de este año abundó en banderas catalanas, muchísimas de ellas con el añadido blanquiazul de los más radicales. Hay en esa escenografía una nostalgia de Terra Lliure y del Front d´Alliberament de Catalunya que delata la verdadera naturaleza de este proceso. Algunos han celebrado el terrorismo y alguno lo ha lamentado, pero no ha habido una condena sin paliativos ni ambigüedades. Al contrario, la narración nacionalista se entristece por el terrorismo, pero salva la ideología que lo inspira. Esa ideología es la que late tras las banderas que vimos el pasado 11 de septiembre. Los mitos de la izquierda radical y revolucionaria, la tergiversación de la historia y la propaganda aprendida en colegios e institutos mueven a esos jóvenes que tanto nos recuerdan a Jarrai y al entorno etarra.

Joseph Ratzinger hizo una observación imprescindible para comprender nuestro tiempo. En su “Introducción al cristianismo”, reflexiona sobre la pretensión marxista de la redención del hombre a través de la política y de la economía. Había, nos dice, que ocuparse de “la realidad”, que era “exclusivamente la realidad material de los hechos históricos, a la cual había que analizar y transformar hacia las metas correctas con los medios adecuados, entre los que ineludiblemente estaba la violencia”. He aquí la clave para desentrañar la falacia de la paz nacionalista. En ese proceso de “liberación”, la violencia es un instrumento que puede utilizarse según las circunstancias y que, ideológicamente, está justificada en aras de un supuesto bien mayor: la libertad, la igualdad, la revolución… Por supuesto, todos estos términos, a su vez, pueden someterse a una reasignación de significados políticos -y de hecho así sucede- porque la mentira también se considera legítima.

Por eso, el choque entre los hechos y la realidad se resuelven en la instancia política, que se considera superior. La única “verdad” es la que, en cada momento, sirve al proceso político en curso. Así, se puede defender que los jóvenes que acosan a la Guardia Civil son pacíficos a pesar de que las antorchas que empuñan revelen sus verdaderas intenciones. De este modo, sostienen que la Cataluña independiente será diversa mientras en los carteles “barren” todo aquello que detestan desde la Iglesia católica -ahí está el sesgo anticlerical de la CUP- hasta la monarquía. En la nueva Cataluña solo tendrán cabida los nacionalistas catalanes y, seguramente, no todos.

He aquí otro aspecto central de la violencia. Los nacionalistas catalanes están divididos entre la izquierda y la derecha. Coinciden en el modelo de Estado -y eso con matices- pero tienen profundos desacuerdos en el modelo de sociedad. Unos quieren una Cataluña burguesa y supuestamente “liberal” (permitan que me ría) mientras otros quieren una república popular de inspiración comunista. En pro del independentismo, parecen haber dejado a un lado sus diferencias, pero no las han resuelto. Tarde o temprano, la violencia antisistema, que tantas veces ha asolado el centro de Barcelona, volverá para servir a sus señores.

No. No hay paz en este proceso de ruptura de España porque la paz no es un valor para las ideologías que lo inspiran. Esa violencia puede ser difusa o explícita según el momento -las pintadas, las amenazas en redes sociales, las agresiones, los actos reventados por jóvenes radicales- pero jamás está ausente. Algunos líderes nacionalistas la impulsan, otros la silencian, todos la legitiman. La celebración de la ocupación de casas, la trivialización del terror callejero, la exaltación del terrorismo como “lucha por la libertad” son solo algunos ejemplos de ese discurso que ampara la violencia política.

Por desgracia, los nacionalistas no han estado solos en el aislamiento y el acoso de los constitucionalistas. Muchos miraron para otro lado. Durante décadas, ha habido catalanes que han afirmado la españolidad de su tierra, el orden constitucional y los valores que lo inspiran en medio de las circunstancias más adversas y en la soledad más profunda. No hubo esfera de la vida pública que los nacionalistas no infiltrasen y que no se volviese hostil a sus oponentes. Hacer frente a los nacionalistas suponía y supone exponerse a perder el trabajo, los amigos y los clientes. La fractura social que los nacionalistas han causado no excluye la violencia. Antes bien, la necesita para perpetuarse. La mentira, el odio y la corrupción son otras de las grandes fuerzas motrices de este proceso que no puede ni podrá desprenderse de la violencia en potencia y en acto.

De la 'operación Diálogo' a la batalla final
LUCÍA MÉNDEZ El Mundo 17 Septiembre 2017

Por segunda vez, Moncloa ha fracasado en su intento de establecer una línea secreta con el independentismo catalán para reconducir el conflicto. Mas traicionó a Rajoy en vísperas del 9-N y ahora Junqueras ha engañado a Santamaría

Al margen de los Presupuestos, el único proyecto político claro y concreto anunciado por Mariano Rajoy tras su segunda toma de posesión como presidente del Gobierno fue la llamada operación Diálogo, cuyo objetivo era bajar la fiebre independentista en Cataluña. Rajoy designó a Soraya Sáenz de Santamaría como vicepresidenta para el asunto catalán, con el encargo de establecer una «línea caliente» con las autoridades y la sociedad civil de Cataluña. Sáenz de Santamaría se puso un despacho en la Delegación del Gobierno en Barcelona y nombró delegado del Gobierno a un hombre de su confianza, Enric Millo. Presidente y vicepresidenta creyeron que con un plan de inversiones, talante, buenas palabras y la mano tendida de forma permanente, el desafío independentista al Estado no llegaría a mayores. En marzo de este año, Rajoy anunció un plan de inversiones en Cataluña de 4.200 millones de euros en un acto en Barcelona.

Aparte de esa lluvia de millones, la estrategia diseñada por Rajoy y ejecutada por su vicepresidenta tenía otra viga maestra: establecer una interlocución privilegiada con el número dos del Gobierno catalán, Oriol Junqueras, responsable de las cuentas públicas y, por tanto, necesitado de crédito y liquidez. No es un secreto la mala relación entre el presidente Puigdemont y el vicepresidente Junqueras. El Ejecutivo del PP intentó abrir una cuña y sembrar cizaña en los partidos independentistas. El líder de ERC, sostenía el Gobierno, está más interesado en ser presidente de la Generalitat -para lo que necesita unas nuevas elecciones- que en la convocatoria de un referéndum secesionista. Por tanto, a la hora de la verdad, Junqueras se bajará del carro de fuego de la consulta de autodeterminación y forzará los comicios. La credibilidad de este pronóstico que salía de La Moncloa descansaba en un hecho cierto y fotografiado: la buena sintonía de Soraya Sáenz de Santamaría con Oriol Junqueras. Ambos hablaban muy a menudo y mostraban gran empatía en público. El espejismo duró hasta hace relativamente poco tiempo. El Gobierno creía que Junqueras no firmaría nada que tuviera relación con el referéndum por miedo a ser inhabilitado, cuando tenía en su mano convertirse en presidente de la Generalitat, ya que ERC encabeza los sondeos de intención de voto.
"Es ingenuo pensar que a Junqueras le interesa algo más que la independencia"

Los cálculos de Moncloa fallaron y ahora estamos en vísperas de la batalla final del Estado -con todas sus baterías- para evitar el referéndum del 1-O.

«Está claro que era una operación de cartón piedra y que Junqueras engañó al Gobierno, o tal vez el Gobierno quiso dejarse engañar, como si la corriente independentista fuera cosa de uno o dos políticos, y no de millones de catalanes. Si Junqueras hubiera intentado bajarse del carro, se lo hubieran comido con patatas», aseguran fuentes del PDeCat.

Gobierno y PP, sin embargo, tienen otra visión. «Sabíamos que las posibilidades de que el independentismo desistiera de su desafío eran limitadas. El objetivo de la operación Diálogo era otro. Se trataba de enviar un mensaje potente a esa sociedad civil catalana que se siente molesta e incómoda por la deriva radical de sus gobernantes. Y ese objetivo creemos que se ha conseguido. La mayoría del empresariado catalán está en contra de la consulta independentista y así lo ha expresado públicamente·, aseguran fuentes del Gobierno. Además, añaden, «si al final el pulso iba a derivar en medidas drásticas y coercitivas como las que estamos tomando, era necesario cargarse de razones para justificarlas. Hicimos lo que pudimos para evitar el choque, lo intentamos, pero no nos dejaron otro camino». Hay una amplia corriente de opinión en el PP favorable a abrir un cauce de diálogo político sobre Cataluña el 2 de octubre. Y ese será el momento, explican, de poner en práctica el «guión que se ha construido con la operación Diálogo».
El PP avala la operación: "Se trataba de enviar un mensaje potente a la sociedad civil"

No se oculta una cierta sensación de engaño. Oriol Junqueras mostró su cara más amable en los contactos con Sáenz de Santamaría. «Cualquiera que le conozca sabe que a Junqueras no le interesa otra cosa en el mundo que no sea la independencia de Cataluña, es un político de una sola causa. Era una ingenuidad pensar otra cosa», aseguran fuentes nacionalistas.

No es la primera vez que Rajoy se lleva un chasco a propósito de una operación Diálogo para encauzar la rebelión independentista en Cataluña. Le sucedió ya en vísperas de la consulta del 9-N de 2014. Rajoy dio luz verde a una «línea caliente» y secreta entre Gobierno, PSOE y el Pacto Nacional por el Derecho a Decidir para desatascar el conflicto. El democristiano Joan Rigol, presidente del citado pacto, Pedro Arriola -en representación del presidente del Gobierno- y José Enrique Serrano, enviado de la dirección socialista, mantuvieron una negociación secreta que fue desvelada el día de reflexión del 9-N por El Periódico. PP y PSOE se sintieron traicionados por sus interlocutores democristianos catalanes. Y Rajoy, burlado por Artur Mas, que protagonizó la consulta en primera persona, a pesar de que las fuentes que informaban a La Moncloa sostenían lo contrario.

La "ñ" en Catalunya
Jose Alejandro Vara vozpopuli.es 17 Septiembre 2017

Tritignant habría sido mejor actor con ‘ñ’ pero no le dejaron. A los franceses les repatea la virguilia. ‘C’est pas posible’, le respondió un juez de la Bretaña al padre que quería inscribir a su hijo con el nombre de Fañch. “Sería romper la voluntad de nuestro Estado a mantener la unidad del país”. Se empieza con la ñ, por tanto, y se termina poniendo patas arriba a un Estado. Con esos detalles los franceses no tontean. En Cataluña no hay ñ. La sustituyeron por la ny. Luego llegaron Prat de la Riba, Companys, Pujol y Puigdemont.

A los nacionalistas catalanes, que parecen ser la mitad del censo, no les gusta España. Quizás por la ñ. El resto de sus argumentos son fabulaciones. Ni fueron una nación, ni un reino, ni tuvieron reyes, ni tuvieron guerra de independencia, ni España les roba, ni España persigue su lengua, ni España tan siquiera prohíbe sus castellers, extraño atavismo con niño.

Hasta el euskera tiene su ñ. Los vascos se desprendieron de la ch, que es más fea, y la sustituyeron por la tx, más recia. Algunos gramáticos de la txapela sugirieron suprimir la ñ y mutarla por la ‘in’ que en euskera suena igual. Pero no cuajó. Por eso tienen su Iruña (que al parecer es Pamplona), sus Iñakis, sus Garbiñes. Y no les pasa nada. Gente somera y pragmática, los vascos se abroncan más por un pacto fiscal que por una ñ. Pujol, en su momento, lo desechó, el cupo, y para justificar la cagada tuvieron que inventarse las ‘balanzas fiscales’, artimaña que airean los independentistas para demostrar que “40 millones de euros salen cada día desde Barcelona a España”. Josep Borrell les pulverizó el argumento en brillante exhibición ante un estupefacto Oriol Junqueras, responsable económico de la Generalitat que no serviría ni para contable de colmado.

Además de tener aversión por la ñ, los franceses también abominan de aquellos que queman su bandera. Unos encapuchados de todo a cien le pegaron fuego a la enseña gala en la Diada. Su cónsul, enormemente ofendido, exigió ‘la disolución inmediata’ de Arran, el grupo de revoltosos mequetrefes que perpetró el incendio. “Esto ni lo aceptamos en Francia ni lo aceptamos aquí”, dijo. Pues aquí, se acepta. Quemar la bandera de España, o fotos del Rey, o pitar el himno, es entretenimiento habitual entre la escandalosa tribu.

Quizás fue por la ñ. Es posible que si Catalunya fuera Cataluña no tendríamos rufianes ni referéndums. Pero tienen su y, Como los indonesios. O los malayos. Y un referéndum en puertas, para irse. Y no tienen enfrente, a lo que se ve, un Estado firme, serio, que no permita juguetear con la ñ. De ser así, quizás España, también allí, seguiría con su ñ.

Tardá y Campuzano, la última traca del independentismo
La retirada parlamentaria del PDECAT y ERC puede ser la pirotecnia que acompañe una declaración unilateral de independencia
José Antonio Zarzalejos elconfidencial 17 Septiembre 2017

Durante muchos años la izquierda radical abertzale –es decir, el entorno político de ETA representado por Herri Batasuna y luego por formaciones similares y diferentes denominaciones- tomó una doble decisión: participar en las elecciones generales y en las autonómicas vascas, pero no comparecer ni en el Congreso ni en el Parlamento de Vitoria. Se trataba de ocupar su espacio electoral y no regalar votos a fuerzas políticas fronterizas, pero, después, no reconocer la legitimidad institucional ni del Estado ni de la autonomía estatutaria vasca.

Aquella estrategia se inscribía en una ofensiva terrorista permanente a la que el discurso “ideológico” del abertzalismo radical ofrecía cobertura dialéctica. A los efectos que hoy interesan, debe subrayarse que durante muchos años el nacionalismo vasco más radical negó de manera tangible la legitimidad del sistema constitucional de 1978. Y cuando los diputados filo etarras accedieron a las Cámaras lo hicieron con una promesa de acatamiento a la Constitución “por imperativo legal” fórmula que luego ha hecho fortuna, generalizándose, porque en el inicio de los años noventa el Tribunal Constitucional avaló su procedencia.

Por el momento, el nacionalismo independentista catalán no ha tenido la ocurrencia de ausentarse del Congreso y del Senado, aun en su actual euforia insurrecta. En pleno proceso soberanista, junio de 2016, tanto la entonces CDC como ERC se presentaron a las elecciones generales. En Comú Podem las ganó en Cataluña ampliamente con 12 escaños y más de 848.000 votos (24,51%). ERC se quedó a distancia con 9 diputados y 629.000 sufragios (18,17%), seguido de CDC que sólo obtuvo 8 y 421.000 votos (13,92%), menos que el PSC (462.000, el 16,12%) aunque por efecto de la ley electoral los socialistas se quedaron en 7 diputados. Tras ellos, el PP (6 escaños) y Ciudadanos (5 diputados).

Los electos independentistas (CDC y ERC) adquirieron su condición de diputados con variantes de la fórmula que inauguró Herri Batasuna en 1989. Pero las llamadas “leyes de desconexión”, suspendidas por el TC, no han conducido a la que sería una grave y errónea decisión (otra más): abandonar las Cámaras legislativas del Estado para reforzar la estrategia de deslegitimación (y enfrentamiento de legalidades) que ha desatado el independentismo en Cataluña. Joan Tardá es el jefe de filas de los parlamentarios republicanos –tiene grupo propio- y Carles Campuzano lo es de los ex convergentes que por primera vez en su historia están diluidos en el mixto.

Esta permanencia en el Congreso y en el Senado de los independentistas puede valorarse de manera diferente. Como una contradicción del secesionismo catalán que por una parte niega la vigencia de la legalidad del Estado y la estatutaria en Cataluña y por la otra se mantiene presente en las instituciones que plasman la soberanía nacional; o como un cordón umbilical que permitiría suponer que no todos los puentes estarían volados. Quizás ambas valoraciones sean compatibles, aunque la realidad golpee sobre la coherencia desobediente de los secesionistas.

De momento, los grupos de Tardá y Campuzano, a pesar de todo, están ahí y eso tiene un significado y representa una opción de futuro, mínima pero no despreciable. Esperemos que sigan tras el 1 de octubre lo que no es absoluto seguro. La retirada parlamentaria de PDeCAT y ERC podría ser la traca pirotécnica inmediatamente anterior o posterior a una declaración unilateral de independencia. Sospecha que no es una mera opinión sino una indiciaria información. Se está en ello.

El independentismo pretende estar en la procesión y repicando, una estrategia que tiene un corto recorrido. La suspendida Ley de transitoriedad y fundacional de la república catalana, por ejemplo, da por hecho acuerdos con el Estado español – sobre la doble nacionalidad, entre otros asuntos- que implican un auténtico engaño a sus propios seguidores porque la unilateralidad excluye de raíz la posibilidad de pactos futuros, más aún con un territorio que quedaría ipso facto fuera de la Unión Europea. Puestos a localizar incoherencias en todo el planteamiento independentista y a señalar sus errores de concepto y de cálculo, los encontraríamos en abundancia. Mantenerse en el filo de la navaja de tanta contradicción resulta –tarde o temprano- inviable.

La cuestión es dejar apuntada esta circunstancia y, quizás también, sugerir que la irritación no debería nublar la mirada larga con la que hay que dar perspectiva a los acontecimientos. En la siguiente curva, de una forma o de otra, nos vamos a encontrar y no tendría que ser para una nueva colisión. Por eso, la estrategia del Gobierno –acordada con el PSOE y Ciudadanos- está tratando de insistir en el sentido de la proporción para que el futuro no sea mucho más difícil de lo que ya es el presente. La intervención de las finanzas de la Generalitat por el Gobierno va en esa línea. Una repuesta eficaz y seca.

Alfonso Rojo: "El germen del mal es el deleznable material humano que medra en España"

Pasear a lomos de tigre
FRANCISCO ROSELL El Mundo 17 Septiembre 2017

En uno de sus relatos, Rudyard Kipling cuenta el episodio de una sonriente dama de Riga que salió a darse una vuelta a lomos de un tigre y concluyó su paseo con la señora en el vientre de la carialegre fiera. Curiosamente, parecida felicidad irradiaban quienes, en esta Diada, se hacían selfies al lado de Otegi -un tigre al que gusta ahora retratarse acariciando mininos como «hombre de paz»- y en la ciudad de la masacre de Hipercor. En su ingenuidad suicida, la amazona de Kipling personifica el error cíclico de muchos gobernantes que piensan ilusoriamente que se puede resolver el «problema insoluble» del nacionalismo haciendo concesiones. Al contrario, a cada consentimiento, nuevas porfías.

Frente a esa fiera en abierta desobediencia e insumisión, cumple la hora de batirse el cobre por parte de un Estado que no puede limitarse a levantar con tomos del Aranzadi una simbólica e impotente Línea Maginot, aquellas fortificaciones infranqueables en la frontera con Alemania que resultaron en la práctica una barra de mantequilla al paso de las tropas nazis. En defensa de la legalidad, debe restablecerse un Estado de derecho seriamente hostigado y burlado, de modo que España toda viva en democracia y con ley, en vez de contra la ley, como si fuera una nación en agitado período constituyente. Ningún pueblo tiene derecho al suicidio porque no se suicida «para él solo», sino que se suicida también «para los demás», como decía Unamuno, y hay que evitar el de Cataluña. Frente al embate secesionista, reforzado por Podemos y por Colau, una vez que a la alcaldesa se le ha caído el disfraz con el que ha reemplazado aquel otro de heroína de cómic, revelando su faz independentista, se arriesga la estabilidad del régimen constitucional.

A veces, la paciencia es más poderosa que la fuerza, pero cuando la primera se agota no hay otro camino que recurrir al segundo frente para quienes no quieren obedecer y honrar la ley, refugio de libertad y de seguridad del gobernado. Habiéndose marchado tanto tiempo en dirección contraria, desandar ese camino va a ser arduo. No en vano, a la dejadez del Estado, entregando la educación al nacionalismo para que este adoctrine a las nuevas generaciones en su credo y en el odio a España, se suma la capacidad soberanista para catequizar a una parroquia resuelta a creer las cosas más inverosímiles, cebando la bomba del agravio y el victimismo.

Con esas armas, el nacionalismo expande un sentimentalismo tóxico. Esa sentimentalidad obra conversiones sorprendentes: bien de dilectos colaboradores del Fraga de los tirantes con la bandera española y puños dispuestos contra reventadores de mítines; bien de conspicuos franquistas prestos a votar sí con el descaro -a la vejez, viruelas- de un adolescente. Pero, ¿qué se puede esperar cuando casi nadie sabe estar en su sitio en este mundo al revés? Y tanto. Ahí está el presidente de la CEOE, Juan Rosell, desmarcándose de la organización que comanda, indignando a los suyos con su equidistancia entre lo que denomina «sumisión total o independencia». Verdaderamente, como dijo Groucho Marx, Rosell no debía pertenecer a una asociación que no sólo lo admite como socio, sino que lo hace su mandamás. Nunca la ambigüedad habría adquirido tales extremos, sino fuera por aquel «español del año» llamado Jordi Pujol, quien se sirvió de su independentismo pragmático para roer al Estado hasta reducirlo a un cascarón vacío. Ahora se recogen los frutos del germen desintegrador de un nacionalismo que, con las ínfulas de querer regenerar España de la mano de Pujol, busca ahora culminar la empresa emprendida por el molt honorable con doblez bien característica.

El nacionalismo no sólo ha pervertido el lenguaje, sino que se siente facultado para erigirse en «Señor del Adjetivo», ese feliz hallazgo de Agustín de Foxá en un artículo -Los cráneos deformados- donde glosa el aserto de un filósofo chino: «Si matas a un hombre, no ha sucedido nada; si alguien te llama asesino, entonces has cometido un asesinato». El Dueño del Adjetivo determina quienes son héroes y quienes criminales, al tiempo que hace enmudecer a sus adversarios

Añádanse a esta suma y sigue las ingentes cantidades destinadas a dotarse de «estructuras de Estado» y a abastecer pródigamente los «fondos de reptiles» con los que granjearse el favor de la prensa y municionar plataformas propagandísticas internacionales, secundando la estrategia de Bismarck de sobornar a la prensa durante la guerra prusiana-austriaca de 1866 y que ha creado escuela. Cifras exorbitantes, en definitiva, para propagar la fe en el futuro Estat català y desacreditar la democracia española, reeditando la Leyenda Negra, cuya última entrega en torno a la pérdida de Cuba forjó al nacionalismo previo a la Guerra Civil.

Con esos aditamentos, minorías activas y altamente movilizadas del independentismo, encuadradas en organizaciones bien pertrechadas, conforman lo que Elías Canetti denomina «masa de acoso», cuya finalidad es la consecución de un objetivo conocido y que se estima próximo. El encaramamiento de esa «masa de acoso» se ve alzaprimado por la incomparecencia de un Estado que, como el elefante de Kipling, se olvidó de su propio poderío.

Su víctima propiciatoria es esa «mayoría silenciosa» no partidaria del soberanismo y a la que se invoca con desespero, pero que ni se expresa ni comparece en el espacio público. Atrapada en una «espiral del silencio» por miedo a apartarse de la opinión dominante para no ser preterida ni excluida, asienta la hegemonía de esas minorías mucho más beligerantes. Merced a ello, la opinión de una parte se toma por voluntad general. En democracia, quien no se expresa no cuenta, es un cero a la izquierda. Políticamente improductivos cual campo en barbecho.

Empero, para evitar la apropiación nacionalista de Cataluña y reconducir la deriva separatista, urge la presencia activa de esa «mayoría silenciosa». El silent, no more del ex primer ministro británico Gordon Brown, apelando a la «mayoría silenciosa» en el referéndum de Escocia de septiembre 2014, es una bandera que nadie alza. Por contra, se idean nuevas regalías para curar las heridas tras el 1-O, a modo de bálsamo de Fierabrás, con lo que España parece condenada a que cualquier fracaso del independentismo termine siendo una victoria postrera de éste. Si se gana, porque abre las puertas a nuevos hitos; si no, porque ese objetivo no se borra de la agenda, y, si se impide un referéndum por ilícito, se trabaja por una nueva mayoría en las Cortes que lo posibilite a medio plazo. Por eso, al 9-N y al 1-O seguirá una tercera intentona, confabulados en que a la tercera sea la definitiva.

Para que ello se consume, es necesario que esa «mayoría silenciosa» fíe sin remedio la suerte de España a políticos sin convicciones que se repartan sus ropas y echan a suertes su túnica. A este respecto, es tremendamente complicado salvar una civilización cuando ésta cae bajo el poder de los demagogos, como avizoró Ortega. Su estupidez resulta más dañina y letal, si cabe, que las fauces del tigre que montó la sonriente dama de Kipling o la maldad intrínseca de declarados terroristas acariciando gatitos en las redes sociales.

Sin ley, Cataluña pierde su identidad

Editorial larazon 17 Septiembre 2017

En las últimas dos semanas se ha producido el mayor ataque de la Generalitat contra la instituciones democráticas españolas: se aprobaron las llamadas leyes de desconexión, la de Transitoriedad y la de Referéndum, lo que supone renunciar a la Constitución y al Estatuto de Autonomía. El Estado respondió con la Ley en la mano –ni con los tanques entrando por la Diagonal como los nacionalistas más delirantes soñaban, ni con el «estado de excepción» que traicionó el subconsciente de Pablo Iglesias–, sólo haciendo valer toda la fuerza y legitimidad del Estado de Derecho en un momento en el que nuestra democracia está siendo atacada.

La actuación de la Fiscalía del Estado, del Tribunal Constitucional y del Gobierno va en una única dirección: restablecer la legalidad y obligar a la Generalitat a cumplir con sus obligaciones. Nadie debe extrañarse, y quienes pongan en duda esta legitimidad no cabe duda de que aspiran a construir una sociedad sin garantías legales. Como deja claramente expresado en una entrevista el ministro de Justicia, Rafael Catalá, «todos somos iguales y tenemos las mismas obligaciones y derechos y, por lo tanto, todas las leyes y las sentencias deben cumplirse». Así de sencillo, así de rotundo.

Ningún delito debe ser tolerado y ninguna sociedad puede vivir en el limbo de estar excluida de cumplir las leyes. Carles Puigdemont advirtió ayer al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, del riesgo de «subestimar la fuerza del pueblo catalán». Pero dijo algo mucho más preocupante: «El Estado central puede tener muchas leyes y muchos boes, pero no tienen al pueblo de Cataluña». Ignora –o no está en la cultura política del fundamentalismo nacionalista– que sin leyes Cataluña sólo es un conjunto de tradiciones muy respetables, pura tribu incapaz de ocuparse de los problemas concretos de los ciudadanos en una sociedad moderna. Cataluña no es eso. Con esos mimbres políticos no se puede ir muy lejos. Como bien recuerda Catalá, ha sido el Estado quien se ha ocupado del pago de las pensiones, de las nóminas de los funcionarios y de mantener financieramente los servicios públicos.

En este punto del desafío independentista, el factor más preocupante es la irresponsabilidad de los gobernantes de la Generalitat. No hay casos parecidos en las democracias occidentales –aunque sobran en los regímenes autocráticos– en los que se haya planteado un choque abierto contra la legalidad y se hayan situado en la insumisión como hace el actual gobierno de Cataluña. Esto impide cualquier negociación sobre unas bases realistas y leales. Puigdemont pide ahora negociación, pero sin cumplir la Constitución. La deslealtad de Puigdemont le impide liderar cualquier diálogo. Más pronto que tarde, será necesaria la renovación de unos dirigentes que han impuesto sus ensoñaciones políticas al conjunto de la sociedad, arrasando cualquier espacio de acuerdo y tolerancia. El próximo 2 de octubre habrá que poner encima de la mesa la urgencia de convocar elecciones autonómicas y dar un vuelco a una situación que sólo está perjudicando a la sociedad catalana.

No debemos caer en los enredos lingüísticos del independentismo: el Gobierno sólo puede negociar sobre aquello que está dentro de sus atribuciones –y mantener los servicios públicos lo está–, pero no sobre algo que está en contra de la Constitución, como un referéndum de autodeterminación. La reforma de la Carta Magna no aplacará a un independentismo insurgente –nunca estuvo entre sus objetivos–, por eso es necesario la renovación de la clase dirigente catalana. La aplicación del artículo 155 está en la Constitución, pero como otras medidas que pueden aplicarse con el único objetivo de garantizar el cumplimiento de la ley, algo que una buena parte de la sociedad catalana está reclamando indignada por los abusos de la Generalitat. Sin Ley, Cataluña pierde toda su identidad.

Medra en estos pagos un nutrido contingente de tarados, analfabetos y manipulables sin brújula moral
ALFONSO ROJO. Periodista Digital 17 Septiembre 2017

Dice Arturo Pérez-Reverte que el 1-O le va a pillar en el extranjero y que pasará vergüenza, cuando sus colegas lo miren con lástima, como súbdito de un país surrealista hasta el disparate.

Y Arturo, que tiene ya las pelotas negras del humo de mil combates, atribuye el desastre a tres grupos de españoles, catalanes y no catalanes: los oportunistas, los cobardes y los sinvergüenzas.

No seré yo quien enmiende la plana a nuestro mejor novelista, pero más allá de una clase política capaz de demolerlo todo con tal de mantenerse en el poder, los males que padecemos y el bochorno que nos atribula tienen que ver con el deleznable material humano que hay en nuestro tejido social.

Claro que hay gente extraordinaria y de vez en cuando, como luminarias, aparecen tipos de primera como ese Ignacio Echeverría, capaz de enarbolar su ‘skateboard' y liarse a mandobles, sólo y a pecho descubierto, contra los terroristas islámicos de Londres.

Pero al lado de los Ignacio, Nadal y todos esos héroes anónimos de nuestra Guardia Civil o de dónde sea, medra en estos pagos un nutrido contingente de tarados, analfabetos y manipulables sin brújula moral.

Que la estrella mediática de la Diada haya sido el abominable Otegi y que a menos de cinco kilómetros del Hipercor de la masacre, hicieran cola embobados docenas de independentistas para hacerse ‘selfies' con él, produce vómito y tendría que sonrojar a Puigdemont, Junqueras, Colau y esos orondos burgueses, a los que la CUP terminará corriendo en pelo.

Hubiera sido más propio que, en lugar de llevar un cartel con el anagrama ‘Eh Bildu', Otegi y su cuadrilla hubieran portado otro en el que rezara:

"Mis amigotes de ETA y yo matamos a 54 personas y dejamos heridas a 224 en Cataluña y ahora estos gilipollas me aplauden como si fuera una estrella de rock".

Estamos hartos de ver indignidades similares en el País Vasco y ahítos de escuchar a fantoches como Pablo Iglesias, Anna Gabriel o Willy Toledo alabar a los matarifes, pero lo de Barcelona ha sido droga dura.

Faltan exactamente dos semanas para el aquelarre y debo confesarles que he recuperado la fe en Mariano Rajoy. Tras el Consejo de Ministros del viernes y viendo que ha metido en faena a Montoro, que no es de los políticos del PP a los que asuste perder puntos del ‘carnet de progre', creo que vamos por el buen camino.

No habrá ‘referéndum' digno de ese nombre y el viaje les va a salir por un pico a los golpistas. De esta, le damos la vuelta a la ola.

España Batalla de idiomas
"¿En español? Desdichado el país en el que hay que defender lo obvio"
Un colectivo apoyado por Savater y Azúa busca 500.000 firmas para que, quien lo desee, pueda estudiar sólo en castellano en las comunidades bilingües.
Daniel Ramírez elespanol  17 Septiembre 2017

Ha pasado casi una década desde que un grupo de intelectuales, Mario Vargas Llosa a la cabeza, presentara el "Manifiesto por una lengua común". Confesaban una "creciente" preocupación por la "situación institucional" de la lengua castellana. Su desazón, relataron Savater, Azúa, Pombo y compañía, no tenía que ver con la cultura, sino con la política.

"Todos los ciudadanos que lo deseen tienen derecho a ser educados en lengua castellana, sea cual fuere su lengua materna", protestaron. La proclama recabó la adhesión de cientos de miles de personas.

Septiembre de 2017. "Hablamos español", un colectivo heterogéneo y engrosado desde distintas regiones, considera esa "desazón" insoportable. Dan un paso más: recogen firmas en busca de aprobar una ley de libertad lingüística que permita a todo aquel que lo desee estudiar exclusivamente en castellano en cualquiera de las comunidades bilingües. Y viceversa: catalán, gallego y euskera al 100% para aquellos que lo prefieran.

En quince días, el Congreso dará una respuesta a los miembros de "Hablamos español". Si es afirmativa, se activará la Iniciativa Legislativa Popular (ILP), que se debatirá en la Cámara en caso de que las firmas alcancen el medio millón.

Azúa: "Es por simple justicia"
Gloria Lago, profesora, escritora y portavoz de "Hablamos español", comparte el segundo punto del manifiesto de 2008: "Son los ciudadanos quienes tienen derechos lingüísticos, no los territorios ni mucho menos las lenguas mismas, éstas no tienen el derecho de conseguir coactivamente hablantes ni a imponerse como prioritarias". Superado el acoso que sufrían las lenguas autonómicas durante el franquismo, seguía el texto, "sería un fraude y una auténtica felonía utilizar la Constitución para justificar la discriminación de los ciudadanos monolingües en castellano".

Lago ya ha logrado el apoyo de 36 instituciones y cientos de ciudadanos, entre ellos el propio Félix de Azúa y Fernando Savater, que protagonizan el trasvase del "Manifiesto sobre una lengua común" a la iniciativa actual.

"Es por simple justicia. Ya lo dijo el poeta: desdichado el país en el que haya que defender lo obvio", discurre Azúa, escritor y académico de la RAE. "No hay ni un sólo territorio en Europa o América (quizás en Asia, no lo sé) donde los niños no puedan estudiar en su idioma materno. Tampoco ninguno donde no se pueda estudiar en el idioma oficial (uno de los dos) del país. Ningún territorio donde te multen por anunciar tu negocio en la lengua del Estado. Dicho en plata: esta iniciativa sólo pide que dejen de aplicarse leyes lingüísticas franquistas en un territorio español actual. El fascismo lingüístico catalán es una vergüenza", concluye Azúa.

Savater: "Las lenguas han sido palanca de descuartizamiento"
Fernando Savater empieza: "El derecho a la lengua común no restringe en ningún caso el derecho a las lenguas autonómicas". Después, apostilla: "La lengua es la palanca con la que se han forzado todos los nacionalismos en las regiones. Quien quiera saber por qué ha surgido todo este despiporre no tiene más que ver lo que se ha hecho con las lenguas. Han sido medio de descuartizamiento, y no de comunicación y cultura.

"Se quejan muy acertadamente", relata Francisco Sosa Wagner, catedrático y escritor, al conocer la apuesta de "Hablamos español". "Quien quiera estudiar en español podrá hacerlo, es un derecho y un deber, no lo olvidemos, así queda recogido en la Constitución. De ahí nadie se puede mover".

Albert Boadella diagnostica así: "Perdura todavía el complejo sobre la leyenda negra que han reavivado los nacionalismos vasco y catalán. La lengua, la bandera y los símbolos comunes de España no pueden implantarse con normalidad sin que resulten tildados de autoritarios y fachas".

¿Y los apoyos políticos?
En una España casi siempre polarizada, un gran número de iniciativas obtienen el apoyo de, por lo menos, algún grupo parlamentario. De momento, no ha sido el caso de "Hablamos español", huérfano en el Congreso.

"Nuestra sensación respecto a PP y Ciudadanos es de frustración. Ahora, con lo que está pasando en Cataluña, quizá reflexionen. Estamos deseando que nos ofrezcan un debate, una oportunidad para que la gente se dé cuenta de lo que está pasando en el resto de Comunidades Autónomas, Cataluña no es la única", percibe Gloria.

Lago: "No nos mueven motivos políticos, sino prácticos"
"Es una aberración no permitir a un niño que estudie en su lengua materna. No nos mueven motivos políticos, sino prácticos, de verdad. Nosotros no vivimos de esto", insiste la portavoz.

Boadella considera que el centro derecha es la "principal víctima de los complejos autoritarios con los que le señalan la izquierda y los nacionalistas". "Defendiendo la obligatoriedad del español tienen miedo a ser acusados precisamente de ser de derechas, lo cual, hoy en España, es un estigma irreversible y maléfico", dice el dramaturgo a este diario.

"Ciudadanos empezó haciendo de esto su punta de lanza, pero ahora adopta una postura mucho más sosegada. Nadie quiere hacerse el antipático con esto. No lo apoyan porque no les interesa electoralmente, les quitaría votos en estas regiones", apunta Savater. En palabras del filósofo, fue precisamente el PP quien lanzó una andanada en Cataluña contra el "Manifiesto por una lengua común". "Nos decían que estábamos exagerando".

"Nadie quiere hacerse el antipático con esto"
"Dándoles más no van a conseguir pararlo. Los nacionalistas tienen el 'ni un paso atrás' grabado a fuego, lo quieren todo, no se conforman jamás", afirma Gloria Lago. Según esta profesora, en Galicia, aunque las asignaturas se reparten 50%-50% entre las dos lenguas, el gallego se lleva la palma en Ciencias Sociales y Naturales, mientras que se deja el castellano para las matemáticas.

En quince días, "Hablamos español" obtendrá una respuesta. Si llega el "sí", recogerán firmas por la libertad lingüística.

Bravo niega conflicto con el TSJ por el plurilingüismo, pero admite que hubo declaraciones "desafortunadas"
EFE Valencia. El Mundo 17 Septiembre 2017

La consellera de Justicia, Gabriela Bravo, ha negado que exista "ningún enfrentamiento" con el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana (TSJCV) por el decreto de plurilingüismo y ha admitido que algunas declaraciones del Consell, "quizá porque han sido desafortunadas, han sido interpretadas como un ataque frontal".

En los Desayunos de la Agencia EFE en el Colegio de Abogados de Valencia, Bravo ha precisado que hay que "distinguir la capacidad de todos para la crítica de un ataque al poder judicial. Este Consell, más allá de compartir o no las decisiones judiciales, tiene el máximo respeto por los jueces".

Preguntada por si cree que los jueces del TSJCV han "hecho política" al suspender el decreto del Consell sobre plurilingüismo, tras un recurso presentado por la Diputación de Alicante, Bravo ha respondido: "Cuando hablamos, según donde se ponga una coma, se puede entender como más o menos afortunadas unas declaraciones".

"A mí jamás se me ocurriría individualizar en los jueces una crítica, sin perjuicio de que pueda manifestar mi disconformidad. Más allá de las discrepancias, máximo respeto", ha agregado.

"No me atrevería a afirmarlo en la vida -que los jueces hayan hecho política-. Como consellera puedo dar argumentos por los que puedo compartir, o no, esas decisiones, pero en nuestras críticas hemos de fijar unos límites".

Respecto a si considera idónea la fórmula del decreto ley elegida por el Consell para hacer frente a la suspensión del decreto anterior de plurilingüismo, Bravo ha afirmado que es "un instrumento normativo que cualquier gobierno estatal o autonómico tiene a su disposición ante una situación de urgente necesidad".

"Este decreto ley cuenta con un informe favorable de la Abogacía de la Generalitat. El Consell no ha querido incumplir la decisión del TSJCV, sino que el decreto ley se aprueba precisamente para evitar incumplir el auto que impedía la aplicación del decreto anterior, que exigía la vuelta al modelo de 2012", ha añadido.

Asimismo, ha defendido que el PP "usó una fórmula similar en Baleares" y ha subrayado que si este decreto ley "afecta o no a los derechos fundamentales, ya se pronunciarán los tribunales". "Se hizo para dar tranquilidad a miles de padres, y la nueva norma no incurre en los problemas que generaron la suspensión del anterior decreto".

A su juicio, "la oposición se ha dedicado a demonizar todos los cambios introducidos por la Conselleria de Educación cuando solo se ha pretendido impulsar mecanismos para favorecer a la lengua minorizada".

"Esto no es un ataque a los valencianos castellanoparlantes. El conocimiento de las dos lenguas nos da mayor riqueza, no afecta a nuestra historia y señas de identidad. Es triste que desde la oposición se radicalice el discurso, porque el Consell pretende que todos los valencianos conozcan las dos lenguas cooficiales", ha concluido.


 


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