AGLI Recortes de Prensa   Lunes 18 Septiembre 2017

Golpe separatista: en juego, la libertad de todos
EDITORIAL Libertad Digital 18 Septiembre 2017

Cataluña está viviendo tiempos de auténtico oprobio por culpa de una casta separatista corrupta hasta los tuétanos y moralmente podrida. Una casta cobarde, resentida, que está llevando al Principado al despeñadero y que, con sus dichos y hechos, demuestra ser el peor enemigo de la tierra que dice defender y en la que pretende instaurar un Estado de nuevo cuño. Un Estado que irremediablemente heredaría las lacras y taras de sus artífices. Un Estado, así pues, fallido y canalla.

Los separatistas detestan la Cataluña real y por esto la están dinamitando, inyectándole odio, envenenando la convivencia, devastando sus instituciones y organizaciones intermedias. Como fanáticos totalitarios que son, están apostando al cuanto peor mejor y deseando que ocurra una desgracia para que su golpe liberticida se imponga por la vía de los hechos consumados en una atmósfera cargada de inquina.

Tiene razón el fiscal general del Estado, José Manuel Maza, al advertir de que lo que buscan los golpistas es "una reacción desproporcionada", y es lógico que encarezca que se actúe con extraordinaria prudencia. Pero el objetivo tiene que ser inamovible y claro: hay que ir a por ellos con todas las armas de la Ley en la mano, derrotarlos y castigarlos. No se debe dejar de hacer nada que sea necesario, y esta historia ominosa tiene que tener un final justo y ejemplar, con vencedores, los defensores del Estado de Derecho, y vencidos, los golpistas que andan empeñados en provocar su colapso.

Está en juego la libertad de todos.

¿Qué hacer?
Pedro de Tena Libertad Digital 18 Septiembre 2017

Así se tituló un famoso librito de Lenin publicado en 1902, dedicado más que nada a cuestiones de organización y estrategia internas. En él, habla de tres principios organizativos necesarios para lo que habría de ocurrir en Rusia: "La más severa discreción conspirativa, la más rigurosa selección de los afiliados y la preparación de revolucionarios profesionales. Si se cuenta con estas cualidades, está asegurado algo mucho más importante que el ambiente democrático, a saber: la plena confianza mutua, propia de camaradas, entre los revolucionarios". Los independentistas catalanes, que se parecen tan íntimamente a fascistas y a comunistas, lo han hecho a la perfección durante muchos años. Finalmente, aquí están, con un trabajo concienzudamente terminado, jugando día sí y el otro también con la democracia y sus instituciones, contando con la complicidad de muchos compañeros de viaje de una izquierda turulata y una derecha cómplice y aplaudiendo a la legión de tontos que creían, y creen, que el separatismo en España podría domesticarse.

Ahora la pregunta está en nuestro tejado. ¿Qué hacer ahora, cuando se permitió la existencia de un extraño Estado autonómico para aplacar a las fieras? ¿Qué hacer ahora, cuando se consintió que, en manos de los nacionalistas, que entonces mentían fidelidad a la Constitución de 1978, quedaran dineros que se restaban a los demás españoles vía fueros, conciertos e influencias? ¿Qué hacer ahora tras haber dejado la educación y la lengua en manos de quienes era evidente las iban a utilizar para su único fin, la independencia? ¿Qué hacer ahora tras tres décadas de medios potentes de comunicación en manos de quienes odian al resto de España? ¿Qué hacer ahora tras haber comprobado que, se haga lo que se haga y se ceda lo que se ceda, estos, que en 1978 era cuatro gatos y medio, ahora llenan las calles gracias a los medios que les hemos proporcionado y pagado? ¿Qué hacer ahora cuando rompen las reglas democráticas, imponen –e impondrán con tiranía– sus planes y desprecian, desafían e incluso de ríen de los demás españoles? Ni la II República hubiera aguantado tanto. De hecho, no lo hizo.

Siempre es una ilusión buenista creer que un totalitario se atiene a razones, entendiendo por razón la herencia filosófica occidental de respeto y examen de los hechos, formulación de hipótesis racionales y estudio de las pruebas acerca de su veracidad. No hay más que la teoría total que se pretende imponer a la totalidad de los ciudadanos a través de totalidad de las instituciones. Si el relato no se atiene a los hechos, peor para los hechos porque los hechos y la verdad no importan. Importa la voluntad de poder de una minoría y la exclusión de todos los demás y de las demás razones por la fuerza. La experiencia histórica con la que se cuenta es abrumadora.

Y ahora, ¿qué hacer? Pues, primero, disponerse a utilizar nuestra fuerza sin complejos porque está en juego del destino de la mayoría de los catalanes, de la mayoría de los españoles y de la mayoría de los europeos. Y, segundo, aprovechar esta crisis ya imparable para comenzar una rectificación a conciencia del camino seguido desde 1978, devolviendo a la sociedad democrática y a la nación española el control decisivo del futuro. Llevará tiempo, pero, como le dijo el perro al hueso: "Tú eres duro, pero yo no tengo otra cosa más importante que hacer".

La crisis del 98 y la del 155
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 18 Septiembre 2017

La crisis nacional que padece España es la peor de los últimos siglos. Peor que el Desastre del 98, con la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas; que la Guerra Civil de 1936, que las tres guerras civiles de carlistas y liberales y hasta que la francesada de 1808. Las revueltas del XVII y la revolución cantonal de la I República se le asemejan algo, pero poco. En todas esas crisis se discutía una forma de organizar España. Lo que no se ponía en duda era su existencia. Ahora, sí. Y creo que la gente lo ve mucho mejor que la casta política, enferma de calculitis electoral. ¿Qué elecciones va a haber en Cataluña, sin Parlamento, Estatuto ni Constitución? Una revolución no se decide por cumplir la Ley sino por la fuerza, y España, mucho más fuerte, va perdiendo por incomparecencia en ese terreno de juego.

Ayer decía en EL MUNDO el fiscal Maza: "Lo que ellos buscan es una reacción desproporcionada". No. Lo que buscan es que sigáis con el tikitaka de la proporción, sin atacarlos, mientras ellos meten goles con la mano. A esta inacción suicida hemos llegado por empacho de mesura y proporcionalidad, dieta del doctor Cebrián, que al frenar la represión del golpe no por imperativo legal sino por politiqueo, le reconoce legitimidad. ¿Se cumple la Ley o no? No. Y veo a Rajoy yéndose a casa sin aplicar el 155, que será nuestro 98, la cifra mágica del desastre del XXI.

Este sábado estuve en la inauguración del nuevo Metropolitano del Atlético de Madrid, que es extraordinario. Fiel a sus orígenes populares y militares -se llamó un tiempo Atlético de Aviación-, la Patrulla Águila dibujó en el cielo los colores de la bandera de España; luego, dos paracaidistas bajaron al centro del campo, uno con el balón para jugar el partido y otro con la enseña nacional. Grande fue el aplauso al acierto de los mílites pero mayor la ovación a la bandera nacional cuando salía del campo llevada por una docena de chiquillos.

Y sin dejar de aplaudir a la bandera, la con razón emocionada afición atlética se volvió al Palco de Honor, donde estaba el Rey, y le tributó una ovación de desagravio, por la afrenta de Barcelona y porque un 2 de Mayo, Madrid, capital de España, no esperó al tambor del Bruch de los compatriotas catalanes para navajear mamelucos. ¿Pudimos con Napoleón y no vamos a poder con Cocomocho?

Sin pena de telediario
Antonio Burgos ABC 18 Septiembre 2017

Cada telediario nos llena la salita de delincuentes separatistas

En estos mal llamados días, aciagos para el futuro de España, me acuerdo bastante de aquella tía que tenía don José María Pemán y cuya historia contó en una Tercera de ABC, espléndida como todas las suyas, cuando la televisión llegó a Andalucía. Contaba Pemán que su tía se resistía a comprarse un aparato de televisión, como hacía todo el que tenía posibles, para pasar las noches con Perry Mason o con Franz Johan. Y cuando preguntaron a la buena señora por su resistencia a comprarse el televisor, justificó su negativa diciendo:

-¿Pero cómo me voy a comprar yo ese aparato? ¿Para que se me llene la salita de gente a la que no conozco de nada?

A muchos de los que estamos quizá más preocupados que algunos de los propios catalanes por «la deriva» (que se dice en tertulianés) del separatismo, nos está pasando justamente como quería evitar la tía de Pemán: cada telediario, sea de la cadena que fuere, nos llena la salita de separatistas, a los que no solamente no conocemos de nada, sino que odiamos y tememos; quienes sin pedirnos permiso nos largan su soflama independentista y encima en su lengua cooficial, cuando saben que sus palabras van a ser escuchadas en toda la nación española y hablan todos perfectamente castellano, quizá mejor que usted y que yo, aunque con otro acento. Si nos atenemos a la doctrina del Tribunal Constitucional, cada telediario nos llena la salita de delincuentes separatistas, de sediciosos rebeldes. Para ellos no hay la que llaman «pena de telediario», sino lo contrario: hay exaltación del separatismo independentista en cada telediario. Los presentan como unos héroes, para que larguen toda la fiesta que les dé la gana contra la unidad de la Patria española. Cualquier político corrupto de los miles que hay sueltos por España a babor y estribor es presentado en la televisión como en ejecución de la «pena de telediario» famosa y ágrafa de códigos. Estos son exaltados en su rebeldía y desobediencia. Y nadie propone un «apagón informativo».

Dice Rajoy de su Gobierno, en su continuo recital de serenidad y prudencia que sabe Dios lo que camufla, que «nos van a obligar a lo que no queremos llegar». Bueno, pues en materia de exaltación de los delincuentes separatistas, en la propia TV pública no sólo han llegado ya, sino, como se dice en tertulianés, se han pasado veinte pueblos. Ya la gente conoce más que al presidente de su propia comunidad al de la autonomía catalana, al del mocho de fregona en la cabeza, que de hecho ha aplicado ya por su cuenta el artículo 155 de una Constitución que de momento se han saltado a la torera y después ya veremos. ¿A qué supresión de autonomía va a llegar Rajoy como le obliguen, si la Generalidad ya no aplican la de la Constitución de 1978 y se han erigido en otra cosa, en una especie de anticipo a cuenta (a cuenta del dinero de todos los españoles) de la República Catalana que quieren proclamar? Los reos de sedición y rebeldía que con cada telediario se nos cuelan en Modo Exaltación en la salita presentan el ilegal referéndum como un inofensivo juego de niños con urnas de cartón y papeletas de Ikea. Nadie dice que las familias catalanas están divididas, y que se ha hecho de nuevo trágica realidad el fandango de la guerra civil: «Tengo un hermano en los rojos/ y otro con los nacionales». Más preocupados estamos por este quilombo el resto de los españoles que muchos catalanes, exultantes. Tras cenar con un empresario catalán que pastelea tela con los separatas, un amigo me hizo la triste clasificación de esta hora. Me dijo: «Mira, ahora mismo hay tres clases de catalanes: los que son separatistas y lo dicen; los que son separatistas y no lo dicen; y los que son separatistas y no lo saben». Hasta a los empresarios les rascas un poco y te sale un Puigdemont sin exaltación de telediario.

La gran pregunta que se hacen los españoles
¿Qué pasará el próximo 1 de octubre?, ¿Qué ocurrirá después?
Susana Antolín y Ascensión Corcuera TBN 18 Septiembre 2017

¿Que pasará el próximo día 1 de octubre en Cataluña?, ¿Qué ocurrirá en los meses posteriores a esa fecha? Pocas cosas hay seguras según los expertos consultados por La Tribuna del País Vasco, salvo una: Cataluña no será independiente, al menos en los próximos años. Como explica un experto policial que pide mantenerse en el anonimato, “solamente hay una posibilidad de que Cataluña logre la independencia. Y es por un procedimiento pactado con el Estado español que solamente podrá darse en el caso de que la extrema izquierda, incluyendo en esta categoría al PSOE de Pedro Sánchez (o similar), alcanzara una mayoría absoluta en el Parlamento y en el Senado de Madrid. Solamente este hecho improbable, pero no imposible, podría facilitar las cosas para una desanexión pactada de la región de Cataluña. Todo lo demás es palabrería, demagogia y ganas de tensar la situación hasta el punto de que estallen brotes de violencia que podrían alisar el camino para que se produjera el fenómeno antes señalado”.

@verdadesofenden, uno de los grandes referentes ideológicos del análisis de centro-derecho en las redes sociales, tampoco cree que Cataluña llegará a independizarse, ya que “la autonomía está intervenida económicamente por negarse a rendir cuentas de un dinero que no tiene y pide prestado. Pero si Rajoy asumió la rendición ante la banda terrorista ETA que en su momento orquestó Zapatero, también asumirá el inventado federalismo asimetrico que propone Sanchez como mal menor”. Será, en opinión, de @verdadesofenden, “un último navajazo a la piel de toro que nos ensarta nuestra endogámica casta política. España, la nación mas vieja de Europa, se rompería bajo el paraguas de una nueva memoria histórica cocinada ad-hoc”.

En la misma línea camina la reflexión del escritor y periodista César Vidal, que en una reciente entrevista exclusiva publicada en La Tribuna del País Vasco, explica que “Rajoy y otros que han decidido convertir España en la almoneda de sus conveniencias y querrán pactar con el nacionalismo catalán una reforma de la Constitución que permita un mayor saqueo de la mayoría por minorías desalmadas. Rajoy está permitiendo que los enemigos de España perpetren un golpe contra ella y, por lo visto, ha decidido persuadirlos vaciando más los bolsillos de los españoles y entregando el fruto del saqueo a los traidores”.

David R., experto politólogo y responsable de análisis antiterrorista en La Tribuna del País Vasco, ofrece otro punto de vista, no menos dramático. “Está escrito en el firmamento que el día 1 de octubre se va a liar, porque los secesionistas, con el Gobierno autonómico a la cabeza, van a colocar urnas en muchos puntos de Cataluña; porque muchos ciudadanos saldrán a las calles indistintamente de que haya urnas, cajas de cartón, huchas de latón, bolsas de basura, o no, y porque los radicales de la CUP y de las organizaciones juveniles anti-sistema no podrán estarse quietos y tendrán que llamar la atención a su manera. Ya lo han anunciado. También se producirá un salto cualitativo y cuantitativo, porque ocurra lo que ocurra el día 1 de octubre, el problema que han creado los secesionistas y los anarquistas no solo no se resolverá ni se aminorará, sino todo lo contrario: se amplificará y dinamizará”.

De hecho, David R. no duda en afirmar que la polarización política, tras el 1 de octubre, aumentará hasta el punto de que la fractura en las familias se consolidará, las mentiras se renovarán y actualizarán, y surgirán nuevos agravios y acusaciones contra España y los españoles. “Los españoles patriotas nos enfadaremos cada vez más y el discurso hacia un Gobierno débil se tornará más exigente y crítico. Esto afectará al panorama político español, y podría ser el detonador que activase unas elecciones generales anticipadas".

David R, además, no se olvida del punto de vista económico: “Las agencias de calificación de deuda revisarán a la baja la de Cataluña (ya lo han avisado) y eso afectará al bono español; pero la constatación de la inviabilidad de un proyecto financiero como el inexistente de los secesionistas, la creciente inseguridad jurídica y la ausencia de gestión cotidiana, acelerará la fuga de empresas (muchas de gran tamaño, que ya tienen planificado su cambio de domicilio social a otros lugares, preferentemente Madrid y Aragón; y eso repercutirá directamente en la tasa de empleo y en los niveles de riqueza de la región”.

Y es que la situación no tiene ningún viso de mejorar, en opinión de David R.: “Queridos españoles, vayámonos preparando, a partir del día 1 de octubre, para soportar más despropósitos, más desastres, más vergüenza, más delitos, más radicalización y más violencia. Porque según los antisistema de la CUP, después de esa fecha ‘empieza el Mambo’, que como todo el mundo sabe es un baile feroz y con ritmos sincopados, originario de… Cuba”.

José Manuel Cansino, economista, analista político y profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla, también incide en la cuestión económica. "La intervención de las cuentas públicas de la Generalidad catalana por parte del Ministerio de Hacienda aún se acentuará antes del 1 de octubre. Nada hay que apunte a la que la autonomía financiera de Cataluña se recupere en un corto periodo de tiempo. Es razonable suponer que el cobro de las nóminas, el pago a proveedores o las subvenciones a los agricultores catalanes pasen a ser gestionadas por el Estado. De facto, estaremos ante una aplicación del artículo 155 de la Consitución, se invoque formalmente o no". Y el profesor sevillano, añade: "En lo demás no hay consenso para una reforma constitucional pero si se pusiera en marcha, no cabe duda de que la opinión pública es cada vez más partidaria de garantizar la igualdad en la prestación de los derechos fundamentales a través de la Administración General del Estado. Finalmente, ninguno de los aliados internacionales de España está dispuesto a reconocer a una Cataluña independiente que distorsione los difíciles equilibrios entre Europa, EEUU, Rusia y China".

El escritor y articulista Ernesto Ladrón de Guevara prefiere dar la vuelta al argumento y señalar qué es lo que se debe hacer para acabar de una vez por todas con el golpismo catalán. “Debemos exigir a los tres principales partidos llamados constitucionalistas que se pongan de acuerdo de una vez, al margen de intereses sectarios. Algunas medidas que han de acordar con carácter estructural son pactos de Estado en Educación, en políticas lingüísticas, en reforma de la ley electoral y en el fortalecimiento del Estado recuperando competencias que nunca debería haber cedido. Entre ellas están las establecidas en la Constitución –no hay que salirse de ella- como es el ordenamiento del sistema educativo, la Alta Inspección del Estado y su operatividad real, no solamente sobre el papel, un currículo unitario, con un margen no mayor de un 30% para contenidos que se refieran al contexto cultural regional; y un cuerpo de Estado único de profesorado en todos los niveles educativos. O se cumple esta tarea o no habrá nada que hacer en el crecimiento de los separatismos y en la balcanización de España. Ya es hora de haber aprendido. Repito que todo esto está amparado por la Constitución”.

J. P. D., un experto policial francés gran conocedor de los movimientos nacionalistas europeos, no duda en dibujar el panorama político en toda su crudeza: “El Estado español deber recuperar todas las competencias que ahora mantiene el Gobierno regional catalán, suspendiendo la autonomía en su totalidad y juzgando por alta traición a los líderes políticos de este Golpe de Estado contra la democracia española. Si esto no se hace así, el problema de Cataluña irá empeorando exponencialmene. Habrá más violencia, más desobediencia, más efecto contagio y más caos. En todo el país”.

Raúl González Zorrilla, director de La Tribuna del País Vasco, no tiene dudas: “Es necesario detener, juzgar y encarcelar a los líderes políticos nacionalistas y de la extrema izquierda catalana que han dado luz a esta situación golpista. Hacer esto es fundamental para comenzar a dar la vuelta a las cosas. Las leyes democráticas están para cumplirse. La chusma política, intelectual y cultural que forman los independentistas catalanes y la extrema izquierda española son, sin duda, los máximos responsables de esta situación internacionalmente vergonzosa a la que hemos llegado. Pero hay otros niveles de responsabilidad. La inacción dolosa del actual Gobierno del PP; el discurso ignorante, penoso y corrosivo de los socialistas, que con su ‘nación de naciones’ lo único que hacen es legitimar a los más bestias del lugar. Y, por supuesto, hay una gravísima responsabilidad, por omisión de funciones, en el rey Felipe VI, que ha vuelto a descubrirse como una absoluta inutilidad que refleja a la perfección lo ridículas e inanes que son las monarquías europeas en el siglo XXI. Y también habría que hablar del Ejército español, al que hay que exigir más fuerza y convencimiento y menos complejos en la defensa activa de la democracia española que se levanta, no hay olvidarlo, sobre la nación española. Menos nación es menos democracia. Y por eso estamos como estamos…”.

Josele Sánchez, director de La Tribuna de Cartagena, no es menos contundente. “Se ha utilizado la manipulación del pensamiento con varias generaciones de catalanes a través del control de la educación y de los medios de comunicación, tanto públicos como privados. Así las cosas, el veneno inyectado contra España, corre por la sangre intelectual y emocional de los catalanes. Decía José Antonio (refiriéndose a la Revolución de Asturias del 34) que las revoluciones primero se sofocan y después se averigua las causan para que no vuelvan a suceder. Sofocar esta revolución implica, necesariamente, aplicar con toda la dureza que sea necesaria el artículo 155 de la inservible Constitución Española. Regenerar la salud moral e intelectual de todo un pueblo va a resultar mucho más complicado. La ley –como los tanques- sirve para sofocar sediciones. Sólo la pedagogía y un sugestivo proyecto nuevo de vida en común podrán cambiar la forma de ser, sentir y actuar del pueblo de Cataluña”.

Entre los consultados, el escritor y periodista Iñaki Ezkerra es uno de los pocos que mantiene la confianza en el Gobierno central para volver a encarrilar el desaguisado. “El 1-O me preocupa, pero me preocupa más lo que suceda en el día después y en los meses siguientes. Creo que, por su temple, Rajoy es el bombero perfecto para apagar ese incendio. El problema es que los bomberos necesitan algo más que temple. En este país hacen falta una verdadera política de Estado y un eficaz sistema anti-incendios nacionalistas, así como una verdadera pedagogía democrática, que no se ha hecho en 40 años. Dicho esto, no hay más opción que cerrar filas en torno al Gobierno. Lo contrario es ayudar al secesionismo”.

Javier García Isac, periodista y director de Radio Ya, resume perfectamente el dilema al que se enfrenta el país: “No me preocupa tanto lo que sucederá el día 1, si no lo que sucederá el día 2. Puigdemont solo tiene dos posibilidades después de la celebración de la butifarrada, o da marcha atrás y convoca, de forma muy indignada y airada, elecciones autonómicas anticipadas, o declara de forma unilateral la independencia de Cataluña. En ese caso Rajoy no tendrá más remedio que suspender la autonomía”.

Murga insufrible
Luis Ventoso ABC 18 Septiembre 2017

Sobre el coste de oportunidad de la pesadilla separatista

Me encantaría estar iniciando un artículo sobre la gesta de Saharon Shelah, un septuagenario de la Universidad Hebrea de Jerusalén, y Maryanthe Malliaris, profesora de la Universidad de Chicago. Juntos han resuelto un problema que traía de cabeza a los matemáticos desde hace setenta años. Han logrado demostrar que dos variantes diferentes de infinito son en realidad del mismo tamaño. A los profanos nos suena a etrusco, pero el hallazgo es tan memorable que hasta «The Times» le ha dedicado un editorial. Me agradaría escribir sobre la compra de Blue River Technology por parte de la decimonónica multinacional John Deere, el gigante de los tractores verdes. Blue River es una firma de Silicon Valley que combina cámaras e inteligencia artificial para fumigar los cultivos de modo selectivo, aplicando pesticidas solo en las plantas que lo requieren. Una revolución para agricultura, la salud y el medioambiente. Los agricultores gastarán menos en plaguicidas. Los vagos como yo, que descansamos en las ensaladas de bolsa, ingeriremos menos veneno. El medioambiente saldrá beneficiado. La noticia todavía ofrece una lectura más: un fabricante de tractores da un salto al siglo XXI y pasa a convertirse en cierto modo en una empresa de AI. Vivimos avances vertiginosos, que reinventarán nuestras vidas y el mercado laboral…

…Pero si yo me pusiese a escribir una columna sobre los temas anteriores, bastante más importantes para la humanidad que la lamentable patochada xenófoba y golpista de Cataluña, me convertiría en un friki, porque en España ya solo hay un tema: la rebelión catalana, que detrae atención de los problemas prioritarios. España es ya un buen país, pero si corrigiese algunos desarreglos podría situarse en primerísima punta de lanza. Sus defectos están diagnosticados: un horizonte demográfico aterrador; una clase media debilitada por la crisis y desatendida por el actual Gobierno; una educación manifiestamente mejorable y con masas de jóvenes en el limbo del pasotismo; un modelo autonómico que urge corregir, recuperando una formación común y dando a quien tiene la responsabilidad del gasto también la del ingreso, norma elemental en cualquier manual de hacienda pública; una sociedad instalada en la queja y la subvención y enemiga de la meritocracia, que escucha los cantos de sirena de un populismo neocomunista, antiespañol y económicamente analfabeto; una carencia lesiva de patriotismo y autoestima; una deuda perenne con la ciencia… Tendríamos que volcar nuestras energías en esas lagunas, pero somos rehenes de una minoría. Unos 45 millones de españoles marchamos con la lengua de fuera al son de millón y medio de separatistas catalanes, minoritarios en la propia Cataluña. El Gobierno, apocado, argumenta en reuniones privadas que no se puede parar en seco a los sediciosos porque se caldearía la calle (es decir, si el enemigo es complicado, mejor tolerar ciertas ilegalidades, como el mitin de Tarragona). España pierde energías en una revuelta irracional, y no tan poderosa como parece, mientras nadie se atreve a hacer lo que toca: detener a esos golpistas, que es lisa y llanamente lo que demanda el pueblo español.

El tamaño no importa
Ignacio Blanco gaceta.es 18 Septiembre 2017

Muchos liberales defienden la secesión catalana con el argumento de que la división que supondría un nuevo estado, reduce su poder. Argumentan que a menor tamaño del país, relacionando menor tamaño con menor población, mayor libertad de sus ciudadanos. Sin embargo, los datos que he analizado apuntan a que el tamaño de la población gobernada no está relacionado con el grado de libertad que disfruta esa población. De hecho, lo que puede alimentar un mayor coerción sobre la población gobernada, es decir, una mayor propensión a gobiernos totalitarios, es un número reducido de ciudadanos combinado con una baja diversidad de esta población, pues bajo estas dos circunstancias los costes de control sobre la población son inferiores a los que se necesitarían para someter a una población de mayor tamaño y más diversa. La homogeneidad facilita la coerción frente a la diversidad que la dificulta.

La secesión de Cataluña, tal y como parece estar siendo dirigida por sus irresponsables responsables, apunta a un proceso que busca homogeneizar y reducir la población a gobernar, excluyendo al disidente. Según la teoría que defiendo, este proceso en lugar de llevar a un debilitamiento del estado, entendido como coerción política sobre la población, lo incrementará. En el caso de lograrse esta homogeneidad, no será sólo el estado como estructura política quien ejerza control sobre los disidentes, pues contará con apoyo de la sociedad civil homogénea y secesionista para lograr el sometimiento del resto.

El análisis estadístico de los datos no permite defender la teoría por la que algunos liberales afirman que países pequeños implican más libertad que países grandes. Por lo tanto, la libertad de los ciudadanos estaría vinculada a otros factores distintos del tamaño del país, como su estructura institucional, tal y como apuntan Acemoglu, Robinson o Bueno de Mesquita. Si esto fuera así, tras la lectura de la Ley de Transitoriedad, debe perderse toda esperanza de que el posible nuevo estado catalán vaya a permitir una mayor libertad a sus ciudadanos de la que disfrutan en el estado español.

La utopía liberal de los mini países
El actual proceso secesionista catalán, es defendido por muchos liberales en base a que un mayor número de países más pequeños, llevaría a un mejor trato a los ciudadanos, por la vía de la competencia entre gobiernos y redundando finalmente en una mayor libertad económica. Muchos defienden la fragmentación de los países como vía para la reducción del poder estatal y por lo tanto una mayor libertad de los ciudadanos, a los que les resultaría más sencillo de desasociarse de comunidades políticas pequeñas.

En este contexto, y utilizando el mismo razonamiento que aquellos que defienden la secesión como medio de obtener más altas cotas de libertad, el tamaño del país debe de entenderse como el tamaño del conjunto de ciudadanos que viven o deciden vivir bajo el mismo sistema estatal. Un país de 1 millón de habitantes será menor que un estado de 3 millones de habitantes.

Obvian estos liberales la multitud de ejemplos históricos de comunidades políticas pequeñas coercitivas, hasta en punto de haber impedido la huída de sus ciudadanos o haber procedido con su eliminación física. Su oposición a comunidades políticas grandes, se sustenta en teorización social más que en análisis empíricos. Se refieren casos excepcionales y anecdóticos como Liechtenstein, Andorra, Mónaco o Luxemburgo, que como excepcionalidades sobreviven de la competencia fiscal con sus vecinas comunidades políticas democráticas de mayor tamaño. Una excepcionalidad difícilmente sostenible en un mundo íntegramente conformado por países de estas características, sin estados grandes con los que competir o de complejo encaje en civilizaciones no occidentales, en las que la libertad individual está subordinada culturalmente a interés colectivo.

Nunca mencionan estos liberales de los “micropaíses” a Kiribati, Micronesia, Timor-Leste, República Democrática del Congo o Suriname, países pequeños y de poca libertad, en lo que aparenta un sesgo ideológico marcado por el deseo de una utópica federación mundial de ciudades estado, más que por la realidad de los hechos.

La teoría empresarial no es extrapolable directamente al ámbito político
La literatura liberal tiende a la defensa de unidades de gestión reducidas en el ámbito empresarial, donde impera la interrelación voluntaria. Esta defensa de la reducida dimensión en el ámbito empresarial, trata de extrapolarse al ámbito político, lo que considero profundamente equivocado, por la dinámica coercitiva que impera en el ámbito político frente a la voluntaria del ámbito empresarial.

Hannes H. Gissuarson relaciona una mayor riqueza de los estados reducidos, algo que he comprobado no responde a la realidad, pues no existe un aclara correlación estadística entre renta per cápita y tamaño de la población. Nassim Taleb relaciona la antifragilidad con federalismo y tamaño reducido, cuando desde mi punto de vista la homogeneización de poblaciones y su menor tamaño es lo que facilita una mayor coerción por los menores costes de control que implica, redundando por tanto en una mayor fragilidad de estas comunidades pequeñas y homogéneas, que resultarían más resilentes al cambio.

Bartlett aboga por la vuelta a las ciudades estado en lugar de las naciones estado. Rallo, sin entrar a concluir sobre la bondad de los estados pequeños, los defiende ideológicamente con el derecho de asociación y desasociación de las personas en lo que denomina la soberanía individual frente a la nacional, en un óptimo escenario para el economista que consistiría en una liga de comunidades políticas de tamaño reducido. Maria Blanco refiere la unidad mínima de gestión como población de tamaño reducido, que permitiría una reducción de los poderes del estado, sin referir la diferente dinámica del poder político, dominada por la coacción, frente a la interrelación voluntaria.

Krause y Kaiser, que apuestan por la descentralización, división de poderes y su dispersión para debilitarlo, aunque hacen hincapié en la importancia de que gobiernen las leyes y no las personas. Bastos que apuesta por una descentralización responsable y por la secesión, como mejor herramienta del género humano para garantizar su libertad. Huerta de Soto que defiende el derecho de secesión de minorías como profundamente liberal.

Todos ellos se deleitan con la teoría de la unidad de gestión de reducida dimensión, sin descender al nivel fáctico para contrastar la bondad de la misma. Prima el deseo, la utopía de un liberalismo dogmático, cuya marco intelectual, como refiere Lakoff, impide reconocer hechos objetivos que refutarían el marco preconcebido.

Menor población y más homogénea no aumenta a la libertad
La autodeterminación, mediante la secesión, debería ser reconocida de forma individual, de manera que esta decisión individual no suponga coacción a terceros impuesta por la regla de la mayoría. En esta línea se manifiesta Rallo, con su Soberanía Individual frente a la nacional, pero impracticable en grandes colectividades por los problemas jurídicos y los costes económicos que supondría la división de la cosa común.

La secesión de un colectivo, decidido por la regla de la mayoría, en la que los disidentes sean obligados a secesionarse, choca frontalmente con el principio liberal de no coacción definido por Leoni y por lo tanto, como decía Mises, para estos ciudadanos disidentes “pertenecer a un estado, al cual no se quiere pertenecer, no es menos oneroso si es el resultado de unas elecciones que si debe soportarla como consecuencia de una conquista militar”.

Mi discrepancia con los teóricos defensores de la comunidad política de reducida dimensión, es que a diferencia de la bondad que estos asignan a la homogeneidad en comunidades pequeñas, considero que la homogeneidad alimenta el poder despótico, mientras que comunidades políticas grandes, poco homogéneas internamente, debilitan el poder estatal que se ve enfrentado a fuerzas superiores a las que estaría sometido un gobierno con poblaciones reducidas y homogéneas. Una población grande y diversa, más aun si es joven, genera cambios sociales que determinan alteraciones de los regímenes políticos, como apunta Samuel P. Huntington, cambios que en su momento permitieron el surgimiento de la democracia liberal. La homogeneidad de las comunidades pequeñas, que apuntan como beneficiosa muchos de liberales, alimenta el poder estatal contribuyendo a la eliminación de divergencia alguna. Una homogeneidad, que en la mayoría de las ocasiones no es natural sino impuesta por las élites políticas. Unas élites, que instaladas en el poder son reactivas a los cambios sociales que experimenta toda sociedad.

La diversidad interna de cualquier gran comunidad, implica que los costes de coerción no sean lineales en función de la población, sino progresivamente crecientes con el tamaño poblacional y la diversidad de la misma. Es decir, el coste de control no será el mismo en un país con una población muy homogénea de 1.000.000 de habitantes, que ese mismo país en el que la población sea diversa. Los costes de control serán por tanto resultado de dos factores, la población y la diversidad interna de la misma. Una población pequeña y poco diversa será más fácilmente sometida a control, por la menor necesidad de recursos necesarios para ello.

Esta mayor diversidad interna de las comunidades políticas de mayor tamaño, trata de conducirse hacia procesos de asociacionismo federal o de otra índole, como las comunidades autónomas españolas, que tienen a reducir la diversidad de la comunidad política, y conduce a una mayor facilidad de control sobre la población. La descentralización política no genera más libertad, sino menos.

La secesión, desasociación, o la separación de un aparte de la población, con su territorio, no implica un debilitamiento del poder al que estará sometida la población de la nueva comunidad política. Lo que surgen son dos poderes, escindidos de un poder original sobre la población origen. Los dos poderes que surgen de la escisión, no tienen que ser más débiles, sino que al contrario, se generan liberalidades para la coerción, pues al ver reducida la diversidad interna de sus poblaciones, verán reducidos los costes de control sobre la misma, de forma que le resultará menos oneroso la coerción.

Por tanto, la solución no pasa por la creación de nuevas comunidades políticas, que tenderán a fortalecer sus poderes sobre la población, sino la reducción del poder estatal en comunidades diversas. Esto se logra manteniendo la mayor diversidad interna de la comunidad política, uso restringido de la regla de la mayoría, reducción de la hiperregulación que resulta del monopolio legislativo del constitucionalismo actual y la apertura de las competencias estatales a los operadores privados para que la población elija suministrador de servicios, resolviendo el monopolio de adhesión obligatoria.

El tamaño del país no tiene relación con la libertad de sus ciudadanos
Cuando se habla de estados pequeños, no estamos hablando de una excepción, pues si situamos la media poblacional de los 180 estados valorados en el ranking de libertad económica de la Heritage Foundation en 39,7 Millones, sólo 33 de ellos superan esa población. Si tomamos la mediana en 8,5 millones entendemos que la mayoría de estados tienen poblaciones inferiores a la de muchas ciudades mundiales.

Utilizando la fuente de datos de Heritage Foundation, se valora la correlación entre el puntuación asignada a cada país, en términos de libertad, con el tamaño del país, en términos de su población.

Utilizando el Coeficiente de Correlación de Pearson, que mide la correlación entre dos variables, donde -1 implica una correlación negativa perfecta, esto es más población menos libertad, 1 implica una correlación positiva perfecta, esto es más población más libertad y cero, o próximo a este, que implicaría la ausencia de relación entre las variables. Pues bien, la correlación, según este índice, arroja un resultado de 0.081, lo que significa la falta de correlación entre población y libertad.

Con independencia de los subgrupos que se analicen, el índice no supera en níngún caso una correlación pobre (0.20 o -0.20), ya sean grupos de países con población inferiores o superiores a la media o a la mediana. Grupo de 20 países menos poblados contra 20 más poblados. Grupo de 20 países más libres contra los menos libres. Grupo de 140 países intermedios excluyendo los 20 países más extremos, ya sea en población o en libertad.

El Coeficiente kappa de Cohen, arroja también como resultado la falta de correlación alguna entre tamaño de la población y libertad de la misma. En este caso, se ha dividido la muestra de 180 países en 2 subgrupos de 3 países cada uno, el primero bajo el criterio de 60 grandes, 60 medianos y 60 más pequeños, y el segundo bajo el criterio de 60 con libertad alta, 60 mediana y 60 paises de libertad baja. Esto genera una matriz de 9 grupos que van desde países grandes con baja libertad (23) a países pequeños con alta libertad (21). Pues bien, el resultado de este coeficiente, cuyo valor 0 significa inexistencia de correlación y 1 correlación perfecta, arroja un 0.008 con un nivel de confianza del 99,5%. Es decir, no hay correlación entre el tamaño de la población y la libertad de un país.

Conclusión
Podemos concluir por tanto, que el tamaño de la población de la comunidad política no tienen relación alguna con la libertad que puedan llegar a disfrutar su ciudadanos y que la ensoñación de muchos liberales sobre la bondad de los pequeños estados, más allá del anhelo de desearnos a todos viviendo en países como Hong Kong (7,3 Millones, HF 1), Singapore (5,5 Millones, HF 2), Nueva Zelanda (4,6 Millones HF 3), Suiza (8,2 Millones HF 4), Australia (23,9 Millones HF 5) o Luxemburgo (0,6 Millones HF 14), puede resultar en una realidad vital como la de Corea del Norte (24,8 Millones, HF 180), Cuba (11,2 Millones HF 178), República del Congo (4.4 Millones, HF 177), Eritrea (6,8 Millones, HF 176), Zimbabwe (13,4 Millones, HF 175) o Guinea Ecuatorial (0,8 Millones, HF 175).

Por tanto, el tamaño no importa, al menos en este caso.

Golpe de Estado en marcha (13)
EL PLURINACIONALISTA PEDRO SÁNCHEZ CULPA A RAJOY DE NO HABER DIALOGADO ANTES.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 18 Septiembre 2017

Con socios así, aunque sea por conveniencia y obligación, no hace falta enemigos que te debiliten. Porque hay que tener mucho cinismo y ser un hipócrita redomado, como en efecto es este renacido Secretario General del PODEPSOEMOS, para seguir reclamando un diálogo que nunca tuvo oportunidad alguna, por una simple razón, porque el independentismo solo quería dialogar de cómo se rendía el Estado de Derecho, permitiéndoles hacer un referéndum vinculante robando la Soberanía al pueblo español y adjudicándosela de forma exclusiva a un inexistente “pueblo catalán”. Porque este es un tipejo que no para de lanzar ideas tan funestas como que España es una nación de naciones, y que da por supuesto la existencia de pueblos diferenciados del español que como tales tienen derecho a decidir su futuro. Una aberración propia de quien nunca se ha sentido realmente parte integrante de este proyecto común que es España, la única nación reconocida internacionalmente, aunque Zapatero dijese aquella gilipollez de que "nación es un concepto discutido y discutible".

Porque de sobra saben estos especuladores apátridas que el hecho de haber nacido en un determinado territorio de España, sea este peninsular, insular o en las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, otorga de forma automática la nacionalidad española. Y un español tiene igualmente el derecho a residir en cualquier parte de territorio nacional. Eso sí, cada territorio, región o autonomía, tiene sus propias peculiaridades tanto en el orden cultural como algunas incluso lingüísticas (que también es cultura). De hecho, la Constitución de España de 1978 ha sido la primera ley que reconoce oficialmente el derecho a hablar esas lenguas en esos territorios, considerándolas cooficiales junto al español, lengua común de todos los españoles. Y eso, que es lógico como defensa del llamado acervo cultural, pierde su esencia cuando desde el poder político se usa, como han hecho los partidos nacionalistas independentistas, como ariete de concienciación y dogmatización de las nuevas generaciones de españoles de esas comunidades.

El fracaso del sistema autonómico ha venido como consecuencia de este uso bastardo discriminatorio del idioma autóctono y también del falseamiento de la Historia, en el momento en que a una sociedad se le convence de que es especial y diferente del resto de la sociedad española, de que tiene unos derechos históricos (incluso deudas históricas por parte del resto de España) y que está siendo reprimida por un Estado opresor y depredador. Se manipulan los sentimientos y se apela a ellos para formar una opinión de rechazo y odio a todo lo que representa España, sus usos y costumbres más típicas y tópicas, a las que consideran contaminadoras y no representativas de las que les han inculcado como propias. Se ha fomentado un fundamentalismo ideológico excluyente que considera legítimas sus aspiraciones de independencia, al asumir que ese territorio de España, por el hecho de haber nacido allí, les pertenece de forma exclusiva. Ellos se constituyen en pueblo porque así se lo han asegurado machaconamente desde que nacieron.

Y con este tipo de fanáticos Sr. Sánchez, ¿Qué tipo de diálogo se puede tener? Lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible. Lo que pretenden es que les allanemos el camino en su aspiración a separarse de España, y como ahora, avalados en unas leyes inconstitucionales y en una farsa de referéndum igualmente inconstitucional, ya que se trata de decidir nada menos que destruir nuestra nación, España, robando la Soberanía, es decir el derecho a decidir al resto del pueblo español. Porque un catalán es tan español como un murciano o un melillense o un canario. EL haber nacido en Cataluña o haber adquirido la condición administrativa de residente por haber decidido establecerse allí, no le da más derechos que a quien haya nacido en Córdoba o siendo cordobés resida y trabaje en La Coruña. Eso es simplemente una cuestión formal administrativa que se llama empadronamiento. El hecho de hablar catalán, gallego o vasco solo es un suplemento cultural como para un belga lo es hablar francés y flamenco (dialecto del holandés), o para un Suizo hablar alemán, francés e italiano. Eso no añade derechos salvo el de usarlas como lenguas vehiculares en sus autonomías junto al idioma común de España, el español.

No ha sido la falta de diálogo lo que ha llevado a esta situación, sino, por un lado, la dejación de los diferentes Gobiernos de España desde la transición, cediendo a las incesantes reivindicaciones de los nacionalistas y dejándoles hacer a su antojo en sus autonomías, en ese adoctrinamiento de generaciones de españoles. Y por otro lado, la debilidad manifiesta, la desunión y la existencia de nuevos partidos políticos anti sistema y apátridas, que ha sido aprovechada por el nacionalismo, radicalizado a posiciones independentistas, a lanzar su órdago al Estado de Derecho presentando su ultimátum en una mesa de capitulación, que no de diálogo.

Solo faltaba que viniera ahora este profeta de la plurinacionalidad para terminar de dar el “cachetazo” a un animal herido de muerte incapaz de defenderse. Pedro Sánchez no es de fiar y si mantiene ahora una posición constitucionalista es solo por razones puramente oportunistas. Solo espera ver cómo el Gobierno del PP se desgasta tomando medidas coactivas ineludibles ante la gravedad del desafío de los secesionistas. Dice apoyarlas, pero falta saber si llegado el momento de aplicarlas no se alineará con aquellos que, como el PNV, ponen trabas y limitaciones a los medios y las respuestas del Estado. Porque lo único cierto es que el Estado de Derecho no puede permitir que los golpistas se salgan con la suya, porque eso significaría el final de este sistema democrático legitimado por la Constitución de España aprobada por la inmensa mayoría de los españoles. Con los delincuentes y terroristas no se dialoga, se les detiene y se les juzga.

¡Que pasen un buen dia!

El golpista Tejero apela a la "unidad y grandeza" de España, en defensa de las cuales "daría gustoso" su vida y la de sus "enemigos"
La demoledora carta exigiendo que se juzgue lo que pasa en Cataluña
El golpe de Estado que protagonizó era "un contragolpe que se dio al preparado en la persona del general Armada, y patrocinado por el Rey Juan Carlos I y los partidos políticos, sobretodo el socialista y comunista"
Periodista Digital 18 Septiembre 2017

La misiva la ha mandado a 'La Gaceta', y no deja títere con cabeza. El ex teniente de la Guardia Civil que protagonizó el fallido golpe de Estado el 23 de febrero de 1981, y que por ello se pasó dos años en el Castillo de la Palma de Ferrol, pide que la consulta ilegalizada por el Tribunal Constitcional sea juzgada como se juzgó el golpe de Estado que él mismo lideró.

A sus 85 años de edad, defiende además que el golpe de Estado que protagonizó era "un contragolpe que se dio al preparado en la persona del general Armada, y patrocinado por el Rey Juan Carlos I y los partidos políticos, sobretodo el socialista y comunista". Esta es la carta, íntegra:

‘Cataluña', la carta de Antonio Tejero
"Yo, Antonio Tejero Molina, español de 85 años de edad, teniente coronel de la Guardia Civil expulsado del Ejército por los sucesos de 23 de febrero de 1981, con Documento Nacional de Identidad nº 01XXXXD, y como más antiguo de todos los participantes vivos que tomaron parte en aquella acción, exijo, que por la Justicia española se lleve a cabo un Juicio Comparativo entre lo ocurrido en la fecha del Golpe de Estado, llamado 23-F, y lo que está ocurriendo actualmente en los prolegómenos de la que quiere ser la destrucción de España, llevado a cabo por el Gobierno de la Generalidad de Cataluña, y teniendo en cuenta los siguientes términos:

1. Que el 23-F pretendía conseguir un cambio de Gobierno que garantizara la unidad de la Patria, dañada por la Constitución y los Estatutos de Autonomías que el presidente Suárez otorgó a Cataluña y Vascongadas; sin embargo, el Golpe de Estado que se está preparando en Cataluña quiere conseguir la ruptura de la región catalana del resto de la Patria.

2. Que es cierto que cometimos un gran delito, que fue castigado con penas gravísimas, ya que tres de los participantes lo fuimos con 30 años de Reclusión Mayor y expulsión del Ejército; en cambio, los sediciosos catalanes están incumpliendo leyes y más leyes desde hace tiempo con total impunidad, con el agravante de jactarse de ello y de ir, cada vez, más adelante en la comisión de sus delitos independentistas.

3. Que la persecución del delito del 23-F fue inmediata y contundente y que, si bien en una primera sentencia se condenaba a un máximo de 12 años y un día, al Gobierno le pareció escaso y según nos comunicaron dos vocales del Consejo de Guerra, uno de ellos el general de división D. José Contreras Franco, que el Gobierno había ordenado subir la pena hasta los 30 años de Reclusión Mayor y que ellos, no habiendo estado de acuerdo con la medida, hicieron Notas separadas disintiendo.

Sin embargo, estamos viendo como el Gobierno del Sr. Rajoy es totalmente estático ante los hechos independentistas catalanes, mucho más graves que los nuestros y continúa en estas fechas intentando diálogos infructuosos y tomando pequeñas medidas como la persecución de las papeletas del Referéndum, empleando para ello al dignísimo Cuerpo de la Guardia Civil.

Es por lo que también se pide que se juzgue la actitud de delación de poder con perjuicio para la unidad de España del Gobierno de la Nación que por ningún momento ha cumplido con su deber de acabar desde sus inicios con estos delitos tan patentes, tan públicos y tan graves.

4. Sé que el Rey no es responsable de sus actos, pero creo que dentro de esta cualidad debió de haber tomado alguna resolución de que se ejercieran medidas mas coercitivas.

Por todo ello y antes de que llegue el fatídico día del primero de octubre, y como integrante de lo que más que un Golpe de Estado fue el Contragolpe que se dio al preparado en la persona del general Armada, y patrocinado por el Rey Juan Carlos I y los partidos políticos, sobre todo el socialista y comunista, que ya se habían repartido todos los Ministerios.

Todo esto, se encuentra en los Papeles del 23-F que aún no han sido descalificados ya que al cumplir los 25 años se subió el plazo otros 25 años más. Hasta última hora, hemos estado esperando una reacción del Gobierno tan contundente como la que se empleó con nosotros el 23-F pero ni se ha producido ni creo que se vaya a producir; sigue el "pasteleo" que no lleva a ninguna parte, bueno lleva a que cada vez se envalentonen más Puigdemont y su comparsa, en vez de estar desde hace tiempo en prisión como les corresponde.

Esta declaración me gustaría que saliera en la Prensa antes de su envío a la Justicia ya que al llegar a ésta quizá la remitan al Tribunal Constitucional que es el paño de lágrimas de los políticos cobardes e incompetentes y el retrete del Gobierno catalán.

De los militares no quiero hablar por el respeto que me merecen esta Institución, sus héroes y sus mártires que han dado todo antes en la defensa y en la creación de la unidad de España, aunque pienso que podrían hablar un poco los que aún están en activo porque entres otras cosas os conviene ya que un general en una España rota y disminuida no vale nada.

Ya sólo me queda la Iglesia y de esta aún hablaré menos por ser hijo fiel de ella, pero los obispos y clérigos que ondean las banderas esteladas, algunas veces hasta en sus iglesias, podían mejor orar por la unidad de la Patria que tanto expandió la religión católica por el mundo y a la que España dio tantos mártires.

Piénsenlo bien antes de seguir por el camino que han tomado y Dios y España les premiará, y si no se lo demandará ¡Lo juro! Como juro igualmente fidelidad a España, a su historia, a sus mártires, a sus héroes y, en la actualidad, sobre todo a su unidad y su grandeza, en defensa de las cuales daría gustoso mi vida y la vida de mis enemigos.

¡Viva España!"
Torre del Mar (Málaga) a 15 de septiembre de 2017
Antonio Tejero

Estamos en el momento decisivo: legalidad o infamia separatista
“Este hombre-masa es el hombre previamente vaciado de su propia historia, sin entrañas de pasado y, por lo mismo, dócil a todas las disciplinas llamadas "internacionales" Ortega y Gasset
Miguel Massanet diariosigloxxi 18 Septiembre 2017

Verán ustedes, cuando uno llega a esta etapa de la vida en la que se tiene la rara la percepción de que, amanecer y sentirse vivo, es como recibir un verdadero regalo de la naturaleza y, si además, tiene la suerte de contemplar plácidamente, desde la ventana de la alcoba, la vegetación del monte y la frondosidad de los árboles donde, posados en sus ramas, los pájaros se desgañitan trinando, a modo de requiebro, para anunciarse a las hembras enceladas, mientras la estridente chillería de las hambrientas crías sirven de acicate a sus padres para levantar el vuelo en busca de alimentos con que saciarlas; constituye un placer difícilmente superable para cualquiera que tenga la sensibilidad para apreciar las maravillas de la creación. Es cuando a uno le entra esta morriña en el cuerpo que nos hace flotar en el tiempo, mientras rememoramos tiempos pasados, relaciones perdidas e imágenes, en ocasiones desenfocadas por la pátina de los años, de aquellos seres a los que echamos de menos y que, durante un tiempo, formaron parte de nuestro entorno, convivieron con nosotros y fueron merecedores de nuestra atención y sentimientos. Son momentos en los que quisiéramos que la rutina de la vida no nos apremiase, para poder prolongarlos y dejarnos mecer suavemente en aquel mundo onírico en el que, los recuerdos de antaño, nos hacen olvidar la realidad en la que, el transcurso de los años, ha acabado por situarnos. Sentimos como si hubiéramos perdido demasiado tiempo en cuestiones banales y preocupaciones sin sentido; un tiempo que ahora, en pleno ocaso de nuestra existencia, quisiéramos poder prolongar, reviviendo y gozando de estas sensaciones reconfortantes que nos proporciona esta naturaleza que, con una cierta impaciencia, nos viene reclamando que regresemos a su seno.

Sé que no debiera de haberlo hecho y que me he expuesto a que se me tache, con sobrada razón, de cursi, pero puede ser que, puede alegar en mi descargo, la situación en la que nos han situado los políticos, la gran estafa con la que nos están castigando, precisamente cuando gozábamos de aquella paz y sosiego que los mayores creemos merecer después de tantos años de trabajo, inquietudes, decepciones, pérdidas y achaques a los que tuvimos que enfrentarnos para que, finalmente nos llegara este tiempo de descanso. Una merecida tranquilidad que parece que se nos va a hurtar si nos molestamos en contemplar la situación del mundo y, en especial, este especial momento en el que, en esta tierra en la que nos encontramos, parece que se ha perdido el significado de la moderación; el, tantas veces ponderado, “seny” catalán; el sentido común y la solidaridad hacia el resto de ciudadanos españoles, para caer en los brazos del odio, el extremismo fanático, la intolerancia y, desgraciadamente, los efectos de un adoctrinamiento subversivo, que ha calado hondo en una parte importante de la ciudadanía catalana, que se hecho hermética a cualquier razonamiento, consideración o lógica que le hubiera permitido analizar la realidad y darse cuenta de que, seguir por el camino que se han trazado no les va a llevar más que a la ruina y, con ello, a verse abocados a aceptar una situación, como les ha ocurrido a los griegos, bajo la égida de Psypras, en la que la CE les ha obligado a bajarse las pensiones, aumentar de una manera exagerada los impuestos, amén de seguir pagando, a precio de oro, la deuda que vienen arrastrando desde hace años. El señor Psipras, un colega político de P. Iglesias, les había prometido hacer claudicar a Europa, no pagar la deuda y hacer pasar por el aro a sus acreedores los bancos, entre ellos: el BCE y el Fondo Monetario Internacional. Ahora pagan las consecuencias de su error.

Si recordamos aquella pintura expresionista plasmada en varios de los lienzos del pintor Edvard Munch, que fue bautizada como “El grito”; aquella expresión de desespero, de suma agonía que, aquella estilizada persona, trasmite a cualquiera que se entretenga en admirar aquel cuadro, nos hace recordar momentos de nuestra historia, en términos geológicos cercana, ya que todavía quedamos quienes estuvimos, durante aquellos años de la Guerra Civil española, en la que vimos, en muchos conciudadanos, expresiones de pánico parecidas, motivadas por los avatares de la contienda. Por mucho que quisiéramos olvidarnos de aquellos años de tribulaciones y miseria, nos resulta imposible; como nos lo resulta no establecer comparaciones entre aquellos años de nuestra niñez durante los cuales los españoles, hermanos contra hermanos, se mataban los unos a los otros en una contienda fratricida en la que, a diferencia de lo que sucede en los que luchan con naciones extranjeras, el odio era personal, salvaje y motivado por el hecho de que, en ambos bandos en lucha, los soldados tenían parientes que habían sido masacrados, torturados, encarcelados en las retaguardias en poder del bando contrario. Hubo ensañamiento y hubo venganza; de lo que se dedujo, a pesar de los años transcurridos desde el final de aquella guerra, el hecho incontestable de que, las consecuencias de aquellos acontecimientos hayan sido guardadas en la memoria de aquellos que fueron perjudicados y víctimas de aquellas situaciones propias de toda guerra civil; quienes, a su vez, trasmitieron aquellos odios y rencores a las sucesivas generaciones que les siguieron, hasta nuestros días.

Lo que está sucediendo en Cataluña, en la actualidad, se puede decir que es una especie de meltingpot en el que se han combinado una serie de sentimientos, unos heredados de antaño y otros hábilmente manipulados por políticos catalanes, que han encontrado el medio de llevar a cabo sus objetivos de reimplantar, en los catalanes, aquellas ideas que, a través de los años y como consecuencia de los acontecimientos del 11 de septiembre de 1714, cuando fue derrotado Rafael Casanova y sus huestes por los soldados del candidato al trono de España, Felipe V, les han servido para mantener la antorcha del nacionalismo encendida. Si a ello añadimos las pretensiones de los comunistas bolivarianos y de su franquicia en Barcelona, En Comú, de la señora Ada Colau, siempre al acecho de cualquier situación en la que puedan crear caos, enfrentamientos o destrozos (sabedores de que los señores del PDEcat, la antigua Convergencia, están en horas bajas y que sus pronósticos, en el caso de concurrir a una nuevas elecciones, iban a quedar reducidos, con toda probabilidad, a la opción de ocupar un cuarto puesto entre los partidos catalanes que concurrieran a las mismas quedando los restantes para ERC, Podemos y los beneficiados de la caída del PP, los Ciudadanos del señor Rivera) veremos que la situación no resulta sencilla.

Todo ello no quita que, los acontecimientos que puedan tener lugar hasta el día 1º de Octubre, no puedan ser lo suficientemente preocupantes para que aquellos que viven en Cataluña, que siguen siendo españoles, aunque catalanes, y que, en estos momentos, se sienten en una situación comprometida ante esta lucha de legalidades entre las que se van a ver forzados a elegir, no por lo que puedan resultar de dudas sobre ellas, algo que está clarísimo que no tiene discusión alguna, cuando la única opción válida es atenerse a la legalidad constitucional. Ello no obstante, esto no priva de que se produzcan actos de presión para que se acuda a votar; se lancen amenazas tanto de los separatistas como de los comunistas aliados a ellos; se intente coaccionar o chantajear con advertencias sobre posibles represalias o venganzas, en fin que no va a ser plato de buen gusto el verse enfrentado a personas con las que se convive cada día, en general buenas personas en su comportamiento cotidiano, sabiendo que ( algunos ya lo hemos notado con la ausencia de personas con las que se tenía contactos prácticamente a diario, que han dejado de acudir) es muy posible que lo que suceda respecto a este proyecto absurdo de consulta por el derecho a decidir, se produzcan rupturas, alejamientos y amistades truncadas, algo que se hubiera podido evitar si estas medidas que ahora se verá obligado a tomar el Estado para atajar el avance separatista, se hubieran tomado, seguramente con efectos menos traumáticos, durante los primeros momentos en los que, el señor Mas, lanzó su amenaza, después de su derrota en las municipales, en las que su partido Convergencia perdió 12 escaños.

Esperamos que, al menos, se haga lo que se deba hacer y no le tiemblen las manos al Ejecutivo, cuando se trate de poner remedio a esta situación de desafío y desobediencia al Estado de Derecho por parte de una serie de prevaricadores que, formando parte de las a autoridades que juraron su cargo en nombre de la Constitución española, para ocupar los puestos oficiales que están ostentando, no han tenido el más mínimo escrúpulo en romper su juramente para enfrentarse al legítimo gobierno de la nación y, de paso, empezar a crear, con los dineros que reciben del Estado, un proyecto en paralelo de instituciones catalanas preparadas para que, en cuanto se declarara la independencia de Cataluña, empezar a funcionar en sustitución de las actuales instituciones estatales, como Hacienda o la Justicia, por “funcionarios” que ya tiene reclutados ( unos 700) en previsión de que se llegara a producir la ruptura a la que aspiran.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, estamos convencidos de que, por una vez, el señor Rajoy va a hacer honor a las palabras que, últimamente, ha pronunciado y va a evitar, con los medios necesarios, que esta ruptura con la que nos amenazan los separatistas catalanes, tenga lugar y que, los culpables de que se haya producido esta situación que ha repercutido en todas las naciones del mundo y, especialmente, en nuestro entorno europeo; reciban el castigo que, para este tipo de delitos están previstos en nuestro Código Penal. Los que existen para el caso de que, la unidad de nuestra patria, haya sido puesta en peligro. No quisiéramos que, una vez más, los trapicheos políticos, los acuerdos secretos o las conveniencias partidistas, volvieran a alterar las lógicas consecuencias que debiera tener un asalto al poder, como el que nos tienen preparados los secesionistas catalanes. Sería un error garrafal.

Políticos de panza y bolsillo
Antonio García Fuentes Periodista Digital 18 Septiembre 2017

Así los denominé tan pronto “vi el percal”; y de cómo se comportaban tan pronto consiguieron el pleno control del dinero y los impuestos; y empezó el más triste y exagerado de los mangoneos del dinero público; lo que dio paso a la brutal corrupción que nos cayó encima a los españoles y la que dio lugar, a la acumulación de ingresos exagerados e indebidas prebendas y sinecuras, amén de la acumulación de capitales por abusos de múltiples chanchullos o delitos de los que los juzgados están (algunos) llenos a rebosar de casos que los hacen dormir una especie de “sueño eterno”, para que muchos que debieran estar en la cárcel, sigan en la calle y sigan “chupando del bote”.

En el periódico local “VivaJaén” 08-09-2017; se publican “cosas así”: “Casi 50 directivos de la Administración reciben de media mil euros al mes sólo por vivienda”; ante ello “la consejera (ministra autonómica) y ante la denuncia parlamentaria, responde con toda la cara dura del mundo lo siguiente: “Acabar con ese plus limitaría muchas vocaciones políticas”. Queda claro con esta respuesta tan clara y contundente, que a la política no se va a “servir al pueblo” si no a todo lo contrario”.

Por ello reflejo otro texto publicado en dicho periódico que dice así: “La Agencia Andaluza de la Energía, Corporación Tecnológica de Andalucía, la Autoridad Portuaria de Almería o la Universidad Internacional de Andalucía. En esos cuatro destinos han sido recolocados los consejeros que cayeron en el cambio de Gobierno”… O sea que cuando se llega a cierto grado de “enchufe político”, nunca nadie se queda “con el culo fuera”; ya hay infinitos “enchufes” dotados de buenos ingresos para que el cesado, siga cobrando suculentas mensualidades más todas las prebendas y sinecuras que esos puestos tengan concedidas. De ahí la infinita cantidad de impuestos confiscatorios que nos hacen pagar.

Más claro y sangrante; que establecida ya una clase privilegiada, esos privilegios les llegarán hasta el día de su jubilación y posiblemente entonces cobrarían lo máximo que la Seguridad Social pague como “retiro obrero”; cosa solo al alcance de ciertos privilegiados, muchos de los cuales “nunca dieron palo al agua y siempre se limitaron a obedecer ciegamente apretando los botones que les fueron presentados”; mientras usted o yo, que trabajamos desde niños al llegar a pensionistas, nos pagan pensiones “de hambre y miseria” y además nos bajan las mismas, puesto que el 0,25 de subida que nos dan “de cachondeo” es una rebaja ostensible y que se va acumulando año a año.

Todo esto y muchas cosas más que hay que denunciar, es el abuso enorme que “los políticos de panza y bolsillo”, explotan explotándonos a todos los demás, siguiendo creando una Administración elefantiásica que irá acabando con toda la economía nacional, al propio tiempo que crea una sociedad parásita y que solo aspira a “la breva que ya otros disfrutan”; y de trabajar y producir para todos, a pocos se les ocurre tal aventura, precisamente por cuanto a ellos, como “paganos de todo”, se les hace la vida imposible o tan difícil que solo la sabe el que la padece.

Por todo ello aquí, “hasta los muertos han de dejar la herencia en gran parte o en su totalidad a estos tiránicos gobiernos”, cuyo ideario es el recaudar hasta extinguir, más o menos, lo que dicen hacía “Atila el rey de los hunos, el que acuñó aquella terrible sentencia de que por donde pasaba su caballo no crecería jamás la yerba”; así es que no nos engañen más, no hay políticos ni de derechas, ni de izquierdas, ni de centro, ni liberales, ni religiosos… “en mayoría inmensa son DE PANZA Y BOLSILLO y por tanto sólo piensan en llenarlas para toda la vida”… Amén.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y
http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes


******************* Sección "bilingüe" ***********************

El gran engaño del separatismo: perderían un tercio del PIB
"Catalexit': pérdida del 34% del PIB, deuda de 291.000 millones, control de capitales y recorte del 21,5% de las pensiones
Roberto Centeno. Juan C. Bermejo. elconfidencial 18 Septiembre 2017

El Cercle Català de Negocis (CCN), un grupo separatista de empresarios enemigos declarados de España, está repartiendo estos días un panfleto sobre las supuestas consecuencias económicas de la independencia que constituye el mayor conjunto de falsedades y cálculos delirantes imaginable. “El déficit fiscal con el conjunto de España destruye 250.000 empleos, la electricidad sería un 60% más barata, se crearían 70.000 puestos de funcionarios...”. Nada más lejos de la verdad. Cataluña perdería un tercio del PIB, nacería con una deuda pública insostenible, su moneda se depreciaría en torno al 30%, la fuga de capitales obligaría a implantar un 'corralito' y los 1,68 millones de jubilados perderían un 21,5% de sus pensiones. Y estos son hechos y cifras indiscutibles, son matemáticas.

Pero antes de entrar en el detalle, debemos resaltar dos hechos que sirvan de guía a los desinformados catalanes sobre las consecuencias de la locura suicida de la secesión. El primero son los cálculos realizados hace ya algunos años por el mejor estadístico español y uno de los grandes de Europa, Julio Alcaide, sobre las consecuencias económicas de la independencia: estos demostraban que Cataluña perdería más del 25% del PIB y su nivel de renta personal sería similar al de Portugal. Pero entonces la deuda era la cuarta parte de la actual.

El segundo es el reciente análisis del impacto económico de la secesión realizado por el banco europeo ING: “El resultado será incertidumbre, hundimiento del poder de compra de las familias, reducción de la inversión directa y de la demanda exterior”. “La salida del euro llevará a una situación crítica al sector privado”. “Las encuestas muestran que el 62% de los catalanes está preocupado por el futuro si se independizan. De ahí solo hay un paso para que moderen su consumo, y si esa preocupación se convierte el pánico, como en Grecia, será necesario intervenir los bancos e instaurar un control de capitales”.

Salida de la UE
Es el primer engaño al pueblo catalán de los sediciosos totalitarios: brutal, absoluto, masivo. No se van porque no les da la gana, “no pueden echar a 7,5 millones de personas”, pero ellos sí pueden privar de la nacionalidad española a cuatro millones de catalanes. La salida de la UE está prevista y tasada en los tratados, y es automática —aunque a Juncker, a quien el presidente de Hungría, Viktor Orbán, acusa de dirigir una amplia red en Bruselas al servicio de un conocido especulador dedicado a desmembrar países, y que ha puesto su enorme imperio mediático y su dinero al servicio de los sediciosos, se le 'olvide'—, luego tendría que pedir el reingreso para lo que se necesitaría la unanimidad.

Ni España, ni Italia, ni Bélgica, ni Alemania, ni Hungría, ni varios más lo aceptarían. No cabe perder el tiempo desmintiendo lo obvio. Quien desee profundizar, que lea el libro de Josep Borrell, que fue presidente del Parlamento Europeo: 'Las cuentas y cuentos de la independencia'. Se irán sí o sí, y no volverán.

Balanza comercial
Las exportaciones de Cataluña en 2016 ascendieron a 65.160 millones de euros, las mayores de España, pero mucho mayores aún son las importaciones: 78.344 millones. Cataluña es la principal responsable del déficit comercial de España: el 6,2% de su PIB, tres veces más que el déficit del resto de regiones, que es del 2,1%. ¿Y qué va a pasar cuando Cataluña sea expulsada de la UE? Las pérdidas del Brexit se estiman en el 3% del PIB, pero aquí será mucho peor.

Así, las multinacionales de alimentación y farmacia abandonarían la región al perder la oportunidad de abastecer al resto de España (entre el 50 y el 80% de sus ventas) y estar sometidas a arancel sus exportaciones a la UE. Jaime Malet, presidente de la Cámara de Comercio de EEUU en España, afirma: “Lo único que tiene sentido es un mercado de 46 millones que es España, y no uno de 7,5 millones que es Cataluña”. Cataluña perdería unos 6.000 millones solo de estas dos industrias, y en el resto una cifra similar a la de Reino Unido con el Brexit. En total, una pérdida de 10.000 millones o el 4,7% del PIB, y unos 180.000 empleos.

Balanza comercial con el resto de España
No existe ninguna región en el mundo que tenga un excedente tan enorme con el resto del país como Cataluña. De los 20 principales mercados de Cataluña, 11 son regiones españolas. Venden a Aragón más de lo que exportan a Francia o Alemania, y a Andalucía, más que a Italia. En 2016, las 'exportaciones' catalanas al resto de España ascendieron a 61.000 millones de euros, y las 'importaciones', a 43.000 millones, lo que representa un superávit enorme de 18.000 millones, y eso sin incluir los servicios, donde la balanza es más desfavorable aún por los servicios financieros (Sabadell, CaixaBank). ¿Y qué va a pasar con estas 'exportaciones'?

Lo mismo que en los procesos de secesión europeos, que van desde lo ocurrido en separaciones amistosas —el caso de República Checa y Eslovaquia (separación de terciopelo)— y las no realizadas, pero sí muy estudiadas, entre Escocia y Reino Unido, y Quebec y Canadá, a separaciones no amistosas, como en el caso de los Balcanes y Rusia. Las relaciones comerciales entre las partes separadas se desploman, desde un 70% en las amistosas a más de un 90% en las no amistosas. Esto significaría que las ventas de las empresas catalanas a España caerían en unos 54.000 millones. Los servicios financieros pasarían a cero. En conjunto, cerca del 30% del PIB.

Deuda pública y privada
Empezando por la pública, la afirmación de los prepotentes totalitarios del CCN resulta delirante: “Nuestra deuda se la come España con patatas”. En todas las separaciones europeas ha regido el principio de sucesión de deudas. Según el derecho internacional, los acreedores tienen como garantía jurídica los activos y el territorio, por lo que es imposible rechazar la responsabilidad en la deuda del Estado. Pero es que además quienes exigirían el pago de esta deuda son los acreedores (BCE, bancos, inversores), no solo el Estado español.

La deuda pública total de España (no solo la PDF) es de 1,54 billones de euros. Y se ha repartido en todos los procesos de separación o en función del PIB (República Checa y Eslovaquia; Balcanes y Rusia), o en función del PIB per cápita (lo previsto con Escocia y Quebec). Para Cataluña, serían 291.000 millones de euros por el PIB o 347.000 millones por el PIB per cápita. Es decir, ¡el 135% o el 161% de su PIB! El banco francés de negocios Natixis acaba de estimar esta deuda en 235.000 millones, pero considera solo la deuda PDF.

Da exactamente igual lo que los sediciosos totalitarios —que ejercen presión y amenazas sobre los catalanes no separatistas, a los que Rajoy ha abandonado totalmente a su suerte— puedan decir, es lo que va a suceder sí o sí, ya que si el nuevo Gobierno se negara a asumir su pago, serían excluidos de todos los mercados financieros primero y serían embargados todos los bienes que fuera posible. Este es el gran engaño que los sediciosos totalitarios están perpetrando al pueblo catalán, ya que esto lleva directamente a Cataluña a la suspensión de pagos.

En cuanto a las deudas privadas, las empresas catalanas deben 321.000 millones de euros y las familias, 102.000 millones. Pero peor aún, porque Cataluña saldría del euro y tendría que emitir una moneda propia, que se devaluaría de inmediato respecto al euro. Durante la crisis griega y su eventual salida del euro, se hicieron numerosos estudios sobre el comportamiento del dracma en caso de salida, fundamentalmente por los grandes bancos suizos, y la conclusión fue clara: el dracma se devaluaría en un 50% frente al euro en dos años; una depreciación del 30% para la nueva moneda sería un mínimo, lo que llevaría la deuda pública al 175% (reparto por PIB)/209% (reparto por PIB per cápita) del PIB catalán.

Fuga de capitales: el corralito
En los procesos de secesión, “cuando la viabilidad de un nuevo país se cuestiona, los flujos financieros y de capital son el mayor elemento de incertidumbre”. En Escocia, a pesar de ser una región con unos enormes recursos petroleros y con una renta per cápita superior a la de Cataluña, y con expectativas de entrar en el euro, se estimó una fuga de capitales entre 20.000 y 100.000 millones de libras (Credit Suisse, HSBC, Citigroup, UBS).

En Cataluña —cuyo PIB es el doble y que además saldría del euro—, estaríamos hablando como mínimo de entre 44.000 y 220.000 millones de euros. El control de capitales sería inevitable. O sea: el corralito.
Balanzas fiscales

Frente al famoso 'España nos roba', hay 278 altos cargos catalanes que se han puesto un sueldo que dobla al de Rajoy, y llevan 300 años robando al resto de España con aranceles protectores para su industria y comercio. Los impuestos los pagan las personas y las empresas, no los estados, y en cualquier sistema fiscal pagan más los que más ganan.

Los economistas separatistas han 'calculado' un déficit fiscal del 9,8% de su PIB, saltándose todos los gastos del Estado en Cataluña que les ha dado la gana. Hecho correctamente, el déficit es del 2,5%. ING lo resume así en su reciente análisis: “A pesar de que Cataluña es un contribuyente neto, la secesión no mejorará en nada la situación de los contribuyentes”.

Sistema de pensiones
Este es otro de los engaños, el más canallesco si cabe, de los separatistas totalitarios a los 1,68 millones de jubilados catalanes. “Si pagamos entre el 60% y el 70% de las pensiones españolas, ¿cómo no vamos a poder pagar las nuestras?”, dicen los sediciosos totalitarios de la CCN. Un disparate oceánico. Su déficit fiscal no llega a 5.000 millones, y el 60% de las pensiones contributivas son 80.000 millones. Así calculan todo. Cataluña gastó 23.159 millones en pensiones en 2016, e ingresó por cotizaciones 18.159 millones, un déficit de 4.934 millones, el 21,5%.

Cataluña es la región donde más gasta la Seguridad Social en pensiones: representa el 15,9% de la población española, pero en ella se cobra el 17,9% de las pensiones contributivas. La pensión media de la región es un 3,7% superior al promedio nacional. Andalucía, con un millón de habitantes más, tiene 180.000 pensionistas menos. En el conjunto de España, el déficit de las pensiones se cubre con deuda gracias a la barra libre del BCE; en una Cataluña independiente, eso sería imposible. Sepan pues los pensionistas catalanes la ruina que les espera con la independencia: perderían el 21,5% de sus pensiones.

Efecto económico total
El efecto económico total es similar al calculado en su día por Julio Alcaide, solo que agravado por una deuda muy superior y la salida de la UE y el euro. El PIB caería un 34%, por la caída del comercio exterior e interior. La nueva moneda perdería un 30% de su valor, lo que llevaría la deuda pública al 175-209% del PIB, y a las familias y empresas endeudadas en euros, a la ruina. La fuga de capitales sería tan enorme que obligaría a implantar controles, es decir, el corralito. Finalmente, los pensionistas perderían un 21,5% de sus pensiones, igual que los sueldos de los empleados públicos, que obviamente no podrían mantenerse.

El falseamiento masivo del impacto económico, la traición sin límites a España de la izquierda (Podemos y compañía) y la inaudita cobardía de Rajoy, que lleva años dejando a los catalanes no secesionistas a merced de los sediciosos totalitarios sin mover un dedo, son sus grandes bazas. Es el resultado de 25 años de cesiones al nacionalismo por parte del nefasto régimen del 78, hoy ya explosivo por la 'noluntad' (voluntad de no hacer) de Rajoy y de todo el aparato del Estado a sus órdenes. ¿Es que no hay nadie en este país capaz de obligar a Rajoy a hacer cumplir la Constitución y la ley, en vez de amenazar y no hacer nada, llevándonos al desastre?. Bastaría un solo minuto de poder en España para acabar con la sedición.

Éxodo empresarial en Cataluña
Editorial ABC 18 Septiembre 2017

Cataluña llegó a convertirse en una de las regiones más ricas de España gracias al tamaño y diversidad que alcanzó su estructura empresarial, fuente de riqueza y empleo, pero la gestión económica y presupuestaria llevada a cabo en los últimos años, junto a la incertidumbre que genera el desafío secesionista, está minando la base de tanta prosperidad, ya que ahora las empresas huyen de dicha autonomía en busca de lugares más seguros y atractivos para su negocio. En concreto, cerca de 8.000 compañías radicadas en Cataluña han trasladado su sede social a otras comunidades autónomas desde 2008, frente a las 5.300 que decidieron instalarse en esta región durante el mismo periodo, de modo que, hoy por hoy, la economía catalana ha perdido algo más de 2.600 empresas en términos netos, lo cual es un torpedo en la línea de flotación de la creación de empleo. Se trata de un fenómeno inédito a escala nacional, ya que, a excepción de Canarias, la catalana es la única región que ha visto reducido su tejido empresarial año tras año. La explicación reside, primero, en la elevada presión fiscal y las trabas regulatorias que impuso la Generalitat desde el estallido de la crisis. El tripartito formado por el PSC, ERC e ICV, que gobernó Cataluña hasta 2010, disparó los impuestos e incluso creó nuevas figuras tributarias para intentar compensar la fuerte caída de ingresos públicos como consecuencia de la recesión, en lugar de reducir el gasto superfluo y eliminar el inútil entramado autonómico que tan solo servía a intereses políticos. La posterior llegada de los nacionalistas al poder, con Artur Mas a la cabeza, perseveró en esta ruinosa deriva, haciendo que muchas empresas huyeran hacia regiones más favorables a sus intereses. En lugar de corregir su error, la Generalitat se dedicó entonces a criticar los bajos impuestos que aplicaban otras autonomías como estrategia para evadir su responsabilidad.

El segundo factor de este éxodo es el proceso independentista. Desde 2012, y pese a la recuperación económica, la fuga de compañías no ha cesado como consecuencia de la creciente inseguridad jurídica que existe en Cataluña. La incertidumbre e inestabilidad políticas constituyen pésimos compañeros de viaje para el mundo de los negocios, puesto que tanto el futuro de la empresa como la seguridad de las inversiones ya no dependen de las decisiones de sus directivos ni de la siempre cambiante coyuntura económica, sino del arbitrario rumbo que fijen los gobernantes. La obcecación de los separatistas por incumplir la ley ahuyenta a empresarios e inversores, ya que la utopía independentista pretende sacar a Cataluña de España, lo que supone su automática salida de la UE y del euro. Las consecuencias las están pagando los catalanes, con menos empresas y una mermada capacidad de crecimiento.

Alcaldes dolicocéfalos
RAÚL DEL POZO El Mundo 18 Septiembre 2017

"Un vulgo errante, municipal y espeso" ha tomado el palacio gótico. La vara de los alcaldes, como la de la Justicia, es símbolo de autoridad y tiene connotaciones fálicas. Es metáfora del pene. La han utilizado para dar varazos a la Constitución, poniendo los huevos sobre la mesa. Setecientos alcaldes, autoridades menores, políticos de bache y farola, erguidos como gallos, con las varas enhiestas, se han convertido en maleantes. Se colocaron detrás de los cabecillas del motín, entre los que está Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, y los jefes del Govern títere. Como se lee en el Quijote, no rebuznaron en balde el uno y el otro alcalde porque, según el ministro de Justicia, si son 700 los que nos dieron coces, serán 700 los que irán a juicio. Habrá que verlo y habrá que observar si el Estado democrático es capaz de desmontar el retablo de los tramposos.

No sé si llegarán a tiempo los yanquis para desarmar a los segregacionistas, cuyos barandas, "una república de municipios independientes" (Carlos Marx), ya no representan a sus vecinos sino a los enemigos de la ley. Pero dominan la parte más hostil del territorio y van a traer de cabeza a los fiscales.

Los alcaldes que han desafiado a la Constitución no emularon al alcalde de Zalamea y o al de Móstoles. El de Zalamea, protagonista de la obra de Calderón, que luchó contra la sublevación de Cataluña, defendía a los vecinos contra el poder, mientras que los ediles catalanes apoyan a una banda facciosa del propio Estado. El de Móstoles apoyó a los españoles y éstos ya son los enemigos de los españoles que viven en sus municipios. El referente de estos secesionistas es, más bien, Bartomeu Robert, que fue alcalde de Barcelona y tiene monumentos y calles en toda Cataluña. Era dirigente de la Lliga cuando, según Pla, los catalanistas eran "cuatro gatos" y tenían fama de chalados. Decía el alcalde Robert, aquel padre del nacionalismo, que España era un país moruno y que la raza catalana era superior a la castellana. Defendía la rassa y distinguía tres perímetros craneales, braquicéfalos atlánticos, dolicocéfalos mediterráneos y mesocéfalos mesetarios.

Toda esta pesadilla empezó cuando Pi i Margall ideó aquella cursilada de las nacionalidades, después del cantonalismo y la república federal frustrada. Desde entonces los españoles se han enfrascado en una conversación bizantina, estúpida e interminable, preguntándose si es igual nación que nacionalidad, sustancia que calificación y si es posible un solo Dios entre tantos dioses.

Mientras, los sediciosos preparaban el asalto a la nación después de una escalada de intoxicaciones, una charca de mentiras, una sucesión de gatadas, astucias, engaños y simulaciones. Empezaron con el derecho a decidir y acabaron con el referéndum de autodeterminación. Y ahora la gente en Cataluña no sabe quién representa la ley y quién el delito, cuando está clarísimo quienes están con la democracia.

Que no duden: el delito está en los que han atacado la Constitución, el Estatuto de Autonomía, la Generalitat y la soberanía nacional.

Cataluña y la quiebra de los consensos del 78
Eduardo Bayón elconfidencial 18 Septiembre 2017

La situación actual de Cataluña debe ser enmarcada en un tiempo y en un momento político y social determinados. La crisis económica y financiera, sumada a la crisis territorial del Estado, que tiene su máximo exponente en la cuestión catalana con la situación iniciada con la sentencia del Tribunal Constitucional en 2010 (tras el recurso de inconstitucionalidad presentado por el PP contra el Estatuto de Autonomía de 2006 y acompañado de una campaña de recogida de firmas por todo el territorio del Estado), ha terminado por traducirse en una crisis de legitimidad de las instituciones políticas españolas sobre Cataluña a la que el sistema político del 78 ni ha sabido ni es capaz de ofrecer soluciones.

Si el 15-M sentó las bases de un discurso contrahegemónico que propició cambios culturales en las percepciones y en las explicaciones de lo que sucedía, de los porqués, del quién es responsable de ello y de la necesidad de buscar alternativas, eso en Cataluña lo ha terminado haciendo la cuestión soberanista, ofreciendo un relato y un camino alternativos al sistema político vigente desde la Transición. Lo hace a través de una narrativa construida en el eje abajo-arriba, donde la capacidad de decidir del pueblo catalán se encuentra oprimida por el Estado español, que a su vez es incapaz de dar respuestas y explicaciones a las demandas, produciéndose así una saturación y posterior colapso. Es ese 'ellos', del cual se persigue su destitución, el que constituye el Estado español al que se culpabiliza de toda la situación y que encuentra sus máximos exponentes narrativos en ejemplos tan gráficos como el 'Espanya ens roba'.

En otros movimientos nacional-populares existe un amplio sector social que se siente excluido del sistema, que sufre una crisis de expectativas y que no puede cumplir sus objetivos vitales de realizarse y tener el nivel de vida y bienestar esperado, convirtiéndose así en ciudadanos descontentos con la gestión política, que buscan responsables y que a su vez sienten que la legitimidad y el consenso dinámico que existía en nuestra sociedad ha quebrado. Todo ello es sustituido en la cuestión catalana por la cuestión identitaria y el agravio que consideran que sufren como territorio, donde la patria, o mejor dicho, la nación, es un concepto ganador, y lo es en tanto que es altamente transversal, ya que no entiende de ideologías, ni clases sociales, sino tan solo de pasiones y vinculaciones afectivas, que se ve potenciado por otro concepto como es la soberanía.

Cataluña está viviendo así su particular momento populista. El independentismo catalán es una expresión del mismo y es visto por parte de la población como una opción de ruptura democrática. Si la indignación social que provocó la crisis económica llevó a la aparición de nuevas fuerzas políticas en España y en otros países del sur de Europa, en Cataluña ese malestar se canalizó hacia la cuestión territorial con la formación de la Asamblea Nacional Catalana, que tan solo un año después levantaría la bandera del independentismo en la multitudinaria manifestación de la Diada. También la participación por primera vez de la CUP en unas elecciones autonómicas en 2012 debe enmarcarse en este contexto.

Si hay una parte del independentismo catalán claramente con un sentimiento de superioridad y con un componente central que versa sobre lo económico y la falta de solidaridad interterritorial en el Estado español, hay otro que ve en la independencia de Cataluña una oportunidad de iniciar un proceso constituyente, al igual que en el resto de España lo veían en Podemos sus votantes. A diferencia de lo que ocurre con la izquierda española, la catalana sí ha hecho de la cuestión nacional un eje de su discurso, aunque ello le lleve en ocasiones a contradicciones. Eso explica principalmente el papel que desempeña en el proceso ERC.

Por otro lado, la antigua Convergència, que en la época de Jordi Pujol practicaba un suave nacionalismo burgués, reivindicaba entonces la cuestión catalana a la vez que era protagonista clave del sistema político español, al que dotaba de estabilidad con su papel en Cataluña y su juego de pactos en Madrid, ahora se ha alejado de esa posición desde la salida de Pujol y la elección como líder de Artur Mas. La pérdida de apoyo electoral desde 2010, con especial incidencia en 2012, cuando pasó de 62 a 50 escaños, ha producido un viraje oportunista de la derecha catalana que ejecutaba los recortes sociales desde el Gobierno de la Generalitat durante los años más duros de la crisis, mientras le afloraban los casos de corrupción por el famoso “3% que ni el cambio de nombre de CDC por PDeCAT ha conseguido que se olviden.

Si en el Estatuto de Autonomía de 2006 el referéndum era el punto final de llegada, la posterior sentencia del TC ha provocado que ese camino recorrido de pacto y toma de decisiones entre el Parlamento catalán y el Congreso de los Diputados que aprobó el Estatuto, que posteriormente votaron los ciudadanos catalanes, ya no sea contemplada como una opción política válida a escoger para buena parte de la sociedad de Cataluña, que ahora toma el referéndum como punto de salida y no de llegada. Ahora bien, si se acostumbra a decir en los últimos tiempos que hay una España de cambio que no llega, y otra que no acaba de irse, en Cataluña sucede algo similar, al no existir una mayoría clara que demande la independencia, al igual que no existe una mayoría constitucionalista o unionista. Ambos bloques monolíticos y polarizados no tienen fuerza suficiente para imponerse al otro. Pero lo que sí existe es una amplia mayoría social que está a favor de que tenga lugar la votación.

Frente al inmovilismo que ha protagonizado el Gobierno central, actuando como fuerza política de contención ante los cambios que demandaba la sociedad, tanto en la cuestión catalana como en el resto de ámbitos políticos y sociales de España, y frente a quienes pretenden la ruptura territorial como camino a seguir, cabe contraponer una tercera vía, que en el asunto territorial articule un sistema federal, a la vez que desarrolla las reformas profundas y necesarias a nivel estatal que en la práctica acaben siendo constituyentes para todo el Estado. Es precisamente esta vía la que contendría una reforma de la Constitución que tuviese que ser votada en referéndum y que recompusiese los consensos quebrados en los que Cataluña también era parte.

*Eduardo Bayón es politólogo y editor de 'Debate 21'

Cataluña: la Historia se repite, primero como tragedia, después como farsa
José Oneto republica 18 Septiembre 2017

Decía Marx (Karl, no Groucho) que “la historia se repite, primero como tragedia, después como farsa”. Y no sólo es verdad, sino que puede volver a demostrarse, y de hecho ya se está demostrando, en la aventura política en que nos han metido los independentistas catalanes para repetir un episodio dramático de la historia, como fue la declaración de independencia de Cataluña por parte del Presidente de la Generalitat Lluís Companys en Octubre de 1934.

Hubo ya un primer intento tres años antes con la proclamación de la Republica en toda España en 1931, algo que aprovechó Companys no sólo para proclamar la República, también en Cataluña, sino que dio un paso más al proclamar la “República catalana”, primer problema con el que tuvo que enfrentarse el gobierno de la República española. “Catalanes: -fueron sus palabras- interpretando el sentimiento y los anhelos del pueblo que nos acaba de dar su sufragio, proclamó la República Catalana como Estado integrante de la Federación Ibérica. De acuerdo con el presidente de la República española señor Niceto Alcalá Zamora, con el que hemos ratificado los acuerdos adoptados en el Pacto de San Sebastián, me hago cargo provisionalmente de las funciones de Presidente del Gobierno de Cataluña, esperando que el pueblo español y el catalán expresen cuál es en estos momentos su voluntad”.

Aquello se recondujo con un Estatuto de Autonomía en 1932 que encontró numerosas dificultades porque sobrepasaba las competencias de la Constitución de la Republica pero, que al fin, fue aprobado por gran mayoría, se celebraron elecciones regionales, ganó Esquerra Republicana de Cataluña (ERC ) y accedió a la presidencia de la Generalitat Lluís Companys, uno de cuyos planes era la aprobación de una Reforma agraria que intentó plasmar en una Ley de cultivo que el gobierno central recurrió ante el Tribunal Constitucional.

En un ambiente de crisis política con la caída del gobierno del Partido Republicano Radical y social, con la declaración de una huelga general por parte del PSOE, Companys decide dar lo que en la época se bautizó como “Golpe de Estado” y proclamó el 6 de Octubre de 1934 a las ocho de la tarde, desde el balcón de la entonces Plaza de la República y hoy de San Jaume el “Estado Catalán de la República Federal Española”, o sea, el Estado dentro del Estado. El pronunciamiento había seguido a una movilización de los escamots de Estat Catalá, a los que se había provisto de armamento y de un plan de acción que debía desembocar en la toma y control de los puntos estratégicos de Barcelona. Al final, las tropas del general Domingo Batet -no más de 400 hombres- se bastaron para reducir a los miles de patriotas que supuestamente habían salido a la calle.

Eran las seis de la mañana del 7 de octubre cuando el presidente Companys, tras anunciarse por radio su capitulación, se rendía al comandante del Ejército que se había personado en el Palacio de la Generalitat, para proceder a su arresto y al de todo su Gobierno. Atrás quedaban medio centenar de muertos -entre ellos, ocho soldados-, un gobierno encarcelado, una autonomía en entredicho y un ridículo tan espantoso como evitable. Es decir primero la tragedia y, después la farsa.

Ochenta y tres años después, en otro Octubre, se está desarrollando una auténtica farsa con un Referéndum que no reúne las mínimas garantías democráticas, con un inicio de ruptura de Cataluña con España, con una Ley de Transitoriedad hacia la fundación de una República catalana aprobada en contra de la oposición y utilizando una ley declarada ilegal por el Constitucional, y con una estrategia independentista que puede terminar en tragedia. Es verdad que la farsa es la segunda que se produce ya que hubo otra, la del 9 de Noviembre de 2014, que dividió, aun más, a la sociedad catalana.

Ahora, en este inicio de repetición de la Historia, unos (Mariano Rajoy) insisten en que “no menosprecien la fuerza de la democracia. Otros (Puigdemont) responden “no subestimen la fuerza del pueblo catalán”. Unos: “Nos van a obligar a donde no queremos llegar”. Otros: “Estamos ante un dictadura como Turquía, ante un estado de excepción encubierto. Han perdido el Norte y van a perder el Nordeste”. Es decir, Tragedia y Farsa, a la vez.

Así resolverían el problema catalán los columnistas de ABC
ABC 18 Septiembre 2017

Actuar conforme a la ley sin miramientos ni complejos o unir al bloque constitucionalista, entre las recetas de nueve de nuestros opinadores

Manuel Marín: «Actuar conforme a la ley sin miramientos ni complejos»
La única solución posible para resolver el conflicto generado por la Generalitat es actuar conforme a la ley, de modo gradual y en función de la gravedad de las conductas vulneradoras de las normas. Así, si llegado el caso debe aplicarse el artículo 155 de la Constitución, o si la Fiscalía considera que debe solicitar la suspensión de cargos públicos, debe hacerse sin miramientos ni complejos, en la medida en que la ley nos vincula a todos. Incluso, si la conducta sediciosa es grave y conlleva pena de prision, asi deberá acordarse. En este momento no es un problema de voluntad política, sino de cumplimiento estricto de la ley. Cataluña debe disolver su Parlamento cuanto antes, convocar elecciones e iniciar una nueva fase política que no pretenda saltar por encima de la ley. A partir de ahí, y mientras siga vigente la Constitución de 1978, el Estado debería velar por que cada conducta indiciariamente sediciosa sea penalizada desde un inicio. España ya ha vivido de modo recurrente los empellones de Cataluña y jamás ha conseguido la independencia. No es un derecho de una parte del pueblo español. Lo es del pueblo español en su conjunto.

Juan Fernández-Miranda: «El bloque constitucionalista debe presionar para forzar unas elecciones autonómicas»
En el corto plazo, impedir cualquier conato de referéndum el día 1 de octubre y, a partir de ahí, poner en marcha una estrategia liderada por el presidente del Gobierno con el apoyo explícito del Partido Socialista y de Ciudadanos. En el medio plazo, a partir del 2 de octubre, con el movimiento independentista agotado y mutado ya abiertamente en golpismo (con Arnaldo Otegi como uno de sus referentes), y con el frente judicial engrasado y en marcha, el bloque constitucionalista debe redoblar la presión política para forzar unas elecciones autonómicas que jubile a la próximamente inhabilitada clase política independentista y ofrezca una salida política en Cataluña y ponga fin al agotador y cansino discurso soberanista. En el largo plazo, la actuación del Gobierno, y también del Parlamento, debe abordar desde la imprescindible unidad la reforma de la financiación autonómica (en su conjunto, sin premios al sedicioso y sin incurrir en agravios al resto), una revisión del Título VIII de la Constitución para cerrar, y blindar, el Estado Autonómico y un respeto exquisito a la acción firme y contundente de la Justicia sobre quienes han pisoteado la ley. Frente al delito, la actuación firme y proporcional de los tres poderes del Estado. Frente a la algarada de quienes incumplen la ley en Cataluña, la defensa de quienes la defienden en el conjunto de España. La defensa de nuestra Democracia.

Ignacio Ruiz Quintano: «La solución no está en la Constitución del 1978»
Para la situación de Cataluña, que es la de España, la solución no está en la Constitución del 1978, que con su Título VIII dio ocasión al problema.

–El defecto fundamental de la Confederación era que el Congreso no estaba autorizado para actuar inmediatamente sobre el pueblo y mediante sus propios funcionarios. Su poder era solamente requisitorial, y esas requisiciones se dirigían a los diversos legislativos para ser llevadas a efecto sin otra coacción que el principio moral del deber… También la falta de una separación entre las funciones legislativas, ejecutivas y judiciales operaba desventajosamente en la práctica. He aquí el reconocimiento de fracaso que hace Thomas Jefferson en su “Autobiografía”. La grandeza de la generación de los Padres Fundadores radica en ese reconocimiento, a partir del cual se hacen el propósito de sustituir la Constitución confederada del 77 (“Artículos de la Confederación y la Unión Perpetua”) por la Constitución federal del 87, la obra de Hamilton, Madison, Jay y Morris que perdura hasta hoy, a pesar de los envites de la moderna izquierda americana para derribarla. Es un ejemplo, pero aquí, como se quejaba el Conde Duque, “faltan cabezas”.

Marisa Gallero: «Demostrar la unidad de los partidos constitucionalistas»
Después de 48 horas esperpénticas en el Parlament de Cataluña, una Diada desinflada y de jactarse de estar por encima de la ley, Carles Puigdemont anuncia que está abierto «hasta el último minuto» a negociar con Mariano Rajoy. Quiere anteponer su referéndum unilateral y una pseudo Constitución con apariencia de legalidad.

Ante la mentira dan ganas de negar la palabra, si no fuera por la herida que desgarra profundamente a Cataluña. Ahora que el PSOE de Pedro Sánchez se mantiene en una posición firme con el Gobierno, hay que demostrar la unidad de los partidos constitucionalistas sentándose a dialogar antes del 1-O y plantear una hoja de ruta para el día después, mientras la Justicia sigue su curso.

Hughes: «Poca esperanza en el intento de una nueva 'pedagogía' de España»
Cataluña no es un problema contra España. Parece más bien la expresión más fiel de los problemas de España. Al igual que el marxismo hurgaba en las contradicciones del sistema, el nacionalismo catalán ha refinado la explotación de las dificultades del sistema político del 78: vaciado de palabras y conceptos, mentira, sistema de partidos complicado por su penetración en la sociedad civil --hasta acabar siendo un bloque único--, y un sistema de valores invertido que ayer llegó al paroxismo en la frase de Ada Colau en la Diada: “Trabajaremos juntos y juntas para desobedecer leyes injustas”.

La alcaldesa de Barcelona ofrecía un consenso a las fuerzas políticas para desobedecer normas. Poca esperanza merecen las soluciones estatales mágicas ni el intento de una nueva “pedagogía” de España –miedo da pensar, y tedio extremo, en los pedagogos--. Nada sano saldrá de una reestatalización en Cataluna.

Es un problema de la constitución del 78. Habría que democratizar España de un modo nuevo, real, hasta que su nombre sonase distinto, y no a lo que suena ahora cuando se pronuncia desde Barcelona o desde Madrid –en los casos raros en los que se pronuncia--. Dicho todo lo anterior con absoluta modestia, dado que se trata de un tema muy complejo que me excede por completo.

Luis Ventoso: «Una reforma educativa para inculcar un modelo estatal»
Pedir una solución para el problema catalán, que viene y va desde finales del XIX, es casi como buscar el círculo cuadrado. Pero sí hay algunas políticas, muchas de largo plazo, que podrían ayudar a encarar el desafío en curso y aplacarlo:

-Un cierre de filas absoluto de los partidos españoles no nacionalistas en defensa de la unidad de España y el modelo constitucional democrático que tenemos. Si PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos estuviesen unidos al 100% frente al separatismo la historia sería otra y la debilidad independentista, inmensa. La felonía abierta de Podemos y las medias tintas del PSOE (sí pero no) lo impiden.

-Un acuerdo como el que se propone en el punto anterior permitiría el siguiente paso: una reforma educativa para inculcar un modelo estatal, que acabe con la escuela y el instituto como forja de independentistas. Se podrían crear también centros educativos estatales de excelencia para los alumnos con mejores currículos y más ambición (al modo de las gramar school británicas) donde se practicaría una docencia con el español como lengua vehicular y leal con España y la comunidad de turno. Se ofrecería así una opción educativa pro España y pro excelencia a los millones de padres hoy silentes que querrían otra educación y hoy están encorsetados por el rodillo nacionalista.

-La batalla en curso en Cataluña es en gran medida mediática. La Generalitat separatista utiliza una televisión autonómica con gasto sin tasa y las ayudas a los medios locales para mantener una labor ingente de propaganda, que no tiene la necesaria contestación desde el constitucionalismo (o españolismo, para hablar claro). Para reforzar la idea de España en Cataluña hay que reforzar TVE y dotarla de medios (mientras la vean no verán TV3). Sería básico además crear una televisión potente de ámbito estatal de centro-derecha, pro España y de espíritu liberal. Hoy no existe.

-Urge restaurar el imperio de la ley en Cataluña. A la hora de la verdad, a estas horas, lo que percibe el ciudadano es que Puigdemont, Junqueras y Forcadell han aprobado unas leyes golpistas y en la práctica todavía no lo han pagado personalmente de manera alguna. “Si toleras el desorden para evitar la guerra, tendrás primero desorden y después guerra”, advertía Maquiavelo. Y tenía razón.

-El Gobierno debe mejorar su discurso emocional en defensa de España y refutar de inmediato todos y cada uno de los bulos propagandistas del separatismo. También es inaudito que ante lo que en gran medida es una batalla cultural España carezca de un Ministerio de Cultura.

-La intelectualidad española y sus artistas señeros podría movilizarse en defensa de España y denunciar el abuso separatista como lo que es. Deberían combatir de forma activa ese error español que lleva a confundir nacionalismo con modernidad, cuando es una forma de pensar profundamente retrógrada, pues va contra los demás en nombre de una superioridad identitaria.

-Hay que reforzar la diplomacia exterior y lograr apoyos internacionales más rotundos contra el desafío sedicioso.

-Se puede repasar la financiación autonómica y estudiar con expertos si en efecto hay margen para que Cataluña reciba un trato todavía mejor.

-Más Estado en Cataluña. El consejo de ministros una vez al mes en Barcelona y la sede del Senado allí podrían ser pasos interesantes.

Edurne Uriarte: «Superar la espiral de silencio de los no independentistas»
El problema catalán es el problema de la extensión de los objetivos independentistas de un 20% de los catalanes (el porcentaje en todas las encuestas desde hace décadas) a los nacionalistas autonomistas y, a continuación, su intento de imposición a todos los catalanes.

Es, en primer término, un problema de legalidad pues se pretende llevar a cabo contra el Estado de derecho y la solución o la respuesta es también legal a corto plazo. A medio y largo plazo, la solución del problema catalán debe ser política y cultural. De superación de la espiral del silencio que mantiene sin expresión pública a la mitad de los catalanes y de fortalecimiento del patriotismo español que posibilite una unidad fuerte de la gran mayoría de españoles en defensa de nuestro sistema autonómico y de nuestra democracia. Mientras domine la espiral del silencio en Cataluña y el patriotismo español sea débil no habrá solución del problema catalán

Rosa Belmonte: «Que el Estado proteja a los ciudadanos con la ley en la mano»
Hace unos meses se publicó que investigadores españoles habían desarrollado un virus que ataca sólo a células cancerígenas. Descartada la idea de inocular un virus (la solución catalana) que sólo ataque a secesionistas, hay que tirar de la ley. Claro que Rajoy prefería no hacerlo, como Bartleby, pero no estamos en tiempos de preferencias o conveniencias sino de necesidades. Una quiere que el Estado haga poco pero haga lo que tiene que hacer. Y una de esas cosas, carreteras aparte, es proteger a sus ciudadanos con la ley en la mano. No sé cuál es la solución, pero los constitucionalistas señalan las muchas que hay además del 155 (al que no da tiempo). La Ley 39/2015 del Procedimiento Administrativo Común de las Administraciones Públicas (apremio sobre el patrimonio, multa coercitiva…), el Código Penal (rebelión, sedición, usurpación de atribuciones…), el estado de excepción o de sitio (55 y 116), la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional, la Ley 36/2015 de Seguridad Nacional. Una democracia sabe defenderse porque tiene entre sus principios la seguridad jurídica y entre sus medios, la ley. No quiero un futuro libro de Rajoy a la Hillary titulado ‘Qué pasó’.

Curri Valenzuela: «Hacer cumplir las sentencias que obligan a la enseñanza el castellano»
Autocrítica por parte de todos los partidos políticos nacionales, en especial PP y PSOE, que han concedido innumerables ventajas a los nacionalistas a cambio de su apoyo parlamentario. Ejercer el control sobre la Educación en Cataluña que la ley concede al Estado y hacer cumplir las sentencias que obligan a la enseñanza el castellano paralela a la del catalán. Y ya por pedir, hacer compatibles las misiones de los Mossos con la Guardia Civil, con las mismas limitaciones que existen para la Policia autónoma vasca.

El desafío secesionista y la elevada presión fiscal impulsan la deslocalización hacia otras autonomías
8.000 empresas han abandonado Cataluña en los últimos diez años
Moncho Veloso ABC 18 Septiembre 2017

El progresivo aumento de la presión fiscal y el recrudecimiento del desafío secesionista desde la Generalitat, sumado a las habituales decisiones estratégicas de los empresarios, han provocado una fuga de compañías de Cataluña a otras regiones. Según datos del Registro Mercantil recopilados por la consultora Axesor, 7.956 empresas han trasladado su sede social de esta autonomías a otras comunidades entre enero de 2008 y agosto de este año. Teniendo en cuenta que en ese mismo tiempo «solo» 5.332 han apostado por ubicarse en esa región, el tejido empresarial de Cataluña ha disminuido en casi una década en 2.624 empresas.

La autonomía más rica de España se ha convertido, junto con Canarias, en la única que año a año pierde empresas en términos netos. Además, no hay ninguna otra que presente un balance tan negativo: Andalucía, la segunda peor parada, perdió 1.015 empresas y Madrid ha ganado 3.753.

Impacto económico
El impacto económico de toda esa deslocalización empresarial, pese a que el Gobierno catalán suele decir que el traslado de sede no implica la mudanza de la actividad y el empleo, no es menor. La cifra de negocio trasladada fuera de Cataluña entre enero y agosto de este año, último dato disponible, es de 412,6 millones de euros. En 2016 superó los 1.300 millones.

La localización geográfica es un factor estratégico más con el que juegan las empresas para obtener mejores condiciones para su negocio, como fiscales, regulatorias y de coste del alquiler. Pero las cifras de Cataluña apuntan evidentemente a algo más. «Asumir riesgo va en el ADN del empresario, pero riesgo con certidumbre; el problema de Cataluña es la incertidumbre», señalan fuentes empresariales.

El primer detonante de esa fuga fue la mayor presión fiscal iniciada con el Gobierno tripartito del PSC, ERC e ICV, que creó y elevó 17 figuras impositivas. El motivo no es tanto el impuesto de Sociedades, igual a nivel nacional, como los de IRPF, de Patrimonio y de Sucesiones y Donaciones. De hecho, la Generalitat ha achacado en numerosas ocasiones esa deslocalización a la cuestión fiscal, pero acusando a otras regiones de competencia fiscal desleal y rechazando cualquier efecto de la deriva independentista.

Pulso secesionista
Sin embargo, a medida que la Generalitat ha ido focalizando su acción de gobierno casi en exclusiva en el proceso independentista y tensando su pulso secesionista, la sensación de inseguridad jurídica ha ido en aumento. A principios de este mismo año el presidente del Círculo de Empresarios, Javier Vega de Seoane, advirtió de esta realidad, llegando a decir que «los empresarios huyen como de la peste de donde no se cumple la ley». «Sabemos perfectamente que la deslocalización se convertiría en un éxodo, Cataluña entraría en un colapso económico», avisó la semana pasada el presidente de Empresarios de Cataluña, Josep Bou.

En esa línea, y ante las quejas de la patronal catalana por el caos administrativo derivado del proceso soberanista, la CEOE ha reclamado seguridad jurídica para los empresarios. «En el momento en que hay incertidumbre respecto a la legislación, se producen problemas», dijo recientemente el presidente de la patronal nacional, Juan Rosell, que en cambio esta semana ha causado malestar entre el empresariado al plantear una vía entre la independencia y, dijo, «la sumisión total».

Política y decisiones
A pesar del medido discurso público o incluso silencio que ha mantenido una parte de la clase empresarial catalana en este tiempo, y que muchas empresas han desvinculado su mudanza del desafío independentista, hay otras que sí han admitido que ese riesgo político ha influido en su decisión.

Naturhouse decidió este agosto trasladarse de Barcelona a Madrid, y aunque ante la CNMV se explicó como un cambio operativo, el fundador y presidente de la compañía ha reconocido públicamente que ha estado influenciada también por el riesgo político.

El principal temor de los empresarios es que una declaración unilateral de independencia, aunque lo consideran un escenario casi imposible, les deje fuera de la UE y del mercado y la moneda únicos. De aquí que, aunque es un riesgo al que dan muy escasas posibilidades, las empresas tengan diseñados planes de contingencia.

La prueba más evidente es que el Gobierno introdujo de forma silenciosa en 2015 una enmienda en la reforma de la ley de Sociedades por la cual faculta a los consejos de administración de las empresas para aprobar el traslado de la sede sin someter esta decisión a la junta de accionistas. Esta modificación, que permite por tanto mudarse en 24 horas, fue pedida por empresas y bancos catalanes.

Otra explicación para esta deslocalización, según el profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y miembro de Sociedad Civil Catalana Ferrán Brunet, sería el descrédito y boicot que empiezan a sufrir sus productos en el resto de España. «Por eso hay empresas que si pueden están deslocalizando la producción de algunos productos fuera de Cataluña», dice.

Mudanza silenciosa a polígonos de la Franja Aragonesa
Las estadísticas arrojan el titular de que la mayor parte de empresas que salen de Cataluña se mudan a Madrid y las grandes compañías que amenazan con dejar Barcelona citan la capital de España como nuevo destino. Sin embargo, la deslocalización de empresas desde Cataluña deja otras realidades, como un traspaso silencioso de sedes sociales y actividad de esta región a otras limítrofes como Aragón. Un total de 542 compañías catalanas se han mudado a la autonomía vecina desde 2008, y solo 346 han hecho el camino inverso, arrojando un saldo positivo para la región aragonesa de 196 empresas.

La mayor parte de esa deslocalización se esta produciendo a localidades de la llamada Franja de Aragón, zona fronteriza con las provincias de Lérida y Tarragona, como Binéfar, Monzón, Fraga y Tamarite de Litera, entre otras. "La relación comercial entre Aragón y Cataluña es muy fuerte, e históricamente ha habido muchas empresas catalanas que tenían instalaciones en la Franja, pero en los últimos años muchas de esas instalaciones han pasado de ser delegaciones en Aragón a convertirse en su sede social", explica el presidente de CEOE Aragón, Fernando Callizo, quien ante la deriva secesionista recalca la postura de la patronal a favor de la unidad de España y el respeto a la ley, y admite que ese desafío ha generado inseguridad suficiente entre la clase empresarial catalana como para mudarse o elaborar planes de contingencia.

La principal tendencia observada es la compra de suelo industrial en los polígonos industriales de la región. A principios de este mes Sevasa, fabricante de vidrio con sede central en Vacarisas (Barcelona), anunció la adquisición de 95.000 metros cuadrados en el polígono de la Fuensalada, en Calanda (Teruel). El grupo propietario de los supermercados Bonárea, Guissona, invertirá 400 millones de euros y creará 4.000 empleos en su nueva fábrica de casi 200 hectáreas en Épila. Y la también catalana Envases Petit invertirá 45 millones y dará empleo a 100 personas en su nueva planta en la Plataforma Logística de Fraga. Esas empresas desvinculan del todo o evitan relacionar su decisión del desafío secesionista, aunque fuentes empresariales y financieras de la región consultadas creen que en algunos casos la incertidumbre política también ha influido.


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