AGLI Recortes de Prensa   Viernes 22  Septiembre 2017

"Más dinero y autonomía financiera": el Gobierno insiste en premiar a los golpistas
EDITORIAL Libertad Digital 22 Septiembre 2017

Los errores de estrategia del Gobierno en lo relacionado con el golpe separatista están siendo pavorosos, si bien no son otra cosa que la continuación de la forma de afrontar el problema de los distintos Gobiernos centrales, que han sido incapaces de asumir la naturaleza totalitaria y depredadora del independentismo, tanto en Cataluña como en el País Vasco.

Décadas de concesiones, privilegios, permisividad con el incumplimiento de las leyes o directamente con la delincuencia; décadas de apaciguamiento y desaparición del Estado en Cataluña es lo que ha conducido a esta situación. Una situación en la que, además, Rajoy y los suyos –muy especialmente Soraya Sáenz de Santamaría, muñidora de la archifracasada operación Diálogo– no han sabido o querido ver la magnitud del envite hasta que sólo quedaban unas semanas y hasta que sólo la actuación judicial se ha decidido a frenar el pseudorreferéndum ilegal del 1 de octubre.

La imprevisión ha sido terrible, lo cual es especialmente sangrante si se tiene en cuenta el precedente del 9-N, en el que el mismo Gobierno fue engañado por los mismos políticos separatistas, que ahora han doblado la apuesta.

Pero aún más preocupante que estos errores resulta la constatación de que el Gobierno sigue en la misma estrategia equivocada: trata de apaciguar a los golpistas con más y más concesiones y más y más privilegios, como si Cataluña no llevase más de un siglo disfrutando de un ominoso trato preferencial. "Más dinero y autonomía financiera", plantea el ministro De Guindos. Tremendo. Escandaloso.

Resulta tan sorprendente como revelador que estas nuevas ofertas lleguen cuando la crisis dista mucho de estar resuelta, cuando se siguen perpetrando delitos a diario y, sobre todo, cuando es evidente que no van a servir para que un separatismo totalmente echado al monte rectifique y abrace súbitamente la sensatez.

Tras décadas de probar y fracasar una y otra vez, creer que la promesa de más privilegios puede tener algún recorrido es como creer que se puede curar a un alcohólico garantizándole el suministro diario de alcohol. Por supuesto que no. Así, lo único seguro es que todo irá a peor.

Triunfa el Golpe
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 22 Septiembre 2017

El efecto de la solemne declaración institucional del presidente del Gobierno ha sido extraordinario. Pocas veces menos han rendido a más de forma tan barata; nunca en la historia de España unos cuantos delincuentes sin armas han atacado con tanto éxito a las fuerzas armadas que defienden el orden legal y legítimo; y nunca jamás, en toda la historia de Europa, una banda sin preparación alguna ha asaltado sin resistencia un cuartel de la fuerza militar más poderosa del país, ha izado en su mástil la bandera sediciosa, ha destrozado tres vehículos tras cubrirlos de basura, les ha robado tres metralletas, ha rodeado los edificios oficiales donde se debe impartir justicia o se administra una región económicamente intervenida, ha asaltado el negocio familiar del jefe del primer partido de la oposición, ha anunciado que los estibadores no descargarán los barcos de la policía, ha respaldado a través del club que encabeza la liga de fútbol del país todas las actividades delictivas contra ese país, el máximo representante del Estado ha llamado a las masas a alzarse contra el Estado, y, en fin, el jefe político del golpe se ha echado a llorar en una de las muchas cadenas de radio y televisión golpistas, preguntando si hay algo de malo en lo que hacen. Snif.

La respuesta del Gobierno ha sido celérea, silícea, fulmínea: Méndez de Vigo, el coriáceo, ha dicho que al día siguiente de la fecha que para el referéndum golpista habían previsto las autoridades rebeldes y las bandas que rodean edificios oficiales, asaltan sedes y casas de los opositores que se reían del neveréndum, roban metralletas y atacan cuarteles, el Gobierno quiere dialogar y reparar los agravios que han conducido a esta explosión de violencia. El ministro de Economía ha añadido que se negociará un marco fiscal que favorezca a esa rica región. Y el ministro del Interior ha dicho que está orgulloso de que sus fuerzas, a las que escupen, agreden y roban las armas -que no las robaron, las dejaron en el coche para no provocar, y alguien se aprovechó- no respondan. Lástima que el ministro de Hacienda que paga las embajadas y estructuras golpistas aplace unos días el debate de Presupuestos. Su socio, el PNV, está en el monte; y no bajará hasta el día 2 de octubre, a recoger las nueces.

Un golpe triunfa cuando lo da el que lo recibe.
Gonzalo Duñaiturria okdiario 22 Septiembre 2017

Los innumerables delitos que determinados personajes están cometiendo en Cataluña conllevan una directa responsabilidad criminal. No se entendería un Estado de Derecho que mediante su ius puniendi no desplegara todos sus medios y efectivos para hacer cumplir la ley y hacer pagar por sus fechorías a quienes se la saltan a la torera. Los delitos de rebelión, conspiración y sedición, más aquellos referentes a la malversación y sus concordantes tienen su sanción directa a través de nuestras normas penales. El TC, tras la última reforma de diciembre de 2015, debe seguir empleando su poder sancionador frente a los cargos que incumplan con su deber llegando, porque es necesario desde hace demasiado tiempo, a suspenderles de sus funciones e imponer sin complejos las más altas sanciones económicas. Nada como lo anterior puedo desear más. O quizá sí, aunque sea una quimera.

Estos hampones deben pagar, desde su miseria moral, la fractura social que han conseguido crear en la sociedad catalana. Tienen una responsabilidad más allá de la puramente jurídica. Sobre su ulcerada conciencia debe caer el peso de haber enfrentado familias, matrimonios, amistades, relaciones humanas en muchos casos labradas desde el denuedo y hasta el sacrificio, pero convertidas en asidero humano que cada individuo necesita para vivir como tal. Lo han roto. Y han provocado una fractura quizá ya imposible de curar. Y deben pagar por ello. Desde sus odios extremos sustentados en mentiras y falacias, han construido ficciones y “realidades políticas” que solo han generado odio y violencia. Se han atrincherado en la mentira y en la provocación con su voluntad totalitaria. Y sin duda yo les acuso de tan flagrante actitud.

Desde su arrogancia, se han dedicado a señalar con el dedo “al otro”. Han “cosificado” al individuo y lo que es más grave, han conseguido que entre las más humanas e íntimas relaciones sociales, unos se señalen a otros. Provocación hacia una mayoría silente que no tranquila. Una mayoría que ya ni siquiera es admitida, como antaño, solo si se calla, si mira hacia otro lado, si admite mantener un falso statu quo degradante y detonante de lo actual. Que sociedad aquella en la que esa mezquina e irresponsable minoría y sobre una amañada y fraudulenta “realidad” impone su discurso a una mayoría desalentada. Y deben pagar por ello. Y junto con ellos, también delato y denuncio a quien desde la demagogia y el resentimiento se pone de perfil ofertando un ridículo dialogo como quien ofrece caricias a un tiburón hambriento. Sus actitudes les convierten en cooperadores necesarios de tan dramática fractura. Quienes no ven claro donde se encuentra el hostil, deben pagar igualmente, ante la historia y las próximas generaciones, su cobarde felonía.

No existe pena contemplada en norma que castigue tal afrenta. Los fríos códigos no recogen dichos comportamientos como merecedores de reproche legal. Por ello solo queda pedir que el peso de la historia caiga sobre ellos. Que esta generación y las siguientes sean conscientes de que una banda de “irresponsables políticos”, acompañados del corifeo de una minoría de botarates ha puesto en jaque a una sociedad y la fracturó de forma irremisible. No hay otra solución, si acaso consuelo, que la denuncia y el reproche. La historia es muy larga y el camino muy estrecho. Aunque solo sea por esa “mayoría callada” no cabe restaurar el orden social con diálogos y bonitos gestos a la galería que solo responden a un canje y reparto de privilegios recibido en muchos casos como recompensa. Con “guante de seda” o de raso, es el momento del puño de hierro. Como se preguntó el novelista británico Adam Nevill: “¿Tan abarrotado está el infierno que están saliendo de ahí?”.

A lo que aboca la cobardía
Guillermo Dupuy Libertad Digital 22 Septiembre 2017

Si alguien osara y pudiera presentar una denuncia por prevaricación contra la Fiscalía por su –cuanto menos– bochornosa decisión de retirar de su escrito de acusación contra Artur Mas y el resto de cabecillas del 9-N el delito de malversación de caudales públicos –el único al que se enfrentaban castigado con pena de cárcel–, no encontrarían mejor apoyo a la misma que la reciente denuncia –de imprescindible lectura– presentada por el propio Ministerio Público contra Puigdemont y el resto de cabecillas del 1-O por la mera convocatoria de la consulta.

Esta querella muestra de forma tan detallada y acertada el soporte legal y jurisprudencial que respalda la acusación contra Puigdemont que evidencia la barbaridad jurídica que constituyó la retirada de esa misma acusación de malversación contra Mas. De hecho, el propio fiscal de la querella contra Puigdemont hace una referencia muy poco velada a esa escandalosa decisión al recordar la consideración obiter dicta que el Tribunal Supremo hizo en la sentencia por el 9-N, en la que se indicó que si no entraba en la cuestión de si hubo o no malversación de fondos públicos en aquella consulta se debió exclusivamente al hecho de que la Fiscalía había retirado la acusación antes de iniciarse el juicio.

Pues bien. Algo parecido tendrá que producirse en el futuro si el Gobierno de Rajoy –canalla de puro cobarde– quiere volver a "negociar" y "dialogar" con los golpistas del 1-O, a los que la Fiscalía –se supone– quiere ver en prisión, tal y como sucedió cuando quiso negociar y dialogar con los golpistas del 9-N, a los que el no por nada dimitido fiscal general del Estado Torres-Dulce pretendía ver en la cárcel. De hecho, en el momento en el que escribo Luis de Guindos ha ofrecido a los golpistas "mas dinero y autonomía financiera", cuando lo único que se sabe a ciencia cierta respecto del 1 de octubre es que no va a acabar el ilegal proceso secesionista inaugurado en 2012. El golpe no ha terminado y ya lo quieren premiar.

En cualquier caso, en la concreta tarea de volver a evitar la pena de prisión por el mencionado delito de malversación de fondos, los abogados de los golpistas no van a encontrar mejor línea de defensa que las propias declaraciones del ministro de Hacienda –canalla de puro estúpido– en las que aseguraba que la Generalidad no había gastado "un sólo euro en el referéndum" poco antes de anunciarnos esa gran mascarada por la que tomaba el control directo de todas las cuentas de la Generalidad.

Gracias a esa mascarada y a sus anteriores declaraciones, Montoro no sólo va a pasar a ser el que tenga que pagar directamente las nóminas de las estructuras de Estado catalanas –que no va a poder desmantelar, pues carece de competencias, dado que la Administración autonómica en rebeldía sigue, en el colmo del surrealismo, sin ser suspendida–, sino a brindar para el futuro una línea de defensa a los acusados del 1-O.

En este sentido, no me extrañaría que los abogados defensores de Puigdemont citaran en el futuro a Montoro como testigo de su defensa, como tampoco me extrañó, tras la bochornosa comparecencia de Rajoy tras el 9-N, que los abogados de Mas tratan de llevar como testigo de su defensa al presidente de Gobierno.

En cualquier caso, todo parece indicar que tras el 1 de octubre volvemos al 9 de noviembre de 2014 o a algo todavía peor. Lo que está claro es que este Gobierno tiene más miedo a que los golpistas tengan que entrar en prisión que los propios golpistas. Y si los secesionistas creen que están por encima de la ley es porque lo están.

Nadie debe tener derecho a creer lo contrario mientras no los veamos ingresar en prisión.

‘HABLA, ESPAÑA, HABLA’
Movilización el día 30 en toda España para ‘responder en la calle’ a los separatistas
La Gaceta  22 Septiembre 2017

En defensa de nuestra convivencia histórica, pero también de nuestros derechos de ciudadanía y de nuestro futuro. Habla, España, habla.

Es la hora de que se escuche a la España silenciosa. La España que soporta, con su trabajo y esfuerzo, los desmanes, corrupciones y torpezas de la política. La que tantas veces es ignorada desde las administraciones porque no es amiga de tumultos ni de alborotos.

Ante la situación que los sediciosos golpistas están provocando en Cataluña -creando la discordia entre compatriotas e incluso entre familias-, y en defensa de los catalanes y del resto de españoles que ven amenazada su nación, sus derechos y su propia convivencia, se hace tristemente necesario responder en las calles y las plazas de toda la nación.

La Fundación DENAES -nacida para la defensa de la nación española- convoca a esa España silenciosa el sábado 30 de septiembre a las 12:00 horas frente a los ayuntamientos de todos los pueblos de nuestro país. Y lo hace pidiendo “que se aparque cualquier símbolo de partido, bajo el único símbolo que nos une a todos, que no es ni de izquierdas ni de derechas, el de la patria común e indivisible: La bandera de España. La misma con la que salimos a celebrar un triunfo deportivo, sea cual sea. La misma que cubre los féretros de nuestros soldados cuando mueren tras ser enviados a escenarios de riesgo. La misma que tantos hemos jurado defender”.

“En defensa de nuestra convivencia histórica, pero también de nuestros derechos de ciudadanía y de nuestro futuro. Habla, España, habla”, ha pedido la plataforma.

Denuncian que colegios e institutos movilizan a sus alumnos por el 1-O
Barcelona. larazon 22 Septiembre 2017

La Unión de Oficiales de la Guardia Civil ha condenado hoy "la utilización política de niños" a los que, a su juicio, se está movilizando para participar en concentraciones y actos de apoyo al referéndum del 1-O en Cataluña.

En concreto, la asociación ha denunciado que en los institutos de Olot (Girona) se ha pasado desde los centros una circular a los padres para que den su permiso firmado para que sus hijos pudieran acudir hoy, a las 13:30 horas, a una manifestación ante el Ayuntamiento para "defender la democracia y la libertad".

Según la circular que ha facilitado la UOGC, desde los centros educativos se alerta a las familias de que "nos están pisando nuestros derechos" y de que "no se trata de un tema de independencia sino de democracia", el argumentario utilizado por las fuerzas independentistas para forzar el referéndum del 1-O, suspendido por el TC.

"Los últimos hechos respecto al 1-O no nos han dejado indiferentes, por lo que hemos decidido organizarnos y movilizarnos desde las aulas", señala la circular, sin membrete algunos, y en el que hay un espacio para dar los datos de los padres de los estudiantes y su firma para autorizar la salida a la manifestación.

En opinión de la asociación de guardias civiles, "el adoctrinamiento en ideas anticonstitucionales y antidemocráticas recuerda desgraciadamente a épocas en las que bajo el paraguas fascista de la alienación se cometían crímenes contra la humanidad".

Por ello, han solicitado que "se normalice y se revise quién enseña y qué se enseña a los niños".


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La inacción de los Mossos, un lastre para la seguridad
EDITORIAL El Mundo 22 Septiembre 2017

Fue Tarradellas quien, en plenas negociaciones del Estatut que restableció el autogobierno catalán, apostó por una comunidad "fuerte y próspera" que sirviera de "ejemplo al resto de España". Hoy, por desgracia, Cataluña dista mucho de ser la región próspera y aperturista que germinó durante la Transición. La felonía insurreccional del independentismo no sólo ha supuesto una agresión al orden constitucional. También ha erosionado gravemente los pilares de la convivencia en Cataluña. Y ello hasta el punto de aumentar la tensión callejera, ante la inoperancia y pasividad de los Mossos d'Esquadra.

El Estado, tras hacer uso de los recursos que contempla la ley, puede dar por desarticulado el 1-O. Pero el bloque independentista, en su suicida escapada hacia adelante, ha convertido durante las últimas horas la coacción institucional, hasta ahora dirigida contra el Estado y los alcaldes fieles a la ley, en una presión social. Su objetivo es doble: enardecer a las facciones secesionistas más radicales -bajo el señuelo de un sempiterno victimismo- y tratar de condicionar la acción de la Justicia y las Fuerzas de Seguridad. Ambos fines resultan intolerables y temerarios. Especialmente en un momento en que Puigdemont y sus socios -entre los que ya cabe contar a Podemos y Colau- tachan cínicamente de represión la firme y proporcionada respuesta del Estado.

Las arengas delante del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña para pedir la libertad de los detenidos constituyen una coacción inaceptable al Estado de Derecho. Máxime teniendo en cuenta que no sólo fueron acaudilladas por los líderes de las entidades sociales separatistas, sino por la propia presidenta del Parlament, cuya parcialidad contradice el mínimo decoro institucional. Su presencia desafiante ante una sede del poder judicial ensancha su currículo antidemocrático.

Con las leyes de desconexión y la consulta suspendidas por el Tribunal Constitucional, con las finanzas de la Generalitat intervenidas y cuando el TC ya ha impuesto las primeras multas por desobediencia, a Junts pel Sí y la CUP sólo les queda entregar su hoja de ruta a la calle. Esto explica que ni los cabecillas del movimiento independentista ni los propios responsables políticos de la Generalitat tengan reparos en presionar públicamente al discrepante, ya sean particulares, formaciones políticas, entidades sociales o clubes de fútbol. Cercenar el pluralismo y señalar al discrepante son síntomas inequívocos de deriva totalitaria, por mucho que los promotores del procés blandan su carácter "alegre y festivo".

Pero si ya es grave este clima de confrontación, aún lo es más la actitud de los encargados de salvaguardar el orden público. Aunque los mandos de los Mossos han acatado formalmente las indicaciones del fiscal para impedir el referéndum, su inacción durante el asedio de los manifestantes a la Guardia Civil ha disparado las dudas sobre su lealtad. La policía catalana no evitó que los manifestantes se saltaran el operativo y quemaran un vehículo de la Benemérita. El juez que ordenó la operación tuvo que llamar al mayor Trapero para exhortarle a garantizar la seguridad de la comitiva judicial en la Consejería de Economía, pero eso no ocurrió: como revelamos hoy, la secretaria judicial se vio obligada a escapar por la azotea. A los agentes les habría bastado con ejecutar un despliegue rutinario que no exige el recurso a la fuerza. Los Mossos, que ya mostraron desidia en la investigación de los preparativos del 1-O, están obligados a preservar el orden público. No es algo optativo. Es una exigencia democrática por mandato judicial.

El presidente de la Generalitat volvió ayer a desafiar la suspensión del TC y publicó en una web los puntos de votación. Las consecuencias de esta contumacia en la desobediencia y el desacato son imprevisibles. De ahí la imperiosa necesidad de mantener el orden público. Un deber democrático del que los Mossos no pueden desentenderse sin traicionar la esencia de su función.

Cataluña más allá del Principito
Kiko Méndez-Monasterio gaceta.es 22 Septiembre 2017

Aquel día que los controladores aéreos se pusieron todos malos a la vez, Pepiño Blanco mandó a los militares a su sala y allí se pusieron firmes hasta las turbulencias, hasta el politoxicómano de Aterriza como puedas se habría enderezado muy sobrio si hubiera estado presente. Era un mal día para dejar de fumar. Pepiño Blanco, qué cosas, aquel espadón de Lugo.

Esta semana un tipo de no se qué puerto catalán se ha negado a que entre un barco que iba a alojar a policías y guardias civiles. Y los estibadores anuncian que no darán servicio a los que ya están atracados. Pasando por alto -haciendo un grandísimo esfuerzo- el hecho de que el Estado tenga que alojar a sus fuerzas de seguridad en los barcos, queda la enésima humillación a los que les pagan -muy poco- por hacer valer la ley en la calle. Si Ike Eisenhower hubiese tenido la misma determinación que doña Soraya, para detener el desembarco de Normandía habría bastado que Petain mandara una patrullera.

Claro que no es lo mismo lo de los controladores. Entonces el gobierno socialista imponía manu militari unas condiciones laborales en un sector estratégico. Nada más. En Cataluña lo que está en juego es la soberanía nacional, el cumplimiento de la Constitución, las sentencias de los tribunales, la convivencia pacífica y la continuidad histórica de España. Nada menos. Y la única respuesta contundente que se ha dado ha sido de mano de un juez que investiga una querella de Vox. Si no fuera por ambos, Junqueras todavía tendría en su poder los diez millones de papeletas y estarían en libertad los organizadores directos de la consulta.

El gobierno no está haciendo cumplir la ley en Cataluña, esta es una realidad objetiva. Además del sonrojo de los puertos, los manifestantes acosan (¿quién les ha autorizado a cortar las calles?) a las policías que está a las órdenes de los jueces; las instituciones catalanas llaman a la desobediencia y a la rebelión -en la más estricta interpretación del código penal-, y los mossos permiten que las turban destrocen los coches de la guardia civil, como si fueran cascos azules en la Somalia de los noventa. Rufián siempre ha tenido un aire a Mohamed Aidid. Desde Moncloa, asustados por las resoluciones del juez, sólo sale una palabra: diálogo.

Hasta aquí los hechos que las fuerzas políticas en liza (que son más de dos) utilizarán, manipularán y retorcerán al servicio miserable de sus propios intereses. Y si España fuera uno de esos planetas solitarios que visitaba el Principito, no habría que atender a nada más, sólo averiguar cuánto iba a ceder Rajoy después del referéndum, y si el personaje de Saint Exupéry hubiese aguantado más de cinco minutos en un sitio donde manda gente tan vulgar.

Pero lo cierto es que el planeta nuestro es algo más grande, y no está en uno de sus momentos de mayor quietud y placidez. La verdad es que los militares que no están en Cataluña andan con sus blindados en la frontera rusa, y nuestros cazabombarderos bailaban al límite con los cazas de Putin en el Báltico, hasta hace muy poco. España es clave en la menguante fortaleza de Bruselas, apoyando el plan de Juncker para liquidar las soberanías nacionales, apretando al Reino Unido en la negociación del Brexit, alineada contra el díscolo grupo de Visegrado. Es -lo decía el Financial Times no hace mucho- un oasis de paz europeísta entre las turbulencias politicas, económicas, sociales y militares que vive el vetusto continente. Pero ni siquiera somos un aliado preferente del señor Trump, y no sabemos si habrá olvidado los insultos que los líderes del PP le dedicaban tan alegremente, presos de ese furor clintoniano que padecen.

Y en fin, que no nos sobran aliados. Y cómo lo que está en cuestión es la soberanía, quizá alguien debería estudiar si los que desean incordiar a Bruselas, que empiezan a ser legión, no van a encontrar muy apetecible un tablero donde Rajoy se empeña en mostrar sus debilidades y complejos. Si el día dos de octubre se proclama unilateralmente la república catalana, no tenemos la seguridad de que no reciba algún reconocimiento. O, en el menor de los casos, que no nos cueste muchas cesiones diplomáticas el evitarlo.

¿Qué va a pasar el 2-O?
Eduardo Arroyo gaceta.es 22 Septiembre 2017

Se dice que no es momento de luchas intestinas y que hay que “unirse” en favor de la unidad de España. Algo de razón hay en este tipo de peticiones pero las dudas surgen cuando se piensa un poco sobre el asunto. Y es que muy posiblemente la algarada independentista pasará. El próximo 1-O tendrá lugar, a lo sumo, un referéndum residual en el que se verterá la frustración de un independentismo que no entiende nada de lo que sucede y que, lo que entiende, solo ocurre en su imaginación. Pero lo preocupante de todo esto no es el 1-O sino el 2-O. ¿Qué va a pasar el 2-O?

Para responder a esta pregunta es imprescindible reflexionar sobre lo sucedido hasta ahora porque las tensiones de estos días son el resultado de la interacción de algunos factores bien definidos que, claro está, no van a desaparecer de la noche a la mañana.

Un primer factor a tener en cuenta es la ignorancia general. La pura burricie instaurada por nuestro sistema educativo produce gente de nivel paupérrimo, aún dentro de la clase política y mediática. Algunos ejemplos son Gabriel Rufián, “Pep” Guardiola o Anna Gabriel.

No saben nada ni de lo que es Cataluña ni tienen una visión fundamentada y sólida de casi nada. Son los típicos productos de la época. Pero no están solo en el campo sedicioso. Dentro de los “constitucionalistas”, Rodríguez Zapatero nos explicaba que la nación es un término “discutido y discutible”. Si vamos a la calle encontraremos con poco o ningún esfuerzo gente que piensa que España es un invento de Franco o que “Euskadi” es un país ocupado. Todo esto es un producto de la época. Nada nuevo, como se ve.

Un segundo factor, es la maquinaria propagandística en funcionamiento. Con los impuestos de Madrid –dirán que con el dinero “expoliado” a los catalanes pero, aunque fuera así, eso no quita que ha sido entregado por el gobierno central para dinamitar el Estado- se han financiado asociaciones “culturales”, periódicos, televisiones y diversas tribunas que han servido para prestigiar el mensaje independentista. Esto, que hoy en día se subraya en toda España, ha venido ocurriendo desde hace décadas sin que nadie dijera absolutamente nada, salvo calificar de “fascistas” o “ultras” a todos los que hace años venían diciendo lo que dicen los mismos que hoy se rasgan las vestiduras.

Ligado a este problema de la propaganda hay otro tercer factor: la polución intelectual. Este factor se distingue del de la propaganda porque no transmite una idea concreta pero gracias a él ya nadie sabe pensar con claridad: Jorge Verstrynge –esa especie de Fouché de nuestros días- apela a la “democracia”, Pablo Iglesias a los “presos políticos”, Joan Tardá a la “corrupción” del Tribunal Constitucional y Puigdemont afirma que su referéndum es “legal”. El significado de “democracia”, “prisión política”, “corrupción” y “legalidad” es aquí tan traído por los pelos, tan discutible y tan torticero que solo sirve para contribuir a la confusión general, gracias al uso de palabras que pueden emplearse en un sentido y en el contrario. Esto es polución intelectual, no propaganda, pese a que precisamente la propaganda aumente su éxito gracias a la enorme confusión en la que vivimos.

En cuarto lugar, está el “vaciamiento” de la nación española. Desde hace décadas -también- la nación española es solo un espacio de derechos cuya legitimidad proviene de garantizar el juego democrático. Fuera de eso solo queda la nación “identitaria” que conduce a la barbarie. Que el “nacionalismo periférico” sea de corte “identitario” es solo uno más de los sofismas que circulan. En realidad, los separatistas buscan escindir del conjunto de España un nuevo Estado con las mismas características que tiene hoy España: un espacio de derechos o entramado burocrático en el que los ciudadanos gozan de “libertades” teóricas. Sin embargo, algunos de los máximos exponentes del “constitucionalismo” han hecho carrera de este fraude.

El “vaciamiento” de la nación española, sumado al individualismo consustancial a la concepción liberal de la nación, ha producido un quinto factor de no menor importancia que los anteriores: la desafección hacia la nación. Ya no solo importa la “idea” que muchos catalanes tienen del resto de España, si no también la idea que muchos en el resto de España tienen de Cataluña: unos pedigüeños, que les odian y que nunca se cansan de reivindicar nuevos derechos. Por supuesto, ni unos ni otros tienen la más remota idea de lo que ha supuesto Cataluña para el resto de España y viceversa. El colmo de la estupidez viene cuando se reivindica como estatus de superioridad la lengua catalana o la residencia en Cataluña a fin de opinar con más derecho sobre problemas políticos o históricos. Parece como si hablar este o aquél idioma o tener éste o aquél domicilio garantizase una sensatez y, lo que es más importante, poseer una formación (ojo: formación, no un título universitario).

Por supuesto, la desafección no solo es de los separatistas hacia España. También sucede en el sentido contrario: hay “españoles” a los que les molesta la lengua catalana, que se burlan del acento o del hecho de ser catalanes en sí. No tienen el menor interés en conocer lo que Cataluña ha aportado a lo largo de siglos al conjunto de España, no saben ni de sus héroes ni de su inmenso patrimonio espiritual o artístico. Que la historia de Cataluña haya sido falseada hasta el delirio por los budas de la Generalitat y sus compañeros de viaje no cambia el hecho de que Cataluña tenga una poderosa y seductora personalidad. Es innecesario decir que los sediciosos tampoco saben ni muestran interés sobre todas estas cosas y, de hecho y aunque no lo sepan, escupen a diario sobre Cataluña y sus muertos, pero no es eso lo que queremos subrayar aquí.

Por último, cabe añadir como sexto factor la componente meramente irracional del asunto. Dado que la “Tierra Prometida” de la independencia, solución como es bien sabido de todos los problemas ocasionados por Madrid, no llega, va a desatarse una importante frustración. Además, cretinos del pelaje de la CUP, sin más letras que la mitología de unos cuantos revolucionarios bananeros, no se han visto en otra y van a dar rienda suelta a ese pseudo-quijotismo revolucionario, de la algarada y el destrozo, que caracteriza a toda izquierda que se precie. Y es que en el fondo, la izquierda, incapaz de distinguir entre traición y lealtad cuando se trata de España, siempre ha odiado a este país por la sencilla razón de que se fundó precisamente sobre todo lo que ellos odian.

Así las cosas, puede que sea cierta la manida frase de Oswald Spengler, por la que un “pelotón de soldados” salva a la civilización. En este caso este papel castrense lo ha representado la Guardia Civil, auténtico bastión contra el que de momento parecen estrellarse no solo los enemigos de España si no también los enemigos de la civilización a secas. La pregunta es: ¿por cuánto tiempo? Debe tenerse en cuenta que todos los factores que hemos anunciado antes van a estar bien vivos el 2-O, con el agravante de que todo va a teñirse de un tono de histeria y fanatismo sin parangón con épocas pasadas.

Por eso a muchos nos gustaría saber qué es lo que se va a hacer: Si lo que se pretende es esconderse detrás del mantra de la “legalidad” y la “constitución”, lo único que vamos a conseguir es demostrar al mundo lo idiotas que pueden ser algunos. La historia no se hace a golpe de BOE si no de voluntad fundamentada en el conocimiento de las cosas.

Es imprescindible entender que en todos los factores antes señalados, los gobiernos de Madrid han contribuido de manera notable, bien con dinero, bien con inacción o bien con colaboración abierta.

Por lo pronto, es importante conjurar la estúpida idea de que todo va a volver al redil con la convocatoria de elecciones autonómicas. La victoria amplia y más que probable de ERC, como primera fuerza, y sus colegas de “En comú podem”, CUP y PDdC, llevan a pensar en la formación de un frente de izquierdas-sedicioso más reforzado, si cabe, que el actual. De ahí que plantear, como ha hecho por ejemplo Inés Arrimadas, las elecciones autonómicas a modo de retorno a la “normalidad constitucional” muestra la falta de imaginación e inteligencia de los políticos españoles.

Nadie parece percatarse de que solo el catalanismo verdaderamente identitario –y por ello profundamente español- está en condiciones de dar la batalla. Pero de eso no quieren oír ni hablar ni los sediciosos ni los “constitucionalistas”.

PS: Cuando escribo estas letras, leo con estupor que el ministro Luis de Guindos acaba de declarar en una entrevista publicada en ABC que “Cataluña ya tiene mucha autonomía, pero podríamos hablar de una reforma del sistema de financiación y de otros asuntos”. A esto añadió que “una vez se abandonen los planes de independencia, podemos hablar”. Resulta evidente que De Guindos es un hombre que trabajó en “Goldman Sachs” para que nadie se percatase de que es imbécil perdido. Lo malo es que esto pueda pensarlo también el resto del gobierno.

Golpe de Estado en marcha (17)
Vicente A. C. M. Periodista Digital 22 Septiembre 2017

CARLES PUIGDEMONT AFIRMA QUE TIENEN PREVISTOS PLANES DE CONTINGENCIAS PARA GARANTIZAR EL 1-0 Y QUE EL REFERÉNDUM SE CELEBRARÁ.

Me van a permitir recordar aquí un chiste del genial humorista catalán Eugenio, sobre un topicazo de tozudez achacado a los aragoneses. Se trata de que iba un baturro camino de Zaragoza y en esto que se le apareció Dios y le preguntó ¿a dónde vas mañico? Y el respondio “a Zaragoza”, a lo que Dios le apostillaba con paciencia infinita, “será si Dios quiere” y el mañico muy tozudo le respondió “y si no, también”, con lo que Dios ante su insolencia le castigó metiéndole en un pozo. Tras una hora, se apiadaba Dios y le dejaba seguir su camino. Pero al rato para probarle se le volvía a aparecer y la misma pregunta cansina y la misma respuesta del mañico y otra vez al pozo. Y así hasta que tras varias estancias en el pozo y a la enésima aparición y pregunta, el mañico respondió “a Zaragoza o al pozo”. En este caso el tozudo baturro es nada menos que el independentista con barretina Presidente de la Generalidad Carles Puigdemont y el dios del Estado el Presidente del Gobierno de España, Mariano Rajoy. La pregunta es la misma ¿a dónde vas payés? Y Puigdemont responde siempre lo mismo, “a votar en el referéndum y declarar la independencia”. Pero aquí, el pozo se ha sustituido por el Tribunal Constitucional y el Ministerio de hacienda de Montoro que es el ángel exterminador.

Lo malo es que ni el Gobierno de España ni el Tribunal Constitucional son omnipotentes y su debilidad, más bien actitud acomplejada a la hora de imponer el imperio de la Ley, está siendo aprovechada por los golpistas para mantener intacto su desafío y dejarles en evidencia. Su sensación de impunidad está llegando al extremo de ayer de ver a la Presidenta de la Mesa del Parlamento de Cataluña, Carme Forcadell, arengar a los cientos de manifestantes frente a las dependencias del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña como forma de escrache de presión y acoso a los jueces para que pusieran en libertad a los altos cargos de las Consejerías detenidos por orden del juez del juzgado nº 13 de Barcelona, por su colaboración en el referéndum del 1 de octubre declarado ilegal por el Tribunal Constitucional.

En cuanto al Presidente Carles Puigdemont, sigue desafiando al TC no solo con declaraciones a medios de comunicación, sino mediante la difusión en redes sociales, como tweeter, de enlaces a páginas web de la Generalidad, réplicas piratas de las ya cerradas, ubicadas en dominios fuera de España para impedir su cierre, y con contenido de información sobre la logística del referéndum. Pues no contento con eso, ahora ha difundido otro enlace donde a través de un formulario se puede tener acceso a los colegios electorales previstos para el referéndum. En este listado, que ha sido publicado en algún periódico, se observa la aparición de locales que dependen de ayuntamientos, incluido el de Barcelona, cuya alcaldesa Ada Colau, manifestaba que no pondría en peligro ni a la Institución ni a sus funcionarios. Pues de ser cierta esta relación de locales, estaría delinquiendo al colaborar con la realización de un acto ilegal.

Es evidente que los golpistas están provocando una escalada de la crispación, alentando la movilización de sus bases y simpatizantes a tomar las calles y realizar concentraciones frente a instituciones, dependencias de partidos, de la Guardia Civil y de despachos o domicilios de aquellos alcaldes que no están dispuestos a ceder al chantaje del Gobierno de la Generalidad e incurrir en una ilegalidad. Esta apología de la violencia no puede traer nada bueno, como ya he dicho repetidamente. Porque Mariano Rajoy, desde luego que no es el dios del chiste omnipotente, cansino y cicatero con un tozudo baturro, pero tampoco puede ponérsele en la tesitura de obligarle a emplear toda la fuerza del Estado, que no debería ser subestimada. Y ese sería un escenario no deseable para nadie, por muchos planes de contingencia que tengan previstos los golpistas. Es muy posible que se lleguen a abrir colegios electorales y que se formen las mesas electorales y se dispongan urnas, sobre todo en aquellos 700 municipios donde sus alcaldes ya han dicho que desobedecerán y se posicionan fura de la ley. Es muy posible que dada esa dispersión, sea muy difícil y problemático impedir que tenga lugar, al menos durante unas horas sin provocar conflictos de orden público. Es posible que los Mossos decidan también permanecer pasivos y definitivamente ser señalados como colaboradores y desleales. Pero eso solo llevará al Estado de Derecho a reaccionar y mandarles al pozo de la inhabilitación suspendiéndoles de sus cargos y asumiendo el control total de la autonomía. Y aquí, necesariamente se deberá hacer uso de la fuerza.

Lo que parece más que probable es que este tozudo payés de la barretina termine suspendido e imputado por diversos delitos, no solo administrativos, sino penales por sedición. Porque ya no solo se trata de desobediencia, de deslealtad, de insumisión, de rebeldía, de prevaricación y malversación de fondos públicos, se trata además de un delito continuado de sedición y de incitación a la rebelión. Supongo que ese escenario también lo habrán contemplado en sus planes de contingencia. Porque tozudos sí, pero estúpidos no.

Desgraciadamente, como dije ayer en mi adendum a mi escrito sobre Luis de Guindos y su oferta de reforma fiscal y de financiación, la debilidad manifiesta del Gobierno de España demostrada hasta ahora, pone en seria duda si finalmente cumplirá con su deber y actuará con todo el poder del Estado de Derecho para neutralizar esta secesión. Por el bien de España y esperando que no se deje influenciar por las mezquinas presiones económicas del PNV, ni las taimadas exigencias del PSOE, deseo que el Gobierno de España sepa estar a al altura de la gravedad del desafío. De la fortaleza de su respuesta dependen su propia credibilidad continuidad y la de España en el mundo libre que ya nos observa con preocupación. Ya incluso se cuestiona por algunos si está justificado el rechazo al diálogo aunque se incumpla la Constitución, evidenciando que otra vez, existe un fallo de comunicación y de exposición de motivos en los foros internacionales. Y esto también hay que reconducirlo Sr. Dastis.

¡Que pasen un buen día! Hoy termina el verano y comienza un otoño caliente.

¡Viva la Guardia Civil!
Ernesto Ladrón de Guevara  latribunadelpaisvasco.com 22 Septiembre 2017

Ayer, día 20 de septiembre, la Guardia Civil, cumpliendo órdenes de la instancia judicial correspondiente, acudió, como policía judicial, a hacer inspecciones, requisas y detenciones de personal al servicio de la Generalitat incurso en presuntos delitos referidos al Referendum ilegal organizado sediciosamente por los actuales rectores del interés general en Cataluña. Los guardias civiles, cumpliendo órdenes, hicieron escrupulosamente la tarea encomendada.

Una turba pequeña pero ruidosa de carácter subversiva, cometiendo delito de rebelión, calificado en el artículo 472 del Código Penal, acosó a los agentes, les insultó, amenazando gravemente su integridad personal, produciendo daños a los vehículos e incluso sustrayendo armamento y enseres policiales. Los agentes, atendiendo al criterio de prudencia y proporcionalidad optaron por retirarse a lugar seguro sin dar respuesta a las agresiones, e, incluso, fueron asediados cuando un pelotón de guardias civiles se recluyó en unas dependencias oficiales. La pregunta que me hago es si en estas condiciones, ante los delitos cometidos por los cafres independentistas que cumplieron a rajatabla el reclamo de Puigdemont de echarse a la calle, y bajo un ambiente de ultrajes, insultos, amenazas y acoso fueron correctos en su obligada pasividad o podían legítimamente dar cumplida respuesta como agentes de la autoridad.

En este país la autoridad se ha socavado de tal manera que se han disuelto los límites y referencias básicas para una convivencia civilizada, y para la asunción del orden constitucional y empieza a amagar la anarquía, el caos y la ley de la selva.

A propósito de esto que escribo, el Código Penal expresa que “Son reos del delito de rebelión los que se alzaren violenta y públicamente para cualquiera de los fines siguientes:

1.º Derogar, suspender o modificar total o parcialmente la Constitución.
[…]
5.º Declarar la independencia de una parte del territorio nacional.
[…]
7.º Sustraer cualquier clase de fuerza armada a la obediencia del Gobierno.

En este caso incurren los mossos que se hayan sumado a las protestas o han hecho omisión de su deber de socorro a los guardias civiles asediados. Pero también los subvertidos que destrozaron vehículos policiales o robaron armas y enseres de la Guardia Civil. Al menos esa es mi interpretación del artículo expresado. ¿Y qué hicieron las autoridades? Nada. ¿Se dieron instrucciones a las fuerzas disponibles para actuar? El Gobierno sigue atenazado por sus dudas y prevenciones. Una cosa es la prudencia y otra el incumplimiento de su deber de salvaguarda del bien común.

Gustave Le Bon escribió a finales del siglo XIX un libro magistral que es de plena actualidad “La psicología de las masas”. En él refería con precisión conceptual lo que más tarde Ortega y Gasset versaría en su “Revolución de las masas”. Decía Le Bon: “La peculiaridad más sobresaliente que presenta una masa psicológica es la siguiente: sean quienes fueren los individuos que la componen, más allá de semejanzas o diferencias en los modos de vida, las ocupaciones, los caracteres o la inteligencia de estos individuos, el hecho de que han sido transformados en una masa los pone en posesión de una especie de mente colectiva que los hace sentir, pensar y actuar de una manera bastante distinta de la que cada individuo sentiría, pensaría y actuaría si estuviese aislado. Hay ciertas ideas y sentimientos que no surgen, o no se traducen en acción, excepto cuando los individuos forman una masa. La masa psicológica es un ser provisorio formado por elementos heterogéneos que se combinan por un momento, exactamente como las células que constituyen un cuerpo viviente forman por su reunión un nuevo ser que exhibe características muy diferentes de las que posee cada célula en forma individual.”

En definitiva, en Román paladino, calificaríamos a esas masas de irreflexivas y abocadas a ser pastoreadas como colectivo de borregos sin determinación personal de su voluntad, es decir sin responsabilidad consciente de sus actos. Eso es lo que me sugería la visión de los cazurros que salían ayer a la calle a acosar a esos guardias civiles que cuando esa misma gente se despeña en el monte, o es victima de una desgracia, o de un accidente, o cualquier percance llaman acuciantemente para que les asista. A mí me da vergüenza ajena y ganas de vomitar.

Quiero aprovechar este artículo para rendir homenaje a esas fuerzas policiales, en especial la Guardia Civil, abnegadas, obedientes a sus jefes, sacrificadas, al servicio del bien general, respetuosas con la legalidad y custodia inflexible del orden constitucional, serviciales al resto de los ciudadanos, eficaces hasta dar la vida en el empeño, silenciosas en el cumplimiento del deber, sin exigir honores ni reconocimientos, cumplidoras hasta el extremo de las misiones encomendadas, vigilantes de la ley, abnegadas en el servicio. Esos policías, que cobran sueldos de miseria de forma sufrida, son dignos de estar en un monumento representadas. Ya es hora de que las instituciones reconozcan en suficiente grado su dedicación e importancia para el mantenimiento de los derechos y libertades que disfrutamos.

Si un día, que Dios no lo quiera, Cataluña fuera independiente, serían los propios catalanes los que sufrirían el caos, el desorden, los abusos de autoridad de sus gobernantes, que ya enseñan la “patita”, el despotismo y la arbitrariedad de quienes detentaran el poder. ¿Alguien puede imaginar lo que pasaría si la CUP, pongamos el ejemplo, gobernara? Pol Pot o Corea del Norte serían una copia barata de lo que vivirían los catalanes. Organícense, catalanes silenciosos, den respuestas, pronúnciense. En el peor de los casos España perdería una parte de su territorio históricamente vinculado. Sería un drama. Pero los que más lo iban a sufrir serán los propios catalanes. No sean ciegos. Miren lo que ocurre en sus propias calles. Dense cuenta. Ustedes, esa mayoría silenciosa tiene parte de culpa en lo que está ocurriendo, por no hacer nada.

Lo de Cataluña y las Matrioskas
José Luis González Quirós vozpopuli.es 22 Septiembre 2017

Al margen de las indicios sobre la manera en la que los intereses de Putin pudieran estar financiando, y atizando, el golpe de Estado de los secesionistas catalanes, el problema de fondo puede compararse a las muñecas rusas, porque cuando abres la primera te encuentras con algunas más, cuando parece que has comprendido la cuestión y se podría tratar de resolverla, aparece la nueva muñeca que oculta varias otras, o sea, como dijo Churchill, de Rusia no de Cataluña, un misterio envuelto dentro de un enigma. Para Putin es bueno desestabilizar Europa y el neo-carlismo de Puigdemont y los cupaires no ayuda precisamente a que el proyecto de una Europa sólida y con futuro resplandezca, así es que podría ser que donde Maduro pone los gritos otros estén poniendo los huevos. Pero vayamos con las muñecas.
Una primera evidencia, la democracia les importa un pito

Los secesionistas catalanes no desprecian simplemente a la democracia española, es que han decidido que lo suyo, ese supremacismo sustentado en mentiras cada vez más gordas, pero repetidas con una insistencia que dejaría a Goebbels convertido en un aprendiz, es más importante que cualquier forma de democracia. Hay en esta decisión un recuerdo vivo de las verdades supremas e indiscutibles que enarbolaban los carlistas de hace casi dos siglos frente al débil Estado liberal español. También ellos defendían una verdadera libertad, como estos defienden su verdadera democracia.

Si había indicios abundantes de que el ideal democrático y constitucionalista europeo, ese paradigma en el que los españoles llevamos intentando vivir y progresar desde 1978, les importa un bledo, las sesiones parlamentarias de primeros de septiembre mostraron con claridad meridiana que el nuevo poder catalán arranca y pretende funcionar como un nuevo absolutismo, como un poder que no tiene en cuenta ningún otro, como una fuerza que va a reducir a pavesas a cualquier forma de oposición, incluso, como es el caso, aunque sea mayoritaria en votos sobre el censo.

Al actuar de este modo, los golpistas han descubierto una formación política que podría ser considerada una contradicción en los términos, esa especie de carlismo posmoderno que lo mismo proclama sus principios como verdades inconcusas que se nutre de torrentes discursivos plenamente inmersos en la posverdad, que se las arregla para armonizar a Donoso Cortés con Nietzsche, por supuesto, sin saberlo. En esa visión absolutista de la política, cuyo exponente operativo son esos millares de sujetos que no tienen otra cosa que hacer que ponerse delante de la Consellería de Economía a atosigar a unos probos guardias civiles que cumplen un mandato judicial, solo cabe la toma del poder por la fuerza de que se dispone, y la fuerza de que ahora mismo disponen es la de la toma de las calles con el concurso pasivo y temeroso de quienes creen que se podrían ver privados de cualquier condición ciudadana si tratan de intervenir, si no se apartan, y, pronto, si no se suman.

La segunda muñeca catalana
Si es verdad que este conflicto de los golpistas catalanes con la democracia es el más evidente, y el más grave desde un punto de vista lógico, sería un error considerarlo como el factor decisivo. Detrás de ese menosprecio a las formas, a la ley, en suma, hay algo más radical, y eso que hay nos enfrenta con un problema hondo y grave para todos los españoles, una dificultad que será muy difícil de superar y cuya resolución, deberá, seguramente, condicionar los planes y plazos que se adopten para ir recuperando algo parecido a una convivencia civil pacífica que, ahora mismo, está severamente en entredicho. La mano que mece la cuna del primer conflicto es un miembro de carácter cultural, una leyenda histórica amasada con mimo durante décadas y que conecta con intuiciones todavía más provectas.

Es la convicción de que los catalanes son distintos, y, naturalmente, son mejores que los españoles, de donde se deduce con toda claridad que sea manifiestamente injusto que los catalanes se vean sojuzgados por los españoles, que Madrit les someta a toda clase de vejaciones, les robe su dinero, les haga pagar por usar sus autopistas, mientras que las de Madrid son, casi todas, gratuitas, o les pretenda colonizar, primero, para gobernar para siempre. Detrás del inmenso desastre que supondrá el intento, que será, sin duda frustrado, del golpe de Estado, de asalto al poder, está una rabiosa rebelión contra el hecho inasumible de que te controle un extraño, al que, encima, consideras inferior.

Este supremacismo catalán, se ha trasladado, lo que constituye un enorme éxito de la ingeniería social de las últimas décadas, a muchos Rufiánes, y es el que explica que porcentajes altísimos de ciudadanos apellidados García, que son mayoría en Cataluña, se hayan tragado la enorme tontería del derecho a decidir, la monserga de que, aunque no quieran ser independientes, quieren que se les reconozca el derecho a decidirlo, a ser catalanes, es decir a ser mejores que el resto de los españoles, a reconocerlo, y a obrar en consecuencia.

En este punto la irresponsabilidad de los Gobiernos de España ha sido tremenda, la ausencia de cualquier rasgo positivo de españolidad, con la excepción de las gloriosas gestas deportivas, ha podido envenenar lenta, inconsciente y sistemáticamente la conciencia moral de tantos catalanes. Es muy significativo que en la raíz de nuestros éxitos deportivos esté la felicísima iniciativa de un catalán excepcional, Juan Antonio Samaranch, a quien los golpistas han pretendido arrinconar en el basurero de la más discriminativa desmemoria.

Otras matrioskas inferiores
Las dos primeras muñecas del enredo catalán son suficientes para organizar cualquier despropósito, pero no son los únicos elementos que hay que tener en cuenta. Me referiré a dos factores que actúan como catalizadores de cualquier proceso y que han sido decisivos en el procés por antonomasia. En primer lugar, la permanente exigencia de un trato excepcional, la reclamación de una distinción que no se mide por ningún componente objetivo, sino por el hecho de que, trátese de lo que se trate, siempre se pide más, se exigen nuevas diferencias a medida que se colman las previamente reclamadas.

Hay que reconocer que como táctica de negociación puede llegar a ser infalible, especialmente si el otro no advierte de inmediato el cariz de la táctica. No conformarse jamás, no cerrar nunca un trato, no quedar nunca contento. Sobre este punto, en particular, bien fueron advertidos los protagonistas de la Transición, y con muy escasa fortuna, por don Julián Marías: “es inútil intentar conformar a quienes no van a conformarse nunca”. Se trata de una característica que ha podido crecer con enorme poderío en un entorno cultural en el que el deseo y el sentimiento se han convertido en rivales insuperables de cualquier razón, de cualquier medida presuntamente objetiva. Si en lo que pueda surgir como remedio al actual conflicto se vuelve a olvidar esta asignatura, estamos listos.

La actual salsa catalana tiene otro componente, esta vez no del todo autóctono, que la hace especialmente picante. La abundancia de tontos, y de los que se lo hacen, en el resto de España, todos aquellos que pretenden cargar sobre nuestras espaldas no catalanas las causas del desparrame. Es verdad que en el intento de agitación de Podemos en la Puerta del Sol del pasado miércoles, apenas llegaron a centenares los madrileños por el “derecho a decidir”, de manera que es un consuelo pensar que en la abundancia de tontos disponibles son pocos los que admiten tamaña chaladura, pero esa clase de análisis político que pretende cargar en la cuenta de todos los demás la rauxa política catalana es como el rayo que no cesa, un mal genuinamente español para el que sería realmente difícil encontrar semejanzas en parte alguna.

A ese género pertenece el dictamen que pretende encontrar en Rajoy (o en Aznar, antes, y en cualquiera que se ponga) la causa del crecimiento de los independentistas. Al parecer de quienes hacen este tipo de imputaciones tan bobas, la manera lógica de curar a los ludópatas, como el otro día recordaba Vidal Quadras, es darles pase libre a los casinos. Con presunciones como estas es razonable que muchos catalanes se sientan superiores y, en este punto no les faltaría razón, porque todavía no he oído a nadie afirmar, por ejemplo, que la sardana sea la causa del ferocísimo nacionalismo español. En fin, que tenemos un problema para rato, pero es nuestro problema, no solo el de esos catalanes.

Los nerviosos
Cristina Losada Libertad Digital 22 Septiembre 2017

Los primeros disturbios callejeros de los separatistas, tan predecibles, han sembrado el nerviosismo entre aquellos que nunca han tenido claro que la legalidad democrática debe defenderse frente a quienes pretenden acabar con ella. Por precisar: no lo tienen claro cuando los que quieren acabar con la legalidad democrática, y ya han dado pasos clave que la liquidan, son los separatistas catalanes. Dudo de que fueran tan tolerantes y comprensivos con otros agentes políticos que hicieran tal cosa. Sin embargo, el nacionalismo catalán no sé qué tiene que siempre ha despertado una enorme disposición a la transigencia y a la componenda. Bueno, sí sé qué tiene y ha tenido: mucho poder y mucho dinero. Es increíble cuánto hacen por estimular la sensibilidad estos dos elementos, tan materiales ellos.

Dicen estas almas nerviosas que los separatistas, con la actuación que desarrolla el Estado de Derecho, han obtenido lo que querían. Hombre, hombre, más obtendrían si se permite que el día señalado para consumar el golpe, esa consumación tenga lugar. Sin contar con que tal cosa obligaría a actuaciones a mayor escala y en peores circunstancias: un escenario con urnas se presta demasiado a la manipulación en la que tanto se han ejercitado los de la operación golpista. Aunque ya imagino que los que se han puesto nerviosos por las detenciones y las protestas dirían entonces que tampoco hay que actuar para no darles lo que quieren. ¿Será que, con el fin de no darles a los separatistas lo que quieren, hay que darles lo que quieren?

No sé muy bien qué es lo que proponen que se haga. Ahora. No lo que se debería haber hecho o no, sino qué debe hacerse hoy, llegados a este punto. Leyendo entre líneas, da la impresión de que lo que querrían es que el presidente del Gobierno llamara a Puigdemont mañana para decirle: "Venga, bájate del carrilet, que vamos a negociar un cupo fiscal que dejará pequeñito al pufo vasco". Si es así, están en el pasado: no acaban de creer que los cabecillas de la sublevación contra la legalidad democrática están por la ruptura y no por una financiación autonómica distinta. Igual, por cierto, que el ministro de Economía, Luis de Guindos, que ha perdido una gran ocasión para permanecer callado.

Metido, por voluntad propia, en un callejón sin salida, el procés no podía poner el freno ni la marcha atrás. No tenía otra salida que buscar el enfrentamiento sin paliativos, provocarlo y provocar un suceso. Un suceso para reiniciar una máquina que daba signos de agotamiento. El terreno del suceso iba a ser, en cualquier caso, la calle. Fuese con el intento de hacer la votación ilegal. Fuese con la protesta en caso de que no se permitiera. Fuese con una declaración de independencia formulada en el Parlamento y apoyada por las bases movilizadas. El terreno iban a ser la calle y, a través de ella, los medios. Los medios, y en especial los televisivos, empezando por el que controlan por completo, proyectarían el suceso para convertirlo en una de esas rebeliones populares que tanto gustan a las cámaras: la primavera árabe, la plaza Tahrir, el 15-M, el Occupy Wall Street.

Los nerviosos dan por sentado que el recurso a la calle favorece a los separatistas. Que de ahí saldrán reforzados, hechos unos héroes o unos mártires. Pues no. No necesariamente. El asedio a la consejería donde se practicaba un registro, la destrucción de los coches de la Guardia Civil, el cerco a la sede del Tribunal Superior de Justicia: nada de eso pone bajo los focos a un cívico y pacífico movimiento, sino todo lo contrario. Otros episodios callejeros han hecho ya visibles algunos de los peores rasgos del separatismo. Ahí está el ataque a una tienda de la familia del líder de Ciudadanos, Albert Rivera, con pintadas reveladoras de la pulsión xenófoba. O la agresividad contra los informadores que están trabajando in situ. La calle tiene riesgos para los separatistas. Sus dirigentes han atizado el fanatismo, el odio y la ira, y muchos de sus seguidores van a sacar ahora en la calle todo lo que llevan dentro. La calle tiene el peligro de dejarlos retratados.

Bombardear Barcelona y otras reformas liberales
Santiago Navajas Libertad Digital 22 Septiembre 2017

Llegan tiempos de reformas constitucionales. En estos cuarenta años solo se ha hecho un par de cambios explícitos, aunque por la vía de los usos y la jurisprudencia lo cierto es que la Constitución de 1978 ha evolucionado mucho. A veces, para mejor. En otras ocasiones, no tanto. Seguramente ninguno de los padres constitucionales, y mucho menos los españoles que la votaron, podían imaginar que, a partir del artículo que dice: "El hombre y la mujer tienen derecho a contraer matrimonio con plena igualdad jurídica", se permitiría el matrimonio entre personas del mismo sexo. Una hermenéutica flexible sobre la rigidez de la letra, por decirlo suavemente, para uno de los casos de mejora.

El golpe de Estado catalanista tiene como objetivo estratégico la independencia pero su meta táctica es otra bien diferente: poner la base para una reforma constitucional en clave nacionalista y de extrema izquierda. La mínima, y necesaria, intervención del Tribunal Constitucional en el estatuto de autonomía de Maragall y Mas hizo comprender a los catalanistas que, para conseguir una España confederada, con Cataluña en plan Estado libre asociado para estar casi fuera de España pero dentro plenamente de la UE, deberían primero revolucionar la Constitución ("volarla", les recomendó Pérez Royo, catedrático de ¡Derecho Constitucional!), porque no iban a conseguir que se violentase la interpretación del espíritu federal de la misma como se hizo para dar cabida al matrimonio homosexual.

La Constitución del 78 ha demostrado ser una vía adecuada para la conversión de España en uno de los países más prósperos, plurales y libres del mundo, a años luz de Portugal y Grecia, nuestros equivalentes hace treinta años, e incluso en varios apartados por delante de países que, como Francia, Italia y Reino Unido, parecían inalcanzables. Sin embargo, la deshonestidad de los nacionalistas periféricos para con el marco federal, que les ha permitido tener el más alto grado de autonomía de su historia y uno de los más elevados del mundo, así como el antiliberalismo innato de la extrema izquierda, que está devorando a pasos agigantados a la socialdemocracia que llegó a estar al mando del PSOE, están provocando un desequilibrio que amenaza con hundir el navío constitucional español.

Un recurrente fallo de la mayor parte de la intelligentsia española ha sido considerar que el odio y el desprecio de los catalanistas se pueden contrarrestar mostrándoles sumisión y rendición. De ahí esas patéticas concesiones que han llevado a que los eunucos lingüísticos digan en español "Yirona" y a que Otegi se le practiquen entrevistas hagiográficas en TV3. Peces Barba, que era un socialista desacomplejado gracias a su extraordinaria erudición y sus profundas convicciones igualitarias, bromeó imaginando cómo nos habría ido si en lugar de Cataluña hubiese sido Portugal la que constituyó España. O haciendo chistes –caracterizaba a los políticos de la Transición una socarronería a años luz de los aburridos funcionarios de la cosa pública actuales– sobre que ya no sería necesario bombardear Barcelona como hicieron Espartero y (el muy catalán) Prim en el siglo XIX.

Bombardear Barcelona es algo que actualmente solo sucede en el imaginario terrorista de los islamistas, pero sí cabe dejar de jugar con los catalanistas al poli bueno, ya que sistemáticamente usan la mentira, la demagogia y el golpismo como métodos políticos, en una tradición que se remonta a Lluís Companys y Ferrer i Guàrdia, para empezar a tener en cuenta lo que nos cuenta Robert Axelrod en sus investigaciones sobre cómo debe ser la lógica de la cooperación. Axelrod organizó un concurso de programas informáticos que debían competir entre sí mediante dos tipos de interacciones: cooperar o no cooperar, esa era la cuestión.

Un programa podría seguir la máxima de Jesús de poner la otra mejilla y cooperar siempre. Otro programa podría implementar una estrategia satánica y no cooperar jamás. Podría haber una dinámica locuela, de cooperación o no cooperación al azar. Sin embargo, la que ganó el torneo fue una que Axelrod denominó Tit for Tat, una especie de toma y daca por la que se empieza cooperando y luego se hace lo que haga el contrario. Es decir, si el otro coopera, pues se coopera. Si el adversario no coopera, no se coopera. Nada personal, solo negocios. La venganza y el perdón cogidos de la mano.

Cuarenta años después del 78, y con un golpe de Estado sobre la mesa, cabe responder a los catalanistas no con los bombardeos metafóricos de Peces Barba sobre Barcelona, sino con una propuesta constitucional no cooperativa que haga temblar los cimientos del Camp Nou, más que un club, y la Generalitat, menos que un 3%. El nuevo mantra es que hay que "reformar la Constitución" para "solucionar" el "problema catalanista". Todo ello aderezado con mucho "diálogo". Molt bé. Dialoguemos, pero desde la libertad y la igualdad liberal, no desde la imposición y la discriminación nacionalistas. No debe consistir dicha reforma en ceder al chantaje sino en todo lo contrario: en depurar la Constitución de los dogmas nacionalistas desde una perspectiva ilustrada. Por ejemplo, eliminando el término nacionalidades, esa concesión absurda a la metafísica etnicista de xenófobos como Sabino Arana y Jordi Pujol. Por supuesto, haciendo que la educación vuelva a ser una competencia del Estado central, dado que se ha usado como una fuente de adoctrinamiento nacionalista, al tiempo que se organiza la subsidiaridad de su gestión por parte de los ayuntamientos.

También, en sentido contrario, y dado que las reclamaciones de los secesionistas son consistentes en el tiempo y sostenidas por una parte considerable de la población en Cataluña y País Vasco, habría que permitir referéndums autonómicos sobre la independencia. Pero sometidos a una Ley de Claridad. Es decir, pregunta transparente (son tan deshonestos los nacionalistas que han introducido en la última versión la cuestión espuria de la república) y secesión también para ellos (si se rompe España, seguramente también se rompan Cataluña y el País Vasco). Igualmente, cabe erradicar esa antigualla medieval de los privilegios vascos y navarros en cuanto a fiscalidad y esa tontería machista de la preeminencia masculina en el orden de sucesión para la Corona.

No voté la Constitución del 78, pero la asumo plenamente, incluso aunque haya muchas cuestiones que no comparto (demasiado nacionalista y excesivamente intervencionista). Pero, si vamos a votar una reforma de la Constitución, hagámosla para que sea racionalista y liberal, mirando al siglo XXI, no una rémora populista a fin de contentar a los retrógrados nacionalistas y anticapitalistas, que siguen instalados en sus mitos decimonónicos.

¡Prensa española, manipuladora!
Antonio Robles Libertad Digital 22 Septiembre 2017

Hoy, en muchos institutos y universidades de Cataluña se han cerrado las aulas para que los alumnos secundaran la concentración ante el TSJC. Era tremendo ver en la explanada de la UAB a cientos de estudiantes con cara desencajada y mirada anegada de éxtasis gritar: "¡Prensa española, manipuladora!". ¿Sabrán de la existencia de los esclavos de Platón condenados a percibir únicamente el fondo de la caverna de TV3? ¿Sospecharán que existe otra realidad?

El golpe de Estado de Tejero del 23 de febrero de 1981 fracasó desde el minuto cero: no tomaron el control de TVE y RNE. Imperdonable error.

Tal como están las cosas, el golpe de Estado nacional-catalanista podrá perder esta batalla, pero si el Gobierno legítimo de la nación sigue dejando TV3 en manos de los golpistas, tarde o temprano perderá la guerra.

El golpe no son las urnas del 1 de octubre, sino la excusa de su prohibición para sacar a la calle al "pueblo de Cataluña" agredido por un Estado opresor. Y vender el relato al exterior. Esa ficción sólo se puede sostener en el tiempo con mentiras y manipulaciones, y éstas, manteniendo a sus seguidores en la burbuja de TV3, a imagen y semejanza de El show de Truman. Entrar en la burbuja, no para censurar las tesis nacionalistas sino para contrastarlas con miradas constitucionalistas en igualdad de condiciones, es absolutamente imprescindible para desactivar la sugestión colectiva en la que viven demasiados catalanes.

Sé que es difícil admitir que una buena parte de la población de Cataluña está abducida por un relato épico de una nación maltratada a lo largo de los siglos por una España violenta, inquisidora y vaga cuyo bienestar está basado en el expolio de Cataluña. Y digo abducida, sugestionada, fascinada, porque son las características de aquellas sociedades que se dejan reclutar, uniformar y reducir a un credo único. Repasen las últimas Diadas. Un ejército no lo haría mejor. Pero un ejército se impone por jerarquía. No es el caso, estas falanges catalanistas asisten entusiasmadas a compartir la emoción común. En esa comunión se admite todo cuanto fortifique el rebaño y refuerce la patria prometida. Tal magnetismo emocional rechaza todo cuanto lo cuestione. He ahí la asunción y la credibilidad de mantras como "España nos roba", la doble legalidad y toda la casquería pseudodemocrática con que se revisten para dotarse de una legitimidad que no les da el Estado de Derecho.

Sabemos que es tremendamente difícil desenmascarar con la sola razón imposturas nacidas y alimentadas por emociones. Como sabemos que se refuerzan exponencialmente si se enrocan en ellas. Y ahí aparecen TV3, Catalunya Radio, RAC 1 y demás medios del régimen.

La estrategia del fanático Puigdemont y de ese mentiroso compulsivo que le acompaña en sus fechorías es sacar a la calle al rebaño para impedir el cumplimiento de la ley. Y desconectar de facto del Estado.

Por si alguien aún no se ha dado cuenta, esto es una guerra, cuya infantería son los propios ciudadanos. Mantenerlos abducidos es fundamental; mantenerlos al margen de una información contrastada, vital. De ahí la necesidad de medios del régimen. No importa que haya otros, los convencidos los desprecian.

TV3 ejerce de alto mando del ejército mediático que ha dado el golpe de Estado. Dirige a los ciudadanos a los objetivos de calle, los distribuye sobre el territorio, alienta la revuelta, difunde y coordina sus acciones. Desinforma y malinforma, manipula y envenena. Cada minuto, cada hora, cada día. Difunde las mentiras de los golpistas, justifica sus acciones, legitima sus incumplimientos legales y recrea el relato más conveniente al poder sedicioso. Si el TC y el resto de instancias judiciales han considerado ilegal el referéndum y su defensa, los responsables de medios de comunicación que hagan apología de tales delitos deberían ser destituidos automáticamente y sustituidos por periodistas a secas. No sería un ataque a la libertad de expresión, sino impedir el delito.

PS. Se han excitado los egoísmos más obscenos legitimándolos bajo la lucha aparente de la libertad, el derecho a decidir y la democracia. Los ciudadanos también son responsables. Es muy conveniente dejarse engañar cuando media el beneficio. Lo que nunca defenderían individualmente por vergüenza, lo exigen colectivamente sin ella. TV3 es la gran coartada.


¿Pero qué se creían los rebeldes?
Roberto L. Blanco Valdés La voz 22 Septiembre 2017

La estupefacción de los líderes de la rebelión secesionista ante lo sucedido anteayer en Barcelona -la normal acción del Estado para reponer la legalidad en Cataluña- muestra de forma irrefutable que Puigdemont y su vicepresidente creían a pies juntillas no solo que iban a salirse con la suya, sino, también, que nadie se atrevería a parar el golpe de Estado impulsado desde la Generalitat con el apoyo de los matones de la CUP.

Tal delirio -que las instituciones del Estado iban a permitir, cruzadas de brazos, que los rebeldes montasen un referendo ilegal y proclamasen luego una república catalana- es sin duda fruto del fanatismo nacionalista, pero también, digámoslo con claridad, de la costumbre. Porque, desde hace mucho, las instituciones catalanas se habían acostumbrado (se tratase de la lengua común, el ejercicio de las competencias o los símbolos) a violar las leyes del Estado, incumplir las sentencias judiciales y salirse de rositas. Y, claro, de aquellos polvos, estos lodos.

¿En serio creían los independentistas que podrían en una democracia europea y en pleno siglo XXI reírse de la ley, desobedecer a los jueces, impulsar un referendo ilegal y, tras ese golpe de Estado, tan tranquilos, proclamar la independencia? Todo indica que sí, aunque cualquiera en su sano juicio lo consideraría una locura. Pues bien: desde este miércoles saben los golpistas lo que cualquier español sensato ya conocía: que lo que no puede ser no puede ser y además es imposible.

Atónitos ante tal evidencia, los sediciosos y el podemismo y la extrema izquierda nacionalista que ha salido en tromba en su defensa, recurren a lo que era previsible: elevar el tono de la mentira a límites de auténtico esperpento. Puigdemont denuncia que el Gobierno aplica un estado de excepción cuando la policía, siguiendo las resoluciones de un poder judicial independiente, cumple con su deber para evitar que triunfe el único estado de excepción que existe en Cataluña: el proclamado por el propio Puigdemont. Junqueras afirma que se ha anulado la autonomía catalana, cuando han sido los rebeldes los que se han cargado de un plumazo el Estatuto. Rufián, haciendo honor a su apellido, exige al presidente del Gobierno que saque «sus sucias manos» de las instituciones catalanas, cuando no hay en ellas más suciedad que la de quienes las han ultrajado, al ponerlas al servicio del delito. E Iglesias, convertido ya en un político patético, se despacha llamando «presos políticos» a quienes están imputados por desobediencia, prevaricación y malversación, él, que lleva años guardando un ominoso silencio sobre los únicos presos políticos que conoce: los que el chavismo ha encarcelado en Venezuela.

El sentimiento catalán
ALBERT BOADELLA El Mundo 22 Septiembre 2017

La reforma constitucional parece ya un hecho irreversible. Incluso el presidente Rajoy dice estar dispuesto para hablar de ello. Supongo que forzado por su soledad en el asunto. Me refiero al asunto más grave que tiene planteado España desde hace años. O sea, Cataluña. Esta insondable reforma se ha convertido en la pócima prodigiosa que pretende acabar con la epidemia tribal del separatismo. Alguien acuña una frase contundente al vuelo y, si la ocurrencia lleva envoltura de multiusos y no compromete a nada concreto, se expanden sus provechos como el bálsamo de Fierabrás. Sorprende la facilidad con que la martingala se instala en el día a día de la política y los medios de comunicación para tomar apariencia de realidad incuestionable. Sobre ella llueve un derrame de especulaciones. Parece el tema de un entremés cervantino.

Me pregunto quién tuvo la idea genial de la reforma. Creo recordar que se parió desde las filas socialistas buscando enigmáticos federalismos, pero a estas alturas ya resulta muy difícil seguir la genética de un invento en boca de los más dispares. Lo que está claro es que sirve a todos porque los partidos nacionales dan por fracasada la posibilidad de una auténtica homogeneidad de derechos y deberes entre los ciudadanos de la España actual. Ante ello hay que reunirse para elaborar las reformas constitucionales y así entrar de nuevo en el tema de la igualdad. Poco importa que la actual Constitución fuera elaborada mirando de reojo a Cataluña y que se organizara el gatuperio autonómico en función de vascos y catalanes. No escarmentamos. Ahora hay que montar otro berenjenal para lo mismo. Constatar públicamente el fracaso del anterior.

Cuesta poco imaginarse el primer encuentro de la inevitable comisión. Un desbordamiento inicial de medias palabras y subterfugios. Todos sin mostrar las cartas marcadas y esperando a ver que se le ocurre al adversario. A ver quien se compromete el primero. Algunos pretextos como el artículo 57 en relación a la reforma sucesoria de la corona servirán de preámbulo para lo que es el auténtico meollo del asunto ¿Cómo endilgar la píldora de la desigualdad entre territorios sin que explote una riña fratricida entre ellos? Es muy posible que llegados a esta tribulación los más osados pongan por delante la coartada de los sentimientos. ¡Ay! ¡Los sentimientos! Un argumento convincente e irrebatible. Como la paz mundial o el cambio climático. Hay que proteger los sentimientos especiales, diferenciados y exclusivos de los catalanes. Así de fácil. Pero, claro, ¿con que términos poner en letra la justificación y la precisión de estos sentimientos especiales y diferenciados? Ya no están los ladinos redactores del Imperio hacia Dios o El centinela de occidente para marear la perdiz con su eficaz poética altisonante. En aquellos tiempos comulgábamos con ruedas de molino. Ahora resulta que estamos en un Estado de Derecho y hay que explicarlo con pelos y señales en vistas a la judicatura y sus tiquismiquis.

Por si les sirve de algo les explico yo de que se trata esto de los sentimientos catalanes. En los primeros años de mi niñez me enseñaron de forma más o menos subrepticia que, entre la gente, estaban los nuestros y los de fuera. Los de fuera eran els castellans, una gente que, además de hablar una lengua enfática e imperiosa, había que mantener a distancia. Nada bueno podía emanar de tales sujetos ni de sus lugares de origen.

El lenguaje críptico inducía a sospechar un sinfín de horrores del pasado que provenía de aquella tropa infiltrada. Quien no ha conocido este entorno no puede imaginarse lo agradable que resulta vivir en el calor incestuoso de la tribu amenazada. Imaginando intimidaciones de la poblada tribu vecina. Un tufo de miseria, suciedad e incultura emanaba entonces de los de fuera, gentes tan ufanas y soberbias como denuncia el himno. Nada comparable a nuestra tribu del seny.

Si no han estado sumergidos en un cotarro parecido, es imposible percibir como se disfruta formando parte de la minoría amenazada por este supuesto enemigo común. No hay que hacer ningún esfuerzo para transmitir a otra generación un sentimiento tan excitante y ancestral. Tiene además la ventaja que, de salida, lo llevamos todos dentro. Cualquier excusa histórica o económica es secundaria. Lo esencial es el placer y el privilegio de recrearse en este sentimiento. Disentiremos en todo pero estamos de acuerdo en un principio fundamental: nada bueno para nosotros proviene de España. Madrid es el enemigo a batir.

En definitiva, este es el núcleo del sentimiento catalán que alcanza una mayoría de ciudadanos del territorio regional, aunque -como suele suceder- adquiere mayor radicalidad en la parte rural de dicho territorio. Se adorna con castellers, diseño o exhibiciones pacifistas para encubrir las vergüenzas del odio y la xenofobia, pero la realidad de hoy se nos ha mostrado por fin descarnada. Cuando todavía no habían perdido el pudor lo disfrazaban con una supuesta cultura distinta y otros inventos, pero ha llegado el momento crucial. El momento de la venganza.

La Cataluña como arcadia feliz desprendida de España solo se la imaginan cuatro despistados. Para el resto de la población, no importa que el procés pueda significar ruina, enfrentamiento o un futuro problemático en Europa. La catarsis es irreprimible. Hay que desquitarse. Pasar cuentas. ¿Saben cuál es la diferencia entre el taimado Pujol de los años 80 y los destroyers actuales? Una sutilidad. Simplemente se han quitado la máscara.

Sepan el resto de los españoles tan sensibles al sentimiento catalán que amparan unos sentimientos proclives a la creación de víctimas. Unas por muerte civil y otras por muerte física. Esta clase de sentimiento ha producido en España innumerables víctimas del terrorismo. Esta clase de sentimiento ha tenido gran responsabilidad en las dos guerras mundiales del siglo XX. Millones de víctimas. ¿Bajo semejante advocación vamos ahora a justificar un cambio constitucional pensando que quizás incluyendo el sentimiento singular en forma de desigualdad se soluciona el asunto? El problema es que no es singular. Lamentablemente, su raíz forma parte de lo que el ser humano va mitigando a medida que crece y aprende a dominar sus instintos primarios.

Comprendo a los ciudadanos del resto de España cuando manifiestan su pasmo ante lo que está aconteciendo, aunque tampoco es una novedad. Las comunidades humanas enferman igual que las personas. El atrayente contagio de estos bajos sentimientos es causa de auténticas pandemias que alejan de la realidad a sus afectados. Puedo entender que, desde una democracia, es muy difícil responder seriamente a una ficción, pero no lo agravemos ahora con más ficciones constitucionales.

Albert Boadella Oncins es actor y dramaturgo, fundador de la compañía de teatro Els Joglars.

Referéndum en Cataluña Se rompió el cántaro
Miquel Giménez. vozpopuli 22 Septiembre 2017

Tras este jueves, bien podemos asegurar que de tanto ir el cántaro independentista a la fuente de la provocación ha terminado por romperse. El gobierno de Mariano Rajoy ha optado por una aplicación light del artículo 155 de la Constitución, pero el problema es que Puigdemont y sus socios de las CUP están convirtiendo los trozos del cántaro en armas arrojadizas.

El drama del catalanismo de centro.
Cuando Balzac afirmó que en una sola jornada memorable bien puede una casa tranquila convertirse en el infierno parece que estuviese profetizando lo que acontece hoy en Cataluña. Lejos quedan aquellos tiempos del oasis catalán, de la amable convivencia entre las fuerzas políticas en el Parlament, del seny que predominaba en la vida pública catalana, en suma, del ejemplo de civilizada política que se daba por estas tierras desde las que les escribo.

Hablando esta misma mañana con algunos dirigentes de la Convergencia de toda la vida, alguno incluso ex Conseller, me manifestaban su total y completa desolación. No daban crédito. “¿Cómo hemos podido llegar a esto?”, decían sinceramente preocupados; cabe añadir que la siguiente afirmación era “¿Y a dónde nos llevará esta locura?”.

Es lógico que estas personas, todas de clase media alta, con apellidos vinculados a la selecta burguesía catalana o, lo que es lo mismo, al mundo de los negocios, se encuentren horrorizados. La cultura del pacto con Madrid, el famoso peix al cove que tanto éxito le reportó a Jordi Pujol y a su partido, está muerta, enterrada y con los funerales celebrados. Pero el detonante, aunque para muchos haya sido la detención de altos cargos de la Generalitat y la irrupción de la Benemérita en consellerías, no es ese, ni mucho menos. Lo que vemos ahora son las consecuencias del tremendo, colosal error que cometió Artur Mas hace cinco años al ver la manifestación multitudinaria en favor de la independencia. Andaba el por entonces President enfrascado en lograr un pacto fiscal con Rajoy, intentona que no cuajó.

Mas sabía que los procesos por corrupción iban, más pronto que tarde, a pasarle factura a su partido, una CIU vieja, anclada en un discurso nebuloso del sí, pero no, carcomida por espurios intereses económicos y amenazada por formaciones pujantes como Esquerra o las CUP, que venían a disputarle su electorado.

Calculó mal, y creyó que poniéndose al frente de aquella tropa obtendría la mayoría parlamentaria que necesitaba para que todo siguiese igual, sin darse cuenta de que su tiempo había pasado.

David Madí, asesor áulico del President, y aún a día de hoy factótum en las sombras de Puigdemont, fue el gran muñidor de esa estrategia. Los resultados son evidentes: CiU se ha roto, Unió ha desaparecido del mapa, la antigua convergencia refundada en el PDCAT tiene unas expectativas electorales bajísimas, los partidos catalanes tradicionales han padecido un descalabro histórico – véase el PSC, sin ir más lejos – y Cataluña está al borde del precipicio, con las cuentas de la Generalitat intervenidas por el Estado, la mayoría de los miembros de la Mesa del Parlament y numerosos cargos públicos con querellas, el Parlament cerrado a cal y canto, leyes y más leyes anuladas por el Tribunal Constitucional, el propio Consell de Garantías catalán en contra de los procedimientos seguidos y, cuidado con esto, los radicales cupaires dictando la errática política de la nave del nacionalismo, perdida irremediablemente en aquel placentero viaje a Ítaca que Mas y los suyos nos auguraban.

En medio de todo este enorme desvarío, los catalanistas de centro, la gente de orden, aquellos padres de familia que, según escribía mordazmente Josep María de Sagarra, leían la prensa nacionalista en el momento suave y cálido de la digestión, se encuentran huérfanos. Eliminado Pujol de la ecuación, no hay nadie que tenga autoridad suficiente para frenar la ceremonia de la confusión reinante.

“Pero ¿usted ha visto con quién vamos de la mano?”
Y es que, por más que los voceros de la Generalitat insistan, por más que TV3, saltándose la legalidad, continúe emitiendo anuncios del pretendido referéndum, por más gente que se congregue en las calles cantando, éstas no son ni pueden ser jamás de las clases medias que han sustentado hasta ahora al nacionalismo catalán. No: la manoseada revolución de las sonrisas, las flores regaladas a los agentes del orden, las señoras mayores y sus nietas, rubias ellas, procedentes de los barrios altos de Barcelona, no pueden ni quieren tomar las calles. Ni siquiera el poder. Son fruto de cuarenta años de ingeniería social, del viejo carlismo remozado en un nacional catolicismo catalán que se sustenta en Montserrat, el Barça y Pujol. Faltándole la tercera pata, toda esa masa se ha aferrado como a un clavo ardiente al mantra de la independencia porque, sépanlo, el independentismo es ahora una religión en estas tierras. Nadie cuestiona nada ni osa apartarse un milímetro del dogma imperante. Apelar a la razón, que es lo mismo que hacerlo al ordenamiento jurídico, las normas vigentes y el sentido común, es perder el tiempo. La fe no se razona. Por eso las calles ahora son propiedad de los radicales, de las CUP, como la misma Anna Gabriel se jacta en decir “Las calles son nuestras”, parafraseando, acaso sin saberlo, a Manuel Fraga.

De ahí que, en la conversación que he mantenido con los miembros de la vieja guardia convergente, cuando uno ha dicho que si me daba cuenta de que iban de la mano de las CUP y que tal cosa era igual que cuando Companys se apoyaba en la FAI, servidor haya replicado que lo que vivimos ahora se gestó en las casas de los prohombres pujolistas, en sus propias casas. Porque los cupaires son, en buena medida, sus hijos, sean carnales o ideológicos; porque en muchos lugares, los convergentes han visto con simpatía y con algo más a aquellos chicos revoltosos, en alusión a lo que dijo en su día Xabier Arzalluz respecto a Herri Batasuna; porque aquellos polvos nacionalistas de ayer han traído esta sinrazón de hoy.

El cántaro se ha roto por la insensatez y egoísmo de unos y, digámoslo todo, la ineficacia de un gobierno con nula cintura política. Si no se entiende que solo con la brigada Aranzadi el problema catalán no se resuelve, es que no hemos aprendido nada.

Hacer cumplir las sentencias judiciales y enviar a la Guardia Civil es lo suyo en un estado de derecho y democrático que, con todos los defectos que se quiera y que son muchos, es el régimen que mayor estabilidad política y económica ha tenido España a lo largo de su secular historia. Pero así no afrontamos el problema en su más honda raíz.

Es la hora de la política en serio, porque el envite es formidable. Las caras de mis paisanos catalanes volviendo de sus trabajos – los que lo tienen – a sus casas esta noche de jueves lo dicen muy claramente. No estamos para algaradas ni para más jornadas históricas. Si un autónomo, me decía el quiosquero de mi barrio, se retrasa un solo día en el pago del seguro, le cae un recargo de no te menees. Saltarse la ley tiene, forzosamente, una penalización y así debe ser para todos, los políticos los primeros.

Es momento de construir, aunque, por acabar con otra cita, Virgilio dejó muy claro aquello de “¡Oh, tiempos consumidores! ¡Oh, juventud envidiosa! Todo lo destruís”.
Los viejos convergentes deberían haber leído más a los clásicos y menos el diario AVUI.

 La campana de los descarriados
Miquel Giménez vozpopuli  22 Septiembre 2017

Ahora que mucha gente en Cataluña parece haber despertado del sueño de los justos, las urgencias han hecho acto de presencia. ¿Se está a tiempo de reconducir el proceso secesionista y volver al catalanismo negociador y sensato? Algunos creen que sí y hacen sonar las campanas en un intento de atraer a su parroquia a los extraviados.

Cuando triunfa el error
Entre las muchísimas cosas que hemos olvidado están los diferentes toques de campana, aquel primitivo twitter que indicaba a los vecinos los diferentes sucesos que afectaban a sus vidas. Más allá de los estrictamente litúrgicos, existían algunos singulares como el de somatén que convocaba a los miembros de aquella milicia civil ante un suceso grave; los preceptivos de ánimas eran la señal para que los más jóvenes se recogieran en las casas familiares y, ni qué decir tiene, el alegre volteo de aquellos gigantes de bronce anunciaba siempre algún festejo, alguna alegría. Era un mundo rural, reglado, ordenado y en el que todo era perfectamente sólido y conocido, como diría el gran Josep Pla.

Existía otro toque que sería de una gran utilidad en el momento presente, el de los descarriados. Se usaba cuando la niebla, la noche cerrada o cualquier inclemencia impedía orientarse a los payeses o pastores, sirviéndoles como el faro a los marineros. Ese toque de descarriados pudiera ser, acaso, el que algunos empresarios están pidiendo a gritos viendo cómo las cosas se desarrollan en tierras catalanas. El listado de lo sucedido en las últimas veinticuatro horas es espeluznante: turbas que asedian ante la Conselleria de Economía a efectivos de la Guardia Civil, vehículos de la misma destrozados, policías nacionales a los que las CUP impiden el acceso a sus locales para efectuar un registro, furgonetas de los Mossos empapeladas de propaganda para el referéndum, medios de comunicación públicos incitando a la desobediencia, ciudadanos que se manifiestan en favor de la Constitución amenazados con frases como “Te voy a pegar dos tiros que te dejaré frito”, locales de partidos constitucionalistas asaltados, en fin, lo que nunca se había visto en éstas tierras.

En medio de esta batahola, se ha escuchado la sensatez de don Josep Bou, presidente de la Asociación de Empresarios de Cataluña, que ha manifestado en una reunión celebrada el jueves por la mañana ante un auditorio de hombres y mujeres de empresa el riesgo que supondría una eventual independencia de Cataluña y la necesidad de volver a cauces más razonables y legales. No es la primera vez que don Josep lanza ese SOS. Hace tiempo que son muchos los que, desde la iniciativa privada, ven con claridad el escenario de esa república catalana gobernada por la peor generación de políticos que ha dado Cataluña en siglos.

Ahora bien, para introducir cambios en un sistema democrático son imprescindibles los partidos. ¿Y cuales pueden ser los que se atrevan a ponerle el cascabel al gato independentista?

La generación de los becarios
Los dirigentes más sensatos del ámbito nacionalista que, de haberlos, haylos, aunque callen como muertos, han empezado a mantener discretísimos contactos con sectores del mundo empresarial. Todos coinciden en evaluar el momento presente como muy grave y en culpar a, y citamos textualmente a un conseller nacional del PDECAT que nos ruega mantener el anonimato, “la generación de jovencitos becarios que solo tienen pajaritos en la cabeza”. Aún estando de acuerdo con el análisis hay que decir que ellos poco o nada han hecho para impedirles el paso a las moquetas oficiales, las que una vez pisadas pueden cambiar la percepción de la realidad de quien las holla.

Ahí tienen, pues, a la gente sensata buscando, cual Diógenes modernos, un partido con el candil en la mano. Pero, al modesto entender del cronista, mal empiezan las cosas cuando los seniors del PDECAT empiezan marginando a otros que, más valientes que ellos, han decido dar un paso al frente. Ahí está, por vía de ejemplo, el colectivo Lliures (Libres) que cuenta entre sus filas a políticos como Antoni Fernández Teixidó, un gato viejo en los asuntos públicos y ex CDC, o a un joven, pero prometedor, Roger Muntañola, procedente de la extinta Unió Democràtica.

La gente del sector de los negocios desea saber lo que compra y con un puñado de nombres convergentes no tiene suficiente, por más que sean personas de peso. Y más cuando pretenden guisárselo y comérselo ellos solitos. Un destacado capitán de empresa me confesaba que lo ideal sería una join venture con elementos disidentes de Junts pel Sí, Ciudadanos, PSC y PP catalán. Es la tesis que defiende Inés Arrimadas de cara a una posible moción de censura contra Puigdemont y tiene muchas razones de peso detrás. Pero plantea un problema irresoluble: el Primer Secretario del PSC, Miquel Iceta, no puede ver ni en pintura a la formación naranja y ya no digamos al PP. Ese estigma viene de muy lejos, del conocido como Pacto del Tinell que dejaba a los populares prácticamente aislados en el contexto de la política catalana. ¿Cómo superar ese escollo?

Desde el PP catalán, Xavier García Albiol, al que los socialistas no le perdonarán jamás que sea el político más votado en su Badalona natal, habla del legado del MHP Josep Tarradellas y tiene la cintura precisa para asumir pactos de tal calado, pero volvemos a encontrarnos ante el Gibraltar socialista, que se empecina en sonreír a los comunes de Ada Colau, menospreciando a los partidos constitucionales. No es menor la responsabilidad de PSC y PSOE en lo que está pasando. Cuando Pasqual Maragall habló de un nuevo Estatut, que nadie pedía, y Zapatero dijo aquello de que aprobaría lo que saliese del Parlament de Catalunya se gestó el inicio de un sueño imposible que ha derivado en auténtica pesadilla.

Las empresas catalanas están asustadas y es lógico que lo estén. El sector hotelero huye despavorido de una Barcelona gobernada por una alcaldesa que prefiere penalizar a los inversores y premiar a los okupas; el número de empresas que se han marchado de Cataluña o, directamente, han preferido instalarse en otros puntos de España va en aumento. La gente exige soluciones, soluciones políticas, pero pedirle tales cosas a dirigentes que creen que administrar la cosa pública es publicar twits va a ser algo muy difícil de lograr.

Sea como fuere, en algunos reservados de conocidos restaurants barceloneses se empieza a cocer un guiso, como mínimo, interesante. No estoy en condiciones de revelar nada más, porque la natural discreción – a veces creo que es miedo – impide a los actores dar mayores precisiones. Acaso exista un mirlo blanco en algún lugar esperando a ser convocado. Vayan ustedes a saber.

De momento, la campana de los descarriados empieza a sonar, aunque sea tímidamente, y eso ya es mucho en una región en la que las uniformidades y el ostracismo a la disidencia han sido y son el pan nuestro de cada día.

Ahora habrá que ver cuántos descarriados atienden a ese toque que ojalá no acabe por convertirse en un toque de difuntos.

No al secesionismo nacionalista
Adrià Pérez Martì vozpopuli.es 22 Septiembre 2017

Josep Guardiola afirmaba recientemente que lo que ocurre en Cataluña "no va de independencia, sino de democracia". Evidentemente, parte consustancial de la democracia es el ejercicio del voto. Pero el eslógan, como tantos otros, desliza una trampa que utilizan cada dos por tres los nacionalistas catalanes. Además de obviar que un sistema democrático es algo más que votar -entre otras cosas la democracia produce una hipertrofiada legislación que puede regular, precisamente, el ejercicio del derecho al voto-, el objetivo principal de este tipo de manifestaciones es el de centrar el análisis entre democracia y secesión.

Sin embargo, lo que están tratando de blanquear de modo torticero a través del referéndum no es la secesión en sí, sino, sobre todo, su nacionalismo. Los cánticos de la masa enfervorizada gritando en la calle "Votarem" a tres o cuatro policías de paisano (que no dejaban de ser una minoría frente a aquella masa, es decir, fue un acto violento de amedrentamiento) que venían de registrar alguna de las sedes políticas de los partidos nacionalistas es una de tantas consecuencias que se repetirán a consecuencia de esta lamentable deriva.

Pero que exista tanta demagogia nacionalista no significa que debamos ignorar a miles de personas que quieran formar una comunidad política aparte del Estado español o de la nación española. Que estemos en desacuerdo con lo que publica un periódico no significa que debamos derogar la libertad de prensa. Que no estemos de acuerdo con el modelo educativo de un determinado centro escolar no significa que debamos derogar la libertad de enseñanza y de creación de centros educativos (ojalá existieran). Que no estemos de acuerdo con la manipulación ejercida por el nacionalismo catalán durante tantas décadas no significa que si tantos individuos quieren salirse de la jurisdicción española y crearse una propia no pudieran hacerlo a través de la secesión pacífica.

Pero ¿cómo? Desde luego, no como está planteado sobre la base nacionalista y estatista: un referéndum en el que la mayoría impone "la solución" a la minoría. ¿Qué hay de quienes quieren seguir siendo españoles?, ¿o pretenden optar a conformar otros grupos políticos? La vía del referéndum al final pretende imponer una nación u otra. Es decir, el resultado de un referéndum es siempre totalitario para los perdedores, salga el sí o el no.

Lo anterior podrá ser tildado de ambiguo o de una "equidistancia cómplice" tanto por unos como por otros. Y la razón de que así sea se explica, en parte, por concebir a las personas como fruto de la comunidad natural a la que pertenecen (es decir, en la que han nacido). Desde este punto de vista, la voluntad del todo prevalece sobre la voluntad de las partes. La identidad del individuo se deriva de la identidad del grupo. Y es obvio que parte de la identidad del individuo proviene de las relaciones sociales que establece en la comunidad en la que haya nacido o esté integrado, pero eso no significa que deba someterse obligatoriamente hasta el fin de sus días a esa identidad.

Al contrario, dar paso a la voluntariedad, a la libertad de elección tiene aquí su espacio. La adscripción voluntaria a una comunidad política es fundamental para que aceptemos pacíficamente las obligaciones de participar en dicha comunidad. La secesión (otra cosa es cómo sucede) va en esa línea de asociacionismo porque permite dar salida a un conflicto que puede darse en el seno de una comunidad y que la resquebraja. Es decir, la libertad de asociación tiene una base contractual: las personas deciden relacionarse y cooperar pacíficamente entre ellas en función de sus respectivos intereses (no por imposición de la voluntad del grupo).

Y en este sentido, el referéndum y el proceso nacionalista es, en mi opinión, un atentado a la libre asociación. En un entorno en el que se espolea a las masas, se incita a la violencia, al rencor y al odio, a tomar las calles para romper el statu quo, se crean más obstáculos de toda índole para que las personas pueden cooperar pacífica y voluntariamente en la sociedad, y asociarse como estimen conveniente.

Y es esa base "contractual", voluntaria y realista lo que se contrapone a ese delirio nacionalista que no tiene el menor pudor en utilizar a las masas y tontear con el peligro que siempre se deriva de ello: el surgimiento de la violencia. La querencia por la libertad individual es lo único que podrá contrarrestar el nocivo efecto de la política en tantos ámbitos de nuestras vidas, también en la demarcación de la comunidad política a la que pertenecemos.

Bildu es lo mismo que Podemos
OKDIARIO 22 Septiembre 2017

Arnaldo Otegi y Pablo Iglesias son vasos comunicantes. Bildu y Podemos, partidos hermanos. Ambos líderes radicales se han embarcado en el mismo barco político: el golpe de Estado en Cataluña. Los dos tienen el objetivo común de romper España. Los populistas bolivarianos nunca han disimulado su afinidad con los proetarras que capitanea Otegi. Un hombre que participó en los secuestros del director de Michelin en Vitoria, Luis Abaitua, y en los de Gabriel Cisneros y Javier Rupérez, entonces diputados de UCD. Además, perteneció al aparato político-militar de la banda terrorista ETA. No obstante, y a pesar de ese currículo, Iglesias lo ha calificado como “hombre de paz”. Incluso llegó a decir que era un “preso político”, argumento falaz que ha repetido para referirse a los golpistas catalanes arrestados por la Guardia Civil.

Algo paradójico si tenemos en cuenta su negativa cerril a reconocer que si algún país está abarrotado de presos políticos, y de verdad, ése es su principal financiador: Venezuela. Con tantos nexos de unión no es de extrañar que Iglesias haya invitado a Otegi a participar en la “asamblea de cargos electos” que los morados celebrarán este próximo domingo en Zaragoza. Un acto a mayor gloria del independentismo catalán al que, sin embargo, no asistirá el vasco. Una cosa son las “simpatías” y otra muy distinta ser un reclamo para que la repercusión de un evento que organiza Podemos sea un éxito. Los morados son una amenaza política para la izquierda abertzale. De todas maneras, y para seguir reforzando lazos de colaboración, a pesar de la ausencia de Otegi, Bildu sí estará representado. También acudirá el PNV, ERC y PDeCAT, además de varias marcas blancas autonómicas de los podemitas.

El objetivo del acto es tan siniestro como la cercanía entre Iglesias y Otegi. Los partidos asistentes pretenden fabricar la idea de que el Gobierno de Mariano Rajoy ha decretado un estado de excepción que recorta derechos y reprime libertades cuando lo único que está haciendo es cumplir la ley y, para ello, anda con un cuidado exquisito y una consideración hacia los sediciosos casi excesiva. Sin embargo, y como dijo Joseph Goebbels, uno de los propagandistas más siniestros de la Historia: “Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”. Y a esos postulados pretenden agarrarse Bildu, Podemos y los independentistas catalanes… por algo será.

UN ‘PROCÉS’ VIOLENTO
El separatismo trata de imponer el ‘procés’ a través de la coacción
Agustín Benito gaceta.es 22 Septiembre 2017

El separatismo alardea de que su proceso para romper España está siendo “pacífico” y “democrático”. La revolución de las sonrisas lo llaman. Y nada más lejos de la realidad. Aunque sin derramamiento de sangre, faltaría más, la coacción, las amenazas y la violencia contra los que se oponen al ‘procés’ desde partidos políticos o plataformas civiles es constante.

El foco de está campaña de acoso está puesto en los Cuerpos de seguridad -Guardia Civil y Policía Nacional-, consideradas “fuerzas de ocupación españolistas” -se vio en la madrugada del pasado jueves en Manresa y Barcelona- y en los líderes de la oposición al procés. Esto no es nuevo, recuerden el ataque a la sede de la Hermandad de Antiguos Caballeros Legionarios de Barcelona en la Diada de 2015 al grito de “fascistas” e “hijos de put*” o la carta amenazante con su foto con una bala pegada a la frente que recibió por parte de militantes de ERC en 2007 -siendo líder de Ciutadans- Albert Rivera.

Tras aparecer unos carteles con el lema “quienes niegan el democrático derecho a la autodeterminación son enemigos del pueblo. Tratémoslos como tales” contra los principales dirigentes contrarios al ‘procés’ en la Cámara Catalana, Inés Arrimadas tuvo que sufrir como una internauta separatista deseaba a través de las redes que la violasen en grupo. Otros líderes -como el exalcalde de Badalona y actual portavoz del PP en el Parlament, Xavier García Albiol-, ya recibieron amenazas de muerte simulando un tiro en la nuca.

Pero la coacción no se queda en los líderes, ahora van a por sus familias. El PSC denunció esta semana el acoso a los hijos de los alcaldes que no se han adherido al referéndum ilegal en los colegios y este jueves el comercio en Granollers (Barcelona) de los padres del presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, apareció con pintadas intimidatorias, así como con pegatinas y carteles separatistas en defensa del referéndum ilegal convocado para el 1 de octubre y que ha suspendido el Tribunal Constitucional. La formación naranja ha denunciado estas pintadas “intimidatorias” –“Ciudadanos, no es vuestra tierra ni vuestra lucha” o “Albert ‘cocas'”-.

Además, secesionistas han atacado una decena de sedes de los socialistas tildándoles de “put** fachas”.

No son los primeros hechos violentos contra los partidarios del respeto a la legalidad desde la convocatoria de la consulta ilegal. El pasado miércoles, día en el que se conoció la detención de un miembro de la organización juvenil Arran, vinculada a la CUP, por desobedecer las sucesivas citaciones judiciales tras el asalto a la sede del PP de Barcelona en marzo, varios individuos lanzaron un ladrillo en la sede del PSC en la calle Nicaragua ocasionando dos heridos y varios desperfectos.

Su campaña para amedrentar -que ya dura al menos un lustro- no sería posible sin los medios de comunicación al servicio del ‘procés’. Recuerden el episodio en el segundo canal de la televisión pública catalana en el que se disparaba a las figuras silueteadas de diversos personajes públicos -entre ellos el Rey-, al mismo tiempo que se afirmaba que la violencia en determinados momentos resulta necesaria, o como esta cadena evidencia su parcialidad y sectarismo al dar voz a los que asaltan sedes de partidos políticos democráticos.

Tal y cómo denuncia el dramaturgo Albert Boadella, en el régimen catalán se da más la violencia moral, la coacción, que la violencia física. Pero esto no significa que episodios de este tipo no se hayan dado en un movimiento profundamente disgregador y sectario.

Cabe recordar, por ejemplo, al individuo que agredió a un padre que se dirigía con sus hijos hacia la manifestación constitucionalista en Barcelona y que portaba una bandera de España o a los cinco separatistas que agredieron a dos mujeres integrantes del colectivo ‘Barcelona con la Selección’ mientras hacían promoción de la asociación y pedían pantallas gigantes para ver al combinado nacional en Cataluña.

Políticos asustados y en la niebla
Pablo Sebastián republica 22 Septiembre 2017

Ayer hemos asistido a una extraña sesión de ‘espiritismo político’ en la que PP, PSOE, C’s y PSC piden a Puigdemont que suspenda el referéndum y acepte abrir un diálogo desde dentro de la legalidad, que es que el miércoles por la noche reclamó Rajoy en una mansa declaración política en la que se esperaba el anuncio de medidas contundentes contra el gobierno catalán de Puigdemont.

Pero nada, las medidas contundentes de Rajoy y del TC no llegan y los jefes del golpe catalán siguen sentados al frente de las instituciones que el Estado tiene en Cataluña. ¿A qué esperan cuando la Guardia Civil se ve acosada en las calles de Barcelona y destruidos sus vehículos sin que los Mossos opten por proteger a los agentes judiciales que investigaban, por orden del juez, la consejería de economía de la Generalitat?

Ni se sabe ni se entiende y lo que es peor empezamos a temer que Rajoy no sabe bien qué hacer ni por dónde empezar. Lo de pedir a Puigdemont que rectifique es una idiotez o una Inocente de operación de propaganda del bloque españolista para hablar de ‘diálogo’ y quitar el discurso al adversario pero nada más.

Puigdemont no puede rectificar porque lo colgarían por los pies los mismos que él ha sacado a la calle para completar el delito de ‘sedición’ Aunque los más optimistas ven en este movimiento de ‘calma chicha’ de Rajoy y PSOE el preámbulo de la tormenta en la que Rajoy y el TC empezarían a actuar en contra del gobierno de la Generalitat para suspenderlos de sus funciones y a partir de ahí ponerlos la disposición de la Justicia. Lo que les impediría a los sediciosos gestionar el 1-O desde la Generalitat y a Puigdemont declarar la independencia desde la presidencia de la plaza Sant Jaume.

El TC ha empezado a aplicar con tibieza algunas multas y su artículo 92 pero no se atreve a la suspensión del govern a pesar de que Puigdemont anunció la lista de los colegios electorales para el 1-O. Y Rajoy está, a estas alturas de la crisis, improvisando la logística para poder desplegar en Cataluña más policías y guardias civiles, algo que debería de estar preparado desde hace meses, porque los Mossos de Trapero no le hacen ni caso al juez.

No tenía buena cara Rajoy el miércoles por la noche porque sabe que debe hacer en una semana lo que no hizo en cinco años. Mientras Puigdemont parece encantado con su martirologio político y a su socio Junqueras da la impresión que le tiemblan las piernas por el horizonte judicial que le espera (y que van conociendo sus colaboradores) y ahora se ha convertido, para camuflar sus delitos, en un predicador que dice estar en el gobierno catalán para ‘hacer el bien’ (sic).

Por su parte Sánchez y Rivera parecen cómodos con la mansedumbre de Rajoy, mientras Iglesias se ha echado al monte del golpismo y colocado fuera de la vida democrática y de la legalidad, lo que esperemos que sus votantes españoles sepan apreciar.

Vivimos envueltos en una nube o una pesadilla en la que los principales actores de la política española deambulan perdidos por el escenario y sin que nadie recuerde su libreto ni represente su papel. Pero dentro de 10 días se alzarán el telón y la niebla se esfumará y entonces ese deambular sin sentido por el ruedo ibérico de esta clase política que nos ha tocado en suerte se convertirá, a golpe de timbales y clarines, en una ‘danza macabra’ donde el enfrentamiento está servido y nadie podrá escapar al destino que les reserva la cruda realidad e imparable realidad.

Los niños de Olot, imagen del adoctrinamiento
EDITORIAL El Mundo 22 Septiembre 2017

La imagen de los niños que fueron de la mano de sus profesores a la manifestación de ayer en Olot nos retrotrae a episodios dramáticos de la historia europea, cuando los regímenes totalitarios utilizaban las aulas para el adoctrinamiento de las futuras generaciones. Como si se tratara de una inocente excursión, algunos institutos de esta localidad de Gerona pidieron permiso por carta a los padres -instándoles a firmar su consentimiento, con la presión añadida que supone ese compromiso- para llevar a sus hijos a la concentración en favor del procés y su referéndum ilegal. No es un hecho anecdótico: evidencia cómo el separatismo utiliza las aulas para inculcar sus dogmas entre los más jóvenes.

El independentismo lleva décadas sirviéndose con poco escrúpulo del arma decisiva de la Educación para extender su pensamiento único en los colegios e institutos de Cataluña. El resultado de ese adoctrinamiento lo vemos estos días en las calles catalanas, llenas de jóvenes que defienden crédulos el delirio de Puigdemont y sus socios, pese a que éstos han vulnerado sus propios derechos de manera flagrante.

La manipulación de los libros de texto denunciada por editores y sindicatos de profesores, o la exclusión del castellano en las aulas que tantas veces hemos criticado desde nuestras páginas, han sido posibles porque los sucesivos gobiernos de la Nación miraron hacia otro lado cuando no mercadearon con las competencias. Ahora que los separatistas se han quitado la máscara, el Estado debe aprovechar para que la libertad de pensamiento y el rigor histórico vuelvan a las aulas catalanas.

Las armas que sí robaron los golpistas a la Guardia Civil y luego se recuperaron: varios CETME calibre 7,62
CETME, calibre 7,62

Carlos Cuesta okdiario 22 Septiembre 2017

Sí desaparecieron armas durante el acoso a la Guardia Civil el miércoles en Barcelona en las protestas por las acciones de la Justicia contra el referéndum catalán. Sacadas de los tres coches de la Benemérita que fueron asaltados por los separatistas ante la Consejería de Hacienda la pasada madrugada.

Fueron sustraídas y desataron la alarma hasta el punto de que se emprendió de inmediato una operación por parte de la Guardia Civil y los Mossos para recuperarlas. La actuación consiguió rescatar el armamento en pocas horas.

Pero el incidente fue suficiente para calibrar hasta qué punto la situación de tensión provocada por los mensajes radicales de los separatistas se está descontrolando. No se trataba de armas sin importancia. Todo lo contrario. Aunque el número de unidades robadas de los coches no se ha querido confirmar, fuentes de la Unión de Oficiales de Guardia Civil señalan que fueron tres los coches asaltados mientras los agentes permanecían rodeados. Según otras fuentes, los agentes de la benemérita tendrían orden de aguantar y no responder. Y que de los tres vehículos desapareció armamento en el momento en el que los guardias civiles vieron peligrar sus vidas y decidieron abandonar los coches.

Las armas eran las propias de los GRS: fusiles CETME calibre 7,62 adaptados para función antidisturbios -con bocacha lanzapelotas y lanzabotes-. Un fusil de asalto del que se puede desencajar la bocacha y ser utilizado como arma de fuego estándar. Cada dotación puede llevar entre 2 y 4 fusiles.

No se trata del único material que fue sustraído. Además de los fusiles se sustrajeron varias mochilas y material antidisturbios.
Fuentes de la Guardia Civil confirman que el material fue recuperado de inmediato gracias a su acción y la de los Mossos. Pero admiten que la situación de violencia y nerviosismo vivida fue de una gran tensión. Y, pese a ello, no hubo ni un sólo detenido.

Las versiones oficiales no han querido confirmar la desaparición de las armas. Y es que existe un detalle legal de gran importancia.
El artículo del Código Penal que recoge el delito de sedición incluye en su texto, artículos 544 y 545, la siguiente redacción: “Son reos de sedición los que, sin estar comprendidos en el delito de rebelión, se alcen pública y tumultuariamente para impedir, por la fuerza o fuera de las vías legales, la aplicación de las Leyes o a cualquier autoridad, corporación oficial o funcionario público, el legítimo ejercicio de sus funciones o el cumplimiento de sus acuerdos, o de las resoluciones administrativas o judiciales”. Es más “los que hubieren inducido, sostenido o dirigido la sedición o aparecieren en ella como sus principales autores, serán castigados con la pena de prisión de ocho a diez años, y con la de diez a quince años, si fueran personas constituidas en autoridad. En ambos casos se impondrá, además, la inhabilitación absoluta por el mismo tiempo”.

Es decir, que la aparición de armas en la escena y su sustracción significa un salto cualitativo más allá incluso del propio destrozo de los coches. Un salto que hubiese hecho difícil no dar un salto en las acusaciones y pasar directamente a plantear la acusación por sedición: tanto para los presentes, como para las autoridades inductoras.

La gravedad de lo ocurrido en Barcelona obligaría al Gobierno a activar protocolos más contundentes, una situación no deseada desde el punto de vista político y que ha convertido en todo un problema la admisión del ataque y sustracción de material de los coches de la Guardia Civil.

Pero, pese a ello, lo cierto es que se decidió no detener a nadie e, incluso, una carta dirigida a todos los servicios de la policía catalana ayer, del Mayor de los Mossos d’Esquadra, Josep Lluís Trapero, pidió a los agentes del cuerpo que fueran “especialmente restrictivos y cuidadosos con el uso de la fuerza” en las concentraciones que estaban teniendo lugar.

"Españolista, calzonazos, sumiso": el día a día del acoso separatista
Concejales no independentistas reciben cartas anónimas con amenazas. El Gobierno anima a denunciar este tipo de acciones.
Ana Delgado Jorge Sáinz elespanol 22 Septiembre 2017

Algunos concejales no independentistas y sus familias han comenzado a recibir cartas amenazantes. Los ediles de Ciudadanos, PSC y el PP en Cataluña son los principales damnificados, junto a los agentes de la Guardia Civil, empresarios y otras personas señaladas por pertenecer a organizaciones como Sociedad Civil Catalana. Algunos de ellos han sido increpados e insultados en la calle. Ahora reciben sobres anónimos.

Albert Rivera denunció este jueves que el negocio de sus padres había aparecido lleno de carteles. "Ciudadanos, no es vuestra tierra ni vuestra lucha" o los anuncios del referéndum del 1-O son algunas de las pintadas con las que ha amanecido el local de los padres de Rivera. "Los golpistas ya no se conforman con acosar a diputados, guardias civiles, concejales y funcionarios, sino también a sus hijos y familiares", afirmó.

Amenazas constantes
La concejal de Ciudadanos en Lleida, Ángeles Ribes, denunció en las redes sociales las amenazas que recibió en una carta anónima. Son varias páginas, en las que Ribes es señalada junto al alcalde del PSC, Ángel Ros. "El Botifle calzonazos sumisso obediente i docil, el Alcalde Ros el Rubio, recibiendo ordenes de la Mandamás la Jefa, la antiCatalana Españolista la Aragonesa Mañica Baturrica de la Ribes" (sic), dice el documento. Ribes es natural de Jaca (Huesca).

El anónimo, que ridiculiza constantemente a la edil y el alcalde, está plagado de fotos de Franco. Y numerosas faltas de ortografía: "Despues de 300 años esta especie llamada Butiflers tus peores enemigos no se an extinguido, an sobrevivido asta nuestros dias" (sic). Ribes ha anunciado que llevará el sobre a la Fiscalía. Fuentes del Gobierno han animado a todas las personas que sufran este tipo de acoso a denunciarlo.

Anticorrupción solicita retirar el control a la empresa catalana de aguas Agissa Anticorrupción solicita retirar el control a la empresa catalana de aguas Agissa Carlota Guindal Pide que se designe un administrador judicial de la compañía de gestión de agua para evitar la perpetuación del delito con el Ayuntamiento de Girona.

El grupo Arran leridense también decidieron acosar públicamente a los 14 ediles, entre los que se encuentra el alcalde, que se niegan a ceder ante el referéndum del 1-O. Las juventudes de la CUP realizaron a principios de semana un cartel con el eslogan: "Assenyalem-los (Señalémoslos)", con el rótulo Arran daba un paso más en su campaña de intimidación a los políticos contrarios al independentismo. Una campaña que se comenzó hace meses y que ha tenido incidentes como el asalto del PP de Barcelona en marzo o los escraches a la Guardia Civil.

La CUP ya lo avisó a principios de septiembre con un spot publicitario donde sus principales líderes tiraban un autobús por un barranco, haciendo un manifiesto al empoderamiento del pueblo catalán y llamaban al "mambo". Es decir, al movimiento en la calle, algo que se pudo ver en las manifestaciones de esta semana.

El independentismo saca de las aulas a los estudiantes
El jueves en Manresa (Barcelona) se produjo una movilización de la comunidad educativa para condenar las actuaciones en contra del referéndum ilegal y para pedir mayor democracia. Entre los manifestantes se encontraban alumnos -tanto de secundaria y bachillerato como universitarios- así como profesores y trabajadores de las principales centros públicos.

Por su parte, los estudiantes del Instituto Lluís de Peguera se acercaron hasta la comisaría local de la localidad. Coincidía que ese mismo jueves el centro comenzaba su programa de actos para celebrar el 90 aniversario del Instituto, los principales miembros del claustro leyeron un comunicado donde manifestaban su "firme condena a la vulneración de las libertades civiles de la población, y también a los ataques a las instituciones catalanas y al sistema democrático". Además, quisieron posicionarse "a favor de la libertad de expresión y de los derechos legítimos del pueblo catalán" y dar "apoyo a las personas, entidades e instituciones que defienden estos derechos, propios de un país democrático".

EL ESPAÑOL se puso en contacto con el centro, de titularidad pública, para profundizar en estos acontecimientos, pero el jefe de estudios afirmó conocer cómo "trabajaba los medios de Madrid" y puso en tela de juicio la equidistancia de dichos medios. Para el docente quienes realizaban la llamada, así como los compañeros periodistas de la capital, "deberían estar en la cárcel" por la información que realizaban.

'Excursión' a la manifestación del 1-O
La polémica también ha envuelto al Instituto Garrotxa de Olot (Girona), que emitió una circular donde pedían a los padres que autorizasen la salida del centro de sus hijos para manifestarse. El documento afirma que debido a que "durante estos últimos meses, nos han estado pisando, a nosotros y a nuestros derechos", debido a los "últimos hechos relacionados con el 1-O" veían necesario "organizarse y movilizarse desde las aulas". Para el centro "no se trata tanto de independencia, sino de democracia y de los derechos que nos han privado".

La excursión se trataba de una manifestación "en defensa de la democracia y la libertad" delante del Ayuntamiento de la localidad el jueves. Reclamaban la asistencia de todos los niños porque el centro consideraba que "ahora más que nunca es el momento de estar juntos".

En Olot, Manresa…
Colegios y universidades llaman a los alumnos a apoyar a los golpistas
La Gaceta  22 Septiembre 2017

El instituto Lluis Peguera de Manresa ha llevado de excursión a sus alumnos delante de la comisaría para apoyar a los golpistas.

La Unión de Oficiales de la Guardia Civil ha condenado este jueves “la utilización política de niños“ a los que, a su juicio, se está movilizando para participar en concentraciones y actos de apoyo al referéndum ilegal que el separatismo quiere celebrar el próximo 1 de octubre en Cataluña.

En concreto, la asociación ha denunciado que en los institutos de Olot (Gerona) se ha pasado desde los centros una circular a los padres para que den su permiso firmado para que sus hijos pudieran acudir, a las 13:30 horas del jueves, a una manifestación ante el Ayuntamiento para “defender la democracia y la libertad”.

No han sido los únicos. El instituto Lluis Peguera ha ido más allá y ha llevado de excursión a sus alumnos delante de la comisaría de Manresa.

Según la circular que ha facilitado la UOGC, desde los centros educativos se alerta a las familias de que “se están pisando los derechos de los catalanes” y de que “no se trata de un tema de independencia sino de democracia”, el argumento utilizado por las fuerzas separatistas para forzar el referéndum ilegal del 1-O, suspendido por el TC. “Los últimos hechos respecto al 1-O no nos han dejado indiferentes, por lo que hemos decidido organizarnos y movilizarnos desde las aulas”, señala la circular difundida en Olot en la que hay un espacio para dar los datos de los padres de los estudiantes y su firma para autorizar la salida a la manifestación.

Según ha denunciado la plataforma antiseparatista Sociedad Civil Catalana (SCC), se han producido decenas de hechos similares en las últimas horas en numerosos centtros. El instituto público La Llauna de Badalona envió el pasado miércoles una carta a los padres en los que se llamaba a una huelga general por las detenciones de cargos separatistas. “Ante la situación política actual y en relación con las detenciones efectuadas de altos cargos de la Generalitat de Cataluña se habla de la posibilidad de que se convoque una huelga general (para el jueves). En caso de que se haga, el centro estaría abierto con servicios mínimos, pero no podemos garantizar que se den todas las clases con normalidad”, aseveró. Este centro ya causó polémica en 2012 tras decidir abrir sus puertas el 12 de octubre, Día de la Hispanidad.

También en la Universidad
La utilización de entidades educativas para apoyar el golpe no sólo se circunscribe a educación primaria o secundaria, sino también a la universidad. “Convocamos a los miembros de la comunidad universitaria a una concentración contra la represión política en Cataluña”, tuiteó la cuenta oficial de la Universidad Autónoma de Barcelona el miércoles.

Los consejos de estudiantes de las universidades catalanas han mostrado su apoyo a la Generalitat y al mal llamado “derecho a decidir”, y algunos profesores incluso han suspendido las clases pidiendo a los alumnos sumarse a las movilizaciones “en defensa de las instituciones catalanas”.

Cabe señalar que los rectores de las ocho universidades públicas catalanas también han condenado la actuación judicial y policial contra el golpe y a favor de la legalidad de manera unánime. El rector de la Universidad de Gerona, Sergi Bonet, fue más allá y exigió a los alumnos protestar por las “acciones que el Gobierno del Estado está llevando a cabo contra las instituciones y el autogobierno catalanes”.

Español: Un idioma que une y no divide
Córdoba, en Argentina, será el escenario del Congreso de la Lengua Española, que se celebrará en marzo de 2019 con la mirada puesta en América y en el futuro de nuestro idioma, «un aglutinador», señala el director de la RAE, Darío Villanueva
Gema Pajares. Madrid. larazon 22 Septiembre 2017

Llovía ayer en Buenos Aires, pero como dice Juan Manuel Bonet, director del Instituto Cervantes, en una ciudad como esa da lo mismo. No importa empaparse. Hasta allí ha viajado junto con el director de la Real Academia Española, Darío Villanueva, y el presidente de la Academia Argentina de las Letras, José Luis Moure, para poner en marcha el próximo Congreso de la Lengua Española, que se celebrará en marzo de 2019 en la ciudad de Córdoba, en Argentina. El idioma vivirá su fiesta en Iberoamérica. De eso trataba la convocatoria de ayer en la capital de aquel país: desvelar las líneas maestras de este encuentro y explicar la hoja de ruta conjunta en un momento en que la pujanza del español, como han subrayado sus protagonistas, es innegable e imparable. «En Argentina se han volcado, literalmente, con esta convocatoria», señala Bonet.

Unión de dos orillas
¿Cuál será el lema de esta nueva cita? «América y el futuro del español?» Y se hablará de cultura, educación, tecnología, emprendimiento, en definitiva, de todo aquello que conforma el acervo cultural que une ambas orillas. Celebramos en el Nuevo Mundo un punto de encuentro del idioma que se habla en España e Iberoamérica. Y habla de la figura de Góngora en el Nuevo Mundo, un influjo que arranca en el Barroco y perdura hasta el siglo XX, «de hecho Lezama Lima es conocido como el Góngora tropical», añade Bonet. Se ha cuidado en extremo la relación con el territorio, «por eso simplica a la comunidad por entero tanto en su vertiente cultural como educativa. Estarán representados los profesores y alumnos de español y creadores tanto de la región como de la ciudad». Una ciudad que es la segunda más importante del país, con 3,3 millones de habitantes y que está situada en el centro geográfico de Argentina. Goza, además, de una arraigada tradición cultural y educativa y cuenta con la universidad más antigua de la nación, fundada en 1613.

«Nos importaba subrayar ese diálogo del territorio con España. Ya se hizo en el Congreso de Puerto Rico de 2016, con las figuras de Juan Ramón Jiménez y Pedro Salinas. Aquí se da la circunstancia de que a unos kilómetros de Córdoba vivió Manuel de Falla, una presencia que va a formar parte del programa con la celebración de un gran concierto de su música. La otra gran figura a la que se homenajeará es Juan Larrea, que vivió la mayor parte de su exilio en la ciudad argentina. Allí fue profesor y creó el Aula Vallejo», comenta Bonet.

La Real Academia Española, con Darío Villanueva al frente, es una de las patas fundamentales de este Congreso. Arranca la conversación con el filólogo haciendo hincapié en el lema y en la importancia del español como valor económico y de su peso en el contexto de la sociedad digital. Cinco serán los grandes capítulos que vertebrarán esta cita, que el director de la Docta Casa, define como «un gran festival del idioma». El primero será el español como lengua universal, su papel en Estados Unidos y las dificultades que han surgido con la nueva administración. Villanueva observa el futuro de la era Trump con optimismo, «aunque nos preocuparon los primeros pasos del presidente, me parece que se produjo el efecto contrario a lo que buscaba. Por ejemplo, hemos cerrado filas con respecto a México y eso es un hecho que no se puede cuestionar. Además, sobre el papel del español en Estados Unidos solo puedo decir que goza de una pujanza extraordinaria hoy. Fíjese, por ejemplo, en los Grammy Latinos y tantos ejemplos como tenemos al alcance», explica.

Libertad de expresión
Otro de los bloques está formado por la lengua y la interculturalidad, sus puntos de contacto y relación. Se hablará de la variedad de nuestra lengua, «que conserva una gran unidad y de la implantación de la literatura escrita en español en tiempos de fragmentación». Es el propio Villanueva quien pone en bandeja la pregunta: ¿Cómo puede nuestra lengua, en tiempos tan convulsos y fragmentarios como los que vivimos, servir de unión? ¿Tiene ese poder? «La lengua, no lo olvidemos y hemos de subrayarlo, es un elemento de comunicación y cohesión, además de entendimiento. Es fuerte y mantiene una unidad extraordinaria. Somos más de 500 millones de personas las que la hablamos». Cataluña está ahí y la fragmentación que se está produciendo entre los escritores que están contra el independentismo y los que mantiene la postura contraria ha creado una fractura preocupante. El caso de Juan Marsé, varios de cuyos libros han aparecido en una biblioteca de Cambrils pintados con la palabra «botifler» (traidor), es uno de los más sangrantes: «Es una agresión minoritaria y total y absolutamente reprobable, una ataque frontal a la libertad de expresión y a la creación en lengua española de un escritor que es catalán. Tenemos que ser capaces de dejar al margen estas anécdotas aunque sean tan dolorosas como la que nos ocupa». Y redondea con una frase: «El idioma fue hecho para la integración, no para la división. Posee una fuerza innata en sí mismo. Cuando se han dado situaciones políticas hostiles con un idioma éste ha sobrevivido. Y yo no veo peligro alguno en este momento para uno que es hablado por 500 millones de personas. No lo observo con preocupación», explica. Otros de los temas que se abordarán en esta cita se refiere a los retos que tiene planteada la educación ante sí en el siglo XXI, «esto es, un profesorado que es eminentemente analógico frente a un alumnado que ha nacido y se ha criado en un entorno digital, y ser capaces de ver cómo se hacen ambos compatibles. El español y la revolución digital será otro de los temas, así como la competitividad de nuestro idioma como lengua para la innovación, y el emprendimiento.

Hay nada menos que 24 Córdobas en el mundo y ésta, comenta el director de la RAE, puede significar una muy buena ocasión para reivindicarlas en el congreso de marzo de 2019.
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