AGLI Recortes de Prensa   Lunes 25 Septiembre 2017

Pacto fiscal con Cataluña: menos pensiones y más impuestos
"Los estadounidenses son libres de estar en desacuerdo con la Ley, pero no de desobedecerla. Ninguna turba tiene el derecho de desafiar a la Justicia", JFK al enviar la Guardia Nacional al sur
Roberto Centeno elconfidencial 25 Septiembre 2017

“Oigo, Patria, tu aflicción y no entiendo por qué callas, viendo a traidores canallas despedazar la nación”.
José de Espronceda

Un aciago día de finales de 1977, al entrar en el despacho del entonces ministro de Hacienda, Francisco Fernández Ordóñez —como consejero delegado de Campsa, el ministro de Hacienda era mi jefe y despachaba con él de vez en cuando—, le vi tan apesadumbrado y enfadado, algo nada habitual en él, que le pregunté: "¿Pero qué te pasa, Paco?". Me miró fijamente y me dijo: “Pues que este irresponsable de Adolfo [Suárez], que además de ser un ignorante cortoplacista no tiene el menor sentido del Estado, me ha obligado a restituir el régimen foral a Guipúzcoa y Vizcaya en lugar de quitárselo también a Navarra y Álava, que es lo que, como sabes, tenía previsto en mi proyecto de reforma fiscal”.

Y añadió: “Cuando le vamos a pedir a los españoles 100.000 millones de pesetas adicionales, la mayor subida fiscal de nuestra historia para cambiar el régimen, lo menos que podemos ofrecerles es equidad en la carga y justicia en la distribución, pero Adolfo, que es un falangista que pacta todo en 'petit comité' a espaldas del pueblo, se la ha cargado porque Marcelino [Oreja] y Agustín [Rodríguez Sahagún] —cabezas de lista de UCD por Guipúzcoa y Vizcaya respectivamente— dicen que si no hacemos esto, perderán las elecciones; ¿te puedes creer que unos intereses personales se van a cargar la justicia tributaria en un país que pretende ser moderno y democrático?”. Le dije que dimitiera, como haría Fuentes Quintana unos meses después, pero Paco no era un luchador y no lo hizo.

Este es el nefasto régimen del 78 desde su nacimiento, con una subida brutal de impuestos para financiar el modelo de Estado más despilfarrador y deshonesto de Europa. Incompetencia, latrocinio, falta de sentido del Estado y corrupción y nepotismo a todos los niveles. De un PIB per cápita relativo a los nueve países centrales de la entonces CEE del 83% en 1975, hemos pasado al 71% hoy. De la octava potencia económica del mundo, hemos pasado a la 16ª. De una producción industrial que era el 36% del PIB en 1975 hemos pasado al 15% hoy. De tener la misma renta per cápita que Irlanda, 10.000 dólares, hoy tenemos un 40% menos. De tener la cuarta mejor enseñanza pública de Europa, hoy tenemos una de las peores, tanto, que ha dejado de ser el gigantesco ascensor social que fue en el pasado.

España lleva más de 40 años creciendo muy por debajo de su potencial. Y respecto al reparto de la renta y la riqueza, nunca ha habido tanta desigualdad y hoy somos maillot amarillo en desigualdad en toda la UE, y las inequidades territoriales son hoy escandalosas y mayores que nunca, al haber desaparecido en la práctica todo vestigio de solidaridad interterritorial. Buen ejemplo de ello es lo que ha devenido en la práctica el régimen foral vasco-navarro restituido por Adolfo Suárez, en contra de los más elementales criterios de equidad, solidaridad y democracia que este “desastre sin paliativos”, como le llamaría el Rey años después, decía defender.

El régimen foral vasco-navarro se ha convertido a día de hoy en un gigantesco expolio al resto de españoles que supera los 20.000 millones de euros anuales, una cantidad que sería suficiente para garantizar las pensiones indefinidamente, cuyo déficit actual se cubre con deuda, algo que utilizan algunos mercenarios para pedir su recorte en un 40%, porque resulta que la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores españoles al jubilarse es demasiado pequeña y debe ser mucho mayor, para permitir privilegios como el escandaloso cupo y la financiación del Estado autonómico cuyo coste supone anualmente un despilfarro de 100.000 millones de euros, respecto a un Estado descentralizado.

Del expolio de 20.000 millones, la mitad aproximadamente corresponden a lo que dejan de ingresar en el Tesoro descontando los servicios que ellos financian de más, y la otra mitad, al hecho de que muchas empresas, pymes generalmente, que ingresan el IVA de sus ventas en las diputaciones forales, y deberían devolver al Tesoro la parte correspondiente al IVA generado fuera de sus territorios —lo que sucede en teoría con grandes empresas como Iberdrola o el BBVA—, no devuelven la mayor parte, y Hacienda, que exprime a muerte a los ciudadanos, mira para otro lado, al igual que ocurre con sociedades por los beneficios fuera de las provincias forales. Y ahora, además de expoliarnos, están a favor de los sediciosos totalitarios, y aprovechando la aprobación de los Presupuestos, van a chantajear al cobarde patológico de Rajoy para exigir más dinero y más competencias.

Premiar a los enemigos de España
Y ahora los 'líderes' políticos, Rajoy, Sánchez y Rivera, que todavía no han ganado el pulso a los sediciosos totalitarios y a la CUP, ya están ofreciendo negociar la ruina de España ofreciendo a Cataluña un nuevo “modelo de financiación”, que en el mejor de los casos consistiría en reducir su déficit fiscal a cero y en dotarse de una Agencia Tributaria propia, y en el peor, el mismo poder de expolio que los vascos y navarros, que en el caso de Cataluña —que es tres veces mayor— nos costaría al resto de los españoles 60.000 millones. En este supuesto, tendría que salir del recorte de las pensiones en un 40%, como piden algunos, de mayores impuestos sobre la clase media y los trabajadores y de más deuda.

Resulta realmente sorprendente el paralelismo entre las cesiones de Chamberlain ante Hitler para conseguir la paz, y las cesiones que están dispuestos a realizar Rajoy y toda la clase política a los sediciosos de Cataluña para conseguir la paz o el consenso. Pero mucho más paralelismo aún entre la histórica intervención de Churchill el 5 de octubre de 1938, seis días después de Múnich, cuando Chamberlain se presentó ante el Parlamento para defender el acuerdo con los nazis. La Cámara le apoyó, gritando “paz, paz”, pero Churchill se alzó frente a la cobardía y la claudicación, concluyendo con su conocido y rotundo “os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra, elegisteis el deshonor, y tendréis la guerra”.

Pero fue en su menos conocida intervención donde está la gran lección para nuestros políticos: “Esto no es más que el primer sorbo, el primer anticipo de una copa amarga [la destrucción de España, en nuestro caso], que nos ofrecerán año tras año [consiguiendo un nuevo expolio económico], sometiendo al pueblo checo [catalán hoy] a un férreo régimen nazi, mientras los checos [catalanes no separatistas], en silencio, desesperados y abandonados, se hunden en la oscuridad, y mientras tanto exigirán la anexión de otros países [Valencia, Baleares y Aragón, como ya han anunciado], a menos que estemos decididos a defender por todos los medios nuestra posición a favor de la libertad, y la defensa de la Patria”. Rajoy es nuestro Chamberlain en provinciano, pero no tenemos un Churchill capaz de despertar a esta aborregada nación para que se defienda.

Según las balanzas fiscales publicadas, que inexplicablemente solo contemplan los gastos del Estado, el déficit de Cataluña es de 9.892 millones y el de Madrid, de 19.205, pero excluyen los de las CCAA y las CCLL, donde los gastos en sanidad y educación los recibe masivamente el sector empresarial catalán. Cuando se computan, el déficit es casi cero. Pero, además, ¿en qué país del mundo se hace tal cosa?, ¿acaso en Alemania los 'länder' más ricos y que pagan más impuestos tienen pactos fiscales para pagar igual que los más pobres?, ¿o en EEUU, o en Francia, o en Italia? Y puestos a proponer disparates, habría que acabar también con el superávit comercial catalán, que es de 18.000 millones, ¿o es que déficit fiscal no y superávit comercial sí? Es absolutamente abyecto, pero la propuesta de “negociar un nuevo modelo de financiación” es mucho peor: el cupo vasco. Y eso, queridos lectores, les afecta muy gravemente, supondrá menores pensiones, mayores impuestos y más deuda, que arruinará el futuro de sus hijos.

P.D: leo con estupor que Sánchez advierte a Rajoy de que no puede recortar derechos a los sediciosos. Realmente inaudito. ¿Cuándo Sánchez ha levantado la voz para exigir a los separatistas totalitarios que no recorten los derechos de los no separatistas? ¿Cuándo que respeten los derechos humanos más elementales? La gran bandera de la izquierda española de defender a los oprimidos es una escandalosa patraña: siempre defiende a los opresores y a los enemigos de España.

Una camada con suerte
Hermann Tertsch ABC 25 Septiembre 2017

«ESTOY recibiendo muchas cartas airadas de todo el mundo por la quema de mis libros hoy en Berlín. Llegan de Holanda, Francia, Inglaterra… nadie puede concebir que después de 400 años vuelvan a quemarse libros…», le escribía Stefan Zweig a su amigo Alois Mora el 10 de mayo. Lo hacía desde Salzburgo, ciudad austriaca en la frontera con la Alemania hitleriana. «Hoy todavía podemos decir con orgullo que eso no habría sido posible en Austria». Todavía. La situación iba a peor. Un mes más tarde confesaba a su amigo Andreas Latschke: «Mi situación es mala, peor de lo que me atrevo a dictar. Aquí ya no se puede vivir, no se puede decir ni una palabra a nadie porque todo es nacionalsocialista. Ni los amigos cercanos son ya seguros. Aquí se ahoga uno entre enemigos y espías…». Zweig no cumplía ningún requisito para ser buen nacionalsocialista. Y lo que se exigía en el Salzburgo obnubilado por el milagro alemán era eso. Aquellos austriacos solo pensaban en que «todos somos de los països germanos». La llamada de la tribu. La de entonces y la de ahora, la que se oye en coro entonada por jóvenes camadas de odiadores salidos de colegios y universidades del adoctrinamiento y la mentira.

«Joan Manuel Serrat eres la vergüenza de Cataluña. No mereces ser catalán con las barbaridades que dices. En el nuevo país no te queremos por demagogo». Gloria Nicolau Figuera se lo dice tal como lo siente a Serrat. Que se vaya. Que no hay sitio en el nuevo país más que para buenos catalanes que piensan todos igual. La niña no tiene la culpa. La tienen los canallas que la adoctrinaron y los cobardes que desde lejos, desde Madrid, lo permitieron. A Juan Marsé aún no le han quemado los libros. Quizás solo porque las televisiones que agitan las bajas pasiones aun no creen llegado el momento de ese golpe escénico del Fahrenheit 451 para los programas que ponen al rojo vivo. Ellos dirán cuándo. De momento se rompen los libros y se escriben insultos a Marsé en las tapas y hojas arrancadas. Otro mal catalán. Ni Serrat ni Marsé han sido combativos contra lo que se veía venir. Zweig tampoco. No pensaba que fuera posible algo así en una sociedad tan culta y sofisticada, en ese oasis de sensibilidad.

Hay una gran diferencia entre aquellos camisas pardas que quemaban los libros de Zweig y las camadas totalitarias que ahora quieren acabar con todo lo español en Cataluña. Estas de hoy tienen la inmensa suerte de que no pueden ganar. Si lo hicieran, aunque solo fuera por unos años, tendrían tiempo para hacer cosas de las que arrepentirse durante muchas vidas. Como pasó a los de la hoguera del 10 de mayo de 1933 en el Opernplatz. Poco después estaban alistados a una guerra criminal por hacer buenos alemanes a los vecinos que hablaban parecido a ellos. Mientras a los malos alemanes los mataban en casa.

Golpe de Estado en marcha (19)
Vicente A. C. M. Periodista Digital 25 Septiembre 2017

LOS SOCIALISTAS OBLIGARÁN A MARIANO RAJOY A DIALOGAR Y BUSCAR UNA SOLUCIÓN PACTADA PARA RESOLVER EL CONFLICTO CATALÁN.

Con esta frase tan contundente en un mitin en Badalona, Pedro Sánchez vuelve a aparecerse a la opinión pública, para reafirmarse en ese apoyo sibilino, temporal y condicionado al llamado bloque constitucional, que no es tal, ya que el PSOE de este botarate ambicioso y taimado personaje, cumple perfectamente con el lema de campaña de “somos la izquierda” al que le falta la apostilla de “traidora a España”. Porque no otra cosa es quien propone para España y para los españoles, dividirlos en naciones de conveniencia adaptadas a las aspiraciones nacionalistas independentistas y crear esa Nación de naciones en una Federación asimétrica en la que no se aclara si cada nación elegirá libremente su adhesión o declararse independiente, ni tampoco qué tipo de obligaciones federales asumirán. Y por supuesto que tampoco dice que esa propuesta conlleva no una revisión de la Constitución sino cambiar totalmente la existente por otra cosa muy diferente. España dejaría de ser una Monarquía parlamentaria y ya no existiría lo de la indisoluble unidad de la nación, ni tampoco que la soberanía solo resida en el pueblo español, ya que se reconocería de hecho la existencia de otros pueblos como el vasco, el catalán, posiblemente el gallego y por qué no, el andaluz.

Pedro Sánchez hace un uso mezquino y perverso de la reflexión de Mariano Rajoy en cuanto a dudar de su firmeza al decir que “nos están obligando a hacer lo que no queremos hacer”, para apuntarse al carro de ser el responsable del cambio de actitud de un Mariano Rajoy al que acusa y acosa de inmovilista y de no haber agotado la vía del diálogo. ¿Y qué tipo de diálogo quiere hacer este mameluco con los golpistas? ¿Son estos los interlocutores apropiados que representan la multiplicidad política de la sociedad catalana o solo lo son de los que se declaran independentistas? Hace falta tener cinismo y poco sentido de Estado para actuar como hace este sujeto que, por desgracia, ha sido reelegido por los militantes socialistas, a pesar de sus antecedentes y confabulaciones con la extrema izquierda, que le llevó a su destitución vergonzante como Secretario General del PSOE.

Pedro Sánchez deforma la realidad para adaptarla a su mensaje de división y fragmentación de la sociedad española. Aprovecha el desafío secesionista para dar impulso a su propuesta federalista en un momento en que la supervivencia de España está en peligro inminente. Es deleznable comprobar su hipócrita posición de apoyo a la legalidad vigente, -hacer otra cosa sería su fin político y el de su partido-, manteniendo una distancia real y evitando dar una imagen inequívoca de apoyo a su declarado enemigo y con su competidor Albert Rivera. Apoyo sí pero condicionado y endeble, frente común constitucional, no. Y ¿por qué? Porque simplemente no acepta esta Constitución, aunque se ve, por ahora, obligado a acatarla hasta que le dé la vuelta como a un calcetín con el apoyo de los enemigos de España, los nacionalistas golpistas y la extrema izquierda radical de PODEMOS, su socio Pablo Iglesias, que sigue insistiendo en mostrarle los apoyos que ha obtenido en su Asamblea democrática, para desbancar al PP y echar a Mariano Rajoy en la moción de censura.

No me cabe ninguna duda de que Pedro Sánchez esperará a ver el desarrollo de los acontecimientos el día 1 de octubre y horas posteriores para traicionar el pacto constitucional y lanzar su propuesta y quizás amenazar con esa moción de censura como forma de coacción. Una moción que puede prosperar si el PNV y alguna otra formación en la órbita del PSOE, deciden secundarla al considerar que Mariano Rajoy se ha extralimitado en su respuesta al desafío golpista. No se trata de aceptar otro pacto económico mercenario como pago a su apoyo a la pervivencia del Gobierno y de la legislatura. Se trata de apuntarse al carro secesionista aprovechando la debilidad manifiesta del resto de fuerzas que defienden la unidad de España. Y el PSOE de Pedro Sánchez, desde el Congreso de Granada, dejó de hacerlo al incluir el reconocimiento de pueblos en España diferentes, su derecho a decidir su futuro y afirmar que España es una nación de naciones.

En cuanto a obligar a Mariano Rajoy a dialogar para destruir España, es algo que no me cabe ninguna duda de que no se va a producir. Comisiones parlamentarias, las que se quieran, pero siempre dentro de un marco constitucional. Y no digo que no se termine por ceder al chantaje y se acabe por ampliar las competencias hasta equipararlas a las existentes con El País Vasco y Navarra, pero una vez abierto ese melón, que nadie dude de que el resto de autonomías reclamarán igualdad de trato, por aquello que todos recordarán de la famosa “cláusula Camps” en el Estatuto de Valencia, rápidamente incorporada en el resto de Estatutos de autonomía. EL famoso “café para todos” que preguntaba irónicamente Carles Puigdemont a las dos diputadas del PP, es precisamente lo que el PSOE de Pedro Sánchez no contempla.

Dice Pedro Sánchez que obligará a Mariano Rajoy a hacer lo que no quiere hacer, y a lo mejor se lleva la sorpresa del adelanto de las elecciones generales como forma de salir de una vez del callejón sin salida al que le han llevado los enemigos de España, que no son solo los golpistas, sino también aquellos que como Pedro Sánchez intenta pactar lo que no está legitimado para hacer sin consultar a todos los españoles. Así que la mejor forma de obligarle a escuchar a los españoles es en las urnas en unas elecciones generales.

No se trata de tirar la toalla, sino de dar una oportunidad al pueblo español a dejar clara su posición en esta etapa crucial donde está en peligro la propia supervivencia de España tal y como la conocemos. ¡ELECCIONES GENERALES; YA!

El nacionalismo catalán mina la unidad europea...
Editorial larazon 25 Septiembre 2017

Las autoridades comunitarias ya han advertido que el plan secesionista de Cataluña supondría la salida inmediata de esta región de España de la UE. Añaden, además, que dicho conflicto es un «asunto interno», aunque las consecuencias alterarían el mapa europeo. De ahí que el desafío independentista catalán deba inscribirse dentro los movimientos nacionalistas surgidos en Europa en la últimas décadas y representados en estos momentos por los gobiernos antieuropeos de Polonia y Hungría. Después de todo, el presidente de este último país, el ultranacionalista Viktor Orbán, ha sido el único mandatario europeo que aceptaría el resultado del referéndum ilegal de autodeterminación de Cataluña. «La voluntad de las personas es siempre lo que importa», dijo con un inequívoco mensaje populista. Los italianos de Liga Norte tampoco son ajenos a este mensaje basado sobre todo en los agravios de las regiones ricas frente a los «

parásitos» del sur. El punto de inflexión que indicó el camino a seguir por estos partidos que aspiran a recuperar una soberanía económica y política robada ha sido el Brexit británico. El principio propagandístico puesto en marcha por los euroescépticos británicos estaba basado en un principio clásico del nacionalismo: solos nos irá mejor que compartiendo el futuro con los demás, sobre todo con unos vecinos que consideran un lastre. Los dirigentes independentistas catalanes insisten en su vocación europeista, pero parece no atender las consecuencias de una declaración de independencia: la salida del nuevo Estado catalán de la UE y el consiguiente debilitamiento de un país clave en el proyecto europeo como es España. En política, y más cuando se trata del futuro de una nación histórica, las buenas intenciones no sirven de nada; lo importante son las consecuencias. El independentismo no sólo juega a favor de las opciones disolventes del proyecto de una Europa unida, sino que colaboraría con aquellos regímenes autocráticos interesados en fracturar la UE, como es el caso de Rusia.

Los nacionalistas catalanes que tan frivolamente claman por un «maidán» imitando a los rebeldes ucranianos en Kiev, deberían no olvidar que su irresponsabilidad les llevaría a estar más cerca de Moscú que de Bruselas. El profesor George Steiner lo explica retrotrayéndonos al pasado más terrible: «Los odios étnicos, el nacionalismo chovinista y las reivindicaciones regionales ha sido la pesadilla de Europa». En un contexto especialmente complicado por una crisis económica que ahora parece mostrar signos de recuperación y con un gran movimiento migratorio procedente de las guerras de Oriente Próximo, se han activado los viejos demonios, ahora con la apelación al nacionalismo económico, el «España nos roba» o la «gran mentira del Brexit»: los 380 millones de euros que se podrían invertir en la sanidad pública británica si esa cantidad no se aportara a la UE, aunque el día después de la votación Farage reconociese que era falsa. La prensa europea, que recibió felizmente las protestas separatistas en Barcelona, parece que empieza a corregir y a poner la lupa en las consecuencias. «Liberation» publicaba ayer una durísima tribuna de Maxime Fourest en la que se decía que «si un solo orden constitucional –húngaro, polaco o español– fuese derrocado por la subversión de las normas democráticas por un partido o coalición hegemónico y mesiánico dentro de una Europa basada en las separación de poderes y la jerarquía de las normas, habría que escribir ya el obituario».

El indefinido coste de un conflicto
Primo González republica 25 Septiembre 2017

El estado de crispación y de conflicto político abierto en Cataluña y en el conjunto de España, puesto que a todos nos afecta el problema, va a tener un coste económico apreciable para el país. De eso caben pocas dudas. El grueso del quehacer nacional en las esferas en las que se toman decisiones poco tiene que ver, desde hace unos pocos meses a esta parte, con la búsqueda de nuevas ideas, con el trabajo bien hecho, con la toma de decisiones de futuro… El país entero parece embarcado en una estéril tarea de poner patas arriba la Constitución, cuando no de incumplirla abiertamente, sin que de forma paralela se estén buscando mecanismos alternativos para negociar y buscar un nuevo modelo de organización para la vida nacional.

Es una pena que España se esté desangrando literalmente cuando el grado de prosperidad del país había empezado a encarrilarse felizmente por la vía del crecimiento, ahora amenazada. Hasta hace escasas fechas, todas las previsiones que se formulaban entre los expertos y analistas sobre el estado de la economía superaban a las anteriores. Los organismos internacionales no hacen sino poner a España como ejemplo del buen hacer.

Ya crecemos por encima del 3% del PIB, lo que es una tasa de la que disfrutan pocas economías mundiales. Y la tasa de crecimiento del empleo se encuentra en sus niveles más elevados desde hace tres años, aunque todavía quede mucho camino por recorrer para acercarnos, no ya al pleno empleo, sino a las tasas de desempleo que son habituales en los países desarrollados y que España, multiplica todavía por dos o por tres. Las exportaciones, un barómetro que da testimonio de nuestra capacidad competitiva frente al resto del mundo, van como un tiro, creciendo a tasas de casi dos dígitos y desde luego marcando récords históricos casi cada mes, lo que explica la buena disposición del empleo, en la medida en que la industria, principal componente de las exportaciones, abastece de puestos de trabajo en gran medida estables y a largo plazo a la población española.

En fin, al margen de triunfalismos carentes de justificación, lo cierto es que la economía va como una moto y, por el contrario, los españoles nos empeñamos en activar una estéril marabunta de divisiones y discusiones internas, que tienen secuestrada la capacidad de actuación de buena parte de la clase dirigente y seriamente preocupados a los empresarios, con altas dosis de perplejidad de muchos inversores extranjeros que estaban orientando hacia España importantes flujos de inversión muchos de los cuales parecen estar ahora mismo en suspenso o en fase de reconsideración, al menos hasta que amaine el temporal.

Todo ello además de tener entretenidos en tareas poco productivas a una parte de la población juvenil, que busca en el idealismo nuevas fuentes de inspiración y una nueva estructura del Estado, como si ello fuera a resolver los problemas de unos y otros, de españoles y de ciudadanos de las diferentes Comunidades Autónomas, en especial la catalana, que tratan de imponer nuevas modalidades de convivencia, a veces de espaldas a la historia del país y muchas veces también de espaldas al sentido práctico y al sentido común. El país no puede seguir desangrándose indefinidamente en busca de ideales que nadie sabe identificar con precisión. Cuanto antes acabe este desbarajuste y nos pongamos a hablar como personas sensatas, mejor para todos.

El eterno chantaje de los mismos
Pedro de Tena Libertad Digital 25 Septiembre 2017

Digo "eterno" porque lo parece, aunque no sé bien cuándo comenzó. Antes de 1850 ya existía. Aunque el origen del nacionalismo catalán se sitúa entre finales del siglo XIX y comienzos del XX como consecuencia del catalanismo cultural, lo cierto es que ya Espronceda, en 1842, denunció los privilegios de sus grupos de presión en el exprincipado en el Congreso de los Diputados. El españolísimo poeta nacido en Almendralejo, entonces diputado por Almería, condenó indignadamente el proteccionismo favorable para sectores de la economía catalana, la falta de competencia económica, el exclusivismo de los beneficios fiscales para Cataluña y también los fueros vasco y navarro. Todo ello perjudicaba al resto de España y lo dijo.

Viene esto a cuento porque ayer circuló por el guasap en español un poema, supuestamente del autor de la "Canción del pirata", que entre otros versos contenía los que siguen: "Oigo, patria, tu aflicción/ y no entiendo por qué callas,/ viendo a traidores canallas/ despedazar la nación". Estos versos no son de don José y tampoco del vate jiennense Bernardo López, famoso por su "Oda al 2 de Mayo", cuyos versos originales fueron "Oigo, patria, tu aflicción,/ y escucho el triste concierto/ que forman, tocando a muerto,/ la campana y el cañón". Y, claro, recordé con emoción a Espronceda y su defensa de la nación española.

En esto estaba cuando supe que el PNV ya no apoyaba lo que había acordado con el PP sobre presupuestos, sino que exigía más competencias, más dinero y más de todo. Ahora, el árbol lo menean los independentistas catalanes y los seguidores de Sabino Arana siguen recogiendo las nueces.

Este ha sido el esquema habitual del chantaje intolerable al que los españoles de todas las regiones menos País Vasco y Cataluña hemos sido sometido por los separatistas (izquierdas y derechas ahora van de la mano en eso, que luego ya veríamos). Lo hicieron en la Transición condicionando la Constitución para traicionarla a la primera oportunidad y succionando más y más competencias y dinero público. De ese modo, lograban controlar casi totalmente –lengua, instituciones, dinero y medios de comunicación– sus regiones y humillaban y exiliaban espiritualmente a los vascos y catalanes que se sienten españoles. De la paciencia a la independencia, llamaron a aquella fase que han dado ahora por terminada con la perpetración de un golpe de Estado.

La actitud de todos los Gobiernos de la democracia desde 1976 ha sido la de pasar la mano por el lomo y ceder, ceder y seguir cediendo, en la esperanza de que el tigre siguiera siendo de papel. Pues bien, no es de papel. Y ahora qué.

Dos preguntas. Tras lo ocurrido, que es un golpe de Estado como la Sagrada Familia de imponente, ¿se le está pasando por la cabeza al Gobierno de Rajoy premiar a los golpistas con una especie de cupo catalán, al estilo del vasco, que dé a los responsables de esta conmoción la posibilidad de seguir acumulando medios para, en el futuro, volver a dar otro golpe de Estado, esta vez definitivo?

Segunda. Cuando llegue el 2 de octubre, ¿todos los señores y señoras que han tenido arte y parte en este espectáculo ilegal van a seguir en sus puestos como si no hubiera pasado nada?

Hay más preguntas, claro, pero si en estos dos casos la respuesta fuera afirmativa habría quedado claro que el chantaje separatista funciona y que la nación española está en manos de unos felones, en el Gobierno y en la oposición.

Estanislao Figueras, Rajoy y la posibilidad de un Frente Popular
La Gaceta  25 Septiembre 2017

El presidente del Grupo Intereconomía y editor de La Gaceta, Julio Ariza, ha señalado en el editorial multimedia de este domingo que el desafío separatista le ha proporcionado una oportunidad a Mariano Rajoy.

Tras recordar la frase del primer presidente de la famosa primera República Española, Estanislao Figueras, que dijo a sus ministros “estoy hasta los cojon** de todos nosotros” y se marchó a París, asegura que probablemente Mariano Rajoy “esté hasta los bigotes de todos nosotros”.

“Rajoy tiene una papeleta histórica, tiene que lidiar con un problema que él mismo ha dejado pudrir por su inacción. Pero también ha generado una gran oportunidad. Muchos españoles están abriendo los ojos respecto a la naturaleza del nacionalismo radical y ultra”, señala, antes de incidir en que Rajoy “puede dejar la presidencia del PP y dar el relevo a una persona nueva, con fuerza, con limpieza y plantear unas elecciones generales que, sin duda, la formación podría ganar con mayoría absoluta”. “Lo contrario va a generar una gran posibilidad para que un nuevo Frente Popular se apodere de nuestras vidas y nuestro futuro”, asevera.

María y la degradación catalana
Xavier Salvador cronicaglobal 25 Septiembre 2017

Tiene sólo 17 primaveras muy bien llevadas. Es una joven inquieta e inconformista. Prepara un estudio interesantísimo sobre cuestiones relacionadas con la naturaleza. El futuro fluye por sus palabras y sus actos. María es la hija de unos amigos íntimos.

Ayer, durante la sobremesa, me explicaba decepcionada que esta pasada semana, en el instituto de Barcelona en el que cursa el bachillerato, un profesor​ puso a debate entre los alumnos la situación política catalana. Nada extraño, habida cuenta de que el proceso iniciado por los independentistas ha invadido ya, ahora sí, todas las esferas del debate en el ámbito público y privado. Es lógico, que la escuela acabe impregnada por la discusión de unos hechos que tienen tamaña trascendencia para nuestro futuro colectivo. En Cataluña, por supuesto, pero en el resto de España, también.

El profesor preguntó a los alumnos qué pensaban sobre lo que sucedía. Una mayoría se mostró favorable a votar, porque los jóvenes estudiantes asociaban el ejercicio del voto con el ejercicio de la libertad individual y colectiva. Me dice que sólo unos pocos compañeros no están por la independencia, pero que prefieren no pronunciarse ni debatir con sus contrarios porque se sienten acomplejados al no formar parte de ese grupo aparentemente moderno e incrustado en la tendencia que conforma el pensamiento de una mayoría de los jóvenes que regirán Cataluña​ dentro de dos décadas.

María, pese a que tiene familiares y amigos independentistas, fue la única de la clase que se atrevió a emplear su voz para poner en duda que la salida más conveniente para los catalanes sea la propuesta por los secesionistas. No tiene todavía madurados sus argumentos, pero sí que explicó que no se pueden hacer referéndums si uno se salta las leyes. El profesor, sorprendido, le dijo que eso era una opinión, como si la respuesta le molestase y alterase su discurso doctrinario ante el resto de los alumnos que, o bien compartían su postura, o sencillamente mantenían un prudente e ilustrativo silencio. Para adentrarse en las motivaciones que le llevaban a pensar con espíritu crítico, el docente le preguntó a María qué televisiones veía: La Sexta, Antena 3 y TV3, respondió ella. Doy fe de que es así. Al profesor no le cuajó el razonamiento y respondió que, bueno, que son opiniones...

La decadencia de Cataluña se inició, poco a poco, por la enseñanza. Hace ya demasiados años que desde ese ámbito se adoctrina a los jóvenes para que progresen educados en un nacionalismo hispanófobo y excluyente. La función de los medios de comunicación locales para consagrar una opinión pública determinada ha contribuido como fijador de ideas y valores [recuerdo que en mis años de redactor en un importante medio de comunicación barcelonés no nacionalista nuestra portada minimizaba los partidos de fútbol de la selección española pese a que registraba récords de audiencia televisiva]. Era cuestión sólo de tiempo que pasáramos a tener un sistema educativo degradado y alienante. Esa fase ya ha sido alcanzada.

Quienes no evalúen el contexto, analicen la historia reciente y se hagan multitud de preguntas no comprenderán la raíz del contencioso político y del fenómeno de fanatismo identitario y populista que nos invade. La situación de conflicto actual quizá se frene por la vía de los mecanismos coercitivos del Estado de derecho. Pronto, en unos años, pocos seguramente, la situación resultará ya irreversible y es muy probable que esas mismas herramientas resulten entonces insuficientes. No admitirlo es no ser capaz de situarse ante lo que sucede hoy en nuestro país y por qué hemos llegado al actual estado de cosas. María se merece, por su valentía, vivir en una sociedad menos degradada y en la que los librepensadores sean más que los gregarios.

La nostalgia de las comunidades ideales
TERESA GIMÉNEZ-BARBAT El Mundo 25 Septiembre 2017

EN EL caso del desafío secesionista catalán, hemos visto pronunciarse a profesionales de diferentes campos. Sobre todo del derecho. Pero no todo se reduce a una cuestión de legalidad. La antropología tiene mucho que decir de todo ello. El problema fundamental de la cooperación humana es -y, probablemente, será por mucho tiempo-, cómo poner de acuerdo a personas de diferentes genealogías y orígenes.

Diversos filósofos y humanistas nos han hablado del "círculo moral" de la confianza, la cooperación y de la solidaridad. Nuestro primer círculo moral se reducía a nuestros familiares más cercanos y podía extenderse un poco más allá, a lo que llamamos familia extensa o tribu. Conseguir la supervivencia de los cercanos hacía posible salvaguardar el acervo de los propios genes. La gran sorpresa es que históricamente hemos realizado saltos hacia delante en la cooperación de nuestra especie. Avance que, sin perjuicio de regresiones cíclicas, parece apuntar hacia una ampliación progresiva del círculo -en términos del antiguo filósofo estoico Hierocles- que contiene a los que cooperan. Y las ventajas de esta estrategia demuestran que otra manera de proteger los propios genes es evitando el conflicto con otros grupos. Los que consiguen seguirla pueden prosperar. Ampliar la circunferencia de este círculo ha tomado su tiempo y de hecho se han experimentado diferentes saltos o lo que voy a llamar aquí grandes transiciones.

Una primera gran transición tuvo lugar en la prehistoria, cuando la evolución de un lenguaje simbólico y mitológico permitió a los grupos de más modernos y gráciles (desprovistos de rasgos arcaicos más agresivos) humanos sapiens sapiens superar a competidores robustos -como los neandertales- mediante una inteligencia social más desarrollada.

La segunda transición coincide con el surgimiento de la escritura, las primeras ciudades e imperios en cuyo círculo de civilización, legitimado por sistemas de leyes comunes e ideologías religiosas, cooperan grupos más amplios de personas.

Una tercera transición comenzaría no antes del siglo XVI, coincidiendo con las grandes exploraciones europeas y los imperios occidentales de ultramar que consiguen dar literalmente la vuelta al globo. A esto se le suele llamar globalización.

Quizá nos encontramos en el umbral de una cuarta gran transición: la de las grandes sociedades de la información que trascienden los límites nacionales, conduciéndonos hacia una era que algunos califican como hiperhistórica y que favorecería la evolución de unidades políticas de cooperación por encima de los estados-nacionales y otras pequeñas unidades. Una sociedad de cooperantes planetaria, por así decirlo. Pero las transiciones se han cobrado un precio, en buena medida psicológico, ya que nuestra psicología social evolucionó, como he explicado, en entornos mucho más familiares y tribales que el actual, y estuvo marcada por encuentros cara a cara dentro de un grupo humano de no más de 150 individuos, según la conocida estimación de Robin Dunbar.

Este desajuste evolutivo, escarbando en la herida de una identidad y destino que parece escaparse de nuestro control, es quizá la explicación más profunda de tumultos políticos modernos como el propio nacionalismo. En realidad, no podemos vivir ya en sociedades compuestas por familias extendidas de 150 personas que se conocen y comparten genealogía -real o imaginada-, pero las ideologías nacionalistas y separatistas se basan en una especie de reconstrucción virtual y melancólica de este pequeño grupo o comunidad ideal. Y los políticos nacionalistas se encargan de exacerbarlo.

A la luz de la psicología social humana, no hay nada muy peculiar en el nacionalismo catalán que lo distinga de otros segregacionismos y separatismos. Ni España ni Cataluña son diferentes: podemos encontrar movimientos políticos similares que reivindican comunidades ideales con una difusión epidémica más o menos fuerte en naciones históricas europeas y consolidadas como Francia, Gran Bretaña o Italia.

Los nacionalistas de estas regiones a menudo apelan a la democracia, y a veces también a la integración en Europa. Pero aquí nos encontramos con contradicciones y dificultades insuperables.

Por una parte, la idea de que podemos usar la democracia en este momento para crear divisiones entre pueblos y personas donde no existían o estaban larga y sensatamente olvidadas es -como poco- bastante pintoresca. Por de pronto, contradice una larga tendencia que los historiadores asocian íntimamente con el proceso de civilización y pacificación, especialmente, el europeo: la reducción secular de sus unidades políticas. Según el historiador militar Quincy Wright, Europa habría pasado de tener 5.000 unidades políticas independientes (baronías y principados, sobre todo) en el siglo XV, a 5.000 en la época de la guerra de los 30 años, en el siglo XVII, 200 en la época de Napoleón en el siglo XIX y menos de 30 en 1953. Esto tiene consecuencias: según el Global Peace Index, 15 de los 25 países del mundo más pacíficos son hoy europeos.

Por otra parte, no soplan buenos vientos para la aspiración de que las pequeñas naciones ideales -Cataluña, País Vasco, Córcega, etc.- se acomoden en el orden legal europeo. La idea favorita hasta hace poco tiempo entre nacionalistas catalanes, galeses o irlandeses de disolver los estados nacionales en una Europa de los pueblos ha perdido fuerza tras la crisis financiera global de 2008. La UE no ha creado una tercera vía política entre la independencia y la Unión. Tenemos un Comité de las Regiones, pero el mayor poder sigue en manos de las naciones históricas a través del Consejo de Ministros, la Comisión y el Banco Central. Es más, este mismo orden legal sigue reconociendo, en el artículo cuatro del Tratado de Lisboa (2007) las funciones esenciales de los Estados miembros y, en particular, "las que tienen por objeto garantizar su integridad territorial, mantener el orden público y salvaguardar la seguridad nacional". Artificios legales creados ad hoc por politólogos y activistas, como un inexistente derecho a decidir, evidencian las dificultades de los ideólogos separatistas para facilitar su encaje en el orden internacional y europeo.

Cierto que la trayectoria seguida por la Unión Europea no satisface a todos. Los equilibrios de la política real nos han situado en algún lugar intermedio entre la Europa soñada por los federalistas más optimistas (entre quienes me hallo) y la Europa de los Estados a la que preferirían regresar muchos euroescépticos todavía en el siglo XXI. Las dudas surgidas tras la crisis financiera, institucional y de identidad de los últimos años, que suelen ser tan subrayadas incluso en los discursos europeístas -además de deliberadamente estimuladas por terceras partes interesadas- no deben, sin embargo, hacernos perder de vista que, según la evidencia empírica, la mentalidad proeuropea sigue creciendo entre la población de la Unión (Striesing y Lutz, 2016). Según el Eurobarómetro, dos tercios de los europeos siguen viendo la Unión como un lugar estable dentro de un mundo problemático; el 80% apoya las libertades fundamentales europeas y el 70% respalda la moneda común.

Al exigir la separación con el resto de España y apostar por comunidades ideales basadas en identidades rígidas los nacionalistas catalanes y sus afines no sólo cuestionan un espacio de cooperación común que nos ha costado siglos construir en nuestro propio país. También se sitúan frente a la corriente general del proyecto europeo, que favorece más bien identidades que evolucionan hacia una conciencia de hiperpatria integradora y a unidades de cooperación más plurales, grandes y abiertas.

María Teresa Giménez Barbat es antropóloga y eurodiputada del Grupo de la Alianza de los Demócratas y Liberales por Europa (ALDE).

El futuro islámico de Europa
Guy Millière lagaceta.eu  25 Septiembre 2017

El ataque terrorista de Barcelona obtuvo las mismas reacciones que todos los grandes atentados en Europa: lágrimas, oraciones, flores, velas, ositos de peluche y quejas de que "el islam significa la paz". Cuando la gente se congregó para exigir medidas más duras contra la creciente influencia del islamismo en todo el continente, se encontraron con una contramanifestación "antifascista". Los musulmanes organizaron una manifestación para defender el islam; afirmaban que los musulmanes que viven en España son "las principales víctimas" del terrorismo. El presidente de la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas, Munir Benyelún El Andalusí, habló de una "conspiración contra el islam" y dijo que los terroristas eran "instrumentos" del odio islamófobo. La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, lloró delante las cámaras y dijo que que su ciudad seguiría siendo una "ciudad abierta" a todos los inmigrantes. El presidente de Cataluña, Carles Puigdemont, usó casi el mismo lenguaje. El presidente del Gobierno de España, Mariano Rajoy, conservador, fue el único que se atrevió a llamar al terrorismo por su nombre. Casi todos los periodistas europeos dijeron que las palabras de Rajoy habían sido demasiado duras.

Cuando, luego del atentado en Barcelona, un grupo de gente se reunió en el escenario del crimen para exigir que se tomen medidas más duras contra la creciente influencia del islamismo en el continente, se le opuso una concentración 'antifascista'. En la imagen, tomada en Las Ramblas de Barcelona el 18 de agosto de 2017, varios 'antifascistas' golpean a un hombre al que acusaban de ser un "simpatizante de la derecha". (Foto Carl Court/Getty Images).

Los grandes periódicos europeos que describían el horror intentaron una vez más buscar explicaciones a lo que seguían llamando "inexplicable". El primer diario español, El País, escribió en un editorial que la "radicalización" es el fruto amargo de la "exclusión" de ciertas "comunidades", y añadía que la respuesta era más "justicia social". En Francia, Le Monde dijoque los terroristas querían "incitar al odio" e insistió en que los europeos debían evitar los "prejuicios". En el Reino Unido, The Telegraph explicó que "los asesinos atacan a Occidente porque Occidente es Occidente; no por lo que hace", pero hablaba de "asesinos", no de "terroristas" o "islamistas".

Varios especialistas en antiterrorismo, entrevistados en la televisión, dijeron que los ataques, perpetrados en todo el continente a un ritmo cada vez más rápido, se volverán más mortíferos. Señalaron que el plan original de los yihadistas de Barcelona había sido destruir la catedral de la Sagrada Familia y matar a miles de personas. Los especialistas repetían como loros que los europeos tendrán simplemente que aprender a vivir con la amenaza de las matanzas indiscriminadas. No ofrecían ninguna solución. Otra vez más, muchos dijeron que los terroristas no eran verdaderamente musulmanes, y que los atentados "no tenían nada que ver con el islam".

Muchos líderes de los países europeos occidentales tratan el terrorismo islámico como una ley de vida a la que los europeos deben acostumbrarse, como una especie de aberración sin vínculos con el islam. A menudo evitan hablar de "terrorismo", directamente. Tras el atentado en Barcelona, la canciller alemana, Angela Merkel, condenó brevemente el "repugnante" suceso. Expresó su "solidaridad" con el pueblo español, y después pasó a otra cosa. El presidente francés, Emmanuel Macron, tuiteó un mensaje de condolencia y se refirió al "trágico atentado".

En toda Europa, las expresiones de ira son marginadas a conciencia. Las llamadas a la movilización, o a cualquier cambio importante en la política migratoria, sólo vienen de políticos denigrantemente tildados de "populistas".

Incluso la más leve crítica al islam levanta inmediatamente una indignación casi unánime. En la Europa occidental, los libros sobre el islam que se encuentran por todas partes están escritos por personas cercanas a los Hermanos Musulmanes, como Tariq Ramadán. También existen libros que son "políticamente incorrectos", pero se venden por debajo del mostrador como si fuesen de contrabando. Las librerías islámicas venden folletos incitando a la violencia sin ni siquiera esconderse. Decenas de imanes, parecidos a Abdelbaki Es Saty, el sospechoso de ser el cerebro del atentado en Barcelona, sigue predicando con impunidad. Si los detienen, son rápidamente puestos en libertad.

Impera la sumisión. El discurso omnipresente es que, a pesar del aumento de las amenazas, los europeos deben seguir viviendo con la mayor normalidad posible. Pero los europeos ven que la amenaza existe. Ven que la vida no es ni ligeramente normal. Ven a policías y soldados en la calle, que proliferan los protocolos de seguridad, y los controles en la entrada de teatros y tiendas. Ven la inseguridad por todas partes. Se les dice que ignoren sin más la fuente de las amenazas, pero saben cuál es la fuente. Dicen que no tienen miedo. Miles de personas gritaronen Barcelona: "No tinc por" ("No tenemos miedo"). En realidad están muertos de miedo.

Las encuestas demuestran que los europeos son pesimistas, y que piensan que el futuro será desolador. Las encuestas también revelan que los europeos ya no confían en sus gobernantes, pero sienten que no les queda otra opción.

Este cambio en sus vidas se ha producido en muy poco tiempo, en menos de medio siglo. Antes, en la Europa occidental, sólo había unos pocos miles de musulmanes, la mayoría obreros inmigrantes de las antiguas colonias europeas. Se suponía que iban a estar en Europa temporalmente, así que nunca se les pidió que se integraran.

Pronto empezaron a contarse por cientos de miles, y después por millones. Su presencia se volvió permanente. Muchos adquirieron la ciudadanía. Pedirles que se integraran se hizo cada vez más impensable: la mayoría parecía considerarse en primer lugar musulmanes.

Los líderes europeos dejaron de defender su propia civilización. Empezaron a decir que todas las culturas debían tener la misma consideración. Parecían haberse rendido.

Se cambiaron los currículos escolares. A los niños se les enseñaba que Europa y Occidente habían saqueado el mundo musulmán, y no que, en realidad, los musulmanes habían conquistado el Imperio cristiano bizantino, el norte de África y Oriente Medio, la mayor parte de Europa oriental, Grecia, el norte de Chipre y España. A los niños se les enseñaba que la civilización islámica había sido espléndida y opulenta antes de que supuestamente la colonización llegara para devastarla.

Los países ricos, establecidos en el periodo de postguerra, empezaron a crear una gran subclase de personas permanentemente atrapadas en la dependencia, justo cuando el número de musulmanes en Europa se multiplicó. El aumento del desempleo masivo —que afectaba sobre todo a los trabajadores menos cualificados— transformó los barrios musulmanes en barrios de parados.

Los organizadores de las comunidades venían a decirles a los musulmanes en paro que después de haber saqueado a propósito sus países de origen, los europeos habían utilizado a los musulmanes para reconstruir Europa y que ahora los estaban tratando como herramientas que habían perdido su utilidad.
El crimen arraigó. Los barrios musulmanes se convirtieron en barrios con una alta tasa delictiva.

Llegaron los predicadores musulmanes extremistas; reforzaron el odio hacia Europa. Dijeron que los musulmanes tenían que recordar quiénes eran; que el islam debía cobrarse venganza. Explicaron a los jóvenes delincuentes musulmanes encarcelados que la violencia se podía utilizar para una causa noble: la yihad.

La policía recibió órdenes de no intervenir para no agravar la tensión. Las áreas de alto nivel delictivo se convirtieron en zonas de exclusión, en semilleros para el reclutamiento de terroristas islámicos.

Los líderes europeos aceptaron la transformación de varias partes de sus países en territorios enemigos.
Se produjeron disturbios, y los líderes hicieron más concesiones todavía. Aprobaron leyes que limitaban la libertad de expresión.

Cuando el terrorismo islámico golpeó por primera vez Europa, sus líderes no sabían qué hacer. Siguen sin saber qué hacer. Son prisioneros de una situación que han creado ellos y que ya no pueden controlar. Parecen sentirse impotentes.

No pueden incriminar al islam: según las leyes que ellos han aprobado, es ilegal hacerlo. En la mayoría de los países europeos, cuestionar siquiera el islam se tacha de "islamofobia". Acarrea fuertes multas, si no juicios o sentencias de cárcel (como les pasó a Lars Hedegaard, Elisabeth Sabaditsch-Wolff, Geert Wilders o George Bensoussan). No pueden reestablecer la ley y el orden en las zonas de exclusión: eso requeriría la intervención del ejército y un giro hacia la ley marcial. No pueden adoptar las soluciones propuestas por partidos que han empujado a la oposición en los márgenes de la vida política europea.
No pueden ni siquiera cerrar sus fronteras, abolidas en 1995 con el acuerdo Schengen. Reestablecer los controles fronterizos costaría tiempo y dinero.

Los líderes europeos no parecen tener ni la voluntad ni los medios de oponerse a las nuevas olas de millones de migrantes musulmanes que provienen de África y Oriente Medio. Saben que los terroristas se están escondiendo entre los migrantes, pero siguen sin vetarles la entrada. En su lugar, recurren a subterfugios y mentiras. Crean programas de "desrradicalización" que no funcionan: los "radicales", por lo visto, no quieren ser "desrradicalizados".

Los líderes de Europa intentan definir "radicalización" como un síntoma de "enfermedad mental"; se plantean pedirles a los psiquiatras que resuelvan el caos. Después, hablan de crear un "islam europeo", totalmente diferente del islam en todos los demás lugares del planeta. Adoptan una actitud altanera para crear la ilusión de superioridad moral, como hicieron Ada Colau y Carles Puigdemont en Barcelona: dicen que tienen unos principios elevados; que Barcelona seguirá estando "abierta" a los inmigrantes. Angela Merkel se niega a afrontar las consecuencias de su decisión política de importar a innumerables inmigrantes. Reprende a los países de Europa Central que se niegan a adoptar sus medidas políticas.

Los líderes europeos se dan cuenta de que se está produciendo un desastre demográfico. Saben que en dos o tres décadas, Europa estará regida por el islam. Intentan anestesiar a las poblaciones no musulmanas con sueños sobre un futuro idílico que nunca existirá. Dicen que Europa tendrá que aprender a vivir con el terrorismo, que no hay nada que se pueda hacer al respecto.

Pero sí hay muchas cosas que se pueden hacer, simplemente no quieren: les costaría votos musulmanes.

Winston Churchill le dijo a Neville Chamberlain: "Pudisteis elegir entre la guerra y la deshonra. Elegisteis la deshonra y ahora tendréis la guerra". Lo mismo ocurre hoy.

Hace diez años, describiendo lo que llamó "los últimos días de Europa", el historiador Walter Laqueur dijo que la civilización europea estaba muriendo y que sólo sobrevivirían los monumentos y museos antiguos. Su diagnóstico era demasiado optimista. Los monumentos y museos antiguos también podrían saltar por los aires. No hay más que ver lo que los seguidores encapuchados de "Antifa" —un movimiento "antifascista" que es totalmente fascistoide— están haciendo con las estatuas de Estados Unidos.

La catedral de la Sagrada Familia de Barcelona se libró únicamente gracias a la torpeza de un terrorista que no sabía cómo manejar explosivos. Otros lugares podrían no tener la misma suerte.

La muerte de Europa será casi indudablemente violenta y dolorosa: nadie parece estar dispuesto a frenarla. Los votantes aún podrían hacerlo, pero tendrán que hacerlo ahora, rápidamente, antes de que sea demasiado tarde.

Economía
Bertelsmann ya es la primera editorial mundial en castellano
Lidera la edición en nuestra lengua a través de 40 sellos en nueve países, incluido EE.UU.
Madrid ABC 25 Septiembre 2017

El negocio de los libros forma parte de la identidad de Bertelsmann desde que nació en la primera mitad del siglo XIX para imprimir y vender biblias. España se convirtió en 1962 en la primera incursión del grupo fuera de tierras germanas bajo la dirección de Reinhard Mohn, que crea el Círculo de Lectores. Con esta trayectoria, no es extraño que la compañía de medios de comunicación, servicios y educación, que emplea en nuestro país a 8.000 personas y está presente con casi todos sus negocios, se haya convertido este verano también en el primer grupo editorial en lengua española al incrementar los sellos de Penguin Random House Grupo Editorial, su división de libros, con la compra de los de Ediciones B, del Grupo Zeta.

La compañía alemana es el mayor grupo de medios de comunicación de Europa, cuyos negocios van desde la televisión, pasando por los libros, la música y otros más, y que está presente en medio centenar de países y factura unos 17.000 millones de euros. Con la operación de Ediciones B,amplía su negocio en España y Latinoamérica para publicar libros en todo tipo de formatos en un mercado de quinientos millones de lectores hispanos en todo el mundo y con un gran potencial de crecimiento en Argentina, Chile, Colombia, México, Perú y Uruguay, incluido el mercado hispano en Estados Unidos a través de su oficina en Miami. En 2014 el grupo continuó con su estrategia de crecimiento mediante la adquisición e integración de los sellos editoriales de Santillana Ediciones Generales. Y ahora, los populares cómics de Mortadelo y Filemón son también de su propiedad, entre otras obras.

El interés del grupo Bertelsmann en Penguin Random House, mayor grupo editorial del mundo, se ha reforzado también este verano con la ampliación de su participación en él, que ha pasado del 53% al 75%, después de adquirir por cerca de mil millones de dólares un 22% de las acciones de la compañía británica Pearson, el segundo accionista del grupo que se mantiene como copropietario, ahora con un 25% del capital. Para Thomas Rabe, consejero delegado de Bertelsmann, «de esta manera alcanzamos nuestro objetivo de contar con mayorías estratégicas en todos nuestros negocios de contenido. Bertelsmann es la empresa con la oferta creativa más variada del mundo».

Penguin Random House facturó el pasado ejercicio 3.361 millones de euros a través de 250 casas editoriales en cinco continentes, de las que 40 son en lengua española. El grupo publica más de 15.000 libros nuevos cada año y un total de 800 millones de copias también en formatos digitales y de sonido al año. En España y Latinoamérica tiene 8.500 autores y publica más de 1.700 títulos al año en español en 9 países: España, Portugal, México, Colombia, Perú, Chile, Argentina, Uruguay y Estados Unidos.

Apuesta por los contenidos
Para el grupo Bertelsmann, que da empleo a cerca de 116.000 personas en todo el mundo, la transacción supone apostar por el valor de los contenidos en plena era digital, después de que la multinacional alemana también posea el 75% de RTL Group, que dispone de 60 canales de televisión y 31 emisoras de radio en Alemania, Francia, España, Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo, Croacia y Hungría. RTL ingresó el año pasado 6.237 millones de euros. A través de FremantleMedia cuenta con sucursales en 31 países, produce más de 12.000 horas de contenidos anuales y vende más de 20.000 horas de programación a nivel mundial al año.

RTL tiene en España una participación del 19,2% en Atresmedia, con un 27,1% de cuota de pantalla, y a través de FremantleMedia, produce en nuestro país formatos de éxito televisivo como Got Talent, Granjero Busca Esposa, Caos F.C., entre otros.

Además de controlar el 75% de Penguin Random House, Bertelsmann también ostenta el 100% de Gruner + Jahr, uno de los editores de revistas más grandes de Europa, con productos offline y online en 20 países. La división de revistas posee el 59,9% de Motor Presse Stuttgart, una de las editoriales de revistas especializadas más grande de Europa, que en nuestro país edita a través de Motorpress Ibérica 25 publicaciones de motor, deportes y estilo de vida, como Autopista, Sport Life y Men’s Health.

Bertelsmann igualmente ostenta el 100% de BMG, la cuarta compañía musical del mundo que tiene los derechos de 2,5 millones de canciones de numerosos artistas y autores nacionales e internacionales, incluyendo a Mick Jagger, Keith Richards, Janet Jackson, Roger Waters, Rick Astely, Robbie Williams, entre otros. El repertorio español cuenta con más de 40.000 canciones y artistas como Pablo Alborán, Miguel Bosé, Macaco, David Summers, Loquillo, Mecano o Izal, entre otros.

También los servicios
Además de los negocios de televisión, radio, libros, revistas, música y educación (Bertelsmann Education Group), imprenta (Bertelsmann Printing Group) e inversiones (Bertelsmann Investments), Bertelsmann posee Arvato, una multinacional líder en el campo de los servicios y soluciones tecnológicas, experta en la externalización de procesos de valor añadido.

Arvato está presente en cerca de 40 países, con más de 70.000 empleados, y opera en áreas tan diversas como la gestión de la relación con el cliente y también de la cadena de suministro y los servicios financieros y tecnológicos, con unos ingresos de 3.838 millones de euros el año pasado. En España lleva más de 40 años y da empleo a unas 7.000 personas.
La Fundación promueve el empleo juvenil

La Fundación Bertelsmann, presidida por Liz Mohn, lleva 21 años trabajando en España, principalmente en la promoción del empleo entre los jóvenes a través del programa «Por el empleo juvenil», que desarrolla desde 2013 en dos ámbitos: el fomento de la empleabilidad juvenil y la orientación profesional. «Trabajamos conjuntamente con los centros educativos y buscando la colaboración de familias y empresas para impulsar la Orientación Profesional Coordinada de calidad con el objetivo de que los jóvenes puedan reconocer sus aptitudes reales y descubrir las posibilidades formativas y profesionales que se les ofrecen en la actualidad», subrayó recientemente Liz Mohn en un acto en Madrid. El segundo campo de actuación de la Fundación se centra en la expansión de la FP Dual de calidad en nuestro país.
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Cataluña: el brazo mediático del golpe separatista
EDITORIAL Libertad Digital 25 Septiembre 2017

Catalunya Ràdio sobrepasó el pasado viernes los límites de su sectarismo separatista para enfangarse en el lodazal de la incitación potencialmente criminosa. Durante su programación matinal, la emisora del régimen del golpista Carles Puigdemont se dedicó a pedir a su audiencia que delatara los movimientos de los vehículos de la Guardia Civil y la Policía Nacional desplegados en Barcelona. "Si los taxistas que nos están escuchando o los transportistas que salen del puerto ven movimiento de coches de la Policía o la Guardia Civil, pedimos que nos avisen". Increíble pero cierto.

La Unión de Oficiales de la Guardia Civil ha decidido denunciar a la emisora que no quiere oyentes sino confidentes, en el sentido más repugnante de la palabra. "Es lamentable que la deriva paranoica de algunos medios de comunicación llegue al extremo de servir de ayuda a terroristas, narcotraficantes, o a cualquier otro delincuente, facilitando la potencial comisión de actos delictivos de impredecibles consecuencias", puede leerse en el comunicado que ha difundido, en el que deja claramente de manifiesto su natural indignación.

La responsable de convertir ese medio público en una suerte de megasoplón al servicio de los golpistas fue la biempagada Mónica Terribas, encarnación de la degeneración del periodismo en agitprop de una causa liberticida que está envenenando la convivencia en Cataluña.

Medios como Catalunya Radio o la ominosa TV3, en manos de personajes descalificables como la comisaria Terribas, no son un servicio público sino una vergüenza y una amenaza para la salud democrática de una Cataluña devastada por quienes los prostituyen convirtiéndolos en onerosísimos altavoces sectarios, que son los mismos que están dinamitando las instituciones del Principado. Por supuesto que no son la solución, sino parte fundamental del problema, de una gravedad extrema.

Urge sanear la política catalana, corrompida hasta los túetanos por una casta fanatizada buena para nada que no sea manipular y excitar las peores pasiones de una ciudadanía que pretenden convertir en masa acéfala y exaltada. Pero para ello es absolutamente necesaria la existencia de medios de comunicación independientes, que controlen al poder con libertad y que estén al servicio de los ciudadanos, no de los indeseables que no hacen otra cosa que enfrentarlos y dividirlos en catalanes de primera y de segunda.

En la recta final
Luis Herrero Libertad Digital 25 Septiembre 2017

Y entonces, señores y señores, ladies and gentlemen, después de años de promoción del espectáculo, las fanfarrias anuncian que llegamos a la recta final del desafío en los términos previstos. Al no encontrar obstáculos que impidieran su avance, los defensores de la República Independiente de Cataluña han llegado a las inmediaciones del 1-O con pertrechos suficientes para plantarle cara, cuerpo a cuerpo, a los guardianes de la ley que se atrincheran en la última barricada del fuerte. No hacía falta ser un lince para saber que la inacción previa nos conduciría hasta aquí.

La muchedumbre corta el tráfico. Provoca el caos. Pincha la ruedas de los coches patrulla de la guardia civil. Los agentes, a duras penas, penetran en los almacenes donde el furriel del referéndum guarda parte del material necesario para la consulta. Diez millones de papeletas, carteles electorales, actas para el escrutinio, hojas del censo, formularios diversos… Para mover el alijo hacen falta siete furgonetas. Las brigadas ciudadanas se hacen fuertes y bloquean la salidas para que los agentes no puedan abandonar el local. El ambiente se va calentando. "No saldréis -grita la turbamulta-, tendréis que pasar por encima de nosotros". Pasan las horas. Los guardias siguen acorralados.

Escenas parecidas se repiten en otros lugares. La sede del PSC es atacada. Más de dos mil vocingleros defienden el cuartel general de la CUP. La consejería de economía se engalana con pancartas. En la Ramblas, cuarenta mil manifestantes corean la arenga del presidente de la ANC: "si nos quitan las urnas, las construiremos. Que nadie se vaya a casa. Será una noche larga". Una gran cacerolada redobla la percusión de la resistencia. Dos guardias civiles tratan de romper el cerco a través de la salida de emergencia del cine Coliseum. Los independentistas lo impiden. Máxima tensión. Disparos de fogueo. Los vehículos policiales son atacados y desmantelados.

La letrada de la comisión judicial que acompaña a los guardias civiles durante el registro del almacén donde se guarda el material prohibido tiene que abandonar el edificio por la azotea. El juez llama a Trapero, el mayor de los Mossos, y le ordena que active un dispositivo de seguridad que permita la salida de la Benemérita. Hora y cuarto después llegan los efectivos de la policía autonómica. La increpación ciudadana les da la bienvenida: "Mossos no us mereixeu las senyera que porteu". Los Mossos, al fin, cargan contra los manifestantes. El presidente de Omnium Cultural pide que la concentración no se disuelva y llama a la movilización permanente.

Y en eso estamos, en efecto. En la trifulca incesante, apalancados sobre un polvorín en plena vía pública que cualquier chispazo imprevisto puede hacer saltar por los aires. Nadie podrá convencerme de que esta era la situación soñada por el Gobierno. Nadie podrá convencerme de que no era la situación soñada por la Generalitat. Los estrategas del prusés no podían aspirar a mucho más. De nuevo, los sediciosos nos han llevado al terreno que más les convenía. Faltan seis días para el 1-O y lo único que podemos hacer es cruzar los dedos para que la tensión no acabe en una refriega cuyas consecuencias es preferible no imaginar.

Mientras tanto, Rajoy se va a pelar la pava con Trump, los policías de Interior se acuartelan hacinados en camarotes decorados con la imagen de Piolín, los Mossos se resisten a obedecer al coronel de la guardia civil elegido por la fiscalía para coordinar a las fuerzas de seguridad, Puigdemont cesa a los árbitros de la sindicatura electoral multados por el TC para librarles de la banca rota, la CUP mueve los hilos para allanar la convocatoria de una huelga general y las urnas siguen en paradero desconocido. No está el patio para cantar victoria.

Y, sin embargo, el jefe del Gobierno ya ha dado por cumplida su palabra de evitar la celebración del referéndum. El sábado le pidió al presidente de la Generalitat que reconociera su derrota para evitar el bochorno del ridículo. Cualquiera diría que está orgulloso del papel que ha jugado el Estado en esta historia y que da por hecho que todo ha terminado, y además bien. ¿Se puede saber en qué mundo vive? A menos de una semana de la fecha señalada, con las calles de Cataluña tomadas por los radicales, la desobediencia a jueces y fiscales a la orden del día, las fuerzas de seguridad sitiadas por la multitud, los Mosos en huelga de celo, los estibadores boicoteando el avituallamiento de la Guardia Civil, el presidente del Gobierno en Estonia y la Oposición jalando de las riendas de cualquier reacción enérgica, ¿de verdad hay motivo para concluir que todo ha terminado bien? Que Santiago apóstol nos proteja de semejante estupidez.

El Club de los Viernes
El independentismo que enterró la independencia
Ignacio Blanco. gaceta.es 25 Septiembre 2017

La pesadilla de todo aquel que es incapaz de valorar su posición en una negociación es despertarse descubriendo que su posición de firmeza le conduce a un resultado contrario al deseado. Muchos descubren que la apuesta del todo o nada, puede acabar en nada. Hay algunos negociadores de estas características, que pueden llevarte a la gloria o dejarte enterrado.

La paradoja que podemos estas presenciando es que Carles Puigdemont puede pasar a la historia como el político que acabó con la independencia política de Cataluña en lugar de lograr la secesión que pretende. En un macabro giro de la historia para los secesionistas, los que buscan la independencia pueden acabar descubriendo que su logro fue acabar con la amplísima autonomía de que disfruta la comunidad autónoma catalana.

Antes de su autodestructivo proceso secesionista, acabaron con la independencia de los padres para elegir centro educativo donde escolarizar a sus hijos en español. Acabaron con al inocencia de millones de niños, adoctrinados por sus profesores en el odio al resto de España. Acabaron con la libertad de los comerciantes para rotular sus productos. Acabaron con la independencia de los no nacionalistas perseguidos socialmente a instancia de los políticos que debían defenderlos. Acabaron con la ilusión de muchos catalanes que huyeron de Cataluña ante la deriva totalitaria de sus excluyentes dirigentes.

Los logros conseguidos por el movimiento nacional socialista catalán, son extraordinarios. Una de las comunidades autónomas con mayor autogobierno de España, junto con el País Vasco, puede agradecer a sus alocados dirigentes haber perdido la independencia económica, haber perdido la competencia sobre los mosos de escuadra y todo apunta a que de mantenerse la deriva actual acabe finalmente con la pérdida de la autonomía que un presidente de la Generalitat en el exilio, Josep Tarradellas consiguió de Suarez el 24 de Octubre de 1977, antes si quiera de aprobarse la constitución española.

Fue Adolfo Suarez hace 40 años, mediante Real Decreto, quien aprobó el restablecimiento de la Generalitat de Catalunya. La distancia política entre Suarez, antiguo secretario general del Movimiento, y Tarradellas, era sideral, pero eran dos políticos del pacto y la negociación. Lo contrario a Mas o Puigdemont, cuyo entendimiento del diálogo es simplemente que el otro escuche y obedezca.

La distancia entre Tarradellas y los actuales políticos catalanes, seleccionados más por su sectarismo que por su capacidad, es también sideral. El que fuera Conseller de Companys y Secretario General de ERC, fue elegido presidente de la Generalitat en el exilio, pero tomó posesión en la embajada española de México por su expreso deseo de ser elegido en territorio Español.

Lamentablemente hoy Cataluña es dirigida por un grupo de incapaces cuyo mayor logro puede ser haber acabado con la enorme autonomía de la que gozan. La profesión política, ocupaba entonces a personas de reconocido prestigio. Unos políticos que eran quienes atraían el voto, en una época en la que los partidos no tenían el poder de marca que ostentan hoy. Hoy en día, es el partido y no el político lo relevante, lo que ha degenerado en una generalizada mediocridad de nuestros dirigentes.

El proceso secesionista catalán ha evidenciado ante la opinión pública la necesidad de recuperar la competencia del estado en educación, para evitar el adoctrinamiento de los niños, un abuso de su inocencia que repugna. Ha evidenciado lo innecesario de una policía autonómica que prioriza los intereses políticos frente al cumplimiento de la ley. Ha evidenciado el derroche de un sistema autonómico, cuyas duplicidades y ensoñaciones políticas, traducidas en trenes sin pasajeros, aeropuertos sin aviones o embajadas sin contenido, debe conducir a su redimensionamiento inmediato.

La falta de voluntad negociadora de los dirigentes catalanes, la falta de visión de su poder dentro del sistema parlamentario español, el derroche de recursos públicos alejados de las necesidades de los ciudadanos, ha conducido, de momento, a la perdida de la independencia económica de la Generalitat y a la pérdida de control de los mosos de escuadra. Pobres logros para quien busca la autodeterminación.

El 2-O será un buen momento para replantearse los errores del pasado que han llevado a la situación actual. Será el momento de cambiar una Ley Electoral que beneficia a los nacionalistas, será el momento de plantearse la devolución de competencias autonómicas al Estado, será el momento de repensar el sistema de financiación autonómico, no para que los catalanes paguen menos, sino para que todos los españoles paguemos los mismo y recibamos iguales servicios públicos. Será el momento para que la ley y el sentido común, vuelva a dirigir nuestro país. Y sobre todo será el momento de que el gobierno de la nación no mire hacia otro lado cuando una minoría excluyente trate de dirigir la vida de millones de personas que se han sentido abandonadas en el largo camino recorrido desde 1977.

A las puertas del desenlace
Francesc Moreno cronicaglobal 25 Septiembre 2017

Las movilizaciones convocadas por el bloque secesionista para dar respuesta al desmantelamiento de la logística del 1-O por parte de la Guardia Civil han estado lejos de lo soñado por sus promotores. Y ello a pesar de actuaciones tan inmorales como dar fiesta a los niños de algunos institutos y llamarles a manifestarse. Sin duda, el bloque secesionista tiene una gran capacidad de presionar a todo tipo de entidades, desde universidades a asociaciones de padres, pasando por clubes deportivos o de otro tipo. Si a ello añadimos los militantes de los partidos, los numerosos cargos públicos y la publicitación de las convocatorias por los medios, cualquier movilización tiene asegurado un suelo importante. Pero las cifras de asistentes han puesto de manifiesto que la población no directamente vinculada al conglomerado secesionista, aún la simpatizante del independentismo, se ha quedado en casa.

Y es que, por mucho que se gesticule por parte del Govern y algunos medios de comunicación, la mayoría de la población vive con preocupación los acontecimientos pero considera desproporcionado y, por tanto, injustificable llegar a un enfrentamiento que puede acabar en conflicto civil.

Tampoco han triunfado la tesis --compartida por podemitas y secesionistas-- de que lo que está en juego es la democracia. Carece de cualquier credibilidad hablar de falta de libertad de expresión, con la libertad --valga la redundancia-- con que se expresan los políticos secesionistas en los medios de comunicación. Ni que se ha acabado con la autonomía cuando el Govern mantiene todas sus competencias legales, que son muchas, aunque hace años que nuestros gobernantes apenas le dedican tiempo a ejercerlas . Cualquier comparación con un país autoritario cae por su propio peso. Da igual si miramos a Turquía, Venezuela o Cuba, por no hablar de otros regímenes en los que se conculcan diariamente los derechos humanos y la libertad de expresión.

Pretender que, en nombre de la libertad, el Estado permanezca pasivo ante un golpe de Estado anunciado y del que se pavonean constantemente sus impulsores es un insulto a la inteligencia de quienes no sean simplemente fanáticos. El Estado español está demostrando ser un Estado democrático que se defiende proporcionalmente y cumple con el Estado de derecho. No estaría yo tan seguro si cambiasen las tornas.

Hace un par de semanas, escribía un artículo sobre que lo que está en juego es la desestabilización de la UE​. La cronificación de un conflicto con posibilidades de extenderse a otros territorios. Las últimas revelaciones sobre la actuación de la red rusa que apoyó a Trump, el Brexit o a Marine Le Pen no hacen más que ratificar lo dicho entonces. Deberían reflexionar los nacionalistas que creen en nuestro modelo de sociedad y se declaran europeístas. Parece que parte del PDeCAT está en esta linea. Ahí estan las declaraciones de Marta Pascal negando la DUI o las reuniones secretas que parece han proliferado estos días entre este sector y el Gobierno. Si se consigue evitar que se produzcan brotes de violencia y la situación se descontrole, será necesario, una vez asegurado el mantenimiento del Estado de derecho, poner el marcador a cero y buscar soluciones a los problemas reales de los catalanes. Para ello sería muy conveniente que se reorganizara el nacionalismo moderado, eso sí, aparcando el doble juego y la deslealtad.

Para evitarlo, los radicales apretarán el acelerador esta semana. Habrá que mantener la calma y no caer en provocaciones que, seguro, se multiplicarán. Con todas las dificultades e incógnitas, soy optimista. La gran mayoría de la sociedad catalana, sea cual sea su orientación política, no está por la labor de adentrarse en un conflicto civil de consecuencias muy negativas para todos.

Octubres calientes en Cataluña: ¿qué deberíamos aprender del 34?
Javier Barraycoa Martínez Libertad Digital 25 Septiembre 2017

No deja de ser apasionante descubrir lo terca que es la historia en replicarse a sí misma; sino literalmente, al menos en esquemas de comportamientos colectivos que se transmiten generacionalmente. Muchas veces he aconsejado inútilmente a políticos que se dediquen a leer historia para prever el futuro, pero es como predicar en el desierto … de sus inteligencias. Como observador del nacionalismo, he podido "adivinar" muchos sucesos que se han acaecido sin remisión. Algunos me acusan de brujo, pero el truco es tan sencillo como revisar la historia del catalanismo y comprender que está reproduciendo un parámetro comportamental. Ello se puede apreciar claramente en el actual Golpe de Estado de la Generalitat con el que protagonizó Companys en el 34. Evidentemente los epifenómenos son diferentes, pero hay una lógica de fondo que persiste.

No se hubiera producido un 6 de octubre de 1934, cuya justificación fue la formación de gobierno de Lerroux con miembros de la CEDA, si no se hubiera proclamado en el 31 ilegalmente la República. La República, aceptada inocentemente por un sector de la derecha, la izquierda siempre la contempló como "propiedad" suya. Que gobernara la derecha venía a ser como un sacrilegio que había que castigarse con la revolución (Asturias) o la sublevación (Cataluña). La transición democrática, es considerada por la actual "intelectualidad" de izquierdas como una prolongación del franquismo y, por ende, debe ser liquidada. Por eso, que la derecha gobierne en España viene a ser para ellos como un acto contranatura. Pues en lo más profundo de su ser piensan que la Democracia sólo puede ser de izquierdas (y en cierto modo tiene razón).

Tampoco hubiera habido República sin la tremenda crisis de la monarquía alfonsina, y el desgaste de la Constitución de 1876, que conllevaba un bipartidismo caciquista. En última instancia cuando el desmorone del sistema, la crisis social y la violencia empezaron a apoderarse de las calles, el burguesía catalanista apoyó el Directorio de Primo de Rivera y ahí empezó su decadencia política. El último intento de salvar la monarquía con un directorio militar, liquidó en el 1931 a la institución y todo un régimen.

En el 31 la izquierda pretendía ejercer la supremacía moral política en toda España y ERC en Cataluña, despreciando a la Lliga de Cambó. Esta era un partido que debía desaparecer del panorama catalanista por burgués y promonárquico. El intento de la Lliga de maquillarse de catalanismo radical de nada sirvió. Muerto Macià, Companys como nuevo presidente de la Generalitat, quiso su cuota de protagonismo en la historia y se lanzó a la aventura sediciosa de octubre del 34. El President calculó muy mal los tiempos, la fortaleza de los aliados y fuerzas que se le opondrían. Contra lo que soñaba, el pueblo catalán le siguió en su aventura y una breve y contundente acción del Ejército liquidó en menos de 12 horas la sedición. Ciertamente hubo amagos revolucionarios, protagonizados por los antisistemas de la época (los anarquistas), pero se envió a la legión y en dos días toda Cataluña estaba pacificada. Companys fue juzgado y condenado a muerte.

Pero al poco, Companys fue indultado (por cierto, por él intercedieron desde prohombres de la Lliga y hasta el mismo Obispo Irurita). Llegando las elecciones de febrero del 36, Companys fue amnistiado y retornó a su cargó de President.

A mi pobre entender, los paralelismos con el octubre caliente que vamos a iniciar este 2017, me resultan más que evidentes. Sólo frente a un gobierno conservador, Puigdemont se ha atrevido a lanzar un órdago al gobierno central. Cosa que evidentemente nunca hubiera hecho contra un gobierno del PSOE. Puigdemont, al abandonar la legalidad vigente, y no poder sustentarse en la nueva legalidad autocreada de la nada, tiene que apoyarse en otra "legitimidad": la calle. Pero la historia nos demuestra quelas calles cuando son tomadas ya no tienen amo y los que alientan las turbas suelen acabar bajo sus botas inmisericordes. En el 36, Companys tuvo que dárselas de más revolucionario que los anarquistas para sobrevivir a su embate y manejarlos a su antojo. Igualmente Puigdemont ya nada tiene que ver con su partido conservador (al que nadie quiere ver ni en pintura). Más bien parece un antisistema cuarentón reviviendo una segunda juventud universitaria que nunca culminó (pues dejó los estudios).

La victoria del Gobierno central en esta primera ola del choque de tren contra el triciclo, la ganará el Estado. Será una victoria jurídica y policial, pero no política. Habrá cientos de encausados o imputados, contando a los alcaldes comprometidos. Pero el martirologio nacionalista aspira a ser de "low-cost". En cuanto vuelva a gobernar en Madrid la izquierda, sino antes, veremos una amnistía casi general, acompañada de unas ofertas generosas del papa Estado a la niña caprichosa y malcriada de la autonomía catalana. El gobierno central querrá apaciguar "definitivamente" una vez más al nacionalismo catalán. Todo apunta que se pactará un blindaje de la educación y la lengua catalana y un disimulado cupo a lo vasco, con un nombre menos provocador. Y, lo peor, una "leve" y consensuada reforma Constitucional que permita introducir, aunque de modo muy sutil, el artefacto conceptual del federalismo (la obsesión de los socialistas). Esto lo acabarán consiguiendo los socialistas sí o sí, con la connivencia del PP.

Pero lo que aparentemente es una táctica de domesticación del nacionalismo, finalmente simplemente será haber alimentado más a la bestia. Entonces vendrá un segundo embate y esta vez la Inmaculada Constitución ya estará mancillada y con un troyano introducido por la Reforma Constitucional. Si llegara el caso, que he descrito hipotéticamente, todos lo que han fiado en el texto constitucional la unidad de España, se quedarán con cara de póker. No olvidemos que la consecuencia del 34, fue el 36. Por mi parte, he realizado mi labor de prognosis y, créanme, me gustaría equivocarme.

Rajoy, la miseria política, moral e intelectual

Pío Moa gaceta.es 25 Septiembre 2017

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(Escrito en diciembre de 2015. Ya verán como todas estas “muestras de energía” frente a los separatistas terminan en más claudicaciones, más financiación a los disgregadores de España y cambios de la ley a favor de ellos. La trayectoria de Rajoy es demasiado clara)

Señor Rajoy:
Se le notaba a usted descolocado cuando Sánchez, con su perfecto estilo golfo, le acusaba de corrupción o de perjudicar a las mujeres, o del separatismo catalán… Sánchez aúlla en sus mítines su orgullo por fechorías antidemocráticas de su partido como la ley de “memoria histórica”, del aborto, de violencia de “género”, de “matrimonio” homosexual, de “igualdad” entre hombres y mujeres, de los favores a la ETA… ¡Pero bueno! ¿Cómo se le ocurre a Sánchez acusarle cuando ud, señor Rajoy, no ha hecho otra cosa que seguir aplicadamente las iniciativas del PSOE en todos esos campos? ¿Qué le diferencia a usted de Sánchez o de Zapatero? Solo un estilo personal, por lo demás engañoso. Un asno separatista gallego le coceó a usted en Pontevedra, y uno se pregunta: ¿se han vuelto locos estos separatistas? ¿Por qué golpean a un político que nunca les ha puesto el menor obstáculo, que incluso los viene financiando? ¡Qué injusticia, señor Rajoy!

Porque ud se ha atrevido a lanzar su campaña bajo el lema “España en serio”. Y está bien. Porque para usted, lo serio son sin duda políticas como la de Bolinaga, la derogación de la doctrina Parot y demás carantoñas a la ETA. El PSOE salvó a una ETA al borde del colapso y santificó sus asesinatos como un modo de hacer política, recompensada con legalidad, dinero público y otras dádivas. Y usted ha seguido la misma línea. Con descaro inaudito, los dos partidos han disfrazado su delito con la consigna “los demócratas hemos derrotado a ETA”. No la han derrotado, la han premiado. Y por ello mismo demuestran no tener nada de demócratas. Ustedes, junto con la ETA, atentan contra el estado de derecho y la integridad de España. En serio.

Usted ha replicado a la sedición del delincuente Mas con advertencias de que haría cumplir la ley. Nunca la ha hecho cumplir, y ha seguido financiando la política del odio a España y el intento de balcanizarla. También aquí ha seguido al PSOE. Su obligación más elemental como gobernantes demócratas es cumplir y hacer cumplir la ley. Al no hacerlo, se deslegitiman y su “democratismo” se convierte en farsa demagógica. El hecho evidente e irrefutable es que bajo su gobierno los separatismos, tan alentados por el PSOE, han adquirido un impulso y una osadía como nunca antes. Con desvergüenza de granuja se lo echaba en cara Sánchez, cuyo maestro Zapatero, que también lo es de usted, ha sido el principal creador de ese ambiente, sin olvidar a Aznar. ¡Grandes estadistas! En serio.

Una ley que, en cambio, se han esmerado en cumplir usted y los suyos es la de “memoria histórica”. Una ley totalitaria, hecha para falsificar la historia desde el poder, como en los países comunistas. Una ley que, como no podía ser menos en quienes premian los crímenes etarras, califica de “víctimas” a los asesinos de las chekas, identificando con ellos a los legisladores. Ustedes han llegado a tal degradación moral e intelectual — que contagian a la sociedad–, que ni siquiera se dan cuenta del alcance de su desmán. Les da igual. En su versión bananera de la democracia, la cuestión se limita a disfrazar las canalladas con victimismo y títulos biensonantes, para ganar votos.

¡Y qué injusto Sánchez al culparle de incumplir las leyes de “género” o de gaymonio! Son leyes diseñadas por los proetarras y falsificadores de la historia y acordes también con ese carácter. Confunden género con sexo, corroen los fundamentos del matrimonio y la familia, tratan de sustituir la vieja lucha de clases por la lucha entre hombres y mujeres, rompen las más elementales normas jurídicas y crean violencia por sí mismas. Sus frutos son la destrucción masiva de vidas humanas en el seno materno, crimen monstruoso si los hay (como “interrupción del embarazo” lo disfrazan los politicastros); una violencia doméstica en aumento, no solo entre parejas sino entre hijos y padres o madres; un fracaso familiar traducido en enormes cifras de divorcios, con sus efectos sobre la educación de los hijos (fracaso escolar, expansión de la droga y el alcoholismo juvenil, etc.) Etc. Pero nada de eso les preocupa a ustedes, bomberos pirómanos, dedicados a competir histéricamente en chillidos contra la “violencia de género”, cuyo aumento ustedes mismos provocan.

Para usted, como para su gemelo político Sánchez, España ha dejado de ser un país independiente. Su política consiste en regalar “grandes toneladas de soberanía” a la burocracia de Bruselas. Ustedes no se consideran al servicio de la soberanía española, sino que ponen esta al servicio de sus intereses, como si fuera una propiedad particular suya. He aquí, de nuevo, su democratismo peor que bananero. La desdichada posición lacayuna de España en la UE y en la OTAN no plantea ningún problema a su espíritu servil e hispanófobo; tampoco la cuestión de Gibraltar, caso insólito en el siglo XXI de una colonia en un país europeo mantenida por una potencia a la que no cesan ustedes de hacer carantoñas, como a la ETA, a las chekas o a los separatistas. Su servilismo les está llevando a destruir la cultura española introduciendo en la enseñanza un bilingüismo con el inglés, considerado como lengua superior de la ciencia, la economía, el empleo etc., etc., en un proceso de desprestigio y relegación de nuestro idioma a ámbitos familiares o subculturales. Esto es peor que el cultivo del odio a España, subvencionado por ustedes en Cataluña o Vascongadas. España no es un país bilingüe y el inglés solo puede y debe enseñarse legalmente como idioma extranjero, no en la misma posición (de hecho en posición superior) que el nuestro. Tampoco hay en sus programas el menor análisis serio de la posición de España en relación con el amenazador auge del islamismo y su penetración en la propia España y Europa. Para ustedes, el asunto se limita a lo que decidan en Bruselas y en Washington. España no merece esa política basura de lacayos como ustedes.

Podría seguir largo rato, pero mencionaré solo otro asunto: acertaba Sánchez al acusarle de corrupción, porque su partido está corrompido hasta la médula. Sánchez — lógico en su mentalidad macarril–, piensa solo en la corrupción económica, pero mucho peor es la intelectual, manifiesta en las políticas antes señaladas, y que genera también la económica. Pero lo más asombroso, lo que exhibe la absoluta degradación de la política española, es que un capitoste del PSOE ose acusar a alguien de tales cosas. Eso ya define un ambiente político próximo al Patio de Monipodio.

No me extiendo sobre la economía, en la que todos los aspirantes a gobernar este despreciado país no hacen sino demostrar su carencia de ideas. Yo tampoco las tengo, más allá de constatar que los economistas ofrecen soluciones muy diversas. Usted, señor Rajoy, se jacta de que la situación va mejorando, y en algunos aspectos parece ser verdad, aunque no sabemos si duradera. Pero incluso ahí sigue usted a su maestro Zapatero. ¿Recuerda usted cuando denunciaba indignado cómo el PSOE iba a “subir el IVA a los chuches de este niño… y de todos los españoles”? ¿Cuándo tenía usted razón, cuando denunciaba los recortes y subidas de impuestos de Zapatero, o cuando ha seguido su ejemplo a mayor escala? Sospecho que no lo sabe usted mismo.

En fin, señor Rajoy, con su gobierno han empeorado los problemas del país: separatismos, pérdida acelerada de soberanía, leyes totalitarias y chekistas, o de “género” jurídicamente inválidas, degradación cultural y moral de la sociedad, corrosión de la familia, auge de movimientos como el cursi-macarril y comunistoide Podemos… Solo puede usted invocar a su favor una ligera pero también insegura mejoría económica, de acuerdo con su simplona tesis de que “la economía lo es todo”, la cual podría valer muy bien para un burdel. Su única arma es la llamada a la necedad del voto útil, que se viene demostrando el más inútil de todos, porque deja fuera de juego a opciones probablemente más serias que las de ustedes (tampoco es muy difícil) y en cambio perpetúa el más de lo mismo. La república se hundió por el proceso revolucionario del Frente Popular. La actual democracia lo está haciendo por un proceso de putrefacción política y social dirigido por ustedes.

LA VERDAD NO TIENE ACOGIDA
El nacionalismo catalán, una patología social
Fernando Paz gaceta.es 25 Septiembre 2017

Las noticias que llegan del modo en el que se está contado en Europa lo que se sucede en Cataluña resultan desalentadoras. Como si los años, las décadas y casi los siglos no hubieran pasado, asistimos a una deformación sistemática de la realidad acerca de lo que es España y a una idílica presentación de las aspiraciones de los nacionalistas catalanes.

También en este caso se hace patente la dejación de gobierno español. Frente al relato en el que Cataluña ha sido forzada desde los albores de su existencia a pertenecer a España contra su voluntad, la ausencia de reacción ha sido completa. Por su parte, los medios de comunicación nacionales –que están a lo de siempre- prefieren ignorar la situación: siguen vendiendo el rechazo de la UE al “procès” como arma política porque en Europa la comprensión de nuestros socios hacia la España democrática es completa, superadas antiguas visiones estereotipadas operantes hasta la arcádica entrada de España en el antaño selecto club.

Un malo oficial, pero falso: Felipe V
El imaginario nacionalista, necesitado de agravios para sostenerse, ha “recreado” una historia de Cataluña que apenas presenta semejanza con la verdad histórica. En los últimos tres siglos su pertenencia a España no solo no le ha reportado ningún perjuicio sino que, por el contrario, ha supuesto un enorme negocio (considerada la cuestión en términos estrictamente materiales, que parece ser la vara con que mide el independentismo).

La llegada de los Borbones a España impulsó la economía en todo el territorio nacional, volcados más que sus antecesores Habsburgo en la política interna a causa de la decadencia internacional de la monarquía hispánica. Donde más visible resultó el despegue fue en Cataluña: en la primera mitad del siglo se produjo el notable incremento demográfico y el desarrollo agrario propiciaron una etapa de intercambios comerciales con el extranjero, que se vio complementada cuando algo más tarde decayó con la apertura de los mercados americanos. A su vez, la productividad agraria creció gracias a que el incremento de población facilitó el mantenimiento de unos salarios moderados: de este modo la burguesía barcelonesa trasvasó los capitales producto de los excedentes agrarios a las actividades mercantiles.

A cambio, los Borbón habían abolido las viejas leyes –aunque se mantuvo el derecho civil propio en toda la corona de Aragón, incluyendo Cataluña-, algo que preocupó a la nobleza, pero menos a la burguesía, para la que la unificación de todo el territorio de la corona resultaba una innegable ventaja. El temor a una orientación de la economía en favor de Francia –temor heredado de la experiencia de 1640- pronto se disipó.

Un desarrollo industrial y nacional
Con el surgimiento de la industria algodonera, después del despegue vitícola, producto de las ventajas de la etapa anterior, surge un nuevo sistema social y las mentalidades cambian. Aunque se vivió un duro revés entre 1808 y 1820, a causa de la guerra de Independencia contra los franceses como, por otro lado, sucedió en toda España. La industria catalana recuperará toda su grandeza anterior desde 1830, convirtiéndose de nuevo en una industria pujante pero no logrará, sin embargo, volver a las alturas de los finales del XVIII.

Como consecuencia se produciría una concentración industrial notable y una movilización de capitales, muchos de ellos repatriados de la América que se había perdido en la década anterior y surgirían las primeras sociedades anónimas. El crecimiento no cesaría –salvo momentos muy puntuales- hasta la década de 1880.

El desarrollo de la industria barcelonesa le debió mucho –todo- a la protección que se le tributó desde el Estado, empezando por el arancel de 1828, la represión del contrabando desde 1830 y el real decreto de abril de 1832. No era solo el apoyo de los gobiernos; el algodón, como industria de consumo, dependía sobremanera de la producción agraria, por lo que los industriales barceloneses se implicaron en su defensa y, desde 1820, se prohibió la importación de grano extranjero.

Desde entonces, los productores catalanes sostuvieron la necesidad de que el Estado protegiese la producción propia frente a la competencia, fundamentalmente inglesa. La consecuencia fue que pasaron a depender de la pujanza general de la economía nacional, por lo que los industriales catalanes siempre se preocuparon por la prosperidad del conjunto de la economía agraria española.

La protección a los productos industriales catalanes permitió la creación de una industria nacional, algo que hay que señalar por su trascendencia. Supuso, además, innegables beneficios para la agricultura, sobre todo la cerealística, pero también repercutió muy negativamente en el comercio exterior, pues a muchos sectores se les aplicaron aranceles como los que España establecía para la producción industrial, viéndose de este modo perjudicados.

Como el resto de España
Cataluña ha participado de la vida nacional en la misma medida –como poco- que el resto de regiones y, como el conjunto de España, se ha visto afectada por las divisiones que ha sufrido nuestro país desde el siglo XVIII. Hubo catalanes en el bando felipista y en el austracista durante la Guerra de Sucesión; hubo catalanes – y muchos- en el bando carlista y también los hubo en el isabelino; hubo catalanes en la primera república y contra ella; e igualmente los hubo en los dos bandos en que se dividió España en 1936.

Durante el siglo XX, Cataluña ha dispuesto de más apoyo por parte del Estado que ninguna otra región de España (o, si se prefiere, en términos actuales, que ninguna otra autonomía). El apoyo que recibe a través del FLA, superior a los 65.000 millones de euros –y que se produce en detrimento de otras regiones más necesitadas- , no es nada excepcional.

El discurso nacionalista pretende, sin embargo, lo contrario basándose en una serie de falacias que, curiosamente, son creídas de forma acrítica por una buena parte de la población. La estrategia de la victimización da buenos resultados cuando de lo que se trata es de estimular la codicia.

Así, la idea de que Cataluña paga más impuestos que el resto de España innegablemente ha cuajado, cuando los impuestos los pagan personas y no territorios; si los catalanes pagan más, ello se debe sólo a que tiene un nivel de renta mayor que otras autonomías. Las condiciones son las mismas que para el resto de españoles.

Por otro lado, si hay algo seguro es que, en una Cataluña independiente, los catalanes tendrían que pagar más impuestos que los que pagan ahora. Pero bastantes más.

El mito nacional
Pero los argumentos racionales se estrellan contra el muro de las creencias. Aunque las ideas son más moldeables y pueden ser modificadas en nuestra mente, mucho más difícil es que eso le suceda a las creencias, que son pre-racionales y, por tanto, casi siempre inmunes a los argumentos.

Porque, en definitiva, el de la nación es seguramente el mito ideológico más potente. Eventualmente han surgido otros; el socialismo, la democracia, el fascismo. Pero el más poderoso –junto a la libertad-, que resurge una y otra vez, es el de la nación. A él han vuelto todos tras fracasar; es un valor seguro, el oro político en el que todos invierten cuando otras especulaciones no dan el resultado apetecido.

La nación fue una larga aspiración de muchos pueblos, y no puede negarse que se trata de un hallazgo genial de la evolución de la historia europea. Tanto es así, que muchas veces se ha querido encontrar virtuosa incluso una inflamación de la misma, la degeneración romántico-nacionalista, que en realidad es una forma enfermiza de la verdadera virtud, el patriotismo.

La Cataluña nacionalista, hoy
Lo que la Cataluña nacionalista vive hoy es auténtico nacionanismo, un ensimismamiento obsesivo que ha degenerado en una patología social como pocas veces se ha visto, llegando al punto de transformar la realidad; ni la verdad, ni la historia, ni la lógica tienen la más mínima acogida en el universo enloquecido de un nacionalismo que comenzó execrando la historia de España para más tarde tratar de apoderarse patéticamente de ella.

Ha resultado enormemente pedagógico, como paradigma de una alucinación colectiva, su reivindicación de la condición catalana de Cervantes, santa Teresa de Jesús o Colón, algo que en su día provocó una suerte de estremecimiento piadoso en la espina dorsal de la península, para desembocar en una de las más crueles mofas colectivas que se recuerdan (merecidísima, por otro lado).

Pero, en el estado al que hemos llegado, el ridículo objetivo en el que se mueven y existen carece de significación objetiva. Lo que de veras cuenta es la capacidad movilizadora del mito; no importa que sea falso, lo esencial es que sea vivido o, al menos, creído.

Y lo cierto es que la nación catalana se ha convertido en un potente mito operante, hasta el punto de que personas que en modo alguno pueden identificarse con un catalanismo tradicional se hayan sumado al nacimiento de esta nación. Una nación que ciertamente será imaginaria, pero que sobre todo está siendo imaginada.

Oponer una racionalidad fría y seca frente a esa orgía de emotividad colectiva que condensa la potencia del mito nacional es algo perfectamente inútil. Al haber desprovisto a España de toda emoción, al haberla momificado hasta el punto de huir de su mera evocación –a través de incontables sucedáneos en forma de insoportables perífrasis- se ha secado toda fuente de adhesión.

Por otro lado, demostrado está que la zanahoria de la Europa comunitaria ya no tira del burro. Las admoniciones bruselenses no parece que hayan hecho la menor mella en los delirios separatistas.

Sólo un mito tan potente como el que se esgrime para destruir la nación puede reconstruirla y salvar la unidad de nuestra comunidad política. Un poderoso mito que, a diferencia del nacionalista, es cierto: España.

La mitad de la deuda española oculta en empresas públicas la tiene Cataluña: 2.000 millones
Carlos Cuesta okdiario 25 Septiembre 2017

Los responsables del golpe de Estado perpetrado desde la Generalitat no sólo violan las leyes. Además son unos pésimos gestores. Hasta ahora se sabía que mantenían la mayor deuda pública oficial de toda España -más de 75.000 millones-. Ahora se descubre que, ademas, tienen ocultos, sin incluir en la contabilidad de las Administraciones Públicas, otros 2.000 millones de euros.

Se trata de una mecánica que permite a las Administraciones evitar que esos importes se sumen al endeudamiento público oficial. Una práctica que, si bien es legal bajo determinadas condiciones, se ha convertido en un coladero para escapar a los controles del Gobierno y de Bruselas en el control del déficit y el gasto de las regiones.

Y es precisamente en ese tipo de escondites contables en el que, una vez más, la Generalitat vuelve a brillar con luz propia. Y es que se trata de la autonomía que más deuda traslada a estas empresas no contabilizadas en las cuentas oficiales del aparato administrativo.

En concreto la Generalitat catalana alberga ahí 2.044 millones de euros. Una cifra nada desdeñable que supone prácticamente la mitad de toda la deuda cobijada en empresas publicas no incluidas en el sector Administraciones Públicas de toda España.

Este descontrol de gastos y deuda se suma al oficial. Cataluña ha alcanzado la cifra de deuda pública reconocida de 75. 443 millones tras haber disparado su deuda en casi 60.000 millones durante la última década. El resultado de esta euforia del gasto -acelerada por los desembolsos propios de la creación de estructuras pseudo nacionales- ha posicionado a Cataluña, sin posibilidad de discusión, como la comunidad autónoma que más ha aumentado su pasivo en este periodo.

Los datos del Banco de España reflejan, así, a la región catalana como la única que ha disparado sus pasivos en diez años en 59.667. La Comunidad Valenciana, la segunda en este ránking, acumula una deuda de 44.111 millones, con un aumento de 32.205 millones en una década; Andalucía la ha aumentado en 25.285 millones; y Madrid en 20.700 millones.

España para el desguace
Amando de Miguel Libertad Digital 25 Septiembre 2017

La Historia no suele avanzar con una trayectoria rectilínea. Desmantelada la incompetente República y concluida la atroz Guerra Civil, Franco trató de reorganizar la vida pública. Primero se propuso que, en lugar de España, se dijera "Estado español". No lo consiguió. Intentó crear un régimen totalitario, pero el tiro le salió por la culata; se quedó al final en autoritario modernizador con su magistratura vitalicia. La fórmula (ahora diríamos "algoritmo") fue un Estado centralizado. El cual saltó por los aires a la muerte del Generalísimo. Nada estaba atado. Le sucedió el experimento del Estado de las Autonomías, un término que más parecía soviético o yugoslavo. Ha durado hasta hoy mismo. Lo que al principio entusiasmó a casi todos, ahora significa un desaliento general. Aparte de la corrupción rampante, resulta que unas autonomías quieren serlo más que otras. La cosa se viste como federalismo asimétrico; es decir, más de lo mismo. Se trata de un ñoñismo para indicar que los socialistas van a mandar.

El caso más curioso es el de Cataluña, en donde los poncios autonómicos pugnan por la independencia. Es una especie de chantaje para conseguir al menos un estatuto privilegiado, como el de los vascos o los navarros. Ese es el famoso encaje de Cataluña en España (que ahora sí se dice "el Estado").

Si aceptáramos la teoría ondular o cíclica para la marcha de la historia contemporánea, ahora tocaría un nuevo Estado centralizado, visto lo caro que nos ha salido el Estado de las Autonomías. Pero esa reacción dejaría sin cargos a más de la mitad de la nomenclatura política actual.

De momento, ante tanta confusión, España está para el desguace. Se me dirá que el diagnóstico resulta demasiado pesimista y por tanto irreal. La prueba es no hay precedentes de liquidación por derribo de países enteros. Pero no es cierto. Los ejemplos de Yugoslavia y Líbano, antaño verdaderos modelos para los progresistas, literalmente se han esfumado.

No es la primera vez que se dibuja un destino tan negativo para España. Recuérdese la "España sin pulso" o la "España invertebrada" de los intelectuales de antaño. Se trata de metáforas organicistas que hoy no sirven de mucho. También se puede recurrir a imágenes marineras, como "España al pairo" o "al garete". Pero es mucho suponer la imagen de "la nave" del Estado.

Lo peor de la presente circunstancia, tan confusa, es que cualquier salida que se tome puede conducir de nuevo a la extrema violencia en la calle. Ya se vislumbra en Cataluña y ya la hemos vivido hace unos lustros por culpa de los vascos fanáticos. ¿Por qué solo esas dos regiones van a ser independientes? Además, desgajadas del "conjunto del Estado" (como ahora dicen), lo que quede no creo que se pueda considerar cabalmente como España. Además, los clubes de fútbol no lo consentirían. Quizá tampoco el sistema de loterías. Pocas instituciones más se pueden considerar ya como nacionales.

Cabe pensar in extremis que todo lo anterior no es más que una pesadilla colectiva. En su virtud, en cualquier momento despertaremos los españoles de ese mal sueño, como se dice en catalán. De momento, la obsesión general de los españoles es Cataluña, donde ya no mandan los burgueses sino los perroflautas, donde el tradicional seny ha sido sustituido por la inverecundia.

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EL 1-O comenzó un 9 de junio
José Manuel Cansino  latribunadelpaisvasco.com 25 Septiembre 2017

Profesor de Economía del Sector Público de la Universidad de Sevilla

Hay una fecha sin la que no se explica el desafío secesionista del próximo 1 de Octubre; tampoco el anterior intento del 9 de Noviembre de 2014. Esa fecha fue el 9 de junio del año 2012 día en el que el Ministro de Economía, Luis de Guindos acababa con las especulaciones sobre si España seguiría o no la estela de Grecia, Irlanda y Portugal pidiendo un rescate a la troika compuesta por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional. La opción del gobierno español fue disfrazar el rescate de “rescate suave” o “rescate soft” por cuando, a diferencia de los tres países citados, en el caso español el macro crédito (100.000 millones de euros) se pedían sólo para sanear el sistema financiero pero no para financiar el déficit público del Estado.

En aquellos días, la prima de riesgo española (los intereses que pagábamos de más en comparación con lo que pagaba el país de referencia –Alemania- estaba por encima de los 600 puntos). Aún tuvieron que pasar unos días después del anuncio de la petición de rescate para que la prima alcanzase su máximo de 634,3 puntos básicos, cosa que ocurrió el 23 de julio de ese mismo año cuando España tenía que pagar casi un 8 % por cada euro que pedía prestado a devolver en diez años.

Como todo rescate, los prestamistas obligaron a tomar unas duras medidas de ajuste que pasaban directamente por el control del gasto público y sobre uno especialmente; el gasto de las administraciones autonómicas. Hasta 2008 los gobiernos regionales alimentaron una gran burbuja administrativa. Las Comunidades autónomas disfrutaban de un sistema de financiación indiciado (vinculado automáticamente) al crecimiento de la recaudación impositiva; una exigencia y un logro de los ahora secesionistas catalanes al entonces presidente José María Aznar. La burbuja inmobiliaria de aquellos años permitió una especie de “economía fingida” que crecía a un ritmo anual promedio del 3 %. Al tiempo que la actividad económica crecía las arcas de la Hacienda del Estado se llenaban holgadamente y una parte importante de estos recursos iban a parar a las autonomías gracias al sistema de financiación en vigor.

El abundante dinero que llegaba a manos de los gobiernos regionales (y también municipales) les permitió aumentar el tamaño de la ya importante red clientelar a través de la denominada administración pública paralela: agencias públicas, consorcios y empresas públicas, principalmente. Fuese cual fuese el color político del gobierno regional, la burbuja de la administración pública engordaba por igual en toda España.

Sin embargo, sí había una diferencia entre regiones: el crecimiento de la deuda catalana ya mostraba síntomas preocupantes. En 2007 ascendía a 15.776 millones y era muy superior a las del resto de regiones. Un hecho muy preocupante pues se producía a pesar del fuerte crecimiento de sus ingresos. Malos síntomas que se manifestaron al poco tiempo: 35.616 millones en 2010 y 75.443, millones en este año de 2017.

Con el estallido de la burbuja inmobiliaria se acabó el crecimiento, la creciente recaudación de impuestos y la parte (muy elevada) que llegaba a las autonomías. Pero el gasto público aún tardó en reducirse; el fuerte déficit fue la consecuencia inmediata. El déficit español pasó de 49.371 millones de euros en 2008 a 118.222 el año siguiente. El sistema de financiación autonómico indiciado a la evolución de los impuestos se derrumbó como consecuencia de este automatismo.

La situación de Cataluña era alarmante pues el hundimiento de los ingresos se unió a una colosal deuda que ponía en riesgo de colapso la financiación de servicios públicos básicos como la sanidad o la educación (transferidos por igual entre gobiernos del PSOE y el PP). Las dudas sobre la capacidad de las administraciones españolas y los movimientos especulativos de grandes fondos de inversión internacionales dispararon la prima de riesgo española, esto es, la remuneración o tipo de interés adicional que había que entregar por cada euro que se pedía prestado para compensar a quien nos lo prestaba por el mayor riesgo que asumía. Las presiones para que el gobierno de Rajoy pidiese un rescate siguiendo el modelo griego fueron muy altas hasta que el ministro de Guindos anunció que se pedía el rescate pero sólo para el sistema financiero; el “rescate suave”.

Las instituciones que pusieron a disposición de España un crédito de 100.000 millones de euros (de los que sólo se usaron 70.000 que ya fueron devueltos) impusieron unas condiciones de ajuste que se parecían mucho a las de un rescate convencional.

Una de estas condiciones era arreglar la disparatada situación de déficit y endeudamiento de las Comunidades Autónomas situación que, en Cataluña, alcanzaba cotas delirantes. Con un sistema de financiación haciendo aguas debido a su indiciación automática a la recaudación de unos impuestos que caía en picado era materialmente imposible atender las obligaciones financieras, so pena de dejar de prestar servicios fundamentales como la sanidad o la educación que habían sido transferidos a las Comunidades Autónomas. Al no admitirse en el seno de la Unión Europea quiebras en la Haciendas regionales, el Estado fue asumiendo paulatinamente la deuda pública catalana. Tanto es así que hoy en día es su principal acreedor al tener más de la mitad de la misma.

El rescate “suave” también exigía el control del gasto de la autonomía más díscola: Cataluña pero también del resto de administraciones. El déficit público español bajó de los 108.886 millones de euros en 2012 (año del rescate) a los 71.836 millones del año siguiente. ¿Quiénes fueron los responsables de conseguir el férreo control del gasto? Las Intervenciones Generales de todas las CCAA encargadas, además, de recopilar información del uso del gasto público y enviarla mensualmente a la institución central, la Intervención General de la Administración del Estado (IGAE) que, a su vez, la remite a Bruselas para permitir la supervisión de nuestros “rescatadores”.

El resultado fue que tras la petición de “rescate suave” aquel 9 de Junio de 2012 a los tejedores de las redes clientelares autonómicas se les acabó su margen de maniobra. Tenían que dar cuentas de hasta el último céntimo gastado. Su enfado fue mayúsculo pero … ¿Dónde alcanzaba el mayor nivel este enfado? naturalmente en Cataluña.

La manera en la que las regiones (y los ayuntamientos) encajaron el control del gasto fue muy diferente. Mientras el resto de los representantes de las CCAA aguantaban el chaparrón, la Generalidad catalana se rebeló. Se resistía a contentarse con ser una Administración de perfil plano gestionando las necesidades de ancianos, niños y enfermos sin poder exhibir un fuerte perfil de autogobierno orientado a la autosuficiencia. La rebelión se puso de manifiesto claramente cuando el presidente Mas se inventó el famoso “pacto fiscal”. Con esta petición demandaba un trato privilegiado como el que tienen los tres territorios vascos y Navarra. El fundamento de su petición fue el famoso “Enpanya ens roba”.

La reivindicación del nacionalismo catalán no era otra que quedarse con una parte muy importante del superávit fiscal del área económica de Barcelona (no de Cataluña), pues junto con Madrid son los pulmones económicos más importantes de España. El presidente de la Generalidad no buscaba otra cosa que regresar a la situación abundancia de dinero previa al rescate del ministro de Guindos.

¿Por qué no se permitió entonces el Pacto Fiscal ni se permitirá ahora? En parte porque la experiencia vasca no es precisamente positiva. En parte porque la sociedad española, por primera vez desde el inicio de la Transición, fue consciente de que este tipo de estrategias tenían que tener fecha de caducidad.

Pero había otra razón: nuestros prestamistas y supervisores de la Unión Europea. Por un lado, dar soberanía fiscal a una Hacienda con la trayectoria de la catalana es inasumible para la ortodoxia financiera de los países centroeuropeos. Por otro lado supondría malgastar los esfuerzos de control del gasto de los últimos años. No permitirán la vuelta a las andadas de la burbuja administrativa. El dinero no está para, por ejemplo, embajadas en el extranjero, o que TV3 genere un gasto igual o superior al de las cuatro cadenas privadas más importante juntas. En Europa no gusta la “barra libre”. Además, el Pacto fiscal inexorablemente reduciría la financiación de las otras catorce regiones de régimen de financiación común. De esto no sólo es consciente el PP; también el PSOE lo sabe bien.

El nuevo pulso que va a perder el secesionismo catalán tras décadas de entreguismo del resto de españoles va a dejar un innegable descrédito ante nuestros socios de la Unión Europea que no dejan de pensar qué hemos hecho mal para llegar a una situación tan disparatada. La magnitud de ese daño es difícil de medir. Pero también ha dejado en la opinión pública una opinión muy crítica e incluso contraria a la cesión de competencias en servicios tan sensibles como la educación o la policía. Hoy sólo las redes clientelares que se alimentan de los presupuestos autonómicos se opondrían a una reforma constitucional que garantizase iguales servicios a todos los españoles prestados por una administración en la que prevalecieran las personas antes que los territorios.

TV3, la suya
Miquel Giménez. vozpopuli 25 Septiembre 2017

El lema de la televisión autonómica catalana es “TV3, la teva”, la tuya. En sus inicios era alabada como paradigma de modernidad y de audacia. Ahora ha quedado relegada al papel que hiciera Isabel II, a la que se apodaba “la de los tristes designios”. Un medio al servicio del Govern de Cataluña, aburrida, servil y cara. Porque tanto la televisión como la radio de la Generalitat nos cuestan un pico a todos los catalanes.

"Prefiero ceder todas las competencias antes que renunciar a TV3"
Esas palabras las pronunció en su día Jordi Pujol, al que sus herederos políticos se cuidan mucho en nombrar. Y las decía con la sagaz visión, todo hay que decirlo, del que desea construir un imaginario acorde con sus ideas políticas. Se equivocan de medio a medio los que hablan ahora de la deriva secesionista en los medios de la Corporación Catalana de Medios de Comunicación, ente que engloba las radios y televisiones que dependen de la Generalitat. TV3 fue, desde el minuto cero, un instrumento de propaganda al servicio de la idea, a veces un tanto nebulosa, de “fer país”, hacer país, de la que tanto habló Pujol a lo largo de su carrera. Las generaciones de catalanes y catalanas que ahora se desgañitan repitiendo consignas como si fuesen acólitos de una secta se formaron con la televisión nacionalista convergente. De ahí que encuentren normal que TV3 siga emitiendo el anuncio del referéndum ilegal, que se veje a los que no son independentistas o que se den informaciones sesgadas.

Haciendo memoria, – ¡qué peligrosos somos los que, a una cierta edad provecta, aún tenemos memoria! - el primer director de TV3 fue Alfons Quintá, uno de los periodistas que más duro se había mostrado con el pujolismo. ¿Generosidad política? No. El poder sabe que es mucho más fácil comprar que combatir y Pujol lo compró, como después hizo con tantos y tantos otros, digámosles, compañeros de profesión. Periodistas críticos han pasado de un día para otro del áspero Vietnam de su máquina de escribir a la dulce somnolencia que producen los despachos oficiales y los sueldos astronómicos. No hay por qué citar nombres. No es cristiano hacer leña del árbol caído.

Aquella televisión incipiente tenía dos personas encargadas de velar por la pureza de sus contenidos: uno era Lluís Prenafeta – implicado en el caso Pretoria y que se ha confesado autor de cobrar comisiones –; la otra era Marta Ferrusola – también implicada por presunta evasión de divisas en el caso Pujol y esposa del ex president -, siendo los modernos inquisidores de lo que se podía ver o no en la televisión catalana. Una llamada de cualquiera de ambos hacía temblar a los directivos de la casa. El concepto patrimonial que han tenido siempre los nacionalistas con respecto a lo público llegó a extremos berlanguescos cuando Prenafeta se hizo llevar a su domicilio particular una cinta de “El Padrino”, lo que motivó una queja parlamentaria del PSC, queja que no prosperó, claro.

Todo en TV3 se orientaba a obviar la realidad de España. El mapa del tiempo, que aún se mantiene a día de hoy, presenta solo los denominados países catalanes – a saber, Cataluña, Comunidad Valenciana, denominada en TV3 como País Valencià, y Baleares -, España nunca es denominada como tal sino como “el estado español”, el presidente del gobierno español lo es “del gobierno central”, el Barça es el único equipo del que se informa hasta la saciedad, quedando otros clubs señeros como el Español relegados a un tercer plano y siendo a menudo objeto de bromitas de mal gusto, etc. Del Real Madrid, ni les comento el tratamiento que se le da. Otrosí, las entrevistas a políticos dan, en numerosos y sucesivos estudios que se han hecho a lo largo de estas décadas de plomo, un ochenta por ciento en favor del Govern frente al veinte por ciento a la oposición. Los programas se otorgan a determinadas productoras de amigos y simpatizantes con el ideario secesionista, en fin, para qué seguir.

Con el proceso todo esto se ha agravado. Ahora más que nunca los nacionalistas se aferran al control de los medios catalanes, llegando a extremos que rozan lo esperpéntico como la última entrevista que le hizo el actual director de TV3 Vicenç Sanchís a Carles Puigdemont. Dudo mucho que en cualquier país con unos mínimos democráticos o, al menos, de vergüenza torera, se hubiese mantenido a ese señor en su cargo. Solo les faltó declararse eterno amor el uno al otro.

Sanchís, por cierto, fue director de 1990 a 1993 del diario ‘El Observador’, inspirado por Prenafeta, del que también ha sido su biógrafo; posteriormente lo “designaron” desde Palau como director del boletín oficial convergente, el diario ‘Avui’, de 1996 hasta el 2007; ha ostentado cargos en la mal llamada sociedad civil de Cataluña, como el de vicepresidente de Òmnium Cultural y lógicamente, cuando las cosas empezaron a ponerse complicadas, Artur Mas y su segundo de a bordo Francesc Homs lo nombraron director de TV3.

¿Qué ha hecho este valenciano desde su nombramiento? Apostar por la línea Pravda más dura, pactar con los sindicatos la paz social dentro de la casa – sepan que TV3 tiene la misma plantilla que el portaaviones Charles de Gaulle, buque insignia de la Armada francesa – y apostar por que toda la parrilla esté impregnada de soberanismo, venga o no a cuento. Un excelente comisario político que cree a pies juntillas en los dogmas de fe independentistas. En las tertulias que ofrecen tanto TV3 como su canal de noticias 324 la proporción de tertulianos es de cuatro soberanistas frente a un constitucionalista. Los presentadores son todos de la cuerda oficial, hagan lo que hagan y sea su programa del tipo que sea. Como ejemplo, y para que el resto de ciudadanos de España sepan lo que aguantamos en Cataluña, en un programa de música clásica emitido por Cataluña Radio, el presentador, que entrevistaba a un violinista, le espetó si, cuando acabase el programa, no iba a manifestarse en la Diada en favor de la independencia. Y este sería un detalle menor si lo comparamos con las homilías que la conductora del espacio matinal de la radio pública catalana, Mónica Terribas, suelta cada día del mundo, acosando a los entrevistados que no son partidarios del proceso y mostrándose servil con consellers y adictos a la causa. Tamaña adulación no se ha escuchado desde los tiempos del parte de Radio Nacional y el NODO.

Pero la culpa no ha sido solo de Convergencia, el nacionalismo y sus políticos. El PSC también ha puesto su granito de arena en que los medios catalanes estén absolutamente dominados por el ideario secesionista.

Lo que no se ha dicho del Pacto del Tinell
El PSC sabía que solamente podría llegar a gobernar Cataluña con un candidato que no pareciese socialista. Tenía, por descontado, que ofrecer un perfil de modernidad para oponerse a la imagen ya vetusta de Pujol y, además, dar una imagen de catalán nada sospechoso de ser un botifler (traidor). Con esos mimbres, los miembros de la cúpula socialista catalana acudieron al por entonces popular alcalde de Barcelona, Pasqual Maragall. Nieto del gran poeta, desenfadado, con el éxito de los Juegos de Barcelona fresco aún en la memoria de los electores, Pasqual era el candidato perfecto salvo por un detalle: a él, el partido no le importaba un pito, es más, le parecía en su mayoría un conjunto de catetos. La historia del maragallismo, que está aún por hacerse, recogerá los mil y un intentos que Pasqual llevó a cabo sin demasiado éxito para crear organizaciones políticas al margen del PSC. Por otro lado, Pasqual no consentía la menor disidencia ni crítica. Era, pues, una contrafigura de Pujol, un autócrata que sabía conectar con la gente de la calle pero que creía a pies juntillas en aquella máxima que asegura que hay que hacerlo todo por el pueblo, pero sin el pueblo.

La oportunidad que tuvo el PSC para cambiar las estructuras de TV3 y Catalunya Ràdio se esfumó"
Una vez convencido para que se presentase, los socialistas tuvieron poco o nada que decir. La sala de máquinas fue confiada a Ernest Maragall, hermano de Pasqual, y las listas y la estrategia las llevaron entre ambos. Es evidente que el acuerdo que conocemos por el Pacto del Tinell, suscrito entre socialistas, Iniciativa y Esquerra, fue inspirado y consensuado entre Maragall y sus socios, Joan Saura y Carod Rovira. Las tres formaciones se conjuraron para desterrar al PP de la vida pública catalana, uno de los mayores errores en la política de Cataluña. Pero lo que no se conoce es que llegaron también a un acuerdo tácito: el Tripartito dejaba a los socialistas la parte económica, a los comunistas temas de interior y medio ambiente y a Esquerra, principalmente, los medios de comunicación.

La oportunidad que tuvo el PSC para cambiar las estructuras de TV3 y Catalunya Ràdio se esfumó. Esquerra mantuvo a todos los convergentes, añadiendo a algunos de los suyos, y el cuento de la lechera secesionista siguió su curso con total tranquilidad. El único intento que realizó Pasqual de nombrar a un periodista independiente como director de TV3 fracasó lamentablemente. Este es un episodio que conozco de primera mano. Quizás algún día lo relate, porque demuestra hasta qué punto los socialistas catalanes son tontos.

Con todo este camino andado, a nadie le puede sorprender que ahora unos medios carísimos, en caída de audiencia – Tele 5 es la cadena más vista en Cataluña, para que nos entendamos – y con unos profesionales acartonados de tanto poner cara de días históricos, jornadas heroicas, complots de los malévolos españoles y entrevistas de masaje con final feliz, digan que todo va de fábula y que el proceso es una maravilla.

La sembró Pujol, no la arrancaron cuando pudieron las pseudo izquierdas y la agostaron Mas y Puigdemont, es por eso por lo que la planta de TV3 está podrida hasta la raíz. Regada por el sectarismo, el amiguismo, las canonjías y la falta de profesionalidad, es un cadáver que solamente se mueve por espasmos, los que produce el cuerpo tras la muerte.

Un periodista y buen amigo mío, que también figura en las listas negras de los que no somos adictos y por eso no nos permiten trabajar en los medios públicos catalanes, dice que lo mejor sería cerrarla. No seré yo quien le lleve la contraria.

¿De dónde le llega el dinero al 'procés'?
Miguel Alba. vozpopuli  25 Septiembre 2017

Es la pregunta pluscuamperfecta. El quid para mantener con vida toda esa parafernalia de símbolos, cartelería e infraestructura que alimentan el fanatismo y la desobediencia a la ley entorno al procés. ¿De dónde llega el dinero a Puigdemont y cía.? Cristóbal Montoro cortó la financiación en A con la intervención del dinero que recibe la Generalitat por parte del Estado para los servicios básicos. “Está claro que el movimiento secesionista no vive únicamente del dinero público. Hay vías de financiación privadas”, sostiene estos días un empresario catalán, llamado por el Govern para darle músculo financiero al secesionismo. Ese plan B se nutre de todo tipo de aportaciones de empresarios privados con financiación obtenida mayoritariamente en el extranjero.

El cierre del grifo estatal a las cuentas de la Generalitat lleva cosido un control estajanovista por parte de los bancos de todos los movimientos de cuentas y tarjetas de crédito de la cúpula y de las administraciones catalanas. “El conducto oficial está cerrado y sumamente controlado”, explican desde el Gobierno. La gorrilla para darle oxígeno al procés no se hace con luz y taquígrafos, está claro. Una de las formas supuestamente utilizada por el gobierno de Carles Puigdemont, según publicaba la pasada semana El País, para eludir el control de gastos impuesto por el Ministerio de Hacienda ha sido acceder a préstamos de particulares en unos casos, y empresas amigas en otros, cuyos pagos se difieren en el tiempo a través de contratas infladas. Por ejemplo, el dinero se adelanta ahora a la Generalitat y esta empieza a devolverlo dentro de uno o dos años. Todo ello en la creencia de que entonces no estarán bajo la actual mirada avizor de Montoro.

Otras de las líneas de investigación de la Fiscalía sobre la procedencia del dinero para la consulta se centra en una presunta malversación de caudales, triquiñuelas para desviar fondos públicos de la Generalitat con el fin ilícito de costear una consulta prohibida por el Tribunal Constitucional. Por ejemplo, facturando pagos sobre servicios inexistentes y cuyo dinero realmente se destina a los preparativos de la consulta del próximo 1 de octubre. Estas prácticas se complementan con una tercera arista. La llegada de dinero del extranjero a través de préstamos solicitados en el exterior por medianas y pequeñas empresas catalanas a través de todo tipo de procedimientos. Desde la financiación bancaria a rondas de crowdfunding. En esa línea de investigación trabaja también diferentes organismos del Estado.

¿Por qué pequeñas y medianas empresas? “El gobierno de Puigdemont fue reclamando dinero a todas las grandes empresas catalanas para sostener el procés pero no encontró asistencia financiera”, aseguran fuentes conocedoras de estos movimientos. Unas negativas que no digirió nada bien la cúpula del Govern que empezó a presionar a determinados empresarios bajo la amenaza de un negro panorama para sus firmas en una hipotética Cataluña independiente. La búsqueda de la pela se trasladó entonces a pequeños y medianos empresarios donde el independentismo goza de un mayor caldo de cultivo. De hecho Pimec, que asegura ser la confederación patronal "más representativa" de pequeñas y medianas empresas y autónomos de Cataluña, no se posiciona en contra de una consulta sobre la independencia. "Ante la situación sin precedentes generada a raíz de las medidas de intervención de las instituciones y las finanzas de la Generalitat por parte del Gobierno español, Pimec quiere expresar su rechazo y preocupación por el impacto negativo que puede tener la actual situación política sobre la economía y las empresas del país", explicaba esta semana.

La asociación, constituida en 1975, defiende que se tiene "que cumplir con la legalidad", pero añade que no es posible "obviar los sentimientos". Sobre la medida de Hacienda, Pimec opina que tiene la consecuencia inmediata "de recortar gasto e inversión en Cataluña, ampliar el déficit fiscal catalán y perjudicar los intereses de las empresas catalanas". En la línea independentista de Pimec se posiciona el Cercle Catalàde Negocis. La asociación creada en 2008 evita publicar el número de socios con el que cuenta y sus nombres. "No es momento todavía de salir del armario, pero después del referéndum, entonces sí", asegura uno de sus portavoces a Alberto Ortín la pasada semana. "Somos empresarios y creemos que nos irá mejor si Cataluña se independiza", afirmó.

Quedan apenas seis días para el 1-O. Ha llegado la hora de la verdad. Salvo que el loco que conduce la Generalitat a 2OO km hora por las curvas del Garraf decida echar el freno en un ataque de cordura que no parece vaya a suceder, preparémonos para una semana intensa de acciones jurídicas y desobediencia a la ley, de mucho griterío en las calles y de un enorme temor: ¡que no haya un muerto! Eso podría cambiar una hipotética solución. Eso siempre será después del 1-O.

@miguelalbacar

Entrevista a Jesús Laínz
‘A España le ha costado muchísimo dinero la industria catalana’
Rafael Núñez Huesca gaceta.es 25 Septiembre 2017

El escritor montañés publica un nuevo ensayo, ‘El privilegio catalán’. En él explica cómo los diferentes gobiernos de España han apoyado a la industria catalana incluso a costa de las industrias de otras regiones, y cómo la burguesía catalana tuvo a España como mercado cautivo durante casi dos siglos

Jesús Laínz es seguramente el mayor experto que sobre los nacionalismos hay en España. Toda su bibliografía está dedicada al análisis del ‘bizkaitarrismo’ primero, y del catalanismo en los últimos años. Laínz derriba mitos y desnuda las mentiras con las que los nacionalismos fragmentarios se han venido cubriendo desde sus inicios. Su primer libro, ‘Adiós España’, que alcanzó los 50.000 ejemplares, arrasó por completo el frágil andamiaje intelectual sobre el que se erigía el nacionalismo vasco. Su más reciente ‘España contra Cataluña. Historia de un fraude’ mereció el reconocimiento entusiasta de estudiosos como Amando de Miguel -“Un libro que hará historia. Un clásico vivo”- o historiadores de la talla de Stanley G. Payne. El hispanista norteamericano calificó el trabajo de “excelente” y lo describió como “un análisis riguroso y exacto que pone al descubierto los mitos, distorsiones y mentiras del catalanismo, tanto en su historia como en la actualidad”.

Porque, tal y como cuenta Laínz, “hasta la crisis del 98 los catalanes eran más españoles que nadie, ¡la tierra del Bruc!”. Y también “los más bravucones” contra los norteamericanos, a los que tachaban de “salchicheros” y “tocinaires”. Una “raza de mercaderes”, la norteamericana, decían, que nada tenía que hacer frente a los “hidalgos” y “héroes de Lepanto”. Para el autor, el ridículo después del fracaso del 98 fue tal que “al día siguiente, los mismos que habían alimentado el furor patriótico, empezaron a echar la culpa de la derrota a los andaluces, a la España castellana y a una supuesta sangre beréber y semítica de la que estarían contaminados el resto de españoles”.

Ahora Laínz publica ‘El privilegio catalán. 300 años de negocio de la burguesía catalana’, que presenta el próximo 24 de octubre en la sala cultural de ABC y donde aborda los privilegios que ha disfrutado la industria catalana durante los últimos trescientos años.

“El privilegio catalán. 300 años de negocio de la burguesía catalana”. Editorial Encuentro
Y es que el argumento económico es, a juicio del autor, la última estación del pretendido “proyecto nacional catalán”: “Después de creado el suficiente odio, el cuerpo social está apto para incorporar el mensaje final: ‘España nos roba’”.

-En este asunto de la industria catalana existen dos relatos que han hecho fortuna. Por un lado el de la burguesía catalana, que ha sido privilegiada históricamente, y por otro el de una sociedad catalana muy industriosa y por completo merecedora de sus éxitos.
Son dos lecturas que no se contraponen.

-¿Entonces qué fue antes el huevo o la gallina? Quiero decir, ¿existe industria en Cataluña porque se apoya desde el Estado o el Estado apoya a Cataluña porque tiene industria?
Fueron simultáneas. En historia, el huevo y la gallina no se pueden fijar cronológicamente. A comienzos del XVIII llegan los Borbones, quieren dar un empuje a la industria nacional y comienzan las prácticas proteccionistas. Pasaba en toda Europa: intentar promover los productos propios. Es la política arancelaria, que consiste en gravar a los productos extranjeros para vender más los propios. Levantar un muro. Y en este caso, la región que estaba despuntando era Cataluña. Felipe V empieza a hacer esto a la vez que comienza a despuntar la industria catalana.

-Existe una sincronicidad.
Exacto. En realidad se protege a toda la industria nacional, pero claro, la industria nacional se concentra en Cataluña. Al menos la textil. Felipe V empieza con las prácticas arancelarias, pero es sobre todo Carlos III el que promueve el proteccionismo para proteger la industria catalana. Por ejemplo, se obligó al ejército a comprar toda la ropa a Cataluña.

-Así que la industria catalana no es consecuencia de una política de subvención pública.
No. Es consecuencia de que el pueblo catalán en el siglo XVIII empezó a destacarse por su industriosidad. Cataluña tiene un siglo XIX portentoso. Un siglo que para España es negro, un siglo español nefasto en el que el país llega a los más bajos fondos de la decadencia. Militarmente, económicamente, culturalmente… En cambio, en Cataluña se vive un redescubrimiento de la lengua, aparecen fabulosos arquitectos, grandes santos, enormes literatos… Se podría decir que lo que experimenta la España castellana en el XVI lo experimenta la España catalana en el XIX. Es importante subrayar que el movimiento cultural se desarrolla sin ninguna aspiración secesionista; es más, todos se produce bajo la bandera de España. Eran gente que jamás pensó que su nación era otra que la española. Los catalanes de la Renaixença son de lo más patriótico que ha habido en la historia de España.

-De manera que en el XIX España avanza a dos velocidades. En lo cultural y en lo industrial.
Cataluña empieza a andar más rápido y crea una industria mucho más dinámica que la del resto de España… pero mucho menos que la inglesa o la francesa. Es cuando llega el Estado y dice: “No se preocupen señores catalanes que ahora vamos a poner unos aranceles prohibitivos para que los tejidos ingleses, que son mucho mejores y más baratos, no le hagan competencia a usted”. Hay, de hecho, una reflexión de Sthendal, que recojo en el libro, y que resulta muy ilustrativa de la situación.

«Cabe señalar que en Barcelona predican la virtud más pura, el beneficio general y que a la vez quieren tener un privilegio: una contradicción divertida. El caso de los catalanes me parece el caso de los maestro de forja franceses. Estos señores quieren leyes justas, a excepción de la ley de aduana, que se debe hacer a su gusto. Los catalanes piden que todo español que hace uso de telas de algodón pague cuatro francos al año, por el solo hecho de existir Cataluña. Por ejemplo, es necesario que el español de Granada, de La Coruña o de Málaga no compre los productos británicos de algodón, que son excelentes y que cuestan un franco la unidad, pero que utilice los productos de algodón de Cataluña, muy inferiores, y que cuestan tres francos la unidad.»

-Un mercado cautivo que beneficiaba tantos a los catalanes como perjudicaba al resto de españoles.
Levantar una barrera arancelaria tiene consecuencias. Así, por ejemplo, cuando tú quieres vender naranjas a Inglaterra no puedes. Por eso Valencia fue muy perjudicada por esa política: impedía la exportación de frutas, o al menos la dificultaba mucho. Blanco Ibáñez era muy muy crítico con eso.

“Valencia, cuya agricultura muere por imposición del industrialismo catalán, porque catalanes y vizcaínos han conseguido la confección de unos infames aranceles que nos tapian los mercados internacionales para la exportación de nuestra fruta, sometiéndonos a una pérdida anual de mas de cien millones de pesetas, que se traduce en hambre y congojas en el campo y languidez en la vida comercial de la ciudad”.

-Pero en España también había partidarios del librecambismo.
Sí. La lucha en todo el siglo XIX fue entre los que consideraban que era necesario el proteccionismo porque la industria española estaba retrasada y por lo tanto había que protegerla hasta que se pusiera al nivel de Europa, y los partidarios del librecambismo. El argumento de la protección de nuestra industria duró casi doscientos años y desesperaba a los diputados librecambistas, que solían ser los liberales, aunque no siempre. Había regiones, por ejemplo, en las que todos eran proteccionistas, incluso los liberales. Por ejemplo Cataluña, por un obvio interés. Aunque dos de los principales librecambistas eran catalanes, y esto hay que subrayarlo. Laureano Figuerola, ministro de Hacienda durante la (Revolución) Gloriosa (1868) y creador de la peseta como moneda nacional, decía: “Mis paisanos se equivocan, empobrecen a toda la nación para enriquecerse ellos”. Y la burguesía catalana le acusaba de traidor… a España. También Joaquín María Sanz Romá, que era secretario de Figuerola y que también era catalán decía unas cosas tremendas sobre Cataluña por el empeño de su paisanos en conservar los aranceles.
Laureano Figuerola Ballester?, ministro de Hacienda al principio del Sexenio Democrático.

Los librecambistas decían: “Es injusto tener que comprar paños más caros y encima peores; están ustedes empobreciendo al pueblo español”. Criticaban los casi doscientos años “de provisionalidad” y pensaban que con el mercado cautivo nuestra industria nunca se preocuparía por mejorar la maquinaria y la producción y estaría permanentemente por detrás de la industria europea… como así fue.

-¿Nunca tuvo sentido el proteccionismo entonces?, ¿fue contraproducente?
Todos tenían su parte de razón. Proteccionistas y librecambistas. El proteccionismo fue una tónica general después de la Europa napoleónica; en España fue particularmente intenso por dos razones: la primera, por tener una industria menos desarrollada, y por otro lado, por la pérdida del imperio en el XIX. Se pierden una fuente de materias primas bestial y un mercado gigantesco. Por eso España fue el país más proteccionista de Europa.

‘El Vapor’ como síntoma
Jesús Laínz explica el caso, paradigmático a su juicio, de la fábrica de Bonaplata, comprada en Reino Unido y conocida popularmente como ‘El Vapor’. Se trató de la primera fábrica textil, metálica y a vapor que se montaba en España. Fue una carísima operación, financiada al cincuenta por cien por el Gobierno y que tuvo éxito gracias a las gestiones del embajador español en Londres Cea Bermúdez. Se montó en en 1833, y en 1835, “debido a una mala tarde de toros, la chusma barcelonesa, bien regada de vino y liberalismo, prendió fuego a la instalación”. En aquella tarde se asesinaron curas y monjas, se quemaron conventos y se arrastró y quemó vivo en la plaza pública al gobernador militar. Y por último se prendió fuego al icono de Bonaplata. “Es decir, lo que España había pagado, los barceloneses se lo cargan. La chusma liberal en concreto”. “Increíblemente el Estado lo indemnizó -explica Laínz-; es sólo un ejemplo de cómo España ha estado siempre detrás de la industria catalana”.

-De modo que a España le ha costado dinero la industria catalana.
Le ha costado muchísimo dinero. Mira, en “Cataluña en España. Historia de un mito”, el historiador económico catalán Gabriel Tortella da un dato que resulta demoledor. Se trata del sobrecoste que ha supuesto a los españoles el mantenimiento de la industria catalana. Esto es, lo que los españoles tuvieron que pagar de más a los catalanes (que hubieran podido pagar de menos a los ingleses) sólo en el siglo XIX y sólo en la industria textil. La cifra ascendería a más de 500.000 millones de euros actuales. Un dinero que la burguesía catalana debería a España y que, obviamente, nadie les ha pedido.

-Vayamos al problema contemporáneo, a la crisis separatista que estos días vive su fase decisiva. ?Parece claro que sin la cobertura moral y política de alguna la izquierda, el separatismo no hubiera llegado donde ha llegado. Estos días, con la actitud cómplice de Podemos y los ‘comuns’ se está viendo claramente. Y es que, como dijo Julián Marías, la izquierda tiene una imagen negativa de la historia de España. Y digo yo que, echando un vistazo a nuestra historia, al peso de la tradición y de la Cruz… quizá el escepticismo de nuestra izquierda con respecto a la historia de España sea legítimo.
No es legítimo. Y no lo es por dos razones. Primero, porque identificar a España con la perpetua reacción es un error. El país más progresista en el siglo XVI fue España. España, por ejemplo, dio el voto a las mujeres mucho antes que Inglaterra, que Austria, que Alemania y que otros mucho países (en las elecciones municipales votaban las mujeres desee principios de siglo). ¿Cuántos años de democracia ha disfrutado Alemania? Del 45 para acá. Nunca antes había tenido democracia. España sí: dos repúblicas. ¡Si hay un país reaccionario es Alemania! Es más, el reaccionarismo nace en Alemania, el romanticismo nace en Alemania.

-Y por eso también tiene problemas de identidad nacional como nosotros. Por eso una parte importante de su población recela de su propia nación.
No, recela por Hitler. Hitler como reencarnación de Bismarck y de Federico el Grande. En realidad, en toda Europa, Francia es la excepción. Es más, te podría dar la vuelta al argumento: Lejos de que sea España la excepción reaccionaria de Europa, Francia es la excepción republicana.

-¿Inglaterra es también la reacción?
Inglaterra es la tradición más que ningún otro.

-Entonces, ese peso gigantesco de la religión en nuestra historia que la izquierda denuncia… ¿es falso?
Es cierto.

-¿Y la monarquía tradicional, que sobrevive hasta el siglo XXI?
Es cierto.

-¿Ese Franco que acaba por confirmar sus tesis, iniciando una guerra civil contra la República?
… financiado por un buen número de catalanes y por Cambó.

-Ya, pero es cierto. ¿Y ese imperio universal que somete a los indígenas?
Claro, ¿y los ingleses no sometieron a nadie?, ¿y los franceses?, ¿y los alemanes? ¡Y los belgas ni te cuento!

-Vale ¿Y la Contrareforma?
Pero no es estrictamente española.

-¿En serio no hemos sido un país particularmente…?
¿Católico? Sí. Y también Austria. Y Polonia ni te cuento.

-Imperial, monárquico, belicoso, religioso, lleno de santos…
No más que otros. ¿Ha sido más bélica España que Francia?, ¿más bélica España que Inglaterra?

-“Luz de Trento, martillo de herejes, espada de Roma…”. Marcelino Menéndez y Pelayo. Lo sabes mejor que yo.
Yo no soy creyente y a mí no me molesta que España sea la luz de Trento.

-Sabes que tu paisano no miente cuando hace esa lectura. Y si no miente, el escepticismo de la izquierda al respecto de nuestra historia podría ser legítimo.
Hace cuarenta años que vivimos en un régimen democrático en España. Esa es la respuesta que hay que dar a esas tesis. Yo hace mucho tiempo que no discuto con mi tatarabuelo. Ni con mi tatarabuelo ni con el tatarabuelo de mi tatarabuelo.

-Cambiemos de nacionalismo. ¿Qué ha pasado con el País Vasco? Mucha gente piensa que se han establecido, por fin, en la normalidad constitucional.
No. Han ganado. Tienen un control idoleológico absoluto. Ya no necesitan las pistolas porque los frutos ya los han recogido. Ningún vasco menor de treinta años es ajeno al discurso nacionalista. Han llegado a la conclusión de que seguir asesinando gente no funciona. Ahí les tienes en las instituciones.

-Un lector escéptico, cuando te lea que “han ganado” pensará “¿Cómo que han ganado? El País Vasco sigue siendo parte de España, Navarra es Navarra, el separatismo terrorista ha desaparecido, el Gobierno vasco ha moderado el discurso y el independentismo está en mínimos históricos…”.

ETA no ha desaparecido…
-… pero no mata.

La gente sigue teniendo miedo…
-…menos del que tuvo.

La gente no convoca una conferencia con la misma libertad con la que la convoca un señor del PNV porque ETA puede volver a matar y tiene larga memoria. El miedo es el mismo y el control de la calle es el mismo. Se ve a diario con las exaltaciones de los etarras. Y el control ideológico de la población es exactamente el mismo. Es más, Josu Zabarte, el carnicero de Mondragón, lo dejó bien claro a la salida de la cárcel: “hemos ganado”. Decía: “Yo cuando estaba en la cárcel hace treinta años dudaba de lo que me iba a encontrar cuando saliera de aquí y lo que me he encontrado, tanto en el País Vasco como en Navarra, es que hemos ganado”. Lo que pasa es que se han visto sorprendidos por la testosterona inesperada que han demostrado los separatistas catalanes. Entonces están agazapados. Como el león detrás de las cañas con la zebra a cuatro metros. Esperan que el otro león, que es el catalán, le salte a la zebra al cuello para unirse. No son tontos. Y te digo una cosa, como los catalanes tengan éxito, los siguientes son ellos. Al día siguiente. Veinticuatro horas.

-Volvemos a Cataluña para acabar. ¿Cómo resolvemos la situación?
Dos cosas: aplicación de la ley. Es decir, que España sea de verdad un Estado de derecho. Gran parte de las causas de estar como estamos hoy es porque España no es un Estado de derecho. Si lo fuera, habría muchos políticos en la cárcel. De hecho, los principales vulneradores de la Constitución son Felipe González, Aznar, Zapatero y Rajoy. Y dos: sustituir el adoctrinamiento por la educación. Es decir, que a los niños se les enseñe los instrumentos matemáticos, históricos, jurídicos y lingüísticos neutrales. No herramientas adoctrinadoras equivalentes a la de los regímenes nazi y soviético, que son puro totalitarismo. Hay que garantizar la neutralidad de las instituciones, de la educación y de los medios de comunicación.

-Vale, ¿y ves al Estado dispuesto a transitar ese camino?
No.

Boadella: «El catalanismo se nutre de la xenofobia y el odio a España»
El dramaturgo catalán describe al movimiento secesionista, que «no quiere dialogar, sino pasar cuentas al enemigo»
ALEXIS ROMERO Madrid ABC 25 Septiembre 2017

En ocasiones, para poder ver bien la realidad, hay que alejarse de ella y mirar a través de sus representaciones, del teatro. De teatro y de visión escénica, pero también política, sabe mucho Albert Boadella, dramaturgo catalán que lleva más de 20 años avisando sobre la crisis que se avecinaba en Cataluña. Su «Ubú president» –obra teatral de la compañía que dirigió Boadella hasta el 2012, «Els Joglars»– muestra una sátira caricaturesca de un Jordi Pujol delirante con un proyecto que el autor califica de «destrucción del Estado». Boadella trata el catalanismo como un problema «de odio, de xenofobia» y avisa de la existencia de dos «generaciones educadas en este odio».

¿Se considera usted catalanista?
A mí los ismos no me gustan. Yo soy catalán, tengo el pelo blanco y antes era rubio, y nada más. Cuando me preguntan de dónde soy me gustaría decir que soy de otro lugar, debido a las circunstancias. Incluso fuera, en el extranjero, digo que soy murciano. Es un recuerdo de la xenofobia que se practicó en Cataluña con los primeros emigrantes murcianos.

¿Cómo hemos pasado del catalanismo al independentismo unilateral?
Ha sido un goteo de odio a España durante 35 años, dos generaciones que se han educado en el odio. Eso se ha alimentado con la xenofobia. El catalanismo nace con un sentido de superioridad frente a España, a finales del siglo XIX, con la pérdida de las colonias. Cataluña era más rica, se desarrolla una industria, una cultura... Y se empieza a crear un sentimiento de superioridad respecto a España y al español, al que se considera más simple, más sucio, inferior.

¿Cuál es el papel de Convergència y de Jordi Pujol en este fenómeno?
Con Pujol empieza todo, pero siempre dentro de ese ambiente de xenofobia. Pujol es un hombre de Estado, porque ha dedicado toda su vida y sus energías a destruirlo. En el momento en que toma las riendas de Cataluña, aparecen TV3 y el resto de medios, públicos y privados, dedicados exclusivamente al mensaje de que España es el enemigo. Ese acento se ponía en todo tipo de programas, hasta en concursos. Cuando en la ficción había un personaje simplón y facilón, no hablaba catalán. Recuerdo, de niño, un atraco en una sucursal bancaria de mi barrio. La gente estaba alterada, incrédula, pero alguien dijo: «Tranquilos, no son catalanes», y todo volvió a la normalidad.

¿Está preocupado por el desafío independentista?
Pues claro. La gente en España no tiene memoria, pero el nacionalismo provocó millones de muertos en el siglo XX. Cuando se habla del «sentimiento catalán», ya se distorsiona toda relación con la realidad y la racionalidad, porque hablamos de sentimientos. Pero lo importante es saber qué es exactamente el sentimiento catalán. ¿Son las torres humanas, son las sardanas? No, es el odio a España.

Hay quien defiende que quien gobierna realmente es la CUP...
Tonterías. Cuentos. No veo diferencias notables entre Junts pel Sí y la CUP. En el fondo son lo mismo, solo que la CUP no oculta su xenofobia. Es una diferencia de formas, no de contenido. La CUP es al Junts pel Sí un poco lo que era ETA y la izquierda abertzale al PNV.

¿Es el diálogo la solución?
Ellos no quieren dialogar, quieren someter a España. El nacionalismo es la guerra, en todos los sentidos. Recuerdo cuando abolieron los toros en Cataluña. Fuera se vendió como un triunfo animalista, pero luego se siguieron celebrando los «bous al carrer» y otras fiestas con toros. No era una cuestión animalista, era una batalla contra España, y esa la ganaron. Quieren vengarse, es su intención, y ahí no tiene cabida el diálogo. El sentimiento más importante de los catalanes es pasar cuentas con el enemigo español

¿Vengarse de quién?
De Felipe V, del Conde Duque de Olivares... Esto que hay allí es una epidemia, un virus. Solo una enfermedad tal explica la caída de una sociedad como la alemana en el siglo XX, tan culta, tan elevada. La paranoia es la enfermedad más fácil de inducir. Un ciudadano que ha recibido esto durante tantos años...

¿Está actuando bien el Gobierno de España ante esta crisis territorial?
El Gobierno está solo. Son muy estrictos en la aplicación de la ley, pero por otro lado tenemos un presidente muy poco belicista y al que le vienen muy cuesta arriba acciones concretas que debería haber hecho mucho antes. Si se hubiera intervenido en esa bandera independentista que aparecía en los ayuntamientos, o en la prohibición de rotular en castellano, quizá no estaríamos en estos límites de crispación. Luego está la posición de la izquierda, que se tomó esto como un río revuelto en el que se podía pescar.

¿Es este el caso de Podemos?
En Podemos quieren la destrucción del Estado, y después ya verán qué Estado construyen. También el PSOE del señor Sánchez. Con todo esto hay que hacer una pedagogía importante. Yo lo veo mal, realmente mal.

Presidente de Profesores por el bilingüismo: “A los niños les meten con juegos que Cataluña es una nación”
Raquel Tejero okdiario 25 Septiembre 2017

Francisco Oya lleva más de treinta años siendo profesor de historia en Cataluña. Su lucha contra la dictadura del catalán le ha llevado a ser presidente de la asociación Profesores por el Bilingüismo. OKDIARIO ha hablado con él para conocer la situación de los colegios públicos catalanes. “Aquí se impone el catalán a todos los alumnos”, asegura al comienzo de la entrevista. “La única manera de escapar de ello es pagar un colegio privado”, critica Oya.

Según el profesor, las clases en los centros públicos se dan “100% en catalán”. En muchas ocasiones “la asignatura de lengua castellana también se imparte en catalán”, asegura el entrevistado.

“La única manera de escapar de ello es pagar un colegio privado”
“Hay muchos profesores ‘kamikazes’ que se empeñan en dar su asignatura en castellano”, asevera Oya. Sin embargo, la decisión de estos maestros tiene “un coste clarísimo” lo que se traduce, según el profesor de historia, en “oposición de la dirección e imposibilidad de llegar a cargos más altos”.

Además, como se ha demostrado en múltiples ocasiones a través de vídeos virales e informaciones, el entrevistado secunda que existe un adoctrinamiento de los niños: “Se les muestra una cierta visión de Cataluña que tiene que ver con a ideología política del independentismo”.

Al ser preguntado por ello, Oya afirma que “en primaria se repite continuamente a los niños que Cataluña es una nación y que tiene derecho a la independencia”. Las técnicas no son otras que a través de “juegos y canciones”. En secundaria los alumnos aprenden en muchas ocasiones historia “en la cual se insiste en que Cataluña es una cosa aparte de España”. Tal es el extremo que el profesor asegura que “se habla de la historia de Cataluña y España de manera separada como si Cataluña hubiese sido un territorio independiente”.

“Muchas veces la asignatura de lengua castellana también se imparte en catalán”
Los padres tiene serias dificultades a la hora de elegir la lengua en la que sus hijos estudian. Existen “ciertas posibilidades” de que se les permita decidir pero son mínimas y complicadas.

Uno de los mayores problemas es cuando el alumno procede de fuera de Cataluña y, por lo tanto, no se desenvuelve en catalán. “Lo máximo que se puede hacer en estos casos es que el niño no tenga la asignatura de catalán”, lo que para Oya es un absurdo puesto que “el resto de materias las recibe en catalán”.

“Se enseña historia a los niños como si Cataluña hubiese sido un territorio independiente”
El entrevistado asegura que existen casos en los que los niños no conocen, o al menos no con cierta soltura, el castellano: “Especialmente en zonas rurales, la mayor parte de la población es de lengua catalana. Los padres hablan en catalán, habitualmente solo ven la tv3 o escuchan Catalunya Radio”, por lo tanto su nivel es muy bajo.

Para Oya la solución pasa por dar a los padres “la libertad de elegir”. De esta manera éstos podrán decidir si quieren que sus “hijos estudien en una lengua u otra o de manera bilingüe”.

EN BARCELONA
‘Ni fascistas, ni leches’. El relato que desmonta la manipulación ‘progre’ de la manifestación antiseparatista
La Gaceta  25 Septiembre 2017

Varios medios han manipulado la manifestación antiseparatista del pasado viernes ante la sede de la Asamblea Nacional Catalana (ANC). A la redacción de La Gaceta ha llegado el relato de uno de los presentes que denuncia que “la prensa progre y nacionalista” ya iba con la idea preconcebida de que la concentración era “de fascistas” y nada más lejos de la realidad.

Para su interés le reproducimos íntegramente el relato:
“Uno sabe que existe la manipulación mediática, pero nunca la había vivido tan cerca. Leo las noticias y comentarios en redes sociales sobre la manifestación del viernes y no tienen nada que ver con lo ocurrido. Nada. La prensa progre y la nacionalista ya iba con la idea de que la manifestación iba a ser “de fascistas” y el pequeño detalle de que no fuese así no les ha impedido escribir su relato.

Ya sabéis: si la realidad no se adapta a mi discurso, peor para la realidad. Hubo una agresión sí. Al final de la manifestación –una manifestación donde las provocaciones independentistas fueron constantes. Desde los balcones, desde las bocacalles y desde la misma puerta de entrada de la ANC– un lumbreras se puso a gritar proclamas secesionistas. Un individuo le golpeó y de inmediato un grupo de manifestantes lo apartó del provocador. Está mal, no lo disculpo, pero la reacción general es justamente parar al violento.

Había unas 2.000 personas, no las 250 que dice La Vanguardia, ni 400 como también he leído. Éramos 2.000 fácil. Y si en la salida de un Barça-Madrid en el Camp Nou, alguien se pone a gritar ¡Hala Madrid! a la cara de los culés igual un mamporro se lleva. Y eso no significa que los 2.000 aficionados azulgranas que salen del campo sean radicales. Yo fui a la manifestación con mi señora madre y Sosi, que son miembros destacados del peligroso comando Mandrí. Ellas se encontraron allí con varias vecinas “pijis” de Sarriá y sus familias. No había ni una bandera del águila, como se ha dicho. Cero. No se cantó el Cara al Sol, como publica El Mundo. Dan ese titular y ponen un vídeo donde se canta el himno nacional. Hay que tener morro o ser muy ignorante para confundir el himno nacional con el Cara al Sol. Alguien podría objetar que esa letra del himno es preconstitucional, pero resulta que fue compuesto en 1928 -¿Hacemos números? ¿1928? ¿Franco? ¿What?-. Y en todo caso, la culpa es nuestra porque la gente quiere poder cantar un himno con letra y no decir “¡chunda, chunda!”. Pero desde hace años somos incapaces de ponernos de acuerdo para fijar una letra. Patético.

Lo dicho, ni fachas, ni cantos fachas, ni símbolos fachas. ¿Peleas? La que os he contado. Y os aseguro que si hubiese habido más se sabría porque había tantos cuperos provocando como cámaras de periodistas ávidos por recoger una reacción violenta. De hecho, había un grupo de cuperos vacilando justo en la puerta de la ANC, a quienes los Mossos pidieron que se fuesen para no crear tensión en una manifestación anti-independentista. Pues ellos nada. Y claro, la prensa muestra a los manifestantes respondiendo las lógicas lindezas a las provocaciones cuperas. Eso no es ser radical, es no ser de piedra.

Os contaré algo que vi: una tipa delante de mí y de mi radicalizada madre se plantó con una estelada. Tiene toda la ciudad para hacerlo pero tiene que venirse a enseñar su bandera en medio de una manifestación contra el referéndum. Estupendo, oye. Pues un tío se la arrancó de las manos y le dijo “¡Haz el favor de irte!”. Me parece bastantee proporcionado. Al final de la manifestación, cuando la gente iba desde la sede de la ANC al cuartel de la Guardia Civil de Travessera sí hubo cuatro gritos entre independentistas y no independentistas, y el guantazo ese. Así que ni manifestación fascista ni leches. Fue todo de lo más normal. Ahora resulta que los no independentistas tenemos que tragar con la erradicación del castellano en la educación, el falseamiento de la historia y el ninguneo de la Constitución -todo sin quejarnos, porque si nos manifestamos en contra, somos extremistas-. Claro que sí.

Os explico todo esto porque estoy viendo a mucho no nacionalista indignado con lo que creen que fue la manifestación. Indignados porque han leído un relato precocinado y falso. La prensa decidió que esa manifestación iba a ser “de fascistas” y han buscado concienzudamente una anécdota para justificar su prejuicio. Temo que esta campaña de manipulación desmotive a la gente a acudir a otras concentraciones como la del 12-O, donde es muy necesario que vayamos todos. Yo, si no hubiese ido y sólo hubiese leído las noticias, igual habría decidido no ir a la próxima. Y ellos habrían ganado. No se lo pongamos tan fácil. Nos vemos el 12 de octubre”.

Lambán promueve un programa para difundir el catalán en centros escolares con odas al republicanismo
OKDIARIO 25 Septiembre 2017

El Gobierno de Aragón, que preside Javier Lambán, ha abierto las bases para optar a las ayudas para el programa ‘Jesús Moncada’, que busca promover el uso del catalán en los centros educativos de la comunidad. El Ejecutivo aragonés ofrece hasta 10.000 euros para los centros que impartan distintas actividades en catalán, con el objetivo de difundir esta lengua.

El apoyo que desde la Dirección General de Política Lingüística del Gobierno de Aragón se da a la difusión del catalán genera polémica en la comunidad.

El Ejecutivo aragonés recibió más de un millar de alegaciones de ciudadanos contra el Decreto de Estatutos de la Academia Aragonesa de la Lengua, que prevé dar cobertura legal al “catalán de Aragón”. En el escrito, al que ha tenido acceso OKDIARIO, se considera que el impulso al catalán y el reconocimiento de éste como lengua cooficial implicará “la destrucción de la lengua propia”, en alusión a la variedad dialéctica que se practica sobre todo en la zona colindante con Cataluña.

El Gobierno de Aragón, con apoyo de IU, Podemos y Ciudadanos, tiene previsto además poner en marcha el Instituto del Catalán de Aragón, con el fin de “normalizar” el uso del catalán en la comunidad.

Desde el Partido Popular se ha criticado la “deriva nacionalista” a la que, consideran, el Gobierno de Lambán “se está viendo empujado por la influencia de sus socios de la Chunta Aragonesista”.

Los ‘populares’ también han denunciado algunas de las medidas del Ejecutivo aragonés, como la aparición de la ‘Fabla’ como idioma oficial en la Escuelas de Idiomas, al nivel del inglés o el francés, o la creación de un carnet de fidelización del aragonés.
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