AGLI Recortes de Prensa   Martes 26 Septiembre 2017

Odio a lo español y niños como ‘escudos humanos’
Jesús Salamanca diariosigloxxi 26 Septiembre 2017

El nazismo, durante su periodo de expansión, utilizó a los niños para difundir su ideología. Aquello fue lo más indigno en que puede caer un ideólogo y una ideología. El final ya lo conocemos y la Historia no hace precisamente un balance positivo de las corrientes fascistas; máxime tras conocer las atrocidades contra seres humanos. Bien es verdad que, con muchos millones más de muertos, está el Comunismo aunque esto hoy no toca.

Bien, pues resulta que en Cataluña se están siguiendo los mismos métodos que en el nazismo y el fascismo tras el golpe de Estado perpetrado contra España. Niños con banderas presidiendo las calles y las manifestaciones; colegios e institutos pidiendo permiso a los padres para sacar a los niños en ‘manifas’, a modo de escudos humanos, alardeando de banderas separatistas y con cánticos de odio hacia España y cuanto suena a español. En este punto echo en falta a la Alta Inspección educativa en Cataluña; una prueba de que esa figura no ha servido para nada porque ha dejado hacer hasta límites insospechados e incontrolados: ahora llegan las quejas para vergüenza de la clase política.

Algo parecido ha ocurrido desde hace tiempo en la venezolana de Nicolás Maduro y, a pesar de las imágenes, lo niega permanentemente. Hay una cuestión que cada vez la tengo más clara: los problemas los crean los políticos --o no saben pararlos-- pero cuando se ven superados pasan la patata caliente a los jueces y estos se comen el marrón. Y así siempre, una y otra vez.

Este que escribe — como ciudadano, contribuyente en el Estado español y como profesor de educación de personas adultas-- la semana pasada cursó un escrito documentado y argumentado a la ONU y a UNICEF denunciando la utilización de los niños catalanes como ‘escudos humanos’, así como el odio mostrado por un sector del profesorado, y demostrando que la indignidad se había apoderado de las facciones más radicales de Cataluña. A esa denuncia acompañaba 25 fotografías de denigrantes situaciones, ejemplo de la indignidad, represión y del odio que se ha instalado en la sociedad catalana, así como del racismo, el ‘bullying’ y el desprecio a todo lo que no es catalán: pongo como ejemplo la presión y represión de un profesor independentista al hijo de un policía nacional para que dijera en clase quién era y a qué se dedicaba su padre.

El Gobierno ha dejado que el radicalismo de los independentistas y sus actos vandálicos se multiplicaran y ahora está teniendo problemas para detener esa corriente. Tanto los gobiernos del PSOE como los del PP se han limitado a dar dinero a manos llenas al catalanismo, pensando que con ello iban a callar bocas y ‘amansar a la fiera’, pero el independentismo es insaciable. Lo más duro e injusto de PSOE y PP es que, en muchos casos, se lo han quitado a las demás comunidades autónomas para dárselo a Cataluña; hasta el punto de recibir casi el 33% del pastel la región catalana y el resto a repartir (muy mal repartido) entre todas las demás comunidades autónomas. Si a ello unimos el dinero que Cataluña se ha llevado del FLA, entonces tenemos una comunidad autónoma que debe al Estado más de 130.000M de euros más una deuda histórica impresionante en cantidad.

Con esa injusticia llevada a cabo por los dos partidos mayoritarios se ha ido gestando un rencor y una desazón que ha acabado por explotar. Y lo ha hecho en el peor momento. A todos los problemas que se le acumulan al Gobierno, se une el frentismo de los estibadores que han encontrado el momento idóneo para asestar un duro golpe al Gobierno, pero en el trasero de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado; ha sido su respuesta a la ‘bajada de pantalones’ de los estibadores ante las exigencias de la Unión Europea.

Pintan bastos y no parece que dejen de pintarlos. A todo ese conglomerado de problemas se ha unido la cizaña que permanentemente difunden otros grupos de izquierda radical cuyo programa se sustenta en aquello de :” Cuanto peor, mejor”. Hablamos de ‘Podemos’, ‘Compromís’, Mareas y otras formaciones afines y cercanas a la banda terrorista, ETA.

El 1-O está próximo. El Gobierno se juega su permanencia y la Judicatura su credibilidad. Si fallan ambos, esa fractura que existe en la sociedad catalana puede acabar en guerra civil. Confieso que me gustaría equivocarme, pero también soy consciente de que mucha gente piensa como yo. Al tiempo.

La intolerable amenaza de ser español y, además, manifestarlo
Javier Benegas. vozpopuli 26 Septiembre 2017

En el establishment hay miedo a que el común haga por fin balance y descubra que, en el haber del modelo autonómico, además de deudas, lo que queda es el horizonte del secesionismo.

De pronto, el establishment parece no temer tanto a quienes se han echado al monte en Cataluña como al españolito vulgar y corriente. No me refiero, desde luego, al que vive acogotado en Cataluña, porque ese en su inmensa mayoría, a fuerza de haber sido abandonado, anda desaparecido en combate, sino aquel que, en el resto de regiones, empieza a perder la paciencia con los “hechos diferenciales” y, sobre todo, con esta tropa de burgueses que, acostumbrados como están a que se les consienta todo, tan pronto montan un Maidán, como se marchan a las fiestas de La Merced a beber Gin Tonic.

Hay miedo, en efecto, a que, después de 38 años de cambalaches y pasteleos, el común haga por fin balance y descubra que, en el haber del modelo autonómico, además de deudas, lo que queda es el horizonte del secesionismo, con los enormes costes económicos y sociales que esto conlleva. En definitiva, temen que la gente corriente, harta de tomaduras de pelo, ponga pie en pared y desempolve ese “españolismo” que, al decir de los medios de información, es extrema derecha. Porque de todos es sabido que en España uno pude ser o sentirse lo que le plazca, pero jamás español, porque eso es abrir la caja de los truenos. Y sólo faltaría.

“Concentración tumultuaria de nazis”
La primera advertencia se produjo este domingo, cuando unas 600 personas, según la policía, se manifestaron frente al pabellón Siglo XXI de Zaragoza, donde tenía lugar un evento para reclamar una “salida política al problema catalán”, y al que habían acudido diferentes cargos públicos del PNV, PDECat, Podemos, IU, Compromís, En Comú, En Marea, ERC y Geroa Bai; es decir, la flor y nata de los amantes de España.

Inmediatamente, numerosos medios de información, incluso los que no tenían ningún periodista sobre el terreno, calificaron a los manifestantes de ultras y nazis, tal y como hizo el diario La Varguardia, que además tachó la manifestación de “concentración tumultuaria”, como si fuera a arder Troya o se mascara la tragedia. También propagaron el bulo de que en el evento no había suficiente seguridad, porque muchos efectivos de la policía habían sido trasladados a Cataluña… según el sinvergüenza de Puigdemont, para perseguir urnas.

Para dar pábulo a esta ficción, un energúmeno tuvo la ocurrencia de lanzar un botellín de agua que impacto en Violeta Barba, presidenta de las Cortes de Aragón. Acto sin duda intolerable. Este incidente, unido al hecho de que una persona de las 600 allí congregadas llevara una bandera preconstitucional y que otra hiciera un saludo fascista, permitió a los medios de información, con sus dos acorazados, Mediaset y Atresmedia, al frente, certificar la mentira.

Así, cualquiera que sintonizara Antena3, La Sexta, Tele 5, Cuatro o TVE, y viera sus informativos, descubriría con espanto que los nazis habían hecho acto de presencia en Zaragoza en número extraordinario. Un desagradable fenómeno que podría reproducirse por toda la geografía española. Y cuya conclusión urgente era que el españolito demócrata no debía bajo ningún concpeto manifestarse; menos aún agitando banderas españolas. Porque usted, querido lector, puede enarbolar la de la Unión Europea cuando, Brexit mediante, la Europa de Merkel se ve amenazada, pero nunca la española cuando su país las pasa canutas.

La desvergüenza de los medios
Pero las cosas, en efecto, no son como las cuentan los mensajeros de la posverdad española. Y en este sentido es impagable el trabajo PERIODÍSTICO que, a través de Twitter, ha venido realizando mi compañero Matthew Bennett, quien no sólo supo buscar y encontrar el vídeo donde se ve cómo el botellín de agua impacta en Violeta Barba, sino también otras informaciones reveladoras sobre lo sucedido en Zaragoza.

En efecto, Bennett hizo sus deberes, contactó con la Policía Nacional de Zaragoza para contrastar la información vertida por los medios. Así, a la pregunta de qué tipo de personas conformaban lo que La Vanguardia calificaba de “concentración tumultuaria” de “nazis”, la Policía afirmó literalmente: “Había de todo, familias, gente normal y corriente”. Respecto de si la policía lo consideraba un acto “ultra” o de “neonazis”, la Policía respondió: “No, no. La gente gritaba ‘no somos fascistas, somos españoles’. Las banderas eran españolas [constitucionales], ‘senyeras’ y una con él águila” (la negrita es mía). Por último, sobre si faltaban agentes, tal y como alegaban los políticos que habían acudido al evento, la Policía afirmó: “No, estaba reforzado todo, a pesar de lo de Cataluña, y había [también] agentes de paisano”.

Por si esto no fuera bastante, en las redes sociales circulan vídeos de la manifestación donde hay mujeres que bailan jotas en medio de improvisados y divertidos corrillos, padres con sus hijos que agitan despreocupadamente banderas (constitucionales) y, en general, gente corriente que, como se puede apreciar, no echa espuma por la boca ni tiene sed de sangre, aunque esté muy cabreada.

Sí es verdad que en ciertos momentos se profirieron insultos y, sobre todo, se calificó a los políticos allí reunidos, no ya de traidores sino de “basura”. Pero de ahí a calificar a los manifestantes de nazis media un abismo, de lo contrario, todos los domingos los estadios de fútbol estarían llenos de ellos.

Desde los hechos contrastados, ni qué decir tiene que el vídeo colgado en Twitter por Juan Carlos Monedero, donde emula a Davy Crockett momentos antes de morir en la Batalla de El Álamo, resulta desternillante. Y seguramente, con el paso del tiempo, pase a ser el vídeo más ridículo de los muchos que ha protagonizado este podemita. Por lo demás, no es aventurado pronosticar que Podemos pagará muy caro en las urnas su flirteo con quienes vituperan a España.

La nueva consigna
Sea como fuere, lo de Zaragoza ha servido para meter el miedo en el cuerpo y acelerar la difusión de una consigna: que aplicar la ley no es suficiente, que en Cataluña es necesaria una solución política. Sí, las leyes están para aplicarse… pero sólo la puntita. Hay que ser realistas, los nacionalistas no están acostumbrados a que se les aplique la legalidad vigente, ni a que las sentencias judiciales se hagan efectivas. Mal que nos pese, lo normal es pastelear las leyes, y lo anormal, que el Estado se substancie en Cataluña.

El nacionalismo étnico y supremacista, que se pasa por el forro de sus caprichos no sólo la Constitución, sino las propias leyes catalanas, ha dejado de ser el peligro. Establecido el falso mito de una radicalidad emergente y tumultuaria españolista, se pretende imponer la vía del diálogo, aunque sea en detrimento, claro está, de la aplicación de la ley con todas sus consecuencias. Ya lo advirtió Victor Hugo, "es cosa fácil ser bueno, lo difícil es ser justo".

Es verdad que la ley no es suficiente, pero esta afirmación no deja de ser una perogrullada. Por más leyes que tengamos, la delincuencia nunca desaparece. Siempre habrá ladrones, violadores, pederastas, estafadores y asesinos. Las leyes no obran milagros, ni aquí ni en la Patagonia, porque están para disuadir al delincuente, no para hacernos felices. Son las personas las que han de aprender a gestionar sus propios conflictos.

Lamentablemente, esto casa muy mal con la pulsión de políticos, activistas y expertos de interferir en todas y cada una de las relaciones humanas, generando absurdas expectativas y montañas de normas, muchas de ellas disparatadas, que sí se aplican de manera inapelable, sin diálogo. Porque, cuidado, una cosa son los acuerdos entre jerarcas y otra muy distinta dirigir a ese rebaño al que a ratos se tacha de populista, a ratos de ultra y a ratos de nazi.

Lo importante es que la España surgida de la Transición siga escapando al control de quienes, además de ser españoles, se atreven a manifestarlo. Palabra de JP Morgan. Sólo así se explica que el gravísimo error de cálculo de los nacionalistas, en vez de servir de punto de partida para revertir una situación insostenible, vaya a terminar en chapuza constitucional con la que alargar los plazos de una secesión anunciada.

Tiempo de unidad
Lo que toca ahora es que todos los responsables de los partidos políticos colaboren en la aplicación de cualquier medida necesaria para evitar que estalle la bomba política el 1 de octubre
José Gefaell elconfidencial 26 Septiembre 2017

Este es un momento fatídico en la historia de nuestra democracia. Desde la Transición, España ha vivido elecciones conflictivas y grandes divisiones, pero este aumento del extremismo en la política secesionista y en general en la política, que se aprovecha del temor de la gente, de la incertidumbre y miedo que genera un mundo que cambia más rápido de lo que podemos digerir, no lo habíamos vivido nunca.

Con seguridad, hasta los separatistas que sean verdaderos demócratas, al ver todo lo que está ocurriendo este mes de septiembre, estarán pensando lo mismo que pensó aquel hombre que estaba sentado en la cubierta del 'Titanic' con un vaso de whisky en la mano: "Sé que había pedido hielo... pero esto es ridículo".

Algunos hemos opinado que el problema catalán, que es también el problema español, debería haber sido resuelto por la vía democrática y política, haciendo un referéndum constitucional en Cataluña y en toda España. El cambio constitucional que ahora parece que muchos propugnan como posible solución, a la postre tendría que ser votado en un referéndum constitucional en toda España (¿o alguien pretende cambiar radicalmente el modelo de Estado sin preguntar a los españoles?).

También un cambio profundo en el sistema de financiación autonómica, como propone Carlos Sánchez en El Confidencial, que implícitamente ampliaría a Cataluña la Disposición Adicional Primera de la Constitución o, de extenderse a todas las comunidades, asemejaría España a una federación de estados (los Estados Unidos de España —su acrónimo parece pretencioso: EUE o USS—), convendría consultarlo con todos los españoles, porque podría poner en peligro el principio de solidaridad entre las comunidades autónomas, amparado por la propia Constitución en su artículo 2. Si al final lo que propugnan unos y otros necesita de algún modo un referéndum constitucional en toda España, ¿por qué no se ha hecho o propuesto antes?

Durante la Transición y durante muchas legislaturas, fue evidente el 'reinicio' del problema catalán. Aquellos fueron los tiempos de haber hecho cumplir la ley o de plantear seriamente algún cambio constitucional que diera solución a los problemas. Pero los distintos gobiernos hicieron dejación de sus responsabilidades y los separatistas incumplieron una y otra vez las leyes. Por ello, en los últimos años y meses, frente al desafío secesionista no quedaba más remedio que buscar una salida democrática, negociando dentro de la legalidad con los separatistas catalanes en el Parlamento español un referéndum constitucional.

Así como los distintos gobiernos de España dejaron pasar la oportunidad de haber hecho cumplir la ley en el inicio (más habría valido una vez rojo que ciento gualda), o de negociar decididamente los cambios constitucionales necesarios para mejorar el modelo de Estado, el pasado 6 de septiembre se acabó el tiempo de la negociación política para plantear una solución política como la realización de un referéndum constitucional en toda España. Desde el 6 de septiembre hasta el 1 de octubre estamos en una situación extrema a la que nunca deberíamos haber llegado. Ningún gobernante debería haber permitido que se llegara a una situación como esta.

Al inicio del año 2012, varias comunidades autónomas, entre ellas Cataluña, estaban a punto de hacer 'default' y tuvieron que ser rescatadas con fondos de crédito del Estado gestionados por el ICO, y a tipos subvencionados por el Tesoro. A 30 de junio de 2017, el saldo vivo de dichos fondos de crédito es de 157.000 millones de euros, de los cuales Cataluña ha necesitado 52.500 millones, el 33,4% del total, de lejos la comunidad autónoma que más apoyo ha recibido de esos fondos, mucho más de lo que le correspondería por su peso en el PIB nacional, que es el 19%. Además de evitar el 'default' y de pagar a sus proveedores, desde 2012 estos fondos han ahorrado a Cataluña el elevadísimo coste en intereses que debería haber pagado de no haber sido España (el 'rating' de Cataluña por S&P es de B+ y por Moody’s, de Ba3 con perspectiva negativa, nivel de 'altamente especulativo' o equivalente). Es justo por tanto decir que, cuando ha sido necesario, el resto de España ha devuelto a Cataluña la solidaridad que esta ha mostrado durante años con las comunidades menos ricas.

Plantear como solución a la grave situación actual un cambio constitucional o cualquier otra solución que ya no será posible antes del 1 de octubre es como la respuesta que obtuvo aquel turista que estaba perdido en una carretera secundaria y bajando la ventanilla le pregunta a un campesino: “Por favor, ¿sabe usted por dónde se va a Barcelona?”. Y el campesino le contesta: “Yo no saldría desde aquí”.

Yo tampoco habría dejado que llegaran las cosas hasta el 6 de septiembre, pero es donde estamos. Se habrían podido hacer muchas cosas, pero ahora lo único que se puede hacer es hacer cumplir la ley de una vez. Los españoles ya tendrán tiempo a partir del 2 de octubre de juzgar electoralmente a los políticos de todas las partes, tanto a los que han promovido la situación actual como a aquellos que, por inacción o incomparecencia durante muchas, muchas legislaturas, han dejado que las cosas lleguen hasta este extremo.

Desde el 6 de septiembre hasta el 1 de octubre, la única respuesta 'proporcional' que se puede dar a los separatistas catalanes no democráticos es la de la 'defensa propia', el imperativo de nuestra supervivencia como España, la salvaguarda de nuestras reglas, de la Constitución, que es en última instancia lo que nos une como país. Ahora es el momento de la unidad de los demócratas. Lo que toca ahora es que todos los responsables de los partidos políticos colaboren en la aplicación de cualquier medida necesaria para evitar que estalle la bomba política el 1 de octubre. Eso es lo único importante ahora. Y cada día que se desperdicia, aumenta el riesgo de conflagración.

Después del 2 de octubre será el tiempo de retomar la senda del diálogo constructivo, propositivo, no reactivo, siempre dentro de la ley, que nunca debió descartarse antes del 6 de septiembre. Como en cualquier negociación, la parte más fuerte (el Gobierno) deberá tomar la iniciativa de las propuestas. Porque cuando en una disputa el más fuerte se mantiene callado, el mensaje claro que transmite es que considera que no hay nada de que hablar y no le importa pelear.

Esta sociedad actual parece que admira el yo y desprecia el nosotros. En el pasado, las sociedades veneraban a Dios, a la propia nación o incluso a ídolos. Pero siempre veneraban algo externo al yo. Ahora veneramos por encima de todo el yo, lo mío, lo propio. El selfi.

No obstante, biológicamente somos ante todo animales sociales. Ninguna especie tiene nuestra capacidad de colaboración, incluso entre extraños. Esta colaboración hipersocial es una característica completamente distintiva de nuestra especie humana. Hemos pasado toda nuestra historia evolutiva en grupos cada vez mayores. Necesitamos la interacción cara a cara para desarrollar la confianza y la lealtad, que es nuestra manera de colaborar para proteger y hacer avanzar a nuestras sociedades. Aquella sociedad en la que hay excesivos 'yoes' y pocos 'nosotros' son extremadamente vulnerables. Sus individuos puede que vivan juntos y estén extremadamente conectados, pero viven solos y atemorizados. Por el contrario, las sociedades donde prevalece el 'nosotros' protegen y cuidan mucho mejor el futuro de cada 'yo' mediante las normas acordadas. La ley las hace más libres.

Las personas diferentes, las que no se nos parecen, son las que nos hacen crecer como 'nosotros'. Si solo nos rodeamos de personas con nuestras mismas opiniones, la sociedad, el nosotros, se convierte en un yo solitario y extremista. Necesitamos renovar nuestra relación cara a cara con aquellas personas que piensan distinto, especialmente si son nuestros conciudadanos. En este caso, con los separatistas catalanes (siempre que estos sean democráticos). Necesitamos hacerlo para darnos cuenta de que podemos estar en total desacuerdo y aun así colaborar. Aprenderemos entonces que las personas que no son como nosotros son solo personas… como nosotros. Cada vez que tendemos la mano para colaborar con alguien que es de distinta raza, credo o, en este caso, opinión política (dentro de la ley), sellamos poco a poco las fracturas de esta sociedad moderna herida por el selfi.

En España, y en gran parte de Europa, hemos dejado que nuestro principal activo, nuestra identidad, se debilite. Porque hemos dejado de contar nuestra historia, el relato de quiénes somos y por qué somos así. Las familias, los grupos y las naciones que conocen sus normas y su historia, y conforman con ello un relato que transmiten permanentemente a sus miembros, nunca pierden su identidad. Cuando una sociedad conoce y cuenta su historia, su identidad se fortalece. Puede así dar la bienvenida al extranjero o al diferente sin problemas. Pero si un país deja de respetar sus leyes y contar su historia, si no tiene un relato que transmitir de generación en generación, su identidad se debilita. Los ciudadanos empiezan entonces a sentirse excesivamente individuales, desprotegidos, amenazados por los inmigrantes y extranjeros, y hasta por los que piensan diferente dentro de su propio grupo.

En España, colectivamente, tenemos que volver a construir nuestro relato, a contar nuestra historia, quiénes somos, de dónde vienen y cuáles son nuestras reglas y los ideales por los que queremos que esta gran nación exista. España debe aprovechar este problema catalán para fortalecer su importante identidad histórica, lo suficiente como para dar la bienvenida a cualquier nueva idea, a cualquier nueva discusión política, para abordar sin prejuicios ni miedos si verdaderamente existe una “injusta España radial centrípeta”, como piensan muchos catalanes, también no secesionistas, y, en su caso, qué se puede hacer democráticamente al respecto. Porque nuestra identidad no cambiará. España seguirá teniendo una identidad histórica fuerte, pero todavía más.

Las tres primeras palabras de la constitución estadounidense —“We the people…” (Nosotros el pueblo…)— son una poderosa fórmula para describir que en una nación todos compartimos la responsabilidad por nuestro futuro colectivo, que quien salvará a la nación de… nosotros mismos somos todos nosotros juntos. No ningún líder carismático o ningún pensamiento mágico, sino nosotros el pueblo. Por eso, una nación tiene identidad cuando nosotros el pueblo conocemos su historia, es fuerte cuando nosotros el pueblo se ocupa de los débiles, es rica cuando nosotros el pueblo se ocupa de los pobres, es invulnerable cuando nosotros el pueblo se ocupa de los vulnerables, está unida cuando nosotros el pueblo resuelve sus disputas democráticamente. Incluso con los separatistas.

El ‘dilema Trapero’: mártir o traidor
Alfonso Merlos okdiario 26 Septiembre 2017

Es mentira que estemos asistiendo a una ceremonia de la confusión. Es mentira que haya excesivo ruido político y mediático. Es mentira que ‘los españolistas’ estén pisando el acelerador con más fuerza que nunca y con ánimo de venganza. Es mentira que Rajoy sea el culpable de legar a las generaciones futuras un problema terrorífico, un nudo imposible de cortar. Todo es claro, y transparente, y de interpretación unívoca: cuando funciona el Estado de derecho y el motor de la democracia lo hace a las adecuadas revoluciones, o se está defendiendo la ley o se está en su vulneración y aplastamiento. Lo quiera ver o no la abrasiva y mendaz propaganda independentista.

Más le vale saberlo a quienes están confundiendo a la policía autonómica catalana con los esbirros que sirven con botas, escudos, porras, pistolas y metralletas a un régimen como el de Maduro en Venezuela. Ni el mayor Trapero ni sus subordinados se deben a un proyecto soberanista o sectario, a ningún martillo autoritario o totalitario, y menos a su desarrollo y ejecución en el seno de una democracia a través de un acto iniciático delictivo como el del 1-0. Lo parezca o no, los mozos son agentes formados en Derecho penal y administrativo, en tiro, en defensa personal y en sistemas de seguridad; y su vocación y misión no es otra que las del mantenimiento del orden —dado su conocimiento del territorio catalán— garantizando el respeto a las libertades. De todos.

Como ya se hiciera ayer con Artur Mas y hoy con Puigdemont, las masas separatistas están empujando al máximo responsable de este cuerpo policial al precipicio. Desde el fanatismo se está obligando a Trapero a elegir entre el martirio o la traición, sin campo intermedio de refugio, vía inesperada de escape o salida de emergencia de último minuto. Se ha dejado arrastrar y enredar en el laberinto de lo insensato y lo imposible. O se inmola envuelto en la estelada y aclamado desde el extremismo con gravísimas consecuencias para su persona, o será lapidado por las hordas de la intransigencia y de la cantinflesca idolatría de esa entelequia bautizada como ‘derecho a decidir’: o el héroe o el hereje; o un mesías más de la travesía hacia ninguna parte o el peor de los apóstatas. ¡Qué grave! ¡Y qué penoso!

Porque Trapero no es un político. Alcanza la cumbre de lo aberrante que quienes ostentan cargos en representación de los ciudadanos, quienes son los principales y primeros responsables de que las leyes se observen y rijan sean los más adelantados en escupir sobre ellas. Pero subiría unos metros más arriba para convertirse en monumento al desatino que alguien armado y con miles de hombres operativos a su toque de silbato incurriera en desacato, en desobediencia, en rebeldía o insubordinación alfombrando el camino a la algarada, el tumulto y la anarquía. Más grave sería el desorden moral que exhibiría que el desorden callejero que fomentaría. Pero no ocurrirá: la bravata, cuando en su expresión se acompaña del delito, puede poner a cualquiera a minutos de la cárcel, amansando así a las más feroces fieras. Bien lo sabe Trapero. Y sus disciplinados hombres.

Parar, templar... y obedecer Antonio Burgos
Antonio Burgos ABC 26 Septiembre 2017

Puntual a la llegada de cada tren, el Coche Correos de Guadalcanal, el de Carmelo, con la saca de las cartas y los viajeros del correo de Cáceres, bajaba todos los días de la estación. Y aunque casi todos los viajeros eran del pueblo, Carmelo, que tenía una frustrada vocación de guía turístico, cantaba los lugares que iba atravesando su Chevrolet por la antigua villa de la Orden de Santiago:
-Esta es la fábrica de aceite de los Rivera.

Y cuando el coche había bajado ya la cuesta de la estación y llegaba al Coso, donde acababan de construir la nueva casa-cuartel de la Guardia Civil, decía con retranca:
-¡Y esta es la nueva fábrica de galletas!

Me parece que ahora, de vivir Carmelo y de seguir conduciendo su viejo Coche Correos, tendría que cambiar su turística explicación:
-¡Y esta es la vieja fábrica de obediencia a las órdenes recibidas que, como el honor es su divisa, tiene en plena producción la Guardia Civil desde los tiempos fundacionales del Duque de Ahumada!

Si en mucho admiraba a la Guardia Civil, a los abnegados guardias civiles que no tienen el paso corto, como dice el tópico de «vista larga y mala leche», sino que lo que tienen bastante corto es el sueldo y muchas veces las condiciones de vida en sus casas-cuartel... Si en mucho, decía, admiraba a los guardias civiles, más ahora, tras las algaradas y organizadísimos escraches de los independentistas catalanes. Que un guardia civil se líe a guantazos, a las galletas de la fábrica que señalaba Carmelo desde su autobús, está al alcance de cualquiera. ¡A Noé le vas a contar lo que es el diluvio y a un veterano guardia civil lo que es pegar una bofetada a tiempo! Por eso admiro más todavía a esos jóvenes guardias civiles de Barcelona, por su colectiva lección de prudencia, de aguante, de tragar quina que, siguiendo las órdenes recibidas, han tenido que sufrir en esa irrenunciable y constitucional parte de la Patria Española. Ciudad de la que ahora Cervantes hubiera dicho, en vez de lo de «archivo de cortesía», que es «donde todo escarnio a la Guardia Civil tiene su asiento y toda provocación a las Fuerzas de Seguridad del Estado su aleccionada y buscada estrategia», de los perroflautas a la muy nazi utilización de los escolares, iba a decir de las Juventudes Hitlerianas de Puigdemont y de Junqueras y lo digo, ¿passsa algo?

¿Usted no ha escuchado nunca eso de que «aguanta más que un buzo bajo el agua»? Hay que cambiarlo urgentemente. Hay que decir: «Aguanta más que un guardia civil ante las turbas y las hordas de los independentistas que se saltan las leyes a la torera». Los que deben velar por el cumplimiento de las leyes, obediente y ostensiblemente cruzados de brazos ante quienes se las pasan por el forro de la estelada. ¿Inacción? No: toda una lección de prudencia. En la Cartilla de la Benemérita debe de poner por algún lado que una de las obligaciones del guardia civil es saber tragar quina cuando llega el momento, si tales son las órdenes recibidas, para no dar ocasión a los provocadores que buscan lo que buscan. Buscan un muerto desesperadamente, un mártir de la independencia, una tumba donde ir a colocar flores el 1-0 como se inventaron lo de Casanova para el 11-S. Pero ¡antier les va a dar ese muerto la Guardia Civil! Vamos, que no les dan ni un sopapo, y eso que la mayoría de los provocadores no tiene ni media guantá. Aunque me llamen facha, proclamo con el final de su Himno que «Viva Honrada la Guardia Civil», a la que España debe un homenaje para decirles que no están solos. Y más en estas difíciles circunstancias, en las que los jóvenes guardias civiles de servicio a España en Barcelona han cambiado el lema de Juan Belmonte. En vez de «parar, templar y mandar», nos ha dado una lección de «parar, templar... y obedecer» las órdenes de no responder a los provocadores que andan buscando lo que buscan.

Deuda, deuda y que pague "Rita"
Antonio García Fuentes Periodista Digital 26 Septiembre 2017

En mi tierra suele ser el grito eufórico del que produciendo un gasto inútil suele gritar… ¡Y que pague “Rita la cantaora”! Puesto que él que no lo pagará jamás, es el irresponsable que lo produce; o sea lo que está ocurriendo en España y muchos otros lugares del mundo, donde le cargan al pueblo llano y sus descendientes, lo que inútiles e irresponsables políticos, han malgastado derrochándolo a troche y moche.

En resumidas cuentas, es lo que ha ocurrido en Grecia y tantas y tantas “Grecias” como hubo y seguirá habiendo en este perro mundo; es lo que ocurre en España pese a las soflamas que nos dan los que gobiernan y gobernaron aquí, mientras y de cara al pueblo, se “echan unos a los otros” las culpas que en general y según el grado de poder que ostentaron u ostentan llega a todos en su parte alícuota. Con ello quieren justificar lo injustificable y simplemente para seguir medrando o viviendo opíparamente, bajo el manto y el trabajo de quién verdaderamente produce bienes tangibles para que una nación viva, progrese o como ahora, sobreviva a tanto desastre. “Los nuevos que han entrado no hablan de todo ello, ellos van a lo suyo”.

Si me refiero a España y quienes la han sumido en la miseria, los principales son el Partido Socialista y afines y el Partido Popular y aliados; sin que disculpe a “otros menores” pero que también han participado en el derroche, para que “luego pague Rita” (que fue una andaluza que existió y cuya semblanza reflejo) ya que los culpables no pagarán nada, al contrario muchos de ellos “han hecho su particular agosto, incluso con pagas vitalicias, igualmente a cargo del indefenso pueblo español”.

Deuda pública no había ninguna cuando por fin “Franco es metido en su tumba”; hoy y como en Grecia, hay una descomunal deuda pública, que resultará impagable según entendidos en la materia; se debe la mayor parte de la misma, al indeseable Rodríguez Zapatero (PSOE) y el tampoco deseable Rajoy Brey (PP), puesto que éste y pese a su gran auto propaganda (dispone de los medios del Estado para hacérsela) de que no fuimos “rescatados”; ha acumulado la deuda hasta el grado de doblarla desde que entró a mal administrar el Estado Español.

O sea y más claro; que “no nos rescataron”, pero sí que “nos ataron hasta los testículos/ovarios para que no podamos movernos en ni se sabe cuántas décadas o siglos”; puesto que se ha tapado todo precisamente con la adquisición de esa monstruosa deuda, única forma de ir pagando los compromisos estatales, regionales y municipales (en general todo está en grados más o menos avanzados de quiebra) puesto que ya los patrimonios sujetos a impuestos y tras esquilmarnos, “como afeita una buena navaja de afeitar”; resulta que no se recauda lo que se precisa y hay que seguir endeudándose, cosa que se mantiene hasta hoy mismo y nos lo dicen las famosas “subastas de deuda pública” que con frecuencia inusitada salen casi a diario.

De lo que afirmo, valgan las siguientes reseñas publicadas: “Jaén, la capital donde más subió la deuda desde 2011 reconoce la Hacienda Pública que en cuatro años pasa de 91 a 326 millones de euros (Jaén es una pequeña capital de 115.000 h. (hoy dicen que apenas llegan a 106.000 por la huida de una ciudad en ruina) que para mayor vergüenza, ha sido calificada de “la más sucia de España”). – Durante los años de la crisis, desde 2008, la deuda creció en 326 millones de euros” (Diario VivaJaén 21-07-2015).

Lo risible del caso, es que ahora que no gobiernan los del PSOE apremian a los actuales mandamases del PP, para hablar sobre el rescate; pero para conocimiento general, aquí quienes han gobernado los últimos cuarenta años, han sido ambos partidos, aupado el PSOE por los comunistas de IU; por tanto y grosso modo, son culpables todos ellos de todo el desastre, el que se reparten “al 50 % más o menos”. Aquí hay “una losa de plomo inmovible”, en forma de un tranvía que impusieron los del PSOE, y el que no se ha podido poner en marcha puesto que resulta inmantenible y ruinoso por demás; pero que aún “en cocheras” cuesta cada año a nosotros los explotados contribuyentes, la friolera de dos millones de euros (VivaJaén 20-07-2015).

En estos días (18-07-2015 diario La Razón) en grandes titulares dice: “Un grupo chino compra por 10.000 euros el aeropuerto de Ciudad Real – ha sido la única empresa en presentar una oferta a la subasta”. Aclaremos que el tal aeropuerto costó la enorme cantidad de 450 millones de euros… “Deduzcamos de todos estos desastres, la cantidad de sobornos y derroches absurdos, que cuelgan ya no sólo de los que seguimos vivos y pagando, sino de los que no han nacido aún y que nacerán ya cargados con deudas que ellos no produjeron”, o sea un crimen que no tendrá castigo alguno… termino aquí pero les dejo la semblanza de Rita.

Rita Giménez García, más conocida como Rita la Cantaora (Jerez de la Frontera, Cádiz; 1859 – Zorita del Maestrazgo, Castellón; 1937), fue una cantaora de flamenco española, famosa en los cafés cantantes de su época. Se inició cantando en Jerez; luego actuó, junto a La Macarrona y Juan Breva, en los cafés cantantes madrileños, entre ellos el Café Romero. En 1906 figuró en el cuadro flamenco de El Café del Gato. Durante su trayectoria artística, desarrollada principalmente en Madrid, actuó en sus primeros tiempos con Fosforito el Viejo y la Coquinera; y después, a lo largo de los años veinte, con Manuel Pavón y Manuel Escacena. Su última actuación en público tuvo lugar en 1934, en el Café de Magallanes, con motivo de un festival benéfico que reunió a varios artistas veteranos. Su popularidad quedó acuñada en su tierra en una frase conocida en toda España: ¡Eso, a Rita La Cantaora! Destacó por malagueñas y soleares e interpretó con gracia los estilos festeros, en especial las bulerías. Falleció en 1937, cuando tenía 78 años de edad, por “avatares de la guerra civil”.
(Fue escrito va para 3 años)

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más)

La gran estafa
Antonio Pérez Henares diariosigloxxi 26 Septiembre 2017

MADRID, 25 (OTR/PRESS) Lo que sienten y piensan, cantan y gritan, reclaman o desprecian en Cataluña es algo a lo que los medios de comunicación de España llevan dedicados ocho lustros largos. O sea desde que tengo memoria democrática. Estos últimos años ya ni les cuento y estos días ya con carácter de exclusividad. ¿Y de lo que pensamos los demás? ¿De lo que piensan la totalidad de los españoles?. Pues de eso muy poco parece, de eso más bien nada y como de refilón. Pero me parece que está llegando el momento de empezar a hablar y que ello empiece a ser lo imprescindible y primordial. Que todos hablemos, que también, hay que recordar, sentimos, nos preocupamos y hasta nos llegamos a angustiar.

La primera sensación, por comenzar por uno mismo, es la de una gran tristeza, de pesar sincero por lo que está sucediendo y zozobra por lo que vaya a ocurrir, que va a ser, eso es lo único seguro por desgracia, malo o hasta peor para todos. Pero además y de inmediato lo que aflora es también la punzada dolorosa de sentirse engañado, de haber sido, a lo largo de todos estos años, sistemáticamente estafado. Desde 1.978, desde el primer balbuceo democrático lo que se nos expuso por parte del nacionalismo, y aceptamos, incluso jubilosamente, es que autogobierno, respeto y cariño a sus señas de identidad iban a ser la fórmula para entendernos más y comprendernos mejor. Y ese fue el comportamiento de la Democracia española y así se fue avanzando. ¿Hubo momento más luminoso en la historia reciente de Cataluña que aquel año 93? Y cada vez desde un lado se exigía más, se subía el listón y se alcanzaban los límites donde ya empezaba a ser norma el pendulazo hacia el extremo contrario. Que a quien se excluía eran a los derechos constitucionales, a la lengua común, a cualquier símbolo de unión. Lo que se sembraba no era el afecto sino que lo que hacía era abonar con todo el estiércol posible el odio. El escarnio sistemático al himno y la bandera son el ejemplo y mejor imagen de tal situación. El insulto a todo el pueblo español reiterado con contumaz impunidad, jamás, por cierto, contestado por la ciudadanía con ningún comportamiento similar. ¿Acaso se ha hecho tal cosa con su bandera, que por cierto los propios separatistas han abolido en la practica, o su himno particular?.

El relato secesionista de lo sucedido, los agravios, las ofensas, las opresiones, los "robos" ya no es que falten a la verdad, es que son la gran falacia, la gran mentira, la más absoluta falsedad. Pero es la que han impuesto de manera creciente y sin parar ni siquiera, sino comenzando por ahí precisamente, en el adoctrinamiento total y comenzado desde la primera edad. Los niños, criaturas de menos de cinco años incluso, siendo adoctrinados por sus maestros en el odio a todo lo "español" es lo más penoso que ha podido contemplarse estos días pero es quizás lo que nos ofrece la foto de la más cruda realidad que ahora comenzamos a percibir en toda su gravedad.

Los nacionalistas, los separatistas nos han estafado, nos han engañado y cuando hemos llegado al momento en que ya no se podía ir más allá sin descuartizar España, hacer trizas la Constitución y expropiarnos de nuestros derechos colectivos para apropiárselos ellos en exclusiva, pues no han dudado en descubrir su faz verdadera y ahí están. Y algunos ya no nos tragamos en que encima la culpa es de nosotros, los responsables del desastre somos los que hemos permanecido leales al pacto de convivencia y a las leyes votadas por todos y entre todos acordadas. Ese hueso ya solo lo va a coger, ya lo ha cogido, otro can. Los podemitas que entienden que es su propio hueso también, porque a ambos les une un objetivo: acabar con la Constitución de las Libertades. La que ellos de manera miserable, pretenden equiparar a la Dictadura, mentándola como "Régimen del 78". La que ha supuesto el mayor periodo democrático, de progreso y avance social de toda la historia reciente de nuestra Nación.

El Gobierno inyecta otros 1.800 millones en Cataluña justo antes del referéndum
Hacienda desembolsa 1.800 millones del FLA correspondientes al cuarto trimestre para financiar las cuentas de la Generalidad.
Libre Mercado Libertad Digital 26 Septiembre 2017

El Ejecutivo de Mariano Rajoy aprobará esta semana un nuevo desembolso del Fondo de Liquidez Autonómico (FLA) para cubrir el déficit y atender pagos y vencimientos de deuda. Tal y como viene siendo habitual, Cataluña será la mayor receptora de dinero con cerca de 1.800 millones durante el cuarto trimestre, según informa este martes elEconomista.

Este reparto se produce a escasos días de la celebración del referéndum ilegal del 1-O. Estos desembolsos están sometidos a estrictas medidas de control por parte del Ministerio de Hacienda para evitar que el dinero se desvíe a actividades ilegales, como la organización de la consulta. Tras intervenir las cuentas de la Generalidad, el departamento de Cristóbal Montoro ha habilitado una página web sobre las medidas de control de las finanzas catalanas, a través de la cual se pueden descargar documentos destinados a los proveedores, a fin de facilitarles el procedimiento.

Según informa Hacienda en un comunicado difundido este lunes, a través de esa web se pueden descargar, por ejemplo, los modelos de declaración responsable para proveedores y órganos de contratación. Además, se ha puesto en marcha un correo electrónico (soporteordenpago@correo.aeat.es) para las dudas relacionadas con la práctica de órdenes de pago.

Capta la mayor asistencia
Cataluña es la autonomía con más deuda pública en términos nominales de todas las CCAA, con más de 75.000 millones de euros, pero también la que ha recibido más dinero a través de los mecanismos extraordinarios de asistencia facilitados por Hacienda desde 2012.

Según explicó Montoro la semana pasada en el Congreso, la aportación de los mecanismos de liquidez ha sido "especialmente positiva" para Cataluña, una de las comunidades que tenía una situación financiera "más delicada" y que más ha recibido, un total de 69.278 millones, el 29,5% de la cuantía total destinada a asistencia financiera. De esta cuantía, 23.008 millones se han dedicado al pago directo a proveedores, un capítulo en el que vuelve a ser la comunidad que más ha recibido, y con el que se han pagado 1,6 millones de facturas de proveedores de la comunidad.

Tras el desembolso del FLA correspondiente al cuarto trimestre, el rescate de Cataluña superará los 70.000 millones de euros. Como resultado, también es la autonomía que debe más dinero al Estado, unos 51.000 millones de euros, el 67,1% de su deuda pública total.

No todos los medios internacionales muerden el anzuelo del victimismo separatista
Amigos españoles, algo de esperanza, política e intelectual, queda ahí fuera. Al menos en The Economist, The Observer y en Sir John Elliott, el famoso historiador e hispanista británico.
Matthew Bennett vozpopuli.es 26 Septiembre 2017

La máquina de propaganda separatista ha hecho estragos en las últimas dos semanas en la prensa internacional. La mayoría ha mordido el anzuelo victimista ofrecido por la Generalitat, incluido Washington Post y The Guardian, dónde Puigdemont ha podido colocar sendos artículos de opinión con el punto de vista independentista. Incluso The Times decepcionó con su editorial sobre el tema. Nada que no hayan leído o oído antes, pero en inglés, así que les ahorro los detalles y les traigo esta semana tres artículos que demuestran que algunos periodistas y observadores internacionales sí han podido apreciar mejor el todo y expresarlo a sus lectores.

The Economist, The Observer y Sir John Elliott, el famoso historiador e hispanista británico, actualmente el Catedrático Emérito de Historia Moderna en la Universidad de Oxford.
The Economist anota el deseo de Puigdemont de declarar de manera unilateral la independencia si gana el "sí", independientemente de la participación, y la decisión del Tribunal Constitucional de suspender el referéndum. España "se enfrenta a una crisis constitucional que amenaza su unidad". La crisis, dice "es como una bola de nieve", y ya representa "una grave amenaza a la democracia española". Tiene implicaciones para Europa, por el efecto que podría tener en Escocia o incluso la región del Donbass en Ucrania.

Y mira por dónde—será por entender de temas económicos—"Cataluña disfruta de un nivel de vida más alto que la media tanto en España como en Europa". Rajoy se ha equivocado en su estrategia, pero la Constitución española le respalda, por terco que haya sido. Los catalanes no son los kurdos: ni colonizados, ni ocupados ni oprimidos. "Si el Estado de derecho significa algo, la Constitución debería ser defendido".

Puigdemont, dicen, debería dar marcha atrás, entre otras cosas porque cuando gane el "sí" el domingo "será cuestionable, no sólo legalmente sino políticamente". The Economist recomienda como solución negociar con Cataluña y reformar la Constitución para permitir la secesión pero sólo con una alta participación y mayoría muy clara.

The Observer (el periódico dominical de The Guardian) ha escrito un editorial magnífico , realmente excelente.
Observan que la aglomeración de partidos gobernantes, con una "estrecha mayoría", en Cataluña es algo dispar: "desde los conservadores burgueses hasta los republicanos de izquierdas y los anticapitalistas antieuropeos (con un toque de anarquistas)". También apuntan, como The Economist, la "boyante economía" regional y citan a Borrell sobre el tema lingüístico: el 75 por ciento de los que hablan el catalán como lengua materna quieren la independencia y el 75 por ciento de los que no están en contra. "La región", dicen: "está profundamente dividida", y los independentistas no tienen los votos como para declarar la independencia.

"El referendum, francamente, es ilegal", sentencian, y la amenaza de Pugidemont et al. de llevarlo a cabo de todos modos es "profundamente peligroso". Sólo "el 10 por ciento de los españoles" apoyan el referéndum. Lo mejor, a mi gusto, es que The Observer se da cuenta del gran engaño propagandístico, y la diferencia entre las multitudes de la Diada y la realidad político y jurídico: "Las relaciones públicas no pueden curar a una región", ni tampoco—y en esto también aciertan, como apuntaba la semana pasada—"la respuesta torpe de Madrid". A nivel mediático, las detenciones y la posibilidad de suspender la autonomía catalana llevarán a la conclusión "de que Franco equivale a España y España equivale a Franco".

"La secesión", concluyen, "en una España democrática que forma parte de una Europa democrática, tiene que hacerse de manera calmada y honesta". Es hora de que ambos bandos desistan.

Luego está Sir John Elliott, ilustre hispanista y autor de "The Revolt of the Catalans". Algo sabe de España, de Cataluña y de la historia. Denuncia, en una carta a The Times , "el control del sistema educativo, la influencia sobre los medios" y "la manipulación de la historia catalana para sus propios fines" que ejerce el Gobierno catalán "desde hace muchos años" para "intentar imponer su agenda radical en la sociedad catalana".

"El proyecto orquestado por el Presidente Puigdemont", escribe: "claramente va más allá de la legalidad" y "desafía" la Constitución de 1978, y el mismo Estatuto catalán. De ninguna manera, escribe Sir John, se puede decir que el Gobierno de Rajoy es un regimen represivo.

"Cataluña sufrió durante muchos años bajo el regime opresivo del General Franco, pero prosperó entre 1978 y la crisis económica de 2008, como una región que disfrutaba de un alto grado de autogobierno."

Como solución, Elliott dice que ya es hora de revisar la Constitución y de intentar "descubrir qué tipo de futuro quiere la gente de Cataluña". Pero sólo será posible "si todas las partes entablan un diálogo civilizado que se lleve a cabo dentro de los límites de la ley".

Con esto, amigos españoles, decirles que algo de esperanza, política e intelectual, queda ahí fuera.

Referéndum de autodestrucción
El referéndum no es una solución ni una salida razonable para el “conflicto catalán”. Puede que sea un método democrático aceptable para otro tipo de decisiones, pero no para cuestionar la existencia misma de la comunidad política.
Juan F. Arza vozpopuli.es 26 Septiembre 2017

El “derecho a decidir”, cuyo ejercicio se concreta en un referéndum de autodeterminación, fue un hallazgo afortunado del nacionalismo catalán y sigue siendo su arma política más poderosa. La posibilidad de realizar un referéndum “con garantías” goza de un considerable apoyo en la opinión pública catalana; no se trata de ese 80% redondo del que presumen sus defensores, pero en cualquier caso es elevado. El referéndum cuenta también el apoyo firme de fuerzas políticas españolas de izquierda, y tiene buena prensa a nivel internacional.

Aquellos que nos hemos opuesto al “derecho a decidir” lo hemos tenido muy complicado. Se trata de una idea sugestiva y cargada de connotaciones positivas, que entronca con el deseo amplias capas de la sociedad de tener un mayor control sobre sus vidas, y proporciona una motivación trascendental de la que carece la política convencional. ¿Quién puede negarte el derecho a decidir tu futuro? Los separatistas han asociado de forma muy hábil imágenes y palabras: urnas, votos, papeletas, participación, democracia. ¿Qué solución más democrática que votar en un referéndum?

Defender el referéndum también tiene otra virtualidad: sirve de pacífico refugio para aquellos que, sin ser independentistas, no se atreven a oponerse frontalmente al independentismo. Si defiendes el referéndum se te expide un carnet de demócrata, y tu existencia resulta más fácil. Puede que incluso dudes de la conveniencia de realizarlo, pero el marrón de impedirlo se lo come otro.

El argumento de que el referéndum no es legal, de que no cabe en la Constitución y que no tiene base jurídica internacional es importante, pero es excesiva y torpemente utilizado en detrimento de otros argumentos más poderosos que se han ido abriendo paso y que cada vez son más utilizados. Intento resumirlos a continuación:

El referéndum reduce la pluralidad de la sociedad a dos opciones incompatibles y radicalmente opuestas. Blanco o negro, no hay lugar para grises. Todas las encuestas indican que cuando a los catalanes se les presentan varias opciones de configuración estatal, sólo un 30-35% escoge la independencia. Cuando se les presenta una dicotomía independencia sí-no, el porcentaje de síes sube a cerca del 50%. Los separatistas conocen este efecto e intentan sacar provecho de una falsa dicotomía, asociando el voto del “sí” al cambio y el del “no” a la defensa del statu quo.

El referéndum es inequitativo, puesto que si gana una de las partes el resultado será irreversible, pero si gana la otra el resultado siempre se podrá revisar en el futuro. Apenas tres años después de perder el referéndum, y con la excusa del Brexit, los nacionalistas escoceses ya estaban reclamando una nueva votación. Su demanda produjo la indignación de parte de la opinión pública británica, que los acusó de defender un “neverendum” (referéndum que no acaba nunca). Tampoco parece una buena solución marcar un mínimo de años entre un referéndum y el siguiente: ¿deberíamos plantearnos periódicamente nuestra propia existencia como comunidad política?

El referéndum no admite rectificación, ni cambio de opinión. Al contrario de las elecciones democráticas normales, en las que uno puede cambiar el sentido de su voto cada “X” años, en un referéndum los ciudadanos son obligados a tomar una decisión que no podrán cambiar en el futuro aunque comprueben que se han equivocado.

Precisamente por su carácter dicotómico, irreversible y agónico, el referéndum polariza a la sociedad y desata campañas de propaganda sin escrúpulos, en donde los ciudadanos son sometidos a un bombardeo que en nada se parece a una evaluación racional de opciones. El Brexit constituye un ejemplo palmario de desinformación, generación de expectativas irracionales y manipulación emocional.

Last but not least, no se puede crear una nueva soberanía sin arrancársela a otros ciudadanos. El “derecho a decidir” de unos se convierte en la pérdida de derechos de otros. En este caso, de los españoles que dejarían de tener voz y voto sobre lo que ocurre en una parte de su territorio. Si se abre esa caja de Pandora, ¿quién privará a otras comunidades políticas, reales o imaginadas, de su derecho a separarse para “vivir mejor”?

Los referéndums de Quebec y Escocia ejercen una fascinación en la opinión pública que en buena medida es fruto del desconocimiento. Tuvieron un resultado que para algunos es “tranquilizador”, pero no son un ejemplo a seguir. Lejos de ser la norma internacional son la excepción. Y lejos de proporcionar argumentos a los partidarios de un referéndum, deberían proporcionárselos a sus detractores. En el caso canadiense se produjeron en medio de una gran tensión y han dejado una impronta traumática; la Ley de Claridad cerró el ciclo estableciendo unas condiciones que los convierten en indeseables e impracticables. En el caso escocés, el referéndum no solucionó ningún problema de fondo y su promotor David Cameron pasará a la posteridad como un gobernante frívolo e irresponsable que estuvo a punto de destruir el Reino Unido y después lo sacó de la UE por intereses partidistas.

En definitiva, el referéndum no es una solución ni una salida razonable para el “conflicto catalán”. Puede que sea un método democrático aceptable para otro tipo de decisiones, pero no para cuestionar la existencia misma de la comunidad política. El Gobierno que aceptara un referéndum estaría practicándole un harakiri al Estado y poniendo en grave riesgo la convivencia. Es necesario explicárselo a los ciudadanos, utilizando los argumentos adecuados.

España ENRICO LETTA
Letta: “El nacionalismo es una gran amenaza; Europa se creó para eliminarlo"
Entrevista con el ex primer ministro italiano. "El referéndum no es, pues, la panacea en democracia. Es el instrumento de la demagogia". "Hoy, los dirigentes políticos siguen al pueblo y no a la inversa". "Aunque parezca una paradoja, hoy se comprende mejor Europa si se contempla desde otro continente"
Daniel Basteiro elespanol 26 Septiembre 2017

Una conversación con Enrico Letta (Pisa, Italia, 1966) relativiza casi todos los problemas. Su amplia mirada sobre Europa empequeñece las demás preocupaciones. Su optimismo a ras de suelo se basa en una máxima que huye del fatalismo: el futuro es prometedor si Europa acierta. Letta, antiguo primer ministro de Italia, exministro y exeurodiputado, habla de todo ello en Hacer Europa y no la guerra (Península). Es un libro de planteamientos sencillos, de capítulos cortos, sin argumentarios ni los arrebatos de europeísmo que a menudo resultan tan condescendientes como artificiales.

Leer alguno de sus capítulos estos días, cuando se publica en España, puede poner los pelos de punta. Pasar las páginas a la luz de la gravísima crisis institucional que atraviesa España por el referéndum planteado para el 1 de octubre puede suponer un shock.

Durante la entrevista con EL ESPAÑOL, Letta pone cara de resignación cuando es preguntado por Cataluña. En el libro no hay ninguna referencia concreta. Por eso sorprende que algunas de sus reflexiones sobre los referéndums o el nacionalismo pudieran haber sido escritos ayer y para ese contexto. Durante la presentación, el martes pasado, el editor leyó alguno de estos pasajes. El estupor entre el público fue instantáneo.

"El referéndum simplifica problemas complejos mediante una respuesta binaria. Resulta muy fácil de manipular. Los electores no suelen responder a la pregunta propiamente dicha sino en función del efecto político que su respuesta producirá”, escribe Letta, para quien “las grandes decisiones deben proceder de procesos que generen consenso”. “¿Cómo contestar con serenidad sobre semejante cuestión sin escapar a las presiones de la emoción, del miedo?”, se pregunta en el libro.

"El referéndum no es, pues, la panacea en democracia. Es el instrumento de la demagogia. Posee el mérito de ser rápido, simple y espectacular. Pero, ¿acaso aporta eficacia y equilibrio al proceso de decisión? ¿Ayuda a la gente a tomar opciones de las que no se arrepentirá?” Estas consultas “ofrecen atajos que dan la impresión artificial de ayudar a la democracia mientras que en realidad la debilitan. Siempre son sesgados, por el hecho de estar en manos de quienes recurren a ellos”. “Organizar un referéndum no significa necesariamente respetar al pueblo, porque la intención es manipularlo”. Impulsarlo cuando se defiende de antemano un resultado resta credibilidad al proceso.

Usted analiza referéndums como el del Brexit, el de la reforma constitucional en Italia que tumbó al primer ministro, Matteo Renzi, el de Hungría sobre los refugiados o el de Colombia sobre el proceso de paz. ¿Hay elementos en común? ¿Qué se puede aprender en España, donde hay planteado uno en Cataluña, aunque esté suspendido?
No pensaba en Cataluña. Cuando lo escribí, este referéndum estaba lejos. El asunto de Cataluña es de orden interno español.
Responde usted con la típica frase de primer ministro.

La mirada desde el exterior no puede comenzar sin decir que se trata de un asunto interno de España. Pero los referéndums me provocan muchas dudas. Los referéndums funcionan si se hacen como en Suiza, porque se concentran sobre la pregunta, no sobre quién hace la pregunta e incluso tampoco sobre las consecuencias. En Italia muchos votaron sobre quién hacía la pregunta y las consecuencias [para esa persona] de la pregunta. También se ha hecho así con el Brexit.

¿Son un arma de doble filo?
La democracia es hoy muy compleja. Desde el punto de vista de la expresión de las voluntades, el voto no es un ‘me gusta’ como en las redes sociales. Me gusta o no me gusta. Sigo a alguien y dejo de seguirlo si cambio de opinión. No podemos ‘desvotar’. Votas y eso tiene consecuencias. Ese es el mensaje del Brexit. Creo que han cometido el mayor error de la historia reciente del Reino Unido. Creo que lo van a pagar muy caro y no pueden volver atrás. La democracia se basa en el hecho de que el voto es para siempre. Al menos, para cinco años.

"Prefiero la democracia a los referéndums", se titula el duodécimo capítulo de su libro. Para muchos podría parecer una provocación de alguien que no cree en que los ciudadanos decidan su futuro. Dice usted que prefiere el consenso a que se vote en un plebiscito que además puede arrojar mayorías ajustadas.

En el caso del Brexit, el resultado fue de 52% a favor frente al 48% en contra. ¡No podemos decidir con esas mayorías! Todas las constituciones del mundo se pueden cambiar únicamente con una gran mayoría, más amplia que una mayoría simple. La idea de base es que hay una diferencia entre una ley cualquiera y los grandes temas sobre cómo una comunidad vive junta. En ese caso, las mayorías tienen que ser más grandes. Por eso creo que el Brexit fue un gran error. No podemos dejar al azar esas cuestiones, porque la historia de Europa no puede quedar al albur de diferencias tan pequeñas.

¿Cuáles son los asuntos que se deben someter a referéndum?
El Brexit, como otros referéndums, hubiera tenido sentido si se hubiera hecho sobre un acuerdo negociado, al final de unas negociaciones y no al principio. Los referéndums son una manera de forzar la mano y de sobrepasar unos consensos que son necesarios.

Los nacionalismos, la "gran amenaza"
Los razonamientos de Enrico Letta sobre los referéndums forman parte de las reflexiones sobre la participación política, un concepto que ha mutado desde la aparición de internet y que sacude otros ámbitos, como la toma de decisiones dentro de los partidos políticos. Para Letta, participación y consenso no deben estar reñidos. "Debemos reconciliar a la democracia con la política. La gente se siente vinculada a la primera, pero rechaza la segunda", escribe.

En su capítulo sobre los nacionalismos, Letta relaciona cómo ha cambiado la sociología de los países europeos con la globalización. La conclusión es clara: el nacionalismo no solo está desfasado sino que va contra natura. Los bisabuelos de los jóvenes de hoy se casaban con personas de su propia provincia que no habían salido apenas de su provincia. "La ascensión del nacionalismo en Europa entra en contradicción con la vida tan conectada de hoy”.

La tendencia hoy es a una mayor integración, por lo que las nuevas fronteras no tienen ningún sentido, sostiene Letta, especialmente si se erigen para que un político se legitime o se mantenga en el poder. "Hoy, los dirigentes políticos siguen al pueblo y no a la inversa", escribe Letta. "Sin embargo, la aceleración de la integración no puede ser frenada por la voluntad populista, erigiendo quién sabe qué muro falsamente tranquilizador. El progreso tecnológico jamás se ha detenido”, advierte.

Para Letta, "el nacionalismo como respuesta a los temores surte un efecto placebo. Y acabará volviéndose contra quienes lo promueven. Si bien pretenden resolver un problema de fondo mediante una respuesta únicamente nacional, en realidad los políticos fingen decidir sin influir en el proceso real, que se sitúa en el nivel de la interconectividad, es decir, en los ámbitos europeo e internacional”. Es ahí donde hay que dar la batalla, según él.

¿Por qué está seguro de que los nacionalistas perderán la batalla?
Europa se creó para eliminar el nacionalismo, que siempre tiene la necesidad de tener un enemigo. Europa es la construcción de puentes, no de muros. Y yo me siento un constructor de puentes. Para eso está Europa.

Usted defiende que Europa sea una pragmática "unión de minorías", donde nadie sea más que nadie, donde todos tengan dignidad, pero que ponga por encima la idea de Europa para prosperar en el mundo global. Una idea no compatible con el nacionalismo

Exacto. La idea de que podemos beneficiarnos de la coyuntura para construir muros es lo contrario de lo que yo defiendo. Europa está en el medio del mundo y su fuerza es el encuentro de una gente con otra. Sólo con ese encuentro se puede generar el futuro. Los muros sólo son una manera de aterrorizar a la gente y dar una respuesta inmediata y falsa. Además, los muros, con las redes sociales e internet, no tienen sentido, están en su cabeza. Es el efecto placebo del que hablaba.

¿Es el nacionalismo la peor amenaza para Europa?
El nacionalismo es una gran amenaza, una vuelta atrás, una manera de volver a levantar los muros del pasado.

Para comprender Europa, mejor verla desde fuera
El ex primer ministro habla sobre Europa como algunos hablan sobre España desde el extranjero. "Cuando nos encontramos lejos de Europa, por ejemplo en Corea, Perú o Sudáfrica, caemos en la cuenta de hasta qué punto los europeos nos parecemos relativamente entre nosotros. Vistos desde lejos es cuando se comprende que los europeos existen, del mismo modo que la Tierra se ve redonda desde el espacio", explica en su libro.

"Aunque parezca una paradoja, hoy se comprende mejor Europa si se contempla desde otro continente", según él. Por eso no es de extrañar que en los últimos años Barack Obama o el papa Francisco hayan hecho discursos en favor de la integración y valores europeos que a algunos líderes europeos les daría pudor pronunciar.

Habla de Emmanuel Macron, el presidente de Francia, como una esperanza en una Europa que mira a Trump con miedo y al Brexit con pena. ¿Cuál es el éxito de Macron? ¿Cómo se explica su liderazgo?
Ha tenido valentía y ha hecho que Francia basculase hacia una idea positiva de Europa. Ahora puede tener el papel importante de reequilibrar Alemania, un país que ha sido predominante en Europa durante los últimos 10 años. Creo que eso es un problema para Europa, que no puede vivir con un país tan poderoso. No funciona. Veo un sentimiento antialemán creciente. En las presidenciales francesas, si se suma a varios partidos, podría decirse que los antialemanes ganaron. En Italia, los principales líderes son antialemanes. La misión fundamental de Macron es reequilibrar Alemania. Es fuerte, ha ganado y tiene cinco años por delante. Sólo Francia puede, para los demás es demasiado difícil. Y Francia tiene ahora, tras el Brexit, el liderazgo en seguridad y defensa, algo que le da un rol aún mayor.

¿Qué pueden hacer España e Italia? ¿Deben esperar a Francia como líder del equipo?
En el año 2000 creé un foro de diálogo italoespañol con responsables políticos y empresas. Veo que en este tiempo hemos avanzado. Hay espacio para ellos si se decide que Europa necesita varias velocidades: la Unión Europea y los países del euro. Y el núcleo duro han de ser los cuatro países más fuertes el euro: Francia, Alemania, Italia y España, cuyos líderes se llevan muy bien, por cierto.

¿Cómo ve España ahora? Políticamente hay quien dice que cada vez se parece más a Italia.
Espero que no [ríe].

Con una crisis territorial y de representación, ¿no tiene demasiados frentes abiertos como para pensar en Europa?
Soy optimista. En comparación con mi país, es mucho más europeísta. El discurso político de España no pone en discusión la pertenencia a la Unión Europea o al euro. Y eso es muy importante que lo considere como un gran activo.

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La tremenda debilidad del Gobierno
Enrique Domínguez Martínez Campos. gaceta.es 26 Septiembre 2017

Dicen algunos inteligentísimos personajes que la situación actual en Cataluña no hay que verla retrotrayéndonos a los últimos 40 años de nuestra Historia reciente. Que eso no tiene importancia; que la importancia es lo que debe hacerse a partir del día 2 de octubre de 2017, después del golpe de Estado permanente en que los sinvergüenzas que ostentan el poder en aquella región española y sus cómplices impongan unas condiciones al gobierno para que los pobrecitos se salgan con la suya.

Cuando Jorge Pujol se hizo cargo de la presidencia de la Generalidad en 1980 dejó muy clara su postura, la de su partido y la del nacionalseparatismo de siempre. Dijo que Cataluña estaba construida esencialmente desde hacía siglos pero… la guerra y la dictadura de Franco –que fue el jefe del Estado español que más veces y más tiempo estuvo en Cataluña- habían causado “tal destrozo” en aquella locomotora española económica, social y cultural (1939-1975), que había llegado el momento de edificar “la ciudad de los ideales… Yo era consciente de que, a pesar del Estatuto de Autonomía que acabábamos de conseguir (1979), el poder político de Cataluña era insuficiente”. Por eso, añadió: “Actuaremos con firmeza desde este mismo momento para que el catalán sea en la práctica –y no sólo como una afirmación del Estatuto- la lengua propia de Cataluña”. Y remató así su discurso: “Es un programa –el de aquellos supuestos nacionalseparatistas moderados- y un estilo de gobierno que pretende hacer la síntesis entre la voluntad de construcción metódica, de construcción sistemática de Prat de la Riba (primer presidente de la Mancomunidad de Cataluña de 1913 a 1917), y aquel espíritu también de ardiente patriotismo, aquel espíritu abierto, aquel espíritu igualmente constructivo del presidente Maciá… dos grandes constructores de Cataluña”. En definitiva, había que copiar al uno y al otro, golpistas y separatistas, para “hacer país”.

Cuando los partidos políticos con personajes muchísimo mejor preparados que los politiquillos actuales de cualquier color se dieron cuenta de hacia dónde íbamos con este famoso Estado de las Autonomías, pensaron echar el freno y surgió así el 23 de febrero de 1981 (23-F) con la complicidad de los dos militares más monárquicos de la época y de otro par de instituciones del Estado. La conclusión de aquel fracaso –que desbarató el propio Teniente Coronel Antonio Tejero al pretender iniciarse el contragolpe por el general Armada- fue la de que habían sido “los militares” los únicos responsables de aquella operación, algo absolutamente falso.

Pasado aquel susto para muchos políticos y para su beneficio, pocos días después de celebrarse en Barcelona en mayo de 1981 el día de las Fuerzas Armadas, Pujol se jactó de quitar de su despacho la bandera de España. “En el despacho del presidente de la

Generalidad, con la bandera catalana es suficiente”. Pero aún había tiempo, se podía hacer algo. Por ello, dos días después de que el PSOE ganara por abrumadora mayoría las elecciones generales de 1982, la Justicia hacía estallar la crisis de la famosa Banca Catalana, creada por Pujol, y del Banco Industrial de Cataluña, bancos para “hacer país” y rentables negocios para Pujol, amigos y compañía.

Antes del 23-F la UCD y el PSOE se pusieron de acuerdo para aprobar la Ley Orgánica de Financiación de las Comunidades Autónomas (LOFCA). Frente a esta Ley Pujol se quejó de que “Cataluña pasaba a ser tratada económicamente como una Comunidad Autónoma más”. Por eso debía seguir “haciendo país”. Y, tras el 23-F, aquellos partidos políticos aprobaron la Ley Orgánica de Armonización del Proceso Autonómico (LOAPA). De modo que, entonces, el Estado y el gobierno del Estado pretendieron de algún modo frenar la barbaridad de la creación de los famosos virreinatos autonómicos, sobre todo de los nacionalseparatistas periféricos. Pero en agosto de 1983 el Tribunal Constitucional anuló partes sustanciales de la LOAPA, lo que dio alas a Pujol y a CiU quedando prácticamente desarticulada la Ley.

El camino quedó así expedito para Pujol, su familia y sus palmeros. Y, así, en junio de 1983 el nacionalseparatismo creó “Catalunya Radio” para airear su “agitprop” catalanista radical. En septiembre de ese año, de forma ilegal, TV3 comenzó a lanzar sus emisiones para lavar el celebro a todos los catalanes desde su más tierna infancia. Ante la ilegalidad de TV3 Pujol desafió al felipismo: “Si quieren cerrar TV3, que manden a la Guardia Civil”. El felipismo se tragó el desafío. Lo mismo que se tragó el sapo de la Ley de Normalización Lingüística aprobada ese mismo año, modificada por otra mucho más agresiva en 1998.

Con las más altas instituciones judiciales en manos de los políticos a partir de 1985 por expresa decisión del PSOE, y a pesar de que la Fiscalía presentó una querella criminal en contra de Pujol y 24 directivos de Banca Catalana en mayo de 1984, en noviembre de 1986 la Audiencia Territorial de Barcelona eximía a Pujol y sus amigos de toda responsabilidad en aquel escandaloso caso. ¿A cambio de qué? ¿Y por qué se comenzó también a transferir parte de la enseñanza a la Autonomía de Cataluña? La enseñanza, arma fundamental para los separatistas y desquiciamiento generalizado en toda España con 17 enseñanzas distintas en materias como ¡las matemáticas!

Estos son sólo unos pocos ejemplos de la programación sistemática del nacionalseparatismo catalán para alcanzar sus objetivos a largo plazo. Después llegaría Aznar hablando “catalán en la intimidad” y cesando al hombre del PP en Cataluña capaz de hacer frente a Pujol y sus secuaces para frenar su independentismo. Le sucedería un presidente incapaz y sectario llamado Rodríguez Zapatero que terminó de perfilar el cuadro del abandono de la presencia del gobierno de España en aquella región llamada Cataluña. Sí, créaselo usted. Los gobiernos de España fueron claudicando y, por interés partidista,

fueron cediendo por completo ante del nacionalseparatismo catalán un año tras otro más y más podera base de una política de “dejar hacer” (y dejar robar) a quienes lo que siempre han deseado ha sido separase de España, “hacer país” para crear un Estado propio.

Para esta cuadrilla de secesionistas con cada vez mayor número de seguidores, la situación fue cada vez más favorable debido, también, a una Ley Electoral española infame. A partir de 1993, cuando el felipismo perdió la mayoría absoluta, se echó en brazos de los nacionalseparatistas vascos y catalanes para mantenerse en el poder. Lo mismo hizo Aznar en su primera legislatura (1996/2000). Y no digamos nada de la estúpida e inimaginable actitud de un Rodríguez Zapatero cuando prometió a Pascual Maragall que Madrid aceptaría lo que fuera aprobado en el parlamento catalán. Esta larga historia de despropósitos y desastrosa política de los gobiernos de España culminó con cuatro años de supermayoría absoluta del PP (2011/2015) y tampoco sirvió para enderezar y corregir una situación que ya se le había ido de las manos a todos.

La situación de degradación constante y continua en Cataluña, con una España allí inexistente, con dos generaciones y media de jóvenes y menos jóvenes catalanes a los que, durante toda su vida, se les inculcó odio a España, a sus símbolos y sus instituciones a través de los medios y la enseñanza, fue el detonante último para que esta gentuza política y sus palmeros, aprovechando una gravísima crisis a nivel mundial, exigieran por la vía del chantaje –sabiéndose respaldados por aquella masa fanatizada- a un gobierno socialdemócrata de Rajoy –un gobierno en minoría- lo que hoy (septiembre de 2017) estamos viviendo en nuestro país. No es posible encontrar en el mundo civilizado –salvo la balcanización de la exYugoslavia- algo parecido a lo que pretende no sólo una parte de los políticos separatistas de Cataluña sino que, por contagio, lo que pueden llegar a exigir también otros políticos vascos, navarros, valencianos o a quienes se les ocurra en virtud de su estulticia, ignorancia e irresponsabilidad. Y todo gracias a la parcelación de España en reinos taifas.

Ante esta situación límite, de golpe de Estado político, el PP de Rajoy se empeña sólo en hablar de moderación y proporcionalidad. ¿Es moderación y proporcionalidad lo que están haciendo los máximos jerarcas políticos en Cataluña o es burla, desprecio, insultos, desafío inaudito y presiones de todo tipo a todas las instituciones españolas, que vemos y escuchamos en directo por los medios? ¿Por qué no se detiene ya a quienes desde la cúpula del poder virreinal de Cataluña incitan a la sedición, a la rebelión, a la desobediencia o a la malversación de caudales públicos? Parece como si el gobierno estuviera temiendo más a lo que se diga fuera que dentro de España. ¿Se imagina alguien que Francia se achantara frente a la opinión internacional por su reacción en el supuesto de que en Córcega, por ejemplo, sucediera algo parecido a lo que sucede en Cataluña? ¿Qué le puede importar al gobierno español lo que escriba el “New York Times”, “Le Monde”, el “Time” o “Il Corriere de la Sera” cuando lo que está en juego es España? ¿Acaso es más importante lo que se diga fuera, o se criticara fuera -si es que se criticaba- que la unidad de España?.

Pero si el socialdemócrata PP de Rajoy actúa con estos temores absurdos -ya me lo decía mi madre: “Hijo, es mejor ponerte una vez colorado que cien veces amarillo”-, a pesar de que ya está haciendo algo a través de Hacienda, Interior y Justicia aunque sin tocar a los “intocables”, lo que es para echarse a llorar es la actitud de un PSOE, ahora el de Sánchez, que es como el perro del hortelano con el “Si, pero…”. Soy de los que creen que el PSOE, desde su fundación en 1879, ha sido el partido político que más daño ha hecho a España en esos 138 años de existencia. Con tal de hacerse con el poder es capaz de lo que sea necesario. Desde ser un partido revolucionario, marxista ortodoxo, internacionalista, antisistema y golpista, pasando por su bolchevización y sovietización y continuando por proclamar que España es ahora una nación de naciones y que debe ser un país federal pero asimétrico, la constancia que tenemos quienes hemos estudiado con detenimiento su larga historia es de que nunca ha sabido lo que es España, ni le ha interesado, ni ha respetado sus tradiciones, ni sus más profundos valores, ni le ha interesado conocer a fondo su imponente Historia. Y de los nacionalseparatismos, cuyo fin último es el de la secesión como verdaderos enemigos de España, pretende domesticarlos o hacerles entrar en razón a base de diálogo, “de profundizar en el diálogo”. ¿Con quién o con quiénes de ese enemigo implacable? ¿Para qué? ¿Con qué finalidad? ¿Para darles más poder al igual que hizo cuando dialogó con ETA permitiéndola entrar en las instituciones a base de partidos políticos como BILDU?

Alguien se ha atrevido a decir que estamos ante una gran oportunidad en estos momentos de incertidumbre, zozobra, nerviosismo y hartazgo en el que vivimos los españoles. Estoy de acuerdo. Pero siempre que se tomaran las decisiones y medidas adecuadas, por muy duras que parecieran, basándose en la Ley. A la que, por cierto, no hay que tenerla miedo cuando es clara y concreta. Pero me temo que sucederá lo contrario. El ministro De Guindos lo ha dejado claro por parte del PP tendiendo la mano hasta el infinito a los traidores secesionistas. Y, por parte del PSOE, situándose en una postura equidistante entre unos y otros, promoviendo el diálogo con el enemigo para entregarles más poder, más autogobierno, más dinero o lo que se tercie para tenerlos contentos. Pero que conste: no lo estarán jamás porque su objetivo estratégico es la secesión. A pesar de ello, a pesar de décadas y décadas de Historia, los jerarcas socialistas aún no se han enterado.

Es posible que el uno de octubre no se pueda celebrar un referéndum ilegal en Cataluña. Pero, a partir del día dos, me temo lo peor. Debido a un gobierno del PP tremendamente débil que parece tener miedo a aplicar la Ley con todas sus consecuencias; debido, también, a la actitud de un PSOE del que es extremadamente difícil fiarse. A pesar de que lo que está en peligro es España. Y ambos partidos sin ponerse de acuerdo para desmontar en todo lo que sea necesario el poder, el fabuloso poder que se les ha otorgado a los separatistas y a los virreinatos autonómicos, algunos en proceso de presecesión. Contando todos éstos con

la colaboración inestimable de una extrema izquierda podemita/comunista a la que, inexplicablemente, apoyan los españoles más rancios y antisistema.

Suerte para el socialdemócrata PP de Rajoy y a ver si alguna vez el PSOE hace uso de la E de Español y defiende la unidad, sin peros ni inventos, de nuestro país. De lo contrario, ambos partidos saben muy bien que la última “ratio” que quedaría para frenar esta locura colectiva es el artículo 8 de la Constitución.

Que Dios bendiga a España.

Agonía y muerte de la razón
Roberto Osa okdiario 26 Septiembre 2017

“Que el procés iba en serio / uno lo empieza a comprender más tarde”. Sirva esta actualización de los versos del poeta catalán Jaime Gil de Biedma para situar al gozoso Rajoy en la sinrazón que está ocurriendo en Cataluña. Se le acabó la siesta al presidente. Es muy triste ver al Gobierno desmarcarse de cualquier postura cercana al diálogo, interviniendo papeletas, deteniendo gente, haciendo registros y hasta intentando controlar a los Mossos. ¿Va en serio lo de detener a 700 alcaldes? Estoy de acuerdo con Carmena: convertir esto en una caza de brujas no vale, porque un problema de este nivel sólo se soluciona hablando, negociando y pactando, no yendo hacia un estado policial donde la cachiporra, la represión y la mano dura tienen más peso que el debate.

Se está ayudando a que se vea a los independentistas como víctimas de todo esto, cuando son una parte muy importante del problema; una turba irresponsable que está lanzando a mucha gente sin trabajo ni futuro a agarrarse a lo último que les queda: la patria. Cuando alguien no tiene nada más, no ha sido capaz de construir nada decente en torno a sí mismo —capacidad de pensar, formación, trabajo, cultura— se deja arrastrar por el primero que pase. Unos venden el paraíso después de la muerte, otros lo fían un poco más cercano, y prometen que cuando estén fuera de España todo será de color de rosa, pero mientras tanto no toman ni una sola medida para mejorar las condiciones de la población catalana. El ruido de sables de momento para la único que ha valido es para ocultar la corrupción y los recortes de los gobiernos español y catalán. Nos la siguen colando y nadie dice nada.

La razón ha sido apartada tanto por unos como por otros. Los bandos se han instalado en la intransigencia, en una política manejada por energúmenos en la que se ha hecho habitual la máxima de: “No te voy a consentir que no estés de acuerdo conmigo”. El Gobierno central no piensa sentarse a hablar, exigen la rendición y la humillación pública, pero sometiendo jamás se llegará a buen puerto. Lamentable es también la actitud fascista de las amenazas a políticos contrarios a la independencia. Cuidado con la “pureza de sangre” de la que hablan algunos catalanes, una cosa es querer votar y otra muy diferente es propugnar un nacionalismo étnico y excluyente con los no nacidos en Cataluña que viven, sueñan y pagan sus impuestos allí. Da pena escuchar que los libros de Juan Marsé aparezcan llenos de insultos en las bibliotecas públicas catalanas, o que a Serrat y Buenafuente los tachen de traidores por no adherirse a esta deriva demente e ilegal.

Dice una leyenda urbana que la soberanía nacional reside en el pueblo. Dice otra leyenda —no sé si urbana o rural— que la razón debe predominar en los asuntos que nos atañen a todos, la res publica, que decían los romanos. Desde luego, el asunto catalán está complicándose de tal manera que —siguiendo con Roma— esto empieza a parecerse a la Guerra Civil entre Julio César y Pompeyo. Ganó Julio César, sí. Pero los dos acabaron muriendo apuñalados por sus compañeros. Y en Cataluña sigue subiendo el nivel de intransigencia y crispación. Todo muy fratricida. Todo muy visceral. Todo muy español, con perdón de independentistas y romanos.

Golpe de Estado en marcha (21)
Vicente A. C. M. Periodista Digital 26 Septiembre 2017

DE MOMENTO NO SE HA CONSIDERADO OPORTUNO RECLAMAR ESA DETENCIÓN.

El Fiscal General en una entrevista de ayer mañana en ONDA CERO, declaró que “Fiscalía está convencida de que Puigdemont está incurriendo en delitos de prevaricación, desobediencia y malversación por los preparativos del referéndum del 1-O en contra de la prohibición del Tribunal Constitucional (TC)”. Sin embargo, y a pesar de que el delito de malversación conlleva pena de cárcel, dijo que de momento no se ha considerado “oportuno” detener a Carles Puigdemont. O sea, que ahora la Justicia se mueve en España por razones de oportunidad. ¿Es eso lo que pasó la semana pasada con la detención de los catorce altos cargos de las Consejerías de la Generalidad? En ese caso, así se lo debió parecer al juez responsable del Juzgado n 13 de Barcelona, y al propio Tribunal Constitucional cuando impuso unas multas muy cuantiosas por desobediencia.

La Justicia no puede actuar o modular su celo en razón de la oportunidad. Porque ¿de qué tipo de oportunidad estamos hablando? ¿jurídica o política? Como oportunidad jurídica, tal concepto no existe, o al menos no debería existir y sí cumplir con los plazos estipulados y los procedimientos establecidos a la hora de ser escrupulosos en la defensa de los derechos de los imputados o acusados. No tener en cuenta esos preceptos, conlleva a instrucciones farragosas e inacabables que duran largos años, o a la famosa pena del telediario y a la exposición pública de aquellos que son objeto de detenciones mediáticas, retransmitidas y difundidas en horas de máxima audiencia. Eso simplemente es una motivación de oportunidad política inadmisible en un Estado de Derecho.

El Fiscal General debe dar una inmediata aclaración a sus palabras y desdecirse de ellas porque no han sido nada oportunas y pueden dar la impresión de una actuación que se modula en función de la oportunidad o inoportunidad del momento. O se tienen indicios o pruebas suficientes para montar una acusación formal y presentar el caso ante un juez, o se debe uno abstener de difundir opiniones personales, intuiciones o deducciones con acusaciones que no llevan a nada concreto, sean o no oportunas. Si la Fiscalía, tal y como asegura, está convencida de que Carles Puigdemont está cometiendo delitos, de la misma o mayor entidad que los que consideró el juez del Juzgado nº 13 de Barcelona, entonces debe seguir el mismo procedimiento y proceder a su detención sin esperar que la oportunidad le sea más favorable porque, o bien reincida en el delito, o bien llegue a cometer otro de mayor entidad como el de proclamar de forma unilateral la república de Cataluña.

También ayer se produjo un desplante por parte del Mayor de los Mossos Josep Lluis Trapero (un apellido que le va como anillo al dedo) cuando no acudió a la reunión a la que había sido convocado por parte del coordinador policial el Coronel de la Guardia Civil, Diego Pérez de los Cobos. En su lugar mandó a un subalterno de tercer nivel y además hizo declaraciones a los medios diciendo que “arrebatar a los Mossos parte de sus competencias afecta a la profesionalidad y el prestigio de quienes han cumplido escrupulosamente y en todo momento con los requerimientos y las órdenes dadas por esta Fiscalía”. Una aseveración que no deja de ser surrealista cuando existen vídeos y testimonios que la contradicen. La pasividad de los Mossos en las revueltas tumultuarias fue vergonzosa. Y ahora además dicen que la coordinación es innecesaria y que ya disponen de un plan de actuación para el 1 de octubre, que, en opinión del Fiscal General Maza, es válido para unas elecciones normales, pero no es suficiente para impedir el referéndum, que es lo que se les ha ordenado. Y aquí sí que creo muy oportuno dejar bien claro a este mayor_domo que no aceptar el mando del coordinador no es una opción, sino una orden que deben acatar o sufrir las consecuencias de su desobediencia.

En mi opinión, hace mucho tiempo que algunos destacados dirigentes del Gobierno de la Generalidad y de la Mesa del Parlamento, así como destacados dirigentes de asociaciones separatistas como la ANC y OMNIUM debían estar frente a la Justicia dando cuenta de sus delitos, incluido el de sedición. Haber considerado inoportuno actuar conforme a lo que marca la Ley, nos ha llevado a que el independentismo se haya sentido y se sienta envalentonada en su desafío y con impunidad para perseverar en sus delitos. Haber obviado el delito de malversación de fondos a Artur Mas y resto de juzgados, hasta que el Tribunal de Cuentas decidió exigir el reintegro de los gastos incurridos con multa administrativa incluida, en aquella farsa de consulta referéndum del 9 de noviembre del 2014, fue un acto de oportunismo político y contención voluntaria a la hora de acusar. Usar ahora al Tribunal de Cuentas se llama ir por la puerta de atrás, cuando en el juicio ya debió de considerarse con la consecuencia de que a la inhabilitación se podía sumar una pena de prisión.

Mal vamos si la Justicia depende de algo tan etéreo, inconsistente y manipulable como el concepto de oportunidad. Porque en muchos casos, hay quienes nunca ven el momento oportuno para hacer nada porque su carácter indeciso y apocado, está más pendiente del “qué dirán”. Eso se llama “bloqueo emocional” y algunos le llamamos, cobardía.

Por si sirve de algo, creo que es muy oportuno dejar que el pueblo español se pronuncie y por eso pido ¡ELECCIONES GENERALES YA!

¡Que pasen un buen día!

Trapero, con los golpistas
EDITORIAL Libertad Digital 26 Septiembre 2017

En un nuevo desplante a las autoridades que luchan contra el golpe de Estado separatista, el máximo responsable de la Policía regional catalana rechazó este lunes acudir a una importante reunión de coordinación con mandos de otros cuerpos de seguridad. Josep Lluís Trapero, mayor de los Mossos d’Esquadra, envió en su lugar a un subalterno, poniendo de manifiesto de manera tan indigna como pueril su alineamiento con los golpistas que aún detentan el poder en el Principado.

La afrenta que descalifica a Trapero es una muestra más del lamentable papel que están desempeñando los Mossos en estos días tremendamente convulsos. Trapero, lacayo muy apreciado por Puigdemont y su banda por su obsecuencia incluso cuando se encuentra fuera de servicio (qué imágenes de aquella ridícula francachela veraniega), está al frente de un cuerpo que, por su culpa y la de sus amos, ha actuado de manera no ya desleal sino abiertamente hostil a las fuerzas de seguridad desplegadas en Cataluña para hacer frente al sedicioso desafío separatista.

Trapero está escribiendo páginas de oprobio en el historial de los Mossos d’Escuadra, que ya había sufrido graves daños como consecuencia de su gestión de los atentados islamistas de Barcelona y Cambrils. Este lunes no desaprovechó una nueva ocasión para desmarcarse de las obligaciones que dignifican y dan sentido a la policía que dirige, cuya función primordial es velar por la seguridad y los derechos de los ciudadanos, no dar cobertura a los peores delitos, entre los que sin lugar a dudas se cuenta la comisión de un golpe de Estado. Esa función primordial, increíblemente, no la cumple. Por eso están ahí la Guardia Civil y la Policía Nacional.

La bochornosa conducta de Trapero, impropia de un servidor público, demuestra que la decisión del Gobierno de someter a un mando único las labores policiales necesarias para hacer cumplir la Constitución y garantizar la seguridad de todos en Cataluña no sólo fue oportuna, sino una necesidad perentoria y la única manera de que el Principado vuelva a estar sometido al imperio de la ley.

El golpe al que nos hemos acostumbrado
Guillermo Dupuy Libertad Digital 26 Septiembre 2017

Pues menos mal que a los golpistas que rigen la Administración autonómica catalana les dio por sacarse de la chistera, allá por septiembre del año pasado, la convocatoria de una segunda consulta secesionista para otoño de este año. Si no es por esa alteración del viaje inicialmente diseñado por el Consejo Asesor para la Transición Nacional de Cataluña, buena parte de nuestra somnolienta, cuando no cómplice, clase política y periodística seguiría a estas horas dormida, manteniendo la ficción de que en Cataluña impera ese ordenamiento constitucional que los sediciosos gobernantes catalanes se vienen saltando a la torera y sin tapujos todos los días del año desde la Diada de 2012.

Lo cierto es que la desconexión catalana del ordenamiento jurídico español, la quiebra de nuestra nación entendida como Estado de Derecho o lo que, con retraso pero con acierto, Alfonso Guerra denominó "un golpe de Estado a cámara lenta" no radica en una puntual consulta ilegal como la del 9-N o la del 1-O, por muy graves que sean los delitos que implican su convocatoria y celebración. El golpe de Estado del nacional-catalanismo es un proceso, no un puntual y pasajero delito de desobediencia, de malversación o de prevaricación en forma de consulta soberanista. Dicho proceso sedicioso y golpista asienta de hecho sus bases en una adulteración de instituciones y competencias legalmente encomendadas a la Administración regional, adulteración tolerada desde mucho antes de 2012, como es una educación y una radiotelevisión públicas dedicadas a la propagación de la ignorancia, el desprecio y el odio a España y la erradicación del derecho a estudiar en español. A partir de 2012 lo que se produce por parte de los mandatarios autonómicos es la inauguración pública de un procés que no pararán "ni tribunales ni constituciones", en el que la Administración regional catalana se ha permitido pública y reiteradamente demostrar que no obedece ninguna resolución judicial contraria al proceso que, desde entonces, se está dotando de ilegales estructuras de Estado; estructuras de Estado y resoluciones parlamentarias ilegales que han conllevado, por cierto, mucha mayor desobediencia y malversación de fondos públicos que las que requiere la convocatoria y celebración de consultas ilegales como la del 9-N o la del 1-O.

Este proceso por el que una independencia alcanzada de facto reclama el reconocimiento de una independencia de iure ni empieza ni se acaba el 1 de octubre. La independencia de iure de Cataluña, con absoluta independencia –valga la redundancia– de lo que ocurra el próximo domingo, no la puede instaurar el delincuente de Puigdemont al frente de la Generalidad sino Rajoy al frente del Gobierno del Reino de España. Sólo si el Estado español proclamase la independencia de Cataluña puede entrar en escena la Unión Europea, a modo de primo de Zumosol, contra un secesionismo que ya no sería el de los nacionalistas catalanes, sino, ay, el del Gobierno de España.

Lo que nos jugamos, por tanto, desde hace años no es la creación en Cataluña de un Estado independiente en forma de república; lo que nos jugamos es si los sediciosos detentadores de una Administración regional van a seguir comportándose como si fueran los gobernantes de un Estado soberano e independiente. Dudo mucho de que en las escuelas de una hipotética república catalana independiente se erradicara más el español en la enseñaza y se educara más en el odio a España que lo que se hace desde hace décadas en la Cataluña que desde su nacimiento fue parte de España. Otorgar la independencia de iure a Cataluña no es, ciertamente, la solución, pero vive Dios que tampoco es el problema. El problema es un Estado español diría que fallido o, cuanto menos, con una clase política asombrosamente torpe, cuando no renuente a la hora de proteger las fronteras más preciosas de su nación, que son aquellas que la configuran como Estado de Derecho.

El problema es creer que, desarticulada la ilegal consulta del próximo domingo, se desarticula ese golpe de Estado en forma de procés cuyas nóminas y costes, incluyendo las adulteradas competencias, como la educación o las subvenciones a la radiotelevisión pública catalana, o ilegales estructuras de Estado como las embajadas catalanas, las va a abonar, ya directamente, el ministro Montoro. El problema es una Constitución que no se cumple ni se hace cumplir; el problema es la total oposición de una clase política a toda reforma constitucional encaminada a retirar las muchas y contraproducentes concesiones que en el texto del 78 se hicieron a los nacionalistas con el vano intento de que se sintieran a gusto con un proyecto común y que han servido para dinamitarlo. Ese es el verdadero golpe de Estado y al que, mucho me temo, nos hemos acostumbrado.

El Estado tiene que ganar
Cayetano González Libertad Digital 26 Septiembre 2017

El próximo domingo no cabe otro resultado en Cataluña que el de la victoria del Estado de Derecho, a pesar de que el partido se haya puesto muy cuesta arriba por la desidia del máximo responsable del equipo que representa al Estado, que ha dejado que las cosas hayan llegado demasiado lejos confiando en que su "magistral manejo de los tiempos" y la operación Diálogo de Soraya le resolvieran un problema que hasta un ciego podía ver que no se iba a solucionar así. El Estado no puede perder el domingo, porque si eso sucediera sería el reconocimiento de su incapacidad para impedir que en una parte del territorio nacional un grupo de dirigentes políticos irresponsables hagan de su capa un sayo y se salten a la torera la ley.

De momento, el partido se encuentra en una fase delicada, tensa, bronca. Se han visto escenas que nunca jamás se deberían haber permitido: el acoso a la Guardia Civil cuando esta, cumpliendo un mandamiento judicial, registraba el edificio de la Consejería de Economía; tres vehículos todoterreno de la Benemérita destrozados por energúmenos que se manifestaban en la calle; una secretaria judicial saliendo por la azotea de un edificio; una locutora de la radio pública catalana pidiendo a los transportistas y taxistas que delataran los movimientos de los vehículos de la Guardia Civil...

Se ha visto a la presidenta del Parlamento de Cataluña haciendo de agitadora de masas; al consejero de Interior manifestando públicamente que los Mossos no van a acatar la orden del fiscal de que sea un coronel de la Guardia Civil el responsable máximo de la coordinación de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Se ha visto a un diputado rufián diciéndole en la sede de la soberanía nacional al presidente del Gobierno legítimo de España que saque sus sucias manos de Cataluña, y no ha pasado nada. Se ha visto a estudiantes llevados por sus profesores a manifestaciones independentistas, recordando los peores capítulos de una historia no tan lejana en el tiempo ni en la distancia.

A pesar de todo este ambiente cargado, plomizo, el Estado tiene que ganar esta batalla planteada por el independentismo catalán. Ya no es que se la juegue Rajoy, que también, sino que nos la jugamos todos los ciudadanos. El presidente del Gobierno, por su cobardía, por su inacción, por su falta de convicciones, no merecería el más mínimo apoyo, pero en las gravísimas circunstancias que vivimos no queda otra que desear a Rajoy que las cosas le salgan bien este próximo domingo, porque eso será bueno para todos. Ya llegará el momento de ajustar cuentas, no sólo con Rajoy, también con la vicepresidenta, que no se puede ir una vez más de rositas después del fiasco que ha supuesto la operación Diálogo –masaje de Junqueras incluido–, que puso en marcha tan ufana hace un año.

Ahora lo que toca, que diría el jefe del clan, es ganar el partido del domingo. Otra cosa es lo que sucederá a partir del lunes, porque este golpe de Estado no acaba el día 1. Si se impide el referéndum, el enrabietamiento de los independentistas será colosal; y si lo hay, habrá perdido el Estado. Además, en cualquiera de los dos supuestos, ahí estará ese hombre de Estado que es Pedro Sánchez, tan significativamente agazapado estos días, para saltar al cuello de Rajoy y asestarle una puñalada mortal en forma de moción de censura que ya tiene tácitamente acordada con Podemos, y que previsiblemente contará con el apoyo decisivo del PNV, necesitado este partido de apartarse cuanto antes del PP y de Rajoy. A partir de ahí, Gobierno de izquierdas con Podemos dentro, reforma constitucional al canto y barra libre para todos los nacionalismos que anidan en el territorio patrio. Un panorama, siento decirlo, desolador.

Pancho Sánchez y la prensa internacional
Cristina Losada Libertad Digital 26 Septiembre 2017

Alguna prensa extranjera todavía no ha hecho la Transición.

Estos días, a la vista de ciertos titulares en la prensa extranjera, ha surgido la pregunta de qué ha estado haciendo el Gobierno español por contrarrestrar la propaganda del nacionalismo catalán. Pues con las salvedades de rigor –algunas de ellas muy notables, como esta tribuna en Libération–, una fracción importante del periodismo internacional salía al quiosco con un sesgo favorable al comportamiento del Gobierno autonómico catalán. Y ello tanto a la hora de dar cuenta de los agravios en los que esa conducta tendría fundamento como a la de conceder carta de naturaleza a un derecho a decidir ellos solos sobre la ruptura de España. Por no hablar, que eso va de soi, de la inclinación a presentar como un justificado clamor popular unas protestas callejeras, con su ración de agresividad y vandalismo aparte, ante hechos que el diario italiano La Repubblica tituló como "La guerra catalana" y explicó así: "Madrid detiene a 14 dirigentes del Gobierno de Barcelona".

Luego hablamos de la crisis de la prensa. Pero la pregunta sigue en pie. Y la respuesta a qué ha hecho estos años el Gobierno de España por poner un poco de contexto y de razón frente a la versión interesada de los internacionalizadores de la Generalitat la daba involuntariamente alguien del PP. Lo hacía el máximo responsable del partido en la UE, Esteban González Pons, al decir: "La Generalitat ha hecho un esfuerzo propagandístico y recoge sus resultados". Y antes: "Es verdad que las mentiras de la Generalitat se están colocando muy bien" en los medios.

Traducido: los nacionalistas han hecho un esfuerzo de relaciones públicas con los medios y recogen los resultados; nosotros, que no hemos hecho el esfuerzo, también lo recogemos. El resultado: que se coloquen fácilmente las fabricaciones del nacionalismo en la prensa extranjera. Cosa que, a su vez, sirve a los nacionalistas para infatuarse más todavía, sintiéndose acompañados en su innoble causa por la opinión pública del mundo mundial.

Cierto que hay otro problema, que se añade al problema de relaciones públicas del Gobierno. Cuando se trata de ciertos asuntos españoles, a fin de observarlos y valorarlos, no poca prensa extranjera saca del archivo unos cuantos clichés. Algunos son tan antiguos que su origen puede rastrearse hasta la Leyenda Negra. Otros, más recientes, tienen que ver con la dictadura de Franco, cuya sombra todavía ven planeando sobre la democracia española. Bueno, alguna prensa extranjera todavía no ha hecho la Transición.

Porque saben que ese cliché sigue ahí, listo para su uso en momentos de urgencia, es por lo que los nacionalistas catalanes sublevados contra la legalidad democrática proclaman que su lucha es igual a la lucha contra el franquismo. Ya hay que ser desvergonzado. Además de ridículo. Como dijo el otro día Francisco Igea, diputado de Ciudadanos, según estas y otras luminarias, el franquismo va a ser el único régimen en la Historia que ha durado más muerto que vivo. En cualquier caso, ese recelo hacia la democracia española en parte de la prensa extranjera también condicionó en su día su visión de la ETA. Llevó a que fuera tratada durante años con asombrosa benevolencia en medios que, a la vez, evitaban calificarla de organización terrorista. Cambiar aquella percepción costó tiempo y esfuerzo.

El sesgo favorable a los golpistas en la prensa internacional es lógico que moleste a muchos españoles y a lectores bien informados. Aunque hablar de prensa internacional es un tanto inexacto. Sus cabeceras importantes e influyentes son más nacionales de lo que parece, y de lo que mejor informan y opinan es de los asuntos del país donde tienen su sede principal.

Es famoso que Chesterton dijo que el periodismo consiste en decirle que murió Lord Jones a gente que no sabía que estaba vivo. Pero si Lord Jones no es un lord, sino un personaje de otro país, es probable que el que da la noticia tampoco supiera de su existencia. Podrá documentarse, y lo hará, pero no dispone del fondo de conocimientos con el que cuenta el periodista del lugar. Por eso los corresponsales extranjeros suelen, o solían, leer con mucha atención la prensa del país donde están. Para que, mutatis mutandis, no les pase lo de Pancho Sánchez. Ya saben, la garrafal confusión que se hizo el liante de Julian Assange con nuestro querido personaje de El Quijote.

¡Viva la Guardia Civil! ¡Viva la Policía Nacional!
Isabel San Sebastián ABC 26 Septiembre 2017

Por algo son, junto a las Fuerzas Armadas, las instituciones mejor valoradas por los españoles en las encuestas. Cuando las cosas se complican, el orden constitucional es puesto en jaque precisamente por quien ha jurado defenderlo, la violencia irrumpe en la calle y las personas de bien se sienten amenazadas en su integridad física y su hacienda, los agentes de la Guardia Civil y de la Policía Nacional transmiten tranquilidad, seguridad, sosiego. De ahí que hayan sido recibidos en muchos lugares de Cataluña con aplausos. También han sufrido acoso por parte de "pseudopatriotas" admiradores de Otegui y/o gentes próximas a Pablo Iglesias, que confesó su emoción al ver cómo la turba apaleaba a un policía indefenso. Esos radicales existen, han crecido como las setas al calor del adoctrinamiento unido a la impunidad y representan todo un desafío con vistas al futuro inmediato. Pero son minoría. La mayoría silenciosa de catalanes sensatos que ven pisoteados sus derechos y expectativas por la deriva enloquecida de su gobierno golpista; los que desde hace años no se atreven a ondear una bandera de España por miedo a ser agredidos o señalados como "fachas", llevaban tiempo esperando ver aparecer esos uniformes, símbolo de respeto a legalidad. Porque para esos ciudadanos cumplidores de la ley, trabajadores, madres y padres hartos de ver cómo se intoxica a sus hijos en la escuela con propaganda independentista, Guardia Civil y Policía significan libertad.

Al fin un coronel del benemérito Cuerpo, Diego Pérez de los Cobos, se hará cargo de coordinar las tres fuerzas de seguridad presentes en la comunidad. Una medida que la situación estaba pidiendo a gritos, toda vez que la persecución de delitos relacionados con el golpe sedicioso por parte de la Policía autonómica ha dejado hasta la fecha muchísimo que desear. ¿Cuántas papeletas, actas y demás material ilegal han decomisado, en cumplimiento del mandato de los tribunales? Ninguna. ¿Cuántas detenciones han practicado, en su papel de Policía judicial? Ninguna. ¿Cuánto apoyo han prestado a los guardias civiles y la agente judicial cercados durante horas el pasado miércoles en la Consejería de Hacienda? Ninguno. Los mossos cobran 600 euros mensuales de media más que sus compañeros nacionales, pero se lavan las manos ante la amenaza más grave que ha vivido Cataluña en cuatro décadas. No quieren problemas. Se encuentras atrapados entre su sentido individual del deber y unos mandos políticos designados precisamente con el propósito de facilitar la consumación del golpe, lo que se traduce, a la postre, en una inoperancia total, tremendamente gravosa. Porque el traslado masivo de efectivos de la Guardia Civil y la Policía Nacional a cumplir la misión que competería desempeñar a los mossos nos va a costar a los españoles un ojo de la cara. Y eso que viajan en condiciones que ningún cargo público aceptaría.

El despliegue policial, similar al de los Juegos Olímpicos del 92, evitará que se lleve a cabo la votación del 1-O, prohibida por el Constitucional, y también que la violencia se adueñe de las calles, aunque no resolverá a largo plazo el problema. Esa tarea corresponde a las fuerzas políticas y no llegará a puerto alguno guiada por la equidistancia, los complejos o la cobardía. Los golpistas no pueden obtener ventajas de su desafío, como propone Pedro Sánchez y parece aceptar De Guindos. Tampoco puede salirles gratis. Hay que repensar el modelo de organización territorial y plantearnos seriamente si la educación, la seguridad o los medios de comunicación autonómicos pueden seguir en manos de quien los utiliza sin pudor contra el Estado democrático, cosa que no sucede en ningún otro país de Europa.

La Policía y el hotel Majestic
Pablo Planas Libertad Digital 26 Septiembre 2017

Este Gobierno de ignorantes desprecia al Estado y expone a sus servidores al ridículo de defender la ley sin honra y hacinados en los barcos de la bruja Piruja.

El jefe de los Mossos d'Esquadra, mayor Josep Lluís Trapero, ha mandado a su tercero a la reunión de coordinación policial convocada por el fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, José María Romero de Tejada, y presidida por su delegado para el tema del referéndum, el número tres de Interior y a la vez coronel de la Guardia Civil Diego Pérez de los Cobos.

Así en la vida como en la política, el camino directo es el mejor sendero. Si hace unos tres años, cuando el 9-N de Mas, se hubiese activado la aplicación del artículo 155 de la Constitución, Trapero no habría tenido el más mínimo inconveniente en charlar este lunes con su colega Pérez de los Cobos (al que acusan de ser hermano de un expresidente del Tribunal Constitucional los guardiolistas que tienen una hermana en "l'ambaixada" de "Kopenhagen") sobre el cumplimiento de la ley y la defensa de la democracia. Es más, la insólita reunión de los superiores de las policías en Cataluña con un mozalbete que pasaba por ahí no habría pasado. Ni tampoco se hubiera podido convocar un referéndum ilegal ni estaríamos bordeando el intercambio de bofetadas entre vecinos.

El fuego de cobertura de Trapero es el despropósito del crucero de los dibujos animados, la viva estampa del nuevo 98 con un Gobierno de ignorantes que desprecia al Estado y expone a sus servidores de primera línea al ridículo de defender la ley sin honra y hacinados en los barcos de la bruja Piruja.

Si la última hora no cambia, el presidente de Gobierno de España, Mariano Rajoy, se ha largado a los Estados Unidos a balbucear "pupita" ante el pato Lucas en vez de haber ocupado un despacho en la Delegación del Gobierno en Barcelona para fulminar a Trapero y llamar a capítulo a Puigdemont, el representante ordinario del Estado en Cataluña, no sin antes haber degradado a la capitana de la operación Diálogo.

En un país normal, el que contrató el crucero Moby Dada ya habría sido identificado y los agentes de la Guardia Civil y la Policía Nacional se alojarían en el hotel Majestic del Paseo de Gracia, a un tiro de piedra de la Consejería de Economía de la Rambla de Mogadiscio. En un país normal, el presidente del Gobierno no se escudaría tras un fiscal que ni es Eliot Ness ni da ruedas de prensa con la pistola reglamentaria en el cinto como Trapero. En un país normal, el presidente de la Generalidad hubiera convocado elecciones autonómicas si no fuera porque el presidente de la Generalidad está fuera de control y se comporta como un iluminado.

Los que prepararon toda esta movida de Roures y compañía dejaron fuera de la ecuación la posibilidad de que el exalcalde de Chirona, antes Gerona, tuviera algo que decir respecto a la moció contra Rajoy, fin último del 1-O. Ni siquiera le invitaron a la cumbre celebrada en la casa de Roures en Barcelona, embajada de Qatar en la Ciudad Condal, el sábado de la manifestación contra el terrorismo del 17-A. Sin embargo, Puigdemont tiene a su colega Trapero en un puño desde que la señora Pilar Rahola retratara al amigo Josep Lluís agitando el arroz y tocando el banjo para solaz de Puigdemont en el palacio de verano del mondongo nuclear del catalanismo, mismamente el domicilio en Cadaqués de la editorialista del marqués de Godó.

Dadas las circunstancias, lo más razonable es dejar que el ilustre don Joaquim Gay de Montellà i Ferrer Vidal, presidente de la patronal catalana, se ocupe de negociar con la insurrección la defensa de sus intereses englobados bajo ese hallazgo de la marca España.

Gasta uno de cada dos euros en personal
Puig y Oltra resucitan la TV valenciana con un presupuesto disparatado y contratos bajo sospecha
Agustín de Grado okdiario 26 Septiembre 2017

El PSOE de Ximo Puig se hace nacionalista y reivindica raíces identitarias desde 1238 con Jaime I

El gobierno valenciano de Ximo Puig (PSOE) y Mónica Oltra (Compromís) atraviesa problemas de financiación, pero no está dispuesto a renunciar a una televisión pública. La nueva cadena se levantará sobre los cimientos de la clausurada Canal 9, ha sido bautizada como À Punt y, sin haberse puesto aún en marcha, disfruta ya de mayor presupuesto que nueve de las 13 emisoras autonómicas que hay en España.

La nueva televisión valenciana puede alcanzar un gasto anual de 120 millones de euros, según su ley de creación. Canal 9 arrancó en 1995, bajo el mandato del socialista Joan Lerma, con un gasto cinco veces menor, pese a contar entonces con 700 trabajadores, un 20% más de los que reunirá À Punt.

La oposición del Partido Popular entiende que “puesto que en aquella época había que empezar de cero en cuanto a infraestructura y equipos, el gasto de À Punt sólo se explica por el incremento del gasto de personal”. Desde la dirección de la televisión valenciana se alega que gran parte del material audiovisual está obsoleto e inutilizable tras el tiempo transcurrido desde que cerró Canal 9, hace cuatro años.

Lo cierto es que es el gasto de personal y su contratación es lo que está levantando más polémica. Sin haber entrado aún en funcionamiento, À Punt es, después de la andaluza Canal Sur y la catalana TV3, la televisión autonómica que más porcentaje del presupuesto dedica a pagar los salarios de su plantilla.

En 2017, À Punt gastará 22 de sus 50 millones de presupuesto en gasto de personal. Es decir, casi uno de cada dos euros. El PP compara estos gastos con los de Telemadrid, “que teniendo 350 empleados, destina 13 millones a personal, el 15% de su presupuesto, y no el 50%”. Las cosas no mejorarán en 2018. Según el presupuesto presentado, À Punt prevé 55 millones de gastos y apenas cuatro de ingresos.

Denuncia de concurso amañado
El gasto de personal está, además, envuelto en la polémica de las contrataciones. La designación de Empar Marco, ex corresponsal de TV3, como directora de la Corporación Valenciana de Medios de Comunicación está impugnada por Pere Valenciano, director de El Periódico de Aquí, que consideró el concurso amañado porque la convocatoria no establecía puntuación para los requisitos y méritos, baremo que se estableció 10 días después de finalizar el plazo para presentar los proyectos.

Pero han sido los propios periodistas valencianos los que han tomado la iniciativa para denunciar cómo el consejo rector de la Corporación Valenciana de Medios de comunicación se ha elaborado excluyendo a las dos asociaciones mayoritarias: la Unió de Periodistes Valencians y la Asociación de la Prensa de Alicante.

Especialmente polémicas están siendo las contrataciones de los periodistas de À Punt. Las bolsas temporales para ocupar las jefaturas están copadas por ex trabajadores de la antigua radiotelevisión autonómica. Y algunos de ellos no sólo mantienen ese vínculo con el extinto ente, sino que además guardan una estrecha relación con los partidos políticos que gobiernan en la Generalitat, PSPV y Compromís.

Es el caso de Carlos López Olano, que fue editor de informativos en Canal 9 y es marido de la directora general de Cultura, Carmen Amoraga. También el de Josep Lluis Grau Giménez, asesor de la consejería de Hacienda y periodista por oposición de la antigua televisión valenciana. En situación similar a la de Grau está Alfred Costa Folgado, hoy segundo teniente de alcalde y concejal de Transparencia del PSPV en el Ayuntamiento de Torrent.

¿Sobreviviría sin subvención?
El chiste de La Vanguardia
La Gaceta.  26 Septiembre 2017

Que un catalán no entienda un chiste no es precisamente carne de titular, viniendo a ser el consabido perro que muerde a un hombre, y para los redactores de La Vanguardia aclaro que esto también es un chiste.

La Vanguardia ha aprovechado una frase de un ‘sketch’ del programa de humor de Intereconomía ‘Gracias por nada’ para dedicar a nuestro Grupo dos artículos, una atención que apreciamos en lo que vale. Desgraciadamente, y aprovechando que el Llobregat pasa por Cornellá, al redactor de La Vanguardia ex española se le ha ido la mano en la crítica de estos escasos segundos para atizar a modo a nuestra empresa sin venir a cuento.

Pero si malo es explicar un chiste, cosa peor es tratar de justificarlo, cosa que, naturalmente, no pensamos hacer: vivir en un tiempo en que parece reservarse toda la indignación retórica para las ‘bombas’ enteramente ficticias, verbales y bienhumoradas mientras se extrema la comprensión hacia los autores de las bombas reales -o atropellos masivos como el de las Ramblas- es ya bastante deplorable sin necesidad de que lo fomentemos nosotros.

Sostiene el despectivo y desmadejado artículo que “Intereconomía fue durante su etapa en la TDT el portavoz de la derecha española. Sus radicales opiniones generaron multitud de antipatía por parte de diversos sectores de la sociedad que vieron en éstos el recuerdo y espíritu de épocas pasadas”.

Si algún televidente vio ‘épocas pasadas’ en Interecomía debió de ser sin duda en “el recuerdo”. Para ver “el espíritu de épocas pasadas” en La Vanguardia, en cambio, basta con visitar la hemeroteca, donde el lector quedará abrumado por un fervor por el Movimiento Nacional que no por casualidad le convirtió en el diario más leído de los últimos años del franquismo y el favorito del mismísimo general.

El nostálgico no podrá encontrar en Intereconomía, ay, nada que vaya más allá de 1995, ya madura la democracia. Puede, en cambio, solazarse a placer en los archivos de La Vanguardia con titulares de portada tan significativos como ‘Franco, Caudillo Victorioso’, o ‘Barcelona para la España invicta de Franco’.

Aunque no entendemos demasiado bien qué pueda significar “multitud de antipatía” -la inmersión, que causa estragos-, ni cómo es posible que la antipatía venga en multitudes, sí es cierto que no hemos torcido verdades o escamoteado principios para caer bien, mientras que en el caso del decano de la prensa española propiedad del Conde de Godó -Grande de algún país ahora innombrable- sí es cierto que ha hecho denodados esfuerzos por caer en gracia a quienes podían favorecerles, sin que parezca haberles costado gran cosa pasar de la camisa azul, artificialmente envejecida para la ocasión, a la barretina separatista.

Y es que con todo lo anterior no pretendemos insinuar que La Vanguardia sea franquista. Ni siquiera creemos que lo haya sido, que alguna disculpa tendría el caso. Estamos convencidos, y aportamos como prueba su curiosa evolución, de que La Vanguardia nunca ha creído en otra cosa que en el poder, exactamente al contrario que Intereconomía, empresa a la que le han caído palos de todos los lados por esa nefasta manía de mantener unos principios.

La Vanguardia es el equivalente en papel de estos tipos que siempre caen de pie, de los que pueden preguntar con seriedad en cualquier elección “quiénes hemos ganado”. La Vanguardia ha sido alternativamente y en cada tiempo lo que tenía que ser para seguir a la dulce sombra del poder. Si quieren llamarnos idiotas por jugar a la contra en Intereconomía, lo entenderemos como un elogio. Somos así, no tenemos remedio.

Continúa el desconcertante artículo afirmando que “el grupo mediático ha ido incrementando su deuda con Hacienda. Tanto que, según la última lista de morosos publicada por el organismo que dirige Cristóbal Montoro, Intereconomía TV S.L. e Intereconomía Corporación S.A. debe 13 millones de euros al fisco”.

Y es cierto, aunque esa cifra resulta una nimiedad ridícula en comparación con los impuestos que lleva pagados.

No nos duelen prendas en reconocer que el suyo es un modelo de negocio muy superior; que complacer al poder es más astuto que oponerte a sus desmanes; que buscar el interés del lector y ganarse su atención es más estúpido que conseguir que haya un ejemplar de tu cabecera en cada asiento de los trenes de cercanías, así se usen para suplir otro material en la eventualidad de que los lavabos no vengan adecuadamente equipados.

Es una bendición y una tranquilidad, en plena crisis del papel, dormir a pierna suelta sabiendo que no necesitas lectores porque una Generalitat bondadosa va a comprarte lo que imprimas en suscripciones y a suplir los huecos con subvenciones, a cambio de un detallito tan nimio como prostituir la labor periodística, algo a lo que, al fin, están sobradamente acostumbrados en sus más de 130 años de vida loca, hasta el punto de publicar un editorial compartido por toda la prensa del régimen. Pluralidad informativa, creo que lo llaman.

Ahí están los números: en 2015, la Generalitat entonces presidida por Artur Mas gastó casi 250.000 euros del sufrido contribuyente a adquirir suscripciones de La Vanguardia, lo que queda muy bien, aunque engañoso, en los datos de difusión de la OJD. Y esto por el módico precio de apoyar la campaña en favor de la independencia de Cataluña.

El decano de la prensa vendió en quiosco ese año 35.478, pero su difusión en OJD fue de 129.073. ¿No es maravilloso?

Hagamos un ejercicio de imaginación… Vayamos al 2 de octubre. El espectáculo de Puigdemont & Company ha terminado. Los catalanes – los ciudadanos, nos sus políticos golpistas- no están para bromas y las elecciones autonómicas otorgan la mayoría a eso que hemos dado en llamar bloque constitucionalista. Nuestros gobernantes, sí, vienen con un master en lo que a dilapidar dinero público se refiere, pero quisiéramos creer que, de los muchos euros repartidos en impuestos, ese bloque no destinaría ninguno a alimentar a las bestias mediáticas del juego que ha llevado a España al borde del abismo. Periodismo sin subvención… ¿estarán preparados los Vanguardia, TV3, Rac1 y Avui para hacer los deberes sin la ayuda de papá?

Tener que batirnos el cobre cada día sin red de seguridad y rodeados de miradas hostiles, debemos confesarlo, es cansado; ser libre, lo reconocemos, no es lo más rentable del mundo, sobre todo comparado al destino del perro fiel que se lleva los mejores huesos de mano del amo; contar la verdad tal como la vemos, es cierto, no obtiene igual aplauso que decirle al emperador desnudo qué traje tan elegante lleva. Puede, incluso, generarnos “multitud de antipatía” de quienes tienen en sus manos ponernos las cosas muy difíciles.

Pero uno duerme mejor y puede mirarse al espejo sin avergonzarse. Y que un medio que ha vivido y vive de reírle las gracias al poder del momento nos mire por encima del hombro, la verdad, es un chiste tan obvio que entiende incluso un catalán.

NUEVO ATAQUE A SU CASA
Josep Ramon Bosch: ‘Ser patriota en este país sale carísimo’
Rosalina Moreno gaceta.es 26 Septiembre 2017

El expresidente de ‘Societat Civil Catalana’ relata a La Gaceta el acoso al que lo someten los separatistas. El pasado viernes volvieron a atacar su casa, pero advierte de que en absoluto lo acobardan, que “un catalán de bien no se rinde jamás”.

Un grupo de separatistas ha señalado la casa de Josep Ramon Bosch, expresidente de Societat Civil Catalana, en Santpedor, como domicilio discrepante. Ocurrió en la noche del viernes al sábado, aunque ha trascendido este lunes. Le llenaron la fachada y la puerta de carteles favorables a la consulta ilegal del 1 de octubre, como ha denunciado en Twitter. Sobre este ataque, qué cree que pasará el domingo y la actuación del Gobierno frente a los desafíos del separatismo charla con La Gaceta.

Lo cierto es que los separatistas pinchan en hueso con Bosch. “A mí no me acobardan, en absoluto”, manifiesta a este diario sobre el último incidente. “Un catalán de bien no se rinde jamás”, sentencia.

No es la primera vez que sufre el acoso del separatismo en su domicilio. Desde escraches, a pintadas y quemarle petardos en el buzón, destrozándoselo. De hecho, Josep Ramon Bosch decidió revelarse contra el secesionismo a raíz de un incidente que sufrió en marzo de 2014. “Se plantaron frente a mi casa 40 energúmenos durante tres horas para atemorizarme y que me fuese de mi pueblo por fascista y por españolista”, recuerda.

Confiesa que “fueron las amenazas” las que le empujaron a crear Societat Civil Catalana. “Pensé ‘esta mala gente no me va a echar de mi tierra’. Dije a mi familia que estos hijos de su madre a mí no me atemorizaban y decidí dar públicamente el paso y ponerme al frente de esta plataforma antiindependentista”, desvela.

Ocurrió tras haberse venido significando desde septiembre de 2013 en contra del separatismo. “Soy historiador y un día me llamó un amigo, que también lo es, contándome que en Cataluña iban a hacer un simposio llamado España contra Cataluña y que teníamos que hacer algo para intentar, como mínimo, revertir lo que se iba a decir allí, y así lo hicimos.

Societat Civil Catalana, dirigida en la actualidad por Mariano Gomà, se gestó para advertir de que la mayoría de la sociedad catalana está en contra del desafío separatista; y denunciar, entre otras muchas cosas, adoctrinamiento masivo en los colegios de Cataluña; manipulación por parte de la televisión pública catalana; y que el entonces presidente de la Generalitat, Artur Mas, había creado una fractura social sin precedentes en Cataluña.

Su cruzada no ha sido fácil, porque significarse en contra del ‘proceso’ es sinónimo de “franquista, fascista y quintacolumnista”. Según cuenta Josep Ramon Bosch, “si uno no es de la tribu, le posicionan como una persona deplorable, antidemócrata y que no está con esa mayoría que creen que son, aunque no sea así”. No obstante, en los últimos años numerosos catalanes también han decidido plantarle cara a la secesión.

Han surgido más asociaciones antiindependentistas, algunas de ellas vinculadas a Societat Civil Catalana como, por ejemplo, una agrupación de jóvenes que avisa del fin del silencio y del miedo a las represalias y se sublevan contra el adoctrinamiento y la politización nacionalista.

“No queremos limitarnos a reaccionar contra el independentismo y el nacionalismo, sino explicar que la Cataluña que han fabricado y que pretenden dejarnos no nos gusta y no la queremos”, ha señalado a este diario Isabel Porcel, una joven abogada y periodista, de Jóvenes de Societat Civil Catalana.

El precio de esto es alto. Por defender España en la Cataluña de Carlos Puigdemont, a estos jóvenes les “insultan, escupen y dan codazos” en la Universidad, según relatado Josep Lago, coordinador de Jóvenes de esta entidad, que estudia en la Universitat Autònoma de Barcelona.

Asimismo, “por el bien del Barça y con el objetivo de fomentar respeto a los demás, el esfuerzo, la humildad, el trabajo en equipo” socios de SCC y simpatizantes de la entidad europeísta constituyeron la final de Copa la Penya blaugrana Per a la Concèrdia.

Otras plataformas son Somatemps, Libres e Iguales, D’Espanya i catalans, Resistencia Cívica Catalana o Empresaris de Catalunya, que este año ha sido galardonada con el premio ‘Catalanes por España’ en un acto muy emotivo que cubrió este diario. Todas ellas con el denominador común de ser profundamente catalanes, pero no nacionalistas.

Bosch, que ahora preside la Fundación Joan Boscà, considera que lo que está ocurriendo en Cataluña es “una desafección que, aunque pretenda a veces basarse en graves razones económicas y políticas, no deja de tener una pulsión identitaria y sentimental”. “De ahí que estemos viviendo una explosión nacionalista a partir de relatos imaginarios que no pueden combatirse desde la razón”, apostilla Bosch, quien lamenta que “una serie de falsedades, tergiversaciones, y también un cúmulo de errores políticos en muchas direcciones, nos ha conducido a esta crisis”.

Declara sin ambages que los catalanes se sienten hondamente partícipes de España y lo hacen huyendo del nacionalismo y que la integración de la economía catalana con la del conjunto de España no ha dejado de crecer y “no se entiende la una sin la otra”. “Que Cataluña se aislara de los mercados español y europeo sería una catástrofe”, subraya. Una fatídica consecuencia de la que también advierte Empresaris de Catalunya o Convivencia Civil Catalana, que en los últimos días ha alertado de que el trabajo de casi un millón de catalanes depende del resto de España.

TV3 es un pozo sin fondo, lleno de enormes subvenciones
La Generalitat de Cataluña ha fundido en su radiotelevisión independentista más de mil millones en cinco años
El 'holding' mediático del Gobierno catalán tiene un agujero de 800 millones de euros
Periodista Digital 26 Septiembre 2017

La Generalitat catalana ha fulminado en su radiotelevisión autonómica más de mil millones de euros en tan solo cinco años (TV3 es el escudo y el ariete del Régimen Independentista de Cataluña).

El coste medio anual del 'holding' mediático de la Generalitat ronda los 237 millones de euros.

Es el dinero público con el que el Gobierno catalán alimenta a este ente independentista, que aún así hace corto con esas enormes subvenciones y está anclado en los números rojos (Más bajo que TV3 ya no se puede caer: invitan al batasuno Otegi para que se ría de Albert Rivera).

Convertida en herramienta estratégica para transmitir el discurso identitario en el que se asienta el independentismo, TV3 y su radio hermana consumen dinero público a un ritmo medio de más de 25.000 euros por hora. Y, a pesar de ese caudal de recursos públicos del que se nutre, la radiotelevisión catalana acumula pérdidas año tras año.

En estos momentos, el agujero de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales ronda los 800 millones de euros (El 'whatsapp' que acojona a los separatistas: "¡Puigdemont, detenido y TV3, cerrada!").

La documentación oficial de la Generalitat apuntaba a que, a finales de 2016, esas pérdidas acumuladas habían alcanzado ya los 779 millones de euros, 240 millones más que las pérdidas que arrastraba 10 años antes.

Como explica Roberto Pérez en 'ABC' este 26 de septiembre de 2017, desde hace décadas, los sucesivos gobiernos nacionalistas instalados en la Generalitat han alimentado generosamente su particular 'holding' mediático, al que han considerado como una de las piezas estratégicas al servicio de la causa soberanista.

El ritmo al que se ha dedicado dinero público ha sido -y sigue siendo- enorme. Por ejemplo, en 2012 se reservaron para tal fin 273 millones de euros en el presupuesto de la Generalitat, después de que en 2013 la radiotelevisión autonómica catalana hubiera dejado unas pérdidas de 23 millones de euros.

En 2014 el Gobierno catalán inyectó 237 millones de euros en este ente público, que aún así perdió aquel año 5,94 millones. Al año siguiente, en 2015, más de lo mismo: aterrizaron en la radiotelevisión 240 millones de euros procedentes de la Generalitat, pero el ente hizo corto con todo ese dinero y perdió otros 8 millones de euros.

Durante el presente 2017, en plena escalada secesionista, la Generalitat alimenta su 'holding' mediático con más de 236 millones de euros.

Ayuda económica del Estado y de la UE
La crítica situación de las arcas de la Generalitat no han impedido que la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales siga suficientemente alimentada con dinero público. Unos fondos, por otra parte, que a su vez se sostienen gracias al auxilio financiero que el Estado le presta a la Generalitat desde hace años.

El Gobierno catalán nutre de dinero a su 'holding' mediático por diversas vías. La fundamental consiste en las subvenciones directas, pero también le inyecta fondos mediante contratos de prestación de servicios.

Además, en este ente también recalan fondos llegados desde el Estado y desde la UE. Por ejemplo, este año, en el presupuesto de ingresos de la radiotelevisión catalana aparecen consignados 159.638 euros procedentes del sector público estatal y 252.960 euros aportados por la Unión Europea.

Una plantilla de casi 2.300 empleados
La radiotelevisión pública de la Generalitat suma casi 2.300 trabajadores, muchos más que Antena 3 y Telecinco juntas. La cifra no incluye los puestos cubiertos por personal externo, subcontratado o autónomo.

Por una parte está la entidad de derecho público Corporación Catalana de Medios Audiovisuales -medio centenar de puestos de plantilla- que se encarga de recibir el dinero de la Generalitat y traspasárselo a la sociedad mercantil del mismo nombre, Corporación Catalana de Medios Audiovisuales.

Esta es la sociedad pública en la que se incardinan la televisión y la radio autonómicas catalanas, cuya plantilla orgánica asciende a 2.234 trabajadores.

Agencia de noticias de coste multimillonario
Además de la radiotelevisión pública, el 'holding' mediático de la Generalitat cuenta también con su propia agencia informativa. Se trata de la Agencia Catalana de Noticias, nombre comercial con el que opera Intracatalònia S.A., sociedad perteneciente a la Generalitat.

La Agencia Catalana de Noticias tiene una plantilla que ronda los 60 trabajadores, con unos gastos anuales de personal que superan los dos millones de euros.

Esta entidad también es soportada directamente con cargo al presupuesto del Gobierno catalán, que este año ha reservado 3,3 millones de euros para mantener a flote Intracatalònia: 2,1 millones de euros se los inyecta directamente como subvención; y otros 1,23 millones de euros se los abona mediante contratos de prestación de servicios entre Intracatalònia y el entramado de entes del sector público de la Generalitat.

Pese a estas multimillonarias inyecciones de dinero público, la agencia de noticias de Intracatalònia también está instalada en el déficit recurrente: arrastra unas pérdidas acumuladas que se aproximan ya a los 8 millones de euros.

Muy mala pinta
Cayetano González diariosigloxxi 26 Septiembre 2017

MADRID, 25 (OTR/PRESS) Cuando sólo faltan cinco días para el 1-O, fecha del referéndum ilegal convocado por la Generalitat de Cataluña, las cosas no pintan nada bien para nadie: ni para los independentistas y promotores del citado referéndum, ni para el Estado, obligado a impedir su celebración si quiere preservar el cumplimiento de la ley, ni, sobre todo, para la propia sociedad catalana, profundamente dividida y fracturada por culpa de unos dirigentes políticos irresponsables que la han colocado al borde del precipicio. De aquí al domingo es muy difícil, por no decir imposible, que se encuentre algún tipo de solución a la situación creada.

Los independentistas han ido tan lejos en sus pretensiones, que han obligado al Estado -Gobierno, jueces, fiscales- a tener que dar una respuesta al desafío secesionista que a ojos de una parte de la opinión pública ha podido parecer desproporcionada y excesiva. Sin embargo, en estos días pasados se han visto escenas y hechos de una enorme gravedad: la Guardia Civil refugiada dentro de un edificio oficial de la Generalitat porque unos manifestantes la acosaban en la calle y destrozaban tres vehículos de la Benemérita; una secretaria judicial teniendo que salir por la azotea de un edificio; la Presidenta del Parlamento de Cataluña arengando a las masas en plena calle; el Consejero de Interior diciendo públicamente que no acatarán la orden de la Fiscalía de que sea un mando de la Guardia Civil quien coordine a todos los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad, incluidos los Mossos d'Esquadra.

Llegados a este nivel de tensión, de enfrentamiento, de desafío, el Estado no tiene más remedio que emplearse a fondo, con todos los medios a su alcance, para que el próximo domingo no se lleve a cabo el referéndum ilegal. Este partido que se juega el día 1 lo tiene que ganar el Estado, por su propia supervivencia y para dejar claro que nadie, absolutamente nadie, puede situarse o estar por encima de la ley. El problema es que esto no termina este domingo. Si se impide el referéndum, los independentistas aprovecharán el enrabietamiento que eso produzca para seguir con su pulso al Estado. Y si lo hay, mucho peor, porque supondrá la derrota del Estado de Derecho al no haber sido capaz de impedir que se imponga la ilegalidad en una parte del territorio nacional. Por no hablar de los partidos, PSOE y Podemos fundamentalmente, que están esperando al día 2 para plantear un jaque mate a Rajoy en forma de moción de censura que sólo necesitaría -aparte de los independentistas catalanes- del apoyo más que probable del PNV para salir adelante. Y con un gobierno de esas características, las concesiones políticas a Cataluña y a otras Comunidades Autónomas donde los nacionalistas tienen peso, están más que aseguradas.

Cuidado con los que buscan pescar en aguas revueltas
Al socaire de la revolución independentista catalana, la izquierda extrema busca su propio golpe de Estado
Miguel Massanet diariosigloxxi 26 Septiembre 2017

No será porque no se viera venir ni porque no existieran indicios lo suficientemente indicativos de que, el señor Pablo Iglesias de Podemos y toda su camarilla de comunistas bolivarianos, estaban preparando su propia ofensiva con la que cuentan para poder añadir al señor Sánchez del PSOE, como refuerzo necesario para llevar a cabo su propia revolución, en este caso, para intentar de nuevo ponerle un cordón sanitario al partido del Gobierno, como ya lo hicieron sus colegas del tiempo del señor Rodríguez Zapatero, con el famoso pacto del Tinell. De tan astuto que pretende ser, de tan ilustrado que intenta aparentar y de lo espabilado como quiere describirse, el señor líder de Podemos no puede ser un sujeto más transparente, al que se le ven o se le adivinan los pensamientos como si, su cerebro, fuera transparente como un cristal.

No todo le sale bien y, en ocasiones se pasa de listo, como cuando confió a Ada Colau la labor de su partido en Barcelona y luego le ha resultado que la alcaldesa le ha resultado respondona y ahora, lo que tiene en mente, es constituir una formación independiente, B en Comú, al frente de la cual piensa librar su propia batalla para alcanzar la Generalitat de Cataluña. Lo cierto es que, en la reunión que mantuvieron en Zaragoza bajo la égida de Podemos, se encontraron grupos dispares en mezcolanza entre izquierdistas, separatistas (PNV, ERC y PDEcat) y comunistas, para hacer lo que mejor les cuadra a quienes les gusta poco atenerse a las leyes, prefieren trabajar en las alcantarillas de la política y compincharse en contra del Gobierno de la nación, especialmente, si resulta ser que el gobierno contra el cual se confabulan, es uno que pertenece a los partidos conservadores, como es el caso del PP del señor Rajoy.

La finalidad de este encuentro al estilo masónico, ha consistido en pretender arrastrar el PSOE del señor P. Sánchez a un acuerdo para echar del gobierno al señor Rajoy, con la pretensión de formar una entente para apoderarse del gobierno de la nación, en algo muy parecido a lo que fue el Frente Popular que, también con torticerías y “pucherazos” consiguió ganar las elecciones de febrero de 1936 a los de las derechas de aquel entonces. Lo curioso fue, y alguien debería tomar nota de ello, que tan sólo a los pocos meses, ante una situación incontrolable, una ola de crímenes y la quema de iglesias y edificios públicos; en julio del mismo año, los militares se levantaron en armas para evitar que la nación quedara en manos de una serie de criminales, ladrones, antipatriotas y delincuentes, que se habían hecho con el dominio de las calles de las principales capitales del Estado.

Como ya advertimos en otro comentario publicado hace meses, un nuevo cepo se cierne en contra del único partido de signo conservador que existe en España que, en esta ocasión, apenas se encuentra en condiciones de responder a este dogal político, aunque siga contando con el apoyo de Ciudadanos, un apoyo limitado al tema catalán; si se tiene en cuenta que el señor Rivera tampoco es partidario de la permanencia de Rajoy al frente del ejecutivo. Sentimos tener que incidir en algo que, de tan claro y previsible que era, parecía imposible que el gobierno del PP no fuera capaz de preverlo cuando se decidió a aceptar formar gobierno, en una situación que no dejaba lugar a duda alguna que, a la larga, le iba a resultar difícil de sostener.

El único recurso que le queda a la España moderada, a los ciudadanos que siguen pensando que nuestra nación es indivisible, que la Constitución que tenemos es la única viable y que, si no hay posibilidad de volver atrás en el tema de las autonomías, algo que difícilmente se lograría, lo mejor es dejarla tal y como está ya que, cualquier intento de abrir la caja de Pandora de la Carta Magna , vistos los partidos que la quieren cambiar, lo único que se conseguiría es que, las reformas introducidas, fueran favorables a un tipo de organización territorial en la que, las partes, llegaran a tener más poder que el todo; una situación que no sería otra cosa que el preámbulo de la desintegración de la nación española.

Los que siempre buscan componendas, diálogo, cesiones, parches para reparar entuertos, conciertos parciales o reparto de poderes para satisfacer a diversas partes interesadas; intentan amedrentar a los que son partidarios de medidas rigurosas y aplicación a rajatabla de las leyes, argumentando que ello puede agravar la situación y que, con semejantes recursos, son más las personas que se alejan de la legalidad que aquellas que se acercan a ella. No compartimos semejantes consideraciones porque, la realidad es que: cuanto más se va cediendo, cuanto más se les da, cuanto más se sacian sus ansias de poder y cuanto más se dan cuenta de que chantajeando al Estado van consiguiendo más concesiones de él, más es la presión que ejercen, mayores sus aspiraciones y más exigentes son sus imposiciones. Basta que se recuerde el caso del nazismo y la forma cicatera y entreguista de los países europeos ante las crecientes exigencias del Reich de Adolf Hitler, de modo que, mientras Alemania invadía los Sudetes, Polonia, los Países Bajos poniendo en práctica su famosa Blitzkieg ( guerra relámpago); los diplomáticos de los aliados, encabezados por Lord Chamberlain, seguían discutiendo la actitud que debía mantener aquella parte de Europa frente a las, cada vez, más exigentes peticiones de Hitler ( acuerdos de Munich).

Es evidente que la situación catalana nunca debió permitirse por el Estado español que llegara al punto de degradación en el que nos encontramos, pero, llegado a él y sin tiempo para más movimientos tácticos, lo cierto es que ya no queda otro remedio que la aplicación estricta de las leyes constitucionales, utilizando para ello los medios que, en la propia Carta Magna, se establecen y la utilización de la Justicia para obligar a aquellos descarriados, que han osado enfrentarse al resto de España, a que vuelvan al redil y se vuelvan a situar dentro de la legalidad española. Si es conveniente que se intervenga la autonomía catalana, no se pierda más tiempo en hacerlo y si fuere necesario que los que se han levantado en contra de la unidad de España, sean juzgado y se les apliquen las sentencias correspondientes a los delitos que han cometido, que caiga sobre ellos el peso de la Ley y que se les reclame, como ya ha hecho el Tribunal de Cuentas con el señor Mas y todos los que colaboraron con él, en la votación del 9N, el dinero de los impuestos de los ciudadanos que fue invertido ilegalmente en aquella aventura de quienes no se quisieron plegar, cuando se les avisó, a cumplir con la normativa constitucional.

España necesita recobrar la autoestima, volver a fomentar la idea de la necesidad de que sigamos siendo un pueblo unido; cortar por lo sano con aquello o aquellos que intentan acabar con nuestro sistema democrático y librarnos de todos aquellos que mediante engaño, con falsas promesas, pintando una situación imaginaria de lo que es nuestro país y negando la realidad en unos momentos en los que, sin las interferencias de quienes no desean que salgamos de la crisis, para tener la ocasión de explotar las situaciones de pobreza que existen en todas las naciones, para crear una imagen distorsionada de la verdadera realidad de nuestra nación que, por supuesto nada tiene que ver con lo que el señor Pablo Iglesias y el señor P.Sánchez se empeñan en querer demostrar, como es fácil comprobar por cualquier ciudadano que salga a pasear por las calles de nuestras ciudades, donde no es posible encontrar las muestras de opresión, miseria o dictadura que la fértil imaginación, de estos terroristas de la política, pretende que nos creamos, para arrimar el ascua a la sardina de sus intentos de revolucionar al pueblo español, con el objetivo de conseguir hacerse con el poder y transformar a nuestra nación en una sucursal de comunismo bolivaristas de su gran vudú, el señor Maduro de Venezuela.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, empezamos a tomar conciencia de qué cuestiones serias están empezando a condicionar la política de nuestra nación, con el grave peligro de que se produzca una situación parecida a la que ya se produjo en otra ocasión en la que, salvando las distancias y teniendo en cuenta los cambios producidos en la sociedad por el transcurso de los años, se produjeron hechos muy parecidos a los que estamos contemplando en la actualidad que, a su vez, desencadenaron movimientos sociales capaces de engendrar odios y rencores que, finalmente, acabaron por desencadenar una guerra que duró tres años y fue el preámbulo de una serie de años de graves dificultades de toda índole para el pueblo español. No volvamos a caer en los mismos errores.


 


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