AGLI Recortes de Prensa   Domingo 1 Octubre 2017

La situación
Pío Moa gaceta.es 1 Octubre 2017

¿Puede el gobierno admitir la secesión de Cataluña? La secesión abierta, no, porque supone el comienzo de una carrera hacia la disgregación de España, y porque traería una seria crisis a la UE.

.¿Va el gobierno a aplicar la ley? No, porque nunca la ha aplicado y porque se ha creado ya un ambiente separatista y antiespañol tan fuerte que la mera aplicación de la ley podría generar una mayor inestabilidad

.¿Cómo se ha creado ese ambiente? Ha sido una labor paciente y de muchos años, amparada y financiada por los gobiernos, tanto del PSOE como del PP, obligando a todos los españoles a contribuir a ella con sus impuestos. Una política delictiva, antidemocrática y antiespañola en todos sus extremos. Uno de los datos que permiten afirmar que el sistema salido de la transición está agotado, es una democracia fallida que exige una nueva transición. Que no puede darse con estos partidos.

.¿Cuál es la postura del gobierno? Los gobiernos han permitido la infracción continua de la ley y la han conculcado sistemáticamente ellos mismos. Su postura ha sido sistemáticamente contra la unidad de España, que ya han dejado en residual, manteniendo solo un leve barniz formal de unidad sin apenas contenido, refrendado por una reforma constitucional. Los gobiernos de PSOE y PP han sido los mayores cómplices de los separatismos. El PP actual, que podría renombrarse como PP-ZP, es especialmente dañino, porque bloquea, con el cuento del “voto útil”, cualquier alternativa.

.¿Cómo ha sido posible esa política de los gobiernos? En gran medida, pero no solo, es un problema de cultura. Sus políticos, como la mayoría de los periodistas y los otros dos partidos mayores, mantienen un ignorante desprecio por España, su cultura y su historia, y tampoco conocen las claves ideológicas y evolución histórica de los separatismos ni muestran interés por conocerlos. Por tanto no pueden resolver el problema, que afrontan con parches y contradicciones. Son partidos corruptos de muy bajo nivel intelectual, moral y político. No entienden que España es la base y raíz de la democracia, no la democracia la base de España, y menos aún con una Constitución tan defectuosa. Y no entienden que sin un patriotismo firme la democracia no funciona, porque los intereses de partido se vuelven absolutos y tienden a disgregar la sociedad.

.¿Hasta dónde puede llegarse en esa vía? La situación actual se define por la presión de los cuatro partidos más grandes en pro de la disgregación de España, en las palabras o en los hechos, manteniendo algún leve lazo formal que permita una ilusión de igualdad, y modificando la Constitución ex profeso. De momento es esto lo que prevalece.

.¿Puede revertirse esa vía? Hay dos hechos que dan esperanza: los separatistas parecen cada vez más radicalizados, lo que va a dificultar que se pongan de acuerdo con el gobierno para disolver de hecho la nación española, dejando una apariencia ilusoria de igualdad. Además, entre los propios separatistas hay diferencias políticas muy serias. Pero esto es secundario. Lo principal es que se aprecia un renacimiento del patriotismo español, un renacimiento muy tardío, pero, en fin, parece que ahí está. Esto es esencial, porque puede dar un vuelco a la situación y disgregar a los partidos disgregadores. Sin embargo, aunque esta es la condición de lo demás, no llevará muy lejos si no se construye una alternativa política con un programa y un liderazgo claros. Y eso aún no se aprecia. Las ideas que surgen contra la actual basura que anega al país, son en gran medida anacrónicas o disparatadas. Pero, en fin, del descontento y la efervescencia actuales puede salir algo bueno, espero que sí. Por mi parte no soy optimista ni pesimista. Trato de ver lo que pasa y entenderlo, y hacer por mi parte lo que pueda.

Lesa patria.
Editorial La voz 1 Octubre 2017

El falso referendo que intentan perpetrar hoy los zafios dirigentes independentistas constituye la afrenta más grave que se pueda hacer a la democracia y a la convivencia en España. Pese a su obstinación, no será más que un intento rastrero de sembrar la división y el enfrentamiento entre españoles. Y entre los propios catalanes, incendiados por quienes pretenden imponer unilateralmente una quimera que no se sostiene ni en la realidad de Cataluña, ni en la de España, ni en la de Europa.

El mundo civilizado solo puede rechazar esta burla. Y el Gobierno y la Justicia, conminar a la obediencia. Deben exigir todas las responsabilidades políticas y penales a cuantos colaboren en destruir los principios democráticos que nos hacen iguales y solidarios. La historia no cambiará por este inicuo desafío. Pero quienes atentan contra toda la sociedad deben pagarlo. No pueden sacar el mínimo beneficio de este desnortado juego sucio. Desde luego, Galicia no lo consentirá.

“España despierta en Barcelona”
OKDIARIO 1 Octubre 2017

CiudadanOK estuvo presente durante la manifestación contra el referéndum ilegal que el Gobierno catalán quiere realizar este domingo 1 de octubre para documentar lo que allí ocurrió. Fue una celebración de la unidad y la pertenencia de Cataluña a España, en defensa de la libertad asegurada por la legalidad.

Allí, entre banderas de España, de Cataluña y de la Unión Europea, destaca Cake Minuesta como “se está cantando el ‘yo soy español’ aquí, en Barcelona, y el día antes del referéndum ilegal”.

“Salimos en defensa del Estado de Derecho, que es el que nos garantiza las libertades a todos” le cuentan a CiudadanOK desde la primera fila de la manifestación. Allí tienen claro que “España es un país abierto e inclusivo, mientras que el proyecto nacionalista catalán es el de una sociedad étnica, excluyente y supremacista racista, esto lo tiene que saber España y el mundo”.

La ciudadanía no alineada con el separatismo disfrutó de una jornada en la que por fin pudo expresar su sentimiento líbremente: “Ya era hora, la gente aquí tiene mucho miedo, por el entorno, por el vecindario, por las administraciones públicas…”.

Octubre
ARCADI ESPADA El Mundo 1 Octubre 2017

Mi liberada:
Algunos catalanes de mi tiempo consideramos que el nacionalismo es una idea maligna, que debe ser combatida. Nunca tuvimos el apoyo real de ningún gobierno de España. Solo un presidente, Felipe González, supo ver (Toledo, 1984) hasta qué punto una versión específica de ese nacionalismo era el auténtico peligro de la democracia española. Pero su agudeza no merece premio, porque vino seguida de la pasividad. Y la principal de las pasividades, que fue su desinterés en lograr que el socialismo catalán dejara, primero, de estar sometido al nacionalismo y de colaborar, luego, decisiva y dramáticamente con él. Algunos catalanes consideramos que desde hace cinco años el nacionalismo ha humillado a los ciudadanos españoles y que esa humillación alcanzó su cenit cuando el gobierno del presidente Mas organizó un referéndum ilegal en el que votaron más de dos millones de personas, sin que el Estado lo impidiera y sin que posteriormente fuera capaz de castigar más que de una manera versallesca a sus promotores.

Se dice que para hoy, en Cataluña, hay organizado otro referéndum. Pero la patraña convocada no alcanzará el nivel de participación ni de fluidez organizativa ni de eficacia estadística ni de fiesta cívica (así llaman a sus conjuras xenófobas) que tuvo el del 9 de noviembre. El anterior presidente Mas no era partidario de este referéndum. Lo consideraba una redundancia. El sucesor, Carles Puigdemont, y su principal aliado, Oriol Junqueras, también saben que el intento de referéndum de hoy no podrá compararse al del 9-N. Y saben que en muchos lugares de Cataluña se organizará una ceremonia sucia, bronca y rota. Pero no les importa. El nuevo referéndum solo es la herramienta que han elegido para intentar la toma del poder. Podrían haber optado, con la suma de los resultados del 9 de noviembre y de la mayoría parlamentaria, por una proclamación de la independencia. Pero necesitaban un escenario de apoyo y movilización popular, sostenido en el tiempo, donde los ciudadanos acérrimos se sintieran protagonistas. Y así la urna ha acabado convertida en el fetiche de la revolución. Las urnas -tomarlas- son el palacio de invierno de nuestro octubre. De modo que lo que cuenta hoy no es la aritmética. El nacionalismo insurgente ya ha descontado que detrás de él está la mayoría necesaria de la población. Y no se siente obligado a comprobarlo. Pero cree que para sus propósitos es extraordinariamente útil la escena -plástica, viva- de un referéndum frustrado. No importa tanto poder votar como que el tumulto alcance una dimensión política que pueda justificar los movimientos revolucionarios futuros.

El Gobierno democrático se enfrenta a un reto doble. El primero son los números. El Gobierno debe conseguir, en efecto, que el referéndum no alcance más cota que la de la movilización simbólica. Si a última hora de la noche el presidente Puigdemont compareciese para decir que, a pesar de los intentos del gobierno español, los catalanes habían votado en una proporción parecida a la del 9 de noviembre, y que la independencia será en pocos días un hecho, al presidente Rajoy no le quedaría otra posibilidad que la dimisión. Y no es preciso subrayar, en ese caso, en qué delicada situación quedaría un Estado incapaz de aplicar su ley. Pero el Gobierno tiene también otro reto: cómo gestionar su autoridad. Habrá que ver lo que sucede a lo largo del día. Pero lo que ha sucedido hasta ahora no es esperanzador para los demócratas. Basten algunos ejemplos. El ínclito Mayor -¡un policía!- decidiendo hasta qué punto va a aplicar la ley. Los secesionistas celebrando sin mayor traba ni apercibimiento mítines en favor de la insurrección: entre el acto inaugural de Tarragona, donde al menos se extendió el ademán del castigo, hasta el acto final de la noche del viernes en Barcelona, hay un corto pero intenso camino de maligna exposición a la ilegalidad. Y el peor ejemplo, metaforizado en las palabras del número 2 de Interior sobre la posibilidad de que los catalanes celebren hoy un picnic masivo: el Gobierno no ha advertido con claridad a los ciudadanos de que su participación en las concentraciones ilegales conlleva riesgos. Este es el asunto esencial. Lo que hoy va a suceder en las calles de Cataluña nada tiene que ver con los happenings de cada 11 de septiembre o asimilados. Para empezar, porque a las concentraciones ni siquiera las ampara la preceptiva autorización legal. Es puramente inconcebible que el Gobierno no lo haya recordado con gravedad y haya preferido hablar con los responsables de medios de comunicación para que favorezcan las imágenes de gente al sol en las últimas playas del otoño.

Pero mañana va a llover.
El nacionalismo catalán lleva cuarenta años subiendo escalones hacia la independencia. El de hoy, sin embargo, es un escalón ilegal y el Gobierno tenía la obligación de recordarlo. El Gobierno se ha dejado comer la moral democrática. He llegado a escuchar en sus aledaños «la necesidad de evitar Tiananmén». ¡Tiananmén!: la foto de una siniestra dictadura comparada con la de un gobierno que se limitara a responder a la violencia previa de los que quieren destruir la democracia. La violencia de la libertad equiparada a la violencia de la opresión. Si hoy habrá niños en las calles catalanas no solo será por la fanática falta de escrúpulos de sus padres nacionalistas sino porque hay un gobierno que les ha dicho que siempre que no voten pueden hacer picnic en la Diagonal. Y no: en las calles catalanas de hoy solo hay asaltantes y asaltados. No es lugar para niños.

El Gobierno del Estado nunca ha sabido hablar a los nacionalistas. Durante décadas su única respuesta a la deslealtad y a los favores parlamentarios, intensamente pagados en la suites del Hotel Palace, ha sido la adulación. Un trato pueril, indignante para cualquier ciudadano adulto, incluso nacionalista. En los últimos años la adulación se ha acentuado. El nacionalismo asegura que la actitud del Gobierno ha fabricado independentistas en cada esquina. Es verdad. Pero exactamente por lo contrario de lo que propagan. En estos años de deslealtad desencadenada ha sido la apelación al diálogo, también imputable al Gobierno y a la tantas veces patética vicepresidenta Sáenz de Santamaría, la que ha fabricado aceleradamente independentistas. ¿Cómo no serlo si cada provocación, cada desprecio, cada deslealtad, solo concitan inverosímiles halagos dialogantes? El arraigo independentista lo explica la más elemental teoría de los incentivos.

La torpeza en el discurso ha llegado hasta hoy. Incapaz de decirle a los ciudadanos el riesgo real que corren, el Gobierno no ha trabajado por la desmovilización. Hasta tal punto ha asimilado el lenguaje del nacionalismo y de su mullido colchón de opinantes que parece convencido de que hoy legará al mundo democrático el simétrico sintagma correspondiente: la represión de las sonrisas. Y así, de sonrisa en sonrisa, llegaremos hasta la inexorable mueca final, quién sabe si esta misma y definitiva noche triste de octubre, con el Gobierno reunido en consejo de ministros, mientras por toda Cataluña llueve, con humo y nubes bajas.

Sigue ciega tu camino. A.

Máxima preocupación por Cataluña
‘Si nadie hace nada, la secesión es cosa de una década’
Rafael Núñez Huesca gaceta.es 1 Octubre 2017

España, desaparecida como concepto desde hace años, ha quedado a la intemperie y vulnerable frente a los separatismos. Es hoy un cuerpo biológico que padece una grave infección y carece de sistema inmunitario. Un alto cargo del PPC confiesa: ‘o se actúa ya o Cataluña será independiente en diez años’

Llegué hace una semana a Cataluña preocupado y el próximo día tres volveré a Madrid aún más preocupado. El ambiente con el que me he encontrado aquí es desolador. El separatismo ha ganado todas las batallas. La política, la emocional, la propagandística, la simbólica, la mediática, la institucional, la cultural, la educativa, la sociológica. Ya sólo la ley actúa como muro de contención. La presa se agrieta cada vez más y tiene multitud de vías de agua. No aguantará mucho más.

Los testimonios de catalanes que se reconocen españoles que La Gaceta ha podido recoger estos días mueven a la pesadumbre. Podrían resumirse en una sola frase: “Nos han dejado solos”. Denuncian el abandono del Estado frente a un régimen que, por fases y con el consentimiento de Madrid, ha construido una nación donde nunca la hubo.

Hoy la mitad de los catalanes creen sinceramente ser víctimas de un régimen despótico y opresivo. De una semi-democracia de pulsión autoritaria y cuya vocación uniformizadora ha puesto a Cataluña al borde de la extinción. Una paranoia inducida desde el formidable aparato político-administrativo que el régimen autonómico puso en manos del nacionalismo.

Una parte importante, quizá mayoritaria, de los independentistas son irrecuperables. Yo lo he visto. He hablado con ellos. Cualquier razonamiento es en vano. España es para ellos, literalmente, “opresión, ahogo”. Lo dice con gesto de faltarle el aire. Puede verse aquí. Y alude a conceptos como dignidad y decencia para sostener su voluntad de ruptura. Mas que irse, escapan. De nada servirá con ellos la pedagogía. Es inútil tratar de persuadir con argumentos racionales a alguien que ha llegado a una idea vía emociones.
Es una cuestión emocional, no material

Cataluña es próspera, tiene sus propias instituciones, habla su lengua de manera libérrima hasta el punto de haber desplazado por completo al castellano del plano público, tiene sus propios medios de comunicación, sanidad, policía, colegios y hasta embajadas. Y a pesar de todo ello ha triunfado el relato de la opresión y el sometimiento a un poder intransigente con sede en Madrid. ?Las heridas que exhiben son psicológicas, no reales. Las manifestaciones multitudinarias de los últimos años no clamaban por pan y trabajo, se equivoca quien siga creyendo que todo se reduce a una cuestión material o crematística, es una cuestión puramente metafísica. De “voluntad de ser”, en frase muy del gusto del independentismo.
“La secesión es cosa de una década”

“Si no se recupera la Educación estamos perdidos. Hace mucho tiempo que los colegios catalanes son academias militares”. Son palabras de un alto cargo del PP catalán “muy preocupado” por la situación. Por la actual y, sobre todo, por la venidera: “De seguir está dinámica, si no se toman cartas en el asunto, la secesión es cosa de una década”. El de este cargo popular es el análisis absolutamente dominante entre los catalanes no-separatistas. El status quo beneficia al rupturismo en tanto la producción de “seres humanos fallidos”, en palabras de Fernando Aramburu, continuará a pleno rendimiento. El tiempo juega a su favor. Cataluña se divide entre independentistas y los que aún no lo son.

Después de cuatro décadas de abandono de la idea de España, de persistir en el relato que vincula a España con la terna reacción y de políticas culturales y educativas que han ignorado el todo para centrarse en las partes, la nación ha quedado a la intemperie y vulnerable frente a los separatismos.
Muchos de los catalanes contrarios a la secesión no lo son por sentirse vinculados a la misma comunidad política y cultural que castellanos, asturianos o extremeños, lo son por cuestiones coyunturales y de tipo enconómico. Tanto que el principal argumento disuasorio es “salir de la Unión Europea”. España es hoy un cuerpo biológico que padece una grave infección y carece de sistema inmunitario.

“Vamos perdiendo”
El relato nacional español es débil y desmayado, y frente a él se alza un relato de identidad poderoso, altivo y “ultramoderno”, en feliz descripción de Juan Arza. Yo mismo he podido comprobar el desamparo, el caos y la desmoralización de los manifestantes barceloneses por la unidad nacional frente a la exhibición de medios, la impecable organización y la narrativa poética que ha impregnado cada movilización separatista. También en lo estético. Fotocopias frente una explosión cromática de vallas, banderas y carteles. Decenas frente a miles. Pesadumbre frente a ilusión. “Vamos perdiendo”, me repetían en la Plaza de San Jaime. “Vamos perdiendo y cada vez queda menos tiempo para remontar”. Otros ya aceptan la derrota y hacen cábalas para que las condiciones del referéndum definitivo que habrá de venir sean lo más beneficiosas posible.
El Estado ha perdido todas las batallas excepto la legal, pero no se puede fiar la cohesión de un país al código penal.

COPIA A LA SEXTA
El País tilda de ‘ultras’ a los manifestantes por la unidad de España
La Gaceta  1 Octubre 2017

Miles de personas acuden a las concentraciones para exigir el respeto a la ley.

El País ha tildado de “ultras” a los manifestantes este sábado por la unidad de España ante el Ayuntamiento de Madrid, convocados por la asociación DENAES, para la Defensa de la Nación Española.

Miles de madrileños se han concentrado ataviados solo con la bandera de España, símbolo de todos, en el centro de la capital -y en otras muchas provincias del país- para exigir una reacción contundente ante el golpe de estado separatista en Cataluña. “España unida jamás será vencida”, “Puigdemont a prisión” y “No somos ultras, somos españoles” han sido algunos de los múltiples cánticos -muchos también en apoyo a la Guardia Civil y a la Policial Nacional-.

Miembros de Denaes han asegurado que en Madrid esperaban la asistencia de unos 10.000 manifestantes. Han destacado además que ha sido una concentración promovida en todos los ayuntamientos españoles, que carece de tintes políticos y que pretende reivindicar la igualdad y el respeto a la ley. Al final de la convocatoria se dará paso a la lectura de preceptos de la constitución “con los que están de acuerdo todas las sensibilidades políticas”.

Como ya hiciera La Sexta la pasada semana ante la concentración en Zaragoza por la unidad del país y contra la asamblea extraordinaria de Unidos Podemos para defender un referéndum pactado en Cataluña, El País en Cataluña ha llamado “ultras” a los manifestantes.

Las reacciones en las redes no se han hecho esperar. Algunos internautas han pedido al diario de PRISA “rigor”. “La defensa del orden constitucional no es de ultras”.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Un gobierno de gallinas presidido por un avestruz
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 1 Octubre 2017

Mariano Rajoy Brey se añadirá hoy a la lista de los mayores felones, traidores, cobardes y desertores de nuestra historia. Ha sido tan larga y tan gloriosa la vida de España que por fuerza la lista es grande, pero ninguno como Rajoy combina de forma tan extrema la cobardía en la ejecución, la felonía en la traición y la estupidez en la previsión. El Rey Felón, Fernando VII, traicionó su juramento a la Constitución de 1812 y maniobró con astucia hasta recobrar el poder absoluto tras el Trienio Liberal, que se abre con el golpe de Riego y se cierra con su pública ejecución tras la invasión de España por las tropas francesas de Los Cien Mil Hijos de San Luis. Eran las mismas que sólo una década antes, con Napoleón al frente, fueron derrotadas en la Guerra de la Independencia, tan gloriosa como devastadora. Ahora eran acogidas con indiferencia y hasta con alivio. La nación había sido derrotada por la acción concertada de unos liberales exaltados absolutamente necios y un déspota astutamente traidor a todo lo que no fueran sus regias prerrogativas. Una década de terror y una guerra civil tan atroz pero mucho menos noble que la de 1808 fueron su legado.

Fernando VII sí sabía lo que quería
Sin embargo, El Felón sabía lo que quería. Mintió, halagó, se acuclilló, se escaqueó y, cuando pudo, se irguió como una cobra y clavó sus colmillos en el cuello del estúpido liberalismo radical, muerto para una década. Pero Fernando VII sabía lo que quería y los que lo respaldaban, también. ¿Alguien sabe lo que quiere Rajoy repitiendo su cobarde actuación del 9N, hace dos años? Entonces también dijo que no habría referéndum, y, aunque ilegal y chapucero, lo hubo. Y entonces dijo que no había pasado nada porque no tenía valor legal. No se sabe entonces por qué dijo, si no tenía valor, que iba a impedirlo. En realidad, Rajoy es un mentiroso al que le mintieron los troleros de los que se rodea: los moragas, arriolas y demás. Esa doctrina mamarracha de que lo que no es legal no existe –si roban una joyería, no habría que preocuparse: robar joyerías es ilegal- ha sentado jurisprudencia en el PP. El Portavoz del Gobierno hace chistes con el precio de las entradas de Roures y las urnas chinas, pero no puede ocultar el drama: un Gobierno de gallinas, presidido por un avestruz, ha llevado a Barcelona a quince mil policías para, al final, rendirse sin luchar.

Lo de las gallinas, símbolo secular de la cobardía, no merece mayor explicación. Lo del avestruz, sí. Esta gigantesca ave, de muy mal carácter, cuando intuye el peligro entierra en el suelo la cabeza y fía a sus enormes posaderas la defensa de su integridad física. De la realidad o no del peligro le informará su cloaca, que trae al mundo esos huevos de a kilo capaces de abastecer de tortillas a la innumerable tribu de los Pujol.

Como el avestruz moncloveo sobrevivió al butifarréndum de 2015 sin hacer nada aunque tras prometer hacerlo todo, habrá pensado que de su reedición aumentada también escaparía sin esfuerzo, que para asustar a los Nois del FLA bastaba la Armada Piolín y que el pánico golpista cantaría su victoria. Lástima para Don Mariano que los félidos del desierto y hasta los múridos del subsuelo conozcan bien su cobardía y se le rían en el pico. Trapero, Trampero o Trapacero, ese poli de guardería que asegura la explotación política de los niños catalanes por sus desaprensivos padres, se ha burlado del cordobés Nieto, representante de Zoido ante el Pescaílla del Prusés. Pero es Rajoy el que ha humillado a la nación y vendido al Estado.

El Gobierno gana, el Estado pierde
Porque pase lo que pase hoy, los amigos de Rajoy que se fingen Gobierno de España, sólo habrán ganado un día pero habrán roto el reloj. Han corrido a cantar victoria por la actuación responsable y heroica de un par de juezas y alguna fiscal de verdad, pero a continuación han corrido a ofrecer toda clase de obsequios a los que tratan de romper a España, por el mérito de no haberlo conseguido del todo, al menos por esta vez. Así que la victoria consiste en vencer hoy para ofrecer mañana la revancha a los que dicen que han derrotado. Así querría perder cualquiera. Y así, antes de Rajoy, no hubiera querido triunfar nadie. Si el Gobierno ha ganado un día, el Estado lo ha perdido casi todo: la vergüenza, la victoria y el calendario.

Sucede que el horizonte personal y político de Rajoy está pendiente de la moción de censura que, mezclando la crisis catalana y la corrupción, pueden presentarle en cualquier momento socialistas y podemitas según el pacto de Can Roures. Y la única posibilidad de evitarlo es que la hueste sorayesca, con Cebrián por detrás y Pedro Sánchez por delante, negocie esa reforma federal de la Constitución que nadie sabe en qué consiste pero que, de ser real, supondría la liquidación de la soberanía nacional del pueblo español y el pacto de algún tipo de referéndum que, con condiciones que sean asumibles por los separatistas, permitiera la segregación de Cataluña y de otras comunidades autónomas. De momento, serían siete: Cataluña, Navarra, País Vasco, Canarias, Baleares, Comunidad Valenciana y Galicia.

Rajoy no cree en España, ni en el PP ni en nadie que no sea Rajoy. Lo normal es que se fuera y dejara los trastos de rendirse a Soraya, pero no hay que descartar la hipótesis de un cambio de Gobierno para afrontar esta crisis que no es la de Cataluña, sino la de la integridad nacional y la legalidad constitucional. Y total, pensará él, ¿quién mejor que yo para controlar al PP? Y no le faltará razón. Si se queda Soraya al frente, se la merienda Cospedal en dos bocados. El pequeño, un pionono, se lo dejaría a Zoido.

La reacción espontánea y el papelón de los partidos
El envilecimiento de las Cortes no es sólo estético, gracias a la permisividad de Ana Pastor con los rufianes y la horda podemita, sino ético, tras la deserción de todos los partidos dizque constitucionales y nacionales de las manifestaciones espontáneas de ayer en toda España. Que quince o veinte mil personas, da igual, marcharan bajo la lluvia por la Vía Layetana con banderas españolas, sin el respaldo de PP, Cs y PSC, ni siquiera de Sociedad Civil Catalana, prueba la crisis de representatividad que hasta ahora ha alcanzado a toda Europa y que si Abascal no hubiera jugado a lepenito protagonizaría una sorpresa en las próximas elecciones.

Ya ha sucedido con UPyD, Podemos y Ciudadanos. Puede suceder con cualquier otro nombre y cualesquiera otras siglas, siempre que sea bajo la misma bandera. Podemos reunió a cincuenta mangutas y cien periodistas en Madrid. Juan Español o Joan Espanyol, quince mil en Barcelona, a pesar de los cien mil periodistas del Prusés. Hemos llegado a la incierta jornada de hoy por culpa del Gobierno y de la Oposición, que es como decir del sistema político. ¿Y alguien cree que con España en peligro no peligrará el tinglado de estos representantes que tanto odian a sus representados?

Hoy muere simbólicamente el régimen constitucional de 1978, falto de gobernantes capaces de defenderlo. Podrá durar años o venirse abajo pronto, pero nada será igual después de la humillación de España a manos de sus gobernantes con el aplauso de la Oposición. Nada será igual mañana. Lo trágico es que una ocasión que la torpeza de los golpistas nos brindaba para empezar la Reconquista de la legalidad constitucional se haya convertido en un homenaje a Don Julián y al obispo don Oppas. Sí, también en 711 hubo un obispo traidor a España. Ahora es la propia Roma la que abre la puerta a los enemigos de la nación. Irán de cabeza al Infierno.

PD. In memoriam.
Esta semana ha muerto mi vecina Florentina Miguel, una persona extraordinaria, dueña de ese español magnífico que aún se oye en los Montes Universales y que, como toda la gente valiosa del pueblo llano, estaba muy preocupada por España. La última vez que nos vimos, me dijo, a propósito de Cataluña: "¿Pero es que no se dan cuenta en Madrid de que están matando a la Nación?" Esa pregunta, para la que no tuve ni tengo respuesta, resume una vida cumplida, la suya, que he de recordar siempre.

LA LEGALIDAD CONSTITUCIONAL HA SIDO PRESERVADA POR LA IMPECABLE INTERVENCIÓN DE POLICÍA NACIONAL, ANTE LA PASIVIDAD DE LOS MOSSOS
SINDICATOS POLICIALES REPRESENTATIVOS EN UNIDAD DE ACCIÓN
http://www.cepolicia.org  1 Octubre 2017

La legalidad constitucional se ha preservado en Cataluña gracias a la impecable intervención de Policía Nacional. Ese, y no otro, es el balance que las organizaciones sindicales representativas de este Cuerpo queremos realizar, tras las primeras horas en las que hemos intervenido, en auxilio de la autoridad judicial, para incautarnos de los elementos empleados en un amago de referéndum que, además de ilegal, ha sido utilizado por el nacionalismo catalán para tensar a la sociedad y engañarla.

El trabajo de las Unidades de Intervención Policial (UIP), Unidades de Prevención y Reacción (UPR), Brigadas de Información y Policía Judicial y Servicio de Medios Aéreos, entre otros, se ha desarrollado con estricto apego a las disposiciones del TSJ de Cataluña, como criterio superior, y a los principios básicos de actuación, especialmente al de proporcionalidad.

Para todos estos compañeros, y especialmente para los 9 que han resultado heridos a la hora de redactarse esta Circular, nuestro apoyo, respaldo, reconocimiento y cerrada defensa. España está orgullosa de vuestra tarea, en defensa de los principios básicos de convivencia, de la Constitución y de la legalidad. Hoy, más que nunca, los policías nacionales y los guardias civiles -para quienes, como compañeros, queremos tener un gesto de reconocimiento por su trabajo en estas horas- han vuelto a ser el escudo y baluarte frente a quienes desean destrozar el marco legal con la única excusa de que no se ajusta a sus planes secesionistas.

A los que no respetan la Ley porque no les gusta, a quienes creen que hay atajos para sortear la legalidad, a quienes quieren imponer un proyecto político al margen de las normas pactadas entre todos, a los ideólogos de salón de esta estrategia alocada, les queremos transmitir nuestra convicción inquebrantable de que no van a conseguir lo que pretenden. La fuerza del Derecho se impondrá a la sinrazón. La tensión social a la que están sometiendo a los catalanes exige dimisiones y responsabilidades penales.

En cuanto a los mossos, lo ocurrido hoy ha sido escandaloso. No sólo han evitado cumplir lo ordenado por el TSJ de Cataluña sino que han actuado con vergonzosa ligereza, cuando no obstruccionismo, e incluso manipulando datos sobre centros de votación. La decepción y la indignación son los sentimientos generalizados entre los policías nacionales. El dispositivo diseñado por la Jefatura de ese Cuerpo ha sido insuficiente, deliberadamente endeble, bochornosamente equidistante. Las órdenes emitidas han sido impropias de un Cuerpo de seguridad.

La política ha calado en la estructura de mando de los Mossos hasta contaminar su actuación en un día como hoy. Frente a lo que ellos creen, no se han conducido como policías sino como una extensión vergonzosa de los partidos nacionalistas.

Por todo ello, las organizaciones sindicales firmantes de esta Circular anunciamos que nos sumamos a las actuaciones que la Fiscalía Superior de Cataluña vaya a emprender contra los Mossos y su máximo responsable, José Luis Trapero, y, en consecuencia, vamos a ejercer acciones legales para exigir la asunción de responsabilidades penales de este alto mando, de su equipo directivo y de cuantos mossos han aparecido hoy en imágenes dificultando el trabajo de Policía Nacional y Guardia Civil o actuando con clarísima falta de apego a las órdenes judiciales.

La impunidad no puede abrirse paso en un Cuerpo, como el de los Mossos, que contaba con todo nuestro respeto. Un gran número de policías autonómicos son profesionales y honrados. Pero la actuación de hoy abre un intenso debate sobre su papel en el modelo de seguridad pública de nuestro país, su carácter de Policía integral, la fiabilidad de sus actuaciones y, lo que es peor, el nivel de compromiso de su estructura de mando con el sectarismo político de los independentistas. Aquí no hay medias tintas: o se está del lado de la Ley o se está en el delito.

Como ya anunciamos esta semana en la rueda de prensa ofrecida en Barcelona, los sindicatos representativos de Policía Nacional hemos mantenido operativas nuestras estructuras de atención a afiliados y ponemos a disposición de ellos todas nuestras capacidades jurídicas.

De cara al futuro, en cualquier caso, hacemos un llamamiento para que los políticos catalanes respeten la legalidad. A las asociaciones y colectivos que con tanta frecuencia animan a determinada parte de la ciudadanía a obstaculizar u oponerse al trabajo policial, les queremos lanzar un claro mensaje: lanzar a los demás a la comisión de delitos también es un delito y eso no puede ampararse en la impunidad.
Madrid, 1 de octubre de 2017

El olor del miedo
Alejo Vidal-Quadras vozpopuli.es 1 Octubre 2017

Del aquelarre separatista en Cataluña, el empecinamiento de los sublevados y su total desprecio por la verdad, la lógica y la ley, hace tiempo que han dejado de sorprendernos. Cada nuevo desafío al Estado de Derecho, cada bravuconada inédita, cada insólito abuso, cada exceso desatado, nos confirma que se mueven entre el fanatismo, la irrealidad y la demencia. Por tanto, consiguen ir aumentando nuestra indignación, pero no nuestro estupor, que han agotado por completo. Lo que sí resulta incomprensible, desconcertante e inaudito es lo que hace o no hace el Gobierno de la Nación, supuesto titular del monopolio legítimo de la violencia y guardián, en principio, de la legalidad constitucional y de nuestros derechos y libertades, que los secesionistas pisotean a placer.

De forma sorpresiva, el jefe de los golpistas, Carles Puigdemont, ha convocado la Junta de Seguridad de Cataluña, órgano de coordinación de las fuerzas policiales presentes en esa Comunidad, que no se reunía desde hacía ocho años por la alergia que tienen los nacionalistas a cualquier forma de manifestación de la presencia de España en su futura república étnico-quebrada. Se trata de un encuentro que preside el máximo representante del Estado en el territorio, o sea el Presidente de la Generalitat. La convocatoria se ha realizado sin orden del día, sin respetar los plazos de aviso y con la obvia intención de dificultar la labor de los encargados de impedir el referéndum ilegal del primero de Octubre.

Pues bien, pese a todas esas circunstancias que aconsejarían que cualquier Gobierno central que se respete algo a sí mismo no acuda a tal encerrona, el Secretario de Estado de Seguridad, el Delegado del Gobierno en Cataluña y el coronel de la Guardia Civil a cargo de la dirección del operativo del domingo fatídico, corren lanarmente a sentarse con los cabecillas de la subversión en una apariencia de normalidad que sólo beneficia a los golpistas y que a ellos les debilita en momentos en los que han de demostrar la máxima firmeza. ¿Quién decide estos estrepitosos errores tácticos y cómo es posible que exista en un poder ejecutivo de un país europeo un nivel de incompetencia tan escandaloso? ¿En qué manos estamos cuando necesitamos un liderazgo inteligente, valiente e implacable?

Yo recibí anteayer una invitación de una cadena pública catalana para un debate cara a cara en Barcelona la víspera de la anunciada consulta inconstitucional con una de las dirigentes más conspicuas de la extrema izquierda independentista. Obviamente, no he dudado un instante y he rechazado la propuesta. Sería una solemne estupidez por mi parte colaborar con el circo que han montado gentes que quieren destruir Cataluña y con ella al resto de España, colocándome al mismo nivel de una enemiga declarada de la civilización occidental, del imperio de la ley, de la institución familiar y de la propiedad privada para proporcionar un simulacro de controversia democrática a lo que no es otra cosa que un putsch totalitario. ¿Por qué un análisis tan evidente de una situación tan clara está al alcance de cualquier ciudadano normal, como es mi caso, y en cambio los responsables de manejar esta crisis en los más altos estratos del Estado son incapaces de advertirlo?

El ministro de Economía, con el golpe ya a marcha acelerada, ha tenido la feliz idea de decir que, una vez superado el trauma que se avecina, habrá que hablar de financiación para dar satisfacción a las reivindicaciones de estos delincuentes. ¿Se puede ofrecer mayor muestra de torpeza, encogimiento y colaboración implícita con los que están empeñados en liquidar la unidad nacional? En lugar de exigir la renuncia inmediata a sus propósitos siniestros y pronosticarle duras sanciones, De Guindos se dedica a prometer más dinero a la Administración más desleal, despilfarradora y corrupta de España. La política es un oficio que se aprende, como el de fontanero, piloto de aviones u odontólogo, y conviene ejercerlo cuando ya se ha aprendido.

En el vergonzoso cónclave de la Junta de Seguridad, la representación del Estado recibió la noticia de boca de sus interlocutores sediciosos de que los Mossos d´Esquadra interpretarían la orden recibida del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña de precintar los colegios y requisar el material electoral y que la obedecerían siempre y cuando según su buen juicio no provocase desórdenes excesivos. En otras palabras, que no pensaban cumplirla. Y el Secretario de Estado, el Delegado del Gobierno y el coronel de la Guardia Civil, lejos de correr al juzgado para pedir la detención de semejantes bribones, siguieron hablando y haciendo el paripé para regocijo y ludibrio de los rebeldes.

Hace unas semanas, al empezar las detenciones de altos cargos de la Generalitat involucrados en el golpe y las severas instrucciones de la Fiscalía a la policía autonómica y local, se vislumbró la esperanza de que por fin el Estado se desperezaba y se disponía a estar a la altura de su deber y así lo celebramos. Vano espejismo. La auténtica naturaleza del Gobierno, amasada de pusilanimidad y carencia de convicciones, no ha tardado en aflorar.

Suele decirse que las fieras huelen el miedo de sus presas y que estos efluvios cargados de terror excitan su ansia depredadora. No cabe duda de que el Gobierno despide tales aromas de acoquinamiento que hasta un cuerpo uniformado sujeto a disciplina les toma por el pito del sereno. Cuando se sale al campo sin moral de victoria y sin el convencimiento férreo de la propia razón, la derrota tardará más o menos, pero está cantada.

La hora del Estado de derecho y de defender la Constitución
EDITORIAL El Mundo 1 Octubre 2017

El referéndum ilegal convocado para hoy por la Generalitat supone la materialización del desafío con el que el independentismo pretende liquidar la soberanía nacional. La consulta no tiene validez, al estar suspendida por el Tribunal Constitucional, y no ofrece las mínimas garantías: no hay junta electoral, ni censo, ni tampoco un sistema fiable de recuento. Sin embargo, se trata del mayor reto al que se ha enfrentado la democracia desde el 23-F. El golpe orquestado por Carles Puigdemont y sus socios quebranta el marco constitucional y vulnera los cimientos de la democracia representantiva, en la medida en que viola de forma flagrante el orden legal. Ante tamaña felonía, hoy más que nunca cabe reiterar la defensa de la Constitución y de la unidad nacional. Votar sólo es un acto democrático si está amparado en las normas. Por esta razón, el 1-O constituye un inaceptable intento de despojar el derecho de todos los españoles a conservar los que nos pertenece por ley.

La deslealtad de la Generalitat ha llevado el choque con el Estado a una situación límite de consecuencias imprevisibles. El Gobierno empeñó su palabra en que no habría votación. Ciertamente, se le puede acusar de reaccionar tarde, pero no de quedarse inmóvil. Las órdenes de la Fiscalía y las actuaciones del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña han desarticulado la logística del referéndum mediante la incautación de material y la desactivación del voto electrónico. También se ha logrado rebajar durante los últimos días la tensión social, que se disparó a raíz de las detenciones de 14 altos cargos del Govern. Y ello a pesar de la narcótica adhesión social que genera la causa victimista del nacionalpopulismo catalán e incluso de la atroz manipulación de los menores para blindar los colegios electorales.

ANC y Òmnium considerarían un éxito que acuda a votar un millón de personas. Esta cifra sería muy inferior a los 2,3 millones de catalanes que participaron el 9-N. Pero el solo hecho de que un número considerable de ciudadanos llegue a depositar su papeleta -dando por descontando un triunfo del sí habida cuenta de la movilización del soberanismo- podría llevar al president a proclamar la secesión en los próximos días. Sería un acto gravísimo que obligaría al Gobierno a aplicar el artículo 155.

Si los Mossos, cuyos mandos siguen irresponsablemente flirteando con la ambigüedad, cumplen con su deber, hoy no se abrirán las urnas en Cataluña. A partir de ahí, es previsible que el independentismo canalice su frustración en movilizaciones que, en caso de derivar en violencia, exigirían el recurso a la fuerza.

La obligación de mañana es empezar a recomponer los puentes para reactivar un diálogo que sólo es admisible desde la preservación del marco constitucional. La de hoy es impedir, en aras de la libertad y la igualdad de todos los españoles, que el empeño sedicioso del nacionalismo cumpla su viejo anhelo de trocear la Nación.

Nada termina el 1 de octubre; más bien empieza todo
Jesús Cacho. vozpopuli 1 Octubre 2017

Sensación de alivio a última hora de la tarde de ayer. El referéndum independentista previsto para hoy en Cataluña parecía estar pinchando. La intervención de la Guardia Civil, a las órdenes del TSJC, bloqueando las aplicaciones informáticas necesarias para el voto telemático significó un duro golpe a la infraestructura de la convocatoria ilegal. Alcanzar el millón de participantes sería un “éxito desbordante” dados los esfuerzos del Gobierno por evitar su celebración, aseguró el tal Jordi Sànchez, capo de la ANC. En Barcelona, una manifestación en verdad espontanea desfiló bajo la lluvia por Vía Layetana a favor de la unidad y en contra del delirio separatista. Casi 15.000 personas, una muchedumbre dadas las circunstancias. Era la cara esperanzada del sábado, tras el viernes de dolores con el que nos obsequió el “gracioso” Méndez de Vigo, portavoz del Gobierno, en rueda de prensa. Tras un exhaustivo repaso al museo de los horrores perpetrados por el separatismo, que no había pecado que los golpistas no hubiesen cometido, ley no infringida, ni desplante no protagonizado, el menos avisado de los españoles que a esa hora se encontraba frente al televisor se preguntaba en voz baja: y bien, ¿entonces qué? ¿Qué van a hacer ustedes? ¿Cómo van a impedir ese atropello? ¿Van a aplicar por fin el artículo 155?

Pues no. No vamos a hacer nada, vino a ser la respuesta muda del señorito, encastillado en un “no habrá referéndum el domingo” como una especie de mantra capaz de tapar las vergüenzas de un Gobierno débil, a quien el envite catalán le ha venido grande desde el principio. “No va a haber referéndum el domingo porque, además, es ilegal”. Y otra de gambas. Apenas una hora antes, la oronda figura de Junqueras había aparecido en televisión desvelando el secreto mejor guardado por el Govern, el modelo de urna a utilizar el domingo, una especie de jaula made in China de las que se utilizan para transportar animales en avión, opaca para más señas (¡la transparencia!), aunque también podría ser de utilidad como cubo de la basura o contenedor para la ropa sucia. Pero allí estaba el bidón de plástico, con la enseña cuatribarrada impresa, listo para ser utilizado el domingo y contradecir en directo la letanía del “no habrá ningún referéndum” a la que se aferra a un Gobierno que ha optado por el “verlas venir, dejarlas pasar, y si te mean encima decir que llueve”.

Y naturalmente que, salvo sorpresa mayúscula de última hora, habrá referéndum. Ilegal, pero referéndum. Una repetición del 9-N, en mayor o menor medida, pero con más agravio, con mayor escarnio, el que nace de la burla a un Gobierno incapaz de parar el golpe a pesar de haberse comprometido a ello en mil ocasiones, y del desafío a la Constitución y al Estado de Derecho. Si en el 23-F la sociedad española supo resistir el golpe de Milans y Tejero que trataba de subvertir la neonata democracia, 36 años después, aletargada y falta de impulso, incluso de espíritu de supervivencia, ha preferido mirar para otro lado ante la evidencia de este nuevo golpe protagonizado por los delfines de Jordi Pujol, el cleptómano padre de la patria catalana, que puede significar el final efectivo del régimen del 78 y ya veremos si el principio de la fragmentación de España. Sí este Gobierno taimado hubiera aplicado el 155 a su debido tiempo, como ha recordado Felipe González, no hubiéramos llegado al umbral de esta puerta que hoy se abre hacia lo desconocido.

No cabe ponerse de perfil
Cuenta Mariano que le sorprende la actitud de esa gente que pide audiencia y viene a decirle, a exigirle, a implorar incluso que lo pare, que “pare lo de Cataluña”, “bueno, ya, pero eso implica asumir riesgos, aplicar la ley con todas sus consecuencias, porque para hacer tortilla hay que romper huevos”, y entonces me responden, “ah no, eso no, párelo, pero dialogando”, “¿y cómo dialogando?, les replico, porque el único diálogo que entienden estos señores es el darles la razón, y son empresarios los que mayormente vienen con esa monserga…”. La sociedad española se acaba de despertar a la pesadilla de este desafío que para la paz, la convivencia y la democracia supone el envite planteado por el nacionalismo catalán, y aún no sabe cómo reaccionar. Se trata de un pulso ante el que, en palabras de Alfonso Guerra, “no caben posiciones tibias ni es aceptable la posición de perfil”, porque sólo existe una posición ética posible: la de “oponerse con todos los instrumentos que proporciona la democracia y la Constitución”.

Al final será imprescindible cumplir y hacer cumplir la Ley, ello tras un viacrucis en el que el Estado de Derecho se dejará muchas plumas en la gatera de la cobardía patológica del Gobierno que nos gobierna. Habrá referéndum, y el Ejecutivo no tendrá más bemoles que aplicar de una vez por todas, siempre tarde, mal y nunca, el famoso 155, no sin antes haber perdido por goleada la batalla de la imagen en el exterior, a menos, claro está, que la cosa sea peor, que este Gobierno renuncie a defender la nación, cosa que nunca le perdonaría esa sociedad española que, al margen de los partidos, ha empezado a movilizarse por su cuenta en la mayoría de las ciudades del país, harta de la petulancia de un independentismo que pretende hacer saltar España por los aires, exigiendo al resto de españoles que asistan al espectáculo como meros espectadores. Todo dependerá del comportamiento de los Mossos, de que los Mossos puedan –está por ver que quieran- clausurar los colegios electorales, elemento capital en el éxito o el fracaso de la jornada. Si la tropa indepe ocupa los centros como ha prometido, será muy difícil que los chicos del comandante Trapero la desalojen a primera hora de hoy. Y bien, ¿para qué ha llevado el ministro del Interior a miles de policías y guardias civiles a Cataluña?

Han fallado las defensas normales de la sociedad
Un envite que coge a esta sociedad muy aletargada, aborregada incluso, como indefensa, entregada al becerro de oro del consumo, sin élites ni liderazgos capaces de indicar el camino. “Fallaron todos los recursos normales del poder, todas las defensas normales de la sociedad”, escribió Cambó tras el golpe de Primo de Rivera en septiembre de 1923. “La dictadura española nació en Barcelona, la creó el ambiente de Barcelona, donde la demagogia sindicalista tenía una intensidad y una cronicidad intolerables”. Sociedad anestesiada y país gobernado por un Ejecutivo en minoría parlamentaria que no se atreve a cumplir con su obligación con la contundencia debida víctima de sus propias miserias (el descrédito de los recortes por la crisis, la sospecha de financiación ilegal, y la marea de la corrupción), a lo que hay que añadir un PSOE tan roto como desnortado, y una izquierda dispuesta a hacerle el trabajo sucio al independentismo, entregada, en gravosa pinza, a la batalla paralela de la revolución leninista. Con Ciudadanos como único garante fiable de lo que habría que hacer.

Es evidente que España se enfrenta a una crisis de idéntica envergadura a la del 98 del siglo XIX, o a la que supuso el estallido de la Guerra Civil. Y es también obvio que el Gobierno tendrá que dejar sus miedos y cumplir con su deber parando el golpe, encarcelando a sus responsables y recuperando para el Estado cuestiones capitales como la Educación, materia que en las últimas décadas ha sido utilizada de forma criminal para sembrar el odio entre españoles. Habrá que implorar a los Dioses para que hoy no ocurra ninguna desgracia en la calle. Luego vendrá lo más difícil: la restauración de las heridas tras la batalla. Mañana no termina nada: muy al contrario, empieza todo. Nuevo escenario a partir del lunes 2 de octubre. No habrá declaración unilateral de independencia. Las razones las expondrá aquí mañana Miguel Alba, director de Vozpópuli. Años de dura pelea por delante, que solo podrá ganarse con determinación y talento, dos cosas de las que no anda muy sobrado el Gobierno Rajoy. ¿Entonces, quién? Los españoles tendrán que tomar muy pronto decisiones trascendentales. Difícil imaginar mucho tiempo la insoportable mediocridad del momento

¿Ambigüedad ilegal?
OKDIARIO 1 Octubre 2017

Josep Lluís Trapero sigue jugando a la ambigüedad sobre la actuación de los Mossos d’Esquadra en el referéndum ilegal de este domingo. El jefe de la policía autonómica catalana ha ordenado requisar las urnas y cerrar los colegios pero, al mismo tiempo, ha dicho que no hay que hacerlo mediante el uso de la fuerza. Trapero trata de demonizar la acción de los agentes con sus palabras. Una estrategia connivente con la propaganda independentista y tramposa de cara a los ciudadanos. Sobre todo si tenemos en cuenta que tanto la CUP como sus cachorros borrokas de Arran han anunciado disturbios para tratar de imponer su voluntad golpista a la gran mayoría de los demócratas que pueblan Cataluña.

Aunque lo deseable sería que ningún policía tuviera que emplear la fuerza, lo cierto es que ante según qué escenarios resulta comprensible. Incluso recomendable siempre que ésta se aplique con proporcionalidad y con arreglo al sistema democrático y al Estado de Derecho que protege a todos los ciudadanos. Trapero bordea el cinismo con sus palabras. Él sabe perfectamente que los independentistas radicales intentarán okupar los colegios aunque sea mediante acciones violentas. Sólo la contundencia policial —medida y congruente— puede disuadir a los golpistas en su ánimo de subvertir las leyes que articulan nuestra Constitución. El mayor de los Mossos debería tener cuidado si toda esta puesta en escena es sólo un ardid para dejar vía libre a los organizadores del referéndum ilegal de este domingo.

La Fiscalía ha dejado muy claro que imputará e inhabilitará a cualquier cargo público que caiga en la ilegalidad. Por lo tanto, Trapero tiene una lupa escudriñando cada uno de sus movimientos. Más si cabe cuando ni siquiera acudió a la reunión con el coronel de la Guardia Civil Diego Pérez de los Cobos para coordinar las acciones de los distintos cuerpos policiales de cara al 1-O. Lo deseable es que el uso de la fuerza brille por su ausencia. Sin embargo, y en el caso de tener que usarla, siempre que sea de manera ponderada y para garantizar la seguridad ciudadana y el cumplimiento de la ley, estará más que justificada. Otra cosa es que Trapero pretenda hacer trampas al solitario. En ese caso, las instituciones del Estado tendrán que estar muy atentas ante cualquier ilegalidad.

El día de la vergüenza nacional (5) Final 1ª fase.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 1 Octubre 2017

LOS MOSSOS SE ENFRENTAN A LA GUARDIA CIVIL CUANDO INTENTA CERRAR LOS COLEGIOS. SEGÚN SORAYA SÁENZ NO HA HABIDO REFERÉNDUM. PABLO IGLESIAS DESBARRA EN LAS REDES SOCIALES.

La actitud cómplice con los golpistas de los Mossos ha colmado la paciencia de las FFyCCSE que han procedido a denunciar ante los juzgados a agentes por su comportamiento, no ya pasivo, sino claramente beligerante. Sin embargo, los Mossos siguen excusando esa complicidad asegurando que cumplen con las órdenes de la jueza encargada, pero manteniendo la convivencia ciudadana, aplicando los principios de proporcionalidad y oportunidad. Y eso es tal que hasta el momento solo se han limitado a levantar actas de que había gente y que les impedía el acceso, marchándose con la misma tranquilidad y parsimonia que habían llegado. Y lo único incuestionable es que han desobedecido las órdenes de desalojar los colegios ocupados y cerrarlos antes de las seis de esta mañana y que su negativa a cumplir con su deber ha sido la que ha motivado que su labor haya tenido que ser asumida por la Policía Nacional y especialmente por la Guardia Civil.

Por su parte, el Gobierno de España, por boca de la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, sigue con su mantra de negarse a llamar referéndum a lo que hoy se está realizando en Cataluña. Se acoge a la legalidad y la falta de cualquier baremo de medida de lo que debe ser un referéndum democrático con garantías. Califica de farsa y “bochorno electoral” a ese tinglado montado y culpa a Carles Puigdemont y a su Gobierno como únicos responsables de la llamada a los ciudadanos y el uso incluso de niños como escudos humanos, poniendo en riesgo su seguridad y las de las FFyCCSE encargadas de evitar la votación e incautar el material electoral usado. Pero estas palabras, denotan falta de firmeza al obviar en sus críticas la actitud inadmisible de los Mossos convertidos en fuerza policial al servicio de los golpistas. Porque lo que hay en Cataluña hoy es un acto más del golpe de Estado a la democracia en España por parte de unos dirigentes de la autonomía que no dudan en mentir a los ciudadanos y embarcarles en unas acciones de rebelión y desobediencia ciudadana.

Y ya por último solo faltaba el apátrida proindependentista de Pablo Iglesias que en su cuenta de tweeter se ha atrevido a vomitar lo siguiente: “Catalanas, catalanes, no os ataca España. Os ataca un gobierno de corruptos y antipatriotas.” Y “No queremos que Catalunya se vaya de España empujada por el PP, pero somos demócratas y el pueblo catalán debe decidir.” Este sujeto se posiciona en la ilegalidad al no considerar que la Constitución solo reconoce la Soberanía al conjunto del pueblo español y que para modificar eso, lo primero es acordarlo en el Parlamento con una mayoría cualificada del 75% que no dispone, ni creo que jamás dispondrá y tras superar ese escollo, disolver las Cámaras y hacer un referéndum con la propuesta a los españoles. Los catalanes por sí solos no tienen ningún derecho a decidir por el conjunto del pueblo español. Este impresentable sujeto no asalta capillas como su discípula Rita Maestre, pero sí que es un asaltador de derechos fundamentales y violador de caminos democráticos, prefiriendo los tumultos, los escraches y las decisiones asamblearias. Y este personajillo de tres al cuarto trasnochado, decimonónico y pasado de vueltas, es el que se propone de socio preferente al PSOE ofreciéndole el apoyo de los golpistas para echar al PP y a CIUDADANOS y asaltar el poder. Y lo malo es que Pedro Sánchez anda ya como loco para deshacerse del apretón de manos a Rajoy y su apoyo forzado.

Aún quedan unas horas para que se acabe la primera fase de la farsa. Pero esta noche comenzará la segunda fase cuando el Gobierno golpista de Carles Puigdemont se presente en el tugurio de prensa de Roures, el empresario sin escrúpulos, para seguir mintiendo al mundo sobre su payasada de remedo cutre pachanguero de referéndum y a seguir acusando al Estado y al Gobierno de España de represores del pueblo catalán. Seguro que habrá muchos datos, de participación, colegios y mesas constituidas pese al acoso policial e incluso algunos votos negativos, por aquello de darle el lustre de imitación de democracia, como el brochazo de huevo a las empanadillas, tras lo cual se proclamará orgullosamente la victoria y se emplazará a los ciudadanos a la decisión del Parlamento de Cataluña para proclamar de forma oficial la república independiente de Cataluña.

Esto no ha hecho nada más que comenzar y ya las ratas han comenzado a abandonar el barco de España para subirse al bote de la ignominia y de la traición y proponer su suicida plan de diálogo y concesiones con los golpistas, que para esas ratas son auténticos héroes y símbolos de la democracia. A ellos que más les da si en el fondo también lo son.

Miquel Iceta ha actuado de avanzadilla cual trompetero del apocalipsis señalando a los culpables del desastre: el PP y Mariano Rajoy, y acto seguido, el otro trompetero, Pablo Iglesias, vestido de ropajes pretendidamente democráticos, señala y condena además a CIUDADANOS mientras se pone al frente de las huestes golpistas. Por su parte, el PNV se pone “estupendo” y se erige en casto censor y en hipócrita fariseo al condenar las medidas que califica de represoras del Gobierno de España. Hoy, en unas horas, habrá muerto el pacto constitucional de 1978 y se inicia una etapa de descomposición de lo que conocemos por España impulsada por una coalición frente popular de PSOE y PODEMOS con el apoyo de partidos de la izquierda más radical y anti española que haya existido. Hoy comienza el apocalipsis y el juicio final de la Historia en la que los españoles vamos a ser usados en las luchas por el poder enfrentados como los golpistas del Gobierno de la Generalidad han hecho con la sociedad en Cataluña.

Doy por concluida la crónica de un día de vergüenza nacional y proseguiré con otra serie que titularé “El hundimiento de España”.

¡Que sigan disfrutando del espectáculo si su conciencia se lo permite! La mía me obliga a denunciar este intento de destrucción de mi patria.

Los golpistas quieren muertos, no se los demos
EDUARDO INDA okdiario 1 Octubre 2017

Contemplando las mamarrachadas que nos cuentan los medios a sueldo de la golpista Generalitat y algunos gilipollescos corresponsales extranjeros, cualquiera concluiría que los independentistas catalanes son poco menos que los afroamericanos estadounidenses hace 60 años y Puigdemont un revival en paleto del gran Martin Luther King, asesinado en un motel por ir demasiado lejos en la reivindicación de los derechos humanos de sus congéneres.

Pero ni TV3, ni el untadísimo Grupo Godó, ni desde luego los periodistuchos guiris que vienen a dar lecciones éticas en casa ajena, nos engañan. El imaginario colectivo, y desde luego el mío personal, concibe a estos personajes como una suerte de charlotescos, pero no por ello menos peligrosos, descendientes de aquel Antonio Tejero Molina que asaltó el edificio más emblemático de la Carrera de San Jerónimo a tiros. Lo chusco del personaje nos permitió adivinar dos cosas aquel último lunes de febrero de 1981: que podía consumar una carnicería pero también que su chusqueza y su demencia acabarían por frustrar aquel ataque a la entonces imberbe democracia. Estaba como las maracas de Machín. Esos disparos al techo y ese aturullado “¡al suelo todo el mundo!” fueron letales para el coup d’état. La valiente retransmisión de los compañeros de TVE sirvió para desalentar a los demás socios de golpe, Elefante Blanco incluido, que debieron cavilar: “¡Adónde vamos con este pirao!”. Haber puesto al frente del tinglado a un sujeto locoide seguramente evitó involuntariamente males mayores a un nasciturus llamado España constitucional.

Ésta es la crisis más grave que vive España desde el 23-F y yo la situaría al mismo nivel que 1936, con dos ideologías totalitarias intentando imponerse la una a la otra, y ese 1898 en el que la gran España recibió la estocada definitiva por obra y gracia del amarillento editor estadounidense Willian Randolph Hearst. Esperemos que el “más se perdió en Cuba” no dé paso a un posmoderno “más se perdió en Cataluña”. Lo digo porque la diferencia entre el teniente coronel Antonio Tejero y los separatistas catalanes es que éstos son más astutos y, por ende, más peligrosos. Su interpretación del golpe de Estado es ciertamente brillante y ha calado entre la tontuna progre internacional: “Referéndum es democracia”. Obvian que un plebiscito que transgrede la ley es un putsch dictatorial. También Franco convocaba referenda y era más malo que la quina. Al punto que el pucherazo provocaba que en ocasiones el número de participantes superase el 100% del censo. Eso sucedió, por ejemplo, en León, donde en una de estas citas con la satrapía había votado el 110% de los ciudadanos mayores de edad. La magia fascistoide es así.

Es de coña que se presenten como demócratas tipos que agreden a un padre con su hija mientras pasean tranquilamente por Barcelona con una bandera de España, que te multan por rotular tu botiga en la lengua de Cervantes, que te prohíben estudiar en el gran idioma oficial, que te ponen en listas negras si no eres de los suyos o que emplean a niños como escudos humanos en un golpe de Estado como Dios, perdón, Satanás manda. Frente a ello el Gobierno está ejerciendo una excelente labor pedagógica y empleando una praxis que va a dejar este nuevo plebiscito franquista en aguas de borraja. No lo han podido hacer mejor los de Rajoy para paralizar los movimientos de este nuevo Movimiento Nacional que nada tiene que envidiar en despotismo y en aversión a la legalidad, a la ética y a la estética al ferrolano que gobernó España durante 39 años con puño de hierro y guante de cemento armado.

Y, sobre todo y por encima de todo, hay que resaltar el acierto de no caer en las provocaciones. De conducirse con gradualidad y proporcionalidad. A los que exigían mano dura yo siempre les recordaba que era lo que buscaban los malos. Puigdemont, Junqueras y no digamos ya la escatológicamente guarra de la CUP –¿qué, si no, es esa Anna Gabriel que se mete la mano en el sobaco y luego se la huele?— buscan afanosamente el martirologio. Desean que haya víctimas en las calles para presentarse vía TV ante la comunidad internacional como un pueblo oprimido víctima del sucesor de Franco a título de presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Ansían sangre con la misma fruición que el ciudadano más famoso de Transilvania, el Conde Drácula. ¿Cómo, si no, cabe interpretar la utilización de menores como escudos humanos al más puro estilo Sadam para impedir la actuación de la Policía y la Guardia Civil? No me cabe ninguna duda de que alguno de ellos, especialmente los psicopáticos cuperos, primos hermanos de los etarras, desean que haya muertos para que el golpe de Estado triunfe a medio o largo plazo con la comprensión urbi et orbi. Sería la única manera de conseguir el respaldo de una comunidad internacional que hasta ahora les ha dado la espalda: desde Merkel hasta Macron, pasando por Juncker o el mismísimo presidente de los Estados Unidos de América.

La solidaridad internacional y la buena fama de los tibetanos tienen más que ver con la elefantiásica represión china que con sus reivindicaciones propiamente dichas. Lo mismo ocurre con las desproporcionadas reacciones de la Policía estadounidense con ciudadanos afroamericanos: estoy convencido de que muchas de las veces los agentes, por cierto muchos de ellos negros, tenían inicialmente razón pero la perdieron con su brutalidad. Y lo que era un partido ganado por 5-0 se acabó perdiendo 5-10 en la opinión pública y 5-100 en los tribunales. Lo mismo sucede cuando en una guerra entras cual elefante en una cacharrería no discriminando población militar y población civil. La causa justa se transforma en injusta en menos de lo que canta un gallo.

La actitud de la Guardia Civil y del Cuerpo Nacional de Policía es sencillamente ejemplar. Hay que ser buena gente y mejor profesional para no responder a un piojoso que te acaba de mear en la bota, escupir en la cara o propinar un puñetazo. Y eso que las UIP y los GRS enviados para defender la democracia en Cataluña son armarios de 1,90 con brazos del tamaño de mi muslo. En cualquier país civilizado le echas un pis a un agente de la autoridad y te cae una ensalada de porrazos que se te quitan de por vida las ganas de repetir. Pero mejor así. No demos argumentos a los que no los tienen. No creemos mártires donde no los hay (los únicos, hasta la fecha, se ubican en el lado de la mayoría silenciosa). No facilitemos que se travistan de demócratas quienes no lo son. El 23-F ganaron los buenos porque tenían razón en el fondo y en las formas y hoy ocurrirá exactamente lo mismo si mantenemos la sangre fría. Y mañana todos los españoles recordaremos la frase de Winston Churchill a propósito de los jóvenes aviadores de la RAF que dieron su vida en el Canal de La Mancha para defender la libertad y la integridad de la democracia más antigua del mundo: “Nunca tantos debieron tanto a tan pocos”. Y el martes alguien deberá rascarse el bolsillo y tener un detalle con los hombres y mujeres de la Policía y la Guardia Civil. No es de recibo que quienes defienden la ley ganen 700 euros menos al mes que quienes miran hacia otro lado por obediencia debida o por convicción. Nadie mejor que ellos ha entendido el primer mandamiento de una democracia digna de tal nombre: que la ley es el valor supremo.

El referéndum del odio
FRANCISCO ROSELL El Mundo 1 Octubre 2017

En este domingo roto del 1 de octubre, aniversario de una derrota colectiva que se ensalzó como día de la victoria y de una presumida victoria que se consumará en inevitable derrota, independientemente de lo que acaezca, España asiste dolorida a otromomentum catastrophicum. Éste es justamente el expresivo título de la novela que Baroja publicó hace casi 100 años y con los mismos protagonistas antaño que ahora. Todos ellos mancomunados en su afán por destruir España. "Gentes mezquinas que necesitan que España se disgregue" y que, en su afán por desbaratarla, no dudan en "excitar el odio interregional y fomentar el cabilismo español".

En aquel alegato contra el nacionalismo, don Pío repara en su sello distintivo -"la vanidad, la antipatía y el interés"- y en su contribución para que se perpetúe la incapacidad de los españoles para soportarse los unos a los otros y para conservar una concordia que cuesta Dios y ayuda conseguir, como en el año de gracia de 1978 en el que se obró una milagrosa Constitución de Consenso.

Aquel esfuerzo conciliador e integrador para encerrar a los demonios familiares amenaza con romperse al contener en su interior la semilla de la discordia de unos nacionalismos tan desleales como bulímicos en su ambición. Tamaño dislate supondría destapar la caja de Pandora y esparcir males de toda laya que no conocen de confines, como ya demostró al teñir de sangre la Europa del siglo XX y ensombrece la del XXI.

Atendiendo a la madre Historia, habría que adoptar la prevención y cautela hecha costumbre de nuestro señor Don Quijote que, viendo el burro venir, ya se apercibía de las patadas que pudiera propinarle. Desgraciadamente, pese a los avisos, ha sobrevenido la hora crítica en la que el Gobierno de la Nación se enfrenta no sólo al desafío independentista, sino también a quienes quieren aprovecharlo desde la izquierda podemita para organizar la voladura de la España constitucional.

Pablo Iglesias marcha por la senda de las tesis de Lenin, quien se valió de la reclamación del derecho de autodeterminación para socavar al Imperio zarista. Apenas aprehendido el poder, Lenin impugnó la autodeterminación de las repúblicas y las recondujo por la fuerza. Todo les vale a nacionalismos y populismos de izquierda con tal de derruir la nación española.

Por eso, Rajoy debe enfrentar con todas las de la ley una jornada como la de hoy y no remitirse, como el 9-N de 2014, al argumento de que se trata de un referéndum aparencial, que lo es, pero, como alecciona Baltasar Gracián, "las cosas no pasan por lo que son, sino por lo que parecen". Así, el general Queipo de Llano se adueñó de Sevilla con dos escuadras de moros de los Tercios de Regulares e hizo prosperar su alzamiento en un bastión de la izquierda. Sin llegar al centenar de mílites, fingió comandar el Ejército de África al montar sus huestes en cinco camiones y darles vueltas en carrusel amplificando su efecto visual con sus bravatas radiofónicas, como los independentistas, mientras la mayoría silenciosa se desentiende. Afortunadamente, ésta dio ayer signos de reacción echándose a la calle en algunas ciudades de Cataluña. Principalmente, Barcelona.

Esa técnica del golpe de Estado ya se ensayó el 9-N. Si otrora se hizo desfilar ante urnas de cartón y se fotografió al millón largo de secesionistas que, incomparecente el Estado, presentó como deseo generalizado el anhelo de una minoría cuando más de cuatro millones no estaban por la labor, hoy lo procurará igualmente. Esta segunda función teatral se desarrollará con urnas opacas made in China que, muy probablemente, lleguen embarazadas de votos antes de la apertura de los mercadillos de votación ilegales.

Ante el golpe de Estado separatista, irrita la carencia de una política anticipatoria. Tiene más razón que el santo que no es Felipe González, aunque en su propio partido se la nieguen, cuando avisa de que el artículo 155 de la Constitución debía haberse aplicado hace tiempo. Más vale una vez colorado que ciento amarillo. Quizá habríase evitado que la bola de nieve, lejos de derretirse, ruede como ahora con serio riesgo de aplastar a todo quisque que pille en su acelerado deslizamiento. Lejos de apaciguar al independentismo, lo ha envalentonado.

Si Rajoy repite hoy el error del 9-N, recalcitrante en su parsimonia, hará que muchos españoles -votantes y militantes del PP, entre ellos- se interpelen si el error no es el propio Rajoy. Ello les impulsará a proclamar como antaño Ortega en su alegato contra la designación del general Berenguer, jefe del Cuarto Militar de Alfonso XIII, como sucesor de Primo de Rivera: "¡Españoles, vuestro Estado no existe! Reconstruidlo".

Es quimérico un Estado sin nación como se perfila España, pues la idea (la nación) es lo que sustenta al Estado como sintetiza Robert Musil en El hombre sin atributos. Su protagonista es un personaje sin voluntad en el que algunos ven retratado a Rajoy. No es el momento de preferir la precisión del reloj parado -al menos dos veces, da la hora exacta- a tomarle la hora a un país en crisis, no ya económica, por fortuna, sino de desmembración por parte de quienes sacan las hijuelas a la nación más antigua de Europa.

Rajoy no puede afrontar esta encrucijada con la flema del registrador que autoriza rutinariamente la inscripción de una finca segregada. Antes bien, debe asumir su alta magistratura, en vez de sucumbir a ella. Ya dijo el clásico que "las diminutas cadenas de los hábitos son generalmente demasiado pequeñas para sentirlas hasta que llegan a ser demasiado fuertes para romperlas".

Entre el esperar y ver del PP y una desbarajustada reforma constitucional del PSOE para contentar a nadie, repitiendo el vano denuedo del 78 en lo tocante al anclaje nacionalista, toca reedificar la nación antes de que desaparezca porque, como resolvió Azaña, tras tenérselas tiesas con Ortega sobre el Estatuto de 1932, el manantial de perturbaciones catalán es "la manifestación aguda, más dolorosa, de una enfermedad crónica del pueblo español".

Pero qué decir en contra de ello si la universal Iglesia Católica ha devenido estas fechas en una especie de Confederación de Iglesias Autónomas de los Pueblos del Estado, cuyo designio y rumbo marcan en la práctica obispos que, de forma discreta o subidos al púlpito, son confesos independentistas. Entre tanto, la mayoría del Obispado opta por silencio de corderos, siendo sus pastores, para no exteriorizar su desencuentro en lo que hace a la unidad de la católica España.

Ha nacido un nacionalcatolicismo de nuevo cuño para reemplazar al que cobijaba bajo palio al Caudillo, superado merced a la tarea ímproba del cardenal Tarancón, siguiendo la estela del concilio Vaticano II, en pro de la reconciliación nacional. Da grima que lo que no logró el nacionalismo vasco en los años de plomo de ETA -no desfigurar el mensaje de la Conferencia Episcopal- pueda torcerlo el independentismo catalán echado al monte.

Al margen de cómo se resuelva la asonada independentista, haciendo gala de una manipulación que deja en pañales las postverdades del Brexit, y de las que se jactaron sus rufianes nada más consumar la fechoría, va a ser muy escabroso restañar las heridas infligidas a la convivencia, por más que el odio se coloque una careta sonriente y se exprese en tono amistoso, cuando su corazón rebosa hiel. Así, se pasa del franquista "Rusia es culpable" de Serrano Súñer al "España nos roba" del nacionalismo.

Escuchar al abacial Junqueras, como el que repasa las cuentas del rosario, que no están haciendo nada malo y exaltar con sensiblería hipócrita su amor a España como el que va con flores a María, mientras exhibe las urnas opacas del referéndum ilegal, no deja de mover al pasmo. No cabe duda de que, gimoteando, han sabido «hacer la fortuna a pucheritos», como llegó a decir un ilustre catalán con cargo de Gobierno de sus "buenos paisanos del hilado y el tejido", harto de que siempre se sintieran desatendidos, pese a los privilegios percibidos.

Ante la pasividad de los Gobiernos de la Nación, el nacionalismo moviliza a una minoría muy activa. A estos hijos de la ira les han inculcado una inquina a España que se alimenta de mentiras flagrantes. No en vano el nacionalismo prima el odio a lo demás, en contraste con el verdadero patriotismo. Por eso, desterrar esa malquerencia va a resultar una tarea hercúlea. Basta observar a escolares como mástiles humanos de las esteladas y escuchándoles salmodiar las consignas que le insuflan sus profesores de Formación del Espíritu Nacional (FEN), remedos de aquellos otros adoctrinadores del falangismo franquista, que los arrastran a sentadas ante los cuarteles de la Guardia Civil.

Lástima que el ministro de Educación se limite a cubrir el expediente alzando la voz, como si fuera un mero ciudadano del común, y no ponga remedio a este adoctrinamiento fascista. Llegado a ese punto de abyección, es imposible no rememorar con horror la ceremonia orwelliana de los Dos Minutos del Odio, mientras se proyectaba la imagen de rasgos simiescos de Emmanuel Goldstein, enemigo por antonomasia del Gran Hermano y cuya mera existencia legitimaba el intrusivo poder paternal de quien esclavizaba a los habitantes de Eurasia.

Ello anticipa el totalitarismo sonriente que se quiere implantar en Cataluña en sintonía con la distopía orwelliana de 1984. Hay que odiar a los que no son independentistas y hacer que se sientan extranjeros en su propio país, hasta hacerlos que sientan vergüenza, a modo de chivos expiatorios sobre los que descargar culpas propias. Es lo que ocurre cuando se dice adiós a la libertad de espíritu, cubriéndose las orejas con la barretina de la estrechez de miras y el odio ciego. Momentum catastrophicum el de este referéndum del odio bajo la careta de sonrisas que hielan.

España, en la ratonera de Calibán
Pedro J. Ramírez elespanol 1 Octubre 2017

"Our natures do pursue, like rats that ravin down the proper bane, a thirsty evil, and when we drink, we die" (Measure for measure I, 2).

Pablo Iglesias revolotea, sin escrúpulo alguno, como un ave de presa sobre el espacio urbano de Barcelona, a la espera de lo peor, pero tiene razón en algo fundamental: suceda lo que suceda, este domingo 1 de octubre de 2017 lo que él llama "el régimen del 78", es decir la España constitucional que conocemos, habrá quedado vista para sentencia.


No en el sentido de que habrá absolución o condena para estos 40 años de imperfecta convivencia en libertad -que eso quedará para la Historia y, a nuestros efectos, dará lo mismo-, sino en el sentido de que el periodo, el modelo y el sistema habrán llegado a su fin, ante todo aquel que tenga ojos para ver.

Será una jornada clave en la que los focos de la opinión mundial se fijarán de forma simplista y distorsionada en esta extraña democracia que tiene que desplegar a miles de policías para impedir votar a millones de ciudadanos, espoleados machaconamente hacia las urnas, mientras los organizadores de tan descomunal desobediencia colectiva -que el número dos de Interior bautiza como “picnic”- continúan en sus cargos públicos, tras acumular un sin número de flagrantes delitos.

Cuando dejen de rodar los peligrosos dados del azar, los acontecimientos habrán podido alcanzar la categoría de catastróficos -no faltará incluso quien busque su Bloody Sunday- o quedarse en simplemente desastrosos. Pero nada bueno habrá sucedido para nadie. Y esa desoladora suma, necesariamente negativa, conlleva la cruz y la raya que toca poner bajo la experiencia constitucional que surgió de la Transición.

Un régimen político que no ha logrado impedir, ni por las buenas, ni por las malas, ni con el diálogo, ni con las amenazas, ni con la ley y los jueces, ni con la Policía y la Guardia Civil, lo que, en el mejor de los supuestos, será un monumental bochorno colectivo, es evidente que ha dejado de constituir un marco útil para afrontar los problemas de la sociedad española. Al menos en lo que a algo tan sustancial como el modelo de organización del Estado –el maldito Título Octavo- se refiere.

¿Qué nos ha pasado? Pues que nos hemos suicidado en los términos exactos descritos por la tremenda cita de Shakespeare que encabeza esta Carta: “Como las ratas que tragan vorazmente su propio veneno, nuestras inclinaciones corren detrás de un mal del que están sedientas, y cuando bebemos, morimos”.

El “veneno” han sido los recursos y competencias del Estado, entregados, en nombre de identidades trucadas, a las autoridades autonómicas, por parte de unos gobiernos centrales dotados de precarios mecanismos y nula capacidad política de controlar su lealtad institucional.

Eso ha permitido a tales autoridades autonómicas suministrar paulatinamente la pócima, aumentando poco a poco la dosis, estimulando las “inclinaciones”, primero de los vascos y ahora de los catalanes, hacia el “mal” del nacionalismo excluyente, del que tan fácil era hacer que se sintieran “sedientos”.

Sobre todo en medio del desierto, sólo interrumpido por los pedregales de la corrupción, que ha venido suponiendo lo español, como definición y como proyecto colectivo. Y con la fatal consecuencia para los envenenados de que “cuando bebían, morían” en su complejidad individual y en su disposición a articular una comunidad nacional por encima de los mezquinos intereses parroquiales.

Esa "muerte" de millones de individuos como ciudadanos libres e iguales, hacia la que ya progresan también tantos mallorquines, menorquines e ibicencos, una parte fronteriza de valencianos y aragoneses, un puñado de canarios, asturianos o andaluces, amén de la porción correspondiente de gallegos, augura la inexorable defunción por fallo multiorgánico de la España de la Constitución del 78.

¿Qué nos ha ocurrido para fracasar tanto? Hay una respuesta con las luces largas y otra con las de cruce.

La primera es que hemos padecido todos los riesgos del federalismo, sin ninguno de los antídotos que conlleva la regulación de su reconocimiento expreso. La segunda es que hemos preferido, en este último tramo decisivo, circular sobre el piso deslizante de una calzada helada, estólidamente aferrados al volante de una declamación huera y campanuda, en vez de proteger las ruedas del vehículo con las cadenas para situaciones de alto riesgo previstas en el artículo 155 de la Constitución. El resultado estará mañana a la vista de todos. Pero antes tendremos que tragarnos el "picnic".

El efecto, primero embriagador y euforizante, después bloqueador y letal, del "veneno" raticida de "Medida por Medida" ha sido -por citar otra obra de Shakespeare- como el del aguardiente que los dos pícaros, arrojados a la isla, suministran al salvaje Calibán en La Tempestad. Bajo sus efectos canta y baila, lanzando desacompasados gritos de "¡Libertad, libertad! ¡Prosperidad, prosperidad!", para reclamar la soberanía sobre la isla en la que nació.

Un bufón y un pastelero han dado alas a sus "inclinaciones", proporcionándole la droga de la que estaba "sediento" y potenciando su rebelión contra el dominio del prudente Próspero, al que considera un ocupante extranjero. La canción de Calibán bien podría convertirse en el himno oficial del 1-O:

"No más peces que pescar,
no más leña que romper,
no más platos que lavar,
no más ropas que tender.
¡Tan, tan, Calibán,
rotos tus hierros están!"

No desbarro: algunos exégetas de Shakespeare han presentado recientemente a Calibán como una especie de freedom fighter contra el colonialismo. También como el buen salvaje de Rousseau, dedicado en su estado de naturaleza a preparar trampas para monos y ratones. Pero los críticos más solventes, desde Jan Kott a Harold Bloom, subrayan su primitivismo feroz, su falta de civilización, su condición semihumana o, para ser más exactos, de "hombre incompleto", fácilmente manipulable, lastrado por su fanático victimismo.

Un Calibán nace pero sobre todo se hace. Estremece contemplar esos vídeos de escolares catalanes de nueve años -hijos de inmigrantes incluidos- jugando a pegar carteles "para votar y ser libres". Estremece escuchar las consignas pueriles del Tomorrow belongs to me de la Plaza Universidad. Estremece oír la plegaria de los “cristianos por la independencia”, dignos émulos de los patriotas de 1714 que entregaron el mando a la Virgen de La Merced, en la misma iglesia de Pompeya en la que imperaban el padre Ruperto y sus legendarios huevos. Estremece comprobar cómo avanza impertérrito el Ejército de los Sonámbulos, enarbolando sus esteladas, cual estandartes sagrados, camino de la consecución de su único objetivo sobre esta tierra, sin riesgo alguno de tropezar con la razón o de resbalar sobre la lógica. Esto es lo que hemos engendrado.

Confieso mi impaciencia, pero no será hoy cuando abra el "segundo sobre", en relación a Rajoy y su Gobierno. La única prioridad debe seguir siendo parar el golpe de Estado de Puigdemont y Junqueras. Ahora bien, una cosa es que el Ejecutivo merezca todo el apoyo de los defensores de la legalidad constitucional, mientras intente sofocar la sedición en marcha "sin renunciar a nada", y otra que no nos demos cuenta, con desolación, consternación y espanto, de cómo ha cambiado en estas tres últimas semanas la dimensión del problema y la estrategia para combatirlo.

Hasta el bochornoso pleno de la ruptura en el Parlament, el adversario perfectamente identificable, al que había que doblegar, era el gobierno de la Generalitat, con la adenda de Forcadell y su Mesa y los líderes de Omnium y la ANC. Una vez que se permitió que, desobedeciendo flagrantemente al TC, las leyes del Referéndum y la Transitoriedad fueran votadas y aprobadas, ya eran todos los diputados separatistas los que quedaban en rebeldía.

Luego el círculo se amplió a los alcaldes dispuestos a ceder sus locales para la votación del domingo. Más tarde a los directores de centros escolares o sanitarios, elegidos para la consulta. Después a los ciudadanos dispuestos a ejercer de presidentes o vocales en las mesas, amenazados por la Agencia de Protección de Datos. Ayer ya estábamos hablando de imputar a miles de personas. Ahora el colectivo sobre el que no cabe más remedio que ejercer la coacción es ya el de la multitud de votantes que saldrán de su casa papeleta en ristre.

Cielo santo, ¿cómo es posible que hayamos llegado hasta aquí, con una base popular descontrolada e ingente, a punto de desparramarse por miles de puntos de votación, sin que se haya maniatado a la cúpula que sigue manejando los resortes de la conspiración, desde los despachos oficiales que les ha confiado el Estado al que llevan camino de destruir?

Lo que debía haberse zanjado como un torrencial pulso vertical -con su correspondiente trama, nudo y desenlace- entre Rajoy y Puigdemont, entre Soraya y Junqueras, entre Romeva y un tal Dastis, entre Ana Pastor y Forcadell, ha degenerado en una descomunal confrontación horizontal entre Calibanes y Piolines sobre un océano de gasolina que cualquiera puede incendiar.

Para miles, para decenas de miles, para cientos de miles, tal vez para millones de catalanes, la jornada de este domingo no puede deparar sino dos experiencias personales, a cual más lamentable: la de topar con un agente uniformado que les impida votar o la de lograr sortear el cerco y conseguir depositar la papeleta, a modo de transgresión heroica contra el Estado que proclama ser el garante de sus libertades. Cualquiera de los dos episodios es de los que dejan huella en sus protagonistas y en la historia oral de una comunidad. Desde ahora el vértigo del choque de trenes con España ya no será una fantasía de las élites sino una vivencia de la calle.

Ese es el gran éxito que ha cosechado Puigdemont antes de que alboree el día sobre el campo de batalla. Ha conseguido arrastrar a Rajoy -y con él a España entera- a su terreno, el de la socialización del conflicto, en la embocadura de la ratonera ante la que Calibán aguarda a sus presas, imbuido de ansia de desquite, cegado por los falsos dioses del culto a su identidad profanada, embriagado por el eco de su propio clamor de libertad.

Diga lo que diga el balance oficial de las dos partes, algo quedará roto para siempre este domingo en Cataluña. El actual Estado de las Autonomías ha fenecido, ahogado en un desbordamiento que no ha sido capaz ni de contener, ni de encauzar, ni de reprimir. Pretender extender su vigencia mediante unas elecciones autonómicas en las que todo jugaría a favor de los separatistas, como ingenuamente anhelan los valientes amigos de Ciudadanos, no serviría sino para dificultar su embalsamamiento y resurrección.

Escribo sí, resurrección, porque la oportunidad de la reforma, la renovación, la regeneración o la remudanza -conceptos tan afines a varias hornadas de la Tercera España con la que me identifico- ha pasado ante los ojos de Albert Rivera y sus demás patrocinadores entre vacilaciones y tacticismos. Después de este 1-O ya no basta el recauchutado, el parcheo o el lifting. Tenemos un cadáver -o al menos una apariencia de cadáver- sobre la mesa. Sólo insuflando un nuevo ser en ese cuerpo exánime, podremos devolverle a la funcionalidad de la vida.

Llamémosle, para tranquilidad de todos, "reforma constitucional"; pero estamos abocados a un auténtico proceso constituyente o, si se quiere, reconstituyente. No con base cero, pero sí con la determinación de escuchar a la musa del escarmiento -que decía Azaña- y evitar repetir los errores que nos han hundido en la actual miseria institucional. Y, por supuesto, parando el reloj en Cataluña, esta vez sí, por las buenas o por las malas.

Porque llegará un día en que muchos catalanes engañados en su buena fe descubrirán, al igual que le ocurre al pobre Calibán, que han seguido como si fueran "dioses" a simples estafadores y oportunistas, tan miserables como el bufón y el pastelero de La Tempestad. Pero, de igual manera que Próspero abandona la isla a su suerte para revivir en otro lugar y de otra forma, puede que en ese momento España ya no esté en Cataluña o ni siquiera exista como tal.

Hemos llegado al término de un viaje. Emprendamos otro antes de que esa "muerte imperfecta" de la que hablaba l'Encyclopedie y en la que aun nos encontramos, dé paso a una "muerte absoluta" ante la que "nullum est medicamen in hortis". Todavía queda una esperanza, si la hora grande de la Política sucede por fin al tedio interminable de la papiroflexia provinciana.

Defección muy grave de la Policía de la Generalidad
José Javaloyes republica 1 Octubre 2017

Sin la defección de los Mossos de Escuadra, la Fuerza Pública de la Generalidad de Cataluña, no se habrían establecido las condiciones que han ocasionado el fracaso de la seguridad en el transcurso de la jornada de votación plebiscitaria prohibida por el Poder Judicial. El fracaso en el bloqueo de los locales establecidos para la consulta, al no haberse producido este en la hora convenida, dio paso a la creación de los escenarios de violencia que proliferaron a lo largo del día. El proceso se vino a envenenar por la irresponsabilidad de las autoridades de la Generalidad, al promover la concurrencia en torno a los puntos críticos, junto a las improvisadas urnas, de menores junto a familiares que pretendían votar pese a la prohibición judicial de que se hiciera.

Sólo el despliegue de la Guardia Civil y de la Policía Nacional hizo posible que el número de heridos y lesionados de diversa consideración no llegara a ser sustancialmente mayor, pues el activismo de la izquierda más extrema operó como multiplicador de la violencia. Algo que vino a corroborar las declaraciones de representantes suyos, resueltos en ataques directos contra el presidente del Gobierno.

El efecto multiplicador de todo ello generó una masa crítica que alcanzó a representantes y portavoces de la izquierda europea, con daño perceptible para la imagen del Gobierno español. En su conjunto, la patente reactividad golpista del Gobierno de Cataluña, al operar en alianza con la izquierda extrema contra la Constitución de 1978, enriquece el argumentario de fondo, las razones, para la suspensión de esta Generalidad de Cataluña.

Una farsa nacionalista elevada al cubo
Roberto L. Blanco VAldés La Voz 1 Octubre 2017

Anteayer, en el llamado mitin de cierre de campaña a favor de la consulta (en realidad una concentración de insurrectos que apoyan el referendo convocado por un gobierno que lleva meses actuando fuera de la ley), el cantautor Lluís Llach, hoy secesionista de pro y diputado de Junts pel Sí, volvió a cantar L’estaca. Lo hizo igual que en los últimos años del franquismo, cuando tantos la coreábamos, dentro y fuera de Cataluña, para reivindicar la libertad frente a una interminable e insufrible dictadura.

Ningún de los hechos delirantes vividos en las últimas semanas es, desde luego, tan falaz, pero ninguno representa mejor el fraude inmenso sobre el que se ha construido lo que comenzó siendo una rebelión de las instituciones autonómicas contra las normas en que se basa su poder (la Constitución y el Estatuto) y ha acabado en una insurrección popular en toda regla contra nuestra democracia.

Llach volvió a cantar L’estaca para reivindicar la libertad de un pueblo supuestamente oprimido por España; que sufre, según el nacionalismo, un Estado de excepción; que ha sido, al parecer, invadido por policías extranjeros; y que solo aspira, según los que lo han conducido al actual despeñadero, a votar en libertad para separarse de una vez de un Estado ladrón y represor.

Es imposible encadenar más falsedades. Cataluña es hoy uno de los territorios con más autonomía del planeta; los catalanes votan desde 1977 y lo ha hecho más veces que la práctica totalidad de los restantes electores españoles; en Cataluña no hay más situación de excepción que la impuesta tras el golpe de Estado de la Generalitat, origen del actual acoso, cuando no persecución, a los no nacionalistas, que empiezan a vivir como extranjeros en su tierra; las fuerzas de seguridad se limitan a hacer en Cataluña lo que en cualquier Estado de derecho: garantizar el cumplimiento de las leyes violadas por rebeldes e insurrectos; ningún territorio, como Cataluña ha marcado tanto la política española desde 1977, ni ninguno ha influido más en el sistema de financiación y en los presupuestos del Estado.

CONVOCAN A LA ESPAÑA SILENCIOSA
DENAES y el activismo valiente contra el separatismo
Agustín Benito gaceta.es 1 Octubre 2017

La valentía de DENAES contrasta con la irresponsabilidad de los dirigentes separatistas que pese a la fractura social generada siguen empeñados en su proceso caótico y suicida.

A dos días del 1 de octubre, el separatismo sigue reiterando que habrá referéndum ilegal y que quien quiera impedir la consulta tendrá que quitarles las papeletas y las urnas de las manos.

Pese a la fractura social generada, los líderes separatistas siguen empeñados en su proceso caótico y suicida. El consejero de Interior, Joaquim Forn, ha garantizado que el Govern “no detendrá” la consulta pese a estar suspendida por el TRubunal Constitucional y ha pedido no poner “contra las cuerdas” a los Mossos, que asegura “adecuarán” el cumplimiento de las órdenes judiciales para priorizar el mantenimiento de la “convivencia”, y no cerrarán los centros de votación si hay riesgo de desórdenes públicos. “No negamos ni obviamos lo que ha dicho una magistrada, pero queremos dejar claro que lo importante es la salvaguarda de la convivencia ciudadana”, ha reiterado.

El empeño de los líderes separatistas, que llevan en todo el momento el control de los tiempos, y dirigen colegios y universidades, contrasta con el perfil bajo del Gobierno y del PP que incluso ha pedido no participar y boicotear las concentraciones convocadas por DENAES, fundación en Defensa de la Nación Española, este sábado a las 12:00 en todos los ayuntamientos.

DENAES ha llamado a los españoles a participar en las concentraciones para que se escuche a la España silenciosa, “la España que soporta, con su trabajo y esfuerzo, los desmanes, corrupciones y torpezas de la política, y la que tantas veces es ignorada desde las administraciones porque no es amiga de tumultos ni de alborotos” y ha reclamado que se haga sin símbolos de partido, con sólo la bandera de España.

“Ante la situación que los sediciosos golpistas están provocando en Cataluña, -creando la discordia entre compatriotas e incluso entre familias-, y en defensa de los catalanes, y del resto de españoles que ven amenazada su nación, sus derechos y su propia convivencia, se hace tristemente necesario responder en las calles y las plazas de toda la nación”, asegura.

DENAES es una entidad que nació en 2006 y que, según señala, tiene desde su origen en la pretensión de “recuperar e impulsar desde la sociedad civil el conocimiento y la reivindicación de la Nación Española; su realidad histórica, política, social y cultural” y potenciar el patriotismo desacreditado por determinadas ideologías y grupos de interés.

Reitera que el patriotismo “se trata no sólo de un sentimiento natural y sano sino de una práctica política absolutamente esencial para la continuidad de cualquier sistema democrático basado en la soberanía nacional” y es “uno de los valores esenciales de las grandes naciones civilizadas”. Por su compromiso y valentía, merece, sin duda, la ovación de la semana de La Gaceta.
 


Recortes de Prensa   Página Inicial