AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 4  Octubre 2017

Arriba el ánimo
Es una gran oportunidad para la Nación Española
Hermann Tertsch ABC 4 Octubre 2017

La ola de desolación que cubrió España el día 1 de octubre ha generado el mayor ambiente general de tristeza y pesimismo que se percibe en España en muchas décadas. Quizás sí, quizás haya que remontarse al año 1936 para encontrar un estado de ánimo de angustia y fatalismo como el que se respira después de los acontecimientos del domingo en Barcelona. Una minoría separatista festeja en Cataluña su bien fraguado triunfo de trampas, mentiras e imposturas con el que se promete poder engañar al mundo para que apoye su sinrazón y un proyecto básicamente fraudulento y definido por su matonismo y la procacidad de sus desprecios a las reglas democráticas, a la honradez intelectual y la probidad personal. Mientras, millones de españoles dentro y fuera de Cataluña sienten dolor, humillación y desamparo, sentimientos estos sí muy reales y auténticos y por lo demás no extraños en la larga historia de la vieja nación española.

Los españoles están tristes con razón. El domingo vieron en directo, –en unas televisiones volcadas en hacer daño al Estado de Derecho y beneficiar al crimen político–, cómo triunfaba la añagaza de unos taimados y mediocres gobernantes de provincias acaudillando a una masa fanatizada, adoctrinada en la lealtad tribal y la xenofobia. Ganaba la batalla a la noble idea de la legalidad y la verdad. Defendida por unos policías y guardias civiles que pusieron en peligro su propia integridad para minimizar los riesgos a gentes movilizadas contra ellos en un odio químicamente puro. Y vilipendiados por medios españoles que el gobierno del PP ha dejado en manos de separatistas y comunistas. A esos medios españoles hispanófobos se ha unido en esta ocasión toda la marabunta de la prensa internacional en su 90% sometida a la corrección política socialdemócrata que no se rige por la verdad sino por la moral, por la suya, por supuesto. Lo han demostrado con sus cataratas de mentiras contra Trump, Hungría o todo lo que cuestione el consenso bienpensante globalista. Nada mejor para más espacio en portada, más tiempo de emisión, más relieve, que esa lucha del David catalán "antifascista" contra un Goliath que tenía un abuelo facha.

El problema no está en la mala fe de quienes desde la ignorante y frívola prensa internacional ayudan al golpismo separatista a buscar protección exterior contra la reacción del Estado democrático y de la Nación. Que llegará y habrá de restaurar la legalidad en toda España. El problema está en la ineptitud, la ignorancia y la desesperante impotencia del Gobierno y su gente para presentar un mensaje de defensa racional y coherente de la posición de la España leal frente a la golpista. Si Rajoy y su vicepresidenta causaron indignación y rabia el domingo por sus obscenos discursos de negación de la realidad, escuchar al ministro de Exteriores intentar defender a España en televisiones foráneas da simplemente vergüenza. El gobierno debió crear equipos capaces de defender en redes y medios los intereses de España. Pero se ha dedicado un lustro a utilizar los medios para sus mezquindades políticas y personales.

Pese a todo, hay que quitarse miedos y pesares. Estamos mejor que cuando la anestesia de Mariano y sus antecesores funcionaba. Los españoles saben ya que la mera existencia de España está en peligro. Que no hay pacto posible con quien quiere destruirte. Hay que vencer al separatismo. La descentralización ha fracasado. Los nacionalismos llevan 40 años de guerra contra España que siempre cedió por torticeros intereses de sus gobernantes.. Si la Nación reacciona el futuro es esperanzador. El domingo se perdió una batalla bajo un capitán desganado. Pero la guerra acaba de comenzar, será larga y como son estas cosas, al final, volverán a ganar los buenos.

Cataluña independiente y Rusia
Emilio Campmany  Libertad Digital 4 Octubre 2017

Da toda la impresión de que Rajoy ha aceptado la exigencia de Pedro Sánchez de no recurrir al 155 sino después de que Puigdemont haya declarado unilateralmente la independencia. Una aplicación prematura del precepto, habrá argumentado el socialista, haría que sus bases no le permitieran respaldar al Gobierno. La propuesta habrá gustado con seguridad a Rajoy. Por un lado, significaría poder contar con los otros dos partidos constitucionalistas en el momento de tener que votar en el Senado la aplicación del artículo. Ciudadanos ya ha exigido recurrir al 155 y no va a dejar de respaldarlo porque el todavía, por increíble que parezca, presidente de Cataluña proclame la independencia. Por otro, le ofrece la posibilidad de hacer lo que mejor sabe hacer el presidente, que es, de momento, no hacer nada.

Al margen de que el Gobierno de la comunidad autónoma ha dado sobrados motivos para aplicar el artículo sin necesidad de tener que esperar a tanto, dar lugar a que haya una declaración de independencia constituye un gravísimo error. Es verdad que se llevan cometidos muchos y uno más puede parecer poca cosa, pero hay que denunciar con la mayor de las energías que esperar a la proclamación de la independencia es mucho más peligroso que pedir a la Policía Nacional el imposible de cerrar por la fuerza en menos de dos horas más de dos mil centros de votación.

Hasta ahora, el conflicto provocado por la actitud sediciosa del Gobierno catalán ha sido, porque sólo puede de momento ser eso, un problema interno en el que los demás pueden opinar, pero no tienen derecho a intervenir. Que a los comisarios de la Unión Europea sólo les gusten las intervenciones policiales cuando son para defenderles a ellos es irrelevante porque España no tiene por qué explicar cómo solventa sus problemas internos. Quien crea que sus derechos humanos han sido atropellados puede recurrir a Estrasburgo una vez agotados los recursos que la Justicia española le ofrezca. Sin embargo, si se permite que Puigdemont, ostentando el cargo de máxima autoridad, proclame la independencia de Cataluña se estará dando lugar, por escaso que sea el tiempo que transcurra hasta ser destituido vía artículo 155, a que otros países reconozcan a la nueva república. No es difícil aventurar que pueden ser unos cuantos, entre los que sin duda estará Venezuela. Lo grave sería que lo hiciera además un país como Rusia. Putin tiene derecho de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, gran influencia en toda la Europa del Este, especialmente en Alemania, que depende de sus suministros de gas, dinero con el que financiar la secesión catalana y el interés en subvertir la OTAN y la UE, a las que España pertenece.

En el momento en que la independencia se declare, el problema puede dejar de ser interno para convertirse en internacional y ese riesgo no debería ser asumido por el Gobierno bajo ningún concepto. Mucho más después de que Zapatero nos dejara aislados diplomáticamente y Rajoy haya hecho tan poco por remediarlo. Se han cometido muchos errores, pero todos palidecen ante el que se puede estar cometiendo ahora.

Sedición y corrupción de menores
Iván Vélez  Libertad Digital 4 Octubre 2017

Jordi Pujol sabía perfectamente que la clave para la destrucción de España era el adoctrinamiento de las nuevas generaciones.

Como era de prever, la jornada del 1-O, marcada previamente por la toma de las calles y de ciertas instituciones, singularmente la Universidad, donde se reparte el pasto espiritual catalanista, ha ofrecido escenas en las cuales cobraban protagonismo niños y adolescentes. Muchas han sido las imágenes difundidas en las cuales, bajo un tono a veces festivo, a veces violento, en ambos casos irresponsable, los infantes participaban en las concentraciones celebradas con motivo de un así llamado referéndum que no es sino una nueva coartada de los independentistas, tan imbuidos de fundamentalismo democrático como quienes, por imperativo legal, debieran neutralizar sus acciones. Esta atmósfera, la marcada por ese fundamentalismo en el cual se ancla el hábil recurso al derecho a decidir que esgrimen los secesionistas catalanes, es la que envuelve a ambas partes. Pero si tal es la envolvente, otro factor caracteriza, hasta anegar en sus estancadas aguas, a toda la actualidad de la vida política española: el de la corrupción.

Así es, el afloramiento de tramas delictivas en las cuales se insertan políticos con mando en plaza municipal o ministerial es una constante en las telepantallas, y no es necesario poseer la ciencia media para augurar que en breve aparecerán nuevos casos de corrupción delictiva en la cual andarán involucrados determinados miembros del PP. Nótese que caracterizamos como delictiva la corrupción vinculada a comisiones, recalificaciones irregulares y mordidas en general, conductas tipificadas como delitos que reciben los correspondientes castigos. Existe, no obstante, otra especie de corrupción a los que aludiremos más tarde.

Regresemos de nuevo a las calles catalanas. La imagen de menores incorporados a ardorosas, patrióticas e incluso hispanófobas acciones ha provocado un especial rechazo en amplios sectores de la población española. Adormecida por la propaganda que canta acríticamente las bondades del actual régimen democrático, gran parte de la ciudadanía ignora, o se esfuerza por ignorar, la realidad de un sistema educativo que fomenta y exacerba las particularidades regionales con objetivos políticamente disolventes. De tal estrategia sabe bien el ahora desaparecido Jordi Pujol, quien, ya desde los tiempos en que se movía entre las bambalinas federalcatólicas de finales de los 60, ha manifestado en varias ocasiones hasta qué punto el adoctrinamiento de las nuevas generaciones, y no una confrontación directa con el Estado, crearía la masa crítica capaz de poner en jaque la supervivencia territorial de España.

Es en este contexto en el cual procede introducir un tipo de corrupción que a menudo pasa, por ignorancia o negligencia, inadvertida para los medios. Una corrupción que en 2010 el filósofo español Gustavo Bueno definió como no delictiva en su obra El fundamentalismo democrático. Es esta, tal nos parece, la corrupción a la cual quedan incorporados los niños catalanes que hacen cuatribarrados dibujos en las calles, o la que ampara el absentismo escolar de unos jóvenes, jaraneros y alborotadores, que blanden las esteladas y gritan en la horas que deberían consagrar a Euclides, nunca a Cervantes. Nos referimos a esa corrupción que, en lo tocante a la Nación, a esa España impronunciable en muchos ambientes ideológicos, va orientada al fomento del odio, al desprecio y destrucción de sus símbolos, a la ignorancia y falsificación de su Historia.

En pleno proceso de putrefacción, de una descomposición nacional que los sedicentes izquierdistas pretenden camuflar bajo el reconocimiento de una, a su parecer, inequívoca condición plurinacional de España, Cataluña se sitúa en la vanguardia de una balcanización que tendría continuidad en otras regiones en las que, con la complicidad de los Gobiernos de Madrid, marcados por su cortoplacismo, se han seguido caminos educativos similares. Productos de tales sistemas, las futuras generaciones, corrompidas por un profesorado que encuentra su blindaje laboral pero también su confinamiento, en una educación transferida, comprobarán los resultados, probablemente amargos, de estas jornadas callejeras.

Patriotismo frente a nacionalismo
Juan Ramón Rallo El Confidencial 4 Octubre 2017

El nacionalismo es un movimiento político colectivista contrario al reconocimiento de derechos individuales fuera del marco esencialista que impone la propia nación. Los politólogos Philip Spencer y Howard Wollman han definido el nacionalismo como “una ideología que imagina la comunidad de un modo determinado (en concreto, la imagina como una comunidad 'nacional'), que defiende la primacía de esta identidad colectiva sobre otro tipo de identidades, y que, en nombre de esa identidad colectiva, aspira a conseguir el poder político, idealmente (aunque no exclusivamente) a través de la formación de un Estado para la nación (es decir, de un Estado-nación)”.

Asimismo, Umut Özkirimli caracteriza el pensamiento nacionalista en función de tres rasgos: las proposiciones identitarias, las proposiciones temporales y las proposiciones espaciales. Las proposiciones identitarias se refieren a que la nación goza de soberanía sobre los nacionales y, en consecuencia, todo nacional ha de mostrar una lealtad prioritaria hacia su nación. Las proposiciones temporales remiten a la continuidad histórica de la identidad nacional: la necesidad de construir una narrativa para demostrar que los nacionales de hoy somos herederos de los nacionales de ayer, aun cuando ello suponga deformar algunos hechos y olvidar otros. Por último, las proposiciones espaciales apelan a la existencia de un territorio consustancial a la nación: el hogar natural de los nacionales apegado a su propia identidad como pueblo. En suma, para el nacionalismo el sujeto soberano de derecho es la nación y esa soberanía la ejerce históricamente sobre todo su territorio.

Para el nacionalismo, la adscripción nacional prima sobre cualquier otro rasgo de nuestra identidad: la primera y más exigible de las lealtades es la lealtad a la nación. Si alguien siente un mayor apego hacia otras naciones, o si prioriza otras lealtades (políticas, religiosas, ideológicas, etc.) por encima de la nacional, entonces ese alguien deviene sospechoso de traición. De ahí que solo haya dos vías abiertas para los díscolos que no desean subyugarse al ideal nacionalista: o represión o adoctrinamiento. El nacionalismo alemán, por ejemplo, no dudó en construir la gran Alemania con 'sangre y hierro' en contra de quienes se oponían a la unificación. El nacionalismo catalán, a su vez, tampoco ha dudado en obligar a los padres a escolarizar a sus hijos en una lengua vehicular distinta a la de su preferencia con tal de fomentar la construcción de una determinada identidad nacional. Represión y adoctrinamiento son las dos vías fundamentales por las que el nacionalismo mantiene cohesionada una sociedad: y ambas vías constituyen ataques frontales a la libertad individual. Por eso el nacionalismo es un enemigo radical del liberalismo. Ahora bien, ¿significa ello que el liberalismo ha de caer en una especie de solipsismo político que abomine de cualquier vinculación social?

No. Frente al nacionalismo, son muchos los autores, habitualmente fuera de la tradición liberal, que han tratado de rehabilitar el concepto de patriotismo: es decir, la lealtad y la defensa de la propia comunidad política. Por ejemplo, Habermas, desde posiciones filomarxistas, quiso fundamentar esa lealtad en los valores universales compartidos por la ciudadanía y positivizados en su constitución. Asimismo, Maurizio Viroli, dentro del pensamiento republicano, también ha propugnado un “patriotismo de la libertad” basado en el amor a nuestra libertad común y, por tanto, en la necesidad de combatir a los enemigos de esa libertad común. El liberalismo, a su vez, puede perfectamente abrazar el concepto de patriotismo en un sentido similar al de Viroli (aunque sin su carga republicana): un patriotismo típicamente liberal, y opuesto a la visión holista del nacionalismo, sería la lealtad y el afecto hacia aquellas instituciones que garantizan nuestra libertad —la de cada persona que conforma semejante comunidad política—.

Sucede, sin embargo, que muchos de estos intentos intelectuales de diferenciar entre patriotismo y nacionalismo no resultan plenamente válidos, sobre todo cuando promueven la adhesión y lealtad a la totalidad de los ordenamientos jurídicos vigentes. Por una razón: la mayoría de comunidades políticas actuales —especialmente en Europa— no son más que comunidades políticas de corte nacional; a saber, comunidades políticas construidas sobre los presupuestos de una (mítica) continuidad histórica de la identidad nacional y de sus derechos políticos sobre un determinado territorio. En tal caso, la defensa integral de esa comunidad política y de sus documentos fundacionales únicamente constituirá una forma indirecta de refrendar el nacionalismo insuflado en la raíz de tales ordenamientos jurídicos.

Tomemos el caso de España. Son muchos quienes han intentado confrontar el primitivista, irracional y liberticida nacionalismo catalán con un moderno, racional y liberal patriotismo español. Quienes defienden la unidad de España, dicen, no son nacionalistas españoles sino 'patriotas españoles' genuinamente preocupados por la preservación del orden constitucional. Y, ciertamente, hay algunas buenas razones, nada vinculadas con el nacionalismo, para querer mantener el actual orden constitucional español: en esencia, que nos ha proporcionado un Estado de derecho relativamente funcional para defender ciertas libertades que defendemos como universales (y no exclusivas de un determinado grupo nacional). En ese sentido, sí cabría hablar de un patriotismo español vinculado a la adhesión a tales principios no nacionales.

Ahora bien, nuestro ordenamiento constitucional no solo descansa sobre premisas no nacionalistas y, por tanto, potencialmente engarzables con un auténtico patriotismo liberal. Otra parte de su articulado no es más que el remanente de posturas tradicionalmente nacionalistas que nada tienen que ver con la pretensión de universalidad típica del patriotismo. Me refiero, específicamente, a su artículo 2: “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”. Es decir, el texto constitucional cuya íntegra defensa reclama el autodenominado patriotismo español es un texto constitucional que, en su misma génesis, reconoce su profunda conexión con el nacionalismo: todo el ordenamiento constitucional —y todos los derechos y libertades allí positivizados— queda subordinado a la unidad (histórica y de destino) de la nación española. El ciudadano español tiene derechos en la medida en que la unidad de España se mantenga: no fuera, o más allá, de esa unidad nacional. La tensión entre ambas lecturas de la Constitución es patente: y una lectura patriota debería favorecer la posibilidad —incluso la conveniencia— de reformar ese artículo 2.

A la postre, la defensa cerrada y dogmática del artículo 2 de la Constitución —origen del enconado enfrentamiento que se está viviendo dentro de la sociedad catalana— no tiene nada que ver con un potencial patriotismo español y sí todo que ver con el tradicional nacionalismo español. ¿Pueden existir una o varias comunidades políticas, respetuosas de nuestras libertades, dentro del actual territorio del Estado español que no se fundamenten en esa indisoluble unidad nacional? Si la respuesta es que sí —y parece una evidencia internacional que una comunidad política funcional no tiene por qué descansar sobre la nación española—, entonces no hay razones verdaderamente patriotas para empeñarse en defender, contra viento y marea, la unidad nacional: las puede haber, claro, para defender que la unidad nacional sea reformada respetando el marco jurídico vigente, pero no para considerar un tabú la creación de nuevas comunidades políticas disolviendo la 'unidad nacional' (y lo mismo sirve, por supuesto, para el nacionalismo catalán, el cual, en su Ley de Transitoriedad, sigue colocando la soberanía nacional en manos del “pueblo de Cataluña”, y no en las de cada catalán que, libremente, desee adherirse a un hipotético Estado catalán independiente).

Frente al nacionalismo, patriotismo: un patriotismo basado en el acuerdo voluntario de convivencia entre personas que comparten un conjunto universalizable de valores acerca de la importancia de proteger la libertad individual. Un patriotismo que no sea rehén de narrativas nacionalistas y que, por consiguiente, acepte la mutabilidad de los marcos de convivencia. Un patriotismo que puede tener cabida dentro de nuestro ordenamiento constitucional, pero solo reformándolo para eliminar las líneas rojas que, precisamente, crean conflictos y enfrentamientos innecesarios entre la población. El avance hacia una mayor libertad solo se producirá con el retroceso de todo nacionalismo.

Comunidad política
Nota del Editor 4 Octubre 2017

Eso de la comunidad política y el acuerdo voluntario de convivencia  es como un mundo virtual. ¿ Como y quien  crea una comunidad política ? ¿Como se enteran los demás, como se integran, hasta que nivel hay que admitir las premisas ? ¿Quién da el visto bueno para entrar ? ?Cómo se sale, como se paga la entrada, la salida? ¿ Como se impone veto a quienes no queremos cerca ?.

El acuerdo voluntario de convivencia es como el matrimonio y ya sabemos en que consiste. Algunos liberales se pasan de rosca.

Vergüenza
Carlos X. Blanco latribunadelpaisvasco 4 Octubre 2017

Quizá el dolor y daño que están causando los golpistas instalados en Cataluña sirva para algo. Lo que no nos mata nos ha de hacer más fuertes. Quizá hayamos tocado fondo, después de años y años sumidos en el fango de las "autonomías". Quizá, después de la agitación de banderas y consignas, todos los españoles seamos capaces de sacar algunas conclusiones.

Conclusión pedagógica. No se puede delegar la Educación, así como otros servicios clave para la supervivencia del mismo Estado (sanidad, policía) a un gobierno regional que, además, puede resultar desleal. La hispanofobia nace en las escuelas, se transmite y engorda en ellas. Debe recentrarse la Enseñanza, se debe crear un nuevo cuerpo de funcionarios de la Enseñanza de lealtad probada al Estado, que reserven sus inyecciones de ideología al ámbito privado, y que se ocupen exclusivamente de fortalecer voluntades y entendimientos.

Conclusión económica. No se puede alimentar más a la serpiente. Al contumaz no se le soborna. Los españoles nos vamos a hartar de esta infame concesión de privilegios a una minoría "soberanista" que, en verdad, se ha mostrado insaciable y desleal. Todo tipo de "concierto" y trato de favor a un territorio habrá de verse, a partir de ahora, como lo que es: in instrumento para la infamia. Infamia es que existan españoles de primera y españoles de segunda. Esto es suicida.

Conclusión geopolítica. Esta operación "soberanista" coincide, básicamente, en sus métodos y fines, con intentos no muy lejanos (año 2011, por ejemplo) encaminados a hacer quebrar a España financieramente. La nación resultó lo bastante fuerte entonces a la hora de afrontar los ataques financieros internacionales, concertados, puntualmente, con la "revolución de color" que aquí se quiso implantar, como si fuéramos un país del Magreb, y de cuyos flecos nació el populismo de Podemos. Hay fuerzas muy poderosas en el exterior que desean quitarse de en medio a España (Soros, monarquías árabes, los petrodólares en general, competidores europeos de la UE).

Conclusión metahistórica. La existencia de una España unida y fuerte siempre será un obstáculo para las fuerzas mundialistas. Hay enemigos de nuestra nación mucho más informados en materia histórica que nuestros propios paisanos. Saben que la civilización europea-occidental y cristiana existe por la constante y denodada labor de España, como Imperio y como dique de contención. Saben que los hitos que jalonan nuestro pasado (Covadonga, Navas de Tolosa, Granada, Lepanto…) permitieron una Europa libre y próspera, aunque desagradecida. Y esos enemigos saben, como supieron grandes filósofos, desde Oswald Spengler hasta Gustavo Bueno, que la civilización hispana fue la gran alternativa geopolítica y espiritual a esa clase de modernidad depredadora y egoísta que fue la Europa mercantilista francesa e inglesa.

En las ruinas de nuestros castillos, en el despojo de iglesias y conventos desamortizados, en las estatuas corroídas de nuestros héroes, en los olvidados campos de batalla llenos de ortigas y espectros, aún quedan semillas de esa Hispanidad que fue, y que puede tornar al ser. Sólo se trata de volver a enseñar bien la Historia en nuestras escuelas. Sólo se trata de vacunar a nuestros niños contra el odio. Sólo consiste en meter al ladrón en la cárcel (es decir, a casi la mitad de la casta política). Es tan fácil como suspender el Estado de las Autonomías y refundar Las Españas de una vez. Hacerlo ya, y no para "conquistar el mundo", sino para contribuir a que se conserve un tipo de mundo, una forma de vida que tiene derecho a la vida. Una forma de vida que llevamos a las Américas, al África, al Extremo Oriente, y que los piratas de entonces, no muy ajenos a los bandidos de hoy, nos quitaron.

Vertebremos esas escuelas, a la vez que apoyamos y damos aliento a nuestros cuarteles. Niños estudiosos, soldados firmes, trabajadores honrados… Hay que empezar de nuevo. Volver, con paciencia y tesón, a construir. Este régimen, esta Constitución, estas “élites", ya no dan más de sí. La vieja España se muere. En Cataluña, simplemente, el olor es más intenso porque está más avanzada la putrefacción.

Ya casi lo estoy oyendo desde aquí. En una lejana escuela de algún perdido pueblo un niño estudia en voz alta su lección y aprende, tesonero, con ciencia, sin adoctrinamiento. Él es el futuro. Ya lo estoy oyendo: en alguna universidad, en un cuartel o en cierta fábrica, unos jóvenes piensan en sus hijos y en el futuro, seguro y orgulloso, que ellos pueden contribuir a darle. Es esa España que, desde esta vergüenza de 1-O, puede estar naciendo. Naciendo de la vergüenza, y del deseo de no seguir cayendo en picado. Nunca es tarde para empezar de nuevo.

Vuelven los neototalitarios
El autor alerta contra la eclosión de un nuevo tipo de totalitarismo y recuerda cómo el filósofo François Revel ya advirtió de esa posibilidad en 1991.
Guillermo Gortázar El Espanol 4 Octubre 2017

Cataluña se ha convertido, en estos últimos meses, en un tubo de ensayo social y político del neototalitarismo. El nuevo totalitarismo consiste en la intoxicación de parte de la ciudadanía descontenta, en utilizar la presión de la calle y de una coyuntural mayoría electoral de coalición para saltarse todas las leyes, procedimientos y resoluciones judiciales en un plan deliberado y anunciado de asalto al poder. Una versión posmoderna de golpe de Estado del siglo XXI.

Populistas y separatistas acreditan la denominación de neototalitarios toda vez que los antiguos comunistas son un resto jurásico de las dictaduras del siglo XX. Los neoconservadores y liberales en los años noventa del pasado siglo queríamos más libertad y menos Estado. En aquella década liberal casi nadie imaginó que la amenaza totalitaria renaciese tan pronto y con tanta fuerza. Los neototalitarios (neotot) proponen, con empuje y sin complejos, justo lo contrario: exclusión, más Estado, más impuestos, más gasto público, peor democracia y menos libertad.

Los separatistas se han estado entrenando, de modo incansable y constante, usando los gobiernos autonómicos para la ocupación y control de la sociedad civil, instituciones, empresas públicas, asociaciones y medios de comunicación públicos y privados. El grave error del gobierno de la nación, desde 1978, ha sido permitir un control asfixiante de las autonomías en manos de una nueva clase política profesional insaciable de recursos y de poder. Es una paradoja de la historia, que en la década de 1990, la del triunfo de los neocon y liberales en el mundo, en España se produjera, por el contrario, un aumento y despliegue del estatismo y de los miniestados de las autonomías. Ahora estamos pagando el precio.

El 10 de diciembre de 1991, en el inesperado y prometedor fragor de la caída del Muro de Berlín y de la Unión Soviética, la Universidad Complutense de Madrid organizó un ciclo de conferencias y debate posterior, en el que tuve el honor de participar, junto con Daniel Bell, Francis Fukuyama y Jean François Revel. He releído la publicación de aquella jornada, hecha gracias a los buenos oficios del entonces director del Club de Debate, José Antonio Verdejo. Me ha llamado la atención la clarividencia de Jean François Revel que advertía, hace dieciséis años, sobre la posibilidad del retorno de los totalitarios. Esta opinión chocaba con el optimismo de Fukuyama, del Fin de la Historia, quien sostenía que el triunfo por goleada de la democracia y la libertad enterraba el totalitarismo.

Reproduzco mi pregunta al pensador francés y su respuesta:
-"Después de la interesante sesión de esta mañana me permito abrir el turno de preguntas. Me dirijo al Sr. Revel sobre la eventualidad de un regreso del totalitarismo…. La historia no tiene su propia dinámica y no evoluciona independientemente de la voluntad de los hombres; los hombres hacemos nuestra propia historia y lo importante es si las decisiones y acciones que adoptamos son las que resultan más adecuadas o el tiempo demuestra que nos equivocamos. El Sr. Revel sostiene que el totalitarismo no es un peligro periclitado. Éste se presenta a veces con ideologías amables, con buenas intenciones. Pero el peligro del regreso del totalitarismo se encuentra en cualquier momento del futuro o del presente.

Sr. Revel, ¿podría explicarnos dónde ve esos peligros de regreso del totalitarismo?".
Tenemos que tener cuidado y poner instituciones que impidan a cualquier ideología tomar el poder absoluto

-"Naturalmente, los totalitarismos del pasado siglo, especialmente los del siglo XX, que fue el siglo de oro de los totalitarismos, no van a volver, porque ya los conocemos muy bien. Los hemos visto fracasar y matar a millones de hombres. Y arruinar el planeta que han ocupado. Pero la estructura mental hacia el totalitarismo existe en el hombre.

El deseo de sistematizar la ilusión de que se pueden construir sistemas que resuelvan de una vez todos los problemas, es una tendencia de la mente humana desde Platón a Marx y Hitler.

En mi libro El conocimiento inútil traté de dar una definición de ideología: es una triple despensa intelectual, práctica y moral. La primera consiste en retener sólo los hechos favorables, incluso en inventarlos totalmente y negar otros, impidiendo que sean conocidos.

La práctica suprime el criterio de la eficacia, quita todo el valor de refutación a los fracasos. Una de las funciones de la ideología es fabricar explicaciones que los excusan. A veces la explicación se reduce a una afirmación, por ejemplo, la cita de Gorbachov en su libro Perestroika, publicado en 1987, donde dice "no es al socialismo al que se debe imputar las dificultades encontradas en su desarrollo por los países socialistas". Esto quiere decir "no es el agua a la que se deben imputar los problemas de humedad que se plantean en los países inundados".

Creo que vamos a tener otras ideologías en el futuro, pero no sabemos cuáles, porque cuando nace una ideología se presenta siempre como un sistema de amor entre los hombres, a favor del progreso. Es cuando toma el poder cuando se vuelve un régimen totalitario, porque no acepta los fracasos. Esto lo hemos visto durante la Revolución francesa. Hemos tenido una revolución liberal en 1789 y después una revolución totalitaria en el 1793-1794.

El único remedio es la democracia, ya que no permite un poder absoluto. Entonces la ideología puede ser un elemento del juego democrático, pero no puede conseguir el poder ni tratar de cambiar toda una sociedad, una cultura y un pueblo. La separación de poderes, la libertad de información, son los únicos frenos. Tenemos que tener cuidado y poner instituciones que impidan a cualquier ideología del futuro tomar el poder absoluto como lo han hecho las ideologías del siglo XX".

No es difícil reconocer muchos de estos rasgos amables en los separatistas y populistas que padecemos, como el derecho a decidir; una vez obtienen el poder se convierte en puro y simple totalitarismo. ¿Cómo sería un gobierno de este tipo sin los frenos e instituciones de la Constitución Española?

Otro tanto puede decirse del populismo de Podemos: la dulcificada apelación a un “nuevo proceso constituyente” encubre una ruptura del orden constitucional. Aquella ruptura que no pudieron realizar en 1975-77 por la sencilla razón de que la sociedad española estaba mucho más por la reforma y la inclusión que por la ruptura y la exclusión.

Llegados a este punto es evidente que la política de cesiones y conllevanza con los separatistas ha fracasado y que se impone una rectificación. Lo primero es llamar las cosas por su nombre. Los independentistas no son “soberanistas”: son separatistas y supremacistas. En muchos casos, racistas que proponen un régimen político excluyente, como se recogen en la Ley de Transitoriedad Jurídica y Fundacional de la República, que convierte a la mitad de la población de Cataluña en ilotas, en ciudadanos sin derechos.

Los separatistas, alentados y apoyados por los populistas de toda España, son un peligro como gobernantes en el vigente marco constitucional (que no respetan ni cumplen), y una catástrofe para los ciudadanos de sus regiones a los que conducen a la división y a padecer una insufrible tensión identitaria que no comparten. Los socialistas cometerían un grave error si se dejaran arrastrar por los neototalitarios, como ocurrió en los años treinta en España.

Como señalaba Revel, no sabíamos en 1991 la forma que adoptaría la eventual nueva amenaza totalitaria. Ahora ya lo sabemos: separatismo disfrazado de bellas palabras como el derecho a decidir, y el populismo conducente y decidido a una explosión generalizada de nuestra convivencia e instituciones democráticas. Empezando por Cataluña.

*** Guillermo Gortázar es historiador y abogado. Su último libro es 'El salón de los encuentros. Una contribución para el debate político del siglo XXI' (Madrid, Unión Editorial, 2016).

Isabel Coixet pega un repaso humillante a los independentistas que la insultan
ESdiario 4 Octubre 2017

La directora de cine está harta de que los mismos que claman por su libertad de pensamiento trituren la de los demás sólo por decir lo que muchos piensan y pocos se atreven a decir.

La directora de cine Isabel Coixet ya no puede más. Manifestar en voz alta las lagunas de los indepedentistas le está costando caro en una Cataluña que en los últimos días no tolera muy bien la libertad de opinión y de expresión.

Y ya está harta. Así que ha explotado en una dura columna para El País en la que fulmina a todos aquellos independentista que claman por su libertad de opinión y pensamiento mientras trituran la de los demás: "Escribo esto con la cara encendida. No de vergüenza, sino de rabia. Dos individuos con banderas esteladas atadas al cuello me han increpado gritándome en la puerta de mi casa llamándome "fascista"..."¡debería darte vergüenza!". Seguían gritándome y me he vuelto con una tranquilidad que aún ahora dos horas después me asombra y les he dicho: "¿Pero no os da a vosotros vergüenza decirme esto a mí sin conocerme?".

Tal como señala, "desde hace meses, años quizás, si contamos el momento en que firmé el manifiesto del Foro Babel (que pedía un bilingüismo real), los insultos y las descalificaciones a los que, como yo, no seguimos el pensamiento único del independentismo y manifestamos nuestro desacuerdo han sido constantes. Y estos últimos meses el odio que hemos suscitado está alcanzando cotas inusitadas".

Según Coixet, "hasta ahora, se circunscribían al linchamiento mediático y yo personalmente las resolvía no teniendo Facebook ni Twitter (este último me lo hackearon, igual que me han hackeado mi WhatsApp atribuyéndome un texto que yo no he escrito), aunque siempre hay alguien que te cuenta la marea negra de basura que te echan encima, pero esta es la tercera vez que me gritan fascista en lo que va de semana (la primera que contesto) y hay algo en mí que se está rompiendo. Me doy cuenta con una claridad espeluznante que, pase lo que pase, no hay sitio para mí ni para nadie que se atreva a pensar por su cuenta en este lugar que me ha visto nacer, que hoy será esto, ayer fue el insulto a gente de mi familia, anteayer, a amigos cuyos amigos critican sin ambages que sigan considerándonos amigos y mañana será algo peor".

A su juicio, "como a la vez que condenas el comportamiento del Gobierno, no condenas la actuación del Govern, inmediatamente eres un enemigo, fascista, fascistoide, franquista, la hez. Y piensas en todo el miedo que se ha instalado como esporas en la piel de los que callan y en secreto vienen a decirte que están contigo, que te agradecen lo que haces, que ni en la intimidad del hogar pueden hablar para que los niños no les oigan y en el cole no se metan con ellos. No hablo de anécdotas: esta es la realidad que vivimos los de aquí. La fractura pasmosa de una sociedad que convivía en paz y sin temores, con diferencias lógicas de opiniones y valores y criterios, pero con respeto".

No obstante, matiza, "mientras pienso todo esto, me voy tranquilizando y veo que, después de todo esto es una insignificancia; que ahora mismo en el mundo hay hombres y mujeres sufriendo toda clase de bajezas, calamidades y humillaciones espantosas. Que el mío, el de otros como yo, es un problema del primer mundo. Recurro, como en muchas ocasiones, a minimizar lo que me pasa para no alimentar más el monstruo del odio que no me haría diferente de los que me insultan. Nunca creí que el precio a pagar por decir con respeto y con honestidad lo que uno piensa iba a ser tan alto".

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Unos errores se pagan y otros debieran pagarse
José Luis Manzanares Republica 4 Octubre 2017

Se produzca o no finalmente la declaración unilateral de independencia de Cataluña, ya el hecho mismo de haberse llegado a la situación actual es lo suficientemente grave como para resumir algunas de sus causas y perfilar responsabilidades más allá de las achacables de modo directo y principal a los separatistas radicales. Estos son quienes han ideado, impulsado y protagonizado todo el proceso. Vaya una concisa enumeración sin pretensiones de exhaustividad.

Así, las continuadas prácticas de los partidos nacionales para obtener los votos nacionalistas a la hora de formar gobierno o conseguir apoyos en otras cuestiones políticas. El precio han sido nuevas competencias, mayores inversiones o ayudas estatales e incluso una tácita promesa de impunidad institucional y personal en el ámbito de la corrupción.

Así, la ilimitada tolerancia en el incumplimiento de determinados preceptos constitucionales y de las sentencias de los tribunales ordinarios y del Tribunal Constitucional en su concreta aplicación. Recuérdense el (no) uso del castellano en los centros de enseñanza o el izado de banderas en los edificios públicos. Hasta la sede de la Fiscalía en Barcelona lo es exclusivamente de Catalunya. El castellano, lengua común de toda España ha desaparecido en una institución del Estado.

Así, la irresponsable promesa del entonces presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, proclamando sin tapujos que el texto del nuevo Estatuto de Cataluña sería el aprobado por el Parlament. Después vinieron un primer recorte en las Cortes Generales y un segundo en el Tribunal Constitucional al resolver el recurso de inconstitucionalidad no sólo interpuesto por el PP. Hay quien atribuye la culpa de la exacerbación separatista al intérprete máximo de nuestra Ley Fundamental por haber cumplido con su deber proclamando la primacía de la Constitución sobre los actos y resoluciones de los tres Poderes del Estado, incluido el Poder Legislativo.

Así, el no haber utilizado el artículo 155 de la Constitución cuando empezó la deriva autonómica que ha desembocado en la actual situación. Una muy comedida intervención en su día por incumplimiento de obligaciones (recuérdense en los ejemplos anteriores) habría tenido un coste mínimo.

Así, el no haberse hecho hincapié en la posible comisión de un delito o múltiples delitos de malversación continuada por el uso de los dineros públicos en la campaña independentista, siendo así que tal actividad, aunque lícita en la escena política, escapa de las competencias de la Generalitat y de los municipios. No se entiende bien que el Tribunal de Cuentas ordene a Artur Mas la devolución de cinco millones y pico de euros a las arcas públicas y se silencie su posible malversación.

Así, el recurso a la jurisdicción penal como medio casi exclusivo para resolver un problema eminentemente político que afecta a millones de personas. Tanto más cuando los delitos de desobediencia y prevaricación, únicos perseguidos hasta ahora, sólo conllevan penas de inhabilitación o de inhabilitación y multa, inferiores, como puede verse, a la prisión prevista para quien conduce un vehículo de motor a excesiva velocidad. Sin violencia no hay delito de rebeldía y sin tumulto ni siquiera delito de sedición, pero el Gobierno dispone de medios que no pasan por el Código Penal.

Así, el haber olvidado que la función de los jueces penales, como la de los fiscales, consiste en procurar el castigo de los delitos ya cometidos y no en tratar de impedir los futuros. La opción tomada por el Gobierno es la prueba de una actitud casi exclusivamente reactiva en el proceso dirigido por los separatistas.

Así, el haber cerrado los ojos a la evidencia, confiando en los Mossos d’Escuadra para impedir la celebración del referéndum ilegal. En principio la Guardia Civil y la Policía Nacional sólo habrían de apoyarlos en caso necesario. La realidad es que se ha votado, aunque sin unas mínimas garantías procedimentales, a lo largo y ancho de toda Cataluña. Por lo demás, era fácilmente previsible que la intervención de las Fuerzas de Seguridad venidas de fuera acabaría produciendo incidentes luego magnificados por los medios de comunicación, no sólo extranjeros, para llevar las aguas al molino separatista. Lo del mando único designado por el Ministerio del Interior ha quedado en nada.

Las malas noticias no cesan, antes al contrario. Por no hacer las cosas bien y oportunamente es probable que haya que aplicar ahora, tarde y en consecuencia mal, tras la proclamación unilateral de independencia, el tan repetido artículo 155 de la Constitución. No se olvide tampoco la posibilidad de tener que acudir finalmente a la indeseable declaración del estado de sitio. Se halla previsto en el artículo 116.4 de la Constitución y se regula en la Ley Orgánica 4/1981, cuyo artículo 32 contempla el supuesto de que “se produzca o amenace producirse una insurrección o acto de fuerza contra la soberanía o independencia de España, su integridad territorial o el ordenamiento constitucional, que no pueda resolverse por otros medios”. Todo dependerá de cómo se desarrollen los acontecimientos futuros.

Puesto que el golpe blando de Puigdemont y compañía es comparable a la intentona militar del 23F, se echa en falta la contundencia en la respuesta del Gobierno. Más aún, muchos españoles habrían agradecido también una alocución real en línea con la de S.M. Juan Carlos I en aquella excepcional coyuntura. Hoy, leer la prensa, oír la radio o ver la televisión quizá no sea para llorar, pero casi.

Deslealtad inadmisible.
José Javier Esparza Gaceta.es 4 Octubre 2017

Todo está dicho ahí, en esas dos palabras, cuidadosamente escogidas: “deslealtad inadmisible”. Es lo que el Rey reprochó al gobierno autónomo catalán. Acto seguido, pidió recuperar el orden constitucional, lo cual debería entrar en los oídos de Rajoy bajo esta formulación: “Aplica el artículo 155, la Ley de Seguridad Nacional o lo que tengas que aplicar, pero aparta a Cataluña de las manos de esa gente”. De sus “sucias manos”, que dirá el pleonástico Rufián.

Otra cosa: en su discurso, el Rey añadió algo que es una evidencia, pero que todo el mundo parece haber pasado deliberadamente por alto y que en estas páginas hemos repetido una y otra vez en solitario, a saber, que el gobierno de la Generalitat no es tanto “el gobierno catalán” como la representación ordinaria del Estado –de España- en Cataluña. Por consiguiente, estuvo, está y estará obligado a cumplir la misma ley que todos; no representa una legitimidad ni una legalidad distinta a la del Estado español. A propósito: como bien me apuntaba el otro día Dalmacio Negro, aquí el pecado no es sólo el de quien ha incumplido la ley, sino también el de quien, debiendo hacerla cumplir, se abstiene. ¿Lo entiendes, Soraya?

Las reacciones de la aldea política nacional al discurso del Rey también merecen su glosa. En particular la de Podemos y sus huestes, que en esta historia, asombrosamente, han decidido ponerse al lado de los Pujol frente al pueblo español. Debe de ser el bebedizo de Roures, pero el caso es que es un error estratégico de consecuencias incalculables. Al final a esta gente le traiciona la hispanofobia estructural de nuestra ultraizquierda, que oye la palabra “España” y se estremece violentamente como carne de Satán al contacto con el agua bendita. Otra deslealtad inadmisible.

Ahora es el momento de las decisiones. Todo sería transparente si no fuera porque quien ha de ejecutar esas decisiones se llama Mariano Rajoy. El pueblo español, ese pueblo al que este Gobierno ha dejado solo en Cataluña y en todas partes, mira expectante.

Un relato de excepción
Fran Carrillo okdiario 4 Octubre 2017

El relato es el ropaje ideológico y emocional con el que un gobierno o un partido político revisten sus actuaciones. En la batalla Generalitat-Gobierno, mientras unos han equipado sus reservas retóricas de combustible suficiente, la contraparte pasea desnuda pidiendo que le vistan de Armani cuando en realidad la percepción es que cubren su cuerpo de harapos malolientes. En Moncloa saben desde hace tiempo que ganar el escenario futuro parte de recuperar la iniciativa sobre una narrativa que empieza por no reconocer el marco retórico de la contraparte; por falsario, inexacto y manipulador. La Generalitat ha trabajado la propaganda social con un tino soberbio, donde ha combinado el agit-prop institucional con las prácticas borrokas callejeras exportadas de sus aliados vascongados.

Porque el nacionalismo catalán siempre ha tenido quien le agite pero no quien le rebata. Las imágenes de miles de jóvenes radicalizados parando clases, profiriendo gritos e insultos contra todo lo que huele a España, confirma el fracaso de los diferentes gobiernos de España desde la Transición. En estos días estamos viendo el resultado de la inacción educativa en Cataluña por parte del Estado, las consecuencias de tanta desidia incompetente, de vender España a cambio de la Moncloa. Es momento de que el Gobierno de Rajoy articule un relato que desmonte la mentira que desde la Generalitat lanzan sobre su supuesta actuación desmesurada e ilegal. No aceptar su proyección freudiana. Los violentos políticos que azuzaron la violencia social tienen caras, nombres y apellidos: Puigdemont, Junqueras y Anna Gabriel, la tríada de la muerte.

Un relato que defina a Puigdemont como un subordinado del Estado que se salta las leyes y manipula a la población catalana en su beneficio, sin admitir mediación internacional ninguna porque Cataluña ni está oprimida, ni está ocupada, ni se violan derechos humanos. Un relato que explique a la opinión pública que todo Estado actúa así en defensa de la legalidad y del ordenamiento jurídico e institucional. Como hizo la propia Generalitat azuzando a los Mossos contra la población —catalana— cuando ésta se manifestó años atrás en protesta por los recortes sociales y económicos del ahora gurú espiritual Mas. Un relato que desmonte la mentira nacional-populista de que el domingo 1 de octubre votaron y se manifestaron los catalanes. Sólo acudió a votar un 37% del censo. La minoría. Donde no hubo además ni controles ni rigor. Personas que votaron hasta cuatro veces, otros que votaron con carnets falsos, niños depositando papeletas. Y aun así, falsearon los datos, cuyo total es, curiosamente, la cifra de votos que obtuvieron Junts pel Sí y la Cup las pasadas elecciones autonómicas.

Un relato que diga que una DUI es la vía extrema e ilegal que ningún Estado permitiría fuera de todo cauce lógico y que no deja más espacio que aplicar el artículo 155 de la Constitución, gracias al mandato que juraron o prometieron cumplir presidente y ministros, pero también diputados. Un relato que no busque tanto seducir como explicar que los verdaderos indefensos en Cataluña son la mayoría de catalanes que quiere seguir siendo españoles, que pasean con miedo sus sentimientos, que esconden su posición por la violenta reacción de los que se presentan al mundo como hombres y mujeres de paz cuando son la encarnación de la violencia costumbrista. Un relato que no sea equidistante. Que no se admita el papel de mártir de Puigdemont y compañía. Un relato que no admita sus falacias y mentiras. Un relato que haga saber a la comunidad internacional que los buenos siempre están con la ley y la libertad y los malos con la vulneración de ambas. Un relato sólido e inteligente que hable de la Cataluña rica gracias al Estado, de la libertad de expresión que tienen todos los catalanes (hasta para llamar dictadura a España), de la mentira de la opresión que sufren. Un relato, en suma, que retrate a esa Trinidad del Mal que son Puigdemont, Junqueras y Anna Gabriel como lo que son: Radicales y violentos dispuestos a todo. Nada de pacíficos gobernantes.

Perder el partido
Salvador Sostres Barcelona. ABC 4 Octubre 2017

El 9N. El 1 de octubre. La huelga política de ayer. Los independentistas siempre han sabido que tenían a los Mossos y al Govern a su lado y están envalentonados porque se sienten protegidos por las instituciones que consideran propias.

En cambio, los que se sienten también españoles en Cataluña despiertan de cada promesa del Gobierno aún más arrinconados y estupefactos y si están callados es porque no saben si alguien va a estar ahí para defenderles cuando llegue el momento -que no tardará- de tener que arriesgar cosas que no tienen repuesto para sostener los discursos con la vida. Son los que en 2014 quedaron en ridículo tras meses de presumir ante sus amigos independentistas de que la votación del 9 de noviembre no iba a producirse porque el Estado es más fuerte y más listo. Son los que el domingo asistieron con la misma sensación de humillación y abandono a otra votación que, contra las repetidas declaraciones del Gobierno, también se produjo, por mucho que no pueda ser considerada un referendo. Y son los que, además, han tenido que asumir como casi propias unas cargas policiales que, si bien es falso que fueran brutales y desproporcionadas, es innegable que llegaron tarde y mal y fruto de unas órdenes improvisadas ante el estrepitoso fracaso de que los colegios electorales pudieran abrir con urnas y papeletas.

Incluso los que sintiéndose mucho más catalanes que españoles decidieron decantarse por la Ley creyendo que era su deber, y lo que les permitiría vivir bajo su protección y en paz, están hoy pensando si se equivocaron de cálculo. ¿Qué protección de España para los catalanes que no han renunciado ella?

Hace décadas que es residual la presencia del Estado en Cataluña y da la sensación de que tiene mucho más asumido que somos una colonia -y que como tal nos trata, con todo el complejo y toda la distancia- que la mayoría de la sociedad catalana. Estos días, en el extremo, se pone extremadamente de manifiesto lo que lleva tiempo sucediendo: que el Estado no tiene ningún arraigo, ninguna credibilidad, ninguna estrategia en Cataluña: y que cuando promete algo, no cumple; y que cuando asegura que actuará con determinación es burlado y pierde cualquier posible relato, aunque perder tal vez sea un verbo excesivo porque sólo se pierde lo que alguna vez se tuvo. Ser español hoy en Cataluña es tener la razón, la Ley y la fuerza e igualmente perder el partido. Veremos si el valiente discurso de ayer del Rey cambia algo. Pero hasta hoy España ha dejado sistemáticamente tirados a los millones de catalanes que todavía creen que pertenecen a ella.

No te lo perdonaré jamás, Rajoy
Liberal Enfurruñada okdiario 4 Octubre 2017

Rajoy dijo que “no podemos consentir el referéndum porque es una estafa a la democracia”, garantizó que “no renunciaría a nada para impedir el referéndum”. Afirmó que haría “todo lo necesario, para impedir el referéndum”, aseguró que “el referéndum no se va a celebrar porque liquida la voluntad de la mayoría de los españoles”. El Gobierno estudió “cómo obligar a los Mossos a cumplir sus órdenes para impedir el referéndum” y el PP prometió que Rajoy “defendería la democracia” y que “no hay nada que negociar”. Todos estos entrecomillados son frases literales pronunciadas entre los pasados días 4 y 30 de septiembre.

Fue el filósofo griego Anaxágoras el que dijo aquello de: “Si me engañas una vez, tuya es la culpa; si me engañas dos, es mía.” Así que entono el mea culpa y reconozco que de nuevo me he dejado engañar por Rajoy. La primera fue en las elecciones de 2011 en las que se presentó con un programa electoral que luego no cumplió, en cuestiones de las que le echó la culpa a la crisis y a Bruselas y también en otras sobre las que ni siquiera se molestó en dar una explicación. En las siguientes elecciones no volvió a engañarme simplemente porque me he negado a volverle a votar y también me dije que no iba a volver a creerle. Pero fallé y lo hice. Pensé que con lo que nos estábamos jugando en Cataluña esta vez sería sincero y haría lo que prometía. Y de nuevo me ha vuelto a engañar porque ha permitido que ocurra lo que prometió que no iba a pasar.

Tenía múltiples opciones. Podía haberles dejado votar, dejando la responsabilidad de impedirlo exclusivamente en los Mozos de Escuadra, aduciendo que se trataba de un referéndum ilegal y permitiendo que fuera la justicia la que, después, ajustara cuentas con los delincuentes que no acataran las resoluciones de los Tribunales. También podía haber aplicado la Ley de Seguridad Nacional para poner bajo su mando a los Mozos de Escuadra —ese infame cuerpo politizado, que ha perdido para siempre el derecho a ser respetado— para obligarles así a cumplir la resolución judicial que les obligaba a impedir las votaciones. O directamente podía haber aplicado el artículo 155 de la Constitución Española, por el golpe de Estado que el Parlamento Catalán dio a principios de septiembre. Cualquiera de estas soluciones habría sido menos mala que lo que finalmente ha hecho.

Porque ha actuado de una forma tan negligente e irresponsable que cuesta hasta creerlo. Ha utilizado a nuestros valientes y dignos policías y guardias civiles como peleles a los que cualquier mindundi puede insultar, escupir o empujar, sin permitirles defenderse. Se les obliga a retirarse a la mínima resistencia, haciendo un ridículo que está siendo contemplado en todo el mundo. Se ha hecho creer falsamente que se intentó impedir el referéndum y que nuestros valientes no fueron capaces de pararlo. Se ha brindado a los golpistas un triunfo heroico, repleto de imágenes de resistencia contra nuestras fuerzas policiales, a quienes se ordenó retirarse de todos los frentes sin cumplir sus objetivos. Y todo esto a cambio de nada, porque ni uno sólo de los responsables políticos de esta revuelta ha sido detenido, continúan con su rebelión desde sus despachos enmoquetados, impunes. Hago mía la frase de Cayetana Álvarez de Toledo y se la dirijo a nuestro presidente, por la vergüenza que me está haciendo pasar: “No te lo perdonaré jamás, Mariano Rajoy. ¡Jamás!”

La división hace la debilidad
Alejo Vidal-Quadras Gaceta.es 4 Octubre 2017

Los separatistas son un bloque monolítico. Por encima de diferencias de renta, de intereses económicos, de nivel cultural y de modelos de sociedad, presentan un frente sin fisuras ante el Estado democrático. Han aparcado todas sus rencillas y agravios, son conscientes de que en la hipotética Cataluña soberana con la que sueñan están condenados a enfrentarse en las urnas y muy posiblemente en las calles, pero ahora les hermana un propósito común: la independencia.

El desharrapado militante de la CUP que vivaquea en El Raval cierra filas con el yuppie de La Diagonal, el pequeño comerciante de Gracia con el gran empresario de Pedralbes, el payés del Delta del Ebro con el administrativo de La Caixa y el Mosso d’Esquadra de padres andaluces con el socio del Omnium Cultural de ocho apellidos catalanes. Tienen un enemigo al que detestan, inventado sin duda, pero que perciben como real tras décadas de adoctrinamiento televisivo y escolar. El odio les une con su pegamento fétido y no ven otra cosa que a la opresora España. No importa que la Hacienda del Estado pague los sueldos de sus maestros, médicos, enfermeras y policías, que la Autonomía catalana esté quebrada y sea el Tesoro español el que la respalda con su solvencia, que el castellano haya sido expulsado del espacio oficial y público y de la enseñanza, todo eso no cuenta, sólo importa su proyecto de liquidar una nación con cinco siglos de existencia cuyo imaginario yugo no pueden soportar ni un día más.

Tienen un objetivo que actúa como un irrompible cemento aglutinador, les posee el deseo húmedo y excitante de liberarse de unas cadenas inexistentes y de vivir colectivamente -un sol poble- una aventura preñada de épica que les hace sentirse superiores y que les proporciona tan excitante placer que cierran los ojos a cualquier consecuencia negativa del disparate que están cometiendo y a la sarta de mentiras sobre la que han construido su delirio. Son una falange de filas prietas fundida en un ineludible destino que da sentido a sus vidas y su conciencia tribal sin fisuras ha diluido la manifiesta diversidad de la sociedad catalana. Han dejado de ser un conjunto de individuos con gustos, actividades, ideas y creencias plurales para apretarse en una manada homogénea en estampida hacia el desastre.

Del otro lado, el de los partidos supuestamente leales a la Constitución y a la cohesión nacional, el panorama es desoladoramente distinto. Impera la desconfianza, la carencia de una idea de España, la desunión, las zancadillas y el oportunismo suicida. En vez de cooperar lealmente para defender la legalidad y garantizar los derechos y libertades de los españoles, lo que incluye a los catalanes, en lugar de coordinar sus mensajes y ofrecer a sus atribulados compatriotas una imagen de unidad que les proporcione seguridad y tranquilidad, rivalizan en hacer el juego al enemigo para debilitar al adversario político. El Gobierno oscila entre el miedo y la confusión, y la oposición, con la única y loable excepción de Ciudadanos, no desperdicia ocasión de erosionar al Estado y se mueve de la tibieza reticente del PSOE a la pura traición de Podemos.

Estamos atravesando sin duda la etapa de mayor peligro para la supervivencia de España desde 1808, con la diferencia de que entonces nuestros gobernantes cedieron inicialmente ante la potencia militar más poderosa del mundo y hoy se están rindiendo a una pandilla de mediocres corruptos sin otras armas que su fanatismo, su osadía y su demagogia. También hace dos siglos el buen pueblo español atesoraba suficientes reservas de patriotismo y de coraje como para compensar la cobardía de una familia real abyecta y de unas camarillas rastreras, pero hoy, tras cuarenta años de dictadura y otros cuarenta de vaciamiento moral y de dilución de la conciencia nacional, estamos inermes ante la ofensiva conjunta del colectivismo populista y del separatismo rencoroso. Tan cierto es que la unión hace la fuerza como que la división la debilidad. Y es que los malos ganan cuando los buenos, además de permanecer pasivos, andan a la greña.

Estamos sin Presidente
Francisco Hervás Maldonado. Coronel Médico (r) latribunadelpaisvasco 4 Octubre 2017

El individuo que dice ser Presidente del Gobierno de España ha gestionado la reciente crisis catalana independentista, desde sus inicios hace más de cinco años, de la peor manera posible: no ha hecho nada. Ha demostrado una falta de iniciativa y valor que rayan en la paranoia. Es una vergüenza tener este presidente, esta vicepresidenta (son tal para cual). Majestad, a este individuo hay que cesarlo por manifiesta incompetencia. Señores del PP, ¿a qué esperan para deshacerse de este inútil, a perder todas las elecciones posibles? Durante muchos años he confiado en el PP. Craso error. Unos eran una banda de mangantes, tal como indican los jueces, y otros unos gallinas o avestruces, como nuestro actual presidente. Albert Rivera lo tuvo claro desde el primer momento: aplíquese el artículo 155 de la Constitución.

Pero este gallina de nuestro presidente… tiene a los Policías Nacionales y Guardias Civiles desprotegidos, escondidos, insultados, mal pagados e incluso acosados por esa canalla que dicen ser policías llamados los mossos. ¿Qué pensaría usted, amigo gallináceo, si acosaran a sus hijos, a su mujer o a sus familiares? ¿Le parecería bien o se marcharía a otro paraje huyendo? ¿Cómo le consiente sus groserías al ente de la coleta, que a veces dudo de que sea algo más que un semoviente inculto? ¿Cómo consiente las bravatas del pelo de fregona o del otro individuo que siempre le acompaña? Perdone, respeto a su familia, pero es usted un cobarde de libro, señor Rajoy. Usted no está capacitado para gobernar España, usted no me representa y le exijo su renuncia, por haber mentido en sus promesas electorales y de actuación en esta crisis.

Ante un delito de sedición, ante un golpe de Estado, que es lo que se está produciendo, hay que ser contundente, cortarlo de raíz o… el riesgo de una confrontación armada es real, no lo dude. ¿Qué quiere, apocado, otra Guerra Civil? Porque en tal caso usted sería el responsable de los muertos, el responsable del dolor que se produzca, el responsable del gravísimo deterioro económico que se ve venir. Vamos, se lo digo más claro: es imposible que sea usted tan pusilánime, ¿es que es usted tonto? En su partido hay gente magnífica. Váyase y déjeles paso, que seguro que lo harán mucho mejor que usted. Es usted el hazmerreir internacional y la vergüenza nacional de la política. Váyase, por Dios, ¡¡¡váyase!!!

Eso sí, antes de irse disuelva los Mossos d’Escuadra, detenga a ese inútil de Trapero (casi tanto como usted), detenga a Puigdemon, a Junqueras, a Forcadell y a los directivos de la ANC y el puñetero Omnium, que de cultura tienen lo que usted de valiente. Suspenda la autonomía de Cataluña, disuelva los tres partidos independentistas, traslade a los detenidos a la otra punta de España y a los jovencitos que píen, estaca y multa, a ver si sus papás dejan de estar tan ocupados y los educan como debe ser. No multita no, ocho o diez mil euros per cápita o seis meses de chirona en las Chafarinas. Se está usted jugando no ya su futuro, que también, sino el mío, el de mi familia y amigos, el de mis queridísimos amigos catalanes, incluyendo familiares, el de nuestro prestigio internacional como nación, nuestro futuro económico (¿ha mirado usted la bolsa, prenda?), el de nuestra capacidad de desarrollo, la posibilidad de promoción de nuestros hijos y nietos, nuestras creencias religiosas, la posibilidad de control de muchas enfermedades e incluso nuestro buen humor y nuestra dieta feliz. Es usted un incompetente.

Váyase, señor Rajoy, hoy mejor que mañana. No lo dilate. Ha hecho usted tal daño a España que necesitaremos décadas para recuperarnos. Y de paso, llévese a los señores Zapatero y Pedro Sánchez, al señor Pablo Iglesias, al señor Rufián (su nombre lo dice todo) y demás inútiles disfrazados de políticos. Majestad, convoque un equipo gestor de Gobierno y unas Cortes Constituyentes, quienes han de ocuparse de arreglar ese bodrio de Constitución que tenemos, con más autonomías que una furgoneta Mercedes Benz. Si se justifica por la historia (real, no inventada), en determinadas zonas se promocionará una cultura propia. Pero no la sanidad, la educación, la tributación, etc. Llevamos casi cuarenta años de cuento. Vale ya, que el mundo es uno y no setenta mil millones. No podemos regresar a la prehistoria con las tribus. Los nazis solo sirven para matar, como ya hemos comprobado. Y en estos momentos, Cataluña está superpoblada de nazis. Los nazis solo entienden un idioma: la leña.

Nos ha costado mucho llegar a donde estamos en Europa. No dejemos que vuelvan los nazis ni tampoco los almorávides. Todos debemos vivir juntos, pero sin imposiciones, sin dictados. La convivencia de los pueblos es una gran señal de su grandeza. La intransigencia de los separatismos es de una bajeza moral que abruma. ¿Y usted se cree que van a parar ahí? Pues no. Primero querrán las Baleares y Valencia, después Aragón. Luego… los vascos, gallegos y castellanos. Y acabarán conquistando todo el territorio español, pondrán la capital en Madrid (si, no lo dude) y eso, tras fusilamientos múltiples. Atacarán Francia y Portugal, etc. Total: al final habrá que arrasarlos. Pues no lleguemos a ello. Seleccione y encarcele a los responsables y después, váyase con viento fresco; que usted no vale para esto.

Tal vez encuentre fuertes mis palabras, pero me ha hecho usted recordar el litigio de Don Francisco de Quevedo con el impresentable Conde-Duque de Olivares: “No he de callar por más que con el dedo, ya tocando la boca ya la frente, silencio avises o amenaces miedo…”

A partir de ahora, ni mi familia ni yo nos sentimos ligados al Partido Popular en tanto usted siga dirigiéndolo. Que Dios lo perdone y que cuando se lo demande, usted se arrepienta y Él se apiade de usted, señor Rajoy.

Los constructores de la destrucción de España
Roberto L. Blanco Valdés La voz  4 Octubre 2017

Ninguna democracia logra subsistir si quienes deben protegerla se levantan contra ella mientras otros, para medrar políticamente, aprovechan la inicua acción de los rebeldes. Así aconteció con las repúblicas democráticas europeas proclamadas durante el período de entreguerras (en Austria y Alemania en 1918 o en España en 1931) que perecieron en el maremagno del fuego cruzado entre quienes, desde posiciones extremas de izquierdas o derechas, acabaron favoreciendo el triunfo de los totalitarismos.

La locura secesionista que ha hundido a Cataluña culminó el domingo en el desastre cuando fraguó en una revuelta popular la llamada a la insurrección alentada y financiada por las instituciones de la Generalitat. Y cuando, siguiendo las ordenes del Gobierno rebelde, una fuerza armada del Estado -los Mossos d’Esquadra- traicionó su deber de cumplir y hacer cumplir leyes y sentencias y violó la taxativa orden judicial de impedir la celebración de una consulta inconstitucional.

Fue, de hecho, la alevosa y contumaz desobediencia de los mossos la que dejó a la Guardia Civil y a la Policía Nacional a los pies de los caballos y permitió montar a los rebeldes y a quienes desde otros nacionalismos y la extrema izquierda los apoyan ese relato de exageraciones y mentiras (800 supuestos heridos de los que ¡solo dos! han sido hospitalizados) con el que se pretende acabar con el Gobierno para asegurar así el triunfo, ya sin oposición, de una disparatada república catalana independiente.

Que a ello hayan jugado la extrema izquierda nacionalista y no nacionalista (con los cráneos previlegiados de Iglesias y Colau a la cabeza) era de esperar, pues tal es su estrategia: hacer tierra quemada para alcanzar al poder sobre las cenizas de una democracia que desprecian, pese a ser la mejor que jamás hemos tenido. Pero que, desde la misma noche del 1 de octubre, Sánchez e Iceta, Iceta y Sánchez, pese a la extrema gravedad de la situación del país, se hayan puesto de perfil, considerando tan responsables de su crisis a quienes la han provocado, atacando nuestro sistema constitucional como nunca antes de 1977, y a quienes lo defienden, es una ignominia que un partido tan importante como el PSOE no debería tolerar a dos dirigentes que jamás piensan en los intereses generales sino solo en sus ambiciones personales.

Que Sánchez se haya parapetado tras una llamada al diálogo para eludir su responsabilidad como líder del segundo partido del país, cuando el secesionismo prepara una declaración unilateral de independencia, constituiría una ingenuidad sino fuera, como es, una vileza: una estrategia para favorecer la caída del Gobierno mientras trata de mantener los puentes con Podemos y los nacionalistas cuyo apoyo necesita para llegar a la Moncloa. Pero que se ande con ojo Pedro Sánchez: porque, si Puigdemont proclama la república catalana, muchos votantes socialistas no pagarán a aquellos que en su día tampoco pagó Roma.

El fracaso de los Mossos
Miquel Giménez. vozpopuli  4 Octubre 2017

A raíz de lo sucedido en las últimas jornadas es bueno, incluso higiénico, repasar la trayectoria del cuerpo de Mossos de Escuadra. Un cuerpo policial puede ser muchas cosas, incluso puede no ser todo lo eficaz que es deseable, pero lo inconcebible es que la fuerza pública actúe al dictado de unos gobernantes que están al margen de la ley. Tenemos un problema gravísimo.

Un relato construido con mala intención
Antes que enumerar la dolorosa lista de errores, omisiones o complicidades de la policía autonómica catalana es bueno saber los polvos que han traído estos lodos. Porque, digámoslo de manera coloquial, los Mossos de Escuadra se han cubierto de gloria en estos días. Ya pueden desgañitarse los independentistas defendiendo las bondades del cuerpo y manifestar que son la policía del pueblo, que al observador que algo entiende de estos asuntos no se le puede dar gato por liebre ni policía por seguridad privada. Porque eso es lo que ha sido el cuerpo en todos los acontecimientos secesionistas: una compañía privada que velaba por los intereses de un particular. Y eso, señores, ni es policía ni nada que se le parezca.

Analizando el fondo del asunto, hay que recurrir a un término que se ha puesto de moda, la “postverdad”. Con él se pretende definir a quien retuerce los hechos a su conveniencia, presentando una verdad que no es tal, aunque lo parezca. Si nos ceñimos a la definición, lo que se ha hecho desde los gobiernos de Jordi Pujol, pasando por los del Tripartito, para luego llegar a Artur Mas y acabar con Carles Puigdemont, es una postverdad tan enorme que se escapa de los límites de un artículo como este. El nacionalismo y sus cómplices de la izquierda acomplejada han inventado el mito de una policía autonómica casi súper humana, eficaz, moderna, integrada por jóvenes altos y musculosos. En alguna ocasión he comentado amargamente que la Escuela de Policía de Mollet, academia de los Mossos, era lo más parecido a Hollywood que jamás tendría Cataluña. Mucho escenario, mucha mise en scéne, pero técnica policial, la justa.

No pretendo cargar todas las culpas sobre los hombros de los policías autonómicos, que de todo hay, como en la viña del señor, pero sí decir que, desde la llegada del nacionalismo a la Generalitat, han estado y siguen estando sobrevalorados en detrimento de otros cuerpos policiales como la Policía Nacional, la Guardia Civil y ya no digamos las policías municipales. Siempre han cobrado más que los otros por hacer menos y se han considerado a sí mismos como la élite de las fuerzas de seguridad. El adoctrinamiento que han sufrido desde el minuto cero en materia nacionalista ha sido, como imaginará el lector, brutal. Como sea que todo político desea tener una cámara y un micrófono que controle, una persona uniformada con un arma que se cuadre cuando pasa y un presupuesto que mangonear a su libre albedrío, los nacionalistas catalanes descubrieron en los Mossos una guardia pretoriana útil de cara al futuro independentista que todos, más o menos secretamente, deseaban.

Pero tuvieron que ser los socialistas y sus socios de gobierno, Esquerra e Iniciativa, los que decidiesen desplegarlos por toda Cataluña en detrimento de otros cuerpos policiales. No estaban preparados y eso se nota en los índices de bajas por depresión, datos que son muy anteriores al atentado de Las Ramblas o al referéndum ilegal del pasado domingo. La simple presión policial de patrullar les afectaba, el llevar un arma les afectaba, la disciplina del cuerpo les afectaba. Uno se pregunta si muchos no se habían apuntado creyendo que su misión se limitaría a ejercer funciones de portero en las entradas de los edificios oficiales de la Generalitat y poca cosa más.

Todas las competencias que fue quitando la Generalitat a los cuerpos del estado y a las policías municipales –Pujol siempre vio como máxima enemiga a la poderosa Guardia Urbana de Barcelona, que recibió un enorme impulso bajo el mando de Julián Delgado, al que algún día habrá que hacerle justicia– iban cayendo del lado de unos policías, los autonómicos, que se veían avasallados por unas tareas que, y eso hay que decirlo en su descargo, solo pueden ser desempeñadas con solvencia cuando existe una buena estructura de mando y unos cuantos lustros de patearse la calle. Todo esto queda muy lejos de la imagen de policía popular, al servicio de Cataluña y de la gente, a años luz de los represores policías españoles que nos quieren hacer tragar Puigdemont y sus consellers. Una postverdad que no aguanta el menor análisis.

Los errores, en los que ahora sería demasiado prolijo entrar, han hecho de los Mossos una policía de domingo al servicio del Conseller de turno, sometida a los vaivenes políticos. No negaré que otras policías también puedan estar expuestas a tales cosas, pero he de decir con toda honestidad que lo que se ha visto con la policía de la Generalitat no se ha visto en España con ningún otro cuerpo policial.

Jueces y parte
Por definición, toda fuerza policial ha de tener un norte, a saber, hacer que la ley se cumpla, proteger al ciudadano, perseguir al delincuente, obedecer a los jueces y al orden legal establecido, en fin, lo que muchas policías en los Estados Unidos llevan escrito en las puertas de sus vehículos: servir y proteger. Para cumplir esto lo primero es tener la capacitación y los Mossos no han demostrado tenerla. Son los mismos que desalojaban con extrema brutalidad a los congregados en la plaza de Cataluña durante el 15-M, los que le vaciaron un ojo a Esther Quintana durante el asedio al Parlament, los que, por culpa de sus malos protocolos, causaron las muertes de dos ciudadanos al intentar detenerlos; sí, son los mismos que ahora transportan las urnas del referéndum en sus coches patrulla, dejan abandonados a su suerte a compañeros de la Guardia Civil en la sede de Economía, tardando un día entero en sacarlos de allí, son los mismos que se han enfrentado públicamente a sus compañeros de otros cuerpos, los que han permitido acceder a los colegios para que se realizase la fraudulenta votación del 1-O, los Mossos que no se enteraron de que en el chalet ocupado de Alcanar había un depósito de explosivos, los que no sabían nada acerca del atentado que se iba a perpetrar en Barcelona el agosto pasado, los que consienten que en su seno se albergue a, como mínimo, cuatrocientos agentes que forman parte un colectivo secesionista como es la sectorial de Mossos para la independencia de la ANC, sin que medie sanción alguna.

Es inaudito que ante todos estos despropósitos que conculcan el Estado de Derecho los catalanes tengamos que acudir a otros cuerpos policiales porque nuestra policía autonómica está sirviendo a los políticos secesionistas en lugar de hacerlo a la ciudadanía"

Son los mismos que lloran ante los manifestantes desbocados que reclaman la república catalana, los que permiten que un cabo aparezca en las redes sociales agitando una estelada junto a un vehículo de la Benemérita destrozado. Sí, son esos a los que el Mayor Trapote representa con su chulesca actitud, los que miman los separatistas porque ven en ellos al ejército que los defenderá si, en algún momento de lucidez, el Estado decide acabar de una vez el desorden que reina en Cataluña. En fin, son los mismos que permiten que se sitie la sede de la Policía Nacional en Barcelona, que miran hacia otro lado cuando se asaltan supermercados o cuando los piquetes intimidan a los comerciantes para que se sumen a la fuerza a una huelga “nacional”.

Créanme, no me apetece nada decir nada de esto acerca de gente que se pone de uniforme para ganarse el pan. Eso lo respeto profundamente, aunque provengo de una generación que se batió el cobre frente a los grises. Pero dividir a la fuerza pública en un relato de buenos y malos me parece abominable y suicida. Hasta ahí son capaces de llegar los que carecen de escrúpulos con tal de lograr su pesadilla secesionista. Es vergonzoso que alcaldes nacionalistas –¡y socialistas!– inciten a hoteleros para que echen ignominiosamente a los policías que se alojan en ellos, es un escándalo que se coaccione a la gente a secundar una huelga política, convocada por el propio Govern, conculcando todos los principios democráticos. Es inaudito, en fin, que ante todos estos despropósitos que conculcan el Estado de Derecho los catalanes tengamos que acudir a otros cuerpos policiales porque nuestra policía autonómica está sirviendo a los políticos secesionistas en lugar de hacerlo a la ciudadanía.

Permítaseme citar, como final, a Josep Tarradellas. Cuando se hablaba de si la institución que presidía debía disponer o no de un cuerpo policial propio, los Mossos, aquel viejo zorro dijo tajante “Mire, a mí lo que me gustaría es poder ejercer el mando sobre la Guardia Civil, que es lo serio”.

Qué lástima que no tengamos ahora políticos de ese fuste.

Que no se despierte la fiera. No escarmientan
Los separatistas y la izquierda puede que hagan una valoración equivocada del aguante de la mayoría silenciosa de los españoles
Miguel Massanet diariosigloxxi 4 Octubre 2017

Estamos presenciando lo que no es aventurado definir como un golpe de estado camuflado del66 separatismo, en el que, además de los que desean la independencia de la región catalana de España y, con tal fin, han decidido lanzarse a las calles para intentar conseguir alterar la normalidad en la autonomía de Cataluña, acabar con el Estado de Derecho y echar de ella, tanto a las fuerzas de la Policía nacional como a la Guardia Civil, mediante un boicot indigno y perfectamente organizado, en el que, señores, se ve la mano experta en estas lides de los comunistas, en este caso los bolivarianos, con el objetivo de crear el caldo de cultivo adecuado para que, las gentes sencillas y los más fanáticos, se vean arrastrado a los extremos de locura fanática, desde donde los que manejan el cotarro de la insurrección catalanista se van a convertir en meros monigotes dirigidos, desde los hilos del manipulador Pablo Iglesias, para que culminen, con su declaración unilateral de independencia, esta primera fase de lo que, para ellos, es un plan de mayor envergadura, que supone el ir creando distintos focos de protestas, ahora en solidaridad con los separatistas catalanes, para que, si se logra que los catalanes consigan sacar beneficio de sus actuaciones ilegales, utilizar el ejemplo para ir movilizando al resto de autonomías, con la finalidad de que se vayan insubordinando y cogiendo confianza, de cara a una prevista revolución en todo el país, que les facilitará la toma del poder en toda España.

La táctica de intentar internacionalizar el conflicto, por parte de Puigdemont y sus esbirros, se basa en convertir las algaradas de los independentistas en acoso a las fuerzas del orden para conseguir que se vean obligadas a cargar para defender su propia integridad, con la posibilidad de que causen heridos o muertos. Fíjense en el poder del engaño. Los datos facilitados, por los responsables de la Generalitat catalana, hablaban de más de 480 lesionados que, más tarde elevaron a más de ochocientos, a causa de la “acción brutal de la policía y Guardia Civil". Esta mañana no quedaban ingresados en los hospitales más que cuatro accidentados. Pero se han sabido rodear de periodistas extranjeros, dispuestos a trasladar a sus respectivos periódicos lo que les ha convenido tomar de los acontecimientos y enfrentamientos del 1O, lo que ha servido de munición para que en determinados sectores progresistas de la UE ya hayan empezado a pedir “diálogo” sin tener en cuenta que, lo único que no se debe hacer en estos casos, es ceder a la presión de quienes intentan sacar tajada de él.

La respuesta del independentismo se ha centrado, especialmente, en hacerles la vida imposible a las fuerzas de la Policía Nacional y a la Guardia Civil, que han sido humillados en un intento de desalojarlos de los hoteles en los que estaban hospedados, no por parte de sus anfitriones, sino debido a las presiones que los ayuntamientos gobernados por separatistas han intentado hacer sobre los dueños de los establecimientos. Felizmente, el ministro de Interior, señor Zoido, ha decidido impedir que ello sucediera y ha ordenado que, los hoteles en los que se alojan, cumplan con su obligación de continuar hospedando a las fuerzas del orden.

No obstante, el ambiente de ser los vencedores en este primero enfrentamiento con el Estado, a pesar del fracaso de la consulta electoral de 1O es patente entre los que se han apropiado de las calles de Barcelona y de aquellos que se han encargado de interrumpir la circulación en distintos lugares de la ciudad amén de en algunas carreteras de las localidades vecinas. Como es sabido, cuando se habla de muchedumbres, siempre se ha de tener en cuenta que, en una ciudad, 50.000 personas en las calles fácilmente se pueden convertir en 500.000 para quienes lo importante es magnificar los datos; por lo que, el que aproximadamente 800.000 o incluso un millón de catalanes puedan movilizarse dentro de una población, puede tener una apariencia de grandes multitudes que, cuando se acude a las urnas para votar, se ve que no corresponden a la mayoría, sino que quedan reducidos a lo que, en realidad son, unos grupos minoritarios que, en comparación con los siete millones de catalanes, apenas representan a un 20 %, eso sí, los más escandalosos, los que más se movilizan y los que se dejan arrastrar por los profesionales, especialistas en crear disturbios, agitadores de masas y grupos antisistema que han llegado de otras parte de España, como los Kale Borroca, y otros que han llegado del resto de Europa, para contribuir con su ayuda a crear el clima de inseguridad que estos días se está viviendo en la autonomía catalana.

A pesar de todo, ya se empiezan a notar reacciones de personas que quieren seguir siendo españolas y que no están de acuerdo con lo que está ocurriendo en Cataluña, que ya se atreven a salir a las calles con banderas españolas en manifestación, como ha venido ocurriendo durante los días pasados en los que ha sido una verdadera muestra de valor el atreverse a invadir el terreno de quienes no tienen manías cuando se trata de impedir el libre ejercicio de la libertad. Sin embargo, seguimos sin ver una actitud valiente, decidida y enérgica por parte del gobierno del señor Rajoy que, a estas alturas y habiendo sucedido lo que ha sucedido, ya debiera de haber tomado medidas drásticas, encaminadas a imponer la autoridad en las calles de ciudades como Barcelona, haber puesto en marcha el art.º 155 de la Constitución, algo que pueden hacer al tener mayoría absoluta en el Senado. Eso sí que no espere a tener el consentimiento para ello de la actitud indigna, dubitativa y, evidentemente, mal intencionada del líder socialista P. Sánchez del PSOE. Rajoy debería haberse liado la manta a la cabeza y, sin más remilgos, haberse hecho cargo de la Generalitat, deteniendo y llevando a la prisión a toda la plana mayor del gobierno catalán, de la Asamblea catalana y el Omnium Cultural, acusados de los delitos de desobediencia, prevaricación y en aquellos casos en los que se hubiera producido, malversación de caudales públicos; amén de otro como es el de fomentar el odio entre los españoles.

Y es que, si el señor Sánchez ha decidido que, rozando la traición a la nación española, lo único que se puede hacer ante una situación tan evidente de insurrección en contra de la unidad de España, es darle un ultimátum a Rajoy para que “inmediatamente” se entreviste con los señores Puigdemont y Junqueras, para buscar una solución “política” al problema catalán; deberemos concluir que, este señor, está fuera de sus cabales y que, con su actitud, lo único que se puede pensar de él es que está dispuesto a rendirse ante las amenazas de los separatistas catalanes. ¿Ha tenido en cuenta el líder del PSOE que, si se cede ante una amenaza de rebelión y secesión presentada por los catalanes, al día siguiente deberá ceder ante los vascos, los gallegos, los valencianos y así, hasta convertir al Estado español en lo que él se ha empeñado en definir como “una nación de naciones”? Si no sido capaz de explicar en lo que consiste esto de nación de naciones hasta ahora, menos lo va a poder hacer cuando se dé cuenta de que, lo que buscan los catalanes, nada tiene que ver con su propuesta de “estado federal” que, en definitiva, es lo mismo que tienen ahora con el estado de las autonomías, reconocido en nuestra Constitución.

Tenemos la seguridad de que han pasado los tiempos de los cálculos electorales, de intentar resolver la cuestión catalana con parches políticos, de buscar conseguir más tiempo para solucionar el entuerto o de dejar las cosas como están, esperando una mejor ocasión para darle la puntilla, de una vez, a la insostenible situación provocada por los separatistas catalanes; teniendo en cuenta que no van a dejar de insistir sobre el mismo tema hasta que se deje claro que, la posibilidad de separarse del resto de España nunca se va a producir. Y una reflexión que debieran de tomar en cuenta los directivos de los partidos políticos del arco parlamentario: en España no todo son grupos de independentistas extremistas, que gritan, profieren insultos y amenazan; tampoco, aunque quieran atribuirse una representación que los votos conseguidos no les han dado, el señor Pablo Iglesias, con sus veleidades de salva vidas, tiene la posibilidad de cambiar el rumbo de España, por si sólo ni con elementos como el señor Echenique que, después de haber cometido irregularidades administrativas, infringiendo la ley, con un empleado suyo, se muestra demasiado gallito cuando habla de los errores ajenos ¡más autocrítica ¡y lo mismo decimos del señor Monedero y sus mangoneos con cantidades recibidas de Maduro. Tampoco parece entender, este engolado y creído de sí mismo Pedro Sánchez, que, con sus flirteos con Pablo Iglesias, se está alejando de una parte importante de quienes han votado al PSOE, cuando era un partido moderado, como el presidido por Felipe González; no debiera confundir su victoria en las primarias con lo que le puede suceder en una legislativas,66 en las que la gente vota en función de lo que le conviene.

Todos ellos debieran de reflexionar sobre el grado de presión al que han estado sometiendo a los españoles en general. Un amigo me decía hoy: “Qué nos dejen en paz, que nos permitan trabajar tranquilos y que se dejen de marear la perdiz para llevarnos, otra vez, a una situación como aquella en la que estuvimos a punto de caer, en noviembre del 2011” Estaba en lo cierto. Pero hay más, los hay que están pensando que una situación como la que estamos viviendo no se puede prolongar. Son la mayoría, estos que no salen a las calles pero que, cuando llegan a un punto de cabreo, son capaces de botar como el tapón de una botella de champagne. Algunos, a veces, cuando soñamos, creemos escuchar aquellos alegres compases, que nos recuerdan tiempos de la mili en Ceuta (África), interpretados por la banda de la Legión: “Me hice novio de la muerte, la estreché con brazo fuerte…”.

Lo que Puigdemont aprendió de Sharp: las técnicas para destrozar al Estado español
Tanto la Generalitat de Cataluña como los partidos que la apoyan, y especialmente la CUP, iniciaron hace tiempo una estrategia para poner en marcha las recomendaciones del norteamericano
A. Fernández. Barcelona El Confidencial 4 Octubre 2017

La CUP y el Gobierno catalán han copiado los dictados del estadounidense Gene Sharp para diseñar su estrategia de ‘guerra abierta’ contra el Estado español en los últimos dos años. Sharp es un escritor, filósofo y politólogo estadounidense abanderado de la lucha no violenta contra el poder y teórico de las estrategias que preconizan que si los ciudadanos no obedecen las órdenes de los líderes de las estructuras del Estado, estos se quedan sin poder. Siguiendo esa consigna, tanto la Generalitat de Cataluña como los partidos que la apoyan, y especialmente la CUP, iniciaron hace tiempo una estrategia para poner en marcha sus recomendaciones y hacer tambalearse al Estado español creando la tormenta perfecta de la que surgiese la república catalana independiente.

El ‘president’ Carles Puigdemont tomó prestado del norteamericano la aplicación de uno de sus puntos cruciales: “Establecer la doble soberanía y gobiernos paralelos”. Así, desde la Generalitat y los partidos que la gobiernan, se ha insistido machaconamente en que hay “dos legitimidades”: la de las leyes vigentes y la de las leyes suspendidas por el TC, cuando jurídicamente esa es una dicotomía falaz. Entre los puntos de Sharp y sus teorías, figuran también “buscar encarcelamientos para sobrecargar las cárceles por solidaridad” (la CUP y los alcaldes de la Asociación de Municipios de Cataluña acudieron en masa a autoinculparse ante los tribunales para desbordar los juzgados) o la presión psicológica al adversario, llegando al punto de “realizar juicios al revés: acusando al acusador”.

El manual de Sharp dedica un capítulo a los métodos de no cooperación política. “Para expresar una protesta, para lograr la desintegración, para que deje de funcionar un Gobierno”, propone diversas acciones. La primera, es el “rechazo a la autoridad”. Este rechazo se promueve desde tres ángulos: “Suspensión o retirada de la obediencia; rechazo de apoyo público, y escritos y discursos promoviendo la resistencia”.

A partir de ahí, se abre el abanico de medidas concretas: desde el boicot de empleos y cargos gubernamentales (o sea, no asistir a reuniones oficiales, como la ausencia de Puigdemont en la conferencia de presidentes) hasta negar la aceptación de funcionarios designados (es lo que la Generalitat hizo con la designación del coronel Diego Pérez de los Cobos como mando único de las investigaciones en los temas del referéndum), pasando por el boicot de los cuerpos legislativos, el negar la aceptación de funcionarios designados o “negarse a disolver instituciones independientes existentes”. En este sentido, Puigdemont aceptó disolver la Sindicatura Electoral del referéndum solo para que las sanciones del TC no afectasen a los patrimonios personales de sus componentes.

Desobedecer las leyes ‘ilegítimas’
El texto recomienda como alternativas a la desobediencia el “cumplimiento lento y renuente” de las órdenes, la no obediencia, pero “sin escándalo, sin publicidad, con discreción”, la “desobediencia enmascarada: parece que se obedeció” (como la actuación de los Mossos d’Esquadra durante el 1-O y la víspera), el rechazo a dispersar una reunión o concentración, las sentadas o la “desobediencia civil a leyes ‘ilegítimas” (justamente las consignas que promueven el Gobierno catalán y los partidos independentistas).

En el futuro, se recrudecerán los mecanismos que Sharp recomienda, como el “boicot social hacia grupos sociales para inducirlos a que se unan a la resistencia”, el “boicot selectivo a colaboradores voluntarios, soldados o policías”, la suspensión de actividades sociales o deportivas (lo que no se logró con el partido del Barça este fin de semana), las huelgas estudiantiles (el sector estudiantil está controlado por los independentistas a través del Sindicat d’Estudiants dels Països Catalans) o el refugio en lugares ‘inviolables’, como templos o embajadas (en el caso de Barcelona, son consulados).

En una tercera fase, entrarán en escena los boicots de los consumidores a determinados productos o determinados comercios, boicot a los productores, a los distribuidores, la elaboración de “listas negras de comerciantes”, el cierre de negocios al “no permitir la entrada a trabajadores” (curiosamente, lo que hizo en la jornada de este martes la propia Administración de la Generalitat con los edificios oficiales) o la retirada de depósitos bancarios.

En la estrategia de Sharp se cuentan también otras acciones, que van desde cartas de apoyo a declaraciones de organizaciones, formalización de grupos de presión, ostentación de banderas y símbolos, “ruidos simbólicos con silbatos, matracas, campanas o sirenas”, “recuperaciones simbólicas para visualizar que se retoman terrenos o edificios”, repudio verbal a disidentes (como se hizo en el caso de Joan Manuel Serrat, que se posicionó contra el referéndum), realizar vigilias (“generalmente de noche, con guardias constantes, largas y prolongadas”), marchas a sitios significativos, desfiles, caravanas automovilísticas (como las tractoradas realizadas durante la última semana), asambleas de protesta o de apoyo y un gesto que durante esta huelga se hizo muy patente: “Volver la espalda” —se realizó en las sentadas ante comisarías o cuarteles de la Guardia Civil—.

Las milicias incontroladas
En esta operación, tienen una vital importancia los comités de defensa del referéndum (CDR), una especie de milicias urbanas (y similares en su composición a los comités de defensa de la revolución de Cuba) que, bajo el visto bueno del Gobierno catalán, son utilizadas como tropas de choque ‘populares’. “Los CDR son la estructura de autodefensa de la CUP, formados por diversos movimientos alternativos y sociales para vigilar el desarrollo de la hoja de ruta hacia la independencia. En ellas se han integrado muchas organizaciones alternativas, anarquistas, de Corriente Roja y de jóvenes”, admite un miembro de estos colectivos a El Confidencial.

La versatilidad de estas milicias les ha permitido, por ejemplo, convertirse, por un día, en los comités de huelga durante la jornada de este martes. La misma fuente explica que si bien en muchos barrios simplemente se les cambió el nombre “momentáneamente” a causa de la huelga general, en otros se amplió su composición a algunos sindicatos, partidos como ERC o entidades como la ANC y Òmnium Cultural.

Los CDR llevan tres meses entrenándose (“el tiempo que hemos estado negociando con grupos anarquistas y movimientos alternativos su integración en la estructura”, dicen las fuentes) y ahora se han convertido en los comandos que toman la iniciativa en cualquier situación, desde las concentraciones ante cuarteles o comisarías (de momento) hasta manifestaciones en diferentes lugares. ¿Y hasta cuándo estarán operativos los CDR? “No se sabe, porque sobre ellos no hay ningún documento escrito. En principio, debería ser hasta la proclamación de la independencia, pero es posible que sigan operativos durante el periodo constituyente que se abra tras la misma”.

Los CDR son los encargados, en estos momentos, de dirigir la agitación ‘ciudadana’, aprovechándose del descontento popular tras las actuaciones policiales del 1 de octubre. “No dependen de nadie, solo de la CUP”, admiten las fuentes consultadas. Desde fuentes cercanas a los servicios de información de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, se ve esta situación como muy preocupante. “No estamos seguros de que el Gobierno catalán pueda controlar en estos momentos estas estructuras. Es más, hay indicios de que a Puigdemont se le ha ido de las manos la situación y, en estos momentos, la calle es de los radicales de la CUP, jaleados incluso por miembros del Gobierno catalán o por altos cargos”.

Según estas fuentes, la tensión irá en aumento los próximos días. “La CUP necesita tensionar la calle, y hasta la declaración de independencia mantendrá las movilizaciones e incluso se espera que intensifique su dureza”. Ante ello, el Gobierno catalán ha dado por bueno hasta ahora que la ley de la calle la impongan los radicales, pero esa es un arma de doble filo, que puede volvérsele en contra en cualquier momento.

Los fundadores de 'Basta Ya' aclaran a Juncker las "confusiones" sobre Cataluña
La plataforma ha enviado una carta al presidente de la Comisión Europea para desmontar la "propaganda" y las "emociones manipuladas" de la Generalitat.
E.E. El Espanol 4 Octubre 2017

Los fundadores de la plataforma Basta Ya han enviado una carta al presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, con el objetivo de aclarar la "confusión" respecto a lo que está pasando en Cataluña y actuar contra la "propaganda y emociones manipuladas" de la Generalitat, que advierten está "en abierta rebelión contra la democracia española y los Tratados europeos".

María San Gil, Rosa Díez, Fernando Savater, Maite Pagazaurtundua y Carlos Martínez Gorriarán firman una carta en la que reconocen su preocupación por la percepción internacional sobre Cataluña y enumeran algunas "obviedades" frente a la "propaganda" de los independentistas.

Los fundadores de la plataforma Basta Ya, reconocida con el Premio Sajarov en el año 2000 por su defensa de las libertades en el País Vasco, recuerdan en primer lugar que los ciudadanos de Cataluña han sido convocados a votar seis veces durante los últimos cinco años. "Es completamente falso que se les impida votar", advierten apuntando también que las autoridades catalanas "han vulnerado sus propias leyes" en la sesión del Parlament que aprobó la Ley del Referéndum.

En cuanto a la educación, denuncian que durante los últimos años se ha utilizado "sistemáticamente" para "adoctrinar en el odio a España, difundir el supremacismo catalán y discriminar a los escolares castellanohablantes".

La factura del 1-O: Interior gasta 31,7 millones en su despliegue en Cataluña La factura del 1-O: Interior gasta 31,7 millones en su despliegue en Cataluña Alejandro Requeijo El Ministerio reserva una partida para "gratificar" a los agentes de la Secretaría de Estado y destina 11 millones en dietas.

Y también hacen un repaso a la historia para apuntar que Cataluña "nunca ha sido una entidad política independiente", sino que fue un conjunto de condados que formó parte de Francia y después del Reino de Aragón hasta que se fusionó con el Reino de Castilla. Y en la actualidad, los políticos destacan a Cataluña como una de las regiones más prósperas de España en la que sus ciudadanos "disfrutan de uno de los más altos grados de autogobierno de cualquier región de Europa". Asimismo, hace alusión a los casos de corrupción de la antigua CiU, las causas judiciales que implican a los expresidentes Jordi Pujol y Artur Mas y el sistema de comisiones del 3 por ciento.

La misiva recuerda que la Constitución puede ser modificada por los cauces previstos en ella y apunta que una votación sobre una secesión territorial requeriría la participación de todos los españoles. "El separatismo atenta contra la democracia: ha roto de forma unilateral y violenta con la legalidad española y autonómica", denuncia.

Actuación policial proporcional y habitual
También hace alusión a la jornada del 1 de octubre y califican de "incomprensible" que se critique que las fuerzas de seguridad "cumplan con las órdenes judiciales para impedir la celebración del referéndum declarado ilegal". A su juicio, puede discutirse la idoneidad de la instrucción judicial, pero considera que la actuación policial fue "proporcional y la habitual en todos los países europeos en casos semejantes".

Y arremete contra la actuación de los Mossos, a los que acusa de "boicotear" el cumplimiento de las órdenes judiciales, facilitando los desórdenes públicos y enfrentándose a las fuerzas de seguridad.San Gil, Díez, Savater, Pagazaurtundua y Gorriarán se dirigen a la Generalitat como "una organización consagrada a dar un golpe de Estado" y avisan de que toda Europa "quedaría muy negativamente afectada si los planes separatistas acabaran imponiéndose".

Peligro de contagio en Europa
Según recuerdan, España no es el único país de la Unión Europea con tensiones separatistas y el caso catalán, que creen que recuerda al de la antigua Yugoslavia, podría acabar afectando a otros estados, "terminando con el magnífico proyecto de una Europa libre de nacionalismo destructor y xenófobo dentro de sus propias fronteras".

"Creemos que es el momento de que las instituciones europeas apoyen a España para restablecer el orden constitucional y las reglas de la democracia en una Carta de los fundadores de Basta Ya a Juncker aclarando las "confusiones" sobre Cataluña para restablecer el orden constitucional y las reglas de la democracia en una parte del país, y de la Unión Europea, controlada por una administración sediciosa y una clase política corrupta", reclaman.

El guerracivilismo ya está en las aulas: chicos constitucionalistas y separatistas se apalean, apedrean y patean

Nacho Doral okdiario 4 Octubre 2017

El germen de una incipiente guerra civil está ya entre los más jóvenes, como se ha podido comprobar esta tarde en plena calle en la zona alta de Barcelona, una de las más elitistas de la ciudad. Un grupo de jóvenes separatistas con esteladas se ha enfrentado a otro que portaba banderas de España a puñetazos en una pelea multitudinaria en la que incluso se han intentado agredir con un casco de moto.

Los hechos, que pueden verse en estos vídeos recibidos por OKDIARIO, han tenido lugar este martes poco después de las 16.00 horas en la confluencia de las calles Marià Cubí con Amigó, en el distrito de Sarrià-Sant Gervasi , uno de los más caros de Barcelona.

Pelea por llevar banderas de España
El grupo con banderas españolas lo formaban unas 150 personas de unos 20 años que venían de manifestarse en la avenida Diagonal. Tras ello han cortado unos minutos la ronda General Mitre con la Vía Augusta y han marchado hacia Marià Cubí cantando “que vuelva la Guardia Civil” y “esta no es nuestra policía” a una patrulla de Mossos que les acompañaba.

A su paso ha salido un grupo de unos 30 jóvenes separatistas que se han puesto frente a ellos con las manos en alto. Los dos grupos se han encarado, gritado unos contra otros. Al parecer, uno de los jóvenes con bandera de España ha escupido a otro y ha recibido en respuesta un golpe.

Dos adultos también se encaran
A partir de ese momento se ha formado la pelea juvenil, como las que se pueden dar en la puerta de una discoteca. Han sido separados por Guàrdia Urbana y agentes de los Mossos. Los vecinos ante la concentración han salido a los balcones con cacerolas.

Los manifestantes españolistas también les han lanzado huevos. Tras la intervención policial, había cinco patrullas, una de paisano, el grupo de manifestantes se ha dirigido hacia la Via Augusta y la ha cortado durante un rato en ambos sentidos en su camino hacia la zona de Sarrià, haciendo sonar el himno de España.

También dos adultos se han encarado en la calle Amigó por un momento y a uno de ellos lo han separado y retenido los Mossos hasta que se ha ido. Un episodio más que demuestra el temso ambiente que se vive tras el referéndum golpista del 1-O en Cataluña. No ha habido que lamentar ningún herido ni daños al mobiliario urbano.

Mercadona y Juan Roig sufren la ira y brutalidad de los piquetes por españoles
ESdiario 4 Octubre 2017

La presión sobre Mercadona está siendo feroz.
La cadena valenciana es la que más productos catalanes vende, pero eso qué le importa al independentismo. Sus trabajadores pararán dos horas pero los huelguistas quieren mucho más.

La huelga general patrocinada por la Generalitat (no descontará el sueldo a sus funcionarios que la secunden) y que por contra no cuenta con el respaldo de UGT ni de Comisiones Obreras está ocasionando los primeros problemas en Cataluña.

Hasta 37 carreteras han sido cortadas a causa de manifestaciones convocadas en protesta por los incidentes del domingo, día del referéndum ilegal. La principal vía afectada por estos cortes es la AP-7, que registra un total de 10 kilómetros en un tramo en Cerviá de Ter sentido Barcelona y otro corte en Sarriá de Ter (Gerona).

La presión sobre los empresarios es más feroz que de costumbre, habida cuenta de que este "paro de país" cuenta con el inusitado respaldo de las patronales de pymes Pimec y Cecot.

Los huelguistas se han cebado especialmente con Mercadona, del valenciano Juan Roig, una compañía que da trabajo a 11.726 catalanes y que cuenta con 256 tiendas en la Comunidad. Es la cadena de supermercados que más productos catalanes vende en España, pero eso es secundario para el independentismo. Lo que importa es que su presidente es español y presume de ello.

Ante la presión del secesionismo, la empresa decidió pactar de antemano con los sindicatos que todos sus supermercados harían paros de 14 a 16 horas. Sin embargo, a los piquetes les ha parecido del todo insuficiente y a primera hora de este martes se han plantado en muchos establecimientos de Juan Roig para cerrarlos.

En algunos, como el de Olot, lo han conseguido y amenazan con volverlo a hacer si abren de nuevo.
 


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