AGLI Recortes de Prensa   Jueves 5  Octubre 2017

De la amenaza fantasma y el Estado zombie
Rafael Bardají Gaceta.es 5 Octubre 2017

Decía el historiador británico Arnold Toynbee, que las civilizaciones raramente mueren por amenazas externas, sino normalmente por suicidio. Yo había llegado a creer que los españoles, tan proclives a matarnos nosotros mismos cada cierto tiempo, ya habíamos superado esa etapa, pero veo que no.

Igualmente, pensaba que de los presientes que habíamos sufrido los españoles había sido José Luis Rodríguez Zapatero, pero ahora, tras contemplar asombrado la inacción, equivocaciones y falta de pulso del actual gobierno, empiezo a pensar que ZP ha sido superado con creces por Mariano Rajoy, quien va a resultar mucho más dañino para España.

Yo no soy abogado, pero supongo que un buen bufete podría empezar a estudiar acusar al presidente Rajoy y a sus ministros por dejación de funciones esenciales, eso que en inglés se llama “dereiection of duty” y nuestro código penal califica, en el capítulo II de su título XIX, como abandono del destino y omisión de perseguir delitos. Pero los bufetes buenos y conservadores son caros y cautos y no lo harán. Ni tampoco los de izquierdas, que están contentos con la pérdida del orden constitucional.

Cataluña se ha convertido en una amenaza fantasma. No es nada más que lo que era el 30 de septiembre, pues nadie ha reconocido su existencia como Estado independiente y sin eso, por mucho que los independentistas proclamen su república, de nada les sirve. Pero lo que sí ha pasado es que los españoles hemos podido constatar que el Estado, bajo la ausencia cobarde del gobierno y el silencio del monarca, ha pasado a ser un Estado Zombie. Camina, pero está muerto. Pero no lo han asesinado los catalanes, se ha matado a sí mismo por no hacer nada.

En estos días estamos asistiendo a múltiples y numerosas manifestaciones de repulsa a la situación creada en Cataluña por parte de ciudadanos españoles que, motivados por la ausencia de respuestas del Gobierno y las instituciones del estado, se movilizan para hacer oír su voz. Vox, el partido que encabeza Santiago Abascal y al que muchos han intentado ridiculizar sistemáticamente, impulsando estas manifestaciones públicas debería ser visto a partir de ahora como una fuerza seria y comprometida. Y en los libros de Historia que juzgarán la huelga permanente de Rajoy así como la rebelión de los catalanes, le acabará haciendo la justicia que se merece.

Para unos cuantos, la esperanza reside en el pueblo español y en poder recuperar la Nación con sus acciones. Lo han escrito, entre otros, Pio Moa y Herman Tersch, a quienes admiro. Pero yo no soy tan optimista, desgraciadamente. Yo mismo, con mi familia, he participado en manifestaciones frente al ayuntamiento de mi ciudad, colgado la bandera nacional en un balcón de mi casa y me he revuelto en twitter contra lo que estaba pasando. Pero las voces de los españoles de bien no tienen instituciones que las recojan.

La aplicación del 155
El PP enviando notitas a sus sedes para que no participasen, una votación en el Congreso en la que ni un solo partido abogaba por aplicar el artículo 155 de la Constitución, un presidente que anuncia por la noche solemnemente que no ha habido referéndum, cuando todos habíamos podido ver las colas de las votaciones… Aún peor, un gobierno que permite que policías y Guardias Civiles –los que de verdad se jugaron el tipo por España el 1-O- sean expulsados de sus alojamientos por amenazas de alcaldes secesionistas y que no hace nada. N.A.D.A.

Ahora se confía que en cuanto la banda de Puigdemont declare formalmente la independencia, Rajoy no tenga más remedio que aplicar el 155 y retirar todas las competencias a la autonomía Catalana. Pero si llegara a hacerlo ahora tras meses de poder haberlo hecho (y evitar así el punto al que hemos llegado), ¿por cuánto tiempo estaría dispuesto a mantenerlo? ¿Y para crear qué nueva situación? Ya hemos visto como el ministro Guindos, aunque luego se desdijera, ofrecía un concierto económico a los secesionistas, incluso cuando ya se habían colocado éstos en plena ilegalidad.

Esa es la verdadera cara y alma de nuestro actual gobierno. Si se aplica el 155 será para salvar su cara, temporalmente, apaciguar los ánimos de los españoles de a pie, pero poco más. En breve Cataluña recuperaría sus poderes y con promesas de más dinero.

Para mí, la credibilidad de este gobierno sólo se puede restituir si asume la parte de la responsabilidad que le compete en este desaguisado nacional al que nos ha llevado. Por ejemplo, cada vez que veo aquella foto de la vicepresidenta Soraya Sainz de Santamaría, riéndole las gracias a Oriol Junqueras, me entran ganas de vomitar. Rajoy debería cesarla de inmediato ya que no parece que ella se esté planteando dimitir, a pesar de ser la responsable número dos de los errores del gobierno.

El cese del director del CNI
En segundo lugar, también debería cesar al director del servicio de inteligencia de menara fulminante. El CNI, unos de los pocos servicios que aúna acción exterior e interior contra las amenazas a España, no ha servido para mucho, la verdad. O no sabía o no pasaba la información que necesitaba el gobierno, a quien le ha pillado todo por sorpresa, desde la estrategia política a lo táctico.

Igualmente, el ministro de asuntos exteriores, Alfonso Dastis, también tendría que ser cesado de inmediato. Ha tenido todo el tiempo del mundo para ir a ver al dictador cubano, pero no ha puesto empeño alguno en explicar, a través de las embajadas, a la prensa y expertos internacionales, la realidad catalana. No ha podido con sun inacción dejar en mayor ridículo a su gobierno a la vez que acabar con lo poco que se había recuperado de la llamada marca España. Mucho socio, mucho socio, pero todos han sido tirones de oreja.

En fin, son sólo tres de muchos ejemplos, pero sin los cuales, me es imposible creer que haga lo que haga Mariano Rajoy va a servir para recuperar el orden, la ley y la confianza en España. Los catalanes han traspasado todas las líneas rojas imaginables. Alguien del entorno del presidente debería decirle que mirase, aunque fuese brevemente, la reacción del gobierno iraquí frente al referéndum del pueblo kurdo: les ha cerrado el espacio aéreo e incomunicado del resto del mundo. Eso es fácil lograrlo con Cataluña. Claro, que hay que querer y atreverse. Y cuando uno es un zombie, no tiene sentimientos.

Me cuesta decirlo, pero ante la debilidad del gobierno, las inconsistencias del PSOE, las locuras de Pablenin (tomando prestada la expresión de Federico) y la impotencia de los demás, me temo que no hay alternativa que pueda parar el asalto catalán a España. Es cuestión de tiempo que el régimen partitocrático salido del 78 y en el que aún andamos, se rinda. Y sería necesaria una auténtica revolución política para dar a luz a un nuevo régimen. Y, sincera y tristemente, no lo veo.

No sé cuál podría ser la mejor opción, pero de seguir como estamos, vamos a sufrir y a pagar cada centímetro de separación que creen los secesionistas catalanes. A lo mejor ha llegado la hora de acelerar lo inevitable, pero en nuestros términos. Empezando por Piqué, quien no debería jugar ni un partido más con la selección nacional. Se puede y se debe arrinconar social, comercial e institucionalmente a los secesionistas. Compren cava de Almendralejo y se planten ante las grandes cadenas alimenticias para que no distribuyan determinadas marcas aliadas con el independentismo. O dejen de comprarlas…y si todo eso falla pues habrá que pensar en otras medidas. La amputación es una terapia drástica, pero a la que se recure en última instancia en medicina. España es grande y fuerte, a pesar de los políticos que tenemos, con o sin Cataluña.

Cataluña: de aquí no nos vamos
Cristina Seguí okdiario 5 Octubre 2017

4 de octubre. Tres días desde el referéndum ilegal del 1-O y segunda jornada en el tiempo de descuento marcado por las CUP hasta proclamar la DUI, Declaración Unilateral de Independencia. Mi cámara y yo constatamos que la Barcelona nocturna está tomada por una turba de borrachos y chavales adiestrados por élites políticas xenófobas, anticapitalistas y reaccionarias. Es evidente que ya no reconocen al Estado en ningún lado, y que allá donde lo atisban la primera consigna es arrodillarlo. Por ello acuden allá donde lo olfatean; en las jefaturas y comisarías de policías. En sus lugares de descanso. En las alcachofas de los periodistas y en el centro de los círculos que forman alrededor de ellos para pegar su aliento a los directos, reconocer su lengua y amedrentarlos. Son lampiños realizando ímprobos esfuerzos para ser ascendidos a terroristas aficionados.

Se trataba de bandas urbanas improvisadas con la única cualidad necesaria: el odio incondicional y latente. Con permiso de puristas y expertos: los que inundan los pueblos de Cataluña y las calles de Barcelona han dejado de ser neófitos del escrache para convertirse en terroristas de bajo coste. Mano de obra barata con banderas de la URSS y la ikurriña que sale a cazar policías, guardia civiles y periodistas con diligente actitud territorial a todo el que sienta España hasta la médula. Anoche me pareció que se ayudaban hasta con el olfato. Quizá por eso nos repetían que apestábamos al montar el directo. Anoche aprendimos que el amor a España puede olerse. Al principio nos metimos en una turba de gente frente a la Jefatura de Policía Nacional en Barcelona. Allí me encontré con un par de compañeros admirables de este periódico de cuyo cinturón colgaba una estrellada para mimetizarse. Raquel y Borja.

Como la mayoría de la turba, no tenían más de 25 años, pero al contrario que ellos se la estaban jugando en franca minoría por grabar con su móvil el asedio a las unidades de la UIP que se encontraban en las dependencias de la Vía Layetana. Nos cruzamos de perfil sin mirarnos para animarnos y constatar subliminalmente que estábamos ahí para ayudarnos si era necesario ya que, como constatamos minutos más tarde, los Mozos de Escuadra que estaban allí sólo eran parte del escenario. Ninguno se movió para ayudar a un compañero de otro medio al que comenzaron a seguir hasta una esquina al grito de “fuera prensa española, manipuladora” en claro afán intimidatorio. Fue otra de las cosas que aprendí: cuando se trata de acosar, las huestes separatas se españolizan para eliminar el ruido del mensaje, para asegurarse de que el compañero entienda el miedo. Nos acercamos para asegurarnos de que había conseguido largarse sin que nadie le persiguiera para cazarle, y así fue afortunadamente. La pieza mayor era cualquiera de los policías que se encontraban en la Jefatura.

Esperaron en vano a que alguno asomara la cabeza. En vano porque la policía que allí estaba no asomaba la cabeza, sino que retaba a la turba con inmensa dignidad ofreciendo el pecho por delante. Mi cámara y yo montamos el directo sin mirar fuera de la mochila y en cinco minutos estábamos hablando a los televidentes. En menos tiempos nos olieron y nos rodearon literalmente. Atentos y en súbito silencio para detectar el mensaje. Lo contamos todo. Como en este artículo. Con estas mismas palabras. Mientras nos gritaban “perro, puta, mentirosa, manipuladora” y nos acorralaron torpemente pegando mi espalda a la furgoneta de los Mozos que nos veían como si fuéramos transparentes. No sentimos miedo. Lo sé porque lo he sentido otras veces. Sentimos un inmenso orgullo de contar y retratar a los totalitarios. De ser, aunque fuera durante un par de horas, parte de ese reducto de dignidad española que no se arrincona y pelea para retratarlos. Esta es nuestra casa. De aquí no nos vamos.

El hundimiento de España (4)
Vicente A. C. M. Periodista Digital 5 Octubre 2017

EL GOBIERNO DE ESPAÑA SIGUE A REBUFO DE LAS MANIOBRAS DE LOS GOLPISTAS. SE BUSCA MEDIADOR IMPARCIAL PARA RESOLVER PROCESO DE SEDICIÓN.

La respuesta ayer noche de la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría tras la comparecencia 24 horas después del golpista Carles Puigdemont en las televisiones de Cataluña, confirma que el Gobierno de España sigue a rebufo de las maniobras de los golpistas y respirando el humo tóxico de sus tubos de escape. Durante todo el día de ayer no hubo ninguna comparecencia de entidad ante los medios que comentase el discurso del rey D. Felipe de la noche anterior. Y no es excusa ampararse en que el Gobierno no tiene por costumbre comentar los discursos del Rey, porque en este caso, ese discurso llevaba unos cuantos mensajes claros, entre los que destacaba el dirigido a los poderes del Estado “es responsabilidad de los legítimos poderes del Estado asegurar el orden constitucional y el normal funcionamiento de las instituciones, la vigencia del Estado de Derecho y el autogobierno de Cataluña, basado en la Constitución y en su Estatuto de Autonomía.”

Hasta ahora, el Gobierno de España ha fracasado en esa misión que el Rey le recuerda que les corresponde. Se ha demostrado errónea e ineficaz la estrategia llevada consistente en esperar a que los acontecimientos se produjeran y mantener una posición de incredulidad en la determinación de los golpistas a llevar a cabo su plan de secesión. Un error que les llevó a una pasividad irresponsable en los prolegómenos del anterior Gobierno de la Generalidad presidido por Artur Mas, la promulgación y firma de la convocatoria de una consulta ilegal y su celebración el día 9 de noviembre de 2014. Tras unas nuevas elecciones autonómicas, se produjo una coalición de gobierno entre las fuerzas independentistas, llamada “Frankenstein”, donde tras la recusación de Artur Mas, exigida por la CUP y su sustitución por un radical independentista, Carles Puigdemont, se logró establecer una mayoría parlamentaria formada por ERC y Convergencia (luego llamada PDeCAT) con el apoyo de la CUP.

Un Gobierno que se ha refugiado de forma obscena bajo las togas del Tribunal Constitucional, al que dotó de poderes ejecutivos adicionales para hacer efectivas sus sentencias, que hasta entonces se tomaban por los secesionistas a pitorreo, negando la autoridad y la legitimidad de este Alto tribunal. Y es que este Gobierno sigue empeñado en resolver solo por la vía judicial, que tiene sus propios tiempos, idiosincrasia política y peculiaridades impropias de una Institución que debiera ser independiente, un desafío que requiere una acción de Gobierno. Es decir, de hacer efectiva lo que se denomina en el derecho romano “potestas” para imponer el orden constitucional a quien se declara en rebeldía y viola la ley, y que en este caso además se apoya en lo que se llama “auctoritas” o lo que es lo mismo, bajo el amparo de la ley.

Y es precisamente el Rey de España, como Jefe del Estado y en su papel que le otorga la Constitución, el que como dijo en su discurso, “ante esta situación de extrema gravedad”, se ha expuesto a comparecer públicamente para lanzar su mensaje para que se garantice la vuelta a la legalidad de una parte del territorio español, -una de su principales regiones autonómicas-, y defender los derechos y libertades de todos los españoles de esa comunidad. Ciudadanos enfrentados y arrastrados por unos dirigentes fanatizados a una secesión de forma unilateral violando el orden constitucional y el autonómico. Un hecho que no debe dejarse que se llegue a producir y no tener otro fracaso como el del pasado 1 de octubre, día en el que los golpistas consiguieron su doble objetivo, realizar la votación de forma impune y mostrar al Estado de Derecho como un sistema represor de las libertades del pueblo de Cataluña. Un éxito que se evidencia en la reclamación por distintas instituciones gubernamentales y de la UE de establecer un diálogo entre el Gobierno de España y el Gobierno rebelde y golpista de la Generalidad.

No podemos cometer otro error y permitir que sigan los golpistas marcando la agenda, como ahora que, tras lograr la atención internacional y la reprimenda por la actuación policial, por la torpeza del Gobierno, cínicamente reclaman la presencia de un moderador y poner a los golpistas en igualdad de nivel con el Gobierno de España. No podemos consentir que el pueblo español siga angustiado por la incertidumbre del desenlace. No podemos permitir que nuestras FFyCCSE sigan siendo “carne de cañón” objeto de acosos, escraches y se vean inmersas en situaciones tan vergonzosas como las forzadas huidas provocadas por masas de ciudadanos descontroladas y violentas. No podemos permitir que esas fuerzas sigan maniatadas e indefensas ante esos ataques, ni su frustración y desmoralización por la falta de previsión logística para su acomodación segura y digna. Se ha evidenciado una total improvisación en un desastre anunciado con antelación más que suficiente y se ha evidenciado el temor de un Gobierno apocado, más preocupado en el qué dirán y una visión cortoplacista y miope partidista y electoral.

El Rey pidió ejercer de una vez la “potestas” y devolver la legalidad, aunque luego hablase del espacio de concordia “En la España constitucional y democrática, saben bien que tienen un espacio de concordia y de encuentro con todos sus conciudadanos” y sobre todo cuando se reafirmó en la indisoluble unidad de España y su determinación en “el firme compromiso de la Corona con la Constitución y con la democracia, mi entrega al entendimiento y la concordia entre españoles, y mi compromiso como Rey con la unidad y la permanencia de España.”

Así que la diplomacia de España debería intensificar y mejorar su trabajo en la defensa de estos conceptos y hacer comprender a “esas buenas gentes de la UE y otras organizaciones como la ONU” que estamos ante un caso de sublevación y de violación del orden constitucional, un golpe de Estado lanzado por unos dirigentes autonómicos declarados en rebeldía. Es decir, estamos ante unos delincuentes que tienen secuestrada a la sociedad catalana y chantajean al resto de la sociedad española. Por ello, NO ES ADMISIBLE ESA MEDIACIÓN, venga de donde venga, porque este es un asunto que solo incumbe a España y es deber del Gobierno de España devolver la situación a la legalidad vigente. Aceptar la mediación es aceptar las tesis independentistas y dar una categoría de legitimidad a quien ha cometido graves delitos y sigue empeñado en seguir cometiéndolos.

La patética comparecencia de Pablo Iglesias, claramente favorable a las tesis secesionistas, ofreciéndose como mediador entre Puigdemont y Rajoy, demuestra la desesperación de este personajillo bolchevique en querer obtener su cuota de protagonismo ante el vacío institucional que Rajoy ha escenificado al no llamarle a consulta a la Moncloa con los partidos presuntamente constitucionalistas. Y eso se lo ganó a pulso por su reiterado alineamiento con los golpistas y las ácidas críticas a las decisiones del Gobierno, exigiendo la retirada de las FFyCCSE de Cataluña. Y ahora se postula cínicamente como mediador. ¡Anda y vete a esparragar!

No se negocia ni con terroristas ni con delincuentes, se les neutraliza y se les pone a disposición de la Justicia. Y eso es potestad (de potestas) de un Gobierno de un país democrático como es España. Dudarlo es simplemente mezquino e hipócrita. Aquí no hay equidistancias, o se está del lado de la legalidad o se está con los golpistas.

¡Que pasen un buen día!

El día después
MARÍA ELVIRA ROCA El Mundo 5 Octubre 2017

Los que hicimos la EGB no hemos conocido otra cosa que esta democracia perpetuamente bastardeada y debilitada por el cáncer nacionalista. Es un secuestro demasiado largo cuyo hartazgo pide también un referéndum de autodeterminación. Porque también los españoles tenemos ese derecho. Pues sí. Ese referéndum de Puigdemont se debe celebrar, pero no solo en Cataluña sino también en el resto de España y debe ser vinculante. Quiere decirse que a la pregunta «¿Quiere usted que Cataluña sea independiente de España?», debemos responder los españoles en todas las provincias del territorio nacional. Y si la respuesta es afirmativa en la mayoría de ellas, Cataluña debe ser declarada independiente por los españoles, sea cual sea el resultado en las cuatro provincias catalanas. Porque también los de El Borge (mi pueblo), los de Villanueva de la Serena y Alcañiz tenemos derecho a decidir si queremos tener el mismo pasaporte que un Puigdemont o un Rufián, the Pujol Family y demás próceres del independentismo. Permítaseme convertirme también en uno de estos próceres para defender la independencia de los españoles.

Señores: si hay que amputar, cuanto antes mejor. No hay ningún deber sagrado ni ninguna culpa histórica, ningún pecado original en el hecho de ser españoles que nos obligue a soportar esto. Unos con la tontería de que la patria es sagrada y para mantenerla unida es necesario conceder lo que sea, aceptar lo que sea. Y otros porque como lo guay es lo que no es español aunque ellos lo sean, procuran que no se les note mucho el estigma, el cual se disimula transigiendo con lo intransigible, para que te acepten los más guapos. Y por supuesto, ¡por Dios!, que no nos acuse nadie de españolistas, que esto es mentar la bicha en casa del gitano. Aquí se puede ser catalanista con orgullo, pero españolista no.

Debemos y tenemos que querer liberarnos de esta enfermedad. Y después ponernos con ilusión a mejorar este país, porque somos muchos, muchos millones y llevamos ya varias décadas desconociéndonos. Antes de que esto empezara nos gustábamos y nos caíamos muy bien, los de Oviedo y los de Albacete, los de Almería y los de Teruel, los de León y los de Canarias. Tenemos que recuperar el espacio público para los españoles, que somos la mayoría de los habitantes de estas tierras y vivimos en la semiclandestinidad desde hace años. Urge despejar la atmósfera de esta niebla, y después quedar a tomar unas cañas para celebrarlo y para volver a tomar contacto, como los parientes que no se ven en mucho tiempo. Somos nosotros los que tenemos que decidir si queremos que Cataluña siga siendo española, no ellos. Porque, por pura lógica, sobre el hecho de ser español deben tener algo que decir también los propios españoles, si tienen derecho los que no quieren serlo.

Eso dicen, pero no es verdad. De aquí no se van ni con agua caliente. Sólo están ideando una forma más perfecta de extorsión. ¿O es que alguien se ha tomado en serio esta pantomima catalana? ¿A dónde van a ir que puedan seguir gozando de tantos privilegios? El no querer ser español se ha transformado en un negocio tan rentable que esos señoritos nacionalistas no van a renunciar a él.

Se dirá que hay españoles en Cataluña. Es cierto, pero quedan pocos. Hay holgadamente hoy más de un 40% de población que no quiere ser española. Y no quiere serlo de manera beligerante y combativa, despreciativa y xenófoba. Frente a eso lo que hay es otro grupo que supera también el 40% al que el asunto le da bastante igual y no se ha tomado ni se toma siquiera la molestia de defender la lengua común, que es la que ellos hablan todos los días. No les importa mucho y eso hay que respetarlo. Pero si a ellos no les preocupa mayormente defender su nacionalidad, difícilmente podemos hacerlo los demás. Queda sin duda un pequeño grupo de irreductibles que resiste ahora y siempre, y lo lleva haciendo mucho tiempo. En solitario y sin el amparo de un Estado que tiene toda la culpa de la situación en que estamos. Hay que prepararse para acoger a los catalanes que no quieran renunciar a su nacionalidad, con generosidad sin medida. Muchos habrá que quieran reintegrarse al territorio nacional. A su casa vienen. Desde luego que será penoso para ellos, pero pasarán de ser ciudadanos de segunda a ser ciudadanos de primera. Donde comen tres, comen cuatro. Hay muchas provincias despobladas. Bienvenido sea el chute demográfico.

Si no lo evitamos, la crisis de octubre va a conducir a más de lo mismo y ya lo ha anunciado Rajoy: más dinero para Cataluña y una reforma constitucional a la carta. Y ese dinero, si siendo española se me permite preguntar, ¿de quién es? Porque no sale del bolsillo del señor Rajoy ni crece en los árboles espontáneamente. Habría que preguntarse por qué no tienen derecho a él los murcianos, los aragoneses o los castellanos. Esta crisis se va a cerrar en falso con otro gigantesco latrocinio del que vamos a ser víctimas los españoles una vez más, a favor de los que dicen que no quieren serlo; de los que dicen que, como no se sienten cómodos siendo españoles, necesitan un cojín más blando que los demás.

El Gobierno, dice que de España, le ha soltado recientemente 4.000 millones de propina a la comunidad vasca para que sigan siendo españoles sin protestar una temporadita, que será corta necesariamente. Y en este momento negocia con ellos, con su correspondiente puesta en escena de tiras y aflojas, la cesión de la Seguridad Social, que es la única presencia que le queda al Estado en el territorio. Así se compra el apoyo parlamentario. Con nuestro dinero. Y de esta situación, usted, español que lee este artículo, y yo que lo escribo, tenemos toda la culpa, porque hemos consentido y hemos callado y hemos aceptado. La culpa más triste y deshonrosa de todas las culpas: la que convierte a las víctimas de los abusos en cómplices de los abusones. Hace mucho que nos pillaron el tranquillo y saben que los españoles tenemos espíritu de parias y que vamos a permitir, como bueyes capados, que se nos cuelguen del cuello todas las sanguijuelas que quieran venir a sentar privilegios en esta masa lanar.

Le he oído decir al presidente de una autonomía del PP o su vecindario que su objetivo era el "amejoramiento del fuero". Pero, ¿de qué caverna feudal ha salido eso? Estamos en una democracia en el siglo XXI. ¿O no? Así las cosas, debemos los malagueños luchar por el "amejoramiento" de la Lex Flavia Malacitana, que concede grandes dosis de autonomía y que en punto a antigüedad y derechos históricos sobrepasa todas las que tienen ahora reconocida la denominación de origen feudal.

Pero el problema no está en Cataluña ni lo ha estado nunca. Vive, crece y ha prosperado siempre en Madrid. Todos los inquilinos de la Moncloa han pagado el alquiler, en perfecto y virtuoso ramillete, con el consentimiento, previo pago siempre, de las oligarquías nacionalistas. Y han comprado sus mandatos socavando el vínculo de solidaridad que debe unir a las naciones y concediendo a unas regiones privilegios que a otras se le niegan. Vamos a decirlo claramente: el nacionalismo nos roba a calzón quitado y desde hace mucho. No tiene otro origen las desigualdades territoriales que España presenta desde hace siglos. Esto, con la convicción de que los españoles se dejarán hacer, porque a fin de cuentas, ¿hay algo que, como se dice ahora, le ponga más a un español que servir para la alegría y el bienestar de quien le desprecia?

El asunto es viejo y conocido por todos, propios y extraños. Lo cuenta Stendhal con mucha ironía: "Cabe señalar que en Barcelona predican la virtud más pura, el beneficio general y que a la vez quieren tener un privilegio: una contradicción divertida... Estos señores quieren leyes justas, a excepción de la ley de aduana, que se debe hacer a su gusto. Los catalanes piden que todo español que hace uso de telas de algodón pague cuatro francos al año, por el solo hecho de existir Cataluña. Por ejemplo, es necesario que el español de Granada, de La Coruña o de Málaga no compre productos británicos de algodón que son excelentes y que cuestan un franco la unidad, pero que utilice los productos de algodón de Cataluña, muy inferiores, y que cuestan tres francos la unidad. Dicen [...] que están hartos de los privilegios de la clase una clase noble que no tienen, pero quieren seguir disfrutando de los privilegios comerciales que con su influencia lograron extorsionar hace tiempo a la monarquía absoluta" (Memorias de un turista, 1838). De lo mismo se queja Antonio Machado: "La cuestión de Cataluña, sobre todo, es muy desagradable. En esto no me doy por sorprendido, porque el mismo día que supe del golpe de mano de los catalanes, lo dije: los catalanes no nos han ayudado a traer la República, pero ellos serán los que se la llevan. Y en efecto, contra esta República, donde no faltan hombres de buena fe, milita Cataluña". Creo, con don Miguel de Unamuno, que el Estatuto es, en lo referente a Hacienda, un verdadero atraco, y en lo tocante a enseñanza algo verdaderamente intolerable" (Carta a Pilar Valderrama, 2 de junio de 1932).

Esta es la verdadera ley que ha regido España en los 40 años de democracia, ley no escrita, como todas las que son verdaderamente importantes, y en consecuencia obedecida sin chistar, que viene del franquismo y que el franquismo heredó de los anteriores. Esa es la verdadera Constitución de España, estable y silenciosa como el humus de la tierra, la que dice que los que no quieren ser españoles son mejores que quienes lo son y que tienen derecho a privilegios que los españoles debemos consentir con gratitud, para que acepten rozarse con nosotros las razas superiores. Esto es lo que hay. Y lo que viene es más de lo mismo y no se nos cae la cara de vergüenza de pensar que vamos a dejar esta herencia a nuestros hijos.

A ver si nos colocamos en la perspectiva correcta. El gobierno no nos sacará de este atolladero, porque el gobierno es parte del problema. En todo caso, nosotros, los españoles, sacaremos al gobierno y a nosotros mismos de esta indignidad, de esta desigualdad consentida que está socavando las bases de nuestra convivencia y de nuestro país. No se engañe ni el de derechas ni el de izquierdas. Las siglas de su elección no van a resolver esta situación de desigualdad manifiesta que PSOE y PP han contribuido a crear con absoluta irresponsabilidad. Nuestros gobernantes viven en una realidad paralela y no ven más allá de lo que les permite sostenerse en el despacho un año más. Hay que reconocer que el único político que ha habido en España con visión de futuro en décadas ha sido Jordi Pujol, que a principios de los ochenta empezó a sembrar la cosecha que se está recogiendo ahora. Con claridad lo vio y lo denunció en 1981 D. Josep Tarradellas en una carta a La Vanguardia (16 de abril de 1981). Leída hoy produce estremecimiento porque parece una profecía.

El andaluz es la versión de celtíbero más abundante en este país. El flequillo identitario debe estorbarle mucho la visibilidad a Puigdemont y cia si cree que los andaluces vamos a tolerar una reforma constitucional ad hoc para Cataluña. Andalucía ha descabalgado por dos veces el proyecto de la España asimétrica y lo hará por tercera vez. Conviene a Dª Susana Díaz irse poniendo las pilas porque tiene tarea, y de las serias, después del pseudoreferendum, que es verdaderamente cuando empieza lo bueno. Pero esta vez, no barriendo sólo para la casa chica, o sea para Andalucía, sino a favor de la reconstrucción de la casa grande. Hay que contar con extremeños, castellanos, manchegos, aragoneses, santanderinos, asturianos, riojanos, murcianos, canarios... Tenemos que acudir todos juntos al rescate de nosotros mismos porque estamos como cuando la invasión francesa: en una situación de emergencia nacional y con una clase dirigente incapaz de hacer frente a la situación. Es más, cómplice y culpable de ella. Lo que tenemos por delante es más cesión, más latrocinio, más apaciguamiento y más chantaje, y como consecuencia unan brecha cada vez más honda de enconos y rencores entre los españoles de un territorio y otro. De eso se alimenta el nacionalismo.

Tiene España 46.700.000 millones de habitantes, según censo de 2016. Si descontamos los territorios que ya están comidos por el nacionalismo (Cataluña con 7.500.000 habitantes y el País Vasco con 2.100.000), en España debemos quedar entre 37.600.000 y 25.900.000 españoles. Sale esta horquilla de considerar que hay territorios en proceso de conquista nacionalista, como las Baleares y Valencia, Navarra y Galicia. Pero aquí la partida no está perdida todavía. Quizás en Baleares, sí. En resumen, somos indiscutiblemente como mínimo más de 26.000.000 de españoles en busca de autor. Es una ocasión pintiparada para un político con agallas. Qué pena que Felipe González no tenga ahora 40 años.

Es posible que no quede en España coraje democrático para alzarse contra esta situación enquistada ya por siglos. Si la hubiera, somos nosotros los españoles los que deberíamos impulsar una reforma constitucional que acabara con los estatutos a la carta, los fueros y las leyes a capricho de los señoritos nacionalistas. Simplemente un Estatuto Único para todos los territorios. No se puede seguir desmontando el Estado a trocitos para irlo entregando a una minoría (insisto: es una minoría) que amenaza con destruir al país entero.

La ventaja que ser español tiene sobre el nacionalismo es que España no es una nación en realidad, es una vocación. Ser español cuesta un trabajo horroroso, y luego, claro está, tiene una gracia enorme esa gente descabellada que se empeña en ser de los malos (los españoles siempre son malos) cueste lo que cueste. Normalmente el español decide serlo en la edad adulta y de manera reflexiva. Luego viene la acusación de que querer ser español y tener un Estado que lo represente es resultado del nacionalismo español. Pues muy bien, no se ve por qué va a tener derecho a la lepra todo el mundo, menos nosotros. Pero a lo que va escrito cuesta mucho colgarle el odioso apelativo, porque no se olvide que lo que aquí se pide es un referéndum de autodeterminación.

El nacionalismo es una tendencia perversa que prospera sólo en la división, generando un enemigo y cultivándolo con esmero. No sirve de nada el apaciguamiento y el pacto. Es insaciable y contamina. Y la prueba está en cómo ha ido avanzando por provincias en las que hace 20 años no existía. Prospera porque alimenta lo peor del ser humano. Es tan simple como dividir el mundo en buenos y malos y señalar con el dedo a los malos. Todo lo demás es ganancia. Es un populismo geográfico, y se nutre exactamente del mismo modo: promoviendo descontento. Su propio mecanismo interno repele la inteligencia y la decencia, y por eso agrupa con facilidad a todos los que desean prosperar y destacar y tocar poder y no saben cómo hacerlo de forma constructiva.

No hay que tener ningún miedo pero hay ponerse al curro ya. España ha sobrevivido en razonables condiciones a uno de los procesos históricos más duros que se pueda atravesar: el desmembramiento de un imperio. Perdió una guerra contra los Estados Unidos pero pagó todas sus deudas. Padeció los embates del totalitarismo como toda Europa pero se reconstruyó sola, con el esfuerzo formidable de varias generaciones a las que los que hicimos la EGB no hemos dado las gracias todavía. Y vamos a salir de esta, naturalmente, pero no sin el esfuerzo de Vd. y de todos los que por encima de cualquier ideología pensamos que España es el nombre de un proyecto de vida común por el que merece la pena luchar.

María Elvira Roca Barea es autora de Imperiofobia y leyenda negra: Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio español (Siruela, 2016)

Liberalismo y el artículo 155
En cuanto una minoría tiene capacidad para bloquear un servicio público esencial, el Ejecutivo pasa a prestarle una atención de la que no gozamos quienes respetamos la ley
Juan Manuel López-Zafra El Confidencial 5 Octubre 2017

"La finalidad de la ley está en impedir el reinado de la injusticia", Frederic Bastiat

Repito cita para recordar a uno de los padres del liberalismo que más nos advirtió de los peligros del Estado. Un Estado cada vez mayor, más intrusivo, más abusivo, más poderoso, y que, paradójicamente, se muestra cada vez más débil ante los abusos de ciertas minorías. Obviamente, no se trata de todas las minorías; de hecho, la más importante en número de todas ellas, el individuo, se encuentra en franca regresión frente a grupos menos importantes en miembros que los componen, pero mucho más poderosos desde las perspectivas mediática y de control. En cuanto una minoría tiene capacidad para bloquear un servicio público esencial, una actividad comercial o las comunicaciones por tierra, mar o aire, el Ejecutivo pasa a prestarle una atención de la que no gozamos quienes respetamos la ley, por mucho que nos cueste hacerlo en tantas ocasiones.

Siempre con la excusa de la defensa del derecho, que no suele ser más que la de un privilegio adquirido por el uso o la costumbre, da igual que estemos hablando de taxistas, estibadores, controladores aéreos, bomberos, médicos o maestros. No estoy diciendo que no tengan razón en esa defensa (tampoco estoy afirmando lo contrario), simplemente constato el hecho de que cualquiera de las anteriores profesiones (curiosamente, y aunque no son las únicas, todas ellas reguladas y controladas por el Estado) tiene la capacidad de lograr una atención especial de las autoridades ante la amenaza de un paro, una huelga, un bloqueo o un estornudo. Atención que siempre se traduce en un nuevo estipendio a costa, por supuesto, del contribuyente medio, el que no tiene capacidad de movilizarse.

Viene esta larga introducción a cuenta de la situación que actualmente vivimos en nuestro país a raíz del referéndum del pasado 1 de octubre; ese que, según nuestro Gobierno, no existió, simplemente porque era ilegal. Sin entrar en la búsqueda de culpables de la situación creada, fácilmente identificables, es evidente que se repite el patrón de comportamiento que he descrito en los párrafos anteriores: una minoría con claros incentivos (ya ideológicos, ya económicos, ya de otro tipo), no necesariamente perversos, coarta la libertad de un grupo mayor de personas para lograr un fin empleando medios claramente ilegales. Ante esta situación, solo caben dos posibles soluciones iniciales: invitar a la negociación a los representantes de la minoría por parte de los representantes de la mayoría, o aplicar los medios legales previstos para encauzar la situación. El objetivo, en ambos casos, es pasar a una fase ulterior de encuentro de ambas partes, en la que se dilucidaría el formato final de entendimiento.

Evidentemente, las dos opciones no son equiparables, ni son ambas igualmente buenas. Desde el momento en que hay terceros que asistimos sin posibilidad de actuación, pero que estamos afectados por las decisiones que tomen nuestros representantes, una negociación de igual a igual, tras haber quebrado la minoría la ley, introduce unos elementos de desamparo y, sobre todo, de comparación que pueden dar al traste con el objetivo perseguido, que es la convivencia pacífica. Que todo un grupo mayor sea consciente de que la forma de conseguir la solución a lo que una parte plantea como un conflicto casi genético es violentando las leyes y obviando sentencias del Tribunal Constitucional, no es sin duda la mejor forma de conseguir una convivencia pacífica.

Así pues, queda solo una posibilidad, que puede resultar muy dura pero que, mientras escribo estas líneas, parece ser la única. La ley, en una democracia, supone la cesión de derechos individuales frente a derechos colectivos. Eso, que es la antítesis del pensamiento liberal que defiendo, es sin embargo la única garantía de convivencia en una sociedad, que defiendo con más ahínco incluso. Quizá nuestra participación en ese grupo que denominamos sociedad, país, no sea fruto de una expresión voluntaria al alcanzar una determinada edad. Pero tampoco hemos renunciado, al menos en la enorme mayor parte, a formar parte de ella. Posiblemente porque cualquier otra asociación realista, si fuese posible, no mejoraría la nuestra.

Siendo esto así, solo caben, individualmente, dos alternativas: aceptar la convivencia que la ley garantiza en toda democracia liberal, con la legítima aspiración de modificarla hacia algo que sintamos más cercano, o emigrar a otras latitudes más afines a nuestra forma de pensar. Aceptada la primera alternativa por mi parte, solo me queda reclamar de mi Gobierno (que, lo quiera yo o no, me representa) que aplique todos los medios legales a su alcance para hacer cumplir la ley, en los mismos términos que expresaba hace pocas fechas aquí mismo respecto de otro problema. Así pues, aplíquese el artículo 155 sin dilación, sin esperar a que quienes han promovido el golpe de Estado (porque no es otra cosa) tomen las carreteras y establezcan fronteras artificiales que impidan el libre tránsito.

Como liberal, hay dos cosas que no discuto al Estado: la administración de la justicia y la de la defensa. Dado que la seguridad jurídica está completamente ausente en una parte del país, es imprescindible que se adopten todas las medidas adecuadas para restablecer la legalidad y que todos, sin excepción, podamos sentirnos seguros. Una vez aplicadas las medidas previstas por la Constitución, una vez retiradas temporalmente las competencias a la Generalitat, que es el foco del golpe de Estado, se debería proceder a convocar elecciones, tanto autonómicas como generales. En última instancia, la reforma de la Constitución puede sin duda ser conveniente, por lo que, sin miedo, debería plantearse; pero fijando claramente cuál es el marco de convivencia que la mayoría quiere. El mío será uno, pero acepto sin problemas el que la mayoría escoja desde la legalidad democrática, nunca desde la imposición.

La ley está para ser cumplida e impedir el reinado de la injusticia, como dijo Bastiat. Ya vale de tolerar el golpe de Estado

Rajoy debería irse
Es la hora de mujeres y hombres libres de ataduras, lejos de cálculos electorales, que antepongan los intereses colectivos a los de los grupúsculos rentistas que nos sorben la sangre.
Juan Laborda www.vozpopuli.com 5 Octubre 2017

El gobierno de Rajoy y el actual partido en el poder han confirmado estos días la impronta y marca que les caracteriza: son el gobierno más mediocre, inútil e inepto de nuestra frágil democracia. Y son una parte muy importante, sin duda, del problema catalán. Su ineptitud ha posibilitado que el nacionalismo secesionista haya lanzado el mayor órdago desafiante a nuestra joven democracia, y se haya visto totalmente superado por la organización, reacción y comportamiento de los independentistas sediciosos. En la era de whattsap, twitter, facebook, y telegram el relato de los hechos es muy importante, y para nuestra desgracia el ejecutivo de Madrid lo ha perdido. Sólo le queda una opción a Rajoy y su gobierno. El día que los sediciosos proclamen la declaración unilateral de independencia, que lo harán, debe aplicar la ley e inmediatamente presentar la dimisión. Mucho llamar a Zapatero inútil, pero compare usted el fin de ETA y el plan Ibarretxe con este pollo que nos ha montado, señor Rajoy.

Es la hora y el momento de dar paso a hombres y mujeres que no hagan cálculos electorales, que analicen desde distintas aristas la naturaleza de los problemas, y propongan soluciones integradoras. Pero posiblemente ya sea demasiado tarde. La ciudanía debe empezar a madurar y ser exigente con nuestros gobernantes, sean del color que sean. Gran parte de culpa de la situación actual la tiene ese electorado dócil que hasta ahora ha estado a prueba de todo (corrupción, negligencia, y mezquindad).

Obviamente desde el lado secesionista el grado de culpa en el problema catalán es todavía mayor. Aprovecharon la debilidad del gobierno de Madrid para lanzar su particular órdago. Lo han hecho de una manera muy inteligente, ayudados por dinero foráneo dispuesto a desintegrar España y Europa por juegos meramente geoestratégicos y geopolíticos. Detrás de todo este proceso están los mismos que financiaron las primaveras árabes y el Maidán ucraniano. Ya saben ustedes como han acabado todas estas revoluciones de colores, que no son tal, sino la consecuencia directa de procesos de desintegración urdidos desde fuera. Por eso a Puigdemont y a su banda se les debería haber aplicado la ley hace mucho tiempo. Ahora puede que sea tarde, e incluso contraproducente.

¿Dónde estaban nuestros servicios secretos?
Ivan Krastev experto en crisis de las democracias, movimientos sociales y desintegración de imperios y estados, en una excelente entrevista de Miguel Mora en ctxt , señalaba como en los procesos de desintegración no siempre deciden las mayorías. Krastev apostilla “Cuando alguien habla insistentemente de algo, ese algo puede suceder aunque casi nadie lo quiera. Por supuesto, probablemente hay una parte de teatro; el problema es que la línea entre el teatro y la realidad es una frontera muy fina en la política actual… Cuando entramos en momentos tan inestables, la racionalidad económica no cuenta. Debemos tener presente que la desintegración no es un plan sino un accidente… Hay que entender que en estos procesos no siempre deciden las mayorías. En España las encuestas señalan que la mayoría no quiere la secesión, pero a menudo son las minorías activas las que impulsan esos cambios.” Eso es lo que ha ocurrido en Cataluña, todo un plan perfectamente preparado y urdido, con apoyo foráneo, para impulsar, a pesar de no contar la voluntad de la mayoría de los catalanes, un proceso de independencia. ¿Dónde estaba nuestro gobierno? ¿Haciendo cálculos electorales?

Al hilo de estas reflexiones debemos plantear ciertas cuestiones a Rajoy. Primera, ¿por qué ha utilizado siempre a Cataluña para obtener votos en el resto de España? Segunda, ¿por qué ha dejado pudrir el problema catalán hasta su descomposición? Tercera, ¿por qué los servicios secretos del CNI, a cargo de Soraya Sáenz de Santamaría, fueron incapaces de anticipar y prever el plan urdido desde fuera? ¿Cómo es posible que no anticiparan el rastro de las urnas que tan celosa y magistralmente guardaron los independentistas catalanes? Cuarta, ¿se ha dado cuenta que los hombres y mujeres que constituyen su actual ejecutivo, son en su mayoría mediocres?, ¿por qué echó a la calle a José Manuel García Margallo, que siempre planteó como solución reformas constitucionales para abortar la situación actual? Quinta, ¿por qué no ha dado la cara aún en el Parlamento, sede de la soberanía popular, en el peor momento de nuestra democracia?, ¿por qué ha optado por trasladar el marrón a nuestras fuerzas de seguridad y no planteó en su momento una salida pactada? Sexta, ¿se ha dado cuenta que ante los ojos de la comunidad internacional no puede utilizar la fuerza bruta, por mucho que le guste a una parte de su electorado? Séptima, ¿va a utilizar a los servicios secretos para capturar a aquellos que desde fuera han maniobrado y financiado el proceso secesionista catalán?

La recesión que ya está en marcha
Ah, una cosa señor Rajoy no se le ocurra usar el tema catalán para justificar la recesión que se nos viene encima. La economía española, según el indicador Ñ-Sting de la Airef, se ha desacelerado de tasas intertimestrales del 1,0% al 0,6-0,7%. El efecto de los factores transitorios (política fiscal más permisiva, actuación del BCE, y caídas de los precios de materias primas) que ayudaron a activar el crecimiento español en el período2014-2017 se están diluyendo. Si además juntamos unos activos financieros sobrevalorados, el aumento previsible de la aversión al riesgo en los mercados financieros globales, en un contexto de niveles récord de deuda soberana y externa patria, entraremos en recesión en algún momento de 2018.

La inestabilidad política unida a una recesión económica acabará destrozando a nuestra querida España. Y usted será el único responsable, señor Rajoy. Es la hora de mujeres y hombres libres de ataduras, lejos de cálculos electorales, que antepongan los intereses colectivos a los de los grupúsculos rentistas que nos sorben la sangre. Son ellos quienes deben poner fin a tanta barbaridad y desasosiego mediante un nuevo proceso constituyente donde a partir de ahora todo lo relevante se pregunte y se haga con el consentimiento de todos los españoles. La solución, más democracia.

Para terminar les dejo este video donde un ciudadano ruso , que circulaba con su coche, pasa en ese momento por una barricada montada durante la pantomima de paro político de este martes. Se dirige clara y sinceramente a los huelguistas. Son palabras sabias que no deberían caer en un saco roto. Hablan de una historia real. Es un aviso a navegantes.

Banqueros, cardenales, separatistas y la ‘prosperidad del Estado’
José Javier Esparza Gaceta.es 5 Octubre 2017

En el discurso alucinado de Puigdemont ha habido una frase que ha pasado casi desapercibida: “Queremos seguir contribuyendo a la prosperidad del Estado español”. ¿Perdón? ¿Ustedes, que han bombardeado al Estado español como nadie desde los atentados del 11-M? Sí: ellos. Quizá la frase se entienda mejor si miramos las cifras del Ibex 35 en esa misma jornada del miércoles: descenso general por debajo de los 10.000 puntos y, sobre todo, pérdidas gruesas y continuadas de los portaviones de la economía catalana, a saber, Caixa Bank, Sabadell y la inmobiliaria Colonial. Qué casualidad.

Esto sólo es una hipótesis, pero no me extrañaría nada que algún capitoste de la siempre egoísta oligarquía catalana, que lleva cuarenta años jugando a dos barajas, haya hablado ayer con Puigdemont para decirle lo obvio: “Esto es una ruina”. Lo es, sí. Y más que lo será, como han explicado sobradamente Centeno, Bermejo y Laborda.

¿Mediación in extremis de la banca? Por qué no… En España –y en otros muchos sitios- las cosas se han hecho siempre así. Lo decíamos aquí el otro día: lo habitual del sistema de 1978 es resolver las cosas por vía oligárquica, o sea, pasteleo en los círculos del poder. Por otro lado, “mediación” era ayer la palabra que estaba en boca de todos. Y no por vía del virulento Iglesias, no. Resulta que en la misma tarde del discurso del rey, Rajoy se reunía con los arzobispos de Madrid y Barcelona, Osoro y Omella respectivamente. Y al mismo tiempo, Junqueras hacía lo propio con el abad de Montserrat antes de verse con Omella mismo. La Iglesia parece haberse puesto equidistante. Hay muchos y muy notables obispos –los últimos virtuosos- que con estas componendas se suben por las paredes (Alcalá, Córdoba, Oviedo, San Sebastián), pero no cabe duda de que la cúpula eclesial está apostando por la mediación. Como en Venezuela, curiosamente.

Hace cuarenta años, el discurso de la progresía mostraba a los “poderes fácticos” (la Iglesia, la banca, etc.) como sostén de España. Hoy, por el contrario, los poderes fácticos viran hacia el papel de quinta columna de la progredumbre antiespañola. Y el pueblo, la nación real, cada vez más solo. Sin embargo, algo suena a ebullición en la España subterránea. El sábado, a las 12, en Madrid de la mano de DEAES. El domingo, en Barcelona con Sociedad Civil Catalana. Huele a 1808.

¡Guerra civil!
Agapito Maestre  Libertad Digital 5 Octubre 2017

El separatismo catalán ha puesto a España a los pies de los caballos.

La Generalidad en rebeldía, las calles de Barcelona tomadas por las turbas revolucionarias, la Guardia Civil y la Policía Nacional perseguidas por la plebe, el Gobierno no gobierna, el Parlamento no parlamenta y el poder judicial está fuera de juego. La prensa es incapaz de orientarnos sobre nuestro futuro inmediato y un periódico norteamericano, The New York Times, le llama al presidente del Gobierno de España "matón intransigente". Parece que la sociedad no está dividida. Ojalá. Eso sería un signo de fortaleza democrática. El cuerpo social está enfrentado consigo mismo. Todo está patas arriba. Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado disputan por mantener el orden público con los Mozos de Escuadra, los periodistas están enfrentados entre ellos por la interpretación de las conductas sediciosas y rebeldes, los profesores y los alumnos están enfrentados por una inexistencia llamada "derecho a decidir", los futbolistas de la selección española están hartos de uno de ellos que insulta sus inteligencias, las familias están rotas por unos afectos y sentimientos incontrolados racionalmente, y, por supuesto, en el seno de los partidos el enfrentamiento por los separatistas está a la orden del día –Alfonso Guerra, por ejemplo, insta al PSOE a retirar la reprobación a la vicepresidenta y reprobar a los golpistas, e incluso entre Podemos e IU hay enfrentamientos sobre qué apoyos hay que darle a los golpistas…–

¿Resulta complicado no asociar esta dramática situación a eso que todos conocemos con dos palabras? No queremos pronunciarlas, nos negamos a decirlas, porque así creemos poder conjurar el peligro. Por fortuna, ayer, el rey nos zarandeó a todos y despertó del sueño dogmático a toda la casta política. El Jefe del Estado ha levantado acta de la "situación de extrema gravedad" que sufre España y ha finalizado su discurso con dos palabras llenas de esperanzas: "Lo superaremos". Creo, además, que el Rey no pactó nada con el jefe del Gobierno. Nada que objetar a su impecable discurso y nada celebraría más que acertase en su predicción. La exacta descripción del comportamiento de los rebeldes y sediciosos es de una gran ayuda para que los españoles sepan en verdad qué está pasando. Habló con precisión y energía de sedición, rebelión, quebrantamiento de los principios de convivencia política, sociedad fracturada, desobediencia a los tribunales, supresión de los derechos políticos de la oposición, etcétera, Sí, por primera vez en muchos años, pienso y siento que el Jefe de mi Estado es una persona honesta. Respetable. El Rey es alguien que no tendría miedo a utilizar esas dos palabras que definen con precisión esta "situación de extrema gravedad". El Rey es el único, y por eso ya ha pasado a la historia de España, que se ha atrevido a ponerlas delante de todos los españoles: la situación es de guerra civil. O nos tomamos en serio que estamos al borde de otra guerra civil o no seremos capaces de detenerla.

El Rey, pues, ha cumplido, ahora tienen que hacerlo el Gobierno y la Oposición. ¡Ellos tienen la responsabilidad de parar esta guerra civil! Sí, sí, el mundo vuelve a mirar con perplejidad a este viejo país a la deriva y totalmente desnacionalizado –aunque todavía haya algún descerebrado político que siga escupiendo eso de "desnacionalicemos el problema catalán"–. Los europeos más inteligentes también están asustados, porque saben que todo lo grave y horrendo que pasa en el viejo continente, desde el siglo XVI, primero sucede en España y, luego, se repite en el resto de Europa. El enfrentamiento civil en Cataluña es total y ya se ha extendido por toda España. Las universidades-basura de todo el país, o sea, casi todas, están infectadas de carteles sobre la "Revolución de Cataluña". El Parlamento español da acogida a diputados que apoyan con naturalidad el golpe de Estado de la Generalidad, e incluso el partido principal de la oposición, el PSOE, considera que hay que seguir dialogando con los sediciosos y rebeldes. La situación, sin duda alguna, es mucho peor que en octubre de 1934. ¿Es una exageración? Sin duda, pero pensar es exagerar. Es una manera de iluminar la oscuridad a la que nos ha conducido la entera casta política. Estamos al borde del abismo. Eso se refleja en que nadie sabe qué pasará mañana. Y no lo sabemos, sencillamente, porque las élites políticas se conducen con unos criterios que están al margen de las ideas y creencias de los ciudadanos normales. Ningún español decente puede ponerse en la piel y en los chanchullos de estos partidos. Los intereses de los políticos son tan contradictorios que ni siquiera ellos mismos saben por dónde podría ir la vida de este país. Esto es lo terrible y doloroso. Esta es la trágica novedad de la España de 2017: nadie sabe qué sucederá mañana.

Repitamos, pues, con toda modestia y humildad, cualquier cosa podría suceder mañana. Tampoco nadie el 17 de julio de 1936 fue capaz de prever qué pasaría al otro día, pero el 18 de julio comenzó la guerra civil. Después de eso, ¿quién se atreve a hacer previsiones en un país roto, sin nación y con un Gobierno tan débil que es incapaz de defender a sus propias Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado? Ya dijimos que el crimen más horrendo que puede cometer un político en tiempos de paz es declarar la secesión, la ruptura, de un Estado-nación; pero tan horrendo como ese crimen es dilatar o no perseguir con la diligencia debida a los criminales. El separatismo catalán ha puesto a España a los pies de los caballos. Esto se parece a una guerra civil.

El fascismo corre por las calles
Iñaki Arteta  Libertad Digital 5 Octubre 2017

Viendo lo que ahora sucede en Cataluña puedo pronunciar un par de palabras que probablemente pocos se atrevan a decir en público: es fascismo.

"Por entonces yo no tenía ninguna convicción política definitiva. Hasta me resultaba difícil decidir si era de "derechas" o de "izquierdas", por aquello de establecer mi orientación básica y más general. Cuando en 1932 alguien apeló a mi conciencia haciéndome esta pregunta, respondí afectado y muy dubitativo: "Más bien de derechas...". En las cuestiones cotidianas sólo tomaba partido interiormente de cuando en cuando, en algunas no lo hacía nunca. Entre las formaciones políticas existentes no había ninguna que me atrajera en especial, por mucho que hubiera donde elegir. De todos modos, la pertenencia a una de ellas en ningún caso habría evitado que me convirtiese en un nazi. Lo que sí pudo evitarlo fue mi nariz. Tengo un olfato intelectual bastante desarrollado o, dicho de otro modo, un sexto sentido para reconocer los valores estéticos (¡y antiestéticos!) de una actitud o convicción humana, moral o política. Desgraciadamente, la mayoría de alemanes carecen por completo de este instinto. Los más inteligentes son capaces de discutir hasta el atontamiento más profundo haciendo múltiples abstracciones y deducciones sobre el valor de una cosa cuyo mal olor puede detectarse simplemente con la nariz.

Yo por mi parte, ya entonces tenía la costumbre de fundamentar mis pocas convicciones firmes a través del olfato. En cuanto a los nazis, la decisión de mi nariz fue inequívoca. Era sencillamente agotador hablar sobre cuáles de sus presuntos objetivos e intenciones eran discutibles o estaban al menos «justificados históricamente» cuando todo aquello olía como olía. No me equivoqué ni un solo instante al pensar que los nazis eran unos enemigos para mí y para todo lo que yo apreciaba. En lo que sí erré por completo fue al no pensar que fueran a convertirse en unos enemigos tan terribles. Por entonces seguía inclinado a no tomarles muy en serio, una actitud muy extendida entre sus adversarios inexpertos, que por entonces favoreció a los nazis sobremanera. Hay pocas cosas más extrañas que la tranquilidad indiferente y engreída con la que nosotros, yo y mis semejantes, contemplamos el inicio de la revolución nazi en Alemania como si estuviéramos en el palco de un teatro, viendo un proceso cuyo objetivo, al fin y al cabo, era exactamente borrarnos de la faz de la tierra.

Historia de un alemán Sebastian Haffner 1939
(Dios, ojalá pudiera leer esto el presidente del Gobierno).
Discúlpenme por una cita tan larga, espero que les invite a leer el libro completo.

Yo callé durante largos años en el País Vasco (durante el tiempo en que me pareció más seguro no expresarme como me lo pedía mi conciencia) pero llegado un momento emprendí el camino que esa misma conciencia me estaba ofreciendo: el de la libertad de expresarme en situaciones adversas. Por eso, viendo lo que ahora sucede en Cataluña puedo pronunciar un par de palabras que probablemente pocos se atrevan a decir en público: es fascismo.
Cada historia dramática que ha azotado a las sociedades modernas rozó a todos los ciudadanos que, ocupados en sus asuntos, la menospreciaron.

Y no es sólo la nariz la que me lo hace entender así, sino la historia que nos precede, las historias cuyo final recordamos trágicamente pero que comenzaron con apariencias nobles e inocuas, continuaron con mentiras y falsificaciones, para terminar asfixiando (las peores veces exterminando) a los disidentes. Cada historia dramática, brusca, caótica que ha azotado a las sociedades modernas rozó en su comienzo de manera más o menos consciente a todos los ciudadanos que, ocupados en sus asuntos, la menospreciaron.

Me froto los ojos asombrado al contemplar en mi televisor cómo el fascismo corretea por las calles de una ciudad moderna. Europa, hoy. En cierto modo me impresiona menos la violencia cruda e inesperada del yihadismo. Resulta más fácil tachar a sus autores de fanatizados por una religión extraña, de descerebrados de tierras lejanas que serán capaces de cualquier cosa solo por asustarnos que la observación de gentes de tu propio país adoptando comportamientos tan radicales. Es un momento histórico, dicen los nacionalistas independentistas. Ahora mismo yo también creo que lo es. Un momento histórico en el que el egoísmo etnicista de nuestros vecinos aflora elevándose sobre los demás para escupirnos con todo su desprecio. Tras años de siembra ideológica resurge esplendorosa una supremacía de tipo regional que a ojos de Occidente resulta incompatible con los planes mayoritarios de prolongar nuestro conseguido nivel de concordia. La voluntad de tensar la cuerda al máximo esperando qué tipo de respuesta se les da depara consecuencias imprevisibles. Hasta puede que, pensará David, las cosas se pongan tan dramáticas que Goliath tenga que ceder. La gran ventaja de David es que juega sin normas, el pobre grandullón de Goliath tiene su punto débil: ser escrupuloso con la ley, no utilizar artimañas ni engaños.

Fascistas somos los demás, el Estado que impide los caprichos particulares o colectivos que atentan contra el resto. Pues vale, no discutamos porque no hay manera: ellos abanderan EL BIEN.

Pero mi nariz me dice que no hay nada de inocente en esas sonrisas ni en esos cánticos de hermandad patriótica con que desprecian y arrinconan al diferente.

Huele muy mal.

VOX RESPONDE A SUS ATAQUES
La respuesta de Abascal a Farage y otros ‘socios’ europeos del separatismo

La Gaceta  5 Octubre 2017

El presidente de VOX ha mandado una carta a todos los partidos que forman el Eurogrupo Europa de las Naciones y de las Libertades, incluido al Frente Nacional y a Alternativa por Alemania.

Santiago Abascal ha dirigido una carta a líderes europeos -entre los que destacan Geert Wilders, Nigel Farage, Heinz-Christian Strache y Matteo Salvini– que en las últimas horas han mostrado su apoyo al separatismo catalán y han criticado la actuación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

El presidente de VOX ha dirigido la carta también a todos los partidos que formar el Eurogrupo Europa de las Naciones y de las Libertades, incluido al Frente Nacional y a Alternativa por Alemania.

‘No toleraré injerencias sobre la soberanía española’
En la carta, Santiago Abascal explica el problema separatista de Cataluña, afirmando que no tolerará injerencias en la soberanía española: “Desde VOX, queremos trasladar que no toleramos, a nadie y en ningún caso, injerencias externas que debiliten de cualquier forma (por ejemplo criticando a nuestras fuerzas de seguridad) la defensa de nuestra inquebrantable unidad nacional. Ante la debilidad y la inacción de nuestro Gobierno, VOX está promoviendo grandes concentraciones nacionales que demostrarán a los separatistas y al mundo que España no va a permitir a las oligarquías la ruptura de la Nación. En ningún caso y de ninguna forma”.

La islamización de Cataluña
Santiago Abascal analiza las posibles causas de la postura que alguno de estos líderes han tomado con respecto al separatismo catalán: “Es posible que, en la distancia, algunos hayáis recibido información manipulada acerca de lo que está sucediendo. Nada extraño si tenemos en cuenta cómo actúan las terminales de los mass-media, que se han asegurado de que prevalezca una versión sesgada de dichos sucesos, especialmente en las cabeceras de la izquierda internacionalista”.

Santiago Abascal también les recuerda el carácter multicultural y globalista del secesionismo catalán: “El separatismo ha venido impulsando hacia Cataluña una nutrida emigración, considerablemente radicalizada, procedente de países islámicos durante las tres largas décadas en que han gobernado Cataluña. Hoy, Cataluña acoge la mitad de toda la inmigración islámica residente en España. Como muestra del carácter globalista e islamófilo del separatismo catalán, os invito a comprobar la actuación de sus líderes tras los últimos atentados de Barcelona: su solución era más Islam y menos España”.

Santiago Abascal termina diciendo que “La verdad, queridos amigos europeos, es que quienes padecen hoy en Cataluña no son quienes, por las razones arriba apuntadas, pretenden imponer un modelo separatista, y que son poco más de una tercera parte del total de la población. Por el contrario, hay una mitad holgada de catalanes que se ve privada de sus derechos, y que está obligada a plegarse a los designios del separatismo. Esa mitad, abandonada por el gobierno, es quien verdaderamente padece la represión a manos de un separatismo que lleva gobernando Cataluña desde hace más de tres décadas”.

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Golpe de Estado separatista: no a la impunidad, no a la prevaricación
EDITORIAL  Libertad Digital 5 Octubre 2017

No es de recibo que se proceda contra los subordinados mientras se deja en libertad y en el cargo a los cabecillas del golpe.

Bien está que la Audiencia Nacional haya "imputado" por un delito de sedición al mayor y a la intendente de los Mossos d'Esquadra, Josep Lluis Trapero y Teresa Laplana, así como a los presidentes de Òmnium Cultural y la ANC, Jordi Cuixart y Jordi Sánchez: Más que meros "indicios", hay clamorosas pruebas de que la cúpula de la Policía autonómica catalana ha sido en todo momento más fiel a los cabecillas del golpe (el presidente de la Generalidad, Carles Puigdemont, y SU consejero de Interior, Joaquim Forn) que a las expresas órdenes que habían recibido de la Fiscalía destinadas a impedir la ilegal votación del pasado domingo. Otro tanto se podría decir de las plataformas secesionistas mencionadas, que, nutriéndose de dinero público, claramente sirvieron de correa de transmisión del sedicioso llamamiento de Puigdemont a tomar las calles el pasado 20 de septiembre, en protesta por las detenciones de unos altos cargos de la Administración golpista llevadas a cabo por la Guardia Civil a instancias del Juzgado de Instrucción nº 13 de Barcelona.

Lo que resulta escandaloso –hasta el punto de convertir estas loables imputaciones en un clamoroso acto de hipocresía– es la impunidad de los cabecillas del golpe, que a día de hoy no están sentados en ningún banquillo sino en las poltronas del Gobierno regional catalán, desde donde preparan y nos anuncian nuevos delitos de sedición y rebelión.

Rajoy podrá incurrir en la irresponsabilidad y en la bajeza moral y política de seguir ignorando lo que ha denunciado el Rey, así como lo que dice el artículo 155 de la Constitución. Podrá dejar una "puerta abierta" a la negociación con los separatistas, tal y como aún proclamó en su bochornosa declaración del 1 de octubre. Lo que no puede ignorar nadie ni nada –incluido el muy politizado sistema de administración de justicia– es lo que dice el Código Penal. Y es que "derogar, suspender o modificar, total o parcialmente, la Constitución", tal y como ya han hecho los autoridades golpistas de Cataluña, es un delito de rebelión, tipificado como tal en el articulo 472.1 del CP.

Eso, por no hablar del no menos consumado delito de sedición (artículo 544 del CP) de quienes "se alcen pública y tumultuariamente para impedir, por la fuerza o fuera de las vías legales, la aplicación de las Leyes o a cualquier autoridad". El artículo 545 especifica que "si fueran personas constituidas en autoridad" las que "hubiesen, sostenido o dirigido la sedición o aparecieren en ella como sus principales autores, serán castigados con la pena de prisión de ocho a diez años, y con la de diez a quince años". ¿Es de recibo que se impute por sedición a Jordi Cuixart y no a Carles Puigdemont?

Resulta inexplicable que, a día de hoy, la única imputación por un delito castigado con pena de cárcel contra los cabecillas del golpe sea la denuncia por malversación que la Fiscalía dirigió contra los miembros del Gobierno de Puigdemont con ocasión de la convocatoria del 1-O; malversación, por cierto, que Montoro en su día aseguró que no se había producido. Pero ¿qué hay del sedicioso llamamiento de Puigdemont del 20 de septiembre, por el que se quiere juzgar a Cuixart y a Sánchez? ¿Qué hay de la propia celebración del 1 de octubre?

Algunos excusan al presidente del Gobierno alegando que está esperando para sofocar el golpe a que los golpistas perpetren otro delito de sedición –este reflejado en el artículo 472.5–, el de "declarar la independencia de una parte del territorio nacional". Sin embargo, ser consciente de que un delincuente va a cometer nuevos delitos, lejos de justificar la demora de su detención y juicio, lo hace todavía más inadmisible. El tan manido "cargarse de razones para tener razón" con que algunos han querido justificar la inagotable pasividad de Rajoy, además de ser una temeraria estrategia política que puede llevar al enfrentamiento civil, compromete al Estado de Derecho y a una Administración de Justicia que no puede seguir cerrando los ojos ante quienes son los máximos responsables de lo que está ocurriendo.

Pero, en esas seguimos, teniendo que ver cómo un cómplice de los golpistas, Pablo Iglesias, se ofrece de "mediador", o cómo el molt honorable cabecilla del golpe sigue impunemente, y a través de medios de comunicación públicos, justificando y anunciando su "amable y cordial" determinación de acabar con la nación española y con su Estado de Derecho.

El Rey y las mentiras del golpe de Estado
Jorge Vilches. vozpopuli 5 Octubre 2017

Las palabras de Felipe VI hicieron hincapié en tres ideas-fuerza -orden constitucional, unidad y confianza-, dando el pistoletazo de salida a un gobierno aletargado y decepcionante.

Algún día habrá que hacer la historia de los que sustentaron en la política y en los medios el espíritu del golpe de Estado que sufrimos. De aquellos que inocularon sus conceptos universales en la población española para que interpretara la realidad a su gusto. La de esos que manipularon datos, fotos, noticias e ideas para encajarla en un relato cuyo objetivo era, y es, derribar a la fuerza al gobierno legítimo, destruir el Estado constitucional y hacerse con el poder. Es indiferente que fueran tontos útiles o colaboradores conscientes. Todos ellos han creado una realidad a través de unos conceptos falsos con un interés espurio. Repasemos.

No es democracia
La democracia no es convocar y votar en un referéndum. Tocqueville y Bryce, que sabían más de historia y filosofía que los golpistas y sus corifeos mediáticos, ya escribieron que la democracia es un ethos, un modo de vivir, una forma de convivencia y, en consecuencia, una condición general de la sociedad. Ese ethos se traduce en la formación de instituciones representativas, el imperio de la ley, el Estado de Derecho, y costumbres públicas liberales y democráticas.

Nada de esto se ha podido ver en ese movimiento nacionalbolchevique, que diría Jean-Pierre Faye, compuesto por el PDeCAT, ERC y la CUP. Su discurso y su comportamiento, incluso su propósito, responden al modelo oligárquico y tiránico que ya sufrió Europa en el primer tercio del siglo XX. Desde el momento en que “su” democracia desprecia la pluralidad social y política , rompe las reglas de juego, desampara a los que no creen en la “unidad de destino en lo universal”, y crea inseguridad jurídica y personal, ha pasado a la categoría de régimen autoritario fundado en el terror y la arbitrariedad .

No es una revolución
La violencia de los activistas y la connivencia de asociaciones sindicales, patronales o civiles independentistas no significa que aquello sea una revolución. Eso es confundir una algarada en apoyo de un golpe de Estado, el atrezo de masas que acompaña a un gesto de la oligarquía, con un acto revolucionario. Una revolución es un proceso en el que se cambia el curso de la Historia gracias a la imposición de un principio nuevo que rompe con la Era anterior; por ejemplo, la libertad en 1789 o el comunismo en 1917.

Las revoluciones, como vio Hannah Arendt, cambian la estructura social, política y económica en detrimento de un grupo y en beneficio de otro. No son una vuelta de tuerca a sus poderes por parte de una oligarquía regional que usa la red clientelar , adoctrinada o cautiva, para hacerse ilegal e ilegítimamente con todo el poder.

Cualquier golpe de Estado que quiere triunfar tiene que añadir un acto de masas que dé fuerza moral a su proyecto. Esto exige varias condiciones que los independentistas han cumplido: demonizar al enemigo (lo español), usar una retórica apocalíptica (el imperativo histórico), y encontrar aliados violentos (los cuperos). El desorden se desata, los Mossos no actúan para que el conflicto tenga efecto publicitario , y el fin se consigue: donde solo había una maniobra parlamentaria, ahora parece que es un pueblo sublevado contra un “Estado opresor”. Falso, es orquestación.

No es un pueblo
El pueblo es una categoría retórica que utilizan los populistas, tanto nacionalistas como socialistas, para arrogarse la voluntad de todos sin contar con todos. Es el lenguaje de los totalitarios, ese que identifica a una pluralidad con un sujeto colectivo que solo tiene un interés y un proyecto, y, claro, una única voz: ellos. Se trata del viejo vínculo que establecen el leninismo y el fascismo entre el pueblo, su espíritu, un partido y su líder .

Todo aquel que no comulga con ese planteamiento fundamentalista se convierte en “no-pueblo”. No es de hoy. Carmen Forcadell, la actual presidente del Parlamento de Cataluña, decía hace bien poco que los catalanes del PP y de Ciudadanos no eran pueblo , sino extranjeros porque no defendían el dogma independentista. Tardá, que vive muy bien en Madrid, arengaba a los universitarios diciendo que eran el “verdadero pueblo” de Cataluña, con la misión histórica de la independencia, que debían cumplir si no querían ser “ traidores a la patria ”.

Los independentistas no son “el” pueblo, ni siquiera “un” pueblo, sino un movimiento nacional al viejo estilo de los totalitarismos y autoritarismos de principios del siglo XX. Que no engañen: la sociedad catalana es plural en todos los sentidos, y no merece a quienes quieren reducirla a un ser y pensamiento únicos.

El futuro no es la Arcadia feliz
La percepción pública que queda en todo proceso golpista es que las vías legales no son las únicas, ni siquiera las más convenientes para alcanzar el poder. Esta obviedad se convierte en peligrosa cuando una oligarquía se ha aliado con una facción violenta para hacer el trabajo callejero; sobre todo cuando esos alborotadores se erigen en auténticos representantes de las esencias del movimiento , y en protagonistas del proceso. Cuidado, porque el papel de partero de la Historia lo asumen siempre los más radicales, que acaban tomando el poder de forma absoluta y con voluntad de eternidad.

Que se lo pregunten a Sieyes, el gran revolucionario de 1789, al que echaron los girondinos, a estos los jacobinos, luego los termidorianos, y finalmente Napoleón quien, con su ayuda, diera un golpe de Estado para crear otra dictadura más en la triste Francia de finales del XVIII. O a Kerenski, quien todavía en 1931 se preguntaba cómo era posible que hubiera perdido el poder. O al Manuel Azaña de febrero de 1936, al del fraude electoral, haciéndose cruces un año después porque los comunistas soviéticos se habían adueñado de “su” República.

Recuperar el relato
Las palabras de Felipe VI hicieron hincapié en tres ideas-fuerza -orden constitucional, unidad y confianza-, dando el pistoletazo de salida a un gobierno aletargado y decepcionante . Al tiempo, fue un toque de atención a un PSOE que por boca de Margarita Robles hacía suyas las quejas de los golpistas y pedía la reprobación de la vicepresidenta del gobierno por la represión policial.

Pero el contragolpe, si es que el gobierno se decide a realizarlo con toda la intensidad que merece la sociedad española, no debe limitarse a detener y juzgar a los delincuentes, sino debe parar el golpismo y su espíritu. Para eso es necesario recuperar el relato; esto es, la narración de los hechos y los conceptos, como hizo el Rey.

Yugoslavia y Cataluña: yo tengo miedo
Pablo Planas  Libertad Digital 5 Octubre 2017

El domingo habrá una gran manifestación española en Barcelona. El lunes, con las calles vacías, comenzarán las purgas selectivas.

El proceso separatista busca un muerto, pero ya es otro muerto. No ha conseguido un mártir. Tendrá, como mucho, un tuerto, un infartado y miles de fotos y vídeos falsos sobre el 1 de octubre de 2017. En Cataluña hay miedo, un temor cada día más concreto, más espeso y más balcánico. Pero no es el miedo a las porras y a las balas de goma del Estado. ¿De qué si no iban los alcaldes socialistas a exigir que los policías se vayan de sus pueblos? La presión que Puigdemont pidió contra los alcaldes que no querían participar en el referéndum ha tenido el resultado esperado por los golpistas. Han sufrido acoso, insultos, manifestaciones a las puertas de sus propias casas y han señalado a sus familias.

El orden público en esas localidades está en manos de la policía política de la Generalidad y de las brigadas de la CUP, cuyos militantes dirigen los conciertos de cacerola y abroncan a los vecinos que cierran las ventanas o a los viandantes que no agitan sus llaveros en señal de adhesión. Pasa en barrios de Barcelona: Sant Antoni, Sagrada Familia, en los dos ensanches y, por supuesto, en Gràcia. Si hasta se oyen cacerolas en Pedralbes...

Esos mismos alcaldes son ahora los que con más contundencia verbal denuncian los supuestos excesos policiales y callan cuando el personal más siniestro y subsidiado de sus pueblos berrea las consignas de ETA contra las "fuerzas de ocupación" a las puertas de pensiones y domicilios particulares de policías y guardias civiles. Esos alcaldes entraron en pánico incluso antes de ver como los piquetes de la huelga general contaron con la colaboración de patrullas de los Mossos d’Esquadra para cortar carreteras y bajar persianas, todo un ejercicio de proporcionalidad en favor de la "convivencia" y contra la "brutalidad" policial.

El pasado domingo, los políticos de la oposición en Cataluña recibieron la recomendación por parte de sus partidos de no salir a la calle. La situación no ha mejorado. Todo lo contrario. Cualquier imbécil con una bandera separatista al cuello se cree en el derecho de insultar al vecino refractario o al personaje más o menos público que se ha manifestado en contra de la independencia en una tertulia o en un artículo. En el instituto al que acuden los hijos de los guardias civiles de la casa cuartel de Sant Andreu de la Barca los profesores han arremetido contra sus padres en clase. No se esperaba menos de ellos, son los maestros que han provocado lesiones cerebrales permanentes en varias generaciones. Algunos chicos y chicas directamente apuntados pidieron permiso para abandonar la clase. Otros estallaron en lágrimas al llegar a casa. En TV3 hace furor una serie sobre un profesor de filosofía separatista, una especie de doctor House en la escola catalana que tiene atrapado en sus intrigas a más de tres millones de catalanes.

Los periodistas son abucheados, coaccionados y expulsados de las concentraciones "cívicas, pacíficas y festivas" de las masas separatistas. No quieren testigos para la que preparan y se ceban contra la "prensa española". Han convencido a los corresponsales extranjeros de que la Guardia Civil es algo así como un grupo de paramilitares endemoniados que se guardan las orejas de sus víctimas como trofeos de caza. La frivolidad de esos alegres periodistas, tratados a cuerpo de rey por la Generalidad, sólo es comparable con su falta de ética y de profesionalidad. No es su país, no tienen ni puta idea de nada y se sienten enviados especiales a una guerra fetén en la que los oprimidos les invitan a copas en las azoteas de los hoteles de lujo mientras los esbirros opresores están atrapados en pensiones cochambrosas y barcos de la risa convenientemente controlados en todo momento por la policía de Trapero. Ni siquiera se preguntan cómo es eso posible, y cuando las cosas se pongan más feas levantarán el campamento tras haber entrevistado a alguna individua que se invente que la ha violado un pelotón de policías, uno tras otro, igual que le rompieron los dedos a una tal Marta más falsa que un duro de cuatro pesetas.

Mientras tanto, se va cociendo la venganza, el clima propicio para el ajuste de cuentas contra los "unionistas", policías, periodistas y políticos en primer lugar. La prueba de cargo serán las imágenes de las cargas policiales, la mayoría de ellas falsas, producto de la fábrica de mentiras de TV3, Roures y los perioactivistas de la hegemónica prensa nacionalista, con La Vanguardia al frente de la cacería. Su eficacia radica, entre otras cosas, en que un deportista millonario como Gerard Piqué diga esto: "La actuación del domingo en Cataluña me dolió porque tengo mi familia allí, porque es mi gente. Es difícil que estando aquí podáis entender lo que pienso o que siento. He visto algo muy distinto a lo que vosotros podéis percibir aquí, la televisión os muestra cosas diferentes a las que yo he visto".

Y esto otro sobre el mensaje del Rey:
No lo escuché. Estaba jugando a la pocha. En Cataluña creen que debería haber dado un mensaje más cercano a las víctimas del domingo, pero yo no lo he visto.

Tal cual. Cojonudo. Son palabras de un tipo que forzó el cierre del campo del Barcelona y un partido de fútbol contra un club, Las Palmas, que decidió bordar una mínima bandera de España ante las barbaridades que se están cometiendo en Cataluña. Yugoslavia pura y dura. Piqué es el agente provocador, pero le protegen la Guardia Civil y la Policía Nacional en el resto de España y los Mossos d’Esquadra en Cataluña. Gracias, Piqué, los españoles te agradecen la cobardía de no admitir que eres independentista y están ansiosos por recibir noticias sobre los desgarradores partes de lesiones de tus familiares, amigos y conocidos. Seguro que la Generalidad ya los ha fabricado, pero tú, en tu mansión de la zona alta de Barcelona, puedes estar muy tranquilo. No así el kamikaze que ha puesto una bandera de España en un balcón del Ensanche de Barcelona. Puigdemont y Junqueras también están muy tranquilos. Tienen escolta, a diferencia de los charnegos "botiflers". Rufián también puede andar tranquilo por Cataluña y por Madrid. Mucha otra gente no puede decir lo mismo aunque se calla y se aguanta.

Los bancos y las empresas que han financiado a los medios separatistas caen en bolsa. También tienen miedo. La banca catalana tiembla. La sombra del corralito se cierne sobre los depósitos de miles de incautos que aporrean cacerolas y se mandan mensajes con los caretos de los vecinos a los que hay que silenciar. También están en riesgo los depósitos de los ciudadanos españoles en toda España.

El domingo habrá una gran manifestación española en Barcelona. El lunes, con las calles vacías, comenzarán las purgas selectivas.

El Golpe y los golpeados
Javier Orrico Periodista Digital 5 Octubre 2017

Lo que ha ocurrido estos días en Cataluña ha sido el resultado de una curiosa alianza entre la burguesía xenófoba, la de un catalanismo resentido e históricamente insatisfecho, y sus hijos de la extrema izquierda, que han unido al racismo en que crecieron las tácticas del golpe de Estado que estudiaron en Lenin. O en Malaparte, que había sido fascista y conocía muy bien el proceso.

A ellos se han unido los peores de entre los hijos de los españoles de otras regiones (tenemos que rebelarnos contra el lenguaje impuesto: nunca más llamar emigrantes ni inmigrantes a los que cambian de residencia en su propio país), los más torpes y cobardes, que han creído que sumándose al odio contra lo que ellos mismos representan, serían salvados de ser su objeto.

Y el odio a España, ‘als castellans’, que somos todos los demás y que está hasta en su himno (los ‘pacíficos’ cantan “bon cop de falç”, buen golpe de hoz), es muy antiguo, pero cuando brota con fuerza imparable es a raíz de la llegada de los primeros “mursianus” (murcianos, andaluces… “el hombre andaluz es un hombre desestructurado”, que escribió Jordi Pujol).

Lo que está pasando, pues, no es más que la culminación de ese odio acumulado durante decenios, el odio a los de “fora”. Ese es el cemento que ha unido a dos ideologías aparentemente contrarias, el comunismo de pub y gin-tonic de los enchufados de la Complutense y la oportunista sectaria de Ada Colau, con el nacional-racismo de la burguesía catalanista y de sus vástagos de la CUP. Unos buscan la insurrección, a ver qué pillan, y otros la secesión, a ver qué pillan también. Por ejemplo, la impunidad.

Y, sin embargo, si aplicáramos la teoría marxista al análisis de la situación, en realidad el golpe revolucionario tendrían que darlo los unos contra los otros, ‘els nens’ contra los papás. Eso si fueran, en verdad, “objetivamente revolucionarios”, es decir, los parias de la tierra. Pero es que resulta que estos son los dueños de las empresas, de la Administración, de los medios, y sus niños universitarios y bien comidos; y que no hay razón política alguna ni, sobre todo, económica, que es la que importa, para esto que no puede ser llamado revolución y que no pasará de revuelta. Ya lo cantó, no sé si como anticipación, el siniestro separatista de Lluís Llach, “Y amb el sonriure, la revolta”. Salvo que el Gobierno continúe dormido, a pesar del despertador del Rey. Y por eso, espero, terminarán fracasando, porque no se conoce ninguna revolución que hayan hecho y ganado los ricos, los que ya están empezando a asustarse.

Entretanto, los únicos golpeados no han sido los pocos que verdaderamente sufrieron las escasas cargas que se produjeron el día uno, sobre todo el joven que recibió, desafortunadamente, una pelota de goma en el ojo. Pero, al menos a mí, que me pasaron muchas veces a pocos centímetros cuando entonces -cuando sí había una dictadura y no una democracia bastante aceptable, que sólo si la perdemos aprenderemos a valorar-, me parece que si toda la represión, legítima, además, contra un golpe de Estado, es un herido, entonces tenemos unas fuerzas del orden ejemplares.

No. Los verdaderos golpeados han sido los cuatro millones de catalanes que ese día no quisieron ir a votar y que mayoritariamente se quedaron en sus casas asustados ante la auténtica tiranía neonazi que se ha apoderado de Cataluña. La de los insultos y el señalamiento que les esperaban en la calle. La de los niños agredidos, por profesores infames, sólo porque son hijos de guardias civiles. O porque sus familias pidieron que se les enseñara algo de lengua española (hasta los tres años, en las escuelas catalanas no escuchan una sola palabra en su lengua). Los “humillados y ofendidos” del poema de Manuel Vázquez Montalbán, son hoy los millones de catalanes que no pueden hablar, que no tienen acceso a los medios públicos, que han sido despojados de los derechos más elementales.

Pero igual que debemos transmitirles nuestro apoyo y que sepan que, como dijo el Rey, no están solos, les ruego que el próximo domingo salgan a la calle. Que acudan a la convocatoria de Sociedad Civil Catalana -y del resto de entidades de lo que ha terminado siendo la Resistencia, como contra el nazismo, que llevan dando la cara y jugándosela muchos años- en la Plaza de Urquinaona a las 12. Es necesario que el mundo sepa que existen y que son mayoría. Los demás españoles podemos ver la España que amamos desguazada, y su democracia, derrotada. Pero vosotros, compatriotas, si el Golpe triunfa, sabéis que estaríais sometidos, quizás para siempre, a la dictadura supremacista que ya sufrís. Es hora de defender la igualdad y la libertad, es decir, la ley.

Así es la hoja de ruta para independizar una región privilegiada
'El Procés': desde el egoísmo, el desprecio, el odio y la mentira
Siete comunidades autónomas en España sufren asedio nacionalista en buen estado de avance, siguiendo la misma hoja de ruta que Cataluña
Alberto Martínez Periodista Digital 5 Octubre 2017

Después de 500 años con las mismas fronteras hay muchas más cosas que nos unen de las que nos separan. El mundo se globaliza a ritmo vertiginoso y los países tienden a la unión, al entendimiento y a la apertura de fronteras. Es lo que toca en el siglo XXI.

Sin embargo España es víctima de una conspiración que usurpa y manipula desde la premeditación, que usa la ciencia identitaria y la diferenciación para justificar su objetivo de manera egoísta e injusta.

Se trata de mostrar una supuesta sensibilidad, y de lanzar un mensaje que se expresa desde la calle para que dé la vuelta al mundo y si hay refrendo alcanzar así la independencia.

Una independencia forjada desde la mentira, desde el odio y el desprecio aunque merecerá la pena, ya que reportará una mejor economía. Y si la cosa sale mal y llega el corralito… no hay problema. España estará ahí para afrontar los miles de millones que sean necesarios para sacar a la región del posible agujero.

Cataluña es un territorio privilegiado, muy afortunado, que cuenta con los mejores recursos y la mejor posición geoestratégica, aunque todavía es sensible de mejorar si pudieran pagar menos impuestos aún así con rentas per cápita un 25 % superiores a la media española.

Es como si en un país se independizaran los ricos, ya que no sería necesario pagar más que una pequeña parte de lo que pagan ahora. No tendría sentido la progresividad. En cualquier rincón del planeta pagan más los que más ganan, pero en Cataluña no. En Cataluña dicen que “España nos roba” porque prefieren no aceptar esas reglas.

El mayor problema de este proceso es que la diferenciación no es la esencia, sino el camino. Lo importante es alcanzar la ventaja económica. El sistema educativo será una pieza clave para orientar la sociedad a la diferenciación y a la identidad, el mayor objetivo del Procés promovido por los independentistas.

La hoja de ruta del Procés, para independizar la región, en 20 etapas:

Todo comienza con las ventajas económicas. Se hace campaña sobre las ventajas que podría tener esa región privilegiada si fuera independiente. Para ello se desarrolla una estrategia de marketing y comunicación, con algunos lemas como: “España nos roba”.

Se crean asociaciones nacionalistas, entidades que en una primera fase cuentan con poca representación, con objetivos ilegales que no se prohíben ni nadie frena.
Se consolida una minoría. Surgen pequeños partidos políticos con escasa representación pero que van consolidando una trama que ya hace uso de la manipulación y la mentira para evangelizar y convencer a la sociedad.

Se promueve la diferenciación identitaria. Somos diferentes, tenemos territorio diferente, lengua diferente, costumbres diferentes, comida diferente… Se trata de impulsar al máximo esas diferencias, cosa que no es fácil desde un país de 500 años de antigüedad, pero es la verdadera clave del Procés.
Los nacionalistas consiguen representación parlamentaria. A pesar de ser muy pequeños y que deberían haber sido prohibidos, la realidad es que desde su pequeño tamaño consiguen gran rentabilidad, al convertirse en partido bisagra y participar en las decisiones políticas.

Se descentralizan competencias. Se consigue descentralizar funciones del Estado y llega más dinero, mucho dinero a las arcas regionales para la gestión de acciones orientadas a la diferenciación y la identidad.
Se ceden las competencias de Educación. MOMENTO CUMBRE: Desde este momento se abre un camino para la exaltación que ya nadie podrá frenar. Desde ese bastión y con el apoyo de la manipulación y el desprecio se conseguirá aleccionar a la población estudiantil.

Se aplica el requisito lingüístico a los docentes. MOMENTO CUMBRE: Que introduce ventajas a aquello que lo consiguen, por lo que entre el colectivo del profesorado se va forjando un corporativismo orientado a explotar esas mejoras. El grupo se apoya en la diferenciación, que permitirá desarrollar recursos para llevar a los alumnos a la exaltación identitaria.
Se impone la lengua regional. MOMENTO CUMBRE: A pesar de que España cuenta con una de las tres lenguas más importantes del planeta, el castellano, que es la que quieren los padres para sus hijos, pero la cuestión identitaria pasa por discriminar a esta lengua global, e imponer la lengua regional. Esto coincide en un momento en que el planeta se orienta al mundo global, por lo que ya surgen algunas tensiones.

Manipulación del material escolar. MOMENTO CUMBRE: Se modifican los programas curriculares, los contenidos, se manipula la historia y todo ello queda recogido en el material educativo: los libros, con los que los docentes trasladan la manipulación a sus alumnos.
Adoctrinamiento del alumnado desde un sistema educativo orientado a la identidad. MOMENTO CUMBRE: Desde la etapa de Infantil a la universidad, pasando por la secundaria, bachillerato, formación profesional, deportivas, de música, arte… Los profesores de cualquier etapa ya se han convertido en el ejército de la futura nación, solo falta por trasladar conceptos, contenidos y opinión política: el aleccionamiento está servido en una población escolar que será transformada a gran velocidad.

Oleadas de alumnos alcanzan la mayoría de edad. Cada año llegará una nueva oleada de alumnos que cumplen la mayoría de edad y suponen el 1,5 % de la población total, equivalente a un 2,5 % del total de votantes. Esos jóvenes también irradian su influencia a su entorno familiar y de amigos, con lo que la escasa minoría de independentistas consigue entrar en la senda del crecimiento.
Medios de comunicación financiados difunden la fiebre nacionalista. La TV3 en Cataluña ha servido de eje para promover la ciencia identitaria. Sin embargo no es solo ese canal, ya que hay otros muchos que han recibido ayudas desde la propia administración para promover la diferenciación regional.

Los partidos nacionalistas consiguen más autogobierno. El mecanismo se convierte en un círculo vicioso, que ya influye en el gobierno central para aprobar leyes, presupuestos… No se trata de negociación, sino de un chantaje que se consolida como forma normal de gobierno. El resultado es un continuo grifo abierto en la cesión de competencias y descentralización presupuestaria.
Lo nacionalista se convierte en independentista. Lo ilegal se considera alegal, pero la realidad es que el gobierno central transige, lo acepta, permite… La deriva nacionalista comienza su fase más radical.
El desafío… cuando la minoría radical crece y ya se aproxima a la mitad de la población. Una vez abierto el grifo de generación de independentistas desde el sistema educativo y desde los medios de comunicación “manejados” por el régimen, se consigue que la población alcance cifras cercanas al 50 % de la población. A partir de ahí comienza “El Desafío”.

El Presidente regional y una mayoría independentista entran en el parlamento. Puede darse el caso que, sin alcanzar la mayoría de población independentista, los algoritmos de representación en el parlamento regional consigan nombrar a un responsable independentista en el gobierno regional. Comienza el vértigo, el desafío va tomando tintes complicados ya que entra en marcha la centrifugadora que exaltará todo tipo de acción secesionista.

Los independentistas llaman democracia a la usurpación. Es su forma de dirigirse a los medios internacionales. Un marketing sofisticado de comunicación traslada a la opinión pública internacional que los catalanes tienen una sensibilidad, una clara diferenciación identitaria, que lanzan un mensaje que expresan en la calle, pero que no es escuchado por el gobierno central aún así que éste sigue ofreciendo nuevas competencias y más presupuesto. Pero se trata de un nacionalismo insaciable, no tiene solución.

El problema regional. Ese término, que Cataluña lo ha exportado como “El problema catalán”, y que en la Comunidad Valenciana y Baleares se llamará en breve: “El problema valenciano” y “El problema balear” consiste en un marketing fundamentado en comunicar victimismo y en proyectar internacionalmente una supuesta sensibilidad y una diferenciación insalvable, aunque en realidad haya sido forjada desde la manipulación, el desprecio, el odio y la mentira. Se vende que trata de una sensibilidad no atendida y no comprendida.

Los independentistas organizan un referéndum ilegal. Lo que importa no son los votos ni lo que se pueda conseguir con ellos. Se trata de un pucherazo anunciado. Pero lo importante será la escenificación y el victimismo. Se buscan heridos, muertos, a ser posible. Se manipulan cifras, se exporta prensa amarilla a través de periodistas y medios de comunicación menos serios para dar a entender que el pequeño, el minoritario, el que sufre, el que es golpeado, aun así que forme parte de la trama surgida del desprecio… es el que tiene la razón. La provocación y la xenofobia no llegarán a ser comprendidas por los periodistas internacionales, dado que éstos no llegarán a entender su considerable profundidad.

En Idiomas y Educación pensamos que es difícil entenderse con el odio y la conspiración, por lo que dialogar con los fanáticos se hace imposible. Consideramos que es necesaria la intervención, hay que evitar el descalabro.

Pero aparte de Cataluña no hay que olvidar que otras regiones ya han avanzado en su proceso, mostrado aquí en 20 etapas. En la Comunidad Valenciana así como en otras comunidades españolas, el estado de avance es mucho mayor de lo que muchos creen: Los padres ya perdieron el derecho a elegir la educación de sus hijos; el castellano está en fase de desaparecero de ser minimizado en el sistema educativo, la manipulación, el chantaje y la mentira ya han hecho presencia esta comunidad, y lo peor es que se ya se usa todo el abanico de instrumentos: por decreto, por decreto ley, y también por ley,

¿Nadie va a poner freno a este cataclismo?

Rajoy, no lo has podido hacer peor
Beatriz Talegón okdiario 5 Octubre 2017

Que la cuestión catalana era prioritaria en la agenda política desde hace años solamente se le podía escapar a un inepto. Intelectuales como Ramón Cotarelo venían avisándolo de manera expresa y pública. Solamente había que prestar un poquito de atención a lo que estaba sucediendo en la calle. Esa que ya no pisáis los que decís representarnos en las instituciones. Que desde el Partido Popular habéis tenido una forma de entender la Democracia totalmente torticera. Usando al Tribunal Constitucional cuando en realidad deberíais haber atacado los procesos establecidos: dinamitasteis el Estatut de Cataluña después de haber sido aprobado en el Congreso, después de haber sido refrendado por la mayoría de la sociedad catalana. Recogisteis firmas, os manifestasteis. Y nadie os molió a palos por aquello.

Que teniendo la evidencia de las elecciones catalanas y sus resultados, habéis bloqueado toda vía de diálogo. Que mientras todo esto pasaba, según está saliendo a la luz, muchísimas personas que forman parte de vuestras filas han estado trincando y llenando este país de corrupción. Vosotros estabais a lo vuestro. Que ni siquiera os habéis preocupado por gobernarnos, por mantener la paz social, los servicios y derechos que la ciudadanía nunca jamás debería haber perdido.

Que os habéis dedicado a esquilmar lo público, lo de todos. Que lejos de fomentar el diálogo y la búsqueda de soluciones pacíficas habéis dividido a la sociedad. De tal manera que hoy nos encontramos en un clima absolutamente hostil donde se producen, cada vez más, desencuentros entre personas que deberíamos convivir pacíficamente y opinando en libertad. Que nos habéis intentado tapar la boca para que no pudiéramos dirigirnos a vosotros y deciros lo que pensamos.

Que habéis empujado a la sociedad catalana hacia un abismo, justamente en el mismo sentido que ha hecho la derecha catalana, tan corrupta y oportunista como vosotros. Y habéis apaleado al pueblo. Después de recortarnos los derechos, de intentar silenciarnos, ahora enviáis miles de agentes para que se dediquen a agredir a personas pacíficas que únicamente querían expresar su opinión. Que no nos representáis. Que no servís para gobernar un país de paz y justicia social. Que nos avergonzáis ante el mundo. Que tendríais que dimitir. Rajoy, tú el primero.

La banda de Puigdemont llega al final de los días
Carlos García-Ovies okdiario 5 Octubre 2017

“Subimos la escalera sin saber a dónde iba, con la promesa de encontrarnos en el final de los días”. Podría tratarse de una alegoría sobre el tema catalán con Mas, Puigdemont, Junqueras y compañía como protagonistas, pero no es más —ni tampoco menos— que una estrofa de una canción de Loquillo, quien por cierto ha sufrido la intolerancia de quienes quieren arrogarse el derecho a decidir sobre todos los demás. España es ese hermano pequeño con el que te metes constantemente pero que defiendes a capa y espada cuando otro intenta hacer lo mismo. Y en esas estamos con el desafío independentista desde hace años. En los últimos días, especialmente, hemos visto cómo unos pandilleros venidos a más disparaban a quemarropa contra el corazón de nuestro país y cómo sus secuaces nos llamaban fachas simplemente por denunciarlo.

Son tiempos en los que la razón no importa. Vale más un retuit demagógico que un análisis sosegado, tanto de un lado como del otro. Pero eso tampoco es algo nuevo. La simplicidad y la ignorancia se han hecho mayores, llevan tatuajes y han okupado nuestras vidas para quedarse. El problema no está en ser o no independentista, sino en los argumentos que se dan desde cada posición. Pero eso a nadie parece importarle una mierda. Lo cierto es que la deslealtad de la Generalitat hacia el conjunto de los españoles y hacia la Constitución no merece otra cosa que la condena de quienes consideramos que el respeto a la ley es la base de nuestra sociedad. Hubo pedradas y palos el pasado domingo, pero las armas más importantes siempre son las psicológicas, que en este caso consisten en acorralar, humillar y marcar a quienes ponen en duda la fantasía independentista.

España es mucho más que colgar la rojigualda del balcón. España, con todos sus errores y defectos, es una victoria: la de la democracia. La chapuza del Gobierno, que ha entrado totalmente a destiempo, no justifica el aquelarre independentista. Porque no hay democracia sin ley, pese a que algunos traten de convencernos de lo contrario.

El daño está hecho y la pasividad del Ejecutivo será recordada por muchos años, pero si el Gobierno quiere seguir siendo Gobierno no le queda más que actuar con contundencia. El Rey ya le marcó el camino a Mariano este domingo con el que quizá sea el discurso más importante ­—que no el mejor— de la historia reciente de nuestro país. Hace tiempo que la Generalitat, con la ayuda de la izquierda radical, se propuso subir la escalera hacia el independentismo sin saber a dónde iba. Ahora, la banda de Puigdemont comprueba que en el final de los días todo conduce a un único punto: la ley y las consecuencias de haberla roto.

Montoro tiene que cortar esto
OKDIARIO 5 Octubre 2017

Cristóbal Montoro debe cortar de raíz la rebeldía fiscal de la Generalitat. Los golpistas diversifican su ataque frontal al Estado de Derecho y a la legalidad vigente. Además del ámbito político y civil, ahora también tratan de cercenar el fiscal. Es intolerable que coaccionen a las empresas para quedarse con todos los impuestos que generen sin tener en cuenta sus obligaciones con Hacienda. Por muy legal que pueda ser en primera instancia solicitar a las compañías el pago de todos los impuestos a través de la Hacienda catalana, el objetivo final constituye, al igual que la totalidad del procés, una profunda ilegalidad que pretende quedarse con toda la recaudación de unos gravámenes que no les corresponden.

La profunda crisis abierta por los golpistas en Cataluña puede dar al traste con la economía española. Sería lamentable que un grupo de pirómanos de la política consiguieran arruinar la consolidación estatal ahora que crecemos más que nadie en Europa. Especialmente después de haber superado una de las peores crisis de toda nuestra historia. La Bolsa española ya ha dado su primer toque de atención este mismo miércoles con la mayor caída desde el Brexit. El Ibex se ha dejado un 2,85%. Las consecuencias también se han dejado notar en la deuda española, cuya prima de riesgo ha subido en cinco puntos básicos, hasta situarse en los 133. El ministro de Hacienda, por tanto, tiene que estar muy atento a los movimientos de los sediciosos en Cataluña. Ha de ser la punta de lanza que encabece la acción del Gobierno en el resto de ámbitos.

Puigdemont y su banda están intentado coaccionar a los industriales como si les exigieran un impuesto revolucionario. Más allá de la lógica intervención de las cuentas del Govern, Montoro debe tomar las medidas necesarias para asegurar la correcta tributación al Estado así como garantizar la viabilidad de los empresarios en Cataluña. Una comunidad que, debido al disloque independentista, ha elevado su deuda con España hasta los 52.500 millones —la región más endeudada en términos absolutos con 76.727 millones de euros— y que sostiene sus servicios elementales gracias al Fondo de Liquidez Autonómica (FLA). El Gobierno debe reaccionar rápido. Cataluña no puede ser la ruina de España por unos golpistas desaforados.

Sobre la violencia
MANUEL ARIAS MALDONADO El Mundo 5 Octubre 2017

Es inevitable: cuando los hechos desbordan al derecho, aparece la violencia. Y, con ella, la reflexión sobre la violencia. Así ha sucedido desde el pasado domingo, tras la actuación policial destinada a impedir la celebración del referéndum ilegal. Desde entonces, se acumula la tensión: la insurrección catalana parece haber entrado en una fase revolucionaria que bien podría culminar pronto en una declaración unilateral de independencia. En esta diabólica espiral de acontecimientos, no podía faltar la huelga general que figura en todos los manuales revolucionarios: no es casualidad que George Sorel la concibiera como un gran mito movilizador de sentimientos que, a través de la violencia, impide el compromiso pragmático y establece una mitología mesiánica. Quien viese hace un par de días a los mossos de Mataró cuadrarse ante la multitud a los sones de Els Segadors, en perfecta representación viral del vaciamiento simbólico del Estado, sabrá que nos deslizamos por una corriente de radical peligrosidad. No queda más remedio, pues, que hablar de la violencia: un tema clásico en la historia del pensamiento político que recobra, ante nuestra perplejidad democrática, toda su vigencia.

Digámoslo rápido: a un Estado democrático le asiste el derecho a usar la fuerza en defensa del Derecho. Eso no convierte el uso de la fuerza en moralmente deseable, ni exime a sus practicantes de observar los límites que sean pertinentes en función del contexto en que su actuación tiene lugar. Si se cometieron abusos el domingo, habrán de ser investigados por los jueces; por eso vivimos en un Estado de derecho. Pero a nadie, patologías sádicas aparte, le gusta que se emplee la violencia; ese debate, pues, puede zanjarse rápidamente. Más relevante es discutir si el uso de la fuerza es útil, esto es, si sirve a los fines que persigue. Y aquí, me temo, no hay una respuesta unívoca. Eso dependerá del caso y el contexto; de las circunstancias políticas donde esa fuerza se ejerza y de la manera en que se ejerza. ¡No hay reglas fijas! Es ahí donde asoma el verdadero problema catalán: la completa deslegitimación del poder estatal, y por tanto de la fuerza que pueda ejercer ese poder, a ojos de aproximadamente dos millones de ciudadanos. Habrá que recordarlo esta semana, pues el artículo 155 no es un sortilegio que paralice al Gobierno separatista como si estuviéramos en una película de serie B; es necesaria una fuerza que haga efectiva su aplicación. Las desoladoras imágenes que mostraban la expulsión de la policía de los hoteles en que se alojaba no indican que esa fuerza exista. Pero existir, existe.

Así que la gran pregunta en torno al uso estatal de la fuerza en marcos democráticos versa sobre su justificación y eficacia. Sobre la primera, con las leyes en la mano, hay pocas dudas. Pero su eficacia depende menos de la legitimidad constitucional que de los efectos simbólicos que produce. En ese sentido, hay razones para dudar de que su empleo el pasado domingo -máxime en un contexto digitalizado donde se amplifican las resonancias emocionales de unas imágenes, algunas falsas, que no llevan pie de página- no fuese contraproducente. Entiéndase: hay también razones para dudar de que lo sucedido desde entonces no hubiera sucedido en cualquier caso; dejemos la ingenuidad para otro día. Por supuesto, gobiernos y medios extranjeros hacen un dieciochesco ejercicio de hipocresía cuando denuncian fuera aquello que hacen -y volverían a hacer- en casa. Pero también eso era previsible. Solo era imprevisible una cosa: la falta de un plan gubernamental coherente. Porque el Estado no puede ejercer la fuerza sin lograr sus objetivos; en este caso, impedir el referéndum. El resultado es una erosión de su credibilidad: un fracaso del soberano. Pongan a Hobbes y Gramsci a hablar del tema y ya verán qué rápido se ponen de acuerdo.

Para muchos, constituye otro ejercicio de hipocresía que los mismos mossos que desalojaron a sangre y fuego la concentración de los indignados de la Plaza de Cataluña sean ahora jaleados como héroes populares tras haberse declarado tácitamente en rebeldía. Pero no lo es, o no exactamente: constituye más bien un caso de investidura afectiva que obedece a la deslegitimación descrita más arriba. Cuando se rompe con el Estado de derecho, la autoridad de sus instituciones pasa a depender de las percepciones. Para un independentista, la Guardia Civil es una fuerza de ocupación y los Mossos un símbolo de la soberanía catalana venidera. O sea: no basta con tener razón, hay que convencer a los demás de que se la tiene. Y si dos millones de catalanes no están convencidos, aunque estén equivocados, la autoridad estatal queda en entredicho. Ya nos enseñó Weber que la organización de la violencia por parte del Estado se basa en relaciones voluntarias o habituales de mandato y obediencia. Nos guste o no.

¡Ahora bien! Sería igualmente ingenuo pensar que el independentismo no usa la fuerza, por más que esa fuerza no se encarne en material antidisturbios. Hacerlo sería pasar por alto el papel constitutivo de la violencia que ha señalado tradicionalmente el pensamiento de izquierda; una violencia creadora de novedades. Es una violencia a veces menos física que simbólica, capaz de adoptar muchas formas: desde el acoso a los disidentes a la aplicación de leyes que vulneran la legalidad constitucional. Hablar de los catalanes o de un sol poble, llamar renegado al catalán antindependentista, quebrar la convivencia democrática en nombre de una mayoría inexistente y de un agravio imaginario, lanzar a los ciudadanos contra el Estado con una papeleta en la mano, amenazar con una DUI: todo eso es también violencia. Ya las propias categorías, como sostenía Derrida, son violentas: decir 'español' se ha convertido en una forma de estigmatizar al catalán que disiente. Dicho de otra manera, el separatismo no puede dar lecciones democráticas por muy enamorado que esté del relato emancipador que se está contando a sí mismo. Es comprensible: si se rompiera el encantamiento y viera su auténtico rostro, no tendría más remedio que romper el espejo.

Todo eso es, en términos morales, mucho más grave que los excesos desafortunados de la policía antidisturbios. Se trata, ni más ni menos, que de una violación sistemática de derechos civiles que culmina en un golpe de Estado. ¿O es que lanzar a la multitud contra el orden constitucional es un ejercicio de pacifismo? Todo esto importa si vinculamos legitimidad y democracia, claro; si en cambio la hacemos derivar de la cantidad de gente que sale a la calle -del éxito de la movilización de masas- nos situaremos en el terreno desnudo de los hechos. Pero eso no lo hace el Estado; lo hace quienes se levantan contra él. Y mucho me temo que es en el terreno de los hechos, influido sin pausa por el significado que se va extrayendo de los mismos, donde nos hemos adentrado.

Pronto descubriremos que la violencia de la ley democrática es menos violenta que su ausencia, si es que no lo hemos descubierto ya. La primera es una violencia que se emplea para asegurar el cumplimiento de las leyes y en modo alguno puede equipararse a la violencia ejercida contra esa ley: ignorar esas distinciones elementales es letal para un régimen democrático. Por eso es absurdo seguir discutiendo acerca de la legitimidad del uso estatal de la violencia; es su ineficacia lo que debería preocuparnos. Andamos ya planteándonos medidas de excepción. Y conviene saber si servirán para algo en un contexto donde no parece haber ya males menores. No es una pregunta que pueda responderse fácilmente, pues entre otras cosas exige ponderar si cabe responder pacíficamente a quien ha optado por el decisionismo para imponer una dictadura soberana. Podríamos consolarnos pensando que la historia les juzgará, si no fuera porque ellos también tienen historiadores. Claro que hay realidades que no pueden maquillarse.

Manuel Arias Maldonado es profesor de Ciencia Política en la Universidad de Málaga. Su último libro es La democracia sentimental. Política y emociones para el siglo XXI (Página Indómita).

Policías-probeta para hacer inútil el 155
Fernando Ónega La voz 5 Octubre 2017

Puigdemont, que parece un genio frente a la bisoñez de los poderes públicos centrales, o tiene mucha suerte o es un mago de la planificación de una estrategia de maldad. Los mecanismos de manipulación y las órdenes dadas a la Policía y a la Guardia Civil le sirvieron en bandeja la confirmación de uno de sus argumentos más perversos e injustos: España es la opresión. Para justificar mejor ese argumento los Mossos no obedecieron al juez y quedan como los polis buenos, los amigos y defensores del pueblo. Desde esa idea populista, el campo quedaba abonado para lo que vino después.

Lo que vino después fue, primero, una sucesión de asedios que desembocaron en el penoso espectáculo de la chusma intentando obligar a los guardias a abandonar hoteles donde se hospedaban. Y segundo, el «paro de país» donde el primer huelguista fue el Gobierno catalán, al que no le importa que se corten medio centenar de carreteras y se produzca un enorme daño a la economía. Lo que le importa es que Cataluña siga exportando imágenes de barricadas y que luzcan en las portadas de la prensa europea las pancartas que gritan «fuera las Fuerzas de ocupación». Las fuerzas de ocupación son, como en los años de plomo del País Vasco, las policías españolas, que actúan en «territorio extranjero».

El nivel de paranoia es sublime. Pero no perdamos de vista una consecuencia: los miembros de esas policías, para gritar un «viva España», se tienen que refugiar dentro del hotel. El ministro del Interior los tuvo que visitar como la ministra de Defensa visita a los soldados en Líbano o Afganistán. Y hoy ocurre que esos servidores públicos tienen dificultades para hospedarse en Cataluña. Son los apestados. No pueden salir a la calle sin que les llamen fascistas. Y el Gobierno regional ampara la protesta con una complacencia que difícilmente podíamos imaginar. De esta forma, los ciudadanos de uniforme son utilizados de forma artera como instrumentos para la independencia.

Y apostilla este cronista: 1) Si las policías del Estado pueden ser expulsadas por el tumulto, estamos ante centenares de presuntos delitos de sedición. 2) Si no hay argumentos para combatir eso de «fuerzas de ocupación», tenemos un serio problema de comunicación de ideas. 3) Si existe ese problema, el Estado perderá todas las batallas ante la eficacia de sus adversarios. Y 4) Si hay multitudes dispuestas a acorralar a las policías españolas, ni se le ocurra al señor Rajoy aplicar el artículo 155 ni ningún otro mecanismo legal: no habrá quien los haga cumplir. Creo que eso es lo que se está ensayando: policías-probetas frente al 155. Y eso será la desaparición del Estado en territorio catalán. Mejor dicho: el remate de esa desaparición.

Mossos: 17.000 personas armadas y fuera de control a las que hay que neutralizar
David R. latribunadelpaisvasco 5 Octubre 2017

Lo ocurrido en Cataluña el pasado día 1 de octubre tiene consecuencias prácticas a diferentes niveles. Y, sin duda alguna, exige, de manera urgente, la utilización por parte del Poder Ejecutivo del Art.155 de la Constitución Española. Y concretamente es muy urgente utilizarlo para tomar el control de la tercera fuerza policial armada de este país.

Creo que es oportuno recordar que los Mossos d'Esquadra, como funcionarios y como agentes de la autoridad están sometidos a su propia Ley, la 10/1994 de 11 de julio de la Policía de la Generalidad -"Mossos d' Esquadra", que en su Preámbulo - Sección II se autofundamenta en la Constitución española, en el Estatuto de Autonomía y en la Ley Orgánica 2/1986 de 13 de marzo de Fuerzas y Cuerpos de seguridad.

Y sin duda a la Ley 19/1983 de 14 de julio de creación de la Policía Autónoma de Cataluña, que en su Art.4 reza: "los Mossos d'Escuadra jurarán o prometerán acatamiento a la Constitucion, como norma fundamental del Estado, y al Estatuto de Autonomía, como norma institucional básica de Cataluña".

El día 1, los Mossos d'Esquadra se han "saltado" toda esta legislación, y sus acciones e inacciones quedaron para los libros de historia y para los tribunales. Ha sido tremendamente vergonzoso que más de 17.000 personas armadas incumplan las leyes de las que emana su autoridad, y que les obliga no solo a su cumplimiento, sino a hacerlas cumplir.

Amparándose en la cobarde posición de "estoy cumpliendo órdenes", no han querido recordar que estaban cometiendo gravísimos delitos, y se les ha olvidado que: "el desconocimiento de la Ley no exime de su cumplimiento". Pero en este caso, desde el conocimiento de la Ley, se han cometido los delitos con una actutid prevadicadora y provocadora, con alevosia y premeditación.

Señores Mossos, desde hace décadas ya no existte la "obediencia debida al mando". Su conocimiento de la vigente legislación y de estos extremos se produjo en su academia de Mollet del Vallés (Barcelona), y allí juraron o prometieron obediencia a las Leyes, justo antes de que les entregasen un diploma, un carnet y un arma reglamentaria.

Pero ustedes han atendido las ordenes de un "comisario Político" que desde hace poco es el impresentable Joaquim Forn (PDeCAT), que ha sustituido al fulminado Jordi Jané, que opinaba que los Mossos "deben cumplir la legalidad vigente", el mismo Forn que piensa y dice que "los españoles le damos pena" y que ha ascendido de responsabilidad en esta pseudo-policía al independentista Josép Lluis Trapero.

Su actuación el día 1 les inhabilita como elementos operativos y como agentes de la autoridad, su incapacidad para cumplir la Ley y su deslealtad han sido clamorosas.

Y esa actuación también les inhabilita en el desempeño de funciones de Policía Judicial, porque no solo han incumplido la legislación vigente, sino un concreto mandato judicial.

A las 06.00 horas del día 1 incumplieron una orden explícita, y a partir de ése momento todos hemos visto cómo apoyaban a los sediciosos e incluso se enfrentaban a las fuerzas de la Guardia Civil y la Policía Nacional.

Por estas razones, entre otras, deben ser neutralizados como policía armada, como agentes de la autoridad, como Policía Judicial, y como representantes del Orden y la Ley.

El Estado dispone del instrumento adecuado para proceder a esa neutralización, y es el Art.155 de la CE, y debe hacerlo ya, porque tener a más de 17.000 personas uniformadas y armadas fuera de control es un peligro potencial extraordinario.

No es nada extraño que una decena de juzgados hayan abierto diligencias contra ellos, y que su acción e inacción genere críticas entre la Guardia Civil y la Policía Nacional y la mayoría de los españoles, lo extraño sería lo contrario. Y lo extraño es que sigan existiendo y desempeñando unas funciones que solo se ajustan al mandato de los sediciosos y los rebeldes.

Y es intolerable que los españoles, vía Fondo de Liquidez Autonómica (FLA), les sigamos pagando un sueldo, que encima es muy superior al de los Guardias Civiles y los Policías Nacionales, mientras unos cumplen la Ley y otros no solo se la saltan, sino que delinquen.

Carles Puigdemont llegó a plantearse públicamente la conveniencia de que la futura República Independiente de Cataluña tuviese su propio ejército; tengo la sensación de que piensa que ya lo tiene; solo tiene que cambiarles el nombre, el reglamento, el uniforme y las dotaciones de armamento. Después de lo ocurrido el 1 de octubre, motivos tendrá para pensarlo.

Es urgente y prioritario neutralizar esta fuerza armada, que está fuera del control del Estado español y que ha pasado a ser conntrolada por los sediciosos. Si no son disueltos, la depuración que habrá que realizar en la plantilla será un trabajo ingente y complicado.

Del deshonor a la guerra
La Verdad Ofende latribunadelpaisvasco 5 Octubre 2017

"Somos servidores de la ley, a fin de poder ser libres" (Ciceron)

Me llega la noticia de que la Junta Electoral acaba de certificar por unanimidad a las instituciones internacionales lo que todos vimos y sabíamos: el "procés" del 1-O fue un absoluto fraude, jamás un ejercicio de democracia y su único fin fue desacreditar a España internacionalmente con las fotos del Estado opresor.

El eufemístico "procés” no es otra cosa que el disfraz para travestir de democrático un “golpe de Estado” moderno 2.0, el asalto a la democracia y la ley impuesto por una minoría, retransmitido en directo y apoyado en redes sociales y por capítulos. Es puro golpismo del siglo XXI, pero no inventa nada, usa las mismas y viejas herramientas fascistoides sufridas en la vieja europa: pueblo y raza, supremacismo, expansionismo, victimismo y agravios, mentiras históricas e imposición totalitaria. Que sea 2.0 no lo hace menos criminal.

Los catalanes han votado en libertad 47 veces desde la llegada de la democracia, aunque 1.300.000 catalanes supremacistas insistan en que no fue así, y orquesten (hablando de democracia) su butifarra-referéndum para declarar su independencia, pisoteando la democracia y los derechos de 7.5 millones de catalanes y 47 millones de españoles.

Tras el asalto a la ley viene el asalto a las calles al que ya asistimos, el señalamiento al disidente (niños acosados en los colegios) la persecución de quien discrepa y la rebeldía contra las instituciones, jueces, Policía y Guardia Civil, cuya misión es hacer guardar la democracia y preservar nuestra libertad, enviados de modo urgente ante la flagrante rebeldía de los “mozos de cuadra” quienes ponen en riesgo nuestra paz civil, base de toda prosperidad. Las bolsas se han hundido y los bancos catalanes ayer sufrieron un durisimo correctivo.

Aplicar la ley con todo el rigor es el único camino, y quien juega al engaño del reclamado "dialogo" usado como otro eufemismo naif para narcotizar la necesaria respuesta de la ley, solo alarga con cesiones demostradas inútiles el fin último: la supuesta independencia, el impago de la deuda, la quiebra social y económica, la lucha entre hermanos, el caos.

Mirar hacia otro lado no evitará el desastre al que ya asistimos y que se agudizará si no hay una firme determinación a preservar los derechos y la ley de todos, aplicando con firmeza las herramientas que posee nuestra constitución y que están asaltando. A saber:

-Suspender de empleo y sueldo de modo inmediato a todo funcionario declarado en rebeldía.
-Suspender el rescate financiero hasta no conocer el estado REAL de las cuentas de la generalidad.

-Intervenir y fiscalizar las cuentas de la Generalidad para conocer el grado de malversación de caudales públicos.
-Crear de modo urgente tribunales de excepción. España necesita creer que la ley es igual para todos y se aplica de modo riguroso e inmediato.

-Procesar a todos los instigadores y colaboradores, TV y radios, profesores de colegio, políticos, cargos públicos, empresarios, sindicatos, mossos y funcionarios.
-Aplicar con firmeza la ley de partidos e ilegalizar a quienes promueven subvertir la paz civil y la democracia.

-Suspender la autonomía de modo temporal hasta restaurar la legalidad, la estabilidad financiera catalana y garantizar que las competencias se ejerzan de modo responsable y apolítico.
-Devolver al gobierno central competencias estratégicas del Estado que preserven la solidez y unidad de España y la fraternidad entre todos nosotros.

-Disolver a los 17.000 "mozos de cuadra" en rebeldía, y aún armados.

Las algaradas callejeras ya están aquí e irán a más, aplique Rajoy con firmeza la ley o no. Depende de la firmeza del Estado que el desastre que ya esta aquí pueda ser minimizado. Para ello las medidas a aplicar deben ser rápidas, contundentes y sobre todo disuasorias a corto, medio y largo plazo, de otro modo, el problema se enquistará y generalizará.

Los separatistas vascos ya miran con ilusión el problema catalán, anuncian su "euskoreferendum" y proclaman anexionarse Navarra, del mismo modo que los supremacistas catalanes piden anexionar Valencia y Baleares. Dudar hoy o vacilar es el peor de los errores. El apaciguamiento como vemos jamás dio otro resultado que alentar al intolerante.

Este carísimo error que ha durado 40 años es reversible si comprendemos que el ruinoso e inútil Estado de las Autonomías se creó solo para satisfacer a un 8% de separatistas que jamás se han dado ni se darán por satisfechos. Es hora pues de recentralizar el Estado.

Decía Tito Livio: "Cuando la situación es adversa y la esperanza poca, las determinaciones drásticas son las mas seguras”. Titubear ante las decisiones provocará mas daños y sufrimiento a la nación. ¡Hágase ya!

"El precio de la libertad es la eterna vigilancia”. Thomas Jefferson

Señora Lamela: aquí tiene otro motivo para imputarlo
OKDIARIO 5 Octubre 2017

/A Carmen Lamela le sobran los motivos para imputar a Josep Lluís Trapero. Por si fuera poca la dejación de funciones durante todo el golpe de Estado, OKDIARIO les desvela cómo los agentes secretos de los Mossos diseñaron una operación para la compra y distribución de las urnas de cara al referéndum ilegal del 1 de octubre. La juez de la Audiencia Nacional ya ha imputado al mayor de los Mossos d’Esquadra por sedición. No obstante, y por si tenía pocos motivos, se une este acto de colaboración directa con los golpistas. Una manera explícita de participar de una deriva política y social que dada su gravedad incluso ha exigido la intervención excepcional de Felipe VI con un mensaje a la nación.

Trapero ha sido sin duda una de las personas claves para que se pudiera consumar el desafío al Estado. El responsable de los Mossos ha perdido toda su credibilidad como policía para convertirse en un representante más del procés. Un político de facto entregado a los designios de la Generalitat. Con la inacción del cuerpo policial que encabeza ha colaborado a la espiral de intolerable violencia que coloniza Cataluña desde el pasado fin de semana. Además de contribuir a un hecho ilegal, ha puesto en peligro la integridad de los propios catalanes, amenazados por las ocurrencias callejeras de los violentos. Una pasividad que ha posibilitado que las fuerzas de choque de Arran y la CUP hayan podido acosar —humillar en algunos momentos— a los efectivos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

Mujeres y hombres de enorme valor que, a pesar de su manifiesta inferioridad y de un contexto inflamado hasta la exacerbación por los golpistas, han viajado hasta la comunidad autónoma para hacer que se respete la legalidad vigente. Trapero tendrá que dar muchas explicaciones, ya que a pesar de estar avisado por la Fiscalía ha tenido una actitud más que connivente con el Govern. La pasividad de su cuerpo policial posibilitó el asedio a la sede de la Consejería de Economía el pasado 20 de septiembre. También sabemos que participaron en todo el montaje para que se pudiera votar en un referéndum que estaba prohibido. Ahora es el momento de la justicia y, ante ella, Trapero no podrá tirar de ambigüedad, pasividad o dejación. Ahí tendrá que dar la cara y asumir las consecuencias de su actos. Se enfrenta a un escenario muy difícil: el Código Penal castiga hasta con 15 años a las personas que impiden por la fuerza, o fuera de las vías legales, el cumplimiento de la ley.

EL JEFE DE LOS MOSSOS
Trapero y los líderes de la ANC y Òmnium, imputados por sedición
La Gaceta  5 Octubre 2017

La jueza de la Audiencia Nacional Carmen Lamela ha citado este viernes como investigados (imputados) por un delito de “sedición” al jefe de los Mossos d’Esquadra, Josep Lluis Trapero; al presidente de la Asamblea Nacional Catalana (ANC), Jordi Sánchez; al de Òmnium Cultural, Jordi Cuixart; y a una intendente de la policía catalana.

Fuentes jurídicas han confirmado a EFE que la citación es para el próximo viernes en relación al asedio de la Consejería de Economía de la Generalitat el pasado 20 de septiembre mientras las fuerzas de seguridad llevaban a cabo un registro en su interior.

La jueza Carmen Lamela les ha llamado a declarar a petición de la Fiscalía, que solicitó su imputación una vez que examinó el atestado del instituto armado en relación a los disturbios ocurridos a raíz de la detención de los dos más estrechos colaboradores de Oriol Junqueras, según han precisado las citadas fuentes.

Asedio a la Guardia Civil
Tras el asedio, la Fiscalía denunció los hechos como constitutivos de un delito de sedición y la juez la admitió a trámite al entender que el fin último de los disturbios es el de una ruptura de la forma de Gobierno.

Como primera diligencia de investigación, la juez pidió el informe del instituto armado que incluye hasta seis peticiones por escrito a los Mossos en relación con los incidentes de la conselleria, contestadas -en algún caso dos horas después- con escuetas respuestas de que se había dado trámite a la solicitud.

Además de las peticiones por escrito, los guardias pidieron en varias ocasiones ayuda a la intendente de los Mossos, Teresa Laplana, desplazada al lugar desde primera hora de la mañana, pero hasta las 14.30 horas no se presentó un responsable de la Unidad de Control de Masas.

En una de esas peticiones, se traslada a la intendente de los Mossos la necesidad de proteger los tres coches que habían quedado fuera y que ya estaban rodeados. Se le dijo que los coches tenían “armas largas” y que si los manifestantes accedían a los vehículos “podría incrementarse la amenaza de forma muy importante”.

La intendente respondió, según el guardia, que no podía hacer nada y que su intención era “mantener la situación”.

Cada vez llegaba más gente
El relato de los guardias que actuaron revela que los agentes que custodiaban la puerta se vieron obligados a entrar en el edificio para evitar “el enfrentamiento directo” ante la actitud “cada vez más hostil” de los manifestantes.

Y, a medida que avanzaba el día y crecía el número de asistentes, la Guardia Civil constata que la protesta estaba coordinada y organizada, incluso con avituallamiento y con voluntarios que formaron una cadena humana para permitir la salida del edificio de las autoridades y trabajadores, pero no de la comitiva judicial.

A las diez de la noche se dio por finalizado el registro, pero la comisión judicial “quedó retenida y sitiada en contra de su voluntad”.

Instigados por ANC y Òmnium
Dos horas después, Sánchez y Cuixart, subidos a un vehículo de la Guardia Civil -que ya habían sido destrozados- arengaron a los asistentes a persistir en la protesta. A juicio de la Guardia Civil, ambos demostraron capacidad para coordinar la protesta, pero no usaron ese control para disolver una manifestación que habían convocado y que estaba “coaccionando” a los agentes.

Más tarde, “la masa” intentó acceder al edificio por la fuerza. El testimonio de uno de los agentes dice: “El ambiente en el exterior era muy tenso y hostil, tirando objetos e insultando constantemente a los guardias civiles. También realizaban cánticos en los que decían ‘esta noche dormiréis aquí’ (…) sobre las 3 de la mañana hubo una carga violenta de los manifestantes contra las puertas en la que por parte de unos 15 agentes de Mossos y Guardia Civil hubo que aguantar las puertas, puesto que parecía que la masa podía tirarla abajo y acceder”.

Para entonces, la secretaria judicial había salido por un teatro anexo camuflada entre el público que había ido a la función. Los agentes salieron entre las cuatro de la mañana y las siete.

Además, el informe deja constancia de que aquel día la Guardia Civil envió hasta 24 solicitudes de apoyo a los Mossos, diez de ellas con carácter urgente, en diversos puntos de Barcelona, en Sabadell, en Hospitalet, Les Franquesas del Vallés, Vic, Tarrega, Lleida, Manresa, Reus y Valls.

En concreto, alertaron de una concentración que se dirigía a la casa cuartel de Vic, por lo que pidieron apoyo para garantizar la integridad del personal que allí presta servicio y de las familias que allí residen; e hicieron lo mismo en el polígono industrial de Bigues, puesto que la comisión judicial no podía abandonar el lugar al haber varias personas tiradas en el suelo.

Incluso, advierten de que han tenido conocimiento de que “todos los alumnos de bachillerato de los dos institutos” de Tarrega se concentraran al día siguiente frente al cuartel de esta localidad.

HALAGOS A LOS MOSSOS
TV3 adoctrina a los niños en su cadena infantil con críticas a la ‘policía española’
La Gaceta  5 Octubre 2017

El informativo del canal infantil de TV ‘Info-k’ es utilizado por la cadena pública catalana para los delirios nacionalistas de sus dirigentes.

TV3 se ha jugado un órdago con la independencia y no parece que estén dispuestos a dar marcha atrás. Sus niveles de adoctrinamiento y manipulación llegan ya a los más pequeños. El informativo del canal infantil ‘Info-k’ ha emitido un especial sobre la organización del referéndum ilegal del 1-0 señalando las diferencias entre la actuación de los Mossos d’Esquadra y la de la Guardia Civil y la Policía Nacional, que es contínuamente criticada.

Con un tono infantil, el programa explica los preparativos de la consulta, con especial atención al ocultamiento de las urnas. La cadena catalana detalla que algunas se escondieron en huecos de ascensor, otras en maleteros o en domicilios particulares.

TV3 también detalla la ocupación de los colegios por parte de los independentistas, así como las barricadas que se construyeron para impedir que la cadena entrar al recinto. “Puigdemont llegó a cambiar de vehículo debajo de un puente para evitar posibles seguimientos policiales”, mantiene el informativo.

El colofón final llega cuando TV3 realiza una detallada, y manipulada, explicación de cómo actuaron las Fuerzas de Seguridad ante las órdenes del Gobierno. “Los Mossos fueron a algunos sitios pero no se enfrentaron a la gente, y algunos dicen que no hicieron bien su trabajo, mucha gente les está agradecidos”. “En cambio, la policía española usó la violencia para entrar en los puntos de votación”, subraya.

Manipulación sistemática
TV3 nos tiene acostumbrados a todo tipo de actos propagandísticos, pero el pasado mes de agosto cruzó una nueva línea. Todo ocurrió durante la manifestación por los atentados islamistas en Barcelona y Cambrils. La plana mayor del movimiento independentista había tomado las calles y los reporteros de la cadena pública catalana buscaban el testimonio de los ciudadanos.

En un momento del directo, la reportera aseguró que había personas de “muchos países” en la marcha, incluidos un grupos de mexicanos. Hasta ahí todo normal. Sin embargo, la periodista añadió segundos después que el lema de sus pancartas estaba escrito en “mexicano”, una nueva lengua inventada por TV3 con gran parecido al español.

Cuestionan por "discriminatoria" la exigencia del euskera en la función pública de Barkos
Un dictamen del Consejo de Navarra sobre el decreto que regula el uso del euskera en la Administración discute determinados puestos bilingües y la valoración de esta lengua como mérito
José Mari Alonso. Pamplona El Confidencial 5 Octubre 2017

El Consejo de Navarra ha determinado que el decreto foral que el Gobierno de Uxue Barkos ha elaborado para regular el uso del euskera en las administraciones públicas de Navarra "no se ajusta a la legalidad" en algunos de sus artículos, al sostener que la aplicación imperativa de la valoración del euskera como mérito para acceder a cualquier puesto de trabajo que no tenga perfil obligatorio en todo el territorio puede ser “discriminatoria” y contraria a los principios de “racionalidad y proporcionalidad”.

Este órgano, de carácter consultivo, asegura en su dictamen que el decreto elaborado por el cuatripartito (Geroa Bai, EH Bildu, Podemos e Izquierda-Ezkerra) no se ajusta a la legalidad en relación a la consideración y puntuación que se le da al euskera como mérito para acceder a la Administración pública en las zonas mixta y no vascófona y en los servicios centrales. El Consejo de Navarra cuestiona determinados puestos bilingües y la valoración de esta lengua como mérito para poder acceder a la función pública.

En su dictamen, de 56 páginas y fechado este lunes 3 de octubre, refleja que la aplicación imperativa de la valoración del euskera como mérito para cualquier puesto de trabajo puede conllevar la aplicación de “criterios discriminatorios” en el acceso a la Administración pública de Navarra que “no se correspondan con los principios de racionalidad y proporcionalidad, en la valoración del conocimiento del idioma, en relación con puestos de trabajo en los que este mérito pueda no ser relevante, en atención a las funciones a desempeñar y a la realidad sociolingüística del ámbito territorial en el que radiquen”.

El decreto foral, que el Ejecutivo de Barkos quiere aprobar en breve tras un año de tramitación, ha suscitado el rechazo de la mayoría de los sindicatos, que denuncian que el texto quiebra el principio de igualdad y no discriminación en el acceso a la función pública y concurso de traslados en las administraciones públicas de Navarra. Ante estos argumentos, el Consejo de Navarra estima que la ponderación del euskera como mérito para la zona vascófona es “entendible” pero, por el contrario, no hay “razones que justifican la proporción” fijada para la zona mixta ni su “consideración y extensión” para la zona no vascófona, “dada la determinación legal de la realidad sociolingüística de esta”.

Ante esta situación, este órgano constata la “difícil consideración de la legalidad” de las valoraciones del euskera como mérito recogidas en varios artículos, en los que “la puntuación se establece sin posibilidad de graduación y, por lo tanto, sin ajustarse a los criterios de funcionalidad, razonabilidad y proporcionalidad”, toda vez que “no parece correcto que todos los puestos se valoren con la misma puntuación, independientemente de las funciones que deban desempeñar”. Por ello, recomienda para “la corrección legal de los preceptos”, que los porcentajes de puntuación “se establezcan como máximos, permitiendo a la Administración graduar la puntuación en atención a las funciones del puesto de trabajo y a la realidad sociolingüística del lugar en el que se vaya a desempeñar”.

El Consejo de Navarra, integrado por cinco miembros nombrados “entre juristas de reconocido prestigio y experiencia” y cuya función es asesorar al Gobierno foral, ya dio en marzo un tirón de orejas al Ejecutivo de Navarra en otra de sus pretensiones de corte nacionalista: la oficialidad de la ikurriña en la comunidad. Este órgano alertó de que la derogación de la Ley de Símbolos que pretendía llevar a cabo el Ejecutivo de Barkos, y que finalmente ejecutó, para permitir que la ikurriña ondee en las instituciones navarras sin temor a exponerse a sanciones, no avalaba la bandera vasca, ya que “puede resultar contrario al ordenamiento jurídico”.

Ahora, ante el decreto foral del euskera, el Consejo de Navarra ha establecido que siete de sus 41 artículos (25.2, 30.2, 31, 34.2, 35, 38.2, 39) y la disposición transitoria cuarta “no se ajustan a la legalidad”, según se refleja en el dictamen, que ha contado con el voto particular discordante de uno de sus cinco miembros.

Este organismo alude a jurisprudencia del Tribunal Superior de Navarra sobre la valoración del mérito del conocimiento del euskera en la zona mixta como “referencia” para la determinación de la no legalidad de estos preceptos. En varias sentencias, se refleja que la valoración del euskera como mérito “debe estar en relación con los caracteres y funciones de cada puesto de trabajo”. Por ello, el Consejo de Navarra señala que la adecuación a derecho de algunos artículos del decreto “requiere la exclusión de cualquier referencia que conlleve la obligatoriedad de la valoración como mérito del conocimiento del euskera para plazas sin perfil lingüístico obligatorio radicadas en la zona mixta, en la zona no vascófona y los servicios centrales”.

El Consejo de Navarra establece que en los términos en los que el decreto está redactado “no existe ninguna diferencia a la hora de regular los puestos de trabajo que, prioritariamente, deberían tener perfil obligatorio de conocimiento de euskera en la zona vascófona, en la zona mixta y en la zona no vascófona”, cuando "la realidad sociolingüística y los objetivos son diferentes en atención al uso y conocimiento de las lenguas”. En el caso de la provisión de plazas en la zona mixta, en que se le atribuye al euskera una ponderación mínima obligatoria de un 7% o 6%, según se trate de concurso oposición o de méritos, así como la posibilidad de incrementar dicha valoración hasta el 14% o 12%, “sin que se aporte razón que aconseje esa variación en la puntuación”, hace “dudar” a este organismo de que “se cumpla con el criterio de razonabilidad y proporcionalidad que demanda para ello la doctrina constitucional y la jurisprudencia citada”. En el caso de la zona no vascófona, el texto prevé que “obligatoriamente en los concursos oposición el euskera tenga una ponderación de un 7%, mientras que en los concursos de méritos habrá de tener un peso necesario de un 6%”, lo que “supone extender también el régimen previsto para la zona mixta a la zona no vascófona”.

Conocido el dictamen, la consejera de Relaciones Institucionales del Gobierno foral, Ana Ollo, ha afirmado “no compartir” el cuestionamiento que el Consejo de Navarra hace de determinados puestos bilingües y la valoración del euskera como mérito para poder acceder a la Administración pública. "No compartimos que se pondere el euskera sin contar con el contexto global", ha señalado Ollo, quien ha rehusado concretar si el Ejecutivo de Barkos modificará el contenido del texto para ajustarse a las recomendaciones de este órgano consultivo. A este respecto, se ha remitido a un análisis “más pausado y completo” del dictamen para decidir qué medidas se adoptan, aunque ha dejado claro que la aprobación del decreto llegará en “no mucho tiempo”.

Desde la oposición, UPN y el Partido Popular de Navarra han exigido la retirada del decreto. El presidente de UPN, Javier Esparza, ha asegurado que el dictamen del Consejo de Navarra "nos da la razón cuando afirmamos que el decreto impone el bilingüismo, que no respeta la realidad sociolingüística de Navarra y que, si se aprobaba este decreto, muchos navarros que no hablan euskera iban a tener muy difícil trabajar en la Administración, especialmente de la Ribera y de la zona mixta". Según ha denunciado, el texto "contraviene la legalidad” y "va contra la igualdad de oportunidades de todos los navarros”. Por su parte, la presidenta del Partido Popular de Navarra, Ana Beltrán, ha asegurado que la “oposición” del Consejo de Navarra al decreto foral “es una muestra más de que es un decreto injusto, quizás incluso anticonstitucional, pues supone una discriminación de las personas castellanoparlantes de Navarra, que son la inmensa mayoría”.

ACOSO EN LOS COLEGIOS
Hijos de agentes, obligados a protestar contra ellos para no ser señalados
La Gaceta  5 Octubre 2017

Agentes de la Guardia Civil destinados en Cataluña aseguran que sus hijos e hijas están sufriendo acoso en la escuela a raíz de las últimas actuaciones de la Benemérita relacionadas con el referéndum del 1 de octubre, suspendido por el Tribunal Constitucional.

Uno de los puntos más calientes es Sant Andreu de la Barca, en la comarca barcelonesa del Baix Llobregat, dado que este municipio alberga el cuartel de la Guardia Civil más grande de toda Cataluña.

Ahí, varios agentes han alertado de que, tras el 1-O, en el IES Palau se instó a los alumnos a salir al patio del instituto en protesta por la “violencia policial”, ante lo cual muchos de los hijos de los efectivos de la Benemérita se sintieron presionados y secundaron la condena para no quedarse en clase y ser señalados.

El coordinador en Cataluña de la Asociación Española de Guardias Civiles, Bartolomé Barba, ha asegurado que también se pidió a los alumnos que manifestaran, “uno por uno”, su opinión respecto a los sucedido el domingo durante la votación, tras lo cual algunos de los menores “llegaron llorando a casa”.

De hecho, Barba ha señalado que están estudiando con abogados la posibilidad de presentar una querella ante la Fiscalía de Menores para que los tribunales decidan si se ha incurrido en un delito “de acoso a menores e incluso de odio”.

Ante estas acusaciones, el alcalde de Sant Andreu de la Barca, Enric Llorca, se ha puesto en contacto con los servicios territoriales de Enseñanza de la Generalitat para solicitar un informe en el que se esclarezca lo sucedido.

También se quejan de problemas similares agentes destinados en Premià de Mar, en la comarca barcelonesa de El Maresme, donde un agente ha explicado que al hijo de un compañero, estudiante de primaria en una escuela concertada, el lunes le llamaron “hijo de puta fascista y asesino” en clase.

Asimismo, ha relatado que a su propia hija, estudiante de primaria, le increparon el día 20 de septiembre, tras la entrada de la Guardia Civil en varias consejerías de la Generalitat: “Le dijeron que los agentes éramos unos asesinos y unos matones”.

También en esta ciudad costera, la hija de 15 años de otro guardia civil lleva desde el lunes sin ir a clase, ya que cuando otros compañeros le llamaron “fascista” y “asesina” pidió que le recogieran del centro y ahora no quiere regresar “por miedo”.

Este agente ha destacado que, tras quejarse en el centro escolar, desde dirección le aseguraron que se tomarían medidas para que no se repitieran escenas de este tipo, pero lamenta que el profesorado no es suficientemente “duro” con este tipo de acoso.

Otro caso lo detalla un agente de una población costera del Baix Empordà (Girona), que critica que en el colegio de primaria de sus hijas, que es público, el lunes se proyectaron imágenes de las cargas policiales que tuvieron lugar en diferentes locales de votación del territorio catalán y se celebró un minuto de silencio para las “víctimas”.

El mismo agente precisa que nunca antes habían vivido una situación de este tipo y que la relación con el centro y con todos los padres es buena, pero reprocha que se les explicara a los niños “que los ‘polis’ son malos” porque su hija mayor llegó a casa llorando.

Más tensa es la situación que ha vivido el hijo de 20 años de un guardia civil que estudia formación profesional en un centro privado de Olot (Girona).

Según ha narrado el agente, destinado en otra población gerundense, el lunes hicieron un debate en clase en el que se expuso que los guardias civiles eran “asesinos y represores”, y cuando el joven dijo que era hijo de guardia civil y lo defendió, le echaron del aula al grito de “facha”.

“Nosotros somos de aquí, hablamos catalán y yo nunca he pegado un palo a nadie. Esta es nuestra casa, pero en cuanto pueda pedir el traslado, lo haré”, ha lamentado.


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