AGLI Recortes de Prensa   Viernes 6 Octubre 2017

Felipe, Guerra, Aznar y Rivera
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 6 Octubre 2017

LLEVO 40 años denunciando los atropellos del separatismo catalán y culpando a todos los gobiernos de España de un crimen: haber entregado a Pujol y sus comisarios la educación y los medios de comunicación. Son estos, en Barcelona y en Madrid (El País, La Sexta) los encargados de asesinar civilmente a los críticos con la inmersión lingüística y el lavado de cerebro cultural -véase la intifada de los niños- en esa fatua cleptocracia despótica. Mucho he criticado -sin éxito- al PSOE y al PP por ese crimen compartido, pero no es momento de ponerse medallas inútiles, sino de ayudar, como podamos, a la nación. Por eso creo que debemos escuchar -no sólo oír- a Felipe, Guerra y Aznar.

Felipe y Guerra crearon el PSOE aunque aceptaron el PSC, cáncer del socialismo español. Aznar creó el PP, aunque hizo heredero a Rajoy, cáncer de la derecha española. Pero ninguno de ellos busca ya el poder. Y da igual si se arrepienten o no. Lo importante es que denuncian algo cuya gravedad conocen bien tras más de 20 años en el poder en los 40 de democracia. Felipe dice que él ya habría aplicado el 155. Y Guerra añade que el Rey tiene razón; que no se debe dialogar con golpistas, llámense Tejero o Puigdemont; que esta crisis proviene de 40 años de educación en manos de rufianes; que España no es una dictadura y el PSOE debe apoyar a nuestra Policía, no censurar al Gobierno; y que si la Policía y la Guardia Civil no bastan, ahí están el Ejército y la ley.

Aznar, que ya predijo que "antes de romperse España se romperá Cataluña" y lleva años pidiendo desde FAES a Rajoy que actúe, sacó ayer una nota diciéndole que "si no encontrara el ánimo para hacerlo o hubiera de reconocer su incapacidad entonces debería otorgar a los españoles la posibilidad de decidir qué gobierno, con qué propuesta y con qué apoyo electoral".

Y Rajoy va y responde con una entrevista en EFE pidiendo a Cocomocho que no proclame la república y que, en todo caso, él, que ya en la economía demostró que es más listo que nadie, hará lo que tenga que hacer cuando lo haga. Y Génova va y añade despectivamente que si Aznar quiere pedir el voto para Rivera, que lo pida. Cierto: es el único que, a diferencia de Rajoy y Sánchez, aplaude al Rey y pide lo mismo que Felipe, Guerra y Aznar, pero está bien que lo recuerden. Sobre tontos, suicidas.

Un golpe de Estado no es un rescate bancario
EDITORIAL  Libertad Digital 6 Octubre 2017

Señor Rajoy: cumpla con su obligación antes de que sea demasiado tarde y evítese el infame baldón de ser uno de los peores gobernantes de la historia de España.

Después de su lamentable mensaje del pasado domingo, en el que se limitó a negar la realidad y ofrecer diálogo a los golpistas, Rajoy ha esperado hasta este jueves para romper un silencio que cada minuto resultaba más atronador. Finalmente, ha decidido hacerlo a través de una insólita entrevista con la agencia EFE, es de suponer que tratando de aparentar normalidad en una situación totalmente anómala y tremendamente grave.

Pero todavía peor que el inexplicable formato ha sido el contenido, con unas declaraciones por las que aparenta estar más preocupado por lo que diga Aznar que por lo que hagan Puigdemont, Junqueras, Forcadell y la CUP.

El presidente sigue sin tomar ninguna medida contra el golpe de Estado o contra los que lo promueven, de hecho ni siquiera anuncia alguna y se limita a decir perogrulladas como: "La decisión me corresponde a mí". Cierto, señor Rajoy; pero tómela de una vez, no prolongue más una situación completamente insostenible.

En el colmo de lo que ya parece más una alucinación política que un análisis basado en la realidad de los hechos, el presidente del Gobierno pone como ejemplo de su capacidad para gestionar crisis el hecho de que evitó el rescate de España; como si aquel capítulo de la crisis económica, desde luego de extrema gravedad, tuviese punto de comparación con lo que está ocurriendo ahora en Cataluña.

Y es que el miedo al rescate europeo no impulsó a las empresas a trasladar con urgencia su sede social de una parte a otra de España. Además, el rescate europeo no equivalía a dinamitar el orden constitucional ni iba a degenerar en un conflicto civil de imprevisibles consecuencias.

Y lo más importante: el rescate bancario no iba a suponer que una parte de la población española viviese en un territorio sin ley, presa de amenazas y de campañas de silenciamiento por el terror, que es lo que tiene verdaderamente angustiados a los catalanes que se sienten y se saben víctimas potenciales del totalitarismo separatista.

Esos españoles catalanes que, pese a los insultos y el señalamiento, sacan sus banderas nacionales a los balcones o salen a la calle con ellas no pueden esperar un minuto más, señor Rajoy. Esos ciudadanos a los que usted tiene la obligación de proteger y que ven con pánico cómo algunas de las mayores empresas catalanas huyen del fanatismo separatista necesitan un Gobierno que les defienda ya, que actúe ya.

Efectivamente, señor presidente: le corresponde a usted tomar la decisión. Como jefe del Ejecutivo, tómela. Actúe. Basta ya de palabras vanas en entrevistas amañadas. Defienda de una vez la libertad, cumpla y haga cumplir la Constitución. Cumpla con su obligación antes de que sea demasiado tarde y evítese el infame baldón de ser uno de los peores gobernantes de la historia de España.

Negociar ¿qué?
Emilio Campmany  Libertad Digital 6 Octubre 2017

A corto plazo, no se puede dialogar nada. Lo único que cabe hacer, aunque el Gobierno se niegue por temor a que pueda costarle el poder, es restablecer la legalidad.

Hay mucha gente en España, y no digamos fuera de ella, a la que le parece muy bien lo de dialogar y negociar. Uno de ellos es Mariano Rajoy. Tan sólo pone como condición que Puigdemont renuncie a la declaración de independencia. Por eso no se ha entablado todavía ningún procedimiento criminal contra los altos cargos de la región catalana, para mantener abierta la puerta del diálogo.

A cambio de que los independentistas renuncien a la independencia, por ahora, ¿qué exigirían a Rajoy? Para empezar, la impunidad. Una salida negociada supone de momento que Puigdemont, Junqueras, Forcadell y demás golpistas no podrían ser encausados ni condenados por los gravísimos delitos que han cometido. ¿Bastará? Naturalmente, no. Pedirían más. Nada pueden exigir en materia de relaciones exteriores y defensa. Sin la exclusividad en estas materias, no hay posibilidad de conservar la condición de Estado. Pero, en lo demás, en lo poco que queda por ceder, los separatistas exigirían todo.

Por supuesto, para empezar a hablar, los separatistas reclamarían un sistema fiscal similar al del País Vasco y Navarra. Además, exigirían derogar en Cataluña el artículo 3.1 de la Constitución, que concede el derecho a usar el español e impone el deber de conocerlo. Este artículo está de facto derogado en Cataluña, pero su derogación expresa permitiría a la Administración catalana relacionarse con todos los españoles tan sólo en catalán. Luego, solicitarían la competencia para legislar en todo lo que no estuviera rigurosamente relacionado con las relaciones exteriores y la defensa. Por lo tanto, Cataluña tendría, entre otras, sus propias leyes penales y mercantiles. Naturalmente, exigirían tener su propio Poder Judicial y que el Gobierno regional nombrara directamente a sus jueces y fiscales, además de que la última instancia en la región fuera la de su propio tribunal supremo. Por último, hablarían de la posibilidad de un referéndum de independencia vinculante y legalmente reconocido.

Al margen de que habría que reformar la Constitución, ¿estamos los españoles dispuestos a ceder todo o parte de esto? Mucho más, ¿lo estamos a pesar de que serían competencias conseguidas bajo coacción y amenazas? No lo creo. Encima, las reformas constitucionales que habría que emprender carecerían de validez sin un referéndum en toda la nación. ¿Y qué pasaría si en Cataluña se vota abrumadoramente a favor de ellas y en el resto de España, aunque no sea tan abrumadoramente, en contra? ¿Y si, aun cediendo por tener la fiesta en paz, las demás comunidades autónomas exigen no ser menos que Cataluña?

A corto plazo, no se puede dialogar nada. Lo único que cabe hacer, aunque el Gobierno se niegue por temor a que pueda costarle el poder, es restablecer la legalidad. Después se puede negociar todo, pero partiendo de que el único soberano que hay en España es el pueblo español. Y nadie, por numerosos, gritones y violentos que sean los independentistas catalanes, y por medroso que sea el Gobierno legalmente elegido, tiene derecho a imponer a ese pueblo nada en contra de su voluntad.

Defender a los catalanes. Defender España
Juan Pablo Cardenal  Libertad Digital 6 Octubre 2017

Se hace obligada una defensa a ultranza, visible e incondicional, de todos esos catalanes no nacionalistas que llevan décadas resistiendo.

Más allá de las medidas que imperativamente deberán tomarse en el ámbito jurídico, incluido el penal, para salir de la situación insurreccional que vive Cataluña, hay otros dos aspectos sobre los que –en mi opinión– hay que incidir cuanto antes y en el futuro. Uno es la obligación de desmontar la propaganda y las mentiras independentistas, que por increíble que parezca han convencido a tanta gente, y armar de una vez un relato propio e indiscutible. El otro es apoyar y defender, y eso es clave, a más de la mitad de catalanes que, pese al bombardeo mediático y a la presión social de los últimos 40 años, sigue sintiéndose española. Si la propaganda sigue calando y, por ello, el número de independentistas sigue aumentando, no habrá forma de impedir la ruptura.

Empecemos por el relato. Al poco tiempo de formar su primer Gobierno, en 2011, Mariano Rajoy tomó la decisión de suprimir la dirección general de comunicación internacional y crear en su lugar una subdirección de gestión meramente administrativa bajo la batuta de la Secretaría de Comunicación. Decisiones y cambios de este tipo suelen pasar desapercibidos políticamente y rara vez llegan a la opinión pública. Sin embargo, ahora sabemos que fue una medida de gran calado, amén de incomprensible si tenemos en cuenta que España se estaba jugando entonces su futuro. Bruselas nos iba a intervenir y España estaba en el ojo del huracán de los inversores internacionales.

Con nuestro país al borde del abismo, la sabia decisión de Moncloa fue prácticamente renunciar a lo que tenía que haber sido una prioridad máxima: diseñar una verdadera estrategia de comunicación internacionalque sirviera para calmar los mercados. Prueba del desinterés del Gobierno por llegar al mundo con un mensaje propio fue poner, hasta hoy, a dos personas sin apenas conocimientos de idiomas al frente de esa Secretaría. Si esa visión tan arcaica de lo que debe ser la comunicación en pleno siglo XXI fue de una evidente torpeza durante la crisis financiera, en el caso del golpe de Estado independentista que ahora nos ocupa nos ha abierto un boquete tremendo.

Cuando la crisis catalana empezó a suscitar el interés de la prensa internacional, la consigna de Madrid a nuestras embajadas fue inequívoca: "perfil bajo". Pretendían algo imposible, que no se hablara del tema, así que por norma guardaron silencio frente al relato independentista. Nadie en las cancillerías tenía autorización para dar la cara. Rechazaban cuantas peticiones de entrevistas recibían. Rehusaron el debate al no acudir a las conferencias donde debían contrastarse las dos posturas. No se analizaba qué tratamiento daban los principales medios internacionales sobre el asunto, y mucho menos trataban de neutralizarlo. Y la gestión de los corresponsales extranjeros en España no pudo ser más desastrosa.
Los catalanes no nacionalistas necesitan sentirse defendidos. Por ello, tras décadas de abandono y orfandad, el discurso del rey del pasado martes fue mano de santo. Un revulsivo. Se espera un lleno total en la manifestación del domingo en Barcelona. En defensa de España y contra el golpismo. Sin diálogo. Al fin.

Justo lo contrario que el bloque independentista, que ha logrado colar en la prensa internacional su relato pese a que, desde un punto de vista democrático y jurídico, es absolutamente insostenible. ¿Cómo es posible? Concedamos que el movimiento independentista ha hecho bien su trabajo. Y concedamos también que tanto los editoriales como la cobertura periodística de los principales medios internacionales ha sido miserable, salvo alguna excepción. Una académica francesa me lo decía el otro día desde París: "Toda la cobertura se concentra sobre los que están a favor y nada sobre los que están en contra. Y los periodistas no ponen en cuestión la verdadera naturaleza del problema".

Peor aún es la falta de rigor generalizada. Empezando por los medios anglosajones, a los que se les llena la boca –cuando les interesa– con el sacrosanto principio de legalidad –o rule of law–, sobre el que se asientan los sistemas democráticos, pero que no fueron capaces de entender que la (clínica) actuación policial el 1–O no tenía nada que ver con el derecho a votar sino con tratar de impedir un golpe de Estado. Un golpe que se fragua, de hecho, sobre la base de ir quebrando la legalidad vigente. Ciertamente, que sus portadas del lunes se redujeran a esos supuestos 800 heridos, de los cuales sólo dos fueron hospitalizados, y que ninguno de esos periodistas de raza comprobase la veracidad del dato dice mucho de lo frívola que es ahora la profesión periodística.

En cualquier caso, que la prensa extranjera se haya desprestigiado para siempre al hacer, gran parte de ella, de correa transmisora de la propaganda independentista no atenúa un ápice la culpa del Gobierno de Rajoy por negarse a plantar cara al independentismo también en el ámbito de las ideas. Ahora pagamos las consecuencias, y no sólo en la prensa extranjera. A nivel nacional, y por poner sólo un ejemplo: ¿cómo es posible que nadie contrarrestara desde instancias oficiales el discurso del "España nos roba"? En los últimos años esa falacia ha convencido a miles y miles de integrantes de la burguesía catalana, que, al son de la música celestial que tocaban La Vanguardiay TV3, son ahora "independentistas económicos", según su autodefinición.

Por qué nadie ha neutralizado éste y otros discursos propagandísticos, a cual más ofensivo, es inexplicable. También lo es que no se hayan denunciado suficientemente todos los atropellos del nacionalismo, en todos los ámbitos, desde hace cuatro décadas. Pero hay una verdad universalque hay que desmontar con urgencia: la de que los independentistas son mayoría en Cataluña. Esa verdad se ha ido construyendo sobre la base de las cifras de asistencia a sus movilizaciones callejeras desde 2010, todas convenientemente falseadas a favor de obra. Sociedad Civil Catalana contó uno a uno, usando para ello 107.000 imágenes aéreas, los participantes de la cadena humana de la Diada de 2013. Contaron 793.683; los convocantes hablaron de dos millones.

En la manifestación del pasado septiembre, con el fervor independentista en su apogeo, también asistió un millón de personas. Pero la estimación de una empresa de medición estimó que no superaban las 160.000. En elecciones, consultas y sondeos de los últimos años se confirma que el secesionismo no es en absoluto mayoritario, pues cuenta con un apoyo que oscila entre el 34 y el 47%. Y en el fraudulento 1-O no es ilógico pensar que, dado que ese día se aprestaban a vivir un momento histórico, quienes defienden esa opción estuvieran especialmente movilizados. Pues bien, pese al pucherazo en la votación y en el recuento, con todo a favor, el apoyo al independentismo no superó el 38% del censo catalán.

En las últimas semanas el movimiento independentista se ha radicalizado aún más, pero no tiene apariencia de haber aumentado su apoyo. Por tanto, más allá de consideraciones democráticas, ser una minoría les hace perder además toda legitimidad moral, si es que alguna vez la tuvieron. Si violentar la ley para alcanzar el poder es ya de por sí gravísimo, que una minoría de catalanes trate de arrastrar coactivamente a una mayoría al desastre, y que en la misma jugada birlen también al resto de españoles su derecho a decidir sobre una parte del territorio nacional, es además intolerable. Es aquí, por tanto, precisamente en este punto, donde se hace obligada una defensa a ultranza, visible e incondicional, de todos esos catalanes no nacionalistas que llevan décadas resistiendo. Ellos tienen la llave y han estado siempre solos.

Es descorazonador para todos ellos ver la falta de liderazgo de Rajoy, y de iniciativa del Gobierno, que tiene entre sus obligaciones la de defenderlos. Si de la izquierda revolucionaria no se espera absolutamente nada, es letal cuando la izquierda que se dice constitucionalista da una de cal y tres de arena. No entienden tampoco que Pujol no esté en la cárcel o que la Fiscalía levantara de su imputación el único delito que habría llevado a Artur Mas a la cárcel. O que TV3 insulte a diario a España y a los españoles sin que nadie alce la voz. Y qué decir de todos esos equidistantes, a los que bien les vendría leer "Los abstemios", un formidable artículo de Fernando Savater al respecto.

Los catalanes no nacionalistas necesitan sentirse defendidos. Por ello, tras décadas de abandono y orfandad, el discurso del rey del pasado martes fue mano de santo. Un revulsivo. Se espera un lleno total en la manifestación del domingo en Barcelona. En defensa de España y contra el golpismo. Sin diálogo. Al fin.

La puerta abierta de Rajoy
Guillermo Dupuy  Libertad Digital 6 Octubre 2017

Resulta surrealista que a estas horas los españoles estemos esperando la comisión de un nuevo delito anunciado por parte de los golpistas que detentan el poder del Estado en Cataluña para ver si el presidente del Gobierno se anima a suspender la Administración autonómica que lleva en abierta rebeldía desde 2012. Está claro, en cualquier caso, que Rajoy mantiene esa "puerta abierta" de la que habló el 1-O, consistente en una nueva operación Diálogo, en una negociación sin mediadores destinada a que los golpistas renuncien a que Cataluña sea reconocida como un Estado soberano en forma de república y se contenten, por el contrario, con esa independencia de facto que, durante tantas décadas, les ha permitido algo por lo visto menos grave, como erradicar el castellano de la enseñanza, inocular el desprecio y el odio a lo español en las escuelas y medios de comunicación públicos o erigir no menos ilegales y no menos toleradas estructuras de Estado, de cuyo sostenimiento se tiene que hacer cargo directamente Montoro desde el pasado mes de septiembre.

No hay mejor prueba de la apertura de esa puerta rajoyesca –aparte de las propias palabras de nuestro infausto presidente– que el hecho de que, tras cinco años de ininterrumpidos y ostentosos delitos, que se han financiado y se siguen financiando a cargo del contribuyente, no hay un solo separatista que haya ingresado en prisión. Ni siquiera hoy.

La "puerta abierta" de Rajoy –y no digamos ya del resto de la clase política– es lo que nos devuelve o nos condena a una España envilecida y somnolienta, en la que la abuela de Fuenteventura o cualquier ciudadano común pueden llegar a pisar la cárcel por mínimas desobediencias al Estado de Derecho sufragadas por sus propios bolsillos pero donde las propias autoridades del Estado –siempre que sean nacionalistas, claro está– pueden hacer caso omiso de las sentencias –y no sólo de las contrarias a la inmersión lingüística– sin más respuesta que nuevas concesiones del Estado central. Es esa España envilecida que asistió dormida a cómo la Fiscalía retiraba, tras la dimisión de Torres Dulce, su propia acusación de malversación contra Mas para que el Gobierno pudiera desarrollar la operación Diálogo de Soraya. Es esa España que ridiculiza lo que sus élites no se atreven a impedir –ya sea un referéndum ilegal, una Hacienda ilegal o unas no menos ilegales embajadas catalanas que no se dedican a promocionar productos de la tierra sino a "internacionalizar el conflicto", que diría Mas–.

Es esa España envilecida en la que Rajoy ya no utiliza a una Alicia Sánchez Camacho para ofrecer al golpista de Mas un "nuevo y singular modelo de financiación", tal y como hizo en 2013, sino a un ministro suyo como Luis de Guindos para mejorar la oferta a Puigdemont con una reforma constitucional, tal y como vimos hace escasos días.

Esa "puerta abierta" a la España envilecida que Rajoy ha vuelto a mostrar este jueves en una entrevista a EFE, y que va a ofrecer a Puigdemont hasta el último minuto, va a encontrarse, sin embargo, con poderosas fuerzas destinadas a cerrarla. Una de ella es el discurso de un Rey que no ha dejado margen alguno al chalaneo y al "hablando se entiende la gente". Otra es el propio radicalismo de los secesionistas, que no renuncian a la República y a la estelada como bandera oficial. Y, finalmente, la más importante, la de una sociedad civil española –especialmente la catalana– que ya se atreve a salir a la calle y que ya está harta, no tanto de una inexistente República soberana como de la independencia de facto de la Cataluña nacionalista.

El deterioro al que nos ha conducido la irresolución de Rajoy y su contraproducente política de apaciguamiento de estos años –o su "magistral administración de los tiempos", que dirían sus más irreductibles aduladores– es de tal envergadura que no hay que descartar una bestial catarsis regeneradora.

Un nuevo Gobierno que evite la vergüenza nacional
José Luis González Quirós www.vozpopuli.com 6 Octubre 2017

Los Gobiernos están para afrontar problemas comunes cuya solución no está al alcance de los particulares, pero para eso necesitan algo imprescindible, haber pensado en ellos, y tener previstos los distintos planes. La incomprensible pasividad de Rajoy frente a las decisiones secesionistas ha dejado en evidencia la nula previsión del Gobierno, su cobarde e irresponsable descuido, y su manifiesta incapacidad para poner en práctica con éxito una conducta firme y clara en defensa del orden constitucional y de los intereses de la mayoría de los españoles, incluyendo a gran parte de los catalanes, como es obvio. Para su imprescriptible vergüenza ha conseguido convertir a Puigdemont y a una panda de chalados en unos estrategas de primera que casi ponen a una nación moderna y orgullosa en riesgo de descomposición. Menos mal que tenemos un Rey.

Un Via Crucis de despropósitos
Tras repetir insistentemente que lo tenían todo pensado, los españoles hemos descubierto en el Gobierno un nivel de improvisación digno de una película de los hermanos Marx, sin que Rajoy tenga la gracia de Groucho. No quiero insistir en lo que es un escarnio para todos, pero la estrategia, por llamarle algo, de Rajoy & Soraya para impedir el referéndum ha batido todos los récords de incompetencia y de ridículo, y ha supuesto un inmerecido varapalo, bastante necio e hipócrita por otra parte, ante un importante sector de la opinión pública internacional.

Si a esto se le añade la miopía de los socialistas que se han fijado en el dedo sin apenas molestarse en reparar en la Luna, y la absoluta inoperancia del Congreso, dirigido por una respetable ama de casa que solo atiende a la consigna única de no molestar al señorito gallego, el panorama no puede ser más desolador. Bueno, sí que puede, porque tampoco hay que olvidar a los patriotas de Podemos, empeñados en su revolución pendiente, qué asco.

Españoles en píe
Huérfanos de cualquier liderazgo digno, atónitos ante la pusilanimidad del Gobierno, traicionados por sus autoridades, los españoles empiezan a comprender que su patria y su libertad están en peligro, y salen a las calles. No nos confundamos, no gritan contra la democracia ni contra la libertad, no quieren derribar, quieren construir. Por eso el discurso del Rey fue recibido como agua de mayo, y por eso es imprescindible que lo que queda de sano en las instituciones se apreste a responder a una demanda tan unánime como dramática de los ciudadanos.

No se les puede ofrecer menos que un Gobierno nuevo, presidido por alguien con ideas claras y capacidad de liderazgo, dispuesto a afrontar en un plazo largo la cadena aparentemente imparable de atentados a la Constitución que han perpetrado, con la pasividad de Rajoy, las huestes de Puigdemont.

El nuevo Gobierno tendrá por delante un panorama nada fácil, pero lo que no puede seguir sucediendo es que no se haga nada cuando la paz está en riesgo, la libertad y la ley se están viendo pisoteadas, y ese puñado de españoles valientes a los que Rajoy ha metido en una ratonera, sin previsión y sin plan alguno, dándoles orden de no hacer nada, se ven humillados y agredidos por bandas de la porra secesionistas. Ni un minuto más.

Es un asunto de estrategia y de tiempos: hay que activar el 155 cuanto antes, lo que es un punto de no retorno, y ponerlo en práctica con mucha calma. Hay que considerar que, si no se ha podido rescatar honorablemente a unas docenas de guardias acosados por salvajes vociferantes, no va a ser fácil poner en la plaza de San Jaime a alguien sin atravesar una masa humana considerable. Es evidente, para nuestra desgracia, que no estamos ahora mismo preparados para eso, y es de esperar que se esté preparando, porque habrá que hacerlo y hacerlo bien, y eso no se puede hacer ya solo con policías y antidisturbios.

La estrategia del supremacismo
Puigdemont ha sabido ver con claridad las debilidades de su adversario inmediato, pero se equivoca si cree que con burlarse de Rajoy logrará sus objetivos. Ha puesto en marcha un mecanismo diabólico que no va a saber controlar y puede que ya sea consciente de que su situación es bastante comprometida. Puigdemont y su banda oscilarán entre su idea de estar ante un momento histórico, y atreverse, por tanto, a consumarlo, y su clara conciencia de que, más allá de sus eslóganes, y de los éxitos obtenidos gracias a la torpeza y a la pusilanimidad ilimitada de Rajoy, están dramáticamente solos, en Europa y en el mundo.

No se puede saber, por tanto, si llevarán a cabo de inmediato la llamada DUI, pues pueden pensar en que ganarían más dilatándola y manteniendo el clima sentimental y unánime que creen existe en Cataluña para, a su manera, cargarse de razón. Quieren la independencia, no nos confundamos, pero pueden optar por una tercera vía ventajosa si el Gobierno, y la izquierda, siguieran equivocándose gravemente, con lo que evitarían arrojarse a una piscina vacía de la que no lograrán salir.

Una reacción decidida e inteligente
El Estado tendría que reaccionar ya y hacerlo con dureza, pero no puede arriesgarse a un nuevo fracaso, ni siquiera en la política de imagen. El Gobierno de Rajoy está en una posición extremadamente frágil, y lo mejor, para todos y para él, sería que se marchase a su casa, porque es extremadamente improbable que se atreva a hacer lo que tendría que hacer, y que sepa hacerlo con inteligencia. Es un Gobierno ofuscado por sus propias patrañas y chanchullos, y cabe esperar que el escaso patriotismo que se le puede suponer alcance para justificar una renuncia por el bien de todos. La parte del Gobierno que conserve un mínimo de lucidez, lo que quede de dignidad en el PP, y el resto de las instituciones, tendrán que animar a Rajoy a tomarse un merecido descanso lo más lejos posible de todos nosotros.

No podemos pensar que lo que lleva décadas de maduración se pueda resolver en unas horas. Tendremos que afrontar un problema nacional, largo y difícil, pero solo podemos hacerlo restableciendo el respeto a la Constitución y a la ley y sofocando inteligentemente y de manera decidida el golpe de estado y la revolución de carácter antidemocrático que se está asentando en Cataluña, con los poderes institucionales del sistema, nada menos, convertidos en un estado rebelde contra el estado legítimo. Los españoles no van a consentir tamaña afrenta, y más pronto que tarde, la mayoría de los catalanes reclamará lo que se les está robando, pero necesitan un apoyo político que no podemos negarles y que el Gobierno de Rajoy no ha sabido prestar. Es urgente actuar, porque necesitamos tiempo, inteligencia, y políticos valientes.

Las ventajas de un choque de trenes (y 2)
Javier Caraballo El Confidencial 6 Octubre 2017

Tenía ventajas y, dentro de la enorme polvareda levantada, ya se están comenzando a ver las muchas ventajas que ha tenido este choque de trenes en el conflicto de Cataluña. No hay más que detenerse un momento y comparar: se han caído muchas caretas, se han acabado muchos prejuicios, se han terminado muchos silencios, se han iniciado muchos procesos judiciales. Todo está por resolver y, que nadie se engañe, falta mucho aún para 'asegurar' el restablecimiento del orden constitucional en Cataluña, como prometió el rey Felipe VI, pero, por lo menos, ya tenemos la enorme ventaja de haber cambiado de vía, después de seis años transitando, cada vez a más velocidad, en la misma dirección, frente a frente, intentando disimular que este final no iba a llegar nunca.

Pues ya ha ocurrido, sí, y fue hace más de tres meses —yo mismo pensaba que fue hace un par de semanas, tal es el bucle en el que estamos—, cuando se produjo la conferencia del primer presidente de la Junta de Andalucía, Rafael Escuredo, que suponía un discurso distinto al de todo el mundo entonces, enrocados en un solo pensamiento, esa inercia en la que nos enredamos y que nos hace girar sobre una sola frase o una sola palabra, por insulsa que resulte, por inútil que se muestre, por falsa que pueda ser.

En aquel momento, lo correcto era mostrarse 'espantado por el choque de trenes', y no había discurso que no lo incluyera; igual que ahora se incluye la necesidad de diálogo, que otros llevan más lejos con la sugerencia de algunos mediadores. Siempre igual y, mientras tanto, lo que avanzaba imparable era el independentismo, con sus estrategias, sus consignas y su política de hechos consumados. Por eso fue tan oportuno aquel discurso, insólito en un político actual, de Rafael Escuredo: “El choque de trenes es inevitable; es más, muchas veces tienen que chocar los trenes”.

Lo primero que ha cambiado, la primera ventaja del choque de trenes, es que ya se han terminado el silencio y la equidistancia exasperante de tantos como han callado, disimulado o evitado una opinión sobre el desastre de la independencia. Desde Serrat hasta Josep Oliu, presidente del Banco Sabadell, pasando por los millones de catalanes que conforman la mayoría silenciosa que casi nunca se oía. Acaso por miedo o por prudencia, que no se trata de ajustar cuentas con quien vive el problema en su propia casa, en su familia o en su barrio.

La cuestión es que eso se ha terminado. El ‘choque de trenes’ del pasado domingo 1 de octubre, con su estela de despropósitos mayores, como la huelga general o la declaración unilateral de independencia, ha colocado delante de las narices de todo el pueblo catalán la realidad que, hasta ahora, solo era retórica: las consecuencias económicas, el despropósito de ilegalidad, la locura de los radicales, la sinrazón de los mentirosos.

Un amigo de la calle Muntaner de Barcelona, la calle en la que vive Jordi Pujol, me enviaba ayer la foto de unos edificios con banderas de España: “Soy testigo de que los catalanes españoles han estallado, están hasta los mismísimos. Los que estaban dormidos, han despertado; los que tenían miedo, se lo han quitado de encima. Hace 15 días, esto no ocurría”. ¿Quién iba a decir hace 15 días que en 48 horas tres de las principales empresas de Cataluña, CaixaBank, Sabadell y Catalana de Occidente, iban a trasladar sus sedes a otra ciudad de España buscando “normalidad, en un marco estable y en un entorno de seguridad jurídica y económica”? Las consecuencias sociales y económicas de la independencia de Cataluña ya no pertenecen al vasto mundo de la especulación; no es interpretable, es la realidad.

Hace 15 días tampoco en Europa se oían otras voces que no fueran las de considerar la rebelión catalana como un asunto interno de España. Se publicaban algunos artículos sueltos, advirtiendo del desastre, pero apenas trascendían. El profesor Marc Sanjaume-Calvet escribió en 'Libération' pocos días antes del referéndum ilegal del 1 de octubre: “Frente a la visibilidad concedida a la exposición del relato separatista en los grandes medios europeos, a la pusilanimidad de las llamadas al ‘diálogo’ o al silencio ensordecedor de las instituciones comunitarias y de los gobiernos de los estados miembros, se impone un esfuerzo de pedagogía: (…) El separatismo catalán es nacionalismo obtuso, racista y excluyente (…) Si un Gobierno constitucional es derrocado, habrá que escribir la necrológica de Europa”.

La insoportable displicencia con la que muchos países y dirigentes en Europa han contemplado siempre los problemas de España ha permitido durante muchos años que el independentismo catalán jugara con sus silencios y manipulara a su favor sus tenues condenas. Un pronunciamiento unánime, sin matices ni concesiones, de las instituciones europeas hubiera permitido zanjar hace mucho tiempo la evidencia de que una Cataluña independiente deja de pertenecer a Europa. También eso ha cambiado, o ha comenzado a cambiar, a partir del comunicado de la Comisión Europea de esta semana para dejar claro que “el respeto al Estado de derecho no es una opción, es algo fundamental” y que “el deber de todo Gobierno es mantener el Estado de derecho, y eso a veces requiere el uso proporcionado de la fuerza”.

Porque ya está bien de utilizar las cargas policiales del 1 de octubre, como ha hecho esta semana Oriol Junqueras, como si los heridos, atendidos en su inmensa mayoría de contusiones leves o crisis de ansiedad, fueran los muertos del bombardeo de Gernika, colocando flores en las rejas de los colegios electorales. No ha existido mayor desvergüenza; una obscenidad.

Si los ciudadanos han comenzado a perder el miedo, si los intelectuales han empezado a decir lo que piensan, si los empresarios han decidido tomar medidas, si los presidentes de otros gobiernos europeos y la propia Unión Europea han conseguido asomarse al abismo al que nos ha conducido la locura independentista de Cataluña, no cabe otra cosa que concluir que era verdad, que muchas veces tienen que chocar los trenes para que se abra paso la realidad.

A este paso habrá que quitar la E a las siglas del PSOE
OKDIARIO 6 Octubre 2017

Un delirio antiespañol se ha apoderado de parte del Partido Socialista. En vez de sumar fuerzas y criterios por el bien de España y de los españoles, el partido se ha atomizado en numerosos Reinos de Taifas que, con sus respectivas veleidades, dañan la imagen de la formación a nivel estatal y le hacen un flaco favor al liderazgo de Pedro Sánchez. En un ejercicio de incomprensible funambulismo político, los socialistas catalanes se han unido ahora a los golpistas de la CUP, ERC y CiU en la abyecta campaña conjunta que tiene como fin criminalizar a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. El PSC ha condenado “la represión policial contra las personas que participaron en el 1 de octubre”. De esta manera, avalan el discurso secesionista y ponen sobre la diana a unos profesionales admirables que fueron a Cataluña, precisamente, para que se respetara la legalidad vigente y la democracia.

El despropósito de los socialistas en Cataluña no acaba ahí, ya que también quieren llevar a los tribunales a policías y guardias civiles que participaron en el referéndum ilegal. El efecto contagio de este disloque ha llegado incluso a Castilla-La Mancha. Allí, el Partido Socialista, preso de su pacto con Podemos, ha dado la nota este jueves a través del presidente de las Cortes autonómicas. Jesús Fernández Vaquero ha echado a la portavoz del PP por pedir una moción en defensa de la unidad de España. Precisamente, uno de los principios inexcusables que defendió el gran PSOE de la década de los 80 y principios de los 90. Bien haría Pedro Sánchez en unificar criterios y poner un poco de cordura tanto por el bien del partido como del suyo propio. El PSOE no puede estar condicionado por las ocurrencias de los virreyes autonómicos. A este paso, habrá que quitar la E a las siglas del PSOE.

Bien harían en este nuevo Partido Socialista en seguir la senda marcada por sus líderes históricos, en contra de la connivencia con los independentistas. Como bien dijo Alfonso Guerra el pasado miércoles: “En Cataluña hay un golpe de Estado y no se puede negociar con golpistas”. Una línea que han reforzado pesos pesados como Juan Carlos Rodríguez Ibarra o Joaquín Leguina. Ambos, junto a otros antiguos dirigentes, son muy críticos con el hecho de que Pedro Sánchez defienda el diálogo con el presidente golpista Carles Puigdemont. Sánchez se equivocará si trata de utilizar esta crisis como una manera de sacar rédito político inmediato. Lejos de esperar el desgaste del Ejecutivo, debería unirse a él y también a Ciudadanos para acabar con la farsa sediciosa y hacer que prevalezca la Constitución, símbolo de todo lo que nos une y de todo lo que debemos proteger.

Centro Jurídico Tomás Moro:
‘Más de cinco millones de catalanes nos necesitan’
La Gaceta  6 Octubre 2017

Este centro jurídico hace un llamamiento a la participación en las movilizaciones en defensa de la unidad de España, y advierte de que ‘solo podemos triunfar en Cataluña si actuamos todos a una’. #TodosAUna y #NoEstáisSolos, los hashtag de apoyo a nuestros compatriotas catalanes.

En estos momentos en los que a la mayoría de los españoles catalanes se les niega su derecho a seguir siendo españoles, desde el Centro Jurídico Tomás Moro han querido recordar a toda la sociedad que los españoles sólo hemos sabido triunfar ante la injusticia y la arbitrariedad del poder cuando hemos actuado “todos a una”.

Este centro jurídico ha lanzado un comunicado en el que recuerda que España siempre sabe responder generosamente cuando hay una desgracia en cualquier parte del mundo y que cuando pueblos lejanos se vieron arruinados por un terremoto o por cualquier otra inclemencia natural, los españoles supieron mandar voluntarios a las zonas afectadas y ayudar económicamente donando dinero a entidades religiosas o asociaciones de otro tipo que se encontraban en aquellos países trabajando sobre el terreno.

Destaca que en la actualidad España está siendo víctima de “la mayor de las inclemencias: la que atenta contra su unidad” y que, por desgracia, esta inclemencia no tiene orígenes naturales, sino políticos. Recuerda que son “los partidos (los nacionalistas por obra y los demás por omisión) los causantes de nuestra actual postración y división, pues paulatinamente fueron arrebatando a la sociedad las libertades, facultades y derechos que naturalmente nos pertenecían, pasando ellos a ejercitar las mismas en nuestro nombre. Y en ese ejercicio no dudaron en politizar cualquier actividad social, creando así el germen de la división y el enfrentamiento”.

Por eso, subraya que “los españoles debemos mostrarnos nuevamente generosos, pero esta vez con nuestra propia patria que es la afectada por el terremoto independentista”.

El Centro Jurídico Tomás Moro anima a todos los españoles (y a los extranjeros amantes de lo que España fue, es y será) a “mostrarse activos en la defensa de nuestra patria”. “Hoy, como en 1808 la salvación de España no se encuentra en las instituciones españolas, sino en las manos del pueblo español, que siempre supo ser arrojado cuando las circunstancias lo requieren”, remarca.

Anima a todos los españoles a “acudir, con espíritu de unidad en lo esencial, a cualquier acto que se convoque en defensa de España”. “Los animamos, igualmente, a que muestren en todo tiempo y lugar el orgullo de nuestro primer símbolo, la bandera de España, que ondeó en su día en tres cuartas partes del mundo conocido, desde Alaska, a Tierra de Fuego, desde Asía hasta África”. Por eso, instan a que los balcones de nuestros hogares, nuestros vehículos, y nuestras calles aparezcan engalanados con la enseña nacional.

E instan, igualmente, a todos a “no mostrarse desalentados ni inactivos. Muy al contrario, que nos convirtamos todos en agentes activos de nuestra propia redención nacional, organizando y prestando apoyo a todo tipo de actividades en defensa de España, de nuestra historia común y de nuestros símbolos”.

Muy especialmente urge al apoyo a Somatemps, que es “una de las organizaciones españolas, formada principalmente por catalanes, que más se está destacando en la defensa de nuestra patria en el corazón de Cataluña”.

Indica que “su actuación ha sido en todo momento firme, decidida y completamente ajena al desaliento y el partidismo, habiendo conseguido ser una de las voces más fuertes de la sociedad española en Cataluña” y que por eso necesitan manos para preparar actos y donaciones para sufragarlos”.

“En estos momentos en los que a la mayoría de los españoles catalanes se les niega su derecho a seguir siendo españoles, desde el Centro Jurídico Tomás Moro queremos recordar a toda la sociedad que los españoles sólo hemos sabido triunfar ante la injusticia y la arbitrariedad del poder cuando hemos actuado “todos a una”.

Asimismo, desde el Centro Jurídico Tomás Moro proponen a todos los españoles de buena voluntad que hagan uso en las redes sociales de los hashtag #TodosAUna y #NoEstáisSolos para manifestar una vez más que la sociedad civil no está dispuesta a “seguir siendo manipulada por una minoría ajena al interés general y al bien común!.

Cuatro amaneceres
Salvador Sostres Barcelona ABC 6 Octubre 2017

El independentismo está demostrando estos días lo peligroso que puede llegar a ser el amor sin talento, sin inteligencia y con el instinto de supervivencia atrofiado por esa mezcla tan letal de arrogancia, fanatismo y vanidad. Escribir la crónica de la minuciosa demolición de Cataluña nos está dejando tan insólitamente estupefactos que va a tener que pasar un tiempo hasta para poder llorar. Los que quieren liberarnos de lo que nos roba España nos han robado el Banco Sabadell y La Caixa, además de otras tantas empresas que también se están marchando. Y eso por no hablar de la convivencia y del derecho a poder ir tranquilo por tu ciudad.

Hay otra Cataluña, o eso quiero creer, que es mejor. Pero para realmente serlo tendrá que demostrarlo. Es cierto que pagamos impuestos para no tener que ser héroes pero de vez en cuando la vida nos pone ante el vértigo de decir quién somos y qué hacemos. Y si la parte de los catalanes que aprecia su bienestar, su progreso y su libertad no se levanta para defenderse, merecerá perder todo lo que tiene, que es muchísimo. Tanto, que la generación inmediatamente anterior a la nuestra no se atrevió ni a soñarlo. Somos responsables de nuestro destino personal y colectivo. Es inútil buscar culpables y excusas. Si la Cataluña que es mejor no lo demuestra, no podrá hacerse la estrecha o la indignada ante la dureza que se suele necesitar para sofocar los procesos revolucionarios. Quizá no habríamos llegado tan lejos si nos hubiéramos tomado más en serio nuestra condición de ciudadanos libres y por lo tanto responsables.

Se puede ser independentista, monárquico, republicano y hasta vegetariano. España es un país libre y con cauces para que cada idea pueda ser expresada y vehiculada. Pero no podemos olvidar nuestro imperio de prestaciones y comodidades, la extraordinaria bonanza que nos rodea y que nos permite llevar unas vidas apacibles, seguras y con fundadas esperanzas; no podemos olvidar nuestro pacto fundamental de justicia y libertad que nos reúne en La Civilización y nos aleja de la barbarie: porque esto es lo más íntimo, valioso y extraordinario que poseemos, porque esto es lo que esencialmente somos y cualquier llamamiento a ponerlo en riesgo o a directamente destruirlo tiene que ser considerado contrario a los intereses de la Humanidad y abrumadoramente combatido.

De aquí al lunes nos quedan a todos los catalanes, independentistas o no, cuatro amaneceres para levantarnos y recordar qué bien vivimos.

La emoción de España
Eduardo Arroyo Gaceta.es 6 Octubre 2017

He leído por interés, no por edad, el antiguo libro escolar titulado “La emoción de España”, de Manuel Siurot, subtitulado como “libro de cultura patriótica popular” y editado en Madrid allá por los años 50, dentro de un sistema educativo que hoy se denosta no siempre con fundamento. En él se relata como un grupo de niños, todos con sus sueños, sus ilusiones y sus creencias en esbozo, visitan España recorriendo y conociendo en cada recoveco la impronta de una historia harto singular. En aquellas páginas se aprendía a conocer Sevilla, Santiago, Alicante, Barcelona, Madrid y un largo etcétera. Al final los lectores tenían una visión del conjunto español que responde muy bien a la proyección de nuestro país en la historia universal, junto a Inglaterra, Francia, Italia y Alemania, las cinco grandes naciones de Occidente.

Que España fuera una “emoción” para varias generaciones de niños chirriará especialmente a los liberales, que creen que eso es “irracional” y distante del entramado burocrático en el que ellos creen. Pero en realidad nada hay más humano que lo emotivo. Los hombres comprometen su vida por cosas que les conmueve en su corazón. Y es que lo “irracional” y lo afectivo tiene su lugar justo en el orden del mundo. Jamás se llegará a querer a la patria si nada nos hace vibrar en nuestro fuero interno. Que eso luego llegue a ser un sentimiento de adhesión intelectual, una afección por un modo de vida que hacemos nuestro y que penetre y module todo lo que hacemos, es difícil que llegue a materializarse si no se sabe antes amar con pasión.

Eso es lo que todos estos años han matado los partidos al uso. En España ha existido una terrible censura, oficiosa pero harto eficaz, que prohibía hablar y sentir a España. Los calificativos a los que se exponían los sinceramente patriotas están en la mente de todos y no voy a repetirlos aquí. Pero el hecho es que es precisamente la España que siente y ama a la patria, a la que todos apelan para hacer frente a la estupidez de los sediciosos. Paradójicamente, los enemigos de esta España que vive esgrimen como argumento el aparente paralelismo entre los patriotas y los sediciosos: a su entender ambos convergen en lo “identitario”. No reparan en una diferencia esencial: mientras que para unos la historia es su razón otros intentan buscar justificaciones históricas a base de falsificar y reexponer datos históricos bien establecidos. De ahí su necesidad de la propaganda, la reeducación en los colegios y el manejo artero del odio. Cójase cualquier manual histórico del Occidente de los últimos quinientos años y compruébese el papel de primera línea jugado por la nación española; compruébese también la realidad secundaria, en calidad de parte esencial, de la ficticia “nación catalana” para percatarse de que las razones que mueven a los sediciosos son solo de orden pequeño-burgués en unos casos o ideológico en otros. Por un lado, los sediciosos liberales sueñan con una sociedad en la que se pagan menos impuestos, dicen; hay mejor “calidad de vida” porque “España nos roba”, etc. Por otro lado, los sediciosos de la izquierda sueñan con aniquilar a los otros y convertir la “república catalana independiente” en su propio cortijo donde experimentar todas sus fracasadas y estúpidas utopías sociales. En el fondo lo estrictamente identitario de unos y otros es solo una tramoya con la que esperan movilizar a sus huestes.

Parece que pocos son los que entienden que lo que se dirime realmente aquí es el ser o no ser de la única nación verdadera que hay sobre la mesa: España. No es, como dice el gobierno y los partidos, que lo que está en juego es la democracia, la constitución y el “Estado de Derecho”. Este sofisma nace de los políticos y de la política que les proporciona el sueldo. Por otra parte son conceptos que existen y tiene sentido porque existe la nación española, gestada en la historia con el esfuerzo y la sangre de nuestros antepasados. De ahí que los que ahora combaten a España y reniegan de ella viven en una profunda alienación de consecuencias dificilmente previsibles. El sofisma de los políticos a veces se reformula con la meridiana falsedad de que los sediciosos son “golpistas”. Pero en realidad no hay en curso ningún golpe de Estado porque en un golpe de Estado la nación permanece casi siempre y se sustituyen unas formas de gobierno por otras. Lo que hay en marcha es una sedición que puede acabar con lo que nuestro pueblo conquistó en el espacio de siglos.

Por todo ello hay una lectura positiva del caos y el dolor de estos días: por fín está remitiendo el tabú, auspiciado desde la “nomenklatura” del régimen del 78 (PRISA, los partidos, etc), que pesa como una losa sobre el patriotismo español. Son muchos los que ya miran, por encima y al margen de los partidos, solamente a España, al hermano y al pueblo cuyo corazón late en cada uno de los que vibran al compás. La historia se pone en marcha a veces bajo la forma de explosiones emotivas. Pero solo los ignorantes y los cerriles se resisten a entender que no siempre tras la emoción está la irracionalidad insensata. Antes al contrario, pueden ser razones poderosas las que muevan al entusiasmo. En nuestro caso es la pervivencia de una nación que hizo grandes cosas en la historia del mundo, más alla de las contingencias pequeño-burguesas y de las divagaciones brumosas de cuatro ideólogos, por lo demás bastante estúpidos.

En los próximos días nos jugamos mucho y es muy posible que los partidos -desde el PP hasta “Podemos”-, auténticos becerros dorados del poder de nuestra época, queden desbordados por una emoción legítima y fundada, como no ha habido otra en la historia reciente, que aguarda a que alguien sepa reconducirla hacia un mañana de esperanza: la emoción de España.

Sábado a las 12.00 ‘Yo voy’
Rosa Cuervas-Mons La Gaceta  6 Octubre 2017

Mañana, sábado, a las 12.00 en la Plaza de Colón de Madrid . El domingo, a la misma hora, en la barcelonesa Plaza de Urquinaona. Son las dos citas ineludibles este fin de semana. Son las armas de una sociedad civil que asiste atónita e indignada, a la ruptura de la legalidad por un lado y dejación de funciones por otro por parte de sus dirigentes.

A las 12.00 #YoVoy
Este sábado, manifestación en Colón en defensa de la unidad de España

Tras el éxito de las movilizaciones frente a los ayuntamientos en vísperas del referéndum ilegal, la Fundación DENAES, para la Defensa de la Nación Española, ha convocado una nueva concentración para este sábado 7 de octubre, a las 12 del mediodía, en la madrileña Plaza de Colón.

DENAES, con el apoyo de más de cincuenta organizaciones civiles, logró reunir el pasado sábado 30 de septiembre a más de 10.000 personas frente al Ayuntamiento de Madrid de manera simultánea a las manifestaciones que se produjeron en miles de ayuntamientos de toda España, para defender la unidad de España y apoyar a los agentes del Cuerpo Nacional de Policía y a la Guardia Civil por su difícil tarea de garantizar la legalidad estos días en Cataluña. Fueron cientos de miles los españoles que salieron a lo largo y ancho de todo el país.

Esta vez, DENAES convoca de nuevo a los españoles, pero únicamente en la capital de España, para defender la unidad de la Nación, exigir la aplicación total de la Constitución y la reinstauración del Estado de Derecho para detener de manera eficaz y radical el golpe de Estado separatista que se está produciendo en Cataluña.

“Había motivo para las masivas movilizaciones del 30-S en toda España, y hoy hay más razones”, ha destacado.

El doble efecto del boicot a los productos catalanes: perjudica a los proveedores españoles, pero beneficia a las empresas del resto de España.
Lucio A. Muñoz Periodista Digital 6 Noviembre 2017

Antes de la celebración del referéndum ilegal del 1-O, Cataluña era una de las regiones que más crecían económicamente de España.

En concreto, entre septiembre de 2016 y el mismo mes de 2017, el PIB catalán creció un 3,6%. Por encima de la media de España, que mantuvo en este periodo de tiempo un crecimiento del 3,1%. Y sólo superado por la Comunidad Valenciana, cuyo crecimiento fue del 3,8%.

El mercado laboral en Cataluña, antes del 1-O, también experimentó un mejor comportamiento que el del resto de regiones españolas.

El desempleo en Cataluña bajó interanualmente, es decir, desde octubre de 2016 a octubre de 2017, un 9,45%. Un descenso que superó a la media nacional, que lo hacía en un 8,34%.

En Cataluña se creaba más empleo que en el resto de España. Durante el mencionado periodo, la afiliación a la Seguridad Social creció un 3,76% en la región catalana. Mientras que en España, este crecimiento fue del 3,46%.

Del mismo modo y tomando como referencia los últimos años, Cataluña ha experimentado un crecimiento económico por encima de la media del resto de autonomías españolas.

De hecho, tras lo peor de la crisis la recuperación económica en la comunidad autónoma catalana se estaba desarrollando de manera más rápida que en otras regiones de España.

La debacle económica tras el órdago independentista
Sin embargo, el órdago independentista ha entorpecido el ritmo de la recuperación en Cataluña, al deteriorar gravemente el entorno económico en esta región (y en España). Porque, el impacto del secesionismo en la economía catalana está siendo terriblemente pernicioso.

Tanto es así, que el Banco de España ha alertado recientemente que el efecto económico del desafío independentista en el largo plazo será más nocivo en Cataluña que en las demás autonomías.

En este sentido, el BdE estima que Cataluña podría entrar en recesión, al menos, durante el próximo año. Y, en el caso que la incertidumbre política continuase, la economía catalana podría correr el riesgo de sufrir un serio estancamiento.

Uno de los datos que confirman que se está conformando un pernicioso escenario económico en Cataluña es el relativo al repunte del desempleo en esta región.

Puesto que, tal como se conoció el viernes pasado, el paro aumentó en 14.698 personas en la autonomía catalana, el mayor incremento en términos absolutos de todas las comunidades autónomas.

El indicador relativo a la confianza del consumidor también cayó en octubre un 3,6%. En función de todo ello, la desaceleración económica en Cataluña, originada por el desafío independentista, se puede considerar un hecho.

Así, las principales organizaciones de perfil económico financiero están modificando a la baja las previsiones de crecimiento para Cataluña.

Los centros laborales siguen en Cataluña
Pero, a pesar de todos estos condicionantes, el PIB catalán también podría tener la posibilidad de recuperarse el año próximo.

Sobre todo, si tras las próximas elecciones autonómicas del 21-D, los partidos constitucionalistas consiguen conformar una mayoría absoluta que consiga aportar seguridad jurídica y atraer inversión externa a Cataluña.

En un supuesto escenario político estable, protagonizado por un gobierno constitucionalista instalado en la Generalitat, un gran número de empresas que se han marchado de Cataluña podrían plantearse su vuelta a esta comunidad autónoma.

Recordemos que aunque muchas empresas hayan cambiado su domicilio social fuera de Cataluña (y algunas de ellas también el fiscal, tanto en cuanto a nivel legal no tienen que coincidir ambos domicilios), los centros de actividad laboral, las fábricas, etc., de las mismas todavía permanecen implantados en esta autonomía.

Por tanto, las empresas fugadas de Cataluña que quisieran volver a su región de origen, únicamente tendrían que cambiar de nuevo el domicilio social. Esta vez, a la inversa.

Daños colaterales del independentismo
No obstante e independientemente de cual sea el resultado de las elecciones autonómicas, el secesionismo ya ha causado graves daños colaterales a las empresas catalanas.

Tanto si las empresas catalanas han cambiado su domicilio social a otras regiones españolas como si no lo han hecho, las mismas están sufriendo, o podrían sufrir en el corto plazo, un boicot comercial en España.

Porque, los consumidores españoles consideran que determinados directivos, máximos accionistas y fundadores de muchas de estas empresas son parte del movimiento independentista catalán. Por acción en determinados casos. Y, en la mayoría de ellos, por omisión.

Proveedores españoles perjudicados
El boicot a los productos catalanes podría desencadenar un efecto dominó, que afectaría negativamente a la economía de otras regiones españolas.

Debido a que un gran porcentaje de las empresas catalanas se sirven de otras empresas y autónomos ubicados en distintas comunidades autónomas, que actúan en calidad de proveedores.

Madrid, Aragón, Andalucía, Valencia y Galicia son las 5 autonomías con mayor número de empresas y autónomos proveedores de las empresas catalanas.

Los sectores productivos más afectados podrían ser el comercio, la industria y la agricultura, al ser los más dependientes de las empresas catalanas.

Empresas del resto de España beneficiadas
Por el contrario, el citado boicot a los productos catalanes también podría incrementar los beneficios de multitud de empresas competidoras, originarias de otras regiones de España.

Tanto en cuanto, estas empresas fabrican productos y diseñan servicios dotados de la misma o mejor calidad que los ofertados por las empresas catalanas.

Se trata de empresas, cuyas marcas no gozan de un potente posicionamiento en el mercado a nivel nacional. Máxime, considerando que en determinados sectores, el liderazgo en el mercado español lo han ostentado de forma tradicional las empresas catalanas.

En consecuencia, la intención de compra de los consumidores españoles no se ha decantado, hasta la fecha, por los productos y servicios ofertados por estas empresas no catalanas.

De cualquier forma, estas empresas no catalanas se encuentran ante su gran oportunidad. Tanto para crear marca y, por ende, posicionarse en el mercado español, como para derribar el falso mito relativo a que Cataluña es la región empresarial por excelencia en España.

EL GOLPE SEPARATISTA
Así adoctrinan a los cachorros nacionalistas catalanes
Los libros de Historia de Caraluña esconden la palabra España, presentan a la «monarquía hispánica» como algo malo y a la UE como un «fracaso»
Redacción, Periodista Digital 6 Octubre 2017

Casi veinte años en que, a través de los centros escolares y del control y la tergiversación de los contenidos de los libros de texto, sobre todo de Geografía e Historia, se ha inoculado en estos jóvenes un virus letal a favor de la independencia y en contra de la unidad del país. Alumnos a los que se les hurta la palabra «España» de los libros y se la sustituye por «imperio hispánico»; se les presenta a la «monarquía hispánica» como una institución mala o a la Unión Europea como un «proyecto fracasado en los político y económico».

A ello hay que añadir la desidia de los responsables políticos, que no han sido capaces de frenar una manipulación de la historia de España, que venía siendo denunciada, entre otros, por el sindicato AMES (Acción para la Mejora de la Enseñanza Secundaria), según recoge Paloma Cervilla en ABC.

Cansados de no ser escuchados, los dirigentes de este sindicato, que representa a unos 300 profesores, en su mayoría de escuelas públicas, decidieron sacar a la luz los «planteamientos ideológicos partidistas» de estos libros, que incumplen incluso el «modelo constitucional».

«No se improvisa»
Sus primeras conclusiones fueron fruto de un análisis exhaustivo de 14 libros de «Conocimiento del medio» de 50 y 60 de Primaria, que dio origen a un informe en el que se ponía de manifiesto la manipulación de la Historia de España para hacer ver a los niños que Cataluña siempre fue una nación, con críticas a la Monarquía y a la configuración del Estado.

Tras la constatación documental de sus sospechas, decidieron ampliar su estudio a los libros de 2º, 3º y 4º de ESO, los que utilizan los alumnos de entre 13 y 16 años. Los trabajos de este segundo informe comenzaron en julio y esperan poder presentarlo a final de octubre. En un adelanto de este documento, al que ha tenido acceso ABC, se denuncia cómo en los libros hay una «casi total desaparición del nombre de España», presenta a este país como un Estado «plurinacional», entre otras cuestiones.

El presidente de este sindicato, Antonio Jimeno, asegura que «lo que estamos viendo ahora en las plazas y en las calles de Cataluña no se improvisa en dos o tres años. Ya sabíamos que desde el año 90, Cataluña se había planteado separarse emocionalmente de España, atacando a su lengua, su cultura y sus instituciones». Un elemento fundamental es el «desconocimiento que los alumnos tienen del castellano y de la literatura. No saben quién es el Quijote».

Independencia
Del avance de este estudio, se comprueba que de las 114 páginas que dedica a la historia uno de los libros, solo 28 son de España, un 7,7 por ciento, el resto se centra en en la historia de Europa, la evolución de las ideas, la arquitectura, la escultura y la pintura.

Hay una «casi total desaparición del nombre de España», y lo sustituyen por «imperio hispánico» y «monarquía hispánica», además, en los mapas, en vez de poner España, se indican los nombres de los reinos «que se unieron para constituirla, como Castilla y la Corona de Aragón». Con tal de no poner el nombre de España repiten «monarquía hispánica» hasta cinco veces seguidas en «nueve medias líneas». Igualmente, en lugar de hablar de los Reyes de España, se escribe «monarcas hispánicos» y se presenta a la monarquía «como mala».

Transmiten la idea de que «el deseo de independizarse es muy frecuente», mostrando mapas de Europa coloreando regiones donde hay un porcentaje de personas que desean la autodeterminación, «sin indicar que en muchas de ellas el porcentaje es muy pequeño». Además, junto a Cataluña, «también señalan la Comunidad Valenciana y las Baleares, para generar la idea de que todos los países catalanes quieren independizarse».

Los niños estudian en los colegios la idea del estado español como un modelo «plurinacional», con el objetivo de que aprendan que «España no es una nación, sino un conjunto de naciones». Y respecto a la organización territorial, «no se cita el nombre de las cuatro provincias, que es la organización de España, comentando que hasta que «el Parlamento de Cataluña no legisle, se organizan en comarcas».

El pleno de la Academia de la Lengua acuerda por unanimidad un comunicado de apoyo a la Constitución
La RAE pide al Gobierno de España que actúe contra el "intento secesionista" en Cataluña

La entidad académica llama a Gobierno y los líderes sociales a defender "por cuantos medios legales tengan a su alcance" la "integridad territorial"
Periodista Digital 6 Octubre 2017

El pleno de la Real Academia Española ha aprobado un acuerdo en el que muestra "públicamente su apoyo a la Constitución" y demanda al Estado español que actúe "por cuantos medios legales sea posible" contra la independencia de Cataluña.

En anteriores ocasiones se le había reclamado a la RAE desde diversos sectores que se pronunciase sobre la política lingüística en Cataluña, presión que había evitado replicando que tomar posiciones al respecto quedaba fuera del marco de sus competencias.

En esta ocasión, en su sesión plenaria semanal celebrada este jueves 5 de octubre de 2017 y de forma unánime, sí ha habido un claro pronunciamiento.

"Este acuerdo no tiene nada que ver con la pluralidad lingüística, que la Academia desde luego respecta y apoya, sino que se sitúa en la preocupación que tienen todas las instituciones del Estado y corporaciones privadas por lo que está ocurriendo y lo que puede ocurrir, el peligro de que el Estado, al menos en el plano de los principios y las declaraciones, se disgregue".

"Cuando todas las instituciones apelan a la racionalidad, el consenso y el buen sentido, la Real Academia, que es de las más antiguas, no podía quedar al margen; no tiene que ver con su función lingüística sino con su posición en el sistema institucional del país".

LA NOTA DE LA RAE:
"Ante los graves acontecimientos que amenazan la convivencia pacífica en España, la Real Academia Española, institución tricentenaria de nuestra sociedad civil, quiere manifestar públicamente su apoyo a la Constitución de 1978".
"En consecuencia, demanda al Gobierno y a los líderes políticos y sociales, que defiendan, por cuantos medios legales tengan a su alcance, la democracia y las libertades de los ciudadanos, frente al intento secesionista que amenaza la integridad territorial del Estado".

Este no ha sido el único pronunciamiento público de los académicos entre los que destaca Arturo Pérez-Reverte: también han reclamado que no se imponga el uso exclusivo del inglés en las comunicaciones entre pilotos y torres de control en España.

"Dicha medida comenzaría a ser aplicada, paradójicamente, el próximo 12 de octubre, fecha de nuestra fiesta nacional".

BARTOLOMÉ BARBA EN 'MÁS DE UNO' DE ONDA CERO
Xenofobia y terror en las escuelas de Cataluña: "Nuestros hijos llegan llorando del instituto y del colegio"
"Los profesores sacan de clase a aquellos niños que estaban de acuerdo con las actuaciones policiales"
A. P. Periodista Digital 6 Octubre 2017

Escalofriante testimonio de un guardia civil: "Mi hija tuvo que escuchar en clase que éramos unos animales y que solo sabíamos dar palos"

Un guardia civil denunciando que ha tenido que sacar a su hijo del instituto por acoso. Bartolomé Barba pertenece a la Asociación Española de Guardias Civiles y comparte historia junto con otro cuatro compañeros. Asegura que el escrache "sistemático y organizado" no solo se produce en la calle, los colegios lo están sufriendo.--Escalofriante testimonio de un guardia civil: "Mi hija tuvo que escuchar en clase que éramos unos animales y que solo sabíamos dar palos"--

Barba, coordinador en Cataluña de los Guardias Civiles,ha denunciado en 'Más de Uno' de Onda Cero el acoso que están sufriendo sus hijos en las escuelas:

"Los profesores sacan de clase a aquellos niños que estaban de acuerdo con las actuaciones policiales"

"No solo son hijos de guardias civiles, sino que todos los hijos de padres no independentistas están sufriendo el mismo acoso"

"Lo más duro es que esto no es de ahora, tiene que ver con un modelo educativo que viene de hace tiempo""En muchísimos sitios están siendo acosados e insultados, están recibiendo amenazas, coacciones, hasta algunos han denunciado que se les ha tirado ácido", confirma Serafín Giraldo, portavoz del sindicato de Policía.

"Están convirtiendo el colegio en una especie de campo de concentración donde les ponen una estrella de David en el brazo a nuestros hijos"

¿Quién está detrás de los escraches "sistemáticos y organizados"? Bartolomé Barba apunta a muchas organizaciones, no a una en concreta, pero no quiere entrar en "cuestiones políticas".


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Infalibles
David Gistau ABC 6 Octubre 2017

Ha quedado desbaratada la convicción de que el Estado es infalible y, ante cualquier contingencia catastrófica, posee un sofisticado plan urdido por abogados, jefes de gabinete y personal uniformado en una sala subterránea llena de mapas y botones. Existía una leyenda acerca de esto, de lo pensado que lo tenían Rajoy y Sáenz de Santamaría y de la eficacia quirúrgica con la que paliarían todo cuando, llegado el momento, descolgaran el teléfono para decir: "¡Adelante!", llevando Rajoy en el bolsillo de la chaqueta, como Ike, dos discursos, uno para ser leído en la victoria y otro en la derrota. Pero qué va. El Estado, o al menos el Gobierno, estuvo como está: paralizado y contraído, un conejo rígido ante los faros del coche que lo va a atropellar. Es difícil confiar en la infalibilidad de una máquina hobbesiana si ésta comunica que no tenía nada pensado el 1-O para compensar una traición de los "mossos", en cuya obediencia confió "hasta el último minuto". Es difícil no contemplar esa maquinaria reducida a una condición autoparódica si sale Maíllo ¡el lunes! y, a la pregunta de si el Gobierno activará el 155, responde que primero hay que esperar a ver cuáles son las intenciones de la banda de Puigdemont. Les pedirán el pasaporte en El Prat y aún estarán esperando a averiguar las intenciones. Para cualquier reportero que durante el fin de semana estuviera cubriendo la jornada en Cataluña y viera con sus propios ojos lo que allí sucedía, las intervenciones de SSS y Rajoy fueron las de unos marcianos que no se enteraban de nada. O las de unos falaces que todo iban a confiarlo a las intoxicaciones posteriores de su Ministerio de la Verdad.

Mientras la Infalible Maquinita piensa, calibra, calcula, debate, se reúne, se posterga y efectúa unas llamadas a consultas retóricas en las que Rajoy se da pisto de jefe de Estado, el independentismo acelera gracias a la legitimidad autoconcedida por ese innegable triunfo propagandístico del cual España ha salido retratada ante el mundo como una dictadura terminal que aplasta demócratas y rompe los dedos uno a uno a doncellas y viejitas, causando por añadidura más heridos que en la toma de la Colina de la Hamburguesa en Vietnam. Todo esto amedrenta aún más a los Infalibles, los deja en un estado de nocaut balbuciente donde lo más enérgico que han logrado hacer es convocar una sesión parlamentaria para el 10 de octubre. Que sabe Dios dónde estará Cataluña el 10 de octubre. Percibida la debilidad, el independentismo potencia su sensación de impunidad –España ya se fue, convengámoslo– y propulsa la purga, la persecución interior, que tiene como objeto tallar esa sociedad monolítica y militante que nunca existió en realidad. Abandonados a su suerte, hubo catalanes que ayer hicieron en el programa de Herrera llamadas de auxilio. El auxilio no llegará, en la puerta del Estado hay un cartel: "Do Not Disturb. Estamos urdiendo planes".

El hundimiento de España (5)

Vicente A. C. M. Periodista Digital 6 Octubre 2017

MARIANO RAJOY VUELVE AL PLASMA, ELUDE A LA PRENSA Y GRABA UNA ENTREVISTA CON EFE TRAS SU SILENCIO ANTE EL DISCURSO DEL REY. JOSÉ MARÍA AZNAR PIDE QUE ACTUE O QUE SE VAYA. EL TC SUSPENDE EL PLENO DEL PARLAMENTO DE CATALUÑA DEL PRÓXIMO LUNES 9.

Hay silencios atronadores y el de Mariano Rajoy confirmando los peores tópicos sobre su carácter es el que más decibelios alcanza. Tras el rapapolvo dado por el Rey D. Felipe en un discurso duro sobre la situación de Cataluña, nadie de entidad del PP tuvo la valentía de dar la cara y dar la impresión a los españoles de haber tomado buena nota y de ponerse las pilas para dar un paso más decidido hacia la neutralización de un golpe de Estado que se va cumpliendo por fascículos ante la incredulidad y frustración de los ciudadanos. Solo a última hora y en respuesta a la aparición televisada de Carles Puigdemont, -algún graciosillo ya le ha renombrado como el Puig-demonio-, salió la vicepresidenta Soraya Sáenz a enfatizar que los golpistas son muy malos y que están fuera de la ley, solo le faltó aparecer con un hisopo para apartar al maligno. Pero lo más patético fue lo de Mariano Rajoy que volvió a refugiarse tras el plasma y grabó una entrevista con la agencia de información EFE, perfectamente prescindible por la falta de mensajes nuevos y tranquilizadores para los españoles, por la escasa o nula credibilidad, algo que sí que había conseguido el mensaje del Rey D. Felipe.

Una entrevista de las que le gustan a Mariano Rajoy, sin la incomodidad de estar de pie tras el atril en una fría sala de prensa llena de impertinentes periodistas dispuestos a cercarle y acosarle con preguntas inoportunas sobre su gestión, o falta de ella, y además atreverse a criticarla. Una entrevista de estudio de televisión austero y funcional que aparentaba ser un gran salón con su típico sofá de tres piezas color beige y mesa de centro formada por varios cubos adosados y una especie de pedestal con una escultura geométrica tipo cubo abstracto que recordaba al triángulo de Penrose o los dibujos de M.C. Escher. En las paredes se veían dos grandes cuadros, uno de colores rojos y amarillos que podrían recordar la bandera de España y otro con la figura abstracta indescriptible de un busto humano de mujer. Allí estaba Rajoy sentado en un sillón metálico típico de despacho de oficina y a una distancia prudencial del entrevistador sentado en una silla similar donde se sentaba un hombre en plan invitado de piedra que debería ser un guardaespaldas. Tras él se podían ver las banderas de España y de la UE y otro cuadro colorista de gran tamaño indescriptible, con colores difusos y brumosos, toda una alegoría a la personalidad que se atribuye a este tecnócrata que ha alcanzado su nivel de incompetencia cumpliendo la ley de Peter.

La entrevista comenzó con una hábil pregunta de si atisbaba alguna solución para esta crisis, a lo que respondió con un “sí, pero creo que todos estaremos de acuerdo en que la mejor es la vuelta a la legalidad” y “esa vuelta pasa por suprimir el proyecto de hacer una declaración unilateral de independencia” y “que eso es lo que puede evitar que se produzcan males mayores en el futuro”. En la siguiente pregunta relativa a la propuesta de Pablo Iglesias sobre la mediación entre el Gobierno de España y del de la Generalidad, Rajoy respondió, no sin cierto grado de acidez y de ironía, que “se refiere usted al Sr. Iglesias y otras muchas personas, muchas con buena voluntad”, -sensu contrario, el Sr. Iglesias y otros muchos no van con buena voluntad. Terminó por responder que “esto no es un tema de mediación sino de cumplir la ley”. Solo exige eso para poder hablar, con lo que excluye cualquier tipo de respuesta judicial por los delitos cometidos. Es decir, si se vuelve a la normalidad, ¡aquí paz y después gloria! ¿Es ese el tipo de fortaleza y determinación que demandaba el Rey D. Felipe en su discurso a la Nación? Me temo que no.

Posteriormente cuando se le reprochó actuar siempre a rebufo de los pasos de la Generalidad dijo que “no vamos a permitir, de ninguna de las maneras, que se produzca la independencia de Cataluña” y que “el Gobierno sabe perfectamente lo que va a hacer en cualquiera de los escenarios, cómo lo va a hacer y cuándo lo va a hacer”. Pidió confianza y tranquilidad a los españoles, la misma que defraudó en la consulta del 9 de noviembre del 2014 y en el bananero referéndum del pasado 1 de octubre. Eso sí tras las múltiples alternativas sugeridas, entre ellas la de aplicar el artículo 155 ya o tras la declaración de independencia y otras propuestas de actuación, Rajoy dijo que espera acertar en la decisión que se tome y contar con el apoyo de CIUDADANOS, del PSOE y del conjunto de la sociedad española. O sea, se trata de ¡a ver si sale! y no terminar por ser un fiasco como la jornada del domingo.

Sobre la actuación de las FFyCCSE dijo que su comportamiento había sido ejemplar y que estaban actuando bajo la autoridad judicial, no del Gobierno de España. Respecto a los Mossos dijo que están divididos al igual que se ha dividido a la sociedad catalana y que su actuación debe ser evaluada por esa autoridad judicial. Respecto a la economía confirmó la influencia negativa de esta crisis institucional y respecto a la actitud del PNV, Sr Urkullu, se atuvo a lo políticamente correcto intentando desligar el apoyo a los Presupuestos del 2018. Finalmente dijo tener esperanza en que se solucione esta crisis avalado por su gestión en la salida de la crisis económica.

La sorpresa vino por parte del “fuego amigo”, -o quizás enemigo-, del expresidente José María Aznar que, desde su púlpito de la fundación FAES, lanzó una admonición a Mariano Rajoy instándole a actuar tal y como le había emplazado el Rey D. Felipe en su discurso y si no se veía con capacidad y entereza para hacerlo, que dimitiera y convocase elecciones generales. La respuesta no se hizo esperar por el aparato de Génova 13 y se tiraron al yugular de su antiguo presidente sugiriéndole que dejase de disimular y pidiese el voto públicamente por el partido de Albert Rivera. Una actitud que demuestra lo mal que aceptan las críticas los que siguen apoltronados como palmeros y aduladores de un anodino y apocado Rajoy, ese señor de Pontevedra al que le viene grande este golpe de Estado y que, como ya he dicho, ha alcanzado su nivel de incompetencia.

No tengo ninguna esperanza en que esta vez Mariano Rajoy nos sorprenda con una respuesta acertada para sofocar de una vez esta rebelión y poner a los responsables ante la Justicia. Sus declaraciones de generosidad con quienes han llevado a España al borde del precipicio en ese perdón del hijo prodigo que vuelve humildemente y arrepentido a la casa paterna, no augura nada bueno respecto al desenlace. De verdad que sería para mí un alivio si se confirma que estoy equivocado y que todo se va a resolver.

Adicionalmente, tras el recurso de inconstitucionalidad presentado por el PSC, el Tribunal Constitucional ha suspendido de forma cautelar el pleno del Parlamento de Cataluña previsto para el lunes y ha advertido a la Presidenta de la Mesa, la golpista Carme Forcadell, de que ningún acuerdo tendrá validez jurídica y que se estarán quebrantando los derechos de los diputados. En fin, mucha palabrería hueca cuando el TC es incapaz, a pesar de disponer ya de los medios, de impedir el incumplimiento de sus sentencias.

¡Que pasen un buen día!

Paz en la propaganda y odio en la mirada
Antonio Robles  Libertad Digital 6 Octubre 2017

Si hay algo urgente para salir de esta colosal farsa democrática es restaurar la verdad en Cataluña. Hoy, el Estado de Derecho pasa allí por opresor y quienes atentan contra él, por demócratas. Vale todo, también la mentira programada, diaria, sistemática. Es tan grosera la alteración de la realidad, que la actuación policial más planificada de la historia de España para aguantar cualquier humillación con tal de no dar una imagen violenta ha sido convertida por el relato construido por el Gobierno de la Generalidad y TV3 en tapadera para ocultar su desprecio por el Estado democrático de Derecho. La ecuación es muy sencilla: como no nos dejan hacer legalmente lo que queremos hacer, nos tomamos la libertad de hacerlo contra la ley.

Todo es mentira, fraude, una estafa adobada de cinismo e hipocresía. Hablan ante las fuerzas de seguridad de la no violencia, pero llevan odio en la mirada. Reparten claveles y escupen víboras por la boca. Exigen respeto a la legalidad y se reúnen como hordas enfurecidas para acosar a las fuerzas del orden, insultarlas, humillarlas, apedrearlas y expulsarlas de su tierra. ¿Dónde hay más odio, violencia, rencor, en las porras de los guardias o en la lengua y los ojos de los defensores del derecho a decidir que los acosan?

No busquen en la alteración del orden público o en la declaración unilateral de independencia la más grave amenaza a la convivencia. Es mucho más grave la actitud de una parte significativa de la sociedad catalana, instalada en una verdad paralela, construida con mentiras y xenofobia, donde los hechos, la legalidad y la razón no rigen. Sólo importan los deseos y las emociones compartidas con la tribu.

Dice la psicología de café que la realidad no es lo que es, sino lo que cada cual percibe que es. Hoy, en Cataluña, ese relato mediático inducido por el odio a España ha cuajado. Y, lo que es peor, ya no guarda las formas, entra a saco en tu casa con TV3, invade la radio de tu coche, te acribilla en las RRSS, y ha tomado las escuelas con la furia de un ejército vencedor. Ya no hay sitio para la diferencia, ni paciencia para dialogar con ella, el diferente es ridiculizado, acosado y reducido a enemigo, señalado, tatuado, despreciado. Y sólo son niños, todo lo más adolescentes.

¿Qué sociedad es aquella que no se levanta contra quienes tienen la desfachatez de tomar el Parlamento al asalto, crear una legalidad paralela a la legalidad constitucional, arrinconar al órgano de garantías estatutarias del propio Parlamento, pisotear su propio estatuto, desposeer de derechos a la oposición, convocar un referéndum ilegal, y llevarlo a cabo sin ninguna garantía ni transparencia, y sin embargo es capaz de hacer una huelga general contra unas fuerzas del orden por intentar hacer cumplir las órdenes judiciales que pretenden restablecer la legalidad democrática?

Una frase de uno de los miles de niños lobotomizados por esta colosal manipulación escolar, colgada de la verja del colegio Mas Casanovas, de Barcelona, lo decía todo: "Ens volen enterrar i no saben que som llavors!" ("Nos quieren enterrar y no saben que somos semillas"). Esa ingesta envenenada me ha recordado otra no menos terrible de tiempos pasados: "Cuando veo a esas gentes de derechas o de izquierda encerradas en sí mismas pensando: 'A nosotros no nos conseguiréis nunca', pienso: me da igual, a vuestros hijos sí los tendremos. A estos los educaremos desde el principio en el ideal" (Adolf Hitler)

La mentira lo pudre todo, pero para que la mentira se imponga a la verdad es necesario que alguien la crea. Por engaño o conveniencia. Y este alguien es cómplice necesario de sus consecuencias. No nos podemos engañar más, hoy en Cataluña hay cientos de miles de personas corrientes que están colaborando con la mentira. Y unos medios de comunicación que les dan todas las coartadas para perpetuar sus crímenes colectivos. TV3, Catalunya Ràdio, RAC1 deben ser intervenidas. Sin eso, la eficacia de las fuerzas del Estado será inútil. La apología del terrorismo, la apología de la secesión y la rebelión no son derechos, sino delitos contra la libertad de expresión.

PS: ¿Cuándo se dará cuenta el Gobierno de que el Ministerio del Interior ha de tomar el mando de los Mozos de Escuadra?

Escenarios para después de un fracaso
Mikel Buesa  Libertad Digital 6 Octubre 2017

No me entretendré demasiado en argumentar que lo del 1-O ha sido un rotundo fracaso para el Estado, el Gobierno y eso que eufemísticamente llamamos partidos constitucionalistas. Cataluña, de hecho, es ya una entidad política independiente en la que el Estado español cuenta lo que un cero a la izquierda, por más que haya jueces instruyendo sumarios y policías cumplimentando los mandatos de esos magistrados. La desobediencia se ha instalado en las estructuras gubernamentales autonómicas y locales y, con toda probabilidad, la Generalitat o el Parlament, tanto da, declararán la constitución de la República Catalana sin el menor decoro, alegando que la voluntad del pueblo expresada en las urnas se lo exige. El fracaso del Estado se veía venir y, aunque algunos agoreros llevábamos advirtiéndolo desde hace años, ha pillado por sorpresa a quienes lo gestionan desde el Gobierno y el Parlamento. Si dimitieran ya mismo de sus responsabilidades –todos a la vez, en pleno– y se convocaran nuevas elecciones sin su presencia en las candidaturas, el país saldría sin duda ganando, aun a pesar de la enorme crisis que la impostura de los nacionalistas y la incompetencia de los constitucionalistas ha provocado.

Pero lo que importa ahora no es lamentarse de lo ya pasado sino encarar el porvenir. Y para ello será bueno tratar de visualizar los escenarios a través de los cuales podría abordarse desde España –o más bien desde lo que queda de ella– la independencia de Cataluña. Desde mi punto de vista, esos escenarios son básicamente tres, sin que quepa descartar combinaciones de ellos que complicarían el análisis.

El primero sería el del desistimiento: aceptar el hecho de la secesión catalana sin oponer la menor resistencia ni embarcarse en pleitos inabarcables, de esos que duran décadas y, cuando se resuelven, no satisfacen a nadie. En este escenario, se abandonaría a Cataluña a la suerte deseada por los nacionalistas, cortando de raíz cualquier asistencia financiera y cualquier apoyo a la población –salvo, naturalmente, el que obliga a aceptar en suelo español a los refugiados que huyeran de Cataluña–, así como estableciendo lo más rápidamente posible los controles fronterizos requeridos para impedir el contrabando de las mercancías procedentes de la nueva república. Algunas medidas adicionales, por lo demás bastante razonables, podrían ser la exigencia de visado a los residentes en Cataluña y la restricción del tráfico ferroviario y aéreo. Además, España, apoyándose en las prescripciones del derecho internacional, bloquearía el reconocimiento de Cataluña en la Unión Europea, la ONU, la OTAN, la Organización Mundial de Comercio, la OCDE y otros organismos multilaterales. En estas circunstancias, Cataluña experimentaría una severa crisis económica que empobrecería rápidamente a su población, dentro de un ciclo depresivo que, muy probablemente, se extendería sobre no menos de dos décadas. Es precisamente esta experiencia lo que serviría de antídoto contra cualquier otra veleidad independentista dentro de España. Y, por ese mismo motivo, el desistimiento podría llegar a tener un sentido positivo nada desdeñable.

Un segundo escenario es el me gusta designar con el aforismo "Por la paz, un avemaría". Es el preferido por los partidos de eso que, por desidia y costumbre, designamos como constitucionalismo. También por los socios de España en la Unión Europea, asustados por el barrunto de violencia que subyace en hechos tan graves como los que han tenido ya lugar en Cataluña y los que están por venir. Se trataría de encontrar una solución negociada, con apariencia de legalidad, que diera satisfacción a los nacionalistas –y, por tanto, que aceptara la independencia catalana– a la vez que dibujara un marco de relaciones que abriera en un plazo razonable la admisión de Cataluña en la UE y las demás organizaciones internacionales, a cambio de acuerdos aceptables en materia de reparto de la deuda y de moderación del Gobierno catalán con respecto a la población españolista de la nueva república. Este escenario, aparentemente pacífico, es desde mi punto de vista el de mayor riesgo para España, pues abriría directamente la puerta de la fragmentación del país, empezando, seguramente, por las regiones mediterráneas de habla catalana y, tal vez, el País Vasco –aunque esto último es, en mi percepción, bastante dudoso, pues los nacionalistas moderados de esa región saben que sin España sus cuentas quedarán muy deterioradas, perjudicando así su hegemonía–. Esta disgregación territorial de España podría consumarse en no más de dos o tres lustros.

Y queda un tercer escenario: el de la guerra civil. Se trata de una situación de probabilidad no desdeñable –aunque seguramente baja en este momento– que podría verse potenciada si la independencia catalana se complicase con el movimiento revolucionario que propicia la extrema izquierda, desde la CUP a Colau o desde Podemos a alguna facciones socialistas. Sobre su configuración y sus consecuencias –más allá de la catástrofe que supondría– es imposible decir nada, pues el curso que pudiera llevar estaría determinado por tantos factores fortuitos que se hace inalcanzable cualquier previsión. En todo caso, sería el escenario menos deseable para todos los actores, salvo los nacionalistas y parte de la izquierda.

Esto es lo que hay. El fracaso de España como nación incapaz de configurar su modernidad sin apelar a los viejos demonios familiares, a las rencillas narcisistas que resaltan la diferenciación entre los españoles, a la polarización entre izquierdas y derechas es a lo que lleva. Y lamentablemente no podemos ser optimistas después de lo vivido estos días en Cataluña.

Los gatopardillos: la izquierda española, Cataluña y el pensamiento mágico
En las últimas décadas, las opciones de izquierda han dado un giro extraño. Y las nuevas expresiones de esas ideas se han olvidado de qué determina el poder en nuestro mundo
Esteban Hernández El Confidencial 6 Octubre 2017

La Transición fue pensada para eliminar los extremos del mapa político. El reparto establecido en el sistema electoral fue trazado con la intención de disminuir el peso que podían tener actores muy instalados y que no eran bienvenidos al nuevo mundo español. Fue el caso evidente del PCE, que con la ley D'Hont perdía mucha parte de su fuerza, pero también de la extrema derecha de Blas Piñar. Con esa distribución se dotaba de mayor fuerza a los partidos nacionalistas, lo que satisfacía los sentimientos patrióticos periféricos y al mismo tiempo generaba apoyos para asentar la democracia, ya que los partidos nacionalistas dominantes colaborarían en estabilizar el nuevo régimen.

Como resultado de este movimiento, tendieron a desaparecer de España dos clases de ideas, aquellas que hacían de lo material su centro y las que a partir de la bandera y de la religión trataban de conservar la esencia de la vieja España. Pasaron varias décadas, y la ausencia de esa izquierda ligada a lo económico se hizo muy profunda. No se trata solo, como se suele argumentar, de que los recortes en educación, sanidad y prestaciones sociales estén haciendo mayor la distancia entre los de arriba y los de abajo, sino de que el sistema cambió, paso a paso, casi por completo.

Han sido los años en los que el trabajo estable desapareció, el paro aumentó y el poder adquisitivo de los salarios descendió para una parte importante de los empleados, en los que las pymes fueron cerrando, se impusieron las externalizaciones y las deslocalizaciones y se crearon los falsos autónomos; fueron también los años de la financiarización, de la globalización y del interés prioritario de los accionistas, en los que las grandes firmas se hicieron mucho más grandes mediante fusiones y adquisiciones, en los que se fueron fraguando nuevos monopolios y oligopolios y en los que las empresas públicas se convirtieron en privadas; y en los que se decía que había que hacerse un seguro privado porque las pensiones no se iban a poder pagar. Todo ello transformó radicalmente nuestro país, así como las perspectivas vitales y esperanzas de futuro de los españoles.

La nueva izquierda
En todo ese tiempo, la izquierda estuvo allí, a veces para contemplar impotente como se producían los cambios, a menudo para acompañar esos procesos en lugar de oponerse a ellos, y a veces para decir que lo importante era hacer rizoma. Hasta que llegó una nueva izquierda, con energías renovadas y un empuje irresistible. Nos hablaban de casta, de corrupción, de puertas giratorias, de políticos robando, de gente que había usurpado los cargos públicos y los había puesto a su servicio. Creí que era el momento en que volverían a escena las condiciones materiales, el trabajo, los salarios, las opciones vitales; pero no: nos dijeron que había que poner en pie otra Constitución, recordar a Suárez, González y los GAL, invocar la República y el proceso constituyente, e insistir en que había que otorgar mayores cuotas de libertad a los territorios periféricos sometidos al centro.

Lo que hicieron, en esencia, fue establecer un nuevo tipo de posición política, que constituía también una nueva versión del eje arriba/abajo. De una parte estaba el viejo poder, el régimen del 78, corrupto, agotado, opresor y basado en la represión, sin las energías ni las ideas necesarias para llevar adelante la España del siglo XXI. De otra, la gente, que exigía un nuevo pacto social que había de constituirse votando, que quería otras bases legales para una nueva España. A eso le llamaban proceso constituyente.

El marco
En el 'procés' se ha producido una particular confluencia entre los marcos de esta izquierda española y los del soberanismo. El mecanismo era idéntico: un poder violento, represor y opresivo no dejaba expresarse a los catalanes e impedía que realizasen sus verdaderos deseos. La única forma de solventar esta brecha era votando, de manera que la voluntad popular se pudiera expresar. Una vez fijado este marco, solo cabía una solución, convocar un referéndum, y fue lo que se promovió. En ese instante, el Gobierno de Rajoy cumplió con el papel esperado por los independentistas y mandó a los policías a la calle para que todo el mundo fuera consciente de quién tenía la ley en la mano.

Con lo cual, el cuadro se completaba: el poder violento y opresivo se mostraba como tal y los soberanistas y la izquierda española podían hacer valer su punto de partida. De modo que felices todos: el PP porque contentaba a los suyos y ganaba votos en España, los independentistas porque tenían las fotos que querían y la izquierda posmoderna porque así podía señalar insistentemente con el dedo a la vieja España fascista del régimen del 78.

Economía política
En fin, había muchos problemas en España, especialmente económicos, pero todos ellos se terminaban votando. En su marco conceptual, la manera de combatir el poder opresor era mediante la expresión de la voluntad popular. Si esta tomaba un cuerpo consistente, nada podían hacer los que mandaban más que someterse a ella. Esta era la idea central, y era enormemente ingenua. Si hubieran tenido algún conocimiento de la historia, leyeran a los clásicos, supieran algo de economía política o al menos tuvieran nociones de materialismo, deberían haberse dado cuenta de que cuando desafías al poder debes tener una fuerza de resistencia al menos equivalente para poder hacerle frente. Y en nuestro caso, cuando los estados tienen un peso mucho menor, las decisiones más importantes no recaen en ellos, pensar que con quitar a Rajoy todo se arreglaba era absurdo.

El 1-O, como antes el referéndum griego, es un buen ejemplo de esto. Cataluña no puede marcharse en estas circunstancias. No tiene el apoyo internacional ni el respaldo social interno adecuado ni tampoco el dinero y el crédito que precisaría para contar con opciones reales de marcharse. Cero opciones de independencia, salvo que decidan separarse del mundo, poner en marcha en un mes un banco central y una moneda catalanes, y rezar para que alguien venga en su ayuda cuando los mercados se volviesen en contra. Y esta opción, explicada a los catalanes, no sería demasiado popular.

Regreso al diálogo
Todo esto era conocido. Por Rajoy, por los soberanistas y por la izquierda posmoderna española, y a ninguno le ha importado mucho. Y así hemos llegado hasta hoy, cuando hay que tomar una decisión de verdad. La gente ha salido a la calle, ha votado (al menos parte de ella, porque otra se quedó en casa) y ahora hay que aplicar coherentemente los resultados. Pero han pasado 48 horas desde el 1-O y la declaración unilateral de independencia (DUI) no ha llegado. Los bancos dicen que quizá trasladen sus sedes (el Sabadell se marcha a Alicante), sectores del PDeCAT y del independentismo comienzan a pensar que quizá la DUI no sea buena idea ahora, o que quizás estaría mejor hacerla en diferido, y abogados de Barcelona, algunos prelados de la Iglesia e incluso el FC Barcelona se ofrecen a mediar, se vuelve a hablar de diálogo y la cosa ya no parece tan clara.

En otras palabras, después de la intención, es el momento de la realidad. De medir el poder con el que se cuenta, de ver las opciones concretas que se tienen en la mano y de darse cuenta de que quizá no se pueda hacer mucho con ellas. Pero esto no es solo el caso de Cataluña, es sobre todo el marco de la izquierda posmoderna española, la izquierda Paulo Coelho, esa que piensa que si se desea muy fuerte por mucha gente a la vez, el universo conspirará para que todo se haga realidad. Como demuestra la Historia, las cosas no funcionan así.

Este error de nuestra izquierda del pensamiento mágico es normal. Cuando uno se desancla de lo material, se olvida de qué determina nuestro sistema y comienza a creer en que los astros se alinearán para que las cosas ocurran. Lo queremos, lo deseamos, es justo, ocurrirá.

En fin, en estas situaciones, uno se acuerda de aquella frase tan repetida de 'El gatopardo', de Lampedusa, la de que todo debe cambiar para que nada cambie. Porque en este viraje desde la Transición hasta aquí, en esta desmaterialización de la izquierda, eso es justamente lo que ha ocurrido. Han llegado los gatopardillos: han cambiado todo, pero justamente para sacar de escena todo aquello que podía hacer cambiar algo. Justo en el momento en que nuestro sistema, sin necesidad de banderas, está dando pasos adelante sin descanso, transformando el mundo del trabajo, el del consumo, el de las condiciones materiales de la mayoría de los ciudadanos y el de las opciones de futuro con que contamos. Y a eso le han opuesto el pensamiento mágico. Lo malo no es lo que están haciendo, es la desilusión política que van a dejar en nuestra sociedad.

El independentismo, hacia el fracaso
Carlos Jiménez VillarejoCronica Global 6 Octubre 2017

Hace unos días, el diario francés de izquierda Libération afirmaba: "El separatismo catalán es nacionalismo obtuso, racista y excluyente". Y, días después, el escritor Ponç Puigdevall decía: "La Generalitat elabora una maquinaria política que contiene todos los rasgos distintivos del fascismo".

Posteriormente, los 17 presidentes de los Tribunales Superiores de Justicia de España han aprobado el siguiente comunicado: "Sedes judiciales cercadas, jueces y demás servidores públicos hostigados, persecución del diferente, mandatos judiciales incumplidos, son ataques frontales al Estado de derecho". Y añaden: "El Estado de derecho cederá el terreno a la tiranía cuando las resoluciones judiciales queden convertidas en papel mojado".

Inmediatamente después, admitiendo el recurso de amparo interpuesto por el PSC, el Tribunal Constitucional ha dado un paso más en el control de la vigencia de nuestro sistema democrático y ha suspendido el pleno del Parlament convocado para el día 9 de octubre para proclamar la independencia de Cataluña. La decisión se hace por su "especial trascendencia constitucional", por la "relevante y general repercusión social y económica" del objetivo del pleno, por el "el radical quebrantamiento de la Constitución y el Estatuto de Autonomía" y porque la decisión que se pretende causaría "un perjuicio de imposible o muy difícil reparación".

No podemos ocultar nuestra satisfacción por dicha decisión para cerrar el paso, una vez más, a ese separatismo que definíamos más arriba. Pero es más, ese pretendido pleno, según el artículo 4.4 de la llamada Ley de referéndum de autodeterminación de Cataluña, debía haberse celebrado "en los dos días siguientes a la proclamación de los resultados por parte de la Sindicatura electoral". Pero dado que dicha Sindicatura fue disuelta por el Govern, lo cierto es que lo acordado en dicha norma, como casi todas las de dicha ley, se ha incumplido. Y, posteriormente, se convoca un pleno que, pese a la trascendencia de su finalidad, carece de base legal.

Cómo se atreven a seguir pretendiendo un diálogo con el Gobierno de España después de las jornadas parlamentarias de los días 6 y 7 de septiembre, que dieron cuenta del desprecio del Govern y su mayoría parlamentaria por los principios democráticos más fundamentales

Mientras, desde el 1-O, hemos visto cómo Junqueras, en su afán de hallar mediadores que facilitasen la declaración de independencia, se entrevistaba con el abad de Montserrat y el arzobispo de Barcelona, en una expresión de comprometer a la jerarquía católica en la política catalana, que, perdón, recuerda los intensos contactos en ese ámbito del dictador.

Pero cómo se atreven a seguir pretendiendo un diálogo con el Gobierno de España después de las jornadas parlamentarias de los días 6 y 7 de septiembre, que dieron cuenta del desprecio del Govern y su mayoría parlamentaria por los principios democráticos más fundamentales.

Y, además, cuando están sumidos en profundas contradicciones que solo pueden y deben conducir a la formal y definitiva renuncia al proyecto independentista. Y, así, no confundir más, si no engañar, a los ciudadanos. Sus leyes lo acreditan. En el preámbulo de la del referéndum dicen "que se han agotado todas las vías de diálogo y negociación con el Estado". Sin embargo, en el preámbulo de la ley de "transitoriedad jurídica" hacia la independencia afirman que "el Estado soberano e independiente [catalán] ...vehiculará la sucesión de manera negociada y pactada con las instituciones españolas", lo que se hace compatible con normas sobre la "inaplicación del derecho estatal vigente" (artículo 12) o con "acuerdos con el Estado español" (artículo 21). ¿Cómo es posible imaginar que el Estado español, bajo la Constitución de 1978 --incluso reformada--, gobernara quien gobernara, pactase con un hipotético Estado catalán independiente? Máxime cuando ni siquiera se ha celebrado, en las condiciones legales establecidas, un referéndum ajustado a los presupuestos constitucionales. Ciertamente, viven en una grave confusión entre la realidad y la ficción.

Esta política y estos políticos independentistas debería abandonar sus puestos con urgencia. Porque, además, el Govern en pleno está bajo la jurisdicción penal por lo delitos que, presuntamente, han cometido.

Secesionismo: juego de palabras
Juan Francisco Martín Seco Republica 6 Octubre 2017

Son muchos los artículos que se han escrito sobre las mentiras manejadas y lanzadas tanto por Puigdemont como por los soberanistas. En unos se relatan las falacias que han construido acerca de la historia de Cataluña, en otros se denuncian las falsedades creadas sobre el supuesto expolio al que España somete a la sociedad catalana. Existen también los que intentan desenmascarar el mundo idílico que los nacionalistas pintan sobre la futura república independiente. Hay asimismo los que critican los sofismas que acompañan a ese discurso con el que pretenden fundamentar ética y jurídicamente sus posiciones, etc.

No pretendo repetir nada de todo esto. Persigo quizás algo aparentemente más simple. Intento fijarme en algunas identificaciones espurias, que son evidentemente tramposas, pero que sin embargo el independentismo usa con frecuencia y, lo que es peor, el resto asumimos de forma inconsciente, aun cuando sabemos que son falsas, que no son inocentes y que tienen consecuencias negativas.

1) Se identifica Cataluña con el nacionalismo.
Según los independentistas, sus propuestas y exigencias son los requerimientos de toda Cataluña. En sus manifestaciones se consideran los únicos representantes de los catalanes, olvidando que tanto en el Parlamento nacional como en el autonómico, existen otros muchos diputados que también representan a la sociedad catalana. Es frecuente escuchar frases como esta: “Es el clamor de un pueblo”, “Una nación que quiere votar”, “Se ignora la fuerza y la decisión de todo un país”. En el discurso independentista está generalizada la suposición de que los que no son soberanistas no son catalanes o, al menos, no buenos catalanes. En algunos casos, la desfachatez ha conducido a defenderlo explícitamente, como en el caso de la señora Forcadell cuando tildaba de no catalanes a los que votaban al PP o a Ciudadanos, y en el del señor Turull, portavoz y consejero de la Presidencia de la Generalitat, que negó el apelativo de ciudadanos para conceder el de súbditos a los que no fueran a votar el 1 de octubre.

Es de sobra conocido que tal identificación es un fraude. Según las encuestas elaboradas por las propias instituciones de la Generalitat, en la actualidad los partidarios de la independencia no llegan a la mitad, no pasan del 41% y eso que, según se afirma, nos encontramos en un momento de auge del soberanismo. Lo sabemos pero, a pesar de ello y al margen de porcentajes, caemos en la trampa del lenguaje. Es frecuente que en los titulares de los periódicos, en las tertulias o en los comentarios políticos, sin darnos cuenta, de forma inconsciente, aceptemos tal identificación, y así predicamos de Cataluña lo que solo es propio del movimiento secesionista; en consecuencia, hacemos el juego a los independentistas.

2) Hay un enfrentamiento entre Cataluña y España.
Es en buena medida efecto de la falacia anterior. Los independentistas, puesto que piensan que ellos son Cataluña, presentan el conflicto como un enfrentamiento entre Cataluña y España. Pero en realidad antes que nada la fractura social se produce entre catalanes: el secesionismo está dividiendo a la sociedad y a las familias y creando un clima tan asfixiante como el que los vascos padecieron durante mucho tiempo. La contienda con el resto de España constituye tan solo una segunda derivada. Pero dada la hegemonía que tiene el discurso independentista en Cataluña y el silencio que quizás por miedo guarda la mitad que no desea la independencia, es comprensible que surja fuera de Cataluña ese sentimiento de desafección que tanto utilizan pero en sentido inverso los independentistas. El desprecio de estos hacia el resto de españoles es difícil que no se traduzca en un sentimiento reciproco hacia ellos y que, por una extensión indebida, se dirija a todos los catalanes

3) El independentismo es transversal.
Los secesionistas están obligados a retirar de su imagen cualquier atisbo o apariencia de racismo y de xenofobia, tan difícil por otra parte de borrar de la faz de todo movimiento nacionalista. De ahí que se esfuercen en mostrar que dentro de sus filas hay emigrantes y que bajo su bandera caben todos los que viven en Cataluña. Para lograr este objetivo se han servido de una debilidad muy humana, el ansia de integración de aquellos que del resto de España han emigrado a Cataluña y que se sienten desarraigados. Con mucha frecuencia, al ser discriminados o tratados socialmente como inferiores vieron la solución a sus problemas en el intento de hacerse pasar por los independentistas más entusiastas. Es un fenómeno curioso, pero no tan infrecuente. Algo similar está ocurriendo últimamente con los emigrantes extranjeros. Los partidos secesionistas tienen, por tanto, material suficiente para el escaparate y para cubrir el expediente y las apariencias. Cataluña, no se cansan de decir, es una sociedad abierta.

La realidad es, sin embargo, muy distinta, el independentismo es mucho menos transversal de lo que nos quieren hacer creer. El otro día el diario El País publicó, con datos del Centre d’Estudis d’Opinió (CEO) de la Generalitat, un reportaje que muestra la dispersión del independentismo en la sociedad catalana y cómo existe una relación entre el nivel de ingresos, el enraizamiento familiar en Cataluña (generación de origen catalán) y la adhesión al independentismo. A más apellidos catalanes, más ingresos mensuales y mayor tendencia al secesionismo.

Lo que indican los datos es que los que ansían masivamente la independencia son los catalanes, nietos de catalanes y de ingresos económicos elevados; por el contrario, el rechazo a la secesión está generalizado en el grupo de los nacidos (ellos o sus padres) fuera de Cataluña y de bajos ingresos. Entre aquellos que son naturales de otras Comunidades Autónomas solo el 12% se manifiestan favorables a la independencia, y este porcentaje se eleva al 29% en el grupo de aquellos que aunque hayan nacido en Cataluña sus padres son de fuera. Por el contrario, en el conjunto de los que tienen ocho apellidos catalanes(los abuelos han nacido en Cataluña) el 75% son independentistas.

Algo parecido ocurre en lo relativo al nivel económico. Solo en el grupo de los que contestan que “viven cómodamente” la proporción de los que están a favor de la independencia sobrepasa el 50%. El porcentaje va disminuyendo progresivamente según se van recorriendo los grupos con situaciones económicas más débiles: “Nos llega para vivir”, “Tenemos dificultades”, hasta el último “Tenemos muchas dificultades”, cuyo porcentaje de independentistas es del 29%.

La distribución con respecto a la situación laboral tiene menos relevancia: tan solo hay un detalle tal vez interesante y es que el colectivo con mayor aceptación de la independencia (49%) es el de los empleados públicos, lo que puede ser significativo de algo que siempre se ha sospechado: la forma poco objetiva en la que se han reclutado los funcionarios de la Generalitat en la época de Pujol, centrando el proceso de selección mucho más en las predilecciones políticas que en los criterios de mérito y capacidad que estipula la Constitución.

4) Cataluña se identifica con la Generalitat.
Desde luego, los dirigentes y portavoces de la Generalitat cuando hablan identifican esta institución con Cataluña. Pero no son solo ellos. Con mucha frecuencia, en los periódicos, en las tertulias y en los mismos discursos políticos se comete ese quid pro quo. Así, se escucha afirmar a menudo que Cataluña está quebrada, cuando en realidad lo que se quiere afirmar es que la Generalitat es insolvente. Se dice también a menudo que el Estado ha prestado tanto o cuanto a Cataluña, cuando el préstamo se ha dirigido a la Generalitat.

La Generalitat es tan solo la administración autonómica de los catalanes, una de las tres que todo ciudadano posee, siendo la municipal y la estatal las otras dos. Y conviene que desde el primer momento pongamos en claro que en las tres administraciones, si son democráticas, se da el autogobierno (no es exclusivo de la Generalitat). Todo gobierno democrático es autónomo como antítesis de heterónomo (gobierno por otros). No sería extraño que en ocasiones los ciudadanos se sintiesen más implicados y considerasen más propio el gobierno central que el gobierno de su comunidad que puede actuar de forma despótica y por lo tanto heterónoma.

El nacionalismo usa la artimaña de presentar a la Generalitat como el único gobierno de Cataluña, y al Gobierno central como extranjero, aunque lo cierto es que la situación puede ser más bien la contraria que la Generalitat en manos de los independentistas gobierne exclusivamente para la mitad de la población y sea la administración central el gobierno “autónomo” (democrático) de todos los catalanes. Algo parecido puede suceder con las fuerzas de seguridad, que los mossos sean una policía partidista, política, al servicio exclusivamente de una parte de la población, y la Policía nacional y la Guardia civil, lejos de ser una fuerza extranjera, estén al servicio y defiendan los derechos de toda la sociedad catalana. No siempre la cesión de competencias significa incremento de democracia y, por lo tanto, de autogobierno.

Es evidente que los independentistas actúan ya como si la administración estatal no existiese en Cataluña y por ello tienden a hablar del presidente del gobierno de la Generalitat como del presidente del gobierno de Cataluña. Y esa es también la razón que se encuentra detrás de todos los malos entendidos que se lanzan sobre las relaciones de las finanzas del Estado en relación a Cataluña. Son los catalanes y no la Generalitat quienes pagan impuestos al Estado y este el que transfiere recursos no solo a la Generalitat sino también directamente a los ciudadanos, bien mediante prestaciones, bien mediante servicios. En consecuencia, carece de todo sentido cifrar el déficit o superávit por la diferencia entre lo que contribuyen los catalanes y lo que recibe la Generalitat, ya que Cataluña no es la Generalitat y recibe directamente recursos del Estado. Por poner algún ejemplo, Cataluña se encuentra a la cabeza de todas las otras Autonomías en el monto de inversión (casi 8.000 millones de euros) recibido del Ministerio de Fomento en el periodo 2006-2015.

Lo anterior no debe ocultar el hecho de que la política fiscal del Estado (a través del gasto y del ingreso) tiene una función redistributiva que se concreta en primera instancia en el reparto personal de la renta, pero como consecuencia de ello también en el reparto territorial. De forma automática, por este mecanismo se establece una transferencia de recursos de las regiones ricas a las más desfavorecidas. Cataluña, al igual que Madrid, posee una renta per cápita muy superior a la media, luego es justo que se convierta en contribuyente neto. No se trata de solidaridad, sino de la equidad que se deriva de la Hacienda Pública de un Estado social.

Es por ello por lo que no tiene ninguna lógica el llamado principio de ordinalidad, que consiste en garantizar que en las aportaciones del Estado a las correspondientes Comunidades Autónomas se mantendrá el mismo orden que el que se da en las recaudaciones fiscales de esas regiones. Y no tiene lógica alguna porque contradice la esencia de una política redistributiva. Es como si dijésemos que los ciudadanos que contribuyen más al fisco tuvieran que recibir mayores prestaciones y mejores servicios del Estado; cuando normalmente sucede al revés, aquellos contribuyentes con más rentas pagan más impuestos (los tributos son progresivos) y reciben menores prestaciones, ya que la mayoría de los gastos públicos se orientan, o deberían al menos orientarse, principalmente a las clases bajas. Pero es que, además, de nuevo se comete una identificación falsa entre la administración autonómica y la sociedad de la región correspondiente.

Cataluña es de las regiones más ricas de España, la Generalitat, a pesar de ello, se encuentra con graves dificultades económicas, mayores que las de otras muchas Comunidades; pero, por más que los independentistas pretendan lo contrario, la razón principal no se encuentra en un deficiente sistema de financiación (todos se han diseñado con su aquiescencia), sino en la deficiente gestión presupuestaria y financiera de la propia Generalitat. Aunque parezca anecdótico, por si fuese bajo el sueldo del presidente del Gobierno de la Generalitat, Puigdemont lo ha elevado en 8.600 euros, con lo que sus emolumentos anuales se eleva a 145.000 €, casi el doble que los del presidente del Gobierno, por encima del sueldo de muchos mandatarios europeos y por supuesto que el de los presidentes de las restantes Comunidades Autónomas. No es difícil suponer que ese nivel de sueldos se traslada por toda la pirámide, partiendo del sueldo de todos los consejeros hasta los mozos de escuadra cuya retribución es un 30% superior a la de los guardias civiles. Los ejemplos que se podrían añadir serían innumerables, pero baste señalar uno más: los numerosos recursos dedicados a propagar por todos los medios, cuesten lo que cuesten, la independencia. No es de extrañar que falte después dinero para servicios que sí prestan las otras Comunidades.

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La banca refuta el delirio de los separatistas
EDITORIA El Mundo 6 Octubre 2017

La dolorosa decisión para Banco Sabadell de trasladar su sede social a Alicante prueba hasta qué punto la irresponsabilidad de Puigdemont y sus socios antisistema ha colocado a Cataluña al borde del abismo, al tiempo que desmonta su argumento posverdadero de que una Cataluña independiente podría permanecer en la UE. Acosado por los inversores en los mercados y preocupado por las incipientes retiradas de depósitos, la entidad que preside Josep Oliú reunió ayer a su Consejo de Administración para sacar su sede fiscal de Cataluña. La decisión no era fácil para un banco que nació en 1881 en Sabadell, pero es sensata y responsable. CaixaBank, el otro gigante financiero catalán, seguirá sus pasos: ayer su Ejecutiva tomó la decisión de trasladarse a Baleares. Y la aseguradora Catalana Occidente hará lo propio, según ha anunciado. Consciente de la situación, el Gobierno prepara un decreto que facilite la salida exprés de empresas y bancos, aterrados ante la perspectiva de quedar fuera del paraguas jurídico del BCE.

El procés está poniendo en jaque la recuperación económica que con tanto esfuerzo hemos conseguido todos los españoles. El Tesoro Público acudió ayer a los mercados para financiarse en una de sus habituales subastas y el precio que tuvo que pagar duplicó al de la última emisión. La inseguridad jurídica que proyecta el separatismo es veneno para la inversión. De todos los sectores de la economía, el financiero es el más sensible a los ataques al Estado de derecho, y sucede que el caos político se ha instalado en Cataluña. Esto explica que Sabadell haya sido la primera gran entidad catalana que se ve obligada a trasladar su domicilio social, aunque mantendrá sus servicios centrales en Barcelona.

La decisión de estas entidades desmonta la gran mentira, la patraña fundacional sobre la que se asienta el proyecto golpista: la utopía europea en la que se convertiría una Cataluña independiente. Pero se está constatando que la prometida declaración unilateral de independencia espanta a empresas y bancos. La biotecnológica Oryzon se disparó más de un 13% en Bolsa tras anunciar que trasladaba su sede de Barcelona a Madrid. Y el Sabadell se va porque sabe que una Cataluña independiente saldría de la Unión. Para un banco, eso se traduciría en la imposibilidad de acudir a la ventanilla del BCE para financiarse y hacer frente a su actividad diaria, lo que significa la quiebra.

Cataluña lleva años sumida en el bono basura, lo que en la práctica supone que no puede acceder a los mercados. En esta precaria situación financiera tampoco podría garantizar los ahorros de los depositantes de las entidades con sede fiscal en su territorio en caso de una independencia. En ese hipotético (pero cada vez más real) escenario, al trasladar su sede a otra región española, las entidades garantizan que sus clientes están cubiertos (hasta 100.000 euros) por el Fondo de Garantía de Depósitos español, que en el futuro será de la Eurozona.

El Gobierno, a través del ministro Luis de Guindos, ha actuado con responsabilidad al llamar a la calma y afirmar que todos los clientes y accionistas de bancos catalanes pueden estar tranquilos aunque la sede permanezca en Cataluña. Pero la tensión ha llegado a un punto que el mercado no puede ocultar. El nerviosismo precipita las decisiones. Los años de crisis nos enseñaron que la estabilidad financiera es frágil. Ante un órdago como el separatista, las entidades se ven obligadas a velar por clientes, accionistas y empleados. "Cuando los números cuadran, la política lo estropea todo", dijo una vez Cristóbal Montoro. La mala política.

Situaciones excepcionales, medidas excepcionales
OKDIARIO 6 Octubre 2017

El Estado debe permanecer alerta para actuar contra la falta de garantías democráticas que carcome Cataluña. Hasta el momento, el Gobierno ha tratado de actuar con templanza. No obstante, el contexto político, social y económico ha llegado a una situación límite. Tanto que hasta Felipe VI ha tenido que ofrecer un mensaje a la nación para marcar el camino a seguir por todas las instituciones. Carles Puigdemont y sus cómplices no cejan en su empeño secesionista, dispuestos a llevar a los catalanes hasta el precipicio con tal de no dar su brazo a torcer. El Tribunal Constitucional ha tenido que intervenir para suspender el pleno del Parlament del próximo lunes donde los sediciosos pretendían declarar la independencia. Es normal, por tanto, que ante esta grave situación el Ejército tome posiciones en las provincias limítrofes con Cataluña por si se aplicara el artículo 155 de la Constitución. Situaciones excepcionales exigen medidas excepcionales y ésta es la más grave que vive España desde el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981.

La maniobra militar podría llevar a 30.000 efectivos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado hasta Cataluña para hacerse cargo de la situación de inseguridad y violencia extrema que se ha apoderado de la región. La Fragata Navarra también viaja a Barcelona. En principio, para acudir al Salón Náutico, pero en realidad viajan con disposición plena de tropa. La kale borroka de nuevo cuño que los cachorros de la CUP están desarrollando necesita una respuesta contundente y sus líderes políticos no están dispuestos a asumir ningún tipo de responsabilidad o situación congruente. Los catalanes no pueden vivir con miedo de salir a la calle porque una minoría quiera implantar una república ilegal con maneras autoritarias. Lo mejor para todos sería que Puigdemont entrara en razón y abandonara su delirio. No obstante, y por si persiste en su viaje a ninguna parte, el Estado tiene que tener todos los escenarios posibles preparados para que se cumpla la ley o, lo que es lo mismo, para que impere la paz.

El 155 a la carta
Mientras Puigdemont corre para huir de Andorra y los borrokas de los CDR incendian las calles, Rajoy debe mover ficha
Mayte Alcaraz ABC 6 Octubre 2017

Mariano Rajoy sabe qué pero no sabe cómo ni con quién. Sabe que el reloj, tic tac, avanza mientras los papeles de los enemigos de España están bien repartidos. El pseudoinstitucional sigue a cargo de Carles Puigdemont, que el miércoles volvió a demostrar su particular habilidad por el bricolaje delictivo: manual para cometer un delito de sedición y de rebelión televisado sin que las autoridades judiciales hayan tomado medidas cautelares para evitar que se meriende todo el Código Penal. El borroka, en manos de los CDR (Comités de Defensa de la República) que, al modo de la dictadura cubana, la CUP ha organizado para que muevan el árbol independentista en los barrios. Y el ideológico, en manos del recolector de nueces Oriol Junqueras, que igual se reúne por la mañana con la curia catalana que por la tarde llama a la huelga general. Es verdad que Puigdemont y Junqueras saben que los objetivos comunes de hoy no impedirían que si el golpe triunfara la CUP tardaría medio segundo en arrojar sus cabezas a la guillotina tras la de Rajoy. Pero ahora están a lo que están: hay que correr antes de que Andorra decrete el final del secreto bancario el año próximo y envíe la información fiscal de los líderes del "procés" a cada país miembro de la UE. Entre otros, a España, off course.

Es evidente, pues, que el miedo y el mal vertebra como nadie a los malos. Por eso a Robert de Niro en su personaje de Noodles en la inolvidable "Érase una vez en América" le es tan fácil concertarse con otros tres aprendices de gánster en la Manhattan de primeros del siglo pasado y, a su vez, todos conectan sin dificultad con los sindicatos de malhechores de Nueva York. Pero otra cosa es articular el bien. Y eso que solo hay media docena de cosas que defender a muerte en una democracia: una de ellas es el Estado de Derecho. Pues bien, henos aquí que más de veinticuatro horas después de que la primera magistratura reclamase asegurar el orden constitucional, el presidente sigue aguardando el apoyo explícito del PSOE cuyo líder, Pedro Sánchez, solo se siente comprometido con dos pactos: el que suscribe cada mañana con su ego ante el espejo y el que firmó con Miquel Iceta para que este le apoyara en el último Congreso a cambio de que Ferraz fuera correa de transmisión del PSC.

Pero el presidente es Rajoy. Con o sin Sánchez tiene que actuar. Ya le han dicho los que saben que la inconcreción del artículo 155 permite aplicarlo a la carta y gradualmente: desde la asunción de los Mossos, hasta la disolución del Parlament, el nombramiento de una figura de consenso para dirigir la Generalitat, la custodia de la legalidad restituida por los cuerpos del Estado y el Ejército, y el adelanto electoral. Es verdad que disolver una estructura autonómica es complejo. Pero no más que asistir a la ruptura propagandística, que no de iure, de una nación con más de 500 años de historia. Responder con sentido de la proporción es ya aplicar el artículo 155. Los constituyentes lo redactaron para eso.

Y llegó cuando se fueron
NICOLÁS REDONDO TERREROS El Mundo 6 Octubre 2017

Siempre nos referimos al populacho, a las turbas, a la gente cuando hablamos del enloquecido levantamiento de los independentistas catalanes, pero hacemos poco hincapié en las minorías dominantes en Cataluña. Sin embargo, éstas han tenido un protagonismo incalificable durante todo el siglo XX que prolongan durante estos primeros años del siglo XXI. Sin la capacidad de liderazgo que se espera de las minorías, presos de un desdén por el resto de España basado en unas condiciones privilegiadas que "Madrid" siempre permitió e impulsó, han jugado a aprendices de brujo. Lo hicieron a principios del siglo XX, lo hicieron con la dictadura de Primo de Rivera y lo volvieron a hacer al principio, en la mitad y al final de la Segunda República. Y siempre ha terminado de la misma forma: pidiendo a "Madrid" que les resolviera el problema creado por un complejo de superioridad que no ha tenido ni tiene ninguna justificación. Ahora pedirán que España condescienda, que pacte, que haga lo que puede y debe hacer pero también lo que nunca debería para solucionar el problema que ellos han ayudado a crear. Las minorías catalanas han visto ahora en el debilitamiento institucional de España y en las dramáticas consecuencias sociales de la crisis económica, la oportunidad de plantear un escenario más ventajoso para su economía, la catalana, presa de su propia endogamia administrativa. Sacaron al tigre de la jaula o, por lo menos, lo permitieron con su sonrisa cómplice y calculadora, con su silencio egoísta -cuántos pensaron como siempre, ¡de esta algo sacamos!-.

Ahora querrán que lo devolvamos y además trasladarnos una sensación de culpa que sólo los ignorantes pueden tener. Tal vez ni siquiera nos lo pidan, cegados por la incandescencia de la masa en movimiento, despreciando sus propios intereses y lo que es más grave renunciando a cualquier tono moral que les permita interpretar correctamente un futuro próximo en el que ellos pagarán con su dignidad la cobardía de hoy.

Las invidentes, egoístas e incapacitadas minorías catalanas han vuelto a poner en jaque a la democracia española. Lo han hecho dejando la iniciativa a la calle y a una izquierda antisistema encantada de hacerse cargo del solar de estos trasnochados, pueblerinos y nostálgicos sin causa. Sí, aprovechando la cesión irresponsable de la élite catalana, los antisistema, los impugnadores profesionales de todo, los que ven la Transición como una ofensa, han visto la gran oportunidad de tumbar el sistema del 78. No se trata, para muchos de ellos, de la independencia, se trata de conseguir volver a empezar deshaciendo todo lo que hemos venido haciendo desde hace cuarenta años. Pablo Iglesias Jr. dijo que los responsables institucionales de la Generalitat retenidos para declarar eran presos políticos, que la ¿represión? del Gobierno era franquista, pero hace unos años para el mismo Pablo Iglesias los presos de ETA eran presos políticos y su encarcelamiento era el resultado de la acción de un gobierno no democrático; por eso formaba parte de la malla social que tenían los presos y sus abogados. Iglesias utilizó a ETA contra el sistema y una vez derrotada ha visto otra oportunidad en el órdago independentista.

Decimos, sorprendiéndonos, que parte de la izquierda social en Europa ha votado a la extrema derecha. Aquí no ha pasado esto, pero que se han unido todas las ideologías extremas con sus respectivas siglas lo estamos viendo en Cataluña. No lo reconocerán, pero la unión de Podemos, nacionalistas y antisistemas ha sido bendecida con entusiasmo por la extrema derecha británica, los impulsores del Brexit, por Nigel Farage.

¿Y cómo estamos respondiendo nosotros? Los países que han configurado la historia de Occidente han tenido grandes enemigos que les han combatido en el campo de batalla y también con una propaganda en la que exageraban los aspectos negativos de sus contrincantes. España, como todas esas grandes naciones, tuvo la gran y recurrente leyenda negra. Tal vez la intensidad de la propaganda contra el Reino de España fue más poderosa y contumaz que las sufridas por otros grandes países, pero el hecho diferencial español no fue la intensidad de la campaña, sino su repercusión en la autoestima de los españoles. Esa débil autoestima sigue haciéndonos pensar que las soluciones a nuestros problemas internos serán mejores y más incontestables si vienen de fuera -España es el problema y la UE la solución- y, en la misma proporción, cualquier crítica foránea hace tambalear nuestras convicciones. Pocos líderes en nuestra historia han sido capaces de sustraerse a la tensión: o estamos a favor de la leyenda negra y no reconocemos nuestro pasado o la rechazamos encerrándonos con El Cid en su sepulcro. El punto definido por la aceptación de nuestra historia y una visión crítica de la misma ha agrupado a escasos y valientes españoles. El 1-O las fuerzas de seguridad, traicionadas por los Mossos de la Generalitat y sin planes claros de unos jefes políticos dominados por la improvisación, tuvieron que intervenir para que la ley democrática prevaleciera. Unos cuantos titulares de prensa internacional han hecho posible que los independentistas monten su campaña, plagada de mentiras, y algunos de los defensores de la Constitución se tambalean en unas convicciones poco sólidas. Sin embargo, los guardias civiles y los policías nacionales, recordando su pasado de lucha contra ETA, y el jefe del Estado han sobresalido en un nuevo episodio negro de nuestra historia, atiborrado por las mentiras de una parte y la mediocridad de la otra.

En cuanto a los protagonistas nacionales, el partido al que pertenezco me roba rápidamente las alegrías que me da. He visto crecer, consolidarse a Pedro Sánchez huyendo del "no es no" hacia el consenso de Estado con el Gobierno de la nación en estos difíciles momentos, pero temo que con urgencia inusitada pueda volverse a instalar en un buenismo inoperante y desconcertante para la mayoría. Lo que ganamos durante meses con arduo esfuerzo lo perdemos vertiginosamente por no ser capaces de comprometernos claramente en la defensa de la democracia del 78. ¡Qué le voy a hacer si con mi partido tengo más días de ayuno que de abundancia! Por otro lado el presidente parece buscar un consenso con más intención de no estar sólo en estas difíciles circunstancias que de sentirse apoyado en una estrategia clara, definida y de la que él es el único responsable. Él, Rajoy, es el presidente, a él le exigimos que gobierne, si es posible con acuerdos, y si no lo fuera, solo, como corresponde.

En el año 1596 los ingleses saquearon Cádiz. Cervantes, pesimista y eligiendo la mofa para expresar su disgusto por los derroteros que adivinaba, afirmaba en una poesía en la que la burla y el pesimismo se entrelazan con soberbia exquisitez: «Bramó el Becerro y púsoles en sarta, / tronó la tierra, escureciose el cielo, / amenazando una total ruina; / y, al cabo, en Cádiz, con mesura harta, ido ya el conde, sin ningún recelo, triunfando entró el gran duque de Medina». Es decir, el duque español, emperifollado y vano, llegó cuando los ingleses se habían ido. Eso puede pasarle al Gobierno, que llegue tarde, que entre dudas y búsquedas de apoyo, llegue irremediablemente tarde.

Nicolás Redondo Terreros es miembro del Consejo Editorial de EL MUNDO.

Que le corten la cabeza
Cristian Campos El Espanol 6 Octubre 2017

Voy a explicarles Cataluña. Cataluña ha sido históricamente un ente bicéfalo. La primera cabeza es burguesa, conservadora, elitista y aproximadamente liberal. La segunda es obrera, revolucionaria, ácrata y populista. La primera nunca ha querido la ruptura con España, aunque sí una amplia autonomía. La segunda ha sido abiertamente secesionista. Toda la prosperidad económica, social y cultural catalana de los últimos cien años ha sido obra de la primera cabeza. Todos los asesinatos, la agitación, la ruina y los periodos de miseria, de la segunda. Esta simplificación tiene muchos matices, pero como regla general pueden grabarla en mármol.

Ambas cabezas se han alternado en el poder en Cataluña. La primera, con la Lliga Regionalista de Cambó a la cabeza, llegó a apoyar la dictadura de Primo de Rivera en 1923 porque lo vio como el remedio para acabar con los movimientos radicales de izquierda que amenazaban la estabilidad de España. También supo conllevar la dictadura de Franco y en no pocos casos incluso beneficiarse de ella. La segunda nos llevó a una guerra civil y va camino de conducirnos hasta otra con la complicidad de su sosias español, Pablo Iglesias.

Entiendo el resentimiento por los Pujol, Mas y Puigdemont, pero el verdadero cáncer catalán ha sido siempre su izquierda, la de ERC, la CUP y En Comú Podem. Pujol, Mas y Puigdemont serán, como decía Roosevelt, unos hijos de puta. Pero son nuestros hijos de puta. Los otros van por libre.

El independentismo de Junqueras es sincero, lo cual le honra en cierta manera. El de Anna Gabriel y David Fernàndez, sin embargo, es sólo un medio para llegar a un fin: la revuelta obrera y la conversión de Cataluña en una república bolivariana. Colau no es independentista pero sí una resentida social. Su único objetivo es el exterminio de la burguesía por la vía de su asfixia financiera, y de ahí su odio al turismo. Colau sabe que la clase media catalana vive en estos momentos de él y nada desearía más que su desaparición de las calles de Barcelona. El siguiente paso será la usurpación de propiedades.

El meollo de la actual crisis catalana, más allá de agravios coyunturales como el cepillado del Estatut o el incumplimiento de las promesas de inversión en Cataluña, es la alianza antinatural de la primera cabeza, la burguesa, con la segunda, la populista. Y muy especialmente con la CUP, un partido filosóficamente rural, proteccionista, antisemita y cercano a las tesis batasunas, y que difícilmente podría estar más alejado de los intereses económicos, sociales, ideológicos y culturales de la burguesía urbana catalana.

[Si los patrones y encarregats catalanes de principios del siglo XX vieran en qué manos se ha dejado el timón del proceso independentista abogarían por la llegada de una dictadura en España que diezmara a las izquierdas, no les quepa ninguna duda.]

Ese nacionalismo radicalizado ha arrasado social, política y económicamente Cataluña durante los últimos seis años. También le ha cedido la responsabilidad sobre las vidas y las haciendas de siete millones y medio de catalanes e, indirectamente, de las de los treinta y nueve millones de españoles restantes a la CUP. En un momento, además, crítico en Europa por el auge de las ideologías populistas, la desaparición de las viejas clases medias, la presión inmigratoria y el fin del trabajo tal y como lo conocíamos en el siglo XX. La irresponsabilidad ha sido no sólo delictiva sino también inmoral.

Hace veinticuatro horas que se oyen rumores acerca de una renuncia a la declaración unilateral de independencia y una ruptura del PDeCAT y de ERC con la CUP. Es la mejor noticia de la última semana. Sólo la decapitación de esa segunda cabeza catalana y su arrinconamiento en el basurero de la historia puede salvar en estos momentos a Cataluña. Es imprescindible que el Gobierno español tolere y coopere discretamente con el desescombro porque es la mejor garantía de que lo ocurrido durante los últimos años no vuelva a pasar jamás aquí. Lo aprendido durante el proceso, además, le será muy útil cuando llegue el turno de hacer lo mismo con Podemos.

María Antonieta en Cataluña
RAFA LATORRE El Mundo 6 Octubre 2017

El otro día, cuando vi a encorbatados trabajadores de La Caixa coreando lemas de las Cup por la Diagonal de Barcelona, pensé en lo peligroso que resulta perseguir tus sueños. Sobre todo cuando lo que los produce es el sopor de décadas de prosperidad. Por culpa de una cita mal atribuida por Stefan Zweig, María Antonieta ha quedado para la historia como el ejemplo de la ingenuidad suicida. Ya se puede dar por superada.

Según los datos del centro de estudios de opinión de la Generalitat, solo un 32% de los mileuristas catalanes quieren la independencia y el anhelo se dispara por encima del 50% a partir de los 1.800 euros mensuales de renta. Las mariantonietas del procés llevan años a la cabeza de la revolución, en dulce compadreo con los sans culottes que habrán de guillotinarlas.

En Cataluña, qué paradoja, la incomodidad es patrimonio de los acomodados, que están mostrando un entusiasmo davidiano por la autodestrucción. Quizás ahora que el rancho ha empezado a arder haya quien se vaya percatando de lo terribles que son algunas conquistas. De esto ya hemos hablado mucho en estos cinco años delirantes. A mí lo que ahora me fascina es otra tendencia igualmente suicida: la desidia de los lúcidos. Personas inteligentes y bienintencionadas que sí saben lo que se juegan, nada menos que ser extranjeros en su propio país, y que están paralizados por una cuestión estética. Por pura coquetería, vamos.

Sociedad Civil Catalana ha convocado una manifestación crucial en Barcelona para este domingo con un lema tan poco arriesgado como ¡Basta! Recuperemos la sensatez. Ya tiene que ser sectaria la política española como para que la única reclamación unitaria posible sea la sensatez. Pues hay a quien aún le provoca remilgos. Hablamos de estetas que braman, con razón, por la pachorra mariana y a los que ni siquiera la amenaza de una inminente extranjería consigue sacudirles un absurdo pudor ideológico. Puramente preventivo, encima.

Puede que este amaneramiento burgués, tan hijo de la prosperidad como los sueños revolucionarios de las mariantonietas catalanas, sea lo que nos ha conducido hasta aquí. Lo que ha permitido que el discurso reaccionario del nacionalismo haya conquistado palmo a palmo el espacio público en Cataluña hasta hacerse con el monopolio. ¿Cómo es posible si no que España sea el único país del mundo donde la exclusión es considerada progresista? Esa manifestación viene a impugnar ni más ni menos que eso: la hegemonía de los reaccionarios.

Cataluña, víctima de «enajenacionalismo»
roberto l. blanco valdés La voz 6 Octubre 2017

Si nadie se lo impide, Puigdemont proclamará el lunes una república catalana independiente. Así, tan pancho. Con la calma con la que un incendiario provoca un desastre apocalíptico, el pirómano que preside la Generalitat piensa arrasar de un plumazo antidemocrático, delictivo y reaccionario cientos de años de historia y convivencia entre Cataluña y el resto del país.

Y todo a partir de un discurso separatista situado «a mil leguas de un movimiento democrático, culturalmente abierto y europeo» que repite «como un mantra todos los clichés del nacionalismo más obtuso, teñido de racismo, desprecio de clase y supremacismo cultural». Los entrecomillados son del diario de izquierdas francés Liberation (L’avenir de l’Europe se joue [à nouveau] en Catalogne), al que también los separatistas tacharán ahora de fascista, igual que a todo el que osa llevarles la contraria.

¿Cómo explicar que tanta gente haya llegado a creer que nuestra democracia permitiría una locura -esa declaración unilateral de independencia- que no toleraría ningún Estado del planeta? Cabe entender, a duras penas, que el dislate haya calado en sectores de una juventud manipulada desde hace mucho por el nacionalismo en escuelas e institutos. E incluso que haga mella entre quienes carecen de la más elemental información para distinguir lo posible y lo imposible.

Pero que cientos de miles de catalanes hechos y derechos estén hoy persuadidos de que, declarada por Puigdemont la independencia, el Estado no reaccionará para impedirlo con todos los medios que la Constitución y las leyes ponen a su alcance solo puede ser fruto de esa enajenación mental con la que el nacionalismo ha nublado el juicio político a personas que, en otras esferas, se comportan con toda sensatez.

1-O: Catálogo de bulos y demás canalladas
Jimmy Giménez-Arnau okdiario 6 Octubre 2017

No recuerdo sí la mejor definición de odio que conozco pertenece a San Agustín, o a alguien que tuviese el mismo talento que él: “Odio es beber veneno y esperar a que muera tu peor enemigo”. Sea quien fuese el autor de la frase, tal descripción del odio retrata al psicópata de Puigdemont y a cuantos perturbados le arropan para proclamar la independencia de Cataluña. La consigna de tales insurrectos, agitada como burbujas de “Vichy Catalán”, obliga a odiar a España y a los españoles por encima de cualquier deber. No es otro su itinerario, ni su demente afán demoledor.

Informamos, no opinamos. Vamos con los bulos de quienes se tildan de pacifistas. La Generalidad habla de 893 heridos pero ninguno de ellos permanece en un hospital a pesar de la barbarie desplegada por la Guardia Civil y la Policía Nacional. Ada Colau acusa a la tropa de cometer agresiones sexuales y ya tiene una linda querella criminal por inventarse delitos inexistentes. TV3 no emite videos del masivo acoso a periodistas, policías, guardias… escupitajos y pedradas incluidos, ni saca tomas de los ayuntamientos catalanes que arrancan y queman la bandera de España entre sediciosos vítores histéricos.

Esa filfa humana que juró tener cuatro dedos rotos ahora dice que apenas en uno tiene una capsulitis. Los independentistas nacieron para mentir. Otro buitre sale con la cabeza ensangrentada y resulta que la herida se la hicieron los propios Mossos en 2014. Los canallas son así. Les da igual votar 2, 3, 4 ó 5 veces en un putrefacto referéndum con tal de soñar, durante unos turbios segundos, que valen más que España. Tan traicionera resulta esa gentuza, la cual levanta hoy un apartheid contra la Policía Nacional y la Guardia Civil en muchos pueblos catalanes, donde se vivía en paz gracias a tan nobles fuerzas.

“Te llaman español como si te dijeran hijo de puta”, dice un guardia que también ha de soportar que insulten a su hijo por ser hijo de quien es. “A mi hija la han humillado en la escuela por ser hija mía”, confiesa un policía. El ministro Zoido debería sustituir a los falsos Mossos de risa por gente tan abnegada y leal como hay en la Policía Nacional y la Guardia Civil. Y doblarles el sueldo.

HALAGOS A LOS MOSSOS
TV3 adoctrina a los niños en su cadena infantil con críticas a la ‘policía española’
La Gaceta  6 Octubre 2017

El informativo del canal infantil de TV ‘Info-k’ es utilizado por la cadena pública catalana para los delirios nacionalistas de sus dirigentes.

TV3 se ha jugado un órdago con la independencia y no parece que estén dispuestos a dar marcha atrás. Sus niveles de adoctrinamiento y manipulación llegan ya a los más pequeños. El informativo del canal infantil ‘Info-k’ ha emitido un especial sobre la organización del referéndum ilegal del 1-0 señalando las diferencias entre la actuación de los Mossos d’Esquadra y la de la Guardia Civil y la Policía Nacional, que es contínuamente criticada.

Con un tono infantil, el programa explica los preparativos de la consulta, con especial atención al ocultamiento de las urnas. La cadena catalana detalla que algunas se escondieron en huecos de ascensor, otras en maleteros o en domicilios particulares.

TV3 también detalla la ocupación de los colegios por parte de los independentistas, así como las barricadas que se construyeron para impedir que la cadena entrar al recinto. “Puigdemont llegó a cambiar de vehículo debajo de un puente para evitar posibles seguimientos policiales”, mantiene el informativo.

El colofón final llega cuando TV3 realiza una detallada, y manipulada, explicación de cómo actuaron las Fuerzas de Seguridad ante las órdenes del Gobierno. “Los Mossos fueron a algunos sitios pero no se enfrentaron a la gente, y algunos dicen que no hicieron bien su trabajo, mucha gente les está agradecidos”. “En cambio, la policía española usó la violencia para entrar en los puntos de votación”, subraya.

Manipulación sistemática
TV3 nos tiene acostumbrados a todo tipo de actos propagandísticos, pero el pasado mes de agosto cruzó una nueva línea. Todo ocurrió durante la manifestación por los atentados islamistas en Barcelona y Cambrils. La plana mayor del movimiento independentista había tomado las calles y los reporteros de la cadena pública catalana buscaban el testimonio de los ciudadanos.

En un momento del directo, la reportera aseguró que había personas de “muchos países” en la marcha, incluidos un grupos de mexicanos. Hasta ahí todo normal. Sin embargo, la periodista añadió segundos después que el lema de sus pancartas estaba escrito en “mexicano”, una nueva lengua inventada por TV3 con gran parecido al español.

 


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