AGLI Recortes de Prensa   Sábado 7  Octubre 2017

Manifestarse para recuperar los derechos de todos
EDITORIAL El Mundo 7 Octubre 2017
 
Mañana en Cataluña la mayoría silenciada por el rodillo nacionalpopulista reivindicará, en las calles y sin miedo, su deseo de una España unida y sus derechos individuales como ciudadanos, largamente pisoteados. Una minoría de políticos intransigentes y desleales ha monopolizado el discurso mediático y ha secuestrado las instituciones y la Educación. Y así ha excluido del espacio público a más de la mitad de la población durante mucho tiempo. Más del que la salud democrática podía permitirse sin pagar el precio de la fractura social y el debilitamiento de las instituciones. Pero su acción totalitaria no ha logrado doblegar del todo a una mayoría silenciosa que ha decidido decir Prou! (¡Basta!). Los españoles responden así de la misma forma que en 1997, tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco, la sociedad entera se enfrentó a ETA saliendo masiva y decididamente a la calle para plantarle cara al terror asesino.

Porque, aunque a la convocatoria de Sociedad Civil Catalana se hayan adherido PP y Ciudadanos, se trata de una movilización heterogénea, social y ciudadana, en la que los protagonistas serán las decenas de miles de españoles que quieren hablar alto y claro para decirle a los independentistas que desean seguir viviendo juntos y en paz, en un país en el que el procés sea solo un mal recuerdo pasajero. Que quieren ser una comunidad de ciudadanos libres e iguales. Y es por eso, sin duda, una muy buena noticia que el PSC, despojándose de los viejos prejuicios de la izquierda respecto de la unidad de España, haya animado por carta a sus militantes a participar a título personal en la manifestación del domingo. Y también lo es que Josep Borrell sea, junto a Isabel Coixet y Mario Vargas Llosa, uno de los que leerán el manifiesto de la organización. La situación a la que se enfrenta el Estado de derecho requiere de la unidad de todos los constitucionalistas bajo la premisa de que la solución pasa por derrotar a los golpistas, nunca por convertir en interlocutores a quienes han puesto en peligro la estabilidad política de la nación y el bienestar de todos los españoles.

La reacción de la sociedad civil, que paulatinamente ha venido cobrando protagonismo a través de manifestaciones y caceroladas populares, así como con el compromiso intelectual de muchos medios de comunicación y de personajes de relevancia pública, coincide con la respuesta firme de las instituciones del Estado y de algunas de las principales empresas del país. El discurso de Su Majestad el Rey marcó un punto de inflexión en la respuesta cívica e institucional al desafío independentista. Gracias al compromiso de Felipe VI, hoy estamos en mejores condiciones de vencer el delirio político que supone el independentismo, un proyecto ideológico reaccionario, ajeno al devenir de la Historia, que ha recibido -como no podía ser de otra forma- la reprobación de la comunidad internacional. En un mercado globalizado no caben las apuestas por la fragmentación en unidades políticas pequeñas y débiles, sino el reforzamiento de organizaciones supranacionales para hacer frente a los retos a los que se enfrentan las sociedades occidentales.

Los ciudadanos de Cataluña y de toda España están escribiendo estos días una de las páginas más dignas y orgullosas de nuestra historia común. El nacionalismo de hoy, como el que provocó las peores guerras mundiales, es una semilla cargada de odio que no debe germinar de nuevo. Oponerse a él es luchar por mantener la convivencia, la tolerancia y la democracia, los valores sobre los que se ha edificado el humanismo europeo. Defendámoslo en la calle.

El Gobierno no debe pedir perdón por defender la ley
EDITORIAL El Mundo 7 Octubre 2017

Aunque matizadas posteriormente, las declaraciones del delegado del Gobierno en Cataluña, Enric Millo, pidiendo perdón a los heridos por la actuación de las fuerzas del orden el 1-O hacen un flaco favor al esfuerzo del Estado por responder con firmeza al desafío independentista, y al importante despliegue policial. Con su actitud, Millo parece dar crédito a muchas de las imágenes falsas que medios de comunicación irresponsable han venido publicitando para desgastar la imagen del Gobierno y convertir en víctimas a los que no son sino unos golpistas sin escrúpulos.

Como resaltaron los principales grupos de la Eurocámara el jueves, todo Estado democrático tiene no sólo el derecho sino también el deber ante su ciudadanía de responder con contundencia a quienes pretenden destruir su integridad territorial y su unidad política. Además, en contra de lo que pretende lograr la campaña de agit-prop separatista, la actuación de la Policía y la Guardia Civil fue en todo momento proporcional a las provocaciones y la resistencia de quienes pretendían celebrar un acto ilegalizado por el Tribunal Constitucional.

En un gesto que le honra, el ministro Juan Ignacio Zoido, quiso corregir la torpeza de Millo enviando una carta necesaria y emotiva a los policías nacionales y guardias civiles para agradecerle, en nombre de todos los españoles, su trabajo en defensa de la legalidad y la democracia. Es necesario que el Estado no caiga en la trampa de la demagogia y la mentira que quieren imponer los enemigos del orden y la ley. La labor policial es ahora más necesaria que nunca y quienes la realizan deben estar arropados y apoyados en todo momento.

El deber de decidir.
Kiko Méndez-Monasterio Gaceta.es 7 Octubre 2017

Los tibios -que son el café con sal de los dioses-, van a optar por buscar celestinas que medien diálogos imposibles.

Pues ahora sí que hay que decidir, y no hay tiempo para traer más urnas de teletienda. Hay que acordar con bastante urgencia si les dejamos a nuestros hijos un reino, una nación, o si heredan sólo el cutre lupanar de carretera y odios que algunos le están preparando. Y esta va ser una consulta del todo vinculante, justo lo contrario que el golpe posmoderno que la Moncloa se desayunó en el uno-cero. La campaña espontánea de españolidad, desinhibida como en un triunfo de Nadal, nos ha mostrado las mismas diferencias que encontraba Galdós entre el motín de la chusma en Aranjuez y la dignidad despertada el Dos de Mayo.

Los tibios -que son el café con sal de los dioses-, van a optar por buscar celestinas que medien diálogos imposibles, pero no parece una opción mayoritaria en estos días en los que hemos visto arriar la bandera blanca de Battiato. Por su parte, el separatismo y los comunistas 2.0, votarán con nostalgia de lo no vivido, como siempre, y harán una huelga que es toda añoranza de la Semana Trágica. Lejos de unos y de otros, la mayoría parece que va a elegir a mano alzada y coreando “En pie, si eres español”, un eslogan que desde luego no alcanzará grandes reconocimientos poéticos, pero que al menos evita las cursilerías sesentayochistas del 15-M, y que además carece de ese zumbido de vinilo viejo que acompaña a las canciones de Lluis Llach.

La campaña para este plebiscito improvisado no ha seguido del todo el guión televisivo preparado en casa Roures. Se contaba con que el espectador llorara con la chalada de los dedos mágicos, o con la sillita de la reina que le hicieron a la amiga de Otegui. Luego, para secarnos las lágrimas que había provocado el reality televisivo, llegarían los jacobinos de la coleta y el flequillo. Y no. En vez de lloriquear, los españoles se han lanzado a aplaudir a sus policías y a sus guardias, y hasta la gente de orden se apunta ahora a un escrache si es para abuchear a un político que quiere trocear la patria. Habían previsto los profesores de políticas un “No a la guerra”, y se han encontrado con el “Basta ya”. Qué sorpresa se han debido llevar los grandes estrategas de Somosaguas.

Veremos en los próximos días cómo se desarrolla este peculiar escrutinio. Despreciados por el gobierno, pero bendecidos por el discurso del rey, este fin de semana los españoles van a exigir que se les devuelva intacta la soberanía, y que sus secuestradores visiten con urgencia la prisión, donde seguirán comiendo y durmiendo a cargo del Estado, pero en un régimen más austero. Porque ya que los sembradores de vientos se han empeñado, ahora sí que vamos a ejercer el derecho a decidir. En realidad se ha convertido en un deber. Y aunque lo haga cantando, no le va a resultar agradable al segador recoger esta cosecha.

Ruina, el fruto económico del separatismo
EDITORIAL La Razon 7 Octubre 2017

¿Qué se esperaban? ¿Que los empresarios y los inversores permanecerían impasibles, leales a la nefasta ideología que pregonan los nacionalistas?

Treinta años de nacionalismo ininterrumpido y creciente, con su particular ideología xenófoba y excluyente, no solo han hecho un daño terrible, quizás ya incurable, a la sociedad catalana, hoy profundamente fragmentada y dividida en dos mitades por culpa de la intolerancia y la sinrazón de los separatistas, sino que, además, pretende instaurar un régimen ruinoso en una de las regiones más importantes y prósperas de España a base de aislacionismo y radicalidad.

No es de extrañar, por tanto, que ante la posibilidad de que la Generalidad declare la independencia la próxima semana, debido a la incomprensible y traidora inacción del Gobierno central, sean muchas las empresas que hayan decidido salir corriendo de Cataluña. Y no solo pequeñas, sino grandes cotizadas e incluso los principales emblemas de la economía catalana. CaixaBank, Banco Sabadell, Gas Natural, Freixenet, Codorníu, Oryzon, Catalana Occidente… La lista de compañías que deciden trasladar su sede social fuera de las garras de Puigdemont y compañía no deja de crecer.

¿Qué se esperaban? ¿Que los empresarios y los inversores permanecerían impasibles, leales a la nefasta ideología que pregonan los nacionalistas, sin atender los intereses de sus clientes ni salvaguardar el futuro de sus negocios? La inseguridad jurídica que ha instaurado la Generalidad es letal para el mundo empresarial, ya que significa sustituir el Estado de Derecho por la pura y dura arbitrariedad del poder político. Ese ambiente de incertidumbre es incompatible con el desarrollo de una sólida y fructífera estructura productiva a medio y largo plazo. El incumplimiento de la ley, la violación del marco constitucional y la sorprendente impunidad con la que actúan los artífices de este golpe de Estado han terminado por disparar todas las alertas entre los empresarios.

No es para menos, puesto que Cataluña se juega ahora mismo el futuro y la prosperidad de su población. Artur Mas y sus socios vendieron desde un principio que su plan convertiría a esta región en la Suiza del sur de Europa y que, por tanto, no habría nada que temer, puesto que las grandes empresas y los bancos no se moverían. La realidad, sin embargo, es muy distinta, tal y como, por desgracia, empiezan a comprobar ahora los catalanes y sus irresponsables élites políticas. La mínima posibilidad de que se declare la independencia se ha traducido en una fuga masiva de grandes empresas e históricas marcas catalanas en busca de refugio y seguridad jurídica, bajo el amparo del resto de España, la UE y el euro. Y esto tan solo sería el principio, puesto que, en caso de prosperar su alocada utopía, la ruina de los catalanes está garantizada bajo el nuevo régimen que tanto ansían las CUP y el resto de sus socios.

Sin embargo, este abrupto baño de realidad para los separatistas no puede servir de excusa para el Gobierno, ya que también se está incrementando la angustia y el miedo que sufren hoy millones de catalanes, la mayoría de la población, ante los planes que pretenden llevar a cabo Puigdemont y Junqueras con el fin de culminar su golpe. Rajoy debe actuar ya. Su inacción y su profunda cobardía, escondiéndose tras los jueces, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y ahora los empresarios, es lo que nos ha conducido hasta aquí. Su pasividad es inaceptable. El Ejecutivo tiene que anticiparse y activar el artículo 155 para suspender de inmediato la autonomía y, de este modo, restaurar la ley y el orden, tal y como advirtió el Rey.

¿Quién cambiará la catastrófica política actual?
Pío Moa Gaceta.es 7 Octubre 2017

En “Una hora con la historia” examinaremos, en varias sesiones, cómo ha ido produciéndose la situación actual. En Radio Inter, (OM 918), sábados a las 9,30 de la noche, y en podcast y en youTube https://www.youtube.com/watch?v=uz9X68Eq1z8&t=137s

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Resumiendo lo anterior:

a) Los separatistas carecen de fuerza armada (los mozos de escuadra están demasiado divididos) y por tanto no es precisa la intervención del ejército. Basta la policía y la guardia civil.

b) La represión debe dirigirse ante todo contra los jefes. Estos no tienen nada de héroes y tratarlos a base de destituciones y multas les impediría convertirse en mártires y les cubriría de ridículo.

c) Si deciden crear caos en Cataluña, eso se volvería contra ellos en poco tiempo.

d) Si intentan responder con terrorismo, vuelve a ser cuestión policial. No hay que descartar que la ETA lo intentara, lo que daría oportunidad para invertir también allí la política seguida por sus delincuentes colaboradores de PSOE y PP.

e) Debe tenerse en cuenta que tampoco sus masas fanatizadas tienen mucho de heroicas. Sus actitudes son más bien impostadas, producto de una propaganda delirante y falsaria, que ha sido amparada por los gobiernos PP y PSOE. Pero cambiar eso requerirá más tiempo. No debe olvidarse que tantos años de lavado de cerebro desde las aulas y los medios de masas, permitido y financiado ilegalmente por PP y PSOE, solo pueden contrarrestarse con una paciente política contraria.

f) Convocar elecciones después de detener o castigar a los cabecillas sería absurdo: la situación se reproduciría. Durante un tiempo, en Cataluña debe imponerse algo así como un estado de excepción suave, con autoridades que inviertan la política seguida hasta ahora e ilegalización, en principio transitoria que podría llegar a permanente, de las organizaciones separatistas.

g) Debe tenerse en cuenta también la actitud internacional, a la que España es hoy especialmente sensible. Durante décadas, y también ilegalmente, los separatistas han practicado una política exterior hispanófoba que PP y PSOE han obligado a financiar delictivamente a todos los españoles. Esa política ha coincidido fuera del país con intereses poderosos en la OTAN y la UE, a los que no conviene una ruptura de España, pero sí un país débil, con problemas internos que lo hagan manejable, y con gobiernos con mentalidad de lacayos como los de PP y PSOE. En esa posición el PSOE intervino como comparsa en la criminal guerra civil que ha dejado a Libia sumida en el caos, y el PP está actualmente hostigando a Rusia por cuenta de intereses ajenos y buscando un enemigo innecesario para España. También en política exterior se impone un cambio radical.

Como vemos, la situación de Cataluña está sacando a la luz la inmensa cantidad de basura acumulada en varias décadas por unos politicastros en principio ignorantes, frívolos e irresponsables, y finalmente delincuentes. El sistema salido de la Transición ha naufragado y se imponen alternativas. Ahora bien, ¿quién podría aplicar una política más o menos parecida a la arriba indicada? Porque otra fechoría de esos partidos y políticos, en particular del PP de Rajoy, ha consistido en bloquear cualquier alternativa. Durante este tiempo han conseguido mantener distraído y anestesiado al pueblo utilizando la democracia que iban destruyendo como una palabra mágica y paralizante.

Por eso, seguramente esperaban que la situación continuase así, con invocaciones a sus “diálogos”, como bautizan a sus chanchullos mafiosos al margen de la ley. Pero actualmente el pueblo, una parte aún menor, pero creciente, está percibiendo el fondo de lo que ocurre y se está movilizando contra los políticos y partidos mafiosos. Esto es algo que no esperaban y que les está metiendo miedo, dejándolos sin saber muy bien por dónde tirar.

Sin embargo, esta movilización popular — iniciada por VOX, un partido distinto de los demás, debe decirse, y ninguneado sistemáticamente por ellos–, serviría finalmente de poco o acabaría en revueltas sin salida, si no ocurren dos cosas: que los cuatro partidos que desgobiernan el país se hundan, y que el movimiento popular se articule política e ideológicamente. En otras palabras, que surjan nuevos partidos capaces de afrontar la situación desde los intereses de España y de la democracia.

La crisis económica debilitó considerablemente al duopolio PSOE-PP, pero de ahí surgieron solo dos grupos que empeoraban las cosas. Ciudadanos no es separatista, pero persigue muy activamente la disolución de España en la UE, es decir, entregar la soberanía a la burocracia de Bruselas y a la OTAN –en lo que coincide con PP y PSOE–, y la colonización de nuestra cultura por el inglés. En cuanto a Podemos es un PSOE radicalizado en sentido similar al de la guerra. Ninguno de los dos puede representar una superación de la actual crisis, sino lo contrario.

Creo que VOX, si va puliendo sus programa, radicalizándolo en algunos aspectos y abandonando toda blandenguería, supone por ahora una alternativa posible. No debe olvidar el ejemplo de Trump, que en esto puede ser aprovechable, dada la situación: llamar por su nombre a los delincuentes y traidores: “No olvidéis: los Clinton son criminales”. Porque los de aquí también lo son, y peores.

Otro embrión posible, por la izquierda, podría ser UPyD. La movilización de masas también está abriendo grietas en los dos viejos partidos, y es posible que queden en ellos personas decentes y honradas que den el paso de romper con el reciente y nefasto pasado y crear nuevas formaciones capaces de aprender de la experiencia.

Quiero insistir en un punto: la política internacional, que en España no parece interesar a casi nadie. España debe salir de la OTAN, reivindicar en serio Gibraltar, y adoptar la política que mejor resultado le ha dado en el siglo XX: la neutralidad, mucho más difícil entonces que ahora, se llevó a cabo. Neutralidad no significa hostilidad a la OTAN, ni a otros. Significa la realidad de que nuestros intereses y los suyos no coinciden, salvo en algunos aspectos muy generales, como la lucha contra el terrorismo.

Un manifiesto de la máxima gravedad
El Gobierno de España debe mostrar a los separatistas las armas con las que cuenta
Tunku Varadarajan ABC 7 Octubre 2017

Ha transcurrido casi una semana desde el 1 de octubre de 2017, fecha que «pervivirá en la infamia» en la historia de la España moderna; la fecha del «Pearl Harbor» -nada menos- de la democracia española.

Como sucedió con los acontecimientos originales que inspiran mi metáfora, el país atacado tendrá que contar sus víctimas, recuperar su aplomo y prepararse para plantar batalla a su enemigo. No hace falta que vengan Sun Tzu o Clausewitz a decirnos que un ataque no provocado que queda sin respuesta es una invitación al agresor a que vuelva a atacar. Hasta un Rajoy tiene que saberlo.

Así pues, mientras reflexiona cuál ha de ser su respuesta al intento de golpe de Estado disfrazado de referéndum en Cataluña, el Gobierno de España debe mostrar a los separatistas las armas con las que cuenta para emplearlas en caso de que se produjera una declaración de independencia. Madrid tiene que dejar meridianamente claro que una Cataluña independiente sería un lugar turbulento, aislado y mucho menos próspero en el que vivir, y que España no sería un vecino amigable.

Puesto que España es una democracia decidida e impecable, la primera vía para poner fin al punto muerto en Cataluña tiene que ser una invitación a negociar. ¿Se debería establecer un nuevo acuerdo fiscal? En ese caso, ¿por qué no hacerlo con las 17 comunidades autónomas? ¿Se debería fijar un nuevo reparto de responsabilidades entre Madrid y las regiones? Si es así, ¿sobre qué base? En otras democracias occidentales hay muchos modelos que imitar, pero para que cualquier cambio en las disposiciones políticas españolas funcione, tiene que poder aplicarse uniformemente a todas las regiones. ¿Por qué debería haber una excepción catalana?

Sería difícil que una negociación así fuese aceptada por el núcleo sordo de los separatistas de Cataluña o por los jóvenes catalanes, que han absorbido la propaganda de su «diferencia» en todos los niveles de un sistema educativo diseñado para incubar una generación que odie a España. Se tendría que vender con la ayuda de los otros catalanes -la mayoría silenciada- que no desean vivir en una Cataluña ideológicamente intolerante en la que los que no quieren la secesión son considerados enemigos del Estado.

En caso de una declaración unilateral de independencia -una perspectiva de lo más realista-, Madrid tiene que amenazar con imponer el siguiente plan de 10 puntos (concebido tras una conversación con varios analistas españoles, entre ellos, debo decir, un amigo de mi instituto en India que ha vivido 20 años en España y ha invertido millones de euros en la economía española).

1. España vetará a perpetuidad el ingreso de Cataluña en la Unión Europea, así como en la Eurozona y en el Tratado de Schengen.

2. Habrá controles fronterizos exteriores entre España y Cataluña, que incluirán la necesidad para todos los viajeros de presentar documentos para ser inspeccionados.

3. Los habitantes de Cataluña tendrán que elegir qué nacionalidad quieren tener. No puede haber una doble nacionalidad española y catalana. (Imaginemos la farsa que sería que el 50% de los catalanes «libres» se aferrasen a sus pasaportes españoles, como ocurrirá casi con total seguridad).

4. Los ciudadanos españoles no podrán recibir ninguna clase de subvenciones del estado español mientras residan en Cataluña.

5. No habrá tratado de doble tributación entre España y Cataluña. Si un español sigue trabajando en Cataluña, pagará la totalidad de los impuestos españoles, además de los catalanes.

6. Los ciudadanos catalanes necesitarán visado para viajar a España.

7. Se impondrá un arancel a las importaciones catalanas.

8. Cataluña asumirá el total de la parte proporcional de la deuda nacional española que le corresponda (y no solo lo que ha pedido prestado a Madrid). En caso contrario, los ciudadanos catalanes perderán las jubilaciones que han acumulado en el sistema de seguridad social español.

9. Los bancos españoles se marcharán de Cataluña. (Con la inminente salida de Barcelona de La Caixa y el Banco de Sabadell, la mano invisible del mercado ya está abofeteando a los separatistas).

10. El FC Barcelona (y otros clubes catalanes) serán vetados en la Liga. La Real Federación Española de Fútbol usará también su influencia para frustrar cualquier intento «creativo» del Barcelona de incorporarse a la Liga inglesa (o algo similar).

Estas son las medidas que se pueden moderar -o endurecer- dependiendo de los imperativos políticos de España. Pero ahora Madrid necesita un manifiesto de la máxima gravedad en su trato con los separatistas, y a mí esta me parece una muy buena manera de empezar.

Tunku Varadarajan es miembro de la Hoover Institution de la Universidad de Stanford y fue corresponsal de «The Times» de Londres en Madrid.

El demoledor artículo de un empresario holandés explicando por qué se va de Cataluña
Marco Hulsewe lleva en Barcelona desde 1995 pero ya tiene prácticamente decidido que se va: "Estamos hartos de la supremacía nacionalista".
Libertad Digital 7 Octubre 2017

En Cataluña no sólo viven catalanes independentistas o catalanes que se sienten españoles, también muchos extranjeros que trabajan allí como Marco Hulsewe, un holandés que lleva afincado en Barcelona más de 20 años, desde 1995, y que hoy en día es propietario de una empresa financiera.

Hulsewe ha decidido hablar de lo que está ocurriendo en Cataluña y lo hace en un demoledor artículo que se publica este viernes Expansión, en el que empieza por contar una conversación de cuatro altos directivos extranjeros que trabajan en Barcelona y que admiten que "estamos pensando en marcharnos de Barcelona. Si sigue así la situación, nos vamos".

¿Por qué? Pues para empezar nos explica algunas cosas que le han ocurrido en los últimos tiempos. "Ya no me hablo con mi suegro", cuenta antes de añadir otra terrible anécdota: "Me he peleado con el vecino de la escalera por quitar un póster de Ómnium Cultural y me insultó por no ser catalán".

El empresario recuerda sus experiencias en países como Alemania o la antigua Yugoslavia –en la que estuvo junto antes del inicio de las guerras– para asegurar que "la democracia es muy frágil" y se muestra convencido de que el daño del "golpe de Estado a cámara lenta" tanto a la economía como a la sociedad civil catalanas "irá para largo".

Lo más sorprendente del artículo, sin embargo, es cuando repasa algunas de las cuestiones que hasta ahora sólo unos pocos comentaban en Cataluña o incluso en el resto de España: la prohibición del castellano en la educación: "En Barcelona, donde el 70% es castellanoparlante, el español está prohibido en la enseñanza hasta los 6 años, y luego sólo dos horas a la semana".

También habla de los "casos de corrupción por parte de las autoridades catalanas" sobre los que hay "un gran silencio. La omertà", y destaca que "el Pater Familias de la gran cleptocracia pudo emitir su voto el 1 de octubre con total tranquilidad".

"Nadie habla de corrupción, ni de que en el informe Pisa Cataluña está por detrás de Portugal –recuerda–, ni que en el índice de competitividad de las regiones europeas Cataluña está en la zona más baja de la tabla, a la altura de las regiones del sur de Italia".

Finalmente, asegura que "nos iremos de Cataluña con el tiempo. Queremos vivir en libertad. Estamos hartos de la supremacía nacionalista, estamos hartos de que nos traten como unos invitados".

¿De verdad la independencia es el (único) problema?
MANUEL ÁLVAREZ TARDÍO El Mundo 7 Octubre 2017

Es bastante probable que el Gobierno del señor Puigdemont declare pronto la independencia. Y que lo haga, además, con el cariño y la comprensión de unos cuantos miles de españoles. Los mensajes que pueden leerse en las redes y las opiniones que se expresan en algunos medios así lo atestiguan. Uno muy repetido es que la democracia sólo es un medio y que la legalidad, por tanto, tiene un valor relativo, según el momento y la finalidad ideológica. Esto es justo lo que hace falta para desbordar a la democracia por el lado de la revolución, que es, al fin y al cabo, lo que están protagonizando una parte de los catalanes en las calles y desde las instituciones, por paradójico que parezca. Que muchos españoles e incluso el propio Gobierno no se acaben de enterar resulta comprensible. La ventaja de los desbordamientos revolucionarios siempre ha sido la misma: la incredulidad de los moderados. Hoy, además, han recuperado una ventaja gracias a la resurrección de algo que parecía conjurado en tiempos de Felipe González, esto es, el viejo PSOE amante de la ambigüedad con las cosas de comer: revolución sí, pero no; democracia sí, pero no burguesa; legalidad sí, pero según y cómo; Estado sí, pero represión policial no...

Todo esto no es casualidad. Muchos sectores de la izquierda española nunca aceptaron que la renuncia al marxismo y la conciliación de socialismo y democracia, caso de ser posible, dejaba en ridículo a sus antepasados ideológicos y suponía la victoria aplastante del constitucionalismo liberal. Eso sí, se esforzaron por inventar una historia de España en el siglo XX que les presentara como defensores de la libertad y la democracia, sin molestarse mucho en explicar a qué se referían con ambos conceptos. A día de hoy, a nadie puede extrañar que estén desarmados ante las exigencias que implica la defensa de la democracia formal frente a los nacionalrevolucionarios. Y que reproduzcan sus típicos llantos hipócritas cuando el Estado actúa en defensa del orden constitucional, el mismo que ampara el pluralismo sin el que ellos dejarían de existir en Cataluña. Todo esto ya lo hemos visto antes.

El colosal complejo de superioridad que nutre las mentes nacionalistas está de suerte. Ya ni siquiera necesita apelar a agravios inventados. Ahora tiene animadores y admiradores entre aquellos a los que humilla. Y es que ambos, maltratador y víctima, han recuperado viejas alianzas, sabedores de que comparten un mismo objetivo; y no es la independencia de Cataluña, que como tal constituye un simple paso intermedio.

La desafiante posición de Podemos después del 1 de octubre tiene raíces antiguas. Es la coartada perfecta para justificar el victimismo nacionalista: también a ellos les roba España; roba a los trabajadores, al pueblo, como roba a las naciones a las que oprime. España es un invento demoniaco para mantener la unidad de mercado en beneficio de la opresión, la de los pueblos y la del pueblo. Quienes la defienden, a España, sólo son nacionalistas de un subtipo impuro y negativo, encastillados en la legalidad para proteger una Constitución que impidió romper con la dictadura y ajustar cuentas tras siglos de represión. Puesto que, por otra parte, todas las naciones serían inventadas, sólo cabe respetar que los pueblos oprimidos hayan inventado la suya. Aceptemos, pues, su derecho a tener un Estado propio y aprovechemos para reinventar la nueva España poscolonial (donde, lógicamente, la alternancia no será necesaria; desaparecida la opresión, desaparecerá también su principal agente, la derecha).

Lo que subyace a todo esto debería estar claro: la victoria de los nacionalistas conducirá a la refundación de España. Rotas las cadenas de la opresión centralista sólo habrá que acudir al diálogo y la empatía, todo en ausencia de la fuerza, para recomponer una nueva España (federal, asimétrica, confederal, ibérica, etc.) entre verdaderos demócratas. Porque lo que a día de hoy todavía impide esta refundación nacional no es el nacionalismo catalán o el vasco sino el español (por definición, una patología de la derecha).

Con estas premisas, cualquier argumentación basada en datos económicos, políticos o sociales sobre el gigantesco progreso de la sociedad española en los últimos 40 años es inútil. Estamos ante un discurso tan simple como impenetrable que oculta un odio furibundo a la democracia del 78 y un afán apenas contenido de aprovechar la "oportunidad" que brinda el nacionalismo para superar un "régimen" supuestamente defectuoso (y su consecuencia más inaceptable, la alternancia).

Y aquí es donde reside el mayor de los peligros a los que nos enfrentamos. No en el hecho de que los nacionalistas hayan movilizado a minorías revolucionarias y lleven décadas monopolizando la producción de ideología excluyente dentro de Cataluña. Tampoco en la desgraciada circunstancia de que su victimismo encuentre llantos desconsolados por doquier: todos esos tuiteros cobardes, movidos por su pasión revolucionaria, lamentándose de la actuación de la Policía. No, el verdadero peligro está en transformar el asalto a la democracia desde la periferia en un asalto a la democracia desde el interior.

Por eso, siendo inquietante lo que ha pasado en Cataluña recientemente, es todavía más grave que los asaltantes tengan ganada la voluntad de algunos cuya función es repelerlos. Con ayuda de cierto periodismo que ha trabajado profusamente para analfabetizar políticamente a los españoles y un sector del profesorado universitario que, desde las ciencias sociales y las humanidades, ha capitaneado el asalto demagógico contra la democracia representativa, se empieza a extender la peligrosa e infundada tesis de que Cataluña es un síntoma de una enfermedad española. Sin embargo, nada será más catastrófico para nuestro país que asumir crédulamente que la revolución nacionalista es el fruto de una quiebra constitucional y una crisis de la democracia española. Primero, porque ningún dato objetivo lo avala. Los problemas de desarrollo constitucional o de perfeccionamiento de la democracia que podamos tener no son exclusivos nuestros. Así lo prueba el que los compartamos con países de nuestro entorno donde no hay nacionalistas. Segundo, porque la idea de que la democracia está en crisis es fruto de una conciliación perversa de intereses entre los dos principales representantes del odio al pacto de 1978: los dirigentes de Podemos y los del nacionalismo en sus múltiples variantes. La admisión candorosa de su denuncia, confundiendo los problemas de consolidación democrática con defectos de fondo e incluso de origen, no hará sino contribuir a lo que más desean los nacionalistas. Y esto no es la independencia de Cataluña, sino la destrucción de la democracia española.

El Gobierno tendrá que aceptar que Pedro Sánchez no parece comprender que todo Estado democrático, y el español lo es, tiene el monopolio legítimo de la violencia para poder seguir siendo democrático. Si vacila o renuncia a utilizar la fuerza legal contra los que aspiran a destruir el pluralismo, habrá rendido la fortaleza de la democracia y el único sustento de la alternancia. Y tras eso, ya sabemos lo que viene. Para el PSOE, desde luego, nada bueno.

Manuel Álvarez Tardío es profesor de Historia del Pensamiento Político (Universidad Rey Juan Carlos).

CONSIDERANDO EN FRÍO
Los restos de La Moncloa
JORGE BUSTOS El Mundo 7 Octubre 2017

Desde que supe el nombre del Nobel de Literatura no dejo de figurarme a su personaje más célebre, el mayordomo Stevens, con las mismas impasibles facciones de don Mariano. Lo imagino estos días atravesando en soledad los pasillos de La Moncloa, recolocando un cuadro torcido, estudiando el lustre de los zócalos, descorriendo audaz algún visillo para volver a correrlo enseguida con un mohín de repugnancia: "Cuánta sentimentalidad desatada ahí fuera. Qué falta de contención. Unos se atreven a imponerme la aplicación de cierto artículo de bárbara contundencia. Los otros se obstinan en desobedecer las leyes, como si tal cosa fuera concebible. Nunca encareceré lo suficiente las ventajas educativas que reporta ser hijo de un juez", reflexiona flemático al oído de Miss Kenton, el ama de llaves, que es Soraya.

El mayordomo del Ejecutivo se considera a sí mismo un hombre cabal. El único estadista en pie tras la desagradable urgencia manifestada por el joven monarca. Hace mucho que Stevens/Rajoy se niega a expresar sus sentimientos fuera del ámbito estrictamente deportivo. Mezclar el corazón con la política: qué grosería. No es eso lo que me ha traído hasta aquí, rememora. Ni lo que le ha mantenido allí en tiempos de mudanza de todo lo considerado inmutable. ¿Por qué el sarampión sedicioso de Cataluña iba a requerir un tratamiento diferente? El tiempo lo cura todo. ¡No se cambia lo que funciona!

Veamos. El presidente se ha parapetado sucesivamente detrás de los jueces, detrás de la policía, detrás del Rey y por último detrás de la banca. Pero no es que dispusiera todos esos parapetos dentro de un plan consciente e integral de defensa. Sencillamente adoptó su estrategia más depurada: la quietud. Dejó que a los distintos actores del drama -también a la oposición, de Rivera a Aznar, pasando por Guerra- los devorara la impaciencia y fueran anticipándose. Hasta que el más poderoso de los caballeros tocó a rebato y fuga, y el partido de la burguesía catalana (el órgano vital del independentismo nunca estuvo en el pecho, sino en el bolsillo) empezó a exhibir prometedoras fisuras. Ellas le permitirán a nuestro mayordomo ganar lo único que le importa: tiempo. En arte es muy difícil decir algo que sea tan bueno como no decir nada, advirtió Wittgenstein. En política es muy difícil hacer algo que sea tan seguro como no hacer nada, propone Rajoy. Así han ido cayendo sus adversarios, víctimas del adulto ejercicio de la responsabilidad. Don Mariano no es ni responsable ni irresponsable: ha inventado la arresponsabilidad. El blindaje perfecto contra la erosión del poder. Si le sale ahora, será su obra maestra. Pero cuidado. La de Ishiguro nos enseñó que las maneras más templadas podían fraguar el más infame de los contubernios.

No necesitamos más Estados
JUAN MENOR Y MANUEL MOSTAZA. El Mundo 7 Octubre 2017

Hace varios años que sabemos, gracias al estudio que realizó en su momento el antropólogo británico Robin Dunbar, que el tamaño máximo que puede alcanzar un grupo humano en el que todos sus miembros se conozcan de manera efectiva no supera los 150 individuos. Existe, por lo tanto, un acuerdo generalizado entre los estudiosos de las ciencias sociales en considerar que las comunidades humanas que superan el número Dunbar no son manejables por nuestra neocorteza cerebral, por lo que podríamos hablar de ellas como comunidades imaginadas en sentido estricto.

Estas comunidades superiores al sesquicentenar de miembros han existido a largo de la historia, en Occidente y en el resto del mundo: aquellas en las que sus miembros imaginaban diferentes identidades (judíos, cristianos, nobles, pecheros...) y que han ayudado al individuo a dotarse de sentido en el mundo que en cada momento les tocaba vivir. El concepto de nación tal y como lo consideramos hoy en día es, empero, relativamente moderno, en tanto que invoca dos elementos que sólo se han dado a gran escala en la modernidad occidental: la exclusividad, por un lado, y la política por el otro.

"La exclusividad es una de las claves del imaginario nacionalista"
La idea de nación parte de la ficción de que existen comunidades naturales, esto es, con criterios de pertenencia claramente definidos y que permanecen en el tiempo más allá del ciclo vital de las personas que las componen: así, el proyecto nacionalista de Estatuto de Autonomía que aprobó el Parlamento de Cataluña en 2005 señalaba de manera literal que "Cataluña ha definido una lengua y una cultura, [y] ha modelado un paisaje". Se trataría, en realidad, de un concepto que existía antes que la política y que genera, por lo tanto, sociedades cerradas, y excluyentes en un sentido moral: de acuerdo con este relato esencialista, las naciones no sólo precedieron al Estado moderno, sino que, además, le sobrevivirán cuando éste haya desaparecido, por lo que nada tiene de extraño que todas las naciones aspiren a tener un Estado en función del momento histórico de que se trate.

Por eso, en el imaginario nacionalista, la exclusividad es una de las claves: no puede haber dos naciones en el mismo territorio, ni puede haber ciudadanos que tengan una doble lealtad nacional; de ahí que para los secesionistas catalanes España sea una realidad jurídica (un Estado), pero no una nación. En esta línea, y desde ese mismo punto de vista nacionalista, todas las personas pertenecen a alguna nación y todas ellas, además, tienen derecho a auto-organizarse políticamente.

El imaginario nacional pretende, por lo tanto, hacer creer que esa comunidad de escasamente 150 personas puede ampliarse de manera exponencial de manera que uno acabe teniendo una relación afectiva de pertenencia con personas a las que no conoce ni conocerá jamás. Sobre esta ficción se asienta la clave de bóveda de la democracia moderna: votamos y nuestro voto vale lo mismo que el de aquellos que imaginamos nuestros compatriotas, aunque nunca lleguemos a conocerlos porque viven a cientos de kilómetros de nosotros o en urbes de altos edificios donde el anonimato es la regla. Por eso, un zamorano acepta el voto de un murciano para elegir a diputados que luego elegirán a un presidente del Gobierno para todos, pero no el de un vecino de Braganza, ciudad de la que le separan pocos kilómetros.

Para que esta ficción fuera creíble, se necesitaban herramientas que no estuvieron disponibles a gran escala hasta la llegada de la modernidad en el siglo XIX y que son el sueño siempre de cualquier nacionalista: mapas producidos de manera industrial, funcionarios estatales, aranceles y mercados unificados, escuelas nacionales en las que enseñar himnos patrióticos...

El relato de la nación triunfó y alcanzó su cénit en la primera mitad del XX, pero , pero, como en las paradojas hegelianas, llevaba en sí el germen de su propia destrucción. Los Estados nación (alguno en su primitiva forma aún de imperio: ruso, otomano austrohúgaro...) su fueron haciendo cada vez más poderosos y agresivos. Todos ellos imaginaban un pasado glorioso, todos sufrían por igual la supuesta envidia de unos vecinos resentidos que no soportaban su grandeza y, en consecuencia, acabaron recurriendo a la guerra para dirimir sus diferencias.

Tras acabar la II Segunda Guerra Mundial, con el continente destrozado por la contienda más mortífera que había conocido la humanidad, una parte de las élites europeas intentó generar un nuevo modelo político, encaminado a una federación, con la esperanza de superar un escenario dominado por los Estados nación y en el que cada una de las identidades nacionales se subsumiera en un pueblo, en un demos europeo. Y es que la idea fascinante que hay detrás de la hoy llamada Unión Europea no es un mercado único o una unión bancaria, como afirman de manera torticera los populismos de izquierda o de derecha.

No, lo más relevante es la idea de generar un nuevo modelo de articulación política diferente al que Europa se había inventado siglos antes. Así, frente a la idea de que a cada pueblo (alemán, francés o belga) le correspondía un Estado, se apostó por edificar una estructura supranacional capaz de articular nuevos modelos que arrumbaran el delirio etniticista que había llevado a Europa a la hecatombe. Un modelo en el que se produjeran transferencias netas de rentas para igualar las condiciones de vida en todas las zonas de la nueva zona unida, en un experimento que no tenía precedentes, porque suponía realizar esta transferencia entre ciudadanos con diferentes identidades nacionales, partiendo de la premisa de que el que más gana, más ha de pagar, en un espacio de solidaridad que trascendía siglos después, las fronteras identitarias más fosilizadas del mundo.

En este sentido, la Europa unida se construyó contra la idea de que sólo el Estado nación era capaz de garantizar la libertad y la seguridad de los ciudadanos, y en el convencimiento de que todas las identidades, también las étnicas, están mejor y más protegidas en grandes estructuras compuestas que en pequeños y agresivos Estados obsesionados por la uniformidad, la pureza y la lengua propia: la Unión no se construyó junto a los Estados, se construyó frente a la lógica de que solo los Estados podían organizar la convivencia entre las personas. Porque el nacionalismo que llevan aparejados estos Estados suele acabar en la guerra, como recordó Mitterrand en 1995.

Así, la que hoy llamamos Unión Europea se ha configurado con el tiempo como un extraño Objeto Político No Identificado, un OPNI frente a los viejos Estados europeos que se resisten a desaparecer y frente a varias y agresivas identidades regionales que sueñan con regresar al pasado para construir un Estado a la manera del siglo XIX. Y es que detrás de toda la verborrea secesionista catalana que llevamos meses sufriendo los ciudadanos se esconde un proyecto político agresivo, anacrónico y profundamente reaccionario. Lo fascinante, a estas alturas, es que una parte de las élites catalanas hayan conseguido elaborar un relato capaz de emocionar a tantos ciudadanos con una materia, el nacionalismo, que está ya en el basurero de la historia.

Juan Menor Sendra es sociólogo y Manuel MostazaBarrios es politólogo

Ninguna empresa se va de Cataluña, las echan
Daniel Lacalle El Espanol 7 Octubre 2017

“Nadie se va a ir de una Cataluña independiente, de hecho, se van a pelear por venir” Artur Mas

Los totalitarios populistas siempre buscan subordinar la economía a los políticos. Y siempre fracasan.

Como explicamos en la CNBC cuando LePen hablaba de las empresas francesas como si fueran suyas, es una soberana estupidez hablar de empresas y nacionalidad en un mundo globalizado. Las empresas españolas y catalanas son empresas globales y se deben a sus accionistas, sus clientes y sus acreedores en los países donde estén.

La reacción a la más que previsible fuga de empresas de Cataluña se ha difundido en los medios como una fuga de una región a otra, cuando lo que es realmente es una fuga de inseguridad a seguridad. De un entorno de falta de seguridad jurídica, respeto a la propiedad y riesgo institucional a otro entorno en el que los pilares básicos para llevar a cabo la actividad empresarial se garanticen.

Cuando las empresas norteamericanas se escapaban a Canadá o Irlanda en los llamados inversión deals escapaban a un entorno de fiscalidad no confiscatoria. Lo mismo ocurre cuando una empresa deja una región que pretende independizarse desde las llamadas -por escrito- a la confiscación, el impago y la asfixia fiscal a mayor gloria de unos políticos que no se juegan nada.

La fuga de la sede corporativa y legal de una empresa de una región o país a otro tiene enormes implicaciones fiscales, en inversión y empleo. La ridiculez que algunos han intentado difundir diciendo que la fuga de la sede no tiene impacto fiscal en la región es completamente falsa, y se desmonta precisamente viendo el esfuerzo que cualquier país o comunidad autónoma lleva a cabo para las empresas se mantengan.

Las empresas, por lo tanto, no dejan Cataluña, las echan los que creen que los agentes económicos son rehenes cautivos sujetos a sus veleidades megalómanas.

Las empresas no dejan Cataluña. Los políticos las echan. Esas empresas seguirán prestando servicios y ofreciendo bienes a sus clientes siempre que los deseen y los consumidores se beneficien. Pero la amenaza -la certidumbre- de secuestrar la seguridad jurídica, el derecho a la propiedad y la responsabilidad crediticia no pueden ser consideradas nada más que extorsión.

Hace muchos años que el empresariado catalán ve cómo el poder político cuenta con sus empresas como barcos a quemar en la consecución del poder absoluto, y lo que pasaba por ser una identidad cultural, un sentimiento de adhesión ha pasado a ser un ataque a los principios básicos de convivencia, de entorno inversor y de reputación corporativa.

La reputación corporativa es esencial. Y que, a empresas globales, independientes y de calidad se les identifique con veleidades totalitarias y liberticidas no solo es desastroso para el empleo y la inversión en la región, sino para ventas y transacciones en todo el mundo. Afecta a la calidad crediticia, a sus accionistas de todo el mundo, a sus acreedores y a la capacidad de financiación. Las empresas no son peones de políticos endiosados portadores de banderas, sean norteamericanas, españolas, francesas o catalanas.

Ninguna empresa o banco catalán se ha ido. Lo han echado los que se han valido de las instituciones para romper las leyes que les apetecía romper y poner encima de la mesa la palabra más peligrosa en el mundo económico “aleatoriedad”.

Cuando un grupo de políticos pone ante los ojos del mundo que decide unilateral y aleatoriamente qué leyes cumple y cuáles no, también nos está diciendo a todos que su credibilidad a futuro es todavía menor que la actual. No es que haya incertidumbre por el riesgo de que ignoren los compromisos actuales, es que hay certidumbre de que lo volverán a hacer, según les convenga, y exponencialmente. Ahora, venga usted y me dice que les va a prestar o invertir en el país o región que gobiernan. Que gobiernan como servicio a los ciudadanos y a las empresas, no haciéndole un favor a esos agentes económicos por dejarles crear riqueza.

Cuando los políticos olvidan su labor de servicio para creerse que empresas y ciudadanos son cajeros automáticos de sus aspiraciones totalitarias, la marea de fugas les recuerda la mentira de su endiosamiento.

Cuando los consumidores de presupuesto usurpan a la sociedad civil tratando a sus ciudadanos como seguidores de una secta, enfrentando a unos con otros, dividiendo para sus tácticas electorales, y promueven el supremacismo y el servilismo para asfixiar a los creadores de riqueza, la única respuesta es fugarse.
La reputación es fruto del esfuerzo

El problema de las fugas de empresas, que se está dando a niveles que ni los más preocupados imaginaban, es que no se para por “llamar al dialogo”. Es que no se revierte con un “ya volverán”. La reputación y credibilidad de una región o país, igual que la de una empresa, se va ganando con enorme esfuerzo de todos, día a día. Y se quiebra en un solo día. Cuando lleguen y nos digan “no, hombre, que era broma, vuelvan”, nadie les cree.

Es una lección que deberemos aprender todos, ojo. Los que reciben la confianza del que escapa y los que tienen las mismas veleidades intervencionistas que los separatistas en el resto de España, el resto de la Unión Europea y el resto del mundo.

Estos días hemos vivido el debate sobre el derecho a la sedición. La verdadera secesión es la que están haciendo empresas y depositantes. Escapar de los que les usarán como cajero automático de sus entelequias supremacistas.

Cuando los políticos confunden a la turba con el pueblo, a los bots con votos y la convivencia con la sumisión a sus ideas mágicas, solo destruyen.

Desafortunadamente, a muchos de esos políticos les es indiferente el destrozo económico que han generado. Porque, parafraseando a Lord Varys de Juego de Tronos “sería capaz de quemar el país con tal de ser el rey de las cenizas”.

Operación salidaa
La nueva república nace muy empobrecida. ¿Creían los muy imbéciles que esta ronda salía gratis?
Carlos Herrera ABC 7 Octubre 2017

Está ocurriendo lo previsto, sólo que más rápidamente. Los hechos se van desencadenando como en cualquier revolución, con la diferencia de que esta está siendo alumbrada en tiempo de tecnología punta y la velocidad es de fibra óptica. Una vez identificado el enemigo, haber dado con la retórica adecuada, practicado la violencia intimidatoria con resultados excelentes e instalado ese desorden tan propio de las revueltas, y, por fin, haber convencido a medio mundo de que los catalanes son un pueblo cautivo, las autoridades regionales desencadenaron el esprint final: referéndum (o así), manifestaciones y, finalmente, huelga general. Tras ello sólo quedan los trámites de postureo y, al cabo, proclamación de la República. Mira tú que sencillo.

Algunos sospechaban que iba a mediar más tiempo entre el penúltimo y último paso, y, en ese tiempo, tal vez semanas o meses, asistir a unas elecciones autonómicas y a las tensiones propias del toma y daca. Pero no, entre el plato y las tajadas apenas pasaron unas horas y la cascada de hechos que suele producirse se ha abalanzado sobre los mortales con un ritmo vertiginoso que no permite la acomodación. El Gobierno de España calienta la banda de la aplicación estricta de las leyes, sí, pero la realidad ha decidido adelantarse a los escenarios improbables, y digo improbables porque la independencia de Cataluña no es siquiera contemplable por muchas masas revolucionarias que incendien las calles o por mucho desbarajuste mental que muestren los actores políticos y sociales de este disparate en varios actos.

Ahí tienen ustedes al dinero, tan refractario a las montañas rusas, tan poco dado a las revueltas, tan amigo de las mesas camilla de invierno. Han sido dos días de revueltas callejeras y de anuncio del advenimiento inmediato de la Gran Proclamación y los inversores han empezado a tomar el dinero y a correr: la Bolsa española ha bajado del listón de los diez mil puntos y entidades bancarias ejemplares y altamente solventes como Caixabank y Sabadell han visto disolverse algunos miles de millones en cotización bursátil. Ambas entidades tienen mucho más volumen de negocio fuera de Cataluña que dentro, pero cualquier inestabilidad en la sede societaria se paga con evaporaciones, y no digamos si además cualquiera de las dos toma postura ante la gravedad del momento. Hasta ahora han esquivado con solidez y prudencia la amenaza de retirada de depósitos que exigieron los levantiscos hace dos años cuando las entidades anunciaron su marcha de una Cataluña independiente, pero en este momento la plancha ya está caliente y hasta que no han anunciado el traslado de sus sedes a Palma de Mallorca y Madrid no han dejado de perder valor sus acciones. Ahora se enfrentan a otro problema delicado: la salida de depósitos. Por una parte están los iracundos catalanes enfurecidos por el anuncio de salida, los cuales han pedido no dejar un solo euro en las arcas de Sabadell y Caixabank, y por otra los temerosos catalanes que prefieren alejar su dinero del epicentro del terremoto y suplican a las entidades que les abran una cuenta en Zaragoza o Madrid. O que directamente se llevan sus ahorros al Santander, por ejemplo. A ello han de hacer frente ambos equipos profesionales -muy solventes, dígase-, no perder los nervios y saber reaccionar a tiempo. Asegura Sostres de forma muy aguda que muchos de los que se manifiestan contra policías y guardias civiles o que hacen la ola a los incendiarios callejeros son los mismos que ayer por la mañana pedían consejo acerca de dónde llevar su dinerito. Qué cosas.

Estas dos entidades, no obstante, no son las únicas que toman las de Villadiego. No pocas pequeñas y medianas empresas están haciendo cola para encontrar un buen asiento en la Operación Salida. La nueva república nace muy empobrecida. ¿Creían los muy imbéciles que esta ronda salía gratis?

LOS INTELECTUALES Y ESPAÑAANTONIO VALDECANTOS
"España está en medio de un 98 'interior' cuyas secuelas serán duraderas"
LUCÍA MÉNDEZ El Mundo 7 Octubre 2017

Antonio Valdecantos (Madrid, 1964) es catedrático de Filosofía y ejerce la docencia en la Universidad Carlos III. Cruzado en defensa de las Humanidades, como el último refugio espiritual en un mundo demasiado ruidoso y poco dado al pensamiento crítico. Valdecantos camina contra corriente de las supersticiones de la modernidad y es pesimista por derecho propio.

¿Cómo hemos llegado a esto?
La "rebelión de los catalanes", si cabe utilizar el libro clásico de Sir John Elliot, es el resultado de dos cadenas causales. Ninguna de las dos hubiera bastado por sí sola para producir esta situación, pero la confluencia entre ambas ha sido explosiva. Por un lado, está el malestar desencadenado por la Gran Recesión, que en Cataluña tenía su cáncer natural en la exacerbación del nacionalismo. Por otro lado, la desconexión social, cultural y de espíritu que lentamente se ha producido en los últimos cuarenta años entre Cataluña y el resto del país.

¿Por el adoctrinamiento nacionalista?
Por supuesto ha habido muchísimo adoctrinamiento detrás, pero estas cosas suelen ser más sutiles e incontrolables. Tengo la convicción de que, para las generaciones jóvenes de Cataluña, España es un lugar atrasado, antipático y áspero, una nación semiafricana con gobernantes inverosímiles, a la que pertenece por un arcaísmo que algún día se desplomará por su propio peso.

¿Y eso no encierra un fracaso del Estado en Cataluña?
¿Qué mayor fracaso quiere usted? Ocurra lo que ocurra, estamos en medio de un 98 interior cuyas secuelas serán duraderas. El relato según el cual España era el problema y Europa la solución parece estos días desvaído, por decirlo suavemente. Resulta que estar en Europa no evita que retornen desgarros atávicos. Más que forjar un Estado, lo que parece es que nos hemos pasado la vida intentando construir varios, que se han quedado todos a medio hacer. Se me ocurre una interpretación todavía más ácida. Quizá sí se triunfó en la tarea de hispanizar Cataluña. ¿No es el procés un fenómeno típico de la España negra, concebido para que pudiera ser pintado por Goya o por Solana?

¿Cómo lo hubieran pintado? ¿Cómo se puede analizar el movimiento independentista catalán a la luz de la Historia?
Hace veinte años, el nacionalismo catalán era católico rural, de raíces carlistas. Pero si está triunfando es porque se ha convertido en un nacionalismo que quiere encarnar la modernidad frente a la rancia Castilla. Un sentimiento de clases medias, viajadas y cultas es compatible con un sentimiento nacional rancio y castizo. Hay una división del trabajo. La CUP pone el lado bravo de la tarea y otros se encargan del lado más refinado.

Sorprende el carácter emocional y poco racional de este movimiento.
Lo que se está dando no es una revuelta ni una revolución, sino una sofisticada escenificación de episodios. Las calles se ocupan no para controlarlas, sino para servir de producción de imágenes que puedan blandirse como signos de hegemonía. El discurso del independentismo catalán es infantil, no se lo puede tragar nadie medianamente inteligente. Pero desde que el mundo es mundo, las personas más inteligentes que ha hecho Dios se han tragado los discursos más aberrantes y más pueriles.

¿Por qué cree usted que la mitad de los catalanes que no son independentistas están tan callados?
Porque no tienen discurso y si echan mano de alguno, éste es muy débil.

¿Es imaginable una Cataluña independiente de España?
No lo creo. Un Estado nuevo es un empeño de envergadura colosal que fracasa si tiene que emprenderse contra la mitad de la población. Tales cosas sólo triunfaban cuando podían hacerlo por la cruda violencia. Imaginar una España sin Cataluña pondría patas arriba toda la retórica modernizadora en la que ha intentado fundarse nuestra identidad colectiva. Ylo haría de un modo enloquecido. ¿Qué decir de una ciudad que quiere ser cosmopolita y moderna, pero de la que se ha independizado su barrio más chic, aunque lo ha hecho a base de tumultos suburbiales?

¿Se puede hablar de un nacionalismo español?
Ciertamente, no hay una idea de nación española. Esto tiene su lado bueno y su lado malo. El lado bueno es que somos gente a la que el lenguaje campanudo y las grandes palabras nos dan más risa que otra cosa. El concepto de patriotismo no ha cuajado. Aznar intentó armar un nacionalismo español y aquello no prosperó. Lo que triunfa es la mentalidad pragmática que puede tener sus necesidades simbólicas. Pero para eso tenemos el fútbol, para proveernos de identidades colectivas y de pasión nacional.

¿Aprecia una mayor inquietud ahora por el desafío catalán?
La preocupación por la cuestión catalana ha sido hasta ahora muy ligera en el resto del país. No sé si empezará a dejar de serlo. Como el Estado español se quedó a medio hacer, la bandera nacional es -conviene no engañarse- un símbolo partidista. Sólo cuando hay fútbol se convierte en otra cosa. La derecha saca la bandera española con todo el desahogo de quien muestra un símbolo ideológico. Yla izquierda mira la secesión catalana como un oscuro objeto de deseo. La fantasía de mucha izquierda española es el puñal de una Cataluña independiente clavado en el corazón de la derecha española.

¿Qué papel cree usted que están teniendo los intelectuales en esta crisis?
Es curioso y sorprendente cómo la interpretación de la Historia contemporánea española se ha convertido en un tema obsesivo. Parece como si pensar en cualquier otro asunto consistiese en tomar partido acerca de la Transición. Es un tanto incómodo y cansino el enfrentamiento entre dos mitos: la Transición ejemplar, espléndida y razonable que fuimos capaces de hacer; y la Transición como una suerte de claudicación de la izquierda que aceptó la herencia del Franquismo. El debate intelectual está enfangado y enganchado en la Transición.

¿Por qué?
Creo que estamos administrando la salida de la crisis de un modo que seguramente no mira la realidad de frente. Nos negamos a admitir que nos hemos empobrecido, que las cotas de bienestar ya no van a ser las que fueron. Discutimos la idea misma del final de la crisis. El recurso al pasado es una vía de escape. Mientras se discute la Historia no se mira de frente a un presente que quizá no sea grato.

Usted ha subrayado como una característica de esta época la pérdida de soberanía de los ciudadanos y el desplazamiento de los centros de decisión a instituciones no elegidas.
Eso ya no tiene vuelta atrás. Hay un punto de inflexión al que no se le da la importancia que tiene. Es un tabú que nos resulta especialmente desagradable, que es la reforma del artículo 135 de la Constitución. A mi modo de ver, marca un hito decisivo en la historia contemporánea de este país.

La crisis dio pie a un potente movimiento de protesta en el 15-M. Se habló de nueva política.
A mi juicio, la nueva política ha derivado en una teatralización. Ha cuajado una especie de habituación al espectáculo. Nos hemos instalado en un papel de consumidores y productores de espectáculo. Han aparecido nuevos líderes con un estilo rompedor, novedoso, iconoclasta, escandaloso. Es como si hubiera sido una revolución imaginaria que es lo que ha dado salida al descontento. La movilización callejera históricamente fue otra cosa. Las calles se tomaban para tomarlas, como parte de la toma del poder, que después podía triunfar o fracasar. Ahora se toman las calles para hacerse selfies y fotos de mayor amplitud para proporcionar imágenes de poderío y control. Está por ver la capacidad de innovar de los agentes de la nueva política. En el momento que aburran, están perdidos.

¿Que opina de la explosión de las redes sociales y de su papel político, social y cultural?
Las redes sociales forman parte de ese espectáculo y son su expresión más característica. Ya no se usan como medio para convocar. Ahora, el momento más importante de cualquier movilización es la difusión de las imágenes. Como si la movilización se produjera para ser fotografiada. Es muy fastidioso el prestigio intelectual y cultural que ha cobrado, por lo menos desde el 15-M, la ocupación teatral de calles y plazas. Muchos intelectuales se extasían ante ellas, proporcionando una muestra bastante kitsch de romanticismo político. Los paradigmas de la ocupación de plazas son la aclamación caudillista y la ejecución pública, aunque luego se puede decir que no, que las masas se reúnen para destilar refinados argumentos.

¿Cree usted entonces que todo es espectáculo?
Un espectáculo activo. Ya no es la vieja idea de Debord. No es que estemos en el patio de butacas y miremos al escenario. Exagerando un poco, el nuevo derecho de todos los derechos es el de formar parte del espectáculo. Yéste tiene que renovarse permanentemente. El concepto de nueva política, por ejemplo, ya ha caducado. Este comienzo de curso creí conveniente hablarle a mis alumnos de ese concepto que se ha dado en llamar posverdad. Pero me dio la impresión, mientras hablaba en la clase, que esta palabra también caducará dentro de unos meses. De hecho, ya está bajando de intensidad. Eso forma parte de la condición efímera del espectáculo, si no se renueva constantemente, puede llegar a aburrir a las gentes.

¿El concepto de populismo también caducará pronto?
Está por ver cuánto durará la noción de populismo como categoría política. En España ha surgido un populismo de izquierda que ha tenido bastante éxito, y un populismo nacionalista descontrolado en Cataluña. Y, sin embargo, hay algo en lo que no se fija casi nadie. En los años 60 del Siglo XX se asienta en España casi como ideología transversal y dominante una suerte de pragmatismo acomodaticio, surge una clase media que no existía y es profundamente pragmática con la despensa más o menos llena. Esta ideología un poco sanchopancesca ha tenido su continuidad. Cuando Felipe González vuelve de China y dice aquello de gato negro o gato blanco, lo importante es que cace ratones, está dando en el clavo de lo que la gente está pidiendo.

¿Esta ideología que usted dice llega hasta hoy?
Creo que alguien como Rajoy encarna muy bien este espíritu. Él, que no es tonto, ha tomado buena nota de lo que tenía que hacer. La instalación en el pragmatismo se ha convertido en un dogma.

Hace un par de años se habló mucho de regeneración y parecía que iban a pasar muchas cosas.
Al final no ha pasado nada, excepto lo catalán. Los discursos regeneradores es lo que tienen, que están muy bien porque crean mucha satisfacción moral en los depositarios, que quieren verse libres del clima de corrupción generalizada. Eso es muy eficaz para que las gentes tengan su propio bienestar. Hace cien años también se hablaba de la regeneración.

Pero ahora no tenemos Unamunos, ¿o sí?
Esto se dice mucho. La sensación de falta de referentes es un fenómeno generalizado en todo el mundo. La historia de la cultura española es la historia de la pugna entre una ideología modernizadora y otra tradicional. Cualquiera que tuviera un mínimo de dignidad y moral se tenía que apuntar a la modernidad. La retórica modernizadora podía haber naufragado en la crisis, pero ha sobrevivido. Echo de menos algo que en otros lugares de Europa existe, que es una seria corriente de pensamiento de crítica a la modernidad. En el Siglo XX tuvo exponentes de gran envergadura, de Unamuno a García Calvo o Sánchez Ferlosio. Una de las secuelas de eso que se llama cultura de la Transición es el soterramiento de esas corrientes. La cultura en general y las instituciones de enseñanza han sufrido un duro golpe. No hemos calculado el alcance de que la enseñanza de las Humanidades se imparta en inglés.

¿Se ha perdido la batalla en defensa de la Filosofía y las Humanidades que dieron ustedes en la Universidad?
Se ha perdido, no lo voy a negar. Una de las secuelas de la Transición fue convertir la universidad en una escuela de negocios. Pero la derrota no ha sido tan humillante como yo mismo, que soy el pesimista oficial, creía. Yen parte se debe a una resistencia intelectual y lingüística de no tomarse en serio la retórica oficial. El número de alumnos matriculados en las facultades de Letras ha aumentado.

En los rankings internacionales la universidad española no sale bien parada.
Los rankings se toman en beneficio de distintas disciplinas. Se silencia que en Filosofía y en Historia, nuestras universidades de verdad están muy bien posicionadas.

Primera denuncia contra el Presidente del Gobierno por dejación de responsabilidades constitucionales
Querella contra el presidente Mariano Rajoy por presunto delito de cooperación necesaria con la sedición en Cataluña
latribunadelpaisvasco.com 7 Octubre 2017

Ramiro Grau Morancho, abogado encargado de redactar la querella
El presidente-fundador de la Asociación Soluciona, Armando Robles, ha anunciado la interposición de una querella criminal contra el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy Brey, por su complicidad con los sediciosos catalanes, al no hacer “absolutamente nada” para impedir que se consume el proceso separatista, “totalmente ilegal y anticonstitucional”.

El equipo jurídico del partido social identitario ha encargado a Ramiro Grau Morancho, prestigioso abogado de Zaragoza, ex fiscal y profesor de Derecho en universidades públicas y privadas, la redacción de la querella, que en breve será presentada ante la Sala Segunda del Tribunal Supremo, dada la condición de aforado del todavía presidente del Gobierno.

Consultado dicho letrado, no ha querido hacer declaraciones “por respeto a tan alto Tribunal y para que sea el primer destinatario del escrito de querella”, pero sí ha dicho que se ha recopilado abundante información sobre la pasividad, inactividad y dejación de funciones del presidente del Gobierno. Considera en este sentido que, como mínimo, Mariano Rajoy tendrá que ser llamado a declarar, en calidad de investigado, si cuando se admita a trámite la querella sigue siendo presidente del Gobierno de España.

Los denunciantes defienden como “valor innegociable” la unidad e integridad territorial de España y advirten que el Gobierno de Rajoy “se halla desbordado, y superado por las circunstancias”, siendo además “incapaz de actuar y dejando que los secesionistas lleven la iniciativa y marquen los tiempos de su hoja de ruta”. “Es necesario ponerles ante el espejo de sus propias contradicciones, y exigirles la responsabilidad criminal a la que se han hecho acreedores, además de la responsabilidad política, que obviamente, se la exigiremos los españoles en las próximas elecciones”.

“No hay un sólo país en el mundo donde un representante del Estado anuncie la destrucción de ese mismo Estado sin que sea inmediatamente detenido. No hay un sólo lugar en la tierra donde la policía de un Estado sabotea las órdenes de la Justicia y también la labor de otros cuerpos policiales del mismo país. No hay un sólo lugar en el mundo donde representantes del Estado espoleen los peores instintos de la población y promuevan el acoso y ataque a policías a las órdenes del Estado al que pertenecen. No hay precedentes mundiales de un líder nacional incapaz de dar una respuesta política a un grupo de sediciosos que están destruyendo la convivencia y provocado una fractura social y económica de difícil solución. Creemos que estos son indicios más que suficientes para promover una acción judicial contra Mariano Rajoy, cuya cobardía ante los sediciosos no hace sino darles alas y que extremen sus medidas de violencia y acoso”.

Fuentes jurídicas consultadas por los denunciantes creen que la actuación de Mariano Rajoy pudiera ser constitutiva de los presuntos delitos de complicidad con todos los que están cometiendo los separatistas catalanes, e incluso del posible delito de cooperación necesaria, ya que parece obvio que su pasividad y dejadez está favoreciendo la separación de Cataluña del resto de España.

“Estos delincuentes, políticos y económicos, están cometiendo varios delitos continuados de desobediencia judicial, de malversación de caudales públicos, e incluso de sedición, algunos de los cuáles tienen señaladas penas de 15 años de prisión”, señaló una de estas fuentes.

SUFREN ACOSO Y HOSTIGAMIENTO
Guardias civiles piden apoyo psicológico para los familiares de los agentes
La Gaceta  7 Octubre 2017

La Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) pedirá al Ministerio del Interior que, de forma inmediata, ponga en marcha un servicio de apoyo psicológico para los familiares de los agentes desplegados en Cataluña que están sufriendo acoso y hostigamiento.

Según han informado fuentes de esta asociación, la solicitud se cursará a través del cauce de interlocución centralizado que Interior anunció el miércoles en su reunión con las asociaciones Guardia Civil y los sindicatos policiales.

Para la AUGC, es necesario que Interior ofrezca apoyo psicológico profesional a los familiares de los agentes, que “son también víctimas, y mucho más vulnerables, de la deriva secesionista que vive parte de la sociedad catalana”.

La AUGC considera que este servicio debe ser “inmediato” y prolongarse durante el tiempo que sea preciso, y recuerda que a lo largo de los últimos días se han conocido numerosos casos de familiares de guardias destinados en Cataluña que sufren el acoso y las amenazas de independentistas.

Un hostigamiento que se produce en su entorno más cotidiano, como colegios, puestos de trabajo o establecimientos comerciales, subraya.

Si la situación ya resulta difícil de gestionar por parte de los agentes, “es fácil imaginar la repercusión que tiene sobre menores de edad, algunos de apenas 5 ó 6 años, que son señalados entre sus compañeros por ser hijos de guardias civiles o que tienen que escuchar insultos referidos a sus padres. Otro tanto supone para las parejas de los agentes”, lamenta la AUGC.

Además, asegura que los agentes que viven en las casas cuartel deben sufrir los escraches de los separatistas, que rodean sus viviendas y les profieren insultos y amenazas “difícilmente soportables para una familia de trabajadores con sus hijos”.

Y lo peor, resalta la AUGC, es que esta situación está obligando a no pocos agentes destinados en Cataluña a plantearse la posibilidad de solicitar un traslado, a pesar de que llevan viviendo muchos años en esa comunidad, están plenamente integrados en su sociedad e, incluso, algunos son originarios de allí.

Plantearse esa posibilidad, que supondría un desarraigo para ellos y sus familias, les está suponiendo “un estrés añadido a su trabajo diario”, recalca la asociación.

“Es fácil imaginar lo difícil que resulta salir cada día a cumplir la tarea encomendada temiendo que tus hijos o tu pareja se puedan ver señalados en su entorno diario, insultados por la calle o relegados en su trabajo por ser simplemente parientes de un guardia civil”, apostilla.

Por ello, la AUGC pide a Interior ese apoyo psicológico, sobre todo para la protección de los menores pero también para que los propios guardias civiles “se sientan amparados por la institución a la que sirven y puedan salir a trabajar cada día con mayor confianza y seguridad en la defensa de la legalidad y la protección de los ciudadanos”


******************* Sección "bilingüe" ***********************

Se extiende la desolación
La catastrófica gestión del Gobierno en la crisis separatista
Rafael Núñez Huesca Gaceta.es 7 Octubre 2017

Al Gobierno de España le ha superado por completo la situación. La batalla legal y judicial ha resultado perfectamente inútil. Hubo fotos de cargas policiales y hubo referéndum. La sensación de orfandad política, de incomparecencia del Estado, no hace sino crecer cada día. Rajoy, mientras tanto, insiste en el “diálogo”

El once de septiembre de 2012 se produjo la primera gran manifestación indepedentista. El presidente del Gobierno despachó la más concurrida manifestación popular de la historia de Barcelona como “un lío”. Y señaló la que, a su juicio, era “la prioridad de los catalanes”: el desempleo y la crisis económica. Ignoraba que se enfrentaba a una revolución que puede acabar llevándose por delante su carrera política y lo que es peor, la existencia misma del país.

Al Gobierno de España le ha superado por completo la situación. Rajoy, un tecnócrata sin ideología, un registrador de la propiedad, y Soraya Sánez de Santamaría, una abogado del Estado, en ningún momento supieron leer un movimiento emocional e identitario que les ha desbordado por todos los flancos. No es posible comprender, y menos combatir, una revolución hiperpolítica desde tablas de Excel y páginas del BOE. No es una cuestión material, de dineros o física, es una voluntad metafísica lo que ha movido al separatismo a las puertas de Ítaca.
El Gobierno juega el partido en un campo vacío

El presidente creyó que se enfrentaba a dirigentes políticos homolgables a él, a líderes comprometidos con el imperio de la ley. Empleó una artillería legal y judicial que ha resultado perfectamente inútil. Se parapetó detrás de los tribunales y confirió al Tribunal Constitucional competencias propias del poder ejecutivo. De nada sirvió. El Gobierno opera en el terreno de juego de las leyes un partido que hace años que se disputa en dimensiones políticas donde el separatismo tiene ya una ventaja colosal: el tejido asociativo, mediático, cultural, emocional, educativo, sociológico e internacional.

La paradiplomacia separatista lleva años trabajando cancillerías, medios internacionales, embajadores, diplomáticos, eurodiputados y líderes de opinión. Todo con resultados “ridículos” a juicio del Gobierno. Tras la actuación policial del 1-O Rajoy se dio de bruces con el muro de la realidad y comprobó que la labor de zapa del separatismo en el exterior, de pronto, era exitosa. La “represión policial” encajaba con el relato que el independentismo había difundido y según el cual Cataluña se enfrentaba a un país semidemocrático y de pulsión autoritaria.

El Estado perdió la batalla por el relato, la pugna por legitimarse en el imaginario colectivo. Se abrió por vez primera una grieta en la Unión Europea y se perdió el favor de la prensa internacional, que abrió sus portadas con las imágenes con las que el separatismo llevaba años soñando. Una torpeza de dimensiones colosales y cuyos efectos no será posible revertir a corto plazo.

El Gobierno tuvo meses para desactivar el referéndum de forma aséptica y no fue capaz. El Ministerio del Interior desplegó policías, guardias civiles y servicios de inteligencia y no se encontró una sola urna. Ninguna. Tampoco previó la traición de los Mossos d’Esquadra. No había plan B. Por contra, sí hubo fotos de cargas policiales y sí hubo referéndum.
Y cuando los presuntos excesos policiales habían abandonado la agenda política, el delegado del Gobierno, Enric Millo, ha acudido a TV3 a ofrecer “disculpas” al pueblo catalán, confirmando implícitamente que tales excesos se produjeron y dejando, una vez más, a Policía y Guardia Civil a los pies de los caballos. Resulta difícil imaginar un saldo más catastrófico.

Los policías y guardias civiles fueron, en los días posteriores al 1-O, humillados y acosados por toda Cataluña. Obligados a una penosa peregrinación en busca de hospedaje. Una Vía Crucis de resultas del cual, es cierto, brotó un patriotismo espontáneo por toda España. Una sentimiento de comunidad parejo a la sensación de orfandad política, de incomparecencia del Estado.
Rajoy: “no existe motivación jurídica suficiente para la aplicación del 155”

La indignación con el Gobierno de España no hace sino crecer cada día. La parálisis del presidente desespera a socialistas como José Bono o Alfonso Guerra, que piden la aplicación inmediata del Artículo 155. Otros ex altos cargos firmaban una carta que, dirigida a Pedro Sánchez, mandaba un mensaje al presidente del Gobierno: “actúe”.

Desde Ciudadanos, que también insisten desesperadamente en la necesidad de intervenir, denuncian que el presidente del Gobierno aseguró a Rivera que “no existe motivación jurídica suficiente para la aplicación del 155”.

El último error de estrategia del Gobierno y que vuelve a proveer de munición argumental a la Generalitat tiene que ver con el recién aprobado real decreto ley “que agiliza la salida de empresas de Cataluña”. El éxodo, sin embargo, ya se estaba produciendo de manera espontánea, proceso sólo imputable a las empresas. Desde el movimiento del Gobierno, el mundo separatista denuncia una “asfixia económica promovida por el Estado”. “El Gobierno español refuerza la estrategia del miedo: anima a las empresas a irse de Cataluña”, titula NacióDigital. Para colmo, el decreto ley ha transmitido la sensación de que la situación está descontrolada y la secesión es inminente.

Mas la mayor inquietud tiene que ver, no obstante, con lo que pueda ocurrir a medio plazo, si es que el Estado logra evitar la ruptura. Y es que Rajoy insiste en el “diálogo” con los sediciosos (si “vuelven a la ley”) y se extiende el temor de que el separatismo no sólo puede salir indemne del brutal desafío sino que el Gobierno podría incluso premiar su actitud en forma de más privilegios fiscales, competenciales y políticos. De ocurrir, Rajoy habría convertido el golpe de Estado en una nueva forma de hacer política.

El hundimiento de España (6)
Vicente A. C. M. Periodista Digital 7 Octubre 2017

ENRIC MILLO, DELEGADO DEL GOBIERNO EN CATALUÑA, PIDE PERDÓN POR LOS HERIDOS Y LAS CARGAS POLICIALES DEL 1 -O. RAJOY NO APLICARÁ EL 155 SI NO TIENE EL APOYO DEL PSOE. EL TC AVISA DE QUE EL PLENO DEL MARTES SERÁ ILEGAL SI SE INCLUYE DE FORMA EXPRÉS EL DEBATE PARA DECLARAR LA DUI.

Me parece que el Rey D. Felipe no debe estar muy contento con el resultado nulo de su magnífico discurso a la nación del pasado martes 3 de octubre. Ninguna reacción salvo los de los antisistema y secesionistas. El Gobierno de España ha mantenido un atronador silencio solo roto por la anodina comparecencia de la vicepresidenta Soraya Sáenz. Una actitud que ya empieza a oler a chamusquina de apaño entre bambalinas con los golpistas con o sin intermediarios, mientras se sigue con la pantomima del cruce de amenazas y se avisa de “males mayores”. Pero la realidad es que el Gobierno de España, en este caso su máximo representante en Cataluña, el Delegado del Gobierno Enric Millo, ha pedido perdón por los heridos durante la jornada del referéndum ilegal durante las “cargas” de las FFyCCSE destacadas y que cumplían órdenes judiciales para impedir la consumación de ese delito, ante la inoperatividad y complicidad de los Mossos con los golpistas.

Hace falta tener poca o ninguna vergüenza, cobardía y cinismo, para usar a la policía como “carne de cañón”, al limitar su respuesta ante el acoso y actitud beligerante de una multitud perfectamente coordinada para impedir el acceso a los locales electorales previstos, y no tomar acción ante el desacato real de los Mossos que llegaron incluso al enfrentamiento físico y a colaborar en el transporte de las urnas y en permitir la ocupación de esos locales electorales y la existencia de barreras y auténticas barricadas físicas y humanas que bloqueaban los accesos a las FFyCCSE que tuvieron que abrir paso de la forma más proporcionada y adaptada a las circunstancias. Una labor que solo se puede calificar de profesional al tener que aguantar el acoso y empuje de una multitud fanatizada dispuesta a impedir por la fuerza la misión encomendada a la policía. Porque el llamamiento a los ciudadanos para impedir el cierre de los locales fue realizado desde el mismo Gobierno de la Generalidad, de la CUP y de las asociaciones independentistas ANC y OMNIUM. Y esos son los únicos culpables de los enfrentamientos y los que deben dar cuenta de su irresponsable llamada a sus afines.

Hace falta poca vergüenza, cobardía y cinismo para pedir ahora perdón a los causantes de esa kale borroka, que ya tuvo su prolegómeno días antes con los vergonzosos acontecimientos en el acoso a los funcionarios que cumplían con su misión judicial de registro en la Consejería de Economía de la Generalidad. Otra situación de máximo riesgo para la seguridad personal de la policía y guardia civil que acompañaba a los funcionarios en su misión, agravada por la inacción de los Mossos que desoyeron las reiteradas llamadas de ayuda permitiendo que la multitud incontrolada estuviera hasta el amanecer destrozando los coches policiales, robando las armas de fuego que había en los mismos e intentando asaltar las dependencias de la Consejería. Desde luego que solo por esas declaraciones, Enric Millo debe dimitir de forma inmediata y mejor, ser cesado y rectificado por un Gobierno de España que de forma tan indigna culpa a sus FFyCCSE de algo que solo la profesionalidad de esos agentes evitó que pudiera ir a mayores y hablásemos de heridos de verdad y no los que la Generalidad presentó.

Mariano Rajoy sigue sin aclarar cómo va a responder a la DUI (declaración unilateral de independencia) que presumiblemente tendrá lugar el próximo 10 de octubre en un pleno trasladado de fecha para no sumar una nueva desobediencia al TC que había suspendido el pleno de lunes con la agenda de la información y debate sobre los resultados del referéndum ilegal. Lo que parece ya más que claro es que no va a aplicar el artículo 155 de la Constitución porque a estas alturas debe ser muy consciente de que no va a tener el visto bueno del PSOE de Pedro Sánchez, sino todo lo contrario. Lo que sorprende es la respuesta que Mariano Rajoy le da a su otro socio en la defensa de la Constitución, Albert Rivera y CIUDADANOS, al decir que “hasta ahora no existen argumentos jurídicos que permitan la aplicación de ese artículo”. O sea que esos delitos de prevaricación, desobediencia a las sentencias del TC y sedición en los que han incurrido el Gobierno de la Generalidad, la Mesa del Parlamento y los Diputados que aprobaron leyes inconstitucionales como la ley del referéndum y la ley de desconexión, no son argumentos jurídicos de peso para justificar que se aplique unas medidas tan difusas como las del artículo 155. Hay que ser cínico o, como insinúa el ex eurodiputado Alejo Vidal - Quadras, que exista alguna razón oculta por la que Mariano Rajoy parezca estar condicionado por terceros.

Y si no está dispuesto a aplicar el 155, ¿Cuáles son las otras alternativas que piensa utilizar para cumplir con la promesa de que Cataluña no será independiente, devolver la legalidad a esa autonomía y poner a los responsables de la sedición ante la Justicia? Claro que en eso tampoco parece tener las cosas claras ya que ha ofrecido una amnistía a los insurrectos si vuelven a la normalidad y a la legalidad, a cumplir y acatar los preceptos de la Santa Madre España que están recogidos en la Constitución. Lo que ayer llamé el perdón al hijo pródigo que vuelve a la casa paterna arruinado y arrepentido tras años de ausencia y es acogido por el padre con los brazos abiertos y amor paternal. Y la verdad es que estoy más que harto de este señor de Pontevedra, al que como ya pueden saber aquellos que me leen, no le tengo en gran estima, ni en lo humano, ni en lo político. Una personalidad anodina, sin carisma, sin emotividad, - lo más parecido al carácter de una ameba o un percebe -, y lo que es peor, sin ideología política. Alguien que ha logrado sobrevivir y mantenerse no por su valía política, sino por la incompetencia de sus rivales, la ceguera de sus mentores y el fariseísmo de sus aduladores.

Por otra parte, el TC ya no sabe qué hacer salvo seguir lanzando sus admoniciones a los golpistas y no atreverse a aplicar los medios legales coercitivos que ya dispone tras la reforma de sus atribuciones por parte del Gobierno de España, para así no asumir su responsabilidad de hacer cumplir la ley y las sentencias de los tribunales, incluido también las del Tribunal Supremo. Una actitud del Gobierno de España mantenida durante décadas en las autonomías de El País Vasco, Navarra y Cataluña, donde los partidos nacionalistas, abertzales de ultra izquierda y anti sistema, con la colaboración de las diferentes federaciones del PSOE, el PSV y el PSC, han contribuido a la que la situación haya llegado a que ahora estemos enfrentándonos a una sedición. La culpa no es de los tribunales que sentencian y defienden los derechos de los ciudadanos, sino la actitud pasiva y cobarde de los Gobiernos de España a la hora de hacer efectivas las sentencias. Así que ahora no nos puede extrañar que ese Gobierno haya hecho lo posible por seguir eludiendo su responsabilidad y trasladarla al Tribunal Constitucional como si fuese un moderno Tribunal de la Inquisición. Algo deleznable y cobarde.

Ya se ha visto el caso que los golpistas hacen al Tribunal Constitucional y sus advertencias y el miedo que tienen a los tribunales de España, a la vista de las consecuencias penales y administrativas que han cosechado los escasos responsables acusados y juzgados. Es de auténtica vergüenza. Y eso me hace volver a la insinuación de Vidal – Quadras y pensar que en esta actitud tan incomprensible de Mariano Rajoy, puede haber algo más que el tópico de tancredismo y actitud pacata que exhibe. La verdad es que, si no es así, no se explica esta renuencia a gobernar y asumir sus responsabilidades, incumpliendo sistemáticamente con las solemnes promesas de detener el golpe de Estado, pero yendo de fracaso en fracaso hasta la derrota final. Desafío a alguien que sea capaz de dar una explicación coherente a esa actitud de Mariano Rajoy Brey.

¡Que pasen un buen dia!

Que se partan la cara los demás
Jesús Laínz  Libertad Digital 7 Octubre 2017

La naturaleza humana siempre será la misma: tanto la de los listos manipuladores como la de los tontos manipulados.

La Historia es maestra de la vida. Cuando estalló en 1868 la primera guerra separatista cubana, España entera dio un paso al frente. Ante las primeras noticias que llegaban de la otra orilla del Atlántico, ciento veintiocho hombres de negocios barceloneses pidieron a la Diputación de su provincia que organizara un cuerpo de voluntarios, cuyos gastos se comprometieron a cubrir mediante una suscripción patriótica. El Diario de Barcelona pidió a sus paisanos que fuesen prácticos:

Los que quieran salvar a Cuba, los que quieran conservar a nuestra agricultura, a nuestra industria, a nuestro comercio y a nuestra marina mercante el principal si no el único mercado que hoy le queda, han de estar dispuestos a ofrecer al gobierno no estériles votos ni afeminadas lamentaciones, sino auxilios positivos en hombres y dinero.

Efectivamente, para Cuba partieron tres mil seiscientos voluntarios catalanes, cifra que triplicó el número de quintos que debían salir en el reemplazo de ese año. Naturalmente, ni uno solo de los acaudalados empresarios catalanes, que tanto tenían que perder, estuvo entre quienes ofrendaron a la patria la única cosa que tenían: su vida.

Pasaron treinta años. "Hasta el último hombre y hasta la última peseta" fue la consigna repetida por todos en la España de 1898. Una vez más, los empresarios catalanes, los más belicistas e imperialistas de todo el país, se olvidaron de lo del "último hombre", se abstuvieron de empuñar las armas y pagaron los trescientos duros necesarios para que algún paisano ocupase su puesto.

En 1909, cuando la cosa se puso calentita durante la Semana Trágica, la Lliga de Prat de la Riba y Cambó cerró filas con el Gobierno contra los revolucionarios, cuya delación pidió a los ciudadanos desde la prensa adicta. Los lliguistas se distinguieron por su ferocidad contra el chivo expiatorio Ferrer Guardia tanto en vida como tras su fusilamiento. Joan Maragall envió a La Veu de Catalunya un artículo, titulado "La ciutat del perdó", en el que reclamó a los barceloneses que imploraran al rey el perdón para Ferrer y los demás condenados a muerte. Prat de la Riba se negó a publicarlo porque, como explicó por carta a Maragall, habría sido una irresponsabilidad por parte de la Lliga abandonar al Gobierno de Maura en su tarea de restablecimiento del orden público.

Una década más tarde llegó el terrorismo anarquista. La Lliga pidió al Gobierno que nombrara gobernador al rudo general Severiano Martínez Anido. Los empresarios quedaron encantados con su eficacia tanto con procedimientos reglamentarios como con la Ley de Fugas. Pero también se alzaron voces para protestar contra la utilización del Ejército como guardia pretoriana de los industriales catalanes. Una de ellas fue la de Unamuno, que acusó a Anido de "servir a la constitución autonómica de la Lliga en contra de la Constitución del Reino de España". Cuando el Gobierno le destituyó, setenta corporaciones catalanas, con el Fomento del Trabajo Nacional y la Cámara de Comercio al frente, solicitaron al Gobierno la intervención del Ejército para poner fin al terrorismo.

Así sucedería dos años después, cuando la Lliga fue el principal apoyo del golpe primorriverista. Con estas palabras lo recordaría Cambó:

Fueron las campañas catalanistas contra los gobiernos parlamentarios las que crearon en Barcelona el ambiente necesario para que pudiese estallar el golpe de Estado.

Y en una carta a un amigo suyo, publicada años después, consideró "la actitud de los militares como la única dulzura que en unos años amargos hemos podido gustar".

En 1936 las cosas se pondrían más feas todavía, con la revolución marxista llamando a la puerta de casa. Y de nuevo Cambó y la cúpula lliguista, desde sus cómodos refugios en Francia e Italia, encabezaron la reacción contra el desorden. ¿Cómo? Redactando el manifiesto que secundaron multitud de personalidades catalanas de la política, la empresa y la cultura para proclamar su apoyo a Franco y pedir a los jóvenes catalanes que empuñaran las armas contra la República:

Como catalanes, saludamos a nuestros hermanos que, a millares, venciendo los obstáculos que opone la situación de Cataluña, luchan en las filas del ejército libertador y exhortamos a todos los catalanes a que, tan pronto como materialmente les sea posible, se unan a ellos ofrendando sus vidas para el triunfo de la causa de la civilización en lucha contra la barbarie anarquista y comunista.

Casi un siglo después, las cosas siguen igual, aunque ahora haya tocado apostar el dinero en una casilla diferente. Los señoritos, calientes en sus casas y despachos; y el rebaño de clónicos mentales haciéndoles el trabajo sucio y poniendo la cara por ellos. ¿Sabe usted, amigo lector, por qué Cicerón dijo hace ya algunos años que la Historia es maestra de la vida? Porque la naturaleza humana siempre será la misma: tanto la de los listos manipuladores como la de los tontos manipulados.

www.jesuslainz.es

Caiga Cataluña para que gane la revolución
Para Lenin, Rusia, como para la CUP, Cataluña, se subordina a la Revolución. Esa es la ortodoxia de la revuelta. El patriotismo es un mascarón de proa
José Antonio Zarzalejos EC

En 1920, Bertrand Russell viajó a la Unión Soviética y describió luego esa experiencia en 'Práctica y teoría del bolchevismo'. Ariel acaba de reeditar este ensayo y otros escritos del que fuera premio Nobel de literatura en 1950 bajo el sugestivo título de 'Viaje a la revolución'. La obra es apasionante por la agudeza de las reflexiones del filósofo. Entre ellas hay una especialmente lúcida y dramática. Y es esta: “Lenin, por ejemplo, según pude juzgar, no está más preocupado por los intereses de Rusia que por los demás países; Rusia es, en estos momentos, la protagonista de la revolución social […] Lenin sacrificaría a Rusia antes que a la revolución. Esta es la actitud ortodoxa” (página 34). En otro pasaje del libro, Russell asevera que “el fanatismo es un camuflaje de la crueldad” (página 20).

Algo, mucho, de esto está sucediendo en Cataluña. Recuerden el cartel leninista de los “cuperos”: barrámoslos. El patriotismo catalán independentista –ese en el que algunos “canallas se refugian”, según célebre expresión de Samuel Jhonson– encubre, como escribí el pasado martes, un proceso revolucionario que tiene en la CUP su máximo impulsor y a la ANC y a Òmnium Cultural como sus mejores y más dedicados costaleros. Según esa ortodoxia revolucionaria a la que aludía Russell, están dispuestos a que caiga la salud económica y social de Cataluña para que triunfe la revuelta. Si alguna duda había, los últimos acontecimientos avalan la convicción de que –con esa crueldad que instala el fanatismo en algunas actitudes, unas secundarias y cómplices, como la de Puigdemont, y otras protagonistas como las de Sánchez o Cuixart–, el independentismo está ya provocando estragos.

El cambio de sede de los dos grandes bancos catalanes es un recurso defensivo de esas entidades, necesario y veremos si suficiente, ante la agresión al marco de seguridad jurídica que toda entidad financiera requiere. Más aún cuando estas compañías han de estar protegidas por el paraguas de la Unión Europea y del BCE. En la misma lógica se mueve el sector turístico: las cancelaciones de estancias alcanza ya el 20%, un porcentaje altamente significativo que se conecta con el desvío de cruceros al puerto de Valencia. Hay algún país de primer orden que –alarmado– aconseja viajar con cautela a Barcelona, uno de los principales destinos urbanos del turismo mundial en Europa.

La Ciudad Condal acaba de perder la Cumbre de las Cámaras de Comercio Europeas y hay líneas aéreas que canjean billetes con cambios de fechas sin coste para vuelos con destino a El Prat. La revolución es más importante que la patria. Y la patria solo es el mascarón de proa de la revolución. Por eso en Cataluña ha desaparecido la voz de la clase burguesa que almohadillaba los conflictos y vertebraba el país con criterios de moderación y pragmatismo. Este proceso catalán se pronuncia en términos de independencia y democracia, pero en realidad es un empellón a los catalanes por minorías que se han hecho con el poder ante la decadencia de las elites sociales del país que en enero de 2016 dejaron que a Mas la CUP le enviase “a la papelera de la historia” al tiempo que los antisistema tomaban realmente el poder.

La fuga de empresas de Cataluña remite también al terrible engaño al que se ha sometido a la sociedad catalana. Los ciudadanos han sido bombardeados allí con una ristra de posverdades y de relatos alternativos –Junqueras ha sido un maestro en su formulación y Puigdemont el bardo que las ha proclamado– solo comparable con la campaña de los ultras del Brexit que se vinieron abajo cuando los británicos descubrieron la impostura. Son los dirigentes de la UKIP y otros de su cuerda los que respaldan la secesión catalana. Los extremos se profesan un magnetismo recíproco. Pero la realidad se está imponiendo: no iba a pasar nada pero está pasando de todo.

El discurso del Rey, tan ampliamente criticado, ha sido el que con más perspicacia ha servido al Estado. Porque se pronunció en unos términos contundentes ante una realidad que muchos se niegan a ver: la emergencia de un proceso de subversión revestido de independentismo para proyectar desde Cataluña una euforia desestabilizadora que se encauce a través de un proceso constituyente para tumbar el “régimen” de 1978. Felipe VI ha parado los pies emocionalmente a los crecidos independentistas-revolucionarios y ha aleccionado a un Gobierno cohibido y a un PSOE con demasiadas dudas en un momento en que albergarlas desmiente la mínima madurez política.

La actual es una revolución con todos los ingredientes de estos movimientos: acoso a las fuerzas de seguridad, control de la calle, imposición de un pensamiento único, unanimismo y silencio de los disidentes. Que el Gobierno cometiese el error del 1-O no mejora la ínfima calidad de los propósitos revolucionarios ni exime de alertar del peligro que se perfila. Aunque en estos momentos se registre un cierto optimismo sobre el reflujo del independentismo revolucionario, no cambiará el signo de los acontecimientos hasta que Cataluña recupere la institucionalización constitucional y estatutaria. Y eso será cuando Puigdemont y Junqueras rectifiquen o cuando el Estado les obligue a hacerlo. De momento, puede más la revolución que los intereses de Cataluña y sus ciudadanos.

Los héroes de la Plaza Artós de Barcelona
Juan José Aizcorbe: Gaceta.es 7 Octubre 2017

El 3 de octubre de 2017, pasará a la historia como el día que Cataluña sufrió una huelga, convocada de forma inaudita por las propias, aunque ya ilegítimas, instituciones de la comunidad autónoma y todos sus bufones. Tuvo éxito sin duda la protesta para criminalizar la inexistente represión de la Policía y Guardia Civil contra el “indefenso, pacífico y democrático pueblo catalán”, el domingo anterior.

Y el 1 de octubre, también pasará a la historia como el día en el que un gobierno, el español, hizo un ridículo sorprendente. El Sr. Rajoy dijo: no habrá urnas y hubo urnas, no habrá papeletas y hubo papeletas, no habrá censo y hubo censo, no habrá colegios abiertos y hubo colegios abiertos, no habrá referéndum y hubo referéndum, los mossos serán leales al estado de derecho y no lo fueron, no habrá ningún catalán de bien desprotegido y lo estuvimos todos.

Qué más da que fuera legal, ilegal o mediopensionista, los sediciosos consiguieron sus objetivos. La policía actuando con una exquisita prudencia dejada al pie de los caballos por un gobierno que ha fracasado ya en toda la gestión del 1 de Octubre, y encima escuchar la humillación por parte del presidente y la nefasta Sra. Soraya diciendo que “no ha habido referéndum”. Claro que no, lo que ha habido es una de las mayores ignominias a los Cuerpos de Seguridad del Estado y a la patria española, que será difícil olvidar.

Y el Sr. Rajoy, pensando que estamos ante el fregado de la prima de riesgo, y mientras los separatistas conseguían la victoria mediática, la prensa extranjera dio el veredicto. Por favor, no nos hagamos trampas al solitario.

Y ese 3 de octubre, cuando ni siquiera el Jefe del Estado había aparecido, cuando el estupor, la tristeza, el desasosiego de los catalanes y españoles iba creciendo, Rajoy permanecía en silencio. Y la SCC, asociación civil que ha realizado una gran labor durante estos años, de alguna forma a la sombra de los partidos “constitucionalistas”, advirtió que: “todos a casa, que tranquilidad, huir de provocaciones”. Pues nada nueva deserción y decepción para los catalanes que queremos seguir defendiendo los valores históricos y civiles de la cuatribarrada, ante la imposición de la “cubana”.

Pero ante esos silencios, cobardías y orfandades, un grupo de jóvenes se reunieron en la Plaza Artós de Barcelona, situada en el tradicional barrio de Sarriá, zona de colegios, ahí estudié yo en uno de ellos 8 años y mis hijos otros tantos en otro. Es zona de jóvenes, familias, bulliciosa, tranquila, comercios, bares, en fin, un sitio ideal para vivir. Pues bien, ese puñado de jóvenes (Ay Spengler!), no admitió el silencio, la cobardía, la humillación, ni permanecer de rodillas.

Cogieron sus banderas españolas y catalanas, saliendo por las calles a reivindicar su honor y el de su patria. Y ese puñado en un rato fueron decenas, después centenares, miles. Y con grito alegre desfilaron por Vía Augusta, después por Balmes, no pararon en horas, evitando algaradas innecesarias, ante la alegría de muchos vecinos que emocionados sacaban de las gavetas y armarios la bandera nacional, y estuvieron solos, perdón, solos no, porque a través de las imágenes que iban circulando por las redes, la manifestación, ese grito de libertad y dignidad se extendió por toda España, y de repente nació la esperanza, porque somos muchos los que queremos vivir en una sociedad abierta, digna y desprendida de adoctrinamiento que durante 35 años ha triturado impunemente la inteligencia. No sé si gritaron vivas a la constitución, sí que sé que alzaron la voz para que los vientos oyeran el Viva España, Visca Catalunya, que es más y abarca a todos.

Y tras horas de cansancio, de marcha y de ondear banderas, ante el estupor de muchos delincuentes sediciosos, esos chavales levantaron el ánimo y escucharon a su Rey, Felipe VI y vieron en él a quien poder agarrase con paso firme, porque habló de deslealtades imperdonables, de España, de convivencia, no de falso diálogo con felones, instó a los responsables a actuar. Y después de la lección y las palabras de nuestro Rey, sí, SCC, convoca a una manifestación, ok, gracias por perder el miedo pasajero, ahí estaremos todos, por supuesto.

Pero antes, iré en busca de ese grupo de valientes, con los chavales que supieron defender la dignidad con ingenua sencillez, con alegre sonrisa y paso firme. El domingo la marcha la iniciaré en Sarriá, junto a esos jóvenes, LOS HÉROES DE LA PLAZA ARTÓS, al grito de Visca Espanya, Viva Cataluña. Que Dios os bendiga.

Partidos y partidas
Amando de Miguel  Libertad Digital 7 Octubre 2017

Junto a los partidos así llamados, empiezan a figurar diversas asociaciones políticas que compiten en las elecciones, pero que son otra cosa.

Es cosa sabida que la clave de la democracia contemporánea reside en el constante juego de ideologías que significan los partidos políticos al competir pacíficamente por el poder. El uso ha determinado que las ideologías abarquen muchos aspectos de la convivencia, de la preocupación pública. Mas todo degenera, no solo esa contradicción que significa el partido único. En nuestros días se presenta otra forma de degradación del concepto. Se asocia más con la partida, como "conjunto de gente armada que lucha en rebeldía o se dedica a cometer fechorías", según María Moliner. De momento, las armas pueden ser solo dialécticas.

En España y en otros países europeos, junto a los partidos así llamados, empiezan a figurar diversas asociaciones políticas que compiten en las elecciones, pero que son otra cosa. Podrían ser partidas, movimientos o grupos de presión. Esa otra identidad se les nota porque les repugna la palabra partido y acuden a expresiones variopintas. Ejemplos: Alternativa para Alemania, Podemos, Verdes, Junts pel Si, Plataformas para (distintos nombres), Frente Nacional, Amanecer Dorado, Liga Norte, Vox, Catalunya si que es Pot, Movimiento Cinco Estrellas, Independientes de (distintos nombres), Coordinadora de Unidad Popular (CUP), Herri Batasuna, Nueva Canarias, etc. La lista en Europa se haría interminable. El conjunto parece heteróclito, pero todos ellos acusan un denominador común: la desconfianza del sistema tradicional de partidos. Por algo será.

Dado que estos nuevos movimientos rompen el esquema clásico de partidos, se les suele clasificar como de extrema derecha, de extrema izquierda o independientes. Ese criterio taxonómico no sirve de mucho, al meterlos en una especie de cajón de sastre, muchas veces con contenidos opuestos. Más verosímil sería considerarlos como partidas en el sentido de que pretenden acabar con los partidos tradicionales, considerados como burgueses, corruptos, oligárquicos o decadentes. El que se perciban como de derechas o de izquierdas es lo de menos.

No hay por qué descalificar de entrada el nuevo fenómeno. Si se prodiga tanto es porque los partidos tradicionales languidecen, pierden atractivo, especialmente para los jóvenes. El mundo político se ha hecho tan complejo que surgen por doquier los más diversos grupos con la misión de reconfigurar la participación política. Frente al cansancio que provocan las viejas siglas, se alzan ahora las plataformas o movimientos que pretenden entender la democracia de otra forma. Su aire combativo se expresa a través de objetivos concretos y polarizados. Sean, por ejemplo, expulsar a los inmigrantes extranjeros (siempre que sean pobres, claro está), defender a los animales o independizar un territorio. De ahí que, como digo, más que partidos, parezcan partidas o grupos de presión. Aunque se valgan de los cauces representativos normales, les gusta apelar directamente al pueblo, la gente. De ahí que muchos de ellos pasen por experimentos populistas. Como se trata de llamar la atención, sus dirigentes suelen vestirse o presentarse a veces con atuendos o tocados poco convencionales. Es una forma de que los medios les hagan caso.

De generalizarse aún más el nuevo fenómeno, la democracia perderá su atractivo tradicional, y con ella los partidos de siempre. El peligro ya se ha visto muchas veces: la salida hacia regímenes autoritarios o incluso totalitarios. La esperanza quizá sea que estas nuevas apariciones políticas sirvan para que los viejos partidos se reconstituyan, se pongan al día. Es mucho suponer.

Contacte con Amando de Miguel fontenebro@msn.com

Estreno al final del buenismo
Gregorio MoránCronica Global 7 Octubre 2017

Cuando te echan de una empresa tras haber trabajado durante treinta años en ella te nace por dentro una sensación de orfandad. Pasas a la situación de huérfano en la búsqueda de un padre que te recoja en su casa y que te haga sentir menos solo. Ya habrá ocasión de tratar sobre eso, porque las heridas de la escritura necesitan tiempo; no basta con tratamientos paliativos. Conviene dejarlas secar hasta que las postillas se van cayendo y uno recupera el equilibrio sin necesidad de rascarse la herida. De momento quede el asunto aquí a falta de mayores explicaciones. Tengo el dudoso honor de ser la primera víctima colateral de la radicalización en que se ha sumido la sociedad catalana, en los medios de comunicación y fuera de ellos.

Viví durante años el largo proceso de construcción del “buenismo”, o lo que es lo mismo, los veintitrés años del monopolio de Jordi Pujol​ y su Sagrada Familia, algo único en la historia de España desde la muerte de Franco. Un conjunto familiar mucho más amplio que lo consanguíneo y donde pululaban todo tipo de individuos a los que daba de comer, y muy bien por cierto, tanto que la gastronomía catalana vivió su momento de gloria perifrástica. ¡Somos los mejores, no sólo de España y su meseta, sino en todo el planeta rico y establecido!

Entonces a aquello no lo llamaban “buenismo” sino “el oasis”. En verdad que había mucho camello y mucha agua donde abrevar. De eso se ocupaba la Generalitat y sus infinitos pozos ocultos. Todo el que pasara el examen de buen catalán, respetuoso y benevolente con el pujolismo dominante tenía garantizado un pan debajo del brazo, en general acompañado de jamón y con tomates para untar y aceite de oliva virgen, tan virgen que era lo único virginal en aquel mundo de estafadores del erario público, monopolizadores de la verdad según le petase a la autoridad indiscutible de nuestro principal coreano del norte, el indiscutido e indiscutible Jordi Pujol, español del año tras la compra del galardón y catalán de todos los días, sin el cual no se movía una hoja que no cobraran los comisionistas de la Sagrada Familia.

Sagrada Familia era el lema con el que se denominaban y eran conocidos por la siempre discreta banca andorrana. Pero el oasis empezó a cuartearse conforme se descubrían las cuentas, los comisionistas del 3%, el saqueo del emblemático Palau, otrora símbolo de las bondades de una sociedad respetuosa con la trampa siempre que se repartiera bien y a gusto con sus beneficiarios. El Palau fue el ascensor de clases sociales aspirantes a compartir con las grandes familias, que habían robado antes, los beneficios del “buenismo”.

Quien aceptara las reglas del juego podía participar en los banquetes, y todos contentos en su bondad natural. Cuando hay botín, los repartos se hacen entre caballeros. Cuando se acaban los fondos por exceso de celo en la estafa, los buenos se vuelven hienas comedoras de lo que queda, los despojos. La destrucción, consensuada por los protagonistas de la izquierda en Cataluña, se inició como por ensalmo el día que los presuntos radicales que cantaban la Internacional al final de sus mítines aceptaron bautizarse como Iniciativa per Catalunya, un título que no hubiera disgustado ni a Cambó ni a su criado, hermanados en la causa.

Era el buenismo. El mismo que transformaba una manifestación contra los atentados sangrientos de los islamistas radicales en una campaña contra la islamofobia​, con absoluto desdén hacia los turistas asesinados. Si se trataba de cultivar la cantera del buenismo había que dar pruebas de dónde estaba el peligro principal, que no era otro que los empleados que hacían las butifarras, por más que odiaran la manipulación de esa carne detestada por ellos y que constituye la base nutricia de la sociedad catalana: el cerdo.

Pero no serían los trabajadores magrebíes quienes iban a dinamitar el buenismo que les daba de comer y otras regalías consentidas para que no se mezclaran con los latinos, los grandes perdedores secretos. La explosión la comenzaron los herederos del pujolismo, ansiosos por quitarse de encima la justicia española, aún no suficientemente abducida por la hegemonía catalanista. Era el único flanco que habían dejado fuera de control una vez que construyeron los dos pilares sobre los que se asentó el nacionalismo buenista y corrupto: la enseñanza depurada por la inmersión lingüística obligatoria y los medios de comunicación subvencionados con largueza. O eras buenista, o no eras nada. Un no integrado, un marginal. Pero todo se vino abajo cuando los buenistas enseñaron su voraz dentadura.

El talón de Aquiles del soberanismo catalán
“La bancarrota es algo grandioso: es el abismo inmenso y sin fondo donde se sumergen y desaparecen todas las falsedades, públicas y privadas” F. Carlyle
Miguel Massanet diariosigloxxi 7 Octubre 2017

Creo que los catalanes, al menos aquellos que confiaron que podrían torcer la voluntad de la mayoría de los españoles, intentando poner en un brete a todo el Estado democrático español; no supieron o no han sido capaces de valorar el inmenso poder de una democracia, basada en el Estado de derecho. El error de pensar que, sólo sacando a la calle a una multitud de personas convenientemente adoctrinadas, formadas desde niños en la creencia falsa de que el Estado, con mayúsculas, abusaba de los catalanes, les robaba, se aprovechaba de ellos mediante la aplicación de impuestos abusivos y pretendía impedirles que usaran su lengua vernácula y que gozasen de su derecho a mantener su cultura, costumbres y tradiciones, ya tendrían la batalla ganada para poder exigir, por el mero hecho de pedirlo, que todo el resto de España, copropietaria, sin duda, del terruño en el que están instalados los miembros de esta comunidad, que ha sido favorecida con el privilegio de vivir en una parte de la nación española, más favorecida por la naturaleza y más privilegiada por su localización cerca de la frontera con Francia y convenientemente dotada de puertos marítimos lindantes con nuestro mar Mediterráneo; los ha arrastrado a un callejón sin salida, en el que se encuentran atrapados por su propia inopia política.

Como, seguramente han estado pensando, apoyados en la idea de la Renaixença, teoría del Siglo XIX, fruto de la egolatría de un grupo de intelectuales catalanes, que pensaban que procedían de la raza Aria, aquella que le sirvió a Hitler para llegar a afirmar que, los alemanes, eran una raza superior al resto de europeos, algo que, a través de los tiempos, ha ido cuajando entre los catalanistas; hasta el punto de que, con la ayuda de una serie de políticos que, hábilmente, han sabido explotar esta teoría en su favor, como medio de ir inculcando en sus seguidores la idea de independizarse del resto de españoles, para ellos seres inferiores procedentes de las razas bereberes, semitas, africanos y judíos. La ignorancia de muchos de los “nuevos catalanes”, ciudadanos procedentes de otras partes de España, azuzados por la falta de trabajo y la miseria, junto a la posibilidad de trabajar en las industrias de los burgueses catalanes, los ha convertido en cómplices, en ocasiones involuntarios, de este absurdo proceso. Es curioso que, este mismo fenómeno, se haya producido entre los vascos convencidos por otro iluminado, Sabino Arana, de ser una raza especial, especialmente dotada y superior, como les pasa a los catalanes, al resto de españoles. A eso, señores, se le llama pura y llanamente nazismo, un término que se ajusta como dedal al dedo a este “orgullo” maligno y xenófobo con el que se comportan sujetos como Puigdemont, Juncadella, Turull o la señora Forcadell, para limitarnos a citar unos pocos de estos iluminados.

Lo cierto es que, sea por la inconsciencia del resto de partidos políticos, presuntamente constitucionalistas; fuere por la necesidad de conseguir apoyo para poder gobernar, por parte de aquellos gobiernos que no alcanzaron la suficiente mayoría o, acaso, por satisfacer el ego de aquellos dirigentes políticos que, en lugar de intentar alcanzar acuerdos de gobierno con sus rivales políticos ( el caso del PP y el PSOE), algo que ha sido moneda de cambio en naciones como Alemania a la que, estas ententes, les han dado muy buenos resultados; han preferido ceder ante los nacionalismos para continuar manteniendo esta absurda rivalidad que ha venido caracterizando a los españoles, que han preferido perjudicar a los ciudadanos antes que llegar a pactar con sus adversarios en las urnas.

Recientemente, durante estos pasados meses y, muy especialmente, las últimas semanas; los asombrados ciudadanos de a pie hemos estado conturbados viendo cómo, unas minorías, un porcentaje exiguo de individuos, apoyados por grupos de comunistas bolivarianos, han intentado socavar los cimientos de la democracia en nuestra patria. Sin la menor contemplación, con una audacia infinita, retando temerariamente la Constitución y valiéndose de multitudes bien aleccionadas para crear problemas a la sociedad y a las personas de orden que siguen siendo, en Cataluña, al menos la mitad del total de los residentes en dicha autonomía; hemos contemplado como las leyes españolas han sido incumplidas, la bandera quemada y despreciada, la figura del Rey menospreciada, el Gobierno vituperado y nuestras fuerzas del orden, dejando aparte el comportamiento desleal y, evidentemente, delictivo de esta policía local, los mossos de Escuadra que, bajo el mando del Mayor Trapero (imputado por presunta deslealtad y desobediencia), han transgredido las órdenes de los jueces y, en ocasiones, han colaborado activamente en impedir que se clausuraran los centros de votación tal y como habían decidido los magistrados de la Audiencia Superior de Cataluña, que han tenido que bregar, en esta ocasión, con la más fea.

Pero vean ustedes por donde, una vez más, el miedo a los resultados económicos y financieros de esta rebelión, capitaneada por los directivos y cargos públicos catalanes, en contra del orden establecido, se les ha vuelto en su contra y ha tenido unos efectos que me atrevería a calificar de espectaculares y contundentes. El simple hecho de que empresas como Oryzon, el banco de Sabadell y, más tarde, Caixabanc anunciaran su decisión de cambiar su domicilio social, trasladándolo a otras localidades en España, pero fuera de la autonomía catalana; ha bastado para descolocar a toda la parafernalia separatistas y para que entraran en una situación de shock que les ha hecho perder su habitual serenidad. Lo evidente es que motivos existen para estar inquietos ya que, este éxodo de empresas, ha comenzado con unas pocas compañías, señeras, eso sí, y se ha ido extendiendo de modo que las notarías de Cataluña han tenido que habilitar mañana, sábado, porque no daban abasto a cubrir la demanda de cambios de localización de los domicilio sociales de multitud de empresa, entre ellas, muchas PIMES, que tiene miedo de que, una declaración de independencia, les pille en la comunidad catalana y ello les prive de poder seguir disfrutando de las ventajas de pertenecer a la UE.

Hemos tenido noticias de las llamadas de urgencia, de las visitas del mismo señor Junqueras a los directivos de los bancos que ya han anunciado su traslado de domicilio social (traslado que significa que dejarán de pagar sus impuestos en la comunidad catalana para pagarlos en sus nuevas localizaciones) y del miedo a que la situación se convierta en insostenible. Ya existe nerviosismo entre los miembros de los partidos separatistas que, apenas hace unas horas, se mostraban beligerantes y desafiantes, ante la noticia de que el Gobierno estaba reforzando las fuerzas de seguridad y se rumoreaba que, unidades del Ejército, estaban preparándose para una eventual necesidad de intervenir en el conflicto. La evidencia de que ha bastado el anuncio de aquellos bancos catalanes, que han estado padeciendo descapitalización, en algunos casos graves (5% y 4`7%), durante todos los días a partir del 1 de octubre, con la grave amenaza de que la sangría continuase en lo sucesivo; tan pronto han anunciado su nueva sede social fuera de Cataluña, han recuperado con creces todo lo perdido en las Bolsas en las jornadas anteriores.

No sabemos lo que nos espera para la semana próxima. Es posible que la prohibición dictada por el TC de la celebración de la anunciada sesión del Parlament Catalá, en la que, presumiblemente, se debía anunciar que se iba a proclamar la independencia de la “República” catalana, les resulte un alivio para los señores Puigdemont y compañía que, presumiblemente, buscarán algún resquicio para poder salir no demasiado desairados de este complicado trance en el que se han metido, casi sin darse cuenta. No pensamos que el señor Rajoy que, hasta ahora se viene guardando los ases que, presumiblemente, se guarda en la manga, se avenga a lo que están intentando una serie de grupos, abogados, organismos internacionales y “amigables componedores”, que se han ofrecido de intermediarios para buscar una salida que, en ningún caso, debería aceptarse si es que supusiera que los secesionistas consiguieran salir con algún beneficio que, más tarde, pudiera servirles para seguir en su empeño. No es posible que, el Estado que representa a la mayoría de ciudadanos españoles, pudiera dar la sensación de que ha salido perdedor o, al menos, mal parado, de este enfrentamiento con los comunistas y separatistas que han orquestado este desafío secesionista.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, pensamos que, en esta ocasión la intervención providencial del Rey ha marcado un punto de inflexión en este claro ataque a la democracia y a la unidad de la nación española. Ahora falta que, lo que queda de esta función de polichinelas, se desarrolle dentro de los parámetros de la Justicia, la preservación del orden y la unidad de España.

ARTÍCULO EN LA RAZÓN
El bestial alegato de Alfonso Ussía en favor de Policía y Guardia Civil que deja en bragas a "guarrillas y masturbadoras"
"El Estado tiene recursos para poner las cosas y los sueldos de sus auténticos servidores en su sitio"
José Manuel Báez, Periodista Digital 7 Octubre 2017

A los que insultaron a la Guardia Civil y pisotearon nuestra bandera tenemos algo que deciros...

Alfonso Ussía es un español de los que se viste por los pies. Para él, el respeto a los símbolos de la patria es algo sagrado y, evidentemente, la Policía Nacional y la Guardia Civil están entre los elementos a defender.

Por eso, este 7 de octubre de 2017 escribe en la contraportada de La Razón un descomunal artículo donde relata como mientras a los agentes de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado se les niega el pan y la sal, hay un porrón de asociaciones que se están llevando crudas toda una serie de ayudas y subvenciones (Policías y guardias civiles claman por un salario decente, al menos como el de los Mossos).

Arranca así el genial Ussía:
Un Estado tiene siempre partidas presupuestarias que equivalen a tirar el dinero por las alcantarillas. Sucede que el dinero no termina en las alcantarillas, sino en los bolsillos de golfos y aprovechados. Los entornos del ecologismo 'sandía', el feminismo profesional, la transexualidad y demás obsesiones de la izquierda acumulan centenares de millones de euros que de ser invertidos con justicia y acierto terminarían con escandalosos agravios comparativos.

Detalla que:
No es admisible que los guardias civiles y los miembros del Cuerpo Nacional de Policía, o lo que es igual, los que velan por la seguridad de todos los ciudadanos españoles y los que en España se encuentran legalmente establecidos o de paso, ingresen en su nómina un 40% menos que un Mozo de Escuadra o un Ertzaina o un agente foral. Menos que muchos policías municipales y locales. Si se consultara de verdad a los contribuyentes, una clamorosa mayoría de ellos aplaudiría la equiparación de salarios, e incluso, que los miembros de la Guardia Civil y el Cuerpo Nacional de Policía ganaran más que los agentes autonómicos. Unos nos sirven a todos y otros -lo han demostrado los Mozos de Escuadra recientemente-, se limitan a servir a algunos.

Critica que:
De siempre, los políticos en España han castigado la vocación de servicio. Militares y miembros de las Fuerzas del Orden son los perjudicados. Saben los gobernantes que jamás les causarán problemas. Pero si acude al ministerio de Agricultura o una consejería del mismo ramo un grupo de caraduras solicitando dinero para la ‘Fundación Salvemos a las Truchas', los de las truchas se forran, como hacen hoy los del lobo, el lince, el arrendajo y la oropéndola, que añaden a sus subvenciones el dinero que concede generosamente la Comunidad Europea. Lo mismo que gana un guardia civil o un policía nacional, lo ingresa el investigador oficial de excrementos lobunos. Un ganadero afectado por los ataques de manadas de lobos al sur del Duero, ante sus reses masacradas, tiene que aguardar la visita del experto en deposiciones caninas para que éste acredite que las reses han sido masacradas por los lobos para así obtener, al cabo de mucho tiempo, una ridícula indemnización. El experto en cacas de lobo gana lo mismo que un guardia civil o un policía nacional por atender, de cuando en cuando, la llamada de un ganadero desesperado.

Rememora que:
Aún se recuerda el rechazo de la ministra socialista Matilde Fernández a conceder 40.000.000 de pesetas a las Víctimas del Terrorismo destinados a becar a los hijos de los asesinados por la ETA, mientras se derrochaba el dinero público enviando a Libia a unos carotas que estudiaron durante seis meses la genética de la lenteja del norte de África. O los millones que afanaba una asociación dedicada a organizar talleres femeninos de masturbación y la publicación de la interesante revista La Boletina, que el ministerio regalaba y distribuía entre las guarrillas que la solicitaban. No es una caricatura. Es una realidad.

Y concluye:
Si me preguntaran, mis impuestos no favorecerían al cine español ni a los expertos en cacas de lobo, pero sí a la Guardia Civil y al CNP. Entre las ONG, las organizaciones no gubernamentales que viven de las subvenciones gubernamentales, hay muchas de ellas dedicadas a la golfería y el abuso. Otras no, aunque dependan del Gobierno. Rascando de aquí y de allá y dejando a los chulos del sistema sin beneficios, se puede alcanzar un equilibrio presupuestario para dotar a quienes nos sirven, nos guardan y nos defienden con lo que merecen, que es mucho. No me uno a la protesta de la equiparación salarial de guardias civiles y policías nacionales con las de agentes autonómicos y locales. Y no me sumo porque se me antoja injusta. Tienen que ganar más que el resto. El Estado tiene recursos para poner las cosas y los sueldos de sus auténticos servidores en su sitio.

SUBIDA INMEDIATA DE SUELDOS A LOS AGENTES DE POLICÍA NACIONAL Y GUARDIA CIVIL
Hace unos días, en plena vorágine catalana, hicimos púbicamente en Change.org una petición exigiendo una subida de sueldo inmediata para los agentes de la Policía Nacional y la Guardia Civil.

La iniciativa, impulsada por el director de Periodista Digital, Alfonso Rojo, ha sido refrendada por una marea de internautas que entienden que es una vergüenza que los guardias civiles y los policías cobren una miseria al lado de lo que se llevan los Mossos d'Esquadra en Cataluña pagados por el Ministerio del Interior.

"Es una vergüenza para España y en concreto para sus políticos, que servidores de la Patria, que acuden siempre en auxilio de la ciudadanía y arriegan sus vidas por nosotros, estén cobrando sueldos de miseria, muy por debajo de lo que se paga a cualquier policía autonómica o municipal".

PINCHE AQUÍ Y APOYE LA INiCIATIVA
https://www.change.org/p/el-gobierno-rajoy-subida-de-sueldo-inmediata-a-los-agentes-de-polic%C3%ADa-nacional-y-sueldos-guardia-civil

Pólvora del rey
Nota del Editor 7 Octubre 2017

Eso de pedir la pasta de otros para dársela a unos, se les ocurre con demasiada frecuencia a los periodistas, no tiene rigor. Lo que deberían pedir es el desmantelamiento de los mozos de cuadra y con la pasta que nos ahorraríamos los españoles, dedicar una parte a mejorar la retribución del personal de seguridad nacional. Y de paso, pedir la anulación de cualquier norma pecuniaria de efecto sobre los profesionales de la política que se hayan aprobado: es un insulto a la inteligencia y un robo descarado, lo mismo para las pensiones que se autoconceden por el morro.

Un nutrido grupo de veteranos socialistas abochorna a Sánchez en una carta letal
ESdiario 7 Octubre 2017

Nadie entiende lo que está haciendo estos días el líder del PSOE en un momento tan delicado como el que vive Cataluña. Ni siquiera los suyos, que han alzado la voz con durísimas acusaciones.

Nadie entiende lo que está haciendo Pedro Sánchez estos días en pleno desafío independentista a la ley y a las fuerzas de seguridad del Estado. Ni siquiera los suyos lo entienden. Cuando se espera del PSOE que defienda el orden constitucional y proteja del acoso que están sufriendo a los policías y guardias civiles desplazados en Cataluña, su líder no sólo se pone de perfil sino que aprovecha para atacar al Gobierno del PP.

Es por eso que un nutrido grupo de veteranos socialistas han decidido alzar la voz en una demoledora carta abierta en El País que abochorna a Sánchez en tiempos en los que se espera mayor responsabilidad política del líder de la oposición.

La carta está firmada por pesos pesados del socialismo como Juan Carlos Rodríguez Ibarra, Joaquín Leguina, José Rodríguez de la Borbolla o Javier Rojo entre otros muchos que "no te escribimos sólo en nuestra condición de militantes del PSOE, sino como personas que, habiendo desempeñado distintas funciones públicas al servicio de los españoles, nos hemos desempeñado en puestos más o menos relevantes dentro de la vida civil, manteniendo cierto respeto social en ese ámbito". Por eso "queremos trasladarte algunas convicciones y plantearte algunas dudas".

Constitucionalistas contra defensores del "Golpe de Estado"
Recuerdan que "España está viviendo un momento institucional y social gravísimo de imprevisibles consecuencias. No busquemos orígenes próximos o remotos, no intentemos identificar a personas o partidos responsables. Nada de eso sirve ahora. Desde Cataluña, y concretamente debido a la acción ilegítima, desleal y malversadora de la democracia por parte del Govern de la Generalitat, se ha puesto en marcha un Golpe de Estado. Entendemos, en consecuencia, que todos los constitucionalistas deben estar unidos ante este infame ataque a la Democracia Española, con independencia de que estemos en desacuerdo en otras muchas cuestiones, ya sea con el Gobierno de España, ya sea con otros partidos constitucionalistas".

Puesto que "todos y cada uno de los parlamentarios han jurado o prometido lealtad al Rey, y guardar y hacer guardar la Constitución, como norma fundamental del Estado" le preguntan directamente a Sánchez: "¿Se guarda y se hace guardar la Constitución poniéndose de perfil? ¿O habrá que dar un paso al frente? El futuro de España está, también, en vuestras manos, en estos momentos".

Por si quedara alguna duda le espetan abiertamente que "no entendemos que en estos días se haya planteado el anuncio de petición de reprobación de la vicepresidenta del Gobierno, con la excusa de la presunta violencia policial, cuando hay iniciada una investigación judicial sobre los sucesos del 1 de octubre; cuando van apareciendo muestras y más muestras de la manipulación grosera de lo acaecido; y cuando un principio constitucional básico es la “presunción de inocencia”. Nos ha llenado de zozobra que la Portavoz del Grupo Socialista en el Congreso, juez de profesión, haya proclamado la condena apriorística de la Vicepresidenta del Gobierno. ¿Por qué y para qué? ¿A qué fines sirve y qué objetivos persigue esa condena?".

Tampoco entienden el empeño de Sánchez en llamar al diálogo que la otra parte no respeta y le acusan de limitarse a salvar su pellejo: "¿Diálogo, ahora, con quién? ¿Diálogo, ahora, para qué? ¿Con los responsables de poner a los españoles al borde del precipicio? ¿Para escuchar, otra vez, que quieren la fractura de España, con razón o sin razón, por unos medios o por otros? Nunca ha servido para nada el diálogo bajo chantaje, a menos que lo único que se quiera sea salvar el pellejo y, a la vez, perder la propia dignidad".

Por eso, "como tantos y tantos ciudadanos españoles, catalanes incluidos, nos sentimos íntimamente humillados, despreciados y violentados por los comportamientos de responsables institucionales y sociales de Cataluña. No existe mayor humillación para la ciudadanía que la que deriva de la aniquilación del efecto protector de la legalidad que debe ampararnos; no hay mayor desprecio que la utilización prepotente, mendaz y perjura de una posición de poder, ignorando a la gente común y violando las leyes que se prometió defender y hacer cumplir; no hay, en fin, mayor violencia que la utilización de mentiras y más mentiras como relato justificador de la quiebra de la democracia que ellos persiguen".

Para concluir le espetan que "en estas circunstancias, esperamos que toméis las decisiones precisas para colaborar en la restauración del orden constitucional. Estamos seguros de que ello ayudará a la mejor relación del PSOE con la ciudadanía, en todos los territorios de España".

La carta está firmada por Segundo Bru Parra, Alejandro Cercas Alonso, Luis Fajardo Spínola, Julián García Vargas. Juan José Laborda Martín, Joaquín Leguina de la Herrán, Francisco Moreno Franco, José Constantino Nalda García, Antonio Ojeda Escobar, Jesús Quijano González, Clementina Ródenas Villena, José Rodríguez de la Borbolla Camoyán, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, Javier Rojo García, Javier Torres Vela, Manuel del Valle Arévalo.

Adios PSOE y no vuelvas
Nota del Editor 7 Octubre 2017

Hace ya algun tiempo, a causa del absoluto desastre que han causado y causan a España estos dos partidos de profesionales de la política, veíamos su desaparición como un bien celestial. Ahora, tras los desastres causados por sus sucesivos dirigentes, tendríamos que darles las gracias, pero no podemos porque no solo estan haciendo desaparecer sus partidos, sino que están enterrando España. Son aún peor de lo que podíamos imaginar.

COVITE
Las víctimas de ETA denuncian el homenaje al secuestrador de Ortega Lara
La Gaceta  7 Octubre 2017

El expresidiario “fue recibido por una multitud” y “en su honor se organizó un pasillo por el que el etarra desfiló entre vítores y bengalas”.

Covite presentará una denuncia ante la Audiencia Nacional al entender que el “multitudinario homenaje” tributado este miércoles en Bergara (Guipúzcoa) a José Miguel Gaztelu, uno de los secuestradores de José Antonio Ortega Lara, incurrió en un delito de enaltecimiento del terrorismo y humillación a las víctimas.

El Colectivo de Víctimas del Terrorismo explica que en este acto “en honor” a Gaztelu ha podido “documentar con vídeos e imágenes” cómo el expresidiario “fue recibido por una multitud” y que “en su honor se organizó un pasillo por el que el etarra desfiló entre vítores y bengalas”.

“Luego -prosigue-, ante una pancarta con su nombre, se le dedicó un aurresku”, una danza que el colectivo considera “un baile de honor para honrar su trayectoria criminal”.

“Lo sucedido es un acto obsceno y sólo propio de una sociedad moralmente enferma”, afirma Covite, que también reclama “explicaciones” a Instituciones Penitenciarias por su excarcelación.

Recuerda en este sentido que Gaztelu “acumulaba penas de cárcel de treinta y dos años por el secuestro de Ortega Lara, catorce por el secuestro del empresario Julio Iglesias Zamora y ciento setenta y ocho años por el asesinato de tres guardias civiles”.

“Dado su currículo criminal, con dos secuestros y tres asesinatos a sus espaldas, no salen las cuentas”, sostiene Covite, antes de recordar que, a su salida de la prisión de Algeciras, Gaztelu fue recibido por el histórico etarra Jesús María Zabarte, conocido como el carnicero de Mondragón.
 


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