AGLI Recortes de Prensa   Lunes 9 Octubre 2017

Cataluña-España: "Se desinfla el globo"
Antonio García Fuentes Periodista Digital 9 Octubre 2017

Sí; “y por todo cuanto van parlando los cabecillas rebeldes, toda la fuerza revolucionaria insuflada en los ambientes catalanes, de la noche a la mañana, se ha convertido en agua de gaseosa o agua de borrajas, que como sabemos, no produce ni el alegre taponazo, que produce el cava o el champán”.

¿Qué ha pasado? Lo que secretamente pasase no llegará al pueblo que insensatamente enardecieran los demagogos de siempre; pero estoy seguro que todo es debido a una de las sentencias que dejara Napoleón para la historia… “la guerra se gana con tres cosas, dinero, dinero y dinero”… Y estemos seguros que, “el dinero ha llamado a capítulo a los cabecillas revolucionarios y a sus antecesores y les han dicho de forma contundente… dónde vais muchachos, procurad quedaros como estabais que lo estabais muy bien y muy bien pagados; no compliquéis ya más las cosas, que afortunadamente aún no hay muertos y España no está para esos galopes”.

Y los rebeldes “sin causa”, han tenido que por cojones agachar las orejas, doblar la cerviz y decir “a sus órdenes” y por cuanto en este mundo, se sigue haciendo lo que al dinero interesa y los demás a tragar, puesto que Cataluña no es la anexionada Crimea y mucho menos los respalda, “el Putin que necesitarían y el arsenal de armas que el nuevo zar de la Rusia de siempre, tiene almacenado”.

No obstante los rebeldes quisieron armarse y armar su ejército particular (de ahí que yo y hace tiempo, denominase a los “mozos” como los soldados catalanes) ya que según el diario ABC del 7-10-17 (y con ello se confirma) nada menos que en primera plana y a todo color, muestra cinco tipos de metralletas, o armas de guerra, con la contundente afirmación, de que los rebeldes quisieron adquirir aproximadamente un millar (en surtido) de ellas; y nada menos que cinco millones y medio da proyectiles para alimentarlas; lo que ocurrió es “que el dinero” (vía Gobierno) les diría que no y como esos rebeldes y sus antecesores, lo que han hecho es llevar a la quiebra económica a Cataluña, pues me remito a lo que arriba refiero de Napoleón y “sus tres cosas”.

En cuanto al montaje (para mí ha sido un magnífico montaje) de la huida de grandes empresas de la Cataluña actual, a los territorios españoles que estas también dominan, y que en dinero no les ha costado nada, o acaso “cuatro perras”; en realidad es “un gran farol”, pues desde los nuevos asentamientos, o posiblemente desde los mismos despachos de siempre, seguirán administrando sus enormes intereses y monopolios conseguidos, de la forma que lo fueran… y a vivir controlando España, que como siempre la seguirán controlando esas minorías, que bien avenidas siempre, han controlado “el cortijo ibérico” con la ayuda “del dios de todos los cielos y sus representantes en la tierra; y como no, del dinero nacional e internacional, que como sabemos no tiene bandera con barras aragonesas, ni estrellas, puesto que sus barras son el oro y demás metales preciosos, adornados también con las más preciosas gemas que existan en este pobre mundo, donde y como digo, sigue gobernando el dinero”; los otros a trabajar el que pueda y a producir lo que interese; “los parias a sus lugares de siempre” y todo lo demás son, “capullos de Alejandría”… Amén.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y
http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes

Parásitos
Javier Torres. gaceta.es 9 Octubre 2017

Esta película ya la hemos visto. Una reacción ciudadana -ejemplar y espontánea- desactivada por el poder. La irrupción de Borrell en la histórica manifestación del domingo en Barcelona da una pista de cómo va a acabar el asunto. Ni 155 ni independencia. Ni el Gobierno de la nación se defiende de las agresiones a la unidad territorial ni los golpistas tendrán el valor de llegar hasta el final. O sea, el gran camelo lampedusiano de cambiarlo todo para que todo siga igual. Acaso todo esto lo sabía Rajoy y lo que vemos a diario no es más que una función de teatro con un guión escrito desde hace tiempo a partes iguales. Una pantomima tan desvergonzada como ver al señor de Pontevedra defender muy serio la Constitución del 78 el próximo 6 de diciembre.

Ya sabemos que es una tentación muy de ellos apropiarse de la indignación ciudadana aunque sean el motivo de la misma. Por eso es imposible aguantar la risa cuando vemos agarrando en primera fila de manifa la pancarta de la lucha contra la corrupción a los artífices del caso EREs o Gürtell. Pero hace tiempo que juegan a eso, a llegar al incendio a última hora vestidos de bomberos con las manos aún apestando a gasolina.

Al clamor popular de “Puigdemont a prisión” Borrell respondió, muy pulcro él, que nada de decir esas cosas porque de estas cuestiones sólo se ocupan los jueces. Qué pena que esa exquisita piel fina para con la gente no la tenga para pedir perdón por haber contribuido desde el PSOE a engordar al monstruo independentista durante décadas. O que ese afán de ejemplaridad no apareciera cuando se convirtió en consejero de la quebrada Abengoa a cambio de 300.000 euros por su buena agenda en Bruselas. Borrell, en fin, intervino para hacer trilerismo y convertir la reacción ciudadana por la unidad de España en un alegato europeísta y en contra de las fronteras.

Cómo estaría el río de peces que por allí también aparecieron Cifuentes o el eterno Arenas a ver si pescaban algo. Es insoportable la presencia de políticos cuando saben que el partido ya está ganado. También sucedió el sábado en Madrid en la plaza de Colón, donde Pablo Casado llegó a hacerse la foto y eclipsar a los verdaderos organizadores de la convocatoria. Si de verdad quiere estar con la gente, que pida el 155 a Rajoy, que a la estatua de Blas de Lezo no le hace falta que le susurren bravuconadas.

Lo de este domingo en Barcelona demuestra, como tantas otras veces en nuestra historia, que una vez más los españoles están por encima de sus dirigentes. Y de su prensa, añado. De modo que hay que desconfiar de la mayoría de editoriales de los periódicos que este lunes hablan del fin de la hegemonía independentista como antes hablaban del fin de ETA: no hay más que ver al terrorista Otegui paseándose como reclamo electoral del independentismo catalán para comprender de verdad quiénes son los vencedores y quienes los vencidos. Si a la gente de buena fe que salió a las calles de toda España en 1997 al grito de Basta Ya tras la muerte de Miguel Ángel Blanco les dijesen que uno de los cabecillas de la banda estaría hoy dando lecciones de democracia, es probable que la ira de aquellos días se hubiera dirigido no sólo contra Herriko Tabernas, sino también contra Génova y Ferraz.

Veinte años después el pesimismo nos asalta cuando comprobamos que aunque la calle grita que los golpistas a la cárcel los grandes medios dicen que la gente en realidad pide diálogo, mantra que nos hartaremos de escuchar estos días para convencernos de que España sigue unida y que lo vivido las últimas semanas no ha sido más que un hermoso juego democrático en el que policías y guardias civiles realizaban ejercicios de simulacro.

Cómo me gustaría equivocarme y contemplar que por una vez los españoles fulminan tanto a los que ponen en riesgo la convivencia y la unidad como a quienes nos alertan de ella pero con la otra mano alimentan a la bestia. Cómo me gustaría, de verdad, creer que no ha sido un espejismo ver a Pablo Iglesias saliendo abucheado de Barcelona ni ver a los gitanos defendiendo a la Guardia Civil.

El trasfondo de la cuestión
Ernesto Ladrón de Guevara  latribunadelpaisvasco.com 9 Octubre 2017

Disintiendo de gente a la que quiero que dice que el Rey se quedó corto, incluso traicionó a los españoles por no ir más allá de las palabras que pronunció, yo creo que hizo lo que tenía que hacer con su comparecencia, estuvo perfecto, en sus justos límites, riguroso y exacto en los términos, claro en las ideas, y preciso en lo que tenía que decir. No sobró nada, no faltó nada en lo que expresó en su aparición ante la cámara de Televisión Española, la de todos.

Tras oírle yo sentí paz, esperanza, vi luz en un túnel en el que veía pasividad, desconcierto, un cierto desbarajuste y falta de ideas en las acciones que obligaban a cumplir la ley a los golpistas catalanes y que dejaban al pie de los caballos a una policía judicial obligada a obedecer las decisiones judiciales. Y para más espanto, todo lo que tuvieron que aguantar las fuerzas y cuerpos de Seguridad del Estado en el día del esperpéntico referéndum y de la huelga general, propio de Venezuela, y no del País en el que vivo, que unas veces me llena de orgullo y otras me avergüenza. Ya era hora…

No tengo duda de que somos presa de intromisiones, cuando no intervenciones solapadas, muy graves de instancias ajenas a nuestro país en esta crisis, para desestabilizar a España y, en consecuencia, a Europa.

Estamos en algo más que una guerra fría entre las potencias mundiales. Y nosotros, como siempre, cuando los que tienen mucho poder se pegan, sufrimos en nuestro culo las patadas que se dan otros, por tener la gracia o desgracia de estar en un punto del Planeta situado en un lugar geoestratégicamente privilegiado. Para lo bueno y para lo malo. Yo creo que ha sido más para lo malo, pues la Guerra Civil fue el fruto y el desenlace de lo que se estaba preparando un lustro más tarde. Y de eso se habla muy poco por los historiadores. Y sobre todo por los que hablan de memoria histórica -¿se dan cuenta de que se soslaya hace tiempo esta cuestión?- pero se evita a toda costa comentar el entramado que tenía Stalin en nuestro país para controlar el mundo, y que luego intentó infructuosamente Hitler, eso sí, evitado gracias a la sagacidad e inteligencia de Franco. ¡Qué gilipollas los que piensan que Franco era tonto! Fue dictador, pero de idiota nada. Recomiendo la lectura del libro del coronel ruso Yuri Rybalkin “Stalin y España”, que es muy revelador, aunque no el único sobre esta materia.

Pues bien. Y, mientras tanto, los descerebrados que se suman a la fiesta de la independencia de Cataluña pugnan por incorporarse al espectáculo de guiñoles, queriéndose meter junto a caperucita roja y el lobo. ¡Hay que ser tontos de capirote! ¿Y qué nos dice de todo esto Podemos? ¿No creen ustedes que deberían contarnos algo más de lo que nos transmite Iglesias con esa cara de no haber roto un plato? Monedero es más claro. Y, en fin… Sánchez no sé si no se entera de la fiesta o sabe más de lo que aparenta.

De toda esta historia lo que más me indigna, hasta la extenuación de mi rabia, es la utilización de los niños. Primero adoctrinándoles de una forma inmisericorde y sin miramientos, -me río del Florido Pensil-. Luego utilizándoles de pantallas o escudos humanos. Me ha quedado muy grabada en mi mente la imagen del policía antidisturbios arrancándole de los brazos de su padre infame al pequeñín que se interponía en la actuación de la brigada que intervino en uno de los espacios de la trama golpista. ¡De juzgado de guardia! A ese padre habría que privarle de la patria potestad.

Después, con el acoso escolar de unos profesores indignos a unos niños cuyos padres son o guardias civiles o policías nacionales, incitando a otros niños a hacerles el vacío. Es de una crueldad criminal. Esos profesores deben ser expedientados ya, y juzgados por lo penal. Igual que quienes han alentado a menores de edad a participar en actos tumultuarios o a sumarse a las acciones de rebelión, o a quienes han inducido ideas de odio que prefiero ni mentar por lo soez, inhumano y sectario, indigno de quienes se predican educadores.

Una de las urgencias después de todo esto es privar de las competencias educativas a Cataluña. Jamás se ha de repetir lo que hemos visto estos días. Pero es que esto no viene como lluvia de primavera. No. Esto se cocía desde hace décadas. Algunos lo denunciaban con desesperación; lo denunciábamos. Nadie hacía caso. Lo bueno de todo esto que está sucediendo es que se ha traducido en realidades evidentes. Antes se consentía, se miraba para otro lado, se confraternizaba de manera infame con la vulneración de los derechos del niño, con el ADOCTRINAMIENTO NACIONALISTA DESCARADO. Sin que se hiciera nada.

Si se consiente a partir de ahora, España será cómplice del delito contra la infancia y la juventud. Y las instancias internacionales deberán intervenir.

La gran cronista de los Balcanes: "El virus del nacionalismo ha despertado en España"
Drakulic se ha pasado una vida reflexionando sobre lo que ocurrió en los Balcanes y advirtiendo de lo difícil que resulta aplacar el "virus nacionalista" una vez que empieza el contagio
Ángel Villarino. Barcelona. elconfidencial 9 Octubre 2017

Los paralelismos históricos están repletos de trampas, así que Slavanka Drakulic (Rijeka, Croatia, 1949) prefiere abordar el problema de Cataluña reflexionando sobre lo que ya ocurrió y tan bien conoce: la volatilidad incontrolable que genera una inflamación nacionalista. Periodista, novelista y ensayista, es una de las voces más independientes y traducidas de los Balcanes, aunque ahora vive en Suecia. Ha escrito los mejores libros y artículos sobre la descomposición de la antigua Yugoslavia, títulos como 'Café Europa: la vida después del comunismo' o 'No matarían ni una mosca' (traducido al español). Colabora con 'The New York Times', 'The Guardian' y 'Süddeutsche Zeitung'.

Pregunta. El interés de esta entrevista, es evidente, tiene que ver con la crisis desatada en Cataluña. Cada vez tenemos más banderas en los balcones en toda España y las expresiones de odio se multiplican, por ejemplo en las redes sociales.
Respuesta. Mi experiencia dice que el principal obstáculo a una guerra es el psicológico. No puedes salir y empezar a matar a tus vecinos, españoles o catalanes, porque serías considerado un loco. Necesitas una justificación para empezar a matar, necesitas ser convencido de que estás haciendo lo correcto, de que estás defendiéndote de un enemigo diabólico que quiere hacerte daño. El virus del nacionalismo ha despertado en tu país, pero todavía necesitas construir una justificación psicológica para llegar a un conflicto real, persuadir y contaminar a la gente para justificar la violencia. La gente necesita estar dispuesta a matar y morir por sus objetivos. Esto, afortunadamente, tarda un tiempo en suceder. De manera que hay que tener esperanza en que aún estamos a tiempo de explorar posibilidades que eviten un conflicto fatal en España.

P. Hablemos de lo que pasó en su país. En 1984, Yugoslavia era uno de los lugares de Europa Oriental donde mejor se estaba, con un nivel de vida muy parecido al de España entonces. Sarajevo alojaba unos Juegos Olímpicos de Invierno y, en general, parecían situados en el lado favorable de la historia. Nadie podía imaginarse lo que acabó ocurriendo tras una crisis económica y una inflamación nacionalista alimentada desde el poder.
R. Nadie lo vio venir, nadie pensaba que podría ser posible algo así. Y no ocurrió tan rápido. Los conflictos y las guerras generalmente no se desatan de la noche a la mañana, aunque desde fuera lo parezca. En la antigua Yugoslavia se tardó al menos cinco años en que cuajase la propaganda nacionalista y la homogeneización de la población, la división entre “nosotros” y “ellos” que preparó los conflictos sangrientos después. Recuerda que todo empezó cuando Slobodan Milosevic llegó al poder en Serbia y lanzó el 'apartheid' en Kosovo, en los ochenta. En cierta manera, el despertar del nacionalismo croata fue una respuesta al despertar del nacionalismo serbio, especialmente cuando la minoría serbia proclamó la autonomía en Croacia. Una vez que se consumó eso, Milosevic, con el Ejército Yugoslavo del Pueblo, sintió que estaba legitimado para atacar.

P. ¿Cuales fueron las primeras señales preocupantes?
R. Los medios de comunicación fueron cruciales en el proceso de crear un enemigo. Mis colegas periodistas, escritores, intelectuales, académicos… participaron con voluntad en la propaganda nacionalista, algunos porque eran creyentes auténticos y otros por puro oportunismo. Tenemos que ser conscientes de que la historia se repite: lo primero es definir quién es el enemigo. Ese es el objetivo principal de la propaganda nacionalista y resulta mucho más fácil cuando hay un conflicto histórico, cuando se puede recurrir a un agravio pasado. En Yugoslavia serbios y croatas tenían muy presente la Segunda Guerra Mundial. Con la ayuda de los elementos históricos, se van alimentando mitos y medias verdades. Y al final se consigue una mezcla emocional explosiva.

P. Cuando los conflictos entran en una fase emocional es cuando empiezan a ser impredecibles.
R. La ideología puede imponerse a la economía y a la razón. Siempre infravaloramos el poder de las emociones. Y la más poderosa de todas es el miedo a que el ‘enemigo’ pueda quitarte tu territorio. Si la propaganda nacionalista consigue crear ese terror, el paso hacia el conflicto está ya dado. Después llega el primer baño de sangre y el problema se convierte en algo real. El olor de la sangre dispara la confrontación. En la primera fase las víctimas son muy pocas, individuos aislados y todos conocen sus nombres. La guerra empieza cuando ya no puedes conocer los nombres de todas las víctimas, cuando empiezan a ser personas totalmente anónimas.

P. Las posiciones intermedias, los conciliadoras, son las primeras en ser silenciadas y despreciadas. Equidistancia equivale a traición.
R. Eso es justo lo que la guerra hace a los individuos, les obliga a tomar partido. Cuando esto pasa es ya demasiado tarde para las voces conciliadoras, que normalmente son silenciadas mucho antes. Su acorralamiento es un siniestro signo de que los problemas están a punto de agravarse. En Yugoslavia no hubo una oposición suficientemente fuerte a la amenaza del conflicto.

P. ¿Por qué?
R. Yo lo atribuyo a dos razones. La primera, la propia naturaleza de la sociedad autoritaria y no democrática en la vivíamos, que evitó que se desarrollase una verdadera sociedad civil. Yugoslavia era un país sin una alternativa política como la que había en otras naciones del entorno como Polonia, Hungría o Checoslovaquia. El otro problema era que mi generación, nacida a finales de los cuarenta y principios de los cincuenta, debería haber hecho un trabajo que no hizo. Estábamos mimados y satisfechos con migajas de libertad, como la posibilidad de viajar al extranjero, una calidad de vida superior a la de otros países… Al revés que otros lugares que he mencionado y que estaban en el bloque soviético, nosotros no tuvimos suficiente represión como para generar una alternativa política democrática, ni tampoco líderes como Lech Walesa, Adam Michnik o Vaclav Havel. La clave es que cuando el nacionalismo apareció en la escena política, ya no había una alternativa real.

P. En la antigua Yugoslavia la mayoría de las familias tenían parientes de todas las nacionalidades. Era una sociedad muy mezclada y, sin embargo, se volvieron unos contra otros. ¿Cómo ocurrió?
R. Yugoslavia era un país federal, una mezcla de varias naciones. Como suele decir el historiador polaco Adam Michnik, el virus del nacionalismo está presente en todos lados, pero especialmente en una sociedad multinacional. Nunca basta por sí mismo, hacen falta ciertas circunstancias sociopolíticas para despertarlo. La antigua Yugoslavia, obviamente, tuvo éxito en reunir esas circunstancias. Bosnia Herzegovina era un ejemplo de convivencia entre serbios, croatas, musulmanes bosnios… pero la guerra fue peor precisamente allí. No solo por el número de víctimas. En Srebrenica, en 1995, los serbios ejecutaron a más de 8.000 musulmanes, hombres y niños. En Bosnia, cerca de 30.000 mujeres musulmanas fueron violadas en campos de violación.

P. Se suele explicar como un conflicto religioso, de musulmanes contra ortodoxos y ortodoxos contra católicos, pero en realidad la población estaba muy mezclada.
R. Antes de 1991, un año antes de la guerra, en torno al 30 por ciento de los niños venían de matrimonios mixtos. El nacionalismo y el conflicto dividió a las familias. Parece que las emociones son más fuertes que la razón e incluso que los lazos familiares.

P. Una de las escenas más chocantes de 'No matarían ni una mosca' es esa imagen de los excriminales de guerra responsables de las peores masacres haciéndose amigos y cenando juntos en la prisión de La Haya cuando acabó la guerra. ¿Cómo se puede explicar eso?
R. Es paradójico, estoy de acuerdo. Pero no es tan difícil de entender. Esos hombres hablaban el mismo idioma porque el serbo-croata era obligatorio en las escuelas. Todos habían vivido y crecido en la antigua Yugoslavia y compartían un pasado, una cultura, una tradición gastronómica, musical, un montón de memorias compartidas, incluso tenían amigos comunes. Por eso desarrollaron relaciones personales. Incluso aunque sus ejércitos luchasen, ellos no tenían ningún problema personal. La ideología y la política los dividía, pero ellos no veían nada personal en ello. No mataron a miembros de sus familias, por ejemplo. En otras palabras, había más elementos para unirlos que para dividirlos y un centro de reclusión es un lugar cerrado, es difícil aislarse completamente. Por ejemplo, con independencia de su nacionalidad y su bando, todos los criminales de guerra saludaban a Milosevic como “presidente”.

P. Me pregunto cómo sería Yugoslavia si nada de esto hubiese pasado. Cuando viajas por los Balcanes entiendes que sigue habiendo un trauma enorme, ni las generaciones nacidas después de la guerra se libran.
R: Afecta a todo el mundo, incluso a aquellos que no luchan directamente o que viven en el extranjero. La destrucción y el dolor es de tales proporciones que es dificil de sobrellevar y olvidar. En Bosnia, por ejemplo, con más de 100.000 muertos, prácticamente todo el mundo perdió a alguien cercano. Eso sin mencionar la destrucción de casas, pueblos enteros, incluso ciudades como Vukovar (Croacia). No es fácil recuperarse de la pérdida, hace falta mucho tiempo.

P. Pero incluso en el clima político sigue estando muy presente. Una vez que el tigre sale de la jaula no hay quien vuelva a meterlo.
R. Hay mucha manipulación y los políticos evocan la guerra intencionalmente cada vez que quieren justificar sus intenciones. Hay muy poco interés en la reconciliación porque la reconciliación depende de la verdad y esto es realmente difícil de conseguir. Este fue, además de la Justicia, la misión de Tribunal Internacional para la antigua Yugoslavia. La verdad no siempre es cómoda, así que incluso las sentencias de esta Corte tienden a ser despreciadas por los políticos y las sociedades.

P. El nacionalismo sigue siendo fortísimo hoy en los seis países de la antigua Yugoslavia y hay regiones que reclaman su propia independencia en Bosnia, Serbia, Croacia, Kosovo… Nunca se acaba.
R. Eso es así porque todavía no ha habido una reconciliación. Hay dos maneras de superar las guerras, la española y la alemana. La española es, o al menos era, dejar el pasado dormir en paz, sin evocar los espíritus malignos del nacionalismo o el fascismo. La alemana es confrontar el pasado fascista a pecho descubierto para poder seguir adelante sin las cargas del pasado. Nosotros, especialmente en Serbia y Croacia, no somos capaces de discutir ni siquiera sobre la Segunda Guerra Mundial y mucho menos de las guerras más recientes. Hay razones históricas, por ejemplo que nosotros solo aprendimos la interpretación comunista de la historia, en lugar de los hechos. Creo que ha llegado la hora de cambiar eso.

P. ¿Cree que la Unión Europea aprendió alguna lección de lo que pasó en Yugoslavia? ¿Reaccionarían distinto si volviese a ocurrir algo así?
R. Durante mucho tiempo, la UE no prestó atención al fuego en su patio trasero. Además, Yugoslavia no era un miembro de la UE. Un nacionalismo irrelevante, en un país irrelevante que estaba deshaciéndose en guerras sangrientas en Croacia, Bosnia, Kosovo… Dos millones de personas desplazadas y refugiados… Al final, los EEUU acabaron con la guerra en Bosnia, pero la UE sigue pagando financieramente el funcionamiento de Bosnia. Creo que no se ha aprendido ninguna lección de las guerras en la antigua Yugoslavia. Ni siquiera para reconocer los signos y los peligros del nuevo nacionalismo que está levantando la cabeza en todos lados, no solo en la UE.

P. Algunos expertos subrayan que hay dos tipos de nacionalismo. El romántico, basado en el idioma, las tradiciones, la tierra, el derecho de nacimiento y las diferencias étnicas. Y el nacionalismo político, basado en ideas o valores democráticos, como lo fue durante años en EEUU. ¿Está de acuerdo?

R. No hay duda de que la ideología nacionalista fue importante a la hora de crear la identidad nacional y el estado-nación. Pero no me gusta mezclar nacionalismo con patriotismo, algo que hacemos a menudo. El nacionalismo es una ideología que necesita un enemigo, que se constituye como una confrontación contra el otro, necesita al otro. El patriotismo es diferente porque no necesita un enemigo, no tienes que probar que tu país es mejor que otro para decir que lo quieres. No necesitas justificación.

Defensa confirma oficialmente a la OTAN que Rusia está apoyando a los separatistas catalanes
Carlos Cuesta okdiario 9 Octubre 2017

La divulgación de falsas víctimas en las actuaciones policiales del 1-O, la proliferación de noticias denigrantes contra España y de mentiras varias lanzadas por medio mundo para favorecer al separatismo catalán y desprestigiar la imagen de España. Todo ello ha saltado ya de la esfera puramente nacional: el asunto ha sido ya trasladado a la OTAN por parte del Ministerio de Defensa.

La Alianza Atlántica mantiene, de hecho, seguimientos y protocolos de actuación contra estas estrategias de desestabilización desde hace tiempo. Sabe que proceden de Rusia y que cuentan con auténticos ciberejércitos encargados de provocar inestabilidad en sistemas democráticos, de desestabilizar penetrando con noticias falsas en capas de población accesibles a través de las redes e Internet.

La maquinaria de difusión de noticias falsas de Rusia es la misma que ya ha operado en Estados Unidos y en otros países de la Unión Europea. Ahora se centra en España y en el proceso separatista catalán. El Ministerio de Defensa hace tiempo que sigue la pista a todo un conglomerado de webs prorrusas y perfiles en redes sociales muy similares a los que han jugado a la desestabilización en situaciones como el Brexit, o el auge de movimientos extremistas de derecha y de izquierda en las distintas elecciones europeas.

Su dependencia es directa del Kremlin y siguen esquemas del pasado para objetivos del presente. Utilizan puntos de debilidad de los países para ahondar en las fracturas europeas y consolidar su influencia internacional. Legiones robots por Internet, paginas web implantadas como Rusia Today (RT), o el mismo Julian Assange están siendo analizados por su posible vinculación a estos objetivos.

El asunto tiene una magnitud superior a la española. Tanto que la OTAN ha ido tomando cartas en todos estos asuntos. Y lo ha hecho ya también en el evidente apoyo de este entramado ruso al proceso separatista catalán.

RT ha sido ya identificado como uno de los principales instrumentos difusores de esta propaganda. Se trata de un medio financiado por el Gobierno ruso que funciona como órgano puro de divulgación de mensajes que le interesan por cuestiones estratégicas al Kremlin. Su presencia en la campaña en favor del separatismo es obvia.

Todo ello forma parte ya de los protocolos de defensa de la OTAN frente a agresiones exteriores. Y, por supuesto, de las investigaciones en las que se cruzarán datos de inteligencia de toda la Alianza Atlántica.

LA DICTADURA ISLÁMICA DE RIDAD
Arabia Saudí: cuando la esclavitud es parte capital del Estado
Arturo García gaceta.es 9 Octubre 2017

Numerosas empleadas domésticas en Oriente Próximo sufren explotación gracias a los regímenes que lo amparan y lo justifican.

Millones de personas han emigrado en los últimos años ante la falta de oportunidades en sus países. Las promesas procedentes de países como Líbano, Jordania, Catar, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait son muy jugosas y las agencias de empleo cuentan con el respaldo estatal para llevar a cabo una estrategia de contratación basada en la mentira y el engaño.

Estas agencias las engañan sobre las condiciones de trabajo y les cobran la tramitación del visado, análisis médicos y los billetes de avión. Todo ello para poder acceder a una bolsa de empleo donde los empleadores, que pagan en algunos casos más de 5.000 euros por acceder a ella, creen que están contratando una suerte de esclava.

Esclavitud en pleno siglo XXI con la inacción de las principales entidades supranacionales como la ONU que, en el caso de Arabia Saudí, prefieren mirar para otro lado ante las atrocidades que ocurren en su territorio. No sólo eso, la dictadura islámica de Riad cuenta con un papel capital en la Comisión de Derechos Humanos. Un hecho que evidencia las fallas de unas organizaciones incapaces de abordar los ambiciosos objetivos que un día se propusieron.
Ausencia de documentación

Cuando llegan al país, las citadas agencias las recogen y las llevan al lugar de destino. Allí perderán su libertad y también su documentación, clave para una huida posterior. Prisioneros de la kafala, el sistema de patrocinio que algunos países ya han abolido y que permite al patrón tener un poder total sobre el trabajador.

Un gran números de empleadas sufre maltratos físicos y abusos sexuales, incluso muchas de ellas se han suicidado. En el año 2013, Rizana Nafeek, una chica de Sri Lanka de 17 años, fue decapitada en Riad tras ser acusado de la muerte del bebé que cuidaba. Aunque la joven mantuvo que el pequeño se había ahogado, fue condenada a muerte.

“La cultura de la esclavitud persiste en Arabia Saudí”, donde a muchas trabajadoras del hogar se las trata “como animales, como si no fuéramos humanas”, aseguran varias ONG.
Lista negra

La ONU incluyó esta pasada semana a la coalición que lidera Arabia Saudí en Yemen en la “lista negra” que elabora anualmente para señalar a partes de conflictos acusadas de matar y herir a niños.

Hace un año, la organización había decidido a última hora no incluir a las fuerzas saudíes en ese listado por las fuertes presiones que había recibido de parte de Riad, según reconoció el entonces secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon.

En esta ocasión, la coalición liderada por Arabia Saudí sí está incluida junto a otras partes del conflicto yemení y grupos armados y terroristas que intervienen en otras guerras en distintos países.

Como novedad, la lista está en esta ocasión divida en dos partes, una con quienes no han tomado medidas para tratar de mejorar la protección de los menores y otra con quienes sí lo han hecho.

La coalición saudí aparece entre las segundas, pues Naciones Unidas destaca que ha recibido información sobre cambios en las reglas de enfrentamiento y sobre la creación de un equipo encargado de revisar todos los incidentes con víctimas civiles y identificar correcciones.

Además, señala que Arabia Saudí ha creado un unidad de protección de menores en el cuartel general de la coalición.

Según el secretario general de la ONU, António Guterres, los cambios introducidos este año en el formato del informe reflejan una mayor cooperación de Naciones Unidas con las partes implicadas que debería llevar a una mejor protección de los niños en las guerras.

“El objetivo de este informe no es solo concienciar sobre las violaciones de los derechos de los niños, sino también promover medidas que puedan disminuir el trágico sufrimiento de los niños en conflictos”, señaló a través de su portavoz, Stéphane Dujarric.

La “lista negra”, sin embargo, amenaza con crear un nuevo episodio de tensión entre la organización y el país árabe, cuyo embajador ya ha anunciado una conferencia de prensa para este viernes.
Patrocinador del ISIS

El principal proveedor de terroristas del Estado Islámico es un aliado de Occidente. Tal y como ha señalado la cadena Fox News en un reportaje, citando a fuentes militares iraquíes, la mayoría de islamistas del grupo provienen de Arabia Saudí.

El país comparte alrededor de 800 km de frontera con Irak, totalmente devastada por la guerra. Sin embargo, según explica la cadena, eso no es impedimento para que los yihadistas saudíes entren al país por la franja que comparte con Siria y Turquía.

La información, ofrecida por fuentes de la inteligencia iraquí, revela que los terroristas saudíes suponen el 30% de todo el contingente del ISIS en Irak -siendo el país que más muyahidines aporta-. En segundo lugar se encuentran los rusos chechenos.

“La presencia saudí en el ISIS es muy grande. Lo que quedan son mayoritariamente iraquíes y saudíes”, ha comentado el oficial de alto rango a la cadena norteamericana.

Fox News señala que ha visto varias fotografías y documentos relacionados con el ISIS que muestran las identidades de terroristas sauditas.

TRAS AUSTRIA
Dinamarca, último país en prohibir el burka
La Gaceta  9 Octubre 2017

Dinamarca se une a la larga lista de países europeos que prohibirán el velo integral islámico en sus espacios públicos.

Aún no hay un proyecto de ley redactado, pero la mayoría de las formaciones con representación parlamentaria ha respaldado la prohibición del burka y el nicab.

‘’Esto no es una prohibición sobre las vestimentas religiosas, es una prohibición de cubrir el rostro’’, ha explicado Jacob Ellemann-Jensen, portavoz del Partido Liberal, formación mayoritaria dentro de la coalición del Gobierno.

Elleman ha comentado que la medida se traducirá en la prohibición del burka y el nicab. Según las estadísticas, alrededor de 200 personas utilizan estas prendas en Dinamarca.

Los tres partidos que conforman el Ejecutivo y los socialdemócratas han respaldado la iniciativa y ya se encuentran debatiendo sobre el fondo y la forma de la ley. ‘’Habrá una prohibición de cubrirse el rostro en Dinamarca’’, ha explicado el ministro de Asuntos Exteriores, Anders Samuelsen, en su página de Facebook.

Su partido, la Alianza Liberal, había sido uno de los firmes opositores a la prohibición por ‘’limitar la capacidad de las personas para elegir libremente su atuendo’’. Ahora han cambiado su posición y se han alineado con el resto de formaciones con las que cohabitan en el Gobierno.

‘’Si es posible tener una prohibición que no traiciones nuestros valores, entonces la Alianza Liberal la apoyará’’, ha explicado el ministro.

Austria, libre de burka desde el 1 de octubre
Los espacios públicos austriacos están libres de burkas desde el pasado 1 de octubre, fecha en la que entró en vigor la prohibición aprobada por el Parlamento del país.

Ante la medida, adoptada ya en otros países europeos, un activista millonario se ha comprometido a abonar todas las multas que se impongan a quienes porten el velo integral islámico.

Colegios, hospitales, centros educativos… Ninguno de ellos verá más un burka. La iniciativa fue impulsada por el Ejecutivo de coalición conservadora y socialdemócrata argumentando motivos de seguridad.

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Emoción y alta traición
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 9 Octubre 2017

La casta política antiespañola y su facción catalana, dieron ayer un gran paso, aún insuficiente, para desactivar la emocionante movilización popular que, tras el discurso del Rey, ha tomado las calles de España y ayer se presentó en Barcelona dispuesta a la reconquista. No de la paz navideña en las familias catalanas, que allá su carn d'olla, sino de nuestra nación y su Constitución, en la que caben los catalanes si en Cataluña no sobra lo español, como vimos. Bueno, apenas vimos nada: ni TVE ni TVColp3 pusieron helicópteros para grabar una concentración que superó a la de cualquier Diada y que había que mostrar a todo el mundo. Rindámonos, pues, a la evidencia: si el Gobierno oculta la mayor movilización de la Historia en defensa de España es porque Rajoy no está contra el golpe sino con él.

Muchos creen que lo que conviene a España es decir que, tras la magnífica manifestación de Barcelona, está claro que los partidarios de la unidad de España somos más y mejores. Pero ya lo éramos el lunes y, antes de que hablara el Rey, ¿de qué nos servía? ¿Qué pasó tras las gigantescas manifestaciones por el asesinato de Miguel Ángel Blanco? Que el PNV y la ETA, bendecidos por Pujol, pactaron en Estella para desmovilizar aquella temible España, y en dos años lo habían conseguido. Ayer, SCC quedó desbordada por la magnitud del acto -nacional, no regional- y por la enormidad de su complejo: no parecer tan buenos catalanes como los malos. Dice Redondo Terreros que las élites catalanas han provocado con su egoísmo rastrero todos los problemas nacionales del último siglo. Muy cierto. Y esas élites han vuelto a timar a los cientos de miles de españoles que no estaban en Barcelona para que Borrell les vendiera su cava sino para escuchar juntos el Himno Nacional.

Debía clausurar el acto Vargas Llosa («Nobel de la Pau» dijo el noi del micro) hablando en nombre de la Libertad y de España, con frases en inglés, francés y alemán, que lo hace mejor que Borrell; pero había que aldeanizar la emoción, aguar el acto para que Traidorkán III de Monclovia pueda negociar con la indignación nacional los plazos de la Republiqueta. Micharriola, portavoz moncloveo en TVE, se adelantó a Borrell -o delató- al decir que esta Navidad comprará cava porque ser español es ser catalán. Curioso privilegio: nunca sale gratis.

Escucha, Puigdemont
 larazon 9 Octubre 2017

La Cataluña que los separatistas creían silenciada tomó ayer las calles del centro de Barcelona en la primera manifestación masiva ciudadana contra el proceso independentista y por la unidad de España. Fueron casi un millón de personas, que exhibieron profusamente enseñas de España, senyeras y banderas de Europa, las que gritaron alto y fuerte su condición de españoles y catalanes, demostrando al Gobierno de la Generalitat que esa parte mayoritaria de la sociedad que permanecía callada ha dicho basta ante la intentona suicida separatista y está dispuesta a hacer oír su voz por encima de todas las dificultades. Tal es así, que el inmenso mar de banderas españolas que inundó la Ciudad Condal –con el que abrieron sus noticiarios y páginas web los principales medios de comunicación europeos– no sólo supone un momento trascendental en la reciente historia catalana, sino que interpela al president Carles Puigdemont sobre el comportamiento de unos gobernantes que han despreciado e ignorado la voz de una gran parte, la mayor, sin duda, de su pueblo.

Porque no nos engañemos, si la manifestación convocada por Sociedad Civil Catalana puede considerarse como un éxito rotundo es, precisamente, porque ha surgido de las mismas entrañas del pueblo de Cataluña, sin ayuda ni colaboración alguna de los organismos oficiales y sin más logística que la que los propios participantes consiguieran aportar. Ayer, pues, vivimos en Barcelona una movilización popular genuina, de ciudadanos libres, por encima de afinidades de partido y con la firme voluntad de reclamar la vuelta a la sensatez, que no es otra cosa que el respeto a la realidad de Cataluña, a las leyes que sostienen la democracia española y a su propia historia. Lo expresó con meridiana claridad el escritor Mario Vargas Llosa cuando advertía a Carles Puigdemont de que «se necesita mucho más que una conjura golpista para destruir lo que han construido 500 años de historia».

Pero la manifestación de Barcelona, con la carga simbólica que conlleva la ruptura de la ley del silencio mafiosa impuesta desde las propias instituciones catalanas sobre quienes rechazan el separatismo, no es más que la culminación de todo un enorme movimiento social y de opinión pública que ha tomado fuerza en Cataluña ante un proceso que, en palabras del ex ministro Josep Borrell, «empuja al país al precipicio», y que ha hecho reaccionar a esa parte de la sociedad catalana que por comodidad o por no querer enfrentarse abiertamente a los que detentan el poder y lo ejercen con el más descarnado sectarismo, ha preferido mantenerse en silencio. Así, se suceden desde el 1 de octubre los manifiestos de intelectuales, profesores y artistas contra la intentona secesionista, mientras que las principales empresas con sede en el Principado han comenzado a trasladarse en masa a otros puntos de España, en una decisión que no se debe tanto a la posibilidad, de todo punto inverosímil, de una independencia de Cataluña, como a la necesidad de dar un aviso inequívoco a la Generalitat y a los promotores del movimiento separatista, también al conjunto de la sociedad catalana, de las consecuencias irreparables que tendría para su futuro tamaño disparate.

Si la reacción empresarial debía haberse producido antes, como se quejó Borrell, es asunto para otra discusión, pero, de momento, ha tenido la gran virtud de poner al descubierto las mentiras del Gobierno catalán, propalando que la secesión de Cataluña sólo traería ventajas de todo tipo, por supuesto, sobre todo económicas, y ningún riesgo asociado. Asimismo, la otra «postverdad» del nacionalismo, por aceptar un término actual, asegurando que una Cataluña independiente sería reconocida por la comunidad internacional y se mantendría en la Unión Europea como socio de pleno derecho, ha sido demolida por las instituciones de la UE, desde la Comisión Europea al Parlamento, y por las principales cancillerías del mundo, que saben perfectamente de la naturaleza perversa de todos los nacionalismos y del dolor que son capaces de causar. Así las cosas, enfrentado por fin a la realidad, el president Puigdemont, que es el principal responsable del engendro, debería escuchar a quienes le advierten del grave daño que está causando a los ciudadanos de Cataluña y, por ende, de toda España, y rectificar.

Escuchar a los novecientos mil catalanes que se echaron ayer a las calles de Barcelona para exigir el final de la marginación de los no nacionalistas, pero, también, para llamar al «sentido común» de sus gobernantes, obligados a poner fin a un proceso que ha sumido a los catalanes en la confrontación, la confusión, el dolor y la desesperanza. Sí, Carles Puigdemont, que parece empecinado en el error y mantiene la pretensión de declarar una fantasmal independencia, tiene que escuchar a los empresarios, a los intelectuales y a los simples ciudadanos, pero, sobre todo, a la mera razón. Su intentona golpista está condenada al fracaso y sólo puede traer más daño y frustración a una Cataluña que empieza a reaccionar y que demuestra que no quiere seguirle en su camino al precipicio.

Puigdemont tiene vértigo: el día después de Urquinaona
Nacho Cardero elconfidencial 9 Octubre 2017

Muchos ciudadanos en las calles. Demasiados. De uno y otro lado. Y ahora hay vértigo. Sensación de salto al vacío, de que quizá no se hayan medido bien las consecuencias, o sí se han medido bien pero era preferible incurrir en el engaño sistemático, como un canal 24 horas de TV3. Cientos de miles de personas lanzándose a la calle, empresas catalanas mudando de sede, cancelaciones de reservas en el sector turístico, riadas de rojigualdas ondeando por Barcelona, la tensión en el ambiente, los nervios a flor de piel, miedo a un desliz.

Son dos las manifestaciones que han pinchado la burbuja en la que, hasta escasas fechas, habitaba encapsulada la clase política. Una fue la del 26 de agosto en homenaje a las víctimas del atentado de la Rambla, donde el Estado español, representado en la cúspide por el Rey, el Gobierno y presidentes autonómicos, vivió en toda su crudeza la desafección que se ha ido larvando en Cataluña. Pitos, insultos, independencia. Los gerifaltes se cayeron del guindo como Saulo del caballo. Aquello era algo más que el sueño de verano de un loco secesionista con poltrona en la Generalitat. Era el virus nacionalista inoculado hasta el tuétano.

La otra manifestación fue la de este domingo, la de Urquinaona, la que abarrotó de banderas españolas y 'senyeras' el corazón de Barcelona, la de los catalanes españolistas, la de esa parte del hemiciclo del Parlament que quedó vacía cuando la ley del referéndum, la Cataluña de Borrell, la España de Vargas Llosa, la de esos cientos de miles de personas que hicieron lo que no habían hecho hasta entonces: presumir de ser españoles y comprar una rojigualda nada más alcanzar Paseo de Gracia. Los mismos bazares chinos que habían hecho su agosto con la Diada se apresuraron a esconder las esteladas y llenar los escaparates con banderas españolas. Esas ‘banderas nuevas’ de las que hablaba Soto Ivars y que han ‘resucitado’ gracias a la encomiable persistencia de Puigdemont.

Lo de ayer sirvió para constatar algo que los líderes independentistas no se terminaban de creer cuando les decían que, de un tiempo a esta parte, colgaban más banderas españolas de la Estación de Chamartín al Bernabéu que esteladas de Sants al Camp Nou. Lo de ayer es la prueba del siete de que el nacionalismo español ha despertado, un nacionalismo por fortuna diferente al de otras épocas, más incluyente, tan de izquierdas como de derechas, donde se acepta al otro, se le reconoce en su diferencia y se le pide que se quede.

Sí, hay vértigo. Nadie sabe a ciencia cierta lo que ocurrirá el martes. El mundo estará pendiente de ese día, de la comparecencia de Puigdemont en el Parlament, de lo que diga o deje de decir, y sobre todo de la reacción en Madrid a sus palabras. La ira de Dios.

El 'conseller' Santi Vila y otros pretorianos de Puigdemont, incluido el propio 'president', se muestran reacios a pulsar el botón rojo de la declaración unilateral de independencia (DUI) para no dar excusas ni legitimar la intervención inmediata de Cataluña por parte del Gobierno central. Preguntados por el nivel de consenso de esta iniciativa, en el sanedrín que hizo posible el referéndum responden que es alto y que incluso la ANC de Jordi Sánchez se mostraría, 'sotto voce', dispuesta a abrir la mano para ganar tiempo. Otra cosa sería la CUP. Los antisistema, reconocen, continuarían encastillados en sus posiciones primigenias pero, llegados a este punto, “estamos dispuestos a asumir el riesgo”.

Ante semejante tesitura, los independentistas se agarran a la figura del mediador como a un clavo ardiendo. “Es el mensaje que nos debe quedar de la comparecencia de Puigdemont”, aseguran los pretorianos. “No tanto las críticas al Rey ni su insistencia en declarar la república catalana, que era lo que estaba obligado a decir en ese momento, sino su llamamiento a la mediación. Es la clave de la comparecencia”. Pero el tiempo corre en su contra y ayer, en un reportaje del programa '30 minuts' de TV3, seguía insistiendo en su intención de declarar la independencia, aunque evitara en todo momento concretar cuándo.

De entre toda la pléyade de espontáneos que se postulan como intermediarios, al Govern parecen haberle hecho campanillas dos de ellos: la decana del Colegio de Abogados de Barcelona, Maria Eugènia Gay, cuyo plan se centra más en la conciliación que en la mediación, y el Partido Nacionalista Vasco (PNV).

Los de Iñigo Urkullu son los más concernidos por lo acontecido en Cataluña. Al margen de que el Gobierno haya tenido que retrasar provisionalmente los Presupuestos en los que se recogía una mejora sustancial del cupo vasco, lo que verdaderamente preocupa en el PNV, mucho más que los motivos crematísticos, es el renacer de la bestia 'abertzale'. De la oleada de sedes sociales que se han mudado de Cataluña, ninguna lo ha hecho al País Vasco, pese a sus mayores beneficios fiscales. Los empresarios no quieren tropezar dos veces con la misma piedra, esto es, con el nacionalismo que les ha llevado a poner pies en polvorosa.

Mientras tanto, la templanza de Rajoy empieza a ser valorada en su justa medida por la Generalitat. No porque se muestre dispuesto a aceptar un mediador, que ni está ni se le espera si previamente no retornan a la legalidad, sino porque se ha convertido en el principal dique de contención frente a los ‘tomahawks’ que llegan de izquierda y derecha, ora Alfonso Guerra, ora José María Aznar, y que claman por la aplicación inmediata del 155. Como se pudo leer en la entrevista de ayer de ‘El País’, el presidente del Gobierno no tiene la intención de activar el mencionado artículo, siempre y cuando no le den excusas para ello.

Mientras tanto, mientras las manifestaciones se sucedían en toda España por la defensa del Estado de derecho y la solución a la crisis catalana, en Barcelona los conspiradores se confabulaban para tratar de acabar con el conde. No hay que confundirlo con el conde de Godó, editor de ‘La Vanguardia’, para el que la aristocracia reclama la retirada del título por “traición a España y notable villanía”; sino acabar con Riccardo, conde de Warwick y gobernador de Boston, el personaje de ‘Un ballo in maschera’, ópera de Verdi con la que este sábado quedó inaugurada la temporada 17/18 del Gran Teatre del Liceu.

A dicha inauguración faltaron el 'president', Carles Puigdemont, y el 'expresident' Artur Mas, dos fijos en la apertura de la temporada. Tampoco estuvo el ministro de Educación y Cultura, Íñigo Méndez de Vigo. Los guardianes del ‘procés’, esto es, esa pléyade de intelectuales que han surgido como setas al calor de las masas y se erigen en salvaguarda de las esencias del independentismo, decidieron permanecer en sus butacas y no ponerse a cantar 'Els Segadors'. No se sabe si habrá o no DUI, pero lo que seguro hay es vértigo. Mucho vértigo.

El hundimiento de España (8)
Vicente A. C. M. Periodista Digital 9 Octubre 2017

¡PROU! ¡BASTA! LA CATALUÑA SILENCIOSA TOMA LA CALLE EN BARCELONA. PUIGDEMONT COMO HIZO EN EL PARLAMENTO, LES IGNORA Y SIGUE ADELANTE CON LA DUI.

Ayer, el pueblo español presente en Cataluña por una sociedad catalana que hasta ahora se había sentido atemorizada, acorralada y acosada por la violencia institucional de los separatistas y la física de los anti sistema de la CUP, salió de forma abrumadora a la calle para gritar ¡Prou! (¡Basta!). Una multitud que recorrió o más bien ocupó casi dos kilómetros de calles y la plaza de Urquinaona donde se encuentra la histórica Estación de tren de Francia, cerca del Parlamento de Cataluña, vergonzosamente secuestrado por una mayoría parlamentaria de fuerzas políticas secesionistas responsables de haber perpetrado el golpe de Estado que amenaza con la secesión de Cataluña y su proclamación como república independiente. Ayer en Barcelona, como el sábado en Madrid y en otras capitales de España, el pueblo español hizo patente su soberanía para exigir a sus gobernantes que acaben con esta amenaza a la unidad de España.

Una vez más, como tantas otras en la Historia reciente de España, ha demostrado estar muy por encima de sus gobernantes. Un pueblo que se ha cansado de que unos dirigentes corruptos y sin escrúpulos, les digan cómo deben sentirse y actuar para no ser excluidos de su sociedad si no se suman a la doctrina única del nacionalismo excluyente que predican. Ayer se dijo ¡Basta!, un mensaje dirigido tanto a aquellos que les han querido amedrentar y silenciar, como a aquellos que durante décadas han permitido de forma cobarde y ruin que se sojuzgue a esa sociedad a cambio de apoyos mercenarios a la gobernabilidad del Estado. El pueblo español, representado en ese casi millón de catalanes y ciudadanos procedentes de otras partes de España, puso pie en pared frente a la terminal de la Estación de tren de Francia, toda una alegoría a que no va a haber choque de trenes, sino que esa estación es la parada final del tren secesionista. Un final de trayecto para un golpe de Estado perpetrado por unos dirigentes en franca rebeldía y desobediencia a la legalidad vigente, que no han dudado en usar las Instituciones del Estado de Derecho para buscar una legitimidad paralela que avalase sus delitos de sedición.

Y como siempre, los partidos políticos principales PP y PSPS ( Partido Socialista de Pedro Sánchez, lo de PSOE sería mentir) declararon su apoyo a la manifestación, pero no hicieron acto de presencia salvo excepcionales asistencias a título personal como la de Pablo Casado en la de Madrid o Cristina Cifuentes en la de Barcelona. Solo CIUDADANOS estuvo presente con la participación en primera fila de su Secretario General, Albert Rivera y la de Inés Arrimadas como futura candidata de CIUDADANOS a Presidenta de la Generalidad. Bien es verdad que en la lectura del manifiesto estuvo el exministro Josep Borrell, un histórico del PSOE que no comparte las ideas revolucionarias de su actual líder Pedro Sánchez respecto a la plurinacionalidad y el derecho a decidir de los supuestos “pueblos” de España. La sociedad española estuvo otra vez huérfana de sus dirigentes que, como Mariano Rajoy, Pedro Sánchez o el impresentable Pablo Iglesias, demuestran no estar a la altura para enfrentarse, -algunos directamente se posicionan en el bando contrario -, al grave desafío de los golpistas del Gobierno de la Generalidad y los partidos que controlan el Parlamento de Cataluña.

Este fin de semana el pueblo español ha salido a la calle para gritar un ¡Basta! Como una clara advertencia de que si sus gobernantes no cumplen con su deber de defender la legalidad vigente y devolver la normalidad a una autonomía secuestrada por fuerzas golpistas que amenazan gravemente la unidad de España, ese pueblo está dispuesto a evitarlo. Ya lo hizo contra el ejército invasor francés y es seguro que volverá a hacerlo para evitar que la nación más antigua de Europa sea destruida por unos cuantos delincuentes envueltos en unas banderas independentistas.

Mariano Rajoy, como Presidente del Gobierno de España debe cumplir con su deber y su juramento. Hasta ahora, solo ha tenido palabrería pomposa y hueca haciendo solemnes promesas que luego no ha cumplido y por las que no ha pedido perdón, ni ha presentado su dimisión por su demostrada incapacidad. En su lugar, sigue aferrado a esconderse tras los Altos Tribunales y tras las cómodas entrevistas en diferido donde se atreve a pavonearse con declaraciones como “haré lo que crea que deba de hacer, lo que crea que sea mejor para España y en el momento que me parezca más oportuno”. De ahí al absolutismo solo hay un estrecho margen. Pero los golpistas no tienen nada por lo que temer. Rajoy siempre hace no lo que dice que va a hacer, sino todo lo contrario que es lo que realmente piensa que debe hacer, o sea, nada. Lo que cree que es mejor para España es lo que cree que es mejor para él y su futuro, ni siquiera el de su partido. Y ese momento del que habla nunca llega porque siempre aplica aquel proverbio árabe de “Siéntate a la puerta de tu casa y verás pasar el cadáver de tu enemigo”.

Parece más que evidente que ni Mariano Rajoy se va a dar por enterado de las admoniciones que le llegan desde las manifestaciones del fin de semana, ni Carles Puigdemont desistirá de su hoja de ruta ignorando y despreciando también a los cientos de miles de manifestantes. Y estos dos son los que algunos irresponsables pretenden reunir en una mesa de negociación para dialogar. Así que mañana veremos el desenlace y pasado mañana oiremos las declaraciones y explicaciones de por qué seguimos igual como en la canción de Julio Iglesias.

¡Que pasen un buen día!

Los gritos del silencio
Luis Herrero Libertad Digital 9 Octubre 2017

Las cifras no son ahora lo que más importa. Da risa que los independentistas hablen de 66.000 manifestantes. El idiota que los contó no vive en la misma luna que el amigo de Borrell, sino en esa galaxia, repleta de iluminados y tramposos, de las realidades inventadas. También sabemos que la guardia urbana hubiera superado con creces el cálculo de 350.000 si los convocantes hubieran sido amigos de Colau. Lo de menos es que hayan llegado al millón o se hayan quedado más o menos cerca. Lo que importa es que nunca antes se había visto nada comparable en Barcelona. Las imágenes quedarán guardadas para siempre en el almanaque de la historia inédita de España, como testimonio fiel de la resistencia ciudadana a correr la suerte dictada por los políticos incapaces que dirigen el rumbo de la nación.

Una de las ideas que ayer más se jalearon es que las voces que se dejaron oír salían del armario silencioso donde ha vivido hasta ahora la mayoría social durante este tiempo de exaltación independentista. No creo que sea verdad. Lo de ayer no fueron los gritos del silencio. Las voces de ayer no fueron una enmienda a la pasividad de la sociedad amilanada, sino a la inacción -ominosa, calculadora, trémula y liberticida- de la clase política. Ha sido la sensación de desamparo, de abandono y de orfandad de los españoles del común, en Cataluña y en el resto de España, la que ha promovido la ocupación de la calle. Y lo peor que puede pasar es que haya sido una reacción tan emocionante como tardía. Esa es a estas horas, me parece a mí, la pregunta clave: ¿llega a tiempo de cambiar el curso de la batalla?

Rajoy cree que sí. Él aún mantiene la esperanza de doblarle el brazo a Puigdemont. El jueves salió a la palestra, después de tres días largos dentro de la madriguera, para recordarle a su partido, más inquieto que nunca, que ya había demostrado en otras ocasiones su maestría en el manejo de los tiempos y que debían confiar en su prudencia acreditada. Aznar acababa de poner en duda su fortaleza anímica para coger el toro por los cuernos, en una nota que hubieran suscrito de buena gana casi todos los militantes del partido. Dos días antes, el rey también le había conminado a restablecer la legalidad constitucional en Cataluña. Su inacción, después de eso, retumbaba en el país entero como un grito silencioso. Pero él seguía confiando en su propio juicio.

El martes se habían retirado 270 millones de euros de fondos de inversión de La Caixa. La decisión de trasladar la sede social del banco era inminente e irremediable. Detrás vendrían el Sabadell, Gas Natural, Freixenet, Codorniú, Criteria, Agbar, Abertis... El efecto dominó de la estampida iba a colocar al Govern contra las cuerdas. Los últimos impulsos de sensatez en el seno del PDeCat, el partido de los botiguers y la clase media, trataban de izar la bandera blanca. La respuesta cívica de los contrarios a la independencia iba cada vez a más. Ya había duelo de caceroladas. El griterío dejaba de ser monopolio de la CUP. El presidente del Gobierno tenía fundados motivos para estar contento. La sola idea de que su plan de aguantar el tirón sin perder la calma pudiera ser suficiente para sofocar la insurrección le reafirmaba en su estólida apuesta por el tancredismo.

Poco después, las tres locomotoras del procés se encargaron de ir apagando los incendios. La ANC distribuyó el viernes por la mañana un chat entre sus afiliados que les instaba a seguir en la brecha: "Nos quieren desanimados. No lo podemos permitir. Ni se lo merecen ni nos lo merecemos. Es muy importante que estos días nos apoyemos los unos a los otros. Descansad. Comed bien. Tomad el aire. Divertíos. Hemos de recuperar fuerzas porque vienen días muy importantes. La cabeza bien alta. La moral bien alta. Que nos vean sonreír".

Minutos más tarde, la CUP daba a conocer que ya estaba negociando con Juntos Por el Sí el texto de la declaración de independencia. "Nadie ha puesto sobre la mesa ningún escenario de dilación -dijo el diputado Carles Riera-, no trabajamos sobre ese escenario". A media tarde, Junqueras le enviaba a Forcadell los resultados oficiales del referéndum: 2.280.000 votantes. El 43% del censo. Más de dos millones de síes. Desde ese momento comenzaba la cuenta atrás del plazo de 48 horas que los ingenieros de la desconexión habían fijado para proclamar la República catalana. Si el cómputo se establece sobre días laborables finaliza el próximo martes, justo a la misma hora en que Puigdemont ha solicitado comparecer ante el pleno. Verde y con asas. El plan se mantiene intacto.

El sábado, el propio Puigdemont se lo dijo al director del Círculo de Economía, el foro económico más heterogéneo de la burguesía catalana en el que están poderosamente representadas las empresas industriales de capital familiar catalán con mayor musculatura:

"Sí, la fuga de las grandes empresas de Cataluña es una noticia de extrema gravedad, pero la vía de la DUI sigue siendo la opción elegida".

Después de eso, si Rajoy albergaba la esperanza de poder ganar la partida aguardando a que los sediciosos se cocieran en su propia salsa, debió perderla para siempre. Y, sin embargo, siguió en sus trece.

A Rivera le dijo el viernes que no veía motivación jurídica suficiente para aplicar el artículo 155 de la Constitución y a los españoles nos dijo ayer en la entrevista de El País que solo actuaría para dejar sin efectos la declaración de independencia porque el mero hecho de anunciarla no tenía trascendencia. Bien mirado, ese razonamiento nos da una pista para saber por dónde van sus intenciones. Si de lo que se trata es de buscar una motivación que tenga trascendencia jurídica suficiente, ninguna como la que aflorará después de que Puigdemont lea el martes en el Parlament el papel que ya tiene redactado. Si a partir se ese día Rajoy no utiliza todos los mecanismos legales a su alcance para desposeer al Govern de sus competencias, se convertirá en cómplice del golpe de Estado y caerá sobre él no solo la indignidad política sino el peso de la ley. Seguro que entonces se le acaban los remilgos.

La Nación despierta en Cataluña
Pablo Planas Libertad Digital 9 Octubre 2017

Los ciudadanos contrarios al separatismo, aquellos que durante años han callado por temor a ser estigmatizados, quienes renunciaron a que sus hijos aprendieran un castellano decente para evitarles señalamientos y porque las sentencias no servían para nada, los que no se metían en política por no meterse en problemas, quienes creen en las leyes, en la Constitución, en la convivencia, en España, en una Cataluña en paz y muchas más personas han salido a la calle este domingo 8 de octubre en Barcelona.

Basta ya de manipulación, de mentiras, de adoctrinamiento, de odio a España, de puro y duro supremacismo. Ya basta de insultar a las personas que no son nacionalistas, sean políticos, policías, jueces, fiscales, periodistas, artistas, escritores, profesores o intelectuales. Han sido décadas de silencio en el oasis, de corrupción nacionalista, de inmersión lingüística, de bombardeo mediático, de propaganda agitando el odio a España, de insultos a los andaluces, murcianos, madrileños y extremeños. A todos y contra todos. "Espanya ens roba", Roma ladrona.

Desde 1980, el nacionalismo lo ha contaminado todo. Ha arrasado con cualquier conato de agrupación cívica que no comulgara de grado o a la fuerza con el credo catalanista. Han aislado, marginado e insultado a los disidentes. Las escuelas, los medios, las universidades, las administraciones, todo ha sido convenientemente manipulado por profesores, periodistas y altos cargos que ejercían de comisarios políticos siguiendo las pautas de un plan cuyo santo y seña era "primero paciencia, después independencia".

Sólo unos pocos medios y con la manifiesta hostilidad no sólo de las autoridades catalanas sino de los sucesivos gobiernos de España, han tenido el coraje de denunciar los múltiples atropellos contra los más elementales derechos humanos que se han producido en Cataluña en nombre de la nación catalana, una abstracción que si tenía algún fundamento ha sido destruido por varias generaciones de políticos tan irresponsables como Jordi Pujol, un evasor fiscal confeso, Artur Mas, Carod Rovira, Junqueras, Puigdemont y tantos y tan pavorosos personajes de la CUP, un grupo minoritario que no encubre precisamente sus intenciones de convertir Cataluña en una república socialista popular, o sea el puro terror sobre una población que no es un solo pueblo, como pregonaban los antedichos mientras cavaban una enorme trinchera en medio de la sociedad catalana.

A pesar del discurso del Rey, de la fuga masiva de empresas y de la histórica, inesperada y esperanzadora manifestación de este 8 de octubre en Barcelona, la tropa separatista sigue con sus planes. Puigdemont ha anunciado en TV3 que declarará la independencia este martes. La reacción popular ante el suicidio colectivo no ha mermado un ápice su determinación ni la de la CUP. Aumentan las voces nacionalistas que piden una tregua a los suyos. No van a dar marcha atrás, aunque debatan sobre los diferentes efectos legales de declarar una cosa o proclamar otra. Si se les da la más mínima ventaja, si se opta por la mediación o por unas elecciones anticipadas, el gesto histórico de millones de ciudadanos en Cataluña y en toda España habrá sido en vano y una vez más la política habrá traicionado a una ciudadanía que ha hablado alto y claro, incluso en Barcelona, donde se ha roto un silencio de décadas en una manifestación impensable hace una semana.

Desaprovechar el aliento de los ciudadanos, el impulso de un país en pie en defensa de su unidad, de la convivencia, de la libertad y de la igualdad sería una traición incomprensible. Esas personas apelan al Estado de Derecho y apelan a quienes deben garantizar su cumplimiento. Apelan al Gobierno y apelan al PSOE para que no permitan ni un minuto más la catastrófica situación en la que está sumida Cataluña por los insensatos dirigentes del gobierno golpista de la Generalidad y sus socios parlamentarios. Piden que no se declare la independencia y piden que se desmantelen las estructuras que han permitido a los separatistas llegar al punto de ruptura irreversible. Y también piden poder vivir en paz, sin odio y libres para hablar y para pensar como quieran. No quieren que se les acepte, sino que se les respete. No tienen que integrarse en un país que es tan suyo como de los separatistas, pero al que respetan y quieren más porque mientras ni un solo separatista ha pedido a las empresas y bancos que no se vayan, Mario Vargas Llosa y Josep Borrell sí que lo han hecho.

Puestos a exigir diálogo y mediación internacional, no estaría de más reclamar la presencia de observadores imparciales en Cataluña para que analicen el sistema educativo, la trama mediática, las estructuras administrativas y las responsabilidades que se pudieran derivar de la utilización de menores para fines políticos, las discriminaciones por razón de lengua, el tono de los mensajes mediáticos, la ausencia de la más mínima pluralidad en los medios públicos, la corrupción sistémica del 3%, la marginación social y laboral de los disidentes y decenas de otros detalles poco difundidos de la próspera y privilegiada Cataluña.

En el ambiente creado durante los últimos años y con el sistema electoral que hay en Cataluña (el de España, que no se ha cambiado porque beneficia el voto del interior frente al de la conurbación barcelonesa), unas elecciones no disponen de las más mínimas garantías. Una de las opciones que barajan los golpistas es declarar una independencia que sería ratificada por unas elecciones que para el Gobierno serían autonómicas, pero para los nacionalistas, un referéndum de confirmación del 1-O.

Que más de media España y una gran parte de Cataluña se hayan puesto en pie contra el proyecto de destruir la Nación, que no sólo implica al separatismo catalán, sino que incluye a Podemos y a los proetarras en el País Vasco y Navarra, es una llamada al orden, una rendija de esperanza, que el Gobierno y los poderes del Estado no pueden dilapidar con la excusa de que el separatismo da señales de fatiga y miedo. Está en juego un futuro de libertad, convivencia, prosperidad y paz en Cataluña y en el resto de España.

El momento es tan histórico como grave. El Rey ha estado a la altura, como las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Se está a la espera de que Rajoy y Sánchez hagan lo mismo. Rivera solicita la aplicación del artículo 155. La Nación se ha puesto en pie en Cataluña. Han sido muchos años de silencio y hay sobradas pruebas de las causas totalitarias de tal silencio como para dar la espalda a una ciudadanía que ante el riesgo cierto de aniquilación ha salido a una calle que debería ser de todos y no de los infaustos comités de la CUP, la ANC y Òmnium o de la turba que ante la pasividad de los Mossos pretendió linchar a una secretaria judicial y a un grupo de guardias civiles cuando registraban la consejería de Economía de Junqueras, uno de los centros logísticos del golpe.

El escenario insurreccional de los separatistas ha recibido una respuesta verdaderamente cívica, realmente pacífica y nada festiva. No se ha pedido diálogo. No ha habido actuaciones musicales ni exhibiciones de costumbres locales. Se ha pedido libertad, ley y seguridad. Que no lo olviden y que no olviden los políticos que la Nación son los ciudadanos que hoy se han puesto en pie en Cataluña y que no tienen escolta. Convendría revisar la orden de retirar a la Policía Nacional y a la Guardia Civil el 18 de octubre. Es más, convendría que el Estado de Derecho regrese a Cataluña para no marcharse nunca más.

Rajoy y la mala salida
Pedro de Tena Libertad Digital 9 Octubre 2017

Esto de Cataluña, la secesión y la turbulencia independentista se le ha ido de las manos al Gobierno de Mariano Rajoy. Por dos veces le han colado un referéndum que otras dos veces prometió que no se celebraría. Incluso después de consumados ha negado que hayan tenido lugar. Como el ingenuo periodista andaluz Manuel Chaves Nogales en 1936, los dirigentes del PP han confiado en que el mítico seny conservador catalán terminaría imponiéndose sobre el voluntarismo revolucionario de las minoritarias Esquerra y CUP. Pero, por el momento, pende sobre los españoles una declaración unilateral de independencia y la persistente realidad de que incluso el catalanismo moderado, si es que tal cosa existe, está ya en manos de los extremistas. Que ello es así es lo que explica la fuga de las grandes empresas de origen catalán, fuga por ahora limitada a la sede social, a Madrid y a otras regiones de España. Si confiaran en la reversibilidad del procés, no se habrían marchado.

Ahora que los españoles estamos despertando del largo letargo de nuestra autoestima nacional debido a la estatura y violencia de la algarada, Rajoy puede tener la tentación de una mala salida para el caos catalán. Después de la que ha caído y aún puede caer, mucho debe cambiarse en Cataluña y en España. Pero el cambio debe ser real para restaurar los derechos constitucionales de los catalanes que se sienten españoles y que fueron abandonados desde hace casi cuarenta años. Para ello habrá que anular o modificar no pocas leyes y comenzar a aportar nuevos usos y costumbres de respeto mutuo para una convivencia real.

Además, debe ser un cambio perceptible y práctico para los millones de españoles que vivimos fuera de Cataluña y que percibimos que hay fronteras y privilegios reales, sobre todo lingüísticos y laborales, que impiden que los demás españoles puedan trabajar normalmente en Cataluña mientras muchos catalanes trabajan normalmente en el resto de España. Y, cómo no, debe ser un cambio que imposibilite que, dentro de un tiempo, una década, dos o tres, vuelva a surgir otro nuevo desafío separatista. Dicho de otro modo, es preciso aprovechar el golpe de Estado en beneficio de toda España y todos los españoles, dentro y fuera de Cataluña.

Es un hecho contundente que el actual Gobierno de Cataluña y otras instituciones catalanas han perpetrado o contribuido a perpetrar el actual golpe de Estado separatista. La mala salida que podría tentar a Rajoy es la de olvidar, política y judicialmente, que esta ilegalidad humillante y peligrosa ha tenido lugar y volver a negociar, como siempre, la ampliación de privilegios y diferencias que han convertido a Cataluña en el polvorín que ha terminado siendo. El resto de España no podrá seguir soportando que dos regiones, Cataluña y País Vasco, a pesar de los asesinados por ETA y Terra Lliure y de los humillados y excluidos por el nacionalismo durante décadas, sigan chantajeando a los Gobiernos de la Nación para enriquecerse y pertrecharse para la independencia definitiva. De optar por esta mala salida, Rajoy consumaría una felonía que agotaría el crédito de su ya maltrecho partido.

PS: Lo mismo vale para Pedro Sánchez y el PSOE, naturalmente.

El doble rescate del Gobierno a CaixaBank
Miguel Alba. vozpopuli 9 Octubre 2017

r de los castigos. Se silenciaron. Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y el resto del Govern, en plena orgía de mensajes populistas, decidieron omitirlos detrás de los premios asociados a la independencia de Cataluña. La nueva república se convertiría en la nueva Suiza. Más riqueza, más pensiones, más maná para los funcionarios. Mentiras por doquier. Como el mantenimiento dentro del euro, pese a los desmentidos continuos desde Bruselas. La propaganda surtió efecto hasta el pasado jueves. Desde entonces, el chiringuito independentista se vino abajo con el anuncio de Banco Sabadell de trasladar su sede social fuera de Cataluña. El universo de La Caixa (CaixaBank, Criteria, Gas Natural y Abertis) también preparaba su salida. El golpe de Estado ‘indepe’ había muerto. Porque Cataluña es La Caixa y La Caixa es Cataluña. No se entiende el estado del bienestar y asistencial en Cataluña sin la aportación de la Fundación La Caixa. Residencias de ancianos, centros de dependientes, bibliotecas, proyectos educativos, museos y salas de exposiciones, talleres de todo tipo… Todo eso seguirá tras la marcha de Criteria, el brazo inversor de La Caixa, y CaixaBank a Baleares y Valencia, respectivamente. Los proyectos continuarán en marcha. Eso importa poco en el plan de Puigdemont. Su objetivo era tener a Isidro Fainé de su lado consciente de que el veterano banquero es el pulgar del César para el resto de empresarios catalanes. Muerte o vida para el procés. Y Fainé esgrimió el pulgar hacia abajo.

La necesidad obligaba. Al final, la fuerza del cajero automático ha sido mayor que la de las urnas. Otro error de cálculo por parte de la cúpula secesionista. La abultada retirada de depósitos de Sabadell y CaixaBank obligaba a los bancos a tomar partido. Una decisión complicada porque las plantillas de ambas entidades son el reflejo de la sociedad catalana. Los hay independentistas, los hay que defienden el derecho a decidir, pese a no querer la secesión, y los hay quienes se sienten tan españoles como catalanes. “Esto no va de sentimentalismos, va de negocio”, les trasladó Josep Oliu, presidente de Sabadell, a Junqueras y Puigdemont, en la víspera del cambio de sede. Habló con los dos por separado. Como también lo hizo Fainé. Y el negocio obliga a defender a los accionistas pero también a los clientes y depositantes. En esa nebulosa jurídica de la Cataluña independiente fuera de la Unión Europea, ni CaixaBank ni Sabadell podrían recibir asistencia del Banco Central Europeo o su rating empeoraría hasta niveles de bono basura que les haría prácticamente imposible o enormemente caro poder financiarse en los mercados. Una incitación a los grandes inversores a deshacer sus posiciones. En cuanto a los clientes, sus ahorros hubieran quedado fuera de la protección del Fondo de Garantías de Depósitos español que se nutre de las aportaciones del sector financiero. “Esto no va de sentimentalismos, va de negocio”. Y Sabadell y CaixaBank, como tantas otras empresas que han emprendido la mudanza, cuentan con más del 75% de su negocio en el resto de España. La cuenta de resultados obliga al éxodo.

La puñalada al plan secesionista se convertía en mortal de necesidad. Con ambas entidades fuera de Cataluña, el Govern pierde la infraestructura para transformar CaixaBank y Sabadell en su banco central catalán. “¿Para qué crear un banco central si los teníamos a ellos?”, comentaba a finales de la pasada semana un dirigente del PDCat que empieza a separarse del abrazo del oso secesionista ante el descabello empresarial al procés. El cajero ha terminado por ser más determinante que la urna. Porque de los cajeros de Sabadell y CaixaBank salió mucho efectivo durante toda esta semana. Y de sus oficinas de toda España en forma de efectivo o transferencias hacia otras entidades. El ciclo del dinero ante una crisis es idéntico. Buscar un refugio seguro. La salida de depósitos, pero también las llamadas de fondos preguntando por los planes alternativos, obligaron a adelantar la toma de la decisión. Y ahí llegó el problema. Porque el plan de escape estaba listo en Sabadell. Apenas necesitaba 24 horas para reunir al Consejo y preparar las maletas. Pero no así en CaixaBank ante la negativa de la Comisión Ejecutiva de la Fundación La Caixa, máximo accionista, a efectuar el cambio estatutario para evitar la aprobación en una junta de accionistas. Luces rojas en las torres negras de CaixaBank pero también en el Gobierno ante la inestabilidad que para el sector financiero, aún en proceso de digestión de la liquidación exprés de Popular, podría significar cualquier tipo de tormenta en la mayor entidad catalana.

“La nueva ley –vía Decreto- está motivado en las dificultades que tenía CaixaBank pero también ayuda a todas aquellas empresas que también pudieran tener algún tipo de contratiempo estatutario a facilitar su marcha en un momento crítico como el actual”, aseguran desde el Gobierno. Lo cierto es que el ‘Decreto Caixa’ ha generado disensiones dentro del PP, especialmente de quienes llevan meses criticando la posición equidistante de Fainé. “Si hubiera actuado antes no se habría llegado a esta situación”, asegura un destacado dirigente popular. Argumento idéntico que podría aplicarse ante la inacción de Rajoy.

Lo cierto es que CaixaBank es too big to fail. Y lo cierto, también, es que el Decreto aprobado el pasado viernes supone el segundo salvamento del Gobierno al grupo catalán. El primero se produjo a finales de 2012, en plena tormenta financiera. Entonces, el Gobierno prefirió la venta del Banco de Valencia a su desaparición, pese a que que el FROB encargó un informe a la consultora Oliver Wyman que demostraba que el coste de la liquidación de la entidad valenciana era inferior a lo supuso su venta final a La Caixa. El estudio de la auditora reveló que el proceso de desaparición de la entidad valenciana tendría un precio que se movería en una horquilla entre 5.600 millones a 7.400 millones. Sólo las dos inyecciones de capital que efectuó el Estado sumaron 5.500 millones. La entidad valenciana recibió una primera línea de capital de 1.000 tras su intervención. Posteriormente, se produjo una segunda inyección de 4.500 millones, con cargo a los fondos europeos provenientes del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE). A esos 5.500 millones, hubo que sumar la cuantía que recibirá La Caixa, su nuevo dueño, en forma de ayudas para cubrir la pérdida sobre una determinada cartera de préstamos. En total, el Esquema de Protección de Activos concedido a la entidad presidida por Isidro Fainé obligará al Estado a cubrir el 72,5% de un volumen de créditos por valor de 6.400 millones.

Aquella precisa operación quirúrgica inyectó capital a CaixaBank en un momento crítico para el sector financiero español, con la puerta de los mercados cerrada con varios candados. Ahora CaixaBank se establece en la antigua sede del Banco de Valencia en Valencia; mientras que Sabadell hace lo propio con la CAM en Alicante. Paradojas de la vida. De inmuebles rescatados a rescatadores.

La falsa huida de empresas de Cataluña
Alejandro Inurrieta vozpopuli.es 9 Octubre 2017

En estos atribulados días en el que fluye la opinión, y no la información, siguen apareciendo numerosos titulares sobre la supuesta salida de empresas, todas ellas grandes, de Cataluña. Esta medida sería la consecuencia a la posible DUI (Declaración Unilateral de Independencia) que estarían maquinando los partidos que sustentan hoy al Govern en Cataluña.

Pero cuando uno va a la realidad, y se lee los comunicados que las corporaciones implicadas han enviado a la CNMV, en ningún lugar aparece la palabra huida o salida definitiva del territorio catalán. Esta es una diferencia crucial, por ejemplo, con Quebec, uno de los referentes que tiene el independentismo en general, pero que alberga grandes diferencias con los personajes tan chuscos y mediocres que lo lideran en España. En el caso de la provincia canadiense, y yo vivía allí entonces, sí hubo una salida bastante generalizada de empresas norteamericanas muy grandes, lo que significó que dejaron de producir o prestar servicios en dicho territorio, trasladando de facto todo su negocio a otras zonas de Canadá, Ontario y British Columbia principalmente, lo que generó un empobrecimiento real de Quebec.

Esta situación, incluso bastantes años después, todavía se acusa y la provincia ha dejado de ser la pujante y vigorosa región que antaño fue. Esto sucedió, incluso, teniendo una seguridad jurídica plena durante el proceso, con leyes claras y con transparencia, algo que se echa mucho en falta en Cataluña por ambas partes, lo que invalida, de momento, cualquier comparación con el procesquebequés. Aquella verdadera deslocalización no es comparable, por ahora, con los movimientos tácticos que han llevado a cabo las empresas más emblemáticas en Cataluña, tanto Caixabank, como el Sabadell, amén de Gas Natural o Codorniu y Freixenet si dan el paso. Estas corporaciones han cambiado simplemente su sede social, con un impacto económico muy reducido, pero seguirán operando de forma normal en el territorio catalán, donde residen y consumen buena parte de sus clientes nacionales.

Por tanto, no se puede hablar de deslocalización, ni de huida de empresas, sino básicamente de que se ha producido un cambio en la dirección social, que implicará que algunos tributos menores se pagarán en la nueva sede (IAE, y depósitos en el caso de la banca), y se liquidarán otros (sociedades) en las delegaciones tributarias de los nuevos destinos. Ni siquiera, hasta ahora, se van a mover los servicios centrales en muchas de ellas, por lo que parece que únicamente estamos ante un aviso, o una amenaza velada, de lo que podría ocurrir si se declarase la ya famosa DUI de la todo el mundo habla.

Este cambio de domicilio social se ha llevado a cabo gracias a la cooperación entre estas grandes empresas y el gobierno que siempre tiene la buena costumbre de dejar redactar a estos lobbys las leyes que les benefician, algo que no hace, por ejemplo con PYMES, autónomos o consumidores. Sorprende la rapidez y la diligencia legislativa para ciertos temas y otros siguen empantanados, a la espera de que lleguen mejores tiempos, o simplemente porque no responden a intereses tan imperiosos.

Lo realmente sorprendente es la explicación de estos grandes hombres que dominan el BOE a su antojo, y es que esta decisión se toma para defender a clientes y accionistas, pero se lleva a cabo a espaldas de la Junta de Accionistas, lo que sin duda es, una vez más, una de las grandes contradicciones de la gobernanza en las grandes empresas. Es el Consejo de Administración el que toma una decisión de este calibre, horas antes que se pudiese proclamar la DUI, cuyos efectos jurídicos todos sabemos que son nulos. Es decir, Cataluña seguiría siendo parte del Estado español, miembro de pleno derecho del euro y por tanto, los bancos seguirían financiándose en el Eurosistema y las empresas formarían parte del Mercado Único.

Por tanto, la pregunta que surge es sencilla, ¿por qué se toma esta medida ahora de forma tan rápida y precipitada? Uno entendería que una vez que el Govern anunció que iba a convocar el referéndum, y la fecha se sabía hace unos meses, estas y otras empresas podrían haber movido ficha y llevar a cabo este cambio cosmético de sede social y así enfriar el ansia de votación que, parece, es lo que buscan ahora para intentar disuadir a los gestores del Govern de proclamar la Republica Catalana en acto delirante que parece llevarán a cabo esta semana.

Esto nos llevaría a ahondar aún más en la falta de previsión tanto del gobierno central, como del conjunto de empresas que hoy son noticia y que son las que toman las decisiones relevantes e influyen decisivamente en el devenir de nuestras vidas, sin que nos demos cuenta. Porque lo que sí parece claro es que la clave del fracaso del estado el pasado día 1 de octubre fue no encontrar las urnas chinas, ya que todo el plan de Interior estaba basado sobre dicha operación. Sin urnas, la jornada no hubiese pasado de ser una demostración reivindicativa masiva de ciudadanos con un deseo legítimo de expresar su vocación mayoritariamente independentista, obviamente sin representar una clara mayoría social en Cataluña a día de hoy.

Algo pasó en la madrugada del 1 de octubre cuando los confidentes fallaron o engañaron a todo un ejecutivo plagado de abogados del estado y liderado por un mediocre registrador de la propiedad. Esto originó que se tuviera que cambiar el plan de acción, pasando el testigo a la policía más dura que entonces fue obligada a apalear sin sentido a parte de los congregados para tapar el fracaso de la realidad de la votación. Esta humillación, que nadie se ha dignado a explicar, podría estar detrás del silencio cómplice del mundo económico y financiero previo al 1 de octubre, porque alguien desde Moncloa les había jurado y perjurado que no habría votación, y por tanto tampoco proclamación de la república catalana.

Tras la humillación y el baño comunicativo que les ha dado el Govern fuera de nuestras fronteras, ahora las fuerzas centrípetas sólo les queda el comodín del miedo y la amenaza de caos económico, falseando la realidad y anunciando hechos que no se ajustan a la realidad, como es la huida del capital de Cataluña. De momento, ni una sola empresa va a dejar de operar en Cataluña.

Pero los acontecimientos les han superado a las dos partes, básicamente por trileros y mediocres. La sociedad ha soportado estoicamente la espiral de falsedades y medias verdades, y ahora todo esto ha degenerado en un enfrentamiento social que no se recuera en Cataluña. La realidad es que este problema no es económico, sino emocional y racional, por lo que los actores que deben protagonizar su encauzamiento no pueden ser ni grandes banqueros, ni políticos pirómanos. Es hora de la sociedad civil organizada que retome su destino y sea capaz de dar cumplimiento, de forma serena, democrática y pactada todos los anhelos de la sociedad catalana, y también la española. Y eso pasa por una consulta pactada, transparente democrática como la que llevaron a cabo en Quebec o Escocia, explicando los efectos positivos y negativos que ello conlleva. Sin trampas, ni amenazas falsas por las dos partes, como se está haciendo ahora, con la inestimable ayuda de las grandes corporaciones, muchas de las cuales no tienen un curriculum muy limpio en lo que se refiere al cumplimiento estricto de la legalidad.

Puigdemont, hacia la ruina y la fractura civil
Editorial EL RUGIDO DEL LEÓN elespanol 9 Octubre 2017

Hace años, José María Aznar advirtió de que “antes de romperse España se rompería Cataluña”, un vaticinio que algunos consideraron alarmista pero que, a la luz de los acontecimientos, no hay que descartar. Incluso en la peor de sus versiones.

La situación en Cataluña es ya tan grave que o los sectores moderados del nacionalismo toman la iniciativa y placan a Puigdemont -convencerle parece imposible-, o será muy difícil impedir que la fractura social ya existente no degenere en un enfrentamiento civil traumático y vergonzoso. La ruina se da por descontada.

Anoche, el presidente de la Generalitat reiteró en TV3 que declarará la independencia porque así lo contempla la ley del referéndum, lo que sitúa a Cataluña y a España a horas del abismo: las que faltan para su comparecencia en el Parlament, donde dará cuenta de los resultados del 1-O.

Un president sordo y ciego
La posición del presidente, sordo y ciego ante los alarmantes signos de inestabilidad que acarrearía la ruptura, lo sitúan más cerca del ensimismamiento fanático que de la coherencia política. Una cosa es que Puigdemont se sienta obligado por su compromiso de lograr la independencia, y otra muy distinta que, habiendo fallado estrepitosamente en la ponderación de riesgos, no asuma que su obligación es proteger el interés general y, en consecuencia, dé marcha atrás.

Pero hay motivos para temerse lo peor. De momento, ni la decisión de CaixaBank y el Banco Sabadell de emigrar para sortear el riesgo que para el sistema financiero catalán supondría quedar sin el paraguas del BCE; ni la espantada de las empresas catalanas más emblemáticas; ni las advertencias del FMI le han hecho desistir. El miedo cunde también en el bando secesionista, pero ni las llamadas a reconsiderar la DUI de Artur Mas y el consejero Santi Vila, ni el ruego “encarecido” de los mismos medios que durante meses le han aplaudido hacen recapacitar al president.

La Cataluña silenciada
A Puigdemont no le arredra ni el temor a la bancarrota ni el hecho -sin precedentes- de que la Cataluña silenciada haya salido en masa a la calle para advertirle de que no se someterá a la declaración unilateral de independencia. No es necesario glosar el carácter histórico de una manifestación que, por cuanto tiene de rebelión cívica contra las imposiciones del nacionalismo, puede compararse con la que movilizó a España entera hace 20 años tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco. Lo relevante es que la expresión del hartazgo de esa mitad de Cataluña, que este domingo ha salido a la calle sabedora -como bien recordó el Rey- de que no está sola, crecerá de manera desbordante si Puigdemont sigue adelante.

Los catalanes no independentistas han dado una lección de civismo y valentía y su voz debe ser escuchada y atendida. No se trata de que una mitad de Cataluña se imponga sobre la otra, sino de que ambas convivan en armonía y paz de acuerdo a la legalidad constitucional y la democracia. Intentar sacar adelante un proyecto político inviable enfrentando a media Cataluña contra la otra media sólo generará división, enfrentamiento civil, inestabilidad, pobreza y bochorno.

Los partidos políticos, sobrepasados, intentan manipular el sentido de la manifestación de Barcelona
Dirigentes de PP, Ciudadanos y PSC critican el grito unánime más repetido en la marcha: 'Puigdemont a prisión'.
Libertad Digital 9 Octubre 2017

PSC, PP, Ciudadanos y Societat Civil Catalana (SSC) han condenado este lunes los gritos contra los Mossos d'Esquadra y de 'Puigdemont a prisión', probablemente el más repetido a lo largo de toda la manifestación, que profirieron los manifestantes en la concentración de este domingo a favor de la unidad de España y en contra de la independencia. Una manifestación en la que se exigió alto y claro al Gobierno y a los partidos políticos que actúen ya y con contundencia contra los golpistas.

En sendas entrevistas en Catalunya Ràdio, uno de los medios que respalda activamente el golpe de Estado separatista, recogidas por Europa Press, los representantes de las entidades han coincidido en que deben ser los jueces quien decidan, en todo caso, una eventual condena al presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont.

El diputado de Cs, Jorge Soler, al que también han entrevistado, se ha sumado al rechazo a los gritos contra los Mossos ya que, para él, "no es lo mejor que hacer porque el tema es mucho más complejo", pero no se ha pronunciado sobre los gritos contra Puigdemont.

El secretario de organización del PSC, Salvador Illa, ha anunciado que su partido pedirá que se convoquen elecciones en Cataluña si este martes se declara la independencia en el Parlamento catalán, unas elecciones que "idealmente" las deberá convocar Carles Puigdemont. Illa ha afirmado que su formación no es partidaria de la aplicación del artículo 155 de la Constitución para forzar una convocatoria electoral, y ha advertido de que, en caso de que Puigdemont convoque elecciones, querrá darle "carácter constituyente".

Por su parte, el secretario general del PP catalán, Santi Rodríguez, ha insistido en que el Gobierno central está dispuesto a dialogar con la Generalidad pero ha rechazado que en este eventual diálogo se pueda abordar la celebración de un referéndum de independencia acordado porque no está en manos del Gobierno, ya que corresponde a la soberanía nacional: "si alguien quiere cambiarlo hay mecanismos para hacerlo".

Ha suscrito las palabras del delegado del Gobierno en Cataluña, Enric Millo, en las que afirmó que las cargas policiales el 1-O le disgustaron, pero también ha criticado que hubiese ciudadanos que ofrecieron resistencia frente a los colegios electorales y puntos de votación.

Mientras, el PSOE intentó apropiarse de la manifestación de ayer tras su clamorosa ausencia. "Yo creo que nos la llevamos gracias a José Borrell", dijo Miquel Iceta. Pedro Sánchez, por su parte, intentó meter en el mismo saco las manifestaciones pidiendo diálogo de Podemos que la de ayer contra el golpe y a favor de la unidad. De hecho, los atriles de Iceta y Sánchez llevaban el hashtag #Parlem, ponía en el de Sánchez; #hablemos, el de Iceta.

Carta de una maestra catalana marcada de por vida
La autora refleja la presión a la que son sometidos los docentes no independentistas tras el referéndum ilegal del 1-O.
Silvia Forner elespanol 9 Octubre 2017

Soy europea, española y catalana. Esposa de Policía Nacional. Y también maestra. Especifico, soy maestra en Cataluña, que no es lo mismo que en el resto del territorio español. Resumiendo, un blanco demasiado fácil estos días en Cataluña. Llevo más de 15 años dando clases en colegios públicos y privados catalanes. Cuando empecé en la educación catalana trabajaba en un colegio concertado y recuerdo un día en el que la Jefa de Estudios, de muy malas maneras, me llamó la atención por hablar en castellano en los pasillos de la escuela. Por supuesto, mi respuesta en ese momento no se hizo esperar y respondí amablemente, pero con seguridad y firmeza, que en clase hablaría en catalán porque así lo marcaba la ley, pero en los pasillos con mis compañeras y amigas hablaría como yo quisiera. Y me fui, indignada, pero feliz y segura de mi postura.

El pasado 2 de octubre no tuve la misma libertad. En un colegio público de la Generalitat de Catalunya donde aparentemente no se adoctrina a los alumnos, se convocó claustro de urgencia para poder hablar de la huelga general. Una huelga que estaba convocada mucho antes de que la policía cargara, mucho antes de ver imágenes en las televisiones, mucho antes de toda la manipulación... mucho antes. Era una huelga que nada tenía que ver con la educación y mucho con la independencia y las ganas del Govern de Puigdemont de sublevar a las masas catalanistas en contra de Policías Nacionales y Guardias Civiles que tuvieron que hacer su trabajo al no sentirse apoyados por sus 'compañeros', los Mossos d' Esquadra.

La dirección del centro se limitó a decir que no era una huelga por la independencia si no por la carga policial. Daba por hecho que todos se sumarían a este 'parón' como ellos lo llamaban, pero ahí estaba yo hecha con un puñado de nervios, noches sin dormir, muchas lágrimas derramadas y miedo, mucho miedo, por ser señalada... levanté la mano: - ¡Yo no me sumo a la huelga!

Un silencio desgarrador, matador y acusador se escuchó en toda la sala. Las miradas todas puestas en mí como si de pistolas se trataran. Sentí de nuevo pánico, terror, ansiedad, angustia... pero debía ser fiel a mis principios y a mis ideas.

Los días posteriores en la escuela no han sido mucho mejores. Marcada de por vida por compañeros que antes eran amables y simpáticos. Compañeros que ahora se tornan enemigos que me ningunean. Compañeros que se ríen en mi cara esperando que salte y lo que se me saltan son las lágrimas al llegar a mi casa. Pero, eso sí, como dice ellos, siempre de una manera pacífica, de una manera tranquila, pero acusando y asediando al enemigo que debe callar porque hay desasosiego, intranquilidad, malestar, angustia y mucha preocupación.

A partir de aquí la guerra en los colegios catalanes está servida. Colegios donde como siempre van niños, colegios con maestros posicionados y partidistas, colegios donde en el minuto de silencio se acusó a los policías porque 'todos los policías son muy malos', colegios donde hay hijos de Policías Nacionales, Mossos d' Esquadra y Guardias Civiles, colegios con aparente neutralidad, colegios con seres indefensos que nada entienden ni deben entender de política, colegios donde estos niños 'hijos de' están señalados y acusados...

Y me pregunto. ¿Qué futuro les espera a mis hijos, hijos de Policía Nacional y maestra contraria a la independencia? ¿Qué futuro les espera? Seguramente un futuro lejos de Barcelona, de Cataluña. Un futuro esperanzador en España. Aunque con todo el dolor de mi corazón tenga que renunciar a MI ciudad, MI casa, MI tierra y MI familia. Porque aunque no sea independentista también he nacido aquí y soy catalana. Catalana como la que más. Y hablo un catalán exquisito, pero he tenido 'la desgracia' de no pensar como ellos. Lo siento, pero debo ser fiel a mis ideas y también a mi España querida que tantas alegrías me ha dado a lo largo de mi vida.

¡Viva España! ¡Y viva Cataluña!
*Silvia Forner es el pseudónimo que utiliza esta profesora destinada en un pueblo costero en la comarca de El Garraf, a unos 50 km al sur de Barcelona.

‘Ningún hombre ni ninguna multitud está por encima de la Ley’
Nieves B. Jiménez gaceta.es 9 Octubre 2017

En el España-Albania del viernes cuando se acercaba el momento del speaker gritando “¡con el 3, Gerard Piqué!” había más tensión en el ambiente que en la peluquería de Puigdemont. Al final, pitos y palmas. Superados los silbidos a Gerard (‘Gerry’ lo llama cariñosamente Ramos) nos centramos en el juego. Se nota cierto hastío de los aficionados a tanto protagonismo del jugador siempre que juega España. Y hastío del futbolista, pero popularidad, publicidad y tranquilidad no son buenas compañeras de cama. Felizmente, todos comprendieron que había mucho en juego. Raúl del Pozo escribía que “no ya una patada (se refería a aquella patada del futbolista Boban), un traspiés puede armar la de San Quintín”. De todas formas, al jugador blaugrana se le notaba cabizbajo. Una sensación rara, como si hubiera dejado de caminar en el mismo barco (como dice Ramos) desde hace un tiempo. Lo importante: objetivo cumplido, ya tenemos billete para Rusia. Y con un Isco en estado de gracia. “No se pue’ hacer mejor”, que diría El Gallo.

Una semana después del ilegal 1-O e innumerables actos independentistas, este fin de semana nuestras calles se han llenado de voces clamando la unidad de España y el respeto a la Ley. El sábado, la Plaza de Colón, de Madrid, acogió un acto organizado por la Fundación Denaes. Hasta los famosos dejaron sus quehaceres de lujo. Vimos a Naty Abascal que no dudó en envolverse con la bandera española pidiendo unidad, “aquí estamos con la mayoría silenciosa para decirle al mundo que no queremos que España se rompa”. Algo, también, es evidente, “la gente está enervada con la conducta de los políticos, a los que rechaza de manera franca”, como escribía Josep Pla en La Veu de Catalunya (1934). El domingo, Sociedad Civil Catalana, con el apoyo de Libres e Iguales entre otros, movilizó en Barcelona a la ‘mayoría silenciada’ por el independentismo y vio desbordadas todas las previsiones. Una marea española habló alto y claro en un ambiente feliz, con la alegría del que se encontraba (al fin) y se reconocía en ese otro. Lo de ayer fue histórico. En la radio algún testimonio, emocionado con la masiva respuesta a la convocatoria, se preguntaba “¡cómo no hemos salido antes!”, aunque con pudor reconocía que “nos atenazaba el miedo”. Todos los canales de televisión, desde la pública a las privadas, conectaron con el recorrido. La Sexta sin Ferreras y Telecinco, dando el cante con La Voz, conectando más tarde. Tras lo de ayer nadie podrá decir, como antes, que se reunieron “quatre gats” gritando Viva España. Mientras, Oriol Junqueras, cuya ceguera y dioptrías ante la realidad aumenta a la velocidad con que el agua va erosionando, se empeña en desmentir la huida de empresas catalanas a Madrid Valencia, Baleares… “no se van de Cataluña, se van a los países catalanes”. El colmo del delirio. Por cierto, mi admirado Colin Firth (El discurso del Rey) acaba de nacionalizarse italiano huyendo del Brexit. Sigo con Oriol ¡y ese tono tan irritante cercano al lloriqueo! Ya decía Ingrid Bergman que en el cine no importa si lloras, lo que importa es que el público crea que estas llorando. Y, mira, no.

Las bellaquerías en que se mueve nuestra vida política se escenificarán (si nadie lo remedia) en el Parlament negociadas por la CUP y Junts pel Sí confirmando el esperpento en el que estamos sumidos. Por algo Reagan “suponía que la política es la segunda profesión más vieja del mundo. Y estoy empezando a darme cuenta de que se parece mucho a la primera”. Vienen días decisivos. Ayer la Cataluña contraria a la independencia se sintió arropada por un millón de personas. Pero, al término, nos pedían que no sólo los acompañáramos en la manifestación, “no nos dejéis solos estos días, esta semana vienen tiempos muy adversos”. En el escenario: “Ningún hombre ni ninguna multitud está por encima de la Ley”, expresaba en un impecable discurso Borrell. El goteo de empresas saliendo de Cataluña es incesante (Abertis confirma hoy). Si se declarara la independencia sería una cascada irrefrenable. El sábado, el presidente del Círculo de Economía catalán se reunía con Puigdemont y le pedía que renunciara a la DUI. Esta fuga de empresas amenaza ruina. Y, si hay algo sagrado para los catalanes es la ‘pela’. Ya avisaba Pla, “existe un factor de seguridad indefectible: el precio de la moneda”.

Burger King cede al chantaje independentista: ni rastro del español en sus tiendas de Cataluña
Raquel Tejero y Borja Jiménez okdiario 9 Octubre 2017

Burger King ha terminado cediendo ante el chantaje independentista y ha decidido eliminar todo rastro del castellano en sus tiendas catalanas. OKDIARIO ha estado en uno de los establecimientos de la cadena de hamburguesas más céntricos de Barcelona y ha comprobado de primera mano que la compañía norteamericana ha decidido discriminar a los no catalanoparlantes -o los catalanes que no conozcan la lengua regional-.

Llama la atención que una cadena de la importancia de Burger King prefiera posicionarse del lado de los independentistas radicales, y prefiera incluso perder clientes que no pueden entender la información que les dan.

Una más…
Lamentablemente, Burger King no es la única compañía que discrimina a la mayoría de españoles (y turistas) que viajen a Cataluña. Decathlon, Carrefour, el Corte Inglés y otras tantas grandes cadenas de distribución prefieren mantener sus carteles en catalán, antes de poder atraer a más clientela que pueda entender lo que dicen.

Decathlon, de hecho, está terminando un proceso de reestructuración de sus cargos intermedios en Cataluña. Según ha podido saber OKDIARIO, anteriormente trabajaban en estos puestos gente de toda índole: nativos catalanes, madrileños, peruanos e incluso italianos. Hoy, la intención es que todos los mandos intermedios sean catalanoparlantes y, sobre todo, nacionalistas.

“Limpiaron a todos los mandos intermedios. Había italianos, peruanos, etc… y en Cataluña limpiaron a todos, poniendo a gente nativa de aquí, catalanoparlantes y nacionalistas. Los jefes regionales de la firma en Cataluña son, en su mayoría, independentistas, y decidieron que lo mejor sería tener a gente afín para los puestos intermedios”, explican fuentes internas de la firma deportiva.

Se vuelve a demostrar, una vez más, el tinte nacionalista que Decathlon ha tomado en Cataluña como estrategia. Y es que, tras el polémico cartel promocional en francés, inglés y catalán (excluyendo el castellano), su posterior chulería a la hora de contestar a sus clientes y la promoción de camisetas de la diada por parte de la firma francesa, ahora llega el cambio de estructura. De marcado carácter independentista.

“La apuesta de Decathlon muestra el dinamismo de Catalunya”, aseguró el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont en la inauguración del nuevo centro logístico que la multinacional francesa abrió en el polígono industrial de Can Margarit de Sant Esteve de Sesrovires (Baix Llobregat).
 


 


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