AGLI Recortes de Prensa   Martes 10 Octubre 2017

Si hay independencia debe haber 155
OKDIARIO 10 Octubre 2017

Si Carles Puigdemont declara la independencia, el Gobierno no puede titubear y debe aplicar ipso facto el artículo 155 de la Constitución. Ocupar de ese modo las competencias controladas hasta el momento por los golpistas, suspender la autonomía y garantizar la paz social y el orden institucional a todos los catalanes. No puede ser de otra manera, ya que todo el país está volcado en la defensa de la unidad de España y en el respeto a la legalidad vigente. El Ejecutivo, por tanto, ha de seguir la senda iniciada por el jefe de Estado, Felipe VI, durante su alocución del pasado 4 de octubre. Un discurso que ha calado hasta los huesos en el pueblo español tal y como hemos podido comprobar a lo largo de este pasado fin de semana.

Primero, con la multitudinaria manifestación del sábado en Madrid. La capital del país se llenó de banderas y más de 150.000 personas dijeron “basta ya” a la deriva sediciosa. Una reivindicación que tuvo continuidad el día después en Barcelona, donde la mayoría silenciosa rompió con el temor y alzó la voz hasta inundar de reivindicaciones el epicentro de Cataluña. En total, un millón de manifestantes gritaron contra el golpe político, económico y social que tratan de perpetrar Puigdemont y sus secuaces. El único diálogo posible con los golpistas es la ley. Y dentro de la ley, el artículo 155. La situación ha llegado ya a un punto insostenible. En el aspecto positivo, los españoles —mayoría silenciosa de Cataluña incluida— se han unido como pocas veces en nuestra historia reciente. En lo negativo, el goteo de empresas que dejan la región debido a la inestabilidad política aumenta sin pausa.

Algo que genera una inestabilidad económica que puede extenderse por todo el país y atenazar nuestro crecimiento así como generar dudas entre los inversores internacionales. El emblemático Grupo Planeta ha sido la última gran compañía en anunciar que dejará Cataluña si se produce la tan comentada declaración unilateral de independencia (DUI). El ataque independentista de Puigdemont al Estado ha provocado que 600 compañías hayan trasladado su sede social a otros lugares de España. El Gobierno, por tanto, tiene que reaccionar sin ambages contra los independentistas si este martes se atreven a consumar el golpe. Es la única salida que han dejado después de una cascada de ataques y provocaciones que buscaban una reacción desmesurada y sólo han encontrado la mano tendida de Rajoy su equipo… Hasta hoy, cualquier paso más sólo puede ser contestado con el 155.

Puigdemont y el vuelo de las togas
Guillermo Dupuy Libertad Digital 10 Octubre 2017

No, señor Borrell. Los que gritaban "Puigdemont a prisión" no eran turbas del circo romano, ni una jauría humana ansiosa por linchar a nadie ni una masa que confunde la venganza con la justicia. Como usted bien sabe, eran ciudadanos de Cataluña y del resto de España, que se consideran libres e iguales ante la ley, que aborrecen la impunidad y que consideran enormemente contraproducente y hasta contradictorio el nada civilizado intento de conservar las fronteras territoriales de España a costa de burlar o dejar en papel mojado unas leyes que, entre otras cosas, castigan con penas de prisión a quienes perpetran delitos como los que Puigdemont –y antes que él Artur Mas– ya han perpetrado.

Señor Borrell, una cosa es la elesticidad, rasgo de la inteligencia renuente a los dogmatismos, y otra cosa es el nihilismo, síntoma de carencia de principios. La ley de transitoriedad jurídica y la ley del referéndum aprobadas el pasado mes de septiembre –como antes la no menos ilegal resolución I/XI de 9 de noviembre de 2015– fueron actos delictivos encaminados a "derogar, suspender o modificar, total o parcialmente la Constitución". Como delitos de rebelión que son –art. 472.1 del Código Penal–, tienen, obviamente, tan nulo efecto jurídico como si hoy a Carles Puigdemont le diera por proclamar la República de Cataluña. Pero el hecho de que no tengan, obviamente, efecto jurídico alguno no significa que no tengan o deban tener consecuencias penales.

Puede ser, señor Borrell, que a usted lo que más le preocupe es que Cataluña deje de formar parte de la Unión Europea. A mi también me preocupa, pero no tanto, hasta el extremo de poder confesarle que vi con agrado cómo el número de banderas europeas que se ondeaban en la manifestación de Barcelona del pasado domingo era incomparablemente inferior al de las de Cataluña y al de las de España. En cualquier caso, estése y estemos todos tranquilos en este sentido. Cataluña no va a ser expulsada de la Unión Europea mientras no sea el Reino de España el que reconozca y declare formalmente su independencia.

A mí ese fantasma, como el propio fantasma de la República catalana, no me preocupa. A mí lo que me preocupa, y desde hace mucho tiempo, es un Estado español en el que no se permite estudiar y enseñar en español; en el que se educa en el desprecio y en el odio a España; en el que se subvenciona medios de comunicación públicos que, para colmo, justifican la quiebra de nuestro ordenamiento jurídico.

Me preocupa, señor Borrell, una clase política española que –incluso hoy– ve normal que una Administración pública esté en manos de unos golpistas. Me preocupa la persistente independencia de facto de la Cataluña nacionalista que los partidarios del diálogo ofrecen a los golpistas a cambio de que renuncien a que Cataluña sea reconocida como un Estado soberano. Me preocupa su renuencia a combatir, también y sobre todo, en el terreno de las ideas la lacra del nacionalismo y el disparate de creer que cualquier minoría, en lugar de derecho a recibir protección del Estado del que forme parte, tiene derecho a crear un Estado aparte.

Me preocupa, señor Borrell, que el máximo líder de su propio partido haga suyo el inconstitucional disparate de que "España es un Estado plurinacional", sin tener, además, la gentileza de decirnos el nombre y el número de las supuestas naciones que componen dicho Estado plurinacional. Me preocupa un Albert Rivera cuya bochornosa tardanza en reclamar la suspensión de la Administración en rebeldía sólo es superada por su delirante ocurrencia de reclamar dicha suspensión únicamente para convocar nuevas elecciones autonómicas. Me preocupa, señor Borell, sobre todo un presidente del Gobierno como Mariano Rajoy, un incompetente cuya indolencia, insensatez y apuesta por el apaciguamiento hasta podría arrastrarle a algo tipificado como delito (art. 408), como es "dejar intencionadamente de promover la persecución de los delitos de que tenga noticia o de sus responsables".

Señor Borrell, me preocupa la politización de la Justicia. Me preocupa que se haya olvidado que si los jueces no juzgaron a Artur Mas por un delito penado con cárcel, como es el delito de malversación, se debió únicamente a que la Fiscalía retiró el cargo en un unos momentos en que el Gobierno de Rajoy se disponía a impulsar la operación Diálogo con los ya entonces golpistas.

Me preocupa, señor Borrell, que pueda haber nuevamente llamamientos a jueces y fiscales para que sus togas "no eludan el contacto con el polvo" de un camino como el que quieren transitar los que claman por una especie de proceso de paz y de negociación con los separatistas catalanes. Me preocupa que se ignore que la impunidad del delincuente, cuando es consentida, es la prevaricación del Estado.

Señor Borrell, me preocupa hasta usted. Es tal mi preocupación por el Estado español, por sus élites políticas y mediáticas, que no tengo tiempo ni ganas para preocuparme por una inexistente República catalana o de su expulsión de la Unión Europea.

‘PHablemos’: la última farsa podemita
Alfonso Merlos okdiario 10 Octubre 2017

Ya estaban tardando en sembrar la confusión, en arrimar el agua a su molino, en disparar propaganda, en buscar alguna suerte de ganancia partidista desde la trastienda, sin dar la cara, tejiendo una red de falacias y mentiras para colocarlas visibles sobre el asfalto. Pero han quedado al descubierto sin escapatoria. La marea blanca es el último invento, la taimada franquicia, la enésima punta de lanza del partido morado. ‘Hablemos’ es en realidad ‘PHablemos’. No se entiende sin Iglesias y su tropa. Porque es una maquinaria puesta en marcha para blanquear a quienes se han distinguido vergonzosamente por la inactividad, la desobediencia, la prevaricación, la malversación o la sedición. Pero, más grave aún: para arrojar basura sobre un bloque constitucionalista al que se pretende retratar como una alianza de intransigentes, de carcas, de inmovilistas con cierto tufo franquista.

‘PHablemos’ no tiene nada que ver con una Cataluña atrapada en la posverdad o las fake news: es simple y pura manipulación. Y arrastra de forma aparentemente inofensiva un mecanismo perverso: el de situar en el mismo plano a quienes defienden la ley y la libertad y a quienes, de modo enteramente sectario y totalitario, se han convertido deliberadamente en sus enterradores. De nuevo nos topamos ante la clásica operación que pasa por situar en un mismo plano a víctimas y victimarios, a personas de comportamiento recto y sepultureros de toda suerte de ética pública.

Pero hay más. Digámoslo sin ambages ni titubeos. Dejando a un lado a los inocentes incautos a los que se los ha llevado por delante la corriente antisistema y nacionalista para ejercer de bulto, a pobres personas que seguramente actúan con la mejor intención, en ‘PHablemos’ tienen cabida en esencia aquellos a los que la rojigualda les pesa mucho en la mano —y no por el palo—; aquellos a los que sus complejos —o tal vez lisa y llanamente sus torcidos principios— les impedirían colgar la enseña nacional —la única legal y constitucional— de sus balcones; aquellos que enmudecerían en el caso de que por sorpresa se hiciese sonar el himno pillándoles en un teatro o una plaza de toros o un estadio de fútbol o una sala de fiestas, como ha ocurrido hace horas en la madrileña y mítica Pachá en una secuencia pintoresca, bonita y abracadabrante.

“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera lucen hermosos pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia”. En la parábola bíblica ya se enseña que el mundo está lleno de falsos profetas que intentan hacer que la mentira luzca como la verdad, que es como cubrir una pared con lodo suelto. Y en esas coordenadas se nos cruza el fenómeno ‘PHablemos’: en sus intestinos no residen sino predicadores de baratillo que usan como escudo a la muchedumbre para que no tengan justicia ni amparo en sus derechos los ciudadanos catalanes que sufren las amenazas, el acoso, el hostigamiento y las agresiones del nacionalismo excluyente. Algo, en el mejor de los casos, inmoral y repugnante. ¿Vamos a caer en la trampa?

Entrevista sobre "La tarima vacía" y la enseñanza en España
Javier Orrico Periodista Digital 10 Octubre 2017

Hace un par de semanas apareció esta entrevista en sincronia.org. El separatismo me ha tenido muy ocupado y ahora quiero ofrecérosla, queridos lectores, mes semblables, mes frères, que decía Baudelaire, para que reflexionemos todos sobre lo mucho que queda por hacer una vez que se apague la revuelta, si es que se apaga. En la entrevista hablamos de "La tarima vacía", mi último libro, y, al hilo del libro, de la tragicomedia de nuestra enseñanza. Que está en la raíz de cuanto está pasando en Cataluña: sin la alianza de adoctrinamiento, ignorancia y manipulación en que se ha convertido nuestro sistema, y especialmente en la educación catalana, nada de lo que estamos viendo estallar estos días habría sido posible.

Por supuesto, a ello hay que añadir la ausencia e inacción del Estado, que durante 35 años ha hecho dejación culpable de sus responsabilidades. Os recuerdo que en el libro se incluye un capítulo llamado "España, nación sin Estado", en el que abordo en concreto algunas de estas cuestiones, como la totalitaria inmersión lingüística. Que la disfrutéis. Y perdonad el tuteo, aunque ya son muchos años por aquí.

http://www.sincronia.org/voces/javier-orrico/
Hay mucho ruido y poco conocimiento, incluidos los medios de comunicación, devorados por el esnobismo y una grave ignorancia sobre las cuestiones educativas. No hay modo de que ningún sistema funcione si los profesores no creen en él y no se les deja trabajar. Lo imprescindible es recuperar el principio de mérito. No se puede mantener que los alumnos pasen de curso sin aprobar, no tanto por lo que saben o no, que por supuesto, sino porque el ejemplo es atroz.

En esencia, ¿qué ha querido contar en su libro "La tarima vacía"?
Una explicación de lo que ha pasado y por qué ha pasado en la enseñanza española en el periodo democrático, sobre todo a partir de la LOGSE de 1990, que es la ley que nos ha llevado al desastre actual. Los españoles tienen derecho a saber lo que ha ocurrido, cuáles son las causas de lo que perciben como crisis inacabable, la razón de las muchas cosas que no entienden y que afectan gravemente a la instrucción de sus hijos. Y miren que digo instrucción, y no educación, primer engaño, porque la educación la deberían poner ellos, los padres, las familias. Hay mucho ruido y poco conocimiento, incluidos los medios de comunicación, devorados por el esnobismo y una grave ignorancia sobre estas cuestiones. Esta situación es lo que llamo en el libro ?el desconcierto: nadie sabe ya cuál es su función ni a qué principios atenerse.

Es su segundo libro sobre el sistema educativo español... desde esa experiencia ¿cuáles son los principales problemas de la educación en nuestro país?
Sí, el primero fue ?La enseñanza destruida? (Madrid, 2005). En aquel denunciaba todo lo que ya empezaba a manifestarse como consecuencia de la ley y las políticas aplicadas hasta entonces (la LOGSE socialista, que la derecha ayudó a implantar). Allí denunciaba asuntos como la eliminación del conocimiento como objetivo de la enseñanza; el igualitarismo, empezando por el ataque a los cuerpos de profesores de bachillerato y la supresión del cuerpo de catedráticos, a los que se consideraba ?élite?; la disgregación del sistema por la cesión a las comunidades; y, sobre todo, el extraordinario perjuicio que estas políticas supuestamente progresistas estaba causando a las clases menos favorecidas. Aquel libro de alguna manera se adelantó a su tiempo, aunque también encontró un gran eco entre quienes ya habían comenzado a sufrir las consecuencias del sistema. Sin embargo, lo que entonces se apuntaba hoy lo corrobora todo el mundo, menos los fanáticos (pedagogos, psicólogos, sociólogos, profesores de universidad profundamente ignorantes de aquello sobre lo que pontifican) que habían diseñado el sistema y propiciado su implantación. Lo dije entonces y lo sostengo ahora: el progresismo educativo es lo más reaccionario que le ha caído a España en medio siglo. Así pues los problemas a que ahora nos enfrentamos no son más que el resultado de esos disparates, con daños y vicios muy arraigados y difíciles de extirpar. Voy a señalar sólo algunas de las cuestiones que abordo en ?La tarima vacía? y les invito a leer el libro, donde intento profundizar en estas y muchas otras cuestiones: (1) La destrucción del mérito como eje del sistema, tanto entre los alumnos como entre los profesores. (2) La pérdida del clima de estudio a causa de la descalificación de los conocimientos como objetivo de la enseñanza. Ese es el caldo de cultivo de la violencia y el acoso. (3) La obsesión innovadora, la innovación por la innovación, olvidando que el saber es precisamente una tradición a la que servimos como transmisores. (4) El descrédito de los profesores, tarea en la que han actuado al unísono la Administración, algunos padres y los teóricos de la pedagogía. (5) El altísimo porcentaje que tenemos de abandono temprano y de NI-NIS: no se les ha entrenado para interesarse por el saber, para amar el estudio o superar obstáculos. (6) La feroz burocratización. (7) Y, por supuesto, la politización, con una izquierda encastillada en sus errores y dogmas, y una derecha incapaz de hacerle frente. Seguramente porque sospecha que, gracias a tan progresista sistema, sus intereses están a salvo.

¿Por dónde pasan las soluciones para mejorar nuestra enseñanza?
Lo imprescindible es recuperar el principio de mérito. No se puede mantener que los alumnos pasen de curso sin aprobar, no tanto por lo que saben o no, que por supuesto, sino porque el ejemplo es atroz; ni que un candidato a profesor con un nueve en el examen no obtenga plaza y se la hayan llevado, durante muchos años, personas que ni superaban el examen, sólo por su supuesta experiencia. Los profesores de instituto deben volver a ser los universitarios mejor preparados, como era en los setenta y los ochenta. Y hay que cambiar radicalmente la formación de los maestros de primaria porque sólo estudian didácticas; o mejor, cerrar las facultades de Educación y Pedagogía y rehacer la escuelas de Magisterio. La distancia entre los viejos maestros y los nuevos es abismal en cuanto a preparación. El innovacionismo vacío ha destruido la primaria y por eso los chicos se estrellan cuado llegan al instituto. Habría que volver, además, a que permanecieran en la escuela (una escuela que instruyera de verdad) hasta los catorce años y, desde ahí, diversificar los caminos y potenciar la FP frente a un bachillerato que debería ser minoritario. Por mantenerlos a todos juntos lo único que se ha conseguido es arrojar al 25% a la nada. Hay, pues, que volver a la exigencia y a los conocimientos, a las oposiciones puras y duras desde la primaria a la universidad, con cuerpos nacionales de profesores, oposiciones iguales en todas partes y currículos sencillos, claros e iguales para acabar con el cantonalismo educativo, que es la vía principal hacia el fin de España. Y además implantar verdaderas reválidas nacionales que garanticen la homologación de los títulos, y no los sucedáneos de la LOMCE, que no sirven para nada. A los fundamentalistas de la falsa izquierda se les olvida que el único modo de igualar los títulos de la enseñanza privada y de la pública, de garantizar niveles iguales de conocimiento en toda España y el dominio de la lengua común, el español, que es también el que garantiza la igualdad, es precisamente el de las reválidas nacionales. En unos años, los jóvenes catalanohablantes ya no podrán salir de allí. Habrán vuelto, en efecto, al Ancien Regime. Y, por último, y lo más importante, una vez seleccionados los mejores profesores, hay que darles autonomía, respetar su libertad de cátedra, dejar de mandarles comisarios ignorantes, exigirles resultados, por supuesto, y confiar en ellos. Libertad y responsabilidad. No hay modo de que ningún sistema funcione si los profesores no creen en él y no se les deja trabajar. Los padres deberían darse cuenta del daño que se hacen mandando a sus hijos a instruirse con profesionales de los que recelan, lo que inevitablemente transmiten a sus vástagos. Y eso nada tiene que ver con la impunidad de los malos profesionales.

Se manejan mucho nuevos conceptos como neuroeducación o educación emocional, pero casi nadie los concreta: ¿son soluciones reales o meras formulaciones teóricas?
Charlatanería, con la que mucha gente se está haciendo de oro. ¿Pero quiénes se han creído que son para dirigir algo tan íntimo como las emociones o los sentimientos? La sentimentalidad es una visión del mundo y yo prefiero que se la eduquen Cervantes o Flaubert, antes que el primer mangante que se monta un canal de vídeo. Me recuerdan a los curas que iban a decirnos que no hiciésemos cosas feas.

¿Hacia qué modelo educativo debemos ir?
Un modelo que recupere el amor por la cultura. Un modelo que sepa que sólo el conocimiento nos hace libres.

¿La educación es víctima de una crisis de valores? ¿Qué nuevos valores hay que adoptar y cuáles hay que recuperar?
La educación es víctima de unas ideas equivocadas y de la renuncia de los adultos a transmitir los buenos valores que heredaron, en la creencia errónea de que todos eran propios de una sociedad autoritaria e intolerante. Ha sido un golpe de péndulo, como en tantas otras cosas que han ocurrido en España, y de las que seguramente no vamos a tomar conciencia hasta llegar al límite de la autodestrucción. Pero los principios de responsabilidad personal, de esfuerzo, de perseverancia, de voluntad, de compañerismo, de mérito y recompensa, de rebeldía frente al matonismo de lo que llamábamos ?abusones?, de apoyo a los débiles, de rectitud y respeto a los mayores que nuestros padres nos inculcaron son el fundamento de cualquier sociedad sana. Y, por tanto, los imprescindibles para educar y para instruir. Y estos son los mejores valores de siempre. Sólo faltaría que la sociedad adulta y el Estado apoyaran la justicia, protegieran a los que cumplen y reprendieran de verdad a los que se aprovechan del abandono y el miedo para imponer la ley del más fuerte en las aulas. Y en la vida.

¿La aplicación de las llamadas nuevas tecnologías es la adecuada en nuestros centros escolares?
Otro Bálsamo de Fierabrás. Perdón por la cita. Ya hay que pedir perdón por cualquier cita. Me refiero a que afirmar que las llamadas TIC iban a arreglar el hundimiento de los niveles de formación de nuestros jóvenes ha sido otro más de los engaños de los defensores del sistema (encima se creen antisistema, cuando son el ?establishment? en estado puro). Y de los más gordos, pues supuso un gran negocio para algunas empresas. Las TIC son medios preciosos e insoslayables, pero no son la finalidad de la enseñanza. Y, como todos los medios, son inútiles si se manejan desde la ignorancia. Los ?expertos? y los ?ticnólogos? están empeñados en esa confusión entre los medios y los fines, pues esa es la única justificación de su presencia como gurús enredando en la enseñanza.

¿Cuál es el papel del profesorado en todo este proceso de renovación educativa?
Ustedes mismos caen en la trampa. ¿Por qué tiene que haber una ?renovación? educativa, si desde que estamos ?renovando? vamos hacia atrás? Hay que volver a lo mejor de nuestra tradición educativa. Y dejarse de mentiras, cuando dicen que los que defendemos estas posiciones sólo queremos volver a la lista de los reyes godos, que yo ya no estudié en los años sesenta y setenta. Renovar, en muchos casos, sería volver a cosas mucho mejores que lo que vino luego. En mi generación enseñábamos Literatura con comentarios de texto y leyendo sin parar obras esenciales y enseñando a interpretarlas a nuestros alumnos, y quizás debimos también poner un poco más de énfasis en la memorización, tan denostada y tan necesaria cuando se usa como medio y no como fin. Hoy, gracias a los innovadores, el estudio de la gran Literatura ha muerto, y ya no se lee o se leen chorradas neoinfantiles que dan vergüenza por su simpleza. Todo lo que presentaba la menor dificultad ha sido eliminado. Y luego se sorprenden de que los chicos no entiendan lo que leen. ¿Qué más da que sean muy hábiles en los videojuegos si cometen horribles faltas en cuanto les quitas el corrector o no saben buscar porque carecen de conocimientos?

Hemos tenido siete leyes de educación desde la transición democrática ¿Cómo afecta eso a la calidad de la enseñanza?
Siento contradecirles: sólo hemos tenido una, la LOGSE. Todas las demás sólo son reescrituras. Incluida la LOMCE, incapaz de desmontar el sistema, y que hasta ha consistido en escribir sobre la LOE, que tampoco era más que la LOGSE sin GS. La estructura, las políticas de profesores, las concepciones pedagógicas, el descuartizamiento autonómico son exactamente los mismos desde hace 27 años. Incluso han ido a peor.

¿Hasta qué punto es importante lograr un consenso educativo? ¿Es posible ese consenso?
Sí, porque la derecha aceptará al final las imposiciones de la izquierda y los nacionalistas, siempre de la mano, que les garantizarán a su vez la continuidad de la enseñanza privada concertada y de las universidades privadas. La izquierda y los nacionalistas se quedarán con la pública (y en Cataluña y País Vasco, con la privada también). Y ese va a ser el consenso: que nos moriremos con más LOGSE amañada y disfrazada de palabrería para seguir engañando a la gente. A la que, por cierto, le encanta que la engañen, siempre que le garanticen la promoción automática y títulos para todos.

A Carrefour sólo le interesa que le entiendan los catalanes: se olvida del español en Barcelona
Raquel Tejero y Borja Jiménez okdiario 10 Octubre 2017

Carrefour también cae en la discriminación a los consumidores castellanoparlantes. Pese a que en Cataluña es obligatorio rotular en catalán, nadie impide que se informe además en español. Sin embargo, cadenas como Carrefour prefieren olvidarse de aquellos que no entienden el catalán para tener contenta a la Generalitat.

OKDIARIO ha entrado en varios centros de la cadena francesa y ha podido comprobar de primera mano su discriminación lingüística al castellano. El régimen jurídico que establece los derechos lingüísticos de las personas consumidoras en sus relaciones con los empresarios y comerciantes que prestan sus servicios o comercializan sus productos en el ámbito territorial de Cataluña se encuentra establecido en la Ley 22/2010, de 20 de julio, del Código de consumo de Cataluña y en la Ley 1 / 1998, de 7 de enero, de Política Lingüística. En su artículo 4, la Ley catalana establece que “las personas consumidoras tienen derecho a recibir en catalán cualquier información de carácter fijo”.

Es decir, “cualquier elemento informativo de carácter fijo deberá estar redactado al menos en catalán con independencia de su soporte (por ejemplo los carteles o rótulos de las empresas o establecimientos que contengan información relacionada con la actividad comercial desarrollada, siempre y cuando tengan carácter permanente)”.
A Carrefour sólo le interesa que le entiendan los catalanes: se olvida del español en Barcelona

Ley de rotulación en Cataluña. Fuente: http://consum.gencat.cat.
Así, según la Ley discriminatoria independentista, tanto el interior como el exterior de un establecimiento, con independencia de cual sea su tamaño o ubicación exacta, tendrá que estar redactado al menos en catalán. Este deber incluye el cartel exterior visible desde la calle indicativo de la actividad comercial, el cartel del horario comercial, la rotulación interior relativa a las ofertas o servicios en un establecimiento, los rótulos interiores de las secciones de los establecimientos o de las tiendas o, incluso, los lineales de las estantería.

Como Burger King…
Burger King también ha terminado cediendo ante el chantaje independentista y ha decidido eliminar todo rastro del castellano en sus tiendas catalanas. OKDIARIO ha estado en uno de los establecimientos de la cadena de hamburguesas más céntricos de Barcelona y ha comprobado de primera mano que la compañía norteamericana ha decidido discriminar a los no catalanoparlantes -o los catalanes que no conozcan la lengua regional-.

Llama la atención que una cadena de la importancia de Burger King o Carrefour prefiera posicionarse del lado de los independentistas radicales, y prefiera incluso perder clientes que no pueden entender la información que les dan.


******************* Sección "bilingüe" ***********************
Cociendo la traición

Fernando Paz gaceta.es 10 Octubre 2017

Si no fuera porque conocemos el percal, diríamos que las alocuciones de la manifestación de ayer en Barcelona han debido batir algún que otro récord de incompetencia, a contar desde que el escritor consorte -“premio Nobel de la paz”- se empeñó en evocar su paso por la Barcelona del tardofranquismo, que debía de ser horrorosa pero que, a lo que parece, constituye su más caro recuerdo, porque vuelve a él con pertinacia.

Peor fue lo que vino después. O sea, el relamido Borrell, que con gélida precisión de ofidio nos largó la arenga en catalán; cuando menos, una descortesía para tantos esforzados españoles llegados de todas partes, que cruzaban apuestas sobre si finalmente pronunciaría la palabra “España”. Borrell se empeñó, claro, en colocarnos la averiada mercancía envuelta en el trapo añil bruselense, a despecho de la realidad que refulgía sobre la Vía Layetana, una obstinación rojigualda por toda identidad.

Los partidos, los políticos, la casta, naufragan en el habitual mal ejemplo de esta oligarquía degenerada; Dolors Montserrat asegurando que el gobierno no va a dejar solo a ningún español, componiendo una sonrisita complaciente –hace falta, Dolors, hace falta- como si no llevase haciendo eso mismo, es decir, dejando abandonados a los españoles desde hace décadas. Ciudadanos –bueno, Ciutadans, que estamos en Barcelona- insistiendo absurdamente en que se convoquen elecciones, un diagnóstico de frenopático. Y el PSOE que no se suma pero manda una adhesión, y que, calculando que la cosa va a terminar en una mesa de negociación, se la ha agarrado gorda a cuenta del diálogo.

Que los españoles se hayan echado a la calle tan masivamente como lo han hecho estos días es la mejor prueba del fracaso de este indolente y degradado gobierno, con toda su dejadez e impericia. La gente ha salido a tomar las calles solo porque el gobierno no ha hecho su trabajo, a gritarle que no van a renunciar a su patria y que, si hay un culpable por acción, también hay otro por omisión, cuyo nombre aún no ha pronunciado: Mariano Rajoy.

Y es que nadie puede ignorar que Rajoy suscita en los españoles una perfecta, completa y absoluta indiferencia. Estaba, pero implícito. Se equivocarán en el PP si interpretan que la ausencia de consignas contra Rajoy tiene que ver con otra cosa que no sea que nadie espera ya nada de él, y que es visto por una amplia mayoría como parte del problema que hoy tiene planteado España.

Porque las dos principales manifestaciones del fin de semana, Madrid y Barcelona, han sido tan masivas como festivas, incluso algo ingenuas. Pero bajo ese aspecto naïf late una justificada indignación. Y es que mientras la gente pedía más España, Borrel, qué tío, les daba por Europa y venga a hablar de derribar fronteras y de defender la paz. Pues no. La gente estaba allí para defender a España, lo demás se nos dio por añadidura, una añadidura que nadie le había pedido y que terminó molestando al personal. Lo que la gente sí pedía era la prisión para Puigdemont, aunque a Borrell eso le pareció tan mal que abroncó a los manifestantes comparándoles con las turbas del circo romano. Para terminar con la nada menguada ocurrencia de apelar a los jueces, esos señores a quienes nadie hace caso alguno precisamente en Cataluña.

Seguramente Freud podría explicar la evocación de Miguel Ángel Blanco que Albiol trajo a colación. Porque, como hace ahora veinte años, de eso es de lo que se trata: de pastorearnos hasta que se nos pase. No por otra cosa, a continuación, ¡oh, sorpresa! Albiol sacó el conejo del diálogo, que sentarse con delincuentes a cerrar tratos es la especialidad de la casa.
Lo harán. Ya lo están haciendo. Porque el trayecto está decidido y lo que ahora toca es disuadir a la ciudadanía del referéndum pactado, que ese es el acuerdo. Querrán vaciar de patriotismo la calle, porque esa ola no la van a cabalgar. Y por eso Rajoy llama a los separatistas a la moderación; y pelillos a la mar. Aunque llegue tarde, alguien debería explicar a Mariano Rajoy que la aplicación de la ley no es optativa.

Al final, Rajoy satisfará a los que vestidos de un apropiado blanco-rendición claman por la negociación. Ya lo verán. Asi que vayan ustedes si quieren ensayando el Imagine, que algunos hemos sacado la bandera y no pensamos arriarla hasta que esté asegurada la dignidad de España.

La manifestación del 8-O y el temido ruido de los sables.
Javier Benegas. vozpopuli  10 Octubre 2017

Dijo Miguel de Unamuno que a veces, el silencio es la peor mentira. Y el domingo ocho de octubre la ley del silencio, es decir, la mentira que duraba 36 años saltó por los aires. Cientos de miles de personas (900.000 según los convocantes y 350.000 según la Guardia Urbana de Barcelona) tomaron pacíficamente las calles de la capital catalana. No fueron los partidos ni los políticos los promotores de este hito, fue la sociedad civil, que en España andaba desaparecida, la catalizadora de la mayor manifestación espontánea que jamás haya visto nuestra destartalada democracia. Algo inimaginable hasta el domingo.

Una manifestación exitosa… y expropiada
Pocos políticos manifestaron con antelación su apoyo a la convocatoria. Al contrario, se dedicaron a mirar por el rabillo del ojo, pendientes de las adhesiones y expectativas. Vistos los antecedentes de días anteriores, donde las respuestas espontáneas al desafío secesionista se habían sucedido, sabían que cualquier cosa era posible, y que tal vez la manifestación fuera un acierto, pero no las tenían todas consigo. Así que esperaron y esperaron, hasta que se convencieron de que el éxito estaba asegurado. Fue entonces cuando decidieron, no sólo salir en la foto, sino erigirse en protagonistas.

Dicho y hecho. Llegó el gran día, y ahí estaban ellos, los mismos que habían alimentado al monstruo nacionalista durante décadas, y ahora se resistían a domeñarlo, haciendo suya la iniciativa de una sociedad, no sólo cabreada con los sediciosos, sino indignada con la falta de coraje de los partidos… excepto con Ciudadanos, que desde el principio respaldó la convocatoria.

Borrell, el héroe
De entre tanto oportunista, surgió un héroe, Josep Borrell Fontelles. Un socialista de la vieja guardia dispuesto a sacar al régimen de partidos del hoyo en el que solito se ha metido. A la derecha, desacreditada por la corrupción y atenazada por la cobardía, no le pareció mala idea que un personaje de la izquierda moderada, que además era catalán y expresidente del Parlamento Europeo, fuera quien legitimara el secuestro de la manifa. Era esto o asumir un protagonismo que habría dado al traste con cualquier intento de sacar provecho del acontecimiento.

Borrel, que es un tipo inteligente, y también arrogante, aceptó encantado el protagonismo. Con un discurso moderado y astuto, donde hubo muchas referencias a la democracia, a la tolerancia, al afecto (tradúzcase por diálogo) y, sobre todo, a Europa, pero ni una sola alusión a la unidad de España, se levantó sobre los escombros de la España política como un gran estadista. Incluso tuvo la osadía de reprender a los manifestantes cuando coreaban “Puigdemont a prisión”, comparándolos con las turbas romanas. Porque una cosa es que el común proporcione una manifestación llave en mano, y otra muy distinta que exija que se apliquen las leyes. Ya se sabe que la justicia, si se libera de las ataduras del poder político, tiene la mano muy larga.

Así, el agonizante régimen del 78, no sólo se apropió de una manifestación exitosa que no era iniciativa suya, sino que colocó en el estrado a un socialista moderado para tutelar al gentío. La receta no era novedosa. Ya en el pasado, el Estado de partidos surgido a la muerte de Franco recurrió al gobierno de Felipe González, es decir, a otro socialista, para legitimarse. Por eso, ver a Josep Borrell subir al estrado en Barcelona, dispuesto a tutelar a las masas, fue un Déjà vu.

El diálogo: un alivio temporal que podría terminar en desastre
Mientras aún resuenan los elogios al discurso de Borrell, prosiguen los frenéticos intentos por conjurar el peligro mediante algún pacto. De lo contrario, no quedaría otra que aplicar el artículo 155, al que habría que dar sustancia. Y dicen, ¡sería la guerra, el fin del mundo! Sin embargo, quizá fuera justo al revés, que se produjera el desastre precisamente por insistir en el apaño.

Durante décadas, toda presión o chantaje de los nacionalistas se ha saldado con cesiones de los sucesivos gobiernos españoles: más dinero, más competencias, más impunidad y más ceguera ante los atropellos a los ciudadanos. Ha sido precisamente esta dinámica la que nos ha traído hasta la presente crisis secesionista. Ahora, fieles a la tradición, a cambio de no activar la DUI, se ofrece a Puigdemont y a sus amotinados la posibilidad de negociar nuevas ventajas, incluida la independencia de facto para Cataluña; esto es, una Cataluña integrada políticamente en España, pero no de manera real y efectiva, sino solo formalmente.

Sin embargo, este pacto sólo serviría para aplazar la auténtica declaración de independencia. Para los secesionistas, sería un paso más en su irrenunciable viaje hacia esa Ítaca donde corren ríos de leche y miel. Y denunciarían el acuerdo con cualquier excusa cuando les resultara más conveniente. Llevan haciendo lo mismo toda la vida.

Aún es pronto para saber a ciencia cierta si se materializará algún cambalache: los dirigentes catalanes están sometidos a enormes presiones en un sentido y en otro. De lo que podemos estar seguros es que el apaño sería la peor solución a medio y largo plazo. Y no sólo porque liquidaría el Estado de Derecho, dejando impunes delitos de una gravedad extraordinaria; también colocaría a los secesionistas en una posición de mayor fortaleza para alcanzar en el futuro inmediato sus últimos objetivos. De hecho, retrospectivamente, fue la expectativa de un acuerdo ventajoso, alternativo a la DUI, lo que incentivó la sedición.
Están perdidos y lo saben
Los alivios temporales pueden resultar atractivos, porque nos liberan de la angustia del presente. Pero debemos mirar hacia el futuro. De pactos y acuerdos vergonzantes está pavimentado el camino del infierno. Nadie quiere ver soldados por las calles Barcelona, desde luego. Pero es seguro que, a medio plazo, el apaño llevaría a una situación todavía más explosiva que la actual, porque los secesionistas nunca van a enmendarse. Es más, su plan no es sólo la independencia; también extender sus dominios más allá de Cataluña.

Es evidente que los secesionistas se precipitaron, que dieron el pistoletazo de salida al ‘Procés’ antes de tiempo por razones diversas, proporcionando al adversario una oportunidad única para liquidar su reinado. Ahora, ya sin frenos, intentan por todos los medios trasladar a la opinión pública, nacional e internacional, que revertir la situación convertiría Cataluña en un nuevo Ulster. En realidad, saben que están perdidos, que ellos mismos han abierto una vía de agua en el acorazado del nacionalismo que amenaza con enviarlos a pique. Por eso, ahora es cuando más fuerte hay que mostrarse. Dejarles que sean ellos quienes se arrojen al abismo, lo que cada hora que pasa parece más probable.

Sea como fuere, la supervivencia de España, o si lo prefieren, de nuestra maltrecha democracia, no se logrará con diálogo -aunque lo llamemos afecto-, gestos hermosos o discursos; sólo se garantizará con la aplicación de las leyes. De otra forma, estaremos incentivando a unos delincuentes que nunca verán en el perdón bondad, sino una debilidad extrema que usarán en su propio beneficio. El nacionalismo es esto. El silencio se ha roto.

El misterio de la pasividad de Rajoy
Alejo Vidal-Quadras gaceta.es 10 Octubre 2017

Nadie, salvo los ciegamente adictos, entiende la pasividad de Rajoy frente al golpe de Estado en Cataluña.

Los motivos para actuar de forma resolutiva y contundente son ya tantos y de tal gravedad que su forma de enfrentarse al “procés”, consistente en respuestas siempre incompletas, tardías y renuentes, o simplemente en no hacer nada, es un misterio inexplicable. Como titular del poder ejecutivo y máximo responsable de cumplir y hacer cumplir la Constitución recae sobre su persona el deber de encabezar el combate legal y democrático contra la rebelión de las autoridades catalanas y de neutralizarla de manera eficaz y rápida. Sin embargo, no sólo no se pone a ello con la determinación requerida, sino que intenta todas las maniobras posibles para evitar beber de un cáliz que por lo que vamos viendo le resulta demasiado amargo.

Ha llegado a decir que le están obligando a hacer lo que no quiere hacer, confesando así que su voluntad de restaurar el orden legal en Cataluña es escasa o nula. En otras palabras, en España tenemos un Presidente de Gobierno que se resiste a realizar la principal tarea que le compete y para la que fue elegido, a saber, preservar la integridad territorial de la Nación y el imperio de la ley. Su actitud es análoga a la de un médico que se negara a curar enfermos, a la de un bombero reacio a apagar incendios o a la de un militar que dejase campo abierto al enemigo. Es un caso tan escandaloso de desidia en una crisis extrema que los ciudadanos no acaban de creer lo que están viendo, aunque la ola de indignación y repulsa contra la pusilanimidad inane del inquilino de La Moncloa empieza a notarse en la calle y va en aumento.

El rey, Albert Rivera, su propio partido y una opinión pública crecientemente crispada le exigen que aplique de una vez el Artículo 155 de la Constitución o que active la Ley de Seguridad Ciudadana o que la fiscalía ponga ante un juez a los golpistas y les acuse de rebelión, sedición, desobediencia, malversación y prevaricación e inste a su encarcelamiento preventivo, que demuestre, en fin, que gobierna y que por sus venas circula un líquido que no sea horchata con gaseosa. Pero él, impávido, se mantiene en su inmovilidad y cuando se decide a desplazar una ficha sobre el tablero de este ajedrez endiablado realiza invariablemente movimientos tímidos con piezas secundarias, como si en vez de buscar la victoria se conformase con unas tablas que serían la antesala de la derrota en la próxima partida.

Es un comportamiento tan extraño, tan carente de toda lógica política, jurídica, estratégica o táctica, que comienzan a sonar voces que señalan que si un fenómeno carece de causa visible es que existe una invisible. Y a partir de aquí todas las elucubraciones se desatan, incluso las más terribles. Se recuerdan las amenazadoras palabras de Jordi Pujol en su comparecencia en el Parlament de Cataluña cuando utilizó el símil de la rama segada que cae arrastrando a los nidos y al final el árbol entero. ¿Estará el Presidente del Gobierno sometido a algún tipo de coacción que le impide hacer frente al golpe con la contundencia requerida?, se pregunta mucha buena gente entre la inquietud y el escalofrío. Esta hipótesis cobra fuerza si se analiza la permanente elección de métodos indirectos y extrañamente leves para parar la subversión de los separatistas. Rajoy ha recurrido a los jueces, al Rey, a los bancos, a los empresarios y a todo el que se le ha puesto a tiro con tal de no dar la cara. ¿Cómo se justifica que el Mayor de los Mossos, el desleal Trapero, tras incurrir en flagrante desobediencia a los tribunales y en una posible rebelión al tratarse de un uniformado, comparezca ante la Audiencia Nacional y el fiscal, que sigue instrucciones superiores, no solicite ni siquiera medidas cautelares, con lo que el rebelde se marcha de nuevo a su despacho tan fresco a continuar su labor en favor de la liquidación de España? ¿Es tan raro concluir que semejante absurdo no se puede producir si no hay detrás un motivo secreto y siniestro?

Se ha apuntado que a Rajoy le inhibe el temor a la reacción de la Unión Europea y a la falta de apoyo de Pedro Sánchez, pero las más altas instancias comunitarias se han manifestado inequívocamente del lado del Estado de Derecho y de la estabilidad interna de sus miembros y en cuanto al volátil Secretario General del PSOE se adaptará de inmediato a los vientos que soplen, que en este momento respaldan el ejercicio legítimo e implacable de la autoridad democrática.

A los que alaban la supuestamente magistral técnica inmovilista de Rajoy, que ha terminado con todos sus enemigos internos, habría que recordarles que, en efecto, ha eliminado a sus oponentes en el PP, pero que, curiosamente, todos los depurados se han distinguido por su oposición férrea al nacionalismo y por sus incansables advertencias de los peligros de la política de concesiones de los últimos treinta y cinco años. O sea, que el ínclito jefe del Ejecutivo ha dedicado más esfuerzo a barrer del mapa a los oponentes de los nacionalistas dentro de sus filas que a los nacionalistas mismos. ¿Verde y con asas?

España en vilo por haber hecho las cosas mal
Editorial EL RUGIDO DEL LEÓN elespanol 10 Octubre 2017

Este martes por la tarde Carles Puigdemont comparecerá en el Parlament para dar cuenta del resultado del referéndum ilegal del 1-O y consumar su golpe sin que nadie sepa aún ni su alcance ni qué piensa hacer el Gobierno para neutralizarlo.

Que el mismo presidente autonómico que lleva meses amenazando con romper unilateralmente España esté en disposición de llevar a cabo su pronunciamiento constituye ya un fracaso tremendo del Estado y un triunfo evidente del secesionismo. De hecho, sean cuales sean las consecuencias que se deriven de la rebelión, el bloque separatista siempre podrá felicitarse por haber tenido a España en vilo hasta el último minuto.

A rebufo de los acontecimientos
El Gobierno ha pedido una y otra vez un acto de fe sobre su capacidad y firmeza a la hora de hacer frente a una crisis en la que ha ido a rebufo de los acontecimientos. Sin embargo, el día D y la hora H han llegado sin que nadie sepa qué va a pasar.

Máxima expectación
El panorama es tan sombrío que el número de empresas que han hecho y están dispuestas a hacer las maletas si Puigdemont sigue adelante con la independencia no para de crecer. Pero Rajoy sigue confiando en que las dudas que este éxodo generan en el secesionismo amilanen al presidente catalán y que la crisis se resuelva con una declaración de independencia en diferido que permita seguir aplazando el desenlace del conflicto.

El propio Rajoy dio por sentado el domingo en El País que habrá declaración de independencia y tan sólo se ha comprometido a que no tendrá consecuencias. Y la vicepresidenta ha dicho este lunes que la aplicación del artículo 155 de la Constitución -que permite suspender el autogobierno- “se ha estudiado muy poco”, pese a que lleva dos años dedicada personalmente a gestionar el desafío separatista.Tal y como hoy informamos en EL ESPAÑOL, el Gobierno contempla suspender el aforamiento de Puigdemont para que sea juzgado por la Audiencia Nacional en Madrid si finalmente opta por una Declaración Unilateral de Independencia pura y dura.

El secesionismo sale a la calle
La crisis sigue abierta y es lógico que el Ejecutivo contemple todos los escenarios. Pero es un error garrafal que el Estado se muestre condescendiente si el presidente de la Generalitat opta por una vía más retórica que efectiva. Y menos cuando no hay ningún signo de que esté dispuesto a dar marcha atrás en el último momento, como prueba el llamamiento de la Asamblea Nacional Catalana a salir a la calle para expresar su apuesta inequívoca por la ruptura unilateral.

Rajoy tiene el apoyo de Cs y el PSOE para solucionar la crisis y debería aprovechar este cierre de filas para zanjar el problema de manera definitiva. Sin embargo, al Gobierno le gustaría que Puigdemont buscase un burladero en el último momento para aplicar la versión más liviana posible del 155. Pero este conflicto ha llegado demasiado lejos como para pretender despacharlo con paños calientes.

Unidad constitucional imprescindible ante el golpe
Editorial larazon 10 Octubre 2017

Los partidos que dan apoyo al desleal gobierno de la Generalitat, PDeCAT, ERC y la CUP, han anunciado que hoy declararán la independencia de Cataluña. Una de las características de esta insurrección anticonstitucional es que las fuerzas que encabezan el golpe avisan con antelación de sus propósitos, suponemos que con el único objetivo de lanzar a los ciudadanos contra las instituciones y buscar los efectos conseguidos en la nefasta jornada del 1-O. Ese llamamiento ya lo han hecho las asociaciones de choque independentistas.

La fórmula que seguirán para esta declaración forma parte del oscurantismo del «proceso» y del inmoral método para provocar la legítima reacción del Estado, aunque en este momento de máximo riesgo para nuestra democracia hay que centrarse en lo fundamental: la unidad de todas las fuerzas constitucionalistas. La secesión puede declararse formalmente y con todas las consecuencias legales, «firmarse» simbólicamente, dando gritos, cantando, incluso recurriendo a la llamada fórmula eslovena: tras su solemne anuncio, queda anulada como moneda de una futura negociación. Pueden, además, tomar el Parlament.

No hay límites para el secesionismo. El objetivo no es otro que hacer un nuevo llamamiento a la movilización y, nos tememos, que buscando resultados indeseables que acreciente el clásico victimismo del nacionalismo: violencia y, de nuevo, alguna fotografía que pueda legitimarles ante el mundo. Los hechos, a pesar de su perversa campaña de propaganda, va en la dirección contraria: España es una democracia respetada, sólida y admirada por su tolerancia –sobran las pruebas– que ahora ha sido acorralada hasta límites insoportables.

Este desafío debe ganarlo el Estado de derecho. No hay otra vía. Por lo tanto, en estos momentos es necesario que el bloque constitucionalista formado por PP, PSOE y Cs refuerce su unidad sobre la base de defender la Constitución y nuestra instituciones democráticas. Invocar un diálogo que reconozca la nueva legalidad catalana surgida de un acto de rotunda ilegalidad, como fue todo lo aprobado en la bochornosa sesión de los días 6 y 7 de septiembre, no es más que una coartada a la que quieren agarrarse los dirigentes separatistas.

No hay más objetivo que minar la unidad de los constitucionalistas. El líder socialista, Pedro Sánchez, ha confirmado que su partido dará su apoyo al Gobierno ante una eventual declaración unilateral de independencia. Así debe ser y cualquier iniciativa política, como la ya anunciada por el PSOE –una comisión de estudio en el Congreso para la reforma constitucional– debe hacerse desde la base de que lo primero que debe restituirse en Cataluña es el acatamiento de la Carta Magna, el Estatuto y todos los tribunales de Justicia. En este bloque debe estar también Podemos y si rechaza el llamamiento de sumarse deberá explicar muy claramente cuándo la Constitución merece ser defendida, un marco que rechazan, pero que es el que ha permitido que hasta ellos quieran acabar con él desde la tribuna del Congreso.

Si hoy se declara en el Parlament la independencia de Cataluña se abrirán vías legales para neutralizarla. Todas las medidas de las que dispone el Estado de derecho deben ser empleadas. Tiene la obligación y la legitimidad para hacerlo, pero debe contar con el apoyo de todos los constitucionalistas, porque no está en juego el futuro de un Gobierno, sino el de nuestra democracia.

Cataluña: lealtad antes que diálogo
Javier Caraballo elconfidencial 10 Octubre 2017

Esta vez, no. No puede ser, porque todo esto ha llegado demasiado lejos, lo han llevado demasiado lejos, como para que ahora se apañe un final de borrón y cuenta nueva. Tres veces ha ocurrido en los últimos cien años, en las dos repúblicas y en la monarquía democrática, y son suficientes para que todos tengamos claro que no se trata de un problema de estos tiempos, que no obedece a razones coyunturales, territoriales, sociales o económicas, porque el origen de todo es la profunda deslealtad del independentismo catalán.

Repitámoslo de nuevo: cada vez que ha encontrado una oportunidad, en cada momento de debilidad de España por una crisis política o económica, el independentismo catalán lo ha aprovechado para estirar sus alas y despegar con la promesa de un futuro mejor que se construye sobre mentiras. En los tres regímenes, a lo largo de un siglo, jamás han respetado ni normas ni leyes ni compromisos. Por eso, esta vez no se le puede dar a la rebelión independentista una salida pactada que suponga que, al cabo de unos años, o de unos meses, nos volvamos a encontrar en lo mismo. Algo sustancial tiene que cambiar esta vez.

Da igual, además, que los acontecimientos en los próximos días o semanas confirmen una declaración unilateral de independencia, formal y oficial, como pretenden los independentistas más radicales, o que la ‘desconexión’ se alargue 'sine die' con una declaración etérea de independencia a plazos, o cualquier fórmula que nos empantane en el limbo actual en el que las instituciones catalanas van aprobando resoluciones que el Tribunal Constitucional declara ilegales sin que ello tenga efecto alguno en la elaboración y aprobación de nuevas normas que seguirán el mismo recorrido.

En cualquiera de los dos casos, lo fundamental es que se tenga claro en España que la resolución del conflicto, sea la que sea, no puede dar paso a un nuevo modelo, sea el que sea, en el que podamos encontrarnos otra vez con una escalada de desestabilización como la que hemos vivido en estos días de octubre. Este círculo vicioso tiene que acabarse de una vez, y para que eso sea así es conveniente repasar lo que nos ha llevado hasta el deterioro institucional en el que se ha instalado Cataluña, que ha zarandeado a toda España y que ha sacudido a Europa entera.

Una situación de 'extrema gravedad' como la que estamos viviendo merece soluciones acordes a esa gravedad para que no vuelva a repetirse. Y, para eso, tenemos que contestar algunas preguntas que, hasta ahora, se han eludido porque no se consideraban políticamente correctas. Podemos detenernos en dos preguntas, acaso las fundamentales. Por ejemplo, ¿puede seguir presentándose a unas elecciones un partido político que no se comprometa con la unidad de España?

Por mucho que la mera formulación de la pregunta pueda considerarse por algunos como una regresión reaccionaria, no es así. Ya se han expuesto aquí en otra ocasión, y será bueno insistir en ello, una decena de ejemplos de constituciones de estados democráticos, desde Estados Unidos a Noruega, en los que la unidad del territorio nacional no se discute.

Pero hay quien va incluso más allá y, por si no está claro, se prohíbe expresamente que esos partidos se puedan presentar a las elecciones. Constitución de Alemania, artículo 21: “Son inconstitucionales los partidos que, según sus fines o según el comportamiento de sus adherentes, tiendan a trastornar o a poner en peligro la existencia de la República Federal de Alemania”.

En España no existe problema legal alguno para que se presente a las elecciones un partido que no comparta algunos aspectos esenciales de la Constitución, como el modelo de Estado o la unidad territorial. No es problema porque la propia Constitución incluye mecanismos de reforma, no es un texto sagrado e intocable: de la misma forma que se votó la monarquía, puede votarse una república. El problema del independentismo catalán es que, como ha demostrado, no respeta los cauces legales para defender su propuesta, con lo que tiene que ser visto como un partido inconstitucional antes que como un partido independentista.

Otra duda más: ¿puede seguir fomentándose un sistema educativo que aliente el independentismo, tergiversando, manipulando y falseando la historia misma de España? La misma revisión debe hacerse sobre la transferencia de la educación a las comunidades autónomas, porque la lealtad comienza en los planes de estudios. Sabe muy bien el independentismo que su motor principal está en las escuelas y lo han utilizado durante cuatro décadas.

Durante muchos años, cada vez que ha trascendido el vídeo de alguna escuela catalana, se ha visto aquí como un exotismo o como un despropósito, pero nunca se le ha dado la trascendencia necesaria. La lealtad debida a la Constitución tiene que ser incompatible con un sistema educativo en el que a los niños se les educa en el odio a España, como un agente externo que vampiriza las posibilidades de desarrollo de Cataluña. También en eso encontraremos ejemplos en cualquier otra democracia del mundo porque, sencillamente, nadie está legitimado para sembrar el odio, la discordia y la división en las escuelas.

La salida del conflicto de Cataluña tiene que ser necesariamente la del diálogo, pero insistir mucho más en esa obviedad no nos conduce a nada. Será el diálogo político el que pueda superar el momento crítico que atravesamos, pero tiene que ser siempre después de que se haya instaurado el respeto a la legalidad. Primero legalidad y luego diálogo. En ese momento, una vez que se haya neutralizado a los rebeldes que ahora están en las instituciones, habrá que repensar, entre todos, las reformas que sean necesarias para volver a la normalidad. Pero sobre la base innegociable de la lealtad constitucional.

Otra vez no podemos repetir lo mismo, porque no se lo merece la Cataluña sensata, la del 'seny' olvidado, y porque, sobre todo, no nos lo merecemos en conjunto todos los ciudadanos españoles. A la tercera va la vencida, como reza el viejo adagio de las legiones romanas que ha pervivido hasta nuestros días; esta es la tercera revuelta ilegal de Cataluña, la tercera declaración de independencia, y España tiene una deuda pendiente con su propia historia. Solo hay una salida para el futuro: lealtad antes que diálogo.

España sigue esperando la reacción de Rajoy
EDITORIAL El Mundo 10 Octubre 2017

El solo hecho de que Carles Puigdemont pueda declarar hoy la independencia unilateral de Cataluña, sin que el Estado haya podido frenarle, supone una muestra de la débil y hasta ahora estéril respuesta articulada por el Gobierno de Rajoy. Cualquier declaración de independencia de Cataluña, al margen de su alcance jurídico o temporal, supondría un quebranto inadmisible del marco constitucional que, obligatoriamente, debería forzar de una vez al Gobierno de Rajoy a abandonar las medias tintas y ejecutar las medidas legales oportunas -incluida la suspensión de la autonomía- para restituir el orden legal.

La huida de los buques insignia del tejido productivo catalán, incluyendo para su vergüenza la de cierto empresariado independentista -a lo que se suma el constante goteo de empresas que Fomento del Trabajo cifró ayer por "cientos"-, y la imponente respuesta social de la Cataluña que rechaza la separación han roto los esquemas del golpismo. La marcha del domingo fue descalificada por medios catalanes con argumentos que incurren en una indisimulada xenofobia, poniendo el acento en las personas que llegaron a Barcelona desde el resto del país, llamándolos "turistas" o incluso "inadaptados". Como si los no independentistas no fueran catalanes. Como si Cataluña fuera un asunto ajeno a España. Y como si estos manifestantes no se hubieran pagado el desplazamiento, a diferencia del subvencionado activismo de ANC y Òmnium. Las mismas entidades que hoy han convocado a sus seguidores para blindar la consumación del golpe a las puertas del Parlament. Allí de donde en 2011 la izquierda radical obligó a los diputados a salir en helicóptero.

Puigdemont no ha concretado si proclamará una declaración unilateral de independencia o bien optará por la vía eslovena, que consiste en declarar la independencia y suspenderla un tiempo para sobrevivir en el poder y rearmarse. En todo caso, cualquier anuncio que no pase por la renuncia a la secesión supondría un intolerable intento de liquidar la soberanía nacional. Ningún Gobierno puede negociar nada mientras la Generalitat siga vulnerando la Constitución.

Por eso resulta incomprensible la falta de reacción del presidente. Los responsables de llevar a Cataluña al borde del precipicio son Puigdemont y sus socios. Pero Moncloa no puede seguir parapetada en la proporcionalidad, porque los actos de la Generalitat son la desproporción en sí misma. Confiar a los tribunales la respuesta al desafío soberanista es una estrategia insuficiente. La vicepresidenta condicionó la aplicación del 155 al consenso. Y el PSOE, tras mucha duda, al fin parece alinearse en esto con el Gobierno. Pero aunque Sánchez fallara, el Gobierno debe aplicarlo.

En concreto, intervenir la cúpula de los Mossos se nos antoja imprescindible. Hoy publicamos que violentaron sus obligaciones con el resto de cuerpos de Seguridad del Estado, anteponiendo el servicio al independentismo a su deber durante el 1-O, referéndum ilegal en el que «se involucraron» activamente, según la Guardia Civil. Trapero dio cobertura a la traición. Ya no es posible seguir confiando en su lealtad, como reconoce el TSJC.

La prudencia es una virtud en política si no degenera en parálisis. Rajoy sigue sin entender que no basta la acción legal y jurídica para poner coto al avance independentista. Hace falta también liderazgo político y coraje intelectual para hacer uso de todas las herramientas que contempla el Estado de derecho. Los españoles no soportan más humillaciones ni negociaciones bajo cuerda. Lo dejaron muy claro el domingo.

Parafraseando a Boadella, el Gobierno debe aplicar un electroshock legal. Nos jugamos no solo la segregación, sino la vigencia de la democracia española. No se especula con la defensa de la ley. Es hora de que el presidente del Gobierno asuma de una vez su propio discurso.

El militante Borrell pregunta
ARCADI ESPADA El Mundo 10 Octubre 2017

Entre los fenómenos paranormales de la manifestación del domingo estuvo el permiso que el Psc concedió a sus militantes para que acudieran y que seguramente provocó, entre otras consecuencias destacables, que el militante Josep Borrell acallara el consolidado grito "¡Puigdemont, a prisión!". No fueran a revocarle el permiso. Hizo bien, en cambio, el militante en preguntar a los empresarios catalanes, que hoy abandonan en masa y algo teatralmente Cataluña y que mejor harían en exigir del Gobierno el restablecimiento urgente del Estado de Derecho, por qué no reaccionaron antes y en responderse que una reacción previa quizá habría evitado la situación actual. Pero aún tendría más sentido, basado en su autoridad y conocimiento de causa, que el militante Borrell se hubiera preguntado por qué los socialistas no reaccionaron antes y en responderse, etcétera.

Los socialistas que forman parte de Sociedad Civil Catalana se mostraron muy atentos la semana pasada ante la posibilidad de que en la manifestación de españoles se observara la presencia de algún símbolo inconstitucional. Incluso anunciaron que avisarían a la policía. A mí me alegró mucho su cuidado, porque tengo alergia a los pajarracos. Pero, sobre todo, porque eso incrementa la distancia ética y estética con los nacionalistas, que no solo incorporan a sus rituales banderas pútridas, sino que gobiernan y conducen la revolución con ellas. Qué inmensamente útil habría sido un semejante pudor socialista a la hora de formalizar aquel pacto de gobierno con Esquerra Republicana que no solo fabricó un número considerable de independentistas sino lo que es mucho peor: un número considerable de independentistas respetables. Y que, by the way, registró ante notario la demonización de un partido con el que simpatizaban muchos de los manifestantes que defendieron el domingo, junto a los socialistas individuales y autorizados, la democracia y la ley. Qué bien no habría hecho a ese par básico, por último, que don José Montilla, el segundo presidente tripartito, no hubiera iniciado la Era del Desacato echando a las masas contra el Tribunal Constitucional a propósito de su sentencia sobre el Estatuto con el pintoresco, aunque venenoso, argumento de que los sentimientos no pueden ser juzgados por los tribunales.

A pesar de su probada afición a expender salvoconductos morales, los socialistas catalanes no pueden dar permiso, sino pedirlo.

Los golpistas llevan a Cataluña al colapso económico
EDITORIAL Libertad Digital 10 Octubre 2017

Una de las mentiras más flagrantes de la Generalidad golpista es que las empresas radicadas en Cataluña no se marcharían a otros lugares una vez proclamada la independencia. El propio vicepresidente regional, Oriol Junqueras, lo dejó claro al negar expresamente esa posibilidad en unas declaraciones realizadas la pasada semana. "No habrá una huida de empresas", afirmó con rotundidad el descalificable golpista; a las pocas horas, las dos principales entidades bancarias de Cataluña, Caixabank y Sabadell, anunciaban su salida del Principado para no ser víctimas de la denominada DUI (declaración unilateral de independencia), radicalmente ilegal y liberticida.

Como se sabe de sobra, el caso de esos dos grandes bancos es tal vez el más significativo, pero no desde luego el único caso. Desde que ambas entidades anunciaran el traslado de sus sedes principales, numerosas compañías cotizadas en bolsa han seguido su ejemplo, empezando por el gigante energético Gas Natural, que se ha trasladado a Madrid. Empresas responsables de prácticamente la mitad de la riqueza que produce Cataluña han decidido mover sus sedes, movimiento en cascada al que habría que sumar a los depositantes de bancos y cajas de ahorro que sacando su capital de la región tomada por el separatismo golpista. El desastre que se avecina es tan patente que hasta los miserables empresarios partidarios de la secesión están poniendo también a salvo sus propiedades cambiando su domicilio fiscal a otros lugares de España.

Unos y otros tratan de preservar su patrimonio ante la certeza de que una Cataluña independiente quedaría automáticamente fuera de la Unión Europea y, por tanto, sin respaldo del Banco Central Europeo. El desplome brutal de los ingresos fiscales asociado a la eventual independencia y el éxodo de depositantes provocaría en Cataluña una catástrofe financiera antes incluso de que echara a andar como nuevo Estado, pero eso es algo que no parece importar a Puigdemont y a su camarilla fanática e ignara, dispuestos como están a acabar con una de las regiones más prósperas de España.

El proyecto separatista tiene, sí, una derivada de índole económica cuyos efectos devastadores, de hecho, ya han comenzado a ponerse de manifiesto. El éxodo empresarial y las colas de depositantes en las oficinas bancarias es el verdadero referéndum que pone de manifiesto qué es lo que opina la Cataluña real sobre los planes de sus dirigentes infames.

El Gobierno tiene la insoslayable responsabilidad de poner fin a los desmanes de los golpistas, que en su insensata y criminosa huida hacia delante están dispuestos a llevarse por delante el bienestar de varias generaciones de catalanes.

La Cataluña dual
José María Albert de Paco Libertad Digital 10 Octubre 2017

La inserción por parte de la empresa Amichi de un anuncio en prensa en que daba las gracias a la Policía Nacional y a la Guardia Civil suscitó en las redes una salva de afectos que probablemente se traduzca en la ganancia de numerosos clientes, tanto en Cataluña como en el resto de España. También, obviamente, en el boicot de aquellos catalanes y españoles que tuvieron por lesiva la actuación de las FSE. No parece que el saldo deba preocupar a Amichi, que aun podría sacar partido de su valerosa acción publicitaria. De eso trata, en suma, la llamada inversión socialmente responsable, que hasta ahora parecía ceñida a la salvación de las ballenas, el uso de papel reciclado y la donación de un porcentaje de los beneficios a Aldeas Infantiles, la clase de compromisos que, de tan incoloros e insípidos, no comprometen a nadie. Agradecer a las FSE su labor social, en cambio, requiere un plus de osadía, máxime en un país donde sólo a Rafa Nadal se le agradecían sus servicios en página impar.

Idéntico valor mostraron los alumnos del IES El Palau, en Sant Andreu de la Barca, Barcelona, que se concentraron la mañana del jueves a las puertas del centro para exigir respeto a sus compañeros hijos de guardias civiles, que habían sido objeto del desprecio de algunos profesores. En el otro lado, el del apartheid, supimos de la existencia de un bar en Calella cuyo propietario anotó en la pizarra el siguiente menú del día: "No servimos a las fuerzas de orden público no autonómicas. Tampoco queremos sus servicios. Gracias. El Galliner". Menos declarativos fueron los anuncios de Banco de Sabadell, Caixabank, Gas Natural y otras entidades, acompañados igualmente de pitos y palmas, pero sobre todo de una grave inquietud.

La innegable fractura de la sociedad catalana, cuyos efectos ya se hacían notar en los ámbitos familiar, amical y profesional, y que tantos catalanes veíamos de atenuar cambiando de tema o distrayendo la atención (con lo que ello tiene de expurgación política y empobrecimiento intelectual de las relaciones personales), camina hacia un escenario tan indeseable como inexorable: el de una comunidad dual. En parte, hace tiempo que Cataluña lo es: la historia del procés no es sino un intento chabacano del agro de someter a la ciudad a base de algaradas cívicas, festivas y familiares, y que tuvieron su hito más descarnado en el centenar de tractores que marchó sobre Barcelona el 29 de septiembre. Se trata, por cierto, de los únicos tanques que han puesto a prueba la resistencia del asfalto barcelonés.

Es probable, decía, que esa división (que se proyecta tenuemente sobre el resto de la sociedad española) aliente ahora la posibilidad, tan desagradable como inexorable, de que haya tiendas constitucionalistas y tiendas independentistas, como hay, y bien lo saben los católicos, parroquias constitucionalistas y parroquias independentistas. Asimismo, y al hilo del segregacionismo del bar Galliner y otros casos (entre los que figura la adhesión de los grandes cocineros barceloneses a la huelga de país decretada por el Govern y la CUP), tal vez no quepa hablar de dos circuitos de restauración, pero, desde luego, ir a Gresca, Dos Palillos o Disfrutar va a ser bastante parecido al sexo sin amor (de los casados).

Durante años, el pujolismo y sus palmeros extendieron la idea de que cuestionar las bases del nacionalismo era atentar contra la cohesión social de Cataluña, un sortilegio cuya sola invocación justificaba la exclusión del castellano del ámbito público, la inmersión lingüística en las escuelas y el señalamiento de cualquier ciudadano que tratara de ejercer sus derechos. La cohesión social fue omnímoda. Entre quienes fueron acusados de violentarla, amenazando así la modélica, envidiada pax civil de que gozaba Cataluña (el mítico oasis), se contaron los impulsores del Foro Babel, el Partido Popular, los intelectuales que promovieron el manifiesto por la creación de Ciudadanos, el propio Ciudadanos, el PSC (desde los escupitajos a Obiols al guantazo a Bustos), los aficionados a los toros, los literatos repudiados por la cultura oficial, la compañía teatral Els Joglars, Loquillo, Mario Vargas Llosa y, en general, cualquiera que mostrara un cierto apego a lo español.

En este sentido, la manifestación del domingo ha supuesto la quiebra definitiva del simulacro de consenso que, al decir de los nacionalistas, presidía Cataluña, esa cohesión social que, como todas sus añagazas retóricas, empezando por el derecho a decidir y acabando por la reivindicación del Sí, no era sino una forma peculiar de designar la tersa discriminación estructural a la que estábamos (estamos) sometidos los no nacionalistas. De lo que se trata, ahora, es de organizar la conllevancia de forma que resulte lo menos bronca posible. Tal vez la perspectiva no resulte edificante, pero la realidad es siempre la mejor de las noticias.

NUEVA PÉRDIDA DE SOBERANÍA
El error Borrell o el riesgo de internacionalizar el desafío separatista catalán
Juan E. Pflüger gaceta.es 10 Octubre 2017

Los políticos españoles están dispuestos a seguir perdiendo soberanía en favor de la UE aunque eso suponga un riesgo internacional

Echar balones fuera, desviarlos a Bruselas como si fuera la solución para todos los males, sigue siendo una costumbre de nuestros políticos. Parecen no haberse dado cuenta de que cada vez que la clase política les envía un problema, en lugar de afrontarlo en España, nuestro país pierde un poco más de su soberanía. Además, parecen ignorar que no resolver nuestros conflictos internos y pedir a otros que los solucionen por nosotros implica que entramos en un juego político internacional en el que tenemos mucho más que perder de lo que podemos ganar.

Esta vez ha sido el ex ministro José Borrell quien, mostrando una bandera de la Unión Europea, ha asegurado que “esta es nuestra estelada”. Y ha asegurado que no puede existir una Cataluña independiente porque no sería aceptada por la Unión Europea, a la que presentó como principal garante de la unidad de España.

Además de la pérdida de soberanía que supondría esta cesión, que solamente sería una más de una larga lista, internacionalizar el problema del separatismo catalán podría tener otras consecuencias para España.

La UE mantiene una fuerte confrontación con Rusia como consecuencia del problema de Crimea y las sanciones impuestas desde Bruselas a la economía del país presidido por Putin. ¿Alguien puede creer que no tomaría represalias contra la Unión reconociendo una supuesta independencia de Cataluña?

Sería darle a Rusia la excusa para que se posicionara en un conflicto que hasta ahora no interesaba en ese país. De esta manera, la hipotética república catalana tendría un importante socio internacional gracias a las políticas de intromisión de la UE en un conflicto interno ruso.

Pero no terminaría aquí la cuestión, otros países socios de Rusia se sumarían a ese reconocimiento: Venezuela e Irán serían los primeros. De esta manera, llevar el problema de los separatistas a Bruselas, como propone Borrell, sería darle oxígeno internacional al proceso de ruptura.

El problema del separatismo catalán, como el vasco, es un problema interno de España que solamente debe afrontarse desde el marco legal español, que da herramientas más que necesarias a nuestro Gobierno para que actue. No actuar es una decisión de unos gobernantes a los que les viene faltando valor desde hace años para parar una deriva separatista a la que no han querido enfrentarse para no tener que tomar decisiones difíciles.

Estos gobernantes tienen que tener claro que perder soberanía siempre es un problema, pero más en un caso como este en el que al desafío separatista que ya se vive se sumaría otro internacional.

DESMOVILIZAR A LA CIUDADANÍA
El empeño de matar el espíritu del 1-O como se mató el de Ermua
Juan E. Pflüger gaceta.es 10 Octubre 2017

Las movilizaciones que se han vivido este fin de semana en casi toda España, especialmente en Barcelona y Madrid, recuerdan a esas otras que hace 25 años se vivieron en nuestra patria tras el vil asesinato de Miguel Ángel Blanco. Entonces se le llamó Espíritu de Ermua, y en apenas unos meses quedó desarticulado por la apropiación partidista y por las maniobras de los proetarras y su pacto con el PNV. Ahora es un sentimiento de unidad nacional, todavía no bautizado, el que ha sacado a la calle a millones de personas en defensa de la unidad de España, en apoyo al rey Felipe VI y en agradecimiento a la Policía Nacional y a la Guardia Civil. ¿Cuánto tardarán las oligarquías políticas en desactivar estas movilizaciones?

El primer paso ya está dado. Cuando un grupo de jóvenes salió a la calle el 3 de octubre desafiando a la huelga decretada por los separatistas catalanes -acabón sumando a varios miles de personas que marcharon con banderas de España por la calle Balmes- no representaba a ningún partido político. Cuando los ciudadanos de Cataluña se manifestaban frente a cuarteles y comisarías en apoyo a la Guardia Civil y la Policía Nacional, no lo hacían en nombre de ninguna formación.

El movimiento de apoyo a la unidad de España ha desbordado a los partidos y se ha hecho con la calle. Miles de banderas nacionales lucen en ventanas y balcones, y ningún partido político lo ha promovido. Todo ha sido organizado por la propia ciudadanía. Y esto es algo que a los dirigentes políticos les da auténtico pánico. No pueden consentir que sea la nación y no ellos quienes organicen y sean capaces de dar una respuesta en la calle a los separatistas.

Pero ya están dispuestos a desmontar el espíritu del 1-O, como lo hicieron con el espíritu de Ermua. Como preludio a la manifestación de Barcelona del pasado domingo, varias asociaciones civiles, lideradas por la Fundación para la Defensa de la Nación Española (DENAES), organizaron una concentración en la madrileña plaza de Colón. A ella acudieron miles de personas, sin símbolos políticos, solamente con banderas rojigualdas.

En el acto, que había sido oficialmente boicoteado por el Partido Popular, hablaban personalidades de la sociedad civil: Javier Barraycoa, de Somatemps, el periodista José Javier Esparza, de Intereconomía -única televisión que retransmitió la concenctración-, y Santiago Abascal, patrono de DENAES y presidente de VOX. Como el aluvión de gente fue impresionante, mucho más de lo previsto, el PP improvisó y, para apropiarse de la convocatoria, envió al vicesecretario de Comunicación, Pablo Casado. Éste, nada tenía que ver con la organización, hasta el punto de que se le permitió subir al estrado por mera cortesía.

Los medios que habían enviado periodistas a cubrir la concentración se centraron en él. Esa era la estrategia. El éxito, lejos de reconocérsele a la sociedad civil y las organizaciones convocantes, se ha trasferido al PP. Ahora muchos piensan que es un acto de ese partido, el que lleva décadas alimentando el separatismo con su inacción. El partido en el Gobierno, que ha permitido dos referéndums ilegales y no ha actuado todavía contra quienes pretenden -y están cerca de conseguirlo- romper la unidad de España.

El domingo en Barcelona, el éxito de la convocatoria se debe a la sociedad civil. En este caso a organizaciones como Somatemps y Sociedad Civil Catalana, entre otras. Pero los dirigentes políticos de PP y Ciudadanos se apresuraron a coger la pancarta para salir en la foto. Se menospreció a quienes llevan años trabajando por la unidad de España. Muchas veces desde el anonimato y sufriendo el ataque diario de los separatistas. El millón de personas que acudió a Barcelona lo hizo para ganar la batalla al separatismo, apoyar a sus Fuerzas y Cuerspos de Seguridad y vitorear a Felipe VI. Pero ya se lo ha apropiado una oligarquía de políticos que son casi tan culpables de lo que está ocurriendo en Cataluña tras décadas de inacción. Ahora parece que es obra de quienes consintieron el adoctrinamiento de dos generaciones de catalanes en la escuela tras la cesión de la educación a los partidos separatistas.

El doloroso precedente del espíritu de Ermua
Es triste recordar que hace veinticinco años ocurrió lo mismo. El 10 de julio de 1997 era secuestrado Miguel Ángel Blanco, un joven concejal del PP, vecino de la localidad vasca de Ermua. El secuestro fue perpetrado por miembros de la banda terrorista de ultraizquierda ETA. Pedían el acercamiento de los presos etarras a cárceles vascas en un plazo de 48 horas.

Pocas horas después de conocerse el ultimatum de ETA, primero en Ermua, luego en el resto de España, la sociedad civil salió a la calle para decirle a los etarras que no estaba dispuesta a consentir eso.

Por primera vez la sociedad vasca plantaba cara a los terroristas y a quienes les apoyaban. Se enfrentaron a ellos, atacaron las herriko tabernas y acosaron a los miembros de Herri Batasuna, el brazo político de la banda. Durante las cuarenta y ocho horas que mediaron entre el secuestro y el asesinato del joven concejal, millones de personas salieron a la calle en toda España para hacer frente al terrorismo.

Fue un movimiento ciudadano, no organizado. Espontáneo, con la dificultad que implicaba eso en un momento en el que no existían las redes sociales. Pero duró lo que tardó en ser enterrado Miguel Ángel Blanco. En seguida los partidos políticos quisieron apropiarse del movimiento ciudadano. Llegaron las manos blancas, algo que no se había visto en los primeros momentos. El PP quiso apropiarse del mártir, mientras que el PSOE no podía consentirlo.

Los separatistas vascos vieron, en esa desunión, su posibilidad para recuperar la iniciativa ante la sociedad vasca y solamente unos meses después del asesinato, ante la desunión de los llamados constitucionalistas -que ya habían adormecido a la ciudadanía nuevamente- firmaban un pacto al que se adherían dos docenas de partidos, sindicatos y organizaciones separatistas vascas. Entre los firmantes, que pretendían poner fin al pacto de Ajuria Enea, estaban juntos el PNV, Herri Batasuna, IU, los sindicatos ELA y los proetarras de LAB, los grupos del entrono de ETA: Jarrai, Elkarri y los colectivos pro presos. Ese documento era la hoja de ruta para la independencia de la comunidad autónoma vasca.

Ahora el panorama se repite: la apropiación partidista del movimiento cívico contra el separatismo catalán, el mismo que apoya a su rey y a sus Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, está permitiendo que los que quieren romper España tengan aire. Si la sociedad consiente esto, los masivos movimientos de los últimos días no habrán servido de nada.

DE LA NEGOCIACIÓN AL DECRETO LEY
Las gafas de sol del PP o el abismo entre Gobierno y ciudadanía
Rosa Cuervas-Mons gaceta.es 10 Octubre 2017

Dijeron que la deslocalización de empresas supondría el colapso económico de Cataluña. ¿Qué hace el Gobierno del Partido Popular? Abre un atajo que es un ‘sálvese quien pueda’ en toda regla

“Con golpistas no se dialoga”. Es el grito que coreaban algunos de los participantes en la multitudinaria manifestación del pasado domingo por las calles de Barcelona. Cerca, muy cerca de quienes pronunciaban ese evidente principio del arte de la política, un hombre. De gesto serio, casi distraído, el vicesecretario sectorial del Partido Popular, Javier Maroto, miraba para otro lado como para no escuchar esas indicaciones legales. ¿Dirigidas quizá a él? No sabemos. Pero, fuera por eso o fuera por el insistente (a pesar de las fechas del calendario) sol, Maroto cambió sus gafas de ver por unas más oscuras, unas más discretas gafas de sol. Y el gesto no puede pasar inadvertido en una España gobernada por un Partido Popular que hoy es todo menos popular (como perteneciente o relativo al pueblo, decimos) y que parece haberse puesto unas gafas de sol para ver la realidad con un color muy distinto al de quienes, a buen seguro, llenan las urnas con sus papeletas. Veamos por qué.

La negociación
Mientras un clamor popular -este sí- recorría Vía Laietana al grito de ‘Puigdemont a prisión’, el Gobierno de Mariano Rajoy, Soraya Sáenz de Santamaría y de su delegado en Cataluña, Enric Millo, ondeaba una vez más la bandera de la negociación. “Dialogar mucho, buscar puntos de conexión, ceder todos un poco y seguir trabajando juntos”, decía Millo en una entrevista en TV3 en la que apostaba por una solución consensuada en la Cataluña de los golpistas. Es la misma estela que el presidente del Gobierno decidió seguir cuando ofreció diálogo a los separatistas horas después del ‘no referéndum’ y la misma que enfila el Partido Popular cada vez que llama al retorno a la legalidad como condición para empezar a hablar de Cataluña. Prisión VS diálogo.

La Policía
Coches patrulla enterrados en flores; encargos masivos de pizzas para los cuarteles-barco; y aplausos, abrazos y vítores para los agentes de la Policía Nacional y la Guardia Civil desplazados a Cataluña. Era la respuesta con que ‘la gente’ agradecía a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que hubieran mantenido el imperio de la ley tal como sus jefes políticos les habían ordenado.

No recibieron el mismo cariño de los miembros del Gobierno: “Cuando he visto las imágenes, y sé que hay personas que han recibido golpes, empujones e incluso hay una persona en el hospital, sólo puedo pedir disculpas en nombre de los agentes que intervinieron”. Las palabras son, de nuevo, del delegado del Gobierno en Cataluña y, lejos de ser aisladas, fueron corroboradas horas después en Consejo de Ministros. “Si hubo incidentes y hay personas que resultaron perjudicadas, evidentemente todos lo sentimos”, decía el ministro portavoz, Íñigo Méndez de Vigo.

El ministro de Interior, Juan Ignacio Zoido, trató de enmendar la plana a sus colegas afirmando que “no hay nadie en el Ejecutivo que no respalde la actuación policial”, pero sus palabras no parecen ser suficientes para calmar el malestar generado entre Policía y Guardia Civil por la tibieza de su ministro. “En Interior están equivocados y tienen que entender que es un error haber optado por una postura liviana”, decían las asociaciones policiales a La Gaceta tras las primeras jornadas de acoso a los agentes desplazados. Apoyo sin fisuras VS respaldo desigual y vergonzante

El éxodo empresarial
“Sabemos perfectamente que la deslocalización se convertiría en un éxodo, Cataluña entraría en un colapso económico”. Las palabras son, esta vez, del presidente de Empresarios de Cataluña, Josep Bou, que muestra con preocupación la grave situación de vulnerabilidad en que deja a las empresas con sede en Cataluña el golpe de Estado del separatismo. ¿Qué hace el Gobierno? ¿Tranquiliza a los empresarios y garantiza la viabilidad económica de sus firmas porque Cataluña nunca será independiente? No. Aprueba un decreto ley que facilita a las empresas la salida de la Comunidad Autónoma en una indisimulada confesión de debilidad, de ‘sálvense mientras puedan’ que, desde su aprobación el pasado viernes, parece haber encendido la chispa del éxodo. La “triste” salida de empresas de Cataluña no se debe al posible escenario de la independencia, sino a la “irracionalidad y radicalidad” de las políticas del Gobierno de la Generalitat, afirma el ministro de Economía, Luis de Guindos, por toda explicación de la actuación gubernamental. Petición de ayuda VS atajo para salir más rápido.

La negociación, la Policía, las empresas… a horas de una posible declaración de independencia por parte del Gobierno de la Generalitat, sabemos del Gobierno -del mismo que decía que no habría y que no hubo referéndum- que “se va a impedir la independencia de Cataluña”, que se tomarán “las medidas para impedirlo que sean necesarias” y que “la separación de Cataluña no se va producir”. Mariano Rajoy dixit. Sobre el cómo no sabemos todavía nada.

EL HISTORIADOR COMPARA LA SITUACIÓN ACTUAL CON EL GOLPE DE COMPANYS
Stanley Payne: "Como en el golpe de 1934, la posición del PSOE es voluble y muy incierta"
En Cataluña misma, la historia de 1934 se repite en parte en 2017
A. Pérez Periodista Digital 10 Octubre 2017

"No tenemos nada que ceder ni negociar con los golpistas. El que la declare (la independencia), lo mismo acaba como el que la declaró hace 83 años". Esa es la advertencia que el vicesecretario de comunicación del Partido Popular, Pablo Casado, hizo al presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, al que ha comparado con Lluís Companys. El expresidente catalán declaró la independencia de Cataluña el 6 de octubre de 1934, por lo que fue encarcelado.

Y abrió la caja de los truenos. Este 10 de octubre de 2017 el hispanista estadounidense Stanley Payne escribe un soberbio artículo en La Razón en el que compara los dos golpes y cuenta cómo el radicalismo catalanista nunca aceptó una mera democracia autonomista en España, y por ello participó en la insurrección revolucionaria de octubre de 1934, el primer escenario de la Guerra Civil.

Aquel movimiento revolucionario revertió dos años después como una caja de Pandora para los catalanistas, porque entre 1936-37 dominaba la FAI-CNT, no los catalanistas, y la represión de la extrema izquierda revolucionaria condujo a la supresión de gran parte de la autonomía durante 193738 bajo el gobierno de Juan Negrín.

En ese momento, los catalanistas radicales ya no apoyaban lealmente al gobierno revolucionario que habían alentado, sino que traicionando sus principios políticos trataron deslealmente de negociar la partición de España con otras potencias, intentándolo incluso con el gobierno de la Italia fascista.

Durante cuarenta años, los diferentes gobiernos españoles de centro-derecha y socialdemócrata, han ido adoptando la política del apaciguamiento de forma casi constante, con la firme creencia de que ello contentaría a los catalanistas, pero, como muchos otros políticos que en la historia desarrollaron una política de apaciguamiento se equivocaron, y los nuevos líderes del catalanismo radical están consumando otra nueva convulsión. En Cataluña misma, la historia de 1934 se repite en parte en 2017.

Para Payne, el peligro puede radicar en imitar la creación de un sucedáneo del Frente Popular, en el que las izquierdas también rompan la unidad de España. Podemos está dispuesto a aliarse con los partidos catalanistas y vasquistas y otras formaciones nacionalistas para intentar la deconstrucción de España.

Nuevamente en 2017, como ocurriera en 1934, depende mucho de la posición del Partido Socialista, que es voluble y muy incierta. Durante el último año de la Segunda República, el viraje a la extrema izquierda más radical y sovietizada del Partido Socialista pronto llevó a la Guerra Civil. Una repetición en una u otra forma de tal política no sería otra guerra civil, sino posiblemente la absoluta deconstrucción de España como nación.

EN SUBVENCIONES Y AYUDAS
Òmnium ha recibido 20 millones para promover la secesión
La Gaceta  10 Octubre 2017

Òmnium Cultural ha recibido desde 2005 más de 20 millones de euros en subvenciones públicas para incentivar el separatismo.

La Asamblea Nacional Catalana y Òmnium Cultural amasan casi 8,3 millones de euros en activos, según publica este martes el diario ABC. Por su parte, la ANC, que no publica sus cuentas, registra activos de 2,7 millones de euros y asegura que no recibe subvenciones públicas.

Además, informa de que la más veterana de ellas, Òmnium Cultural, ha recibido desde 2005 más de 20 millones de euros en subvenciones públicas para incentivar el separatismo.

El ABC explica que tradicionalmente la Generalitat inyectaba entre uno y dos millones de euros al año en las cuentas de Òmnium y que “la mayor parte de ellas son subvenciones a fondo perdido y otorgadas a dedo, sin concurrencia pública”.

Òmnium ha ido aumentando sus ingresos por subvenciones desde los 2,9 millones de euros en 2011, 3,2 millones en 2012, 4,5 millones en 2013 y 6,6 de 2014.

En 2015 fueron 5,6 millones en ingresos por los 4,4 de 2016. El año pasado las subvenciones solo le supusieron 144.404 euros. Provinieron de varios ayuntamientos y de la Diputación de Barcelona, que fue la más generosa con 90.000 euros.

Cabe recordar que tanto el presidente de la ANC como el de Òmnium, Jordi Sánchez y Jordi Cuixart, respectivamente, están siendo investigados por sedición en la Audiencia Nacional. La hoja de ruta de los separatistas catalanes apuesta, tras una declaración unilateral de independencia (DUI), por desatar “un conflicto de amplio apoyo ciudadano”, orientado a “generar inestabilidad política y económica” para forzar al Gobierno a negociar una separación o un referéndum pactado.

Embargadas tras una denuncia de VOX
Tras una denuncia de VOX, tanto la ANC como la plataforma Ómnium Cultural -organizadoras del aquelarre separatista del 11S y de la protesta por el juicio a Atur Mas por el 9N– han quedado tocadas.

Se les ha embargado 246.500 euros a cada una por una sanción de la Agencia de Protección de Datos por abuso de datos ideológicos. Los hechos se remontan a la víspera de la consulta ilegal separatista del 9N de 2014, cuando estas plataformas separatistas impulsaron una macroencuesta en la que voluntarios de estas entidades visitaron domicilios particulares en Cataluña para recabar datos sobre el apoyo ciudadano a la secesión de Cataluña.

Concentración ante el TSJC
Para este martes la ANC ha convocado una concentración en el Paseo de Lluis Companys, frente al parque de la Ciutadella, y donde se encuentra también el edificio en el que tiene su sede el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, que desde este lunes está custodiado por la Policía Nacional, y no solo por los Mossos d’Esquadra, por orden judicial.

La ANC y Òmnium Cultural han llamado a concentrarse esta tarde, cuando se celebrará el pleno, en apoyo a la declaración de independencia, mientras que la plataforma “Recortes Cero” ha convocado otra concentración para denunciar que la Declaración Unilateral de Independencia (DUI) es una “imposición antidemocrática”.

LA COMPAÑÍA RESPETA "LA LIBERTAD DE DECISIÓN"
El Corte Inglés de Barcelona vende libros infantiles independentistas repletos de esteladas y mentiras
Borja Jiménez okdiario 10 Octubre 2017

El Corte Inglés de Barcelona, en plena Diagonal, vende libros independentistas para niños en los que se cuenta una historia de España bien distinta a la original. OKDIARIO ha podido comprobar que los establecimientos de la cadena en Cataluña no tienen problemas en vender libros que adoctrinan completamente a los niños de cara al independentismo catalán.

El primero de estos libros que hemos encontrado en las estanterías de El Corte Inglés es “La Diada”, de Pilarín Bayés. Un libro infantil cuya portada ya anticipa con sus esteladas el adoctrinamiento que se haya en su interior. A continuación, pueden ver su portada:
El Corte Inglés de Barcelona vende libros infantiles independentistas repletos de esteladas y mentiras

El libro comienza diciendo (por supuesto en catalán) que “todas las naciones tienen su propia fiesta”, gancho que utiliza para comenzar a contar su historia. En el interior del libro, encontramos perlas como las de los dos últimos párrafos del libro:
Y es este espíritu de recuperación de la libertad para construir un país para todos, es lo que hace de la Diada un auténtico símbolo nacional de Cataluña.

Y, como cada 11 de septiembre, los catalanes continúan saliendo a las calles y plazas de pueblos, villas y ciudades, de punta a punta del país, con sus banderas, para recordar aquella amarga derrota y celebrar la Diada de Cataluña.

El otro libro que hemos encontrado en las estanterías de El Corte Inglés de Barcelona (y os podemos asegurar que no hemos estado más de 10 minutos buscando) es “Història de Catalunya”, de Mónica A. Falguera y Fernando Aznar.

El Corte Inglés de Barcelona vende libros infantiles independentistas repletos de esteladas y mentiras
“Historia de Cataluña”, libro vendido en El Corte Inglés.

En una de sus primeras páginas, tal y como podemos contemplar en la siguiente imagen, el autor del libro de historia -para mayores de 11 años- habla del “espíritu de recuperación de la libertad para construir un país para todos, en el que la Diada es un auténtico símbolo nacional de Cataluña”.

El Corte Inglés de Barcelona vende libros infantiles independentistas repletos de esteladas y mentirasEn el libro, encontramos otras perlas que los autores (y El Corte Inglés como vendedor) intenta inculcar a los niños catalanes. Sin ir más lejos, podemos ver cómo en el índice se refieren a la Corona de Aragón como corona catalano-aragonesa,? una denominación que fue establecida en el siglo XIX pero que ya muchos historiadores han determinado como incorrecta y mentira.

OKDIARIO ha preguntado a El Corte Inglés por qué vende esta clase de libros, y desde el departamento de comunicación nos han asegurado que lo hacen porque “están autorizados por el ministerio”, y porque su “espíritu es respetar la libertad de opinión y la libertad de decisión”.
 


 


Recortes de Prensa   Página Inicial