AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 11 Octubre 2017

PP y PSOE negocian la mayor traición de la historia de España
Juan Carlos Bermejo vozpopuli.es 11 Octubre 2017

Cuenta la historia que tal día como hoy de 1698, Inglaterra, Francia y Holanda firmaron un tratado en La Haya dónde se repartían el imperio español como si fuera un solar ante la debilidad de un enfermizo Carlos II.

Afortunadamente, sus planes no se llevaron a cabo ya que el rey tuvo un inesperado gesto, apoyado por el pueblo, que desembocó en la guerra de secesión y en el cumplimiento de lo establecido en su testamento.

El periodista Carlos Cuesta, sin duda uno de los mejor conectados con las altas esferas de Moncloa, publicaba el lunes que Mariano Rajoy ofreció a Carles Puigdemont, a través de intermediarios, una reforma constitucional extremadamente favorable para Cataluña si renunciaba a la declaración de independencia, o bien su procesamiento.

Este es el contenido de la propuesta de reforma constitucional ofrecida a Puigdemont, que cuenta con el visto bueno del PSOE, en el caso de que se retracte de la declaración de independencia:

Cataluña es una nación constituida como estado libre asociado al reino de España para seguir en la Unión Europea y no perder sus privilegios.
Nuevo modelo de financiación similar al cupo vasco-navarro. Agencia Tributaria, Seguridad Social y Sistema de Pensiones propios. Las ventajas fiscales supondrían al resto de España un déficit de 60.000 millones de euros anuales.

Representación exterior propia con embajadas catalanas independientes de las de España en todos los países y organismos internacionales. Cataluña sería una nación diferente de España a estos efectos.

Las dudas de Puigdemont estriban en que dicho cambio constitucional debe ser aprobado en referéndum en toda España, y, aunque gozaría del apoyo del PP, PSOE y Podemos en el Congreso junto con todos los medios a su servicio, no tiene garantías de salir adelante en referéndum, por lo que Puigdemont exige que sea aprobado en el Parlamento sin ser sometido a referéndum.

Si el tema sale adelante, se trataría obviamente de la mayor traición a España desde la que perpetró el conde D. Julián en la batalla de Guadalete hace 1306 años y que supuso ocho siglos de ocupación musulmana.

Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado informaron al Gobierno que un equipo de intervención de élite podría detener sin problemas a los líderes sediciosos en una operación realizada de madrugada y trasladarlos a los calabozos de la Audiencia Nacional

Todo lo anterior está en la línea seguida por Rajoy, quién no ha movido un solo dedo para restablecer el orden constitucional y la ley en Cataluña, dejando indefensos a los catalanes no nacionalistas y haciendo caso omiso del mandato imperativo del Rey, cuya intervención televisiva intentó impedir hasta el último momento sin éxito.

El lunes pasado mandos de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado informaron al Gobierno que un equipo de intervención de élite podría detener sin problemas a los líderes sediciosos en una operación realizada de madrugada y trasladarlos a los calabozos de la Audiencia Nacional. Rajoy se negó en redondo a detener a los sediciosos y hoy el riesgo de enfrentamiento armado y civil es un hecho.

Sin embargo, con Rajoy esperando que un milagro arregle lo que él no ha sido incapaz de hacer, este milagro parece que por fin se está produciendo.

De la misma manera que el 2 de mayo de 1808, ante un Rey felón, un gobierno y una cúpula eclesiástica postrada ante Napoleón fue el pueblo quien salvó a España, de nuevo el pueblo, indignado de un lado a límites nunca vistos por la impunidad y el desprecio a la ley en la que se mueven los sediciosos, y por otro temeroso ante las devastadoras consecuencias económicas de la sedición, ha reaccionado.

Los ahorradores y consumidores han conseguido detener la sedición temporalmente, pero probablemente no podrán impedir que finalmente haya víctimas de este despropósito cuyo máximo responsable es Mariano Rajoy, y que ahora, junto con Sánchez, negocia la mayor traición a España jamás vista.

Rajoy está tolerando que, nuevamente en España, unos golpistas hagan saltar la democracia por los aires para imponer una tiranía.

Exijo a mi partido, Ciudadanos, por los hechos irrefutables acaecidos y ante la deslealtad manifiesta, que le retire el apoyo parlamentario a este infame personaje, que deberá ser procesado por traidor en un futuro próximo, y convocar elecciones generales.

PD: Hoy les dedico el tema “If You Tolerate This Your Children Will Be Next” de Manic Street Preachers https://youtu.be/W_IFHYzk0rY

El esloveno
Es hora de poner fin sin remodimientos a esta mijiganga. España ya tiene una amarga experiencia de treguas trampa
Ignacio Camacho ABC 11 Octubre 2017

EN su comentario al golpe de Luis Bonaparte, Marx corrigió a Hegel con aquella sentencia tan célebre de que la Historia se repite dos veces: una como tragedia y otra como farsa. La independencia diferida de Eslovenia, en la que trata de inspirarse Puigdemont, tuvo su inevitable parte dramática; costó un centenar de muertos y abrió camino a la catástrofe balcánica. Como modelo resulta, pues, de lo más sugestivo para convertirlo en una bufonada. Acabáramos: después de haber querido parecer escoceses, eslovacos, quebequeses o bálticos, los separatistas catalanes nos traen una falsilla yugoslava.

Pero España no es la Serbia poscomunista de los 90; es una plena nación democrática. Y como tal debe ejercer sin remordimientos la autoridad necesaria para poner fin a esta siniestra mojiganga. Los exegetas del marianismo tal vez se den por satisfechos interpretando que el desafío de secesión se resquebraja; y tendrán su parte de razón porque sin duda el pulso les ha temblado a los soberanistas al punto de hacerles perder parte de la cohesión y la autoconfianza. Precisamente por eso es hora de que el Estado, y en su nombre el Gobierno, aproveche la primera oportunidad en que goza, en este conflicto, de una cierta ventaja. Y no para aceptar mediadores ni diálogo sino para tomar la iniciativa y jugar la partida con sus propias cartas. El peor error que podría cometer Rajoy en este momento es darse por satisfecho con este intervalo suspensivo y seguir haciendo lo que mejor sabe, que es nada. Este país dolorido ya tiene una amarga experiencia de treguas-trampa.

Desde que empezó este juego delirante, España ha llegado a todas las citas tarde. Sin embargo en esta ocasión dispone de una circunstancia aprovechable. Detrás de su victimismo de serie, de su aire buenista, de la falsa mano tendida y de la venenosa oferta de distensión, el adversario ha pestañeado; ha mermado en consistencia y ya no mira con la misma superioridad arrogante. Más allá de la queja por las cargas policiales, la defensa del referéndum carecía de contundencia porque fue una vergüenza, un pucherazo, y el propio Puigdemont lo sabe. Su baza es ahora la presión negociadora en el ámbito internacional, donde su hegemonía propagandística resulta innegable.

Pero el Estado, que tantas veces ha caído en el autoengaño, no puede aflojarse; no mientras la independencia sea considerada un derecho ganado y esgrimida a plazos como amenaza. El constitucionalismo tiene a su favor la ola de energía moral despertada en las últimas semanas entre la población española, y expresada en el discurso del Rey con términos tajantes y palabras clarificadoras. El liderazgo de Rajoy está a prueba; emparedado entre su talante cauteloso y una abrasiva tensión política, le vuelve a tocar una responsabilidad histórica. Hay revoluciones que triunfan y otras que fracasan pero nunca ninguna se ha sofocado sola.

La gran farsa separatista
Sigue la farsa surrealista de los separatistas con la DUI en diferido
Francisco Morales Lomas diariosigloxxi 11 Octubre 2017

Puigdemont sigue con la farsa tras la DUI que es pero que no es, pero que será… Para muchos es tan clara la estrategia separatista que las razones para el diálogo pierden su razón de ser.

Su objetivo final siempre será la independencia.

Y todos los pasos que se están dando, a partir de la laminación del Estatut por el Constitucional en 2010, es llegar a esa meta. Los papeles encontrados a Junqueras lo dicen muy claro.

Hasta que llegue esa fecha, su objetivo inmediato es alcanzar que haya un 55% o 60% de ciudadanos que decidan independizarse de España. Cuando llegue este momento, será imparable la misma. Ni todos los tanques del mundo podrán detenerla. Ahora toca “parecer dialogantes” cuando se han saltado a la torera todas las legalidades habidas y por haber llegando al surrealismo en diferido.

Los independentistas son conscientes de que en estos momentos no hay suficientes ciudadanos y crean la estrategia de la máxima tensión/distensión para que el estado dé pasos en falso y consigan el apoyo internacional. Toda su estrategia se dirige a conseguir convencer al mayor número de ciudadanos de que en una Cataluña independiente y republicana vivirán mucho mejor y habrán dejado lejos al resto de un país que –según ellos- nunca lo ha estimado.

El 1-0 consiguieron dar un paso más ayudados por la funesta actuación de las fuerzas de seguridad. Hoy al vuelto al esperpento. Entonces lograron lanzar al mundo el mensaje de que unos pobres ciudadanos que deseaban expresar su opinión democráticamente han sido “masacrados” por las “fuerzas represivas franquistas”. Es una noticia que, ante la idiocia y el desconcierto mundial, vende mucho. Desgraciadamente es fácil seducir con estos argumentos a los ciudadanos de EE.UU. o Japón cuando ven a un anciano que recibe un golpe de un policía. Ayer quisieron lanzar al mundo que son dialogantes y el gobierno de Rajoy es “dictatorial” porque sabe que le han colado un gol en forma de DUI.

Pero todo forma parte de una gran farsa en la que tanto ANC como Omnium Cultural están siendo unos expertos en el manejo de la masa en la calle frente a un estado incapaz de tomar iniciativas yendo siempre a rebufo del liderazgo separatista como corredores gregarios detrás de un imposible.

¿El presidente del gobierno, con todo el servicio secreto detrás de él, no se ha dado cuenta de esto después de tantos años? Resulta increíble pensar que no ha sido así. Los catalanes quieren ser independientes desde la Guerra de Sucesión Española cuando Felipe V implantó los Decretos de Nueva Planta, por poner una fecha muy significativa, aunque la historia incluso es anterior. Y siempre que han tenido oportunidad y se les ha dado algún pretexto lo han intentado.

Rajoy se tenía que haber dado cuenta de esto y no haber ayudado con su inacción o sus campañas contra Cataluña a elevar el número de independentistas. Se ha visto que no sabe manejar este asunto y no sabrá hacerlo ya desgraciadamente.

A los catalanes que no son independentistas no se les puede dar pretexto alguno para que se conviertan en lo que no son. Pero desgraciadamente Rajoy lo ha dado.

Todo los lodos que se han producido después son consecuencia de aquellos polvos.

Contra la sedición y el delirio político, representación
Luis Riestra vozpopuli.es 11 Octubre 2017

Seguramente, tan pronto han leído el título, munchos habrán pensado "No hombre no, qué dice, ante la sedición, Constitución", y tienen razón, porque la Constitución es la norma superior que regula nuestra convivencia, protegiendo nuestros derechos fundamentales y dando amparo a todo un sistema de garantías y leyes, como el Código Penal, que es lo que hay que aplicarle a la pandilla de facinerosos que se ha apoderado de las instituciones de Cataluña. Salirse de ese marco legal, como vienen haciendo los nacionalistas desde hace años, sería tanto como entrar en la ley de la selva. Vale, pero y después de aplicar la Ley, qué, cómo liberas a una parte de España de tanta mentira y delirios políticos.

Mentiras y manipulación
El Establishment político y cultural actual, el de la generación sociópata , el que sale de un sistema electoral no representativo, ha fijado que si Franco utilizó o manipuló algo, ese algo queda descartado, salvo, claro, si sigue enriqueciendo a dicho Establishment, que muchos de ellos son casta descendientes de "franquistas", como el "generalísimo" Puigdemont, ese oscuro personaje practicante de la brujería como Hugo Chávez, ah, y si cuentas lo del abuelo de alguno, se querellan y multa al canto.

Ejemplos de mentiras y manipulaciones establecidas hay cientos, como la bandera con el águila de san Juan, la del escudo de los Reyes Católicos , que "todo" el mundo dice que es preconstitucional cuando no es cierto y con esa bobada montan su fiesta, o que los godos son malísimos , o la palabra "nación", solo permitida para referirte a un invento local, o "la patria", término usado con naturalidad en todas partes (Homeland Security, Home Office, etc.) menos aquí, claro, que vamos de inventores; o sustituir a España por su Estado, el "Estat", y hecho todo con la clara intención de adormecer al sujeto constituyente para expoliarle con sus experimentos o directamente destruirlo . Pues va a ser que no, dados los patrones históricos de España.

Crisis y sujeto constituyente
El caso es que, como llevamos años advirtiéndolo, vendrá una crisis que pondrá en peligro la existencia misma del sujeto constituyente (de nosotros, de España), que es uno de los postulados más duros de la Teoría Generacional, que también nos dice que dicha crisis ocurre al final del ciclo generacional que dura casi cada cien años; la última empezó en el entorno de 1930, llevó al enfrentamiento de dos mesianismos políticos y terminó fijando el orden y el pensamiento de una Era que hoy nos llevan al riesgo existencial.

Una de esas mentiras, tal vez la más delirante, requiere la siguiente aclaración: la unidad de la patria, del sujeto constituyente, no es "decidible", ni negociable, ni votable, ni nada por el estilo, punto final. No puede haber referéndums de independencia, aquí no se está voluntariamente y el día que se permitan será el suicidio de España y, por tanto, de Cataluña. Por ejemplo, cuando venga la crisis dura, la de verdad, la del siglo , que esta de Cataluña solo está espabilando algo al miura que tienen drogado y afeitado con tanto invento, mentiras y adoctrinamiento, y empiecen los problemas en el sur, que ha metido su sujeto constituyente aquí, los españoles no podemos decidir regalarle Ceuta y Melilla, o Las Canarias, a Marruecos, aunque Podemos y los nacionalistas estarían encantados.

¿De dónde vienen pues esas propuestas tan absurdas y cómo llegan los hispanófobos y otros grillados al Gobierno? Pues por el pensamiento de una Era y por el orden actual, que incluye un sistema electoral no representativo. Todo eso cambiará si superamos la crisis del siglo, cosa que no será fácil, nunca lo es, pues es existencial; pero este miura ya ha superado más de una lanzada secular, en concreto al menos 15 .

El mesianismo político
Que es como he denominado a nuestro zeitgeist o pensamiento de una Era (o siglo, ciclo),denominaciónque ya es de aceptación general y cuya característica principal es la sacralización mitológica de la Política, con sus "grandes" lideres, como Hitler, Mussolini, Lenin, Stalin, Tito, Chávez, Pujol o Franco, donde la tierra, la "terra", es sagrada, hay un pueblo "elegido" con una lengua sagrada y un enemigo ficticio a eliminar, donde los "líderes" ofician sacramentos, con símbolos sagrados (bandera, himno, tumbas, próceres - normalmente felones genocidas -, etc.), fiestas de guardar (La Diada, o la paradigmática del mesianismo político Alderdi Eguna) Y ya, lo más terrible, el aspecto de inmolación y sacrificio, que si se lo montaran en sus estancias, pasaría, pero se lo hacen a los demás como holocausto por la causa; ellos a disfrutar sus ideicas, para robar y amasar fortunas en Suiza, Andorra, etc. Es todo una gran mentira para delinquir.

Luego hay un mesianismo suave, como la "marea blanca", que va muy bien a los felones nacionalistas y otros hispanófobos, que lo manipulan todo, y que, con su aspecto bondadoso y civilizado puede tener su aspecto benéfico, aunque divida al sujeto constituyente en este su duro trance. El problema es cómo propones que negocien con delincuentes a los que hay que aplicarles la ley haciéndolo sin que nos matemos entre nosotros, que es justo lo que quieren los felones para liarla, evitar los tribunales y para que los titulares internacionales de periodistas ignorantes que no tienen audiencia la tengan; aunque ya ha habido un muerto, un policía nacional del que nadie habla .

Desnacificar Cataluña
Obviamente, nuestros nacionalistas no son nazis, que todos sabemos lo que son los nazis y estos felones nuestros son muy mediocres, pero hacen sus cosucas. Y, siendo cierto que el patriarca del invento, Jordi Pujol, estudió en el colegio alemán con el programa nazi, o que lo del complejo mediático de TV3 (¿ cerrarlo ?) y el sistema educativo nacionalista catalán es una fábrica de abducidos, no es nazismo, por eso lo ponemos con "c" y no con "z"; pero es, aunque no tanto, también intolerable. Digamos que no levantan el brazo en alto a lo romano, bueno, sí, pero con un dedo menos - cosa que viene de otro invento -, pero nazis, nazis, no son.

Se podría llenar el artículo de enlaces con pruebas abrumadoras, esas que la prensa hispanófoba local y global no publica pero que todos conocemos aquí; toca pues hacer un trabajo, igual que se va a manifestaciones por España, corrigiendo a los periodistas de sus graves errores y llamándolos a la responsabilidad, que somos casi treinta millones de adultos agredidos por un millón y pico de abducidos, y hacerlo aunque los troles con antifaz y seudónimo nos amenacen, como me ha ocurrido la semana pasada en twitter.

También es cierto que la mayoría de nuestros abducidos los son queriéndolo, pues muchas de las mentiras del nacionalismo, una lista larguísima, son evidentes, normalmente bienes mayores inventados para justificar sus abusos, como el caso de "los paisös catalans" que, a poco que uno rasque la Historia, el invento canta y solo se mantiene por el mamporrerismo traidor de la "izquierda" hispanófoba que gobierna en buena parte de España y que está encantada con la "marea blanca", que menudo roto cultural están haciendo en el Levante y las Islas: ni Franco, vamos, y seguro que poner a una de TV3 en la TV Valenciana, no tienen nada que ver . Hasta que termine de despertar España, harta de que le apliquen inventos y experimenten con ella.

Hay una víctima de las cosucas nacionalistas y que querría destacar. Es el de un ejecutivo holandés ( enlace al testimonio ) que ya no aguanta tanto sectarismo y se irá de Cataluña; lo hago, entre otras razones evidentes, porque me recuerda, ahora que se "van" las empresas de allí, a una discusión que tuve en una comida con un CEO del IBEX (que recibirá el enlace de este artículo), cuando no lo era, hace unos veinticinco años, y que, al rebatirle sus inventos, como no tenía argumentos, el abducido, que ni ha nacido en Cataluña, cogió una servilleta, me dibujó un mapa de España con la partes que se independizarían según él y me la lanzó displicentemente en la mesa.

Así son el orden y el pensamiento dominante, en el que a unos se les mima y a otros a la sentina , pero que destruye nuestro país y yo, que he padecido inventos y supremacismos varios (a cuál más hilarante), que he visto destruir países y tragedias horribles (cupo lleno), tras las olimpiadas del 92 y haber vivido más de cinco años allí, me fui, aunque, por razones afectivas muy profundas, vuelvo brevemente siempre que puedo. Lo que viene es terrible, porque el nacionalismo y el neo-comunismo, aquí en clara alianza hispanófoba, siempre han traído muerte y destrucción, y sus rufianes han puesto sus sucias manos en una parte de nuestra patria, consiguiendo que nuestros paisanos hagan el mal a sabiendas y con empeño.

Quina truita
Ahora toca hacer la tortilla y estos personajes, conocidos por todos, tienen un montón de delitos de los que dar cuenta ante los jueces, que yo espero que a alguno lo inhabiliten de por vida para contratar con "lo público" y que se haga su brujería en la cárcel. ¿Pero, cómo han llegado hasta ahí? Pues por el sistema electoral proporcional de listas de partidos, está claro. Ya basta de experimentos partitocráticos, que al final gobiernan los grillados. Necesitamos un sistema electoral donde el ciudadano elija el representante, única forma de que haya responsabilidad política y de que los gobernantes se parecerán al español medio y no, como algunas fotos de gobiernos (municipales, autonómicos, etc.) que parecen salidos de un psiquiátrico. Aprovechemos pues que el sujeto constituyente se ha medio espabilado y quiere Democracia y empecemos por la representatividad, ese es el camino correcto. Hagámoslo.

Hay que dialogar y negociar
Liberal Enfurruñada okdiario 11 Octubre 2017

Cuando el 23 de febrero de 1981 el teniente coronel Antonio Tejero, pistola en mano, asaltó el Congreso de los Diputados a las órdenes de los generales Armada y Milans del Bosch y desde la tribuna gritó aquello de: “¡Quieto todo el mundo!”, los españoles no tuvimos que sentir la vergüenza de ver a ningún político con este rollo de DIALOGAR Y NEGOCIAR con los golpistas. Como es lógico, lo único que todos queríamos entonces es que se frenara el golpe de Estado, que se detuviera a sus responsables, que se les juzgara y que cumplieran sus condenas. Asombrosamente, estos días asistimos al bochornoso espectáculo de ver a muchos de los políticos actuales, que dicho sea de paso no llegan a la suela de los zapatos de los de entonces, intentar convencernos de que con los golpistas de ahora sí hay que DIALOGAR Y NEGOCIAR. Bueno, vale, puede ser, siempre que los temas a tratar sean estos y no otros.

Los golpistas, los que nos han traído hasta aquí, deben empezar por DIALOGAR Y NEGOCIAR con jueces y fiscales la fecha y hora en la que se van a entregar. Si deponen voluntariamente su actitud y se entregan sin ir más allá, sin causar más violencia ni desmanes, a lo mejor podríamos conformarnos con que los inhabiliten de por vida y pasen en la cárcel el tiempo imprescindible que marque la ley, siempre que devuelvan de su propio peculio todo el dinero que han hecho gastar ilegalmente a la administración. No hay nada más que hablar con ellos.

Con los partidos independentistas tenemos que empezar ya a DIALOGAR Y NEGOCIAR las medidas necesarias para que esto no pueda volver a pasar. Tenemos que llegar a un acuerdo sobre el proceso por el que van a devolver las transferencias en educación, para que los pobres niños catalanes dejen de ser manipulados con sus mentiras. También hay que ver cómo van a sacar sus sucias manos de todos los medios de comunicación con los que, hasta ahora, han estado insultándonos a todos a diario; privatizando los que puedan ser rentables y cerrando todos los que no se puedan privatizar. Y, por supuesto, se deben eliminar las subvenciones a medios de comunicación y tratar con absoluta transparencia los contratos públicos que les afecten. Y también tenemos que hablar sobre qué se hace con los miembros de los Mozos de Escuadra cuando se cierre ese cuerpo y se juzgue a sus mandos. Respecto a todo el dinero que hasta ahora han robado hay poco que hablar, ahí la justicia debe actuar con toda la dureza posible para que lo devuelvan y cumplan sus condenas hasta el último día.

Y con Podemos y todos los que se han retratado como enemigos de la ley y el orden, los únicos que tienen que DIALOGAR Y NEGOCIAR son sus antiguos votantes y el PSOE que los respalda. Ya han comprobado que su principal interés es romper España y que sueñan con provocar una guerra civil tras la que poder convertir los restos que queden en un régimen comunista. Sus votantes, junto con el PSOE, verán cómo los sacan de las instituciones. Los demás debemos ponernos de acuerdo para reformar la Constitución de forma que los partidos regionales pierdan el poder de chantaje que tienen ahora, y para recuperar las competencias en Educación, Sanidad y Fiscalidad. También tenemos que hablar para ver si queremos que siga saliendo tan barato escupir sobre nuestros símbolos, o decidimos que los vamos a empezar a hacer respetar. Efectivamente, hay mucho sobre lo que DIALOGAR Y NEGOCIAR, cuanto antes empecemos mejor para España.

Los golpistas, a sus anchas
Rosa Cuervas-Mons gaceta.es 11 Octubre 2017

Dice el refrán popular que ‘no hay peor ciego que el que no quiere ver’ y, como casi siempre, el refranero castellano acierta.

Algunos dirán que hubo un paso atrás; otros que un acobardamiento de Puigdemont y otros, más escatológicos, enarbolarán ese chiste que corre como la pólvora por las redes sociales, el de que ‘Dodot se traslada a Barcelona’… Pero lo cierto y verdad es que este martes, chiste arriba, chiste abajo, tras la comparecencia de Carles Puigdemont en el Parlamento catalán, seguimos con un Gobierno autonómico instalado en la ilegalidad, que hace ley de un texto ilegal aprobado con menos garantías que en la Venezuela de Maduro y que proclama la República catalana para desproclamarla después y tender la mano al diálogo con un único objetivo y una única salida: la separación de Cataluña del resto de España. O eso o nada. Y a eso, con pañales o sin ellos, se le llama chantaje.

El documento oficioso
Poco ha cambiado, por tanto, en las últimas horas. Salvo que el Consejo de Ministros extraordinario convocado desde las 09.00 de este miércoles decida, por fin, tomar medidas firmes como exigen el Rey, la ciudadanía y el sentido común, seguiremos ante un golpe de Estado a cámara lenta que persigue acabar con la España que conocemos.

Así lo quiere la CUP; así lo quiere Juntos por el Sí, y así lo quiere ERC, todos ellos firmantes del documento oficioso que reconoce la República Independiente de Cataluña. Son los golpistas, los que llevan a España al desastre sin encontrar, hasta ahora, la resistencia que se espera de todo un Gobierno nacional.

Fiesta Nacional
Ojalá a lo largo de esta jornada que comienza podamos contar noticias nuevas. Ojalá podamos escribir que, por fin, hay una reacción contundente ante quienes desean dividir a un país que, por cierto, está en la víspera de celebrar su Fiesta Nacional , esa que recuerda sólo algunos de los muchos, muchísimos, motivos para sentirse orgulloso de ser español . A ver si la fecha ayuda…

España sin complejos
No ha hecho falta que juegue la selección española de fútbol para que España, sin complejos, se llene de banderas rojigualdas
Antonio Burgos ABC 11 Octubre 2017

Cuando di el pregón de la Semana Santa de Sevilla, tuve tanta oportunidad de desgranar sentimientos y recuerdos, que en vez del protocolario «He dicho», mis palabras finales fueron: «Señores, ustedes me dirán qué se debe aquí». Algo así quizá, y a lo mejor antes de lo que pensamos o de lo que nos tememos, habrá que preguntarles a los golpistas separatistas que prepararon el referéndum ilegal para la pretendida independencia de Cataluña: «Señores, ustedes nos dirán qué se debe aquí». Qué se les debe porque su peligrosa senda lleva al lugar que ellos quieren que conduzca, pero también nos ha conducido a otro que ni a soñar que nos echáramos hubiésemos pensado que lograríamos: que los españoles sintamos el orgullo de serlo, sin complejos, sin vergüenza, con la misma valentía con que hasta ahora sólo se podía usar remando a favor de corriente, es decir, de lo que llamamos lo políticamente correcto, entre lo que estaba la propia negación de España, del Estado resultante de la Constitución de 1978, de su Monarquía Parlamentaria, de su Rey, de su bandera, de su Marcha Real, de sus Ejércitos y Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, de la Patria española en suma.

Hasta ahora era necesario que jugase la selección española de fútbol para que pudieras salir a la calle con la bandera de la nación o ponerla en tu balcón sin que te llamaran «facha». Lo más de agradecer de las actuales tristes circunstancias del separatismo, a cuyas desgracias, como ven, les doy la vuelta y las miro por el otro lado, por lo mucho de positivo que tienen, es que aunque la selección española, la cobardemente llamada «La Roja» por no mentar el bendito nombre de nuestra Patria, no va muy malamente para el Mundial, y podíamos haber llenado España de banderas tras sus últimos triunfos, y su nueva generación de antiguos Sub 21 incorporados a la de primera fila... Lo más positivo de esto, decía, era que no ha hecho falta que juegue la selección española de fútbol para que España, sin complejos, se llene de banderas rojigualdas, sea en la plaza de Colón de Madrid, sea en la Vía Layetana de Barcelona, sea en el último pueblo de Castilla o de Andalucía.

En vísperas de la Fiesta Nacional del 12 de Octubre (de la otra, de la Tauromaquia, mejor no hablar), me quiero quedar con esta interpretación («lectura», que dirían los que hablan tertulianés) de este nuevo «escenario» (que se dice en la misma lengua televisivo-radiofónica»), del que hay que sacar las consecuencias más positivas, pese al discurso del Puigdelosdemonios de ayer. Sí, le hemos dado demasiado hilo a la cometa catalana, desde tiempos de Suárez a esta parte, y en los últimos meses vamos de furgón de cola del separatismo, actuando a remolque de las decisiones de los que quieren sencillamente irse de España, ayudados además por los que quieren aprovechar la oportunidad no para cambiar de Gobierno, que expresarlo en términos democráticos, sino para «echar a Rajoy», que es lo que les pide el cuerpo. Hemos consentido demasiados agravios contra la lengua española, cooficial en aquella parte del antiguo Reino de Aragón. Hemos mandado demasiados miles de millones para que sean niños buenos y no hagan rabona y falten a clase cuando se pase lista de las tierras de España. Pero no sé qué resorte sentimental se ha tocado, quizá como aquel «que se los llevan» del 2 de mayo de 1808, que si otros ven un cambia con marcha atrás de los separatistas, yo, quizá iluso, advierto ese cambio en la actitud de los españoles que queremos seguir siéndolo y en todo el territorio patria. Así, señor Puigdelosdemonios, usted me dirá qué se debe aquí por conseguir con su separatismo que no haga falta que juegue la selección española de fútbol para que llenemos España de bandera rojigualdas y de sentimientos de afirmación en la libertad, en la democracia y en la Constitución del Reino. ¿Se puede decir «Viva España»? Pues ¡Viva!

Una estrategia contra el separatismo
Pío Moa lagaceta.eu 11 Octubre 2017

El separatismo se compone hoy de unos grupos de perturbados que dirigen a una masa de personas histerizadas y fanatizadas. Los perturbados aspiran a dominar una región de España haciendo creer que sus habitantes son superiores a los demás españoles y están oprimidos por estos. En rigor no son catalanistas o vasquistas o lo que sea, sino propiamente antiespañoles, porque tienen una visión tan negativa de España y su historia, como positiva de sus propias virtudes, ambas visiones perfectamente falsas. Sus prédicas se componen a partes iguales de un desmesurado narcisismo regional y del correspondiente victimismo.

Estas cosas que siempre se darán en todas las sociedades, no son muy preocupantes mientras sean mantenidas a raya. Pero hoy han llegado a ser sumamente graves, y puede provocar reacciones de pánico o contraproducentes. Algunos hablan de emplear el ejército, lo que sería absurdo, otros de detenciones generalizadas de los golpistas, etc. Conviene diseñar estrategias para volver a la normalidad. Y esa estrategia no puede trazarse sin tener en cuenta cómo se ha llegado hasta aquí, y cuáles serían los medios más eficaces y económicos para volver a la normalidad.

El separatismo cobró fuerza en España después del “Desastre del 98”, y fue una de las causas principales del derrumbe del régimen de libertades de la Restauración. Casi desapareció durante la Dictadura de Primo de Rivera, para volver a fortalecerse y convertirse en una causa del desastre de la república, en lo que esta tenía de democrática. Ha sido un ariete contra todos los regímenes de libertades en España. Y en el franquismo prácticamente quedó superado.

Que esta última afirmación es cierta, lo prueban dos cosas: al iniciarse la transición podía temerse que, como ocurre en momentos de cambio histórico, la opinión popular diese un vuelco a favor de cualquier cosa que se presentase como nueva; pero ello no ocurrió. Los separatismos eran tan débiles que aparentaban aspirar solo a la autonomía. Y por eso el gobierno de UCD se apresuró a facilitarles la reorganización, con dinero, todo tipo de facilidades mediáticas y complacencias políticas. Un par de datos pueden dejarlo claro: para facilitarles las cosas, Suárez puso en marcha, ilegalmente, las llamadas “preautonomía”, y en Cataluña invitó a Tarradellas a presidirla. Tarradellas era uno de los poquísimos políticos que en el exilio había aprendido algo de la historia, y demostró incluso respeto por la obra de Franco. Pero lo significativo fueron las palabras oficiosas de Suárez: “Por primera vez desde hace siglos el hecho catalán se aborda desde el gobierno de la monarquía y desde Cataluña sin pasiones, sin enfrentamientos, sin violencias, sin plantear a priori hechos consumados ni acciones de fuerza”. Según aquel botarate, la integración de Cataluña en España se había debido hasta entonces a violencia y acciones de fuerza. Con lo cual legitimaba de lleno el separatismo y deslegitimaba la unidad nacional española. Aquellas palabras marcarían la línea, el espíritu de la política en lo sucesivo.

El segundo punto que prueba la debilidad del separatismo fueron las elecciones. En las anteriores, de 1977, una coalición de separatistas- autonomistas, aparentemente moderados, había logrado mayoría en Gerona y Lérida, con Barcelona para el PSOE y Tarragona para UCD. En las de 1979, solo dos años después, los separatistas perdían las cuatro provincias: Gerona y Tarragona pasaron al PSOE, y Lérida a UCD. La pregunta es: ¿cómo han podido evolucionar las cosas para que en la actualidad el PP, heredero de UCD, se haya vuelto irrelevante y el PSOE esté en vías de lo mismo, mientras los radicalismos antiespañoles han conseguido fanatizar a grandes masas e imponer una dictadura en la práctica?

La respuesta, grosso modo, puede encontrarse en la política seguida desde la UCD, tanto por el PSOE como por el PP, concediendo a los separatistas la hiperlegitimación contenida en las palabras citadas de Suárez, un necio frívolo e ignorante, aunque “avispado”, como han sido casi todos los políticos españoles desde entonces. Puede decirse que sentó escuela.

Esa hiperlegitimación se tradujo inmediatamente en política práctica: los gobiernos españoles han venido alentando, justificando y financiando los separatismos. Hecho probablemente único en el mundo. Y no se han contentado con ello: sus partidos (PP y PSOE) en las diversas regiones se han puesto a la cola de los separatistas, con más o menos reticencias, aplicando políticas similarmente y antiespañolas. Es más las personas que en dichas regiones protestaban contra aquellos desmanes fueron marginadas y desprestigiadas desde el poder. Los gobiernos han permitido a los separatistas infringir las leyes (con lo cual las infringían ellos mismos), les han regalado la enseñanza, medios de masas, les han permitido hacer una ilegal política exterior paralela a la oficial y contraria a ella, y han obligado a todos los ciudadanos a pagarla; y los resultados están a la vista. El cúmulo de fechorías perpetrado por estos gobiernos contra la ley, contra la democracia y sobre todo contra España, llenaría muchas páginas.

Pero no se trata ahora de entrar en recriminaciones, pese a que algunos venimos advirtiendo y denunciando estos hechos año tras año y en vano. Se trata, en primer lugar, de entender cómo los separatismos no han partido de un estado de opinión previo ni han crecido por sí mismos, sino fundamentalmente porque los gobiernos que teóricamente representaban a España les han procurado, el ambiente, el dinero y los recursos mediáticos, educativos y de todo tipo, para que prosperasen hasta llevar al país a una crisis histórica. Y, en segundo lugar, las políticas impuestas hasta ahora nos indican precisamente la política a seguir para ir curando ese cáncer: se trata de hacer lo contrario. Sus efectos no serían inmediatos y requerirían tiempo aunque, desde luego, no tanto como el que han necesitado los separatistas para acercarse tanto a sus fines. La autonomía quedaría abolida en la práctica, no necesariamente de iure; sus dirigentes privados de sus cargos o de la posibilidad práctica de ejercerlos, retirándoles la financiación e imponiéndole fuertes multas (meterlos en la cárcel podría ser contraproducente); los mozos de escuadra sustituidos; ocupados los grandes medios de masas para lanzar desde ellos campañas explicativas sobre la realidad histórica y actual, desmontando el discurso separatista y poniendo de relieve su carácter delirante, etc.

La respuesta de los separatistas consistiría probablemente en fomentar el caos en Cataluña mediante huelgas, movilizaciones en las calles, sabotajes, tratando de crear focos de atención de los medios de masas internacionales, como en Libia, Siria o Egipto; etc. Pero no habría mucho inconveniente (económico, sí, pero es un coste inevitable), en permitir hasta cierto punto esas movilizaciones y el caos consiguiente, controlándolos, organizando también manifestaciones antiseparatistas, hasta que se agotasen por cansancio. El Estado conserva dos fuerzas esenciales: la financiación y las fuerzas armadas. La contrafinanciación debe emplearse a fondo y sin reservas, la policía de modo ponderado y paciente, y el ejército solo de modo indirecto, para impedir que la situación se saliese de madre.

Cualquier idea de cambiar drástica y rápidamente la situación creada me parece irrealista. Es preciso que los catalanes razonables se vean muy apoyados por el gobierno, y que los histerizados por el separatismo comprendan adónde llevan esos delirios. Y ello, insisto, no será cosa de dos días, sino de una política firme y paciente.

El problema siguiente es: ¿quién o quiénes aplicarían esa política? No los partidos actuales, por supuesto. Son necesarios nuevos partidos y nuevos políticos. De eso trataremos.

La manifestación del 8-O y el temido ruido de los sables
Javier Benegas vozpopuli.es 11 Octubre 2017

Los alivios temporales pueden resultar atractivos, porque nos liberan de la angustia del presente. Pero debemos mirar hacia el futuro. De pactos y acuerdos vergonzantes está pavimentado el camino del infierno.

Dijo Miguel de Unamuno que a veces, el silencio es la peor mentira. Y el domingo ocho de octubre la ley del silencio, es decir, la mentira que duraba 36 años saltó por los aires. Cientos de miles de personas (900.000 según los convocantes y 350.000 según la Guardia Urbana de Barcelona) tomaron pacíficamente las calles de la capital catalana. No fueron los partidos ni los políticos los promotores de este hito, fue la sociedad civil, que en España andaba desaparecida, la catalizadora de la mayor manifestación espontánea que jamás haya visto nuestra destartalada democracia. Algo inimaginable hasta el domingo.

Una manifestación exitosa… y expropiada
Pocos políticos manifestaron con antelación su apoyo a la convocatoria. Al contrario, se dedicaron a mirar por el rabillo del ojo, pendientes de las adhesiones y expectativas. Vistos los antecedentes de días anteriores, donde las respuestas espontáneas al desafío secesionista se habían sucedido, sabían que cualquier cosa era posible, y que tal vez la manifestación fuera un acierto, pero no las tenían todas consigo. Así que esperaron y esperaron, hasta que se convencieron de que el éxito estaba asegurado. Fue entonces cuando decidieron, no sólo salir en la foto, sino erigirse en protagonistas.

Dicho y hecho. Llegó el gran día, y ahí estaban ellos, los mismos que habían alimentado al monstruo nacionalista durante décadas, y ahora se resistían a domeñarlo, haciendo suya la iniciativa de una sociedad, no sólo cabreada con los sediciosos, sino indignada con la falta de coraje de los partidos… excepto con Ciudadanos, que desde el principio respaldó la convocatoria.

Borrell, el héroe
De entre tanto oportunista, surgió un héroe, Josep Borrell Fontelles. Un socialista de la vieja guardia dispuesto a sacar al régimen de partidos del hoyo en el que solito se ha metido. A la derecha, desacreditada por la corrupción y atenazada por la cobardía, no le pareció mala idea que un personaje de la izquierda moderada, que además era catalán y expresidente del Parlamento Europeo, fuera quien legitimara el secuestro de la manifa. Era esto o asumir un protagonismo que habría dado al traste con cualquier intento de sacar provecho del acontecimiento.

Borrel, que es un tipo inteligente, y también arrogante, aceptó encantado el protagonismo. Con un discurso moderado y astuto, donde hubo muchas referencias a la democracia, a la tolerancia, al afecto (tradúzcase por diálogo) y, sobre todo, a Europa, pero ni una sola alusión a la unidad de España, se levantó sobre los escombros de la España política como un gran estadista. Incluso tuvo la osadía de reprender a los manifestantes cuando coreaban “Puigdemont a prisión”, comparándolos con las turbas romanas. Porque una cosa es que el común proporcione una manifestación llave en mano, y otra muy distinta que exija que se apliquen las leyes. Ya se sabe que la justicia, si se libera de las ataduras del poder político, tiene la mano muy larga.

Así, el agonizante régimen del 78, no sólo se apropió de una manifestación exitosa que no era iniciativa suya, sino que colocó en el estrado a un socialista moderado para tutelar al gentío. La receta no era novedosa. Ya en el pasado, el Estado de partidos surgido a la muerte de Franco recurrió al gobierno de Felipe González, es decir, a otro socialista, para legitimarse. Por eso, ver a Josep Borrell subir al estrado en Barcelona, dispuesto a tutelar a las masas, fue un Déjà vu.

El diálogo: un alivio temporal que podría terminar en desastre
Mientras aún resuenan los elogios al discurso de Borrell, prosiguen los frenéticos intentos por conjurar el peligro mediante algún pacto. De lo contrario, no quedaría otra que aplicar el artículo 155, al que habría que dar sustancia. Y dicen, ¡sería la guerra, el fin del mundo! Sin embargo, quizá fuera justo al revés, que se produjera el desastre precisamente por insistir en el apaño.

Durante décadas, toda presión o chantaje de los nacionalistas se ha saldado con cesiones de los sucesivos gobiernos españoles: más dinero, más competencias, más impunidad y más ceguera ante los atropellos a los ciudadanos. Ha sido precisamente esta dinámica la que nos ha traído hasta la presente crisis secesionista. Ahora, fieles a la tradición, a cambio de no activar la DUI, se ofrece a Puigdemont y a sus amotinados la posibilidad de negociar nuevas ventajas, incluida la independencia de facto para Cataluña; esto es, una Cataluña integrada políticamente en España, pero no de manera real y efectiva, sino solo formalmente.

Sin embargo, este pacto sólo serviría para aplazar la auténtica declaración de independencia. Para los secesionistas, sería un paso más en su irrenunciable viaje hacia esa Ítaca donde corren ríos de leche y miel. Y denunciarían el acuerdo con cualquier excusa cuando les resultara más conveniente. Llevan haciendo lo mismo toda la vida.

Aún es pronto para saber a ciencia cierta si se materializará algún cambalache: los dirigentes catalanes están sometidos a enormes presiones en un sentido y en otro. De lo que podemos estar seguros es que el apaño sería la peor solución a medio y largo plazo. Y no sólo porque liquidaría el Estado de Derecho, dejando impunes delitos de una gravedad extraordinaria; también colocaría a los secesionistas en una posición de mayor fortaleza para alcanzar en el futuro inmediato sus últimos objetivos. De hecho, retrospectivamente, fue la expectativa de un acuerdo ventajoso, alternativo a la DUI, lo que incentivó la sedición.

Están perdidos y lo saben
Los alivios temporales pueden resultar atractivos, porque nos liberan de la angustia del presente. Pero debemos mirar hacia el futuro. De pactos y acuerdos vergonzantes está pavimentado el camino del infierno. Nadie quiere ver soldados por las calles Barcelona, desde luego. Pero es seguro que, a medio plazo, el apaño llevaría a una situación todavía más explosiva que la actual, porque los secesionistas nunca van a enmendarse. Es más, su plan no es sólo la independencia; también extender sus dominios más allá de Cataluña.

Es evidente que los secesionistas se precipitaron, que dieron el pistoletazo de salida al ‘Procés’ antes de tiempo por razones diversas, proporcionando al adversario una oportunidad única para liquidar su reinado. Ahora, ya sin frenos, intentan por todos los medios trasladar a la opinión pública, nacional e internacional, que revertir la situación convertiría Cataluña en un nuevo Ulster. En realidad, saben que están perdidos, que ellos mismos han abierto una vía de agua en el acorazado del nacionalismo que amenaza con enviarlos a pique. Por eso, ahora es cuando más fuerte hay que mostrarse. Dejarles que sean ellos quienes se arrojen al abismo, lo que cada hora que pasa parece más probable.

Sea como fuere, la supervivencia de España, o si lo prefieren, de nuestra maltrecha democracia, no se logrará con diálogo -aunque lo llamemos afecto-, gestos hermosos o discursos; sólo se garantizará con la aplicación de las leyes. De otra forma, estaremos incentivando a unos delincuentes que nunca verán en el perdón bondad, sino una debilidad extrema que usarán en su propio beneficio. El nacionalismo es esto. El silencio se ha roto.

El alma de España
Ana Velasco Vidal-Abarca Libertad Digital 11 Octubre 2017

España tiene alma, un alma profunda y arraigada que cuando ve su cuerpo en peligro aflora con fuerza para defenderlo. Así ha ocurrido cada vez que su integridad ha sido atacada. A lo largo de la historia, el espíritu de pertenencia a una patria común nos ha impulsado a defendernos de los que sucesivamente han intentado dominarnos. Desde los árabes, a los que logramos expulsar tras ochocientos años de tenaz voluntad, hasta los franceses, ante cuya invasión fue el pueblo quien se rebeló. También nos hemos enfrentado entre nosotros -muchas veces por desgracia y también en Cataluña en 1640- pero desde la etapa contemporánea, nuestras terribles luchas fratricidas nunca lo han sido para separarnos sino para tratar de imponer visiones contrapuestas. Austrias o Borbones, liberales o carlistas, golpes de Estado, revoluciones, convulsiones de todo tipo han jalonado nuestra historia y, a pesar del daño que causaron, quienes promovieron esos episodios lo hicieron en aras del bien de la Nación. Siempre. Aunque estuvieran equivocados. Hasta que llegaron los nacionalistas.

Los nacionalistas han sembrado una discordia mucho más peligrosa porque alcanza a la pura esencia del ser de España. No discrepan en el enfoque, en el qué hacer o el cómo hacer, teniendo como marco natural e indiscutido a la Nación española. Ellos discrepan en el fondo, en la propia existencia de la Nación, no quieren el bien común –sea por el camino que sea- solo quieren el suyo propio. Pretenden destruir nuestro propio ser. Por eso son el cáncer más peligroso que nos puede atacar. Y por eso es imperativo e insoslayable atajar su propagación sin permitir que crezca y se fortalezca.

Sin embargo, hace muchos años que España padece un nacionalismo feroz y traicionero al que los sucesivos gobiernos han dado alas irresponsablemente a cambio de mezquinos intercambios de intereses cortoplacistas. No se molestaron en prever o calibrar lo que ocurriría, y ahora lo tienen enfrente, poderoso y retador, lanzando un órdago ante el que no saben cómo reaccionar. Un órdago infamante que creen que pueden ganar porque han ganado ya muchas partidas hasta llegar aquí. Y quizá sus cálculos hubieran sido acertados si sólo hubieran tenido que seguir avasallando a un Gobierno pusilánime. Pero se han topado con el pueblo español. Se han topado con el alma de España que vive en cada uno de sus hijos; esos hijos que tantas veces se han peleado entre sí pero que siempre han sabido que su casa es la de todos; esos hijos que, aunque la quieran de distinta manera, lo primero que quieren es que su patria exista. Y por eso, los españoles catalanes, apoyados por los del resto de España, salieron el domingo a la calle, a proteger su casa, a proteger su ser. Y por eso se pusieron delante de los gobernantes para marcarles el camino, para decirles que ellos, que nosotros, los que fueron, los que somos y los que serán, conformamos esta Nación imperfecta pero fuerte, mucho más fuerte de lo que muchos pensaban. Y si ese Gobierno, esas instituciones, no son capaces de cumplir el mandato fundamental de preservar nuestro ser, los españoles se lo reclamaremos también a ellos, al igual que lo hemos hecho a lo largo de la historia cada vez que nuestros dirigentes no supieron estar a la altura de los acontecimientos. Como ocurrió con Godoy.

Ana Velasco Vidal-Abarca, hija de Jesús Velasco, asesinado por ETA y de Ana María Vidal-Abarca, fundadora de la AVT. Miembro de Covite y del patronato de la Fundación Villacisneros.

El islam toma España silenciosamente
Giulio Meotti lagaceta.eu 11 Octubre 2017

La ceremonia de 2003 fue anunciada con grandilocuentes titulares: "Tras una espera de más de 500 años, los musulmanes españoles han logrado construir una mezquita propia a la sombra de la Alhambra, la que antes fuera el símbolo del poder islámico en Europa". Un equipo de Al Yazira fue enviado a cubrir el evento: un muecín subió al minarete de la Gran Mezquita de Granada para llamar a los fieles a la oración por primera vez en cinco siglos.

Desde Osama Bin Laden al autoproclamado califa Abu Bakr Al Bagdadí, todos los líderes de la yihad global —incluida la célula terrorista que mató a 17 personas en Barcelona— han mencionado a España entre las tierras a ser conquistadas por el islam. Sin embargo, no sólo está la yihad. También está "la conquista silenciosa", acuñada así por la revista francesa Valeurs Actuelles. La conquista silenciosa es un sinuoso intento de volver a islamizar España a través de los centros culturales, las megamezquitas, el proselitismo, las conversiones y las inversiones financieras. Este intento pacífico de provocar la sumisión lleva produciéndose algún tiempo y ha sido ayudado por el flujo de dinero de países como Qatar y Arabia Saudí. Según un excomandante de las fuerzas británicas en Irak, el general Jonathan Shaw, estos dos países en particular han puesto en marcha una "bomba de relojería" mediante la financiación de la propagación global del islam radical.

The New York Times explicó por primera vez en 1981 que "expulsados hace cinco años por los cruzados cristianos, los árabes han vuelto a España, utilizando sus petrodólares para comprar tierras que les fueron capturadas a sus antepasados a punta de espada". En aquel momento España ni siquiera reconocía al Estado de Israel, y la monarquía española visitaba con frecuencia al príncipe saudí Fahd cuando éste se relajaba en el sur de España. Después, fue el turno de Kuwait: "A lo largo de la década de 1980, cuando España florecía, llegó Kuwait para comprar empresas e invertir".

Desde entonces, los monarcas árabes han elegido España para hacer enormes inversiones. Algunos edificios emblemáticos de Madrid y Barcelona, por no hablar de la Costa del Sol, son ahora propiedad de grupos de inversión árabes, desde el estadio Santiago Bernabéu en Madridal Hotel W en Barcelona. En Marbella, a tan sólo unos pocos metros de la mezquita Rey Fahd, está el Hotel Alanda, que ofrece comida halal y servicios que satisfacen las demandas de los clientes musulmanes. En 2011, la International Petroleum Investment Company, controlada por el Emirato de Abu Dabi, compró Cepsa, la segunda compañía española más grande en el sector petrolero.

El pasado enero, el rey de España, Felipe VI, visitó Arabia Saudí y anunció que España impulsaría las relaciones económicas, comerciales y de inversiones con el reino islámico. Antes de eso, en 2012, Saudi Aramco adjudicó proyectos a empresas españolas por valor de 700 millones de dólares. España y Qatar están ahora hablando sobre la posible creación de un fondo de inversión conjunto de mil millones de dólares que ayudaría al país del Golfo a invertir en América Latina. Los medios de los Emiratos Árabes han dicho que España era "un foco candente para las inversiones del mundo árabe". Tras Qatar, llegó el turno de Omán de invertir en el mercado español: Omán accedió a invertir solamente hasta 120 millones de dólares en una mina de uranio de España, que Omán utilizaría para construir centrales de energía nuclear.

Demográficamente, los musulmanes están experimentando un impresionante aumento de población en España. En 1990, había 100.000 musulmanes en el país. Para 2010, esa cifra había ascendido hasta el millón y medio. En 2017, la cifra ronda los dos millones. Es un crecimiento del 1.900% en 27 años.
Hoy hay 1.400 mezquitas en España. Según el Observatorio del Pluralismo Religioso en España(una iniciativa del Ministerio de Justicia), "esta cifra representa el 21% de todos los lugares de culto para todas las religiones presentes en España".

Quien de manera más prolífica financia mezquitas en España es Arabia Saudí. En 1985, sólo con su propio dinero, el reino saudí abrió el Centro Cultural Islámico de Madrid, la mezquita más grande de Europa, seguida del Centro Islámico de Málaga, que los saudíes financiaron con 22 millones de euros (hoy la región de Madrid tiene 112 mezquitas y centros culturales islámicos). Como explicó Soeren Kern, del Gatestone Institute, los saudíes han construido mezquitas en todas partes, desde Marbella a Fuengirola.

Estados canallas islámicos, como Irán, también han logrado infiltrar los partidos políticos españoles. Según una investigación, Teherán dio dinero a Podemos, el partido izquierdista que surgió como nuevo contendiente en la arena política española.

El diario madrileño ABC publicó que 800 mezquitas de España están fuera de control. El diario español La Razón acusó a los donantes del Golfo, como Qatar, de ser una fuente de islamización de España. Los saudíes también lanzaron un nuevo canal de televisión español, Córdoba TV, como hizo Irán.

Los detalles de esta proliferación religiosa se explican en el libro La España de Alá, de Ignacio Cembrero. Mientras que el número de iglesias católicas de España no ha variado demasiado en muchos años, las mezquitas musulmanas han crecido a un ritmo del 20% anual. El jeque de Qatar Tamim Hamad Al Zani también se ha ofrecido a comprar la plaza de toros de La Monumental de Barcelona para convertirla en la mezquita más grande de Europa. Emiratos Árabes Unidos financió la construcción de la Gran Mezquita de Granada.

El jeque catarí Tamin ben Hamad al Zani se ofreció a comprar la plaza de toros Monumental de Barcelona, con sus aproximadamente 20.000 localidades, para convertirla en la mayor mezquita de Europa. (Imagen: Sergi Larripa/Wikimedia Commons)

Ellos sueñan con y trabajan para recuperar el "califato perdido" de España. Algunos islamistas lo hacen con bombas y atropellos. Otros, de forma más subrepticia, con dinero y dawa, propaganda islámica. La segunda manera podría ser aún más eficaz que la primera.

12 de Octubre de 1941. La División Azul entra en línea
Luis Guichot, experto en Historia militar  latribunadelpaisvasco.com  11 Octubre 2017

(Dedicado a los que sabiéndolo, pretenden obviarlo)

La División de Voluntarios Españoles fue integrada por 50.000 combatientes civiles y militares mayoritariamente falangistas, de ahí el nombre coloquial, por el color de su camisa, de Division Azul.

Salió de España en su primer reemplazo el 13 de julio de 194, haciendo coincidir la fecha el Ministro de Asuntos Exteriores Ramón Serrano Suñer con el quinto aniversario del asesinato del diputado en Cortes y líder de la CEDA José Calvo Sotelo, crimen perpetrado por conocidos militantes marxistas el 13 de julio de 1936, que fue el hecho desencadenante del Alzamiento Nacional (civil y militar) justo cinco días después, el 18 de julio de 1936.

La División Azul se fundó y salió de España con un doble objetivo y motivación:
Por un lado, "para acabar con el marxismo en su madriguera y devolverles la visita a los soviéticos" (como decían los Divisionarios ) al igual que los soviéticos hicieron en España subterfurgiamente apoyando la revolución socialista secesionista de Asturias y la secesionista de la Generalidad catalanista de 1934 en Cataluña y de forma mas descarada y abierta con efectivos militares soviéticos uniformados de 1936 a 1939 en la Guerra Civil.

Su segunda motivación fundamental según muchos testimonios de divisionarios fue su intención de recuperar el oro del Tesoro nacional del Banco de España que el gobierno republicano del PSOE a través de su ministro de Hacienda Juan Negrín (al parecer mas ministro de la hacienda soviética que de la española ) entregó a Stalin en 1936.

Una vez instalados los Divisionarios en el campo de instrucción de Grafenwohr en Alemania todos pensaban en conquistar Moscú y desfilar por su Plaza Roja quedando ese desfile grabado para la posteridad de la historia. Su desilusión fue mayúscula cuando recibieron la orden del Alto Mando Aleman de cambiar su destino de combate del Grupo de Operaciones Centro y encuadrarse en el Grupo de Operaciones Norte concretamente en Nóvgorod en la orilla Nor Oeste del Lago Ilmen.

Desilusionados, resignados y a regañadientes cumplieron la orden aunque con fenomenal enfado del General Muñoz Grandes y de todo su Estado Mayor que sabían muy bien a que iban a Moscú además también de la motivación principal de los voluntarios españoles de acabar con Stalin.

El 12 de octubre de 1941 la División Azul entra en línea en el Frente del Voljov apresurada y voluntariamente sin tener aun completos todos sus pertrechos y equipamiento con el único fin de hacer coincidir su bautismo de fuego en el Frente Ruso con el Día de la Hispanidad y Festividad de la Virgen del Pilar, Patrona de la División Azul.

La División Azul fue la división extranjera no alemana mas condecorada por méritos de guerra y actos de valentía de todas las divisiones anti comunistas de todos los países que combatieron a la URSS en la Segunda Guerra Mundial, destacándose los españoles en todas las batallas en las que participaban siendo la mas brutal la de Krasny Bor el 10 de febrero de 1943 que ganaron parando en seco y destruyendo a una división entera mixta acorazada soviética. El saldo fue de 2.200 bajas españolas frente a 14.000 soviéticas además de la abundancia de material pesado destruido a los rusos por los divisionarios.

Gracias a la División Azul el Gobierno Español pudo contentar al alemán sin involucrar a España en la Segunda Guerra Mundial en su lucha contra la URSS, y España a su vez no fue invadida por los alemanes como pretendían con el pretexto preconcebido de la Operación Félix, como así le propuso Hitler al Generalísimo Franco cuando se conocieron unos meses antes el 23 de octubre de 1940 en la conferencia del tren en Hendaya. Años mas tarde corroboró los detalles de este encuentro el Ministro de España de Asuntos Exteriores, Ramón Serrano Suñer.

España permitió el enrolamiento del contingente de voluntarios a luchar exclusivamente contra el socialismo marxista en Rusia, nunca contra el pueblo ruso, por eso jamás hubo una declaración de guerra del Estado Español a la URSS, y así se correspondió con la deuda de sangre de España con la Legión Cóndor y a la ayuda militar prestada por el Eje, evitando el Gobierno español, con este hecho, toda tension y tentación alemana de invadir el suelo español y evitando que España se viese involucrada en la Segunda Guerra Mundial.

Simultáneamente, los Gobiernos Aliados, fundamentalmente el ingles y el americano, amenazaron con doble intención a España que si entraba en guerra como aliada de Alemania sería invadida, bocado jugoso que Inglaterra piratamente lleva anhelando e intentando siempre que puede desde hace 400 años, motivo por el cual de haberse producido este hecho, los Aliados en 1942 nos hubieran ocupado y quitado las Islas Canarias, el Sahara Español, Guinea Ecuatorial y el Rif Español.

Debido a la prudencia del Gobierno español, los Aliados se vieron obligados a desembarcar en Argelia y en el Marruecos francés en la Operación Torch en su campaña contra el Afrika Korps.

Todos estos hechos son suficientemente relevantes como para que historiadores de los cinco continentes se interesen por conocer el complejo entramado diplomático del Gobierno Español en los años cuarente del pasado siglo, salvaguardando la neutralidad de España y su integridad territorial así como las motivaciones y las gestas heroicas de los españoles que lucharon en la URSS contra el marxismo, el mayor criminal de la historia de la humanidad. Es una aberración monumental los que quieren borrar de la Memoria Histórica de España a la División Azul.

Se estima que en los gulags soviéticos fueron "procesados" una vez acabada la guerra unos 3.700.000 prisioneros de todas las naciones de Europa, incluidos patriotas rusos y ucranianos que lucharon junto a Alemania contra el marxismo, además de alemanes, croatas, húngaros, rumanos, búlgaros, finlandeses, holandés, belgas, eslovacos, italianos, polacos, indios, japoneses, españoles, portugueses, etc.).

Relación de campos de exterminio soviéticos donde fueron afinados españoles: Cherepoviets, Novocharchov, Makarino-Cheropoviets, Slajgorod, Boborosky, Vorochilogrado, Cheliabisky, Kolpino, Tula, Karaganda, Satisborod y Jarkov.

En 1952, por orden del gobierno del tirano de la URSS, los Divisionarios fueron esparcidos por todos estos campos de concentración, no pudiendo estar más de 10 españoles juntos. Stalin pensaba que la integridad de los españoles podía influir en otros prisioneros tanto si eran rusos como extranjeros.

Algunos españoles de la División Azul, asesinados en campos de exterminio soviéticos, de 1942 a 1954:
Francisco Alonso Camaño (Cherepoviets)
Manuel Hidalgo Cabello (Makarino)
José Carrión Herrero (Tula)
Arturo Díaz Anterelo (Kolpino)
Rosendo Flores González (Esluzk)
Antonio Gallardo (Karaganda)
Paulino García García (Bovda)
Ángel López García (Jarkov)
Y así una larga lista............

Entre 500 y 600 fueron los prisioneros españoles asesinados. Hoy en día siguen sin entierro digno los cadáveres de cientos de combatientes españoles esparcidos por el frente del Voljov y Krasny Bor.

En Novgorod los lugareños de más edad recuerdan con respeto a los españoles y cuentan que hubo un español prisionero condenado a trabajos forzados que se escapó y capturaron cuatro veces pero nadie sabe cuál fue el nombre ni el destino final de ese divisionario español.

En 1954 regresan a España después de más de 11 años de cautiverio los prisioneros supervivientes españoles de los campos de concentración soviéticos, siendo aclamados como héroes por una multitud que los recibió en el puerto de Barcelona en el buque Semiramis griego de la Cruz Roja internacional.

En nuestro recuerdo, los españoles valerosos que lucharon y murieron en la Segunda Guerra Mundial, combatiendo. Todos ellos forman parte de nuestra Memoria Histórica española y no por el capricho sectario de unos políticos descastados, sectarios e ignorantes del momento deben ser borrados de ella, así como el recuerdo entrañable a los 76 Viriatos portugueses de la Legion Verde y a las decenas de Rusos Blancos exiliados en España desde la revolución rusa de 1917 que se integraron y combatieron en hermandad como españoles en la Heroica División Azul.

Monumentos mas significativos dedicados a la División Azul en el extranjero:
Monolito en Cementerio de Pankovka-Novgorod en Rusia
Monolito en Illmensee en Alemania
Monolito en Ulrichsberg en Austria

Los voluntarios españoles anticomunistas de la División Azul fueron respetados por su comportamiento, tanto por sus aliados como por sus enemigos. No existe ningún documento ni testimonio que les atribuya un acto innoble tanto con los prisioneros soviéticos como con la población civil. Es un hecho constatado que muchos rusos del Ejercito Rojo preferían rendirse a los españoles antes que a los alemanes, así como desertar de las filas soviéticas y pasarse a las españolas. Hubo unidades del Ejército Alemán que pedían a sus mandos combatir junto a los españoles por sentido de garantía de seguridad como fue el caso de la 5ª Infanterie-und Jäger-Divison e V.

5.000 muertos y 8.500 heridos en combate compatriotas españoles se merecen un lugar en la Memoria Histórica de España. Su heroísmo fue de tal alcance que ahí constan sus :
8 Grandes Cruces Laureadas de San Fernando Individuales,
2 Cruces de Caballero de la Orden de la Cruz de Hierro, 1 de ellas con Hojas de Roble,
42 Medallas Militares Individuales y 2 Colectivas,
3 Cruces de Alemania en Oro,
135 Cruces de Hierro de 1ª clase,
2.362 Cruces de Hierro de 2ª clase,
32 cruces de la Orden del Águila con Espadas.
16 Cruces al Mérito Militar con Espadas de 1ª clase
2.200 Cruces al Merito Militar con Espadas de 2ª clase,
Decenas de Ascensos por Méritos de Guerra,
Centenares de Medallas de Sufrimientos por la Patria, Excautivos y Heridos.

Héroes de España de la Division Azul condecorados con la maxima condecoración militar española
Caballeros Laureados, Gran Cruz Laureada de San Fernando Individual

Jaime Galiana Garmilla
José Perez Castro
Generoso Ramos Rubio
José Rubio Moscoso
Salvador Masip Bendicho
Antonio Ponte Anido
Manuel Ruiz de Huidoro Alzurena
Teodoro Palacios Cueto

JEFES DIVISION AZUL
1º Reemplazo
*General de División, Agustín Muñoz Grandes - Gran Cruz de Caballero de la Orden de la Cruz de Hierro con Hojas de Roble.

2º Reemplazo
*General de División, Emilio Esteban Infantes - Gran Cruz de Caballero de la Orden de la Cruz de Hierro
*General de Brigada, Santiago Amado Loríga

JEFE LEGION AZUL
*Coronel, Antonio García Navarro

JEFES DE LAS ESCUADRILLAS AZULES
1ª Escuadrilla Comandante, Ángel Salas Larrazábal
2ª Escuadrilla Comandante, Julio Salvador Diez-Benjumea
3ª Escuadrilla Comandante, Carlos Ferrándiz Arjonilla
4ª Escuadrilla Comandante, Mariano Cuadra Medina
5ª Escuadrilla Comandante, Javier Murcia Rubio

JEFE KRIEGSMARINE/COMISION MARINA AZUL
Capitán de Navío Pedro Fernández Marín

JEFES DE LA GUARDIA CIVIL EN LA DIVISION AZUL
*Teniente, Ángel Juarranz Garrido
*Capitán, Pedro Martínez de Tudela García
*Capitán, Enrique Serra Algarra
*Capitán, Pedro Fernández Amigo
*Capitán, Francisco García Alted
*Capitán, Ángel Ramos Patiño

JEFA DEL CUERPO DE ENFERMERAS VOLUNTARIAS DE FALANGE DE LA DIVISION AZUL
*Mercedes Milá Noles

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Ceguera voluntaria ante un delincuente reincidente
EDITORIAL Libertad Digital 11 Octubre 2017

La Administración golpista de Cataluña sigue sin ser intervenida, y al frente de ella sigue un delincuente que goza de escandalosa impunidad. Así se podría resumir lo que ocurre en Cataluña con independencia de lo que el cabecilla del golpe de Estado y presidente de la Generalidad, Carles Puigdemont, dijera este martes en el Parlamento regional. Dicho de otra forma: aunque el golpista hubiera pedido perdón y hecho un solemne acatamiento del orden constitucional, sus palabras no hubieran podido borrar, jurídicamente hablando, la quiebra del orden constitucional en Cataluña ni el delito de rebelión perpetrado con la proclamación de la Ley de Transitoriedad Jurídica y la Ley del Referéndum: el artículo 472.1 del Código Penal (CP) castiga con penas de prisión cualquier intento de "derogar, suspender o modificar total o parcialmente la Constitución".

Esa hipotética retractación de Puigdemont no habría borrado la malversación de fondos públicos que conllevó la convocatoria y celebración del referéndum secesionista del pasado día 1. Ni el delito de sedición perpetrado por el mandatario regional el 20 de septiembre, cuando hizo un llamamiento a la ciudadanía a tomar las calles para protestar por la detención de varios altos cargos de su Administración a instancias del Juzgado de Instrucción nº 13 de Barcelona. A pesar de que, en relación con esto último, ya han sido imputados el presidente de Òmnium Cultural y el de la ANC, Jordi Cuixart y Jordi Sánchez; y a pesar de que el artículo 545 del CP castiga más gravemente a quienes, "siendo autoridad, hubieran inducido la sedición", el hecho es que Puigdemont sigue sin correr la misma suerte que los referidos personajes.

Ningún arrepentimiento de Puigdemont hubiera podido llevar a la Justicia a cerrar los ojos y olvidar el alto coste que supuso el desplazamiento a Cataluña de miles de agentes de la Guardia Civil y del Cuerpo Nacional de Policía para tratar de impedir que el golpista perpetrara su delito de desobediencia el pasado día 1.

Lo más delirante es que la esperada intervención de este martes de Puigdemont, lejos de ser una retracción pública, una muestra de arrepentimiento o un anuncio del fin del proceso secesionista iniciado en 2012, se ha traducido en la comisión de un nuevo delito de rebelión, en este caso el reflejado en el artículo 472.5 del CP, que castiga la "declaración de independencia de una parte del territorio nacional".

Desde luego, Cataluña no va a convertirse formalmente en un Estado soberano por el hecho de que así lo proclame un delincuente reincidente. Cosa distinta es que dicha proclamación no tenga consecuencias penales. Tampoco tiene trascendencia alguna que el propio delincuente haya suspendido los efectos de su proclamación de independencia, pero sí que lo haya hecho con la confesa intención de embarcar al Gobierno y a los demás poderes del Estado en un ominoso y delictivo proceso de diálogo.

Lo más grave es que Puigdemont ha vuelto a perpetrar un delito castigado con prisión sin que haya sido detenido o siquiera apartado de un cargo que le deja al mando de un cuerpo armado como son los Mossos d'Esquadra.

Mariano Rajoy podrá seguir siendo el irresponsable gobernante que se negó a suspender la autonomía para evitar que se siguieran cometiendo tantos y tan graves delitos. La aplicación del artículo 155 de la Constitución, al fin y al cabo, es facultad del Gobierno. Lo que en absoluto es facultativo de ningún Gobierno es la inobservancia de los artículos del Código Penal que castigan con penas de prisión a quienes perpetran los delitos mencionados. El propio CP, por cierto, advierte en su artículo 408: "Toda autoridad que dejare intencionadamente de promover la persecución de los delitos de que tenga noticia, o de sus responsables, incurrirá en la pena de inhabilitación especial para empleo o cargo público por tiempo de seis meses a dos años".

Tome buena nota el presidente del Gobierno y cumpla con su deber, si no quiere convertirse en el cooperador necesario del miserable que está perpetrando un golpe de Estado desde una de las instituciones más importantes del Estado.

El cobarde calculador
Emilio Campmany Libertad Digital 11 Octubre 2017

Al final, como corresponde a un cobarde, Puigdemont no se ha atrevido a proclamar la independencia pura y dura, a pesar de la oportunidad que le ha dado la cobardía de Rajoy. Y encima la estrategia, en su cobardía, ni siquiera es suya, sino que sale del magín de Jordi Sánchez, el filobatasuno que dirige la ANC. La idea es negociar con la pistola de la independencia en la mano, pero sin dispararla todavía. Por eso, lo más intolerable de su discurso chantajista y harto de mentiras ha sido el momento en que se ha dirigido en castellano a todos los españoles, fingiéndose una víctima, una buena persona a la que se le cerraron todas las puertas y no tuvo otro remedio que abrir la de la independencia. Especialmente lacerante ha sido el momento en que ha recordado la sentencia del Tribunal Constitucional, tachándola de humillación para Cataluña. Están tan acostumbrados a no respetar las sentencias que no les gustan, que el verse de repente obligados a acatar una se les figura una humillación nacional intolerable.

¿Quieren más autogobierno? Negocien en las Cortes a través de sus representantes la modificación de la Constitución en el sentido que les parezca. Por desgracia, nuestro sistema político les permite, cuando ningún partido tiene mayoría absoluta, chantajear al Gobierno de turno y vender su apoyo parlamentario. Han tenido multitud de ocasiones de dar ese apoyo a cambio de una reforma constitucional en el sentido que les pareciera. Zapatero, a quien Dios confunda, lo habría aceptado. Jamás lo hicieron. Ni siquiera adelantaron nunca una propuesta concreta. Lo único que se permitieron fue presentarnos al trágala un estatuto groseramente inconstitucional aspirando a que implicara una reforma de la Constitución de facto votada exclusivamente por los catalanes. Cuando ha surgido la ocasión de que el Gobierno necesitara su apoyo, lo que han hecho casi siempre es venderlo a cambio sólo de dinero para su región. Lo que siempre han pretendido es que el resto de España comprenda, apruebe, transija y acepte sus exigencias porque sí, sin más, a cambio de, no obstante ser superiores, aceptar humildemente soportar el baldón de ser españoles. Alegan que ellos son muy pacíficos y lo demuestran pidiendo todo con una voz muy suave, con la misma suavidad con la que señalan a un niño en el recreo por hablar castellano o ser hijo de un guardia civil. Y acompañan sus exasperantes demandas de privilegios con la misma melindrosa sonrisa con la que inculcan entre los jóvenes catalanes el odio a España. Encima, los demás tenemos que aguantar que se atribuyan la representación de toda Cataluña porque a los que no piensan como ellos los mantienen callados a base de amedrentarlos, amenazarlos y marginarlos como malos catalanes. Y todo hecho, eso sí, de una manera muy pacífica y meliflua.

Es incalculable lo que hará Rajoy. Si no fuera por el discurso del Felipe VI, la probabilidad de que se sometiera al chantaje con tal de tener la fiesta en paz sería relativamente alta. Gracias a Dios, tenemos al rey.

Una mascarada que cronifica la coacción al Estado
EDITORIAL El Mundo 11 Octubre 2017

Fiel a las resonancias kafkianas de su nombre, el proceso separatista va camino de alargar la pesadilla hasta la última página, que nadie sabe ya cuándo será escrita. Presionado por los sectores más medrosos de su propio partido y acogido a la vaga esperanza de una mediación internacional, Puigdemont evitó ayer declarar unilateralmente la independencia de Cataluña como los más radicales de sus socios esperaban. La farsa continúa: Puigdemont chantajea al Estado y la CUP chantajea a Puigdemont desde la calle.

En un discurso muy medido, el presidente de la Generalitat asumió el fraudulento mandato electoral del 1 de octubre para luego aplazar la declaración formal de independencia a que ese referéndum le obligaría. Lo hizo para no darle a Rajoy el motivo ya inexcusable para suspender la autonomía. Tampoco es descabellado pensar que Puigdemont aún aprecia la libertad. El martirio siempre es más atractivo para los que no lo padecen.

Pero no debemos caer en el debate nominalista que interesa al cálculo de los sediciosos. Puigdemont no ha renunciado a la independencia: la ha dejado en suspenso. Solo se deja en suspenso aquello que previa e implícitamente se ha adoptado. Puigdemont no ha dado un paso atrás ni uno adelante: se ha enrocado mientras emplaza a Rajoy a una negociación imposible. Hoy hay Consejo de Ministros extraordinario y por la tarde Rajoy ante el Congreso subrayará su compromiso con la legalidad y su negativa a someterse a chantajes basados en leyes que no existen, como recalcó Sáenz de Santamaría. Pero debe saber que cada minuto que se prolonga este estado de cosas, esta suerte de guerra fría con la Generalitat, se consolida la equívoca imagen de una dialéctica de dos polos en pie de igualdad institucional que solo beneficia al separatismo. El Rey llamó al restablecimiento del orden constitucional: no recomendó enfriamientos tácticos. Rajoy no debe olvidar aquel discurso, como no lo olvidan los españoles.

En cuanto al discurso de Puigdemont -plagado de expresiones del tipo: "El mundo debe saber..."-, pronto se hizo evidente que se dirigía a los medios extranjeros. Por una razón: porque en España ya nadie le compra sus mentiras. A excepción del populismo, claro, pero no tanto porque Podemos crea que Cataluña es una nación oprimida que lucha por la emancipación, sino porque comparten el mismo objetivo de subvertir el sistema del 78 que a ellos mismos protege y paga. A todos los pescadores oportunistas les interesan los ríos revueltos. Puigdemont lanzó a las tragaderas internacionales una letanía victimista de posverdades que Arrimadas desmintió contundentemente y cuya compilación desbordaría los límites de esta página. Insistió en la retórica mesiánica del pueblo único y abundó en el espejismo mental del que emana la propaganda circular al uso entre sus doctrinarios mediáticos. Franco tampoco faltó, por supuesto.

Pero en un giro abrupto del guión, se desmarcó de la propia legalidad paralela por la que afirma regirse posponiendo sus efectos «unas semanas», cuando le venga mejor. Sus seguidores más fervorosos en realidad no tienen derecho a rasgarse las vestiduras por ello: a un político que declara que «hay democracia más allá de la Constitución» no se le pueden pedir cuentas. Siempre encontrarará una legitimidad alternativa que ampare su capricho coyuntural. Para escapar a esa arbitrariedad hacemos leyes y nos sometemos a ellas. Pero quizá las dos patrañas más flagrantes de su intervención fueron las relativas a la fabulada represión sanguinaria del 1-O, de la que milagrosamente los centenares de heridos se recobraron en horas, y al éxodo empresarial, al que quitó hierro agitando el espantajo del déficit fiscal. Pero es inútil que finja despreocupación cuando grupos tan emblemáticos como Planeta se suman al éxodo y añaden desprestigio y presión sobre su condenado liderazgo que puede acabar en elecciones.

A lo largo de la tarde de ayer, un grupúsculo antisistema de ideología delirante y poder incomprensible mantuvo en vilo a una autonomía al borde de perderla, a una nación harta de sobrevivir a sus traidores y a un continente retado por el resurgir de sus peores fantasmas. Fue una prueba de la generosidad de la democracia liberal, capaz de dar cobijo incluso a sus enemigos declarados. Pero también fue el mayor escaparate de un fracaso histórico: el de las élites tradicionales de Cataluña que, llevadas del supremacismo y la codicia, confiaron el futuro de todos los ciudadanos al arbitrio de una tribu radical. Que retrasó el comienzo del pleno subversivo porque no estaba satisfecha con la literalidad de la declaración de independencia. Sospechaba que sus circunstanciales aliados burgueses pretendían evadir su responsabilidad, echando el freno para evitar el choque frontal con el Estado. Chocar es exactamente lo que ansía la CUP.

Anna Gabriel se ocupó de evidenciar su decepción. Esperaba una «solemnidad» que no llegó y habló de «oportunidad perdida». Después la CUP anunció que su lucha sigue fuera del Parlament para que no se dé ni un paso atrás. Y cuando la CUP habla de lucha, habla de desórdenes públicos que ya no cabe descartar. Esa fractura en el bloque independentista puede regalar tiempo a Rajoy, pero también pretextos. Y de esta hora entre dramática y grotesca de la historia española, que parece pedir a gritos la resurrección de Valle-Inclán, lo último que deseamos es que se prolongue por culpa de la pasividad, la casuística jurídica y el enquistamiento. No se lo merecen los catalanes huérfanos de legalidad. No se lo merece ningún español atónito que aún conserva la convicción de pertenecer a una vieja nación y a un Estado respetable de la Unión Europea.

El hundimiento de España (10)
Vicente A. C. M. Periodista Digital 11 Octubre 2017

LA OBRA BUFA DEL SEPARATISMO: FIN DE TRAYECTO EN LA ESTACIÓN DE FRANCIA. EL PSOE DESCONCERTADO E INDECISO.” NO HAY DIÁLOGO SI NO HAY VUELTA A LA LEY”

Más de mil periodistas acreditados, todas las televisiones nacionales dando cobertura informativa, las Instituciones expectantes, las FFyCCSE y las FFAA en alerta, el Gobierno de España en reunión permanente de crisis, todo ello para que venga un payaso a dar un discurso lleno de falsedades, acusaciones contra España, y montar su relato del porqué les ha llevado a donde estamos ahora. Carles Puigdemont hizo un circunloquio demagógico para finalmente poner como aval al “pueblo de Cataluña” (a pesar de la evidencia del domingo de que al menos la mitad de ese pueblo no comparte sus objetivos independentistas), para declarar de forma solemne que “Asumo el mandato del pueblo de que Cataluña se convierta en Estado independiente en forma de república”, para segundos después decir que “Con la misma solemnidad, el Govern y yo proponemos que el Parlament suspenda los efectos de la declaración de independencia para que en las próximas semanas se emprenda el diálogo”. Una propuesta que no llegó a materializarse en esa sesión plenaria. Eso sí, entre bambalinas y fuera de la sala parlamentaria, la totalidad de los diputados de Junts p’el Sí y la CUP firmaron un panfleto con membrete oficial de la Generalidad de una Declaración de Independencia.

En resumen, efectivamente ayer se montó un teatro en forma de esperpento, una bufonada más con Carles Puigdemont ejerciendo de payaso en una comparecencia que solo fue una declaración de intenciones del máximo representante del Gobierno de la Generalidad y que como muy bien le respondió Miquel Iceta, "no se puede suspender una declaración que no se ha tomado”. Y eso fue lo que pasó efectivamente, una comparecencia informativa y una reunión de amiguetes firmando un manifiesto sin valor alguno jurídico alguno por mucho membrete y publicitación mediática que le dieron. Pero lo que sí que se produjo es una afirmación de persistir en la rebeldía, en la desobediencia y en prolongar sine die una situación de amenaza inadmisible en un Estado de Derecho. España no se puede permitir mantener este estado de tensión, de zozobra y de inseguridad en una de sus principales autonomías por culpa de unos sediciosos. Hay que actuar y con contundencia.

La respuesta del Gobierno fue la comparecencia breve de la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, que se limitó a anunciar un Consejo de Ministros extraordinario para esta mañana a las 9 y a valorar el discurso del Presidente del Gobierno de la Generalidad. Lo primero fue denostar al ponente Carles Puigdemont diciendo que era “El discurso de una persona que no sabe dónde está, adónde va ni con quién quiere ir”. Para seguidamente invalidar las bases jurídicas argüidas diciendo obviedades como que “ no se puede aceptar que se dé validez a la ley catalana del referéndum porque está suspendida por el TC; que la Generalidad no puede exhibir los datos del referéndum porque fue un acto ilegal, fraudulento y sin las más mínimas garantías; y por último que no es aceptable que en el Parlament se constate por parte de nadie que los catalanes desean un Estado independiente en forma de república”. Negó que pueda haber mediación sin volver a la legalidad pero sin deslegitimar a los golpistas como interlocutores.

La declaración de José Luis Ábalos fue una profunda decepción, palabra que usó para calificar el discurso de Carles Puigdemont y la decepción que ha causado a los catalanes y a los españoles, - no creía que fuésemos distintos y hubiera sido mejor haber dicho catalanes y resto de españoles- . Anunció la reunión de la Ejecutiva para hoy a las 10 de la mañana y criticó que anoche mismo no se hubiera reunido el Consejo de Ministros. Dijo que su partido estaba desorientado, -lo cual no es ninguna novedad -, diciendo que “no sabemos cómo interpretar o valorar lo que se ha dicho”. Inmediatamente habló de que “ha habido un abuso de la esperanza, que siempre va acompañado de la buena fe de la ciudadanía que espera que la solución al conflicto se haga del modo más democrático y más civilizado, que es desde el diálogo”. Acto seguido se atribuye ser el portador de esa buena fe y dijo que ha sentido ese abuso de la buena fe. A continuación, se plantea es duda de la legitimidad y poder de Carles Puigdemont para declarar esa independencia. Tras insistir en que no saben a qué atenerse, concluye que lo cierto es que Cataluña se halla en una situación de ingobernabilidad. Exige la vuelta a la legalidad y que la Generalidad indique en qué parámetros de legalidad se mueve. Pospone sus actuaciones a las que previamente tome el Gobierno de España y su propio debate en la Ejecutiva del PSOE.

Albert Rivera se ratificó en su petición de aplicar el 155 y convocar elecciones. UN discurso monolítico e invariable que repite machaconamente a Rajoy. De Pablo Iglesias simplemente le ignoro porque lo que diga es indiferente en quien se ha puesto del lado del separatismo y pretende destruir España.

En resumen, ayer se produjo un nuevo esperpento en el que se usó una Institución del Estado como altavoz internacional del golpismo con un discurso de Carles Puigedmont que incluía a la vez un conato de asumir una declaración de independencia y a la vez su inmediata propuesta de suspensión. Ninguna de las dos fue presentada a votación. Sin embargo, fuera de la sede parlamentaria, se realizó un panfleto con una declaración formal de independencia en un brindis al sol sin ninguna consecuencia real salvo la mediática y la pretensión de conseguir una mediación con el reconocimiento del nuevo Estado como interlocutor en igualdad con España. Es decir, seguimos en el limbo de la virtualidad de una realidad paralela inexistente. Y eso es lo que no puede consentirse por más tiempo que afecte a la convivencia y normalidad administrativa y económica de una de las principales autonomías.

No es admisible mantener esta situación de desasosiego de la sociedad española, y muy especialmente de la catalana. Hay que devolver de modo urgente la normalidad y la legalidad a unas Instituciones secuestradas por unas fuerzas golpistas que no han tenido la valentía de llevar a último término su desafío, quedándose en una mera representación teatral y permanente amenaza inaceptable en un Estado de Derecho.

Hoy se espera que el Gobierno de España actúe de modo que se devuelva esa legalidad y normalidad. No hacerlo no sería comprendido por los ciudadanos, los mismos que decidieron manifestarse para decir “basta” y exigir el cumplimiento de la ley. Es la hora de gobernar y no de enfrascarse en disquisiciones jurídicas interminables y cuestionables en una mirada miope en la que se cumple aquello de que “no dejes que el árbol te impida ver el bosque”. La Generalidad está podrida por el separatismo independentista y ese árbol hay que talarlo, aunque caigan todos los nidos, (¡Jordi Pujol dixit!).

¡Que pasen un buen día!

Puigdemont sume a Cataluña en el caos
Editorial larazon 11 Octubre 2017

Llegado al final de la escapada, al presidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont, ya no le queda otra opción que hacer frente a sus graves responsabilidades contraídas, primero, con la verdad política, soezmente manipulada, y con la estabilidad de España; segundo, y no menos importante, con todos aquellos ciudadanos de Cataluña, hoy sumidos en la frustración y, también, en la rabia, que se creyeron sus falsedades y sus delirios y a los que aún pretende engañar con el señuelo de una inexistente mediación internacional, tan improbable como el resto de las falacias escuchadas en su comparecencia parlamentaria. Pero las responsabilidades del jefe del Gobierno catalán no son sólo de orden moral, sino legales e institucionales, como reo, que es, de un ataque sin precedentes contra el sistema democrático español.

Un golpe de Estado que pretende conculcar los principios más irrenunciables de nuestro orden constitucional, como son la soberanía popular y la unidad de la nación. Porque no hay que dejarse confundir por el espectáculo de malabares que ofreció el president en la Cámara catalana. Puigdemont, respaldado por todos los miembros de su Gabinete, se permitió la afrenta de plantear de nuevo un pulso intolerable al Gobierno de la nación, un chantaje en palabras de Albert Rivera, que no puede tener otra respuesta que la aplicación de las leyes. No sólo declaró la independencia de Cataluña, sino que dio por válida una llamada «ley del referéndum», invalidada por el Tribunal Constitucional, otorgó legitimidad al recuento de una consulta ilegal, sin garantías y fundamentalmente fraudulenta, y se arrogó, una vez más, la representación del conjunto del pueblo de Cataluña, acto para el que carece de legitimidad democrática.

La inmediata «suspensión temporal» de la declaración independentista no anula las consecuencias del acto, por más que, en el plano puramente funcional, muchos ciudadanos interpreten lo ocurrido como el reconocimiento implícito del fracaso del proceso separatista. No. Aunque el proyecto de la secesión de Cataluña no podía pasar de un delirio, el hecho es que Carles Puigdemont trata de mantener la extorsión sobre el Gobierno de España que comenzó con Artur Mas y que ha llevado a los ciudadanos de Cataluña a la actual situación de división, de miedo y de empobrecimiento. Tal vez, la invocación del diálogo le sirva para seguir alimentando la ficción, sin duda, con el apoyo de quienes, a lo largo de todo este doloroso proceso, han tratado de sacar ventaja electoral del nacionalismo.

Partidos de la extrema izquierda antisistema que han visto en el desafío nacionalista una oportunidad de profundizar en el desgaste del Gobierno y de unas instituciones del Estado a las que consideran periclitadas, como expresión de la genuina democracia representativa. Pero, hay que repetirlo hasta la saciedad, la voluntad de negociación, el deseo de acuerdo, nunca estuvo en las intenciones y en los comportamientos de los impulsores del separatismo catalán. Todo lo contrario, cualquier oferta leal ha sido rechazada de plano por los responsables de la Generalitat, por más que se disimulara detrás de un victimismo patológico y un cálculo miserable. Los mismos que, hoy, vuelven a tender el señuelo del diálogo son los que durante años no han tenido el menor empacho en utilizar torticeramente las instituciones de todos, porque la Generalitat es una Institución del Estado, para dinamitar la democracia española y atentar contra su ordenamiento constitucional. Sin duda, no será este Gobierno catalán quien pueda recuperar el crédito perdido frente a los ciudadanos. Porque cualquier acuerdo deberá ir precedido de la presunción de lealtad que hoy no tienen quienes dirigen el Principado.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, siempre ha estado abierto a la negociación, pero, como no puede ser de otra forma, dentro de la Constitución y el ordenamiento jurídico. Quienes creen que Puigdemont ha ofrecido tiempo a Rajoy se equivocan gravemente. El presidente del Gobierno siempre ha tenido tiempo. El tiempo que le otorga la legitimidad democrática, la defensa de la soberanía nacional y el rigor en el cumplimiento de las leyes y de las decisiones de los tribunales. Quien nunca tuvo tiempo fue Carles Puigdemont, emplazado por la Justicia para responder de sus delitos. La Generalitat sigue en rebeldía, aferrada a una «legalidad» paralela y falaz, censurada por el Tribunal Constitucional y que debe ser repuesta por el Gobierno. Por ello, y sin que suponga eludir en modo alguno la acción de la Justicia, Carles Puigdemont debería dimitir de forma inmediata para que, una vez recompuesto el orden constitucional abruptamente quebrantado por el golpismo separatista, se puedan convocar a los ciudadanos de Cataluña a la elección de un nuevo Parlamento, ajeno a toda contaminación del convulso proceso en el que estamos inmersos. Como siempre hemos defendido, no hay más salida que el imperio de la Ley y el triunfo de la democracia frente a sus enemigos. Lo demás sería cerrar en falso una historia amarga.

Si esto es Cataluña
Carmelo Jordá Libertad Digital 11 Octubre 2017

En el enésimo día histórico del último mes, Puigdemont no ha sabido explicarnos si Cataluña es o no independiente o si lo será el mes que vienen o en un año. La CUP parece disgustada, los independentistas en el exterior del Parlament se han ido a casa arrastrando los pies en la que iba a ser su gran noche, los tractores vuelven al agro y la ANC y Ómnium se muestran "satisfechos", pero seguro que esperaban salir eufóricos y, desde luego, eufóricos no han salido.

En el resumen de la jornada podemos más incluir las muchas sospechas que el inesperado movimiento de Puigdemont levanta, pero ninguna certeza sobre lo que significa o sobre lo que va a ocurrir.

No obstante, sí hemos vivido la nueva constatación de un hecho que desde el pasado seis de septiembre podía afirmar cualquier observador imparcial: si estos tipos que están liderando esta chapuza de golpe de Estado son Cataluña, si esto que vemos es lo que sería la futura Cataluña independiente, estamos ante el más bochornoso país de pandereta de Europa.

Ni el Mónaco de los casinos y los Grimaldi, ni el ignoto San Marino, ni siquiera el Vaticano del Papacisco serían capaces de un espectáculo tan lamentable como el que está dando Cataluña en el camino a su independencia.

¿Qué Cataluña podemos esperar que salga de este esperpento si Rajoy no impide la independencia que ya han firmado los 72 diputados separatistas? Paradójicamente, una que reproduzca la chapucería que tantas veces hemos creído típica de España; pero además con una inaudita arbitrariedad, un país en el que la Ley va a ser el capricho del presidente de turno o el documento acordado in extremis en cualquier covachuela del Parlament. Es decir: un país sin Ley.

Si esto es Cataluña, si este es el país que espera a los catalanes tras la independencia, lo mejor que pueden hacer los ciudadanos es seguir el camino que ya han marcado las grandes empresas… y huir lo antes posible a algún lugar más civilizado.

Los 30 segundos del Estat Catalá
Pablo Molina Libertad Digital 11 Octubre 2017

La independencia de Cataluña duró diez horas en 1934; este martes estuvo vigente apenas medio minuto, el tiempo que Puigdemont tardó en explicar que dejaba en suspenso su declaración solemne, para dar tiempo a dialogar. Acostumbrados al disparate, los diputados separatistas no se preguntaron cómo es posible que el presidente de una nación decida que deja de ser independiente sin que se le acuse de alta traición, pero el surrealismo de todo el proceso secesionista es tan delirante que este martes, de creer a Puigdemont, Cataluña fue en el transcurso de apenas un minuto región española, Estado independiente y ectoplasma jurídico-político pendiente de catalogar.

Sin embargo, la declaración del todavía presidente del Gobierno regional catalán mantiene su relevancia penal aunque tratara de suspender sus consecuencias políticas, algo que, por otra parte, no está a su alcance decidir. Las palabras de Puigdemont en el Parlamento catalán, despojadas del carácter lacrimógeno consustancial a todo discurso nacionalista, siguen poniendo fuera del orden constitucional a su Ejecutivo y obliga a actuar al Gobierno central. Otra cosa es que la pretendida suspensión de sus efectos sirva para que el Gobierno de Rajoy siga especulando sobre sus efectos jurídicos y, en consecuencia, mantenga las reticencias a cumplir con su obligación esencial.

El espectáculo en el Parlamento regional de Cataluña, en todo caso, iba dirigido al exterior, pues los separatistas están convencidos de que la atención internacional está fijada sobre ellos y las principales cancillerías viven con angustia los últimos estertores de la charlotada. De momento cuentan con el apoyo de Maduro, Assange y Yoko Ono, aunque en la radio pública catalana sostenían que el retraso en el inicio de la sesión parlamentaria se produjo porque Puigdemont estaba hablando con Angela Merkel, seguramente respondiendo a una llamada de la canciller.

En fin, este es el nivel del proceso, que este martes vivió una de sus últimas etapas ahondando, aún más, en el ridículo internacional que los Gobiernos de Cataluña y España vienen protagonizando en las últimas semanas. Rajoy debe hacer cumplir la ley de una vez. Por imperativo constitucional y también para poner fin al tremendo bochorno que estamos ofreciendo al mundo entero. Acaben con esto ya.

Independencia, ni a plazos ni nunca
ABC  11 Octubre 2017

Los juegos de palabras para dar por declarada de modo implícito o diferido la independencia de Cataluña, y a renglón seguido suspender sus efectos de modo explícito y sine die, son un ejercicio de cinismo que en poco o nada hace variar el órdago separatista. Puigdemont protagonizó ayer un espectáculo grotesco que concluyó con acusaciones de «traidor» en las calles de Barcelona, a las que la Generalitat había inoculado el virus separatista con tanto sectarismo que anoche no tuvieron más remedio que acoger con decepción la enésima trampa de su presidente. Intentó arreglar su imagen improvisando una especie de documento, sin validez jurídica alguna, pasándolo a la firma en un pasillo en el que algunos diputados fundaban una república. Patético. Puigdemont ya actúa a la desesperada con una sinrazón fuera de todo código comprensible. Carece de toda credibilidad tanto ante el Estado con el que pretende iniciar tarde y mal una falsa negociación, como ante los catalanes separatistas. Todo responde a un engaño masivo que concluirá con Puigdemont sumido en la irrelevancia política y adornando con sus mentiras las peores letras de la historia de Cataluña.

El intento de Puigdemont de desviar la responsabilidad última de lo que ocurra a Rajoy es indecente. Lo que planteó ayer ante el Parlament sigue siendo un inaceptable chantaje al Estado y al principio de legalidad. Y el Estado tiene la obligación de no aceptar chantajes, no aceptar mediaciones que tiendan a conculcar el verdadero espíritu de nuestra democracia, y no aceptar ni hoy ni nunca una declaración unilateral de independencia impuesta por la fuerza de un golpe institucional. Puigdemont no ha reculado. Solo pretende prolongar su propia agonía de un modo espurio e indigno, tratando de recabar una legitimidad internacional que no existe salvo en sus delirios. Declarar una independencia indefinida y dejarla en suspenso es la solución de un trilero que ha calculado muy mal el coste de poner en almoneda la unidad nacional y llevar a Cataluña a una ruina económica de consecuencias desconocidas. Por muy en suspenso que queden los efectos de su independencia virtual, sí se produjo la declaración de una ilegalidad flagrante, y debe tener consecuencias demoledoras para Puigdemont y para el núcleo de fanáticos manipuladores de la realidad que le rodean. Por eso, el presidente del Gobierno, los partidos constitucionalistas y las instituciones del Estado deben demostrar que no están inermes frente a un golpe de Estado retransmitido en vivo y en directo a todo el mundo. España, como nación, quedaría en muy mal lugar si creyese que el acobardamiento demostrado ayer por Puigdemont es un paso atrás creíble. El daño a nuestra legalidad y a la convivencia está hecho.

La independencia no se negocia. No se puede dialogar con secesionistas que recurren a la sedición y a la rebeldía frente a las leyes como moneda de cambio, y no es aceptable ceder desde ningún punto de vista porque todo lo ocurrido es, jurídicamente, una patada al tablero constitucional. Es un desprecio a la voluntad de la inmensa mayoría de los españoles plasmada en la Carta Magna, y una agresión a la concordia entre los catalanes, y entre estos y el resto de los españoles. Ni por asomo puede interpretarse la decisión de Puigdemont como un ejercicio de generosidad. Muy al contrario, es una fase más de su desafío para abrir fisuras entre el PP, el PSOE y Ciudadanos. Es un absurdo empecinamiento en una sedición de libro por mucho que pretenda dilatarse para buscar soluciones sin haber rectificado. Es la perpetuación de una conducta castigada por el Código Penal.

No cabe otra opción que desdeñar sus genéricas ofertas de «diálogo» sin antes retornar a la legalidad, y ningún partido debe creer semejante falacia. Y no cabe más alternativa que la Fiscalía, o los jueces por la vía de la ejecución de sus sentencias, suspendan con urgencia a Puigdemont en sus funciones, lo inhabiliten para el ejercicio de cualquier función pública para la que ya está claramente deslegitimado, y en su caso sea puesto a disposición judicial para responder de su golpe. Porque todo es ilegal y no se puede dar validez a una ley suspendida por el TC, ni a un referéndum sin garantías, ni a una declaración diferida de independencia, hay que poner fin a esa ilegalidad. La aplicación del artículo 155 se convierte en una solución imprescindible, a la espera de que Cataluña pueda celebrar unas elecciones con nuevos líderes y nuevos mensajes cuando se den las condiciones. Hoy no se dan porque la herida está abierta. Cataluña no puede seguir en manos de dirigentes tan incapaces porque ni un solo catalán se merece que se abuse más de su paciencia, ni ser sometido a este ridículo institucional.

Primeras consecuencias económicas del fanatismo separatista
Alvaro Anchuelo republica 11 Octubre 2017

Los partidos separatistas, avalados por numerosos economistas catalanes a quienes ciega el sectarismo, vienen prometiendo a sus felices seguidores un proceso lleno de bendiciones económicas. Según ellos, una Cataluña independiente seguiría formando parte tanto del euro como de la Unión Europea, e iría camino de convertirse en una especie de Dinamarca soleada. Las claras advertencias de la Comisión Europea en sentido contrario no han hecho mella en la propaganda independentista. Los Tratados europeos dejan claro no solo que serían excluidos, sino que la eventual vuelta dependería de una aprobación por unanimidad, es decir, que estaría sujeta al veto de España.

A nadie en la Unión Europea (donde existen casos similares) le interesa incentivar las secesiones dentro de los Estados miembros. Tales separaciones, por otro lado, son lo más opuesto al ideal integrador de la Unión. Por lo visto, los independentistas catalanes pueden convivir y desean ser solidarios con los letones o los eslovenos, pero no con el resto de sus conciudadanos españoles.

El choque con la realidad del independentismo económico ha sido devastador. El efecto más inmediato: una estampida de cambio de sedes sociales que ha afectado a casi todas las grandes empresas radicadas en esa Comunidad. El traslado se ha visto facilitado por un cambio legislativo promovido por el gobierno central. En realidad, el ruido mediático y el efecto político de esos cambios son superiores, en principio, a sus efectos económicos. El cambio de sede social no implica la deslocalización de las instalaciones, ni siquiera necesariamente el cambio de sede fiscal. Sin embargo, no dejan de suponer una clara advertencia.

Otro efecto inmediato ha sido la repercusión en un sector clave de la economía catalana: el turismo. Cancelaciones de reservas, desvío de cruceros al puerto de Valencia… son la triste realidad que ahora vive una Comunidad cuyo principal problema, hace solo unas semanas, era el exceso de turistas. ¡Al menos eso los separatistas sí que lo han resuelto!

¿Es lo anterior todo? No, por desgracia se trata únicamente del principio, a menos que esta locura se detenga cuanto antes. Si la manada huye en masa, la pregunta correcta es: ¿qué peligros mortales intuye que le acechan en la selva? En términos objetivos (más allá de banderas, canciones y gritos) lo que los líderes separatistas ofrecen a sus entusiasmados seguidores es un triple salto mortal: salir simultáneamente de la Unión Europea, del euro y del Estado que es su principal mercado y del que (a día de hoy) provienen sus ingresos fiscales y su capacidad de endeudamiento público. ¡Casi nada! En comparación, el Brexit es un simple juego de niños.

Las consecuencias económicas más inmediatas de ese salto al abismo, si se consumase, vendrían por el lado financiero y serían mucho más graves para Cataluña que para el resto de España. Las instituciones financieras catalanas perderían la tutela del BCE y el acceso a su liquidez. Tampoco su situación respecto al Fondo de Garantía de Depósitos estaría clara. El resultado, como ya ha podido verse, serían retiradas masivas de fondos (a las que los bancos no podrían hacer frente) y un “corralito” bancario.

La crisis bancaria iría acompañada de una crisis fiscal y de la deuda pública. A día de hoy, la Generalitat carece de una Hacienda propia y tampoco puede emitir títulos de deuda pública en unos mercados que se le cerraron hace años. Es decir, que no podría financiarse ni mediante ingresos impositivos, ni mediante deuda. ¡Como para aumentar el gasto, creando nuevas estructuras estatales! Los recursos hoy provienen esencialmente de las transferencias de la Hacienda estatal y del FLA, algo que no resulta posible cambiar de forma inmediata.

Por supuesto, aunque el detonante de la crisis sería financiero, los efectos se extenderían pronto con fuerza a la economía real catalana. La inversión (doméstica y extranjera), el consumo y el turismo se resentirían ante la falta de financiación, la incertidumbre y la inseguridad jurídica.

Además, salir de la Unión Europea supondría tener que pagar aranceles en los intercambios con los 27 países miembros (incluyendo el resto de España, el principal mercado de Cataluña con diferencia). En cuanto a la moneda, si se decide mantener el euro sería como país externo, sin acceso a euros de nueva creación emitidos por el BCE, ni voz en la política monetaria común. Cuando esa situación se volviese insostenible, habría que emitir una moneda catalana propia, que sufriría un fortísima devaluación (empobreciendo a los catalanes). En fin ¿para qué seguir? La hecatombe económica en ciernes para Cataluña resulta tan evidente, que solo unos iluminados estarían dispuestos a afrontarla a cambio de dudosos beneficios en un lejano futuro.

No obstante, lo anterior no debería llevar a cantar ningún tipo de victoria en el resto de España. Todos saldríamos perdiendo. Cualquiera puede entender que a ningún país le viene muy bien la amputación de una de sus regiones más prósperas. A uno tan cargado de deuda pública como el nuestro, aún convaleciente de una grave crisis económica, menos. Solo lo ya sucedido ha supuesto un duro golpe a nuestra imagen como país, que costará revertir.

El abismo está cerca, pero todavía no se ha dado el salto definitivo. Tras ver las tractoradas de agricultores catalanes que perderían los fondos de la PAC, las manifestaciones separatistas de trabajadores de La Caixa o los comportamientos de Puigdemont y su patética tropa, no es como para tener mucha fe en la racionalidad de los agentes. Por si acaso: ¡paren ya esta locura, mientras aún sea posible! Es mucho lo que nos jugamos todos.

Ocho segundos de independencia, una “dictadura blanca” de 38 años
Rubén Arranz vozpopuli.es 11 Octubre 2017

El discurso de Puigdemont de esta tarde ha sido premeditadamente engañoso. El president de la Generalitat ha manipulado las palabras y su significado para declarar la independencia sin proclamarla; y para evitar la furia de los propios y la reacción de los extraños. Ni TV3, ni la prensa partidaria de la secesión han sido críticas la hipocresía del dirigente.

El 15 de junio de 2011, Artur Mas tuvo que acceder al Parlament en un helicóptero de los Mossos d’Esquadra. Su Gobierno había aplicado un profundo recorte sobre el gasto público, la calle se le había echado encima y los manifestantes se agolpaban en el parque de la Ciudadela barcelonés, lo que le impidió entrar con su coche oficial. Este martes, estudiantes, simpatizantes de la ANC y Òmnium; y payeses a bordo de sus tractores se han concentrado en el mismo recinto para escuchar a Carles Puigdemont decir la frase que no ha pronunciado: “proclamo la independencia de Cataluña”. Lo que ha ocurrido durante estos seis convulsos años lo explicó Josep Tarradellas en 1985, cuando se refirió al ‘pujolismo’ como una “dictadura blanca muy peligrosa que no fusila, que no mata, pero que dejará un lastre muy fuerte”.

La semántica siempre ha sido importante para quienes han movido los hilos de la Generalitat. Sus dirigentes han manejado las palabras como siniestros tahúres con el fin de establecer una diferenciación entre lo de allí y lo de aquí. Entre lo nuestro y lo suyo. Entre el ‘Estado español’ y la nación catalana. Entre quienes forman parte de la estructura de la “dictadura blanca” y los que no están dispuestos a conceder un trato preferencial al catalanismo.

Los representantes del Govern han salpicado históricamente la mayoría de sus discursos con trampas lingüísticas con las que han pretendido disimular la filosofía maniquea y segregadora que encierra el nacionalismo. Han querido hacer creer a la opinión pública que el ‘encaje’ buscaba el acercamiento, y no un mayor alejamiento. O que el concepto de ‘identidad’ tiene que ver con la diversidad, y no con el deseo de levantar fronteras entre Cataluña y el resto de España.

El conflicto entre el Govern y Moncloa ha alcanzado su clímax este martes, cuando Carles Puigdemont ha comparecido en el Parlament para escenificar una falsa declaración de independencia. Un coitus interruptus de ocho segundos que el president ha intentado justificar con una intervención engañosa y mezquina que sólo ha respaldado su prensa afín, con la credibilidad por los suelos. El president de la Generalitat ha manipulado las palabras para intentar evitar la furia de los propios y la reacción represiva de los extraños. Del Gobierno, de los jueces, de los fiscales y de los grupos radicales a los que en septiembre de 2015 vendió su alma para evitar que el movimiento soberanista se desinflara: la CUP, la ANC y Òmnium.

“El discurso de Puigdemont es el propio de una persona que no sabe dónde está, dónde va ni con quién quiere ir”, decía pasadas las 22.30 horas Soraya Sáenz de Santamaría. La vicepresidenta señalaba lo obvio: que el presidente ha recurrido a las trampas lingüísticas para enmascarar sus dudas sobre la viabilidad de la cruzada política que encabeza, así como para ocultar su miedo a sufrir la reacción de los radicales que le rodean en el Parlament y de los propios poderes del Estado.

Nada nuevo bajo el sol
Lo acontecido este martes no es excepcional en la Cataluña del ‘procés’, cuyos líderes se han convertido en auténticos virtuosos del “donde dije digo, digo Diego” con la obscena complicidad de la nutrida guardia pretoriana mediática que les protege. Con TV3 y Catalunya Ràdio a la cabeza, dos cañones entregados a la causa soberanista sin sonrojo. Ambos, capaces de cualquier cosa para proteger la mano que les da de comer.

El pasado 1 de octubre, sus contertulios celebraron que la policía no consiguiera frenar el referéndum ilegal, puesto que sólo había intervenido en una pequeña parte de los colegios electorales. A partir del día 2, la cosa cambió y remarcaron que la “represión” de las fuerzas de seguridad “españolas” había impedido votar a 770.000 personas, lo que legitimaba aún más el resultado de la consulta. Había que respaldar los intereses de la Generalitat, aun a riesgo de que la memoria del espectador dejara a los periodistas como unos auténticos embusteros.

Pero ya se sabe, esto es el mundo al revés. El de los medios que agasajan al poder, el del populismo más chabacano al mando de las principales plataformas de comunicación y el de las repúblicas independientes que mueren 8 segundos después de nacer.

Esta tarde, TV3 mostraba un cartel que incluía un extracto del discurso de Miquel Iceta: “El 38,47% no es el pueblo de Cataluña”. Pudiera parecer que el líder del PSC había negado la ‘catalanidad’ a los secesionistas y nada más lejos de la realidad. Pero la mentira era necesaria. Nadie puede quedar impune a la crítica.

Poco antes, Puigdemont denunciaba que los impulsores de la consulta del 9-N y sus familias tengan que hacer frente a una fianza millonaria en los próximos días. Ni mencionaba que habían cometido un -supuesto- delito al utilizar fondos públicos para la organización de la consulta, ni hacía referencia a la ilegalidad de esta cita electoral. Por supuesto, sus medios afines no ofrecían más información al respecto. De lo contrario, hubieran violado las leyes no escritas de esta Cataluña de las verdades a medias, las mentiras como puños y las peligrosas omisiones.

El Conde de Godó vuelve a la carga
La Vanguardia ha practicado un doble juego durante todo el proceso soberanista, al igual que una gran parte de la burguesía catalana. El periódico del Conde de Godó nunca ha defendido la independencia de Cataluña, pero ha pasado de puntillas sobre muchos asuntos que resultaban incómodos para su pagador. Es decir, la Generalitat, quien con su generosidad ha ayudado a cuadrar las cuentas durante los años más duros de la crisis económica.

Este jueves, tras la finalización del discurso del president de la Generalitat, la web del diario abría con el siguiente titular: 'Puigdemont suspende los efectos de la independencia para contribuir al diálogo'. No tardará en reaparecer en sus páginas la palabra ‘encaje’, popularizada durante el pujolismo y de uso frecuente por el sector ‘moderado’ del PdeCat. Para el nacionalismo, el lenguaje es importante, aunque sirva para camuflar monstruos

Ara y El Punt Avui han defendido por activa y por pasiva la independencia de Cataluña desde que Artur Mas encaminara a la sociedad catalana hacia ese objetivo para enmascarar su tijeretazo a los servicios públicos y la corrupción que le rodeaba. Resultaba difícil encontrar este martes en estos medios una crítica a Puigdemont por haber retrasado la aplicación de la DUI. Una vez más, tocaba cerrar filas con el Govern, convertido en una especie de ente mesiánico cuyas decisiones nadie apuntilla.

Tampoco han sido especialmente expeditivos ‘los Jordis’, esa extraña pareja formada por los líderes de la ANC y de Òmnium a la que tan de cerca siguen las cámaras durante los últimos meses.

El representante de la ANC, Jordi Sánchez, ha gozado de una generosa presencia en LaSexta desde el lunes por la noche. Es cierto que se enfrentó a un momento embarazoso cuando uno de los contertulios le recordó un oscuro punto de su pasado, como es su pertenencia a ‘Crida a la Solidaritat’, ese grupo de agitación que atribuyó a la irresponsabilidad de la policía la masacre perpetrada por ETA en Hipercor –que el aludido negó-. Ahora bien, el argumentario de Sánchez ha tenido una mucho mayor exposición de la que merecía. Quizá hubiera sido más oportuno dedicársela a quienes, desde la razón, pretenden echar por tierra el delirante catecismo independentista.

No se puede pedir más, pues éste es el mundo al revés. El de los medios que agasajan al poder, el del populismo más chabacano al mando de las principales plataformas de comunicación y el de las repúblicas independientes que mueren 8 segundos después de nacer. Por supuesto, también el de los discursos minados con recursos lingüísticos que se emplean para mentir y manipular. Puigdemont ha abusado este martes de la antítesis. O del lítote. Porque no parece que sus dependencias sean hoy mucho menores que ayer.

¿Cataluña independiente?
SANTIAGO MUÑOZ MACHADO El Mundo 11 Octubre 2017

No se producirá la independencia de Cataluña. Quiero decir que una declaración de independencia no llevará a la creación de un Estado republicano separado de España, con soberanía propia y revestido de las atribuciones correspondientes, reconocido por los Estados más importantes del mundo. No ocurrirá porque no se dan las condiciones y porque en Europa, desde la Paz de Westfalia para acá, no se han variado nunca las fronteras, salvo acuerdo voluntario, sino en el marco o como consecuencia de confrontaciones bélicas. Y no parece que haya nadie que esté dispuesto a llevar el conflicto a ese terreno ni que ningún Gobierno responsable vaya a dar facilidades para la demolición de la unidad constitucional y la fragmentación de España. No se producirá, por tanto, si las instituciones del Estado no se conforman con las declaraciones de los sublevados y se aprestan a evitar las consecuencias.

No conviene, sin embargo, dejarse llevar por la idea de que, en este contexto, la declaración de independencia no será mucho más que un desahogo de los nacionalistas, con meros efectos simbólicos. El Gobierno catalán, todas las instituciones que están bajo su control y muchos ayuntamientos de Cataluña pueden tomarse en serio la representación y continuar por la senda abierta de hacer desaparecer el Estado español de aquel territorio.

El Estado lleva años diluyéndose allí, física y jurídicamente. Lo primero porque no tiene ni infraestructuras en las que refugiarse, como ha mostrado dramáticamente el reciente vagabundeo de las fuerzas de seguridad por los hoteles de la costa y los barcos de turismo usados como alojamientos subsidiarios. Lo segundo porque, desde hace también mucho tiempo, las resoluciones que adopta el Estado en materias de su competencia se cumplen o no según la libérrima voluntad del Gobierno de la Generalitat; lo mismo da que la fuente de la decisión sea el Tribunal Constitucional o que la resolución provenga de un modesto juzgado de instancia.

Pero en este punto exacto, en que se hace preciso optar por dos legalidades en conflicto, radica el problema y la elección de las medidas que tengan que usarse para resolverlo.

El Estado, para funcionar adecuadamente, no puede prescindir de dos instrumentos que lo han acompañado durante toda su Historia, y que ahora funcionan en los términos que establecen las constituciones de todos los Estados de derecho del mundo. Esas dos herramientas imprescindibles son, por un lado, que las decisiones de una autoridad pública tienen que ser inmediatamente cumplidas por sus destinatarios; y, por otro, que si no son cumplidos voluntariamente pueda el órgano que los dictó imponer su cumplimiento usando medios coactivos que las leyes ponen a su disposición.

Las decisiones ejecutivas pueden proceder de órganos gubernativos o administrativos o consistir en sentencias y otras resoluciones de los jueces y tribunales. Si se incumplen o se resisten a cumplirlas los obligados a acatarlas, la ejecución forzosa se puede llevar a cabo por diferentes vías (de sustitución del responsable, económicas, sancionadoras o de coacción física) que de una u otra manera, en caso de resistencia recalcitrante no superable por otros medios, necesitan finalmente la concurrencia de las fuerzas encargadas de asegurar el orden y la paz jurídica.

Si la coacción legítima del Estado no se pone en duda, la arquitectura del sistema institucional en que se apoya nuestra convivencia no se resentirá. Si se ofrece resistencia y el Estado no se impone, quedará abatido en las zonas de su territorio donde esto ocurra. Estaremos en tal caso ante la emergencia de otro soberano.

La aceptación de un nuevo soberano, nacido del interior del único Estado soberano contemplado por la Constitución y concurrente con él, supone reconocer a aquél, si hay aquietamiento, poderes de acción y de resistencia equivalentes. El conflicto se transforma en una confrontación entre un Estado legítimo y otro impostado, que se envuelve en una legalidad de ocasión y que cuenta con su propia Policía para imponerse. Ésta es la transformación de la realidad constitucional que están imponiendo el Gobierno y el Parlamento de Cataluña.

La declaración de independencia no es cuestión indiferente, por las razones que acaban de indicarse, aunque consistiese en un mero desahogo de los nacionalistas sin consecuencias internacionales.

Soberano, en una situación convulsa de este género, será quien sea capaz de imponer la legitimidad de su origen y cuente con fuerzas bastantes para ello. Quien pueda invocar los poderes de excepción, los aplique y supere, ejerciéndolos, el intento de demoler el orden establecido.

A pesar de que los especialistas han recordado con cierta frecuencia la disputa de hace un siglo entre Kelsen y Carl Schmitt acerca de quién debe ser el defensor de la Constitución, estamos nosotros en otra época y esa cuestión aparece en el texto de nuestra Ley fundamental resuelta y bastante depurada. Es este documento jurídico el que hay que consultar.

La Constitución compromete en la tarea a todas las instituciones del Estado. No es preciso que justifique mucho esta afirmación. Basta con acercarse a los diferentes artículos que proclaman la unidad e indivisibilidad de la nación española, el papel de las Fuerzas Armadas, las atribuciones del Rey, los poderes de excepción con que cuenta el Gobierno, con intervención del Congreso, para la declaración de estados de excepción y sitio; la participación del Senado en la habilitación de poderes especiales para evitar la vulneración del interés general por una Comunidad Autónoma, las funciones de los tribunales, el papel del Tribunal Constitucional, o el poder de reforma constitucional que pone en manos de las instituciones del Estado la competencia de la competencia, es decir, la potestad de revisar el reparto del poder establecido en cada momento.

El Gobierno ha canalizado la defensa de la Constitución hasta ahora exclusivamente a través de la Justicia, incitando su protección por los tribunales penales y el Tribunal Constitucional. Los resultados no han sido espectaculares porque la Justicia siempre cuece las respuestas a fuego lento. Pero serán efectivos. Algunos hubieran preferido la utilización de vías más rápidas que permitieran descabezar inmediatamente la revuelta. Lo primero que debe hacerse, en caso de levantamiento, es apartar a los líderes, como los imperantes han hecho siempre a lo largo de la Historia. De aquí la apelación continua al artículo 155 de la Constitución donde se cree que residen todos los remedios. No me detengo en la exposición de las posibilidades que ofrece este precepto tan popular (mi portero me despide por las mañanas preguntándome cuándo se va a aplicar por fin) porque se ha convertido en un mito de tanto invocarlo y todo el mundo le atribuye virtudes inacabables, incluidas las que no contiene.

No soy por mi parte tan crítico con que el Gobierno, como se dice mucho, se haya escondido detrás de las togas de los magistrados. Considerando que interesa a los insurgentes que el Estado español ofrezca la imagen internacional de represor e intolerante con el ejercicio de las libertades, tiene mejor presentación y es más difícil de tergiversar que sean los tribunales, y mejor aún que sea el Tribunal Constitucional, los autores de las decisiones más serias, adoptadas en el marco del procedimiento debido y acompañado de todas las garantías.

Esta preferencia no deja, sin embargo, al Gobierno libre de obligaciones. Las decisiones de los Tribunales tienen que cumplirse y si, como está ocurriendo con las del Tribunal Constitucional, no se atienden e incluso son motivo de burla y escarnio por parte de los más atrevidos, el Gobierno tiene que poner la fuerza al servicio de la constitucionalidad y la legalidad. También él es garante de la Constitución y el único poder del Estado que controla la coacción legítima aplicada a través de las fuerzas del orden.

Hay problemas que los tribunales no pueden resolver. El que acabo de señalar es uno. Otro la resistencia utilizando o manipulando medios de fuerza propios del incumplidor. Pero los que más difícilmente pueden dejarse a la exclusiva responsabilidad de los tribunales son los que implican a grupos amplios de ciudadanos. Las actuaciones en masa. El Estado tiene que habilitar en tal caso los medios de que dispone, que forman, a mi juicio, en dos grupos bien definidos.

Primero, las medidas de intervención, sustitución de dirigentes, redistribución y avocación de competencias: los tribunales pueden suspender y condenar a los responsables de la insurgencia; también adoptar todas las medidas necesarias para asegurar el cumplimiento de sus decisiones.

El Gobierno, por la vía ejecutiva, con apoyo del Senado, puede dar instrucciones y, en su caso, sustituir a los jefes de las instituciones catalanas, asumir el mando de las fuerzas de seguridad dependientes de la Generalitat que han dado muestras de deslealtad, y cambiar temporalmente el reparto de competencias entre el Estado y la Comunidad autónoma. A todo ello da cobertura el artículo 155 de la Constitución.

Segundo, las medidas que aseguren la eficacia y ejecutividad de las decisiones anteriores y el mantenimiento del orden: son el control total de las fuerzas y cuerpos de seguridad, y la aplicación de todas las previsiones de la Ley de Seguridad Nacional de 2015 y, en su caso, con intervención del Congreso, las que habilita la Ley de los estados de alarma, excepción y sitio de 1981. Todas estas vías suponen, como mínimo, que todos los agentes y funcionarios de las Administraciones públicas del territorio, incluidos los Ayuntamientos, quedan a las órdenes de una autoridad única designada por el Gobierno.

Y, mientras tanto, restablecido el orden constitucional, será ineludible celebrar, en cuanto sea posible, unas elecciones autonómicas ajustadas a la legalidad que permitan conocer bien la voluntad del pueblo de Cataluña. Naturalmente, también es imprescindible poner sobre la mesa propuestas inteligentes en las que basar un nuevo pacto que asegure una relación pacífica y estable de Cataluña con el Estado. Las mías siguen siendo las que figuran en Cataluña y las demás Españas (Crítica, 2014). A este libro me remito.

Santiago Muñoz Machado es catedrático de Derecho Administrativo y miembro numerario de las Reales Academias Española y de Ciencias Morales y Políticas.

Con el mismo título de este artículo se publicará, a primeros de la próxima semana, un número especial de la revista El Cronista del Estado de Derecho, que dirige Santiago Muñoz Machado. Incluye 40 colaboraciones de los mejores constitucionalistas y administrativistas del país sobre el referéndum del 1-O y la independencia de Cataluña. El artículo que publicamos resume algunas ideas del autor que se contienen en su contribución a la indicada revista.

Un Estado de Derecho no negocia con delincuentes
Ramiro Grau Morancho.  latribunadelpaisvasco.com 11 Octubre 2017

Abogado. Académico Correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación

Ningún Estado serio del mundo negocia nada con los delincuentes.

Simplemente se les aplica el Código Penal vigente, y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado proceden a su detención y puesta disposición judicial, y esa autoridad judicial es quien decreta si van a prisión preventiva o pueden permanecer en libertad provisional, con o sin fianza, y siempre a resultas del procedimiento penal incoado contra ellos.

Así sucede en todos los países civilizados, y que se rigen por el Derecho.

La legislación prevé, en el caso de los funcionarios públicos, la suspensión provisional de funciones, que lleva aparejada la suspensión de empleo y sueldo.

Parece evidente que la misma previsión debe existir en el caso de los cargos públicos, es decir, políticos, que hayan sido cogidos con las manos en la aja, hayan incumplido sus obligaciones o pasen de todo, dedicándose a fumar puros y leer El Marca en su despacho oficial, repantingados en su sillón, y con los pies encima de la mesa, mientras España entera se desmorona…

¡Hace falta tener los cojones como el caballo de Espartero para actuar así, o lo que es peor, no tenerlos!

La ciudadanía está harta, estamos hartos, de esta situación, viendo como los que cobran por gobernarnos hacen dejación de sus funciones, por su cobardía, inutilidad o, lo que es peor, traición.

Hora surge un movimiento “espontáneo”, organizado por Potemos (no es un error), la Cup, o lesbianas al poder, los pro etarras del País Vasco, y con el acompañamiento coreográfico de cientos de miles de tontos útiles (que en España son millones), diciéndole al legítimo Gobierno de España “que hay que hablar”, “que hay que negociar”, y que “negociando” se solucionan los problemas…

¡Seguro que sí! Seguro que la violada si le dice al violador que hablen, este deja de penetrarla, o de exigirle que le haga una felación, con el cuchillo o la pistola en su cabeza. O que el atracador, al oír “vamos a hablar”, deja de atracarte, y te invita a tomar un café, para hablar de la brevedad de la vida, y de lo mal que va el mundo.

¿Pero en qué mierda de país vivimos, y siento decirlo, pues amo mucho a mi Patria?

En una Nación seria y civilizada, quienes no cumplen las Leyes por las buenas, la acaban cumpliendo por las malas.

Esa es la fuerza coercitiva del Derecho, que a diferencia de las normas morales que son de aplicación voluntaria, y además el sentido ético y moral cambia de unas a otras personas, en el caso de las normas jurídicas son un mínimo exigible a todo ciudadano, por las buenas o por las malas.

El Gobierno no puede hacer dejación de sus funciones. Y si son incapaces de llevar los pantalones bien puestos, y de tener coraje para enfrentarse a la situación, lo mejor que pueden hacer es dimitir.

Y lo mismo digo respecto al Rey.
Es cierto que hace unos días tuvo una intervención muy sensata, a la que rápidamente replicó “el cheposo” diciendo que él tenía cinco millones de votos detrás, y que al Rey no le había votado nadie… Y es verdad.

Pero lo que seguramente ignora “el chepas”, y toda la gentuza de su cuerda, es que la Constitución de 1978, que sí fue aprobada por la mayoría del pueblo español, establece en su art. 62, h). que “Corresponde al Rey: El mando supremo de las Fuerzas Armadas”.

Y el art. 8, 1, de la Carta Magna dice que: “Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional”.

En esas estamos. Yo hubiera preferido ver a Su Majestad con el uniform de Capitán General del Ejército, la verdad. Creo hubiera sido lo más apropiado, pues estamos ante un golpe de estado, por ahora incruento…, pero no sabemos por cuánto tiempo.

www.ramirograumorancho.com

Ni artículo 155 ni secesión, reforma territorial
Juan Gonzalo Ospina okdiario 11 Octubre 2017

El desafío secesionista ha llegado a tal punto de desobediencia a la ley, de desacato a sus propias normas y de crispación social, que ante la amenaza del Puigdemont de declarar unilateralmente la independencia de Cataluña, el Gobierno de España se plantea la aplicación del artículo 155 de la Constitución. La utilización de este artículo implicaría políticamente la suspensión de las competencias de la Generalitat y la sumisión de las mismas al delegado del Gobierno. La consecuencia social, un argumento irrefutable para los secesionistas que conseguirían el apoyo de la calle con un falaz argumento: “Primero no nos dejan votar y ahora nos quitan la democracia”. Y es que en política, lo importante no es sólo aplicar la ley sino ganarse a la opinión pública.

Por ello, ¿qué conseguiríamos con la aplicación del 155 más allá de calmar el furor de los más patrióticos que se han visto vilipendiados por la arbitrariedad independentista? Pues se conseguiría que jurídicamente no habría declaración de independencia. Sin embargo, esta no es ni la única ni la más apropiada medida para alcanzar tal fin. Aunque el 155 no se puede descartar, existen medidas más eficientes para evitar y cesar este autoritarismo secesionista. Por ejemplo, la aplicación del artículo 92.4 a) de la Ley Orgánica del Constitucional que regula multas de hasta 30.000 euros para aquellos que desobedezcan una resolución del Tribunal.

Además, con esta medida, se podría suspender a sus responsables. Si se suspende a Puigdemont, ¿cómo va a declarar la independencia careciendo de potestad jurídica? No obstante, no sólo el Constitucional tiene herramientas para frenar el secesionismo, también el Código Penal debería de actuar, y aquellos que desde las instituciones renuncien a cumplir la ley. ¿Y dónde esta la Ley de Seguridad Ciudadana para sancionar a los titulares que abrieron los colegios electorales o participaron en las mesas electorales? ¿Dónde está la ley para perseguir a los funcionarios que con conocimiento de su ilegalidad actuaron contra la suspensión del referéndum?

En una democracia, ni es serio saltarse la ley, ni tampoco administrar la ilegalidad por parte de los poderes públicos. El Estado español tiene instrumentos más que suficientes para actuar contra esta desobediencia generalizada. No obstante, una vez cesada la situación de sumisión, ¿por qué ningún grupo político plantea un pacto de Estado en defensa del modelo territorial? Los países más avanzados tienen modelos federales, eso es, competencias definidas entre el Estado y sus regiones. No es serio que en España haya comunidades con unas competencias transferidas y otras que no. Esta desigualdad genera injusticias y las injusticias generan ruptura. En pleno siglo XXI ha llegado el momento para que se aplique la ley, pero toda la ley, porque si no la impunidad de quienes la vulneran generaría un sentimiento de arbitrariedad y autoritarismo. Por otro lado, ¿no será el momento de plantear un modelo territorial más eficiente para el Estado que evite duplicidades y desiguales entre sus comunidades?

¡Al suelo! ¡Al suelo todo el mundo!
Roberto L. Blanco Valdés. La voz 11 Octubre 2017

Es posible que el presidente rebelde Puigdemont crea haberse salido con la suya al declarar ayer la independencia de Cataluña en forma de república. Es incluso posible que su acto, tan ingenuo como insólito, de malabarismo -suspender los efectos de tal declaración- haya logrado engañar a los incautos incapaces de ver lo que tal cosa es en realidad: pura retórica. Sí, pura retórica pues resulta imposible suspender unos efectos que no existen dado que nadie, ni España ni ningún otro Estado del planeta, reconocerá la independencia que ha proclamado Puigdemont. El objetivo de tan pintoresca suspensión, muy distinto, es, por tanto, transparente: intentar frenar, a la desesperada, la inevitable acción del Estado democrático en respuesta al golpe de Estado que ayer se consumó en el parlamento catalán.

Ese golpe de Estado, que abre la mayor crisis política de nuestra reciente historia constitucional, no es sino la culminación -hoy lo sabemos- de una conspiración revolucionaria en toda regla contra la unidad de España, su Constitución y la democracia que de esta se deriva, la mejor que jamás hemos disfrutado. Así quedaba de relieve con toda claridad en un documento incautado por la Guardia Civil a Josep María Jové i Lladó, secretario general de Vicepresidencia, Economía y Hacienda de la Generalitat, detenido por orden judicial, bajo la acusación de sedición, el 20 de septiembre.

Dos párrafos de ese escrito (Reenfocant el procés d’independencia per un resultat exitós) no tienen desperdicio, pues prueban la estrategia desestabilizadora del independentismo para alcanzar la secesión. El objetivo de los separatistas debía ser impulsar «un conflicto democrático de amplio apoyo ciudadano, orientado a generar inestabilidad política y económica, que fuerce al Estado a aceptar la negociación de la separación o un referendo forzado». Para ello, subrayaba el documento, «los jefes políticos y policiales de los Mossos están totalmente involucrados en este proceso separatista». Es difícil imaginar una traición más alevosa por parte del nacionalismo contra la Constitución que les ha permitido durante décadas gobernar en Cataluña y contra el Estado cuyas normas deberían guardar y hacer guardar.

Por eso, la respuesta de la democracia española contra la conspiración que ha acabado en la declaración de independencia debe ser proporcional a su extraordinaria gravedad. Esto tiene que acabarse. Y, llegado al punto demencial al que las cosas han llegado, tal objetivo, vital para el futuro de España, solo puede alcanzarse actuando con todo el peso de la ley contra los responsables de esta verdadera rebelión. Cualquier otra salida sería cronificar un problema que, entonces, ya no tendría solución.

Como los militares que entraron metralleta en mano el 23 de febrero en el Congreso, Puigdemont ha gritado también «¡Al suelo! ¡Al suelo todo el mundo!». Solo que en lugar de dirigirse a 350 diputados y al Gobierno de Suárez lo ha hecho a cuarenta millones de españoles.

Gallina blanca
En resumen: bla, bla, bla, pero no se ha atrevido
Luis Ventoso ABC 11 Octubre 2017

Mientras en la redacción del periódico debatíamos anoche intentando descifrar el enrevesado Pensamiento Puigdemont –suponiendo que los términos pensamiento y Puigdemont no supongan un oxímoron–, me pitó el móvil en el bolsillo. Era un mensaje de mi buen amigo Genín, arquitecto y vecino de la Noia coruñesa, que me resumía con un «guasap» muy simple la esperadísima alocución en el Parlament del gran libertador de la nación catalana: cinco emoticonos de gallinitas blancas. A veces el gracejo popular sintetiza mejor los hechos que los alambicados análisis politológicos y tertulianescos.

Puigdemont y su flequillo iban a declarar la independencia. El planeta asistiría al parto de la nueva República. Pero al final Moisés se amilanó. Vino a decir que la tierra prometida queda para otro martes, para inmensa decepción de su parroquia, con los hooligans de la CUP tachándolo al instante de «traidor». A las puertas del Parlament, manifestantes separatistas perplejos, algunos llorosos, acreditaban la gran envainada con la evidencia de sus rostros demudados. Puigdemont hizo malabares semánticos. Pero lo único cierto es que cuando los historiadores del futuro estudien qué ocurrió el 10 de octubre de 2017 en Cataluña no escribirán que ese día la Generalitat insurrecta declaró la independencia, sino que se produjo una suerte de astracanada berlanguiana, al percibir los insurrectos que estaban perdiendo su batalla en todos los frentes.

¿Por qué no se atrevieron finalmente Junqueras y Puigdemont a declarar la independencia? Al margen de que a nadie le gusta probar el rancho del trullo y de que no hay país en el mundo que los apoye, la clave es que en los últimos días la realidad los ha vapuleado. Han recibido tres collejas de impresión. La primera fue toparse con un jefe de Estado en su sitio, Felipe VI, que sin zarandajas buenistas les dejó clarísimo que España defenderá con toda firmeza la legalidad constitucional. El segundo rejonazo llegó con la manifestación del domingo: una riada de más de 300.000 personas por las calles de Barcelona reivindicando la razón y la concordia con banderas españolas y senyeras. ¡Oh asombro de Puidgemones!: ¡España existía en Cataluña! El tercer bofetón de realidad, el que más escuece y más ha pesado en su acobardamiento, es la fuga en masa de las grandes empresas catalanas, incluido su poder financiero y su primer grupo editorial, que anoche puso pies en polvorosa. Si hace solo diez días nos hubiesen dicho que La Caixa iba a abandonar Cataluña no lo habríamos creído. El pueblo catalán es desde siempre maestro en los negocios y amante destacado de la pela. Percibir que la chulería separatista iba a acabar en miseria galopante ha devuelto a mucha gente a pagos más cuerdos.

La guerra no ha terminado y Rajoy debería atajar de una vez un golpe de Estado que va tomando ya formas de culebrón bananero. Pero por ahora está haciendo buena la máxima del viejo Helenio Herrera: va ganando el partido sin siquiera bajar del autobús.

Somos gente normal
José María Albert de Paco Libertad Digital 11 Octubre 2017

Pese a lo turbio que pudiera resultar el discurso de Puigdemont, la declaración de independencia es inequívoca.

En consonancia con la retórica torturada que ha presidido el procés, la proclamación de independencia de Puigdemont dejó una postrera palabra para el glosario de la infamia: desescalar. "Asumo el mandato del pueblo de que Cataluña se convierta en un Estado independiente en forma de república", declaró solemnemente el ¿todavía? presidente de la Generalitat, para, inmediatamente, anunciar una petición al Pleno (que se quedó, por cierto, en anuncio, por lo que cabe concluir que la independencia está en vigor) de aplazamiento de los efectos de la declaración en aras de una negociación. Eso sí, entre iguales. La fórmula empleada, entre el toco y me voy y el coitus interruptus, suscitó una mueca de contrariedad entre las diputadas de la CUP, que aplaudieron la frase-término que ha regido sus vidas con cierta desgana. En este sentido, parecía cuestión de minutos que Arran acusara a Puigdemont de haber traicionado el proceso, como así sucedió. El desconcierto también cundió en el gentío agolpado en el Arco del Triunfo. No era ésta, desde luego, la épica balconera con que soñaban los más fervientes militantes; menos aún, obviamente, después de haber protagonizado tantas diadas memorables.

Con todo, y pese a lo turbio que pudiera resultar el discurso de Puigdemont, la declaración de independencia es inequívoca. De lo contrario, la petición de aplazamiento carecería de sentido, por mucho que nada lo tenga ya. Un columnista de provincias, en efecto, capaz de embutir (y nunca mejor dicho) en el discurso más importante de su vida la enunciación "Somos gente normal, no estamos abducidos", acababa de sumir a Cataluña en la anomia.

La Vanguardia: los pirómanos hacen ahora de bomberos
Editorial OKDIARIO 11 Octubre 2017

El Estado de Derecho ha conseguido que el barco independentista haga aguas. En pleno hundimiento, las tribulaciones no sólo se apoderan de los golpistas, también de todos aquéllos que hasta ahora habían sido sus diligentes colaboradores. Un ejemplo claro lo encontramos en La Vanguardia. El periódico del conde de Godó ha dado un súbito e interesado frenazo en su apoyo constante a la causa sediciosa. Tras años como altavoz y soporte mediático de los que quieren romper España, los pirómanos se cambian el disfraz para hacer ahora de bomberos. Tarde y mal. Cuando el barco se va a pique, se apuntan al “estadismo” al más puro estilo de los hermanos Marx: “Estos son mis principios. Si no les gustan… tengo otros”. En sus últimos editoriales reprochan “la manera altamente irresponsable” en que “algunos estrategas del independentismo catalán” están señalando a Cataluña a nivel internacional. Esta nueva postura —en su publicación más reciente destacan que “las soluciones unilaterales no conducen a buen puerto”— contrasta con la connivencia manifiesta que han mostrado hasta hace escasas fechas. Un apoyo supeditado, obviamente, a las ingentes cantidades de dinero con las que la Generalitat ha premiado al Grupo Godó a lo largo de la última década: más de 35 millones de euros entre 2011 y 2017.

La Vanguardia pasó de ser una referencia informativa para los catalanes a una hoja parroquial del golpismo. Eso sí, un libelo con las letras muy bien pagadas, parte de ese conglomerado informativo que ha recibido casi 3 millones de euros al año desde que Mas llegara a la presidencia en 2010. Por poner un ejemplo, sólo en el segundo semestre de 2016 y sólo el periódico de papel obtuvo 761.733 euros, más que ningún otro en Cataluña. Unos números que no incluían las partidas destinadas por otras consejerías del Govern ni tampoco las que van a proyectos concretos. Este chorro de dinero no es nuevo. El independentismo ha querido asegurar su mensaje de masas a base de paniaguar la voluntad de los medios. La Generalitat ha gastado más de 200 millones de euros en las empresas de comunicación durante el proceso soberanista entre subvenciones directas y publicidad institucional. Siempre de un modo más que opaco. Una barbaridad si tenemos en cuenta que desde la etapa presidencial de Artur Mas (2010-2016) hasta ahora la Hacienda catalana ha ido menguando hasta rozar la bancarrota. Si no fuera por el Fondo de Liquidez Autonómico (FLA) que propicia el Gobierno, no podrían sufragar ni los servicios mínimos sanitarios.

En toda esta locura del periodismo subvencionado, La Vanguardia, y por ende el Grupo Godó, han sido indiscutibles campeones absolutos. De ahí que llame más la atención si cabe que ahora se descuelguen con editoriales justificativos donde exhortan a los “padres” de la falsa república catalana a parar una sinrazón que ha llevado a más de 600 empresas fuera de la comunidad autónoma, que ha puesto al Gobierno al límite de su paciencia y que puede conllevar gravísimas consecuencias si finalmente confirman el golpe de Estado y osan declarar la independencia secuestrando así la voluntad democrática de la gran mayoría de catalanes. Ahora hablan de la “capacidad autodestructiva” del procés cuando hasta hace pocos días eran la connivencia hecha medio. Ahora tratan de apagar el fuego que ellos mismos han atizado durante años y hablan de “independencia low cost“, de “aventureros e iluminados” y piden que todo acabe. Ahora que tanto los mercados como los organismos internacionales han dicho que este viaje a ninguna parte es inviable. Ahora tratan de significarse como constitucionalistas y demócratas. Ahora, quizá, que es demasiado tarde.

El 'procés' eterno
Lo que hoy tenemos no es una reacción fulminante ante la DUI, sino un abstruso debate hermenéutico en el bloque constitucional sobre la interpretación de las palabras de Puigdemont
Ignacio Varela elconfidencial 11 Octubre 2017

“Nosotros, representantes democráticos del pueblo de Cataluña, en el libre ejercicio del derecho de autodeterminación,

CONSTITUIMOS la República catalana, como Estado independiente y soberano.
DISPONEMOS la entrada en vigor de la ley de transitoriedad jurídica y fundacional de la República.

INICIAMOS el proceso constituyente.
AFIRMAMOS la voluntad de abrir negociaciones con el Estado español. Las negociaciones habrán de ser, necesariamente, en pie de igualdad.

LLAMAMOS a los estados y a las organizaciones internacionales a reconocer a la República catalana como Estado independiente y soberano.
INSTAMOS al Gobierno de la Generalitat a adoptar las medidas necesarias para hacer posible la plena efectividad de esta declaración de independencia”.

Esto figura en el texto que ayer, tras la sesión del Parlament, firmaron solemnemente los 72 diputados independentistas. Lo rubricaron como “Los legítimos representantes del pueblo de Cataluña”, negando esa condición a los otros 63 diputados que forman la Cámara. Lo firmaron los del PDeCAT, los de ERC y los de la CUP. El texto tiene la evidente vocación de quedar para la historia y de que mañana se lea y se enmarque en todos los centros públicos de Cataluña, colegios incluidos.

Los diputados de JxS y la CUP firman la declaración de independencia
Hay que querer estar muy ciego, tener un voluntarismo a fuerza de explosión nuclear o ser tan cínico como Pablo Iglesias para sostener que esto no es una declaración de independencia. Hasta la estructura y la redacción ampulosa y sobrecargada son una penosa imitación del texto histórico que creó Thomas Jefferson hace 241 años.

Sin embargo, la noticia para dirigentes políticos, medios informativos y líderes de opinión es que ayer no hubo una declaración de independencia en el Parlamento de Cataluña; o que si la hubo, fue inmediatamente suspendida para dar paso a una noble, sincera y generosa oferta de diálogo y negociación por parte del muy honorable presidente Puigdemont, que antes de ayer era calificado de golpista, fanático y trapisondista por los mismos que hoy se hacen lenguas de su moderación y espíritu de pacto. Para que luego hablen de la posverdad. Nunca fue más cierto aquello de Marcel Proust: “La convicción crea la evidencia”.

Seguro que soy yo el sordo o el equivocado. Pero lo que humildemente escuché en el discurso de Puigdemont fue lo siguiente:
Primero, que el 1 de octubre en Cataluña hubo un referéndum de autodeterminación válido y vinculante a todos los efectos.

Segundo, que procede que “Cataluña se convierta en un Estado independiente en forma de república". Para añadir, por si no estaba claro: “Esto es lo que HOY corresponde hacer”.

Tercero, que “proponemos que el Parlamento suspenda los efectos de la declaración de independencia para que en las próximas semanas emprendamos un diálogo”. Un diálogo, puntualizó, basado, “de manera imprescindible”, en los resultados del supuesto referéndum.

Es decir: declaramos que Cataluña es independiente a partir de hoy, pero aplazamos los efectos de esa declaración (no la declaración misma) para mostrar espíritu de diálogo. No un diálogo sobre independencia sí o no, que eso se da por supuesto, sino sobre cómo llevarla a cabo.

La fórmula está calcada del ejemplo esloveno (obviando púdicamente el hecho de que allí hubo que pasar por una guerra con muertos), pero reproduce lo del Brexit: anunciamos que nos vamos y eso ya no se discute. Ahora, vamos a discutir durante una temporada sobre el reparto del ajuar.

Con un discurso innegablemente hábil, Puigdemont mató varios pájaros de un tiro. Blanqueó concienzudamente la contaminada imagen del secesionismo catalán ante la opinión pública europea, irritada ante un conflicto territorial tan perturbador como incomprensible. Hizo parecer que su descalabrado partido resucitaba para torcer la voluntad de sus socios extremistas. Asumió personalmente el coste de la DUI, asegurándose de que, en su caso, será él y no otro quien tenga el honor de ingresar en la trena flanqueado por dos tricornios. Comenzó a recuperar el papel de interlocutor válido en una eventual negociación. Suministró a la dupla Colau-Iglesias el pretexto que necesitaban para seguir enganchados al carro soberanista. Y, sobre todo, introdujo de nuevo la semilla de la división en el bloque constitucional, tratando de enervar —o al menos, de hacer mucho más costosa la adopción de medidas excepcionales para restaurar la legalidad en Cataluña—.

Tampoco sale mal servido Junqueras, verdadero jefe del estado mayor independentista. Deteriora a sus dos socios/rivales a la vez: consigue que sea Puigdemont quien cargue con la decepción de los que ayer esperaban el santo advenimiento y comienza a sacudirse el molesto chantaje de la CUP, avanzando en su carrera presidencial. Y gana tiempo para seguir estirando y prolongando el 'procés' 'ad aeternum', que es lo que busca desde el principio.

Pero a mi juicio, el verdadero ganador de la jornada fue Pablo Iglesias. Ayer comenzó a recibir los primeros frutos tangibles del acuerdo estratégico que selló con Junqueras en la famosa cena en casa de Roures. Ahora tiene un discurso para sus muy desorientados votantes, que empezaban a no entender nada de lo que hacía su líder, y una palanca para seguir apretando a Pedro Sánchez. Es lo que tiene lo del diálogo, que cunde mucho como marca. Especialmente si no hay que explicarlo.

Lo que hoy tenemos no es una reacción fulminante ante la declaración de independencia, sino un abstruso debate hermenéutico en el bloque constitucional sobre la interpretación de las palabras de Puigdemont. Una vez más, goleada independentista en el campo de la narrativa y la comunicación.

Mientras tanto, el añorado Javier Fernández nos recuerda que lo primero es restablecer el orden constitucional y después, solo después, dialogar. Porque el orden importa. De hecho, ahora mismo es lo que más importa.

Felipe González, en sus tiempos de presidente, describía la experiencia de negociar con los sindicatos como el reparto de un salchichón. Ellos, decía, comienzan llevándose a la bolsa su mitad de la pieza; y luego negocian sobre tu mitad. Pues bien, extrapolando la imagen, lo que hizo ayer Puigdemont fue cobrarse su mitad del salchichón, y ahora le toca a Junqueras irnos cortando rodaja a rodaja la otra mitad. Y nosotros, felices porque dialogamos.

Me dicen que los de Planeta escucharon el mismo discurso que yo y dicen que todo muy hermoso, pero que ellos se largan. Esta tarde sabremos qué discurso escuchó Mariano Rajoy.

PRESENTACIÓN DE “SANGRE, SUDOR Y PAZ”
“La foto final de ETA es este libro”
El coronel de la Guardia Civil Manuel Sánchez Corbí, que luchó durante más de 25 años contra el grupo terrorista, ha recopilado información y testimonios de los años más duros en el País Vasco. La pluma del escritor Lorenzo Silva y “la frescura” del periodista Gonzalo Araluce completan un relato que no busca ser neutral
Paula Pérez Cava estrelladigital 11 Octubre 2017

Es la historia de decenas de años de lucha contra ETA. Desde dentro. Experiencias personales y atestados oficiales recogidos de los guardias civiles y sus familiares, que sufrieron en primera persona el impacto del sangriento terrorismo etarra. Un relato complejo, "que no pretende ser neutral", bajo la pluma de Lorenzo Silva, la óptica periodística de Gonzalo Araluce y la experiencia antiterrorista del coronel Manuel Sánchez Corbí, ahora jefe de la Unidad Central Operativa, pero con más de 25 años en primera línea de la lucha contra la banda terrorista.

El coronel de la Guardia Civil y decidió recopilar informes, atestados y relatos del día a día de los agentes que se enfrentaban con los terroristas, cara a cara o rascando información para combatirles eficazmente. “Los más cualificados para hacer este relato son los protagonistas”, y todos ellos “nos lo han dado, sin censuras”, ha aclarado el experimentado coronel, que ha reconocido que, gracias a ello, el texto recoge una importante parte de autocrítica.

"Se hicieron muchas cosas mal", pero gracias a esa experiencia la Guardia Civil se ha convertido en uno de los cuerpos policiales más avanzamos. "Hemos pasado de la indigencia profesional a estar por delante de ETA y por delante de las policías europeas", ha explicado. "Hoy es así, no por ser más listos, si no porque nos tuvimos q preparar durante 50 años", ha explicado. Por eso, este libro es “la foto final de ETA” gracias al trabajo policial que se ha hecho durante décadas.

"El final de la banda está escrito hace mucho. Que ahora digan que se van a entregar, me da igual", ha dicho contundente el guardia civil, que inició su carrera el Servicio de Información de Vizcaya. "Ya no hay terroristas cualificados, ni armas como para meternos un poquito de miedo", ha explicado en la presentación del libro, en la Asociación de la Prensa de Madrid este martes. Por eso, para el coronel no es necesario un "símbolo final", sino que es este relato el que cuenta el nacimiento, auge y final de la banda terrorista.

"Este libro está escrito para que no haya olvido, aunque en su justa medida", ha insistido el coronel, que decidió emprender esta tarea recopilatoria hace cuatro años. "Hablé con los mejores" para conseguir hacer un relato propio. Fue en ese proceso en el que se cruzo el escritor Lorenzo Silva, uno de los más reconocidos de España. Para Silva, encontrarse esta iniciativa supuso una oportunidad de "informar de aspectos escondidos" en "un país con una desmemoria sistemática, meticulosa y desdichada", que ha sufrido con dureza el terrorismo de ETA y por eso reconoce "su gratitud como ciudadano al coronel" por su trabajo meticuloso.

Aun así, "no es un libro neutral", pero tampoco pretende serlo, ha explicado Silva. "Es un relato construido desde una parte, pero no es deshonesto. El gran valor es que es un relato completo y que nadie podía hacer, salvo los guardias civiles", a quienes aporta otro gran valor. "Son muy buenos narradores, aunque en forma de atestado" y ha reconocido que no se ha tocado el estilo de muchos de estos documentos. "No hacía falta", ha asegurado. Silva ha explicado que "solo aporta el tono, el discurso y la épica de este relato" y ha destacado el "instinto" de la tercera pata del libro, el periodista de 'El Español' Gonzalo Araluce.

Soros, el gurú de la especulación, apoya al independentismo a través de su fundación
Manuel Cerdán okdiario 11 Octubre 2017

El gurú de la especulación financiera, el estadounidense George Soros, se ha convertido en uno de los colaboradores incondicionales del separatismo catalán. El multimillonario, con una fortuna de 22.000 millones de dólares, que logró el hundimiento de la libra en el Reino Unido, en 1998, se mueve ahora entre las bambalinas del independentismo catalán, arropado por dos de sus socios, el magnate de la comunicación Jaume Roures y el ex vicepresidente del Barça, Carlos Vilarrubí.

A los tres les une una meta común: la secesión de Cataluña de España. Para ello, desde hace años, vienen ayudando, primero, a la Generalitat de Artur Mas y, después, a la de Puigdemont, a través de diversas fundaciones, en teoría, sin ánimo de lucro.

Para engrasar el movimiento independentista, Artur Mas contrató, a través del Consejo de la Diplomacia (Diplocat) y la embajada catalana en Nueva York, al lobby internacional Independent Diplomat (ID), fundado en 2004 por el diplomático británico Carne Ross, pero financiado por Open Society Foundations, una de las firmas supuestamente filantrópicas de Soros.

Independent Diplomat (ID) es la misma sociedad que diseñó el marco legal para las autodeterminaciones del Sahara Occidental -antigua colonia española-, Sudán del Sur y Kosovo. También asesoró en 2013 a los rebeldes sirios que se enfrentaban al presidente Bashar Al Asad.

Pero las relaciones entre ID, que funciona bajo los auspicios del multimillonario americano nacido en Hungría, y Artur Mas no son exclusivamente filantrópicas. ID, en dos años llegó a percibir del Gobierno catalán 1,6 millones de euros. Puigdemont cerró el grifo pero siguió manteniendo relaciones con las sociedades satélites de Soros. Por ejemplo, en 2016, un solo colaborador de Soros, relacionado con Open Society Foundation, cobró 50.000 euros por una conferencia en Barcelona, organizada por los independentistas.

El barco nodriza en Barcelona
Open Society Foundations (OSF) se ha convertido en el barco nodriza de Soros para sus misiones altruistas internacionales. Fue constituida hace hora diez años en Delaware, en la costa Este de Estados Unidos. El director de la Fundación, según el registro, es The Corporation Trust Company, un generador de firmas societarias en el considerado paraíso fiscal norteamericano, donde las compañías eluden el pago de impuestos o los minimizan.

OSF figura en la página oficial de ID como una de las fundaciones patrocinadoras junto a gobiernos como el de Finlandia. Por todo ello no debe extrañar que el presidente de Finlandia, Sauli Niinistö, y su ministro de Asuntos Exteriores, Timo Soini, rechazaran la violencia policial en Cataluña el 1-O y reclamaran una negociación la misma tarde del referéndum ilegal, antes de conocer la versión del Gobierno español.

A esa misma hora, Jaume Roures inundaba el mundo de imágenes de las actuaciones policiales en Cataluña y Carlos Vilarrubi, vicepresidente del Barça, desplegaba su estrategia para que el club suspendiera su partido de Liga frente a Las Palmas. Los jugadores del Barça y el presidente Bartomeu se opusieron ante el riesgo a perder seis puntos por sanción y Vilarrubí dimitió.

Soros, que no ha logrado la caída de Mariano Rajoy como ya lo consiguiera con el ex presidente ucraniano Viktor Lanukovich, paradójicamente, conserva en España una buena cartera de inversiones en empresas como Iberdrola, FCC, Bankia o Cataluña Caixa. Con el beneplácito de las autoridades financieras españolas, a las que ahora desafía, ha podido invertir cerca de 350 millones de euros. Sin el visto bueno de La Moncloa no habría podido comprar al FROB un paquete de acciones de Bankia ni pagar 10 millones por el uno por ciento de Liberbank.

El catalán Jordi Vaquer, director regional para Europa de Open Society Foundations y codirector de Open Society Initiative for Europe es el delegado de Soros que despliega su estrategia en Barcelona. Vaquer, que ya ha ofrecido su apoyo al Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCBC), también fue presidente con anterioridad en 2008 del Centro de Estudios y Documentación Internacionales de Barcelona (CIDOB).

La función última de CIDOB es la de hacer de pregonero internacional del proceso separatista a través de informes como el que presentaron la Antigua Convergencia y ERC en el Parlamento Europeo en el año 2015. En aquel documento defendían la viabilidad económica de Cataluña independiente.

Iglesias y Garzón, aduladores de Soros
Por su filantropía, Soros es un personaje adulado y seguido por personajes de la izquierda populista española como Pablo Iglesias, Teresa Rodríguez y Alberto Garzón. Incluso, el dirigente de IU lo ha llegado a comparar por su filantropía con Bill Gates. El gurú de las finanzas inyecta anualmente en OSF la friolera de 400 millones para obras benéficas, lo que convierte a esta fundación en la segunda del mundo que más dinero destina a operaciones solidarias.

Pero la filantropía nunca ha llegado sola a Cataluña, Soros a través de la inmobiliaria Hispania ha adquirido 213 apartamentos y 230 plaza de garajes en la urbanización Illa del Cel en Diagonal Mar, un complejo inmobiliario junto al mar y cerca del Fórum.

El norteamericano de ascendencia judía tiene diseñado un plan para especular con la compra de hoteles comprar. El descenso del turismo por culpa del vértigo independentista va a provocar la desvalorización de la industria hotelera catalana y este escenario significa una buena oportunidad para hacerse con edificios de apartamentos turísticos y hoteles.

Cambian de clase a dos niños, uno hijo de Guardia Civil, que se quejaron de una profesora golpista
OKDIARIO 11 Octubre 2017

La escuela de primaria Mossèn Vives de La Seu d’Urgell (Lérida) decidió cambiar de clase a los dos niños, uno de ellos hijo de un guardia civil, cuyas familias se quejaron de que una profesora había explicado los hechos del referéndum ilegal del 1 de octubre en el aula.

Fuentes cercanas a la escuela han explicado a Efe que una profesora de la escuela explicó las intervenciones policiales ocurridas el 1 de octubre a sus alumnos de primaria, lo que provocó que dos familias expresasen su queja ante los servicios territoriales del Departamento de Enseñanza.

Ante las quejas, la dirección de la escuela optó por cambiar a los niños de aula para que de este modo no siguiesen en la misma clase con la misma profesora, han explicado las mismas fuentes.

El Juzgado de Instrucción 1 de La Seu d’Urgell (Lleida) ha admitido a trámite una denuncia contra esta escuela por, supuestamente, incitar al odio a sus alumnos.

En el auto, al que ha tenido acceso Efe, el magistrado Ignacio Risueño Puchades, incoa diligencias previas para la comprobación de los hechos y de las personas intervinientes por la comisión de un presunto delito de incitación al odio, tras recibir varias denuncias por unos mismos hechos que fueron presentadas ante la Comandancia de la Guardia Civil de esta localidad catalana.

Fuentes del departamento de Enseñanza han asegurado a Efe que ni la Consejería ni el colegio tienen constancia de la denuncia judicial.

“Quienes no voten pueden ir a la cárcel”
Según fuentes próximas a la escuela, los niños cuyas familias se quejaron han sido objeto de “seguimiento y vigilancia” por parte de los responsables del centro para comprobar que siguen el curso con normalidad y no les afecta la situación y han comprobado “absoluta normalidad en su convivencia con el resto de alumnos y profesores”.

Los servicios territoriales de Enseñanza ofrecieron a las familias denunciantes asesoramiento psicológico del Equipo de Asesoramiento y Orientación Psicopedagógica, que las familias rechazaron, según las mismas fuentes.

Los hechos ocurrieron cuando presuntamente unos profesores de la escuela Mossèn Vives se dirigieron a los alumnos con expresiones como “quienes no voten pueden ir a la cárcel”, “la Guardia Civil es mala y pega a la gente” y “hay que votar por Cataluña”.

En una de las denuncias, una madre explica que una profesora puso como deberes a su hija que acompañara a sus padres a votar el 1-O, al tiempo que acusa a la misma docente de manifestar ante los estudiantes que la huelga del 3 de octubre se hizo “porque le han pegado a la gente que quería votar y han matado a una persona”, y que “los Mossos han defendido a la gente y la Policía Nacional y la Guardia Civil, no”.

Recortes de Prensa   Página Inicial