AGLI Recortes de Prensa   Sábado 14 Octubre 2017

El hundimiento de España (13)
Vicente A. C. M. Periodista Digital 14 Octubre 2017

VUELTA LA BURRA AL TRIGO: SORAYA SUPLICA LA VUELTA AL MARCO CONSTITUCIONAL DE LA GENERALIDAD.

Ayer en la rueda de prensa tras el Consejo de ministros ordinario, la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría incidió en la petición a la Generalidad de que vuelvan a la legalidad y planteen sus reivindicaciones en la sede de la Soberanía Nacional, en el Congreso de los Diputados. Dijo que “las autoridades catalanas aún están a tiempo, tienen la oportunidad de recuperar la normalidad institucional y la convivencia ciudadana y poner fin a la inestabilidad”. Una actitud que demuestra que el chantaje funciona y que el delito triunfa. ¿Dónde quedaron esas palabras del discurso del Rey D. Felipe en la noche del 3 de octubre donde culpaba a esas Autoridades de los siguientes delitos:

“• “de una manera reiterada, consciente y deliberada, han venido incumpliendo la Constitución y su Estatuto de Autonomía, que es la Ley que reconoce, protege y ampara sus instituciones históricas y su autogobierno.”

• “Con sus decisiones han vulnerado de manera sistemática las normas aprobadas legal y legítimamente, demostrando una deslealtad inadmisible hacia los poderes del Estado. Un Estado al que, precisamente, esas autoridades representan en Cataluña.”

• “Han quebrantado los principios democráticos de todo Estado de Derecho y han socavado la armonía y la convivencia en la propia sociedad catalana.”

• “han menospreciado los afectos y los sentimientos de solidaridad que han unido y unirán al conjunto de los españoles; y con su conducta irresponsable incluso pueden poner en riesgo la estabilidad económica y social de Cataluña y de toda España.”

• “de una manera clara y rotunda, se han situado totalmente al margen del derecho y de la democracia.”

• “Han pretendido quebrar la unidad de España y la soberanía nacional, que es el derecho de todos los españoles a decidir democráticamente su vida en común.”

¿Desde cuándo y en nombre de quién se ofrece una amnistía a los golpistas? No basta con volver a la legalidad, sino que aquellos que han sido los responsables máximos de este intento de sedición, deben responder por sus actos ante la Justicia. El “buenismo” que practica este Gobierno de Mariano Rajoy, no representa el sentir de millones de ciudadanos, y muy principalmente de aquellos que en Cataluña han salido de su silencio para manifestarse de forma rotunda y multitudinaria en las calles reivindicando su catalanidad y españolidad frente a la actitud sectaria y excluyente de los independentistas. A los golpistas se les detiene, se les juzga y se les condena por sus crímenes contra el Estado, contra los ciudadanos y contra las libertades. Sus delitos no pueden quedar impunes y menos formar parte de una mesa de negociación, por muy Comisión del Congreso que sea. Ningún partícipe activo y comprometido con el proceso independentista puede mantenerse en un cargo público de representación o de servicio en instituciones públicas del Estado.

Este Gobierno está haciendo lo imposible por no asumir sus responsabilidades, aquellas que demandaba el Rey D. Felipe en su discurso : “es responsabilidad de los legítimos poderes del Estado asegurar el orden constitucional y el normal funcionamiento de las instituciones, la vigencia del Estado de Derecho y el autogobierno de Cataluña, basado en la Constitución y en su Estatuto de Autonomía”. Su repetitiva oferta de diálogo esconde la realidad de una falta de convicción y de determinación a la hora de aplicar las leyes, no solo el denostado y cuestionado artículo 155 de la Constitución, sino la ley se Seguridad Nacional o el mismo Código penal que incluye artículos mucho más específicos sobre delitos de sedición y traición.

El Gobierno de Mariano Rajoy sigue en su estrategia de esperar un imposible y mantenerse a la expectativa de los movimientos de los golpistas, con una total falta de previsión y un mucho de improvisación en las contramedidas. Un ejemplo fue la caótica intervención de las FFyCCSE en la jornada del referéndum ilegal en una misión imposible en unas condiciones de alto riesgo, decidida tras confirmar la nueva traición de los Mossos y la evidente ingenuidad del supuesto coordinador y sus asesores. Una irresponsable actitud en quien había asegurado repetidamente que se había previsto todo para poner los medios para impedir que el referéndum ilegal se celebrase. Un fracaso del que nadie se ha hecho responsable y que provocó incluso que algunos como el Delegado del Gobierno en Cataluña pidiese perdón por la actuación de algunos agentes de las FFyCCSE en sus intervenciones. Y aún sigue este sujeto en el cargo para vergüenza de todos, un cese que debería haberse producido de forma fulminante tras esas miserables declaraciones.

Este Gobierno de Mariano Rajoy ha terminado por ceder no solo a las presiones de su principal enemigo político, el PSPS (ese Partido Socialista de Pedro Sánchez), sino también a las presiones de la UE que, en un cinismo supremo, ha exigido que se dialogue con los golpistas. Una posición que denota una extrema debilidad, cuando no, cobardía a la hora de gobernar y mantener firmeza para imponer la ley. Porque lo que se pretende simplemente es orillar la ley y aplicar aquello de “borrón y cuenta nueva” como si nada de lo ocurrido hubiera pasado. Y eso es mucho pedir a unos ciudadanos que seguimos viviendo con la ansiedad y la angustia sobre el futuro de España por el desafío golpista de los dirigentes independentistas en la comunidad autonómica de Cataluña. Aún recuerdo con una cierta nostalgia aquellas multitudinarias manifestaciones, donde el PP compartía pancarta con las Asociaciones de víctimas y ponía la seguridad con voluntarios, de rechazo a las conversaciones del entonces Gobierno de España del PSOE del nefasto y sectario José Luís Rodríguez Zapatero, con la ETA. Aquellos lemas de “en mi nombre no”, que hoy son perfectamente aplicables a este Gobierno de acomplejados que son los mismos que se manifestaban entonces.

¡EN MI NOMBRE, NO! Este Gobierno no está legitimado para negociar con los golpistas ni para darles esa amnistía encubierta bajo la forma de perdón benevolente si vuelven al redil de la legalidad y normalidad. Ellos no son el hijo prodigo de la parábola de Jesús, ni el Gobierno de España, el padre amantísimo que acoge al descarriado y despilfarrador y le sienta a la mesa con regocijo y alegría extrema por su vuelta. Los hermanos que quedaron en casa y mantuvieron la finca y fueron leales no aceptarán una decisión que es claramente injusta e inaceptable. Cada uno debe ser responsable de sus actos.

¡Que pasen un buen día!

Más chutes no
JORGE BUSTOS El Mundo 14 Octubre 2017

La reforma constitucional (RC) es un plato de setas holandesas que customiza las alucinaciones en función del perfil ideológico del consumidor. En el conservador la RC desata temores infantiles, en el socialista obra un placebo federal, en el liberal dispara fantasías igualitarias y en el nacionalista agita directamente la libido del Estado propio. Es la misma mierda, pero a cada cual le sugiere una movida mental diferente de acuerdo con su trauma particular. La RC es muy adictiva -se vende muy bien por las esquinas de las tertulias-, y por eso mismo debe ser administrada con responsabilidad y siempre a resguardo de la policía, o al menos con la mayoría de los magistrados del Tribunal Constitucional a tu favor.

La RC está especialmente contraindicada para el español porque el español es un pozo de traumas históricos, la mitad de ellos fabricados en casa y la otra mitad comprados al extranjero. Su identidad atraviesa una adolescencia perpetua, y ya sabemos lo que hace la droga con los chicos sin autoestima. Pero a cambio el español se apasiona con facilidad por la semántica, a veces hasta el punto de alimentarse de ella cuando falta el pan. Usted dice en España reforma constitucional o endurecimiento del código penal y es probable que gane unas elecciones sin que nadie le pregunte por qué no empezamos por cumplir las leyes existentes. "¡Yo no voté esta Constitución!", aúllan los caminantes blancos del adanismo. En España se puede ser gilipollas, pero lo que no se tolera es ser un gilipollas pasado de moda.

Sus señorías del bipartidismo han convenido solucionar lo de Cataluña reformando el texto del 78. Singularmente convencido está don Pedro Sánchez, que avanzó los derroteros jurídicos de la constituyente quitándose la corbata el día de la Fiesta Nacional. Para el sanchismo, fatalmente influido por el icetismo, España debe ser algo como el final de una boda, un baile de identidades descorbatadas, liberadas del rígido corsé de la solidaridad interterritorial, la igualdad de derechos, la unidad de mercado y otras antiguallas esgrimidas por cierrabares. Y entretanto los independentistas, por quienes se monta esta fiesta que pagamos a escote, ven pasar la conga de la RC con el desdén que al heroinómano le inspiran los porros.

Ellos verán lo que hacen. Pero me temo que los españoles del común, que han sacado la bandera al sol del otoño como quien airea un hartazgo definitivo, no están por la labor de premiar al golpista ni por dar el golpe ni por dejar de darlo. El opio del pueblo ya no es la religión sino la próxima Constitución. Pero la calle está llena de rehabilitados, españoles que se han quitado ya de la tóxica reverencia al nacionalismo y que no van a recaer. Lo avisaron Los Calis: más chutes no.

Renovar la Hispanidad
Eduardo Arroyo gaceta.es 14 Octubre 2017

Hoy es el día de la Hispanidad, que viera la luz por vez primera gracias a un presidente argentino: Hipólito Irigoyen. Esto es casi anécdora histórica si lo comparamos con su contenido y su potencial. Lo importante es saber qué puede significar hoy la Hispanidad, cuando parece que toda la razón de ser de la nación española es el estar constituída en democracia; es decir, un mero método de elección de dirigentes. Que la razón de elegir este método y no otro se funde en el abstracto y vago concepto de “libertad” no aclara lo más mínimo las dudas que le surgen a uno cuando constata que la nación española ha sido sujeto político e histórico de Occidente desde la hispania romana, ya va para dos mil años.

Pese a la insistencia de los liberales, el problema sigue ahí y se ha hecho bien patente en estos días cuando constantemente se apela a la democracia para vindicar a España frente a la traición y la sedición del gobierno regional catalán. Paradójicamente, ha sido el patriotismo, muy distante del “constitucionalismo” legalista, el que ha salvado los muebles del fracasado régimen de 1978 sacando a las calles de Barcelona a un millón de personas: los manifestantes lo hacían por España antes por la constitución y por ello enarbolaban banderas y no ejemplares de la “carta magna”. Lo que ha movilizado a los Españoles en todos los rincones de nuestra geografía ha sido el patriotismo, no una etérea abstracción legalista en pos de una constitución que todos quieren ahora reformar.

En el colmo del cinismo, se remiten a la constitución supuestos valores como la “convivencia” la“tolerancia” entre españoles, obviando el fermento de descomposición nacional que introdujo la Constitución con el ya conocido galimatías de las “naciones” en la nación “única e indivisible”.

Lo malo es que este espíritu desnacionalizador en elfondo; es decir, una corriente intelectual que desprecia en el fondo a los pueblos para sustituirlos por un entramado burocrático de “derechos y libertades” es el mismo que se alza también contra la Hispanidad.

La esencia de la Hispanidad es la fe católica, algo que no tiene lugar en una España descristianizada y hedonista, transida de relativismo cultural y cosmopolitismo. Se apela, para ocultar esta quiebra de las esencias, a “vínculos culturales” y una “herencia común” (sin abundar en cual). Y es que en realidad los liberales odian a la Hispanidad en nombre de las “sociedades abiertas”; la izquierda porque la Hispanidad está fundada en el catolicismo altomedieval. Unos y otros hacen fácil causa común y convergen en la termitera gris diseñada por el capital global: los primeros, como élite financiera internacional, los segundos, como fuerza de choque para aplastar a los disidentes. Jamás fue tan evidente la colusión del imperialismo mundial del dinero con el internacionalismo de la izquierda y de los “progresistas” en general. De ahí que Soros -y otros cuantos más, auqnue es el que lo hace más abiertamente- financie causas en todo el mundo que podrían muy bien aparecer en un programa de la CUP, de “Sortu” o de los “antisistema”.

Esta es la razón por la que tanto se abunda en la naturaleza supuestamente “mestiza” de las naciones. Hasta Rajoy, en su discurso ante el parlamento de ayer día 11, con motivo de la crisis del gobierno catalán rebelde, ha hecho de Cataluña una entidad “mestiza” (sic) y pocos méritos le ha reconocido salvo su contribución al estado actual de cosas. Por su parte, acérrimos defensores actuales de la Hispanidad alaban, coincidiendo con Rajoy y con “Podemos”, el “mestizaje” de la Hispanidad para la España de hoy. Estos olvidan que el “mestizaje” fue un intercambio, generador de naciones nuevas en otro tiempo, cuando la existencia de la nación española no estaba ni mucho menos puesta en entredicho. Así, si entonces el “mestizaje” con pueblos americanos era plenitud e irradiación de la energía histórica española, hoy, el mestizaje es la decandencia nacional, el abandono de la identidad y el hundimiento en las simas del cosmopolitismo del capital global. En realidad, la Hispanidad es generadora de identidades -nuevas o antiguas- mientras que el proceso de globalización es justo lo contrario: arrasa a los pueblos porque las identidades es el único valladar contra el que se estrella el ariete del mercado.

Por lo tanto es hoy imperioso renovar la Hispanidad para situarla a la altura de los tiempos y de las batallas que se libran en nuestra época. En este contexto deben destacarse dos cuestiones: la primera, es la relación de la Hispanidad con la idea de “Imperium”, esto es: una construcción política, histórica y, en última instancia religiosa, en la que la metrópoli dirige e integra, hasta imprimir un nuevo carácter, generador de una nueva identidad, que salva lo mejor de identidades anteriores. Segundo, que la Hispanidad, entendida desde el punto de vista cristiano católico, es un producto de la Providencia Divina, como lo son las naciones que se integraron en ella. Destruir naciones, por tanto, no puede ser ya una ocasión de voluntarismo político.

En consecuencia, frente al “espacio de derechos”, de individuos libres e iguales, regidos por parámetros vitales forjados en la horma del materialismo y del hedonismo, decir hoy “Hispanidad” debe ser defender la patria en el marco de una concepción superior del ser humano, no materialista y no hedonista. Decir “Hispanidad” debe ser, en defintiva, afirmar la identidad de los pueblos que la Historia ha gestado.

Hoy, la Hispanidad así renovada debe ser signo de rebeldía frente a la globalización y también de concordia entre pueblos amantes de su patria. Desde luego, no es una ley, por muy constitucional que sea, la que funda a España si no más bien es el más sencillo y puro amor a la patria quién constituye la justificación histórica de nuestro derecho a existir. La primera -la ley- es formal e instrumental, la segunda -la patria-, en cambio, es esencial y funda a la primera. España no es una construcción mental del derecho si no el resultado histórico de una gesta providencial.

No es una buena idea, por tanto, que estos días ponga voz al ímpetu de la patria un trilateralista corrupto como Vargas Llosa o un antiguo felipista como Borrell. Ambos son parte del problema y origen del caos que vivimos. El sistema intenta reconducir las sanas energías liberadas hacia su campo y ya prepara la emergencia de un partido diseñado en un laboratorio de ideas de vaya usted a saber donde, como “Ciudadanos”. Todo eso es el mundo que ha traído la presente crisis y, sin duda traerá otras. Frente a él deben alzarse valladares como el de la Hispanidad.

La luz de la Hispanidad, antes que como imposición belicosa o recuerdo de otro tiempo, debe brillar como ejemplo ilusionante, capaz de traer esperanza a la oscuridad de un mundo sin alegría.

Las consecuencias de una locura
Santiago Martín ABC 14 Octubre 2017

Al margen de lo que suceda la semana que viene en Cataluña, una cosa parece clara: en un plazo relativamente breve se va a proceder a una reforma de la Constitución. La Carta Magna, en nuestro país y en cualquier otro, no es la Biblia y, por lo tanto, puede ser reformada y a veces debe serlo. La cuestión, pues, no es esa, sino cuál va a ser el contenido de la reforma.

Cuando la actual Constitución se gestó, la España de entonces no era como la de ahora, pero ya entonces un importante grupo de católicos, presididos por el cardenal de Toledo -Don Marcelo-, votaron en contra. Quizá veían las trampas que después salieron a la luz y que permitieron aprobar leyes como la del aborto o como la legalización de los matrimonios del mismo sexo. Pero, al fin, en la Constitución de 1978 había algún freno al relativismo total y por eso el Tribunal Constitucional lleva años sin resolver el recurso presentado en su día por el PP contra la ley del aborto de Zapatero, que lo consideraba un derecho. Los magistrados del Constitucional saben que deben declarar ilegal esa ley, pero no se atreven a hacerlo y tampoco el Gobierno les presiona para ello.

Por eso, ante la perspectiva de una reforma constitucional me temo lo peor. Las pocas barreras a favor de la vida que hay desaparecerán y ya podemos prepararnos a todo tipo de tropelías contra los auténticos derechos humanos, empezando por la implantación de la ideología de género. Hoy los católicos ni tenemos la fuerza de los años setenta ni los líderes de entonces. Por eso tengo la impresión de que la reforma de la Carta Magna no sólo perjudicará nuestros derechos -probablemente se terminarán por derogar los Acuerdos Iglesia-Estado-, sino que dejará a los débiles más indefensos, aunque la demagogia comunista pretenda convencernos de lo contrario. Al final, la factura de la locura catalana la vamos a pagar los católicos y sobre todo la van a pagar los más frágiles de todos los españoles: los no nacidos, los ancianos y enfermos y las nuevas generaciones que serán adoctrinadas en ideologías contrarias a la razón y a la ley natural. Ellos han roto los platos y nosotros pagaremos los destrozos.

Del primer al tercer mundo por la gracia de Puigdemont
OKDIARIO 14 Octubre 2017

Mientras Carles Puigdemont prolonga su actuación en el teatro del absurdo golpista y piensa en qué respuesta dará al requerimiento del Gobierno, la economía catalana sigue dando pistas de la ruina que sobrevendría a los ciudadanos tras una declaración en firme y definitiva de independencia. Lo ha advertido Soraya Sáenz de Santamaría: “Debería ser un buen año para el crecimiento y el empleo, pero los acontecimientos que estamos viviendo en Cataluña nos hacen ser prudentes”. La vicepresidenta del Gobierno ha alertado de que el Gobierno revisará a la baja el Producto Interior Bruto si continúa el golpe de Estado desde Cataluña. No sólo ella, también la directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, ha señalado que una prolongación de la crisis catalana podría tener un impacto negativo en la economía española. Dicho impacto se deja sentir ya al otro lado del Ebro en sectores como el inmobiliario, donde el desafío separatista ha paralizado la mitad de la actividad de compraventa.

Ya que apelar a la responsabilidad de Puigdemont es como creer en las entelequias, el Ejecutivo tiene que extremar las medidas para que las acciones de unos pirómanos de la política no conlleven la ruina de los catalanes. El turismo, la joya de la corona de nuestra economía, también está sufriendo las consecuencias de esta sinrazón institucional. La contratación en este sector ha caído más de un 30% en la región desde las semanas previas a la celebración del referéndum ilegal. Una merma que no sólo daña nuestra economía —que ya es suficientemente grave—, sino que además perjudica la proyección de nuestra imagen a nivel internacional. Turistas, inversores y organizadores de grandes eventos piensan con cautela si ir o no a Cataluña. No es de extrañar, la inestabilidad e inseguridad jurídica pueden llevar a una comunidad autónoma del primer mundo hasta las orillas de la marginalidad.

De hecho, los dirigentes del gigante GSMA, empresa que organiza el Mobile World Congress —uno de los encuentros tecnológicos más importantes del mundo—, están pensando muy seriamente la posibilidad de abandonar Barcelona para siempre a pesar de que tienen un acuerdo firmado con la capital para ubicarlo allí al menos hasta 2023. Este encuentro generó en su última edición la cifra récord de 108.000 visitantes y un impacto económico estimado en más de 465 millones de euros. Ante la obsesión de Puigdemont y sus acólitos, su presencia se evaporaría como se evaporaría la proyección internacional que ha hecho de Barcelona un referente indiscutible de desarrollo y modernidad desde la celebración de los Juegos Olímpicos de 1992. Por si fuera poco, 540 empresas han dejado Cataluña desde el referéndum golpista del pasado 1 de octubre. Entre ellas, CaixaBank, Banco Sabadell o Gas Natural Fenosa. Un auténtico desastre, ya que la fuga de las grandes compañías supone perder 61.000 millones anuales del PIB catalán. Rajoy y su equipo deben actuar. Prolongar esta situación es un suicidio económico, social y político de funestas consecuencias.

Explicar fuera la batalla Hermann Tertsch
Fracaso del gobierno en explicar la crisis catalana al exterior
HERMANN TERTSCH ABC 14 Octubre 2017

Muchos españoles han quedado estupefactos ante la forma de informar de la prensa extranjera sobre la crisis en Cataluña. Unos se han sentido injustamente tratados porque han visto mucha mala fe, que la ha habido. Y otros han quedado impresionados por la ignorancia demostrada. Partamos del hecho de que la información internacional de los medios occidentales es hoy mucho peor que hace 30 años. Entonces los principales medios de prensa, radio y televisión tenían unas redes muy completas de corresponsales en las principales capitales. Los corresponsales de los grandes y no tan grandes medios de comunicación eran profesionales con experiencia, bien pagados, con oficinas, secretarias, casas en las que recibir y presupuesto. De los que se esperaba información y criterio con conocimiento profundo del país. Hoy, varias crisis después y con el deterioro general de hábitos de lectura y la galopante frivolización de los contenidos e infantilización general de la audiencia, aquellos corresponsales son historia remota. Los medios se nutren de colaboradores ocasionales o asiduos, pocos con contratos permanentes, jóvenes que trabajan en precariedad sin infraestructura ni presupuesto. La mayoría son menos periodistas que activistas desde la superioridad moral izquierdista.

Los periodistas que venían a falsificar la información para la prensa europea durante la Guerra Civil, casi siempre en apoyo del Frente Popular -con mentiras imperecederas como la foto del miliciano de Capa- eran intelectuales. Hoy casi todos son personajes desasistidos, cargados de tópicos infantiles y maniqueísmos. Salidos de facultades de ciencias sociales que son laboratorios de falsificación de la historia, seminarios de los nuevos clérigos de la religión socialdemócrata y sus sectas.

A estos activistas del ideal y a los enviados especiales que son «paracaidistas» que no suelen saber nada del país al que van, hay que darles todo masticado. Necesitan la información básica. Adobada de sabores que despierten su simpatía. Si no, se la dan otros. Eso lo que entendió siempre la Generalidad de Cataluña que se gasta lo que falta en los hospitales y otros servicios públicos en un ejército de propagandistas preparados, bien pagados y políglotas con mil agencias y boletines digitales, que siembra el mundo de narrativa victimista del separatismo. Todas las redacciones importantes del mundo reciben desde hace años información de la versión separatista con todas sus mentiras históricas, con las más grotescas fabulaciones. Pero perfectamente presentadas.

La Generalidad vende como una gran empresa moderna el producto de «la torturada vida de su alma sensible bajo la cruel bota española». Mientras en Madrid hay un gobierno paleto que desprecia a la prensa exterior. Con un presidente que no habla ningún idioma, que tiene una secretaria de Estado de Comunicación que ni habla idiomas ni pierde un minuto con extranjeros, a un ministro de exteriores tan persuasivo él que, con sus balbuceos en televisiones extranjeras, nos puede convertir en separatistas a mí y a un general de la legión. Toda la labor mediática de este gobierno se ha centrado en sus mezquinos cálculos tertulianos de agendas políticas y personales internas. Los esfuerzos de personalidades que intentan compensar por el mundo esta insolvencia gubernamental no bastan. El futuro inmediato será duro y habrá noticias desagradables sin duda. Pero la Razón y el Derecho -que son de España- han de ser defendidos en el exterior. Para que la perversión de la verdad por la prensa extranjera no puedan convencer de absurdos a sus opiniones públicas y estas a su vez no fuercen a sus gobiernos a disparatar y favorecer a los enemigos en España. En perjuicio de toda Europa. La Nación Española pondrá tarde o temprano fin a la peor agresión que sufre desde la guerra civil. Hay que explicar fuera bien cómo y por qué.

Gracias, cobardes
Gonzalo Duñaiturria okdiario 14 Octubre 2017

España nunca tuvo un verdadero sentimiento de identidad nacional. Gracias a los nefastos políticos que nos han supuestamente representado, nuestra nación, el Estado más antiguo de occidente, jamás tuvo sentimiento de identidad nacional. Las decimonónicas revoluciones “liberales” fueron un episodio negro en nuestra historia y ante el abandono de una verdadera clase política, solo la Iglesia supo hacer frente al sentimiento de orfandad que nuestros ancestros tuvieron. Y junto con la Iglesia, aparecieron unos “nacionalismos periféricos” que ya desde entonces enarbolaron el mensaje de “Madrid nos roba”, “Madrid nos abandona”, para alimentar el sentimiento de odio hacia España que ahora explota, que en estos momentos brota de manera radical pero cuyas raíces se extienden desde hace demasiado tiempo.

Dos siglos después, en la llamada “Transición democrática”, nuestros constituyentes no supieron afrontar el problema. Nuevamente aparecieron los “complejos nacionales” y ante burdos intereses políticos —los asquerosos intereses políticos— no se supo cercenar el peligro de los nacionalismos periféricos antiespañoles y se cedió ante quienes desde el primer momento quisieron destruir España. No hay justificación. Los avisos del peligro fueron múltiples. Los argumentos justificativos fueron siempre absurdos, incoherentes, disparatados. La “estabilidad” solo enmascaraba el deseo de poder por encima de los intereses de España y ningún gobierno, repito, ninguno, tuvo la valentía y el arrojo suficiente como para parar los pies a un nacionalismo excluyente, especialmente el catalán, que se mostraba voraz, insaciable, con un único fin: el de destruir España por encima de construirse a sí mismo porque no tenía nada que construir. Se cedieron competencias venenosas, como Educación e Interior, se invirtió en odio, se miró hacia otro lado ante actitudes sediciosas, se habló catalán en la intimidad, se nombró “español del año” a quien expolió Cataluña de forma mafiosa y se prometió, de manera traidora, felona e indigna, que todo lo que saliera del Parlamento de Cataluña sería aprobado en nuestra Cámara de representación nacional.

La clase política se mostró indigna ante la agresión a nuestra España. No es un problema de hace semanas. Es la consecuencia de una mala siembra desde hace, mínimo, 40 años. No seré yo quien haga oídos sordos a los desmanes que durante la “Transición” se produjeron. No pretendo ser políticamente correcto. De aquellos barros tenemos hoy estos lodos. Y es muy fácil que quienes dispusieron de poder en su momento para frenar los desmanes del odio ante todo lo español den hoy muestras de patriotismo. Requiere ser acompañado de asunción de responsabilidad por inacción, por cobardía, por intereses políticos, por una falsa “estabilidad política”. Sobre vuestra conciencia caerá la sentencia que dicte la historia. Pero hoy los sentimientos de identidad nacional han tenido que brotar de la propia sociedad que, harta de décadas de inacción de sus representantes, planta por fin cara a los cobardes. Qué grande y quizá qué tarde. Pero es esta sociedad tantas veces silenciosa la que ha gritado que ya se acabó. Es la sociedad la que se ha enfrentado a los felones, a los cobardes, a los apocados que ungidos en una falsa representación de la nada no han caído en que sus “gigantes” no eran más que “fantasmas enanos” incapaces de mantener con cierta solidez sus incautos, falsos e indignantes argumentos para romper nuestra nación.

Aun así, gracias cobardes. Gracias Puigdemont, Turull, Forcadell y Trapero. Gracias a todos vosotros como representantes de la cobardía y de la indignidad. Gracias también a los políticos que habéis nadado en intereses de poder vendidos como “intereses de Estado”, siempre falsos, amañados y fraudulentos. Gracias por vuestra cobardía porque esta ha provocado un nuevo y desconocido proceso de “reacción nacional”. Que la justicia caiga sobre vuestras cabezas de forma inmisericorde como responsables de la más absoluta traición. Pero que sobre vuestra putrefacta conciencia no desaparezca el hecho de que tan extrema paranoia nos ha devuelto el orgullo de ser una gran nación. Gracias, cobardes, por vuestra indecorosa actitud. España tiene hoy futuro y esperanza. Porque como dijo George Sand, escritora francesa: “Las decepciones no matan y las esperanzas hacen vivir”.

La incertidumbre es culpa de la Generalidad... y del Gobierno
EDITORIAL Libertad Digital 14 Octubre 2017

Este éxodo empresarial tendrá graves consecuencias para la economía catalana, cuya imagen internacional ha quedado dañada, pero también la española.

La combinación de inseguridad jurídica e incertidumbre política es nefasta para el mundo de los negocios, puesto que empresarios e inversores no saben a qué atenerse, dificultando así el desarrollo y la maduración de sus proyectos. Si lo que está en juego en ese particular escenario convulso es, además, el Estado de Derecho y la pertenencia a la UE y el euro, esa lógica intranquilidad se convierte en pánico, que es, precisamente, lo que ha sucedido en Cataluña en los últimos días.

Desde la celebración del referéndum ilegal del 1-O, un reguero de empresas, grandes y pequeñas, junto a bancos y depositantes, han optado por huir de esta región como consecuencia de los alocados planes rupturistas. Este masivo éxodo empresarial tendrá graves consecuencias para el futuro de la economía catalana, cuya imagen internacional ha quedado seriamente dañada, pero también para el conjunto de la economía española. No en vano, en caso de que esta situación se prolongue en el tiempo, Cataluña, una de las regiones más ricas del país, podría entrar de nuevo en recesión y, por tanto, arrastrar consigo al resto de la economía nacional. Y ello sin contar que el agravamiento de la tensión política bien podría traducirse en nuevas turbulencias financieras, cuyo impacto podría frenar en seco la recuperación.

Así pues, no se trata de un tema menor, ni mucho menos, tal y como advierten las agencias de calificación, el FMI, la UE e incluso el propio Gobierno. Sin embargo, lejos de lo que pregonan los mandatarios del PP, los nacionalistas no son los únicos culpables de este enorme desaguisado. El actual clima de inseguridad es culpa de la Generalidad catalana, sin duda, pero también del Ejecutivo de Mariano Rajoy. El Gobierno cambió la ley -en dos ocasiones- para facilitar el cambio de sede social a todas aquellas empresas que quisieran salir rápido de Cataluña en busca de tranquilidad y certidumbre. Pero la solución a este grave problema no consiste en combatir algunos de sus efectos -inseguridad jurídica-, sino en eliminar su raíz -el órdago separatista-.

Lo que tenía que haber hecho el Gobierno, por tanto, es cumplir y hacer cumplir la ley mediante el restablecimiento del orden constitucional, tal y como señaló el Rey. Rajoy, por el contrario, haciendo gala de su habitual inacción, ha dejado hacer a los independentistas hasta llegar a la situación límite en las que nos encontramos hoy. Desde hace tiempo, existen razones legales y jurídicas de sobra para que el Ejecutivo active el artículo 155 de la Constitución con el fin de parar el golpe de Estado perpetrado por los nacionalistas y poner a disposición judicial a todos sus responsables. El incumplimiento de ese obligado mandato constitucional, sin embargo, es lo que ha terminado degenerando en el grave problema actual. Si el Estado, cuyo principal cometido es aplicar la ley, hace dejación de sus funciones ante un clamoroso delito, como es el caso del órdago separatista, sus dirigentes son igual de culpables que los criminales.

Lo que ha prendido la mecha de la intranquilidad entre empresarios, inversores y buena parte de la población catalana no es la declaración de independencia de Puigdemont y sus socios, puesto que éste y no otro era el plan inicial que venían anunciando los nacionalistas desde hace años, sino la inaudita voluntad del Gobierno de no hacer nada ante tan clamorosa ilegalidad. La solución, por tanto, no es confiar en que los independentistas depongan su actitud, sino que el Gobierno actúe de una vez, con la ley en la mano, para perseguir y condenar el histórico atropello cometido por el nacionalismo catalán.

PUIGDEMONT OBRÓ EL MILAGRO
El desfile más patriótico.
Santiago Abascal gaceta.es 14 Octubre 2017

El golpista Puigdemont obró el milagro. Nunca habíamos visto un Día de la Fiesta Nacional como el de este jueves. Nunca tantos españoles engalanaron sus balcones. Nunca Madrid había lucido tan bonito y tan rojigualdo para recibir a los valeorosos soldados de la Patria. El Paseo de la Castellana se desbordó, miles de ciudadanos portando los colores nacionales y lanzando vítores a nuestras Fuerzas Armadas y este año, muy especialmente, gigantescas ovaciones y atronadores aplausos a nuestra Guardia Civil y nuestro Cuerpo Nacional de Policía por lo que han tenido que soportar estas semanas en Cataluña. También fueron significativos los vítores a SM El Rey, un rey que ha sabido dar un paso al frente para representar el sentir mayoritario de los españoles frente a la ruptura de la legalidad en Cataluña. Y que se ha ganado con ello el respeto y el cariño de su pueblo en un contexto de perplejidad generalizada por la inacción gubernamental.

Y es que el pueblo español ha despertado. Del mismo modo que despertó el 2 de mayo de 1808 al grito de ¡que se llevan a los infantes! Esta vez nos hemos desperezado al grito de ¡que se llevan a Cataluña! Igual que en 1808, en este despertar de la Nación Española poco han tenido que ver sus gobernantes. Ha sido el pueblo, formado por la gente sencilla, la España que madruga, los españoles que pagan honradamente sus impuestos y trabajan de sol a sol para ganar el pan de sus hijos.

Los políticos separatistas, enloquecidos de supremacismo, han despreciado siempre a la Nación Española. También la han despreciado los políticos del establishment, como Josep Borrell, que afeó al “populacho” que estábamos en la manifestación del pasado 8 de octubre en Barcelona que pidiésemos a gritos cárcel para Puigdemont, diciéndonos que nos comportábamos como la “turba del circo romano”

El ataque de Puigdemont y la inacción de Rajoy han puesto en pie de guerra al laborioso y pacífico pueblo español. Un pueblo orgulloso y decidido, que no va a consentir que los políticos se pongan de acuerdo para robarles su soberanía y dividir la nación.

Nosotros siempre estaremos al lado del pueblo español porque nuestra única razón de ser es servir a la Nación Española.

Por eso no vamos a consentir que el Gobierno mire para otro lado ante los crímenes de los delincuentes separatistas, ni vamos a permitir un solo espacio de impunidad para los golpistas. Han hecho demasiado daño y tienen que pagar por sus crímenes.

Tampoco consentiremos que la reforma constitucional que están acordando los partidos del establishment liquide la soberanía nacional, que reside y residirá en el conjunto del pueblo español aunque en el empeño nos dejemos la piel.

No consentiremos tampoco que se trate de aplacar a los separatistas por medio de vergonzosas dádivas económicas. Porque un niño catalán no tiene por qué tener más derecho a recibir una educación de calidad que un niño andaluz o asturiano.

Exigiremos que se termine con la mafia separatista que rige en Cataluña. Que se desmantelen las milicias separatistas, ANC y Omnium que, regadas con subvenciones opacas, actúan como brazos ejecutores del separatismo.

También exigiremos que se controle la educación y los medios de comunicación públicos en Cataluña, que son auténticos viveros de separatistas y han envenenado el corazón de dos generaciones de catalanes.

Y en ese contexto de reforma constitucional propondremos la ilegalización de los partidos separatistas que quieren destruir la Nación, y la recuperación de las competencias para que el Estado español posea las funciones esenciales de un Estado viable y sólido.

Os puedo asegurar que millones de españoles nos dejaremos el alma en el empeño para que la clase política no pueda consumar la traición al pueblo español. Si Rajoy negocia la impunidad de los golpistas o quiere ofrecerles una reforma constitucional para regalarles lo que es nuestro, nos tendrán enfrente a muchos españoles dignos y decentes.

Nos tendrán en la calle, donde ejerceremos nuestro derecho ciudadano de manifestación. Nos tendrán en los medios de comunicación y en las redes sociales, donde denunciaremos alto y claro que la Patria está siendo traicionada. Nos tendrán también en los tribunales, donde perseguiremos sin descanso tanto a los traidores como a los que han consentido la traición. Porque traición es sublevarse contra la Constitución y traición es tolerar esa sublevación.

Y nos tendrán pronto, muy pronto, en las instituciones. Porque lo único que Rajoy y Soraya no han tenido en cuenta es que los españoles somos un gran pueblo que ha vuelto a despertar. Un pueblo que, como en el 2 de mayo de 1808, ha salido a la calle por iniciativa propia, esta vez detrás de su Rey, a defender la unidad de la Patria. Un pueblo que vale mil veces más que sus mezquinos gobernantes.

Al finalizar el desfile, nuestra alegría se empañó al enterarnos de que uno de los pilotos de caza, el capitán Borja Aybar, que había participado en el desfile, había perdido la vida momentos antes de aterrizar en su base de Albacete. Al parecer, la razón por la que no se eyectó del avión fue la de evitar que el aparato se estrellase en una zona residencial y causara una tragedia aún mayor. Desde aquí enviamos nuestras condolencias y nuestra gratitud para los familiares de este héroe español. Al igual que este bravo capitán, muchos han sido los españoles que han entregado su vida en el cumplimiento de su deber. Les demostraremos que no lo hicieron en balde.

Por todos ellos, nuestra obligación es continuar nuestra lucha. Por todos ellos, no nos rendiremos jamás.

El catalanismo, tumor de España
Santiago Navajas Libertad Digital 14 Octubre 2017

Está claro que ha sido una suspensión-trampa para seguir tramando contra la ley. Los golpistas ofrecen esta engañifa siguiendo la estrategia de la tregua-trampa de ETA.

Todo el cielo de España inmaculado
sobre las torres frías de la tarde;
sobre las torres mudas de la tarde
todo el cielo de España inmaculado.

10 de octubre, día de gloria y de infamia para España. A Julio Martínez Mesanza, uno de nuestros más grandes poetas, se le concede un merecidísimo Premio Nacional de Poesía. Mientras, en Barcelona, Carles Puigdemont –el golpista, el delincuente, el loco, en su propia descripción inversa– declaraba que Cataluña era independiente y que no era independiente. El escritor elige las palabras más precisas porque está comprometido con la verdad poética. El presidente retuerce las palabras hasta destruir sus significados porque es un heraldo de la mentira política.

Golpistas catalanistas hablan de "preindependencia". Degradan el lenguaje para corromper la democracia. Carme Forcadell, la presidenta del Parlament, expulsó del "pueblo catalán" a los que fueran del PP y de Ciudadanos. Reivindican a Jefferson, por su declaración de independencia, pero su real modelo es Hitler, por su persecución xenófoba; el Führer afirmaba: "Ser nacional sólo puede ser apoyar a tu pueblo". Como describió Klemperer en su descripción del asalto nazi a la democracia, el lenguaje se vacía de contenidos intelectuales y se llena de emociones fanáticas. Guardiola o Xavi se permiten tachar de "autoritaria" la monarquía constitucional española al tiempo que vitorean la monarquía absoluta catarí. A Gerard Piqué se le llenan los ojos de lágrimas por la independencia de Cataluña mientras se llena los bolsillos de billetes jugando con la selección del Estado opresor. "Cabalgar contradicciones" llaman a estas hipocresías los cínicos.

Para la patria que perdió la gracia,
el cielo inmaculado inmerecido;
el insultado cielo inmerecido,
para la patria que perdió la gracia.

Está claro que ha sido una suspensión-trampa para seguir tramando contra la ley. Los golpistas ofrecen esta engañifa siguiendo la estrategia de la tregua-trampa de ETA. El mediador oculto del que habla Puigdemont debe de ser Otegi, uno de esos tóxicos hinchas del proceso secesionista junto a Julian Assange y Noam Chomsky. Julian Benda escribió en 1927, La traición de los intelectuales, sobre cómo los que debían defender la verdad la sacrificaron en el altar de la Patria y la Clase. En el caso de Cataluña, la traición es de intelectuales como Germà Bel, que comparó a los policías españoles con animales, o Xavier Sala i Martín, que combina el liberalismo económico con el totalitarismo político en la tradición de Pinochet. En la época del imperio de las fotografías trucadas y falsas de Twitter y Facebook, de millones de gatitos y selfies, una imagen miente más, muchísimo más, que mil palabras.

No es de extrañar que Pablo Iglesias repita, al alimón con Gabriel Rufián, que no se ha declarado la independencia: tratan de dar gato por liebre y anestesiar a la opinión pública europea. Aunque sabe que todas las asociaciones de fiscales hablan de "golpe al Estado de Derecho", la prensa de extrema izquierda, la banda de los insidiosos escolares, trata de salvar el proceso golpista dándole oxígeno mediático.

De nada te sirvió vencer los mares
ni adentrarte en las selvas pavorosas.
No te sirvió avanzar en el desierto
ni defender la brecha en la muralla.

"Cataluña está enferma desde hace siglos. Es el tumor de España, que a veces dormita y a veces estalla". Esto lo escribió Gaziel, que, junto a Chaves Nogales y Josep Pla, era el mejor cronista periodístico en la España republicana. Alucinaba el buen catalán con la maldad de Companys en 1934 al dar un golpe de Estado contra la II República, contra Cataluña y contra España. Pues más de 80 años después, el tumor catalán(ista) vuelve a estallar. Un tumor que en la Moncloa siguen tratando como si fuera una mera espinilla adolescente, cuando es maligno y está a punto de convertirse en metástasis.

Ochenta y tres años después de que la II República metiese en la cárcel a Companys, ha tenido que ser Pablo Casado el que ilustre a la generación de españoles más analfabeta sobre su propia historia. Tan analfabeta que se tragó la campaña mediática de la extrema izquierda de que Casado había amenazado con fusilar a Companys. Si Puigdemont confirma con sus acciones que, como dijo Julio Anguita, la burguesía catalana es la peor de España, Junqueras e Iglesias son la evidencia de que tenemos la izquierda más vil de Europa. Gaziel dudaba de que la curación de Cataluña fuese posible, y, en todo caso, provendría del propio organismo catalán. Pero finalmente hemos comprendido que la enfermedad catalanista es autoinmune. El catalanismo es el nuevo lupus.

Lo que había que hacer y más hiciste
y a ti misma te pagas con desprecio.
Sobre la antigua casa de María,
todo el cielo de España inmerecido.

PD. En el blog Cuestiones Naturales pueden leer el resto de los poemas de Julio Martínez-Mesanza; hasta que se compren su última obra, Gloria.

cineypolitica.blogspot.com.es

Día de la Neg-Hispanidad
Antonio Escohotado Libertad Digital 14 Octubre 2017

El lesbocomunismo denuncia el racismo del hombre blanco, e ignora olímpicamente el mundo azteca, inca o maya, donde el más alto destino de la mujer era morir dando a luz.

Portavoz de lo conocido en los años 70 como lesbofeminismo, y también materialismo feminista francés, Monique Wittig vio en la fracción femenina una "clase oprimida, que desaparecerá cuando desaparezca la clase patriarcal masculina, pues así como no hay esclavos sin dueños tampoco habrá mujeres sin hombres". Su antorcha la empuña hoy el llamado lesbocomunismo chicano, que a través de la dominicana Ochy Curiel y la boliviana Julieta Paredes apoya la regeneración del continente bautizada comoAbya Yala, un término precolombino traducido por "tierra en plena madurez".

Curiel y Paredes cultivan un análisis "carnal" de las cuestiones, descrito a veces como "teoría/ficción", que combina lírica con documental –mezclando entrevistas efectivas e imaginarias– para transmitir experiencias "vividas por el cuerpo". En 2009 otra portavoz de la corriente, Cherry Moraga, sintetizó su perspectiva como "no traicionar nuestra raza con malinchismo"–por La Malinche, traductora y amante de Hernán Cortés–, pues solo evitará verse corrompida si evita todo "influjo extranjero".

Cultivar la posverdad permite a estas publicistas seguir denunciando el racismo del blanco, e ignorar que en el mundo azteca, inca o maya, el más alto destino de la mujer era morir dando a luz. Tampoco asumen que estas tres culturas llevaron la práctica del sacrificio humano a extremos inauditos, confirmados no solo por testigos foráneos e indígenas sino por evidencias arqueológicas en continuo aumento. Por ejemplo, el imperio azteca celebraba 18 fiestas anuales dedicadas al sacrificio humano, y su panteón de dioses vampíricos reclamaba sangre de vírgenes e impúberes masculinos, salvo el exigente Tlaloc –la deidad de la lluvia-, conforme solo con las lágrimas de niños pequeños. Las ofrendas se hacían usando cuchillos de obsidiana, con la meta de poder exhibir los corazones todavía palpitantes.

El imperio azteca celebraba 18 fiestas anuales dedicadas al sacrificio humano, y su panteón de dioses vampíricos reclamaba sangre de vírgenes e impúberes masculinos

Si Moraga y sus colegas no demuestran otra cosa, rehuir el malinchismo es comulgar con una especie de Esparta mucho más atroz, donde ascender en la escala militar –única respetable– dependía del número de chivos expiatorios ofrecidos por cada guerrero al sacrificio, frecuentemente engordados para satisfacer el canibalismo ritual de todos los espectadores, y más de un arqueólogo ha empezado a dudar de su carácter simbólico.

En efecto, el pueblo azteca ignoraba tanto la rueda como la cría de ganado, y dado lo tóxico de coyotes y jaguares, con mercados que solo ofrecían pájaros y ofidios en términos cárnicos, las proteínas humanas resultaban ser lo más nutritivo con mucho. Despreciar cada año quince, veinte o cincuenta mil cadáveres de materia tan tierna parece tan absurdo como que nosotros despreciásemos el cordero pascual y lechal.

Hasta qué punto ese Imperio fue odiado por sus súbditos lo prueba la propia conquista, que Cortés consumó gracias a contar con vasallos de Moctezuma como aliados. Eso es rigurosamente indiscutible, pero el criterio de dichos vasallos –como los reyes de Tlaxcala y Otumba– se borra de la memoria. Hoy los turistas del DF pueden grabar en sus móviles cómo cada año alguien disfrazado de Cortés se arrodilla ante Moctezuma en la Plaza del Ángel, ante aplausos de la concurrencia.
La combinación de querer odiar y querer ignorar, la rabia analfabeta, me da cada día más lástima, por no decir más asco.

Lejos de aborrecer a los feroces romanos, y a las no menos feroces tribus germánicas y escandinavas, Europa les celebra como antepasados admirables por un motivo u otro. No me extrañaría que algo parejo acabe ocurriendo en Iberoamérica, cuando las razas se desdibujen por progresos del mestizaje, y algo remotamente parecido a información conviva allí con el fanatismo. Por lo que a mí respecta, siempre me espantó el patrioterismo –por ejemplo, jamás veo partidos de nuestra selección si el adversario no es fuerte–, y entiendo que la patria humana solo puede ser la tierra entera; pero la combinación de querer odiar y querer ignorar, la rabia analfabeta, me da cada día más lástima, por no decir más asco.

Esta tarde encontré en una de las redes a Erasmus Darwin –sí el abuelo del biólogo-, que hacia 1800 y ante la cámara de los Comunes se declaraba admirado "por cómo tratan los españoles a los indios como semejantes, incluso formando familias mestizas y creando para ellas hospitales y universidades, pues he conocido alcaldes, obispos y hasta militares indígenas, lo que redunda en paz social y bienestar". ¿De qué sirve encadenar embustes, y sobre todo omitir términos comparativos? Tanta cháchara sobre el Imperio, omitiendo para empezar al inca y al azteca, ¿tendrá algún día la bondad de informarse sobre los satélites de la Rusia soviética, o simplemente el régimen aplicado a las provincias cubanas?

ANTE LA DESIDIA DEL GOBIERNO
La intervención de Cantó contra el adoctrinamiento separatista aplaudida en las redes sociales
La Gaceta 14 Octubre 2017

El diputado de Ciudadanos, Toni Cantó, censuró el pasado miércoles el adoctrinamiento separatista en Cataluña en una intervención en el Congreso de los Diputadas muy aplaudida en las redes sociales.

Cantó recriminó al Gobierno del PP que no haga nada “por evitar el adoctrinamiento a los niños en Cataluña”. “¿Por qué no hicieron nada los gobiernos del PP y el PSOE”, dijo, antes de acusarles de alimentar al “monstruo”.

En este sentido, recordó que “sólo han pactado con Pujol I ‘El Corrupto’, con un gobierno catalán que gobierna para los García, Martínez, López, Sánchez, Rodríguez, Fernández, y así hasta los 33 apellidos más comunes en Cataluña, y sin embargo están gobernados por un gobierno que está formado por Mas, Romeva, Turull, Junqueras, Forcadell…”.

“Han estado pactando durante años como construir España con los que solo pretendían derribarla. Deberían ustedes trabajar para que la educación en Cataluña no sea lo que es ahora, una fabrica de robots que solo piensan lo que ellos quieren que piensen”, sentenció.

El Ministerio Educación respondió enviando a la Consejería de Enseñanza catalana dos requerimientos formales sobre presuntos delitos y violación de la ley por “adoctrinamiento ideológico” ante las denuncias presentadas por particulares y “si no recibe la respuesta adecuada irá a los tribunales”.


******************* Sección "bilingüe" ***********************

El factor humano
Luis Herrero-Tejedor ABC 14 Octubre 2017

Pincho de tortilla y caña a que Puigdemont no responderá ni sí ni no a la pregunta del primer requerimiento del Gobierno. Si niega haber declarado la independencia de Cataluña saltarán sobre él sus compañeros de viaje de la ANC, de Òmnium, de la CUP, de ERC, incluso algunos del ala dura de su propio partido, y dejarán su encarnadura política convertida en un ecce homo. Cuando el presidente catalán puso rumbo a un lugar destacado en la historia no pensaba en el de «caganer» del belén de la República. Y si admite abiertamente haberla proclamado cercenará de raíz el debate abierto en un sector de la antigua Convergencia, que aún busca salidas ingeniosas para salir del atolladero.

Son estos ingenieros de minas, los topos que escarban vías de fuga debajo de la tierra prometida, quienes han llevado al ánimo de Rajoy, y también al de Sánchez, la duda razonable de que la respuesta que tramite el presidente catalán permitirá dejar en suspenso la espada de Damocles del 155. De ahí el optimismo que planeaba el jueves sobre los corrillos sibilantes del Palacio Real. La credulidad gubernamental, tantas veces dejada en ridículo por la obstinada contrariedad de los hechos, volvió a dar pábulo al sueño rajoyesco de que se puede lograr la rendición del adversario sin necesidad de disparar un solo tiro.

Ya veremos, cuando el culebrón llegue a su desenlace, cuántas veces ha pecado de bisoñez don Tancredo de La Moncloa. Lo hizo al creer que no habría leyes de desconexión. Lo volvió a hacer cuando pensó que no habría convocatoria colegiada del referéndum. Insistió en el error al prometerle a los ciudadanos que las urnas no llegarían a los colegios electorales el 1-O. Reincidió por cuarta vez al pronosticar que no habría declaración de independencia. Y ahora que la ha habido -«no se puede suspender una declaración que no existe», dijo Iceta haciendo gala de un impecable sentido común-, corre el peligro de pifiarla por quinta vez con el pronóstico de que habrá rendición en el último minuto.

Los datos objetivos que se han ido conociendo en las últimas horas no van en esa dirección. La ANC pidió el jueves por la noche que se levantara la suspensión de la declaración de independencia y que se implementara la ley fundacional de la República. Poco antes, Òmnium había amenazado con convocar otro «paro de país» si no se respetaba la voluntad del pueblo. Después, el portavoz de ERC conminó a Puigdemont a que respondiera que sí a la pregunta de Rajoy. Por último, la CUP formuló ayer la misma demanda. «No entenderíamos -le dicen por carta al presidente catalán- que la respuesta al requerimiento no respetara los términos del mandato popular que usted asumió el martes pasado».

¿Es razonable pensar que la parte bizcochable del PDeCAT podrá doblarle el brazo al conjunto del pasaje que compró billete a la independencia? Los que se dicen bien informados piensan que hay fuerzas ocultas que insuflarán en Puigdemont suficiente testosterona para traicionar a los suyos sin pestañear.

Yo, que soy uno de los pigmeos que ignora lo que se hornea entre bambalinas, creo que los designios de la historia suele marcarlos el factor humano. Las razones raramente pueden más que los temperamentos. Están los que son proclives a rendirse y los que forjaron la leyenda del Álamo. Pero no nos confundamos. Ni Puigdemont es el defensor de Breda ni Rajoy recuerda a David Crockett.

Y sin embargo era tan fácil
Fernando Díaz Villanueva. vozpopuli  14 Octubre 2017

El Gobierno entró en el fatídico mes de septiembre sin imaginarse lo que se le venía encima. Los que si lo sabían eran los procesistas, que habían tenido tiempo de intimar con la vicepresidenta y hacerse cargo de la inopia en la que tanto ella como su jefe viven sumidos.

Ni en la peor de sus pesadillas Rajoy se hubiese imaginado metido en un lío como el que Puigdemont, un tipo del que no hubiera sabido dar referencia hace solo dos años, ha terminado embarcándole. A él le hubiese gustado no tener que actuar. Lo lleva en el código genético. Hasta hace poco más de un mes pensaba que esto se desharía solo y que los nacionalistas catalanes se conformarían con seguir haciendo girar una noria de la que viven estupendamente desde hace cuarenta años.

Pero no, esta vez iba en serio. Puigdemont y su tropa no eran nacionalistas al uso. Después de la mutación fatal que se produjo en CiU con motivo de la crisis económica y la irrupción del populismo de izquierdas, el nacionalismo alumbró una nueva generación de políticos, desligada orgánicamente del pujolismo y dispuesta, esta vez sí, a pasar a la historia. Esto en Moncloa les pilló por sorpresa, y ya tiene delito porque deberían disponer de los mejores servicios de información del país y están en condiciones de pagar a los analistas más cualificados.

La realidad, sin embargo, era muy otra. El Gobierno entró en el fatídico mes de septiembre sin imaginarse lo que se le venía encima. Los que si lo sabían eran los procesistas, que habían tenido tiempo de intimar con la vicepresidenta y hacerse cargo de la inopia en la que tanto ella como su jefe viven sumidos, encerrados en el búnker monclovita, rodeados de abogados del Estado, de deshechos de tienta salidos de los ayuntamientos que perdieron en 2015 y de aduladores de todo pelaje.

Esta y no otra es la razón por la que hasta hace unos días la iniciativa de este asunto la llevaron desde la Generalidad y sus terminales patrióticas, todas bien lubricadas por el erario público que, en el caso concreto de Cataluña, vive enchufado al Fondo de Liquidez Autonómica desde tiempo inmemorial.

El 'procés', en definitiva, se ha pagado en Madrid letra a letra sin que los que las firmaban con gran complacencia conjeturasen ni lejanamente lo que Junqueras y Cía. andaban tramando a sus espaldas. Todo se advirtió con antelación desde la prensa, pero desde la prensa no adicta y, por lo tanto, indigna de ser escuchada. Un punto más en el debe de un Gobierno que, por su propia desidia, se ha colocado a sí mismo y, por extensión, a todo el país contra las cuerdas.

El referéndum fue convocado el 9 de junio y desde el principio la Generalidad le dio carácter vinculante. Pero el Gobierno no hizo nada, dejó que todo fluyese con la esperanza puesta en que las decisiones del Tribunal Constitucional obrasen el prodigio de devolver las aguas a su cauce. Pero sucedió todo lo contrario. Mientras en Moncloa estaban a verlas venir Puigdemont compró las urnas, encargó las papeletas y planificó hasta el último detalle. Con los deberes hechos en la primera semana de septiembre desencadenó la riada. A partir de ahí se interpretó el guión que los arquitectos del 'procés' habían escrito con esmero durante meses, incluida la intervención de las Fuerzas de Seguridad del Estado el día de las votaciones. Se limitaron a ir poniendo cebos que Rajoy mordía para regocijo de los medios afines al 'Govern', que la noche del 1 de octubre cantó victoria. No podían creerse que hubiera sido algo tan fácil.

Parecía increíble, pero un grupo de aventureros autolegitimados había puesto de rodillas al Gobierno de la quinta economía de Europa sin apenas esfuerzo, tan sólo con ingenio y grandes dosis de audacia. Al día siguiente el panorama era sombrío. Ni con todas las vergüenzas a la vista Rajoy era capaz de dar una respuesta coherente que no pasase por sacar a Soraya por televisión farfullando legalismos.

Tuvo que ser el Rey, ya preso de la desesperación, el que se expusiese personalmente para recordar que el Estado no se rendiría. Un gesto admirable que tuvo su correspondencia en la calle unos días después. Rajoy, entretanto, seguía esperando a que la cosa se resolviese sola, por pura inercia. Pero ya era tarde para milagros. Cuando el martes Puigdemont se arrancó con la declaración unilateral de independencia, una interpelación directa al Gobierno, no le quedaba a éste otra opción que intervenir. Lo hizo, de mala gana pero lo hizo.

Y en esas estamos. No hay que eliminar que esta sea la enésima artimaña ya prevista para reiniciar el conflicto donde se quedó antes del mensaje del Rey. Puigdemont nada tiene que perder porque, en el peor de los escenarios, ya lo ha perdido todo. Destino del que escaparía si consigue volver a la noche del 1 de octubre. Para eso necesita que el mismo Gobierno que le ha ignorado durante todo este tiempo se emplee a fondo y se le vuelva a ir la mano. Lo va a buscar a propósito. Quizá esta vez Rajoy se anticipe y no le dé el gusto. Pero solo quizá.

Por qué podemos perder Cataluña
Manuel Llamas Libertad Digital 14 Octubre 2017

Los independentistas juegan con las cartas marcadas y ya saben de antemano cuál va a ser el proceder del presidente del Gobierno.

Puigdemont está ganando a Rajoy. A estas alturas de la partida, también conocida como procés, cuyo inicio se remonta a 2012, es evidente que la Generalidad va un paso por delante del Gobierno central en su objetivo de alcanzar la ansiada independencia de Cataluña. Han llegado muy lejos, hasta donde casi nadie pensó que podrían llegar, por la vía de los hechos consumados, y, una vez alcanzado este punto, es muy difícil que den marcha atrás. O todo o nada, ése es el mandato. A diferencia del Ejecutivo, que sigue la estrategia de acción-reacción, los nacionalistas llevan años perfilando un calculado y detallado plan para romper con el resto de España en el que ya contemplan las posibles respuestas del Estado, lo cual les otorga una clara ventaja a la hora de mover ficha, y cuyos resultados, por cierto, es ahora cuando se empiezan a vislumbrar.

Hasta el pasado 1 de octubre, fecha en la que se celebró el referéndum ilegal de independencia, nadie –al menos en los mercados– preveía la actual situación. Se daba por hecho que Rajoy y su segunda de a bordo, Soraya Sáenz de Santamaría, desbaratarían la consulta o, como mínimo, la reducirían al simple paripé del 9 de noviembre de 2014, cuyos efectos fueron nulos. La realidad, sin embargo, fue muy distinta. El Gobierno cayó en la trampa de los independentistas. No sólo hubo referéndum, con sus urnas, sus papeletas, sus centros de votación y su particular censo, pese a todas las irregularidades y atropellos jurídicos cometidos por la Generalidad, sino que, además, Policía y Guardia Civil acabaron cargando contra los votantes, tras la traición de los Mossos, para intentar cumplir la orden de la Justicia, ofreciendo así las imágenes que con tanto ahínco buscaban los separatistas: porras contra votos. Un mensaje fácil, sencillo y efectivo.

Cataluña recababa la atención internacional que nunca tuvo. La prensa de medio mundo se hizo eco del referéndum y muchos no dudaron en condenar la actuación del Gobierno a través de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Es muy importante remarcar este hecho, ya que la independencia catalana jamás sería posible sin tener cierto apoyo internacional, ya sea para su reconocimiento como Estado propio o bien para posibilitar una negociación de tú a tú con el Estado español.

El 1-O fue un éxito para el nacionalismo
Sea como fuere, la cuestión es que el 1-O fue un clamoroso éxito para el nacionalismo catalán. Lo que parecía imposible empezaba a materializarse, especialmente después de que Puigdemont avanzara su intención de declarar la independencia de Cataluña en base a los resultados de la votación. Es ahí cuando empieza a cundir el pánico entre bancos, empresarios, inversores y la población en general. No en vano, si Rajoy prometió que no habría referéndum y lo hubo, ¿qué impediría la consecución de la independencia? Esto no es sólo un problema de legalidad, que también, sino de habilidad política.

Lo que refleja la masiva fuga de empresas y capitales es, simplemente, la posibilidad, hasta ahora inconcebible, de que Cataluña rompa con el resto de España, la UE y el euro. No es, por tanto, un motivo de alegría, sino de honda preocupación. Hay mucho miedo, como es lógico, a que el plan separatista fructifique, o, dicho de otro modo, dudas de que el Gobierno pueda pararlo. Y los hechos empiezan a dar la razón a los desconfiados, puesto que lo cierto es que la Generalidad ya ha activado la desconexión.

Puigdemont declaró solemnemente la independencia de Cataluña el pasado martes 10 de octubre en el Parlamento regional, y desde ese mismo momento echó a andar la Ley de Transitoriedad, que, junto a la Ley del Referéndum, aprobaron a principios de septiembre en una caótica e irregular sesión parlamentaria. Poco importa que el Tribunal Constitucional suspendiera ambas normas poco después. Los independentistas ya no responden a la ley española, sino que se rigen por la suya, creando así una legislación paralela, ajena al actual marco constitucional.

Puigdemont sí declaró la independencia
Así pues, no se engañen. Por mucho y muchos que digan lo contrario, la transición hacia la independencia efectiva comenzó el 10 de octubre. ¿Hubo entonces declaración? Por supuesto. Atiendan a los hechos. Puigdemont declaró en el Parlamento regional:

Llegados a este momento histórico, y como presidente de la Generalitat, asumo, al presentar los resultados del referéndum ante todos ustedes y ante nuestros conciudadanos, el mandato de que el pueblo de Cataluña se convierta en un Estado independiente en forma de república. Esto es lo que hoy hacemos con toda solemnidad, por responsabilidad y por respeto.

Sí, dicen algunos, pero acto seguido dejó en suspenso la independencia para intentar negociar con el Gobierno:

Y con la misma solemnidad, el Govern y yo mismo proponemos que el Parlament suspenda los efectos de la declaración de independencia para que en las próximas semanas emprendamos un diálogo sin el cual no es posible llegar a una solución acordada.

Primer punto a tener en cuenta: no se puede suspender lo que no existe, ergo la declaración se efectuó, tal y como reconocen los independentistas; en segundo lugar, pese a la petición de Puigdemont, el Parlamento catalán no votó ninguna suspensión, ergo la declaración de independencia sigue en vigor; además, según la Ley de Transitoriedad, ésta entra en vigor de forma automática tras anunciarse de forma oficial los resultados del referéndum; y, por si todavía quedaba alguna duda, Puigdemont y el resto de diputados separatistas estamparon su firma en una declaración de independencia cuyo contenido es diáfano:

Cataluña restaura hoy su plena soberanía, perdida y largamente anhelada (...)
CONSTITUIMOS la República catalana, como Estado independiente y soberano, de derecho, democrático y social (...)
DISPONEMOS la entrada en vigor de la Ley de transitoriedad jurídica y fundacional de la República (...)
INICIAMOS el proceso constituyente, democrático, de base ciudadana, transversal, participativo y vinculante (...)
APELAMOS a los Estados y las organizaciones internacionales a reconocer la República catalana como Estado independiente y soberano (...)
INSTAMOS al Govern de la Generalitat a adoptar las medidas necesarias para hacer posible la plena efectividad de esta Declaración de independencia y de las previsiones de la Ley de transitoriedad jurídica y fundacional de la República (...)

Da igual que dicho texto no se haya votado en el Parlamento regional, ya que basta con que el presidente catalán haya declarado la independencia para que sea constitutivo de delito según la ley, o que el documento en cuestión carezca de validez jurídica, puesto que ninguna declaración de estas características la tiene. De hecho, la declaración se proclama para romper con el marco legal previo, no para validarse conforme a él. Así pues, desde el punto de vista jurídico, no hay ninguna duda, tal y como manifestaron las tres asociaciones de fiscales al unísono tras la comparecencia de Puigdemont, a la que calificaron de "golpe al Estado de Derecho".

Pero, entonces, ¿a qué viene tanta confusión?, ¿por qué Puigdemont se decantó por la ambigüedad para sorpresa y decepción de las filas independentistas? Todo forma parte del mismo plan. Todo está milimétricamente medido. Es la nueva trampa de la Generalidad. Su objetivo no es otro que transmitir, sobre todo de cara al exterior, una voluntad de negociación y diálogo que no es tal mediante una suspensión de independencia que tampoco es tal.

Y de momento les ha salido bien la jugada, puesto que la mayoría de medios, extranjeros inclusive, han tragado con el mensaje de que Puigdemont frena la independencia en el último momento para negociar. De este modo, si el Gobierno decide aplicar finalmente el artículo 155 para suspender la autonomía, los independentistas podrán blandir de nuevo su discurso victimista, cuya imagen en esta ocasión será represión frente a diálogo, algo fácil de vender a la opinión pública una vez más.
La única solución: descabezar el 'procés'

Recuerden que toda la estrategia separatista está destinada a un único fin: o bien lograr la independencia de forma unilateral o bien abrir una negociación con el Gobierno, con o sin ayuda de la comunidad internacional, para acordar un referéndum legal.

La hoja de ruta independentista que obraba en poder de Josep María Jové, mano derecha del vicepresidente catalán, Oriol Junqueras, lo deja bien claro. En primer lugar, declarar la independencia, cosa que ya han hecho, y después, una vez activado el 155, "generar conflicto" en la calle hasta lograr un referéndum acordado o la "desconexión forzosa". La única hipótesis bajo la que los independentistas contemplan la derrota es tras una "reacción violenta del Estado", que desemboca a su vez en dos opciones: "Perdemos" o "resistimos". El resto de opciones acaba en victoria para los separatistas.

Y no les falta razón. Tarde o temprano, Rajoy tendrá que emplear la fuerza para desactivar el golpe, pero el desenlace del procés dependerá de cómo se desarrolle este movimiento. Si la violencia se ejerce en la calle, tal y como aconteció en el referéndum, la probabilidad de éxito para el Estado será nula, ya que ni la opinión pública española ni la comunidad internacional soportarían dicha tensión, a diferencia de los separatistas, que ya están concienciados para ello. La única forma de que el Gobierno salga airoso de esta situación es descabezando el movimiento independentista, es decir, la cúpula de la Generalidad, con Puigdemont y Junqueras en primer lugar, mediante la suspensión de sus cargos y su puesta a disposición judicial por la presunta comisión de los delitos de sedición o rebelión.

¿Qué hará Rajoy? Su inacción es lo que nos ha llevado hasta aquí. Si finalmente pacta una reforma constitucional con el PSOE para tratar de satisfacer a los nacionalistas, mejor hubiera sido conceder a Artur Mas el famoso pacto fiscal que solicitó en 2012 o bien abordar de una santa vez la urgente y necesaria reforma de la financiación autonómica para que cada región pueda organizar sus competencias a su antojo haciendo uso de sus propios recursos, a imagen y semejanza de País Vasco y Navarra. Asimismo, puestos a actuar, también habría sido preferible que el Estado interviniera o suspendiera la autonomía mucho antes para evitar la actual situación límite.

El no hacer tan típico de Rajoy le ha funcionado muy bien hasta ahora, pero el problema es que los independentistas juegan con las cartas marcadas y ya sabían de antemano cuál iba a ser el proceder del presidente del Gobierno. Si esta partida sale mal, España puede perder Cataluña y los principales culpables serán Mariano y Soraya.

España, fuera de Cataluña
Pedro de Hoyos Periodista Digital 14 Octubre 2017

Uno se asombra de que en España (¿Ocurre en otros países?) baste con ser importante para escapar de la Ley. De hecho hay una frase que ha quedado marcada en la memoria popular que lo resume todo: “Usted no sabe con quién está hablando”. La última vez que tengo constancia de su uso la dijo Pilar Rahola a unos agentes. Sí, la muy independentista.

Pero todo parece indicar que los actuales perpetradores de asalto al propio estatuto y a las leyes de su propio parlamento pueden terminar felices y satisfechos de su tarea sin ser juzgados y, en su caso, encarcelados. Si Mariano Rajoy opta por la línea blanda y permite “pulpo” como animal de compañía a la catalana del Estatut catalán, dejando que Puigdemont salga con bien de su patochada habremos hecho un pan como unas tortas.

Si el problema que Cataluña ha representado para España y para muchos catalanes no se resuelve definitivamente, en el sentido que sea pero definitivamente, si los sucesivos gobiernos catalanes pueden seguir campando por sus respetos, seguiremos teniendo el mismo problema, quizá metido en un paréntesis de años pero siempre presto a estallar.

Si no se aprovecha el momento actual para encauzar graves temas como el del adoctrinamiento en las aulas, la insumisión de los mandos de los mossos, la independencia judicial, el acoso a las familias no independentistas, si se sigue dejando las calles exclusivamente en manos de la CUP, ANC y Omnium Cultural, si sigue permitiéndose el partidismo tercermundista de TV3, si se sigue tolerando las subvenciones dirigidas a la prensa independentista nada habremos ganado, seguiremos teniendo el mismo problema por mucho que escondamos la cabeza debajo del ala.

No es solo un problema político para España. Nuestras autoridades no han querido ver la calidad de la democracia en Cataluña. Ni uno solo de los excesos anteriores se habría permitido en Cádiz, en Betanzos o en Mataporquera. Ni cinco minutos habría tardado un inspector de Educación en presentarse en cualquier colegio si un torpe, “torpérrimo” diría Forges, hubiese intentado manipular a un niño. Pero aquí hace ya muchos años que los periódicos han titulado con “Si un niño pide pis o agua en castellano no le hagáis caso” sin que nada pasara, sin que nadie se escandalizara, sin que nadie protestara. Sin que nadie se llevara las manos a la cabeza. Hace años que hemos visto en las aulas las banderas esteladas sin que nadie moviera un dedo. Durante años sabíamos que se instruía y se adoctrinaba contra España sin que la Alta Inspección del Estado moviera un dedo. ¿Por qué los gobiernos, todos los habidos, han tenido miedo de terminar con esta situación, por qué se ha permitido? O, déjenme hacer a pregunta a la inversa, ¿por qué no se ha permitido esto en Íscar, en Matapozuelos o en Venta de Baños?

Podría extenderme igual con el resto de problemas señalados pero déjenme contarles una experiencia de un maestro castellano que pasó unos años en Cataluña:
El inspector de turno se acerca par la escuela X, habla con los profesores, visita al equipo directivo y en definitiva realiza su labor. A llegar la hora del recreo sale al patio con niños y profesores, puede pensarse que sale a descansar pero como es su deber sigue “inspeccionando”. En un momento dado se da cuenta de que los niños, recordemos que están en el recreo, se dirigen a su profesor tutor en castellano. Y al tutor se dirige el funcionario de la Generalitat preguntando cómo es que sucede tal cosa, por qué los niños se dirigen a él en castellano. El maestro responde que los niños se dirigen a él como quieren, que cuando se acerca uno no sabe en qué idioma va a hablar que… El inspector, muy consciente de su papel y de las órdenes de sus superiores, replica: “Si lo niños le hablan en castellano es porque usted les habla en castellano. O se corrige esto o tendré que abrir un expediente.”

Tómenlo como quieran, amigos lectores. Pueden ustedes en pleno uso de su libertad echar las culpas a la Generalitat, y tendrán razón, pero a mí me parece mucho más grave el triste papel de las autoridades del Estado, que han hecho dejación de autoridad, que han abandonado su papel constitucional en Cataluña, que han dejado indefensos a los ciudadanos no nacionalistas. Pensemos en el papel cómplice del PSC y del PP, de Zapatero y de Aznar. Y pensemos cómo se las han arreglado solos los catalanes que de la nada, sin las multimillonarias subvenciones de la Generalitat, han hecho surgir numerosas asociaciones (Dolça Cataluña o Societat Civil Catalana o Concordia Cívica para frenar la imposición fascista (les recuerdo que se saltaron sus propio estatuto y las normas de su Parlament) del actual nacionalismo.

Si los causantes escapan a la ley, si no se corrige esta situación, la realidad presente estos días (y la que está por venir si se aplica el 155) se repetirá en breve tiempo.

Amenaza separatista a la economía española y la estabilidad europea
Editorial larazon 14 Octubre 2017

Una de las falacias que de manera más irracional han sostenido los dirigentes de la Generalitat es la de no tener en cuenta el efecto más inmediato de una declaración de independencia: negar la fuga de empresas por la indefensión jurídica en la que se iban a encontrar después de que Cataluña fuese obligada a abandonar la Unión Europea, o el temor de los ahorradores y bancos al quedar fuera del paraguas del Banco Central Europeo. Siempre dijeron que su plan de secesión no se vería afectado, que Europa no podía prescindir de Cataluña y que los mercados volverían a financiarle, a pesar de su valoración de «bono basura», siguiendo siempre un guión entre fantástico y fanáticamente manipulador.

Como estamos comprobando estos días, la realidad es otra muy diferente: el riesgo de recesión y de «aguda desaceleración», tal y como lo expresó ayer tras el Consejo de Ministros la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría. El Ejecutivo se vio obligado a prorrogar los Presupuestos al no contar con el apoyo necesario del PNV «hasta que no se solucione la cuestión catalana». El Gobierno ha buscado la consolidación del crecimiento económico, de la creación de empleo y la reducción del déficit público, pero si el objetivo de este último se mantenía en el 2,2%, ahora ya se admite que será muy complicado de cumplir y así se le presentará a Bruselas el próximo lunes en el plan presupuestario.

Estábamos advertidos de estas consecuencias, que ya fueron adelantadas por el FMI –«las perspectivas para la economía española son buenas, pero si la tensión y la incertidumbre sobre Cataluña se mantienen, la confianza y la inversión se podrían ver dañadas»– o la agencia Standard & Poor’s –que mantiene la calificación de España, aunque no descarta su deterioro–, sumándose así al criterio del Banco de España. En el independentismo existe el criterio de forzar la inestabilidad económica para implicar a la UE en la crisis, estrategia que tiene un riesgo de provocar consecuencias irreversibles.

Desde el pasado 1 de octubre, un total de 540 empresas han dejado Cataluña y se han instalado en diferentes puntos de España –212 lo oficializaron el día antes de la declaración de Puigdemont en el Parlament–, según datos del Colegio de Registradores de España. Los instigadores de esta estrategia no deberían olvidar que cuanto más dure la inseguridad jurídica, más firmas se sumarán a este éxodo y que aquellas que se han ido difícilmente regresarán, como también ocurrió en Quebec entre 1980 y 1995 durante los dos referéndums. No basta decir, como así apuntó irresponsablemente Oriol Junqueras, que la marcha de estas empresas y bancos no tiene consecuencias económicas porque el Impuesto de Sociedades ya lo cobra la Agencia Tributaria estatal, porque los efectos en el prestigio de la economía catalana serán devastadores. Lo están siendo.

No sólo se pierde la posibilidad de que Barcelona sea una importante plaza financiera tras la marcha de CaixaBank y Sabadell, sino que ya empieza a notarse en aspectos no menores, como la caída de un 30% de las reservas hoteleras por la inestabilidad política que ha rebajado las pocas opciones de optar a la sede de la Agencia Europea del Medicamento. Si España entra en recesión, afectará a la UE. El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, se mostró contrario a la independencia de Cataluña porque esta posibilidad acabaría con el proyecto común y sería un retroceso hacia un continente de 98 estados basados en diferencias culturales o lingüísticas. Sería el final de la Europa de los ciudadanos.

Puigdemont, en su propio laberinto
JORGE DE ESTEBAN El Mundo 14 Octubre 2017

Las cosas están así: una verdadera, pero falsa, Declaración Unilateral de Independencia que se halla en estado latente y una engañosa aplicación del artículo 155 de la Constitución. Esto es, el Gobierno parece que aplica, como respuesta a ese desafío, el artículo 155, pero lo hace de tal manera que no es extraño que quede en agua de borrajas. Primero, porque, después de lo visto, es absurdo preguntar a Puigdemont si realmente declaró la independencia. En caso de que diga que no o de que no conteste antes del día 19, el Gobierno aplicará el 155. Pero es público y notorio que Rajoy, su Gobierno y el PSOE estarían encantados si dijera que ha sido un mal entendido y que, por consiguiente, se vuelve a la legalidad -¿pero a cuál?-, porque nadie tiene interés en adentrarse en las complejidades del artículo.

Si no fuese porque todo lo que está sucediendo en Cataluña puede acabar trágicamente, habría motivos para decir que asistimos a una revolución marxiana, digo marxiana y no marxista, es decir, inspirada en los hermanos Marx. En efecto, todas las actuaciones últimas de Puigdemont, rematadas por el documento que firmaron la noche del martes los representantes de los separatistas, recuerdan curiosamente a aquellas escenas delirantes «de la parte contratante de la primera parte» en la película Una noche en la ópera.

Sea como fuere, lo primero que hay que decir con claridad es que, al margen de los cuatro delitos que se atribuyen al presidente Puigdemont, lo más grave de su actividad como político es que es un incompetente o, si se prefiere, un irresponsable, por haber metido a Cataluña en un imbroglio de tamaño colosal. La causa inmediata ha sido, obviamente, querer conseguir la independencia de Cataluña de forma ingenua e ilegal.

Veamos primero la faceta ingenua. Cuando en un país de 500 años de existencia -una de las primeras potencias mundiales durante un siglo- quiere apoyarse únicamente en la mitad de los electores catalanes, ya que al menos la otra mitad quiere seguir siendo española, está negando el concepto de democracia, en la que no vale el empate como en el fútbol. En segundo lugar, intentar independizarse con el apoyo internacional de Corea del Norte y de otros países tan prestigiosos produce una cierta hilaridad. En tercer lugar, como ha dicho el reconocido catedrático de Relaciones Internacionales de la Universidad de Roma, Matt Qvortrup, si no cuentas con el apoyo de al menos tres de los cinco miembros del Consejo de Seguridad de la ONU, más vale que te dediques a cultivar cacahuetes. Es más: un catalán de origen como es Manuel Valls, ex primer ministro de Francia, ha afirmado que la independencia de Cataluña sería como abrir la caja de pandora en Europa; es decir, con consecuencias imprevisibles para otras muchas regiones. Y, por último, raya en la bobería pensar que una Cataluña independiente sería admitida en Europa para asegurarse el paraguas que ahora tiene con España, pero que luego perdería.

Vayamos ahora a la ilegalidad del pseudoreferéndum del 1 de octubre, que confirma aún más la incompetencia de Puigdemont y sus adláteres, especialmente su vicepresidente. El Estado de derecho, en su significado más elemental, no es otra cosa sino la necesidad de que los que deben aplicar la ley, como los que tienen que cumplirla, se obligan a respetar el pacto político necesario sin el cual no hay una convivencia en paz. De ahí que aquéllos que, de forma unilateral, dejan de cumplir las normas que hasta entonces les habían beneficiado, lo que están haciendo es romper el pacto fundacional político y situarse fuera de la ley. Por consiguiente, abandonar un orden jurídico estable para ir creando un orden nuevo a salto de mata es la negación de lo que significa el Derecho, cuyo primer mandamiento es garantizar la seguridad jurídica, basada en la transparencia y en la previsibilidad. Sin seguridad jurídica no es posible que haya mercado y sin mercado no hay progreso económico, pues, como dice López Burniol, "a medio y largo plazo, el incumplimiento de la ley cuesta muy caro".

Supongo que los incompetentes que quieren empobrecer Cataluña se habrán dado cuenta ya, ante la huida de los grandes bancos y empresas. Pero en lo que su incompetencia es todavía más clara es en haber organizado un referéndum declarado ilegal por el Tribunal Constitucional y la Junta Electoral Central. Por cierto, que gran parte de la responsabilidad del bochornoso acto del pasado martes, junto al sabotaje jurídico que perpetró la mayoría nacionalista en el Parlament los días 6 y 7 de septiembre, deriva del presidente Rajoy, que no hizo muchos esfuerzos para evitar todo esto, lo que contrasta con el buen discurso que pronunció el pasado miércoles en el Congreso y que debía haber realizado antes del 1 de octubre, con lo que hubiese abierto los ojos a muchos.

Pero volvamos al referéndum fraudulento convocado irresponsablemente por los dirigentes nacionalistas. Se admite generalmente que para que un referéndum sea válido es necesario que concurran, al menos, tres condiciones: que la pregunta sea clara y sencilla; que respete la legalidad vigente, la libertad del voto y la imparcialidad de la campaña; y, por último, que el recuento se base en la exactitud numérica. Veamos, rápidamente, salvo el primero, que más o menos fue correcto, los otros dos requisitos.

En cuanto a la legalidad, el falso referéndum de 1 de octubre no respetaba ni la española ni la propiamente democrática. En efecto, el citado internacionalista Qvortrup, afirma que la convocatoria fue "ilegal, además de un error político sin acuerdo previo, porque esos referendos empeoran las cosas". Y, añade, "tal vez el referéndum no quepa en la Constitución, pero si el independentismo obtuviera al fin un apoyo claro en las elecciones, como mínimo un 60 % de votos, entonces el Estado debería negociar". Porque, a pesar de las bobadas que repiten los nacionalistas catalanes, este autor, como ya dijo también aquí la catedrática Araceli Mangas, Cataluña, según las leyes internacionales, no tiene derecho a la autodeterminación. Sin embargo, si obtuviera esa mayoría clara en las elecciones autonómicas, podría negociar y pactar con el Estado. Pero, en cualquier caso, advierte también el autor citado, "la democracia no es ninguna utopía, sino solo un sistema de acuerdos para regular conflictos, aunque tiene sus límites". Por ejemplo, "llevar al extremo el derecho a la autodeterminación haría que cada comarca o ciudad acabaran reclamando su independencia y, al final, hasta cada barrio, especialmente los más ricos, que sostienen con sus impuestos a los más pobres".

La campaña previa al referéndum ilegal fue abusivamente a favor del sí, utilizando todos los medios de que disponía la Generalitat para convertirlo en un plebiscito que comportó que la gran mayoría de los partidarios del no se quedasen en su casa. Es más: no hubo libertad de voto desde que el Gobierno de Madrid dijo que no permitiría el referéndum por ser ilegal, aunque después la traición de la policía autonómica contribuyó a que el referéndum fuese legal para unos e ilegal para otros.

El tercer requisito señalado para la validez es que en el recuento se exija una exactitud matemática. En este caso, la cuestión es tan escandalosa que parece que se inspiraron en algún país africano para el escrutinio. Según se acaba de conocer, Joan Manuel Tresserras, de ERC, uno de los estrategas del procés, dijo, según grabaciones de la Guardia Civil, que habría que inflar los resultados para que se llegase por lo menos a los tres millones de votantes, cuando ni siquiera votó la mitad.

Aunque Rajoy, delante de Trump, dijo que el referéndum no se podía celebrar porque no había censo, ni urnas, ni papeletas, la realidad es que aparecieron las urnas chinas, algunas embarazadas, porque llegaban ya llenas a los colegios electorales, como ocurre en las elecciones de Camerún. Además, se creó sobre la marcha el Colegio único para que quienes quisieran pudieran votar varias veces en diferentes colegios. Y, por supuesto, el recuento se hizo sin interventores de la oposición. El portavoz del Govern, con un gran sentido del humor, dio una cifra, incluso con decimales, del resultado de las votaciones. Pero, como he dicho, la exactitud numérica en los resultados es un requisito sin el cual no vale ningún referéndum. El de Quebec de 1995 lo perdieron los separatistas únicamente por 55.000 votos, lo que aquí no habría sucedido con los estrategas que cuentan los independentistas.

En resumidas cuentas, proclamar la independencia de Cataluña basándose en un referéndum ilegal, según una ley suspendida por el Tribunal Constitucional y con unos resultados fraudulentos, es una broma de mal gusto. Pero encima si el Gobierno no aplica el artículo 155 para acabar con esta farsa de una vez, los dos Gobiernos, el de Madrid y el de Barcelona, estarían a la misma altura y nadie puede predecir lo que sucederá en España ante tanta incompetencia.

Jorge de Esteban es catedrático de Derecho constitucional y presidente del Consejo Editorial de EL MUNDO.

La fregona Puigdemont ensucia a los catalanes
Jimmy Giménez-Arnau okdiario 14 Octubre 2017

Charlie Hebdo, la revista satírica de los gabachos, acaba de calcar a los golpistas del procés en su última portada: “Les catalans plus cons que les corses”. Los catalanes más “cons” que los corsos, pues éstos también soñaron con desgajarse de Francia. El término galo de “cons” reúne, en español, a bastardos, boludos, cabrones, capullos, mierdas y similares. Pero fue Pablo Planas quien dio la traducción perfecta: “Queridos Rufián y Guillaumes, os llaman “gilipollas” unas personas que si pueden presumir de muertos por la libertad de expresión”. No como vosotros, par de tarados, que tildáis de salvajes a la Guardia Civil y a la Policía Nacional y presumís de 893 heridos que abandonaron el dispensario con tiritas.

Aquella creatividad de los catalanes que obnubiló a España, hoy no es sino un hondo pozo de falsedades y traiciones. La raza superior que proclama Pantagruel Junqueras se diluye con su imagen, ya que, si hay que ser como él es, no hay bicho viviente que defienda ni crea en la esperanza de su raza. Los catalanes van de culo. De ser gente fina y estética, han pasado a ser mochileros y traperos. Por eso los catalanes de bien hacen larga cola ante el psiquiatra y los notarios, buscando unos que les atemperen esos deliquios que diariamente les produce la fregona Puigdemont, y otros, una fiscalidad honrada que vele y proteja sus ahorros. Esta Cataluña gobernada por promotores de la ira y auténticos desquiciados, genera el mal del desasosiego.

Me fascinó ver a la vicepresidenta Soraya Saénz de Santamaría con los colores del Joker de Batman en el desfile de la Hispanidad. Me animó verla luciendo esos guantes de tonos morado/azulado propios del mejor villano que he visto. Creo haber detectado el mensaje que quiso mandarnos a los españoles. Que calzarse guantes lombarda es un signo inequívoco de que, por fin, el verdugo se ha decidido a acabar con los malditos insurgentes. Dios y Zeus lo quieran. Llegó la hora de frenar en seco a esta gentuza. Sabios hay que apoyan su detención. Millones de catalanes, castellano-parlantes, sueñan con que alguien aplique la ley penal y les saque las castañas del fuego.

¡Ojo! Que sacar castañas del fuego y meter a la fregona Puigdemont en la trena, acompañado de Pantagruel, el malvado enano de ANC, la loca de la CUP, filfas Forn, más ese capo de los mossos de guata, el tal Trapero, sería un acto bien ecológico que limpiaría Cataluña de ásperos cardos, setas venenosas y peligrosas espinas. ¿Imaginan a la fregona entrando en Alcalá Meco, escoltada por su banda de trileros a los acordes del Himno Nacional? ¿Imaginan al president mientras le rapan la fregona y lo mandan al patio a hacer de espantapájaros en la llanura de Henares? Sería un justo castigo para quien ha llevado a la ruina a la próspera Cataluña. Dios y Zeus quieran que así sea.

La panacea catalana: el regreso de la sociedad civil
El mejor, más seguro y civilizado remedio al problema catalán es el regreso de la sociedad civil, previa marcha atrás de la política de los espacios que tan costosa como ilegítimamente ha venido usurpando.
Jesús Banegas vozpopuli.es 14 Octubre 2017

Uno de los más acreditados signos distintivos de nuestra cultura y civilización, la occidental, y una de las razones de sus logros y avances económicos y sociales a lo largo de la historia es la existencia de la llamada “sociedad civil” que al generar pluralismo ideológico e institucional previene el establecimiento de monopolios de poder y de verdad y contrabalancea las instituciones centrales de naturaleza política. Podríamos definir la sociedad civil como el conjunto de instituciones no gubernamentales suficientemente fuertes como para contrabalancear el Estado y sin menoscabar sus funciones de mantenimiento de la paz y arbitraje de los grandes intereses, prevenir su dominio de una sociedad atomizada.

“Los americanos de toda edad, condición y tendencia se asocian continuamente. No solo poseen asociaciones comerciales e industriales, de las que todos forman parte, sino que tienen también otras muchas de otro tipo: religiosas, morales, grandes y fútiles, generales y específicas, muy amplias y restringidas. Los americanos se asocian para celebrar fiestas, fundar seminarios, construir albergues, erigir iglesias, difundir libros, enviar misioneros a las antípodas; crean hospitales, cárceles, escuelas. Por doquier, donde a la cabeza de una institución veréis en Francia al Gobierno, tened la seguridad de que en Estados Unidos veréis una asociación”. Así describe Alexis de Tocqueville en “Democracia en América” su descubrimiento de la sociedad civil norteamericana.

Desde entonces para acá sabemos a ciencia cierta que los países en los que proliferan las más libres y diversas expresiones de la sociedad civil son menos dependientes del Estado y por tanto más prósperos, mientras que en el extremo contrario de los regímenes totalitarios donde la sociedad civil apenas existe por la ausencia de libertad, la dependencia del Estado y la pobreza están a la orden del día.

Cataluña, que, gracias a sus propios méritos y las políticas arancelarias e industriales de los gobiernos de turno de la nación, se desarrolló económica y socialmente antes y mejor que las demás regiones de España desplegó una gran variedad de iniciativas propias de su sociedad civil hasta consolidarse como líder modernizador y como la mejor referencia española en dicho ámbito. Desde Fomento del Trabajo a los medios de comunicación, pasando por el Círculo Ecuestre, el Liceo, las plazas de toros, el Barça, etc…..y hasta La Sagrada Familia son expresiones de la vitalidad de la sociedad civil catalana que con el paso del tiempo han ido perdiendo vigencia en competencia con un Estado Autonómico cada vez más invasor de las instituciones civiles.

El desmesurado crecimiento del Estado, en este caso autonómico, compite y termina debilitando y a veces sustituyendo a muchas instituciones de la sociedad civil; llega incluso a corromperlas con subvenciones asociadas al puntual ejercicio de la militancia en los postulados políticos de quien las asigna. La Cataluña de nuestros días tiene una sociedad civil mucho más empobrecida que antes del dominio mesiánico y totalitario de sus dirigentes nacionalistas.

Sin embargo, el pasado domingo la verdadera sociedad civil catalana en un gesto que la honra salió a la calle libre y voluntariamente para decir basta a las demostraciones sociales mayormente subvencionadas y por tanto manejadas por un poder político totalitario.

El mejor futuro posible para Cataluña pasa necesariamente por la desocupación de los espacios propios de la sociedad civil por la política –de cualquier partido político- lo que debe implicar la supresión de todo tipo de subvenciones, incluso a las empresas –también en el resto de España– para evitar agravios comparativos. Otra cosa es que, de una vez por todas, se ponga en marcha en España un sistema de mecenazgo que anime a los ciudadanos a sufragar libremente sus manifestaciones y organizaciones preferidas de la sociedad civil.

Una Cataluña sin medios de comunicación ni organizaciones nacionalistas –también las demás- subvencionadas no se parecería en nada a la que participó en la ridícula “performance” del pseudo-referéndum.

Por todo lo dicho el mejor, más seguro y civilizado remedio al problema catalán es el regreso de la sociedad civil, previa marcha atrás de la política de los espacios que tan costosa como ilegítimamente ha venido usurpando y ocupando. Si a través de la aplicación del archifamoso artículo 155 de nuestra constitución se llevara a cabo dicha tarea, el natural despertar de la sociedad civil catalana terminaría poniendo las cosas en su sitio, frente a los delirios nacionalistas cuyo protagonismo han venido secuestrando.

La no-independencia y el mechero del pirómano
Daniel Lacalle elespanol 14 Octubre 2017

“And you'll see me waiting for you on our corner of the street, so I'm not moving” The Script

En el desafortunado culebrón de la no-independencia de Cataluña se juntan la irresponsabilidad, la ignorancia y la arrogancia. Recuerdo un jefe mío que decía “no me importa mucho que en la organización haya inútiles, siempre que no sean proactivos”, y el despropósito económico que ha generado la Generalitat y sus adláteres no puede ser más preocupante, porque conocían el riesgo y a pesar de todo, se lanzaron a la carrera suicida.

Más de veinte grandes empresas y un total cercano a las 400 empresas han trasladado su sede, según datos del Registro Mercantil. Las notarías colapsadas para trasladar pymes a otras regiones, y todo ello en siete días.

Pero ¿qué temen?
Un analista me decía el jueves que las empresas temen la incertidumbre. No, las empresas temen la certidumbre del asalto económico que supone el separatismo con o sin independencia.

La inseguridad jurídica no es una broma (cuando se habla explícitamente de confiscación y ruptura de compromisos financieros). La amenaza fiscal no es un invento (“estamos estudiando nuevas vías de ingresos”, “se emitirán bonos con cargo e impuestos futuros”). La llamada al corralito no la ha hecho un analista madrileño, acudir a “control de capitales” es algo que han dicho ellos, los salvadores de la inexistente patria. La presión fiscal, que solo ha aumentado a pesar de la creciente autonomía, no es un invento. Pero, sobre todo, la situación creada cada día desde las instituciones no genera un clima de confianza.

La decisión de cambiar la sede de una empresa no se toma “en caliente” y por nada. Se toma tras un periodo largo de reflexión sobre los beneficios y aspectos negativos de establecerse. El 1-O no ha cambiado las cosas de “ningún problema” a “pánico” sino que es la gota que colma un vaso que ya rebosaba. El del “bullying institucional”, tratar a las empresas como peones de veleidades intervencionistas, permitir que las calles y las instituciones sean secuestradas por radicales incompetentes y, encima, arrogantes.

La decisión de cambiar la sede de una empresa no se toma “en caliente” y por nada. Se toma tras un periodo largo de reflexión sobre los beneficios y aspectos negativos de establecerse

Y no, tampoco se cambia de la noche a la mañana cuando todos los factores que han llevado a cambiar la sede permanecen. Es casi hilarante, por no decir vergonzante, que algunos hablen de Eslovenia como ejemplo de empresas que volvieron. Un país que pasa de un régimen totalitario y una economía planificada a una democracia liberal, Eslovenia, es lo contrario a lo que están perpetrando los separatistas, un régimen controlado por intervencionistas y totalitarios. Eslovenia era un país que pasaba del asilamiento del régimen yugoslavo y de la falta total de libertad económica a lo contrario, la apertura y el libre comercio de verdad.

Aquí, las empresas se enfrentan a una involución, de una economía dinámica y abierta a un intervencionismo feroz liderado por ignorantes económicos.

Si en un país como EEUU, las empresas que trasladaron su sede a Canadá durante la administración Obama no han vuelto con la de Trump, imaginen si la algarada de la “no-independencia-pero-sí” se mantiene durante años y la asfixia institucional se mantiene. Si en empresas que tienen la mayoría de sus ingresos en EEUU se han producido salidas equivalentes a 65.000 millones de dólares de ingresos fiscales estimados entre 2015-2020, imagínense lo que ocurre en una Cataluña donde los radicales toman las instituciones y las calles.

¿Qué razones tendría una empresa para volver?

Tal vez que la inmensa mayoría de sus ingresos provienen de Cataluña. No es el caso.
Tal vez que el entorno de seguridad fiscal y legal fuese excepcional. No es el caso.
A lo mejor, que Cataluña es un sitio donde “hay que estar”. Tampoco es el caso.

Y en eso llegan algunos liberales y, como hicieron en Ecuador o Venezuela, se ponen de perfil entre la defensa de la ley de un estado democrático y los que quieren dinamitarla. Durante años, ni una palabra ante el asalto a la libertad individual, ante la coacción diaria, el adoctrinamiento, el señalamiento del no-separatista, la coacción incesante de los ciudadanos en su día a día y la amenaza a las empresas. Y, sin embargo, abren, ahora, el debate sobre la secesión liberal.

La fuga de empresas no es un juego de suma cero, es un evento negativo para todos

Desde una perspectiva ridícula (“secesión del estado”) cuando es intercambiar estado por más estado, no es salir sino permanecer en la UE, y es pasar de estado “poco liberal” a intervencionismo, cuando es todo menos liberal y absolutamente cualquier cosa menos libertaria.

Y, sobre todo, porque prima el inexistente derecho de secesión de algo que nunca ha sido colonizado, sobre los derechos individuales y económicos de todos los que sufren cada día el asalto liberticida del separatismo excluyente y señalador.
Alfombra roja a los totalitarios

“La solución a la secesión es más secesión” me dicen, mientras les cuelan un documento de transición y desconexión que elimina la posibilidad de secesión de los territorios catalanes.

Discutiendo sobre el sexo de los ángeles, como ocurrió en Latinoamérica, le ponen la alfombra roja a los totalitarios. Y esos, cuando llegan, no te los quitas ni con agua caliente. Como cuando se les criticaba que blanquearan a los populismos desde la equidistancia entre los movimientos comunistas y totalitarios y las imperfectas democracias existentes, te dicen “no hombre, no creo”. Y siguen creyendo que si Cataluña la toma primero el separatismo intervencionista y la hunde, la gente se dará cuenta de que “lo bueno” es el liberalismo y, cuando todo explote, viviremos en Narnia liberal. En fin.

Lo peor de todo es que los que están consiguiendo sus objetivos de manera espectacular son los destructores, las anti-empresas, los anti-comercio. Porque la fuga de empresas no es un juego de suma cero, es un evento negativo para todos, porque incluye congelar decisiones de inversión y contratación en el mejor de los casos.

El liberalismo utópico y el nacionalismo moderado solo sirven de mechero para el pirómano. Luego lamentamos el incendio.

El Círculo Catalán de Negocios pide hundir la economía española para que la UE reconozca la independencia
M.A. Ruiz Coll okdiario 14 Octubre 2017

Cuanto peor, mejor. Mientras las grandes empresas huyen de Cataluña, despavoridas ante el movimiento revolucionario puesto en marcha desde la Generalitat, un puñado de empresarios próximos a Puigdemont le animan a “apretar el botón nuclear“: le piden que consume cuanto antes su desafío secesionista para que quiebre la economía española y la Unión Europea se vea obligada a reconocer la independencia de Cataluña.

Esta es la opción que defiende públicamente David Fernández, vicepresidente del Cercle Català de Negocis (CCN), una asociación formada por algunas decenas de empresarios independentistas, que el presidente Carles Puigdemont ha utilizado con frecuencia para demostrar que cuenta con el respaldo del tejido empresarial.

A través de la red social Twitter, Fernández ha pedido a Puigdemont que “apriete el botón nuclear” y levante la suspensión de la declaración de independencia. A su juicio, esto provocaría que se dispare la prima de riesgo española hasta que el pago de los intereses resulte inasumible. La consecuencia de todo ello, añade el vicepresidente del Cercle Català, es que la Unión Europea se vería obligada a rescatar al Estado español y reconocer la independencia de Cataluña.

David Fernández argumenta esta estrategia suicida con las siguientes palabras: “El botón nuclear de la independencia es la deuda y la prima de riesgo española. La prima de riesgo es el precio que un Estado ha de pagar para obtener financiación. En los países inestables, o que se prevé que pueden dejar de pagar su deuda, la prima de riesgo se dispara. Por tanto, un país como España con una deuda y una prima de riesgo elevadas es carne de rescate y de una grave crisis”.
“Apretar el botón nuclear”

El vicepresidente del Cercle Català de Negocis añade las siguientes reflexiones: “España tiene una deuda pública del 14o% del PIB, sin tener en cuenta las drogas, el juego y la prostitución que Montoro incluye en el cálculo. Hace muchos meses que el Banco Central Europeo (BCE) es el único comprador de deuda española. La burbuja es tan grande que nadie se atreve a comprar. El Banco Central Europeo (BCE) no puede maquillar la quiebra de España sin Cataluña. ¡El riesgo de ruptura de la UE es enorme! Tenemos que dejar de ser una molestia para pasar a ser un problema ineludible cuanto antes”.

Cercle Català de Negocis
Y a continuación, expone la estrategia para hundir la economía española y consumar el desafío secesionista. Se trata de la carta que el vicepresidente de la Generalitat, Oriol Junqueras, guarda en la manga desde hace meses en forma de chantaje al Gobierno español: si el Ejecutivo de Rajoy no accede a negociar el proceso de independencia, la Generalitat la declarará unilateralmente y se desentenderá de sus más de 75.000 millones de euros de deuda pública.

De este modo, la hipotética República catalana nacería sin ninguna carga ante los mercados financieros, mientras que el resto de españoles tendrían que hacerse cargo del pago de los 75.000 millones de euros de deuda de la Generalitat (que está avalada por el Estado español).

Según el vicepresidente del Cercle Català de Negocis, este sería el detonante que provocaría la quiebra del Estado español y que obligaría a las autoridades de la Unión Europea a asumir el papel de “mediador internacional” para consumar la independencia de Cataluña de forma pactada.

David Fernández lo expone con las siguientes palabras: “La Unión Europea es responsable negligente por haber permitido [llegar a esta situación], y Cataluña es parte de la solución si nos apoyan. Si no, ¡adiós UE! ¿Cómo mostramos que España es el problema? Muy fácil: proclamando la independencia solemnemente para hacer que la prima de riesgo se dispare. Entonces, intervención directa de la UE en España, Cataluña independiente y negociación para el reparto de activos y pasivos con mediación”.

El número 2 del Cercle Català de Negocis concluye con la siguiente proclama: “Estos días hemos aprendido que España ya no controla Cataluña (recordad que no iba a haber urnas, ni papeletas, ni sobres, ni referéndum…). Hemos aprendido que el Gobierno español ha perdido la autoridad sobre Cataluña. Si somos firmes y creíbles, el mundo nos escucha. Si no, nos mean en la cara (sic). La Unión Europea se mueve si se siente amenazada; si no, se desentiende de todo. Estos días hemos aprendido que juntos somos imparables y tenemos la sartén por el mango”.

Esta es la realidad paralela en la que se mueven los independentistas. Mientras Cataluña sufre la más grave fuga de empresas de las últimas décadas, provocada por la decisión de la Generalitat de quebrar el orden constitucional, los empresarios que llevan años asesorando a Puigdemont le engañan haciéndole creer que tiene la capacidad de quebrar la economía española y de llevar a la Unión Europea al borde del abismo.

Los dirigentes del Cercle Català de Negocis forman una camarilla que ha permitido a Carles Puigdemont presentarse como un líder respaldado por el mundo de las finanzas. El pasado 1 de octubre, el CCN emitió un comunicado en el que señalaba que los resultados del referéndum ilegal del 1-O “son válidos y legitiman al Parlament para proclamar de forma solemne la independencia de Cataluña en forma de República“.

Mientras tanto, los bancos y las multinacionales salen corriendo de Cataluña, para evitar el limbo legal en el que se encontrarían si la Generalitat declara unilateralmente la independencia y es apartada de la Unión Europea.

El misterio de la fe
Antonio Escohotado Libertad Digital 14 Octubre 2017

La CUP siente que Puigdemont ha "traicionado el mandato popular, claro y rotundo, del referéndum", así como a "los millones de heridos" que la iniciativa ha producido. No hay duda, pues, de que considera fiables los cálculos ofrecidos el propio día 1 por el portavoz del Govern, según el cual los opuestos a la independencia rondaban el 9%, y los favorables el 90%. Tampoco hay duda de que sus aliados políticos en "el proceso" están dispuestos a creer dichos porcentajes de voto, si bien prefieren la traición a seguir adelante.

Entretanto acabo de hablar con mi hija Claudia, de 18 años, becada este curso en una universidad de Missouri, y por ella compruebo que todos los foráneos –entre ellos unos 60 latinoamericanos de ambos sexos– están indignados por los millones de heridos, y apoyan la "liberación de Cataluña". Que los votantes en el referéndum hayan sido 2.286.217, según la Generalitat, no modifica su propensión a creer que quizá todos ellos –e incluso alguno más– ha padecido una crueldad policial dirigida contra "la democracia".
Esa "inmensa mayoría" harta de falacias como la renta per cápita, que reclama libertad para su expresión y censura de cualquier otra.

Ahora bien, ¿qué hacer o decir cuando en plena noche algunos se ponen gafas de sol, sintiéndose agredidos por la inclemencia solar? Innumerables ejemplos documentan la valiente reacción de la fe ante el imperio de los falaces sentidos, y creer antes de ver viene reclamándose desde el santo Abraham, que solo suspendió el degüello de su hijo cuando vino a impedirlo un ángel, pues "la voz interior" se lo había ordenado. ¿Cómo es posible que en el siglo XXI la realidad prosaica siga siendo rechazada por la convicción íntima con idéntica firmeza, cuando nada resta en el entorno de aquella vida pastoril?

La respuesta se puede dividir en dos, ya que los compañeros de mi hija difícilmente apoyarían el sacrificio de Isaac, y son más bien el resultado de una propaganda victimista dispuesta a ignorar los 180 muertos en manifestaciones contra Maduro, no los millones de supuestos lesionados en Cataluña. El sufragador genérico de dicha propaganda es en parte quien lleva milenios abogando por poner primeros a los últimos, y en parte quien trata hoy de evitar que las cosas discurran tranquilamente aquí o allá, pues Teherán, Moscú, La Habana o Pyongyang no reciben la pleitesía a su juicio debida, y algunos hackers de renombre están dispuestos a corregir tal desacato.
¿Cómo es posible que en el siglo XXI la realidad prosaica siga siendo rechazada por la convicción íntima?

Con todo, sumando ambos lotes no obtendremos una centésima de la financiación deparada al "proceso" por el guerracivilismo que reavivó Zapatero y consienten los Gobiernos ulteriores. La llamada inmersión lingüística, cuya esencia es prohibir el castellano hablado o escrito en parte del territorio español, ha coincidido con un ingente flujo de fondos públicos desviado hacia la causa particular del independentista. Suele ignorarse que si caudales remotamente parejos se hubiesen dedicado a restablecer en Toledo el orgullo visigótico, o en Murcia el reino fundado por el conde Belisario en el siglo VI , los casinos de cada zona contarían con tantos adeptos del pasado glorioso como enemigos del presente indigno, según ocurre hoy en los de Igualada y Manresa. Cuanto más parezca fruto de maquinaciones el pelo de la dehesa, menos disposición habrá a sustituir la paletería por saber cosmopolita.

Felicitemos a las embajadas de la Generalitat por lo eficaz de su marketing, pero no olvidemos en función de qué fueron asesinados el zar, la zarina y sus cinco hijos, según el Mi vida de Trotsky:

Fue necesario no solo para atemorizar, horrorizar y desalentar el enemigo, sino para espolear a nuestras filas, mostrando que ya no era posible retroceder y nos aguardaba la victoria total o la destrucción completa.

Siete días antes, el diario gubernamental La Verdad (Pravda) publicó una nota de Lenin digna también de cita textual:
Cada ciudad y pueblo decidirá cómo limpiarse de sus alimañas, bien encarcelándolas, obligando a que porten distintivos amarillos como las rameras, ordenando que limpien letrinas o matando a una de cada diez, pues el resto será útil en campos de trabajo forzado.

¿Qué opina la CUP al respecto? Este martes su diputada Anna Gabriel propuso "un nacionalismo sin fronteras", enunciando algo tan curioso como un libre comercio reforzado por aduanas a cada legua, porque a la chita callando el discurso llamado posmoderno compensó la caída del Muro, y la implosión de la URSS, con un asalto al concepto de la verdad como realidad de las cosas. Tras ese concepto, explicará entre otros Pierre Bourdieu, se cobija la "violencia simbólica" del orden capitalista, y llega la hora de lanzar una verdad acorde con el sentimiento de los oprimidos, esa "inmensa mayoría" harta de falacias como la renta per cápita, que reclama libertad para su expresión y censura de cualquier otra.
Quien trata hoy de evitar que las cosas discurran tranquilamente aquí o allá, pues Teherán, Moscú, La Habana o Pyongyang no reciben la pleitesía a su juicio debida

Sus colegas Althusser y Derrida publicaron diarios póstumos casi idénticos, pues la precoz vocación de ambos a la alta docencia topó con una incapacidad para leer textos distintos de los suyos –intensa hasta el punto de inducir ataques de angustia en caso de seguir leyendo–, y sus vidas discurrieron bajo el temor a verse denunciados por fraude. Althusser, por ejemplo, logró ser considerado máxima autoridad mundial sobre Marx, aunque desde 1960 alternase las clases y conferencias con sesiones de electroshock en el psiquiátrico, aterrorizado porque nunca logró terminar el Manifiesto comunista de 1848, y mucho menos el resto de la obra marxista, como confiesa en El porvenir dura mucho (1992), donde tiene la gentileza de detallar también cuántas páginas de Spinoza, Kant y Hegel fue capaz de leer.

La posmodernidad sería una broma, o una estafa, si no la respaldase un combinado de momificación en el gremio docente con defensa a toda costa del "desfavorecido", que empezó bendiciendo a los pobres de espíritu y hoy identifica al militante del ISIS con una víctima del capitalismo. Por supuesto, con su pan se lo coman quienes prefieren creer a ver; pero –por si fuera poco el estado de cosas en Venezuela– la situación en Cataluña demuestra que su feligresía no se conforma con imperar en aulas, mezquitas y congresos del Partido. Su última novedad es apelar a "democracia", y por fortuna no tardaremos mucho en saber a ciencia cierta qué porcentaje del censo apoya realmente a la CUP.
A la chita callando el discurso llamado posmoderno compensó la caída del Muro, y la implosión de la URSS, con un asalto al concepto de la verdad como realidad de las cosas.

Contando con eso, solo resta recordar qué pensaba Lenin sobre el sufragio universal. En 1894, con 24 años, redacta uno de sus escritos más extensos –Quiénes son los amigos del pueblo– y alterna allí minúsculas con mayúsculas al afirmar:

¡La RUPTURA COMPLETA Y FINAL con la ideas de los demócratas es INEVITABLE e IMPERATIVA!.

En Militancia materialista, escrito en 1922, poco antes de quedar paralizado, vuelve a precisar:
La democracia moderna (tan irracionalmente venerada por mencheviques, social-revolucionarios, anarquistas, etc.) no es sino libertad para predicar lo ventajoso para la burguesía.

¿Qué piensa Anna Gabriel al respecto? ¿O la plana mayor de Podemos?

FRENTE A LA INACCIÓN POLÍTICA
El despertar de la sociedad española: España no se negocia
La Gaceta 14 Octubre 2017

Estas últimas semanas quedarán en la memoria de millones de españoles. La España silenciosa -silenciada en Cataluña por los medios al servicio del procés- ha salido en masa a las calles en defensa de la unidad de España y para pedir que los legítimos poderes del Estado aseguren el orden constitucional.

La inacción de los representantes políticos está liquidando el imperio de la ley. Porque, tal y como afirma Santiago Abascal en La Gaceta, traición es sublevarse contra la Constitución y traición es tolerar esa sublevación. Pero lo que no está liquidando la frivolidad de las autoridades -a pesar de que Rajoy ignora lo que los ciudadanos claman en las calles- es el movimiento de apoyo a la unidad de la nación española.

La última muestra de la indignación popular por la reacción político-judicial ante los golpistas ha tenido lugar este 12 de octubre, día de la Fiesta Nacional. Bronca a los que quieren romper España y ovación -más que merecida- a los garantes de la integridad del territorio español: Policía, Guardia Civil y Fuerzas Armadas.

Así, la defensa de la unidad de España frente al desafío separatista era muy perceptible entre las miles de personas que asistieron al desfile del día de la Hispanidad. Todos coincidían en que este año había “más razones para venir y lucir la bandera”.

El acto central dio comienzo con la llegada de los Reyes a la madrileña plaza de Lima, donde fueron recibidos con aplausos y gritos de “viva España” y “viva la Corona”. También entre vítores fueron despedidos.

Uno de los momentos más emotivos fue el homenaje a los caídos por España, celebrado para honrar la memoria de los militares que han fallecido en acto de servicio.

El himno nacional acompañó el izado de la bandera de España.
Miles de españoles llenaron de rojigualdas el Paseo de la Castellana y reconocieron la encomiable labor de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, que estas semanas han sido víctimas del acoso y hostigamiento de la izquierda separatista catalana.

La Guardia Civil aprovechó además el 12 de octubre, día de la Patrona del Cuerpo -la Virgen del Pilar-, para enviar un emotivo vídeo a los compañeros desplazados a Cataluña.

En Barcelona tuvo lugar la manifestación con motivo del día de la Hispanidad más importante registrada en Cataluña. 65.000 personas, según la Guardia Urbana, salieron a la calle bajo el lema “Cataluña sí, España también”. Pidieron al líder del Ejecutivo regional, Carles Puigdemont, que “rectifique”.

En la Ciudad Condal se movilizó también el abogado sevillano Ángel Luis Bordas, que ha denunciado ante la Sala de lo Civil y Penal del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) a Carles Puigdemont por presuntos delitos de prevaricación y desobediencia, “así como posibles delitos de rebelión y sedición si se desarrollan actos ejecutivos”.

Incluso vecinos de Rentería (Guipúzcoa) celebraron, tal y como ha informado el diario digital Ikusle.com, el día de la Hispanidad colgando banderas españolas en sus balcones.

Todo comenzó el pasado 30 de septiembre cuando miles de ciudadanos entendieron que era necesario salir a las calles y las plazas de toda España ante la situación que los sediciosos golpistas están provocando en Cataluña -creando la discordia entre compatriotas e incluso entre familias- y en defensa de los catalanes y del resto de españoles que ven amenazada su nación.

Tan sólo un día después, el 1 de octubre, los madrileños volvieron a salir a la calle para defender la unidad de España.

Pasó una semana y la movilización ciudadana desbordó a los partidos. Más de 100.000 personas se concentraron el 7 de octubre en la madrileña plaza de Colón en defensa de la Constitución y el Estado de Derecho.

“España unida jamás será vencida”, “Puigdemont a prisión”, “yo soy español, español, español…” o “No nos engañan, Cataluña es España” fueron algunos de los múltiples cánticos de los allí presentes, que acudieron convocados por DENAES, fundación para la Defensa de la Nación Española.

Al día siguiente, el domingo 8 de octubre, miles de catalanes salieron también a las calles para defender la unidad de España y pedir la encarcelación de los líderes golpistas.

La España silenciosa no sólo alzó la voz en Zaragoza, Madrid, Salamanca, Tarragona o Barcelona. La movilización patriótica trascendió las fronteras de la nación. Españoles repartidos por Europa y el mundo, igualmente concernidos por el desafío separatista, también quisieron movilizarse.

Pero el movimiento de apoyo a la unidad de España ya había dado inicio. Lo hizo en el momento en el que la rojigualda comenzó a decorar las terrazas y ventanas de miles de edificios de todas las ciudades de España.


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