AGLI Recortes de Prensa   Martes 24  Octubre 2017

AUTOR DE 'LA GRAN TRAMPA'
Daniel Lacalle: "A los inversores les importa un pito Cataluña"
Luis Balcarce Periodista Digital  24 Octubre 2017

Los medios de comunicación y muchos políticos han llamado "política monetaria no convencional" a las medidas adoptadas por los bancos centrales para salir de la crisis. Pero se trata de un concepto engañoso, porque en realidad lo que han hecho es lo mismo que siempre se ha hecho: intentar solventar desequilibrios estructurales con medidas inflacionistas. O, como más gráficamente dice Daniel Lacalle en 'La gran trampa' [Deusto, 2017]: "Crear dinero del aire".

Que los bancos centrales tomaran medidas para liberar la capacidad de los bancos, y permitirles así prestar dinero a empresas y familias, tenía cierto sentido como medida temporal para salir de una situación extraordinaria. Pero lo que ha sucedido es que esas medidas "temporales" y "extraordinarias" se han convertido en una norma que crea incentivos perversos para repetir errores como los que llevaron al estallido de la crisis en 2008.

Porque los tipos de interés bajos y la elevada liquidez no apagan el fuego: lo avivan. Esconder el exceso de riesgo bajo la alfombra de los bancos comerciales o de los bancos centrales es exactamente lo mismo. Una crisis de alto endeudamiento y exceso de riesgo no se soluciona aumentando el endeudamiento e incentivando el mismo riesgo.

'La gran trampa' es un libro crítico con bancos centrales, políticos y todos los que han dirigido una salida de la crisis que nos puede llevar a otra, porque si la última burbuja fue la de la vivienda, es posible que ahora estemos viviendo la burbuja de los bonos. Pero, al mismo tiempo, es un libro que ofrece soluciones, proponiendo medidas para cimentar la credibilidad y evitar los enormes riesgos a los que se enfrentan nuestras economías.

Sobre Cataluña, Lacalle afirma a Periodista Digital que los inversores 'pasan' de la crisis catalana y que esa indiferencia será desvastadora para la economía española:
La preocupación de los mercados internacionales es que España era la gran esperanza de crecimiento y el ejemplo de cómo salir de la crisis de la economía global. Reduciendo el endeudamiento, sin tirar del déficit comercial.. etc. Hasta que ocurre el frenazo por la cuestión catalana. En Cataluña ha habido una caída de la inversión extranjera de más del 10%. Esto preocupa muchos por dos cosas: un inversor me decía "no puedo entender que la economía catalana no se dé cuenta de su insignificante lugar en la economía internacional, China crea una Cataluña cada mes y medio". La idea que tiene el separatismo de que al mundo le importa lo que ocurra en Cataluña es falsa, le importa tres pares de narices. Esa posición Varoufakis de "yo voy a fastidiarlo todo para que entonces me hagan caso" es falsa y se está demostrando en que las empresas no se iban a ir y se están yendo. Es devastador para Cataluña y no nos lo podemos permitir. Vemos nuestro pequeño terruño como el centro del universo y no lo es.

SOLUCIONES REALISTAS
Desde la Roma antigua, pocos han escapado a la tentación de cubrir desequilibrios estructurales devaluando el valor de la moneda y, con ello, transfiriendo riqueza de los ahorradores y asalariados hacia los sectores endeudados y hacia el gobierno. Siempre desde el engaño de decir que es "por nuestro bien".

La política monetaria que se lleva a cabo en los países de la OCDE evita algunos de los desequilibrios más peligrosos para las economías, pero genera otros. Y el enorme riesgo se encuentra precisamente en lo que algunos aplauden: la enorme burbuja creada en la deuda soberana y el mercado de bonos.

El objetivo de este libro es, por lo tanto, explicar al lector qué es eso de la «política monetaria» y qué hacen estos bancos centrales, que parece que tienen muchísimo dinero, a la vez que a nosotros, los mortales, cada vez nos es más difícil salir adelante. Pero, sobre todo, mi objetivo con este texto es dar soluciones realistas, que se pueden llevar a cabo hoy, para evitar que la política monetaria vuelva a crear una crisis.»

«Como me dijo un taxista en Houston una vez: "Yo no quiero que Obama le quite el dinero a los ricos, quiero que no me impida a mí conseguirlo". Y es que las políticas orientadas a la redistribución, cuando el problema de distribución en origen está en las propias políticas de represión financiera, son simplemente una excusa. Nadie ha muerto nunca por causa de la desigualdad, lo que mata es la pobreza . Empobrecer al vecino no es una política social, es robar, es empobrecimiento por decreto.»

El golpe separatista podría llevarse por delante a Podemos
EDITORIAL Libertad Digital 24 Octubre 2017

El estupor entre las bases del grupo de extrema izquierda liderado por Pablo Iglesias no deja de crecer a medida que se suceden las declaraciones públicas de sus dirigentes en relación con el golpe de Estado separatista. Tras el anuncio del Gobierno de poner en marcha las previsiones del artículo 155 de la Constitución, la reacción del neocomunista y su camarilla, poniéndose claramente del lado de los sediciosos, ha colmado el vaso de la paciencia de no pocos militantes y votantes de la formación morada, que no quieren que Podemos sea el tonto útil de los liberticidas que detentan el poder en Cataluña.

El malestar está adquiriendo rasgos preocupantes para Iglesias y compañía, acostumbrados como están a manejar el partido a su completo antojo. No de otra forma cabe entender la bochornosa misiva que el propio Pablo Iglesias se ha visto obligado a enviar a todos los inscritos en Podemos, en la que trata de justificar su infame sometimiento al separatismo recurriendo a la rancia demagogia que le es consustancial.

Iglesias tiene difícil convencer a sus militantes extremeños o andaluces de que la defensa de la operación golpista de los jenízaros del apandador Jordi Pujol es beneficiosa para las clases populares del resto de España. Más aún tendrá que mentir para hacer pasar como un gesto positivo hacia los de abajo su lacayesca postración ante los capos de una de las regiones más ricas de Europa, a los que está ayudando a dinamitar cualquier principio de solidaridad interterritorial.

Iglesias y sus palmeros quieren acabar con el régimen constitucional, y para ello no vacilan en aliarse con todos los que suponen una amenaza para el mismo. Otra cosa es que los que una vez le entregaron su confianza vayan a cometer nuevamente el mismo error, después de ver a su partido convertido en felpudo de los golpistas.

Podemos es un partido indefendible e impresentable indigno de ostentar la menor responsabilidad pública. Ojalá la crisis desatada por sus semejantes golpistas en Cataluña acabe traduciéndose en su merecida implosión. Sería una extraordinaria noticia para España.

Cataluña necesita un ejército... de psiquiatras. Pero nadie se atreve a decirlo
Javier Benegas. vozpopuli 24 Octubre 2017

La prueba de que todo esto es una farsa la tenemos en que aplicar el artículo 155 a cualquier otra autonomía que no fuera Cataluña o el País Vasco, jamás habría parecido una medida exagerada.

Más allá de la secular deslealtad nacionalista, de la que ya en 1981 advertía Tarradellas en su famosa carta a La Vanguardia, señalando a Jordi Pujol como un peligroso instigador del desafecto, nada de lo que hoy sucede en Cataluña sería posible sin la concurrencia de otro poderoso vector propio de nuestro tiempo: la emergencia del Yo sentimental.

Que personas supuestamente adultas lloren desconsoladamente cuando Puigdemont, ocho segundos después de declarar la independencia, la deja en suspenso, obliga a mirar más allá del mero bochorno político. Porque, como dijo el poeta, ay de aquella sociedad en la que hasta los hombres barbudos se deshacen en lágrimas.

Entre la ira y la lágrima fácil
¿Qué extraño fenómeno ha degradado a personas que se supone hechas y derechas a la categoría de temblorosos e inconsolables seres? ¿Qué ha sucedido para que la responsabilidad individual sea remplazada por la servidumbre de quimeras colectivas que, como el nacionalismo, son esclavas de los sentimientos?

Que aquellos que tienen ocho apellidos catalanes se crean, no ya diferentes, sino superiores al resto de los españoles, forma parte del secular supremacismo nacionalista. Sin embargo, no se explica que personas nacidas y criadas en otras regiones, pero empadronadas en Cataluña, terminen subyugadas emocionalmente por una idea que tacha a padres, hermanos, tíos y demás familiares y amigos no emigrados de seres inferiores y ajenos a la dicha de la unidad de destino en lo universal que el nacionalismo promueve.

La explicación a este fenómeno no la encontraremos en las reflexiones políticas; menos aún en los análisis de unos medios de información aferrados a la noticia del momento, al último suceso. Es necesario ampliar nuestra visión y comprender que, como advirtió Kundera, el “homo sentimentalis” está tomando posesión del mundo

“El homo sentimentalis no puede ser definido como un hombre que siente (porque todos sentimos), sino como un hombre que ha hecho un valor del sentimiento. A partir del momento en que el sentimiento se considera un valor, todo el mundo quiere sentir; y como a todos nos gusta jactarnos de nuestros valores, tenemos tendencia a mostrar nuestros valores […] Es parte de la definición de sentimiento el que nazca en nosotros sin la intervención de nuestra voluntad, frecuentemente contra nuestra voluntad. En cuanto queremos sentir (decidimos sentir, tal como Don Quijote decidió amar a Dulcinea) el sentimiento ya no es sentimiento, sino una imitación del sentimiento, su exhibición. A lo cual suele denominarse histeria. Por eso, el homo sentimentalis (es decir, el hombre que ha hecho del sentimiento un valor) es en realidad lo mismo que el homo hystericus.”

Es difícil saber si el escritor checo llegó a esta inquietante conclusión por sí mismo o lo hizo ayudado por las reflexiones de terceros, porque lo cierto es que no es el único que ha venido advirtiendo de la sustitución de la tradicional autorrealización individual por una “paz mental” dependiente de la satisfacción de los sentimientos, incluso de los más peregrinos y arbitrarios.

El siglo XX no acabó bien; tampoco en Cataluña
Ya, en su Historia del siglo XX, Eric J. Hobsbawm escribía que el viejo siglo no había acabado bien, sino que terminó con un enojoso lloriqueo. Por su parte, Lasch apuntaba al surgimiento de una sociedad acosada por la ansiedad, la depresión, los intangibles descontentos y un vacío interior insoportable.

El "hombre psicológico" de finales del siglo XX y principios del XXI ya no buscaba la autorrealización individual, tampoco la trascendencia espiritual, sino la tranquilidad mental. La política había ido ocupando todos los espacios donde antes las personas podían desenvolverse con cierto grado de autonomía, hasta que, finalmente, la terapia social se constituyó en la sucesora del individualismo liberal y también de las viejas religiones.

Sí, el nuevo mundo terapéutico es antirreligioso, pero no porque quienes ejercen de terapeutas sean racionales y recurran a métodos científicos de curación, sino porque la sociedad postmoderna ha asumido que "no tiene futuro" y, por lo tanto, sólo está preocupada por sus necesidades inmediatas, las cuales van variando según el cambiante criterio de expertos y políticos.

Viajar ligeros de equipaje
Hoy, cuando los terapeutas hablan de "amor", definen el amor como un elemento subordinado a las necesidades emocionales del paciente. Jamás animarán al sujeto a subordinar estas necesidades a alguien o a causa alguna más allá de sí mismo. "Amar" como autosacrificio, como sumisión a una lealtad superior resulta hoy inaceptablemente opresivo. Vivimos en sociedades donde el “compromiso” se ha vuelto una carga insoportable. Para sentirnos bien, hemos de viajar ligeros de equipaje, sin matrimonio, ni hijos, ni viejos de los que hacernos cargo; a lo sumo una mascota que no puede contradecirnos o una causa intercambiable.

Cualquier anclaje con la tradición, entendida como necesario vínculo evolutivo, se ha convertido en un obstáculo para alcanzar la dicha. Liberar a la sociedad de un entendimiento “anticuado” de la lealtad y el deber ha sido un arduo trabajo de demolición llevado a cabo por los terapeutas, y del que se han aprovechado los nacionalistas, que hábilmente emparejaron la necesidad de una gratificación psicológica con su impulso secesionista. Es por esta razón, y no sólo por la abrumadora propaganda, que el secesionista se vuelve inasequible a la razón. Después de todo, por hábil que sea la manipulación, el nacionalismo genera mentiras tan groseras que sólo la desesperada búsqueda de una recompensa psicológica puede ignorarlas.

El nacionalismo sentimental
En definitiva, quienes en Cataluña entran en trance agitando banderas separatistas o, en su defecto, lloran a lágrima viva porque alguien les revela que los Reyes Magos son los padres, encarnan a la perfección ese “homo hystericus” en que ha devenido el ya de por sí inestable “homo sentimentalis”. En consecuencia, a nadie debe extrañar que los nacionalistas sentimentales se sitúen por encima de las leyes, y que crean tener derecho para imponernos su voluntad, ya que, según dicen, nos la imponen de forma “pacífica”.

Sin embargo, no debemos engañarnos y creernos a salvo de lo que acontece en Cataluña. Si no fuera por el tono de debilidad general, este culebrón habría sido resuelto hace tiempo. Ocurre que no sólo los taimados líderes secesionistas, su tropa de incondicionales a sueldo y los numerosos conversos tienen la culpa. Fuera de Cataluña muchas personas se han rendido también a la visión terapéutica del mundo, en la que incluso el Estado de derecho palidece frente a la emergencia de las lágrimas.

La prueba de que todo esto es una farsa la tenemos en que aplicar el artículo 155 a cualquier otra autonomía que no fuera Cataluña o el País Vasco, jamás habría parecido una medida exagerada. El motivo de esta diferencia de juicio no la hallaremos en la historia, tampoco en las singularidades culturales, al fin y al cabo, todas las regiones tienen las suyas, sino en el grado en que el sentimentalismo colectivo se constituye en tabú en esas regiones.

ARTÍCULO DE ‘THE GUARDIAN’
Cuando la prensa empezó a darse cuenta de las mentiras del separatismo
Fátima Gª Manzano gaceta.es 24 Octubre 2017

La prensa internacional reacciona tras la decisión del Consejo de Ministros de suspender la autonomía de Cataluña.

La aplicación del artículo 155 en Cataluña ha hecho abrir los ojos a muchos medios de comunicación que hasta el momento no profundizaban del todo en sus informaciones o que aceptaban parte del discurso de los separatistas. El mismo día en el que Mariano Rajoy comparecía tras un Consejo de Ministros extraordinario, el enésimo convocado en relación a la deriva separatista, The Guardian publicaba un artículo del que se han hecho eco todos los representantes constitucionalistas , -o monárquicos, tal y como señalan ahora desde Podemos con cierto tono despectivo-, y que ha dejado la siguiente frase para el recuerdo:

“Rajoy no es franco y Puigdemont no es Mandela. España no es un estado opresor, sino una democracia”.

La líder de opinión del conocido periódico y anterior editora de Le Monde, Natalie Nougayrède, decidía aprovechar la ocasión para abrir los ojos a todos aquellos que contemplan atónitos desde los países vecinos todo lo que está sucediendo en España. No es para menos, porque, tal y como señala la periodista, “parece sacado de una película de Pedro Almodóvar en la que los personajes empiezan a actuar de una manera extraña”.

“Cataluña es un asunto muy serio, pero es difícil ya no ver la histeria, la hipérbole y la manipulación. Las emociones superan a la razón, los gestos radicales emplazan a que se hagan aún más gestos radicales, la pasión empapa todo y la imagen clara se convierte en un remolino confuso de información“, explica en un artículo muy difundido en redes sociales en el que pasa a explicar con todo lujo de detalles los pasos de los separatistas.

“Ahora ya tienen mártires”, asegura también al hacer hincapié en las manifestaciones que se están produciendo tanto en el mundo civil como en el mundo de la política para exigir la liberación de los “presos políticos”, -los dirigentes de la ANC, y de Ómnium Cultural-, y habla de la manipulación y propaganda que los independentistas han llevado a cabo para recibir el apoyo de los actores internacionales.

“El guión de esta película es uno en el que dos nacionalismos separados se dirigen a un enfrentamiento monumental. No importa de qué lado quieras verlo. El nacionalismo no puede ser bueno para nadie en Europa, especialmente ahora”, asegura para terminar el texto siguiendo su comparación con el cine del director español: “En las comedias alocadas, el escenario llega a un punto en el que el espectador cree que sólo queda la locura. Pero de repente sucede un momento de comprensión. La autodestrucción se evita. Las peleas terminan. Hay reconciliación. Que todo lo de Cataluña se convierta en una película de Almodóvar”.

MEMORIAL DE VÍCTIMAS
Las víctimas de ETA piden ‘más visibilidad’ en el relato sobre el terrorismo
La Gaceta  24 Octubre 2017

Las víctimas del terrorismo han defendido este lunes la necesidad de tener “un papel más importante” y “mayor visibilidad” dentro del actual relato “centrado” en el terrorista que, en muchas ocasiones, “puede convertir en héroes” a quienes cometen los atentados.

Así lo han manifestado los representantes de las diferentes asociaciones de víctimas durante la presentación, a cargo del Centro Memorial de Víctimas del Terrorismo, del número 4 de los “Cuadernos”, una serie de textos de investigación dedicados en esta ocasión al impacto del terrorismo en Europa.

En el acto han intervenido la directora general de Apoyo a las Víctimas del Terrorismo, Sonia Ramos, el presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, Alfonso Sánchez, y el director del Centro Memorial, Florencio Domínguez.

Todos ellos han coincidido en la falta de visibilidad que se le da a las víctimas después de los atentados y, en contraste, el interés que despierta en la sociedad la motivación de los terroristas para cometerlos.

Además, el catedrático de la UNED e impulsor de estos textos, Juan Avilés, ha insistido en que los relatos sobre las condiciones de vida o las motivaciones ideológicas y religiosas de los terroristas “pueden convertirles en héroes”, por lo que ha apostado por poner “a las víctimas por delante”.

“Existe la dificultad de que el terrorista no se coma el relato, por lo que es necesario situar a las víctimas y sus vidas en una papel más importante dentro de él”, ha explicado Avilés.

Al acto también ha acudido Marimar Blanco, diputada del PP y presidenta de la Fundación Víctimas del Terrorismo, cuyo hermano y concejal en Ermua, Miguel Ángel Blanco, fue asesinado por ETA en 1997.

La publicación profundiza en cuestiones como los discursos del odio, la literatura y el cine en torno al terrorismo y las víctimas de ETA, los fenómenos terroristas en Francia e Italia y el auge del yihadismo en África.

El conjunto de estas publicaciones ya fue presentado los días 2 y 4 de diciembre de 2016 en unas jornadas organizadas por el Departamento de Historia Contemporánea de la UNED, en colaboración con la Fundación Víctimas del Terrorismo.

De los tres números anteriores de “Cuadernos”, dos de ellos se dedicaron a un balance anual (de 2015 y de 2016) sobre el terrorismo, mientras que el otro, publicado en diciembre de 2016, abordó el terrorismo internacional desde la perspectiva de la radicalización y de las estrategias para su prevención.

Jesús Laínz desmonta el «España nos roba» a través de la historia
El escritor protagoniza la próxima conferencia del Aula Cultura ABC, que se celebrará hoy a las 19:30 en la Sala Bertelsmann de la calle O’Donnell 10 de Madrid
Juan Carlos Delgado ABC 24 Octubre 2017

Jesús Laínz (Santander, 1965) ha dedicado la mayor parte de su vida a estudiar los nacionalismos. «El principal problema político de España es la manipulación de la historia para hacer que muchos españoles quieran abandonar el país», sostiene para explicar su fijación por el asunto. En su último libro, «El privilegio catalán: 300 años de negocio de la burguesía catalana», el escritor dedica su pluma a desmentir uno de los pilares del argumentario independentista catalán, el celebérrimo «España nos roba». Ahora, el autor expondrá esta tesis como protagonista de la próxima conferencia del Aula Cultura ABC, que se celebrará hoy a las 19:30 en la Sala Bertelsmann de la calle O’Donnell 10 de Madrid, en un acto presentado por Fernando García de Cortázar, historiador y director de la Fundación Vocento.

«Es el último escalón de la propaganda separatista, que llegó al mismo tiempo que la crisis económica. Es una de las cuestiones fundamentales que tenemos que desmentir», comenta el autor. «Según la elaboración histórica catalanista, 1714 significó el final de la soberanía catalana y el comienzo de la opresión española. Sin embargo, fue precisamente entonces cuando comenzó la prosperidad de Cataluña, que pronto se destacaría como la región más industrializada de España», continúa. ¿Por qué? Principalmente por la política proteccionista que trajo Felipe V, que dio impulso al sector textil de Cataluña. «Gravaban los productos extranjeros para vender más los propios, a pesar de que los productos franceses e ingleses eran mejores y más baratos».

Laínz señala que estos privilegios se extendieron durante los siglos siguientes, con consecuencias para el resto de España y las colonias, pues el proteccionismo «no deja de ser un muro bidireccional». «Si quieres vender naranjas a Inglaterra no puedes. Valencia fue muy perjudicada por esa política», señala como ejemplo antes de aludir a la independencia cubana. «Una de las razones fundamentales de aquella guerra fue la intransigencia de las entidades patronales catalanas, que no querían perder el monopolio del mercado colonial».

Para concluir, Laínz subraya los privilegios que ganó Cataluña tras la Guerra Civil, beneficiada por la política económica del franquismo: «Junto con el País Vasco, recibió las primeras y mejores estructuras de autopistas y ferrocarriles».

Insultos del consejero balear de educación a una madre que denuncia adoctrinamiento
Llamó a la mujer "sectaria", "impresentable" e "ignorante"
Redacción lavozlibre 24 Octubre 2017

El consejero balear de educación, Martí March, ha lanzado una ristra de insultos a una madre que denunció el adoctrinamiento en la escuela.

Las denuncias por adoctrinamiento en los colegios de Cataluña se multiplican estos días, pero ahora también han aparecido en otras regiones como Baleares. Una de esas quejas provocaba que el consejero de educación balear, Martí March (PSOE), lanzara una ristra de insultos en Facebook a la mujer que había denunciado que se adoctrina a los niños.

Fue el pasado sábado por la tarde cuando March no dudó en insultar a Teresa Salvanés, a una madre mallorquina que lleva años denunciando el adoctrinamiento catalanista en Baleares.

Salvanés contestó a una publicación del consejero socialista sobre la aplicación del artículo 155, preguntando sobre los casos de adoctrinamiento en los colegios de Baleares. La mujer no dudaba en pedir a March su dimisión por permitir esa manipulación a los niños. Algo que no sentó nada bien al consejero de educación, que respondió con insultos.

March no dudó en llamar “ignorante” y “sectaria” a la mujer, mientras ella contestaba que se pusiera a trabajar porque “para eso le pagamos”. El consejero balear acusó después a la madre de no tener educación alguna. “No, ya la tiene usted dejando a un condenado ir a los colegios a dar charlas a los alumnos, dejar que en los centros se hagan eventos pro independencia, dejando acosos a menores sin resolver y disculpando a los docentes que lo consienten”, respondía Salvanés, que lleva años denunciando el adoctrinamiento escolar.
Después de que la mujer anunciase al consejero que guardaría la conversación para denunciar lo sucedido, March ocultaba la noticia y los comentarios, aunque no podía evitar que más de un internauta hiciera captura de ellos. De hecho, más de uno se lo ha recordado también a través de Facebook.

No es la primera denuncia sobre adoctrinamiento que se puede leer en las redes sociales. Son varios los padres que han ido compartiendo sus experiencias y relatos. Uno de los últimos, un hombre que denunciaba que su hijo había tenido que hacer una exposición del Descubrimiento de América con detalles como que “los españoles” llevaron a cabo “acciones violentas”, entre otras cosas.


******************* Sección "bilingüe" ***********************

El hundimiento de España (23)
Vicente A. C. M. Periodista Digital 24 Octubre 2017

CARLES PUIGDEMONT PREPARA EL SHOW INDEPENDENTISTA EN EL SENADO PARA TENER COARTADA Y DECLARAR LA INDEPENDENCIA. INTERVENCIÓN Y DESMANTELAMIENTO.

La Mesa del Parlamento de Cataluña ya ha preparado el terreno para debatir sobre la aplicación del 155, fijado el pleno para el jueves y dejando margen para el día siguiente. En su realidad paralela y haciendo caso omiso de la suspensión del Tribunal Constitucional a la modificación del Reglamento Interno, usará este para modificar sobre la marcha el orden del día y acomodar los tiempos a las necesidades de “agenda” del Presidente del Gobierno de la Generalidad, Carles Puigdemont, que está sopesando si acudir al Senado personalmente a realizar las alegaciones sobre la aplicación de ese artículo donde se detallarán las medidas de la intervención de la autonomía. Y ha sido precisamente cuestiones de agenda las que ha esgrimido para solicitar su comparecencia mañana miércoles. La respuesta del Senado ha sido la de que tiene la tarde del jueves para presentarse ante la comisión del Senado y si no, acudir el viernes al pleno del Senado como última oportunidad de defender sus posiciones.

Parece claro que de venir no lo haría solo, sino, como ya es costumbre en el independentismo, acudirían en grupo lo más nutrido posible arropando al personaje en una teatralización del supuesto apoyo y fuerza del desafío secesionista. Y eso es precisamente lo que el Senado deberá impedir para que una sesión de debate no se convierta en un circo muy del estilo de las algaradas montadas por los partidos golpistas y otros grupos como PODEMOS, que hacen de las Cámaras sus pistas de circo particular para sus bufonadas. La zona de invitados del hemiciclo del Senado no puede transformarse en el típico “gallinero” donde los golpistas den rienda suelta a sus arengas, exhibición de banderas, pancartas o se dediquen a usar silbatos como en el Camp Nou. Es responsabilidad de los servicios de seguridad impedir el acceso a esta “clá” que solo vienen a realizar escraches y torpedear una sesión del Senado, la de mayor trascendencia en la democracia.

Porque la intención de Carles Puigdemont no es otra que usar el atril del Senado como altavoz de sus amenazas y acusar al Estado español de actuar como una potencia de ocupación. Ya se han encargado los lacayos de estos golpistas de advertir de que no van a acatar la intervención, ni van a aceptar ser apartados de sus cargos electos en unas elecciones democráticas de hace año y medio. Algo que no puede decir el sustituto de Artur Mas, Carles Puigdemont, elegido por la CUP a cambio de su apoyo parlamentario para la investidura del candidato a Presidente y formación del Gobierno de la Generalidad. Tras su comparecencia gloriosa se prevé su vuelta victoriosa a Barcelona y asistir al pleno del Parlamento autonómico ese mismo día o en la reanudación del siguiente día, coincidente con el pleno del Senado. Una sesión que servirá para cambiar el orden del día una vez más y para que Puigdemont anule la suspensión que declaró en el pleno del 11 de octubre y de forma exprés se cambie el orden del día para someter a aprobación la declaración de independencia, algo que se realizará al mismo tiempo que concluya el pleno del Senado. Una coincidencia forzada para acaparar los medios de información y escenificar el choque de trenes entre dos Estados soberanos. Se admiten apuestas sobre quién ganará en el número de periodistas acreditados para el seguimiento de ambas Cámaras.

Y es que el Gobierno de España por su renuencia a aplicar otras medidas mucho más ágiles y fáciles de entender por los ciudadanos, como es la ley de Seguridad Nacional, ha dejado pasar un tiempo crucial que va a hacer inservible y de difícil evolución una intervención que va a encontrar una fuerte oposición, incluso no descartable con violencia, a la hora de aplicar ese artículo 155 y unas medidas de intervención en el núcleo del régimen instaurado por los golpistas durante años. Porque además de la intervención, se hace necesario realizar un progresivo desmantelamiento de todas esas estructuras de poder y de clientelismo a base de subvenciones a todo el espectro del independentismo como las asociaciones ANC, OMNIUM, además de las entidades de titularidad pública usadas como TV3 para los fines separatistas.

Carles Puigdemont de venir, solo viene a mostrarse al mundo como un estadista dispuesto al dialogo hasta el último minuto que se ve obligado a culminar el mandato del pueblo de Cataluña y declarar la independencia proclamando la república de Cataluña, para a continuación volver a pedir la mediación internacional ante el intento de represión y ocupación del Estado español, donde el pacífico pueblo de Cataluña se vería forzado a actuar en legítima defensa de su soberanía. No creo que sea yo el único que piensa que esto es lo que va a suceder y que sea lo que motive finalmente que el golpista Carles Puigdemont acuda al Senado con una nutrida partida de huestes para montar el circo.

Y sí, se trata de una cuestión de agenda, la del golpismo, a la que en primer término el Presidente del Senado, el senador por el PP Pío García Escudero, puso alfombra roja al permitir de forma “excepcional y muy generosa” la asistencia al Pleno del viernes y concederle un turno de palabra. Por otro lado, la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, hizo unas declaraciones cuya interpretación queda al gusto del oyente, porque pueden entenderse de formas opuestas. Dijo literalmente que “el Senado tiene capacidad de adaptarse a lo que Puigdemont y el Parlament hagan”. O sea, que, si renuncia a la DUI y convoca elecciones, nos olvidamos del 155, y si se empeña en declarar la DUI, podrían aumentarse las medidas de intervención. Una actitud que confirma que solo los independentistas tienen la determinación de culminar un proceso de secesión, mientras que el Gobierno de España y sus socios de compromiso, actúan “por imperativo legal” y porque no tienen otra salida legal consensuada. Y la verdad es que es triste seguir viendo cómo el Gobierno de España se arrastra y suplica para no tener que responder al desafío. Una pandilla de impresentables y de acobardados que no merecen seguir ni un minuto más en sus poltronas.

No tuvo en su época tantos remilgos a la hora de responder con contundencia el Gobierno de la segunda república en 1934, al que estos golpistas de pacotilla no podrían acusar de comportamiento fascista, o franquista, como hacen ahora ante la comedida respuesta del Gobierno de Mariano Rajoy. Entonces, los golpistas terminaron en horas en la cárcel y sus cabecillas condenados. Ahora eso solo sucedería, según el Fiscal General, cuyo apellido Maza es bastante apropiado para el cargo, siempre que Carles Puigdemont declare formalmente la independencia. Solo entonces se procedería a su detención y puesta disposición del Tribunal Supremo. Toda una machada ¿no creen?

¡Que pasen un buen día!

El 155, reducido a cuento de la lechera
Guillermo Dupuy Libertad Digital 24 Octubre 2017

Si el problema fuera que el presidente de la Generalidad se negara a convocar elecciones a pesar de haber agotado claramente el tiempo de su mandato, aplaudiría una aplicación del artículo 155 de la Constitución que sólo tuviera como objetivo la convocatoria de nuevas elecciones autonómicas en un plazo no superior a los seis meses.

Ahora bien, el problema ni siquiera se limita al hecho de que unos delincuentes reincidentes, que manejan la Administración autonómica en Cataluña, sigan empecinados en la creación de un nuevo Estado soberano. El problema incluye, de forma decisiva, a una clase política española dispuesta a mantener la impunidad y la cuasi independencia de facto que se ha concedido a la Cataluña nacionalista –incluso a ampliarla con un todavía más generoso sistema de financiación y una reforma constitucional– a cambio de que los golpistas renuncien a su delirante empecinamiento en forma de República. Por ello, estoy convencido de que el problema lo seguiremos teniendo sobre la mesa dentro de seis meses.

Que conste que me pareció una temeridad no suspender la autonomía catalana una vez que el anterior presidente de la Generalidad, Artur Mas, tras inaugurar pública y abiertamente un sedicioso proceso de ruptura que no pararían ni "tribunales ni Constituciones", terminó por convocar en diciembre de 2013 una ilegal consulta secesionista para el 9 de noviembre de 2014. Pero no mucho menos arriesgado e indolente me parece, a estas alturas, limitar a seis meses la suspensión de la autonomía, tiempo que me parece ridículo para hacer volver a Cataluña a una legalidad constitucional de la que los nacionalistas la sacaron –en algunos aspectos– mucho antes de 2012. Más aún cuando en el acuerdo del Consejo de Ministros por el que se procede a esta vergonzante aplicación del 155 no se incluye cláusula alguna por la que los gobernantes autonómicos surgidos de las elecciones de abril se vean obligados a comprometerse públicamente con el ordenamiento constitucional como condición sine qua non para asumir el cargo y ver recuperada la Administración regional en suspenso. Más aún cuando esta suspensión de la autonomía en rebeldía no va acompañada de la detención de los golpistas que la pretenden seguir rigiendo.

Por otra parte, ¿verían Rajoy y Sánchez el orden constitucional restablecido en Cataluña a pesar de que allí se siguiera sin poder estudiar en español? ¿Verían el orden constitucional restablecido con unos medios de comunicación públicos y una educación a cargo del contribuyente que se mantuvieran al servicio de la causa nacionalista? ¿Verían el orden constitucional restablecido con unas ilegales embajadas catalanas activas en su función propagandística de "internacionalización del conflicto", tal y como las que, desde el mes de septiembre, está pagando Cristóbal Montoro? ¿Ese restablecimiento del imperio de la ley, acorde a una nación de libres e iguales, es, para Rajoy y Sánchez, compatible con la privilegiada y temeraria impunidad de la que siguen gozando los cabecillas del golpe? Mucho me temo que sí.

Si hasta Rajoy ya ha dado por "confirmada" la declaración de independencia proclamada públicamente por Puigdemont el pasado 10 de octubre, ¿a qué se debe, entonces, que no haya instado coherentemente a la Fiscalía a que presente inmediatamente una querella por rebelión contra Puigdemont? ¿A qué es debido que la Fiscalía, tampoco motu proprio, haya querido ver la persistente desobediencia y los delitos de sedición y rebelión perpetrados por los cabecillas del golpe desde que convocaron la consulta del 1-O? ¿Acaso considera el Ministerio Público que, desde que convocaron ilegalmente esta segunda consulta secesionista, el pasado 7 de septiembre, los golpistas ya no han vuelto a delinquir y se han convertido en unos celosos observantes de la ley? ¿Cuántas veces más han de delinquir para que les afecte el Código Penal?

Si ilusorio –por no decir cómodo autoengaño– me parece ver en Cataluña restablecido el orden constitucional en seis meses, no menos me lo parece creer que esas nuevas elecciones vayan a otorgar a los constitucionalistas una mayoría suficiente como para mantenerlo. Y eso aun cuando el PSC se tornara para entonces en el más fiel defensor de nuestra Carta Magna.

Si, al menos, las formaciones soberanistas –incluyendo, claro está, a Catalunya Sí que es Pot– no se quisieran presentar a estas elecciones autonómicas por el hecho de ser convocadas por el Gobierno central, aún albergaría la esperanza de que Cs y el PP de Albiol pudieran concluir una obra que, a todas luces, seguirá estando inacabada dentro de seis meses. Por ahora, lo único que sabemos, es que los cabecillas del golpe, a los que todavía nadie se atreve a detener y sentar en el banquillo, gozan de libertad suficiente como para resistirse incluso a ser apartados de la poltrona.

¡Ay, artículo 155 de la Constitución! ¡Qué nuevo disparate se va a cometer –esta vez– en tu nombre!

Primeros efectos del 155
Pablo Planas Libertad Digital 24 Octubre 2017

El anuncio y los preparativos para la aplicación del artículo 155 de la Constitución han causado un profundo espanto en las primeras filas de las cohortes separatistas. La mera posibilidad de que técnicos del Estado puedan acceder a las tripas del emporio administrativo nacionalista causa sudores fríos en los oficiales del golpe contra la democracia. Febril actividad de los altos cargos de la Generalidad, que vacían sus teléfonos móviles, limpian las cuentas de correo, resetean los ordenadores y destruyen cuanto pueda delatar las corruptas prácticas de una vasta red clientelar.

Quienes han conducido a la sociedad catalana hasta la división y el enfrentamiento, quienes han propiciado una hecatombe económica sin precedentes, quienes han forzado un irrespirable clima de tensión social, inestabilidad política e inseguridad jurídica, esos mismos están dispuestos a llegar hasta el final, pero ahora preferirían no hacerlo. Comienza a vislumbrarse el efecto hipoteca, la posibilidad cierta de acabar en el paro, un panorama que a muchos se les antoja más tenebroso y duradero que el sino épico presidiario de Jordi Sànchez y Jordi Cuixart.

El crédito de los líderes separatistas ha caído en picado entre sus bases. Si se consuma su anhelada independencia, ni Cataluña formará parte de la UE ni habrá helado de postre todos los días. Todo era mentira, una alucinación colectiva fomentada por toneladas de propaganda y doctrina sobre la congénita superioridad catalana frente a una España cuarteada y ladrona.

Se tiende a acentuar el efecto de la fuga de bancos y empresas sobre el pinchazo de la burbuja independentista en detrimento de factores como los dos discursos al respecto de Felipe VI o el nacimiento de un nuevo sentido español incluso en Cataluña, que prende de manera imparable cuando los agentes de la Policía Nacional y la Guardia Civil alojados en unas condiciones lamentables son sometidos al indecente acoso de turbas separatistas pretendidamente cívicas en los días posteriores al 1-O.

La manifestación de alrededor de un millón de personas el pasado 8 de octubre en Barcelona en contra del separatismo no sólo alteró el argumentario del directorio separatista sobre mayorías y minorías, sino que aporta densidad específica al aviso número 155. Puigdemont puede amagar con una rectificación para evitar la aplicación del artículo constitucional. Es lo que le piden en su entorno quienes todavía no han perdido del todo el juicio o lo han recuperado de súbito. Si el Gobierno se conforma con una comparecencia en el Senado del presidente de la Generalidad y tal vez unas elecciones constituyentes, será que no ha aprendido nada ni de los episodios más recientes.

Por si acaso y para recordar una lección, Sociedad Civil Catalana ha vuelto a convocar a los ciudadanos no separatistas de Cataluña y del resto de España el próximo domingo en Barcelona. El viernes a última hora puede que se sepa si hay que mostrar apoyo a la aplicación del artículo 155 o exigir al Gobierno que no aborte el 155.

De momento y bajo la invocación del mágico número, la Generalidad les ha dicho a los funcionarios a los que obligó a hacer huelga el pasado 3 de octubre que tendrán que recuperar las horas perdidas. Lo ha denunciado la UGT de Cataluña, que forma parte de la Taula per la Democràcia que convocó dicha huelga y organizó la manifestación separatista del pasado sábado. Renunciar a los benéficos efectos sobre la percepción de la realidad del mentado artículo sería un error imperdonable por mucho que Puigdemont diga, si es que lo dice, que la república era una broma o inste a la apertura de solemnes conversaciones de distensión en un marco de diálogo sin condiciones etcétera, etcétera.
 
El sueño del 155
Cristina Losada Libertad Digital 24 Octubre 2017

Estos días he sabido que el deseo secreto de los dirigentes del separatismo catalán era que se aplicara el artículo 155 de la Constitución. Bueno, no tan secreto, pues el propio Tardà, el diputado de ERC, lo confesó con su fineza habitual en una distendida charla con Pablo Iglesias. Fue hace cinco años. El artículo 155, dijo, "a nosotros nos iría de coña". Vale entonces que no era del todo secreto. Dejémoslo en que era su deseo más ferviente. Era, al parecer, el deseo que Puigdemont y Junqueras pedían en voz baja mientras pisoteaban alegremente la Constitución, la legalidad democrática y cuanto se interponía en su camino. Y era, vaya por Dios, el deseo por el que los separatas han ido a rezar a las iglesias de los sacerdotes indepes, han puesto velas y encendido antorchas.

Total, que estos cinco años de procés, con cada uno de sus minutos aciagos, eran para conseguir que se apretara el botón nuclear del 155. A mí me parece raro. Pensaba que el sueño de los separatas era la independencia, no la intervención de la autonomía. Pero sigo. Porque hasta Rajoy lo dijo. Lo dijo cuando anunció cómo se iba a usar esa bomba de neutrones constitucional: "Yo tengo la impresión (...) de que algunos lo que querían era llegar a esta situación, es decir, a que se aplicara el artículo 155". Y agregó, porque Rajoy es Rajoy: "No lo voy a afirmar categóricamente". Pero afirmar lo afirmó. E igual lo afirman ahora muchos otros. Sea para significar que el Gobierno no quería pero no le ha quedado más remedio, sea para decir que esto del 155 le va de coña al separatismo.

Los pronósticos son como suelen ser: apocalípticos. Se predice que los ciudadanos de Cataluña van a salir, por fin, como un sol poble en defensa de ese Govern al que se quiere destituir. Se vaticina que el rechazo dejará pequeñito al que provocaron las cargas policiales del 1 de octubre. Se augura una repulsa universal: tanto de los que creen que la autonomía catalana emana de Dios o de la Pachamama como de los que aún tienen en alguna estima a la Constitución y a España. En resumen, se presagia que esto será el acabose, y no faltan los sondeos de aviso: un alto porcentaje está en contra, superior al que representa el voto indepe.

No voy a discutir esos pronósticos. Tengo otros. Los tengo para el caso de que Puigdemont convoque ya mismo elecciones, tal como le piden algunos de los suyos, y el Gobierno paralice la aplicación del 155, haciendo uso de su mayoría en el Senado y con la aquiescencia del Partido Socialista. De entrada, eso supondrá dar carta blanca para organizar y tutelar las elecciones a un Govern que se ha situado fuera de la ley y ha probado tanto su deslealtad constitucional como su falta de respeto a las reglas democráticas. Después, no es difícil imaginar cómo será la campaña, ni cómo se redoblará desde TV3 el "bombardeo de propaganda independentista simplista y engañosa", dicho sea en palabras de Le Monde.

No es tampoco difícil de prever que parte los constitucionalistas catalanes se sentirán defraudados si se deja con sus poderes intactos a ese Govern que ha atropellado sus derechos. Y, al otro lado, ese independentista estratégico, el que se subió al carro porque "alguna ventaja se sacará de todo esto", verá confirmado el acierto de su apuesta. Si el poder sigue en manos del Govern sin que haya tenido que hacer otra cosa que convocar elecciones, si el dinero público sigue controlado por el Govern, si los medios siguen instrumentalizados por el Govern, es que el Govern es el caballo ganador. Será opinable, pero para mí que esto acabaría con un triunfo electoral del bloque separatista.

Ocurre algo muy curioso con el nacionalismo catalán. También pasó en tiempos con el nacionalismo vasco. Siempre que se anuncia cualquier medida para frenar alguna de sus conductas antidemocráticas, se levanta un clamor de voces diciendo que eso es justamente lo que quiere. Por lo visto, todo lo que hagas en contra del nacionalismo se vuelve en su favor y todo cuanto hagas para adelgazarlo lo engorda. Extraño fenómeno. Y aún más epatante la conclusión que se deduce: lo único que se puede hacer es dejar que los nacionalistas hagan lo que quieran. Yo, por mi parte, sigo pensando que aquello que les iría de coña sería que lo del artículo 155 fuera una coña marinera.

El búnker de PuigdeCUP
Alfonso Merlos okdiario 24 Octubre 2017

Son los últimos días de quien se ha revelado como un caudillo de pacotilla, un sedicioso sin causa, un revolucionario de todo a cien. Está fulminado política y judicialmente, amortizado socialmente, pero el búnker en el que le han encerrado sus aliados antisistema le hacen permanecer ciego y sordo ante la deriva letal de unos acontecimientos que terminarán por pulverizar —más en días que en semanas o meses— a quien apenas es ya la sombra de un cadáver: PuigdeCUP.

¡Qué insensatez! ¡Qué irresponsabilidad! ¡Qué ligereza! El político de singular flequillo, acusado de gravísimos delitos, es un independentista de pata negra. Nadie lo dudaba. Nunca lo ha ocultado. Pero seguramente ni él mismo, cuando le encargaron en un trámite surrealista e inesperado la labor de relevar al liquidado Mas, pensó que iba a ser lo que parecía: una marioneta de los anarco-comunistas, un pelele traído y llevado de aquí para allá sin el manejo de los tiempos, ni de la agenda; un guiñol de maniobras ciclotímicas, de tácticas sin pies ni cabeza, un iluminado sin control de una esperpéntica hoja de ruta cuyo peripatético final está poniendo a las claras algo elemental: el nacionalismo, cuando es llevado al paroxismo del odio por el odio, al fratricidio más descarnado e injustificado, sale muy caro, muy caro.

PuigdeCUP se ha convertido en un personaje de ópera bufa al que la noche, en un cielo de veneno y esteladas, ha terminado por confundirle, como a aquel cubano de las golfas madrugadas televisivas. Es el héroe que nunca pudo haber sido. Es el terco malhechor al que, en un momento u otro, se le llevará ante las autoridades para que responda de sus extremos desmanes. Es ya una pequeña piedra arrastrada y golpeada de una orilla a otra por las aguas rápidas del ‘hooliganismo cupero’. Con el 155 se queda sin poder y sin gobierno, sin mando y sin vasallos, a la intemperie, a la deriva, como el naufrago que carece de futuro de redención mientras se agarra a una frágil barcaza a la espera de que el milagro le salve en el último segundo y se le lance un flotador que le evite perecer. Pero eso no ocurrirá. ¡Al contrario!

Para propios y ajenos, PuigdeCUP es apenas un estorbo mayor. Las chicas de la extrema izquierda soberanista, las amigas de Otegi, no ven ya un guía útil en quien ha adolecido de falta de testosterona para proclamar —aunque aquello hubiese terminado en un ‘Viva Cartagena’— la República Independiente de Cataluña. Y ya en sus filas se admite, naturalmente con la boca pequeña, que alguien tendrá que llegar para recoger el testigo de quien se achicharrará en la parrilla de las imputaciones en serie. ¿Hacían falta alforjas para este viaje? No. Porque era y es el camino a ninguna parte. Algo que siguen sin entender los autistas que permanecen recluidos en un fortín de hierro y hormigón, en su extravagante ‘guerra de Gila’.

Lecciones andaluzas para catalanes cínicos
Javier Caraballo elconfidencial 24 Octubre 2017

“La ‘salida andaluza’ puede ser una buena opción para Cataluña”, se oye decir estos días para que lo ocurrido en Andalucía en los primeros años de la Transición, cuando esta región se opuso al modelo territorial inicialmente diseñado, pueda servir ahora de solución a la amenaza independentista. “La misma fórmula que se aplicó para resolver el conflicto andaluz, que se aplique ahora en Cataluña”, sostienen. Quizá fueron los de Podemos, sobre todo Pablo Iglesias, los primeros en defenderlo y ahora se han sumado a su causa importantes sectores catalanistas, deseosos de encontrar una vía de escape a la deriva secesionista catalana sin que suponga la aplicación severa del artículo 155 de la Constitución.

Pero ¿qué es lo que ocurrió en Andalucía? Conviene recordarlo porque, entre algunos bienintencionados, también se ha colocado en este debate mucho cínico catalanista dispuesto a desvirtuar la historia, como durante todo este proceso desquiciado. Y lo que pretenden hacer ver ahora, como si fuera cierto, es que en la Transición se vulneró la legalidad para que Andalucía obtuviera una autonomía de ‘vía rápida’, como las consideradas históricas, a pesar de haber fracasado en el referéndum del 28 de febrero de 1980. Afirmar eso, así, es falso, y equipararlo con lo que ha ocurrido en Cataluña es obsceno. Por eso, conviene recordar lo ocurrido.

La primera perversión del modelo territorial español, en esta democracia, fue la consideración de unas ‘nacionalidades históricas’ y otras de menor rango en función de una terrible coyuntura, el golpe del Estado fascista de 1936. Es decir, por presión de nacionalistas vascos y catalanes —y también de otras fuerzas políticas que querían un sistema centralizado—, solo se consideraban ‘históricas’ aquellas autonomías que tenían un estatuto aprobado antes del estallido de la Guerra Civil, es decir, Galicia, País Vasco y Cataluña.

Al margen del agravio que supone la consideración de ‘nacionalidad histórica’ con respecto a otros territorios, exista o no exista un modelo descentralizado de Estado, el dislate se amplía cuando se repara en que, por ejemplo, Andalucía también estaba en la fase final de tramitación de su estatuto en la República, como otras regiones. Pero estalló la Guerra tres meses antes de aprobarse aquel estatuto, las tropas franquistas fusilaron al líder andalucista de entonces, Blas Infante, y Andalucía se quedó, obviamente, sin Estatuto de Autonomía.

Dividir las regiones entre ‘históricas’ y ‘no históricas’ en relación a la Guerra Civil es otorgarle a Franco la capacidad de distinguir y catalogar los territorios. Sin embargo, parece como si, después de 40 años, esa barbaridad se hubiera asumido como una realidad incuestionable. Si de historia se trata, ¿no tendría más historia la Corona de Aragón que el Condado de Barcelona? ¿Y el Reino de León, que está celebrando ahora el milenio de un fuero que fue pionero por el desarrollo de leyes, derechos y libertades en la Baja Edad Media, mientras que en el País Vasco se sigue considerando un derecho histórico los fueros sobre los que se asientan los privilegios económicos? Que el nacionalismo ha tenido siempre más fuerza y arraigo en Cataluña y en el País Vasco es irrefutable, pero no por ello deben considerarse esas comunidades distintas, con mayores privilegios que el resto. La historia de los pueblos de España no es la historia del nacionalismo.

En cualquier caso, con esa distinción se dividieron las autonomías en dos grupos, las tres ‘históricas’, que alcanzarían un techo alto de competencias y de autogobierno, y el resto, que verían reducida su autonomía a una descentralización administrativa a través de una especie de Mancomunidad de las diputaciones provinciales. A esa decisión es a la que se oponen la mayoría de los andaluces de entonces, primero con una gran manifestación, celebrada el 4 de diciembre de 1977, y posteriormente con la celebración de un referéndum, el 28 de febrero de 1980, en el que se pedía la equiparación con las ‘autonomías históricas’.

Aquel referéndum se celebró en contra del Gobierno de España, en manos de UCD, contra buena parte de la izquierda española, socialistas y comunistas, siempre jacobinos, y contra los propios nacionalistas vascos y catalanes. Rafael Escuredo, principal protagonista de aquel momento, lo sigue recordando hoy: “Los nacionalistas vascos, gallegos y catalanes no querían ni muertos que Andalucía obtuviera su autonomía por el artículo 151 y se equiparara a estas comunidades. Curiosamente, el único que me felicitó fue Tarradellas, pero jamás Pujol o Arzalluz. Pero ¿por qué no querían? Yo sé lo que yo viví y no me hago trampas al solitario: me consta de manera fehaciente que no querían la igualdad”.

La cuestión, sin embargo, es que el referéndum se celebró un 28 de febrero con una pregunta surrealista (¿Da usted su acuerdo a la ratificación de la iniciativa prevista en el artículo 151 de la Constitución a efectos de la tramitación por el procedimiento establecido en dicho artículo?) y unas exigencias democráticas que parecían insuperables, de acuerdo a la Ley de Referéndum que entonces estaba en vigor y que se derogó años más tarde: era necesario que los síes superasen en cada provincia el 50% del censo, no de los votantes. Como se ha repetido aquí en varias ocasiones, si esa Ley de Referéndum hubiera seguido en vigor, no se habría aprobado ninguna de las reformas de estatutos de la primera década de 2000 y no estaríamos ahora en este avispero. Tampoco el Estatut catalán, que no fue a votarlo ni la mitad del censo y solo lo apoyó el 36% del censo; ahora, sin embargo se repite que la mayoría de los catalanes “se hicieron independentistas por el agravio cometido por el Tribunal Constitucional” al corregir levemente ese Estatut, que la mayoría ni siquiera fue a votar.

En Andalucía, se superó el 50% de síes en seis de las ocho provincias, menos en Almería y Jaén, donde quedó el porcentaje de síes en un 42% y en un 48%, respectivamente. Es decir, que de acuerdo a la literalidad de la Ley de Referéndum, Andalucía no había superado la prueba. Ocurría, sin embargo, que fueron tantas las irregularidades en el censo oficial con el que se acudió a votar que era literalmente imposible no reconocer la aprobación del referéndum. Dice Escuredo: “En Almería, los muertos votaban y los vivos tenían muchas dificultades para hacerlo. Yo mismo fui a votar en Sevilla y la presidenta de la mesa me dijo que no podía votar. En el censo solo aparecía Patricia Escuredo, mi hija, que entonces tenía nueve años, pero yo, que era el presidente de la Junta de Andalucía, no figuraba en el censo”.

Todo aquello se resolvió con un acuerdo político y una modificación de la ley, para adaptarla al resultado y pasar por alto las irregularidades denunciadas. ¿Tiene algo que ver todo esto con el referéndum ilegal del 1 de octubre del independentismo catalán, al que solo acudió a votar la mitad del censo, sin garantías, ni control, ni censo siquiera? Pues esa es la cuestión, ahora cuando se habla de la ‘vía andaluza’ para darle salida al conflicto catalán se intenta hacer ver que, igual que en Andalucía se ‘vulneró’ la legalidad para incorporarla a las ‘autonomías históricas’, ahora debe permitirse una ‘reinterpretación’ de la Constitución para Cataluña.

“En Andalucía se adaptó la legalidad al pronunciamiento popular. Esa es la clave para una salida inteligente en Cataluña”, dicen ahora. No es posible la comparación ni en los fines, ni en el momento histórico ni en lo sucedido. En Andalucía se pedía la igualdad entre todos los pueblos de España; en Cataluña se defienden diferencias y se reclaman privilegios. Nada es igual. Pero como lo repetirán, conviene recordar la verdad: es falso, incompleto y cínico. Una más, en cualquier caso.

La Generalitat ha colocado a 25.000 interinos en plena deriva secesionista
Desde el año 2012, Mas y Puigdemont han prescindido de 20.000 funcionarios de carrera a cambio de incrementar un 77% la plantilla de personal interino
Roberto Pérez ABC 24 Octubre 2017

La Generalitat cada vez tiene menos funcionarios de carrera y más interinos. Es el resultado de una particular «política de personal» a la que se ha entregado con esmero el «Govern» desde que arrancó la deriva independentista emprendida por Artur Mas y rematada por Carles Puigdemont. Desde finales del año 2012, la Generalitat ha prescindido de 20.000 funcionarios a la par que ha sumado 25.000 interinos más en su plantilla estructural, aquella que engloba todos los puestos de trabajo que atienden necesidades permanentes de la Administración.

Además de la plantilla estructural, hay decenas de miles de puestos «coyunturales», personal que la Generalitat contrata para atender necesidades extra y supuestamente momentáneas. En 2012 había en la Generalitat 27.000 de esos empleos «coyunturales», pero hace unos meses ya se contaban 33.000 puestos de este tipo, según los últimos registros anuales publicados por el Gobierno catalán.

Política y empleo público
Que en la plantilla de una Administración pública tengan más o menos presencia los funcionarios no es una cuestión menor. Fundamentalmente, porque el estatuto del funcionario le otorga la máxima independencia a la hora de ejercer su trabajo frente a eventuales presiones políticas. De hecho, ese es el gran objetivo que persigue el blindaje que la ley da al funcionario de carrera: independencia frente al poder político de turno para, así, garantizar que su actuación profesional se rige por los principios de objetividad y legalidad.

A la hora de acceder al empleo público, tampoco es lo mismo hacerlo a una plaza en propiedad que a una plaza cubierta de forma interina: los requisitos y garantías legales del proceso de selección son mucho más rigurosas y transparentes para los funcionarios de carrera.

Esa dinámica de sustitución de funcionarios de carrera por un creciente número de interinos se ha concentrado mayoritariamente en la plantilla estructural de la Administración de la Generalitat. De los alrededor de 205.000 puestos que componen la plantilla estructural del sector público controlado por el Gobierno catalán, unos 40.000 se localizan en el entramado de empresas públicas, fundaciones, consorcios y entidades de derecho público.

El resto, 167.000 empleados públicos, conforman la plantilla estructural de la Administración de la Generalitat propiamente dicha -incluyendo las dos grandes secciones de enseñanza y servicios sanitarios-. Pues bien, de estos 167.000 empleados que actualmente conforman el núcleo del sector público de la Generalitat, unos 58.000 no ocupan plaza en propiedad: 49.500 son interinos y unos 8.500 tienen la condición de personal laboral temporal, frente a 104.780 funcionarios y 3.978 laborales indefinidos, según los propios registros oficiales de personal de la Generalitat.

Año tras año, sin descanso
Es decir, actualmente ese núcleo duro del sector público catalán tiene 58.000 asalariados temporales frente a 108.000 empleados públicos de carrera; hace cinco años la proporción era de apenas 33.000 temporales, frente a 128.000 fijos. En cinco años, la plantilla de interinos ha aumentado un 77%.

Los funcionarios en sentido estricto han sido los grandes sacrificados de esta política de personal aplicada en la Generalitat en estos últimos años. Tanto la etapa de Artur Mas como la de Carles Puigdemont dejan rotundos balances en este particular: año tras año, sin excepción, se ha adelgazado la lista de funcionarios y se ha engordado la de interinos, y en proporciones considerables.

Las progresivas jubilaciones de funcionarios no han supuesto una aminoración de la plantilla sino un incremento masivo del número de interinos a sueldo de la Generalitat. Y esto se concentra especialmente en un sector clave, el de la Educación. Baste un dato: durante los últimos doce meses, el cuerpo de docentes al servicio de la Generalitat ha perdido 2.600 funcionarios, pero ha incorporado otros 6.500 interinos.

Esperando la revolución
La gente se cansa pronto, máxime cuando viene el mal tiempo
Pedro García Cuartango ABC 24 Octubre 2017

No se me ocurre nada mejor que una evocación de Julio Camba para empezar esta nueva etapa en ABC, un periódico asociado a la excelencia literaria y que además ha sido testigo de las grandes encrucijadas de nuestra historia contemporánea.

Hace ahora un siglo, Camba fue enviado a Barcelona para que escribiera sobre la Asamblea de Parlamentarios, promovida por Francesc Cambó y compuesta por 68 diputados y senadores. En ella figuraban personajes de la talla política de Pablo Iglesias, Alejandro Lerroux y Melquiades Álvarez. La Asamblea se reunió el 19 de julio de 1917 en el mismo lugar que hoy ocupa el Parlament. Los conjurados contra el Gobierno que presidía Dato pidieron su dimisión, la elección de unas Cortes Constituyentes y la autonomía para Cataluña.

Camba describió el clima de exaltación revolucionaria con el que se topó aquellos días de verano en los que los barceloneses "tomaban baños de sol en la playa y bailaban la sardana en verbenas populares". Una mayoría estaba convencida de que la caída del régimen era inevitable e inminente. «La Revolución será cosa de dos o tres días. Nada más», escuchó el periodista a un líder del movimiento. Cambó acudió a Palacio a explicar a Alfonso XIII sus reivindicaciones y las semanas fueron pasando. Pero no sucedió nada porque el nuevo Gobierno presidido por García Prieto ignoró todas las peticiones de una Asamblea que jamás se volvió a reunir.

«Un público menos paciente hubiera pedido que le devolviesen ya el dinero. La Revolución no se hará ni mañana ni pasado mañana. Habrá que buscar otras emociones», sentenció Camba. Tampoco se hizo en 1934, cuando Companys proclamó un Estat catalá que duró menos de 24 horas tras la respuesta fulminante del general Batet. Aquella asonada acabó en un espantoso ridículo y todo indica que ésta también.

La masiva salida de empresas de Cataluña, la reacción de la UE y la amenaza del artículo 155 han colocado a los independentistas en un escenario en el que, si siguen con su desafío, pueden perder todo lo conseguido en las tres últimas décadas. Les queda el recurso a la calle y a esa «masiva desobediencia civil» a la que llamó ayer la CUP. Pero la gente se cansa muy pronto. El victimismo es muy estimulante, la reivindicación de la diferencia eleva la autoestima, pero empiezan a perder encanto cuando hay que pagar un alto precio.

«Infeliz es el país que necesita héroes», decía Brecht. Y tenía razón porque el heroísmo es para románticos y desesperados, para las gentes que pasan hambre y carecen de libertad. Cuando el sábado pasado, los manifestantes por la excarcelación de Sánchez y Cuixart se fueron a ver el partido del Barça, intuí que su causa volverá a estrellarse con la realidad. Los nacionalistas tienen mucho que perder y, por ello, la Revolución seguirá esperando otro siglo más.

Nacionalismo y cierra España
Juan Soto Ivars elconfidencial 24 Octubre 2017

Dos posturas que encienden el extremismo ajeno, dos paquetes de ofensas inapelables, dos formas de ver el mundo que se apoyan en dos pilares inmóviles, dos lenguajes, dos verdades en dos sacos de mentiras, dos versiones, dos realidades, dos nosotros, dos ellos. Nacionalista siempre es el otro y a ti te encontré en la calle. Cataluña y España corren más allá del punto de no retorno.

Perdí toda esperanza cuando oí los gritos de amigos. Sirve el símil de la crisis de los misiles de Cuba. Albert Sáez me lo suelta tomando un café y me deja pensando: el 155 y la DUI son bombas atómicas que no están pensadas para el uso en la batalla sino para disuadir, porque implican un grado de destrucción inasumible. Ahora los misiles están saliendo de los silos. Los ladridos amedrentadores se han convertido en mordiscos.

¿Cómo hemos permitido a nuestra clase política que nos lleve hasta aquí? Será la Historia la que juzgue y condene la incitación al odio que los políticos han cometido con su ciudadanía. También juzgará su torpeza, su estrechez de miras, su electoralismo salvaje. Podrían usar el teléfono rojo pero prefieren obtener votos radiactivos. Solo tengo una cosa clara: si Cataluña se va, la España que dejará atrás será sencillamente irrespirable. Tanto como una independiente que se ha ido después de ningunear a la mitad de su población.

La irresponsabilidad es extrema y merece el repudio de la ciudadanía, pero colaboramos, colgamos obedientes nuestras banderas en los balcones. Era evidente que el camino de la unilateralidad y la inconstitucionalidad activaría el 155. Estaba claro que negarse sistemáticamente a ceder (referéndum, consulta, financiación, Estatut) conduciría el tradicional victimismo catalán a un callejón sin salida. Está claro que el 155 no solo implica disolver un Govern repudiable, sino inhabilitar la democracia en un territorio que responderá con más independentismo a todos los hachazos que se le den.

La democracia en España ha fracasado. Hubiera sido imposible llegar aquí sin envenenar a la población con consignas nacionalistas. Nos han vendido muy bien el “ellos contra nosotros”. Para mí es un sinsentido, porque viajo entre Madrid y Barcelona cada semana, porque tengo amigos centralistas e independentistas, y así cambio el contenido de los pronombres. Lo trágico es que los dos bandos juegan con un poco de verdad. Los independentistas y los españoles tienen motivos sobrados para la queja. Pero la queja más evidente debería dirigirse a la clase política que nos ha traído aquí.

Lo han hecho interesadamente, maquiavélicamente. Convergència apoyó la reforma laboral del PP, amplió los recortes en sanidad del PP. Se acusan mutuamente de adoctrinamiento en las escuelas públicas cuando los dos recortaron las partidas educativas. Filosofía desaparece en España y en Cataluña, y hablan impunemente de la manipulación de los medios públicos cuando TVE y TV3 están intervenidas por la misma mano. La estratagema es burda, pero los trabajadores sacan banderas enfrentadas a sus balcones. No hay nada más triste que el balcón de un precario con una bandera.

Todo nacionalismo sigue la misma dieta: devora a la izquierda, aplasta a la derecha moderada y engorda a la derecha extrema. Así de sencillo. El nacionalismo deja de ser moderado siempre que se enfrenta a otro nacionalismo. La izquierda es incapaz de pensar de forma crítica sobre la falacia de la autodeterminación de los pueblos y la falsedad del derecho a decidir. Cegada por el romanticismo de la manifestación y la desobediencia, se entrega a la derecha que va delante con la bandera, mientras lo que pudo ser una derecha moderada se va a recoger votos al bancal de los más intransigentes.

Esto se fue a la mierda cuando creímos el ellos y el nosotros, cuando compramos su vocabulario belicoso, cuando acusaron a la ecuanimidad de ser equidistancia, cuando nos dimos al gozo victimista de sentir en los parámetros de la humillación y la provocación, cuando entregamos a las identidades colectivas nuestra sagrada individualidad.

La sensación de ser arrastrado por una avalancha humana se hace cada día más agobiante. Toda esta carne ciega e hipersensible, toda esta falta de seso y de juicio crítico nos conduce a un sitio que nadie podrá llamar democracia, ni en España ni en Cataluña.

ADOCTRINAMIENTO EN LAS AULAS
Los aullidos de un profesor de primaria en Cataluña contra la Guardia Civil
La Gaceta  24 Octubre 2017

Las imágenes de un profesor gritando a los agentes han dado la vuelta al mundo.

Las fuerzas independentistas se llenan la boca negando el adoctrinamiento que se produce en las escuelas catalanas, pero la realidad se impone al discurso mediático nacionalista. Basta con repasar algunas de las imágenes de las últimas semanas.

El señor de amarillo protagonizó varios altercados en la jornada del referéndum del 1-0. Lleno de ira, el hombre comienza a provocar a los agentes, llamándoles “salvajes” con el rostro completamente desencajado.

Las redes sociales han logrado identificar a este señor. Se trata de Narcís Gibrat Juanola, el que fuera alcalde de Tallada d’Emporda (Gerona) durante 20 años en las listas del PSC.

Dolça Catalunya ha difundido el vídeo en el que explica que Gibrat es profesor de Primaria en las escuelas Escolapias de Figueras. En concreto, es tutor de niños de 10 años en 4º de primaria. Las fuerzas nacionalistas, con la colaboración del Gobierno de Mariano Rajoy, completamente ajeno a lo que ocurre en Cataluña, han colocado a algunos de sus más firmes partidarios al frente de la educación de los más pequeños.

 


Recortes de Prensa   Página Inicial