AGLI Recortes de Prensa   Viernes 27  Octubre 2017

La penúltima traición del PP
José Javier Esparza gaceta.es 27 Octubre 2017

“No hay ninguna controversia ni conflicto con la educación en Cataluña”. Lo ha dicho en la tribuna de las Cortes don Íñigo Méndez de Vigo y Montojo, IX barón de Claret, ministro de Educación y portavoz del Gobierno. Es asombroso. Es la penúltima traición del PP.

Si existe alguna certidumbre en Cataluña, esa es precisamente la gravedad del conflicto en la Educación, que desde hace cuarenta años viene siendo utilizada por el separatismo como un instrumento de “construcción nacional” (catalana). Lo sabe todo el mundo al menos desde 1990, cuando se filtró el Programa 2000 del Gobierno Pujol, que prescribía expresamente “impulsar el sentimiento nacional catalán de los profesores, padres y estudiantes”. Lo sabe todo el mundo, sí, y nadie ha hecho nunca nada. ¿”Ningún conflicto”? El señor ministro acumula sin duda muchos defectos, pero entre ellos no se encuentra el de ser un imbécil. Por consiguiente, el señor ministro miente y sabe que miente. Pero la hija única de don Íñigo Méndez de Vigo y Montojo, IX barón de Claret, jamás tendrá que estudiar en un colegio público de Mollerussa.

¿Por qué miente don Íñigo? Sin duda, porque la voluntad del Partido Popular –como la del Partido Socialista- es mantener el statu quo y favorecer que la educación siga en manos de los separatistas. Nada se entiende en el marasmo político de España si no se parte de la base de que nuestra democracia reposa en realidad sobre un reparto neofeudal de esferas de poder. Dentro de ese reparto, la porción que corresponde a los nacionalistas (vascos o catalanes) es tan intocable como la de las oligarquías financiera, sindical o autonómica. Es la misma razón por la que hace pocos días, en idéntica tribuna del Congreso, la diputada del PP Elena Bastidas, la misma que antes había criticado el adoctrinamiento separatista en la enseñanza valenciana, se contradijo a sí misma para proclamar que “casos aislados es posible que los haya, pero no se puede criminalizar a todos los docentes”.

¿Contradicción? En realidad, no. Simplemente, estamos ante la penúltima traición del PP. Traición a su electorado y a los principios que dice representar. ¿Enumeramos? Mantenimiento del plan Zapatero sobre ETA e institucionalización política de los terroristas, desmantelamiento de las plataformas cívicas y mediáticas de la derecha social, ejecución de una política fiscal confiscatoria y destrucción de las clases medias, consolidación de la Ley Zapatero-Aído del aborto, consagración de la ley de matrimonios homosexuales, implantación de políticas liberticidas al dictado del lobby LGTBI, mantenimiento de la Ley de Memoria Histórica… Cosas todas ellas que el PP en su día criticó y denunció, pero que Rajoy y Soraya han abrazado como propias. ¿Es preciso seguir? Faltaba alguna otra traición manifiesta sobre el asunto catalán, y don Íñigo Méndez de Vigo y Montojo, IX barón de Claret, nos la ha servido en bandeja. No, no hay contradicción. Sólo hay traición. Programada y deliberada.

El Partido Popular de Rajoy y Soraya se ha manifestado como lo que realmente es: no un partido de representación, sino un partido de neutralización. El objetivo del PP no es representar a la derecha social, sino neutralizarla: capturar su voto y mantenerlo cautivo bajo el miedo a que gane “la izquierda”. Y así cautiva, a la derecha social no le queda otra que resignarse a ver cómo su partido aplica la política del enemigo, ya se trate del nihilismo social o de la cesión ante el separatismo. Esta de dejar a los padres de familia catalanes a los pies de los caballos separatistas ha sido la penúltima traición. O sea que no será la última. Habrá más. Por ejemplo, pergeñar una reforma constitucional, de facto o de iure, que satisfaga las ambiciones del nacionalismo en Cataluña. Lo veremos.

El Partido Popular no merece otra cosa que ser demolido por entero y reconstruido desde los cimientos. O quizá ni siquiera eso. Bastará con dejar una pequeña columna con una inscripción que diga algo así como “La traición es la astucia de los cobardes”.

Lo que la rebelión esconde
Roberto L. Blanco Valdés La voz 27 Octubre 2017

La rebelión del secesionismo catalán ha acabado destapando una espantosa realidad que muchos, y desde hace muchos años, conocían, pero que muy pocos, y con nulo éxito, se habían atrevido a denunciar: los devastadores efectos que ha acabado provocando en Cataluña -en sus instituciones autonómicas y en la propia sociedad- la política, sectaria hasta el delirio, desarrollada por el nacionalismo gobernante en las esferas autonómica y local.

Así, machacado sin tregua el pluralismo, los catalanes llevan años viviendo bajo el implacable control ideológico y político de quienes se han servido de los potentísimos resortes del poder para erigir, de facto, un Estado dentro del Estado y para silenciar a la sociedad mediante una permanente amenaza de exclusión: la que ha practicado el nacionalismo con una desvergüenza que recuerda no pocos métodos del totalitarismo: «Quien no está conmigo es que está contra mí -es decir, contra Cataluña- y es, por tanto, un mal catalán, un traidor, un españolista y un fascista».

Con ese brutal mensaje por bandera se ha construido una administración local y regional de militantes independentistas y no de funcionarios imparciales; una policía autonómica que es la guardia pretoriana del poder nacionalista; una escuela convertida en instrumento de adoctrinamiento; y unos medios públicos de comunicación que actúan como la primera agencia de agitación y propaganda del independentismo. El nacionalismo ha hecho del asociacionismo cultural una amplia red secesionista e, incluso, ha comprado la complicidad de un conde ennoblecido por un rey del país que se quiere destruir. Solo a la vista de esta estrategia de minado permanente del Estado puede explicarse la extensión social de la conspiración secesionista.

Y mientras, a ojos vista, todo eso sucedía, los gobiernos de España y los partidos nacionales han dejado hacer, viendo como el Estado desaparecía de las cuatro provincias catalanas con la esperanza de no despertar al monstruo que jamás ha desmayado en su desleal labor de zapa, indispensable para que un día la secesión tuviera alguna posibilidad de salirse con la suya.

Pero el monstruo despertó, intentó la secesión poniendo patas arriba al país entero y violando con contumacia criminal la Constitución y las leyes y todos los principios democráticos. ¿Para qué? Para acabar en el inmenso fiasco, en la patética función circense que ayer dejo atónitos a millones de españoles.

Decidan lo que decidan los rebeldes, no hay lugar para componendas. Es ahora, tras haber salido a la luz con toda su crudeza lo que estaba escondido bajo la espiral de silencio provocada por el miedo a la sectaria dominación nacionalista, cuando resulta más urgente que nunca desmontar las bases sobre las que una revolución de opereta se ha convertido en el más grave problema de la democracia española durante las cuatro últimas décadas.

El monigote
Puigdemont ha quedado como un pelele, un títere en manos de un grupo de iluminados por una enajenación fanática
Ignacio Camacho ABC 27 Octubre 2017

Lo único que está claro en medio del caos catalán es que Puigdemont no manda. Nunca ha liderado nada en todo este lío pero ahora es sólo un pelele, un títere en manos de un grupo de iluminados por una enajenación fanática. La forma en que se ha dejado torcer el brazo para revocar su propia voluntad de convocar elecciones debería empujarlo, si tuviese un atisbo de amor propio, a la dimisión instantánea. Aunque da igual que la presente o no; acabará arrollado, desplazado y quizá encarcelado por someterse a la turba revolucionaria.

Su papelón ha sido patético, de una comicidad amarga. Un hombre incapaz de ejercer por sí mismo el poder; un tipo arrugado, empequeñecido, jibarizado, que se va convirtiendo en un monigote zarandeado a medida que transcurre la mañana. Un peluche encogido a merced de una gavilla sectaria que ha reducido su presunta autoridad a jirones a base de tirarle de las mangas. Una caricatura de gobernante incapaz de sostener su criterio, zarandeado como una triste palmera solitaria.

El desenlace (?) del culebrón de las elecciones anticipadas demuestra hasta qué punto el proceso de independencia ya no está bajo la dirección de ningún dirigente ni sometido a ningún liderazgo. Es una revolución sin guía, un movimiento descontrolado. Puigdemont, elegido por su propia debilidad con el apoyo de los antisistema, ha externalizado el procès, lo ha entregado a la calle, a las asociaciones separatistas que iban a actuar como agentes subcontratados y han acabado apoderándose de la iniciativa para tomar el proyecto bajo su mando. Son esas plataformas sediciosas las que han impuesto las condiciones que han atenazado a un honorable sin honor ni dignidad para ejercer su cargo. Las que han exigido que el poder judicial –¡¡los que presumen de demócratas!!– liberase a sus jefes detenidos como parte de un acuerdo de inmunidad ante el Estado.

Más allá de la ruptura casi inevitable, el delirio independentista ha destruido ya el propio sistema político catalán; lo ha arrasado. La deriva de la secesión se ha impuesto como único modelo liquidando toda opción pragmática con su rodillo doctrinario. La antigua Convergencia, el partido alfa del nacionalismo, ha sido triturada y en su lugar no queda ningún interlocutor reconocible o estructurado. Sólo falsas masas muy bien coreografiadas para ejercer la presión callejera como únicas dueñas del escenario. Una de las comunidades más desarrolladas de España ha devenido un laboratorio sociopolítico del populismo más exaltado.

Ruina y dolor de Cataluña
José Luis González Quirós vozpopuli.es  27 Octubre 2017

Si hay que reconocerle a Puigdemont una cualidad, debiera ser su capacidad para cambiar de parecer con tal de provocar asombro. Tras un día en que había conseguido volver a mostrar las amplias tragaderas de Rajoy, ha decidido reemprender el camino hacia el caos en el que considera que más ha de brillar su efigie, salvo que mañana, o esta misma noche, descubra una manera nueva de evitar que el mundo se venga abajo, pero sin que nadie pueda poner en duda la voluntad de ser independientes de “los catalanes” (puesto que está en la esencia de su ceguera confundir a la parte con el todo), su paciencia infinita para lograrlo y su carácter dialogante y pacífico.

Rajoy sin alternativas
Salvo pirueta de última hora, Puigdemont ha llevado a Rajoy a una habitación sin otra salida que la que no quería tomar, le va a obligar a ser lo que nunca hubiera querido, y a hacer lo que nunca imaginó, porque no es posible que el gobierno trate de persistir en no hacer nada frente a la independencia de quita y pon que, muy pronto, ha de convertirse en un happening largo y siniestro. Hasta ahora, Rajoy ha jugado con los tiempos y la confusión reinante, ha actuado como si una declaración de independencia pudiese ser objeto de disputas surrealistas sobre si se había producido ya, se había suspendido pese a no producirse, o se iba a producir en cualquier forma difícilmente imaginable.

Los temores y cálculos de Rajoy han permitido que no se haya hecho nada desde que el Parlamento catalán aprobó la ley de transitoriedad y estableció un mecanismo automático para que se proclamase la república catalana en el caso de que el referéndum de independencia, ese que no se iba a celebrar según Rajoy, fuese afirmativo. Eso pasó y a Rajoy no se le ocurrió otra cosa que ofrecer diálogo. Ahora ya no tiene nada que ofrecer y se verá hasta qué punto es cierto que lo tenía todo pensado, con el gravísimo inconveniente de que las patadas que se le dirijan acabarán aterrizando en nuestro culo.

No ha habido choque de trenes, sino un choque con la pared
Lo que ha ocurrido en Cataluña es que el choque con la realidad, ha hecho descarrilar el tren secesionista, sin que Rajoy haya hecho apenas nada todavía. La realidad ha golpeado de varias maneras a los secesionistas, primero con la marcha de las empresas, luego con un discurso del Rey que levantó la moral de los españoles, después con la manifestación de Barcelona y la inundación de banderas nacionales, por último, con la evidencia de que absolutamente nadie iba a hacer el menor caso de una declaración de independencia catalana que pretendiese ser algo más que un juego de palabras.

Puigdemont ha chocado con un muro mucho más sólido de lo que imaginaba, pero parece que intenta seguir gobernando Cataluña como si tal cosa, convertirse en el primer presidente de esa nueva república. Como es absolutamente imposible que tal cosa suceda en la realidad, puesto que las declaraciones no son sino palabras, el gobierno tendrá que empeñarse a fondo para que la confusión entre las palabras y las cosas no continúe emborronando las entendederas de esos catalanes supremacistas, esos que creen en serio lo que decía Francesc Pujol en broma, que ya ha llegado el momento en el que todos los catalanes podrán viajar por el mundo con los gastos pagados, que la república catalana se sentará en la ONU, en la UE y donde quiera sentarse, porque los grandes del mundo acudirán presurosos a solicitar su participación y su inmediata presencia.

Contra Marx, de la farsa a la tragedia
La historia con Cataluña se repite, pero es evidente que, en esta ocasión, a las tragedias anteriores no les va a seguir una mera farsa, porque Puigdemont ha decidido no abandonar la platea, aunque se niegue a seguir haciendo el payaso, papel en el que ha alcanzado maestría, y pretende convertirse en el héroe de un nuevo drama. Lo que nos espera a todos, y muy en especial a quienes viven en Cataluña, pero absolutamente a todos, va a ser duro, largo, triste y deprimente, pero es una tarea en la que lo que está en juego es mucho más que una cuestión de carácter en relación con pretensiones inusuales de unos cuantos. Si el Estado no acierta a imponerse, y si no sabe hacerlo con inteligencia, lo que incluye la determinación, la constancia, pero también la astucia, el daño que se causará a España y a Europa tendrá dimensiones colosales. Cumple ser optimista, pero es absolutamente ingenuo engañarse acerca del carácter, la gravedad y el volumen del estúpido desafío en el que nos ha metido la frivolidad de quienes ni pueden ver más allá de sus narices, ni saben mirar el mapa del mundo, esa habilidad que el funesto Carod les pedía a los de ETA para que no atentasen de nuevo en el plácido estanque en el que se cocía el funesto brebaje de la independencia que ahora nos quieren hacer tragar.

Lo que no puede ser, y además es imposible
Estos supremacistas son tan necios que se han creído capaces de superar el principio del tercio excluso en materia de secesiones, puesto que no caben más que dos modos de hacerlas, o pactando, que no puede ser el caso, o ganando una guerra de secesión, como la que, por ejemplo, perdieron los estados del sur en los EEUU, solo que hace ya más de 150 años, que tampoco parece fácil.

Querer poner nuevas fronteras en Europa es una ocurrencia tan beoda que resulta inverosímil que pueda sostenerla nadie sin estar alcoholizado. Lo que sí podrían hacer, en el imposible caso de tener éxito, es poner fronteras contra Europa, que es lo que quieren los que han anunciado su mínimo apoyo a estos supremacistas de vía estrecha.

Los catalanes que conservan el seso no podrán perdonar nunca a estos aprendices de brujo el sufrimiento que van a soportar por su idiocia, la pobreza, el dolor, el agobio de tener que convivir con unos alocados fuera de la realidad y de la ley que pretenden ser modelos universales de civismo, de diálogo y de respeto al discrepante.

Lo que sí es, por desgracia, posible, es que haya políticos españoles que quieran sacar ventaja del barullo, gentes capaces de confundir a Franco con Rajoy, si piensan que ese colosal despiste les puede traer votos. Ya queda dicho que va a ser desagradable y largo, pero espero que aprendamos, al menos, a detectar a esa especie de cínicos, eso es lo más hacedero en las duras jornadas que se avecinan.

La independencia me importa un carajo
Antonio Robles Libertad Digital  27 Octubre 2017

No es la independencia, sino la impunidad lo que arruinará finalmente lo que queremos evitar. Ni adelanto electoral, ni pactos de conveniencia: restablecimiento de la legalidad y castigo a los culpables. Así son las sociedades adultas.

El mal no está en la independencia en sí, sino en lo que la ha hecho posible. El mal no está en el artículo 155, sino en carecer de conocimiento, pericia y coraje para restaurar la verdad y el respeto por la democracia en Cataluña. Hay que devolver a las palabras sus significados auténticos, librarse de las emociones que nos hacen impunes y utilizar las instituciones para lo que fueron concebidas: la escuela para ilustrar, la policía para servir a la ley, los medios de comunicación públicos para informar con neutralidad y el Gobierno para solucionar problemas, no para crearlos.

Y si el adelanto electoral solo sirve para escurrir el bulto, como si aquí no hubiera pasado nada, es hora de ciscarnos en Rajoy, Pedro y Albert por convertirse en cómplices de los golpistas. De los actuales y de los que saldrán de la escuela en el futuro.

¿O acaso unas nuevas elecciones pueden redimir del incumplimiento de la Constitución y de los desplantes al Estado de Derecho? ¿Qué legado pedagógico estamos dejando a nuestros adolescentes si les transmitimos el desprecio por la ley? En Cataluña ya lo sabemos. Y es desolador.

Han quemado la Constitución en TV3 y la han incumplido en el Parlamento; han desobedecido los autos del TC y alardeado de ello; han alimentado a las masas retando la autoridad del jefe del Estado; han despreciado las recomendaciones de los letrados de su propio Parlamento, y humillado al Órgano de Garantías Estatutarias instituido por ellos mismos; han violentado los derechos de la oposición y cerrado el Parlamento arbitrariamente; se han comportado como caciques con sus propias normas y han amenazado al Gobierno de la nación con declarar la independencia. Y por si eso fuera poco han llevado adelante una farsa de referéndum sin garantía alguna y cuyo recuento se lo sacaron de la manga en un despacho de marketing. En el colmo del disparate, han llegado a la conclusión de que apoyaron la independencia el 90% de los catalanes. No sé si tienen abuela, pero si no se bastan solos.

¿Todo eso quedará impune? ¿Con esas premisas podemos garantizar unas elecciones libres, neutrales y limpias? ¿Tan ciegos estamos para no ver que el mal no está en la independencia, sino en la sociedad intervenida que padecemos? Ni siquiera se molestan ya en mostrar consideración por el otro: una vez declarada la guerra, todo está permitido. Estas últimas semanas de TV3 son la muestra más palpable. Y los mandos de los Mozos, envalentonados.

Es precisa, ahora más que nunca, la aplicación del 155 para intervenir la autonomía y purgarla de los delincuentes que nos han traído hasta aquí. Es preciso devolver los derechos políticos y sociales a todos los catalanes. Empezando por la escuela. Acabar con la inmersión, despolitizar las lenguas, dejar de utilizar el pasado para envenenar el presente; acabar con Radio Ruanda. Cualquier otra cosa es aplazar, demorar, desentenderse del mal.

El pasado sábado celebró su primera Asamblea Nacional el proyecto político Centro Izquierda de España (dCIDE). Con un PSOE dependiente del PSC, con un Podemos plurinacional troceando su partido antes de hacerlo con España, y el resto de la izquierda avergonzada aún ante su nación, dCIDE se ha conjurado en pro de la igualdad de todos los ciudadanos, vivan en la comunidad que vivan, para acabar con los privilegios territoriales y evitar la creación de otros; y defender la nación española y sus símbolos con determinación. Sin una izquierda que vuelva a amar a su país, España no tiene futuro… ni presente.

Los revolucionarios de papá
Gonzalo Duñaiturria okdiario 27 Octubre 2017

En este disparatado, grotesco y chusco episodio por el que está pasando España a costa de quienes pretenden subvertir el orden público mediante la comisión de flagrantes delitos y que por oscuros intereses quedarán impunes, no podían faltar aquellos que se apuntan a “la revolución” como quien se apunta a una turística visita guiada. Contemplando a los “pulcros e higiénicos” representantes de la CUP y leyendo sus “vastas” propuestas intelectuales así como sus “cautivadores” llamamientos a la “revolución” y a “su democracia”, vemos brotar de nuevo los típicos revolucionarios de papá que jamás han dado palo al agua pero siempre han tenido las espaldas bien cubiertas. Pregonan el viejo y rancio comunismo, el socialismo utópico como culminación de la dictadura del proletariado donde vocean hipócritamente la tan anhelada desaparición de las clases y la implantación de una sociedad justa, igualitaria y democrática.

Tienen su mito y líder en Marx, artífice de semejante embuste que tantos millones de vidas causó, que vomitó tan abyecta ideología en el seno de una familia potentada de Tréveris y de cuyo padre vivió hasta bien entrada la madurez. Pasó luego a depender de otro millonario y “cofundador” del comunismo, Federico Engels, que le prestó dinero hasta el fin de sus días. Pero nunca visitó una fábrica, jamás se manchó las manos en una mina. Semejantes “profetas de la hipocresía” forman parte de esa falsa izquierda donde su presunto buenismo les lleva a desear una sociedad socialista para todo el mundo, mientras disfrutan como nadie del sistema que vilipendian, sistema que con todos sus fallos, les ha permitido pertenecer a una clase superior a la de aquellos a quienes dicen cobijar, unas cuentas bancarias que no admiten preocupación y unos estudios en universidades privadas al alcance de muy pocos. Pregonan para los demás una sociedad más justa mientras que en su forma real de actuar, demuestran que el capitalismo no es tan malo y que la fortuna no es un baldón. Y para mayor acomodo, los papás de muchos de ellos se sientan en confortables consejos de administración de empresas importantes.

Que la sociedad no piense. Mantengámosla sometida a un férreo “cinturón de castidad” social, político y económico. Que el racionamiento, las colas, la crisis habitacional, la falta de los más elementales productos de primera necesidad sean un imperante en esa “nueva sociedad del igualitarismo”. Y compañeros revolucionarios, seremos como el Ché, hasta la muerte, solo para el pueblo. Estos revolucionarios de papá, tomadores de calles y universidades, viven a todo tren sin aportar nada. Su único objetivo en la vida es cubrir una irreal satisfacción personal luchando por una supuesta “justa causa”. Vida tediosa repleta de contradicciones mentales —que no morales— de aquellos sin las más mínimas carencias materiales. Qué fácil, señores de la CUP, es ser revolucionario de papá. Qué sencillo es hundir al individuo en la oscuridad ideológica mientras la sociedad nos surte de antojos y caprichos pudiendo parasitarla.

Qué cómodo es vivir de forma acomodaticia vendiendo falsamente que se ha sido okupa o brigadista. ¿Quién no se apunta a vivir en un mundo aparte donde vegetar en una comuna o en una casa ocupada no va a afectar a nuestras engordadas cuentas bancarias?. Poco amigos de invertir en higiene y peluquería, vocean que la existencia de pobres se debe al mal reparto de la riqueza por culpa de los pudientes. Qué insultantes resultan estos revolucionarios de la nada que tras sus prédicas, se encuentran bañados en billetes. No les preocupan los pobres lo más mínimo, ni la desigualdad, ni buscan una sociedad sin clases. Y menos la democracia. Como dijo Robinson Jeffers, escritor, poeta y dramaturgo estadounidense: “Manténgase alejado de los incautos que hablan de democracia y los perros que hablan de revolución”.

El día de la infamia
José Romero estrelladigital 27 Octubre 2017

La traición se ha consumado. Hoy, 27 de octubre del 2017, quedará reflejado en los libros, como el día de la infamia. Jamás, en mis cincuenta y seis años de vida, pensé que sería espectador de un hecho así. Y por eso, se me han saltado las lágrimas, entristecido por lo que estaba ocurriendo en mi país y sus consecuencias. Y por eso, un escalofrió ha recorrido mi espina dorsal cuando lo he visto por televisión. Hoy, la mitad del parlamento de Cataluña se ha proclamado independiente de España y con él, la mitad o menos de la población catalana. ¿Y la otra mitad? ¿La van a expulsar de su tierra? ¿Acaso van a ser ciudadanos de segunda? ¿O se va hacer una limpieza étnica de malos catalanes?

Ya estoy cansado de componendas y palabras blandas por parte de políticos y tertulianos. Ya estoy harto de que se les intente convencer con motivos económicos, o advirtiéndoles de que nadie va a reconocer su recién parida república, para que se queden con nosotros. Ya está bien de victimismo por su parte y del miedo por la nuestra. De decir que el régimen del 78 es el tardofranquismo. Hay que obligarles a volver a la ley, y si para eso es necesaria la fuerza, así sea.

Siempre ocurre lo mismo. Son las regiones ricas las que tratan de independizarse, las que intentan traicionar a su país. Es la burguesía local, la que en un momento dado decide que todo debe de ser para ellos, ¿para qué estar bajo el gobierno central si nos lo podemos quedar todo para nosotros? Porque el que es dueño de un erial, necesita de los demás para lograr tener una cosecha; pero el que posee tierras ricas y provechosas, pretende guardar sus frutos para sí.

Se consideran diferentes, que es una forma de decir que son mejores que los demás, que los españoles de a pie. Que los andaluces, los castellanos o los extremeños. Pero no han caído en un razonamiento que de pueril, parece olvidado: si Cataluña tiene autogobierno, es porque el resto de España se lo ha permitido. Porque la tan denostada constitución del 78, ha consentido en regalarles ese poder. Ellos no se lo han ganado. Nunca se lo ganaron. Y el que diga lo contrario, miente o no conoce la historia de este país.

Decía Carl von Clausewitz: "¿Cuál es la idea fundamental de la defensa? Es la de parar un golpe. ¿Por qué señal se distingue? Se distingue porque en ella se espera el golpe que se debe parar." Efectivamente, sabíamos cuál era el golpe que había que parar, es más, lo llevan anunciando años a bombo y platillo. Ahora es el momento de detenerlo y pasar a la ofensiva, sin más dilación.

Porque la historia siempre juzga inmisericorde, a los traidores y a los que no cumplieron con su deber. Y espero, que cuando esto se haya terminado, los rebeldes estén en la cárcel y España siga siendo el país que siempre fue; cuando pretendan negociar su derrota, se les diga lo mismo que el Cónsul Quinto Servilio Cepión a los asesinos de Viriato : ”Roma no paga traidores”. Espero que el pueblo español así se lo reclame a todo aquel que haya participado por acción u omisión, en la rebelión, que luego la memoria se vuelve flaca y el brazo deja de ser poderoso.

John H. Elliott: «En Cataluña se ha manipulado la historia»
El hispanista inglés, que ayer participó en un homenaje en Casa de América a Hugh Thomas, asegura que los «nacionalismos son peligrosísimos y representan un estrechamiento de las sociedades».
J. O. larazon   27 Octubre 2017

En su voz late un poso de asombro, incomprensión o desconcierto cuando habla del pasado o se refiere a los acontecimientos recientes que marcan la agenda política española. Sir John Elliott, sentado en una sala de Casa de América, donde rindió ayer un sentido tributo a su colega Hugh Thomas, recuerda que con la «victoria de los Borbones en el siglo XVIII se dio impulso a una nación española y Cataluña formaba parte de esta nación. Gracias a eso, Madrid y Barcelona lograron, ayudándose recíprocamente, fomentar el comercio y beneficiarse económicamente. De hecho, siempre ha habido catalanes que han buscado el proteccionismo del Estado en el siglo XIX y XX. Hubo tensiones en momentos puntuales y en la memoria de muchos todavía queda la Guerra Civil española. Por eso hubo divisiones en la sociedad catalana, pero eso cambió con la Constitución de 1978. Los catalanes estaban contentos con ella y, debido a su aprobación, tuvieron los mejores treinta años de toda su historia hasta que sobrevino la crisis económica de 2008».

Política cultural
Para el hispanista británico, que en estos días está ultimando un libro que compara el caso de Escocia y el de Cataluña, una obra que sin duda atraerá la atención desde el primer día de su publicación, señala ese año como un momento de inflexión, el instante en que se apeló a los catalanes que siempre se mostraron descontentos con España. «En esa fecha, algunos políticos oportunistas de Cataluña aprovecharon con seguir con una política cultural catalanista reforzada durante los años de Jordi Pujol con el dominio de la educación en Cataluña y el nacionalismo. Debido a ello, quedó esta historia del victimismo que ya estaba en el siglo XIX y que ahora domina los discursos y la polémica actual. Cataluña es una sociedad victimizada por un estado que desde 1900, con algunos catalanes como Prat de la Riba, quisio describir a España como un estado artificial opuesto a la nación orgánica a la catalana. Esta dicotomía, que es totalmente absurda, efectivamente está presente hoy en una parte de Cataluña».

Sir John H. Elliott no alberga dudas sobre el procedimiento que se ha empleado para imponer esta visión: «Se ha conseguido gracias a un sistema de educación, a apartir de los colegios, la manipulación de la Historia y la historiografía catalana y española». El hispanista, autor de «El Conde-Duque de Olivares» y «El mundo de los validos», explica que se han difundido unas ideas en Cataluña –como la imagen de una España represora– que no son verdad: «Nunca ha disfrutado con anterioridad, en toda su historia, de un semigobierno y de una libertad como ha tenido en estas últimas décadas. Allí existe una visión muy deformada de lo que se ha sido en últimos años y, claro, cómo las jóvenes generaciones de hoy no tienen ningún recuerdo de la época franquista ni tampoco de la Transición, pues están seducidos por esta imagen deformada que se ha impuesto». Elliott, como su amigo Hugh Thomas, comparte una visión europeísta, alejada de antiguas teorías o nociones políticas que apelan a la separación, el enfrentamiento y la segregación en Europa. Cuando se le pregunta por los nacionalismos en la Europa del siglo XXI, el hispanista, uno de los hombres que más ha ayudado a España a descubrir su propio pasado, comenta: «Para mí, los nacionalismos son peligrosísimos porque representan un estrechamiento de las sociedades, que se ensimisman y pierden una visión de conjunto y la perspectiva. Esto está sucediendo en todas partes, porque la gente se siente tan alejada de sus gobiernos, de las grandes corporacionessupranacionales en un mundo globalizado que están buscando recuperar el control de sus vidas. De aquí surge este nuevo populismo y nacionalismo de horizontes angostos que podemos observar en todas partes, también en mi país, como ha ocurrido con el Brexit, que es un nacionalismo inglés».

Elliott comenta la comparación que se ha hecho entre Cataluña y Escocia y asegura: «Hay similitudes y diferencias. Pero en Gran Bretaña no hay una constitución escrita y tenemos otra flexibilidad. Cameron fue muy oportunista al ofrecer un referéndum. Yo estaba en contra, porque el referéndum, durante el siglo XIX y XX fue un instrumento de los dictadores. Ahora se presenta como una expresión de los pueblos y los derechos humanos, pero prescinde del gobierno representativo de los parlamentos y para mí es más importante la representación parlamentaria, porque la gente ha tenido la posibilidad de reflexionar sobre los grandes temas. Si se ofrece una independencia y la gente tiene motivos para estar en contra de ese Gobierno, las personas no pensarán únicamente en el Brexit y, al final, puede que no deseen que se materialice el resultado que han votado y, que, teóricamente, nace de la voluntad popular. Hoy muchos se arrepienten en mi país del Brexit. Han empezado a percibir los costes reales que tiene».

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Están dando un golpe de Estado: no cabe dar marchar atrás

EDITORIAL Libertad Digital  27 Octubre 2017

Aunque el margen para el acuerdo es ciertamente estrecho, no es menos obvio que el Gobierno y la Generalidad están intentando llegar a un pacto que permita una salida en falso a esta deplorable situación en la que han colocado no sólo a Cataluña sino a toda España la inacción de unos y, sobre todo, el empeño totalitario y liberticida de otros.

Algunos podrían entender que se trata de un esfuerzo legítimo que vale la pena acometer, pero lo cierto es que este espectáculo bochornoso de negociaciones oscuras, lejos de la vista de los medios de comunicación y los ciudadanos, no es una apuesta honesta por solucionar el problema. La triste realidad es que se trata de un intento desesperado, de una componenda que permita a todos salvar la cara ante los suyos.

Cuando lo que está en juego es el respeto a la ley, a las normas que fungen de pilares del Estado de Derecho, las componendas son siempre una pésima salida, jamás una solución.

Es obvio que unas elecciones con Junts pel Sí en el poder, TV3 intoxicando a diario, las radios públicas separatistas manipulando sin tregua y los medios privados catalanes pagando el servil y ominoso precio de las subvenciones que los corrompen no pueden ser la solución a nada, sino que serían únicamente una patada a seguir para volver a las mismas en sólo unos meses.

Todo parece indicar que ésta va a ser una nueva oportunidad histórica perdida por Mariano Rajoy; porque, más allá de las urgencias y las necesidades del momento, si se quiere de verdad resolver lo que desde hace tanto tiempo se ha dado en llamar "el problema catalán", la intervención de la Generalidad sería no sólo positiva sino imprescindible. Y no precisamente una intervención leve, pensada para una mera convocatoria electoral, como parece ser la que está encima de la mesa, sino una que permitiese desmontar el inmenso tinglado separatista de corrupción, intoxicación y adoctrinamiento.

No sólo el Gobierno y el PP: los otros partidos del bloque constitucionalista también están dando evidentes muestras de no haber entendido nada y moverse sólo, o al menos en gran medida, por intereses electores cortoplacistas. Es algo que no sorprende en el caso de un PSOE que confirma una vez más que no es un partido en el que la Nación pueda confiar. Muy distinto y decepcionante es el de Ciudadanos, un partido nacido para la lucha contra el nacionalismo hace sólo una década pero que ya parece haber perdido la comprensión clara de lo que verdaderamente es la política excluyente, inmoral y antidemocrática que lleva perpetrando el separatismo en Cataluña desde hace décadas.

La principal responsabilidad, no obstante, sigue siendo la de un Mariano Rajoy y una Soraya Sáenz de Santamaría que, tras pesadísimas declaraciones altisonantes, siguen sin darse cuenta o sin querer entender que no todo puede negociarse y que, en una democracia digna de tal nombre, la ley no puede dar marcha atrás ante una banda de golpistas, para colmo, en ejercicio.

Puigdemont lleva a Cataluña al desastre
EDITORIAL El Mundo  27 Octubre 2017

EL PRESIDENTE de la Generalitat desaprovechó ayer la última oportunidad que tenía para volver a la senda constitucional e impedir la aplicación del artículo 155. En vano, intentó chantajear de nuevo al Estado amenazando a la desesperada con convocar unas elecciones cuyas condiciones el Gobierno podía aceptar Y no dudó en utilizar de forma torticera la mediación del lehendakari Iñigo Urkullu y del líder del PSC Miquel Iceta, entre otros, para intentar que el Gobierno aceptase algo inadmisible: una solución que no implicase el reconocimiento explícito de la renuncia a la proclamación unilateral de independencia y la aceptación de la Constitución y el Estatuto como el único marco legal de actuación. Ésa es la principal condición que ha puesto el Gobierno para no ejecutar las medidas aparejadas al artículo 155 y es lógico que el equipo de Rajoy no haya aceptado lo que habría sido la mayor humillación de nuestra historia democrática.

Después de una mañana más propia de un sainete sin gracia que de un político responsable, Puigdemont tuvo que reconocer por la tarde que está viviendo sus últimos días como presidente de la Generalitat. Tras mostrarse una vez más como adalid del diálogo, la prudencia y la solución pactada, algo que nadie puede creerse ya, ni en España ni en ninguna cancillería europea, decidió diluir su responsabilidad en el Parlament, para que sea éste, en una votación que probablemente se forzará hoy, el que declare la independencia de Cataluña. Con esta votación, Puigdemont quiere escenificar que existen dos legalidades paralelas, la de las Cortes españolas y la de la Cámara autonómica. Nada más lejos de la realidad. La única legalidad y legitimidad reside en las instituciones del Estado que se mantienen fieles a la Constitución. La votación que hoy tendrá lugar en el Senado para facultar al Gobierno a restablecer la ley en Cataluña es la materialización de la voluntad del pueblo español, en el que recae la soberanía nacional. La que tendrá lugar en el Parlament es una farsa, ya que la cámara catalana lleva meses secuestrada por los independentistas, como ha denunciado en múltiples ocasiones el Tribunal Constitucional, declarando ilegales las principales leyes de desconexión aprobadas.

Por eso, el Gobierno no puede perder ni un minuto en intervenir la autonomía de Cataluña una vez que el Senado le otorgue hoy la facultad para hacerlo. Y no ha de temblarle el pulso a la hora de tomar las decisiones que considere oportunas por muy traumáticas que puedan llegar a ser, incluida la destitución fulminante del Govern sedicioso. La amenaza que para la paz y la convivencia social significa un desafío de esta magnitud, así como para la propia supervivencia del Estado, requieren serenidad, pero también determinación. En paralelo, si se produce la declaración unilateral de independencia, la Fiscalía tendrá que actuar enérgicamente contra los miembros de la Mesa de la cámara que tramiten la solicitud de la votación, incluida su presidenta y contra el Govern en pleno y los diputados que voten a favor. Todos ellos deberán responder ante la Justicia por un delito de rebelión, penado con hasta 30 años de prisión.

El empecinamiento de Puigdemont en una independencia que sabe imposible están dañando de forma alarmante los niveles de bienestar social, económico y político logrados en 40 años de democracia y convivencia. Es necesario atajar de raíz en Cataluña los valores de insolidaridad y exclusión que fomenta el independentismo. Asimismo, hay que explicar a una sociedad manipulada por unos medios de comunicación puestos al servicio del sectarismo y una educación en manos de fanáticos separatistas, que la solidaridad territorial es la que ha logrado que España sea considerada como una de las principales potencias económicas del mundo. Y que una Cataluña independiente no tiene futuro dentro de Europa.

Con o sin 155, la obligación del Estado es hacerse sitio en Cataluña
No puede ser, como hemos constatado, que la última y casi única trinchera del Estado en aquella comunidad sea la formada por jueces, fiscales y policías parapetados en hoteles de dos estrellas.
Agustín Valladolid vozpopuli.es  27 Octubre 2017

Esto no ha acabado. Tampoco sabemos cuándo y cómo acabará. Pero esta desgarradora experiencia, sufrida en primer término por muchos catalanes, no puede en modo alguno salirle gratis a los principales responsables de la que ya es la crisis más grave de la democracia española. Y no solo a los independentistas. Cierto, han sido estos los incendiarios, los causantes directos de una herida devastadora en lo político y sobre todo en lo social; los que con su estrategia de sistemática desfiguración de la verdad, de acoso al discrepante, de indecente y falsario proselitismo en escuelas y universidades, y de bochornosa utilización partidaria de los medios de comunicación públicos, han enfrentado a unos ciudadanos con otros.

Ha sido y es la convergencia interesada entre nacionalismo y populismo la que está detrás del proceso de deslegitimación del modelo de convivencia que trajo la paz y el progreso a la inclemente Europa. Y en el espurio interés de unas élites excluyentes, que ven amenazados sus privilegios, está el germen de una rebelión carente de argumentos sólidos que la puedan justificar; ni en clave de ausencia de libertades, ni tampoco en el terreno de los agravios, tan recurrente para el nacionalismo. Este, el nacionalismo, no solo es un peligro; es una anacrónica anormalidad. Querer a tu tierra, defender sus viejas costumbres, sus instituciones, su lengua y demás peculiaridades, no son aspiraciones incompatibles con la pacífica convivencia de identidades y pareceres y el respeto de lo ajeno.

Pero sí es incompatible e inaceptable que la espesa cortina de humo del independentismo catalán, la infame estrategia de reinventar la historia para adaptarla a intereses reduccionistas y microscópicos, haya trastocado el orden lógico de las urgencias sociales del país, desplazando a lugares accesorios asuntos vitales, como la exigencia de combatir la desigualdad o acelerar acuerdos inexcusables en materias como el empleo juvenil o la educación. No hay duda de quiénes ocupan el escalón más alto en el podio de la insensatez por acción; pero también debiera servir esta crisis para extraer conclusiones acerca de la responsabilidad por omisión.

En un durísimo editorial titulado “La estrategia de la tensión”, el más prestigioso de los rotativos franceses, “Le Monde”, denunciaba hace unos días que "la televisión pública catalana lleva meses machacando con una propaganda independentista simplista y engañosa, recurriendo a una retórica de victimización que pretender hacer creer, de forma grotesca, que Catalunya es víctima del regreso de la dictadura franquista. No es el caso". Para los que seguimos de cerca la actualidad en Cataluña y venimos alertando desde hace tiempo sobre la casi nula pluralidad de medios como TV3, las afirmaciones del diario parisino nada tienen de novedoso, pero sí el extraordinario valor de obligar a abrir los ojos a quienes llevan años sin querer ver.

Con o sin 155, el Estado ya no puede mirar para otro lado y seguir permitiendo que en Cataluña se subviertan, con sistemática obstinación, las normas mínimas de respeto a la libre opinión y al derecho ciudadano a recibir una información veraz. Aún menos se puede permitir la imagen desoladora de policías y guardias civiles atrincherados en hoteles de dos estrellas o en campings reabiertos para la ocasión. Como resulta frustrante, aunque no necesariamente represente al conjunto, la certidumbre de que presuntos docentes adoctrinan a escolares en el aborrecimiento a todo lo que huele a español.

Según una reciente encuesta de “El Periódico”, siete de cada diez catalanes opinan que el procés ha dividido a la sociedad. Sí, el procés muere matando: ha quebrado la convivencia y no ha recaudado ningún apoyo internacional relevante. Pero la catástrofe no puede ocultar que también estamos ante la confirmación del fracaso del Estado. El intento de golpe del independentismo ha demostrado la resistencia de la nación española en situaciones extremas, pero a la vez ha dejado al descubierto sus carencias, la infinita soledad a la que ha condenado a millones de sus súbditos con su inacción.

Pase lo que pase a partir de ahora, el Estado, desde el respeto previo a las singularidades históricas, desde el convencimiento de que la solución pasa por una reforma de la Constitución que corrija las deficiencias del llamado “café para todos”, debe recuperar su sitio en Cataluña. No se trata de sustituir, sino de ocupar el lugar que le corresponde, de compartir. Lo que no puede ser es que la última y casi única trinchera del Estado en aquella comunidad hayan acabado siendo jueces, fiscales y policías.

La última farsa de Puigdemont
Editorial larazon 27 Octubre 2017

Lo hemos dicho en numerosas ocasiones y no dejaremos de repetirlo: Cataluña tiene un grave problema con sus actuales gobernantes. El llamado «problema catalán» le debe mucho a unos dirigentes impredecibles, que han puesto sus intereses ideológicos y el objetivo último de proclamar un Estado propio por delante de los intereses generales de los ciudadanos. Ayer pudimos comprobar su falta de decoro y la mínima seriedad exigible a unos gobernantes. El espectáculo que vivimos fue un ejemplo de la improvisación y la manipulación sentimental en la que se mueve la política en Cataluña desde hace demasiado tiempo y la falta de respeto a las mínimas normas de comportamiento de un servidor público. Demuestran una vez más actuar como una autocracia política que sólo debe responder a una supuesta «voluntad del pueblo» –que va más allá de la representación parlamentaria–, aunque encarrilado en las filas del nacionalismo más arcaico, despreciando, claro está, a la mayoría, la sociedad plural y diversa. La farsa y la sobreactuación de ayer alcanzó cotas nunca vistas.

Los dirigentes de la Generalitat dieron ayer una vuelta de tuerca más al insufrible «proceso» al que están sometiendo al conjunto de la sociedad catalana y española. Como siempre, la estrategia es llevar al límite al Estado y a los ciudadanos. La imagen que Cataluña, a punto de dar a luz un nuevo Estado, fue lamentable y muy poco fiable: nada bueno puede salir de sus dirigentes. Carles Puigdemont tuvo la oportunidad de convocar elecciones autonómicas y poder desbloquear una situación que está dañando nuestro prestigio democrático. No lo hizo, a pesar de que a lo largo de toda la mañana dejó correr el bulo de que estaba dispuesto a disolver el Parlament, supuestamente a cambio de alguna contrapartida, se supone que por parte del Gobierno.

La conocida táctica victimista del nacionalismo que ante su innegable voluntad de diálogo sólo encuentra la negativa del pérfido Estado, sin especificar qué es lo que espera recibir a cambio de convocar elecciones. ¿Inmunidad? ¿Que la Justicia deje de actuar y haga dejación de sus funciones sobre las denuncias presentadas contra los dirigentes independentistas de malversación, desobediencia y prevaricación? Puigdemont desconoce uno de los principios básicos de cualquier democracia: la separación de poderes. Se trata, pues, de un chantaje inadmisible que el Gobierno nunca puede aceptar. Pidió «garantías» para convocar los comicios, pero no especificó si se refería a que hubiesen condiciones de ecuanimidad e imparcialidad o que se pusiera en libertad a los líderes de la ANC y Omnium.

Puigdemont no convocó elecciones porque es un político instrumental impuesto por los diez diputados de la CUP para declarar la independencia. La incertidumbre que vivimos ayer es producto, además, de la debilidad de una coalición de gobierno –Junts pel Sí y ERC– y el apoyo de una formación que está fuera de la realidad como la CUP. Su misión es llevar al «proceso» hasta el límite, pero eso comporta unos riesgos tipificados procesalmente que parece que, de momento, Oriol Junqueras, el taimado y oportunista vicepresidente, no está dispuesto a correr: sólo busca recoger los frutos del «sacrificio» de Puigdemont, pero sin exponerse él. Ayer se evidenció ese conflicto, la división y la lucha descarnada por el poder de la Generalitat, que, en el contexto en el que nos encontramos, no es una aspiración legítima porque están utilizando las instituciones y forzando al Estado hasta el límite para su provecho electoral. Puigdemont no convocó elecciones, pero las elecciones acabarán convocándose en virtud de la aplicación del artículo 155. Esta es la realidad. Tampoco dimitió, pero puede ser cesado en breve. Su futuro político puede ser descifrado en breve. El 155 no es una medida excepcional, sino necesaria. El presidente de la Generalitat sabe cuál es el camino para que la autonomía no sea intervenida: volver a la legalidad. No hay otra vía. De no ser así el Gobierno puede disponer desde hoy, tras su aprobación en el Senado, de los instrumentos para que la legalidad sea restituida en Cataluña.

El Parlament puede hoy levantar la suspensión de la declaración de independencia del pasado día 10 y así cumplir un guión que no lleva a ninguna parte. Puede declararse la secesión de manera «legal», o escenificar una de sus proclamaciones habituales, pero lo único cierto es que este momento el Gobierno dispone del instrumento para que las instituciones de la Generalitat sigan funcionando. El indepedentismo entra en un callejón sin salida, pero hay que evitar que arrastre a toda Cataluña.

Esto es ridículo, ilegal y una locura
OKDIARIO 27 Octubre 2017

Carles Puigdemont está incapacitado para gobernar, ya sea una región, el gobierno de una república ilegal o su comunidad de vecinos. El presidente de la Generalitat está falto de criterio, sobrepasado por la ambición y, por lo demostrado este jueves, fuera de sus cabales. No es normal que un hombre que se vanagloria de liderar un “proyecto político” tan ambicioso como la creación —golpista— de un nuevo país pueda decir una cosa por la mañana, otra a mediodía y nada por la tarde. Su aparente esquizofrenia política denota, no obstante, muy poca vergüenza institucional y nula decencia. Tras la aparente confusión que se ha adueñado de la jornada en Cataluña, Puigdemont ha consumado un nuevo chantaje al Gobierno. Como condición para convocar elecciones autonómicas y alcanzar una salida para la profunda crisis que vivimos, ha pedido al Ejecutivo que otorgue impunidad a su Govern, a Trapero y a él mismo, además de libertad para los Jordis, encarcelados por sedición en Soto del Real. En definitiva, un cheque en blanco para aquéllos que han puesto el máximo empeño en romper España.

Afortunadamente, el presidente Rajoy no ha cedido al engaño. Ignota para los dirigentes independentistas de Cataluña, Puigdemont debe pensar que en el resto de España tampoco existe la separación de poderes y que los jueces y fiscales se pliegan ante el poder político y se dejan manipular. El Gobierno, obviamente, ni se lo ha planeado. Tanto Rajoy como todo su equipo están decididos a mantener la aplicación del artículo 155 de la Constitución a no ser que Puigdemont acuda al Senado y renuncie explícitamente a la independencia. Algo que lamentablemente no ocurrirá, ya que el president no ha sido llamado por el camino de la responsabilidad, ni siquiera aunque ésta redunde en el beneficio de los catalanes. Él, al igual que sus adláteres, persistirá en su camino hacia el precipicio político, social y económico. Perseverará hasta el último momento en la ruina de Cataluña, que es lo mismo que ahondar en la ruina de España.

Una desgracia que nos llevará a perder el 1,2% del Producto Interior Bruto y dejará en nada la recuperación económica que tantos esfuerzos y tantos años nos había costado conseguir. Puigdemont, con el victimismo como argumento principal, casi único, ha vuelto a decir que toda la culpa es del Gobierno. Sin embargo, todos los catalanes, también sus propios votantes, deben saber que lo único que quiere Puigdemont es salvarse a sí mismo porque es consciente de que el Estado de Derecho será implacable ante su desafío golpista. Por eso ha esperado hasta el final y por eso se ha contradicho hasta en tres ocasiones: primero diciendo que habría elecciones autonómicas, después que se acogería a la Declaración Unilateral de Independencia (DUI), para acabar sin decir nada. Un auténtico trilero de la política al que el Gobierno no debe hacer ninguna concesión. La legalidad vigente debe prevalecer sobre la ilegalidad golpista hasta que la solución a esta crisis sea democrática y constitucional.

Difícil de perdonar
Han machacado a Cataluña y distraído a España de sus problemas reales
Luis Ventoso ABC  27 Octubre 2017

El clan sedicioso nos entretuvo ayer con una mañana de vodevil –al estilo de la casa–, preñada de amagos, quiebros, rumores. Cambiaron como tres o cuatro veces su programa del día, porque ha comenzado el "Tembleque 155". Además nuestros animosos golpistas andan peleados. Cuperos y junqueristas quieren tirarse de cabeza a la piscina, aunque Mariano ya la ha vaciado. Pero a los convergentes, acostumbrados de siempre a flotar como el corcho y vivir como budas andorranos, les ha entrado la humana congoja. Abogan por una retirada táctica, un pelillos a la mar a cambio de unas pesetas y un parrafillo de jabón en la Constitución, algo que Sánchez les firmaría.

Por fin, a la taurina hora de las cinco de la tarde, compareció nuestro atribulado Puigdemont, la marioneta que maneja el revirado Junqueras. Pero nada hubo. Moisés se nos escaqueó con un centro-chut a la cancha del Parlament (a nadie le gusta ir al trullo, ni siquiera a un fanático). La República, la nueva Utopía, comienza a cobrar ribetes bananeros, demanda a gritos la cámara de Berlanga. La emoción de los catalanes ante el gran parto de los montes tampoco es que resulte precisamente indescriptible. Ayer, cuando se rumoreaba que Puigdemont podía salir al balcón de Sant Jaume para hacer un Companys y proclamar su independencia, abajo solo había una protesta teledirigida de estudiantes, que no lograron ni atestar una plaza donde solo caben 8.000 personas. Esto no es la Revolución de 1917, sino más bien la operación de un grupo de pícaros de 2017, que han encontrado en el separatismo un opíparo medio de vida. ¿Dónde iban a cobrar Anna Gabriel y demás tropa montaraz un pastizal como el que empaquetan en el Parlament, donde muchos diputados rondan los 8.000 euros brutos al mes? ¿Los iba a fichar Apple para llevárselos a Cupertino?

Contra el criterio dominante, y aunque todavía queda mucho griterío, soy un convencido de que ya han perdido. La partida quedó zanjada el día que La Caixa y el Sabadell se marcharon, abriendo un carrusel de fugas que ha mostrado a los catalanes lo que era el "procés": un puntapié al bienestar catalán. No ganarán nunca, pero resultará difícil perdonar lo que le han hecho a Cataluña y al resto de España. Han arruinado la convivencia entre los catalanes y han machacado sus leyes de autogobierno. Han puesto en jaque una economía que avanzaba viento en popa. Han destrozado la imagen de Cataluña en el resto de España y Europa. Pero lo más imperdonable son las energías que nos han hecho perder con su carrera a la nada, el coste de oportunidad. Mientras sudamos detrás de unos chiflados, no se abordan los problemas reales del país: el 47% de los españoles cobran menos de mil euros al mes, las pensiones no cuadran, la sanidad pide una reforma perentoria, algunas provincias españolas son desiertos demográficos, nuestras universidades no rascan pelota en los rankings de excelencia, que definen qué naciones dominarán el futuro... Asuntos que exigen urgente debate y pensamiento. Pero en España ya solo existe un tema: el separatismo y su esperpéntico egotismo. ¡Qué plomo!

Fuerza y honor
ARACELI MANGAS MARTÍN El Mundo  27 Octubre 2017

Sensatez y determinación para defender la democracia frente a los bárbaros secesionistas. Frente al poder absoluto independentista que violenta la Constitución y su propio Estatuto de Autonomía, la sociedad civilizada española tiene que defender con convicción el Estado y la convivencia.

Ante los golpes de efecto y volatilidad del independentismo (declara, suspende, elecciones, contraprograma), el Gobierno de la Nación y los demócratas no pueden permitir que un trilero zarandee y humille al Estado y a la sociedad. Ante el estado de cosas de una brutalidad jurídica sin límites creado por la minoría independentista, sin que hayan renunciado a sus dos leyes salvajes y expresado su acatamiento al Tribunal Constitucional, hay que responder con todas las consecuencias del Estado de derecho. Sí, la ley democrática que, si es necesario, ciñe espada. No cabe seguir jugando al ratón y al gato con la coerción legítima de un Estado democrático, cuyo Gobierno ha demostrado una paciencia casi infinita con quienes hace tiempo se creen por encima de la ley y superiores al resto de los ciudadanos.

Los demócratas españoles sabemos que actuamos en el respeto al Derecho internacional y a la Constitución. Nuestra causa es justa porque tenemos la fuerza de la razón y de la ley. Y que confiamos en el Gobierno legítimo de España y en las instituciones del Estado para defender con todas las consecuencias el restablecimiento de la Constitución y el Estatuto de Autonomía en Cataluña y, por tanto, los derechos de todos los catalanes.

Es penoso e irresponsable que algunos dirigentes del PSOE y casi todo el PSC todavía arrastren los pies para defender el orden constitucional y la unidad de España. Y es insultante para cualquier demócrata que el líder de Podemos y los secesionistas sigan mintiendo al decir que el referéndum ilegal "produjo la expresión de una voluntad mayoritaria de la sociedad catalana".

Aun aceptando los resultados manipulados y multiplicados por el Govern, sólo un 40% de la sociedad catalana es independentista. Los números prueban que al 60% de la población -una amplia mayoría- no le interesaba la consulta. Es archisabido que los observadores extranjeros contratados por el Govern se negaron a certificar la validez del referendo que violaba los estándares internacionales e igualmente la Comisión de Venecia del Consejo de Europa rechazó de plano su validez (los medios públicos catalanes y la propaganda institucional solo permitían defender la independencia, podía votar cualquier persona y repetir el voto...).

Para los independentistas, incluidos Podemos, la minoría tiene derecho a decidir y, sin garantías, sobre la gran mayoría. Es tal la perversión de la democracia que resulta increíble lo que ha pasado en Cataluña. La ley nacionalista en la que se sustentó ese referéndum -sin ningún fundamento en el Derecho internacional- fue declarada nula en una excelente sentencia del Tribunal Constitucional.

Los demócratas sabemos que la pretensión independentista se basa en mentiras sobre el pasado (la Historia inventada), el presente (que seguirían en la Unión Europea) y el futuro (que sería un Estado paradisiaco y muy rico) de Cataluña.

La declaración suspendida de independencia del pasado 10 de octubre dejó sin alternativas a España y a su Gobierno, que se debe al civilizado respeto a la Constitución. La oferta de diálogo en las famosas cartas de Puigdemont imponía, primero, aceptar la independencia y negociar de estado a estado las consecuencias de la secesión. Diálogo sí y puentes para restañar el desgarro social, una vez restablecido el respeto a su Estatuto de Autonomía y Constitución.

Un Estado democrático tiene que defenderse, como legítimamente ha hecho el Gobierno al recabar la autorización del Senado, para destituir al Govern e intervenir la Administración de Cataluña a fin de proteger su autonomía -violentada hasta el paroxismo por los secesionistas-. Govern y Parlament catalanes, desde 2015, se han erigido en legibus solutus, en legislador sin límites, en un poder absoluto, dictatorial.

España es una democracia plena que, por fin, ha decidido recurrir a los medios constitucionales de coerción legítima al activar al artículo 155 de la Constitución y exigir coactivamente el cumplimiento de los límites constitucionales y legales en Cataluña. Ellos han roto la paz allí con su violencia institucional y su rebeldía provocadora; los secesionistas pueden quebrar también la paz en toda España.

El golpe a la Constitución y a la democracia lo han propinado los secesionistas; ellos suspendieron y violentaron su Estatuto de autogobierno al aprobar la anulada ley del referéndum y la suspendida ley de transitoriedad jurídica, que ponía fin a la división de poderes en esa parte del territorio nacional. Como dicen intelectuales franceses, las mentiras y la demagogia de Puigdemont le convierten en el Trump de Europa. Un político despreciable y enloquecido dispuesto a sacrificar a un pueblo. Junto a sus cómplices de Podemos, dispuestos a emular una ridícula mezcla explosiva de Stalin y Hitler para provocar, ellos, sangre y lágrimas. Nosotros, los demócratas defenderemos con denuedo el Estado de derecho.

Con una paciencia inimaginable en Francia, Alemania, Estados Unidos, o cualquier Estado civilizado, el Gobierno -aunque no sea de concentración nacional-, por fin, ha decidido hacer respetar los derechos de los catalanes a su autogobierno aplicando medidas constitucionales. Quien hace aplicar la Constitución no da un golpe de Estado, como ha recordado un periódico neoyorquino ("no se puede permitir que una votación falsa desmiembre un país verdadero").

Tantas veces han amenazado con la República de Cataluña que ahora confiamos que el Gobierno impida que el hecho soberano se afiance. Debe cortar de raíz la extensión de la estatalidad de facto y revertir con paciencia el caos político-legal y la corrupción moral y económica. Debe impedir que emerja un Estado impostado que compite con el Estado legal y democrático y evitar legalidades paralelas. Un seudoestado sincopado, retráctil -que se declara Estado a ratos-, que impugna las normas del Estado ante el Tribunal Constitucional cuyas sentencias rechaza.

La proclama de independencia no tendrá efectos inmediatos ni debiera tenerlos en el futuro. El Gobierno debe actuar con toda la moderación y modulación adecuada a cada situación que sobrevenga. Debe actuar con mucha delicadeza y escrupuloso respeto a la Constitución y al Estatuto de Autonomía -cuyo contenido material no se puede suspender, pero sí a las deslegitimadas autoridades rebeldes-. Tenemos la baza de la probada de nuestros tribunales de justicia y del respeto y admiración, dentro y fuera, por su independencia, caiga quien caiga, en sus investigaciones y condenas penales a intocables.

Después de la calle -bajo el control del somatén parapolicial de los comandos anarquistas, de ANC y Òmnium-, lo más difícil es poner fin a la semilla del odio y a la intoxicación en escuelas y medios de comunicación catalanes. El Gobierno debe apoyarse en agencias de comunicación españolas y extranjeras para trasmitir nuestra realidad democrática y ayudar a tender puentes entre los intoxicados con la España tolerante y global.

Esta fase de aplicación del art. 155 CE conlleva riesgos que debemos afrontar y resistir unidos como sociedad democrática. Tengamos la convicción de que esos riesgos, por graves que sean, siempre serán menores que las consecuencias del abandono de la defensa de la Constitución, de la integridad territorial y de los derechos fundamentales del pueblo catalán. Tenemos el deber moral, además de constitucional, de defender al poble catalán de la tiranía proclamada e impuesta en Cataluña por los secesionistas.

Sin dudas ni reservas sectarias, nos tenemos que conjurar contra la perversión de los bárbaros que nos apartan de la civilización que representa la regla de Derecho. Como Maximus y los gladiadores, no sabemos con precisión qué riesgos enfrentaremos, pero venceremos si estamos unidos.

Araceli Mangas Martín es catedrática de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales de la UCM.

Adoctrinamiento totalitario
Jesús Laínz Libertad Digital 27 Octubre 2017

Es muy vieja la sentencia que distingue a los hombres de partido de los hombres de Estado en que mientras que los primeros actúan pensando en la próximas elecciones, los segundos lo hacen pensando en las próximas generaciones. Por eso los totalitarios de cualquier signo, incluidos los aparentemente democráticos –que también los hay y son los más peligrosos precisamente por su habilidad para camuflarse entre las urnas–, llevan en su naturaleza, marcado a fuego, el gusto por lavar el cerebro de las masas. No mendigan un voto efímero y provisional, sino que siembran para que el apoyo a su bando se perpetúe.

Éste es el motivo del éxito de nuestros totalitarios patrios, los nacionalistas vascos y catalanes y sus imitadores en cualquier otro rincón de España, que nunca han tenido enfrente a ningún gobernante nacional, ni de izquierdas ni de derechas, con la talla personal e intelectual suficiente para darse cuenta del gravísimo problema que aquéllos representan.

Desde su nacimiento hace un siglo largo, tanto los nacionalistas vascos como los catalanes tuvieron muy claro que sin el adoctrinamiento de los niños no tendrían nada que hacer. Lo explicaron sus ideólogos con todo lujo de detalles en multitud de textos librescos y periodísticos que este humilde escribidor ha citado tantas veces en los suyos que no cometerá la descortesía de repetirlos de nuevo.

Por lo que se refiere a Cataluña, Macià, Companys y sus secuaces tuvieron la oportunidad de empezar a poner manos a la obra durante aquella malhadada República que sigue presentándosenos como modelo de democracia. Un ejemplo entre mil: el periódico ¡Nosaltres sols! explicó el 14 de noviembre de 1931 sus propuestas para conseguir el apoyo mayoritario de las nuevas generaciones:

La única solución sería la de instruirlos, algo casi imposible si pasan de la treintena: árbol que creció torcido, difícilmente se endereza. Pero si de las generaciones de ahora no podemos esperar gran cosa, ¿cabe pensar lo mismo de las que llegan y las que vienen? Los niños y los jóvenes son dúctiles como la cera, y adoptan la forma que se les quiera dar.

Pero llegó la guerra y la derrota de los separatistas, por lo que tuvieron que esperar cuarenta años para poder continuar con su estrategia a largo plazo. Y, efectivamente, no tardaron en poner manos a la obra con la tenacidad que caracteriza a todo fanático. Apuntalada por los crímenes etarras –incluidos, en aquel trascendental verano de 1979, el asesinato frustrado de Gabriel Cisneros y la oportunísima matanza del hotel Corona de Aragón disfrazada de accidente–, la insistente reclamación de las competencias educativas durante las negociaciones constitucionales y estatutarias no fue un capricho sin importancia. Pues junto con el control de los medios de comunicación, la utilización de la escuela ha sido el principal objetivo de unos catalanistas muy conscientes de que la educación de los niños es el camino más eficaz para conseguir que las siguientes generaciones asuman determinadas doctrinas como una parte más de su formación, aparentemente tan neutral y objetiva como las matemáticas o la química.

Basta con recordar el documento interno de Convergència i Unió que sacó a la luz El Periódico de Cataluña el 28 de octubre de 1990, en el que se desarrollaba minuciosamente el programa totalitario de nacionalización impulsado por el Gobierno de Pujol, motivo más que suficiente para haber aplicado el artículo 155 ya en aquel entonces. Por lo que se refiere al apartado dedicado a la educación, establecía como principal objetivo el de "impulsar el sentimiento nacional catalán de los profesores, padres y estudiantes". Y como actividades fundamentales se fijaban las siguientes:

Elaboración de un plan de formación permanente y de reciclaje del profesorado que tenga en cuenta los intereses nacionales; catalanización de los programas de enseñanza; promover que en las escuelas universitarias de formación del profesorado de EGB se incorporen los valores educativos positivos y el conocimiento de la realidad nacional catalana; reorganizar el cuerpo de inspectores de forma y modo que vigilen el correcto cumplimiento de la normativa sobre la catalanización de la enseñanza. Vigilar de cerca la elección de este personal; incidir en las asociaciones de padres, aportando gente y dirigentes que tengan criterios nacionalistas; velar por la composición de los tribunales de oposición.

Un cuarto de siglo después se constata que la aplicación del programa ha sido esmerada y sus resultados, más que satisfactorios: el sistema educativo catalán es una eficacísima fábrica de nacionalistas. No hay más que ver las encuestas: ¿a qué se deberá que el porcentaje de voto separatista aumente notablemente según se desciende en edad? ¿Al cambio climático? ¿A algún ingrediente del Cola Cao? ¿A Franco?

Los testimonios y las evidencias se cuentan por miles, por lo que sobra mencionarlos. Basta un breve paseo por Youtube buscando las palabras adoctrinamiento, niños y Cataluña para hacer vomitar a un buitre.

¿Seguirán nuestros muy mediocres gobernantes negando la evidencia, atentando contra la decencia y desesperando a millones de españoles, sobre todo a las familias catalanas que lo tienen que sufrir en sus carnes y en las de sus hijos? ¿Seguirán sin darse cuenta de que, sin la extirpación radical y definitiva del adoctrinamiento totalitario, el famoso artículo 155 no habrá servido para nada y de que volveremos a encontrarnos con los mismos problemas de hoy, agravados y aumentados, dentro de muy poco tiempo? ¿Seguirán empeñados en no enfadar a los separatistas, esos chicos que merecen el respeto, el agradecimiento y el cariño de todos los españoles?

Cataluña: secesión, Constitución y libertad
Javier Fernández-Lasquetty Libertad Digital 27 Octubre 2017

La secesión de Cataluña no se hará para la libertad, sino contra la libertad.

El Gobierno regional de Cataluña ha emprendido en las últimas semanas la fase final de ruptura con el resto de España. Se trata de una división que tanto el Gobierno como el Parlamento catalán ya habían iniciado en 2013. Una secesión en un país de Europa Occidental en el siglo XXI es algo que llama mucho la atención. Gente de todo el mundo siente repentino interés, y a veces esa inexplicable simpatía que muchas veces se siente por los movimientos de tipo revolucionario que ocurren en algún país distante. Pero no es la repetición de algo que ya hayamos visto en los siglos XVIII, XIX o XX, sino algo mucho más complejo.

Tenemos que hacernos tres preguntas para analizar la secesión de Cataluña en toda su dimensión. La primera es si existe o no una opresión a las libertades y derechos individuales de los catalanes. La segunda es si como principio general tenemos que creer que toda secesión es favorecedora de la libertad individual. Y la tercera nos lleva a cuestionarnos si en el caso específico de Cataluña hay elementos para suponer que la secesión favorecería una mayor libertad de las personas.

Se trata de la libertad, y de nada más que de la libertad. Libertad de los individuos, para cuya protección existen o deberían existir los Estados. Libertad protegida por el Derecho en su máxima expresión, que es la Constitución. Al llegar a este punto debo adelantar mi conclusión: en el caso de Cataluña, en la España constitucional, la secesión no significa libertad, sino arbitrariedad e imposición mediante la fuerza.

Vayamos con la primera pregunta: ¿está el Gobierno de Cataluña intentando liberarse de una situación de opresión y de despótica limitación de las libertades individuales? ¿Esta secesión tiene algún parecido con la independencia de 1776, o la emancipación de una colonia de un dominante poder externo? Lo cierto es que Cataluña forma parte de España desde el mismo origen histórico de ésta, muchos siglos atrás. Cataluña nunca fue invadida ni anexionada por la fuerza.

Ya hemos mirado atrás en la Historia. Veamos qué ha ocurrido en tiempos más cercanos. La Constitución española de 1978 puso fin al régimen autoritario de Franco. Estableció un extenso reconocimiento de los derechos y libertades individuales, a los cuales ella misma garantiza. Organizó el poder público sobre la base del consentimiento expresado en elecciones libres. Dividió los poderes mediante pesos y contrapesos. Y además de todo ello creó un sistema de poderes autonómicos en cada región española, empezando por Cataluña.

Emanado de la Constitución, Cataluña tiene desde 1979 Gobierno propio –llamado Generalitat–, Parlamento propio y atribuciones establecidas en la Constitución y en su estatuto de autonomía que la configuran como un régimen mucho más poderoso que la mayoría de los sistemas federales. El franquismo, fuera como fuera, ya no puede servir como explicación ni como excusa. Han pasado 37 años y nada queda de aquel sistema político que ahora se agita como coartada para quebrantar la Constitución.

Hay innumerables confusiones sobre la realidad actual de Cataluña. El Gobierno español no ha sido especialmente activo ni brillante a la hora de aclararlas. Recomiendo leer lo que han publicado think tanks como FAES para tener suficiente información.
En el caso de Cataluña, en la España constitucional, la secesión no significa libertad, sino arbitrariedad e imposición mediante la fuerza.

Cataluña utiliza con toda normalidad sus símbolos (bandera, usos y costumbres, etc.). La lengua catalana es cooficial y de uso normal, excepto en todo lo relacionado con la Administración, en la cual solo se puede usar el catalán, mientras que el español queda en la práctica suprimido, o al menos muy limitado en el ámbito oficial, educativo y cultural que controla directa o indirectamente el Gobierno catalán.

Once veces en estos 37 años han celebrado elecciones librespara elegir su Parlamento regional. Siempre han gobernado partidos nacionalistas, solos o en coalición con los socialistas. Hasta el momento no ha existido nunca un Gobierno no nacionalista en Cataluña. La reclamación creciente de poderes ha sido constante, hasta llegar a la petición directa de la secesión en 2013. Los gobernantes catalanes plantearon las últimas elecciones (2015) como un plebiscito a favor o en contra de la secesión. Los partidos favorables a la secesión recibieron el apoyo del 35% de los ciudadanos con derecho a votar.

El Gobierno catalán maneja una parte muy importante de los impuestos y del gasto público. Recibe el 50% del impuesto sobre la renta de las personas, el 50% del impuesto sobre el valor añadido, el 100% del impuesto de sucesiones y un porcentaje variable de impuestos especiales (combustibles, etc.). En total, el Gobierno de Cataluña extrae de los ciudadanos más de 23.000 millones de dólares, que gasta en lo que la misma Generalitat decide. Pero ni con eso es suficiente para pagar el exceso de gasto del Gobierno catalán. En los últimos años los demás españoles han tenido que añadir más de 75.000 millones de dólares que el Gobierno catalán ha recibido adicionalmente para poder pagar sus gastos. No son los demás españoles los que viven a expensas de Cataluña, sino que es el Gobierno catalán el que se queda con dinero del resto de España.

Desde hace 37 años, el Gobierno catalán decide totalmente sobre la educación, tanto en los colegios públicos como en los privados. Los sucesivos Gobiernos nacionalistas catalanes han usado a fondo esta capacidad para imponer una educación dirigida a formar futuros nacionalistas catalanes. Dos generaciones enteras de catalanes se han educado en un sistema escolar en el que está prohibido enseñar en español. Los colegios privados o públicos tienen clase de español, lo mismo que de inglés, pero les está severamente prohibido usar el español como lengua de comunicación en las aulas. En ese punto el Gobierno catalán ha sido siempre inflexible.

Hay siete canales de televisión pública catalana y otros cuatro de radio, que reciben cerca de 300 millones de dólares anuales del Gobierno catalán y que están funcionando como instrumento de promoción del secesionismo a gran escala. No son los únicos. Muchos medios de comunicación privados reciben subvenciones del Gobierno catalán, de manera que su influencia se amplifica.

Numerosas voces llevan años diciendo que la libertad de expresión en Cataluña está limitada. No es solo que una ley regional imponga multas a las tiendas que tengan su rótulo escrito en español (68 empresas multadas en 2016), sino que muchas personas sienten una fuerte presión que les desanima a expresar con libertad su opinión, si ésta no es nacionalista. Cataluña no pasaría hoy el Town square test propuesto por el antiguo disidente soviético Natan Sharansky para medir si en una sociedad realmente existe libertad de expresión.

No le falta poder efectivo al Gobierno catalán. Desde el año 2000 la Policía está bajo su mando. Son 16.654 policías, que ejercen o no ejercen el uso de la fuerza según las instrucciones del Gobierno regional. Hace pocos meses éste relevó a su director general porque el anterior les parecía poco comprometido con el secesionismo.

Con esta configuración del poder es difícil sostener que España mantiene un poder opresor en Cataluña. Los procesos de independencia o de emancipación suelen tener históricamente un momento culminante, cuando el gobernante supremo es expulsado de su palacio por los que de ese modo liberan su patria del dominio extranjero. La secesión catalana a la que estamos asistiendo sencillamente no puede hacer eso porque el que la declara, el presidente de la Generalitat, Sr. Puigdemont, es quien habita en el Palacio del Gobierno. Él mismo es cabeza del Gobierno regional y supremo representante del Estado en Cataluña.

Veamos ahora si, como principio general, toda secesión debe ser celebrada como un triunfo de la libertad. Eso parecen opinar algunos escritores que suelen defender ideas de libertad. Hay distintas posiciones de escritores liberales clásicos. No existe una posición unánime. Friedrich Hayek lo dijo en The Constitution of Liberty:
Though the conception of national freedom is analogous to that of individual freedom, it is not the same; and the striving for the first has not always enhanced the second.

James Buchanan fijaba en la unanimidad la regla para las normas constitucionales. La Constitución española de 1978 puede decirse que de facto fue unánime en Cataluña, ya que recibió un 91% de votos favorables.

La secesión no está admitida en la Constitución. Eso no significa que sea imposible. Significa que para hacerla posible se debe reformar la Constitución previamente. Eso es lo que el Gobierno catalán ha eludido. No ha querido plantear una propuesta de reforma, para la cual tiene capacidad. Ha preferido anunciar durante cuatro años su intención de incumplir la Constitución, a pesar de que ha recibido decisiones y advertencias en sentido contrario por parte del Tribunal Constitucional. Sencillamente, el Gobierno catalán ha decidido romper la Constitución para cumplir sus objetivos políticos.

Y así llegamos al core del problema: ¿quién ha concedido a nadie el derecho a decidir qué parte del Derecho va a cumplir y cuál no? Admitir que la Constitución puede ser incumplida por un órgano de gobierno deja a cada individuo a merced de la arbitrariedad y la imposición del poder público. Si se salta por encima de los límites que la Constitución pone al poder, deja de haber límites para el gobernante. Ya no puede haber nada que le detenga. Ni la libertad, ni la propiedad, ni siquiera la vida de las personas.

Se dice: "Déjenles votar y que decidan". ¿Los votos lo pueden todo? ¿Es admisible un referéndum que decida si se cumple la Constitución o se incumple?

No es válido oponer votos contra Derecho, tampoco es admisible invocar supuestas mayorías. La multitud nunca ha hecho que fuera admisible lo liberticida. ¿Y qué multitud? ¿Los que acuden a manifestaciones que ordenan a los asistentes por colores al estilo de las de Corea del Norte, como ha hecho el Gobierno catalán? ¿O esto es simplemente una cuestión de juntar a muchos? Pues entonces algo habrá que decir de las casi un millón de personas, la mayoría catalanes, que se manifestaron el pasado día 8 en Barcelona para decir, simplemente, que nadie tiene derecho a privarles de su país, de su Constitución y de su libertad.

No existe un derecho a actuar contra el Derecho, pues ello impone a los demás obligaciones o privaciones no pactadas ni consentidas. La libertad individual no puede depender de dónde quiera detenerse un Gobierno en su incursión por fuera de la Constitución.

En el caso específico de Cataluña se añade, además, una tendencia antilibertad que es fácilmente reconocida. Las empresas no son valientes en ningún sitio, y menos en Cataluña, porque saben cuánto puede molestarles el Gobierno. Pues bien, cuando el Gobierno catalán ha dado los pasos finales hacia la secesión, centenares de empresas –grandes, medianas y pequeñas– han corrido a trasladar su sede fuera de Cataluña. Hablamos de empresas muy catalanas, como CaixaBank, Banco de Sabadell, Aguas de Barcelona, la aseguradora Catalana Occidente, la editorial Planeta y muchas otras. En menos de una semana se han trasladado empresas cuyo valor en bolsa supera el 50% del PIB de Cataluña.

Las consecuencias económicas de la secesión de Cataluña serían devastadoras para la propia Cataluña, y para toda España y Europa. No solo porque dañaría profundamente un tejido comercial y empresarial absolutamente conectado, sino porque el Gobierno catalán y sus aliados parlamentarios han demostrado muy poco respeto por la propiedad privada y la libertad de mercado.

¿Qué va a pasar? En realidad ya está pasando: en Cataluña se está dando un golpe de Estado revolucionario.

Cataluña está en la parte alta del ranking de impuestos de las regiones de España. Y ya vimos antes que ni con eso llega para todo lo que gasta su Gobierno, cuyo déficit sufragan todos los españoles.

Añadamos a eso lo que ya han advertido los aliados estratégicos del Gobierno catalán en el asalto secesionista, la Candidatura d’Unitat Popular (CUP). En estos días ya ha avanzado cómo resolverá el problema financiero que tendrá la Cataluña secesionada: imponiendo controles a la retirada y movimiento de los depósitos de los individuos y las empresas en los bancos.

Retengan ese nombre: CUP. Está más a la izquierda que la extrema izquierda. Su apoyo es decisivo para la estabilidad del Gobierno catalán. Su línea de actuación es declaradamente anticapitalista. En agosto pasado, cuando un comando terrorista cometió un terrible atentado en Las Ramblas de Barcelona, su posición fue que la culpa del atentado era de "todas las formas de terrorismo fascista fruto de las lógicas internacionales del capitalismo".

Para muchos, la secesión no es el objetivo final. El objetivo es la revolución. Lo demuestra una de las previsiones de la llamada Ley de Transitoriedad Jurídica. Esta ley, anulada momentáneamente por el Tribunal Constitucional, contiene una Constitución provisional para la Cataluña secesionada. A pesar de ello, fue aprobada en menos de un día en el Parlamento catalán por la mayoría nacionalista. Esta ley crea un Foro Social Constituyente, formado por representantes de la sociedad civil y de los partidos políticos. Formado: es decir, no elegido. Y ese foro social constituyente tiene encomendado nada menos que debatir y formular un conjunto de preguntas sobre los principios y cuestiones generales de la futura Constitución catalana, las cuales constituirán "un mandato que vincula políticamente a la Asamblea constituyente".

Es el mismo punto de partida que los regímenes populistas: un poder de facto no elegido dibujará una Constitución que dejará atrapados a los catalanes. Por tanto, la respuesta al interrogante es negativa: en el caso específico de Cataluña, una secesión no va a hacer más libres a las personas.

Ya solo queda una pregunta, tal vez la más difícil de contestar: ¿qué va a pasar? En realidad ya está pasando: en Cataluña se está dando un golpe de Estado revolucionario.

El rey Felipe VI hizo algo inusual en la monarquía española. Su discurso logró fortalecer el ánimo de millones de españoles. Pero el rey, aunque es constitucionalmente el símbolo de la unidad y continuidad de España, no tiene poderes de gobierno, ni debe tenerlos en un régimen parlamentario democrático.

Es el Gobierno español quien tiene las atribuciones ejecutivas, aunque en los últimos años haya tratado de todas las formas posibles de pasar a los jueces la patata caliente de tomar medidas ejecutivas, incluso policiales, contra el Gobierno catalán. Pero el Poder Judicial no es Poder Ejecutivo, ni debe serlo. Bastante tarea tiene con juzgar y señalar lo que se sale de la Constitución.

Algo podemos tener por cierto: la secesión de Cataluña no se hará para la libertad, sino contra la libertad. Leonard P. Liggio, escribiendo sobre Mises, dijo:
Self-determination made sense not as a collective concept, but as an individualist concept.

La libertad es de los individuos, no de los colectivos, aun cuando estos sean pequeños o los rompamos en pequeños fragmentos, a ver si de entre ellos queda algo de libertad individual. ¿Solo es libre lo que es pequeño o se rompe para hacerlo pequeño? ¿Por qué subsiste entonces la libertad en los Estados Unidos? ¿No es más bien por su Constitución? Pues eso es lo que se está jugando ahora mismo en Cataluña. Si hay Constitución o no. Si pervive la libertad o no.

NOTA: La versión original de este texto, en inglés, apareció originalmente en Law and Liberty, del Liberty Fund.

Golpistas 2, Gobierno 0
Rajoy hace el 'Don Tancredo' con el PSOE y acepta dejar a su libre albedrío a la TV3
El Ejecutivo se deja meter un escandaloso gol a cambio de que los socialistas se aviniesen a apoyar la aplicación del 155
Manuel Trujillo Periodista Digital 27 Octubre 2017

Un escándalo en toda regla. Si esto fuese fútbol, lo vivido en el Senado este 27 de octubre de 2017 es lo más parecido a aquel partido de repesca para el Mundial de Sudáfrica entre Francia e Irlanda cuando Henry, ayudado de una clarísima mano, anotaba un tanto que dejaba fuera a la selección verde.

Aquí, la mano la ha protagonizado el PSOE reclamando que para aplicar el 155 en Cataluña quedase fuera del mismo el control de los medios públicos y, más en concreto, que se dejase a su libre albedrío a la TV3.

Aunque inicialmente el Ejecutivo no estaba por la labor de dar su brazo a torcer y no tener el respaldo del PSOE, finalmente las conversaciones entre Mariano Rajoy y el líder de los socialistas, Pedro Sánchez, acabaron por dar el visto bueno a meter esta enmienda socialista referida a TV3:

Se excluyen de la aprobación del Senado las previsiones del último párrafo de este apartado respecto al ejercicio de las facultades de la Generalitat en el ámbito del servicio público autonómico de comunicación audiovisual.

Si los golpistas ya habían metido el primer gol con la aprobación de la DUI, el PSOE, con la anuencia de Rajoy, acaba de ayudar al golpismo a meter el segundo tanto. El marcador no deja lugar a dudas: Golpistas 2, Gobierno 0.

La pluralidad informativa según TV3
Javier Orrico Periodista Digital 27 Octubre 2017

Para entender lo que ha pasado durante los últimos treinta años en Cataluña, además de revisar los libros de texto con los que se ha educado a los jóvenes catalanes, no hay ejercicio más ilustrador que el de ver TV3. Aunque me acusan de enemigo de Cataluña, soy un enemigo raro que habla y hasta escribe el catalán. Para los nazis, es enemigo de Cataluña todo el que se enfrenta a ellos, a los nacionalistas, pues, como ha quedado más que claro, Cataluña son ellos, y los demás catalanes, como declaró Lluís LLach, son escoria. Yo me pongo del lado de la escoria.

La mía es, por lo demás, una aversión a lo catalán cuando menos curiosa, que me llevó a vivir allí, ser muy feliz en Barcelona, aprender su lengua, estudiar su literatura y dejar algunos grandes amigos que he mantenido a lo largo de los años.

Todos estos días he estado siguiendo los acontecimientos por TV3. Me resulta mucho más cómodo, pues no tengo que aguantar la traducción simultánea, y, sobre todo, es que la última verdad está en los detalles, en los dobles sentidos, las complicidades lingüísticas, el contexto connotativo o sentimental que se comparte. Cuando habla Iceta, por ejemplo, se nota que su origen social, cultural, amistoso, es el mismo de los nacionalistas. Disiente, pero desde dentro. A Iceta no le pone morro Forcadell, ese gesto de señorita seca y retorcida de Forcadell que caracteriza a los peor de la pequeña burguesía catalana cuando se encuentra delante de un charnego, de un ‘nouvingut’. También es esencial advertir el dominio del catalán de quien habla. Albano Dante Fachín, el líder independentista de Podemos, habla un catalán mucho peor que el mío. Pero está con ellos. Los conversos resultan impagables (aunque están muy bien pagados) para que el poder nunca cambie de manos.

Pero vayamos a la tarde del 27 de octubre de 2017. La República catalana acaba de ser desenterrada un rato antes. En el plató improvisado en el mismo Parlamento (no hay ningún Parlament cuando escribimos en español, que, recordémoslo una vez más, es la lengua materna mayoritaria de los catalanes, 54% a 36%) hay tres tertulianos comentando y celebrando el nacimiento de la nueva república secreta. Una de ellas, Gema, perdón, Gemma Ubasart, de Podemos, profesora de Políticas, claro, es una niña fina que repite desde hace años el mensaje que está sembrando el pánico en Podemos: el de la plurinacionalidad, esa cosa tan rancia y filonazi según la cual las naciones no están formadas por ciudadanos libres e iguales, sino por etnias, grupos lingüísticos, religiones, sombreros varios o querencias futboleras. Supongo que los seguidores del Barça no pertenecen a la misma nación que los demás, según afirman.

La segunda es una jovencita de la CUP, Isabel Vallet, creo, que está encantada de salir de Europa, que no es democrática, y además así ya no habrá recortes ni neoliberalismo. Está muy preocupada por los españoles (la resta de l'Estat), a los que ellos acaban de escupir en el pleno, porque nos van a recentralizar. Ella no sabe que estamos deseando que alguien nos recentralice. (Al margen: hay bastantes banderas rojas con la hoz y el martillo en los alrededores del Parlamento esta tarde. Esto debe de ser la CUP. O Podemos. Lo mismo hasta Pujol se ha hecho comunista y por eso se quedaba con todo. Igual están pensando en rehacer el Muro).

Y el tercero, Ferran Casas, es el subdirector de Naciò Digital, uno de los chiringuitos subvencionados con el dinero del FLA, el dinero de todos, con el que Montoro, el Generoso, ha estado regando durante los últimos cinco años las arcas del separatismo, que lo usaba para crear altavoces al servicio del golpe. Si se fijan en los apellidos habrán comprobado que no hay ningún García ni López ni Martínez, los apellidos mayoritarios en Cataluña, que jamás aparecen en TV3. Tampoco aparecen entre los que han votado la independencia secreta. Siempre son apellidos sospechosos, aunque se catalanicen. Un apunte para nuestra ‘gauche cretine’.

Ahora han empezado a desnucar a Pedro Sánchez al hilo de su comparecencia. Más o menos, es que se ha vendido. Empiezan a llegar reacciones. Les hace mella el mensaje de Donald Tusk , aunque este hombre no es Tajani ni Juncker y no me fío de él ni un pelo. El comunicado del primer ministro belga, Charles Michel, sostenido por los votos de los separatistas flamencos, otro de los grandes peligros neonazis en Europa, empieza a perfumar de paz y sándalo el ambiente. Es belga. Jamás estará con España.

Los EE.UU. están con España. Y la OTAN. Pero el mensaje sigue: el Estado español es profundamente antidemocrático y represivo. Es que ni disimulan. Este es el contenido esencial de la 'tortulia'. Cómo será, que la más moderada es la plurinacional, que sostiene una evidencia: que no hay apoyo suficiente para la furtiva república. Son las 17,48 de la tarde. En la Delegación de la Generalidad en Gerona se arría la bandera española entre el griterío. El de Nació Digital manifiesta que hay que hacerlo en todas partes. Y todavía el PSOE y el PP creen que a TV3 se la puede dejar bajo el control de la mayoría separatista. ¡Ah, grande Goebbels, grande TV3!

Coronel de Infantería retirado y ex miembro del antiguo CESID (CNI), Camacho cree que el actual golpe de Estado en Cataluña es más grave que el 23F porque pretende una segregación de España
Coronel Diego Camacho: “Juan Carlos I fue el motor del golpe del 23-F”
Josele Sánchez. Director de La Tribuna de Cartagena  27 Octubre 2017

El coronel Diego Camacho es un prestigioso militar, en situación de retiro, que ha prestado innumerables servicios a la patria, especialmente como agente de los servicios secretos.

Nacido en Madrid en 1944, Diego Camacho es coronel de Infantería, diplomado en Operaciones Especiales, licenciado en Ciencias Políticas y máster en Relaciones Internacionales. Durante su carrera ha prestado servicios en Guinea Ecuatorial, Costa Rica, Marruecos y Francia (además de en España).

Escritor, conferenciante y contertulio, se trata de una de las cabezas mejor amuebladas del Ejército español. Nos recibe con extraordinaria amabilidad y nos concede esta entrevista, en exclusiva para La Tribuna de Cartagena-La Tribuna del País Vasco, en unos momentos muy difíciles para la patria en los que los militares suelen aumentar su ejercicio de prudencia y rara vez hablan con la claridad y la contundencia con la que lo hace el coronel Diego Camacho. Lo mismo acusa, sin temor alguno, al actual Rey Emérito de haber sido el cerebro del 23-F que critica la decisión de no aumentar el nivel de alerta antiterrorista por cobardía del presidente Rajoy y por sus intereses políticos.

Conoce bien el Ejército y conoce bien las cloacas del Estado porque fue agente del CESID. Habla con naturalidad y no nos pone condiciones en la entrevista. Puedo preguntar lo que quiera sin ninguna limitación, algo muy poco frecuente entre los miembros de las Fuerzas Armadas.

Desde nuestro punto de vista el golpe de Estado en Cataluña es más importante que el 23-F, ¿Qué opinión le merece esta reflexión?
El golpe de Estado que ha dado Puigdemont en Cataluña es más grave que el 23-F porque entonces se trataba de sustituir un sistema político, la democracia que, con todo lo grave que es eso, no tiene nada que ver con el actual, que lo que pretende es una segregación de una parte de territorio de España.

¿Cómo evalúa el discurso de el Rey, qué paralelismo encuentra entre los discursos de Juan Carlos I y Felipe VI, ve normal el tiempo que tardó el actual Jefe del Estado en dirigirse a la nación, debería haberlo hecho de uniforme como hizo su padre el 23-F?
El 23-F fue un golpe militar del que era el Rey Juan Carlos era el auténtico motor. Lo inició y lo terminó el teniente coronel Tejero. Lo inició tomando el Congreso y lo terminó al impedir al general Armada entrar en el hemiciclo y dirigirse a los diputados. Es en ese momento cuando Juan Carlos I se separa del golpe. Por eso tardó tantas horas en dirigirse a los ciudadanos, porque estaba esperando que el general Armada iniciara la segunda fase del golpe, que no se produjo. Es lógico que Juan Carlos I se dirigiera al país, en el discurso televisado, uniformado de capitán general, pues eran unidades de la Guardia Civil y del Ejército las que habían secuestrado al Gobierno de España y al Parlamento.

En la aparición televisiva del Rey Felipe VI, tras el golpe de Estado en Cataluña, es correcto –a mi entender- que lo haga vestido de civil, pues hay un Gobierno en pleno ejercicio. Haberlo hecho de uniforme hubiera supuesto darle a los secesionistas argumentos para su propaganda. Personalmente no ceo que haya tardado en dirigirse Felipe VI a la nación, creo que lo ha hecho en tiempo y forma conveniente. Entiendo lógica la demora en producirse el discurso televisado de Felipe VI porque un Rey constitucional tiene que esperar la iniciativa del gobierno. Se trata pues, a mi juicio, de una tardanza constitucional porque el Rey no quería precipitar los actos y quería esperar a la reacción del Gobierno. Cuando constata que Rajoy no reacciona es cuando decide hacer su discurso televisado a toda la nación. Mi valoración de su intervención es que produjo un impacto muy positivo en la opinión pública.

Vamos a retrotraernos un poco en el tiempo, porque han ocurrido muchos acontecimientos muy importantes en muy pocos días. Me refiero al atentado de Las Ramblas de Barcelona y de Cambrils. Todos los países de Europa, ante hechos similares, pasaron a una situación de máxima alerta antiterrorista. ¿Cree que en España no se decretó nivel de alerta 5 por miedo a la reacción de algunos sectores a que el Ejército patrullara las calles de Cataluña y Vascongadas?
Creo que debería haberse decretado el nivel de alerta 5, pues la fractura social y la amenaza terrorista real eran muy graves. No tomar esta decisión fue por cobardía del Gobierno y para no complicarse políticamente las cosas por miedo a los secesionistas y a sus armas propagandísticas. Mi opinión es que el gobierno actuó más pensando en la crisis política que tiene con los secesionistas que en la seguridad de los españoles y personalmente estoy del todo en desacuerdo con esa decisión

Coronel, ¿estamos hablando de que por cobardía política pudo haberse puesto en riesgo la seguridad de los españoles? ¿No le parece muy grave?
Claro que es muy grave, cuando los gobiernos tienen una amenaza semejante a la ocurrida en Cataluña, cuando suceden atentados de estas características, los países europeos de nuestro entorno acostumbran a recortar temporalmente libertades y garantías a las personas y la opinión pública lo entiende perfectamente. Yo creo que fue una decisión cobarde.

Antes del 1 de octubre, el Ministerio de Interior decidió unificar, bajo un mando único, a Policía Nacional, Mossos de Escuadra y Guardia Civil, al frente del cual se designó a un coronel de la Guardia Civil, un coronel hermano del presidente del Tribunal Constitucional cuando, jerárquicamente, por encima de él, había mandos militares de más alta graduación. ¿Considera acertada esta decisión política?
En absoluto, se trató de una decisión completamente errónea porque había un general de brigada de la Guardia Civil en la zona y no puede haber un militar mandando sobre otro de mayor graduación. Además, la actuación del coronel Pérez de los Cobos es absolutamente criticable ya que permitió, por acción o por omisión, que Trapero no le obedeciera o que no siguiera sus órdenes tal y cómo las debería seguir. Como profesional de las Fuerzas Armadas me sentó muy mal que este coronel de la Guardia Civil, ante una situación de gravedad extrema, dejara a nuestros agentes en pelotas. Un oficial jamás debe dejar a sus hombres ante el adversario. He tenido la sensación de que estas dos fuerzas de seguridad del estado, de que guardias civiles y policías nacionales, estuvieron abandonados. El dispositivo de seguridad fue desastroso y el responsable ejecutivo del operativo fue el coronel Pérez de los Cobos, pues detentaba la misión de coordinar las fuerzas de seguridad; pero él, a su vez, estaba supervisado, minuto a minuto, por un secretario de estado, un ministro del Interior, una vicepresidenta y un presidente del Gobierno. En consecuencia, no es de recibo que la responsabilidad recaiga exclusivamente en el coronel Pérez de los Cobos exclusivamente.

La Tribuna de Cartagena desveló, hace unos días, el operativo preparado por la CUP, la Asamblea Nacional de Cataluña, Òmniun y la Asociación de Municipios por la Independencia, preparado para el caso de que se aplicara el artículo 155; los datos aportados por LTCT hablaban de un operativo de 700.000 personas dispuestas a actuar impidiendo accesos a los aeropuertos de las cuatro provincias, puertos y estructuras logísticas de vital importancia, TV3, Parlament, acceso a fronteras, acceso a Cataluña desde el Reino de Valencia y desde Aragón… etc. Si se produjera la aplicación del artículo 155, ¿bastaría sólo con la Policía Nacional y la Guardia Civil? ¿Sería necesario prescindir del Ejército para aplicar el artículo 155?
En la hipótesis que tú planteas habría que declarar un estado de excepción con todo lo que lleva implícito. Una medida más fuerte que la aplicación del 155. El artículo 155, para su desarrollao, contempla la existencia de un determinado panorama, de una situación de desobediencia política en la que no se espera otra respuesta de la población civil que el acatamiento pacífico de las medidas adoptadas. Es decir, se trata de aplicar una serie de normas en una región que va a ser intervenida pacíficamente. Si la parte intervenida acepta pacíficamente las decisiones del Gobierno de España, se aplica el artículo 155. En cambio, si el movimiento secesionista deviene en un movimiento revolucionario, el Estado debe utilizar más fuerzas para reprimirlo o para aplastarlo. Si se trata de un choque de trenes, o el otro tren te arrolla o tú acabas con él. No hay que olvidar que los estados democráticos se caracterizan por reservar el uso de la violencia sólo al Estado y ateniéndose siempre a la proporcionalidad y el estricto cumplimiento de las leyes. Además, para eso existe el artículo 9 de la Constitución Española que se encarga de impedir la acción arbitraria a los poderes públicos.

Me parece que el Gobierno nos plantea un escenario de aplicación del 155 de película de Walt Disney. Los movimientos de la CUP, con la incorporación de grupos de lucha callejera llegados desde Vascongadas a Cataluña y también de otros grupos radicales antisistema, con experiencia en grandes batallas urbanas, procedentes de diferentes países de Europa ¿Cree que los catalanes independentistas nos van a recibir con flores o que va a haber una reacción violenta?
Creo que, una vez puesto en marcha el artículo 155, de los diferentes grupos independentistas, será el más fuerte quien que dirija la línea de las movilizaciones de respuesta. Es muy diferente que el grupo predominante sea la CUP, a que lo sea, por ejemplo, el PDeCat.

Remontémonos, con su permiso, a nuestra propia historia, coronel. En 1936, entre las diversas facciones del Frente Popular estaba la FAI que por su agresividad y anarquía creó no pocos problemas en la retaguardia entre los propios milicianos republicanos ¿no cree usted que la CUP podría ser algo parecido con lo que ocurrió con la FAI? ¿Puede que opté la CUP por una violencia callejera y se produzca en Cataluña tales desmanes que obliguen a la declaración del Estado de Excepción?
Realmente, que suceda lo que tú planteas es la hipótesis más peligrosa. Un estado que quiere restaurar la ley en un territorio, tiene que enfocar la seguridad en base a la hipótesis más peligrosa. Barcelona, tradicionalmente, ha sido el centro del anarquismo europeo. Ha sido un centro donde estas fuerzas minoritarias -pero muy activas y revolucionarias-, han tenido bastante implantación. El tema es muy preocupante aparte del radicalismo de extrema izquierda porque, estos últimos años para atrás, la situación política en Cataluña ha generado una importantísima colaboración de una buena parte de la burguesía catalana, de individuos encausados en múltiples casos de corrupción. Estas personas, que tienen temas pendientes con la justicia por haber metido la mano en la caja, como por ejemplo, los anteriores presidentes de la Generalitat, apoyan decididamente la independencia como tabla de salvación a sus problemas judiciales. Y este es un factor agravante de la situación política que se ha planteado en Cataluña.

El Fiscal General del Estado ha anunciado que ya tiene preparada la querella contra Puigdemont, si se produce una Declaración Unilateral de Independencia. ¿Entiende que las Fuerzas de Orden Público serían capaces, por sí solas, de entrar en la plaza Jaume, subir al despacho del president de la Generalitat y llevárselo detenido? ¿No resultaría imprescindible la participación del Ejército?
Si Puigdemont declarara la independencia de Cataluña estaría en franca rebelión, pues en rebelión difusa ya lo está desde hace semanas. Sofocar la misma debe ser el objetivo prioritario. El Gobierno de España tiene los instrumentos necesarios para volver a implantar el Estado de Derecho, con la utilización del Ejército o no, dependerá de la situación en ese momento. Personalmente creo que la situación en Cataluña es de extrema gravedad y por lo tanto no hay que ruborizarse que el Ejército sea utilizado en defensa de la Constitución Española.

El conseller que viene actuando como ministro de exteriores de Cataluña desde hace mucho tiempo (porque así se lo ha consentido el Gobierno del presidente Rajoy), ha afirmado que si se aplica el artículo 155 los funcionarios saben perfectamente que tendrían que atender las órdenes de la Republica catalana y no las del gobierno de España. ¿No son estas declaraciones suficiente motivo para una acusación formal por sedición?
El conseller Romeva podía haber sido acusado de sedición hace mucho tiempo. Está en una actitud sediciosa, lo mismo que Puigdemont y todo el resto de consellers. El gobierno central, lamentablemente, está politizando la justicia. Ante delitos flagrantes que se están sucediendo, por intereses políticos del propio gobierno presidido por Mariano Rajoy, se está incumpliendo la ley y mirando para otro lado. Es evidente que, al menos hasta el día de hoy, que es el Gobierno de España el que está permitiendo el secesionismo.

Desde La Tribuna de Cartagena informamos, en absoluta primicia informativa, de la creación de ALERFA, una organización compuesta por oficiales y jefes que vienen a cuestionar el sistema de ascensos, la política del ministerio de Defensa, la falta del sentimiento castrense de los altos mandos militares e incluso la infradotación presupuestario del Ejército. ¿Qué conoce usted al respecto?
No tengo noticias de ALERFA. Piense usted que llevo años en situación de retiro. Lo que no le voy a negar es que conozco el malestar existente en determinados temas profesionales; el presupuesto de las Fuerzas Armadas es relativo al que tiene Luxemburgo, algo vergonzoso, el más bajo que hay entre los países grandes de Europa. El Gobierno de España gasta la mayor parte del presupuesto militar en misiones internacionales que obedecen a intereses de otras potencias que no son España y la falta de recursos se debe a que casi todo está empleado en estas misiones internacionales. La consecuencia de esto es, obviamente, la pérdida de capacidad operativa de nuestras Fuerzas Armadas. Respecto al malestar en los cuarteles, le reitero que, en la actualidad, me encuentro alejado de los mismos.

¿Cómo piensa que se va a desarrollar los próximos días los acontecimientos en Cataluña?
No quiero hacer valoraciones de futuro porque me falta información cualificada. Asisto a todo esto con mucha preocupación porque por parte del Gobierno de España no veo la firmeza suficiente. Y cuando tienes que actuar y recomponer una situación, cuando menos tiempo utilices en ello mucho mejor para ahorrarte muchos muertos. Estoy preocupado pero Dios quiera que salga todo bien y el presidente Rajoy esté acertado.

También desde La Tribuna de Cartagena venimos denunciando el documento pactado entre PP y PSOE, que vendría a converger en una reforma constitucional que reconociera a Vascongadas y Cataluña como naciones y les otorgara presencia en organismos internacionales como la propia ONU ¿Cuál es su valoración al respecto?
Lamentablemente se filtran este tipo de noticias. De ser así me apunto a la línea de La Tribuna de Cartagena de exigir al Gobierno un referéndum para pedir a los españoles si quieren seguir con el sistema de las autonomías o un sistema más centralizado como el que puede haber en Francia. De ser cierto ese pacto, se trataría de un gravísimo error porque si a un territorio le das la capacidad de la soberanía para conformar una nación, éste se federará o no. En el momento que reconoces esa nación, estás permitiendo que se separen cuando consideren conveniente, aunque sea en un plazo más largo. Sería una trampa para los españoles.

Otro problema es el internacional. Países que ahora mismo están apoyando a España (como Italia, Gran Bretaña, Francia…) tienen miedo de que, en sus territorios, pudieran producirse reivindicaciones similares a las de Cataluña. Sin embargo ¿podría contar la República catalana con el apoyo incondicional de Israel?

Mire usted, los apoyos internacionales nunca son permanentes. El problema lo tenemos que resolver los españoles en breve plazo, si no queremos que se independicen. Me extrañaría mucho que Israel, al menos por el momento, reconociera la independencia de Cataluña, porque se trata de un fiel aliado de los Estados Unidos y esto no sería coherente con lo importante que es España para Norteamérica en su política para el Mediterráneo. Otra cosa es que el Mosad haya estado trabajando y preparando a agentes de los Mossos de Escuadra en asuntos de seguridad, espionaje y contraespionaje, lo cual sí creo cierto.

Educación envía un tercer requerimiento a Cataluña por 30 nuevos casos de adoctrinamiento al alumnado
OKDIARIO  27 Octubre 2017

El Ministerio de Educación, Cultura y Deporte ha enviado este viernes un tercer requerimiento a la Consellería de Educación de la Generalitat de Cataluña por una treintena de nuevos casos de adoctrinamiento y acoso de alumnos pertenecientes a familias no independentistas, en el que pide al departamento dirigido por Clara Ponsatí i Obiols que “depure responsabilidades” y restaure “los derechos conculcados”.

Se trata del tercer requerimiento que Educación envía a la Generalitat sobre este asunto para dar trámite a las denuncias recibidas en la Alta Inspección Educativa sobre “irregularidades” en las aulas vinculadas a la convocatoria del referéndum del 1 de octubre, anulado por el Tribunal Constitucional, tal y como explica el documento al que ha tenido acceso Europa Press.

El primero data del 26 de septiembre y se refería a una decena de casos. Según explica el Ministerio de Educación, no se ha producido respuesta durante el mes de que disponía la Generalitat para contestar al Gobierno, por lo que el departamento que dirige Íñigo Méndez de Vigo estudia ahora emprender acciones legales. El segundo requerimiento recogía otra veintena de casos y fue enviado el 6 de octubre, de modo que la Consellería aún tiene margen para responder.

En cuanto a esta tercera reclamación, recoge denuncias vinculadas a la convocatoria de huelgas y manifestaciones en torno al mencionado referéndum e incide en que “involucrando a los alumnos en este tipo de actuaciones, se están conculcando diferentes derechos, desde el restarles tiempo y enseñanzas en su proceso educativo, como el de no proporcionarles la suficiente protección para su desarrollo personal e intelectual”.

“A la vez, se sesga su formación como ciudadanos libres, comprometidos con la sociedad y el respeto a los valores democráticos instaurados en la Constitución, al hacerles partícipes de un acto suspendido por el Tribunal Constitucional, por lo que es un acto no conforme a la norma del que los alumnos deberían permanecer alejados”, afirma el Ministerio de Educación.

“España roba a Cataluña”, según la profesora de infantil
Se trata de casos como el denunciado por la madre de una alumna de la Escuela Pública Infantil de Vall-Llobrega, en Barcelona, quien asegura que la maestra explicó a los niños que “España roba a Cataluña y eso está muy mal”, así como “la maestra fabricó urnas de papel y enseñó a todos los niños a votar ‘sí'”.

En la misma línea, un padre explicó que su hija de 6 años y estudiante de la Escuela Rosella de Viladecavalls en Barcelona, le contó al salir de clase lo que había oído dentro: “Mi profesora nos comenta a todos los niños de clase que unos policías malos, con unas porras que se hacen grandes, pegaron y dispararon pelotas de goma contra la gente sólo porque querían votar y no les dejaban”.

Precisamente sobre este asunto, un padre del IES Salvador Espriu de Barcelona afirma que el llamado Sindicat d’Estudiants dels Països Catalans dio en el instituto “una charla sobre ‘cómo defenderse de los Policias Nacionales” el pasado 2 de octubre.

Homenajes a ‘los jordis’ en colegios e institutos
En el CEIP Patronat Domenech, también de Barcelona, un padre denunció que se aprovechó un acto infantil “para protestar por el encarcelamiento de ‘los Jordis'”, que según otra denuncia, recibieron un homenaje en el Instituto Joan Brossa el pasado 16 de octubre para el que hicieron bajar al patio a los alumnos en horario escolar y guardar 10 minutos de silencio.

El padre de dos menores de 7 y 13 del Instituto de Calldenetes añade sobre este tema que el 17 de octubre el centro obligó a sus hijos a asistir a un minuto de silencio y que los profesores les explicaron que “Rajoy ha metido a estas dos personas en la cárcel por tener una manera de pensar distinta que él” para después hacerles cantar “in-de-pendencia”.

Mientras, en las Escolas Pías de Vilanova I la Geltru un padre dice que en la hora de castellano, los delegados de clase se presentaron en el aula de su hijo, de 14 años de edad, con una caja a modo de urna para que votasen ‘sí o no’ sobre la liberación de estas personas y convocarles a una huelga sobre el tema que tendría lugar días después.

En varios de los casos que Educación traslada a la Generalitat de Cataluña se especifica que las denuncias se han presentado reclamando anonimato porque, como dice una de las madres en la suya, “si dices algo te marcan”. En otros, los denunciantes son grupos de padres, como el que señala que en el acta de la reunión del AMPA de la Escuela Reina Violant figura un párrafo que recoge “niños castigados por hablar castellano en el aula”.

“La movilización de alumnos menores para participar en jornadas de protesta política” o el “adoctrinamiento a menores de 3 a 5 años por parte de una maestra de la escuela” son otros de los casos denunciados, muchas veces pidiendo a la Alta Inspección Educativa que guarde el anonimato por miedo al bullying que puedan sufrir los alumnos y porque, como dice otra madre “si dices algo, te marcan”.

Crónica de una universitaria catalana: "La UAB es es el reino del terror"
Una estudiante de la Universidad Autónoma de Barcelona describe, bajo anonimato, el clima de coacción que ejercen los independentistas.
Libertad Digital 27 Octubre 2017

Un fantasma recorre Cataluña: el fantasma de la izquierdización. Todas las fuerzas independentistas catalanas se han unido en santa alianza para alabar a ese fantasma. ¿Qué partido o fuerzas de oposición no han sido boicoteados por estos energúmenos alguna vez? ¿A qué partido no se ha lanzado el epíteto hiriente de fascista?

De este hecho resulta una doble enseñanza:
Que los partidos de extrema izquierda se auto afianzan como un sector violento.
Que ya es hora de que se les empiece a señalar como lo que son, comunistas, algo tan grave como ser nazi o fascista; que ya es hora de que se expongan a la faz del mundo entero sus conceptos, sus verdaderos fines y sus tendencias, que opongan a la leyenda del comunista bienhechor sus verdaderos resultados.

Lo han vuelto a hacer. Han vuelto a coaccionar a aquel que no osa comulgar con su credo totalitario. Han vuelto a iniciar una persecución violenta contra todo aquel que no esté bajo su yugo dogmático.

En Cataluña llevamos bastantes meses contemplando un espectáculo circense cuyo cese parece tan lejano como el cese del procés. Estamos inmersos en el ojo del huracán y todo el mundo se ve arrastrado hacia el mismo. La gente podrá pensar que basta con mantenerse al margen de la política para no ser espectador de tal circo, pero eso es una mera utopía si se trata de un estudiante de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB).

Todo el mundo sabe que la UAB se caracteriza por ser la cuna del perroflautismo en España. A su lado, incluso el Campus de Somosaguas parece un lugar moderado. La UAB es el reino del terror, el reino del SEPC (Sindicato de Estudiantes de los Países Catalanes), este grupúsculo de infraseres se caracterizan por ser un oxímoron en sí mismos: nacionalistas y extrema-izquierda, todo en uno.

Ya no se trata de las pintadas grotescas que inundan el campus y que nos vemos obligados a contemplar cada día ni de los carteles que invaden la universidad atacando a todo aquel que ose cuestionar su ideología totalitaria. La causa de que este cáncer se haya convertido en metástasis es la misma UAB con su constante permisividad y su política de hacer oídos sordos, que se asemeja bastante al modus operandi del inepto que reside en La Moncloa.

Sin embargo, una vez que Mariano Rajoy decidió actuar, las funciones del circo se incrementaron en número. Es la segunda huelga que convoca esta panda de terroristas estudiantiles en octubre. Mientras que en el resto de universidades catalanas hay convocada únicamente un día de huelga, en la UAB son tres.

El día de hoy, miércoles 25 de octubre de 2017, tenía lugar el primer día de huelga. Por la mañana no paraban de inundar las redes sociales imágenes de estudiantes indefensos intentando entrar en clase, algunos de los cuales han llegado a ser agredidos físicamente. Y digo indefensos porque la universidad ya no es que no proteja a aquellos que quieren asistir a clase, sino que hace oídos sordos y no lleva a cabo ninguna medida para proteger al alumnado.

Cuando me disponía a acudir a clase de Derecho Procesal, me encontré con un grupo que cerraba el paso. Además, utilizaban contenedores para bloquear el acceso. Frente a la actitud dialogante de todos aquellos que son valientes para intentar ir a clase, pero no para hacerles frente, mi actitud es combativa. Me han llamado "facha", me han dicho que me vaya con "mi polito" a otra parte y cuando les he dicho que son la ETA universitaria, su respuesta ha sido que "la ETA universitaria bien, el problema es la ETA militar".

Nos han obligado a escuchar cómo leían un manifiesto que han repetido hasta la saciedad y, después, cuando la decana de Derecho les ha recriminado su actitud, le han respondido de forma descarada y soberbia. No obstante, lo que más me sorprende es con la familiaridad con la que hablan del franquismo, como si lo hubiesen vivido o como si hubiesen corrido delante de los grises. Qué deshonor para aquellos que encabezaron la resistencia que una panda de niños de papá que juegan a ser revolucionarios se apropien de su lucha.

Los Jordis son "presos políticos", pero Leopoldo López no. Todos los que nos oponemos a su modus operandi somos "fascistas", ellos que amedrentan al que piensa diferente no son totalitarios. España es una "dictadura", Venezuela es un paraíso, dicen.

Tienen el monopolio de la fuerza en la universidad y, al igual que los dementores se alimentan del miedo del resto de estudiantes para mantenerse, el sector juvenil de la extrema izquierda hace tiempo que ha implantado la semilla del terror en las universidades. Entre otros actos sin condena, destacan los constantes ataques a Sociedad Civil Catalana, los destrozos de su "huelga estudiantil" y todo ello desde su posición de dominio en las universidades, especialmente en su feudo, la UAB.

Ejercen la violencia cada vez que lo creen conveniente, sin consecuencia alguna. Se tiende a edulcorar e infantilizar estas conductas, incluso por parte de aquel sector del independentismo que dice no ser violento, por parte de aquellos que dicen formar parte de la revolta dels somriures (la revuelta de las sonrisas). La UAB es un ejemplo a pequeña escala de lo que puede llegar a ser un país cuyas instituciones y cuyos textos legales nazcan de sectores totalitarios. Porque no nos engañemos, no solamente hay que culpar a aquellos que ejecutan, sino a aquellos que con su silencio aceptan tácitamente estas conductas y les otorgan legitimidad, a aquellos que son sus socios y van con ellos de la mano hasta el borde del precipicio.

Las ideologías que incorporan la violencia como medio legitimador para conseguir sus objetivos la llevan hasta sus últimas consecuencias. Y, al final, se acaba derramando sangre en nombre de vete tú a saber qué sacrosanta causa. Siempre tienen algo contra lo que ir. Son contrarios a todo, al capital, a Occidente y a la misma idea de civilización.

Y son peligrosos, muy peligrosos. A pesar de que algunos no quieran verlo. A pesar de que a algunos les cieguen las ansias de poder y no quieran ver que construir con quien solo sabe destruir es imposible.

*La autora de este texto, estudiante de la UAB, prefiere mantener su nombre bajo el anonimato para evitar represalias.

Los españoles son «extranjeros» en los manuales escolares de Historia en Cataluña
Manuales de 2º y 3º de ESO evitan el término España, critican a los Reyes Católicos por impedir la diversidad, y hablan de independencia en el S. XIII
ESTHER ARMORA ABC 27 Octubre 2017

Que la historia de España ha sido durante años tergiversada en los manuales escolares catalanes a favor de las tesis nacionalistas no solo lo demuestran diferentes análisis realizados por expertos en base a los libros de texto utilizados en colegios e institutos. Historiadores de la talla del hispanista inglés John H. Elliott, profesor emérito de Oxford, o prestigiosos académicos como Carmen Iglesias, directora de la Real Academia de Historia; Fernando García de Cortázar, uno de los mayores divulgadores de la historia de España; o el investigador del CSIC, Manuel Lucena, especializado en historia global, han denunciado también abiertamente que desde los años 80 la realidad que se explica a los alumnos en los colegios de Cataluña «ha sido falseada».

En plena crisis del «procés», cuando vence el primer plazo concedido por el Gobierno a la Generalitat para que responda por el supuesto adoctrinamiento en las aulas catalanas, un segundo informe del sindicato Acción para la Mejora de la Enseñanza Secundaria (AMES), que se presentará el próximo mes de noviembre y a cuya parte del contenido ha tenido acceso ABC, da más argumentos para afirmar que «en Cataluña se explica la Historia en clave nacionalista».

Este segundo análisis sobre los libros escolares, centrado en manuales de historia de 2º y 3º de Educación Secundaria Obligatoria (ESO), «constata con muchos ejemplos que en los institutos catalanes se ofrece a los alumnos una visión distorsionada de la historia de nuestro país, en la que la palabra España es la gran ignorada, y en la que ya está presente la idea de independencia del pueblo catalán», según denuncia en declaraciones a ABCAntonio Jimeno, presidente de AMES. Su asociación, que representa a unos 300 profesores de secundaria, fue la primera en destapar la manipulación del currículo en escuelas y centros de secundaria. Tras su denuncia, y coincidiendo con el punto más álgido del proceso secesionista en Cataluña, las acusaciones por incitación al odio en los colegios se han disparado y el Ministerio de Educación se ha visto obligado a tomar cartas en el asunto, enviando tres requerimientos al departamento de Enseñanza para que responda respecto a los casos denunciados.

Este segundo análisis de AMES, basado en manuales de 2º y 3º de ESO de las editoriales Cruïlla, Barcanova, Santillana y Vicens Vives, revela, entre otras cosas, que España sigue siendo la gran ignorada en los manuales de esta etapa, que optan por utilizar el nombre de «monarquía hispánica», y en los que, según denuncia el sindicato docente, también se evita de forma premeditada el uso del término español, llegando al extremo de tildar, en el contexto del siglo XVII, a artistas castellanos como «artistas extranjeros».

Ni rastro de España
«España es la gran ignorada en los textos que estudian chavales de 2 y 3º de la ESO»

En el bloque de Historia del libro de «Geografía e Historia» de 3º de Secundaria de la editorial Cruïlla (2017), «prácticamente no aparece el nombre de España, ni en los textos, ni en los mapas», precisa AMES. «En su lugar, el libro se refiere a los diferentes Reinos que se unieron para formar España, es decir la Corona de Castilla, de la Corona de Aragón, que en el libro se denomina Corona catalanoaragonesa, un término que carece de rigor histórico», aclara el sindicato.

En ese mismo manual, en la página 23, se presentan, en el contexto del S.XVI, «artistas castellanos» en el grupo de artistas extranjeros, junto a los italianos y los flamencos. «En escultura y en pintura las novedades renacentistas fueron introducidas por artistas extranjeros (castellanos, italianos y flamencos).....».

Dos páginas después, aludiendo al mismo siglo, se incluye un mapa de las religiones en Europa y, al referirse a España, se usa el nombre de Monarquía Hispánica «en lugar de Monarquía de España», apunta AMES. «No es un detalle menor, -dice el sindicato- porque no se habla de Monarquía francesa sino de Francia, no de Monarquía portuguesa sino de Portugal, etc..». En ese mismo libro se presenta a los Reyes Católicos como «una monarquía autoritaria» e insinúan que «eran enemigos de la diversidad de culturas y de lenguas», denuncia AMES.

Tras afirmar (pg. 33) que «los Reyes Católicos empezaron a implantar una monarquía autoritaria, que se preocuparon de expandirla territorialmente y que reforzaron su poder sobre los diversos grupos sociales», se lanza la pregunta: «¿Crees que los dominios de los Reyes Católicos era un estado pluricultural, plurilingüe y plurirreligioso?». «Es evidente -añade el sindicato denunciante- que los autores no animan a los lectores a valorar positivamente el esfuerzo de estos reyes por unir y modernizar España, sino que los presenta como enemigos de la diversidad de culturas y lenguas».

Por otro lado, siguen haciéndose equilibrios para evitar el nombre de España. En este sentido, en la página 41 del manual, en el gráfico que se refiere a la política exterior de los Reyes Católicos, se esquiva totalmente el término. «Pese a que en el texto se acepta una política exterior conjunta de los Reyes Católicos basada en los matrimonios de sus hijos, en lugar de referirse a España, los autores hablan de Navarra, Corona de Castilla, Corona de Aragón y Granada, como si fueran entidades distintas. Una vez más se evidencia la intencionalidad de que el alumno no perciba la existencia de una nación llamada España».

El terrorista de Terra Lliure Fredi Bentanachs sobre el atentado contra Losantos: “Que se joda”
OKDIARIO  27 Octubre 2017

Cake Minuesa ha entrevistado en Barcelona al terrorista de Terra Lliure Frederic Bentanachs, aunque él niega ser tal cosa. Estos días, gente de su calaña está cerca del poder, en el entorno de la Generalitat de Cataluña y el Govern, especialmente junto a cargos de ERC y la CUP.

Bentanachs desmiente todo y lo que no, lo achaca a que “hace 30 años de aquello”. Dice de la banda criminal que fundó que era “un grupo independentista que luchó en la época franquista y no mató a nadie”. Cake no puede tolerar tanta mentira y salta: “Asesinásteis”.

De paso, el reportero de OKDIARIO le recuerda el atentado de mayo de 1981 contra Federico Jiménez Losantos: “Le disparásteis en las rodillas”. Su respuesta: “Eso fue una estrategia contra la lengua catalana”. Cake insiste: “¿Qué le dirías?”. Bentanachs no se lo piensa: “Que se joda”.

Jiménez Losantos, promotor de un manifiesto en defensa del español, fue atado y amordazado por dos matones en un descampado en Esplugues de Llobregat, en Barcelona, y más tarde usaron su pistola, dejando al periodista -entonces reconocido como profesor- herido en una pierna.

 


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