AGLI Recortes de Prensa   Sábado 28  Octubre 2017

No, Mariano: "tranquilos", no. Te juegas España a la Lotería
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  28 Octubre 2017

El Grupo Libertad Digital ha brindado al presidente del Gobierno todo nuestro apoyo para que con la Ley en la mano, con todas las fuerzas armadas del Estado y con la fuerza de la Nación, que nos sostiene a todos, combatiera la rebelión separatista en Cataluña y la aplastara. A lo que no tiene derecho Mariano Rajoy es a decirnos que "estemos tranquilos", porque todas las veces que lo ha dicho desde que es presidente, hace más de seis años, no ha hecho nada, absolutamente nada, empecinadamente nada, tranquilamente nada, para evitar que pasara lo que dijo que no iba a pasar y ha pasado, para que no sucediera lo que no iba a suceder y que, sin embargo, con total tranquilidad para los golpistas, finalmente ha sucedido.

Un Golpe de Estado financiado por el Gobierno
Sinceramente, me hubiera gustado creer al presidente del Gobierno cuando, en el Senado, dijo "que todos los españoles y todos los catalanes estén tranquilos, porque las cosas van a hacerse bien". Pero no puedo creer a Mariano Rajoy mientras no reconozca que todo lo que él, personalmente él, obstinadamente él, ha hecho hasta ahora con respecto al separatismo catalán ha estado rematadamente mal, absurdamente mal, estúpidamente mal. Si hubiera estado bien, no tendría ahora que pedirnos tranquilidad.

Pero ningún ciudadano mínimamente pensante y medianamente decente, especies ambas desconocidas en un Gobierno cuyo ministro de Educación ha dicho a los pies de la ERC que "no hay ningún problema educativo en Cataluña", puede estar tranquilo tras ver al Gobierno de Rajoy decirnos desde hace seis años, cuando se le alertaba por todos los pasos que desde hace cinco años ha dado el separatismo catalán, que "la economía es lo único importante", que el "problema territorial" (así llaman los lerdos a la crisis nacional) se arreglaba con "diálogo y más diálogo", y que él, sólo él, astutamente él, jabatamente él, impediría "la independencia de Cataluña o de ninguna otra parte de España".

No podemos estar tranquilos, como ha pedido el presidente del Gobierno, porque Mariano Rajoy ha sido el que ha financiado desde hace cinco años el separatismo catalán a través del FLA, el que ha evitado que la Fiscalía persiguiera a los golpistas y el que, con su apresurada convocatoria de elecciones autonómicas sin ninguna garantía democrática, ha decidido, por sí y ante sí, aunque arrejuntado con Cs y el plurinacional PSOE, que las urnas son la respuesta a un golpe de Estado, que unas elecciones en una región en la que, según sus propias palabras, no hay democracia, pueden decidir el futuro de Cataluña y, en muy poco tiempo, el de España.

La soberanía no se juega en las urnas
No, no podemos estar tranquilos, como ha pedido el Presidente del Gobierno, al que queremos apoyar, porque desconocemos si Mariano Rajoy es consciente de la gravedad de esa delegación de responsabilidad que es suya, personal e intransferible, desde que juró guardar y hacer guardar la Constitución, en unos pobres ciudadanos, los de Cataluña que, según dice el propio PP, carecen de libertad, viven aterrorizados por grupos violentos que campan a sus anchas, cuando no protegidos por una policía regional abiertamente golpista y sobrecogidos ante unos medios de comunicación que, también con dinero de todos los españoles, son simples máquinas de producir odio a España, a todo lo español y a todo lo catalán que se siga sintiendo español, pese a esta sucesión de Gobiernos que sólo de forma calumniosa podemos llamar de España.

No podemos estar tranquilos, ojalá pudiéramos, salvo que renunciemos a todos los recursos, muchos o pocos, que la inteligencia nos concede, cuando vemos que el presidente del Gobierno, tras haberse escondido sucesivamente en la economía, en el diálogo con CiU, ERC y el PNV, en los jueces y los fiscales y en el consenso invertebrado con una Oposición desnortada, al llegar el momento de imponer la fuerza de la legalidad y la legitimidad frente a la fuerza golpista de la ilegalidad y la ilegitimidad, se esconde en las urnas, sometiendo de hecho a plebiscito, por sus fechas a mera lotería, nada menos que la soberanía nacional española.

No, no podemos estar tranquilos, ni apoyar -como quisiéramos- al presidente del Gobierno, cuando vemos a Mariano Rajoy jugar a la ruleta rusa de unas elecciones regionales lo que, política y legalmente, sólo puede ser interpretado como la admisión a trámite de la disolución de España si sus "nacionalidades y regiones" así lo deciden. Todo, para que el tranquilo Rajoy siga tranquilo como hasta ahora, como siempre, a costa de España.

Tal vez podríamos estar tranquilos si el presidente del Gobierno que nos pide tranquilidad no fuera Mariano Rajoy, que ha vendido, por no decir regalado, la soberanía nacional, sobre la que descansa la continuidad de la Nación, la fortaleza del Estado y la paz civil de todos los españoles, a cambio de su tranquilidad personal por un par de meses, el tiempo de llegar al sorteo de la Lotería nacional. Se quedaría más tranquilo, definitivamente tranquilo, dimitiendo, aunque de hecho, ya haya dimitido, sin que sepamos cuándo aunque empecemos a sospechar por qué. El Gordo ya le ha tocado al separatismo catalán. Los españoles, abandonados por nuestros representantes políticos, apenas podemos aspirar a la pedrea.

¡Hasta el final!
EDITORIAL Libertad Digital  28 Octubre 2017

Ahora que Carles Puigdemont y sus cómplices han culminado su golpe de Estado con la proclamación de la república catalana en el Parlamento regional, el Gobierno ya no tiene ninguna excusa para poner en marcha el artículo 155 de la Constitución con todas sus consecuencias a fin de restablecer la legalidad y el orden. Contra la rebelión los separatistas, tan solo cabe firmeza en la aplicación de la ley por parte de todas las instituciones del Estado, empezando por el propio Gobierno de Mariano Rajoy, que, tras la autorización otorgada este viernes por el Senado, dispone de todos los mecanismos y herramientas a su alcance para frenar este atentado contra el Estado de Derecho y la democracia.

El 155 no puede emplearse ni de forma gradual, como pretenden algunos, ni con el único fin de convocar elecciones autonómicas cuanto antes, tal y como exige el PSOE. Muy al contrario, el citado artículo ha de concebirse como una oportunidad histórica para acabar de una vez con el cáncer nacionalista que ha hecho metástasis en buena parte de la sociedad catalana, pervirtiendo y corrompiendo el uso de sus estructuras políticas durante los últimos cuarenta años.

Por ello, lejos de intervenir superficialmente la Generalidad para tratar de celebrar unos nuevos comicios en el plazo máximo de seis meses, el Ejecutivo debería suspender la autonomía sine die, el tiempo que sea necesario para limpiar las podridas y totalitarias cañerías políticas, administrativas y sociales que han llevado al conjunto de los catalanes a esta trágica situación. Obviamente en sólo unos meses no se van a revertir los efectos de cuatro décadas de adoctrinamiento y control totalitario de la sociedad catalana. El primer y único objetivo de la intervención tiene que ser restablecer la ley, el orden y el marco constitucional, único garante de nuestros derechos y libertades como ciudadanos, y para lograrlo ha de emplearse el 155 con carácter indefinido hasta que, finalmente, se logre dicho cometido.

Solo así podrá solventarse el problema catalán, puesto que la alternativa de unas elecciones a corto plazo supondría, simplemente, un breve y absurdo paréntesis en la profunda y larga crisis que han desatado los separatistas catalanes en los últimos años. En tal caso, activar el 155 no tendría ningún sentido. Además, el Gobierno no sólo goza de un amplio apoyo parlamentario para su aplicación, sino que también cuenta con el respaldo del pueblo español, con el Rey Felipe VI a la cabeza, que no está dispuesto a ceder al chantaje de Puigdemont y sus secuaces, y con el respaldo incondicional de la UE, como dejaron claro sus tres máximas autoridades en la entrega de los Princesa de Asturias, y el resto de países aliados. Nunca antes se ha tenido una oportunidad igual para vencer al nacionalismo. Desaprovecharla, con una convocatoria inmediata de elecciones, sería un error histórico imperdonable y de consecuencias probablemente ya irreversibles.

Y todo ello sin excluir la posibilidad, perfectamente legal y legítima, de recurrir al Ejército para garantizar la unidad y la soberanía nacional, el Estado de Derecho y la democracia, tal y como reza la Constitución, pues este y no otro es el principal cometido de las Fuerzas Armadas. Los grandes países lo son porque hacen lo que deben sin importar lo que piensen los demás. Ha llegado la hora de defender el marco constitucional frente a los golpistas. Hágase, ¡hasta el final!

Post Scriptum: Efectivamente, cómo nos temíamos, Mariano Rajoy acaba de anunciar la convocatoria inmediata de elecciones autonómicas, en un error histórico imperdonable y de consecuencias probablemente ya irreversibles.

DEBE COMENZAR LA RECONQUISTA
Se acabó. El sistema de 1978 se acabó. Ahora otra cosa debe comenzar
José Javier Esparza gaceta.es  28 Octubre 2017

El portavoz de la CUP dijo en la sesión insurreccional del Parlamento de Cataluña que el sistema de 1978 acaba de morir. Es verdad. La declaración de independencia no es un mero asunto de orden público, un atropello reglamentario, una simple infracción legal. Todos sabemos -empezando por el propio gobierno catalán- que el proceso separatista ha sido ilegítimo e ilegal desde su comienzo hasta su desenlace, pero eso ahora, aunque importante, es secundario. Lo verdaderamente relevante es esto otro: una región de España gobernada desde 1978 por oligarquías privilegiadas plenamente instaladas en el sistema, con abundante financiación pública e innumerables canonjías privadas, ha roto el armazón político del país. Previsiblemente, el mismo camino intentarán seguir otras regiones donde, igualmente, estos cuarenta años de gobierno autonómico han servido para que las oligarquías locales construyan su propio espacio nacional. Así muere un sistema que se construyó, precisamente, sobre la base del reparto de poder.

Porque el sistema que ha venido vertebrando la democracia española en los últimos cuatro decenios consistía precisamente en eso: cultura del “consenso”, entrega deliberada del poder local a los nacionalistas regionales, entrega del poder sindical a las centrales de partido, dos grandes partidos de estabilización (conflictiva), colusión frecuentemente indecente de los poderes político y económico (y mediático), control partitocrático de la Justicia, generación de estructuras clientelares de poder por todas partes, etc. El Sistema de 1978 no ha buscado nunca el afianzamiento de la nación española, sino que su objetivo ha sido siempre mantener el propio sistema. En nombre de ese juego de equilibrios se aceptó que entraran en el reparto fuerzas políticas cuyo fin último era la destrucción del propio sistema. Era una estrategia que forzosamente tenía fecha de caducidad. Alguna vez tenía que llegar el día. Ya ha llegado.

El Sistema de 1978 ha muerto y, con él, la forma de nuestro Estado. Ahora hay que recoger los platos rotos. Seguramente lo más urgente es tratar de recomponer la situación con los instrumentos vigentes, que los hay. Pero el objetivo de fondo ha de ser otro. En el famoso “Delenda est monarchia” de Ortega se lanzó aquel grito de “Españoles, vuestro Estado ya no existe, ¡reconstruidlo!”. Hoy estamos en esa situación. Nuestro Estado ya no existe: se basaba en la presunta lealtad de una fuerzas políticas que lo han traicionado y en unos equilibrios de poder que se han venido abajo con estrépito. Lo que sigue existiendo es la certidumbre histórica de una comunidad nacional española y el sentimiento popular de nación, el sentimiento de patria, que hoy ha florecido de manera inesperada. Sobre esa base hay que volver a empezar.

Es imprescindible y urgente una refundación nacional de la democracia española. Eso quiere decir lo siguiente: que la nación -su integridad, su unidad, su soberanía, su independencia- vuelva a ser el referente del Estado. Hay que desmantelar todo el aparato de disgregación y fragmentación de España construido a lo largo de cuarenta años -en la educación, en la comunicación, en el poder local, en la propia vida cotidiana de los ciudadanos- y hay que afianzar los instrumentos materiales de soberanía de la nación española en la economía, en la Justicia, en la Administración, en la cultura, en la milicia… Hay que recuperar para la soberanía nacional tanto lo que se ha perdido por abajo, por la fragmentación autonómica, como lo que se ha perdido por arriba, por la cesión a instancias transnacionales que, al margen de otras consideraciones, están vaciando al Estado de razones para existir. Para empezar, es prioritario dar cauce a fuerzas políticas que estén dispuestas a asumir el compromiso de esa refundación nacional y popular de nuestra democracia . Por así decirlo, hay que recoger esas banderas que por todas partes amanecen y darles una misma dirección. Ahora, en fin, debe comenzar la Reconquista.

Cachete
Ignacio Camacho ABC  28 Octubre 2017

No era esto, no era esto. La proclamación de la independencia es un desafío chulesco, una humillación política y moral del Estado. El resultado de un deplorable vacío de poder, de una galbana institucional inexplicable, de un largo abandono abúlico y resignado, de un desarme democrático. Y todo eso no se puede solucionar con un envite manso. Al Gobierno no sólo se le han aflojado las piernas; le han temblado las manos. La convocatoria de elecciones, en estas circunstancias, equivale casi a un premio para los autores de un golpe que ha situado a España al borde del ridículo y del fracaso.

El aquelarre parlamentario del soberanismo fue un sainete, una payasada sin épica ni brillo; como hecho fundacional de su presunta república representa un mamarracho sin grandeza ni heroísmo. Una payasada cicatera, mezquina, sin intrepidez, sin entusiasmo, sin convicción y hasta sin el mínimo lirismo. Como mito, una birria; como alumbramiento de una nueva nación, un timo. Pero hasta cualquier timador en grado de tentativa suele ir a la cárcel por cometer un delito. Y nadie en la España constitucional, en la España que ha colgado en sus balcones la enseña de su recuperado patriotismo, puede entender que los golpistas que han declarado la secesión duerman este fin de semana en sus casas en vez de en presidio.

Tampoco lo va comprender la Cataluña desdeñada, la Cataluña disidente sometida a la presión hegemónica del soberanismo. La Cataluña a cuyos ciudadanos quieren despojar de su identidad española para condenarlos en su propia tierra a una especie de exilio. Toda esa gente esperaba anoche oír el despertador del Estado señalando la hora del final del delirio. Necesitaba, como dice esa broma que circula por whatsapp, que cuando esta madrugada se atrasen los relojes, el de Cataluña marque la una y cincuenta y cinco. Y reclama aún que este país muestre de una vez por todas un cierto respeto a sí mismo.

Frente a esa exigencia de energía democrática, el Gobierno ha optado por una respuesta de mínimos. Ha sufrido un ataque de vértigo, de pánico al vacío. Le ha faltado fe en sus fuerzas para salir al rescate de su propia autoridad en entredicho. Las elecciones autonómicas las rechazó Puigdemont el jueves para entregarse a la culminación de su designio; pensar que ahora son la solución es una muestra de apocamiento que esconde la ausencia de confianza en el ejercicio del poder más allá de los entresijos jurídicos.

Después de una declaración de independencia con recochineo arrogante, la restauración de la dignidad nacional requería un ejercicio proporcional de jerarquía política, un acto de mando imperativo. Rajoy se ha quedado a medias; no se ha atrevido. En comparación con el agravio sufrido, la destitución del gabinete golpista es el cachete con que se reprende a un niño. Marianismo puro: soluciones conformistas para evitar meterse en un lío.

La hora de España
Emilio Campmany Libertad Digital  28 Octubre 2017

Nuestra nación ha sufrido una agresión a su integridad territorial. Somos muchos los que creemos que no se debería haber consentido que se llegara hasta aquí. Sin embargo, eso ahora no importa. Rajoy es nuestro presidente, y él es el responsable de recuperar la integridad cercenada. Lo hará haciendo lo que crea que debe hacer. A los demás nos cabe respaldarlo, por mucho que nos parezca que en tal o cual aspecto concreto debería obrar de modo diferente. Pero, en la medida en que se dirija a recuperar la región que nos ha sido arrebatada por una banda de criminales, merece nuestro apoyo.

Ahora bien, ya no caben términos medios. Cataluña volverá a ser España, un territorio donde todos los españoles sean iguales ante la ley y donde los derechos que se han venido violando vuelvan a ser respetados. Debe intentarse con todas nuestras fuerzas. Y si no fuéramos capaces de conseguirlo, que Cataluña sea Estado independiente con todas las de la ley, para lo bueno y para lo malo.

Lo peor que nos puede pasar ahora, peor que el que estos criminales consigan su detestable objetivo, es que, por volver a recuperar formalmente el territorio hoy perdido, aceptemos cualquier componenda en la que se reconozca a esa región alguna clase de privilegio en forma de concierto económico, justicia separada de la del resto de España o soberanía compartida. Existe la fundada sospecha de que quien ayer estaba dispuesto a recular si se cumplían no sé qué condiciones, haya declarado hoy la independencia, no para ganarla, sino para negociar desde una posición de fuerza. Nuestro Gobierno merece todo nuestro apoyo, pero no para ceder bajo coacción.

Oiremos estos días muchas voces que hablen de reconstruir puentes, de retomar el diálogo, de aliviar la desafección que muchos catalanes sienten hacia España y qué sé yo cuántos paños calientes más. No debe haber espacio para ello. Si es verdad que una considerable mayoría de catalanes quieren hacer de su región un Kosovo con la esperanza de ser un día una Dinamarca, lo conseguirán. Pero si, como cabe colegir, el patriotismo de muchos de ellos no tiene más valor que el de la subvención que reciben o esperan recibir, recuperaremos la región sin condiciones.

Tienen razón los independentistas cuando dicen que son muchos los territorios que un día fueron de soberanía española y hoy son Estados independientes. Sin embargo, salvo en Holanda y Bélgica, en ninguno sus ciudadanos disfrutan de tanta libertad y prosperidad como en España. Puede que, por enésima vez, perdamos un trozo de nuestra nación. No parece probable a la vista de la calaña del enemigo. Con todo, si tuviéramos que apurar nuevamente ese cáliz, que sea después de haber defendido nuestra tierra y los derechos de los españoles que viven en ella hasta el límite de nuestras fuerzas. Pero siempre teniendo presente que cualquier cosa será mejor que la deshonra de arrugarnos ante esta ralea de chantajistas de tres al cuarto.

¿Elecciones sin detenciones?
Javier Somalo Libertad Digital  28 Octubre 2017

Jamás se repetirá una situación como la actual: Europa convencida y con algunos envidiables episodios de firmeza como el de Tajani, la prensa progre internacional pidiendo perdón por algunos de sus excesos, el 155 presentado en sociedad y aclamado, el pueblo volcado y huyendo de viejos complejos, el Rey en un extraordinario momento y el populismo vencido por sus contradicciones. ¿Se podía pedir más?

Sí. Que restaurar el orden constitucional no significara volver a la situación anterior a este viernes de consumación de un golpe de Estado.Ni a la de hace unos meses, ni un año, ni cinco ni diez… Por muy atrás que queramos llegar nos encontramos en Cataluña un régimen nacionalista, un sistema que somete, adoctrina, multa y desobedece. Lo hacía también cuando ayudaba a PP y PSOE a vivir en La Moncloa. Volver atrás no es volver a la legalidad sino rescatar la dictadura nacionalista. Además, significaría olvidar que nos han dado un golpe de Estado y eso es, hasta ahora, lo único indiscutible.

Era el momento de cerrar de una vez por todas la Transición –inconclusa hasta hoy– definiendo un modelo de España definitivo. Era el momento de lanzar, con hechos, el mensaje inequívoco a los cuatro vientos: el catalán, el vasco, el gallego, el valenciano… y todos aquellos que soplan o quieran hacerlo contra el Estado de Derecho.

Es de suponer que a la república independiente de Cataluña le trae sin cuidado que el Gobierno de España destituya a nadie. Han cesado ellos al proclamar un cambio de régimen, no existe la Generalidad, se ha esfumado delante de nuestras narices así que, de momento, un real decreto no pone orden constitucional en ninguna parte. Será preceptivo pero, por sí solo, no significa nada. No cobrarán –faltaría más– y no podrán firmar papeles porque sería usurpación, dicen en La Moncloa, como si no hubieran ya usurpado lo suficiente.

Al anunciar las medidas del Gobierno, habló Mariano Rajoy de una vuelta "a la normalidad"…ignota, a no ser que esa normalidad signifique seguir consintiendo que una comunidad autónoma se crea superior al resto y como tal actúe, siga actuando, de espaldas a la Ley.

Convocadas ya las elecciones para el 21 de diciembre, ni uno solo de los nombres que ha pronunciado en este viernes de vergüenza la rebelde Forcadell y que haya depositado su voto en la urna más ilegal de cuantas se han puesto en Cataluña –unas las persiguió la Policía pero ésta no– deberían poder figurar en lista electoral alguna porque no se puede ser candidato si se está en prisión. ¿Sucederá? No hay que olvidar que Mariano Rajoy ha hablado en su comparecencia de la existencia de "independentistas demócratas". ¿A qué elecciones nos aboca pues, el presidente –y el PSOE y Ciudadanos– como medida del Estado contra un golpe de Estado?

Sólo una redada de golpistas podría remediar lo que ya parece la peor salida en el momento más propicio. Y, en puridad, tampoco eso sería una medida del Gobierno.

La ruina golpista
José María Rotellar okdiario 28 Octubre 2017

Lamento mucho que la primera de mis colaboraciones con Okdiario, que ha tenido la hospitalidad de acogerme en sus páginas, tenga que escribirla desde una inmensa tristeza provocada por el deleznable Golpe de Estado que una banda de separatistas enajenados ha perpetrado en Cataluña, una hermosa región de España y, hasta la locura independentista de unos pocos golpistas, una próspera comunidad autónoma.

El Golpe de Estado de Puigdemont y sus compinches -que la Justicia pondrá en su lugar espero que lo antes posible- ha arruinado a Cataluña. De momento, sólo se ve, que no es poco, la salida de empresas de Cataluña, pero eso sólo será el principio si perseveran en el Golpe, porque dichas empresas representan un 30% del empleo que existe en Cataluña y una cuantía del PIB regional catalán aún mayor. Ese empobrecimiento de Cataluña, afectará también al conjunto de España, pero especialmente a la región catalana. Eso es lo que están consiguiendo estos golpistas. Esperemos que la restauración de la legalidad, que habrá de lograr la aplicación del artículo 155 de la Constitución y del Código Penal, minimice todo lo que pueda este quebranto y algún día logre recuperarse la economía catalana, pero el daño ya está hecho.

Los golpistas han llevado a la ruina al conjunto de una región próspera, que si bien aporta al Fondo de Garantía de los Servicios Públicos Esenciales -coloquialmente llamado fondo de solidaridad con otras regiones- unos 800 millones de euros, dentro del Sistema de Financiación Autonómica, recibe muchas compensaciones como contrapartida:

1. Debido a los delirios independentistas, Cataluña lleva sin poder colocar deuda desde 2012, de manera que tiene que ser el Tesoro del Reino de España el que cubra su deuda para poder pagar TODOS sus servicios, entre otros, los sueldos de los empleados públicos. De sus más de 70.000 millones de euros de deuda, a los que han llegado por los desmanes de los gobiernos independentistas, preocupados más por buscar una independencia ilegal que por gestionar bien los recursos para prestar la Sanidad, Educación o Servicios Sociales de los ciudadanos, 52.499 millones de euros han podido financiarlos gracias al Tesoro, a través del FLA. Una Cataluña en solitario no podría colocar ni un céntimo de deuda. Tanto proclamar la independencia y no les ha importado renunciar a la autonomía financiera que la Constitución, en su artículo 156, confiere a las Comunidades Autónomas.

2. El propio Sistema de Financiación Autonómica que sigue empleándose, fue diseñado por un ex consejero catalán, para beneficio de Cataluña. Otra cosa es que fuese tan miope de no darse cuenta de que sólo basaba dicho funcionamiento en las partes alcistas del ciclo, olvidándose de que las crisis también existen. Por tanto, no es que el sistema les perjudique -que, al contrario, les beneficia-, sino que ni siquiera fueron capaces de diseñarlo a su medida adecuadamente.

3. Las balanzas fiscales, que reflejan los flujos de intercambio de la economía, muestran un claro beneficio para Cataluña, dado que la práctica totalidad de sus exportaciones regionales se producen con el resto de España, por no hablar ni del proteccionismo que los políticos catalanes impusieron en España en el siglo XX para beneficiar a la economía catalana, pero que lastró a otras regiones, ni de las cuantiosas inversiones que, tras la guerra civil, el régimen de Franco realizó en Cataluña.

4. El conjunto de la Seguridad Social española cubre el desfase que se da en muchas regiones españolas entre los ingresos por cotizaciones y las prestaciones que paga. Cataluña se encuentra en déficit, de manera que sus pensiones las paga gracias a la solidaridad del conjunto de España.

5. Durante toda la crisis, Cataluña recibió inversiones de la Administración General del Estado con incrementos acumulados de más del 40%, siendo la región española donde más invirtieron los Presupuestos Generales del Estado.

Por tanto, ni siquiera es cierto que Cataluña esté maltratada económicamente como proclaman los egoístas golpistas, sino que goza de la solidaridad del conjunto de España, como muchas otras regiones gozan de la solidaridad de los catalanes, que no de sus dirigentes golpistas.

Todo ello perdería una Cataluña independiente. Junto a la ruina de inversiones, empresarial y de empleo, que los independentistas ya han comenzado a provocar, una Cataluña fuera de España no podría pagar las pensiones, no podría financiarse en los mercados, se hundiría con las barreras arancelarias que se levantarían al quedarse fuera de la UE, su moneda se devaluaría, al quedarse fuera del euro, y la inflación crecería a doble o triple dígito. Ésa es la “república independiente” que quieren imponer estos golpistas, que sólo conllevaría ruina y pobreza.

Los golpistas han partido a Cataluña por la mitad, han comenzado a arruinarla y desearían, con su ilegal independencia, sumirla en la más absoluta de las pobrezas. Han destrozado a una región próspera, llena de emprendedores y buenos profesionales, de personas normales, que sólo quieren vivir y trabajar dentro de la legalidad y dentro de su país, que es España.

Ojalá que pronto se corrija esta ilegalidad, tras la destitución de los golpistas con la aplicación del artículo 155, que debe ser empleado con firmeza para salvaguardar los intereses de los catalanes y de todos los españoles, que las elecciones regionales corrijan también el desvarío independentista -aunque, quizás, se vayan a celebrar demasiado pronto para que puedan llevarse a cabo en un entorno de normalidad tras tantas décadas de propaganda secesionista-, y que veamos, así, restaurada la legalidad en Cataluña, que vuelva la prosperidad a esa gran parte de España y que los golpistas paguen por sus actos. ¡Viva España!

El fin del espejismo
LUIS HERRERO ABC 28 Octubre 2017

Durante el poco tiempo que duró el espejismo de la rendición de «Puchi» tuve la tentación de rendir el juicio y ser indulgente con la parsimonia del Gobierno. Mis convicciones se tambalearon. Yo siempre había creído que la determinación de los independentistas era insobornable. No tenía ninguna duda de que iban en serio. La secuencia de los acontecimientos era inequívoca. Primero Artur Mas le cedió el testigo de la Generalitat al alcalde más doctrinario de su partido. Después el Parlament aprobó eso que dimos en llamar remilgadamente «la hoja de ruta» hacia el desastre. Luego, los consellers dubitativos fueron arrojados por la borda y sustituidos por bizarros acólitos de toda confianza. A continuación se aprobaron las leyes sediciosas del referéndum y la transitoriedad. Y finalmente sobrevino la machada del 1 de octubre.

El procés iba quemando etapas sucesivas sin apartarse de su Viaje a Ítaca -en versión Lluis Llach-, tan atado al mástil de la estelada como lo estaba Ulises al palo mayor de su nave cuando bordeó la Isla de las Sirenas. Las advertencias que llegaban desde el Consejo de Ministros, el Tribunal Constitucional, la Fiscalía General del Estado o la Audiencia Nacional les entraban por un oído y les salían por el otro. ¿Qué más hacía falta para que Rajoy se diera cuenta de que las tropas amotinadas, visiblemente pertrechadas con arietes y torres de asalto, estaban cada vez más cerca del portón de la fortaleza del Estado? Si no se les frenaba en seco, el asalto sería irremediable y el precio de la defensa se tornaría sangriento. Cuanto más cerca se está de las murallas, dejó dicho Sun Tzu, más cruda se vuelve la batalla.

Mis miedos, sin embargo, siempre merecían la misma respuesta gubernamental: no es determinación insobornable lo que mueve a los independentistas. Su actitud sólo esconde impostura fanfarrona. Antes del choque, claudicarán. Yo escuchaba el diagnóstico y después de ponderarlo llevaba el índice a la sien y lo hacía girar en señal de chifladura. Por eso me quedé de piedra durante el par de horas que duró el frenazo y marcha atrás de Puigdemont. ¿Sería verdad que el Gobierno estaba en lo cierto y que su inacción respondía al certero convencimiento de que los porteadores de la DUI jugaban de farol? ¿Había desenmascarado el estadista paciente a unos simples bravucones de ladrido inofensivo?

«Las imágenes de ese momento infernal de la españolidad, y sobre todo la inquietud por el efecto que pueden acarrear las contramedidas aprobadas por el Senado, han llenado de desazón a millones de ciudadanos»

Aunque me fastidiaba tener que reconocerme como un estúpido alarmista incapaz de distinguir lo aparente de lo verdadero, en el fondo me alegraba de haberme equivocado. El interés general puede más que el placer de la autoestima. Incluso estaba dispuesto a cumplir la penitencia de hablar bien de Rajoy. A cada uno, lo suyo. Luego Puigdemont hizo la infame pirueta de arrepentirse de su arrepentimiento y el efímero gozo por el triunfo de la sensatez acabó en el pozo negro que la peor de todas las pestes -como llamó Stefan Zweig al nacionalismo- lleva cavando en Cataluña durante tantos años.

Ayer, a las tres y veintisiete minutos de la tarde, el Parlament proclamó la república catalana tras una votación que tuvo de secreta lo que tiene de posverdad llamar astucia a la cobardía. Las imágenes de ese momento infernal de la españolidad, y sobre todo la inquietud por el efecto que pueden acarrear las contramedidas aprobadas por el Senado, han llenado de desazón a millones de ciudadanos. ¿No formaba parte de la obligación de Rajoy haber calibrado mejor el riesgo de que su apuesta por la debilidad del adversario -por mucho que fuera mayor de lo que algunos habíamos percibido-, nos trajera hasta aquí? Pincho de tortilla y caña a que si hoy mirara a su alrededor, la cara se le caería de vergüenza.

El PP acepta in extremis la enmienda del PSOE para que el Gobierno no controle TV3
Víctor Ruiz de Almirón. Mariano Calleja. ABC 30 Octubre 2017

El PP va a aceptar finalmente la enmienda del PSOE que pedía excluir el control de los medios públicos de las medidas del artículo 155. Lo hace después de haber asegurado que no había acuerdo y después de que el PSOE diese por agotada la negociación en este punto.

El PP y el PSOE no habían alcanzado un acuerdo hasta pasadas las dos de la tarde sobre cómo debe procederse al control de TV3 y los medios públicos catalanes una vez aplicado el artículo 155. Los socialistas daban «por agotadas» las negociaciones en este punto y anunciaban que presentarían su enmienda como voto particular esta tarde.

En el día de ayer, los socialistas anunciaban varias enmiendas y una de ellas se refería a este punto. Querían suprimir las referencias que en las medidas del artículo 155 hacían referencia a que el Gobierno podía tomar decisiones de calado para controlar TV3.

Durante todo el día de ayer y toda esta mañana se ha intentado estar pactando una transaccional que añadir cómo voto particular al dictamen de medidas que aprobará hoy el Senado.

El Grupo Popular ha presentado una propuesta de transacción al PSOE, con el visto bueno del Gobierno, que proponía que los medios públicos catalanes dependan directamente de la Junta Electoral Central, como en periodos electorales, y que el control parlamentario recaiga sobre la Comisión Conjunta del 155 que se ha constituido en el Senado.

El PP y el Gobierno han ofrecido este texto, que matiza la enmienda presentada por el PSOE. Fuentes del Gobierno confirmaron que intentarían llegar a un acuerdo con el PSOE hasta el último momento. En caso de no haber acuerdo, desde el Gobierno se subraya que no afectará lo más mínimo al pacto general sobre el 155.

Si TV3 dependiera de la Junta Electoral cambiaría el escrito de las medidas del 155, en las que se ponía a los medios públicos bajo las instrucciones del Ministerio correspondiente. Ahora estaba abierta la puerta a que el PP presente como voto particular la redacción que estaba proponiendo al PSOE y sea eso lo que finalmente aparezca en el dictamen. Pero en un inesperado giro de guión los socialistas han dicho que aceptaban en sus términos la enmienda socialista.

El PP ha aceptado finalmente la enmienda del PSOE sobre los medios públicos catalanes, como guiño claro hacia los socialistas, y con el visto bueno de Mariano Rajoy, que no ha querido empañar el pacto por esta cuestión.

Al aprobarse la enmienda, se excluye de la aprobación del Senado el párrafo del escrito de las medidas del 155 que se refiere expresamente a los medios públicos catalanes de comunicación audiovisual. No obstante, con el resto de medidas en marcha, el Gobierno o el órgano que se cree podrá seguir interviniendo en ceses y nombramientos, tal y como está previsto, para controlar que se cumpla la ley y la Constitución.

Vencer el temor
Defender la Libertad es jugar con todo en contra, nos dice Héctor Ñaupari en “Liberalismo es libertad”. Vencer el temor es la clave para ganar tan desigual batalla, porque el temor es el combustible del estatismo.
Juan Pina vozpopuli.com 30 Octubre 2017

El intelectual peruano Héctor Ñaupari presentó la semana pasada en Salamanca uno de sus libros más recientes, Liberalismo es libertad. Ñaupari es uno de los referentes actuales más importantes de la otra intelectualidad latinoamericana. Esta otra intelectualidad no suele salir en TeleSur, ni la patrocina el régimen de Caracas, ni es lugar común y frecuente en los discursos de nuestros activistas de la izquierda europea. Esta otra intelectualidad reivindica, precisamente, el intelecto y la racionalidad, y por lo tanto no convalida la deriva emocionalmente impulsada hacia el colectivismo latinoamericano. América Latina es un subcontinente pendular, que hace unas décadas nos horrorizaba por la tiranía de las juntas militares de extrema derecha y ahora nos horroriza por la tiranía de los regímenes populistas de extrema izquierda. El péndulo parece empeñado en evitar el punto medio de su recorrido. Los extremos no es que se toquen, es que son uno solo y apenas varían en la estética y la simbología.

En su libro, Ñaupari traslada el llamamiento del liberalismo y, particularmente, de la economía austriaca, a los jóvenes de hoy. Les dice lo siguiente: “como defender la Libertad siempre es jugar con todo en contra, es indispensable para no perdernos en la apatía, la derrota o, peor aún, en el cinismo extravagante del francotirador intelectual, la otra cara de la falsa moneda de aquella arrogancia fatal que desbarranca a nuestros adversarios”.

La premisa del autor es cierta. En efecto, defender la Libertad es jugar con todo en contra. Qué bien lo saben cuantos comparten esta causa tan noble como ingrata. Es tenerlo todo en contra porque es tener en contra a casi todos. La inmensa mayoría de los seres humanos, incluso cuando se autoperciben como partidarios de la Libertad, no pueden evitar matizar esa posición de mil maneras. Pero en realidad sólo cabe un matiz a la Libertad: no invadir la de otro. Lo demás ya son constructos alambicados que se introduce en la cuestión para dulcificar el liberticidio y para eludir la culpa de coadyuvar a su imposición.

La arrogancia fatal que señala Ñaupari amplifica los ecos de la certera denuncia que en su día hiciera el Nobel de Economía Friedrich August von Hayek. Esa arrogancia es el problema de fondo que induce a tantos a abrazar en diverso grado el estatismo. Y su otra cara es la de la confianza en nosotros mismos como individuos y como especie, porque la arrogancia siempre es hija de la desconfianza, de la inseguridad, del temor irracional que por un lado nos hace esclavos y por otro esclavistas. Es ese temor cegador y criminógeno del que nos alertaba Ayn Rand hace ya muchas décadas.

Sin confianza en el ser humano es difícil que florezca la libertad. Si todos creemos que todos somos lobos para los demás, y que sólo los más cercanos no lo serán para nosotros, se sigue que los acuerdos libres son papel mojado, que la fuerza más descarnada es el único lenguaje y que la única ley es la ley de la selva. Y a partir de ahí se sigue también la necesidad de un poder superior, incuestionable, cuasidivino, que nos salve de nosotros mismos y de nuestros semejantes. Siguiendo la misma trayectoria, a ese poder, a ese dios implacable, habremos de sacrificarle gustosos nuestra Libertad y hasta nuestra Razón, por no ser más que un bagaje superfluo y peligroso. Todo ese recorrido de ideas constituye el itinerario lógico de la metaideología hegemónica: el estatismo. Es la médula espinal de muchas ideologías, tanto democráticas como totalitarias, aparentemente enfrentadas entre sí. Cumplimos este mes cien años de la Revolución Rusa y poco parece haber cambiado en el terreno de las ideologías: su pluralidad sigue midiéndose por una escala falaz, la de las izquierdas y las derechas, cuando en realidad lo que hay es estatistas (casi todos) y no estatistas. Es decir, autoritarios y libertarios. Y lo demás es atrezzo.

El estatismo se basa en el miedo. En el miedo a la Libertad. En el miedo a nosotros mismos y a nuestros semejantes. Explotando el miedo, el hechicero de la tribu se imponía a los demás integrantes. El bruto de la misma tribu se alió con el hechicero y le dio la fuerza de la que carecía, recibiendo a cambio la legitimación de su violencia. De la alianza entre el hechicero y el bruto nació el Estado. Su mayor éxito histórico ha sido conseguir que gran parte de los súbditos lo consienta (como mal menor o como ideal) y lo imponga a los demás en abierta conculcación de la soberanía individual, que se pisotea sin el menor miramiento.

El estatista nos quiere temerosos y desconfiados para erigirse en nuestro salvador porque no le basta que le obedezcamos a la fuerza: necesita que le legitimemos, necesita lo que Ayn Rand llamaba la sanción de la víctima. Los estatistas hablan de un supuesto contrato social en el que los gobernados sancionan (convalidan, avalan) la potestad del gobierno. De esa fábula mendaz y mediocre, mucha peor que las de Esopo, se deriva gran parte de nuestro bóvido cautiverio agradecido, que perpetúa a su vez este orden impuesto.

Los herederos de los liberales en este nuevo siglo —es decir, los libertarios—, entroncamos con la tradición liberal de los siglos precedentes pero no podemos detenernos para contemplarla, sino que debemos seguir avanzando. Debemos resistirnos tanto al estatismo de derechas como al de izquierdas —vanas diferencias de matiz— para afirmar que hay un orden mejor que ese. Hay un orden superior al de los políticos y los burócratas, infinitamente mejor que el de los comités de supuestos sabios de los Estados, y ese orden es el espontáneo. Es el orden que surge de la interacción descoordinada de millones de planes individuales y grupales en un marco regido por esa ley de las partes que son los acuerdos voluntarios y conscientes entre seres soberanos de sus vidas, siempre en ausencia de coerción. Y a ese orden es al que llamamos Libertad.

El carnaval de los cobardes
Si Rajoy hubiera querido, con tan sólo un bufido le habría reenviado a Puigdemont al Ampurdán, a limpiar las calles de Gerona, el sitio del que nunca debió salir.
Jose Alejandro Vara vozpopuli.com 29 Octubre 2017

Votaron en secreto, de tapadillo. Pretendían ser los parteros de una nación y no fueron más que unas pusilánimes ratas dirigidas por el gran cobardón. Carles Puigdemont no salió al balcón. Ni siquiera a la ventana. Encogido, se fue al retrete. Se ocultó, se tapó, enmudeció. No fue capaz de dirigir unas palabras en el Hemiciclo en el que, de tapadillo, mediante voto secreto, los padres de la nueva patria proclamaban una ‘república fantasma’, en feliz expresión de Alsina. Amparados en las masas, que movilizan esas agencias de la agitación callejera llamadas ANC y Omnium, bien engrasadas con dinero público, los señores diputados se acercaban a la urna de sor Carme, la jefecilla turulata del Parlament, para depositar casi a escondidas su papelito. Muertos de miedo, se abrazaban durante la penosa liturgia, entre temblores, para espantar el miedo.

Puigdemont y Junqueras, que casi se zurran en la víspera, ni siquiera acertaron a felicitarse con un abrazo. Se dieron la mano, acollonados, con mirada de odio, frente a un coro de alcaldes paniaguados, bastón en ristre, sacados de una novela de Vizcaíno Casas, que entonaban su himno del ‘cop de falç’.

¿Dónde la épica? ¿Dónde el arrojo y la valentía que tan crucial momento demandaba? No hubo grandes mensajes, ni solemnes pronunciamientos, ni frases para el mármol. Junqueras, más necio de lo que aparenta, depositó un discurso incoherente con referencia al ‘amor fraterno’. El domund había sido el martes. Redoblaban las campanas de algunas iglesias. Estrelladas en las sacristías.

Puigdemont, acogotado por la responsabilidad, se vio en la obligación de leer una apolillada cuartilla redactada a trompicones. Gran periodista el de Gerona. Les urgían las ganas de salir corriendo, de abandonar raudos el Parlament antes de que llegara la autoridad. Judicial, por supuesto.

Diez minutos duró el festejo, triste y maloliente. Un tufillo a pavor recorría la escalera magna del edificio. “No tengo miedo de ir a la cárcel”, se pavoneaba antaño el ‘president’ ante los medios internacionales. El viernes 27, que se pretendía jornada histórica, fue tan sólo la representación de un esperpento. Una colla de locoides empastillados, tras ciscarse en el Estado y la Constitución, pretendían hacer historia. Hicieron el ridículo. Declararon la independencia cinco minutos antes de perder el poder.

Un drama chusco y cruel para media Cataluña y para España entera promovido por una colla de obsecuentes lamelibranquios, chusma idiotizada, fanáticos esdrújulos. Alguien definió el espectáculo como ’una gamberrada adolescente’. Una gamberrada que nos costará miles de millones, imagen internacional, credibilidad en los mercados. Más cerca de la recesión que del progreso. Se lo han cargado todo estos estúpidos engreídos, xenófobos de aldea, paranoicos de cotolengo.

Dejan a Cataluña moralmente derribada, civilmente malherida, socialmente envilecida. El Gobierno les permitió llegar hasta allí. No pasaba nada. Se hunde el suflé. Son unos loquitos sin peligro. Está todo bajo control. Cuanta desidia, cuanta ineptitud en la sala de máquinas del Estado.

No hacen falta muchos ceneís para colegir que Puigdemont es un delirante cobardica, un auténtico inepto que no tiene media bofetada. Si Rajoy hubiera querido, con tan sólo un bufido le habría reenviado al Ampurdán, a limpiar las calles de Gerona, el sitio del que nunca debió salir. Contemporizar, negociar, dialogar. Había que llenarse de razones para pegarle el soplamocos. Qué estrategia tan errada. Qué gestión más torpe. Ahora ya se ha visto la catadura heroica del líder prometeico. Un bufón absurdo, de mirada esquiva y sonrisa estúpida, que se creyó Braveheart y se fue patas abajo.

Israel y el golpe en Cataluña
Ángel Mas Libertad Digital 30 Octubre 2017

Esperamos que el Gobierno de España reflexione sobre los comportamientos de nuestra diplomacia hacia el Estado de Israel.

En estos días de preocupación en España, ACOM, la organización de diplomacia pública de referencia a favor de Israel en nuestro país, se ha manifestado, como no podía ser de otra manera, firmemente en defensa de nuestra democracia constitucional. En las últimas semanas, hemos apoyado a nuestras fuerzas del orden en su ejemplar misión y aplaudido a la Comunidad Judía de Madrid, primero, y a la Federación de Comunidades Judías de España, después, en su vigorosa defensa del Estado de Derecho y de nuestras instituciones y por su apoyo a las Fuerzas de Seguridad del Estado.

Así mismo, llevamos años denunciando el cariz evidentemente antiisraelí del nacionalismo catalán exaltado, que llevó a la instauración de boicots antisemitas en ayuntamientos como los de Barcelona, Barberà del Vallès, Sant Adrià del Besòs, Terrasa, El Prat y un largo etcétera, ciudades donde millones de personas han sido sometidas a los designios judeófobos de sus dirigentes.

ACOM ha sido frecuentemente atacada en redes, precisamente, por su lealtad compartida a la España constitucional y al Estado Judío. Pero hemos ido más allá: hemos denunciado públicamente la vinculación entre grupos secesionistas y el islamismo yihadista, algo sobre lo que hemos llamado la atención en todos los foros internacionales.

Sobre la base de esta credibilidad, muchos amigos nos preguntan estos días nuestra opinión sobre la posición del Estado de Israel en relación al conflicto abierto por el intento golpista en Cataluña. Con ese fin, compartimos unas consideraciones:

– España e Israel son dos países aliados y amigos. Por eso los sionistas españoles podemos mantener una lealtad compartida a ambos Estados perfectamente coherente y no conflictiva.

– El Gobierno de Israel ha mantenido una postura exquisitamente respetuosa hacia España y los españoles al considerar este conflicto un asunto meramente interno sobre el que no tiene nada que opinar.

– Nos consta que las relaciones entre ambos Gobiernos siguen siendo extraordinariamente fluidas y cordiales. La mejor prueba de ello es la planeada visita de Estado a España, la próxima semana, del presidente de Israel, Reuven Rivlin. Hay gestos más poderosos que cualquier declaración.

– También es cierto que, en su intento de búsqueda de aliados extranjeros y con el objetivo de internacionalizar el conflicto, las Administraciones separatistas catalanas han cortejado sin cesar a Israel. El resultado hasta la fecha ha sido CERO APOYO, CERO LEGITIMACIÓN.

– A pesar de no contar con ninguna evidencia al respecto, grupos que dicen apoyar a Israel desde posiciones separatistas y personas próximas al Gobierno secesionista destituido han extendido el bulo de una supuesta afinidad de Israel con su causa, que incluiría el apoyo económico a la nueva república, el asesoramiento en materia de servicios de seguridad e inteligencia e incluso el suministro de las urnas para su grotesco referéndum ilegal. De todas estas intoxicaciones se han hecho eco algunos medios, por lo general marginales, creando a veces desconcierto entre los amigos de Israel en toda nuestra nación.

– A la vista de su querencia por las ensoñaciones, los bulos, la manipulación y las fake news más disparatadas, otorgar el menor crédito a piezas promovidas por los agitadores separatistas sólo sirve para seguirles el juego.

Entonces, ¿por qué el Ejecutivo de Benjamín Netanyahu no ha hecho una declaración más explícita de apoyo a España?

En ACOM no podemos interpretar los motivos del Gobierno de Israel, y esperamos que ese apoyo claro y contundente se produzca. Pero, aparte de aportar datos frente a rumores (declaraciones oficiales, visita del presidente Rivlin), nos gustaría apuntar también algunas ideas:

– La clase política israelí, que vive en una atmósfera generalmente caótica y que suele arrojar opiniones harto divergentes, ha mantenido, con muy contadas excepciones, una moderación extraordinaria sobre el asunto catalán (mucho más que la de muchos de nuestros aliados más próximos). Modestamente, esperamos que la labor informativa y educativa de ACOM haya contribuido a ello.

– Los medios israelíes han ofrecido una cobertura del asunto similar a la de cualquier otro país, y ha ido virando del sensacionalismo ligado a imágenes de cargas policiales a la serenidad del análisis. La respuesta vigorosa de los judíos constitucionalistas españoles, ofreciendo en medios israelíes una versión obviada en un primer momento, ha sido muy importante.

– La opinión pública israelí está tan desinformada de los asuntos internos de España como la española de los israelíes. Pero esa opinión pública no es ajena a los boicots antisemitas que siguen perpetrándose en España, ni a las posiciones adoptadas por nuestro Gobierno en asuntos que, aunque aquí no llamen la atención, en Israel son considerados clave.

– En circunstancias en las que el Gobierno de España, y en particular nuestro Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación, ha tenido la oportunidad de manifestarse como un amigo y aliado fiel del Estado de Israel, no ha estado a la altura y ha optado por la equidistancia entre el agresor y el agredido, entre el Estado legítimo de Israel y los agitadores palestinos, con su carga de intimidación, violencia y propaganda. Sirvan como ejemplo las protestas exageradas ante cualquier construcción en zonas disputadas, las expresiones desafortunadas ante cualquier atentado antiisraelí, la votación contraria a Israel en el Consejo de Seguridad de la ONU presidido por España, las sucesivas votaciones en la Unesco negando el carácter judío de Jerusalén. Una más: mientras el Gobierno de España promueve la Ley de Nacionalidad para Sefardíes, un hito histórico, y nuestro Parlamento mantiene un importante y activo Grupo de Amistad con Israel, Administraciones públicas españolas financian abiertamente actividades de hostigamiento contra el Estado de Israel, sus empresas, sus ciudadanos y todos aquellos que los apoyemos en España, y miles de españoles viven en localidades y provincias donde Israel está formalmente boicoteado de forma ilegal... sin que la Fiscalía actúe de oficio.

Los sucesivos Gobiernos de España se han acostumbrado a esta anormalísima relación asimétrica, en la que la permanente lealtad de Israel hacia España se ve respondida con gestos de amistad variable y actos de hostilidad por parte de esta última, algo que mencionó recientemente en un artículo el presidente del Grupo de Amistad con Israel en el Congreso.

En este contexto, en el que la respuesta diplomática española ante cualquier violación de la integridad territorial israelí ha contenido expresiones equidistantes y llamadas a la "contención" y la "proporcionalidad" en las respuestas del agredido, cualquier exigencia diplomática española para que Israel manifieste de un modo más asertivo su defensa de la integridad de España resulta, lamentablemente, poco razonable, y si se produjera sería una nueva muestra de extrema generosidad por parte de Jerusalén (capital de Israel que tampoco reconoce España, que mantiene tozudamente su embajada en Tel Aviv).

Pero la amistad entre España e Israel, el vínculo que nos une, es fuerte y duradero. Nos aproximan valores e intereses, y los que guardamos una lealtad compatible a ambos Estados debemos seguir reforzando esa solidez.

En estos tiempos de catarsis que vivimos en nuestro país, la actitud respetuosa del Gobierno de Israel merece mucho crédito del que se le da. Esperamos que el Gobierno de España reflexione sobre los comportamientos de nuestra diplomacia hacia el Estado de Israel, comportamientos que hubieran sido impensables por parte del Estado judío en estos días de inquietud y desasosiego, y recuerde la próxima vez el valor de un gesto de solidaridad, amistad y apoyo a un aliado en momentos de necesidad.

Angel Mas, presidente de ACOM - Acción y Comunicación sobre Oriente Medio.

Un millón de personas se manifiesta a favor del 155 en Barcelona
Apoyo masivo a la Constitución en la segunda manifestación no separatista en tres semanas.
Pablo Planas (Barcelona) Libertad Digital 30 Octubre 2017

El 8 de octubre, alrededor de un millón de personas salieron a las calles en Barcelona para denunciar los planes golpistas del separatismo. Fue un día histórico, la primera manifestación masiva con banderas de España en Barcelona. Fue el día en que Mario Vargas Llosa denunció el sesgo supremacista del nacionalismo y los ciudadanos desmintieron el "relato" independentista. También discutieron la consigna de que "els carrers seran sempre nostres" que corean en sus marchas las personas movilizadas por el aparato de agitación y propaganda del nacionalismo.

Cuatro días más tarde, las banderas de España volvieron a las calles de la capital catalana. Cien mil personas se juntaron en el centro para celebrar el 12 de Octubre. Nunca en la fiesta nacional se había visto tal manifestación en Barcelona. Y este domingo, menos de 48 horas después de la proclamación de la república catalana en esperpéntica sesión parlamentaria, otra vez un millón de personas se reunían convocados por Sociedad Civil Catalana (SCC).

Cinco años de desprecio
El discurso separatista sobre su "mayoría" está descuadrado. La otra mayoría, la que aguantó cinco años de proceso separatista en medios públicos y privados de Cataluña; de exhibiciones de masas en cada edición del 11 de septiembre publicitadas durante semanas y con el apoyo económico y funcional de ayuntamientos, diputaciones y de la Generalidad; de desprecio, ninguneo y amenazas; esa que llamaban "silenciosa" ha perdido el miedo a ondear sus banderas, la española, la senyera y la europea.

La pequeña y voluntariosa Sociedad Civil Catalana, muy lejos de las dimensiones de la ANC u Òmium, de sus millonarios presupuestos y de sus gruesa militancia, ha logrado en menos de un mes cifras que compiten con las que se daban en el momento álgido del independentismo.

La Guardia Urbana cifró el 8 de octubre en 350.000 personas. Este domingo ha rebajado en 50.000 el número de asistentes. Aquel domingo en el que muchos ciudadanos se dejaron el miedo en casa, la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, ni reaccionó. La idea más extendida entre los nacionalistas y la izquierda podemita fue que los manifestantes no eran catalanes, que habían venido de toda España para invadir la ciudad por un día. Cuatro días después despreciaron la concentración del 12 de Octubre. Esta vez, Colau sí se ha pronunciado. A su manera, instalada en el desprecio a las banderas ajenas: "Bienvenidas todas las manifestaciones cívicas y masivas de estos días. Barcelona siempre será la capital orgullosa de una Cataluña plural".

Las cifras
La delegación del Gobierno ha rebajado en 350.000 la cifra de 1.350.000 aportada por la organización. El efecto es incuestionable. Las tomas aéreas, las concentraciones dispersas en otros puntos de la ciudad como la Vía Layetana y la plaza de San Jaime descabalgan los "cálculos" de la administración municipal de los "comunes" de Colau. Si las imágenes correspondieran a una manifestación de signo contrario no se aceptaría una cifra menor al millón y medio y sería doble portada en los diarios de Barcelona.

El PSC se ha sumado. Es la primera vez que los socialistas catalanes acuden a un acto de Sociedad Civil Catalana, que comenzó su andadura el 23 de abril de 2014 de manera casi clandestina, sin medios y sin la menor perspectiva de competir con las entidades separatistas en la calle. Planteaban una oposición en el terreno de las ideas y comenzaron a desmontar los mitos del nacionalismo con más voluntad que repercusión mediática. Han sido obviados en los medios catalanes hasta ahora.

Ciudadanos y PP no faltaron. En la cabeza de la marcha se apelotonaban Albert Rivera, Miquel Iceta, Inés Arrimadas, Dolors Montserrat y Xavier García Albiol con los miembros de SCC, cuyas previsiones quedaron de nuevo hechas añicos. La organización que dirigen Mariano Gomá, Álex Ramos, Miriam Tey y José Domingo se ha convertido en un actor clave en el minado escenario catalán.

Mantiene un desprejuiciado aire transversal. En el acto de hoy hablaron la catedrática de derecho constitucional Teresa Freixes, el profesor de la Universidad de Barcelona Félix Ovejero, el exlíder del PCE Paco Frutos y el expresidente del parlamento europeo Josep Borrell, quien también fue uno de los protagonistas del 8 de octubre.

Imperaron las apelaciones al voto para el 21 de diciembre, las llamadas a quienes no participan en las autonómicas pero si en las generales para que hagan una excepción. Se volvió a escuchar con fuerza el "Puigdemont, a prisión". Borrell trató de parar ese clamor y exigió que la justicia actúe rápido para exigir responsabilidades a los dirigentes separatistas. También se oyó con fuerza el "TV3 manipuladora". Fue lo que destacó la televisión pública en la que como un acto reflejo aún se trata de Puigdemont de "president".

Intervención de Frutos
Destacó sobremanera el discurso de Paco Frutos, que se proclamó "traidor" a las mentiras e "historietas" del nacionalismo con especial mención al 1714. También acusó a los nacionalistas de fomentar el "racismo identitario" y denunció a la izquierda que va detrás del nacionalismo. El discurso del exlíder del PCE entre 1998 y 2009 atacó la raíz del separatismo, a cuyos líderes acusó de ser los "botiflers" (traidores) reales "porque os cargáis la libertad y la democracia". Frutos, que se afilió al PSUC y a CC.OO durante la dictadura, también denunció que los nacionalistas "envíen niños a manifestarse con pancartas en contra del franquismo", así como la actitud de la "izquierda cómplice que dice que no es nacionalista pero les baila el agua y va detrás de los nacionalistas".

SCC, un actor inesperado
Tras dos exhibiciones por parte de lo que nacionalistas llaman con desdén "unionismo", la propaganda separatista tiene un grave problema. Las calles han dejado de ser su monopolio. A diferencia de los actos independentistas, no hay actuaciones musicales, no hay velas ni eslóganes mayoritarios. El ritmo es diferente. Aires de improvisación. La primera vez, el 8 de octubre, las sensaciones entre los manifestantes eran de alivio, de sorpresa ante el impresionante despliegue. Este 29 de octubre, la sorpresa fue menor y del alivio se ha pasado a un cierto orgullo. Hay otra corriente central, una pulsión imprevista bajo una pancarta que dice "Todos somos Cataluña", que reivindica España y que pone en duda todos los apriorismos dominantes sobre los modelos lingüísticos, educativos y mediáticos puestos en práctica por el nacionalismo y avalados durante décadas por los socialistas.

La nueva historia oficial de Europa borra el cristianismo y promueve el islam
Giulio Meotti lagaceta.eu 30 Octubre 2017

Hace unos días, algunos de los intelectuales más importantes de Europa —entre ellos el filósofo Roger Scruton, el exministro de Educación polaco Ryszard Legutko, el estudioso alemán Robert Spaemann y el profesor Rémi Brague, de la Sorbona de Francia— lanzaron la Declaración de París. En su ambiciosa declaración, rechazaban el "falso cristianismo de los derechos humanos universales" y la "cruzada utópica y pseudorreligiosa por un mundo sin fronteras". En su lugar, pedían una Europa basada en las "raíces cristianas", inspirándose en la "tradición clásica" y rechazando el multiculturalismo:

Los patrocinadores de la falsa Europa están hechizados por las supersticiones del inevitable progreso. Creen que la Historia está de su parte, y esta fe les vuelve altaneros y desdeñosos, incapaces de reconocer los defectos del mundo postnacional y postcultural que están construyendo. Además, ignoran cuáles son las verdaderas fuentes de la decencia humana tan estimadas por ellos y por nosotros. Ignoran e incluso repudian las raíces cristianas de Europa. Al mismo tiempo, ponen sumo cuidado en no ofender a los musulmanes, a los que imaginan adoptando alegremente su perspectiva laicista y multicultural.

En 2007, el papa Benedicto, reflexionando sobre la crisis del continente, dijo que Europa está "dudando ahora de su propia identidad". En 2017, Europa dio un paso más: crear una identidad postcristiana y proislámica. Los edificios y exposiciones oficiales europeos están efectivamente borrando el cristianismo y saludando al islam.

Uno de esos museos oficiales que abrió hace poco el Parlamento Europeo, la Casa de la Historia Europea, cuesta 56 millones de euros. La idea era crear un relato histórico del periodo de postguerra en torno al mensaje a favor de la unificación de la UE. El edificio es una bella muestra de art decó en Bruselas. Pero, como escribió el estudioso alemán Arnold Huijgen, la casa está culturalmente vacía:

Parece como si la Revolución francesa fuese la cuna de Europa; hay poco espacio para todo lo que le precedió. El código napoleónico y la filosofía de Karl Marx tienen un lugar destacado, mientras que se hace hincapié en la esclavitud y el colonialismo como las caras más oscuras de la cultura europea (...) Pero lo más llamativo de esta Casa es que, en lo que respecta al relato, es como si la religión no existiese. En realidad, como si nunca hubiese existido y nunca hubiese tenido un efecto en el continente (...) El laicismo europeo ya no está luchando contra la religión cristiana; simplemente ignora totalmente cualquier aspecto religioso de la vida.

La burocracia bruselense incluso borró las raíces católicas de su bandera oficial, las doce estrellas que simbolizan el ideal de unidad, solidaridad y armonía entre los pueblos de Europa. La dibujó el diseñador francés católico Arséne Heitz, que al parecer se inspiró en la iconografía cristiana de la Virgen María. Pero la explicación oficial de la Unión Europea sobre la bandera no figura ninguna mención a esas raíces cristianas.

El Departamento de la Unión Monetaria y Económica del Comité Europeo ordenó después a Eslovaquia que rediseñara sus monedas conmemorativas eliminando a los santos cristianos Cirilo y Metodio. No hay ninguna mención al cristianismo en las 75.000 palabras del borrador abortado de la Constitución Europea.

La Comisión Europea ordenó a Eslovaquia que rediseñara sus monedas conmemorativas eliminan a los santos cristianos Cirilo y Metodio. (Imágenes: Comisión Europea –moneda–; Frettie/Wikimedia Commons –Bratislava, Eslovaquia–).

El ministro del Interior alemán, Thomas de Maizière, del partido de Angela Merkel en el gobierno, el Partido Demócrata Cristiano, propuso recientemente introducir días festivos musulmanes. "En los lugares donde hay muchos musulmanes, ¿por qué no podemos pensar en introducir un día festivo musulmán?", dijo.

"La sumisión va adelante", respondió Erika Steinbach, la influyente expresidenta de la Federación de los Expulsados (los alemanes expulsados de varios países del Este de Europa durante y después de la Segunda Guerra Mundial).

Beatrix von Storch, destacada política del partido Alternativa para Alemania (AfD), simplemente tuiteó: "¡NO! ¡NO! ¡NO!".

La propuesta de De Maizière demuestra que, en lo que respecta al islam, el laicismo europeo oficial postcristiano está simplemente desaparecido en combate.

Hace unas pocas semanas, Bruselas albergó una exposición financiada por la Unión Europea, "¡El islam es también nuestra historia!". La muestra traza el impacto del islam en Europa. Una nota oficial dice:

La evidencia histórica expuesta en esta muestra —la realidad de una antigua presencia musulmana en Europa y la compleja interacción entre dos civilizaciones que luchan la una contra la otra, pero que también han penetrado la una en la otra— apuntala un empeño educativo y político: ayudar por igual a los musulmanes y no musulmanes europeos a entender mejor sus raíces culturales comunes y cultivar su ciudadanía compartida.

Isabelle Benoit, una historiadora que ayudó a diseñar la exposición, declaró a AP: "Queríamos aclarar a los europeos que el islam es parte de la civilización europea, y que no es una importación reciente, sino que sus raíces se remontan a trece siglos atrás".

El establishment oficial europeo le ha dado la espalda al cristianismo. El establishment parece no ser consciente de hasta qué punto el continente y su gente siguen dependiendo de la orientación moral de sus valores humanitarios, especialmente en un momento en que el islam radical ha lanzado un desafío civilizacional a Occidente. "Es simplemente un problema de un empaquetamiento que tiende a llenar un 'vacío'", escribió hace poco Ernesto Galli della Loggia en el periódico italiano Il Corriere della Sera.

Es imposible ignorar que detrás de ese empaquetamiento hay dos grandes tradiciones políticas y teológicas —la de la ortodoxia rusa y la del islam—, mientras que detrás del "vacío" sólo está el declive de la consciencia cristiana del Occidente europeo".

Por eso es tan difícil de entender la lógica de la animosidad oficial europea hacia el cristianismo y su atracción hacia un islam esencialmente totalitario. Europa podría ser fácilmente laicista sin ser anticristiana militante. Es más fácil entender por qué miles de polacos acaban de participar en una manifestación masiva junto a la frontera polaca para expresar su rechazo a la "secularización y a la influencia del islam", que es exactamente lo mismo que el disparatado credo oficial de la UE.

En la Segunda Guerra Mundial, los Aliados evitaron bombardear Bruselas, porque iba a ser la cuna del renacimiento europeo. Si la élite europea sigue con su repudio cultural de su cultura judeocristiana-humanística, la misma ciudad podría ser su tumba.

La crisis catalana vista desde los Balcanes

Elvi Sidheri Libertad Digital  28 Octubre 2017

Aunque pueda no parecer muy importante, el punto de vista de balcánicos y albaneses sobre la crisis en Cataluña tiene un interés particular.Nosotros y los españoles somos gente bastante distante y diferente, en cuanto a historia y desarrollo cultural, económico y social. Pero sí tenemos una cosa en común, además de nuestra antigua pertenencia a la mediterraneidad. Ese hecho es exactamente el de vivir en regiones con fuertes movimientos secesionistas e independentistas.

Es una cuestión de legados históricos, de un pasado complicado y lleno de mezclas de poblaciones, culturas e influencias, que han dado lugar a un presente tormentoso, donde el empuje nacionalista es más fuerte que el deseo de convivir juntos en un Estado común, con objetivos y bienestar comunes, más allá de los estrictos intereses de unos grupos étnicos o unas comunidades lingüísticas.

Cuando se habla del fenómeno de la balcanización, está claro que tenemos en cuenta la región de los Balcanes, donde está situada Albania.

Si hay una causa mayor de los interminables sufrimientos de nuestra región, es exactamente el nacionalismo ciego de las elites, la extrema fragmentación del territorio en unos mini-Estados disfuncionales con comprobados problemas existenciales, que hacen posible esta deriva incontrolable de inconsistencia estatal y nacional, que se puede notar en la mayoría de los países de la región.

A día de hoy, en la península tenemos once países: Eslovenia, Croacia, Serbia, Bosnia y Herzegovina, Montenegro, Macedonia, Grecia, Rumanía, Bulgaria, Albania, Kosovo –todavía no reconocido por España pero sí por otros 114 países del mundo– y la parte europea de Turquía. No son pocos países para un territorio de 470.000 km cuadrados, es decir, más pequeño que España, que cuenta con unos 505.000.

Nuestra modesta península, que en su historia ha sido protagonista de la edad helénica en la Antigüedad, que ha visto nacer al mítico Alejandro Magno, a Pirro de Epiro y a nuestro Jorge Castriota Skanderbeg –defensor de su país libre y orgulloso, pero al mismo tiempo último defensor de una Europa poco propensa a encarar dignamente a los invasores turcos del Imperio Otomano–, después en el Medioevo fue forzada a someterse al yugo otomano por durante más de cinco siglos, fragmentándose infinitamente, con el resultado de un territorio ingobernable, subdesarrollado y muy fructífero para fenómenos de estampa racista y extremismos nacionalistas de todo tipo.

No voy a intentar hacer exageradas y quizá inútiles comparaciones entre la ocupación turco-otomana de los Balcanes y la presencia árabe durante muchos siglos en España y la Península Ibérica, ya que las circunstancias y acontecimientos fueron diferentes, pero este pasado es en cualquier caso un punto de encuentro entre nuestras realidades.

Pero si España, después de la Reconquista y el fin del dominio árabe, supo transformarse en un Estado unido en sus divergencias y diferencias, un país fuerte, vigoroso y que mediante la Hispanidad pudo crear una nueva realidad continental en América, los Balcanes siguen siendo y sirviendo como ejemplo de peligrosa fragmentación, que comporta muchos riesgos de guerras, genocidios y muerte, como en los años 90, con las guerras de la ex Yugoslavia, desde Srebrenica a Vukovar y Reçak, con millares de víctimas civiles e infinita destrucción.

¿De verdad los señores independentistas de Cataluña quieren este tipo de escenario?

En un momento histórico en el que, a pesar de la crisis económica y los muchos desafíos del mundo globalizado, Europa está intentando crear una unidad económica, y sobre todo una unidad de mentalidad que pueda conseguir el inmenso reto de unificar y facilitar la vida y el bienestar de todos los europeos, sin distinción alguna, los que más sentimos como vital todo esto somos nosotros, los que vivimos en los Balcanes.

A pesar de todas las dificultades prácticas, mentales y circunstanciales, cada país balcánico que parte de la Unión Europea goza de una seguridad, unas expectativas y unas esperanzas en un futuro mejor muy superiores a las que tenían antes de ser miembros de la UE. En cambio, los países de la región que aún no son parte de ella sufren todavía a causa de problemas secesionistas.

Es el caso de Serbia, donde, además de la cuestión de un Kosovo ya independiente de facto y de iure, hay problemas con la región de mayoría musulmana del Sanjacado, así como también con la Voivodina, más desarrollada y cosmopolita que el resto del país, donde viven muchas minorías (húngaros, rumanos, etc.). No puede olvidarse tampoco el sur del país, habitado en su mayoría por albaneses en Presevo.

Es también el caso de Macedonia, con una fuerte minoría albanesa (25-30%); de Bosnia y Herzegovina, todavía bastante dividida y fragmentada entre sus entidades serbo-bosnia y bosnio-croata, con un aparato estatal totalmente disfuncional y en un impasse perpetuo que deja el país en punto muerto.

Albania, que es un país bastante homogéneo, podría tener también sus problemas en futuro, con algunos grupos greco-parlantes en el sur, si no se resuelve con éxito su apuesta por unirse a la Unión Europea.

En este contexto, el ejemplo del empuje soberanista en Cataluña claramente tiene numerosas repercusiones, no sólo para España y Cataluña, también para Europa, para sus regiones y para los Balcanes.

Cataluña tendría que servir como un perfecto ejemplo de integración, de autonomía funcional y de instituciones autonómicas bien integradas en el conjunto de un país unido con un sistema descentralizado. Una imagen que en este momento tiene poco que ver con lo que sucede en Cataluña, donde los últimos acontecimientos son tremendamente lesivos para la convivencia pacífica y autonómica en un país desarrollado, maduro y civilizado del año 17 del siglo XXI.

España y, sobre todo, Cataluña tendrían que aprender mucho de las lecciones que ofrecen los Balcanes sobre hechos de guerras, extremismos nacionalistas, aprensiones y falta de tolerancia recíproca. Separarse es siempre más fácil que permanecer unidos, buscar divergencias es siempre más fácil que encontrar puntos de encuentro y soluciones comunes, entrar en nuevas confrontaciones es siempre más fácil que evitar tensiones inútiles.

La independencia no ponderada a menudo lleva a un país, a sus habitantes, vecinos, y muchas veces también a miembros de una misma familia, a irresolubles conflictos, con consecuencias trágicas ya vistas en los Balcanes.

No hay independencia fácil, ni idílica. Y para que Cataluña la alcanzara tendrían que darse unas condiciones históricas, políticas y sociales que claramente no se dan.

Elvi Sidheri, traductor y periodista albanés radicado en Tirana

Babylon Berlín, Babylon Barcelona
Jimmy Giménez-Arnau okdiario  28 Octubre 2017

Ha aquí la historia de una degradación plagiada de la serie alemana con mayor presupuesto de todos los tiempos. Babylon Berlín retrata la decadencia (pre-nazi) que hoy padece la convulsa Cataluña de los independentistas, turba de trileros y traidores fuera de sus cabales. La serie televisiva contiene cuanto se agita y prospera en la ciudad condal: la multiplicación de los extremismos exacerbados, el auge de mafias políticas a granel que roban y se reparten los dineros de la ciudadanía, mientras extienden por sus calles y la mente del incauto una basura ideológica imposible de reciclar. Babylon es el caos.

Babylon Berlín arranca en 1929 cuando Dalí, genio español, exponía por primera vez en París. André Breton lo presentó como uno de los más destacados renovadores del movimiento surrealista. Comparen su sentido estético, con la sucia higiene que gastan los provincianos trogloditas que abarrotan el Parlamento de Cataluña, donde destaca una maravillosa persona, Arrimadas, sin olvidar el coraje de Albiol. Sin constitucionalistas, esa cámara no parece un recinto en el que se defienden ideas sino una cuadra para golpistas duchos en el chalaneo o negocios de gente tramposa y vil, dedicada a la trata de ganado.

En 1930 Gandhi inició la Marcha de la sal. Los paralelismos siguen fluyendo. Debido a que uno de sus colaboradores fue preso por las autoridades británicas tras haber infringido la prohibición de asistir a reuniones secretas, Mahatma se enfrentó a las órdenes coloniales con una campaña de desobediencia civil, largándose, en señal de protesta, a dar un largo paseo por las salinas cercanas a la ciudad de Jalalpur. Como los catalufos se ríen de los españoles, riámonos de ellos. Apresado Junqueras por sedicioso, ¿se animará la fregona a limpiar la empapelada Barcelona, aunque sólo sea por solidaridad?

70 mal nacidos que se dicen catalanes, en lugar de inmolarse a sí mismos dando un paso atrás, reconociendo el fracaso de su aventura suicida, han preferido inmolar a Cataluña entera, a sus 7/8 millones de habitantes. Desde la proclamación de esa Republiqueta de mierda que ha nacido muerta, y durante muchos años, Babylon Barcelona será una losa con más peso que todos los portaviones que surcan la Mar Océana. El caos de Babylon Barcelona, ya es un hecho. 69 infradotados con 1 fregona al frente no saben la que les va a caer. Inda Dixit: “A Puigdemont no hay que detenerle, hay que ponerle una camisa de fuerza”, sí, pero fabricada con metacrilato a medida para que nunca logre escaparse del molde.

P.S. Acuérdate de que este sábado a las 3:00 serán las 2:00, menos en Cataluña, que será la 1:55. De un español ingenioso en la red, porque gracia, cualquier español, tiene muchísima más que cualquier catalán. Con excepción del cómico Eugenio, que ya habría cambiado “el saben aquell que diu…”, por “el saben aquell que DUI”.

Foro de la Sociedad Civil
Cuando el Estado deja de ser la solución para ser el problema
Jesús Banegas vozpopuli.es  28 Octubre 2017

Un somero examen de los principales problemas de España pone de relieve en que medida la mayor parte de ellos tienen que ver con un mal o un exceso de Gobierno.

Veamos algunos ejemplos.
El problema catalán no existiría en los términos actuales o tendría una mínima expresión si no se hubieran dado, al menos, tres circunstancias: el adoctrinamiento político en las aulas, la propaganda política de los medios de comunicación y la subvención de todo tipo de actividades de entidades secesionistas que han creado un verdadero ejército de profesionales al servicio de su causa; todo ello financiado con dinero público.

El crónico desempleo que viene padeciendo España es la consecuencia lógica de una desafortunada regulación del mercado de trabajo en connivencia con unos sindicatos mayormente subvencionados por el Estado.

La corrupción que hemos venido padeciendo ha estado asociada, sin excepción, con decisiones políticas y recursos económicos públicos.

La marcha de la economía está condicionada por las políticas públicas, como demuestran: una presión fiscal desincentivadora de la actividad económica, una proliferación normativa que restringe la creatividad empresarial y hasta fragmenta el mercado interno, obstáculos administrativos de todo tipo al crecimiento de la innovación y el tamaño empresarial, ayudas públicas injustificadas o clientelares, etc.

A las citadas preocupaciones, añaden los españoles –según revelan los sondeos del CIS– otra de alcance más genérico que abarca a políticos, partidos y política. Detrás de esta lógica preocupación social se encuentran prácticas políticas como: la financiación pública de los partidos políticos con el insólito y absurdo gigantismo que conlleva, la extrema politización de las administraciones públicas, la escandalosa colocación de una enormidad de enchufados políticos a cargo del erario público, la ocupación política de las Cajas de Ahorros y su consiguiente y costosísima quiebra y las políticas clientelares que sin reparar en sus costes tratan –en muchos casos vanamente– de sufragar gastos –muchos inútiles– que al final desembocan en dramáticas crisis como la que ha asolado a España en la última década; sin parangón en nuestra historia.

Todo lo dicho se puede resumir en que el despilfarro económico y la injustificada y perjudicial proliferación de normas procedentes del Estado son los causantes de la mayor parte de los problemas que sufre España.

Es de suponer que uno a uno, casi todos los hechos relatados, podrían ser asumidos por una gran mayoría social como una descripción bastante precisa de los principales males de la España de nuestros días y sin embargo paradójicamente es bastante probable que una mayoría de los que están de acuerdo no crean necesaria una contracción –económica y normativa– del Estado.

¿A qué se debe tamaña contradicción?, que equivale a algo así como no aceptar el resultado de una operación aritmética. Seguramente, detrás de ella se encuentra la progresiva infantilización de una sociedad que reclama derechos al tiempo que elude responsabilidades; es decir, espera que un Estado-Providencia resuelva todos los problemas.

A nivel internacional llevamos años comprobando con muy rigurosos y sistemáticos datos que los países más ricos son los más libres, es decir, el los que la presencia del Estado está más contenida –tanto en gasto como en intervención normativa– y la libertad de las sociedad civil está más extendida. (Véase esto)

La concepción moderna del Estado proviene de mediados del siglo XVII cuando Thomas Hobbes, en su Leviatán, lo propuso en forma de Estado-Nación sobre la base de la ley y el orden como respuesta a la maldad, la brutalidad y la brevedad de la vida.

A finales del siglo XVIII y comienzos del XIX con la Revolución Americana se gesta el Estado contemporáneo que acaba con los privilegios reales y limita sus derechos; con él comienza de la meritocracia y la rendición de cuentas. John Stuart Mill, en Sobre la libertad, defendió la limitación del poder del Estado -más pequeño y competente- y señaló la enfermedad moral de la dependencia y la corrupción.

Desde la segunda mitad del siglo XIX con la madrina teórica –y luego crítica– Beatriz Webb y el gobernante Bismark a la cabeza el tamaño del Estado comenzó a crecer, gozando de una gran aceleración desde la 2ª GM hasta el freno de los años 80 del pasado siglo.

El crecimiento del Estado tiene, necesariamente, un coste moral muy alto: solo se consigue restringiendo la libertad individual. Pero además, un Estado grande es el cobijo de los grupos de presión ya que como tan bien investigara Mancur Olson en su Acción colectiva: “los grupos de interés son muy eficientes secuestrando los gobiernos”. Por tanto, el Estado no sólo crece a costa de menguar la libertad individual, sino que además termina beneficiando a pocos a costa de muchos.

Para Adams, Tocqueville, Stuart Mill, etc. la democracia era tan poderosa como imperfecta; hasta el punto de que puede acabar con la mayor virtud política: la libertad individual. La democracia se ha convertido en –véase Cataluña- una especie de mecanismo taumatúrgico que conlleva a hacer promesas que ningún gobierno puede cumplir.

Llegados a este punto: un Estado que deja de ser la solución para ser el problema, es responsabilidad de la sociedad civil alzar su voz, para caso por caso –mediante la fórmula “popperiana” de la ingeniería fragmentaria- ir empujando el Estado hacia su justa y necesariamente menor dimensión, mientras que los espacios de la libertad individual se ensanchan cada vez más en beneficio de todos; menos de los políticos, claro.

No aprenden
Fernando Navarro. vozpopuli   28 Octubre 2017

La escuela catalana es un ejemplo de libertad y de plurilingüismo… Educa en los valores de la pluralidad de ideas y nunca en el odio, nunca… Es un servicio público que garantiza la cohesión territorial… Las acusaciones de adoctrinamiento son mentiras sin escrúpulos para romper la sociedad…

Esta preocupación por la convivencia la manifestaba en el Congreso el diputado de ERC Joan Oloriz, protagonista del golpe que ha partido la sociedad de Cataluña por la mitad y que pretende convertir a los catalanes en extranjeros en España. Oloriz, una persona afable cuando la conversación se aleja de la monomanía etnicista, sin duda creía lo que decía, a pesar de las evidencias en contra que él mismo ponía candorosamente de manifiesto –recordaba, a la vez que negaba el adoctrinamiento, las flores y notas que llenaban el colegio de sus hijas señalando la opresión española-. En este sentido, el discurso demostraba una vez más la potencia de la sugestión colectiva creada por los nacionalistas, entre otras cosas gracias a esa escuela que el separatista Oloriz defendía como modelo de cohesión territorial. Es éste un fenómeno que habrá que estudiar y comprender si queremos asegurar, entre otras cosas, la supervivencia de Europa.

Pero si la dilución de Oloriz en una masa populista ayuda a entender sus palabras, ¿qué es lo que justifica las de Méndez de Vigo? ¿Cómo entender la posición del Gobierno en este asunto? Recordemos que la semana pasada Ciudadanos presentó una iniciativa para prevenir el adoctrinamiento en la escuela que el partido en el Gobierno, sorprendentemente, rehusó apoyar. Se trata meramente de casos aislados, argumentó el PP por boca de una diputada valenciana a la vez que desde su propio partido le recordaban que sólo en Valencia hay más de 6.000 denuncias.

Y el miércoles el ministro de Educación sirvió doble ración. Por la mañana, en el Pleno, tranquilizó a Oloriz -que desde su delirio nos llamaba ultraderechistas y hooligans a los diputados de Cs- y volvió a minimizar el problema del adoctrinamiento. Y por la tarde, en la subcomisión de Educación, renunció a actuar judicialmente contra un nuevo decreto ley del consejero valenciano del ramo. Recordemos que el consejero Marzà emitió un primer decreto que pretendía condicionar las clases de inglés de los alumnos al número de horas de valenciano que escogieran. Esta norma, a pesar de la pasividad del Ministerio de Educación, fue recurrida y anulada por los tribunales, y ahora la historia se repite: nuevo decreto ley de Marzà para eludir los tribunales, y nueva pasividad de Méndez de Vigo.

Es la complicidad, a lo largo de décadas, de los viejos partidos con los nacionalistas lo que nos ha llevado a esta situación. Y todo parece indicar que, incluso en estas circunstancias, pretenden continuar anteponiendo el cortoplacismo y los intereses electorales a la solución de los problemas. Pero ahora no les resultará tan sencillo: ahora los ciudadanos no lo van a tolerar. Y nosotros, desde Ciudadanos, tampoco.

AMBIENTE FESTIVO
Miles de personas se concentran en la plaza de Colón para defender la unidad de España
A la manifestación, convocada por la Fundación para la Defensa de la Nación Española (DENAES), han acudido el vicesecretario del PP, Pablo Casado, y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes
EFE Estrella Digital  28 Octubre 2017

Miles de personas se han concentrado este sábado en la plaza de Colón de Madrid, ataviados con numerosas banderas de España, para defender la unidad de España y la Constitución, al día siguiente de la aplicación del artículo 155 en Cataluña tras la proclamación de la independencia por el parlamento catalán.

La Fundación para la Defensa de la Nación Española (DENAES) ha convocado el acto, al que han acudido, entre otros, el vicesecretario del PP Pablo Casado y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes.

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, ha asegurado que ayer viernes en el Parlamento de Cataluña se produjo "un golpe de Estado" mientras que con el cese del Ejecutivo autonómico de Carles Puigdemont el Gobierno de España ha restablecido la "legalidad".

A juicio de la presidenta regional, la Declaración Unilateral de Independencia aprobada ayer supuso "un auténtico golpe de Estado, contra el Estado de derecho, contra la legalidad y contra la propia Cataluña", ante lo que el Gobierno de Mariano Rajoy ha restablecido la legalidad cesando al "presidente de un Gobierno deslegitimado". Tras el que para la regidora ha sido "el día más triste que hemos vivido en la democracia española desde su inicio", "lo peor ha pasado".

En la plaza, cuyas calles aledañas están cortadas y que muestra un ambiente festivo con la música de Melendi y Raphael, han podido verse banderas de apoyo a la Guardia Civil y carteles con el lema 'Puigdemont a prisión', entre otros.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Ciudadanos de España, ahora es la hora
EDITORIAL El Mundo  28 Octubre 2017

La tarde del 27 de octubre de 2017 pasará a la historia de España como la consumación de la farsa que remeda la tragedia de octubre de 1934. En esta ocasión, un Parlament secuestrado por las fuerzas golpistas, advertidas hasta la náusea de las consecuencias de sus actos, declaró unilateralmente la independencia y proclamó la república catalana sin mirar atrás para comprobar si les seguía la cordura, la legalidad o el apoyo exterior. Ninguna de esas razones les seguía ya desde hacía tiempo. Pero no les importó.

En las últimas horas no pocos bienintencionados mediadores pusieron a la prudencia en su persecución, pero el separatismo siempre ha corrido más rápido. Ni Puigdemont ni sus irreductibles socios iban a privar a sus fanatizados seguidores de la prometida -aunque efímera- explosión de júbilo callejero. No estaban ya para reparar ni en los derechos de la oposición, ni en la voz de la mayoría social allí representada, ni en el más elemental sentido del honor y la decencia. Ni siquiera tuvieron grandeza para dar la cara en el momento del voto fraudulento, que emitieron en secreto.

En otra sesión de baja estofa, propia de la ética patibularia que alienta en las falsas sonrisas del rodillo independentista, los conjurados liderados por Forcadell exhibieron la habitual mezcla de doblez, cobardía y mezquindad. Impusieron su designio cainita en un hemiciclo semivacío, con la mitad opositora ausente, humillada por enésima vez, mientras la otra mitad cantaba satisfecha de la brutalidad jurídica con que pretendidamente inauguraban un nuevo estado europeo. Pero Europa se avergüenza de su obra, la Cataluña expoliada clama por el restablecimiento de sus derechos y el retorno de la riqueza perdida y toda España hierve indignada ante el espectáculo de una agresión sin precedentes a la democracia, la ley y la razón.

Quizá el precedente más ajustado a lo acontecido este viernes lo ofrezca el 23 de febrero de 1981. Con las salvedades de que ni Tejero aspiraba a la fractura de la Nación, sino a tomar el poder sobre toda ella, ni trató de amparar su disparate en mandatos o leyes paralelas que diluyeran su mostrenca responsabilidad a tricornio descubierto. En lo que habrán de parecerse ambos golpes, si es que el Estado no quiere perder para siempre el respeto a sí mismo y el respeto de los demás aliados internacionales, es en el desenlace. España ha de salir de este trance dramático como entonces: con la democracia reforzada y con los golpistas juzgados.

El Gobierno dispone de los medios necesarios para ello. El Senado le habilitaba para aplicar en toda su extensión el artículo 155. Pero Rajoy, influido por sus socios constitucionalistas, ha optado por un uso meramente electoral del 155. Más allá de los ceses producidos, todos ellos absolutamente pertinentes por su manifiesta deslealtad, desde este periódico hemos defendido siempre que la finalidad del 155 no era la mera convocatoria de elecciones sino el restablecimiento íntegro del respeto a la Constitución. Tarea que en un mes y medio es imposible acometer. Da la impresión de que el Estado no estaba seguro de poder ejercer su autoridad en Cataluña y Rajoy ha preferido una intervención relámpago que devuelva enseguida la responsabilidad a los catalanes. Pero dudamos de que las urnas de diciembre resuelvan la correlación de fuerzas en favor del constitucionalismo. Y tampoco está claro que las siglas independentistas acepten concurrir a unos comicios convocados por Rajoy, lo cual abriría un horizonte letal de duplicidades institucionales.

Bienvenida sea en todo caso la firmeza demostrada por Pedro Sánchez, que contrasta con la bochornosa complicidad de un Podemos vendido con descaro al separatismo, pese a las advertencias de la purgada Bescansa. Tampoco fue el día más brillante de Montilla ni de Francesc Antich, ex presidente balear, devorados irremediablemente por sus fantasmas. Esperamos de la Fiscalía que no dilate la persecución de los delincuentes, cuyo delito se ha producido a la vista de todos los ciudadanos. El tiempo y la decisión de los tribunales no debe sufrir la interferencia del ejercicio político, y los culpables de flagrante rebelión deberán responder ante el juez.

Esperamos de Rajoy toda la contundencia precisa para desactivar las trampas que tenderán los rebeldes. La destitución fulminante de todo el Govern marca un principio de esperanza, pero no ocultamos las dudas ante un proceso electoral incierto. El Estado se lo juega todo en el envite de restituir la ley. Necesitará la fuerza, dadas las dimensiones de la rebelión, pero esa fuerza es legítima. Todo el pueblo español empuja detrás de ella.

Esto último es importante. Los españoles no asistimos como espectadores a la lucha entre un presidente y unos ministros por encauzar un territorio hostil. Los españoles estamos directamente concernidos por una delicada operación de Estado de la que depende nuestra soberanía, nuestro bienestar, la posibilidad de una recesión contracíclica motivada por la inestabilidad política. A todos nos interesa que el 155 tenga éxito. Pero nos va mucho más que el bolsillo: nos va el corazón, cuyos afectos están inextricablemente cosidos por parentesco y amistad a nuestros compatriotas de Cataluña; y nos va la memoria, que frente a las patrañas divisivas del nacionalismo nos recuerda cada hito de un camino de cinco siglos recorrido paso a paso con los catalanes. Seguiremos recorriéndolo juntos.

El difícil retorno a la legalidad (1)
Vicente A. C. M. Periodista Digital  28 Octubre 2017

RAJOY CESA EN PLENO AL GOBIERNO DE LA GENERALIDAD, DISUELVE EL PARLAMENTO DE CATALUÑA Y CONVOCA ELECCIONES AUTONÓMICAS EL 21 DE DICIEMBRE. SE CESA AL MAYOR DE LOS MOSSOS JOSÉP LLUIS TRAPERO.

Ayer tras la aprobación del Senado de las medidas a adoptar en relación con el artículo 155 de la Constitución para devolver a la legalidad a las Instituciones y contrarrestar el golpe de Estado, con declaración unilateral de independencia incluida, en la autonomía de Cataluña, se celebró un Consejo de Ministros extraordinario en el que se aprobaron las medidas que recoge el BOE de ayer 27 de octubre, momento en el que ya tienen plena vigencia legal. Entre ellas el primer bloque de medidas que se anunciaron son las siguientes:

• Cese del Presidente de la Generalidad de Cataluña.
• Cese del vicepresidente de la Generalidad de Cataluña y del resto de Consellers (qué manía de mezclar español y catalán) del Gobierno autonómico.
• Designación de los órganos administrativos encargados de dar cumplimiento a las medidas aprobadas por el Senado, que serán los Ministerios correspondientes a las competencias de cada Consellería.

• Extinción de las oficinas del Presidente y del vicepresidente.
• Extinción del Consell de transición nacional.
• Extinción del Patronato del DIPLOCAT.

• Extinción de las delegaciones en el extranjero (las conocidas como embajadas), excepto Bruselas. (igual por ofrecerse como mediador y acogedor de golpistas en el exilio).
• Cese de los Delegados de la Generalidad en Bruselas y en Madrid.
• Cese del Secretario General del Departamento de Interior y al Director General de la policía autonómica.
• Disolución del Parlamento de Cataluña y convocatoria de elecciones autonómicas para el 21 de diciembre.

Adicionalmente en el BOE de hoy se publica una orden del Ministerio de Interior por la cual se cesa al actual Mayor de la policía autonómica (los Mossos) D. Josep Lluis Trapero Álvarez, que como saben está investigado y con medidas cautelares por su actuación en los tumultos de los días 20 y 21 de septiembre de acoso a los agentes judiciales que cumplían con su misión en dependencias de la Generalidad.

Hay que decir que fruto de esta era del espectáculo televisivo y mediático tuvimos una información en directo de todo lo que se producía en las dos Cámaras parlamentarias, Senado, desde primera hora de la mañana, y Parlamento de Cataluña que tuvo una incertidumbre tanto de la hora de comienzo de la sesión, como del desarrollo de la orden del día aprobada con anterioridad por la Mesa del Parlamento. Y en esta batalla entre legalidades, lo que más se destacó en la sesión del Senado fue la solidez del llamado bloque constitucional y la actitud crítica y negativa de PODEMOS y de los partidos nacionalistas. El caso es que la numerosa intervención de los diferentes portavoces, se extendió tanto que finalmente fue el Parlamento de Cataluña el que, a pesar de haber comenzado su sesión con retraso, procedió a la votación de la parte resolutiva (el preámbulo donde se especificaba la declaración de la república se excluyó) de la declaración de independencia, en voto secreto en una urna de cristal y madera, con el abandono del hemiciclo de CIUDADANOS, PSC y PPC, y la aprobación por 70 votos a favor, 10 en contra y dos abstenciones.

No deja de ser curioso el que el más enconado de los críticos por la forma de realizar la votación con el voto secreto fuese precisamente el representante del PPC, García Albiol, que llegó a insultar a los diputados golpistas llamándoles “cobardes” por escudarse en el anonimato para no poder ser identificados si se toman acciones judiciales, cuando horas antes había defendido permanecer para votar si se proponía que fuese en secreto porque “Teniendo presente que el independentismo tiene alguna fractura, podríamos llegar a la conclusión que sería posible que según la propuesta que presenten, la pueden llegar a perder, porque están en una mayoría un tanto justita”. Ya se ha demostrado que no había esa disensión entre los diputados de Junts p’el sí y los votos favorables superaban la mayoría absoluta parlamentaria. Desde luego que los que votaron NO, solo lo hicieron para entorpecer la labor de la Justicia y no poder ser acusados de sedición.

El caso es que primero fue el huevo y después cacareó la gallina. Así que formalmente hubo una declaración encubierta “sui genéris”, ambigua, alambicada y retorcida, dando por sentado cosas que nunca se han llegado a formalizar. Se aprobó la parte resolutiva donde se daba vía libre a la aplicación de la famosa y suspendida Ley de Transitoriedad judicial (la nueva Constitución temporal) para consolidar la República independiente. Una ley que no ha sido anulada aún por el Tribunal Constitucional, al que parece que se le acumula el trabajo respondiendo a los recursos de la Generalidad de Cataluña. Lo cierto es que el Senado tardó una hora más en cerrar el turno de palabra y proceder a la votación con 262 senadores presentes de los 266 que consta la Cámara (José Montilla del PSC no asistió a la votación), que se saldó con 214 votos a favor (PSOE, PP, CIUDADANOS, UPN, FORO ASTURIAS y COALICIÓN CANARIA), 47 votos en contra ( UNIDOS PODEMOS- EN COMÚPODEM-EN MAREA, PNV, ERC, PDeCAT y resto grupos mixto) y 1 abstención (NUEVA CANARIAS). Nada nuevo bajo el sol en esta fractura donde los partidos nacionalistas se apoyan mutuamente en sus aspiraciones independentistas.

Y esas aspiraciones, en mi opinión, solo pueden tener cabida siempre que sea dentro del marco de la ley, es decir de la Constitución y sujetas a sus reglas. No son admisibles partidos políticos que en sus estatutos y programas incluyan objetivos secesionistas, en los que no excluyen la violencia como medio o que intentan usar medios alternativos de "empoderamiento" sustitutivos de los foros democráticos parlamentarios, ya que eso atenta directamente contra la esencia misma de la Constitución en cuanto a la indisoluble unidad de la nación española. Tampoco es admisible la reclamación de unos supuestos derechos a decidir de unos fabulados “pueblos”, que atentan igualmente contra la Soberanía Nacional que reside de forma exclusiva e indelegable en el conjunto del pueblo español. Es por ello por lo que considero que esos partidos deberían renunciar expresamente a esos objetivos si quieren seguir siendo homologables dentro del sistema democrático. En caso contrario lo lógico sería excluirlos procediendo a su ilegalización en aplicación de la Ley de Partidos.

Ahora queda por ver si se cumplen las predicciones del senador del PDeCAT que declaró “Vamos a la guerra. El Parlament aprobará la DUI, el Senado aprobará el 155 y el Gobierno destituirá al Govern, este no lo admitirá, la gente saldrá a la calle para defenderlo y el Gobierno la reprimirá”. Una posición que había sido anunciada por el senador del PDCat, Josep Lluis Cleries diciendo que “Van a destituir al ‘president’ y a los ‘consellers’ y van a poner los suyos, pero no se los vamos a reconocer”. Nadie desea un enfrentamiento, pero tampoco se permitirá que se intente entorpecer el cumplimiento de la ley. Habrá que ver si su oposición será del mismo pacifismo que el exhibido en la jornada del 1 de octubre. La violencia, y los escraches son una forma de violencia, son imprevisibles y difíciles de gestionar sin el uso de la fuerza.

En cuanto a la convocatoria de elecciones autonómicas creo personalmente que es un error hacerlo en tan corto tiempo, menos de dos meses. En este mínimo plazo legal es imposible que las posiciones cambien de modo sustancial. Se fía todo al "seny" y a que el conjunto de las fuerzas "constitucionalistas", CIUDADANOS, PSC y PPC, lograrán formar una coalición parlamentaria con la que alcanzarán la mayoría absoluta. Y esto es hacer una apuesta muy arriesgada teniendo en cuenta los resultados de las elecciones del 2015 donde, aunque se ganó por un estrecho margen en el número de votos válidos emitidos, se perdió por el recuento de escaños conseguidos en las diferentes circunscripciones por el resto de partidos que finalmente formaron ese tripartito que ha terminado por rebelarse y declarar la independencia. Esto no es un juego donde podamos apostar a negro o a rojo en una ruleta sujeta al azar donde muchos han intentado saltar la banca y han terminado por perder su fortuna. Primero hay que garantizar la renuncia de esos partidos a reincidir en sus delictivas actuaciones, proceder al enjuiciamiento de los responsables máximos del golpe de Estado y excluir que se vuelva a repetir el mismo escenario con los mismos actores y volver como en "el día de la marmota" a sufrir otra vez esta pesadilla.

¡Que pasen un buen día!

La hora del Estado de Derecho
EDITORIAL ABC  28 Octubre 2017

Sería un error afirmar que quien ayer aprobó la declaración unilateral de independencia fue el Parlament de Cataluña, disuelto ayer por el Gobierno de Mariano Rajoy en virtud de la aplicación del artículo 155 de la Constitución. Como entidad representativa democrática y legítima, el Parlament dejó de existir el 7 de septiembre, cuando la mayoría separatista consumó el golpe contra la Constitución de 1978 y el Estatuto de 2006 al aprobar las leyes de transitoriedad jurídica y de referéndum. A partir de ese día pasó a ser una asamblea totalitaria, instalada en el silenciamiento de la oposición, la inducción a la algarada callejera y la ilegalidad.

La decisión tomada ayer por el Ejecutivo es la expresión de la legitimidad democrática frente a la ruptura del marco constitucional. La destitución fulminante del Govern encabezado por Puigdemont se enmarca en la respuesta a quienes han vulnerado de manera flagrante los principios más elementales del Estado de Derecho. La convocatoria de elecciones en Cataluña el próximo 21 de diciembre demuestra que la intención del Gobierno es devolver con la máxima urgencia la legalidad a unas instituciones que el separatismo ha situado fuera de nuestro ordenamiento jurídico. La reacción del Estado se ha visto condicionada por el convencimiento equivocado de que el nacionalismo catalán se conformaría con contrapartidas económicas y no llegaría a la ruptura. Pero los separatistas anunciaron las leyes de desconexión y las aprobaron. Convocaron un referéndum y lo celebraron. Comprometieron la declaración de independencia y ayer la proclamaron. Ante esta situación límite, la aplicación del artículo 155 era una obligación ineludible.

El separatismo ha llevado a Cataluña al nivel de confrontación que quería, desenlace previsible desde que el nacionalismo antaño moderado -el de Convergencia Democrática- entregó a los extremistas de la CUP la vanguardia del proceso secesionista, además de la cabeza de Artur Mas. En lo sucesivo habrá que creer a los nacionalistas y no esperar a que demuestren de lo que son capaces. El arriado de la bandera española en algunos edificios oficiales catalanes es la imagen de una agresión que no debe tolerarse. Sin embargo, el nacionalismo ha llegado a este punto mucho más debilitado de lo que esperaba y no tanto por la respuesta institucional del Estado de Derecho. Ni los recursos ante el TC, ni las querellas ante los tribunales penales, siquiera las condenas ya impuestas, han tenido el efecto disuasorio adecuado, aun cuando sea inaplazable someter a Carles Puigdemont y sus secuaces a la imputación por los delitos que han cometido. Los separatistas han cosechado tres fracasos que no harán sino aumentar su volumen en los próximos días: el rechazo de la comunidad internacional -renovado ayer en cascada, desde EE.UU. a la Unión Europea- a su proyecto de ruptura del orden constitucional español; la espantada del sector empresarial de Cataluña y la pérdida del monopolio en las calles catalanas. Estos frentes fallidos del separatismo demuestran que la respuesta del Estado de Derecho es una necesidad imperativa.

El Estado no puede fallar a tantos como están confiando en él. La aplicación del artículo 155 de la Constitución es la respuesta urgente del Estado. Su finalidad no es resolver el conflicto separatista, que tiene otros cauces, sino restaurar el orden legal e institucional en Cataluña, mediante la aplicación forzosa, como prevé la Constitución, de las medidas aprobadas por el Senado. El mecanismo del artículo 155 no está previsto para ser negociado, sino para ser impuesto con toda la firmeza que sea precisa, eso sí, acompañada de inteligencia política y sentido de la oportunidad. Sin duda, el artículo 155 llega tarde, pero no por eso pierde legitimidad o es menos necesario. Su aplicación, en todo caso, será compleja. No hay que engañarse: los decretos que ayer aprobó el Consejo de Ministros, y los que apruebe en el futuro, pueden no ser efectivos sólo por ser publicados en el Boletín Oficial del Estado. Requerirán en muchos casos el uso de la fuerza y tanto el Gobierno, como el PSOE y Ciudadanos deberán estar prevenidos de esta circunstancia. Es más, dado que los socialistas se han afanado en aparecer ante la opinión pública como los moduladores de la propuesta de intervención del Gobierno en la Generalidad, quizá tendrán que pensar cuál va a ser su discurso si el procedimiento del artículo 155 no es suficiente para restaurar plenamente, sin matices ni reservas, el orden constitucional de 1978 ante el movimiento insurreccional que ha desatado el nacionalismo.

El Gobierno de Mariano Rajoy ha de armarse de confianza en sí mismo y en la justicia de la causa que abandera en estos momentos, aplicar las medidas del artículo 155 y ganar esta prueba de resistencia a la que están siendo sometidos el Estado español y nuestra democracia.

La hora del estado de derecho
Editorial larazon  28 Octubre 2017

El Gobierno de España respondió con claridad y ateniéndose al marco legal que le permite la activación del artículo 155. Mariano Rajoy anunció el cese inmediato del presidente de la Generalitat, del vicepresidente y de los consejeros del Govern, así como el control de los Mossos d’Esquadra y otras partes de la administración. En tanto que es ya función del presidente del Gobierno poder convocar elecciones en Cataluña, anunció la disolución del Parlament y la convocatoria de comicios autonómicos para el próximo 21 de diciembre. Todos los partidos constitucionalistas han pedido hasta la saciedad la convocatoria de elecciones para desbloquear una situación que estaba carcomiendo a la sociedad catalana y española. Rajoy no ha querido que se elucubre sobre la aplicación de un 155 «duro» o «blando»; se trata de una disquisición absurda que no lleva a nada. Cuando con el voto de 70 diputados, que no llegan a los dos millones de electores –frente a los 7,5 millones de ciudadanos en Cataluña y los 46,5 en el total de España–, se proclama la independencia de una parte del territorio hay que aplicar la Ley. No estamos ante un delito menor, ni ante una decisión política insustancial, por más frivolidad que ayer se demostró en las calles de Cataluña: tipificado como rebelión, es el peor delito que puede cometer un político.

En el razonamiento de la puesta en marcha del 155, explica el Gobierno que «las medidas propuestas en el marco de este procedimiento se plantean de forma garantista, persiguiendo en todo caso asegurar derechos y no restringir libertades, y respondiendo en todo caso a cuatro grandes objetivos: restaurar la legalidad constitucional y estatutaria, asegurar la neutralidad institucional, mantener el bienestar social y el crecimiento económico, y asegurar los derechos y libertades de todos los catalanes». Si lo urgente era restituir las instituciones y devolver la normalidad democrática en Cataluña, unas elecciones, libres, limpias y legales, es el camino, tal y como se ha reclamado. Sin duda, es un movimiento audaz y arriesgado el que asume Rajoy, pero nadie podrá echarle en cara que no era justamente lo que todos los partidos pedían y Puigdemont se negó a convocar, abocándose a la delirante declaración de independencia que tuvo lugar ayer en el Parlament. Ahora toca administrar con cuidado e inteligencia las medidas que constitucionalmente permiten intervenir aspectos claves de la administración catalana. La situación de degradación política, social y económica que estaba sufriendo Cataluña exigía estas medidas. Lo sucedido ayer en el Parlament obligaba a una respuesta muy articulada legalmente y consensuada, pero también una salida política inmediata. El Gobierno ha demostrado que quiere que el 155 se aplique de manera inmediata, que ya no se puede confiar en los dirigentes de la Generalitat y que no se prolongue en el tiempo más allá de los imprescindible.

La manera como se proclamó la independencia hace cierto el calificativo que aplicó el propio Rajoy: despierta «impiedad». El «proceso» fue fiel al oscurantismo y desprecio a las normas democráticas básicas que le han acompañado desde su puesta en marcha. Ayer, el Parlament declaró la independencia de Cataluña en una sesión que pasará a la historia de la ignominia política. Los detalles de la proclamación –a través de la aprobación de una ordinaria propuesta de resolución– no son menores y suponen en sí mismos una muestra de los principios antidemocráticos que la han inspirado. Con la mitad de la Cámara vacía y obligados a votar en secreto tras modificar el orden del día en el último momento para no asumir responsabilidades legales, Cataluña «restaura su plena soberanía, perdida y largamente anhelada, después de décadas de intentar, honestamente y lealmente, la convivencia institucional con los pueblos de la península ibérica». Lo sucedido ayer es la demostración de la inmensa mentira en la que hasta el último momento han estado instalados los dirigentes de la Generalitat, con su presidente a la cabeza, falseando supuestas negociaciones abiertas hasta el último momento, ofreciendo diálogo o buscando intermediadores internacionales, cuando todo indica, según el desenlace, que el plan estaba perfectamente diseñado para declarar la independencia saltándose todas las normas. Se trata de un golpe en toda regla y por la gravedad que implica debe ser respondido con la Ley. De nuevo, ayer, también volvió a evidenciarse esa misma mentira: antes de que el Senado aprobase el artículo 155, el Parlament había declarado la independencia.

La declaración de independencia es el colofón de un proceso que ha devastado la política catalana, ha desgarrado a la sociedad hasta partirla en dos y ha dejado a Cataluña como una región en manos de un grupo de nacionalistas antidemocráticos que están minando el espíritu de la Unión Europea. Lo vivido ayer en Barcelona y en otras ciudades catalanas, la «primera fiesta de la República», deberá hacer recapacitar sobre por qué una sociedad próspera desarrolla tal grado de inmadurez e irresponsabilidad sin atenerse al principio básico de que las leyes comunes deben cumplirse. En estos momentos, hay que cerrar filas con el Gobierno de la nación, como así han hecho PSOE y Cs, apoyar las medidas que se van a aplicar y como han hecho ya numerosas instituciones internacionales y gobiernos europeos, defender la legitimidad con la que nos asiste nuestra democracia para impedir su destrucción.

Nacionalistas antidemocráticos
Nota del Editor  28 Octubre 2017

Estos de La Razón se pasan de rosca demasiadas veces haciendo de apologetas del gobierno de turno. Iba a comenzar por el final, existencia de nacionalistas democráticos si se admite la existencia de nacionalistas antidemocráticos, pero al iniciar la lectura veo que considera bajo control la "policía" regional por haber sustituído al jefe por el subjefe y ya no vale la pena seguir.

Los golpistas derrocados y hundidos en su trampa
Pablo Sebastián republica  28 Octubre 2017

Los golpistas catalanes que lideran Puigdemont y Junqueras saltaron ayer al vacío del precipicio catalán cogidos de la mano y cantando Els Segadors. Aún les quedan unas horas o puede que algún día de cierta euforia pero el golpe que se darán contra el marmóreo suelo de la legalidad y la realidad no hay quien lo pare. Y todos ellos, ya cesados, tendrán que comparecer ante la Justicia como imputados por el delito de sedición, entre otros.

Puigdemont ya no es el Presidente de la Generalitat, ni Junqueras es su vicepresidente ni existe el Govern porque todos ellos han sido cesados en el día de ayer por el Presidente Rajoy quien, de acuerdo con las facultades que le otorga el artículo 155 de la Constitución, ha asumido la presidencia de la Generalitat. Y, desde ese cargo, decidió la disolución del Parlament y anunció la convocatoria de elecciones en Cataluña para el 21 de diciembre.

Y todo ello ha ocurrido a la velocidad del rayo, tras la reunión urgente del Consejo de Ministros y una vez que el Senado aprobó la puesta en marcha del artículo 155 de la Constitución, minutos después que en el Parlament se proclamara la independencia unilateral de Cataluña violando la legalidad, del Estatuto, la Constitución, las decisiones del Tribunal Constitucional y el informe de los servicios jurídicos la Cámara.

Un golpe de Estado consumado bajo la responsabilidad del presidente de la Generalitat, Puigdemont, su Govern, la presidenta del Parlament, Forcadell, miembros de la Mesa de la Cámara y diputados que aprobaron la propuesta ilegal que les fue presentada por el Grupo parlamentario ‘Juntos por el si’.

Una decisión urdida sobre la base de una ilegal Ley de Transitoriedad (suspendida por el TC) y en base al presunto resultado del referéndum del 1-0 (suspendido por el TC) y celebrado sin garantías democráticas. Una cita donde los golpistas no alcanzaron una mayoría favorable del conjunto los electores catalanes (unos 2.220.000 votos según los convocantes y sin pruebas de ello) que superan los 5.500.000 de ciudadanos inscritos en el censo catalán.

Semejante disparate histórico solo ha permanecido vigente pocas horas (ya ocurrió con otras declaraciones similares de Maciá y Companys) porque el Gobierno de España, sin suspender la Autonomía, ha tomado el mando en Cataluña y ha destituido a los golpistas, disuelto el Parlament y convocado elecciones autonómicas para el próximo día 21 de diciembre.

Estamos ante la mayor crisis política de la Transición desde el golpe de Estado del 23-F de 1981, con otro golpe de Estado perpetrado desde las instituciones que el Estado tiene en Cataluña. Un golpe, rechazado por todos los gobiernos democráticos del planeta, que ya está siendo abortado y ante el que se hace más necesaria que nunca la unidad de los partidos democráticos y constitucionales del país, empezando por el PP, PSOE y C’s, para apoyar sin concesión la respuesta del Estado a los golpistas.

Los que nunca más, ni sus seguidores, podrán intentar otra asonada similar porque el Estado ya está alertado y lo impedirá. Y porque la gran mayoría de los ciudadanos de Cataluña han visto y comprobado el desastre al que los llevaron los nacionalistas y secesionistas de Puigdemont y Junqueras con las mentiras y promesas fallidas de las que alardearon para justificar su desvarío y destrozos en el territorio catalán.

Nunca más podrán vulnerar la legalidad, ni argumentar que tienen el apoyo europeo e internacional, ni podrán decir que la independencia garantiza la viabilidad de su pretendido Estado, ni afirmar que el empresariado catalán no abandonará el territorio porque los hechos han desmontado la falacia de los golpistas.

Naturalmente se anuncian días tensos y difíciles para Cataluña pero hay que saber que los golpistas -sobre los que caerá todo el peso de la ley- están acabados. Y que, por más que se resistan a entregar el poder, al final lo perderán y no tendrán más remedio que comparecer ante los tribunales, por mucho que se escondan tras sus movilizaciones callejeras.

Finalmente también podemos decir en estos tensos y graves momentos que, a pesar del golpe consumado, ha sido mucho mejor para Cataluña y para España que los golpistas se hayan lanzado al precipicio de una vez en lugar de mantener vivo el golpe y la confusión. Que es lo que pretendieron unos falsos mediadores para bordear la legalidad con un intento -ya fallido- de convocatoria de elecciones autonómicas por parte de Puigdemont.

El golpe fue consumado y en pocas horas política y legalmente abortado, aunque habrá que poner en práctica y hacer efectivas las decisiones del Gobierno de España en Cataluña pero estas finalmente llegarán. El Estado ya está en marcha en defensa de la Constitución, de la unidad de España, la legalidad y de la Autonomía de Cataluña y nada ni nadie lo frenará.

Un golpe de Estado no se resuelve en las urnas
Editorialelespanol  28 Octubre 2017

El golpe de Estado consumado por los separatistas en el Parlament de Cataluña es un acontecimiento infame cuya mancha acompañará de por vida a sus protagonistas, que son, desde ahora, unos delincuentes. Los diputados no tuvieron ni el valor de dar la cara en la votación, según adujeron, por miedo a las represalias del Estado, prueba de que ni ellos mismos están convencidos de que la fechoría de este 27 de octubre -día marcado en negro ya para la historia Cataluña y de la democracia- conseguirá su objetivo.

Por más que hoy crean haber entrado en la posteridad, el destino de los impulsores de esta rebelión no puede ser otro que la cárcel, y el de la ideología que encarnan -el nacionalismo fanático y golpista- el estercolero de la historia. Creen haber alcanzado la república y la libertad, cuando lo único que han logrado ha sido quebrar la convivencia entre catalanes y abrir una fractura en España que tardará años en restañarse.

Fraguado en el odio
Los separatistas han disfrazado su golpe con buenas palabras, apelaciones a la concordia, a la libertad, y llamamientos al diálogo. Y han esgrimido la coartada del apoyo popular. Todo es una farsa. Estamos ante un movimiento que se ha fraguado en el odio al resto de España, fomentado durante años desde las aulas y desde los medios de comunicación, financiado a manos llenas con el dinero de todos, y que ha cuajado en un supremacismo premoderno y absolutamente reaccionario.

La realidad es que ni Puigdemont ni sus secuaces tuvieron jamás voluntad de acordar nada. Es cierto que en el último momento le temblaron las piernas al president y negoció su impunidad a cambio de convocar elecciones anticipadas. No se le concedió, entre otras cosas, porque el Gobierno no puede interferir en las decisiones judiciales. Pero sus planes estaban escritos de antemano. Su única meta era la declaración de independencia, que debía estar revestida por un simulacro de referéndum y, a última hora también, por el pretexto de la necesidad de reaccionar al artículo 155.

Elecciones controvertidas
La respuesta de Mariano Rajoy a la culminación del golpe de Estado ha sido destituir a todo el Govern -lo cual era obligado-, disolver el Parlament y convocar elecciones autonómicas para el 21 de diciembre. Se trata de una decisión audaz y peligrosa que encierra un error de principio.

A expensas de que el bloque independentista desvele si acepta medirse en unos comicios, la principal objeción que cabe hacerle a este golpe de efecto del Gobierno es que vuelve a darle a los golpistas otra oportunidad en las urnas. De hecho, incluso procesados por rebelión, Puigdemont, Junqueras y Forcadell podrían presentarse a los comicios en busca de la absolución de los votantes.

Muestra de debilidad
Rajoy se equivoca y trivializa la democracia cuando para restituir la legalidad quebrantada en Cataluña, en lugar de desarticular la trama golpista se saca de la chistera una convocatoria electoral. No sólo es una muestra de debilidad -la prueba de que desconfía de su capacidad para tomar el control de la Generalitat-, sino que crea un mal precedente. Y además da la posibilidad a quienes han atentado alevosamente contra nuestra democracia de ganar unas elecciones en las que juegan con cartas marcadas: con unos medios de comunicación y una Administración hecha a su medida. Por lo tanto, no es descabellado que pudieran ganarlas, circunstancia que agravaría aún más el conflicto.

En favor de la medida cabe apuntar que permite ganar la batalla de la imagen internacional. El propio Puigdemont dijo el jueves que quería ir a elecciones para impedir la intervención de la autonomía. Rajoy deja claro que el 155 sólo estará activo lo que dure la campaña y, por lo tanto, Cataluña estará intervenida apenas dos meses. Por otra parte, el "queremos votar" y la identificación que de urnas y democracia hicieron los separatistas para defender el referéndum del 1-O juega ahora en su contra.

Ahora bien, muchos españoles van a sentirse defraudados con Rajoy: un golpe de Estado no se resuelve en las urnas. Es verdad que si los constitucionalistas ganan esas elecciones el problema catalán podría atemperarse con el tiempo, pero también que un triunfo de los separatistas legitimaría su causa. Pero, por principio, ni la razón ni la legalidad pueden jugarse a cara o cruz.

La cobardía y el valor en Cataluña
Ricardo Ruiz de la Serna gaceta.es 28 Octubre 2017

Tras los acontecimientos de las últimas 48 horas -la sesión del Parlament de Cataluña con una votación secreta sobre la declaración unilateral de independencia (DUI), los abrazos y las celebraciones por el pretendido nacimiento de la “República Catalana”, la reacción del Gobierno, el cese del Govern, la convocatoria de elecciones para diciembre, etc.- exigen que nos detengamos un instante a reflexionar. Las prisas son para los ladrones y los malos toreros.

Ha habido, por lo pronto, un factor que ha desbaratado los planes nacionalistas: la cobardía de sus líderes. El ingreso en prisión de los Jordis mostró que las leyes en España aún se cumplen. El intento de Carles Puigdemont de negociar la impunidad a cambio de convocar elecciones reveló una faceta del nacionalismo que, a menudo, se soslaya: la cobardía. Incapaces de llevar hasta el final el golpe de Estado, solo les quedaba intentar salvarse y evitar las acusaciones de rebelión y sedición que se ciernen sobre ellos. He aquí la diferencia que va de los revolucionarios clásicos del siglo XX -pensemos en Víctor Serge, por poner un ejemplo- a los separatistas catalanes. Aquéllos estaban dispuestos a jugarse la vida y entregarla. Éstos se quejan de que los presos les gritan “¡viva España!!” en la cárcel. Aquéllos reconocían sus errores y, a menudo, fueron engañados. Éstos han resultado ser unos farsantes que han conducido a Cataluña al desastre.

En “Memorias de un revolucionario”, Víctor Serge dejó testimonio del horror, el error y el compromiso de aquellos hombres: “Por mi parte, sufrí un poco más de diez años de cautiverios diversos. Milité en siete países, escribí veinte libros. No poseo nada. Varias veces he sido cubierto de lodo por una prensa de gran tirada porque digo la verdad. Detrás de nosotros, una revolución victoriosa que dio mal resultado. Varias revoluciones fracasadas, un número tan grande de matanzas que da un poco de vértigo”.

A diferencia de tantos separatistas que se han lucrado durante años con el odio a España y la mentira a sus conciudadanos, los verdaderos revolucionarios eran capaces de perderlo todo por un ideal que creían justo y que, todo hay que decirlo, terminó en tragedia: “Nunca tuve bienes, casi nunca viví con seguridad. He perdido varias veces todas las cosas a las que tenía apego materialmente: libros, papeles y reliquias personales. En Bruselas, en París, en Barcelona, en Berlín, en Leningrado, en la frontera de la URSS, en París otra vez, dejé casi todo tras de mí- o todo me fue quitado. Eso me ha vuelto indiferente a las cosas materiales sin desalentarme para nada”.

La claridad moral de Víctor Serge al hacer balance del espanto de su tiempo contrasta con la confusión y el miedo de un Puigdemont que no se atreve ni a declarar la independencia desde el balcón de la Generalitat. Ni siquiera cabe, pues, reconocerle el valor aun condenando sus acciones. Emprendido el camino de la ilegalidad, al menos podía haber escogido también el coraje. Él aceptó el primero renunciando al segundo. En la Inglaterra victoriana, le hubiesen enviado una pluma de gallina.

No obstante, la cobardía es transversal -como la mediocridad y la ignorancia- así que tampoco debemos confiarnos demasiado.

En efecto, aún quedan muchas cosas por aclarar en todo este proceso, que dista de haber terminado. El Estado ha afirmado su autoridad con retraso, pero ciñéndose al procedimiento. Llega tarde, pero aplica la ley. He aquí una diferencia crucial con los nacionalistas. Entre los líderes del separatismo abundan los activistas, los publicitas y los periodistas, es decir, personas con experiencia en la comunicación de masas, gente que sabe del valor de una foto a tiempo o de un vídeo efectista. En el Gobierno, tienen evidente peso los juristas (piénsese en los abogados del Estado), o sea, personas que conocen la importancia de los tecnicismos jurídicos y los detalles de procedimiento. Puigdemont es periodista; Rajoy, notario. Uno aspiraba a ganar ante la opinión pública, el otro a no perder en los tribunales. Ambos han librado un pulso cuyo desenlace aún es desconocido.

Las elecciones de diciembre deberían crear un nuevo escenario y han sido un legitimador poderosísimo de las medidas del 155 ante los gobiernos extranjeros. La narración se ha invertido ahora: los constitucionalistas quieren votar y son los separatistas lo que rechazan las urnas. El relato de la legalidad y la legitimidad democrática dentro del marco constitucional parece prevalecer sobre el victimismo de los nacionalistas. Los juristas aferrados a la ley parecen llegar más lejos que los comunicadores que se la saltan, pero no son el Derecho ni el relato lo único importante.

También está la Justicia.
No puede haber impunidad para los golpistas ni puede pretenderse legitimar cualquier cosa con unas elecciones. El golpe de Estado no es ilegítimo solo por haber roto el orden constitucional, sino también y de forma decisiva por el fin que pretende: la ruptura de España.

Debemos mantener la claridad en esto: el separatismo es ilegítimo por su fin, por sus raíces y por sus métodos. Sus fuerzas políticas han concurrido a las elecciones hasta ahora y ya se ven los resultados. Asumir la democracia en sus procedimientos, no convierte a una ideología, una política ni un proyecto en democrático “per se”. Los líderes separatistas han aplicado durante años políticas que asfixiaban a la oposición, sofocaban el disenso y alimentaban el odio a España y a los españoles de todo lugar y condición.

Los catalanes constitucionalistas llevan mucho tiempo resistiendo silenciados y, sin embargo, alzando la voz para denunciar lo que ahora algunos parecen descubrir escandalizados. Ellos son la prueba de que con coraje y decisión se pueden derribar los muros de silencio, y que con miedo y cobardía no se logra nada ni se construye nada que valga la pena.

Romper España es un objetivo ilegítimo por democrático que pretenda ser el procedimiento para conseguirlo. Una historia de tres milenios -he aquí la dimensión de lo que nos ocupa- no puede eliminarse de un plumazo. El adanismo de la cultura contemporánea llevó a ese “número tan grande de matanzas que da vértigo” recordado por Serge. No todo ha comenzado con nosotros. Tenemos un pasado, una memoria y una obligación de preservar algo que nos supera en treinta siglos.

Ojalá no falte el valor para hacerlo.

El cuerpo del delito
Eduardo Goligorsky Libertad Digital  28 Octubre 2017

Solo en el marco esperpéntico del proceso secesionista catalán se puede entender que haya instituciones, políticos y formadores de opinión que incurren en la ligereza de criticar –ya sea tibiamente o en términos apocalípticos– la entrada en prisión de los agitadores Jordi Cuixart y Jordi Sánchez. Es lógico que lo hagan quienes comparten con ellos la hoja de ruta sediciosa, pero despierta suspicacias que se les sumen quienes intentan conservar una imagen –poco fiable, como se ve– de objetividad. Este es el caso de Amnistía Internacional y, cuándo no, del danzarín Miquel Iceta y su corte.

Cúmulo de desafueros
Los podemitas y los comunes están en su salsa montando alborotos junto a las brigadas de demolición hispanófobas y eurófobas: lo llevan en su ADN totalitario. Son incapaces de hilvanar argumentos en defensa de sus arrebatos, y tampoco los tienen ni los necesitan. Les basta con alimentar el caos que les abre el camino hacia el poder.

Aquí es donde aparecen los gurús del régimen, los que han hecho carrera en el agitprop gracias a su habilidad para apacentar al rebaño con un rico surtido de posverdades. Ellos sí son capaces de travestir de preso político a un agitador que alentó, desde el techo abollado de un coche de la Guardia Civil, a los gamberros que asediaban a las fuerzas del orden público cuando estas cumplían con un mandato judicial. ¿Delito de sedición? ¡Qué va! Esta es solo una travesura si se la compara con la catástrofe que han provocado los dos Jordis mediante el cúmulo de desafueros que planificaron y pusieron en marcha con la complicidad de la Nomenklatura. Esta catástrofe, cuyos efectos estamos padeciendo en Cataluña, es, ella sí, la prueba visible, el cuerpo del delito de sedición.

Salvoconducto para delincuentes
Francesc-Marc Álvaro extrae de su arsenal ideológico los sofismas apropiados para convencer a la buena gente de que Cuixart y Sánchez son presos políticos ("Presos políticos, claro", LV, 19/10). Lo que oculta quien se enorgullece de conocer personalmente a los dos Jordis es que existen corrientes políticas que, incluso con apariencias inicialmente pacíficas, pueden culminar en dictaduras feroces y debacles sociales. La marcha pacífica sobre Roma –modelo de las últimas Diadas y manifestaciones– allanó el camino a los crímenes y guerras del régimen fascista. En Nuremberg juzgaron a políticos en cuyo programa, que llevaron a la práctica, sobresalía el genocidio. El ilustre poeta Ezra Pound fue recluido en un psiquiátrico por hacer propaganda a favor de ese mismo programa político, y al escritor Robert Brasillach lo fusilaron después de la liberación de Francia por idénticas razones políticas.

En Argentina, los atracadores, secuestradores y asesinos montoneros tuvieron una tapadera política. Y aquí la tuvieron y aún la tienen los atracadores, secuestradores y asesinos etarras. Lo que explica el maridaje entre el ex preso político Arnaldo Otegi y sus cofrades catalanes.

La palabra político no es un salvoconducto para delincuentes, sean estos subversivos o corruptos. Lo remarca Joaquín Luna ("Repitan conmigo: España es Turquía", LV, 18/10), burlándose de quienes edulcoran los delitos de los políticos:

Es muy posible que el ingreso en Soto del Real de los Jordis sea una mala noticia política. O no. Que están presos es un hecho –y no lo celebro con cava riojano–, pero eso no los convierte en presos políticos, como no lo son Rodrigo Rato y Jaume Matas. (…) Pero sí tengo muy claro y lo tuve desde la misma noche del 20 de septiembre: aquello no era ya una concentración cívica y mucho menos espontánea, sino una encerrona en toda regla a funcionarios policiales y civiles encargados de cumplir una orden judicial.

La tropa de los Jordis
Cataluña tiene siete millones y medio de habitantes. En el censo electoral figuran cinco millones y medio de ciudadanos. En ninguna elección los secesionistas han sumado más de dos millones de votos, o sea el 36 % del censo. Ni siquiera en la chirigota del 9-N, cuando votaron chavales de 16 años y extranjeros, o en el pucherazo del 1-O, con votantes incontrolados que saltaban de urna en urna, consiguieron superar esta cifra. La misma que computaron en sus manifestaciones más numerosas, a razón de catorce personas –¿montadas unas sobre otras?– por metro cuadrado. Esta es la tropa que los Jordis pusieron al servicio del Politburo. ¿El pueblo de Cataluña, como repiten, jactanciosos, los caudillos del proceso? ¿La mayoría de los catalanes? El simulador de ecuanimidad Antoni Puigverd le reprocha a Rajoy que no cite "a los más de dos millones de catalanes que dan su apoyo al independentismo" ("La reeducación", LV, 22/10). Eso, mientras Carles Puigdemont y sus compinches se ciscan en los más de tres millones de electores catalanes que no les dan ese apoyo y a los que quieren obligar –"¡Damos miedo, y más que daremos!"– a vegetar fuera de España y Europa.

La farándula lúdica que acompaña a los pocos miles de fanáticos que se concentran sin chistar obedeciendo a la voz del amo no equivale a "el pueblo de Cataluña". Para imputar de sedición a los dos Jordis, que dirigían a su tropa desde el puente de mando, a la jueza Carmen Lamela le ha bastado estudiar el cuerpo del delito, que está a la vista de todos quienes no viven cegados por el sectarismo. El cuerpo del delito, la víctima, es Cataluña, con su tejido social desgarrado y su economía en crisis.

Republiqueta de chiringuitos
Son patéticas las falacias con que estos descarriados tratan de disimular la hecatombe que han desencadenado en sus dominios. Alardea Pilar Rahola ("El moderado cabreado", LV, 19/10): "Las 200.000 empresas que ni se han movido ni piensan hacerlo son una gran mayoría silenciosa". Pobre consuelo enfatizar la proliferación de bares, peluquerías, fruterías, panaderías, bazares chinos, franquicias magrebíes y burdeles que convertirán en una republiqueta de chiringuitos, manteros y okupas lo que fue hasta el 1-O un centro neurálgico de las finanzas, la energía, la industria automotriz, la construcción, el turismo, el cava, los laboratorios químicos y medicinales y la cultura.

El cuerpo del delito los delata, con perdón del ripio. Pero afortunadamente no es un cadáver, como en las novelas policíacas, sino una sociedad herida, todavía capaz de recuperarse y de identificar y castigar a sus agresores: los Jordis y los cabecillas de la brigada de demolición secesionista. Lluís Foix, atento a los infortunios del cuerpo del delito, que es, insisto, esta Cataluña devastada por los desleales al Estado de Derecho, se mofa de las argucias de los embaucadores ("Inactividad en el Parlament", LV, 19/10):

El 8 de octubre Junqueras dijo que "no va a haber una huida de empresas de Catalunya". Al cabo de unos días, cuando el sector financiero había anunciado que se trasladaba a Alicante y Valencia, dijo que "el traslado de sedes tiene un impacto más psicológico que real". Y para mitigar el impacto de la fuga de Banc Sabadell y CaixaBank se le ocurrió que "no trasladarán la sede a Madrid, sino aquí cerca, en los Països Catalans". También añadió que "el cambio de sede social es algo temporal".

Las opiniones de Junqueras son muy respetables (sic) pero no me parecen responsables en un movimiento empresarial que puede afectar el futuro económico, industrial y productivo de Catalunya.

Lo desconcertante es que, si bien el núcleo duro de las manifestaciones a favor de la desconexión con España y Europa y de la libertad de los sediciosos está formado por un grupo reducido de energúmenos sin oficio ni beneficio, también se suman a ellas muchos ciudadanos de la clase media y emprendedora. ¿Cómo es posible que estos todavía no se hayan dado cuenta de que son su economía, su condición social y su cultura las que están amenazadas por el delito de sedición que investiga la justicia, y que sus verdaderos enemigos son precisamente los privilegiados sembradores de cizaña cuya libertad reclaman, pringando la vía pública con la cera de sus velas?

Bienvenido a la realidad
La magnitud del cuerpo del delito es tan descomunal que ha disipado las ilusiones de algunos promotores de la tercera vía, la negociación o el diálogo, o sea, de la cesión al chantaje. Por fin reacciona, con justificada alarma y con inusual crudeza, el notario Juan-José López Burniol ("La intrahistoria", LV. 21/10):

Están por llegar los episodios más lacerantes del proceso. En especial, porque el movimiento independentista ha sido utilizado como caballo de Troya por extremistas y radicales de toda laya, que aprovecharán su indudable fuerza desestabilizadora para cargar contra el sistema político que ha vertebrado uno de los periodos de paz y progreso más prolongados de la reciente historia de España. Cuanto peor mejor, dicen los independentistas, y los revolucionarios les hacen eco en beneficio propio, con el deliberado propósito de dejarlos en la cuneta en caso de un hipotético triunfo. Porque la independencia no es, aunque los independentistas no lo sepan, un proyecto de futuro.

Bienvenido a la realidad, señor notario. Solo cabe esperar que toda la burguesía catalana abomine de la hoja de ruta suicida para colaborar en la restauración de las normas de convivencia y solidaridad, y en la consolidación de las garantías que ofrece la Monarquía parlamentaria para regenerar la política, la economía, la seguridad, la cohesión social, la educación, la sanidad y los medios de información públicos.

El próximo Parlamento de Cataluña –elegido democráticamente después de que todo el peso de la ley nos libre del Estado Mayor golpista, de sus ramificaciones y de su aparato goebbelsiano de adoctrinamiento a niños y adultos– deberá pasar a la historia como el Parlamento de la racionalidad para compensar estos años en que funcionó como la nave de los locos.

HERRAMIENTAS DE LA CONSTITUCIÓN
Cataluña fuera de la ley: el papel del Ejército y el estado de sitio
La Gaceta   28 Octubre 2017

De las Fuerzas Armadas al estado de sitio, las herramientas de la Constitución [que el Gobierno no aplica] para frenar el Golpe de Estado

15:26 del viernes, 27 de octubre de 2017. El Parlamento catalán, poblado por una mayoría en rebeldía y fuera de la ley, somete a votación y aprueba una declaración de independencia que pone en marcha el proceso constituyente y activa la Ley de Transitoriedad, dirigida a “crear un estado legal paralelo al español”.

Se consuma así un Golpe de Estado anunciado con meses de antelación y perpetrado este viernes.

Incapaz de evitarlo, el Gobierno de la Nación, representado por Mariano Rajoy, se ha limitado, por ahora, a pedir tranquilidad a los españoles y a afirmar que lo sucedido en el Parlament es la prueba más clara de la necesidad de activación del artículo 155 de la Constitución, que se debate y vota este viernes en el Senado.

Casi dos horas después del Golpe de Estado no hay, por parte de España, ninguna otra reacción oficial que devuelva a Cataluña a la senda de la legalidad. Y eso a pesar de que la Constitución Española ofrece más de una herramienta:

Artículo 8:
Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional.

Artículo 116:
El estado de excepción será declarado por el Gobierno mediante decreto acordado en Consejo de Ministros, previa autorización del Congreso de los Diputados. El estado de sitio será declarado por la mayoría absoluta del Congreso de los Diputados, a propuesta exclusiva del Gobierno.

El estado de excepción se adopta “cuando el libre ejercicio de los derechos y libertades, el normal funcionamiento de las instituciones democráticas, el de los servicios públicos esenciales, o cualquier otro aspecto del orden público, resulten gravemente alterados y mediante el ejercicio de las potestades ordinarias no se pudiesen restablecer”.

El estado de sitio se adopta “cuando se produzca o pueda producirse una insurrección o acto de fuerza contra la soberanía o independencia de España, contra su integridad territorial o el ordenamiento constitucional, que no pueda resolverse por otros medios. El Gobierno designará la Autoridad militar que haya de ejecutar las medidas acordadas en el territorio a que el Estado de Sitio se refiera”.

Cataluña está entre el esperpento y el vodevil
Teresa Freixes okdiario  28 Octubre 2017

Menudos días o, quizás mejor, menudas horas, porque las “pantallas”, como se dice ahora, cambian vertiginosamente. Todavía no has comenzado a racionalizar lo que está sucediendo cuando ya ha dejado de suceder y el escenario ha variado. En menos de 12 horas hemos pasado de estar preparados para ver cómo los “Comités de defensa de la república” irían proclamando pueblo por pueblo ese nuevo régimen que tanta felicidad nos traería cuando nos anuncian que Puigdemont ha decidido disolver el Parlamento y va a comparecer para dar explicaciones, al aplazamiento de la comparecencia y su posterior suspensión para, mareando la perdiz hasta el infinito, convocar al maltratado y ninguneado Parlamento como si hubiéramos vuelto al ancien régime en el que los “Señores” se explayaban a sus anchas cuando así les venía en gana.

En medio de todo el barullo, alcaldes del PdeCat dimitiendo, del cargo y del partido, un conceller abandonando el Govern, gritos de “traición” por no seguir la hoja de ruta marcada por ANC y asimilados, audios que van circulando por whatssap asegurando que, tranquilos, que todo esto no es más que un paripé porque de lo que se trata es de hacer ver que se quieren hacer las elecciones para hacer quedar mal al Gobierno español ante los “Estados amigos de Europa” que están esperando ver lo represor que es el Estado Español para tener una justificación que permita reconocer a la república catalana surgida de la DUI…. Una fantástica cartelería, siempre a punto, apoyando la reivindicación que toque, en la línea de lo que está sucediendo en cada momento. Y todo ello para terminar con la declaración de independencia en el Parlament mediante voto secreto. Una manera de seguir con el jueguecito inventado por Artur Mas, que se podría comercializar con el nombre de “vamos a engañar al Estado”.

Un trilero de la enegenación
Antes de que la DUI se hiciera realidad, supimos de qué iba tanto bandazo presidencial. Se negociaba. O se aparentaba negociar, que vaya usted a saber con todo eso del jueguecito trilero. Porque de repente se sabe que la bolita no estaba en el tablero y que de lo que se trataba era de, una vez conseguido que ingenuos y bienintencionados procesistas se desesperasen creyendo que, con la aplicación del 155 no podrían hablar más en catalán o que perderían el trabajo por ser independentistas… una vez conseguido que cundiera el pánico empresarial y la carrera del sálvese quien pueda afectara ya, además de a las empresas, a profesionales y a funcionarios buscando desesperadamente cómo conseguir un traslado…. una vez lograda la mayor fractura social que se recuerda en décadas en Cataluña…. Una vez el país roto, logrado todo esto, de lo que se trataba, para no hacer la DUI y convocar elecciones, era de la concesión de impunidad a Puigdemont y su cohorte.

Y ahí estamos, como si lo más importante del mundo fuera la DUI, como si no se hubieran aprobado leyes manifiestamente anticonstitucionales sin ningún respeto al procedimiento parlamentario y a los derechos de nuestros representantes, como si no se hubieran creado pretendidas estructuras de estado sin tener habilitación competencial para ello, como si no se hubiera despreciado a la ciudadanía no secesionista, como si no se manipulara en la educación o la comunicación…. Cuando es precisamente todo esto, por la quiebra del principio de lealtad que debe fundamentar las relaciones multinivel en los estados fuertemente descentralizados como el nuestro, lo que bien justifica el uso de la coerción federal, dirigida a la reposición del buen funcionamiento institucional, o lo que es lo mismo, a garantizar la vuelta a la democracia.

Lo único sensato a lo largo de las últimas horas ha sido lo acordado en la Comisión del Senado, consensuadamente entre los partidos del arco constitucional, para aplicar gradualmente el art. 155, revisando si fuera necesario las medidas y su intensidad. Y digo que quizá sea lo único sensato, porque lo que hemos visto hoy en la política orquestada por el secesionismo catalán es algo que ya no se sabe si calificar, benévolamente, de vodevil. Que ello esté sucediendo en 2017, justo cuando acabamos de conmemorar —los que hemos podido, porque algunos se han opuesto a ello en el Congreso de los Diputados— el 40 aniversario de los Pactos de la Moncloa, muestra el nivelazo de parte de los políticos que nos han tocado en suerte. Ciertamente, entre el esperpento y el vodevil.

Rajoy tapa la boca a los golpistas con las urnas
OKDIARIO  28 Octubre 2017

La jugada maestra de Mariano Rajoy tapa la boca a los golpistas con un montón de urnas. Tantas como sean necesarias para celebrar unas elecciones autonómicas con plenas garantías el próximo 21 de diciembre. Carles Puigdemont y el resto de sediciosos habían oficializado la Declaración Unilateral de Independencia (DUI) no porque creyeran en ella, sino como táctica para provocar que el Gobierno activara un 155 duro y sine die que pudiera justificar la demencia conceptual sobre la que se asienta esa república fantasma que ha tomado vida este viernes en un Parlament sin legitimidad alguna. Sin embargo, Rajoy ha puesto sobre la mesa unas medidas que dejan al aire las flaquezas argumentales del procés. En primer lugar, su victimismo crónico. Ante las constantes apelaciones a la “represión del Estado”, el presidente ha respondido con un 155 pensado por y para la viabilidad de Cataluña, por y para el bienestar de los catalanes.

El objetivo es frenar “un secuestro inadmisible” pero haciéndolo de un modo pacífico y mesurado. En definitiva, con integridad y sentido de Estado. Para ello, el presidente ha convocado unos comicios en 54 días —tan rápido como permite la ley— y ha destituido al president y a todos los miembros del gobierno autonómico. La declaración presidencial, además de ser impecable en el fondo y en la forma, ha estado apoyada en todo momento por el resto de grandes fuerzas constitucionalistas. Supone una incontestable victoria de nuestro sistema parlamentario sobre el autoritarismo independentista y, por qué no decirlo, frente al populismo de Podemos. Los miembros del partido bolivariano han sido el gran apoyo de los rebeldes durante todo este proceso.

Este mismo viernes han posibilitado una vergonzosa escena al permitir que los golpistas voten la DUI en secreto para que así puedan eludir sus responsabilidades con la justicia. La cobardía como principio fundacional de esa república que no reconocen en ninguna parte. Ni en Europa ni en el resto de países donde la democracia es ley, caso de Estados Unidos. Rajoy y el constitucionalismo que representa la unión entre Partido Popular, Partido Socialista y Ciudadanos dan esperanza a los catalanes. Han de saber que no están solos, que no estarán solos. España, su país, los apoyará ahora que vivimos uno de los momentos más delicados de nuestra historia reciente.

Rajoy matador de España no de toros
Nota del Editor  28 Octubre 2017

Algunos de okdiario se han cambiado de banda. Calificar de jugada maestra el tapar la boca a los golpistas con un montón de urnas sin cerrar los medios de intoxicacion financiados con nuestro dinero es pasarse de rosca, perdón estar ya pasados de rosca.

Una vergüenza
Luis Ventoso ABC  28 Octubre 2017

No gozan del respaldo social que aparentan. Ayer, en cuanto se salía de la escueta plaza barcelonesa donde celebraban por todo lo alto su pantomima de independencia, el resto de la ciudad flotaba en una calma perfecta. No hubo riadas espontáneas tomando las calles para celebrar el nacimiento de la nueva República, porque todos los catalanes, hasta los más fervorosos separatistas, sabían que la proclama de sus atrabiliarios líderes era papel mojado, una mascarada inviable. Ni un solo país mínimamente homologable iba a reconocer esa patochada. Además, el separatismo quedó derrotado hace dos semanas. La utopía se acabó cuando se rompió la hucha, cuando las empresas catalanas arrugaron la nariz y huyeron en estampida.

Y sin embargo... Soy un español insignificante, uno más, pero creo que recojo el sentir de millones de mis compatriotas si digo que ayer al mediodía me sentí profundamente humillado e indefenso ante lo que estaba sucediendo en el Parlamento de Cataluña. Vulnerando todas las leyes de nuestra democracia se aprobó «la constitución de la República catalana como Estado independiente y soberano». Sí, ya sabía que no tenía validez jurídica alguna, que el Tribunal Constitucional lo suspendería en breve, que la justicia se pondría en marcha para que los golpistas rindiesen cuentas y que el Gobierno los cesaría. Pero la pregunta incómoda seguía allí: ¿Cómo se ha permitido semejante oprobio? ¿Por qué la justicia no evitó este golpe de Estado? ¿Por qué no se emitió una sencilla orden judicial ordenando la detención de los rebeldes sediciosos?

Qué vergüenza, señor Rajoy, señor Sánchez, señores jueces y fiscales. ¿Por qué toleraron que una facción sediciosa que iba ya arrastrando los pies llegase tan lejos? Cuando en el futuro se estudie la historia de España, los libros consignarán que el 27 de octubre de 2017 el Parlamento catalán aprobó la independencia mientras el Estado español iba a paso de tortuga, tentándose la ropa de manera acomplejada, cediendo toda la iniciativa a los golpistas. ¿Se podía haber evitado una declaración de independencia que ha humillado a todos los españoles y ha mancillado el prestigio de nuestro país? Por supuesto que sí. Era tan sencillo como que el TC hubiese suspendido la sesión de ayer del Parlament (lo consulté con juristas y me explicaron que resultaba perfectamente posible). Pero unos magistrados acobardados no estuvieron a su altura (sí lo están para las prebendas del cargo). Tampoco el presidente del Gobierno y su segunda han cumplido con los españoles. Primero fallaron a la hora de evitar el referéndum del 1 de octubre y ayer no acertaron a impedir la dolorosa sesión de proclamación de la República, un golpe de Estado en toda regla. Especialmente lacerante el papel de PSOE y PSC, que todavía un par de horas antes de que se consumase el golpe presentaban mociones para ablandar la aplicación del 155.

Franceses, alemanes, italianos o británicos habrían puesto medios para evitar de antemano la bofetada que ayer recibimos. España tendrá un problema si Puigdemont, Junqueras y Forcadell no pernoctan pronto en la cárcel tras coleccionar delitos en serie.

Mientras PuigNerón toca la lira
OKDIARIO  28 Octubre 2017

Al tiempo que Mariano Rajoy ultimaba la jugada política que devolverá el orden constitucional a Cataluña con escrupuloso respeto a la paz social y a todos los catalanes, Puigdemont festejaba su demencia política decretando la Declaración Unilateral de Independencia (DUI). Al igual que Nerón tocaba la lira mientras Roma se quemaba, Puigdemont cantaba al son de los acordes de Els Segadors a sabiendas de que esa DUI recién inaugurada es garantía absoluta de una ruina total, presente y futura, para todos sus conciudadanos. La irresponsabilidad de PuigNerón le ha hecho celebrar este 27 de octubre como un día memorable, cuando en realidad sólo estaba certificando el principio del fin de su trayectoria política con un golpe de Estado que lo emparenta para siempre con Antonio Tejero en el purgatorio de nuestros golpistas históricos.

Puigdemont y sus acólitos han provocado la huida masiva de empresas y capitales de Cataluña y la ha dejado contra las cuerdas a nivel político, económico y social. Amén, claro está, de poner en grave riesgo la recuperación económica de toda España, ya que esta crisis se dejará notar, y mucho, en nuestro balance de crecimiento de aquí a finales de año. No obstante, y a pesar del desastre, el president ha propiciado, imbuido en su delirio gobernante, que 19.000 personas hayan llenado la plaza de Sant Jaume para celebrar su flagrante ilegalidad. Con la ayuda de sus gabinetes propagandísticos —ANC y Òmnium de los encarcelados por sedición Jordi Sánchez y Jordi Cuixart— han montado una fiesta a base de música tradicional, castellers y otros elementos populares.

PuigNerón ha conseguido lo que parecía imposible: convertir una región que hasta hace poco era santo y seña del vanguardismo internacional en un auténtico chiste. Camino del precipicio, por sus locuras y las locuras de su corte, a ritmo de folclore y con la altura política de un casteller que no logra levantar de la base. Eso y no otra cosa es el nacionalismo radical, la forma más empobrecedora de aniquilar un Estado. Justo lo que habría conseguido esta recua de golpistas de no haber sido por la intervención del Gobierno que, con un acuerdo fundamental con el resto de grandes fuerzas constitucionalistas, han devuelto la esperanza democrática a esa gran mayoría de catalanes que creen en la Constitución como norma básica de convivencia entre los españoles.

La conjura de los necios acaba en declaración de independencia

En una ceremonia de los dislates, irregularidades y deslealtades, el Parlament catalán, declara la república independiente de Cataluña
Miguel Massanet diariosigloxxi  28 Octubre 2017

Pudiera ser que, los más crédulos, buenistas, dialogantes, inocentes y, por supuesto, aquellos que se vienen caracterizando por presumir de estar “bien informados” y que alardean de haber hablado con “un alto cargo” o que bajan la voz para susurrarte al oído “sé, de muy buena tinta, que...” ; sin que, raramente, se produzca o tenga lugar la anunciada profecía, de la que se habían enorgullecido en ser los primeros en darla a conocer, lo que, por raro que pudiera parecer, nunca desanima a aquellos que se valen de tales medios y artificios para dar por seguro aquello que no es más que fruto de su egolatría y deseo de destacar, lucirse e imponerse; en una profesión donde, como es el caso del periodismo, da la sensación de que, el que no tiene algún importante personaje como amigo e informante, no es nadie; mantuvieran la más mínima duda respecto a que, dentro de la cambiante política independentista catalana, dada la fuerza de los fanáticos de la calle, los miembros de la CUP y los republicanos de la ERC, hubiera sido un verdadero milagro que, los esfuerzos de los más sensatos para convocar unas elecciones que, seguramente, hubieran condicionado la aplicación del Artº155, al menos durante un tiempo, hubieran tenido éxito.

Hoy se ha producido lo que, lógicamente, y dada la actitud cerril de quienes han jugado con los catalanes, prometiéndoles una nación independiente “la república de Cataluña”, en la que todo serían ventajas, donde nadie saldría perjudicado, los bancos “se pelearían” para instalarse en el nuevo país y las empresas acudirían como moscas a un panal de mil, atraídas por las “grandes ventajas” y “atractivos ofrecimientos” que les proporcionaría el instalarse en la nueva nación catalana; se podía esperar que ocurriera, dada la actitud que las fuerzas políticas constitucionalistas han mantenido durante años, pensando en que, lo de Cataluña, era una cuestión menor.

Lo curioso del caso es que, en una convocatoria del Parlamento catalán, en la que, si algo se apercibía, era todo menos el entusiasmo que se podría esperar de un hecho tan señalado como, presuntamente, debería haber sido una proclamación de independencia; con las habituales faltas de una buena organización, las continuas dudas de la presidenta del Parlament, señora Forcadell, apoyada continuamente por esporádicas apariciones de los abogados, que la aconsejaban e intentaban orientarla en sus evidentes despistes y la vergonzosa actitud de las izquierdas de la CUP y de Junts pel sí, que cuando el resto de los grupos ya habían votado por el sistema telemático desde sus escaños, uno de los miembros de dichos partidos se ha levantado para pedir que, para ellos, deseaban que la votación tuviera lugar mediante el uso de una urna y, de esta manera pedían que, el voto de los miembros de su grupo, fuera secreto. Ha sido en vano que, todos los partidos constitucionalistas, se indignaran y pidieran que no se admitiese semejante discriminación pero, como era de suponer, la señora Forcadella, con una actuación partidista, como siempre, se ha negado a admitir las reclamaciones y ha permitido la anomalía de que, en una misma votación, se utilizaran sistemas distintos.

Es de destacar que, como siempre, todos estos “valientes” de opereta, estos que meten a los otros en los fregados pero, a la postre, saber escurrir el bulto; han pretendido poner obstáculos para evitar ser identificados por el sentido de su voto, algo absurdo debido a que no es legal sancionar a ningún parlamentario por el sentido de su voto. Y aquí cabe hacer una alusión a personajes que, como la parlamentaria Marta Rovira, de Jxsí , cuando le ha llegado el turno de defender la ruptura con España, haya acudido a todos los artilugios propios de aquellos parlamentarios que anteponen a la decencia, la objetividad, la verdad, el respeto por el adversario y el beneficio de los ciudadanos, a los que debería representar, el valerse de argumentos rastreros, equívocos, falsos, de fácil refutación y, desde luego, con una evidente intención de confundir a aquellos que, desde fuera de España, pudieran escuchar semejante sartas de sandeces, dichas con una convicción digna de mejor causa. Y es que, entre esta amalgama de partidos separatistas que se han unido para este intento de proclamación de la república catalana, se puede decir que no hay uno sólo que les haya explicado a quienes les siguen y, en general al pueblo catalán, todos los inconvenientes que le van a reportar a la ciudadanía catalana, esta proclamación hecha el día de hoy ( afortunadamente va a quedar invalidada en poco tiempo) respecto a las funestas perspectivas económicas, sociales, financieras etc, que les esperan, si llegara a consumarse este intento de unos 70 parlamentarios ( ni siquiera un número suficiente para modificar una ley, según en Estatuto catalán) de separar a Cataluña de España. En un gesto de “magnanimidad” se ofrecen al Estado español para dialogar, esto sí: de tú a tú; para establecer las condiciones para una relación entre ambas “naciones”,como si nada hubiera pasado y la declaración de independencia, unilateral, de un trozo de España fuera lo más natural del mundo. Por desgracia, los errores de antaño, el principal aquel por el que se transfirió la educación a las distintas autonomías, son los que han hecho que, desde niños, a los catalanes se les haya venido inculcando el nacionalismo catalán, la idea de que España es la responsable de todo lo malo que les sucede y el sentimiento de odio hacia todo lo que tenga visos de ser español. En resumen, un desafío con toda la regla aunque, según últimas noticias, el TC ha admitido a trámite un recurso, presentado por el PSOE, en el que pedía que se suspendiera automáticamente la votación, una petición que, incomprensiblemente, no ha sido aceptada por el alto tribunal, dando tres días a las partes para presentar alegaciones. Resulta impactante que un tribunal que fue el que dejó en suspenso las leyes de referendum y de transitoriedad catalanas ( ya ilegalizadas) e impidiera, bajo amenaza de nulidad, la celebración de la consulta, ahora tenga remilgos jurídicos cuando debiera de suspender automáticamente la declaración ilegal de la república independiente catalana, fruto de los resultados del simulacro de referendo, no aceptado por nadie por su falta de legitimidad y por la forma chapucera en la que se celebró, pese a la prohibición de los jueces de que tal consulta tuviera lugar.

La resolución, por amplia mayoría en el Senado, que hoy ha tenido lugar, sacando adelante la autorización para que el Gobierno pueda hacer uso del artículo 155 de la Constitución, para poner remedio a las irregularidades e ilegalidades que se han venido cometiendo, en Cataluña, la Generalitat y el Parlamento de Cataluña; facultándoles para que puedan llevar a cabo, de forma ordenada, las actuaciones precisas para impedir que, los efectos de la rebeldía de una parte de los catalanes, pudieran privar de sus derechos al resto de los españoles que pudieran sentirse perjudicados por semejante ilegalidad. Es evidente que, especialmente entre algunos personajes de equívoca postura respecto a la rebeldía catalana, como es el caso del señor Enrich Juliana, la señora Rahola, el periodista A. Puigvert o Ferrán Requejo que, desde La Vanguardia vienen manteniendo una campaña abierta en contra del Estado español y en favor de la independencia catalana, la aprobación del 155 es una mala noticia y más lo sería si, en lugar de ser el señor Rajoy, gran amigo de hacer las cosas con excesiva prudencia, quien aplicara las medidas excepcionales que van a ser necesarias para enderezar el rumbo de Cataluña, fueran otros políticos, con más arrestos para poner orden en una parte de España, que siempre se ha caracterizado por crear problemas identitarios y por convertirse en la región de nuestro país que más ha salido beneficiada desde los gobiernos españoles, a pesar de que su victimismo aparece, como ave Fénix, cada vez en la que les conviene para obligar al Estado a que vaya cediéndoles parcelas de poder, como ha venido ocurriendo hasta que su desmedida ambición ha roto, por fin, la bolsa de paciencia del resto de la nación española y, el Gobierno, ya no ha podido ponerse de esquina ante la amenaza de que, como ha ocurrido, se declarara su independencia.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, ante la consumación de la amenaza separatista por parte de los nacionalistas catalanes, no estamos muy seguros de que, con el 155, el Estado ( no olvidemos que el PSOE siempre tiene algo para sacarse de la chistera en situaciones que les puedan beneficial electoralmente) opte por tomar determinaciones que sean capaces de acabar, de una vez, con la amenaza independentista catalana. Es obvio que hay una parte importante de los ciudadanos catalanes que, por desgracia, están poseídos por el virus independentista, personas con las que no se puede discutir ni razonar porque dan por sentado que, todo lo que se les dice, es con la intención de que renuncien a sus sentimientos nacionalistas. Es preciso que se recupere la enseñanza centralizada, que se vigilen a los medios de comunicación que han estado adoctrinando a todos los catalanes en el convencimiento de que España los estaba robando y que, si los dejaran a su aire funcionarían mejor. Se van miles de empresas, los abandonan entidades crediticias como La Caixa y el Banco de Sabadell y el turismo ya da señales de ir disminuyendo pero, nadie puede convencerlos de que, en muchos casos, lo perdido ya no se va a recuperar nunca. No sea que, después de tantos esfuerzos y obstáculos para conseguir la herramienta del 155, todo acabe en meros retoques sin importancia, como hicieron los del PP cuando prometieron abolir el aborto e impedir los matrimonios homosexuales y ¡con mayoría absoluta no lo hicieron! Y sus votantes nos quedamos con un palmo de narices. No lo intenten de nuevo o, hasta los más leales, abandonaremos el barco en busca de unas garantías mejores.

LOS INTELECTUALES Y ESPAÑAIVÁN VÉLEZ
"La independencia solo será posible si los españoles la toleran"
EMILIA LANDALUCE El Mundo  28 Octubre 2017

Iván Vélez (Cuenca, 1972) es uno de los miembros más activos del grupo de discípulos de Gustavo Bueno. Para este arquitecto e historiador aún hay esperanza para una izquierda nacional que no apueste por la balcanización de España y que termine con todos los derechos históricos de los territorios. "España no es ninguna prisión de naciones"

El Parlament ha votado independencia.
Se ha votado pero una nación política es mucho más que una votación. Por otro lado, el poder también se ejerce de manera ascendente. La independencia sólo será posible si la ciudadanía española se desentiende de sus responsabilidades políticas creyendo que su único contacto con la política son las urnas. Los españoles deben exigir que se cumplan las leyes y no permitir que los políticos titubeen.

¿Cómo debería actuar el Estado?
Al margen de la aplicación severa de la ley que merecen los golpistas, el Estado, cautivo de la coyuntura partitocrática, debe retomar el control de la comunicación para neutralizar la propaganda hispanófoba que la Generalidad se ha encargado de azuzar. El 155 va a ser duro y hay que recuperar a la opinión pública extranjera. Por otro lado, me parecería un error una convocatoria inmediata de elecciones porque lo que se necesita en Cataluña es desmontar la arquitectura nacionalista y eso requiere de tiempo.

¿Por qué España tiene tan mala imagen exterior?
Por la escala de su Imperio y de su Historia. Porque, como dijo Gómara, fue capaz de hacer "la mayor cosa después de la creación del mundo". Levantar cientos de ciudades con un canon claro, ser capaz de integrar tantísimas etnias... Configurar una parte formal del mundo actual, la Hispanidad. Eso crea muchas susceptibilidades. Por eso nuestra Leyenda Negra es la más persistente.

Uno de los países más críticos con España con la actuación frente al nacionalismo es Reino Unido. Tras el Brexit a ellos no les interesa una Europa fuerte.
Persiste la Leyenda Negra porque hay intereses en algunos ámbitos en destruir a un rival. En este caso la Europa de las naciones. Una Europa de los pueblos sería mucho más débil.

Somos un país moderno. Español es el mejor CEO del mundo. Somos pioneros en derechos, además de creativos, solidarios, demócratas... Y fuera de España se sigue hablando de Francoland. ¿Es una reelaboración de los mitos hispanófobos?
La Generalitat paga a periodistas y profesores que difunden los tópicos negrolegendarios... El gran problema es que hay muchos españoles que han asumido esos tópicos. Uno de ellos es considerar a España como una autoritaria prisión de naciones, antesala de la nación de naciones.

Pinker dice que los 5.000 grupos étnicos que existen en el mundo no pueden tener Estado.
Gustavo Bueno, mi maestro, subrayaba la potencia del mito de la cultura. Se ha pasado a la exacerbación y a darle más importancia a todo lo que tenga que ver con la cultura: el idioma, las famosas señas de identidad... ¿Por qué? Porque tras la caída del nazismo, el componente racial es indefendible. No se pueden medir cráneos como hacían los nazis, y antes, los catalanistas del XIX. Por eso recurren a la lengua.

Pero Indalecio Prieto, por ejemplo, era españolista pero parte de la izquierda ha renunciado a España.
Podemos, abanderado de la pureza izquierdista, ha perdido de vista el territorio. Viven en un mundo metafísico en el que el territorio no tiene nada que ver. Desde el materialismo filosófico entendemos que la tierra, o capa basal de la que se extraen recursos y energías, es absolutamente clave; que toda sociedad política tiene que estar implantada en un territorio. Ellos, sin embargo, creen que la nación, la democracia, es un mero sentimiento, una emoción.

La excesiva influencia del idealismo alemán.
Por ejemplo, creen que ha habido una imposición del español en América. El español no pudo imponerse porque cuando llegaron los conquistadores no había un ministerio de Educación que implantara el idioma en todo el continente. El español se impuso porque fue una lengua que por cuestiones históricas, comerciales, bélicas, literarias... fue ganando terreno. Y eso es lo que desde aquí no se quiere ver. Por eso la última frontera de los separatistas, irrenunciable, es la lengua. Es la única forma de intentar trazar fronteras en la actual nación política que es España.

Defíname España.
Desde luego no es una unidad de destino en lo universal. La actual España es fruto de la transformación del imperio español en naciones soberanas: España, Bolivia, Colombia, Paraguay.... Eso, políticamente. Luego, lo importante es que esa transformación está vinculada a una de las partes constitutivas del mundo actual: la hispanidad. Existe un enorme sustrato que nos une con un conjunto de naciones soberanas en la que se habla español. Un señor que habla esta lengua puede entenderse desde la Patagonia hasta casi Alaska. Por eso considero que se debe mirar mucho más al otro lado del Atlántico, y terminar con el papanatismo europeísta. Es preciso revisar el influjo orteguiano. Por otra parte, España se hizo frente al Islam y, por su situación geográfica, tiene una responsabilidad frente a los movimientos islamistas.

¿Vive España una guerra de propaganda con los nacionalistas catalanes parecida a la que tuvimos con holandeses, luteranos... durante el Imperio?
Veo el paralelismo en que es una guerra propagandística, pero Cataluña no tiene ejército. No hay un frente de trincheras, sino mediático, ideológico, de manipulación en las escuelas catalanas. Allí, por ejemplo, se omite España porque hay que desligarse de ella. Niegan la historia de España porque la consideran un error histórico del que hay que alejarse. Pero luego ocurre algo curiosísimo. Tratan de catalanizar a aquellos españoles excelentes como Cervantes o Santa Teresa y se les trata de buscar un origen catalán... Hasta a Cortés le han tratado de buscar orígenes catalanes.

Pero catalanes, vascos, almerienses... participaron de la acción imperial [Felipe II tenía a Luis de Requesens como principal diplomático]. Eso no se aprende en los colegios catalanes.
La Leyenda Negra se asume en España sobre todo a finales del XVIII y durante el XIX. En ese periodo, además, se quiebra la metodología imperial y el pactum translationis, origen y justificación de los gritos de los libertadores. Cuando se rompe esa inercia histórica se rescribe la Historia. Y en grandes áreas del mundo hispano se entiende el Imperio como un fracaso. ¿Qué se hace entonces? Buscar las esencias previas y convertir esos 300 años en un oscuro paréntesis.

La imagen de la intolerancia se asocia a España.
La Leyenda Negra se fue adaptando a los tiempos. Una nueva visión que se debe, en gran medida, a la Ilustración. España es vista como una sociedad fanática incapaz de hacer la revolución. No obstante, la revolución hispana siguió un curso propio ligado a las estructuras virreinales, que se transformaron en naciones políticas.

¿Antes de la Constitución de 1812?
La emancipación de las naciones se hace efectiva cuando la figura cohesionadora del Rey en el que se deposita la soberanía, está cautivo en Bayona (1808). Entonces el pueblo recupera la soberanía. Y no sólo la recupera en la Península ibérica sino también en juntas urbanas y criollas de América, porque al menos en esos sectores se habían homologado con sus pares peninsulares.

Los independentistas dicen: ¿Y por qué no ahora Cataluña? Como Cuba y Filipinas...
Presentar a Cataluña como una colonia española es una falsificación. Los catalanes participaron activamente en la empresa americana. Es más, desde el reinado de Felipe V, algunos sectores se enriquecieron a costa de Cuba gracias al proteccionismo mercantil español y a actividades como el tráfico de esclavos, que dejaron importantes dividendos con los que se construyó la ciudad de los prodigios en la que hoy flamea esa parodia textil cubana llamada estelada.

Este verano los arqueólogos se sorprendieron de encontrar en una de las torres que formaba el Gran Tzompantli de México 500 cráneos de mujeres, niños...
Una de las cosas más importantes que están sucediendo es que las crónicas de los conquistadores españoles, que podrían ser sospechosas de ser falsas o exageradas, se están verificando por la vía de la arqueología. Eso está desactivando la Leyenda Negra.

De la Malinche se habla como de una traidora.
Refiérase a ella como Doña Marina porque la bautizaron enseguida y se convirtió en española. Doña Marina siguió a Cortés, que, objetivamente, fue un libertador de pueblos. Las alianzas que forjó con totonacas, tlaxcaltecas... se sellaron porque les ofrecía unas condiciones mejores frente al opresor mexica.

Que eran los que se dedicaban a hacer los Tzompantli con cráneos de niños.
Exactamente. El México actual tiene más que ver con el virreinato que con el mundo precortesiano (el Anáhuac) que era un mosaico étnico. No se puede acusar a doña Marina de traidora porque no puede traicionar a algo (México) que entonces no existía y que está tan desligado con el territorio al que llega Cortés. Esta conexión interesada entre el México independiente y el prehispánico se alimenta en el siglo XIX de la mano de los liberales y de potencias extranjeras interesadas en depredar el territorio.

Y la izquierda también compra esa Arcadia feliz.
Claro. Se alimenta por tres vías. En América por la vía del indigenismo; en España por la vía de la islamofilia y, finalmente, por otro tipo de indigenismo español como son los nacionalismos fraccionarios (vascos, catalanes y gallegos) que buscan sus esencias poniendo entre paréntesis la acción española. Y claro, dicen que son layetanos o vascones... un disparate.

Es que un catalán (hasta los nacionalistas) tiene que ver más con un extremeño que con un paisano del siglo XI. Usted es de formación marxista ¿cómo se siente dentro de la izquierda?
Hay que matizar qué es la izquierda. Si por izquierda entendemos que es no aceptar derechos históricos, no admitir privilegios entre españoles vinculados a la región en que viven, ni tolerar medidas a favor de la marginación de elementos comunes como el español... entonces sí que me siento de izquierdas. ¿Y cómo me siento respecto a los que se denominan de izquierdas...? Pues, casi siempre, ajeno.

Incluso Bescansa ha dicho que Podemos parece no tener un plan para España.
Sí que lo tienen. Por aspectos puramente culturales, la autodenominada izquierda pretende ahondar en la desigualdad del resto de los españoles respecto a aquellas regiones que han obteniendo privilegios descapitalizando otras regiones.

Hay un movimiento sano de españolidad que va de derecha a izquierda al que Podemos parece ajeno.
Podemos es la quintaesencia de lo peor del Régimen del 78. Quieren la realización del derecho a decidir y la balcanización nacional, que es algo que está completamente insinuado en la redacción de la Constitución española porque contó con los nacionalistas que querían la destrucción nacional y el robo de una porción del territorio común por una parte: sus sectas.

Dicen que sin ellos el consenso...
Pero se incluyó la confusión de regiones y nacionalidades de forma muy calculada. Luego los nacionalistas han hecho valer estos conceptos para configurar una red clientelar e institucional que ha favorecido un movimiento potentísimo que ha dado lugar a la realidad actual, en la cual el español en Cataluña está marginado. Y hay que aspirar a la igualdad y a la libertad de uso. Creo que está resurgiendo una españolidad al margen de los partidos que acabará cristalizando. Hay gente que se ha quitado el complejo de esa identificación gratuita entre España y Franco.

Un cambio constitucional parece destinado a ahondar en la desigualdad entre regiones.
Las indefinidas izquierdas españolas consideran que hay españoles de primera y de segunda. Este momento es el final de un proceso larguísimo. Lo veo, no obstante, como una oportunidad. Si fuéramos capaces de articular un frente transversal cuyo punto de partida fuera España y la igualdad de sus ciudadanos...

Dicen que hay críticas de los errejonistas...
Errejón es el primero que habla de plurinacionalidad y que asume los postulados del catalanismo. El PSOE también lo tiene muy difícil. Está cautivo del formalismo federalista y el federalismo asume las tesis del catalanismo, algo que no entiende Sánchez. No se puede defender el federalismo asimétrico porque no se puede asumir la desigualdad. Su somos la izquierda es un lema vacío. Le pasará factura.

¿Se debe reivindicar a Hernán Cortés?
Sí. Cortés y las estructuras del Imperio español favorecieron la protección del indígena. Cortés incorpora a esos hombres a la Historia Universal, algo que en ciertos sectores de esa izquierda culturalmente relativista es inasumible. Porque: ¿con quién se identifican los podemitas? ¿con los tlaxcaltecas o con los mexicas? ¿Con los esclavos o con los esclavistas?

MEMORIAL DE VÍCTIMAS
Las víctimas piden que con el yihadismo se haga ‘lo que no se hizo con ETA’
La Gaceta   28 Octubre 2017

El director del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo, Florencio Domínguez, ha lamentado que en el País Vasco “la radicalización violenta” de personas que luego ingresaban en ETA era vista “con naturalidad, como que formaba parte del paisaje, como la lluvia”.

Domínguez ha pronunciado una conferencia dentro del XV Seminario Fernando Buesa que se celebra este jueves y viernes en Vitoria con el título “Pensamiento sectario, radicalización y violencia”.

El director del Memorial de Víctimas, que tiene su sede en la capital alavesa, ha mostrado su esperanza en que con el terrorismo yihadista no ocurra lo que pasó con el etarra, que no se prestó atención a los procesos personales que llevaban a una persona a ingresar en la banda.

En este sentido, ha afirmado que hasta hace poco tiempo en el País Vasco no ha habido “políticas públicas de prevención” de los procesos de radicalización, cuando es importante “atajar la violencia antes de que se produzca”.

Ha insistido en que la educación es fundamental para evitar la radicalización violenta de las personas, porque es “más fácil vacunar que curar” y ha afirmado que “siguen quedando muestras de fondo de odio que hay que seguir combatiendo”.

En este sentido ha considerado “necesario deslegitimar el terrorismo para que en un futuro no aparezca una generación” que vuelva a empuñar las armas, ya que si queda alguna “justificación” de lo que fue ETA “seguirá habiendo gente que eche de menos” la violencia.

Domínguez ha concluido que detrás de los terroristas siempre hay “gente fría con estrategias racionales que utilizan la violencia para lograr unos fines políticos”.

En la apertura del seminario ha intervenido la vicepresidenta de la Fundación Fernando Buesa, su hija Sara, quien ha recordado que en todo fenómeno terrorista hay una “visión deformada del mundo, que genera victimismo y odio, llegando a un punto en el que las personas se sientan atacadas en su identidad, ultrajadas”.

“En este sentido me gustaría trasladar un mensaje a nuestros líderes y gobernantes: el cultivo habitual del victimismo y la generación sistemática de frustración pueden tener una influencia nefasta”, ha dicho.

Buesa ha recordado, como Domínguez, que en el País Vasco se ha vivido este proceso de “radicalización”, con un sueño “sectario y excluyente” de fondo.

“Salvando las diferencias entre el terrorismo de ETA y otros, como el yihadista, los ingredientes básicos del sectarismo y la radicalización son los mismos”, ha afirmado.

La hija del político socialista asesinado por ETA el 22 de febrero de 2000 ha reconocido su perplejidad al ver la “reacción de horror y repugnancia ante los atentados yihadistas de algunas personas que no son capaces de ver el horror y el error en el terrorismo ejercido por ETA durante décadas en este país”.

“Me deja perpleja y me hace preguntarme en qué medida el ideario sectario subyacente al terrorismo de ETA verdaderamente está superado y deslegitimado”, ha concluido.

El Valle de Arán celebra un Pleno este lunes para romper con la ‘república catalana’
Inés Verdejo okdiario  28 Octubre 2017

El Consejo General de Arán ha anunciado la celebración de un Pleno extraordinario este lunes a raíz de la declaración unilateral de independencia de Cataluña.

El alcalde de Viella -capital del Valle de Arán-, Juan Antonio Serrano, ya mostró su postura contraria a la declaración de independencia de Cataluña. Serrano se negó a colaborar con el referéndum ilegal del 1-O mediante la cesión de locales públicos para su celebración. Así se lo hizo saber al presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, a través de un carta firmada por el propio Serrano, en la que expuso de forma taxativa que “cumplirán la ley”.

A través de su cuenta de Twitter, los dirigentes del Valle de Arán han anunciado que “el Consejo General de Arán se reunirán el próximo lunes 30 de octubre para concretar la celebración de un Pleno Extraordinario”.

En 2015 el Consejo General de Arán y el gobierno de la Generalitat acordaron el derecho de autodeterminación del Valle de Arán. Dicho acuerdo culminó en la Ley de Régimen Especial de Arán, por la que “el Parlament de Catalunya reconoce el derecho del pueblo aranés a decidir su futuro”.
 


Recortes de Prensa   Página Inicial