AGLI Recortes de Prensa   Domingo 29  Octubre 2017

Dos golpes por el precio de uno
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 29 Octubre 2017

Añadiré un par de cosas al artículo publicado anteanoche en LD, tras oir en esRadio, entre la náusea y la vergüenza, al presidente del Gobierno diciendo que su fórmula para acabar con el golpismo catalán es convocar elecciones autonómicas. La fundamental es que Soraya, que siempre ha representado, y presumido, y paseado, y masajeado, con el nacionalista Millo al bolso, la política de diálogo y soborno con el separatismo catalán, ha sido la elegida por Rajoy como presidenta del Gobierno para Cataluña.

Eso significa que el Gobierno no sólo mantiene la política de Soraya durante los últimos años como personal de Rajoy y del Gobierno del PP, sino que no entiende que haya razón alguna para cambiar de política tras el Golpe de Estado y la proclamación de la república catalana. O lo que es lo mismo: que lo que se establece en Cataluña es lo que estaba establecido y que lo que se ha hecho con los golpistas es lo que se venía haciendo y se piensa hacer en la campaña electoral: regañarles en público pero evitarles en privado las consecuencias judicial y económicamente desagradables de esa costumbre, tan traviesa entrañablemente suya, de ciscarse en las leyes españolas. Lo que se deduce de la 'parapresidencia sorayina' es que se ha pactado que los golpistas no vayan a la cárcel si van a las elecciones.
El Gobierno ha pactado y pactará

Dicho de otro modo: 'Cocomocho' no pactó del todo con el Gobierno las elecciones, pero el Gobierno sí pactó con Mas, agente de 'Cocomocho'. A cambio de una declaración de independencia tan zarrapastrosa que una Justicia ciega y una casta política indecente podría seguir fingiendo que no ha existido del todo, les ahorrará los treinta años de cárcel porque sí existió. Uno comete mal un delito y el otro dice que tanta torpeza lo rebaja a falta. 'Cocomocho' y su tribu han dado el golpe que Rajoy les ha permitido, pero como han fracasado bastante, se rebaja el golpe a fallido pronunciamiento.

La doctrina rajoyesca y sorayina es que aquí será impune el delito del que pueda pagarlo o amenazar con que no paga. Hay que ser tan generosos en la victoria que nadie note la derrota. Al que sí hay que perseguir es al autónomo que se olvidó de pagar un mes a Hacienda. Al que da un golpe de estado, no, siempre que el delito lo cometan políticos nacionalistas. A los nacionalistas no se les persigue nunca: se les premia o se les indulta. Ayer dijo Méndez de Vigo que el Gobierno "vería con agrado" que 'Cocomocho' se presentara a las elecciones. Podría dejarle el Ministerio de Educación, para asegurarse de que siga sin haber ningún problema educativo en Cataluña. No recuerdo haberme sentido nunca tan insultado por ningún ministro. Palabra de honor.

Del Código Penal al Código Constitucional
Los delitos de rebelión y sedición que contempla el Código Penal no han sido nunca esgrimidos por la Fiscalía, que ha delegado en el Gobierno una forma de castigo dentro de un Código Constitucional, que consagra la impunidad de cualquier delito siempre que se cometa entre políticos. Los ciudadanos no existimos. La Ley, tampoco. Aquí impera una casta política que se entiende entre ella y manipulando los medios de comunicación nos convence de que combate lo que permite y persigue lo que protege. Cuanto más se acerca uno al golpe de Estado catalán ve más aterradoramente claro que el Gobierno siempre estuvo en el golpe, que sigue estándolo, y que si las elecciones le salen relativamente bien, con una mayoría exigua que deje al PSC en condiciones de formar una alianza de Gobierno, el golpe seguirá.

Porque el golpe no es sólo que medio Parlamento haya proclamado la República, aunque por menos fueron treinta años a la cárcel los del 23F, sino todo lo que ha llevado a esa proclamación, desde la negación absoluta a cumplir la Ley a la dictadura mediática, pasando por la tiranía escolar. Y el doctor Rajoy y la comadrona Soraya, con el respaldo de los enfermeros Sánchez y Rivera, están dispuestos a no operar el cáncer de una democracia agonizante mientras puedan cambiar de hospital, si encuentran plaza.
Inmensas ruedas de molino

No es raro que para hacernos comulgar con tan gigantesca rueda de molino se recurra a los magos del 11M, Cebrián y Ferreras. El intelectual orgánico del sorayismo debe convencer al PSOE de que lo que todos, hay que insistir en todos, vamos a hacer en Cataluña es muy de izquierdas y que de no hacerlo resucitaría una Derecha que querría nada menos que acabar con el Estado de las Autonomías, que tan buen resultado nos da. Y su jefe de Informativos en la SER convencerá a Podemos de que después de esto de Cataluña ya vendrá el País Vasco y tendrán su oportunidad como única y legítima oposición -con la ETA- al régimen del 78. O sea, lo pactado en 'Can Roures', pero a plazos. Pablo lo entenderá.

Para parar un golpe de Estado sin pararlo, Rajoy ha tenido que darlo sin que parezca que lo da. Tenemos dos golpes por el precio de uno. Y aún habrá gente -viles reaccionarios, casposos nacionalistas españoles- que se quejará de cómo nos tratan los amos. Nos han ahorrado nada menos que la violencia de una intervención militar para restaurar la Ley, a cambio de que la Ley sólo se aplique a los militares que pretendan que se cumpla. Otra vez dos por el precio de uno. Seguiremos siendo europeos si no insistimos en ser españoles, libres e iguales ante la ley, que eso seguirá siendo delito. Pero pronto nos dirán que el golpe de Estado en Cataluña nunca existió, y muchos lo creerán. Hasta el próximo golpe o hasta que perdamos la cuenta.

Estupefacción y sospecha
La guinda a los peores temores la puso ayer el ministro portavoz
HERMANN TERTSCH ABC 29 Octubre 2017

Vuelven a salir ayer y hoy los españoles a la calle a defender a la Nación y su unidad frente al separatismo. Pero es muy posible que pronto salgan para defenderla a la Nación y su dignidad frente al Gobierno. Porque en 48 horas se han multiplicado los indicios alarmantes de que hay intenciones políticas ya cimentadas con acuerdos subterráneos que pueden herir tanto a los españoles como la intolerable escena del parlamento catalán del viernes, la mayor humillación sufrida en generaciones. Millones de españoles no olvidarán jamás la ofensa que tenía el deber de haber evitado el gobierno de Mariano Rajoy y su gran especialista en Cataluña, la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaria.

Lo que parecía primero una digna y solida decisión de afrontar el crimen del golpe de Estado con el artículo 155, firmeza y consecuencia, se convirtió primero en una débil e incierta respuesta con unas elecciones dentro de siete semanas, sin tiempo de cambiar nada en el aparato separatista. Pronto ha quedado en la intensa sospecha de una componenda inconfesable. Que implica la voluntad de colaboración con los delincuentes que han sometido a España a esta insufrible e inolvidable agresión. Unos delincuentes que no renuncian a alcanzar sus fines en un próximo intento. Tendrán como fácil interlocutora en Cataluña a la vicepresidenta a la que han engañado siempre que han querido. La que ha fracasado con estrépito en todo lo que ha hecho allí. La guinda a los peores temores la puso ayer el ministro portavoz, Iñigo Méndez de Vigo, al decir que el gobierno «vería con agrado» que Carlos Puigdemont, el cabecilla del golpe de Estado, se presentara otra vez a las elecciones. La estupefacción ante esas palabras era ayer general. Medios políticos parecen dar por hecho que Oriol Junqueras, el segundo implicado en la trama criminal, también va a participar en las elecciones. Como si Tejero, Milans y Armada hubieran presentado lista electoral propia tras el 23-F. Y se hubieran puesto a su disposición unos cuantos canales de televisión. Quizás no hubieran salido mal parados.

Cada vez son más los españoles que creen que Rajoy no quiere derrotar a los golpistas, llevar a los responsables ante los tribunales y desmantelar el aparato de un régimen separatista antiespañol con vocación totalitaria. Cada vez hay más convencidos de que se busca un acuerdo para volver a la «normalidad» de la hegemonía separatista e imponer una reforma constitucional pactada con la izquierda que equivale en la práctica a la dinamitación de la España de ciudadanos libres e iguales y la ruptura de la soberanía nacional. Es esa lógica de la concesión a los separatistas de todos sus objetivos de forma aplazada pero con garantías e impunidad. Los españoles no pueden ni deben tolerar esto. Que supone ni más ni menos, por mucho que se disfrace, de la desaparición de la España unida y soberana que el Rey ha llamado a defender y de la que su Majestad y los Ejércitos son garantes últimos.

Día de Difuntos
Pedro de Tena Libertad Digital 29 Octubre 2017

La nación española, toda ella, debe hablar alto y claro. Esto no puede volver a repetirse.

Larra, al final de su famoso artículo, exclamaba ante una tumba vacía: "Mi corazón no es más que otro sepulcro. ¿Qué dice? Leamos, ¿Quién ha muerto en él? ¡Espantoso letrero! ¡Aquí yace la esperanza! ¡Silencio, silencio!". Tras esta neopolítica del género fantástico-burlesco que han inventado los separatistas catalanes, cuyo seguimiento hubiera agotado al propio Heráclito, es posible que muera la esperanza nacional. Pero, como en el caso de don Juan Tenorio, hay muchos personajes de esta obra que están muertos, tienen la tumba política dispuesta y aún no se han dado por enterados por no estar enterrados.

La esperanza nacional puede morir en esta payasada. Primero, porque cayó gravemente enferma tras esperar, esperar y esperar una reacción contundente del Gobierno de España ante los asesinatos y humillaciones que sufrían los españoles en País Vasco y Cataluña. Fue la buena voluntad de la Transición y su ley electoral lo que permitía a los separatismos encubiertos medrar para sus fines y arbitrar en el Congreso y en el Senado. Luego fue Felipe González el que, por necesidades del servicio, pactó con el diablo, asentando al independentismo en las instituciones. Aznar, que no quiso desaprovechar la oportunidad de gobernar, fue quien rompió a hablar catalán en la intimidad poniendo la cabeza de Vidal Cuadras en una bandeja. En otra quedaría luego la de Mayor Oreja. Recordemos después al dúo Zapatero-Montilla, que, para rizar el rizo, fueron socios de gobierno de los separatistas, levantaron el muro del Tinell y alentaron el horizonte independentista. Luego vinieron Mariano, Soraya y Pedro Sánchez, pusilánimes cada uno a su manera, desde la prudencia-cobardía disfrazada de majestad del Estado a la insoportable ambigüedad del ser con la roncha populo-leninista en la chepa. Menos mal que en esto habló el Rey. No impidió el golpe, pero nos alivió la congoja.

Aun así, gravemente herida, la esperanza nacional puede morir del todo en los próximos meses. Algunos síntomas de su recaída son: haber visto a Puigdemont tomando vinos después de proclamar la República catalana; haber escuchado a un ministro, aristovaina además de portavoz, animando al golpista a concurrir a las elecciones del próximo 21 de diciembre y, por tanto, dando por supuesto que ni será detenido ni inhabilitado ninguno de los perpetradores del estacazo; no estar oyéndose nada de la inspección de la educación; el mutis sobre de los medios de comunicación al servicio del separatismo; el silencio sobre las sentencias incumplidas de los tribunales altos y bajos; el mutismo sobre el castellano como idioma oficial-real en las oposiciones laborales, rótulos de establecimientos y cualquier otro ámbito y tantas muchas cosas.

Puestos a preferir, prefiero que no muera la esperanza de los españoles, aunque para ello tengan que morir, políticamente, algunos personajes de esta farsa. Además de los altos cargos independentistas que han atentado contra la convivencia nacional, añadiría a Mariano Rajoy por haber consentido todo lo ocurrido. A Soraya Sáez de Santamaría por haber fracasado y ser premiada por ello (¡ole!). A Pedro Sánchez, porque se le ha notado demasiado que lo suyo son las nacioncitas del PSC antes que la nación del PSOE. A Iglesias y a Colau porque su numerito de las personalidades múltiples ha sido revelador de un oportunismo hediondo y sin escrúpulos.

Sí, estoy deseando que lleguen las elecciones para ver si es posible nuestra curación y tapar las tumbas abiertas. ¿Las catalanas? Sí, sí, pero, sobre todo, las generales, que no deben tardar, para poner a cada uno en su sitio. La nación española, toda ella, debe hablar alto y claro. Esto no puede volver a repetirse.

SOBRE EL ADOCTRINAMIENTO
La respuesta de Julio Ariza al ministro Méndez de Vigo en Colón
La Gaceta  29 Octubre 2017

El presidente del Grupo Intereconomía y editor de La Gaceta, Julio Ariza, ha participado este sábado en la manifestación por la unidad de España y la Constitución, al día siguiente de la aplicación del artículo 155 en Cataluña tras la proclamación de la independencia por el parlamento catalán.

En su turno de intervención ha criticado al ministro de Educación, Íñigo Méndez de Vigo, que el pasado miércoles, interpelado por ERC en el Congreso, aseguró que “no hay ninguna controversia ni conflicto de ningún tipo con la educación en Cataluña” y dijo que “no se puede consentir que por actos de personas determinadas, al final se lance una mancha de sospecha sobre toda la educación”.

“Ministro, que haya un 60% de jóvenes menores de 30 años en Cataluña que sean independentistas es una gran controversia. Que los padres no puedan elegir la lengua vehicular? para educar a sus hijos es una gran controversia. Espero que sus palabras no sean el preludio de un pacto de fondo para que las libertades en Cataluña sigan tan amenazadas como lo han estado en los últimos treinta años”, ha dicho.

Los manifestantes han coreado consignas como “Puigdemont a prisión”, “No a la impunidad de los golpistas”, “Juntos” y “Viva España unida”.

En el acto también ha intervenido Santiago Abascal, líder de VOX, que ha defendido “la ilegalización de los partidos que tienen como objetivo romper España”.

Ha asegurado que “no basta sólo con la aplicación del artículo 155 de la Constitución, ni con elecciones en Cataluña”, sino que es necesario exigir a los representantes “que se garantice la condena de los culpables y que se restablezca la legalidad en Cataluña al precio que sea”. “A día de hoy a las 12 de la mañana es un escándalo y discriminación que estas personas -Puigdemont y su Gobierno- sigan impunes. No aceptamos ningún tipo de solución que no sea la detención y su condena conforme al código penal español”, ha señalado.

Autodesconfianza
El Estado carece de celeridad jurídica y de coraje político para enfrentarse a una rebelión surgida desde el Estado mismo
IGNACIO CAMACHO ABC 29 Octubre 2017

Por segunda vez en menos de un mes, el viernes se retransmitió en directo en España la comisión flagrante de un delito. En la primera ocasión el Gobierno no supo evitarlo y en ésta no ha habido ninguna autoridad judicial o política que se sintiese concernida ni apremiada para impedirlo. El delito consistía nada menos que en una declaración ilegal de secesión y un golpe contra el Estado, ambos anunciados con profusión para dar mayor realce público al acto. A estas horas, y aunque el Gobierno ha destituido de sus cargos a algunos de los autores, el país está esperando a que la justicia actúe cuando concluya el soleado fin de semana que disfrutan sus funcionarios.

La primera conclusión de estos hechos es que el Estado carece de instrumentos jurídicos adecuados para enfrentarse con eficacia, celeridad y contundencia a una rebelión perpetrada desde el Estado mismo. La segunda es que por falta de coraje político no se atreve a apurar los recursos que sí están a su alcance mediante los poderes excepcionales que otorga la Constitución en su célebre artículo 155.

En sólo una semana, la prevista intervención de la autonomía insurrecta ha sido aguada por el Gobierno. La convocatoria de elecciones regionales inmediatas, inicialmente descartada, parece fruto de la autodesconfianza y de un ataque de vértigo. Ésa era en todo caso una solución apta para antes de la proclamación de la independencia, y que debió adoptarse hace mes y medio. Los escrúpulos de los partidos de la oposición han dificultado el consenso y el presidente ha temblado ante la idea de meterse a solas en un escenario conflictivo que se le antojaba un infierno. Los representantes de la legitimidad constitucional no sabían cómo tomar el control de las instituciones de Cataluña sin neutralizar su Parlamento y ante la falta de convicción en sus fuerzas han optado por disolverlo. El aparente gesto de autoridad oculta en realidad una sensación de desasosiego no demasiado diferente al miedo.

Ante la agresión más grave que puede sufrir una nación, el Gabinete no para de dar excusas por mostrarse moderadamente enérgico. Ha intervenido a regañadientes y como pidiendo perdón por verse obligado a restablecer la legalidad y el Derecho. Los separatistas no lo van a disculpar y en cambio queda patente un reconcomio de mala conciencia por hacer lo correcto. Salvo que estemos ante una monumental escenificación, un inaceptable pasteleo, el Estado tenía aún muchas cosas que arreglar y mucha normalidad que restaurar en Cataluña antes de avenirse a empezar de nuevo.

Se trata, en resumen, de una oportunidad perdida con una respuesta flojita, insuficiente para la intensidad del agravio. Rajoy se ha parapetado en el consenso, en la responsabilidad compartida como coartada de un desenlace encogido, poco audaz, timorato. Si tiene éx....

El difícil retorno a la legalidad (2)
Vicente A. C. M. Periodista Digital 29 Octubre 2017

PUIGDEMONT SE VA A SU TIERRA A REFUGIARSE TRAS SU DESTITUCIÓN Y NO ACATA SU CESE. EL GOBIERNO FAVORABLE A QUE EL GOLPISTA PUIGEMONT SE PRESENTE A LAS ELECCIONES.

Como en las grandes borracheras, después vienen tremendas resacas. Ayer de forma esperpéntica y breve, apareció el cesado Presidente del Gobierno de la Generalidad en una comparecencia grabada por la cómplice de los golpistas y adoctrinadora TV3, con un contundente discurso en el que se destacaban estos mensajes:

1.- Considera la aplicación de artículo 155 y el cese de él mismo y su Gobierno como “decisiones contrarias a la voluntad expresada por los ciudadanos de nuestro país en las urnas, que saben que son los parlamentos los que eligen o cesan a los Presidentes”.

2.- “Continuarán trabajando para cumplir con los mandatos democráticos y ahora buscar la máxima estabilidad y tranquilidad, entendiendo las dificultades lógicas que comporta una etapa de esta naturaleza”. Lanza una advertencia: “no nos desviemos: continuemos perseverando en la única actitud que nos hará ganadores”. Para a continuación lanzar un mensaje que, en mi opinión, es justo lo contrario de lo que dice: “Sin violencia, sin insultos, de manera inclusiva, respetando personas y símbolos, opiniones y también respetando las protestas de los catalanes que no están de acuerdo con lo que ha decidido la mayoría parlamentaria”.

3.- Quiere transmitir esperanza y confianza al decir que “tengamos paciencia, perseverancia y perspectiva”. Pero también les arenga que “la mejor manera de defender las conquistas conseguidas hasta hoy es la oposición democrática al artículo 155, que es la consumación de una agresión premeditada a la voluntad de los catalanes que, de manera muy mayoritaria y a lo largo de muchos años nos hemos sentido Nación de Europa”.

4,. Finalmente lanza un aviso a navegantes de sus verdaderas intenciones al decir que “Lo tenemos que hacer preservándonos de la represión y de las amenazas”, aunque dijese que “sin abandonar nunca, nunca en la vida, en ningún momento, una conducta cívica y pacífica. No tenemos ni queremos la razón de la fuerza”.

5.- Finalizó con una reafirmación de seguir con el golpe de Estado diciendo que “Seguiremos trabajando para construir un país libre”.

Como habrán podido comprobar, este golpista sigue en su realidad paralela, en su mundo de fantasía en el que solo reconoce su propia legalidad y legitimidad, cuando ni la una ni la otra pueden ser reconocidas en un Estado de Derecho tras la violación de la Constitución de España y la del mismo Estatuto de Autonomía de Cataluña. Miente descaradamente y de forma sistemática diciendo falsedades que solo los muy incondicionales pueden dar por ciertas. Se enroca en esa ilegalidad flagrante intentando convencer a sus conciudadanos de que ninguna Constitución, ni ningún Gobierno de España interferirá con ese “mandato” ilegal basado en un referéndum sin garantías democráticas y en la aplicación de leyes aprobadas aprovechando una mayoría parlamentaria que no de votos obtenida en las elecciones autonómicas del 2015. Esta actitud de rebelión y no acatamiento ha sido secundada por Oriol Junqueras, y con un mensaje en que se insta a los consejeros, también cesados, a ir con toda normalidad a sus despachos y seguir con sus funciones ignorando las medidas del Gobierno de España.

¿Y cómo ha reaccionado el Gobierno de España ante este nuevo desafío de los golpistas? Pues simplemente aplicando aquello de que el mayor desprecio es no hacer aprecio. Es decir, se ha limitado a responder que el Gobierno no comenta declaraciones de Carles Puigdemont porque ha sido cesado a todos los efectos como Presidente del Gobierno de la Generalidad y sus actuaciones se deben contemplar en el ámbito judicial. Una curiosa forma de actuar si aún no sabemos si esos ceses han sido comunicados de forma fehaciente a los afectados y si ha habido una toma de poder efectiva por parte de los Ministerios, incluida la designación de Soraya Sáenz de Santamaría para la asunción del cargo de Presidenta y vicepresidenta en funciones.

Y es que lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible. No puede pretender el Gobierno de España cumplir eficazmente con sus funciones de forma teledirigida alejados del terreno, de los despachos y de las estructuras de poder que no han sido afectadas por estas primeras medidas. Unas estructuras que, no olvidemos, están fuertemente identificadas con el golpe independentista y cuyos responsables máximos no pueden dejarse sujetos a su libre albedrío coaccionando e influyendo sobre sus subalternos en una acción de boicot y entorpecimiento del control que pretende llevar a cabo el Gobierno de España. Se trata de un conflicto de lealtades en los que no basta con descabezar una sola cabeza y dejar el resto de esa hidra plenamente activa. Se trata, como decía en su arenga de ayer Carles Puigdemont, de un camino que está por recorrer y que como dije ayer, y es parte del titular de mis escritos de esta tercera etapa del golpe de Estado, será un camino largo y difícil.

Sin embargo, el Gobierno de España ha elegido el camino imprudente de la brevedad y la precipitación, convocando unas elecciones autonómicas en menos de dos meses, muy por debajo de lo acordado con PSOE y CIUDADANOS, seis meses, e inferior a los propios deseos hechos públicos de Mariano Rajoy de hacerlo en tres meses. El caso es que se ha forzado a que de nuevo sea la antesala de las Navidades la que condicione unas elecciones que en este breve espacio de tiempo no va a modificar de forma sustancial el actual equilibrio entre los apoyos al independentismo y los que están a favor de mantener el sistema autonómico constitucional, aunque sea mejorándolo. Un error de apreciación al que ayer llamé juego de la ruleta de casino, y otros comunicadores directamente lo calificaron de jugar a la ruleta rusa con el futuro de España. En ningún caso se trata de un juego sino de una lucha por la supervivencia de España.

Y es que la guinda a este infecto pasteleo del Gobierno de España, además del incompetente Ministro de Exteriores, Sr. Dastis, la ha protagonizado, una vez más, el siempre irónico Ministro de Educación, Cultura y Deporte y portavoz del Gobierno de España, Íñigo Méndez de Vigo, que ayer tras el Consejo de Ministros extraordinario dijo con total naturalidad en una entrevista con la agencia REUTERS, que el Gobierno vería con agrado que Carles Puigdemont participase en las elecciones autonómicas del 21 de diciembre, asegurando que “Puigdemont y todos los líderes políticos pueden participar en las elecciones porque están en su derecho”. Su responsabilidad penal la enmarcó en la independencia judicial y que serán los tribunales los que determinen si Puigdemont debe ir o no a juicio. Por ahora, la Fiscalía solo ha anunciado, que no presentado, una querella contra los golpistas del Gobierno de la Generalidad ya cesado, al menos sobre el papel legal.

Realmente creo que este Gobierno sigue actuando a regañadientes y contra su voluntad en esas medidas que se ha visto obligado a adoptar, so pena de quedar históricamente marcado como el responsable de la destrucción de España. Su falta de determinación, a la que yo califico de vergonzosa cobardía, se ve corroborada por esas declaraciones de súplica y postración ante los golpistas, pidiendo perdón por haber tenido la osadía de cesarles, aunque aseguren que no pretenden ir más lejos en acusarles de sedición, ni de rebeldía, ni de traición por el golpe de Estado que aún mantienen vivo. Eso de hacerlo, lo hará el poder judicial. Les invitan a participar en las elecciones y dejan que sean los tribunales los que se encarguen de esos pecadillos de delitos, que para cuando se hagan reales los cargos y las imputaciones entre concesiones de súplica al Parlamento de Cataluña por los aforamientos, ya será demasiado tarde porque se habrán celebrado las elecciones.

Pero, al parecer, a pesar de estas propuestas de inmunidad, los golpistas no están dispuestos a ceder y participar en algo que ya no contemplan ni reconocen en su nueva república,- recordemos que el Tribunal Constitucional aun no se ha pronunciado ni sentenciado sobre esa declaración de independencia-, sino en seguir en su camino hacia la independencia real y efectiva, llamando al enfrentamiento democrático, en un lenguaje cargado de pacifismo imposible y nada creíble al provocar al Estado de Derecho en su intento de devolver la autonomía a la legalidad y defender los derechos de todos los catalanes como españoles que son.

Hace falta desvergüenza para haber hecho esas declaraciones por las que debería haber sido a estas horas cesado de forma fulminante. Al no hacerlo, Mariano Rajoy se convierte en cómplice de este enésimo intento de apaciguamiento indigno con una amnistía encubierta a los golpistas. ¡GOBIERNO DIMISIÓN! ¡ELECCIONES GENERALES YA!

¡Que pasen un buen día! si es que pueden soportar el hedor de estas cloacas.

EL DÍA DESPUÉS
España en el corazón
Arturo García gaceta.es 29 Octubre 2017

Asistí con horror a lo que este viernes acontecía en el Parlamento de Cataluña. La imagen de la mitad de la Cámara votando una supuesta declaración de independencia -mientras la otra parte se ausentaba para evitar participar en un bochorno disfrazado bajo el mantra democrático- no se borrará de mi cabeza.

Crecí leyendo las gloriosas victorias, y (pocas) derrotas, de los Tercios en Flandes y en todo el mundo conocido. Fuimos el imperio más grande del mundo y en nuestros dominios el sol no se ponía jamás. Después todo eso cambió, la corrupción fue pudriendo a las instituciones y sólo quedó de aquella época el orgullo de lo que fuimos, un halo de grandeza que aún en sus días más bajos España no ha perdido jamás. Y el honor.

Las plumas más brillantes de nuestra literatura me mostraron cómo se debían librar las batallas y unos códigos universales que las huestes españolas juraron no traicionar. Hoy los más jóvenes consideran que no hubo nadie más valiente que Leónidas, el rey espartano que fue aplastado por los Persas en las Termópilas, o los miles de soldados norteamericanos que el 6 de junio de 1944 desembarcaron en las playas de Normandía para liberar Francia del invasor nazi. La industria cinematográfica tiene cuota de culpa, pero también ese sentimiento que florece en muchos españoles y que se consuma en una leyenda negra que no comparten otras naciones del mundo.

Las hazañas de Hernán Cortés en el actual México, Blas de Lezo en Cartagena de Indias o la Armada española en Lepanto, donde Miguel de Cervantes quedó manco, han sido objeto de una campaña de desprestigio por buena parte de los historiadores de este país. Mientras en Reino Unido levantan estatuas en honor al Almirante Nelson, en España las efigies de nuestros héroes son escondidas en recónditos jardines. No vaya ser que algún extranjero se tope con ellas y comprenda la importancia capital de nuestra nación en la concepción del mundo moderno.

Luchar contra quienes quieren cambiar la historia es complicado, pero nos acompaña la verdad. Los españoles estamos en deuda con aquellos que dieron su vida para defender los pendones y un proyecto de nación que durante 500 años ha alumbrado el sendero del Viejo Continente. Europa, la vieja Europa, existe gracias a España y, entre otras cosas, a su aportación a la victoria contra el invasor musulmán en aguas del Peloponeso en 1571.

“España es una gran nación. Yo la admiro profundamente, conozco la historia de la creación de su imperio y creo que resulta indestructible. Ni siquiera los españoles son capaces de destruirla”. Esta frase, atribuida al canciller alemán Otto von Bismarck, resume lo acontecido en Cataluña: un grupo de españoles tratando de fracturar España ante la oposición de otros españoles y la pasividad de otros tantos.

No existen certezas de que esta frase fuera pronunciada por el Canciller de Hierro pero, sea como fuere, no cabe duda de su vigencia en estos días oscuros. Dicen que ya no quedan patriotas como los de antes, pero yo creo que están equivocados. Basta con pararse frente al espejo, tomarse unos minutos para reflexionar y entender que formar parte de esta nación es un privilegio sólo al alcance de unos pocos afortunados. Yo lo hice y funcionó.

Los males asedian España, pero no lo hacen en menor medida que en otros lugares del mundo. Viajar ayuda a entender que, a pesar de todo, vivimos en un lugar maravilloso. Es imposible no sentir orgullo de la labor de las Fuerzas Armadas en Kosovo, en un campo de refugiados del Líbano o en un cuartel de Iraq. Las guerras ya no son lo que eran pero, allí donde nos han necesitado, siempre ha habido un español para defender la razón por encima de la barbarie.

Las banderas que ondean en muchos balcones representan el cambio. Un cambio que cada ciudadano debe trabajar a diario. Un cambio que permitirá tomar con fuerza el timón del país para que, dentro de 500 años, otro periodista pueda escribir con dignidad las seis letras que forman ESPAÑA.

Los verdaderos responsables del desastre
Alejo Vidal-Quadras vozpopuli.es 29 Octubre 2017

Sea cual sea el resultado final del esperpento que han montado los golpistas de Junts pel Sí y de la CUP en Cataluña y la magnitud del ridículo en el que van a caer, no debemos perdernos en la vorágine de los acontecimientos de los últimos días olvidando el largo trayecto que nos ha traído hasta aquí.

Sobre la génesis de esta situación límite, el diagnóstico está ya más que establecido, algunos lo hicimos hace veinte años y lo hemos venido reiterando sin ser escuchados con el brillante resultado que está a la vista. España padece un enemigo interior pertinaz e implacable desde hace más de un siglo, el nacionalismo identitario, excluyente, insolidario e incluso asesino que, si las condiciones son las adecuadas, llega a ser hegemónico en Cataluña y en el País Vasco. Pues bien, la Transición configuró una estructura territorial del Estado y un sistema institucional que ha favorecido hasta niveles inauditos estas condiciones y que ha proporcionado de manera creciente y sostenida a este enemigo los instrumentos políticos, financieros, educativos y de creación de opinión necesarios para alcanzar sus objetivos de liquidar la Nación y con ella nuestro espacio de convivencia democrática y pacífica bajo el imperio de la ley. Un tigre no es culpable de devorar a sus presas, lo es el que le abre la jaula.

La historia del desarrollo del Estado autonómico desde 1978 y la forma de manejar el problema nacionalista por parte de los sucesivos gobiernos nacionales de distinto color político ha sido la de un suicidio anunciado. Se empezó confiando ingenuamente en quién no merecía esta confianza, se continuó incrementando su poder con sucesivas cesiones de recursos y competencias, se toleraron reiterados incumplimientos de la ley y de sentencias judiciales, se renunció cobardemente a cualquier forma seria de batalla de las ideas frente a la doctrina política más perversa de la edad contemporánea, se silenciaron y se condenaron al ostracismo a aquellas voces que señalaban el peligro y que instaban a un cambio de enfoque y se procedió a la retirada gradual del Estado de las Comunidades infectadas de nacionalismo hasta su práctica desaparición. Por consiguiente, el desastre al que ahora asistimos tiene unos responsables con nombre y apellidos que, por cierto, jamás, ni siquiera hoy cuando el sistema del 78 se resquebraja, han hecho autocrítica ni parecen darse por enterados de sus tremendos errores políticos, morales y estratégicos. Es más, algunos de ellos incluso pontifican todavía sobre lo que se debe hacer y no hacer. La distancia entre la lenidad y la desfachatez a veces es corta.

Es fácil imaginar cuán distinto sería el escenario en el que ahora nos debatimos angustiados si a partir de la aprobación de la Constitución los dos grandes partidos nacionales hubieran actuado con lucidez, inteligencia y patriotismo cerrando filas ante la contumaz ofensiva de los nacionalistas en lugar de aliarse con ellos en contra del otro cada vez que las urnas les colocaban en posición de minoría mayoritaria en el Congreso. Asombra también retrospectivamente la ligereza con la que tanto el PP como el PSOE han desaprovechado sus mayorías absolutas renunciando a fortalecer el Estado y siguiendo con el engorde de los arsenales institucionales, presupuestarios y competenciales de los separatistas sin ninguna necesidad. Generaciones venideras examinará con estupor como sucesivos Gobiernos de un Estado democrático financiaron, equiparon y animaron a su peor enemigo interno para que pudiera acabar con su Nación desoyendo todos los avisos, por alarmantes que fuesen, de que el derrumbe estaba cada vez más cerca. El período de nuestro devenir colectivo que va desde la muerte del dictador hasta el golpe de Estado de los separatistas catalanes ha quedado ya integrado en la historia universal de la infamia, de la superficialidad, de la inmoralidad y de la estupidez. Parafraseando a la inversa las célebres palabras de Churchill tras la batalla de Inglaterra, nunca tantos tuvieron tanto que reprochar a tan pocos.

La república alucinada
José Carlos Rodríguez. vozpopuli  29 Octubre 2017

Las últimas horas de España, hoy suspendida sobre el filo de la historia, han transcurrido en plena alucinación colectiva. Todo son fantasías. Lo que acaece es la consecuencia lógica de unos presupuestos fabulosos. Es la concreción de la estupefacción compartida. Es la irrealidad como motor de la acción. Es la irrealidad como motor de la acción. Es el engaño convertido en ortodoxia.

Este viernes, el Parlamento catalán ha proclamado “la república catalana como Estado independiente y soberano, de derecho, democrático, y social”. Es social una república hecha por media sociedad contra la otra media. Es democrática una república elegida por unos grupos políticos que no suman ni la mitad del voto popular, y votada de forma vergonzante, y en secreto. Es democrática una república que aprueba una ley de transitoriedad que viola todas las normas del debate parlamentario y silencia a la oposición. Es democrática una república que otorga carácter fundacional a un referéndum sin ninguna garantía, lleno de irregularidades, y en el que participó poco más de un tercio del censo.

Es un Estado de derecho la república nacida del secuestro de las instituciones comunes a toda España. Es un Estado de derecho el resultado de haberse saltado todas las leyes, antes y después de no reconocerlas.

La única concesión a la realidad es cuando declaran al Estado catalán como soberano, en un reconocimiento explícito del carácter totalitario de sus intenciones. En cualquier democracia el soberano es el pueblo, y no el Estado.

Junts pel sí, la CUP y En Comú Podem han participado en una votación ilegal, vergonzante y cobarde. En el debate, la diputada de ERCMarta Rovira le ha dicho a la líder de la oposición en el Parlamento: “Señora Arrimadas: diga a la Policía de paisano que deje de perseguirnos”. Rovira, que apoya a un gobierno que convierte en sospechosos a la mitad de los catalanes, dice que es ella la perseguida por la Policía, y que quien manda sobre ella es la líder de Ciudadanos. Estupefaciente.

En el mismo debate, Carles Riera de la CUP ha dicho: “Ha llegado la hora del pueblo. Nos autodeterminamos ante el Estado y ante las oligarquías catalanas”. Y se refiere a este proceso, creado por una élite que respira corrupción, y que tiene por mayor logro haber creado una red de dos millones de escudos humanos frente a la ley. Alucinante.

Es una fábula la historia que se inocula en las aulas en Cataluña. Es una alucinación la representación de la vida en Cataluña que vuelcan los medios públicos y subvencionados. Es mentira, empecemos por ahí, que haya una nación catalana. Es falso que haya una oposición histórica con el resto de España. No es verdad que la Unión Europea fuera a recibir a Cataluña como a una hija tras un largo secuestro español. La riqueza no acudirá en riadas sobre una Cataluña liberada del yugo español. No. Es falso todo.

Pero ahora todas las fabulaciones, todas las mentiras, todas las alucinaciones, han saltado por los aires. Todos los perfiles se giran, y el brutal magnetismo del espectáculo de una España rota nos obliga a todos a mirarla, a contemplar su herida desnudez. Hasta el Partido Socialista, que la ha traicionado a cada paso, ha salido públicamente en su defensa. Es la hora en la que se ha puesto al pueblo español y a sus instituciones al borde del precipicio. Es la hora del restablecimiento del Derecho. Es la hora de la realidad. Es la hora de España.

En la declaración de secesión se dice que estamos ante el final del régimen de 1978. Y quizás, sólo quizás, sólo estemos ante el final de lo peor del régimen de 1978, que hemos visto representado en esta república alucinada.

Dos graves errores en la aplicación del artículo 155 de la Constitución a Cataluña
Ramiro Grau Morancho.  latribunadelpaisvasco.com  29 Octubre 2017
Abogado. Académico Correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación

Acabo de oír la intervención del señor presidente del gobierno de España, o lo que queda de ella, y así, en caliente (que es como no debe escribirse), debo decir tres cosas:

Que este Rajoy, con carácter y decisión, me gusta más que el Rajoy pasmado al que por desgracia estábamos acostumbrados los españoles.

Que creo ha cometido un grave error al convocar las elecciones tan rápidamente, pues las aguas están muy calientes, los separatistas han aprovechado toda esta situación para hacer proselitismo, a base de medias verdades (que son peor que las mentiras), y es posible que hasta puedan obtener más apoyo ciudadano, con lo cual no solo se solucionaría el problema, sino que se agravaría…

Creo un grave error no disolver el cuerpo de mozos de escuadra, e integrarlos en la guardia civil (zonas rurales) y en la policía nacional (ciudades). Y ello por varias razones:

Si algo tenemos todos claro es la existencia de un tercio del cuerpo, como mínimo, formado por separatistas. Pero separatistas armados, y no solo con armas cortas, sino armas largas automáticas, tanquetas, fúsiles de asalto, etc., vamos lo que podríamos decir el germen de un ejército de mercenarios (muy bien pagados, por cierto, como todos los mercenarios).

Es cierto que el gobierno ya tiene “descontado” el cese del sargento (chusquero) que los comanda, el llamado Trapero, al que en su próximo viaje a Madrid le aconsejo que saque solo billete de ida, pero ello no soluciona el problema, ni mucho menos. Es posible que hasta lo aumente.

Tampoco sé cómo piensa el gobierno de España explicarles a los sufridos guardias civiles, y a los sacrificados policías nacionales (todo mi apoyo hacia ambos grupos), que tienen que cobrar entre 800 y 1.000 euros menos al mes que un mozo de escuadra…

Integrar a los mozos en estos dos cuerpos, terminaría con el problema.

Urge que el Estado español recupere las competencias en materia de educación, sanidad y orden público, que nunca debió transferir, ni a Cataluña ni a ninguna otra autonomía.

Por lo demás, totalmente de acuerdo con “nuestro” presidente del gobierno, al que quiero pedir disculpas públicamente por algunos exabruptos lanzados por mí en el pasado contra él, tachándole de posible inútil, cobarde o traidor…

Hoy ha quedado sobradamente acreditado que el señor Rajoy es un patriota español que no va a dejar que nuestra Patria se deshaga.

Por cierto, ¿alguien sabe algo del que dice ser nuestro Rey, Jefe del Estado y Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas de España…?

www.ramirograumorancho.com
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Pido un 155 para la lengua española
Si en TV3 Zaragoza es «Saragossa», ¿por qué Lérida es «Lleida» en TVE?
ANTONIO BURGOS ABC 29 Octubre 2017

Aprovechando que a la llamada «Corpo» por los beneficiarios y paniaguados de TV3, a la «Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals» no la han tocado, porque al pulpo ni reñirle, ya que si no se enfada Sánchez, yo me pido una más fácil aplicación del artículo 155 en radiofónica, televisiva y periodística materia. Me lo pido como lector de periódicos, oyente de radio y espectador de televisión. Sobre todo de informativos en estos dos últimos medios, me pido que aprovechando la collada de la autorización del Senado para que se aplique la Constitución allá donde se hubiere olvidado como «un beso de amante que yo me dejé» de la copla.

Pido nada más y nada menos que la Revolución de los Topónimos Catalanes, en aplicación del precepto constitucional de que las otras respetabilísimas, riquísimas e históricas lenguas peninsulares que no son el español son cooficiales sólo en aquellos territorios autonómicos donde se hablan. Lo digo sin tantos rodeos, que voy a parecer un tertuliano hablando, joé. Me pido que nos liberen de los topónimos en catalán cuando nos están hablando o están escribiendo en español en los servicios informativos de las radios y cadenas de televisión o en los periódicos. Eso, eso, cadenas. Cadenas son de lo políticamente correcto las que nos aherrojan y borran de nuestra lengua los topónimos de la comunidad autónoma catalana, vamos, de la falsa e ilegal República Independiente de la Señorita Montse que inventaron en los Juegos Reunidos Geyper de la CUP y otras desgracias nacionales. Si poniendo sus co...nstituciones sobre la mesa ha aplicado Rajoy el 155 en la comunidad autónoma catalana, ¿por qué no se hace también a algo mucho más sencillo, cual el mapa del tiempo de Televisión Española? ¿Por qué este servilismo de escribir los topónimos catalanes como si todos fuéramos poco menos que Pompeu Fabra, y decir, por ejemplo, que hoy veremos si el Real Madrid juega en «Girona» o no juega en «Girona», o si lo hace a puerta cerrada, chirrín, chirrán? (Anda que no le gusta nada a un equipo catalán un partido a puerta cerrada...) ¿Por qué tengo yo que saber viendo el mapa del tiempo que «Girona» es Gerona, y que donde ponen «Lleida» se refieren a Lérida? No suelo ir por Barcelona, pero quienes allí viven el triste y preocupante clima de ruptura social que han provocado los separatistas me aseguran que en los mapas del tiempo de esa TV3 de «al pulpo, ni reñirle», en esa fábrica de independentistas en plena producción 24 horas al día y 7 días a la semana, Zaragoza no es Zaragoza, sino «Saragossa». Por eso me pido un 155 al menos para los espectadores del mapa del tiempo en el resto de España, y si en TV3 Zaragoza es «Saragossa», ¿por qué Lérida es «Lleida» en TVE?

Y nada digo de llamar «Parlament» al disuelto parlamento autonómico cuando se habla o se escribe en español y fuera de esa parte de España llamada Cataluña. O pronunciar «Generalitat», con una fonética en la que no damos ni una con las fricativas y las vocales abiertas, cuando hablamos de la Generalidad catalana. Y nada digo de los mozos de escuadra. Media España y parte de la otra media (incluida la más de media Cataluña no separatista) está contentísima porque una de las primeras medidas de aplicación del 155 ha sido darle Puerta, Camino y Mondeño al chulísimo e insurrecto mayor de los mozos de escuadra, a ese Trapero que ganaba más de 20.000 euros más que un general de la Guardia Civil y que, con sus órdenes de pasividad a los policías bajo su mando, provocó que, defensa en mano, tuviera que actuar la Policía Nacional o la Guardia Civil...en los informativos de la CNN. Un traidor así no puede tener a sus órdenes a 17.000 hombres armados. Mozos. Porque al nombre del cuerpo no se le ha aplicado el 155, y a los mozos de escuadra los leeremos hoy en todos los periódicos como «mossos de escuadra». Adiós, felón buen mozo Trapero trapacero..

Cataluña, un plan más allá del 21-D
Editorial ABC 29 Octubre 2017

En los próximos días se sabrá con claridad a qué se refirió ayer Carles Puigdemont cuando se dirigió a los catalanes a través de TV3 y los emplazó a organizar una «oposición democrática» a la aplicación del artículo 155. Su intervención fue como la declaración de independencia, sin transmitir ilusión alguna a los separatistas. Muchos de estos se preguntarán qué va a pasar a partir de ahora, más aún cuando tras las primeras horas de las decisiones del Gobierno de Rajoy no ha habido reacción social digna de reseñar. Esta vez el tiempo juega en contra de los nacionalistas, que poco podrán hacer contra el 155 si la sociedad catalana asume sin trauma alguno la intervención del Estado en sus instituciones y la convocatoria de elecciones autonómicas. Hasta los principales mandos de los Mossos d’Esquadra están acatando diligentemente sus ceses.

Hoy, las calles de Barcelona volverán a recordar a los separatistas que los no nacionalistas también son catalanes. La manifestación convocada por Sociedad Civil Catalana promete ser histórica, entre otras cosas porque los inteligentes estrategas del separatismo han conseguido que los socialistas catalanes secunden oficialmente y por vez primera una convocatoria de este tipo. Aturdido por la ejecución fulminante del 155 y por el surgimiento de la otra Cataluña, el independentismo anuncia «oposición democrática», sin más opción que la movilización en la calle para que tal oposición se realice. Y ahí, en la calle, los separatistas ya no son los dueños y señores del espacio público catalán. Un fracaso sin paliativos para ellos, acostumbrados a jugar sin contrario. Por eso es necesario que los no nacionalistas de Cataluña cuenten con un plan político novedoso, ilusionante y aglutinante. Un plan que vaya más allá del 21-D, porque esta historia no debería acabar con el mantenimiento del statu quo del que se han servido los separatistas y del que podrían volver a servirse si renuevan mayoría parlamentaria. Sería prudente que nadie adelantara iniciativas que suenan a compensación a los nacionalistas por su derrota, como las propuestas de nuevas concesiones en el autogobierno o, incluso, de reformas federalizantes de la Constitución. Antes hay que reflexionar sobre las causas que han puesto a España y a Cataluña en esta crisis, recordando que el separatismo empezó a romper cualquier resto de lealtad institucional cuando Cataluña disfrutaba de su mayor nivel de autogobierno al amparo del Estatuto de 2006, lo que excluye el argumento de que el proceso separatista ha sido una reacción a una autonomía restringida. Las elecciones del 21-D están muy cerca, quizá demasiado, y nadie puede asegurar que no se repetirá otra mayoría separatista para disponer del mismo arsenal de competencias autonómicas. El problema del separatismo exige del PP y del PSOE una profunda revisión del desarrollo del autogobierno catalán en las últimas décadas, porque Cataluña no puede convertir su futuro en un péndulo que oscile entre el independentismo y el artículo 155. Y la clave reside en organizar políticamente una alternativa al nacionalismo. La movilización de la sociedad catalana no nacionalista y la deslegitimación del separatismo son bases suficientes para que en Cataluña haya una opción política multipartita que proponga mandar al nacionalismo a la oposición.

La realidad catalana ya no se corresponde con la hegemonía nacionalista. Al separatismo hay que agradecerle también que haya activado resortes dormidos, dentro y fuera de Cataluña. El reencuentro entre PP y PSOE en el valor superior de la unidad constitucional de España y el reencuentro de los socialistas con un discurso nacional más nítido son fuerzas de cambio que hay que aprovechar y que no deben resultar efímeras en esta nueva etapa política. El único lendakari vasco no nacionalista fue un socialista apoyado por el PP. ¿Por qué no un Molt Honorable President no nacionalista en Cataluña con el apoyo de un bloque constitucionalista? Los ciudadanos españoles y un gran sector de la sociedad catalana confían en que articulen, junto a Ciudadanos, una estrategia política nueva para Cataluña.

El nacionalismo separatista debe transitar por el desierto de la oposición hasta que sea capaz de normalizar su convivencia con la Constitución y con la Cataluña no nacionalista. Al mismo tiempo que los numerosos juristas de la Vicepresidencia del Gobierno hacen su trabajo, convendría ocuparse de una nueva estrategia política para Cataluña, que permita al PP, al PSC y a Ciudadanos presentarse como protagonistas del futuro de su comunidad autónoma y no como extraños a la espera de ser invitados por el nacionalismo.

Con el Estado, la Constitución, la democracia
Roberto L. Blanco Valdés La voz 29 Octubre 2017

Visto el coraje democrático del Gobierno ante la incivil, ilegal y delictiva declaración de independencia del ya disuelto parlamento catalán no es razonable suponer que Rajoy haya tenido otro motivo para convocar sin más espera elecciones autonómicas que su firme convicción de que hace así lo mejor para Cataluña y España en su conjunto. O eso o -el tiempo lo dirá- el pago del precio impuesto por el PSOE para apoyar la aplicación del 155 de la Constitución.

Sea como fuere, muchos de quienes hemos sostenido, sin reticencia alguna, la imperiosa necesidad de parar el golpe en Cataluña compartimos hoy un legítimo temor: el que nace del poco tiempo que va a transcurrir entre la intervención de la autonomía y los comicios que el 21 de diciembre deberían permitirnos superar la más grave crisis constitucional de nuestra reciente historia democrática.

Dos meses podría ser muy poco tiempo para afrontar la dificilísima tarea de restituir la legalidad en un territorio hundido en el caos de la rebelión nacionalista, pero mucho para que, en ese ambiente, sus dirigentes mantengan la innoble farsa de una Cataluña explotada por España. Dos meses podría ser mucho tiempo para mantener la intervención de una autonomía cuyos ex gobernantes anuncian que la contrarrestarán en la calle con una insurrección, pero muy poco para que, en ese ambiente, los cientos de miles de catalanes engatusados por el nacionalismo descubran la monumental manipulación a la que han sido sometidos.

Corremos, así, el riesgo de que ir a las urnas el 21 de diciembre dificulte desmontar la rebelión y favorezca, en cambio, el declarado objetivo de los secesionistas: mantener la movilización antiespañola hasta el mismo día de las elecciones.

Un riesgo, en todo caso, que, fijada ya la fecha electoral, todos los demócratas debemos conjurar mediante un sólido compromiso con las medidas adoptadas por el Gobierno para impedir la secesión de Cataluña. ¿Cómo?

Afirmando en voz bien alta, cada vez que tengamos ocasión, que esas medidas -que prevén muchas Constituciones democráticas (las de Austria, Italia o Alemania, sin ir más lejos) y practican los dos Estados constitucionales más viejos del planeta (Estados Unidos y Gran Bretaña)- son un ejemplo de cumplimiento de la legalidad y respeto a los valores democráticos frente a la bufonada antidemocrática y el cúmulo de esperpénticas ilegalidades que han culminado en una alucinada y megalómana declaración de independencia. Aquí, contra lo que afirman todos los nacionalistas con el cínico pero inequívoco apoyo de los de Colau y los de Iglesias, no hay más golpe de Estado que el han dado las instituciones de la Generalitat ni más defensores de la ley y los principios democráticos que el Gobierno y los partidos constitucionalistas que, en representación de la inmensa mayoría del país, lo han apoyado. Así de sencillo. Así de claro.

Reflexiones finales sobre la deriva catalana
Juan Laborda vozpopuli.es  29 Octubre 2017

Parecía imposible, pero la realidad nos ha acabado desbordando, por lo menos a mí, debo reconocerlo. El episodio de este viernes, donde el gobierno de la Generalitat se ha hecho el harakiri, ha sido la traca final. ¿Cómo ha sido posible tanto despropósito? ¿Cómo se puede entender que una parte de la ciudadanía catalana, de manera activa, haya sido copartícipe de un proceso autodestructivo de semejante calado? Aún no son conscientes de que a partir de ahora las reglas del juego han cambiado, de que ya nada podrá ser igual. La deslealtad institucional, el pasarse por el forro la legalidad constitucional, pasará factura a todos aquellos que desde su arcadia imaginaria soñaron con un imposible, la independencia de Cataluña. Pero además afectará al devenir del resto de españoles. Si no estamos atentos y empezamos a ser exigentes con nuestros políticos, nos la querrán meter doblada, por enésima vez.

Durante las últimas semanas, hemos analizado desde distintas aristas le deriva catalana. Porque no hay nada casual, aquí convergen todos los problemas que como país nos devoran en nuestro devenir diario. En primer lugar, la profunda debilidad y decadencia de España, reflejada en unas élites zafias, corruptas que van a querer aprovechar el “regalo” que les ha ofrecido los separatistas sediciosos para apoltronarse sine die. El Totalitarismo Invertido patrio ha encontrado la excusa perfecta para intentar que todo siga igual. Es necesaria una participación ciudadana activa, crítica, que evite que nuestro futuro se determine en reuniones “secretas” donde, bajo la tenue luz de las velas, se repartan componendas.

En segundo lugar la huida hacia adelante de la élite catalana, política y económica, que cuando percibió que ya no podía medrar, se echó al monte y optó por la sedición. Ni siquiera fueron capaces de aguantar y seguir la propia hoja de ruta que algunos les habían marcado, de una manera muy inteligente, y que no pasaba por declarar ahora la independencia. Pero cuando soliviantas a una parte de tu pueblo para que desde la calle presionen, ofreciéndoles un relato, que se lo creen a pies y puntillas, ya nada se atiene a criterios racionales. Es lo que tiene el romanticismo, la búsqueda de la arcadia feliz, donde el subjetivismo, la exaltación irreal de las tradiciones nacionales, regionales, locales e incluso individuales alcanza cotas inimaginables.

Pero además, y en tercer lugar, hay un trasfondo internacional. A río revuelto, ganancia de pescadores. Este desmadre patrio sin duda ha sido aprovechado por ciertos intereses geoestratégicos para debilitar a Europa. Sigo alucinando con la deriva informativa de dos medios de comunicación, The New York Times y, sobretodo, The Washington Post, esos mismos que aún no han asimilado el resultado electoral de las últimas elecciones presidenciales de su país. Son instrumentos del Totalitarismo Invertido estadounidense. Desde hace muchos años, con el inicio de la Gran Recesión, ciertas élites estadounidenses intentan desestabilizar Europa. Parece mentira, porque el diseño de la actual Europa fue una creación de los Estados Unidos tras la 2ª Guerra Mundial. Pero la degradación de la democracia norteamericana produce estas cosas. El relato es muy sencillo. Desde posiciones francesas y alemanas, en su momento, se pretendió un gran mercado euroasiático, que incluyera a Rusia e incorporará a la nueva potencia emergente, China. El gran damnificado serían los Estados Unidos. Y ese temor, aunque ha aflojado, aún sigue presente, de ahí la necesidad de desestabilizar Europa.

Algunas reflexiones políticas
Algunos me han criticado que no haya sido equidistante, que haya sido duro con los sediciosos, y que apenas haya echado en cara nada al actual ejecutivo o al Régimen del 78. Creo que eso es no entender el problema de fondo. Desde el momento en que los nacionalistas catalanes dieron un paso más allá de lo legalmente asumible, el cumplimiento de su hoja de ruta suponía la descomposición de España. Por lo tanto, desde el primer momento, desde mi análisis, habría que frenarles con todas las de la ley, porque su objetivo final simple y llanamente era el más nefasto para el futuro de nuestros hijos y nietos.

Pero no es óbice para que una vez que el soufflé del “prusés” empiece a desinflarse, la ciudadanía española comience a ser mayorcita y asuma las riendas de su futuro. La solución para nuestro país pasa por un proceso constituyente, de regeneración, donde, frente al Totalitarismo Invertido, los ciudadanos recuperemos la soberanía nacional. Aquellos que aspiren a dirigir la España democrática, incluida Cataluña, tienen la obligación de someter a la consideración del pueblo español sus proyectos para refundar el Estado. Frente al Totalitarismo Invertido y las élites extractivas, el Estado todavía contiene recursos para el control democrático de la economía y las finanzas de una nación.

Los problemas que afectan a los ciudadanos tanto en Cataluña como en el resto de España, derivan de un injusto sistema económico basado en la especulación y el control de vastos sectores de la economía por oligopolios, como los bancos, y monopolios como las eléctricas y otros, así como por un sistema fiscal que castiga a los productores de riqueza y premia a los que viven del trabajo ajeno y se apropian de la plusvalía del suelo creada por el progreso social, violando la letra y el espíritu de nuestra Constitución. La única forma de mejorar la situación de los que viven de su trabajo, tanto en Cataluña como en el resto de España, es modificando este sistema. Pongámonos manos a la obra. Ya hemos malgastando excesivo tiempo y energías, sin atacar la verdadera raíz de los problemas.

Desmontar la estructura del «procés» en cuatro folios
El Gobierno suprime las «embajadas» y organismos del Govern dirigidos a promover la desconexión.
Ainhoa Martínez. Madrid. larazon  29 Octubre 2017

El Tribunal Constitucional en su sentencia de 10 de mayo de 2017 estipuló que el Gobierno de la Generalitat de Cataluña no puede ostentar y ejercer potestades de las que carece, tales como la creación de sus propias «estructuras de Estado» o regular un llamado «proceso de Transición Nacional» por excederse de lo que jurídica y constitucionalmente le corresponde de acuerdo a su régimen de Comunidad Autónoma. Por ello y en aplicación del artículo 155 de la Constitución, el Gobierno procedió ayer a la supresión de aquellos órganos que resultan innecesarios o que fueron creados con la única finalidad de responder al desarrollo del proceso secesionista. No se suprimen, sin embargo, aquellos vinculados a leyes que se encuentran actualmente impugnadas ante el Tribunal Constitucional, estando pendiente su pronunciamiento. Entre estas estructuras duplicadas se encuentran la red de embajadas en el exterior que la Generalitat puso en marcha para la internacionalización del «procés», así como otras estructuras que se detallan a continuación.

Oficinas y Consejo Asesor de la Transición Nacional
El BOE publicó ayer los decretos gubernamentales que desarrollan la aplicación del artículo 155 de la Constitución, entre los que se incluye la destitución de todo el Govern y los cargos de confianza adscritos al cesado ex presidente de la Generalitat y sus consellers. Además, se suprimen las oficinas de Presidencia y Vicepresidencia creadas en 2016 y 2017, respectivamente, en base a la reestructuración de sendos departamentos. También se acaba con el Consejo Asesor para la Transición Nacional –ahora llamado Instituto de Estudios de Autogobierno–, un órgano creado por Artur Mas para pilotar con éxito el proceso de secesión sin incurrir en ilegalidades ni en perjuicios para la sociedad catalana.

Comisión contra las cargas policiales el 1-O
Asimismo, se pone fin a la recientemente constituida Comisión especial sobre la violación de los derechos fundamentales en Cataluña, creada el 2 de octubre para analizar los hechos ocurridos durante la jornada del referéndum ilegal del 1-O en el que se produjeron cargas policiales.

Embajadas y Diplocat
En base a la potestad de «modificación de los departamentos, de las estructuras orgánicas y de los organismos, entes y entidades vinculados o dependientes de la Generalitat de Cataluña», el Gobierno extingue el Diplocat (Patronato Cataluña Mon-Consejo de Diplomacia Pública de Cataluña), el organismo creado para proyectar la imagen de Cataluña en el exterior y que intentó sin éxito ser reconocido como observador internacional por la ONU. También se suprimen las «embajadas» o delegaciones del Gobierno de la Generalitat en Francia, Reino Unido, Alemania, Estados Unidos, Austria, Italia, Marruecos, la Santa Sede, Portugal, Dinamarca, Polonia, Croacia y ante las organizaciones internacionales con sede en Ginebra, Estrasburgo, París y Viena. Del mismo modo se cesa a Ferran Mascarell i Canalda como delegado del Gobierno de la Generalitat de Cataluña en Madrid, y a Amadeu Altafaj i Tardio como representante Permanente ante la Unión Europea.

Servicios mínimos
El sindicato Intersindical CSC tiene intención de convocar una huelga general de 10 días en Cataluña del 30 de octubre al jueves 9 de noviembre, en protesta por la intervención de la autonomía. En caso de que dichos paros prosperen y también vía BOE el Gobierno asume la potestad de fijar los servicios mínimos para la huelga general. En este caso, el Gobierno se limita a publicar el decreto aprobado por el Departamento de Trabajo, Asuntos Sociales y Familias de la Generalitat de Cataluña que marcaba esos servicios mínimos y que no había podido publicar por la intervención decretada por el Ejecutivo.

Como dato curioso, que da idea de la gravedad de la situación, cabe destacar que el Gobierno ha eludido incluir en los reales decretos de cese del presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, y del resto de consejeros catalanes de su Govern la frase habitual en estos casos en la que se agradece a los destituidos los «servicios prestados».

La factura de la crisis catalana: entre 4.000 y 15.000 millones
Juan Ramón Rallo. larazon 29 Octubre 2017

La Declaración Unilateral de Independencia (DUI) de Cataluña, seguida de la suspensión de la Generalitat vía aplicación del artículo 155 de la Constitución, ha llegado en un momento en el que la economía española, y también la catalana, estaban consolidando su recuperación. Si atendemos a los datos de crecimiento económico correspondientes al año 2016, España se expandió a una tasa del 3,4%, mientras que Cataluña lo hizo a una del 3,6%. Desde el mínimo de 2013, España ha aumentado su PIB en un 8,6%, mientras que Cataluña lo ha hecho en un 9,7%. Tan es así que el PIB a precios de mercado de Cataluña marcó en 2016 su máximo histórico, incluso superando el nivel previo a la crisis (no así el del conjunto de España, que todavía se mostraba rezagado con respecto al cosechado en 2008).

Parecida es la imagen con el empleo. La tasa de paro en el conjunto de España al finalizar el tercer trimestre de 2017 fue del 16,38%; en cambio, en Cataluña alcanzó el 12,54%, la sexta más reducida de todo el país. Asimismo, desde comienzos de 2014 el número de empleos indefinidos se ha incrementado en España un 7,8%, mientras que en Cataluña lo ha hecho un 9%. No sólo menos paro, sino también más empleo de calidad. Y, por último, si estudiamos la posición exportadora de Cataluña, comprobamos que continúa ubicándose a la cabeza de España: de los 254.5000 millones de euros en mercancías que exportó nuestro país en 2016, 65.100 millones se debieron a Cataluña (el 25% del total). De hecho, desde 2009 las exportaciones catalanas se han expandido casi al mismo ritmo que las del resto de la nación (en torno al 50%), lo que demuestra que el dinamismo de su sector exterior seguía muy vivo.

En definitiva, antes de la Declaración Unilateral de Independencia, la economía española, y muy en particular la economía catalana, estaban mostrando una muy sana trayectoria que nos permitía ilusionarnos con dejar atrás la crisis económica. Pero la DUI bien podría terminar echando tierra sobre esta saludable recomposición de nuestro aparato productivo. Recordemos cuáles han sido sus efectos sobre la economía catalana: traslado de la sede social de 1.700 empresas a otros puntos de España, caída del 20% de las ventas en centros comerciales, hundimiento del 30% en las reservas hoteleras, pinchazo del transporte de mercancías en un 21% y desplome de la venta de vehículos en concesionarios del 30%.

No en vano, el BBVA Research estimó esta misma semana que la inestabilidad catalana podría costarle a la economía española más de 4.000 millones de euros a lo largo de 2018; cifra que la AIReF considera que puede llegar hasta los 15.000 millones. Si las previsiones más pesimistas de la AIReF se confirmaran, tardaríamos un año entero en recuperar el nivel de actividad y de empleo que podríamos haber logrado en ausencia de la crisis catalana.

El riesgo de que la recuperación económica encalle, pues, no debe soslayarse. Durante los próximos trimestres comprobaremos hasta qué punto el «procés» ha hecho mella sobre el crecimiento y la creación de empleo en nuestro país, pero no deja de constituir una abierta irresponsabilidad que se pongan en peligro los frutos de la prosperidad mediante el salto jurídico al vacío que es la DUI.

A la postre, es verdad que la Generalitat podía plantear antes de septiembre ciertas quejas legítimas sobre el encaje económico de Cataluña en España (en particular, el desastroso modelo de financiación autonómico que penaliza a todas las regiones ricas para mantener las burocracias clientelares de las regiones pobres), pero el camino que finalmente ha emprendido amenaza con generar entre sus conciudadanos muchos más perjuicios que aquellos beneficios que podría haber obtenido con tales reivindicaciones.

La peor clase política de la democracia
La declaración de independencia es el fracaso de todos. Pero sobre todo de la arquitectura institucional del país, que ha demostrado sus carencias para encauzar el debate territorial
Carlos Sánchez elconfidencial 29 Octubre 2017

El historiador Mark Greengrass ha escrito en Revista de Libros un extraordinario artículo en el que recuerda uno de esos momentos transcendentales de la humanidad en los que el mundo acelera el paso. Greengrass se refiere a las célebres 95 tesis de Lutero, en las que el teólogo alemán planteó una reforma radical de la Iglesia.

Su importancia histórica es indiscutible y muchos piensan que el mundo moderno que hoy conocemos arrancó aquel 31 de octubre de 1517, hace ahora justamente 500 años, cuando Lutero clavó una hoja en la puerta de su cuarto para provocar el debate público aprovechando el avance técnico que supuso la reciente invención de la imprenta, sin cuya aparición su obra no hubiera tenido la difusión que tuvo.

Lutero, como se sabe, pretendía provocar una discusión intelectual sobre la Reforma, y, de hecho, sus reflexiones de Wittenberg forman parte del patrimonio inmaterial de la humanidad, como lo son la Declaración de Independencia de EEUU -en lo que supuso de reconocimiento de la libertad individual y de los derechos inalienables del hombre- o el Manifiesto Comunista, que influyó de forma decisiva en las transformaciones sociales de los dos últimos siglos. Greengrass sostiene que las 95 tesis de Lutero forman parte de “los diez documentos que cambiaron el mundo”.

Es probable que un historiador del futuro, cuando analice la reciente historia de España, se quede pasmado, y siempre perplejo, por la escasa enjundia intelectual en torno a la cuestión catalana, antes y después de la tramposa y demencial declaración de independencia, que arrastra a la nación española a una de esas crisis finiseculares a las que acostumbra cada cierto periodo de tiempo. Y que, afortunadamente, el presidente Rajoy ha cortado de cuajo convocando elecciones tras una revolución de opereta.

La ausencia de propuestas políticas constructivas, de papeles, de documentos, de ideas, de herramientas o de instrumentos para canalizar la discusión más allá del manido 'y tú más' ha sido de tal envergadura que muchos se sorprenderán de que en pleno siglo XXI el debate se hubiera reducido a un simplista: independencia, sí o independencia, no. O lo que es todavía peor, que a través de las redes sociales o de la televisión -una especie de 'show' de Truman- se ventilara un asunto lleno de aristas y necesariamente complejo. Y que, sin embargo, muchos han observado como si se tratara de la final de una competición deportiva en la que tiene que haber un ganador y un perdedor.

La ausencia de instituciones -en última instancia la mala calidad de la gobernanza del país- para canalizar el debate territorial no es nueva. Y refleja un problema de fondo de la democracia española que tiene que ver con su deficiente arquitectura institucional y con la mediocridad de su clase política debido a su perverso sistema de selección. Y que en el caso del debate territorial es palmario. No solo porque el Senado no ha cumplido en 40 años el papel de cámara territorial que le asigna la Constitución -y cuando ha salido de las catacumbas lo ha hecho, paradójicamente, para liquidar el autogobierno catalán-, sino porque el 'entrismo' en las instituciones por parte de los partidos políticos ha sido tan relevante que su autoridad deja mucho que desear.

Conferencia de presidentes
Ni siquiera ha servido la Conferencia de Presidentes, un instrumento que hubiera podido ser eficaz, pero que la desidia de los políticos ha convertido en una asamblea meramente propagandista, y a la que en enero no asistieron ni el lendakari ni Puigdemont, lo que da idea de su inutilidad política. Precisamente, las dos comunidades (una de ellas foral) con mayores tensiones territoriales.

El Tribunal Constitucional, el Consejo de Estado, el Tribunal de Cuentas o el propio Poder Judicial son hoy entidades arrasadas, lo que explica que carezcan de esa autoridad -la vieja 'auctoritas'- que en circunstancias como las actuales serían algo más que necesarias. Entre otras cosas, porque el Estado hace mucho tiempo que decidió diluirse en Cataluña, lo que ha provocado un ausencia total de referentes simbólicos y no simbólicos que ha dado paso, desgraciadamente, a la falsa creencia de que estamos ante un choque de dos legitimidades. Sin duda, por aquella imprudente sentencia del TC que abrió de manera irresponsable la caja de los truenos enmendando la soberanía popular, que en el caso del Estatut radicaba en el pueblo de Cataluña. Lo que unido a la desfachatez de una camarilla de sediciosos ha acabado por descoser muchas costuras malamente sujetas.

Como sostuvo Ernst Forsthoff*, “la soberanía confiere a su titular no solo el monopolio de la violencia legítima, sino también la capacidad, no compartida con nadie, de definir lo que es derecho y lo que no es; y ello, sin que haya lugar a sanción alguna en caso de mal uso de ese poder”. Y lo que hizo el TC fue despedazar aquel derecho inalienable, precisamente porque fue sancionado por las urnas.

Llorar por la leche derramada, sin embargo, sirve hoy de muy poco. Y bien harían los partidos constitucionalistas -en particular el PP y Cs- en abandonar las clases de derecho para abrazar la política y desmitificar con un discurso constructivo -ahora tienen la oportunidad de hacerlo acudiendo a las elecciones con una candidatura conjunta- varias decenas de años de estulticia intelectual independentista. Entre otras cosas, como han puesto de manifiesto algunos observadores, porque la independencia de Cataluña -que seguirá siendo una entelequia- no es un proceso jurídico, sino político. Y es la política, y solo la política, la que debe resolverlo durante al menos dos o tres generaciones,

El fin de la política
Rajoy erró al plantear el 'procés' solo en términos jurídicos, justo lo contrario que hizo Suárez en la Transición, quien abordó los cambios legales desde la política, y no al revés. Probablemente, porque en este triste proceso, Rajoy, con su visión administrativa de la política, se ha dejado llevar por esa generación -menos gloriosa de lo que ellos se creen- de abogados del Estado que acompañan a la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, incapaces de husmear lo que pasa en la calle, y que, parafraseando a Fukuyama, entienden que ha llegado no el fin de la historia, sino de la política. Y un país de leguleyos va directamente al infierno. Los sentimientos no caben en el código penal.

Como ha señalado el profesor Roig Molés, también los independentistas han engendrado una falsa apariencia de legalidad creando la imagen de que la construcción nacional pasa por aprobar leyes contumazmente ilegales que solo han pretendido regatear la acción del Estado, y que son papel jurídicamente mojado, pero eficaces políticamente. Dando, además, la falsa impresión de que el 'procés' es un camino democrático, cuando ha sido justamente lo contrario.

Una de las lecciones que probablemente haya que extraer de todo lo que está pasando en Cataluña es que un país cuasi federal, como es el español, requiere instituciones dignas de tal nombre que canalicen el debate territorial, porque de lo contrario las regiones con instituciones y lenguas propias tenderán a disgregarse, y no solo por el adoctrinamiento en las aulas.

Y ahora que está de moda hablar de la Ley Fundamental alemana -por su influencia sobre el artículo 155-, no estará de más recordar que en su preámbulo cita uno a uno los nombres de los 16 'länder', algo que ni siquiera hace la Constitución española por pura desidia. La Constitución debe 'constitucionalizar', precisamente, las competencias de las comunidades autónomas para evitar que se mercantilicen en el Congreso y así alcanzar mayorías parlamentarias. Ese es el origen del problema: dar alas a los nacionalistas para construir mayorías.

Cataluña, sin embargo, y desde luego en este órdago, no será un Estado independiente, pero sus impulsores sí han logrado algo que costará mucho tiempo superar, además de la convivencia ciudadana: la pérdida de credibilidad de las instituciones, convertidas en simples marionetas del poder.

* 'El Estado de la sociedad industrial'. Ernst Forsthoff. Jaime Nicolás Muñiz y Luis López Guerra, eds. Centro de Estudios Políticos y Constitucionales.

Elecciones en Cataluña Los ciudadanos de Cataluña tienen la palabra: ¡a por ellos!
Jesús Cacho. vozpopuli  29 Octubre 2017

Tardaremos mucho tiempo en recuperarnos del asombro provocado en tantos españoles por la briosa carga de la brigada ligera independentista en el valle de la muerte de Balaclava en el mediodía del viernes 27 de octubre. Cuando la osada caballería indepe, al mando del Lord Cardigan gerundense, se hallaba a escasos metros de la cima donde esperaban, bayoneta calada, las tropas rusas de Liprandi, los valientes jinetes del mariscal Puigdemont volvieron grupas y exigieron votación secreta, pidieron el anonimato, se negaron a dar la cara, y lo hicieron, además, vulnerando una vez más, y van unas cuantas, todos los reglamentos de la Cámara. A las puertas de la gloria, en el momento decisivo de pasar a las páginas de la historia como los hombres y mujeres que, a pecho descubierto, trajeron la independencia a Cataluña arrostrando las represalias del opresor Estado español, los valientes recularon, se hicieron pipí y reclamaron voto enmascarado. Qué pena de ausencia de un Tennyson capaz de glosar tanto arrojo. Confieso que no salía de mi asombro.

Al rescate de los héroes que buscaban un biombo tras el que esconderse acudió la CUP, la revolución en marcha, dispuesta la del sobaco sudao a echar una mano a los capitalistas convergentes que pretendían escurrir el bulto. Muy revelador de la conciencia que estos indecentes tenían el viernes de estar realmente dando vida a un país nuevo y distinto, no sometido por tanto a los tribunales españoles. ¿Qué consecuencias penales habían de temer si de verdad fueran a ser independientes? No se lo creían. Los valientes pedían la presencia en las calles de sus seguidores, mientras ellos se escondían en el voto secreto. Solo les faltó el pasamontañas. Una nueva recreación histórica de algo que ya quedó en evidencia en los intentos de Macià y Companys: que son cobardes hasta la náusea. Las caras de los indepes tras perpetrar el golpe expresaban cualquier cosa menos sincera alegría, conscientes como eran, como son, de haber cometido una tropelía reñida con la ley, la razón y el sentido común, por la que tendrán cuenta ante la Justicia. “No hay consuelo más hábil que el pensamiento de que hemos elegido nuestras desdichas”, que dijo el gran Borges.

Desde septiembre de 2012 hemos cometido el error de considerar que nos enfrentábamos a tipos capaces de adoptar decisiones racionales, yerro en el que hemos perseverado al tratar de indagar en las razones de la aparente sinrazón independentista, de esa voluntad de tirarse por el barranco de lo absurdo. Ocurre que sus decisiones no son racionales. Tras la dimisión forzada de Artur Mas, al frente del prusés se colocó un hombre que tiene más que ver con la CUP que con Convergencia, un radical cuya estatura intelectual y política ha quedado acreditada en ocasiones varias, hasta el punto de que el propio Mas, el incendiario Mas, se ha declarado incapacitado para manejarlo, porque “hace tiempo que está fuera de control”. Con estos antecedentes, hace tiempo que Puigdemont, alias Puchi, sabe que su futuro y el de quienes le rodean no es otro que el penitenciario. Miedo a muchos años de cárcel. He ahí un hombre con poco o nada que perder, convencido de que colocando a la sociedad catalana y española en una situación de extrema crispación, con violencia incluida, podría tener alguna posibilidad, con la ayuda de la presión internacional, de negociar algo susceptible de comportar indultos y espacio político para seguir actuando.

La puesta en marcha del 155 aborta esa posibilidad. Desde que quedó clara la deriva suicida tomada por el nacionalismo tras la manifestación de la Diada de 2012, aquel acontecimiento que llevó a Mas a subirse en marcha a un tren que juzgó ganador, nunca me ha interesado en exceso lo que hicieran los golpistas, porque siempre estuvo claro el final enloquecido de ese viaje. Lo que siempre me preocupó y me ha preocupado ha sido la reacción del Gobierno del Partido Popular, la respuesta de los supuestos “buenos”, la capacidad del Ejecutivo para mantener la legalidad en Cataluña y hacer respetar la Constitución. En los últimos años, en Vozpópuli hemos sido extraordinariamente críticos con el laissez faire de Mariano Rajoy y su Gobierno en Cataluña, a pesar de haber contado con mayoría absoluta entre 2012 y 2015. No solo no ha sido capaz de hacer cumplir la legalidad en aquella región de España en asuntos tales como la enseñanza del español en las escuelas, por poner un ejemplo, sino que, mucho peor, se ha lavado las manos cual Pilatos amparado en la idea de que el independentismo no iba a ser capaz de llegar nunca a mayores, confiando en que terminaría deponiendo su actitud en algún momento del camino a la estación término que conocimos el viernes.

El triunfo del cuanto peor, mejor
Llegados a este punto, y después de la aprobación el 6 y 7 de septiembre de las llamadas leyes de desconexión, autentico punto de inflexión en el golpe de Estado nacionalista, he venido opinando que a España ya solo le valía el cuanto peor, mejor. Sólo le valía la efectiva declaración de independencia, para que situación tan extrema hiciera inevitable la reacción del Estado dispuesto a restablecer la legalidad, a barrer a fondo hasta la última mota de ese polvo supremacista y totalitario que se ha adueñado de las instituciones catalanas. Por eso la transaccional que pareció abrirse camino a media mañana del jueves, con la celebración de esas elecciones autonómicas que estuvo a punto de anunciar Puigdemont (¿con el beneplácito de Rajoy y su Gobierno?), me pareció una pésima solución, básicamente porque dejaba las cosas como estaban y nos condenaba a seguir hozando en el mismo barro, sobre todo si se permitía que el golpista jefe pudiera manejar la consulta a su antojo, con pleno dominio de los medios de comunicación, dinero público, Mossos, etc.

Por fortuna, los rebeldes vinieron en nuestra ayuda para deshacer el equívoco y llevar el dislate hasta sus últimas consecuencias con la votación del viernes. Ya no había vuelta atrás. Ya no hay vuelta atrás. Tras la entrada en vigor del artículo 155, es el momento de restablecer la legalidad y llevar a los golpistas ante los tribunales de justicia. Es también el momento de renovar nuestra confianza en el Gobierno de la nación y nuestro compromiso inquebrantable con la Constitución, además de expresar nuestro pleno apoyo a los jueces y fiscales que realizan su labor en Cataluña y a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Se acabó el tiempo de un proyecto totalitario disfrazado de sonrisas, proyecto supremacista trufado de odio (Ein Volk, EinReich, Ein Führer!) al discrepante, al que no se somete, a quien no piensa igual, proyecto que en los ochenta lanzó un tal Jordi Pujol, el padre putativo de la patria catalana que luego se demostró un ladrón, y que consintieron todos los presidentes de los gobiernos de la democracia. El chorizo Pujol como perfecta metáfora del prusés.

Confieso que Rajoy me dejó frío cuando, pasadas las 9 de la noche, anunció las medidas adoptadas por el Consejo de Ministros del viernes noche. ¿Primera reacción? El Gobierno había aprobado el 155 e inmediatamente lo había suspendido: elecciones autonómicas en Cataluña el 21 de diciembre. ¿Por qué tantas prisas? El desconcierto era general incluso entre diputados y senadores del PP, confusión que aumentó de grado cuando el personal constató el entusiasmo del intrépido camarada Ferreras casi jaleando a Rajoy en La Sexta. Sí, cierto, la decisión tenía y tiene algunos puntos fuertes, el primero de los cuales es el factor sorpresa, un golpe inesperado que coge a los indepes, siempre tan interesados en votar con la boca pequeña, a la luna de Valencia. Por primera vez en mucho tiempo el Gobierno Rajoy toma la iniciativa en Cataluña con una medida de irreprochable corte democrático: que hablen las urnas. Que decidan los ciudadanos catalanes. Pero, ¿es bueno ir tan pronto a elecciones? ¿No es un poco jugárselo a la ruleta? ¿No es asumir un riesgo innecesario?

La fuerza del factor sorpresa
No sé lo que pensarán en el PSOE, porque uno no se ha bañado nunca en esa charca, pero en Ciudadanos se mostraban ayer más que satisfechos con la decisión del presidente. Porque el votante constitucionalista está más movilizado que nunca, situación que contrasta con la previsible desmotivación de no poco voto independentista, abrasado al comprobar el coste de la aventura a la que les ha conducido Puchi & Co. El comentado factor sorpresa obliga a los líderes golpistas a correr cual pollo sin cabeza, mientras los tribunales de justicia les sientan en el banquillo acusados de graves delitos. El paradigma catalán ha cambiado. La espiral del silencio se ha roto. La calle ya no es suya, como hoy volveremos a comprobar en Barcelona en la gran manifestación convocada por Sociedad Civil Catalana (SCC). Cabe desearle a Mariano que no se arrugue, que por una vez se mantenga firme hasta el final. Valga en su honor la milonga de Jacinto Chiclana: “Entre las cosas hay una / De la que no se arrepiente / Nadie en la tierra. Esa cosa / Es haber sido valiente”.

Considera Albert Rivera que hubiera resultado mucho más peligroso convocar elecciones dentro de 10 o 12 meses. ¿Cómo hubiera soportado esa interinidad el Parlament catalán bajo la égida de la reina regente Sorayita? ¿Cuál no hubiera sido el desgaste constitucional de tamaño interregno? “Ha sido Ciudadanos quien ha exigido la fecha más próxima posible, cosa que no ha entendido la mayor parte del PP. Era la mejor opción de las disponibles”. La intrépida Arrimadas sabía lo que decía cuando, en la tarde del viernes, tuiteó el siguiente mensaje: “salgamos a votar en masa en las próximas elecciones para recuperar la democracia, las instituciones y el futuro de nuestros hijos”. Ojalá acierten. Ojalá acertemos.

El retablo del golpismo
FRANCISCO ROSELL El Mundo 29 Octubre 2017

Durante años, Cataluña ha escenificado su particular versión de un popular entremés cervantino: El Retablo de las Maravillas, donde Chanfalla, Chirinos y Rabelín hacen como que interpretan lo nunca visto bajo admonición de que quien no sea cristiano viejo e hijo legítimo no atisbará tamaño portento. Como todos presumen de serlo, asienten con lo que los sablistas tienen por pertinente en el teatrillo del sabio Tontonelo. Es tal alucinación que un labriego baila con una inexistente doncella y acredita que los irrefutables títeres son más bien los infelices aldeanos a quienes movían los hilos aquella trinca de rufianes.

Todo marcha sobre ruedas hasta arribar al pueblo un furriel para apalabrar el alojo de la soldadesca y hace notar que el retablo, lejos de albergar prodigio alguno, está vacío. Su apreciación hace revolverse contra él al regidor de la villa gritando cual poseso: "¡De ellos [judío o bastardo] es, pues no ve nada!". Desplegó la rudeza del converso que antes había acallado su comezón mascullando: "Habré de decir que lo veo por la negra honrilla".

Aquella sátira de Cervantes sobre la confiada sociedad de su época coadyuva a descifrar el proceso (más kafkiano que concebido por el mismo Kafka) de una Cataluña que pilota un secesionismo tan subvencionado como afiebrado y que, al promulgar una independencia ficticia, prueba que la estupidez carece de límites. El separatismo se ha ingeniado sus fantasmagorías meneando las cuerdas a través de Chanfalla Puigdemot, Rabelín Junqueras y Chirinos Forcadell.

Si no querían ser tildados de malos catalanes o, directamente, de botiflers (traidores), sus moradores debían transigir con que una Cataluña fuera de España sería el jardín de las Hespérides y gozarían, por serlo, como bromeó Francesc Pujols, filósofo de cabecera de Dalí, de todos los gastos pagados. Así, reveses como la fuga en tropel de empresas no perjudicaría sus bolsillos. En suma, valdría más ser catalán que multimillonario.

El nacionalismo transfigura en axiomas colosales sandeces con el silencio de quienes no tragan con patochadas, pero callan para no señalarse. Esa conducta acomodaticia hace que la fabulación nacionalista goce de prestigio inexplicable. ¿Cómo no pensarlo si ha logrado sentar casi como verdad canónica que una Guerra de Sucesión por el trono de España fue una apócrifa Guerra de Secesión? Juega con la credulidad de la gente y se beneficia de la catequización en escuelas donde se inoculan a los adolescentes la animadversión a España y lo que ella simboliza, lo que refuerza la radiotelevisión pública.

Así ha acaecido hasta que el montaje se ha venido abajo por su peso cuando, en el colmo de la ensoñación, el secesionismo ha desbordado su delirio y ha abierto los ojos a los más cándidos, la boca a los silenciados y ha obligado a actuar a una autoridad que se ha tragado sus embelecos. Esa circunstancia ha desatado su voraz incontinencia y ha originado la tragicomedia catalana, en la que se ha aunado lo trágico de sus secuelas y lo grotesco de una charlotada en la que sus petimetres han hecho el necio sin ayuda ajena.

Sin duda, un triste homenaje a Tarradellas, en el cuadragésimo aniversario de su regreso del exilio. Bien repetía éste que, en política, lo único que no puede hacerse es el ridículo. Tan chusco fue el Pleno de la segregación que ni abrieron la boca los dos líderes de la revuelta ni Puigdemont se asomó siquiera al balcón de la Generalitat para no constiparse, por no referirse a su aparición grabada por TV3 -aún bajo su mando operativo- como president destronado en la ciudad de la que fue alcalde, cerrando el círculo de su escapada. Ni ellos ni sus menguantes seguidores pueden tragarse ya sus engañifas.

Lo peor es que los distintos presidentes de Gobierno de la Nación, por conveniencias varias, han hecho gala de una ceguera voluntaria que no desmerece a los aldeanos satirizados por Cervantes y que cortó de raíz aquel envalentonado furriel en medio de tanta sandez.

Pendientes de salvar la partida diaria, todos sin excepción han ignorado la naturaleza del nacionalismo, al igual que esa burguesía que los alienta y luego se refugia en las sayas del Estado, pidiendo a sus gobernantes que le saquen las castañas del fuego que ellos han encendido. Todo sea que ese mismo establishment catalán no persiga ahora que, buscando restañar heridas, sea el conjunto de los españoles el que reponga la vajilla rota y vuelva a reacomodar a ese mismo nacionalismo para que haga trizas definitivas a un achacoso Estado.

Comandados por tales timoneles, los espacios abiertos de una Cataluña que fue cosmopolita hasta que cayó en el ombliguismo nacionalista ha notado como los tractores del ruralindependentismo, hijos del carlismo devenido en secesionismo, han invadido el espacio de libertad de la ciudad, ocupando esas vías urbanas con sus esteladas tremolantes. De nuevo, pues, el Estado ha tenido que ir al rescate de Cataluña y a restaurar el orden constitucional de esta Catatonia transmutada en guardería de lacrimosos viejos bebés gruñones con la faz cariacontecida de Puigdemont y Junqueras.

Atrapada en su chauvinismo ridículo y en su megalomanía identitaria, la Cataluña nacionalista, como explica el filósofo francés Pascal Bruckner en La tentación de la inocencia, padece dos de las patologías características del mundo occidental: el infantilismo que demanda seguridad sin sometimiento a obligación alguna y el victimismo de privilegiados que se sienten unos perseguidos exhibiendo unos agravios, a menudo, más aparentes que reales. Exigiendo ser reparados, los auténticos damnificados son desplazados por estos maestros en el arte de colocarse la máscara de los humillados. Con ella, se consideran habilitados para no someterse a las leyes y escapar a las consecuencias de sus actos.

Por eso, para reconducir el extravío, una vez parado el golpe, entrañaría una singularidad en toda regla que se hiciera un mejor uso de esta Constitución de 1978 que garantiza la igualdad. Escrito está por Montesquieu que "la libertad es el derecho de hacer lo que las leyes permiten; y si un ciudadano pudiera hacer lo que prohíben, ya no habría libertad, porque los otros tendrían ese mismo poder".

Al final, Rajoy ha optado por aplicar 55 días el artículo 155 de la Constitución con miras a convocar elecciones, o lo que es lo mismo, adopta la decisión que ofreció a Puigdemont para no desenfundar un artículo estigmatizado estúpidamente y que el president, rehén de sus inconsecuencias, no quiso asumir. No fuera cosa de que lo defenestraran por el balcón de la Generalitat aquellos mismos que fueron a buscarlo a la Alcaldía de Gerona para que trajera la independencia.

Se dirá que Rajoy ha acordado un 155 de circunstancias para supeditarlo al apoyo de Sánchez y Rivera, así como a las peticiones de las cancillerías europeas para que no se repitieran escenas como las del 1-0, fruto de la práctica inexistencia del Estado en Cataluña y de la deslealtad de los Mossos. Pero, a la postre, han resultado excusas perfectas para un político sofá que se adapta a todos los traseros. Si la política es anticiparse a los acontecimientos antes de que te arrollen, y la función del 155 era evitar la proclamación de la independencia, ha acudido a él a posteriori y en la confianza de que, destituidos los cabecillas del golpe catalán, sean los catalanes los que asuman, voto en urna, pero de veras, la responsabilidad de su solución.

Rajoy, del que sus rivales dirán que la Fortuna ha hecho más por él que él mismo, no ha atendido a una máxima napoleónica que vale para la guerra y la política: "Si empiezas a conquistar Viena, conquista Viena". Bonaparte la tuvo en cuenta para su victoria en Austerlitz, pero la omitió en Waterloo capitulando ante Wellington. Es de Perogrullo que en 40 días no se pueden resolver los problemas de 40 años de dejación del Estado. Pero tampoco se ve voluntad de querer entrar en ellos, por lo que, restablecida la normalidad en Cataluña con el marcapaso del 155 y dado el carácter recurrente de la Historia, habrá que afrontar nuevas reediciones de estos episodios bajo la máscara de la novedad.

A este respecto, Cataluña presenta menos variaciones que aquel music-hall que visitó Bernard Shaw para demostrar que no se operaba evolución alguna en los mismos. Así contaba que una noche estaba en uno de ellos y, aburrido de ver a un prestidigitador ejercitándose con unas bolitas, se fue. Regresó al cabo de 10 años topándose con que el mismo ilusionista proseguía jugando con iguales bolas. En Cataluña, los ilusionistas varían, pero el juego no cambia. Menester será que tenga el 155 a mano

Conviene no olvidarlo tras el alivio que ha supuesto no franquear esa Puerta del Infierno que figura -oh casualidad- en la exposición que, en el centenario de la muerte de Auguste Rodin, acoge justamente Barcelona en estas horas aciagas y que da nombre al conjunto escultórico inspirado en La Divina Comedia, de Dante; Las flores del mal, de Baudelaire, y Metamorfosis, de Ovidio.

Muy bien por el 155 pero... ¿elecciones el 21 de diciembre?
“Toma consejo de las dos épocas: de la antigua para saber lo qué es lo mejor, de la actual para conocer qué es lo más adecuado” F. Bacon
Miguel Massanet diariosigloxxi 29 Octubre 2017

Mucho nos tememos que, como les suele suceder a muchos de estos matones de pueblo que presumen de tener dominados a todos sus conciudadanos que y, cuando llega el momento de la verdad, resulta que todas sus fuerzas se les van por la boca y huyen como cobardes cuando se les planta cara; en el caso de Cataluña, de esta región de España que, rompiendo la racha de muchos años de paz y tranquilidad del pueblo español, por culpa de unos cuantos políticos independentistas catalanes, dispuestos a poner en riesgo la tranquilidad, el modus vivendi, la estabilidad y el futuro del país, tomaron la peregrina decisión de enfrentarse al Estado de derecho para, en un acto de soberbia, de rebelión en contra de las leyes españolas y de autocomplacencia con sus ideas disparatadas, respecto a lo que, para ellos, sería el proyecto de una Cataluña fuera de España; se han liado la manta a la cabeza para intentar, evidentemente con pocas posibilidades de éxito, declarar, de forma unilateral y contraviniendo la Constitución y todo el resto de normas por las que nos regimos los españoles, cualesquiera que fuere el lugar de nacimiento de cada uno; declarar, en el Parlamento catalán, ilegalmente y en contra del mandato del TC, la independencia de “la república independiente catalana”.

La reacción, en este caso, del Gobierno y del resto de partidos constitucionalistas, excluidos los miembros de Podemos, que han preferido quedar al margen en este Limbo político en el que se han metido - que no se sabe si están o no a favor de la independencia cuando, por una parte, apoyan a los catalanes en el “derecho a decidir” y, por otra, critican que se declaren independientes – algo que, con toda posibilidad, les va a pasar factura el día en el que, los españoles, acudamos a las urnas; ha sido rápida, eficaz y, evidentemente, bien planeada; poniendo en marcha con prontitud y eficiencia el procedimiento para conseguir la autorización parlamentaria para poner en marcha el Art.º 155 de la CE.

Sin embargo, es evidente que el PP del señor Rajoy no se ha atrevido a prescindir del PSOE de P.Sánchez ( a su vez influido por el PSC) al que ha tenido que hacer concesiones de última hora, entre las cuales una por la que se acepta una enmienda por la que se deben evitar posibles intervenciones en los medios de comunicación catalanes, los grandes responsables de que, una parte importante de los catalanes, hayan caído en el cepo del nacionalismo y de que, el día de la votación, 1.O, los separatistas catalanes pudieran controlar a la Guardia Civil y a la Policía nacional, gracias a los informes que le facilitaban las turbas, de la localización de las unidades de ambas policías, a la señora Mónica Terribas, locutora de Cataluña Radio desde cuyos micrófonos informaba a los de la CUP que obstaculizaban el cumplimiento de las órdenes que, la AN, había impartido a los agentes de la ley. La Guardia Civil formuló una denuncia contra la periodista.

Es cierto que Rajoy ya se había comprometido con el señor Rivera, de Ciudadanos, para que convocara elecciones autonómicas, en el caso de que se usase el 155, dentro de un plazo máximo de seis meses, pero la sorpresa y el pasmo ha llegado cuando, en su alocución para explicar cuáles serían las primeras consecuencias de la intervención en la comunidad catalán, el señor Rajoy ha hablado de: la destitución del Gobern, la asunción de las competencias de orden público con el control de los mossos de escuadra, la disolución del Parlament de Cataluña y, finalmente, el subsiguiente anuncio de unas elecciones que tendrían lugar el día 21 de diciembre, algo más que un mes y medio desde la fecha en que escribimos este comentario. Se puede estar de acuerdo con todas las medidas que el Ejecutivo propuso para que el Senado las autorizase y se puede decir que todas ellas nos parecen oportunas, si es que se llegan a aplicar con la suficiente amplitud, sin concesiones y buscando que la legalidad, gravemente condicionada por la actividad de los separatistas, sea urgentemente restablecida.

Se puede entender que la situación de interinidad que supone la aplicación del artículo 155 de la Constitución, no puede prolongarse ni conviene que se extienda a más plazo que el estrictamente necesario para cumplir con su cometido. Pero lo que nos parece una utopía, lo que no entendemos y creemos que puede llevar a una nueva situación conflictiva, es el hecho de que se hayan convocado unas elecciones autonómicas dentro de un espacio de tiempo tan exiguo que nos hace pensar que será muy difícil que, los efectos del disgusto que la intervención estatal va a producir en aquellos que, incluso los más inocentes, pensaban que la proclamación de una república catalana era lo mejor que les podría suceder para salirse del “yugo” español; hayan dejado paso a una reflexión más meditada, a un entendimiento más pausado y a una reacción menos impulsiva y fanatizada que les permitiera emitir su voto sin el condicionamiento de un estado de ánimo poco propicio a concesiones.

Podemos aceptar que la medida ha cogido a contrapelo a los separatistas y que ello les obliga a tomar acuerdos y decisiones que no admiten dilación si han de combinar, como se hizo con la alianza de Junts pel Sí en la ocasión anterior; comprendemos que, el buscar a personas para encabezar las listas de cada partido o coalición, cuando es posible que muchas de las que, en la actualidad, ocupan cargos importantes en el gobierno de la Generalitat, no puedan presentarse por haber quedado inhabilitados o estén imputados por delitos de extrema gravedad en contra de la unidad de la patria; como los expedientes que los fiscales están incoando para imputar de prevaricación, rebelión, sedición, malversación de caudales públicos y otros delitos de suma gravedad, a los cabecillas de esta rebelión catalana en contra del Estado de derecho. Es obvio que esto es favorable para los partidos constitucionalistas, al menos si se espera que los catalanes, asustados o temerosos de que el país entre en una dinámica de una posible nueva crisis o recesión, decidan olvidarse de sus reclamaciones nacionalistas y opten por aceptar su fracaso, con el regreso a la normalidad.

No obstante, a los que creemos conocer algo a los catalanes, los que llevamos viviendo muchos años con ellos y conocemos sus virtudes, que son muchas, y sus defectos, que también los hay; no estamos tan seguros de que, lo que ha estado moviendo a millones de fanáticos de la independencia; lo que, durante años, se ha permitido que se utilizara en las escuelas y en las facultades universitarias para adoctrinar a una juventud en el odio hacia España y los españoles, enseñándoles una Historia que nada tiene que ver con la verdadera y presentando, al resto de españoles, como unos sinvergüenzas que han pretendido vivir a costa del trabajo de los catalanes; en el corto espacio de un mes y medio, vayan a cambiar radicalmente y, en consecuencia, en las próximas elecciones se den resultados a favor de los partidos constitucionalistas que varíen, de forma sustancial, el mapa político de Cataluña. Diría más, los cambios previsibles pueden acabar de crear un ambiente todavía más radical y, evidentemente, sin el contrapeso de una derecha, con ambiciones separatistas, pero que se encuentra a disgusto con las izquierdas y que, según las más recientes encuestas, va despareciendo de la escena ( PDEcat o la antigua CDC) en favor de partidos como ERC, B.en Comú o Jxsí u otros que pudieran presentarse, en los que se recogiera el malestar, el reconcomio o la frustración de todos aquellos que habían concebido ilusiones respecto a una república catalana y se han dado cuenta de que han sido engañados por sus propios dirigentes, que les prometieron aquello que sabían perfectamente que no estaba en sus manos el concederlo y que los han llevado al extremo de proclamar una república ilegal, desautorizada por el TC y que apenas habrá durado unas horas antes de haber sido disuelta por el Estado.

Nos preocupa que, el 21 de Diciembre, en vísperas de navidades, pudiera salir, de nuevo, un ramillete de partidos que reprodujeran en alguna forma la situación a la que hemos llegado, en la que Cataluña ha dejado de ser lo que era, de representar el espíritu de sensatez y trabajo que siempre ha venido caracterizando a los catalanes y quede convertida en una sociedad enfrentada entre sí, dominada por el comunismo bolivariano y los antisistema que nada más que miseria, pobreza y opresión pueden ofrecer al pueblo catalán. O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, sentimos tener que decir que, aquello que tenía todos los visos de ser una operación sabiamente coordinada para dar un golpe, sin violencia, al extremismo nacionalista, puede correr el riesgo de que, en un par de meses, Cataluña vuelva a encontrarse en una situación similar, si no peor, a la que, en estos momentos, nos estamos enfrentando. No hay garantía de que las circunstancias políticas y las alianzas, que tanto trabajo ha sido necesario para formarlas, vuelvan a reproducirse en otro panorama y bajo otras condiciones de aquí a un par de meses. Esperemos que quienes han decidido esta táctica, para mí muy peligrosa, hayan acertado en el diagnóstico, puesto que, en caso contrario, puede producirse una situación tal que, los que seguimos siendo españoles, tengamos que optar por abandonar toda esperanza de seguir viviendo en una parte de España.

Hay que ocupar y registrar la Generalitat
Pablo Sebastián Republica   29 Octubre 2017

Gran movilización en Barcelona en defensa de la unidad de España y por el regreso a la legalidad tras la aplicación del artículo 155 de la Constitución. Las aguas revueltas de la confusa declaración de la independencia regresan a sus cauces pero todavía queda mucho camino por recorrer y este lunes vamos a vivir momentos de tensión.

Porque el ex gobierno de Puigdemont y sus altos cargos de la Generalitat tienen que acatar sus ceses y algunos de ellos ya han anunciado que no lo harán, lo que puede acarrear conflictos pero todo apunta a que los rebeldes, por las buenas o por imperativo legal, al final se someterán.

Los rebeldes no tienen escapada posible y lo saben, como sabían que la independencia era imposible pero quisieron llegar hasta en final de un túnel sin salida que inútilmente intentaron perforar por la puerta lateral de una negociación. Lo que era de todo punto inaceptable y lo que los golpistas intentaron lograr con la ayuda de cómplices disfrazados de intermediarios dialogantes que en realidad eran colaboradores camuflados de la secesión.

Ahora toca controlar el gobierno de la Generalitat para preparar sin demora las elecciones autonómicas del 21 de diciembre con todas las garantías de transparencia democrática. Y toca también abrir una investigación a fondo sobre lo ocurrido en la Generalitat y en sus distintas consejerías, agencias y empresas públicas en relación con el proceso ilegal de independencia y el ilegal referéndum del 1-O.

Porque todavía faltan muchas cosas y presuntas actuaciones delictivas por conocer y documentar y hora es que los servicios de información del Estado accedan a las bases de datos y documentos -aunque muchos habrán sido destruidos- para aportar esos informes que eran muy secretos a la fiscalía del Estado y a los jueces que, a partir de ahora, deberán investigar y juzgar el fallido golpe de Estado catalán.

Y de manera especial su financiación con dinero público lo que hará crecer el delito de malversación. De la misma manera que habrá que conocer los nombres de personas, empresas y organismos que han colaborado con la financiación y puesta en marcha del golpe de Estado. Todo eso que el CNI no fue capaz de detectar en su día puede estar ahora al alcance tanto de la administración central del Estado como del poder judicial.

Pero antes de entrar a fondo en la investigación habrá que ocupar todas las instancias de la Generalitat y colocar en sus puestos claves y de confianza a personas preparadas y leales al Gobierno de España y la Constitución lo que no será nada fácil. Y para ello hace falta que hoy Puigdemont, Junqueras y el resto del Govern abandonen los despachos oficiales o sean desalojados por los Mossos que parece que han acatado la legalidad. Y lo mismo deben hacer el resto de funcionarios públicos rebeldes si no quieren enfrentarse a la suspensión y expulsión de sus empleos por falta grave de desobediencia y no respeto a la Constitución.

Quedan por delante días de mucha tensión e inquietud. Y de mucho cuidado y vigilancia para no caer en la trampa de enfrentamiento civil con víctimas que muchos están buscando para volver a enfangar la situación y justificar un golpe de Estado que ha resultado ser una gran chapuza que nunca podía prosperar.

Las 40 razones por las que el 21-D es un jaque mate al independentismo

Los separatistas han de perder la esperanza de que el Gobierno mediará para rebajar las condenas a los dirigentes del 'procés': de eso depende el 90% de su ánimo de batalla.
Cristian Campos elespanol 29 Octubre 2017

1. Cuando el viernes por la noche oí a Mariano Rajoy convocar elecciones en Cataluña pensé que el presidente del Gobierno se estaba jugando España a la lotería. “Dos meses no son suficientes para desmontar las estructuras clientelas del independentismo” decían muchos. ¡Como si cuarenta años de nacionalismo no se desmantelaran en dos meses pero sí en cuatro! Siento arruinar la fantasía, pero ni en dos, ni en cuatro, ni en doce. Pero entonces entendí.

2. El presidente ha convocado elecciones autonómicas. El independentismo no puede presentarse a ellas sin hacer el ridículo ni reconocer explícitamente que la independencia no se ha producido. Sin admitir que Cataluña sigue siendo una comunidad autonómica más. Una región de España que, además, lo seguirá siendo durante por lo menos cuatro años más.

3. La CUP ya ha anunciado que no se presentará a las elecciones. Albano Dante Fachin, de Podemos, ha declarado que presentarse sería una claudicación frente a Rajoy. Son buenas señales. El desconcierto el viernes por la noche entre las filas del resto del independentismo (ERC y PDeCAT) era también absoluto. ¿Qué pueden hacer?

4. Algunos independentistas llamaban al boicot, otros anunciaban paellas masivas para el 21 de diciembre, otros decían que no reconocerían el resultado de unas elecciones convocadas por el presidente del país vecino. A todos ellos se les indigestó la celebración de la independencia.

5. Lo dijo Artur Mas hace unos días en una entrevista al diario Ara: “No veo unas elecciones convocadas por el Estado a las que sólo se presenten partidos que quieren la dependencia del Estado”. La jugada de Rajoy les ha pillado con el paso cambiado. Es la peor opción para ellos.

6. Por supuesto, ERC y el PDeCAT pueden retorcer el argumento y vender la idea de que las elecciones son constituyentes. ¡Pero cualquiera le vende ahora esa moto al independentismo de base cuando ya se le ha dicho que Cataluña es independiente!

7. Es más. ¡Cualquiera le vende ahora esa moto al independentismo de base cuando las elecciones han sido convocadas por el Gran Satán en persona, Mariano Rajoy, después de cesar al Gobierno de la Generalidad en pleno!

8. “Ya se inventarán algo para presentarse. Los independentistas son muy imaginativos” dicen los más pesimistas. Mucha imaginación va a hacer falta para disimular una estruendosa bajada de pantalones como esa. Dudo mucho que las tragaderas del independentismo lleguen a tanto.

9. Al independentismo el cuerpo le pide batalla. No comulgará con ruedas de molino. Está por ver, además, que los diputados de ERC y el PDeCAT en el Congreso puedan mantener sus actas de diputado y seguir cobrando del Estado español sin perder la cara frente a sus votantes.

10. La única rueda de molino medio digerible que veo a corto plazo (y el plazo es muy corto porque el Gobierno, inteligentemente, ha precipitado los acontecimientos para evitar que el contrario tenga tiempo de organizarse) es la conversión de la ANC y Òmnium en partido político y su comparecencia en las elecciones.

11. Pero el problema sigue siendo el mismo. ¿Cómo reconocer unas elecciones autonómicas convocadas por un Gobierno extranjero?

12. La batalla de la propaganda ha empezado ya. Por eso hay que repetir hasta la saciedad que estas son unas elecciones autonómicas. Ni elecciones catalanas, ni elecciones constituyentes, ni elecciones a secas. Elecciones autonómicas. Una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez, hasta que al independentismo le sangren los tímpanos.

13. Es más. Las papeletas de voto deben incluir de forma preeminente, en caja alta y con una tipografía solemne, imperial y rotunda (como la Baskerville), el término ELECCIONES AUTONÓMICAS.

14. La única opción digna para el independentismo es el boicoteo de las elecciones. Colegios cerrados, piquetes, violencia, ayuntamientos negándose a ceder locales. En resumen: fascismo. El independentismo ya ha perdido la batalla de la imagen, esa que tanto valoran y en la que se basa toda su estrategia.

15. El independentismo ha mostrado mucha habilidad hasta ahora convocando grandes masas ciudadanas en momentos puntuales. Eso se ha conseguido gracias a una lluvia ingente de millones procedentes del presupuesto público. Millones de los que ahora ya no se dispone.

16. Pero eso ya no es relevante ahora. Porque no es lo mismo convocar a 500.000 personas un día concreto a una hora concreta que pedirle a esas 500.000 personas que se queden en la calle durante semanas. Porque en la calle llueve, hace frío y los ciudadanos tienen hijos que cuidar, trabajos que realizar, salarios que cobrar. Veremos qué tal va de resiliencia la burguesía catalana ahora que la independencia ya no le sale gratis total.

17. Es más. Hasta ahora, el independentismo ha podido reaccionar con rapidez a las acciones del Gobierno porque estas eran puntuales y muy espaciadas en el tiempo. La sensación, sin relación alguna con la realidad, era la de que el independentismo tenía el control de la situación.

18. Pero ¿qué hará el independentismo cuando el 155 provoque una cascada de detenciones, ceses, despidos, citaciones y ocupaciones de infraestructuras clave? Su capacidad de respuesta se verá desbordada. Demasiados focos de atención.

19. Es obvio que el independentismo no podrá evitar por medio de su respuesta habitual, las rápidas concentraciones callejeras estudiantiles y de la CUP, todo lo que va a ocurrir al mismo tiempo.

20. Para ello es necesario, obviamente, que el Estado cumpla su parte. Ejecutivo, legislativo y judicial. Si el Gobierno entra en el terreno del chalaneo, la batalla está perdida.

21. Podemos ha muerto. Que uno de sus diputados votara en blanco la declaración de independencia (probablemente Albano Dante Fachin) con el objetivo de evitar posibles consecuencias penales para los diputados de ERC y el PDeCAT que votaron sí fue la gota que colmó el vaso de la paciencia de muchos de sus votantes.

22. Ver a Montilla intentando hacerse perdonar su origen cordobés frente a aquellos independentistas que le desprecian como el mayor de los tontos útiles criados en cautividad en la comunidad catalana provoca vergüenza ajena. ¡Pero si estuvo a punto de ser linchado en Cataluña por los mismos a los que ahora acaricia el lomo! La dignidad no debería perderse jamás.

23. Hay que poner a Colau entre la espada de la Constitución y la pared de sus contradicciones. Porque el Ayuntamiento de Barcelona está obligado a ceder locales para la votación del 21 de diciembre y eso será visto como una traición por el independentismo cuyos votos ella intenta atraer. Toda la publicidad que se le haga a esa contradicción será poca.

24. Es vox populi en Barcelona que los grandes despachos de abogados (Garrigues, Cuatrecasas, Gómez-Acebo & Pombo) están recibiendo cientos de consultas para el traslado no ya de sedes fiscales, sino de centros de trabajo a otras comunidades españolas. Principalmente Madrid. La hecatombe económica para Cataluña es ya absoluta e insostenible.

25. La supuesta Cataluña independiente no ha recibido ni siquiera el reconocimiento de Quebec. A la hora de la verdad, y a pesar de todas las (multimillonarias) campañas de marketing, la realpolitik ha pesado mucho más que la estética y el romanticismo de las causas perdidas.

26. El independentismo fantasea ahora con una Administración paralela a la estatal. ¿Financiada con…? ¿Ejerciendo su poder a través de…? ¿Reunida en…? ¿Aplicando sus resoluciones por medio de…? ¿Protegida por…?

27. No hay que tenerle ningún miedo a esa Administración paralela que tanto asusta a la prensa madrileña. Soy catalán. Conozco a mis conciudadanos y sé de su aversión a la verdadera épica, la que cuesta dinero e incomodidades. Esa Administración paralela se diluirá como un azucarillo en pocas semanas. El Estado sólo debe aguantar el tirón y cegar sus vías de financiación. Su única posibilidad de victoria es que el Estado haga dejación de funciones. La única.

28. ¿Una Asamblea de Electos formada por 4.000 alcaldes y concejales de pueblo, dependiente de comunicaciones informáticas a distancia y sin líderes escogidos democráticamente ni organización centralizada? En pocas asambleas de la CUP han estado los que creen que eso es viable.

29. La Vall d’Aran ha convocado un pleno para este lunes en el que muy probablemente se decidirá el desacatamiento de la resolución del Parlamento catalán del pasado viernes. A la fantasmal Cataluña independiente ya se le empiezan a independizar las regiones.

30. Queda para los psiquiatras el análisis de cómo un puñado de burgueses catalanes de café con leche y ensaimada con nata se puso en manos de una horda de antisistemas con el grosor intelectual de un folio para obedecer sus órdenes a rajatabla, hundiendo la economía catalana en el proceso y quebrando la convivencia en Cataluña para dos o tres generaciones.

31. Y todo eso, atención, con el añadido de que las consecuencias penales recaerán sobre los burgueses de derechas, sobre sus vidas, su patrimonio y sus familias, mientras que los okupas del Parlament saldrán limpios de polvo y paja. Extraparlamentarios a partir del 21 de diciembre y sin acceso a los presupuestos públicos, pero en libertad. Que ya es mucho viendo lo que han hecho.

32. Las elecciones del 21 de diciembre sólo tienen dos posibles resultados. O Inés Arrimadas presidenta o la independencia. Y a esto último se llega por dos caminos. El primero es una victoria de ERC, si es que ERC se presenta a las elecciones. El segundo es una victoria de Podemos y Ada Colau.

33. Nunca en cuarenta años de democracia en España el voto útil ha sido más útil (y necesario) que ahora. No es la hora de los viejos socialistas. Un voto al PSC es un voto regalado al independentismo. Un voto a Colau es un voto y medio regalados al independentismo, que se lleva además de regalo la ciudad de Barcelona.

34. Hay que dejar de pensar en el independentismo como un leviatán formado por dos millones de héroes capaces de condenar a la ruina no ya a su país sino a sus familias a cambio de una utopía llamada república catalana. El independentismo es un gigante con los pies de barro y sólo el temor reverencial que le ha demostrado el Estado hasta ahora ha permitido su envalentonamiento.

35. Como ellos mismos dicen: Tu poder radica en mi miedo: si yo ya no tengo miedo, tú ya no tienes poder. ¿Gigantes? Molinos, hombre, molinos. Sólo que bien financiados.

36. Dicho lo cual. El Gobierno debe dejar de inmediato de escuchar los cantos de sirena de Soraya Sáenz de Santamaría, la gran derrotada por lo ocurrido durante los dos últimos años en Cataluña. Basta de especular voluntariosa pero estúpidamente con la creación de un catalanismo 2.0 formado por soberanistas moderados (incluso se ha sondeado a periodistas catalanes para que elaboren listas alternativas de catalanistas tibios).

37. Si el independentismo no se presenta a las elecciones, mejor. No hay que intentar, ni facilitar en lo más mínimo, que lo haga. Y menos aún con la trampa de una lista de moderados. Esto ha de acabar aquí. El 21 de diciembre. Y para ello, Soraya ha de ser marginada.

38. Me extraña ver a tanta gente interpretar la convocatoria de elecciones como una debilidad de Mariano Rajoy. Quizá la brillantez del movimiento ha sido involuntaria. Estoy dispuesto a creerlo. Pero si es así, bienvenido sea el acierto de su error táctico.

39. Le aconsejo al Gobierno español que se vaya olvidando de Santi Vila. Su moderación es sólo tacticismo. Quizás Vila no conduciría a Cataluña al abismo como ha hecho Puigdemont, pero sí eternizaría el problema catalán y perpetuaría el control catalanista de las estructuras políticas, educativas, civiles y sociales de la comunidad.

40. Este artículo es un análisis político de lo ocurrido el viernes. Penalmente, la reacción del Estado ha de ser firme e independiente de presiones y componendas políticas. El independentismo da por sentada una negociación con el Gobierno acerca de la rebaja de las condenas que puedan producirse durante los próximos meses (obviando la separación de poderes). Hay que lograr que pierda toda esperanza al respecto porque en eso se basa el 90% de su ánimo de batalla.

República independiente y totalitaria de Cataluña
Ignacio Blanco, gaceta.es 29 Octubre 2017

Gritan libertad los alcaldes y políticos independentistas. Estos dictadores de tractor son los mismos que niegan la libertad a quienes no opinan como ellos.

Ser dirigido por insensatos es el pesar de muchos trabajadores en nuestro país, pero un jefe insensato es fácilmente sustituible con sólo cambiar de trabajo. El poder del jefe insensato desaparece gracias al mayor poder del mercado, que nos ofrece una multitud de opciones para huir del cacique.

Los ciudadanos catalanes, no tienen posibilidad de alejarse de sus insensatos políticos, salvo que huyan de sus casas. El mercado político no existe, no puede usted cambiar la opción elegida. Es usted rehén haya o no haya elegido a su gobernante. Esa es la gran diferencia entre política y mercado, la primea genera rehenes, el segundo clientes que van y vienen.

Es por ello por lo que es tan peligroso el poder político, y se evidencia en el caso de Cataluña. Los políticos comunistas, nacionalistas, independentistas, supremacistas o ecologistas, han expropiado la voluntad de la mayoría de catalanes. Han desobedecido conscientemente las sentencias de nuestros tribunales y las recomendaciones de los letrados del propio parlamento catalán. ¿Qué pueden esperar los ciudadanos catalanes de quien considera que democracia es imposición de su interés incluso en contra de las leyes?.

Los gobernantes catalanes dirigen la comunidad autónoma con una de las mayores rentas per cápita de España, será por eso que desprecian la huida masiva de empresas, a los turistas y al declive económico que generan sus decisiones. Que desprecian el poder judicial cuando proponen al gobierno español que determine el sentido de las resoluciones judiciales. Que desprecian la ley cuando la incumplen reiteradamente, como desprecian a las fuerzas de seguridad cuando las convierten en ejecutor de sus caprichos. Que desprecian la democracia con referéndums sin garantía alguna y desprecian la educación con el adoctrinamiento y uso de los niños. Que desprecian a la oposición y por ende a los catalanes por estos representados, cuando se les impide hablar en el parlamento. ¿Qué esperar de quienes desprecian la voluntad de la mayoría no independentista de catalanes?.

Gritan libertad los alcaldes y políticos independentistas. Estos dictadores de tractor son los mismos que niegan la libertad a quienes no opinan como ellos. ¿Qué restricciones de libertad han sufrido estos alcaldes?. ¿Pueden decir que no disfrutan de libertad quienes han votado una DUI incumpliendo la ley sin que nadie se lo impidiera?. ¿Por qué no han propuesto elecciones autonómicas legales para que los ciudadanos se manifiesten libremente?. El delirio de unos pocos debe tener unas consecuencias contundentes, es hora de aplicar la ley con rigor.

La Vicepresidente del Gobierno decía hace unas semanas que el Sr. Puigdemont llevaba mucho tiempo fuera de la ley, y nadie entiende como no se le ha aplicado esa ley que la abogada del estado debe conocer perfectamente.

Los gobernantes catalanes son lo peor que ha dado el régimen constitucional del 78. Son ellos los culpables de lo que sucede en Cataluña. Los políticos que dividen a los ciudadanos son un peligro social pues deberían velar por lo contrario, ya que para buscar diferencias los ciudadanos no necesitamos ayuda. Pero no sólo ellos son culpables, hay culpables por omisión, que llevan sirviéndose del nacionalismo los últimos 40 años, una omisión que también es delito.

Vivimos momentos de profunda tristeza en España, un país que ha experimentado un progreso económico y social extraordinario de la mano de la Constitución que los independentistas, con la ayuda de Podemos, han tratado de destruir el 27 de octubre de 2017.

Con esta es ya la quinta vez que Cataluña declara unilateralmente su independencia. Las cuatro anteriores (1641, 1873, 1931 y 1934) todas fallidas. A esto se le llama vicio y es evidente que la generosidad con la que se ha tratado a los nacionalismos regionalistas españoles, no ha aportado nada bueno.

La deriva totalitaria de Cataluña es evidente, sólo hay que repasar las peticiones para la negociación realizadas por el Presidente de la Generalitat, cuando exigía inmunidad política, inmunidad judicial o excarcelaciones. Sólo puede plantearlas quien se sabe capaz de hacer lo mismo, es decir de anular la separación de poderes.

Ninguna libertad puede esperar el disidente de quien ignora la opinión mayoritaria de catalanes, quien adoctrina en las escuelas y usa a los niños en manifestaciones, quien violenta las instituciones para hacer cumplir sus deseos, quien somete a las fuerzas de seguridad a sus antojos, quien persigue a quien no rotula en catalán o impide la escolarizaciones de sus hijos en español.

Lamento la situación en la que quedan la mayoría de catalanes, rehenes de unos políticos insensatos, de los que huirán los que puedan, y quienes no, esperarán a que se aplique la ley para que vuelvan a ser libres del capricho de unos pocos.

Ningún otro país europeo habría tolerado una declaración unilateral de independencia. Es inadmisible la tibieza, incluso la comprensión con los separatistas, de miembros de la Comisión y el Parlamento Europeo. Es el momento de la Ley, sin miedo y sin reparos. Y es el momento de la fuerza, si fuera necesario, pues ley sin imposición no es ley, es deseo.

TV3 ataca: graves provocaciones en antena provocan la reacción del Gobierno
David Lozano esdiario 29 Octubre 2017

A la espera de lo que ocurra el lunes, la televisión pública catalana incrementa su órdago al 155 y trata a los españoles como extranjeros. Además, acelera el adoctrinamiento a los menores.

Todo parece indicar que los responsables de TV3, todavía en sus cargos hasta que previsiblemente este lunes comiencen a tomarse decisiones a cargo de la Junta Electoral Central, van a aprovechar este fin de semana para seguir lanzando sus consignas al servicio del independentismo.

La televisión púbica catalana, la que pagan con sus impuestos todos los ciudadanos (independentistas o no) está dedicando parte de sus espacios informativos de este sábado a repetir las consignas del soberanismo y las tesis del Govern. Llama poderosamente la atención que la televisión pública más manipulada y al servicio de los intereses independentistas repita hasta la saciedad la consigna de "prensa española manipuladora", para tratar así de desacreditar el aluvión de informaciones reales que cuentan la verdadera realidad de la Cataluña actual.

En este sentido, desde la cadena pública catalana se está animando a no leer, escuchar o ver ciertos medios de comunicación. Para esta empresa han "rescatado" a la periodista y contertulia "animadora" de los ambientes separatistas Empar Moliner, la misma que fue noticia por quemar un ejemplar de la Constitución en abril de 2016, ha impulsado dos singulares campañas; una contra la prensa española y otra-que ha puesto en marcha este sábado con la debida propaganda de TV3- convocado en Twitter y para este sábado 28 de octubre de 2017, un taller infantil destinado a escribir "cartas bonitas para los Jordis".

Y es que pretenden que los líderes de la ANC y Òmnium Cultural, Jordi Sánchez y Jordi Cuixart, actualmente en prisión preventiva por un delito de sedición, sean los ídolos de los niños catalanes.

Por si fuera poco, desde TV3 y Catalunya Ràdio-tal y como ha comprobado ESdiario- se ha estado informando durante este día del nacimiento de la nueva República catalana y en este "día uno" de nuevo país se instruye en las nuevas leyes previstas en la llamada Ley de Transitoriedad. Del mismo modo, la televisión pública catalana trataba este sábado a España como "país extranjero". Bien es cierto que informaban que Cataluña mantiene "buenas relaciones" con ese país y sus tierras.

Protesta del Ejecutivo central
Para rematar la faena, TV3 tenía grabado el discurso que ha emitido este sábado del expresidente Carles Puigdemont y en su rotulación (tanto en la careta de entrada presentando la emisión como en el texto durante la emisión) ha tratado a Puigdemont como "President de la Generalitat", cuestión que ha provocado un "profundo malestar del Gobierno central" y así lo habría transmitido a los todavía responsables de TV3, según ha podido saber ESdiario.

«Los que hablan castellano son unos barriobajeros»
El Ministerio de Educación pide explicaciones a la Generalitat por 30 nuevos casos de adoctrinamiento. Prevé recurrir a los tribunales.
Rocío Ruiz. larazon 29 Octubre 2017

El Ministerio de Educación acumula casi un centenar de quejas de padres que han denunciado ante la Inspección situaciones de adoctrinamiento político de sus hijos en las aulas. Ayer, el departamento que dirige Íñigo Méndez de Vigo remitió a la Generalitat el tercer requerimiento con treinta nuevos casos a los que tendrá que dar respuesta en el plazo de un mes. Precisamente se cumplen ya treinta días –la fecha tope–desde que Educación remitió a la Administración catalana el primero de esos requerimientos sin que haya obtenido respuesta alguna. El Ministerio estudia ahora recurrir a los tribunales para denunciar por la vía contencioso administrativa a la Generalitat.

En el último requerimiento, Educación estima que la Administración catalana «vulnera lo establecido en la normativa estatal básica» en la medida en que «no ha cumplido con las competencias que se le encomiendan» y, en concreto, la acusa de incumplir artículos de seis leyes distintas. Estos son algunos de los casos que se incluyen en el tercer requerimiento y que han sido certificados por la Alta Inspección Educativa. Muchas de las denuncias son anónimas porque «si dices algo te marcan».

«España roba»
En la Escuela pública infantil del Bajo Llobregat (Barcelona) una madre relata que la maestra explicó a su hija: «España roba a Cataluña y eso está muy mal». No contenta con eso, la profesora fabricó unas urnas de papel y enseñó a todos los niños a votar «Sí» (a la independencia). «La escuela no es lugar para inculcar odio e ideologías a niños de 8-9 años», dice la madre.

«Castigado por hablar en castellano»
La madre de un menor de 16 años del IES Can Vilumara de Hospitalet de Llobregat (Barcelona) denunció ante la Inspección cómo en clase una profesora empezó a hablar de la independencia y remató su discurso afirmando que «los que hablan castellano son unos maleducados y barriobajeros». La mujer denuncia que su hija «estudia un grado medio para personas con situación de dependencia, no para hablar de política». Del mismo modo, en otra escuela barcelonesa, la Reina Violant, unos niños «fueron castigados por hablar en castellano en el aula».

«Diez minutos de silencio por los Jordis»
En el IES Joan Brossa (Barcelona) un padre explica que el pasado 16 de octubre hicieron bajar al patio a su hijo de 13 años para guardar 10 minutos en silencio en protesta por la encarcelación de los Jordis en horario escolar. En este mismo centro, el 2 de octubre pasado un docente llevó una urna a clase para hablar del tema con los alumnos. Algo parecido ha ocurrido en las Escolas Pías de Vilanova i La Geltru (Barcelona) donde, en la hora de Castellano, los delegados de clase irrumpieron en clase con una caja en forma de urna y les invitaron a realizar una votación con un «sí» o un «no» sobre la necesidad de liberar a los detenidos de la ANC y Omnium.

Charla sobre cómo defenderse de la Policía
En el IES Salvador Espriu de Barcelona, un día después del referéndum ilegal el Sindicat d’Estudiants dels Països Catalans aprovechó para dar una charla sobre «cómo defenderse de los Policías Nacionales». También hubo un paro de 15 minutos por la detención de los Jordis.

Obligada a escuchar el grito de «independencia»
Una profesora castigó a varias alumnas de 15 años del instituto La Plana de Vic (Barcelona) a escuchar el grito de «independencia» después de que se marcharan del patio cuando vieron que todos los alumnos habían sido convocados a un acto en el que se exhibía una pancarta en la que podía leerse: «Per una catalunya Lliure i la república catalana» junto a esteladas.

«Policías malos»
Un padre denuncio que su hija de 6 años le contó al salir de clase: «Mi profesora ha dicho que unos policías malos, con unas porras que se hacen grandes, pegaron y dispararon pelotas de goma contra la gente sólo porque querían votar y no les dejaban». El hombre denunció el caso pero desde el anonimato porque «no quiere que señalen a su hija».

«Caza» al inspector disidente
La Generalitat de Cataluña ha abierto un expediente disciplinario por una «falta grave» al inspector de Educación en Barcelona Jordi Cantallops, que recientemente reconoció públicamente en distintos medios de comunicación que existe adoctrinamiento en los colegios. La Generalitat entiende que se ha difamado la imagen del servicio público.

Podría ser suspendido de empleo y sueldo o trasladado.

La Cataluña constitucional, de nuevo en la calle por la sensatez y la convivencia
Societat Civil Catalana convoca este domingo una nueva marcha en Barcelona por la unidad y en contra de la DUI
D. C. BARCELONA ABC 29 Octubre 2017

La idea es clara: normalizar y «equilibrar» el activismo político en la calle y apelar una vez más a la convivencia y la sensatez en una semana de alto voltaje político y órdagos soberanistas. Así, apenas veinte días después de sacudirse todos los complejos en una multitudinaria y masiva manifestación en el centro de Barcelona, el constitucionalismo volverá hoy a salir a la calle para defender la unidad de España y rechazar el «ataque sin precedentes en la historia de la democracia» que supone la declaración para constituir una república.

La marcha, convocada por Societat Civil Catalana y con el apoyo de Cs, el PSC y el PP, arrancará a las 12 horas en el cruce de Paseo de Gràcia con la calle diputación y contará, a partir de las 13.30 horas, con los parlamentos de, entre otros, Fèlix Ovejero, Francesc de Carreras, Teresa Freixas, Josep Piqué, Josep Borrell y Paco Frutos. También leerán un manifiesto los vicepresidentes de la entidad, Álex Ramos, Miriam Tey y José Domingo.

Con la marcha, SCC quiere también subrayar que no acata en ningún caso la declaración independentista y espera que el Gobierno central «restablezca cuanto antes el orden constitucional y estatutario en beneficio del conjunto de los catalanes».

Otro de los objetivos, apuntan los organizadores, es «normalizar y equilibrar el activismo político en las calles», después de años de grandes movilizaciones independentistas y de consignas que, como la de «las calles serán siempre nuestras», cántico común en las manifestaciones independentistas, «indican una ideología totalitaria inadmisible» ya que, insisten, «la calle es de todos».

En esta ocasión, la organización contará con 500 voluntarios y no se permitirá «ningún tipo de participación de personas y emblemas que no sean constitucionales».
Previa en Lérida

Ayer mismo, varios centenares de personas ya se manifestaron en la Plaza de la Paeria de Lleida, convocados por SCC y bajo el lema «¡Todos somos Catalunya!», en un acto reivindicativo en favor de la unidad de España. Un acto «en favor de la convivencia, el ‘seny’ y, en un futuro cercano, a la reconciliación» al que asistió el alcalde de la ciudad, Ángel Ros, así como diputados y concejales del PSC, PP y Ciutadans

En declaraciones a los medios, el alcalde de Lérida apuntó que «tenemos que preservar la convivencia, el civismo y el respeto de los unos a los otros, y hay que volver a la normalidad en Cataluña, después del golpe que hemos recibido con la declaración unilateral de independencia». Ros, situado tras una gran bandera catalana, apuntó que a los catalanes les hace «mucho daño» la intervención de las instituciones de autogobierno, aunque ha dicho que las elecciones convocadas el próximo 21 de diciembre por el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, permitirán recuperarlas.

MANTIENE LA SEDE SOCIAL DE SEAT EN CATALUÑA
Volkswagen arriesga su estabilidad económica en España por no plantar cara al independentismo
L. Ramírez y C. Mundi okdiario 29 Octubre 2017

La dirección del Grupo Volkswagen sigue sin adoptar una decisión sobre el futuro de Seat en España y mantiene la sede social de su filial española en Cataluña a pesar de que se ha producido la Declaración Unilateral de Independencia (DUI) y de que el Gobierno ha aplicado el artículo 155 por mandato del Senado cesando a los altos cargos de la Generalitat y disolviendo el Parlamento. El mercado no comprende cómo la empresa no ha seguido los pasos de las 1.700 compañías que han trasladado sus sedes fuera de Cataluña para proteger los intereses de sus accionistas, clientes, inversores y empleados.

Hasta el momento, el equipo ejecutivo de Seat no mueve ficha. La pasada semana el presidente del fabricante automovilístico, Luca de Meo, envió una carta a sus empleados en un boletín interno en el que descartaba el cambio de sede social. El directivo señalaba que un eventual traslado “estaría motivado por la búsqueda de protección jurídica y tendría sentido en el momento en el que entendamos que ésta ya no se da en el territorio en el que estamos ubicados”.

“La estabilidad política, la seguridad jurídica y la permanencia en la Unión Europea son imprescindibles para asegurar la sostenibilidad económica y laboral de nuestra compañía y sus filiales, y para mantener la confianza de nuestros clientes y accionistas”, añadió De Meo.

Y precisamente esta aseveración la que más ha sorprendido al mercado y a los analistas bursátiles (no se puede olvidar que Volkswagen cotiza en Bolsa y es una de las mayores empresas del sector de la automoción). Considerar que en la actualidad hay estabilidad política y seguridad jurídica en Cataluña es una quimera. Este mismo sábado el destituido presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, se sigue considerando máximo mandatario de la República catalana y la próxima semana podrá ser detenido si sale adelante la querella que presentará la Fiscalía.

El representante del Comité de Empresa denunció unas supuestas presiones por parte del Gobierno para que Seat trasladara su sede fuera de la región, pero la realidad es que la filial española del Grupo Volkswagen sólo ha seguido las consignas del mundo independentista manteniéndose en el territorio contra viento y marea y poniendo en peligro la estabilidad económica de la compañía.

En este contexto los ciudadanos han comenzado a pedir a Seat que deje de ponerse de perfil ante la flagrante violación de la Ley impulsada por Carles Puigdemont y sus socios de ERC y la CUP, especialmente después de que el locutor de la Cadena Cope, Carlos Herrera, cuestionara el papel de la dirección de la matriz alemana y de su filial española sugiriendo que está respaldando de una u otra forma el golpe de Estado secesionista. Esto ha provocado que en Twitter y Facebook, dos de las plataformas de redes sociales más importantes, se esté pidiendo desde hace una semana un boicot a los coches de las diferentes marcas del grupo, entre las que destacan Seat, Audi, Skoda y Volkswagen.

Tarde o temprano el grupo automovilístico tendrá que tomar una decisión, ya que la falta de seguridad jurídica terminará penalizando a la empresa en Bolsa y perjudicando a sus accionistas, que son los verdaderos dueños de la compañía. Todo ello sin contar el descenso de ventas que sufrirá si tiene éxito el boicot. A lo mejor cuando decidan trasladar la sede demasiado tarde.

Este diario se ha puesto en contacto con un portavoz oficial de Seat que no ha querido valorar estos hechos y se ha limitado a señalar lo expuesto por Luca de Meo en la carta enviada a sus trabajadores. Respecto a los rumores que apuntan a que se podría celebrar un consejo de administración en la primera quincena de noviembre para tratar la cuestión del traslado de sede, el portavoz de la filial española prefiere no comentar nada al respecto.

En cuando a la matriz alemana, los intentos de OKDIARIO por lograr una declaración oficial que arroje algo de luz sobre el futuro de Seat han caído en saco roto. Y todo ello a pesar de que el Gobierno de Ángela Merkel ya ha dejado claro que en ningún caso reconoce la creación de la República de Cataluña y que apoya sin fisuras todas las decisiones que tome el Ejecutivo español. Fuentes del sector señalan que Volkswagen ha dejado en manos de Luca de Meo la decisión sobre el futuro de Seat.

Traslado de la fábrica de Martorell
Otras fuentes indican que la matriz está estudiando dejar de producir en la fábrica de Seat en Martorell (Barcelona) y que en realidad el objetivo de la empresa alemana es abandonar Cataluña para siempre, por lo que este titubeo a la hora de trasladar la sede sería tan sólo una estrategia para no recibir más presiones del mundo independentista. La fábrica produce cada año más de 450.000 vehículos de los modelos Seat Ibiza, Seat León y Audi Q3.

“No hay que olvidar que en 2002 la compañía ya se llevó parte de la producción de Martorell a Bratislava, en Eslovaquia, y ahora la compañía está analizando la situación y podría tomar una decisión similar”, indica un directivo de otro importante fabricante. Otra posibilidad sería derivar producción a la planta que Volkswagen tiene en Landaben (Navarra).

Aunque el presidente de Seat no se de por aludido la deriva independentista ya pasa factura a la compañía. El pasado 15 de octubre iba a desvelar el nombre de su nuevo coche deportivo pero lo aplazó por la tensión en Cataluña. “Sentimos el retraso en el anuncio del nombre ganador de nuestro nuevo SUV. La situación política actual nos ha llevado a posponer el anuncio, así como otras actividades de marketing y de comunicación. Esperamos poder comunicarlo lo antes posible”, declaró Seat en su cuenta oficial de Twitter.

 


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