AGLI Recortes de Prensa   Martes 31  Octubre 2017

Puigdemont el cobarde y la España hiperventilada
Javier Benegas vozpopuli.com 31 Octubre 2017

Los daños que ha producido el nacionalismo son incalculables. Y no me refiero a los económicos ni tampoco al bochorno de estas últimos semanas, con el colofón de Puigdemont huyendo a la carrera.

Dice el refranero español que no hay mal que por bien no venga. Y así parece haber sucedido con un nacionalismo que el 6 de octubre decidió quitarse la máscara y mostrarnos a todos, no sólo a sus incondicionales, que su idílico viaje a Ítaca era en realidad una farsa que llevaba aparejada la ruina de una de las regiones más prósperas y mimadas de España.

En efecto, si algo podemos agradecer a estos sediciosos de pacotilla es que gracias a ellos hemos descubierto que el nacionalismo era un tigre de papel y que España no podía seguir ni un día más siendo una nación oprimida por el nacionalismo periférico. Gracias a este hatajo de cobardes ya podemos gritar que el victimario era la víctima, y la víctima, el victimario. Y salir a la calle con nuestra bandera mientras ellos huyen a Bélgica.

El final de España como tabú
Aunque parezca increíble, visto el percal de estos Braveheart de ópera bufa, casi 40 años ha estado proscrita España en Cataluña; también su logomarca, indicativo o símbolo ­—llámenlo como prefieran— que es la bandera. Y que nadie se equivoque calificando de españolismo casposo rescatar del olvido la enseña nacional para pasearla por las calles de Barcelona. Eso no es patrioterismo, es resarcir a la verdad del oprobio de la mentira.

La bandera española ondeando por fin libre de prejuicios es justicia. Y también una rebelión en toda regla, no contra los puchi a la fuga, sino contra toda la clase política, porque no es la bandera la que agita a la gente, sino la gente la que agita la bandera. Ahí está la clave. Quien lo niegue o bien no ha entendido nada o bien es un mezquino como Pablo Iglesias. Así que, en vez de hacer mofa de los comerciantes chinos, démosles las gracias por proporcionarnos banderas en cantidades industriales. Qué habría sido de nosotros sin su iniciativa y sin la globalización que tan oportunamente encarnan.

Las elecciones del 21 de diciembre
Sin embargo, que nadie eche las campanas al vuelo porque esto es sólo el principio de un largo proceso de restitución de la verdad impulsado por el ciudadano corriente. Ahora, con los tabúes rotos, nos adentramos en un territorio inexplorado, donde sin duda acecharán los cambalaches y las traiciones. El régimen de la Transición ha perdido uno de sus tres pilares: el del pacto con los nacionalistas. Y su zozobra es extraordinaria. Que la clase política no abandone prematuramente dependerá de nuestra extrema vigilancia, porque las tentaciones van a ser muchas.

De hecho, la aplicación del artículo 155 se ha sustanciado en la convocatoria de unas nuevas elecciones catalanas el 21 de diciembre. Una jugada inteligente en el corto plazo, pero llena de sombras en el medio y largo plazo. Y no sólo porque el resultado podría ser contrario al previsto, la derrota de las huestes nacionalistas (esperemos que los pronósticos no los hayan hecho los mismos que vaticinaban 80 escaños para Ciudadanos en las penúltimas elecciones generales), sino porque esos comicios no deben ser un punto y aparte ni aun cumpliéndose el mejor de los pronósticos. Con o sin elecciones, va a ser necesario depurar todas y cada una de las responsabilidades. No sólo las que corresponden a los amotinados, sino especialmente las de todos aquellos que, a lo largo de décadas, han sido sus cómplices. Sólo así la crisis catalana no se cerrará en falso.

Es cierto, como bien dice Josep Borrell, que para salir airosos de este trance hace falta recomponer los afectos, pero también es imprescindible exigir ser ejemplarizantes. Lo sucedido no ha sido un mero malentendido o un error de cálculo de un puñado de pirados a los que se les ha ido la mano antes de tiempo. La declaración de independencia, con todo su estrepitoso ridículo, no deja de ser la gota que ha colmado un vaso que, a lo largo de los años, se ha ido llenando de abusos. Atropellos que ninguna democracia digna de tal nombre habría consentido y que, sin embargo, pocos se atrevieron a denunciar porque las élites decretaron la ley del silencio. Y aquí es de justicia reconocer que Borrell fue de los pocos que advirtió del peligro.

Sanar a la sociedad catalana
Los daños que ha producido el nacionalismo son incalculables. Y no me refiero a los económicos ni tampoco al bochorno de estos últimos días. Durante décadas los nacionalistas han desarrollado una industria del victimismo y del odio que, a la vez que drenaba ingentes recursos, ha envenenado a casi dos generaciones de catalanes. Y aún está por ver cuántos son recuperables.

Por si esto no fuera bastante, buena parte de los que no se rindieron al nacionalismo, sin embargo, han terminado asumiendo sin saberlo muchas de sus anomalías. Y, en general, la sociedad catalana ha banalizando el mal que emanaba del régimen nacionalista. Lo que explica por qué muchos catalanes de buena voluntad estaban más preocupados ante la perspectiva de la restauración de la legalidad, es decir, la aplicación del artículo 155, que ante la firma de un nuevo pacto con el diablo. O que llegaran a creer que la aplicación de la ley traería consigo el Apocalipsis, como si las salvaguardas democráticas fueran armas de destrucción masiva. Y es que en Cataluña la pérdida del sentido de la realidad ha sido, a lo que parece, superior al resto de España. Lo cual es para nota, habida cuenta de que todos vivimos en una democracia de guardería.

40 años dan para mucho. Y la grandilocuencia nacionalista ha calado como una lluvia fina, no sólo en los más fanáticos, sino en los que a priori no lo parecen. Así pues, más allá de aplicar la ley a los sediciosos, el verdadero reto es devolver la normalidad a una sociedad deformada. Para lo cual, unas elecciones no parecen suficiente garantía, habida cuenta de lo poco fiables que resultan los políticos cuando se trata del largo plazo.

Así pues, por más que le disguste a Borrell, mejor será que durante un tiempo los españoles sigamos hiperventilando. De lo contrario nos darán gato por liebre, es decir, una reforma constitucional que abunde en los errores cometidos, como si antes del 21 de diciembre no hubiera pasado nada.

Puigdemont, el fugitivo
Pablo Sebastián Republica  31 Octubre 2017

Vamos a ver qué tal juega al escondite Puigdemont -como lo hizo durante su fuga de Barcelona a Bruselas- cuando el próximo jueves día 2 le esté esperando la juez de la Audiencia Nacional que instruye la querella que, por rebelión, sedición y malversación, presentó el Fiscal General contra el ex presidente catalán y sus ex consejeros, cinco de los cuales se encuentran fuera de España.

Y vamos a ver si Puigdemont acude a Madrid o si, como anunció en Bruselas, no irá a la Audiencia Nacional porque considera que no tiene ‘garantías’. En cuyo caso la juez deberá dictar orden de caza y captura en España y en el territorio de la UE para ser detenido y traído España por la policía o la Interpol.

Ya se han acabado los jueguecitos y la ridícula importancia que se da este personaje y más que presunto delincuente que es Puigdemont. Y ahora les toca a él, al ruinoso Junqueras y los que fueron sus consejeros presentarse ante la juez. Y ¿huirá Puigdemont dejando al resto de sus ex consejeros que están en Barcelona en la estacada y subrayando con su actitud el riesgo de fuga?

Los días 2 y 3 están citados a declarar en la Audiencia y Tribunal Supremo los 20 principales actores del golpe de Estado que se inició el pasado día 6 de septiembre y se culminó el viernes con la declaración de independencia, tal y como lo ha reconocido por primera vez, y en Bruselas, Puigdemont. El que afirmó, como la zorra ante las uvas, que no pensaba pedir asilo político en Bélgica. Aunque en realidad no lo solicitó porque su asesor belga, un especialista en esos casos, le advirtió que no lo intentara porque no se lo iban a conceder.

También declaró Puigdemont que acepta las elecciones convocadas por el Gobierno español en Cataluña porque, como en lo del asilo, no tiene mas remedio a pesar que él no las había querido convocar.

Y para colmo este fugitivo le pide al Gobierno que acate el resultado de los comicios del 21-D lo que es una obviedad. Pero lo que está claro es que el Gobierno y el Estado lo único que nunca acatarán es que nadie en Cataluña vuelva a pisar la raya de la legalidad y si lo hace o alguien lo intenta sufrirá la aplicación del artículo 155 como es preceptivo, camino de la vía judicial.

En cuanto a la pintoresca estrategia de Puigdemont de mantener a la mitad de su gobierno fantasma, ya cesado, en Bruselas y otra mitad en Barcelona (y todos ellos sin funciones, infraestructura ni capacidad de tomar una sola decisión) tenemos que decir que esa ‘dolorosa separación’ de compinches la solucionará la semana próxima la jueza Carmen Lamela en la Audiencia Nacional. Y si no llegan todos al unísono poco a poco la policía los traerá.

Puigdemont pasará a la Historia como un delincuente y un cobarde (Macía y Companys no huyeron de Cataluña) y como autor de un golpe de Estado pintoresco y dañino–que ha roto la convivencia y arruinado Cataluña- y por el que debe pagar un alto precio ante la Justicia por violar la Ley, la Constitución y el Estatuto (todo eso de lo que no habló en Bruselas) por más que se disfrace, en pleno Halloween, de víctima del Estado español.

Pero ahora su escapada llegará a su final -si es que el CNI acierta por una vez- y por fin disfrutará de esa máxima judicial de ‘Dura Lex Sed Lex’.

Y que se cuiden mucho los ‘apaciguadores’ de la Moncloa y del PSOE de no frenar o amortiguar –con argumentos electorales espúreos- la acción de los fiscales y jueces porque los españoles no lo consentirían. Y porque si alguien pisa semejante freno o el Gobierno pone una marcha atrás ello le daría alas a los golpistas y el Estado quedaría humillado y en debilidad.

El prisma fiscal saca los colores al independentismo
José Javaloyes Republica  31 Octubre 2017

La fuga “heroica” del que fue efímero Presidente de una efímera república catalana, ha venido a coronar la peripecia política que, en forma de carambola, parece que ha sentado las bases para que nuestros hermanos catalanes dispongan de la calma que los huidos de ahora a tierras de Flandes, les habían sustraído. A ellos y al resto de los españoles.

Todo el follón que habían montado dentro de nuestras fronteras lo llevan ahora hasta Bruselas, donde Puigdemont pone en un brete al Gobierno de los belgas, mintiendo como un bellaco, con afirmaciones tales como la de afirmar que en España no existe división de poderes, hasta el punto de que los jueces resuelven al margen de la ley y conforme lo que dicta el Gobierno. Y lo dice allí como lo aseveraba aquí, cuando aún seguía en Barcelona, luego de haber sido destituido por el Gobierno, junto con su equipo de consejeros luego de proclamar la república de Cataluña.

Obligado es reparar en el problema que plantea el comportamiento de este exiliado de opereta, en el seno de la Unión Europea, al Gobierno de Bélgica, sentando de tal manera precedente de imposible aceptación en ese país, como en ningún otro Estado de la Unión.

También es ocasión de prever los desarrollos que sobrevienen con el despliegue de los demás efectos legales del prisma fiscal sobre el total de los cargos que se formulan desde la base legal del Artículo 155 de la Constitución. Instrumento de depuración y ajuste jurídico de amplia presencia y utilización en Estados que componen la UE.

De momento habrán de atenerse los “visitantes” de Bruselas (Puigdemont y Govern) imputados, por rebelión y sedición, a la cita de de la juez Lamela en este jueves.

CAT: vencedores y vencidos
Alfonso Merlos okdiario 31 Octubre 2017

Exhaustos y fracasados, Puigdemont y su tropa de rebeldes y sediciosos emprenden ya el camino de regreso. ¿Hacia dónde? Hacia ningún lugar confortable ni seguro. Y lo más determinante: no lo decidirán ellos sino jueces y fiscales. Han planteado el desafío a una nación entera y lo han materializado en forma de un rosario de delitos sin reparar en el día después, cobardemente, como una pandilla de lunáticos a los que, en contra de sus alucinaciones, no hay un solo país del mundo que les haya reconocido sus fechorías. Ni lo hará. ¡Ni siquiera el tarado de Corea del Norte, el loco de los misiles!

Lo de la ahora cariacontecida banda de golpistas es innombrable. No satisfechos con haber arruinado la economía, producido una fractura civil y escenificado el ridículo político como no se recordaba en la historia reciente de Europa, ahora tantean embajadas en las que esconderse y buscan despachos en la clandestinidad desde los que seguir firmando decretos cuyo valor es el del papel higiénico que termina en el inodoro. ¿Dónde está la línea de meta de esta carrera de majaderías protagonizada por estos exdirigentes cabeza de chorlito? ¿No hay límite para la insensatez? ¿Qué clase de aldabonazo les hará despertar para dejar de actuar como auténticos mequetrefes? ¿Acaso el que se produce en medio del gélido vacío, con evocaciones metálicas, de una celda en Soto del Real?

Daba la impresión de que nunca llegaríamos aquí. Por las acciones a velocidad de moviola/tortuga de Rajoy, por tanto aviso exasperante y estéril, por la falta de nervio en la represión a los iluminados de esta República Independiente que, con aires caribeños, pretendían fundar a la orilla del Mediterráneo. Pero hemos llegado. El defenestrado insurrecto del flequillo y sus legiones de sublevados plantearon un órdago en términos bélicos. Y hoy comparecen estruendosamente derrotados y humillados, a la espera de multa y cárcel; rendidos irremisiblemente frente a los vencedores: la mayoría abrumadora de españoles que le han exigido al inquilino de La Moncloa, en las calles y rojigualda en mano, la activación de una maquinaria cuyo objetivo logrado (en un proceso largo y aún inacabado) no ha sido otro que el de frenar en seco a una cuadrilla de revolucionarios de barretina amotinados en su propia incompetencia y desvergüenza.

Es el momento de los tribunales. Toda guerra no llega a su fin hasta que se escucha el veredicto. Y es nuestro deber y responsabilidad como ciudadanos demandar que sea implacable con los facinerosos (alguno ya entre barrotes preventivamente) que han planteado una confrontación de descaste: descarnada, sucia, cruenta y agotadora. Han violado todas las reglas, no han reparado en medios, se han recreado en su salvajismo y lo han confiado todo -algo propio de inconscientes o cretinos- a que una España llena de orgullo tiraría la toalla falta de músculo y de energía, desmayada, sin aliento para seguir plantándoles cara. Han causado un gran sufrimiento y un colosal desgarro. Han volado alto con alas de cera. Pero las elevadísimas temperaturas generadas por nuestro encendido patriotismo las han derretido hasta llevarles al suelo: doblegados, caídos, estrellados.

Extravagancias sobre el independentismo catalán
Amando de Miguel Libertad Digital 31 Octubre 2017

Pocas veces se habrá visto una lucha por la independencia de un país tan confusa, tan poco gallarda, como la que han llevado a cabo los rebeldes catalanistas. No se comprende que un movimiento independentista como el catalán se haya apoyado en figuras tan poco atractivas en lo físico, intelectual y moral. Habrá que recordar la vieja máxima fisiognómica de la cara como espejo del alma, y más en esta época de la imagen y de los medios informativos subvencionados.

No hay forma de entender por qué el Gobierno de España cesa y no destituye a algunos mandamases que han capitaneado la rebelión. No son verbos intercambiables. En otros tiempos el Rey los hubiera decapitado (caso de ser nobles) o ahorcado (en el resto de los supuestos). Nunca han sido mejor tratados los sediciosos como en este caso de los levantiscos republicanos catalanistas.

Jamás se ha visto un movimiento secesionista en el que haya sido tan notoria la ausencia de figuras intelectuales o simplemente cultas. Añora uno a los Cambó o los Prat de la Riva. Como contraste con ese pasado, resulta suicida que los independentistas actuales se hayan apoyado en grupos antisistema, el anarquismo hodierno.

Ya es extraño que el secesionismo catalán se haya basado más en el odio a una falsa España que en el amor a una verdadera Cataluña. Resulta inexplicable que la actual dirigencia del separatismo catalán no haya sacado a relucir la figura patriarcal de Jordi Pujol, padre, quien fuera una vez Español del Año.

Resulta sospechoso el hecho de que, ante el anuncio de la independencia de Cataluña, muchas grandes empresas allí radicadas se hayan largado a otras ciudades españolas.Si la Cataluña independiente fuera a ser una especie de paraíso económico, lo lógico habría sido el movimiento contrario.

Llama la atención que la aventura secesionista haya carecido del más elemental seny. Contra el esperado sentido común se ha alzado la vulgar estupidez. Ha sido un monumento a la incongruencia la solicitud de los rebeldes por amueblar embajadas en otros países. Más les habría valido concentrar los esfuerzos en una buena representación diplomática en Madrid.

La declaración de la República Catalana ha sido vergonzante, le ha faltado la mínima grandeza de una solemnidad histórica. Contra lo esperado, no hemos podido ver la escena del balcón del Palacio de la Generalidad. Nada menos que se ha proclamado a través de una votación secreta. Aunque, si bien se mira el vídeo, las papeletas las iba desdoblando la funcionaria que luego las introducía en la urna. Luego ella sí sabe quiénes eran los réprobos que escribieron "no". El presidente del Gobierno catalán ni siquiera se dignó pronunciar unas palabras en esa sesión indigna. Todo fue confusión, tratos de picapleitos, cazurrería de pueblo. Más parecía la infausta sesión del Parlamento catalán una asamblea de la fácul.

En síntesis. No sé qué contarán los futuros libros de Historia sobre el acontecimiento, pero los contemporáneos nos hemos visto obligados a asistir a un espectáculo deplorable, falto de gracia y de finura.

Contacte con Amando de Miguel fontenebro@msn.com

Paso al acto
Dar por ganada una partida antes de tiempo es el odo más seguro de perderla
Gabriel Albiac ABC 31 Octubre 2017

El peor error de un ajedrecista es dar por consumado el jaque mate sin haber matemáticamente cerrado todas las vías de escape al rey adverso. Todas. Dar por ganada una partida antes de tiempo es el modo más seguro de perderla. Y el más humillante.

Mucho cuidado con la euforia tras la aplicación del artículo 155 en Cataluña. La partida de ajedrez allí apenas si ha empezado a empezar. Estamos en el laberinto oscuro de la estrategias. Y el adversario no es idiota. Cobarde tal vez, puede que innoble, pero en ningún modo idiota.

Hasta ahora, ni un movimiento sobre ese tablero se ha desviado de lo que planificó la llamada "hoja de ruta" independentista: la que la Guardia Civil intervino al número dos de Junqueras, Josep Maria Jové, presunto artífice de los desvíos presupuestarios sobre los cuales se sustentó el "proceso". Con no excesiva prudencia, el jueves Jordi Sánchez desvelaba esa estrategia desde la cárcel: "Llega el momento de la Asamblea de Cargos Electos… El mundo entenderá la voz legítima de los electos si el Estado mata a nuestro Gobierno y a nuestro Parlamento".

Hasta hoy, Puigdemont no ha acatado la destitución del sábado. Suma, así, al cargo penal de rebelión el de usurpación. En el menos malo de los casos, irá a la cárcel en el momento en que la Fiscalía abra el inevitable procedimiento. En el peor, tal vez decida optar por el exilio. Lo mismo vale para Forcadell y Junqueras. Pero está puesta ya en marcha su suplencia. La función legislativa, en el programa de los independentistas, pasa a manos de lo que ellos llaman la AECAT, la Asamblea de Electos de Cataluña, amalgama asamblearia articulada sobre la Asociación de Municipios por la Independencia. Un ejecutivo en la sombra será dispuesto por ella para conducir a un choque final, hasta ahora eludido, en el cual la movilización callejera buscará imágenes cruentas que exhibir –gracias a la TV3 no intervenida– ante las almas delicadas. En ese punto, piensan los independentistas que se decidirá todo.

La intangibilidad del poder en Cataluña ha sido la clave del laberinto. ¿Cómo fue posible tejer esa tela de inmaterialidad que reduplica el Estado en una especie de inasible holograma? Con dinero. ¿De dónde ha salido esa ingente masa de dinero que se precisa para que cada recoveco de la Administración tenga su réplica en el Estado virtual de los independentistas? De nuestros bolsillos. Vía Hacienda. Alguien tendrá que responder, cuando esto –bien, mal o peor– acabe, del porqué de esa pasividad ante años de desvío presupuestario, gracias a la cual se logró diseñar la máquina golpista más refinada de la Europa moderna: la del golpe virtual.

Ese golpe virtual cerró ya todas sus etapas. Para el paso al acto, precisa de la alta temperatura emocional de la violencia. Es lo que la AECAT va a buscar ahora. Toda cautela en esta fase de la partida es poca. Decapitar sin salpicaduras escénicas es difícil. E imprescindible. Puede hacerse. Pero que nadie dé antes de tiempo la partida por ganada.

Los tiempos del presidente
Los cinco logros inesperados del 155 tienen mucho que ver con el manejo de los tiempos de Rajoy
Edurne Uriarte ABC 31 Octubre 2017

Michael Ignatieff es el autor del libro más brillante sobre política de los últimos años, «Fuego y cenizas. Éxito y fracaso en política», que une la calidad académica con su compromiso y originalidad intelectual y con un tercer ingrediente al alcance de pocos analistas, la experiencia de primera mano en la batalla política. Nadie mejor que él para afirmar que la cualidad más importante de un político es el dominio de los tiempos, justamente la que posee en un grado sumo Mariano Rajoy y que poco a poco comienzan a reconocerle hasta sus enemigos, o sobre todo ellos.

Es esa maestría en el manejo de los tiempos la que le ha permitido aplicar el temido155 con cinco logros por los que nadie apostaba hace tan solo dos meses. Y que difícilmente se habrían conseguido si el 155 se hubiera aplicado antes, como pedían algunos. Cuesta imaginar, por ejemplo, el primer logro del presidente, la unidad constitucionalista, esa insólita reunión de los principales líderes del PP, de Ciudadanos, y lo más sorprendente, del PSC, a la cabeza de la manifestación patriota en Barcelona, tras esa medida radical del Estado que era tabú aún este mismo verano. Que ha sido tabú a lo largo de toda la democracia. Realmente, era tabú cualquier medida dura contra las pretensiones nacionalistas, no sólo el 155. De hecho, todos y cada uno de los Gobiernos de la democracia han cedido ante ellos, precisamente menos Mariano Rajoy. Que ha conseguido un segundo efecto aún más importante, la masiva salida a la calle del patriotismo español, también por primera vez en la historia de nuestra democracia. Lo han conseguido sobre todo los propios golpistas con sus provocaciones, pero sabemos que cualquier error de cálculo en la respuesta habría dificultado esa impresionante explosión pública del patriotismo español.

El manejo de los tiempos de Rajoy ha sido también fundamental para deslegitimar al Gobierno catalán. Antes del 1-O, y sin las reiteradas llamadas a la cordura, los golpistas podían haber alcanzado el ansiado papel de víctimas que buscaron en todo momento. Pero he aquí que hasta en la propia Cataluña se han convertido en alocados más que en víctimas, muy en especial tras los ruegos de moderación y evitación de la DUI que les han llegado en estas últimas semanas desde amplios sectores de la sociedad catalana. Lo más extraordinario de este 155 es que incluso muchos nacionalistas están aliviados ante el abismo al que habían sido arrastrados por los fanáticos.

El tiempo del 155 ha ahondado igualmente las contradicciones y la división en el propio nacionalismo. El jueves pasado se produjo el estallido final de las contradicciones que veremos cómo se resuelven en los próximos meses. Dentro del PDECat, y entre éstos y ERC y CUP. Y que acabarán, seguramente, con una vuelta a la vida del nacionalismo moderado que sí está en la sociedad pero ha desaparecido en las élites políticas. Rajoy incluso ha logrado un quinto efecto, un cerrado apoyo internacional a una medida rechazada en muchos círculos mediáticos de otros países, no porque desconozcan los hechos, sino porque se empeñan en interpretarlos como si siguiéramos en el franquismo. Como les pasó con ETA hasta su final. El 155 no acabará con el problema catalán porque no hay solución perfecta alguna para el problema catalán, tan sólo maneras más o menos acertadas de gestionar un conflicto permanente. La gestión de Rajoy ha sido inteligente. Queda por ver cuál será la acción de quienes tienen la mayor capacidad de influencia, los propios ciudadanos constitucionalistas de Cataluña.

A cara o cruz
Isabel San Sebastián ABC 31 Octubre 2017

Supongamos que todo lo que se nos ha dicho es verdad; que no estamos ante un cambalache acordado bajo cuerda el jueves para que fuera el Gobierno quien convocara elecciones en Cataluña, salvando así la cara a Puigdemont, a cambio de tranquilidad en las calles. Supongamos que realmente se ha activado el artículo 155, por más que la televisión altavoz del secesionismo siga emitiendo propaganda falsaria, la enseñanza adoctrinadora permanezca inalterada y 48 horas después de proclamarse la «república catalana» no se haya producido ni una sola detención. Supongamos que Méndez de Vigo nunca dijo que el Ejecutivo «vería con agrado» la concurrencia del jefe de los golpistas a los comicios del 21 de diciembre. Incluso en ese supuesto, estaríamos jugándonos España a cara o cruz.

Si sale cara, tal como parecen pensar los impulsores de esta convocatoria a toda prisa, la suma de los escaños que obtengan Cds, PP y PSC se impone a los conseguidos por las fuerzas del golpismo. Pensar que vayan a boicotear las urnas colocadas por el Estado español, en coherencia con su autoproclamada «república», es confundir nuestros deseos con la cruda realidad, tal como dejaba entrever ayer mismo el líder de ERC. Ellos se presentarán, con el viento victimista a su favor, empleando toda su maquinaria propagandística para convertir las autonómicas en unas constituyentes. Lejos de renunciar a dar batalla, utilizarán el 155 como principal argumento de campaña, llamando a sus bases a defender «la patria ocupada» con una participación masiva. Y dado que ese 155 timorato les proporciona abundante munición para el lamento sin otorgar a la otra parte ventajas significativas, lo convertirán en un bumerán llamado a volverse contra quien lo lanzó. Lo cual podría situarnos en la cruz.

Si sale cruz, quien se alza con la victoria es Junqueras o el hombre/mujer de paja que lo sustituya al frente de la candidatura. Dado que la Fiscalía anuncia querellas por sedición contra él, la mesa del «parlament» y Puigdemont, no pierdo la esperanza de verlos en prisión preventiva antes del 21-D. Lo cual no solo no impediría un eventual triunfo de la izquierda republicana golpista, sino que serviría de acicate para una movilización masiva del voto independentista. Las encuestas de Arriola pronostican que en esta ocasión la abstención castigaría a ese campo en beneficio del constitucionalismo, pero la capacidad profética del sociólogo «genovés» resulta tan fiable como una escopeta de feria. El electorado es voluble, máxime en una situación tan volátil como la presente. Y en las actuales circunstancias una victoria del separatismo constituiría para ellos un aval legitimador que dejaría nuestra causa herida de muerte.

Salga cara o sala cruz es altamente improbable que uno de los dos bloques alcance la mayoría absoluta, lo que nos remite a Podemos como árbitro de la partida. ¿Hacia dónde inclinarían el pulgar Fachín, Colau e Iglesias? Si nos atenemos a su discurso actual, exigirán un referéndum pactado cuya mera celebración supondría la liquidación del principio de soberanía. Tal vez saliéramos con bien del trance y se impusiera el «no», pero ellos, los partidarios de la ruptura, habrían dado un nuevo paso decisivo y nosotros perdido una posición irrenunciable. ¿Era necesario incurrir en un riesgo semejante con tal de diluir la responsabilidad inherente a preservar la unidad nacional consagrada en la Carta Magna? ¿Tanto miedo les daba administrar un 155 eficaz?

Ojalá que salga cara. Que acierten los optimistas convencidos de que esta vez es posible ganar. Que no se vea frustrada la esperanza de tantos patriotas. Yo habría preferido que no se jugaran España.

Que no haya lugar a equívoco: se mueren de miedo
Aunque todos creíamos saber qué es lo que había que hacer, la línea seguida por Rajoy no parece que esté resultando tan mal
Ramón Pérez-Maura ABC 31 Octubre 2017

Puigdemont ya lo demostró en su discurso del pasado sábado desde Gerona: Explicó su teoría de que al presidente de la Generalidad sólo puede destituirlo el Parlamento de Cataluña (todo el mundo tiene derecho a soñar con los angelitos). Pero no dijo en ningún momento que él siguiera siendo presidente de esa Generalidad. Y no lo hizo porque sin necesidad de que la nonata república se hubiese provisto de un servicio de inteligencia, ya podía intuir él solito lo que se iba a anunciar a mediodía del 30 de octubre en la Fiscalía General del Estado: para empezar, querella de la fiscalía por delitos de rebelión, sedición y malversación de fondos. Sólo el delito de rebelión puede sumar 25 años de pena, lo que hace imaginar que Puigdemont y los suyos van a seguir viviendo a costa de nuestros impuestos varios lustros. Y por ello no convenía decir que seguía siendo el presidente de la cosa. Eso hubiera sumado la acusación de usurpación de funciones y más años de cárcel. Así que no exageremos, que tampoco estamos para esas heroicidades. Los miembros del Consejo de Gobierno que el domingo estaban contando a la prensa internacional que ayer estarían en sus despachos ejerciendo sus funciones (qué pena la intoxicadora crónica de portada de «The Daily Telegraph» de ayer) aparecían por arte de magia en Bruselas para echarse en brazos de Theo Francken, el filo nazi de la Nueva Alianza Flamenca que funge como secretario de Estado de Asilo e Inmigración del Gobierno belga. Puestos a destruir países, Puigdemont pretende ahora finiquitar Bélgica creando una crisis de Gobierno si Francken intenta dar asilo político a ciudadanos de un país miembro de la UE.

Creo que ya va siendo hora de que algunos agoreros reconozcan que aunque todos creemos saber qué es lo que había que haber hecho en Cataluña, la línea seguida por Rajoy y su Gobierno no parece que esté resultando tan mal. Confieso que yo hubiera mandado la Legión a tomar el Palacio de la Generalidad el 1 de octubre. Pero, afortunadamente para todos, ni tengo, ni nunca tendré un cargo electivo. Rajoy ha tenido la sangre fría de la que otros carecemos y el pueblo catalán no secesionista se ha echado a la calle mientras que los intoxicadores que se las daban de gallitos han salido corriendo. Las calles de Barcelona se han llenado de banderas españolas, los tres principales partidos políticos españoles comparecen por primera vez juntos contra algo que no sea el terrorismo y los golpistas sienten el aliento de la Justicia en la nuca. No nos engañemos. El legítimo uso de la fuerza por el Estado probablemente hubiese dado mayor recorrido a la acusación de ser víctimas de persecución política. Ahora acabarán en la cárcel por la acción de la Justicia, que es igual para todos.

El difícil retorno a la legalidad (4)
Vicente A. C. M. Periodista Digital 31 Octubre 2017

LOS FUGITIVOS DEL CESADO GOBIERNO DE LA GENERALIDAD Y LOS DESAPARECIDOS MIENTRAS SUS PARTIDOS ASUMEN LAS NUEVAS REGLAS DE JUEGO DEL 155. PABLO IGLESIAS COMPLETA SU RETORNO DESDE SU ALINEACIÓN CON EL INDEPENDENTISMO.

Solo de esperpento puede calificarse la rocambolesca huida a Bruselas de Carles Puigdemont y cinco ya exconsejeros de su Gobierno. El periplo clandestino tuvo una primera etapa en coche hasta Marsella (Francia), para después tomar un avión a Bruselas. Para aumentar el despiste, llegó a publicar en tweeter una foto del cielo de Barcelona visto desde el interior del Palacio de la Generalidad cuando ya se encontraba en la capital de la UE. Hoy, al parecer, dará una rueda de prensa en la que se supone que dará explicaciones de su inexplicable presencia en Bruselas. Puede que lo que quiera escenificar es una petición de amparo internacional ante el cese de él mismo y todo su Gobierno y la usurpación por el Gobierno de España de las Instituciones de Cataluña elegidas democráticamente y que cumpliendo con el “mandato” de los ciudadanos expresados en un referéndum y en las elecciones del 2015, proclamaron la República independiente de Cataluña como Estado libre y soberano. Y es seguro que además alegará persecución política, fundamentada en las acusaciones anunciadas y ya presentadas por el Fiscal General del Estado, razón por la que, además de su cese que no acata, se ha visto forzado a salir de España para expresarse con libertad.

No creo que su discurso se salga de ese guion, como tampoco creo que el hecho de haber contratado los servicios de asesoría de Paul Bekaert como abogado vaya más allá de ofrecer esa imagen de ciudadano perseguido por sus ideas y por defender la voluntad del pueblo de Cataluña como legitimo representante que se considera. En cuanto a la especulación de buscar el exilio, desde luego que elegir Bruselas tras las declaraciones del Primer Ministro Charles Michel de no haber ofrecido asilo a Puigdemont, no parece lo más oportuno cuando podría haber optado por otro país mucho más proclive a desestabilizar la UE y la OTAN, como es el caso de Rusia. Pero siendo como es PDeCAT un partido de ideas conservadoras y con una corrupción endémica típica del capitalismo más feroz, no sería esa solución ni sensata ni coherente.

Así que lo lógico, al menos desde su punto de vista, es sacar partido al victimismo y lograr quizás una protección no tanto de los dirigentes de la UE como de los Altos Tribunales internacionales de Derechos humanos como el de la Haya y conseguir una especie de salvoconducto para su regreso seguro a España. Y es que la perspectiva no pinta bien para él, ya que el Fiscal General va a pedir con toda seguridad medidas cautelares, entre las que no se descarta el ingreso en prisión por la gravedad de los delitos que se le quieren imputar y que la Sala de la Audiencia Nacional deberá decidir. Carles Puigdemont intenta desesperadamente garantizarse una inmunidad jurídica tras su fracaso de chantaje al Gobierno de España antes de declarar la independencia mercadeando con la proclamación de independencia. Se sabe políticamente muerto y ya solo intenta agotar el poco tiempo que le queda antes de enfrentarse a la Justicia.

Y es que eso del martirologio solo queda para los santos o para aquellos que son víctimas impotentes y a veces inocentes de la persecución por el poder. Pero Carles Puigdemont ya era plenamente consciente a lo que se exponía si todo el tinglado fracasaba. Su decepción y pánico han sido mayúsculos al comprobar que ese “pueblo catalán”, que enfervorizado le apoyaba y era manejado como una fuerza de acción por la ANC y OMNIUM, no ha reaccionado como se preveía ante la aplicación del 155. Ha sido un lunes de normalidad Institucional, de relevos de funciones sin sobresaltos, salvo dos contadas excepciones, y la huida esperpéntica del ya expresidente de la Generalidad y cinco de sus Consejeros, en una escenificación trasnochada de aquella huida del otro Gobierno, el de Tarradellas, cuando triunfó la dictadura de Franco. Eran otros tiempos de auge de los nacionalismos y otra raza de políticos. Nada que ver con la UE actual de libertades y de integración en un proyecto común sin fronteras. Es por eso que su Hégira política y personal está condenada al fracaso.

La comparecencia está prevista para las 12:30 h , si no se producen los consabidos retrasos de los últimos días. Me asalta una morbosa sensación de intriga por saber dónde se celebrará, qué parafernalia escénica se montará (banderas, eslóganes, fondo, etc. y quienes serán los que le arropen y den un poco de lustre internacional a la comparecencia, incluso con discursos de apoyo a ese nuevo Estado que Carles Puigdemont dice representar. Igual lo hace frente al Parlamento de la UE y rodeado de los eurodiputados de los partidos implicados en el golpe de Estado o vaya usted a saber. En cualquier caso y a pesar de lo que diga el Gobierno de España que se trata de un ciudadano corriente cesado de su cargo y querellado por la Fiscalía por graves delitos y que no va a comentar declaraciones de ese sujeto, nadie puede dudar del impacto mediático que va a lograr con esa comparecencia sorpresa en la capital de la UE. Y eso necesaria y obligatoriamente debe dar lugar a una respuesta inmediata por parte del Gobierno de España que deje de una vez las cosas claras y exija que no se contribuya al esperpento y al circo que montan estos delincuentes.

Por otro lado, hay que hacer mención al otro esperpento nacional. Se trata del obligado retorno de Pablo Iglesias y la parte de PODEMOS que todavía controla, al discurso de la legalidad, aunque siga insistiendo en su petición de un referéndum pactado en Cataluña, a sabiendas de que eso conlleva previamente una reforma en profundidad de la Constitución y contemplar la delegación de la soberanía nacional e incluso el reconocimiento de otras soberanías en esa nación plurinacional que proponen junto al PSOE de Pedro Sánchez, al que llamo PSPS. Es su forma cínica e hipócrita que le caracteriza de alinearse ahora con la mayoría y no seguir estando marcado como los de ultra izquierda anti sistema de la CUP e independentistas de ERC y callar de paso a sus revoltosos anti capitalistas. Una vuelta forzada por unas encuestas que claramente le hunden en intención de voto augurándole el "sorpasso" de CIUDADANOS, su alter ego Albert Rivera con una candidata, Inés Arrimadas dispuesta a arrasar y convertirse en primera fuerza en Cataluña con permiso de ERC.

Seguimos con la resaca de la declaración de independencia y con unos líderes que, aprovechando que estamos en Halloween (esa importada tradición ajena a España de la noche víspera de la conmemoración de los Fieles difuntos), aún no saben que están muertos y van como zombis deambulando por los caminos sin darse cuenta de que son ya solo fantasmas de los que nadie percibe su presencia y, como en las malas películas del género de terror, en vez de asustar y provocar escalofríos, solo causan risa.

¡Que pasen un buen día!

El "milagro comunista": Transformarse en capitalismo
Antonio García Fuentes Periodista Digital 31 Octubre 2017

Se ha cumplido el primer siglo (1917-2017) y como entonces, en Rusia hay un zar y en Pekín (Beijing) un emperador; e igual que entonces, en uno y otro país domina “el capitalismo”; los “parias de la tierra” hoy son mucho más abundantes, en el planeta, sencillamente por cuanto entonces quizá no hubiese en todo él, más de mil quinientos millones de habitantes y hoy los hay solo en China.
En el intervalo la civilización ha avanzado mucho, sobre todo en máquinas y debido a ello, “las terribles hambres de entonces”, las han eliminado en gran medida esas máquinas, que igualmente ahora eliminan al hombre; por tanto el capitalismo está más seguro que nunca, puesto que al estar “los estómagos” suficientemente nutridos, no hay peligro de nuevas revoluciones; paz en la tierra entonces y tranquilo el capital y mucho más “el gran capital”; que por si alguno no lo sabe, fue el que financió la revolución rusa, vía el capital judío de “los Rothschild” ( ver “Los Illuminati y los Rothschild”. Por Donald Rumsfeld) y a cambio obtuvo campos petrolíferos). Lo que demuestra lo que dijera Onassis décadas después; “En este mundo todo se compra con dinero… y lo que no se puede comprar con dinero, se compra con más dinero”.

Como sabemos el comunismo se extendió por gran parte del mundo e hizo prosélitos o seguidores a muchos ilusos, millones murieron por ello, entre ellos muchos españoles, puesto que “el único enemigo” que reconoció Franco fue el comunismo y los comunistas; única oposición que en realidad tuvo en todo “su reinado”; si bien muerto el dictador y llegadas las primeras elecciones democráticas, el pueblo español, “mandamos a la mierda tanto al comunismo como al capitalismo”; si bien el capitalismo venía ya dentro “del nuevo régimen de Adolfo Suárez” (Unión de Centro Democrático o UCD) y en realidad ha sido el sistema que se adueñó de España y los inmensos bienes estatales que dejó el tan criticado Franco, que mira por donde… “ni fue socialista y menos comunista, pero sí el más social de los gobernantes de toda la historia de España”… “pero esto es largo de explicar, si bien yo en mi libro, “Franco: El pueblo español durante su época (ensayo) Noviembre 2010”, ya di una muy amplia reseña sobre todo ello, pues de Franco, “sus herederos” no quieren que sepamos nada más que lo peor que pudiera protagonizar el dictador, pero de la reconstrucción de España, no interesa que sepamos nada, puesto que si pudieran, lo presentarían como perdedor de aquella terrible guerra destructiva y que lo fue, por todas las partes que en ella intervinieron.
Pero la historia es la que es y ya está escrita, lo que no hay que leer son los libros con tendencia, la verdad es la verdad y tarde más o tarde menos, al final se impondrá y será enseñada como corresponde, “sin poner ni quitar nada”.

Pero a lo que vamos (el comunismo) nació como una bengala que pretendía “iluminarlo todo”, pero que al final “no iluminó apenas nada”; y a los restos que quedan de ella me remito: Cuba, Corea del Norte y algunos otros reductos, demuestran que son tiranías, donde los que mandan se dan la vida padre y el rebaño, vive como puede o mejor dicho, como le dejan; y los que fueron “fuentes mundiales de tal doctrina”, al final y como arriba digo, han vuelto al capitalismo por cuanto sigue siendo “el ideal del poder”, osea el dinero y como lo dijo Onassis y que arriba escribo.

Por tanto nada de progreso integral, los que gobiernan nos quieren cuanto más tontos o embrutecidos mucho mejor; de ahí que espiritualmente ninguna doctrina hizo o hace apenas nada y todos cultivan el tan comentado “pan y circo que los romanos implantaron como sostén de su imperio” y ese es el camino, que van a seguir los “nuevos emperadores”, puesto que en todo gobernante lo que late es un absolutismo delirante y unas ansias de poder, para mantenerlo de por vida, e incluso… ser él, el que deje heredero; o sea “lo de siempre”.

Así es que conmemorar el nacimiento y sus cien años de comunismo, es algo que no procede; sí el escribir de ello pero con la verdad más cruda y dura que se pueda, puesto que “los ríos” de sangre que ha costado, es como para no olvidarlo y orientar a las nuevas generaciones que ese nunca será el camino.

Vaya como final, una sentencia del “padrecito Stalin”, carnicero muy señalado en dicha doctrina, el que decía… "Los que votan no deciden nada. Los que recuentan los votos lo deciden todo." – (Joseph Stalin). Puesto que no olvidemos que aquella tiranía oficialmente era “una república democrática”; o sea como para mondarse de risa.

Por ello hay que volver a la filosofía y decir lo que sigue: "Ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil (J. Ortega y Gasset). YO LE AÑADO: El sistema de gobierno no es el malo, los malos son los que lo manejan con arreglo a sus perversos instintos, por tanto el nombre no dice nada en sí. En cuanto a quién me asigne militancia en alguno, le señalo como bastante bruto, puesto que el inteligente que lea mi producción, lo que puede decir es simplemente lo que es mi realidad; "YO SOY MI PARTIDO Y MI CIRCUNSTANCIA"; NO HE VENDIDO MI PENSAMIENTO A NADIE, NI A MÍ MISMO. Claro que para llegar a ese punto hay que tener un caletre que pocos llegan a tener. La política dejaría de ser tan terrible plaga, si se practicara “algo así”… No hagas a nadie nada que no quieras que a ti te hagan, sea un ser humano, un animal o una planta; si así lo haces notarás un estado de bienestar que ni te imaginas. Pero es claro que pensamientos así no se plantean en la mesa del gobernante que sea; puesto que ello no entra “en coco político alguno”.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y
http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes

Fuga belga de Puigdemont y sus secuaces
EDITORIAL Libertad Digital 31 Octubre 2017

Son personajes profundamente inmorales, indignos de desempeñar cargo público alguno y que deben pagar por todo el mal que están causando.

A las pocas horas de que el fiscal general del Estado anunciara una querella en la Audiencia Nacional contra el destituido presidente regional de Cataluña y su equipo de gobierno, se informó de que Carles Puigdemont y cinco de sus consejeros se habían trasladado a Bélgica, donde permanecerían a la espera de acontecimientos. Un día antes, el secretario de Estado de Inmigración belga, descalificable personaje perteneciente a una formación ultranacionalista, había especulado con la posibilidad de otorgar asilo político al cabecilla de los golpistas. Todo parece indicar que Puigdemont y sus secuaces han tomado la palabra al referido sujeto y añadido al oprobio de su intentona separatista el esperpento de una huida iniciada, según la agencia EFE, en coche y con parada en Marsella, en plan película mafiosa de bajo presupuesto.

Puigdemont se reía este lunes de todos sus correligionarios al difundir en las redes sociales una fotografía que daba a entender que se encontraba en la sede de la Generalidad, cuando lo cierto es que para entonces ya estaba en Bélgica, uno de los países más apreciados por los criminales de ETA. Por cierto, el usurpador golpista se ha puesto en contacto con un abogado local que ha trabajado con miembros de la banda terrorista que perpetró en Cataluña atentados tan salvajes como el de Hipercor y el de la casa cuartel de Vic.

Los líderes separatistas exigen a sus fieles que arriesguen su libertad y su patrimonio en defensa de su proyecto profundamente anticatalán y liberticida mientras ellos tratan de ponerse a buen recaudo sin la menor vergüenza. Nada podría retratarlos mejor. Son personajes profundamente inmorales, indignos de desempeñar cargo público alguno y que deben pagar por todo el mal que están causando. La Justicia y la sociedad han de ser implacables con ellos.

LOS REACCIONARIOS FLAMENCOS APOYAN A PUIGDEMONT
El cinismo del asilo belga
El asilo belga es más un mito que una verdad política. Una política siempre centrada en las necesidades económicas belgas y que, tras sucesivas crisis, se ha endurecido. Los nacionalistas flamencos, próximos a la extrema derecha, continúan las políticas tradicionales de su país de apoyo a vascos y catalanes y de conflicto con España
Domingo Labrador Estrelladigital 31 Octubre 2017

Ayer se cumplió el centenario del nacimiento de Miguel Hernández. Lo ocurrido en Bruselas, declaraciones de responsables políticos belgas incluidas, recuerda uno de sus versos: “Una gota de pura valentía vale más que un océano cobarde”.

Los belgas, que presumen de haber tenido asilados a Victor Hugo y a Marx, llevan años mintiendo sobre el acceso al derecho de asilo, y especialmente desde que los nacionalistas y reaccionarios partidos flamencos han asumido esa responsabilidad. El presuntuoso responsable del asilo belga, un nacionalista de extrema derecha, ofrece su cobijo al fugado Puigdemont, mientras en su país vienen recortándose desde hace años los derechos de inmigración y de asilo.

El verdadero rostro de Theo Fracken
Este mismo año, el jefe de las fuerzas turcas, establecidas en los cuarteles de la alianza atlántica ubicados en Mons (Bélgica), enseñaba a sus soldados la lista de una decena de oficiales turcos que habían solicitado asilo en Bélgica, con motivo de las represiones de Erdogán. Llegada de “forma extraña”, es decir, filtrada a las autoridades turcas por los responsables belgas, la lista demuestra que un turco no es lo mismo que un fugado catalán.

Theo Francken, el valedor de Puigdemont, que a punto está de crear un crisis en Bélgica, lleva todo su mandato reduciendo un derecho de inmigración y asilo que, por otra parte, forma parte más del mito que de la realidad belga. El tal Fracken, el más extremista – próximo al fascismo- dirigente belga, ha sido uno de los responsables europeos más críticos con los acuerdos europeos sobre refugiados. Utilizó la expresión “limpiar”, en Facebook, comentando una operación contra emigrantes ilegales, envió cartas a los solicitantes de asilo iraquíes solicitando que las retiraran.

La política de inmigración y asilo belga
Francken impulsó una política que permite, desde enero de 2017, encerrar a niños, sea cual sea su edad, en una prisión desconocida y sin conocimiento de sus padres, si estos carecen de papeles de residencia. La Liga de los Derechos del Hombre ha denunciado el conjunto de la política belga que ha sido, por otra parte, condenada por la Corte Europea de Derechos Humanos, por permitir expulsiones colectivas especiales prohibidas por el derecho internacional.

Los permisos de emigración belga empezaron a ser restringidos con la crisis económica de los setenta. Las emigraciones española, griega o portuguesas (todas sujetas a dictaduras) nunca se basaron en el asilo. Desde los ochenta las condiciones de asilo se endurecieron –con la excepción de los acuerdos de acogida a refugiados chilenos y a los vietnamitas-.

Progresivamente, se han aplicado mecanismos contra la emigración y el asilo, al que se ha acusado de ser inmigración económica oculta. Las reformas del 91 y 92 han ampliado las facultades de expulsión del gobierno belga: solo un 3% de la inmigración belga deriva del derecho de asilo.

Bélgica y las relaciones de asilo con los españoles
Frente a la mitología nacionalista, vasca o catalana, ni Bélgica ni los flamencos han apoyado especialmente el progresismo español a lo largo de la historia, antes al contrario.

En una nota escrita por el director de la política exterior belga en 1936 se lee: "No vamos a desprestigiarnos por esa gentuza", refiriéndose a los voluntarios belgas de las Brigadas Internacionales. Poco antes, relata la profesora de la UNED, Marina Casanova, el embajador español de la República Española había escrito: “El Rey (Leopoldo III) representa al fascismo”.

En aquel momento, como lo será a lo largo de la historia de las relaciones bilaterales con España, los principios eran dos: satisfacer a la derecha católica y salvaguardar los intereses económicos.

En la Segunda República, las empresas belgas, y a su través el rey belga, recibían grandes beneficios “que le llevaron a recelar de la política republicana y, en cierta manera, a apoyar a los rebeldes” señala Marina Casanova. Controlaban los tranvías de Madrid y de Bilbao, el Consorcio de Almagrera, la Compañía Asturiana de Minas, Wolfram de Balborra, les Verreries Espagnoles y Potasa de Suria, entre otras.

El franquismo no cambió esta cultura belga en las relaciones diplomáticas con España. A pesar de la fuerte politización de la emigración española, el sucesor de Leopoldo, Balduino, tenía una posición política derechista y muy conservadora en términos religiosos. Unido en matrimonio con la española reina de los belgas, Fabiola, simpatizaba con el régimen franquista.

La emigración española, animada por el franquismo y recibida también en Bélgica por razones económicas, como la griega y la portuguesa, las tres dictaduras europeas, no fue nunca objeto de asilo político. En la misma época, Bélgica no recogía asilo o inmigración de su colonia africana (el Congo, independiente como República Democrática desde 1960).

Terroristas de ETA intentaron utilizar la legislación belga para evadir la justicia española, apoyados por los nacionalistas flamencos. No obstante, el recurso al asilo belga es una mitología nacionalista: solo cinco lo han solicitado en veinte años y solo una (Natividad Jáuregui, asesina del teniente Ramón Romeo, sus compañeros de comando fueron condenados a 28 años) obtuvo no el asilo, sino la libertad.

Empeoramiento de las relaciones
La compleja coalición de Gobierno belga ha permitido a los nacionalistas flamencos el flirteo con el Gobierno de Puigdemont, aunque ante las tensiones creadas en Europa por la tentación de la concesión de asilo, el Gobierno ha debido cerrar la puerta a Puigdemont, aunque no se va a librar de fuertes tensiones.

Las relaciones Hispano – Belgas ya se han resentido y el ministro de exteriores ha debido enviar emails al embajador, que ni siquiera se pone al teléfono del Gobierno.

CRITICA LAS ELECCIONES
Mayor Oreja: ‘Un referéndum ilegal puede acabar en uno legal’
La Gaceta  31 Octubre 2017

El exministro Jaime Mayor Oreja ha advertido del “riesgo” que suponen unas elecciones en Cataluña por considerar que “un referéndum ilegal puede acabar en uno legal” en caso de victoria del “movimiento popular independentista”.

El extitular de Interior ha criticado también que los diferentes gobiernos de España llevan “muchos años instalados en la mentira” con respecto al independentismo catalán pensando que “se iba a detener”.

Mayor Oreja ha realizado estas declaraciones durante la entrega de los primeros Premios Concordia de la Fundación Smedia que se han tenido lugar en Pozuelo de Alarcón con la presencia de la alcaldesa de la localidad, Susana Pérez Quislant, la exalcaldesa de Madrid Ana Botella y el ex director general de la Guardia Civil Arsenio Fernández de Mesa.

El exministro ha explicado que la sociedad tiene la “urgente necesidad extrema” de ser capaz de “recuperar la concordia con la verdad”.

“Llevamos años instalados en la mentira en que vivimos un escenario favorable en España”, ha recalcado sobre el asunto catalán.

“Uno se abraza a la mentira cuando hemos pensado que el movimiento nacionalista se iba a detener, iba a quebrarse, no hemos querido darnos cuenta de que es un vehículo sin marcha atrás”, ha valorado.

Además, ha criticado que los diferentes gobiernos han considerado que el asunto de Cataluña era “algo espontáneo” cuando se ha convertido en un “proceso letal desde hace más de una década”.

Asimismo, ha avisado de que España vive una “situación extremadamente grave” que se debe afrontar para “encontrar la verdad”.

“Estamos en un escenario político lleno de riesgos, en el escenario más difícil y delicado para hacer frente a Cataluña”, ha agregado.

En este sentido, ha valorado que “una decisión plebiscitaria”, en alusión a las elecciones autonómicas del 21 de diciembre, puede tener “riegos”.

“Un referéndum ilegal puede acabar en uno legal”, ha señalado en alusión al que denominó como “frente popular nacionalista” por considerar que puede ganar las elecciones.

Sobre la decisión de viajar a Bélgica de Carles Puigdemont, Mayor Oreja ha valorado esta acción “dentro de la campaña electoral donde estamos”, “con el riesgo que significa para España”.

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BONET, CAJA, BARRAYCOA…
Los pioneros en la defensa de la Cataluña española de los que hoy nadie habla
Rosalina Moreno gaceta.es 31 Octubre 2017

Es justo reconocer la labor de los pioneros en la cruzada contra el separatismo y la defensa de la Cataluña española, que han hecho un trabajo muy loable de manera independiente y por su cuenta y riesgo, tanto económicamente como políticamente.

Los catalanes han vencido el miedo y se han movilizado en asociaciones que han proliferado desde 2013 a esta parte, que combaten el separatismo en primera línea. Son la resistencia civil, que contraataca y embiste una tras otra todas los desafíos del Govern; de las CUP; de las plataformas Asamblea Nacional Catalana y Òmnium Cultural; y de las terminales mediáticas del Govern mientras que el Gobierno, por su parte, se dedicaba recurrir al Constitucional hasta que finalmente ha declarado el artículo 155, como le pedían muchas de estas entidades.

Societat Civil Catalana ha visto reconocida su lucha frente al separatismo, que viene haciendo desde abril de 2014, a raíz de su gran capacidad de movilización en las recientes concentraciones convocadas en Barcelona. También es justo reconocer la labor que vienen haciendo otras como, por ejemplo, Somatemps y Convivencia Cívica Catalana, que preside Francisco Caja.

Las voces en la manifestación de Societat Civil para reivindicar la unidad de España y la vuelta a la senda de la Constitución y la ley han sido Josep Borrell, expresidente del Parlamento Europeo y exministro socialista; el exsecretario general del PCE Francisco Frutos, y la catedrática de Derecho Constitucional Teresa Freixes. Aunque no se sumaron físicamente al acto, también contó con la intervención del exministro de Exteriores Josep Piqué y del jurista Francesc de Carreras.

Cabe recordar a los pioneros en la cruzada contra el separatismo y la defensa de la Cataluña española, como son, por ejemplo, el presidente de Freixenet y de la Cámara de Comercio de España, José Luis Bonet; los políticos Alejo Vidal-Quadras, Julio Ariza y Juan Carlos Girauta; el periodista de esta Casa Xavier Horcajo o el dramaturgo Albert Boadella. Personalidades que han hecho un trabajo muy loable de manera independiente y por su cuenta y riesgo, tanto económicamente como políticamente.

“El proceso hacia la independencia comenzó a principios de los 90. Los que se enfrentaron entonces al poder omnímodo del nacionalismo y denunciaron los riesgos del adoctrinamiento se ven recompensados ahora con el ostracismo. No hay y debería haberlo un reconocimiento explícito a quienes dieron una batalla en la que perdieron parte de lo que tenían y eran”, manifiesta en este diario el presidente de Intereconomía, Julio Ariza.

1. Julio Ariza, exdiputado del PP
Este exparlamentario del PP intervino en castellano en el Parlamento de Cataluña el 30 de diciembre de 1996, provocando la estampida de los diputados de CiU, ERC y PI. Hasta ese momento muy pocas veces se había usado el castellano en el Parlament, constituido en 1980. Sólo lo habían hecho los diputados del PSA-Partido Andalucista, encabezado por Sánchez Acosta.

El PP de Julio Ariza y Alejo Vidal-Quadras el PP llegó a 21 diputados en la Cámara catalana, y ambos fueron víctimas del Pacto del Majestic, firmado en 1996 entre el Partido Popular y Convergència i Unió, según el cual el partido de Jordi Pujol daba apoyo a la investidura de José María Aznar como presidente del Gobierno a cambio de darle más competencias a Cataluña y del apoyo del PP a CiU en Cataluña.

Julio Ariza lleva años denunciando que el Estado español “no ha hecho nada” en Cataluña“cuando vio que muchos ayuntamientos y entidades públicas retiraban la bandera española”, “que se perseguía a modestos tenderos en Barcelona, Lérida y otros pueblos por el hecho de rotular su establecimiento en castellano” y que “cuando TV3, la televisión pública de Cataluña, se puso a emitir en Baleares y en la Comunidad Valenciana”.

Intereconomía está desacomplejadamente comprometida con la unidad de España, así como con la dignidad humana y la identidad de Europa, y no es fácil ni es barato sostener un medio de comunicación que beba de estos postulados, siempre contra los más poderosos.

Cabe destacar que Intereconomía TV fue la única televisión que emitió la histórica concentración de Denaes del pasado 7 de octubre, que congregó, según la fundación, a 250.000 personas. Allí estuvo apoyándola, y también en la de este pasado sábado, en la que incluso pronunció un discurso desde la tribuna. Se refirió directamente al ministro de Educación, Íñigo Méndez de Vigo, insistiendo en el adoctrinamiento que se produce en las aulas catalanas.

2. Jiménez Losantos, periodista
Fue en 1979 cuando se empezó a criticar el nacionalismo catalán y el periodista Federico Jiménez Losantos está entre quienes alzaron la voz entonces. Y le acarreó consecuencias. En 1981, a su salida del centro educativo donde daba clase en Santa Coloma de Gramanet, le secuestraron, le ataron a un árbol y le pegaron un tiro en la pierna. Un hecho que desencadenó el silencioso exilio de dieciséis mil docentes.

Jiménez Losantos era uno de los promotores de la elaboración del llamado Manifiesto de los 2.300, en el que se denunciaban discriminaciones de la lengua castellana en Cataluña.
En su libro Lo que queda de España critica al nacionalismo catalán y defiende los derechos culturales de los hispanohablantes.

3. Francisco Caja, de Convivencia Cívica
La plataforma Convivencia Cívica Catalana, que preside Francisco Caja, lleva desde 1998 denunciando los excesos del nacionalismo, instando al gobierno catalán a garantizar que el castellano sea vehicular en la enseñanza, y desarrollando una intensa labor ante los Tribunales de Justicia para defender la libertad lingüística vulnerada por los sucesivos gobiernos autonómicos. Ha impugnado todos y cada uno de los reglamentos de desarrollo de la Ley de Política Lingüística.

Además, esta entidad aporta desde un punto de vista independiente del poder político catalán información y análisis sobre la realidad catalana, y ha organizado también diferentes campañas por la libertad de lengua en la enseñanza y en los comercios, entre ellas ‘Sociedad bilingüe, escuela bilingüe’(1998); ‘Por una escuela bilingüe y de calidad’ (1999); y ‘Campaña por la libertad lingüística en los comercios’ (2008).

4. Javier Barraycoa, de Somatemps
Javier Barraycoa (Barcelona, 1963) es historiador, sociólogo, politólogo, escritor, y promotor del citado think tank que moviliza a la sociedad civil en contra del separatismo, defiende la catalanidad hispánica y pretende una renovación cultural, historiográfica y social.

Esta plataforma ha organizado protestas contra simposios separatistas, las giras de Otegi por Cataluña, manifestaciones ante TV3, concentraciones en la plaza Sant Jaime, e incluso ha llamado a la desobediencia civil. Todo ello, combinado con congresos veraniegos de Historia, para profundizar en la verdadera historia de Cataluña y desvelar los mitos nacionalistas, que han contado con la participación de historiadores y pensadores que “la ‘casta’ nacionalista ha querido acallar”.

En 2014 alertaba de que había “una inmensa mayoría silenciosa” que pronto se empezaría a sentir, contra la que el nacionalismo no tiene medios ni estrategias. Y ocurrió así. Aquel año numerosos catalanes empezaron a dar un paso al frente contra la secesión, y surgieron numerosas asociaciones antiindependentistas.

¿Con qué recursos cuenta Somatemps para llevar a cabo las iniciativas que está desarrollando? Única y exclusivamente con donativos personales. Javier Barraycoa destaca en este diario que “por suerte” en Somatemps no dependen de ninguna subvención. “Eso nos hace libres, muy libres para decir lo que pensamos. Si hubiéramos sido una organización subvencionada, hubiéramos tenido que suspender la gran manifestación del 30 de septiembre. Como diría mi abuela: ‘somos pobres pero honrados’”, manifiesta. Como informó este diario, el Gobierno les negó un recinto para su último congreso.

5. Xavier Horcajo, periodista
El periodista de esta Casa Xavier Horcajo, que ejerció en diferentes medios en Cataluña durante décadas, como Avui y El País, conoce de cerca los casos de corrupción y abuso de poder que han trufado la historia del nacionalismo catalán. Una experiencia que le ha costado la persecución y el destierro.

Empezó en los ochenta a publicar escándalos de los hijos de Jordi Pujol y los principales líderes de CDC. Antes fue expulsado del diario Avui, donde era subdirector, “por apellidarse Horcajo”.

Ha publicado La pasta nostra: 33 años de poder convergente en Cataluña y ¡El Hundimiento, con los que ha mostrado a la sociedad el imperio ‘corrupto’ que generó la familia del expresidente de la Generalitat Jordi Pujol desde su llegada al poder en 1980. Caso tras caso, Horcajo desentraña los avatares de la vida de Jordi Pujol, desde que se hizo cargo del banco que fundó su padre, Banca Catalana, hasta que se convirtió en el “patriarca” de una familia que se propuso heredar Cataluña y sus riquezas.

Sus obras han sido tenaz y hábilmente silenciadas en los medios de comunicación y él ha sido “perseguido por el Consejo del Audiovisual de Cataluña con amenazas de querellas”.

“Yo me tuve que ir de allí porque quien levanta la voz en Cataluña entra en el gulag de los zombis”, expresa Horcajo, y cuenta que a uno le firman el “certificado de defunción desde el punto de vista civil: No serás contratado, serás aislado y se te considerará dudoso o fuera de la tribu”. Casos como el de Albert Boadella, o el deAlejo Vidal Quadras, a quienes los nacionalistas tachan de “botiflers”

Horcajo culpa a Madrid, o a los partidos en el Gobierno central de buena parte de lo que sucede en Cataluña porque “desde hace más de 20 años” los representantes del Gobierno en Cataluña tienen que ser “personas pactadas por CiU”.

6. Alejo Vidal-Quadras, político
El exeurodiputado ‘popular’ Alejo Vidal-Quadras fue presidente del PP catalán de diciembre de 1991 a septiembre de 1996, año en que fue apartado por la dirección nacional del partido tras el ‘pacto del Majestic’ con CiU.

Ha denunciado que el que fuera presidente del Gobierno entre 1996 y 2004, José María Aznar, inició “la inhibición del PP de Cataluña”. “Tuvo lugar cuando en 1996 cambió la estrategia del PP de Cataluña de enfrentamiento ideológico y político con el nacionalismo para entregarle Cataluña a Jordi Pujol”, subraya.

Vidal-Quadras se dio de baja del PP en enero de 2014 para unirse a VOX. Lo comunicó en una dura misiva enviada al presidente del Gobierno en la que le recordaba que él ha mantenido las mismas ideas, principios y valores, que, si bien a veces no han coincidido de manera absoluta con la dirección de su partido, no han generado diferencias que hicieran incompatible la militancia en el PP.

“Incluso cuando fui obligado a no presentarme a la reelección como presidente del PP de Cataluña en 1996 por las razones que todo el mundo conoce, aunque estaba convencido de que se cometía un grave error estratégico y los acontecimientos acaecidos desde entonces lo han demostrado ampliamente, acaté disciplinadamente las indicaciones que se me dieron. Creo haber probado sobradamente mi lealtad, mi compromiso”, señalaba Vidal-Quadras.

Tras hacer pública su renuncia, Vidal-Quadras confirmaba su entrada “inmediata” en VOX, formación de la que también abandonó la militancia en febrero de 2015. No quería contribuir a la dispersión del voto ante el ‘extremismo izquierdista’ de Podemos.

7. Jose Luís Bonet, presidente de Freixenet
El presidente de Freixenet y de la Cámara de Comercio de España, José Luis Bonet, ha tenido un pronunciamiento explícito contra el proceso separatista, sin miedo al boicot, en una sociedad dominada por el señalamiento intimidatorio del contrario y contra todo lo que huele a español.

Ha puesto en vilo su patrimonio e incluso la paz de la familia para alertar de que una Cataluña independiente sería “una verdadera catástrofe”. Ha advertido del arancel que tendrían que pagar las exportaciones , la deslocalización inevitable de las compañías, la fuga de las inversiones, la fragilidad de la divisa, la incertidumbre jurídica y la fuga imparable del talento.

Otros empresarios pensaban igual, pero preferían no hablar. Con el tiempo algunos han vencido al miedo y plantan cara al proceso separatista organizados en la plataforma Empresaris de Catalunya, nacida en diciembre de 2014.

Hasta la fecha, componen esta entidad presidida por Josep Bou más de 400 empresarios y directivos, que reclama una actuación firme de las instituciones del Estado contra el procés. El pasado 9 de abril fue galardonada por la importante labor de alertar de los estragos ocasionados por el delirio separatista de los gobernantes catalanes, así como de las consecuencias económicas que acarrearía la secesión, para que la sociedad tenga una información “veraz, contrastada y útil”, frente al “mundo feliz” que promete el “oficialismo independentista”.

8. Antonio Robles, político
Antonio Robles es un histórico crítico del nacionalismo catalán, al que ha dedicado su obra: ‘Extranjeros en su país’, ‘Del fraude histórico del PSC al síndrome de Catalunya’, ‘1979/2006, Historia de la Resistencia al nacionalismo en Cataluña’).

Además, ha promovido entidades críticas con el separatismo como la ‘Asociación por la Tolerancia’ (1993), ‘España, Constitución de Ciudadanos’ (1997) o ‘Iniciativa No Nacionalista’ (2003), que se disolvió en 2006 para integrarse en Ciudadanos.

Robles participó en el partido de Albert Rivera desde los inicios y fue diputado autonómico hasta que abandonó la formación con motivo del acuerdo con Libertas para las elecciones europeas en 2009. Luego pasó a UPyD, donde estuvo apenas dos años. La abandonó para dedicarse de nuevo a las clases de Filosofía, la escritura y los artículos de opinión.

En diciembre de 2016 promovió ‘Centro Izquierda Nacional’ para ‘recuperar el patriotismo en la izquierda’ bajo el manifiesto ‘Por la igualdad y la unidad de todos los españoles. Indignados con el independentismo’.

9. Francesc de Carreras, jurista
Francesc de Carreras (Barcelona, 1943) es catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Autónoma de Barcelona, abogado, escritor, articulista, y veterano de la izquierda catalana. Militó en el PSUC, pasó a Iniciativa por Cataluña, que abandonó a finales de los 80, y ha sido muy crítico con la deriva nacionalista de los partidos de la izquierda.

Después, centró su carrera en la universidad y el periodismo hasta participar en el proceso de fundación de Ciudadanos. Ha publicado un libro junto a Josep Borrel, Josep Piqué y Juan José López Burniol, titulado ‘Escucha Cataluña, Escucha España’.

A través de sus artículos y manifiestos se ha convertido en adalid de la lucha contra la “preocupante” deriva separatista que respaldan, según él, con mayor o menor entusiasmo el 30 por ciento de los catalanes, y que ha machado a la ciudadanía catalana con la idea de que “España roba a Cataluña”.

Por ello, a Francesc de Carreras no le ha resultado fácil vivir su tierra. Ha recibido insultos. “Me insultan a veces, pero no es un problema personal, el problema está en que estamos tardando en abrir un debate libre y racional para solucionar este conflicto que partió de un sentimentalismo identitario y mutó en discurso económico lleno de falsedades para avalar las tesis separatistas del saqueo a Cataluña”, ha manifestado.

10. Albert Boadella, dramaturgo
A Albert Boadella (Barcelona, 1943) ciscarse en los símbolos autonómicos de Cataluña le costó el destierro. Este actor y dramaturgo catalán, uno de los fundadores y director hasta 2012 de la compañía de teatro independiente Els Joglars, se ha reído del separatismo enseñando el culo a través de una estelada agujereada, con motivo de una cadena humana por la independencia.

También se ha concedido el título honorífico de Traidor Nacional de Cataluña y asegura estar “orgullosísimo” de serlo “a esta Cataluña que han montado”. “La que yo conocí de niño y de joven tenía otra luz, unos ideales distintos y una sensatez y un sentido común que ha perdido totalmente”, ha sentenciado en este diario.

En octubre de 2014 señalaba que si él fuera el presidente del Gobierno trataría de meter a Artur Mas entre rejas: “Un auténtico golpe de energía donde los catalanes, que no lo han visto esto desde la época de Franco, noten lo que es pertenecer a un gran Estado como es el Estado español”.

Resalta que una parte muy importante de la población catalana “está mentalmente enferma de paranoia porque han sido educados en el odio a España” y que “con unas elecciones sucederá lo mismo”.

Considera que cuando se habla de singularidad, terceras vías y de reformar la Constitución significa que hay que apoquinar más dinero a Cataluña

11. Juan Carlos Girauta, político
El diputado de Ciudadanos Juan Carlos Girauta (Barcelona, 1961), de dilatada experiencia política –militó en el PSC durante 5 años y acudió en las listas del PP en tres elecciones- lleva años alzando la voz contra el delirio separatista y denunciando la manipulación nacionalista en los libros de texto.

A Girauta también lo han hostigado por no ser nacionalista. De hecho, dejó Twitter durante una temporada por esto: “En Twitter periódicamente me cae una lluvia de insultos y amenazas, porque en Catalunya los ‘biempensantes’ nacionalistas se creen que son muy tolerantes justo hasta que alguien les lleva la contraria. En ese momento empiezas a ser, y digo solo epítetos calificativos con los que se me ha señalado a mí, un ‘tarado’, un ‘enfermo’, alguien que se ‘autoodia’, un ‘asqueroso’, un ‘nazi’, un ‘fascista’, alguien a quien que expulsar de Catalunya, alguien que ‘va a sufrir mucho’ según me anunció Toni Albà”.

Destaca que esto, que es lamentable, conduce a que la gente se calle para no ser igualmente linchados, pero él, por su parte, es “bastante tozudo” y no se ha conformado con que los intolerantes ganaran la partida. Y como no se conforma, no se ha callado.

Es uno de los ‘malos’ oficiales del nacionalismo catalán y expresa que esto le da “una enorme alegría”. “Ser el ‘malo’ oficial de una ideología destructiva es un orgullo muy grande”, expresa Girauta. Lleva tiempo alertando de la fractura en la sociedad catalana, y de que el Gobierno de España tiene que estar presente en Cataluña porque “su falta de presencia es la causa de todo esto”. Ha criticado dejación de los Gobiernos de PP y PSOE “porque necesitaban de vez en cuando el apoyo de Convergència i Unió, que les servía de ‘muleta’ cuando no tenían mayoría absoluta” y “como querían tenerla, permitían sus excesos porque era su ‘muleta’”.

12. Miguel Durán, abogado
El abogado Miguel Durán empezó a luchar contra el separatismo en 2010, a partir de que José Montilla convocara una manifestación a raíz de que el Tribunal Constitucional resituara el Estatuto de autonomía donde era constitucionalmente admisible.

Intervino en diferentes programas de la televisión pública catalana oponiéndose siempre a las tesis independentistas y de secesión. Afirma que esta labor no le ocasionaron represalias directas, pero sí ha acarreado a que haya gente del separatismo que le tiene la proa puesta, pero cree que está fuera de su campo de tiro.

Las detenciones a mediados de septiembre de 14 responsables del proceso separatista no obedecen a una decisión del Gobierno ni de la Fiscalía General del Estado. El origen está en unos procedimientos judiciales interpuestos por el partido político VOX, que lidera Santiago Abascal, y el abogado Miguel Durán. ?

?“Si hemos servido para desencadenar un procedimiento que ha permitido descubrir todos los que estaban tratando de hundir España, con eso me conformo”, ha señalado a este diario. Además, ha indicado que no van a permitir que ningún poder que no sea el judicial desvirtúe los efectos de su denuncia.

El artículo 6 de la Constitución

José Luis Manzanares Republica  31 Octubre 2017

Según el § 9.2 de la Ley Fundamental o Constitución de Alemania, “están prohibidas las asociaciones cuyo fin o cuya actividad se opongan a las leyes penales o que se dirijan contra el orden constitucional o contra la idea del entendimiento entre los pueblos”. Ya en la práctica, dicha prohibición alcanza tanto al Partido Nacional Socialista como al Partido Comunista.

Nuestra Constitución se expresa con menor contundencia, pero algo recoge también sobre este particular. Su artículo 6 comienza afirmando que “los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política”. Sin embargo, inmediatamente después añade que “su creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y la ley”.

En España son defendibles, individual o colectivamente, todas las ideologías, como son legales todos los partidos políticos que se atengan a aquella doble limitación. La decidida apuesta del Partido Comunista Español por nuestro Estado de Derecho justifica su legalización al margen de lo que suceda en otros países. Y en fechas más recientes, y no sin recelos por asumir muchos de los fines perseguidos por la ETA, fue legalizado EH Bildu como un partido más de nuestro espectro político.

El problema de algunos partidos políticos catalanes no consiste en su ideario separatista, sino en pretender conseguir la independencia de Cataluña unilateralmente, infringiendo la Constitución y sin molestarse siquiera en intentar su previa reforma en lo que atañe a la unidad de España.

Esta realidad, evidente al hilo de los últimos acontecimientos en Cataluña, obliga a plantearse la pregunta de si procede ilegalizar un partido cuya creación se ajustó en su día a unas exigencias constitucionales y legales que después han dejado de cumplirse. O, dicho de otro modo, qué ha de hacerse cuando su actividad presente se aleja de la formalidad programática.

No parece aceptable que en las próximas elecciones autonómicas de Cataluña participen partidos políticos cuyo declarado objetivo sea, fundamentalmente, romper la unidad de España por las vías de hecho, tal y como se ha intentado en esta ocasión. Sería una grave irresponsabilidad que nos conformásemos ahora con retrasar durante algún tiempo un nuevo golpe pacífico de estado como edición actualizada y corregida del anterior.

¿Volveremos a llegar tarde? ¿Seguirá interpretándose el artículo 6 de la Constitución como un brindis al sol?

Pedagogía en Soto del Real
Pablo Molina Libertad Digital 31 Octubre 2017

Lo cierto es que la intentona golpista del pobre Puigdemont nos está brindando un gran espectáculo en el que lo mejor está por llegar.

Los independentistas catalanes derrotados, ridiculizados en todo el mundo y a punto de entrar en prisión; los podemitas, inmersos en una de las tradicionales purgas internas de los partidos comunistas para eliminar a los que cuestionan la autoridad del líder máximo… Lo cierto es que la intentona golpista del pobre Puigdemont nos está brindando un gran espectáculo en el que lo mejor está por llegar.

Los gitanos buenos de la prisión de Soto del Real, insignes pedagogos que trabajan gratis para recuperar a los Jordis de su enajenación ideológica, van a ampliar en los próximos días su nómina de pacientes con el ingreso de otros destacados dirigentes del independentismo catalán. El trabajo se les acumula a estos señores de etnia calé, pero de su generosidad probada y amor a España cabe esperar un esfuerzo añadido para que ningún independentista ingresado en la trena se quede sin su ración diaria de Manolo Escobar.

Hay casos muy graves, como hemos podido ver tras la huida a Bélgica de Puigdemont y sus consejeros más leales. El mero hecho de huir en coche y cambiar de vehículo en mitad de un túnel camino de Marsella, con el riesgo de provocar un atasco y varios accidentes, nos sitúa ante unos personajes con una chifladura colectiva en grado muy avanzado, tal vez terminal. Es todo tan aberrante que siguen denunciando el totalitarismo del Estat Espanyol y su convocatoria ilegal de elecciones, mientras preparan las listas para acudir con el mayor entusiasmo a la cita electoral.

Ni renuncian a los sueldos del Congreso de los Diputados ni, mucho menos, a seguir liderando la política regional, a ver si una década de estas pillan a los demás catalanes desprevenidos y, aunque sea por aburrimiento, ganan con el 50,1% y retoman la matraca independentista una vez más.

Como se puede ver, la recuperación de estos personajes para la vida normal no va a ser nada fácil, pero el entusiasmo de los internos de Soto del Real y los efectos taumatúrgicos del Que Viva España pueden obrar milagros, incluso en mentes tan intoxicadas como las de estos dirigentes independentistas, que han destrozado Cataluña con sus delirios totalitarios y siguen haciendo el ridículo convencidos de su inmunidad.

CONSECUENCIAS DE SU INACCIÓN
‘¿Dónde estábais el 1-O?’, la Cataluña del 155 a los Mossos
Juan E. Pflüger gaceta.es 31 Octubre 2017

La inacción de los Mossos durante la jornada del 1 de octubre en la que permitieron el desarrollo de la votación declarada ilegal por el Constitucional, les pasa factura.

Durante el pasado fin de semana se vivieron escenas en las que los Mossos d’esquadra tuvieron que ver como la sociedad catalana que no es partidaria del separatismo les afea la conducta que mantuvieron, contra la legalidad vigente, y no cumplieron la orden de la Fiscalía, amparada en una sentencia del Tribunal Constitucional, de cerrar los colegios electorales en los que se estaban celebrando votaciones.

No es la única actitud vergonzante de los agentes del cuerpo de policía autonómico. El 20 de septiembre, no actuaron para evitar el secuestro de una comitiva judicial que estaba realizando diligencias en la sede de la consejería de Economía, y permitieron que los vehículos de la Guardia Civil fueran destrozados. Los encerrados por una turba separatista, liderada por los responsables de la ANC (Asamblea Nacional de Cataluña) y Òmnium -”los Jordis”- tuvieron que esperar veinte horas antes de que los Mossos decidieran facilitar su salida. Y cuando lo hicieron, fue sol tras recibir la amenaza de la Guardia Civil de envíar a sus antidisturbios para restablecer el orden.

La policía autonómica también ha permitido el acoso a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado cuando llegaban a Barcelona y, por supuesto, todos recordamos las imágenes de los agentes catalanes colaborando con las votaciones y enfrentándose a los policías nacionales y guardias civiles que intentaban hacer cumplir la legalidad durante la votación del 1-O.

Más recientemente hemos visto como, lejos de garantizar el derecho a la libertad de expresión de Álvaro de Marichalar, éste era detenido por acudir a la sede de la Generalidad a defender que Cataluña es parte de España.

Ahora, cuando lo que antes se conocía como la mayoría silenciosa ha salido a la calle, los agentes que no hicieron cumplir la ley colaborando con el proceso independentista deben aguantar cómo se les hecha en cara su actitud. Es lo normal, cuando la gente que sale a la calle, gracias a la protección de la Policía Nacional y la Guardia Civil, que recriminen a los agentes autonómicos que solamente han sido una policía de partido, no los garantes de la legalidad.

Durante las convocatorias de este fin de semana, se han repetido en varias ocasiones escenas en las que los manifestantes, con banderas españolas y catalanas -las oficiales, no las esteladas- gritar a los agentes que, ahora sí, aparecían embozados y con las defensas en la mano, eslóganes como: “¿dónde estábais el 1 de octubre?” o “¡Esta policía, no nos representa!”.

Es más, los agentes han dado la razón a los manifestantes al emplearse con contundencia cargando contra algunos de estos individuos y golpeándoles con las porras. Una actitud muy distante de la mantenida durante la convocatoria ilegal del referéndum, en el que no solamente no cerraron los colegios electorales, como se les había ordenado, sino colaborando hasta en el transporte de las urnas.

Son varios los vídeos que han sido colgados en las redes sociales en los que, ante la presencia de la Policía Nacional frente a la Delegación del Gobierno en Barcelona, los manifestantes les agradecían su presencia y su trabajo, a la vez que criticaban la falta de compromiso de los Mossos con la legalidad.

El desafío al Estado no puede quedar impune
EDITORIAL El Mundo 31 Octubre 2017

A la determinación mostrada por el Senado y el Gobierno para hacer frente al desafío separatista, se sumó ayer la firme iniciativa de la Justicia. Con las dos querellas presentadas por el fiscal general, José Manuel Maza, el Estado de derecho completa la acción coordinada de sus tres poderes con el objetivo no sólo de detener la insurrección puesta en marcha hace años por los máximos responsables institucionales de Cataluña. También para evitar que queden impunes las irresponsables decisiones con las que han puesto en riesgo la estabilidad política, social y económica del país.

De esta forma, además de haber sido destituidos de sus puestos, el Govern al completo, con Puigdemont y Junqueras a la cabeza, y Carme Forcadell, junto a los miembros de la Mesa que posibilitaron la votación ilegal del pasado viernes en el Parlament, se enfrentan a las duras condenas que llevan aparejadas los delitos de rebelión y malversación de fondos públicos. Delitos que, según la Fiscalía, habrían podido cometer de forma contumaz y reiterada al menos desde el mes de septiembre de 2015 y que, en el caso más extremo, podrían conllevar penas de hasta 30 años de cárcel si quedase demostrada la acusación más grave, la de rebelión contra el orden constitucional. Para reforzar esta acusación, la Fiscalía defiende que los constantes llamamientos a que los ciudadanos defendiesen en la calle sus resoluciones ilegales supone un acto de violencia en sí mismo, así como la "actitud proactiva de la policía autonómica ante el referéndum".

En total, las dos querellas afectan a 20 personas para las que la Fiscalía pide una fianza de 6,2 millones de euros para cubrir las responsabilidades civiles a las que podrían ser condenados. El ministerio público entiende que todos ellos podrían haber dispuesto de "ingentes caudales públicos" con los que sufragar los gastos tanto del referéndum ilegal del 1-O como de la campaña de propaganda llevada a cabo con la finalidad de recabar apoyos internacionales, tanto de medios de prensa extranjeros como de algunas personalidades.

Ayer por la tarde, el Tribunal Supremo, donde se juzgará a los miembros de la Mesa del Parlament por estar aforados, admitió a trámite la querella de la Fiscalía y nombró instructor de la causa a Pablo Llanera, que de forma urgente, tal y como le ha instado el fiscal general, llamará a declarar a los querellados para determinar las medidas cautelares que se les imponen. La Audiencia Nacional, donde se instruirá la causa contra los ex miembros del Govern, hará lo propio en los próximos días, dada la gravedad de las acusaciones. En ambos casos, si los querellados no atendieran al requerimiento de la Justicia, la Fiscalía ha pedido su detención inmediata y su traslado a dependencias judiciales. Por esta razón, en un ejemplo más del delirio esperpéntico en el que se ha instalado Puigdemont, y de su ánimo retador, el ex presidente de la Generalitat y cinco de sus ex consellers viajaron a Bruselas y desencadenaron especulaciones sobre una posible petición de asilo, además de escenificar un hipotético gobierno en el exilio. Una actitud que contrasta con el acatamiento de las consecuencias de la aplicación del artículo 155 de la mayor parte de los cargos afectados, entre ellos la propia Forcadell, y que parece ignorar que ni Bélgica ni ningún otro país de la UE va a seguir el ridículo juego de Puigdemont, por más que haya contratado los servicios de un abogado que impidió la extradición de algunos etarras. Esto sólo cabe en la cabeza de quien se niega a asumir su derrota y se resiste a pagar las consecuencias políticas y penales de sus acciones.

Las actuaciones del Senado, del Gobierno y de la Fiscalía han conducido a los independentistas a un callejón sin salida y a tener que asumir la imposibilidad de llevar a cabo sus propósitos. Pero no es suficiente: los ciudadanos merecen la certeza de que delitos tan graves no quedan impunes.

Quién paró el golpe
Cristina Losada Libertad Digital 31 Octubre 2017

El golpe lo han parado, antes que nadie, los ciudadanos. Los ciudadanos de Cataluña, para ser precisos.

Cuando los episodios grotescos se acumulan. Cuando el presidente y los consejeros cesados se fugan a Bélgica mientras la Fiscalía anuncia querellas por rebelión y sedición. Cuando el virtual edificio de la proclamada república se viene abajo como un castillo de naipes. Cuando los partidos que declararon y celebraron la independencia no saben qué inventar para justificar que irán a las autonómicas del 21-D, demostrando así que ni siquiera ellos reconocen lo que declararon y celebraron. En fin, cuando ha pasado todo eso, es fácil olvidar lo cerca que estuvieron los golpistas de salirse con la suya.

Entre el 29 de septiembre y el 3 de octubre estuvieron muy cerca. Aquel viernes 29 de septiembre se hizo patente, durante la rueda de prensa del Consejo de Ministros, que el Gobierno de España estaba en la inopia. Sí, había enviado a efectivos de la Policía y la Guardia Civil a Cataluña, y establecido un dispositivo de coordinación con los Mossos para impedir, tal como rezaban las órdenes judiciales, que se votara el 1 de octubre. Pero había ya indicios para sospechar que los responsables de los Mossos no iban a llevar a cabo las órdenes, y nada se hizo en previsión de esa falta. Bueno, sí, el portavoz Méndez de Vigo bromeó con las urnas compradas en los chinos. Eso fue definitivo: en la inopia.

La actuación in extremis de la Policía Nacional y la Guardia Civil el 1-O fue impecable dadas las circunstancias. Pero no hubo nada que hacer frente a las imágenes que sirvieron para nutrir el relato de la represión de pacíficos ciudadanos que sólo querían expresar su opinión en las urnas. "España aporrea a Cataluña": ese era el relato que querían apuntalar los separatistas. Esa fue la trampa en la que cayó el Gobierno. Y con él, la causa de frenar el golpe. Fue así como los golpistas pusieron a su favor a gran parte de la opinión pública internacional, y en la propia Cataluña. Muchos catalanes no independentistas vieron excesivo el uso de la fuerza y, en todo caso, no aprobaron para nada la actuación de Madrid.

Así son las cosas en la era de la imagen, de las fake news y de la postverdad. Pero son así. Y frente a aquella realidad virtual que emergió de la trampa del 1-O, el Gobierno fue incapaz de defender su propia actuación, y la de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Quedó noqueado. El 2 de octubre, Barcelona y otras ciudades catalanas se llenaron de manifestantes contra "la represión". No sólo eso: en localidades donde estaban alojados policías y guardias civiles se hicieron manifas contra ellos. Se forzó a los hoteles a echarlos y a muchos establecimientos a no atenderlos. Se los acosó e insultó. Hasta hijos de guardias civiles sufrieron escarnio en las escuelas. No fueron episodios anecdóticos ni políticamente irrelevantes. La expulsión de las "fuerzas de ocupación", que era el objetivo perseguido, habría supuesto que el control del territorio estuviera en manos de los golpistas.

Es curioso cómo empezó la resistencia al golpe. No creo que haya muchos precedentes. Porque empezó en defensa de la Policía Nacional y la Guardia Civil. Empezó en las localidades de donde se les quería echar, cuando vecinos no separatistas fueron a apoyarles. Al principio, grupos pequeños, después más grandes. Y la tarde del martes 3 de octubre varios miles de personas recorrieron el centro de Barcelona con banderas españolas gritando "¡No estáis solos!". Fueron hasta el cuartel de la Guardia Civil de Travesera de Gracia. Allí se oyó por primera vez: "¡Esta es nuestra policía!". Pero la novedad importante fue esta: aquellos actos espontáneos demostraron que había en Cataluña ciudadanos dispuestos a oponerse activamente a los golpistas, y a romper silencios y tabúes impuestos desde hacía mucho tiempo.

Aquella noche, salió el Rey. Su discurso marcó el punto de inflexión en la actitud del Estado. Su intervención tranquilizó a los españoles que veían con enorme inquietud el progreso del golpe, dio aliento a los ciudadanos de Cataluña contrarios a la ruptura y dejó claro a los golpistas que se usarían todos los instrumentos constitucionales y legales para pararlos. Puede que a Mariano Rajoy no se lo tomaran muy en serio. Al Rey había buenos motivos para que sí.

El punto de inflexión se hizo cambio de tendencia el 8 de octubre. La manifestación en Barcelona convocada por Sociedad Civil Catalana fue la definitiva ruptura de la espiral de silencio. Ya era imposible para los separatistas mantener la ficción, tan largamente elaborada, de que ellos y sólo ellos eran Cataluña. Más aún: en ese instante se percibió con meridiana claridad que el triunfo del golpe era imposible. Era imposible imponerlo contra la mitad de la población. Para entonces ya se había encendido otra alarma, otra señal de la imposibilidad. Empezó la salida de empresas de Cataluña, de empresas emblemáticas. Sólo desde el fanatismo más recalcitrante se podía negar la evidencia.

En política, en una democracia, yo no soy muy partidaria de la épica. Tampoco estoy entre los que creen que la sociedad debe estar perpetuamente movilizada. Pero esto no quita que reconozca lo que he visto. Lo que hemos visto. El golpe lo han parado, antes que nadie, los ciudadanos. Los ciudadanos de Cataluña, para ser precisos. Los ciudadanos de Cataluña que no quieren dejar de ser españoles. Los ciudadanos, pues ellos son los ciudadanos, que no están dispuestos a que aquellos que tienen el poder se salten la ley y la democracia para imponer su voluntad, provoquen el enfrentamiento y empobrezcan a la mayoría.

En la mañana del 3 de octubre, las cámaras de algunas teles mostraron a un señor que caminaba por el centro de Barcelona quitando carteles y pegatinas, octavillas y pancartas, esteladas y otras piezas de propaganda separatista que habían dejado por todas partes los manifestantes de la víspera. Iba él solito y pensé: vaya, aún queda un ciudadano en Barcelona. Un urbanita cívico y valiente, una rara avis. Pues no. Quedaban muchos otros. Muchos más. Cierto, no todo está hecho ni ganado, aún habrá pruebas por las que pasar. Pero ya hay que agradecer a los ciudadanos de Cataluña su indiscutible protagonismo en la resistencia a este dramático golpe que ha sufrido la democracia española. Tres hurras por ellos.

Puigdemont, de Bruselas a Soto del Real
Si regresa Puigdemont de su excursión belga quizás lo haga para ingresar en Soto del Real
José Antonio Zarzalejos El Confidencial 31 Octubre 2017

Puede que el desplazamiento –tan clandestino- de Puigdemont y cinco de sus exconsejeros no sea una fuga, pero parecerlo, lo parece. Cuando se redacta este texto (tarde noche del lunes) el expresidente de la Generalitat y sus acompañantes no habían dado señales de vida. Ni siquiera hay confirmación de que estuvieran en la capital de Bélgica. Consta que se trasladaron de Barcelona a Marsella en coche y volaron desde allí hasta la ciudad comunitaria. En donde podrían haberse acogido al deplorable pabellón político de la N-VA, un partido flamenco y de corte extremista uno de cuyos representantes en el gobierno belga, Theo Francken -¡qué casualidad!- sugirió el domingo la posibilidad de dar asilo político al político catalán.

No parece una casualidad que el viaje de marras –esperemos a confirmar o desmentir que sea una huida- coincidiera con la interposición de la anunciada querella del Fiscal General del Estado contra Puigdemont y sus consejeros no aforados ante la Audiencia Nacional por los delitos de rebelión, subsidiariamente de sedición, y malversación de fondos públicos. Delitos que conllevan penas de cárcel que provisionalmente pediría el ministerio fiscal y que ahora seguro que lo hará porque el que fuera presidente catalán ha incurrido en uno de los supuestos que justifican la prisión provisional: el riesgo de fuga. Así que si regresa Puigdemont de su excursión belga quizás lo haga para ingresar en Soto del Real. Bien visto tendría lógica: 'los Jordis' llevan semanas allí por hechos de menor entidad que los que el fiscal atribuye al ex presidente de la Generalitat.

La solemnidad de Mariano
Ricardo Chamorro. gaceta.es 31 Octubre 2017

En 2007 acudí, como miles de españoles, a la manifestación en Madrid convocada bajo el lema “España por la libertad. No más cesiones a ETA”.

En dicha manifestación Mariano Rajoy, hoy presidente del gobierno, nos convocó por medio de un pacto solemne a defender la nación española y a sumar esfuerzos como un solo pueblo. Esa convocatoria solemne no ha sido suspendida que yo sepa, y nadie, mucho menos el convocante, puede abstraerse de aquellas palabras.

Decía el filosofo Aristóteles que “El hombre es esclavo de sus palabras y dueño de su silencio”. Yo añadiría que siempre que no seas un cínico, un hipócrita, un falsario, o no seas hombre.

Por todo ello, a pesar de críticas, traiciones, matices y desencuentros, desde entonces hasta ahora, el gobierno de España, presidido por aquel convocante, no tiene más que seguir, con la misma solemnidad que nos pedía a los asistentes en 2007, aquellas palabras ante los hechos de ruptura que estamos viviendo hoy, no hay mucho más.

Es necesario recordar aquellas palabras de Mariano Rajoy en 2007, para que nadie se extrañe de lo que demandamos los que hicimos nuestro ese mandato hace hoy diez años, sobre todo es un recordatorio para los que desde la misma trinchera reprenden a los que exigimos firmeza y determinación frente a los golpistas. Unas palabras por encima de maquiavelismos, negociaciones y zarandajas.

Recuerda Mariano tus palabras y actúa en coherencia esta vez, hiciste un pacto y debes cumplir :
“Convoco solemnemente a todos los españoles, a los que les importe España a poner fin a esta situación. Les convoco a defender la nación española y a sumar esfuerzos para recuperar nuestra autoestima como un pueblo que ha sabido dar ejemplo al mundo con su entereza”

“Esto es lo que queremos y es lo que nos ha traído aquí: que el Gobierno rectifique, que se imponga la razón, que se aplique la ley y que sea el Gobierno el primero en respetarla”

“Hemos venido para proclamar que la mayoría de los españoles no estamos conformes; para que nadie pueda beneficiarse de nuestro silencio; para que nadie cuente con nuestra resignación”.

“Estamos hablando de España, que es lo que nos ocultan detrás de eso que llaman negociaciones”. “¿Con quién discute el Gobierno el futuro de Navarra, del País Vasco, de España? ¿Con los navarros? No. ¿Con los españoles? No. Lo discute con Batasuna, a escondidas, en secreto. ¿Con qué derecho? No lo vamos a consentir.

España nos pertenece a todos y nadie tiene derecho a modificarla para darle gusto a ETA.”

“Ha descubierto un Gobierno débil y quiere aprovechar la ocasión. Quien cede una vez ante ellos se condena a seguir cediendo o a tener que combatirlos cuando sea demasiado tarde. Por eso es preferible tener el coraje de hacerles frente desde el principio, sin debilitar nuestra fuerza, sin fortalecer al principal enemigo de nuestra libertad”.

“El Gobierno está cogido en una trampa en la que él mismo se ha metido y de la que no sabe salir. […] Y se asusta cuando se le piden explicaciones. Y se asusta cuando los españoles sacamos nuestra indignación, serena y democrática, a la calle”.

“España nos pertenece a todos y nadie tiene derecho a modificarla […]. No lo vamos a consentir”.

“Un empeño que está por encima de diferencias ideológicas; por encima de partidos, por encima de rivalidades políticas, porque afecta al interés común. Una tarea que exige el esfuerzo de todos y merece el apoyo de todos“.

“Somos una voluntad en marcha”. “Decid que estamos reclamando una deuda que el Gobierno quiere cancelar. Decid que reclamamos la libertad que nos han robado y que solamente podremos recuperar cuando se haga justicia, cuando podamos respirar hondo, cuando los terroristas no ejerzan ninguna influencia en nuestra vida, cuando ETA sea derrotada y desaparezca”.

“Ahora sabemos por qué se nos humilla ante los terroristas, por qué el Gobierno es tan complaciente con sus portavoces, por qué Batasuna, que es ilegal, recibe mejor trato que quienes respetamos las leyes. Ahora sabemos por qué había que retorcer las normas, trampear los procedimientos y engañar a los españoles para excarcelar a un terrorista insaciable”.

Esperpento
Los hechos iniciales desmienten la prevención del Gobierno, que temía encontrarse bajo cada mesa un comando guerrillero
Ignacio Camacho ABC 31 Octubre 2017

Estos separatistas no eran tan fieros como los pintaban. En vez de resistir junto al pueblo cautivo han salido por patas. Puigdemont se ha creído de verdad Companys pero en punto de caricatura, de farsa; su fuga al exilio, si tal cosa es, habrá que apuntarla en el debe de una Fiscalía y de unos tribunales que al día siguiente de un golpe de Estado se fueron tan tranquilos de fin de semana. Lógico: hace un otoño estupendo y no era cosa de perderse el aperitivo al sol en una terraza. Todo resultaría cómico, incluso la estrafalaria declaración de independencia, si no fuese por la escisión profunda que esta absurda aventura ha abierto en la sociedad catalana. Lo dijo Valle por boca del ciego Max Estrella: el sentido trágico de la realidad española sólo puede expresarse mediante una estética sistemáticamente deformada.

A los soberanistas va a ser difícil tumbarlos en las urnas porque llevan décadas haciendo campaña, pero en el plano institucional no tenían media bofetada. Acaso porque no se sientan del todo incómodos ante una intervención deliberadamente acotada, al primer envite de requerimiento han entregado bagajes y armas. La presentida resistencia vietnamita por ahora no aparece aunque en la Administración autonómica puede haber política de tierra quemada. Y el independentismo feroche se va a presentar a las elecciones en vez de boicotearlas porque todavía entiende que puede conservar cierta posición de ventaja. Al fin y al cabo se trata de catalanes, gente de larga tradición pragmática. Carnaza para los partidarios de la conspiratoria teoría del pasteleo, que sospechan enjuague y gatuperio bajo esta destitución de mano blanda.

En todo caso, los hechos iniciales desmienten la encogida prevención del Gobierno, que temía encontrarse bajo cada mesa de la Generalitat un comando guerrillero. Acostumbrado a no ejercer la autoridad, el marianismo se vio ante las puertas del infierno y decidió llamar a ella con toques quedos y con la intención manifiesta de pasar el menos tiempo posible dentro. Ha sobrevalorado al adversario porque le escocía el fracaso en la evitación del referéndum. Y se ha puesto límites a sí mismo al establecer plazos y cortapisas en su propio empeño. Los hombres del presidente confunden gobernar con gestionar porque la esencia del poder, que consiste en mandar, les da miedo; más que políticos son técnicos. No han querido entender que la vuelta a la normalidad en Cataluña entraña un esfuerzo mucho más complejo que el de restablecer el Derecho. Ojalá no sea ésta una oportunidad perdida que dé lugar al arrepentimiento. Porque el cañón del calibre 155 no se puede volver a cargar en cualquier otro momento, y menos para acabar disparando munición de fogueo.

En cuanto a Puchimón, que va camino de convertirse en un personaje de esperpento, todavía no sabe lo aburrida y triste que puede ser Bélgica como lugar de destierro.

Anticonstitucionalistas de España, uníos
Emilio Campmany Libertad Digital 31 Octubre 2017

¿Por qué Podemos se presta al juego, a pesar de los votos que esta postura le está haciendo perder en el resto de España?

Los independentistas pretendieron dar un tono épico a lo que ha resultado ser una farsa, la culminación del proceso. Tras llamar a los funcionarios y a la población en general a resistir la aplicación del 155, se han plegado mansamente a su cumplimiento. Así pues, el proceso no estaba dirigido a conseguir la independencia sino a dar uno más de los muchos pasos que han de llevar hasta ella. Hubo sin embargo un debate táctico. Puigdemont prefería convocar elecciones con el fin de controlar el proceso electoral desde la Generalidad. Junqueras, que se salió con la suya, creyó que era mejor forzar la aplicación del 155 para alimentar el victimismo nacionalista.

Es lógico que fuera la Esquerra la que impusiera su punto de vista, puesto que es la que dirigirá el proceso a partir de ahora. Junqueras además es consciente de que siempre que el nacionalismo catalán ha conseguido algo ha sido con la ayuda de alguna fuerza de implantación nacional. El dichoso estatuto de 2006, supuesto origen del proceso, no habría salido nunca adelante sin el empeño del PSC y la complicidad del PSOE.

Ahora que se trata de alcanzar la independencia y no una mayor autonomía, el PSC ya no está por colaborar y la reforma constitucional que defiende el PSOE es insuficiente. El aliado en el que está pensando la Esquerra es Podemos, que desde el principio ha defendido la convocatoria de un referéndum legal y vinculante. ¿Por qué Podemos se presta al juego, a pesar de los votos que esta postura le está haciendo perder en el resto de España? Porque la mera convocatoria legal de ese referéndum, con o sin reforma, supondría la liquidación de lo que ellos llaman "el régimen del 78".

Podemos siempre ha defendido la ilegitimidad de un régimen que no es más que la evolución de la dictadura franquista. La crisis que tal liquidación desencadenaría podría llegar a ser lo suficientemente grave como para hacer posible una victoria electoral de Podemos. Por otra parte, Pablo Iglesias cree que parte de los votantes del PSOE comparten con él la idea de que a los catalanes se les debería reconocer el derecho de autodeterminación. De forma que cree que defenderlo le permitiría rebañar votos al PSOE ahora que Pedro Sánchez, por respaldar el 155, puede ser acusado de ser una marioneta de Rajoy.

Las encuestas no permiten abrigar ninguna duda de que la Esquerra gobernará Cataluña tras el 21 de diciembre si cuenta con el apoyo de Podemos. Da igual lo buenos que sean los resultados de los constitucionalistas. A partir de ahí, el independentismo contaría con un fuerte aliado en las Cortes para forzar el referéndum legal que ansían. Y unos y otros confían en que el PSOE, presionado por el PSC, acabaría por no oponerse. Lo inquietante es que es un escenario que Rajoy no ayudará a evitar porque obligaría a los electores del centro derecha a votarle nuevamente a él en las próximas elecciones generales, a pesar del rechazo que despierta en muchos de ellos.

Grotesco
José María Albert de Paco Libertad Digital 31 Octubre 2017

Esta tropa no merece un ápice de seriedad.

Por las trazas de la escenografía, el compareciente bien podía ser un entrenador destituido, el secretario de un certamen amañado o un ignoto aspirante a Premio Nobel de la Paz. Sin estrado ni atril que solemnizaran el acto, con su guardia pretoriana arropándole a lo largo de una mesa de reminiscencias bíblicas, insuficiente, en todo caso, para contener la pira de micrófonos que habían de registrar sus palabras (y entre los que destacaban, por cierto, los de la prensa internacional: Euskal Irratia, Euskal Telebista, Catalunya Ràdio, TV3, RAC1…), Carles Puigdemont i Casamajó tomó la palabra. Se sabía que había recurrido a un abogado especialista en extradición y asilo político de etarras, por lo que parecía probable que cursara una petición en ese sentido. Probable y verosímil. "No, no voy a pedir asilo", declamó, lo que, en castellano recto vendría a ser "Lo he intentado, sí, pero me lo han desaconsejado porque me expongo a uno de esos ridículos de donde ya no regresa uno".

De su verdadero propósito, no obstante, da fe la web que él mismo y su informático de cabecera (¿Tremosa, quizá?) acababan de publicar, y cuya dirección, http://president.exili.eu/, da poco margen a la interpretación. También su melancólico paseo por Gerona y el mensaje que dejó grabado en televisión (y que tal vez convendría escuchar al revés por si viniera encriptado un "Me piro a Bélgica" o, dado Puigdemont, el "Passi-ho bé i moltes gràcies" de La Trinca) prefiguraban, en cierto modo, la escapada. Una falacia retrospectiva, lo admito, pero no creo que esta tropa merezca un ápice de seriedad, por lo que clamar que, no contentos con trivializar sintagmas como pueblo oprimido o lengua perseguida, hagan lo propio con exiliado o expatriado, que tan reales fueron durante ese franquismo al que, ay, tanto gustan de jugar nuestros nacionales, se me antoja un ritual de ennoblecimiento para el que no han contraído mérito alguno.

La cara positiva del golpe
La revitalización del patriotismo y otros 7 hitos que le debemos al procés

Rafael Núñez Huesca gaceta.es 31 Octubre 2017

El separatismo ha despertado a la llamada ‘mayoría silenciosa’, en Cataluña y en el resto de España, donde banderas rojigualdas decoran desde hace semanas los balcones. El país ha tomado conciencia del peligro fragmentador del nacionalismo y empiezan a plantearse incluso cambios en el sistema educativo. Estas son las consecuencias positivas del procés.

1. Patriotismo. España se une frente al separatismo
Los balcones de toda España lucen engalanados con banderas nacionales, se han producido manifestaciones espontáneas por todo el país clamando por la unidad, han aparecido fenómenos virales en las redes sociales de catalanes que por primera vez levantaban la voz contra el nacionalismo orgánico y, sobre todo, Barcelona ha reunido a centenares de miles de españoles resueltos a impedir la mutilación del país. En dos ocasiones y con sólo quince días de diferencia. Algo impensable hace sólo dos meses.
La intentona golpista ha desvelado una realidad durante demasiado tiempo oculta: hay Nación. Permanece el hilo invisible que une a los españoles de las cincuenta y dos provincias. Existe una comunidad política llamada España, varias veces secular y forjada a base de poderosos vínculos culturales y afectivos que no será tan fácil destruir como algunos creyeron.

2. Cambia la dinámica histórica
No es ningún secreto que la Constitución de 1978 buscó dar satisfacción a los movimientos nacionalistas vasco y catalán. El propio diseño territorial español es, en gran medida, la respuesta a la demanda de descentralización del PNV y el catalanismo. Mas no fue suficiente. Para los nacionalismos, y luego para las élites políticas regionales de resto de España, la exigencia de nuevas competencias ha sido una constante. En parte por la coyuntura política y en parte por complejos mal resueltos, el Estado lleva cuarenta años instalado en una dinámica de cesión permanente hacia las administraciones regionales, particularmente la vasca y la catalana. Impuestos, televisiones, Educación, Seguridad, Sanidad. El vaciado de atribuciones ha sido de tal magnitud que “el Estado es hoy residual en Cataluña”, al decir de Pasqual Maragall. ??Con la aplicación del Artículo 155, por primera vez, y aunque sea con carácter temporal, se rompe la dinámica. El control de la Comunidad Autónoma de Cataluña hace visible al Estado, invoca su autoridad y rompe un viejo tabú según el cual cualquier oposición al nacionalismo sería contestada masivamente en las calles.
Hay un precedente: se ilegalizó a Batasuna y se frenó a Ibarretxe y hoy ETA es irrelevante y la pulsión separatista en el País Vasco está en mínimos históricos.

3. Podemos, víctima de su propia hispanofobia
“¡Esa izquierda cómplice que se dice que no es nacionalista, pero que se va detrás de los nacionalistas y les baila el agua! ¿Qué hace esta izquierda que no está aquí, como lo está la izquierda real?”. Fueron las palabras que dedicó el exsecretario general del PCE y de Izquierda Unida, Paco Frutos a Podemos, los llamados ‘comuns’ y sus organizaciones satélites durante la manifestación del pasado domingo.

En un editorial del pasado veinte de septiembre de título “Podemos, cómplice”, el diario El País acusaba directamente a Pablo Iglesias de subirse al carro del separatismo “para obtener los réditos que no logró con la moción de censura, ampliar su acción con ruido mediático y callejero y canibalizar parte de los apoyos del PSOE”.

Lo estrategia suicida de Podemos durante la crisis ha llevado incluso a su secretario de Organización, Pablo Echenique, a intentar desprestigiar las manifestaciones por la unidad en Barcelona, calificándolas como “de extrema derecha” y asegurando que eran convocadas por “los que odian a los rojos, a los gays, a los inmigrantes y a los catalanes”.

El papel de la formación de Pablo Iglesias en esta crisis está causando incomodidad incluso entre sus propias filas. El primero en denunciar la situación fue Alberto Garzón, que alertaba que “cuando el derecho de autodeterminación lo exigen las partes más ricas hay que sospechar”. La semana pasada hablaba Carolina Bescansa, que pidió al partido que hablase “más a España y no solo a los independentistas” y recordó que Podemos es un partido “español” y “estatal” pero “se ha olvidado de contarlo”. Bescansa, es menester señalarlo, ha sido la socióloga de la formación hasta su defenestración. Y es que las encuestas arrojan cada vez peores resultados a los de Iglesias. Según GAD3, Podemos perdería 16 escaños, bajando incluso hasta el cuarto puesto, superado por Ciudadanos.

4. El socialismo, contra el golpe
Con el PSC ha ocurrido lo contrario que con Podemos. Los socialistas catalanes han ido modulando sus posiciones desde la defensa del derecho de autodeterminación de Pere Navarro hasta la concurrencia de Miquel Iceta a la masiva manifestación del pasado domingo junto a Inés Arrimadas y Xavier García Albiol. ?El partido hermano del PSOE sigue, en realidad, la dinámica de de la izquierda moderada y que se ha venido haciendo visible en las manifestaciones de personalidades como Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina o Isabel Coixet.

El PSOE al completo se ha conjurado para hacer frente al desafío separatista, incluido el Secretario General que pese a las enormes diferencias que le separan de Rajoy ha cerrado filas con el Ejecutivo. Además del apoyo político, Pedro Sánchez y su equipo están elaborando una narrativa de deslegitimación del nacionalismo desde la izquierda: “¿Es de izquierdas defender a los que proclaman la independencia como consecuencia de una insolidaridad con otras regiones de España por el mero hecho que pagan más recursos?”. “No atisbo la bandera de la izquierda en la causa secesionista”.

5. Se refuerza el compromiso internacional con la unidad de España
Pese a las promesas del separatismo, ningún país del mundo ha reconocido la pretendida ‘república catalana’. Ni siquiera los presuntamente afines al mensaje de la Generalitat. Por el contrario, a medida que el Govern ha ido quemando etapas, las cancillerías europeas y Bruselas han ido endureciendo su mensaje contra la Generalitat.

El presidente Consejo Europeo, Donald Tusk, recordaba que la ley “debe ser respetada por todos los actores de la vida pública”, y el de la Comisión Europea, Jean Claude Junker, subrayaba que la “fuerza del derecho” es la base fundamental de la UE. Quizá el más contundente de todos esté siendo el italiano Antonio Tajani, presidente del Parlamento Europeo, que ha advertido que “a nadie se le ocurre en la Unión Europea saltarse las normas que nos hemos dado entre todos. Los Tratados se pueden cambiar, pero mientras el Derecho no se cambie, su respeto no es una opción, es una obligación”. Y a los pocos días insistía: “Si no hay marco jurídico y respeto a las leyes, vamos a la muerte de Europa” y lanzaba un mensaje que el paso de los días ha confirmado: “Hay que ser claro con los catalanes: nadie va a reconocer la independencia”.

Además, a medida que Puigdemont y su gobierno han ido violando leyes, desde Europa se ha ido abandonando la idea del ‘diálogo’ o la ‘mediación’. De unos días a esta parte en Bruselas parecen haber comprendido la naturaleza del movimiento separatista. Junker advertía: “No quiero que la Unión Europea mañana esté compuesta de 95 Estados” y se mostraba contrario “a todos los separatismos”.

6. Los españoles toman conciencia del peligro
Hasta hace pocas fechas eran escasos los políticos españoles los que tenían conciencia del riesgo que entrañaba el nacionalismo que se viene incubando en Cataluña desde hace décadas. Muy pocos eran los que se atrevían a denunciarlos y, por lo general, eran tachados de alarmistas o españolistas. Durante años se ha ignorado el problema y los diferentes gobiernos han preferido mirar hacia otro lado. La crisis de Estado desatada por el procés, la más grave desde la recuperación de la democrática, ha supuesto un choque abrupto con la realidad. Será difícil que a partir de ahora se minusvalore la capacidad destructiva de los nacionalismos fragmentarios. Y será difícil que el nacionalismo catalán recupere la respetabilidad que en un tiempo disfrutó. ?Se rompe así una narrativa de décadas que situaba al ‘nacionalismo moderado’ como un movimiento integrador e incluso con cierto sentido de Estado. El golpe al sistema constitucional, las violaciones continuadas de la legalidad, la persecución de policías y Guardias Civiles, la encerrona al Rey durante la manifestación contra el terrorismo o el supremacismo identitario aparecen ahora abruptamente, todo de golpe, para aquellos que durante cuatro décadas habían preferido mirar a otro lado. Millones de españoles toman ahora conciencia de un movimiento político que horroriza más cuanto más se conoce.

7. Educación, ¿y si abrimos la Caja de Pandora?
En coherencia con lo anterior, se ha abierto también el debate sobre el sistema educativo al que se está sometiendo a los niños catalanes. Un tabú hasta hace pocos años. Un asunto que nadie se ha atrevido a abordar y que la crisis separatista ha puesto también sobre la mesa.

Juan Arza, uno de los fundadores de Societat Civil Catalana, denunciaba en este mismo periódico que estos días “ha quedado en evidencia ante los ojos de todo el mundo lo que ocurre en la sociedad catalana en general, y concretamente en colegios y universidades. Muchos profesores se comportan como misioneros nacionalistas. El Estado debe recuperar su control sobre la educación e impedir que el adoctrinamiento continúe”.

Ciudadanos llevó hace pocos días una iniciativa al Congreso contra el adoctrinamiento político en los centros escolares que, si bien fue rechazada, puso en la agenda política y mediática un problema que no podrá ignorarse durante mucho más tiempo. Al menos no el Partido Popular, que podría verse perjudicado electoralmente si no atiende a los requerimientos de cada vez más padres que denuncian ‘adoctrinamiento político’ en las aulas catalanas.

“Creíamos que iba a ser el Gobierno quien iba a ayudar. Nosotros no vamos a permanecer paralizados”, decía Rivera tras fracasar su iniciativa en Las Cortes. El partido naranja insistirá en su propuesta de ley para crear una agencia independiente que inspeccione los centros docentes para “garantizar la neutralidad ideológica y política”.

Por vez primera algunos funcionarios se atreven a hablar públicamente de la situación. El inspector de Educación en Barcelona Jordi Cantallops denunciaba en el diario El Mundo un “adoctrinamiento identitario excluyente consustancial al sistema educativo”. Fijaba el inicio del proceso de ingeniería nacional: “desde que se transfirieron las competencias de educación”.?También un grupo de profesores, el sindicato AMES, ha roto el silencio y ha lanzado un dossier con 25 denuncias de adoctrinamiento político escolar recogidos por los medios de comunicación y a las que el Gobierno de España tendrá que atender.

8. La omnipotente CIU se desmorona
El expresidente Josep Tarradellas denunciaba en 1985 la existencia de “una dictadura blanca muy peligrosa, que no fusila, que no mata, pero que dejará un lastre muy fuerte”. Se refería a su sucesor al frente de la Generalitat, Jordi Pujol.

Unos años antes, en 1981, Tarradellas enviaba una carta al director de La Vanguardia, Horacio Sáenz Guerrero, en la que le alertaba de que con Jordi Pujol “la división cada día será más profunda y se alejará más y más de nuestros propósitos de consolidar para nosotros y para España la democracia y la libertad a la vez que los equívocos que surgirán entre nosotros serán cada día más graves”.

Pasaron los años y Convergència i Unió se convirtió en una máquina de ganar elecciones. Pujol presidió la Generalitat durante 23 años y puso las bases de un proceso independentista por fases (“Avui paciència, demà independència”) que en los últimos años ha pisado definitivamente el acelerador.

El 28 de octubre de 1990 El País hizo público un documento interno de CIU en el que se proyectaba “la infiltración nacionalista en todos los ámbitos sociales”. El responsable de la exclusiva y luego director de La Vanguardia, José Antioch, denunciaba “la obsesión por inculcar el sentimiento nacionalista en la sociedad catalana, propiciando un férreo control en casi todos sus ámbitos”. Se trataba del llamado “Programa 2000”, una obra coral de Jordi Pujol, Roca y los consellers de Economía, Educación y Sanidad de finales de los años ochenta.

Nada hacía pensar que la todopoderosa CIU acabaría estallando en mil pedazos. El 18 de junio de 2015 Unió decidió abandonar un barco que, entendían, iba directo a las rocas. Ramon Espadaler, Joana Ortega y Josep Maria Pelegrí dejaron el Govern. CIU pasaba a ser Convergència. Pocos meses después, abrasada la marca por los casos de corrupción y el divorcio con Unió, Artur Mas enterró la formación que fundara Pujol en el monasterio de Montserrat en 1974. Convergència pasaba a llamarse “Democràcia i Llibertat”. Así se presentaron a las elecciones del 20 de diciembre. El verano siguiente, en julio de 2016, se vuelve a producir un cambio de nombre: Partit Demòcrata Català.

Justo un año después, ya este verano, Puigdemont se vio obligado a relevar a los consellers Neus Munté, Jordi Jané y Meritxell Ruiz. Sólo una semana antes el president ya había cesado al conseller de Empresa, Jordi Baiget. Y en la víspera de la votación en la que se declaró la independencia salió el último: Santi Vila.

Hoy, como es sabido, Puigdemont y cinco consellers (dos del PDeCAT), son prófugos de la justicia y se enfrentan a penas de treinta años. Las mejores encuestas sitúan el partido en el quinto lugar del Parlament.

Nadie les va a dar la media hostia
Carmelo Jordá Libertad Digital 31 Octubre 2017

En el tema catalán parece que Rajoy está, como en todo lo demás, empeñado en dejar pasar una oportunidad histórica.

Con cada nueva aparición pública, tras cada entrevista-felación en un medio público o concertado, después de todas las ruedas de prensa aquí y en Bruselas, viendo los plenos del Parlament o los del Congreso, sólo nos queda clara una cosa: los astutos líderes del procés, los implacables independentistas, los padres de la República catalana… son un auténtico esperpento, una banda de delincuentes de altos vuelos pero de poca monta.

Como bien decía Pepe García Domínguez, no tienen media hostia; el problema es que nadie parece dispuesto a dársela. Por supuesto, ustedes ya me entienden, no estoy hablando de violencia física, sino de una hostia simbólica, política y judicial; pero todo indica que no hay nadie, como no sean un juez y algún fiscal incontrolados, que esté dispuesto a dársela.

Es obvio que este procés se ha deshecho al mínimo roce porque era no sólo un despropósito ilegal e inmoral, también una chapuza. Ante la magnitud del desastre, con sólo media hostia se podría haber acabado, no ya con esta intentona golpista, sino con las que llegarán en los próximos años o, vista la premura en convocar elecciones, en sólo unos meses.

Porque además, si no van acompañadas de una acción política adecuada, las sentencias condenatorias –si las hay– no van a servir de mucho más que para dar mártires a un independentismo que los pide a gritos pero que, por ahora, sólo puede hacer butifarradas solidarias por los más pardillos, que son los Jordis, tontos útiles supremos de la cosa que, ellos sí, tienen pinta de comerse un buen marrón.

En resumen, en el tema catalán parece que Rajoy está, como en todo lo demás, empeñado en dejar pasar una oportunidad histórica, porque todo esto nos habría permitido cambiar el terreno de juego, en el que los nacionalistas juegan con ventaja; todo esto habría podido servir, sólo con un poco de valentía política, para que se empezase a remontar el partido que la nación y la libertad llevan décadas perdiendo.

Sí, sé que ni el PSOE ni Ciudadanos eran los compañeros ideales para este viaje, pero ni Rivera ni Sánchez son el presidente y, además, Rajoy tenía una compañía mucho mejor: la de los millones de españoles que, paradójicamente gracias a Puigdemont y los suyos, ahora sí están dispuestos a defender lo que es suyo.

Queda inaugurado el post 'procés'
Manuel Cruz El Confidencial 31 Octubre 2017

Hace tiempo que las palabras se pusieron perdidas de prefijos. A medida que en nuestros sociedades los acontecimientos se iban sucediendo a mayor velocidad, la tentación de denominar por medio del prefijo 'post' cuanto iba quedando atrás no hacía más que aumentar. Tendencias, doctrinas, movimientos de todo tipo que parecían ser superados se veían de inmediato tratados así. El procedimiento, de apariencia autosuficiente y pretenciosa, encubría en realidad una impotencia. Era como si quienes etiquetaban de esa forma cuanto había se sintieran obligados a dejar claro que estaban abandonando algo, pero, al propio tiempo, se reconocieran incapaces de poner nombre propio a (y, por tanto, describir mínimamente) lo que se suponía que estaban inaugurando. Ni siquiera se atrevían con el prefijo 'neo', tan habitual en otras épocas, probablemente porque se sentían impotentes para adelantar una sola clave que permitiera entender el ámbito, presuntamente nuevo, en el que se adentraban ni, menos aún, se sentían seguros para precisar cuánto de lo heredado, debidamente puesto al día, les podría todavía valer.

Eso ocurrió de manera destacada en la filosofía (en donde la llamada posmodernidad ha terminado pasando a la historia de la disciplina como epítome de la insustancialidad), pero tampoco la política se libró de ello. El caso más próximo y más reciente fue el protagonizado por el ya 'expresident' de la Generalitat, Carles Puigdemont. Cuando él mismo quiso explicarle a los diputados del Parlament en su discurso de investidura cómo pretendía alcanzar el objetivo de su mandato, que no era otro que poner los pilares de la República catalana, creyó que con un par de prefijos dejaría claro el punto exacto en el que se encontraba la política en Cataluña en ese momento: estamos transitando un periodo excepcional que va de la posautonomía, ya superada (recuérdese que se suponía que había tenido lugar un plebiscito), a la preindependencia, vino a decir a primeros de 2016.

La revolución de los 'botiflers'
Isidoro Tapia 31 Octubre 2017

Circula la teoría de que el Gobierno de Rajoy y el de Puigdemont han alcanzado un acuerdo secreto para una aplicación 'light' del 155, seguida de una reacción tibia de los independentistas

Imposible determinar hasta qué punto la situación en la que nos encontramos en estos días queda adecuadamente descrita aún con tales categorías. A fin de cuentas, las elecciones convocadas para el próximo 21 de diciembre serán formalmente de carácter autonómico, aunque no es menos cierto que Oriol Junqueras se ha apresurado a declarar que en ellas lo que se dilucidará es la ratificación de la República catalana no se sabe si votada del todo el pasado 27 de octubre. Según esta última interpretación, en la medida en que dichas elecciones (a pesar de haber sido convocadas por el Gobierno central de acuerdo con la legislación española y catalana, presuntamente superadas) tendrían como única función ratificar la ruptura con lo anterior, merecerían ser calificadas a la manera 'puigdemontiana', esto es, como posautonómicas y preindependientes.

Pero, llegados a este punto, parece pertinente preguntarse: semejante interpretación, ¿describe adecuadamente la realidad en la que estamos viviendo en el presente momento y la que es probable que vivamos dentro de dos meses o, por el contrario, constituye más bien un imaginativo ejercicio de logomaquia, por el que todo lo que va ocurriendo de acuerdo con un cierto orden real y en un marco legal concreto va siendo leído sistemáticamente en una clave propia, paralela, tan irreal como poco legal?

Uy, uy...
A lo mejor Puigdemont y Junqueras tampoco eran los héroes de las Termópilas
Luis Ventoso ABC 31 Octubre 2017

Tal vez hayamos sobredimensionado al enemigo. Hace cuatro o cinco años, escuché a un conspicuo líder socialista, ya prejubilado, musitando en un despacho que «los catalanes se nos van». Su tono arrastraba un derrotismo absoluto: nada se podía hacer ya para evitar la independencia de Cataluña a medio plazo. Idéntico entreguismo llevó a muchas mentes preclaras a alertar de un tremebundo «choque de trenes» si el Estado reinstauraba el orden. Si se aplicaba el 155 ardería Troya. El pueblo agraviado tomaría las calles soliviantado, rabioso. Los disturbios darían la vuelta al mundo. Barcelona tendría su plaza Maidán, como Kiev. La vida cotidiana se vería truncada por un conflicto balcánico. Por supuesto casi todos los catalanes eran separatistas.

Pues bien, el viernes el Gobierno repuso la democracia con el 155 y allí no ha pasado nada. El Ibex cerró ayer con una subida del 2,4%. ¿Ha ardido Barcelona? Al revés. Se ha visualizado que había millones de catalanes subyugados por la apisonadora separatista, que ahora se atreven a sacar cabeza y expresar que se sienten españoles. Merced al gran Puigdemont se han normalizado las banderas españolas en Cataluña y se ha hecho patente que su economía no aguanta lejos de España. También se percibe que sin el boletín oficial, sin la Generalitat atiborrando de propaganda al pueblo y untando a los medios locales, sin toda la maquinaria autonómica al servicio de la causa, el globo pincha.

Algunos pensaban que el clan separatista resistiría acantonado en sus oficinas high-tech acristaladas. Serían como los 300 espartanos que se inmolaron en el pasadizo de las Termópilas frente a las multitudinarias legiones persas. Pero nuestros golpistas no poseen entraña heroica. En Cataluña se vive demasiado bien como para sacrificarse en serio por la causa. Puigdemont iba de astuto Astérix y Junqueras, de hercúleo Obélix. Pero Asterix dejó la aldea gala y se escaqueó rumbo a Bruselas en cuanto olisqueó a los romanos. Obélix, que tanto baladroneaba, se cuidó ayer de enmudecer y no aparecer por su ex despacho, no vaya a ser. Vociferan que las elecciones del 21 de diciembre son ilegales, ilegítimas, antidemocráticas. Pero lo primero que han hecho es ordenar a sus partidos que concurran a ellas. Hace mucho frío ahí fuera. Sin el dinero público que perciben los partidos el tinglado no se sostiene. El separatismo constituye además una industria, un medio de vida. De repente te has quedado sin sueldo y sin el cañón propagandístico de la Generalitat. Ya no hay excursiones por las embajadas, ni lobistas en Washington para intrigar contra España, disparates que sostenían los impuestos de todos los españoles. Ya no hay chicha pública para inflar a discreción a Òmnium y ANC y acosar a los discrepantes. El gran altavoz, TV3, volverá pronto a la cordura, es decir, a servir a todos los catalanes y no solo a un tercio.

No eran héroes. Carecen de toda grandeza. Pero aun así son acreedores de una cita de Shakespeare, porque lo suyo es «un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y furia, que no tiene ningún sentido». Supremacismo pueblerino, en las antípodas de lo que fue, y será, el gran pueblo catalán.

Un 'Piolín' cargado de psiquiatras
José García Domínguez Libertad Digital 31 Octubre 2017

Asegura que la República invisible se proclamó por mor del soberano e inapelable del llama “pueblo catalán” pero aceptará pasarse por la entrepierna la soberanía el 21-D.

Vamos a ver si lo he entendido bien. De entrada, parece ser que que la muy democrática República de Cataluña posee un flamante presidente que no ha sido votado por ninguno de los siete millones y medio de habitantes con que cuenta esa nación presunta. En segundo lugar, también parece ser que el presidente al que nadie votó jamás ha decidido partir al exilio, pues consideraría que en el territorio bajo su mandato no se dan las mínimas garantías democráticas propias de cualquier ámbito europeo y occidental. En tercer lugar, se constata que el expatriado ha abandonado a su suerte al vicepresidente, quien en ningún momento se habría ausentado de ese aciago territorio carente de garantías. Un divorcio entre las dos altas encarnaciones del país que solo puede obedecer a una u otra del par de circunstancias que acto seguido paso a exponer. O el presidente de la República considera que en el territorio abandonado no existen salvaguardas jurídicas para él pero sí, en cambio, para el vicepresidente. O, segunda y última posibilidad, el presidente barrunta que tampoco su vicepresidente puede gozar allí de la protección de jueces imparciales y leyes justas pero la suerte final que vaya a correr le trae sin cuidado.

En cuarto lugar, el presidente ha alegado como una de las razones accesorias de su exilio la inexistencia de separación de poderes en el Estado miembro de la Unión Europea que ha dejado atrás. Y para denunciar ante el mundo tan grave carencia no se le ha ocurrido nada mejor que instalarse en la capital de esa misma Unión Europea de la que forma parte, y muy principal, el país del que ha huido a todo correr. En quinto lugar, el presidente apeló nada más aterrizar en el país receptor a su triste condición de perseguido político, pero descartó de plano la posibilidad de demandar el estatus de asilado, puesto que, según propia confesión, puede moverse libremente por cualquier rincón de Europa, España incluida, con plena libertad. En sexto lugar, el presidente no electo ha denunciado el carácter no legítimo de las elecciones en las que se procederá a designar de forma democrática al próximo presidente electo. En consecuencia, y dado ese profundo vicio de origen que invalidaría los resultados salidos de las urnas, aprovechó su primera aparición pública en la diáspora para anunciar su firme, decidida e inequívoca voluntad de participar de forma entusiasta en esa consulta.

En séptimo lugar, el ido se reafirma en su decisión de no admitir bajo ningún concepto la legitimidad de las elecciones a las que piensa concurrir, pero, al tiempo, desafía a quienes las han convocado, esto es al Gobierno de España, a que acepten como legítimos sus resultados ilegítimos. En octavo lugar, el fugitivo ha querido necesario denunciar en cuatro idiomas que España le ha impedido incumplir su programa electoral. Pues, según él mismo confesó ante la aturdida audiencia de Bruselas, el programa de Junts pel Sí incluía la solemne promesa, jamás materializada, de que el Govern de la Generalitat, o sea Puigdemont en persona, procedería a proclamar la independencia, y sin encomendarse ni a Dios ni al diablo ni a los diputados del Parlament. Pero, puesto que eso no ocurrió, fue su flagrante incumplimiento lo que al cabo le forzaría a violentar la legalidad con la convocatoria del referéndum del 1 de octubre. En noveno lugar, en fin, el transeúnte asegura que la República invisible se proclamó por mor del soberano e inapelable mandato de eso que él llama "pueblo catalán", pero que, por supuesto, aceptará pasarse por la entrepierna la soberanía, el mandato y el pueblo mismo el 21 de diciembre.

El próximo Piolín, por favor, que nos lo manden cargado de psiquiatras.

La patética escapada de Puigdemont
Editorial La Razon 31 Octubre 2017

El mismo día que el Fiscal General del Estado, José Manuel Maza, presentaba la querella contra el ex presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, éste hacía saber que se encontraba en Bruselas, no se sabe haciendo qué, aunque flirteando con la idea de que se había exiliado, algo que ya sugirió el día anterior. Todo indica que está dispuesto a seguir al detalle el guión del martirologio que su «estado mayor» le tiene asignado y tan gustosa y enajenadamente está dispuesto a representar. Sin embargo, parece no tener en cuenta que, aunque él viva en una realidad imaginaria, el Estado y la Justicia actúan con especial escrúpulo sobre los hecho delictivos que van en contra del orden democrático y él ha cometido algunos de enorme gravedad. Antes que emprender la fuga, Puigdemont y los cinco ex consejeros que les acompañan, deberían planear una defensa sólida de los delitos que se le imputa en la querella por rebelión, sedición y malversación. Parece que busca desviar lo esencial y es que el Ministerio Público piden que se «acuerden medidas cautelares» para asegurar el cumplimiento de la fianza a todos los querellados o, en caso contrario, el embargo de bienes por un importe de 6.207.450 euros.

El ex presidente tiene libertad para viajar a Bruselas, pero también para regresar, si su presencia es requerida en breve para declarar ante la Audiencia Nacional, lo que no tardará. De no ser así, su situación penal se agravaría y desencadenaría la puesta en marcha de medidas cautelares, entre otras, la detención preventiva. Desconocemos si en los cálculos político-victimistas de Puigdemont entra provocar su detención; da lo mismo, porque de seguir insinuando la búsqueda de un lugar de asilo, habría que entenderlo como una fuga de los requerimientos de la Audiencia Nacional, que es quien llevará su caso, dado que España no encaja en los supuestos de «asilo diplomático» ni «territorial».

En el primer caso, porque los posibles delitos de la querella de la Fiscalía, rebelión, sedición y malversación, fueron cometidos antes de solicitara asilo. En el segundo caso, porque ningún país miembro de la UE actúa en contra de las normas democráticas, tampoco España. Hasta los dirigentes políticos belgas –los nacionalistas flamencos del xenófobo N-VA– se han desmarcado de las pretensiones de Puigdemont. Se trata de una fuga con preocupantes signos patológicos y una manera de prolongar el fracaso del «proceso», incluso con dósis de electoralismo. Lo fundamental de la querella reside en la gravedad de los hechos que se exponen.

Lo importante para sostener el delito de rebelión, el más grave al que se puede exponer, es que los informes en los que se basa la Fiscalía sean sólidos y claros, y todo indica, por lo ya expuesto en la querella, de sus minuciosidad: «Todos los querellados, de común acuerdo con otras autoridades, funcionarios públicos y entidades públicas y privadas, unieron sus voluntades para, dentro de su respectivo ámbito de actuación, llevar a cabo el referéndum independentista y con ello la separación de Cataluña de España, promoviendo y utilizando la fuerza intimidatoria y violenta de los sectores independentistas de la población, llamando a esta a la insurrección», se dice.

No es menor el delito de sedición, que de hecho es subsidiario del de rebelión, que implica alzarse pública y tumultuosamente para impedir, por la fuerza o fuera de las vías legales, la aplicación de las Leyes. Puigdemont ha elegido el peor camino para afrontar su defensa: no ha comprendido que el «proceso» ha fracasado, que la aplicación del artículo 155 no será un trauma insoportable y que la convocatoria de elecciones abre unas perspectivas a esta situación. Es posible que no quiera aceptar la realidad de los hechos: que su propio partido participará en los comicios del 21-D.

Puigdemont, truco o trato
Mariano Gasparet El Espanol 31 Octubre 2017

Carles Puigdemont ha pasado de producir la admiración secreta de los suicidas a despertar la compasión de los idiotas sin que ninguna de estas consideraciones sobre su persona permita saber cómo acabará esto; cómo afectará su periplo flamenco y el resultado del 21-D a la moral y la fe del independentismo.

Su desprecio por las leyes, por el poder judicial, por las minorías parlamentarias, por las empresas catalanas y por la verdad más elemental y llana le procuraron el respaldo de los fanáticos y una petición fiscal de 30 años de cárcel por rebelión.

Sin embargo, el modo en que declaró la independencia sin tener idea de cómo sustanciarla, la falta de respaldo internacional pese al dineral invertido por Raül Romeva, sus idas y venidas mientras Rufián lo tachaba de judas, su silencio clamoroso después de que Rajoy disolviera el Parlament y -ahora- su fuga/saga en Bélgica le han valido el desprecio de todos.

Por muchas razones: por haber dividido a la sociedad catalana, por no dar la cara cuando pedía a los funcionarios que la dieran, por haber dejado tirados a los Jordis en la trena y a Trapero, por exponer a detención a Forcadell y sus consejeros no huidos, por haber convertido en héroe al presidente del Gobierno, por haber hecho del juicio de la Gürtel un asunto menor y por haber convertido la aplicación del 155 en un puerto más seguro y liviano que su aventurerismo.

La cara de panoli de Josep Rull cuando lo sacaron del despacho los Mossos, el ridículo de los diputados de la CUP dedicándole un vídeo-saludo a Sáenz de Santamaría desde su despacho republicano, las imágenes de los consejeros con sus cajitas de cartón o los vídeos virales de los muchachos de las esteladas quemando sus DNI y pasaportes conforman la anécdotas más risibles de una gran frustración colectiva. Por su obra y gracia, el soberanismo es ahora carne de memes y objeto de chistes. Por su modo de proceder la causa secesionista tiene motivos suficientes para replegarse definitivamente al ámbito de las pasiones folclóricas.

En su rueda de prensa en Bruselas, el molt honorable ha vuelto a explotar los mismos resortes de que se ha valido hasta ahora para embarcar a Cataluña hacia una independencia impracticable: la mentira, la manipulación a quemarropa y la contradicción más insultante. Huyó como un ratero o un contrabandista, pero está en Bélgica haciendo uso y disfrute de un Espacio Schengen que no le serviría de corredor a los ciudadanos de una Cataluña independiente. No ha pedido asilo, pero ha fichado como abogado al letrado de los etarras prófugos. No quiere escapar de la acción de la Justicia, pero no vuelve ni confía en los tribunales.

Además, se fue para evitar a los catalanes la violencia del Estado -porque “disponía de información confidencial de Inteligencia”-, pero llama a la resistencia contra el 155. Habla en calidad de presidente de la Generalitat, pero acepta el envido electoral de Rajoy tras haberle cesado. Quiere elecciones, pero plebiscitarias y no sólo sobre la independencia sino más bien sobre su futuro personal.

La clave ahora es saber si los mismos compañeros de aventura a los que ha defraudado y la misma ciudadanía a la que ha engañado alevosamente le van a seguir comprando el discurso o si, después de verle el cartón, optarán por la vía autonomista a la que el consejero Santi Vila quiere devolver al PDeCAT.

El problema es que no existen mayorías claras y mientras el secesionismo decide entre el truco de la independencia o el trato del autogobierno, Carles Puigdemont podría -y debería- ser detenido. Es decir, otra vez las tribulaciones de un hombre sin atributos volverían a poner en vilo a todo un país.

La Fiscalía defiende la Constitución
Editorial ABC 31 Octubre 2017

Nada hay más falso que tachar estas querellas como una judicialización de la política, y nada hay más legítimamente político en democracia que aplicar la ley cuando es vulnerada

La Fiscalía General del Estado ha vuelto a actuar como vanguardia del Estado de Derecho para depurar las responsabilidades penales de los dirigentes del proceso separatista catalán. El 8 de septiembre, tras la aprobación de las leyes de referéndum y «transitoriedad» y de la convocatoria para el 1-O, la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña se querelló contra la mesa del Parlament y el Govern por desobediencia y prevaricación. Ayer, la Fiscalía General, con la firma de su titular, José Manuel Maza, presentó sendas querellas ante la Sala Segunda del Tribunal Supremo, contra aforados como Carme Forcadell, y ante la Audiencia Nacional, contra excargos públicos como Puigdemont, quien ha perdido su aforamiento como presidente de la Generalitat. Los delitos que se les imputan son de la máxima gravedad: rebelión o sedición, y malversación. La Fiscalía no ha querido jugarse la baza a la sola carta de la rebelión, delito que exige que el alzamiento sea «violento y público», y ofrece a los tribunales la alternativa de la sedición, para la que no se requieren actos violentos. Las querellas del Ministerio Fiscal están bien argumentadas y sus peticiones se corresponden con la gravedad de unos hechos que no limitan sus efectos a Cataluña, sino que los extienden a toda España, razón por la que han presentado las querellas ante el Tribunal Supremo y la Audiencia Nacional.

Estas acciones legales emprendidas por la Fiscalía eran inaplazables. La Constitución ordena al Ministerio Fiscal que actúe conforme al principio de legalidad y eso es lo que ha hecho Maza. No obstante, hay que evitar el error de responsabilizar a jueces y fiscales con la carga de solventar el conflicto separatista sólo a través de los procesos penales. Incluso parece contradictorio que el Gobierno vea bien que Puig0demont repita como candidato en las elecciones del 21-D y, al mismo tiempo, se respalde al fiscal cuando plantea una querella que puede poner al expresidente de la Generalitat en prisión hasta veinticinco años. Y es cierto que sólo por ser investigado Puigdemont no pierde su derecho a ser candidato. Incluso aunque ingresara en prisión provisional, a la que está haciendo méritos por su viaje a Bélgica, que el fiscal quiere plantear, según ha pedido en sus querellas. Pero entre órganos del Estado que comparten la defensa de la legalidad conviene mantener coherencia en los discursos. La independencia de los jueces no garantiza a nadie de antemano el resultado final de estas acciones penales, pero lo importante es que el proceso separatista no genere espacios de impunidad a rebufo de una pretendida solución política. Nada hay más falso que tachar estas querellas como una judicialización de la política y nada hay más legítimamente político en democracia que aplicar la ley y hace rla respetar cuando es vulnerada.

Un esperpento sin dignidad
Puigdemont ha acabado con el autogobierno y ha propiciado la vuelta de la bandera nacional a las calles de Cataluña
Pedro García Cuartango ABC 31 Octubre 2017

Empezó como farsa y ha acabado en esperpento. Difícil imaginar un final más ridículo para el independentismo, que ayer tuvo que soportar la traición del presidente de la Generalitat, que huyó para refugiarse en Bruselas tras pedir «una oposición democrática» a sus seguidores.

En el colmo del despropósito, Lluís Llach difundió un tuit en el que calificaba a Puigdemont de «exiliado» y subrayaba que se ha ido de Cataluña para denunciar los abusos del Estado español. Casualmente, al president le entró este afán heroico el mismo día en el que el fiscal general del Estado presentaba una querella por rebelión o sedición contra él y los cinco consejeros que le han acompañado.

El caudillo que instaba a sus dos millones de votantes y a los funcionarios de la Generalitat a que resistiesen frente a la agresión del Estado ha puesto pies en polvorosa, en un vano intento de escapar a la acción de Justicia. De nada le servirá refugiarse en Bruselas porque el Gobierno belga no le va a conceder asilo y, además, estaría obligado a entregarle si así lo solicita la Audiencia Nacional.

Los vencedores confinaron en Elba a Napoleón, que fingió aceptar su destino mientras se preparaba para volver a Francia a luchar contra sus enemigos. Pero Puigdemont se parece mucho más a uno de esos pistoleros cobardes de las películas del Oeste que se niega a sacar su pistola para seguir viviendo.

Nada en este final del llamado procés está siendo honorable. No lo fue la proclamación anónima de la República por unos diputados que se escondieron en una votación secreta ni lo ha sido el absentismo de los consejeros y los altos cargos de la Generalitat que se han rendido por miedo a las consecuencias penales.

El hecho más notable que hay que resaltar no es lo que ha sucedido estos días sino justamente lo que no ha sucedido: esa falta de reacción del independentismo, que anteayer arremetía contra la carencia de legitimación del artículo 155 mientras que ayer asumía de forma vergonzante que concurrirá en unas elecciones que habían calificado de golpe de Estado.

No estoy invitando a la insumisión a los dirigentes nacionalistas. Lo que se constata aquí es la nula coherencia entre lo que han predicado y unos actos que revelan no tanto su endeblez política como su ausencia de coraje y de dignidad personal.

Les ha faltado el seny pero también la rauxa. Por tercera vez en un siglo, la historia se ha vuelto a repetir en clave de farsa. Falló Cambó en 1917 y luego Companys en 1934, pero al menos ambos mantuvieron el tipo en unas circunstancias adversas. Puigdemont ha acabado con el autogobierno y ha propiciado la vuelta de la bandera nacional a las calles de Cataluña. Hay razones de sobra para estarle agradecido porque nadie ha hecho más por España.

Las 24 horas de Puigdemont escondido en Bélgica
María Tejero Martín. Bruselas 31 Octubre 2017

Todas las hipótesis, tanto las que baraja el Gobierno español como las que se comentan en Barcelona, apuntan a que Puigdemont está estudiando pedir asilo en Bélgica

El día de ayer, por razones de estética, ética y dignidad, requería que Puigdemont estuviese en Barcelona junto a los aturdidos cargos cesados por el Consejo de Ministros y próximo al independentismo al que ha sumido en el peor de los desconciertos. Pero el expresidente de la Generalitat no estuvo cuando el nuevo superior de los Mossos d´Esquadra despachaba con el ministro del Interior. Tampoco cuando Carme Forcadell acataba el 155 y suspendía la mesa del Parlamento prevista para hoy. No estuvo el día en que los consejeros que no le acompañaban en su escapada asumieron su cese. El día que las 'embajadas' de la Generalitat permanecían cerradas; la jornada en la que su representante en Bruselas – Amadeu Altafaj- presentaba su renuncia. Las horas en las que su partido y ERC se reunían para aceptar participar en las elecciones del 21 de diciembre próximo y el sindicato independentista de turno desconvocaba la huelga de protesta. En definitiva, Puigdemont no estaba en Barcelona cuando se desplomaba la moral de independentismo.

Si hacemos caso al cantautor Llach, el expresidente de la Generalitat se ha ido a Bruselas a convertirse en un remedo de Tarradellas (¡qué más quisiera!), en un mártir de la causa, en la lucecita del Palau en el exilio, todo él instalado en la épica de un relato narcisista que ya empacha. Si todo este montaje forma parte de la creatividad cromática, festiva, pacífica, democrática y reivindicativa del 'marketing' secesionista, habrá que ver qué piensa Junqueras, Forcadell y otros sobre los que han recaído querellas como losas. El capitán es el último que abandona el barco; el líder es el que da la cara; el jefe es el que le echa valor a sus decisiones. En todo caso, un 'expresident' de la Generalitat no debe ni puede sumir, aún más de lo que ha hecho, en el desconcierto y el bochorno a sus seguidores.

Alguien susurra que a Puigdemont le han dado dos ataques de pánico: el primero, el jueves cuando no se atrevió a convocar elecciones y el viernes Rajoy le comió la merienda. Y el domingo, cuando se le apareció José Manuel Maza en carne mortal. Debió pensarlo el expresidente y su cohorte de colaboradores: cuando se juega con el Estado la única opción es la de ganar. Si no se consigue se está a las consecuencias. Ese es el principio de la responsabilidad más elemental. Convertirse en una figura patética no resulta grato ni para quienes Puigdemont les parece un personaje muy menor que ha alcanzado desde hace tiempo su máximo nivel de incompetencia.

La huida de Puigdemont lleva el caos al PDeCAT y agrava la guerra con Junqueras
Marcos Lamelas. Barcelona 31 Octubre 2017

Carles Puigdemont le ha devuelto a Junqueras la traición del pasado jueves, cuando ERC le dejó tirado, le acusó de traidor y cerró la vía de convocar elecciones, como quería Urkullu

Baste con un botón de muestra: en los días inmediatamente posteriores a la destitución de Puigdemont y su gobierno, cuando, por poner un ejemplo, ya los Mossos habían retirado de sus comisarías las fotografías oficiales del 'expresident', y en su caso de cualquier miembro de su Govern, todavía él y buena parte de los suyos continuaban haciendo declaraciones institucionales en la televisión pública catalana o asistiendo a inauguraciones como si nada hubiera ocurrido o, quizá mejor, como si hubiera ocurrido lo que a ellos les habría gustado.

En el fondo, el prefijo 'post' apenas describe otra cosa que un anuncio -que en ocasiones no es más que la manifestación de un deseo-, el de que nada volverá a ser como antes, aunque se ignore el contenido de cómo va a ser en realidad. Así las cosas, resulta probable que lo único que se pueda afirmar sin miedo a equivocarse demasiado es que el territorio en el que nos estamos adentrando no es el de la postautonomía (suerte tendremos si no regresamos a la preautonomía) sino el del post 'procés'. Porque parece francamente improbable que el planteamiento que ha venido sosteniendo hasta ahora el independentismo pueda seguir rigiendo en lo sucesivo. Se trataba de un planteamiento, recuérdese, en el que la consigna "tenim pressa" ("tenemos prisa") no constituía la premisa sino la consecuencia de un análisis que se ha revelado manifiestamente erróneo, a saber y resumiendo, el de que el programa de máximos de las fuerzas independentistas no solo se dibujaba en el horizonte, sino que estaba a punto de cumplirse a poco que se tomaran las decisiones adecuadas.

Entre los muchos problemas que acarrea tamaño error uno de los mayores consiste en que, en el momento en el que la realidad se encarga de certificar la imposibilidad de alcanzar los objetivos anunciados, el político que formuló tan exageradas promesas ve sumamente reducido su margen de actuación (rectificación incluida), ya que, como consecuencia de las mismas, cualquier resultado por debajo de la totalidad de lo prometido solo puede ser recibido por parte de los suyos como una derrota. Y esto es lo que, en efecto, parece haber ocurrido en Cataluña.

Digámoslo ya: el artefacto del 'procés', tal como venía funcionando, no da más de sí. Por supuesto que las fuerzas soberanistas intentarán por todos los medios mantener la apariencia de que perseveran en su discurso y en sus planteamientos. Entre otras cosas porque, hasta un determinado momento, parecían servir para ir alcanzando los objetivos propuestos. Pero si no toman nota del fracaso de su estrategia del "cuanto peor, mejor", si sustituyen esa fallida estrategia por la todavía más catastrófica de la cronificación del conflicto, por la que parecen tentados algunos, es altamente probable que la solución del mismo se demore más allá de toda racionalidad, con el consiguiente perjuicio para todos los ciudadanos catalanes, los únicos que deberían importar a fin de cuentas.

Aunque tampoco conviene albergar desmesuradas esperanzas al respecto. No mueve al optimismo el escaso sentido crítico con sus líderes que ha mostrado el sector de la ciudadanía catalana que apoyaba al independentismo. De ser ciertas las informaciones periodísticas que han sido publicadas, las críticas que aquellos han recibido en los últimos días (especialmente Carles Puigdemont cuando el pasado jueves, 26 de octubre, se mostró dispuesto a ser él quien convocara elecciones) no han ido en la dirección de reprocharles la escasa viabilidad de sus propuestas o el hecho de que ni este gobierno ni el anterior de Mas se hubieran preocupado de otra cosa que no fuera su 'procés', sino, por el contrario, la supuesta traición a unos ideales heroicos, sobrecargados de épica.

Pero, en todo caso, los errores de los representados no legitiman a sus representantes, ni convierten en bueno lo malo. Sería de desear que, por una vez, estos políticos que sistemáticamente han rehuido toda responsabilidad (escondiéndose tras las multitudes convocadas por ellos mismos a través de sus terminales organizativas ANC y Òmnium) estuvieran a la altura de las instituciones que representan, se hicieran cargo de sus actos y les dijeran a los ciudadanos la verdad. Es la mínima grandeza exigible a un representante público. Aunque no es menos cierto que a algunos el adjetivo "grande" les viene enorme.

La Generalitat ha dado 12 millones públicos a los sediciosos de Òmnium Cultural durante el ‘procés’
C. Cuesta y N. Doral okdiario 31 Octubre 2017

ANC y Òmnium Cultural tienen en estos momentos a sus presidentes en prisión. El principal eje de la acusación es su participación en el golpe. Una participación refejada en el informe de la Guardia Civil que está a disposición de la Justicia. Pero ese informe ha empezado a engordarse.

Por ejemplo, por la parte de Òmnium, entidad presidida por Jordi Cuixart, ahora en prisión preventiva. Porque los informes que han empezado a llegar a la Policía Nacional retratan esa entidad como una organización financiada con 12 millones de euros de dinero público con un fin: fabricar el clima necesario para que el golpe triunfase.

Ha conseguido el dinero a lo largo de años y de diversos gobiernos de la Generalitat. Porque la suya ha sido una labor de construcción continua. Y muy cara: en total 12 millones sin contar las subvenciones locales que, según fuentes policiales, también han sido cuantiosas y se están analizando.

La entidad, en teoría independiente aunque profundamente conectada al gobierno catalán y pieza clave en la movilización y agitación de la calle al servicio del proceso secesionista nación con el objeto de ‘promocionar la lengua catalana, difundir su cultura y luchar por la independencia ‘.

Según Òmnium, presidida desde finales de 2015 por el empresario barcelonés de padres ‘charnegos’ (su madre es de Murcia) Jordi Cuixart, en 2015 tuvo más de 5 millones de euros de ingresos, con 1,4 millones para gastos de personal: Cuixart tiene 55 empleados en nómina.

Subvenciones a fondo perdido y ‘a dedo’
El que es uno de los dos motores civiles del golpe independentista ha recibido desde 2005 más de 20 millones de euros en subvenciones públicas para incentivar el catalanismo, encargo de estudios y campañas de recaudación. Tiene casi 55.000 socios, 52.789 de ellos personas físicas (como el exentrenador del FC Barcelona, Pep Guardiola, que ha dado de alta a sus tres hijos) y 1.411 personas jurídicas.

Las ayudas recibidas varían según el ejercicio y el concepto. La mayor parte de ellas son subvenciones a fondo perdido y otorgadas a dedo, sin concurso público. Y algunas curiosas, que dan prueba del proyecto de inmersión lingüística que ha tratado de erradicar el castellano de la vida (y la vía) pública. Por ejemplo, el 22 de noviembre de 1999, Presidencia de la Generalitat concede 24.000 euros para “la ayuda en la catalanización de menús y rótulos.”

Menús y señales en catalán
Al año siguiente, el 5 de mayo de 1999, el departamento de Cultura le proporciona casi 44.000 euros “para la promoción y extensión de la lengua catalana, señalización y rotulación de cartas y menús de restaurantes, hoteles, bares y cafeterías.”

El 12 de junio de 2002 recibe de Presidencia de la Generalitat 127.000 euros en “ayuda para contribuir a la financiación de los gastos para la organización de actividades que tienen como objetivo dar a conocer la realidad cultural, lingüística, literaria, histórica y económica de Cataluña”. Ayuda que repite el 22 de julio del mismo ejercicio.

El 23 de diciembre de 2003, Presidencia también le concede a Òmnium 90.000 euros para actos en la Diada . El concepto que aparece es “un espectáculo escénico y una actuación musical con motivo del Onze de Setembre.”

Un año después, el 22 de diciembre, también subvenciona actos de la fiesta del nacionalismo del 11 de septiembre, convertida en vehículo de agitación callejera: Presidencia subvenciona con otros 90.000 euros “la organización de la festividad del Onze de Setembre”

Y una de las más importantes, el 18 de marzo de 2008 recibe del departamento de la Vicepresidencia 2.719.358 euros “para contribuir a la financiación de las actividades de la entidad”.

Tanto Jordi Pujol, Artur Mas como Carles Puidemont han ‘regado’ abundantemente esta asociación ‘cultural’ a su aparato de movilización en la calle.

A diferencia de la otra gran “entidad cívica” del separatismo golpista, Òmnium no oculta que recibe subvenciones públicas. La Asamblea Nacional de Cataluña (ANC) asegura que sólo se financia con cuotas de socios y venta de “merchandising”.

Los privilegios de Puigdemont si acepta su cese: sueldo de 9.000 euros, chófer y despacho
OKDIARIO 31 Octubre 2017

Sueldo de 9.000 euros al mes, despacho con un secretario, coche con chófer y escoltas. De todo ello podría disfrutar el cesado presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, si acepta su cese y solicita de forma oficial la pensión que le corresponde por haber presidido el Govern de la Generalitat.

Los privilegios de los ex presidentes catalanes se recogen en el Estatuto que impulsó en su día Jordi Pujol, y a los que él mismo tuvo que renunciar tras el descubrimiento de su fortuna en el extranjero. Artur Mas, sin embargo, y a pesar de haber sido inhabilitado, sí disfruta de su pensión de algo más de 115.000 euros anuales que pasarán a casi 90.000 cuando llegue a los 65 años.

Y es que Pujol se aseguró de que no fuera fácil perder estos beneficios: solo se pueden eliminar si así lo deciden dos terceras partes de los diputados del Parlament, una cifra muy alta que si bien en su caso no le sirvió para no perder su dorada jubilación, sí le ha servido a Artur Mas, que a pesar de estar inhabilitado sigue disfrutando de su privilegiada situación.

Una condena, como en el caso de Mas, no es suficiente para dejar de percibir tan generosa pensión, y parece que tampoco sería impedimento en el caso de Carles Puigdemont. El problema ahora es que el ex president no ha acatado de momento su cese y sigue presentándose como jefe del Ejecutivo catalán.

Además, el ex presidente tendría que solicitar expresamente esa remuneración al siguiente Govern, pero al estar éste disuelto, sería el Gobierno de Mariano Rajoy el que tendría que decidir si asignarle a Carles Puigdemont ese sueldo como ex presidente de Cataluña.

Exigió no perder su patrimonio
Una opción, que sin embargo, no es descartable teniendo en cuenta las últimas informaciones conocidas sobre las exigencias que Puigdemont formuló al Gobierno para frenar la declaración de independencia y convocar elecciones. Según desvela OKDIARIO, Carles Puigdemont utilizó la vía del PNV hace escasos días para reclamar su inmunidad penal. Pero no fue lo único que pidió. Utilizó la misma vía para reclamar que su dinero no fuese tocado. Y para ello exigió, también, la garantía de inmunidad patrimonial.



 


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