AGLI Recortes de Prensa   Viernes 3  Noviembre 2017

La vida va en serio
España no debió permitirles equivocarse hasta el final
Hermann Tertsch ABC 3 Noviembre 2017

«Que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde…». Las escenas ayer a la caída de la tarde alrededor de la Audiencia Nacional evocaban esos versos iniciales del célebre poema de Jaime Gil de Biedma. Casi puntualmente a las seis se había sabido que siete miembros de la Generalidad iban a ser enviados a prisión como cabecillas de un golpe de Estado. Como dirigentes de una amplia conspiración criminal. Resulte probada o no esta operación ante los tribunales, lo cierto es que ninguno de los acusados ha negado querer arrancar a España parte de su territorio y población para fundar un cuerpo ajeno y hostil. No es una empresa menor. Por la gravedad inmensa de sus efectos sobre las vidas de 47 millones de españoles que quedarían sin la patria en la que nacieron decenas de generaciones de antepasados antes que ellos. Por el terrible trauma que supondría para las relaciones humanas y la sociedad mutilada que esa ruptura dejaría a ambos lados de una herida que surcaría un cuerpo crecido unido desde que fue provincia cristiana del Imperio Romano. Han estado años volcados en esta empresa a sabiendas de que era ilegal y criminal. Desde hace un lustro no se han dedicado las autoridades autonómicas catalanas a otra cosa. Sin disimulo ni pudor. Full time y full credit. Han gastado ingentes cantidades de dinero en ello. Han movilizado todo el capital ideológico xenófobo y mentiroso que se cultiva en varias regiones españolas desde que se otorgó a partir de 1978 una carta de privilegio a los nacionalismos antiespañoles. La arrogante hispanofobia supremacista ha sido su razón suprema política y de identidad.

Ayer, sin embargo, los amigos de la causa, cómplices de los imputados en la causa de rebelión, sedición y malversación, parecían todo menos aguerridos luchadores. Ayer no tronaban sus desprecios ni sus amenazas a España. Concentrados como un deslavazado grupo humano en la plaza ajardinada de la Villa de París, todos se mostraban traumatizados por la noticia. Alguno lloraba, muchos hacían muecas al borde de las lágrimas, se miraban consternados en incomprensión. No se lo podían creer. Sus jefes, los menos indignos, los que no se esconden como comadrejas en el grotesco laberinto belga, iban camino de la cárcel. En España acababa de pasar lo que en cualquier otro país europeo habría pasado mucho antes. El Estado ejerce su legítimo derecho al uso de la fuerza para la defensa del bien común y de las leyes y sus instituciones. Cierto que, como siempre, lo que hace bien lo hace tarde. Y probablemente se queda corto a la hora de usar la fuerza legítima de sus leyes –el artículo 155– para reordenar lo tanto tiempo desordenado. Para erradicar ese venenoso malentendido tolerado durante cuatro décadas. Que hace creer a los nacionalistas que pueden disponer del patrimonio de todos. Hay una dosis de injusticia en este castigo por parte del mismo Estado que no sacó antes a los nacionalistas catalanes del malentendido. Lo tenía que haber hecho hace 35 años y lo debió hacer siempre. Y hace seis meses, seis semanas o seis días. No lo hizo. Los encarcelados crecieron creyendo que son mejores que los demás españoles y pueden hacer lo que otros no con lo que pertenece a todos. Han pasado la vida jugando a pretender ser superiores a los demás, a violar las leyes comunes y no tomar en serio a España. Y España lo permitió. Toleró la impunidad por el interesado desinterés de sus gobiernos centrales. El Estado no cumplió con su deber y les permitió equivocarse hasta el final. Debió avisarles hace mucho, fehacientemente, de que la vida va en serio.

Justicia y Estado de Derecho
EDITORIAL Libertad Digital 3 Noviembre 2017

Afortunadamente, en un Estado de Derecho no todo depende del Gobierno. La Justicia, o al menos alguna de sus instancias, puede actuar con independencia y cumplir con su obligación.

Eso y no otra cosa es lo que ha ocurrido este jueves: la maquinaria de la Justicia se ha puesto en marcha y una juez decente ha cumplido con su obligación: ha dictado las medidas cautelares que la gravedad de los delitos de que se acusa a los cabecillas del golpe de Estado separatista y la huida de parte de ellos hacían no sólo lógicas sino imprescindibles.

No es algo que haya que apuntar en el haber de un Gobierno que si se ha destacado por algo ha sido por su escasa voluntad de hacer cumplir la ley, incluso ante sentencias tan terminantes como las del Tribunal Constitucional que prohibían la celebración del 1-O, que se terminó celebrando por la clamorosa incompetencia de Mariano Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría.

A diferencia del 1-O, y contrariamente también a lo que algunos están diciendo en los medios de comunicación y las redes sociales, este jueves no ha sido un día triste ni para Cataluña ni para España. Al revés: los españoles, y especialmente los que viven en Cataluña, pueden estar satisfechos no de que determinadas personas entren en prisión, sino de que se haya podido constatar que la Justicia alcanza a los que delinquen aunque se trate de individuos que sólo unos días antes ocupaban sillones que los hacían muy poderosos.

Muy distinta ha sido la reacción del nacionalismo y de una izquierda en la que han sido múltiples las voces que se han alzado contra lo que consideran una inoportuna injusticia. El auto de Lamela está extraordinariamente argumentado desde el punto de vista jurídico, pero aún así es legítimo discutir, por ejemplo, si en España se hace un uso abusivo de la prisión preventiva. Lo otro, por mucho que lo pregonen los líderes mediáticos y políticos de la izquierda equidistante, es completamente intolerable: sólo en países como la Venezuela chavista las decisiones de los jueces pueden adaptarse a consideraciones sobre su oportunidad o inoportunidad política.

Esta es una de las bases de todo Estado de Derecho digno de tal nombre. Y lo sería, incluso, aunque se aceptase como cierta la segunda gran mentira que hay en todas estas afirmaciones: que la impunidad de los golpistas y la renuncia a la aplicación de la ley pueden ser el camino para solucionar no ya el problema creado por el nacionalismo en Cataluña sino cualquier otra cuestión política.

¿Está Carles? Que se ponga
Jesús Laínz Libertad Digital 3 Noviembre 2017

¿Carles, eres tú? ¡Por fin! Hola, soy Mariano. ¿Te llamo en mal momento? ¿Cómo te va? ¡Qué difícil eres de localizar, carallo! Pero dime, ¿por qué te has ido, si no tenías necesidad?

¡Si nada nos habría agradado más que te hubieras quedado e incluso que te hubieras presentado a las elecciones de diciembre! Eres un caprichoso, Carles. Más fácil no te lo hemos podido poner. Te concedimos plazos, y cuando esos plazos vencieron, te concedimos más plazos.

Habríamos hecho cualquier cosa para no tener que aplicar la Constitución, empezando por ese engorroso artículo 155 que tantos dolores de cabeza me está dando. ¡Si hasta pedimos perdón por haber tenido que sacar a guardias civiles y policías para cubrir el expediente ante el referéndum ilegal que te empeñaste en convocar! ¡Con lo bien que nos estaba saliendo todo, Carles! Tú declaraste la independencia pero poco, gracias a Dios.

Te pregunté si habías declarado lo que habías declarado o si no habías declarado lo que habías declarado. Incluso Soraya, que de leyes sabe un rato, te rogó que tipificaras tú mismo el delito que no teníamos claro que hubieras cometido. En bandeja. Pero respondiste con una carta muy rara, admítelo. No había modo de saber si subías o bajabas. ¡Menudo gallego estás hecho!

El caso es que, a regañadientes, no me ha quedado más remedio que aplicar el 155, aunque poquito y suavecito, no vaya a ser que me llamen cosas feas. Pero ya ves que hasta Su Majestad se ha empeñado en hacer cumplir la ley… Lo más grave es que has conseguido revolver los gallineros, Carles. Sí, en plural, el tuyo y el mío. ¡A ver cómo calmas ahora al tuyo tras haberle excitado con banderitas y sacado a la calle a insultar, perseguir, acosar, empujar, golpear, escupir y apedrear a policías y guardias civiles mientras tú andabas escondiéndote por túneles!

Por cierto, hablando de túneles, me han contado últimamente unas historias muy raras de un tal Capitán Cojones corriendo por las cloacas de Barcelona en 1934. No sé muy bien de qué va el asunto, pues ya sabes que lo mío es el ciclismo, pero la gente se está partiendo de risa con vosotros… Pero volvamos al grano, Carles, que nos dispersamos. Si tu gallinero está revuelto, no puedes imaginar cómo está el mío, que además es bastante más grande que el tuyo. ¡Menudas manifestaciones me están organizando! Sí, a mí, Carles, a mí. Porque eso de "¡Puigdemont a prisión!" no te lo dicen a ti, no. ¡Me lo dicen a mí!

Estos días he leído por ahí que el nacionalismo español se ha despertado tras cuarenta años de letargo por la resaca antifranquista. Y ya sabes que el peor nacionalismo de todos es el español, que me lo han explicado personas de mucha solvencia. ¡Con lo tranquilos que los teníamos, Carles, y ahora se nos han echado a la calle! ¡A ver cómo hacemos ahora la reforma constitucional que veníamos anunciando desde hace meses!

Porque tú sabes tan bien como yo que ni tú ni yo mandamos de verdad. Aquí los que mandan son los del dinero, tanto los de dentro como, sobre todo, los de fuera. Y ésos quieren que sigamos teniendo la fiesta en paz, por el bien de todos y sobre todo por el de sus bolsillos. Y no olvides que contáis con el total apoyo de la izquierda, que, como sabes, siempre perderá el culo por daros la razón en todo.

¡No sabes qué pesado está Pedro con eso de la plurinacionalidad, el federalismo y otras palabras muy largas! Por eso la reforma constitucional iba sobre ruedas para fingir que se cambiaban un poco las cosas a vuestro favor de modo que las cosas siguieran más o menos igual.

¡Con lo que habríais salido ganando en nuevos puestazos y sueldazos mediante la profundización del Estado de las Autonovuestras!

¡Si hasta estábamos pensando consagrar constitucionalmente el monolingüismo en Cataluña, poneros asiento en la ONU y permitiros tener selecciones deportivas, pues Rosell y Gay de Montellá nos habían dicho que así dejaríais de estar sometidos!

Pero tal como se han puesto las cosas, me parece que los míos, que, como siempre, habrían vuelto a tragar cualquier cosa, esta vez no tragan. Pero no porque estén enfadadísimos contigo, no, sino conmigo. ¡Y cómo está la prensa, llamándome de todo cada día! Hasta se burlan de mi magistral manejo de los tiempos. ¡Qué difícil se nos han puesto las cosas, Carles! Y todo por vuestra impaciencia.

Porque dime: ¿por qué tanto empeño en hacer un referéndum ilegal el 1 de octubre si ya has visto que te lo hemos convocado legal para el 21 de diciembre? ¡Y muy probablemente ganaréis de nuevo! Ten en cuenta que el 155 es simplemente un parche legal para corregir algunas cosillas en las que se os ha ido la mano por indiscretos, admítelo. Y fíjate si somos generosos que ni aun así han sido procesados Jordi y su banda, y eso que ya los ves, multimillonarios perdidos cuando no hace tanto que la madre superiora lamentaba no tener ni cinco.

Por cierto, y perdona que me ría, pero no me digas que no tiene gracia que estés pagando tú ahora todas juntas las fechorías cometidas durante cuarenta años por Jordi y Artur. ¡Eres un pringao! Pero lo que te estaba diciendo del artículo ése del demonio es que no cambia en absoluto el panorama electoral y mucho menos aún el ideológico. ¡Si hasta hemos dejado clarísimo que no pensamos tocar vuestra tele y vuestra radio, que, como habrás podido comprobar, siguen estando a vuestra entera disposición!

Y en cuanto al largo plazo, ni te cuento: ¿no hemos dejado claro también que no tenemos la menor intención de tocar las competencias de educación? Mucho se habla últimamente de adoctrinamiento y de totalitarismo, por cierto, lo que me sorprende porque por aquí no teníamos ni idea. Algo mencionó hace poco Íñigo sobre algunos casos aislados, así que algún informe habrá que pedir a alguna comisión, pero no te preocupes, que la gente se olvida rápidamente de esas cosas.

De modo que ya ves que tenéis garantizada la hegemonía ideológica para siempre, pues ya sabes que a los materialistas vulgares nunca nos ha interesado el debate ideológico. Lo importante es la economía. Además, tenéis la continuidad garantizada con ese Santi Vila, que tan prudentemente se bajó del carro tras habérsele calentado la lengua hace algunas semanas y que se ha ofrecido a continuar con los tradicionales pactos con los gobiernos de Madrid hasta poder conseguir la independencia con calma y, como él dice, ajustada a derecho.

Ya sabes que en España, cumpliendo el procedimiento reglamentario, se puede conseguir cualquier cosa. Hasta su destrucción. No seré yo el que se oponga. O sea, que tampoco tienes por qué tomarte las cosas tan a la tremenda. Incluso en el peor de los casos, el de que el Estado de Derecho, que confieso que es un engorro, acabe enviándote una temporadilla a la sombra, tampoco es para tanto. Te alojaríamos con los Jordis y así hasta podríais pasar el rato haciendo proselitismo. Y cuando la gente se haya olvidado de todo este ruido, un indultillo y a otra cosa. De eso me encargo yo, que lo de poner a los criminales en la calle antes de tiempo se me da de maravilla. ¡Y con el pedazo de pensión que te llevarás, picarón! En fin, querido Carles: ¡pelillos a la mar y vuelve pronto, hombre, que te echamos de menos!

www.jesuslainz.es
 
Y tras el 21-D, ¿qué vamos a hacer?
Eduardo Arroyo gaceta.es 3 Noviembre 2017

Las pasadas manifestaciones multitudinarias en Barcelona, en protesta contra los desmanes independentistas, han llenado de alegría a multitud de españoles. Hasta en los últimos rincones de nuestra geografía han podido verse balcones engalanados con banderas españolas. Esta sensación de patriotismo desbordante es muy legítima y saludable, después de tantos años de represión del sentir meramente español. Ahora parece que de repente han surgido numerosos patriotas, desde Borrell hasta Francisco Frutos pasando por Vargas Llosa.

No obstante sería interesante hacer algunas consideraciones:

– Las explosiones de júbilo pueden ser más o menos positivas y deseables pero duran lo que duran. Es necesario tener una idea precisa y clara acerca de lo que se quiere hacer a corto, medio y largo plazo.

– La aplicación del artículo 155 ha transcurrido sin mayores problemas: ni actos de desobediencia masiva ni desacatos a las decisiones del ejecutivo. Sin embargo esto no quita para que existan millones de catalanes cuya desafección con España es total. Muchos de ellos ocupan puestos relevantes en la sociedad civil y en la “nomenklatura” académica y mediática y, desde luego, no van a tolerar que se les condene a la eterna irrelevancia política y social.

– En el mar de bandera españolas de estos días y en las muestras de rebeldía contra el independentismo ha quedado una realidad bien establecida: una cosa es el movimiento popular, sinceramente patriótico, y otra sus portavoces y representantes. Estos son de carácter heterogéneo –desde ultraliberales hasta socialistas, comunistas e incluso tradicionalistas católicos- y concurren unidos por un antiindependentismo que no es necesariamente patriótico.

– La corriente mayoritaria de entre los portavoces de este movimiento patriótico y antiindependentista está reconduciendo el patriotismo popular hacia algo que no es en absoluto lo que mueve a los cientos de miles de manifestantes: se está sustituyendo a España – como realidad tangible e histórica – por la afección a una serie de “valores” tales como la legalidad, la convivencia, “las libertades” o la constitución.

– En realidad muchos de los que hoy se arrogan el derecho a hablar en nombre de la gente de la calle son en realidad gente que ha trabajado durante décadas para desposeer a España de su pérdida del sentido nacional.

– Es muy dudoso que el “establishment” político –especialmente del PP, ya que es el partido del gobierno- vaya a romper amarras con su apoyo secular a los cárteles mediáticos que han aupado al nacionalismo a su posición hegemónica y que han trabajado para que el sentimiento patriótico español quedara relegado a la marginalidad “facha”.

– La lucha contra el independentismo debe llevarse a cabo en las urnas pero hay que saber que se trata también de una lucha cultural, educativa y social. Si esto no se tiene claro se perderá la guerra en las urnas. Por lo visto este planteamiento no interesa, como se ha evidenciado, primero, tras décadas de dejar hacer aún a sabiendas de lo que pasaba y, segundo, con la abstención del PP en la propuesta de C’s contra el “adoctrinamiento” nacionalista.

Todos estas consideraciones llevan a tres de cuestiones de enorme trascendencia:

– Primero, que sin un plan a medio y largo plazo contra el independentismo en Cataluña (y tampoco en otros lugares donde este independentismo existe latente y solo espera su oportunidad), en breve estaremos donde estábamos. Este problema se planteó en el editorial de ABC del pasado día 29 de octubre titulado “Cataluña, un plan más allá del 21-D”. Aunque allí se exponía el problema no se avanzaba ni una esbozo de propuesta. ¿Por qué? Pues porque son presos de sus propias servidumbres ideológicas.

– Segundo, que entre las personas que honestamente creen “defender a España” no se tienen la ideas claras y se admite sin más que el antiindependentismo equivale sin más a la defensa de España. Esto es una falsedad de todo punto.

– Por último, el independentismo en Cataluña ha llegado a donde esta porque se le ha dejado el campo libre y ha podido llevar a cabo una lucha cultural y social abundantemente financiada. Esto es: ha triunfado a golpe de cheque. Lamentablemente para los “fundamentalistas democráticos” (que diría Gustavo Bueno), que piensan en su delirio que los “individuos” tras cuidadosa reflexión personal alcanzan decisiones racionales, el criterio de la gente es increíblemente flexible a la propaganda. De ahí que los independentistas catalanes no “son” tales sino que les han hecho tales, lo cual es muy diferente. Así que lo que se hizo a golpe de cheque podría deshacerse igual; en este caso, para destruir la alienación en la que viven dos millones de independentistas catalanes.

Por desgracia, muchos siguen aplaudiendo como pioneros del antiindependentismo y portavoces de España a los que hoy no son si no parte del problema y en el pasado contribuyeron a causar el mismo. Una vez más, tras el júbilo y la alegría es imprescindible pensar en profundidad qué es lo que se quiere hacer y con qué compañeros de viaje.

Falta épica
Emilio Campmany Libertad Digital 3 Noviembre 2017

La violencia está proscrita en nuestra sociedad. No sólo la gratuita, también la legítima y hasta la legal. Cuando la Policía la emplea en cumplimiento de sus obligaciones es ácidamente criticada. Y eso que en España tenemos los antidisturbios más sufridos de Occidente, pues en las manifestaciones violentas que aquí padecemos de vez en cuando suele haber más heridos entre los policías que entre los manifestantes. Desde el punto de vista del separatismo catalán, renunciar a la violencia, aunque en realidad sólo lo hayan hecho en cuanto a la más evidente y grosera, tiene ventajas e inconvenientes. La ventaja es que, a poco que el Estado se vea tentado de recurrir a ella, el habitual victimismo de los nacionalistas encontrará un modo de justificarse, especialmente fuera de España. La medidísima violencia empleada por las fuerzas del orden el 1 de octubre permitió a los nacionalistas hablar de casi mil heridos cuando no hubo más que dos. Pero, propagandísticamente, la mentira fue eficaz. Y lo fue porque la Policía empleó la violencia. Da igual que ésta fuera legal, legítima y proporcionada. No obstante, la renuncia a las formas más evidentes de violencia tiene, para los independentistas, también inconvenientes.

La imagen de David y Goliat que el nacionalismo vende de sí mismo y de España no termina de cuajar porque este David independentista renuncia a emplear la honda. Tampoco lo hace la de una Cataluña que resiste la intervención del Estado como Numancia a los romanos, porque estos numantinos están muy lejos de preferir el suicidio a seguir siendo españoles. Tampoco vale la de los Trescientos defendiéndose en las Termópilas, porque es patente la negativa de los independentistas a morir luchando contra los Inmortales, entre otras cosas porque el Leónidas convergente ha salido huyendo al poco de asomar por el desfiladero un escudo con el 155 grabado.

El movimiento independentista catalán ha querido disfrazarse de épica y ha salido vestido de ridículo. Y la verdad es que tampoco es necesario recurrir a la violencia para que haya tragedia épica. Basta estar resuelto a resistir, aunque la resistencia sea también una forma de violencia, que sin embargo puede ser disfrazada de pacifismo. Pero si no se está dispuesto a pelear, si ni siquiera es uno capaz de plantarse por miedo a ser encarcelado, si se proclama la independencia y luego deja uno de ir al despacho para evitar que se agrave la propia situación penal, si se pide a los militantes de a pie que tengan el coraje que a uno mismo le falta, será imposible ser Enrique IV y tendrá uno que conformarse con hacer de Falstaff. Y si todos son así y nadie quiere el papel de héroe, es inevitable que el drama histórico degenere en comedia burlesca.

Es muy difícil construir una nación sin épica. No basta prohibir el empleo del español, enseñar en el colegio lo malos que son los españoles y limitar los puestos relevantes socialmente a los de rancio origen catalán. Además de esas mezquinas patologías del nacionalismo hace falta siquiera una pizca de valentía, una miaja de épica.

La segunda transición ha llegado
Rodrigo de Rato gaceta.es 3 Noviembre 2017

Podemos podría ser el partido estatal más afectado por la crisis separatista catalana, teniendo que suspender a su propia dirección en esa comunidad por querer aliarse con los separatistas.

Decía Santa Teresa, en una de sus frases más repetidas, que “se derraman más lágrimas por las plegarias atendidas que por las no atendidas”. Esto viene a cuento sobre la necesidad de una segunda transición, según la formulación hecha por Podemos y por otros partidos, algunos nacionalistas. El hecho de que la primera transición estuviera basada en el consenso político, no en la ruptura, lleva a estos proponentes a pretender que aquel consenso fue impuesto por los llamados “poderes fácticos” a los partidos políticos democráticos.

A eso añaden que una parte de la actual población, la más joven, no pudo votar la Constitución de 1978 para reclamar una reforma constitucional. La crisis catalana ha producido ya, como era de prever, un cambio en la agenda política en España, cuando antes de su estallido la superación de los efectos de las dos crisis económicas, junto con la construcción europea post Brexit y para afianzar el euro, eran los temas que iban a dominar el futuro debate político español.

La intentona separatista en Cataluña, con sus antecedentes parlamentarios arrollando a la oposición desde principios de septiembre 2017, ha puesto en el debate español políticas de muchos años atrás. La respuesta al separatismo no ha sido la violencia sino la necesidad de reafirmar el sentimiento patriótico español, para sorpresa de los separatistas. Los sectarios efectos de la politización nacionalista en la educación se presentan ya como una necesidad nacional.

El separatismo se percibe como el mayor riesgo de la democracia española. No es tanto, o no solo, un debate territorial como una necesidad de dotar al Estado democrático de los instrumentos necesarios para defenderse, antes de llegar a la aplicación del artículo 155 con la suspensión de la autonomía. Todos los españoles sabemos que el Estado de las Autonomías tuvo en su origen precisamente en dar a los nacionalistas catalanes y vascos un marco político para desarrollar su autogobierno. Hoy, transcurridos 40 años, desarrollado totalmente el Estado autonómico la pregunta es si el nacionalismo es de fiar, para la democracia española.

Seguramente este debate no era el que Podemos y sus socios tenían en mente como segunda transición. Este tema parece que traspasa la división política, social y la separación ideológica de izquierda frente a derecha. Así, Podemos podría ser el partido estatal más afectado por la crisis separatista catalana, teniendo que suspender a su propia dirección en esa comunidad por querer aliarse con los separatistas. Aunque el resultado de las elecciones convocadas para el 21 de diciembre dará inevitablemente una nueva luz a todo lo que estamos viviendo.

La aparente decisión de los partidos separatistas de acudir a esas elecciones convocadas por el Gobierno español, contradictorio sin duda con haber declarado la independencia de España, llevará a una legislatura catalana donde la independencia, o un sucedáneo confederal, serán de lo que se trate, si obtienen más escaños que los constitucionalistas. Como la legislatura pasada, pero más. En esas circunstancias el Parlamento Nacional tendrá que afrontar las distintas opciones de lo que será la segunda transición, con el tema de la unidad nacional más o menos explícito.

Los constitucionalistas no parecen tener una agenda única
Los partidos constitucionalistas, que tan bien han actuado juntos las últimas semanas no parecen ahora tener una agenda única: Ciudadanos busca un compromiso preelectoral (el de la lista más votada) para gobernar juntos frente al separatismo, pero PP y PSOE no parecen dar ese paso por ahora. Los dos partidos mayoritarios, aunque menguados, llevan ya dos años buscando un modus vivendi en un mapa político en el que ya no son hegemónicos.

Hace solo un año el socialismo tuvo que echar a su entonces Secretario General, Pedro Sánchez, para dejar gobernar a Rajoy. Hoy con Pedro Sanchez de nuevo como líder del PSOE la insurrección separatista ha llevado a una unión con Rajoy para suspender la autonomía catalana.

La convocatoria inmediata de elecciones ha servido sin duda para forzar a los partidos depuestos a centrarse en las nuevas elecciones, en vez de en reaccionar contra la aplicación del 155. Pero esa reacción estará en la campaña electoral, aunque ofrecer independencia otra vez chocaría con la realidad empresarial e internacional. Desde otro ángulo, la convocatoria de elecciones inmediatas en Cataluña, presupone aceptar el engranaje educativo-comunicación que nos ha llevado hasta aquí, apoyándose en una ley electoral sesgada a favor de las zonas con más voto nacionalista.

Es pronto para saber si “las desgracias nunca vienen solas” o si ” no hay mal que por bien no venga”. Pero lo vamos a ir sabiendo en próximas fechas, de momento el toro está en la plaza. Quien sea capaz de movilizar a los suyos sin asustar a los demás tiene de las de ganar. Los votantes no separatistas, que habitualmente no votaban en las elecciones autonómicas, pueden tener su última oportunidad este diciembre.

Del ridículo al martirio y el heroísmo
Pío Moa gaceta.es 3 Noviembre 2017

Como la gran mayoría de nuestros políticos y periodistas apenas tienen idea de la historia de su propio país, más allá de cuatro tópicos, por lo general falsos, conviene intentar ilustrarles (aunque supongo que será en vano) en relación con el separatismo catalán y las perspectivas actuales. Son muchos los que se alegran del ridículo que vienen haciendo los golpistas y de la persecución judicial a algunos de ellos, y creen que el problema está prácticamente resuelto. Pues bien, presten atención:

En 1934 intentaron un golpe, como es sabido. Hicieron el ridículo mucho más que ahora, no solo por la cobardía e ineptitud que demostraron sino, más aún, por sus meses de campaña previa en tonos violentos y “heroicos”, como decía Dencàs. Esa campaña la he detallado en Una historia chocante y en Los orígenes de la guerra civil. Pues bien, una vez vencidos de manera realmente ignominiosa y después de provocar decenas de muertos, los órganos de prensa separatistas, que reaparecieron enseguida con otros nombres, lanzaron una gran campaña para hacer de Companys y su gobierno unos mártires y unos héroes. Quizá ustedes crean que era imposible lograrlo, después de lo que todo el mundo había visto en octubre del 34… pero lo consiguieron más allá de toda expectativa. Es más, en aquella campaña participaron las izquierdas española.

Unas piezas de muestra: “En el banquillo de los acusados, siete hombres de Cataluña. Y en torno al estrado y al banquillo, y fuera, el pueblo”. “Lluis Companys, el Presidente de la Generalidad, es el primer luchador de Cataluña”, “Companys y Cataluña, magnífica ecuación. Companys y Cataluña se encontraron juntos el 6 de octubre. Y no se separarán más” . “Companys es Cataluña. Cataluña es Companys” . En un libro titulado “Cataluña-Companys escribía, entre otros, Azorín: “Estos hombres (por los golpistas) son afectuosos, llanos e inteligentes. Han procedido con lealtad y rectitud en el gobierno de su nación. Lo han sacrificado todo por el pueblo. ¡Por Cataluña y todos los pueblos de España, en el acervo de libertad, de justicia, de progreso!”. Y así sucesivamente (lo he detallado en El derrumbe de la República). Ante lo que viene ocurriendo uno se da cuenta, con cierto desaliento, de que en la España actual la experiencia histórica, por mucho que se exponga, pasa como si no existiera, no sirve de nada.

En breve: los separatistas consiguieron convertir uno de los ridículos más grandes de la historia en un relato entre heroico y martirial, y cuando se celebraron las elecciones del Frente Popular, un año después, los separatistas ganaron por goleada, y Companys y su grupo de delincuentes, condenados a treinta años, salieron de la cárcel en una apoteosis de entusiasmo popular, y vulnerando ya la ley desde el principio, como lamentaba Azaña.

En nuestros días no hay duda del ridículo hecho por Puigdemont y toda la banda separatista. Y tampoco de que van a intentar convertir a los delincuentes en víctimas y en héroes de la democracia, la paz y el diálogo. Y hay pocas dudas de que lo conseguirán, ante un gobierno que jamás ha defendido a España, una palabra que para él no significa nada.

Hace meses describí así la situación, y creo que cualquiera puede verla: una clase política corrupta, simplemente repulsiva, choca con el peso histórico, cultural y demográfico de siglos de la nación española, a la que unos tratan de disgregar y otros de disolver en la UE. Ese peso e inercia debería generar una resistencia popular que por entonces no se veía por ninguna parte, pero que por fin ha hecho su aparición, si bien todavía de modo confuso y disperso.

No obstante, si esa espontánea resistencia no se articula en una alternativa política, no llegará lejos, y el proceso de putrefacción del régimen salido de la transición continuará, pudriendo aún más a la sociedad española, o derivando a salidas traumáticas. Esa clase política que tantas miserias ha traído al país debe ser expulsada. ¡Qué gran oportunidad para un manifiesto conciso y claro que exponga la situación y su mejor salida! Lo he propuesto a VOX, pero este partido parece centrarse exclusivamente en la necesidad de aplicar la ley, lo que está bien, salvo porque este gobierno nunca la ha aplicado y su aplicación aparente solo puede ser y será una farsa y una burla más a los españoles y a la democracia. Y que aunque está bien la insistencia de VOX, es solo un aspecto de una situación histórica de mucha mayor envergadura.

Y de momento, así estamos.

Cuando la Justicia genera desorden (o el caos redentor)
José Javier Esparza gaceta.es 3 Noviembre 2017

Gustaba el señor marqués de hacer cuanto le saliera de la entrepierna. Era hábito inveterado desde incontables generaciones. Robaba, asaltaba, violaba, trampeaba, estafaba… Nunca nadie le chistó. Un soborno aquí, un regalo allá, una amenaza en esta otra parte, y el señor marqués siempre quedaba impune. Volvía el feroz señorón de sus correrías y una buena parte de su pueblo le aclamaba, agradecido porque el señor marqués, rumboso, repartía con frecuencia las migajas del botín. Protegido por una sórdida coraza de pactos y componendas, el marqués aumentaba sus bienes y dominios. El propio rey, acobardado, aconsejaba prudencia y templanza, no fuera a irritarse el magnate ladrón. Tal era el orden de las cosas.

Así creció el señor marqués en osadía y audacia, cada vez más lejos en sus desmanes. Hasta que un día, en el colmo del atrevimiento, llegó a robar la manzana de oro del rey. Ni siquiera entonces pareció nadie conmoverse. “No me obligues a hacer lo que no quiero hacer”, gimió el rey por única respuesta. Pero era la manzana del rey, así que el guardián de las manzanas, protocolario, envió un alguacil. Y el alguacil, que no conocía de pactos y componendas, acudió al ecuentro del señor marqués.

Vio el alguacil al marqués. Interceptóle. Descabalgóle. Léyole el fuero. Apresóle y a galeras envióle. Y el estupor se adueñó del Reino.

Aullaba el señor marqués, amarrado al duro banco. Clamaban justicia los vasallos del señor marqués, heridos en su orgullo. Temblaban los cómplices del señor marqués, temerosos de que aflorara su propia podredumbre. Trémulo gemía incluso el rey, que había llegado a valorar más la satisfacción del conde que la propiedad de su manzana. Sólo el pueblo respiraba aliviado, pero ¿a quién le importaba el pueblo?

Convocó el rey al aguacil. “¿Es que no ves lo que has hecho?”, espetó el monarca al funcionario, entre atribulado e iracundo. “¡Estás poniendo en peligro el orden público! ¡Vas a hundir el Reino! ¡Eres un subversivo, un perturbador!”.

Miró el alguacil al monarca. Compuso una humilde reverencia y se limitó a exhibir el fuero. Llevaba la firma de Su Majestad. Carraspeó el alguacil y dijo: “Esta es la ley. Si la primera vez que el marqués la violó le hubierais amonestado, habría sido suficiente. Si la segunda vez que lo hizo le hubierais sancionado, habría habido mayor quebranto, pero también habría sido suficiente. Si la tercera vez le hubierais embargado, el quebranto aún habría sido más severo, pero también habría sido suficiente. Ahora bien, no hubo ni primera vez, ni segunda ni tercera, de manera que la costumbre del delito se hizo ley, y el desorden, orden. De forma tal que, ahora, para volver al fuero no hay más remedio que desordenarlo todo, aunque la ley parezca injusticia y el orden, alteración”.

Y el rey calló. Y el alguacil se marchó. Y a los magnates del reino ya no les quedó otra preocupación que ver cómo sacaban de galeras al señor marqués.

CRÍMENES DEL COMUNISMO
García Atadell, la represión organizada por las izquierdas
Juan E. Pflüger gaceta.es 3 Noviembre 2017

La actuación de García Atadell demuestra que la represión republicana fue organizada desde la administración pública y no, como afirma la izquierda, obra de incontrolados

Agapito García Atadell fue el responsable de la checa instalada por la Brigada de Investigación Criminal en la calle Martínez de la Rosa número 1 de Madrid. Allí fueron asesinadas más de un centenar de personas de las más de 800 que pasaron por las instalaciones y que fueron, en su mayor parte, torturadas.

La historia de García Atadell es otro de los hechos que demuestra que la represión en la retaguardia republicana fue organizada desde el Gobierno del Frente Popular y que los centros ilegales de detención no estaban en manos de “un puñado de incontrolados”, como aseguran los historiadores de izquierdas y los defensores de la Ley de Memoria Histórica.

García Atadell nació en 1902 y era tipógrafo de profesión. Desde muy joven se vinculó al sindicato UGT, y al PSOE. En 1921 se afilió al recien creado PCE, donde promocionó hasta ser nombrado secretario de las Juventudes Comunistas. En 1928 volvió a la UGT y el PSOE. Formando parte de la Ejecutiva Federal del sindicato y siendo uno de los hombres de confianza de Indalecio Prieto, de cuya escolta fue uno de los dirigentes.

Su carácter agresivo quedó claro en los años veinte. Donde sus detenciones y multas son continuas: en 1922 fue detenido tras agredir a un impresor, Benito López García, que se negó a afiliarse a su sindicato; dos años después se le detuvo por incitar a la sedición; y ese mismo año, 1924, cumplió un año de cárcel por una agresión durante una huelga.

Llega a 1931 bien posicionado dentro de la UGT gracias a sus contactos con Prieto. En 1934 participó en la revolución de 1934 y pasó un tiempo en la cárcel hasta que en 1936 fue uno de los escoltas del líder socialista. Gracias a estas relaciones, al comienzo de la guerra se le nombró jefe de las “Milicias Populares de Investigación”. Un cargo que dependía del ministro de Gobernación, Sebastián Pozas, que quería reforzar la Brigada de Investigación Criminal. Su jefe directo fue el inspector de la Policía Antonio Lino.

Las autoridades republicanas le cedieron el palacio de los condes de Rincón, en la calle Martínez de la Rosa núemero 1, donde recibió el encargo de organizar un centro de detención, una checa y se le encomendó el mando de 48 agentes que eran antiguos milicianos del PSOE y la UGT a los que se había nombrado agentes de policía.

Atadell era el dirigente de la denominada como “Brigada del amanecer” y del siniestro grupo “Los linces”. En los dos meses que ocupó su cargo detuvo a 800 personas, de las cuales más de cien fueron asesinadas. Practicó centenares de registros y las incautaciones de objetos de valor que realizaba no tenían ningún control, con lo que junto a sus lugarteniente, Luis Ortuño y Pedro Penabad, consiguió reunir un gran botín que ascendía a 25 millones de pesetas de la época. Salieron hacia el puerto de Alicante en octubre de 1936.

La historiografía de izquierdas insiste en señalar que fue el encargado de negocios George Ogilvie quien le convenció de que abandonase la represión. Pero la realidad es que el plan de Atadell era escapar junto a sus socios con el botín y escapar a Hispanoamérica. Los milicianos comunistas llevaban tiempo intentando apropiarse de parte del botín conseguido por Atadell, pero éste siempre lo impidió, lo que le granjeó importantes enemigos en Madrid.

Para fugarse, no dudó en saquear una cuenta a nombre de su esposa, una antigua monja, a la que abandonó para escapar con sus socios. Se trasladó a Alicante donde compraron documentos de identidad cubanos falsos. Pero fue delatado a las autoridades francesas para que fuera detenido en la escala que el barco en el que viajaban iba a realizar en Vigo. El embajador republicano en Francia, Luis Araquistáin, fue autorizado para delatar al fugado ante las autoridades franquistas para que fuera detenido al ser considerado un traidor tras su fuga.

El barco, de bandera francesa, estaba bajo la autoridad del país vecino, pero en ese momento el Gobierno galo no autorizó la detención al hacer escala en Vigo. Sin embargo, el 24 de noviembre, en una escala en Las Palmas, la autorización se concedió y fue detenido y trasladado junto a sus compinches a Sevilla, donde se le ingresó en un módulo de alta seguridad.

Durante el juicio al que fue sometido, se practicaron diligencias completas. Los testimonios en su contra fueron demoledores frente a cualquier defensa posible y se le condenó a muerte. Una sentencia que fue cumplida el 15 de julio de 1937.

Desde su cautiverio hasta su muerte, Garcia Atadell se convirtió al catolicismo y adjuró de sus acciones y anteriores creencias socialistas. Murió encomendándose a Cristo Rey.

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Destruir el español, desintegrar España
Santiago Navajas Libertad Digital 3 Noviembre 2017

La clave está en la lengua española. El gran filólogo Rafael Lapesa lo escribió en Cuenta y Razón en 1989:
Lo que sucede hoy –y mi responsabilidad de intelectual me obliga a denunciarlo– es que estamos asistiendo a un calculado intento de desintegrar España.

Se refería Lapesa al ataque nacionalista contra todo lo español, y en especial contra la lengua española. Un indicio de por dónde iban los tiros se tuvo cuando la Constitución dictaminó, contra el criterio de la Real Academia de la Lengua, que la lengua común de los españoles debía denominarse castellano. La ofensiva nacionalista tenía desde el comienzo de la democracia el objetivo de eliminar cualquier vestigio de la nación española constitucional e histórica.

La canonización franquista de la lengua española mutó durante la democracia en la santificación de las lenguas particulares de Cataluña, País Vasco y Galicia. El español fue perseguido en dichas comunidades, se castigó a quienes rotulaban sus comercios en dicho idioma y los hispanohablantes fueron sometidos a acoso institucional en los centros educativos. La Constitución de 1978 era un intento magnífico de reconciliar a todos los españoles a través del establecimiento de un bilingüismo sólido en las comunidades con dos lenguas propias. Sin embargo, cuando Cataluña, País Vasco y Galicia establecieron sus leyes de normalización lingüística traicionaron el espíritu de concordia de la Constitución instituyendo un clima de persecución y acoso de los ciudadanos que preferían expresarse y estudiar en español. Los centros educativos se convirtieron, permítanme la analogía, en campos de exterminio de todo lo que oliese a español, empezando, claro, por el idioma. Sobre todo en Cataluña, donde normalización no es sino un eufemismo para un procés de supresión del español hasta llegar a un utópico y totalitario monolingüismo catalán. No faltaron tontos útiles en el lado constitucionalista que aceptaron escribir en español Girona en vez de Gerona, sin que ello llevara a aceptar en catalán Zaragoza en lugar de Saragossa.

Desintegrar España, como bien vio Lapesa, pasa por destruir el español como lengua común. Escuchando las graves incorrecciones lingüísticas de Puigdemont y su consejera de Educación cuando se expresan en español, cabe deducir que para acabar definitivamente con España no solo pretenden eliminar su denominación (refiriéndose a ella como "Estado español"), sino que también han tratado de arrancar de cuajo el propio idioma, porque para ellos constituye una visión del mundo. Siguiendo su ideología de racismo lingüístico, matar una lengua es equivalente a exterminar una cosmovisión. La prohibición de las corridas de toros no era sino la guinda del pastel nacional-totalitario hispanófobo.
Es necesario que los liberales postulen un tipo de Estado liberal, pequeño pero fuerte, que amplíe los espacios de libertad de todos los ciudadanos catalanes y, por ende, de todos los españoles y europeos. No estamos jugando mucho más que la supervivencia de España: la existencia misma de la libertad.

Es esta utopía catalanista la que ha conducido a la violencia insurreccional del golpismo. Porque, como argumentó Karl Popper, hay una causalidad entre la acción utópica y la violencia. Para el maximalismo utópico, no cabe ninguna etapa de compromiso y negociación, sino la imposición de dogmas a priori. Por eso se justifica la violencia en sus diversos modos, del terrorismo al golpismo. De ahí esa alianza entre lo que simboliza Otegiy lo que representa Puigdemont. Ideólogos contrarios al plurilingüismo han dado cobertura teórica a la tesis de que normalitzar una llengua implica sempre reduir la presencia de l’altra llengua.

Por tanto, la idea subyacente al nacionalismo es que para acabar con España hay que derrotar al español como lingua franca de todos los españoles. Se ha usado el sistema educativo, de Primaria a Universidad, para el "adoctrinamiento lingüístico". Y para ello ha sido crucial blindar el acceso a dicho sistema a los docentes de otras comunidades, usando el requisito del idioma particular de cada comunidad. Por eso no solo no basta con aplicar el artículo 155, sino que para restablecer la normalidad en lo relacionado con los derechos fundamentales y la igualdad de oportunidades dentro de un paradigma liberal hay que establecer un sistema educativo en español en paralelo al sistema educativo en catalán. De esta forma se apostaría por un modelo educativo bilingüe que tenga en cuenta tanto a Juan Marsé como a Quim Monzó. En el mismo sentido, hay que permitir que profesores de toda España puedan acceder a las oposiciones docentes en Cataluña en igualdad de condiciones con los que dominan su lengua particular. El vértice de un Estado liberal en Cataluña también implica el cierre de la televisión pública catalana, la hermana gemela del adoctrinamiento educativo. Valerie Bemeriki, una de las presentadoras de la radio que incitó al odio en Ruanda, explicó con posterioridad:

En el colegio nos enseñaban a odiar a los tutsis. Nos decían que cuando recuperaran el control del país nos exterminarían.

Una propuesta liberal para Cataluña pasa, por tanto, por defender los derechos de todos los ciudadanos y garantizar la igualdad de oportunidades. Con respecto a la cuestión nacional, en España el problema no es que haya demasiado Estado, sino que el que hay es muy poco liberal. El Estado central debe retomar competencias que han sido usadas torticeramente por los nacionalistas para crear un Estado autoritario. Lo que implica luchar contra el proteccionismo lingüístico, que lleva a otros tipos de proteccionismo, sociales, culturales, laborales y económicos.

En resumen, el nacionalismo como ideología, el clasismo como método, la xenofobia como actitud y el golpismo como política constituyen un paradigma absolutamente opuesto al liberalismo y su modelo de sociedad abierta y plural, respetuosa con la democracia representativa y los derechos fundamentales. La reconquista de un espacio lingüístico común es condición necesaria para la reconstrucción de un espacio político liberal. Para ello es necesario que los liberales postulen un tipo de Estado liberal, pequeño pero fuerte, que amplíe los espacios de libertad de todos los ciudadanos catalanes y, por ende, de todos los españoles y europeos. No estamos jugando mucho más que la supervivencia de España: la existencia misma de la libertad.

Sobraban las urnas
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 3 Noviembre 2017

Precisamente porque como dijo Rajoy, antes de desdecirse y tras haberse desdicho, había que restaurar la democracia en Cataluña, lo último que se debía hacer antes de que la Justicia acometiera su tarea tal y como empezó a hacer ayer, que es mandando a la cárcel a los golpistas, era convocar elecciones autonómicas. Generales, puede; catalanas, no.

Recordemos el tracto acusatorio-reculatorio de Rajoy: 1/ "No nos obliguen a hacer lo que no queremos hacer"... y era cumplir la ley; 2/ Artículo 155 con todas sus consecuencias y elecciones "pasados, al menos, seis meses"; 3/ Elecciones en 56 días, sin intervenir TV3 y dejando en manos de los jueces la persecución de los que, no obstante, "verían con agrado" que se presentaran a las elecciones, según dijo Méndez de Vigo. Supongo que ahora verán con agrado que los presos encabecen una lista única, respaldada por Podemos y Colau, para ir cuanto antes a los dos tripartitos: el de Cataluña en enero y el del resto de España en junio.

¿O es que alguien ve al PP de Soraya y Millo, de Méndez del Agrado y Lasalle, de Catalá y Zoido, de Mariano y de Rajoy dando la batalla que hay que dar, día y noche, ante la opinión pública para defender no sólo la legalidad sino la vital necesidad de que la Justicia haga honor a su nombre y castigue ejemplarmente a los golpistas? ¿Quién frenará en televisión el paragolpismo de Iglesias, que ayer llamó "presos políticos" a Junqueras y sus cómplices? ¿La Gran Muralla Constitucional de Ferreras en La Sexta, Ruiz en La Cuatro, Juliana en TVE y Espinar en Telemadrid? ¿O Catalunya Radio, RAC1, TV3 y La Vanguardia?

No se puede poner en marcha la Justicia para restaurar un Estado de derecho que en Cataluña no rige hace décadas y, al tiempo, someterlo al baño maría de unas elecciones abocadas al victimismo; menos aún con los medios de comunicación en contra. Rajoy -lo dijimos aquí, cuando tantos lo reputaban astutísimo- eludió su responsabilidad endosándoles a dos tontos que van de listos, Sánchez y Rivera, la convocatoria de unas elecciones de puro escaparate que, salvo milagro, perderá Ciudadanos y ganará un PSC-PSOE esquerranizado y podemizado. En ello está; por eso vetó intervenir TV3.

Pero aunque en mal terreno y peor compañía, hay que dar todas las batallas por la supervivencia de España. Así que, ¡bien por la juez Lamela!

Cárcel para los golpistas
EDITORIAL ABC 3 Noviembre 2017

La decisión de la juez de la Audiencia Nacional Carmen Lamela de encarcelar provisionalmente a Oriol Junqueras y a ocho consejeros del Gobierno catalán destituidos por su rebelión contra el Estado no solo es proporcionada y ajustada a Derecho dada la gravedad del delito y el evidente riesgo de fuga, sino que encierra algo de justicia poética. Los ejecutores de todo un golpe de Estado no podían quedar libres porque el mensaje que nuestra Justicia enviaría a la ciudadanía sería difícilmente digerible. Dieron un golpe a sabiendas de su incumplimiento flagrante de la legalidad, lo retransmitieron en directo renunciando voluntariamente a ser considerados «presuntos», y se vanagloriaron de su ataque al Estado de Derecho con palmadas en la espalda y abrazos. La Audiencia Nacional no podía hacer oídos sordos a un clamor social, ni asumir el riesgo de una idea de la justicia selectivamente permisiva o condicionada por criterios de conveniencia política. Con Junqueras y sus consejeros ya en prisión, ahora queda arrestar a Carles Puigdemont, oficialmente fugado de la acción de la justicia y sobre quien está a punto de pesar una orden internacional de busca y captura que debe ejecutarse con urgencia. Por eso, e independientemente de lo que tarde en cumplirse esa orden, la única certeza es que cuando Puigdemont vuelva a pisar territorio español será en condición de detenido para ingresar en prisión.

De la justicia penal podrán criticarse los plazos, su grado de dureza o su eficacia en la reinserción de los condenados. Pero tarde o temprano termina resultando eficaz cuando se convierte en un instrumento útil de la democracia para defenderse de ataques como los vividos en Cataluña. A Puigdemont y a sus cuatro cómplices huidos en Bélgica ya no les queda ni un solo argumento para no entregarse de inmediato a la Justicia española y asumir, sin parecer unos cobardes, el peso real de la Justicia. Buena parte del equipo de gobierno de Puigdemont ya duerme en prisión, consciente de que les ha perjudicado notablemente esa fuga. Ahora, es de esperar que Bélgica no pierda un solo instante en localizar a los prófugos, detenerlos y entregarlos a España, porque cualquier mínima consideración que haga el Gobierno belga sobre una mendaz «persecución política» en España será una patraña que nadie en Europa creerá. El aparato de agitación y propaganda del independentismo ya no es eficaz ni siquiera a esos efectos. Queda pendiente la decisión del Tribunal Supremo respecto a los miembros de la Mesa del Parlament que tramitaron ilegalmente las iniciativas para la declaración de independencia. Ayer pidieron más tiempo a la Justicia para poder defenderse y se les concedió. Pero su destino a partir del 9 de noviembre no debería ser distinto al de Junqueras, que al menos ha tenido el arrojo de comparecer ante la juez. Puigdemont ya solo podrá ser tratado como un delincuente.

Editorial: Una decisión judicial impecable
Editorial larazon  3 Noviembre 2017

Si alguien había podido creer que la fuga cobarde a Bélgica del ex presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, y de cuatro de sus ex consejeros no iba a pesar en la decisión de la juez de la Audiencia Nacional, Carmen Lamela, a la hora de dictar graves medidas cautelares para el resto de los imputados, habrá comprobado que se equivocaba. De hecho, en el auto de la magistrada, a la hora de valorar el riesgo de fuga de los ex miembros del Gobierno catalán procesados, se cita textualmente que «no puede olvidarse el poder adquisitivo de los querellados, que les permite abandonar fácilmente el territorio español y subsistir en el extranjero.

En este punto, baste recordar el hecho de que algunos querellados ya se han desplazado a otros países, eludiendo las responsabilidades penales en las que pueden haber incurrido. Es, sin embargo, el del riesgo de fuga, sólo uno de los elementos valorativos que, de acuerdo a la reiterada jusrisprudencia del Tribunal Constitucional, ha contemplado la juez para dictar la prisión provisional sin fianza del ex vicepresidente de la Generalitat, Oriol Junqueras, y de los ex consejeros Jordi Turull, Raül Romeva, Josep Rull, Dolors Bassa, Meritxell Borrás, Joaquim Forn y Carles Mundó.

Ha contado, y mucho, la gravedad de las penas a las que se enfrentan los procesados por los delitos de rebelión, sedición y malversación, que, como razona la juez en su auto, «a mayor gravedad de los hechos y de la pena, más intensa cabe presumir la tentación de la huida», pero, sobre todo, la existencia de motivos más que suficientes para estimar criminalmente responsables a las personas contra las que se ha dictado el auto de prisión provisional. En este punto, y aunque la juez Lamela se extiende prolijamente en la exposición de los hechos, no creemos necesario detenernos en la descripción de unas conductas que todos los españoles han presenciado en directo, salvo para recalcar que sin las atribuciones de los cargos públicos de los que estaban investidos, no hubieran podido llevar a cabo el proceso separatista.

Ningún reparo, pues, puede ponerse a la resolución de la magistrada, por más que a nadie pueda alegrarle la privación de libertad de una persona que todavía no ha sido juzgada. Y es así, porque en este caso –con la excepción, tal vez, del ex consejero Santi Vila, que se apartó de sus compañeros en el último y más grave momento y para el que se ha acordado una fianza que le permitirá salir de prisión– hay circunstancias agravantes especialmente notorias: la ausencia total de arrepentimiento por parte de los encausados, como si no fueran conscientes de la gravedad de los delitos cometidos, y la contumacia que han venido demostrando a lo largo de todo el proceso. Podría decirse, incluso, que su incomprensión de la realidad, en la que se arraiga un concepto propio de impunidad, escapa a cualquier razonamiento lógico.

Así, pese a las advertencias leales, las admoniciones de todas las instituciones y las resoluciones judiciales, parecían incapaces de entender que la pretendida secesión de Cataluña, por ellos intentada, era una acción de consecuencias terribles, no sólo para la propia sociedad catalana, sino para el conjunto de España e, incluso, de la Unión Europea. Incapaces de comprender que un Estado de Derecho como el nuestro utilizaría todos los instrumentos a su alcance para preservar la unidad de la nación, el ejercicio de la soberanía nacional y la democracia representativa. Así ha ocurrido y, frente al relato victimista, más propio del teatro del absurdo que de la racionalidad política, sólo existe la actuación inevitable e independiente de la Justicia. Pero si la fuga de la realidad preside las reacciones de los querellados, capítulo aparte merecen las actitudes de quienes, desde el oportunismo político más pedestre, tratan de llevar al ánimo de la opinión pública la idea de que los impulsores del golpe separatista son objeto de un ajuste de cuentas político llevado a cabo por el Gobierno y por unos jueces a su servicio.

Si es comprensible que se extienda este tipo de acusaciones entre los fanatizados del separatismo catalán, azuzados por los partidos y asociaciones que lo representan, es del todo inaceptable que participen del esperpento político quienes, por sus responsabilidades institucionales, parlamentaria o de cualquier otro tipo, deberían contribuir al fortalecimiento de la democracia española, atacada por unos individuos que, si no acatan sus propias leyes, menos respetarán la división de poderes que garantiza nuestras libertades. Ayer, simplemente, la Justicia siguió su curso.

El peso de la ley no es virtual
EDITORIAL El Mundo 3 Noviembre 2017

Sólo quien está habituado a la impunidad se sorprende cuando esta acaba. Y en democracia, tarde o temprano, o acaba la impunidad o acaba la democracia. Pocas metáforas hay más ajustadas que esa del peso de la ley. Porque la justicia es lenta pero a veces, cuando la gravedad de los delitos lo exige, cae a plomo sobre quien resulta hallado culpable. Y si no cayera sobre cualquiera que la desafía, sin reparar en su ideología, posición u oficio, ya no podríamos decir que vivimos en una sociedad de ciudadanos libres e iguales.

La juez Lamela ha mandado a prisión sin fianza al vicepresidente y a los siete consellers del Govern que renunció a la representación de todos sus gobernados, destruyó el orden legal en Cataluña, extendió la inseguridad jurídica, puso en fuga a los creadores de riqueza, desgarró la convivencia y finalmente aspiró a presentar todo eso ante instancias internacionales como el cumplimiento de un sonriente anhelo popular. No constituye una noticia particularmente edificante que nadie entre en prisión por causa de una ejecutoria fraudulenta, pero ni el ejercicio de la política está eximido de la vigilancia del código penal, ni es más apropiado pasar un año en la cárcel sin juicio por robar el dinero de todos los ciudadanos que por tratar de robarles su soberanía. De hecho es bastante más grave lo segundo, como bien recogen las penas decididas por el legislador. De lo que sí cabe felicitarse es de la enésima constatación de que el Estado de derecho, en España, sigue sus procesos al margen de la conveniencia política y con sólido arreglo al texto legal.

Por eso no se entiende la catarata de protestas que la decisión de la magistrada ha provocado en ciertos sectores. Porque tras esas quejas, que insisten en la falta de soluciones que supone la prisión preventiva, subyace una desconfianza en la separación de poderes que sólo puede ser fruto de la ignorancia o de la maldad. Hay políticos -y periodistas- que parecen maliciarse que es Rajoy quien dicta los autos. O quien puede regular su contundencia a rebufo de los tiempos políticos "para no fabricar independentistas". O que debe responder en persona por cada cargo público catalán trasladado a una penitenciaría. De hecho, el auto aduce el riesgo de fuga -además de la probabilidad de reincidencia delictiva- como razón principal de que Oriol Junqueras y el resto de consellers se encuentren en prisión, y fundamenta ese argumento en "el hecho de que algunos querellados ya se han desplazado a otros países eludiendo las responsabilidades penales en las que pueden haber incurrido". Es decir, que el delirante periplo belga de Puigdemont -para quien la Fiscalía ha solicitado ya una orden de detención internacional- no sólo ha supuesto el descrédito final para la causa independentista, sino que ha arruinado las estrategias de defensa de sus ex compañeros.

No hace falta leer a Gil de Biedma para comprender que la vida va en serio, y que los actos de los adultos tienen consecuencias. Los altisonantes llamamientos a la resistencia de Junqueras camino de la cárcel, las lágrimas de Marta Rovira o el descarnado posicionamiento de Ada Colau -que ayer, alardeando de insumisión, adoptó ya nítida y temerariamente el rol de argamasa del bloque separatista con vistas a las elecciones- están fuera de lugar: despojados de su retórica emocional, sólo revelan la rabia pueril de quien no está acostumbrado a que su soberana voluntad limite con la ley. Pero si la independencia nunca fue real, los destrozos producidos en su consecución reclaman responsables. De eso, y no de otra cosa, va la tarea que el Estado de derecho confía a los tribunales.

Nadie celebra que medio Govern -a la espera de los huidos, y de los miembros de la Mesa del Parlament juzgados en el Supremo- esté encarcelado. Nadie dudará ya, por si lo hacía, de que quien echa un pulso al Estado lo pierde.

Los catalanes son los grandes damnificados del 'procés'
EDITORIAL Libertad Digital  3 Noviembre 2017

Los partidos separatistas iniciaron el famoso procés bajo la promesa de que la independencia de Cataluña conllevaría un futuro de gran abundancia y prosperidad económica, ignorando por completo el desastre que supondría no ya solo la ruptura con el resto de España, sino la salida de la UE y del euro, así como el aislamiento internacional y la profunda fractura social que traería consigo el plan separatista. Pero lo más grave, más allá de ese burdo listado de mentiras, es que hicieron creer a los catalanes que la puesta en marcha de su particular utopía política estaría exenta de costes y riesgos, articulando con ello un gran engaño colectivo cuyos nefastos efectos empiezan a pasar factura a la población.

Los últimos datos de paro evidencian los problemas por los que ya atraviesa, hoy por hoy, la economía catalana. Problemas causados, única y exclusivamente, a la irresponsabilidad y sinrazón de sus desnortados políticos. Así, mientras que el conjunto de España sigue creando empleo al mayor ritmo desde la época de la burbuja inmobiliaria, Cataluña se está quedando rezagada de una recuperación económica que, hasta hace poco, lideraba a nivel nacional. La economía catalana apenas generó 1.700 empleos el pasado octubre, una tercera parte de los registrados hace un año, frente a los cerca de 94.000 creados en todo el país. Asimismo, dicha comunidad autónoma encabezó el aumento del paro, con casi 15.000 desempleados más, el doble que en el mismo mes de 2016, muestra inequívoca del negativo impacto que dejó tras de sí la celebración del referéndum ilegal y la posterior declaración de independencia.

Desde el 1 de octubre, más de 2.000 empresas han abandonado Cataluña, trasladando sus sedes sociales a otras regiones de España, debido a la inseguridad jurídica que reina en esta autonomía, las reservas turísticas han caído un 30%, las inversiones se han paralizado, la matriculación de coches ha descendido y la venta de pisos se está frenando, entre otras tantas señales de ralentización económica. De mantenerse el actual clima de incertidumbre y tensión, el PIB catalán podría estancarse el próximo año e incluso volver a caer en la recesión, según advierte el Banco de España, la AIReF e importantes organismos privados, con todo lo que ello supone en cuanto a creación de riqueza y empleo. Y eso sin tener en cuenta que muchas de las empresas que se han ido ya no volverán, tal y como aconteció en su día en Quebec tras su referéndum de independencia.

Además, Cataluña es una región insolvente, cuya deuda cotiza como bono basura y, por tanto, sin credibilidad alguna a nivel financiero, tras la desastrosa gestión presupuestaria llevada a cabo por los separatistas con el único fin de alimentar el falaz discurso victimista de "España nos roba". La otrora rica, próspera, solvente y admirada economía catalana se ha convertido hoy en una región en declive que ahuyenta a sus empresas, genera desconfianza entre los inversores y provoca el hazmerreír de medios y analistas internacionales debido al ridículo y cobarde comportamiento de su expresidente y exconsejeros. Éste y no otro ha sido el fruto del ‘procés’ y sus principales damnificados están siendo los propios catalanes.

El difícil retorno a la legalidad (7)
Vicente A. C. M. Periodista Digital 3 Noviembre 2017

IMPECABLE AUTO DE LA JUEZA LAMELA QUE DEBERÍA SONROJAR AL GOBIERNO DE ESPAÑA. PODEMOS INJURIA EL ESTADO DE DERECHO DICEINDO QUE LOS GOLPISTAS SON PRESOS POLÍTICOS. TV3 EMITE UN VIDEO DEL HUIDO PUIGDEMONT EN HORA DE MÁXIMA AUDIENCIA.

Ayer, como no podía ser de otra manera, el foco informativo estuvo en la comparecencia de los cesados Vicepresidente y Consejeros del Gobierno de la Generalidad ante la jueza Lamela de la Audiencia Nacional, así como la comparecencia de los miembros investigados de la Mesa del Parlamento de Cataluña ante el juez Vera del Tribunal Supremo. En la primera comparecencia se confirmó la ausencia de Carles Puigdemont y cuatro Consejeros desplazados (más bien huidos) a Bélgica para eludir la Justicia de España, a la que el despreciable abogado de etarras y ahora de Puigdemont, Paul Bekaert, acusa de no ser confiable, diciendo “que no me fío ni un pelo de la Justicia española”. En cuanto a la segunda no hubo ausencias, pero atendiendo a la petición de los abogados de los citados a declarar, se pospuso la comparecencia para el próximo 9 de noviembre (día festivo en Madrid por celebrarse la Virgen de la Almudena).

Tras las no declaraciones de todos los citados, a excepción del Consejero dimitido Santi Vila, que se acogieron a su derecho de solo declarar las preguntas de sus abogados, se produjo un receso en el mediodía en la hora de la comida y tras largas horas de espera de los investigados, la jueza Lamela emitió un Auto en el que describió un extraordinario relato de los hechos acaecidos desde el año 2015 desde las elecciones autonómicas y la obtención de la mayoría parlamentaria por las fuerzas independentistas hasta la declaración de independencia. Basándose en la gravedad de los delitos imputados y las altas penas de prisión consiguientes, así como la existencia de una alta probabilidad de fuga de los investigados y de su reiteración en los delitos, decidió declarar la prisión provisional, incondicional y sin fianza para todos, excepto para Santi Vila eludible con una fianza de 50.000 euros.

Y es que merece la pena leer con detenimiento y centrarse en ese relato exhaustivo de los hechos y actuaciones no basados en indicios o conjeturas sino en pruebas. Un relato, que como digo en mi resumen del artículo, debería hacer sonrojar al Gobierno de España que simplemente ha estado remiso a la hora de actuar con mayor determinación ante el desafío secesionista. Porque el Gobierno de España, en mi opinión repetidamente expresada a lo largo de este tiempo, nunca ha estado a la altura del reto. Nunca ha querido hacer uso de los medios que disponía la legislación, ni la Constitución, hasta que las circunstancias han hecho inevitable aplicar el único artículo de la Constitución que, aunque no estuviese apoyado por un cuerpo legislativo que detallase su aplicación, era el apropiado para contrarrestar la escalada de la insumisión y rebeldía del Gobierno de la Generalidad y del Parlamento autonómico de Cataluña.

Ha tenido que ser la jueza de la Audiencia Nacional titular del Juzgado Central de Instrucción nº 3, la que de una forma exquisita y una lógica aplastante haya elaborado un relato pormenorizado de lo que ha sido sin duda el plan perfectamente definido por los independentistas para culminar la declaración de independencia, basándose en la desobediencia a la Constitución y legislación española y la creación de una legalidad jurídica paralela como soporte de la secesión. Una actuación que estaba perfectamente coordinada con las asociaciones civiles ANV y OMNIUM y que se nutría de subvenciones realizadas con fondos públicos. Y no tengo la más mínima duda de que este relato era perfectamente conocido por el Gobierno de España que subestimó siempre la determinación de los independentistas. Una actitud de menosprecio del alcance real del problema. Pero si bien el relato se centra en estos dos últimos años, no podemos obviar que la principal causa del auge del sentimiento independentista en la sociedad en Cataluña ha venido por la abdicación de los diferentes Gobiernos de España de PSOE y PP en mantener y aplicar el Estado de Derecho ante el avance del adoctrinamiento y creación de estructuras y organizaciones cuyo objetivo era conseguir la independencia de España. Basta recordar el énfasis nacionalista cada vez mayor creado en torno a actos conmemorativos de fuerte significado político, el ensalzamiento de figuras del separatismo, la reivindicación entre festiva y reaccionaria de las sucesivas Diadas, etc.

Se ha permitido el que partidos como CiU y su principal líder el nada Honorable Jordi Pujol, ese ex President de los nidos del árbol, campasen a sus anchas y creasen un sistema seudo mafioso implantando una especie de impuesto revolucionario, el famoso 3%, que en casos llegaba hasta el 10% y que ha hecho que la fortuna personal del clan familiar de los Pujol, evadido en paraísos fiscales, sea del orden de varias decenas de miles de millones de euros. Una causa penal que incomprensiblemente lleva atascada años y que redunda en que su principal imputado siga sin ser juzgado y condenado, y ni siquiera haya entrado en prisión. Y es que robar a espuertas no parece ser tan grave como dar un golpe de Estado. O sea, que para los Gobiernos de España del PSOE y del PP, era preferible no mirar y dejar hacer, como mal menor ante la amenaza de avanzar en las reivindicaciones nacionalistas, cosa que finalmente no han podido evitar. Y es así, que ante esa pasividad, llegamos durante el Gobierno de Zapatero a la mezquina aprobación de un Estatuto de Autonomía que declaraba ya sin tapujos en su preámbulo que Cataluña era una nación y se dotaba de estructuras de Estado en plan de igualdad con España. Algo que el PP, espoleado por un espíritu españolista presidido por un desconocido Mariano Rajoy, impugnó ante el Tribunal Constitucional, logrando una sustancial merma de ese Estatuto.

Y en esas ha seguido Mariano Rajoy, en mantener como metodología la impugnación de las sucesivas ilegalidades que iban cometiendo los Gobierno de la Generalidad de Artur Mas y de Puigdemont. Nunca ha habido intención de acometer de una vez el verdadero problema yacente en una sociedad que ha sido dividida y enfrentada, donde una parte que no comparte las ideas independentistas ha sido sometida y acosada por la otra parte y desde el propio Gobierno de la Generalidad con una legislación abusiva y coactiva de los derechos fundamentales de los españoles, bajo la pasividad y dejación del Gobierno de España de Mariano Rajoy Brey. Una dejación que ha causado un sentimiento de frustración y de abandono en esa parte de la sociedad sometida y silenciada. Un problema que ha llegado al extremo de que esa misma sociedad haya tenido que salir en defensa de sus derechos y hacer militancia de su catalanidad y españolidad, donde PSOE y PP han sido los grandes ausentes, por lo que deberían sentir sonrojo, vergüenza y pedir perdón.

Y en este escenario resalta un partido de ultra izquierda, PODEMOS, que, en coalición con IU, se ha posicionado claramente del lado de los golpistas catalanes. Su desvergüenza ha llegado al extremo de injuriar al Estado de Derecho calificando a los detenidos por la jueza Lamela de presos políticos, cuando son unos contumaces delincuentes que han violado la Constitución de España, desobedecido las sentencias de los Tribunales de España y promulgado leyes inconstitucionales para finalmente declarar de forma unilateral la independencia de Cataluña como República. Hay que ser miserable y cínico y profundamente mendaz para injuriar de esa manera al Estado de Derecho. Ya sabemos que PODEMOS y sus socios no respetan las Instituciones y usan el Parlamento de España como pista de su circo particular como auténticos payasos que son. Así que no es de extrañar que se alineen con otros payasos como ellos como los golpistas de ERC, la CUP y los fanáticos del PDeCAT. Simplemente es que PODEMOS no está dentro del sistema democrático y lo mejor que puede hacer es abandonar como ya hace, las Instituciones, pero siendo coherente y dejando sus bien remunerados cargos a costa de los impuestos de todos los españoles.

Por último he de referirme a la desvergüenza de la televisión pública autonómica TV3, que por razones inexplicables no ha sido intervenida y sigue siendo el reducto de sectarios favorables a los independentistas. Ayer noche ha emitido en hora de máxima audiencia un video grabado por el expresidente del Gobierno de la Generalidad cesado en aplicación del artículo 155. Este video de poco más de tres minutos de duración grabado en lo que parece una habitación de hotel, recoge las vomitivas declaraciones de un alienado que sigue presentándose como Presidente legítimo, que exige a libertad de los golpistas mandados a prisión por la jueza Lamela y que arenga al pueblo catalán, acusando al Estado de haber metido en prisión a dirigentes políticos por haber cumplido con el compromiso electoral y el concreto del Parlamento de Cataluña y los califica de vulnerar y atacar los principios básicos de la democracia. Avisa al pueblo de Cataluña que se espera una represión larga y feroz y les conmina a combatirla, pero a la manera catalana¿?: Sin violencia, en paz y con respeto a todas las opiniones de todas las personas, justo lo contrario de lo que han venido realizando desde su Gobierno y el de su antecesor Artur Mas-.

¿A qué espera el Gobierno para impedir esta grave manipulación informativa de una TV3 convertida en altavoz del golpismo? ¿A qué espera el PSPS de Pedro Sánchez para no entorpecer la intervención de una autonomía cuya mitad de la sociedad se ha declarado en rebeldía? ¿Es esa la vuelta a la normalidad en el caso de que vuelvan a ganar las elecciones los independentistas? Estoy harto de tanta hipocresía, de fingidos apoyos y de cierres en falso de situaciones enquistadas que volverán a expandirse como el verdadero cáncer que son.

¡Que pasen un buen día!

Una semana después, Cataluña sigue donde estaba
José Luis González Quirós vozpopuli.es 3 Noviembre 2017

Los sucesos de la pasada semana son de los que pasan a la historia. En este caso, no por haber dado paso a una novedad, sino por algo menos habitual, por haber demostrado la rotunda imposibilidad de una aventura irresponsable, antihistórica, insolidaria y, desgraciadamente, llevada a cabo mediante una serie profundamente grotesca de episodios, cada uno más chusco que el precedente. Por eso creo que se equivocan los que advierten del riesgo de que en las próximas y tempranas elecciones todo vuelva a quedar igual, porque nunca es nada lo mismo después de haber hecho el ridículo, eso que según la sabiduría del viejo Tarradellas nunca se debiera hacer en política.
Todo cambia y todo sigue igual

Muchos albergábamos el temor de que la situación abocase a un conflicto civil abierto, largo, y muy doloroso; afortunadamente no parece que vaya a ser así, y es algo de lo que hay que alegrarse, pero esa alegría, no debiera ocultarnos una verdad de fondo; el problema del supremacismo catalán no queda resuelto por el clamoroso fracaso de una intentona chapucera hasta la náusea.

De hecho, a medida que pase la fase más aguda de la sensación de espantoso ridículo, es muy fácil que, si las causas de fondo no se corrigen, se vuelvan a plantear problemas similares, aunque probablemente de manera muy distinta, porque no es razonable suponer que nadie vaya a empecinarse en conseguir lo que ahora se ha demostrado imposible, por la formidable oposición de dos fuerzas que no siempre se perciben a primera vista en la superficie, allí donde el aventurerismo de la política goza de mejor presencia, pero que determinan muy hondamente el curso de los acontecimientos: la primera, la realidad de una economía pujante que no resiste ni la inseguridad jurídica ni la parcelación de mercados, y una segunda, la rotunda oposición de Europa entera, y, en la práctica, del universo mundo, a que se inicien movimientos que pongan en riesgo lo que se ha conseguido en los últimos sesenta años, y de ahí que los supremacistas catalanes solo hayan podido obtener un atisbo de ayuda de los enemigos de esa idea, sean los populistas antieuropeos, sea Putin.

Un arreglo episódico en algo que requiere medidas mucho más hondas
Gracias a esos dos fenómenos casi telúricos, las medidas del gobierno han obtenido, hasta ahora, un éxito que puede ser equívoco. La inmediata convocatoria de elecciones es, en efecto, un movimiento muy arriesgado, pero si se obtuviese un resultado notablemente distinto a los más recientes nos pondría en camino de una solución duradera. El riesgo de que se repitan los resultados, que es lo que al parecer detectan ahora mismo las encuestas, es algo que puede ser molesto, pero no peligroso, pues para nada cabe suponer que lo que ha sido imposible hace una semana pueda llevarse a cabo dentro de dos meses. No ha habido choque de trenes, sino un absurdo empeño en abatir un muro conduciendo un vehículo ligero y averiado. Sea cual fuere el resultado de las elecciones, será el de unas elecciones autonómicas, algo que no permitirá que nadie pueda saltarse la ley ni obrar contra el más elemental sentido de la realidad.

El Estado, sin embargo, no puede conformarse con aplicar aspirinas a un enfermo grave, tiene que poner en marcha una serie de reformas de fondo que logren que la situación se normalice a largo plazo, para que el independentismo catalán pase a ser definitivamente el sueño de unos locos, por extendidos que hayan estado los síntomas de esa dolencia. La forma en que los partidos diseñen esa tarea puede acabar determinando de manera muy fuerte el porvenir político de toda España, y sería un error colosal no acometer prontamente ese objetivo. Si la reforma de la Constitución parece conveniente, es precisamente por la necesidad que existe de corregir lo que en ella ha hecho posible que disparates como el del supremacismo catalán hayan estado a punto de darnos un susto mayúsculo.

El gobierno se ha permitido, incluso, el lujo equívoco de no tocar TV3: ha debido sentirse muy seguro de lo que hacía. Todo puede cambiar en relativamente poco tiempo, pero los indepes están inconcebiblemente más débiles que hace seis semanas. Ya digo que el mérito no ha sido de los políticos, sino de la realidad, pero, al menos esta vez, el gobierno tampoco ha puesto palos en las ruedas, como sí estuvo a punto de hacerlo entre la convocatoria del referéndum y los primeros días de octubre.

El paisaje tras la batalla
Los sucesos recientes han supuesto una auténtica convulsión social en toda España, cuyos frutos tardarán en hacerse completamente evidentes y en traducirse en resultados electorales tangibles, pero se hace necesario resaltar algunas novedades de notoria importancia: en primer lugar, que la Nación española está viva, incluido, por supuesto, en Cataluña, de forma que el Estado se verá obligado a tenerlo más en cuenta de lo que les pueda convenir a las minorías políticas muy propensas al arreglo inter nos. Sean cuales hayan sido los méritos de los apaciguadores de ocasión, no está claro que el sentido político indique que la solución de fondo haya de venir por continuar con algo extraordinariamente parecido al malhadado procés, solo que esta vez conducido por las fuerzas de carácter estatal. Podemos y sus secuaces han incurrido en ese error, y es presumible que lo vayan a pagar muy caro, por mucho que quieran disimular haciendo de la ambigüedad la virtud cardinal de sus propuestas. A este respecto, el número de tontos puede seguir siendo relativamente alto, pero no será crecedero.

Los partidos nacionales, salvo, en cierta medida, el caso de Ciudadanos, han ido a remolque, y se han refugiado en las medidas paliativas. Eso no bastará. Nuestra Constitución recoge el principio de autonomía, y ha dejado muy abierto cuáles son sus límites, en lo que, sin duda alguna, consistió en una apuesta histórica por la generosidad y la convivencia, pero ya se ha visto que existen fuerzas desleales capaces de traicionar al conjunto de la Nación, y se hace muy necesario darle una vuelta de tuerca al tal principio para que quede meridianamente claro lo que no resulta admisible. Los supremacistas catalanes nos han brindado una oportunidad que la Nación no debiera desaprovechar, es responsabilidad de los partidos hacerlo, pero creo estar razonablemente seguro de que la opinión pública va a tolerar muy pocas mojigangas al respecto, y espero que emerja con claridad una izquierda sin ninguna clase de complejos dispuesta a defender sin la menor vacilación la unidad española, la libertad y la igualdad esencial entre todos. No hacerlo será, sin duda, una traición de lesa patria.

La profecía fallida del separatismo
Cristina Losada Libertad Digital 3 Noviembre 2017

Desde la fuga de Puigdemont no paro de pensar en uno de los experimentos sociológicos más sensacionales que conozco. Lo hizo el psicólogo social Leon Festinger y lo describió –junto a otros– en el libro When Prophecy Fails ("Cuando falla la profecía"), de 1956. Interesados por un pequeño culto ufólogo que había en Chicago, Festinger y sus colaboradores infiltraron a varias personas en él. El grupo, que estaba dirigido por una mujer, creía que el fin del mundo iba a tener lugar el 21 de diciembre de 1954; pero lo más importante, al menos para ellos, es que estaban convencidos de que horas antes del apocalipsis una nave extraterrestre iría a recogerlos para salvarlos y conducirlos al planeta Clarion.

Sí, era una marcianada total. El experimento permitió observar cómo los creyentes en una marcianada reaccionan al fallo de la profecía.

La noche antes del fin del mundo, el grupo de elegidos estuvo horas reunido esperando a los extraterrestres, sin que los de Clarion se dignaran aparecer. Por fin, después de un silencio sepulcral y del llanto desconsolado de la profeta, la divinidad tuvo a bien comunicarse con ella. Le dijo que gracias a la intensa vigilia del grupo había decidido darle más tiempo al mundo antes de destruirlo. Los creyentes no sólo se fueron contentos a casa. Además, redoblaron sus esfuerzos para tratar de extender su mensaje y convencer a más gente de la veracidad de aquello que se acababa de demostrar falso.

Esta reacción era la que habían previsto los investigadores. La hipótesis confirmada era que, al producirse un fallo evidente de la profecía, los creyentes iban a hacer lo posible por aferrarse a ella. Sobre todo cuanto mayor fuera su inversión en la creencia, cuantas más cosas hubieran hecho que fueran difíciles de revertir, como lo eran, en aquel caso, dejar trabajo, estudios y familia, o entregar dinero y posesiones. Para esas personas, la manera de lidiar con el trauma de la profecía fallida era conseguir alistar a más gente. Cuanto más apoyo social tuviera la marcianada después de muerta, más podían convencerse de que a pesar de todo era verdad.

Quítenle a esto el fin del mundo, los extraterrestres y el bonito planeta Clarion. Pongan en su lugar la creencia en que la independencia se haría realidad desde el instante de su proclamación, en que el reconocimiento y los apoyos exteriores iban a llegar enseguida para salvarla y en que la flamante república catalana sería el paraíso terrenal. Ahora pongámonos en el lugar del creyente cuando lo esencial de todo eso se viene abajo. ¿Va a dejar de creer ya mismo?

No. Lo que hará primero será tratar de integrar lo sucedido en su sistema de creencias. Para facilitarlo, ya circulan marcianadas como que las elecciones del 21-D han sido impuestas por Europa a modo de un (nuevo) plebiscito. Si lo ganan, dice el bulo, Europa obligará a España a hacer un referéndum legal o a reconocer la independencia sin más. Es el equivalente al mensaje divino transmitido por la visionaria: la profecía no se incumple, se posterga.

Por más que hayan quedado al descubierto las mentiras separatistas, no hay que esperar caídas del caballo en masa entre los fieles. Digerir lo sucedido les va a llevar un rato largo. No aceptarán la realidad ni reconocerán que han creído en mentiras de la noche a la mañana. Esto no es una buena noticia de cara a las elecciones autonómicas. Pero se puede compensar. Porque no todo el voto separatista es cien por cien creyente y junto a los que han hecho una inversión emocional en el procés están los que han hecho un cálculo: algo se sacará de este lío, y en cualquier caso no tendrá costes.

Ahora, los costes económicos y sociales han quedado tan claros como la inviabilidad de imponer la ruptura por encima de la ley y la democracia, y en contra de la mitad de la población catalana. Al tiempo, los costes para los dirigentes del delirio empiezan a estar a la vista. Esto es particularmente importante por una razón: fue una revolución impulsada de arriba abajo, no de abajo arriba. Si los que han llevado la batuta han de responder ante la justicia, si no hay tratos de favor –ni amnistías como la que ya proponen los comunes, cada vez más abrazados al partido de los Pujol–, serán menos temerarios.

Por volver al culto ufólogo de Chicago: éste no se hundió por el fracaso de la profecía, pero sí por la fuga de la profeta ante la posibilidad de ser detenida e internada en una institución psiquiátrica. No estoy dando ideas. Pero, sí, también huyó.

Lo normal, Oriol
Cumplir y hacer cumplir la ley no podía ser una rareza
Luis Ventoso ABC 3 Noviembre 2017

Cunde la sensación de que la política catalana debería salir del ámbito de los politólogos sesudos para pasar al de Íker Jiménez y Uri Geller. Figura destacada en ese mundo paranormal es Ada Colau. Hace dos años ya dio el primer aviso de su anemia intelectual cuando reinventó el Derecho y proclamó que si una ley no te gusta debes incumplirla. Ayer, la pensadora pro separatista –de abuelos oscenses y sorianos– manifestó que reconoce a Puigdemont como presidente, pero no su República. Con los puntapiés que le arrea a la lógica, se entiende que la dulce Ada no lograse acabar Filosofía. Puigdemont se ha proclamado presidente de la República independiente de Cataluña, lo cual le ha valido su inevitable cese. Hoy el prófugo belga ya no preside nada, salvo que reconozcas su República, que posee el valor legal de las de los felpudos de Ikea. Ergo lo que dice nuestra Ada es como sorber y soplar al tiempo. Un disparate más de una oportunista que foguea abiertamente el separatismo, pero siempre con algún guiñito cosmético al otro lado para cubrirse sus espaldas electorales. Cantamañanismo transversal.

Paranormalidad en Cataluña ha habido mucha, pero los sucesivos inquilinos de La Moncloa prefirieron dejar a hacer. Mientras pasaba por ponderado estadista que contribuía a apuntalar el sistema, Pujol montó bajo las narices de González y Aznar el Estado catalán en la sombra, que ahora ha emergido en toda su osadía. ¿Nadie se percató? ¿Nadie sabía tampoco que además el molt honorable era un cleptómano? Simplemente el Estado optó por no mirar. Paranormal era también que una Generalitat separatista montase una red de embajadas, pagada por todos los españoles, con el evidente ánimo de minar España. Pero se toleró, como que TV3 sea un cañón de propaganda xenófoba (de manera inaudita sigue siéndolo tras el 155, por merced de Sánchez). Paranormal es la prohibición del español en los rótulos, o su marginación de facto en las escuelas. Paranormal es regalar la seguridad del Estado a una policía política, pues en eso degeneraron los mossos. Paranormal y delirante es que hasta hace diez días Sánchez e Iceta abogasen por dialogar con los golpistas, o que el Gobierno no se sacudiese su modorra hasta que el Rey dio un palmetazo en la mesa.

Durante años hemos vagado tan espesos que lo de ayer en la Audiencia Nacional, lo normal, a muchos les parece anormal. Nos enfrentamos a unos delincuentes previamente advertidos y multirreincidentes, que han cometido un flagrante golpe de Estado. ¿Cárcel para Junqueras? Nada más normal, querido Oriol. Democracia pura, pues sin respeto a la ley esta no existe. Gran lección además de nuestro Estado de Derecho, pues a buen seguro Gobierno y PSOE habrían preferido una decisión más liviana de la jueza. Pero en España pervive Montesquieu, la división de poderes. Este es un gran país, una democracia asentada, y no el aquelarre bananero de Junqueras y ese Puigdemont que lo ha apuñalado desde Bélgica con su saga-fuga, fulera y cobardona, oprobioso resumen del envite que ahora expira.

El cuento de la "fábrica de independentistas"
José García Domínguez Libertad Digital 3 Noviembre 2017

Recordemos primero lo obvio: están en la cárcel no por sus ideas, una doctrina que comparten con otros 1.850.000 ciudadanos, ninguno de los cuales ha sido procesado ni por la Audiencia Nacional ni por el Tribunal Supremo; sino por haber incurrido, y de forma tan contumaz como alevosa, en muy graves delitos tipificados de forma expresa en el Código Penal. En segundo lugar, sigamos abundando en lo obvio. Y es que, desde hace algo así como varios miles de años, ciertas leyes, las que apelan a cómo proceder ante conductas particularmente graves, incluyen prescripciones punitivas en sus múltiples enunciados; castigos cuya existencia continuada en todo tiempo y lugar debemos atribuir al rasgo también universal de su contrastado poder disuasorio. Los castigos existen porque son eficaces, no por razón alternativa alguna. Mas vayamos a lo no tan obvio, al menos para el grueso de la opinión publicada en Cataluña, si bien no sólo en Cataluña. Veamos, durante años, y con particular intensidad a lo largo del lustro previo a la consumación material del golpe de Estado diseñado por el Gobierno de la Generalitat, se nos ha venido insistiendo desde innúmeras instancias creadoras de opinión en la premisa de que molestar a los nacionalistas apelando a las leyes por ellos ignoradas equivaldría, según latiguillo célebre, a promover una "fábrica de independentistas".

Así, siempre que el poder central acometía alguna medida, por lo general tímida y tardía, para tratar de frenar los largos preparativos del golpe, una legión de almas sensibles periodísticas nos advertía de la terrible eficacia involuntaria de esa supuesta fábrica de churros separatistas. Los términos del chantaje eran, por lo demás, bien simples: no se haga jamás nada que contradiga en lo más mínimo la voluntad de los caudillos secesionistas, pues siempre será peor todo lo que no sea cruzarse de brazos ante sus múltiples labores previas. Tal fue la doctrina segregada por la opinión dominante. Pero es que una vez realizado el punch, esa prescripción canónica, la del quietísimo tancredista, no se ha alterado ni un ápice. De ahí que estas últimas horas proliferen por todas las pantallas compungidas plañideras mediáticas, todas alarmadas ante lo terrible e inadmisible de que una señora juez haya osado decidir que el Código Penal también existe para ese santo laico, Oriol Junqueras, y el resto de los conjurados de Barcelona. Y nos vuelven otra vez con el cuento, tan manido ya, de la fábrica de independentistas. Sin embargo, la realidad, siempre tan tozuda ella, se empeña en compadecerse poco con el cuento (ya sé que ahora se impone decir "relato", pero yo soy un premoderno) de las plañideras.

Porque si el golpe de los catalanistas ha podido ser parado, ello ha sido merced al miedo, un miedo que llegaría a extremos de cobarde pánico incontrolado en el caso del prófugo Puigdemont. Ese miedo tan desmedido como paralizante, el que en el último minuto se apoderó del Gobierno de la Generalitat en pleno, el mismo miedo que a estas horas comparte la trama civil, desde los temblorosos y acongojados sustitutos de los Jordis hasta la dirección de la CUP y los cabecillas no internados de la Esquerra y el PDeCAT. Pánico coral, el de los catalanistas asilvestrado ante la desconcertante novedad de descubrir que la Ley existe también para ellos. Eso y solo eso es lo que garantiza hoy nuestra libertad, la de los ciudadanos de Cataluña leales al orden constitucional español. Porque la cuestión no es que puedan ganar o no las elecciones del 21 de diciembre. La verdadera cuestión es que, en caso de que ganen, el miedo a la Ley, ahora sí, cortocicuitará cualquier tentación de seguir jugando a las revoluciones de la Señorita Pepis. Cada semana que pase Junqueras entre rejas habrá mil separatistas menos en Cataluña. Esperemos, pues, y por el bien de Cataluña y del resto de España, que sean muchos años los que permanezca entre rejas. En cuanto a las inconsolables plañideras de la tele, dejémoslas llorar. Ya se les pasará cuando firmen el siguiente contrato con otra productora no barcelonesa.

El 155 no lo ha solucionado
Adrià Pérez Martì vozpopuli.es 3 Noviembre 2017

¿Y todo esto para qué? ¿Tanto estrés, tanto ultimátum, y tanta proclamación, para que el movimiento nacionalista catalán se desvanezca como un azucarillo? Parece que la opinión mayoritaria, incluso entre los propios secesionistas, sea la de que todo ha sido un desastre inútil. El que fuera President, huido a la fuga, y sus consejeros no fugados y los parlamentarios correligionarios, en la cárcel o enfrentándose a unos procedimientos judiciales abiertos en la Audiencia Nacional o el Supremo.

Sin embargo, ni el estado de euforia para unos ni el de zozobra para otros está plenamente justificado. En realidad, la aplicación del artículo 155 de la Constitución Española (dos palabras, por cierto, difíciles de escuchar entre los nacionalistas catalanes que solamente nombran el número) no ha acabado con el "procés", lo ha parado.

El movimiento secesionista se rehará. Ahora emergen las críticas de unos a otros. Incluso algunos empiezan a dar explicaciones delirantes: que la República está en las mentes de los independentistas o que, en realidad, el "Govern", en su sabiduría estratégica, va a realizar un desacatamiento selectivo,por fases... etc. En las tertulias radiofónicas catalanas alguna vez surgen las discusiones de cómo se ha realizado el proceso y sus defectos. Incluso el propio Gobierno autonómico dejó de mantener una unanimidad cuando uno de sus consejeros, Santiago Vila, dimitió justo antes de La Proclamación.

No obstante, el mencionado consejero ha reiterado innumerables veces que no es que deje de ser independentista, todo lo contrario, sigue siéndolo pero simple y fundamentalmente, no estaba de acuerdo en que mediante este procedimiento no se lograra la independencia. Y, al igual que en el caso de Vila, la aplicación de un artículo o las consecuencias judiciales no terminarán con el movimiento secesionista.

Al final, después del aturdimiento tras la aplicación del 155 de la CE y las citaciones judiciales, las infraestructuras secesionistas siguen siendo las mismas. Se reharán, pero habiendo aprendido de los errores y aciertos durante lo que llevamos de 'procés'.

¿Qué errores? Pues uno de los errores fundamentales, contando con la información aparecida hasta el momento, parece que haya sido claramente la ineficaz, para sus propósitos, labor del departamento de Junqueras y la creación de una Administración Tributaria propia. Pensemos que una de las tres patas sobre las que se asienta la obediencia es la legitimidad (junto con la represión y el consenso). De hecho, suele emplearse la expresión "choque de legitimidades" para describir el problema catalán. Pues bien, la legitimidad entendida como fuente de la obediencia, siguiendo a Anthony de Jasay, es la propensión de los ciudadanos a obedecer las órdenes del Estado sin que existan castigos o recompensas por hacerlo. Dado el éxtasis emocional que los dirigentes del procés, los medios de comunicación, la educación pública catalana, etc., han creado en muchos independentistas, me atrevería a decir que una parte muy importante de la población independentista que aguardaba en los aledaños del Parlament o de la Generalidad, y que se rasgaba las vestiduras cuando el President posponía la proclamación, habría optado por pagar a la hacienda del nuevo Estado catalán. Como dice Jasay, la legitimidad no es tanto un atributo del Estado sino un estado de ánimo de sus ciudadanos.

De hecho, me es imposible saber cuál era el plan original del llamado 'procés', pero no parece descabellado suponer que lo que terminó de echar al monte y envalentonar a sus dirigentes ha sido reunir a grandes masas de la población. Lo que en principio era un pulso (extraña definición), el éxito del 1-O les terminó de precipitar a proclamar la República, pero, según conversaciones grabadas, iban a ciegas, no tenían nada detrás de las bravuconadas demagógicas y demás palabrería colectivista.

No tenían, en definitiva, una de las más importantes estructuras de Estado que les falta, el mecanismo de exacción de ingresos. Es decir, los políticos secesionistas sólo fueron capaces de utilizar a las grandes masas de población en un mal llamado referéndum y lograr así material para propaganda fuera de nuestras fronteras y avivar el necesario y muy útil victimismo. Ya decía Isaiah Berlin lo provechoso de utilizar la humillación para avivar y enriquecer esa mentalidad romántica aislacionista creadora del ego puro; utilizar la derrota para crear una necesidad emocional por parte de la Nación humillada de restaurar su respeto hacia sí misma mediante la reclusión en una ciudadela interna que no puede ser tomada por el conquistador (véase aquí un ejemplo).

Como digo, si esas grandes masas hubieran sido utilizadas para el paso final, la Hacienda pública catalana y la financiación parcial del nuevo Estado, el escenario podría haber sido distinto pues esa nueva organización estatal hubiera obtenido mucha mayor lealtad y obediencia por parte de los elementos orgánicos del estado, los mandos intermedios clave que permiten controlar un territorio, como demostró la revolución bolchevique. Eso no hubiera creado una República catalana, pero la situación interna y el contexto internacional quizá si hubiera obligado a emplear otra estrategia al gobierno central que el artículo 155: negociación y cesión.

Pero la cuestión es que se aplicó el 155 de la CE y en apenas 50 días se pretende solucionar el problema. Milagrosamente, el bloque constitucionalista ganará. Rajoy habrá sorprendido a todos, de nuevo, con una genial estrategia política (ya sorprendió a la izquierda durante la crisis adoptando y radicalizando su política fiscal e impositiva).

La realidad, por el contrario, es que la propaganda, la educación y el pesebre público, todo el entramado de organizaciones y empresas públicas creadas por el movimiento, siguen intocables. Incluso en pleno auge e impulso en la aplicación del 155 CE fue posible intervenir la televisión autonómica. Entonces, ¿es la intervención lo que propongo? ¿La recentralización? No. La liberalización. Eliminar la propaganda por parte del Estado, eliminar el pesebre paraestatal y abrir la educación a los ciudadanos. Eso, y un tiempo difícil de estimar (una década, ¿dos?) sería necesario para que las naciones que puedan existir (antiguas o nuevas) en Cataluña puedan solaparse e, incluso, fusionarse y enriquecerse, ¿por qué no? Pero mientras pensemos en esto como política ficción, seguiremos periódicamente teniendo que estar ante sediciones, rebeliones o acontecimientos políticos que nos hagan temer por el estallido de violencia y conflicto. Es mucho mejor pensar que lo que resolverá el problema es que en lugar de unos gobernando estén otros (como si lo fueran a estar para siempre y de repente). También parece ser mejor pensar que "debemos normalizar la situación", sin que nadie haya dicho cómo exactamente. Incluso parece que sea más realista pensar que será el porcentaje de descentralización el que logre resolver el problema (para algunos una mayor descentralización y para otros la recentralización). Cualquier cosa, antes que dejar de permitir que los políticos de toda condición y pelaje se adueñen de la educación, televisiones, etc. etc.

Aunque sus dirigentes terminen encarcelados o multados, el "procés" habrá servido de enseñanza. ¿Cuál de los dos bloques de políticos -independentistas o constitucionalistas- habrá aprendido más? ¿Cuál de los dos tiene más ansias de aprender de los errores y tiene más ganas de modificar el statu quo? ¿Cuál de los dos es más homogéneo, es más capaz de unirse y tiene un objetivo más claro?

TV3, golpe a golpe
OKDIARIO 3 Noviembre 2017

La televisión pública catalana sigue ejerciendo como portavoz irredenta del golpismo. En vez de desmarcarse y poner distancia con todos aquéllos que están en contra de la legalidad vigente, TV3 rinde pleitesía al destituido Carles Puigdemont. El Gobierno debe reclamar responsabilidades a Vicent Sanchis, director de una cadena que pagamos todos los españoles con nuestros impuestos y que, de ninguna manera, puede seguir funcionando como amplificador de un mensaje y unas acciones perseguidas tanto por la Audiencia Nacional como por el Tribunal Supremo. Este mismo jueves, el fugado Puigdemont ha vuelto a dar un discurso a todos los catalanes a través del canal autonómico. En él, reincidiendo en la concatenación habitual de falacias, ha dicho que “espera una represión larga y feroz”.

Un cadena pública española no puede dar cabida a la alocución de un cobarde incapaz de responder ante la justicia. Menos si es para retransmitir una serie de mantras tan vacuos y falsos como su propio compromiso con los catalanes —a la primera oportunidad que tuvo, salió corriendo camino de Bélgica—. Equiparar España a una dictadura tachándola de represiva es una falsedad y una peligrosa exageración que debilita nuestra imagen a nivel internacional y es combustible para los más radicales. Un argumento que queda desmontado por el día a día que se vive en Cataluña, donde la normalidad es la gran protagonista gracias a la proporcionalidad y mesura con la que el Ejecutivo de Mariano Rajoy ha aplicado el artículo 155. Ahora que la región está recobrando poco a poco el orden constitucional, es momento de limitar también la connivencia de TV3 con los golpistas.

No se pueden dar hechos como el del pasado 28 de octubre, cuando los responsables de dicha televisión rotularon el mensaje grabado de Puigdemont como “presidente de la Generalitat” a pesar de que había sido destituido. Incluso se prestaron a retransmitirlo mientras hablaba desde el atril de la Generalitat, colaborando así a una ilegalidad. La Corporación Catalana de Medios Audiovisuales ha contribuido en innumerables ocasiones al circo independentista sin ninguna consideración por la legalidad vigente. En uno de sus hechos más vergonzosos y recordados, la periodista Empar Moliner llegó a quemar una Constitución en directo. Esos comportamiento deben ser erradicados. Libertad de expresión, toda. Pero respeto a la ley, también.

Las dos caras de España
HENRY KAMEN El Mundo 3 Noviembre 2017

Las imágenes interesantes y con frecuencia contradictorias de España presentadas en la prensa europea como resultado de los problemas en Cataluña, nos llevan a admitir que los europeos nunca han estado seguros de lo que realmente piensan sobre la Península Ibérica. "¡Qué difícil es entender debidamente a los españoles!", dijo una vez el duque de Wellington, basándose en sus experiencias durante la Guerra de Independencia. En realidad, a los europeos a menudo les resulta fácil volver a caer en las perspectivas clásicas y desfavorables que eran comunes en siglos pasados, cuando España parecía representar una amenaza para la seguridad de Europa. Son estas imágenes las que han resucitado por razón de la propaganda populista sobre los acontecimientos en Cataluña, que presentan a España como una amenaza violenta para la vida y la propiedad de la gente común y, de hecho, de todos los europeos.

El hecho sencillo es que la historia se repite. Cuando la reina Ana de Inglaterra en 1705 inició negociaciones con los secesionistas catalanes, declaró que había sabido que ellos estaban tratando de luchar contra las cadenas de la esclavitud española, "y que ustedes intentan, como hombres valientes, liberarse de ella". Más de un siglo antes, la misma imagen de la opresión española circulaba en Inglaterra y en Holanda. Se afirmó que España deseaba imponer la Inquisición a los pueblos de Europa. El juego de mentiras y exageraciones se puso en marcha. La diferencia ahora es que los propagandistas saben muy poco de ese lejano pasado histórico, por lo que hoy intentan identificar la opresión que perciben con los acontecimientos de los años 1930. Los periodistas extranjeros a veces sufren del mismo desconocimiento de la Historia de España, y están dispuestos a aceptar una información manipulada que parece estar de acuerdo con la imagen tradicional de torturas y opresión.

Recordemos, sin embargo, que la imagen desfavorable no era la única cara de España que se veía en Europa. También había otra cara, de la que los españoles mismos rara vez son conscientes. ¿Cuántas personas saben que los holandeses y los ingleses, que lucharon durante tanto tiempo contra la amenaza militar de España, se convirtieron rápidamente en los admiradores y amigos más fuertes de España? Por coincidencia, esta semana he estado leyendo una de las mejores guías turísticas escritas sobre España, la del escritor inglés Richard Ford en el siglo XIX, cuyas páginas revelan claramente la dualidad de imagen que los europeos educados siempre abrigaban acerca de un país que, de hecho, pocos visitaron. Ford criticó a algunos escritores europeos que "han dado a España un nombre peor del que merece" y que presentaban una mera "caricatura" del país. Reconoció el sorprendente atraso tecnológico del país, pero al mismo tiempo estaba dispuesto a expresar su admiración: "Cuán agradable ha sido escribir sobre los logros de habilidad y de valor, de señalar las muchas bellezas y excelencias de esta tierra altamente favorecida, y de hablar de la gente generosa e independiente de España".

Ford identificó algunas debilidades importantes en el país. Por un lado, su falta de unidad. "España es hoy, como siempre lo ha sido, un conjunto de pequeños cuerpos atados por una cuerda de arena que, al carecer de unión, tampoco tiene fuerza". También comentó sobre la propensión al populismo. "Compuestos de contradicciones, los españoles habitan en una tierra de lo imprevisto, donde el accidente y el impulso del momento son los poderes móviles y donde los hombres, especialmente en su capacidad colectiva, actúan como mujeres y niños. Una chispa, una bagatela, pone a las masas impresionables en acción". Las líneas fueron escritas hace casi 200 años, pero la realidad que describen ha cambiado muy poco, incluso hoy en día.

Después de la era del imperio español, los europeos empezaron a compensar la imagen desfavorable que habían creado. En las décadas posteriores a la Guerra de Independencia, quizás por primera vez, España fue descubierta y apreciada por el público europeo culto. El aspecto que atrajo la imaginación fue, sobre todo, la España del islam, su cultura y su música, que parecían haberse desvanecido, pero que los visitantes europeos ansiosamente descubrieron. A finales del siglo XVIII, el poeta alemán Johann Herder incluyó canciones sobre Granada en una colección de canciones folclóricas europeas que publicó. Los británicos ya tenían algún conocimiento del pasado musulmán romántico de España, gracias al poema de Byron Don Juan (1819). Los europeos que visitaban el Mediterráneo a finales del siglo XVIII y principios del XIX también se inspiraron en temas "clásicos", es decir, griegos y romanos, en el arte y la música, y en las ruinas de la civilización clásica romana.

Este rostro favorable de España significaba que los europeos y los estadounidenses comenzaban a comprender las características positivas del país, pero el nuevo semblante también era en sí mismo una exageración, porque adoptaba una visión romántica que no coincidía satisfactoriamente con la realidad. En tiempos de crisis, y más notablemente durante los años 1930 y 1940, la imagen favorable de España se colapsó y tanto europeos como españoles tuvieron que aceptar muchas realidades desagradables. Tuvieron que penetrar debajo de la superficie de las dos caras, la favorable y la hostil, que hasta ahora habían estado asociadas con España.

Entre los que visitaron la península durante los años de la guerra civil se encontraban dos periodistas que tenían enfoques sustancialmente diferentes, Ernest Hemingway y George Orwell. Al igual que Hemingway, Orwell vino a España para defender la justicia. A diferencia de Hemingway, tenía una ardiente dedicación para buscar la verdad. Un hombre que iba en busca de la verdad estaba obligado a reaccionar con fuerza cuando su propio lado decía mentiras, no solo contra sí mismo, sino también contra su esposa y sus camaradas. Orwell se sintió destrozado por la España republicana. Él y su esposa escaparon por poco de Barcelona, y una vez en Inglaterra, inmediatamente comenzó a escribir el relato clásico de lo que había visto allí. Hoy es una práctica común elogiar su libro Homenaje a Cataluña, porque fue una declaración honesta de un hombre que había venido a luchar por la democracia y la libertad. Con demasiada frecuencia, sin embargo, este elogio es hipócrita, porque en realidad Orwell descubrió que la traición de la libertad por la izquierda no era menos terrible que la perpetrada por la derecha.

Sus experiencias, sobre todo, le llevaron a demostrar el corrosivo peligro del nacionalismo, "el hábito de identificarse con una nación u otra unidad, colocándolo más allá del bien y del mal y reconociendo que no hay otro deber que el de promover sus intereses". Orwell comentó sobre la propensión de los nacionalistas a crear un pasado de fantasía para proyectar un futuro de fantasía. "Cada nacionalista está obsesionado por la creencia de que el pasado debe ser falsificado. Pasa parte de su tiempo en un mundo de fantasía en el que las cosas suceden como él cree que deberían hacerlo, y transferirá fragmentos de este mundo a los libros de historia siempre que sea posible. Gran parte de la escritura nacionalista de nuestro tiempo equivale a una simple falsificación". Orwell, en efecto, había ido más allá del hábito tradicional y a menudo superficial de contemplar los aspectos positivos y negativos de la civilización española, esas dos caras que parecían ofrecer a los europeos visiones alternativas de España. En el nacionalismo identificó una amenaza que en la década de 1940 ya estaba destrozando toda Europa, y que mas adelante en el año 2017 parecía decidida a destruir la unidad de España.

Henry Kamen es historiador británico; su último libro es Carlos emperador. Vida del rey césar (La Esfera de los Libros).

Uno de los encarcelados reveló torpemente la prueba de las tropelías del Govern
Miguel Blasco esdiario 3 Noviembre 2017

El independentismo intenta hacer pasar por presos políticos a quienes desobedecieron sistemáticamente al Constitucional e ignoraron sus advertencias. Josep Rull se delató de forma absurda.

En su auto de encarcelamiento de Oriol Junqueras y siete exconsellers de la Generalitat, la juez Carmen Lamela resalta textualmente: "Con los actos ejecutados en desarrollo práctico de esta hoja de ruta, se han venido desobedeciendo sucesiva, sistemática y frontalmente todas y cada una de las decisiones del Tribunal Constitucional".

Tribunal al que, por cierto, la Generalitat recurrió la semana pasada en amparo por el artículo 155, después de ningunearlo durante años. Aunque este viernes el TC rechazó el recurso del Govern por presentarlo antes de que el Senado aprobara la aplicación de tal precepto de la Carta Magna.

"Impulsaron y consiguieron la aprobación de leyes y resoluciones dirigidas a dotar de aparente cobertura normativa al proceso de separación del Estado español, propiciando numerosos pronunciamientos del Tribunal Constitucional declarando la inconstitucionalidad y nulidad de todas ellas", continúa el demoledor relato de la magistrada de la Audiencia Nacional.

La cuestión es que Carles Puigdemont y los suyos no sólo han ignorado reiteradamente todas y cada una de las decisiones y advertencias del Constitucional, sino que además se han jactado de ello.

La mejor prueba de ello es un tuit colgado hace poco más de un año por uno de los exconsejeros ahora encarcelados, Josep Rull, con este texto: "El TC se puede empeñar en advertirnos sobre las consecuencias de sus resoluciones. Nosotros nos empeñaremos en obedecer al pueblo de Cataluña".

En el mismo adjuntaba una escrito del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña en el que le notificaba personalmente a Rull uno de los muchos autos del Tribunal Constitucional que los independentistas han venido ignorando.

En concreto éste se refería a las decisiones adoptadas por el Parlament de Cataluña el 27 de julio de 2016, cuando los 72 diputados independentistas desafiaron por enésima vez al Estado de Derecho y al propio Constitucional y aprobaron las conclusiones de la llamada comisión del Proceso Constituyente. Es decir, la hoja de ruta de la desconexión.

"Le advierto del deber de abstenerse de realizar cualesquiera actuaciones tendentes a dar cumplimiento a la resolución 263/XI y de su deber de impedir o paralizar cualquier iniciativa, jurídica o material, que directa o indirectamente suponga ignorar la nulidad de dicha resolución, apercibiéndoles de las eventuales responsabilidades, incluida la penal, en las que pudieran incurrir en caso de incumplimiento de lo ordenado por este Tribunal".

Y ahora les quieren hacer pasar por presos políticos.

Un sindicato con 900 mossos: “Protejamos con nuestras vidas los derechos de nuestro pueblo”
Carlos Cuesta okdiario 3 Noviembre 2017

“Ahora nos toca a cada uno de nosotros defender el cuerpo […] haciendo lo que mejor sabemos hacer: proteger, y en su caso con nuestras vidas, los derechos, las libertades y la paz de nuestro pueblo”. Se trata del comunicado emitido por la Unión Sindical de la Policía Autonómica de Cataluña, un sindicato que agrupa a unos 900 agentes, y que ha despertado las alertas de la Policía Nacional. Y es que ese llamamiento a defender con su vida los derechos de su pueblo no viene acompañado de una sóla referencia al acatamiento constitucional ni de las nuevas autoridades en Cataluña tras la intervención por el 155.

En el comunicado, a cuyo contenido ha accedido OKDIARIO, este sindicato se define “como representativo del cuerpo de Mossos-Policía de la Generalitat de Cataluña, y en él reacciona “ante la aplicación del art. 155 CE”.

El sindicato en ningún momento menciona en el comunicado compromiso alguno con la Constitución Española o la legalidad vigente. Pero sí menciona “el compromiso del cuerpo de Mossos”, que cita como “absoluto e incondicional con toda la ciudadanía, a la que debemos nuestro mandato, aceptando nuestra misión y divisa principal de protección de la libertad y seguridad, de protección de las personas y mantenimiento del orden público”.

El comunicado, emitido en un momento en el que el mando de la Generalitat ha sido trasladado al Gobierno central, señala, sin embargo, que “el mando supremo de la Policía de la Generalitat-Mossos d’Esquadra, así como la coordinación de las policías locales, debe recaer en la Generalitat, como representante del pueblo de Cataluña”. Y reclama, tanto a la Generalitat como al Gobierno de España, que se deje “de utilizar políticamente y judicialmente” a los Mossos.

El sindicato lanza una fuerte crítica “ante la ineficacia de TODOS los gobernantes”, y hace un llamamiento a sus agentes porque “ahora nos toca a cada uno de nosotros defender el cuerpo“. Momento en el que pide a sus 900 afiliados del cuerpo de policía de los Mossos que hagan “lo que mejor sabemos hacer: proteger, y en su caso con nuestras vidas, los derechos, las libertades y la paz de nuestro pueblo”.

Fuentes policiales han recordado que, evidentemente “todos los empleados públicos y funcionarios están sometidos a la autoridad y legalidad vigente y que cualquier desacato será castigado tal y como recordaba el plan de actuación del 155. Un plan que recoge responsabilidades administrativas, patrimoniales y hasta penales”.

La Policía descubre que 80 mossos separatistas se dedicaban al espionaje político
Carlos Cuesta okdiario 3 Noviembre 2017

La Policía ha empezado a pasar informes de la labor realizada por las cloacas de los Mossos en los últimos años. Y ha topado con una de las unidades más radicalizadas y politizadas, según fuentes de la Policía Nacional. La Unidad Central de Recursos Operativos (UCRO). Los informes que está elevando la Policía recogen espionajes realizados por esta unidad, utilización con fines políticos de defensa del separatismo y prácticas que nunca deberían haber tenido cabida en un cuerpo de policía autonómica.

Las primeras informaciones apuntan a una dotación de cerca de 80 agentes, de contenido ideologizado, que se habrían convertido en una especie de servicio de inteligencia interno de los Mossos. Un grupo, en teoría, coordinado en la Brigada de Información de los Mossos d’Esquadra, pero que, sin embargo, no figura especificado con las funciones que está detectando la Policía.

La unidad saltó al protagonismo hace tiempo ya, en el año 2014, precisamente relacionada con acusaciones de seguimientos a partidos políticos. En especial a las fuerzas constitucionalistas, pero no en exclusiva: las investigaciones realizadas ya en aquel momento por la Policía apuntaban a labores de información sobre el PSC y el PP, pero también a miembros de ERC y de la CUP.

La sorpresa de la Policía en estos momentos ha sido volver a encontrarse con el rastro de este grupo de agentes. Un colectivo que estaría funcionado coordinado con el denominado CNI catalán, el Cesicat, pero que tendría entidad propia.

La Policía sospecha que este grupo puede haber contado con presupuesto asignado y haber realizado labores de aprovechamiento puramente político y no estrictamente policial.

La documentación de la que cuenta la Policía hace alusión al perfil de los integrantes de esta unidad. Y es que, según sus datos, los agentes son seleccionados por su perfil separatista, por su adscripción al pensamiento dominante entre los jefes que se encuentran en estos momentos investigados por formar parte del golpe rupturista.

La Policía está realizando en estos momentos el volcado de todos los datos posibles de los ordenadores policiales para saber el alcance de sus labores y el nombre de los mandos o responsables. El objetivo final es trasladar de inmediato la información a las sedes judiciales en cuyas salas se encuentra el futuro de los golpistas.

La Generalitat se gasta 82 millones diarios, y el 40% se le va en sueldos
Tras años de deriva independentista, la Administración catalana dedica el doble a propaganda mediática que a apoyar al tejido empresarial de la región
Roberto Pérez ABC 3 Noviembre 2017

Un sector público que debe más de 76.000 millones de euros, que gasta diariamente 82 millones y que, pese a sus depauperadas arcas, lleva años disparando el gasto en sueldos, que ya representa prácticamente el 40% del gasto total. Son algunas de las notas que definen el entramado de la Generalitat de Cataluña, su Administración y el largo listado de entes y empresas públicas. En suma, el entramado con el que el Gobierno central tiene que lidiar -y en la medida de lo posible, embridar- desde que hace una semana tomó su control al destituir al gabinete rebelde de Puigdemont.

La deriva independentista ha acentuado todavía más los desequilibrios económicos de esta Administración autonómica, enorme en dimensión y en gasto agregado, pero con pies de barro en términos financieros y lastrada por el peculiar «orden de prioridades» de los sucesivos gabinetes nacionalistas. Por ejemplo, para todo este año la Generalitat independentista se había reservado el doble de presupuesto para propaganda mediática que para apoyar al tejido empresarial de Cataluña. En concreto, el programa presupuestario «medios de comunicación» lo dotó con 309,5 millones, más las decenas de millones de gasto en publicidad oficial. Sin embargo, a promocionar el tejido empresarial catalán, la Generalitat de Puigdemont reservó apenas 170 millones de euros para todo este 2017 -50,4 millones para «apoyo a la industria», 46,29 millones para «emprendedores y fomento empresarial», y 72,6 millones para respaldar a la agroindustria y la comercialización agropecuaria-.

El gasto salarial, al alza
Tras décadas de gobiernos de corte nacionalista, la Generalitat tejió un enorme sector público que no ha parado de crecer, tanto en estructuras como en asalariados. Este año lo empezó con un total de 234.915 empleados públicos, a los que hay que sumar los cientos de puestos políticos del Gobierno de Puigdemont -180 altos cargos y 153 asesores- y 333 directivos.

A la vista de cómo ha seguido creciendo el gasto salarial durante el presente año, la plantilla ha seguido aumentando desde el 1 de enero. Hasta agosto, los gastos de personal del sector autonómico catalán han aumentado un 4% respecto al mismo período de 2016. Si se comparan con el año 2013, el repunte ha sido del 16,15%: 1.600 millones de euros más este año que en 2013 en gastos de personal.

Para pagar las nóminas de los 180 altos cargos y 153 asesores que conformaban la cúpula política del Gobierno de Puigdemont, la Generalitat se reservó este año 40 millones de euros. Y eso sin contar el multimillonario coste en cotizaciones a la Seguridad Social. Ese gasto se aminorará por las destituciones que se han producido en la última semana, ya que los eventuales (asesores) y algunos altos cargos han cesado tras ser destituido el Ejecutivo de Puigdemont.

Tras muchos años de gasto público sobredimensionado, la Generalitat acabó sumida en una crítica escalada de déficit y de endeudamiento. Entre vencimientos e intereses, la Generalitat reserva al programa presupuestario de deuda pública unos 6.000 millones de euros anuales. Este 2017, exactamente 5.996,14 millones. Son 300 millones más de los que dedica a Educación, área dotada con 5.684 millones de euros en los presupuestos, si bien la mayor parte de los 5.996 millones son vencimientos de pasivo que no se pagan en el año, sino que se renuevan.

Otros ejemplos ilustrativos de la política económica desplegada durante años por la Generalitat: destina a «relaciones exteriores y cooperación» internacional 35,48 millones anuales, 14 millones más que a políticas de apoyo a la familia. Dedica 37 millones al año a promocionar el catalán, siete millones más que a políticas de juventud y diez más que a programas de innovación tecnológica. Y -otro ejemplo- hay años que al sector público catalán se le va más dinero en pagar intereses por su deuda pública que en invertir en infraestructuras y equipamientos.

Intereses: 1.100 millones
Según los datos de contabilidad nacional certificados por el Ministerio de Hacienda, el sector público de la Generalitat se gastó el año pasado 1.122 millones de euros en hacer frente a los intereses de su deuda pública. Entre el 1 de enero y el 31 de agosto del presente año, el desembolso por el mismo concepto ascendió a 764 millones. Para hacerse una idea de la dimensión de esta «factura», basta con compararla con la partida presupuestaria reservada este año por la Generalitat para conservación y mejora de la red de carreteras de la región: 415 millones de euros.

Echada en brazos del Estado desde 2012, la Administración regional catalana lleva subsistiendo desde entonces a base de las multimillonarias inyecciones financieras que le llegan mes a mes desde el Gobierno central. Asfixiada por la deuda acumulada, la Generalitat acabó siendo incapaz de financiarse por sí misma, incapaz de acceder a precios mínimamente razonables a los mercados ordinarios de deuda pública. Y el dinero que necesitaba era cada vez más.

Desde el año 2000, el endeudamiento de la Generalitat se ha incrementado un 654%. De los 10.177 millones de euros de finales del año 2000, ha pasado a los 76.727 millones que debía al acabar el pasado junio. Durante los cinco años que Artur Mas estuvo al frente de la Generalitat -entre diciembre de 2010 y enero de 2016-, la deuda pública se disparó en unos 37.000 millones de euros. Y durante los 21 meses en los que ha sido presidente Carles Puigdemont, el endeudamiento de la Generalitat ha engordado en otros 4.000 millones.

Jean-Marie Colombani: «Cataluña ha pasado de modelo a contraejemplo nacionalista»
El influyente exdirector del vespertino «Le Monde» y cofundador del portal «Slate.fr» habla con ABC del terremoto catalán y del fenómeno Macron en los primeros meses de presidencia
F.J. CaleroF.J. Calero ABC 3 Noviembre 2017

Cuando el relato independentista se imponía en las portadas internacionales, tanto Emmanuel Macron como la plana mayor de la prensa francesa condenaron fieramente las aspiraciones secesionistas y respaldaron al Gobierno español en contraste a la tibieza de los medios anglosajones. En pleno terremoto político catalán, Jean-Marie Colombani (Dakar, 1948), influyente exdirector del vespertino «Le Monde» y cofundador del portal «Slate.fr», ha visitado esta semana el Instituto Francés de Madrid para explicar el fenómeno Macron: uno de los pocos presidentes franceses en prometer en campaña la implantación de una agenda «girondina» -más descentralizadora- para la centralista Francia. Colombani, como ensayista de reconocido prestigio en el país galo, ha abordado en varios libros los desafíos de la V República, entre los que se encontraba el encaje de Córcega, isla gobernada hoy por una coalición entre autonomistas e independentistas. Mientras que el sector mayoritario de la alianza de gobierno (autonomista) anhela una autonomía «a la catalana» previa al «procés», sus socios, los independentistas liderados por Jean-Guy Talamoni (presidente de la asamblea corsa), aspiran a independizar con un referéndum en los próximos años la isla que vio nacer a Napoleón.

Desde el clásico jacobinismo (centralista) francés, ¿cómo ve la deriva secesionista?
Lo que pasa en Cataluña tiene una gran repercusión en Francia desde hace años. Primero representó un modelo nacionalista como autonomía en el cuadro nacional español. La esperanza para consolidarlo ha tenido como punto culminante los acuerdos aprobados por el Gobierno de Zapatero con los dirigentes catalanes que convertían a Cataluña en una nación dentro de la nación española. Parecía un modelo posible: una nación compuesta por otras nacionalidades. Pero esta visión fue invalidada por el Tribunal Constitucional por la deriva que constataba. Córcega aspiraba en el fondo a ser reconocido como pueblo dentro de la identidad francesa, sin embargo esta noción fue recusada e invalidada por la presidencia de François Hollande. En la próxima década habrá un problema por las presiones para organizar un referéndum de esta naturaleza. Cataluña ha pasado de modelo a contraejemplo para Córcega. Cataluña ha organizado un referéndum, en el que solo participaron los independentistas, sin acuerdo político con Madrid. Esto no es un ejemplo a seguir para Córcega, donde se ha pasado del combate violento al político en los últimos 15 años, ha sido un cambio importante. sería desastroso: los independentistas representan una minoría y si esta se manifiesta en un referéndum en el que solo votarían ellos sería muy nocivo para sus intereses.

¿Por qué Francia y sus medios han sido más contundentes que los anglosajones en la crisis catalana?
Hay una gran diferencia entre Francia y Gran Bretaña: Francia está en Europa y Gran Bretaña no lo quiere estar de momento, al menos oficialmente. Evidentemente, Europa no reconoce la identidad de una secesión dentro de un Estado miembro porque puede suponer un peligro para la propia Unión Europea. En la tradición francesa, jacobina, refractaria a la descentralización, constituida República en contra el feudalismo de provincias fuertes y la monarquía, ha habido siempre un poder central en París y un temor a ir demasiado lejos en las reformas que despierten el particularismo y problemas como el corso.

La izquierda «bobó» (burgués-bohemia) sí que ha mostrado simpatías por la causa independentista.
Sí, es lógico, la extrema izquierda apoya a la extrema izquierda, aunque sigue una posición menos ligada al nacionalismo catalán que al hecho de querer propiciar contradicciones y provocar un choque que lleve a una revolución. La insolidaridad de los partidos independentistas de regiones ricas como Flandes o Véneto que se quieren abstraer de la ayuda a las pobres debería hacer reflexionar a la extrema izquierda.

Ya no se habla tanto de las dos Francias.
El gran centralismo del Estado asfixia a la economía, pero no hay dos Francias en las que el norte se oponga a la del sur y viceversa, según los resultados de las elecciones. Hay una brecha enorme por territorios en cuestión de economía, educación… Vemos que cuanto más alejado se esté del centro de las metrópolis hacia lugares más despoblados más votos consigue el FN. Con Macron parece haber un movimiento de franca descentralización, pero hace falta esperar si hay un pacto girondino, por cuestiones económicas es difícil de aplicar, y qué mete dentro. No está claro porque, de hecho, como presidente ha suprimido una tasa que es el principal recurso de los territorios y el Estado la va a suplantar esta tasa. ¿Habrá más autonomía de Córcega? Sin duda, pero por el momento no hay nada desarrollado al respecto.

El Frente Nacional sufre en estos momentos su peor crisis como partido de los últimos cinco años. Frente al inmovilismo de otros políticos con el populismo, Macron dice que hay que confrontarlo, no evitarlo. ¿Está en lo cierto?
Es lo que ha hecho durante su campaña. Toda su campaña presidencial ha consistido en enfrentarse directamente al Frente Nacional. Cualquier cosa que proponía el FN, Macron decía lo contrario. El mejor ejemplo de eso es Europa: no había que dejar la UE ni debilitarla, había que reforzarla. Sobre muchos temas él ha buscado el contrapié de Marine Le Pen.

¿Se ha apagado el sentimiento antieuropeo en Francia?
La opinión francesa está muy apegada a la construcción de la Unión Europea y el discurso crítico no forma parte de las mayorías. La UE supone una ambición y una adquisición francesa considerables. Es uno de los problemas de Jean-Luc Mélenchon (Francia Insumisa), que ha ido demasiado lejos en la crítica de Europa.

Los franceses ven a Macron como un presidente muy arrogante y que solo mira por los ricos.
Sí, es arrogante, es verdad. Desde pequeño, piensa que es más inteligente que el resto, y además porque cree que ha ganado de forma inédita y extravagante: no existe en la historia política francesa otro caso de llegada tan rápida al poder y con un éxito construido con tanta inteligencia y audacia. Esto le incita a pensar que es el mejor e infalible. Es un defecto que la opinión percibe. Y si es el presidente de los ricos, ya se verá. Es pronto para ver si será siempre visto así. Era muy popular cuando ganó y ha pasado a ser impopular en cuestión de meses. Sin embargo, ninguna de las manifestaciones de septiembre contra él ha funcionado porque los franceses entienden que acaba de ser elegido y que se necesita tiempo.

Para el filósofo Régis Debray, con la victoria de Macron, Francia pasa de «cato-laica» a «neoprotestante» por la ideología de la transparencia. ¿Comparte su análisis?
No, no estoy nada de acuerdo con el señor Debray. No comprendo estas distinciones. Es absurdo. Francia es un país de cultura y orígenes católicos, pero al mismo tiempo hay una gran diversidad interna. La obsesión de Régis Debray es Estados Unidos, él forma parte de una corriente antiamericana y cree que la importancia de la transparencia en política se ha importado de allí. Para él, la República es una cuestión mítica y autoritaria, el jacobinismo puro y duro. La Francia de hoy no puede llevarse a una naturaleza así, no corresponde a nuestra realidad. Ni el protestantismo está en los hechos ni en los gestos de la política actual, está claro.
 


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