AGLI Recortes de Prensa   Jueves 9  Noviembre 2017

El difícil retorno a la legalidad (13)
Vicente A. C. M. Periodista Digital 9 Noviembre 2017

EXCMO. SR. PRESIDENTE DEL GOBIERNO DE ESPAÑA: ¡GOBIERNE Y DEFIENDA LA LEGALIDAD O VÁYASE DE UNA VEZ!

Es vergonzoso el empeño que tiene el Gobierno de España en apaciguar al independentismo poniéndole una alfombra roja para que vuelva a tomar las riendas del Gobierno de la autonomía de Cataluña. Y lo hace apoyado en lo que, como dije ayer, controla eficazmente, el Tribunal Supremo. No deja de ser lamentable ver cómo el juez Instructor, Pablo LLarena Conde titular de la Sala II del Supremo, intenta quedarse con todos los casos abiertos relativos al proceso independentista. La excusa, es unificar las diferentes causas en una macro causa, ya que pueden considerarse como partes de un todo en el que los diferentes investigados actuaban de forma coordinada y en una estrategia planificada. Una única instrucción y unificación de criterios a la hora de tomar medidas. Se evidencia así el interés del Gobierno de España de Mariano Rajoy, en seguir con la estrategia azorada del “no molestar”, del miedo al “qué dirán” y de la sumisión a intereses partidistas y personales anteponiendo el prolongar la legislatura y traspasar el conflicto al que venga detrás tras las elecciones generales.

Porque hace falta ser mezquino y cobarde para ofrecer a los golpistas una tabla de salvación con la simple “promesa” de no volver a delinquir y acatar la Constitución. Una oportunidad que no va a ser desaprovechada por quienes llevan años utilizando las facilidades y permisividad de la democracia para alcanzar el poder y, una vez instalados en él, usarlo para imponer su hoja de ruta. Y es que no puede ser que la democracia sea tan estúpida para permitir que quienes quieren destruirla campen a sus anchas con total libertad de movimientos y que todo ello sea perfectamente legal. Ningún partido político que no acate la Constitución de España o contemple como válido el uso de la violencia o apoye al terrorismo, debe estar legalizado. La democracia debe ser capaz de defenderse de sus enemigos y actuar con la misma tenacidad y contundencia que esos enemigos oponen para conseguir destruirla. Va en ello mantener nuestras libertades y nuestros derechos.

Es vergonzosa la actitud de un Gobierno de España, que se muestra débil a la hora de aplicar las medidas necesarias para contrarrestar el golpe de Estado, que aún sigue en Bruselas con unos prófugos de la Justicia encabezados por Carles Puigdemont, sin que el Gobierno de España haga algo más que esperar el que la Justicia belga, siempre tan garantista con los derechos de los delincuentes y terroristas, resuelva la petición de extradición, mejor sería decir de entrega a la Justicia de un país socio y miembro de la UE integrado en el espacio Schengen. Un largo, y tedioso proceso que puede prolongarse hasta los tres meses o más si tenemos en cuenta las fechas navideñas. El Gobierno de España se ha limitado a ponerse de perfil dejando toda la responsabilidad en manos de su Fiscalía y de la jueza Carmen Lamela, instructora del caso en que están incluidos los fugados a Bélgica. No he visto ninguna protesta formal y rotunda ante la UE por esta situación anómala en la que se demuestra la ausencia de una política común también en el ámbito judicial, al cuestionarse por la justicia de un Estado miembro, la razonada petición de la justicia de otro Estado miembro. Una aberración que hace de Bélgica un paraíso judicial de modo similar a cómo Luxemburgo es un paraíso fiscal y financiero. Y como decía Groucho Marx: “nunca pertenecería a un club que admitiera como socio a alguien como yo”.

Y es verdad que mucha de la culpa de esta actitud tan “ñoña” y tan melindrosa la tiene de modo exclusivo el PSPS o partido socialista de Pedro Sánchez, que se nota que se ha instalado ya en la campaña electoral, no la autonómica sino la general que vendrá a continuación cuando vuelva a ganar en Cataluña el independentismo. Y también es verdad que no ayuda a mantener una actitud de firmeza y de ejemplaridad las constantes salpicaduras, que ya llegan a cataratas de gran calado, que afectan al PP en los casos de corrupción y a la mayor parte de su cúpula, incluido el mismísimo Presidente Mariano Rajoy. Y todo ello, gracias a una vergonzosa Comisión parlamentaria sectaria, inquisidora, hipócrita y discriminatoria a cuenta del viejo caso de la financiación ilegal, la famosa Caja B y los pagos en sobres reflejados en las famosas listas contables del extesorero Luis Bárcenas. Nada nuevo que no supiéramos desde hace años cuando se iniciaron los procesos de instrucción de las diferentes causas penales abiertas, pero que parecen llegar en un momento muy delicado donde cualquier signo de debilidad será aprovechado por los enemigos de España para interferir en nuestra democracia e intentar desestabilizar a uno de los países más relevantes de la UE.

Pero es precisamente esa debilidad la que nos va a llevar al fracaso, aunque algunos piensen que cuanto peor para España y los españoles, mejor para ellos. Se equivoca el PSPS al limitar la acción del Gobierno, al que hacía falta muy poco presionar para eludir su responsabilidad. Porque si algo define a Mariano Rajoy y su equipo de gobierno, es su falta de valor a la hora de adoptar las medidas ineludibles necesarias para restituir la legalidad a un territorio y unas Instituciones dejadas en manos de irresponsables como el PSC y sus socios de gobierno, o en manos de los separatistas, que han hecho de Cataluña y de los catalanes su coto particular donde han robado y adoctrinado a las generaciones de forma impune. No se puede ir con parches y con miedo a la hora de asumir el poder. No se puede dialogar ni razonar con quien no quiere escuchar y está dispuesto a mantener su posición y su objetivo. En este conflicto no hay variedad de grises, solo dos colores, el blanco de la legalidad o el negro de la violación consumada de la legalidad.

La firmeza no se demuestra en las solemnes declaraciones de lo que se va hacer y luego no se hace, sino en la serenidad y determinación al hacer lo que se debe hacer. Y aquí no caben medias tintas, ni dudas en cuanto al legalidad y legitimidad de las actuaciones, que sí que pueden ser proporcionales a los desafíos, pero nunca insuficientes para neutralizarlos. El artículo 155 es desde luego imperfecto y escasamente desarrollado, pero, al mismo tiempo y precisamente por eso, deja un abanico de posibilidades de graduación del alcance de su aplicación. Creo que debería hacerse más pedagogía y menos dramatismo en algo que debería ser tomado con mayor naturalidad, a la vista de la gravedad de la situación que unos golpistas han planteado al Estado de Derecho y la sociedad española, no a la clase política. Porque ya está bien de incidir en la demagogia de la vía del “referéndum pactado”. Porque solo el pueblo español tiene la potestad de decidir si está dispuesto a ceder su Soberanía a solo una parte de la sociedad española de cualquier comunidad autónoma para que sus ciudadanos decidan si quieren o no seguir formando parte de la única nación reconocida, España. Y eso necesariamente pasa por un proceso largo y tedioso con debate parlamentario, aprobación de la propuesta por mayoría cualificada del 75%, disolución de las cámaras y realización de un referéndum vinculante a todos los españoles. Aquí no se van a permitir apaños en despachos.

El Gobierno de España debe elegir qué camino va a seguir: o gobierna o dimite. Y aquí, gobernar significa cumplir la ley y hacer cumplir la ley, sin restricciones, sin dejarse intimidar por presiones externas, ni por temores a las consecuencias de sus actos. Estar convencidos de disponer de toda la legitimidad y actuar con la responsabilidad que se requiere. No caben dudas ni vacilaciones en una situación en la que está en juego el futuro de España y de los españoles. Y si no se ven capaces de acometer esta tarea y se siente sobrepasados, lo más leal sería dimitir y dejar que los españoles elijamos a quienes sí se sientan capacitados en esta difícil y trascendental misión de mantener el orden, la legalidad y la democracia que con tanto trabajo y a pesar de la actitud de algunos partidos políticos y sus dirigentes, hemos podido mantener durante cuatro décadas.

El viejo eslogan de que España no se merece un Gobierno como este, es aplicable a todos los Gobiernos de PSOE y PP, que han permitido que lleguemos a esta situación límite, mientras ellos se aferraban a su cuota de poder y de corrupción. Porque la corrupción no distingue siglas, sino señala a personas que han sabido aprovechar la oportunidad que se les brindaba. Porque ya lo dice un viejo refrán español sobre la mentalidad arraigada en la sociedad del amiguismo, enchufismo, clientelismo y de las coimas para sacar beneficio: “tú ponme donde haya, que coger ya sabré yo”.

¡Que pasen un buen día!

¿Quién pagará la sublevación catalana?
Antonio García Fuentes Periodista Digital 9 Noviembre 2017

Sí; ¿quién va a pagar la infinidad de gastos que ha producido y sigue produciendo, lo que es una sublevación o rebelión contra el Estado español y las leyes que lo amparan? De momento supongo que se habrá abierto por el Ministerio de Hacienda (“puesto que se nos dice hasta la saciedad que Hacienda somos todos”) la correspondiente cuenta y en ella serán anotados hasta el último céntimo de euro, de la enorme cantidad que resultará y que luego será cargada, la parte alícuota, a cada individuo que por lógica debe pagar el gasto provocado por su intervención.

Por ejemplo, deberán pagar desde las “urnas compradas e instaladas en ese “bluf” que fue el uno de octubre”, pasando por las papeletas, cohetes festejando los hechos, quema de vehículos y demás elementos públicos, viaje y estancia de las fuerzas del orden desplazadas a Cataluña; y todo cuanto gasto se derive de esa sublevación propagada desde muchos años atrás, hasta el viaje y estancias de los que huyendo o arropando a los sublevados, han ido a Bélgica, seguro que pagando con dinero público y comiendo, bebiendo y alojándose “a lo grande” en Bruselas, ciudad en la que he estado varias veces y allí los precios, son mucho más altos que los de España; por lo que hasta esos dos cientos de alcaldes catalanes, que “porra en ristre o vara de mando”, han ido a corear con el jefe rebelde y los que seguro ellos y de su bolsillo, no han pagado ni un céntimo; aparte que deben ser sancionados por tal acción subversiva y como marquen las leyes vigentes.

La realidad es que “todas esas tropas”, se están cachondeando de España y su gobierno, incluidos los españoles, que pensamos en que aparte de ello, “ya se están limpiando en los cortinones y meándose en el comedor de la casa ajena”; y además presumiendo a pleno pulmón, de que “el golpe” no lo dieron ellos sino que por muy al contrario, lo han recibido ellos y por ello se consideran mártires… “vamos como para mondarse de risa si la cosa no fuese tan seria”.

Y lo que sigo sin entender es, “la propaganda que a toda esta tropa les sigue haciendo el conjunto de informativos-deformativos de España”, cuando el silencio más despreciable es lo que merecen, así como el que los juzguen cuanto antes y les exijan cuentas exhaustivas aparte de los años de cárcel que deben cumplir todos los implicados en esta nueva plaga para España, que y como dice el dicho español… “no estábamos bastantes en casa y parió la abuela”.

Es un hecho más el por qué España es diferente; pero como en sí misma es muy rica; aquí hay dinero y bienes, para aguantar lo que nos echen, o tristemente “lo que nosotros mismos nos echamos encima”.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y
http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes

Cataluña, la historia terminable
Pablo Pombo gaceta.es 9 Noviembre 2017

Atreyu. Atreyu se llama el verdadero protagonista del libro escrito por Michael Ende. Y Artax, su caballo. Muerto en las páginas más duras de toda la novela, devorado por las aguas del 'lago de la tristeza'. Hay algo en ese capítulo que sirve para sondear los episodios más adversos del alma humana. Sobre todo si recordamos que el pantano llega después del 'desierto sin esperanza', que todo tiene su preludio.

Quizá tengamos cerca otro terreno cada vez más árido, como cuentan los silencios en Cataluña. Mejor no hablar de esto en las familias ni entre amigos. Callar en los bares, los centros educativos o de trabajo. Asumir que la palabra ya no sirve, que la grieta no tiene cura, ni remedio, ni salvación. Desesperanza. Prólogo de una campaña que puede secarnos por dentro a base de distanciarnos de los demás todavía más. Separación, por el simple hecho de no pensar exactamente lo mismo. Polarización, terreno de cínicos. La política desertizada.

En esas estamos a pocas semanas de las urnas. Al borde de estar doblemente resignados. Primero porque continuará sobrando relato y segundo porque seguirá faltando proyecto.

Primero porque el nacionalismo se ha convertido en un espejo deformante de la realidad social catalana, sin intención de reflejar la moderación y el catalanismo, sin ánimo de incluir, pero con voluntad de estirar hasta más allá del límite la distancia entre buenos y malos que siempre impone el populismo. Por lo tanto, relato nacionalpopulista de aquí al 21-D. Como antes, pero más. Más, porque la combinación entre victimismo y supremacismo hace milagros y ven materia prima para las dos cosas. Más, todavía más grieta, porque el discurso político de quienes trafican con las emociones funciona como la droga. La dosis tiene que ser cada vez mayor. Y como no puede faltar nadie delante de las urnas, pues más todavía. Más relato adulterado para poner a la sociedad al filo de la sobredosis.

El segundo motivo para llegar casi a la resignación está en la insoportable vacuidad del otro sector. Hay quien agita el sonajero de la centralización después de 40 años de democracia, por cálculo de réditos en el resto de España, o por pura convicción. Lo mismo da. Lo cierto es que los años han pasado y los hechos han dejado desfasado el pacto de convivencia territorial que cristalizó en la Constitución. Lo evidente es que hay problemas, que toca repensar y renovar todo aquello. Ese es el problema del discurso político regresivo. La vida avanza en el sentido de las agujas del reloj, negarlo es tan inoperativo como argumentar que aquí no está pasando nada.

Pero lo que descorazona es la impresión de ausencia que genera el político que llama a la política como si fuese una señora que no termina de venir. Manual de instrucciones para llamar a Doña Visión de Estado: mirada al infinito, golpes en el pecho, frase redonda y sonrisa en el aplauso. Fin del corte de televisión. La sensación de cortocircuito que deja es parecida a la del señor que dice al enfermo: usted necesita un diagnóstico y una receta. Respuesta: oiga, me duele, estamos en un hospital y usted lleva una bata blanca, necesito que haga algo y pronto.

En democracia, la política no se espera, se hace; uno no llama al diálogo, dialoga, y el voto no se pide, se trabaja. Se trabaja con el material que conforma un proyecto político. ¿Dónde está? ¿Dónde el diagnóstico que anticipa el fallo multiorgánico que desencadenan en cualquier cuerpo social el nacionalismo y el populismo? ¿Dónde el análisis que demuestra que esas dos lógicas siempre tienen su origen en unas élites, sus representantes en unos impostores, y sus víctimas en quienes más necesitan la democracia? ¿Dónde la activación de las condiciones higiénicas mínimas para la vida pública? ¿La limpieza ante cualquier mancha de nacionalismo o de populismo en el discurso y en la acción política propia? ¿La entereza?

Yo no creo que el debate político tenga que equipararse a un mercado en el que compitan quienes especulan con las pasiones humanas. Quiero otro futuro para nuestra democracia. Ahora bien, parece difícil de discutir que ellos trafican con una sustancia caliente y real, frente a mensajes artificiales, fríos y banales. También cutres. Vacíos. Acomplejados. Teñidos muchas veces por el deseo acomplejado de emular al adversario jugando en su propio campo.

Pienso en las elecciones catalanas y siento que sería feliz si me encontrase con un discurso que no dé la lucha por perdida (luchar es una cosa y combatir otra), que le ponga música a la letra de un proyecto político capaz de dar calor al corazón mientras pone las neuronas en circulación.

No me refiero a un imposible. Poner a las personas por delante de las banderas no puede ser pedir demasiado. Recuperar el respeto tampoco parece un objetivo inalcanzable. Estabilidad económica. Impulso social. Velar por la verdad. Reconocer que hay desequilibrio fiscal. Aceptar que faltan infraestructuras. Concebir la cultura y la lengua no como algo que nos haga distintos sino como algo que debemos compartir. Tener en cuenta a quienes no quieren romper lo que compartimos y a quienes no quieren conservarlo todo en formol. Cerrar la ruptura, abrir camino al federalismo. Federalismo, sí, no para satisfacer al nacionalista que piensa en clave de hecho diferencial, sino para articular una fórmula de convivencia más sensata, mejor de lo que tenemos. Recetas para ya. Concretas, con números. Un proyecto. Razón política para la decisión de voto.

Paro y releo el texto antes de dejarte el cierre. Releo y me doy cuenta de que he escrito contra todo lo que pienso que ocurrirá: campaña prepolítica, resultado difícil y relación dañada para décadas. Me queda esperanza, todavía. Esperanza en la democracia y la especie humana. También en los afectos. Atrax se dio cuenta antes, supo ver que con su pérdida sería el cariño lo que salvaría a Atreyu. Eligió su final. Fue generoso. Aquí no hace falta un sacrificio, pero sí bastante más trabajo. Política, política de verdad.

Los tontos del bote
Carlos X. Blanco  latribunadelpaisvasco.com 9 Noviembre 2017

La situación en las aulas españolas se me antoja insostenible. Estamos recogiendo los frutos de una ley absurda, la LOGSE, ley engendrada por socialistas y demás fuerzas "progresistas" que, en los años 80 y 90 del pasado siglo dominaban la política, la academia y, en realidad, la sociedad entera. En aquella Ley (y en todas sus derivadas, incluyendo la actual LOMCE, salida del horno pepero pero no muy lejana de las otras en su espíritu) difícilmente se podían condensar tantos disparates, y sin embargo los disparates se aplicaron con celo fanático. Ideas fuerza de aquella ley que destrozó para un siglo el futuro intelectual de España fueron: igualdad, integración, aprobar sin esfuerzo.

Los disparates de las reformas educativas de la democracia, mejor dicho, del Régimen implantado en 1978, fueron muchos, y su análisis merecería un libro entero. Después de muchos años de docencia, los disparates no puedo entenderlos exclusivamente como fruto tardío de las ideologías alucinadas y necias del Mayo del 68: "Prohibido Prohibir", "Imaginación al Poder", etc. Es cierto que hubo un "establishment" universitario, normalmente vinculado a cátedras de Pedagogía, Psicología Evolutiva y de la Educación, etc. muy adepto a ideas de corte digamos "progre-sobrehumanista", o "libertario", consignas de la "UNESCO", etc. que, décadas atrás, ya venían magullando los cerebros de quienes leían libros de Didáctica y "Ciencias de la Educación", libros y autores con marchamo de sapiencia foránea: anglosajones, franceses o ginebrinos. Nunca hubo una pseudociencia que tanto daño hiciera a la civilización, y especialmente, al nivel cultural de España, como la pedagogía. Habría que analizar por qué se le concedió tanto poder a esta pseudociencia.

Hoy no tengo tiempo para hacerlo: quizá estaba previsto una vuelta de tuerca en el entontecimiento. Yo poseo también esta especialidad de Pedagogía, y he parido contribuciones epistemológicas sobre conceptos como el de "constructivismo", uno de esos términos tan caros a los pedagogos. Pero, sobre todo, llevo muchos años enseñando, fundamentalmente, en Secundaria y Bachillerato... y puedo afirmar que la pedagogía auténtica es artesanal. Se trata de un saber-hacer, un saber-hacer muy humano, en contacto con personas de muy diversa tipología. Ningún principio teórico ni metódico venido de las "Ciencias de la Educación" me ha parecido serio o de utilidad, ni lo he podido tomar en consideración como basado en fundamentos sólidos. Pero no es un estudio epistemológico de la Pedagogía lo que quiero hacer aquí, ni tampoco un análisis de sus efectos negativos de la implantación de esta pseudociencia lo que quiero mostrar. Hablo aquí de la peor herencia que los "científicos de la educación" nos dejaron aquí: la erosión del principio de autoridad.

Sin autoridad una civilización y, dentro de esta, una sociedad, está perdida. Una sociedad que consiente que unos mocosos le chillen a un adulto, se rían de un maestro y donde se llega hasta el extremo de agredirle y humillarle, es una sociedad enferma. Sin embargo, esta es la enfermedad que acosa a España y que va transformando este país en una sombra de lo que fue. Culturalmente, España es hoy el hazmerreír de Europa, una Europa de por sí ya decadente y enferma, lo cual ya es decir. En las aulas, especialmente las de los Centros Públicos, ya casi nadie estudia, pero lo que sucede es que nadie hay con autoridad para hacer estudiar y para hacerse respetar.

Se han prohibido los castigos. Y la más mínima sanción (expulsión) o evaluación negativa (suspensos) es impugnable, cuestionable. Esta situación, ¿conduce a algún lado bueno? Las decisiones de un funcionario sin autoridad no valen nada. Es como un soldado desarmado. Con los dientes y a cabezazos aún cabe luchar, pero se pierde la lucha siempre ante el acero acorazado de una sociedad borreguil y masificada. Del lado, precisamente, de los más gamberros y anti-sociales, hay todo un corpus "garantista" de Leyes, Derechos del Menor, Derecho a ser Escolarizado. Y también hay ejércitos ingentes de Orientadores, Inspectores, Psicólogos y "Expertos" que defienden al gamberro más indefendible, a esos vagos y obstructores que apenas sirven para algo.

Quien estaría neutralizado y sometido a reforma en una sociedad sana, aquel que sería tachado de inmediato como parásito, como delincuente hostil al trabajo es, por el contrario, el niño mimado de esta sociedad enferma, sociedad que aplica, en contra de los derechos de los mejores elementos de sí misma, un dogmático "derecho universal a ser escolarizado". Hombretones y mozarronas de dieciséis años siguen escolarizados, a mayor gloria de la Integración Social, a la fuerza, en contra de su deseo y del deseo de su entorno familiar, cuando éste existe. Y con esa obligatoriedad legal, totalitaria, se hace palpable aquello que sólo le importa al sistema: la presencia física de un cuerpo humano aunque éste no colabore en nada y, en cambio, fomente el tráfico de drogas en los centros, el acoso físico y mental a otros chicos, la violencia y la disrupción en las clases.

Estos parásitos siempre existieron, y los hay tanto entre los autóctonos como en los emigrantes. Pero el fracaso de la "Integración" totalitaria, y del Derecho sin restricciones a la Escolarización de todo quisqui se hace más sangrante en éste último caso. ¿En qué país se ofrece a los hijos de un recién llegado una educación gratis, con profesores, libros y demás material con un coste cero, además de un salario social y ayudas a la vivienda con la condición de que el menor debe "estar matriculado", haciendo total abstracción de su rendimiento y comportamiento? En un País de Tontos del Bote.

Retiramos becas a los mejores de los nuestros, a los que sacan diez, a los que se esfuerzan para que sean mano de obra barata de un país extranjero. Pero, en cambio, damos fondos y ayudas dinerarias –y no sólo educación gratis- a quien se matricula en un centro sólo porque lo impone la Ley, y porque además cobra dinero ¡para que se cumpla la Ley! Enseñanza obligatoria con ayudas económicas y sin contraprestación alguna en materia de notas o actitud. Escolarización que sólo exige el "cuerpo presente" y dádivas otorgadas con criterios racistas a ciertos colectivos ¡para que se cumpla la Escolarización Obligatoria!

País de Tontos. País de Parásitos. Fin de la Educación en España.

Estado de caos
Enrique Arias Vega  latribunadelpaisvasco.com 9 Noviembre 2017

Supongo que a algunos les parecerá un avance, pero en gran parte de Cataluña hemos pasado del estado de derecho al estado de caos.

Por supuesto que la vida sigue. ¡Faltaría más! La gente sigue haciendo el amor, como tenía por costumbre (siempre que no haya roto con su pareja, a cuenta del procès), come todos los días (si aún le llega el sueldo), y continúa viviendo en su respectivo Matrix particular, reafirmando su personal visión del mundo mediante los medios de comunicación que coinciden con su ideología.

Pero no nos engañemos. Algo muy importante se ha quebrado cuando gran parte de las energías colectivas se gastan en reales o ficticios estados identitarios, en diferenciarse abruptamente del vecino, en discutir a vida o muerte asuntos que en el fondo son de una nimiedad apabullante y en la apelación inmediata, sorpresiva y vociferante al hostigamiento, la intimidación o la imposición al prójimo de conductas en las que no cree o simplemente se le dan una higa.

En esas estamos, en un estado de cosas regido más por el imperio de la arbitrariedad y el caos que el de la ley y el derecho.

Muchas zonas del Principado viven, de hecho, al margen de las leyes del Estado español y hasta muchos de sus munícipes gastan el dinero de los vecinos en viajes a Bruselas para difamar a España y a los españoles, cuando ni ellos ni sus ancestros abrieron la boca contra el franquismo. Con todo, eso no es lo más grave, sino el que nadie sabe qué puede ocurrir al día siguiente: si estarán abiertos los colegios, cerradas las carnicerías, habrá manifestaciones en las calles o vecinos que te den la espalda.

Y donde aún no ocurre eso, cuatro indocumentados pueden cortar impunemente las carreteras, asaltar las estaciones u obligarte a perder las clases o el trabajo.

O sea, el caos. Eso ya sucedía antes de la aplicación del artículo 155, sucede con él en vigor y seguirá sucediendo probablemente después del 21-D, sea cual fuere el resultado de las elecciones, porque ni el Estado ni sus leyes parecen vigentes en Cataluña hoy día ni nadie parece capaz de hacer que se cumplan.

Si eso no es el caos, ya me dirán cómo llamarlo. Volver a la normalidad, caso de que se pudiese, costará mucho tiempo y muchísimo dinero: las cosas ya nunca serán como antes, para desgracia de quienes impulsaron esta situación y para el resto inocente de sus conciudadanos.

Stanley Payne da la cara por España
Stanley G. Payne ofrece en «En defensa de España» -Premio Espasa de Ensayo- un esclarecedor recorrido, con su punto de provocación, por el desarrollo histórico de nuestra nación
FERNANDO R. DE LA FLOR ABC 9 Noviembre 2017

En un fragmento escondido del multivalente «Quijote», Sancho, que ha oído el grito ritual «Cierra España» se pregunta si por ventura es que esta se encuentra «abierta». Ciertamente, ha estado abierta. Incluso en algunos momentos de su Historia lo ha sido «en canal». Todo lo cual ha necesitado de las cirugías restaurativas que le han administrado una larga secuencia de hispanistas que acuden en su auxilio. Este es el caso de Stanley G. Payne, siempre atento a las fisuras de una Historia tumultuosa de la que viene proponiendo dar diagnóstico.

Pero es lo cierto que el cuerpo de España ha sido en la Historia repetidamente lacerado, las más de las veces por la propia entropía de su más que original construcción político-territorial, y algunas otras debido a agentes exteriores, siempre confabulados, presos (es lo que aseguran los últimos análisis sobre el asunto) de una verdadera imperiofobia, que ha demostrado ser inextinguible a lo largo de más de 500 años.

Encontramos muy oportuno, precisamente en estos momentos, un libro como el de Payne, en el que reverbera -pero ya son otras las circunstancias y otros los elementos para el «laus hispaniae»- aquel otro debido a la pluma de Maetzu. La defensa de España alimenta las fuentes de aquel rasgo característico de la nación que Ortega y Gasset denominó «defensivismo hispano»; y, ya en general, a este complejo queda referido todo intento de absolver y devolver a una matriz de normalidad una Historia tumultuosa; cosa a la que este libro se orienta.

Payne desea entroncar cuanto antes con el futuro, no sin haberse detenido largamente en la estación de penitencia que resulta ser la Guerra Civil de 1936: sus precuelas y su largas, indeseadas consecuencias. La Guerra Civil, el verdadero objeto de este observador entusiasta de la Historia de España, es el momento cimático de una Historia desafortunada, el «locus» y el desaguadero de sus problemas y el comienzo de unos nuevos. Por eso su libro adolece de paciencia en el estudio de la larga duración: es tumultuoso y precipitado como la historia de ruido y furia que él deseara ver concluida cuanto antes, como si se pudiera hacer verdad aquel lema: finis coronat opus.

En su larga cabalgada por una historia llena de caminos bifurcados y de sendas perdidas, Payne pasa recto hacia su horizonte, que es lejano y que es final. Desea cuanto antes el encuentro con ese momento bautismal que supone la recuperación de la democracia, y el nuevo destino de España como una simple y democrática nación entre naciones.

Cualquier observador de la bibliografía utilizada por este hispanista podrá constatar la sobreabundancia, en realidad la casi exclusiva citación, de referencias al trabajo de otros hispanistas (preferentemente anglosajones). Es tacha achacable a la distancia. Payne, y con él los analistas que se encuentran allende los mares, no conocen (o no quieren reconocer) lo que es la ingente producción que desde hace al menos ya cuatro décadas viene generando la academia española, con una total profundidad y competente pertenencia sobre los asuntos aquí evocados.

Reacción visceral
Los nombres de los Bouza, Canseco, Albaladejo, Reyero o Pérez Vejo, y cientos de otros, nunca figuran entre los fundamentos a los que se atañen estos grandes angulares sobre la Historia de España. La realidad es que la deconstrucción de las «leyendas negras» ya ha sido (auto) operada. El perfil «imagológico» de la «leyenda de siglos» en que se resume la Historia de esta flagelada nación hace tiempo que ha sido trazada. Su propia profundidad de matices la absuelve de toda simplificación. Demos, en cualquier caso y por mor de las circunstancias, la bienvenida a esta «defensa». Aunque desde una Península amenazada por sus demonios (interiores y exteriores) contemplemos con escepticismo el combate que se nos relata entre los David contra los Goliath de todos los tiempos. Estos últimos vienen condenado al país desde los tiempos arcanos de los Bry, los Orange...

Acaso suceda que la huella agarena, y, en paralelo, la reacción visceral que ha suscitado, tatuadas ambas en tal geografía, no han sido nunca del gusto de quien se ve instalado en una meseta civilizatoria de orden superior.

«En defensa de España». Stanley G. Payne
Ensayo. Espasa, 2017. 312 páginas. 19,90 euros. E-book: 11,99 euros

La 'Camicheca'
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS Libertad Digital 9 Noviembre 2017

Ayer era el aniversario de la masacre de Paracuellos de Jarama, nombre que agrupa masacres de varios días y lugares, del caz del río a Torrejón de Ardoz, convertidos en inmensas fosas comunes donde miles de presos políticos, ilegalmente detenidos por las patrullas del CPIP -el verdugo colectivo en el que participaban todos los partidos del Frente Popular- fueron acarreados en autobuses de dos pisos y, tras robarles hasta los zapatos, fusilados sin juicio alguno.

En la Federación de Fútbol y Adidas no habrán leído Paracuellos. Una verdad incómoda, de Julius Ruiz, ni los libros de Gibson, Vidal o Martínez Reverte. Por eso presentaron ayer, justo ayer, la nueva camiseta de la selección, con una raya morada en recuerdo del régimen que nos llevó a la Guerra Civil y una señera, acaso para recordar que el genocidio católico de Cataluña fue el modelo de Paracuellos. Para compensar el CIS, Pablo Iglesias salió en Twitter con una camicheca. A él sí le representa.

Alemán como Adidas -ayer tiré unas zapatillas- era Felix Schlayer, cónsul de Noruega, que siguiendo el rastro de un amigo secuestrado, padre del historiador y ministro de Cultura Ricardo de la Cierva, descubrió las fosas de Paracuellos del Jarama

Dos palmos de tierra fueron el sudario de miles de españoles, muchos de ellos menores de edad, atados con una cuerda por la muñeca de dos en dos, y cuyos restos desprendían un terrible hedor.

El mérito de Schlayer es aún mayor que el de Melchor Rodríguez, el Ángel Rojo, que, al segundo intento, acabó con las masivas sacas de presos organizadas por el CPIP y Carrillo, pero respaldadas por Galarza en Gobernación, García Oliver en Justicia y el propio Largo Caballero, que sabía muy bien lo que pasaba tras la masacre de la Cárcel Modelo donde murieron el benemérito Melquíades Álvarez y Ramiro de Maeztu, notable intelectual español pero más apreciado y conocido en Inglaterra y en inglés que en su patria.

Schlayer llegó a dormir a la puerta de una cárcel de mujeres para impedir que las milicianas sacaran a las presas. Y con los embajadores de Chile y Argentina lograron que el Gobierno dejara hacer al buen Melchor.

Para ocultar Paracuellos, el Gobierno derribó el avión que llevaba a París las pruebas de la masacre, y puso a mentir en inglés a Margarita Nelken. Su éxito, aunque a patadas, continúa.

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La emigración de la juventud catalana
Adrián Dupuy Libertad Digital 9 Noviembre 2017

Voy a ejercer de cenizo, a ver si sirve de catarsis. De todo cuanto está pasando en Cataluña, lo peor está por venir. La salida imparable de las empresas es preludio de la consecuente salida de los centros de dirección y de producción, y con ello de los directivos y trabajadores necesarios para atenderlos. Si a eso unimos la falta de ilusión de una juventud dividida, la emigración será inevitable. La pérdida demográfica y el envejecimiento de los que se queden dejarán un panorama triste. El verso de Machado para Castilla de principios de siglo XX, "hoy ve a sus pobres hijos huyendo de sus lares; la tempestad llevarse los limos de la tierra", vale perfectamente para la Cataluña de principios del siglo XXI; porque Cataluña va a padecer una pérdida importante de su bien más preciado.

Exactamente lo mismo que pasó en Montreal y Quebec, en beneficio de Toronto. La imposición hasta límites ridículos del francés y la inseguridad jurídica que provocaban las pretensiones independentistas provocaron un resultado que es historia conocida y que Cataluña y Barcelona se disponen a repetir.

La culpa es de los malos. Y tenemos malos de verdad, delincuentes, irresponsables y ridículos, sobre los que no voy a extenderme más allá de sus nombres: Puigdemont, Junqueras, Romeva, Rufián, Forcadell, Mas, Pujol, los de la CUP… ¿Para qué perder el tiempo en rebatirlos? Simplemente habría que quitarles su minuto de gloria en el micrófono, porque no dicen más que tonterías y mentiras.

Quiero centrarme en los tibios que han favorecido y consentido todo esto: el Gobierno de España, la Iglesia católica y los votantes CIU y del PSC, que en el pecado llevarán la penitencia y tendrán que conformarse con que sus hijos vuelvan a casa por Navidad, porque se habrán ido a trabajar fuera.

Los sucesivos Gobiernos de España son culpables por su pésimo pastoreo; con tal de facilitar la gobernación (¿no habría sido más fácil cambiar la ley electoral?), han atendido las insaciables demandas de los nacionalistas de aquí y de allá: transfiriendo competencias en financiación, sanidad, educación y seguridad; eliminando los gobernadores civiles y la presencia del Estado en las CCAA; pactando el presidente del Gobierno (sí, Tajani) el incumplimiento impune de las sentencias del Tribunal Supremo sobre la inmersión lingüística, impidiendo en un territorio de España la enseñanza en español y hasta aceptando ¡traductores simultáneos en el Senado de España! Elocuente gilipollez.

Esta situación desgraciada es, en parte, culpa de esos votantes de chaqueta y corbata, educados, viajados, formados en buenas universidades, democristianos, melifluos y, en el fondo, jetas, que ahora verán marchar a sus hijos de su 'dolça Catalunya'.

Los del PSC son culpables por el Pacto del Tinell, por la reforma a la carta del Estatuto, que obliga a irracionales malabarismos intelectuales para defender una cosa y su contraria, y por no aceptar ser sin más del PSOE, sino pretender un trato desigual e insolidario frente a ciudadanos de otras autonomías y regiones, algo esencialmente contrario al socialismo.

También es culpable esa sociedad catalana votante de CiU, que reniega del PP –¡vade retro!– y prefiere a un corrupto nacionalista para conseguir que, agitando el árbol, caigan más nueces. "España nos roba" no era sino el pretexto de un sinvergüenza para perpetuar su poder y amasar su corrupta fortuna, pero todos le votaban, esperando sacar rédito en los presupuestos anuales. Así que esta situación desgraciada de hoy es, en parte, culpa de esos votantes de chaqueta y corbata, educados, viajados, formados en buenas universidades, democristianos, melifluos y, en el fondo, jetas, que ahora verán marchar a sus hijos de su dolça Catalunya.

En cuanto a la Iglesia Católica, sabemos que no acepta el derecho de autodeterminación de territorios no colonizados, pero su jerarquía no se ha atrevido a imponer disciplina a sus acólitos y proclamar –y castigar– el pecado de dividir hasta la médula una sociedad y situarla al borde de una guerra civil, a partir de irracionales veleidades nacionalistas, rayanas en el racismo. Mi Iglesia universal es culpable por la acción de una caterva de curas idiotas que lideran una enseñanza concertada que adoctrina a los niños en la mentira histórica y en el odio a España, y culpable por la omisión de los obispos que no han querido poner orden. "Y por eso, por cuanto eres tibio, te vomitaré de mi boca", dice el Señor.

¿El resultado? Una Cataluña de hermanos enfrentados, empobrecida, despoblada y no dolça, sino amarga; "un trozo de planeta por donde cruza errante la sombra de Caín", que era un soberbio envidioso, como la Cataluña de los independentistas y los tibios. Una Cataluña de la que, como sigan así, apenas quedarán los monumentos y los bares que visiten los turistas, como le pasó a Montreal.

El Gobierno no ha restablecido la legalidad en Cataluña y ya anda rindiéndose
EDITORIAL Libertad Digital 9 Noviembre 2017

La legalidad constitucional todavía no ha sido restablecida en Cataluña y el Gobierno de Rajoy ya se dispone, nuevamente, a ofrecer un premio de consolación a los separatistas. Así se podría resumir tanto la bochornosa indolencia del Ejecutivo del PP ante la impune y salvaje huelga perpetrada por los sindicatos secesionistas este miércoles en Cataluña como su no menos repugnante oferta de reforma constitucional a los nacionalistas –esta vez por boca del ministro de Exteriores, Alfonso Dastis– para "poder acomodar mejor sus aspiraciones".

Aunque haya tenido un mínimo respaldo social y un reducido seguimiento en la mayoría de los centros de trabajo, lo cierto es que la huelga general perpetrada por el sindicato que dirige el exterrorista Carles Sastre ha logrado, con el apoyo de los infames Comités de Defensa de la República (CDR) y de las movilizaciones en defensa de los golpistas encarcelados convocadas por la ANC y Òmnium Cultural, sembrar el caos en buena parte de Cataluña. Casi todas las vías ferroviarias y más de 50 carreteras han sido cortadas. Barcelona ha quedado aislada. Decenas de miles de personas se vieron atrapadas en sus vehículos. En la Diagonal de Barcelona, los CDR cortaron el tráfico ya a las seis de la mañana. La enseñanza también se ha visto afectada, toda vez que el sindicato mayoritario entre los docentes, Ustec, es separatista y apoyó el paro.

Que un grupo tan radical y minoritario haya sido capaz de causar tantos trastornos e incomodidades a tantos ciudadanos catalanes se debe, sin duda, a la ominosa pasividad de los Mossos d’Esquadra, que se supone están a las órdenes del Gobierno de la Nación desde la aplicación del artículo 155 de la Constitución. Lo más lamentable, sin embargo, es que esa pasividad policial ante tanta ilegalidad ha sido fiel reflejo de la indolencia del Ejecutivo de Rajoy, que ha considerado –al decir del ministro del Interior– que los hechos acontecidos no constituían "motivo de alarma".

Por lo visto, todos estos atentados a la libertad de movimientos de los catalanes, en los que se han llegado a utilizar niños muy pequeños en cortes de carreteras, no constituyen para el ministro Zoido ni "incidentes graves" ni "incidencias importantes"; inadmisible insensibilidad y desidia que se suma a las ya mostradas por el Gobierno ante la independencia de facto que la Cataluña separatista sigue gozando en el ámbito de la educación y en el de los medios de comunicación.

Parecería que la única incomodidad que preocupa al Ejecutivo, así como al PSOE de Pedro Sánchez, es la que sienten los nacionalistas catalanes ante la Constitución. Buen ejemplo de ello es la nueva oferta de reforma que Dastis, para regocijo nacionalista, ha hecho en la BBC.

No es la primera vez que un miembro del Gobierno –para colmo, el ministro de Exteriores– intenta contentar a los sediciosos con una reforma de la Carta Magna. Recuérdese a este respecto la oferta del infausto ministro Margallo destinada a "encajar el hecho catalán en la realidad hispánica". Eso, por no hablar de la del actual ministro de Justicia, Rafael Catalá, destinada a "reconocer la singularidad catalana". Incluso después de perpetrar los golpistas su segunda consulta secesionista, el pasado 1 de octubre, el Gobierno, por medio del ministro Luis de Guindos, acompañó esa oferta de reforma constitucional con una no menos repulsiva oferta de pacto fiscal.

Que el Gobierno del PP incida nuevamente en el error de ofrecer nueces a quienes no paran de sacudir el árbol resulta una vergüenza que no deja de serlo por el hecho de que el ministro Dastis añada que esa "reforma constitucional" debería ser votada "por todos los españoles".

Si hay alguna reforma necesaria y sensata que hacer de la Constitución sería para erradicar las muchas concesiones que en ella se hicieron a los nacionalistas. Esas concesiones –como la de denominar nacionalidad a lo que no es otra cosa que una región o comunidad autónoma, por no hablar de la transferencias en educación–, lejos de contentar y acomodar a los nacionalistas han servido de palanca para sus proyectos de ruptura.

Con todo, lo prioritario ahora es que se cumpla y se haga cumplir la Constitución en todo el territorio nacional; cosa que, como se ha vuelto a ver este miércoles, está muy lejos de haberse alcanzado en Cataluña.

Restaurar la ley exige controlar el orden público
EDITORIAL El Mundo 9 Noviembre 2017

Sólo desde la temeridad y el adanismo se puede entender que las fuerzas políticas y las entidades sociales independentistas consideren un éxito la huelga de ayer en Cataluña. Lejos de los efectos logrados en el pasado, el paro convocado por el sindicato separatista CSC --donde milita el asesino del empresario Bultó- registró un seguimiento mínimo y residual. Tan solo se dejó sentir en los transportes, aunque ello causó un gravísimo perjuicio de movilidad para los ciudadanos. La huelga fue un chantaje -uno más- del soberanismo, obsesionado con reactivar el clima de agitación social que precedió a la declaración unilateral de independencia, anulada ayer por el TC por considerarla un "grave atentado al Estado de derecho".

La escasa incidencia del paro no resta importancia al hecho de que se trataba de la primera movilización tras la aplicación del artículo 155. El control de la seguridad, por tanto, correspondía al Estado. Y aunque se entiende el temor del Gobierno a que se reproduzcan imágenes como las del 1-O, las algaradas promovidas por el separatismo perjudicaron a muchos ciudadanos que no pudieran hacer uso de los servicios públicos y a miles de trabajadores, autónomos y pequeños empresarios. Se trata de un irresponsable y peligroso intento de incendiar la calle, que se suma al daño provocado por el doble veto a los productos catalanes que ya registra el mercado: mientras los independentistas castigan a las empresas que han abandonado suelo catalán, el 23% de los españoles de fuera de Cataluña ha dejado de consumir productos fabricados en esta comunidad.

En este contexto, resulta inadmisible que apenas una decena de activistas logren cortar una autopista, que se altere el orden en Sants, que se bloquee el AVE o que se permitan altercados en la frontera con Francia. Los independentistas fracasaron en su objetivo de "parar" Cataluña, pero los fallos en la seguridad en una jornada clave revelan la mojigatería del Estado justo cuando no caben titubeos, y sientan un peligroso precedente de aquí al 21-D. Rajoy se comprometió a ejecutar con prudencia las medidas previstas al amparo del 155. Y el propio Gobierno se aferró ayer en el Parlamento al cumplimiento de la ley para justificar su relevante decisión.

Por eso mismo no se comprende que el Ejecutivo, que con el respaldo de PSOE y Cs intervino la Generalitat, se muestre ahora tan timorato. No basta con convocar elecciones ni con relevar al mayor de los Mossos. La garantía de los derechos y libertades de todos los catalanes exige una actuación determinante en aras de la restitución completa del orden legal en Cataluña.

'Catalunya' ya no existe
José García Domínguez Libertad Digital 9 Noviembre 2017

Estos días de furia conviene realizar el ejercicio, yo al menos lo hago a diario, de leer entre líneas a los creadores de opinión del nacionalismo, a esos intelectuales orgánicos del establishment barcelonés cuya tarea cotidiana consiste en escribir el guión del cuento, eso que todos los cursis han dado ahora en llamar "relato", del Proceso. Tengo por norma seguir a los más inteligentes, los que elaboran el discurso canónico que va dirigido al público menos básico, la clientela que no se conforma con las simplezas y los maniqueísmos burdos de la brocha gorda panfletaria. Los que se prodigan en las páginas de Opinión de La Vanguardia, sin ir más lejos. Con lúcida y apenas disimulada consternación, han sido ellos los primeros en intuir el cambio profundo, de calado, que sufre ahora mismo la sociedad catalana, ese que tan caro le va a costar no haber descubierto a Pablo Iglesias. Porque lo que se acaba de romper aquí, y para siempre, es el gran consenso básico que se estableció justo tras la muerte de Franco y el inicio de la Transición. Un consenso fuera del cuyas lindes programáticas solo ha existido espacio para la más estricta marginalidad en la Cataluña de los últimos cuarenta años. Era ese un mínimo común denominador, pues procede ya hablar de él en pasado, que giraba en torno a dos premisas fundamentales que acaban de desmoronarse en apenas meses, si no en días.

La primera de ellas apelaba al espacio privado, la segunda a la comunidad política. Se trataba, y ese era el contenido normativo e insoslayable de la primera, de que la mitad de la sociedad catalana aceptase de grado callar por norma frente a cuantos dictados de orden identitario y de lealtades nacionales estableciese la otra mitad. De ahí el invento propagandístico del mítico "un sol poble" que nunca hemos formado los ciudadanos de Cataluña. Esa ficción interesada, la del "un sol poble", ha resultado al cabo la primera víctima colateral del Proceso. Porque los ciudadanos de Cataluña, escindidos siempre entre silentes y principales, no hemos estado unidos nunca. Jamás. Pero solo desde que Puigdemont cometió ese alarde genital tan temerario, el de traducir la charlatanería independentista en hechos legislativos, nuestro secreto divorcio crónico ha salido, por fin, a la luz. Y ahora ya es demasiado tarde para tratar de esconderlo de nuevo, de taparlo ante las miradas indiscretas de los de fuera.

Si se quiere poner una fecha que sirva de referencia, desde el pasado 1 de octubre Catalunya dejó de existir. Lo que existe desde entonces, y basta con pasearse con los ojos abiertos por cualquier ciudad catalana para comprobarlo, son las Cataluñas, dos mundos simbólicos, sentimentales, afectivos e identitarios por entero distantes y ajenos entre sí, pero que comparten, compartimos, un mismo espacio físico.

El segundo elemento, en fin, de la pax catalana recién fallecida adoptó durante todo este tiempo la forma de un contrato de adhesión. Se trataba, e insisto en hablar en pasado, de hacer extensivos los principios básicos del catalanismo político, los fijados por los padres fundadores a finales del siglo XIX, a la totalidad de las fuerzas políticas con presencia en las instituciones locales. Unos principios básicos que giraban en torno a la estricta exclusión del castellano de la vida pública, primero, y a la reafirmación constante de la pretendida excepcionalidad catalana, el manido hecho diferencial, como punto de partida de cualquier principio de acuerdo de colaboración con el resto de España. Una Cataluña no catalanista, como la que por millones de personas se ha manifestado en el centro de Barcelona hace unos días, era, simplemente, inconcebible dentro de ese esquema mental. Pero, como las meigas, resulta que existía. Aquí, nada volverá a ser igual nunca. Nunca. Y algunos de ellos, los más despiertos, ya lo han visto.

Ese pobre necio expatriado aún no sabe lo que ha hecho.

El desmoronamiento de la vieja Europa
Amando de Miguel Libertad Digital 9 Noviembre 2017

Por un lado, nos encontramos con el estribillo o la letanía (ahora dicen "mantra") sobre la maravilla de la globalización. Equivale a lo que antes se entendía como internacionalismo o cosmopolitismo. Pero lo cierto es que en el terreno político asistimos en toda Europa a lo que Ortega y Gasset llamaba "particularismo". Es decir, la querencia centrífuga por la que las regiones intentan separarse de las naciones tradicionales.

El asunto se halla lejos de ser exclusivamente español, a pesar de que ahora lo de Cataluña nos tenga tan alterados. Por todas partes parecen revivir los ímpetus nacionalistas de los europeos: Escocia, Flandes, Padania, Bretaña, Córcega, Alsacia, Baviera, hasta las islas Feroe. Así que las posibles secesiones españolas (Cataluña, Euskadi con Navarra, Galicia, Canarias, etc.) son solo una ilustración cercana de una tendencia mucho más amplia. Se comprenderá ahora que las autoridades de la Unión Europea se hayan manifestado opuestas al independentismo catalán. Les aterra el futuro de una Unión Europea compuesta de algo así como un centenar de Estados miembros. Ni siquiera es un consuelo pensar que tales movimientos nacionalistas lo que realmente pretenden es más privilegios para los respectivos mandamases regionales. No es menos real la imitación que produce en ciertas minorías lingüísticas, asentadas en pequeños territorios, para desprenderse del Estado central. No anima mucho pensar que esos mismos Estados pierdan cada vez más atributos tradicionales de soberanía, como la moneda o el monopolio legislativo.

La gran paradoja es que la Unión Europea que ahora tenemos (con tantos Estados como letras del abecedario) representa un experimento costosísimo que los europeos no vamos a poder pagar. La fórmula (ahora dicen "algoritmo") del Estado de Bienestar no se puede sostener en una población sumamente envejecida y con una creciente sensibilidad para nuevos derechos. Ante la posibilidad de nuevos Estados miembros, el resultado sería una hecatombe, esto es, el sacrificio de cien bueyes, aunque solo fuera por razones económicas. Dado el progresivoenvejecimiento de la población europea, la solución espontánea que está en marcha es la de admitir a millones de inmigrantes que proceden de otros continentes. Pero el remedio se antoja peor que la enfermedad. La prueba la tenemos en los males extremos de la xenofobia y el terrorismo islámico.

A diferencia de los nacionalismos del pasado reciente que dieron lugar a nuevos Estados en Europa (Irlanda, Noruega, Eslovaquia, etc.), las nuevas tendencias disgregadoras no consiguen más que minorías reducidas. Por muy vocales que sean, no logran convencer por las buenas a la mayoría de la población. En el caso de Cataluña, vemos a una región partida por gala en dos, los catalanistas y los españolistas, aunque se llamen de distintas formas. Por si fuera poco, esa región (malamente llamada "principado", pues nunca hubo tal príncipe) acoge a más de un millón de inmigrantes no españoles. Algo parecido ocurre en otros territorios europeos con más desarrollo.

El desmoronamiento de la vieja Europa no es solo espacial o demográfico. Cuenta todavía más el hecho de que los grandes centros de poder económico, cultural y científico se han ido trasladando a otros continentes. Viene a ser el reflujo del fenecido colonialismo. Europa se resigna a ser el valioso museo cultural de los curiosos de todo el mundo. El fenómeno recuerda el papel que correspondió en su día a Grecia dentro del Imperio Romano. Tampoco es un destino rechazable, pero se halla muy lejos del tradicional orgullo de Europa como cabeza del mundo.

Contacte con Amando de Miguel fontenebro@msn.com

Cuando el Gobierno aboga por los golpistas
Editorial EL RUGIDO DEL LEÓN elespanol 9 Noviembre 2017

Al Gobierno y los partidos constitucionalistas les incomoda la prisión preventiva de Oriol Junqueras y de los otros exconsejeros catalanes. Tan es así que la causa de su excarcelación rebasa el ámbito de las consideraciones desiderativas off the record para entrar en el de las presiones a jueces y fiscales a través de los medios.

El último ejemplo de este intento de influir en los tribunales es la filtración al diario El País de que el Ejecutivo “prefiere que los consejeros puedan hacer campaña” y de que confía en que el Supremo asuma toda la causa sobre el procés. El objetivo final: que todos sean liberados cuanto antes para no dar pábulo al victimismo independentista durante la campaña del 21-D.

De la Audiencia Nacional al Supremo
La semana pasada, la juez de la Audiencia Nacional Carmen Lamela decretó prisión provisional para Junqueras y sus exconsejeros, mientras que el magistrado del Tribunal Supremo Pablo Llanera pospuso la declaración de Carme Forcadell y los miembros investigados de la Mesa del Parlament, que declararán este jueves. Al explicitar sus expectativas horas antes de la citación, el Gobierno ejerce una presión inadmisible.

Si Junqueras y el resto de exconsejeros acusados de rebelión, sedición y malversación están en prisión es porque concurrían todos los supuestos previstos para decretar una medida tan excepcional: riesgo de huida, de destrucción de pruebas y de reiteración delictiva. En el caso de Forcadell y los miembros de la Mesa del Parlament también hay un riesgo evidente de reiteración delictiva. Si quedan en libertad aprovecharán para hacer apología de los delitos que se investigan en plena campaña.

Responsabilidad de Rajoy
Es verdad que resulta insólito que en una democracia moderna los candidatos en unas elecciones vayan a hacer campaña uno desde la cárcel y el otro en busca y captura. Está claro que ellos se lo han buscado, pero la responsabilidad de esa anomalía también es de Rajoy, que nunca debió convocar los comicios sin esperar a que avanzara primero el proceso judicial. De haberlo hecho, en el momento de las elecciones, muchos de ellos -si no todos- habrían sido inhabilitados.

El presidente del Gobierno se ha parapetado detrás de jueces y fiscales durante todo el desafío secesionista y ahora pretende seguir haciéndolo para no apechugar con sus decisiones. Le estorba la separación de poderes y no le importa trasladar la imagen de que presiona a los tribunales. Aunque los primeros beneficiarios de su acción sean los golpistas.

Retablo de maravillas
Ignacio Camacho ABC 9 Noviembre 2017

Quien piense que ya lo ha visto todo en la crisis catalana -una legalidad paralela, un pucherazo electoral, una declaración virtual de independencia, la fuga del antiguo presidente, la cúpula separatista en prisión…- está francamente equivocado; aún es posible quedarse con cara de pasmo. El procés se ha convertido en una máquina de prodigios ante la que conviene curarse de espantos. La huida de Puchimón promete episodios risueños entre los que se anuncia una manifestación ¡en Bruselas! para pedir a la Justicia belga que no lo entregue a los tribunales del Estado autoritario. La propaganda nacionalista, que ya ha resucitado a Franco, compara al líder de polichinela con el Companys extraditado por la Gestapo. Y aún quedan casi dos meses de campaña idónea para cualquier exceso publicitario. Cuando las urnas hablen es perfectamente verosímil que estalle la traca del delirio con la elección parlamentaria de un presidente -Junqueras- encarcelado.

Ya no hay límites al desatino. A base de perderse el respeto a sí misma, la política en Cataluña ha sobrepasado de largo lo que más temía Tarradellas: el ridículo. Con su solemnidad grotesca, el independentismo ha ido de la tragedia a la comedia y de la comedia al desvarío. En este extravagante tránsito se ha dejado atrás cualquier posibilidad de recuperar su prestigio; lo que está pasando sólo puede ya contarse en clave de farsa, de sainete, de vodevil festivo. Aunque sea dramáticamente cierto todo lo que hemos visto: la sociedad dividida, el proyecto desquiciado, la economía destruida, la convivencia quebrada, la nación en vilo.

En cualquier comunidad seria, la gente se rebelaría contra este esperpento. Lo que no es capaz de embridar una clase dirigente trastornada lo enderezaría el pueblo. El problema más grave del conflicto catalán consiste, sin embargo, en que una buena parte de los ciudadanos está abducida por una enajenación emocional que le nubla el discernimiento; ha perdido el oremus. La imposición machacona del pensamiento único ha provocado una suerte de obnubilación masiva que ampara cualquier dislate bajo la sagrada advocación del destino manifiesto.

Va a ser muy difícil reparar esa avería estructural que afecta a la psicología colectiva. Las elecciones de diciembre tal vez puedan lograr -y ya veremos- un cierto restablecimiento de la cordura política, pero ni siquiera un gobierno distinto tendrá capacidad de inducir a corto plazo un cambio de la hegemonía mental construida en años de concienzuda pedagogía. En el mejor de los casos costará mucho tiempo devolver la normalidad a una sociedad hipnotizada por espejismos y supercherías, a la que ni siquiera el brusco aterrizaje en la realidad del 155 ha desencantado de su ilusión ficticia. Pero antes de que eso ocurra, si llega a suceder, nos quedan por ver bastantes lances estrambóticos en este retablo de maravillas

Es necesario un control contra la manipulación de TV3
Editorial larazon 9 Noviembre 2017

El proceso de «normalización» política de Cataluña tras la restitución de la Generalitat –en 1977– y la aprobación del Estatuto –en 1979– se cimentó sobre dos patas. La primera fue la política de «inmersión lingüística», lo que suponía que el catalán fuese la lengua exclusiva en la educación, con un rechazo frontal al castellano, siguiendo el principio del manifiesto que lo inspiró: «El catalán es la lengua de Cataluña.

Los catalanes tenemos el derecho irrenunciable de conservar el patrimonio lingüístico recibido de los antepasados y transmitirlo a las generaciones que nos seguirán».

La segunda pata fue la creación de TV3, en 1984, que ha acabado siendo la herramienta imprescindible para construir el imaginario nacionalista, las fobias, enemigos, victimismos, agravios, incluso odios, como estamos comprobando estos días. Ahora, la televisión pública catalana forma parte del aparato propagandístico del independentismo, y no esconde su papel de servidumbre, pieza clave para el desarrollo del «proceso» con el que ha construido una sociedad paralela, casi perfecta, una caricatura de la real, que en nada tuviese que ver con la española: sólo en el insulto es cuando se emplea el castellano.

Podemos decir que ambas patas forman ahora una sola: educar para la diferencia y la exclusión. Todavía mantenemos en la retina aquellos niños preguntados por un periodista de TV3 durante la celebración de la Diada de 2013 por qué participaban. Respondieron: «Venimos a luchar por la independencia en Cataluña» o «soy independentista y quiero que Cataluña sea un país libre». Las protestas de la oposición no fue tenida en cuenta (el Consejo Audiovisual de Cataluña nunca le ha sancionado) y, claro está, nada cambió.

Hace unos días volvimos a ver en el mismo espacio dedicado a la información infantil, «Info K», cómo explicaban qué era un «preso político», aplicando la misma tergiversación y uso desenfadado y pueril de la mentira. El uso de los niños en la propaganda independentista ha llegado a límites eticamente inaceptables y que incluso podrían derivar en responsabilidades penales. Ayer, unos padres dejaron a sus hijos de muy corta edad sentados en una autopista catalana para cortar el tráfico en el «paro de país» que tuvo lugar, algo que no debería echarse en el olvido. TV3 no sólo es ahora mismo una máquina de manipulación y agitación –recordemos aquel reportero subido encima de un coche patrulla de la Guardia Civil durante una operación judicial en la Consejería de Economía–, sino que está legitimando muy conscientemente al Govern cesado.

La aplicación del 155 no ha querido incluir la intervención del canal, puede que para evitar acrecentar ese ilimitado victimismo, pero, más pronto que tarde, hará falta un control racional que mantenga los mínimos niveles deontológicos. Y más con la perspectiva de una elecciones autonómicas el 21-D. La Junta Electoral Central deberá tomar medidas y obligar a un cumplimiento estricto de la objetividad durante la campaña de unos comicios de gran importancia; no sólo que todos los partidos sean tratados por igual, sino que la información deje de tratar como niños a la sociedad catalana. La prueba de esta degeneración está en que ya no cuenta ni con la confianza de la mayoría de la audiencia: pese al presupuesto de 233,8 millones y de disponer de seis canales, ahora es la tercera cadena de Cataluña y con pérdidas millonarias. Los catalanes no se merecen a TV3.

Patrimonio lingüístico
Nota del Editor 9 Noviembre 2017

Ahora si que se han metido en el agujero. Si la lengua regional es un patrimonio, habrá que determinar quien es el propietario. Si para ser catalán hay que conservar la lengua regional, primero hay que tenerla y está claro que los recién nacidos no son catalanes. Si los catalanes son los propietarios de la lengua regional, está claro que son ellos quienes tienen que pagar impuestos por tal patrimonio, como pagamos los demás por nuestras propiedades, de tal modo que en varias generaciones, tal patrimonio pasa a las arcas públicas especialmente para el uso particular de los profesionales de la política. Si cualquier ciudadano pretende que los impuestos no terminen con su patrimonio, no le queda mas remedio que especular para aumentarlo por encima de la disminución impuesta.  Por eso, quienes pretenden transmitir su patrimonio lingüístico regional a las generaciones que les sigan, primero deberán tenerlas, tendrán preguntar: ¿ quien quiere seguirnos ? y la respuesta  es que nosotros no queremos saber nada de la transmisión de tal patrimonio ni de su propiedad, y preguntamos ¿Quién tiene el deber de seguir ?.  y la respuesta es bien clara: nadie:  Así pues eso de la inmersión lingüíistica es un disparate. Y la clasificación de pertenencia a una clase por el conocimiento de una lengua regional implicará establecer unos niveles, unos quinientos, teniendo en cuenta el vocabulario, conjuntos de palabras, de conceptos, y solo serán catalanes los que superen el nivel que les convenga a los profesionales de la política que se beneficien del tinglado.

Puigdemor de la Pradera
Javier Caraballo elconfidencial 9 Noviembre 2017

En Sevilla es conocida y recurrente la azarosa vida del marqués de Contadero, aquel que extendió su fama de tonto por toda España por culpa de un mal nombramiento para un cargo público. La anécdota la ha contado siempre, mejor que nadie, Antonio Burgos, y dice así: “Bien plantado, garboso, era una estampa del XIX en la ciudad de los tranvías, guiando su landó. Se llamaba Jerónimo Domínguez y Pérez de Vargas. Marqués del Contadero. La gente sabía que era rico, marqués, aficionado a los caballos, dueño de una casa con mucho plan de criados con blanca guerrera de dorados botones con la corona de los cinco florones, emparentado con ganaderos y gente principal. Lo que se dice un señor para la ciudad, que solo conocía su altivo gesto en el pescante, la manta de buena lana inglesa por las rodillas, el acompasado sonido de las herraduras sobre los adoquines. Hasta que un día, sin que nadie se explicara cómo ni por qué, Franco decidió hacerlo alcalde. Fue entonces que entró en erupción el volcán de la guasa. Y sus amigos, entre el café y los cigarros puros de las butacas del Aero Club, dijeron: ‘Ea, que Momo Contadero era tonto nada más que lo sabíamos aquí, pero ahora, por culpa de Franco, se va a enterar Sevilla entera...”.

Entenderá Carles Puigdemont que el volcán de la guasa, que en España siempre está en erupción, se haya fijado en él ahora por las mismas razones que aquel marqués del Contadero, porque hace dos años solo lo conocían en Girona, y a lo mejor solo unos pocos lo habían visto hacer el ridículo en su ciudad, pero ahora ya lo conocen en toda Europa, y unos se ríen, otros lo ignoran y otros lo compadecen.

Puigdemont ha conseguido internacionalizar el 'procés', como había prometido a los catalanes, pero lo que ha extendido es la perplejidad, el desprestigio y el ridículo del independentismo catalán. Hasta la fuga patética de Puigdemont, al independentismo catalán se lo respetaba con un considerable silencio, “un asunto interno de España”, ahora el presidente catalán ha convertido su causa en un incordio, porque se comporta en Bruselas como el invitado coñazo que se presenta a la cena sin avisar y se hace protagonista con sus chaladuras.

“¿Qué estupidez es esta?”, se preguntaron en el editorial de 'Le Soir' cuando se dieron cuenta de que la estancia allí de Puigdemont solo podía ocasionarles más problemas de los que ya tienen; la mera vinculación de Bélgica con la causa independentista les parecía que sumía a todo el país “en un ridículo internacional”. Tampoco en la prensa catalana han sido mas benévolos, sobre todo tras la incalificable rueda de prensa primera que ofreció Puigdemont en su ‘exilio’, “uno de los episodios más esperpénticos de la historia catalana”, dijo el director de 'El Periódico'. 'La Vanguardia', en un editorial, lo calificó de “pirueta” y le pidió expresamente que no siguiera dañando más con su errático comportamiento el prestigio de Cataluña.

El año pasado, cuando ya en los carnavales se comenzaron a parodiar los desvaríos del proceso independentista, que se sumaban a las andanzas judiciales de los Pujol, en algunos periódicos catalanes aquellas burlas se percibían como una ofensa a toda Cataluña. Esto, desde luego, no es privativo del nacionalismo, porque es moneda común de todos los mandamases autonómicos; en Andalucía, por ejemplo, ocurre con frecuencia: cada censura a la presidenta o a las políticas andaluzas es una ofensa al pueblo andaluz. En cualquier caso, es posible que este año la reacción no sea la misma, porque Puigdemont ya es oficialmente un espantajo burlón dentro y fuera de Cataluña y, porque como dice un colega, a este paso en los Carnavales de Cádiz van a tener que limitar la presencia de un Puigdemont por chirigota y un Junqueras por comparsa.

La crítica satírica es una realidad consolidada en España, con periodos consolidados de periodismo satírico en el siglo XIX que ahora serían impensables, o inaceptables, porque está demostrado que la censura ambiental de lo políticamente correcto es más implacable que la censura oficial. Sea como fuere, la realidad es que la oleada de burlas que ha inundado las redes sociales ha convertido a Puigdemont en un persona satírico. Una rumba, un monólogo, un montaje de fotos, un fandango… Hasta se llega a pensar que la sátira, el humor, es la válvula de escape que tiene España a lo largo de su historia para poder superar momentos como los que vivimos.

El hombre de los seis apellidos catalanes, y dos andaluces, Carles Puigdemont Casamajó Oliveras Ruiz Padrosa Ballart Gaceran Toledo, pasará a la historia, si esa era su obsesión, por haber repetido la historia del independentismo como farsa. Porque la sentencia de Marx, al cabo de los años, se demuestra a cada paso como uno de sus mayores aciertos.

Así que ahora, en homenaje al gran Chiquito de la Calzada, que pasa por momentos delicados en un hospital de Málaga, el expresidente de la Generalitat merece inscribirse en la historia con el apelativo de Puigdemor de la Pradera. Y que sus discursos más célebres se recuerden siempre trufados de los gritos de Chiquito de la Calzada: “¿Cómoor? Eres un fistro. ¿Te da cuén? Anda, relájate físicamente, moralmente. Que no te digo trigo por no llamarte Rodrigo, pecador de la pradera”.

Carles Puigdemont era, desde 2011, un desapercibido alcalde de Girona, hasta la mañana del sábado 6 enero de 2016 en que Artur Mas lo llamó para colocarlo en la presidencia de la Generalitat de Cataluña, “sin que nadie se explicara cómo ni por qué”, como el marqués de Contadero. Hasta entonces, solo en su ciudad conocían sus extravagancias, como esa idiotez aérea que han contado sus amigos en algunos reportajes sobre el personaje: “Cuando tenía que ir a Madrid, en vez de coger el puente aéreo aprovechaba los vuelos internacionales aunque fuesen más caros, por ejemplo, Bruselas-Barcelona-Madrid. Así entraba y salía por la puerta de los destinos internacionales y en lugar del DNI, mostraba su pasaporte”.

¿Se puede ser más bobo? Y más allá, ¿puede un tipo así presidir una institución? Ese es el mal que le han hecho a Puigdemont, que por un capricho de Artur Mas, ahora en toda Europa conocen de verdad al hijo del pastelero.

Los dos engaños finales del soberanismo

Antonio R. Naranjo esdiario 9 Noviembre 2017

Entre el victimismo y los insultos a España y la UE, el soberanismo exhibe su verdadera cara negándose a hacer listas únicas pero aceptando participar en Elecciones Autonómicas.

Puigdemont nunca ha ganado unas Elecciones. Fue elegido por la CUP, que no quería ni en pintura a Artur Mas, ganador de aquellos comicios. El 21D tampoco es probable que este hijo de pasteleros de Girona llene las urnas de votos con su nombre.

Ahora, además de la CUP, ha sido la ERC de Oriol Junqueras quien se ha negado a ponerse detrás de una lista encabezada por el vecino temporal de Bruselas. El secesionismo es así: melodramático hacia fuera, intentando vender una imagen fascista de España y ya hasta de Europa, y cínico e interesado hacia dentro.

Dos contradicciones flagrantes lo evidencian en los últimos días para pasmo de quienes se habían creído el 'procés' y tal vez estén descubriendo ahora la verdad, por mucho que se intente tapar con imágenes y epítetos grandilocuentes, como los discursos de Puigdemont o las expediciones de alcaldes, soflamados siempre por la irreductible TV3.

A los ciudadanos les venden secesión y unidad mientras ellos sólo intentan salvarse de los jueces y destrozar al partido rival
De un lado, la sonrojante confesión, ya extendida entre todos los cabecillas, de que nunca proclamaron la independencia real, pese al boato que le pusieron a aquel célebre día de octubre en un Parlament semivacío: mientras arrastraban a las calles a un parte de la ciudadanía catalana, ellos pensaban en cómo esquivar las consecuencias jurídicas de su Golpe democrático y, a la vez, cómo satisfacer a sus seguidores. Se trataba de cuadrar el círculo y que para los independentistas hubiera habido DUI pero no para los jueces. Pura pose.

A por ellos, los nuestros
La segunda contradicción es igual de sangrante. Mientras se habla ya, con lenguaje batasuno, de "malos tratos" y "fascismo", en desatadas palabras de Puigdemont desde Bruselas y se presentaba la aplicación de la Constitución y del 155 como una especie de invasión de la republicana Francia por la Alemania nazi; todos corrían a presentarse a unas Elecciones Autonómicas convocadas por la legislación española y, además, lo hacían pensando en sus intereses particulares.

Los mismos, en fin, que hablan del "país" como una unidad indisoluble con una única alma soberanista; destrozan su propia unidad en un juego de cálculos y zancadillas que ha culminado con la desaparición de Junts pel Sí, aquel engendro que juntara a la vieja CiU con la incipiente ERC.

Ahora, cada uno irá por su sitio: Junqueras, señalado como ganador de los comicios prácticamente desde dos años antes de que se convocaran, no ha querido ponerse detrás del líder al que piden rendir pleitesía a los ciudadanos. Puigdemont no ha logrado convencer a nadie de que le alcen a la cabeza de una candidatura única. La CUP no sabe ni siquiera si se presentará, aunque las ganancias de estar en las instituciones tiran mucho.

Y hasta Podemos ha saltado por los aires, con una escisión entre quienes optan por el pacto entre Iglesias y Colau, con Xavier Doménech de referente, y quienes se marchan con Albano Dante Fachín, el líder secesionista de un partido que dice ser nacional pero se queja más del 155 que del Golpe democrático.

El truco de En Comú Podem
Y vende una falacia, presentada como tercera vía conciliadora: un supuesto referéndum pactado, simplemente inviable porque provoca una reforma constitucional que sólo se puede imponer con dos tercios del Congreso, una convocatoria de Generales y una consulta nacional a todos los españoles.

En la práctica, el soberanismo ha aceptado las reglas del juego democrático y ha saltado por los aires como bloque político. Pero para el exterior, en otra de sus memorables campañas de propaganda y sugestión, son la Resistencia frente al franquismo, monolítica y hermanada bajo una bandera estelada única que sólo engaña ya a los muy cafeteros del procés.

Mientras se prepara un pacto entre ERC, En Comú Podem y PSC o un humillado PdeCAT, en teoría incompatible con seguir 'luchando' por la secesión; el agotador teatro remite a la ínclita frase de Groucho Marx, como pensada para este caso: "He disfrutado mucho con esta obra, especialmente en el descanso".

El problema es España
Alejo Vidal-Quadras gaceta.es 9 Noviembre 2017

La literatura sobre España, su auténtico ser, las distintas interpretaciones de su pasado, el origen de sus patologías endémicas y el recetario de los diferentes remedios a aplicar, adquirió cuerpo con motivo de la crisis del 98 y desde entonces no ha dejado de producir volúmenes de acierto y grosor diverso.

Después de la Transición, y a la vista de que uno de nuestros demonios familiares, el nacionalismo periférico de raíz identitaria, seguía presente con incansable y creciente virulencia, este género ha seguido boyante, oscilando entre la ingenuidad, el optimismo, el arbitrismo y la lucidez, dependiendo del autor y su circunstancia.

En estos días agitados en que Cataluña está supuestamente bajo el control del Gobierno central, la cuestión de los males de la patria cobra renovado vigor y, para nuestra desgracia, el diagnóstico es ya tan claro que no admite disimulo ni consuelo: el problema no es la agresividad separatista materializada al fin en un golpe de Estado, el problema es la incapacidad, la debilidad y la impotencia del Estado agredido para hacerle frente. Dicho más sucintamente: el problema no es Cataluña, es la propia España. Si bien andamos muy atareados intentando apagar el foco de un incendio situado en Barcelona, la causa profunda de su devastadora furia está en Madrid. Y no, como cacarean los profesionales del tercerismo pusilánime, por la falta de comprensión hacia los sentimientos de los catalanistas, la deficiente financiación autonómica o el insuficiente nivel de autogobierno, nada de eso.

Es precisamente por todo lo contrario, por haber diseñado una estructura territorial a medida de los deseos de los independentistas, por haberles proporcionado ingentes recursos para difundir su propaganda venenosa, por haber mirado hacia otro lado cuando cometían sus ilegalidades, por haberles entregado las tiernas mentes de nuestros alumnos de primaria y secundaria para que las adoctrinasen en el odio a todo lo español y por haber abandonado a su control los medios de comunicación, por lo que estamos como estamos. Los culpables en el sentido penal del término del caos actual son Carles Puigdemont y sus corifeos, pero los responsables son los sucesivos inquilinos de la Moncloa desde la entrada en vigor de la Constitución de 1978 hasta hoy.

Nuestra Carta Magna, incluso con todos sus defectos, lagunas e inconsistencias, desarrollada y aplicada por unas élites políticas dotadas de visión a largo plazo, solidez intelectual y moral y coraje cívico, hubiera sido un instrumento suficiente para mantener a raya la insania secesionista. Sin embargo, en manos de una tropilla de mediocres, corruptos y oportunistas de vuelo rasante, ha sido inundada a través de sus múltiples vías de agua que, lejos de ser taponadas por una acción política firme, sostenida y bien orientada, han sido agrandadas y multiplicadas por profesionales del pasteleo carentes del mínimo sentido de la Historia y ayunos de patriotismo. Sin duda, desde esta perspectiva, habrá quien diga que una clase política de altura hubiera redactado una Ley de leyes de mejor calidad y más apropiada para evitar futuros conflictos, y no le faltará razón.

En momentos en los que se supone que la autonomía catalana está tutelada por las instancias centrales del Estado con el fin de recuperar la normalidad institucional y la legalidad pisoteadas por el putsch separatista, TV3 sigue escupiendo diariamente su sectaria bazofia, la ANC y el Omnium campan por sus respetos y en las aulas no cesa la manipulación de la infancia y la juventud al servicio de la destrucción de la Nación. Sin embargo, la mayor preocupación de Rajoy es que el encarcelamiento de los golpistas no encone la agitación callejera. Como ha sucedido invariablemente a lo largo de las últimas cuatro décadas, los dos grandes partidos nacionales se encuentran a la defensiva y la iniciativa continúa del lado independentista.

Mientras escribo estas líneas piquetes violentos están cortando el tráfico en las carreteras y vías férreas de Cataluña impidiendo a millones de ciudadanos acudir a su trabajo y provocando enormes pérdidas económicas que nos empobrecen a todos. Si el Gobierno central mediante el artículo 155 de la Constitución tiene hasta las elecciones del 21 de Diciembre el mando de los Mossos y hay además once mil policías nacionales y guardias civiles desplegados en esa Comunidad, ¿por qué no actúan con la necesaria contundencia para garantizar las libertades democráticas frente a un reducido grupo de energúmenos? ¿Qué teme Mariano Rajoy? ¿Qué hace que su mano vacile y sus rodillas tiemblen? ¿Qué influencia misteriosa le obliga siempre a la pasividad o a actuar tarde o a medias?

Una nación que no se respeta a sí misma, no será respetada ni dentro ni fuera de sus fronteras. Si nuestros enemigos internos y externos advierten que España ha perdido la seguridad en sí misma y que los encargados de preservar su integridad y su soberanía no poseen la convicción y el coraje necesarios para cumplir con su deber, caerán sobre nosotros como fieras hambrientas. Y aquellos que por su cobardía y su desidia la hayan abandonado a sus garras, cargarán con el eterno oprobio que merecen los traidores.

Presos políticos en las carreteras
Daniel Rodríguez Herrera Libertad Digital 9 Noviembre 2017

Este miércoles miles y miles de ciudadanos se vieron presos dentro de sus vehículos por causas políticas porque los independentistas, esos que no se quitan de la boca la palabra llibertat, decidieron que su libertad no importaba violarla. Piquetes de vagos que atentan contra el derecho a trabajar y desplazarse de los demás porque jamás les ha importado la libertad, o no serían independentistas. No, lo que les importa son sus objetivos políticos, y por eso han mantenido presos en carreteras, trenes y estaciones a miles de ciudadanos inocentes cuyo único delito es creerse que viven en un sitio normal, donde las cosas funcionan y si cuatro niñatos malcriados intentan cortar una carretera la policía se lo impide. A hostias, si hace falta, y está claro que a éstos les hace falta.

Porque uno mira las fotos y cuesta encontrar a alguien con pinta de estar haciendo huelga de verdad, de esas en las que no te pagan el sueldo del día. No arriesgaban absolutamente nada por condenar a miles de personas a horas detrás del volante, dentro de unos trenes que no pueden entrar en las estaciones. Los mossos no sólo no les han tocado un pelo, sino que los han defendido de la justa ira de aquellos a los que mantenían presos ilegalmente. Esta actitud policial, unida a la falta de dimisiones en el Gobierno o a destituciones en la cúpula de la banda armada al servicio del separatismo, nos demuestra que Soraya y Zoido han preferido que no haya fotos de policías haciendo su trabajo que garantizar los derechos y las libertades de los ciudadanos. Para esto podrían haberse metido el 155 por donde rima.

Huelga decir que un sabotaje de infraestructuras básicas como éste debería estar penado y que las condenas deberían superar los dos años para garantizar que haya ingresos en prisión. Y aunque tengo la sospecha de que una mayoría de los ciudadanos estaría de acuerdo conmigo, una propuesta así me colocaría fuera del espectro parlamentario. Porque hay cosas que en España parece que no se pueden decir, como que ninguna huelga debería conculcar el derecho a trabajar de quienes no la siguen o que ninguna causa debería violar la libertad de moverse por la vía pública de quienes necesitan desplazarse. O que ningún empresario debería quedarse sin trabajadores porque éstos decidan no acudir a sus puestos para reivindicar alguna causa completamente ajena a su situación laboral.

Porque es normal que quienes atienden la convocatoria de huelga del asesino de Viola y Bultó no tengan en especial consideración los derechos de los demás. Lo que no es normal es que quienes tienen encomendada la tarea de asegurar los derechos de todos se nieguen desde hace décadas a elaborar una ley de huelga que impida los abusos a los que nos vemos sometidos los españoles cada vez que a algún sindicato se le antoja. O que, después de haberse hecho cargo de la seguridad en Cataluña, el Gobierno que preside Mariano Rajoy haya mostrado su total disposición a no hacer nada, como por otra parte es habitual en él.

Todos deberíamos tener derecho a manifestar nuestras ideas políticas. Y todos deberíamos tener derecho a poder seguir con nuestras vidas sin que nos lo impidan quienes se creen por encima de nosotros. El supremacismo catalán ha vuelto a demostrar este miércoles lo poco que le importa esa libertad que han tomado como bandera. Maldito sea, y malditos quienes se lo permiten.

El mito del 155 y el poder de los CDR
Los piquetes colapsan al Gobierno. Nueva lección de proporcionalidad de los Mossos con Zoido al mando. La energía consumida del probo Puigserver. Gran fichaje del PSC
Pablo Planas cronicaglobal 9 Noviembre 2017

Cataluña 2017. Bandas de zombis que se hacen llamar comités de defensa de la república, en adelante CDR, campan a sus anchas y cortan las carreteras que les apetece o asaltan las estaciones de trenes porque pueden. Los Mossos d'Esquadra bajo mandato del ministerio del Interior se entregan a un ejercicio de proporcionalidad consistente en velar porque la ira de los conductores o de los viajeros no alcance a los pelotudos piqueteros que toman chocolatito caliente.

En los CDR está lo mejor de cada barrio, jubiletas de los que se cuelan en la cola de la panadería, abuelitas fumapetas que traen magdalenas de marihuana, los nerviositos de Arran y los universitarios por la república de las pellas. La calle es suya. Hacen lo que quieren y cuando quieren. No tienen por. Ahora ya sabe la sociedad catalana qué sienten los Jordis y los consiglieri.

El 155 es un mito. El Gobierno se consuela con la posibilidad de que muchos ciudadanos cambien de voto al comprobar que una panda de niñatos con banderas estrelladas les puede cerrar el paso mientras unos mossos miran para otro lado o cruzan sus furgonetas en la carretera. Los paracaidistas de Madrid están de pega y se la han pegado al probo funcionario Puigserver. Había que ver a ese Zoido diciendo en el Congreso que no pasaba nada cuando media Cataluña estaba sumida en el caos viario y miles de personas cerraban la estación del Ave en Girona. O al antedicho Puigserver diciendo que el consumo de energía iba fenomenal. Una cosa de no creer la energía consumida.

Perfecto. Un día cualquiera en Texas. Los CDR son el ejército catalán. Con el tiempo recibirán la Creu de Sant Jordi o serán propuestos para el nobel de la paz. Que asco.

La huelga, según los medios soberanistas, ha sido un canto a la coordinación de los CDR, un homenaje a los presos, el despertar de la república y el coño de la Bernarda todo junto. El colmo del civismo, pero al tiempo un aviso muy serio al Estado malayo. Así se refiere en la glosa de José Antich en El Nacional: "La nova jornada d'aturada de país ha demostrat sobretot una cosa: que la protesta a Catalunya continua viva i que la repressió de l'Estat no tornarà la normalitat que tant anhela Madrid. Els contraris a l'aturada podran acollir-se a algunes dades estadístiques per infravalorar el resultat. Però s'equivocaran. La protesta va triomfar en les dues coses que perseguia: mantenir actiu al carrer el rebuig de la repressió institucional que ha desmantellat la Generalitat i fer evident davant de la comunitat internacional que el diàleg continua sent necessari i que la via judicial no és la solució al problema català".

Tema en el Supremo. Carme Forcadell se juega la cárcel. O no. José Antonio Hernández firma la previa en El País: "La Fiscalía General del Estado “reconsiderará” la situación penitenciaria del exvicepresidente Oriol Junqueras y de los otros siete ex consellers de la Generalitat encarcelados si manifiestan claramente su voluntad de acatar la Constitución y buscar sus objetivos políticos dentro de los cauces legales, según han informado a El País fuentes de la institución. La posición que mantendrá la Fiscalía sobre el futuro de la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, citada por el Tribunal Supremo junto a los cinco miembros de la mesa de la Cámara catalana, “dependerá de lo que declare” este jueves ante el magistrado del Supremo que instruye su causa. Según estas fuentes, si Forcadell responde a las preguntas que se le formulen y acepta acatar la Carta Magna sin titubeos, el ministerio público se plantearía sustituir una petición de prisión provisional por otra medida menos gravosa, como cárcel eludible bajo fianza. "Pero dependerá de lo que declare", insisten los citados medios".

Puchimón no se apea del burro y va a montar una "lista de país" sí o sí por la vía de la agrupación de electores. Está desatado y cuenta con el apoyo de doscientos tíos de la vara. Refiere Xabi Barrena en un texto en El Periódico el entierro del Pdecat: "El fracaso de las negociaciones para crear una lista única independentista que concurra a los comicios del 21-D no satisfizo al inductor de la idea, el propio president cesado, Carles Puigdemont. El martes, a poco de vencer el plazo de inscripción de coaliciones y horas después de contar con el apoyo de 200 alcaldes catalanes desplazados a Bruselas, la mayor parte de ellos de su propio partido, el PDECat, Puigdemont, según ha podido saber este diario, comunicó a la coordinadora de su formación, Marta Pascal, que él no quería ser candidato de partido, en este caso el PDECat, sino de algo mucho más amplio, que es lo que, según él, demanda mucha gente en Catalunya. (...) Las dos plataformas que recogen firmas digitales a favor del frente unitario (llistaunitaria.cat y respublica.cat) buscarán a partir del jueves reunir 55.000 firmas físicas que permitan, vía agrupación de electores, componer una lista de personalidades que incluyan a los miembros del Govern perseguidos o en la cárcel, y a 'los Jordis'. El apoyo de las entidades parece garantizado, a priori".

Gran fichaje del PSC. Ramon Espadaler, el consejero de Interior del Govern del 9-N será el número tres de la candidatura encabezada por Miquel Iceta. Agua al vino de la línea Borrell. La dirección socialista puede llegar a plantearse hasta presentar a Santi Vila por Girona. Lo que está descartado es que se cuente con Paco Frutos. A buen seguro que Ciudadanos y el PP también aportarán dosis de nombres sorpresa. Fernández Teixidó está en todas las quinielas. Se buscan nacionalistas moderados, si es que tal especie existe. La CEOE acaba de colocar a Duran Lleida.

Ojo al "profesor" Font (e-noticies), el sindicalero de la Ustec que representa al colectivo de los maestros de Cataluña. En manos así están los niños y adolescentes de la escola en català per un país de tots. Viva Palestina free y visca, visca, visca la república de Gabriela Serra. A que mola. ¿Si o no?

Raúl del Pozo confía en que las andanzas de los CDR se vuelvan contra el separatismo: "En estas semanas hemos comprobado como la rebelión nacionalista ha degenerado en el discurso del odio y ha estallado en las trincheras de las redes sociales. Los agitadores están envenenando la convivencia. Hoy mismo la huelga reaccionaria ha sido descrita al segundo en Twitter. Quizás haya despertado de la hipnosis a los ciudadanos catalanes que aún crean que el nacionalismo es democracia y no imposición, adoctrinamiento, opresión. Estos energúmenos intentan llevar su putsch hasta el final, aunque se hunda Cataluña o España o el mundo entero. Hemos seguido a través de la Red las invasiones del AVE, los piquetes, las soflamas, las coacciones. Algún tuitero nos recuerda que el que ha convocado la huelga es el mismo "hijo de puta", el asesino que mató a un empresario atándole un explosivo al pecho".

También se acuerdan las familias de Bultó, Viola y su esposa, Montserrat Tarragona.
9 de noviembre, santoral: Nuestra Señora de la Almudena, Orestes y santa Sopatra.

Un Gobierno mínimo y residual
Pablo Planas Libertad Digital 9 Noviembre 2017

La huelga general convocada por el minúsculo sindicato del exterrorista Carles Sastre ha sido un fracaso, pero del Gobierno. Los piquetes han campado a sus anchas y han cortado las carreteras y vías férreas que han querido en medio de un vergonzoso despliegue de los Mossos destinado a proteger a los miembros de los infaustos Comités de Defensa de la República (CDR) de las iras de los conductores atrapados en atascos kilométricos.

El seguimiento habrá sido escaso, pero no así la incidencia en la movilidad de millones de personas, sometidas al dictado de los piquetes separatistas y abandonadas por un Gobierno al que le parece que asaltar las estaciones del AVE de Gerona y Barcelona y cortar el tráfico ferroviario es un incidente menor que no reviste la más mínima gravedad.

Es cierto que ya no va de un corte de líneas férreas o carreteras. Veinte personas son suficientes para sembrar el caos en la Diagonal de Barcelona. En cuestión de segundos una patrulla de la Guardia Urbana desvía el tráfico y un par de furgonetas cruzadas de los Mossos hacen el resto. No es que pase a todas horas, pero no es nada extraordinario que el CDR del barrio paralice el tráfico para dirigirse a la manifestación de turno en la Plaza de San Jaime en revolucionario desfile, con banderas al viento y escolta policial. "Las calles serán siempre nuestras", gritan. Y es verdad.

Con el régimen del 155 las cosas siguen peor que antes, porque ahora es el Gobierno quien incumple las leyes en Cataluña, quien permite que los piquetes informativos impidan moverse libremente a los ciudadanos, quien ha renunciado a evitar que los niños sean obscenamente adoctrinados y que en los medios públicos catalanes se agudice la manipulación mientras se celebra el "éxito" de la huelga.

¿Huelga? El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) avaló la convocatoria del exterrorista Sastre, pero en Cataluña no se ha llevado a cabo una huelga general sino un boicot violento contra el derecho a la libre circulación amparado por la sala de lo Social de la antedicha y acongojada instancia judicial y protegido por el Ministerio del Interior. El funcionario que salió en la Delegación del Gobierno en Cataluña a decir que la huelga tenía un seguimiento "mínimo y residual" describió, en realidad, al Estado en Cataluña y la nulidad de un 155 que de tan escrupuloso y acomplejado se ha convertido en cómplice de la República.

Un elefante de papel
Óscar Elía Mañú gaceta.es 9 Noviembre 2017

Conforme pasan las semanas, la crisis catalana va mostrando su verdadera dimensión, y lo hace con no pocas sorpresas y no pocos acontecimientos chuscos y lamentables.

A nivel político, el espectáculo oscila entre lo patético y lo cómico, con los dirigentes nacionalistas redactando documentos como trileros, combinando las bravuconadas con el victimismo, las huidas a escondidas con las llamadas al heroísmo. Ni un solo dirigente nacionalista ha mostrado al menos coherencia, fortaleza, sacrificio. Los dirigentes del PdCat, de ERC o de las CUP demuestran que la pétrea imagen del nacionalismo esconde las carencias políticas, ideológicas y morales de sus dirigentes. Basta usualmente un mínimo de resistencia a sus exigencias, para que la descomposición se adueñe de sus filas.

A nivel institucional, el entramado nacionalista puesto en marcha durante años por los políticos secesionistas, mostrado año tras año en las diadas independentistas, ha resultado insuficiente. Ni tras el referéndum, ni tras la astrosa DUI, ni tras la aplicación del 155 ha sido el movimiento nacionalista capaz de proporcionar el apocalíptico escenario con el que amenazaban a Madrid. Más aún, si este triste asunto ha movilizado a alguien, ha sido a los movimientos cívicos españolistas y democráticos que han arrebatado el control de la calle al nacionalismo: el estupor de Òmnium cultural y de la ANC ante esta revuelta es muestra de su debilidad.

Por fin, a nivel social, el desarrollo de la crisis catalana ha puesto de manifiesto la existencia de una abrumadora mayoría no nacionalista pasiva, que tan pronto como se ha asomado a la calle ha cortado de raíz las esperanzas secesionistas. Sin el esfuerzo organizador nacionalista, con una asombrosa facilidad y espontaneidad, las manifestaciones constitucionalistas salen periódicamente a la calle, barriendo las pretensiones nacionalistas. Uno y otros han descubierto lo obvio: que quienes están dispuestos a luchar por la independencia catalana, aceptando los costes y los sacrificios necesarios para fundar una nación, son una minoría marginal, mal cohesionada y con escasa fortaleza moral.

La huelga general del día 8 de noviembre muestra con asombrosa claridad este carácter agresivo y minoritario del nacionalismo catalán: unos centenares, a lo sumo un puñado de miles de secesionistas ocupando centros de transporte; unos centenares de estudiantes espoleados por sus profesores ocupando con botellones las calles y plazas; y una afluencia masiva de periodistas dispuestos a captar la violencia televisada que proporciona share y materia para las tertulias. Eso es todo.

El nacionalismo catalán es un elefante de papel: era pretendidamente grande, pesado y amenazador, pero ha resultado débil, dubitativo y huidizo. A las primeras de cambio, con un par de manifestaciones, una docena de detenciones y un discurso real se ha sumido en las dudas y las vacilaciones, cuando no en la huida y aún en la traición entre los suyos. Pocas veces la historia da la oportunidad de asestar al enemigo el golpe definitivo que lo deje definitivamente fuera de combate durante años.

Sin embargo, el Gobierno de Rajoy se mantiene en la ficción de la fortaleza nacionalista y actúa como si ésta siguiese siendo inVencible. Por un lado continúa buscando un nuevo Pujol que permita seguir mercadeando mayorías y alcanzando los mismos acuerdos que han permitido al nacionalismo lanzar la ofensiva final del 1 de octubre. La obsesión de Rajoy por buscar nacionalistas para volver “a la legalidad” choca con la cuestión evidente de que, justo desde esa legalidad, se ha llegado al punto de ruptura de 2017, pero eso no impide la búsqueda de un acuerdo al precio que sea. Se constata con cierta facilidad, que la más de las veces el Gobierno tiene más miedo a los golpistas que los golpistas al Gobierno.

También ve fortaleza donde no la hay, en el entramado antidemocrático que desde medios de comunicación a televisiones, asociaciones “culturales” y organizaciones de todo tipo parasitan la economía y la vida social catalana. La aplicación del 155 se caracteriza por dos aspectos: por ser limitado en su extensión, y por ser extremadamente breve en su duración. Se ha reducido a las áreas institucionales mínimas necesarias para la convocatoria de elecciones el 21D y sólo hasta el 21D, con la esperanza de que las cuentas sean entonces propicias para el constitucionalismo. A tal fin, Rajoy ha evitado intervenir todo aquello que no sea estrictamente necesario para la cita electoral, y ha obviado en todo caso pensar en el 22D.

No sabemos que pasará el 21D, si el resultado llevará la derrota nacionalista o a un nuevo impulso secesionista, en el caso de que éste obtenga la mayoría necesaria. La apuesta es suicida, sumamente imprudente en la medida en que no es la Generalitat, ni siquiera el gobierno del marianosorayismo lo que está en juego en las urnas, sino el inicio de la desmembración política de España. Rajoy ha ligado la unidad nacional al resultado de unas elecciones autonómicas, de resultado más que incierto puesto que la suma de escaños es, en todo caso, una incógnita sin certeza posible.

Pero sí que tenemos ya una certeza para el 22 de diciembre: ese entramado nacionalista que ha desembocado en esta crisis permanece intacto, emboscado en las instituciones y organismos públicos catalanes, a la espera en todo caso de la siguiente oportunidad. Las circunstancias de este otoño han mostrado que el elefante nacionalista carece de la fortaleza necesaria, y sus errores invitaban a cualquier gobernante a perseguirlo y abatirlo definitivamente en vez de afeitarle los colmillos.

Pero el tándem Rajoy-Soraya se muestra insensible o impotente para afrontar una tarea ardua y difícil. Más que desmantelar este movimiento, construido con paciencia durante las dos últimas décadas, Moncloa se siente más cómoda centrándose en la legalidad de la convocatoria del referéndu, o la legalidad de la declaración o no de la DUI. Pero la ruptura de la ley que tan histérico pone a nuestro Gobierno se ha gestado ilegalmente ante la legalidad de las últimas décadas. Rajoy y Saénz de Santamaría prefieren actuar a corto plazo y de manera superficial, actuando sobre el obstáculo inmediato y evitando afrontar sus verdaderas causas.

La Fiscalía de Menores tiene que actuar ya
OKDIARIO 9 Noviembre 2017

La huelga fallida que han organizado los golpistas ha dejado una imagen por encima de cualquier otra: cinco bebés sobre el asfalto de la autopista c-32 a la altura de Mataró (Barcelona) han acompañado un cartel que pedía la liberación de Jordi Sánchez y Jordi Cuixart, líderes encarcelados de la Asamblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium, respectivamente. Máximos responsables de la trama civil que ha promovido el golpe de Estado independentista. La Fiscalía de Menores tiene que actuar inmediatamente ante esta abyecta utilización. Desde el punto de vista ético y moral, resulta repugnante usar a menores de edad para cualquier tipo de reivindicación política, más aún si ésta se fundamenta sobre la más absoluta ilegalidad. Además, la presencia de personas de tan corta edad en estas movilizaciones —una huelga con piquetes violentos— supone un riesgo más que evidente para la integridad física de las mismas.

Por todo ello, la intervención de la Justicia se hace imprescindible y urgente. A pesar de que se han convertido en los grandes protagonistas de la jornada, estos cinco menores no han sido los únicos que han participado en la huelga de Cataluña. Cerca de Andorra, otro grupo de niños ha pintado varios murales secesionistas para que así los mayores de edad se vean desprovistos de cualquier responsabilidad legal. Ante el constante uso de los niños por parte de los golpistas, la Fiscalía de Menores ya hizo responsable al Govern de cualquier cosa que pudiera sucederles durante las manifestaciones que tuvieron lugar antes, durante y después del referéndum ilegal del pasado 1 de octubre. Sin embargo, la foto de este miércoles ha sido demasiado.

Debe ser, por tanto, el resorte definitivo para que la Fiscalía investigue y averigüe quiénes son los responsables de semejante dislate. Está en juego la dignidad de esos niños, nuestra imagen como país y la credibilidad de nuestras instituciones. La utilización de menores con fines propagandísticos emparenta a los independentistas catalanes con algunos de los peores regímenes del siglo XX. Los define como irresponsables, cobardes e inconscientes. Nada que no supiéramos, por otra parte, dado su comportamiento general, pero llegar al punto de utilizar niños que a duras penas se mantienen de pie resulta siniestro. Una sociedad adoctrinada es una sociedad enferma y manipulable. Los golpistas lo saben y por eso tratan de moldear a los catalanes desde la cuna. Ante esta sinrazón, ley, ley y más ley.

TV3 se expande a la Comunidad Valenciana: À
Cristina Seguí okdiario 9 Noviembre 2017

Pocas formas más diligentes de propagar el odio y la patraña que grabarlos en la mente lúdicamente. Con sutileza o con grandilocuencia. Esta ha sido la tarea principal de TV3, Cataluña Radio y el resto de los medios sostenidos con dinero público y enraizados en Cataluña y la Comunidad Valenciana sobre todo desde la última década: servir la violencia mediática en el salón con los peanuts y la birra. La función de los medios públicos catalanes es la de convertir la democracia de Otegi y del asesino de Bultó en acervo cultural, comunitario y genético que debe meterse hasta dentro del moisés de la niña para la constitución de la nueva República. Pero TV3 no es un instrumento de propaganda exclusivamente. TV3 es un poder que recluta a niños y adolescentes para la revolución contra el Estado opresor mientras deambula por la fina línea de la violencia infantil con la obscenidad de un pedófilo cuando habla a los más pequeños de “presos políticos”. Y los encargados del cometido son plantel de nacionalistas que pasan por caja como tertulianos o presentadores de exterroristas mientras el sector mediático encarece las condiciones de trabajo de periodistas honrados.

TV3 es la estrella de todo ese emporio de extorsión en el que se incluyen medios comprados por el poder para repetir las consignas procesistas de la Generalidad a cambio de más dinero, pero en el kit de recreo de la nueva raza catalana entran muchas más de siete televisiones, seis radios y más de 88 medios digitales absolutamente deficitarios que, además de premiar a sus correligionarios, han dilapidado en el proceso rupturista más de 311 millones de euros a costa del dinero de la clase trabajadora víctima de inspecciones de trabajo a la que le han levantado actas por pasarse un solo euro del salario mínimo interprofesional. Y los nuevos ricos de las rotativas de TV3, Cataluña Radio y el Grupo Godó que resistían a las consignas separatistas dejaron de ser periodistas el día en que decidieron convertirse en los pistoleros mediáticos de Puigdemont. El día que decidieron mancillar su profesión con todo tipo de engaños y mentiras a los medios españoles y extranjeros en 1-O y el 10-O.

Este es el entramado de extorsión que el PSOE de Sánchez y el PSC de Iceta se negaron a intervenir como condición sine qua non para apoyar el artículo 155 del Gobierno de la nación sobre Cataluña. ¿Pero cómo iba el PSOE a apoyar la intervención de TV3 si en la Comunidad Valenciana está abriendo su apéndice para dar cobertura eficaz a su objetivo supremo por encima de la consecución de la independencia, los països catalans? En pleno proceso asimilacionista catalán la nueva televisión pública valenciana catapultada por Chimo Puig, presidente de la Comunidad Valenciana desde 2015 gracias a los votos de Compromís, forma parte del levantamiento de las nuevas estructuras del Estado propio catalán cuando el Gobierno nacional acaba de darse cuenta de que el Leviatán propagandístico del separatismo es justo el monstruo que más peligroso e indemne de su intervención en Cataluña. La inyección económica de esta nueva televisión pública procede de Acció Cultural del País Valenciano, la sede de la ANC en Valencia a la que Puig dotó de 60.000 euros, sólo en 2016, y cuyo proceso lleva la agencia de medios del hermano y el hijo del propio presidente de la Generalidad Valenciana.

Su nombre será À Punt en honor al eslogan del independentismo catalán en las últimas Diadas. Incluso la grafía ‘À’ coincide con un logotipo empleado en la “Nueva Vía” catalana, y su directora, Empar Marco fue elegida en un proceso absolutamente irregular por ser una agente política proveniente de TV3 y azote profesional de las burlas prodigadas contra la ex alcaldesa de Valencia Barberá. À Punt es ya la nueva TV3 al servicio de la ruptura nacional y los valencianos lo denunciaremos todos los días mientras alguien o algo más lo remedie.

Justo en el momento en el que le llueven a la Generalitat las denuncias de padres de alumnos sobre el adoctrinamiento en las escuelas
El PSOE apoya la inmersión lingüística y la 'persecución del castellano en Cataluña
Periodista Digital 9 Noviembre 2017

El Grupo Socialista en el Congreso de los Diputados apoyó este 7 de noviembre el punto primero de la moción que ERC presentó en el Pleno de la Cámara Baja, con el objetivo de defender «el modelo de la escuela catalana».

Justo en el momento en el que le llueven a la Generalitat las denuncias de padres de alumnos sobre el adoctrinamiento en las escuelas, los socialistas salieron en defensa de este modelo de inmersión tan cuestionado.

Los socialistas apoyaron que «el Congreso de los Diputados manifieste su apoyo al modelo de Escuela Catalana y a la inmersión lingüística, que tantos buenos resultados ha dado para la cohesión social en Cataluña».

Este punto recibió el apoyo de 176 diputados, frente a los 165 que votaron en contra y ninguna abstención. PP y Ciudadanos votaron en contra. Igualmente, los socialistas unieron sus votos a los nacionalistas catalanes para que «el Congreso de los Diputados repruebe al ministro de Asuntos Exteriores, Alfonso Dastis», por mentir pública y deliberadamente acerca de la enseñanza del castellano en la escuela pública catalana».

Se referían a las declaraciones del ministro en una entrevista en la televisión francesa, en la que afirmó que «no se enseñaba castellano en las escuelas de Catalunya».

ERC señaló que estas declaraciones son "desafortunadas" al acusar al sistema de educación catalán de "incitar el odio hacia España, marginar el castellano y de ser adoctrinador".

«Unas declaraciones que tienen el punto culminante en la entrevista ofrecida por el ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación, Alfonso Dastis, a la televisión francesa en la que afirmó que no se enseñaba castellano en las escuelas de Cataluña».

El diputado de esta formación que defendió la propuesta, Joan Olòriz, manruvo que el titular de Exteriores mintió a la opinión pública internacional durante la citada entrevista y no rectificó.

Durante su intervención, Olòriz incidió en que la escuela catalana ha sido en los últimos 30 años "una herramienta fundamental" para la cohesión social y la igualdad de oportunidades, con unos maestros que han ejercido la docencia con "pasión y vocación".

Desde el PP, Sandra Moneo dijo a ERC que no puede hablar de consenso y convivencia lingüística porque "solo existe en su imaginario" y subrayó que Dastis no mintió sino que trasmitió "la realidad de cientos de familias" que defienden su derecho a educar a sus hijos en castellano.

«Ustedes han pisoteado el derecho de los alumnos a recibir la educación en castellano».

Por su parte, el socialista Manuel Cruz opinó que la moción que se ha debatido "no tiene que ver" con la escuela catalana, ni con la inmersión lingüística, sino con "obtener rédito político", aunque finalmente su grupo pidió también la reprobación de Dastis.

«No han venido a hablar de educación, sino de su libro, o mejor, de su libreto político», destacó Cruz, que sí ha tachado de «desafortunadas» las declaraciones de Dastis.

El parlamentario de Ciudadanos Antonio Roldán hizo referencia a "cientos de denuncias" que se presentaron en las últimas semanas en Cataluña contra la "manipulación política que ha hecho el nacionalismo en las aulas".

La moción también contó con el apoyo de Unidos Podemos a través de su diputado Joan Mena, quien defendió que en Cataluña no hay "ningún conflicto lingüístico" y ha pedido al Ejecutivo que "respete la lengua catalana".

"La dignidad de Cataluña está en el aula de cualquier escuela pública de mi país".
El PNV, aunque se ha abstenido en la reprobación, respaldó el primer punto en defensa de la escuela catalana, al opinar que es un modelo educativo de éxito, en palabras del diputado Joseba Agirretxea.

Por su arte, Jordi Xuclà, del PDeCAT, exigió al Gobierno que no "toque" uno de los "tesoros" de la cohesión y convivencia en Cataluña.

Adoctrinamiento a niños en un colegio de Cataluña: “Hay que destrozar al enemigo español”

La Generalitat gratificó a sus alcaldes con 4 millones y medio de euros para “dignificar” su trabajo
Luz Sela okdiario 9 Noviembre 2017

La Generalitat de Cataluña disponía de una partida de 4.500.000 euros en los Presupuestos de 2017, destinada a “dignificar” a los alcaldes y cargos municipales.

La convocatoria se recoge en la resolución GAH/695/2017 de 28 de marzo del departamento de Gobernación, Administraciones Públicas y Vivienda, cuya titular entonces era Meritxell Borràs, ahora en prisión junto a Oriol Junqueras y otros exconsellers por presuntos delitos de sedición, rebelión y malversación de caudales públicos.

El mencionado decreto regula las condiciones para acceder a la “compensación económica”, reservada a los ayuntamientos con una población inferior a 2.000 habitantes y cuya finalidad es “dar apoyo a los alcaldes y alcaldesas del ‘país’, dignificar la profesionalización de los cargos electos locales y fomentar el acceso a la actividad política”.

El único criterio para establecer las cuantías -a cargo de los Presupuestos autonómicos- es la población del municipio, siendo de 10.339,44 euros para los alcaldes de municipios de menos de 100 habitantes (lo que equivale a un ‘plus’ de 861,62 euros al mes), de 12.398,76 euros para los de menos de 500 habitantes (1.033,23 euros al mes) y de 17.505,72 euros para los restantes (1.458,81 euros mensuales).

Es decir, no se ponen límites al sueldo máximo que pueda cobrar el alcalde y que, según la Ley de Reforma Local del Gobierno, de 2015, sería de 40.000 euros para las poblaciones de entre 1.000 y 5.000 habitantes.

Para acceder a las compensaciones, sus posibles beneficiarios deberían certificar la situación económica del Consistorio, estar al pago de sus obligaciones tributarias y firmar una serie de ‘declaraciones responsables’, como erradicación de violencia machista, integración de discapacitados y cumplimiento de la normativa de política lingüística. Además, los cargos electos de los municipios con una población inferior a 1.000 habitantes no podrían tener “una dedicación superior al 75 por ciento”.

Esta vía de retribuciones a alcaldes se añade a las elevadas subvenciones que la Generalitat ha venido concediendo en los últimos años a las asociaciones representativas de la administración local, como la Asociación Catalana de Municipios y Comarcas (ACM), que en este ejercicio recibió 300.000 euros para “impulsar actividades de colaboración, formación y asistencia de la asociación en relación con los entes locales”.

La ACM junto a la Asociación de Municipios por la Independencia (AMI), se han convertido en dos de los principales ‘brazos’ de los dirigentes independentistas a lo largo del procés.

Ambas asociaciones han organizado numerosas acciones reivindicativas en favor del referéndum ilegal y la República catalana. La más reciente, este mismo martes, el viaje de 200 alcaldes a Bruselas para reclamar “libertadpara los presos políticos” y apoyar a Carles Puigdemont y los exconsellers.

Los sueldos en una de las asociaciones de alcaldes catalanes: más que Rajoy y 240 euros por reunión
Luz Sela okdiario 9 Noviembre 2017

La Asociación Catalana de Municipios (ACM), uno de los ‘brazos’ del Govern destituido para difundir sus tesis secesionistas entre los alcaldes, paga a los miembros de su dirección dietas y sueldos ‘de lujo’, superiores incluso a los del presidente del Gobierno.

Así, por ejemplo, cada uno de los 42 miembros del Comité Ejecutivo -entre ellos, la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau- se beneficia de 240 euros en concepto de “indemnización por asistencia” a las reuniones. Esa cuantía, se explica, la recibirán no solo quien forme parte de este órgano de dirección, sino también “quien sea invitado”.

Además, y según figura en su ‘tabla de retribuciones’, el secretario general, Marc Pifarré, cobra un sueldo de 97.300 euros anuales, en 14 pagas, al que se añade un plus por “objetivos” que puede a los 8.000 euros. Mariano Rajoy cobrará este año 79.756 euros tras aprobarse un incremento del 1% respecto al ejercicio anterior.

Ingeniero de profesión, Pifarré siempre ha estado vinculado al PDeCAT, anteriormente CDC. Se inició desde su juventud en la militancia del partido y, entre otros, fue miembro de la Juventud Nacionalista de Cataluña y concejal del distrito del Eixample en el Ayuntamiento de Barcelona de 2003 a 2011.

Por su parte, el presidente de la asociación, Miquel Buch -que también es alcalde de Premiá de Mar (Barcelona)- recibe 48.300 euros por su dedicación a tiempo ‘parcial’.

Buch mantiene una relación muy cercana con el expresident, Carles Puigdemont, y ha liderado el ‘cierre de filas’ de los alcaldes independentistas con el procés, encabezando iniciativas como la recepción en el mismo Palau a los regidores investigados por firmar decretos de apoyo al referéndum. O la más reciente, este mismo martes, cuando 200 alcaldes se desplazaron a Bruselas para participar en un acto de apoyo al gobierno cesado y por la liberación de los exdirigentes encarcelados y por el que Buch tendrá que rendir cuentas en su Consistorio, a petición del grupo municipal de C’s. El viaje fue promovido por la ACM, junto con la Asociación de Municipios por la Independencia (AMI).

Su respaldo a la causa separatista le ha valido una querella de la Fiscalía Superior de Cataluña-también contra la presidenta de la AMI, Neus Lloveras- por presunta desobediencia, malversación y prevaricación al haber realizado”actos inequívocos de promoción y organización” del referéndum ilegal pese a los pronunciamientos del Tribunal Constitucional y de la advertencias de su deber de impedir la promoción del referéndum.

Pese a ello, la asociación no cesó en sus acciones a favor de la independencia promoviendo distintas mociones para su aprobación en los Plenos municipales. La última , de 22 de octubre, insta a los Consistorios a “manifestar el apoyo al Gobierno de Cataluña y el Parlamento para hacer efectivo el mandato popular del pasado 1 de Octubre”, “condenar la violación de derechos fundamentales en Cataluña a través de las medidas represivas aplicadas por el Estado español contra la población y las instituciones catalanas” e “instar al Gobierno español y los partidos que lo apoyan a detener la suspensión de la autonomía de Cataluña que ya están llevando a cabo y que quieren remachar con la aplicación del artículo 155 de la Constitución Española”.

Más de 3 millones de ingresos
Las cuentas de la asociación revelan una saneada situación económica, con cifras destacadas. En su última auditoría, correspondiente a 2016, se declaran unos ingresos de 4.782.839 euros, de los cuales 1.810.907 corresponden a cuotas de sus socios, 1.936.333 a “prestación de servicios”, 726.976 a “otros ingresos de explotación”, 45.155 a “ingresos financieros” y 263.466 a “ingresos extraordinarios”.

Los sueldos en una de las asociaciones de alcaldes catalanes: más que Rajoy y 240 euros por reunión
En el mismo ejercicio, los gastos ascendieron a 3.776.960 euros, con lo que la asociación registró un superávit de más de un millón de euros.
Los sueldos en una de las asociaciones de alcaldes catalanes: más que Rajoy y 240 euros por reunión

 


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