AGLI Recortes de Prensa   Domingo 12  Noviembre 2017

Economías sin margen de maniobra
Primo González republica 12 Noviembre 2017

Hay cada vez más inquietudes entre los expertos sobre lo que pueda suceder en la economía mundial cuando los dos principales bancos centrales del mundo (la Fed americana y el BCE europeo) retiren la inmensa liquidez que han ido inyectando en sus economías para superar la crisis iniciada en el año 2008. Parece que las inyecciones de liquidez, que sumando las de ambos bancos centrales rondan unos 4 billones de euros (es decir, cuatro veces el tamaño de la economía española), han jugado su papel de forma eficaz en bastantes aspectos, aunque no en todos. Nada es perfecto.

El principal reto pendiente, o uno de los mayores, es el hecho de que la mayor parte de las economías desarrolladas (la española es un caso típico) no ha logrado modificar los defectos de tipo estructural que han incubado a lo largo de estos últimos años, durante el proceso de depuración de los problemas acumulados desde el año 2008 en adelante. Dicho de otra forma, las economías, o muchas de ellas, han ido combatiendo la crisis mediante medidas que han estropeado los pilares económicos sin lograr regresar al punto de partida.

El principal punto de reflexión es el estado de las cuentas públicas, ya que en la actualidad los déficits de muchas de las economías desarrolladas se encuentran muy por encima de lo que mostraban hace nueve años. En el caso español, la diferencia es todo un ejemplo de cómo a lo largo de la crisis no se ha logrado corregir el desequilibrio fiscal del Estado sino que este se mantiene en cotas altamente preocupante, aunque en su evolución anual las cifras han mostrado una clara tendencia a la baja. Pero el volumen de deuda acumulada hoy es tres veces superior, en relación con el PIB, de lo que lo era hace nueve años.

Otro punto, sobre todo en lo que afecta a España, en el que no se ha avanzado lo suficiente, es la tasa de paro, ya que a diferencia de otros países, en donde el volumen relativo de desempleo ha descendido incluso por debajo del año 2008, en España se mantiene muy alto, más del doble de la tasa que teníamos en el año 2008. Bien es verdad que se está produciendo una disminución del nivel de desempleo, incluso bastante rápida, pero estamos muy lejos de lo que debería ser una situación adecuada.

Si los bancos centrales desmontan, como ya está empezando a hacer Estados Unidos, las medidas de apoyo monetario, la principal penuria a la que se enfrentarán las economías desarrolladas es la desaparición del margen de maniobra del que disponían para adoptar medidas de impulso. En estos años, estas medicinas de curación han sido empleadas a tope hasta el punto de que el arsenal se ha quedado casi vacío.

Asusta pensar lo que pueda suceder si en un plazo breve sobreviene otra crisis, menos aún si es de la envergadura de la que padecimos a partir del año 2008, ya que en esa tesitura los almacenes de reserva no podrían suministrar remedios por las sencilla razón de que se han agotado en estos últimos años y aún no han empezado a reponerse. El BCE ni siquiera ha dejado de consumir medicinas de su arsenal anterior aunque dice que lo dejará de hacer en breve plazo, para empezar a recargar sus baterías para hacer frente a una nueva oleada de crisis. Habrá que esperar que esta nueva inclemencia no se anticipe más de la cuenta y nos pille con los arsenales vacíos. Al día de la fecha, las existencias están prácticamente a cero.

El separatismo sigue gastando a espuertas
EDITORIAL Libertad Digital 12 Noviembre 2017

El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, anunció a bombo y platillo la intervención de las cuentas catalanas antes incluso de que se celebrara el referéndum ilegal del pasado 1 de octubre para garantizar que la citada consulta no sería financiada con dinero público, cosa que no consiguió, y, posteriormente, la Consejería de Economía y Hacienda quedó bajo el control directo del Gobierno central tras la activación del artículo 155. Sin embargo, de poco han valido tales medidas, a la vista de la comodidad financiera que sigue demostrando el movimiento separatista.

Aunque todavía se desconoce cómo se ha sufragado el surrealista viaje de los 200 alcaldes independentistas a Bruselas para arropar a Puigdemont, todo apunta a que las facturas correrán a cargo del sufrido contribuyente de una u otra forma, ya sea a cargo de los propios ayuntamientos o de la Asociación de Municipios por la Independencia. Esto ya es de por sí preocupante, puesto que se trata de un gasto impropio, cuya cuantía debería salir del bolsillo de los citados alcaldes, pero lo incomprensible es que Hacienda desconozca cómo se ha llevado a cabo dicho desembolso, puesto que, al fin y al cabo, tiene plena capacidad para controlar todas las finanzas públicas de la región.

Lo mismo sucede con el expresidente de la Generalidad. ¿Con qué dinero mantiene su estancia en Bruselas? Es de suponer que su cese ha conllevado la suspensión inmediata de su sueldo público, pero no se descarta que esté recibiendo algún tipo de apoyo económico por parte de la estructura independentista. Que el Gobierno también ignore este aspecto, a pesar de los ingentes recursos de los que dispone, resulta sorprendente e indignante a partes iguales.

Asimismo, las fianzas que han depositado Carme Forcadell y los otros cuatro miembros de la Mesa del Parlamento de Cataluña han sido abonados por la entidad separatista ANC, por valor de 150.000 euros en el primer caso y otros 25.000 por cabeza en el segundo. Este organismo, al igual que Ómnium y el resto de chiringuitos que han montado los separatistas en los últimos años, dependen única y exclusivamente de la ingente lluvia de subvenciones otorgadas por la Generalidad, y, puesto que ésta se mantiene a flote gracias al Fondo de Liquidez Autonómico (FLA), se da la paradoja de que son todos los españoles, y no los golpistas, quienes han desembolsado tales sumas para que salgan de la cárcel, lo cual resulta vergonzoso.

Y lo mismo se podría decir de TV3 y el resto de altavoces propagandísticos a cuenta del Gobierno regional, cuyas finanzas dependen directa o indirectamente del maná público, así como de la estructura paralela del independentismo, formada por entidades y empresas de todo tipo que funcionan a modo de redes clientelares y agencias de colocación para amigos y familiares. Resulta incomprensible que habiendo intervenido las cuentas de la Generalidad, Hacienda todavía no haya cortado de raíz todas estas partidas.

Una de dos: o bien el Gobierno, con Soraya Sáenz de Santamaría a la cabeza, está llevando a cabo una lamentable demostración de ineficacia e ineptitud a la hora de aplicar el 155 o bien carece de voluntad política para desarticular el gran entramado financiero del separatismo. Lo primero sería muy grave, pero lo segundo imperdonable.

La nueva hoja de ruta del Proceso
ARCADI ESPADA El Mundo 12 Noviembre 2017

Mi liberada:

La otra noche, para acabar el programa de debates que lleva en Televisión Española, Julio Somoano preguntó si veíamos alguna solución al Asunto. Naturalmente yo dije que sí, que el hombre acaba encontrando siempre soluciones y que en este caso las soluciones pasarían también por la cárcel. Es paradójico que la libertad condicional de Carme Forcadell y de varios integrantes de la Mesa del anterior parlamento pruebe que la cárcel es parte fundamental de la solución al asunto. Esta solución, debes recordarlo, no pasa por que de la noche a la mañana los xenófobos recobren alguna virtud moral, por que la malvada idea nacionalista deje de infectar el pensamiento y la conducta de demasiados catalanes y por que desaparezcan las perversas consecuencias políticas de todo ello. La política en Cataluña seguirá siendo una mala política, una política de calidad muy baja -solo hay que ver al lamentable Iceta preparando la reedición agravada de aquel tripartito donde empezó todo-, porque así sigue decidiéndolo un buen número de sus ciudadanos. Pero eso no es novedad: desde hace décadas los catalunyenses prefieren hacerse los problemáticos a cualquier otro aliciente convivencial. El meme es insistente ("la jeunesse passe, la connerie reste", decía el gran Wolinski asesinado) pero algún día se disolverá como todas las cosas de este mundo. Los españoles se han acostumbrado a vivir con los memos como los noruegos con su clima bajo cero, conscientes de que lo que no tiene solución deja de ser un problema. Sin embargo, el asalto al Estado democrático que desde hace cinco años empezaron a planear y a ejecutar los nacionalistas sí es un problema, sí tiene solución y, como dije, pasa por la cárcel.

El pasado jueves Forcadell y sus compañeros de timba pasaron muchas horas en el Tribunal Supremo, y la mayoría de ellas en vilo. La intimidad de esos momentos es casi inextricable. Y no es seguro que conviniera a la verdad exhibir sus resultados. Al fin y al cabo se trataba de tres mujeres y dos hombres que corrían grave peligro de ir a la cárcel y en cuya mano estaba el poder evitarlo. Un privilegio, este último, que no tuvieron otros que habrían desobedecido la ley aprovechándose igualmente de su condición de políticos, de políticos corruptos, y a los que se les dio cárcel preventiva por la razón infame y casi siempre subterránea de la alarma social, el eufemismo que se aplica al coro de la jauría populista. A diferencia de ellos, los forcadells podían eludir la cárcel. Bastaba que descartasen la posibilidad de la reincidencia delictiva. Es decir, que se comprometiesen a abandonar el Proceso, aunque fuera a costa de abandonar la política. Exactamente esto que acabó diciendo el auto del juez Llarena, a pesar de la tortura extrema a que sometió su sintaxis: "En todo caso, lo que se evalúa es el riesgo de reiteración en ese comportamiento [delictivo], lo que debe hacerse considerando que el devenir político más próximo y cercano pudiera propiciar la persistencia en la actuación fuera del marco constitucional y transformar la próxima legislatura, en un ilegal proceso constituyente. En todo caso, todos los querellados, no es que hayan asumido [solo] la intervención derivada de la aplicación del artículo 155 de la CE, sino que han manifestado que, o bien renuncian a la actividad política futura o, los que desean seguir ejerciéndola, lo harán renunciando a cualquier actuación fuera del marco constitucional".

Antes de alcanzar a última hora este párrafo liberador los imputados debieron autoconvencerse de la legitimidad de su abandono. Y estoy seguro de que lo que echaron sobre el Proceso y algunos de sus principales protagonistas no fueron flores. Es en este punto donde la intimidad es inextricable y tampoco le vale a la verdad: al fin y al cabo se trata de personas que estuvieron sometidas a un acelerado proceso de reinserción preventiva. Pero la conclusión a la que llegaron, y que refleja el auto del juez, es políticamente devastadora para los catalunyenses: la revolución no es la vida y además está muy por debajo de ella.

La cuestión nuclear del auto, que sobrepasa la peripecia de los autoinfligidos, es que traza una hoja de ruta, no disonante, sino complementaria, con la resolución de la juez Lamela que envió a la cárcel a medio gobierno de la Generalidad por no tener a mano al gobierno entero. Si los que siguen encarcelados quieren recobrar la libertad, aun condicionada, deberán abandonar el Proceso, es decir, la reiteración delictiva. Las consecuencias prácticas de todo ello son llamativas. Para empezar ni Forcadell ni Anna Simó asistieron ayer a las manifestaciones en defensa de su propia libertad. Y ninguna de las dos formará parte de las listas de Esquerra Republicana. Por lo tanto si alguno de los imputados quiere presentarse a las elecciones defendiendo la unilateralidad habrá de hacerlo desde la cárcel: el precio de la libertad es el respeto a la ley. Por una inesperada vía secundaria el juez Llarena ha inhabilitado cautelarmente a varios políticos independentistas. Su decisión pone de relieve, por más que España no sea una democracia militante y los partidos que pretendan destruirla puedan participar en las elecciones, el absurdo práctico de que un programa político que ha llevado a varias personas a la cárcel se reedite con toda naturalidad en otra convocatoria electoral. Y aún más: que esas personas encarceladas puedan seguir insistiendo en el delito ¡desde la propia cárcel!

Nadie ni nada estaba preparado en España para la insurrección catalunyesca. Ni hombres ni leyes. Ni el Estado ni el Gobierno. Pero menos que nadie, los insurrectos. Esto que sigue es lo que Lady Procés y sus compañeros dijeron en realidad al juez Llarena durante su tarde temblorosa. Nosotros quisimos destruir un Estado democrático. Nosotros quisimos privar de derechos fundamentales a los ciudadanos españoles. Nosotros quisimos desobedecer la Ley. Nosotros quisimos arruinar a nuestros compatriotas. Pero todo lo quisimos con el acuerdo del Estado a destruir, de los titulares de los derechos a arrebatar, con el acuerdo de la Ley y con el acuerdo del Dinero. Siempre hemos sido gente pacífica. Si no puede ser, pues buenu, pues molt bé, pues adiós.

Sigue ciega tu camino. A.

Separatismo y reforma constitucional
Jaime Ignacio Del Burgo vozpopuli.es 12 Noviembre 2017

La activación del tristemente célebre artículo 155 de la Constitución no es la defunción del Estado autonómico, ni un golpe a la democracia, ni la liquidación del autogobierno catalán, ni el mayor atropello perpetrado por el Estado español contra Cataluña desde la supresión de la Generalidad en 1939. Por el contrario es la legítima reacción del Estado de Derecho para sofocar el estallido de una revolución separatista emprendida para destruir el fundamento mismo de la Constitución.

El proceso soberanista ha sumido a Cataluña en una crisis sin precedentes. Ha fracturado la sociedad catalana en dos mitades. Unos odian a España y sueñan con dejar de ser españoles. Otros no están dispuestos a renunciar ni a su catalanidad ni a su españolidad. No estamos ante un conflicto entre Cataluña y España, sino en primer lugar entre catalanes.

Lo peor es que esto sucede en una de las Comunidades más prósperas de España. La revolución separatista no lucha por una sociedad más libre, más justa, más igualitaria, más solidaria. No ha enarbolado la bandera de los desheredados ni de los marginados como en las revoluciones del siglo XX. Parece más bien una revolución de un grupo de inconscientes pequeño burgueses dispuestos a recibir con alegría el abrazo del oso de los anarquistas y de los anticapitalistas, enemigos declarados del sistema democrático y de la economía de mercado. Justo el marco en el que Cataluña ha progresado en paz y en libertad.

La rebelión de las instituciones catalanas se sustenta en grandes mitos y falsedades históricas, como si Cataluña fuera desde hace quinientos años una colonia de España y padeciera una insoportable opresión. La República catalana se convertiría así en el último episodio de su larga lucha por la liberación nacional. Tan profunda es la interiorización de esta mentira que los separatistas no atienden a razones. No les importa frenar en seco el desarrollo económico de Cataluña. Ni la masiva huida de empresas, a la que podría seguir la deslocalización de sus centros productivos. Ni la congelación de las inversiones Ni la ruina de sus empresas exportadoras al quedar fuera del mercado español y europeo. Ni el empobrecimiento galopante de la sociedad catalana. Ni el negro futuro de sus pensionistas. Ni la salida de Europa, con la consiguiente irrelevancia internacional. Ni siquiera les importa sacrificar al Barcelona, “más que un club”. Han pisoteado las más elementales reglas del juego parlamentario para convocar un referéndum ilegal, celebrado sin ninguna garantía democrática, y aprobar un engendro legislativo para dar los primeros pasos de la non nata República catalana. Han desafiado al Tribunal Constitucional y llamado a la ciudadanía a defender la sedición en la calle. No sólo han violado la Constitución –votada con entusiasmo por una aplastante mayoría de ciudadanos de Cataluña en 1978– sino su propio Estatuto, que por cierto en 2006 obtuvo un escuálido respaldo popular. Y ahora el prófugo Puigdemont busca refugio en Bruselas para eludir la acción de la Justicia, después de perder su legitimidad pues una elección democrática no da patente de corso para violar la ley.

Tal vez la Constitución necesite algunas reformas, pero sería un error vincularlas a la solución de la crisis catalana. En 1978 hubo una asombrosa voluntad de conciliación. A nadie se le preguntó de dónde venía sino a dónde quería ir. Así se fraguó el consenso, con el único objetivo de alcanzar una democracia plena, donde todos los derechos fundamentales fueran reconocidos y respetadas todas las ideologías pacíficas, pacifistas y contrarias a la imposición de regímenes totalitarios. Se establecieron las bases de nuestro actual Estado social y democrático de Derecho, cuyos valores superiores son la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político. Se consagró la separación de poderes y se dio legitimidad a la Monarquía parlamentaria. Por último, se reconoció el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones.

No comparto la idea de que los sucesos de Cataluña suponen el jaque mate del Estado autonómico y mucho menos de la Constitución. Es falso que el Tribunal Constitucional en su sentencia sobre el Estatuto de 2006 rompiera el pacto constitucional entre Cataluña y España. Nunca hubo tal pacto. La Minoría catalana estuvo presente en la ponencia constitucional, pero no representaba a toda Cataluña al obtener sólo 11 escaños de 47. Lo que sí ha saltado por los aires es el solemne asumido por Jordi Pujol el 21 de julio de 1978 ante el Congreso al justificar el pleno respaldo de su grupo a la Constitución: “Muchas veces –dijo- en España se ha fracasado. La historia de los dos últimos siglos... es la historia de los fracasos, del intento de estructurar, de construir, de estabilizar, de poner las bases para el progreso del país, de todo el país. Nosotros esta vez no queremos fracasar. Desde nuestra perspectiva catalana, desde la cual a veces hemos fracasado doblemente, doblemente en nuestra condición de españoles y, además, porque hemos fracasado en aquello que nos afectaba directamente como catalanes, desde esta perspectiva... nosotros aportamos aquí, por una parte, nuestra firme decisión de no fracasar esta vez, y nuestra aportación para que, entre todos, consigamos eso que la Constitución nos va a permitir; un país en el que la democracia, el reconocimiento de las identidades colectivas, la justicia y la equidad sean una realidad”.

Su compañero Miquel Roca no se había quedado a la zaga al formular durante el debate en el Congreso una sugestiva tesis sobre la compatibilidad entre el concepto de nación española y la existencia en su seno de nacionalidades. La Constitución “al lado de definir esta nación española, nación-estado, define aquellas otras nacionalidades que son aquellas identidades históricas y culturales... que vienen a configurar la realidad de la resultante en una España-nación, una nación española que en este sentido cobra su dignidad”. Las nacionalidades son, a su juicio, territorios españoles dotados de una identidad histórica y cultural, que configuran la realidad de la nación española. “Nación de naciones –concluyó– es un concepto nuevo, es un concepto, se dice, que no figura en otros Estados o que no figura en otras realidades; quizás sí, pero es que, señorías, ayer ya se decía que nosotros tendremos que innovar”. Pues bien, con independencia de que podamos o no compartir la idea de España como nación de naciones, es evidente que esas pretendidas “naciones” forman parte inseparable de una nación superior, España, cuya unidad indisoluble e indivisible constituye el fundamento mismo de la Constitución y en la que la soberanía reside en el pueblo español.

Es ingenuo pensar que un Estado federal y la previa conversión en naciones de las actuales comunidades autónomas (denominación que el autor de este artículo sugirió con éxito a los ponentes de UCD para sustituir a la expresión “territorios autónomos” que figuraba en el anteproyecto de la ponencia), son la solución para resolver la cuestión catalana. El independentismo no ha surgido en España después de la Constitución, pues ya había hecho su aparición en las postrimerías del siglo XIX. Otra cosa es que el Estado autonómico haya proporcionado al nacionalismo catalán –y no sólo a él– herramientas muy poderosas para debilitar la idea nacional de España. Es el caso, por ejemplo, del artículo 150,2, utilizado de forma nefasta para vaciar al Estado de buena parte de sus competencias exclusivas y expulsarlo de hecho y de derecho de Cataluña. Sin olvidar el desistimiento del Gobierno de España a ejercer algunas de ellas, como ocurre en el terreno educativo. La única reforma constitucional capaz de dar satisfacción a las aspiraciones secesionistas sería el reconocimiento del derecho a la autodeterminación, algo muy difícil de aceptar por el titular del poder constituyente que no es otro que el pueblo español.

*Jaime Ignacio del Burgo fue presidente de la Diputación-Gobierno de Navarra, senador constituyente y diputado.

"La vileza, la infamia y la irresponsabilidad que abocaron a la Guerra Civil siguen estando ahí"
Entrevista con Arturo Pérez-Reverte: "El problema de España es que los privilegios no han desaparecido; al contrario, se ha incrementado la insolidaridad" / "La imagen de España en el exterior es penosa, tristísima, grotesca, de vergüenza".
Mariano Gasparet elespanol 12 Noviembre 2017

Como en el nuevo periodismo todo se tolera, empezaré esta entrevista en primera persona para poner en situación al lector. Mis jefes me dan un teléfono y me ordenan entrevistar al periodista, escritor y académico Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951). Aunque intuyo la celada -éste hombre quiere hablar de su último libro, no protagonizar un Hablando sobre España- no estoy dispuesto a perder la oportunidad: lo tengo a tiro y considero una falta menor no haber leído Eva ni Falcó (Alfaguara).

Quedo con el escritor decidido a engañarle un poco, a llevármelo al huerto aprovechando que la Guerra Civil es el telón de fondo de la serie Falcó, para hacerle hablar de política, de Cataluña y de España. Por supuesto se da cuenta: charlamos en el Palace de Madrid y hubo momentos en que pensé que se iba a levantar y me iba a mandar a hacer gárgaras. Muy al contrario, se rió lo suyo y me regaló un ejemplar de Eva al despedirnos. Salí del hotel con la sensación de haberme comportado como un patán: pero qué menos que una porción de remordimientos, a nadie puede salirle gratis intentar levantarle la cartera a un tipo de la madera del Capitán Alatriste; a un tipo como Lorenzo Falcó.

- ¿Le gusta provocar en Twitter?, le suelto antes de sentarnos.
- No me gusta, pero sí me divierte, es un poco como echarle de comer a los patos.

- ¿El apellido de su último héroe, Lorenzo Falcó, tiene algo que ver con el clásico sobre la Guerra Civil de César Falcón, ‘Madrid’?
- Nada, nada. Yo navego mucho y tengo mucha relación con el Cabo Falcó, por donde paso mucho cada vez que voy a Italia. Sí que es verdad que, como todo escritor profesional, colecciono apellidos y nombres para mis novelas, y Lorenzo es el nombre de un tío mío que vivió esa época de una manera muy intensa.

- También escribió ‘La Guerra Civil contada a los jóvenes’ (Algafuara, 2015), una historia ilustrada por Fernando Vicente sobre la contienda que vendió 80.000 ejemplares. ¿Qué representa para usted la Guerra Civil?
- Me interesa como novelista, no para explicarla. Para eso están los libros de Juan Pablo Fusi o los de otros historiadores solventes. O el manual que escribí para jóvenes al que has hecho referencia. O el prólogo de A sangre y fuego de Chaves Nogales, un libro de relatos que debería ser de lectura obligatoria en los colegios.

- ¿Por qué?
- Debería ser materia de estudio obligatoria un año: en las clases de historia, de ética, de literatura, de lo que quieras… Eso haría mejores a los chicos, haría mejores españoles y mejores ciudadanos, y sobre todo eliminaría un montón de vilezas que, desde hace tiempo, nos meten en la sangre. Dicho lo cual, para mí la Guerra Civil es un telón de fondo en el que coloco a mis personajes. Es un escenario magnífico y terrible: los años 30, la Guerra española, el inicio de la Segunda Guerra Mundial, los totalitarismos… fue el final de un mundo y el inicio de otro.

- ¿A qué se refiere?
- A algo muy interesante: los ismos, el fascismo, el nazismo, el comunismo no tenían mala prensa, al contrario. No se sabía nada del Gulag, ni de Auschwitz y todavía había mucha gente decente que creía en los ismos como soluciones políticas. Es que el nazismo era cool, su diseño, su arquitectura; lo mismo podemos decir del fascismo italiano. Todo eso se veía de un modo muy distinto a como lo vemos ahora.

- ¿Qué queda de todo ese mundo en la España actual?
- Por fortuna, ese mundo no existe. Aunque había también unas maneras; hasta un campesino tenía una actitud de dignidad personal, de gallardía humana, una conciencia del valor de la educación, ese saber que un hijo educado tenía más posibilidades de prosperar, el sentido del sacrificio… Todo eso constituía una moral, independientemente de la política, que se ha perdido y que sí echo en falta.

- ¿Ha pensado alguna vez, a raíz de todo esto de Cataluña, que podría volver a producirse un conflicto civil en España?
- No, no lo creo porque hemos llegado a un grado de confort que lo impide. Quien vive con cierto confort, quien tiene un coche, y un televisor, y una cuenta en el banco por humilde que sea, y a los hijos estudiando… pues se tienta mucho la ropa. Aunque seguimos viviendo en una sociedad muy injusta, ahora se vive mejor que hace 80 o 90 años. Ahora, cuando has leído historia, cuando has vivido una guerra, y yo de las veintitantas guerras que hice como reportero siete fueron guerras civiles, reconoces síntomas muy desagradables. Ves que la vileza, la infamia, la irresponsabilidad y la falta de escrúpulos de algunos políticos siguen existiendo. Es decir, aunque el mundo actual es diferente y hace imposible un conflicto como aquel, los impulsos de las personas que sí hicieron posible aquello siguen estando aquí. Si les dieras pistolas, les dieras incultura, les dieras crisis social y les dieras en el exterior fascismos y comunismos la volveríamos a tener.

- Es lo que dijo aquel ex militar ruso que se enfrentó a los manifestantes independentistas que cortaban una carretera en Barcelona: “¡Mañana tendréis armas!”.
- Sí, sí, dijo: “No tenéis ni puta idea; os van a dar armas y ya veréis”. Lo tuiteé, me acuerdo.

- ¿Qué está pasando en Cataluña y en España?
- No le voy a hablar de Cataluña. Sí diré que, con todo esto, que Cataluña ha demostrado que es enormemente española. Ese berlanguiano desenlace del asunto demuestra que es tan española como el resto de España.

- ¿Tenemos los gobernantes que nos merecemos?
- Los votamos, los votamos... Cuando en el 36 unos campesinos analfabetos queman vivos al alcalde y al cura, pues puedo entenderlo; no justificarlo, ojo, pero sí entenderlo por la incultura, la manipulación y la desesperación de esa gente... Pero esa crueldad entre comillas inocente de hace un siglo ahora es injustificable. Ahora nadie es inocente, ahora hay educación obligatoria, hay televisión, hay internet, hay periódicos. Ahora el que es analfabeto, real o figurado, es porque quiere. El que se deja manipular es porque le resulta más cómodo que le manipulen. Eso del gobernante malo y el súbdito bueno no me lo creo. Eso de qué buen vasallo sería si tuviera buen señor es una gran mentira. Los señores los creamos los vasallos, y son los esclavos los que hacen a los amos.

- Usted siempre dice que en el mundo hay “oportunistas, cobardes, sinvergüenzas y luego ingenuos manipulables y analfabetos de buena voluntad”. ¿No son ahora los ingenuos y los analfabetos más manipulables como consecuencia de la revolución tecnológica?

- Pero porque quieren. El ejemplo lo vemos en las redes sociales: son estupendas por el enorme caudal de información que ofrecen, pero no discriminan, no jerarquizan, se mezcla el oro con la basura, la calidad con la porquería; y lo que dice Vargas Llosa y lo que dice un analfabeto o un demagogo como Rufián comparecen a la vez. Si no hay cultura, no hay formación y no hay preparación intelectual, pues el receptor no distingue y el mismo valor da a un tuit de Rufián que a un enunciado de Thomas Mann. Ese es el problema, la falta de cultura. Y hablo de cultura, no en plan elitista, sino como un conocimiento básico del mundo que permita discernir y distinguir.

- ¿Qué le parece todo lo que ha pasado en Cataluña?
- Mira, he estado en mi mundo, promocionando la novela, fuera de España… lo de Cataluña lo he seguido de lejos.
En España no hubo guillotina y los de siempre continuaron con sus privilegios; también los territorios

- Hace unas semanas, en una entrevista en ‘El País’, el hispanista John Elliot vinculaba el descontento que motiva el problema catalán a los siglos XVI y XVII: revuelta ‘dels segadors’, Felipe IV y Felipe V, Guerra de Sucesión y Decretos de Nueva Planta. ¿Qué le parece como tesis?
- Es cierto, es cierto, el origen está ahí. España es un país que nunca cuajó como Estado. En Francia hubo una Revolución que acabó con el Antiguo Régimen, acabó con los privilegios feudales y jacobinizó el país y lo convirtió en un Estado fuerte, organizado y moderno. Eso permitió que, en teoría, no hubiese privilegios, que los privilegios estuviesen supeditados al bien común. En España nunca hubo guillotina, ni revolución y jamás fue purgado. Los de siempre, los curas, los aristócratas, el dinero y la Monarquía fueron pasando de un sitio a otro sin perder sus privilegios. Lo mismo pasó con los privilegios territoriales. La República Francesa aplastó La Vendée y la hizo sumisa a la idea de la patria y la nación francesa. Eso en España nunca ocurrió, nunca hubo un Gobierno central lo bastante fuerte como para imponer su centralismo y nunca hubo un Gobierno lo bastante plural como para crear un Estado Federal real con competencias lo claramente delimitadas… [Silencio, Pérez Reverte me mira unos segundos]. ¿Pero cómo me estás haciendo esta entrevista?

- Es muy interesante todo lo que está diciendo.
- [Ríe] Bueno, bueno, pues lo resumo: en España nunca fraguó ni el Estado plurinacional ni el Estado central. ¿Mi opinión personal? Yo soy jacobino, a mí me gustan los Estados fuertes; no ahora, ojo, digo históricamente. Creo que el camino para que España hubiera sido un Estado moderno y fuerte hubiera sido un XVIII y un principio del XIX jacobinos: una idea de nación a la francesa. Pero en España eso no se dio. Aquí se mantuvieron todos los vicios y malformaciones ancestrales y la modernidad nunca pudo combinarlas. Por eso Cataluña y el País Vasco no son más que los residuos, los restos, las consecuencias, dramáticas a veces y grotescas otras, de un Estado que nunca supo conformar su identidad de una manera coherente, ni jacobinamente, ni plurinacionalmente.

- ¿Estos territorios siempre han mantenido privilegios?
- Es que los privilegios siguen ahí. El problema de España es que los privilegios nunca han desaparecido; al contrario, se ha incrementado la insolidaridad.

- Sin embargo Puigdemont en su exilio flamenco y toda su corte venden la idea de que España no es una democracia y que el franquismo continúa.
- Bueno, eso no vamos ni a comentarlo. Esa estupidez grotesca me niego a comentarla.

- ¿Y por qué tienen predicamento esas tesis en parte de la sociedad catalana y española?
- Bueno, llegado a este punto, he de decir que yo sólo soy un tipo que cuenta historias. He hecho una concesión y estamos hablando de historia, que a mí me gusta mucho, pero no soy analista político ni analista social. A mí realmente... no es que me dé igual, porque soy ciudadano español. Pero estoy muy lejos de todo esto. Yo no soy la persona adecuada para esclarecer eso; para eso hay que ir a gente como Juan Pablo Fusi, como Carmen Iglesias… pero yo no. ¿Vale como respuesta?

- Sí, pero comprenda que abuse un poco.
- Sí, y comprende que yo no me deje abusar. Estamos en plan bien; y yo puedo llegar hasta donde he llegado porque me interesa la historia, porque soy lector de historia, porque soy un tipo que ha vivido guerras… Hasta ahí llego, pero no estoy capacitado para analizar determinadas cosas. Yo estoy aquí sentado no porque analice la vida política, sino porque cuento historias y me las leen.

- ¿Y aquello de la misión del intelectual?
- Un momento, un momento. Yo no soy un intelectual, allá cada cual. Yo soy un novelista que cuenta historias; yo fui un reportero que anduvo por el mundo y, a la vuelta, con la mochila llena, me puse a contar historias a partir de lo que viví y de la mirada que esa vida me dejó. No escribo para hacer mejor el mundo, escribo porque me apetece y ya está. Es que un novelista no tiene una misión. El artista que cree que dice que trabaja para hacer mejor el mundo miente como un bellaco, es un demagogo y un embustero.

- A lo mejor se lo cree.
- Pues allá él. Pero es que yo cuando era reportero no fui a la guerra para hacer mejor el mundo. Yo fui a la guerra porque la guerra era un lugar fascinante, porque me permitía una forma de vida que me gustaba, porque podía vivir con lo puesto y una mochila y empezar cada día una crónica con autonomía y lejos de mis jefes; era joven, había adrenalina, emociones, aventura… Era periodista y ese era mi trabajo. Pero no iba a la guerra para pararla ni para hacer mejor el mundo. Estaba en Sarajevo y me jugaba la vida todos los días para que la gente que estaba en su casa supiera lo que estaba pasando allí porque ese era mi trabajo. Yo era un mercenario honrado, cobraba por mi trabajo y lo hacía bien, pero no para hacer mejor el mundo. Bueno, en Bosnia acababas pidiendo auxilio para ellos, pero eso es otra cosa. Mi misión es contar historias lo mejor que pueda.

- Y como lector y gran conocedor de la historia. ¿Qué le parece la proclamación de la República por parte de Puigdemont en comparación con las proclamaciones anteriores de Maciá en 1931 y Companys en 1934? ¿Está a la altura de la Historia?
- Pues que en España la tragedia se repite como farsa.

- ¿Y la perspectiva de que esto se pueda solucionar con las elecciones del 21-D?
- Pero yo qué cojones sé. Ni idea, ni idea, no lo sé, y no voy a hablar algo que no sé. Eso me interesa relativamente. Claro que me preocupa, pero mi vida no depende de que Cataluña sea o no independiente. Mi futuro no está en Cataluña. A mí me leen en 42 lenguas y si Cataluña es independiente pues imagino que allí tendría un editor local, catalán, yo qué sé.

- ¿Y la imagen de España en el exterior por todo esto; ha percibido algo?
- Claro que lo he percibido. Penosa, tristísima, grotesca, de vergüenza.

- ¿Se ha descuidado la imagen exterior?
- De verdad, no quiero hablar más de Cataluña. En cuanto a imagen hemos salido muy mal parados internacionalmente por la vileza de unos y la estupidez de los otros. Y con eso termino.

- ¿Y el hecho de que haya propagandistas activos exteriores a sueldo, como Assange?
- Mi labor de cortesía respecto a ti como entrevistador, en lo que refiere a Cataluña, ha terminado ya. No te quejarás, ¿no? ¿Esto es una entrevista sobre Cataluña, verdad?

- Bueno, es una entrevista sobre España.
Pues Cataluña ya está.

- Decía Stanley G. Payne que el café para todos no funcionó, que se deberían haber delimitado mucho más las competencias de las distintas Comunidades.
- Vuelvo a decirte otra vez, que por lo visto no lo he dicho con bastante nitidez, que yo soy un tipo que cuenta historias. No soy un analista político, ni un sociólogo, ni un filósofo, ni un intelectual. Fui reportero y ahora soy escritor.

- Ya, pero muchas veces ha hablado sobre la Transición.
- Sí, pero cuando lo he hecho ha sido como algo personal, en artículos y cuidando mucho lo que escribía, no en una entrevista. En las entrevistas no digo esas cosas, porque momentos como este tienen sus peligros, porque los titulares, como sabes, son resúmenes. No me interesa hablar de eso, no hablo en mi casa, ni con mis amigos. ¿Me entiendes?

- Sí claro. Hablemos de la Guerra Civil, que es el escenario de sus novelas de la saga Falcó. Imagino que seguirán nuevas novelas.
- Sí, va a seguir porque, aunque iba a ser una novela, me lo pasé muy bien y voy a hacer al menos tres o cuatro.

- ¿Y sobre el capitán Alatriste? Se lo pregunto porque he visto que un señor se lo pedía por la calle.
- Sí que me lo piden, sí. Bueno, no sé. Tengo 66 años y no sé lo que voy a vivir y cuanto tiempo me queda.

- Pero si está usted muy bien.
- Bueno, el mundo se divide entre la gente que sabe que se va a morir y la que no. Y yo sé que me voy a morir. Yo aprendí muy joven, y eso ha condicionado toda mi vida, que todo es muy frágil en la vida, todo: la salud, la cordura… No sé si me quedan dos años o diez, dos novelas o diez, y he de elegir muy bien lo que hago. No voy a malgastar el tiempo en cosas que no me apetecen. Y ahora me apetece mucho hacer Falcó.

- ¿Es un tema cerrado la Guerra Civil para los españoles?
- No, no es un tema cerrado. Era un tema cerrado, claramente cerrado. Pero [silencio largo], hubo estúpidos y malvados, y siempre es peor un estúpido que un malvado; hubo una conjunción planetaria de estupidez y de maldad que hizo, hará como diez años, que el tema de la Guerra Civil se convirtiera en arma política de nuevo. Y entonces, ¿qué pasó?, pues que cayeron sobre esa arma para utilizarla generaciones de políticos y no políticos jóvenes que no tenían la formación adecuada. No tenía ni la edad, ni el conocimiento; ni la lucidez; ni la experiencia; ni la habían estudiado lo suficiente. Y la utilizaron con una alegría irresponsable el nosotros y ellos, las cunetas, las no cunetas… Se resucitó otra vez lo que parecía tan bien calmado. De esa estupidez, convertida en maldad por pura estupidez, surgió un revival de la Guerra Civil que en nada ha beneficiado a nadie, y ha perjudicado mucho a todos. Porque, además, y de esto sí hablo con gusto, hay idiotas que confunde la equidistancia con la ecuanimidad.

- ¿A qué se refiere?
- Cuando uno ve una guerra civil desde fuera, los Balcanes, Nicaragua… y yo he hecho siete, eh, está todo claro: Franco malo, República buena; serbios malos, bosnios buenos; somocistas malos, sandinistas buenos; Videla malo, montoneros malos… Pero cuando te acercas a ellos, y hablas, y te fumas un cigarrillo, y te salpica la sangre; y los ves morir, matar, torturar… Entonces las líneas claras se difuminan: te doy mi palabra de honor de que es así. Al aplicar a la Guerra Civil un criterio de buenos y malos se pervierte la realidad. Ser ecuánime es ver la barbarie y la crueldad estés donde estés respecto al conflicto. Por eso te he citado antes a Chaves Nogales. Pues bien, esto en España es imposible porque estos idiotas han conseguido que, de nuevo, nadie reconozca virtudes en el adversario y que aceptemos, sin cuestionarlas, las supuestas verdades de nuestro bando.

- Eso es genuinamente español…
- Hemos vuelto a ese español tan peligroso que no quiere al adversario vencido o convencido, sino exterminado: y a ser posible, a su mujer rapada y humillada y al hijo expulsado de la escuela. Eso, que es muy español, y que tiene su orígen en la Inquisición, y que fue borrado de nuestro mecanismo de relación social, ha vuelto. Por eso te encuentras a un niñato que no tiene ni idea de lo que fue aquello, ni ha leído nada, manejando conceptos de 140 caracteres y dando lecciones. Y todo porque se destapó la cazuela por razones tácticas inmediatas y se arruinó el trabajo, si quieres imperfecto, realizado hasta entonces.

- Este 'revival' comenzó en las manifestaciones de la Guerra de Irak con una profusión de banderas republicanas sin precedentes años atrás, ¿verdad?
- El político que, con su irresponsabilidad, más ha complicado España desde la Guerra Civil ha sido José Luis Rodríguez Zapatero.

- ¿Ahora el 'revival' es de banderas españolas?
Por suerte el español ya no es el mismo. Pero esto mismo, con pistolas, con incultura, con desesperación, con fascismos y comunismos, es lo que pasó en el 36. Mi padre y mi tío eran niños bien y lucharon por la República. A mi suegro, que era un joven de izquierdas, aragonés y duro como el granito, le tocó luchar con los nacionales y fue herido en combate. Decir que las dos Españas estaban ideologizadas y que fue el pueblo contra los generales y los curas es una simplificación y un disparate. Una Guerra Civil no se simplifica en 140 caracteres.

- ¿Quizá está cambiando la percepción sobre la bandera española? ¿Ya no simboliza la derecha?
- Yo a las banderas no les tengo mucho… Pero en España hemos tenido un problema grave por culpa de la izquierda. El franquismo contaminó la Historia de España de fanfarria patriotera: ¡le pusieron camisa azul al Cid! Y cuando llegó la democracia, la izquierda, en lugar de limpiar la historia e incorporarla a la vida cotidiana, le cedió la palabra España a la derecha y le regaló la bandera. Cuando España es sufrir juntos y la Historia de España es la Historia de un sufrimiento colectivo. Ahora hay tímidos intentos de recuperar esos conceptos… Oye, ¿tú has leído Eva?
- No
- [Se ríe] ¿Y ‘Falcó?
- No
- [Se ríe a carcajadas] Ah, por eso no paras de preguntarme cosas sobre España. ¿Pero te has leído alguna novela mía?

- Sí, muchas. ¿El personaje de Eva es un compendio de todas las mujeres de sus novelas?
- Sí, yo he conocido a esas mujeres que, en un mundo hostil, compiten en igualdad de condiciones con los hombres. Además, Eva es una mujer comunista en los años 30. Había muchas mujeres increíbles en esa época. Hay una película tremenda de José Luis Arévalo, Rojo y negro, sobre la resistencia falangista en el Madrid rojo, que es extraordinariamente buena. Esa mujer luchadora, comprometida, existía en ambos bandos. Y no hablo de una mujer política, como La Pasionaria, que huyó a Valencia y luego a la URSS, sino de las mujeres que se quedaron, que lucharon y que fueron torturadas y fueron a la cárcel. Ese tipo de mujer, que yo he conocido y que también aparece en los libros de Arthur Koestler y de John Dos Passos, es el molde de Eva. Eran personas que se la jugaban de verdad. Esa mujeres de los años 30 abrieron el camino.

- ¿Cuando te llaman machista en las redes sociales cómo te lo tomas?
- Que lean mis novelas. A mí sólo me tratan de machista quienes no me han leído y los folclóricos que consideran que burlarse del todos y todas es machista.

- ¿Las redes sociales han distorsionado o están distorsionando, frivolizando, el feminismo?
- Claro, es que las simplezas que circulan son material fácilmente comprable por parte de personas que no tienen más capacidad. Hay una especie de mercado analfabeto en torno a las redes sociales, donde se difunden sin esfuerzo esa cosas. Pero a Twitter se viene llorado. Yo me divierto mucho porque me permite observar el mundo.

- Cómo han afectado las redes sociales al periodismo?
- Lo han destrozado, lo han matado, al menos el periodismo en el que yo me eduqué. El problema es que ningún medio puede competir con la basura y la basura se difunde con mucha más facilidad, genera más clics, y eso hace que el rigor se repliegue poco a poco. La sustitución del discurso profesional, coherente y trabajado por el discurso fácil y poco riguroso es peligrosa.

- ¿Qué consejo le darías a los jóvenes que empiezan?
- Que no se hagan periodistas: la mayor alegría que me dio mi hija fue cuando me dijo que no quería hacerse periodista, que quería ser historiadora y arqueóloga. Y ojo, es terrible, porque el único contrapoder, la única fuerza que permite limitar, controlar, denunciar, asustar a los innumerables hijos de puta que manejan los resortes del poder, dentro y fuera de España, es la existencia de una prensa libre, culta y con público. Sólo le tiene miedo a eso. Las redes sociales son perfectas para los políticos porque allí ellos pueden manipular. Cualquier Rufián puede hacerse popular con cuatro tuits ingeniosos o infames. Por eso es tan triste que desaparezca, como está desapareciendo, la prensa solvente. Porque se quedan sin jueces y sin testigos; y los poderosos sin testigos son muy peligrosos.

- ¿Y a un joven que quiera escribir?
- Que escriba para series de televisión y para los videojuegos. Hay mucho talento en los videojuegos.

- ¿Qué pensó usted cuando oyó a los de Podemos copiarle la idea de que había que poner una guillotina en la Puesta del Sol?
- Eso lo dije yo en el 88, y aparece en El Maestro de esgrima. Ellos no saben qué es una guillotina, no saben lo que están diciendo; y si lo saben, es peor todavía.

- También le copiaron el uso de conceptos como 'casta' y 'élite'.
- Bueno, no son la misma cosa. La palabra casta la escribí yo en un artículo llamado Los amos del mundo en el 98. Lo que está mal visto es la palabra élite. Las élites son sospechosas. Todo el sistema educativo está confeccionado para aplastar la inteligencia en cuanto aparece, para que no haya ningún niño que destaque sobre el resto. Se iguala en la mediocridad cuando la élite es buena porque señala caminos y objetivos a la sociedad. La gente brillante es necesaria. ¿Qué eran Churchill, Adenauer, Einstein, Stefan Zweig, Thomas Mann, Caravaggio, Miguel Ángel, Plutarco…? Eran élites, naturalmente. En España, como todo lo negativo lo abordamos con entusiasmo, estamos exterminando a las élites. Eso es terrible, es un suicidio social, político y cultural a que esto nos está llevando.

- Todo por la igualdad.
- Es que no somos iguales, por suerte. Al hacer sospechosa a la élite renunciamos a sus enormes ventajas.

- ¿Es usted optimista?
- No, no, no puedo serlo. Tengo 66 años, 21 de ellos viendo guerras, una inteligencia mediana y 30.000 libros en mi biblioteca. No puedo ser optimista porque sé que no somos nada, que somos muy vulnerables.

- Bueno, la estadística dice que estamos mejor, que hay menos hambre y que la esperanza de vida es mayor.
Si el objetivo es la esperanza de vida, apaga y vámonos. Los occidentales le damos demasiada importancia de vida cuando somos como hormigas bajo la bota de un dios implacable. Y esa bota una vez es un tsunami, otra un terremoto y otra una furgoneta en las Ramblas. Vivimos en la parte buena del cosmos, pero a veces la parte mala nos salpica. Es importante que seamos conscientes. La vida humana no vale nada, los seres humanos somos cinco litros de sangre. Sólo la cultura sirve de consuelo. Y Falcó, por volver de una vez a mi novela, de la que no me has preguntado nada, lo sabe muy bien. Lo que le hace interesante no es la inteligencia de su autor, sino que no es un cantamañanas buenista. Es un tipo que sabe que el mundo es una broma de mal gusto, y lo disfruta.

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Punto final al «proceso»
 Libertad Digital  12 Noviembre 2017

La secuencia de acontecimientos sucedidos desde la declaración unilateral de independencia (DUI) realizada el pasado 27 de octubre ha sido vertiginosa, al punto de que en estos momentos la posición del independentismo es irreconocible. Incluso hay serias dudas sobre sus dogmas fundamentales. ¿Declararon o no la independencia? ¿Era ésta viable o no lo era? ¿Están o no dispuestos sus líderes a aceptar el orden constitucional para evitar las consecuencias?

De aquella taciturna aprobación, por 70 votos secretos, que declaraba la independencia y abría un proceso constituyente hacia la República catalana, ahora no queda nada: el nuevo Estado no fraguó, la calle le dio la espalda y ni siquiera se le concedió la posibilidad de lo verosímil, y sus dirigentes –encarcelados preventivamente por graves delitos y huido el ex presidente de la Generalitat–, ya se han desdicho de lo aprobado y otros esperan hacerlo ante la justicia en cuanto puedan.

La presidenta del Parlament, la ultranacionalista Carme Forcadell, uno de los productos más nefastos de este proceso, por sectaria e instigadora de la pérdida de los derechos de la oposición, ha reconocido el orden constitucional y la aplicación del 155. Tras la declaración de independencia –que ahora, en su defensa, sólo admiten como simbólica– y la negativa a convocar elecciones, Mariano Rajoy anunció la intervención de las instituciones de autogobierno y la convocatoria de elecciones, una decisión con la que se daba una salida política a una situación que parecía estar abocada a dar vueltas en un círculo reactivo de victimismo y provocación que tan bien maneja el nacionalismo.

Tras la querella de la Fiscalía y su admisión por la Audiencia Naciional y el Tribunal Supremo, se ha producido una implosión del independentismo, que estaba preparado para seguir la «movilización permanente» hasta dejar rendido al Estado, pero no para afrontar las consecuencias de este desafío. También en esto han mentido. Es lo que separa el deseo de la realidad. Ahora es un movimiento en descomposición, sin objetivos ni estrategia, al que sólo le quedan las consignas recicladas de siempre y el fervor de la calle, algo en descenso; por contra, su aislamiento político y social, por más que manejen a su gusto la protesta, ha despertado su versión más fanática y manipuladora (tal es la exageración propagandística que aspiró a que la UE le comprase el mensaje de que España era una dictadura) y con unos dirigentes que han decidido salvarse cada uno por su cuenta, ante la Justicia y también políticamente. El PDeCAT –ya ni se sabe en manos de quién– ha fracasado en su intención de reeditar la coalición Junt pel Sí, que ha resultado ser un aparato político insensato, y poder maquillar, de nuevo, su calamitosa situación, falsificándola todavía más con una llamada «lista de país».

Hasta Mas ha tenido que viajar a Bruselas para convencer a Puigdemont de que no entorpezca una candidatura en la que él no debe ser el número uno. Por su parte, ERC, por fin, no oculta la única intención que le ha movido en esta aventura: conseguir la presidencia de la Generalitat en las condiciones que sea. Si algo tiene de positivo el «proceso» es la verdad de los hechos, y es que puede acabar con la hegemonía nacionalista entendida como la patrimonialización de la vida pública y la puesta a su servicio de todas las instituciones para el único objetivo de la independencia. Ha quedado claro el error que ha supuesto emprender un plan de ruptura con España sin contar con la mayoría social, destruyendo su cohesión, arrasando la Generalitat y poniendo en serio riesgo la economía. Pasará factura. Pocos se creen ya la existencia de un «sol poble». Ha terminado la edad de la inocencia.

Acomodadores y acomodados
Alejo Vidal-Quadras vozpopuli.es 12 Noviembre 2017

El Ministro de Asuntos Exteriores ha declarado a la BBC en una entrevista en la que la cadena británica se interesaba por la crisis catalana que existe una comisión en el Congreso que va a explorar la posibilidad de reformar la Constitución para “acomodar mejor las aspiraciones de algunos catalanes” y añade que la situación política en Cataluña “merece ser observada”. También recuerda que, si se celebra un referéndum para aprobar dicha reforma, en él votarán todos los españoles. Esta idea coincide, por lo menos en espíritu, con las apreciaciones del expresidente de la Generalitat José Montilla, que ha afirmado que “hay una parte de verdad en el discurso independentista” y que “hay que atender las demandas” de los separatistas. No le ha ido a la zaga Miquel Iceta cuando ha llegado a la conclusión de que la solución del conflicto secesionista pasa por “más autogobierno” y “mejor financiación”, así como por un Estado federal en el que “Cataluña se sienta cómoda”. De hecho, una de las dos condiciones impuestas por Pedro Sánchez para apoyar la aplicación del artículo 155 -la otra, dejar que TV3 siga diseminando su pútrido veneno- ha sido precisamente que la Comisión Constitucional del Congreso estudie una reforma de nuestra Ley de leyes.

De acuerdo con los planteamientos de Dastis, Sánchez, Montilla e Iceta, es decir, del PP y del PSOE, el camino para domesticar la insurrección de una parte de la población catalana promovida y organizada por las autoridades autonómicas debidamente financiadas por el Estado al que pretenden destruir, consiste en dar a los golpistas del futuro más y más potentes instrumentos para liquidar la integridad territorial de España.

Este colaboracionismo con el peor enemigo interno de su país por parte de los dos grandes partidos nacionales comenzó ya en la Transición y tras cuatro décadas de persistir en este error, resulta asombroso que lo mantengan y estén examinado la posibilidad de agrandarlo. Incluso en estos días en los que se han visto obligados, notoriamente contra su voluntad, de intervenir la Comunidad catalana en manos de los golpistas, no sin antes haberles facilitado con su pasividad la realización del golpe, procuran limitar todo lo posible la acción de las instancias centrales. Las razones por las cuales el Ministerio del Interior ha permitido que unos pocos centenares de revoltosos, bastantes de ellos imberbes, paralizasen las comunicaciones ferroviarias y terrestres de Cataluña causando ingentes pérdidas económicas y la alteración traumática de la vida y el trabajo de millones de ciudadanos, contando con un total de 30.000 efectivos sobre el terreno entre Mossos, policías nacionales y guardias civiles, permanece en el misterio.

La impresión que transmite esta extraña benevolencia es que los dirigentes populares y socialistas creen efectivamente que las delirantes exigencias de los subversivos tienen fundamento y que habrá que darles, aunque sea parcial, una satisfacción. La situación es comparable a la de unos agentes del orden que, tras sorprender a una banda de delincuentes en pleno alunizaje de una joyería, dialogasen cortésmente con ellos, escuchasen atentos los motivos por los que se dedican al robo con violencia, y a continuación negociasen la cantidad de relojes, pulseras, pendientes, broches y collares que se pueden llevar como botín.

España está pues en manos de unas elites políticas que no sólo no parecen dispuestas a defenderla de los que quieren liquidarla, sino que, por el contrario, se afanan en facilitarles la tarea. La mezcla de ausencia de convicciones, pusilanimidad, ignorancia, oportunismo electoral y nula calidad humana que refleja semejante comportamiento despierta a la vez indignación, incredulidad y asco. En este contexto, es más que probable que el Gobierno aplique la táctica de quedarse quieto mientras las empresas huyen, las inversiones se paralizan, los hoteles se vacían, la Agencia Europea del Medicamento se evapora, el Mobile World Congress prepara su cambio de sede y hordas de energúmenos fanatizados siembran el caos, porque calcula que este clima de miedo y desesperación le favorezca en las urnas el 21 de diciembre.

Únicamente quedan en pie el Rey, Albert Rivera y el buen pueblo español. Si alguno de ellos desfallece, perderemos el resto de esperanza que todavía aletea en nuestros fatigados y maltrechos corazones. España se disolverá en el galope de la Historia y en el solar arrasado y fragmentado que la reemplace acomodadores y acomodados pasearán su bajeza moral y su miseria material. De una gran Nación que ensanchó el tamaño del orbe, asombró con la excelsitud de su arte e inspiró con su impar literatura pervivirá apenas un pálido recuerdo, una dolorosa nostalgia, un hiriente vacío.

La senda constitucional de Forcadell
FRANCISCO ROSELL El Mundo 12 Noviembre 2017

Al año de despedirse de Alfonso XIII para mudar de Régimen -"Adónde te marchas, Miguel"; "Al campo republicano, Señor"-, el hijo de don Antonio Maura fue nombrado primer ministro de la Gobernación de la naciente II República. Entre sus cometidos, figuraba la designación de gobernadores civiles, unas canonjías sumamente apetecibles en la rebatiña de cargos que desató el advenimiento del nuevo Régimen entre los paniaguados de los partidos. Para ello, según narra en Así cayó Alfonso XIII, todos los aspirantes argüían ser republicanos de toda la vida. Con tal precocidad, a veces, que Miguel Maura bromeaba con que algunos lo eran desde su natalicio cuando no desde su concepción. A los primeros los apodó "republicanos uterinos" y a los segundos "republicanos de placenta".

En el reparto del botín, no le quedó más opción que promover como poncio de Soria a un "republicano uterino" al que destituyó en cosa de días. Este sujeto no tuvo mayor ocurrencia que requerir a los alcaldes para que, a la mayor brevedad, le remitiesen 1.000 pesetas de sus fondos "para atenciones especiales de este Gobierno Civil". Por mor de ésta y otras extravagancias sin límite, al mes de asentarse en el principal despacho de la Puerta del Sol, Maura hijo tiró la toalla. Más que ministro, a su parecer, era "cabo de vara o loquero mayor de un manicomio suelto y desbordado".

Después de 90 años, aquel catálogo del bienhumorado Miguel Maura es adaptable al independentismo catalán de ahora. Sus principales líderes, Puigdemont y Junqueras, sin reivindicarse que se sepa como secesionistas uterinos o de placenta, sí presumen de serlo de pantalón corto. Así, por ejemplo, el niño Oriol tiene declarado ser secesionista con ocho años, edad para coleccionar cromos, pero en la que él ya discernía prístinamente que "estaba contra la Constitución española". Desde época tan tierna hasta las más de cuatro décadas sumadas desde entonces, su común soberanismo de primaria no les ha supuesto ningún contratiempo; al contrario, ha aupado a estos dos gimientes bebes gruñones a la Presidencia y Vicepresidencia de la Generalitat, de las que han sido apeados al perpetrar un golpe de Estado contra la legalidad constitucional y la unidad de España.

No son presos políticos ni ellos ni sus cómplices en la asonada, como afirman a coro para insulto de aquellos prisioneros de conciencia encarcelados por el franquismo, sino políticos presos para lustre de una democracia en la que nadie está por encima de la ley y mucho menos quienes deben dar ejemplo como hacedores de las normas que rigen este Estado de derecho. Produce pasmo que, en su mascarada, promuevan manifestaciones con críos de guardería o huelgas con bebés a los que fotografían, con un cartel delante, sentados en carreteras cortadas por estudiantes que, tras asegurarse pasar curso por su apoyo al procés, quizá persigan así mejorar nota escenificando sus videojuegos en la calle.

A ojos vista de Amnistía Internacional, ninguno de estos asaltantes de la Constitución y del Estatuto, sin gozar de la aureola del bandolerismo romántico de Serrallonga, es perseguido por sus ideas -ese nacionalismo venenoso causante de grandes desastres-, sino como presuntos autores de execrables delitos como rebelión, sedición y malversación. Sentada esta premisa, por enjuagues y cambalaches de la política, podría obrarse la estupidez de que, no siendo presos políticos, el Estado, por un conciliábulo temerario de sus tres poderes, les dispensara, a la postre, un trato de tales. Aunque sea pecado pensar mal de los otros, como dijo Andreotti con doblez, pero indudable sapiencia sobre el alma humana, "con frecuencia se acierta".

Da pábulo lo acaecido en los últimos días. De un lado, el inusitado interés del Gobierno por reducir el artículo 155 a mero placebo; de otro, sus ostensibles mensajes al Poder Judicial para que facilite la libertad preventiva y los golpistas puedan participar en la campaña del 21-D. Baste observar la indiferencia del Gobierno con relación a la huelga política convocada el miércoles por el sindicato de Carles Sastre, asesino del empresario José María Bultó. Su seguimiento mínimo no fue óbice para que dejara fuera de servicio vías clave de comunicación por la pasividad de las Policías Nacional y Autonómica bajo el mando del ministro Zoido, en aplicación del artículo 155.

En paralelo, se creaba el caldo de cultivo apropiado para que el juez del Supremo Pablo Llarena no decretara prisión incondicional contra la presidenta del Parlament, Carmen Forcadell, marcando distancias con su colega de la Audiencia Nacional, Carmen Lamela, que sí lo hizo con Junqueras y el medio Govern que no escapó a Bruselas para engrosar la corte del faraón Puigdemont. Redondeando ese miércoles de gloria, Dastis le decía a la BBC: "Hemos creado un comité en el Parlamento para explorar la posibilidad de reformar la Constitución y acomodar las aspiraciones de parte de los catalanes". O lo que es lo mismo: persistir en los errores que han traído hasta aquí.

A nadie, desde luego, pasó desapercibido que el ministro y juez Zoido, toreando a dos manos, justificara la indolencia policial porque "no era día de caer en provocaciones" y acotara que "hay que tener en cuenta el contexto" para aplicar la ley. Es verdad que, al igual que los médicos no tratan enfermedades, sino enfermos, ocurre otro tanto con los jueces. Pero ojo con las "leyes de encaje", de las que hablaba nuestro señor don Quijote a su fiel escudero Sancho, en las que los jueces sentencian en función de lo que le viene a la cabeza sin tener en cuenta lo que las leyes disponen. Atinente a todo ello conviene tener presente aquello de que si hace cuac, luce como pato, camina como pato... lo más probable es que sea un pato, por más que se niegue y se diga otra cosa.

Más cuando desde ámbitos gubernamentales se fue deslizando que, debajo del felpudo de la puerta del Supremo, se hallaba la llave que podría franquearle la salida de la prisión preventiva a Forcadell, si pagaba el peaje de renegar de todo lo dicho y se encaminaba por la senda constitucional. Por eso, cuando el juez Llarena resolvió en contra del criterio de la Fiscalía, que reclamaba prisión incondicional, el alivio del Gobierno sonó a resoplido de satisfacción exhalado a todo pulmón por el mismísimo dios Eolo. Al final, al decir de Cervantes, "la verdad andará sobre la mentira como el aceite sobre el agua".

En esta ceremonia de la confusión, la renegada Forcadell remeda a El DeseadoFernando VII cuando engatusó a los liberales doceañistas con aquel grandilocuente "Marchemos francamente, y Yo el primero, por la senda constitucional" para luego dejarlos en la estacada y virar al absolutismo del que nunca apostató aquel felón de cuna. Si en la hora suprema uno puede desdecirse de una vida entera, ¿cómo Forcadell no lo iba a hacer en la hora del Supremo? O dicho de otra manera, si uno no está obligado a declarar contra sí mismo, ¿cómo no va a mentir para burlar la trena?

De ser cabal su retractación y la de otros que tomarán ese atajo, estas navidades faltaría sitio en los belenes para tanto caganers con la efigie de quienes fingían ser "los héroes de nuestro tiempo" y se han visto retratados en el espejo cóncavo del esperpento de una República catalana nonata. Lástima que la fianza de Forcadell lleve la firma de la Asamblea Nacional Catalana, brazo civil del golpe, y ello destape este juego de cartas marcadas en el que la argucia de la presidenta del Parlament se encontraría con la receptividad convenida de un Gobierno dispuesto a dejarse engañar en aras del apaciguamiento imposible de quienes buscan una parada técnica para reemprender su larga mancha hacia la independencia.

No obstante lo cual, quien dijo que nunca daría un paso atrás ha llevado tan lejos su pantomima que ha retrocedido hasta el extremo ridículo de parecer la nueva Carmen de España. Eso sí, a diferencia de la cigarrera sevillana de Mérimée que enceló al suboficial don José y al torero Escamillo, su tragedia la comparte con don José Puigdemont y Escamillo Junqueras, aunque sus hechuras sean de picador. Uno y otro andan a cuchilladas, como los protagonistas de la ópera.

He aquí elementos por si el simpar Calixto Bieito quisiera encarar una nueva producción -esta vez con caracteres de ópera bufa- de Carmen para reconciliarse con los espectadores del Teatro Real que abuchearon su controvertida manufactura sobre este mito mundial. Todo ello enmarcado en un paisaje que rememora al descrito por Miguel Maura, atrapado en medio de dos regímenes fracasados como él mismo, y que le hace lamentarse: "Nuestro sino viene siendo el de ser una nación en perpetuo y agitado período constituyente".

El lavado de cerebro: ésa es la cuestión en Cataluña
EDUARDO INDA Okdiario 12 Noviembre 2017

La Real Academia no se anda con ambages ni remilgos a la hora de definir qué es un lavado de cerebro: “Modificar profundamente las ideas y creencias de una persona aplicándole técnicas de manipulación psicológica”. Eso sí: se queda corta porque no habla de los que tienen la consciencia en blanco, es decir de los bebés y de los niños, en resumidas cuentas, de aquéllos que son campo trillado para los fascistoides que quieren imponer sus pensamientos al prójimo de manera espuria.

Cataluña no es una sociedad enferma porque muchísimos padres se ponen las pilas contraprogramando a los niños que llegan a casa destilando odio contra todo lo que huela a España, desinformados, desnortados y con un concepto de la Historia y la Geografía que pondría los pelos de punta a Ortega o Marañón y no digamos al gran José Antonio Marina. Pero para mí constituye ya un dogma de fe el sectarismo y el fanatismo inoculado a cientos de miles de catalanes.

A mí no me van a contar de qué hablo porque lo padecí con mi hijo mayor en la cada vez más catalanizada Baleares. Fue al mejor colegio de Palma, los primeros años no tuvo problemas, pero cuando ya sobrepasaba ese umbral vital que es el uso de razón le cayó en desgracia una profesora nacionalista, más pija que Snoopy (hablaba en español como Rita Maestre) pero nacionalista. Cuál sería mi sorpresa cuando un día me espetó en ese paraíso a tiro de piedra de Palma que es Illetas:

—Papá, ya sé contar—.
—A ver…—.
—Un, dos, tres, quatre, cinc, sis, set, vuit…—.

Cuando mi estupefacción estaba en la estratosfera, una nueva arremetida del imberbe la disparó al fin del universo:

—Y también he aprendido los colores—.
—No te los sabes—, le chinché.
—Claro que sí: blanc, negre, vermell, verd, groc…—.

Monté un educadísimo pollo que no lo superaría ni un lord inglés pero dio igual porque el Decreto de Mínimos (la Ley Lingüística del corrupto Matas) obligaba a impartir “al menos” el 50% de las clases en catalán, que no en mallorquín. O sea, que podías reducir el español a un 10% como, de hecho, hacían numerosas escuelas. Manda huevos lo principal y lo accesorio. Han pasado 12 años de aquella desagradable anécdota y en las urnas ya se nota cómo el machaque en muchas aulas va haciendo efecto. Cada vez son más por culpa de una presidenta de Baleares, Francina Armengol, que es una independentista travestida de socialista. Me parece tan de recibo que se enseñe catalán en Cataluña (sólo faltaría) y mallorquín en Mallorca como indignante que se prive a los padres de elegir en qué lengua se educan esencialmente sus descendientes. Es de coña que lo elija el presidentusco o presidentoida de turno y no quienes gozan de su patria potestad.

Lo de Cataluña es fascismo puro. Y duro. Y repugnante. Y anormalizante. Para que comprendan la dimensión del problema les formularé una sencilla pregunta. ¿Cuántos chicos y chicas cursan Educación Infantil, Primaria, Secundaria y Universitaria en Cataluña? Cualquiera de ustedes se echará a temblar en milésimas de segundo cuando les facilite el dato: 1.548.279 (últimas cifras facilitadas por la Generalitat).

Ergo, hay millón y medio de muchachos y muchachas que cada día escuchan, más explícita que implícitamente, que Cataluña no es España, consecuentemente, que es una nación, que la Guerra de Sucesión de 1714 entre borbones y austrias fue una Guerra de Secesión, que España nos roba, que Companys fue un mártir y no el asesino de 8.000 conciudadanos, que este sujeto nauseabundo es el padre de la patria, amén de una suerte de indisimulados elogios al mayor delincuente político de Europa Occidental, Jordi Pujol Soley.

Los niños conocen como nadie los ríos, las montañas y las ciudades de Cataluña pero no tienen pajolera idea de qué coño es eso de la Reconquista, las Cortes de Cádiz o quién es un tal Diego Velázquez. Los Reyes Católicos, sí, aunque parcialmente. Allí se les inocula que Cataluña era un reino con Fernando de Aragón olvidando que no pasó de condado. De la lectura y la escritura en español ni hablamos porque son dos horas semanales. Consecuencia: buena parte de los alumnos le meten más bofetadas al Diccionario que Mike Tyson a sus incautos rivales. Los más son cuasianalfabetos funcionales a la hora de redactar un texto en la lengua de Cervantes, Quevedo, Calderón, Machado, García Lorca, Juan Ramón Jiménez, Cela, García Márquez, Vargas Llosa o Rulfo, entre otros muchos genios y premios Nobel. Por cierto: un idioma que hablan 600 millones de personas en todo el mundo y que te puede permitir circular sin perderte en la traducción por ciudades como Nueva York, Los Ángeles y no digamos ya Miami.

La imagen del miércoles pasado en una autopista vale más que mil palabras. Cinco niños, el mayor de los cuales no tendría más de tres o cuatro años, el más pequeño de meses, sentados en medio de la vía cortando el tráfico con un cartel por bandera en el que se pedía la libertad de dos jordis delincuentes: Sánchez y Cuixart. ¿Se puede estar más enfermos que los malnacidos de sus padres? La escena era calcadita a las del nazismo, el comunismo, el chavismo o a las que nos llegan a diario de la Corea del Norte del asesino Kim Jong-un. Una demencia. En cualquier país normal a los progenitores les habrían retirado ya la guarda y custodia de los menores. Por enfermos mentales.

¿Por qué se quedó el dictador democrático Jordi Pujol la Educación? Pues porque es tan listo como golfo, es decir, porque es listísimo. Y a una mente privilegiada para el mal como la suya no se le escapaba que el que controla la Educación, controla el futuro. Y no a corto o medio plazo sino durante generaciones. Dominar la lengua vehicular es tanto como dominar a tu antojo a un ser humano. No olvidemos que es aquella en la que los imberbes aprenden a pensar. De ahí a convertirlos en esclavos mentales de una causa no media precisamente un abismo.

El lavado de cerebro en las aulas es propio de las peores satrapías. Y como he subrayado hasta la saciedad, las tiranías pueden surgir de varias maneras: con la prototípica, un golpe de Estado, o tras unas elecciones impecablemente democráticas. Llegas, ves, vences en buena lid y cambias las normas como te salga del arco del triunfo. Eso sí: siempre en nombre de la libertad y la democracia para, poco a poco, dejar reducida la libertad a la condición de papel mojado. Hitler, Chávez, Maduro o Putin son algunos acollonantes ejemplos. Y, aunque algunos lo nieguen mientras les crece pinochescamente la napia, no hay peor ciego que el que no quiere ver, también el ladronísimo Pujol.

El lavado de cerebro tiene como fin último perpetuar sine die el régimen en el poder. Que los gobernados no sepan diferenciar entre el bien y el mal, que no discriminen, que sean súbditos y no ciudadanos, vamos, que desde arriba los muevan como títeres. Cuando algún indocumentado o sectario madrileño de tres al cuarto argumenta en TV que con Rajoy se ha disparado el número de independentistas (el presidente tiene la culpa hasta del asesinato de Kennedy, lo debió de matar con ocho años), yo le contraargumento con varias y poderosas razones: en el País Vasco han caído a plomo y en Cataluña hay más como consecuencia de la involución educativa iniciada por el pujolismo en 1983. Treinta y cuatro años de programación cerebral han provocado que donde antes había un millón de separatistas ahora haya dos. Dos millones que, tampoco nos volvamos locos, son muchos en términos absolutos pero no tantos si lo analizamos con proporcionalidad: el 27% de la población. Que es tanto como sostener, sin manipulación alguna, que el 27% de los catalanes quiere imponer sus redaños al 73% restante. Flipante. Eso sólo ocurre en las dictaduras.

De aquellos polvos vienen estos lodos. Cuando debates con independentistas catalanes te percatas en cuestión de segundos que están todos cortados por el mismo patrón e irreversiblemente fanatizados. Mismas cantinelas, mismos términos, mismos lugares comunes y cero lugar para la autocrítica. Les escucho perorar sobre los “presos políticos”, sobre “la dictadura que se padece en España”, llamar “golpe de Estado” al 155 y no a Puigdemont y cía, sostenella y no enmendalla con “la histórica nación catalana”, soltar que “TV3 es una televisión libre”, identificar a la España de Rajoy con la de Franco y quedarse tan panchos y negar la mayor, que no es otra que el tan indiscriminado como psicopático adoctrinamiento en las aulas.

Tengo tan claro esto como que la mayoría natural de Cataluña, esa mayoría silenciosa a la par que atemorizada, está cero fanatizada. Lo compruebo cada vez que piso la tierra de mis dos abuelas. Todo el mundo, insisto todo el mundo, me trata de maravilla, jamás he visto una mala cara, siempre todo es amabilidad, educación y seny. Miento, una vez sí me insultaron: fue un pijo a bordo de un Q7 de 100.000 euros perfectamente trajeado y aconteció en la parte alta de Barcelona. El problema es que de las escuelas salen más chicos y chicas programados que librepensadores. Y eso a medio y largo plazo es un desastre en términos intelectuales, constitucionales, históricos y sociológicos. Cuando tú, señor Estado, has dejado el terreno de juego entero al enemigo durante 37 años lo normal es que tardes otros tantos en darle la vuelta a la tortilla. El caso es que si continúa el achique de espacios por parte del independentismo durante 15 más, la segunda nación más antigua de Europa (España) pasará a la historia.

Por eso se me despierta la ternura cuando escucho las palabras de optimismo ante el 21-D del Gobierno, del PP, de la imparable Arrimadas, del valiente Albiol o del genial Iceta. Para empezar, porque el lenguaje no verbal no acompaña, su cara suele ser un poema. Y, para terminar, porque mientras no se termine con la pacífica violencia (no hay peor intimidación que la que se ejecuta con las leyes y no con las porras) que padecen los constitucionalistas, mientras TV3 continúe falsificando el pasado, el presente y el futuro y mientras en las escuelas y en la universidad se lave el cerebro, NO HAY NADA QUE HACER. Ojalá me equivoque y veamos a Arrimadas de presidenta el penúltimo jueves del año. Me temo que la vida seguirá igual. Ellos actuando las 24 horas contra España y nosotros contemporizando. Los tahúres golpistas jugando con cartas marcadas y los demócratas sin trampa ni cartón. Ellos adoctrinando hasta la náusea y nosotros haciéndoles el juego por aquello de la corrección política, como cuando algunos prohombres madrileños hablan gilipollescamente de “Girona” o “Lleida” olvidando que en castellano es “Gerona” y “Lérida”. Si Orwell resucitase, escribiría sin solución de continuidad un libro recordando su mítico 1984 o ese Mundo Feliz de Huxley. Sobra decir que se titularía Cataluña 2017.

Mentirosos
El Semanal Digital 12 Noviembre 2017

La confesión de Forcadell de que la 'República' nunca existió pincha el globo soberanista y coloca a sus cabecillas frente a la responsabilidad personal por haber generado una gran mentira.

La aceptación por parte de Forcadell de la legalidad constitucional vigente, mediante la asunción ante el juez del Supremo del artículo 155, supone un golpe definitivo al alocado 'procés' que ella misma, en compañía del resto de partidos y entidades secesionistas, ha venido impulsando con kamikaze constancia desde al menos 2012.

Por mucho que sus corifeos intenten presentar el testimonio de la presidenta del Parlament como una especie de pérfida estrategia judicial con la que engañar a todo el mundo, lo cierto es que Forcadell ha terminado de pinchar el globo soberanista y de mostrar su verdadera esencia: una falacia, como ella misma reconoció al negar la vigencia de la República de Cataluña y de la DUI que tan solemnemente habían proclado a finales de octubre.

Mintieron hasta a quienes les seguían al acantilado, y sólo han dejado de incendiar cuado la factura la van a tener que pagar ellos

Esa confesión reconoce y resume que la única estrategia del independentismo ha sido calentar a las masas más manipulables, induciendo un estado de ánimo guerrillero mediante la recreación de una realidad paralela que presentaban como cierta y no era más que una pantomima.

Un daño real
El problema es que estos irresponsables, instalados en la mentira, la delación o la fuga, caso de Puigdemont, han provocado con su ruindad unos desastres reales: la fractura en dos de la sociedad catalana, la fuga de más de 2.000 empresas, el incremento del paro, la caída del turismo o la mala imagen internacional de España son efectos objetivos y medibles de un paranoia política, de corte sectario, que estaba dispuesta al suicidio colectivo... de todos los demás.

Cobardes
Porque cuando el precio lo iban a tener que pagar ellos, los cabecillas del golpe, se han buscado todos los trucos al alcance para intentar esquivar las repercusiones legales y económicas de sus decisiones y comportamientos: incendiar la calle y tratar de ver el fuego desde el salón define la catadura siniestra y cobarde de Forcadell, Junqueras o Puigdemont.

Pero permite también desinflar su teatro y limitarlo, poco a poco, al lugar que se merece: los juzgados, donde con prisión preventiva o sin ella van a tener que dar cuenta de todo y pagar la factura correspondiente. Cerrar las heridas abiertas por ellos llevará más tiempo, pero éste es un primer paso necesario y saludable.

La Guardia Civil arruina a Puigdemont: los 831 millones del robo independentista
ESdiario 12 Noviembre 2017
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Mientras el presidente cesado sigue haciendo declaraciones desde su fuga en Bruselas, la Benemérita hace su trabajo y descubre millonarias cantidades del procés disfrazadas en 33 contratos.

La Generalitat de Cataluña “ocultó” la creación y el desarrollo de estructuras de Estado entre los acuerdos marco y contratos que formalizó entre los años 2012 y 2016 con más de 40 empresas tecnológicas. El informe entregado en el Juzgado número 13 de Barcelona ha seleccionado un total de 33 contratos por valor de 811 millones de euros, en los que podrían estar camuflados los trabajos para dar soporte informático a las nuevas estructuras que preveía crear el Gobierno catalán para dar paso a la República.

Este informe, que se realizó inicialmente por orden de la Fiscalía de la Audiencia Nacional, incluye los contratos realizados por el CESICAT (Centro de Seguridad de la Información de Cataluña) o a través del Centro de Telecomunicaciones y Tecnologías de la Información de la Generalitat de Cataluña (CTTI), con el que el primero tiene un convenio de colaboración, y que han levantado sospechas de los investigadores.

El CTTI es el organismo del Gobierno catalán encargado de la contratación centralizada, la gestión y el suministro de soluciones en el ámbito de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) de toda la Administración autonómica.

Según explica la Guardia Civil, que continua su trabajo mientras Carles Puigdemont sigue su escalada de manifestaciones desde Bruselas la última este mismo sábado en un mensaje grabado para los manifestantes, aparte de la licitación pública habitual para la contratación de obras y servicios, el CTTI “ha estado utilizando de manera habitual los denominados Acuerdos-Marco, donde se regulan las condiciones que deben regir los contratos”.

En esos Acuerdos-Marco se contempla la prestación de servicios mediante dos modalidades: recurrentes y bajo demanda. Sin embargo, es esta última modalidad la que permite encargar la prestación de cualquier servicio con la única presentación a la sociedad adjudicataria del contrato, de un orden de trabajo, es decir, “sin necesidad de la publicidad derivada de una licitación pública”.

En el momento de realizar el informe, la Guardia Civil estaba investigando la creación de la Agencia Nacional de Seguridad catalana, considerando que para su desarrollo el CESICAT constituiría una parte “esencial”. Por ello, seleccionó todos los acuerdos marco y contratos formalizados por la Generalitat de Cataluña entre los años 2012 y 2016 a través del CTTI, los que “a juicio” de los investigadores incluyeran la prestación de servicios y “en su marco de desarrollo se hubieran podido ocultar la creación y desarrollo de estructuras de Estado”, entre las que se incluyera la citada Agencia Nacional de Seguridad.

Se trata de 33 contratos con más de 40 empresas tecnológicas, entre las que están grandes sociedades y multinacionales, algunos de ellos se han realizado a través de UTEs (Uniones Temporales de Empreas) y otros, directamente con las sociedades interesadas. La suma de los importes de estos contratos asciende a 811.443.729 euros.

Detenciones
La empresa que logró contratos por un importe mayor fue T-Systems ITC Iberia, que a través de cuatro expedientes contrató por un total de 309,89 millones de euros, divididos en los siguientes importes: 152,788 millones y 53,31 millones del primer expediente; 35,22 millones, 17,53 millones y 25,91 millones de un segundo expediente; 10,63 millones del tercero y 14,49 del último expediente de contratación.

Se da la circunstancia de que la directora general de esta sociedad, Rosa María Rodríguez Curtó, resultó detenida en la operación que llevó a cabo la Guardia Civil el pasado 20 de septiembre contra todo el entramado que estaba preparando el referéndum del 1 de octubre.

El juez, además, ordenó la entrada y registro en su despacho profesional, con la incautación de toda la documentación de los trabajos de esta empresa para la Generalitat de Cataluña y ordenó, además, el registro de los despachos y dependencias en las que trabajaban tres empleados de su equipo.

Por cuantía de la contratación con el Gobienro catalán, le sigue un contrato de una UTE formada por cuatro empresas, entre ellas, una conocida multinacional, que incluye dos pagos de 130,98 millones de euros y 17,87 millones.

Otra UTE integrada también por una multinacional y otras dos sociedades se adjudicó otro contrato por valor de 62,53 millones de euros. Mientras que una UTE constituida por otras tres empresas logró otro contrato por 66,61 millones.

Pero hay otros muchos contratos de grandes cuantías realizados con el CTTI de la Generalitat de Cataluña con otras UTEs por 45,91 millones; 44,72 millones de euros; 42,66 millones; 21,95 millones. Además, el CTTI contrató directamente con sociedades individuales por 34,40 millones; 211.684 millones, 205.932 millones y por otras cantidades menores, hasta un total de 33 contratos de prestación de servicios TIC que, según la Guardia Civil podrían haber sido utilizados por la Generalitat para “ocultar” la creación de las estructuras de Estado.

Los falsos contratos
Muchos de estos contratos lo son bajo el epígrafe de prestación de servicios de Tecnología de la Información y Comunicación centrales de carácter continuado de la Generalitat de Cataluña para diversos departamentos. Entre ellos, los hay para el aprovisionamiento de infraestructura de proceso de datos; organismos y entes dependientes de la Generalitat; gestión tributaria basada en una solución de mercado y herramientas para su despliegue; servicios de consultoría, cumplimiento normativo y gobierno de riesgo para el CESICAT; servicio avanzado de detección y protección contra ciberamenazas o servicios de apoyo a la actividad derivada de la operación de la seguridad del CESICAT.

También hay otros de mantenimiento de aplicaciones del Departamento de Territorio y Sostenibilidad; para la Secretaría General, Secretaría de gobierno, el Gabinete Jurídico Central y la dirección de servicios del Departamento de la Presidencia; o de gestión de sistemas informáticos del departamento de Gobernación y Relaciones Institucionales.

A ello se añaden los de colaboración entre el sector público y privado para el aprovisionamiento y mantenimiento de aplicaciones de la Generalitat o para el aprovisionamiento de infraestructura de proceso de datos o el de prestación de servicios de Oficina Técnica para el Gobierno y dirección de la planificación, coordinación, seguimiento e implantación de todos los procesos de transición y transformación del nuevo Modelo de servicios TIC.

Las 40 disonancias cognitivas del independentismo catalán

Para cada revés político o económico, el independentismo ha inventado una excusa cuyo parecido con la realidad es sólo pura coincidencia.
Cristian Campos elespanol 12 Noviembre 2017

1. Según datos facilitados por el Consejo General del Poder Judicial, Cataluña es la comunidad española con más imputados por corrupción: 303 en total, por 153 en Andalucía, 145 en Madrid o 51 en Valencia.

“España nos roba”.
2. Europa anuncia que no reconocerá jamás una Cataluña independiente.

“No tendrán más remedio que aceptarlo cuando el Parlamento catalán declare la independencia”.
3. El Parlamento catalán declara la independencia. Apenas dos decenas de miles de personas lo celebran en la calle.

“Nos guardamos las fuerzas para lo que se avecina”.
4. Tras declarar la independencia, todos los países europeos, sin excepción, rechazan reconocerla.

“Hay que darles unas horas. Esto no es inmediato”.
5. Días después, ningún país europeo ni del resto del mundo la ha reconocido todavía.

“A Estados Unidos tampoco lo reconoció nadie”.
No nos presentaremos a unas elecciones impuestas por el Gobierno franquista español
6. Todos los países de la UE reafirman su compromiso con la democracia y el Estado de derecho y reiteran que cualquier solución al conflicto catalán pasa por la Constitución española.

“La Unión Europea ha renunciado a sus principios fundacionales y ya sólo es una organización fascista”.
7. Mariano Rajoy cesa al Gobierno catalán en pleno y convoca elecciones autonómicas al amparo del artículo 155 de la Constitución española.

“No nos presentaremos a unas elecciones impuestas por el Gobierno franquista español”.
8. ERC y el PDeCAT anuncian de inmediato su intención de presentarse a las elecciones autonómicas.

“Son elecciones plebiscitarias”.
9. 48 horas después de la declaración de independencia se hace evidente que los líderes políticos nacionalistas no han planeado, diseñado o construido ninguna de las estructuras de Estado prometidas a sus votantes.

“Esto era sólo un primer paso al que han de seguir muchos más”.
10. En el transcurso de una conversación intervenida por la Guardia Civil, el secretario de Hacienda catalán Lluís Salvadó reconoce que “nadie con dos dedos de frente” puede creer que una Cataluña independiente es viable económicamente.

“Israel nos financiará”.
11. Josep Rull acude a su despacho después de ser cesado para recoger sus pertenencias. Se hace una foto en la que finge trabajar.

“El Gobierno de la Generalidad resiste en sus puestos”.
12. Los funcionarios de la Generalidad y del resto de organismos públicos catalanes acatan sumisamente el cese de sus superiores y siguen trabajando con normalidad a las órdenes de los funcionarios designados por el Gobierno central.

“El Gobierno central está en una posición muy débil, se ve incapaz de controlar la administración catalana”.
Jaque mate del Presidente de la Generalidad
13. Puigdemont huye a Bélgica y deja en la estacada a la mitad de su Gobierno, al que ni siquiera informa de sus planes.

“Jugada maestra del President. Una petición de asilo político evidenciará que España es una dictadura”.
14. Puigdemont es informado por sus asesores jurídicos de que una petición de asilo político entre democracias europeas es absurda.

“Jaque mate del Presidente de la Generalidad. Al no pedir asilo político evidencia que su intención es la de constituir un Gobierno catalán en el exilio”.
15. Puigdemont no se presenta a la citación judicial y rompe la estrategia de defensa de Junqueras y de sus exconsejeros para evitar la prisión preventiva al imperdirles alegar inexistencia de riesgo de fuga.

“Ya dijo Junqueras que durante los días posteriores a la declaración de independencia se tomarían algunas decisiones que costaría entender”.
16. La Audiencia Nacional decreta prisión provisional para Junqueras y siete exconsejeros.

“Esto demuestra que en España no existe la separación de poderes”.
17. El Tribunal Supremo decreta libertad bajo fianza para Forcadell y cuatro miembros de la Mesa del Parlamento catalán.

“Esto demuestra que en España no existe la separación de poderes”.
Son fachas violentos venidos de fuera de Cataluña
18. Joan J. Nuet, el quinto miembro de la Mesa del Parlamento, dice que seguir hablando de una hipotética república catalana es “engañar a la gente”.

“Joan J. Nuet está haciendo de vocero del Gobierno español”.
19. Un millón de personas se manifiestan pacíficamente a favor de la Constitución y el Estado de derecho el 8 de octubre en Barcelona.

“Son fachas violentos venidos de fuera de Cataluña”.
20. Piquetes de los Comités de Defensa de la República (CDR) cortan carreteras y ocupan infraestructuras clave durante la huelga del 8 de noviembre, convocada por el terrorista Carles Sastre, e impiden el derecho al trabajo y a la libre circulación de cientos de miles de catalanes. Todo ello con la complicidad de los Mossos d'Esquadra, que en no pocas ocasiones se encaran y empujan a los ciudadanos que les suplican que actúen contra los piquetes.

“Somos un movimiento pacífico”.
21. Carmen Forcadell acata el 155 frente al juez instructor del Tribunal Supremo.

“Acatar no es apoyar”.
22. Carmen Forcadell afirma que la declaración de independencia era simbólica y anuncia su desvinculación del procés.

“Lo ha dicho para evitar el ingreso en prisión".
23. Los bancos anuncian que la inestabilidad política podría llevar a su salida de Cataluña.

“Los bancos no se irán de Cataluña porque no son hermanitas de la caridad”.
24. Los bancos trasladan sus sedes fiscales fuera de Cataluña.

“Esto no tiene impacto económico real, los trabajadores siguen aquí”.
25. 300 empresas trasladan su sede fiscal fuera de Cataluña.

“Que se vayan. Crearemos más empresas”.
26. Sólo unos pocos días después, ya son 600 las empresas que han trasladado su sede fiscal fuera de Cataluña.

“Están recibiendo presiones del Gobierno”.
27. Una semana después, son ya 1.000.

“Se van obligadas porque no quieren trabajar en un país en el que la policía pega a los ciudadanos”.
28. 2300 empresas han trasladado ya su sede fiscal fuera de Cataluña. Y la sangría no se detiene.

“Son sólo un pequeño porcentaje de las empresas catalanas”.
29. Se publica el dato de que las empresas que han salido de Cataluña representan aproximadamente un 30% del PIB catalán.

“Volverán”.
30. El Mobile World Congress se plantea dejar Barcelona.

“Que se vayan. Sólo son negocio para las putas”.
31. La Caixa traslada su sede a Valencia y su fundación a Palma.

“Se han ido de Cataluña, pero no de los Países Catalanes”.
Europa empieza a despertar
32. Descenso del 30% en las reservas hoteleras para el año que viene y del 50% en las de Airbnb.

“No queremos turistas. Tenemos más de los que necesitamos”.
33. Salta el rumor de que la UE ha descartado Barcelona como posible sede de la Agencia Europea del Medicamento.

“La decisión final aún no está tomada”.
34. Sólo la ultraderecha belga apoya a Puigdemont en Bruselas.

“Bélgica apoya a Puigdemont. Europa empieza a despertar”.
35. Tras el interés inicial, la prensa europea empieza a aburrirse frente a la falsa declaración de independencia e ironiza ya abiertamente sobre Puigdemont y el victimismo catalanista.

“La opinión europea está empezando a virar. Cada vez hablan más de nosotros”.
36. Puigdemont pronuncia un discurso delirante frente a doscientos alcaldes de pequeños pueblos catalanes en el que menciona el franquismo, el nazismo e insulta a la UE.

“El discurso de Puigdemont no sería tan beligerante si no contara con amplios respaldos en la UE. Se está preparando algo gordo contra España”.
37. Aparecen cientos de fotografías y de pruebas documentales que acreditan la manipulación y el adoctrinamiento de niños en el sistema educativo y la televisión pública catalana.

“Nuestro sistema educativo es ejemplar”.
38. En las manifestaciones y concentraciones independentistas, cada vez menos numerosas, sólo se ve ya a adolescentes. Colegios e institutos les conceden días libres y sus profesoresles animan a concentrarse.

“La juventud catalana es la más comprometida del mundo”.
39. Amnistía Internacional rechaza calificar de “presos políticos o de conciencia” a los consejeros en prisión preventiva.

“Amnistía Internacional tampoco consideró a Mandela preso político”.
40. Apenas dos semanas después de la aplicación del 155 y del fin de las ayudas que el Gobierno catalán concedía regularmente a la prensa catalana, varios medios catalanes anuncian expedientes de regulación de empleo que en algunos casos suponen el despido del 50% de su plantilla.
“Prensa española manipuladora”.
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