AGLI Recortes de Prensa   Sábado 18  Noviembre 2017

La educación en Cataluña, pura ingeniería social
EDITORIAL Libertad Digital 18 Noviembre 2017

Los nacionalistas se han servido de la educación pública y la prensa para llevar a cabo una lavado de cerebro colectivo.

El profundo lavado de cerebro al que ha sido sometido el conjunto de la sociedad catalana a lo largo de estos casi 40 años de nacionalismo imperante se ha llevado a cabo de forma meticulosa gracias al control de dos herramientas básicas: la educación y los medios de comunicación.

No es de extrañar, por tanto, que los profesores sean, de lejos, el colectivo de profesionales más independentista que existe en Cataluña, junto con el de periodistas, tal y como señala un informe de Convivencia Cívica Catalana. Seis de cada diez profesores militan en el separatismo y el 25% se declara votante de ERC, en ambos casos muy por encima de la media regional. Dada la absoluta dependencia financiera que presentan estos dos sectores con respecto al dinero público y el férreo control que ejerce la Generalidad sobre su funcionamiento y desarrollo, es evidente que el movimiento secesionista se ha valido de estos poderosos instrumentos para, por un lado, adoctrinar a varias generaciones de jóvenes en el odio hacia España y, por otro, manipular a la opinión pública mediante todo tipo de falsedades y mentiras, con el único fin de alimentar y consolidar su propia base electoral.

Los largos años de bombardeo ideológico al que han estado sometidos los catalanes han terminado desembocando en la trágica fractura social y el preocupante clima de incertidumbre política que padece hoy esta comunidad autónoma por obra y gracia de unos políticos irresponsables, desleales y sectarios.

Curiosamente, uno de los elementos que se suele emplear para justificar la existencia de la educación pública es la difusión de una serie de valores y principios comunes por parte del Estado con el fin de favorecer la integración y la unidad social dentro de un país, pero en el caso catalán, por el contrario, las autoridades políticas han aprovechado este resorte para sembrar la semilla de la división y el rechazo a todo aquello que no comulgue con el ideario separatista, lo cual resulta dramático, además de triste. Los nacionalistas han demostrado, sin duda, un alto grado de eficacia en esta materia y, como resultado, muchos jóvenes catalanes militan hoy en el movimiento separatista, tal y como les han enseñado.

Los responsables de este histórico desatino, sin embargo, no solo son las formaciones independentistas, sino las grandes fuerzas políticas a nivel nacional, con PSOE y PP a la cabeza, ya que dejaron hacer durante años, a pesar de los reiterados incumplimientos de la ley y de las sentencias judiciales que ha protagonizado la Generalidad en las cuestiones relacionadas con la educación, como, por ejemplo, el derecho de los padres a elegir el idioma en el que quieren educar a sus hijos. Esta vergonzosa dejación de funciones por parte del Estado ha sido convenientemente aprovechada por los nacionalistas para llevar a cabo su particular proyecto de ingeniería social.

Y lo peor de todo es que, a pesar de que dicho adoctrinamiento es indiscutible, el PSOE no duda en respaldar en el Congreso el modelo educativo catalán junto a ERC, demostrando, una vez más, que no han entendido nada de lo que está pasando en Cataluña. En un mundo ideal, la solución a este y otros problemas educativos consistiría en que los padres decidan libremente la educación de sus hijos mediante una verdadera competencia entre centros con absoluta libertad curricular gracias, entre otros mecanismos, a la implantación del cheque escolar para garantizar la igualdad de oportunidades. Pero, dado que ningún partido opta en la actualidad por algo ni remotamente similar, la única posibilidad de restaurar una educación decente en Cataluña consistiría o bien en que el Gobierno recupere esa competencia o bien en que la Inspección cuente con las herramientas necesarias para imponer el cumplimiento de la ley en las aulas. En caso contrario, los nacionalistas seguirán abusando de las instituciones y del dinero de todos los contribuyentes para lavar el cerebro a las futuras generaciones de catalanes con fines puramente electorales.

Educación: una generación perdida
Gonzalo Duñaiturria OKDIARIO 18 Noviembre 2017

Como paradigma “ideal” del compromiso con nosotros mismos y de lo que “debe ser”, un importante papel del individuo consiste en esforzarse cada día por lograr una sociedad mejor, asentando nuestro entorno en una convivencia sana, en el respeto y en la cimentación de valores imperecederos. Para ello es necesaria una sólida y desinteresada formación, instrucción, educación, desde la raíz del propio individuo, desde la difícil visión de que el ser humano debe ser capaz de mejorar cada día y proporcionar el mejor bienestar para él y sobre todo para su comunidad. Muchas veces perdemos la perspectiva de lo que supone de prioritaria la educación o instrucción de nuestra juventud. Nunca estuvo entre las principales preocupaciones de los españoles y mucho menos de nuestros políticos. La educación no solo es el conocimiento de hechos objetivos, sino ir más allá. Supone la capacidad de quien enseña y de los poderes públicos de hacer del discípulo un individuo más humano, cercano y empático. Pero el cénit, el culmen de una buena educación radica en enseñar a pensar por uno mismo, fuera de demagogias, peroratas o sermones.

Sacar conclusiones, formarse un criterio propio, tener capacidad de análisis y crítica, abrir nuevas alternativas frente a la ortodoxia y contra lo “políticamente correcto”. Justo lo contrario de lo que el separatismo catalán lleva haciendo desde hace casi una década, utilizando las aulas para adoctrinar en el odio a España. Se actúa contra la educación, contra la instrucción, habiendo convertido ya una generación en individuos de pensamiento totalitario. Un adoctrinamiento claro, medido, silenciosa y siniestramente programado. Nos encontramos ante una estrategia perfectamente diseñada por el nacionalismo catalán, desde los tiempos de Jordi Pujol “el honorable”, donde en las escuelas, colegios, institutos y universidades no se enseña a pensar, sino que se enseña a “qué pensar”, a “construir” individuos con inoculadas consignas ideológicas. Y durante 40 años, los sucesivos gobiernos centrales no han adoptado una posición suficientemente clara respecto a dicho adoctrinamiento.

Más bien todo lo contrario. Han pesado más sus intereses políticos y el apoyo y migajas de los votos nacionalistas en Madrid que atajar el problema del “amaestramiento” soberanista catalán. Se banalizó y se sigue banalizando tan cruda realidad. Desde hace mucho tiempo se hace necesario que la educación deje de estar en manos del nacionalismo en general y del catalán en particular. El Gobierno, en pro de venideras generaciones y por tranquilidad de la actual debería haber aprovechado la aplicación del artículo 155 para centralizar la política educativa. La Unión Sindical de Inspectores de Educación (USIE) lleva mucho tiempo denunciando dicha política, que se ejemplifica en que el 80% de los inspectores son designados “a dedo”.

La fe mueve montañas, pero yo me hago una pregunta, por muy loables que ahora sean los deseos del PP de controlar la situación. ¿Es posible que en escasos 50 días que durará la aplicación del 155, el Ejecutivo solucione el adoctrinamiento en las aulas y el control totalitario al que está sometida la educación?. Soy pesimista. Restaurar el orden constitucional es mucho más que reconducir la inaceptable afrenta realizada. Hay que ser valientes y no pensar solo en “lo inmediato”, típica actitud de nuestra clase política. Ya hemos perdido una generación y reformarla es una quimera, una tarea imposible. Y para evitar perder otra, es imprescindible recentralizar la educación. Como dijo Jean Cocteau, escritor, pintor y coreógrafo francés: “Formarse no es nada fácil, pero reformarse lo es menos aún”.

EN ESCUELAS PÚBLICAS
Cs pide amparo al Defensor del Pueblo por el adoctrinamiento en Baleares
La Gaceta  18 Noviembre 2017

Ciudadanos ha pedido “amparo” al Defensor del Pueblo en funciones, Francisco Fernández Marugán, para que investigue supuestos casos de “adoctrinamiento” en las escuelas públicas de Baleares.

El portavoz de Ciudadanos en Baleares, Xavier Pericay, ha entregado un informe al Defensor del Pueblo en el que se documentan supuestos adoctrinamientos y manipulaciones ideológicas “de extrema gravedad que conculcan derechos fundamentales”.

Ciudadanos denuncia en su documento que se han registrado actos en centros escolares contra España, para protestar contra la actuación oficial del 1-O y en defensa del referéndum ilegal en Cataluña.

Tras la reunión, Pericay ha declarado a los medios de comunicación que Ciudadanos no ha tenido “más remedio” que dirigirse a una instancia superior después de que la Consejería de Educación de Baleares niegue que el citado adoctrinamiento exista.

Pericay, el diputado del Congreso Fernando Navarro y la diputada del Parlamento balear Olga Ballester han trasladado a Fernández Marugán su “preocupación” y le han pedido “amparo”.

“Nos ha dicho que van a estudiarlo y ver de qué modo pueden intervenir”, ha precisado Pericay.

“El modelo balear es un modelo mimético del modelo catalán y lo que no queremos de ningún modo es que en Baleares o la Comunidad Valenciana, que son dos comunidades autónomas proclives a mimetizar el modelo de la escuela catalana, pueda ocurrir algo parecido”, ha añadido.

Pericay ha criticado que en las aulas públicas baleares se estén dando situaciones que “no habría que hacer en ningún centro educativo del mundo: convertir lo que tiene que ser un espacio de absoluta normalidad ideológica, de imparcialidad y de respeto a los principios constitucionales, en un espacio de adoctrinamiento, de arenga política”.

A su juicio, esto se viene dando en Baleares “de forma sistemática a lo largo de muchísimo tiempo”.

Pericay ha subrayado que los padres y los docentes no quieren denunciar esta situación por miedo a “singularizarse” y exponerse, ellos y sus hijos.

“Generalmente los padres no hacen nada, si puede se van a una privada, si lo pueden pagar”, ha sostenido.

Federico Jiménez Losantos: "Se ha echado una losa de silencio sobre los muertos del 11-M, un atentado para cambiar la historia de España"
El grupo Libertad Digital ha sido galardonado por estar con las víctimas "siempre de forma incondicional", haciéndolas "sentir siempre en su casa".
J. F. Úbeda Libertad Digital 18 Noviembre 2017

El presidente de Libertad Digital, Federico Jiménez Losantos, ha recibido este jueves el Premio Ayuda 11-M –que otorga la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M- en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, por, según el presentador, Íñigo Molero, liderar "un medio de comunicación que ha estado con nosotros siempre de forma incondicional, que nos ha hecho sentir siempre en su casa".

La vicepresidenta de la asociación, Angelines Coca, entregó al director de Es la mañana de Federico de esRadio el galardón. Este arrancó su discurso diciendo que, en el 11-M, "no murieron solamente 200 personas; se mató a 200 personas para acabar con el rumbo político de España". "Son como las 900 asesinadas por la ETA –continuó Jiménez Losantos-. Recuerdo haber conocido a Zoido cuando mataron a Jiménez Becerril en Sevilla. Había una conciencia clara de que las muertes no eran en vano. Cuando uno muere por una buena causa, la causa lo merece siempre que se guarda el recuerdo de esa causa".

"No sabemos la verdad"
Jiménez Losantos dijo que en la mañana de este jueves, "cuando veía las últimas novedades sobre la masacre de Las Ramblas, era todo un déjà vu. Esta historia ya la hemos visto". "Tiene una primera víctima, que es el muerto, claro; pero tiene una segunda, que es la verdad", agregó.

El presidente de LD insistió en que "no sabemos la verdad del 11-M, no sabemos quién ha sido. Y hay 200 muertos a los que lloramos y no sabemos quién los mató. Igual que hay 300 muertos de la ETA que no han sido investigados", denunciando que "sigue sin haber justicia, y hay un tío condenado a 40.000 años de cárcel porque estuvo en cuatro vagones a la vez, lo cual lo coloca muy cerca del papado".

"Muchos han olvidado que eso sucedió y que sucedió por un motivo político: echar a un Gobierno de España. Y mientras no recordemos cuándo empezó a torcerse, es imposible que hagamos justicia a las víctimas del 11-M", agregó.

El papel del periodismo
El director de Es la mañana... recordó al periodista Fernando Múgica, "el primero que desveló las patrañas, la desinformación", y criticó el papel que han tenido, en general, los medios de comunicación en este sentido: "Por desgracia, por frivolidad, a veces nos olvidamos de lo fundamental. Lo único que no se puede olvidar nunca es que han matado a alguien. Además, los muertos regresan".

En este sentido, Jiménez Losantos dijo que "la obligación de un grupo de comunicación es guardar la memoria del día a día" y se comprometió a hacerlo desde LD, recordando que "a los del 11-M los mataron por ser españoles, y eso no se debe olvidar".

Moris: "El 11-M fue un atentado contra el pueblo español"
Además de Jiménez Losantos, la AAV11M ha condecorado a la doctora Isabel Casado, subdirectora del Samur; a dieciséis jóvenes involucrados con proyectos internacionales vinculados a las víctimas del terrorismo, y Gabriel Moris, víctima y perito en el juicio. Este dijo que "cada día se confirma más que el 11-M fue un atentado contra el pueblo español", añadiendo que "no podemos olvidar que hace 13 años asistimos en Bruselas al nacimiento de esta asociación, y compartimos la esperanza, hoy realidad, para ayudar a las víctimas".

Por su parte, el ministro Zoido señaló que "es muy necesario reconocer la labor en favor de las víctimas del terrorismo". A Moris le dijo que "has demostrado como padre estar luchando por saber qué pasó y, sobre todo, por vivir con tu familia la tragedia de haber perdido un hijo en esas circunstancias". También tuvo palabras para Jiménez Losantos: "Muchas gracias, presidente, por estar aquí y por mantener ese compromiso con la defensa de las víctimas del terrorismo".

Ciudadanos alerta al Defensor del Pueblo de la expansión fuera de Cataluña del adoctrinamiento separatista
Entrega al Defensor del Pueblo un informe sobre las consignas a los escolares en Baleares después del 1-O.
Mariano Alonso Libertad Digital 18 Noviembre 2017

Ciudadanos continua con una ofensiva en varios frentes contra el adoctrinamiento separatista en las escuelas, que para el partido naranja se está extendiendo fuera de Cataluña. Por eso, este viernes el líder naranja en Baleares, Xavier Pericay, ha presentado en la oficina del Defensor del Pueblo en Madrid un informe sobre casos de adoctrinamiento en las islas, en particular, como ha señalado el también responsable de Educación de de los de Albert Rivera, con motivo de la consulta independentista ilegal del 1-O.

Al día siguiente, en varios centros de primaria y de secundaria del archipiélago los docentes aparecieron "vestidos de negro, en señal de luto por la democracia que acababa de fallecer el día anterior".

Pericay, diputado en el parlamento balear y una persona que ha dedicado buena parte de su trabajo intelectual previo a la política a las cuestiones educativas, ha recordado que el modelo balear, como el de la Comunidad Valenciana, ha seguido los pasos del aplicado en Cataluña: "Hemos visto cómo está la situación del adoctrinamiento ideológico en la escuela catalana, y lo que no queremos es que en Baleares o en la Comunidad Valenciana, donde son proclives a mimetizar el modelo, pueda ocurrir algo parecido".
Mejorar la alta inspección

La ofensiva política de Ciudadanos contra el adoctrinamiento continuará en breve, como ha anunciado este misma semana su portavoz parlamentario, Juan Carlos Girauta, con la presentación de una proposición de Ley a nivel nacional para modificar la alta inspección educativa, donde consideran que está el problema, antes que en haber transferido las competencias a las comunidades autónomas.

"La escuela es un templo cívico" ha repetido en los últimos meses Girauta, una frase que muy seguramente repetirá en la campaña catalana de diciembre Inés Arrimadas, donde la propaganda política a los alumnos catalanes será uno de los caballos de batalla del primer partido de la oposición en Cataluña contra sus rivales separatistas.

LOS INTELECTUALES Y ESPAÑAJOSÉ MARÍA MARCO
"Lo nacional tiene que volverse a hacer presente en Cataluña"
FERNANDO PALMERO El Mundo 18 Noviembre 2017

Historiador, pensador y ensayista ha dedicado parte de su culta y extensa obra a reflexionar sobre el concepto de nación española, en obras que no escondían su intención de dotar a la derecha política del discurso nacional y cultural del que carece. Optimista convencido, considera que los españoles han logrado desprenderse de sus prejuicios y sus miedos para manifestar sin complejos que quieren seguir siéndolo.

Cerraba José María Marco Sueño y destrucción de España (Planeta, 2015) con la certeza de que la consulta organizada de forma ilegal por Artur Mas en noviembre de 2014 significaba un fin de ciclo, un punto y final al proyecto nacido en la Transición. «Las élites españolas actuaron», reflexionaba Marco, «en la creencia de que, conseguida la democracia, no necesitaban la nación (...) España ha vivido un experimento en el que estaba en juego la creación de una comunidad política posnacional, vertebrada por lazos distintos a los que las naciones políticas e históricas habían ido formando durante siglos (...) [Este] fracaso cierra de una vez el ciclo de nacionalismo español surgido en torno a la crisis de fin de siglo, nuestro 98. Probablemente ha llegado la hora de librarnos de los siniestros fantasmas del nacionalismo y de que España, la idea de España y la propia palabra 'España', dejen de ser un problema». Las dos manifestaciones de Barcelona en las que los ciudadanos perdieron el miedo y el complejo a desplegar la bandera nacional, han venido a inaugurar, como anticipó Marco, un nuevo momento histórico en el que reivindicar lo español no es ya sinónimo de identificación con la dictadura de Franco.

¿Cree que el Estado ha logrado vencer a la reciente ofensiva independentista?
Sin duda. Hemos llegado a un punto en el que la derrota del nacionalismo ha sido total, porque el nacionalismo no es la defensa y exaltación de los sentimientos patrióticos, el nacionalismo es la construcción de una nación. Y ahora, la construcción de la nación catalana está detenida, yo creo que para mucho tiempo. Además ha aflorado la idea de la nación española gracias a la cantidad de gente que ha salido a la calle a decir que son catalanes y españoles. En ese sentido, me gustaría que el centro derecha español sea capaz de comprender la profundidad de lo que ha ocurrido estos días. Los españoles han dejado atrás la losa que pesaba sobre su propia nacionalidad, se han acabado los complejos, en la práctica, y eso políticamente tiene que tener una repercusión. Ya no vale volver a negociar con los nacionalistas, ahora PP, PSOE y Cs tienen que gestionar solos ciertas cosas. Espero que sean capaces de comprender que nos hemos liberado, que toda esta historia de la antinación española de pronto se ha deshecho.

Sí, pero también se ha introducido un elemento de sentimentalización política que antes no existía.
Yo tengo la sensación de que esa sentimentalización de la sociedad es muy artificial y que se produce en los últimos años, antes no existía. Todo viene de que los partidos nacionales nunca se han esforzado en estar en Cataluña ni en construir un discurso nacional. Espero que las cosas cambien a partir de ahora, el PP tiene que volver porque lo nacional tiene que volverse a hacer presente en Cataluña, no como una imposición, desde luego, sino como una opción ofrecida naturalmente a una parte muy importante de la sociedad catalana. Así se despejarán las fantasías.

¿La solución es una reforma de la Constitución?
Yo creo que no. El problema es previo, es la falta de una conciencia de la dimensión nacional. Una vez que ha aflorado eso, vamos a escuchar hablar de lo mismo, pero ya no tiene el mismo significado, ahora van a tener que adecuar cualquier posible reforma constitucional al hecho de que los españoles han manifestado con mucha claridad que quieren seguir siéndolo. Está bien la reforma de la Constitución, pero una reforma que tenga en cuenta con mucha claridad que la mayoría de la sociedad española quiere seguir siendo española y que Cataluña siga siendo España.

¿Cómo valora la respuesta del Gobierno?
La respuesta del Gobierno de Mariano Rajoy ha sido extraordinariamente inteligente y muy positiva, porque ha vinculado la lucha contra el nacionalismo a la elaboración de un consenso, que no se había conseguido construir nunca en los últimos 40 años, con un partido, el PSOE, que históricamente ha sido pro-nacionalista. Y eso, añadido al discurso del Rey y las manifestaciones casi espontáneas de lealtad hacia la nación, ha cambiado completamente el panorama. En ese sentido, soy optimista. Porque una vez hecho esto, la vuelta atrás se antoja muy difícil. Y se nota que la izquierda, o más bien el PSOE, porque yo creo que la izquierda no existe, está nacionalizándose.

¿Si no existe la izquierda qué es Podemos?
Podemos es un movimiento populista disparatado, cuya razón de ser es la crisis de la izquierda clásica. Es, además, un partido que tiene un problema con respecto a la nación porque lo lógico es que Podemos articulara una posición nacionalista española. Pero le es imposible, porque también hereda los problemas de identificación con España que vienen de hace mucho tiempo y que es también una de las razones por las que el nacionalismo español explícito es imposible, ya que la dictadura de Franco politizó los símbolos nacionales.

¿Esa apropiación es, de alguna forma, una victoria póstuma de la dictadura de Franco?
Ese factor es importante, pero el nacionalcatolicismo también fue una respuesta a la destrucción de la nación por parte de los nacionalistas. Fue un intento de reconstruir una nación ideal guiada por una dimensión fundamentalmente católica, que hay que entender desde la idea de la gran crisis nacional que desde hace siglos llevamos viviendo los españoles.

¿La Iglesia no ha sido muy ambivalente con los nacionalismos disolventes catalán y vasco?
La forma que tiene la Iglesia de relacionarse con sus propios fieles está muy vinculada a los movimientos locales, que en el caso de Cataluña y el País Vasco es el carlismo. La Iglesia nacional estaba a favor de Isabel II y de un liberalismo al menos abstracto, pero a la vez existían enormes bolsas de carlismo. Y el nacionalismo retoma la herencia carlista con bastante soltura, y por eso hay un fondo común de antiliberalismo, de antimodernidad y de negación del pluralismo.

¿A qué se debe la incapacidad de la derecha para construir un relato nacional?
Somos varios los que hemos intentado construirlo en algún momento. Yo he publicado Una historia patriótica de España (Planeta, 2011), y sin embargo no ha cuajado nunca. El problema viene de que el conjunto de las élites heredan una forma de ver España que es contraria a la nación española. Y todo por un malentendido gigantesco que es muy difícil de disipar. Cuando las naciones entraron en crisis a finales del XIX, las élites españolas cogieron, como si fuera modernizador, un discurso que era profundamente conservador y en muchos casos muy reaccionario. Ortega con su España invertebrada, Joaquín Costa y los regeneracionistas, Azaña, los institucionistas... Para toda la panoplia de grandes intelectuales, escritores y artistas de finales del XIX y principios del XX la frase más repetida era que la nación española no existía, y ese es el tronco de donde se nutren las élites intelectuales españolas.

¿Por qué ha dejado la derecha el discurso cultural en manos de la izquierda sin dar la batalla?
Porque la izquierda monopoliza el discurso legitimador de la democracia. Habría que recomponer una genealogía de la nación que tenga en cuenta la pluralidad de todos los agentes que intervienen en ella. Y a falta de ese discurso, la izquierda lo monopoliza todo. Por eso, la referencia de la democracia en España es Azaña, y no Cánovas, ni Maura, por supuesto, ni el liberalismo español del siglo XIX, que es muy serio y muy importante. Además, si un intelectual se sitúa en posiciones que no sean de izquierdas o que sean más o menos explícitamente de derechas, corre el riesgo muy acentuado de verse excluido del debate público.

Y ahora con el populismo todo es más agresivo.
En parte sí, pero en las democracias, el populismo nunca debe ser descartado del todo, es un movimiento político que debe ser tenido en cuenta con seriedad. Responde a una crisis de las élites, que ya no son contempladas como representativas por el conjunto o por una parte importante de la sociedad. Tienen efectos muy peligrosos y en algunos casos letales, pero a pesar de todo, la democracia y el pueblo tienen una relación muy profunda y el populismo es en cierta medida la reinvención del pueblo cada cierto tiempo, o su recreación. Una democracia nunca va a estar completamente estabilizada, la clave es que las instituciones sean fuertes, flexibles y capaces de absorber esos choques. Y en España yo creo que estamos mejor preparados de lo que pensamos, gracias a la monarquía, que es un régimen que como se articula en torno a una persona que está por encima de los partidos políticos, tiene la virtud de absorber muy bien los choques populistas y en cierto sentido disolverlos.

¿Es España monárquica?
En buena medida sí. Los españoles no sabemos muy bien lo que es una república, no lo comprendemos, somos monárquicos muy profundamente sin saber expresarlo, pero tenemos la cabeza estructurada políticamente con el patrón de la monarquía. A parte de eso, la monarquía es una forma de organización del Estado muy civilizada y muy difícil de compatibilizar con el nacionalismo disolvente. En ese sentido, los españoles hemos tenido suerte.

¿Y es España católica?
Sí, en España, lo católico permea la sociedad entera. Y yo creo que eso explica muchas cosas, explica una cierta forma de ser de la sociedad española, que es fundamentalmente integradora y muy cristiana en cuanto a que la dignidad de las personas se pone por delante de cualquier otra cosa. En contra de lo que se dice, en España hay mucha sociedad civil, no porque haya asociaciones, sino porque la sociedad civil se manifiesta en la familia y en los colegios, hay una densidad de relaciones que viene del catolicismo. Y esa forma de vivir las fiestas y todos los elementos de la vida colectiva, que han sido religiosos y que no dejan de serlo de alguna manera, hacen una sociedad muy solida, mucho más sólida de lo que son otras sociedades europeas que han sido profundamente secularizadas.

¿Cómo se explica entonces la islamofilia?
De la misma forma que las élites españolas se han movilizado siempre en contra de la idea de España, las élites europeas están movilizadas en contra de Occidente. Y el islam es la última línea de lucha. Antes fue el marxismo, que era una oposición radical a las democracias liberales, y ahora es este renovado anticristianismo, que no es militante como lo fue hace tiempo, pero que está en el fondo del poco gusto por lo que es Occidente, la tolerancia, la libertad, la búsqueda de una conversación razonable, del diálogo... En los años 70, los intelectuales digieren el derrumbamiento del comunismo pero siguen más allá y elaboran un discurso anticapitalista radical y antiliberal profundo. Toda la nueva izquierda es una izquierda antiliberal, que va siempre en busca de nuevos aliados y uno de ellos es el islam.

Goytisolo sería el caso extremo...
Goytisolo fue un caso muy particular, pero muy significativo. En el fondo era un nacionalista que quería recobrar la que para él era la verdadera España, la de las tres culturas, fundamentalmente la islámica.

¿Está el islam en guerra con Occidente?
No creo que haya una guerra exactamente. No pienso en términos bélicos y la sociedad en general hace bien en pensar que no estamos en guerra. No creo que el yihadismo tenga la fuerza suficiente como para atacar la existencia de las naciones europeas o la idea misma de Europa, como le ocurre a Israel, que está en el centro del frente bélico. Aun así, el peligro es grande por la tendencia de las sociedades europeas a disolverse en la anomia y en la falta de claridad moral, en cierta comodidad. Las cosas, no obstante, se están haciendo bastante bien, la lucha antiterrorista es eficaz, las acciones que se llevan a cabo son correctas y la sociedad también ha reaccionado bien.

¿Es compatible el islam con las democracias liberales o lo impide la rigidez del texto coránico?
El islam plantea una forma de ver las cosas que en algunos casos puede ser contradictoria con la occidental: la dificultad para el pluralismo, la complicada relación entre la política y la religión, la idea de un dios absolutamente trascendente y que no es racional, un dios que no solo no llegamos a conocer, sino que es intraducible. El dios cristiano es un dios que tiene ciertas conexiones profundas con el ser humano. Y ahí hay un corte muy profundo. Posiblemente va a ser complicado encajar ciertas cosas, pero yo creo que con buena voluntad, a pesar de todo, entre el islam y las democracias liberales habrá que establecer algún terreno en común, porque de hecho el islam ya es europeo, las poblaciones islámicas ya están instaladas aquí, ya forman parte de nuestro propio pluralismo y habrá que encontrar formas de cohabitación. Los musulmanes son compatriotas nuestros, hay que exigirles, como han hecho los franceses, que acepten con claridad el pacto social europeo. Por ahí es por donde debe ir la solución. No veo ninguna otra.

La crisis migratoria ha vencido a Europa
Giulio Meotti  latribunadelpaisvasco.com 18 Noviembre 2017

Artículo Publicado inicialmente en la web del Gatestone Institute

Unas semanas después de que Europa abriera sus fronteras a más de un millón de refugiados de Oriente Medio, África y Asia, el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, dijo que la crisis migratoria "desestabilizaría las democracias". Fue tachado de demagogo y xenófobo. Dos años después, Orbán ha sido vindicado. Como explica ahora Politico, "La mayoría de los líderes de la UE recuerdan al primer ministro húngaro", y el primer ministro húngaro puede ahora afirmar que "nuestra postura se está convirtiendo poco a poco en la postura mayoritaria".

Muchos en Europa parecen haber entendido lo que Ivan Krastev, presidente del Center for Liberal Strategies de Sofía, y miembro del Institute of Humanities en Viena, explicó recientemente a Le Figaro:

La crisis migratoria es el 11-S de la Unión Europea. Aquel día de 2001, todo cambió en Estados Unidos. En un minuto, América descubrió su vulnerabilidad. Los migrantes han tenido el mismo efecto en Europa. No es su cifra lo que desestabiliza el continente. La crisis migratoria debilita profundamente los ideales de la democracia, la tolerancia y el progreso así como los principios liberales que constituyen nuestro paisaje ideológico. Es un punto de inflexión en la dinámica política del proyecto europeo.

La migración está teniendo un importante impacto en, por ejemplo, las finanzas públicas de Europa. Consideremos los dos países más afectados por ella. El gobierno federal de Alemania gastó 21.700 millones de euros en 2016 para manejarla. También se ha informado de que el presupuesto para seguridad de Alemania este año crecerá al menos un tercio, de los 6.100 millones de euros a los 8.300 millones.

En Italia, el ministro de Economía y Finanzas anunció hace poco que el país gastará 4.200 millones en 2017 en los migrantes (una séptima parte de todo el presupuesto de Italia para 2016). España anunció recientemente que en África del Norte, la valla que rodea sus enclaves de Ceuta y Melilla para evitar la entrada de los migrantes a territorio español, se financiará mediante una nueva inyección de 12 millones de euros. En todas partes de Europa, los países están destinando recursos extraordinarios para abordar la crisis migratoria, que también ha cambiado el paisaje político de Europa.

Las recientes victorias electorales de Sebastian Kurz en Austria y Andrej Babis en la República Checa han ampliado potencialmente el grupo de países de Europa Central y del Este que se oponen a Bruselas, es decir, países que no quieren aceptar la cifra de migrantes que la UE les exige. El tema de la inmigración está fracturando Europa en líneas ideológicas. No sólo las vallas, también la rivalidad, la desconfianza y el odio están dividiendo al proyecto europeo más que nunca. La opinión pública europea mira ahora con desprecio a las instituciones europeas. Su percepción sobre ellas —bajo el multiculturalismo y la inmigración— es que no sólo son indiferentes a sus propios problemas, sino que los agravan.

Otro terremoto político vinculado a la crisis migratoria es "el declive de la socialdemocracia en Occidente", como Josef Joffe, director y editor de Die Zeit, lo llamó hace poco. En todas partes de Europa, la crisis migratoria no ha hecho más que liquidar a los partidos socialdemócratas, durante mucho tiempo percibidos como incapaces de lidiar con ella. Hace veinte años, estos partidos de izquierda liberal gobernaba en casi todas partes —España, Gran Bretaña, Alemania, por ejemplo—, pero ahora están en la oposición en casi todas partes. La mayor parte de Europa está gobernada ahora por gobiernos conservadores.

Más de la mitad de las tramas terroristas en Alemania desde el inicio de la crisis migratoria en 2011 han tenido relación con los migrantes, según los titulares y también un estudio de la Heritage Foundation. Además, desde que el Estado Islámico —ahora derrotado en Raqa— se aprovechara de la desestabilización causada por la guerra civil de Siria para convertirse en un gran impulsor de la crisis migratoria, la migración ha sido una de las principales preocupaciones para la seguridad de Europa. Desde el territorio que conquistó, el ISIS ha lanzado grandes atentados en Europa.

La crisis migratoria también ha llevado al fortalecimiento estratégico en Europa del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan. Ha chantajeado a los países europeos amenazándolos con que, si no le daban miles de millones de euros y ciertas concesiones políticas, abrirá las fronteras de Turquía para dejar pasar a más millones de migrantes a Europa. Erdogan no sólo ha exigido que Europa encarcele a escritores y periodistas; también ha intentado influir en las elecciones en los Países Bajos y Alemania apelando a su electorado allí.

Un informe del Pew Research demuestra cómo la migración está remodelando los países europeos. Sólo en 2016, la población de Suecia aumentó más de un 1%. El aumento se atribuye a la migración masiva, la segunda más alta en la UE. El número de migrantes ascendió del 16% al 18,3% de la población sueca entre 2015 y 2016.

Austria y Noruega, otros dos países con grandes poblaciones de inmigrantes (al menos el 15% en 2016) sufrieron un aumento del 1% respecto a 2015. El periódico Die Welt informó recientemente de que 18,6 millones de habitantes alemanes —una quinta parte de la población total de Alemania— son de origen inmigrante.

El Machiavelli Center de Italia reveló en un estudio, "Cómo la inmigración está cambiando la demografía italiana", que se está produciendo un cambio "sin precedentes" en la demografía italiana debido a la crisis migratoria.

Se ha abierto la caja de Pandora de la revolución demográfica.
Hace dos años, el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, fue la única voz en Europa que hablaba de la necesidad de mantener a Europa "cristiana". Uno de sus más destacados detractores, Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, ha dicho ahora:
Somos una comunidad cultural, lo que no significa que sea mejor o peor; simplemente somos distintos al mundo de fuera. Nuestra apertura y tolerancia no puede significar un alejamiento de la protección de nuestro patrimonio.

En 2015, cualquier cosa que se dijera de la "cultura" se condenaba por "racista". Ahora se está convirtiendo en lo normal.
Tratando de lidiar con la guerra de los islamistas contra la política, la cultura y la religión, y el choque cultural que ha creado, Europa ha sido vencida.


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La ley era la solución
Alejandro Tercero cronicaglobal 18 Noviembre 2017

Hace poco menos de tres meses, el proceso independentista parecía imparable. Tras varios años de movilizaciones masivas en las calles, el Parlamento de Cataluña aprobaba las leyes de desconexión, el Govern organizaba un referéndum secesionista ilegal y la cámara autonómica se preparaba para declarar unilateralmente la independencia (DUI).

En las filas independentistas la moral estaba por las nubes. El Govern había asegurado que las “estructuras de Estado” estaban listas, y sus principales terminales mediáticas auguraban que, tras la DUI, llegarían los reconocimientos internacionales de la nueva república y que la independencia low cost --sin ningún efecto económico ni empresarial-- sería una realidad.

Buena parte de los políticos y de los analistas no independentistas instaban al Gobierno a negociar con Puigdemont, Junqueras y su entorno una salida acordada, sin vencedores ni vencidos. Advertían de que el choque de trenes al que nos dirigíamos tendría consecuencias que podrían derivar en acciones violentas incontroladas y que sería un acicate para el secesionismo. Insistían --con un temblor en las piernas-- en que solo la ley no era la solución, ni siquiera a corto plazo.

Hoy constatamos que estaban equivocados.

El 27 de octubre, horas después de la DUI, el Senado aprobó la activación del artículo 155 de la Constitución e, inmediatamente, Rajoy destituyó al Govern al completo y tomó el control de la Generalitat. Días antes, la Audiencia Nacional había decretado la prisión incondicional de los líderes de la ANC y Òmnium Cultural --Jordi Sànchez y Jordi Cuixart-- por su responsabilidad en las acciones de acoso a la Guardia Civil durante el registro de la Consejería de Economía del 20 de septiembre. Y días después, el mismo tribunal mandó a la cárcel de forma preventiva a los nueve exmiembros del Govern que acudieron ante la juez tras ser citados a declarar --incluido Junqueras--. El resto --con Puigdemont a la cabeza-- había huido a Bélgica.

Este panorama ha sido presentado por las élites independentistas como el mayor agravio “contra Cataluña” de los últimos siglos. Pero, lejos de lo que algunos suponían, no ha implicado una estimulación del secesionismo, sino todo lo contrario. El movimiento independentista vive sumido en el desánimo. Así se deduce de las declaraciones de sus líderes --que tratan desesperadamente de buscar excusas para esconder las mentiras en las que han basado sus discursos más épicos-- y de sus principales referentes mediáticos. La frustración ha impregnado hasta la médula el que, hasta hace bien poco, era un relato ganador. Y sus creadores saben que si, tras las elecciones autonómicas del 21D --a las que sorprendentemente se presentan pese a tildarlas de “ilegítimas”--, vuelven a obtener la mayoría parlamentaria y deciden reactivar el procés, recibirán la misma respuesta contundente por parte del Estado, y el mismo nulo apoyo internacional.

Pero este mensaje también debería llegar a los políticos y articulistas no independentistas que --incomprensiblemente en un Estado democrático de derecho homologable al resto de democracias occidentales-- dudaban de que la aplicación de la ley fuese la mejor opción. No. La aplicación desacomplejada de la ley nunca es una opción, es una obligación. Y, en este caso, era la solución a la insoportable tensión generada por los dirigentes independentistas y a sus sistemáticas amenazas. Lo demuestra la normalidad administrativa y social que predomina en el día a día de la vida de los ciudadanos catalanes y del resto de España tras la aplicación del 155 y de las actuaciones judiciales relacionadas con el proceso de ruptura.

Tal vez si, hace años, se hubiese puesto mayor cuidado en garantizar que la Generalitat cumpliera estrictamente la ley --por ejemplo, en cuestiones como la inmersión lingüística escolar obligatoria (ilegal, según todas las sentencias) o la utilización de fondos públicos para promover discursos identitarios y xenófobos--, en vez de aplicar la estrategia del contentamiento --tantas veces denunciada por Stéphane Dion y que parece resurgir entre los que abogan por una reforma constitucional para la que no hay consenso--, el nacionalismo catalán no tendría hoy la fuerza que tiene.

Contra las elecciones
Jesús Laínz Libertad Digital 18 Noviembre 2017

Mientras no se desmonte el régimen totalitario para garantizar la libertad y la igualdad de derechos, cualquier votación en Cataluña es una farsa.

Francamente, me importa un bledo quién gane o deje de ganar las elecciones autonómicas catalanas del mes que viene. Porque, aunque su celebración se presente como una victoria del régimen democrático español sobre el golpismo separatista, en realidad se trata de un grave atentado contra la democracia.

Porque si en algo consiste la democracia es en la igualdad de oportunidades para todas las opciones políticas que se presentan a unas elecciones. Igualdad de oportunidades que ha de reflejarse en la plena libertad de expresión, en el libre acceso a los medios de comunicación y en la ausencia de violencia. Y no sólo en lo que se refiere al cortísimo plazo de la duración de la campaña electoral, puesto que también hay que exigir esa misma libertad y esa misma igualdad de derechos para todas las opciones políticas en todos los ámbitos de la sociedad durante las semanas, meses, años y lustros previos a cualquier votación.

Pero esto no se ha dado ni se da ni se dará. Y para demostrarlo ahí está el gobierno español renunciando a intervenir la educación totalitaria y los medios de comunicación totalitarios que han envenenado a dos generaciones de catalanes. Su primera obligación era, naturalmente, impedir el golpe de Estado perpetrado por Puigdemont y los demás. Pero la segunda era garantizar la neutralidad de la escuela y los medios de comunicación. Aceptemos que lo de la escuela es asunto complejo y de efectos a largo plazo, pero lo de los medios de comunicación es urgente e inexcusable con una campaña electoral a la vuelta de la esquina. Es un escándalo que la televisión y la radio públicas, pagadas por todos los españoles, sigan en manos de quienes las utilizan, con mentalidad y modos ortodoxamente totalitarios, para destruir el Estado que les paga sus sueldos.

Pero ya que en los últimos meses hemos presenciado una patológica presencia de lo jurídico en el debate político, centrémonos un momento en ello. Pues las votaciones no son otra cosa que la renovación periódica del contrato social que permite la convivencia y organización de las modernas sociedades civilizadas.

Pues, tras todos los intentos disparatados de justificar la secesión en lenguas, invasiones, colonizaciones y autodeterminaciones, al final todo queda reducido a una cuestión de voluntad. Los catalanes tenemos derecho a la independencia porque queremos la independencia. Y punto. Igual que un divorcio es la ruptura del vínculo matrimonial, la independencia es la ruptura del vínculo nacional. ¡Como si una pareja fuera equiparable a una nación!

He aquí la roussoniana clave. Si no hay contrato social no hay nación. Parece impecable. Pero si la voluntad hace el contrato, una voluntad viciada lo anula. Y los tres modos de viciar la voluntad del contratante son la violencia, la intimidación y el dolo. No hay mejor modo de explicar lo que ha sucedido en la sociedad catalana en las últimas cuatro décadas. La violencia del terrorismo nacionalista vasco, y en mucha menor medida del catalán, ha acallado con tremenda eficacia muchas voces que, de haber habido completa libertad, habrían podido dar una respuesta al adoctrinamiento de masas que ha desembocado en el predominio, tanto en el País Vasco como en Cataluña, de las opciones políticas que, por ser hermanas ideológicas de los asesinos, han tenido el campo libre para su actividad. Así lo recordó Josu Zabarte, más conocido como Carnicero de Mondragón, al declarar, una vez salido de la cárcel, que Jordi Pujol se había beneficiado enormemente del terrorismo etarra.

Pero la monopolización de los foros políticos y sociales no ha sido solamente consecuencia del asesinato de un millar de personas, sino también, y sobre todo, de la intimidación de muchísimos más que han preferido callar, ceder, resignarse o marcharse de su tierra para evitar mil problemas, incluida la muerte. Sin la violencia etarra el Título VIII de la Constitución y los estatutos de autonomía surgidos de ella habrían sido otros, como explicó a menudo Gabriel Cisneros, protagonista privilegiado de los hechos por haber sido uno de los siete padres de la Constitución.

Y sin la continua intimidación y la creciente violencia sufridas también en Cataluña por quienes han osado oponerse a la dictadura nacionalista, no se habría implantado el pensamiento único en una sociedad hoy uniformizada hasta extremos propios de otras épocas. Finalmente, sin la actitud escandalosamente dolosa de unos gobiernos nacionalistas que han utilizado sus competencias educativas y los medios de comunicación públicos para sembrar incontables mentiras con el fin de envenenar a los catalanes, tantos cientos de miles de ellos no desearían la secesión.

Bajo la violencia, la intimidación y el engaño no hay forma de contrastar pareceres con libertad, de reflexionar con mesura y de tomar decisiones sensatas. Admitir que en estas circunstancias, inalteradas por la permanente parálisis de los inquilinos de La Moncloa, se pueda dar por bueno el resultado de unas elecciones significa bendecir el régimen totalitario separatista que el artículo 155 ha dejado ileso.

Mientras no se desmonte dicho régimen totalitario para garantizar la libertad y la igualdad de derechos de todos los ciudadanos y todas las opciones políticas, cualquier votación en Cataluña es una farsa, una tomadura de pelo, un insulto a los oprimidos, un atentado contra la esencia misma de la democracia. Igual que lo fueron todas las elecciones vascas mientras ETA seguía asesinando a cientos de los opositores al eje PNV-HB.

Ésta es la gravísima tara de la democracia española. Y a la vista están sus nefastas consecuencias.

www.jesuslainz.es

El Gobierno, desbordado, daña la imagen de España
Pablo Sebastián republica 18 Noviembre 2017

Este Gobierno de Rajoy no sabe qué hacer con la crisis catalana y sigue a remolque de los acontecimientos mientras los independentistas marcan la agenda política desde la cárcel, su pretendido exilio (que asombra en la UE) o desde la pre campaña electoral donde Marta Rovira, candidata de ERC a la presidencia de la Generalitat acaba de decir que el Gobierno de España amenazó con muertos en las calles catalanas si se aplicaba la DUI.

Semejante disparate ha recibido críticas verbales del Gobierno y de Rajoy pero no una demanda por injurias y calumnias graves que la fiscalía del Estado debía de haber presentado en la mañana de ayer. Pero Rajoy anda perdido y desconcertado entre el desafío catalán y la corrupción del PP que mana a borbotones en los juzgados -ahora entra pista en juicio Rodrigo Rato por Bankia- y, en vez de dar pasos hacia delante, recula hasta el punto que se está tramando una operación en el Tribunal Supremo para la suelta de los presos golpistas una vez se unan los sumarios, lo que no siempre hizo el TS.

Y todo ello mientras el nombre de España es arrastrado por lo suelos en la prensa europea e internacional -a buenas horas se le echan las culpas a los rusos-; y en los grandes medios escritos y audiovisuales españoles se les da cancha de propaganda gratuita a mendaces y desvergonzados portavoces del golpe (los rufianes) como si fueran héroes del momento y estrellas de la comunicación, lo que resulta asombroso.

Como indignante es que un país como Bélgica pida a España explicaciones sobre la calidad de nuestras cárceles sin que nadie proteste y acuse a los belgas de proteger a delincuentes y terroristas como los de ETA y de tener peores notas que España en materia de Derechos Humanos, lo que es de todo punto inaceptable en un país que alberga la sede de la UE.

Al fondo de todo ello una inexistente y por lo tanto fracasada -desde antes del golpe catalán- política de información que depende de la Secretaría de Estado de Comunicación y cuyos errores y ausencia permanente le están causando a España un daño irreparable en Europa y la escena internacional. Al tiempo que transmiten en Cataluña sensación de impotencia lo que deja en el mayor desamparo a los españolistas que se preparan para acudir a la campaña electoral del 21-D.

Estamos ante un rotundo fracaso de la política del Gobierno de Rajoy desde antes, durante y después del golpe de Estado catalán. E inmersos en la ley de silencio y del no hacer nada frente a insultos, mentiras y agresiones de los golpistas que, tras su fracasada declaración de independencia, vuelven a presentarse en Cataluña y la UE como los dueños de la situación, mientras el Gobierno de España recula asustado eludiendo la acción y aumentando con ello su grave y directa responsabilidad.

Pero ¿qué broma es esa de que España lucha por conseguir para Barcelona la Agencia Europea del Medicamento? Lo que España tiene que decir es que si vuelven a ganar las elecciones los golpistas esa Agencia no podrá venir a Barcelona porque en Cataluña no habrá seguridad jurídica ni política y sí una gran inestabilidad política y social, lo que es cierto y la realidad que espera a los catalanes si votan a los partidos independentistas.

El Gobierno de España no puede seguir callado, asustado, reculando y con unos Ministros (Exteriores, Justicia e Interior) que no dan una y menos aún con una Secretaría de Estado de Comunicación que está destrozando la imagen de España en Europa, y en Cataluña abandonando a los catalanes españolistas a su suerte mientras los golpistas vuelven a imponer su ley.

Sabemos que en esto del desestimiento en la respuesta política, judicial y de opinión pública también tienen una grave responsabilidad Pedro Sánchez y Miquel Iceta que no cesan de coquetear con los nacionalistas y ERC.

Pero ni el PSOE ni el PSC tienen la responsabilidad del gobierno de España porque esa es exclusivamente de Rajoy (y de un PP paralizado y asustado) y allá el Presidente Rajoy con sus paños calientes, respuestas ‘proporcionales’ y continuo recular, aunque lo grave de todo ello es que a quien se daña con esas erráticas y débiles actuaciones es a España y los españoles. A los que pronto habrá que convocar a las urnas de las elecciones generales en busca de un verdadero Gobierno y liderazgo nacional.

Cocomochov y Marta Rovirova
Javier Somalo Libertad Digital 18 Noviembre 2017

¿Cuál va a ser la respuesta del Gobierno? ¿Se quedará, otra vez, sólo en palabras? ¿Nos dirán que son hechos aislados?

El responsable del espionaje exterior ruso, Serguéi Naryshkin, y la mártir golpista Marta Rovira coinciden: España es un país represor que ejerce "brutal violencia policial". Conviene insistir en que el juicio lo emiten un espía ruso y una golpista. Ante tal premisa, no cabría hacer muchos más comentarios pero me temo lo peor.

Este mismo viernes, el portavoz del Gobierno que no detecta episodios de adoctrinamiento en las escolas esteladas –Íñigo Méndez de Vigo– ha querido tranquilizar a los ciudadanos diciendo –declamando, más bien– que en caso de que los rusos se dedicaran a boicotear electrónicamente las elecciones del 21 de diciembre no pasaría nada porque las actas se conservan y se pueden volver a contar los votos. No está mal visto. De hecho, puede el ministro contratar al párroco que oficiaba misa mientras unos sobrevenidos monaguillos contaban en el altar papeletas ilegales de un referéndum ilegal que no se iba a celebrar de ninguna manera porque se iba a impedir de todas formas.

Esta vez, el ataque ruso no ha venido de Twitter o de "Rusia Today" –que es como la de Yesterday pero con hackers– sino de un alto funcionario del gobierno. ¿Cuál va a ser la respuesta del Gobierno? ¿Se quedará, otra vez, sólo en palabras? ¿Qué pasa cuando una golpista candidata a unas elecciones que se han puesto como vía para devolver la legalidad a Cataluña dice que el Gobierno amenazó "con sangre y muertos en las calles" y encima coincide con el KGB aunque ya no se llame así? ¿Nos dirán que son hechos aislados?

Desconozco aún si la presunta trama rusa colaboracionista con el golpe tiene entidad o es un bluf propio del exhibicionismo de las redes sociales. Si algo hay de cierto, el Gobierno debería estar analizando su respuesta y nuestra protección pero con más eficacia que cuando buscó urnas de metacrilato y se las colaron de plástico barato. Con más ahínco que cuando dijeron tener controlados a los Mossos mientras se vejaba a la Policía Nacional y la Guardia Civil. Con más valentía que cuando se responde al Rufián de los grilletes pidiendo perdón por las posibles rozaduras –ni siquiera reales– en el traslado de los presos. Con más energía que cuando se responde a Bélgica por el grado de confort de la prisión española a la que puede ir su huésped VIP, el Muy Honorable Cocomochov.

Ya tenemos a Rovirova denunciando que el Gobierno amenazó con una masacre callejera, al jefe de los espías rusos calificando a España de Estado policial y a Bélgica dudando si la calidad de nuestras cárceles es lo bastante digna como para albergar a su protegido. Como la estrategia ante tanto acoso vaya en un Piolín, lo de diciembre puede ser otro desastre. Y TV3 sin intervenir…

Separatismo, mentira y odio
Editorial larazon 18 Noviembre 2017

La carga de violencia verbal de la candidata designada a la presidencia de la Generalitat por ERC, Marta Rovira i Vergés, de la que ayer tuvimos otro cumplido ejemplo, no sólo se explica en el fanatismo ideológico de quien así se expresa, sino que forma parte de una estrategia electoral perfectamente diseñada. Es, también, un doloroso desmentido a quienes, desde el razonamiento de la lógica de las cosas, esperaban que el separatismo, caído de bruces ante la realidad, iba a mirar francamente a los ojos de la sociedad catalana y abandonar su discurso de odio y mentiras. Está, sin embargo, sucediendo todo lo contrario.

Los responsables del «procés» reescriben el relato de su fracaso de la única manera posible: demonizando hasta la caricatura a quienes se han limitado a defender los derechos democráticos de los ciudadanos, sin que importen los epítetos ni lo horrendo de las acusaciones. En esta sucia tarea, con la que, en realidad, se pretenden disimular las propias responsabilidades, Marta Rovira está llamada a jugar un papel principal, puesto que su implicación en el proceso, siempre desde las sombras, era menos conocida que la de su jefe de filas, Oriol Junqueras, actualmente encarcelado en la prisión de Estremera.

Nos hallamos, pues, ante un doble objetivo: justificar en la «despiadada maldad» del Gobierno y del resto de las instituciones del Estado el fracaso de la declaración de independencia y proyectar la imagen de la candidata republicana entre el electorado separatista, que en las encuestas más recientes acusa una cierta desmovilización. Así, el nuevo relato niega la evidencia, desacredita cualquier autocrítica, justifica la derrota en la mentira sangrante de un Estado dispuesto a actuar con la máxima violencia y a sembrar las calles de cadáveres, y explica la llamada a las urnas como un paso más en la consecución de la república catalana. Sin duda, el discurso tendrá algún efecto entre los independentistas más fanatizados, cuyo odio les blinda frente a la realidad, y, tal vez, consiga la concentración del voto separatista en la papeleta de ERC, en detrimento, claro, de las otras opciones del mismo arco ideológico.

Sería caer en la ingenuidad pretender que son ciertas las protestas de los republicanos de que su negativa a repetir candidatura conjunta con el partido de Carles Puigdemont responde a la idea de que «por separado suman más». No. Es la derrota aplastante de los antiguos convergentes lo que busca ERC para hacerse con la hegemonía del independentismo. Tacticismos aparte, la recuperación del discurso mendaz y agresivo por parte de los responsables del movimiento secesionista no debería dejarse a beneficio de inventario, puesto que revela su empecinamiento en mantener el desafío al Estado, más allá de lo que resulten las actuaciones judiciales o los mismos resultados electorales.

En efecto, el separatismo catalán parece dar por amortizado el descubrimiento de sus anteriores y patéticas mentiras –desde las que presentaban la república catalana como una arcadia feliz, hasta las que garantizaban el mayor reconocimiento internacional– y, arropado en el victimismo, vuelve a la matraca del «procés», con su cohorte de presuntos reos de rebelión convertidos en «mártires de Cataluña». El problema no sería tanto el resultado de otra nueva intentona, simple reiteración delictiva condenada al fracaso, como el incremento del daño económico y social que causaría a Cataluña y al resto de España. Con un temor añadido que es imposible obviar: las mentiras infames de gentes como Marta Rovira no sólo producen la lógica indignación de los insultados, sino que, por su malvada naturaleza, son generadoras de violencia.

El Matrix catalán
Borja Gutiérrez gaceta.es 18 Noviembre 2017

Demasiadas pocas veces reflexionamos sobre lo importante que es la credibilidad de las personas… y tan imprescindible es, que desde que somos niños, nuestros mayores se ocupan y se preocupan de inculcarnos este gran valor, a través de narraciones fantásticas de cuentos y de fábulas.

Siempre recuerdo un relato que me contaba mi querida abuela con la misma frecuencia, con la que yo se lo demandaba… se trataba del cuento del pastor mentiroso. Seguro que más de un lector recordará aquella historia protagonizada por un pastorcillo que cada día, al caer la tarde, gritaba: “¡Qué viene el lobo! ¡Qué viene el lobo! Haciendo que los pastores vecinos corrieran a auxiliarle del feroz lobo que en realidad nunca venía; y así ocurría, día tras día, ante las carcajadas del pastorcillo burlón. Hasta que un día, perdida por completo su credibilidad, el lobo apareció y, a pesar de los gritos de auxilio, ningún pastor acudió en ayuda el pastor mentiroso, que perdió todas sus ovejas, devoradas por el lobo.

Supongo que compartirán conmigo que si la credibilidad es imprescindible en todas las personas, con mayor motivo la han de derrochar generosamente los políticos, servidores del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.

En Cataluña, los dirigentes políticos de la Generalitat responsables del “procés” han perdido todo atisbo de credibilidad porque no han hecho más que faltar a la verdad, creando una quimera política, un “matrix” sostenido en mentiras, con las que han tratado de construir su pretendida República Catalana.

Ahora dice Puigdemont que reconoce que se equivocó al pensar que el presidente Rajoy cedería a la presión y que había hecho un análisis equivocado, pensando que en algún momento el Gobierno se abriría a negociar con el Govern y su hoja de ruta soberanista.

También Junqueras afirmó en una carta hace varios días desde la prisión, que no pensó que el Ejecutivo iba a actuar con la determinación con que lo hizo.

En definitiva: errores de cálculo, equívocos, mentiras y más mentiras. Todas ellas dirigidas a manipular a la sociedad civil catalana a la que los dirigentes independentistas, siempre han utilizado como ariete contra España y contra el Gobierno central.

Y, en torno a esta quimera de la República Independiente, no podemos olvidar a Artur Mas, cuando decía que los bancos no se irían de Cataluña, es más, cuando afirmó que los bancos se pelearían por estar en Cataluña. Hoy comprobamos que importantísimas entidades bancarias de la región han hecho las maletas para trasladar sus sedes sociales fuera de Cataluña. Y, tristemente, no sólo entidades bancarias, sino cientos de empresas de toda índole.

Ese Estado Catalán que nos dirigentes sediciosos han tratado de vender a sus ciudadanos es completamente insostenible a nivel económico, fiscal y administrativo, entre otras materias.

Fiscalmente, Cataluña es, en la actualidad, una de las comunidades autónomas que más castiga fiscalmente a sus ciudadanos, sobre quiénes aplica, además del IRPF, el impuesto de transmisiones patrimoniales y actos jurídicos, y de sucesiones y donaciones, hasta 14 impuestos propios. Por cierto, prácticamente todos los impuestos propios, cargados de polémica ya que algunos de ellos invaden competencias estatales.

Por otro lado, la gran mentira de que tras la independencia, la Seguridad Social de Cataluña sería más viable y permitiría incluso subir las pensiones al gozar de un mayor equilibrio presupuestario, se desmorona, cuando se contrastan los datos oficiales del Ministerio de Empleo y Seguridad Social que evidencian lo contrario: la Seguridad Social en Cataluña arrojó un saldo negativo de 4.692 millones de euros el año pasado.

Es imprescindible que los ciudadanos que apoyan el independentismo conozcan la realidad de unos datos que empíricamente no mienten, y Cataluña acumula el 25% del déficit de la Seguridad Social en España, siendo Barcelona la provincia más deficitaria. No me consta que Puidemont, Junqueras y toda la élite independentista radical, hayan informado a la población de que el coste en pensiones que quieren que España les siga pagando, a pesar de la ruptura, es de 1.635 millones al mes. Ahí es nada…

Además, Cataluña carece de una estructura de funcionarios necesaria para ser una República independiente; no es una afirmación teórica o política, sino contrastada con datos por la Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSIF). Una parte importantísima de los funcionarios de Cataluña pertenecen al Estado español, imagínense el caos y los costes en tiempo y dinero que supondría, el hecho de tener que contratar nuevos funcionarios, y proporcionarles la formación necesaria para el desempeño de su trabajo, de un día para otro… Vamos, completamente inviable.

Por otro lado, en esa República idealizada, que no ideal, Cataluña tendría verdaderos problemas de autoabastecimiento de energía como gas o electricidad, por lo que obligatoriamente tendría que llegar a acuerdo con los “países vecinos” España o Francia lo que, además, encarecería el coste a los usuarios.

Y, a propósito de países vecinos, Cataluña se quedaría fuera de la Unión Europea, inmediatamente y debería pedir la adhesión como cualquier otro país candidato. No está de más recordar que a pesar de los grandísimos esfuerzos llevados a cabo desde la Generalitat en los últimos años para recabar apoyo internacional, la gran verdad es que ni Puigdemont ni los suyos no han encontrado ningún tipo de apoyo internacional lícito (el respaldo de dictadores bolivarianos, no cuenta).

La gran mayoría de catalanes conoce la realidad y es consciente de la enorme montaña de mentiras que los dirigentes de la Generalitat llevan años lanzando a la ciudadanía para tratar de venderles un “matrix” catalán que es inconcebible, irreal e insostenible. Tras la aplicación del 155 y la encarcelación por parte de la Justicia de los golpistas sediciosos, algunos de ellos, como Puigdemont y los consejeros que huyeron a Bélgica, han mostrado con su conducta, en parte lo que son y se les ha resquebrajado en gran medida la máscara de la mentira y la manipulación. Solo queda esperar que el próximo 21D, los ciudadanos catalanes no se dejen engañar como en aquel cuento por el pastor mentiroso, ya que en esta historia en la que nos jugamos el futuro de todos, Puigdemont es el pastor mentiroso y, a la vez, el lobo.

El sainete envenenado
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 18 Noviembre 2017

Queda poco tiempo, hasta el 21-D, para descorrer el velo que todavía tapa los ojos de algunos abducidos.

Si Jean-Claude Juncker tiene razón –y vaya si la tiene– cuando afirma que el nacionalismo es un veneno, Cataluña padece desde hace muchos años una sobredosis de ese veneno, que ahora incluso pone a prueba la resistencia de sus adictos. La DUI malparida primero y después la rivalidad entre los histriones empeñados en prolongar la farsa tras la catarsis que se producirá el 21-D convierten la rama secesionista de la campaña preelectoral en un esperpéntico duelo a navajazos entre socios mal avenidos que se disputan el alijo.
Decapitación sumaria

Es tanta la falta de escrúpulos con que se maneja la timba que la alcaldesa de Barcelona, después de decapitar sumariamente al cortesano Jaume Collboni, imitando las pataletas de la atrabiliaria Reina de Corazones de Alicia en el País de las Maravillas, se dio el lujo de congraciarse con los enjuiciados, presos y prófugos decretando que constituían el "Gobierno legítimo de Cataluña", para acusarlos a continuación (LV, 12/11) de

haber engañado a los catalanes con "promesas falsas" y la idea de que después del 1-O y la declaración unilateral en el Parlament, Catalunya se convertiría en una República independiente.

"Queremos que los presos salgan, pero también que un gobierno de irresponsables que han llevado al país al desastre den la cara y reconozcan sus errores", fue una de las declaraciones de Colau más criticadas poco después en las redes sociales por sectores independentistas.

Precisamente el estratega oficioso del proceso, Francesc-Marc Álvaro, se esforzó por poner orden en las filas de los desleales competidores, recordándoles la ley mafiosa de la omertà ("Rehacer el ‘nosotros’", LV, 13/11):

Un tuit de Joan Tardà ilumina el futuro próximo: "¡@Ada Colau por favor, hagamos una campaña sin ofendernos entre nosotros!". En este "nosotros" está la clave del escenario después del 21-D. Un "nosotros" sin reproches ni obstáculos en Barcelona.

Álvaro tampoco se recata a la hora de repartir los papeles en el nuevo tinglado, con un espacio reservado para los colaboracionistas que legitiman la "coartada social":

El único partido no independentista que puede ayudar a hacer política y acompañar (y legitimar con la coartada social) esta corrección estratégica es Barcelona en Comú.

Reiteración delictiva
Los contendientes barajan sus naipes trucados para disputar la corona de capo di tutti capi. Carles Puigdemont juega la partida desde los pisos francos que ocupa en Bruselas junto a sus consejeros prófugos. Oriol Junqueras y sus compinches lo hacen desde la cárcel, a donde los envió la Justicia para que no huyan como el Don Nadie errante y para neutralizar "el alto riesgo de reiteración delictiva". Reiteración delictiva que, no nos engañemos, continúa siendo la práctica cotidiana de todos estos imputados, estén donde estén.

Lo que debe poner sobre aviso a los ciudadanos preocupados por la despiadada ofensiva que los rapaces componentes de las brigadas de demolición libran contra el entramado social, político, económico y cultural de la Cataluña democrática, solidaria y burguesa es el hecho de que, como anuncia Álvaro, cada uno de ellos, sin renunciar al fin último, adapta taimadamente sus tácticas a la realidad adversa. "Ponsatí reconoce que el Govern no estaba preparado para la secesión" (LV, 13/11). "ERC reconoce que el Govern no estaba listo para ‘desarrollar la República’" (LV, 14/11). Y el líder del alzamiento, custodiado por cuatro guardaespaldas como en una escena de El Padrino, confesó al diario belga Le Soir: "Puigdemont admite que una solución distinta a la independencia es posible" (LV, 14/11). Ah, las 155 monedas de oro de Rufián.

Tahúres incorregibles. Esto explica por qué cuando Carme Forcadell y sus socios de tropelías prometieron ser buenos chicos y acatar el artículo 155 el juez Pablo Llarena, que conoce el paño, sentenció: "No se escapa que las afirmaciones de todos ellos pueden ser mendaces (…) sin perjuicio de poderse modificar las medidas cautelares si se evidencia un retorno a la actuación ilegal que se investiga". Las malas compañías que sigue frecuentando la imputada Forcadell hacen muy posible que incurra en la reiteración delictiva que quiere evitar la jueza Carmen Lamela cuando encierra al otro pelotón de sediciosos.

Fuerza de choque
Los embaucadores secesionistas podrán inundar los colegios electorales con listas de distinto pelaje: paleoconvergentes, esquerranos, colauitas, cuperos y algún otro producto de las mentes supremacistas. Pero por encima de todas ellas sobrevolará el poder intimidatorio de los CDR. Los Comités de Defensa de la República (y antes, del Referéndum) han copiado sus siglas y su prepotencia de los siniestros Comités de Defensa de la Revolución castrista.

En Cuba, los CDR se desempeñan como organismos de vigilancia, delación y represión domiciliaria, escrachando disidentes y acosando a las Damas de Blanco que piden la liberación de auténticos presos políticos. Aquí, agrupan a la vanguardia revolucionaria que sirve como fuerza de choque contra el orden constitucional. Su objetivo es fracturar la sociedad catalana, empobrecerla y aislarla del mundo civilizado para poder subyugarla mejor. Ya han completado varias etapas de su plan, que culmina con el éxodo de la sede social de casi 2.500 empresas y de la sede fiscal de más de mil. Su consigna no podría ser más explícita: "¡Bloqueemos la economía!" (El Nacional, 5/11).

El 8-N, estos gamberros desclasados se movilizaron para hacer realidad su consigna y provocaron el caos cortando calles, carreteras y vías férreas, y lesionando los derechos de movilidad y trabajo de la gente normal. Fábricas, tiendas y despachos funcionaron sin más problemas que los creados por esta chusma nihilista con sus piquetes. La huelga fue un fracaso. El desorden fue mayúsculo.

Ocultación maliciosa
La manifestación multitudinaria del 11-N convocada con el pretexto de pedir la libertad de los acusados de sedición, rebelión, malversación de fondos públicos, desobediencia a la autoridad y prevaricación, pero con la verdadera intención de engatusar a las masas con "más democracia y menos república" (Álvaro dixit), deberá ser la última que se celebre antes del 21-D sin un debate previo, con luz y taquígrafos, sobre los entresijos del proceso, que hasta ahora habían estado sometidos a una ocultación maliciosa.

Es sintomático que sea un defensor acérrimo del catalanismo político y cultural quien reacciona, ofendido y humillado, para denunciar el desprecio con que los capitostes del proceso han tratado a sus seguidores crédulos. Antoni Puigvert desahoga su justo resentimiento en "El teatro y el bodegón" (LV, 13/11):

Carme Forcadell y el resto de los miembros de la Mesa han acatado el 155 afirmando que la declaración de independencia fue retórica. Carles Puigdemont anuncia que el "Gobierno legítimo" de la Generalitat ha organizado una estructura estable en Bruselas. El doble lenguaje independentista contribuye a confirmar que la DUI, culminación parlamentaria del proceso, tuvo una función teatral, estrictamente declamatoria.

Estamos descubriendo que el Govern puede haberse dedicado durante dos años solo a la preparación de una obra de teatro. (…) Que descuidando las exigencias de gestión de los enormes problemas sanitarios, educativos, sociales o económicos del país, puede haberse dedicado tan solo a redactar el argumento de una ficción. Sería de mal gusto.

Escenografía cainita
El catalanista desengañado Puigvert ha puesto el dedo en la llaga: función teatral estrictamente declamatoria, obra de teatro, argumento de una ficción. Pero sus afinidades ideológicas le han impedido decirlo con todas las letras. Ha sido algo mucho peor: un sainete envenenado por la pócima nacionalista. Lo montó el conglomerado sedicioso sacando a la calle, como figurantes, a centenares de miles de ciudadanos de buena fe, para montar una escenografía cainita que utilizó como atrezzo trapos estelados de impronta cubana y fabricación china. Allí los caciques de la tribu hicieron fermentar el odio entre compatriotas y crearon el ambiente enrarecido que ahuyenta a empresarios e inversores y aterroriza a la mayoría racional.

Queda poco tiempo, hasta el 21-D, para descorrer el velo que todavía tapa los ojos de algunos abducidos, víctimas de una colosal estafa tramada por los enemigos de la Cataluña plural, armoniosa y próspera que nos legó el avi Tarradellas. La justicia dictaminará si se castiga a estos malhechores con la cárcel. Afortunadamente está en manos de cada ciudadano repudiar a los embaucadores con el voto. El 21-D tendremos todos la oportunidad de librarnos definitivamente de ellos, sepultándolos bajo montañas de esas papeletas legales que tanto miedo les inspiran.

PS: Cuidado. Parece que el nuevo plan de las voraces sanguijuelas consiste en fingir que moderan sus apetitos, para así continuar absorbiendo la sustancia de Cataluña durante los próximos quince años hasta dejarla reducida a los huesos.

Veinte años de 'Contra Catalunya'
José María Albert de Paco Libertad Digital 18 Noviembre 2017

En 1997, Arcadi Espada publicó su más celebrada blasfemia contra la ufanía imperante en Cataluña.

1. Se lo oí por primera vez aplicado a Mario Vargas Llosa en un acto de Libres e Iguales. "Nuestro Mario Vargas Llosa", dijo, y así que el posesivo dejó de serlo por entero, evocando, antes que propiedad o adulación, un afable parentesco moral. Andando el tiempo, no hubo un periódico que se resistiera a encabezar el tuit de cualquier noticia que firmaran sus redactores con ese mismo nuestro, confiriendo así a la firma una familiaridad (y una garantía de calidad) de la que de otro modo habría carecido. Hablamos de un hombre, en fin, que no hace un mes dijo "No, lo que ha ocurrido en Cataluña no ha sido un golpe, sino una revolución", y puso en fila india a todo el periodismo, que seguía creyendo que los golpes son malos y las revoluciones buenas. Como de costumbre, más de un columnista incrustó en su folio esa reflexión, y por seguir honrando a aquélla, sin atribuirle el copyright. El reconocimiento de la autoría ajena es la única marca estilística que nunca le han copiado.

2. En 1997, Arcadi Espada publicó su más celebrada blasfemia contra la ufanía imperante en Cataluña. En un redoble de causticidad la llamó Contra Catalunya, la execración con que el nacionalismo solía desacreditar al discrepante, y cuyas siglas coincidían con las de Crist i Catalunya, semillero del pujolismo. La consigna, voceada por Jordi Pujol desde el balcón del Palau de la Generalitat a propósito del caso Banca Catalana, había sumido a la política y el periodismo locales en una suerte de atonía por la que las críticas devinieron en objeciones, las objeciones en sugerencias y las sugerencias en ruegos y preguntas. La intimidación surtió tal efecto que aquella trama de genuflexiones y sobrentendidos, de murmuraciones y rialletes, terminó por llamarse Oasis. En esa charca impactó Contra Catalunya, un informe levantisco que, además de sancionar el fracaso del pujolismo en todos los órdenes imaginables (de la arquitectura a la museística, del paisaje a la cocina, de la ética a las artes), denunciaba la necesaria cooperación en el estropicio de al menos dos generaciones de intelectuales que, macerados en el suc (el jugo, vocablo con el que Espada designa el líquido amniótico de la corrección política catalana, y cuya sustancia principal fue la supuración residual del PSUC), habían convenido con Pujol en que Cataluña era poco menos que un reducto plusvalítico. Algo más. El catalán era algo más que una lengua; el Barça, más que un club, y Marta Ferrusola (hasta ese moño llegó la riada), más que una mujer. Análogamente, y en una sobreactuación, los museos no podían ser sino museos nacionales, y de los organismos públicos debía pender un pleonásmico Catalán. Espada desveló el trampantojo y cartografió una Cataluña inédita, cuyos rasgos principales eran el clientelismo, la fealdad y la incuria; un páramo, en suma, donde el único suceso relevante era el fragor urbanístico de la Gran Barcelona. El resto, monte y culebras. O, como él mismo dejó escrito en un reportaje del Brusi, "sol i mosques".

3. Conforme a lo que luego llamó making-of, Espada hablaba sin ambages del proceso mismo de escritura (tantas veces supeditado al calor o al apetito), se refería al imperativo periodístico de ir cosiendo los lugares a las personas; o, en un alarde de narrativa cuántica, sobrevolaba Europa para ir de Montjuic a la barra de un bar de Bruselas, donde un tal Barral, director del MNAC, recogía tickets de entre el serrín para pasarlos como gastos. Y sí, además acuñaba conceptos con una naturalidad asombrosa: achique, Nosaltres SA, suc… útiles semánticos con que descifrar la realidad, tantas veces esquiva a la Academia. Y todo ello sin falsillas ni andamios, como si el texto fuera un fluido eléctrico, una inteligencia a cielo abierto.

4. Decenas de nacionalistas han leído el libro y lo tienen en alta estima. No sólo porque se rindan a la inobjetable brillantez de sus planteamientos; me da que, además, lo consideran un libro patriótico, algo así como un brillante diagnóstico sobre el que erigir la nación del futuro. Debo desengañarles. El regeneracionismo que, bien es verdad, rezuma el comienzo de la obra se diluye a medida que en el viajero va prendiendo la sospecha de que tal vez Catalunya tenga arreglo: es él quien no lo tiene.

5. El libro concitó el desprecio general de sus colegas, pues también ellos (o sobre todo ellos) encarnaban esa fatua Catalunya que decía "quelcom" por no decir "algu". ¡Valiente!, le dijeron los menos. Fue la más sutil de las descortesías. La valentía, después de todo, es una mercancía a l'engròs. Para cuadrar este párrafo, en cambio, hacen falta otra clase de alianzas.

Perdieron. Aquella noche perdieron. Yo pude irme a casa de madrugada sabiendo que el aterrorizado Pernau descansaba en la paz de la victoria. Pude dar un rodeo de madrugada, como me gustaba darlo en mi precaria moto de entonces, un rodeo por la ciudad siguiendo la sentencia de aquellas noches en que estaba uno muy cansado y muy contento y la moto en marcha y el viento me decían al oído, no temas, eres inmortal.

6. En estos años, Espada le ha sacado lustre al estigma con cada uno de sus trabajos. Catalunya, por su parte, sigue hueca, sin más conversación que su pleito crepuscular con España.

Lo que no fue simbólico en el procés: ¿Y todo esto quién lo paga?
Fernando Navarro vozpopuli.es 18 Noviembre 2017

Pues no, no ha sido simbólico como pretende vender ahora la señora Forcadell: la farsa ha tenido un coste real, un coste altísimo. Y ni siquiera vamos a referirnos ahora de la destrucción de la convivencia, o a la demolición de la democracia. Hablando de economía, años de nacionalismo han dejado a Cataluña por los suelos. Puede verse, para empezar, en el nivel de endeudamiento: si usted es catalán, soporta sobre sus hombros una deuda de 10.311€. Todos y cada uno de los catalanes llevan ahora esa carga, el doble de lo que soportan en promedio los ciudadanos del resto de Comunidades Autónomas. Tampoco se está ahora como para presumir en competitividad. Según el indicador RCI de la Unión Europea, que mide la corrupción percibida por los ciudadanos y la rendición de cuentas del Gobierno, Cataluña está en el puesto 177 de las 263 regiones europeas, la penúltima de entre las españolas. Y tampoco sale bien en el Doing Business: es la novena en España en cuanto a facilidades para abrir una empresa.

Es que nosotros preferimos contar "la parte épica y bonita del relato", dirá el exconsejero Toni Comín. Por eso no le interesará recordar la fuga masiva de empresas: van más de 2.500, incluidas 6 de las 7 que forman parte del IBEX35. De ellas, 212 se marcharon el 9 de octubre, víspera de la declaración de independencia. Hasta la Bruixa d’Or, que posiblemente no ve el futuro pero sí el presente, ha hecho las maletas. Y eso no es todo.

Ha caído abruptamente el comercio minorista: un 30% en octubre según la Confederación Española del Comercio. Y ha descendido ese mismo mes un 15% la actividad turística. Y, como es natural, el empleo se resiente: el paro subió en casi 15.000 personas, el doble que en 2016 y la mayor cifra de los últimos años. Si usted es catalán, no sólo lleva una mochila de más de 10.000€ de deuda a la espalda: además tiene muchas más posibilidades que un balear o un asturiano de haberse quedado sin trabajo estas últimas semanas.

Ahora mismo nos jugamos la apuesta española por la Agencia Europea del Medicamento. E incluso los organizadores del Mobile World Congress han amenazado con cambiar la sede"

Según la AIREF la irresponsabilidad secesionista puede acabar costando entre 3.300 y 14.000 millones al PIB, y entre 75.000 y 225.000 puestos de trabajo. Mientras tanto, el prestigio de Cataluña en el extranjero se tambalea. Ahora mismo nos jugamos la apuesta española por la Agencia Europea del Medicamento. E incluso los organizadores del Mobile World Congress han amenazado con cambiar la sede si continúa la inestabilidad.

La solución que ahora ofrece Junqueras es nada menos que Marta Rovira, que en su momento explicó a una reportera de la televisión France 24 cómo se financiaría la secesión: “Je, je, hmm, estamos estudiando… uh, una nueva vía de ingresos… invertir los actuales recursos… tanto humanos como… ejem, institucionales… pues de la mejor la manera posible… y en fin sea lo que toque para financiarla”. ¿Más preguntas?

La UE ni es unión ni es nada
OKDIARIO 18 Noviembre 2017

El exceso garantista de la justicia belga está dando alimento argumental a la demencia política de los golpistas catalanes. Resulta incomprensible que Christophe Marchand dilate la extradición a España del huido Carles Puigdemont y sus exconsellers. Con su decisión, el magistrado conseguirá que puedan hacer campaña electoral de cara al próximo 21 de diciembre sin rendir cuentas ante la justicia española. Legitima implícitamente las falacias de estos pirómanos de la política que han puesto en solfa la legalidad vigente en España y que han amenazado tanto la estabilidad económica nacional como la de la propia Unión Europea (UE), amén de insultar la inteligencia de la gente diciendo que vivimos en una nación “opresora”. Resulta paradójico que en la misma ciudad coincidan las condenas al golpe de Estado independentista que han efectuado los líderes comunitarios y el trato casi connivente de la justicia belga, cuya característica principal no es precisamente la eficacia.

Mientras el presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, —por citar una de las muchas voces que han condenado sin ambages a los sediciosos—, ha dicho en repetidas ocasiones que “nadie” en la UE aceptaría una declaración unilateral de independencia, Puigdemont ha encontrado el apoyo, a veces explícito y otras implícito, de algunos políticos locales y de la propia justicia. Una situación que, además, pone en entredicho la eficacia de la célebre euroorden. Una iniciativa que impulsó España a principios de la pasada década para evitar, precisamente, lo que está sucediendo en estos momentos con los sediciosos catalanes: injerencias políticas y plazos infinitos a la hora de poner en marcha el proceso de extradición. La euroorden supuso además un pacto de confianza entre todos los países que conforman la UE sobre el óptimo estado de sus respectivos sistemas jurídicos.

Por tanto, este caso puede poner en peligro la propia viabilidad judicial de la Unión Europea, ya que ese pacto de confianza entre los distintos Estados miembros queda en entredicho ante la actuación de la justicia belga. Al no tener que declarar hasta el próximo 4 de diciembre, el fin de la euroorden pierde todo su sentido. Un tema tan grave como éste se eternizará y ahondará más aún en una crisis que ha provocado ya que 2.573 empresas abandonen Cataluña. De ahí que más que pedir garantías penitenciarias a un Estado de Derecho de plena garantía como el que se da en España, debieran agilizar los trámites para que nuestra justicia dirimiera la responsabilidad de los golpistas. De esa manera, podríamos estar más cerca de cerrar una crisis a la que, con un garantismo que ralla lo desesperante, también están contribuyendo desde las instituciones belgas.

Que febril la mirada
CAYETANA ÁLVAREZ DE TOLEDO El Mundo 18 Noviembre 2017

El golpe de octubre de 2017 ha cogido a muchos por sorpresa, lánguidos y desprevenidos. Pero hubo personas que sí lo vieron venir. Y que no fueran escuchadas. Estos son extractos de los más importantes textos de oposición al nacionalismo catalán. Datan de hace más de veinte años, nada para el tango pero mucho para España. Y demuestran dos hechos fundamentales: el nacionalismo catalán siempre trabajó contra la democracia. Y la democracia podría haberse defendido.

1. Federico Jiménez Losantos. 'Lo que queda de España' (Alcrudo Editor, 1979).
"Hete aquí cómo cerca de dos millones y medio de españoles van a asistir sin darse demasiada cuenta a la segunda parte de una operación político-cultural monstruosa y brutal para la emigración rural española de las últimas décadas: ver cómo sus descendientes se ven obligados a cambiar de lengua y cultura para acceder a la ciudadanía de pleno derecho, y todo ello sin moverse de España".

"No creo que en Cataluña se esté haciendo mucho para entender lo que significan España y el Estado español".

"En unos y en otros, en la izquierda que confunde -también ella- españolismo con franquismo y en la derecha que administra los derechos culturales de las autonomías como mercadería política, echamos de menos la auténtica política de Estado que requiere este momento, en el que está en juego el futuro de tantas cosas".

2. Manifiesto por la igualdad de derechos lingüísticos en Cataluña (conocido como Manifiesto de los 2.300). Redactado por Santiago Trancón. Primer firmante, Amando de Miguel. 25 de enero de 1981.
"Los abajo-firmantes queremos hacer saber a la opinión pública las razones de nuestra profunda preocupación por la situación cultural y lingüística de Cataluña".

"No nace nuestra preocupación de posiciones o prejuicios anti-catalanes, sino del profundo conocimiento de hechos que vienen sucediéndose desde hace unos años, en que derechos tales como los referentes al uso público y oficial del castellano, a recibir la enseñanza en la lengua materna o a no ser discriminado por razones de lengua están siendo despreciados, no sólo por personas o grupos particulares, sino por los mismos poderes públicos sin que el Gobierno central o los partidos políticos parezcan dar importancia a este hecho gravísimamente antidemocrático".

3. Josep Tarradellas. Carta al director de La Vanguardia, Horacio Sáenz Guerrero (16 de abril de 1981).
"[Pujol] afirmaba una vez más su conducta nacionalista, que era y todavía es hoy de utilizar todos los medios a su alcance para manifestar públicamente su posición encaminada a hacer posible la victoria de su ideología frente a España".

"Durante estos últimos diez meses todo ha sido bien orquestado para llegar a la ruptura de la política de unidad, de paz y de hermandad aceptada por todos los ciudadanos de Cataluña. El resultado es que, desgraciadamente, hoy podemos afirmar que debido a determinadas propagandas tendenciosas y al espíritu engañador que también late en ellas, volvemos a encontrarnos en una situación que hace recordar otras actitudes deplorables del pasado [en referencia a la proclamación de la República catalana por parte de Lluís Companys en 1934]".

"[Los responsables de la Generalitat] están utilizando un truco muy conocido y muy desacreditado, es decir, el de convertirse en el perseguido, en la víctima. Y así hemos podido leer en ciertas declaraciones que España nos persigue, que nos boicotea, que nos recorta el Estatuto, que nos desprecia, que se deja llevar por antipatías hacia nosotros, que les sabe mal y se arrepienten de haber reconocido nuestros derechos e incluso, hace unos días, llegaron a afirmar que toda la campaña anti-catalana que se realiza va encaminada a expulsarlos de la vida política. Es decir, según ellos, se hace una política "contra Cataluña", olvidando que fueron ellos los que para ocultar su incapacidad política y la falta de ambición por hacer las cosas bien, hace ya diez meses que empezaron una acción que solamente nos podía llevar a la situación en que ahora nos hallamos".

"Es necesario tener el coraje de decirlo, los problemas de la lengua y de la escuela, es la actual Generalitat quien en gran parte los ha provocado, por falta de sentido de responsabilidad y por una alocada política ante el Gobierno".

"Si reflexionamos fríamente, estoy seguro de que se dará cuenta de cómo se ha perjudicado y se está perjudicando a Cataluña. La división cada día será más profunda y se alejará más y más de nuestros propósitos de consolidar para nosotros y para España la democracia y la libertad a la vez que los equívocos que surgirán entre nosotros serán cada más graves".

4. Mario Vargas Llosa, 'Psicodrama en España'. Crítica de la obra 'Operación Ubú', de Els Joglars. Publicada en varios periódicos. 26 de abril de 1981.
"Al mismo tiempo que el teniente coronel Tejero y sus doscientos guardias civiles irrumpían en el palacio de las Cortes de Madrid para protagonizar el tremebundo espectáculo que, gracias a la televisión, ha dado la vuelta al mundo, en el antiguo y popular barrio de Gracia, en Barcelona, un grupo de actores del Teatro Lliure interpretaba ante un público más reducido -pero no menos hechizado por lo que veía- una farsa concebida y montada por Albert Boadella: Operación Ubú.

Un alto personaje político de Cataluña -"El Excelso"- aquejado de un tic en la cara que estropea sus presentaciones públicas, se pone en manos de un psiquiatra, el doctor Oriol. [...] Reticente y angustiado al principio, el Excelso termina por personificar, con total plausibilidad y evidente placer, al sanguinario Ubú, dando libre curso a sus tendencias reprimidas que, en las sesiones psicodramáticas, afloran irresistiblemente por sobre su apariencia de hombre suave, educado, idealista, laborioso y pacífico".

"Su frenética ambición de poder, riqueza y gloria, libre de los frenos conscientes, se desparrama a chorros en la acogedora impunidad de las sesiones que inspira la batuta del doctor Oriol. En un sentido, se trata de una acerba crítica de la visión parroquial, mezquina, auto-complaciente que tiene una cierta clase social catalana. En otro, de una llamada de atención, de corte libertario, sobre los peligros del poder y los cataclismos que puede provocar si no se lo mantiene siempre circunscrito y vigilado".

5. Félix de Azua, "Barcelona es el Titanic". Artículo publicado en 'El País'. 14 de mayo de 1982.
"El caso es que Barcelona está yéndose a pique. Que sus noches son cada vez más breves, y una tristeza de perdedores de Liga se va amparando en las Ramblas. Que esa insoportable ñoñería que los forasteros llaman seny, y que es un defecto de las capas más prehistóricas de la burguesía catalana, está acabando con la ironía, que es la única virtud del pueblo catalán que ha dado muestras de verdadero talento: la ironía es lo vivificante de Pla, de Foix, de Carner, de Brossa, de Ferrater, y corto por no ponerme pesado".

"Dentro de poco esta ciudad parecerá un colegio de monjas, regentado por un seminarista con libreta de hule y cuadratín de madera, a menos de que las capas más vivas de la ciudad salgan de su estupefacción. [...] Pero la astucia de los poderosos nos está devolviendo la misa de doce en Pompeya, el paseo por la Diagonal, el verano en S'Agaró y la esquiva mirada de un proletariado tiznado de hollín espiritual".

6. Josep Tarradellas. Una entrevista de Iván Tubau. 'Magazine' de 'Diario 16'. 15 de agosto de 1982.
"La gente de este país no quiere saber la verdad, quiere que la sigan engañando".

"La política sectaria que hoy se hace, discriminatoria como es evidente, ha hecho que se separen la comunidad catalana y la no catalana".

"Los castellanos llevan 400 años gobernando y nosotros lo único que hacemos es llorar y decir disparates. El arte de gobernar consiste en gobernar, no en gritar cosas que después no podrán cumplirse. Los catalanes siempre perderemos, siempre hemos perdido a través de la historia, porque nos entusiasmamos demasiado, porque no tenemos rigor y creemos que nuestras ilusiones son realidades".

"Lo que hay ahora en Cataluña es una especie de dictadura blanca. Las dictaduras blancas son más peligrosas que las rojas. La blanca no asesina, ni mata, ni mete a la gente en campos de concentración, pero se apodera del país, de este país. Un día u otro esto se acabará, supongo. ¿Y qué se verán obligados a hacer los que vengan detrás? Pues tendrán que deshacer lo que éstos de ahora han hecho. Ésta es la realidad".

7. Manifiesto por la Tolerancia Lingüística, 21 de mayo de 1994. Autor y primer firmante, Antonio Robles.
"La omnipotente propaganda nacionalista, a la que colabora en gran medida parte de la prensa local catalana, ha introducido en la población castellanohablante injustificados sentimientos de culpa, deuda e inferioridad, reduciendo a estos ciudadanos a la falsa categoría de recién llegados, y haciéndoles perder, en gran medida, el sentimiento de autoestima hacía sus valores culturales y su forma de hablar".

"Han convertido la recuperación del catalán en cruzada contra los valores culturales y lingüísticos de buena parte de los ciudadanos de Cataluña. [...] Este hecho no sólo traiciona los criterios por los que se regía la recuperación del catalán, sino que borra de la memoria colectiva de nuestros escolares cualquier hecho histórico que no cuadre con los sueños de la ideología nacionalista. Y eso no sirve para educar al niño en los valores de tolerancia, que todo ciudadano necesita para saber respetar y exigir ser respetado en la Cataluña plural de hoy, sino para convertirlo en una marioneta del aventurismo nacionalista".

"Es tan grave esa manipulación del pasado, que una mañana cualquiera pudiera suceder que, sin explicarnos bien cómo ha sido posible, nos miremos en nuestros hijos y no nos reconozcamos".

8. Albert Boadella. 'El Virus'. Artículo publicado en 'El País'. 26 de agosto de 1994.
"Esta situación, por su persistencia, empieza a revelarse como una epidemia general".

"El virus provocador fue reactivado hace unas décadas a la sombra de los cultos laboratorios montserratinos y financiado por una banca hasta su extenuación. A pesar de que su composición es simple y algo casera, puede esconder reacciones violentas, como la eliminación sistemática de los anticuerpos discrepantes, algunas veces a través de la compra (directa o con un cargo) y otras con la marginación que presupone el sobrentendido de traidor a la gran causa".

"El virus no inocula simplemente catalanismo, que en mayor o menor grado lo tiene ya cualquier afectado que convive desde hace siglos con esta esquizofrenia de si se es más catalán que español o viceversa. El virus añade un nuevo componente que estimula los genes tribales a fin de restablecer un comportamiento tipo para todo habitante de la tribu, si quiere ser digno de ella".

"Las normas del buen aborigen se sintetizan en un solo principio: por el hecho de ser catalán se tiene la razón. Si uno habla, escribe, pinta, juega, compone o representa en catalán, es de por sí un valor añadido siempre que no se enfrente al jefe de la tribu".

"El gran jefe posee ideas muy concretas de cómo tiene que ser la tribu, y todo aquel que no se ajusta al esquema sufre marginación, es decir, se convierte matemáticamente en enemigo de Cataluña".

"Si son unas viruelas o un sarampión sin consecuencias seremos afortunados, pero mucho me temo que estos virus sintéticos producen lesiones irreversibles. Si es así, a unos cuantos sólo nos quedará la opción de romper la baraja y pedirle asilo político a Rodríguez Ibarra".

9. Arcadi Espada. 'Contra Catalunya' (Editorial Flore del viento), 1997.
"Los primeros que confundieron a Pujol con Cataluña fueron los socialistas de Cataluña. Se trató de una gran desgracia para todos. El PSC se sometió a lo dictado por las cien mil personas -no hubo más- que orillaban el camino de Jordi Pujol desde el Parlamento hasta la plaza de Sant Jaume: había otro pueblo fuera de allí. Pudieron ensayar con él una cierta alianza de la razón, si es que no tenían razones sentimentales para aliarse. [...] Nunca se dirigieron a ese pueblo y a otros muchos pueblos ausentes aquella tarde y todos esos pueblos consideraron justo no dirigirse tampoco al PSC".

"Aquella tarde los socialistas inauguraron en Cataluña una nítida manera de hacer las cosas en la política: tratar de ponerse delante de las masas, dijeran éstas lo que dijeran, aunque lo que dijeran fuera contra el estilo y las convicciones propias. Encima: ni eran masas ni ellos consiguieron de modo alguno ponerse delante».

«Escribo, según parece, desde lo que llaman aquí el autoodio. Debe de ser un término con un pedigrí interesante. Su formulación es una nueva prueba de la bondad, de la capacidad de cuidado nacionalista. Cuando lo han probado todo ensayan con ese lazareto moral. Bien está: hay soluciones peores. Ahí van quedando los que no supusieron reconocerse, los impedidos, tal vez los deslumbrados: no ser nacionalista ya no es sólo odiar a tu patria. Es odiar a tu patria como a ti mismo, el segundo mandamiento conclusivo de la ley de Dios".

"España ya no genera ruido de patria, pero Cataluña, en estos últimos quince años, poca otra cosa ha generado. No se trata de tambores, ni de clarines, ni siquiera de himnos trémulamente entonados. Se ha tratado, se trata, de una sonsònia: penetrante, continua y monótona. Va repitiendo, en cualquier circunstancia, con la menor excusa, que este país y aquellos de sus habitantes adheridos forman un nirvana provincial donde el error o el mal sólo se apoderan de los otros. No hay novedad: en torno del oasis no se extiende más que el desierto".

«Por el catalán tuve que separarme de mi familia y aparcar mi sueño de ser bióloga»
La alumna acosada en 2013 por plantar cara a la inmersión relata a ABC su «posterior calvario»
ESTHER ARMORA. Barcelona. ABC

Fue de las pocas personas que se atrevió, hace años, a alzar la voz para denunciar públicamente la cara menos amable de la inmersión lingüística en los colegios catalanes. Sandra E.M. y su familia, naturales de Tenerife, concedieron a ABC una entrevista el 20 de marzo de 2013, en la que relataron cómo la estricta política lingüística de la Generalitat, que impone el catalán como única lengua de uso en las aulas, les obligó a reconducir su vida cuando aterrizaron en Cataluña.

La joven, que en aquel momento tenía solo 16 años, relató, entre otras cosas, cómo en el colegio público de Corbera de Llobregat (Barcelona), en el que se escolarizó cuando llegaron, la invitaban a quedarse en el pasillo «si no hablaba catalán en clase». Igualmente alertó cómo algunos profesores la obligaron a posicionarse sobre la independencia, y cómo algunos de sus, hasta ahora compañeros, le dieron la espalda cuando plantó cara a la imposición lingüística

Su historia no es la de todos los alumnos «de fuera» que recalan en esta Comunidad, pero sí define «las imperfecciones» de un sistema de adaptación lingüística «abrupto» que, según denuncia su familia, «responde más a un dictado político que a un debate educativo profundo».
Acosada y amenazada

Cuatro años después de que denunciara su caso, este diario ha contactado de nuevo con la familia para conocer cómo han evolucionado sus vidas. Lejos de encauzar sus estudios y sus proyectos de futuro, Sandra, acosada y amenazada en las redes sociales por rebelarse contra la inmersión, ha tenido que afrontar problemas psicológicos, se ha visto forzada a abandonar la Educación Secundaria Obligatoria (ESO), y a aparcar el sueño con el que aterrizó en Cataluña: «Ser bióloga». Su familia también se ha resentido. Amaya M, madre de Sandra y auxiliar de vuelo de profesión, llegó con su marido Carlos a Cataluña en 2009.

El problema de su hija Sandra, que empezó a reproducirse en su otra hija menor, Carla, disparó las tensiones en su matrimonio hasta que se rompió definitivamente. «Cuando, tras el problema, internamos a Sandra en un centro educativo de Madrid, yo me instalé unos meses ahí para apoyarla, pese a que mi marido no estaba de acuerdo. Fue el principio de las tensiones», relata Amaya, quien recuerda con nostalgia lo felices que eran en Tenerife.

«Dejamos Tenerife, donde éramos felices y vinimos a Cataluña porque a mi marido lo trasladaron. Llegamos muy ilusionados, pero pronto nos dimos de bruces con la realidad», explica la madre. Relata como Sandra, que siempre había sido una estudiante ejemplar –prueba de ello son las excelentes notas que obtuvo en el colegio Luther King de Tenerife en el que se educó hasta que se trasladaron a Cataluña– se convirtió en una adolescente rebelde con notas pésimas. «A mi hija la han cambiado, ya no es la misma», dice Amaya. Sandra es consciente del alto precio que ha pagado por «no acatar la dictadura del catalán».

Ahora, en plena oleada de denuncias por adoctrinamiento, Sandra, ya con 21 años, se siente más arropada a la hora de denunciar, pero sigue «teniendo miedo». «Lo pasé realmente mal. Tuve que separarme de mis padres e irme a un internado en Madrid, alejada de mi familia, porque aquí el clima era insostenible. Tras el reportaje me insultaron en Facebook y también me amenazaron», explica la joven. «Vete a tu isla», «No te atrevas a volver a este pueblo», fueron algunos de los mensajes que le lanzaron en las redes sociales.
La independencia, en clase

En Madrid, repitió 3º de ESO con muy buenas notas pero la distancia con su familia se hizo insoportable y pidió a sus padres regresar a Cataluña y cursar 4º de ESO. «Pensé que iría mejor pero me equivoqué» y fue a otro instituto del Baix Llobregat, del que, pese a todo, no guarda mal recuerdo. «En general, lo profesores fueron muy correctos y también la dirección del centro, pero había profesores que se lo ponían difícil a los que denunciábamos irregularidades». Habla de una profesora que, desde un principio, la señaló porque «le dije que no entendía cómo podía haber un libro oficial de texto que centrara una parte del temario en el “país ” de Cataluña».

«Tampoco entendía por qué debía responderle a la pregunta que me hizo de qué pasaría si Cataluña fuera independiente», añade Sandra. «Eso no tiene nada que ver con las ciencias sociales», le dijo la joven a la docente que imparte la materia. La tensión aumentó, la dirección del centro tuvo que medir , Sandra volvió a «hundirse» y dejó los estudios.

Indignación entre los ciudadanos de la localidad guipuzcoana
La mitad de los 6.000 vecinos de Usúrbil se infecta de gastroenteritis y el Ayuntamiento alerta sobre el tema únicamente en vascuence
www.latribunadelpaisvasco.com 18 Noviembre 2017

Casi 3.000 ciudadanos de Usúrbil, un pueblo guipuzcoano con una población ligeramente superior a las 6.000 personas, han sufrido las consecuencias de un potente brote de gastroenteritis que ha afectado a la población por el consumo de agua corriente contaminada con restos fecales.

Los vecinos, sin distinción de edad, han padecido las consecuencias del ataque vírico en forma de vómitos, diarreas, dolores de cabeza y mareos, aunque, hasta el momento, no se ha producido ninguna hospitalización.

Lo más indignante del caso es que, según diversas quejas llegadas a la Redacción de La Tribuna del País Vasco, múltiples vecinos, que dada la alarma generada han querido consultar lo que ocurría en su población a través de la página web del Ayuntamiento, no han podido hacerlo porque todas las informaciones municipales, incumpliendo la legalidad vigente, se encuentran redactadas únicamente en euskera. El Ayuntamiento de Usúrbil está en manos de la formación filoetarra Bildu.

Usúrbil, aunque es uno de las localidades del País Vasco en las que el uso del vascuence es más extenso, apenas supera el 20% en el número de ciudadanos que utilizan habitualmente este idioma.
 


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