AGLI Recortes de Prensa   Lunes 20  Noviembre 2017

El tren de Extremadura y otros trenes
Pedro de Tena Libertad Digital 20 Noviembre 2017

Cuando la mayor parte del tiempo de los informativos de todos los medios de comunicación se dedican al golpismo separatista catalán, la manifestación de un nutrido grupo de extremeños en Madrid pidiendo un tren, no ya un AVE, sino al menos un tren digno para su tierra que les acerque a Madrid y a Lisboa, me ha devuelto el ánimo político. Yo que tengo en mis genes un fleco extremeño, junto a otros –vasco, sevillano y murciano-valenciano–, me he sentido reconfortado por ver que, en esa región de donde, como recordó en su día Sánchez Dragó, ha fluido la historia de España como de un manantial, se dispone todavía de vitalidad política para hacer causa común por el bien general.

Los separatistas catalanes no tienen ni idea del sufrimiento de otras regiones de España a causa de los injustos privilegios catalanes. En un reciente libro se ha dicho que son trecientos los años durante los que los mercaderes catalanes se han lucrado obteniendo regalías sobre las demás regiones de España. Juan Velarde lo sabía y lo esbozó, lastimosamente sin desarrollarlo nunca. Otros muchos lo denunciaron. El diputado por Almería José de Espronceda, extremeño de Almendralejo, lo describió con todo lujo de detalles en las Cortes Españolas poco antes de morir ¡en 1842!

En aquellos trenes viejos, lentos, rosarios de pobreza, lograron salir de sus provincias decenas de miles de extremeños para forjarse un futuro en Cataluña y otras regiones de España. Todos ellos fueron, con andaluces, gallegos, murcianos y castellanos, emigrantes a la fuerza que escapaban de la escasez, y, dicho sea en general y con las excepciones que correspondan, fueron severamente maltratados por una casta catalana que se sentía, y se siente, superior a los ciudadanos del resto de España. Sólo hay que recordar aquellas injurias de Jordi Pujol sobre los andaluces, intoxicadas por un racismo social intolerable. Es más, han tenido la osadía de decir que los demás españoles les robamos. Es el colmo.

Pero lo cierto es que el resto de España, de Galicia a Murcia, pasando por ambas Castillas y llegando hasta Canarias, ha sufrido la infame espera del tren del desarrollo que desde el siglo XIX llegaba con generosidad a País Vasco y Cataluña gracias a decisiones de los grupos de poder nacionales poco explicadas y explicables. Ha sido a partir de la Constitución de 1978 y del manifiestamente mejorable Estado de las Autonomías cuando las demás regiones españolas han tomado conciencia de la necesidad de un trato equitativo de inversiones para hacer posible la igualdad real de oportunidades entre los españoles, vivamos donde vivamos.

Si el tren digno de Extremadura es una reivindicación justa y necesaria, es preciso que el resto de España se apreste a no perder otros trenes en el inmediato futuro. Sobre todo, ese importante AVE de la equidad territorial cuyas vías fueron colocadas constitucionalmente sin que su locomotora se haya puesto en marcha debido a las presiones del separatismo y los intereses mezquinos de los partidos. Es este el tren, además de otros, que debemos exigir y que no debemos dejar pasar nunca más.

EL CLUB DE LOS VIERNES
La mayoría de Asturias en contra de la oficialidad del Asturiano
Ignacio Blanco gaceta.es 20 Noviembre 2017

No la queremos porque es la semilla de la división en una sociedad como la asturiana, una sociedad abierta, amable y generosa.

No existe conflicto lingüístico alguno en Asturias. Los asturianos nos entendemos entre nosotros perfectamente, y sólo una minoría pretende imponer una lengua que ya no se usa para la comunicación diaria. No existe división alguna en la población Asturiana por motivos identitarios, de lengua o de pertenencia, más que en las mentes de unos pocos, que pretenden purgar sus frustraciones a costa de todos los asturianos.

Ese conflicto imaginario ha vuelto a escena de la mano de la propuesta del actual Secretario General de los Socialistas Asturianos, Adrián Barbón, que promete llevar la oficialidad del asturiano en su programa electoral. Parece que los dirigentes asturianos de izquierdas, incapaces de mejorar la vida de los ciudadanos más de lo que lo ha hecho el capitalismo, optan por la ecología, salvo por su absurda defensa del carbón, el nacionalismo y la lengua.

Una irresponsable propuesta electoral que alienta un extraño nacionalismo Asturiano, incluyendo una alocada rama independentista, más parodia Monty Python que movimiento con sustento social alguno. Estos nacionalistas de la nada, parecen desconocer que las pensiones asturianas son cubiertas en casi un 50% por cotizaciones del resto de españoles. Que entre 2006 y 2016 Asturias perdió el 2,5% de la población, por el envejecimiento y la huida de los jóvenes que no encuentran salidas profesionales, mientras el resto de España crecía un 4,8%. Una Asturias que es la segunda que menos crece de toda España, pero que estos insensatos arreglarán cuando todos hablemos Asturiano.

El nacionalismo excluyente, al estilo Catalán, no surge de un día para otro. Lo primero es la lengua, pues sin lengua propia es difícil crear un hecho diferencial y el sentimiento de pueblo distinto. Después vendría la escuela, que en Asturias ya se ha dejado en manos de un Consejero de Educación favorable a la oficialidad del Asturiano. Y finalmente, cuando después de 20 años, obligando a los chavales a aprender Asturiano, a estudiar fábulas sobre la opresión de sus antepasados por malvados hablantes de español, la sociedad se fractura como resultado final de una estrategia política que beneficia a unos pocos y perjudica a la mayoría.

Los defensores de la cooficialidad del Asturiano o Bable, alegan que se violenta su libertad cuando no se les permite expresarse en el mismo. Son los mismos, que ya usan perfectamente el español. Así pues, lo que pretenden no es que se les permita el uso del Asturiano, como ya prevé la ley para su uso y promoción, y pueden hacer libremente, lo que pretende es obligar al resto a responderles en lo que ellos desean. Esta libertad, entendida como imposición de obligaciones a terceros, para satisfacción de nuestro deseo, no es libertad, es mero capricho.

No ocultan su voluntad de imposición, pues se niegan a someterlo a consulta popular, como declaró el Concejal de Educación de IU en Mieres, Faustino Zapico. Los que presumen de demócratas son los más temerosos a preguntarle a los ciudadanos sobre algo que les cambiará su vida y la de sus hijos. Pretenden que 23 diputados asturianos, sean quienes aprueben la oficialidad de una lengua para 1.00.000 de habitantes sin siquiera consultarles.

Una inmensa mayoría de asturias no subvencionados no queremos la oficialidad, porque oficialidad es imposición, no es libertad. Obligación para los 60.000 funcionarios, que deben aprender una nueva lengua, que no necesitan en su día a día. Imposición a los niños asturianos y a sus familias para que la estudien obligatoriamente en la escuela.

No queremos la oficialidad por muchos motivos. No lo queremos porque no hay oficialidad amable, toda ella es imposición. No la queremos porque acabará con las hablas locales en su afán normalizador y porque el asturiano ya se usa libremente. No la queremos porque crea barreras de entendimiento y de movilidad de las personas. No la queremos porque es mala para el futuro de nuestros hijos, que caminan a un mundo globalizado en el que la comunicación se basa en la voluntariedad de las partes por entenderse y no en la imposición. Unos niños a los que se les obligaría a estudiar una lengua minoritaria por el capricho conservacionistas de unos pocos, perjudicando su futuro profesional en un mundo cada vez más competitivo. No la queremos porque incrementa el gasto público y los impuestos, obligando a casi 60.000 funcionales a aprenderlo, cuando todos nos entendemos ya. No la queremos porque será perjudicial para la economía, restará inversiones y no alentará la implantación de profesionales o empresarios, obligados a escolarizar a sus hijos en asturiano. No la queremos porque generará un deterioro en los servicios públicos, donde ya no será el mejor médico el que te atienda, sino un buen médico que sepa asturiano. No la queremos porque es la semilla de la división en una sociedad como la asturiana, una sociedad abierta, amable y generosa.

Pero sobre todo no la queremos, porque la oficialidad es imposición no es libertad, una oficialidad que nunca es amable, sólo lo aparenta para finalmente acapararlo todo y contra todo.

Ninguna experiencia autonómica ha sido positiva, más que para los totalitarios excluyentes, no hagamos tonterías en Asturias.

Méritos del franquismo y miseria del antifranquismo
Pío Moa gaceta.es 20 Noviembre 2017

En este aniversario de la muerte de Franco viene muy al caso recordar hechos que debieran tenerse siempre muy presentes, porque sobre la falsificación del pasado no puede construirse una convivencia sana ni un futuro fructífero. La realidad es que el franquismo:

1. Derrotó un Frente Popular compuesto de comunistas, socialistas, golpistas y separatistas, que por su propia composición amenazaba disgregar España, arrasar la cultura cristiana e imponer un régimen totalitario. El Frente popular salió de unas elecciones violentas y fraudulentas, como he demostrado hace bastantes años. Y lo derrotó partiendo de una situación prácticamente desesperada.

2. Libró a España de las atrocidades de la II Guerra Mundial, atrocidades cometidas en mayor o menor medida por todos los bandos en pugna, fueran nazis, comunistas o anglosajones. Librar a España de tal calamidad fue una hazaña no menor que haber ganado la guerra civil

3. Desafió a las potencias comunistas, democráticas y dictaduras diversas que, todas juntas. al final de la II Guerra Mundial intentaron derrocarle por medio de un criminal aislamiento, que habría provocado una gran hambruna en España. Lo desafió, evitó los peores efectos del hambre y lo derrotó.

4. Al revés que el resto de Europa occidental España se reconstruyó con sus propios esfuerzos, sin deber nada a Usa, y lo hizo con gran efectividad. Pese a las estrecheces, los años 40 fueron para España mucho mejores que para el resto de Europa. Y en ellos se superó netamente el nivel de vida de la república. Baste señalar dos datos, entre muchos: la esperanza de vida al nacer saltó de 50 años en la república a 62 al terminar los años 40, un salto espectacular. Y la estatura media de los reclutas también aumentó, lo que revela una alimentación más sana, a pesar de las dificultades y hambre impuestas desde el exterior.

5. La cultura en España, y yo creo que más en los años 40-50 que después, fue de muy buen nivel, nada de “páramo cultural”. El páramo es ahora, con una cultura chabacana, falsa y parodia de la anglosajona.

6. Venció diplomáticamente a Inglaterra en la ONU, y ante la arrogancia de Londres cerró la verja de Gibraltar, convirtiendo el peñón en una ruina para los invasores de nuestro territorio.

7. Superó plagas de la república y el Frente Popular como los separatismos, la demagogia anarquista y socialista y las miserias republicanas. Su única oposición real fue comunista y, en su etapa final, terrorista.separatista-comunistoide (ETA)

8. Dejó atrás los odios sociales y políticos que destrozaron la república y que impedían la democracia en España. Odios que ahora están resucitando los “demócratas antifranquistas”, dos conceptos contradictorios.

9. Pese a la hostilidad, el chantaje y la manipulación mediática y el apoyo al terrorismo en España por parte de Europa occidental, que en eso iba con la URSS, les hizo tragar la permanencia del régimen durante 40 años.

10. Cuando se agotó el sistema económico llamado autárquico –que había permitido la recuperación del país– supo cambiar con habilidad a otro más liberal, y convirtió a España en uno de los dos o tres países de más rápido crecimiento del mundo, aproximándose rápidamente a la renta de los países ricos europeos.

11. Contra el expansionismo soviético mantuvo una buena cooperación con Usa sin supeditarse nunca a su política. Rechazó involucrar a España en la guerra de Vietnam, vaticinando al presidente useño Johnson su derrota, comerció con Cuba pese al embargo y aplicó en Hispanoamérica una política independiente de Washington, por poner unos ejemplos.

12. Pese al Vaticano II, que dejó al régimen vacío ideológicamente y empezó a sabotearlo, con lo cual amenazaba provocar un desplome catastrófico al estilo de Portugal, el régimen se mantuvo firme hasta dar paso a una democracia “de la ley a la ley”, sin ruptura. Éxito póstumo, hoy echado a perder por la oleada de antifranquismo, probablemente la política más estúpida y canallesca de todos los tiempos.

13. El paso a la democracia “de la ley a la ley”, es decir, sin ruptura con la legitimidad franquista, hace de España una excepción en Europa occidental, pues casi toda ella debe su democracia no a sí misma, sino a la intervención bélica del ejército useño, que fue acompañada de bastantes atrocidades por otra parte. España debe su democracia a su propia evolución pacífica, aunque el antifranquismo la está destruyendo prácticamente con su colaboración con la ETA y con el separatismo, con leyes totalitarias y falsificadoras como la de memoria histórica y las LGTBI, con la entrega ilegal de soberanía a la burocracia de Bruselas y a la OTAN, etc.

14. Al terminarse el franquismo España había pasado de una de las expectativas de vida más bajas de Europa a una de las dos o tres más altas.

15. España tenía además una salud social muy superior a la del resto de Europa, medida por índices como la delincuencia, la población penal, los suicidios, la droga, el aborto, la prostitución, el alcoholismo juvenil, el fracaso matrimonial o la violencia doméstica

Y podríamos seguir bastante rato. Pero mucha gente está realmente embrutecida por una propaganda diseñada por los comunistas, que fueron la única oposición real al régimen. Una propaganda basada en falsedades y que han adoptado también muchos “liberales” o seudoliberales.

La realidad histórica es que nunca, en varios siglos, había registrado España tal cantidad de éxitos y había mantenido con tanta dignidad su independencia y soberanía, desafiando a mil enemigos, hostilidades y terrorismo. Franco fue sin duda el mayor estadista que ha producido España en varios siglos.

He escrito el libro Los mitos del franquismo, ciñéndome a los hechos, porque el antifranquismo miente sistemáticamente al respecto y los que se declaran más o menos franquistas, ofrecen en su mayoría una versión demasiado simple y pobre de aquella época histórica. Sin entender la cual no se puede entender la actualidad.
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Dice Muñoz Molina que tiene que explicar a los extranjeros la historia de España. ¡Sin tener idea de ella él mismo!pic.twitter.com/rUPtw9Fdlf

20 DE NOVIEMBRE
La figura política decisiva del siglo XX en España
La Gaceta  20 Noviembre 2017

Francisco Franco ha sido la personalidad política más decisiva del siglo XX en España. Sin duda es posible formular juicios positivos y, alternativamente, negativos sobre la persona y sobre su obra, pero parece indiscutible que el siglo XX, en la Historia de España, es el siglo de Franco, y que así debería ser recordado.

Porque la era de Franco representa, estrictamente, la incorporación plena de España a la modernidad. Franco recoge simultáneamente dos herencias del XIX: la del reformismo conservador y regeneracionista –pensemos en aquel “cirujano de hierro” que Costa reclamaba- y la del pensamiento tradicional, ambas actualizadas en el primer tercio del siglo posterior. Desde esa trayectoria, Franco encabeza el Gobierno del país durante casi cuarenta años. Bajo Franco se opera la gran transformación de la nación desde un paisaje casi decimonónico hasta una modernidad plena en lo social y en lo económico, con unas amplias clases medias y un elevadísimo grado de industrialización. Desaparecido Franco, el Estado queda bajo el gobierno de personas e instituciones por él designadas. Todo eso acontece entre 1936 y 1978, si se acepta la convención –no del todo rigurosa- de cerrar la era de Franco con la Constitución que restaura la monarquía parlamentaria. En definitiva, con Franco tienen lugar las transformaciones más importantes de la España moderna. Por eso es la figura política decisiva de nuestro siglo XX.

Reconocer este carácter decisivo de Franco no impide, por supuesto, formular valoraciones negativas. Desde una perspectiva monárquica, puede reprochársele no haber devuelto el trono a sus titulares una vez lograda la pacificación del país. Desde una perspectiva liberal, puede reprobarse que la España de Franco limitara el pluralismo de fuerzas políticas, que mantuviera un perfil tradicional en cuanto a normas y convenciones sociales y que otorgara un peso tan obvio al Estado dentro del tejido industrial. Desde una perspectiva democrática, puede criticarse que el régimen no se preocupara por establecer cauces para la participación política de los ciudadanos, ni siquiera bajo la forma –nunca bien asentada- de la democracia orgánica. Desde una perspectiva socialista o comunista, como es obvio, se podrá censurar a Franco por haber frustrado la experiencia revolucionaria del Frente Popular. Inversamente, desde una perspectiva tradicionalista podrá achacarse al régimen del 18 de julio su progresivo alejamiento de las formas sociales y políticas derivadas del prístino modelo tradicional, del mismo modo que, desde una perspectiva falangista, se le ha afeado su abandono de la “revolución pendiente”. Todas estas objeciones de parte a la política de Franco son admisibles y pueden ser sometidas a discusión: todas ellas arrojarán luz sobre rasgos profundos de nuestra historia. Pero ninguno de estos reproches menoscaba la dimensión histórica del personaje, su cualidad de figura decisiva del siglo XX español.

Junto a las reprobaciones, sería de justicia consignar los méritos y las aportaciones objetivas, que podemos sintetizar en una sola afirmación: Franco contribuyó a resolver el tradicional “problema de España”. Desde la España invertebrada de Ortega, los principales puntos de quiebra del edificio nacional habían sido identificados con nitidez: la división entre las clases sociales, la división entre las regiones, la división entre los partidos –esa triple división que luego José Antonio recogería en un célebre discurso. Y la superación de tales divisiones era el horizonte esencial de todo proyecto reformador. La II República fracasó trágicamente en el reto: no fue capaz de resolver la cuestión social sino por la vía violenta de la lucha de clases, no fue capaz de solucionar el problema regional sino mediante cesiones infinitas al impulso de la periferia, y no fue capaz de solucionar el problema político –doblado, por cierto, con la cuestión religiosa- sino mediante la aniquilación física del contrario. Franco no solucionó definitivamente estos tres problemas, pero, a su muerte, el balance era incomparablemente mejor que en 1939: las divisiones sociales se habían reducido decisivamente gracias al formidable desarrollo económico, que permitió el nacimiento de una anchísima clase media; en ese paisaje social, las divisiones políticas perdieron casi por completo su tensión revolucionaria; respecto al problema territorial, nadie podrá decir que en 1975 era más grave que cuarenta años antes o que treinta años después.

Estos elementos que aquí consignamos forman parte del juicio de la Historia. Son opinables, discutibles, y nadie podrá considerar perjudicial que se sometan a debate. De hecho, ese debería ser estrictamente el lugar de Franco, treinta años después de su muerte, en la vida pública española: un objeto de estudio. Pero, por desgracia, la imagen de Franco en la España actual no tiene nada que ver con la serena ponderación del juicio histórico. Al contrario, la era de Franco y su propia persona aparecen esperpénticamente deformadas bajo una perspectiva que oscila entre la mitología de masas y el folletón sentimental, y donde el general desempeña siempre el papel tópico del Malvado por antonomasia. Sin excepción conocida, quienes hemos tratado de acercarnos a la figura de Franco y a su régimen desde una perspectiva fría, neutra, racional, hemos cosechado la reacción airada de los defensores del orden. Se diría que hemos violado un terrible tabú, como quien osa mirar a los ojos del Gran Monstruo.

Franco se nos presenta hoy, en la rutinaria vulgata de los medios de comunicación y del discurso público, como un general que dio un golpe de Estado para arrasar la legalidad republicana y que instauró un régimen fascista que oprimió violentamente a los españoles hasta el día en que el dictador expiró. Esta descripción, que es la que podría proponer cualquier bachiller relativamente adelantado (los otros ni siquiera sabrían definir el objeto), es fruto del tenaz trabajo propagandístico que ha buscado legitimar al sistema de 1978 por oposición al régimen del 18 de julio. Pero es una imagen sencillamente falsa. Franco no dio un golpe de Estado: se sumó a él en el último momento y cuando la sublevación ya estaba en marcha. Franco no arrasó la legalidad republicana: ésta ya había sido desmantelada desde las propias instituciones de la República por el gobierno del Frente Popular, si no antes. Franco no instauró un régimen fascista: el régimen no tuvo de fascista más que ciertos aspectos litúrgicos, formales, y generalmente limitados a los años cuarenta. Franco no oprimió violentamente a los españoles: excluido el periodo de la represión de la posguerra, la oposición a Franco fue tan minoritaria que no exigió grandes despliegues represivos; mucho menores, en todo caso, que los ejecutados por los regímenes totalitarios o autoritarios que le fueron contemporáneos en Europa. Y ese es, en definitiva, el gran drama de la posteridad de Franco: el país que él gobernó ha desdibujado su figura hasta hacerla irreconocible.

¿Quién fue Franco? Esencialmente, un general que, por trágicos azares políticos, condujo a España desde una pre-modernidad traumática hacia una modernidad prácticamente completa. En este carácter mixto de militar y político, doblado por una mixtura paralela de reformador y conservador, se condensa toda la singularidad histórica y también individual de la persona de Franco y de su obra. En lo que concierne a España, es sencillamente insensato que nuestra vida pública no ose mirar de frente a su propio pasado: es como si, de algún modo, nuestra democracia se avergonzara de sí. Lo cual tal vez explica esa descabellada operación, promovida por el actual Gobierno, de retrotraer el debate público ya no a 1978, sino a 1931. De Largo Caballero a Corto Zapatero, camino de ida y vuelta, como si tres cuartos de siglo de historia de España no hubieran existido jamás. Algo así sólo puede ocurrir en una sociedad enferma. Más exactamente: en una sociedad enferma de sí misma, como el neurótico que se mira al espejo y siente una profunda extrañeza de sí y un intenso odio de su propia imagen. Y dentro del diagnóstico, tal vez, quepa incluir ese rasgo patológico que consiste en negar quién y cómo incorporó a España a una modernidad plena. Negar, en fin, que Franco es la figura política decisiva del siglo XX español.

ANIVERSARIO DE SU MUERTE
Los 40 años de Franco vistos 42 años después
Fernando Paz gaceta.es 20 Noviembre 2017

A tantos años de la muerte de Francisco Franco como los que el general estuvo al frente de los destinos de España, debería poderse trazar un balance de aquella época histórica desde la serenidad y el análisis.

No negaremos que algo ha cambiado en torno a la figura de Franco. Hoy, se editan libros y análisis que se atreven a discutir los dogmas impuestos durante tres décadas, algo que hace apenas quince años nadie se atrevía a publicar. Se ha abierto una fisura en el frente monolítico de la condena ontológica al franquismo. Cierto.

Creo, sin embargo, que la figura de Francisco Franco y el régimen del 18 de Julio no se podrán analizar adecuadamente hasta que no transcurra más tiempo, mucho más tiempo; hasta que no se decanten los prejuicios de nuestra época; hasta que no se reinstale un anhelo de verdad, hoy completamente ausente y sacrificado al discurso ideológico de los ingenieros sociales; hasta que los beneficiarios de una supuesta –las más de las veces– oposición a tal régimen no dejen de justificarse, a sí mismos y a sus sinecuras, precisamente en virtud de tales méritos.

Es por eso difícil que se tome la distancia adecuada –aquella que reclamaba Ortega para hacer historia; desde donde no se distinga la nariz de Cleopatra- en nuestro tiempo. Y es por eso difícil que seamos capaces de aceptar que el franquismo fue, de entrada, dos cosas: primero, la rectificación de un cierto pesimismo histórico imputable, al menos, a los anteriores ciento cincuenta años de nuestra historia; y de otro lado, el emprendimiento de un camino de transformación del propio país como jamás ha visto, y difícilmente verá, nuestra historia.

El franquismo fue el tiempo en que la sociedad española experimentó las más profundas mutaciones sociales, económicas y políticas de nuestra historia. Lo que el régimen llevó a cabo fue la transformación de una España cuasi neolítica en un país plenamente inserto en la modernidad, con todos los matices que se quieran, asimilado a su entorno geográfico-cultural. Los fenómenos vividos en la España del fin de siglo y comienzos del XXI le deben su génesis –y, por tanto, la posibilidad de haberse producido- a esa gigantesca transformación.

España dejó de ser una sociedad rural, y solo eso ya basta para llenar las realizaciones de un siglo. Pero no fue solo eso: se erradicó de facto el analfabetismo, se disparó la renta per cápita, el consumo de carne, el nivel de vida; las grandes injusticias sociales fueron eficazmente combatidas, el crecimiento económico alcanzó el tercer puesto en el mundo, con cifras en torno al 8% anual para los años centrales de los sesenta; se convirtió al país en la novena potencia industrial del mundo, se desarrollaron planes para suplir las graves carencias impuestas por la meteorología, las condiciones sanitarias dieron un vuelco espectacular (la mortalidad general se redujo a la mitad) mediante una impresionante red de ambulatorios que se extendió por todo el territorio nacional, y frente –no podía ser de otra manera- a la feroz resistencia de las farmacéuticas se levantó la Seguridad Social, sólida garantía para todos los españoles, pero especialmente para los más necesitados. Fue objetivo primordial el procurar trabajo –de forma activa, desde las instituciones gubernamentales– o crear las condiciones favorables para que la inmensa mayoría de la población española accediera a un empleo que le permitiese ganarse dignamente la vida.

Todo ello, en el marco de una paz social y de una creciente sensación de bienestar, cimentada en los seguros sociales y en el crecimiento económico, completamente ausentes, por su amplitud, hasta la fecha. La consecuencia más elocuente de todo ello –una suerte de mixtura entre las ventajas objetivas obtenidas por la población, la sensación de bienestar y confianza y esa ilusión por la existencia que se generó en aquellos años– fue el casi increíble aumento de la esperanza de vida, que pasó de los 50 años en 1940 a los 73 en 1975. Más elevado que el de los Estados Unidos. La mortalidad infantil, que había constituido una verdadera calamidad consuetudinaria, alcanzó, en 1975, unas cifras más bajas que las de Alemania Occidental, quedando en menos de una décima parte de las que el régimen encontró en 1940.

Aún a riesgo de resultar tediosos, es inevitable recurrir a los datos, que hablan más alto que los prejuicios: sólo en cuanto a embalses, durante el franquismo se realizaron 515 nuevas obras, cuando en toda la historia de España se habían efectuado menos de 200 construcciones. España se convirtió en el tercer país del mundo en este terreno, sumando un perímetro de 8.000 kilómetros de costas interiores (el total en kilómetros de las costas marítimas españolas es de menos de 4.000). La población rural pasó de constituir la mitad de la población española en 1940 a suponer apenas la quinta parte en 1975, mientras el sector servicios casi se duplicaba, hasta alcanzar el 40% del total de la actividad económica nacional. La magnitud de las cifras en cuanto al aumento de la renta per cápita deja sin aliento: de los 131 dólares de 1940 a los 2.088 en 1975. La participación de las rentas del trabajo en el total nacional asciende al 60,5%. El analfabetismo decae del casi 30% de 1940 a cifras residuales en 1975, mientras roza el 18% el número de estudiantes sobre el total de la población (los universitarios pasan del 1.5% al 7%).

Un dato especialmente significativo, que desmiente palmariamente el pretendidamente esencial carácter represivo del régimen, es el de la población reclusa: mientras que en vísperas de la Guerra Civil, la cifra de presos era de 32.000, en 1975 la misma se situaba en apenas 9.000 (pese al significativo aumento de población acontecido durante el franquismo). Para el año 2013, el número de reclusos superaba los 70.000 (que, si bien hay que relativizar igualmente por el aumento de población, no podemos dejar de reseñar que la laxitud de las leyes incide en sentido contrario, lo que proporciona una panorámica bastante gráfica del diferente nivel moral de la población española en uno y otro tiempo).

Hay algunas otras cifras a las que raramente se recurre y que resultan, sin embargo, altamente significativas. Entre ellas, las cifras de suicidios, que son las más bajas de la historia desde que hay registros. Lo cual resulta tanto más significativo cuanto que pueden tomarse legítimamente como un referente no solo del grado de aprobación de la sociedad al régimen político, sino como muestra de la confianza en el futuro de los españoles.

En el terreno de las realizaciones sociales la labor fue, sencillamente, ingente. La mayor parte de las instituciones hoy presentes en la vida pública española proceden de aquella época: desde Radio Nacional hasta la ONCE, pasando por la Orquesta Nacional, elInstituto de España, la Agencia Efe, la Escuela Superior del Ejército, la RENFE, el INI, la Magistratura del Trabajo o el CSIC. Pero, entre todas ellas, por su especial significación hay que destacar la tarea realizada desde el Ministerio de la Vivienda.

Consecuencia de la gigantesca transformación, surge una clase media capaz de articular una nueva sociedad, que pasó a ser el sustrato constitutivo de la sociedad española, con lo que, como primera providencia, desaparecían las causas objetivas que impulsaban el enfrentamiento entre españoles. La clase media fue algo más que un colchón entre las clases trabajadoras y las propietarias, constituyéndose en la médula espinal de la propia sociedad española. En el proceso se democratizó verdaderamente la sociedad española, mediante el acceso de estos sectores, ya mayoritarios, al grueso de la riqueza nacional. El hecho cierto es que el grado de convergencia de España con la Europa de 1975 era casi de un 82%; hoy se encuentra apenas en un 72%.

Esa democratización económica trajo otros bienes de la mano, entre ellos la superación de una herencia psicológica que dividía el país entre explotados y explotadores, impidiendo a los primeros sentirse partícipes de la obra común en la historia que llamamos España, por lo que la gigantesca transformación operada vino a representar una especie de proceso nacionalizador de la población. Algo desconocido hasta la fecha por cuanto la verdadera revolución liberal, trenzada sobre el compromiso de la burguesía con las fórmulas políticas y económicas del liberalismo, había estado ausente de nuestra peripecia decimonónica.

La creación de la clase media trajo aparejada una auténtica revolución en los hábitos y en la mentalidad de la sociedad. Resulta llamativo que los verdaderos beneficiados de las políticas del gobierno fueran las parcialidades de la nación que se habían mostrado más adversos a la causa nacional. Basta con echar un vistazo a los niveles de renta de las provincias vascas, al desarrollo de Cataluña, al espectacular aumento del nivel de vida de la población trabajadora, a las deliberadas políticas puestas en marcha desde la dirección política que beneficiaron en grado sumo a la España industrial, a la España periférica, en detrimento de la España tradicional, que era la que se había levantado contra la república.

Paradójicamente, la España que se sublevó el 18 de julio fue literalmente triturada. Y lo fue hasta tal punto que, a la muerte del Generalísimo, bastó a unos timoratos y medradores políticos con vigilar al Ejército, pilar restante de la Victoria, para perder el miedo a las reformas; ni la sociedad, ni mucho menos la Iglesia, se identificaban ya más que, muy someramente, con los principios que habían impulsado a media sociedad –cuanto menos– a rebelarse en 1936 contra un estado de cosas insoportable. Hacía tiempo que el propio régimen había puesto sordina a determinados aspectos de su naturaleza, en provecho de un aggiornamiento modernizador y asimilador, también en lo político.

Todas estas consideraciones deberían bastar para demostrar cuál es el legado de Franco a la Historia de España. El de un régimen que hizo saltar al país de la carreta de bueyes al utilitario, del caserón de adobe al chalé en la sierra, que propició que los españoles aprendieran a leer, que les facilitó un inmenso aumento de bienestar material; un sistema que procuró orden, trabajo, vivienda, paz social, bienestar, seguridad y una vida más larga, próspera y digna de ser vivida.

A modo de resumen, si en España ha habido alguna revolución desde que Escipión holló con la suela de su sandalia la tierra ibérica, ésa es la que tuvo lugar durante el franquismo. Una revolución de dimensiones históricas. Una revolución que transformó España para siempre, sin posibilidad de vuelta atrás. Una revolución que, en el aspecto material, sumergió a España en la convergencia europea, mientras se resistía –y es materia para otro debate si tal cosa resultaba posible o no, a la postre– a abandonar los elementos definidores de su idiosincrasia tradicional. El salto, nada menos, desde una situación que, de no ser anacronismo, denominaríamos tercermundista hasta la inmersión en el vértigo de la modernidad.

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El difícil retorno a la legalidad (24)
Vicente A. C. M. Periodista Digital 20 Noviembre 2017

LAS MARCAS BLANCAS DE LOS GOLPISTAS POR SI EL ESTADO LES ILEGALIZA. MIQUEL ICETA DICE QUE EL PSC ES UN INSTRUMENTO PARA CERRAR HERIDAS Y COSER AGUJEROS Y PIDE LA LIBERTAD DE LOS PRESOS PARA QUE PARTICIPEN EN LA CAMPAÑA ELECTORAL.

Hay un miedo instalado en los golpistas, para mí totalmente injustificado, de que el Estado va a promover la ilegalización de los partidos que han participado en el golpe de Estado, como ya hizo en su día con BATASUNA en El País Vasco. Y ha sido ese miedo el que les ha llevado a dar de alta unas marcas blancas con otros partidos que se presentan a las elecciones con unas listas de candidatos de segunda o tercera fila dentro dela estructura de los partidos actuales, PDeCAT y ERC. Por parte del PDeCAT el encargado ha sido el prófugo expresidente Carles Puigdemont, que en un alarde de ingenio le ha llamado “Junts per Catalunya” (Unidos por Cataluña), y tras la carta blanca recibida de su partido para la confección de las listas, se ha puesto en ella como cabeza de serie y luego ha rellenado el resto con el preso representante de la ANC Jordi Sánchez, exconsejeros prófugos como Clara Ponsatí, y presos como Jordi Turull, Josep Rull o Joaquim Forn. Una lista que pretende ser “transversal” al incluir a figuras de la sociedad civil como la entrenadora de natación sincronizada Anna Tarrés.

Pero ERC no se iba a quedar atrás en este “plan B” y ha dado de alta un nuevo partido, “Diàleg Republicá” (Diálogo republicano), pero a diferencia del PDeCAT que se esconde en las siglas de Junts per Catalunya, ERC presenta su propia lista encabezada por Oriol Junqueras, seguido por Marta Rovira y Raul Romeva, incluyendo también a los exconsejeros preso o huidos a Bélgica. Los que no han hecho ningún movimiento han sido los de la CUP, que mantienen su apuesta por repetir marca, aunque no así los candidatos ya que sus Estatutos imponen que aquellos que ya han desempeñado el cargo como Diputados solo pueden hacerlo durante una legislatura por requisitos de limitación de mandatos, de igual modo que limitan el salario máximo a percibir en el desempeño de esos cargos. La excepción es precisamente el cabeza de serie por Barcelona, Carles Riera que solo ha sido Diputado autonómico por un año, no así otros diputados como Anna Gabriel destacada activista en el Proceso independentista y en el cese obligado de Artur Mas y su sustitución por Carles Puigdemont.

Solo falta conocer la proclamación oficial de candidaturas y listas por parte del Junta Electoral Central, que se debería publicar a finales de este mes de noviembre. Pero lo que no parece probable es que el Ministerio de Interior decida impugnar ninguna de las candidaturas cuando precisamente desde el Gobierno de Mariano Rajoy se ha estado insistiendo en dar todas las facilidades para que los golpistas pudieran presentarse en estas elecciones autonómicas. Una vergonzosa actitud que se vio comprometida por la decisión de la jueza de la Audiencia Nacional, Carmen Lamela, pero que pronto va a tener un oportuno desenlace cuando el juez del Tribunal Supremo, Pablo Llarena, asuma todas las causas en estas próximas horas y presumiblemente se muestre más sensible con el tema de las medidas cautelares de prisión preventiva sin fianza. Así que el Gobierno de España ya no tendrá que preocuparse y habrá una campaña electoral "normal" donde los golpistas camparán a sus anchas y se presentarán como víctimas ante sus votantes.

¿Y qué hace el resto de partidos del arco parlamentario catalán? Pues el comportamiento es variopinto. Por un lado están los llamados constitucionalistas, CIUDADANOS y el PPC, luego el partido socio federal independiente del PSOE, el PSC, y los llamados “comunes” de Ada Colau y la marca catalana de PODEMOS, que se declaran no independentistas, pero que realmente lo son, ya que apoyan soluciones inconstitucionales que facilitarían la independencia. En general todos repiten candidaturas y los cabezas de serie son los mismos que han estado medrando durante la pasada legislatura que abocó en la no declaración de independencia formal, pero si empírica y en la no intervención del Estado aplicando el artículo 155 de la Constitución de manera muy limitada, cesando al Gobierno de la Generalidad y el Parlamento y convocando elecciones autonómicas a toda prisa. Permanecen como cabezas de lista Inés Arrimadas por CIUDADANOS, Xabier García Albiol por el PPC, Miquel Iceta por el PSC y Xabier Domenech por los Comunes que incorporan en sus listas a candidatos de PODEM (marca de PODEMOS en Cataluña).

En resumen, tenemos al final una especie de macedonia de siglas, como le ha llamado algún analista, de partidos y formaciones integradas en cada una de las listas, pero que en definitiva no se diferencia mucho de lo que existía en la anterior legislatura. Y es que la única previsión en la que casi coinciden todas las encuestas es un intercambio de papeles entre actores, con ERC como más votado, en el que la CUP y los Comunes seguirán siendo claves para la gobernabilidad e inclinar la balanza en un hemiciclo que puede volver a imponer la mayoría independentista y entraríamos en un bucle como el día de la marmota. ¡Gracias Mariano por esta movida innecesaria para seguir donde estábamos pero ahora con la legitimidad de las urnas!

Y no podía faltar el melifluo Miquel Iceta que sigue empeñado en nadar y guardar la ropa en su fingida ambigüedad que oculta su inclinación por ser parte esencial de la nueva república independiente y liderar el socialismo progresista catalán. Iceta se postula como el necesario intermediario que se ofrece para cerrar heridas en una sociedad dividida y enfrentada por el independentismo excluyente, o como el habilidoso sastrecillo capaz de remendar los agujeros y destrozos de los ropajes rotos durante las reyertas. Y para contribuir a un clima de harmonía y de normalidad, pide que se excarcele a los golpistas, aunque no exige que regresen los prófugos, para que puedan participar en la campaña electoral de las elecciones autonómicas. Y aquí he de reconocer que está realizando, de forma indirecta e involuntaria, de altavoz de los deseos que el Gobierno de Mariano Rajoy no se atreve a proponer claramente a los ciudadanos y se refugia en el respeto a las decisiones judiciales. Y es que la mezquindad es algo común que hace mucho tiempo que comparten tanto socialistas como populares, al igual que la corrupción.

Y la verdad es que estoy bastante harto de que se nos quiera tomar el pelo a todos los españoles con esta no intervención de Cataluña, que es la respuesta lógica a la no declaración de independencia por parte de los astutos golpistas de pacotilla, que ahora, si vuelven a ganar, no van tener tantas precauciones a la hora de consumar su rebelión y la independencia a la vista de la respuesta apocada y estéril del incompetente Gobierno de España con la mezquina presión del PSOE de Pedro Sánchez y un exaltado CIUDADANOS que sobrevalora su influencia en una sociedad fragmentada por décadas de adoctrinamiento en el sentimiento separatista.

Hoy es 20 de noviembre, una fecha de profundo significado político que significó el comienzo del fin de la dictadura con la muerte de Franco y el comienzo de la transición hacia la democracia. Y a pesar de los 42 años transcurridos, siguen abiertas heridas y hay unos agujeros enormes que ni siquiera el voluntarioso Miquel Iceta puede cerrar ni remendar. España necesita refundarse, pero nunca partiendo de una situación de enfrentamiento, de insolidaridad y de desunión como la que existe ahora en un sistema autonómico que se ha demostrado ineficaz y ruinoso. Un escenario donde las Comunidades autónomas luchan por imponerse al resto y algunas aspiran a independizarse. Y como ya he aludido en varias ocasiones habría que seguir el consejo de San Ignacio de Loyola cuando dijo aquello de que “en tiempos de tribulación, no hacer mudanza”. Y no hay duda de que estos tiempos son de tribulación en los que los españoles vivimos horrorizados este presente y tememos por nuestro futuro como Nación. ¡Gracias Mariano por los servicios prestados a los enemigos de España!

¡Que pasen un buen día!

El poder del lenguaje para modelar el pensamiento
El adoctrinamiento como síntoma (III)
Ernesto Ladrón de Guevara  latribunadelpaisvasco.com 20 Noviembre 2017

Quien controla los mecanismos ocultos del lenguaje domina el poder de manejar a las comunidades humanas. El filólogo judío Victor Klemperer, víctima de la persecución nazi, describía estos procesos totalitarios de control mental en su obra “La lengua en el III Reich”, de la misma manera que lo insinúa Orwell en su novela “1984”.

Este control puede instrumentarse a través de la deformación del sentido semántico de las palabras, dándoles una connotación negativa o peyorativa. O bien modificando el código ordinario en el que se expresan las personas, haciendo un “lavado cultural” mediante el cambio de los usos naturales en los que se comunican, o pasándoles a otros códigos que de forma artificial transforman los significados a través de la sustitución de los significantes.

Me ha ocurrido uno de estos días. Formé un grupo de Washap con unos amigos de una sociedad en la que participo para darles la posibilidad de adquirir unas participaciones de lotería de Navidad de “Hablamos Español”, asociación que pretende, mediante el impulso de una Iniciativa Legislativa Popular, la defensa de los castellanohablantes sin menoscabo del resto de lenguas de España.

Noté la perplejidad y el susto provocado por el uso del término “hispanohablantes”, como si hubiera nombrado al mismo Belcebú. Uno de esos amigos se cruzó conmigo hoy y me aclaró que alguien de ese grupo había mostrado su extrañeza por usar el término hispanohablante, en lugar de castellanohablante que para él era más correcto. Eso me hizo pensar en cómo se ha ido modelando el prisma para ver las cosas corrientes. Hispano es todo lo que está relacionado con España, y eso es evidente. Y la lengua que usan los españoles parece ser el español en todas partes menos en España. Es como si a un francés se le dice que no habla el francés -valga la redundancia- sino el patois. Parece evidente que si decimos que un determinado ave es un pato porque emite el “cua, cua…” no es un cerdo. Pero si decimos que los españoles hablamos el español parece un sacrilegio, cuando así se dice en todo el mundo donde se habla lo que llamamos, de forma desafortunada, “castellano”. Pero de esta manera se ha borrado de la cabeza de las gentes la idea de que habla español porque es de España y no de Inglaterra.

Esto que escribo parece una tontería, pero no lo es. No somos suficientemente conscientes de cómo se modifica la cosmovisión de cada uno de nosotros por este tipo de manipulaciones de la psicolingüística colectiva.

Pues bien, volviendo al tema que relato, otra persona me preguntó si quien auspiciaba esa lotería era un partido de extrema derecha, como si solamente este sector ideológico fuera el que empleara característicamente el término “hispano” o español. Hasta este grado de ridículo colectivo se ha llegado de manera estúpida.

En esta suerte de reflexiones me encuentro en el "Diario de Navarra" con la noticia de que el Gobierno navarro se propone ofertar un 40% de las plazas a cubrir en Secundaria, en Euskera, en la próxima OPE, tras nueve años sin haber habido oposiciones. Hay que tener en cuenta que el alumnado que estudia en euskera en Navarra apenas llega al 25%, con lo que la inflación de plazas docentes en euskera es más que notoria. Al mismo tiempo hay numerosas quejas porque repentinamente se ha impedido la continuidad en su trabajo como contratados a 2.500 personas que impartían su docencia, por no tener el máster, previendo, por tanto, su sustitución sin haberse desarrollado en la Universidad Navarra esa formación; y que, además, las listas de oposiciones tienen un carácter único tanto para español como para euskera, con lo que para plazas de español será un mérito no despreciable el conocimiento del vascuence, con tribunales formados por miembros euskaldunes.

Este pequeño “rollo” lo cuento porque esta dinámica me resulta familiar, aunque hayan pasado ya varias décadas desde que se aplicó esta política de rodillo en el solar vasco en el que nací y vivo. Se trata, para no enredar más la madeja e ir directamente al grano, de eliminar el “lastre” que no es afín a las políticas nacionalistas o puede estorbar. En su momento en el País Vasco las camadas nacionalistas que fueron amoldando el sistema mal llamado educativo llamaban peyorativamente a quienes no éramos por no tener el “chip” mental insertado en los centros de euskaldunización, los “N.A.S” (No Asimilados al Sistema). No hace falta desarrollar mucho el argumento. No me extiendo. Ustedes mismos sacarán sus propias conclusiones. Y ese término figuraba en los documentos oficiales. No era algo asignado de manera informal. No. Era una calificación administrativa, algo así como la estrella de David en las deportaciones del régimen alemán de nefasto recuerdo.

Pues bien, mediante la modificación de las plantillas se logra la nacionalización del sistema, lo que unido a la pretensión de extender la oficialidad del euskera a todo el territorio navarro configura el cuadro completo. Esta fase es esencial en las políticas nacionalistas, porque una vez predeterminadas las plantillas docentes de esta manera se importará personal ya adoctrinado por el contexto desde otras zonas colindantes, como es Guipúzcoa, que limita geográficamente con Navarra. Así se iniciaría una colonización como la que se hizo en su día en Alava, modificando radicalmente el sustrato curricular de eso que se llama eufemísticamente el “currículo oculto”. De esa manera se irá modelando la cosmovisión colectiva de la sociedad navarra, tal como comprobamos en su dura realidad en Cataluña hoy, o en otros lugares de nuestra malograda España, para desgracia de nuestro legado colectivo común.

Y luego no nos quejemos.

Cataluña sigue en la cuerda floja. El separatismo sigue vivo
Seguimos pensando que la situación catalana está muy lejos de solucionarse
Miguel Massanet diariosigloxxi 20 Noviembre 2017

¿Alguien sabe de dónde consiguen sacar tanto dinero estos grupos de comunistas y separatistas para sostener tanta parafernalia, apoyar a los huidos de la Justicia y continuar manteniendo la tensión con el Gobierno de la nación; manteniendo movimientos reivindicativos en las calles de las principales ciudades de Cataluña? ¿De verdad el señor Montoro, responsable de tener vigiladas las finanzas de la comunidad catalana, ha conseguido controlar todos los agujeros, a través de los cuales los cuales, se ha venido subvencionando todo el aparato de la insurrección catalana; desde la creación de un gobierno paralelo hasta subvencionar, con importantes cantidades de dinero, el coste de tener subvencionados en Bruselas al señor Puigdemont y a cuatro de sus colaboradores más directos, aparte de permitirse pagar a un señor experto y abogado que, según se dice, cobra de 500 a 1000 euros la hora?

Resulta que, en el periódico digital “Libertad Digital”, se publica un artículo del que reproducimos unas frases: “Òmnium Cultural, la Asamblea Nacional Catalana y el Comité de Defensa del Referéndum de Osona (Barcelona) han instalado en la Plaza Mayor de Vic unas cárceles para que la gente pueda encerrarse voluntariamente. El objetivo del montaje es protestar por el encarcelamiento de los presidentes de ambas entidades, Jordi Cuixart y Jordi Sánchez, además de Oriol Junqueras y los exconsejeros Raül Romeva, Jordi Turull, Joaquim Forn, Dolors Bassa, Meritxell Borràs, Rosep Rull y Carles Mundó. Con el lema "Un pueblo encarcelado", las instalaciones simulan ser un par de celdas equipadas con una mesa, una silla, una cama, varias mantas, una estufa, una lámpara y un extintor. Sobre las jaulas hay una serie de carteles con los nombres de los "presos políticos" y en un lateral se explica que el "Govern legítimo" de Cataluña ha sido encarcelado.

Según explican las propias entidades soberanistas en un comunicado, "las personas que voluntariamente participen en esta acción harán turnos de al menos dos horas, tanto de día como de noche, a temperaturas muy bajas y ante cualquier inclemencia del tiempo".

Lo primero que se nos ocurre cuando leemos noticias como la reseñada es pensar en quién les ha dado el permiso para instalarse en un lugar público; a continuación, quien se ha hecho cargo del coste de tal montaje (dos celdas que se han instalado en la plaza Mayor de la ciudad de VIC (Cataluña). Y sentimos tanta extrañeza cuando vemos con la facilidad con la que la señora Forcadell pudo pagar, en menos de 24 horas, una fianza de 150.000 euros y el resto de parlamentarios que fueron detenidos con ella, sendas fianzas de 25.000 euros cada una. ¿De dónde pudo salir una “caja de resistencia” de la ANC que pudiera solventar, en un plis plas, el abono de una cantidad semejante? ¿Estaba subvencionada desde la Generalitat o es que, entre sus socios, tiene a algunos lo suficientemente adinerados para poder sostener semejante dispendio? Esperemos que, los expertos funcionarios de la Hacienda nacional, que tan bien saben hurgar en los bolsillos de los ciudadanos de a pie que, muchas veces sin pretenderlo, se ven sorprendidos con alguna de las notificaciones de este organismo al que, por lo visto, pertenecemos todos, se muestren tan diligentes en averiguar quiénes son los donantes y de dónde salen estas cantidades que permiten que, una serie de detenidos, sean liberados a las pocas horas de ser arrestados. ¡Donaciones, señores, miles de euros en donaciones que, por cierto, están gravadas con tarifas parecidas a las del Impuesto de Sucesiones!

No perdamos de vista la vida regalada que se están dando en Bruselas los presuntamente “detenidos” por las autoridades belgas que siguen en libertad, hacen declaraciones a los rusos y a otros periódicos sin que nadie se lo impida y han organizado tertulias y reuniones de propaganda para, desde allí, fuera del alcance de la policía española, hacer su campaña a distancia, para los comicios autonómicos que tendrán lugar el día 21 de diciembre sin que, al parecer, exista inconveniente alguno para que, presuntos reos de secesión o rebelión, puedan ser candidatos a ocupar los mismos cargos de los que, la aplicación del Art.º 155 de la Constitución, les privó. A propósito, no sé si les habrá sentado bien a estos prófugos de la Justicia que tan buena vida se dan en Bélgica y que tanto critican al Gobierno español y las condiciones de vida en nuestra nación cuando, el señor Maduro de Venezuela, hablando del señor Antonio Ledezma, venezolano, líder opositor al régimen de Maduro y líder del partido Alianza Bravo Pueblo, ex alcalde de Caracas, se ha despachado a gusto con el huido, espetándole una serie de “cumplidos” entre los cuales en uno lo ha calificado de “Vampiro” y le ha recriminado que “vuela p’a España a vivir la gran vida”, recomendándole que se beba un “buen vino en la Gran Vía” ¿Cómo cuadra este reconocimiento de que, en España, uno se puede dar la gran vida, cuando es evidente que, en Venezuela, salvo los mandamases de su partido, nadie puede hacerlo?

Este personaje nacido del encarcelamiento del señor Junqueras, Marta Rovira, ha hablado de que en España existe un “régimen opresivo” una amenaza constante de que “los tanques salgan a las calles” y de que “la sangre de los ciudadanos inunde las calles de Barcelona” y uno se pregunta ¿ Si es así, cómo es que sigue el turismo inundando las calles de Barcelona, cómo la gente acude a las compras de Navidad o se prepara ( no con la alegría de otros años)para acudir al Black Friday, sin que nadie se preocupe de los tanques imaginarios, la supuesta “opresión “ de una inventada policía politizada ni, por supuesto, ninguno de los transeúntes tenga la menor preocupación por ir pisando charcos de sangre por las calles de Barcelona? No sabe esta señora que, con tanto desparpajo, metió la pata hasta el corvejón el mal que le ha hecho a su propia causa cuando, hasta el arzobispo de Barcelona, ante semejante patochada, ha tenido que hacer un comunicado negando que se hubieran producido tal tipo de amenazas por parte del gobierno central. Y es que señores, cuando se trata de política, hasta personas a las que se les supone preparadas, con estudios, con un currículum universitario (vean los casos de Pablo Iglesias, Monedero o el mismo Echenique, todos ellos profesores universitarios y, no obstante, personajes tan impresentables y peligrosos por sus desviaciones ideológicas, obsoletas e inaplicables en cualquier país que intente salir adelante)

Produce vergüenza ajena el pensar que, todos aquellos que estuvieron sacando pecho amenazando al Estado español, hablando de que toda Europa los iba a apoyar, anunciando que, en caso de producirse la separación de Cataluña de España, las empresas se rifarían asentarse en Cataluña y los bancos se pelearían para permanecer en aquel nuevo oasis en el que, según el señor Mas y sus compadres independentistas, se iba a convertir el nuevo país, conocido como “la república independiente de Cataluña”. Ni una sola de las predicciones que lanzaron para convencer, a los ciudadanos catalanes, de la bondad de la independencia, se ha cumplido y su mayor fracaso en el que, en muchas ocasiones se apoyó el señor Junqueras, fue el de dar por sentado el que, una Cataluña desgajada de España, iba a permanecer dentro de la UE y conservando todos los beneficios políticos y económicos de los que había venido disfrutando antes de su declaración de independencia. Evidentemente, nada de todo esto hubiera sucedido y así lo han expresado todas las autoridades comunitarias consultadas.

Aun así, es tal el encabezonamiento, tanto el convencimiento de que España está robando a Cataluña, tan grande el rechazo que se ha ido creando en los catalanes hacia el resto de España y de los españoles, tanta la manía que nos han cogido a los que no compartimos sus ideas separatistas aunque vivamos en Cataluña que, en estos momentos, no hay manera de que se pueda producir un arreglo, una vuelta atrás o un abandono del proyecto separatista entre aquellos que están convencidos de que tienen razón y de que, pase lo que pase, ellos acabarán consiguiendo lo que se proponen; que nos cuesta pensar que en estas nuevas elecciones, sin que todavía los efectos que vayan a tener la rebelión contra el Estado de Derecho, hayan surtido el terrible efecto que todos los economistas anuncian que tendrán si siguen empeñados en su obsesión independentista; mucho nos tememos que, lo que espera el Gobierno de Madrid que se produzca en Cataluña, una victoria amplia del grupo constitucionalista, va a ser muy difícil que se produzca y, en realidad, lo que parece que tiene más posibilidades de suceder es un mapa político, en Cataluña, muy parecido al que fue suprimido con la aplicación del 155 de la Constitución.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, seguimos pensando que la situación catalana está muy lejos de solucionarse con unas nuevas elecciones cuando, en el entretanto, han quedado muchos cabos por resolver y, sin que sea el menor de ellos el de no haber solucionado el de la enseñanza en esta comunidad, viciada por profesores que se niegan a respetar la historia, la lengua castellana y la libertad de padres y alumnos a escoger el tipo de enseñanza que prefieren.

Hacia una Cataluña ingobernable
Francesc Moreno cronicaglobal 20 Noviembre 2017

Cataluña respira pesimismo. No encuentro a nadie que me diga que espera que las próximas elecciones vayan a servir para superar el tormentoso clima político y el deterioro económico del último mes y medio. Cuando se habla con personas no vinculadas con la política, sea cuál sea su posición sobre los acontecimientos vividos en Cataluña, se perciben tres convicciones: hartazgo por la incompetencia de los políticos, imposibilidad práctica de la secesión unilateral y la convicción de que el conflicto se cronificará con un coste incalculable para todos los catalanes.

Se extiende el sentimiento de que la clase política está integrada por incapaces, oportunistas, vividores y corruptos. Cada vez más personas descubren que la política no nos va a dar la felicidad pero ya nos está destrozando la vida. Más y más personas confiesan que saben a quién no votaran pero no a quién lo harán. No es un fenómeno nuevo, pero cada vez tiene una mayor dimensión.

Durante los últimos años, el coste del procés ha sido limitado por la incredulidad del mundo económico de que pudiera llegarse a donde hemos llegado. El mundo no nos miraba. Ahora sí. Pero nos mira mal. Muy mal. Y para revertir la situación no será suficiente con que baje la intensidad de la confrontación. Sería imprescindible que se visualizara una solución a medio y largo plazo.

¿Cabe esperar que las próximas elecciones abran una puerta a la esperanza?

Las encuestas publicadas hoy marcan la aceleración del cambio de tendencia iniciado por las difundidas hace unos días. El bloque secesionista continúa bajando y es más probable que pierda la mayoría absoluta. ERC supera a la lista de Puigdemont pero con menos rotundidad que cuando este no había oficializado su candidatura. La CUP pierde tres o cuatro diputados. Por su parte, Ciudadanos crece y disputa a ERC el primer lugar en número de votos. También crece el PSC.

Es un alivio la tendencia a la baja del secesionismo, que aleja la secesión unilateral. Pero el otro gran peligro para Cataluña, el mantenimiento del conflicto y la inestabilidad, continuarán presentes con estos resultados

Pero el estancamiento a la baja del PP impide una mayoría constitucionalista, y la única mayoría que suma, si no se repite la mayoría absoluta secesionista, es la del bloque secesionista con Catalunya en Comú, que pierde votos pero es imprescindible para conseguir mayorías parlamentarias. Un acuerdo de mínimos de estas fuerzas para reclamar un referéndum pactado, la libertad de los presos y el cese del 155 nos abocaría a unas nuevas elecciones más pronto que tarde.

Es un alivio la tendencia a la baja del secesionismo, que aleja la secesión unilateral. Pero el otro gran peligro para Cataluña, el mantenimiento del conflicto y la inestabilidad, continuarán presentes con estos resultados. Ello implica mantener la tensión social y el deterioro de nuestra economía.

Si un reforzamiento de la tendencia que marcan las encuestas no lo impide --lo que es posible dado el sesgo prosecesionista habitual de las mismas y la dinámica de desmovilización y desencanto del independentismo​--, nos dirigimos a un escenario de ingobernabilidad, inestabilidad e incertidumbre que continuará teniendo un alto coste económico y social para todos los catalanes.

Con todo, hay que mantener la esperanza y asegurar la movilización de todos los contrarios a la independencia. Lo que hace poco parecía imposible ha dejado de serlo aunque continúa siendo difícil.

La economía también vota el 21-D: “Venían a Atocha con cheques y bolsas de dinero…
Las oficinas próximas a la estación del AVE en Madrid hicieron su agosto a cuenta de la declaración de independencia de Puigdemont
Nacho Cardero elconfidencial 20 Noviembre 2017

“Venían con cheques y bolsas de dinero”. Ocurrió tras el 1 de octubre. “Tomaban el AVE en Barcelona y se bajaban en Puerta de Atocha, en Madrid. Allí buscaban la oficina bancaria más próxima e ingresaban el dinero. Se presentaban con cheques, bolsas con billetes…”, relata el director general de un gran banco. “Las oficinas que se encuentran en los alrededores de Atocha no daban abasto. Los responsables de sucursal lo reportaban minuto a minuto”.

Las oficinas próximas a la estación del AVE en Madrid hicieron su agosto a cuenta de la declaración de independencia de Puigdemont. “Y estos clientes que han venido hasta Madrid y han abierto cuenta, no vuelven. Ya nos encargaremos nosotros de que no lo hagan”.

Hubo muchos que pasaron por ventanilla, pero hubo todavía muchos más que, llevados por el desasosiego y la incertidumbre en aquellos momentos álgidos de locura secesionista, optaron por las cuentas espejo. Estos productos, ya saben, no son más que cuentas duplicadas en otra oficina que replican los movimientos de la original, domiciliada en Cataluña. Se suelen abrir en provincias limítrofes, en Madrid o en oficiales virtuales.

El trasiego de particulares en estado de ‘shock’ ante la posibilidad de un corralito catalán ha sido incesante. El miedo es libre y, como decía Tito Livio, los hombres con miedo siempre están dispuestos a ver las cosas peor de lo que son, y si estos hombres, además, son de cartera gruesa, entonces la sensación de pánico adquiere niveles ‘def con dos’.

Pues bien, estos catalanes que, independentistas o no, pusieron sus ahorros lejos de las manos de Puigdemont y Junqueras —que una cosa es cantar 'Els Segadors' y otra muy distinta picar de pardillo— serán los mismos que tengan que acudir a las urnas el 21 de diciembre. Hablamos de decenas de miles de votos que a la postre resultarán decisivos en unas elecciones que, según los sondeos, se presuponen reñidas.

El miedo es real y se encuentra cada vez más próximo. Miedo a perder su empresa, su patrimonio y su puesto de trabajo. Será clave en los próximos comicios. Lo llaman el disputado voto de la cuenta espejo.

El daño ya está hecho. Los síntomas no se percibirán ahora, ni en unas semanas, alimentando esa falacia con sello Harvard de que el motor sigue girando y de que el oasis catalán está blindado a las injerencias externas, pero sí empezarán a aflorar el próximo año, como ocurrió en Reino Unido. Tras la victoria del Brexit, tuvieron que pasar meses hasta que los datos de desaceleración colocaron a Theresa May ante sus propios fantasmas.

Lo mismo ocurrirá en Cataluña. El agujero ya está hecho. Lo que falta por calcular es el diámetro del mismo. Y escuchando las belicosas declaraciones de Rovira, acaso la máquina de escupir ‘fake news’ del independentismo; leyendo los tuits de Puigdemont, sin escrúpulos al mezclar sus intereses electorales con las víctimas del atentado de la Rambla, y desenmarañando las listas que concurren al 21-D, una amalgama ingobernable repleta de hiperventilados, uno llega a la conclusión de que los antiguos responsables de la Generalitat se están empleando a fondo con maquinaria pesada para que el socavón económico vaya a más y lo engulla todo.

“Cataluña es la única comunidad de España en la que la morosidad ha subido en el último trimestre [agosto-octubre]”, indican desde una entidad top-5. Pierde 40 autónomos al día, “más de 4.000 desde junio”, según el presidente de la Asociación de Trabajadores Autónomos (ATA), Lorenzo Amor. La actividad se ha congelado. “Como sigamos a este ritmo, el próximo año comenzarán a quebrar las empresas…”, se lamenta el dueño de una firma catalana.

El bloque secesionista negará tan funestos presagios igual que aseguraba contar con estructuras de Estado para poner en marcha la república catalana, igual que decía que la Unión Europea los recibiría con los brazos abiertos y que las empresas no solo no marcharían de los países catalanes sino que vendrían en tropel a este Shangri-La envueltas en esteladas.

Artur Mas hace una colecta pública “para no quedarse en la ruina”
Pero lo cierto es que mientras Artur Mas extendía su mano temblorosa en busca de una limosna, una ‘mica’, para poder pagar su fianza, que es mejor pedir que robar y que él lo ha dado todo por el pueblo, la economía catalana se va desangrando con cuentagotas. Artur Mas le inoculó el virus, Junqueras la dejó pudrirse y ahora el tándem Puigdemont-Rovira pretende darle la puntilla y culpar de ello al 155 y a los ardides represores del Estado español.

Aunque a menor ritmo, las empresas siguen poniendo pies en polvorosa (2.573 han trasladado su sede social fuera de Cataluña y 1.000 han hecho lo propio con su sede fiscal); el paro ha crecido en octubre el doble que en España; las ventas de coches se han desplomado en algunos concesionarios hasta el 50%, y la velocidad de crucero que había tomado el aeropuerto de El Prat se ha frenado en seco, como se aprecia en el siguiente gráfico:

El ministro de Economía, Luis de Guindos, corroboró en su comparecencia ante el Congreso la desaceleración de Cataluña, pasando de ser una de las regiones que más crecen a situarse por debajo de la media nacional en el último trimestre del año, y vaticinó que solo la "vuelta al orden constitucional" estimularía la actividad en la comunidad.

Igual que unos se encuentran perdidos en su particular viaje a Ítaca, entre los tuits de Assange y borradores para unas futuras ‘Cartas belgas’, el Estado español ha estado moviéndose hasta el último momento para que la lotería de la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) le toque a Barcelona. La ministra de Sanidad, Dolors Monserrat, encabezará la delegación que estará presente este lunes en Bruselas durante la votación.

Mientras unos tratan de reanimar la convaleciente economía catalana, otros le tapan nariz y boca con el objetivo de asfixiarla. Tiempo al tiempo. La estrategia de 'Help Catalonia': cuanto peor, mejor.

Así adoctrina el Govern de Puig y Oltra a los escolares de la Comunidad
El plan para las aulas valencianas: canciones en catalán y que los profesores lo hablen en los pasillos
Cristina Seguí okdiario 20 Noviembre 2017

“Sin Valencia no hay independencia” o “Los países catalanes son una realidad” eran tan sólo dos de las frases que mejor resumían el cariz ideológico del actual consejero de Educación valenciano, Vicent Marzá, diputado del partido nacionalista Compromís. Marzá siempre se ha distinguido por su ideología pancatalanista y que ahora trata de llevar a las aulas con un completo plan de adoctrinamiento con la excusa de la ‘normalización lingüística’ en valenciano.

El máximo responsable de Educación, una de las consejerías más importantes y de mayor contenido político, fue nombrado por el actual presidente de la Generalidad Ximo Puig (PSPV-PSOE), en 2015, como requisito impuesto por Monica Oltra (Compromís) para recibir el apoyo necesario para poder gobernar la Comunidad Valenciana. Sobre el nacionalista se han escritos ríos de tinta desde entonces: por ejemplo, sobre la paralización de su plan de inmersión lingüística por parte del TSJCV por evidente discriminación a los castellano-hablantes.

Así, en septiembre de 2017, la sala describía en torno a su propuesta de que “la acreditación en inglés será inferior para los que opten por el castellano, y el hecho de que puedan completarla mediante un sistema a determinar” lo siguiente: “evidencia que existe discriminación entre los que opten por el idioma castellano frente al catalán”y “se produce una grave perturbación del interés general de los menores”.

Polémica fue también la inclusión de preguntas sobre la “represión de Cataluña”, “la lengua para educar a los niños refugiados” y sus alusiones constantes al “País Valenciano” en los exámenes de oposición del profesorado de secundaria para las asignaturas de geografía e historia.

Ahora se abre un nuevo capítulo en la hoja de ruta de la ofensiva nacionalista en la educación valenciana, ya que fuentes de OKDIARIO nos han remitido el llamado ‘Plan de Normalización Lingüística’ (PNL) que deben poner en marcha todos los institutos públicos de la Comunidad Valenciana y que obligan a los profesores a hablar valenciano en todo el centro incluyendo los pasillos, a dirigirse a las familias en esta lengua de forma exclusiva.

Encuentros escolares para el adoctrinamiento
También a incluir en el plan educativo las llamadas “Trobades” (encuentros escolares en los que con la excusa de fomentar el valenciano se familiariza a los niños con la simbología pancalanista, desde falsificaciones históricas como la inexistente ‘corona catalana’ a mapas de los denominados ‘països catalans’) creadas por la radical Escola Valenciana de Marzá, y que ha recibido denuncias de padres y plataformas cívicas por repartir esteladas independentistas entre los niños.

Partes de este Plan incluyen las siguientes normativas de talante segregador, supremacista y discriminador que atentan contra la libertad de los padres a elegir la lengua en la que han de educarse sus hijos:
“Animar a la Comunidad valenciano parlante (profesorado, familias, alumnos) a emplear siempre y con todo el mundo el valenciano, porque el uso constante es una herramienta normalizadora muy eficaz”.

“En el ámbito administrativo y social se usará únicamente el valenciano. En documentos oficiales escritos, documentación interna, comunicaciones, convocatorias, avisos, certificados, actas de reunión…”.

Símbolos, precios y menús en valenciano
“En los símbolos externos: rotulación externa e interna del colegio, horarios, mesas de anuncios, carteles, listados de precios y menús de bar, catalogación de la biblioteca, del material audiovisual…”.
“Comunicaciones orales: atención al público, reunión con padres o tutores, charlas en actos oficiales, intervenciones en los medios de comunicación, actividades extraescolares, semanas culturales…”. “EL objetivo del PNL es la normalización plena del centro”, advierten.

“La música que suene para indicar el intercambio de clase será mayoritariamente de autores y grupos musicales de nuestra cultura y se trabajarán las letras de las canciones en las clases de valenciano” (los nacionalistas incluyen al cantautor y diputado separatista catalán Lluís Llach dentro de la cultura valenciana, y al grupo la Gossa Sorda del diputado nacionalista, Josep Nadal, el cual habla de países catalanes, represión del Estado e independencia).

El PNL advierte además que: Ha aumentado notablemente la presencia de otras lenguas en la sociedad en detrimento sobre todo el valenciano y favoreciendo la presencia del castellano como lengua de intercambio que es absolutamente mayoritaria entre el alumnado”:

El documento advierte que “cada vez se usa más el castellano”.
Y a continuación alerta sobre ese aumento “también entre aquellos recién llegados que lo adoptan como lengua propia del territorio, a pesar de que la lengua propia del territorio históricamente y también en toda la legislación debe el valenciano”. El PNL insiste además en llamar la atención sobre el incremento del castellano en los centros escolares:”Del conjunto del alumnado en el centro, actualmente observamos que cada vez se usa más el castellano como lengua de intercambio, incluso entre el alumnado que tiene el valenciano como lengua materna”, concluye.

Cinco mil niños más tendrán el valenciano como lengua base el próximo curso
Valencia desafía a la justicia al trasladar el modelo de inmersión lingüística catalán
Paloma Cervilla ABC 20 Noviembre 2017

El tripartito de izquierdas que gobierna la Comunidad Valenciana ha lanzado una ofensiva para intensificar el uso del valenciano en los centros escolares. Dos son los frentes que ha abierto en los últimos meses. Esta semana, salvo sorpresa de última hora, el Ejecutivo que integran PSPV-PSOE y Compromís sacará adelante en el Parlamento valenciano una Proposición de Ley. Esta iniciativa, entre otras polémicas decisiones, quiere dejar un mínimo de un 25 por ciento de castellano en los centros. Ello supone trasladar el modelo catalán a Valencia, lo que ha indignado al Grupo Popular, cuya portavoz de Educación, Beatriz Gasco, asegura que, «de un plumazo, se quieren equiparar 30 años de normalización lingüística en Cataluña con Valencia. En Cataluña la lengua es obligatoria, según su Estatuto de Autonomía, cosa que nuestro estatuto dice que es un derecho, pero no una obligación conocerla».

El segundo frente para conseguir cada vez más valenciano en los colegios se ha abierto con los Presupuestos Generales del Estado. Así, en uno de sus enunciados, el Ejecutivo valenciano se marca como objetivo que en 2018 el número de centros que aplican un programa lingüístico de enseñanza en el que la lengua base es el valenciano sea de 1.256, doscientos más que las 1.059 que hay en la actualidad. Ello supondría, según la parlamentaria popular, que unos cinco mil niños y niñas más realizarían gran parte de sus estudios en valenciano. Tomando como base estas previsiones, la dirigente popular señala que «si seguimos esta evolución, en dos años no quedará ningún niño estudiando en castellano».

Previsiblemente, esta semana el tripartito de izquierdas que gobierna en Valencia hará el último intento por implantar su modelo lingüístico. Supone un desafío a la Justicia y al Gobierno central. Sobre todo teniendo en cuenta el fracaso del decreto de plurilingüismo, aprobado el pasado enero.

La norma, que acumulaba nueve recursos, fue suspendida por el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana antes de que pudiera incluso aplicarse este curso. Ésta incluía tres niveles lingüísticos: básico, intermedio y avanzado. El primero tenía el castellano como lengua vehicular y el avanzado, el valenciano. El problema vino a la hora de establecer las horas de docencia en inglés porque quienes optaban por estudiar en castellano se les penalizaba con un nivel menor de inglés.

Agravio comparativo
Aunque desde la Conselleria siempre defendieron que se mantenía la libertad de elección de las familias, los tribunales entendieron que existía un claro agravio comparativo en perjuicio del castellano.

Tras este varapalo judicial, el Gobierno valenciano decidió dar carpetazo al decreto e impulsar una nueva ley. En ella, la Administración no determina qué asignaturas deben vehicularse en cada lengua, sino que lo hacen los centros. Los requisitos son cumplir con un mínimo del 25% para castellano, un 25% para valenciano, y entre un 15% y un 25% para inglés. Esto supondría que el valenciano podría tener una presencia del 50%, mientras que el inglés no puede superar el 25%.

La nueva norma, además, blinda las líneas en valenciano que en 2012 aprobó el PP, donde más de la mitad de asignaturas se impartían en la lengua propia. Esto significa que aquellos centros que tengan autorizado este programa en el momento de entrada en vigor de la nueva ley deberán establecer un porcentaje vehicular en valenciano igual o superior al que tienen autorizado. En definitiva, que no se puede producir un retroceso en la presencia del valenciano.

Este hecho viene reflejado precisamente que en los Presupuestos de la Generalitat para 2018. En ellos, los centros que aplican ese programa en el que la lengua base es el valenciano pasan de 1.059 en 2017 a 1.256 en 2018. Un aumento de 200 centros que afectaría a unos 5.000 alumnos, según ha denunciado el PP.

Este decreto ley también ha sido cuestionado por el Gobierno central. De hecho, el ministro de Educación, Íñigo Méndez de Vigo, anunció recientemente una comisión para estudiar la constitucionalidad de la norma.

FUERON ‘CAZADOS’ POR LA POLICÍA
Los Mossos iban a quemar pruebas del 1-0 en la incineradora de Besòs
La Gaceta  20 Noviembre 2017

En el material intervenido hay escritos firmados por mandos intermedios dando instrucciones para proteger la consulta ilegal.

La Policía Nacional ha encontrado entre la documentación que los Mossos d’Esquadra pretendía destruir en una incineradora el pasado 26 de octubre archivos que relacionan a mandos y agentes de la policía catalana con el referéndum del 1-O, que había sido suspendido por el Tribunal Constitucional.

Según informa hoy el periódico El Mundo y han confirmado a Efe fuentes próximas a la investigación, entre el material, que fue incautado por la Policía Nacional cuando los Mossos lo llevaban en una furgoneta a la incineradora, figuran documentos que implican a miembros de los Mossos d’Esquadra en la votación del 1-O.

En concreto, según el rotativo, los agentes de la Policía Nacional que han analizado el contenido del material incautado han hallado escritos firmados por mandos intermedios de los Mossos dando instrucciones a sus agentes sobre actuaciones previas y posteriores al 1-O para proteger la consulta.

Además, también figuran documentos de contenido político, que se están analizando, porque el estudio de los archivos intervenidos todavía no ha finalizado.

La Policía Nacional ha comunicado ya su hallazgo a la juez de la Audiencia Nacional Carmen Lamela, que investiga la supuesta pasividad de los Mossos durante el 1-O, en la que mantiene imputado al mayor de la policía catalana, Josep Lluis Trapero, destituido como jefe del cuerpo el pasado 28 de octubre, dos días después de que se interviniera toda esta documentación.

La Policía Nacional evitó el pasado 26 de octubre que los Mossos quemaran en una incineradora unos documentos que ya entonces sospechaban que estaban vinculados con el referéndum del 1-0 y que intervinieron por orden de la Audiencia Nacional para analizar su contenido.

La policía autonómica envió a primera hora del 26 de octubre una furgoneta y dos patrullas a la planta de tratamiento y selección de residuos Tersa de Sant Adrià de Besòs (Barcelona) para quemar varios documentos con información sensible, aunque no lo pudieron hacer porque cuando llegaron a la misma se encontraron a una veintena de agentes de la Policía Nacional bloqueando el acceso.

Los agentes de la Policía Nacional impidieron el paso a los Mossos, interceptaron la furgoneta y exigieron a la policía catalana que les entregara la documentación que llevaban a la incineradora.

Sin embargo, los Mossos se negaron en un primer momento a entregar la documentación y pidieron a la Policía Nacional que les mostrara una orden judicial para intervenir estos archivos.

Los agentes de la Policía Nacional no disponían de esta orden, por lo que pidieron a la juez Lamela que les autorizara a intervenir los documentos para poderlos analizar.

Tras más de tres horas de espera de ambos cuerpos policiales frente a la incineradora, la juez acordó autorizar a la Policía Nacional a requisar esta documentación y a trasladarla a Jefatura para analizarla.

Los Mossos negaron aquel día que los informes que iban a quemar estuvieran vinculados con el referéndum del 1-O y alegaron que es una práctica habitual y ordinaria que se acuda a incineradoras a quemar este tipo de archivos, o que se utilicen trituradoras para destruirlos, ya que la actividad policial genera documentos de contenido sensible que, cuando ya no son necesarios, se deben destruir para atender a la protección de datos.

Según la policía autonómica, los documentos en papel que se llevaban a destruir pertenecían a la Comisaría General de Información y, en concreto, figuraban archivos con datos administrativos de la oficina de apoyo a esta comisaría, relativos a permisos, vacaciones y bajas, así como sobre operativos y diligencias policiales y documentación diversa.
 


 


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