AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 22 Noviembre 2017

Desconstitución
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 22 Noviembre 2017

Si un dromedario es un camello dibujado por un comité, la Desconstitución sería la Constitución Española desdibujada por ese comité de catedráticos en Derecho Constitucional, tan cursi y fatuo que se bautiza "voluntariado cívico". Para entendernos: voluntarios llamados por los partidos políticos, el Gobierno y agentes cívicos para enmendar la plana a la ciudadanía que ha osado echarse a la calle con su bandera, sin aguardar a los partidos que nos han llevado a este desastre ni pedir opinión a 10 o 12 sorayos de cátedra, es decir, socialistas al baño maría de la Moncloa.

Si la enseñanza ha sido destruida por la pedagogía y a la literatura la ha arruinado la metaliteratura, la Constitución Española no funciona porque los políticos, apoyados por comités expertos en justificar lo que les digan, la someten a la trituradora autonómica, esas 17 pirañas que han devorado al Estado y destrozado a la Nación. En las Cortes, los socialistas que amamantan este voluntariado de cátedra han saboteado en dos días el intento de Ciudadanos de enmendar dos situaciones rabiosamente contrarias al principio de libertad e igualdad ante la Ley, raíz de la Constitución: el Cupo vasco y el adoctrinamiento en las aulas; o sea, el privilegio fiscal y la tiranía educativa, que a partir de la inmersión lingüística discrimina a todos los castellanohablantes españoles en seis comunidades: Cataluña, Baleares, Comunidad Valenciana, Navarra, País Vasco y Galicia.

Los sabios cumbayás del PSOE y el PP buscan lo que niegan: apaciguar el separatismo catalán destruyendo el orden constitucional. El artículo 2 lo derogarían por la espalda mediante disposiciones adicionales, apósitos desconstitucionales para reconocer la singularidad catalana y las que vengan. Su federalismo -tan sociata- necesitaría la destrucción previa del Estado español; y el arma es, claro, la metástasis autonómica. Sus Estatutos serían votados en los parlamentos regionales, sin pasar por las Cortes, y serían la base de la Desconstitución. Las autonomías rendirían acatamiento simbólico a España y atentarían realmente contra los derechos de los españoles, como hacen; y el Estado no podría recuperar las competencias en Seguridad y Educación que jamás debió transferir. O sea, un apaño para ir tirando cuatro añitos y el que venga detrás, que arree.

Otoño de 2017
ELISA DE LA NUEZ El Mundo 22 Noviembre 2017

En marcha ya sin demasiadas complicaciones la aplicación del 155 de la Constitución y confirmado que todos los partidos políticos catalanes se van a presentar las elecciones en Cataluña el 21 de diciembre (lo que supone, en la práctica, un 155 de mínimos y una salida política más que digna al embrollo catalán) podemos extraer algunas lecciones de los sucesos vividos en España en el agitado otoño de 2017 que entrará a formar parte de la Historia de nuestro país aunque ciertamente no del modo previsto por sus instigadores. El famoso principio -recogido por Karl Marx en su ensayo sobre el 18 de Brumario de Luis Napoleón Bonaparte- según el cual la historia se repite siempre dos veces, primero como tragedia y después como farsa, se ha cumplido religiosamente en el caso del independentismo catalán del siglo XXI. Afortunadamente. La razón es que el momento histórico de este tipo de nacionalismos (en base a los cuales se construyeron muchos Estados-nación durante los siglos XIX y XX) ha pasado hace mucho tiempo al menos en los países desarrollados.

De ahí el carácter inevitablemente retro y nostálgico de un independentismo que necesita para sobrevivir revivir clichés de siglos anteriores magnificando la importancia de "las estructuras de Estado" y negando la profunda transformación que ha experimentado la sociedad española en las últimas décadas. Una transformación que es mucho mayor que la del propio Estado dicho sea de paso. Nuestras instituciones necesitan una renovación urgente que deberíamos acometer en un plazo perentorio para adaptarlas a las necesidades y a las exigencias de una sociedad española muy distinta a la que vivió el franquismo y la Transición y no solo por obvios motivos generacionales. Es también la sociedad que acaba de vivir la gran recesión, lo que la ha convertido en una sociedad más resistente, más crítica, más consciente y más segura de sí misma. Baste recordar que durante los últimos meses ha sido básicamente la ciudadanía y la sociedad civil y no las instituciones la que ha protagonizado la defensa intelectual, mediática y social de los valores democráticos y constitucionales. La cantidad de análisis, reflexiones, manifiestos, concentraciones y manifestaciones propiciadas al margen o incluso en contra de los cauces oficiales en un cortísimo periodo de tiempo ha sido realmente espectacular, lo mismo que la decidida voluntad de suplir las deficiencias de la estrategia de comunicación oficial particularmente en relación con los medios extranjeros. Lo que demuestra la enorme vitalidad y recursos de los que disponemos como sociedad y, lo que es más importante, la convicción de que podemos y debemos usarlos sin esperar a que una mediocre clase política claramente sobrepasada por los acontecimientos nos saque las castañas del fuego.

En definitiva, hemos vivido un proceso de maduración acelerada que nos ha permitido tomar la delantera a nuestros políticos e instituciones, lo que también nos permite ser mucho más críticos y exigentes con unos y con otras. Quizás el caso catalán siga siendo la excepción más notable frente a este cambio aunque hay que destacar la comparecencia in extremis de la mayoría silenciosa y algunas iniciativas de personas y colectivos que empiezan a romper la omertá nacionalista. Pero sin duda una de las características más llamativas del independentismo es que ha impedido que una parte significativa de sus electores haya experimentado el mismo proceso de maduración ciudadana al recurrir a un relato político infantilizado de malos y buenos sólo apto para consumidores acríticos.

La conclusión parece clara: no necesitamos ni queremos rebeliones institucionales y saltos en el vacío para mejorar nuestro entramado político e institucional. En el selecto club de las democracias liberales occidentales de la Unión Europea, al que afortunadamente pertenecemos, las cosas no se hacen así. Claro que hay muchas reformas que siguen pendientes, especialmente, las políticas e institucionales que son además las que permitirían abordar todas las demás en mejores condiciones. Pero mantener desde un poderoso Gobierno regional con cargo al erario público que la única posibilidad de mejora pasa por la independencia (incluso cuando la desidia y la incompetencia del Gobierno central vienen en tu ayuda) y que además una parte de la ciudadanía -precisamente la más privilegiada en términos sociales y económicos- está oprimida es bastante más complicado que sostenerlo desde el exilio, la cárcel, la guerrilla o las huelgas de hambre, por mencionar algunos de los instrumentos tradicionales a los que los realmente oprimidos no tienen más remedio que recurrir. Ni siquiera la prisión preventiva de Junqueras y otros consejeros o el autoimpuesto exilio de Puigdemont son suficientes para demostrar la existencia de ese Estado opresor que el separatismo necesita para justificar la vulneración de los principios y valores de nuestro pacto de convivencia nacional y europeo. En ese sentido, es muy comprensible el desprecio que suscitan los que denuncian injusticias y agravios imaginarios a los que han luchado y todavía luchan por combatir las injusticias y agravios reales como se ha puesto de manifiesto en las declaraciones de algunos representantes de la izquierda histórica española que saben de lo que hablan.

También se ha puesto de manifiesto el enorme valor del Estado de derecho en nuestras sociedades. La previsibilidad y la certeza que proporciona a ciudadanos y empresas en un momento dado no puede arrojarse por la borda a cambio de vagas promesas. Las leyes se pueden y se deben mejorar siempre, pero a través de los procedimientos establecidos. Sin duda nuestro Estado de derecho tiene imperfecciones pero el peor de los ordenamientos jurídicos democráticos es mejor que ninguno o que la pura y simple arbitrariedad de los gobernantes. Para un jurista no deja de ser una satisfacción comprobar cómo un concepto tan abstracto y tan complejo ha sido interiorizado por los españoles con ocasión de esta crisis. Y es que -como ocurre con tantas otras cosas importantes en la vida- sólo apreciamos su valor cuando corremos el riesgo de perderlo.

Por tanto, como sociedad madura que ya somos conviene desconfiar de los gobernantes que nos prometen alcanzar la tierra prometida (la famosa Dinamarca del sur) de un día para otro y a coste cero adulando nuestras más bajas pasiones. Hay que ser conscientes de que las grandes transformaciones jurídicas e institucionales pueden ocurrir, pero requieren de debate, de tiempo y de esfuerzo. Tratar a los ciudadanos con respeto supone reconocerlo así. Ocultar los costes y el esfuerzo de cualquier promesa que se haga a los votantes de saltos económicos, institucionales, jurídicos o incluso sociales para ponernos a la altura de los países más avanzados del mundo por arte de magia es pura y simple demagogia, y deberíamos empezar a denunciarlo. En este sentido, hay que hablar no sólo de la irresponsabilidad de los líderes políticos (sin duda clamorosa y que debería propiciar en algún momento su sustitución por otros que, aun manteniendo la misma ideología, sean más honestos con sus votantes) sino también de la de muchos brillantes académicos, economistas y expertos de toda índole cuya frivolidad (no siempre desinteresada) ha sido pavorosa. Estamos ante una versión moderna de la traición de los intelectuales criticada por Julian Benda en su famoso libro de 1927 La trahison des clercs. Efectivamente, se trata de una traición en toda regla a la principal misión de un intelectual: el compromiso con la verdad.

Como siempre, el problema es que los platos rotos económicos e institucionales no los pagarán los más responsables porque suelen ser los que tienen el poder y los medios para evitarlo. Los pagarán los más débiles y los menos organizados. Más allá del recorrido judicial que tengan los procesos judiciales ya estamos viendo que la mayoría de los políticos responsables del destrozo repiten en las listas electorales. También los empresarios consentidores seguirán con sus negocios y los prestigiosos profesores en sus cátedras. La vida sigue pero los que perderán o verán amenazados sus puestos de trabajo serán otros desde los pequeños empresarios que quebrarán por el boicot a sus productos hasta los empleados de los negocios dependientes del turismo y en general todos aquellos trabajadores y empresarios a los que les irá un poco peor.

Si algo podemos aprender como sociedad de esta gran crisis del otoño de 2017 es que la ineludible renovación de nuestro pacto de convivencia representado por la Constitución de 1978 exige tiempo, dedicación, esfuerzo y la participación de todos.

Elisa de la Nuez es abogada del Estado, coeditora de ¿Hay Derecho? y miembro del Consejo Editorial de EL MUNDO.

El difícil retorno a la legalidad (26)
Vicente A. C. M. Periodista Digital 22 Noviembre 2017

INSULTAN A ALBERT RIVERA POR CUESTIONAR LOS PACTOS FISCALES BILATERALES QUE AVALA LA CONSTITUCIÓN CON EL CUPO VASCO Y LOS FUEROS DE NAVARRA Y TAMBIÉN POR DENUNCIAR EL ADOCTRINAMIENTO EDUCATIVO EN CATALUÑA.

La sesión de ayer en el Congreso de los Diputados fue otra de las que sumar a la desvergüenza parlamentaria y la falta de firmeza de la Presidenta de la Mesa, Ana Pastor, en la defensa del orden y de los buenos usos y respeto que todo parlamentario se merece al defender su propuesta de Ley. Y es que hay que reconocer que CIUDADANOS molesta a todos porque, al igual que hacía la extinta UPyD, dice “las verdades del barquero” sobre los males congénitos de una Constitución que certificó dos excepcionalidades al reconocer derechos históricos en relación con los Fueros de Navarra y el controvertido Concierto Vasco (también llamado cupo o cuponazo vasco). En realidad, se trata de establecer autonomía plena en la gestión fiscal en esas autonomías y una posterior reunión bilateral entre “haciendas forales y española” en la que se pacta la parte diferencial que esas comunidades deben aportar a la solidaridad nacional por servicios comunes prestados. O lo que es lo mismo, la Constitución avala la desigualdad de los españoles en derechos y deberes en esas comunidades autónomas. Y es que la Cámara decidió que la controvertida Ley del Cupo, que se verá mañana jueves, se tramite en “lectura única” y sin debate escamoteando la posibilidad de analizar los diferentes artículos.

Y es que este asunto ha sido nuevamente denunciado por CIUDADANOS ante la sospecha fundada de que el Gobierno del PP de Mariano Rajoy intenta contentar al independentismo catalán con un pacto fiscal equivalente a los de Navarra y El País Vasco. Es decir, se quiere comprar paz por fiscalidad favorable en contra de los intereses del resto de españoles. Y cómo no, esta denuncia no ha sentado nada bien a ninguno de los partidos políticos. Y la caza de brujas la comenzó el PNV que llamó “ignorante” a Albert Rivera y le dijo no entender nada de lo que suponía el Cupo Vasco. Y yo creo que todos entendemos perfectamente el apaño, el regateo infame y la posición de chantaje que desde hace décadas mantiene el independentismo vasco que ha ido sacando provecho de sus apoyos mercenarios a los diferentes Gobiernos de España cuando las circunstancias parlamentarias lo permitían. De hecho, el último chantaje ha sido la imposición de no aprobar los Presupuestos Generales del 2018 si se aplicaba el artículo 155 en Cataluña de forma rotunda, cosa que al final Mariano Rajoy ha evitado por todos los medios y así asegurarse la finalización de la legislatura, si no hay moción de censura de por medio.

Pero luego fueron uno a uno los partidos del Congreso los que fueron interviniendo para masacrar al ponente y comenzar una ristra de descalificaciones e insultos que sobrepasaron con mucho la cortesía parlamentaria, cosa que como he dicho, la Presidenta no supo ni pudo controlar llamando al orden y sancionando a los cafres que así se comportaban. Creo necesario recordar lo que dice la Constitución sobre estas dos excepcionalidades fiscales, que aunque no sean únicas, ya que hay otras imposiciones como la de sucesiones y transmisiones patrimoniales que cada autonomía aplica de forma muy diferente, si son muestra de la desigualdad real entre españoles dependiendo de la comunidad donde hayan nacido y tengan fijada su residencia.

En concreto, la Constitución contempla:
“Artículo 138
1. El Estado garantiza la realización efectiva del principio de solidaridad, consagrado en el artículo 2 de la Constitución, velando por el establecimiento de un equilibrio económico, adecuado y justo, entre las diversas partes del territorio español, y atendiendo en particular a las circunstancias del hecho insular.
2. Las diferencias entre los Estatutos de las distintas Comunidades Autónomas no podrán implicar, en ningún caso, privilegios económicos o sociales.

Artículo 139
1. Todos los españoles tienen los mismos derechos y obligaciones en cualquier parte del territorio del Estado.
2. Ninguna autoridad podrá adoptar medidas que directa o indirectamente obstaculicen la libertad de circulación y establecimiento de las personas y la libre circulación de bienes en todo el territorio español.

Disposición adicional primera
La Constitución ampara y respeta los derechos históricos de los territorios forales. La actualización general de dicho régimen foral se llevará a cabo, en su caso, en el marco de la Constitución y de los Estatutos de Autonomía.”

Como se ve, la Constitución de 1978 concede graciosamente unas ventajas fiscales a esas dos comunidades reconociendo unos derechos que se retrotraen hasta 1841. Las actuales condiciones se recogen en la Ley Orgánica de Reintegración y Amejoramiento del Régimen Foral de Navarra de 1982 y en el Estatuto de autonomía vigente de El País Vasco. Y esa denuncia de CIUDADANOS (y anteriormente de UPyD), que yo suscribo plenamente, es la que el resto de Grupos de la Camára considera “bodrio” y propia de “ignorantes”.

Negar la evidencia no resuelve el problema, sino al contrario lo agrava y crea un clima de crispación. No creo que Extremadura o Andalucía o Murcia o Castilla la Mancha, estén de acuerdo en seguir ahondando en la desigualdad creando una nueva relación fiscal con Cataluña en plan de igualdad con las prebendas de Navarra y El País Vasco. No creo que esa sea la vía que consolide la reivindicación de PSOE y PODEMOS de crear una España plurinacional asimétrica que bendiga la desigualdad entre los españoles, si es que seguimos llamándonos y considerándonos como tales. Es una auténtica vergüenza que sea en el Congreso de los Diputados donde se quiera validar lo que no es sino un atentado contra los derechos de los españoles. Un Congreso convertido en una especie de mercado persa donde se chalanea y regatea con los impuestos de todos nosotros para contentar las ambiciones de quienes solo pretenden desligarse de España y obtener la independencia.

Y a esa traición debemos oponernos con todas nuestras fuerzas y no permitir que consigan su objetivo. Debemos defender nuestros derechos y lograr que sea una realidad lo de la igualdad, la justicia y la solidaridad y no lo que pretenden imponernos.

¡Que pasen un buen día!

Pedagogía de la frustración
Ignacio Camacho ABC 22 Noviembre 2017

En la primera ronda. Como el que se quita de encima un chicharro antes de que le queme las manos o le tizne la ropa; así ha tratado la Agencia del Medicamento la candidatura de Barcelona, una de las ciudades europeas con mejor calidad de vida y una industria farmacéutica prestigiosa. Esto es lo que han conseguido a pachas los separatistas y su aliada populista Ada Colau, alcaldesa populista y lacrimógena. Que nadie tome en serio como sede de un organismo de la UE a la capital de un territorio cuya clase dirigente se quiere ir de Europa.

A tenor de las encuestas, sin embargo, cabe preguntarse qué más tiene que pasar para que la mitad de los catalanes entienda hasta qué punto les perjudica el nacionalismo. Que el proyecto de independencia los arruina en vez de convertirlos en felices habitantes de ese pregonado país idílico. Que las empresas se fugan, que están bajando las tasas de productividad y de empleo, que el dichoso proceso perjudica al comercio y ahuyenta al turismo. Todo parece darles igual a esos dos millones de ciudadanos anclados en el voto secesionista, impermeables a la evidencia, subyugados por el mito. Emocionalmente convencidos, porque no se trata de una idea sino de una creencia, de formar parte de un sujeto político e histórico reprimido por la malvada España a lo largo de los siglos. Encerrados en un bucle letal de autocomplacencia y narcisismo.

El independentismo ha trabajado bien en la forja de esa conciencia mitológica de un destino. Adoctrinamiento escolar, propaganda asfixiante y presión inclemente contra el pensamiento crítico; con esa tríada instrumental los nacionalistas han construido un régimen de férreo blindaje doctrinario, inmune a cualquier embate político. Un modelo a contraviento de la Historia que cosecha fracaso tras fracaso sin aflojar en la tenaz persecución de su objetivo. Un sistema de poder hegemónico que, aunque sus beneficiarios admiten que carece de mayoría social, pretende arrastrar a toda la sociedad catalana a pagar el precio de su ofuscado designio.

Mientras esa abducción colectiva persista, mientras no sean los ciudadanos de Cataluña los que se rescaten a sí mismos, poco podrá hacer el Estado para reconducir el desvarío. Puede poner diques de realidad alrededor de la fantasía secesionista, condenar a la frustración, como en octubre, cualquier tentación de aventurerismo. Pero en democracia todo pueblo acaba por tener el Gobierno que se merece; son pues los propios catalanes quienes han de resistirse a vivir bajo la imposición de un delirio. Son ellos quienes han de desencantarse de la quimera adolescente con que sus élites han hipnotizado parte de su inconsciente colectivo. Sólo mediante una rebelión de madurez y de pragmatismo es posible frenar el creciente deterioro que ha provocado el disparate identitario. Aunque sea duro el despertar como siempre lo son los desengaños.

El Evangelio independentista
Antonio Ríos Rojas  latribunadelpaisvasco.com 22 Noviembre 2017

En el camino de Cataluña hacia el independentismo a nadie se le escapa un hecho bien significativo, y es el afán evangelizador que mueve a los acólitos del separatismo a extender por Europa la fe en una Cataluña “libre e independiente”. Han recorrido el viejo continente proclamando la Buena Nueva del pueblo catalán, adalid de la democracia y la libertad, un pueblo que en realidad –aseguran- es país, nación, y que no ha podido desarrollarse como tal debido al yugo del Estado español, un Estado que arrastra dentro de sí las terribles secuelas del franquismo, un Estado para el que -según ha dicho Puigdemont hace pocas horas- la unidad de España es una religión, una cuestión de fe y no de razón; aunque -curiosamente- parece ser que se trata de misma fe que comparten Italia, Francia, Alemania, EEUU y todos y cada uno de los países del planeta. Supongo que esta fe tan extendida entre las naciones es una religión a superar por la Buena Nueva catalana.

No puede negárseles a los independentistas ese encomiable afán evangelizador, eficazmente impulsado por la perfecta mezcla de intereses económicos y –no hay que minusvalorar esto- por la profunda y mística creencia en lo que predican.

La expansión del Evangelio catalán no pudo llevarse a cabo hasta que la nueva fe estuviera bien asentada entre la masa. Esta nueva fe tenía que completar a la antigua fe que santificaba a Cataluña como un país diverso, de procedencia distinta, más mediterránea y europea que las otras partes de eso que mal se llama “España”. Digamos que esa fe antigua fue la base, la piedra angular, el Viejo Testamento catalán; pero ya ha llegado la hora del Nuevo Testamento, que se ha ido gestando desde hace unos treinta y cinco años –curiosa coincidencia con los treinta y tres años de la vida de Cristo-. Durante esos treinta y cinco años de predicación de la Buena Nueva, ascendido ya el Cristo a los cielos y aparecido a sus discípulos, se inflamó la llama viva de la proclamación del Evangelio.

Las aulas en las escuelas e institutos y los medios de comunicación, fueron la Galilea y la Jerusalén catalanas donde predicar la Buena Nueva, un nuevo mandamiento que no contradecía al Viejo Testamento catalán sino que lo completaba. Rezaba más o menos así: “Yo os traigo a vosotros un nuevo mandamiento, que améis la democracia y la libertad como yo –pueblo catalán- la he amado. Así, sin más especificación, sin más concreción, como el amor del evangelio cristiano.

Democracia y libertad, conceptos fundamentales en Europa, se convirtieron en Cataluña en algo más, en el nuevo logos, en la Buena Nueva catalana, que coincidía –las religiones son coincidentes en muchos puntos- con el hinduismo zapateril y su derivado comunista podemita. Libertad y democracia en todo contexto y a toda costa. Libertad y democracia, mensaje evangélico que les hace levitar hasta alcanzar un estado místico, en un dejamiento de sus facultades de tal éxtasis mágico, que les facilita la visión de fascistas en España con la misma normalidad con la que Don Quijote veía encantadores y gigantes. Y es que, como toda religión, el independentismo catalán no puede vivir sólo de la luz, necesita sentir la amenaza de las tinieblas para elevarse. Todo les venía que ni pintado, porque precisamente al mirar hacia abajo, hacia el abismo se encontraban esos brazos que, tirando de Cataluña impedían que ésta se elevase hacia la luz. Como toda religión, la catalana necesita de su demonio, de su Satán, y al mirar hacia abajo lo ve, con unas garras terribles que atenazan a la noble Cataluña, impidiéndole la levitación en la libertad y la democracia.

Cuando uno se encuentra poseído por una idea tan mágica e inespecífica, su fuerza y su confianza en la elevación que le ha designado la historia se triplican, tal como en los primeros cristianos mártires -Forcadell es aquí un caso, de momento extraño, de apostasía catalana-. Y conforme la fuerza de su fe se incrementa, menguan sus entendimientos. Aunque, evidentemente, ellos no se consideran menguados en su racionalidad, pues creen con firmeza que el logos de la democracia y de la libertad es precisamente el fruto de la razón y del progreso. ¡Ay! ¿No escucha ahora el lector de estas humildes líneas a aquel hidalgo manchego en cuya boca puso el insigne catalán que sin dudar fue su creador?: La razón de la sinrazón que a mí razón se hace de tal manera mi razón enflaquece que con razón me quejo de la vuestra fermosura. La religión catalana no es sólo una religión revelada, sino también una religión natural, racional, formando así la mezcla perfecta y definitiva de la religión: el catalanismo como parusía, como revelación y manifestación de la Verdad.

Puestas las bases de esta nueva y perfecta fe, de este afán evangelizador imparable del independentismo catalán, hay que formularse una pregunta fundamental: ¿por qué no surge en el resto de España el mismo afán explicativo, por qué no hay profetas que denuncien a los proselitistas catalanistas de falsos profetas?

Se me ocurren respuestas en forma de preguntas. ¿Emplearía usted mucho tiempo y esfuerzo en explicarle y desmitificarle a un niño, a un primer adolescente sus sueños? Me temo que no. Cuando un testigo de Jehová toca a su puerta, ¿siente usted que el impulso de la razón le mueve a explicarse ante el creyente del mismo modo que la fe de este lo hace ante usted? ¿No tiene usted la certeza de que es tarea imposible? ¿No ve usted, tras las gafas de Marta Rovira, los ojos de una iluminada, de una posesa que apenas mira a la cara? ¿No siente usted que ante esas palabras de democracia y libertad, convertidas en motores mágicos del mundo, no tiene usted nada que hacer? ¿No siente que le hierve la hiel ante tan soberana pléyade de estulticias? Ese y no otro es el motivo por el cual es muy difícil que filósofos y politólogos serios pierdan el tiempo en rebatir a niños, a testigos de Jehová. Los únicos que pueden hacerlo son los Dastis de turno, quienes desde el insulso y veterotestamentario argumento de “la ley” tienen un efecto casi nulo, eficaz sólo ante los miembros del Sanedrín europeo.

Es tanto el descenso de nivel que hay que recorrer para rebatir a un convencido independentista antiespañol, que muy pocas personas serias estarían dispuestas a gastar un minuto de su preciado tiempo en estos fundamentalistas. Pero el peligro de la predicación catalana es mucho más acechante de lo que parece. Nos creemos que Europa le ha dado la espalda al catalanismo, pero ha sido sólo la Europa del Sanedrín la que se ha rajado las vestiduras ante la nueva religión catalana. Hablen ustedes con los jóvenes y no tan jóvenes europeos –y me atrevería a decir de cualquier ideología-. Muy pocos rechazan ese discurso exaltado de democracia y libertad para “un pueblo” por un Estado opresor. Esta es la realidad que nos resistimos a ver. Esta es la realidad y este el peligro de haber formado a una Europa con conceptos mágicos disfrazados de racionales. La mayoría de los independentistas –no cuanto aquí a los productores de fotos falsas- no urden una mentira, ellos creen en lo que dicen, pues no hacen más que expresar con sus bocas aquello que ha alimentado a sus oídos durante unos treinta y tres años.

¿Miente la visionaria, miente el rapsoda? Muchos de ellos ven realmente en su mente alucinada entes fantasmagóricos. ¿Miente Marta Rovira al decir que el Gobierno había dado la orden de emplear armas de fuego, de matar a catalanes? No se le puede llamar a Rovira mentirosa; pues su levitación libertaria y democrática no puede colmarse sin la presencia y el temor al demonio y a sus armas más devastadoras. Ella lo ve, ella lo cree. Alguien –bien de Podemos, Esquerra o Pdcat- dijo en el Parlamento español: “si aplican el 155, no se les ocurra quitarnos nuestro más preciado tesoro, una educación en libertad”. Este “educación en libertad” es el pilar de su fe. Y por eso resulta tan insidioso, tan absolutamente insoportable el discurso independentista, porque nos obliga a enseñarles y a ordenarles conceptos y categorías que han sido corrompidos y manipulados, y es por eso por lo que se opta o bien por el silencio, o bien por el desprecio más absoluto hacia ellos.

Al menos la CUP y parte de Podemos son más sinceros que Esquerra y el Pdcat, aquellos odian el sistema y a España desde la raíz de sus corazones de piedra, quieren demoler, pero Esquerra y Pdcat, la gran masa del independentismo catalán, se muestran como neotestamentarios de la libertad y la democracia, como discípulos de Emaús que se lanzan al mundo con el “espíritu de los tiempos modernos”; tiempos modernos que entre otras cosas, exige dominar muchos idiomas. Los catalanes se precian de hablar más idiomas que los paletos españoles. Pero ese presunto don de lenguas que convierte a Cataluña en un nuevo Pentecostés, ¿en qué les convierte realmente? Lo sabemos: en seres que son capaces de decir en siete lenguas distintas las mismas vaciedades, las mismas sandeces que dejan boquiabierta a cualquier persona con un mínimo de orden en su cabeza. El logos de la democracia y la libertad como elementos mágicos, traducido a innumerables idiomas. Con cada lengua en la que predican cavan más su vaciedad, mientras ellos mismos –y buena parte del mundo- creen que se elevan hacia la luz, siete veces más alto, cuando se convierten en siete veces más tontos.

Y para concluir quiero permitirme una reflexión y una pregunta. Si el Evangelio catalán, el de la democracia y la libertad en todo contexto y a toda costa, nos resulta tan insidioso, tan adolescente, tan huero, y si es tanto el esfuerzo –inútil además- que nos procura el rebatirlo; si este evangelio amenaza a la razón, y esta se encuentra desolada para combatir a un ejército cada vez mayor de ignorantes, quizás se vaya atreviendo alguien en España a derrotarlos con nuestra religión, la católica, que es la que ha alimentado la unidad de España. Quizás alguien, desencantado ante la eficacia de la razón, se diga: “si hay que emplear magia, ¿Por qué no emplear la cristiana, católica, universal y cohesiva, y no la magia catalana experta en cortar cuerpos por la mitad?”. Es la nuestra una religión universal, más plena y de símbolos más ricos que los descifrados por Forcadell ante el juez. Es la nuestra una religión mucho más bella que la religión moderna catalana cuyo nuevo mandamiento es menester repetir: Amad la libertad y la democracia como yo, -pueblo de Cataluña- la he amado. La pasión de Cristo es más grande que tres porrazos mal dados. Quizás algunos se atrevan a proclamar que en un mundo en el que la fe más radical se ha disfrazado de razón en Cataluña, nos es propia una fe que cuanto menos sirve de refugio, de eficaz estado de cuarentena ante la fealdad de la Buena Nueva catalana.

El franquismo y la libertad
Pío Moa gaceta.es 22 Noviembre 2017

Dice Muñoz Molina que tiene que explicar a los extranjeros la historia de España. ¡Sin tener idea de ella él mismo!pic.twitter.com/rUPtw9Fdlf
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Los logros del franquismo, expuestos muy en síntesis en la entrada anterior, son indiscutibles, pero según sus críticos no valen nada, porque, en definitiva, en el franquismo “no había libertad”, “era una dictadura”.

El tema requiere una aclaración. Pocos problemas más profundos que el de la libertad. “Aduéñate de la palabra libertad y podrás esclavizar a todo el mundo”. Quizá por eso las ideologías compiten entre sí por adueñarse de la palabra, la invocan sin cesar, generalmente unida a la de democracia. Así, la ETA, el PP, los separatistas, el PSOE, Podemos, C´s, los nazis, los comunistas… todos son partidarios de la libertad y la democracia, aunque es obvio que cada cual entiende a su manera tan nobles palabras. Así que habrá que plantear el asunto en términos más racionales. En Europa, una introducción a su historia he expuesto cómo las ideologías, invocando la libertad y la razón, tienden inevitablemente a anular ambas.

Vamos a la cuestión del franquismo. Quienes con más furia han atacado a aquel régimen por no permitir “la libertad” han sido, lógicamente los comunistas, y no vamos a discutir aquí lo que ellos entienden por tal cosa. El argumento lo han adoptado también muchos liberales, los separatistas, los centristas, muchos católicos políticos; y todos ellos, con más o menos ímpetu se declaran antifranquistas por esa razón. Es casi lo único que los une, junto con una hispanofobia difusa o abierta, como casi lo único que unía al Frente Popular era el odio a la Iglesia y el desprecio a España.

Pero interesa aquí especialmente el argumento en boca de muchos liberales. Que estos coincidan con los comunistas tiene una base histórica: la Alemania nazi fue vencida por los demócratas anglosajones y los totalitarios soviéticos en alianza, recayendo lo esencial del esfuerzo y el mérito en los soviéticos, y eso ha establecido una especie de afinidad ideológica, más por parte de los liberales que de los comunistas, pue el número de liberales que han mostrado simpatías o “comprensión”, por el comunismo es bastante mayor que el inverso. Los comunistas han sido mucho más radicales en su ataque al liberalismo.

Por lo dicho, cuando se afirma que en el franquismo no había libertad tendríamos que empezar por plantearnos desde qué punto de vista. Por simplificar: ¿desde el punto de vista liberal (y en tal caso debemos preguntarnos por qué no hubo oposición liberal al franquismo, salvo desde el exterior, y con rasgos criminales)? ¿O desde el comunista ( y en tal caso deberíamos aclarar el tipo de libertad que había en regímenes comunistas)?

Lo primero será distinguir entre libertad personal y libertad política. Cuando Solzhenitsin vino a España constató la gran libertad personal de la gente: podían viajar dentro y fuera del país, leer los periódicos extranjeros y libros de todo tipo traducidos, podían hacer huelga sin graves consecuencias, etc. Cabría añadir otras cosas: menos delincuencia y menos gente en la cárcel que en los demás países eurooccidentales, más seguridad en las calles, en particular para las mujeres, facilidad para cambiar de trabajo con una economía de práctico pleno empleo, o de buscarlo fuera, o para comprar o vender propiedades, o para crear empresas… Y así con otros muchos índices de libertad. Esto es lo que suele llamarse libertad personal, y en ella la España franquista no tenía nada que envidiar a la Europa más rica, más bien al contrario en varios aspectos. Y era así desde el mismo final de la guerra. Julián Marías, nada profranquista, lo ha explicado bien. Y el ex stalinista polaco Kolakowski constataba que un régimen totalitario no podía vivir con las fronteras abiertas, y el franquismo siempre las había mantenido así. La única excepción fue cuando Francia, que no España, cerró la de los Pirineos por un tiempo.

Claro que estos críticos, comunistas, liberales o seudoliberales y otros, no se refieren a esa libertad personal, sino a las libertades políticas, concretadas en los partidos. Y es verdad que no estaban permitidos los partidos al estilo de las democracias “burguesas” o “socialistas”, cosa explicable por la experiencia de la república y la guerra. Pero quienes habían vencido al Frente Popular no eran un pequeño grupo de oligarcas, sino un conjunto de fuerzas políticas que durante la república habían llegado a representar a la mayoría (no contamos las elecciones del Frente Popular, por su carácter fraudulento). Es decir, el franquismo sí permitía libertad política… para los suyos, en rigor cuatro partidos principales y bastante distintos entre sí. El principal, el de los católicos políticos ligados al Episcopado; después, con más o menos fuerza según las circunstancias, los carlistas, la Falange y los monárquicos. Cada uno de estos partidos, que se llamaron “familias”, tenía sus órganos de prensa, sus organizaciones particulares con asociaciones juveniles, femeninas o sindicales. Y en cada una de esas familias existió siempre un sector antifranquista.

Por tanto, podríamos decir que el franquismo era un régimen de libertad política para sus partidos componentes, los cuales, desde luego representaban a la mayor parte de la población. Y de falta de libertad política para los partidos vencidos en la guerra, y que casualmente habían llevado al país a la máxima confrontación, impidiendo la convivencia en paz y en libertad.

Ahora bien, ¿hasta qué punto carecían de libertad los partidos derrotados? En los años 40 fueron sin duda drásticamente reprimidos. Era una época de enormes riesgos para España (guerra mundial, aislamiento, maquis, hambre provocada…) y no podía ser de otra forma. Pero obsérvese que al terminar la guerra mundial existieron las mejores condiciones para que los vencedores de Alemania nos impusiesen la “libertad” a base de bombardeos y tanques, lo que debiera haber motivado una rebelión de los “oprimidos” españoles contra el régimen. Pero nada de esto ocurrió, y el maquis quedó aislado y fue vencido.

Y pasados aquellos peligrosos años, los vencidos volvieron a disfrutar de cierta libertad de expresión, creciente, y de influencia más o menos consentida en medios universitarios, obreros y otros. En los años 60 y 70 aumentaron mucho la expresión y organización de esas fuerzas, generalmente girando en torno a organizaciones abiertas o semiclandestinas comunistas y eclesiásticas, aunque nunca llegaron a poner al régimen en aprietos. Así, el editor del Grupo 16, Juan Tomás de Salas, podía jactarse de su liberalismo y al mismo tiempo decir que la prensa de ese género “que era la de más credibilidad y lectores”, tenía a la ETA “por uno de los nuestros” (y lo era).O tener la revista comunistoide Triunfo una fuerte difusión en ámbitos universitarios. O prensa eclesial-progresista como Cuadernos para el Diálogo podía criticar a la URSS por haber dejado salir del GULAG a Solzhenitsin, en medio de una amplia campaña de denigración en la prensa contra dicho premio Nobel. Por poner algunos ejemplos bastante significativos.

La base de la crítica al régimen por su falta de libertad era que entonces “no se podía votar”. Es cierto –salvo en referendos por lo demás muy indicativos–, y diversos observadores extranjeros se asombraban de que el pueblo, en general, se tomase con tanta calma o indiferencia esa “grave mutilación” de sus libertades. Pero la cosa tiene su explicación. Por una parte, la gente recordaba todavía la república, con posibilidad de votar a partidos que eran poco mejores que mafias, al paso que veía cómo la oposición al régimen era básicamente comunista o comunistoide, mientras su libertad personal permanecía y sus condiciones materiales de vida mejoraban cada año. Votar a este o el otro partido, de los que desconfiaban por la experiencia republicana, no parecía demasiado importante a casi nadie.

Y algo más: los logros mencionados en la entrada anterior, en particular la resistencia del régimen a las presiones, amenazas y chantajes de fuerzas exteriores tan tremendas, solo pudieron ser posibles por el apoyo, abierto o implícito, de una gran mayoría del pueblo, como pudo comprobar el maquis. Un apoyo que, por lo arriba señalado, no fue forzado por el terror, sino por la experiencia histórica que volvía indeseable para la gran mayoría la vuelta a algo parecido a la república. Sobre todo esto hay todavía más que decir.

Entre casi 5.000 escuelas
Ningún centro educativo de Cataluña imparte clases en español
www.latribunadelpaisvasco.com 22 Noviembre 2017

Un informe que acaba de hacer público la Fundación Unidad + Diversidad revela que de los 4.635 centros de Infantil, Primaria y Secundaria existentes en Cataluña, ninguno de ellos oferta su propuesta educacional con el español como lengua vehicular de enseñanza.

De hecho, de un total absoluto de 1.196.148 alumnos, sólo 15.000 (1%) pueden estudiar en colegios privados trilingües donde el 33% de las clases (dos asignaturas) son en español. El coste medio de los colegios privados trilingües es de unos 600 euros mensuales.

En Andorra, hay tres centros dondes se oferta enseñanza con el castellano como lengua vehicular de enseñanza

La investigación llevada a cabo por la Fundación Unidad + Diversidad explica que existe una clara “indefensión de los padres frente a la Generalidad de Cataluña debido, entre otros motivos, a que el tiempo medio en el que se dicta sentencia sobre las querellas interpuestas por padres solicitando la educación de sus hijos en español es de 3 años, y en el mejor de los casos sólo permite estudiar en castellano un 33% de las clases (2 asignaturas)”.

La Fundación Unidad + Diversidad denuncia además que actualmente no queda reflejado en ningún documento de admisión de escolarización qué idioma vehicular desean los padres para sus hijos.


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Las aulas como ariete contra España
Editorial EL RUGIDO DEL LEÓN elespanol 22 Noviembre 2017

Si la proposición de ley de Ciudadanos para la creación de un cuerpo de inspectores específico contra el adoctrinamiento en las aulas parecía condenada al fracaso desde el principio, pues ningún partido o Gobierno se ha atrevido nunca a intentar privar al nacionalismo de su principal arma propagandística, la precampaña catalana ha permitido además visualizar hasta qué punto éste sigue siendo un tema tabú.

El debate sobre esta cuestión, este martes en el Congreso, se saldó con la lapidación parlamentaria de Albert Rivera por comprometer a todos los partidos a retratarse sobre un problema que se ha visualizado con crudeza durante el procés, como ponen de manifiesto las denuncias de padres y madres contra maestros que han movilizado a los niños a favor de la independencia, que han difamado a los cuerpos de seguridad del Estado en clase y que han señalado y marginado a los hijos de guardias civiles y policías.
Insultos a Rivera

Y lo peor es que los ataques contra Rivera no sólo llegaron desde partidos separatistas o condescendientes con su causa, sino también desde las formaciones constitucionalistas. ERC acusó al líder de Cs de querer instaurar un “gran hermano” para vigilar a los colegios y a los inspectores. El PDeCAT le llamó “caradura” porque él se educó en Cataluña. El PSOE le reprochó que vaya “contra las competencias” de las Comunidades Autónomas. E incluso el PP lo tachó de “oportunista” pese a que votará a favor de la iniciativa el próximo jueves.

Con todo, quien más lejos llegó en sus invectivas fue Unidos Podemos: “Parecen ustedes -espetó el diputado Joan Mena- gorrinos peleando en una charca de barro por algo tan miserable como las mentiras sobre el adoctrinamiento”. En fin, palabras gruesas que descalifican a quien las profiere y que en ningún caso pueden servir para desviar la atención de un fenómeno que no es anecdótico en Cataluña.
Asunto de Estado

El adoctrinamiento sin escrúpulos y la falsificación de la historia desde los medios públicos y en la escuela han sido y son el principal ariete del independentismo contra la unidad de España y contra la convivencia. Así pues, poner fin a esta lacra, contra la que no mueve un dedo la Alta Inspección Educativa, debe considerarse un asunto de Estado.

El respeto debido al trabajo docente no puede servir de excusa para no abordar de una vez por todas el problema. La lamentable y perentoria realidad en los colegios catalanes es que la inmersión lingüística no sólo ha servido para marginar la enseñanza del castellano, contraviniendo las leyes y a los tribunales, sino que ha sido el caballo de Troya del adoctrinamiento en las aulas y ha dado pie a que profesores desaprensivos hagan proselitismo de la ruptura y eduquen en el odio a España.

Sí, hay adoctrinamiento
El Semanal Digital 22 Noviembre 2017

El PSOE no puede vetar una propuesta de Ciudadanos imprescindible: el virus del nacionalismo no puede contagiar por más tiempo una herramienta cívica vital como la educación.

Salvo sorpresa de última hora, el Congreso no apoyará este jueves la razonabilísima propuesta de Ciudadanos de impedir, de manera contundente, el adoctrinamiento nacionalista en la escuela pública. Y no lo hará porque el PSOE se va a oponer, sumándose al veto ya anunciado por Podemos y las formaciones más próximas o inmersas en el independentismo.

Resulta indignante que ese veneno se haya esparcido con tanta impunidad durante casi 40 años, con el Estado mirando hacia otro lado mientras gobiernos autonómicos malversaban sus competencias haciendo de la educación, una herramienta para construir ciudadanía y concordia, en una trinchera ideológica.

Y es escandaloso que, cuando un partido lo quiere subsanar al fin, con un respaldo plausible pero poco enérgico del Gobierno; el PSOE se oponga por razones tácticas o de cualquier laya, en todo caso inadmisibles: de Podemos poco se podía esperar, teniendo en cuenta su contumaz costumbre de incluir en el capítulo de la 'pluralidad' cualquier exceso cantonalista; pero de los socialistas cabía esperar otra cosa.

Porque el adoctrinamiento existe y explica por qué en una España democrática y descentralizada, que reconoce, defiende y promociona las identidades culturales y lingüísticas como una riqueza colectiva indiciaria de la propia identidad española; ha proliferado tanto el tumor del soberanismo. Esa ideología excluyente, xenófoba y totalitaria que encuentra en los niños una manera fácil de germinar.

Evitar el uso de la educación por el nacionalismo es una obligación que el PSOE debe atender sin excusas
Atacar ese problema no debería ser una opción, sino una obligación constitucional, política y casi moral frente a la cual no caben excusas ni coartadas. Porque lo mismo que se ha hecho en Cataluña y se hizo en el País Vasco, puede estar en marcha en Valencia, Baleares o Navarra; tres comunidades gestionadas con una visión perniciosa de su lengua y cultura: en ellas, lo que debería ser observado como un puente, se gestiona como una trinchera.

Sánchez e Iceta
El PSOE de Pedro Sánchez tiene que rectificar y mantenerse en la sensatez que le llevó a respaldar el 155. Por mucho que el PSC de Iceta tenga temor a las repercusiones electorales el próximo 21D, debería tener más miedo a la extesión de una epidemia funesta que altera la convivencia y pervierte el sentido de la educación como plataforma de ciudadanos libres, reflexivos y con valores.

Justo lo contrario de lo que la Generalitat lleva lustros intentando crear: meros feligreses de una causa sin futuro. Si no somos capaces de librar a la infancia de ese contagio, estaremos fallándoles a ellos y al porvenir democrático del conjunto de España.

EL CONGRESO RECHAZArá LAS INICIATIVAS
Adoctrinamiento en la escuela catalana: PP y Cs se quedan solos con la Alta Inspección
El Congreso rechaza las iniciativas de Alta Inspección que pretenden poner coto al adoctrinamiento en las aulas catalanas. Los socialistas niegan su apoyo a PP y Ciudadanos
Paloma Esteban elconfidencial 22 Noviembre 2017

Ninguna de las propuestas debatidas este martes en el Congreso que pretendían poner coto al adoctrinamiento existente en las escuelas catalanas saldrá adelante. La implicación de menores de edad en actos políticos o los recientes ejemplos de contenidos en libros de texto con que los niños aprenden a diario en sus clases llevaron a la Cámara Baja dos debates parlamentarios que, sin embargo, solo sirvieron para enfrentar a los partidos entre sí y convertir la educación pública catalana en arma arrojadiza de la campaña electoral. Todos los grupos miraron al 21-D mientras acusaban a sus adversarios de hacer exactamente lo mismo.

El grupo de Ciudadanos, liderado por Albert Rivera, defendió un proyecto de ley para la creación de una agencia independiente que ejerza las tareas de la Alta Inspección Educativa, organismo perteneciente al Estado que asume las competencias relativas a la educación en las distintas comunidades autónomas. La figura de la Alta Inspección está recogida en todos los estatutos de Autonomía (excepto en el de Cataluña de 2006, que eliminó ex profeso la referencia) y en las leyes orgánicas de Educación aprobadas tanto por PP como por PSOE. El problema es que nunca ha sido desarrollada y actualmente carece de un presupuesto propio, recursos y medios. El partido naranja, con su presidente a la cabeza, pidió al resto de grupos que admitieran a trámite la propuesta para, a partir de ahora, comenzar los trabajos de regulación conjuntamente y “garantizar la igualdad y los derechos a la educación de todos los españoles”.

No pudo cantar victoria. Solo el PP le dio su apoyo, y los naranjas terminaron por enzarzarse todavía más con el PSOE, como está ocurriendo últimamente, sumidos en una guerra continua de reproches electoralistas. Tampoco salió adelante la propuesta de los populares. Esta, de menor rango, fue una Proposición No de Ley (es decir, insta al Gobierno a cumplir) para “reforzar” las funciones de la Alta Inspección existente. En concreto, los populares reiteraran que el Estado “ya cuenta con instrumentos” para garantizar la libertad y la igualdad educativa, y que el objetivo no debe ser quitar competencias al mismo a través de órganos independientes, sino fortalecer las que actualmente posee.

“Palabras vacías” a ojos de Ciudadanos, que echa en falta un verdadero compromiso por parte del partido del Gobierno, insistiendo en que ellos tampoco apuestan por una figura de nueva creación, sino por dar una verdadera entidad a la Alta Inspección. De hecho, afirman, legislar no es necesario para lograrlo: el Ejecutivo podría dar ya un presupuesto específico a esa figura y proveerla de medios suficientes para garantizar su funcionamiento. Sin embargo, el grupo popular no concretó ese compromiso.

Más allá de las diferencias en la forma, solo PP y Ciudadanos encontraron puntos comunes en el fondo (además de apoyos puntuales como el garantizado por UPN). El PSOE se desmarcó por completo de ambos siguiendo la hoja de ruta marcada por Pedro Sánchez desde hace días, señalando a “las derechas” y acusando a Rivera incluso de promover el mismo grado de adoctrinamiento que él critica por parte del exGovern independentista. Los socialistas justificaron su negativa entre reproches de “instrumentalización” e incluso el diputado socialista Manuel Cruz señaló la “obsesión” de populares y centristas por “restar competencias autonómicas y recentralizar lo máximo posible”. Lanzó críticas de electoralismo y al mismo tiempo aseguró que si las propuestas antiadoctrinamiento hubieran salido adelante en el pleno, el titular de las fuerzas secesionistas habría sido “el 155 entra en la escuela catalana”. Todos mirando al 21 de diciembre.

Precisamente, los centristas insistieron en el “sectarismo” destilado por el PSOE, al que acusó de estar “fagocitado” por el PSC, siendo los socialistas catalanes los que ahora dominan “las políticas de Estado”.

En cuanto a los grupos catalanes, ERC y PDeCAT, criticaron con dureza al partido de Rivera, “hijo del sistema educativo catalán y prueba de que no hay tal adoctrinamiento”; mientras que Unidos Podemos, de la mano del diputado de En Comú Joan Mena, lanzó una importante defensa en favor de la educación pública y de sus profesores, entrando en un debate distinto al planteado. Eso sí, Mena protagonizó la bronca dialéctica del día con la presidenta de la Cámara, Ana Pastor, que le pidió retirar la expresión “como gorrinos” de su intervención para el diario de sesiones. El parlamentario se refirió a PP y Ciudadanos afirmando que son “como gorrinos peleando en una charca de barro sobre algo tan miserable como las mentiras del adoctrinamiento”. No lo hizo y fue la presidenta de la Cámara la que lo ordenó finalmente.

Los ataques de electoralismo predominaron en todos los argumentarios. Joan Baldoví (Compromís) insistió en que “esto no va de educación, sino de inquisición y de votos”, y Joseba Agirretxea (PNV) acusó a ambos proponentes de “inventarse la Alta Inspección para ensanchar las competencias del Estado y disminuir las de las comunidades autónomas”. Solo Salvador Armendáriz, el diputado de Unión del Pueblo Navarro (UPN), pidió a PP y Ciudadanos diálogo y trabajo conjunto “para que ambas propuestas converjan en una” y se evite el adoctrinamiento en las aulas catalanas. La diputada naranja Marta Martín tildó la PNL de los populares como la “proposición del arrepentimiento”, recordándoles que solo hace dos semanas optaron por la abstención con una propuesta similar de los de centro. Con todo, solo quedaron ellos. Y por el momento el Congreso rechaza actuar, pese a que la educación se ha convertido ya en arma arrojadiza de la campaña del 21-D.

Los parásitos y 'els altres catalans'
José García Domínguez Libertad Digital 22 Noviembre 2017

La Agencia Europea de la Psiquiatría, si es que algún día se crea, instalará su sede, con total seguridad, en Barcelona. Y la alcaldesa Colau también ha hecho méritos más que sobrados para que un eventual Congreso Mundial de la Telefonía Fija elija, acaso por unanimidad, idéntica ubicación. El de la móvil, en cambio, parece que va a volar lejos, bien lejos de Cataluña. Y ya mismo, dicen. Una definitiva, final desertización económica del territorio, la que ha provocado el poder hegemónico del catalanismo político, que a nadie parece importar demasiado dentro de ese mundo onanista. En Cataluña, qué le vamos a hacer, todas las pesquisas estadísticas apuntan a que hay cerca de dos millones de seres, todos en teoría racionales, que estarían dispuestos a comer berzas a cambio de poder morar en un estadito segregado de España. Asunto, ese de las berzas, que, como decía Rubén Darío de la prosa de Baroja, tiene mucha miga.

Porque, si bien se mira la composición sociológica de esa tropa, la de la base electoral del separatismo, la conclusión a la que se llega es un poco distinta. La cosa va de comer berzas, sí. Pero, en realidad, a lo que están dispuestos el grueso de los votantes de Junqueras y de Puigdemont es a que comamos berzas los demás, no ellos. En su generosa e infinita capacidad de sacrificio por la pàtria, los separatistas quieren que el prójimo cambie de dieta por mor de la construcción nacional. Pero solo el prójimo. En Cataluña, debería ser sabido, hay dos clases sociales que se caracterizan por no existir: la burguesía y el proletariado. Aquí no hay burgueses desde hace más de medio siglo, cuando los fabricantes Sabadell le vendieron la fábrica que había fundado el abuelo a la primera multinacional que llamó a su puerta tras la llegada de la competencia, la de verdad, a la muerte de su añorado proteccionismo franquista. En cuanto al proletariado, lo más parecido a eso que queda son los sin papeles nigerianos que venden bolsos falsificados en las aceras del Paseo de Gracia. Hoy, los genuinos burgueses y los proletarios catalanes ya solo se pueden encontrar en las novelas de Ignacio Agustí. Ahí y solo ahí.

Fuera de esas páginas de Agustí tan injustamente olvidadas, lo que hay en Cataluña son, somos, dos grupos perfectamente definidos –y escindidos– por el origen de sus rentas. Por un lado, los catalanes que de un modo u otro viven del cuento nacionalista, que son legión. En el opuesto, els altres catalans, los que a falta de narrativas, relatos y cuentos chinos identitarios no tienen más remedio que vivir del y para el mercado. Porque no podía ser casualidad, y no lo es, que el 50% de los trabajadores de la Administración Pública en Cataluña fuesen independentistas. Y que, sin embargo, ese porcentaje baje a un mínimo 26% cuando se trata de asalariados que se ganan el sustento en empresas privadas. Desde los predicadores de las tertulias de TV3 al último maestrillo de pueblo que roba el precioso tiempo de sus pequeñas víctimas cautivas inculcándoles morralla catalanista, tras todas esas esteladas, todos esos puños amenazantes, todo esos posados iconoclastas, todas esas masas exaltadas y toda esa furibunda parafernalia insurgente de papel couché, lo que en verdad hay es un ejército de parásitos funcionarizados, legiones de chupatintas en comisión de servicios a los que mantienen y dan de comer los otros catalanes, los que producen algo útil y con valor de cambio.No se han levantado contra España. Se han sublevado contra el siglo XXI.

Cataluña: bienvenidos al futuro
Carmelo Jordá Libertad Digital 22 Noviembre 2017

¿Cómo va a ir cualquier cosa de la Unión Europea a esa región que quiere salir de la Unión Europea y a esa ciudad que les dice a los turistas "Go home!"?

Si alguien cree que los problemas de Cataluña empezaron el pasado 6 de septiembre, con aquella patética sesión del Parlament que inició la fase final del procés, está muy equivocado. De hecho, también lo está quien crea que el asunto empezó con la famosa Diada de 2012, que sólo fue el pistoletazo de salida de la actual escalada, por así decirlo.

No, lo de Cataluña viene de mucho antes, y por eso la enfermedad –si me permiten el término metafórico– es bastante más grave de lo que podría parecer y no se habría curado ni con un 155 de varios meses, así que ni les digo con el 0,155 con el que Rajoy ha convocado unas elecciones para perderlas.

Lo cierto es que Cataluña lleva años –o décadas– cuesta abajo, en una pronunciada pendiente en la que el nacionalismo es uno de los ingredientes, quizá el peor, pero no el único. La región que en un determinado momento fue el mascarón de proa de la España más culta lleva mucho tiempo siendo el laboratorio de los peores experimentos sociales. Aquella Cataluña próspera y emprendedora en la que se publicaba la mejor literatura en español del mundo es hoy una región capaz de votar en masa a ERC, la lista del fugado Puigdemont, los comunes y la CUP. Para echarse a temblar.

La caída empezó hace mucho, como digo, los acontecimientos recientes no han sido el punto de salida, pero sí empiezan a ser el de llegada. Y el resultado de todo no es, oh sorpresa, el país petit que sería la Dinamarca del sur de Europa, sino un lugar del que huyen las empresas y al que no va una agencia de la Unión Europea porque… ¿cómo va a ir cualquier cosa de la Unión Europea a esa región que quiere salir de la Unión Europea y a esa ciudad que les dice a los turistas "Go home!"?

Cataluña está empezando a vivir en el futuro que lleva décadas labrándose; no es el que habían prometido a los catalanes, pero sí es el que se han ganado voto a voto, elección tras elección. Y, por desgracia, todo indica que es lo que se va a seguir votando allí, y en lo que se va a seguir profundizando.

Así que bienvenidos al futuro, disfruten lo votado.

¿Y si también se va Messi ?
Emilio Campmany Libertad Digital 22 Noviembre 2017

El separatismo catalán alcanza tal grado de estolidez que a sus líderes y seguidores les da lo mismo que se vayan La Caixa o el Sabadell, Allianz o Catalana Occidente, La Bruixa d’Or o Colonial. Les importa igualmente un rábano que a Barcelona no le den la Agencia Europea del Medicamento. Les toca las narices que, además de las empresas, huyan de Cataluña las personas. Les resbala por completo que el PIB de su región sea cada vez más bajo en términos relativos. Mucho menos les preocupa que, gracias a ellos, la sociedad catalana esté dividida, fracturada y enfrentada. Todos los sacrificios son pocos con tal de alcanzar la Cataluña independiente que Prat de la Riba soñó. Pero, amigo, ¿qué ocurrirá si una de las penas con las que hay que pechar es que se vaya Messi? ¿Estarán dispuestos a asumir tal pérdida? ¿Podrán compensar con esteladas, velas y cortes de carretera la tremenda decepción que tal huida provocará? ¿Tendrán los redaños necesarios para soportar la idea de una Cataluña huérfana del argentino?

No es descabellado que la catástrofe, peor que las siete plagas de Egipto, finalmente se desplome sobre las cabezas de todos los culés. En realidad, si Messi acaba firmando por otro club, no será más que uno de los muchos que, teniendo ocasión de hacerlo, ha preferido huir de una región gobernada por insensatos. Los directivos del Barcelona han convertido al club en ariete del independentismo, provocando la desafección de todos los culés que no son separatistas y, sobre todo, la aversión de la mayoría de los españoles. Las empresas que están en condiciones de ofrecer al astro rosarino pingües contratos publicitarios desean tener como potenciales clientes no sólo a los separatistas catalanes, también a los demás. Y un jugador de un equipo de fútbol cuyos directivos animan a sus hinchas a pitar el himno de España no parece el mejor reclamo para atraer a la mayoría de los españoles. Mucho más ahora que se ha demostrado que el independentismo ha conseguido irritar en mayor o menor medida a casi todos los que no son de su cuerda. Si el futbolista está percibiendo que no le llegan tan buenas ofertas publicitarias como deberían, no tendría nada de particular que se estuviera planteando, como tantos otros profesionales, irse de Cataluña aprovechando que su contrato expira a final de temporada.

Si fuera así, a ver cómo lo explican los independentistas. Intentarán alegar que la culpa es del 155, de Arrimadas o de Albiol. Pero no parece que en esta ocasión vayan a colar las peregrinas explicaciones con las que habitualmente justifican los desastres que ellos mismos provocan. El caso es que tendría guasa que, después de haberse ido tanta gente, tuviera que ser la marcha de un futbolista, si es que Messi finalmente se va, la única capaz de abrir los ojos a los nacionalistas catalanes. El poder del fútbol.

El lodazal catalán
Javier Barraycoa gaceta.es 22 Noviembre 2017

La historia no ha acabado porque nadie quiere acabarla. Ya hemos apuntado varias veces en esta Tribuna que la convocación de unas elecciones a dos meses de la inaplicable aplicación del 155, era una contradicción.

Ello sólo podía corresponder a un tacticismo político y no a una Política de Estado, en el sentido más honroso de la expresión. Ni hay políticos de raza ni hay hombres de Estado, por eso estamos condenados a revolcarnos el lodazal catalán una y otra vez. Es un fangal que va devorando a todo el que se acerca a él y del que nadie puede salir límpido, porque nadie quiere limpiarlo.

Las encuestas y sondeos pueden equivocarse, pero todas apuntan más o menos hacia los mismo: una sociedad que seguirá fracturada. El mal llamado “unionismo” no conseguirá desbancar ni contundente ni electoralmente al nacionalismo, al menos de forma categórica como parecían indicar las grandes manifestaciones vividas en octubre. Recordemos además el efecto volátil del voto que se irá masivamente a Ciudadanos pero nadie sabe si se sabrá gestionar para que no emigre a la abstención en próximos comicios. En el mejor de los escenarios el “bloque constitucionalista” (al que ingenuamente todo el mundo incluye el PSC) logrará equiparase electoralmente a las fuerzas independentistas. Pero tenemos el ejemplo vasco nada alentador. La famosa legislatura entre PSE y PP, duró eso, una legislatura.

Bastó la estratégica moderación del PNV para que el monopolio nacionalista siguiera imperando en Vascongadas desde el inicio de la transición. Sería iluso que 30 años de sedimento nacionalista sea barrido por la ligera brisa de una elecciones autonómicas.

Los lodazales son lugares donde no se sustentan las estructuras estables y donde las previsiones son casi imposibles. Son espacios donde todo se emborrona y mezcla, dando lugar a confusión y la opacidad. Por eso, la política catalana está en fase de una engorrosa fluidez donde es difícil perfilar cuáles serán los agentes políticos decisivos y ni siquiera está claro si la próxima legislatura (como ya viene siendo habitual) culmine su proceso natural de cuatro años.

Esta pesimista previsión se debe a que en la ciénaga catalana ya no hay lógica ni posicionamientos claros. Nadie es capaz de vislumbrar el interior de la mente de Ada Colau y sus Comunes. Su discurso cambia cada pocas horas en función de cómo se balancea el barco que marcha hacia un punto sin retorno. El PSC tiene más caras que un icosaedro. Ciudadanos, es un partido de izquierdas, que se llevará el voto de las derechas en busca perpetua de “su” partido. El PP seguirá siendo víctima del divorcio con su electorado natural que, según los sondeos, ya está haciendo las maletas.

Pero en el frente nacionalista las cosas tampoco pintan bien. Junqueras en su refugio penitenciario está inusualmente callado, mudo, como en estado de shock, y ya ha delegado su responsabilidad como cabeza de lista a Marta Rovira, la Rottenmeier independentista. Esta mujer, con pinta de profesora de secundaria frustrada y abuelo franquista, levanta pasiones enconadas tanto entre los antiseparatistas como en su propio partido. Malas lenguas dicen que cuenta sólo con el apoyo del círculo de Junqueras y que en su propio partido no la soportan. Por otra parte nadie puede dar por muerto a Puigdemont. Su lista del presidente es la excusa para domeñar a los restos del PDeCAT y ponerlo al servicio de su quimera particular. De hecho, aún cuenta con dos apoyos imprescindibles para la campaña electoral: uno es Vicent Sanchis, el director de la incomprensiblemente no-intervenida TV3 y otro Mónica Terribas, la directora de la incomprensiblemente no-intervenida Catalunya Ràdio.

Pensemos en las peculiaridades de esta campaña con candidatos en la cárcel o fugados. Si nada cambia, los mítines contarán con pocas personalidades conocidas y los protagonistas aparecerán a través de programas enlatados y mítines con presencias virtuales. Acabada la campaña, si siguen en situación de prisión algunos elegidos, podrán recoger su acta y constituir el Parlamento autonómico, pero no podrán estar en el govern ni participar en las votaciones. Si a ello se suman condenas en firme, y sin indultos, el parlamento catalán quedaría deslegitimado para los nacionalistas y se volvería con el cuento de los “presos políticos”. En definitiva, nos podríamos encontrar con un gobierno autonómico independentista pero con un Parlament en minoría debido a los encarcelamientos. Todo ello derivaría en la persistencia de la inestabilidad política.

Como en aguas pantanosas siempre hay algún depredador parasitario, no nos ha extrañado que, por fin, Artur Mas abriera la boca. Esta semana ya se le ha oído decir que espera nuevas elecciones para marzo, previendo la insostenibilidad de un Parlament que tendrá que hacer piruetas para sacarnos a todos del barrizal. Además Artur Mas, vengativo por naturaleza, sus ojos no engañan, se siente profundamente traicionado por Puigdemont y no dudará en usar sus últimos cartuchos en dinamitar el invento de Junts per Catalunya. Pero no nos apresuremos, de momento hay que digerir el sapo cuya tutoría nadie quiere asumir: la pérdida de la Sede Europea del Medicamento. Y después de este vendrán muchos más. Y es que los lodazales siempre se llenan de sapos y culebras pues es su medio natural.

Las demás comunidades autónomas levantan la mano. Y la voz
Carlos Gorostiza vozpopuli.es 22 Noviembre 2017

En un artículo publicado hace unos días en La Vanguardia, Josep Antoni Duran Lleida se asombraba de que los dirigentes independentistas no se hubieran percatado de que “ del España nos roba hemos pasado al Cataluña ha recibido demasiado ”. Efectivamente, tal y como preocupaba al viejo político catalanista, en la enorme lista de consecuencias negativas que va a tener el procés, va a haber que incluir también el de despertar la desconfianza del resto de España hacia lo que al final pueda pasar con Cataluña en materia económica. Una desconfianza que sobrevuela los despachos de otros dirigentes autonómicos que ya no van a pasar ni una, y menos teniendo la negociación de la financiación autonómica en ciernes.

Así que, además de deteriorar la convivencia, desacreditar el catalanismo en Europa, haber espantado la sede de la EMA y contemplar cómo se marchan sus empresas más importantes, Cataluña ha perdido también la ventaja que le daba cierto silencio aquiescente por parte de las demás comunidades autónomas, cuya mirada hacia Cataluña va pasando de la emulación a la sospecha.

Y no solo se ha dado cuenta de ello Duran Lleida. La semana pasada el portavoz parlamentario del PNV, Aitor Esteban, se mostraba reacio a participar en los trabajos de la Comisión Territorial porque -decía- “ se van a mezclar churras con merinas ” y evidenciaba su preocupación por ser tratados como los demás, añadiendo que se busca: “un nuevo café para todos” en el que los problemas de Extremadura podrían atenderse como los de catalanes y vascos -se sinceraba- “Para eso que no cuenten con nosotros” Le faltó añadir ¡hasta ahí podíamos llegar!

Precisamente de Extremadura eran los miles de personas que llenaron la Plaza de España de Madrid el pasado sábado para exigir, en voz bien alta, un tren digno para su tierra. El valenciano Ximo Puig, por su parte, lleva meses clamando contra una financiación que considera especialmente injusta con su tierra y ya desde su elección manifestó que “ el problema territorial no es Cataluña, es el conjunto de España”. Juan Vicente Herrera, presidente de Castilla y León tampoco quiere que su comunidad se vea como atrasada y justamente reivindica su posición cierta como primera región en industria automovilística de España.

Poco a poco la vieja denominación de comunidades “históricas” para distinguir las que tenían notorios movimientos nacionalistas previos va perdiendo fuerza. Si por historia fuera no hay lugar de España que no la tenga para aburrir, así que nadie encuentra motivos para quedarse atrás ni en el sistema de financiación, ni en competencias, ni tampoco en la propia consideración política de sus comunidades como iguales a cualquiera de las demás. La presidenta de Andalucía nunca pierde ocasión para recordarlo y reivindicar con nitidez esa igualdad política.

Así que la deslealtad institucional de los dirigentes independentistas, combinada con ese indisimulable e insufrible tono de superioridad hacia el resto de españoles que ha destilado todo el procés ha logrado que el nacionalismo catalanista ya no solo no caiga lo simpático que era antes, sino que, además, se haya granjeado si no enemigos, al menos fuertes y activos adversarios que no van a facilitar las cosas cuando se trate de reparar el desaguisado con dinero, infraestructuras o privilegios. Ya no.

Educación investiga más de 200 casos de adoctrinamiento en las escuelas de Cataluña
Carlos Cuesta okdiario 22 Noviembre 2017

El Ministerio de Educación sí está comprobando los casos de adoctrinamiento denunciados en las escuelas catalanas. En concreto, investiga ya más de 200 casos concretos, con datos y pruebas, de politización en las aulas. De ellos, casi 80 proceden de la recopilación de las denuncias que ha efectuado Sociedad Civil Catalana, datos que ha conseguido pese al acoso al que se ha visto sometida esta asociación para recabar la información, tal y como adelantó OKDIARIO.

El Ministerio, además, aprovechará este examen para comprobar la imparcialidad del sistema de inspectores procedente de la Generalitat. Para ello ha modificado la mecánica de investigación de los casos y la autoría de los informes ya no podrá designarse genéricamente a la Consejería de Educación.

Sabe que cuenta con un colectivo de inspectores designado o diseñado en su proceso de selección desde los años 90 -a través del famoso Programa 2000 implantado para lograr el adoctrinamiento por Jordi Pujol padre-. Y, por ello, a partir de ahora, los trabajos de inspección deberán ser firmados personalmente por los inspectores de modo que, en caso de llegar a comprobarse posteriormente que su labor no hubiese sido desarrollada conforme a sus obligaciones de neutralidad, podrán verse sometidos a responsabilidades personales.

Es más, algunas de las labores de inspección de los casos de adoctrinamiento serán directamente comprobados por equipos del Ministerio por la gravedad de las denuncias.

El inicio de estas actuaciones inspectoras llega en un momento delicado. Y es que se acaba de conocer el último barómetro sobre la intoxicación en la escuela catalana, con un resultado demoledor:

en Cataluña hay en total 4.635 centros de Infantil, Primaria y Secundaria y de ellos ni uno oferta educación con el castellano como lengua vehicular de enseñanza. Así, para un total de 1.196.148 alumnos, sólo 15.000 alumnos (menos del 1%) pueden estudiar en colegios que oferten la educación en castellano. Y todos ellos son privados. Esos colegios privados suponen un coste de casi 6.000 euros por niño y año, tal y como relata la Fundación Unidad + Diversidad, en su estudio anual.

“Existe indefensión de los padres frente a la Generalidad de Cataluña debido, entre otros motivos, a que el tiempo medio en el que se dicta sentencia sobre las querellas interpuestas por padres solicitando la educación de sus hijos en castellano es de 3 años, y en el mejor de los casos sólo permite estudiar en castellano un 33% de las clases (2 asignaturas)”, subraya el informe.

Lo que significa que si algún padre osa desafiar esta dictadura lingüística, tiene que estar preparado a ver a su hijo marcado durante todo ese periodo: unos tres años. Y eso, contando con que la resolución judicial le dé la razón, algo que es difícil puesto que, al no haber ni un centro no privado con trilingüe, será imposible su traslado a un colegio cercano con educación en castellano.

El pueblo vasco y sus privilegios forales
Faustino Merchán Gabaldón. Ingeniero y escritor  latribunadelpaisvasco.com 22 Noviembre 2017

Las Vascongadas están formadas por Álava, Vizcaya, y Guipúzcoa, y en épocas antiguas fueron cuatro tribus de origen celta las que conformaron y habitaron estas tierras, donde se asentó el antiguo pueblo de los vascos, entre los ríos Garona y Ebro: autrigones, várdulos, carístios y vascones, según el antropólogo vasco Julio Caro Baroja. Bilbao fue fundada por un noble caballero castellano, Diego López de Haro, duodécimo Señor de Vizcaya, y otro ascendiente suyo, también Diego López de Haro, sería el primer Señor de Vizcaya, con el que se crea el Señorío de Vizcaya, el otro Señorío era el de Arriaga, en Álava, y Pamplona fue fundada por el yerno de Cayo Julio Cesar, Pompeyo El Magno.

Los caristios no son mencionados por Estrabón, ni por Pomponio Mela, pero sí por Plinio, que les llama Carietes y les sitúa en el interior, en la zona sur del actual País Vasco. Claudio Ptolomeo los sitúa entre el río Deva, en la provincia de Guipúzcoa y lo que actualmente es Bilbao, llegando por el sur hasta el Ebro. Su territorio limitaba con los de los várdulos y el de los autrigones.

Llegaron los romanos en el siglo II a. d. C. a las tierras que denominan Vasconia, y a sus habitantes vascones, agrupados en las cuatro tribus celtas con el euskera como lengua común. Realizaban sacrificios humanos y sus costumbres eran rudas e inhumanas, según el escritor latino, y su economía estaba basada en el pastoreo y la ganadería. Roma consiguió dominar el territorio vascón sin apenas enfrentamiento armado, en contraste con la difícil conquista de sus vecinos cántabros. Los romanos les proporcionan tecnología, agricultura, estrategia militar y construyen calzadas, así como las primeras ciudades, como Pompeya, la actual Pamplona.

Alanos, suevos y vándalos, conocidos como bárbaros, pueblos del Norte de Europa, pasan por esas tierras, sin permanecer en ellas, carecen de interés en ellas, por ser tierras pobres, sin fertilidad alguna. Los visigodos son empujados por los francos hacia Vasconia, donde sometieron a los vascones, aunque éstos derrotaron a los francos del emperador Carlomagno en Roncesvalles y a su héroe Rolando; y quedan atrapados entre francos y musulmanes.

En este periodo existe el ducado de Vasconia, que comprende el actual País Vasco y la Aquitania francesa. Se crea el Reino de Pamplona con Íñigo de Arísta como primer rey de Pamplona, y en el siglo X alcanza su máximo poderío con Sancho el Mayor, un siglo más tarde, Sancho el Sabio, pasa a llamarlo Reino de Navarra, que incluye al ducado de Vasconia.

Se presiona al Reino de Navarra, formado por navarros, guipuzcoanos, vizcaínos y alaveses, por los Reinos de Castilla y de Aragón, aunque Navarra anteriormente había estado integrada en el reino de Aragón.

En el siglo XII, el Reino de Navarra pierde poder, y Vizcaya se somete de forma pacífica al reino de Castilla, creando el Señorío de Vizcaya, las comarcas del Durangüesado y las Encartaciones sufrieron situaciones diversas, hasta integrarse plenamente en el Señorío, que además tenía competencias en Álava y Guipúzcoa, pero las ejercía directamente el rey de Castilla, ya que Castilla conquista fácilmente Álava y Guipúzcoa.

En 1512, los Reyes Católicos conquistan el Reino de Navarra, suprimen todos los fueros, para castigar a la nobleza y recaudar más, pero excepcionalmente permiten que Navarra conserve sus fueros, por su fidelidad a Castilla, que significaban mayor autonomía y autogobierno.

En la guerra de Secesión, que enfrentaba a Borbones y Áustrias, navarros, vizcaínos, guipuzcoanos y alaveses están del lado vencedor en la contienda, los Borbones. Los Borbones partidarios de un Estado centralista eliminan los privilegios forales, ya que pretenden construir un Estado Moderno, al paso de la Revolución francesa, un Estado-Nación, mediante los Decretos de Nueva Planta, sin privilegios, a excepción de sus fieles, que algunos autores llaman bufones, navarros y vascos.

A finales del siglo XVIII, pasa la zona norte del Reino de Navarra a integrarse en Francia.

En las guerras carlistas entre partidarios de Isabel, una niña de dos años y su tío Don Carlos, son derrotados los Carlistas, de cuya parte se habían colocado navarros y vascos, ya que el candidato carlista les hizo la promesa de respetar sus fueros. Con la derrota de los carlistas pierden los fueros, es decir autonomía y autogobierno, las tres provincias vascas, Álava, Vizcaya y Guipúzcoa, pero no Navarra, aunque se suspende el Reino de Navarra, y pasan cada una de ellas a ser unas provincias más, como el resto de las que integran España. Muchos vizcaínos, guipuzcoanos y alaveses se aprovechan de la nueva situación, ser una provincia española más, y emigran para hacer las Américas.

Durante la Revolución Industrial, el crecimiento de Vizcaya se dispara por la poderosa industria de la minería del hierro y del acero, protegida frente a sus competidores por fuertes aranceles del proteccionismo y del intervencionismo de España, que generó a su vez el desarrollo de la banca para su necesidad de financiación. En esta época, la población vasca creció en torno al 34%, mientras que la del resto de España creció un 9,3%. De 1877 a 1900, la población de Vizcaya pasó de 190.000 a 311.000 habitantes.

En Vizcaya, el controvertido Sabino Arana pretende la independencia vasca, funda el PNV, y acuña el término Euskadi, que comprende las tres provincias vascas, Álava, Guipúzcoa y Vizcaya, aunque no se reconoce oficialmente dicho término en ningún momento, pero es utilizado por sus afines y continua siéndolo por ellos. Arana, a partir de 1876, plantea que cinco elementos constituyen la singularidad de la nacionalidad vasca: raza, lengua, gobiernos y leyes, carácter y costumbres, y su personalidad histórica. Este solo consideraba vasco a aquél de apellidos vascos, como reacción a la invasión "maketa". Articulaba su carácter singular a través de la lengua, el euskera.

En el primer tercio del siglo XX, debido al intervencionismo, que da lugar al proteccionismo de su industria mediante fuertes aranceles a sus competidores, se produce un importante florecimiento, y el efecto llamada de mano de obra procedente de otras regiones de España, y la población de Vascongadas creció a un ritmo vertiginoso, desde los 600.000 habitantes de 1900 a los 900.000 en 1930, y en Vizcaya llegaban a 485.000 habitantes en 1930, lo que le situó a la cabeza del crecimiento de las poblaciones españolas. Su población se concentra en Bilbao, y las márgenes del río Nervión.

Durante la Guerra Civil española, el bombardeo de Guernica, inmortalizado por Picasso en un lienzo encargado por el Gobierno Vasco para la Exposición Universal de París en 1937, se pone de manifiesto una característica del pueblo vascongado, el victimismo y la gran mentira y manipulación, ya que apenas murieron cien personas, algún autor da la cifra exacta de ciento veintiséis, causado por la Legión Cóndor alemana, un número sensiblemente inferior al de otras poblaciones vecinas, como Durango, capital del Durangüesado, y muy inferior al causado en la capital de la nación, Madrid, donde se cuentan las víctimas por millares, porque los bombardeos eran casi diarios por parte del bando nacional, pero los madrileños no lloraban, ni encargaron dejar reflejada su tragedia y desesperación.

Franco castigó el posicionamiento vasco con el bando republicano, suprimiendo los conciertos económicos de Vizcaya y Guipúzcoa, por su traición a España, ya que Álava no se había involucrado con el bando republicano.

Con el gobierno de Franco, surgido tras la caída de la segunda República, no se prohíbe el euskera, al igual que el catalán, que algunos autores afirman que se prohibió. El euskera en ningún momento fue prohibido, al igual que el catalán, por Franco, de hecho, en 1951 se crea la cátedra Manuel de Larramendi en la Universidad de Salamanca para su estudio, considerándolo una joya lingüística de Occidente, y se favorece la industrialización de Vizcaya con la industria del acero, protegida y “mimada”, al igual que Cataluña, por fuertes aranceles frente a sus competidores, otros productores del exterior más competitivos, debido al proteccionismo español.

En 1959 surge la banda terrorista ETA, que lidera el conflicto vasco y divide a la sociedad vasca entre los afines a ETA, y quienes la rechazan, provocando casi un millar de asesinatos. Durante la llamada Transición política, mediante la negociación y el filibusterismo político, la región recupera los fueros, restableciendo los conciertos económicos en 1977 para Vizcaya y Guipúzcoa, y en 1979 se aprueba el Estatuto de Autonomía Vasca. Navarra siempre había conservado sus privilegios forales, que a día de hoy constituyen un desafuero, un privilegio medieval de difícil encaje en un Estado moderno del siglo XXI, donde todos los ciudadanos tengan los mismos derechos y deberes, por lo que la Unión Europea ha recomendado a España su cercenamiento, dado que constituye un insulto el llamado Concierto económico vasco, al resto de los ciudadanos españoles, y a la doctrina de la Constitución española del 1978.

En el año 2011, ETA derrotada, abandona las armas y comienza la confrontación política, pero continúa la conspiración desleal, mediante el adoctrinamiento en las escuelas vascas y los medios de comunicación afines a su doctrina secesionista.

Cesando en la actualidad, la otrora poderosa industria productiva vasca, ante su falta de competitividad en un mercado liberalizado, como es el actual, conformado por la Unión Europea, produciéndose la transformación de Vizcaya, y constituyéndose en una región eminentemente mercantil y de servicios.

Las nuevas infraestructuras transforman la imagen del País Vasco, como el Museo Guggenheim de Bilbao, inaugurado en 1997, y se convierten en el símbolo de una sociedad que apuesta por la modernización.

LA DERIVA SOBERANISTA
Presidente del TSJCat: ‘Hay jueces que han pedido irse por el nacionalismo’
La Gaceta  22 Noviembre 2017

El presidente del Tribunal Superior de Cataluña (TSJCat), Jesús María Barrientos, ha asegurado este martes que algunos jueces están empezando a comentar la posibilidad de marcharse de Cataluña por la “situación de tensión personal” desencadenada por el proceso independentista.

“El escenario que hemos vivido los últimos meses hace que nos hayan llegado comentarios de compañeros para marchar fuera pero una cosa es hacer el comentario y otra concursar directamente a un destino fuera de la comunidad”, ha afirmado en Lleida, donde este martes se ha reunido la Sala del Govern del TSJCat.

Barrientos ha concretado que algunos han manifestado que “han vivido una situación de tensión e inquietud personal que les hace tomar este tipo de decisiones” y ha insistido en que este análisis, es provisional y que las cifras se conocerán con el tiempo.

“No es una tónica general, no es una desbandada, no quiero anticiparme a un escenario que ojalá no se dé, para nosotros es, importante, vital mantener la plantilla judicial que está consolidada aunque tenemos movilidad de jueces jóvenes. Para nosotros sería problemático que se marcharan magistrados que ya están aquí de manera permanente “, ha agregado.

Preguntado por los comentarios en las redes de personas que mostraban alegría por la muerte del fiscal general del Estado, José Manuel Maza ha considerado que esas afirmaciones son “lamentables” y que a nivel judicial corresponde a los fiscales decidir si puede tener consecuencias jurídicas.


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