AGLI Recortes de Prensa   Jueves 14 Diciembre 2017

Ahora o nunca: que luego no se quejen
OKDIARIO 14 Diciembre 2017

El próximo 21 de diciembre, la mayoría silenciosa que puebla Cataluña debe echarse a la calle, empuñar el voto constitucionalista y acudir a los colegios electorales como si no hubiera un mañana. De hecho, no lo hay. El futuro de la región, su viabilidad, depende de que el bloque unionista saque al menos un escaño más que los golpistas. De otro modo, será el principio del fin para la otrora comunidad de referencia en toda España. De ahí que sea el ahora o nunca en Cataluña. Los ciudadanos convocados a las urnas no tienen más opción que acudir a votar en masa. De lo contrario, las quejas, por muy comprensibles que fueran, ya no servirían de nada pues habrían claudicado ante el empuje golpista.

Los catalanes han de tener presente que son elecciones de una importancia histórica, no unas autonómicas más. Por eso deben actuar en consecuencia y asegurar que su voto vaya para las formaciones que defienden sin ambages ni dobleces la legalidad vigente y el respeto a la Constitución. La movilización de los demócratas es fundamental para neutralizar a los independentistas. El Gobierno cuenta con estudios que demuestran que los seguidores del huido Puigdemont y compañía irán a votar en manada. Ante eso, es necesario que no haya nadie que se quede en casa. Puede ser la última oportunidad de acabar con todas y cada una de las veleidades golpistas de la mejor manera posible: en unos comicios legales.

No habrá matices ni grises tras las elecciones de la semana que viene. Será Estado de Derecho o dictadura independentista. Educación plural o adoctrinamiento. Prosperidad económica o persecución a los empresarios. Desempleo o futuro. No hay lugar para las medias tintas. Por eso, ante la ilegalidad y la opresión, votar por una Cataluña dentro de España es la mejor respuesta posible. La movilización tendrá que ser histórica. Si no lo hacen aquellos catalanes que creen en nuestra Carta Magna, lo harán los que quieren acabar con ella. Y entonces habrán perdido la oportunidad de recuperar el presente y posibilitar el porvenir de una región muy necesitada de democracia.

El independentismo infame
Javier Caraballo elconfidencial 14 Diciembre 2017

El independentismo catalán ha descubierto que la infamia es una de las técnicas de debate más efectivas de la política. Saben que los tiempos están para estas prácticas extremas, como defiende el gurú norteamericano del juego sucio, Roger Stone, el artífice de la campaña de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos. “Es mejor ser un infame que no ser conocido”, dice el tipo con su pinta de dandi neoyorquino en un recomendable documental de Netflix.

La infamia, el juego sucio, la manipulación, la agitación, los insultos y la desinformación son los elementos fundamentales de una buena estrategia en política. Es evidente que ninguna de esas artimañas son nuevas, pero lo que tienen claro es que es ahora cuando adquieren más notoriedad, más repercusión social, más eficacia. Roger Stone solo tiene que señalar a Trump para ponerlo como prueba, su mejor obra desde que empezó a asesorar a Nixon y cayó con él en el Watergate. Ahora, se contempla la trayectoria del independentismo catalán y se comprueba que son hijos de la misma filosofía de la política negativa. También Puigdemont lo sabe, que es preferible la infamia y la provocación. Y lo sabe Junqueras, Marta Rovira, Anna Gabriel o Carles Riera. Todos actúan en la misma dirección.

Si se observa la campaña del independentismo con cierta perspectiva, desde que se produjo la rebelión de octubre, se comprobará que existe una aplicación rigurosa y sistemática de esta estrategia. Podemos señalar tres identidades: insultos y descalificaciones groseras al adversario, desconfianza en las instituciones y en el funcionamiento del propio sistema democrático y miedo ante la existencia de una amenaza violenta. Sin necesidad si quiera de recordar que también en la campaña de Trump estuvo presente Julian Assange, ese personaje siniestro que agitó las redes sociales en los días previos a la rebelión catalana, cada mensaje que se va lanzando desde el independentismo martillea en uno de esos tres objetivos, igual que ocurrió en Estados Unidos.

El miedo, por ejemplo. La amenaza en el caso de Donald Trump se configuró con los inmigrantes mexicanos, cuando los presentaba ante los ciudadanos como peligrosos delincuentes que llegaban a Estados Unidos a asesinar, violar y traficar. Para el independentismo catalán, lo que amenaza la seguridad de los catalanes es el Estado español, una oscura y peligrosa maquinaria de represión y violencia. Lo dijo Marta Rovira, de ERC, y después lo ratificaron varios portavoces más, de distintos partidos: Si no hubo independencia en Cataluña fue porque el Estado español amenazó con "muertos en la calle", "sangre" y "violencia extrema".

“El Estado español había preparado una oleada de durísima represión, de violencia contra Cataluña”, dijo también el propio Puigdemont desde su lugar de espantada europea, y el candidato de la CUP, Carles Riera, añadió por su lado que se trataba de un plan diseñado por los servicios de inteligencia en colaboración con grupos armados de extrema derecha. Todo esto, obviamente, se afirma sin aportar más prueba que la de que se trata de algo “de lo que se tiene constancia desde hace mucho tiempo”, y en el mismo párrafo en el que, a continuación, se reseña que el independentismo es “pacífico y democrático”.

El doble rasero mediático, político y judicial ante los crímenes de la extrema izquierda
EDITORIAL Libertad Digital 14 Diciembre 2017

El infame silenciamiento mediático de este crimen es fiel reflejo del que le ha dispensado la práctica totalidad de la clase política.

No hace falta más que echar un vistazo a la prensa de este martes para comprobar el escaso eco mediático que ha tenido la muerte de Victor Laínez, el ciudadano catalán afincado en Zaragoza que, por el hecho de lucir unos tirantes con los colores de la bandera de España, fue brutalmente apaleado el pasado domingo en la capital aragonesa por el ultraizquierdista Rodrigo Lanza. Si la víctima hubiera lucido una estelada o un símbolo de la extrema izquierda, o su criminal agresor hubiera sido un militante de extrema derecha, la noticia hubiera copado las portadas de todos los medios de comunicación que pasan casi de puntillas ante este no menos execrable asesinato perpetrado por este conocido militante anticapitalista.

Lo peor es que el infecto tratamiento informativo y editorial de este crimen político es fiel reflejo del silenciamiento que le ha dispensado la práctica totalidad de la clase política: a diferencia de la encomiable querella criminal que ha interpuesto Vox contra Lanza y los demás autores del asesinato pendientes de identificación, ninguna formación con representación parlamentaria –a excepción de Ciudadanos– ha tenido la iniciativa de condenar el asesinato y, sólo a rebufo de las condenas de Girauta y Rivera, o a preguntas de los propios periodistas, algunos altos cargos, como el ministro de Justicia o el del Interior, han pasado a condenarlo. Tal es el caso también del dirigente de Podemos Pablo Iglesias, que ha dedicado sus intervenciones de este martes a denunciar el "fascismo" de un video que circula por las redes sociales en el que aparecen dos civiles subidos a un carro de combate y desde el que bromean con atacar a Puigdemont y al propio Iglesias. Sólo a media tarde, y a preguntas de los periodistas, Iglesias tuvo que hacer referencia al asesinato de Laínez, únicamente para decir que condena "cualquier clase de violencia", sin explicar por qué entonces su partido y él mismo arroparon en su día al asesino de Laínez cuando fue condenado a prisión por dejar tetrapléjico a un policía municipal.

No menos bochornoso ha resultado el silencio que Rajoy –al igual que Pedro Sánchez y todos los líderes de las formaciones nacionalistas– ha dispensado al asesinato de un hombre cuyo crimen consistió en lucir en unos tirantes los colores de la enseña nacional. Por lo visto, el presidente del Gobierno ha considerado preferible denunciar el boicot comercial que están sufriendo algunos productos catalanes a causa del proceso secesionista. Bien está que Rajoy pida "que no se castigue a nadie por ser catalán", pero resulta una auténtica vergüenza que no haya dicho una sola palabra contra el asesinato de este catalán, asesinado por el mero hecho de ser y hacer gala de su condición de español.

Finalmente, sólo cabe exigir que la Justicia erradique esta infame doble vara de medir de nuestra clase política y mediática. Y hay que advertirlo porque ya resultó lamentable la lenidad con la que los tribunales condenaron en su día a Lanza por su ataque al policía municipal: cinco años de prisión que luego, para colmo, se redujeron a sólo dos de cumplimiento efectivo. Si grave es el sectarismo en el ámbito mediático y político, peor aun sería contemplarlo en el ámbito judicial.

Fascistas, franquistas y seres repugnantes en Cataluña
José Antonio Zarzalejos elconfidencial 14 Diciembre 2017

A los líderes separatistas no se les caen de la boca los epítetos de “fascista” y “franquista”. Ahora sólo falta que se generalice el de “maricón”

Para los insultos y la mofa del adversario, existe una desconsideración general, extensible a todos, y una particular, que se recrea en los aspectos más nauseabundos. La desconsideración general es la calificación de franquista o fascista a todo aquel que censure o, simplemente, no aplauda al independentismo. Para la descalificación particular y grosera, vale cualquiera. Así, un día, alguno de ellos lanza una pedrada contra Inés Arrimadas, y la llama “mala puta”, con la confianza de que siempre encontrará un público complacido o, por lo menos, reactivado con esa adrenalina del escupitajo con pocos caracteres en las redes sociales. Lo mismo que unos días antes, otro tipo lanza un tuit homófobo de “esfínteres dilatados” para reírse de Miquel Iceta.

Es exactamente lo mismo que ocurrió con Donald Trump y su ‘creador’, Roger Stone cuando insultaban y se reían a diario de Hillary Clinton. “Esa asquerosa”, se le llegó a escapar un día en uno de los debate presidenciales, mientras que su asesor distribuía camisetas con una caricatura de Hillary Clinton en prisión. A una presentadora de Fox News que se lo recriminó, también acabó Trump escupiéndole: “Podías ver cómo le salía sangre de los ojos, salía sangre de ella por todas partes”, le dijo para mofarse de su menstruación. Tan elemental, tal salvaje, tan grosero como todo lo que salía de su boca porque se trataba sólo de eso.

El tercer objetivo ataca directamente al sistema. La compaña de Trump estaba construida contra el sistema y contra las élites del poder norteamericano, tanto de los republicanos como de los demócratas, lo cual no dejaba de llamar la atención tratándose de un magnate que utilizaba discursos de antisistema.

En el caso del independentismo catalán, el discurso antisistema se construye de forma más agresiva porque lo que pretende, lo que va propagando, es la difamación de la democracia española y del propio Estado de Derecho. Eso será, de hecho, lo que seguiremos escuchando hasta el mismo día de las elecciones: ante lo incierto del resultado, se trata de generar un ambiente de desconfianza previa. Lo acaba de decir Junqueras desde la cárcel, en su carta a Rajoy: “El 21 de diciembre volveremos a votar. Le emplazo a aceptar el resultado, a respetarlo, a implementarlo de mutuo acuerdo. Sin porrazos, esta vez”. Lo mismo dice el candidato de la CUP cuando afirma que confía "poco en las garantías del 21-D" porque en España "el franquismo sigue vivo". De todos los insultos y descalificaciones, sin duda esta es la infamia más grave, la que más tendría que irritarnos como sociedad que, por primera vez en la historia, ha gozado de un periodo de paz en democracia, de progreso en libertad.

El cuestionamiento de la democracia española, el persistente intento de descrédito internacional, es un insulto a todos ciudadanos españoles, los catalanes primero. Vivimos en una democracia consolidada, guiada por un sólido Estado de Derecho, en un poderoso entorno de confianza y de apoyo, que siempre acabará imponiéndose. Pero eso no evita el desconcierto de saber que si existe en Cataluña una estrategia de la infamia es porque los infames saben que puede resultarles rentable.

La hispanofobia vuelve a matar
Daniel Rodríguez Herrera Libertad Digital 14 Diciembre 2017

Nadie condena a quienes muestran su odio a España día sí y día también.

Cada vez que tiene lugar un atentado islamista, se suceden las proclamas de periodistas y políticos pidiendo que no tenga lugar una respuesta islamófoba. La lupa nunca se pone en esa parte de los musulmanes que nos quiere matar por infieles occidentales, y países como Canadá han hecho leyes y hasta tribunales paralelos para condenar a quienes critican el islam. El mundo siempre está en vilo a la espera de una respuesta que nunca llega, lo que no impide que la reacción sea esencialmente idéntica en París, en Nueva York o en Barcelona, un atentado tras otro. En nuestras autonomías se aprueban leyes contra la homofobia que ponen serios vetos sobre la libertad de expresión en el país del mundo con mayor aceptación de la homosexualidad, y aunque es cierto que desgraciadamente aún sigue habiendo agresiones, no hay víctimas mortales. Hasta esos reyes republicanos del victimismo que son los independentistas hablan de catalanofobia para referirse a quienes los despreciamos a ellos y al desprecio supremacista con el que hablan de los demás españoles y, sobre todo, de los catalanes que no comulgan con sus ruedas de molino.

Pero si de "odio o antipatía intenso por alguien o algo" tenemos que hablar, el más extendido en nuestro país es sin duda la hispanofobia. De eso nadie habla. Nadie condena a quienes muestran su odio a España día sí y día también. Hacemos diputados a hispanófobos, hispanófobos gobiernan comunidades autónomas, se celebra a hispanófobos en el mundo de la cultura. Durante décadas, una banda terrorista mató a españoles en nombre de su odio a España. Y ahora la hispanofobia ha vuelto a matar. De forma rastrera y cobarde, de un golpe por la espalda con una barra de metal, con remate final de patadones cuando la víctima se encontraba ya moribunda en el suelo. Por ser española. Por amar a España y exteriorizarlo. Algo que ni el nacionalismo ni la mayoría de la extrema izquierda a la que pertenece Rodrigo Lanzas están dispuestos a perdonar.

No soy amigo de legislaciones de excepción. No creo que deban penarse los llamados delitos de odio ni que deban instaurarse normas específicas que permitan o no decir según que cosas. Pero aquellos que, como los de Podemos, defienden incluso que los funcionarios puedan destruir libros que consideren homófobos también deberían, en pura coherencia, defender que hagan lo mismo cuando se fomenten otro tipo de odios, no sólo los que estiman políticamente convenientes. Y especialmente cuando hablamos del odio que más víctimas mortales ha provocado en nuestra España democrática. Pero no, claro. Porque eso supondría que tendrían que apoyar la censura de buena parte de la literatura que ellos mismos escriben, de muchos de sus mítines, de sus tertulias, de sus intervenciones en televisión. La hispanofobia es parte integral de su ideario y siempre lo ha sido.

La teoría es que propagar una doctrina del odio debería ser ilegal porque si no se expande y se incrementa la violencia a ella asociada. Pero si realmente nos tomamos en serio esa tesis, todos los nacionalistas, casi todo Podemos y buena parte del PSOE deberían estar procesados. Pero quien decide qué es un delito de odio y qué no, quien decide a qué se le llama fobia y a qué no, quien decide qué odios son respetables y cuáles no nunca va a usar el término hispanofobia para hablar del odio a España, nunca va a apoyar leyes que la condenen y nunca va a expulsar de la sociedad civilizada a quienes nos desprecian por sentirnos españoles. Es una de las razones por las que estoy contra los delitos de odio y me disgusta que se juzgue a un hispanófobo por organizar una pitada al himno. Pero si esas son las reglas del juego a partir de ahora, igual deberíamos jugar todos y no sólo quienes odian a España.

Por una sociedad plural y sin dragones
Teresa Giménez Barbat okdiario 14 Diciembre 2017

Conocerán la leyenda: un dragón llega a una pequeña ciudad medieval y se instala en una cueva cercana. Sus habitantes, atemorizados, le suministran todo tipo de alimentos para saciar su apetito. Nunca es suficiente, por lo que se ven obligados a sacrificar a sus hijos y jóvenes. La última doncella que queda por entregar al dragón es la hija del Rey, pero antes de que ocurra, se opta por llamar a San Jorge, el héroe que clava una espada en el corazón del dragón y salva a la joven. Y de la sangre brotan rosas. El dragón puede entenderse como el nacionalismo insaciable que siempre pide más: pide más privilegios, más financiación, gestionar más instituciones —y siempre sacrificando aquello que nos une—. Por mucho que obtengan, nunca es suficiente. En vez de pedir más, el dragón ha querido incluso apropiárselo todo de golpe —de Estado—. El nacionalismo ha enseñado sus fauces monstruosas, ha conseguido resquebrajar la convivencia, y que más de 3.000 empresas huyan despavoridas.

Como el proceso ha salido tan mal, el nacionalismo regresa donde solía. En lugar de doncellas, reclama que se revise el «encaje» de Cataluña para que se sienta cómoda. Y si hemos aprendido algo es que cuanto más se le da de comer, más crece el monstruo. Y seguirá con sus reclamaciones y engordará hasta no caber en su cueva. Pero en lugar de alimentar al monstruo, ¿no podríamos reclamar las rosas? Con los estatutos de Autonomía, se cristalizaron sueños idílicos basados en la idea de nación. Según reputados juristas (como Ruiz Soroa), pueden considerarse «de parte». Es decir, inclinados a satisfacer las reclamaciones de una parte de la población en cuestiones relativas a una supuesta identidad del territorio. También se basan en la idea de hegemonía, la forma de concebir que impone una élite en el poder al resto de la sociedad. Es una cierta concepción de las cosas que aparece como natural, y ello conlleva que se acepte como normal u obligado algo que no lo es.

Lo propio en una sociedad moderna es la heterogeneidad y la pluralidad de opiniones, en vez de esa homogeneización artificial impuesta por unas determinadas élites. ¿No es más urgente modificar el Estatuto para encajar esa diversidad que existe en la sociedad? En Cataluña queremos un Estatuto que promueva el bilingüismo, el derecho a que la historia y los vínculos con España del 75% de la población —los que tienen uno o más abuelos nacidos fuera de Cataluña— sean reconocidos, donde se diga que los medios públicos catalanes deben dar representación a la mayoría no nacionalista de Cataluña. Cataluña, además, posee una población particularmente heterogénea.

Si queremos acabar con el dragón de la exigencia, de la ventaja y del abuso, si queremos restaurar la convivencia y asegurar un futuro viable para las próximas generaciones de catalanes, es indispensable desarrollar en nuestro Estatuto el principio constitucional que proclama la neutralidad política que debe presidir el Gobierno y la Administración. Hay que crear los incentivos y las barreras necesarias para que los grupos que circunstancialmente detentan el poder no desequilibren la balanza de la neutralidad política de la administración educativa, institucional y de los medios de comunicación para intentar alterar a su favor el equilibrio social. No es fácil, lo sabemos, al fin y al cabo los partidos políticos se eligen para llevar adelante un programa necesariamente partidista. Pero la delimitación estatutaria precisa de dónde finaliza la legitima acción política y comienza el abuso y la desviación del poder concedido a los partidos, sería tal vez nuestra rosa. Quizás sería la mejor obra de nuestra generación.

Reformar la Constitución, ¿para qué?
Durante los últimos 40 años, la Constitución española de 1978 ha constituido un marco ejemplar de convivencia, fruto de un consenso político igualmente ejemplar
Javier Goizueta elconfidencial 14 Diciembre 2017
.
El problema de la Constitución no es la Constitución en sí misma. Es la Constitución puesta en boca de los políticos. De los actuales. Nuestra Carta Magna ha pasado de percibirse como un marco estable de convivencia (con sus fallos, ha de admitirse) a ser un arma arrojadiza en manos de los políticos, que conscientes, o, lo que es peor, inconscientes de sus propias limitaciones, se han mostrado incapaces de crear consenso y de acercar posturas.

Superado con la crisis el bipartidismo (fruto del descontento popular, que dio lugar al nacimiento de Podemos y al auge de Ciudadanos), nuestra clase política ha creado otros dos bandos (lo cual resulta y a la vez encubre esa misma incapacidad de consenso): los constitucionalistas y los que no lo son. Los buenos y malos; el bien y el mal de Oriol Junqueras. Un reduccionismo muy propio de la clase política, que carente de argumentos sólidos, acude a una simplificación de la realidad. Ya se sabe, lo simple vende. Hasta ahí se ha logrado manipular el concepto de Constitución.

Ocurre como con el Estado de Derecho, la democracia, el imperio de la ley o la voluntad popular… Ambos bandos utilizan por igual estos conceptos, que les sirven tanto para defender una cosa como la contraria (baste ver sus discursos y sus debates televisivos, tan pobres y carentes de contenido), llegando incluso a apelar en sus arengas, si es preciso, a derechos que sencillamente no existen, ni han existido nunca, como el pretendido derecho de autodeterminación; ¿en qué ordenamiento jurídico de qué país libre y desarrollado se reconoce tal derecho? ¿Qué elementos definen su existencia y a qué territorio afecta?

En el caso de Cataluña, cuya extensión territorial es, para los independentistas?, mucho más amplia que el de las cuatro provincias de su comunidad autónoma (pues incluyen, entre otras, la llamada Cataluña norte –departamento de los Pirineos Orientales en el sudeste de Francia- y los territorios de las Comunidades Autónomas de Valencia y Baleares), ¿por qué no se pretende un referéndum sobre el que ellos consideran el territorio real catalán, y lo intentan solo sobre una parte del mismo?; ¿qué legitimidad tendría una Cataluña así declarada independiente para impedir que cualquiera de sus territorios se autodeterminara a su vez, volviéndose a unir a España?

La anterior reflexión viene a propósito de que, entre quienes abogan por reformar la Constitución, es el modelo territorial del Estado el tema central del debate y, a su vez, el que genera mayor controversia.

El problema radica en que, aunque una amplia parte de la sociedad y de los políticos defiende la necesidad de revisar y actualizar la Constitución, no se sabe muy bien en qué sentido ha de hacerse.

Parte de la sociedad española (que no de los políticos, a los que el sistema autonómico les viene muy bien para el ejercicio de su oficio), considera el sistema autonómico, tal y como está concebido desde su inicio, carente de sentido y un mal para el país. Y no les falta razón, a juzgar por cómo nació, con el famoso “café para todos”, cuando realmente no era una demanda de la mayoría de los territorios que hoy se configuran como comunidades autónomas. La corrupción, el despilfarro, la duplicidad del gasto público o las simples incomodidades que muchas veces padece el ciudadano que se cambia de comunidad autónoma en temas como sanidad o educación hacen que, especialmente tras la crisis, muchos españoles vean con malos ojos el sistema.

En el lado opuesto, hay quien prefiere caminar hacia un Estado federal (no olvidemos que, se llame como se llame, el actual sistema autonómico no dista mucho del federalismo), y a quien le gustaría ser Estado independiente.

Y no faltan quienes, cómodos con el sistema actual, en el que nada se mueve, manifiestan no oponerse a una reforma de la Constitución pero alegan la necesidad de un amplio consenso que de antemano saben que no existe.

Mucho se ha escrito estos días sobre la pretendida reforma, y pocas soluciones se han dado. El problema radica no ya en ponerse de acuerdo sobre la necesidad o no de reformar la Constitución, y en particular, el modelo territorial del Estado, para adaptarlo a la realidad actual. La verdadera cuestión consiste en determinar en qué sentido ha de modificarse. Tarea que no parece sencilla a la luz de posiciones tan encontradas.

La reforma de la Constitución, de realizarse, debería de acometerse de una manera tranquila y reflexiva, teniendo claro hacia dónde se desea caminar y contando el mayor de los apoyos políticos y sociales. Tejer un parche rápido como solución a problemas actuales (v.gr., la crisis catalana) no generaría a mi juicio sino mayores problemas.

El éxito de toda Constitución reside en su capacidad de integración. La duradera Constitución de la República romana gozó de tal virtud y fue uno de los factores clave de la estabilidad de la República durante cuatro siglos, a lo largo de los cuales pudo superar notables dificultades. Hasta que devino su crisis, causada, entre otros motivos, por una profunda división de la clase política, entre la que se impuso la corrupción, la confrontación y la demagogia, y, como consecuencia de ello, por un notable alejamiento del pueblo de sus políticos. Es lo que dice la historia. Que cada cual extraiga sus conclusiones.

*Javier Goizueta es abogado y socio director de VACIERO, firma española de referencia en asesoramiento legal a empresas. Desde 1993 hasta 2014 ha sido abogado en Cuatrecasas, Director en el área legal de KPMG, y General Counsel de Gamesa en Latinoamérica. Ha dado clase de Derecho Civil y Mercantil en diversas Universidades y másteres jurídicos.
 
Los anti-Principitos
Manuel I. Cabezas González. latribunadelpaisvasco.com 14 Diciembre 2017

Profesor titular de Lingüística y de Lingüística Aplicada en la Universidad Autónoma de Barcelona.

El próximo 21 de diciembre (21D), los ciudadanos catalanes han sido llamados a las urnas una vez más, en muy poco tiempo. Con su voto, tienen que tratar de arreglar los desaguisados, los desatinos y los desmanes provocados tanto por el Gobierno de Cataluña del prófugo y lenguaraz Carles Puigdemont, como por el Gobierno de España, presidido por el Anti-Principito Mariano Rajoy, y el resto de la casta política. Ahora bien, los responsables de la crítica situación que se está viviendo en Cataluña se presentarán de nuevo a las elecciones, como los bomberos-pirómanos, para atajar el incendio que ellos mismos han provocado, han atizado y siguen atizando, impelidos por el deseo patológico de mantenerse en el poder o de llegar a él.

· Ante estas dos constataciones objetivas, no está de más preguntarse por qué y cómo se ha degradado tanto el Estado de derecho así como la actividad económica, la convivencia cívica y política, el Estado de bienestar,... en Cataluña. Comprender las causas últimas del comportamiento de los dos gobiernos (el catalán y el español), de ahora y del pasado, y tomar medidas radicales y vinculantes contra ellos deberían vacunarnos contra nuevas intentonas golpistas y nuevos Anti-Principitos. La explicación racional de estas causas, la podemos encontrar si establecemos una analogía entre ciertos pasajes del Principito (relato de Antoine de Sant-Exupéry) y el comportamiento de la casta política catalana y española.

El Principito
· Al inicio del relato, Sant-Exupéry describe y narra el día a día del Principito en su diminuto planeta, el asteroide B-612. Su planeta estaba infestado de las terribles semillas de baobabs (árboles gigantescos). Por eso, cada mañana, tenía que recorrerlo para arrancar sus inofensivos tallos, nada más que sacaban la cabeza de la tierra. Era un trabajo monótono y aburrido. Pero, el Principito lo llevaba a cabo metódica, diligente y disciplinadamente, ya que de esto dependía la supervivencia de su planeta. En caso contrario, los minúsculos tallos de baobabs crecerían rápidamente, lo invadirían, lo perforarían con sus raíces y lo desintegrarían (cf. Cap. V).

· Además, el Principito deshollinaba periódicamente sus dos volcanes activos, con el fin de que ardiesen suave y regularmente, sin erupciones violentas que podrían también poner en peligro su casa-planeta. Y tampoco se olvidaba de hacer lo propio con un volcán dormido ya que, como confesó el Principito, “¡no se sabe nunca!” lo que puede suceder (cf. Cap. IX).

· Un día, haciendo la limpieza cotidiana de las malas hierbas, vio una brizna nueva, que no se parecía a ninguna otra. La dejó crecer. Con el paso de los días, surgió una flor, que se fue acicalando y embelleciendo, transformándose en una despampanante rosa. El Principito se enamoró de ella y empezó a prodigarle todo tipo de cuidados: la regaba cada día; la protegía de las corrientes de aire, con un biombo, y de los fríos nocturnos, con un globo; y la acariciaba cotidianamente con sus palabras. Pero, su rosa era altiva, presumida, vanidosa y mentirosa; y el Principito empezó a decepcionarse, a dudar de ella y a no ser feliz. Por eso, abandonó su asteroide y “puso espacio de por medio”, iniciando un periplo interplanetario (Cap. VIII).

Los Anti-Pricipitos
· Estos pasajes del Principito reflejan muy bien lo que ha sucedido y está sucediendo en el asteroide Hispania. Rajoy y también todos los presidentes que le precedieron (Suárez, Felipe, Aznar y ZP) han sido unos auténticos Anti-Principitos, cortados todos por el mismo patrón.

· En efecto, para llegar al poder y para mantenerse en él, no dudaron en practicar el “ayuntamiento político contra natura” con los nacionalistas. Además, llegados al poder, en vez de ocuparse de los problemas reales de los ciudadanos y de la diligente, metódica y disciplinada gestión de la “res publica” (como hacía el Principito en su planeta, arrancando las malas hiervas y deshollinando sus volcanes), han hecho dejación de sus funciones, poniendo en peligro la soberanía nacional, la paz social y la viabilidad de nuestra democracia; y se han dedicado sólo a asegurarse la permanencia en el poder, para defender únicamente sus intereses personales y los de sus partidos. Actuando así, han hecho honor al “Viejo Profesor”, Tierno Galván, que afirmó que “las promesas electorales están para no cumplirse” (i.e. para engañar a los votantes). ¿Y para esto no les pagamos el sueldo? Como dijo alguien, de cuyo nombre no quiero acordarme, “a la política se debería llegar comido y comiendo, y no para comer y, aún menos, para comer a dos carrillos”.

· Por otro lado, —conocedores del talón de Aquiles de los Suárez, los Felipe, los Aznar, los ZP y los Rajoy— los nacionalistas-independentistas catalanes les exigieron, durante los 40 años de democracia, el oro y el moro para que pudieran satisfacer sus desenfrenados apetitos de poder. De esta forma, el cortoplacismo y los intereses personales de los Presidentes de los Gobiernos de España provocaron la transferencia progresiva de competencias del Estado a la caprichosa, altiva, mentirosa y siempre insatisfecha “Rosa independentista catalana”. Por eso, los responsables políticos españoles nunca podrán ser tildados de estadistas ya que, para esto, deberían “pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones” (W. Churchill). En consecuencia, no se les dedicará ni una sola línea en la Historia con mayúscula.

Ergo
· Este apetito enfermizo de poder de los Anti-Principitos de la casta política nacional y catalana (los Rivera, los Sánchez, los independentistas de todo cuño, etc.) han impelido y conducido a Rajoy a convocar elecciones para el próximo 21D. Ahora bien, muchos ciudadanos de a pie se han preguntado si no ha sido precipitado convocar, con tanta premura, las elecciones autonómicas en Cataluña y si éstas son la fórmula taumatúrgica para deshacer el nudo gordiano catalán. En efecto, no parece lógico ni razonable que el statu quo actual vaya a cambiar por medio de unas nuevas y simples elecciones autonómicas. Éstas pueden ser un parto de los montes y que todo siga como hasta ahora o aún peor. O también podría suceder que, engañados y decepcionados por unos y por otros, los votantes informados y responsables abandonasen, como el Principito su asteroide, el planeta electoral del próximo 21D.

· Como dijo Einstein, “si buscas resultados distintos no hagas siempre lo mismo”. Por eso, no parece factible que se puedan esperar resultados electorales diferentes, cuando las reglas y las infraestructuras del juego político siguen intactas en Cataluña; cuando las malas hierbas independentistas no fueron arrancadas a su debido tiempo ni lo están siendo ahora por el Anti-Principito Rajoy; cuando los volcanes (político, educativo, cultural, comunicativo,…) no han sido deshollinados diligentemente. Los independentistas han ganado la “batalla del lenguaje”; han adoctrinado y siguen adoctrinando a los niños, adolescentes y jóvenes en los centros escolares; han desinformado y manipulado (y siguen haciéndolo) a todos los ciudadanos por medio de los 7 canales catalanes de TV, de las emisoras de radio, de los medios de comunicación tradicionales y digitales, profusamente subvencionados; han contado y siguen contando con una tupida red de asociaciones (entre ellas, la ANC y Omnium Cultural), bien dotadas económicamente y encargadas de difundir la falacia independentista.

· Con todo esto y desde hace 40 años, los independentistas han ido sembrando las semillas del odio, del rencor, de la disgregación, de la confrontación, de la división, de las fuerzas centrífugas…, que han echado raíces profundas en las mentes de muchos ciudadanos y que no pueden ser cercenadas, de la noche a la mañana, con la hoz de las elecciones del próximo 21D. Por eso, es difícil comprender la precipitación, que nunca es buena consejera, de la convocatoria de estas elecciones, sin antes desmontar las estructuras golpistas que condujeron a la aplicación “very, very,… light” del 155. La casta política “constitucionalista” tiene como único objetivo encaramarse en el poder, olvidándose de que, como dejó para la posteridad Casto Méndez Núñez, “más vale honra sin barcos (sin poder) que barcos (poder) sin honra”.

www.honrad.blogspot.com

Tapad la muerte del facha
Javier Somalo Libertad Digital 14 Diciembre 2017

Una persona asesina a otra por la espalda de un golpe en la nuca con una barra de hierro. Tras el garrotazo, quizá ya mortal, la víctima es pateada en el suelo. Patada de gracia. Uno de los dos milita en la extrema izquierda y posa con banderas de la CNT, la hoz y el martillo. El otro luce tirantes con los colores de la bandera de España y posa con el yugo y las flechas. Dependiendo de quién haya sido el verdugo y quién la víctima tendremos resultados bien distintos: noticia en primera plana, manifestaciones, iniciativas políticas, condenas generalizadas y programas especiales de televisión o el más asqueroso de los silencios.

Si el muerto llevaba hoz y martillo o asimilados era un antifascista, un activista social o simplemente un joven brutalmente asesinado que ha dado cuenta del odio de la extrema derecha que, aunque no tenga partidos ni demanda de ellos, siempre está vigilante para acabar con las libertades que tanto trabajo ha costado conquistar. Lazos negros, minutos de silencio en toda España. Han matado a un joven por sus ideas, han truncado una vida llena de proyectos, la democracia es una broma de mal gusto. Un antifascista, por definición, jamás puede ser violento: existe porque el fascismo acecha por todas partes. La extrema derecha es el odio y la extrema izquierda el único remedio. Partidos y medios de la izquierda obligarán a la derecha a condenar el franquismo para que pueda librarse de una acusación de inducción al asesinato de la que, de todas formas, no se librará. Aquí o eres normal (izquierda) o eres franquista (derecha).

Si el muerto llevaba la bandera de España y no salía de un estadio, ojo: puede ser un facha y, de ser así, habría que matizar las condenas. Vaya, lo que sospechábamos: un día posó en una tasca con ambiente falangista y le va la Legión. Se lo ha buscado. Que no haya lazos. Que los minutos de silencio sean horas, días. De silencio de verdad. Al fin y al cabo han matado a un facha así que tocará condenar la violencia "venga de donde venga" porque está claro que tanto como la muerte no merecería pero lo mismo había votado a Falange. Claro que si era votante del partido de la "mala puta", casi peor porque esos pueden gobernar y ya se sabe que Albert es primo de Rivera. Partidos y medios de la izquierda harán la vista gorda pero aprovecharán para indagar en el pasado de la víctima y remozar el del verdugo. En la derecha debatirán sobre la necesidad de acabar con los símbolos que nos enfrentan porque ningún extremismo es bueno. Hay que romper esta espiral de odio: insultan a Iceta, se graban encima de un tanque, matan a uno en Zaragoza…

El muerto es Víctor Laínez y llevaba unos tirantes con los colores de la bandera de España. No se le conocen antecedentes delictivos ni actividad política concreta. El detenido por el asesinato es Rodrigo Lanza, militante de extrema izquierda con intensa actividad de proselitismo y condenado años atrás por dejar tetrapléjico a un policía de una pedrada. No estaban en una manifestación, no eran hinchas de equipos rivales, no era una quedada entre bandas. A Rodrigo no le gustaron los tirantes de Víctor porque llevaban los colores de su bandera y lo mató. ¿Qué hacemos ahora? ¿Cómo contamos esta historia? Esto es España, la de antes y después del 155 que lleva un golpe de Estado a las urnas. A ver qué dicen en Bélgica.

Asesinato, sin adjetivos
EDITORIAL El Mundo 14 Diciembre 2017

Nunca los adjetivos resultan tan accesorios como cuando se opina sobre un hombre asesinado. Un hombre asesinado es alguien a quien un criminal adjudica la sustantiva condición de víctima, y la opinión pública debería partir siempre de ahí antes de despeñarse por el barranco de los adjetivos, los matices atenuantes, las adversativas inmorales. El asesinato de Víctor Laínez, el vecino de Zaragoza presuntamente golpeado por la espalda hasta la muerte por un radical de izquierda al que no le gustaron los tirantes rojigualdas de su víctima, no admite gradaciones en la condena en función de adscripciones ideológicas. Tampoco equidistancias que diluyen el suceso concreto, como esa a la que recurrió Pablo Iglesias -"Condenamos cualquier tipo de violencia"- preguntado por el presunto asesino, Rodrigo Lanza, con cuyo entorno el propio Iglesias, Ada Colau o Zaragoza en Común mantuvieron contacto en un clima de afinidad que hoy se revela indeseable.

Una sociedad madura, que lleva en la memoria el fratricidio para no repetirlo jamás, debería ser capaz de expresar la misma indignación ante la violencia extremista de todo signo. Ponerse a escrutar la militancia política de la víctima es lo que durante años los cómplices ideológicos murmuraron tras cada atentado de ETA: "Algo habrá hecho". Pero ni llevar tirantes con la bandera ni pertenecer a un grupo motero ni tampoco sentir simpatía por Falange justifican una sola agresión, no digamos ya una paliza mortal. Que se haga justicia en los tribunales y autocrítica en cierta izquierda. De la cloaca digital ya no esperamos tanto.

Los mozos ya no son nuestros
Si los mozos de escuadra aplican la ley contra los manifestantes de la CUP, son «la policía militarizada» por el 155
Antonio Burgos ABC 14 Diciembre 2017

Si nos hubieran dado 5 euros por cada vez que nos han puesto por la TV, ora pública, ora privada, las escenas de las cargas de la Policía Nacional contra las huestes de la CUP que cercaban y tenían virtualmente secuestrada a la comisión judicial que registraba la Consejería de Economía de la Generalidad de Cataluña, seríamos todos tan ricos que nos podríamos ir a pasar la Nochevieja a esa isla caribeña donde se ha casado la niña de Isabel Preysler. La táctica es tan antigua como la de los moros de Queipo, pero con televisión. Sabido es que al general don Gonzalo Queipo de Llano y Sierra, alzado en armas en Sevilla en julio de 1936 contra el Frente Popular de la II República y quizá aconsejado por su jefe de Estado Mayor, José Cuesta Monereo (un genio militar a rescatar y valorar), ocurriósele montar en unos camiones a las primeras «mías» de un Tabor de Regulares que acababan de cruzar el Estrecho desde el Protectorado de Marruecos y llegado a Tablada. Los hizo subir y bajar en distintos camiones, que puso a dar vueltas por la parte de Sevilla ya liberada de las milicias del Frente Popular. Y creyóse la gente que, con tanto camión y tanto moro dando vueltas, era poco menos que el Ejército de África entero el desembarcado en Sevilla para unirse a Queipo de Llano. Fueron los famosos «moros de Queipo».

Técnica que es la misma, pero la mismita, que han utilizado contra el Gobierno de Madrid los independentistas catalanes, a propósito de las citadas cargas de la Policía Nacional contra los violentos separatistas de la CUP que tenían cercada a la Comisión Judicial en Economía. Tú pones una y otra vez por la TV las mismas escenas de los antidisturbios arreando la estopa de reglamento a los sitiadores de los registrantes y te crees, como los sevillanos republicanos con los moros de Queipo, que es la Policía Nacional entera, con todos sus efectivos, la que está dándole hasta en el carné de identidad a los asilvestrados separatas que destrozan coches y más coches de la Guardia Civil. Mucho después de aquellos hechos en los que la Policía Nacional no hizo más que actuar en nombre de la ley, los moros de Queipo, digo, los policías contra Puigdemont, siguen aporreando separatistas violentos en las televisiones, especialmente en TV 3.

Pero en cambio cuando son los mozos de escuadra quienes tienen que aplicar una sentencia judicial contra los que cercan el Museo de Lérida para que no se ejecute la devolución a Sijena de los bienes artísticos expoliados por la Generalidad, y liberen de su cerco a los camiones que han de llevar a Aragón su centenario tesoro, y arrean la candela reglamentaria, entonces eso no sale en TV. No una y otra vez, sino ninguna. Tome usted la silla que tenga más cerca, para esperar sentado a que la tele saque una y otra vez a los mozos de Puigdemont que se fueron a arar temprano, a los mozos de escuadra ya no mandados por el felón Trapero, disgregando a los sitiadores manifestantes. Con una técnica como de lucha libre americana, que eso se lo vi yo hacer a Marcos el Maldito: coger los dedos como los ponía sir Winston Churchill para hacer la señal de la victoria frente a los nazis, e introducírselos en los ojos, a modo de doble estilete, a las levantiscas huestes de la CUP. ¿Pero sabe usted qué pasa, hablando de ojos, a los ojos del independentismo militante del 1-O? Que entonces ya no son «nuestros» mozos de escuadra. Si son los mozos de escuadra quienes aplican la ley contra los violentos manifestantes de la CUP, entonces son «la policía militarizada» por el 155 desde el odiado Madrid de la España que nos roba... casi tanto como la familia Pujol. Los mozos, entonces, ya no son de los nuestros. Son de Zoido. Y ni siquiera son mozos, que se enteren: son la «policía militarizada» del 155, por lo que no deben salir para nada en la tele largando fiesta. Faltaría más...

“Español muerto, abono pa’mi huerto”
Jorge Vilches vozpopuli.es 14 Diciembre 2017

Cuando los Pasionaria y demás tropa comunista abandonaron España en 1939 se refugiaron bajo el ala de Stalin. El antifascismo había sido su excusa desde que así lo ordenara el dictador soviético en 1936. En su nombre mataron, torturaron y robaron, no solo a los fascistas, sino a cualquiera que no se identificara con la URSS.

Cuando les llegó la noticia de que Stalin había pactado con Hitler en agosto de 1939 el famoso acuerdo Ribbentrop-Molotov, alabaron el talento del “Padrecito”: era la hora de acabar con los socialdemócratas, a los que llamaron “socialfascistas”. Porque, como escribió Santiago Carrillo en 1948: “si lo ha hecho Stalin, bien hecho está”.

La violencia se justificaba si procedía del comunismo porque el receptor era “fascista”, “socialfascista”, “burgués”, o “imperialista”, que era lo que Pasionaria decía sobre la Gran Bretaña bombardeada o la Francia ocupada por los nacionalsocialistas, aliados de los soviéticos en 1940.

La etiqueta se amplió cuando Hitler invadió el archipiélago gulag de Stalin, y más todavía cuando Moscú, a inicios de la Guerra Fría, ordenó a sus satélites políticos que llamaran “fascista” a todo aquel que no simpatizara con la causa comunista.

Qué fácil fue extender ese pensamiento condescendiente con el comunismo en el confortable Occidente desde la década de 1960. La conquista gramsciana de la cultura, los medios y la educación ha hecho que una idea liberticida y asesina como la comunista sea hoy día aceptada e incluso mostrada con orgullo. No solo se han celebrado los cien años del golpe de Estado bolchevique contra la República parlamentaria rusa, sino que, Alberto Garzón, uno de los líderes de Podemos tras purgar IU, pasea su comunismo por los platós de televisión y periódicos entre aplausos.

Esto es tolerable en democracia –justo al revés de lo que pasa en un régimen comunista-, pero no tanto la complicidad con el viejo mandato estalinista de llamar “nazi” o “fascista” a cualquiera que ose discutir o contradecir a uno de esos santos laicos de la extrema izquierda, o a sus aliados nacionalistas.

Esto encaja con el adoctrinamiento en el espíritu de los movimientos sociales y del activismo que han recibido las generaciones de las décadas de 1980 y 1990. Lo natural, creen, es ser “progresista”, lo que identifican con alguna opción de izquierdas fundada en el reparto de la riqueza y la lucha contra las desigualdades . La democracia, dicen, es eso: la igualación social.

A esto suman un mantra de la New Left: el multiculturalismo o, ya en su versión trotskista, el internacionalismo . No vale ya la integración institucional a través de mecanismos que reproducen el “heteropatriarcado capitalista”, sino que es preciso sumar a los inmigrantes a las “formas de lucha contra el Capital”.

El que niegue la bondad de este paradigma se convierte automáticamente en “fascista”, así como cualquier institución o Estado, como España y su gobierno, que no comulguen con ese “dogma emancipador”.

Por supuesto, ese izquierdismo considera que existe una “ violencia estructural”, la del sistema capitalista, la de la persona buscando en la basura, la del desahucio, la del pensionista sin cobertura asistencial, la del “joven sin futuro”, la del “españolazo”, la del “heterosexual patriarcal”, a la que solo se puede contestar con violencia. Cualquier otra forma es “colaboracionismo”.

Esto artimaña les permite diferenciar los actos violentos legítimos de aquellos considerados repudiables porque tocan el sacrosanto paradigma izquierdista o el nacionalista. De esta manera, el acto violento se banaliza, la política se embrutece y las amenazas proliferan. “Iba provocando”, como se decía antes de las violadas con minifalda.

Lo mismo dicen del terrorismo islamista. Siempre encuentran una razón política o económica, cuando no la eximente locura del asesino. Trump cumple la ley que propuso Bill Clinton hace décadas para reconocer a Jerusalén como capital de Israel, y hay medios que justifican el “ Día de la Ira” contra los judíos como si el resto del año los terroristas palestinos celebraran el “Día del Amor”.

Hay una izquierda que necesita construir un demonio que justifique su negocio político, como el de la Pasionaria tras 1939, ese discurso totalitario apoyado en una falsa amenaza para ejercer de comité de salud pública en las calles, en las instituciones y en los platós. Pero es algo que está en la conciencia actual de una parte de Occidente, y señaladamente en nuestro país.

Por eso no es raro leer en pintadas y carteles frases que rezan “Hetero muerto, abono pa’mi huerto”, o “Nazi muerto, punk contento”. Esta vez, en Zaragoza, le ha tocado vivir esa violencia a un hombre que llevaba unos tirantes que no gustaron a uno de esos “hombres progresistas, justicieros y emancipadores”.

Pero que no mientan: este asesino no es un “antisistema”, es hijo de él, de ese adoctrinamiento y complacencia. Seguro que, mientras lo mataba, pensó: “Español muerto, abono pa’mi huerto”.

Administración inoperante
Enrique Arias Vega Periodista Digital 14 Diciembre 2017

Acabo de leer el esclarecedor y divertido libro de mi amigo Vicente Climent titulado “Carmen Montón sin concesiones”, dedicado a la actual consellera de Sanidad de la Comunidad Valenciana. Quizá piensen ustedes que un texto consagrado a asunto tan concreto y, además, de un específico ámbito territorial, sea un pestiño para los no iniciados; pero qué va: de su lectura, ni farragosa ni trivial, se desprende el amiguismo con que trabaja nuestra Administración Pública y la pasión ideológica que la obnubila.

Resulta que en los dos años de tripartito de izquierdas en Valencia la purga de cuadros, no sólo políticos, en el ámbito sanitario, que es el que estudia el libro, acaba por ser antológica, basándose en dos criterios a cual más científico: colocar a afines —“se meterán todos nuestros familiares, amigos, conocidos que estén sin trabajar”, reconoció el comisionado de la Consellería, José Sanfeliú— y acabar con la gestión privada de la sanidad pública, aunque resulte más eficaz y satisfaga más al ciudadano.

Tal modus operandi no es exclusivo de ninguna Administración Pública española. Con el cambio de gobernante de turno en el ámbito que sea, se produce una serie de ceses en cascada, casi hasta el nivel de bedeles de departamento, ya se trate del Gobierno central, de un pequeño ayuntamiento o de la Facultad de Ciencias Morales de cualquier centro universitario: lo importante es que lleguen los míos a ocuparlo todo.

Tan siniestra práctica excluyente y sectaria en nuestros usos políticos arranca de 1885, por el Pacto del Pardo entre Cánovas y Sagasta, para que liberales y conservadores se turnasen en el poder, aun a costa de dejar un montón de ociosos cesantes en espera del siguiente cambio político.

Sistema tan ineficaz y absurdo contrasta, por ejemplo, con la práctica británica, en la que la alternancia de Gobiernos mantiene en sus puestos a todos los funcionarios por debajo del propio ministro de turno, como se vio en su día en la divertida serie televisiva británica “Sí, ministro”. Así se explica la eficiencia de los civil servants en el Reino Unido y cómo ese país está pudiendo soportar los rigores del Brexit muchísimo mejor que lo haría otro acostumbrado a poner la Administración patas arriba tras cualquier cambio político.

Y nosotros, aún, seguimos erre que erre sin saber lo que vale un peine.

Ola de amenazas en las escuelas valencianas para impedir la denuncia de los casos de adoctrinamiento
Carlos Cuesta Okdiario 14 Diciembre 2017

“Mucho ojito con lo que comentáis en la clase. Os estamos vigilando”. Así reza uno de los anónimos que han aparecido en tablones, aulas y salas de profesores en diversos colegios e institutos valencianos. Los anónimos han surgido de forma sincronizada en cientos de centros escolares. Papeles en los que se señala directamente a los políticos del PP y Ciudadanos como supuestos responsables de un intento de “censura” en las aulas contra la “libertad de cátedra” de los profesores. La libertad de cátedra a la que aluden es la de introducir contenidos políticos adoctrinadores en base a la lengua y cultura catalana.

Los mensajes, por el contrario, ensalzan la labor de PSPV, Compromís y Podemos en defensa de una educación en la que las denuncias de los casos de adoctrinamiento se han disparado. Las amenazas se centran, además, en una persona en concreto: la diputada popular Beatriz Gascó a la que culpan de “perseguir” a profesores. Ella es la portavoz en las Cortes Valencianas del PP en materia de Educación.

Uno de los anónimos -el que ha fotografiado OKDIARIO- corresponde a la imagen colgada en la sala de profesores y en los tablones dentro de las aulas del IES Miquel Peris de Castellón.

El caso ha sido ya denunciado. Pero fuentes políticas temen que la coordinación y simultaneidad de la aparición de estos mensajes amenazantes no sea casual. Especialmente porque han surgido justo después de que fuese tumbada la iniciativa para cortar el adoctrinamiento traslada al legislativo regional por el PP y Ciudadanos. Una iniciativa que se ha quedado sin ser aprobada por culpa de los votos de PSPV, Compromís y Podemos.

Y es que los tres partidos de izquierdas impidieron que saliera adelante una propuesta del PP pactada con Ciudadanos que debería haber permitido “articular un grupo de trabajo de inspectores e inspectoras de educación para que velen porque no se vulnere el Estatuto de autonomía en los centros educativos de la Comunidad Valenciana”.

Durante las sesiones en las que se debatió, tanto la diputada popular Beatriz Gascó como Mercedes Ventura (C´s) denunciaron la reiteración e incremento de los casos de adoctrinamiento político en las escuelas. Ambas diputadas detallaron -entre fuertes críticas y ataques de los diputados contrarios- las prácticas y trabajos exigidos a los escolares en los que se les hace dibujar, escribir y relacionarse permanentemente con el concepto de los países catalanes, la inclusión de la totalidad de los textos de lectura obligatoria en catalán, la celebración del 9 de octubre, la exigencia como deberes de ver TV3, la venta de boletas en las clases para financiar la Escola Valenciana, el aprendizaje de canciones separatistas como ejercicios escolares, etc.

Gascó mostró una frase divulgada en los colegios que dice literalmente así: “Respeta la lengua catalana y úsala correctamente, no emplees castellanismos. Con nuestra lengua tienes suficientes recursos”.
Por todo ello, los dos partidos constitucionalistas pidieron proteger a los denunciantes y crear una agencia independiente con capacidad de Alta Inspección Educativa.

La respuesta no tardó en llegar de manos del diputado de Podemos, César Jiménez, que negó el adoctrinamiento en las aulas. Y del parlamentario de Compromís, Josep Nadal, que acusó a PP y Ciudadanos de ser herederos de la Inquisición y de querer implantar el artículo 155 en la Comunidad Valenciana.

Desde el PP temen que la labor de distribución de los mensajes tenga mucho que ver con el posicionamiento de estos partidos que ya han dejado claro que van a hacer lo imposible por mantener el adoctrinamiento político en las aulas.


******************* Sección "bilingüe" ***********************
Cuenta atrás para la traición a España (-9)

Vicente A. C. M. Periodista Digital 14 Diciembre 2017

LOS GOLPISTAS DISPUESTOS A RETOMAR EL PROCÈS SI VUELVEN AL PODER. EL PP INTENTA HACERSE PERDONAR ABANDERANDO LA CAMPAÑA CONTRA EL BOICOT A PRODUCTOS CATALANES.

No han tardado ni días en quitarse la careta los golpistas de ERC que por su candidata número dos, Marta Rovira, avisa de que van a recuperar todas las estructuras de Estado que ya existían previas a la intervención vía artículo 155, entre ellas la de las llamadas cínicamente “delegaciones” que eran en realidad auténticas embajadas dedicadas en exclusiva a promocionar la nueva república independiente de Cataluña. Y por supuesto, quieren retomar el control de los Mossos recuperando para el mando supremo al destituido exMayor Josep Lluis Trapero, persona que ha demostrado su fidelidad y lealtad al proceso separatista y por la que está siendo investigado por la jueza Carmen Lamela de la Audiencia Nacional. Y es que “el que avisa no es traidor” y no podemos decir que estos golpistas de ERC no avisan de sus intenciones.

Y no es este un caso aislado. Se evidencia un acoso permanente a los representantes de los partidos políticos llamados constitucionalistas, como el escrache sufrido por Andrea Levy, los destrozos reiterados al negocio familiar de los padres de Albert Rivera, los insultos injuriosos a Inés Arrimadas, las amenazas de un Delegado de Cultura a españoles de otra comunidad autónoma, etc, etc. Una situación que no tardará excesivo tiempo en que obtenga una respuesta por parte de grupos radicales ante la pasividad de la Fiscalía y de los interventores del Estado para frenar estos comportamientos. Por supuesto que me refiero al despertar de una extrema derecha que solo busca una excusa para hacerse visible. Es sabido que a toda acción se contrapone una reacción, que según las leyes de la Física es igual en fuerza y de signo contrario. Lo que va contra natura es que la extrema izquierda campe a sus anchas sin haber tenido hasta ahora una oposición real, ni siquiera por parte de la Justicia que no se toma demasiado celo en perseguir sus acciones, dando la impresión de actuar con total impunidad.

Y no es la primera vez que los golpistas anuncian con antelación sus futuros movimientos. Lo que extraña es que la Democracia sea incapaz de tomar medidas para defenderse. Resulta incomprensible el que partidos que pretenden aniquilar la democracia como los golpistas de ERC, la CUP y la supuesta derechona catalana de Convergencia, ahora PDeCAT, sigan legalizados a pesar de que no se ocultan en su intención, ya llevada a efecto por unas escasas horas, de violar la Constitución de España y proclamar la república independiente de Cataluña. Una aberración más en una errónea interpretación de lo que es la verdadera democracia. Todas las ideas son legítimas, pero siempre que respeten todos los derechos y se defiendan por las vías democráticas establecidas. Violar derechos por imposición de las mayorías como han hecho los secesionistas no es democracia sino dictadura.

Y la gran mentira es confundir los términos y pervertir la función de las Instituciones usándolas para los propios fines como han hecho hasta ahora los golpistas con las de la comunidad autónoma, que no independiente de Cataluña. Una perversión que asume como “mandato del pueblo catalán” el haber obtenido una mayoría parlamentaria, que no en votos, en forma de unión temporal de intereses en una coalición anti natura ideológica antagónica, salvo en el objetivo independentista. Una convergencia y unidad de acción que liderada por una CUP ultra radical que impuso su hoja de ruta culminó con una esperpéntica declaración unilateral de independencia y obligó a la respuesta del Estado de Derecho y del Gobierno de España mediante una intervención de las Instituciones de la autonomía amparada bajo el artículo 155 de la Constitución. Y el peligro que se corre ahora es que, tras estas apresuradas elecciones, vuelvan a darse las condiciones para la reedición de esa coalición anti natura, en la que solo pudiera haber un cambio de prelación con una ERC liderando el “procès”.

Y como ya he repetido hasta la saciedad, el único culpable de esta indeseable situación no son solo los golpistas que, al fin y al cabo, actúan según sus objetivos, sino también lo es el Gobierno de España y su reticencia para actuar con firmeza. No lo hizo cuando debió intervenir con rotundidad ante los más que anunciados conflictos en los prolegómenos y realización del referéndum ilegal e inconstitucional del 1 de octubre, donde hubo hechos que nos avergonzaron a todos y a la opinión pública mundial, ni tuvo el valor de asumir verdaderamente el control de la autonomía y tomarse el sosiego necesario para ello. Al contrario, su actitud ha sido desde el principio la de no intervenir y, de hacerlo, solo de manera “proporcionada y limitada”. Y todo por el terror a perder los débiles apoyos de los socios de la UE a los que solo mueven intereses nacionales. Un asunto que afecta a países como Francia y su provincia insular de Córcega, a Bélgica y su comunidad flamenca, a Italia con la Padania, Lombardía con la Liga Norte y ahora el Vénetto, a Inglaterra con Escocia, etc.

Y ahora, tras esa suicida actitud estamos inmersos en ese macabro juego de la ruleta en el que solo puede caer la bola en un número rojo o negro y esa es nuestra apuesta. Todo está fiado a que salga negro, porque si sale el rojo de los golpistas, ya sabemos las consecuencias. Pero lo más frustrante es que hay partidos como PODEMOS y el PSOE-PSC que han decidido no apostar en esta jugada y esperar a ver qué sale para posicionarse. ¿Por qué Mariano Rajoy has puesto a España en esta tesitura? Si pierdes esta apuesta, lo único honorable que queda es dimitir y dejar que los españoles juzguen en unas nuevas elecciones generales. Aquí no vale lo de “si pierdo y vuelven a las andadas, intervengo de nuevo con el 155”. Nada te legitima para hacerlo ni para seguir como si nada hubiera pasado.

Y ¡Ya está bien! De querer hacerse perdonar por haber cumplido con la ley, aunque haya sido a regañadientes y con limitaciones. Tras haber facilitado la huida de empresas del imperialismo independentista con una legislación exprés, viene ahora el arrepentimiento y abanderar la lucha contra el boicot que se ha promovido de forma espontánea contra las otras empresas que siguen fieles al golpismo y ven su futuro en la república independiente o aquellas que también esperan a tomar su decisión según sople el viento. Ya sabemos que algunas son transversales ya que España es un mercado único y cautivo, el ejemplo del cava y de los tapones de corcho es pueril, pero eso no es excusa para tratar de entorpecer el que se sigan aprovechando aquellos que quieren relegarnos a meros consumidores, sin pensar en revertir la riqueza en todo el territorio sino solo en el suyo. El boicot es un instrumento legítimo que los ciudadanos pueden ejercer dentro de su libre albedrío como consumidores. Y aquí aplico el lema de la publicidad de “consuma productos españoles” usado para la promoción de los plátanos canarios. Y es que los catalanes separatistas hace tiempo que han dejado de sentirse y comportarse como españoles, aunque legamente aún lo sean.

¡A buenas horas Sra. VicePresidenta! Su labor de mediación ha sido hasta ahora infructuosa, según se demostró en su intento de conciliación durante su breve etapa en Cataluña y su actitud complaciente con el golpista Oriol Junqueras. Ahora no nos venga con milongas ni con llamadas a la sensatez y la solidaridad con quienes nos desprecian. Cataluña, por su dejadez y la del PSOE, sentimentalmente está independizada, al menos la mitad de su sociedad o más y ahora lo que se necesita es tiempo para recuperar lo perdido, o al menos detener su avance y establecer fuertes bases para la normalización.

¡Que pasen un buen día!

España: pan y circo
La siguiente crisis bancaria se resolverá de la misma manera, a costa de la ciudadanía. ¡No hemos aprendido nada!
Juan Laborda vozpopuli.es 14 Diciembre 2017

España, eterna función teatral, al más puro estilo del Barroco y de la novela picaresca. Despiste, distracción, sobreactuación, fuegos de artificio. Nada es lo que aparenta. Continúa el circo mediático alrededor del “procés”. Ya verán que obra teatral más sublime nos deparará la noche electoral del 21D, donde el pícaro Puigdemont se va a “jartar” de reír. Y mientras tanto, lo relevante para la vida de los ciudadanos de la Villa y Corte pasa desapercibido. Me refiero, de nuevo, a aquello que nos debería importar y preocupar, no al pan y circo que nos ofrecen a diario quienes juegan con nuestro devenir futuro.

Todo ello viene a colación de la comisión de investigación de la crisis bancaria en el Congreso de los diputados, que está siendo realmente muy jugosa. Ya comentamos en su momento la denuncia clara y contundente del secretario de la Asociación de Inspectores del Banco de España, José Antonio Delgado: “la banca ha capturado al supervisor”. Ahora debemos añadir la intervención de Aristóbulo de Juan que con el rigor e independencia que le caracteriza, apretó donde más duele, acusando al supervisor y a los gobiernos de "no querer ver la crisis" y encarecer la solución.
Los bancos grandes son un “peligro serio”

Aristóbulo denunció en el Congreso "la fuerte aversión de las autoridades a las intervenciones de entidades, para evitar la mala imagen". En este sentido señaló que la orientación que recibían los inspectores era la de “asesorar en vez de identificar los problemas de solvencia y de gestión y exigir su pronta corrección”. Todo ello se tradujo en una tolerancia regulatoria en la valoración de los activos de las entidades financieras, antes y después de la crisis. “Se pensaba que la crisis inmobiliaria se arreglaba en un año o dos, algo que no ha ocurrido desde los romanos”, remató Aristóbulo.


Pero dijo muchas más cosas. A fecha de hoy existe una autocomplacencia preocupante sobre el sistema financiero. ¿Por qué, después de diez años, la banca sigue teniendo activos tóxicos? Porque no se han provisionado correctamente, no por falta de pericia, sino porque hacerlo supondría admitir unas pérdidas que las entidades no están dispuestas a admitir. De nuevo la apariencia, el teatro Barroco, tal como recalcó el mismo Aristóbulo, “hacer inspecciones in situ caso a caso hasta identificar la salud de la entidad no es la prioridad, sino mantener el estado durmiente de que todo va bien”. Tanta autocomplacencia puede desembocar en una nueva crisis bancaria.

Pero además de comentar actuaciones concretas, como las resoluciones del Banco de Valencia, Banco Popular, o la “delicada situación de la SAREB”, señaló algo que los mass media patrios callan. Según De Juan, los bancos grandes o sistémicos no son la solución. Todo lo contrario, son un auténtico peligro. En opinión del otrora director general del Banco de España, “las entidades sistémicas son muy difíciles de gestionar, prácticamente imposibles de supervisar y no pueden ser resueltas aunque su situación sea insostenible”. En Román-Paladín, son un peligro para nuestra salud.

Los intereses privados y espurios
El problema de la mala supervisión de nuestro sistema financiero no hay que buscarlo ni en el cuerpo de inspección de Banco de España ni en la labor de la inmensa mayoría de los trabajadores de dicha institución. Fueron intereses privados y espurios, con la complicidad del poder político de turno, ajenos a la actividad de los funcionarios del regulador, quienes guiaron el fiasco de la intervención las cajas de ahorro, así como el diseño de instrumentos como la SAREB. Dejemos que sean los funcionarios públicos del regulador quienes diagnostiquen cómo se encuentra el paciente, y, si hiciera falta, que propongan las correspondientes recetas, incluida la nacionalización de las entidades insolventes.

El diagnóstico de la salud de nuestro sistema financiero estuvo sometido a la presión de los propios banqueros patrios y a la vanidad de los políticos de turno. La propia banca fue incapaz de ver lo obvio, la mayor burbuja inmobiliaria de la historia, esa misma banca que no quería hoy hablar de controles ex ante del crédito. Los políticos de turno vivían muy bien bajo la ola de la burbuja e hicieron oídos sordos a ciertas llamadas a la prudencia. Dichas voces pretendían ir desinflando paulatinamente la misma, aunque fuera a costa de un crecimiento menor, pero más saludable. La idea era muy sencilla que corra la juerga y que le estallé al siguiente. Y obviamente, como corolario, que la acaben pagando los incautos ciudadanos.

Para rematar la faena, el diseño de cómo hacer frente al problema correspondió a consultoras privadas que tenían conflictos de intereses con el propio sistema financiero que debía ser intervenido. Mientras, los trabajadores e inspectores de la institución reguladora atónitos ante semejante espectáculo. Con lo fácil que hubiese sido oír a las voces que tienen en su propia casa, uno de ellas el mismo Aristóbulo de Juan, otrora director general de Banco de España y uno de los muñidores del rescate y gestión de la crisis bancaria de los 80.

Conclusiones
Aristóbulo es una más de esas voces libres que, desde el campo que él domina, nos dicen que las cosas no funcionan en nuestra querida España. Ya saben nuestra interpretación, como consecuencia del Totalitarismo Invertido patrio, la banca insolvente se rescató tarde y mal, y en su inmensa mayoría a costa de contribuyentes y de sus clientes -empresas a las que se les cerró el crédito-, para regalarlas después a la competencia. Y en eso tiene mucha culpa los gobiernos que lo permitieron, y el regulador. Pero además, tal como señala Aristóbulo, hay un aspecto adicional muy sutil y peligroso, que apenas se comenta, y donde el regulador ha sido parte del problema, espoleado por la propia patronal bancaria: la búsqueda de “campeones nacionales”, con el consiguiente subsidio a la banca sistémica.

Al final, la ausencia de controles ex ante del crédito, el mirar para otro lado, un diagnóstico y diseño externo del problema absolutamente “naive” y erróneo, lo hemos acabado pagando los ciudadanos. Desahucios, deuda pública, desempleo... Y no les quepa ninguna duda, que bajo el paraguas del Teatro Barroco Patrio, la siguiente crisis bancaria se resolverá de la misma manera, a costa de la ciudadanía. ¡No hemos aprendido nada! Mejor dicho sí que han aprendido aquellos que nos desgobiernan: pan y circo.

Ni impunidad ni indulto posible
EDITORIAL El Mundo 14 Diciembre 2017

En uno de los habituales quiebros que forman parte inveterada del PSC, Miquel Iceta defendió ayer abiertamente el indulto para Oriol Junqueras, Joaquim Forn y los líderes independentistas que se encuentran en prisión preventiva. Se trata de una posición improcedente, hipócrita e irresponsable. Improcedente porque la causa de los cuatro dirigentes separatistas sigue en curso y la medida de gracia sólo sería posible en el marco de una sentencia judicial. Hipócrita porque procede del líder de un partido que en el Parlament alzó la voz contra el atropello a la legalidad perpetrado por parte del Govern del que formaban parte Junqueras y Forn. E irresponsable porque el primer secretario del PSC solicita el perdón para quienes no sólo están acusados de delitos gravísimos, como los de rebelión y sedición, sino que se han mostrado incapaces de renunciar de forma taxativa a la vía unilateral. No han cerrado la puerta a reincidir en las acciones que les han llevado a ser encarcelados, por lo que no cabe más que respetar la acción de la Justicia y exigir la depuración de responsabilidades.

El guiño de Iceta al soberanismo no sólo es un peaje a su estrambótica confluencia electoral con Unió. En realidad, delata la estrategia del PSC de presentarse como una fuerza transversal, capaz de pactar con todos. Los socialistas catalanes buscan distanciarse de Ciudadanos bajo el subterfugio -expresado por el propio Iceta- de que «el constitucionalismo no suma». Pero pese a su respaldo al 155, el PSC regresa así al viscoso terreno de la ambigüedad. Se trata de una maniobra electoralista que, en todo caso, aleja a esta formación de su cacareado y quebradizo respaldo a la Constitución.

"En este país tendremos que cerrar heridas que tienen un origen político", aseguró ayer Iceta en un coqueteo verbal con el latiguillo recurrente del independentismo sobre los presos políticos. Lo que debería producirse en Cataluña es una restauración completa de la normalidad. Un objetivo inviable mientras el secesionismo siga usando los medios públicos como aparato de propaganda. A la obscena difusión en TV3 de los actos de Puigdemont en Bélgica se sumó ayer el expediente sancionador que ordenó abrir la Junta Electoral a Catalunya Ràdio por la manipulación editorial en su programa matinal. Que sea la Junta Electoral la que tenga que corregir el declarado y repudiable sesgo informativo en los medios públicos catalanes señala las deficiencias de las medidas ejecutadas al amparo del 155.

Tras la intervención de la Administración catalana, ni es aceptable que TV3 siga siendo una máquina propagandística al servicio del embuste de los secesionistas ni que Elsa Artadi, que sigue siendo alto cargo de la Generalitat, ejerza de jefa de campaña de Puigdemont. Son las onerosas consecuencias de haber aplicado un 155 prácticamente limitado a la convocatoria electoral del 21-D.

La izquierda que alimenta ideológicamente a los asesinos de Víctor Laínez
Editorial La Tribuna del País Vasco 14 Diciembre 2017

La inmensa chusma de izquierda y extrema izquierda que, avalada por Podemos, proetarras, anarquistas, antisistema e independentistas periféricos, lleva años avalando, justificando, disculpando y jaleando a presuntos asesinos como Rodrigo Lanza, detenido por matar a un hombre solamente por el hecho de que éste portaba unos tirantes con la bandera de España, es el mejor ejemplo y la consecuencia más evidente del estrepitoso fracaso que la política, la educación y la cultura han cosechado en España a lo largo de las últimas décadas.

La extrema izquierda que está azotando a este país con el aval indecente del PSOE en múltiples ayuntamientos, diputaciones y gobiernos autonómicos, acostumbrada al pesebre económico del Estado español y a los millonarios regalos de los regímenes totalitarios venezolano o iraquí, no duda en argumentar como los sinvergüenzas morales que la alimentan. Y, de este modo, transmitiendo sutil y mendazmente la idea de que siempre hay una causa “decente” detrás de las bandas terroristas, de los vándalos o de los asesinos que actúan contra los valores occidentales, se posiciona junto a tantos miserables como abundan en España especializados en aprovecharse de nuestro sistema de libertades, de nuestro estado del bienestar, de nuestras “leyes burguesas” y de nuestro irrenunciable derecho a la libertad de expresión, para tratar de promover una agenda oculta de iniciativas y objetivos que tiene más que ver con la revolución bolivariana y con las revueltas anarquistas y antisistema que con la búsqueda del desarrollo, el progreso y el bienestar para todos los ciudadanos.

La izquierda sectaria, excluyente, barriobajera y populista que tan bien representan gentuza moral como Pablo Iglesias, Ada Colau y tantos y tantos corifeos similares, mientras legitima intelectualmente a presuntos criminales como Rodrigo Lanza, no se cansa de exigir guillotinas para todos quienes no rebuznan como ellos. Y lo hace desde un territorio presuntamente “superior” desde un punto de vista moral (donde ha sido instalada por algunos de los medios de comunicación más rastreros y miserables que hay en Europa) en el que el término diálogo se santifica hasta el absurdo como una panacea casi mística, en el que el recurso a la “libertad de expresión” sirve para justificar todo tipo de acciones totalitarias, en el que se identifica como “facha” a todo aquel que se atreve a disentir de su pensamiento único presuntamente progresista y en el que las más inmensas necedades morales, a fuerza de ser repetidas incesantemente por centenares de "periodistas" pagados con fondos públicos, acaban convirtiéndose en pretendidas verdades colectivas.

La izquierda y la extrema izquierda que alimentan ideológicamente a los asesinos de Víctor Laínez ha recibido más de cinco millones de votos en las últimas elecciones generales. Y, en el País Vasco, Bildu y Podemos alcanzan casi el 40% del apoyo en las urnas. ¿Qué sociedad puede alumbrarse con esta mugre humana que mezcla proterrorismo militante, ecofascismo, anarquismo grueso, totalitarismo independentista, integrismo ideológico, fanatismo político y una inmunda ideología de género y que, en el fondo, lo único que demuestra es un odio visceral a nuestro sistema de libertades y a los valores éticos que conforman nuestra forma de vida?

La respuesta a esta pregunta la proporcionaba Hermann Tertsch en una entrevista publicada hace algunos meses en este mismo periódico: “No tengo ninguna expectativa real de ver cambiar las cosas hacia bien. Creo que los dos grandes partidos, por mucho que salven los muebles ahora, son dos entes más que podridos, secos e inanes, lastres inútiles para el desarrollo de España. Por mucho que tengan gentes que inútilmente intenten hacer aun la renovación desde dentro. Otros partidos como Ciudadanos carecen de masa crítica para hacer la gran tarea de la regeneración. Respecto a Podemos y otros grupos extremistas que han surgido, sean éstos separatistas o no, creo que suponen una amenaza totalitaria y que son grupos que, en el poder, inevitablemente degenerarían muy pronto en regímenes criminales. Lo más importante es que en España y en Europa no vuelva a matarse. Y, desde luego, si tuviera dinero para ello, que no es el caso, garantizaría a mi familia y a mis seres queridos si no para esta, sí para las siguientes generaciones, una buena vida… en Estados Unidos”.

Asesinado por ser español
Santiago Abascal Libertad Digital 14 Diciembre 2017

Desde que ETA dejó de matar, Víctor Laínez ha sido el primer español asesinado en España por el hecho de serlo. Lo fueron a matar, además, el día de la Inmaculada, patrona de España.

Apaleado por la espalda con una barra de hierro y pateado en el suelo, la vileza del crimen deja poco margen de duda acerca de la autoría de la extrema izquierda, siempre amiga de las agresiones más cobardes y enemiga de la nación y de lo nacional.

Por eso se siente con especial dolor el vil y cruel asesinato de Víctor, porque es el de cualquiera de nosotros; como persona, desde luego, y también como hombre que amaba a su país, a la España de todos.

No podemos ocultar que este crimen culmina la enésima agresión perpetrada desde ese ámbito ideológico a resultas del clima de violencia promovido por los que odian a España. Un ámbito ideológico –o más bien un estercolero de manipulación y rencor– que goza del apoyo parlamentario de quienes convierten en héroes a los delincuentes más violentos, ya sea Alfon, Bódalo, Otegui, Ternera, los terroristas de Terra Lliure o cualquier energúmeno que ataque a la policía o a una familia que pone en su casa la bandera de su patria. Un ámbito ideológico –digámoslo también– que es tratado con cierto mimo desde muchos medios de comunicación, que tildan como "jóvenes radicales" a manadas de criminales que han hecho del odio a España su único motivo de existencia.

Quizá esta actuación de muchos de los medios –manteniendo un inexplicable silencio de cuatro días desde la brutal agresión hasta su fatal desenlace– haya sido la causa de que las redes se hayan desbordado de indignación contra la impunidad con que la extrema izquierda y el separatismo actúan en nuestra sociedad.

Es imposible evitar la consideración de cuál sería el grado de conmoción social inducido por los medios si el crimen hubiera tenido lugar bajo diferentes supuestos ideológicos. Aún más, desde luego, de haberse podido relacionar con lo acaecido en Cataluña en estas últimas semanas. Basta ver el tratamiento que recibió la actuación policial del pasado 1 de octubre –cuando fuimos agraciados con la improbabilísima estadística de que, de 800 heridos, ninguno revistiese verdadera gravedad– para hacernos una idea del peligro por el que, a estas horas, atravesaría la convivencia nacional.

¿Alguien duda de cómo, en lugar del silencio aplicado al caso Laínez, hubieran abierto los informativos, alguien duda de las condenas en el Congreso y de los partidos políticos, de los minutos de silencio, de las concentraciones ante los ayuntamientos, de la indignación en los magacines matinales y en los editoriales?

Ojalá que la muerte de Víctor termine con esta impunidad que parece proteger desde hace mucho tiempo a los asesinos de siempre. Ojalá que, en medio de la desolación que a todo bien nacido le ha producido, su muerte sirva para que recapacitemos sobre el grado de envilecimiento que ha llevado a una sociedad a que te juegues la vida, otra vez, sólo por exhibir los colores nacionales.

Es hora de exigir a todos los poderes del Estado, y a todas sus instituciones, una condena efectiva de estos criminales y de quienes les amparan. La desarticulación de todos los grupos violentos de la extrema izquierda, el cese absoluto de subvenciones, primero, y la ilegalización, después, de todas las organizaciones que promueven la hispanofobia. La aplicación de la Ley de Partidos (y su endurecimiento) para erradicar a las formaciones políticas que amparan la violencia o que persigan fines criminales como la destrucción de la unidad nacional. De exigir, en fin, a los poderes públicos que actúen en defensa de España y de los españoles.

Santiago Abascal, presidente de Vox.

La doble vara de medir la violencia antisistema
Editorial larazon 14 Diciembre 2017

Nadie se acuerda del agente de la Guardia Urbana que quedó tetrapléjico (placa 22.424) en los incidentes causados en una casa ocupada por antisistemas en Barcelona –la fiesta okupa se había prolongado hasta pasadas las 6 de la mañana–, el 4 de febrero de 2006. Tras el impacto de una piedra, cayó al suelo y recibió un fuerte golpe en la cabeza. A pesar de ello, los agresores siguieron golpeándole con una piedra, como así se recogió en la sentencia. Desde entonces, vive en estado vegetativo. Su nombre es Juan José Salas y cuando sucedieron los hechos tenía 39 años y cuatro hijos menores de edad. De su agresor todos se acuerdan: su testimonio quedó recogido en el documental «Ciutat morta», de 2013, en el que se quiso desvelar una trama oscura orquestada por la Policía Municipal de Barcelona para inculpar a unos activistas inocentes.

El que arrojó la piedra fue Rodrigo Lanza Huidobro, que fue condenado a nueve años de cárcel, aunque cumplió cinco. Sin embargo, siempre fue tratado como la «víctima» de un montaje policial, siendo él un pacífico activista, teoría que fue debidamente abonada por grupos afines y movimientos hoy gobernantes en importantes ciudades españolas. Ada Colau y Pablo Iglesias hicieron campaña a favor de él y se sumaron a un movimiento que culpabilizó a la Guardia Urbana de los incidentes y de falsear las pruebas. Lanza salió en libertad, pero en nada modificó un comportamiento violento, intolerante y políticamente más allá de lo aceptable en un régimen democrático.

El pasado martes, Víctor Laínez, de 55 años de edad, murió en Zaragoza después de que días antes fuese golpeado brutalmente con un objeto metálico en la cabeza. El supuesto autor de esta agresión es Rodrigo Lanza Huidobro, de 33 años, el mismo que dejó vegetativo al agente Juan José Salas hace once años. La primera reflexión es que el causante de dejar a un policía tetrapléjico pueda reincidir poco tiempo después, se convierta en un renombrado miembro de movimiento okupa, ahora en Zaragoza, y haya tenido el apoyo de los dirigentes de Zaragoza en Común.

La facilidad con que estos «colectivos sociales» han recibido la compresión y amparo de grupos como Podemos y Barcelona en Comú ha legitimado las actuaciones antisistema y el uso de la violencia. Resuenan ahora las terribles palabras de Pablo Iglesias hace cuatro años, cuando llamaba a «cazar fachas» o a poner en marcha la «justicia proletaria». Ayer dijo desde la tribuna del Congreso, puede que arrepentido de tan enorme irresponsabilidad: «Máxima condena a cualquier forma de violencia y confianza en la justicia». Bienvenida sea esta condena y, aunque no deberá temer por la labor la justicia, sí que podría evitar abonar las teorías antisistemas de que la ley no se cumple igual para todos.

Lo fundamental –esa es la tarea pedagógica que debe hacer un líder con pretensiones, además, de agitador social– es no banalizar la violencia, y menos en nombre de una ideología y, como se refirió ayer a la violencia, «venga de donde venga». Víctor Laínez murió por llevar unos tirantes del color de la bandera española, algo que para su supuesto agresor, un activista del movimiento okupa y antisistema, es inadmisible. El ejemplo más doloroso de la inmoralidad con la que se condena la violencia en función de quién la ejerza y quién la sufra es que «Ciutat morta» recibió el Premio Ciudad de Barcelona en 2015 –Xavier Trias era el alcalde -, en el que se relataba cómo la Guardia Urbana manipulaba las pruebas que dejaron tetrapléjico a un compañero.

Caso Lanza: las raíces del odio
Editorial EL RUGIDO DEL LEÓN elespanol 14 Diciembre 2017

Que un hombre sea mortalmente golpeado a traición con una barra de hierro por vestir unos tirantes con la bandera de su país constituye un crimen tan atroz e incomprensible como escalofriante. Y que algo así pase en España y la reacción de algunos políticos y medios se haya limitado a una condena tímida y al relato abúlico del suceso resulta además muy preocupante.

El caso de la muerte de Víctor Laínez (59) a manos del activista okupa y militante antifascista Rodrigo Lanza (33) se ciñe al guión deplorable de los crímenes de odio, en los que la intolerancia ideológica y la pulsión totalitaria sirven de pretexto y acicate a la crueldad homicida.

No tiene un pase que los mismos dirigentes que han respaldado manifestaciones en protesta por agresiones ultra en Valencia y Barcelona se pongan ahora de perfil y solventen el asunto con condenas generalizadas “a todo tipo de violencia”. Más aún cuando -llueve sobre mojado- el presunto autor del ataque es un energúmeno reincidente: ya fue condenado a siete años de cárcel en 2006 por dejar tetrapléjico a un guardia urbano.

El magma de este crimen
La condescendencia que algunos dirigentes de Podemos, IU, En Comú y otras marcas de izquierda han mostrado hacia las expresiones más intolerantes de sus simpatizantes más exaltados es el magma político que subyace en este crimen.

No se puede culpar a ninguno de estos partidos de alentar directamente el delito. Pero tampoco se puede obviar que cada vez que Iglesias, o Colau, o Monedero han abrazado a Bódalo -estando en prisión por agresiones-, o se han solidarizado con el anarquista Alfon -condenado por tenencia de un artefacto explosivo-, o han quitado hierro al intento de linchamiento de los guardias civiles de Alsasua, han dado pábulo a una legitimación de la violencia incompatible con la democracia.
Épica de la revolución y un abuelo golpista

Coquetear con la mística de la revolución por infantilismo, o por hacer proselitismo barato, puede parecer divertido y rentable políticamente, pero es también un juego muy peligroso. Tanto el líder de Podemos como la alcaldesa de Barcelona y el candidato de En Comú Podem, Xavier Domènech, apoyaron a la madre de Lanzas cuando ésta ayudó a sufragar un documental -Ciutat morta- para exculpar a su hijo tras salir de prisión. Algunos destacados periodistas también dieron cobertura a su versión.

Ahora sabemos también que esta señora es la hija de un golpista chileno y que -quizá tratando de redimir el pasado familiar- se convirtió en una activista de la izquierda radical y antisistema en que milita su hijo. En el caso Lanzas, parece evidente que las raíces del odio son fruto de un contexto no sólo personal y familiar sino también político.

Matar al facha
Cristina Losada Libertad Digital 14 Diciembre 2017

La violencia, cuando viene del lado de la extrema izquierda (o del nacionalismo radical, que goza de la misma bula), no es de nadie.

Supuestamente:
Un hombre presuntamente agredido supuestamente por llevar unos tirantes con la bandera de España ha muerto. Los supuestos hechos sucedieron en Zaragoza. El presunto autor de la supuesta agresión está detenido, y es un joven al que se condenó por supuestamente dejar tetrapléjico a un agente de la Guardia Urbana de Barcelona, en el curso de unos altercados en una casa ocupada en 2006.

Supuestos testigos de los hechos dicen que el presunto autor, Rodrigo Lanza, tuvo unas palabras con Víctor Laínez, el hombre presuntamente agredido, en un bar de copas, y que a la salida supuestamente cogió una barra de hierro y le golpeó cuando el otro presuntamente le daba la espalda.

No supuestamente:
Círculos antifascistas señalan que los testigos son nazis o fascistas, igual que Laínez, y que la Policía Nacional se ha limitado a recoger su versión, a la que no dan ninguna credibilidad.

Fuentes del entorno de Lanza dicen que durante su estancia en la cárcel, por lo ocurrido en Barcelona, "se creó una imagen de tipo duro que realmente no se corresponde con él" y que "lo cierto es que desde entonces ha vivido con mucho resentimiento".

Lanza fue protagonista del documental Ciutat morta, que denuncia un montaje policial y judicial que condenó sin pruebas a Lanza a la cárcel y condujo a una joven al suicidio. El documental, obra de dos antifascistas como Xavier Artigas y Xapo Ortega, fue emitido por TV3 en enero de 2015. La obra recibió premios y suscitó un amplio consenso social contra los abusos, corrupciones e injusticias del Sistema. El propio Parlament catalán, a iniciativa de la CUP, aprobó una declaración para que la Fiscalía revisara todas las actuaciones policiales y judiciales y el Ayuntamiento investigara la conducta de la Guardia Urbana.

Supuestamente:
La ahora alcaldesa, Ada Colau, y el actual teniente de alcalde, Jaume Asens, supuestamente apoyaron en 2015 a Lanza y el resto de condenados por lo sucedido en el desalojo de la casa ocupada. Asens, junto con Gonzalo Boyé, condenado por supuestamente secuestrar al empresario Emiliano Revilla para ETA, llevó la defensa de los encausados por la supuesta agresión que dejó tetrapléjico a Juan José Salas, agente de la Guardia Urbana de Barcelona. Supuestamente, Colau y Asens consideraban que la víctima del caso era Rodrigo Lanza, tal como reflejaba Ciutat morta.

Xavier Domènech, ahora candidato a la presidencia de la Generalitat, supuestamente exigió "depurar responsabilidades" tras la emisión del documental en TV3. En precampaña de las municipales, Colau supuestamente llamó a acudir a una manifestación diciendo: "Si has visto Ciutat morta querrás que se reabra el caso y se haga justicia". La convocatoria de la manifa concluía supuestamente con las palabras: "Ni olvido ni perdón".

En el mismo año, durante su campaña, Pablo Iglesias Turrión se reunió supuestamente con varios de los condenados por los hechos de Barcelona y con la madre de Lanza. El partido Zaragoza en Común, que ahora gobierna en la capital aragonesa, supuestamente respaldó a Lanza cuando se trasladó a vivir allí. Uno de sus actuales cargos en el Ayuntamiento, Alberto Cubero, supuestamente acudió a una charla de Lanza contra la represión policial. El secretario general de Podemos en Aragón, Nacho Escartín, supuestamente llamó a escuchar a Lanza y supuestamente avaló que su condena había sido un montaje.

Conclusiones:
Colau, Doménech y Asens no tienen que decir nada sobre la agresión que causó la muerte de Víctor Laínez porque todo lo que hay al respecto es supuesto. Además, su presunto autor, ese Rodrigo Lanza al que apoyaron tanto hace un par de años, es una víctima cierta del Sistema al haber sido condenado al resentimiento por la Justicia y la Policía. Tampoco Iglesias Turrión tiene que decir nada sobre la reunión que mantuvo con la madre de Lanza porque acostumbra a reunirse con "colectivos sociales" y "lo que ocurra después con sus familiares… en fin". En fin, que el locuaz Iglesias no tiene palabras.

Como no es un supuesto que el mortalmente agredido era facha, porque si no a ver cómo llevaba unos tirantes con la bandera de España, menos hay que decir al respecto, no sea que al hablar se escape un "se lo buscó", variante del "algo habrá hecho". Y si no queda más remedio, basta con una condena genérica de la violencia "venga de donde venga", que es lo que suele decirse cuando la violencia viene de un lado específico. Porque la violencia, cuando viene del lado de la extrema izquierda (o del nacionalismo radical, que goza de la misma bula), no es de nadie. No tiene sujeto, mucho menos sujeto político. ¿Doble moral? Inmoral al cuadrado.

Lanza y la Cruz de Sant Jordi
Pablo Planas Libertad Digital 14 Diciembre 2017

El separatismo denuncia la presencia de la extrema derecha en la Barcelona que hizo de Lanza un hijo predilecto.

Rodrigo Lanza ha sido detenido como presunto autor del asesinato de Víctor Laínez. Ocurrió en Zaragoza, a las puertas de un bar. Según testigos presenciales, Lanza golpeó por la espalda a Laínez con una barra, lo pateó en el suelo y se fue tan tranquilo. Tal vez pensara que mala hierba nunca muere porque el bulto tendido en la acera era a todas luces un facha. Llevaba unos tirantes con la bandera de España, una ofensa y una provocación que el joven Lanza no estuvo dispuesto a pasar por alto.

El muchacho, de 33 años, es un renombrado antifascista, un nombre de culto entre la izquierda alternativa, anticapitalista y antisistema, un héroe del movimiento okupa de Barcelona que se comió cinco años de cárcel acusado de haber dejado tetrapléjico al guardia urbano Juan Salas la noche del 4 de febrero de 2006. Ese día, un grupo de okupas celebraba una fiesta cuando se presentó la pasma y la alegre muchachada se lió a pedradas con el resultado de un policía postrado de por vida. Lanza fue detenido, juzgado y condenado, y también fue el protagonista de un documental llamado Ciutat Morta (2013) en el que se le declaraba inocente y se acusaba a la policía de torturas.

En la cinta, Lanza lloraba por la suerte de otra de las personas condenadas, Patricia Heras, que se suicidó durante un permiso penitenciario, una muerte debida sin duda, según el argumento de la película, a la tremenda injusticia cometida por un juez desalmado, secuaz al servicio del totalitario Estado de España y sus corruptas fuerzas del orden público.

La emisión del documental en TV3 generó oleadas de indignación a izquierda y derecha de la sociedad catalana. El pobre Lanza había sido víctima de prejuicios ideológicos y estéticos, agudizados por su condición de sudaca, pues el chico es chileno y gran defensor, por cierto, de la causa mapuche. Él mismo declaró haberse sentido discriminado por sus orígenes. Un drama.

En aquel entonces, el ahora preso Joaquim Forn era el jefe de la Guardia Urbana y él mismo exigió a la Fiscalía la reapertura del caso documental en mano. Tal fue el follón que Convergencia perdió la alcaldía a los pocos meses y el abogado defensor del nota, Jaume Asens, se convirtió en teniente de alcalde de Iluminada Colau. Entre medias había estallado una revuelta okupa alentada por la progresía separatista del derecho a decidir, a okupar y a mearse en la vía pública.

Juan Salas, guardia urbano, casado y padre de cuatro hijos, seguía, sigue y seguirá en estado vegetativo postrado en una silla de ruedas. En el momento en el que Lanza le tiró una piedra a la cabeza, Salas tenía 39 años. Víctor Laínez ha muerto con 55.

Más datos. El documental en el que Lanza era retratado como un auténtico héroe víctima de una clamorosa injusticia obtuvo el máximo galardón municipal de la ciudad de Barcelona. Además, Ada Colau y Pablo Iglesias se solidarizaron con el prota y su mamá. A Salas ni le pronunciaron y hasta la premier chilena Michelle Bachelet movió Roma con Santiago para que el muchacho tuviera una buen letrado en España. Chico de buena familia, nada menos que nieto del almirante pinochetista Sergio Huidobro, bala perdida que tras destrozar a Salas ha ido a parar al corazón de Laínez, un hombre con unos tirantes españoles.

Mientras tanto, el separatismo denuncia la presencia de la extrema derecha en la Barcelona que hizo de Lanza un hijo predilecto. Que iba a haber muertos si la república seguía adelante, exclamó Marta Rovira. En la carta a Rajoy de Junqueras también sale el tema, que no se le cae de la boca al belga Puigdemont. Casi nadie se acuerda ya de aquellas dos mujeres vejadas y pateadas en la Meridiana de la Ciudad Condal por ataviarse con camisetas de la selección española.

La izquierda exquisita de Colau y la CUP y el separatismo pacifista de Junqueras y Puigdemont sostienen que la extrema derecha asuela Cataluña porque un millón de personas se han manifestado dos veces en contra su república. De Lanza ahora no hablan, a pesar de que faltó el canto de un duro para que le dieran la Cruz de Sant Jordi. ¿Violencia? Mientan muertos y ni siquiera tienen un parapléjico. Tampoco tienen vergüenza.

EL 17 DE DICIEMBRE
Marcha homenaje a las víctimas del atentado de ETA en el cuartel de Zaragoza
La Gaceta  14 Diciembre 2017

La salida se efectuará a las 08:30 horas de la mañana desde el Cuartel de la Guardia Civil de Casetas, en Zaragoza.

El próximo 17 de diciembre de 2017 tendrá lugar la quinta edición de la Andada ‘No os olvidamos’ en recuerdo de las víctimas del atentado contra la casa cuartel de Zaragoza, perpetrado por la banda terrorista de ultraizquierda ETA el 11 de diciembre de 1987.

Mediante la explosión de un coche-bomba con 250 kilos de amonal, la banda asesinó a 11 personas. Acabó con la vida de Silvia Pino Fernández, de siete años; de Silvia Ballarín Gay, de seis; de Rocío Capilla Franco, de 14; de Esther Barrera Alcaraz y de su hermana gemela Miriam Barrera Alcaraz, ambas de tres años. En el atentado murieron además María Dolores Franco Muñoz, de 36; y María del Carmen Fernández Muñoz, de 38.

Las víctimas pertenecían a cuatro familias distintas. Además hubo más de 80 heridos que presentaron lesiones de diversa consideración. La onda expansiva derribó los muros laterales del cuartel y dejó un agujero de más de diez metros de largo. Este hecho provocó el derrumbamiento de las cuatro plantas del edificio. Desde el primer momento se sucedieron escenas de gran angustia entre los agentes y las familias que luchaban por salir de los escombros y salvar la vida.

Tal y como ha informado Benemérita al día, la salida se efectuará a las 08:30 horas de la mañana desde el Cuartel de la Guardia Civil de Casetas, en Zaragoza, y culminará en la Avd. Cataluña tras recorrer unos 19 kilómetros, aproximadamente.

Hace cinco años, el guardia civil Pedro Sánchez Cabello comenzó esta iniciativa personal, la “andada popular”. Este homenaje tiene como fin principal tanto el recuerdo de los asesinados en el atentado como mantener la memoria y la dignidad de los que sufrieron aquel brutal ataque.

El colofón de la “andada” es una ofrenda floral, que se realizará en el parque de la Esperanza de la capital aragonesa.

Desde la organización se recomienda llevar calzado adecuado, agua, comida y ropa según la previsión meteorológica. Durante el transcurso de la “andada” habrá vehículos de asistencia para cubrir cualquier eventualidad que pudiera acaecer.

Aunque no es necesaria la inscripción para participar en este homenaje, desde la organización agradecen a quien quiera participar que comunique la asistencia para una mejor organización del acto, para lo que se facilita el teléfono de contacto 649 45 25 01 y el e-mail: noosolvidamos@gmail.com.

Los miembros del Instituto Armado -Cuerpo en el que más víctimas ha provocado ETA: 230- han derramado su sangre y las lágrimas de sus seres queridos en la lucha contra el terrorismo etarra y son, junto con la Policía Nacional y el Ejército, “los causantes principales de que la banda terrorista haya dejado de aniquilar seres inocentes” –así lo han reivindicado-. Ahora, sin embargo, son víctimas del hostigamiento público e impune de la izquierda abertzale ante la inacción de las instituciones.
 


Recortes de Prensa   Página Inicial